Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
1
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Prólogo
¡DEVASTACIÓN DUCAL!
UNA DOCENA DE DÍAS DE OSCURIDAD Y LA DESAPARICIÓN
Marzo de 1829
Bernard Settlesworth, Esquire, creía que ese nombre era su destino.
De hecho, como tercero de una línea familiar ajena a la aristocracia, era
difícil no creer tal cosa. Bernard se enorgullecía enormemente de su trabajo,
que realizó con precisión casi todos los días del año. Después de todo, se
decía a sí mismo, la aristocracia británica se construyó sobre el duro trabajo de
hombres como él. Sin los Bernard Settlesworth del mundo que calculan
expertamente libros de contabilidad y manejan hábilmente enormes
propiedades, la Casa de los Lores se desmoronaría, dejando sólo el polvo de
antiguas líneas de sangre y fortunas.
Él hizo la obra del Señor, asegurando que la aristocracia permaneciera
de pie. Y solvente.
Y a pesar de que se enorgullecía de todos los aspectos de su trabajo, no
había nada que Bernard disfrutara tanto como reunirse con los nuevos
herederos, ya que era en esos momentos en que el nombre Settlesworth
representaba su valía.
Bernard disfrutó de esta parte, hasta que la tragedia golpeó al duque de
Warnick.
Dos marqueses. Seis condes y barones. Un caballero desembarcado y
sus tres hijos. Un vicario. El capitán de un buque. Un sombrerero. Un criador de
caballos. Y un duque.
Golpeado por una serie de tragedias que incluían, pero no se limitaba a,
un accidente de carro, un accidente de caza, un robo mal hecho, un
ahogamiento en el Támesis, un incidente desafortunado con gripe y un
incidente realmente inquietante con un cormorán.
Diecisiete duques, si era honesto, suponía Bernard, todos muertos. Todo
en el lapso de una quincena.
Era un giro de acontecimientos -diecisiete giros de acontecimientos-
inauditos en la historia británica. Pero Bernard era muy dedicado, aún más
cuando le tocaba ser el protector de un título tan antiguo y venerable, de sus
vastas tierras (hechas más vastas por la rápida y sucesiva muerte de diecisiete
hombres, varios de los cuales murieron sin problemas económicos), y de
grandes fortunas (hechas más grandes por el mismo motivo).
Y así fue que se encontró en la gran entrada de piedra del Castillo de
Dunworthy en la fría, ventosa y salvaje Escocia, cara a cara con Alec Stuart,
decimoséptimo en línea de sucesión del duque de Warnick, ahora, el último
heredero del título.
Decir que se encontró cara a cara, no era muy exacto. Después de ser
recibido por una mujer muy joven, Bernard había sido dejado a la espera,
2
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
rodeado por gran cantidad de tapices y un puñado de armas antiguas que
parecían haber sido colocadas al azar en la pared.
Y así esperó.
Y esperó.
Después de tres cuartos de hora, aparecieron dos perros muy grandes,
más grandes de los que nunca había visto, grises y salvajes. Se acercaron, con
movimientos engañosamente perezosos. Bernard se apretó contra el muro de
piedra, esperando que decidieran encontrar otra víctima más apetitosa. En vez
de eso, se sentaron a sus pies, las cabezas de pelos de alambre le llegaban
casi hasta la altura del pecho, sonriéndole, sin duda pensando que él se veía
muy sabroso.
A Bernard la situación no le gustaba. De hecho, por primera vez en su
carrera, consideró que esta solicitud en particular hacía de ésta, una profesión
menos agradable.
Y entonces el hombre llegó, más salvaje que los perros. Cabello oscuro
y grande como una casa -Bernard no había visto nunca a un hombre tan
grande-, casi dos metros, el pecho, amplio y musculoso parecía un muro de
piedra. Bernard podía decirlo, puesto que el hombre no llevaba camisa. De
hecho, tampoco llevaba pantalones. Llevaba un kilt. Y una espada.
Por un momento, Bernard se preguntó si había viajado a través del
tiempo, aunque estaba en Escocia, el escocés parecía como si viviera tres
siglos atrás, a pesar de que después de todo, estaban en 1829.
El enorme hombre lo ignoró, arrojando la espada contra la pared, donde
quedó atrapada como si fuera por la fuerza de la voluntad de su dueño. Ese
mismo dueño, que luego le dio la espalda a Bernard y se marchó.
Bernard se aclaró la garganta, el sonido sonó más alto de lo que había
pensado en el gran espacio de piedra, lo suficientemente alto como para que el
hombre se volviera y lanzara una mirada persistente sobre el diminuto cuerpo,
del abogado.
Después de un largo silencio, dijo:
-¿Quién es usted?
Al menos, eso es lo que Bernard pensó que dijo. Las palabras eran
gruesas en la voz del hombre, envueltas en el particular acento escocés.
- Yo-yo - Bernard se recompuso y trató de evitar el tartamudeo, a pesar de
estar rodeado de bestias tanto humanas como caninas. -Estoy esperando una
audiencia con el dueño de la casa.
El hombre rugió, y Bernard imaginó que ese sonido profundo era
diversión.
- Cuidado. A estas piedras no les gustará oír que usted piensa que tienen un
maestro.
Bernard parpadeó. Había oído cuentos de escoceses locos, pero no
esperaba encontrarse con uno. Tal vez lo había malinterpretado, en la
confusión del idioma y las sílabas faltantes.
- "Le ruego me disculpe."
El hombre lo observó durante un largo rato.
-¿El mío o el de la torre?
Bernard no sabía qué decir. No se disculpaba con el castillo, ¿verdad? Inclinó
la cabeza.
-¿Está el señor Stuart aquí?
3
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
El monumental hombre se balanceó sobre sus talones, y Bernard tuvo la
clara impresión de que su evidente incomodidad le agradaba al enorme
bruto. Como si no fuera él, el que debería sentirse incómodo, paseando por el
castillo medio desnudo.
- Sí.
- Llevo casi una hora esperando por él.
Los perros sintieron su irritación y se levantaron, claramente ofendidos
por ella. Bernard tragó saliva.
- Angus. Hardy. - Al instante, se acomodaron al lado de su amo. Y fue entonces
cuando Bernard lo supo. Miró al hombre medio desnudo que había al otro lado
de la entrada y dijo:
-Usted es él.
-Sí, pero todavía no hemos establecido quién es usted.
- ¡Alec! - Una voz de mujer joven resonó a través del castillo. - Hay un hombre
aquí. ¡Es un abogado de Londres!
El nuevo duque de Warnick no apartó la mirada de Bernard cuando alzó
la voz en respuesta.
-También dice que me espera hace una hora.
- Me imaginé que nada bueno podía venir de un lujoso abogado londinense
-soltó la voz. -¿Por qué soltaste la espada que tenías en la mano?
-¿Por qué? -replicó el escocés. - Disculpas. Mi hermana no se preocupa mucho
por los ingleses.
Bernard asintió con la cabeza.
-¿Hay un lugar donde podamos hablar más en privado?
-Como me preocupo menos por los ingleses que mi hermana -dijo el duque-, no
necesitamos tanta ceremonia. Le invito a declarar su propósito aquí y ahora. Y
entonces puede usted irse.
Bernard imaginó que la visión del hombre sobre Inglaterra cambiaría un
poco cuando descubriera que se había convertido en un par del reino. Uno muy
rico.
- Por supuesto. Tengo el gran placer de informarle que hace doce días usted es
el duque de Warnick.
A lo largo de su carrera, Bernard había presenciado toda clase de
reacciones al recibir una herencia. Había observado la devastación de aquellos
que habían perdido a sus seres queridos, y también el afán en los rostros de
aquellos que no eran tan amados. Había presenciado la conmoción de
herederos lejanos y la alegría de aquellos cuyas fortunas habían cambiado en
un abrir y cerrar de ojos. Y, también los días menos placenteros, cuando había
presenciado la devastadora carga que una herencia traía consigo, cuando un
aristócrata recién acuñado descubría que su título había venido solamente con
una deuda incapacitante.
Pero en los más de veinte años que había servido a los altos escalones
de la aristocracia, Bernard nunca se había encontrado con la apatía, hasta
ahora, cuando el escocés, al que había encontrado después de cruzar un país,
dijo con calma:
- Nae - se giró sobre sus talones, y se dirigió a la salida con los perros pegados
a los talones.
Settlesworth escupió su confusión.
- Su… ¿Su gracia?- Una larga risa se escuchó en el salón.
4
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No me interesa el título inglés. Y ciertamente no tengo interés en ser la gracia
de nadie.
Con eso, desapareció el duodécimo primer duque de Warnick, último de
una venerable línea de sangre y rico como rey.
Bernard esperó otra hora en el castillo de piedra y tres días completos
en la única posada del pueblo cercano, pero el duque no tenía interés en volver
a hablar con él.
Y así fue que durante los próximos cinco años, el duque rara vez mostró
su cara en Londres y, cuando lo hizo, evitó todo lo relacionado con la
aristocracia. En cuestión de meses, la sociedad londinense había descifrado su
desdén y decidido que eran ellos, de hecho, quienes lo desdeñaban, y no al
revés. “El Diluido Duque, sostenían, no valía ni tiempo ni energía.” Después de
todo, el decimoséptimo en la línea de un ducado no era prácticamente ningún
duque.
Tal visión le convenía, más que bien a Alec Stuart, orgulloso escocés y
así, él reanudó su vida sin pensar en los adornos de su título. Como no era un
monstruo, manejaba sus vastas fincas con un cuidado meticuloso, asegurando
que los que confiaban en las tierras de Warnick estaban bien y prósperos, pero
evitó Londres, creyendo que mientras Inglaterra lo ignorara, podría ignorar a
Inglaterra.
E Inglaterra lo ignoró, hasta… que no lo hizo.
Justo hasta que llegó una misiva, revelando que junto con las
propiedades y criados y pinturas y alfombras, junto con el título, al que no tenía
interés en utilizar, el duque de Warnick había heredado otra cosa
completamente distinta.
Una mujer.
5
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 1
ENCANTADORA LILY, CONVERTIDA EN LA SEÑORITA MUSA!!!!
Abril de 1834
Exposición de la Real Academia
Somerset House, Londres
La señorita Lillian Hargrove era la mujer más hermosa de Inglaterra.
Fue un hecho empírico, y simplemente se sabía, que no requirió
absolutamente ninguna confirmación de los expertos en la materia. Uno sólo
tenía que mirarla, notando su piel de porcelana, rasgos precisamente
simétricos, pómulos altos, labios llenos, orejas curvas, y una nariz linda y recta
que evocaba lo mejor de la escultura clásica.
Añádase su pelo rojo, de alguna manera no impetuoso, sino un rica
tonalidad dorada que evocaba el más celestial de los atardeceres, sus ojos
grises como una tormenta de verano, y no había ninguna pregunta en absoluto.
Lillian Hargrove era perfecta.
Tan perfecta, que el hecho de que hubiera venido de la nada — que
careciera de título, de posición social y de dote, que hubiera sido arrancada de
Dios sabía dónde por el mejor artista londinense, con quien no estaba casada
— era de alguna manera irrelevante cuando entraba en una habitación.
Después de todo, nada cegaba más a los caballeros, titulados o de otro tipo,
como la belleza, un hecho que era suficiente para que cualquier mamá con una
hija casamentera, con una invitación a Almack, estuviera nerviosa.
Por eso la mitad de la aristocracia, la parte femenina estuvo tan feliz con
los acontecimientos del 24 de abril de 1834, el día de la inauguración de la
Royal Academy Exhibición de Arte Contemporáneo, el día en que Lillian
Hargrove la belleza favorita de las páginas de escándalos, fue un escándalo
propiamente dicho.
Y fuera arruinada. A fondo.
Más tarde, cuando esa misma parte del ton fuera consultada sobre los
acontecimientos del día, susurraría con fervor -con los dedos manchados por la
tinta de los tabloides de chismes, debajo de sus guantes blancos, jurando que
nunca los leían-, que “nunca lo habían visto venir”.
Y no lo habían hecho.
De hecho, Lily había pensado que sería el mejor día de su vida.
Era el día que había estado esperando toda su vida: veintitrés años,
cuarenta y ocho semanas.
Era el día en que Derek Hawkins se le iba a proponer.
No es que hubiera conocido a Derek durante toda su vida. Ella no lo
había hecho. Le había conocido hacía seis meses, tres semanas y cinco días,
desde que se había acercado a ella en la tarde de la fiesta de San Miguel,
mientras estaba al sol de Hyde Park, en uno de los últimos días calurosos del
año y le dijo: en términos inequívocos, que iba a casarse con ella.
6
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Eres una revelación - le había dicho con su voz fresca y nítida,
distrayéndola de su libro.
Otro podría haber considerado la inesperada llegada, como la razón de
su falta de aire, pero Lily sabia mejor que nadie, que le había quitado el aliento,
porque la había encontrado oculta en un rincón. A pesar de su belleza, estaba
sola e ignorada por el mundo. Tres veces huérfana, abandonada: primero por
su padre, terrateniente; luego por una serie de guardianes Ducales, cada uno
de los cuales encontró un rápido fin; y, finalmente, abandonada totalmente, por
el Duque actual.
En su soledad, se había vuelto muy adepta a no ser vista, así que
cuando Derek Hawkins la notó, cuando la hipnotizó con la fuerza de su mirada,
ella se había enamorado al instante.
Lily había hecho todo lo posible por no verse afectada por sus palabras.
Después de todo, no había leído todas las revistas de damas de Londres
publicadas en los últimos cinco años para nada. Mirándolo, intentó su mejor y
más leve sonrisa y dijo:
-No nos conocemos, señor.
Él se había agachado junto a ella, retirando el libro de su regazo,
encantándola con sus cegadores dientes blancos y su impertinencia aún más
cegadora.
- Una belleza como la suya, no debería tener tiempo para libros.
Parpadeó, atraída por sus fríos ojos azules, concentrado en ella como si
fueran las únicas dos personas en todo Londres. En todo el mundo.
- Pero, me gustan los libros. - contestó
El sacudió la cabeza y le dijo
- No tanto como me gusta usted.
Se había reído de tal alarde.
- Parece muy seguro de sí mismo.
- Estoy muy seguro de ti -dijo él, levantando su mano del regazo y presionando
un cálido beso en los nudillos enguantados.
- Soy Derek Hawkins. Y tú eres la musa que he estado buscando. Tengo la
intención de conservarte. Por toda la eternidad.
Lentamente fue recuperando la respiración ante tal declaración.
Evocando otras, más formales.
Ciertamente, conocer a Derek Hawkins fue un shock. Llevaba años
leyendo sobre él: era una leyenda, un artista y una estrella del escenario,
reconocido en Londres y más allá como una de las mentes teatrales más
hábiles de su generación. La noticia de su talento y buena apariencia lo
precedían y, aunque Lily no podía confirmar por el momento lo primero, lo
segundo le parecía bastante exacto.
Pero no fue su fama lo que conquistó a Lily. Ella tenía más que pelusa
entre sus orejas, después de todo. No soñaba con un pretendiente famoso.
Soñaba con un pretendiente que le aseguraría nunca volver a estar sola.
Después de todo, Lily había estado sola toda su vida.
En los días y semanas que siguieron, Derek la había cortejado, jugando
el papel del perfecto caballero, escoltándola a los festivales de otoño y los
eventos de invierno, incluso contratando a una sirvienta anciana para
acompañarlos en las excursiones públicas.
7
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Luego, en una fría y nevada tarde de enero, le había enviado un
carruaje, y ella había sido trasladada a su estudio, al interior del santuario de su
mundo artístico.
Solo.
Allí, en una habitación empapada de sol, rodeada de docenas de
lienzos, la había honrado con sus palabras y promesas, adorando su belleza y
su perfección y jurando mantenerla con él. Siempre.
Las palabras, tan bonitas y tentadoras, precisamente lo que siempre
había soñado oír de un hombre tan guapo, habilidoso y valorado, la habían
llenado de más felicidad y esperanza de lo que jamás había imaginado posible.
Durante dos meses y cinco días, había vuelto al estudio una y otra vez,
sentada con más que un poco de orgullo en la cálida habitación, con la luz del
sol de invierno iluminándolo todo y la mirada de Derek clavada en ella. Quien le
había dado todo lo que le había pedido. Porque eso era lo que uno hacía
cuando estaba enamorado.
Y estaban enamorados, hecho que se demostraba en este momento, en
que se hallaban en el gran salón de la Exposición Real, rodeados por los más
brillantes y más renombrados habitantes de Londres. Lily estaba a medio paso
detrás del hombro derecho de Derek, donde la prefería, con un vestido amarillo
claro, ligeramente más modesto de lo que Lily hubiera querido, pero que él
mismo había elegido y con su pelo en un recogido apretado e inquebrantable,
precisamente en la forma en que a él le gustaba.
Se dirigían a la exposición, la lluvia los había obligado a ir en su
carruaje, golpeando rítmicamente en el techo y cerrando el mundo más allá de
ellos. Él le había cogido la mano y susurrado:
- Hoy es el día en que cambia todo. Para siempre. Después de hoy, todo será
diferente. Mi nombre será susurrado por todo el mundo. Y el tuyo también.
Ella le había pestañeado, con el corazón rebosante, sabiendo que sólo
podía significar una cosa. Matrimonio. Le había sonreído y susurrado:
- Juntos.
El carruaje se había ralentizado en ese momento, indicando que habían
llegado a la exposición, pero ella había oído su acuerdo a pesar del trueno que
había sonado más allá.
- Juntos.
Ahora estaban aquí, y se sentía más orgullosa de lo que nunca había
estado en su vida, por este hombre que pronto sería su marido, y por si misma
también. Después de todo, no era de todos los días, que la hija huérfana de un
terrateniente era tan privilegiada como para estar ante todo Londres con el
hombre que amaba.
La habitación era enorme, las paredes alcanzaban los seis metros de
altura y cada centímetro de ellos estaba cubierto de obras de arte. Cada
pulgada lo estaba, pero un punto central, detrás de una tarima, en el extremo
del salón, estaba cubierto con una cortina, como si lo que hubiera allí anunciara
una magnífica revelación.
Derek se volvió para guiñarle un ojo.
- Ese es para nosotros.
Lily sonrió. “Nos”. ¡Qué hermosa y adorable palabra! ¿Cuánto tiempo
había deseado ser parte de un nosotros?
8
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Señor. Hawkins - , el secretario de la academia los encontró en el centro de la
habitación dándole un fuerte apretón de manos y susurrando ferviente en el
oído de Derek. - Gracias a Dios que ha llegado. Estamos listos para realizar
inmediatamente el anuncio señor, si usted quiere.
Derek asintió, sus labios se curvaron en una amplia sonrisa que marcó
su triunfo.
- Estoy siempre listo para anuncios como este.
Lily miró alrededor de la habitación, observando a la gente, esperando
que comenzara la exposición. Reconoció a un puñado de los más brillantes de
Londres, y se sintió inmediatamente desconcertada por la idea de que estaba
rodeada de títulos famosos. Se puso rígida, deseando, de repente, que Derek
le hubiera avisado el día anterior, para permitirle asimilarlo y poder mantenerse
firme ante la mirada de todo Londres.
- Ha traído a esa chica Hargrove con él.- Lily se resistía a la necesidad de girar
al escuchar su nombre susurrado, pero había sonado demasiado fuerte como
para no ser escuchado. Asumió que esa había sido la intención de la mujer.
-Por supuesto que sí - fue la respuesta mordaz. - ella se deleita con él, y mira
cómo lo mira fijamente. Como un cachorro detrás de un hueso.
- Como si no fuera suficiente que se vea… como se ve. –contestó la otra con
disgusto.
Lily se obligó a no escuchar y fijó los ojos en la parte posterior de la
cabeza de Derek, donde su rizado cabello negro se curvaba en perfectas
ondas.
No importaban.
Sólo Derek importaba.
Sólo su futuro. Juntos.
“Nos”.
- Todo el mundo sabe que cualquiera que se vea como ella es un completo
escándalo. No puedo creer que la trajera aquí. Hoy… de todos los días. Hay
duques presentes.
-He oído que la Reina puede aparecer.
-Si eso es cierto, que él la traiga es aún más repugnante.
-¡Su propia consorte! - Las palabras salieron con una risa alegre, como si
fueran muy ingeniosas.
No lo fueron.
Lily se resistió a la sugerencia de que podría ser algo más que la
prometida de Derek. Como si fuera un escándalo. Y aunque no lo era, aunque
no había nada escandaloso en el amor, sus mejillas ardían y la habitación se
calentaba.
Se volvió hacia Derek, deseando que oyera a las mujeres. Para darse
vuelta y decirles que no sólo estaban hablando de más, sino que estaban
hablando sin quererlo acerca de su futura esposa.
Pero no las oyó. Ya se alejaba de ella, subiendo las escaleras hasta el
lugar donde colgaba la cortina, ocultando su obra maestra. No la había dejado
verla, por supuesto. No había querido tentar al destino. Pero ella sabía de su
habilidad, y que todo lo que había seleccionado para la exposición sorprendería
a todo Londres.
Estaba segura.
Y cuando eso pasara, esas mujeres se comerían sus palabras.
9
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Derek había llegado al centro del estrado, y se había asomado detrás de
la cortina antes de dirigirse hacia la multitud reunida, mientras Sir Martin Archer
Shee, el presidente de la Real Academia, daba la bienvenida a todo Londres a
la exposición. El discurso fue impresionante, destacaba la venerable historia de
la academia y sus exposiciones, y pronunciado por el distinguido hombre con
acento irlandés.
De hecho, el arte en las paredes, era muy bueno allí se veían varios
paisajes muy bonitos. No era de la altura del de Derek, por supuesto, pero era
fino arte.
Y entonces llegó el momento.
- Cada año, la academia se enorgullece de una pieza especial, una primera
exposición de uno de los artistas contemporáneos más talentosos de Gran
Bretaña. En el pasado, hemos revelado obras sin precedentes de Thomas
Gainsborough, Joseph Turner y John Constable, cada uno con más talento que
el anterior. Este año, estamos muy orgullosos de mostrar al reconocido artista
de escenario y lienzo, Derek Hawkins.
Derek tenía el pecho hinchado de orgullo.
- Es mi obra maestra.
Sir Martin se volvió por la interpelación inesperada.
-¿Te gustaría hablar ahora?
Derek dio un paso adelante.
-Diré más una vez que lo vean, pero por ahora sólo ofreceré esto. Es el mayor
desnudo de nuestro tiempo. -Hizo una pausa-. -El mejor desnudo de todos los
tiempos.
Un silencio recorrió la habitación. No es que Lily pudiera oírlo por el ruido
que había en sus oídos.
Desnudo.
Por lo que ella sabía, Derek había pintado un solo desnudo.
- Esto es mejor que Rubens,- había dicho mientras Lily se acostaba en el sofá
color cobalto de su estudio, rodeada de almohadas de satén y telas
exuberantes. – “Es más glorioso que Tiziano.”
Las palabras, sin embargo no eran un recuerdo. Él las estaba diciendo
de nuevo ahora, lanzando una mirada arrogante a toda la multitud.
- Hace que parezca que Ingres debería volver a la escuela.- Se volvió hacia el
presidente de la academia. – A la Real Academia, por supuesto.
Tal alarde, era un insulto a uno de los más grandes artistas de la época,
lo que desbordó la Asamblea, y los susurros colectivos se elevaron en una
cacofonía, añadiendo sonido al calor salvaje que consumía a Lily.
- Escandaloso,- dijo alguien cerca.
¡Había jurado que era sólo para sus ojos!
- Nunca he oído tal presunción.
¡Le había prometido que nadie lo vería jamás!
Las mujeres detrás de ella volvieron a hablar, ahora sarcásticas y más
desagradables si eso podía ser.
-Por supuesto. Por eso la trajo.
No podía ser ella.
No podría ser.
- Sin duda, - llegó el acuerdo. - ella es lo suficientemente baja como para ser la
modelo.
10
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- La palabra modelo es demasiado amable, implica honor, y es demasiado
barata para ella. Sólo se le permitió cruzar la puerta por la buena voluntad de…
Lily, no soportó más y se giró para mirarlas, con lágrimas indeseadas en
sus ojos, deteniendo las palabras aún no pronunciadas. No les importaba. Las
dos mujeres la miraron fijamente. Como si fuera una cucaracha en la cuneta.
- Su guardián entiende claramente que la belleza no tiene nada que ver con el
honor.
Lily les dio la espalda, esas crueles palabras la pusieron en movimiento.
Al principio, simplemente para escapar de esas mujeres horribles, y después,
para escapar de su propio miedo.
Y luego, para evitar que Derek la descubriera al mundo.
Se abrió camino a través de la multitud, que ya estaba apiñándose más
y más cerca del escenario y de la pintura, todavía oculta. Afortunadamente, Sir
Martin había reanudado el discurso, pero Lily no escuchó las palabras,
demasiado concentrada en llegar a la tarima. Y a la pintura.
Subió las escaleras, conducida por algo mucho más poderoso que la
vergüenza.
Vergüenza.
Vergüenza por lo que había hecho. Por confiar en él. Por creerle.
Por creer que alguna vez sería algo más que ella misma.
Solo por creer en la promesa del “nosotros”.
Y entonces estaba en el escenario, y él se volvió hacia ella, la habitación
quedó en silencio una vez más, en completo shock ante su presencia. Ante su
intrusión. El presidente de la academia la miró.
Derek se giró con gracia, agitando un brazo hacia ella y diciendo:
- ¡Ah! Llega mi musa.
Ya era hora de que Lily abriera los ojos. La había arruinado. Era como si
se hubiera quitado la ropa delante de todo Londres. Y aun así, le sonrió, como
si no lo viera.
- ¡Mi hermosa Lily! La fuente de mi genio. Sonríe, cariño.
Jamás habría imaginado que esas palabras la pondrían tan furiosa. No
dejó de moverse. Y no sonrió.
-Has jurado que nadie lo vería.
La habitación jadeó. Como si las propias paredes pudieran respirar. Él
parpadeó.
- No hice tal cosa.
- Mentiroso, dijiste que era solo para ti.
Derek sonrió, como si así lo explicara todo.
- Cariño. Mi genio es demasiado grande para que no lo comparta. Es para todo
el mundo. Para todos los tiempos.
Miró a la multitud, a los cientos de ojos allí reunidos, la fuerza combinada
de su mirada fijaba sus pies al piso. Haciendo débiles sus rodillas. Haciendo su
corazón palpitar. Poniéndola furiosa.
Se volvió hacia él.
- Dijiste que me amabas.
Él inclinó la cabeza.
- ¿Lo hice?
Estaba fuera de espacio y de tiempo. Su cuerpo ya no era suyo. El
momento ya no era de ella. Negó con la cabeza.
- Lo hiciste. Tú lo dijiste. Lo dijimos. Íbamos a casarnos.
11
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Él rió. Se rió. El sonido se hizo eco en los suspiros y susurros de la
multitud más allá, pero a Lily no le importaba. Su risa fue suficiente para
matarla.
- Querida niña, - se burló. - un hombre de mi calibre no se casa con una mujer
como tú.
Lo dijo delante de todo Londres.
Ante esa gente, a la que siempre había soñado con integrarse. Ante ese
mundo, en el que siempre había soñado vivir. Ante ese hombre, a quien
siempre había soñado amar.
Pero que nunca la había amado, que en cambio, la había avergonzado.
Se volvió hacia la cortina, que aguardaba con su singular propósito, con
la intención de destruir su obra maestra, de la misma manera en que él la había
destruido a ella. Sin darse cuenta de que los reunidos verían la pintura.
Ella rasgó la cortina, el grueso velo rojo se rompía prácticamente sin
presión, o tal vez era la fuerza de su furia, entonces apareció…
…La Pared desnuda.
No había nada allí.
Se volvió hacia la habitación, las risas contenidas, los escandalizados
jadeos y los susurros, tan ruidosos como un cañón de fuego, corrieron a través
de ella.
La pintura no estaba allí.
El alivio llegó, caliente y abrumador. Se giró para mirar al hombre que
había amado. El hombre que la había traicionado.
- ¿Dónde está? – pregunto ella
Los dientes de Derek destellaron, de un blanco cegador.
-Está en un lugar seguro -respondió él, con su voz tronadora, dirigiéndose a la
habitación, para que todos presenciaran el espectáculo.
- ¡Miradla, Londres! ¡Sed testigo de su pasión! ¡De su emoción! ¡De su belleza!
Y regresen aquí, en un mes, en el último día de la exposición, para presenciar
todo eso, reflejado en algo más hermoso y más apasionado. Voy a poner a los
hombres a llorar con mi trabajo. Será como si hubieran visto el rostro de Dios.
Un grito de júbilo colectivo resonó a través de la habitación. Ellos
pensaban que era una obra de teatro, y que ella era una actriz.
No se dieron cuenta de que su vida estaba arruinada y que su corazón
estaba roto, aplastado por su bota perfectamente resplandeciente.
No se dieron cuenta de que estaba partida en dos ante ellos.
O tal vez lo hicieron.
Y tal vez fue por eso que se les veía tan alegre.
12
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 2
ESCOCÉS CONVOCADO AL SUR PARA TUTELA DE UNA SALVAJE
Dos semanas y cuatro días después
Plaza de Berkeley
Una tutela. Peor aún, tutela de un inglés.
Uno pensaría que Settlesworth le debería haber hablado de ese detalle.
Uno pensaría que entre las decenas de hogares y decenas de vehículos
y cientos de empleados y miles de inquilinos y decenas de miles de ganado,
Settlesworth habría pensado que era importante mencionar la existencia de
una joven mujer sola.
Una joven que, a pesar de su absoluta falta de decoro, sin duda, se
desmayaría cuando se encontrase cara a cara con su guardián escocés.
Las inglesas eran consumadas expertas en vahídos.
En treinta y cuatro años, nunca había conocido a alguien tan
ridículamente engañoso, que lograra sacar lo peor de él.
Pero Settlesworth no había mencionado a la joven, ni siquiera de
pasada, al menos con un…"Por cierto, hay una pupila, que podría ser un
significativo problema“. Al menos, no lo había mencionado hasta que el
“problema” había sido tal, como para requerir la presencia de Alec en Londres.
Y luego… “Su Gracia debe venir tan pronto como sea posible para
reparar la reputación de su pupila y concluir con el escándalo.”
¿Y Settlesworth era el mejor abogado de la historia? Si Alec tuviera
algún interés en ayudar a la nobleza inglesa, sacaría un anuncio en el News de
Londres, para alertarlos sobre la total ineptitud del hombre.
Sobre una pupila, parecía el tipo de cosas que un hombre debía saber
desde el principio de su tutela, en lugar de enterarse en el momento en que la
maldita mujer hiciera algo supremamente estúpido y terminara con una
desesperada necesidad de rescate.
Si hubiera tenido un poco de sentido común, habría ignorado la nota,
pero aparentemente eso le faltaba, y por todo lo dicho, Alec Stuart, orgulloso
escocés y no deseado veintiún duque de Warnick, estaba allí, parado en los
escalones del número 45 de Berkeley Square, esperando a que alguien abriera
la maldita puerta.
Miró su reloj por tercera vez en pocos minutos, antes de volver a tocar
una vez más, dejando caer toda su irritación contra la gran superficie de caoba.
Cuando completó la acción, dio la espalda a la puerta e inspeccionó la plaza,
perfectamente cuidada, cerrada y apenas verde, diseñada para los residentes
de esta impecable parte de Londres y nadie más. El lugar era tan malditamente
británico, que hizo que su piel se electrizara.
Maldijo a su hermana. Cuando Catherine se enteró dijo:
- ¡Que interesante! ¿Crees que será distinguida y hermosa?
Cuando le contestó a Catalina que, según su experiencia, la belleza era
la razón de la mayoría de los escándalos, y no le interesaba tratar con este en
particular, su hermana había insistido en que inmediatamente empacara sus
maletas, y para manipularlo aún más le dijo:
13
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Pero ¿y si ha sido calumniada? ¿Y si está sola? ¿Y si necesita un amigo? ¿O
alguien que la defienda? - Hizo una pausa, parpadeó con sus enormes ojos
azules y añadió - ¿Y si yo estuviera en su lugar?
Las hermanas pequeñas eran claramente un castigo por las malas
acciones en vidas anteriores. Y parecería que también por las actuales.
Cruzó los brazos sobre su pecho. La lana de la chaqueta estaba tirante
sobre sus hombros, se sentía ceñido como la arquitectura de esa casa, la
fachada de piedra constreñía a la herrería. Detestaba estar allí.
Inglaterra sería su ruina.
Al lado, un tropel de mujeres salió del número 44 de Berkeley Square,
bajando los escalones hasta un carruaje que las esperaba. Una joven lo vio,
sus ojos se abrieron de par en par antes de retroceder en estado de shock y
apartar su mirada para susurrarle algo al resto del grupo, que al instante se
volvió al unísono para mirarlo.
Sentía que sus miradas irradiaban un calor ardiente, que fue más cálido
cuando la más vieja del grupo, la madre o la tía, si tenía que adivinar, dijo en
voz alta:
- Por supuesto que tendría a un hombre así esperando entrevista.
- Tiene una mirada verdaderamente animal.
Alec se enfrió instantáneamente mientras el grupo disfrutaba su
diversión. Ignorando la oleada de furia que lo invadió luego de la descarada
evaluación, volvió su atención a la puerta. ¿Dónde demonios estaban los
criados?
- Probablemente ella le está dando alojamiento,- dijo una de las chicas.
- Y otras cosas también – fue la respuesta sarcástica - Es lo suficientemente
escandalosa como para hacerlo.
¿En qué tipo de escándalo se había metido esa joven? La carta de
Settlesworth había sido superficial en extremo, disculpándose por no informarle
de la existencia de la pupila y poniendo a la muchacha en manos de Alec. “Ella
está en el centro de un escándalo… uno muy insostenible, si no llega. Dese
prisa.”
Podría odiar todo lo inglés, pero Alec no era un monstruo. No iba a dejar
a la chica a los malditos lobos. Y si los lobos de al lado, eran un indicio de ello,
era bueno que estuviera aquí, ya que la pobre muchacha era su comida.
Sabía lo que era estar en manos de las inglesas.
Resistiendo el impulso de decirles a las mujeres que podían
amontonarse en su carro y conducir directamente al infierno, levantó el puño
para golpear una vez más, pero la puerta se abrió un instante antes, Alec
fulminó con la mirada a la mujer que estaba delante de él, usando el vestido
gris más pálido que había visto nunca.
Se imaginó que no tenía más de veinticinco años, con pómulos altos,
piel de porcelana, labios llenos y pelo rojo que de alguna manera brillaba como
oro a pesar de que estaba dentro de un vestíbulo débilmente iluminado. Era
como si la mujer tuviera su propio sol.
Aburrido vestido o no, no era exagerado decir que era fácilmente la
mujer más hermosa de Gran Bretaña.
Por supuesto que sí.
Nada empeora más un mal día, que una bella inglesa.
- Es hora de sangrar - gruñó.
14
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Le tomó varios segundos a la criada recuperarse de su propio shock y
levantar los ojos, que se habían centrado en su pecho y que iban subiendo
lentamente hasta su cara, mientras las cejas iban elevándose con cada
pulgada de ascenso. Alec estaba transfigurado. Sus ojos eran grises, no de
pizarra y no de acero, pero del color de las nubes de lluvia más oscuras,
salpicadas de plata. Se puso rígido, el abrigo, demasiado pequeño y que le
apretaba los hombros, le recordaba que estaba en Inglaterra, y quienquiera que
fuese esa mujer era irrelevante para sus intereses. Con la excepción del hecho
de que estaba entre él y su inmediato regreso a Escocia.
- Sugiero que me dejes entrar, muchacha.
Una ceja roja se alzó.
- No haré tal cosa.
Ella cerró la puerta.
Alec parpadeó, la sorpresa y la incredulidad guerreando por un momento
fugaz antes de que ambos fueran superados por una suprema pérdida de
paciencia. Dio un paso atrás, midió la puerta y, de un fuerte envión, la tumbó.
La pesada losa de roble se estrelló en el piso del vestíbulo con un fuerte golpe.
No pudo resistirse a mirar a las mujeres de al lado, ahora congeladas en
un estado de shock colectivo y ojos abiertos.
-¿Es suficientemente animal para ustedes, señoras?
La pregunta las empujó a la acción y treparon una sobre otra, para subir
rápidamente al carruaje.
Satisfecho, Alec volvió su atención a la casa e, ignorando el dolor en su
hombro, cruzó el umbral.
La doncella se quedó en el interior, mirando hacia la gran puerta de
roble.
-Podrías haberme matado.
-Lo dudo -dijo-. La puerta no es lo suficientemente pesada como para matar a
una persona.
Su mirada se concentró en él.
-Creo que es el número dieciocho.
Las palabras no podrían haber tenido más desdén. Ignorándolas, Alec
levantó la puerta del piso y se volvió para apoyarse contra la puerta abierta. Él
deliberadamente acentuó su acento.
- Entonces vos sabéis quién soy.
- No estoy segura de que haya una persona en Londres que no te reconociera.
Aunque podrías aprender la palabra, si quieres que te entiendan.
Él alzó una ceja por su lengua inteligente.
- No me importa que me dejen esperando en la puerta de mi propia casa.
Su mirada se dirigió hacia la puerta, arrancada.
- ¿Acostumbras destruir cosas cuando no te agradan?
Alec resistió el impulso de negar las palabras. Había pasado la mayor
parte de su vida adulta probando que no era grosero. No es tosco. No era un
bruto.
Pero él no se defendería delante de esta mujer.
- Yo pago generosamente por ese privilegio.
Ella puso los ojos en blanco.
- Encantador.
Se negó a mostrar su conmoción. Aunque tenía poca o ninguna
experiencia con los sirvientes aristocráticos, estaba bastante seguro de que no
15
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
tenían el hábito de enfrentar a sus amos. Sin embargo, no mordió la carnada,
sino que se adentró en la impecable casa con su amplia escalera central,
impresionantes y preciosos paisajes en las paredes, un toque dorado aquí y
allá, indicando modernidad sin ser de mal gusto. Se giró en un círculo lento,
considerando los techos altos, los grandes espejos que captaban y reflejaban
la luz de las altas ventanas, proyectando a todo el espacio luz natural y
vislumbrando una extensa y colorida alfombra con una acogedora chimenea a
través de una puerta abierta.
Era el tipo de casa que debía pertenecer a un duque con un
impresionante pedigrí, sin duda decorado por alguna duquesa anterior.
Se quedó quieto. ¿Había una duquesa anterior? Con diecisiete duques
muertos, Alec apostaría que había más de una duquesa anterior. Gruñó ante el
pensamiento. Todo lo que necesitaba era una viuda para ocuparse de la sala
escandalosa y el personal petulante.
El personal en cuestión oyó el sonido de disgusto.
-Sabía que te decían el duque inculto, pero no creía que fueras a ser… "
La impertinencia se diluyó, pero Alec oyó los apelativos no pronunciados.
Bestial. Tosco. Grosero. Sin refinar. Perdió la paciencia.
- Sugiero que traiga a Lady Lillian. Inmediatamente.
- Es la señorita Hargrove. Ella no es de alcurnia.- le respondió con
impertinencia
Alec alzó una ceja.
- Esta es Inglaterra, ¿no? ¿Han cambiado las reglas, entonces? ¿Ahora se
corrige alegremente a los duques?
- Lo hago cuando el duque en cuestión está equivocado -dijo-, aunque deberías
estar feliz, ya que pocos entenderán lo suficiente tu monstruoso acento como
para saber si estás equivocado o no.
- Parece que tú me entiendes lo suficiente.
Ella sonrió con dulzura.
- Mi inmensa suerte, supongo.
Resistió el impulso de reírse de la rápida respuesta. La mujer no era
divertida. Estaba a segundos de ser despedida.
- ¿Y qué hay del respeto que viene con el título?
- Personas que están impresionadas por dicho título, me imagino.
- ¿Y tú no lo estás?
Ella cruzó los brazos.
- No particularmente.
- ¿Puedo preguntar por qué?
-Ha habido dieciocho de ustedes en cinco años. O, para ser más precisos,
diecisiete en dos semanas, seguido por ti durante cinco años. Y a pesar de ser
la primera vez que pones el pie en esta casa, ella y todo su contenido te
pertenecen. Se cuidan. Para ti. En tu ausencia. Si eso no es evidencia de que
los títulos son ridículos, no estoy segura de qué es.
No decía nada que él no creyera. Pero eso no significaba que no
estuviera loca, probablemente tan loca como la otra mujer de la casa.
- Aunque tu insubordinación es impresionante y no estoy totalmente en
desacuerdo con tu lógica, he tenido suficiente.- dijo - Tengo la intención de
hablar con la señorita Lillian, y tu tarea, te guste o no, es ir a buscarla.
- ¿Por qué estás aquí?
16
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Dejó que el silencio se prolongara entre ellos durante un largo minuto,
intentando intimidarla para que hiciera lo que le había pedido.
- Trae a tu señora.
No se sintió intimidada en lo más mínimo.
- Creo que es gracioso que te refieras a ella como la dueña de la casa. Como si
no fuera prisionera de ella.
Fue entonces cuando lo supo. Después de todo, su pupila no era el tipo
que se desmayaba. Sin embargo, antes de que pudiera hablar, ella continuó.
- Como si no te perteneciera, al igual que la puerta que destruiste brutalmente,
como una enorme bestia escocesa.
No quería oír las palabras. Pero de alguna manera, allí de pie, con esta
impecable inglesa, en esta impecable casa inglesa, en esta impecable plaza
inglesa, con un traje incómodo, apenas cabiendo por la puerta abierta,
sintiéndose grande y fuera de lugar, no pudo evitar oírlas. No podía dejar de
sentirlo, cercano e inquietante, como la corbata apretada alrededor de su
cuello.
¿Cuántas veces había oído lo mismo de mujeres hermosas? Recordó
con asombro. Demasiado ocupadas imaginando la fina y profunda muesca que
marcarían en la columna de su cama, como para mantener sus pensamientos
más íntimos para ellas mismas. En cuanto su cuerpo tomo aquellas
dimensiones, las mujeres tendieron a desearlo, como un premio, como un toro
en la Feria del condado.
Enorme y bestial. La definición honraba su labor, aun cuando lo
deshonraba.
Justo como lo habían deshonrado en labios de su madre, quien se lo
había escupido, remarcando su condición, demasiado grande para ser lo
suficientemente bueno para ella. Demasiado grande para ser digno de ella.
Demasiado grosero. Demasiado escocés. Demasiado recordatorio de su
decepcionante vida.
Ella había detestado su tamaño. Su fuerza. La herencia de su padre. Lo
detestaba tanto, que se había ido con esa única palabra como regalo de
despedida a su único hijo.
Bestia.
Y así que, cuando la oyó aquí, en este lugar, con tanto desdén en los
labios de otra bella inglesa, no pudo evitar resistirse a las represalias.
- Había esperado que no fueras hermosa.
Ella entrecerró su mirada.
- Esa descripción no parece un cumplido en tus labios.
Una visión destelló en su cerebro, esta mujer impresionante extendida a
través de una cama, con el pelo extendido como fuego y oro a través del lino
blanco y perfumado, los miembros largos llamándolo y sus labios rosados
entreabiertos. El deseo lo atravesó como un dolor, y se obligó a recordar su
lugar.
Él era su guardián. Ella era su pupila. Y además era inglesa. No era para
él.
-No lo es – dijo -. Es mucho más probable que lo hayas hecho.
Sus ojos gloriosos, más expresivos de lo que jamás hubiera imaginado,
se llenaron instantáneamente de desafío.
-¿Haya hecho qué?
- Arruinarte tú misma.
17
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
La cólera cambió a otra cosa, desapareció tan rápidamente que quizá no
la hubiera reconocido si no le fuera tan insoportablemente familiar.
Vergüenza.
Y en la vergüenza de ella, vio la forma en que llevaba la suya,
instantáneamente se arrepintió de sus palabras. Y deseó no haberlas dicho.
- Yo no debería haber…
- ¿Por qué no? Es verdad.
Él la observó durante un largo momento, su columna recta, sus hombros
encuadrados, su cabeza alta. La fuerza que no debería tener, pero que llevaba,
no obstante con honor.
- Deberíamos empezar de nuevo - dijo.
- Preferiría que no comenzáramos nada en absoluto -dijo ella, y se alejó,
dejándolo en el pasillo, sin nada como compañía, salvo los sonidos flotando
desde la plaza, a través de la puerta permanentemente abierta.
Necesitaba al Duque inculto como necesitaba un agujero en la cabeza.
Cerró la puerta de la sala de estar, se apoyó en ella y soltó un largo suspiro,
deseando que se fuera de la casa. Que se fuera de su vida. Después de todo,
no era como si se hubiera interesado por ella durante los últimos cinco años.
Pero, por supuesto, estaba aquí ahora, literalmente tumbando la puerta de su
casa, como si pudiera entrar como un vengativo rey guardián, como si tuviera
propiedad sobre ella y sobre su escándalo.
Lo cual, por supuesto, tenía.
Settlesworth y su detallada carta. Y maldito el duque por aparecer, sin
ser invitado ni deseado.
Lily tenía un plan, y no requería del duque. No debió haberlo incitado. No
debería haberlo insultado. De hecho, uno no caza moscas con vinagre, y el
duque era una mosca bastante gorda.
Cruzó la habitación hasta el aparador de bebidas del otro extremo.
Gordo no.
Se sirvió un vaso de líquido ámbar.
Él era todo fuerza. Lily no podría olvidar la imagen de la gran puerta de
roble que volaba de sus goznes, como si fuera de papel. Y no creía que
pudiera dejar de perder el aliento ante la visión de aquel enorme hombre,
grande como una casa y guapo más allá de toda medida, de pie en la estela de
su destrucción, enmarcado por la luz del sol como si los mismos cielos lo
hubieran enviado.
Se detuvo.
Qué absoluta basura. Estando en casa durante las últimas dos semanas
y cuatro días, escondiéndose del resto de Londres, debió de haber
aprovechado el aire fresco que había entrado cuando el hombre había
derribado la puerta.
Eso solo ya era suficiente para poner a cualquier mujer nerviosa.
Particularmente una que antes había sido engañada por hombres guapos.
Lily no tenía interés en sus anchos hombros, ni en sus ojos castaños, ni
en sus labios carnosos que parecían a la vez suaves, firmes y terriblemente
tentadores. Y ni siquiera había notado las mejillas, la nariz y la mandíbula, lo
18
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
suficientemente fuertes como para ser cortados en hierro por los herreros
escoceses más talentosos.
Bebió el whisky del vaso.
No, el único interés que tenía en el duque de Warnick era conseguir que
se fuera.
-Lillian.
Escuchó, girando para encontrar al objeto de su falta de interés en la
puerta abierta. Su mirada castaña cayó sobre el vaso que tenía en su mano.
- Son las diez y media de la mañana.
Bebió de nuevo, a propósito. Si alguna vez había un momento para
beber, era ahora.
- Veo que eres consciente de cómo funcionan correctamente las puertas.
Él levantó una ceja y la observó por un largo momento antes de decir,
- Si estamos bebiendo, yo también quiero uno.
Ella le dio la espalda mientras servía un segundo vaso, y cuando se
volvió para entregárselo, descubrió que ya había cruzado la habitación sin el
menor sonido. Resistió el impulso de alejarse de él. Era demasiado grande.
Demasiado mandón. Demasiado convincente.
Tomó el vaso.
- Gracias.- le dijo
Ella asintió.
- Es tu bebida. De nada.
No bebió. En su lugar, giró y se paró frente a la chimenea, donde
inspeccionó una gran pintura clásica al óleo, de un hombre desnudo,
durmiendo bajo un sauce bajo la atenta mirada de una mujer hermosa, con el
amanecer arrastrándose por el cielo. Lily apretó los dientes mientras ella
también observaba la pintura. “Un desnudo desconcertante, un recordatorio
de...”
-¿Hablaremos del escándalo? –preguntó él.
“No…” Sus mejillas ardían. Y eso no le gustaba.
- ¿Hay algún escándalo? – pregunto Lily.
Alec se volvió para mirarla.
- Dime tú.
- Bueno, me imagino que la noticia de que rompiste la puerta a plena luz del día
estará cerca.
Algo brilló en sus ojos. Algo como diversión. A ella tampoco le gustaba
eso.
- ¿Es eso cierto, muchacha?
Y en ese momento, por esas cuatro sencillas palabras, pronunciadas en
su apretado tono escocés, cálido, áspero y casi más amable de lo que podía
soportar, deseó estar en cualquier otra parte. Porque era la primera vez que
alguien le hacía esa pregunta.
Y por milésima vez deseó que la respuesta fuera diferente.
- Creo que deberías irte.
Se quedó inmóvil un buen rato y luego dijo:
- Estoy aquí para ayudarte.
Ella rió sin humor.
- Impresionante, Su Gracia, lo bien que te sale el tono de guardián cuidadoso.
- Vine en cuanto me enteré de tu situación.
19
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Soy una leyenda, evidentemente. Te llegó en el camino desde Escocia,
¿verdad?
- En mi experiencia, los rumores viajan a la velocidad de un relámpago.
-¿Y tienes mucha experiencia con los rumores?
- Más de lo que me gustaría admitir.
Lily oyó la verdad en las palabras.
- ¿Y tus rumores eran ciertos?
Se quedó en silencio el tiempo suficiente como para que pensara que no
le iba a responder, así que la impactó oírlo decir simplemente:
- Sí.
Nunca en su vida, una sola palabra le había despertado tanta curiosidad.
Por supuesto, era una tontería. Fuera cual fuese su escándalo, no era tal, ya
que no lo había destruido. No lo había forzado a huir. Ella se encontró con su
mirada.
- ¿Y ahora qué? ¿Llegas para cuidar tu reputación?
- No me importa un higo mi reputación. Estoy aquí para cuidar la tuya.
Fue una mentira. Nadie se había preocupado nunca por su reputación,
no desde que su padre había muerto. Nunca había tenido una patrocinadora,
nunca una amiga.
Nunca un amor. El pensamiento llegó indeseado y exasperante, con
calientes lágrimas, amenazando con caer. Inhaló bruscamente y se volvió hacia
el aparador, negándose a revelarlas.
- ¿Por qué?
La frente de Alec se arrugó.
- ¿Por qué?
- Ni siquiera me conoces.
Él dudó. Entonces dijo
- Tú eres mi responsabilidad.
Ella rió. No pudo evitar girarse y mirarlo.
- Nunca te has interesado por mí. Ni siquiera sabías que yo existía, ¿verdad?
Ella vio la culpa en sus ojos y supo que era verdad. - Supongo que eso es
mejor que la alternativa.
- ¿Y cuál sería esa?
- Que hayas sabido de mí durante años y simplemente hubieras ignorado mi
existencia. – y en ese caso no habría sido el único.
- Si hubiera sabido… - Se interrumpió.
- ¿Qué? ¿Habrías regresado a Londres hace años? ¿Tomando inmediatamente
la bandera de guardián y salvador?
Alec se removió sobre sus enormes pies y ella sintió una punzada de
pesar, sabiendo que él no merecía sus recriminaciones. Pero se mordió la
lengua, negándose a disculparse. Deseando que se fuera. Deseando que
nunca hubiera llegado. Si los deseos fueran caballos…
-No soy un monstruo -respondió finalmente-. -No pedí la responsabilidad, pero
de haberlo sabido me habría asegurado de que se te proporcionara seguridad,
sin vacilar.
Siempre fue así. Una promesa de fondos. De habitación y comida. Una
promesa de las pocas cosas que se entregaban fácilmente.
Y una escasez de todo lo que tenía valor.
Ella agitó la mano para indicar la hermosa casa.
20
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Estoy perfectamente provista. Mira la bella jaula en la que me hamaco. - No
esperó a que él respondiera.- No importa, de cualquier manera. Me temo que
es demasiado tarde – Lily pasó junto a él, diciendo: - Estoy sola en la bolsa, ni
guardián ni salvador. De hecho, si los últimos años me han enseñado algo, es
que haría bien en salvarme a mí misma. Jugar a ser mi propio guardián.
No respondió hasta que llegó a la puerta de la sala de estar.
- Eres mayor de lo que esperaba.
Ella paró y miró hacia atrás.
- ¿Disculpa?
Alec, no se movió.
- ¿Cuántos años tienes?
Ella igualó la pregunta impertinente.
- ¿Cuántos años tienes?
- Tengo la edad suficiente para saber que eres mayor de lo que deberías ser.
-Si no hubieras tenido un desinterés tan prolongado sobre tu pupila, tal vez
sabrías la respuesta a tu pregunta.
- No lo tomes personal.
- ¿Qué cosa? ¿Tu largo desinterés?
- Ahora que sé que existes, me encuentro muy interesado.
- Supongo que ahora soy interesante, ahora que soy un bicho bajo la lupa para
estudiar y señalar como una advertencia para todos los demás.
Levantó una ceja negra y cruzó los brazos sobre su enorme pecho.
- Hace unos segundos, eras un pájaro en una jaula.
- ¿Es en el surtido de metáforas en las que estás interesado? - Replicó.
No vaciló.
- No, eres tú.
Esas palabras le hicieron sentir calidez. No es lo que ella debería sentir.
- Una lástima, ya que yo no estoy interesada en ti.
- Deberías estarlo. Según entiendo, los tutores tienen bastante control sobre
sus pupilos.
- Soy custodia de la propiedad Warnick. No sería demasiado posesivo, si fuera
tú.
-¿No soy Warnick?
- Quizás no por mucho tiempo. Ustedes tienen el hábito de morirse.
- Supongo que eso te gustaría.
- Una mujer puede soñar. - Sus labios temblaron ante las palabras, ocultando
una sonrisa, y si ella fuera sincera, habría admitido que disfrutaba del hecho de
haberle divertido. Sin embargo, no estaba interesada en la verdad.
