Música y Esperanza en la Juventud
Música y Esperanza en la Juventud
PRIMERA PARTE
1. MUSICA MIA
Hace unos años atrás,
alguien pensaba en mí.
Alguien que había ya considerado que
el futuro lo haces tú.
Sé oye aquí.
Mucha música.
Es la música que toca el corazón
Viajará con tus sueños
En el tren del gran amor que nace en t
Sueños y esperanzas en mí
Forman la música mía
Que me transmite entusiasmo para vivir
Música, música mía
Que me transmite entusiasmo para vivir
Y que se vuelve amor
Por t… por t.
Don Bosco: Cuando tenía 9 años, tuve un sueño. En el sueño vi unos muchachos que
jugaban en la calle. Eran muchachos pobres, violentos, maltratados; pero con
muchas ganas de vivir. De pronto apareció una figura majestuosa que me dijo:
Con paciencia y caridad deberás hacerlos amigos tuyos. Por otro lado apareció
2
una bellísima señora que me dijo: hazte humilde, fuerte y robusto. Todo esto a
su tiempo lo comprenderás.
(Oscuridad. Al salir de las luces, entran el cardenal y su secretario. El primero más autoritario,
lee en vos alta una carta. El otro lo sigue mientras escucha. Van y vienen
mientras el cardenal lee articulando bien las siguientes palabras)
Cardenal: (lee) “oratorios… aún más oratorios para la juventud abandonada y en peligro”
Cardenal: (lee) “inserción de los jóvenes en el mundo del trabajo por medio de la
enseñanza de un oficio, preciso y cualificado….etcétera... Etcétera… los jóvenes
con un contrato de aprendizaje”
Cardenal: (doblando la carta) ¡Exacto! A este punto yo, deberé dar todavía mi aprobación
para un desembolso a favor de los oratorios de Don Bosco.
Cardenal: Si, todavía una vez, no les basta el dinero para los oratorios, para el vestido de
los muchachos, para los utensilios de juego y quien sabe para qué cosas más.
Secretario: Hasta hace un tiempo, a los muchachos abandonados solo se les daba un poco
de pan rancio o si acaso se les llevaba a un orfanato.
Cardenal: Y en cambio Don Bosco hoy, quiere darles un oratorio, además de cursos y
estudios, la oportunidad de aprender un oficio bien pagado y por último, pero
igual de problemático, quiere darles vacaciones
Secretario: ¿Y entonces?
4
Cardenal: Y entonces yo por ahora tendré que darle el dinero para ellos. Y no es la
primera vez… quiero decir que, si me equivoco, equivocándose se aprende.
Cardenal: (tomando el brazo del secretario se acerca a mama Margarita) Espere unos
minutos aquí. Nosotros vamos un momento donde el padre administrador
para analizar los detalles y ver cómo hacer esta enésima “donación”.
Cardenal: Yo sé que hacemos solo el bien. El mal, por ahora se lo haremos solo al padre
administrador que apenas y vea estas cifras (se refiere a la carta que tiene en la
mano)…. Le va a dar un ataque…
Margarita: (habla al público) ¿qué cosa puede hacer un hombre por su vida? Encontrar su
propia vida en la vida de los demás. ¿Por qué mi hijo Juan se preocupa por los
jóvenes? ¿Por qué no ayuda a los viejos, a los enfermos o a los leprosos? Mi
Juan ve en los jóvenes el futuro. Está buscando una sonrisa para el mañana.
Espera que los jóvenes dejen la calle y piensen seriamente en su futuro. Y les
enseñará el mundo. Lo justo, el trabajo, la creatividad, la familia, el crecimiento
sano de los hijos… la educación… mostrarles a Dios y el bien.
¿Es una utopía todo esto? O será tal vez el sueño con los ojos abiertos de un
sacerdote, mi Juanito. O será la acción grandiosa de aquel sacerdote, que es mi
hijo, es la simple realización de una idea humilde y al mismo tiempo
espectacular. Y todo esto ha nacido en una calle cualquiera. Una calle poblada
con extrañas personas sucias y mal vestidas, en busca de comida y expuestas al
peligro. Pero en esa calle cualquiera, sucia, mi Juanito ha escuchado la voz de
Dios que lo llamaba y le pedía ayuda.
5
(Cambio de luces. Parte la música. En primer plano dos o tres muchachos de calle bailan el rap
mientras otro muchacho de calle apuñala a otro. Al final del rap uno de los dos
caerá al suelo)
2. LA CALLE
(Cambio de luces. Terminada la pista musical, don Bosco permanece en escena. Entra
margarita)
Margarita: ¿Pero de que sueño hablas hijo mío? Aquí si no interviene la divina
providencia, no veo ninguna alternativa.
Don Bosco: Mamá, yo sé que cuándo me haces ver los problemas, tú lo haces para
animarme.
Don Bosco: No mamá, no son grandes problemas, son pequeños contratiempos. Por
cierto, ¿cuánto queda del dinero que nos dio el cardenal?
Margarita: ¿El dinero que nos dio el cardenal? Se ha terminado en lo que dices “amén”
Margarita: No, por favor, no hagamos como siempre. Con esa costumbre tuya de
minimizar los problemas que tenemos, no se donde terminaremos. ¡Uno que
7
otro pequeño contratiempo! Aquí, si no hacemos algo pronto este oratorio irá
al fracaso.
Don Bosco: Quédate tranquila mamá. Sabes que en los momentos más difíciles la
Providencia no nos abandona.
Don Bosco: Ten fe mama. La providencia se llama así precisamente porque es ella la que
viene al encuentro. Es ella la que llama a la puerta.
(Llaman a la puerta)
Don Bosco: Ves, si Dios quiere, recibiremos algo de Él. ¿Quién toca la puerta?
Párroco: Imagínese, los encontré raspando entre la basura como si fuesen dos pollos
raspadores.
Don Bosco: Los pollos no raspan… sino que rascan. ……¿Pero quién ha hecho párroco a
éste?