-Bueno, todavía no estoy muerto, Lillian, así que por el momento estás conmigo
y sería mejor que respondieras a mis preguntas. -Hizo una pausa y luego
preguntó
- ¿Eres un poco vieja para ser pupila, no?
Por supuesto que sí. Se había perdido en la lucha. Su padre había
muerto y la había dejado al cuidado del duque, y todo había estado bien
durante varios años, hasta que el duque había muerto. Y dieciséis duques más,
también. Y entonces este hombre había quedado a cargo, el legendario
escocés que había evitado todo lo inglés y que ni siquiera había aparecido en
el Parlamento para recibir sus cartas de presentación.
Y Lily había sido olvidada.
Ninguna dote. Ninguna temporada. Ningún amigo.
21
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Ella lo miró, deseando que hubiera una manera de decirle todo eso, una
manera de hacerle entender la parte que le tocaba en el juego loco de su vida,
deseando no volver a ver en lo que ella se había convertido. Pero como no
podía hacerlo, dijo:
- Sí.
Se sentó en una bonita y pequeña silla Chippendale, observándolo
mientras él la miraba. Mientras trataba de entenderla. Como si, concentrándose
lo suficiente, lograría que ella se abriera a él.
La ironía era que si hubiera hecho lo mismo un año antes, podría
haberse abierto totalmente a él. Contestando todas y cada una de sus
preguntas, dispuesta a desnudarse ante él.
Sus labios se retorcieron con una sonrisa triste ante el pensamiento. Se
hubiera desnudado de todas las formas, probablemente.
Afortunadamente, él había llegado un año demasiado tarde, y ella tenía
una vida diferente.
- Estoy a cargo de la propiedad, hasta el momento en que me case.
-¿Por qué no te has casado?
Ella parpadeó.
- Muchos considerarían esa pregunta inapropiada.
Alzó una ceja e indicó la puerta de la casa.
- ¿Te parezco un hombre que se preocupa por la propiedad?
No, no lo hacía. Había una docena de razones por las que estaba
soltera. Razones que tenían que ver con ser huérfana, ignorada, estar sola y
luego… terriblemente enamorada del hombre equivocado. Pero no iba a
compartirlas. Así que le contó una verdad más simple, y no menos honesta.
- Nunca me lo pidieron.
- Eso parece imposible.
- ¿Por qué?
- Porque los hombres se acercan por docenas cuando se trata de mujeres
como tú.
A las mujeres les gustaban esas galanterías. Pero ella se puso rígida.
Este hombre hizo que su belleza sonara como se sentía.
- Tenga cuidado Su Gracia. Su adulación me ofende.
Entonces se sentó, inclinándose sobre una silla, donde su enorme figura
la hacía parecer minúscula.
- Alec.
- ¿Disculpa?
- Puedes llamarme Alec.
- Aunque eso puede hacerse en la agreste Escocia, Su Gracia, es
completamente inapropiado aquí.
- De nuevo invocando al decoro -dijo-. Bien. Entonces llámame Stuart. O
cualquiera de las numerosas formas que sin duda has inventado y has estado
pensando,- dijo. - Las soportaré todas, antes que Duque.
- Pero tú eres duque.
- No por elección. - Bebió finalmente, haciendo una mueca después de que
tragó el líquido ámbar. - Cristo. Esto es bazofia. - Tiró el resto del líquido al
fuego.
Lily alzó una ceja ante esa acción.
- Tú desprecias el título y el whisky que compras.
22
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Primero, eso no debería llamarse whisky. Matarratas en el mejor de los casos.
Y segundo, no desprecio el título. Solo no me gusta."
- Sí, pobre hombre torturado. Tener uno de los ducados más ricos y más
venerables de la historia, que simplemente le cayó en su regazo. Qué difícil
debe ser vivir su horrible y titulada existencia.
No tiene ni idea del poder que posee. El privilegio. Lo que haría ella para
tener lo mismo.
Alec se recostó en la silla.
- Gasto mi propio dinero, ganado honestamente en Escocia. He asegurado que
los inquilinos y el personal que dependen del ducado continúen prosperando,
pero como no pedí el título, no interactúo con el botín.
- Yo incluida.- No pudo resistirse.
- Estoy aquí, invocado por mi pupila ¿no?. Seguramente eso vale para algo.
- No te he llamado.
-Puede que no hayas puesto la pluma en el papel, muchacha, pero me llamaste
como si hubieras gritado mi nombre al otro lado de la frontera.
- Como he dicho, no tengo necesidad de ti.
- Me han dicho que el todo mundo no está de acuerdo con eso.
- Que cuelguen a todo el mundo, - dijo ella, volviendo su atención al fuego
mientras agregaba, - y que te cuelguen con ellos.
- Como estoy aquí para salvarte, creo que deberías estar mucho más
agradecida.
La arrogancia del hombre era bastante notable.
- ¿Por qué he tenido tanta suerte?
Suspiró, oyendo el sarcasmo en sus palabras.
- A pesar de tu petulancia, estoy aquí para reparar tu supuesta…- miró
alrededor buscando una palabra apropiada - … situación.
Alzó velozmente sus cejas.
- Mi petulancia.
- ¿Lo niegas?
Ella ciertamente lo hizo.
- Petulancia es lo que siente un niño cuando se le niegan dulces.
- ¿Cómo te representarías si no fuera como petulante?
Furiosa. Tonta. Irritada. Desesperada.
Avergonzada.
Finalmente, dijo.
- No importa. Es poco lo que puede hacerse, es demasiado tarde.- Después de
una pausa, agregó, enérgicamente: -Tengo un plan, y tú no eres parte de él,
Duque.
Él le dirigió una mirada.
- Supongo que no debería haberte dicho que no me gusta el título.
- Nunca revele su debilidad a su enemigo.
-¿Entonces somos enemigos?
- Ciertamente no somos amigos.
Podía ver su frustración.
- Ya he tenido suficiente de esto. ¿Por qué no empezamos por lo que dijo
Settlesworth? Me dice que te has arruinado delante de todo Londres.
Esas palabras, no importa cuántas veces las pensara ella misma,
todavía le dolían dichas por otro. La vergüenza la inundó, e hizo todo lo que
pudo para no mostrarla.
23
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Cómo es que la ruina es mía y no… - Ella paró. Sin embargo, él dedujo el
resto de la frase.
- Entonces había un hombre.
Ella se encontró con su mirada.
- No tienes que fingir que no lo sabes.
- No es fingir -dijo-. Settlesworth me dio muy poca información. Pero no soy un
idiota, y al mirarte, está claro que había un hombre.
- Mirarme.- No tenía ni idea de cómo esas palabras la lastimaban.
Él la ignoró.
- Así que. No te has arruinado tu misma. Fuiste arruinada.
-Seis de una, media docena de la otra - murmuró.
-No -dijo Alec con firmeza-. Son muy diferentes.
- A nadie le importa.
Una pausa.
- ¿Qué pasó?
Él no sabía. Fue extraordinario. No sabía lo que había hecho. Cómo se
había avergonzado a sí misma. Sólo tenía la caprichosa citación de un
abogado y los límites de su imaginación. Entonces, de alguna manera, se
sentía libre del pasado.
Y, aunque sabía que era cuestión de tiempo antes de que supiera del
escándalo de la Lily Encantadora, la Lily Solitaria, la Lily Enferma de amor, o
cualquier sobrenombre que los tabloides de escándalos creyeran inteligente en
el día de la fecha, no deseaba que él lo supiera, no en este instante.
Y ella no se lo dijo.
- ¿Importa?
La miró como si estuviera loca.
- Por supuesto que importa.
Ella sacudió su cabeza.
- Pero no es así. Realmente no. Sólo importa lo que ellos crean. Así es como
funciona el escándalo.
- Los hechos son importantes, Lillian. Dime lo que pasó. Si lo contaron peor de
lo que es, voy a empapelar Londres con la verdad.
- Qué suerte tengo de tener un tutor y un campeón todo en uno -dijo ella,
impregnando de sarcasmo las palabras, con la esperanza de irritarlo de tal
manera que dejara de hacer preguntas.
Él susurró algo en gaélico, algo que ella no entendía pero que
inmediatamente identificó como una maldición. Tiró del pañuelo, que estaba
muy apretado alrededor del cuello, muy justo, como el abrigo que le quedaba
demasiado estrecho en los hombros. El pantalón demasiado apretado en los
muslos. Todo acerca de este hombre era más de lo que debería ser. Tal vez por
eso adivinó, al instante, su verdad. Tal vez por eso veía sus defectos tan
claramente.
Defectos ven defectos.
Alec volvió al inglés.
- No podemos resolver la situación si no conozco los detalles.
- No hay nosotros, Su Gracia. - Las palabras eran firmes y llenas de convicción.
- Hasta hoy, no me conocías.
- Lo sabré muy pronto, muchacha.
24
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Pero no de ella, y de alguna manera, ridículamente, eso era importante.
De algún modo, significaba que podía pretender con él, ser alguien diferente,
alguien que no podía ser con los demás.
- No tienes que preocuparte por eso -dijo ella-. Dentro de diez días, mi situación
se resolverá.
De una manera u otra. Si ella lo repetía lo suficiente, se lo haría creer.
Ella misma podría creerlo.
-¿Qué pasa en diez días?
La pintura sería expuesta. No sólo eso.
- Tendré veinticuatro años.
- ¿Y? - Alec se inclinó hacia adelante en su silla, con los codos sobre las
rodillas y los dedos entrelazados.
Y… la pintura sería expuesta. En frente de todo Londres. Lily lo miró,
ignorando la idea. No importaría. Tenía un plan.
- Y de acuerdo con las reglas de mi tutela, recibo los fondos necesarios para
salir de Londres y dejar mi escándalo atrás.
Sus cejas se alzaron.
- Debe de ser un estupendo acuerdo, muchacha, si puede borrarte de la
memoria de todo Londres.
- Oh, lo es, - dijo. - Puedo salir de Londres y nunca volver. Así que, ya ves, Su
Gracia - dijo, con tono triunfante en su voz -. Tengo un plan para salvarme. No
se requiere tutor. Tengo pensado huir.
Odiaba el plan. Odiaba la forma en que terminó ganando Derek. Odiaba
que Londres saliera ganando.
La vida que había deseado fuera de su alcance.
Pero no tenía elección. No había otra forma de sobrevivir al escándalo
que la marcaría para siempre.
Alec la observó durante un largo momento antes de asentir con la
cabeza una vez y apoyarse en su silla, empequeñeciendo los muebles con su
tamaño.
- Esa es una forma de salvarse.
No le gustó esa frase.
- Hay una sola forma.
- ¿Lo amas?
Lily se puso pálida ante esa pregunta.
- ¿Qué?
- Al hombre. ¿Lo amas?
- No he reconocido que haya un hombre.
- Siempre hay un hombre, muchacha.
Íbamos a casarnos. Las lágrimas amenazaron de nuevo, instantáneas e
indeseadas. Estaba furiosa, fastidiada, lo deseaba lejos.
- No veo que eso sea de tu incumbencia.
Ojalá no lo hubiera hecho. Ojalá nunca lo hubiera conocido.
Era su deseo. Ojalá no estuviera tan avergonzada.
Asintió con la cabeza, como si le hubiera respondido. Como si hubiera
tomado una decisión.
- Entonces, es suficiente.
Y una decisión, de alguna manera, había tomado. Ella inclinó la cabeza.
- ¿Suficiente?
25
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
De repente se puso de pie, enorme y, mucho más imponente, incluso
más de lo que había estado cuando había arrancado la puerta de sus bisagras.
Como si fuera su rey, y no simplemente un hombre que acababa de conocer. Y
cuando habló, fue con una firme certeza que la hizo, por un latido del corazón,
creer en sus palabras.
- No huirás.
26
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 3
ÁNGEL CAÍDO A PUÑETAZOS: BRUTO ESCOCÉS PONE PELUCA A VOLAR.
Alec fue al único lugar en Londres, que tenía muebles construidos para
acomodar a un hombre de su tamaño. Que el lugar también sirviera whisky
importado de su propia destilería, que tuviera un ring listo para una pelea, si se
sentía con ganas, cartas, mesas de billar, y un puñado de hombres que no
odiaba, era una ventaja añadida.
- Warnick regresa.- El marqués de Eversley, conocido por todo el mundo como
Rey, se dejó caer en una gran silla frente a Alec. - Alerta noticiosos.
- No tengo mucho tiempo -, Duncan West, magnate del periódico, dijo
secamente desde su propio asiento junto a Alec. – Aunque admito que siento
curiosidad, habiendo sido convocado por el duque inculto.
La afiliación a El Ángel Caído, el antro de juego más exclusivo de Gran
Bretaña, era sólo por invitación y tenía muy poco que ver con la fortuna o el
título. De hecho, los snobs que frecuentaban White's y Brook's y Boodles's no
eran a menudo invitados a unirse a el Ángel.
King era miembro, al igual que West, a pesar de que el periodista había
tenido una serie de disputas públicas con los propietarios. Cuando llamó a los
dos amigos, Alec se encontró bienvenido en el club sin afiliación, hecho por el
que estaba agradecido. Incluso tenía que admitir que no hacían los antros de
juego de la misma manera en Escocia. O en cualquier otro lugar, para ser
sinceros.
Alec miró a King.
- Gracias por la invitación.
Su amigo levantó una ceja.
- Como prácticamente lo exigiste, no hay necesidad de agradecimiento.
Necesitaba una buena copa.
- Podría invitarte a ser miembro, teniendo en cuenta que el Ángel es el único
lugar en Londres que un hombre puede conseguir el whisky de Stuart. La
mirada de King se posó en el abrigo de Alec. Suponiendo que encontrases un
mejor sastre, por el amor de Dios. ¡¿De dónde sacaste ese abrigo?!
Alec se encogió de hombros.
- Mossband.
Eversley se echó a reír ante la respuesta, una pequeña ciudad
localizada en el lado inglés de la frontera escocesa.
- Se nota.
Alec ignoró la réplica.
- Ni la ropa de Londres, ni los clubes de Londres, son necesarios en Escocia.
- Sin embargo, disfrutas de los clubes londinenses en Londres,- interrumpió
West.
- No soy tan excéntrico - dijo Alec, bebiendo un gran trago antes de recostarse
en una enorme silla de cuero y dirigir a West una mirada seria. El hombre era
dueño de cinco de las publicaciones más rentables en Gran Bretaña, tres de
las cuales se creía que eran el pináculo del periodismo moderno. Pero no
fueron las publicaciones elegantes las que interesaron a Alec.
27
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Era la Hoja del Escándalo.
- Esta noche no tendrás apuro -le dijo al periodista-.
West se recostó en su silla y se cruzó de brazos.
- No, supongo que no.
- Parece que tengo una pupila. Lillian Hargrove
Una de las cejas rubias de West se alzó.
- ¿Parece?
- Mi abogado no me informó de ello.
- Si me lo preguntas, es un abogado muy malo.
- Él me tomó la palabra cuando le dije que no estaba interesado en las trampas
del ducado londinense.
King rió entre dientes.
- ¿Pensó que la chica era una trampa? Cristo. No le digas eso. En mi
experiencia, las mujeres no disfrutan de ser consideradas como tales.
No. Alec no imaginaba que Lily lo disfrutaría.
- Sin embargo, ahora se sobre ella.
- Todo el mundo sabe sobre ella, ahora,- dijo West.
- Por el escándalo -replicó Alec.
- A causa de ella -aclaró West-. Se cree que es la mujer más hermosa de
Londres...
- Puede que así sea - dijo Alec.
“Nunca había visto algo tan hermoso.”
- No lo es -intervinieron King y West al unísono.
Alec puso los ojos en blanco.
- A excepción de sus esposas, por supuesto.
Sus amigos sonrieron ampliamente y West continuó.
- La señorita Hargrove también es una curiosidad. Es una bella mujer, que está
unida a un ducado, pero que no pertenece a la sociedad, aunque regularmente
sea vista del brazo de uno de los pavos reales más venerados de la sociedad.
Alec resistió el disgusto que sintió ante esa idea.
- Él es la fuente del escándalo, supongo.
-¿No quieres preguntarle por los detalles? -preguntó West.
El recuerdo de la obvia vergüenza que vio en Lily, volvió a él.
- No creo que esté interesada en decírmelo.
- Mmm
Alec frunció el ceño.
- ¿Qué significa eso?
-Sólo que nunca, están interesadas en decírnoslo. - El periodista estaba
casado con una mujer que había sido un gran escándalo: hermana de un
duque y madre soltera de una hija, que ahora era una fuente de orgullo
paternal para West, como sus propios hijos.
- Afortunadamente, este no es mi problema-, dijo Alec.
-Siempre son nuestro problema -intervino King-.
- No Lillian Hargrove. A diferencia del resto de Londres, no sabía de ella hasta
hace dos semanas, y no tengo intención de saber de ella dentro de dos
semanas. Debe ser el problema del hombre que la ha deshonrado. Sólo
necesito saber quién es.
La mirada de West se posó en una mesa de faro cercana, y observó el
juego durante un largo momento. Alec lo imitó. Un hombre vestido de blanco se
28
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
unió a un trío que ya estaba jugando allí y mostrándole una amplia sonrisa al
crupier puso una enorme cantidad de dinero sobre la mesa.
Alec volvió a mirar a sus amigos.
- ¿Quién es ese?
King alzó una ceja hacia West, que se reacomodó en su silla.
-¿Quieres que te diga lo que sé de las circunstancias de tu pupila?
Alec asintió con la cabeza y la mesa del faro desapareció de su mente.
-Hay una pintura.
Alec frunció el ceño.
-¿Qué clase de pintura?
Una pausa. Entonces King dijo:
- ¿Al parecer? Un desnudo.
Alec se congeló, esas palabras provocaron un fuerte rugido en sus
oídos. No palabras. Palabra. “Desnudo”. Miembros largos. Labios llenos.
Pechos altos. Caderas redondas. Piel suave como la seda. Y ojos como una
tormenta de plata.
No.
- ¿Un desnudo de quién?
Las manos de West se abrieron de par en par, como diciendo: ¿No es
obvio?
Por supuesto, que lo era.
Alec se lanzó hacia adelante en su silla.
- Al parecer. King dijo al parecer.
West respondió.
- No se supone.
Se volvió hacia el periodista.
- ¿Lo has visto?
- No lo he hecho, pero mi esposa lo ha hecho.
- Georgiana está en el Comité de Selección de la Real Academia.- El corazón
de Alec latía con fuerza.- Y es Lillian.-West permaneció quieto y Alec barajó
otra solución.
- ¿Cómo sabemos que ella posó libremente para él? Tú y yo sabemos que el
escándalo rara vez es verdad.
- Es cierto en este caso -dijo West-.
- ¿Cómo sabes eso?
West le echó un vistazo.
- Porque soy extremadamente bueno en mi trabajo, y sé la diferencia entre el
chisme y el hecho.
Alec consideró a la mujer que había conocido horas antes. Sí, era
hermosa, pero no era idiota. Sacudió la cabeza.
- No en este caso -dijo-. He conocido a la chica. No hay manera de que pose
para un desnudo.
- El amor nos hace hacer cosas extrañas.- Las palabras de King eran simples y
directas, y Alec odiaba la verdad que encerraban.
No quería reconocer la verdad. No quería imaginar su cuerpo desnudo
para un hombre. Tenía bastantes problemas para no imaginarla desnuda y
punto. Sin embargo.
- Así que la chica está enamorada.
29
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Era la pregunta que le había hecho a ella, la que le había contestado sin
palabras. No había necesitado palabras. Había visto la tristeza en sus ojos. La
nostalgia. Como si quisiera que el hombre en cuestión apareciera allí, en su
sala de estar.
Sabía lo que deseaba. Y él sabía, mejor que la mayoría, cómo la falsa
emoción podía llevar a algún artista mediocre a manipular y maltratar. Se
encontró con los ojos de West.
- ¿Dónde está el cuadro?
- Nadie sabe. Está previsto que sea la pieza final exhibida como parte de la
Exposición Real en diez días -dijo West- Ellos eligen lo mejor, Warnick. Y
Georgiana dice que este es inigualable.
- El retrato más hermoso jamás pintado -intervino King-.
- No sabemos si es ella.
- Ella lo admitió, Warnick. - Alec se quedó inmóvil.
-¿Ella hizo qué?
- Ella irrumpió en el escenario. Produjo una escena. Le profesó su amor y fue
rechazada, delante de todo Londres- dijo West. - Eso solo fue suficiente para
destruirla ante sus ojos, pero hay quienes creen que es parte de una actuación.
Que ella y su artista lo planearon juntos para asegurarse de que la fama de la
pintura lo preceda cuando viaje por el país y por el mundo.
Alec maldijo y negó con la cabeza.
- ¿Por qué haría eso? ¿Por qué arruinarse? La chica está encerrada en mi
casa, esperando los fondos para huir.
No es que ella los obtuviera de él.
Había visto mujeres huir. Había huido él mismo. Y sabía lo que pasaba
cuando se detenía la huida.
Lillian Hargrove no huiría.
-¿Quiere los fondos de ti? -Era King quien habló esta vez.
Alec negó con la cabeza.
- Dentro de diez días, ella hereda el dinero estipulado por la tutela.
West hizo girar el whisky en su copa.
- Que buen momento, ya que la pintura se revela dentro de diez días.
Alec se encontró con su mirada.
- ¿Qué estás queriendo decir?
Levantó y bajó un hombro.
- Sólo, imagínate la Mona Lisa.
Alec resopló su irritación como si hubiera hecho ejercicio.
-¿Quién se preocupa por la maldita Mona Lisa?
- Me imagino que mucha gente.
Alec le dirigió una mirada.
- Me estoy cansando de tu evidente brillantez, West.
El periodista sonrió.
- Tú te has hecho a ti mismo ¿verdad? Sólo demuestras falta de brillantez.
- Una pena, teniendo en cuenta tu tamaño -dijo King pinchándolo-. -Supongo
que es cierto lo que dicen. No podemos tenerlo todo.
Alec los maldijo a ambos.
- Bien. La Mona Lisa. ¿Qué pasa con ella?
- Imagina cuán renombrada sería la modelo si supiéramos su nombre.
- ¿Crees que Lillian desea fama? – En su memoria aparecieron unos ojos
grises, cubiertos por nubes de tormenta y de dolor. - No.
30
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
King alzó una ceja.
- Estoy casado con una hija “peligrosa”. Prueba viviente de que algunos se
deleitan en la fama.- Seis meses antes, el marqués de Eversley había
encontrado un polizón, en su carruaje, de una de las familias más famosas de
Londres. Ese polizón se había convertido en un compañero de viaje inesperado
y, después de la ruina, en el miembro más escandaloso de la familia. Y en la
Marquesa de Eversley.
- Nunca te habrías casado si no fuera por mí.
King le dirigió una mirada.
- ¡Oh sí! Tu parte en la obra fue definitivamente bienvenida. No tuve que
reparar nada en absoluto.
- Tienes suerte de que tuvieras que hacer reparaciones -dijo Alec-. -Alguien
tenía que hacerte entrar en razón.
- Y por eso, te estaré eternamente agradecido.- Las palabras sonaron con una
notable honradez.
-Och - dijo Alec, mirando a otro lado -. No hay nada peor que un potentado
enamorado de su esposa.
-Cuidado, duque. Desinteresado o no, ahora eres un potentado, lo único que
necesitas es una esposa.
Nunca ocurriría. Había aprendido la lección cada vez que lo había
considerado. Todo el tiempo él había sido descartado por dinero, por título, por
refinamiento. Sólo había sido deseado por su cuerpo y nada más. El bruto
escocés. Sacudió la cabeza.
- Tengo suficientes problemas con las mujeres, gracias.
- Es porque asustas a las pequeñas cosas, - dijo King, burlándose del acento
de Alec.
- Esta pequeña cosa, no tiene miedo de mí.- En todo caso, Lillian Hargrove
estaba dispuesta a luchar contra él sin vacilar. – Honestamente, ella podría ser
un poco más comprensiva.
- Otra razón para creer que podría ser parte del escándalo- , dijo West. – La
encantadora Lily, inmortalizada hasta el fin de los tiempos.
Odiaba el apodo, no lo que significaba.
- No sabía que le llamaban Lily -respondió, bebiendo de nuevo, furioso ante el
hecho de que ellos dos supieran más sobre ella, que él. Y no le gustaba que
tuvieran razón. “Esa” Lily podría haberse destruido por un hombre, sin dudarlo.
Pensó en la chica, en su reunión anterior. No parecía estar orgullosa de su
escándalo. No lo usaba como una insignia de honor. Había visto el
arrepentimiento en su mirada. La vergüenza allí mismo. La reconoció tan
agudamente como reconocía la suya. Sacudió la cabeza. No era parte del
escándalo.
- Luego el espectáculo en la exposición… -empezó King, West terminó la
reflexión. - No fue una actuación en absoluto.- Miró a Alec. - Pobre chica.
¿Ahora qué?
“Tengo pensado huir.” Ella no correría. Así tuviera que despedazar a
Londres ladrillo por ladrillo para asegurarlo, ella se quedaría aquí y se
restauraría su reputación. Inglaterra no la perseguiría ni la destruiría, de la
misma manera que destruía fácilmente a los que no le convenían.
También había otra solución: segura, rápida y totalmente aceptable. La
rapidez con que llegó a él, fue sin duda una bendición. Sencilla e indudable:
31
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Alec regresando a casa, a Escocia, lejos de Londres y de Lillian Hargrove, que
estaba resultando dar más problemas de los esperados.
- Podrías casarte con ella. - Las palabras de King sacaron a Alec de sus
pensamientos.
-¿Casarse con quién?
West sonrió maliciosamente:
- El aire de Londres está nublando tus pensamientos, Scott. Con la mujer. Con
la señorita Hargrove. King está sugiriendo que te cases con ella.
Destelló en él una visión, Lily hermosa y perfecta en su simple vestido
gris, con su piel como porcelana y unos ojos destellando fuego. Hubo un
tiempo en el que se habría propuesto en el acto, cegado por su belleza y
desesperado por ganar su corazón. Reclamándola para sí mismo. A pesar de
su tamaño. A pesar de su corpulencia. A pesar de su falta de gracia. Ahora él
era más sabio. Él era para los actos más bajos, no para casarse.
- Incluso si yo no fuera su guardián...
King lo interrumpió.
- Qué absurdo. Si tuviera una libra por cada guardián que se casa con su
pupila, yo sería rico como Creso.
- Ya eres rico como Creso,- respondió Alec.- De cualquier manera, ella no me
aceptaría. - Le tomó un momento darse cuenta de que West y King lo miraban
fijamente. - ¿Qué pasa?
West fue el primero en recuperar el habla.
- Creo que hablo por los dos cuando digo que la joven se pondría de rodillas y
le daría gracias al Creador, por una propuesta tuya.
El bruto escocés. Tan grande. Tan bestial. Sólo para las sucias labores.
Los recuerdos ardían. ¿Cuántas inglesas le habían tomado nada más que para
el sexo? ¿Y se entregaron a otro cuando llegó la hora de casarse? Aunque
estuviera interesado en la muchacha. Incluso si ella era una problemática
belleza que lo mantendría en casa… Sacudió la cabeza.
- No soy el marido en cuestión.
King lo observaba, él lo sabía. Pero no miró al hombre que lo conocía
desde sus días en la escuela. Ni siquiera cuando el marqués dijo:
- ¿Por qué?
- Yo soy duque, ¿verdad?
King terminó lo último de su whisky.
- Con el título para demostrarlo. Y a los duques se les permite hacer su
voluntad.
West sonrió maliciosamente.
- Me dicen que es un beneficio del título.
Alec asintió con la cabeza.
- El hombre que la arruinó debe casarse con ella.
Una alegría salvaje en la cercana mesa de faro destacó las palabras.
Alec giró hacia el ruido, mirando una vez más al hombre de chaqueta y
pantalones blancos. Parecía que el pavo real había perdido una ronda, si el
gesto en su rostro era una indicación de ello. Así era en los infiernos del juego.
Un momento arriba, el siguiente abajo. Así, también, era cuando se trataba de
mujeres y el sinvergüenza de Lily pronto lo descubriría.
Alec se volvió hacia sus amigos. Se va a casar con ella así tenga que
ponerle una pistola en la cabeza y obligarle a hacerlo.
King parpadeó.
32
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Tal vez tengas que hacerlo.
- Bueno, ser un escocés salvaje ayudará con eso. El plan es perfecto. -Se
volvió hacia West. -Un nombre, por favor.
-Haré algo mejor -dijo West, terminando su bebida e indicando la mesa de
cartas-. Nombre y ubicación. Buscas a Derek Hawkins, artista y genio teatral.
La visión en blanco que está sufriendo por su pérdida.
No era posible. Alec no podía imaginar a este hombre conversando con
Lillian, mucho menos… No. No había manera de que esa mujer
exageradamente honesta, estuviera muerta por un pavo real tan obvio. Miró al
King para confirmarlo.
- No.
King asintió con la cabeza.
- En efecto. Artista, genio teatral y un verdadero imbécil.
No sabía lo que había imaginado. Alguien más fuerte. Menos dandy. Alec
no habría sido sorprendido por alguien devastadoramente guapo, o alguien con
una riqueza increíble, o un hombre que exudase un repugnante encanto. Pero
no este hombre, este presuntuoso pavo real, que no parecía apto para tender
una capa para cubrir un charco y ayudar a Lily a recorrer la ciudad.
¿Hizo el amor con él? Alec esperaba alguien que la mereciera.
De repente, su plan no parecía tan perfecto. Miró a sus amigos y les hizo
la única pregunta que le vino a la mente.
- ¿Por qué?
Antes de que pudieran responder, en la mesa de cartas estalló otra
conmoción. Lo que Alec podía ver, era que Hawkins, estaba tratando de
negociar un préstamo con el casino. El administrador había sido convocado, y
Hawkins decía:
- ¡Mi nombre pronto será conocido en todo el mundo! ¿Cómo te atreves a
rechazarme?
El empleado del casino ajustó sus gafas y sacudió la cabeza.
- Se lo aseguro,- Hawkins se puso furioso. - Sus empleadores estarán furiosos
si descubren que me han negado fondos. ¡Seré el inglés más famoso que haya
existido jamás! ¿Newton? ¿Milton? ¿Shakespeare? ¡Palidecerán en
comparación con Hawkins! ¡Me rogarán que los honre con mi presencia en este
lugar, y me rehusaré por su... -señaló con la mano las gafas del mayordomo-,
obvia miopía!
- ¡Buen señor! ¡Es peor de lo que yo imaginaba! -dijo Alec.
- Sólo se está calentando - dijo West, pidiendo otra bebida.
- Si no tienes efectivo, no juegas Hawkins -dijo uno de sus compañeros,
obviamente ansioso por volver al juego.
- Tengo dinero. Simplemente no lo llevo conmigo. - Se volvió hacia el
empleado. -¿Eres ciego, y sordo también? ¿No entiendes que soy el mejor
artista de todos los tiempos?
La mesa estalló en abucheos burlones, y Alec no pudo evitar reírse del
insufrible hombre. Miró a sus amigos.
- Conocen la historia errónea - dijo.- De ninguna manera en el infierno, este
puede ser el hombre responsable de su escándalo - Lillian no tendría el
estómago para soportar más de un minuto a este asno pomposo. Vería la
verdad inmediatamente.
El asno continuó, completamente seguro de sí mismo.
33
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¡Soy Derek Hawkins! ¡No exagero sobre la calidad de mi trabajo! ¡Mi genio es
más de lo que el mundo jamás ha visto! "
Alec miró a King.
- ¿Está siempre así?
- Si por «siempre así» te refieres a ser un pinche pomposo, sí - prosiguió con la
seca respuesta-. Él cortejó a una de mis cuñadas durante un tiempo. No puedo
imaginar por qué lo rechazó.
- No puedo obligar a Lillian a casarse con él.
- Creía que ella lo amaba.
- No me importa -dijo Alec.
Y no le importó. No había manera posible de que la casara con ese
payaso. Iba a tener que lidiar con la situación de una manera diferente.
- ¡Exijo una entrevista con uno de los dueños! - insistió Hawkins.
Y como por arte de magia, apareció uno de los dueños del casino. El alto
financiero, de cabello rubio, dueño del club habló con absoluta calma.
- Hawkins, ¿cuántas veces debemos decirte que es demasiado riesgoso para
nosotros, que te prestemos sin garantía?
-No tienes ningún entendimiento del arte, Cross -dijo Hawkins. - Tráeme a
alguien con buen ojo.- Le rogó por otro dueño. Bourne. O Chase. Él verá la
razón. Mi garantía es mi nombre. Mi trabajo. Soy la estrella de la exposición de
este año. ¿No lo sabías?
- Me has confundido con alguien que se preocupa por la Exposición de este
año.- El hombre llamado Cross, no estaba impresionado.
- Te marchas y regresas con fondos, y hablaremos de un asiento en la mesa.
Por ahora, el juego se reanuda sin ti. - Se volvió para indicar al repartidor que
debía repartir las cartas.
- Tu error. No voy a honrarte con mi presencia una vez que la pintura se
muestre. Es el más grande desnudo desde Rubens. - Alec apretó los dientes, la
palabra desnudo rebotó a través de él. - Mejor que Rubens. Soy Leonardo. Yo
soy Miguel Ángel. Yo soy mejor. Podrías haber disfrutado de los beneficios.
Pero ahora, me rogarás que regrese.
- Nadie ha visto esta proverbial pintura, Hawkins - dijo alguien.- Vuelve en diez
días, cuando tengamos la oportunidad de decidir por nosotros mismos qué tipo
de genio eres.
Hawkins se volvió hacia el hombre.
- Sabes que será revelado en diez días, lo que me dice que estás planeando
echar un vistazo.
-¿La carne de La encantadora Lily? Tienes toda la maldita razón.
Alec se puso de pie, con los puños apretados, antes de que pudiera
pensar.
- Warnick.- King estuvo a su lado en un instante.
- Cuidado. Lo empeorarás.
West no se movió de su silla, pero le advirtió,
- El mío no es el único tabloide de escándalos del que debes preocuparte,
Duque.
Más tarde, Alec se sentiría orgulloso de sí mismo por no haberlos
golpeado, como originalmente había pensado. En lugar de eso, les dijo con
tono enojado:
- Voy a ver al artista.
34
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
La habitación parecía inmóvil, ya que cada persona en la asistencia se
volteó a verlo.
- ¿Quién es usted? - preguntó Hawkins, mostrando confusión y desconcierto
ante el ceño de Alec. Éste estiró sus amplias manos con expresión inocente.
- Puedo hacerle un préstamo… ¿Usted cree lo de “a caballo regalado…no se le
miran los dientes”?
-No -dijo Hawkins-. No necesariamente. Pero me gusta saber a quién debería
agradecerle.
Alec asintió con la cabeza.
- ¿Importa? La mía es la única oferta categórica que hay para usted esta
noche.
La mirada de Hawkins se estrechó, su cabeza se inclinó mientras
observaba a Alec, sus hombros anchos con una chaqueta demasiado ajustada,
las mangas mal ajustadas de la prenda. Su grueso acento rústico.
- Y si digo que sí. ¿Qué viene después?
- Vuelve a su partida.
Hawkins inclinó la cabeza.
- ¿Y?
- Y si ganas, ganas.
-¿Y si pierdo?
- Entonces me llevo mi dinero. Con intereses.
La mirada de Hawkins se estrechó.
- ¿Qué intereses?
- La pintura.
Hawkins parpadeó.
- ¡¿La pintura para la exposición?!
- La misma.
La mirada de Hawkins pasó de Alec, a King y luego a West, notando que
estaban los tres juntos. Estalló en él el reconocimiento y volvió su atención a
Alec. El hombre era menos tonto de lo que Alec había pensado.
-¿El duque de Warnick? ¡El guardián desaparecido de Lily!
“Lily.” Odiaba que su nombre rozara los labios de este dandy.
- Señorita Hargrove, para usted -dijo Alec-.
Hawkins ya estaba más allá del nombre.
- Nunca lo hubiera reconocido. Dicen que es grande, pero habría pensado que,
con su fortuna, podría haber encontrado un buen sastre. El corte de ese abrigo
es abominable. - Hawkins se encogió de hombros y enderezó la manga con
una risa desdeñosa.
-¿Quiere el dinero o no?
- ¿Cree que darme dinero para apostar, le va a comprar una obra maestra?- El
pecho de Hawkins se hinchó con orgullo y una certeza equivocada. - Es la obra
de un genio. No es que yo espere que un hombre de su tipo entienda lo que
eso significa. - Hizo una pausa, mirando a Alec por encima y por debajo de su
nariz. – Hará perder el aliento hasta el fin de los tiempos.
Alec dio un paso hacia él.
- Te mostraré lo que es perder el aliento.
- Warnick.- King de nuevo. Alec oyó la advertencia… ”No lo hagas peor.”
Alrededor, los hombres se habían triplicado en número, percibiendo en el aire
una pelea. Él respiró profundamente.
- Diez mil.- El número era escandaloso. Por más que la pintura valiera la pena.
35
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Algo brilló en los ojos de Hawkins. Algo como la codicia.
- No está a la venta.
- Todo está a la venta- dijo Alec. Lo sabía mejor que nadie.
"Veinte mil." Un jadeo colectivo surgió de los hombres reunidos. Veinte
mil libras mantendrían a Hawkins durante años. Por el resto de su vida.
Pero la oferta fue un error. Esto reveló demasiado del deseo de Alec.
Demasiado de su voluntad para salvar a la chica. Le daba a Hawkins poder,
maldita sea. El artista sonrió.
- Si sólo hubiera estado aquí un año atrás, piense lo que podría haber evitado
su sentido de la responsabilidad.
Alec no se movió. Se rehusó a morder el cebo. Se rehusó a arrancarle la
cabeza de los hombros al dandy, como se lo merecía. Hawkins continuó.
- Si sólo fuera diferente, Duque. Puede que la hubiera salvado.
Hawkins no podría haber sabido que sus palabras golpearían a Alec de
esa manera. No podría haber predicho el poder de las mismas.
El Duque lo observaba con los puños cerrados, con cada músculo tenso,
preparado para atacar. Desesperado por hacerlo.
- De sus acciones, quiere decir.
Los ojos de Hawkins se iluminaron.
- Le aseguro, Su Gracia, que ella puso mucho de su parte - dijo, con las
palabras llenas de asquerosa sugerencia. - Estaba desesperada por ello.
Los hombres que los rodeaban silbaron y se burlaron de sus palabras,
del escándalo de Lillian. Los gritos y los chillidos se convirtieron en jadeos
cuando Alec se movió, “un perro que se había soltado de su cadena.”
Levantó a Hawkins por el cuello de su elaborado abrigo, como si no
pesara nada despegándole los pies del suelo.
- Eso fue un error.
- Déjeme bajar - gritó Hawkins, sus manos agarrando el puño de Alec-.
West se levantó.
- Aquí no, Warnick. No delante de todo el mundo.
Alec lanzó a la alimaña al suelo. Alzándose sobre Hawkins, dijo, una vez
más:
- ¿Cuánto?- Hawkins se puso en pie de un salto.
- No puedes maltratarme. Yo soy…
-. No me importa un carajo quién eres. ¿Cuánto cuesta la pintura?
- Nunca la conseguirás,- escupió Hawkins, en tono alto, agudo y aterrorizado,
lleno de falsa bravata. - ¡No tomaría su dinero aunque me ofreciera diez veces
más, matón escocés! Es su pareja perfecta. Tan barato como ella. Sólo que con
fortuna.
Las palabras le recordaron a Alec sus intenciones iniciales, cuando
había planeado obligar a ese bastardo a casarse con Lily.
Como si alguna vez fuera a dejarlo cerca de ella otra vez.
Como si alguna vez le permitiría respirar el mismo aire que ella.
- He sido más que educado con usted - dijo, a Hawkins moviéndose hacia
atrás, mientras los hombres reunidos vociferaban y gruñían. Una voz se elevó
sobre la multitud.
- ¡Veinte libras al escocés!- Alec lo ignoró.
- Estaba dispuesto a pagarle por la pintura. Un precio justo. Más que justo.
- Nadie tomará esa apuesta. ¡Míralo! ¡Sus puños son del tamaño de jamones!-
acotó otro de los presentes.
36
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Esos puños se abrieron y cerraron, varias veces.
- ¡Pagaría sólo para ver la pelea!
- ¡Apuesto que forzará a Hawkins a llegar al altar!
- ¡Diez libras por eso!
Hawkins no podía mantener la boca cerrada.
- Como si fuera a casarme con la humilde, solitaria y triste Lillian Hargrove.
Como si un genio se casara con su musa. ¡Yo podría tener a alguien de la
realeza!
- ¡Llévalo al ring, Warnick! ¡Muéstrale tu disgusto!
- No necesito el ring. - Alec no estaba disgustado, se sentía sanguinario.
-Escúchame, pero escúchame bien - dijo suavemente, su voz apenas
perceptible a través de la ira. – Confía en mis palabras, recuérdalas, porque
quiero que pases las próximas dos semanas preguntándote cómo voy a
hacerlo.
- ¿Hacer qué?
Hawkins estaba aterrorizado.
- Destruirte.
Hawkins parpadeó, y Alec vio que tragaba, como si estuviera
considerando una respuesta. Pero finalmente, sacudió la cabeza, giró sobre
sus talones y corrió directamente hacia la cortina que marcaba la puerta del
club y salía a la noche de Londres, perseguido por las risas y las burlas del
resto de los miembros del antro.
Después de varios segundos, King dijo sobre el hombro de Alec.
- Parece que no es un imbécil después de todo. Huir fue una buena opción.
"Tengo pensado huir." Las palabras de Lily resonaron a través de él,
llenas de desolación, recordándole a otro que había huido y había sido
destruido. Sacudió la cabeza.
- Ese hombre la expulsará de Londres sobre mi cadáver putrefacto.
West se unió a ellos.
- Entonces, ¿ya no piensas casarlo con la muchacha?
Las palabras invocaron una imagen de Lily en los brazos de Hawkins, su
pelo derramándose por su espalda, enredado en sus dedos. Sus labios en los
suyos…Alec quería romper la mesa de cartas más cercana. Se reacomodó,
- ¡No, por Dios!
- ¿Entonces qué?
- No importa con quién se case. Sólo sé que ella lo hará.
King y West se miraron, luego volvieron a mirar a Alec, que estaba
firmemente resuelto a modificar su plan. Esperó a que uno de ellos hablara.
Cuando no lo hicieron, dijo:
- ¿Qué pasa?
Después de un largo momento, respondió West.
- Nada. Suena como un excelente plan. - King alzó una ceja.
- No puedo imaginar cómo podría salir mal. Alec escuchó el sarcasmo en el
tono del otro hombre, y en mordaz gaélico, le dijo exactamente lo que podía
hacer con el mismo, antes de girar sobre sus talones y dirigirse hacia el ring de
boxeo del - club. Necesitaba una pelea.
Capítulo 4
EL DUQUE INCULTO Y SUS PERROS CAMBIAN RESIDENCIA
37
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Lily debería haber sabido cuando vio a la criada corriendo por el pie de
las escaleras a las ocho de la mañana que algo estaba mal.
Debería haberlo sentido por el silencio tembloroso de la casa, como si
alguien de importancia estuviera presente. Pero no lo hizo.
No hasta que olió el jamón. Durante cinco años, Lily había descendido
las mismas escaleras, a la misma hora para tomar el té y las tostadas en la
sala de desayunos. No era que ella prefiriera el té y las tostadas para el
desayuno, simplemente que era la comida que había. E incluso entonces,
había días en que la cocinera lo olvidaba, y ella tenía que ir a buscar el
desayuno. Esos eran los mejores días, honestamente, porque le permitían
entrar en las cocinas y estar en compañía de otros.
Lily vivía al margen de la vida en el 45 Berkeley Square. No era de la
nobleza ni sirviente, demasiada alcurnia para ser bien recibida en la vida del
personal, pero no lo suficientemente de alcurnia como para ser atendida por
ellos.
Durante el primer año, le había dolido no contar con su amistad, pero en
el segundo año, simplemente se había convertido en parte del baile, viviendo a
través de ellos, no indeseada, pero sí. . . invisible.
A pesar de que durante años no le había gustado el desinterés,
recientemente, se habría sentido confortada por él. Después de todo, Lily ya
no era invisible más allá de la casa. Era demasiado visible, sin embargo, no
recibía jamón para el desayuno.
Y así fue que, cuando la doncella desapareció por el largo pasillo y el
olor salado de la carne cocida llamó a Lily desde la sala de desayunos, se dio
cuenta de que no estaba sola en la casa. Que el duque había decidido
instalarse.
Empujó la puerta y lo encontró detrás de un periódico, con un plato lleno
delante de él, y sólo visibles las mangas de su camisa. Mangas de camisa. El
hombre ni siquiera tenía la cortesía de vestirse para desayunar. Por lo tanto,
Lily no demostró paciencia ni cortesía.
- ¿Has dormido aquí?
Alec Stuart no bajó el papel de periódico cuando ella cruzó el umbral.
- Buenos días, Lillian.
Las palabras resonaron a través de ella, densas con su tono escocés.
Se dijo a sí misma que no le importaba, ya que era demasiado indigno.
Demasiado degradante. Demasiado familiar. Por supuesto, tenía que ser
familiar, ya que el hombre estaba sentado a su mesa del comedor, como si
fuera el dueño del lugar. Lo que era, por supuesto.
Se detuvo a medio camino de la gran mesa del comedor y se dijo: "No te
vas a quedar." Fue entonces cuando notó a los perros sentados a ambos lados
de él, dos enormes perros lobos grises, toda la piel peluda y lenguas colgantes,
uno con varios centímetros de babosa colgando de su papada. "Ciertamente
no se quedarán."
-No te importan los perros. ¿Verdad? - Él no bajó el papel. En realidad, no.
Siempre deseó tener uno.
- ¡¿Ellos son perros?! Creí que eran pequeños caballos.
- Este es Angus - dijo, con una mano asomándose por detrás del papel para
acariciar la enorme cabeza a su izquierda-.
- Y este es Hardy.- Hizo lo mismo con el otro perro. - Son gatitos. Te gustarán.
38
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No tendré la oportunidad de hacerlo, ya que no te vas a quedar. Hay otras
ocho residencias en Londres, Su Gracia, por no mencionar dondequiera que
haya puesto su cabeza las otras veces que ha estado en la ciudad, estoy
seguro de que puede encontrar otra residencia que le convenga.
Bajó una esquina del papel.
- ¿Cómo sabes que he estado en la ciudad antes?
- Buen Dios -dijo-. ¿Qué le pasó a tu cara?
-Una dama haría como que no se da cuenta. - Su ojo derecho estaba hinchado,
cerrado y negro sobre su malvado tono verde.
-¿Estaría ciega la dama en cuestión? - Un lado de su labio hinchado se elevó
en una sonrisa apenas visible.
- Deberías ver al otro. - Volvió al periódico.
Ella debería estar agradecida por la paliza. Ya que desaparecieron esos
labios supremamente "distrayentes". Nunca había mirado en su vida los labios
de un hombre antes, y ahora, en todo lo que podía pensar era en que esperaba
que la hinchazón no fuera permanente. Sería una tragedia arruinar esa boca.
No que estuviera interesada en su boca. De ningún modo. Se aclaró la
garganta.
- ¿Que te hizo?
- Nada -dijo, como si toda la conversación fuera perfectamente normal. - Fui a
buscar un oponente en un ring de boxeo.
Los hombres para siempre la dejarían perpleja.
- ¡¿Por qué?!
- Estaba irritado. - Dejó el periódico a un lado.
Sus ojos se abrieron de par en par.
- Tú llevas el tartán.- Una tela de color rojo oscuro cortó una franja diagonal
sobre su torso, sobre su hombro, donde se encontró con otro paño de lana,
sujeto con un perno de peltre. La prenda sólo subrayaba lo poco apropiado que
él era aquí, en esta casa, en este mundo que había heredado de mala gana.
En este mundo que ella tan desesperadamente había deseado, antes de
que desesperadamente quisiera desaparecer de él.
Levantó de nuevo el periódico.
- Lo encuentro más cómodo.
-¿Llevas pantalones? -Las palabras habían salido de su boca antes de que
pudiera reprimirlas.
Su buen ojo encontró los de ella con una penetrante mirada de color
marrón.
- No.
Nunca en su vida había estado tan avergonzada como a raíz de esa
simple y sencilla palabra. Deseaba arrastrarse bajo la mesa. Podría haberlo
hecho, si hacerlo no la hubiera llevado demasiado cerca de la fuente de su
vergüenza.
Gracias a Dios, cambió de tema.
- No me respondiste.
No podía recordar la pregunta. No podía recordar ninguna pregunta en
su vida entera sino la última. Ella estaba mortificada.
- ¿Cómo sabes que he venido a la ciudad antes?- Repitió.
- Leí los periódicos, como tú -respondió ella. - Eres uno de los favoritos cuando
llegas a la ciudad.
-Oh -dijo, como si no lo supiera.
39
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
-Oh, sí -dijo, recordando la forma en que los tabloides de escándalos lo
describían, "el oscuro sueño de las damas". Suponían que era un espécimen
muy particular, si a uno le gustaba el tipo alto, ancho y brutal. A Lily no le
gustaba. De ningún modo. - A toda Londres se le advierte que coloque los
muebles resistentes, en el caso de que te inviten a tomar el té.
Un músculo en su mejilla se tensó ligeramente, y Lily se sorprendió, ya
que el triunfo que ella esperaba sentir, sabiendo que había dicho la verdad no
llegó. En cambio, se sentía un poco culpable.
Debía disculparse, lo sabía, pero en lugar de ello se mordió la lengua
durante el largo e incómodo momento que le siguió, durante el cual él
permaneció inmóvil como piedra, mirándola fríamente. Podrían haber
permanecido allí durante años, en una batalla de voluntades, si no fuera por la
larga franja de baba que cayó de la papada de uno de los perros a la alfombra.
Lily miró al lugar antes de decir,
- Esa alfombra costó trescientas libras.
- ¿Qué dijiste?- Ella sonrió ante su sorpresa.
- Y ahora se ha bautizado con la saliva de tu bestia.
-¿Por qué demonios pagaste trescientas libras por una alfombra? ¿Para que la
gente camine sobre ella?
- Me diste permiso para decorar la casa como me pareciera.
- No hice tal cosa.
-Ah, por supuesto -respondió ella-. Tu abogado lo hizo. Y si debo vivir en una
jaula de este tipo, milord, puede que también quiera que sea dorada, ¿no
crees?
-¿Volvemos a la metáfora del pájaro?
- De alas recortadas y todo - dijo.
Levantó su diario una vez más, su respuesta seca como arena.
- Parece que tus alas funcionan muy bien, pajarillo.
Ella se calmó, no le gustó el conocimiento que inferían sus palabras.
Devuelto al tema original.
- Nunca se interesó en la casa, Su Gracia, así que no veo necesidad de que
ahora viva en ella.
Contestó desde detrás de su periódico.
- Creo que ahora me interesa.
La fresca declaración le recordó por qué había entrado en la sala de
desayuno para empezar. Ella respiró hondo.
- Tú no estarás pensando…
- …quedarme. Sí. No soy incapaz de oír.
No dudaba de su sentido del oído. Dudaba de todos sus otros sentidos.
Pero no importaba. La casa era lo suficientemente grande como para que ella
pudiera evitarlo hasta que sus fondos llegaran, y estuviera libre de él. Y de
Londres.
Antes de que pudiera decir algo, fueron interrumpidos por la llegada del
mayordomo, Hudgins.
- Vuestra Gracia -gruñó el anciano mientras entraba en la habitación, apoyado
en un bastón, un delgado paquete bajo el brazo-. Ha llegado una misiva para
usted.
Lily se volvió para ayudar al mayordomo, siempre dudando de la
habilidad del anciano para ir de un lugar a otro sin hacerse daño, le quitó el
paquete de las manos. - Hudgins, no debes sobrecargarte.
40
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
El mayordomo la miró, claramente insultado, y le arrebató el paquete.
- Señorita Hargrove, soy uno de los mejores mayordomos de Londres. Puedo
llevar un paquete al dueño de la casa.
Las altivas palabras le provocaron un calor asfixiante, mucha vergüenza.
Su rápida réplica no reveló simplemente que había sido insultado, sino también
servía para recordarle su lugar, ni arriba ni abajo. Y ciertamente, que no se le
permitía instruir al personal frente al duque.
Inmediatamente buscó un modo de arreglarse mientras se dirigía hacia
el duque, colocando el sobre sobre la mesa.
-Gracias, Hudgins -dijo Alec en voz baja, mientras su grave voz retumbaba en
la habitación. -Antes de que te vayas, hay otro asunto con el que puedes
ayudarme.
Lily fue olvidada. El mayordomo se enderezó tanto como lo permitirían
sus huesos envejecidos, obviamente ansioso por demostrar que era más que
capaz de ayudar.
- Por supuesto, Su Gracia. Lo que usted requiera. Todo el personal está aquí
para ayudarle.
-Como esto es un asunto de mucha importancia, no deseo que nadie más que
tú me ayude.
Lily se volvió hacia el duque con el ceño fruncido, queriendo subrayar la
fragilidad de Hudgins. Para hacerle ver que el mayordomo ya no servía en el
sentido tradicional. Que a pesar de levantarse y vestirse cada día, no hacía
más que responder a la puerta cuando podía oírla, cada vez menos
frecuentemente. Hudgins se había ganado una jubilación tipo, cómoda y
tranquila. ¿Podría el escocés no verlo?
- Necesito una lista completa de los elementos de valor que hay en varias
habitaciones de la casa,- dijo Warnick. - Pinturas, muebles, esculturas, plata.
-Se interrumpió y añadió-: Alfombras.
"¿Qué demonios? ¿Por?" Lily frunció el ceño.
-Por supuesto, Su Gracia -replicó el mayordomo-.
-No todas las habitaciones, comprendes. Sólo algunos lugares. Las principales:
sala de recepción, las salas de estar, la biblioteca, el invernadero, y ésta.