Margarita: El Cardenal.
Párroco: Los he llevado allá abajo para que se laven, y sólo Dios sabe cuándo estarán
secos.
(Termina)
Don Bosco: ves mamá, esta es la providencia, ¡nos ha traído dos criaturas más de Dios!
Margarita: Sí, dos bocas más que alimentar, dos estómagos más que llenar.
Don Bosco: Mira mamá que bello esto, otros dos corazones para enriquecer, educar, dos
mentes más que hacer madurar, dos cuerpos que hacer crecer, que hacer
estudiar, hacer trabajar… ¿cómo se llama esto?
Don Bosco: Es la mejor vida mamá. Y mi vida y la tuya están aquí para mejorar la de ellos.
El mundo debe ser para todos ellos, más bello y más bueno; y creo que si
seguimos como hemos hecho hasta ahora, habremos hecho el mejor trabajo
del mundo.
Don Bosco: (solo, se arrodilla al centro) Cuanto te quiero mamá, si no fuera por ti no sé
cómo haría (entra en actitud de recogimiento bajando la cabeza con las manos
juntas.)
(Cambio de luces. Entra el cardenal y el secretario. Ignoran a Don Bosco que está orando al
centro de la escena y como si fuera en otro espacio, hablan entre ellos)
Cardenal: Hace desaparecer las cartas de juegos a los muchazos y después las hace
aparecer en sus bolsillos. También hace desaparecer las monedas….
Secretario: ¡Ah! Es por eso que también a nosotros nos hace desaparecer el dinero.
Cardenal: Había un niño muy enfermo al cual el médico había dado muy pocas
esperanzas.
Cardenal: La madre del niño, pobre y muy desesperada, ni siquiera tenía el dinero para
los medicamentos que servían para calmar el dolor del pequeño. Entonces
va donde Don Bosco y le dice que no tiene dinero para las medicinas. Y él ¿qué
crees que hizo?
Cardenal: Tomó la parte blanda de un pan y con eso hizo tres pelotitas, se las dio a la
madre del niño y le dijo: “Aquí está, estas tres pastillas hay que dárselas al niño,
y después de dos Salves Reginas, verá que él mejorará.
(Cambio de luces repentino. Don Bosco levanta la cabeza y habla como si había seguido todo el
discurso)
9
Don Bosco: Hay que decir que el niño se curó no por las tres pastillas, sino por las dos
Salves Reginas que la madre ha rezado con tanta fe y amor.
Cardenal: ¿De parte de la Santa Iglesia Católica o de parte de sus oratorios que parecen
oratorios laicos?
Secretario: ¿Defiende usted su Iglesia? Recuerde que ésta sotana ha sido manchada con la
sangre derramada por las balas austriacas.
(Cambio de luces. Inicia la música, con la siguiente canción, el cardenal y el secretario se retiran
lentamente, Don Bosco avanza en primer plano y canta)
(Oscuro)
Margarita: (entra y se coloca al centro del escenario) El pan. El pan es la cosa más bella y
buena que existe. El pan es lo primero que te pide un pobre. El pan que se
pone sobre el altar, se convierte en el cuerpo de Cristo. El pan que, a primera
vista, parece que es el que acompaña las comidas y no nos damos cuenta que
resto de los alimentos son los que rodean al pan. El pan nace de la tierra y se
hace una bella espiga dorada para luego ser acariciada por el viento. El pan es
hijo del trigo, cultivado y regado por las lágrimas de los Ángeles. El pan es
aquel que comenzó como un puñado de semillas en las manos de muchos
campesinos bajo el sol, pero para echarlas al campo. Pero también el pan en
forma de migas es, para las aves, como una fiesta, que se encuentran en la
calle como si fuesen diamantes preciosos. El pan que te llega al estómago y
que te calma el hambre, te hace comprender que esta noche únicamente
habrá pan, y no habrá otro alimento. ¡Y esta noche no tenemos pan! ¡Hoy
necesitamos de la misericordia de Dios! (cae de rodillas)
Margarita: (se levanta, reponiéndose) Sucede que hoy, como dice el dicho: “llueve sobre
mojado”, pues en la despensa sólo tenemos cinco panes.
Don Bosco: Mamá ¿Qué pasa? Piensa que Jesús después del sermón de la montaña, solo
tenía cinco panes… y dos peces. ¡Está bien! , dos peces y cinco panes pero
con la ventaja de que era Jesús.
Margarita: ¡Pero Juan! Los muchachos que han llegado hasta hoy al oratorio son más de
trescientos, y parece que vienen otros cien.
Don Bosco: ¡Si fueran sólo trescientos o si fueran cuatrocientos! ¿De qué te preocupas?
Recuerda que Jesús alimentó a más de cinco mil personas.
Don Bosco: Discúlpame mamá, pero yo creo que te has equivocado y no has contando
bien, y crees que no habrá pan para todos, pero si regresas a la despensa,
verás que habrá pan para todos.
Margarita: Mira Juan te estás equivocando: he contado los panes y solo hay cinco.
(Margarita sale de escena y en ese momento que sale fuera, Don Bosco cuenta con los dedos
de sus manos los segundos)
Margarita: (Entra al conteo de cinco) ¡Milagro! ¡Milagro! ¡Se han multiplicado los panes!
¡Mi hijo es un santo!
Don Bosco: Mamá, cuidado y despacio con ciertas afirmaciones; porque aunque los panes
sean más, el mérito de la multiplicación, es de la Divina Providencia y no mío.
Margarita: (ahora sorprendida) ¡Tienes razón! No eran cinco panes, sino que eran por lo
menos cuatrocientos. ¡Los he contado!
Don Bosco: Y lo sé bien, sé que hay al menos cuatrocientos panes. Si no ¡cómo podríamos
alimentar a tantos muchachos!
Don Bosco: ¡Y dale con lo mismo! El hecho de que ahora haya en la despensa
cuatrocientos panes no es un milagro! Pero el hecho de que tú hayas contado
cuatrocientos panes en solo cinco segundos: ¡ese sí es un milagro!
Don Bosco: (en voz alta y saliendo atrás le grita) ¡Pero mamá! ¡No es un milagro! ¡Es solo
uno más de mis trucos de circo!
(Al final del canto se quitan los trajes del circo y aplauden junto con Don Bosco).
Don Bosco: ¡Bravo! ¡Bravo! Muchachos han estado verdaderamente sensacionales… ¡Me
han emocionado con este espectáculo! ¡Ahora vamos a lavarnos las manos y a
comer!
Don Bosco: ¡aja! ustedes no creen, pero ha llegado el pan a una vieja despensa que está
toda llena de comejenes.
Don Bosco: Sí, roen: voz del verbo “roer” yo roo, tu roes, … Ella…….?
Muchacha 1: ¿roa?
13
Don Bosco: Muchachos veo que con los verbos andan mal, ahora vamos a comer y
después a estudiar.
Todos: ¡Noooo!
Don Bosco: Bueno, entonces para eso vamos a hacer un juego, el juego de la moneda, si
ganan ustedes vamos a jugar, si gano yo vamos todos a estudiar. (Tira para
arriba la moneda y la esconde en la mano izquierda) ¿derecha o izquierda?
Todos: ¡Derecha!
Todos: (uniéndose en fila como los estudiantes)… nosotros roemos, ustedes roen, ellos
roen.
(Cambio de luces)
Margarita: La alegría. Esta palabra siempre está en la boca de mi Juan. Mi hijo dice que la
alegría no es un estado de ánimo efímero y pasajero. La alegría es un regalo
que hay que conservar y utilizar. Es un regalo en un paquete que se abre el solo
cuando se es conciente que hoy es un hermoso día, que gracias a Dios
tenemos salud, que no hay llantos y ningún mal, que no hay pensamientos de
sufrimientos, envidia o muerte, o sentimientos de miedo por el infierno. La
alegría es “seguridad gozosa”. La alegría quiere que confiemos siempre en ella
y en aquel inexplicable buen humor, que a veces sin previo aviso, nos invade.
Lástima que para muchos dura poco. Lástima que se va rápido y si no se es
capaz de alimentarla, se convierte en pensamientos negros y fastidiosos. La
alegría es ligera, y si no se cuida, vuela lejos como una golondrina; y después,
para hacerla regresar, será como esperar que regresen las golondrinas en
primavera. Entonces, ¿qué cosa es la alegría? tirarse en la primavera del alma,
es el gozo inesperado que te deja el descubrimiento de tu inocencia así como
en los niños. Porque los niños ríen, juegan, bromean y son más alegres que los
adultos. Para ellos la alegría es todo y ellos en un momento son capaces de
reconocerla donde sea. Esto se da en mi eterno niño, mi Juan. En él siempre
está la alegría, está en él hasta cuando duerme, porque la encuentra también
en sus sueños…
Ya crecía por t.
Don Bosco: (Entrando) Según yo, la vida es como una billetera. Una billetera que nos ha
dado Dios desde que nacimos. La ha puesto en la bolsa y nos ha dicho: “Gasta
todo aquello que hay adentro. Pero gástalo bien”. En efecto, la vida no es de
vivirla: es de gastarla. Y les aseguro que aquella billetera está llena de billetes.
Y en cada billete está impresa la cara del amor. Ahora, si tú eres un buen
inversionista y quieres hacer fructificar tu billetera, ¿qué cosa harías?
Inviertes…… Sí señor, Inviertes para hacer crecer tus ahorros, hacer crecer el
amor por más amor. Y para mi la mejor inversión son los jóvenes. ¿Por qué?
Porque tienen de su parte el tiempo. Vean la inversión, mí inversión. Es como
si yo comprara, en lugar de un árbol de diez metros de alto, una plantita
pequeña. Y no por que cueste menos; sino porque la plantaré viendo hacia el
sol, y la regaré según sus necesidades, la podaré en el momento exacto y en
seguida crecerá bien gracias a mí. Así es como crecerán bien los muchachos si
tú los educas a crecer de una forma correcta.
Cardenal: ¡Hace demasiado! ¡Don Bosco hace demasiado! Ahora está inventando unos
volantes publicitarios para propagar su método y dar a conocer a todos sus
iniciativas.
Cardenal: ¿Te das cuenta? (lee) tenemos serias sospechas que recibe beneficios por el
trabajo de los muchachos.
Cardenal: También yo, sin duda. Don Bosco es un hombre santo. Pero mientras tanto
muchos mal pensados tienen sospechas.
Secretario: Pero ¿por qué quiere hacer tanto? Ya tiene el laboratorio de aprendizaje, ha
abierto otros oratorios, enseña y hace enseñar útiles oficios para sacar a los
muchachos de la delincuencia y del hambre. ¿Qué otra cosa quiere?
Cardenal: ¿Carrera?
Secretario: Si vemos todo esto…. tarde o temprano… ¿por qué no? Se lo merece también.
7. UN OBRERO DE DIOS
Si yo fuera un monseñor,
O del clero, un superior
Notarías, la importancia que ostentaría.
Si yo fuera un gran prelado
Una excelencia, un purpurado
Notarían la importancia en mí
Confianza y sencillez
Él nos regalará
y nuestro amigo será.
Margarita: (entrando) Juan ya no puedo más. Otra vez se derrumbó la pared, con la lluvia
de ayer. El dinero se terminó y los muchachos jugando a la lucha
han roto la ropa que llevaban puesta.
Don Bosco: Mamá son solo niños, jugando a la lucha. Eso es fiesta para ellos en lugar de
llanto.
17
Margarita: Tal vez… el hecho es que ya no puedo más. Me parece que ya he hecho mucho
y quisiera irme.