-Por supuesto, Su Gracia.
- Creo que no tardaría más de un mes en producir una lista de este tipo. Me
gustaría que fuera lo más exhaustivo posible.
No debería llevar al hombre más de una semana, honestamente, pero
Lily no dijo nada.
- Eso debería ser una buena cantidad de tiempo - respondió Hudgins.
- Excelente. Eso es todo.
- Su Gracia - Hudgins se inclinó ligeramente y salió de la habitación, Lily lo
observó, esperando hasta que finalmente cerró la puerta detrás de él, antes de
darse la vuelta y soltarle al duque.
- Para un hombre que está tan interesado en evitar un título, ciertamente
disfruta dándole órdenes al personal - dijo, acercándose a él una vez más. -
¡Qué petición más molesta! Una lista completa del contenido de la casa. Tienes
propiedades valoradas literalmente en millones de libras, Su Gracia. Y jamón.-
No había querido decir lo último.
Inclinó la cabeza.
- ¿Has dicho jamón?
Ella sacudió su cabeza.
41
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Es irrelevante. ¿Qué te importa lo que hay en las paredes de la sala de estar
en una casa que no sabías que existía hasta la semana pasada?
- No lo hago,- dijo.
Continuó, apenas escuchando la respuesta.
- Por no mencionar el tedio de semejante tarea... estará ocupando cada una de
esas habitaciones durante días, considerando su falta de voluntad para acabar
con su servidumbre y vivir su vida en ... -se detuvo-.
Tiró un trozo de jamón al perro que estaba a su izquierda.
-Oh -dijo ella-.
Y una corteza de pan al de su derecha.
- Las salas de estar. Las salas de recepción. La biblioteca. Aquí. - No
respondió.-Todas las habitaciones con muebles cómodos. Un mes para
catalogar el contenido.
- Es un hombre orgulloso. No hay necesidad de que sepa que ha sido dejado
de lado.
Ella parpadeó.
- Eso fue muy amable de tu parte.
- No te preocupes. - Una mano grande acarició la cabeza de uno de los perros,
y Lily se vio atrapada por ella, por su piel desgastada por el sol y por la larga y
blanca cicatriz que empezaba una pulgada por debajo de su primer nudillo. La
miró fijamente durante un largo rato, preguntándose si estaría caliente.
Sabiendo que si.- Dime, ¿es sólo el viejo? ¿O todos los sirvientes te pasan por
alto?
Levantó la barbilla, odiando que se hubiera dado cuenta.
- No sé a qué te refieres.
La observó durante un largo momento antes de levantar el paquete de la
mesa. Ella lo observó mientras deslizaba un largo dedo bajo el sello de cera y
lo abría, extrayendo un fajo de papeles.
- Pensé que no leías tu correspondencia.
-Ten cuidado, Lillian -dijo-. No quieres que ignore esta misiva en particular.
Su corazón empezó a latir.
- ¿Por qué?
Lo dejó a un lado, lo suficientemente lejos como para que no pudiera
verlo.
- He escrito a Settlesworth después de que me informaste de tus planes - Lilly
contuvo el aliento.
- Mis fondos.
-MIS fondos, si somos honestos. - Le echó un vistazo. - Durante nueve días.
Se sentó en su silla.
- ¿Nunca has oído hablar de atrapar más moscas con miel?
- Nunca he entendido por qué uno necesita atrapar una mosca - dijo,
deliberadamente pegando una sonrisa amplia y ganadora en su rostro. -Pero
está hecho, entonces. En lo sucesivo pienso en ti como en un insecto muy
grande.
Lillian Señaló los papeles.
- ¿Por qué te interesan mis fondos?
Alec puso una mano sobre la pila.
- Al principio, era sólo eso. Interés.
Su mirada se detuvo en esa mano grande y bronceada apoyada sobre el
documento, que de alguna manera era más importante que cualquier otra cosa
42
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
en el mundo. Ese documento que le daba su libertad. Estaba tan distraída por
lo que significaba ese pliego, que casi no lo oyó. El pretérito.
Su atención se dirigió, a sus ojos marrones, que la observaban
cuidadosamente, de manera inquietante.
- ¿Y entonces qué?
Le dio un pedazo de tostada a uno de los perros. Hardy, pensó. No.
Angus. No importaba.
- Anoche conocí a un hombre. Pomposo, arrogante y desagradable más allá de
las palabras.
Su corazón latía con una velocidad devastadora.
- ¿Estás seguro de que no te estabas mirando a un espejo?
Él le dirigió una mirada provocadora.
- No, estaba mirando a Derek Hawkins.
Su corazón se detuvo. Afortunadamente, no tuvo que hablar, porque
continuó:
- Fui a buscarlo.
Lo que significaba que… sabía.
Sobre todo.
Sobre su idiotez.
Sobre su desesperación.
Sobre su disposición a hacer lo que un hombre le pidiera.
Sobre su ingenuidad.
Su piel hirvió por la vergüenza, odiándose a sí misma. Odiándolo a él por
resucitarlo. Tragó saliva.
- ¿Por qué?
-Créelo o no -dijo, y pudo oír la sorpresa en su tono-, tenía la intención de
obligarle a casarse contigo.
"¿Qué había dicho?" Estaba segura de que lo había oído mal. El pánico
la estranguló. ¡¿Estaba loco?!
- ¡No lo hiciste!
- De hecho, no lo hice - dijo.- Una vez que conocí al hombre, me di cuenta de
que no habría fuerza en este mundo que me obligara a permitirte unirte a él.
"Unirse". Ella odiaba esa palabra. Odiaba la dureza de la misma. La
forma en que transmitía desesperación. Obsesión. Anhelo desagradable y
sofocante.
- Dijiste que le amabas.
La vergüenza vino otra vez, inundándola con el recuerdo de las palabras
que le dijo a él, fuertes, nasales y desesperadas. Frente a todo Londres,
salpicadas por su risa burlona.
Y ahora Alec Stuart, veintiún duque de Warnick, el único hombre de
Londres que no había conocido las circunstancias de su vergüenza, las
conocía. Y peor aún, pensó en salvarla. El pánico se elevó.
- Nunca le pedí que me mantuviera con él.
- Me han dicho que sí, muchacha. Y muy públicamente por cierto.
Cerró los ojos ante esas palabras, no podía mirarlo, no quería oír la
verdad.
Él sabía. Sabía todo lo que había sucedido con Derek. Pero de alguna
manera, no sabía la verdad. Todo lo que ella había deseado, todo lo que ella
había soñado. . . todo lo que ahora era imposible. Ya que él se despojó de ella.
43
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Sus puños permanecían apretados a cada lado, entonces abrió sus ojos
para encontrarlo mirándola, como si pudiera ver directamente en su alma. Ella
apartó la mirada inmediatamente.
- Te sorprendería lo que un escándalo frente a todo Londres hace a los deseos
de una.
Hubo un largo momento mientras esperaba que ella volviera a mirarlo.
Pero no podía hacerlo. Finalmente Alec, dejó escapar un largo suspiro y dijo:
- Por lo que pudiera valer, Lillian, Hawkins es posiblemente el hombre más
repugnante que he tenido la desgracia de conocer.
Ella lo miró, deseando que él creyera en ella.
- No quiero a Hawkins. Tampoco deseo tu ayuda. De hecho, todo lo que deseo
es tener una vida que sea mía. Y libre de...
Escándalo. Vergüenza. Negó con la cabeza, no queriendo decir las
palabras en voz alta.
- …Todo ello.
Ella huiría. Empezaría de nuevo. Y algún día, olvidaría todo aquello con
lo cual siempre había soñado. El matrimonio, la familia, la pertenencia.
Afortunadamente, no tuvo que explicárselo al duque de Warnick, quien
levantó los papeles de la mesa y dijo:
- Tengo la intención de darte esa vida, Lillian.
Se sintió inundada de un alivio, profundo y casi insoportable. Se había
sacado de la cabeza la idea de casarlo con ella. Ella sonrió, incapaz de
contener la alegría por sus palabras.
Podría comenzar de nuevo.
Podría olvidar a Derek Hawkins, su manipulación y sus hermosas
mentiras.
- Alec Stuart, tú eres el mejor guardián del mundo.
Después de todo, parecía que podía atrapar moscas.
Entonces Alec se paró y ella sintió en la boca una sensación como de
masticar aserrín, al presenciar el plaid en toda su gloria, cayendo en pliegues
perfectos hasta las rodillas de unas piernas perfectas, musculosas, curvadas y
macizas, parecidas a nada que hubiera visto antes. "Buen Dios". El hombre era
hercúleo. No era de extrañar que las damas lo adoraran.
Su mirada se dirigió al borde de la tela, bebiendo de las curvas y los
hundimientos de sus rodillas. Tragó saliva, el acto fue un desafío,
preguntándose cómo es que nunca había notado la forma exacta de una
rodilla. Sacudió la cabeza. Que ridículo. No le importaban las rodillas. No
cuando su libertad estaba sobre la mesa.
- Mi dinero.
Se apoyó en la mesa y miró los papeles.
- Por lo que entiendo, recibirás cinco mil libras en tu veinticuatro cumpleaños.
La sangre se precipitó a través de ella, haciéndole difícil pensar, dejó
escapar un largo suspiro, y se echó a reír, el alivio en forma de luz y belleza,
haciéndola más feliz de lo que había estado en mucho tiempo. Más feliz de lo
que había sido nunca.
Bendice su gran corazón escocés. Era suficiente para salir de Londres.
Para comprar una casa en algún lugar. Para empezar de nuevo. En nueve días.
- El mismo día que la pintura será revelada-, dijo.
44
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Exacto, un regalo de cumpleaños bienvenido y otro odiado -respondió ella con
una pequeña risa auto-despreciativa. - Una ironía, ya que no puedo recordar el
último cumpleaños en que recibí un regalo en absoluto.
- Hay algo que deberías saber, Lily.
A través de la felicidad, oyó el nombre por el que él nunca la había
llamado. El nombre que utilizaba para sí misma, el que había compartido con
Derek. El que había compartido con los tabloides de escándalo que tanto
disfrutaban de su ruina. El que se había convertido en Lily la Encantadora, Lily
la Solitaria, Lily la Enferma de amor.
Su mirada se clavó en la del escocés. Había una trampa.
- Como sigues soltera, recibes el dinero a mi discreción. -Hizo una pausa y lo
odió en ese momento, oyendo las palabras antes de decirlas -. Y te exijo que te
cases.
Capítulo 5
45
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
LILY FURIOSA ENCANTADORA…¡DESAFIA AL DUQUE! ¡DESAPARECE!
- ¡No puedes obligarme a casarme! - Era la sexta vez que lo había dicho.
Parecía que Lily tenía un don para repetirse cuando estaba frustrada. Lo que
era más, parecía que tenía un don para ignorar que se repetía cuando estaba
frustrada.
Lo que probablemente fuese lo mejor, porque la furia que vio en su
rostro cuando le había presentado los términos de su tutela y su plan para
casarla, le dejó muy claro que lo habría derribado al suelo, si hubiera pensado
que podría hacerle daño.
Como creía que aún podía intentarlo, se mantenía a distancia,
observándola recorrer la habitación. Había recibido suficientes golpes la noche
anterior en el ring.
Se detuvo en una esquina de la habitación, y miró por el ventanal que
daba a los hermosos jardines de la casa. Angus y Hardy vigilaban junto a la
chimenea, acostados con sus grandes cabezas grises en las patas, los ojos
persiguiendo los bordes de sus faldas. Alec observó su mano que estrujaba la
tela de esas faldas, antes de volverse hacia él y su ira volvió.
- Tú...- Se detuvo y respiró hondo.
Alec habría apostado toda su fortuna a que ella quería decir algo
completamente distinto a lo que dijo. De hecho, no estaba seguro de si estaba
impresionado o decepcionado cuando volvió a mirar los jardines y dijo:
- No puedes.
Ni siquiera conocía a la mujer. No debía importarle cómo se sintiera. De
hecho, no le importaba cómo se sintiera. Sólo importaba que estuviera un paso
más cerca de quedarse en Inglaterra.
Maldita Inglaterra. El único lugar en el mundo donde este tipo de idiotez
importaba. Sin embargo, se compadeció de ella.
- De acuerdo con Settlesworth, tienes razón. No puedo obligarte a casarte.
Se giró para mirarlo.
- ¡Lo sabía!
Sin embargo, se casaría. Se cruzó de brazos y se apoyó contra el hogar.
-¿Qué edad tenías cuando murieron tus padres?
Se acercó a él, como si pudiera obligarle a volver al tema en cuestión,
pero pareció retraerse una vez más.
- Mi madre murió cuando apenas tenía un año de edad. En el parto con un
bebé que no sobrevivió.
Vio la tristeza en sus ojos. El arrepentimiento. El deseo de algo que
nunca sería. Se sentía atraído por esa emoción familiar como un cachorro con
una correa. Se acercó a ella.
- Lo siento. Sé lo que es pasar una infancia sola.
- ¿Tus padres?
Sacudió la cabeza.
Apenas presentes. Mejor dicho, ausentes.
- Creía que tenías una hermana.
No pudo esconder su sonrisa mientras pensaba en Cate.
- Media hermana, dieciséis años más joven, nacida mientras yo estaba…-
Vaciló con el recuerdo. Se aclaró la garganta.- Mientras estaba en la escuela.
46
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
No nos conocimos hasta que tuvo dieciocho años, mi padre murió y volví a
casa para cuidarla.
- Lo siento. Por tu padre -dijo-.
Él respondió con la verdad.
- Yo no.
Ella parpadeó ante la respuesta sincera, e inmediatamente se movió
para cambiar de tema.
- Cate es tan problemática como si compartiéramos la misma sangre.
Sus ojos eran grises como el Mar del Norte cuando respondió:
- No sabría lo molesto que es, ya que siempre he sido yo, sola.- Antes de que
pudiera encontrar una respuesta, dijo: - Al menos, desde que perdí a mi padre.
Cuando tenía once años.
Las palabras le recordaron el propósito de su pregunta. El asintió.
- Bueno, él cuidó bien de ti.
Mejor cuidada de lo que su padre lo había cuidado a él. Siempre había
tenido el recuerdo de su madre. Y, para su madre, siempre había sido un
recordatorio de lo que debería haber tenido.
Ella se rió, el sonido vacío de humor.
- Me dejó a cargo de una familia que no era la mía. Que estaba tan lejos de mí
realidad que…- Se calló, pero Alec no necesitó oír las palabras.
- ¿Cómo conoció al duque?
- Trabajó para él. Como administrador de tierras. Aparentemente era bastante
bueno en ello, ya que el duque de entonces accedió a asumir mi cuidado. Es
una lástima que el actual duque no se sienta de manera similar. - Apartó la
vista, la mañana gris la cubrió de una luz etérea. Cristo, ella era hermosa. Alec
no tenía ninguna duda de que la pintura de Hawkins sería una obra maestra,
como él decía que era.
La idea de la pintura lo sacudió de su ensueño. Hizo todo lo posible para
sonar tranquilo. Consolador. Como un guardián.
- Aquí estoy, ya sabes. Parea cuidarte. Para asumir la responsabilidad por ti.
Estoy tratando de darte la vida que deseas, Lily.
- No me llames así.
- ¿Por qué no?
- Porque él, no es para ti -dijo-.
No era para Hawkins, tampoco, y todavía lo usaba. Resistió el impulso
de decir esas palabras. Ella no estaba equivocada. El nombre era demasiado
familiar. En el mejor de los casos, para él era, Lillian, o como debería ser,
señorita Hargrove. No Lily.
No importaba lo que él quisiera. Y ciertamente no tenía derecho a querer
que fuera algo. Ella era su pupila, y él tenía la responsabilidad de encargarse
de sus problemas y nada más.
Bien. Él podía interpretar el papel del guardián inglés, frío, insensible y
carente de sentimientos. Dios sabía que detestaba el puesto lo suficiente como
para estar familiarizado con esa parte. Empezó de nuevo:
- Los términos de tu tutela incluyen los factores que conoces. No se te permite
casarte sin la aprobación expresa del ducado y, aunque indica que recibirás
fondos en tu vigésimo cuarto cumpleaños, se asume claramente que estarías
casada, porque los términos indican que soy capaz de mantener esos fondos
en fideicomiso hasta el momento en que te cases, si no entendí mal"
Era su turno de desaparecer. Ella no lo permitiría.
47
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Deberías reflexionar que tu actitud fue…
- Irresponsable.- Una capa de rojo cayó sobre sus mejillas. - Lo que, por
supuesto, ya sabes.
- No -dijo, sin pensar completamente en la respuesta.
- Sin embargo, lo haces. Después de todo, ¿qué guardián no lo haría después
de que su pupila sufriera un escándalo tan desastroso?- Allí estaba de nuevo la
humillación, en su tono.
Debería haber asesinado a Derek Hawkins cuando tuvo la oportunidad.
- No creo que seas irresponsable. Pero pienso que tu deseo de huir es
irrazonable.
Ella le lanzó una mirada fulminante.
- ¿Pero el matrimonio con un hombre que no conozco parece más razonable?
Levantó un hombro.
- Elige a un hombre que conozcas. Elige a quien quieras.
Ella perdió la paciencia.
- No conozco a ningún otro hombre. Créelo o no, no hago una práctica de
conocer a los hombres. Conozco a Derek. Y ahora te conozco a ti. Y disculpe,
Su Gracia, pero usted es demasiada cantidad, cuando se trata de la
deseabilidad de un marido, con la singular diferencia de que no cubre sus
piernas cuando se viste.
Singular diferencia. Alec no pudo resistirse a responderle a la loca.
- Ah, pero él se viste como un pavo real albino, así que en mi experiencia, diría
que es mejor que te quedes con el tartán, muchacha.
Ella frunció el ceño con irritación hacia él, pero él continuó, incapaz de
detenerse.
- ¿Deberé enumerar las otras formas en que nos diferenciamos?
- No pretendo creer que puedo detenerte, Su Gracia.
No estaba simplemente loca. Ella también estaba enloqueciendo.
- Bueno, podría comenzar con lo obvio. No me he propuesto el objetivo de
arruinarte delante de todo Londres.
- ¿No es así?
La pregunta fue rápida, sencilla y completamente inquietante,
- ¿Qué significa eso?
Ella no respondió, fijó su mandíbula con determinación, como si pudiera
permanecer en silencio para siempre. Resopló su frustración.
- De cualquier manera, Lillian, no me lo he propuesto.
- Y gracias a Dios por eso - dijo.
Se mordió la lengua por sus palabras. Ella quería hacerle daño, pero no
podía saber cuánto daño le estaba haciendo, trayéndole una oleada de
recuerdos. De vergüenza. De deseo por las mujeres para las que nunca tendría
el suficiente abolengo. Nunca la suficiente adecuación. Y para las que nunca
sería lo suficientemente bueno.
Lily tendría un hombre lo suficientemente bueno.
- Andamos en círculos - dijo. - Te casas.
-¿Y si no quiero casarme con el hombre que elijas?
- No puedo forzarte.
Ella negó con su cabeza.
- Esa podrá ser la ley, pero todo el mundo sabe que los matrimonios
forzados..."
48
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No lo entiendes. No puedo forzarte, porque es una condición separada de tu
tutela, que puedes escoger a tu marido por ti misma y que permaneces bajo el
cuidado del ducado hasta el momento en que te cases.
Su boca se abrió, luego se cerró.
- ¿Ves, Lillian? Tu padre se preocupó por ti - Sus ojos se anegaron a causa de
las palabras, y le llamó la atención el deseo de acercarla y protegerla. Cosa
que no haría. Y así, en lugar de eso, él dijo:
- Eso, podría añadir, justifica el por qué eres la pupila de mayor edad de la
Cristiandad y de alguna manera, sigues siendo mi problema.
Las palabras funcionaron. Las lágrimas desaparecieron, no las dejó salir,
fueron reemplazadas por una mirada asesina.
- Me convertiría felizmente en mi propio problema, si me dieras mi libertad
Duque. No pedí ser una carga, más de lo que tú pediste cargar conmigo.
Y la ironía de ello era que si lo hacía, si le daba el dinero a la chica y le
otorgaba su libertad, estaría en camino de regreso a Escocia en ese preciso
momento. Excepto que no podía. Porque no sería suficiente.
-¿Por qué? -interrumpió sus pensamientos, la pregunta le hizo cuestionarse si
había hablado en voz alta. Él la miró. - ¿Por qué? ¿Qué?
-¿Por qué insistes en que me case?
Porque ella estaba arruinada si no lo hacía. Porque tenía una hermana
seis años más joven, y tan impetuosa como ella, a quien podía imaginar
fácilmente víctima de un bastardo como Hawkins. Porque él daría su vida por
Catherine en esa misma situación. Y, aunque se sentía más que capaz de dar
la espalda al resto de Londres y a los pedazos del ducado, no le daría la
espalda a Lillian.
- Casarse... es lo que hacen las mujeres.
Sus cejas se alzaron.
- También es lo que hacen los hombres, y no te veo corriendo al altar.
- No es lo que hacen los hombres - respondió.
- ¿No? Así que todas esas mujeres marchando por el pasillo, ¿con quién van a
casarse?
Ella era irritante.
- No es lo mismo.
Esa risa otra vez, aquella sin humor.
- Nunca lo es.
No le gustó. No le gustó la forma en que lo dijo. La forma en que le hacía
sentir que estaba perdiendo cualquier batalla que luchara con ella.
- Alec - dijo su nombre, otro golpe del tipo suave, tranquilo y tentador como el
infierno, en sus bonitos labios. - Déjame ir. Déjame salir de Londres. Que
tengan la maldita pintura y que me dejen ir.- Ella podría haberlo convencido. No
era imposible, hasta que dijo, suave y desesperadamente, - Es la única forma
de sobrevivir.
"Es la única forma de sobrevivir". Él absorbió bruscamente las palabras,
palabras que había oído antes. Dichas por una mujer diferente, pero con la
misma insoportable convicción.
"Tengo que irme", dijo su madre, con las manos en sus estrechos
hombros. "Odio este lugar. Me matará."
Y se había ido.
Y murió de todos modos. Alec no pudo evitar que sucediera. Pero,
maldita sea, podía evitar que volviera a suceder.
49
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No hay forma de escapar, Lillian. - Su ceño se frunció en confusión pero él
continuó.- La pintura será la pieza central del espectáculo itinerante de la
Exposición Real.
Ella inclinó la cabeza.
- ¿Qué significa eso?
- Que viajará a través de Gran Bretaña, y luego hacia el resto del mundo. París.
Roma. Nueva York. Boston. Nunca escaparás. ¿Crees que ahora eres
conocida? Sólo espera. Donde quiera que vayas, si tienen acceso a las noticias
y a los interesantes chismes picantes, y puedo añadir que es en todas partes
en las que he estado, serás reconocida.
- A nadie le importará.- Se envaró, pero su tono la traicionó. Sabía que no era
cierto.
- A todos les importará.
- Nadie me reconocerá.- Podía oír la desesperación en sus palabras. Cristo,
ella era hermosa. Alta, espléndida y completamente perfecta, como si los cielos
se hubieran abierto y el mismo Creador la hubiera puesto aquí, en este lugar,
condenada a ser manchada. La idea de que nadie la notaría, que nadie la
reconocería, era absurda. Ablandó su respuesta.
- Todo el mundo te reconocerá, muchacha.- Negó con la cabeza. - Incluso si
doblara los fondos por pupilaje. Si te diera diez veces más, la maldita pintura te
seguiría.
Aquellos rectos hombros cayeron, lo suficiente para que viera su
debilidad.
- Es mi vergüenza.
- Es tu error de juicio -corrigió-.
Ella sonrió.
- Un bonito eufemismo.
-Todos los hemos cometido -dijo, deseando por alguna idiota razón que pudiera
hacerla sentir mejor.
Ella se encontró con su mirada.
- ¿Tú? ¿Has cometido un error así?
Más de lo que podía contar.
- Yo soy el rey de ellos - dijo.
Lo observó por un largo momento.
- Pero los hombres no llevan la vergüenza para siempre.
Alec no apartó la mirada de ella, de las palabras que tantos creían
verdaderas. Y mintió.
- No. No lo hacemos.
Ella asintió y vio que las lágrimas amenazaban. Resistió el impulso de
alcanzarla, sabiendo instintivamente que tocarla cambiaría todo. Se odiaba por
no alcanzarla.
Ella se volvió hacia la puerta.
- Y crees que encontrarás a un hombre que decida casarse conmigo. Qué
absurdo.
- Te he dado una dote, Lillian.
Ella hizo una pausa, poniendo su mano en la manija de la puerta, pero
sin girarla. Tomó el silencio como indicación de que estaba escuchando.
- No había ninguno interesado en ti. Presumiblemente porque eras muy joven
cuando te convertiste en pupila de la finca. También, posiblemente por eso
nunca te han pedido en matrimonio. Pero ahora sí. Veinticinco mil libras.
50
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Ella le habló a la puerta cerrada.
- Esa es una enorme cantidad de dinero.
Más de lo que necesitaba para atrapar a un marido. Podía atrapar a un
marido sin nada.
- Hallaremos un hombre -dijo, saturado repentinamente de disgusto por tener
que comprarle un futuro. Había parecido una solución tan fácil la noche
anterior. Pero ahora, en la habitación con ella, sintió que todo se le escapaba.
-Encontraremos un hombre -repitió-. Uno bueno.
Alec lo llevaría al altar si fuera necesario.
- Tenemos nueve días - dijo.
- Para convencer a un hombre de asociarse con mí escándalo, antes de que
todo el mundo lo vea.
- Para convencer a un hombre de que eres demasiado buen premio como para
ignorarlo.
Lily se volvió, los ojos grises parpadearon.
- Buen premio.
- Belleza y dinero. Dos cosas que hacen girar al mundo.- él quería decir, no
sólo esas dos cosas. Más.
Ella asintió.
- Antes de que se revele la pintura. No después.
Abrió la boca para responder, pero no se le ocurrió una buena réplica.
Por supuesto… antes. Una vez que estuviera desnuda frente al mundo,
estaría...
- Antes de que mi vergüenza sea completamente pública - dijo suavemente,
pero con convicción. - No después.
Ignoró el tema, en cambio dijo:,
- El matrimonio te daría todo lo que deseas, muchacha.
-¿Cómo sabes lo que deseo?
- Sé lo que una mujer quiere de la vida. - Se encontró incapaz de encontrarse
con su mirada. - Es el matrimonio. No el dinero.
Ella soltó una pequeña risa.
- Bueno, cualquier mujer que se precie quiere ambos.
La tenía.
- Conseguirás los dos. Tal como querías.
- Quería casarme por amor.
Retrocedió ante la idea. El amor era un objetivo ridículo, no sólo risible,
sino inexistente. Lo sabía mejor que nadie. Pero Alec tenía una hermana, así
que sabía una o dos cosas sobre las mujeres, y sabía, sin duda, que creían en
la gran falacia del corazón. Así que le mintió.
- Entonces te encontraremos alguien a quien amar.
Ella entonces lo miró, inclinando la cabeza y observándole de repente
como si fuera una criatura fascinante y asquerosa, bajo la lupa.
- Eso es imposible.
- ¿Por qué?
Levantó un hombro y lo bajó.
- Porque el amor es para los afortunados.
-¿Qué significa eso? -dijo él, con las palabras revoloteando a través de él, que
no eran bienvenidas por su misteriosa verdad.
- Sólo que no me encuentro entre los afortunados. Todos aquellos a los que he
amado me han dejado.
51
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
No tuvo tiempo de contestar, porque ella abrió la puerta y se fue,
dejándolo con sus perros y con las palabras resonando en la habitación vacía.
Se suponía que las inglesas eran mansas y sumisas. Al parecer, nadie le
había dicho algo así a Lillian Hargrove.
Cuando Alec le había dicho que estaba dispuesto a darle una dote que la
casara con cualquier hombre que eligiera, se le había ocurrido que lo sofocaría
con su agradecimiento. Después de todo, veinticinco mil libras eran la fortuna
de un rey. Varias fortunas de reyes. Suficiente para comprarle a ella y al
hombre de su elección, quienquiera que fuese, la vida que deseara. Una
aproximación al amor que había anhelado.
Por supuesto, Lillian Hargrove no era el tipo que se desmaya, pero la
mujer podría haberse mostrado agradecida. Una lágrima o dos no hubieran
sido inesperadas. En cambio, había rechazado la oferta.
La había dejado a solas todo el día, dándole tiempo para cambiar de
opinión... para hacerse amiga de la idea y darse cuenta de que su decisión
había sido cuanto menos, benévola. Después de todo, había deseado el
matrimonio una vez, aunque con un completo asno, y si consideraba su opción,
Alec estaba seguro de que estaría de acuerdo en que era lo mejor.
Estos sucesos desastrosos podían finalizar con un matrimonio, hijos y el
tipo de seguridad con que las mujeres soñaban.
"No me encuentro entre los afortunados".
Cojones. Su suerte cambiaría.
Si la mujer quería amor, lo conseguiría, maldita sea. Puede que no
creyera en él, pero lo haría si fuera necesario. Era su guardián e interpretaría
su papel, maldita sea. Repararía su reputación y volvería a Escocia. Ella sería
el problema de otro. Y eso sería todo.
No tenía elección. No había manera de huir de la pintura, a menos que
estuviera dispuesta a vivir la vida como un ermitaño. Ciertamente no podía
pasar el resto de su vida en el número 45 de Berkeley Square, como pupila del
ducado. Ya ahora era demasiado mayor para ser una pupila... ¿cómo sería
cuando tuviera cuarenta años? ¿Sesenta?
Era ridículo. Ella lo vería sin duda.
Alec había llegado temprano con planes de almorzar y de leer su
correspondencia, esperando que Lillian apareciera con una disculpa y una
sonrisa en sus labios.
Después de un cuarto de hora, llamó pidiendo su almuerzo. Después de
media hora, terminó sus cartas, pero se quedó con ellas fingiendo leer, sin
querer que ella pensara que la estaba esperando. Después de tres cuartos de
hora, pidió una segunda comida, ya que la primera se había enfriado durante la
espera. Y después de una hora, había llamado a Hudgins, que tardó otros diez
minutos en llegar arrastrando su cuerpo.
-¿Está enferma la señorita Hargrove? -preguntó al momento en que el hombre
entró en la habitación.
-No lo sé -respondió Hudgins-. -¿Quiere que la traiga?
52
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Alec imaginó que al anciano le tomaría la misma cantidad de tiempo
llegar a las habitaciones de Lily, que a él mismo registrar toda la casa. Así que
rechazó la oferta e hizo precisamente eso.
No estaba en las cocinas o en la biblioteca, en el invernadero o en
ninguna de las salas de estar. Subió las escaleras y empezó a buscar en las
habitaciones, empezando por el piso donde él dormía, en la suite que le habían
adjudicado como «las habitaciones del duque». Cruzó el pasillo, puerta tras
puerta, de una casa perfectamente ordenada, con espaciosas áreas que
claramente no eran utilizadas. ¿Cuántas personas deberían vivir en esta
maldita casa? ¿Y dónde estaba la recámara de Lily si no estaba entre éstas?
Subió al tercer piso, imaginándose que encontraría habitaciones de
tamaño similar a las suyas, enormes y llenas de cosas. Se le ocurrió que no
había nada en las áreas comunes de la casa que, en absoluto, indicara que ella
vivía allí. En los dos días que había compartido el espacio, no había visto una
sola cosa fuera de lugar. Un libro dejado en una mesa lateral. Una taza de té.
Un chal.
Infierno, Cate producía senderos de artículos en todo el castillo escocés,
como si estuviera dejando trocitos de pan en el bosque. Suponía que todas las
mujeres hacían lo mismo.
El tercer piso era más oscuro que el segundo, el pasillo más estrecho.
Abrió la primera puerta para descubrir lo que debía haber sido un cuarto de
niños o una escuela en algún momento, una habitación grande con un olor
persistente de madera y pizarra, árboles dorados de luz de la tarde que
revelaban polvo bailando en el espacio. Cerró la puerta y se dirigió hacia el
oscuro pasillo, donde una joven criada reemplazaba las velas en un candelabro
cercano.
- Perdóname- , dijo, y no supo si fue por el tono escocés o por las palabras
educadas o por el hecho de que era casi dos pies más alto que ella, el susto
que se llevó la niña, que saltó del piso con su aparición.
-¿Su-Su-Gracia? -balbuceó, dejando caer una reverencia digna de una reunión
con la Reina.
Él le sonrió, con la esperanza de calmarla. Vio cómo se encogía contra
la pared. Entonces el hizo lo mismo, hacia el lado opuesto, súbita y
profundamente consciente del hecho de que estaba fuera de lugar en ese
estrecho espacio. Deseando ser más pequeño, como siempre lo hacía en este
país abandonado por Dios, donde amenazaba con aplastar los muebles como
palillos de fósforo.
Empujando los pensamientos a un lado, Alec volvió al asunto en
cuestión.
- ¿Cuál es la recámara de la señorita Lillian?
Los ojos de la chica se agrandaron aún más, y Alec inmediatamente
comprendió.
- No estoy planeando nada nefasto, muchacha. Simplemente la estoy
buscando.
La chica negó con la cabeza.
- Ella se ha ido.
Al principio, las palabras no tenían sentido.
- ¿Ella qué?
- Se fue - la niña dejó escapar las palabras. - Se ha ido.
-¿Cuándo se fue?
53
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Esta mañana, señor.- Después de su desastroso desayuno.
- ¿Ella cuándo volverá?
Esos grandes ojos brillaban en blanco.
- Nunca, Su Gracia.
Bien. No le gustaba esa idea.
- Muéstrame su habitación.
Inmediatamente ella obedeció, lo condujo por el pasillo dando la vuelta,
hasta llegar a la esquina trasera de la casa, el lugar donde las escaleras de los
criados trepaban en estrechas torsiones hasta sus aposentos en los niveles
superiores de la casa. Una localización tan extraña en la casa, que casi la
detuvo para repetir su petición original, seguro de que había aterrorizado tanto
a la joven que no lo había comprendido.
Pero si lo había hecho. Llamó a una puerta entreabierta y agrandó la
entrada, saltando de inmediato hacia un costado para permitirle entrar.
- Gracias.
- Tú... eres bienvenido -balbuceó, con la sorpresa en su voz dejando a Alec
odiando de nuevo a este país, con sus ridículas reglas sobre la gratitud y la
diferencia de clases con los sirvientes. Un hombre agradecía a quienes lo
ayudaban, sin importar su puesto. Infierno. Precisamente por su puesto.
-Eres libre de irte -dijo suavemente, abriendo la puerta, y revelando los
aposentos de Lillian, pequeños y escondidos, tan pequeños que la puerta no se
abría del todo, sino que golpeaba el pie de la cama.
Un lado de la habitación se encogía bajo un techo muy inclinado, más
allá del cual subían las escaleras de los criados, amenazando todo el espacio
con una sensación de profunda y permanente claustrofobia.
La luz del sol que entraba, hacía cálida a la pequeña habitación, pero
también podría haber sido por su contenido.
Aquí estaban todas las cosas de Lillian, las migajas de pan que faltaban
en el bosque del resto de la casa: libros apilados por todas partes; varios
cestos de agujas, llenos de hilos en un arco iris de colores; una pequeña
hamaca de madera rebosante de viejos periódicos; un caballete con un paisaje
semi-pintado de tejados y árboles en primavera -la vista que se veía más allá
de la pequeña, estrecha ventana que empequeñecía la pared opuesta.
La cama estaba cubierta de mantas y almohadas, más de las que Alec
había visto en camas mucho más grandes, cada colcha con un color brillante
que parecía estar en desacuerdo con los demás.
Eso fue quizás lo más impactante de esa habitación -no el tamaño, ni el
desorden, ni el hecho de que estuviera tan lejos del resto de la casa como
fuera posible, aunque ciertamente todas esas cosas lo sorprendieron- pero el
color. Había tanto.
Era tan diferente de todo lo que había visto antes.
Tan opuesto al resto de la casa que había decorado de acuerdo con los
últimos estilos y las demandas de las miríadas de revistas de damas. Aquí, en
este espacio salvaje y maravilloso, lleno de desorden y color y de…
Medias
La mirada de Alec cayó al pie de la cama, donde un par de bonitas
medias de seda cubrían el marco de madera, tan descuidadamente, que
imaginó que Lillian se había quitado las largas medias de seda con velocidad y
distraídamente.
54
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Estaría mintiendo si decía que no se detuvo por un momento para
considerar tal acción, Lily con un pie en esa colorida cama, desatando las
pequeñas cintas blancas en la parte superior de las medias y rodándolas por
las piernas, arrojándolas sobre la madera antes de lanzarse sobre las
almohadas para descansar.
No es que el descanso fuera lo primero que la imaginaba haciendo en
esa cama después de quitarse las medias. La imaginó allí, extendida a través
de esa pequeña cama, el pelo salvaje sobre su almohada, los ojos
entreabiertos, los labios entreabiertos, haciendo señas.
A él.
Se puso instantáneamente duro y se sintió completamente furioso
consigo mismo. Se aclaró la garganta. Él era su guardián. Y ella era su pupila.
Su pupila desaparecida.
Y estaba en esta habitación para localizarla, con o sin sus medias.
Se movió ante la incomodidad del pensamiento. Con. Con sus medias.
Apartó su mirada de las ofensivas prendas, ignorando a su cuerpo, en
lugar de eso, se dispuso a mirar el resto de la habitación, tan claramente el
santuario de Lillian, tanto que se sentía como el peor tipo de criminal que
invadía su espacio. El ladrón de las joyas de la corona. Un laico en una
sacristía. Más tarde, se le ocurriría pensar que incluso si hubiera intentado
impedirse entrar en esa extraña habitación, no habría podido hacerlo.
Alec entró, dejando la puerta tan abierta como se podía dejar, su
atención cayó sobre el pequeño escritorio de madera escondido bajo el techo
bajo, donde había una pila de papel en un caos organizado, una pluma encima
de ella, que había dejado una mancha de tinta en la hoja prístina. Se agachó
en el reducido espacio y pasó sus dedos por ella, pensando en otras cartas,
que lo habían llevado al sur, a esta mujer, que podía volverlo loco si él lo
permitía.
Ciertamente, de pie en esta habitación, parecía ella la loca. Tenía una
media docena de recámaras para elegir y una docena de habitaciones más
para vivir, y aun así había elegido este pequeño agujero.
Había un gran baúl con bisagras contra la pared a la izquierda, sin abrir
al lado del escritorio. Alec se inclinó para abrirlo. Estaba lleno de cartas, al
parecer, una colección de sobres muy gastados, que obviamente habían sido
abiertos y reabiertos, cada uno con una carta dentro, que había sido leída y
releída.
Levantó uno, sabiendo que no debía hacerlo, sabiendo que eso lo
convertía en un canalla, pero estaba demasiado enfocado en el nombre de Lily
y en la dirección en tinta negra, escritos en el sobre, como para detenerse.
Abrió la carta y sus ojos cayeron inmediatamente en la firma…Hawkins.
Era notable lo rápido que un hombre podía odiar a otro. Su mirada
examinó las palabras… una montaña de preciosas galimatías.
"La dama más encantadora de Londres."
"Mi musa."
Alguien había esbozado una flor en los márgenes de la carta, un lirio,
hermoso, audaz, estriado y perfecto. Alec suponía que era Hawkins quien lo
había hecho, incluso como él había deseado, el talento del hombre era inferior
al que pretendía.
"Mi Lily"
55
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Alec rechazó el apodo garabateado con esa audaz y confiada mano, y
las palabras del día anterior resonaron en su memoria. "No me llames así. No
es para ti."
Bueno, ciertamente tampoco era para este imbécil de Hawkins, nunca. Y
seguro que no pertenecía a Hawkins.
Ella pertenecía a él.
Alec saltó hacia arriba con ese pensamiento, golpeando la cabeza con
ímpetu contra el techo, tan fuerte que gruñó un fuerte, largo y totalmente
inapropiado insulto en gaélico.
Con una mano en la cabeza, Alec se enderezó, continuando con sus
coloridas invectivas. A medida que el escozor pasaba, se le ocurrió que, sin
embargo, debía estar agradecido por el golpe en la cabeza, ya que literalmente
le había devuelto el sentido.
Lillian Hargrove no le pertenecía.
De hecho, estaba trabajando muy duro para asegurarse de que ella
quedara definitivamente en su pasado.
¿Y si le diera el dinero? No los cinco mil que ella recibiría. ¿Veinticinco?
¿Cincuenta? Suficiente para irse de Gran Bretaña. Al Continente, a las
Américas, a otro lugar. Tendría una fortuna lo bastante grande como para
asegurarse un futuro de reina donde quisiera.
La imaginaba con sedas y satenes en París, con una peluca que tocaba
el cielo, con el mundo a sus pies y donde nadie se preocupara ni un poco por
su paso por Londres, y su vida bajo las escaleras de los criados.
Después de todo, no era su hermana. Cate era una niña, apenas
dieciocho, sin saber del mundo más allá de su castillo.
Lily tenía el conocimiento que venía con la edad y la feminidad. Se había
prestado a un maldito desnudo, ¿no? Se había metido solita en esta situación
particular, ¿no? Ella era lo suficientemente mayor para saberlo. Tenía que
saber lo que podía ocurrir.
La vergüenza la seguiría donde fuera.
Él sabía mejor que la mayoría cómo sería, se le enterraría debajo de la
piel y nunca saldría. Susurrándole en la noche. Nunca se escaparía, aunque
escapara de los que querían ocultarla. Como nunca lo ocultaron a él.
Se inclinó para restituir la carta, y lo que había revelado, exactamente en
el mismo lugar de donde la había sacado. Se agachó, levantando la capa de
correspondencia que ocultaba una montaña de tejido blanco. De ropa blanca.
Minúsculas ropas de bebé, blancas, bordadas con lino y encajes,
vestidos, gorros y mantas. Instintivamente, Alec extendió la mano para tocarlas,
para sujetarlas, estas inmaculadas ropas claramente no habían sido usadas. El
pequeño vestido en su mano tenía una hilera de bonitas flores azules bordadas
a lo largo del dobladillo. Otro tenía una hilera de caballos marrones oscilantes,
con monturas doradas y cabestrillos. Un tercero, con una luna y estrellas en
delicado amarillo.
Sabía sin dudarlo que Lily había hecho esa ropa. Para sus hijos.
Probablemente para aquellos que esperaba tener con ese imbécil de Hawkins.
Sin pensarlo, Alec siguió escarbando en el baúl, encontrando pequeñas gorras
y calcetines de algodón y botas de suave cuero rojo. En un estado de absoluta
locura, inclinó las botas y se puso las suelas en la nariz, respirando el olor del
fino cuero, sintiendo la suavidad contra su piel. Como un loco.
56
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Las dejó caer como si estuvieran en llamas y, sin embargo, de alguna
manera, no pudo apartar la mirada de ellas cuando aterrizaron sobre una capa
de satén y encaje que no parecía que fuera para un niño.
Miró por encima de su hombro hacia la puerta abierta, imaginándose
fugazmente lo que iba a pensar si pasaba algún criado, pero realmente, no le
importaba si lo descubrían. Estaba demasiado involucrado en este camino,
estaba en un punto sin retorno.
Alzó el vestido del baúl y supo instintivamente lo que era: puro y blanco,
tan intacto como la ropa de los niños que había encontrado allí y extrañamente,
de alguna manera, mucho más precioso. Mucho más importante.
Era el vestido de novia de Lillian. Sin duda cosido con sueños de
felicidad, con una familia y con un futuro lleno de amor.
Ella quería casarse. Ella soñaba con ello, y con la familia que vendría
con esa boda.
Mientras sostenía esa prenda en sus manos… la prueba de su deseo
más anhelado, del hecho de que no quería estar sola, que no había pasado la
vida soñando con estar sola, con nadie más como compañía… decidió renovar
su compromiso y lograrlo.
Ella era suya para protegerla. Para cuidarla. Y lo haría. Él la casaría. Le
gustaría cumplir sus sueños.
Por supuesto, para hacerlo, tenía que encontrar a la muchacha, lo cual
no iba a suceder mientras estuviera de pie en ese "armario" debajo de las
escaleras de los criados.
Probablemente había ido a visitar a sus amigos.
Un ruido interrumpió su pensamiento, un pequeño golpe, seguido de
varios golpes y un sonido de risas amortiguadas, Alec se dio cuenta de que la
habitación no sólo era minúscula. Era ruidosa. Podía oír a los sirvientes al otro
lado de la pared.
¿Por qué dormía aquí?
No tuvo tiempo de considerar la pregunta, ya que la proximidad de los
sirvientes fue una bendición en este momento en particular. Salió de la
habitación, asomó la cabeza por la escalera de los sirvientes y viendo a un
lacayo y dos criadas que descendían, les dijo:
- Hey tú.- Se quedaron inmóviles y una de las jóvenes chilló. El lacayo habló
primero.
- ¿Su gracia?
-¿Quiénes son los visitantes más frecuentes de la señorita Hargrove?- Silencio.
Alec intentó de nuevo.
- Sus amigos. ¿Quién la visita?- Una de las chicas sacudió la cabeza.
- Nadie.- Su frente se arrugó.
- ¿Nadie?- El otro negó con la cabeza.
- Nadie. No tiene amigos.
Las palabras sonaron fuerte en la oscura escalera, y lo suficientemente
sorprendentes como para que Alec contuviera su instintivo… "¡¿Cómo es
posible?! Lillian es hermosa e inteligente y tiene el poder de un ducado detrás
de ella. ¿Cómo puede carecer de amigos? Quizás simplemente no vienen a la
casa."
En cambio asintió una vez y respondió
- Gracias.
-¿Su Gracia? -preguntó el lacayo, confundido.
57
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Och - respondió Alec-. En Escocia estamos más agradecidos de lo que están
en Inglaterra, al parecer. No necesitas mirarme como un león en una jaula. Los
sirvientes parpadearon al unísono.
- Sí, Su Gracia.
Alec regresó al rellano cuando pasó el trío.
- ¡Oh! - Una de las chicas giró la cabeza y lo miró.
- Ella ve al abogado.- Era el turno de Alec de parpadear.
- ¿Le ruego me disculpe?
- Hombre mayor. Con gafas. Starswood o Somefin -, dijo ella.
- ¿Settlesworth?- La chica sonrió.
- ¡Eso es! Viene una vez al mes. Una de las otras chicas dice que le trae a
Lillian... - Se corrigió. - A la señorita Hargrove - Otra pausa. - Su dinero.
Por supuesto que sí. No podía salir de la casa sin fondos. Y Settlesworth
sostenía su bolso en las manos. Alec se dio vuelta para dejar a la chica antes
de que se le ocurriera otro pensamiento. De pronto giró para encontrarla
observándolo y le preguntó:
- ¿Por qué duerme aquí? - indicando la habitación.
Ella parpadeó, observando el pequeño cuarto como si nunca lo hubiera
visto antes. Sacudió la cabeza.
- No lo sé, ciertamente, - dijo finalmente. - Siempre fue así.
Alec asintió ante la insatisfactoria respuesta, dio las gracias a la chica y
se dirigió a las oficinas de su abogado.
58
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 6
¡DUKE VA A POR LOS PERROS!
Si deseaba casarla, primero tendría que encontrarla.
El duque de Warnick tenía ocho residencias en Londres. Había cuatro
casas unifamiliares esparcidas por Westminster y Mayfair, una casa al este de
la ciudad, a orillas del río Támesis, una casa de huéspedes de Fleet Street que
le habían dicho era "para ingresos", aunque no parecía que el ducado carecía
de tal cosa, una casa en expansión con amplios jardines en Kensington, y una
pequeña casa al este de Temple Bar, que supuestamente era bastante
corriente.
Lily siempre había preferido la del número 45 de Berkeley Square,
probablemente por comodidad, ya que la casa había pertenecido al duque de
Warnick que ella había conocido mejor: el que había muerto cinco años atrás,
comenzando la racha de mala suerte que había tomado la vida de otros
dieciséis duques de Warnick, dejando al ducado varias residencias más ricas,
gracias a los duques interinos que habían muerto sin herederos, esposas o
familiares. Bernard Settlesworth, había comprado las propiedades en los
meses y años siguientes a las muertes. Como resultado, Alec Stuart, duque
número dieciocho, ahora las reclamaba como suyas, a pesar de que muy
probablemente no sabía ni que existían.
No eran su problema.
Lily, por otro lado, sabía que existían. Y no tenía miedo de usarlas. No es
que ella alguna vez hubiera visto las otras casas. Nunca había tenido mucho
interés en ellas. En realidad, había tenido interés en teoría, ya que habían sido
incluidas en el ducado y su personal reducido a esqueletos, Lily siempre había
imaginado que el diablo se quedaba donde uno había vivido, y al menos, el
número 45 de Berkeley Square había matado a un duque que llevó el título
durante más que un cuarto de hora.
Y como Lily no era de las que miraba la boca del caballo regalado, el
hecho de que hubiera otros siete lugares para apoyar su cabeza más allá de
Berkeley Square, era un buen regalo.
Así fue que la noche anterior había llegado al número 38 de Grosvenor
Square donde fue calurosamente saludada por el señor y la señora Thrushwill,
el jardinero y su feliz esposa el ama de llaves. Los dos habían compartido la
cena con ella y habían abierto una habitación, la que orgullosamente
mantenían limpia y ventilada para esas ocasiones.
Lily se había metido en la cama, llena de pensamientos sobre cómo
evitaría el loco plan del duque de Warnick, sobre ponerla en el mercado
matrimonial.
Paso uno, evitar al duque de Warnick. Ciertamente, Grosvenor Square
sería un excelente comienzo, ya que tendría que ir a buscarla. Esta casa le
compraría tiempo. Dos días. Posiblemente más. Y en la oscuridad, rodeada de
ropa limpia y fresca, había sentido alivio por primera vez en dos semanas,
cinco días. Por primera vez, se sentía como si fuera capitana de su propio
barco.
Ese sentimiento fue demasiado breve, pronto fue sustituido por los
pensamientos que la habían consumido desde la apertura de la Exposición
Real. Pensamientos sobre Derek. Y sobre su propia estupidez.
59
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Si sólo ella hubiera podido ver la verdad sobre él. Que nunca la había
honrado. Que nunca había pensado hacerlo. Que todas las promesas que le
había hecho, todas las palabras bonitas que había hablado, habían sido una
mentira.
Lily yacía allí en la oscura y tranquila casa, repasando esas mentiras una
y otra vez en su mente, recordando la forma en que la habían transformado su
dolor, en deseo y en algo mucho más peligroso. En esperanza.
¿Cuántas veces había soñado con que la viesen? ¿Con ser amada?
¿Con ser honrada?
¿Y qué de qué forma había destruido toda posibilidad para eso?
Había visto la verdad en la mirada de Alec ese desayuno en Berkeley
Square. Simpatía. No. No era simpatía.
Lástima.
Fue por lástima que vino. Fue por lástima que se quedó, con sus
ridículas promesas de darle una dote exagerada y un marido en ocho días. . .
era un error.
Pero la otra opción… "El cuadro te seguirá." Su vergüenza la seguiría.
Su error de juicio.
Ella detestaba esas palabras, el acuerdo generalizado de que ella sabía.
Se avergonzó de sí misma. Ella nunca sería capaz de alejarse del escándalo.
Después de todo, incluso si se casaba, la sociedad nunca la aceptaría. Y
ciertamente no aceptarían al hombre dispuesto a casarse con ella. Sin importar
la dote.
Incluso si sonaba cierto, no quería creerlo.
Por otra parte, otra vez un hombre fortificó su escándalo. El hecho de
que su guardián, que alguna vez estuvo ausente, se presentara con
intenciones demasiado nobles, tampoco importó mucho.
Si él solo fuera capaz de ver eso. Aunque no era lo único que nunca
vería, gruñó en la oscuridad. Nunca vería las lágrimas que humedecían su
almohada muchas horas durante la noche, mientras la oscuridad la envolvía en
su arrepentimiento.
No había observado la casa en absoluto hasta que se despertó, con los
ojos hinchados, agotada después de una noche agitada, para descubrir que el
ama de llaves se había levantado mucho antes y había quitado una gran
cantidad de cortinas para revelar un domicilio lleno de perros.
Había más perros de los que ella podía imaginar: pinturas, estatuas y
tapices de perros, perros dorados enredados en los revestimientos de seda de
la pared, perros pastores adornando los zócalos de madera, perros sentados a
ambos lados de la puerta de entrada de la casa y elaborados spaniels forjados
en los apliques de la pared.
Lily frenó su descenso por las escaleras, notando lo loco de la
decoración, pero cuando llegó al escalón inferior, pasó sus dedos por las
intrincadas curvas de la cabeza de un bulldog de caoba, ubicado al comienzo
de la barandilla. Esta figura era quizás la más inquietante de todas, la boca
abierta, los dientes afilados, incluso una pequeña lengua que amenazaba con
lamerla.
Con los ojos bien abiertos, giró en un círculo lento, considerando la gran
cantidad de sabuesos y decidió que era muy posible que se hubiera
equivocado al escoger el número 38 de Grosvenor Square para esconderse del
duque.
60
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Y luego escuchó su voz, viniendo desde el fondo de la casa, y estaba
segura de eso. Sin embargo, como había decidido esconderse de Alec Stuart el
mayor tiempo posible, Lily se dirigió a la salida.
Otra de las residencias ducales debería servir.
-Habíamos oído la noche pasada que estaba abriendo las casas, excelencia
-dijo el ama de llaves-. Hemos hecho todo lo que hemos podido para
prepararnos, pero tendremos que añadir personal. -Hizo una pausa y añadió
rápidamente-: O si planea vivir aquí, podemos llamar al personal de Berkeley
Square.
Lily tuvo segundos para escapar.
- ¡Oh! ¡Señorita Hargrove! ¡Buenos días! - llamó la señora Thrushwill.
Se detuvo a medio camino de la puerta.
-¿Yendo a alguna parte, muchacha?