Don Bosco: ¡Así es mamá! ¡Lo ves ¡ !Eres estupenda! Recuerda que la cruz no es solo un
símbolo. Es nuestro símbolo. La cruz lo es todo.
Don Bosco: Mírala bien mamá. Tienes que ver más allá. ¿Qué ves más allá de la cruz?
Don Bosco: ¿Te das cuenta mama? Él se sacrificó al extremo por nosotros. Por
nosotros que somos humildes creaturas de Dios.
Margarita: Lo mismo debemos hacer nosotros por aquellos pequeños que necesitan
vestidos nuevos.
Margarita: Encontrar ropa nueva. Tienes razón. Nuestra cruz es mucho más ligera.
Perdóname Juan no me lamentaré más.
Cardenal: (entra con una silla en la mano) ¿Puedo entrar? ¿Hay alguien aquí?
Secretario: ¡Ah Mamá Margarita!....... ¿Ya sabe por qué estamos aquí?
Cardenal: ¡Menos mal! ¡Al menos lo ha dicho! ¡Se ha ido dejando esta silla, así como
la ven! Y lo peor es que me la ha dejado a mí.
Secretario: Sabemos que el es uno de los mejores carpinteros salidos de sus talleres
de aprendizaje.
Margarita: Lo ha dicho muy bien. Juanín sólo tiene dieciséis años y ya es considerado el
mejor carpintero del lugar
18
Cardenal: Y aquí esta la obra maestra de su carpintero (agarra la silla y la sacude) Puede
verla…. Puede verla…..
Margarita: Juanín me explico todo. Sus horas de trabajo, según el contrato, que con
nuestra anuencia, le han hecho, hablaba de ocho horas diarias.
Secretario: Eso lo ha hecho en ocho horas de trabajo, debía terminarlo, ha dejado tirado
todo y se ha ido!
Margarita: Lo que pasó es que él, después de sus ocho horas de trabajo, debía estar aquí
con nosotros para aprender el catecismo.
Cardenal: ¿Pero a qué hora entra al catecismo? ¡Porque esta silla no está terminada!
Margarita: Miren que acabado. Miren cuanto trabajo y corazón le ha puesto en las
curvaturas.
Margarita: Pues que si Juanín no estudiara el catecismo con la pasión que pone en la
oración y en asimilar las palabras de Cristo, quizás no pondría tanta pasión y
amor a la elaboración del acabado de la silla.
Secretario: Se dice que ustedes se roban a los muchachos de las demás parroquias porque
aquí son atraídos por el juego y el oratorio.
Margarita: Pero si este oratorio es tal o igual que una parroquia. Se reza, hay misa,
se estudia el evangelio, se trabaja……
Cardenal: Y se juega.
Cardenal: ¿Exagerando? (saca una carta del hábito) Está carta nos ha llegado al
arzobispado: (lee) Excelencia ilustrísima… etcétera, etcétera… comenzamos a
tener dudas acerca de la obra del sacerdote Juan Bosco. La iglesia debe
proveer y tener bajo control la nueva y peligrosa actividad de este loco
sacerdote.
Margarita: Pero con todos los problemas que está dando el cólera en la ciudad, no veo
correcto cómo cierta gente busca tiempo para preocuparse o de manifestar con
envidia cosa sin sentido.
Cardenal: A propósito, sé que don Bosco esta haciendo muchísimo por ayudar a los
enfermos.
Cardenal: Está bien. Ahora no me parece seguir hablando del caso de la silla…
Cardenal: (guarda la silla tomándola de nuevo con la mano) Pero es muy bella.
Secretario: Es bellísima
Margarita: Está hecha con mucho amor. El mismo amor que debemos usar para erradicar
el cólera.
Cardenal: Por otro lado, hace pocos días la gente ha comenzado a creer que el cólera es
fruto de una maldición del demonio.
Secretario: Por cierto, en la ciudad hay gente extraña que viene de otros pueblos y dicen lo
mismo. Y también sostienen que están aquí para preparar a la gente para el fin
del mundo.
Secretario: Es bellísima.
(Salen)
Don Bosco: (entrando con cuatro muchachos. Tiene una botella y una cadenita en la mano)
La bendición para ustedes. (Se arrodillan) ustedes son los primeros salesianos
en mi corazón. Ustedes, hijos de san francisco de sales, esparcirán la sal y la
esparcirán sobre la tierra como tantos apóstoles de Cristo. Hace un tiempo,
todos juntos habíamos hecho una gran promesa: dar todas nuestras fuerzas
haciendo caridad con el prójimo. Pero ahora hay cólera en la ciudad. Él és
nuestro enemigo y es más fuerte que la pobreza. Por tanto “caridad” ahora es
momento de ayudar a los que sufren, aliviar el dolor y la enfermedad por
medio de la fe y la valentía. Esa será la sal que esparciremos hoy. Aquí tengo
una botella de vinagre: lo usaran para limpiarse las manos después de haber
tocado a un enfermo, un moribundo o un difunto. Y esta es una medallita de la
Virgen: Cuidará el cuerpo y el alma de cualquier contagio. Si usan estas dos
armas, sus corazones harán el resto y yo les prometo que ninguno de ustedes
enfermará. Vayan, organícense en grupos. Sé que son solo un poco mas de 100
pero estoy seguro que harán mucho mas que mil. Vayan y que Dios los ayude.
21
9. COLERA
(Del fondo entran hombres y mujeres enfermos. Visten largas camisas blancas sucias y
rotas. Avanzan temblorosos. Bailan cantando su desesperación)
Margarita: (al público) ¿Por qué Dios nos envía el cólera? Talvez solo para hacernos ver
que morirán algunos y no nosotros. Un sentido, es el sentido de Dios. La gente
que queremos, la gente que conocemos, adultos y niños inocentes se nos van
para siempre. Y nosotros no. Y así nosotros vivos conocemos más la muerte.
Nos vemos, hablamos, “bailamos” con la muerte sin que nos haga suyos.
Agradecemos a Dios porque todavía estamos vivos, pero quizá nos
equivocamos en agradecer muy poco a Dios. Debemos agradecer sobretodo
porque tenemos a Dios muy cercano a nosotros. Somos nosotros, somos
nosotros la vida que da vida a la muerte. ¿Por qué los inocentes mueren y
nosotros pecadores no? ¿Nos amará más Dios a nosotros? ¿Solo por habernos
inmerecidamente salvado, tomado en cuenta, escogido, perdonado? Tal vez si.
O tal vez entenderemos que cosa es la vida que nos está regalando todavía y
engrandece el propio corazón porque hemos, por un momento, sabido dialogar
con su hermana la muerte. La vida es bella pero más allá todavía más bella.
Pero ahora ¿por qué el umbral que separa estos dos mundos es oscuro y nos da
miedo? ¿Por qué son necesarios el dolor y el miedo para traspasar ese umbral?
¿Por qué el grito desgarrador del cólera y no un simple “amén”? ¿Es esto,
quizás, un baile angustiante que se hace con la muerte para vivir mientras se
observa a otros morir? Si de cólera se muere, de oración y de esperanza se
toma fuerza para “bailar” con la muerte. La oración nutre la vida de otros, para
después encender un fuego grande para encender mil candelas. Se sufre más el
vivir que el morir. Se sufre el vivir igual que un parto que hace renacer. Sufre
también Dios que renace con nosotros y nosotros estamos aquí gracias a Él.
¿Debo agradecerle también yo por todo esto? ¿Debo agradecer a Dios por el
cólera? No. Debo agradecer a Dios solo por la vida y por la muerte
Cardenal: Los muchachos de don Bosco han ayudado mucho y hay que admitirlo.
Secretario: Pero Don Bosco dice que la ayuda más grande la ha dado la Virgen. De hecho,
para agradecerle, ahora quiere construir una bellísima iglesia para ella. Y la
quiere llamar “Iglesia de María Auxiliadora”
Cardenal: Sí, lo sé. Pero quiero ver esta vez donde encuentra el dinero. Yo no le daré un
céntimo.
Secretario: ¡Ah! ¿No lo sabe? Para recolectar el dinero se ha inventado una lotería.
Cardenal: ¿De consolación? Quiero ver quien lo va a consolar a él, cuando entienda que
no la podrá hacer. Porque las iglesias bellas son costosas.
Secretario: Es cierto que son costosas. Esperemos que también esta vez lo ayude la
Virgen. (Salen)
(Iniciada la música, los muchachos del oratorio llevan al escenario la estatua de María. La
ponen en el suelo y esta cobra vida y canta, mientras los muchachos agitan
como banderas los billetes de lotería. Cantan con María. El hombre en traje, la
dama, el marinero que habíamos visto primero, entran comprando billetes)
Ayudaré
Si un billete tú compras
Tal vez ganarás… la gracia
Ayudaré
Si un billete tú compras
Ella luego te compensará
Si no compras tu billete
No podrás ya suplicarme
Que te cure tu callito
Que te sane la columna
Si tú quieres que te escuche
Una iglesia has de hacer
Y el billete has de comprar…. Has de comprar… has de comprar
Ayudaré
Si un billete tú compras
Tal vez ganarás la gracia
Ayudaré
Si un billete tú compras
Ella luego te compensará ( tres veces)
24
(Salen)
Don Bosco: (entrando) Qué madre más especial es mí mamá… mamá Margarita como la
llaman los muchachos. Ella les hace sentirse en familia, su familia, nuestra
familia … ella no sabe ni leer ni escribir pero es la mejor maestra que yo
conozco, es insuperable con los más pequeños, especialmente cuando los
anima a crecer y mejorar, o cuando les enseña su “catecismo del corazón”: ¡Con
Dios no se bromea! Esta es la frase que repite a los muchachos para hacerles
entender que en la vida se necesita estar atentos porque el mal esta siempre a
la vuelta de la esquina. Pero la frase de su “catecismo del corazón” que
prefiero, es aquella que un día le dijo al pequeño Luisito. El pequeño Luisito
que, con gran tristeza se estaba mirando en el espejo mientras contaba los
remiendos que tapizaban su chaqueta de lana. Mi madre noto de inmediato su
tristeza y abrazándolo al pequeño Luisito por detrás, lo miró a los ojos a través
del espejo y le susurro al oído: ¿que importa tener bellos vestidos si el alma
está sucia? El pequeño Luisito sonrió y desde aquel día aquella chaqueta no era
mas una chaqueta toda remendada, ahora era una chaqueta siempre nueva y
bien lavada tal como su alma. (Sale)
Párroco: Me entristece de tanto saber esto. Mamá Margarita era una santa mujer, una
santa madre. Se sacrificaba por su hijo y por sus muchachos.
11. SIN TI
(Mama margarita apenas ha muerto, mientras inicia la música, don Bosco entra. Preocupado
comienza a cantar. Al fondo entran varias personas habitantes del cielo. Entre
nubes entran unos ángeles mujeres, vestidas de blanco. Caminan con valentía
sobre unas imaginarias ayudándose con sombrillas con forma de nubes blancas
de algodón. Cisnes y otras figuras entre ellas dos ángeles hombres que bailan
con los ángeles. Al terminar la pista o hacia el final la figura o los muchachos
solos del oratorio que están ejecutando el número, para animar a don Bosco,
renuncian, viendo que su dolor es mucho. Se juntan mientras la canción se
acerca al final. Se quitan de la vista parroquianos vestidos con ropa blanca del
tiempo. Todos rodean al padre con un calido y afectuosísimo abrazo de amor. El
abrazo visto desde arriba forma un enorme par de alas blancas que envuelven
a don Bosco)
Si yo clamo a ti
Tú no respondes ya
No me respondes más
SEGUNDA PARTE
(Primera misión. Hacia la apertura del telón, inician una serie de efectos de sonidos de selva.