Ella se volvió, ruborizándose al ser capturada por la mirada marrón de
Alec y esos perfectos labios, con un lado levantado con arrogante diversión.
Pegando una sonrisa brillante en su rostro, dijo:
- Iba a dar un paseo por la plaza. -Se volvió hacia el ama de llaves-. -Buenos
días, señora Thrushwill.
La mujer mayor le devolvió la sonrisa.
- Confío en que la habitación era cómoda.
- Muy. - dijo Lily.
La señora Thrushwill miró al duque.
- Abriremos otra habitación de inmediato, Su Gracia.
¡¿Qué?! No.
- No se quedará.
-Oh -respondió el ama de llaves, obviamente desesperada.
- Pensé.
- En realidad, me quedo -dijo el duque-. Gracias.
-Oh -dijo el ama de llaves una vez más. - Por supuesto. Por supuesto.- Y luego
dejó caer una reverencia y se apresuró a marcharse, sin duda para contarle a
todo el mundo sobre el amable, cortés y guapo duque.
Feo. Los gigantes no eran guapos. Ciertamente no los gigantes que
estaban tratando de arruinarle la vida.
- Tu ojo está cambiando de color - dijo. - Púrpura. Y amarillo.
- ¿Un paseo? - Le indicó.
Por un centavo, por una libra.
- Me gusta la naturaleza.
- Naturaleza.
Ella asintió.
- Bastante.
- Grosvenor Square no es la naturaleza.
- Es verde, ¿no es así? Hay árboles.
- Está rodeado de vallas y edificios por todos lados.
- Si lo piensas, toda la naturaleza está rodeada de edificios-, señaló - Quizás
estás simplemente identificando incorrectamente los límites.
No pudo inventar una respuesta exasperada, ya que en ese preciso
momento parecía darse cuenta de que la casa estaba decorada con gloria
canina.
- Que de… - Se detuvo, su mirada se clavó en un retrato particularmente chillón
de un galgo en una pared. En él, el perro descansaba en un reposo
61
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
sorprendente, largas y esbeltas patas enredadas, larga y elegante cabeza
sobre una almohada de satín rojo. -¿Es una corona?
Lily se acercó al retrato para investigar la cabeza y consideró el título,
grabado debajo del marco dorado.
- "La Joya de la Corona" - leyó en voz alta-. -¿Crees que el perro se llama
Jewel?
- Creo que el perro está siendo maltratado abominablemente.
Se volvió hacia él.
- Tal vez Angus y Hardy quieran coronas.
Parecía escandalizado solo por la idea.
- Esta casa es horrible.
- Me gusta bastante - dijo ella - Se siente como un hogar - Había algo valioso
en eso, perros o no.
- Creí que no te gustaban los perros.
- Creí que te gustaban, Su Gracia.
Él ignoró la burla.
- No estamos residiendo aquí.
- Estás en lo correcto. No estamos haciéndolo. Te he cedido Berkeley Square.
Con placer. Encuentro que prefiero casas con puertas que funcionen.
- Huiste.
- No estaba huyendo.
- No eres muy hábil huyendo, como que estamos aquí - dijo - Por cierto,
Settlesworth envía sus saludos.
Su mirada se estrechó.
- Settlesworth es un traidor.
- Settlesworth está tratando de salvar su posición, y estaba feliz de poder
proporcionarme información importante.
- ¿Ahora mi ubicación es importante?
Ella pensó que lo oyó suspirar antes de decir,
- Por supuesto que sí.
- Ah, claro - gritó ella, sin querer creer que él hablaba en serio - Porque es
mejor que sepas cual es la ubicación de tus problemas.
- No puedes escapar de mí - dijo. - Entonces, ¿por qué no trabajar conmigo?
Podríamos rectificar la situación y yo volvería a Escocia. Sé que a ambos nos
gustaría eso.
- Que bonito que suena eso, lástima que tu solución a la situación, me lleva a
casarme con un hombre que no conozco.
- Te lo dije, puedes elegir a cualquier hombre que te guste. No tengo intención
de interponerme en tu camino.
- Me elijo a mí misma - dijo - Prefiero confiar en mí misma que en ti. O en
cualquier otro, soy más confiable.
Él suspiró nuevamente, y ella lo escuchó lleno de frustración y algo más.
Algo que detestaba.
- No te atrevas - dijo, volviéndose hacia él con furia - No te atrevas a
compadecerme. No quiero.
Tuvo la gentileza de parecer sorprendido.
- No es compasión lo que siento.
- ¿Entonces qué?
En un lado de su boca apareció una sonrisa que habría llamado triste si
ella hubiera creído por un momento que le importaba.
62
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Arrepentimiento.
Por prestar atención a su situación, sin duda. Por encontrarse con ella. -
- Todos hacemos cosas de las que nos arrepentimos, Duque - Lo sabía mejor
que nadie. Hubo un largo momento de silencio antes de que cambiara de tema.
- ¿Quién era el dueño de este lugar odioso?
Ella no vaciló.
- El número trece.
- Ah. Al que mató una oveja, supuestamente.
- Precisamente.
- ¿Qué le pasó a él realmente?- Ella parpadeó.
- Eso es lo que le sucedió. Una oveja lo mató - Su frente se arrugó.
- Estás bromeando.
- No lo estoy haciendo. Se cayó de un precipicio.
- ¿El número trece?
- La oveja. El duque estaba fuera dando su paseo diario. Debajo - Ella juntó
con fuerza las manos. - Muy aplastado.
Sus labios se movieron.
- No.
Ella alzó una mano.
- Juro que es verdad.
Miró alrededor de la habitación chillona.
- Uno pensaría que los perros le habrían advertido.- Ella se rió, incapaz de
contenerse.
- Como los sabuesos sobrevivieron, es posible que el reino animal estuviera
trabajando en conjunto al respecto.
Él se rió, entonces, profundo, retumbante y más reconfortante de lo que
ella quisiera admitir. Más tentador.
Al analizarlo, se recuperó.
- No deberíamos reírnos de su desgracia.
Él también se recuperó y acercándose le dijo:
- Todos tenemos desgracias. Si no podemos reírnos de ellas, ¿qué queda?
Ella lo miró seria.
- Una vez más, me recuerdas tus terribles sufrimientos, teniendo que ser rico y
poderoso más allá de la medida, y todo porque diecisiete otros pobres
hombres, fueron golpeados por ovejas al caer.
El siguió avanzando.
- ¿Pensé que era solo una oveja cayendo?
- Una oveja con una vendetta ducal. Debes tener cuidado en la naturaleza.
- ¿La naturaleza de Grosvenor Square, quieres decir?
- No hace daño estar atentos. - ÉL se rió de nuevo.
- ¿Y Lady Trece? ¿Qué hay de ella?
- El número trece era viudo. Sin hijos. No hay familia para heredarlo.
- No hay familia, por los perros, ¿quieres saber?
- Me dijeron que a los perros no les importaba la decoración.
Él se echó a reír, y ella sintió calidez ante la respuesta, deleitándose con
el humor bajo de su sonrisa, que no habría escuchado si no fuera porque
estaba tan cerca. ¿Cuándo se había acercado tanto? ¿Y por qué olía tan
maravillosamente fresco y limpio? ¿No podría oler como otros hombres? ¿Todo
perfume mezclado con hedor?
Si no tenía cuidado, podría comenzar a gustarle.
63
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Puede que comenzara a gustarle.
- ¿Por qué escapar de mí, Lillian?- Preguntó suavemente, lo suficientemente
bajo como para que las palabras la atravesaran. - ¿Por qué correr hacia aquí?
Porque no había otro lugar. Bien. Ella no podía decirle eso. Sin embargo,
antes de que pudiera encontrar una respuesta adecuada, él añadió:
- ¿Por qué estás sola?
Ella analizó la pregunta, sintiéndose fría y luego caliente. Sola. Que
palabra horrible. Qué horrible, honesta y devastadora. Dio un paso atrás,
apoyándose contra la pared, contra la pintura del perro coronado en una
almohada de seda. El perro más amado que nunca.
Alec negó con la cabeza y retrocedió.
- Lo siento. No debería haber preguntado eso. Es solo que... - se detuvo y
cambió el rumbo de la conversación - Lo que quise decir es, ¿por qué no has
tenido una temporada?
- No he querido una - mintió.
- Toda mujer quiere una temporada - dijo.
Ella lo intentó de nuevo.
- No soy una aristócrata.
- Estás bajo la tutela de uno de los ducados más ricos de Inglaterra - dijo.- ¿No
pudiste encontrar una patrocinadora?
- Lamentablemente, su excelencia, el dinero no es suficiente para asegurar que
una chica sea patrocinada.
Él arqueó una ceja.
- ¿Una chica? ¿O una chica como tú?
El alivio volvió a ella con la pregunta, volviéndola a un terreno sólido y
conflictivo. Ella entrecerró la mirada.
- ¿Qué significa eso?
- Una chica que posa desnuda.
La ira se encendió en ella. La ira y el dolor que había escondido y que
juró no volver a sentir nunca más.
- Cualquier chica… -dijo, agriamente- …necesita conexiones durante una
temporada.
- Tienes conexiones. Soy un maldito duque.
- Me olvidaste - dijo finalmente.- No tenía patrocinador porque nadie me
quería. Al parecer, la sombra de un duque, no es suficientemente Impactante
como para ganar la atención de Londres.
- Estoy aquí ahora.
Ella arqueó una ceja.
- Sí, bueno, sorprendentemente, tu ducado ha perdido parte de su…glamour.
- ¿Por qué demonios es eso?
Hizo una demostración de pasar la mano desde la franja de tartán en un
hombro, sobre su torso, y hasta el lugar donde colgaba en pliegues justo por
encima de sus rodillas.
- No lo puedo imaginar.
Él le frunció el ceño.
- Puedes tener una temporada ahora. Este año.
Se rió para no demostrar la llamarada de pánico que surgió en ella ante
las palabras.
64
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No quiero una. - Ya había estado demasiado expuesta. Las páginas de
chismes ya sabían lo suficiente sobre ella. Y eso fue antes de que Derek se
involucrara.
- Me temo que no me importa. Es la forma en que te casaremos.
- No hay nosotros, Duque. No puedo casarme. Te lo dije. Deseo mi libertad.
- Si quieres liberarte de mí, muchacha, tu libertad se presenta en forma de
matrimonio. Nada más.
- ¿No podrías imaginar que me casé conmigo? ¿Darme la dote por asumir la
responsabilidad sobre mí misma?
Él sonrió.
- Matrimonio con un hombre.
- Me pides que cambie un maestro por otro.
Él arqueó una ceja.
- Te ofrezco que elijas al hombre. Cualquier hombre en Londres.
- Y me pondré de rodillas y te daré las gracias.
- La gratitud por una dote tan exorbitante no estaría fuera de lugar- señaló.
Ella produjo un largo y dolorido suspiro.
- ¿Y si no estoy de acuerdo con un matrimonio?
Abrió la boca como si tuviera algo muy serio que decir, antes de pensarlo
dos veces y cerrarla nuevamente. Tomó una respiración profunda y exhaló,
toda su frustración, antes de encontrar su mirada.
- ¿Quieres tus fondos? Te casas.
- Para que mi esposo reciba mi dinero. Y una esposa arruinada.
Él la miró durante un largo momento con seriedad, antes de decirle:
- ¿A dónde irías, muchacha?
Ella alzó un hombro.
- Cualquier lugar excepto aquí.
- ¿Cómo te gustaría que fuera tu futuro?
Había visto amor y matrimonio y niños. Había visto un romance tranquilo
y la felicidad que venía con la satisfacción. Había visto seguridad, la que
llegaba con el conocimiento profundo de que la vida de uno estaba bien
cuidada.
Ella siempre quiso una familia.
"Un hombre de mi calibre no se casa con una mujer como tú."
Cerró los ojos ante las palabras, dichas por un hombre que alguna vez
había alabado su belleza, que le había susurrado su amor con admiración, que
la había reclamado como su musa.
Ella negó con la cabeza, erradicando la idea, volviendo al momento
actual. A la pregunta de Alec.
- El futuro se parece a cualquier otro lugar que no sea Londres - dijo,
escuchando la irritación en su propia voz.
Alec sacudió la cabeza.
- No. Eso es donde ves tu futuro. Yo pregunté ¿cómo te gustaría que fuera tu
futuro?
"Me gustaría que fuera una vida sin vergüenza." La idea fue espontánea
y dolorosa, llena de esa verdad, sobre que había arruinado su vida. Que ella
había arriesgado todo, por lo que había creído que era amor.
Ella lo odió. Odió que viera demasiado de su verdad, odió a este grande,
inesperado y poco dispuesto duque. Pero ella no le contaría su verdad. Por
65
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
mucho que él creyera que ella era su problema para encausar, estaba
equivocado.
Ella era su propio problema. Y se encausaría a sí misma. Sin él.
- Me gustaría la felicidad.
Él no le creyó. No debía creerle ya que resopló su frustración.
- La felicidad no se encuentra tan fácilmente, Lily. No es tan simple como darte
fondos y liberarte.
Había tal verdad en esas palabras que no pudo evitar decirle:
- ¿Cómo sabes eso?
- Porque lo se - dijo. Y ella esperó a que él continuara, desesperada para que
lo hiciera. Se quedaron allí mirándose por largos instantes, antes de que
finalmente dijera - Ya he tenido suficiente de esto. Tu temporada comienza esta
noche.
- Mi temporada.
- Eversley está organizando un baile. Estas invitada.
Un baile. Su estómago se retorció ante las palabras. No podía pensar en
nada que quisiera hacer menos.
- No gracias.
- Me parece que tienes la impresión equivocada de que tienes una opción.
Las palabras acentuaron su ira.
- Sabes que hay otras siete residencias en Londres donde podría esconderme.
- ¿Todavía no estás convencida de que te encontraría?
- No me encontrarías a tiempo para que mi temporada comience esta noche.
Se inclinó hacia Lily y, cuando habló, las palabras sonaron bajas y
amenazantes, en ese escocés gutural, que enviaba un escalofrío de algo
innombrable por su espina dorsal.
- Te encontraré, muchacha. Siempre.
Sus labios se abrieron ante sus palabras. Ante la tácita promesa. Con la
idea de que valdría la pena que la buscara.
Cuando Alec se enderezó, el momento se fue.
- Encuentra un vestido, Lillian. Salimos a las nueve y media.
- ¿Y si no lo hago? - preguntó, las palabras más suaves de lo que pretendía.
Ella se aclaró la garganta y trató de burlarse - ¿Entonces qué, su gracia?
La observó, sus hermosos ojos marrones, resplandecientes por el brillo
que lucían. La miró hasta que se sintió incómoda, y tuvo que desviar la vista.
- Búscate un vestido - repitió - No te gustará si tengo que encontrar uno para ti.
Salió de la habitación, dejando a Lily sola, inundada por la inquietante calidez
de sus palabras, en una extravagante decoración canina.
Ella se resistió a la sensación.
Ella no se sentiría perturbada por él.
En cambio, encontraría un vestido "apropiado".
66
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 7
"ENCANTADORA" LILY COMIENZA TEMPORADA, CON ESPECIAL ESTILO.
A las nueve y media de la noche, Alec estaba al pie de la escalera
principal, tratando de evitar la mirada de Jewel. El sabueso coronado parecía
ver todo desde su posición y, mientras yacía en reposo sobre su almohada de
seda, seguramente se burlaba de él.
Casi tanto como sus propios perros, desde su posición al otro lado del
vestíbulo, colocados como centinelas a los lados de la puerta de entrada. Sin
embargo, el abrumador juicio canino parecía completamente razonable, Alec
estaba seguro de que él estaba ridículo.
El sastre que había encontrado en Savile Row el día anterior, había
jurado estar en posesión de ropa formal que "adaptaría perfectamente a Su
Gracia", cuando, de hecho, la ropa formal no se adaptó a ninguna parte de él.
Alec debió sospechar del sonriente hombre, cuando le había asegurado que
"encajaría perfectamente." Sin embargo, Alec no era un imbécil y notaba que
su abrigo estaba demasiado apretado. Siendo sincero también sus pantalones.
Tan grande. Un gran y bruto escocés.
"Nada de ti encaja, bestia.", se dijo. Odiaba Inglaterra.
Pero el tiempo era esencial y no podía esperar por una prenda mejor
adaptada a sus dimensiones. Esta noche, comenzaba el feliz y breve final de
su estadía en Inglaterra. Le había pedido a West que diera a entender que
Lillian estaba ahora en posesión de una gran dote, y confiaba que los jóvenes
cachorros de Londres se tirarían alegremente al ring, cuando esa noche
llegaran a Eversley House. La mujer, después de todo era, rica, hermosa y
pupila de un duque.
Estaría enamorada al amanecer.
Todo lo que ella tenía que hacer era girar.
Él miró arriba hacia las escaleras. Lillian no bajaba. Miró hacia el gran
reloj en un extremo de la habitación, donde un péndulo forjado con perros se
balanceaba hacia derecha e izquierda. Diez menos veinte. Ella llegaba tarde.
Estaba aquí, lo sabía. Había contratado a dos niños para que vigilaran
las salidas de la casa, asegurándose de que si intentaba escapar, la seguirían y
él la encontraría. Pero su presencia en la casa no significaba que planeara
asistir al baile voluntariamente. Estaba a punto de subir las escaleras y
buscarla cuando apareció.
Para ser justos, Alec primero no la notó. Hardy lo hizo, el sabueso llegó
al pie de las escaleras, mirándola fijamente y, para sorpresa de Alec, ladrando
con entusiasmo.
- ¿Qué de... - comenzó a decir Alec, siguiendo la dirección de la mirada del
sabueso, el resto de la pregunta olvidada por la sorpresa.
Si tuviese que contar lo que vio era que Lilian estaba vestida como… un
perro.
Debería haber sabido que tendría un plan mejor que escapar o evitarlo.
Por supuesto, su plan consistía en hacer todo lo posible para contrarrestar sus
planes para la noche. Era una batalla de voluntades, y su primer tiro fue
impresionante.
67
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
No era un hombre que se fijara en la moda, pero este vestido en
particular no podría pasarle inadvertido. Era una monstruosidad de oro y
bronce, con faldas que llenaban la escalera y mangas que la eclipsaban. Como
si eso no fuera suficiente, tenía perlas de oro y bronce cosidas a las faldas,
dispuestas con formas caninas, y el corpiño, a pesar de que Lily había tenido
solo horas para ajustarlo a su forma, impresionantemente entallado, estaba
cubierto de broches de oro, cada uno adornado con diferentes perros: terriers,
bulldogs y salchichas.
Su mirada se posó en su cintura, donde un gran cinturón de oro
acentuaba su forma en una chillona exhibición: un galgo, en completo
movimiento se extendía a lo ancho de su contorno.
Jewel, sin duda.
Y todo esto antes de que él observara su cabeza, una elaborada pila de
rizos castaños, atados con un conjunto de alfileres en forma de perro, que
culminaba en una vara de oro rematada con un sabueso en plena caza, a
medio salto, en dirección a coger una liebre, que de alguna manera se
balanceaba muy arriba, con una especie de resorte.
- Buen Dios - dijo Alec, que no encontraba otra expresión posible ante esa
exhibición.
No vaciló en su descenso, toda gracia, con una compostura que haría
sentirse orgullosa a una reina. Casi hacía creer que no era consciente de que
llevaba una prenda que respetuosamente se describiría como, una
abominación. Fue notable.
Se detuvo en el tercer escalón, enfrentándose cara a cara con él, con
una amplia y falsa sonrisa en el rostro. Le preguntó:
- ¿Hay algo mal, Su Gracia?
- Tantas cosas, señorita Hargrove.
Se esponjó las amplias faldas.
- Me doy cuenta de que este vestido está un poco fuera de temporada, ya que
lleva cinco años sin usar, pero insististe en que encuentre un vestido.
-. Sí. El hecho de que el vestido esté fuera de temporada es precisamente el
problema.- Su mirada fue hacia su pequeño bolso, en forma de terrier colgando
de su muñeca. - ¿Es esa piel?
Ella lo miró.
- Seguramente no de perro.
- No puedo imaginar que Lady Trece fuera del tipo que utilizara su obsesión.
Lillian soltó una carcajada y Alec disfrutó demasiado del sonido, por lo que se
aclaró la garganta.
- Bien entonces. Adelante, señorita Hargrove.
Ella dudó.
La tenía.
- ¿No pensarías que una pequeña cosa como ese vestido me disuadiría de mis
planes?
- No hay nada de pequeño sobre este vestido - dijo.- Será un milagro si cabe
dentro del carruaje
Estuvo de acuerdo, alejándose de ella, dirigiéndose a la puerta, muy
consciente del hecho de que no lo estaba siguiendo. Al volverse, se encontró
con su mirada gris desde el otro lado del vestíbulo.
- Ven, Lillian, seguramente no pensaste que me rendiría tan fácilmente.
68
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Pensé que serías lo suficientemente inteligente como para reconocer que si
me ven en público con este vestido, ningún hombre me querrá nunca.
- Me has juzgado mal.
- ¿Tu sentido de la moda?
Él no mordió la carnada.
- Tu propia belleza.
Las palabras la detuvieron.
- Yo...- ella comenzó, luego se calló.
- Así es como te llaman, ¿nae? ¿La mujer más bella de Londres?
- Nae - se burló con un extremo acento escocés. - No en esto.
Deseó que fuera cierto. Deseó que hubiera una manera de mirarla y no
ver su belleza. Pero algunas cosas eran verdades empíricas, y la belleza de
Lillian Hargrove era precisamente eso. Incluso ahora, vestida como un payaso
canino.
No es que Alec tuviera intención de hacer algo con respecto a su
belleza. Había aprendido la lección sobre mujeres hermosas, y era una que no
tenía intención de aprender de nuevo.
Él abrió la puerta, atormentándola.
- A buscar entrenador, señorita Hargrove. . . ¿O eres demasiado cobarde? ¿Te
gustaría encontrar un conjunto menos chillón?
Sus hombros se enderezaron.
- De ningún modo. Estoy bastante cómoda.
Pasó junto a él, con la espalda recta, con la liebre ondeando de un lado
a otro sobre su cabeza, y se subió sin vacilación al carruaje que esperaba en la
puerta. Alec la siguió, lleno de curiosidad y no poca cantidad de respeto.
Una vez que se había acomodado en el asiento frente a ella, evitando
sus amplias faldas, retorció sus largas piernas en el espacio libre que le
quedaba, con sus pantalones demasiado apretados que amenazaban con
inhibir el flujo de sangre a sus piernas, le dijo:
- ¿Estás… cómodo?
- ¿Tiene eso importancia? - Preguntó, sabiendo que repetir la pregunta que ella
le había hecho tantas veces la molestaría. Disfrutando de la sensación de
molestarla, ya que eso le hacía más fácil ignorar la sensación de admirarla.
No la admiraba.
- Supongo que no - dijo, sorprendiéndolo - Pero estaba tratando de iniciar una
conversación educada.
No quería conversar, por lo que gruñó una respuesta no verbal y observó
los edificios más allá de la ventana al pasar. Ella no miró por la ventana. Ella lo
miró.
Alec se sintió más "apretado" con cada momento que pasaba, hasta que
hizo todo lo posible para obtener ventaja.
- Me imagino que desearías haber cambiado de vestido.
Ella no vaciló.
- Tonterías. Simplemente me compadezco de ti, mi señor. Haremos un buen
par, teniendo en cuenta que el abrigo no te queda bien.
Él se movió ante la mención de su ropa, el movimiento subrayando la
verdad en su declaración.
- ¿No?
69
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Lillian sacudió la cabeza y avanzó, agarrándolo del borde exterior de una
manga y dándole un pequeño tirón, como si probara su fuerza.
- No.- Él resistió la necesidad de moverse por el ligero roce de su mano
enguantada contra la suya. Por un momento, se entretuvo con una idea
salvaje: la de capturar esa mano y de presionarla contra la suya. Luego su
mirada cayó sobre su regazo, y se imaginó presionando su mano contra la tela
tensada en sus muslos. Antes de que pudiera avergonzarse a sí mismo, ella
añadió: - Ni tampoco esos pantalones. Deberías encontrar un mejor sastre. -
Hizo una pausa y luego añadió, bromeando en tono, bajo - Alguien inglés,
quizás.
Él permaneció paralizado por su mano, disgustado por lo que sentía.
Encantado por lo que sentía.
Antes de que él pudiera decidirse, Lillian la quitó de su persona, y,
locamente, Alec se preguntó si podría convencerla de que la volviera a poner,
para poder tomar una decisión completamente acertada sobre el asunto.
En cambio, se aclaró la garganta y se recostó contra el asiento.
- Este fue un sastre inglés. Me han dicho que es muy bueno.
- No lo es. Yo podría haberte hecho un traje mejor.
- Sí, bueno, considerando lo que llevas puesto, me quedaré con el pobre
sastre.
Ella respondió ofendida
- Le ruego me disculpe. Hice que este vestido se adaptase a mí.- Ella deslizó
una mano sobre la costura del costado, donde el corpiño encajaba como la piel.
Alec no pudo evitar seguir esa mano. Hubiera sido grosero no hacerlo. ¿Más
grosero de lo que te imaginas haciendo con esa costura en particular? No tuvo
que responder a esa idea, mientras Lily continuaba. - Soy una excelente
costurera.
Las palabras trajeron el recuerdo de su habitación en Berkeley Square.
Del baúl, lleno de ropa infantil y un vestido de novia. Y esas pequeñas botas.
Esas malditas botas, que aún podía oler.
- Disculpas - dijo, alejando sus recuerdos, de repente incómodo. - Su habilidad
artesanal se ve ensombrecida por el resto de las cualidades de ese vestido.
Ella sonrió ante eso, sus blancos dientes centelleaban en el carruaje
tenuemente iluminado, y no le gustaba el hilo de placer que sentía ante esa
respuesta.
- Confía en mí, Duque. Este vestido está impecablemente hecho a mano. Es
simplemente horrible. Y usted necesita otro sastre.
Al sastre le había dado un susto de muerte. Estaba demasiado
aterrorizado para decirle que era demasiado grande para la ropa confeccionada
que tenía en stock y demasiado aterrorizado para enviarlo a otro lugar.
Después de todo, Alec era un duque. Y uno no rechazaba a un duque.
Ni siquiera a uno que era tan monstruosamente grande y tan desubicado
en una tan bien cuidada, fría y perfecta Inglaterra. Una bestia, apenas
domesticada y brutal.
La incomodidad lo atravesó, no teniendo nada que ver con la ropa, y
todo que ver con algo que ni el sastre correcto podría reparar.
- No me quedaré el tiempo suficiente para necesitar otro. Te comprometeremos
para el verano y volveré a Escocia, donde no está lleno de hedor pútrido y
adoquines humeantes. Donde tenemos naturaleza real.
- Sin restricciones por las vallas.
70
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Ciertamente no de hierro.
- No te gusta Londres.
- Londres no debería tomarlo personalmente. No me gusta Inglaterra.
- O los ingleses.
- La mayoría de ellos.
- ¿Por qué no?
Porque Inglaterra no le había dado más que dolor. El no respondió.
Lillian frunció el ceño.
- Tenemos algunas cosas maravillosas.
Sus cejas se levantaron.
- Nombra tres.
- El Té.
- Eso es de Oriente, pero fue un excelente intento.
Ella suspiró.
- Bien. Shakespeare.
- Shakespeare no tiene nada sobre Robbie Burns.
Lily lo miró.
- Estas siendo ridículo.
Extendió las manos de par en par.
- Vamos, entonces. Dame tu mejor Shakespeare.
- Es lo mejor - dijo ella con inteligencia.- Es Shakespeare.
- Parece que no se te ocurre nada digno para compartir.
Miró hacia otro lado, como si no pudiera imaginarse cómo no podía ver
la verdad de su argumento.
- Bien. <"Mi generosidad es tan ilimitada como el mar, mi amor tan profundo;
cuanto más te doy a ti, más tengo, porque ambos son infinitos.">
Él arqueó una ceja.
- Una historia de amor para niños.
Ella lo miró boquiabierta.
- Es Romeo y Julieta.
- Niñas sin ningún sentido. Matándose por enamoramiento.
- Se considera una de las mayores historias de amor de todos los tiempos.
Él levantó un hombro y lo dejó caer.
- A menos que pienses en uno mejor…
- ¿Y supongo que Burns es mejor en esa cuestión?- Se burló.
Alec se inclinó hacia adelante en la oscuridad, permitiendo que su
acento se espesara.
- Infinitamente mejor. Quieres romance, debes preguntarle a un escocés.
Ella también se inclinó hacia adelante, cerrando el espacio entre ellos,
competitiva y bella, en un loco y condenado vestido de perro. Y cuando habló,
lo hizo con un acento a juego.
- Pruébalo.
Más tarde, se preguntaría cómo habría continuado la noche si el carruaje
no se hubiera detenido, anunciando su llegada a Eversley House, donde más
allá del carruaje esperaba media sociedad.
Se preguntaba qué habría pasado si se hubiera dejado llevar por sus
instintos… tirando a la atrevida, valiente y burlona Lillian, sobre su regazo y
dándole todas las pruebas que pudiera reunir.
Por suerte, nunca lo sabría. Porque el carruaje disminuyó la marcha. Y
porque ellos llegaron a su destino.
71
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Además recordó que besar a Lillian Hargrove estaba fuera de cuestión.
Que había juzgado mal su deseo de casarse.
También había juzgado mal la vergüenza que la consumirían si usaba el
vestido de perro en público.
De repente, mientras se paraba en la base de los escalones de Eversley
House, con las ventanas por encima de ellos, ardiendo con una luz dorada, con
el ruido de la juerga derramándose sobre Park Lane, Lily estaba aterrada.
No era una emoción extraña, considerando su nerviosismo general
cuando estaba cerca de la aristocracia, sintiéndose completamente fuera de
lugar, no lo suficientemente noble como para ser bienvenida en sus filas, y de
alguna manera demasiado cerca de su mundo para ser ignorada. Incluso sin
una temporada.
Si ella nunca hubiera conocido a Derek, tal vez podría haber sido
ignorada. Pero Derek Hawkins se empeñaba en ser visto, y en el momento en
que había visto a Lily ocho meses antes, mientras se entretenía en las orillas
del Serpentine, también había sido condenada a ser vista. Apartó los recuerdos
de esa tarde y respiró hondo, como si al hacerlo la valentía pudiera impulsarla.
- ¿Estás segura de que no te arrepientes de tu elección de atuendo? - Preguntó
Alec secamente en su oído.
Ignoró el hilo de placer que la frase susurrada le transmitió.
- Confieso, su Gracia, que me sorprende que te preocupes por mi atuendo,
viendo tu situación problemática con respecto a la ropa.
Rió entre dientes, guiándola hacia adelante, con la mano en su brazo.
Lily de inmediato amó y odió la seguridad que él sentía en ella.
- Tenemos libros en Escocia, señorita Hargrove, que hablan con respecto a los
atuendos adecuados.
- Como dijiste. Mejores que Shakespeare.
- Sí - murmuró, bajo y privado mientras se acercaban al lacayo que estaba
sentado como un centinela en la puerta.
- Aún no lo has probado - dijo, asustada por lo que podría pasar cuando entrara
en la casa. En este mundo, en el que él la estaba forzando a entrar, mientras
ella estaba desesperada por huir. En este mundo del que, secretamente,
siempre había querido formar parte. No. Lily se negó siquiera a considerar esa
idea.
Se puso rígida y sintió que se movían. Él siguió hablando, como si
estuvieran en la sala de estar de Berkeley Square.
- "Verla era amarla, amarla a ella y amarla para siempre."
Lily se detuvo en el último escalón, por las impactantes palabras. Se giró
para mirarle.
- ¿Qué dijiste?
Él continuó.
- "Si nunca hubiéramos amado tan amablemente, si nunca hubiéramos querido
tan ciegamente." - Recitó, en un tono áspero, con ese malvado acento, lo
suficientemente fuerte sólo para sus oídos. Le hizo olvidar dónde estaban, qué
llevaba puesto y qué les esperaba adentro. - "Si nunca nos hubiéramos
conocido o si tan sólo nunca nos hubiéramos separado… "- Ella sacudió la
cabeza como para despejarse. Ni siquiera se conocían. Simplemente se sintió
atraída por la poesía. Este Robbie Burns era extremadamente talentoso.-
"Nunca nos habríamos roto el corazón".- Alec susurró lo último, bajo, oscuro,
72
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
maravilloso, y la promesa de un corazón roto la llenó de dolor. Sin previo aviso,
sus ojos se llenaron de lágrimas, y apartó la mirada de él, hacia los que
bailaban cerca, un torbellino de enormes mangas y vibrantes sedas.
- ¿Muchacha? - Su mano fuerte y de acero se apretó en su codo, destinada a
confortarla, pero solo recordándole que el confort era fugaz. Esa tristeza fue la
más honesta de todas las emociones. Tristeza y arrepentimiento.
Afortunadamente, estaban dentro de la casa, y ella pudo apartarse de su
contacto, entregándole su capa a un lacayo que apenas podía esconder su
sorpresa ante su horrible vestido. Se tomó un momento para secar una
fastidiosa lágrima de su mejilla antes de volverse hacia el duque y decir:
- Tal vez tu Burns no sea tan terrible, después de todo.
Él no respondió, buscando en su rostro una respuesta que ella nunca
estaría dispuesta a darle.
- Lily… - Dijo, y por un momento, se preguntó qué podría decirle si estuvieran
solos. Que podría hacerle...
- ¡Su Gracia, el Demonio de las Highlands nos bendice con su presencia!- el
marqués de Eversley estaba allí, para salvarla, si pudiera salvarse en una
situación como esta.
- Ni siquiera vivo en las Tierras Altas - gruñó Alec.
El marqués le dio una palmada en el hombro con una mano fuerte y le
dijo:
- Esa es la primera regla de Londres, amigo. A nadie le importa la verdad.
Tienes una destilería allí, y su nombre es "Demonio de las Highlands". Buen
Dios, ese ojo se te ve espeluznante. - Se volvió hacia Lily con una sonrisa, pero
sus cejas oscuras se elevaron con sorpresa al ver su vestido. Sin embargo,
tuvo que reconocerle al marqués su prestancia, ya que enmascaró su
conmoción casi instantáneamente y se inclinó sobre su mano.
- Señorita Hargrove. La verdad, en su caso, es precisamente la que afirman. Es
tan encantadora como sugiere su leyenda.
- No necesitas ponerte tan fascinante - gruñó Alec desde detrás de ella. - Lleva
un vestido de perro.
- Creo que es perfecto - dijo Eversley, sin apartar la mirada de Lily.- Me gustaría
comprar uno igual para mi esposa.
Lily no pudo evitar igualar su sonrisa compradora. Los periódicos de
escándalos llamaban al Marqués de Eversley "el bribón Real", y Lily podía ver
fácilmente por qué. Podría encantar a cualquier mujer presente. Por supuesto,
había cambiado el apodo por uno nuevo, "el Marido Domado", y ahora se lo
conocía en todo Londres por estar profundamente enamorado de su marquesa.
- Solo porque no quieres que nadie se dé cuenta de que tú esposa es tan
hermosa como la señorita Hargrove.
Lily intentó ignorar el calificativo y la referencia casual sobre su opinión
con respecto a ella. Por supuesto, había escuchado antes epítetos sobre su
hermosura. Los había leído en las páginas de chismes. Ella tenía ojos y un
espejo. Pero cuando Alec reconoció su belleza, le pareció algo diferente. De
alguna manera, tanto más cierto y menos importante que nunca.
Ahora Eversley lo estaba regañando.
- Harías bien en recordar que no quiero que nadie se dé cuenta de su belleza,
Duque. Especialmente tú.
Alec puso los ojos en blanco y extrajo un trozo de papel del bolsillo de su
abrigo.
73
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Podemos hacer esto?
- Cristo, Warnick, ¿trajiste la maldita lista?
Lily frunció el ceño.
- ¿Qué lista?
Los hombres hablaban al mismo tiempo.
- No es nada - dijo Eversley.
- No hay lista - dijo Alec, incluso mirando el papel.
- Ambos son unos terribles mentirosos. - Dos pares de hermosos y enormes
ojos se encontraron con los suyos. Lily buscó el papel, y Alec lo sostuvo fuera
de su alcance, la tela de su abrigo se ajustó todavía más fuerte en su
musculoso cuerpo. Ella tiró de su manga hacia abajo. - Te estás comportando
como un niño pequeño.
Él bajó su brazo.
- No es nada.
- Ciertamente no es nada. No, si estás jugando conmigo mientras estás en un
baile
La mirada de Alec se deslizó hacia el sabueso y la liebre sobresaliendo
de su peinado.
- No soy el único que juega esta noche, muchacha.
Aprovechó su momento de distracción para arrebatarle el papel, dándole
la espalda instantáneamente para leerlo. Había cinco nombres garabateados
en él. Un conde, dos vizcondes, un barón y un duque. Ella lo miró.
- ¿Qué es esto?
Alec no respondió, pero sus mejillas se volvieron ligeramente escarlatas,
como si hubiera sido atrapado en un acto particularmente condenatorio. Y tal
vez lo había sido. Escaneó la lista nuevamente, buscando el tema unificador en
los nombres.
Todos con títulos. Todos con extensas tierras. Todos hombres decentes,
si se creyera en los chismes.
Y todos pobres como ratones de iglesia.
Eran posibles pretendientes. Lily miró a Alec.
- ¿Por qué el duque de Chapin tiene un signo de interrogación al lado de su
nombre?
Alec miró a Eversley, que de repente quedó clavado en la alfombra que
había debajo de sus pies. Lily no sería ignorada.
- ¿Su Gracia?- Ella disfrutó la forma en que su mandíbula se tensó por el uso
del título honorífico. Él le devolvió su atención.
- No estamos seguros de que esté interesado en el matrimonio.
Ella entrecerró los ojos.
- Tu intención es venderme como ganado en el mercado.
- No seas dramática, Lillian. Así es como se hace.
Él todavía no había comenzado a ver lo dramática que era la situación. -
¿Cómo casar a tu escandalosa pupila, quieres decir?
Él la miró entonces.
- Bueno, no es como si me lo hubieras facilitado. Nombra al hombre que
quieras y lo conseguiré para ti.
- Te lo dije, no quiero casarme.
- Entonces la lista.
Ella miró hacia abajo, a la lista.
- Ciertamente no me casaré con el duque de Chapin.
74
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Tacha al maldito duque de la lista. Reemplázalo por un carnicero, un
panadero o un maldito fabricante de candelabros. Pero te vas a casar así
tengas que matarme.
- Warnick - advirtió Eversley. - El lenguaje.
Lily no dudó.
- Matarte puede ser el único beneficio de casarme.
Entonces Alec se inclinó, lo suficientemente cerca como para que el
marqués no los oyera. Lo suficientemente cerca como para que Lillian notara
que sus ojos no eran simplemente marrones. Estaban salpicados de oro, verde
y gris. Pensaría que eran bellos si no detestara tanto ver a su dueño, que se
consideraba un héroe a pesar de presentarse a sí mismo como una especie de
villano.
- A ti que te gusta tanto tu Shakespeare, ¿qué te parece esto? - dijo. - "Véndete
cuando puedas, Lillian Hargrove. No eres para todos los mercados".
Ella se sorprendió.
- ¿Que se supone que significa eso?
- Solo que… el tiempo es fundamental.
La vergüenza la inundó, caliente y desagradable. El corazón amenazaba
con salirse de su pecho y, en ese momento, lo odió. Se enderezó, empujando
los hombros hacia atrás y sosteniéndose erguida, con todo el aplomo de la
realeza.
- Usted, señor, es un bastardo.
- Lamentablemente no, amor. Pero puedo ver cómo desearías que fuera así;
después de todo, es mi legitimidad lo que nos ha llevado a esta particular
situación.
Lilian no respondió, en lugar de empujarlo, caminó hacia la sala de baile,
hacia la multitud. De repente le importaba poco como debía lucir con el ridículo
vestido de perro, demasiado distraída por la sangre que retumbaba en sus
oídos para escuchar los susurros a su alrededor cuando la muchedumbre
reparó en ella.
Y sin embargo, de alguna manera, escuchó perfectamente, la maldición
susurrada a sus espaldas, mientras se alejaba, seguida por el comentario del
Marqués de Eversley
- Eso estuvo fuera de lugar, Warnick. - Bueno. Dejaría que su amigo lo
regañase. Él había actuado abominablemente.
Lily había tenido suficiente del hombre y de sus groserías. Podría
marchitarse y morir en la puerta de Eversley House si así lo deseaba. Que lo
colgasen, a él, a su lista ofensiva y a su bonita poesía escocesa. Estaba más
que feliz de que se separaran ahora.
Lily entró en el salón de baile de Eversley, atraída inmediatamente por la
brillante luz dorada, velas por toda la habitación, sobre la inmensa pista,
colgando de las arañas en lo alto y ardiendo en candelabros y apliques por
dondequiera que girara. Pero no fueron las velas las que brillaban con más
intensidad. Era la gente. Todo Londres parecía haber acudido al baile de
Eversley con sedas y brillantes satenes que combinaban con los ojos radiantes,
con las mejillas brillantes, y con la excitación de la temporada que los
inundaba.
Lily se detuvo dentro de la habitación, aturdida e inmóvil a causa del
pánico que sentía. ¿Qué vendría después? Ella estaba en un baile, vestida de
75
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
manera completamente inapropiada, enojada, frustrada, herida y desesperada
por alguna salida para esta desastrosa situación.
Podía sentir la mirada de Londres sobre ella, ardiente y mordaz, la
charla convirtiéndose en silencio mientras enderezaba los hombros y levantaba
la barbilla, deseosa de mantenerse fuerte. Mientras miraba hacia la reunión, vio
como las miradas se deslizaban sobre ella, como seda sobre la piel, incapaces
de detenerse. Los más entusiastas se pusieron en puntas de pie, volvieron la
cabeza y comenzaron con los comentarios susurrados.
La vergüenza se intensificó, y Lily respiró profundamente.
Estaba aquí ahora. En el medio de un baile sin más remedio que
encontrar su camino. Y eso haría.
Apenas tomó la decisión, alguien llegó para ayudar.
En realidad varios alguien.
76
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 8
LA SOLITARIA LILY, ACORRALADA POR ESCANDALOSAS HERMANAS.
INTRÉPIDAS BELLEZAS, AYUDAN A LA PUPILA DE WARNICK
- Querido cielo. Ese vestido debe ser quemado inmediatamente.
- ¡Ssh! - Amonestó otra voz. - ¡Quizás a ella le gusta!
- Tonterías. A nadie puede gustarle algo así.
Lily se volvió para mirar al cuarteto que se le acercaba. La cabecilla la
miró a los ojos y aseveró sin dudarlo.
- No te gusta, ¿verdad?
Lily estaba tan sorprendida por la pregunta directa que respondió sin
vacilar,
- No.
Cada joven era bonita y perfecta. El cuarteto de cabellos oscuros, giró
hacia ella y le sonrió en grupo. Si Lily fuera honesta, diría que era un grupo
bastante llamativo, cada una con un vestido de seda de diferente color. En
brillante, amarillo, verde, azul y rojo, la cabecilla, quien dijo:
- Eso significa que lo llevas puesto para lograr un efecto particular.
- Para un hombre, si tuviera que adivinar. - dijo Azul, mientras investigaba la
línea del corpiño, que Lily había bajado y vuelto a montar esa misma tarde.
- Increíble - susurró antes de inclinarse. - ¿Es para un hombre?
- ¿Por qué iba a usarlo para un hombre? - preguntó Verde.- ¿Para asustarlo?
Amarillo habló esta vez.
- Para demostrar que a ella no le importa su opinión.
- No debería - respondió Rojo mientras se detenía frente a Lily. - Los hombres
rara vez entienden sus propias opiniones. Y si eres lo suficientemente valiente
como para usar esta monstruosidad, eres lo suficientemente inteligente como
para saber que sus opiniones a la larga, importan muy poco.
Lily negó con la cabeza.
- Él no es un él. Es decir, no me importa lo que piense.
Amarillo sonrió suavemente, y Lily se dio cuenta de que, bajo otras
circunstancias, pensaría que la mujer era inocente, ingenua. Cosa que no era,
por la manera en que sonrió.
- Eso significa que definitivamente hay un él.
- No en la forma en que lo dices. En serio - respondió Lily.
- ¿De qué forma es esa? - Preguntó Verde.
- Lo dice en un tono tan encantador - señaló Lily, sintiéndose bastante mareada
hablando con ese grupo. - Como si en mis sentimientos hacia él hubiera alguna
emoción además de odio.
- El odio no es lo opuesto al amor, ya sabes, - dijo Amarillo.
- Ugh.- Rojo se hizo eco de los pensamientos de Lily. - No la escuches. Todos
lamentamos el día en que Sophie se casó por amor.
Sophie.
Así, Lily identificó al cuarteto.
- ¡Ustedes son las peligrosas Talbot! - Soltó antes de llevarse una mano a la
boca, como si así hubiera evitado que la observación saliera.
Las sonrisas se convirtieron en risas.
77
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Las mismas - dijo Sophie. Sophie era lady Eversley, antes Sophie Talbot,
ahora marquesa de Eversley y futura duquesa de Lyne, casada en un completo
escándalo, seis meses antes.
- Lo que significa que… - Lily se volvió hacia Verde, la más pequeña de las
tres, envuelta en seda verde. - Tú eres Lady Seleste, que pronto será la
condesa Clare y… - Se volvió hacia Azul, la más bella del grupo.- Eso te
convierte en la señora de Mark Landry - Rica como una reina, casada con un
hombre que, según todos los informes, era vulgar y grosero y sería
completamente inoportuno en la aristocracia, si no fuera por poseer
escandalosas sumas de dinero. La señora Landry inclinó la cabeza.
- Puedes llamarme Lady Seline.
Eran cuatro de las cinco hijas del conde de Wight, un minero del carbón
con una habilidad especial para encontrar valiosas reservas de combustible.
Suficiente como para comprarse a sí mismo, y a sus hijas, un título.
Reconocidas escaladoras sociales, las mujeres habían sido etiquetadas como
Las peligrosas Talbot por los periódicos de escándalo de Londres. Lily siempre
había pensado que era mucho mejor que el otro nombre, menos amable que le
habían puesto: "Las Sucias Talbot".
Por supuesto, ahora que tres de las cuatro habían sido identificadas, Lily
sabía quién era la cuarta. Su mirada se deslizó hacia la mujer extremadamente
alta, hermosa y exuberante en su vestido rojo ajustado, uno que hubiera sido
completamente escandaloso para cualquier otra persona menos para Lady
Sesily Talbot. Ella, simplemente se veía hermosa. Lo suficientemente hermosa
como para recordarle a Lily que palidecía horriblemente en comparación con la
mujer.
Mujer que había estado, solo un año antes, vinculada a Derek Hawkins.
De repente, Lily no se sintió tan consolada por la apariencia y la aceptación
tácita de este grupo de mujeres.
- Nos conoces - dijo Lady Sesily - y el resto de la habitación parece conocerte,
¿quién eres tú?
- Sesily", advirtió Lady Eversley - No seas tan grosera.
Lily no quería contarles. No quería que les desagradara su pasado con
Derek. Había escuchado sobre lo que las mujeres le hacían a aquellas con
quienes creían que competían. Y ella quería agradarle a este grupo.
No es que las conociera, realmente. Pero le gustaban desde que había
leído sobre ellas en los periódicos del escándalo. Y por el hecho de que le
estaban hablando, en vez de cuchichear sobre ella con sus fans
Ni siquiera tenían fans.
Lady Eversley se volvió hacia ella.
- Aunque, diré, estás en mi casa, así que sería un placer conocerte - dijo con
una sonrisa divertida.
- Tienes razón, Sophie. Eso fue mucho más recatado que lo que dije yo.
Seleste se rió.
- Como si alguna de nosotras alguna vez hubiera sido recatada.
Sesily agarró las manos de Lily.
- Está usando un vestido hecho de perros. A ella la tiene sin cuidado el recato,
obviamente. Y no tiene más remedio que decirnos quién es para que podamos
protegerla de los lobos que están más allá y que obviamente están al acecho.
Se inclinó más cerca y le susurró - Los lobos van tras los perros.
78
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Como si supieras algo sobre la vida silvestre. ¿Cuándo fue la última vez que
saliste de Londres? - Seline resopló hacia su hermana.
A Lily le gustaban. Así que era hora de terminar con esa extraña
conversación.
- Soy Lillian Hargrove.
Hubo un momento de silencio cuando todas la escucharon, y Lily esperó
a que Sesily le soltara las manos y se alejara. No esperaba que la otra mujer la
abrazara más fuerte y dijera:
- He estado esperando conocerte por un largo tiempo, Encantadora Lily.
La confusión estalló en ella, seguida por una mezcla cacofónica de
sospecha, nervios, desilusión y, en el fondo, mucho de esperanza. Lillian se
sonrojó.
- Deseabas conocerme...
Sesily inclinó la cabeza hacia un lado.
- Por supuesto que deseaba saber de ti. Todo Londres desea conocerte - Se
inclinó hacia adelante - Supongo que algunos más bíblicamente que otros.
Lily se sonrojó ante las palabras.
- ¡Sesily!
- Bueno... realmente. Mírala. Ella es tan hermosa como dicen.
- Quiere decir que deseas conocerla a pesar de Hawkins - señaló Seline, con la
misma notoria franqueza de su marido, una cualidad de la que la señora Landry
también alardeó, cuando se volvió hacia Lily.
- A Sesily no le importa Hawkins.
- Solo me importa en la medida en que el muy sapo viva su vida en merecida
miseria - dijo Sesily antes de volverse hacia Lily. - Ahora comprendo el vestido
de perros - Inspirado, realmente. Aunque debes saber que el vestido no hace
nada para estropear tu belleza.
Antes de que Lily pudiera hablar, la marquesa de Eversley habló.
- No me molesta Sesily. Señorita Hargrove; ella es incapaz de evitar decir lo
que sea que se le ocurra.
- Elegante. Nadie tiene tiempo para la discreción. - Sesily agitó una mano en el
aire antes de agregar:- Derek Hawkins tiene los dos rasgos de carácter
inaceptables en un hombre: es insoportable y tiene desesperación por ser
admirado por todos. Podría estar dispuesta a pasar por alto uno de ellos, pero
ambos...- Terminó la frase con un sonido completamente impropio de una
dama.
- Y es terrible con el dinero - dijo Seleste.
- El hombre pobre más rico de Gran Bretaña - coincidió Sesily. - Como si
tuviera un agujero en su bolsillo. Las monedas caen al suelo tan rápido como
entran. Miró a Lily.- Es una lástima que sea tan malditamente talentoso, ¿no?
Todos estamos cegados por su habilidad.
Lily se sorprendió tanto por la franqueza de Sesily Talbot que tardó un
momento en encontrar las palabras, hasta que lady Eversley, ampliamente
conocida como la más tranquila y amable de las hermanas, encontró las
adecuadas para ella.
- Sesily, la ha escandalizado - amonestó la marquesa antes de mirar a Lily - No
necesitas responderle. Ella es totalmente inapropiada cuando lo desea.
- ¡No deseaba ser inapropiada!
- Para ser justos, Sesily es inapropiada cuando no desea serlo - señaló Seline.
La marquesa se rió y tomó las manos de Lily.
79
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Estoy muy feliz de que hayas elegido unirte a nosotros esta noche. Cuando
King me dijo que el duque quería iniciar tu temporada aquí, lo confieso, estaba
más que un poco intrigada. - Su mirada se posó en el perro del peinado de Lily.
- Ahora, aún más, debido a tu particular. . . estilo.
- Gracias, mi lady - dijo Lily, aún bastante abrumada por las hermanas. - Pero
no es una temporada. Realmente no.
La marquesa negó con la cabeza.
- Llámame Sophie. Después de todo, mi esposo y tu duque son demasiado
cercanos.
La mirada de Lily voló sobre el hombro de Sophie a la entrada del salón
de baile, donde Alec y el marqués como convocados por las palabras, se
habían materializado. Ella observó al enorme escocés con su abrigo y
pantalones apretados, pero de alguna manera, más imponente que el resto de
la habitación. El corazón de Lily latió con furia, sin duda, recordando su
comportamiento completamente inexcusable.
- Él no es mi duque.
- Ding dong - dijo Sesily suavemente sobre su hombro, su mirada detenida en
Alec.- ¿Puede ser el mío, entonces? Necesita un sastre, pero puedo pasarlo
por alto esta noche.
No.
Lily no tenía idea desde cuando le desagradaba la idea de que esta
hermosa y audaz mujer y Alec salieran juntos, pero a ella no le gustó. ¿Por qué
le importaría a quién eligiera Alec para ser su duquesa?
A ella no.
De ningún modo.
- Tendría suerte de tenerte como reina de su castillo escocés con corrientes de
aire - dijo, alejando su disgusto.
La nariz de Sesily se arrugó.
- Me gusta cómo suena tener un ducado y un castillo, pero ¿quién quiere vivir
en Escocia? Es mortalmente aburrido.
- Eso es probablemente lo mejor, Ses - bromeó Seline. - Imagino que King le
advertiría sinceramente a su amigo que no se acercara a alguien como tú.
- Tonterías - dijo Sesily. - Soy yo quien debe ser advertida de que me mantenga
lejos de él, después de todo, todos han oído hablar de las conquistas del Bruto
escocés - Se inclinó hacia Lily - No es que nadie lo llamaría así en su cara.
¿Pero es verdad lo que dicen? ¿Es terriblemente sexual?
Los ojos de Lily se agrandaron. ¿Qué? ¿Eso es lo que dijeron sobre él?
Y luego el calificativo reverberó a través de ella, "El Bruto Escocés",
detestaba ese apodo. Odió la idea de que fuera susurrado a sus espaldas. Le
repugnaba la idea de que susurraran algo, en absoluto.
No es extraño que odiara Londres; en ese momento, ella también lo
odiaba.