Estamos en una selva sudamericana. Animales, pájaros y el correr del agua
sonoramente son el centro de la escena. Una suave música de flauta se
desvanece como música de fondo. Entran tres monjas. Mientras la música sube
26
Voz sor 1: Pensaba que Dios nos mandaba a un lugar muy parecido al infierno donde
habían criaturas que salvar del pecado y llenar con el amor y la palabra de
Cristo.
Voz sor 2: Nosotras hijas de María Auxiliadora, auxilio llevamos, auxilio pedimos.
Voz sor 2: Todas las sombras de este lugar revelan una luz secreta.
Voz sor 1: Dios respira entre estas hojas. Tal vez Él ha nacido aquí y nos quiere mostrar su
cuna…
(Entran los indios. Las observan dando vueltas a su alrededor. Si acercan. Una sor saca su
grueso crucifijo de madera que lleva en el cuello y se lo muestra al indio. Este lo
toma, lo observa atentamente poniéndolo entre su vista y el sol. Luego se lo
lleva. Otro indio saca su collar de hueso y conchas que lleva en el cuello y se lo
da a la sor. Ella lo toma. Cambio de luces. La música de flauta termina. Se
ilumina el proscenio que hasta ahora estaba casi oscuro)
(oscuro. Salen)
Don Bosco: (entrando) En nuestra primera misión en Sudamérica enviamos primero a las
hermanas: y lo hicieron muy bien, quizás porque que eran muy jóvenes. Según
yo, el misionero debe tener una gran cualidad: debe ser como un niño. De los
niños debe tener el sentido de asombro porque apenas descubre algo nuevo,
se queda maravillado. El indígena también es como un niño, que cuando ve al
misionero se pregunta ¿Quién es él? ¿Por qué lleva esa extraña vestidura
negra? Y aquella cruz que lleva sobre el pecho ¿por qué es tan importante? Y
he aquí donde encaja aquel mecanismo innato en el niño: el juego. Es como
dos jóvenes que se encuentran en el oratorio por primera vez. ¿Cómo te
llamas? ¿Quién eres? ¿A qué jugamos? Jugamos a conocernos, a entendernos,
a entendernos con serenidad, espontaneidad, simplicidad, con la alegría que te
da el asombro. Y así comienza la confianza y después también la amistad. Y
después, solo después, hablaremos de tu Dios y del mío. Por ahora jugar basta.
“Tus plumas de colores”, “tus lentes transparentes”, “tus extraños tatuajes
rojos, negros y azules. ¿Qué es aquella cosa? “se llama Biblia: Bi-blia… Bi-blia”…
y él, que todavía no entiende, sonríe porque aquella cosa se descubre página
por página… ¡algo nunca antes visto! El juego ha terminado. Y es el juego que
resulta ser bello . Y, si no eres como un niño por dentro, no sabrás jugar. Luego
no sabrás llevar aquel niño, tan distinto a ti, a los brazos de su padre, que
también es tu Padre.
(Cambio de luces. Entran el cardenal y su secretario. El primero tiene como de costumbre una
carta en la mano)
Cardenal: ¡Ahora también las hermanas!, ¡ahora también las hermanas! Escucha esto,
escucha esto… (Lee) etcétera, etcétera, etcétera…
Secretario: Entonces eso significa que no hay… nada, nada que objetar……
Cardenal: Más adelante, a propósito de la escuela de costura creada por las hermanas
para las muchachas dice: (lee) el pequeño taller de sastrería se transforma con
frecuencia en casa de acogida para las niñas pobres, huérfanas… etcétera,
etcétera… justo aquí… “sor Maria Mazzarello, madre con un innato sentido de
sacrificio, insiste siempre en decir que sus muchachas trabajan por el Señor y
me ha dicho una frase muy bella: cada puntada es un acto de amor a Dios.
Cardenal: Si, cada puntada. Puntada con aguja e hilo… ¡hablamos de costureras!
Secretario: ¿Bellísimo?
Secretario: ¿Gusanos?
Cardenal: (lee) Entre esta santa mujer y yo hay un sentimiento que nos unirá por
siempre. Y las Hijas de María Auxiliadora serán de nuestra familia para
siempre.
Porque me muero.
(Oscuro)
(Entran con la música una fila de costureras y hermanas. Las costureras tienen un pañote color
en la mano y con un gesto simulan que cosen. Bailan y cantan todas juntas.
Entran tres hombres con la ropa rota. Las costureras tratan de repararla)
¡Yeah!!!!
(Oscuro)
(En fila entra con tres sillas y un pedazo de tela en la mano sor Mazzarello, costurera 1,
costurera 2, colocan las 3 sillas al centro de frente al público. Se sientan y
cosen)
Mazzarello: No hay necesidad de pedir ayuda a Dios para poder zurcir las cosas como se
debe. Zurcir es tarea de nosotros, seres humanos. Y para zurcir una prenda
podemos hacerlo solos.
Costurera 2: El hilo es más frágil que la prenda pero es increíble que al entrar en el agujero
se vuelve más fuerte.
Mazzarello: El hilo y la prenda se unen, se reajustan; y hace que la prenda quede armadas.
Costurera 2: Y a nosotros nos salva de la vergüenza de andar por ahí con la ropa rota. De
otro modo los ojos de los demás verían primero lo roto y luego a la persona.
Mazzarello: Pero también es ya una salvación, es un regalo, una esperanza. Es Dios que nos
ha perdonado.
31
15. SUBITO
(Entra Don Bosco. Canta. Una mendiga en cuclillas y un hombre de traje va de paso. Dan unos
pasos. Ella le pide una ayuda. El le da una moneda y se va. Pero la mendiga le
ha robado el portafolio. Cuenta feliz los billetes. El regresa furioso. Toma de
nuevo el dinero le da una patada y se va. La mendiga se queda sola, llora en el
suelo. Entran dos hermanas y la llevan con amor)
Mazzarello: Rápido.