No pudo evitar mirarlo, su mirada permaneció en su boca perfecta por un
largo momento, la palabra sexual… girando en su mente, antes de recordar
que no le gustaba.
- No lo sabría - dijo ella.
- Hmm. Probablemente no, entonces,- Sesily sonrió.
- Dios mío, Sesily. Detente - dijo Seline.
- ¡Es importante saber algo así antes de que uno salte a la batalla!
80
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Ugh. Deberías casarte con él. La buena sociedad sin duda estaría encantada
de librarse de ti.
Sesily se volvió hacia Lily, con un brillo especial en los ojos.
- No la escuches. La sociedad no puede tener suficiente de mí.
- No hay que tener en cuenta el buen gusto - bromeó Seleste, y todo el grupo
se rió.
Lily no podía evitar que sus propios labios se curvaran también, la
emoción y la energía de las hermanas Talbot era innegable. Eran la
encarnación de todo lo que Lily siempre había imaginado que viniera con
hermanas. Con familia. Con amigos.
Había tanto amor entre ellas.
Los celos se encendieron, espontáneos y desagradables, y Lily los
desechó. No deseaba estar celosa. No deseaba envidiar a ese grupo tan unido.
Pero ella lo hizo. Con cada onza de su ser.
Y no envidiaba solo su audacia combinada frente al desdén social, como
si nunca hubieran sentido vergüenza en sus vidas. Su pecho se tensó al
escuchar sus risas, la forma en que su humor, su amor, su confianza y su
lealtad profunda, hicieron eco en ella, anhelando, queriendo ser una de ellas.
Desesperadamente. Muy desesperadamente.
El hecho de que cotillearan pública y descaradamente no dolió.
- Demasiado tarde, Sesily. Mira quién lo persigue - dijo Seline casualmente, su
mirada fija sobre el hombro de Lily.
Lily se volvió para mirar cuando una hermosa mujer se acercó a Alec y a
Eversley. Lo vio ponerse rígido, incluso desde la distancia que los separaba.
Vio bajar su mirada, y luego el cuerpo de la mujer cuando se acercó, casi
demasiado cerca, considerando dónde estaban, a la vista de la Sociedad.
- ¿Quién es esa? - La pregunta estaba formulada antes de que pudiera
detenerla.
- Lady Rowley - dijo Sesily despectivamente - Casada con Earl Rowley,
endiabladamente guapo y un completo canalla. Él ha estado detrás de todas
nosotras en un momento u otro. En vano, obviamente, ya que es muy probable
que tenga sífilis.
- ¡Sesily! - Dijo Sophie.
- Oh por favor. No es como si no lo hubieras pensado tú misma.
- ¡Sin embargo, no hablamos de esas enfermedades en el salón de baile!
Un caballero que pasaba cerca se detuvo, mirándolas con sorpresa, y
las hermanas estallaron en carcajadas. Seline hizo un gesto con la mano y dijo:
- No hay nada de lo que preocuparse, mi lord - antes de volverse y decir:
- ¡Ahora el barón Orwell cree que tenemos sífilis!
- No, no, Lord Orwell - dijo Sesily demasiado fuerte, haciendo que Lily se
sonrojara.- Estamos discutiendo sobre Lord Rowley. ¿Tiene una opinión sobre
su probable virilidad?
- Estoy seguro de que no - dijo el hombre por lo bajo antes de irse corriendo.
Todas rieron, y Lily lo disfrutó hasta que su atención regresó a Alec,
todavía en discusión con la condesa Rowley. Sesily siguió su mirada y dijo:
- Bueno. Parece que el conde no es el único dispuesto a evitar sus votos
matrimoniales - Lillian no pudo evitar estar de acuerdo. No se estaban tocando,
pero la condesa no podía estar más cerca con su pecho, sin desnudarse
delante de todo Londres.
No es que a Lily le importara a qué pecho tenía acceso Alec.
81
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Esa sonrisa lleva años perfeccionarla - dijo Seline con admiración.
Lillian presionó sus labios y alejó su atención de la pareja.
- Me lo imagino".
- ¿Crees que se conocen? - Preguntó Seleste. - Quiero decir, dicen que es un
atrapa malvadas, pero no puedo verlo con ella.
Tampoco Lily. No es que quisiera siquiera intentarlo.
- Si no lo hacen, lo harán pronto - dijo Sesily.
A Lily no le importaba. De ningún modo. Forzó su hombro en un rápido
encogimiento de hombros y le dio la espalda a la escena.
- Ella es bienvenida por él.
- Oh. Warnick podría necesitar un sastre, pero es bastante hábil en el corte
directo - relató Sesily.
Lily resistió el impulso de volverse.
- Se ve furiosa - dijo Sophie con asombro antes de levantar la voz y decir, llena
de alegría infundada, - ¡Y aquí están los caballeros!
- Esto es un problema - dijo el marqués de Eversley detrás de Lily, y no tuvo
más remedio que darse la vuelta, eran simplemente buenos modales. El
marqués parecía relajado y jovial, claramente un quinto bienvenido a la feliz
banda de Talbot. Alec, sin embargo, se veía pálido y rígido.
Sin duda porque estaba en presencia de Lily una vez más.
- No corrompan a la señorita Hargrove, señoras - bromeó Eversley.-
Recuerden, que ella es nueva en los salones de baile de Londres.
- No soñaríamos hacerlo.
- No en la primera noche, al menos.
- La próxima vez, sin embargo, es una certeza - respondió Sesily antes de
volverse hacia Alec y alcanzarlo. Lily quedó impresionada por el movimiento,
una mano ágil se estiró, dejándolo sin otra opción que aceptar el toque de
Sesily. - Su Gracia - la mujer ronroneó mientras se inclinaba para hacer una
reverencia. - Dime algo…
Alec parecía regresar al momento y al grupo.
- ¿Sí?
Sesily miró a través de sus pestañas oscuras e incluso por un momento
Lily se sintió atraída por ella.
- ¿Estás completamente seguro que quieres pasar lo que queda del resto de
tus días descansando en Escocia?
- Lo estoy, en realidad - dijo sin dudarlo.
Sesily retiró su mano de la de él.
- Qué lástima - Se volvió hacia el resto de la habitación.- Tendré que encontrar
a otro con quien coquetear.
- Nadie dijo que no podías coquetear con él - señaló Seleste. - No es que el
flirteo lleve al matrimonio.
- No - suspiró Sesily, distraídamente examinando a los que estaban reunidos. -
Pero sería mucho más divertido si lo fuera. Y no voy a terminar en Escocia. Sin
ofender, Su Gracia.
- De ningún modo - dijo Alec. - ¿Debería disculparme?
- No estaría de más - respondió Sesily.
Alec puso una mano en su pecho.
- Por supuesto, yo me lo pierdo.
Sesily sonrió.
- Apuesto, rico, titulado e inteligente, para empezar. Una pena terrible.
82
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
El grupo se rió, y Lily no pudo evitar unirse, ignorando el hilo de envidia
que la atravesó ante lo fácil que Sesily de aprovechó el buen humor de Alec.
Lily quería tener ese tipo de cruce de humor con él. Se puso rígida ante la idea.
No. No, no lo quería.
No quería gustarle.
Quería dejarlo atrás y comenzar una nueva vida. Lejos de él.
La orquesta comenzó a tocar, y como por arte de magia, Earl Clare y
Mark Landry aparecieron a su lado, como si vinieran de la nada misma, para
acompañar a las respectivas hermanas Talbot al baile. Eversley se inclinó
elaboradamente en dirección a su esposa.
- ¿Mi amor? - Dijo, las palabras suaves y oscuras como una promesa. Sophie
se sonrojó bellamente y tomó la mano de su esposo.
- Sabes que, como anfitriona, tendré que bailar con otros también.
Eversley frunció el ceño.
- Entonces, dejo en claro que no estoy de ninguna manera interesado en
organizar más eventos. Puedes bailar con Warnick. Pero eso es todo.
Sophie se rió y llamó a Alec por encima del hombro, mientras su esposo
la arrastraba a la pista.
- ¡Lamento que te carguen conmigo, Su Gracia!
Se quedaron con Sesily, y Lily envió una pequeña oración agradecida a
los dioses por eso, ya que no podía soportar estar a solas con Alec. No
después de la forma en que la había tratado. Deseó que le pidiera a la
hermana Talbot restante que bailara. Pero Sesily los sorprendió ya que
dándose vuelta para enfrentarlos, ella dijo:
- Deben bailar.
- Yo… - Lily comenzó a escuchar galopar su corazón, pero Alec la interrumpió.
- No.
Lily ignoró la decepción que le produjo la brusca negativa. No estaba
decepcionada. No quería tener nada que ver con el hombre. Y ciertamente no
quería bailar con él. Tocarlo estaba fuera de discusión.
Sesily tenía otras ideas, aparentemente.
- No es negociable. Este es la primer baile de su primera temporada y está
usando… bien… lo que está usando. Eres el hombre de más alto rango que la
conoce. Entonces tienes que bailar con ella.
- Nadie sabe quién soy - dijo.
Sesily sonrió.
- Su gracia. Eres un duque soltero con la fortuna de un rey. Tendrías que ser un
tonto para creer que nadie sabe quién eres. Puede que tengas el peor sastre
de la cristiandad, pero no eres un tonto, ¿verdad?
Lily tenía sus propias opiniones sobre la respuesta a esa pregunta en
particular, pero se mantuvo callada.
- Soy su tutor. Seguramente eso no es apropiado.
Sesily levantó una ceja.
- La mitad de los tutores en Londres terminan casándose con sus pupilas. Es
una epidemia.
Lily no se quedó callada ante eso.
- No es el caso de este guardián. Ni de esta pupila.
Warnick la miró y dijo:
- Te aseguro, Lady Sesily, eso no está en duda.
Sesily los observó a ambos por un largo momento antes de decir:
83
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Ciertamente no. Y aun así, deben bailar.
Ante eso, el enorme escocés suspiró y alcanzó a Lily, claramente
creyendo que la inquisición de la mirada de Sesily Talbot era menos deseable
que un giro por la pista de baile con su pupila.
- Vamos a continuar con esto, entonces.
Lily le arrebató la mano.
- No gracias.
Sesily se giró para mirarla detenidamente y luego dijo:
- No te había tomado por tonta.
- No soy tonta. Simplemente no estoy interesada en bailar con él.
Sesily consideró al duque con una larga mirada, de pies a cabeza, y
luego dijo:
- ¿Es rudo contigo?
- No. No, a menos que cuentes con que me obligó a venir aquí esta noche.
- No - dijo Sesily antes de inclinarse y decir, en voz baja, - Encantadora Lily, no
tienes otra opción. Baila con el duque y deja que Londres te mire con tu vestido
de perro, antes de que te miren bien sin ningún vestido.
Lily se congeló.
Sesily levantó una ceja.
- La pintura está en boca de todos y tú lo sabes. No ayuda que Derek Hawkins
esté aquí esta noche, llegó como la rata inoportuna que es. Está del brazo de
una viuda anciana, con un pie en la maldita tumba. Sin duda, el bastardo,
piensa que ella le dejará una fortuna si la juega de dandy.
No había tiempo para sorprenderse por el lenguaje de Sesily, el pánico
atravesó a Lily, junto con la frustración. Miró a Alec con desesperación, pero la
mirada él estaba enfocada en la pared más alejada de la habitación. Ella tragó
el nudo en su garganta.
- Me gustaría irme.
- No - dijo Alec, y giró para discutir con él.
Sesily habló primero.
- Escúchame, Lillian Hargrove. Sé mejor que nadie lo que Hawkins puede
hacerle a una mujer. Si quieres sobrevivir a esto, debes hacer todo lo posible
para convertirlo en el villano. El primer paso es hacer que Londres te ame. Y
para ello, debes empezar bailando con tu duque.
"Él no es mi duque." Sorprendentemente, esas fueron las únicas
palabras que Lily pudo pensar mientras la conmoción y el horror la recorrían,
tanto que apenas escuchó el suave y vibrante "Ven" de Alec. Él la estaba
mirando, con su mano extendida cuando se volvió hacia él la segunda vez, sus
ricos ojos marrones sosteniendo su mirada.
Sosteniéndola.
Ella colocó su mano en la de él, incluso mientras se resistía a la idea.
Incluso cuando las palabras de Sesily hicieron eco a través de ella. Incluso
mientras la arrastraba al baile, acercándola a .él
En otro momento, en otro lugar, podría haberse dado cuenta de que Alec
Stuart, vigésimo primer y poco dispuesto Duque de Warnick, era un bailarín del
más alto nivel. Podría haber preguntado por qué lo era, considerando que
evitaba todo lo relacionado con la sociedad. Pero ella no lo hizo. Estaba
demasiado centrada en un hombre diferente, un hombre al que una vez creyó
amar.
Un hombre que le había mentido.
84
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Un hombre que la había tentado con bonitas promesas.
Quién la había convencido de confiar en él. Posar para su pintura sin
considerar las repercusiones del suceso. Sin considerar la posibilidad de lo que
podría pasar si alguna vez se descubriera.
La mujer que el mundo pensaría que era.
Y Derek, incólume.
Alabado, incluso.
Y aquí.
Alec la guió a través de los pasos de la danza durante largos y
silenciosos minutos mientras intentaba aceptar la idea de que había entrado en
la guarida del león.
Ella sólo pensaba que probablemente lo vería. Y que estaba vestida
como un maldito perro.
Su mirada parpadeó hacia la garganta de Alec, hacia la larga columna
que se alzaba sobre su corbata. Hasta el nudo que se balanceaba allí mientras
él tragaba.
Lily estaba allí, bajo los curiosos ojos de la aristocracia, por su culpa.
Dejó que su mirada paseara sobre su recta mandíbula, sus labios carnosos y
su larga nariz hasta llegar a sus ojos, esperando que estuviera mirando a
cualquier parte menos a ella.
Estaba equivocada.
La estaba mirando fijamente, su mirada marrón, sabiendo como
capturar la de ella con facilidad, enviando un hilo de conocimiento a través
suyo. No. No conocimiento.
Furia.
- Hiciste esto.- Él permaneció en silencio, así que siguió adelante con su
acusación. - Me has puesto en la misma habitación que él. Alimento para todo
Londres, a su censura y a sus chismes. Estoy aquí por ti. Por tu loco plan.
- Es la única forma de salvar tu futuro.
- ¿Para acentuar mi escándalo frente a todos? ¿Para que se dediquen a eso?
- Para que te cases. La lista: son buenos hombres. Eversley ha apostado su
reputación a eso.
- El duque de Chapin ha sido dejado en el altar tres veces. Y él es un duque.
Eso es prácticamente imposible, a menos que haya algo terriblemente mal con
él.
- ¿Por ejemplo?
- No lo sé, pero si tres solteronas lo han abandonado en un momento tan
crítico, supongo que la respuesta es similar en los tres casos.
- Bueno, estoy seguro de que no es tan grave, pero dije que podías tacharlo de
la lista.
- Para empezar, nunca debería haber estado en la lista.
Él suspiró.
- Entonces haz tu propia lista.
- ¡No quiero una lista! - Dijo, y las palabras salieron frenéticas y demasiado
estrepitosas para la habitación, llamando la atención de las parejas cercanas.
Ella bajó la voz.- ¿Por qué te importa tanto? De todas formas estoy
deshonrada, así que ¿por qué no me dejas ir? ¿Por qué me obligas a
quedarme para la ceremonia del alquitrán y las plumas?
85
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Vaciló, y en ese silencio fugaz, Lily se dio cuenta de que lo que fuera que
estaba a punto de decir lo cambiaría todo. Porque ella podía ver en sus ojos
que sería la verdad.
Y luego lo dijo.
- Lily, he visto tu vestido de novia.
Ella se congeló, reteniendo el aliento.
- ¿Qué has dicho?
Alec, con la mano tiró de su cintura.
- No pares de bailar.
Lily no se movió, sintiéndose clavada al suelo y repitiendo:
- ¿Qué has dicho?
El escocés clavó su mirada en ella.
- Lo encontré - dijo, en voz baja, como un disparo, pero el disparo más suave
que haya sido disparado, aunque el daño que hizo en el pecho de Lily fue
arrollador.- Y la pila de bonita ropa para tu futuro bebé. Esas pequeñas botas,
con suelas blandas y rojas. Sueñas con llenar esas botas, Lillian Hargrove. Y
esta es tu mejor oportunidad de hacerlo.
La incredulidad la traspasó y lo miró boquiabierta. Se alejó un paso de
él, quitando la mano de su agarre.
- ¿Cómo te atreves a husmear en mis cosas?
- Te habías ido. Tenía que encontrarte - dijo, volviéndose a acercar, mirando a
su alrededor y tratando de evitar colisionar con las otras parejas que pasaban.
Como si Lily se preocupara por tal cosa. Él había revisado sus cosas.
Encontró el vestido de novia. Las ropas de niño. Las cosas que ella había
elaborado minuciosamente para un marido que nunca la amaría. Para niños a
los que nunca conocería. Para una vida que nunca tendría.
Sus secretos más privados… él los había encontrado. Y, de alguna
manera, no fue enojo lo que sintió. Fue vergüenza. El vestido, la ropa, los
pequeños calcetines y las botas eran todos los sueños de una muchacha más
joven e inocente que Lily. Eran las promesas que imaginaba que se susurraban
los sirvientes en la oscuridad, mientras ella yacía debajo de las escaleras y
pensaba en un futuro, más brillante y más hermoso que el presente.
Un futuro que nunca tendría. Eran lindas mentiras. Ella ahora lo sabía,
pero por alguna razón los había dejado en el baúl. Y él los había encontrado.
La vergüenza la inundó, más ardiente que cualquier vergüenza que
alguna vez hubiera sentido. Más caliente que la vergüenza que había
experimentado cuando Alec le reveló que sabía sobre la pintura. ¿Cómo era
posible que estuviera más avergonzada de un simple vestido blanco que de
estar desnuda?
- Entonces revisaste mis cosas, como… - vaciló, apartando la vista de él, ahora
aterrorizada de lo que había visto, de lo que él podría saber sobre ella - …como
el gran bruto escocés que eres. No te quiero aquí en mi vida. Encuentra a otra
mujer para maltratar. Escuché que eres terriblemente bueno en eso. Tu
reputación te precede.
Él se puso rígido como una vara al oír esas palabras, y Lily tuvo la
repentina sensación de que había dicho algo terriblemente incorrecto.
No es que a ella le importara.
Y luego habló, bajo y oscuro, las palabras cargadas de ira contenida
- Te olvidas de ti misma - dijo - Como mi pupila, tú y tus cosas son mis cosas.
Su mirada voló hacia la de él.
86
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Eres una bestia.
Sus labios se presionaron en una larga línea recta.
- Y tú, la mujer más hermosa de Londres - dijo, como si ser hermosa fuera lo
más feo que podría ser.- Hacemos una buena pareja, encantadora Lily.
El apodo la movilizó. Se apartó de él y huyó de la habitación.
87
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 9
¿GUARDIÁN? ¿O PERRO GUARDIÁN?
Nadie en su vida había frustrado tanto a Alec como la señorita Lillian
Hargrove.
La vio alejarse con su ridículo vestido, la tela de bronce, oro y plata
revoloteando a su alrededor a cada paso, con el perro y la liebre flotando por
encima de su cabeza. Se ardiendo de rabia, vergüenza y frustración y un gran
deseo de dejarla allí, en Eversley House, y regresar a Escocia.
Un deseo casi tan fuerte como el que lo instó a perseguirla. Maldijo en
voz baja. La había lastimado. No debería haberle dicho que había visto el
vestido. Debería haberle dicho que solo quería lo mejor para ella. Que solo
quería protegerla. Que él la protegería, maldición. Que era todo lo que había
querido hacer desde el momento en que la maldita carta había llegado a
Escocia, llamándolo a su lado. Después de todo, él no era un monstruo. Él
había reconocido su deber, y lo serviría.
Y cuanto más estaba con ella, más deseaba servirla.
Quizás hubiera dicho todo eso si no hubieran estado allí, en un salón de
baile repleto, siendo el centro de atención de la aristocracia. Si no hubiera sido
tan consciente de su ropa demasiado ajustada, de su tamaño demasiado
grande, de su incapacidad para ser gentil o refinado de ninguna manera.
Si no hubiera sido sorprendido por la llegada de Margaret momentos
antes. Lady Margaret, ahora condesa Rowley. Más bella ahora que veinte años
atrás, cuando había sido Peg, la hermana mayor de su compañera de escuela,
y él la había deseado más allá de lo razonable.
Cuando la había tenido, y creía que ella sería suya para siempre.
"Cásate conmigo."
Alec maldijo en la tenue luz, su risa de hace mucho tiempo marcaba el
recuerdo de su acercamiento de esta noche, como si lo poseyera incluso
ahora, incluso cuando estaba casada con un elegante conde británico, justo
como siempre había deseado.
Por la forma en que ahora se había acercado demasiado, y que le
recordaba lo cerca que habían estado alguna vez. Por la forma en que se había
ido, con su corazón en la mano, aplastado.
"Las mujeres sueñan con hombres como usted, cariño. Pero para una
noche. No para una vida."
King no le había advertido que ella estaría allí. Alec supuso que debería
haberlo esperado. El baile fue uno de los primeros de la temporada, y el
primero organizado por los futuros Duque and Duquesa de Lyne desde el
nacimiento de su primer hijo. Incluso si King no fuera cuñado de las peligrosas
hermanas Talbot, todo Londres habría asistido por curiosidad.
Pero aún le podría haber mencionado que Peg estaría allí.
Alec apartó los recuerdos cacofónicos de un corazón roto y un espíritu
roto, dejando solo el recuerdo de la justa furia de Lillian.
Debería haber sido capaz de manejar esa furia. De calmarse. Y tal vez lo
hubiera hecho, si no hubiera sido por la conmoción y la punzada de dolor que
sintió al ver a Peg. De recordarla. Y entonces Lily lo había llamado bruto y
88
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
bestia, y había recordado las mismas palabras en otro par de hermosos labios.
Fue otra vez. Otra mujer. Otro encuentro que terminó con él solo e imperfecto.
Y luego, Lily, herida, agrediéndolo. "Tu reputación te precede."
Mierda.
No era excusa para su comportamiento. Debería haber protegido a Lily.
Irónicamente, protegerla era lo único que parecía incapaz de hacer, a pesar de
ser el requisito principal de la tutela.
Quizás sería más sencillo si no fuera tan hermosa. Si esos ojos grises no
parecieran verlo todo, si ella no estuviera tan dispuesta a decirle cuándo estaba
equivocado. Cuando se comportaba abominablemente. Si ella no fuera tan
fuerte e independiente y estuviera dispuesta a luchar por sí misma.
Si no fuera tan malditamente perfecta, tal vez él podría ser un mejor
hombre cuando estaba con ella.
Lo había llamado bestia, y él lo era. De alguna manera, ella lo hizo una
bestia. O, tal vez, ella simplemente vio la verdad, y lo dejó allí, en el centro del
salón de baile, sintiéndose como tal.
La orquesta se detuvo y las parejas a su alrededor, haciendo lo posible
por mirarlo e ignorarlo, comenzaron a dispersarse mientras los músicos se
preparaban para el siguiente baile. El movimiento por la finalización del vals lo
despabiló, y se alejó del centro del salón, comprometido con un solo objetivo:
encontrar una bebida decente.
Saliendo del salón de baile, Alec se dirigió hacia un corredor débilmente
iluminado y se asomó por una puerta que vagamente recordaba llevaba a una
serie de salones. Si tuviera que adivinar, se imaginaría que había whisky
almacenado en algún lugar cercano.
Una vez que lo hubiera encontrado, buscaría a Lillian, que sin duda
estaría escondida en el salón de señoras, deseando haberse puesto una
prenda más apropiada y con suerte arrepentida de haberlo dejado en el medio
del salón de baile, mientras las parejas continuaban bailando a su alrededor.
Probablemente no lamentaría eso en absoluto, ya que era su culpa que ella
huyera.
Él se merecía esa vergüenza. Y ella se merecía su disculpa.
Lillian lo entendería. Y aceptaría a uno de los hombres de su lista. Él lo
buscaría y se lo entregaría, para un vals y un refrigerio. Podrían dar una vuelta
por la habitación y realizar el ridículo cortejo que requería Inglaterra.
Él, si la cortejara no la pasearía por la habitación, la llevaría a la
oscuridad de la terraza más allá del salón, hacia los jardines donde la luz del
baile no llegara, donde las estrellas en el cielo fueran todo lo que podían ver, y
la besaría. La besaría hasta que no deseara nada más que casarse con él.
Hasta que no pudiera recordar ninguna palabra, salvo… "sí". Luego la tendería
sobre la tierra fría, la desnudaría y se deleitaría con ella, nada más que con el
cielo como testigo. Después de lo cual, la llevaría a Escocia y se casaría con
ella. Inmediatamente.
Y ella lo lamentaría. Siempre.
Se pasó una mano por la cara borrando esa ridícula idea, la idea de
tomarla a ella, de ensuciar su perfección, haciéndole desear estar en cualquier
otro lugar que no fuera allí.
Cristo.
Tenía que casarla. Aunque lo matara, haría lo correcto y la casaría. Pero
primero, necesitaba una bebida.
89
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Abrió la primera puerta que encontró y entró en una habitación oscura,
dejando la puerta abierta para permitir que se vislumbrara algo de luz difusa.
Entornó los ojos en la oscuridad y distinguió en el otro extremo de lo que
imaginaba era una especie de estudio, un aparador con una jarra que lo
invitaba a pasar la noche.
Se dirigió hacia allí, agradecido por la distancia silenciosa y momentánea
del baile, de la aristocracia y de Londres en general. Tanto el marqués como la
marquesa de Eversley habían pasado su infancia a pocos kilómetros de la
frontera escocesa, así que Alec confiaba en que, fuera lo que fuera el líquido
ámbar de la jarra, sería whisky como debería ser.
Sirvió dos dedos y bebió, envuelto en el rico sabor familiar. La
satisfacción lo inundó. King era un buen amigo, abarrotando la casa con el
whisky de Alec, destilado y embotellado en Stuart Land. Alec tenía que decirle a
Lillian sobre el excelente whisky de Escocia en algún momento, otra cosa más
que su Inglaterra no podría reclamar.
Se apoyó contra el aparador y exhaló, disfrutando de las sombras que lo
ocultaban de la vista. Era tan raro que se sintiera invisible en Londres, el
momento era cálido, bienvenido, y lo más perfecto posible a pesar de estar en
Inglaterra.
Luego Lillian entró en la habitación, y le recordó lo imperfecta que era
Inglaterra. De cómo lo había destruido a él, y de cómo amenazaba con
destruirla a ella.
De lo mucho más segura y feliz que estaría en Escocia, lejos de este
lugar con sus críticos ojos y sus estúpidas reglas. Por un momento, imaginó a
Lily en los bosques de su país. Quería verla en las orillas del Oban. En los
acantilados por encima del fiordo de Forth. Entre los campos de brezo que se
extienden como fuego púrpura hasta donde alcanza la vista.
Escocia la deleitaría.
La idea llegó con un anhelo que lo arrancó de la fantasía y lo devolvió al
momento.
Debería haber dicho algo inmediatamente. Debería haberse anunciado.
Y lo hubiera hecho, si Lily no se hubiera movido inmediatamente hacia la
ventana, en el extremo opuesto de la habitación. No sabía si era la luz de la
luna o el resplandor residual del salón de baile en los jardines de atrás, lo que
arrojó una luz sobre ella que la volvía etérea y tan hermosa que logró que su
aliento quedara atrapado en su pecho.
Levantó la mano hacia la ventana de vidrio, tres largos y delicados
dedos se deslizaron por el panel, y dejó escapar un largo y exuberante suspiro,
uno que llenó la habitación de emoción y frustración. Tristeza y algo mucho
más poderoso. Anhelo.
Alec volvió a respirar al fin, con fuerza, con la familiaridad producida por
el sentimiento. Porque, en ese momento, él también anhelaba.
La idea lo sacudió. Él era su guardián. Ella era su pupila… Ella era una
mujer adulta. Pupila era un tecnicismo. No importaba. Ella seguía siendo su
pupila. Estaba bajo su protección. Y podría haber sido terrible protegiéndola
hasta este momento, podría haber fallado en proteger su reputación y sus
emociones, pero podría protegerla de él mismo.
Y, además, a él no le importaban las mujeres hermosas. Eran buenas
promesas que demasiado pronto se convertían en mentiras.
90
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
La idea lo devolvió al presente, e hizo que se moviera, hablaría con ella,
se disculparía y comenzarían de nuevo. La convencería de que de ahora en
más, él desempeñaría su papel a la perfección, y que le encontraría la vida que
ella deseaba. Lo que fuera que ella deseara. Un hombre adecuado. Una familia
amorosa. Un futuro con una casa con chimenea. Una vida llena de felicidad,
como ella se merecía.
Pero antes de que pudiera hablar desde su lugar en la oscuridad, la
puerta de la habitación se cerró con un suave chasquido, sobresaltándolos a
los dos. Alec dirigió su atención a la figura sombría que se adentraba en la
habitación.
- Hola, Lily.
Hawkins.
Alec tuvo un deseo instantáneo de destruir al hombre que se arriesgaba
a ser descubierto solo con Lillian. Una vez más, tentando al destino del
escándalo en una habitación oscura y con una mujer soltera.
No se le escapó que había estado solo con ella momentos antes, pero
eso era diferente. Sin embargo, no había tiempo para analizar el doble discurso
sobre la situación, ya que Hawkins se estaba moviendo hacia Lily con una
velocidad que a Alec no le gustó. Se enderezó en la oscuridad, listo para
acercarse y descuartizar al hombre miembro a miembro, pero ella habló antes
de que pudiera moverse.
- Derek
Alec en ese momento odió a Hawkins más que nunca, mientras su
nombre se arremolinaba en la oscuridad, suave y encantador en los labios de
Lily.
- ¿Por qué estás aquí?
- Es Londres en plena la temporada. Por supuesto que estoy aquí - dijo
Hawkins - Estoy en todas partes… - agitó una mano - …como el éter.
Alec puso los ojos en blanco.
- Sesily dijo que estás aquí con una rica viuda. Por el dinero.
Buena niña. Desdén era precisamente lo que ella debería sentir.
- Sesily Talbot no es nadie. Barata como el resto de su familia.
Qué auténtico asno era el hombre.
- Acabo de conocer a su familia. Parecen bastante "caras". Y maravillosamente
honestas. No como otros.
- Todo lo que reluce no es oro, dulce Lily.
- Me parece que Sesily está hecha de cosas mucho más fuertes que el oro. Es
juzgada duramente por la alta sociedad debido a su breve noviazgo contigo, y
aun así sigue teniendo la frente en alto e ignora su desprecio. Desearía ser tan
fuerte como ella - La acusación surgió tácitamente - Ella se negó a ser
arruinada por ti.
- No te arruiné - dijo.
- Por supuesto que sí.
Hablaba sin preocupación, no estaba enojada ni lastimada. Solo lo decía
con un hilo de honestidad que Alec de inmediato admiró y aborreció. Ella
debería estar herida. Y enojada.
Con él.
- Pobre Encantadora Lily… - dijo Hawkins, acercándose a ella y pasando un
dedo por su mejilla, por la piel que Alec sabía que debía ser increíblemente
suave. - Tú… tú eras el espejo que reflejaba mi genio.
91
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Lily cerró los ojos ante el toque del hombre. O tal vez por sus palabras.
De cualquier manera, Alec odiaba el anhelo en su rostro, mezclado con dolor.
Decidió en ese momento destruir a Derek Hawkins.
Por tocarla. Por herirla.
Lo destrozaría aquí, en esta habitación oscura. Tendría que disculparse
con la marquesa de Eversley, se imaginó, y comprar una alfombra nueva, pero
seguramente comprendería que el mundo estaría mejor sin esta repugnante
víbora.
Sin embargo, antes de que Alec pudiera hacer algo, Lily habló.
- Me prometiste que no contarías a nadie sobre la pintura. Me dijiste que era
para ti y solo para ti.
- Y así fue al principio, cariño.
- No me llames así - Las palabras de Lily fueron agudas y de acero.
- ¿Por qué no? - dijo Hawkins con una sonrisa.- Oh, Lily. No seas tan prosaica.
Tú eras mi musa. Lamento que hayas juzgado mal el papel que te tocaba. Tú
eras el conducto para mi arte. La nave a través de la cual el mundo verá la
verdad de mi influencia intemporal. El retrato es mi Madonna y el Niño. Mi
creación del hombre. En los siglos venideros, la gente lo verá y susurrarán mi
nombre con asombro y sin aliento. Hizo una pausa para dar el efecto deseado,
y luego practicó el susurro en cuestión…."Derek Hawkins"…
¡Qué absoluta basura! Si Alec ya no detestara al hombre, ciertamente lo
haría ahora.
- ¿Y qué hay de mi nombre? - preguntó Lillian.
- ¿No lo ves? No importa lo que te pase. Esto es por el bien del arte. Para
todos los tiempos. Eres un sacrificio a la belleza. A la verdad. A la eternidad.
¿Qué quieres que haga, Lily? ¿Ocultarlo?
- ¡Sí!
- ¿De qué serviría eso?
- ¡Te haría una persona decente! - gritó. - ¡Noble! El hombre del que yo…
Alec se puso rígido, escuchando el resto de la oración tan claramente,
como si la hubiera terminado.
"El hombre del que yo me enamoré."
- Este es el acto más noble que podría ejecutar, cariño.
Hubo un largo silencio, durante el cual Alec prácticamente pudo sentir la
decepción de Lily. Y cuando finalmente habló, lo hizo bajo y suave,
- Creí que me amabas - Alec pensó que su corazón podría explotar en su
pecho.
- Tal vez lo hice a mi manera, cariño. Pero ¿casarse contigo?, imposible. Soy el
mejor artista de nuestro tiempo. De todos los tiempos. Y eres hermosa…
pero… como ya he dicho… tu belleza existe como un recipiente para mi
talento. El mundo entero pronto lo verá.
Puso la mano en su mejilla.
- Cariño, nunca te obligué. Estaba feliz de tenerte. Y te tendría todavía. Es por
eso que te seguí hasta aquí.
¡El bastardo!
Alec se puso rígido cuando Lily miró a Hawkins.
- ¿Todavía?
El artista se inclinó más cerca de ella, y Alec retuvo un rugido de furia
por la cercanía, hasta que el pomposo infeliz susurró:
- Todavía. Ahora.
92
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
No había confusión sobre la promesa sexual en las palabras.
- Te gustaría eso, ¿no es así Lily?
Eso fue todo. Alec fue por él.
Excepto que Lily llegó primero.
Se sentía extremadamente bien golpear a un hombre en la nariz.
Sabía que no debería hacerlo. Sabía que no resolvería su problema.
Sabía, también, que no haría más que enojar a Derek y probablemente
la comprometería más con su destrucción, incrementando su vergüenza.
La vergüenza por sus sentimientos, por su comportamiento y por sus
consecuencias.
Pero ahí estaba sola y había mucho que podía hacer una mujer. Y una
vez que había recordado la vergüenza, la tristeza y la incertidumbre, junto con
todo el dolor que había sentido, no fue capaz de contenerse.
- ¡Ay! - Derek se estiró para comprobar el estado de su hermosa nariz, muy
recta - Me pegaste!
- Te lo mereces - dijo, sacudiendo su mano, haciendo todo lo posible para
ignorar el dolor. Era la primera vez que golpeaba algo, y francamente, dolía.
Más de lo que ella hubiera imaginado.
- ¡Pequeña perra! ¡Te arrepentirás de esto!
- No tanto como tú te arrepentirás por haber usado ese lenguaje frente a una
dama - surgió de la oscuridad una grave tonada escocesa.
Lily soltó un chillido de sorpresa mientras giraba para encontrarse con
Alec cruzando la habitación, seis pies y medio de maciza furia muscular y con
un único objetivo: terminar el trabajo que Lily había comenzado.
Su puño era significativamente más grande que el suyo, y comprimía un
impresionante golpe. Ella no debería haber disfrutado del sonido de hueso
encontrándose contra carne, pero se confesó a sí misma, que se sentía
sensacional ver la forma en que Hawkins cayó al piso como un saco de grano.
Y la forma en que Alec lo siguió para levantarlo con la fuerza de su enorme
brazo para golpearlo por segunda vez. Y por tercera.
Cuando movió el brazo para el cuarto golpe, su abrigo se partió en dos,
justo por la costura de atrás. Con el sonido del desgarro, Lily encontró su voz. -
- ¡Detente!
Alec se congeló, como si ella lo sostuviera con una cuerda. La miró por
encima del hombro.
- ¿Lo quieres a él?
Lily negó con la cabeza, confundida tanto por la pregunta como por su
acento, agravado por la furia.
- ¿Qué?
- ¿Tú lo quieres? - repitió - Para esposo.
- ¿Qué? - Esta vez fue Derek quien farfulló la pregunta.
Alec devolvió su atención a su víctima.
- No te di permiso para hablar - Miró hacia Lily - Si lo quieres, es tuyo.
Ella le creyó. No había dudas en su mente de que si anunciaba que
quería ser la señora Derek Hawkins, Alec lo conseguiría. Se casarían antes del
amanecer. Tendría al hombre con el que había soñado mirando la luna durante
meses. Por el que había llorado antes de dormir, más veces de las que podía
contar.
93
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Alec se lo daría a ella.
Hace una semana, tal vez lo hubiera querido.
Pero ahora…
- No - susurró.
- Con convicción, muchacha.
- No - dijo, con más firmeza. - Estas desesperadamente empecinado en
casarme, Su Gracia, si piensas casarme con él.
- ¡No me casaré con ella! - declaró Derek. - ¡No puedes obligarme!
Alec lo miró furioso.
- Una vez más, no estoy interesado en escucharte hablar.
Lily se encontró con la mirada de Derek.
- Para que conste, ya que él es el duque de Warnick, creo que realmente
podría hacer que te cases conmigo, señor Hawkins, enunció su falta de título
sabiendo que lo enloquecería de celos, antes de regresar su atención a Alec -
pero lo que Su Gracia no puede hacer, es hacerme casarme contigo. O con
cualquiera, para el caso.
A Lily le pareció por un momento, ver los labios del duque crisparse ante
las palabras y por la forma en que se había defendido. Se preguntó si él estaría
ligeramente orgulloso de su pupila.
Ella, honestamente estaba bastante orgullosa de sí misma.
- No soñaría con forzarla a casarse, señorita Hargrove - respondió.
- Ambos sabemos que eso no es verdad - replicó ella - Pero no estoy
interesada en la opción actual.
- Y gracias a Dios por eso - replicó Alec.
- Serías afortunada de tenerme - escupió Derek.
Alec inmediatamente lo miró.
- Habla de nuevo. - Levantó el puño y golpeó a Derek una vez más. - La
próxima vez, te sacaré los dientes.
Una profunda emoción atravesó a Lily porque Alec reaccionó sin vacilar.
La forma en que instantáneamente, la protegió. Y a ella, eso, le gustaba
demasiado. Si no tenía cuidado, Alec sería tan peligroso como lo había sido
Derek.
Más incluso.
- Es suficiente, Su Gracia - dijo Lillian.- Ya le has hecho daño.
Alec se puso de pie, haciendo que Derek se pusiera de pie al mismo
tiempo. Cuando no dejó ir a Derek de inmediato, Lily dijo:
- Suéltalo.
Pero no lo haría sin una palabra final. Alec se inclinó, aterrorizando al
otro hombre, disfrutando del horror en su cara de idiota.
- Te dije que te destruiría, ¿verdad? Y eso fue antes de que la tocaras. Antes de
que la insultaras.
Soltó su agarre, y Derek cayó al suelo, retrocediendo rápidamente como
un escarabajo. Tocó su nariz ensangrentada y gritó:
- Me rompiste la nariz. ¡Soy un actor!
Alec metió la mano en su propio bolsillo, retirando un pañuelo para
limpiarse la sangre de los nudillos.
- Si te acercas a ella otra vez, haré algo más que romperte la nariz. Haré que te
sea imposible caminar sobre las tablas de tu maldito escenario. Lo haré sin
dudarlo. Y con gran placer.
94
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No cambiará nada - disparó Derek - en el momento en que el mundo vea mi
pintura, verán la verdad - dijo mirando a Lily. - Nadie te querrá honorablemente,
y la única compañía que podrás conseguir es la de tu brutal duque y un puñado
de hombres que solo te querrán para eso, "compañía".
La vergüenza surgió nuevamente. Haciéndola sentir ardiente,
enfurecida, desesperada. Y de alguna manera, todo lo que deseaba era que
Alec no lo hubiera escuchado.
Deseaba que él pensara lo mejor de ella.
Pero por supuesto, no lo hacía. ¿No le había dicho eso mismo una hora
antes en el centro del salón de baile?
"Véndete cuando puedas, Lillian Hargrove. No eres para todos los
mercados".
Alec no recordó la similitud, al parecer, mientras iba detrás de Derek otra
vez, levantándolo por el cuello hasta que el hombre que una vez había amado
colgaba sobre el piso. Los ojos de Lily se agrandaron cuando Hawkins agarró
las muñecas de Alec ineficazmente.
- Dame una razón decente para no matarte ahora mismo.
Hawkins chilló su protesta.
- Déjalo ir - dijo Lily.
- ¿Por qué? - Alec no la miró.
- Porque estoy arruinada de todos modos. Con o sin su asesinato en mi
conciencia - dijo - …Y porque te pedí que lo hicieras.
Entonces la miró, la luna se proyectaba sobre las laderas y los ángulos
de su bello rostro, con una hermosa luz. Era el hombre más guapo que había
visto en su vida, incluso ahora, con el abrigo hecho jirones y los ojos
destellando fuego.
Especialmente ahora.
- Porque te pedí que lo hicieras - repitió, con su mirada fija en la de él.
Bajó a Derek. Éste echó los hombros hacia atrás, alisando las mangas
de su abrigo, aparentemente sin darse cuenta de que su cara y su corbata
estaban manchadas de sangre. Por Alec. Por su honor.
Nadie se había preocupado por su honor antes. No estaba segura si le
gustaba.
Aunque pensándolo bien, a ella le gustó. Pero no tenía tiempo para
disfrutar de ese placer. En cambio, se volvió hacia Derek.
- Recuerda esto cuando te despiertes por la mañana y puedas ver el sol.
Recuerda que te di algo que tú rechazaste.
- Nunca he amenazado tu vida.
Ella respiró hondo.
- Eso es precisamente lo que hiciste.
- Lillian - dijo Alec interponiéndose, y Lily levantó una mano hacia su palabra de
advertencia. Hacia su desaprobación. Él podría ser su guardián, pero ella no le
permitiría manejarla. Lo esquivó, volviendo a enfrentar a este hombre al que
una vez había amado, a este hombre al que alguna vez le había creído que le
bajaría la luna.
- No puedo manejar la opinión de quienes me rodean, la opinión que comparte
toda la sociedad. La opinión que se solidificará cuando exhibas el retrato - Hizo
una pausa. Respiró hondo. Y agregó:- No puedo deshacerme de la vergüenza
que siento por mi ruina - Entonces miró a Alec. Reconoció que tenía razón. Que
su plan era el mejor.- No puedo escapar de él.
95
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
La comprensión se encendió en los hermosos ojos marrones de Alec, y
Lily esperó que él disfrutara del triunfo al saber lo que haría.
Encontraría a un hombre. Y se casaría.
Porque no había otra opción.
- Vete, Derek.
Él insistió en tener la última palabra.
- Un hombre infame mostraría la pintura esta noche para castigarte. Para
castigar al bruto de tu guardián. Pero soy una gran mente. Más evolucionado
que cualquier otro que el mundo haya conocido. Así que te otorgo mi
benevolencia… - Hizo una pausa de esa manera que solamente Derek sabía
hacer. De la forma en que siempre había hecho cuando posaba para él. Ella
solía aferrarse esas pausas, segura de que diría algo de una brillantez total.
Ahora que sabía la verdad, todo lo que salía de la boca de Derek Hawkins eran
aguas residuales. - …Considéralo un regalo, pequeña Lily. Por la…
inspiración.- La forma en que la palabra salió de él hizo que Lily quisiera
vomitar por el arrepentimiento. - En la semana que queda, podrías considerar
hacer a tu bestia menos salvaje.
Alec con calma, miró su mano y luego a Derek.
- Lo único que me impide descuartizarte es su benevolencia, mosquito
pomposo. Sal.
Las palabras estaban apenas contenidas, lo suficientemente aterradoras
como para enviar a Hawkins corriendo hacia la puerta.
Lily miró la puerta un largo rato después de que Derek se fuera, e
incapaz de mirar a Alec, dijo:
- Dime. Si hubiera pintado a un hombre desnudo, ¿estaría Londres tan
escandalizado? - Cuando Alec no respondió, Lily lo hizo ella misma.- Por
supuesto que no.
- Lillian,- susurró Alec, y por un fugaz momento, se arrepintió de negarle el uso
de su apodo. Después de todo, si alguien debería usarlo, ¿no debería ser el
hombre que luchó por ella sin dudarlo? ¿Sin que ella lo mereciera? Respiró
hondo.
- Mi reputación está arruinada, porque soy una mujer y no nos pertenecemos.
Nosotras pertenecemos al mundo. Igual que nuestros cuerpos y nuestras
mentes.
- No perteneces a nadie. Ese es el punto. Si lo hicieras, esto no sería un
escándalo.
Ella levantó una ceja.
- Te pertenezco, ¿verdad?
- No.
Los labios de Lily se torcieron al instante en respuesta.
- Por supuesto que no. Tú nunca me quisiste.
Nadie me quiere. De ninguna manera que importe.
Fue el turno de Alec de negar con la cabeza.
- Eso no es lo que quise decir.
- Eso no lo hace menos cierto.
Él la miró por un largo momento.
- No importa lo que sea cierto. Solo lo que crees.
Ella asintió ante sus propias palabras en sus labios.
96
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Entonces estamos de acuerdo. No estoy interesada en echarte la culpa, Su
Gracia. Simplemente estoy interesada en salir de esta habitación y decidir a
qué afortunado caballero debo seducir para que cargue conmigo como esposa.
Él maldijo de nuevo, y ella lo tomó como una señal para irse, girando
sobre sus talones y dirigiéndose hacia la puerta por la que Derek había salido
minutos antes. Una vez allí, se volvió y encontró a Alec todavía como piedra
bajo la luz de la luna, con el abrigo hecho jirones, junto con un rasgón en el
muslo de sus pantalones. Apoyado en los delicados muebles de la pequeña
sala de estar, parecía sacado de una novela escandalosa: un delincuente que
entraba furtivamente en una casa para saquear su botín.
Y, de alguna manera, al mismo tiempo, se veía perfecto.
¿Qué pasaría si él la quisiera?
Ella apartó el pensamiento.
- Déjame capitanear esta nave, Alec. Podría lanzarla sobre las rocas y
hundirme en las profundidades, pero al menos lo haría yo misma.
Antes de que él pudiera responder, Lily se dio vuelta, abrió la puerta y se
encontró cara a cara con la condesa Rowley, quien de ninguna manera se
sorprendió al descubrir a Lily dentro de la oscura habitación. De hecho, Lady
Rowley simplemente sonrió con una secreta sonrisa y se inclinó.
- ¿Está Alec adentro, cariño?
Lily estaba desconcertada por la familiaridad en la pregunta.
- ¿Alec?
La condesa aclaró.
- Tu guardián.
Lily soltó una risita sin humor ante la descripción y abrió más la puerta,
revelando a Alec que estaba más allá.
La mirada de lady Rowley se iluminó con un regocijo depredador.
- Lo sabía. Acabo de ver a tu antiguo amante salir de este corredor con aspecto
de haber sido atacado por un bruto devastador. Y sabía que era mi bestia
devastadora.
Lily se irguió ante las palabras. Odiaba el sonido de ellas en la bonita
voz sin aliento de la condesa. Odiaba la posesión inherente en ellas. Pero
sobre todo, odiaba la descripción, despectiva y sexual, como si fuera un oso
para ser domesticado en lugar de un hombre.
- Alec, bestia heroica - dijo lady Rowley, ronroneando,- Esperaba encontrarte
en algún lugar oscuro, cariño. Para reanudar nuestro conocimiento.
No había dudas sobre el significado de las palabras de la condesa.
Eran amantes.
Lily ignoró la punzada de decepción que surgió en ella, diciéndose a sí
misma que cualquier decepción era porque había pensado que tendría un
mejor gusto en amantes.
No tenía nada que ver con la idea de que tenía un amante, punto.
Miró por encima de su hombro a Alec, que estaba mirando directamente
a Lady Rowley, con una intensidad que Lily nunca había presenciado. Y no
pudo detener la emoción que la inundó. Traición.
- Cariño - La condesa suspiró - Mira, tu abrigo hecho jirones, tan grande, ancho
y fuerte como siempre. Dios mío, te he echado de menos.
Lily cerró la puerta antes de escuchar la respuesta. No deseaba
escuchar la respuesta. "Déjalo pasar el resto de la tarde con su amante. Déjala
atender sus nudillos magullados y su ego." Lily quería salir de esa habitación.
97
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Quería salir de esa casa. Fuera de este maldito mundo con sus reglas que
significaban cosas diferentes para diferentes personas.
Y tenía la intención de salir, sin él.
Esta no era la primera vez que estaba sola, después de todo. Lillian
Hargrove había hecho una vida de estar sola. Y la llegada de un macizo
escocés no cambiaría eso.
Para cuando llegó a la entrada del salón de baile, estuvo casi
ensordecida por la charla cacofónica que había dentro. Nadie estaba bailando,
a pesar de que la orquesta tocaba una cuadrilla perfecta. En cambio, todos los
aristócratas de Londres estaban apiñados en pequeños grupos, inclinando las
cabezas, agitando fuertemente sus abanicos y en alegre voz baja. A pesar de
que se trataba de un evento diseñado para subrayar las diferencias sociales
entre las personas, los chismes seguían siendo el gran unificador.
Lily no era tonta. Sabía cuál era el tema de la charla. Sabía, también,
que pronto, sería parte de ella, incluso antes de que Sesily Talbot se acercara,
le agarrara las manos y le dijera en voz baja y reservada:
- ¡Buen señor! Cuando dije que tú y Warnick deberían convertir a Hawkins en el
villano, ¡no quise decir que debieran golpearlo casi hasta la muerte!
- No fue casi hasta la muerte - dijo Lily.
- Cruzó la habitación con la mejilla hinchada, un labio partido y un ojo que haría
que un guerrero hiciera una mueca de dolor - Sesily se detuvo - No es que no
disfrutara de esa imagen.
Lily no pudo evitar sonreír ante eso.
- Me imagino que lo hiciste.
- Se lo merecía y más - acordó Sesily antes de agregar - ¿Fue muy
emocionante ver a Warnick abalanzarse sobre él? Es un glorioso bruto de
hombre.
Lily estaba empezando a odiar la palabra.
- Él no es un bruto.
- De hecho no - Sesily se corrigió de inmediato - Él se preocupa mucho por ti,
obviamente.
No le gustaba la forma en que las palabras de Sesily la hacían sentir
llena de confusión y algo parecido a una enfermedad. Entonces preguntó:
- ¿Todos vieron a Derek?
- Fue maravilloso - dijo Sesily con alegría.
- Supongo que estoy en el centro de otro escándalo.
- Pish.- Sesily agitó las manos como echando lejos las palabras. - Es el mismo
escándalo. No es nada comparado con los de las hermanas Talbot. Pero debo
reconocer que, ciertamente sabes cómo entrar en un salón de baile. - Sesily
miró el vestido de Lily - Y cómo vestirte para eso.
A Lily no le pareció divertido. En cambio, lo encontró terriblemente
vergonzoso. El arrepentimiento la atravesó, y deseó desesperadamente estar
en cualquier otro lado que no fuera allí.
- No sé lo que estoy haciendo.
- Escúchame - dijo Sesily con firme convicción, apretando las manos de Lily
con fuerza y obligándola a mirarla a los ojos - No les dejes ganar. Jamás. No
hay nada en el mundo que les guste más que desgarrar a una mujer por tener
demasiado coraje. Y no hay nada en el mundo que los enoje más, que no ser
capaces de romperla.
98
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Lily miró a la mujer, una amazona en el corazón de Londres. Hermosa
en su vestido rojo demasiado apretado, un vestido que sin dudas hizo que las
otras mujeres se pusieran verdes de envidia. Ella era todo lo que Lily no era.
Auténtica. Segura de su lugar. Feliz con eso, incluso.
Lily se preguntó cómo sería eso. Tal vez fue toda esa confianza lo que
hizo que Lily estuviera tan dispuesta a hablar. Lo suficientemente audaz como
para decir algo que probablemente no debería haber dicho.
- Derek me pidió que fuera su amante otra vez.
- Derek es un troll.
Lily se rió, porque era eso o llorar.
- Es él, más bien.
- Sí un troll arrogante, inepto, cabeza hueca y molesto.
Los ojos de Lily se abrieron de par en par ante el creativo insulto.
- Uno con mucho poder para arruinarme, parece.
Sesily tomó sus manos otra vez, había consuelo en la calidez y la
firmeza de su agarre.
- Lo sobreviviremos.
- ¿Nosotras?
- Por supuesto - dijo Sesily encogiéndose de hombros - Es lo que hacen los
amigos. Ayudarse a sobrevivir.
Amigos.
Ella nunca tuvo un amigo. Pero había leído sobre ellos. Sacudió su
cabeza.
- ¿Por qué serías tan amable conmigo?
Una sombra pasó sobre la cara de Sesily, luego desapareció.
- Porque sé lo que se siente que todos te aborrezcan. Y los he visto perseguir a
otros. Las mujeres como nosotras deben permanecer unidas, Encantadora Lily.
Lily quería preguntar más, pero no había tiempo para hacerlo, ya que
Alec eligió ese momento para reaparecer en el pasillo, con el abrigo
destrozado, los pantalones hechos jirones, los guantes manchados de rojo con
la sangre de Derek.
- ¡Dios! Se ve como un boxeador profesional. O peor - dijo Sesily, su mirada fija
en él mientras se acercaba y tomaba con la mano el codo de Lily - Oh, la mitad
de las mujeres quieren ser tú, esta noche, Lillian Hargrove.
Lily no podía imaginar por qué, ya que Alec parecía querer matar a
alguien… como si ya hubiera matado a alguien.
- Nos vamos ahora - Alec gruñó, haciendo caso omiso de Sesily, y Lily sabía
que era mejor no discutir con él. No mientras la ira brillara en sus ojos
marrones, y se viera la firmeza en su mandíbula cuadrada.
Sesily se inclinó para besar a Lily en la mejilla, y aprovechó el momento
para susurrar:
- Ten cuidado. En mi experiencia, los hombres que se ven así, están listos para
una de dos cosas: besar o matar. Y ya ha intentado lo último.
99
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 10
¡SIGUE SIENDO MI PALIZA ESCOCÉS!
INCULTO DUQUE DISCIPLINA A DEREK
Él no confiaba en sí mismo para hablar.
No cuando se enfrentó a lo peor de Londres en el salón de baile de
Eversley, ardiendo por el calor de todas las miradas. Y no mientras guiaba a
Lily a través de la habitación, y él escuchaba los susurros. El Duque Inculto. . .
Cubierto de la sangre de Hawkins. . . La muchacha no es más que un
problema. . . Pobre Hawkins. . .
Ciertamente, Alec no confiaba en sí mismo para hablar, mientras la idea
de que era Hawkins quien merecía la simpatía en esta farsa, rondara el
ambiente.
Como si lo que Lily mereciera solo fuera el juicio de esas personas.
El bruto escocés.
Giró al final del salón y su mirada cayó sobre la mujer cuyos ojos le eran
familiares. La mujer que lo conocía. Apretó los dientes, las palabras de ella aún
resonaban en sus oídos: "…tu abrigo hecho jirones, tan grande, ancho y fuerte
como siempre." El olor al perfume demasiado empalagador de Peg aún flotaba
a su alrededor. El recuerdo de sus manos deslizándose sobre su pecho, el
toque despertaba en él odio, no por ella, sino por las innumerables mujeres
inglesas que lo consideraban una muesca en el borde de sus camas, lo
suficientemente bueno para llevarlo a sus lechos, no lo suficiente bueno para
otra cosa.
Una conquista. La gran bestia escocesa.
- Ven a verme, cariño - había susurrado Peg, con sus hábiles manos
deslizándose sobre su pecho, como si él le perteneciera. Como si él la siguiera
como un cachorro con una correa. Ella había deslizado una tarjeta con su
dirección en el bolsillo, recordándole profundamente su pasado, la forma en
que lo había manipulado tan fácilmente a pesar de pensar que era menos que
ella. Indigno de ella.
¿Cuántos otros habían pensado lo mismo?
¿Con qué frecuencia lo había pensado él mismo?
No pertenecía aquí, a este lugar, con la hermosa, inglesa y
completamente perfecta, Lillian.
Alec no habló cuando Lily y él salieron del salón de baile, pasando frente
a un sorprendido King, ni siquiera se detuvo para decirle adiós. Y no habló
cuando abrió la puerta de su carruaje y levantó a Lily para depositarla adentro.
Sin embargo, ella habló, interrumpiendo su pequeño chillido de sorpresa
al ser subida al carruaje con un… "soy capaz de subir escalones, Su Gracia".
Alec no respondió, sino que se trepó en el carruaje detrás de ella, cerró
la puerta con un chasquido mecánico y golpeó dos veces el techo, poniendo el
vehículo en movimiento.
No pudo responder, demasiado lleno de frustración, lástima, vergüenza y
una gran sensación de indignidad. Entre el estado de su ropa, la batalla con
Hawkins y la llegada de Peg, ya había tenido suficiente de esta horrible ciudad.
Quería destruirla en su totalidad, derribarla ladrillo por ladrillo y regresar al
100
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
norte como los merodeadores escoceses de antaño, que habían odiado a
Inglaterra con cada fibra de su ser.
Se la llevaría con él. Como un botín.
Se pasó una mano por la cara, deseando estar en cualquier lugar menos
allí. Nunca en su vida se había sentido tan fuera de lugar, como si todo lo que
hiciera estuviera mal. Y luego estaba Lily, que parecía aprovechar cada
momento para eludir con destreza sus planes, un constante recordatorio de
que era un completo fracaso en hacer lo correcto.
Así fue que Alec estaba menos que emocionado cuando volvió a hablar,
llenando el carruaje con sus recordatorios.
- Bien. Me imagino que será bien recibido en las mejores casas de Londres
después de esta noche.
Contuvo la maldición que quería lanzar a la noche, eligiendo el silencio
en su lugar.
Lily, sin embargo, no eligió el silencio.
- ¿No puedes honestamente creer que alguien se casará con la musa de
Hawkins?
Él la atravesó con una mirada.
- No te llames así.
- Bien. La amante de Hawkins.
Las palabras lo pusieron aún más al borde.
- ¿Lo fuiste? ¿Su amante?
Ella encontró su mirada.
- ¿Eso importa?
Solo porque él no te honró. Solo porque él no te merecía.
- Alguien se casará contigo. Haz tu lista. Yo lo conseguiré.
- Alec - dijo, y el tono era el que una madre podría usar con un niño para
explicar que las nubes no estaban hechas de crema.- Hawkins estaba cubierto
de moretones. Estás cubierto de sangre. Si alguien en el mundo estuviera
dispuesto a pasar por alto el escándalo inicial, esto lo ha empeorado.
Miró por la ventana.
- Eso no evitará que te cases.
Ella rió, el sonido sin humor.
- No he pasado mucho tiempo en la sociedad, Su Gracia. Pero te lo aseguro,
que lo hará.
- Entonces duplicamos la dote. La triplicamos.
Suspiró su nombre en la oscuridad, y escuchó la resignación en la
palabra. Lo detestaba.
- Quería casarme - dijo, Alec se quedó quieto, profundamente interesado en la
verdad en esas palabras.- Quería la promesa de una familia en el futuro. Y sí,
también de amor. Pero si debo conformarme… - se detuvo, luego volvió a la
idea, con más convicción. - Alec, no quiero conformarme.
Finalmente, algo en lo que podrían estar de acuerdo.
- No haré que te conformes. Nunca te pediría que lo hicieras.
Esa pequeña risa volvió, tan llena de incredulidad que le resultaba difícil
escucharla.
- Eso es precisamente lo que me estás pidiendo que haga - Hizo una pausa. -
Ocho días no es suficiente para que un hombre de esa lista se conforme. Ocho
días no es suficiente para enamorarse.
101
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Maldición, Lillian, ¡¿cómo podemos terminar con esto?! - Su cabeza
retrocedió como si él la hubiera golpeado, y tal vez lo había hecho, con la
frustración y la ira en sus palabras.- Digamos que te doy los fondos y huyes, ¿A
dónde irías?
Ella abrió la boca y la cerró un par de veces. Y finalmente dijo:
- Lejos.
Él no la quería lejos.
- ¿A dónde?
Una pausa. Y luego preguntó:
- ¿Qué es Escocia para ti?
- Lillian… - el empezó.
Ella sacudió la cabeza.
- No. Honestamente. ¿Por qué lo prefieres sobre cualquier otro lugar en el
mundo?
Él se encogió de hombros.
- Porque es mi hogar.
- ¿Y qué significa eso? - Ella insistió.
- Seguridad. Comodidad.
- A diferencia de aquí.
La diferencia entre Escocia, salvaje y acogedora, y Londres, con sus
reglas y su decoro, era tan vasta que le hacía reír.
- Es todo lo que aquí no es. Es completamente diferente.
Ella asintió.
- Eso es lo que quiero. Quiero irme de aquí. De este mundo ¿Por qué tú
deberías tenerlo y yo no?
Él quería dárselo. Quería que sintiera la sensación de estar de pie en un
campo de brezo cuando los cielos se abren y la lluvia borra la preocupación.
Pero incluso Escocia no podría desaparecer el pasado.
- ¿Crees que este mundo no te encontrará? ¿Crees que podrías vivir como una
rica viuda en alguna parte? ¿Dirigirte a París y reinar como una princesa de
seda? ¿Viajar a Estados Unidos y usar el dinero para construir un imperio? No
puedes. Este mundo volverá a encontrarte. Eso es lo que le sucede a...
Ella esperó.
- ¿A quién?
- A los que huyen.
Se había escapado, ¿no es así? Había prometido nunca dejar que le
recordaran el pasado.
Y mira esta noche.
Sus ropas andrajosas, sus manos ensangrentadas. Él nunca lo
superaría.
Pero si Lily encontraba un marido, podría sobrevivir. Ella sobreviviría.
- Quédate. Conoce a los hombres. Mira lo que te depara el futuro.
Ella alzó las manos en señal de frustración.
- Señor, líbrame de los guardianes entrometidos. Bien.
Se hizo el silencio, y Alec se sintió inmediatamente agradecido y
sumamente inquieto por ello. Afortunadamente, no duró mucho.
- Te dije que el abrigo no te iba.
Él deslizó su mirada hacia ella.
- ¿Qué dijiste?
102
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Tu abrigo. Lo has destrozado. Tus pantalones, también. Te ves como si
hubieras salido del desierto y entraste directamente en el salón de baile.
- Es de esperar del Bruto escocés - dijo.
- No - dijo al instante, sorprendiéndolo.- No eres un bruto.
Era una mentira. Estaba cubierto de sangre y sus ropas caían de su
cuerpo. Si alguna vez se hubiera visto como un bruto, ese momento era ahora.
- ¿Cómo me veo, entonces?
Ella lo miró.
- ¿Estás buscando un cumplido, Duque?
- Sólo la verdad.
Levantó un hombro y lo dejó caer con un efecto que a él le gustaba
bastante. No es que le gustara la mujer. Ella era demasiado hermosa para ser
cualquier cosa menos que peligrosa.
- Grande.
Dios sabía que eso era verdad.
- Demasiado grande.
- Para el abrigo y los pantalones, sí - dijo, - pero no demasiado grande.
- El resto de Inglaterra podría estar en desacuerdo.
- No soy el resto de Inglaterra - Se detuvo, considerando sus próximas
palabras, y agregó.- Me gusta lo grande que eres.
Las palabras lo emocionaron. Ella no quiso decirlo de la forma en que
sonó. Era la oscuridad de la noche, el movimiento del carruaje y el espacio
cerrado.
Y no importaba si ella quería decir lo que dijo. Lillian Hargrove no era
para querer.
Ahora, si solo su cuerpo lo escuchara.
- Te lo aseguro, el resto de Inglaterra no está de acuerdo - dijo, removiéndose
en el asiento y preguntándose cuánto más tardarían en llegar.
Ella sonrió.
- No es tu condesa.
Peg. Él fingió ignorancia.
- ¿Mi condesa?
- Lady Rowley. Ella no cree que seas demasiado grande.
Peg no pensaba eso ahora. No cuando el que estaba delante de ella, era
el duque de Warnick, con un título superior al que ella había conseguido por
matrimonio. Pero alguna vez… Peg lo había valorado mucho, mucho menos.
Incluso cuando él lo único que había querido era nada más que pertenecerle.
Alec miró por la ventana.
- Ella es la condesa de Lord Rowley, ¿no crees?
- No lo hago, en realidad - dijo Lily. - Vi la forma en que te tocó. Como si fuera
tuya. Y la forma en que la miraste. Como si… - Ella enmudeció.
Se dijo a sí mismo que no hablara. Que no preguntara. Pero en algún
lugar del silencio entre ellos, había algo que él quería entender con
desesperación.
- ¿Como si?
Ella negó con la cabeza y miró por la ventana.
- Como si quisieras ser de su propiedad.
Él lo había querido. Desde el primer momento en que le sonrió cuando
era un niño, mostrándole lo que era el deseo. Antes de que él supiera lo que
ella le haría. Lo que él se haría por ella. Él habría hecho cualquier cosa que ella
103
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
le pidiera. Y lo hizo. Él la había seguido como un cachorro enamorado. Hasta
que lo dejó todo en claro: "Dulce Alec, las chicas como yo no nos casamos con
chicos como tú."
Pero no iba a decirle nada a Lillian Hargrove.
- Peg no es mi condesa.
- Pero tú eras de Peg - dijo Lily, con su vestido tonto convirtiéndola en un perro
tras un hueso.
Suspiró, mirando por la ventana del carruaje por un rato.
- Hace siglos. Ella era la hermana de un compañero de escuela.
- Y tú no eras un duque.
Dio un pequeño gruñido de risa ante eso.
- No. Si hubiera sido así… - Fue su turno de callarse.
- ¿Si hubieras sido…? - Sugirió Lily, cuando la miró, encontró su mirada fija en
la de él, esperando. Ella estaba quieta y derecha, como si pudiera esperar
eternamente una respuesta. No lo entendía.
Sacudió la cabeza.
- ¿La querías?
Como nada que hubiera deseado antes. Él quería todas las cosas que
ella había representado. Todas las promesas bonitas que ella nunca le había
cumplido.
Él lo había querido todo. Como un tonto.
Lily no se movió durante un buen rato, y Alec se negó a preguntar qué
estaba pensando, en su lugar le dijo:
- Entonces, ya ves, Lillian, sé lo que es no conseguir la pareja que querías.
Ella asintió.
- Así parece.
Se hizo el silencio entre ellos, y Alec se volvió más y más consciente de
ella en la oscuridad, de sus largas piernas bajo las faldas de seda de su ridículo
vestido, de sus elegantes manos, envueltas en la felpa de sus guantes, unidas
en su regazo.
Esas manos comenzaron a consumirlo. Él las miró, deseando que no
estuvieran enguantadas. Deseando poder verlas, desnudas. Deseando poder
tocarlas.
Deseando que pudieran tocarlo.
Se sentó derecho ante eso. Ella no era para tocar.
Y él no estaba para que ella lo tocara.
Miró por la ventana de nuevo. ¿Qué tan lejos podría estar la maldita
casa de perros? No lo suficientemente cerca, claramente.
Y luego Lily dijo suavemente:
- Creí que él me amaba.
La afirmación lo deshizo, lo inundó de celos y furia y un gran deseo de
detener el carruaje, encontrar a Hawkins y terminar lo que había empezado
antes. Flexionó su mano derecha, la bienvenida picadura de sus nudillos
recordándole que había hecho un buen daño, pero no lo suficiente.
- ¿Lo amabas? - Lamentó las palabras en el momento en que salieron de su
boca. La respuesta no era para que él la supiera.
Entonces ella respondió, lentamente destruyéndolo con cada palabra.
- Mi madre murió cuando era una niña. Mi padre nunca volvió a casarse, y
cuando murió, me fui a vivir con el duque. Él fue lo suficientemente amable. Él
me instaló. Me dio habitaciones y una asignación más que generosa - vaciló,
104
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
buscando las palabras correctas - Se tomó grandes molestias para ser un buen
guardián. Tenía la intención de darme una temporada, ¿sabes? Antes de que
muriera. Pero él no podía sustituir a una familia.
- ¿Y el personal? - preguntó, recordando lo poco que sabían de ella.
Ella sonrió, una pequeña y triste sonrisa a la luz de la luna.
- No saben cómo interactuar conmigo. No soy ni pescado ni ave. No soy una
aristócrata. No soy un sirviente. No soy familia. No soy del todo invitada.
Intocable. Doblemente intocable, de alguna manera - Hizo una pausa,
envolviéndose con sus brazos, como para evitar un escalofrío. Miró hacia otro
lado. - Pasaba meses sin ser tocada por otra persona, más allá de una doncella
que me ayudaba a abotonar un vestido o una mano enguantada que tomaba la
mía para ayudarme a subir a un carruaje.
Su mirada volvió a sus manos, y odió los guantes de nuevo.
- Tu cuarto. Debajo de las escaleras.
Levantó un hombro con ese encogimiento de hombros otra vez.
- Era agradable escuchar a la gente. Subiendo y bajando las escaleras. Me
recordaban que había otros en el mundo. Al menos yo estaba cerca de ellos,
físicamente. Incluso si no los tuviera en mi vida. Los escuchaba reír… las
chicas solían reírse al bajar las escaleras por alguna tontería que yo nunca
entendía. Y habría dado cualquier cosa por intercambiar lugares con ellos.
Estar con ellos, en lugar de donde yo estaba, entre dos mundos.
- Lily - dijo Alec, con el pecho dolorido por el deseo de borrar todo ese tiempo a
solas. Ella nunca estaría sola de nuevo. Él se aseguraría de eso.
- A veces me preguntaba si alguna vez volvería a tocar a otra persona. Si
alguna vez sería amada - Miró a Alec, con la verdad en los ojos.- Él me hizo
sentir amada.
Las palabras lo destrozaron, a la vez hicieron que quisiera acercarla y
alejarla. Y luego aplastar a Hawkins convirtiéndolo en polvo por tomar ventaja
de Lily.
- ¿Y tú? ¿Lo amaste?
Apartó la mirada de nuevo.
- ¿Quién puede decir?
Alec odiaba las palabras. La forma en que no negaron sus sentimientos.
Él podría decir. Él quería poner las palabras en su boca. La negación
categórica. En cambio, dijo:
- Él no te merecía.
Un lado de sus adorables labios se levantó.
- Tienes una opinión terriblemente alta de mí, Su Gracia. El resto del mundo
diría que fui yo quien no lo merecía.
- El resto del mundo se puede pudrir.
Levantó una mano hacia el vidrio de la ventanilla del carruaje.
Arrastrando un dedo a través de la condensación que había allí.
- Lo hice, sin embargo- dijo, suavemente, perdida en la memoria.
- ¿Por qué? - No pudo resistir la pregunta.
- Una promesa tentadora. A veces… - Se preguntó si terminaría la oración, pero
ella guardó silencio el tiempo suficiente como para pensar que no lo haría. Y
luego, - …A veces, esperas tanto tiempo, que todo se siente como amor.
Su pecho estaba de repente, devastadoramente apretado. ¿Qué estaba
haciendo ella con él?
105
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Se inclinó hacia adelante, cerrando la distancia entre ellos y susurrando:
- No deseo lastimarte.
- Yo sé eso.
- Nunca debería haber venido - Nada bueno nunca salió de estar en Londres.
Especialmente cuando Londres vino con esta hermosa mujer, que arrojó todo al
caos.
- Hay algo bastante noble acerca de que hayas venido. Para mí.
Tal vez fue la forma en que lo dijo lo que lo hizo sonar casi mágico, como
si hubiera estado desnuda bajo las estrellas como una diosa pagana y lo
hubiera conjurado allí. Tal vez era la oscuridad o el reflejo de la luz plateada de
la luna en su piel de porcelana, lo que le hizo extender la mano, aunque sabía
que no debía hacerlo. Sabía que era un error de alto calibre.
Lily le dio su mano sin dudarlo, y él la giró, con la palma hacia arriba,
revelando un pequeño cuarteto de botones en el interior de su muñeca.
Despacio, desabotonó el guante y, tirando de los dedos, se lo quitó de la mano
y dejó al descubierto su piel lisa y desnuda.
Al principio, simplemente la miró, sintiéndose como si estuviera en un
precipicio, mirando hacia un profundo abismo del cual no regresaría. El aliento
de Lily le llegaba en un ritmo rápido, de staccato, o tal vez era el suyo, lleno del
deseo de tocarla.
"Me preguntaba si alguna vez volvería a tocar a otra persona." El
recuerdo de sus palabras giró susurrante a su alrededor, en un eco silencioso.
Aún sin tocarla, Alec se llevó su mano a la boca, tiró de los dedos de su guante
con los dientes, quitándoselo con eficiencia, y tirándolo a un lado y... antes de
que pudiera arrepentirse, deslizó su palma desnuda sobre la de ella.
Se quedó sin aliento al tocar su suave piel, al deslizar sus dedos sobre la
delicada palma, por la forma en que encajó su pequeña mano en la suya
mucho más grande.
Su piel era tan tersa, como la seda. Suave como el jadeo que salió en
una hermosa exhalación. Él no levantó la vista hacia el sonido. Se negó,
porque sabía que si lo hacía, no sería capaz de detenerse de lo que vendría
después.
En vez de eso, él acarició su mano, su palma acariciando la de ella, sus
dedos recorriendo las depresiones y los valles de sus dedos, hasta que solo se
tocaron sus dedos, antes de que él tomara su mano, entrelazando sus dedos
fuertemente.
- "Palma a palma" - susurró y se burló por la referencia a su discusión anterior
sobre Romeo y Julieta.
Él debería dejarla ir. Tenía la intención de hacerlo.
No quiso decir: "La única parte de la obra que vale algo".
No tenía intención de mirarla, de encontrarla demasiado cerca y todavía
infernalmente lejana. Él se obligó a moverse. Para apoyarse en el asiento. Para
liberarla.
Y luego susurró:
- "Deja que los labios hagan lo que hacen las manos".
"Maldito Shakespeare," maldijo, apretando su agarre y atrayéndola hacia
él. Su otra mano, aún enguantada, la capturó, deslizándose sobre su
mandíbula, sus largos dedos curvándose alrededor de su cuello y en su
cabello, esparciendo alfileres por doquier, mientras colocaba sus labios sobre
106
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
los de ella y la besaba como si estuviera muriendo de hambre y ella fuera un
banquete.
Sabía a pecado, a sexo y a… no entendía cómo era posible, pero sabía
a Escocia, salvaje, libre y acogedora.
Se detuvo, alejándose lo suficiente como para poner un poco de espacio
entre ellos, y cerró los ojos. Él debería detenerse. Este no era el plan. No era
posible.
Sabía a hogar.
Solo un beso más. Un poco más de su sabor. Brevemente. Lo suficiente
como para marearlo hasta que pudiera regresar y respirar de nuevo.
- ¿Alec? - Susurró, y la pregunta en su nombre fue su perdición. No protestas.
No confusión.
Deseo.
Él lo sabía, porque también lo sentía.
Alec gimió y la atrajo más cerca, soltando su mano desnuda, y
arrastrándola a través del carruaje, sobre su regazo, donde podría obtener un
mejor sabor. La rodeó con un brazo, protegiéndola en caso de que el carruaje
cayera en un bache y la hiciera volar, entonces volvió a sus labios, jugueteando
con ellos suavemente, burlándose de ella con la lengua hasta que Lily jadeó
por las emociones que estaba sintiendo, lo que Alec aprovechó al máximo,
saboreando su calor de seda con una promesa larga y lujuriosa.
Ella gimió, inesperada e inocentemente, y él se endureció como el hierro
debajo suyo, deseando oír ese sonido una y otra vez, esa prueba de su placer.
De su pasión
Entonces los dedos de ella se deslizaron por su cabello, y al fin se colgó
de su cuello, encontrando su lengua con la suya, encendiéndolo con un beso
que amenazaba con envolverlos en llamas, a ellos y al carruaje.
Gruñó de placer y capturó su rostro entre ambas manos, manteniéndola
quieta mientras la besaba, robando sus suspiros como un ladrón.
Y él era un ladrón. Tomando sin dudar.
O tal vez era ella quien era la ladrona.
Robaban juntos.
Merodeaban juntos.
Saqueaban juntos.
Y fue la cosa más gloriosa que había experimentado.
Las pequeñas manos se deslizaron dentro de su chaqueta destrozada
mientras se movía contra él, Alec le levantó las faldas, deslizando sus manos
por sus muslos cubiertos de seda, levantando su cuerpo de nuevo, para
colocarla a horcajadas sobre él, escandaloso e íntimo… todo lo que siempre
había deseado.
El carruaje volvió a rebotar, y ella se aferró fuertemente a sus piernas
con sus muslos, jadeando contra sus labios ante el movimiento.
- Alec - susurró - Por favor.
No, ella no susurró. Ella suplicó. Y cómo iba a negarse, especialmente
cuando ella se apoyó en su regazo. Para él.
Estaba perversamente duro, sus pantalones demasiado ajustados de
repente, brutalmente incómodos.
Él gimió su nombre, robando sus labios otra vez mientras la acercaba
más todavía, pudiendo sentir el calor de ella a través de su trusa y de sus
pantalones. Una de sus manos se deslizó, por su pecho, sus hombros y por su
107
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
cabello otra vez, tirando de él, hasta que su lengua se encontró con la de él
una y otra vez, y él sintió dolor por la necesidad de tener más de ella.
Con la mano libre, Lily agarró su brazo, moviéndolo, dirigiéndolo,
deslizándolo por su corpiño hasta el lugar donde la seda se unía a una piel
hermosa y prístina.
- Tócame - suspiró - Por favor.
Él tuvo que parar. Tuvieron que parar. Él despegó los labios de los de
ella, y sin aliento dijo:
- Lily. No debemos.
Ella abrió los ojos, el deseo combatiendo contra algo mucho más
complicado. Podía sentir su corazón acelerarse bajo sus dedos, donde ella
extendió la mano, donde ella lo quemó con su belleza.
- Por favor, Alec - dijo, suave como la seda - Por favor, mírame.
Ella lo hizo sonar como si fuera una elección. Como si no sufriera por
sentir cada centímetro de ella. Como si no quisiera reclamarla de la manera
más primaria posible y borrar el recuerdo de cada hombre que ella hubiera
deseado alguna vez.
Como si él fuera digno de ella.
Su garganta tragaba, mientras luchaba por reunir fuerza, y podría
haberlo conseguido. Podría haberlo hecho, si ella no hubiera tomado el asunto
en sus propias manos. Si ella no hubiera tomado su mano en la suya,
moviéndola hasta ahuecar un pecho completo y glorioso.
- Por favor, Alec.
Él resistió el impulso de moverse, aterrorizado pensando que si lo hacía,
ella podría continuar con esta loca tentación. Aterrorizado pensando que si lo
hacía, ella podría detenerse.
En cambio, él quitó la mano del calor de su pecho y tomó su rostro entre
sus manos. La atrajo hacia sí, lo más cerca posible sin tomar sus labios, y la
miró profundamente a los ojos, la tenue luz de las linternas al otro lado de las
ventanas proyectaba perversas sombras sobre su hermoso rostro.
- Muéstrame - dijo.
Pero lo que realmente quiso decir fue "Úsame".
Sus ojos se abrieron ante las palabras, y por un momento pensó que su
sorpresa la alejaría. Mientras lo observaba, sin embargo, la sorpresa se
convirtió en deseo y, como un regalo de Dios, ella hizo lo que le pidió.
Como le dijo.
El tiempo se detuvo en el pequeño espacio, y su mano lo guió,
presionándolo contra ella.
- Tócame aquí - dijo.
Lo hizo, sintiéndola apretarse bajo su palma, incluso a través de las
capas de ropa. Ella suspiró su frustración, empujándose dentro de su palma,
ansiosa por más, tal como él estaba. Se compadeció de ella.
- ¿Piensas ponerte este vestido otra vez?
Ella no entendió.
- ¿Qué?
- El vestido. ¿Estás enamorada de él?
Ella sacudió su cabeza.
- Es horrible.
108
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Entonces, hagamos lo correcto - gruñó, sus enormes manos llegaron al cuello
y lo aferraron, sin vacilación, tiró de él, y rasgó el corpiño en dos, liberándola a
sus manos y a su mirada.
Ella jadeó su sorpresa.
- Tú…
No tuvo tiempo para discutir.
- Muéstrame, Lily.
Y lo hizo, poniéndole la mano en el pecho. Gruñeron su placer mutuo
ante el contacto, antes de que Alec tirara del pico apretado, con el pulgar y el
índice para tentarla hasta que ya no pudiera negarse a él, y colocó sus labios
en su gemelo. Ella gritó ante el contacto, sus dedos se deslizaron por su
cabello hasta que él se amamantó, ligeramente, apenas, pero ella necesitaba
más, lo acercaba más, silenciosamente rogándole por más.
Cuando él se lo dio, deleitándose con la sensación y el sabor de ella,
seguro de que si había un cielo, realmente era este momento revivido una y
otra vez, ella se movió apretándose contra él, el calor glorioso de ella
acunándolo, duro, grueso y desesperado por la liberación. Gruñó ante esa
sensación, desesperado por liberarse, no estaba dispuesto a hacerlo, incapaz
de confiar en que se detendría si fuera necesario, si fuera capaz.
Y entonces ella se movió contra él, haciendo los más pequeños y
gloriosos ruidos, suspirando por su placer y gruñendo su deseo mientras él la
adoraba con la lengua y los labios y le hacía promesas a su cuerpo que nunca
podría cumplir.
Él no la tomaría.
Él no la ensuciaría.
Ella se merecía algo mejor que él.
Levantó la cabeza y la miró, tenía los ojos cerrados y una clara
frustración mientras se mecía contra él, desesperada por algo que no podía
encontrar. Desesperada por algo que fácilmente podría darle.
Por algo que él quería darle.
Deslizó una mano debajo de sus faldas, el roce de sus dedos en el
interior de su rodilla le hizo abrir los ojos. Su boca se abrió, y él negó con la
cabeza, repitiendo sus palabras.
- ¿Aquí? - Bromeó, acariciando su rodilla.
Ella sacudió su cabeza.
- No.
Él deslizó su mano por la parte exterior de su trusa, odiando la tela, la
forma en que bloqueaba su contacto. Pero se lo merecía, la negación. Por lo
que estaba haciendo. Por no ser lo suficientemente bueno para ella. Él se lo
merecía, así como ella se merecía el placer que podía darle. En este momento.
Sólo una vez. Sin tomar el suyo.
- ¿Aquí? - Preguntó de nuevo, más arriba en su muslo, cerca del pliegue que
marcaba el comienzo de su lugar más secreto, donde querría vivir, más de lo
que quería respirar.
Ella negó con la cabeza otra vez, pero esta vez, la palabra salió en un
pequeño grito.
- No.
Encontró la hendidura en la trusa, y se hundió más profundo,
encontrando los suaves rizos allí, acariciándola mientras jadeaba su deseo,
imaginando su color: un hermoso y profundo castaño.
109
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Aquí, entonces?
Ella había terminado el juego, y él vio la irritación en su mirada cuando
encontró la suya. Y luego habló, sorprendiéndolo muchísimo.
- ¿Debo mostrarte?
Ella estaba jodidamente gloriosa.
Él respondió al instante.
- Por favor.
Y entonces su mano estaba sobre la suya, y ella lo estaba presionando
más profundo, más allá de los rizos, dentro de su suavidad de seda, caliente y
gloriosamente húmeda. Juró, bajo y profundo en gaélico.
Ella jadeó una sola palabra mientras tomaba lo que quería, su mirada sin
disculparse sobre él.
- Ahí.
La besó entonces, exuberante y largamente, sus dedos buscando,
acariciando y tentando sus secretos hasta que quedaron sin aliento. Soltando
sus labios, él encontró sus ojos cerrados, mientras se mecía contra él, su mano
sobre la suya, mostrándole todas las formas en que lo deseaba.
Él se detuvo. Esos ojos se abrieron al instante. Furiosos.
No pudo evitar el hilo de diversión que lo atravesó en una oleada de
deseo dolorido.
- Mírame - dijo. Su ceño se frunció en confusión. - Te daré todo lo que quieras,
mo chridhe. Todo lo que necesitas, prometió, las palabras oscuras, suaves y
cargadas del acento con el que había luchado tan duro para no pronunciarlo
delante de ella. - Te mostraré el cielo. Pero solo si me dejas verlo en tus ojos lo
encontrarás. Ese es mi precio.
Las palabras flotaron entre ellos, pecaminosas, llenas de sexo, y por un
momento fugaz, Alec lamentó las últimas, como si ella le debiera algo. Ella
nunca le debería nada. A partir de este momento, solo necesitaría hacer una
seña para que él acudiera sin dudarlo.
Nunca había conocido a una mujer tan peligrosa.
Pero él ya estaba destrozado, por su piel suave, por sus enloquecedores
suspiros y por su magnífica mirada fija en la suya mientras él jugueteaba con
ella, mientras probaba sus curvas, sus pliegues y el glorioso canal oscuro
donde quería estar más allá de la razón. Sus ojos estaban fijos en los suyos
mientras se mecía contra él, rogándole por más, estrechándose cuando él le
ofrecía sus lentos y malvados golpes, y luego ensanchándose cuando
encontraba el lugar que le traería el maravilloso placer.
Él miraba esos ojos, grises como el Mar del Norte, clavados en él
cuando su respiración se aceleró. Su mano agarró su muñeca y jadeó su
deseo. Él sostuvo esa mirada hasta que ella gritó su nombre, perdiendo el foco
y cerrando los ojos. Ella gritó una y otra vez, marcándolo. Tomándolo de la
oscuridad y mostrándole el sol.
Cuando esos ojos se abrieron de nuevo, lo encontraron de inmediato,
sus manos enredadas en su cabello, sus labios apretaron los suyos, su lengua
deslizándose en su boca con un beso que lo desnudó y lo destruyó por
completo, implorando su placer, duro y caliente casi insoportable contra ella.
Apartó los labios de su boca, jadeando por la respiración, de alguna
manera inmóvil, duro y grueso por no haber podido llegar, queriendo
desnudarla, abrirse los pantalones y hacerla suya. Aquí. Ahora.
Siempre.
110
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Y entonces las manos de Lily estaban corriendo sus faldas, y se
preguntó si había hablado en voz alta. Sus dedos alcanzaron el frente de sus
pantalones, tocando ligeramente, un toque demasiado malditamente ligero,
pero que le dio el momento para encontrar la fuerza necesaria para detenerla.
Justo en el momento en que ella susurró:
-¡Oh, mi…
Y aborreció la reverencia en esas palabras.
"Las mujeres sueñan con hombres como tú, cariño. Pero por una noche.
No para una vida."
- No.- dijo levantando sus labios instantáneamente, liberándola como si fuera
acero caliente, que lo estaba marcando.
Su mirada estaba llena de confusión.
- Pero…
- No. La levantó de su regazo y la colocó de nuevo en su asiento, tan rápido,
que le tomó varios segundos entender lo que había sucedido.
Los dos respiraban pesadamente, y no pudo apartar la mirada de ella
por un largo momento, su corpiño hecho jirones, sus piernas torcidas, débil por
el placer que había encontrado en sus brazos. Sabía que ella estaba débil
porque él también estaba débil. Y dolorido.
Ella estaba tan cerca. Él podría llevársela.
Ella se lo permitiría.
Se presionó contra el asiento, dispuesto a darse vuelta. Dispuesto a
mirar por la ventana. Dispuesto a mirar hacia el piso. Hacia cualquier lugar
menos a ella. Pero no pudo, porque ella era la cosa más hermosa que había
visto en su vida.
Y luego cometió el error de llevarse la mano a los labios, con la intención
de borrar la sensación de estar allí, olvidando que su aroma sería como una
promesa. Y el deseo fue más fuerte de lo que podía soportar. Él la probó,
chupando profundamente sus dedos, deleitándose con ella.
El fuego vino a sus ojos mientras ella miraba y vio la verdad allí. Él
podría tenerla. Ella lo dejaría.
Cristo, él la quería.
Incluso ahora, incluso con sus horquillas desparramadas y sus largos
mechones caoba cayendo a su alrededor, incluso con el ridículo perro y la
liebre, que habían estado saltando desde lo alto de su cabeza desde primera
hora de la noche y que ahora caían junto a su oreja izquierda.
Parecía como si hubiera sido violada.
Por el bruto escocés.
Esta mujer quería matrimonio, hijos y amor, y esas no eran cosas que él
pudiera darle nunca. No eran cosas que ella quisiera de él. Demasiado grande,
demasiado escocés, demasiado bruto.
No se parecía en nada al hombre que ella merecía.
No para casarse. ¿Qué había hecho? Tenía que alejarse de ella.
Golpeó el techo del carruaje, deteniéndolo de inmediato.
La confusión brilló en los bellos ojos grises de Lily, mientras él
comenzaba a quitarse el estropeado abrigo de los hombros, ella lo necesitaría
para cubrir su propia ropa hecha jirones.
- ¿Qué estás haciendo? - Miró por la ventana. - ¿Dónde estamos?
- No importa - contestó, tirando el abrigo al asiento a su lado y abriendo la
puerta antes de que el carruaje incluso se detuviera.
111
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Alec - dijo, y le dolió su nombre en esos preciosos labios.
Él saltó al suelo y se volvió.
- No me preguntaste el título de Burns.
Ella negó con la cabeza como para aclararlo, el extraño cambio de tema
la persiguió.
- No me importa la poesía.
Ella estaba frustrada.
Justo como estaba él.
- "Un beso cariñoso, y luego nos separamos" - Antes de que ella pudiera
responder, él agregó - Lo siento, Lily. Por todo.
Y cerró la puerta del carruaje perdiéndose en la oscura noche.
112
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 11
¡MUJERES!
¡ENFRENTAR EL MIEDO CON FAVORECEDORES VESTIDOS!
Lily no usaba un vestido de perro a la mañana siguiente.
Aunque había varios vestidos caninos de día, para elegir, Lily descubrió
que no necesitaba ninguna causa adicional de vergüenza para el día. En su
lugar, llevaba un vestido que le pareció muy halagador: una seda verde
destinada a ser usada cuando recibía visitas, pero quienes la habían visitado
en la casa del número 45 de Berkeley Square, había sido cero y por eso rara
vez la había usado.
Cuando huyó a este lugar, al que cariñosamente llamaba Dog House, se
había traído el vestido con un toque de fantasía. Ahora, sin embargo, estaba
bastante agradecida de que hubiera recordado el bonito vestido.
Después de todo, no todos los días una era besada por un hombre
guapo en un carruaje. Más que besado. Mucho más.
Sus mejillas llamearon. No es que quisiera que sucediera de nuevo.
Mentirosa.
Eso era cierto. Simplemente sintió que era apropiado vestirse bien para
presentarse ante el besador. Besadores. Ella, después de todo, también lo
había besado.
Más que besado.
Y de alguna manera, a pesar de haber sido besada antes, a pesar de
haber besado antes, besar a Alec Stuart, Duque de Warnick, fue una
experiencia como nunca antes había experimentado.
Entonces, ella se puso un lindo vestido, y deseó que eso le diera el
coraje necesario para enfrentarlo esta mañana. Entró en la sala de desayunos
de Dog House y se preparó un plato, notando con un corazón palpitante que
había dos asientos en la mesa, lo que significaba que Alec aún no había
comido.
Usando las tenazas con forma de perro salchicha, para colocar una
salchicha y una gran tostada en su plato, se movió hasta el otro extremo de la
mesa y se sentó, haciendo todo lo posible por acomodarse con la casual
elegancia y poco esfuerzo que una mujer debería mostrar al encontrarse con
un caballero con el que había compartido un interludio como el de la noche
anterior.
Que ella no deseaba repetir.
Buen señor. Había sido glorioso. Y luego huyó. Su mirada se perdió en
su plato. Como un cobarde. Después de que ella lo tocara, lo encontrara tan
desesperado como ella.
"Lo siento, Lily. Por todo."
Qué absoluta basura. Como si ella no hubiera sido parte del evento.
Como si ella no lo hubiera querido.
Ella definitivamente lo había querido.
Ella simplemente no deseaba repetirlo.
De ningún modo.
Mentirosa.
113
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Presionó sus labios en una línea plana ante el pensamiento persistente y
repetitivo. Mientras hablando de querer, él también lo había querido, o al menos
así lo había parecido cuando había maldecido a Shakespeare y la había
arrastrado por el carruaje para prenderle fuego y demostrarle el placer que
nunca había soñado con encontrar. Y la hizo desear suplicarle que nunca se
detuviera.
Maldecir a Shakespeare parecía innecesario. Y bastante maravilloso,
sinceramente.
Afortunadamente, no había recurrido a rogarle, porque se habría sentido
más avergonzada de lo que ya estaba si le hubiera suplicado que no se
detuviera y él se hubiera detenido.
En resumen. El cobarde escocés. Huyó.
Fue un embarazoso desastre.
Por eso lo del vestido.
No importaba. Lily tenía otras cosas en qué pensar. Cosas que no tenían
nada que ver con el fornido y guapo escocés. Cosas que eran mucho más
relevantes para su situación actual. Para su futuro.
Cosas como maridos.
Angus y Hardy, abrieron la puerta de par en par con sus cuerpos peludos
e hicieron que el corazón de Lily se acelerara. Porque dondequiera que
estuvieran los perros, su amo no podría estar muy lejos.
Angus fue inmediatamente a investigar el contenido del aparador,
mientras Hardy fue a saludarla, inclinándose sobre sus patas delanteras antes
de sonreírle. Lily extendió la mano y pasó sus dedos a través del pelaje
enredado del gran perro, haciendo una pausa para rascarle detrás de su oreja.
Él inclinó la cabeza, con la lengua colgando fuera de su boca, y suspiró con
adoración.
Ella no pudo evitar sonreír.
Esta gran bestia no era más que un gatito. Un gigante gentil.
- Serás un consentido si no tienes cuidado, Hardy.
El murmullo sonó desde la puerta, duro, haciendo latir el corazón de Lily.
Levantó la vista para encontrarse con la mirada de Alec, solo para descubrir
que ya se dirigía al aparador, con la cabeza gacha y el tartán balanceándose
sobre sus rodillas. Si él no hubiera hablado, ella habría pensado que tal vez no
la había visto.
Sin embargo, el hecho de que no la mirara hizo que le resultara más fácil
mirarlo, y eso fue precisamente lo que hizo, observando su tartán con mucho
más cuidado que la última vez que lo había visto, cuando estaba demasiado
avergonzada para tener una buena mirada de los cuadros de la tela.
Para algo tan simple, el plaid le sentaba tremendamente bien. Aunque,
sinceramente, Lily pensó que era posible que un saco de harina también le
quedara tremendamente bien a Alec.
El hombre tenía empíricamente hermosas piernas.
No es que hubiera pensado mucho en las piernas de los hombres en su
vida. Hasta Alec. Ahora, cada vez que lo veía en su plaid, pensaba demasiado
en las piernas de los hombres.
Algo terriblemente inapropiado.
Lily tragó saliva, su boca repentinamente seca, pero hizo todo lo posible
para fingir que esta mañana era una mañana perfectamente normal. Que él no
la había convertido en un charco de deseo sin palabras, la noche anterior.
114
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
No pienses en el charco del deseo.
- Es un buen chico. Merece ser mimado.
Alec gruñó, colocando un tenedor de jamón en su plato junto a varios
tomates asados. Lily esperó a que dijera más, sin éxito.
Empujó su comida alrededor del plato con el tenedor, pretendiendo estar
profundamente concentrada en los bocados que allí había, cuando terminó de
servirse el desayuno, se acercó a la mesa, tomando asiento en el otro extremo.
Tan lejos de ella como fuera posible.
Por supuesto, era el asiento que había sido preparado para su llegada,
pero aun así. Él podría haberse acercado.
Un lacayo llegó de la nada, al parecer Dog House había sido atendida
con rapidez y eficiencia, y llenó la taza de Alec con té humeante.
- Gracias - dijo, y el pobre sirviente no supo qué decir.
Lily quería decirle al hombre de librea que debería estar agradecido de
que el duque le hablara, ya que aparentemente ella no calificaba para la
conversación. Ni siquiera después de la noche anterior.
Ni siquiera después de que la dejara casi sin sentido en un carruaje.
No fue bueno. Ella no iba a poder evitar pensar en eso. De hecho, cada
vez que lo miraba, podía sentir su mano contra la suya, sus manos la
levantaban como si no pesara nada. Sus brazos alrededor de ella. Sus labios
sobre los de ella. Su lengua. Sus dedos.
La habitación de repente estaba incómodamente caldeada.
Alec, por su parte, parecía completamente cómodo, informalmente
sentado en la enorme silla de madera en la cabecera de la mesa, con aspecto
de señor de la casa solariega, a pesar de comer en platos adornados con
escenas de una caza de zorro y bebiendo en copas de plata grabadas con
imágenes caninas. De hecho, comió como un hombre hambriento, su apetito
claramente no se vio afectado por su presencia.
Lily, por otro lado, sintió una gran opresión por el pesado silencio que
cayó sobre la habitación.
Detectando su disgusto por la comida, Hardy suspiró, poniendo su
cabeza en el regazo de Lily y mirándola con ojos tristes, como recordándole
que él estaba allí, ansioso por ayudar. Ella le dio un trozo de salchicha.
Angus se dio cuenta de que su compañero estaba lamiendo unas
chuletas y desde su lugar a la mano derecha de su amo se trasladó
inmediatamente hasta el lado de Lily, ella encontró un pedazo de carne para él,
también.
- Nunca te dejarán en paz ahora - Alzó la vista y vio que Alec seguía fascinado
con su comida, sin mirarla.
Ahora, Lily descubrió que estaba irritada.
- Al menos los sabuesos me reconocen.
Él detuvo su tenedor a mitad del camino, y Lily estaba bastante orgullosa
de sí misma por hablar. Él la miró, sus ojos marrones brillaban como whisky en
cristal.
- ¿Qué significa eso?
- Solo que su amo parece incapaz de encontrar la decencia para decir buenos
días.
Bajó el tenedor y se volvió hacia el trío de sirvientes que intentaban
desvanecerse en la pared al final de la habitación.
- Déjennos.
115
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
No dudaron y se fueron cerrando la puerta a su paso con un chasquido
silencioso que pareció reverberar por la habitación, enviando el corazón de Lily
a la garganta.
¿La besaría de nuevo? ¿Haría más?
Era terriblemente temprano para eso, ¿no?
Ella lo imaginó cruzando la habitación para sacarla de su silla, poner sus
grandes y hermosas manos en su rostro y tomando sus labios, mostrándole
una vez más lo que le mostró la noche anterior: que hacer el amor podía ser
salvaje, libre, loco y delicioso.
No es que a ella le importara si lo hiciera. Ella no lo quería.
Él la observó en silencio durante un largo momento antes de decir:
- Buenos días, Lillian.- No había nada burlón o condescendiente en las
palabras. Solo un saludo simple y civilizado.
Excepto por algo que hizo que Lily se sintiera completamente
incivilizada. Y muy petulante.
- Ahí. No fue tan difícil, ¿verdad?
- No, no lo era. Me disculpo. De nuevo.
De nuevo.
Lo siento, Lily. Por todo.
- ¿Por qué?
Él parpadeó.
- Por… - Se detuvo.
- ¿Por renunciar a un buen día?
- Entre otras cosas.
Apuñaló un tomate con su tenedor, disfrutando de la forma en que el
jugo salía por el costado. Era espeluznante y macabro, si uno realmente
pensaba demasiado en ello, y Lily se encontraba cada vez de más humor para
lo espantoso y macabro.
- ¿Qué otras cosas? - Ella no debería preguntar. Ella lo sabía. Pero aun así no
pudo resistirse.
Él no dudó en responder.
- Por mi parte en esta desastrosa obra.
- ¿Qué parte es esa? - Ella estaba bastante orgullosa de sí misma por sostener
esa conversación.
Él la miró, sabiendo de inmediato lo que estaba haciendo.
Impresionantemente, él no retrocedió.
- La parte que te amenazo con más escándalo.
- Estuve en el escándalo mucho antes de que fueras tras él. Derek y yo no
éramos exactamente clandestinos en nuestra amistad. Te agrego a eso, que
las páginas de chismes me dieron apodos, por el amor de Dios.
- ¿Apodos?
Ella agitó una mano.
- Encantadora Lily era cuando estaba afuera con Derek, pero cuando me vieron
en Hyde Park, o en Oxford Street, o en cualquier otro lugar, era Solitaria Lily
Él la interrumpió.
- ¿Qué tengo que ver con eso?
- El Lamentable Tutor.
Murmuró por lo bajo, sus ojos brillaban con ira.
- Yo no sabía.
- Que yo existía. Lo sé. No me preocuparía tanto por ello, honestamente.
116
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Bueno, sí me preocupo - refunfuñó. - Más de lo que Hawkins lo hizo. Más de
lo que hice anoche. Más de lo que deberías tener.
Ella entrecerró sus ojos hacia él.
- ¿Disculpa?
No vio lo cerca que estaba del precipicio. En cambio, él explicó sus
palabras, como si ella fuera una niña.
- Entiendo que no tengas una madre o una acompañante o lo que sea que una
mujer de tu edad requiere, Lillian, pero seguramente incluso tú sabías que si
pasabas un tiempo a solas con Hawkins, tu reputación sería la víctima.
Ella lo miró por un largo momento.
- Y entonces es mi culpa.
Él vaciló.
- Por supuesto que no.
La vacilación fue todo lo que oyó.
- Es duro. No fui forzada. No estaba drogada. Posé para él desnuda. Para un
hombre al que pensé que amaba. Para un hombre que pensé que me amaba.
Cuando llegaron las palabras, también lo hizo su enojo.- Fue por él. Solo por él.
No por ti. No por ellos. No por todos. Pero lo hice, Alec. Y entonces la culpa es
mía.
- No - ladró. - Es culpa de Hawkins, maldición. Si él no se hubiera aprovechado
de ti, si yo no hubiera...
Ella levantó una mano para evitar que hablara.
- Así que llegamos a eso. Entiendo. Soy a la vez lo bastante responsable para
que se espere que prediga mi muerte y lo suficiente irresponsable como para
ser víctima. - Hizo una pausa.- ¿Supongo que te has convencido de que fui tu
víctima anoche?
Hubo pocas cosas más satisfactorias que ver al Duque de Warnick, casi
siete pies de alto y pesando casi trescientas libras, ruborizarse. Pero lo hizo,
sus mejillas se tiñeron de color rojo a través de la mesa del desayuno, en su
referencia casual al interludio de la noche anterior. Estaba claramente
disgustado por la conversación.
Lily descubrió que no le importaba.
- No hay necesidad de avergonzarse, Su Gracia. No hay nada por lo que
disculparse.
- Hay de todo por lo que pedir disculpas - dijo, fuerte y grave, su acento se
espesaba con su frustración. Miró hacia la puerta, como para asegurarse de
que estaban solos antes de bajar la voz. El acento disminuyó.- Nunca debería
haberlo hecho. Nada de eso.
El aguijón de sus palabras le picaron como un pinchazo, la convicción en
ellas, como si se hubiera despertado esta mañana para descubrir que había
hecho algo realmente aborrecible. Le dolieron agudamente.
Lily lo odió. Se enderezó e interpretó a su mejor dama británica,
fingiendo una verdadera indiferencia aristocrática y mintiendo entre dientes.
- Qué dramático. Apenas vale la pena mencionarlo.
Él se congeló.
- ¿Qué quieres decir con que apenas vale la pena mencionarlo?
Por supuesto, que valía la pena mencionarlo. Valía la pena recordarlo
una y otra vez eternamente. Si ella tuviera habilidad, habría volcado todo el
evento en papel para poder volver a leerlo todas las noches por el resto de sus
días.
117
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Con Derek, había sentido que a él no le importaba demasiado que ella
estuviera allí. Siempre había sentido que debía hacerse ver. Pero Alec. . . Alec
la hizo sentir como si fuera el sol, caliente y brillante en el centro del universo.
Su universo.
Al menos, se había sentido así hasta que él se disculpó por hacerla
sentir de esa manera.
Por lo que le recordó:
- No estoy del todo sin experiencia.
Se puso de pie tan rápido que su silla se inclinó hacia atrás y se estrelló
contra el suelo, haciendo que los perros corrieran por la habitación. Él no
pareció darse cuenta.
- Otro guardián arrastraría al hombre que le dio esa experiencia al maldito altar.
Bueno. Estaba tan enojado como ella.
- ¿Eres virgen, Su Gracia?
Si sus ojos se abrían más, saldrían rodando de su cabeza.
- ¿Qué clase de pregunta es esa?
Ella resistió el impulso de gritar de alegría al poner a este enorme y
arrogante hombre en ese estado.
- Es solo que sigues soltero, así que me pregunto cómo es que nadie te
arrastró nunca con la mujer que te dio esa experiencia al maldito altar.
Sus ojos se estrecharon en rendijas.
- No deberías maldecir.
- Ah. Otra regla que difiere entre hombres y mujeres. No importa - agregó ella,
llevándose la taza de té a los labios.- Yo rechazo cortésmente tu oferta de
matrimonio.
Él parpadeó.
- ¡¿Mi qué?!
- Bueno, anoche añadiste bastante a mi experiencia y, por esa razón, debería
concluir en una boda, ¿no?
Permaneció allí un largo momento, mirándola, como si ella fuera un
animal tras las rejas en un espectáculo itinerante. Finalmente, dijo,
- Lily, estoy tratando de hacerlo bien. Todo lo que hice, todo, fue para
protegerte. Me doy cuenta de que estoy haciendo un trabajo terrible. Anoche,
en el carruaje, no debería haber sucedido - Hizo una pausa - Soy tu guardián,
por el amor de Dios.
Ella no respondió. ¿Qué podía decir? Lamentó el hecho de que la
hubiera hecho sentir más viva, más atesorada y más deseada, que cualquier
otra cosa en su vida. Y, lamentablemente, su arrepentimiento engendró el de
ella.
No era como si esperara que él entrara en la sala del desayuno y se lo
propusiera. Después de todo, no era como si hubieran completado el acto
propiamente dicho.
Pero no había esperado que doliera tanto. Se alejó de él, dirigiéndose a
las ventanas que se alineaban en el otro extremo de la sala de desayunos.
Respiró hondo, tratando de ignorar la familiar punzada, la que había sentido
con demasiada frecuencia. La que surgía cuando era ignorada.
Estaba haciendo el papel de tonta. Odiaba pasar por tonta. Y, de alguna
manera, eso parecía ser todo lo que ella era ahora.
Hardy pareció sentir su frustración, se acercó y presionó su cuerpo
grande y cálido contra su muslo. Había algo muy tierno en la presencia del gran
118
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
perro, e inmediatamente llevó su mano a la cabeza del can, acariciando sus
suaves orejas mientras miraba por la ventana, los jardines de Dog House.