Podemos hacer obras, pero muy rápido.
El mal no acepta escusas
Tus pocas respuestas fáciles
Igual que no perdona errores fáciles.
Juntos: Cree en mí
Podemos hacer más
Por salvar a quien
Sostiene que el destino
Sea algo muy malo
Y que el gozo es
Tristeza.
Mazzarello: Rápido.
Quien no tiene fe te quiere rápido
Rápido, rápido
Ahora y rápido
Es propio y rápido
Porque después será tarde
Cardenal: (entrando con dos cartas en la mano) ¿pero te das cuenta? ¡Ahora este hombre
no sabe que otra cosa hacer para provocarme, para hacerme perder la
paciencia! Aquí dice: (agitando la primera carta) que en uno de sus oratorios el
número de colaboradores laicos, entre maestros, catequistas y voluntarios, es
incluso seis veces mayor que el de los sacerdotes. Además yo lo he visto: son
maestros indisciplinados, escandalosos, juegan con los muchachos, y les dan
mucha confianza…
Cardenal: El problema es que hay menos sacerdotes y más de estos laicos, y todavía más:
¡son ingobernables desde el punto de vista moral y religioso! ¡No podrán
enseñar nada a los muchachos!
Cardenal: ¡No! ¡Don Bosco les apoya ciegamente! ¡Los estimula! ¡Les confía mucho
porque el tiene muchas cosas que hacer: piensa en las hijas de Maria
Auxiliadora, piensa en las misiones, piensa en recolectar dinero para construir
su gigantesca Iglesia! ¡Y luego deja que los laicos hagan trabajos que solo le
corresponden hacer a un sacerdote! ¡Tarde o temprano terminarán diciendo
también la misa!
Cardenal: ¡Y ahora jamás confiaré más en él! Comencé a creer que era un pobre exaltado
cuando, por recoger dinero que le faltaba para pagar no se qué cosas del
oratorio, se inventó la lotería. ¿Te recuerdas de su lotería?
Cardenal: ¿Te das cuenta? Cómo se le ocurre decir al Papa que el puesto que yo ocupo
aquí, lo ocupo gracias a él.
Cardenal: (soltando) ¡Nadie! ¡Nadie ha intervenido por mí! Si yo estoy aquí ahora, es solo
por la voluntad de Dios y del Espíritu Santo. ¿Está claro?
Cardenal: ¡No! ¡No soy susceptible! Sólo quiero justicia. Y tal vez pronto la tendré…
(Agitando la otra carta)
Cardenal: ¿Cómo que pobre don Bosco? ¿Pero tú de qué lado estás? ¿Del nuestro o de
aquel loco del oratorio?
Secretario: Del suyo, del suyo… faltaba más… sin embargo debo decir, que con él ha sido
despiadado.
Cardenal: Hay que decir que si he sido despiadado, lo he sido solo en nombre de Dios,
(abre la carta) Aquí está… esta me la ha escrito una eminencia de quien no te
puedo decir el nombre.
Secretario: ¿Entonces?
Secretario: Pobre Papa…… forzará a Don Bosco a pedirle perdón sabiendo que por más de
diez años lo ha estado persiguiendo…
Cardenal: ¿Qué estás diciendo? ¡Con lo que estás diciendo estás perdiendo mi confianza!
Cardenal: Muy bien. Así como tú lo estás haciendo, así Don Bosco me pedirá perdón a
mí…. a mí……. Y lo hará delante de todos.
Cardenal: ¡Pues claro! Eso es lo que quiere el Papa. Todos obedecemos al mismo jefe,
que, incluso, está más arriba del Papa.
Secretario: ¿Trabajar?
Cardenal: Por supuesto. Por orden de don Giuliani mandaré a don Bosco a hacer un
exorcismo
Cardenal: ¡Así es! Así tendrá la oportunidad de estar más cerca del mal. Y tal vez
teniendo al mal más de cerca, lo haga arrepentirse… (Salen)
Cambio de luces. Entra la poseída se retuerce como fuera de si. Dos sacerdotes la controlan. la
poseída yace en el suelo. Tiene la cabeza reclinada. Cada tanto tiembla y
patalea. Dos hermanas están cercanas a ella. Don Bosco entra con paso firme.
Lleva lo necesario para el exorcismo. Tiene en la mano un librito y una
medallita. Llega donde la poseída.)
Don Bosco: (acercando la medallita a la boca de la poseída) Besa la virgen, besa a Maria
Auxiliadora.
Poseída: (se rehúsa, cierra la boca, y aparta la vista) De nascia caiírm darím e mánrá!
nascia caiírím darím e mánra!
(Entra un hombre de negro. Se mueve con calma y pasa a ser el centro de la situación)
Maligno: ¿Pero cómo es posible que siendo un cura no reconozcas la lengua de Cristo…
tu Cristo? Esta hablando arameo. Esta diciendo: “¿crees de verdad que un
hombre pueda llevar este peso?” Lo dice lucifer a tu Cristo cuando estaba por
ser capturado para después ser ajusticiado.
Maligno: En el aire.
Maligno: ¿Cómo por qué? Me has quitado a todos los muchachos. Ellos se han retirado
de las calles, mi lugar favorito, donde basta con darles un poco de alimento, y
los dejas crecer de acuerdo a su verdadera naturaleza: robando, asesinando,
prostituyéndose para después morir en el pecado. Pero vienes tu con tu
oratorio diciéndoles: “vengan conmigo, vamos a orar, vamos a jugar, voy a
enseñarles una profesión, trabajo digno” y ahora ellos son maestros,
abogados, ingenieros.
Maligno: ¡Soñar es pecado! ¿No es acaso un pecado mortal engañar a los demás, y
engañarte a ti mismo, creyendo que el camino de la salvación es tener un
mundo más limpio? ¡Tú limpio mundo se ensucia en un minuto!