Después de un largo rato, ella dijo:
- Hay un seto por ahí con la forma de un caniche.
Alec no sonó divertido cuando contestó.
- No esperaría menos.
Ella dijo en voz baja
- No fue mi culpa.
- Por supuesto que no - Y, por un momento, ella creyó que lo decía en serio.
- Tampoco fue de Derek. Realmente no.
- Ahí, no estamos de acuerdo.
Ella negó con la cabeza, pero no miró hacia atrás.
- Las reglas, son muy diferentes para hombres y mujeres. ¿Por qué debería
importarle al mundo con quien me ven? ¿Por qué debería importar si tengo una
cita privada con un hombre? No debería ser asunto de ellos. Debería ser solo
eso. Privado.
Hubo un largo silencio mientras consideraba las palabras, y cuando
respondió, estaba más cerca de lo que había estado. Y dijo por encima de su
hombro.
- Así no es como funciona.
No era justo. Lily había estado sola tanto tiempo, y encontrar compañía
de cualquier tipo, le había dado tal esperanza. Ni siquiera había considerado su
reputación cuando estuvo con Derek. Había estado demasiado desesperada
por compañía.
Del mismo modo que no había considerado su reputación la noche
anterior en el carruaje con Alec. Pero no había sido por la compañía, por la que
había estado desesperada entonces.
Había sido por él.
- Es cómo debería funcionar - dijo ella, mirando al perro, sus ojos marrones y
conmovedores parecían entender exactamente cómo se sentía.
- Debería - dijo.
"No debería haber sucedido." Sus palabras tácitas. Llenas de
arrepentimiento. Ella cerró los ojos. Debería haber sido una palabra terrible.
Lily cuadró los hombros y se volvió hacia él, resuelta en su decisión de
ignorar su hermoso rostro anguloso y sus ojos marrones, que brillaban con el
color del whisky. Ella no notaría nada de eso. Ni sus hombros anchos, o la
forma en que su cabello caía en un descuidado flequillo sobre su frente, o sus
labios.
Ella ciertamente no notaría sus labios. Habían hecho demasiado daño la
noche anterior.
Tristeza y frustración la recorrieron, un río de algo que podría
avergonzarla si ella lo permitiera. Pero ella no lo haría. No otra vez. No con otro
hombre. No con alguien que de repente parecía mucho más importante que el
primero.
Apartó las emociones, dejando espacio para una sola cosa.
Determinación.
No sentiría vergüenza. Hoy no. Olvídate del Duque de Warnick y su
tentación. Si él quería que la cortejaran, ella sería cortejada. Faltan siete días
para que se revele la pintura, y ella no se enamoró hasta este momento.
No pudo.
119
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Entonces negó con la cabeza, se resignó al plan y cerró sus apuestas.
- El conde de Stanhope - dijo, seleccionando el primer nombre en su tonta lista.
- Él es mi elección.
Fue notable lo rápido que se podía pasar de recibir lo que deseaba, a
cuestionar por qué lo deseaba en primer lugar.
Cuando Alec había entrado en la sala del desayuno, temía enfrentarse a
Lily, seguro de que planeaba acusarlo de la peor clase de picardía e insistir en
que la enviara desde Londres o se casara con ella.
No estaba seguro de poder haber hecho lo primero, sinceramente. No
después de que la hubiera separado de sus brazos la noche anterior, toda
belleza, perfección y tentación.
Y definitivamente no se casaría con ella. Se merecía un hombre
infinitamente mejor que él, que sólo era bueno para el placer sexual y poco
más. Una bestia bruta que, hasta que heredó el título de Duque de Warnick,
apenas merecía una segunda mirada de parte de las bellas rosas inglesas. Y
ciertamente no valía la pena una segunda noche.
Demasiado grande. Demasiado tosco.
Lily valía una docena de él. Anoche lo había demostrado, y lo empecinó
en su plan. Él la casaría. Y cuando lo hiciera, regresaría a Escocia. Y nunca
volvería.
Había entrado en la sala, intentando establecer esas reglas muy claras.
Sin embargo, no había esperado que estuviera tan hermosa, vestida con la
seda verde más bonita que jamás hubiera visto, acariciando la enorme cabeza
de Hardy como si lo hubiera criado desde cachorro.
No debería importarle que a ella le gustaran sus perros.
No le importaba
Lo que importaba era casar a la chica.
Entonces… debería haberse sentido aliviado cuando ella estuvo de
acuerdo y nombró su candidato, pero no fue alivio lo que lo inundó al hacerlo.
Era algo mucho más peligroso. Algo que, sospechaba, se parecía terriblemente
a los celos.
Sin embargo, contestó, fingiendo estar impasible ante el anuncio.
- Stanhope. ¿Lo conoces?
- Toda mujer soltera en Londres sabe de él.
No le gustó la forma en que lo dijo, como si el hombre fuera una especie
de premio.
- No sabía de él.
Ella le brindó una pequeña sonrisa.
- No recibes "Perlas y pieles".
Alec estaba orgulloso de saber que era una revista femenina.
- Como soy un hombre adulto, no lo hago.
- Él es un señor a la Tierra - dijo Lily, como si eso significara algo.
Alec no pudo ocultar su ignorancia.
- ¿Qué demonios significa eso?
Ella suspiró, y cuando respondió, parecía como si estuviera irritada con
su impactante falta de conocimiento.
- Lord Stanhope ha estado en la cima de la lista de señor a la Tierra de Londres
durante todo el tiempo que he estado leyendo los periódicos del escándalo.
120
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Bueno, en poco tiempo volveremos a por qué estás leyendo las hojas del
escándalo - dijo Alec - Pero empecemos con, ¿por qué Stanhope es así tan - ,
hizo una mueca ante la idea de decir la estúpida palabra - deseable?
Ella contó los activos de Stanhope en sus dedos.
- Es guapo, es encantador, tiene título y no está casado.
Alec suponía que a las mujeres les gustaban esas cualidades.
- ¿No es rico?"
Una de las perfectas cejas de Lily se levantó.
- Ahí es donde entro yo. Como bien sabes. ¿No es esa la clave para que me
cases?
Las crispantes palabras.
- No es solo la riqueza lo que espero que él quiera - dijo antes de poder
contenerse. Ella no era tonta. Preguntaría.
- ¿Qué más hay?
Probablemente no debería haber respondido. Pero había algo en verla
allí, con Hardy a sus pies, mirándola con adoración, que hizo que él se lo dijera.
- Ahí está tu belleza.
Sus cejas se levantaron en silenciosa pregunta.
Era la verdad. Era la mujer más hermosa que había visto en su vida con
su pelo rojo y sus ojos grises, una cara con la forma del corazón más perfecto y
un cuerpo que se había desarrollado de la mejor manera.
Un cuerpo del que había intentado desesperadamente no darse cuenta
hasta la noche anterior, cuando se había presionado contra él y no había tenido
más remedio que darse cuenta. Para memorizarlo.
Ella estaba completamente magnífica.
Y completamente… no para él.
- Belleza estropeada en el mejor de los casos, ahora que el mundo sabe sobre
la pintura.
- Eso es basura - dijo, su garganta estaba extremadamente seca. Tosiendo, se
dirigió a servirse más té. Bebió hasta que lo terminó.
- La pintura no cambia el hecho de que eres perfecta.
Sus palabras lo siguieron.
- Y de alguna manera, cuando lo dices, Su Gracia, no parece un cumplido.
- Eso es porque no es uno - Sabía que estaba gruñendo, pero no podía
evitarlo. Levantó la silla que había enviado al piso antes. Cuando ella hizo
referencia a su experiencia.
Mientras acomodaba los muebles, se vio inundado con visiones de lo
que, precisamente, esa experiencia podría haber sido. Las visiones fueron
seguidas inmediatamente por el tipo de experiencia que él podría ser capaz de
darle.
Y ese camino lo llevaba directamente hacia una zona peligrosa.
- Con la belleza vienen problemas - agregó, un recordatorio para sí mismo, más
que para ella.
Lillian Hargrove no era nada más que problemas. Del peor tipo. Del tipo
que hacía que los hombres hicieran cosas tontas, como besarla sin sentido en
un carruaje hasta que ambos quedaran débiles por el placer.
Ignoró la idea, ocupado en beber su té. No se sentiría débil de placer
otra vez. No con ella. Jamás.
Se merecía un hombre muchísimo mejor que un bruto escocés que
golpeaba la cabeza contra los marcos de las puertas y destrozaba su ropa
121
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
mientras hacía sangrar narices. Ella se merecía un hombre que no fuera tan
rudo. Uno refinado como un príncipe.
Su opuesto.
Supuso que un Señor a la Tierra, lo que sea que eso significara, era
precisamente lo que Lily se merecía. Y si Stanhope calificaba, entonces
debería estar feliz por ello. De hecho, un Señor a la Tierra era lo que Lily
necesitaba. Alguien que fuera tan bien considerado como partido, que su
matrimonio se convirtiera en la noticia. Y que eclipsara la pintura.
Si algo pudiera eclipsar a Lily desnuda.
Lo cual Alec dudó. Por su belleza.
- Tal vez el aire escocés ha confundido tu cerebro, Su Gracia. La mayoría diría
que la belleza es una bendición.
- No soy la mayoría. Yo se mejor que nadie que ninguna belleza como la tuya
es una bendición.
La boca de Lily se abrió. Se cerró. Se abrió de nuevo.
- No creo que alguna vez en mi vida haya sido tan insultada por un cumplido.
Bueno. Si el la insultaba, se mantendría alejada.
- No tengas miedo, muchacha. Vamos a capitalizar tus activos y casarte.
- Mis activos…
- Precisamente.
- Que son: Belleza. - Ella se acercó. Alec se movió para mantener la mesa del
desayuno entre ellos, sintiendo su irritación y recordando su gancho derecho
de la noche anterior. - Y una dote.
- Correcto - Al menos ella entendió ese poco.
- ¿Y qué hay de mi cerebro?
Alec se detuvo, sintiendo de inmediato que la pregunta era peligrosa.
- Es un buen cerebro.
- No te esfuerces con cumplidos tan elaborados.
Suspiró y miró hacia el techo, exasperado.
- Mi punto es que tu cerebro es innecesario. - Ella parpadeó. Al parecer, fue la
respuesta incorrecta. - Bueno, claramente creo que tu cerebro es esencial para
el plan.
- Oh, bueno, excelente - dijo ella, y él no se perdió el sarcasmo en las palabras.
- Pero eres escocés.
- Veo que te estás dando cuenta.
Su mirada se redujo.
- Tal vez deberías simplemente instalarme en los escalones de la casa, de las
nueve a las tres para que todos puedan echar un vistazo a la mercancía.
Él la había enojado. Lo cual estuvo bien. Lily Enojada no era para
besarla. Él se esmeró para mantenerla irritada.
- Si bien no me opongo a un plan de ese tipo en teoría, soy consciente de que
podría no ser apropiado.
- ¿Podría no ser apropiado?
- Definitivamente no - Él negó con la cabeza - Enviaré un mensaje a Stanhope.
Te reunirás mañana con él.
Sus ojos se abrieron de par en par.
- ¡¿Mañana?!
- No tenemos tiempo para perder. Tienes siete días para atraparlo.
"Tengo siete días para resistirte." Los dientes de Alec se apretaron ante
la idea.
122
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Y si él está ocupado?
- No lo estará.
Levantó su perfecta ceja castaña.
- Puede que no te guste el título, Duque, pero sin duda dominas la arrogancia
superior que viene con él.
Él chasqueó la lengua.
- Elegiste al maldito hombre. Lo voy a buscar para ti, ¿no es así?
El silencio se extendió entre ellos hasta que se sintió como una docena
de bestias brutas por gritarle. Él abrió la boca para decir algo más. Para pedirle
disculpas.
Pero ella lo detuvo.
- Por supuesto, entonces, tráelo.
- Lily… - dijo, de repente sintiendo que la luz de la mañana se estaba alejando
de él.
Ella entrecerró su mirada sobre la suya.
- ¿Qué te dije sobre llamarme Lily?
El nombre no era para él. Ella lo había dejado bien en claro.
- Lillian… - intentó de nuevo. - Anoche, yo estaba, era... - Esta mujer lo estaba
convirtiendo en un tonto idiota. ¿Cómo era eso posible? Tomó aliento. - Vamos
a atribuirlo a mi brutalidad.
- Deja de llamarte así. No eres un bruto.
- Destrocé un abrigo - Y más. Su corpiño. Él no pensaría en el corpiño.
- Necesitas un sastre mejor.
Era frustrante como el infierno.
- Eso no me hace menos bestia.
Lily estaba tan callada que pensó que podría no responder. En cambio,
dijo lo peor que pudo imaginar.
- ¿Por qué haces eso?
- ¿Qué cosa?
Se movió de nuevo, alrededor de la mesa, y él también, manteniendo la
distancia.
- Llamarte así. Una bestia. Un bruto.
"El bruto escocés." Él vaciló.
- También me has llamado así, ¿no es así?
- Enojada. Pero tú lo usas de verdad.
Porque siempre seré así. Y nunca seré lo suficientemente bueno para ti.
- ¿Cómo me llaman en tus revistas para mujeres?
- Todo tipo de cosas. El Duque Inculto, el Diablo de las Highlands...
- No soy un escocés de las Highlands. Ya no.
- Perdóname, Su Gracia, pero a nadie parece importarle la verdad.
Eso, lo sabía y estaba agradecido por ello. No deseaba discutir la
verdad.
- De cualquier manera - dijo - nunca volverá a suceder. - Si se lo prometía a
ella, tal vez dejaría de desearlo.
Después de un largo momento, Lily asintió y dijo:
- Voy a necesitar un acompañante.
- No. Los chaperones se interponen en el camino.
- Ese es el trabajo de los chaperones. Para ponerse en el medio y mantener la
corrección.
- No tenemos tiempo para la corrección.
123
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Hardy ladró; los perros estaban empezando a pensar que el círculo de la
mesa del desayuno era un juego.
Lily ignoró al perro.
- Entonces, no hay que preocuparse por un chaperón. Mi reputación no está
exactamente "limpia".
Aunque debería llevar uno, porque ella era el sueño de todos los
hombres. Y un acompañante era esencial. No, una viejecita temblorosa con
mala vista y peor oído. Necesitaba un acompañante que entendiera su
naturaleza crítica y sensible, y al mismo tiempo la situación y que, en caso de
ser necesario, si fuera demasiado directo, dejara al hombre inconsciente.
No había muchos chaperones pugilistas en Londres a corto plazo,
imaginó Alec.
Pero había una solución ideal. Una que había ideado en la oscuridad de
la noche, mientras se obligaba a pensar en ella como una pupila y no como una
mujer. Estaba bastante orgulloso de su éxito.
- No estoy preocupado.
Ella se detuvo, mirándolo con absoluta incredulidad.
- ¿Tú no lo estás?.
- No en lo más mínimo - Él se balanceó sobre los talones, cruzando los brazos
sobre su pecho - Tengo el acompañante ideal para ti.
Esa ceja castaña se alzó nuevamente, amenazando con perderse entre
su cabello.
- ¿Y quién sería?
Él sonrió. La tenía ahora.
- Yo.
Ella se rió, el sonido ligero, encantador y la tentación personificada.
- Honestamente.
- Estoy siendo muy honesto.
Frunció el ceño, y él resistió el impulso de suavizar con sus dedos las
arrugas gemelas sobre su nariz.
- No eres del tipo de "chaperón".
- Disparates. Soy el mejor acompañante posible - Hizo una pausa, marcando
las razones con sus tres dedos - Tengo un gran interés en que encuentres una
pareja exitosa, así puedo salir de Londres y nunca volver.
- Algo que podrías hacer en este momento, si simplemente, me dieras los
fondos para irme.
Ignoró la declaración y continuó.
- Estoy predispuesto a detestar a todos los ingleses, así que estaré en guardia
más que una solterona envejecida - Ella levantó una ceja.
- Eres viejo y soltero también, Su Gracia. Tendría cuidado sobre a quién llamas
una "solterona envejecida".
Ignoró la burla.
- Y, como hombre, soy más que capaz de predecir situaciones
comprometedoras.
Lily frunció los labios y guardó silencio durante un largo minuto, el tiempo
suficiente para que Alec llegara a la conclusión de que la había convencido de
su argumento, sobre todo cuando asintió.
- Parece como si hubieras planeado todo perfectamente.
- Lo he hecho, mejor dicho.
124
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Se había levantado temprano para hacerlo, obsesionado con casar a Lily
lo antes posible. Tenía la intención de firmar sus documentos de dote en el
momento en que ella seleccionara un pretendiente y regresar a Escocia.
Y olvidarse de ella.
- Solo hay un problema con tu plan.
- ¿Cuál sería? - No había ningún problema con su plan. Había considerado el
plan desde todos los ángulos.
- Tiene que ver con situaciones comprometedoras.
A él no le gustaba esa frase en sus labios. O, tal vez le gustaba
demasiado esa frase en sus labios.
Irrelevante.
No había problema con su plan.
- Como ya sabes, Su Gracia, desde que llegaste a Londres, me has encontrado
en una situación comprometida tras otra - Ella se puso derecha y lo niveló con
una fría mirada gris - Sin ir más lejos, hubo una… anoche. Contigo.
Parece que había un problema con el plan.
125
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 12
LA PÉRDIDA DE UN DUQUE ES LA GANANCIA DE UN CONDE.
Cuando salió de Dog House la tarde siguiente, vestida para una
caminata en Hyde Park con un caballero que no conocía, Lily esperaba un
vehículo simple. Negro. Posiblemente blasonado con algún tipo de cresta
canina, teniendo en cuenta su residencia actual. Sin embargo, lo que encontró
fue un carruaje más allá de cualquier transporte que Lily hubiera visto alguna
vez.
No era el elegante calesín de dos asientos que los jóvenes llevaban
orgullosamente por todo Londres. Tampoco era el dorado coche de dos
caballos en que las mujeres pasaban sus tardes de Hyde Park.
No tenía parangón, y no solo porque Angus y Hardy estaban sentados
en el centro del asiento como perfectos guardias caninos. Era enorme, con
elevados asientos, grandes ruedas negras que llegaban casi hasta su hombro,
todo el vehículo brillaba, prístino a la luz del sol, incluso las ruedas, que
parecían haber evitado de algún modo la suciedad de las calles adoquinadas
de la ciudad.
Como si el vehículo y los perros no fueran suficientes, los caballos eran
notables. Tan negros que brillaban casi azules bajo el sol, y combinaban
perfectamente con su entorno, precisamente la misma altura y el mismo ancho.
Ellos la dejaron sin aliento.
Y todo eso antes de que apareciera el conductor, que venía por el
costado del vehículo, alto, ancho y vestido con tartán, mirando a Lily a su vez.
Extremadamente adinerado y completamente salvaje, con sus piernas
bronceadas, con sus anchos hombros, con unos ojos que parecían ver todo y
con unos labios...
No. Sin labios.
Ella no estaba pensando en labios hoy.
Y ciertamente no precisamente en los labios del Duque de Warnick.
Alzó la barbilla en dirección al carruaje mientras bajaba los escalones de
Dog House.
- Esto es hermoso.
Él sonrió, volviéndose para admirar el carruaje.
- Sí, ¿no es así?
Lily no pudo evitar hacer coincidir su sonrisa con un movimiento de
cabeza.
- Nunca he visto algo así.
- Eso es porque no hay nada como esto - , dijo - Está hecho a medida.
Frunció el ceño.
- ¿Tienes un carruaje personalizado? ¿Para qué? ¿Pasas mucho tiempo
conduciendo por la campiña escocesa, ansioso por ser visto?
Se rió de su pregunta, el sonido cálido como un día fuera de estación.
- Está construido para competir. Muy ligero, perfectamente equilibrado, rápido
como una bala. Es prácticamente invencible.
126
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
A ella no le gustó pensar en la imagen de él cayendo en una carretera
por ir a altas velocidades, poniéndose en peligro, pero ignoró la preocupación.
No era como si fuera suyo para preocuparse, después de todo.
- ¿Diseñado por ti?
- Por Eversley, de hecho.
Confusa una vez más, dijo:
- Así que le pertenece al marqués.
- Nae. Él me lo cambió a mí.
- ¿Por qué? - No podía imaginar qué elemento se le podría comparar como
para justificar el cambio.
- Por una silla de montar usada.
Su boca se abrió.
- ¿Por qué él haría eso?
Sonrió, balanceándose sobre sus talones.
- Porque el pobre idiota se enamoró.
Ella sacudió la cabeza.
- No entiendo.
- Yo tampoco, pero no iba a rechazar la oferta - Le tendió una mano - ¿Nos
vamos?
Lily no dudó, y le permitió acomodarla en el asiento, más alto que
cualquier asiento de carruaje en el que alguna vez se hubiera sentado, para
ocupar su lugar junto a Hardy, quien de inmediato apoyó la cara en su regazo
para rascarse. Lily estaba feliz de hacerle el favor.
Alec se elevó para sentarse al lado de Angus.
- Vas a arruinar a mi perro con salchichas y adoración.
- Tonterías - dijo ella - No es como si lo vistiera con coronas enjoyadas.
Alec sonrió ante la broma, tan brevemente que no lo habría visto si no
hubiera estado mirándolo. Pero lo estaba haciendo. Él tenía una hermosa
sonrisa. No es que lo notara por alguna razón específica. Era un hecho simple.
Como que el cielo era azul, o que los perros tenían cola.
Se distrajo de su embarazosa línea de pensamiento, cuando el vehículo
comenzó a moverse dando inicio al paseo más tranquilo que había tenido, el
carruaje apenas se mecía con el movimiento de las ruedas. Era un coche
glorioso.
- Me gustaría uno de estos.
- Te compraré uno. Como un regalo de bodas.
Siempre con la mente puesta en la meta, casarla, para pasarle el
problema a otra persona.
- Si es un regalo de bodas, no será mío. Prefiero que fuera un…
Él la miró.
- ¿Un qué?
Ella sacudió la cabeza.
- Iba a decir que preferiría que fuera un… regalo de cumpleaños.
- ¿Y el dinero no es suficiente? - dijo, secamente.
- El dinero es mi derecho. Un regalo, sin embargo, siempre pensé que sería
lindo recibir uno.
- ¿Siempre pensaste? - Él la miró - ¿Nunca has recibido un regalo de
cumpleaños?
Lily apartó la mirada, no estaba dispuesta a responder, con su mirada fija
en ella. Él vio demasiado.
127
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Cuando era niña recibí. Baratijas. Pero una vez mi padre… - vaciló, luego
negó con la cabeza - Son para niños, supongo, los regalos. ¿Cuándo fue la
última vez que recibiste uno?
- Mi último cumpleaños.
Ella parpadeó.
- Catherine me dio un gatito. Pensó que merecía algo tan arrogante como yo.
Lily se rió.
- ¿Y?
- Ella nombró a la maldita cosa Aristófanes. Por supuesto que es arrogante.
- ¿Y lo amas mucho?
- Lo tolero - dijo, pero ella notó que sus labios se curvaban en una pequeña y
cariñosa sonrisa - Pone todo su pelaje sobre mi almohada. Y aúlla en los
momentos más inoportunos.
- ¿Inoportunos?
- Cuando estoy en la cama.
Lily se sonrojó, imaginando los momentos a los que se refería.
- Estoy seguro de que es desagradable para tus compañeras de cama.
Él no perdió un momento para responderle:
- No has vivido hasta que te despiertan estas dos bestias persiguiendo a un
gato por las paredes.
Lily rió, acariciando la adorable y suave cabeza de Hardy.
- Calumnias. Estoy segura de que son unos perfectos príncipes.
Sin mirar, Alec se acercó para darle a los perros una caricia áspera,
primero a Angus, y entonces… su mano se posó sobre la de Lily, en la cabeza
de Hardy, enviando una profunda conmoción a través de ella, que sintió que le
saltaron un par de latidos del corazón, antes de que él arrebatara su mano,
como si le quemara.
- Perdóname - dijo. Y continuaron en silencio por un largo rato, Lily deseó que
él la tocara nuevamente, hasta que Alec se aclaró la garganta y dijo:
- Deberíamos discutir los objetivos de esta tarde.
Ella lo miró.
- ¿Los objetivos?
- En efecto.
Esperó a que continuara. Cuando no lo hizo, dijo:
- Pensé que el objetivo era comprometerme antes de que se revelara la pintura.
- Ese es.
Apartó la mirada, haciendo caso omiso de la punzada de disgusto que
surgió con sus palabras. No quería ser empujada a casarse. Ese nunca había
sido su sueño. El sueño había sido pasión, amor y algo más poderoso que un
paseo por el parque. Ojos que se encuentran en una sala abarrotada. Se
conformaría con los ojos que se encuentran a través de una habitación
moderadamente poblada.
Ojos que se encuentran.
Tiempo.
En cambio, estaba a punto de ser exhibida como ganado. Y todo con la
esperanza de que pudieran engañar a un hombre para que la eligiera antes de
que toda la ciudad la viera desnuda.
Era realmente humillante.
Y luego él dijo:
- Es importante que lo atraigas.
128
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Se giró para enfrentarlo.
- ¿Que lo atraiga?
Él asintió con la cabeza, el carruaje acelerando a lo largo de la amplia
calle mientras marchaban hacia Hyde Park.
- Tengo algunas sugerencias.
- ¿Sobre cómo podría atraerlo?
- Sí.
Esto no estaba sucediendo.
- Estas sugerencias. ¿Son como chaperona?
- Como un hombre.
Ahora comprendió que antes, no había sido en absoluto humillante.
Ahora era humillante. Tal vez ella caería de este extraordinario transporte. Tal
vez su velocidad inusual la haría volar hasta el Támesis y allí se hundiría en el
lodo… y desaparecería.
Si solo estuvieran más cerca del Támesis. No tenía tanta suerte.
- Sigue.
- A los hombres les gusta hablar de ellos mismos - dijo Alec.
- ¿Crees que no sé eso?
- Supongo que deberías, teniendo en cuenta tu amistad con Hawkins - afirmó,
mientras el viento estrangulaba sus palabras.
- Nunca fuimos amigos - espetó ella.
- No estoy sorprendido por eso tampoco - admitió - Es difícil imaginar a alguien
deseando su amistad.
Ella deseó mucho más que la amistad de Derek Hawkins, pero eso era
irrelevante. Lo observó durante un largo rato y dijo:
- Tú no.
- Tienes toda la razón, no lo hago. No quiero que ese hombre respire el mismo
aire que yo. Nunca más.
- Quiero decir, que no te gusta hablar de ti.- Excepto para llamarse a sí mismo
un bruto. Una bestia.
¿Qué le había pasado para creer eso? ¿Para pensar en sí mismo, sólo
groseramente? Si ella se permitía pensar en él, era todo gracia y gloria.
Músculos, tendones y todas las características que eran la envidia de los
hombres adultos de todas partes, imaginaba. Y sus besos…
No.
Gracias a Dios, detuvo esos oscuros y peligrosos pensamientos.
- Soy escocés - dijo, como si eso explicara todo.
- Escocés - repitió.
- Somos menos arrogantes que los ingleses.
- Los ingleses, que en todo el mundo, son peores que los escoceses.
Él encogió un hombro.
- Eso no es arrogancia. Eso es un hecho. Bueno, el punto es que deberías
hacerle preguntas. Sobre él mismo. Y que él te bromee.
Lily parpadeó.
- Que bromee… muy romántico.
Él sonrió, pero continuó.
- Pregúntale sobre cosas que les gustan a los ingleses. Caballos. Sombreros.
Paraguas.
Ella levantó una ceja.
- Paraguas.
129
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Los ingleses con título parecen estar extremadamente preocupados por el
clima.
- ¿No llueve en Escocia?
- Llueve, muchacha. Pero somos hombres adultos y no lloramos por la
humedad.
- Oh no. Me imagino que te divertirás con eso - dijo, irónicamente. - ¿No hay
mejor olor que el del tartán de lana mojado?
Levantó una ceja.
- Segunda sugerencia. Debes hacer tu mejor esfuerzo para no estar en
desacuerdo.
- ¿Contigo? - Replicó ella.
- De hecho, eso sería útil a largo plazo, pero quería decir con Stanhope. A los
hombres les gustan las mujeres que son agradables.
- Dócil.
- Exacto - Alec parecía feliz de que lo hubiera comprendido tan bien.
- Bueno, he posado desnuda para un legendario retrato. Si eso no es docilidad,
entonces no sé qué es.
Él la miró.
- No sacar el tema del retrato.
- Estás imponiendo a mi pequeño cerebro femenino todas estas reglas, Su
Gracia.
Él suspiró.
- ¿Quieres casarte o no?
- Oh, sí - replicó ella - Sueño con un marido que se burlará de mí.
Él suspiró.
- Estás siendo deliberadamente obtusa.
- ¿Estás seguro de que es deliberado? Después de todo, me animaste a dejar
mi cerebro en casa, ¿no es así?
- Eso me lleva a la última sugerencia.
- ¿Hacer todo lo posible por no sonar como una tonta? - Sus labios se
crisparon. Él se estaba divirtiendo - Debe ser extraordinario poder encontrar
esta conversación divertida, Su Gracia. Continúa y cuéntame tu última brillante
sugerencia.
- Presenta tus mejores características.
Lo miró boquiabierta.
- ¿Qué demonios significa eso?
- Solo que si él es muy deseable, es probable que tengas una gran
competencia.
Entraron en Hyde Park. El carruaje fue frenando hasta detenerse, y un
hombre bien vestido los observaba desde varios metros de distancia. Sonrió
calurosamente y Lily pensó que, si ése era Frederick, Lord Stanhope, entonces
era precisamente lo que "Perlas y Pieles" decía que era. Alto, rubio y guapo,
con una gran sonrisa y ojos amables.
- Bien. Definitivamente es un Señor a la Tierra - dijo.
Si solo pudiera experimentar alguna emoción por él, la tarde comenzaría
de manera tremenda. Pero, en cambio, estaba tomando el consejo de cortejo
de un escocés. Sobre como explotar sus mejores características.
No era un buen augurio para la tarde.
- Si te interesan ese tipo de cosas.
Se volvió hacia él.
130
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Guapo, con título y soltero? Tienes razón. Es un interés muy extraño.
Alec gruñó, y Lily tomó ese sonido de irritación como una señal de que
había ganado su pequeña batalla. Cuando Lord Stanhope se acercó, ella se
giró hacia Alec, notando que sus grandes manos vestidas de cuero, todavía
sostenían las riendas.
- ¿Supongo que vas a ofrecer una opinión sobre cuáles de mis características
son las mejores para utilizar?
- No - dijo.
Lily no pudo ocultar su sorpresa.
- ¡¿No?!
Sacudió la cabeza.
- Haz lo que gustes - Se bajó de su asiento y rodeó el carruaje para ayudarla a
bajar.
Mientras él le agarraba la cintura con las manos, el contacto la atravesó,
inquietante. Más aún cuando él dijo, en voz baja, para que solo ella pudiera oír:
- Todas tus características son las mejores.
A Alec instantáneamente no le gustó el conde de Stanhope.
Era obvio, por supuesto, por qué les gustaría a las mujeres, aunque
fuera un mendigo. Lily había enumerado sus cualidades positivas varias veces
a lo largo del día, ¿no es así? Guapo, con título y soltero. Encantador, también.
Eso quedó claro cuando el dandy, con su bastón plateado en una mano,
sus pantalones y su abrigo perfectamente entallados y sin arrugas, se inclinó
sobre la mano de Lily y dijo, con una perfecta inflexión de internado inglés:
- Señorita Hargrove, gracias por unirse a mí.
Demasiado encantador.
Y luego el bastardo la besó.
Por supuesto, el conde besó sus nudillos enguantados. Alec pudo haber
encontrado su saludo perfectamente razonable, aunque algo ridículo, cuando
uno se encontraba con una mujer con la que podría casarse. Podría haberlo
encontrado sensato, por supuesto, si no hubiera estado pensando en como
arrancar de su cuerpo, la cabeza demasiado apuesta del hombre, por poner
sus labios sobre lo que no le pertenecía.
En cambio, se ocupó de los caballos, ignorando el rubor en las mejillas
de Lily y haciendo todo lo posible por olvidar la sensación que había sentido
cuando la había sacado del carruaje y depositado en el suelo, unos segundos
antes.
- Es un gran placer, Lord Stanhope - dijo. Su voz sonaba cadenciosa y
encantadora - Dejando las circunstancias poco convencionales a un lado.
Alec echó un vistazo a Stanhope, que la estaba mirando directamente a
los ojos, el grosero bastardo.
- ¿Poco convencionales? - preguntó el conde.
- Nunca nos hemos visto - dijo Lily.
- La vi en el baile de Eversley, pero no tuve la oportunidad de pedir una
presentación formal antes de que se fuera - dijo Stanhope, acercándose
demasiado - La sociedad estará terriblemente escandalizada.
Alec casi gime. Ella no podría pensar que el hombre era divertido. Él era
así. . . Inglés.
- No lo vi - dijo.
131
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Bueno, en cambio, usted es fácil de encontrar en una multitud.
Ella rió.
- Vestida como estaba, le creo.
El conde se unió a ella en la risa, brillante y retumbante, y Alec quería
golpear algo.
- ¿Estaba vestida extrañamente? No me di cuenta.
Ella sonrió ampliamente, y el corazón de Alec empezó a latir fuertemente
en su pecho.
- Es un excelente mentiroso, mi lord.
Esto fue un error.
A ella le gustaba el idiota aristócrata. Y Alec notó que ella le gustaba a él,
cuando su mirada cayó sobre la forma en que Stanhope aún sostenía la mano
de Lily, como si fuera su dueño.
A Alec no le gustó eso.
Nadie era su dueño. Era dueña de sí misma, maldición.
- Mantén la distancia, Stanhope - gruñó.
En el momento en que Alec habló, Angus y Hardy se bajaron para darle
una completa inspección al conde. El polluelo soltó su mano para agacharse y
saludar a los perros.
- Qué gloriosos sabuesos - dijo mientras Angus se lamía la mandíbula - Qué
perro tan bueno.
Primero Hardy se enamoró de Lily, y ahora a Angus le gustaba este pavo
real. Inglaterra estaba arruinando a sus perros. Esa fue quizás la razón más
urgente por la que tenía que ubicar a Lily y regresar a Escocia.
Pero ella no armonizaba con este hombre, eso era malditamente cierto.
- Angus. Suficiente - ordenó Alec desde donde estaba revisando los caballos.
Angus se detuvo con un pequeño gemido de protesta y el conde se levantó.
Alec notó que le dio una pequeña caricia final detrás de la oreja al perro, antes
de erguirse totalmente. Supuso que el hombre no era del todo malo.
- Warnick - dijo Stanhope con una amplia y amistosa sonrisa - Es raro verte en
Londres, y mucho menos aquí. En la hora pico - Su mirada se deslizó sobre la
falda de tartán de Alec, brillando con humor - Te veo vestido para la ocasión.
Alec levantó una ceja negra.
- Estoy usando una chaqueta, ¿no es así?
Lily sonrió sobre el hombro de Stanhope, y Alec ignoró el hilo de placer
que sintió al hacerla sonreír. Se había puesto una chaqueta, como un guiño a
su presentación en Hyde Park de hecho. Pero él había mantenido el plaid. En
principio. Para recordarse a sí mismo que no pertenecía aquí.
Con ella.
Sin embargo, ella hizo un buen trabajo recordándoselo.
- Puedes sacar al escocés de Escocia…
Stanhope sonrió burlonamente ante las palabras.
- …Pero no a Escocia del escocés, ya veo.
¡Ya estaban terminando las ridículas oraciones del otro!
Alec gruñó y se alejó.
El conde no paraba de hablar.
- No será la chaqueta lo que atraerá la atención de las damas de Londres.
- Eres tú quien debería preocuparse por atraer a las damas - Alec le disparó por
encima del hombro - Para eso estás aquí.
132
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Un silencio incómodo cayó sobre ellos, el único sonido fue el susurro del
viento a través de los árboles y la charla más allá del camino, lo
suficientemente lejos como para sonar como un tenue zumbido.
O tal vez el tenue zumbido estaba dentro de sus oídos.
No debería haberlo dicho. No debería haber señalado que toda esta
tarde fue preparada para unir a Stanhope con Lily. Para que la cortejara.
Preparada por él.
Se volvió y vio que las mejillas de Lily estaban rojas, su mirada fija en el
suelo entre ella y el conde. Alec quería acercarse y disculparse por su grosería.
Por todo. Parecía que eso era todo lo que debía hacer en estos días:
disculparse con Lillian Hargrove. Por ser un maldito bruto.
Sin embargo, no tuvo oportunidad de disculparse, ya que Stanhope saltó
para rescatarla con una velocidad impresionante, extendiendo un brazo como
si Alec nunca hubiera hablado.
- Me sentiría increíblemente honrado si recorriera el parque conmigo, señorita
Hargrove.
Lily levantó la vista y le sonrió al conde.
- Me gustaría mucho eso.
El corazón de Alec comenzó a latir con irritación, frustración y algo más
que no estaba interesado en investigar. En cambio, dirigió su atención hacia
Angus y Hardy, que ahora estaban sentados a su lado en el suelo, mirándolo y
culpándolo con un juicio canino superior.
Él les frunció el ceño a los perros.
Stanhope miró hacia el carruaje abierto y vacío y preguntó:
- ¿Hay una chaperona que pueda unirse a nosotros?
Alec cruzó los brazos sobre su pecho y respondió con orgullo:
- Sí, lo hay.
Stanhope miró a Lily. Ella puso su mano en el brazo que le ofrecía el
conde y le dio la espalda a Alec.
- Mi acompañante también es una circunstancia poco convencional.
Stanhope se tomó la situación con calma, su mirada fija en los perros.
- Un ménage impresionante - Se inclinó y susurró - No tema. Soy muy bueno
con los animales.
Una broma de bestias. Qué gracioso. El asno merecía que le entregaran
a Alec su cabeza.
Ella rió.
- Espero que sí, mi lord.
¡¿Ella estaba coqueteando?! ¿Eso fue una coqueteo?
A Alec no le importó.
Partieron por el polvoriento Rotten Row, que Alec asumió que Lily y el
resto de Londres llamaría "naturaleza". Por supuesto, no se parecía en nada a
la naturaleza. Lleno de gente, racimos de mujeres con hermosos vestidos,
flanqueadas a ambos lados por chaperonas: parejas en carruajes y hombres a
caballo. Definitivamente era la hora pico; parecía como si apenas hubiera
espacio suficiente para "caminar" por el sendero, en realidad uno simplemente
era llevado por la corriente de gente.
Sabía que las chaperonas debían mantener una distancia prudencial con
respecto a una pareja en situaciones como esta, pero si lo hacía, podría perder
su rastro. Stanhope podría estar tan ensimismado hablando de sí mismo que
133
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
alguien podría aprovechar la oportunidad para llevarse a Lily. O, lo que es peor,
Stanhope podría llevársela.
Cualquier cosa podría pasarle a ella.
Lo mejor era que Alec se mantuviera cerca. Angus y Hardy claramente
concordaron con él, ya que estaban adelante, flanqueando a la pareja.
- ¿Siempre está lleno de gente? - preguntó Lily al conde y su voz se enroscó en
torno a Alec, que se mordió la lengua para no contestarle.
- Por lo general, no - respondió el conde - Supongo que la "popularidad" del día
puede deberse a una de dos razones. Una podría ser por el hermoso clima…-
se detuvo y sonrió a Lily hasta que ella levantó la vista - otra porque todos
escucharon que usted estaría aquí.
Lily era demasiado inteligente para enamorarse de semejante
empalagoso.
No podía ver su rostro debajo de su bonito sombrero rosa, pero sí vio un
destello de dientes blancos antes de sumergir la cabeza y mirar hacia otro lado.
A ella le gustó.
Buen señor.
- No avergüences a la muchacha, Stanhope.
Lily levantó bruscamente la cabeza y lo miró por encima de su hombro,
con los ojos un poco abiertos, sin duda por su proximidad. Estaba sonrojada,
sus mejillas rojas como si hubieran estado bajo el sol toda la tarde en lugar de
un cuarto de hora.
Alec levantó las cejas, esperando que ella hablara. Pero se volvió hacia
Stanhope y dijo:
- Es un experto adulador.
Alec resopló. Por supuesto, él era un experto en adulación. Era un
británico arrogante. Entrenado para encantar y seducir a las mujeres.
Stanhope puso una mano enguantada sobre la de ella, cuando esta se
agarró a su brazo.
- Hago lo mejor que puedo, por supuesto, pero es bastante fácil halagar a
alguien tan encantadora.
El bufido se convirtió en un gruñido.
- Dígame, mi lord, ¿camina por el parque a menudo?
- Lo hago. Me gusta bastante - Él la miró, sus ojos marrones brillaban -
Particularmente cuando la compañía es de tal calibre.
Alec volvió a resoplar, y Lily lo miró por encima del hombro antes de
caminar más rápido, sin duda para alejarse de él. El conde se ajustó fácilmente
a la nueva velocidad, al igual que Alec. Después de una pausa, Lily dijo:
- Me imagino que tiene mucha demanda como acompañante.
La pequeña descarada. Estaba coqueteando.
- No tanto como me gustaría que piense, me temo - dijo el conde - Estoy
cayendo en el desinterés, desafortunadamente.
Ella negó con la cabeza con una sonrisa.
- Su humildad es innecesaria, mi lord. Estoy segura de que las damas de
Londres no hacen más que agradecer que siga siendo elegible.
Él sonrió.
- ¿Y usted, señorita Hargrove? ¿Estás agradecida por eso?
Ella no lo estaba, maldición. Alec quería rugir. No había nada en ese
inglés, digno de su gratitud. Y ciertamente nada por lo que ella se sentiría
atraída. Sin duda, nada por lo que le interesaría casarse con él.
134
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Estoy agradecida por la compañía - dijo, y Alec contuvo el aliento al escuchar
las palabras que le recordaban su conversación en el carruaje dos noches
antes.
"Me preguntaba si alguna vez volvería a tocar a otra persona."
Nunca en su vida había querido tocar a otra persona tanto como lo había
deseado en ese momento, ya que le había confesado sus temores, sus dudas
y las razones por las que había recurrido a Hawkins. Y luego la besó,
adorándola, hasta que no pudo pensar en nada más que por qué no debería
tocarla. En por qué se merecía un mejor hombre.
Un buen hombre. Un hombre con gracia y gentileza que no la profanara
con grosería, tamaño y pasado. Uno infinitamente más adecuado a ella, que él.
Obviamente.
Uno como el maldito conde de Stanhope.
Asumiendo que el maldito conde de Stanhope fuera adecuado para ella.
No sabía que tan apto era. Después de todo, tenía treinta años y siete, y no
estaba casado. Si eso no era prueba de un problema, Alec no sabía qué era.
El camino se torció ligeramente, y el sol de la tarde proyectó su sombra
sobre Lily y Stanhope.
- ¿Por qué no está casado, Stanhope?
Lily jadeó y giró en redondo hacia Alec.
- ¡No puedes simplemente preguntar eso!
- ¿Por qué no?
Su boca se abrió y se cerró como si fuera un pez.
- ¡Porque no se hace!
- ¿Cómo sabes qué se hace y qué no se hace? - preguntó - Nunca has tenido
una temporada.
Ella miró al cielo con exasperación.
- Porque todo el universo sabe que eso no se hace - Se volvió hacia el conde -
Mis disculpas, mi lord. Mi acompañante - lanzó la palabra por encima del
hombro con una mirada - es escocés.
Stanhope miró de Lily a Alec y de Alec a Lily, una ceja marrón y espesa
se arqueó como si tuviera miles de preguntas pero las detuvo. Finalmente, se
rió entre dientes.
- No necesita disculparse. El duque simplemente hizo una pregunta que la
mitad de Londres desea tener el coraje de hacer. Me imagino que me quedaré
soltero por la misma razón que muchos. - Hizo una pausa, y luego agregó - No
soy la mejor de las capturas.
- O eres un maldito sinvergüenza - Alec refunfuñó por lo bajo, y Lily se detuvo
en seco. Liberando el brazo del conde, le sonrió con los dientes apretados y
dijo:
- ¿Nos disculpa, mi lord?
Stanhope arqueó las cejas.
- Por supuesto.
- ¿Disculpar a quién? - Preguntó Alec.
- A nosotros - dijo Lily - A Ti. Y a mí.
- ¿A mí? - dijo, presionando una mano contra su pecho. ¿Qué demonios había
hecho?
Ella lo miró furiosa.
- Tú, ven.
135
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Con eso, le dio la espalda a los dos hombres y se abrió paso entre la
multitud hasta el borde del camino.
Miró a Stanhope, que le sonrió como si estuviera muy entretenido por la
tarde compartida. Resistiendo el impulso de poner su puño en la cara del
conde, siguió a Lily.
La alcanzó mientras corría a través de un espacio entre caballos que
trotaban por el sendero y llegaban a la hierba verde que bordeaba el parque.
Ignoró la forma en que su corazón dio un salto cuando ella se volvió, sus ojos
grises brillaban de ira. Estaba lo suficientemente cerca como para tocarla, y
descubrió que quería hacerlo.
Lo cual fue muy desagradable.
Dio un paso atrás.
- ¿A qué estás jugando? - Preguntó ella.
- No sé a qué te refieres.
- ¿Crees que no podemos escuchar tus gruñidos y refunfuños? ¿Y tus
preguntas inapropiadas?
Él extendió sus manos de par en par.
- Simplemente estoy haciendo mi trabajo.
- ¿Tu trabajo como qué, exactamente? ¿Un niño tirando de una cuerda? -
Señaló a los perros, que se habían unido a ellos - Hardy tiene mejores modales
que tú.
Miró al perro, de cuya lengua colgaba un trozo de baba de varios
centímetros de largo, brillando al sol como para probar el punto de Lily.
Compararlo con el sabueso era bastante injusto, pensó.
- Mi trabajo como chaperón. Lo estoy manteniendo decente.
Ella se mofó de eso.
- Si el objetivo es casarme, Su Gracia, la decencia es lo último que queremos
proteger.
Ella miró por encima de su hombro, y él siguió la dirección de su mirada,
encontrando a Lord Stanhope en el centro de una multitud en el parque,
charlando con una pareja sentada en lo alto de un carruaje, riendo y
divirtiéndose.
Buscando la candidata perfecta para el matrimonio.
Ella continuó,
- Tú eres, sin duda, el peor chaperón en la larga y venerable historia de los
chaperones. Las solteronas de todo el mundo están retorciendo sus gorras de
encaje.
Sabía que tenía razón, pero no tenía intención de admitir eso.
- Supongo que eres una experta en el comportamiento de los chaperones.
- Sé que se supone que no amenazan a los candidatos - espetó ella.
- No lo estoy amenazando.
- Tienes casi siete pies de alto. Todo lo que haces es amenazante.
- ¿Qué quieres que haga? ¿Reducirme al tamaño de hadas de tu pretendiente?
Ella puso los ojos en blanco.
- ¡Es más alto que la mayoría de los hombres en Londres!
Él sonrió.
- No es más alto que yo.
- Bueno, por supuesto que no. Eres prácticamente un árbol con piernas -
suspiró - No te acerques. Sigue detrás a una distancia decente.
- ¿Y qué pasa si él es impertinente?
136
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Ella extendió sus brazos de par en par.
- Hay diez mil personas alrededor. ¿Crees que va a ser impertinente? Estás
loco. Pensé que el objetivo era comprometerme.
- No hay necesidad de exagerar. No son diez mil. Y, sí ese es el objetivo.
- Bueno, entonces, te estás preocupando por tu propio plan. Selecciona una de
las miríadas de mujeres que no pueden apartar la vista de tus escandalosas
piernas.
Las palabras lo sorprendieron.
- ¿Te ruego me disculpes?
Lily soltó un gran suspiro de exasperación, se llevó las manos a las
caderas y miró hacia abajo.
- Todas te están mirando las piernas. Lo que, solo puedo suponer que te gusta,
o estarías usando algún tipo de vestimenta respetable.
Alec se giró para mirar en la dirección de su mirada, notando que varias
mujeres inmediatamente redirigían sus miradas lejos de él.
- Es perfectamente respetable.
- En Escocia - dijo ella - En Inglaterra, no mostramos nuestras rodillas.
- Eso es ridículo.
Movió sus manos para agarrar sus faldas.
- Oh - hizo ademán de levantarse el vestido - ¿Entonces debería simplemente
mostrar las mías?
Sus cejas se dispararon juntas hacia arriba.
- No lo harías.
- ¿Por qué no? Sin duda son algunas de mis mejores características. El resto
de Londres las verá pronto, y Lord Stanhope ciertamente las disfrutaría.
Él no tenía ninguna duda de eso. De hecho, la discusión sobre sus
rodillas hizo que Alec quisiera arrodillarse, levantarle las faldas e
inspeccionarlas hasta el infinito.
Mataría a Stanhope en el acto, si él viera las rodillas de Lily.
Apartó la idea.
- ¿Qué quieres que haga, Lillian?
- Usa pantalones.
- ¿Por qué? - Él sonrió, hacia un grupo cercano de mujeres que trataban de
simular que no lo estaban mirando. Se sonrojaron, se rieron y se alejaron, y Lily
gimió con disgusto. Él levantó una ceja - ¿Estás celosa, muchacha?
Parecía que deseaba hacerle un grave daño corporal.
- ¿Por qué lo estaría? Si te fueras con alguna de estas mujeres que te comen
con los ojos, serías menos problemático para mí.- Saludó con la mano a la
gente que estaba más allá.- Puedes elegir entre todo Londres, Su Gracia.
Te escojo a ti.
No. No, no lo hacía.
Bajó la mirada hacia ella.
- Eres tú quien está aquí para elegir, Lillian.
- Sería infinitamente más elegible si no tuviera mi sombra escocesa - hizo una
pausa, y luego agregó - vuelvo con Stanhope.
Cada parte de él resistió la idea.
- Está bien.
- No deseo que me sigas.
- Tengo mejores cosas que hacer que seguirte.
Ella asintió.
137
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Excelente. Entonces adiós.
Él asintió, cada vez más irritado.
- Adiós.
Lily se giró y se alejó, la bella muselina rosada de su vestido de paseo,
le molestaba, el juego de luces sobre las faldas le hacía pensar en todas las
cosas bonitas y rosadas que cubrían. Tobillos y pantorrillas y muslos y…
Rodillas.
Juró ruidosamente en gaélico, mirando lejos de ella, mientras se
acercaba al dandy. Resistiendo el impulso de mirarla. De seguirla. De
protegerla.
Funcionó, hasta que Alec escuchó el fuerte
- ¡Ay! - Viniendo de su dirección.
Giró justo para ver un enorme caballo, guiado por un joven jinete. Un
jinete que obviamente había perdido el control de la nerviosa bestia, y que se
dirigía aterrorizado hacia Lily.
Alec instantáneamente quedó mortalmente petrificado.
138
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 13
LA AUSENCIA HACE QUE EL ESCOCÉS SE VUELVA CARIÑOSO.
Él era el hombre más enloquecedor de la cristiandad. En un momento, le
estaba haciendo el amor, al siguiente le recomendaba llamar la atención sobre
sus mejores características para capturar a otro hombre, y luego, estaba
haciendo todo lo posible por asesinar a ese hombre, que parecía ser
perfectamente decente. Una captura bastante excelente, debe agregarse.
¿La quería casada? ¿O no?
¿Y qué es lo que ella quería?
Levantó la mirada hacia la multitud de personas que había en el
sendero, y sus ojos se encontraron con los de Lord Stanhope, a media docena
de metros de distancia. Empíricamente, él era perfecto. Tenía un título, era
encantador, guapo, educado, y, mejor aún, parecía disfrutar de su compañía.
Él sería un buen esposo.
Si tan solo ella pudiera reunir un poco de entusiasmo con la idea.
Podría haberlo hecho, Lily estaba segura, si no fuera por el horrible
Duque de Warnick, haciendo que fuera imposible pensar en otro hombre que
no fuera él. No es que tuviera pensamientos muy halagadores sobre él en este
momento. De hecho, estaba teniendo pensamientos muy poco halagadores.
Como para demostrárselo a sí misma, comenzó a enumerar esos
pensamientos en su cabeza.
Primero, él era demasiado grande. Los hombres modernos no tenían
ninguna razón para tener tamaño de cazadores prehistóricos.
En segundo lugar, por lo que ella pudo notar, él no tenía ni siquiera un
solo par de pantalones que le quedaran bien. ¿Qué clase de hombre no tenía
pantalones?
En tercer lugar, parecía que solo podía socializar con los perros. Perros
encantadores, reconoció, pero no obstante… perros. Aún no lo había
escuchado tener una conversación fluida con un humano, que no terminara en
un ataque de cólera o con derramamiento de sangre.
Excepto con ella.
Con ella, a veces terminaban en gloriosos paseos en carruajes,
colmados de notable placer.
Negó con la cabeza, mientras cruzaba el parque.
Solamente pensamientos poco halagadores.
Cuarto…
- ¡Ay! - El grito llegó fuerte y un poco aterrorizado desde algún lugar a su
derecha, y Lily se volvió para mirar, solo para ver a un furioso caballo acercarse
a ella. Se congeló, de repente, horriblemente incapaz de moverse. Cerró los
ojos, esperando ser pisoteada por el animal.
Cayó sobre ella, derribándola, sacándole el aliento de los pulmones,
maldiciendo en un furioso gaélico, entre un coro de gritos femeninos,
masculinos y varios emocionados ladridos.
No, espera.
No estaba siendo pisoteada.
El caballo no estaba maldiciendo en gaélico.
Abrió los ojos y lo encontró a Alec inclinado sobre ella, su mirada
buscando en su rostro, mientras ella luchaba por respirar.
139
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Lillian - dijo, y escuchó el alivio en su tono - Respira.
Ella lo intentó. Pero no podía. Sacudió la cabeza.
- Lillian - Ella no podía respirar - Lillian - Él la sentó. Seguía sin poder respirar.