Don Bosco: El bien existe por que existe el mal. ¡Y el bien es siempre más fuerte que el
mal!
Maligno: Me decepcionas Don Bosco. Esta frase la puedes escribir en uno de tus
volantes que repartes como hojas al viento. ¿Por qué no haces la verdadera
pregunta?
Maligno: ¿Por qué? ¿Por qué todo esto? ¿Por qué el bien y el mal?
Maligno: Y también sabemos que un día tendrás que pedirle perdón a alguien por todo
lo que has hecho.
Maligno: Así será, así será, un poco de infierno para ti, si quieres
ganar el paraíso.
(Fuera de curso)
16. EL CUADRO
En ella pintó
Con la mano de Dios.
Don Bosco: (entrando) Era una broma, mi cuadro está en su lugar, esta un poco sucio nada
más pero es un cuadro que siempre hace soñar… soñar es la palabra
maravillosa. Porque cuando duermo, no solo duermo, sueño y hago de los
sueños algo maravilloso. Uno de los más bellos que recuerdo es cuando soñé el
futuro en Sudamérica y de sus misioneros salesianos. Veían grandiosas
montañas desde la ventana de un tren. Bosques, planicies, ríos largos y
majestuosos. Además, en mis sueños puedo ver en las entrañas de los montes
y en las profundidades de las planicies. Con mi vista atravieso la tierra, veo
minas llenas de metales preciosos, cuevas inagotables de carbón fósil,
depósitos de petróleo, yacimientos de oro. Y era como si Dios hubiese querido
depositar todas las riquezas en esa tierra y la tierra nos devolvía sus riquezas
hechas vida. Luego, junto a mis salesianos, vamos más hacia el sur, hacia tierra
de fuego, en donde aparecen unos nativos entre las ramas de los bosques más
densos y ellos me sonreían. He aquí los nuevos salesianos, me decía un
sacerdote. Y yo que estaba un poco sorprendido le pregunte: ¿cómo han hecho
tanto en tan poco tiempo? Y el me respondió: con sudor y sacrificio. Fue un
sueño muy importante. Era un sueño que me revelaba algo que pronto dejaría
de estar solo en mi mente, ahora era algo real. Pero luego de estos sueños he
tenido otros tantos… he soñado… de todo… he soñado…
17. HE SOÑADO
He soñado a Jesús
Jesús que con su voz
Me decía: por ti volveré sobre esa cruz
(Efecto de lluvia. Los bailarines escapan mientas dos hermanas entran con sombrillas para
cubrir y llevar a Don Bosco. Salen. Cambio de luces. Sobre el fondo se escucha
canto gregoriano, sor Mazzarello y una hermana se encuentran en escena)
Hermana: Ayer fue un momento muy bello, cuando Don Bosco nos dio la bendición a
todas.
Mazzarello: aquello que ha hecho él por lo muchachos debemos hacerlo con las
muchachas. ¿Han entendido esto?
Hermana: Sí madre.
Mazzarello: Como dice don Bosco: el reposo del sacerdote está en el paraíso. Y creo que es
igual para nosotras las religiosas.
Hermana: Sor Ángela ha estado preparando una sabrosa sopa. ¿Quiere que se la traiga?
Mazzarello: No hijita, cuando esté lista iré a la cocina a tomarla yo misma. Ahora ve. Ve a
ver si los gusanos de seda están listos para dar su fruto.
SEDA
(Mientras sor mazzarello canta, sobre el fondo unos capullos de seda, de los cuales salen los
bailarines de orugas que se estiran y después bailan. Al final sor Mazzarello
se lleva la preciosa seda producida)
Vestiré el amor
Lo vestiré de seda
La seda mía
La seda que me ha dado Dios
Seda para mí
Que voy a pintar para el
Y el alma será seda que vivirá
Cuando moriré
Cuando Dios acariciará…. la seda
La bordaré de amor
Seda de Dios
De seda haré el vestido solo mió
Me lo pondré
De amor me vestiré
Por él
Acérquense todos
40
He aquí el tormento
Que le causará la muerte del amor
Que encomiende ya su alma
El abismo se lo tragará
Ha logrado el cardenal
Sua sua culpa, arrepentimiento
Le ponemos ceniza en la frente
La condena será horrorosa.
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
(Salen mientras inicia el fondo musical para la sentencia. Se escuchan tenebrosos repiques de
campanas aumentando la tensión del momento. Al fondo aparecen
desplegados 8 cardenales. Son iluminados solo a contra luz. Al proscenio entra
don Bosco bien iluminado por un lado y el cardenal por el otro lado. Se
detienen al centro. No se ven. Entra el secretario con una hoja y lee)
Secretario: Luego del vergonzoso asunto en cuestión y su pronta solución en cuanto a los
varios debates sobre el complicado caso, se ha visto la necesidad de recurrir
directamente a la ayuda de su Santidad que, examinó los hechos de la
acusación y ha decido: El sacerdote Juan Bosco antes de esta reunión pedirá
perdón a la parte ofendida. Y esta última aceptará de manera incondicional.
Después el asunto será considerado por el papa y por la iglesia aquí
representada por nosotros quedando todo definitivamente resuelto. Se dará la
ejecución de la sentencia frente a todos.
Margarita: (al público) Quizás ahora han entendido donde está el amor. El amor, si
quieres, lo puedes buscar y lo puedes encontrar en Dios. Pero si no eres capaz,
si sientes que a Dios no lo puedes alcanzar porque está muy lejos o te lo impide
algún pecado o tu falta de fe, entonces el amor que debería acompañarte
durante toda la vida, cuando no sabes dónde encontrarlo porque en tu
corazón no lo encuentras, constrúyelo con la fuerza de la razón, escúlpelo con
las armas que te da la lógica y verás que a través de tu mente descubrirás el
alma. Se requiere esfuerzo, se requiere trabajo y sudor. Pero verás que con el
sudor y la mente, tarde o temprano encontraras el corazón.
FIN