Ella no podía respirar. - LILY - Lo miró, se encontró con su firme mirada
castaña, a centímetros de ella - Respirarás. Se ha ido el aire de tus pulmones.-
Deslizó sus manos por sus brazos y retrocedió mientras ella abría la boca para
tomar aire. No pudo - Mantén la calma - Sus cálidas manos se posaron en su
rostro. Lo acunó como si fuera un cristal. Sus pulgares acariciaron sus mejillas.
- Escúchame - Ella asintió - Ahora. Respira.
El aire llegó como le había prometido.
Tragó saliva profundamente, y él asintió, guiándola.
- Bien, muchacha. De nuevo.- Las lágrimas llegaron, espontáneamente, como
una ola de alivio. Él la abrazó con fuerza contra él, y ella se aferró a las solapas
de su abrigo mientras hablaba.- De nuevo. Respira, mo chridhe.
Por largos momentos, pareció como si estuvieran solo ellos dos,
sentados en el césped de Hyde Park, la totalidad de Londres desapareció. Ella
se agarró a él, respirando con grandes jadeos, llenándose con la fuerza y la
calma que le trajeron el aroma del lino recién lavado y el tabaco que emanaba
de Alec. Y luego Londres regresó con una cacofonía de ruidos. Lily levantó la
vista para encontrar un muro de gente mirándolos, observando cómo
recuperaba el aliento. El mar de ojos curiosos hizo que se sonrojara por la
vergüenza y que soltara el abrigo de Alec.
- Yo estoy… - Ella tomó aliento - Yo estoy… - Ella no sabía que se decía en una
situación como esta. Entonces, se decidió por - Hola.
Nadie se movió.
Salvo Lord Stanhope, que se abrió paso entre la multitud y vino a su
lado.
- ¡Señorita Hargrove! ¿Está herida?
Ella sacudió su cabeza.
- Solo mi orgullo.
Él sonrió y le sacó una hoja de su cabello, antes de agacharse para
levantar su bonete sucio del suelo.
- Disparates. Podría haberle pasado a cualquiera. Ese caballo estaba fuera de
control.
- ¡Lily! - Miró hacia el griterío y vio a varias mujeres que se acercaban
protestando, Sesily, Seline y Seleste Talbot se abrían paso entre la multitud. -
¡Dios mío, Lily! - Sin vacilar, las tres cayeron en charcos de seda para
protegerla por todos lados. - ¡Podrías haber muerto!
Sesily era tan dramática.
- No morí, afortunadamente - dijo Lily - Fui muy afortunada de que el duque
apareciera en el momento preciso. - Se giró para encontrarse con la mirada de
Alec, secretamente quería asegurarse de su presencia.
Excepto que él no estaba allí.
Miró hacia arriba y abajo del parque, buscando su familiar plaid rojo, su
reconfortante altura, sus manos fuertes y su firme mandíbula escocesa.
Pero no estaba a la vista. De hecho, la única evidencia de que él había
estado allí para empezar, eran Angus y Hardy, que como centinelas, estaban
sentados justo detrás de ella, como si los hubiera dejado allí su amo.
"Tengo mejores cosas que hacer que seguirte."
140
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Su pecho se oprimió con el recuerdo, y luchó por recuperar el aliento
otra vez.
- Se fue - dijo suavemente.
- Huyó como un murciélago del infierno - dijo Sesily, y una risita salió de la
multitud. Se volvió hacia ellos.- Oh por favor. ¿Ni siquiera somos capaces de
pronunciar la palabra infierno? Es una ubicación, ¿no es así? Se me permite
decir Hyde Park o Knightsbridge o…
- Cockington - intervino Seline, enviando una oleada de murmullos ofendidos
sobre la concurrencia.
Lily tosió para cubrir su risa.
Lord Stanhope se agachó para ayudarla a ponerse de pie, y cuando
habló, ella escuchó la diversión en su tono.
- Bien. Eso dispersará a la multitud más rápidamente que cualquier otra cosa.
Ella sonrió.
- ¿Hay incluso un lugar así?
Sus labios se crisparon.
- Está en Devonshire.
- Bueno, - dijo con naturalidad - entonces tiene razón.
- Parece que tener a las hermanas Talbot en "su esquina", es bastante útil para
redirigir la atención.
- Será mejor que recuerde, Lord Stanhope - dijo Sesily - lo que pasaría si no
estuviéramos en "su esquina".
- Burbuja…burbuja, caldero y problemas - dijo Seleste.
Lily y Stanhope se miraron el uno al otro.
- Es doble…doble, caldero y problemas - corrigió Seline.
- ¿Lo es? - Se volvió hacia Lily.
Lily asintió.
Seleste miró a Stanhope.
- Bueno, eso no tiene sentido. Es un caldero, ¿no? ¿Hay brujas? - Stanhope
asintió.
- Hay.
- ¿No debería burbujear?
- Burbujea en la siguiente línea - ofreció Lily.
Seline puso los ojos en blanco.
- Esto no es realmente relevante.
- Solo estoy preguntando - dijo Seleste.
Los ojos de Stanhope se llenaron de risa.
- De cualquier manera, mi señora, no soñaría con cruzarte.
- Ahí, entonces. Objetivo alcanzado.
Lily se rió, el sonido se convirtió rápidamente en tos.
- Por el amor de Dios, Seleste. Lily casi muere - dijo Sesily - Deja de hacerla
reír.
Stanhope le ofreció un brazo.
- Mi carruaje no está lejos, señorita Hargrove. Estaré encantado de
acompañarla a su casa - Miró a las otras mujeres - ¿Tal vez las damas se nos
quieran unir?
El trío no dudó en estar de acuerdo.
- Excelente - dijo, volviéndose hacia Lily - Si me permite acompañarla hasta allí,
- dijo señalando una zona con césped - luego lo buscaré.
141
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Lily dejó que la escoltara fuera del camino de tierra, Hardy y Angus la
siguieron en silencio, mirándola con atención, parecía que intuían sus
innumerables sentimientos sobre la tarde vivida. Una vez que llegó a la hierba,
acarició las cabezas anchas y hermosas de los perros y habló, alzando la voz
para el beneficio de todos los presentes.
- Mi lord, me siento mejor por el momento.
Al menos, las partes de ella que no se preguntaban dónde se había ido
Alec, se sentían mejor… por el momento.
Le costaba creer que la había dejado sola. Es verdad que había
sucedido después de que discutieron y después de que estuvieron de acuerdo,
¿no? De acuerdo sobre que estaban mejor separados que juntos cuando se
trataba de su posible noviazgo.
Pero casi había sido aplastada. Podría haber estado seriamente herida.
Él había estado allí para salvarla.
Y luego la dejó sola. Con Stanhope. Stanhope que no se había ido, que
se había quedado, como debía hacerlo un hombre decente. Lily también lo
haría, cumpliría con ese hombre.
Señaló una elevación cercana, donde un gran tocón de árbol parecía
que le hacía señas.
- Tal vez podríamos sentarnos un rato - Se volvió para mirar a sus compañeros.
- ¿Y hablar?
En unos instantes, ella estaba sentada en el tocón, con el cálido sol de
mayo cayendo sobre ella, mientras sus compañeros la rodeaban, como
protegiéndola. Hardy se adelantó y apoyó la cabeza en su regazo, y Angus se
colocó a sus pies.
Al darse cuenta de lo extraño de la situación, Lily se sintió más que un
poco culpable por obligar al conde a unirse a ellas, y le ofreció su liberación.
- Mi lord, realmente ha sido más que amable. Pero soy reacia a aprovecharme
de esa bondad. Estoy segura de que mis amigas estarán dispuestas a llevarme
a casa.
Él le sonrió.
- Disparates. Este ha sido sin duda, el día más emocionante que he tenido en
meses, y podría continuar siéndolo. No tiene idea de lo aburridas que pueden
ser las sesiones parlamentarias.
- Espere - dijo Seleste.
- ¿Está...?- Agregó Seline.
- ¿Cortejándola? - Sesily terminó la frase.
Lily se sonrojó, mientras Stanhope sonreía.
- De hecho, la señorita Hargrove y yo nos conocimos hace una hora.
Estábamos dando una vuelta por el parque.
- ¡Oh! - Dijeron las hermanas al unísono, antes de compartir una mirada que
indicaba su comprensión colectiva de que caminar por el parque, era un
precedente de algo mucho más importante.
- Bueno, no nos gustaría interrumpir - dijo Seleste.
Sus hermanas ya se estaban moviendo.
- ¡No! - dijo Seline - Eso suena muy importante.
Era sorprendente cómo la presencia de estas tres jóvenes, podía hacer
que una se sintiera extremadamente complacida y, a la vez terriblemente
avergonzada.
142
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Y entonces Sesily habló, con su mirada azul sobre Lily, que parecía ver
mucho más de lo que a Lily le gustaría.
- ¿Qué estaba haciendo Warnick aquí, entonces?
Ser un héroe.
Lily ignoró la idea.
- Pensó que podría ser el chaperón.
- Ha hecho un trabajo terrible en eso - espetó Seline - ¡Él te dejó tirada en una
zanja!
Él la había dejado.
- No era una zanja, precisamente - señaló el conde, su mirada seria en Lily.
- Podría haber sido - rebatió.
- No importa - dijo Sesily - ejerceremos de chaperonas.
Oh Dios querido.
- Eso es muy amable, pero…
- Es una idea excelente, ¿no cree? - dijo Stanhope.
Lily lo miró incrédula, parecía tomar todo el evento con calma, pero se le
ocurrió que si le hubieran pedido que imaginara una primera cita más
desastrosa con un señor elegible, no podría hacerlo.
La única forma en que sería un desastre mayor, sería si ella estuviera
interesada en casarse con él. Pero no era el caso. No es que no fuera un buen
hombre en todos los sentidos, de hecho, la hizo sentir perfectamente
agradable.
¿No debería ser agradable la meta? ¿No debería un matrimonio basarse
en la bondad y el buen humor, y si el marido de uno era guapo, tanto mejor,
no? Excepto que parecía que uno no debería encontrar tentadora la belleza de
su marido. Uno no debería encontrarlo deseable. Uno no debería tener
problemas en ignorar su mandíbula cuadrada, su pelo rebelde y sus finas
rodillas.
No, especialmente sus rodillas.
A ella no le importaba ningún par de rodillas en particular.
Rodillas de la persona que la acababa de tirar a los aristocráticos lobos
en Hyde Park. Sola.
Sin embargo, la soledad no era desconocida para Lily. Y estaba más
cómoda con ella que la mayoría. Lo suficientemente cómoda como para decir
la verdad en una situación que no necesitaba prolongarse más de lo necesario.
Con una mano acariciando las orejas de Hardy, devolvió su atención al conde,
y decidió hablar sobre lo que ambos sin duda sentían.
- Mi lord, no necesita pretender que esta fue una tarde exitosa. Aprecio su
caballerosidad, pero no deseo retenerlo cuando estoy segura de que tiene un
número infinito de otras actividades que podrían entretenerlo mejor.
Todo el grupo guardó silencio a raíz de su honestidad, hasta que Lord
Stanhope asintió y dijo:
- Cree que no somos adecuados.
- Creo que necesita una mujer mucho menos problemática que yo.
Él sonrió.
- Creo que problemas podría ser precisamente lo que requiero.
Ella sacudió su cabeza.
- No mi tipo de problemas.
Él la miró durante un largo momento y dijo:
- No creo que sea tan problemática como piensa.
143
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Ella rió, sin humor.
- Por el contrario, mi lord. Soy exactamente tan problemática como pienso.
De alguna manera, las palabras fueron anunciando, tal vez porque la
pintura se revelaría muy pronto, la escandalosa verdad que la arruinaría. Había
algo poderoso y tranquilizador sobre hacerlo público. Si ella iba a ser arruinada,
¿por qué no hablar de eso? Era su verdad, ¿no? Ella lo podía compartirla.
Miró su hermoso rostro y aclaró.
- La pintura.
Sus compañeros se quedaron inmóviles como piedras, y el único sonido
que siguió a su confesión fue el bajo alboroto del parque, a dos docenas de
metros. Se le ocurrió que el silencio podría ser peor que los susurros. El
silencio era tan solitario.
No deseaba estar sola por más tiempo. Las lágrimas amenazaron, y se
obligó a respirar profundamente, negándose a permitirles salir.
No lloraría.
Nunca frente a las personas. Nadie vería cuánto le dolía la soledad.
Cuanto miedo le daba.
Justo cuando estaba a punto de ponerse de pie, el conde se agachó,
con la excusa de acariciar a Angus, pero Lily tuvo la repentina impresión de que
él había asumido esa posición para poder mirarla directamente a los ojos.
- No es asunto de ellos, ya lo sabe. De la sociedad.
Ella se rió de sus palabras, tan sinceras y completamente irrelevantes.
- No creo que la sociedad esté de acuerdo con usted, mi lord. De hecho, creo
que dirían que es totalmente asunto suyo. Muy suyo, considerando esta tarde.
Un lado de su boca se elevó en una pequeña sonrisa de complicidad.
- Tengo casi cuarenta años, señorita Hargrove, y estoy buscando una esposa
con fortuna. Sé sobre errores.
Ella le creyó, pero aun así dijo:
- Es más fácil para usted vivir con los suyos, Lord Stanhope. - Remarcó
suavemente su título para probar su punto.
Él inclinó la cabeza.
- Quizás para la sociedad, sí. Pero debo mirarme en el espejo, justo como tú lo
haces.
Ella lo miró durante un largo rato y luego dijo:
- No debería cortejarme, mi lord.
Una de las hermanas Talbot jadeó sorprendida cuando Stanhope alzó
una ceja.
- ¿Y si lo deseo?
Lily negó con la cabeza.
- Londres prácticamente rebosa de puras y bondadosas herederas. Eres
demasiado buen partido como para conformarte con un absoluto escándalo.
Esperó un largo momento y dijo:
- ¿Demasiado buen partido? ¿O demasiado inglés?
- ¡Te lo dije! - exclamó Sesily, volviéndose hacia sus hermanas con una sonrisa
triunfante antes de mirar al conde - ¡Usted también lo vio!
Lord Stanhope se levantó y le ofreció a Sesily una amplia sonrisa.
- Uno debería estar ciego para no verlo.
Un hilo de inquietud corrió a través de ella, su mano se detuvo de golpe
en medio de la cabeza grande y gris de Hardy, mientras miraba de uno a otro.
- No sé a qué se refieren.
144
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Y vio la expresión de su rostro cuando la salvó? - Seleste intervino con un
suspiro.- No estoy segura de haber visto alguna vez a alguien tan obviamente
fuera de sí.
Seline sonrió.
- Estaba tan distraída que me olvidé por completo de ver lo que llevaba debajo
de la falda.
Sesily señaló a su hermana.
- Oh, cojones. Yo también lo olvidé. - Lord Stanhope tosió. - Disculpas, mi lord.
Pero, es curiosidad y todo eso...
Stanhope arqueó las cejas.
- Naturalmente.
Lily había quedado atrapada en la referencia sobre la preocupación de
Alec. Frunció el ceño.
- Qué absurdo. Me dejó. Con ustedes. -. Hizo una pausa - Sin ofender.
- Ninguna ofensa - dijo el cuarteto al unísono.
"Respira, mo Chridhe." No había entendido las palabras, pero había
escuchado la preocupación en ellas, incluso la promesa en ellas. Que estaba
con ella. Que la cuidaría. Que ella no estaba sola.
Y luego la dejó.
- No es que me importe que me haya dejado - dijo Lily, sintiendo que
necesitaba subrayar el punto.
- Por supuesto que no - dijo Stanhope.
Tuvo la clara impresión de que, aunque él lo había dicho por
caballerosidad, no le creía.
Sesily era decididamente menos caballerosa y mirando a Lily con
incredulidad le dijo:
- Por favor. Cuando Warnick desapareció, te veías más abatida que un bebé sin
sus dulces.
Lily, irracionalmente irritada ante esa afirmación, se puso de pie.
- Tonterías - repitió de nuevo - A él no le importo un comino. Solo quiere que me
case para poder volver a su vida en Escocia. Ni siquiera le importa con quién -
Se volvió hacia el conde - Sin ánimo de ofender, mi lord.
Stanhope sonrió.
- Ninguna ofensa.
Lily asintió.
- Solo acepté ese maldito plan, debido a la maldita pintura. Va a ser revelada, y
mi ruina será definitiva. Alec no me dará los fondos para irme, porque está
convencido de que debo casarme. Que deseo estar casada.
- ¿Y tú? - preguntó Sesily - ¿Quieres casarte?
Sí. Pero con otro.
- No. No así - Miró al conde - Nuevamente, sin ofender, mi lord.
Stanhope sonrió, parecía estar disfrutando inmensamente.
- De nuevo, ninguna ofensa.
La tarde aparentemente había desbocado a Lily, que no podía dejar de
decir en voz alta sus pensamientos.
- El punto es que no quiero cargar a un buen hombre con un compromiso que
terminará en desgracia, todo por… - Ella hizo una pausa - Todo por…
Se detuvo, la mente girando.
- ¿Todo por…? - Sesily la empujó.
Y en ese momento se le reveló la solución.
145
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Miró a Sesily, luego a Stanhope.
- Debo irme.
Esa noche, Lily no asistió a la cena en Dog House.
Alec llegó a tiempo y tomó su lugar en la cabecera de la mesa,
esperando minutos, que se extendieron a media hora. A medida que pasaba el
tiempo, se preparó para la confrontación que seguramente iba a producirse: la
explicación sobre porque la había abandonado en el centro de Hyde Park,
luego del peligro que había corrido, mientras todo Londres la estaba mirando.
De lo que él había estado pensando.
La verdad era que no había pensado en otra cosa que no fuera en
perseguir al imbécil que había entrado en Hyde Park a lomos de un caballo que
no podía controlar.
En el momento en que Alec se aseguró de que Lily estaba viva,
respirando, y que estaría bien, se dirigió hacia el caballo más cercano, derribó
a un pomposo aristócrata y, con apenas una palabra, se dirigió en dirección al
corcel fugitivo. Dejando al lord, de puntillas y muerto de rabia.
Había sentido su corazón, literalmente en la garganta, cuando había
visto al caballo correr hacia ella, volando en su dirección a toda velocidad.
Entonces él se movió desesperado por llegar hasta Lily y aterrado de no
poder llegar a tiempo.
Luego la había tenido en sus brazos y no había importado dónde
estaban o quién estaba mirando; lo único que le importaba era que estaba a
salvo.
Había aborrecido el pánico en sus ojos cuando había luchado por
recuperar el aire, había querido ahuyentarlo. Luego había pensado solamente
en hacerle un daño grave al hombre que había sido responsable de ello.
Había alcanzado al jinete, un joven que apenas había salido de la
escuela y que estaba aterrado por la experiencia, incluso antes de que Alec
llegara a asustarlo más.
Cuando regresó a buscar a Lily, ella ya se había ido, había regresado a
casa con las damas Talbot, eso le habían dicho cuando irrumpió por la puerta
de Dog House. Había vuelto, junto con sus perros.
Angus había estado allí para recibirlo, pero Hardy, el traidor de cuatro
patas, obviamente se había enclaustrado con Lily.
Alec había asumido que en la cena, se reuniría con sus compañeros de
casa desaparecidos, pero como treinta minutos se habían convertido en
cuarenta y cinco y luego en una hora completa, se había dado cuenta de que,
una vez más, Lillian Hargrove lo había dejado solo para una comida.
Si deseaba hablar con ella, iba a tener que ir a buscarla.
También, si deseaba recuperar a su sabueso errante.
Al salir del comedor, con Angus pisándole los talones, estuvo a punto de
atropellar a la anciana y curiosa ama de llaves.
- ¡Su Gracia! - anunció, como si no hubiera estado holgazaneando en el pasillo
más allá, sin duda preguntándose qué estaría haciendo, solo, en el comedor.
Él no tenía paciencia para los cotilleos.
- ¿Donde está ella?
Los ojos de la señora Thrushwill se abrieron de par en par.
146
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Su gracia?
Miró hacia el techo y suplicó paciencia.
- La Señorita Hargrove. ¿Dónde está ella?
- Pidió que le subieran una bandeja más temprano. Creo que está enferma.
¡¿Estaba herida?!
¿Era posible que hubiera sido golpeada más de lo que pensaba? Podría
haberse roto una costilla. O golpearse la cabeza cuando él la tiró al piso. Dio un
gran paso hacia el ama de llaves, hasta que estuvo lo suficientemente cerca
como para alzarse sobre ella.
- ¿Llamó a un doctor?
El ama de llaves negó con la cabeza.
- No, mi lord.
Mierda.
Él ya estaba en camino hacia la escalera.
- Llame a un maldito doctor.
Se dirigió al piso superior que albergaba los dormitorios, pasando de
inmediato las habitaciones más grandes, luego por las más pequeñas,
reservadas para uso de los huéspedes. Abrió varias puertas antes de que
Hardy saliera de una esquina y lo detuviera con un pequeño ladrido.
Alec miró al perro.
- ¿Donde esta ella?
Como si entendiera, Hardy bajó la cola y desapareció a la vuelta de la
esquina una vez más. Cuando Alec lo siguió, encontró al perro en posición de
firmes, de cara a una puerta de caoba, moviendo la cola, suspirando y
lloriqueando.
- Buen chico. - Alec lo acarició distraídamente - Me ocuparé de ti más tarde.
Vamos a discutir sobre tu cambiante lealtad. Pero primero… - puso su mano
en el picaporte y abrió.
Dentro, la habitación estaba completamente a oscuras.
- ¿Lily? - dijo, moviéndose rápidamente hacia la cama, con el corazón
latiéndole con fuerza. Era temprano y ella ya estaba dormida, tal vez estaba
herida.
O peor.
Dijo su nombre otra vez en la oscuridad, transido de preocupación.
- Lilian.
No hubo respuesta. No hubo movimiento desde la cama.
Buscó un pedernal y alcanzó el candelabro que estaba sobre la mesa,
dejando caer la pequeña caja de su mano cuando la mecha estalló en llamas.
Entonces se volvió hacia la cama.
Lily no estaba allí.
Tampoco las sábanas.
Fue entonces cuando notó la ventana abierta, y la hilera de sábanas que
corría sobre el alféizar y por el suelo hasta la pata de la cama de roble.
Había escapado.
Por la noche.
Si, por supuesto, había hecho todo sin matarse en el proceso. Corrió
hacia la ventana y se asomó al jardín oscuro que había más allá, mirando al
suelo confiado y sin temor de encontrar su cuerpo destrozado debajo.
Todo lo que encontró fue una cuerda de ropa de cama colgando,
meciéndose al viento.
147
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Maldiciendo, inspeccionó el resto de los terrenos, deseando descubrir
que estaba practicando algún tipo de maniobra militar, en lugar de estar
escapando de Dog House en la oscuridad de la noche, huyendo, nuevamente.
Dios sabía hacia dónde, Dios sabía con quién.
La idea lo detuvo.
¿Había disfrutado tanto la compañía de Stanhope que había decidido
irse con él?
¿Era posible que estuvieran huyendo juntos?
Era absurdo, por supuesto. Alec la quería casada. Él no negaría su
consentimiento. Pero aun así, no pudo evitar evocar la imagen de las cosas en
gran parte nefastas, que ella y el perfecto aristócrata podrían estar haciendo
una vez que se fugaran en la noche.
Si Stanhope la besaba, Alec le bajaría los dientes.
Y fue entonces cuando la vio.
Su parte posterior, apenas allí en la oscuridad, escalando la pared del
jardín como si hubiera estado escalando paredes durante toda su vida. Con
ropa de hombre.
- ¿A dónde va? - dijo en voz alta a la oscuridad y a los perros.
Ninguno de los tres respondió, ni siquiera cuando Alec probó la fuerza de
la cuerda hecha a mano, sorprendentemente bien construida, y, sin dudarlo, la
siguió en la noche.
Estaba abajo, al otro lado del jardín, sobre la pared, en tres minutos, lo
suficientemente rápido como para que él la viera, con el pelo recogido en una
gorra de hombre y calzones revelando mucho más de lo que debería,
agachada en el callejón.
Él casi la atrapa.
Pero cuando salió al otro extremo del callejón, escuchó el golpe de la
puerta de un carruaje, a una docena de yardas de distancia, cerrándose. La
había perdido por unos segundos.
Al darse la vuelta, le gritó a un cochero que venía hacia él. Y trepó al
lado del conductor en lugar de entrar al carruaje.
- ¡Ey! No me importa quién sea, señor. Ya se pasa a la parte de atrás.
Alec ignoró las palabras.
- Sigue a ese carruaje.
El conductor estaba necesitado, afortunadamente, ya que agitó las
riendas sin dudarlo, y le dijo:
- Seguirlo contigo aquí, cuesta el doble.
- Te pagaré el triple. Pero no te atrevas a perderlo.
No la perdería. La mantendría a salvo aunque en eso le fuera la vida.
El conductor continuó con renovado vigor, siguiendo de cerca el coche
de Lily mientras cruzaban Mayfair, al sur y al este, y las calles se volvían cada
vez más estrechas.
¿A dónde demonios se dirigía?
Stanhope tenía un título venerable, con una antigua mansión adosada a
dicho título en Mayfair. También era un caballero. No había forma de que
hubiera citado a Lily en esta zona.
Quizás ella no estaba sola.
Tal vez él ya estaba dentro del carruaje con ella, haciendo Dios sabe
qué.
148
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Alec lo sabía bien. Sabía cómo era sentirla. Cuál era su sabor.
Recordaba cada momento que había pasado con ella en su propio carruaje dos
noches atrás.
Si Stanhope estaba haciendo algo así, lo mataría.
Gruñó en voz alta ante la idea, sabiendo que no tenía derecho a
pensarlo.
Este carruaje era demasiado lento.
- Dame las riendas.
El conductor le lanzó una mirada.
- No señor.
- Te pagaré cinco veces más de lo que estás pidiendo.
- No dejaré que conduzca, milord.
- Cincuenta libras - Las riendas se aflojaron. Los caballos disminuyeron la
velocidad.
- Te daré cincuenta libras si me dejas conducir.
Era suficiente para comprar otro carruaje. Uno mejor que esta porquería.
- ¿A quién seguimos? - preguntó el cochero en estado de shock.
Alec tomó las riendas y, con un poderoso
- ¡Hyah! - los caballos parecían comprender que los impulsaba un hombre con
poder, habilidad y un deseo desesperado.
Atravesaron las calles, mientras las ruedas traqueteaban sobre los
adoquines, y el viento frío golpeaba la cara de Alec, aliviando la frustración que
lo había acechado desde que llegó a Londres días antes. Él quería una carrera.
Quería su carro, con caballos acordes y los caminos salvajes de Escocia en la
oscuridad de la noche, aterrador, liberador y solo suyo.
En cambio, enfrentaba las curvas cerradas de Londres, persiguiendo a
una mujer a la que quería más que nada para mantenerla a salvo.
Detestaba Londres.
- ¿A quién seguimos? - volvió a preguntar el cochero por encima del estrépito
de las ruedas, agarrado con pánico a la caja de conducción.
Alec agitó las riendas de nuevo.
- A nadie importante.
- Perdón, señor - dijo el hombre con una sonrisa - pero cincuenta libras no son
para nadie importante.
Alec ignoró las palabras. Por supuesto que ella era importante.
Se estaba convirtiendo lentamente en todo.
El carruaje cruzó hacia el Soho, donde había casas suavemente
iluminadas, prostitutas con sus clientes salpicando las calles, y pubs infernales
tentando a los transeúntes.
- ¿A dónde demonios irá? - preguntó mientras calmaba a los caballos, y su
frustración amenazaba una vez más.
- Parece que a Covent Garden, si puedo decirlo, señor.
Y, así, supo lo que ella estaba haciendo.
No era hacia Stanhope hacia quien iba, después de todo. Era hacia
Hawkins.
"Derek me hizo sentir amada."
El recuerdo de su historia, de la forma en que el asno pomposo la había
manipulado con sus bonitas promesas, envió un hilo de ira a través de él. La
rabia fue seguida por el miedo, que vino con un segundo recuerdo,
posiblemente peor que el anterior. Un recuerdo de Hawkins ofreciéndose a
149
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
tomarla como amante. De él mismo inclinado sobre el idiota pomposo en esa
habitación débilmente iluminada en Eversley House, mirando por encima del
hombro a Lily con los ojos abiertos y preguntándole si ella lo quería.
"No."
Ella había dicho la palabra, pero Alec no la había creído. Había
escuchado la duda. La incertidumbre. Él le había pedido que lo dijera de nuevo.
La empujó a hacerlo.
Lo había dicho, pero tal vez no lo había querido decir. Quizás ella aún lo
quería. ¿Por qué si no estaría aquí en…
- Se han detenido, mi lord.
Tiró de las riendas y centró la mirada en el carruaje, varias docenas de
metros más adelante, frente a una casa escondida detrás de Bow Street. La
puerta del coche se abrió y Lily bajó con su ridículo atuendo: pantalones y
camisa que ondeaban a su alrededor, claramente sacados de un armario que
pertenecía a un hombre mucho más grande que ella, con el sombrero puesto
sobre los ojos y el pelo recogido debajo.
Lanzó una moneda al conductor y el carruaje se movió, dirigiéndose
rápidamente en busca de un nuevo pasajero. Ella no le había pedido que la
esperara. Lo que significaba que estaba planeando una larga estadía.
¿No creía que él la echaría de menos en casa?
En casa.
Las palabras lo perturbaron. No era como si la maldita Dog House fuera
su hogar. Ciertamente no lo sentía como su hogar. Solamente en Escocia. Y de
alguna manera, quería que Lily sintiera que estaba en casa. Él quería que ella
se sintiera segura allí. Para creer que había algo bueno allí para ella.
Algo muchísimo mejor que lo que sea que hubiera dentro del edificio
donde ella estaba merodeando.
Le pasó al conductor una cantidad exorbitante de monedas.
- El resto cuando regrese. Espérame.
El conductor no dudó, se apoyó en el lateral, volcó el ala de su gorra
sobre sus ojos y respondió.
- Sí señor.
Alec estaba en las sombras en cuestión de segundos, moviéndose hacia
ella, mientras se detenía frente a la puerta y sacaba algo de su bolsillo. ¿Una
llave? Tenía una llave de este lugar, silencioso, oscuro y lo suficientemente
cerca del Teatro de Hawkins como para que Alec estuviera seguro de lo que
había dentro. De quien estaba adentro.
Se deslizó por la puerta, dejando que se cerrara detrás de ella. La
cerradura hizo clic mientras se acercaba, y maldijo en la oscuridad.
Tenía que entrar.
150
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 14
UNA IMAGEN VALE MAS QUE MIL PUPILAS
Como hombre con un poderoso sentido de la autoestima y una cantidad
minúscula de valor real, Derek Hawkins pasó la mayor parte de su tiempo a la
vista de la sociedad, tratando de convencer a la aristocracia que era
inigualable. Una parodia.
En consecuencia, nunca estaba en casa por las noches.
Sin duda, esa noche en particular, él estaría en un club, o en una cena,
revelando su escandalosa pomposidad a un grupo de mujeres que le
sonreirían, cada una más desesperada que la anterior por ganarse la atención
del gran Derek Hawkins, aunque fuera solo por un momento.
No es que Lily no entendiera esa desesperación.
Después de todo, ella había disfrutado de su resplandor el tiempo
suficiente como para estar irrevocablemente arruinada.
Lily no tenía dudas de que si Derek no estuviera tan obsesionado con la
percepción que el mundo tenía de él y su genio, él no la habría arruinado tan
profundamente. Ciertamente, él no habría mostrado a la mujer de su ya famosa
pintura frente a todo el mundo, sin dudarlo.
Sin consentimiento.
Pero nadie había sido lo suficientemente importante para Derek Hawkins
como para inspirarlo a actuar con honor. Ella lo sabía ahora. Estaba agradecida
incluso cuando descubrió que no tenía reparos en entrar a su casa, sin haber
sido invitada, sabiendo que él no estaba en casa.
Si él no la quisiera allí, debería haberle pedido que le devolviera su llave,
¿no?
Cerrando la puerta con cuidado detrás de ella, se volvió, para subir las
escaleras hacia su destino rápidamente, ansiosa por evitar al ama de llaves,
que también era cocinera, y al mayordomo, que también hacía las veces de
valet.
Sin embargo, no había esperado encontrar la casa tan oscura y
misteriosamente silenciosa. Esperaba fuego en las chimeneas, una luz tenue
para revelar su camino a lo largo del corredor, , pero no había nada. Encontró
una vela en la mesa cerca de la puerta y se apresuró a encenderla.
Una vez hecho esto, debería haberse dirigido inmediatamente hacia su
destino, pero algo sobre el vacío de luz y sonido la hacía sentir curiosa. Se
metió en la habitación de enfrente, que, cuando había interpretado el papel de
la musa de Derek, estaba llena de elaborados muebles dorados.
Estaba vacía ahora.
El descubrimiento la envió más adentro en las entrañas de la casa, hacia
las cocinas, donde siempre había un fuego encendido. Los dos sirvientes
envejecidos rara vez estaban lejos del calor de la habitación. Esta noche, sin
embargo, no estaban por ningún lado. El hogar estaba oscuro. Y había una pila
de vajilla sucia al lado del fregadero.
Alguien estaba viviendo aquí. Solo.
Al volver al frente de la casa, echó un vistazo a otras habitaciones,
encontrando que cada una estaba vacía de su contenido. Una silla callejera
aquí y allá, pero nada más. Con el corazón en la garganta, subió las escaleras.
151
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
¿Era posible que ya no viviera allí? La idea la impulsó hacia adelante,
rápido y llena de nervios.
¿Qué pasaría si no estaba aquí?
Abrió la puerta de su dormitorio, inmediatamente agradecida por el dulce
aroma de su perfume preferido asaltándola. Él vivía aquí. Lo que significaba
que la pintura estaba aquí. Ella cruzó la habitación, poniendo su mano en la
puerta que colindaba con su espacio más precioso, la habitación que él
llamaba su Habitación de Genio. Probó con el picaporte, solo para encontrarlo
trabado.
Por supuesto.
Lily puso la vela sobre la mesa baja entre la cama y la puerta de su
estudio, y abrió un cajón para buscar la llave. Tenía que estar allí. Había
llegado demasiado lejos para que no estuviera allí.
Y fue entonces cuando escuchó el sonido, suave y casi silencioso desde
más allá de la habitación misma. Había alguien allí.
Con el corazón amenazando saltarle del pecho, Lily miró a la izquierda y
a la derecha, buscando desesperadamente una salida. Estaba en el tercer piso
de la casa, por lo que escaparse por la ventana no era una opción. Había un
enorme armario al otro lado de la habitación, lo suficientemente grande para
dos personas, pero demasiado cerca de la puerta de entrada para considerarlo
como un escondite.
El ruido de nuevo, su mirada voló hacia la puerta, convencida de que
podía oír girar la manija.
Derek estaba aquí.
Ella estaba debajo de la cama en cuestión de segundos, con una
pequeña oración de agradecimiento a su creador por la ropa de hombre. Nunca
habría entrado con faldas y crinolina.
Contuvo el aliento cuando la puerta se abrió, cerró los ojos con fuerza,
conteniendo la respiración y tratando de resistir el impulso de moverse con
cada onza de su energía.
La puerta se cerró, él estaba en la habitación con ella.
Fue solo entonces que se dio cuenta de que había dejado la vela
encendida. Sabría al instante que alguien había estado allí. Que ese alguien
todavía estaba allí.
Este ha sido un terrible error.
Los pasos sonaron, silenciosos y firmes mientras avanzaba por la
habitación.
La puerta del armario se abrió rápidamente. Luego se cerró.
Intentó respirar silenciosamente, desesperada por no hacerse oír.
Él caminó lentamente alrededor de los pies de la cama, las botas negras
aparecieron a la vista mientras se acercaba a la mesa donde ardía la vela. La
luz cambió, y aunque no podía ver, supuso que había levantado la vela.
Luego la cama se movió sobre ella. Apenas. Sus ojos se agrandaron
cuando las botas se movieron. Y una pierna desnuda apareció ante su vista.
Seguido por una rodilla y una caída de tartán.
La vela, era sostenida por una enorme mano bronceada. Y, finalmente,
la cara de Alec.
Lucy chilló de sorpresa, su corazón parecía galopar peor con la
revelación de su identidad, de lo que lo había hecho cuando pensó que era
Derek.
152
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Qué estás haciendo aquí?
- Tienes dos opciones - dijo, las palabras con acento bajas y retumbantes.-
Puedes salir de allí, o entraré a buscarte.
Ella estrechó su mirada.
- ¿Ahora deseas mi compañía?
Sus rasgos coincidían con los suyos.
- ¿Qué significa eso?
"Me dejaste", quería decirle. Sola. Deseándote. En cambio dijo:
- No puedo salir hasta que te muevas, Duque.
Él levantó una ceja, se movió, y ella lo siguió, poniéndose de pie, ya en
plan de lucha.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
- Asegurándome de que no te atrapen o te mates.
- ¿Matarme? - se burló.- Nadie me va a matar.
- Podrías haberte caído por la ventana, ¿cómo pudiste siquiera hacer una
cuerda de sábana?
- Sesily me enseñó.
Miró hacia el techo.
- Por supuesto que sí. La escandalosa líder de las peligrosas Talbot.
- Ella es mi amiga - dijo,- y no me caí. Como ves, estoy bastante viva.
- Sorprendentemente - respondió.- Tomaste un carruaje hasta aquí, vistien… -
Hizo una pausa, y la furia brilló en sus ojos - …lo que sea.
Miró hacia abajo los pantalones mal ajustados, la camisa y el abrigo
demasiado grandes.
- ¡Es ropa de hombre!
- ¡Te ves ridícula! Nadie en su sano juicio pensaría que eres un hombre. En el
mejor de los casos, pensaría que eres un pilluelo que juega con disfraces.
- El conductor no pareció darse cuenta.
- El conductor tampoco se dio cuenta de que lo estaban siguiendo, por lo que
no alabaría sus poderes de observación.
Frunció el ceño.
- No puedes simplemente seguir a una mujer donde quiera que vaya. Me diste
un susto de muerte.
- ¡Entraste en la casa de un hombre y te escondiste debajo de su cama! - Dijo.-
¿Y si hubiera sido él y no yo?
- ¡No era él! - Susurró, irritada.- ¡Fuiste tú! ¡Y no deberías estar aquí!
- Oh, pero… ¿tú sí perteneces aquí?
- ¡Más que tú!
- Lo olvidé - dijo - ¡tienes una maldita llave! ¿Supongo que este es el dormitorio
de Hawkins?
- No es que sea de tu incumbencia - respondió ella - pero nunca recuperó la
llave.
- No hay absolutamente ninguna razón para usarla, ¿no es cierto? - espetó.-
¿O estás mintiendo y estás esperándolo? ¿Estás planeando tentarlo de nuevo
con tu cuerpo?
Él era horrible. Lily entrecerró sus ojos.
- ¿Cómo lo adivinaste? - respondió ella, incapaz de ocultar el sarcasmo en su
voz.- Este es mi modo especial de seducción: usar ropa de hombre mal
ajustada y esconderme debajo de las camas para que los hombres que no
tienen escrúpulos me arruinen.
153
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Sus cejas se levantaron.
- No pretendo entender la mente femenina.
Ella le arrebató la vela de la mano.
- Vete. No eres bienvenido aquí.
- ¿Y tú lo eres?
- Tengo asuntos a los que atender. No tardaré mucho.
Hizo una pausa, mirándola por un largo momento antes de estrechar su
mirada sobre ella y decir:
- ¿Por qué estás aquí?
- ¿Importa?
- Importa, si todavía lo amas.
Las palabras la dejaron muda.
- ¿Si lo amo?
Parecía imposible pensarlo ahora, dos meses después, con todo lo que
había pasado. La pintura. La exhibición.
Alec.
No es que Alec hubiera impactado su corazón. En absoluto.
Mentirosa.
Se aclaró la garganta ante la idea.
- ¿Por qué no decir lo que piensas, Su Gracia?
Frunció el ceño ante el título.
- ¿Lo amas? ¿Todavía?
- No - dijo ella, incapaz de evitar el impacto de su voz - Por supuesto que no. Él
no es nada de lo que yo pensé que era. Especialmente ahora… no.
Especialmente ahora que yo…
"Especialmente ahora que yo puedo compararlo contigo."
Alec se quedó frunciendo el ceño.
- ¿Entonces, por qué estas aquí?
Suspiró, mirando más allá de él hacia la puerta del estudio de Derek.
- Si quieres saberlo, estoy aquí para tomar el asunto en mis manos.
- ¿Qué significa eso?
- Solo que estoy cansada de esperar que la salvación me encuentre. He tenido
guardianes, pretendientes y hombres que hicieron las promesas más bonitas
de las que puedo contar. Y estoy cansada de creer en esas promesas. Es hora
de que me haga una promesa. Una promesa a mí misma.
Él no se movió.
- ¿Y qué promesa es esa?
- La promesa de salvarme.- Señaló a la puerta.- Ese es su estudio. Hace dos
meses, ahí es donde pintó el retrato.
Él inhaló bruscamente.
- ¿Y?
- Y, como el tema es la pintura en cuestión, tengo la intención de tomar lo que
es mío.
Hubo un largo silencio mientras las palabras flotaban entre ellos, luego
asintió una vez y dijo:
- Hagámoslo entonces.
Ella sacudió la cabeza.
- Acabo de decirte que no necesito un salvador. Me lo ahorraré esta vez. - Se
volvió hacia la puerta del estudio.
- Te oí. Pero estoy aquí y esa puerta está cerrada.
154
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Estaba a punto de buscar una llave cuando me aterrorizaste y tuve que
esconderme - espetó.
Él la miró.
- Debajo de la cama, por cierto, un lugar terrible para esconderse. ¿Qué
pasaría si se hubiera ido a dormir? Te habrías quedado atrapada allí toda la
noche.
Ella levantó una ceja.
- Simplemente estás celoso porque tú no habrías cabido debajo de la cama.
Una sonrisa brilló ante el irritado insulto, y Lily detestaba el calor que la
recorría al saber que lo había hecho reír.
No le importaba hacerlo reír.
Él la había rechazado, en cualquier caso. De un firme tirón, arrancó la
puerta de la jamba, como si la cerradura estuviera hecha de papel y
pegamento, y la calidez fue reemplazada por la conmoción mientras miraba la
puerta demolida.
- Dime, Su Gracia, ¿las casas en Escocia tienen puertas?
Él no dudó.
- Raramente.
Ella no debería encontrarlo entretenido.
- Ahora Derek se dará cuenta de que estuvimos aquí.
- ¿No crees que se daría cuenta cuando la pintura desapareciera? - , Dijo Alec,
como si fuera así de simple.
Lily pensó que probablemente debería ser así de simple. Que había
estado dispuesta a entrar a la habitación y tomar la pintura, y Derek habría
sabido cuando regresara que alguien lo había hecho. Pero por alguna razón, la
madera astillada, la prueba de que había sido Alec quien había estado allí, la
golpeó. La había seguido desde la casa, todo el camino hasta allí, hasta había
entrado para garantizar su seguridad, y una vez que escuchó sus planes, no la
obligó a abandonarlos. En cambio, se ofreció a ayudar.
A su manera.
Arrancando la puerta que había sido su última barrera para el éxito.
De alguna manera, a pesar de ser un hombre enorme, autoritario y
completamente difícil, también había sido tremendamente amable.
Puso la puerta a un lado y recuperó la vela de la mesita de noche,
levantándola más allá de la oscuridad del estudio.
En ese momento fue cuando la vela se convirtió en un brillante
recordatorio de lo que encontraría en su interior.
- ¡Espera! - lloró Lily mientras pasaba junto a él en la oscuridad, poniéndola de
regreso en la habitación, colocándose directamente entre su luz y las pinturas
del otro lado - No.- Ella extendió la mano. - Dámela.
Él claramente pensó que estaba enojada.
- No tenemos tiempo para esto, Lillian.
Ella sacudió su cabeza.
- No vas a entrar.
- ¿Por qué diablos no?
- Porque no quiero que la veas.
- ¿Ver qué? - Ella lo miró. - Oh.
- Precisamente - dijo ella. - Oh.
- No voy a mirar - dijo, avanzando, presionándola de vuelta a la habitación.
155
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Estás en lo correcto - respondió ella, obligándolo a dejar de moverse.
Haciendo fuerza para mantenerse firme - No mirarás. Porque no la verás.
Miró hacia el techo.
- Lillian. No tenemos tiempo para esto.
Ella hizo un gesto a la vela.
- Entonces dame la vela.
Él renunció a la luz.
- Ahí la tienes. ¿Puedes encontrar la maldita cosa para poder irnos?
- Primero, promete que no mirarás.
- Estás siendo ridícula.
- Ese tal vez sea el caso. Pero es mi reputación lo que requiere protección.
- ¡He estado tratando de protegerte! ¡Desde el principio! - Argumentó.
- Y puedes hacerlo prometiendo apartar la vista de todo lo que veas que podría
ser escandaloso.
- Es una pintura, Lillian. Fue hecha para ser vista.
La tristeza surgió, junto con la frustración y la vergüenza que tanto
detestaba. Él no estaba equivocado. ¿Cómo podría ella haber esperado que no
fuera vista? Pero de alguna manera, la idea de que él podría verla. . . cambió
todo.
- No pretendía que se viera.
Él estuvo en silencio por un largo tiempo, y ella deseó más luz, para
poder ver sus ojos cuando dijo, finalmente,
- Bien.
- Promesaaaa…
- Lo prometo.
- El restoooo…
Él suspiró.
- Prometo no mirar.
- Da la espalda.
- Lillian.
Ella se mantuvo firme.
- ¿Deseas ser mi guardián? Guardia. ¡Mira la puerta!
Vaciló una milésima de segundo antes de soltar un largo y exasperado
bufido apartándose de la puerta.
- Solo saca la maldita cosa.
Ella asintió.
- Excelente - dijo, volviéndose para comenzar la búsqueda.
Solo había un problema, se dio cuenta en cuanto levantó la vela y
redirigió su atención a la habitación que había conocido tan bien. También
estaba vacía.
Todo se había ido. Las pinturas que se alineaban en las paredes, el sofá
bajo donde había posado durante días, el caballete en el que Derek había
trabajado con furia, laboriosamente mientras el sol inundaba la habitación,
haciendo que el polvo bailara en el aire entre ellos. Todo se había ido.
Supuso que no debería sorprenderse. Después de todo, absolutamente
todo lo que tenía que ver con Derek Hawkins era fugaz, como si solo existiera
cuando estaba en presencia de otros.
Quizás eso también fuera cierto para la pintura.
Tal vez solo existiría cuando fuera vista por todo Londres.
Ella rió, histérica y asustada, Alec se giró.
156
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Qué? - Fue entonces cuando vio la habitación.- ¿Dónde está todo?
Ella sacudió su cabeza.
- Se ha ido.
- ¿Se fue, dónde?
Ella se volvió hacia él.
- No lo sé. Estaba aquí - Señaló la pared donde las ventanas recibían una
brillante luz sureña durante todo el día - La pintura estaba allí.
Él frunció el ceño.
- ¿Has posado aquí?
Ella ignoró la pregunta, repitiendo una de las anteriores.
- ¿Dónde está todo? - soltó una risita, el sonido era agudo, inquietante y
aterrador - ¿A dónde se fue?
Alec se acercó a ella.
-. Lily - dijo en voz baja - lo encontraremos. Hay una cantidad finita de lugares
donde podría haberlo escondido.
- Hay cientos de lugares - dijo - Mil - La frustración creció, apretando su pecho.
- Esto no es una fortaleza escocesa, Alec. Es Londres - Hizo una pausa. Lo
miró - ¿Crees en el destino?
- No.
Ella sonrió, una sonrisa pequeña y triste.
- Yo sí lo hago. Esta era mi única oportunidad. Mi oportunidad de salvarme.
Quizás, sin embargo. . . tal vez mi desgracia está predestinada.
- No lo está.
Ella no respondió, volviendo a la habitación para susurrarle a las
paredes vacías:
- Quería encontrarla.
Por primera vez en tres semanas, un día, había tenido la esperanza de
que su vida volviera a ser suya. Que podría sobrevivir.
- Te supliqué que me dejaras huir. Para poder terminar a mi manera. Y luego
me diste esperanza y pensé que esta era la respuesta.
- Lo es - dijo, su mirada firme y llena de algo parecido al orgullo - Chica
inteligente. Lo es. La encontraremos. En cualquier lugar de Londres. Huir no es
la respuesta. Esta la es.
Y, Dios la salve, ella casi creyó su segura certeza. Como si todo lo que
tenía que hacer era decidir que fuera así y así sería.
- Pensé que estaría aquí.
- Si fuera mía, la mantendría aquí - La respuesta llegó sin vacilación.
Ella levantó la mirada, encontrando sus ojos, color whisky en la dorada
luz de las velas.
- ¿Qué significa eso?
Apartó la vista, como si lo hubieran atrapado confesando algo que no
debería haber dicho.
- Solo que la mantendría cerca.
- Si fuera tu única esperanza de éxito, quieres decir.
- No - dijo en voz baja - Eso no es lo que quiero decir.
Ella contuvo el aliento ante las palabras, por la forma en que espesaron
el aire a su alrededor.
- ¿Entonces qué?
157
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Estaba tan cerca, ahora, lo suficientemente cerca como para tocarlo, y
Lily se consumió con el vivo recuerdo de dos noches atrás, en el carruaje.
Tocarlo. Él tocándola.
Ella no debería.
Aquí no. Jamás.
Y aun así, levantó una mano, sintiéndola temblar mientras la colocaba
en su pecho, sintiendo su corazón latiendo fuerte y rápido bajo la franja de
tartán que cruzaba su hombro. El tiempo se detuvo. Ambos miraron fijamente
ese lugar, donde su mano pálida descansaba contra el rojo de su plaid.
Él era tan fuerte.
Tan cálido.
Su mirada se alzó para encontrar, la suya en la de ella, esperándola.
Tranquilo, fuerte y paciente, como si fuera su único propósito. Esperar por ella
Estar con ella
Para ser de ella.
Sus labios se separaron ante la idea, y la atención de Alec parpadeó
ante el movimiento, la oscuridad y el silencio envolviéndolos el uno en el otro.
Ella levantó su barbilla ofreciéndose, él bajó la cabeza, cerrando la distancia
entre ellos.
Sí. Por favor.
Ella daría cualquier cosa por él.
Sus ojos se cerraron.
- Lily - susurró, su nombre en un beso de aliento contra sus labios, lleno de
devastación y deseo. Sí… Entonces, la liberó y se aclaró la garganta:
- Deberíamos irnos antes de que regrese.
Entonces, todo había terminado, y la habitación giraba con la velocidad
de su partida.
Se llevó los dedos a los labios, deseando poder deshacerse del dolor
que había allí: del deseo. Él quería besarla. Ella lo había visto.
¿Por qué no lo había hecho?
¿Por Derek? ¿Por su pasado? ¿Recordaba demasiado lo que ella había
hecho allí?
¿En qué persona se había convertido ella aquí?
Llegó el arrepentimiento, duro y doloroso, y Lily se puso rígida,
odiándolo. Odiando todo. Odiando cada minuto que la había llevado a este
momento, odiando esta habitación donde se había desnudado para un hombre,
y donde ahora sufría por otro.
Sin otra opción, siguió a Alec de vuelta al dormitorio, tratando de parecer
tan inmóvil como él.
- ¿Qué pasa si él se fue?
Alec abrió de golpe las puertas del enorme armario de la esquina,
revelando un mar de ropa con sedas, satenes, lanas y linos, todos los colores
imaginables.
- Supongo que no se ha ido.
Ella negó con la cabeza, acercándose.
- Derek nunca dejaría su ropa.
Él la miró.
- Es un pavo real, ¿sabes?
- Lo sé - dijo ella, mirando un chaleco turquesa, de brocado con hilos de oro. -
Pero los pavos reales pueden ser muy convincentes.
158
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Un estruendo bajo sonó desde su pecho, seguido por un gruñido
distintivo,
- Convincente no es lo mismo que conveniente.
Sus dedos se inmovilizaron sobre la brillante tela azul.
- Los escoceses pertenecen a los últimos, supongo - Más tarde, se preguntaría
por qué demonios pensó que las palabras eran apropiadas. De dónde
demonios habían venido las palabras.
Pero en el momento, mientras permanecían en la oscuridad, su pasado
y su futuro colisionando en decepción, frustración y fatalidad, no le importó.
La miró, el silencio de la casa retumbaba entre ellos. Se aclaró la
garganta, y Lily escuchó los nervios allí.
- Más conveniente que él.
Más convincente, también.
Cerró las puertas del armario y se volvió, presionándola hacia atrás,
mirando a Alec que se elevaba sobre ella.
- ¿Por qué me dejaste?
Frunció el ceño.
- Estoy aquí.
Me dejaste aquí, también. Ella sacudió su cabeza.
- Esta tarde. Con Stanhope.
- Me dijiste que te dejara.
¿Ella? Supuso que sí. Pero entonces, negó con la cabeza.
- Pero no me dejaste. Me salvaste. Y luego me dejaste.
Él guardó silencio durante un largo momento, y ella habría dado
cualquier cosa por saber qué estaba pensando. Finalmente, dijo:
- Estabas bien. Y Stanhope estaba allí.
Era lo que ella había esperado: una respuesta rápida y superficial. Pero
no era verdad. Y ella lo sabía. Sacudió su cabeza.
- ¿Pero por qué me dejaste?
- Porque… - Se calló, y el silencio se extendió entre ellos por una eternidad
antes de agregar - …porque te mereces a alguien como él.
- No quiero a alguien como él - dijo.
- ¿Por qué diablos no? Stanhope es un maldito príncipe entre los hombres.
- Es muy amable - dijo ella.
- ¿Es eso un problema? - Farfulló - Amable, guapo, con título y encantador. La
santísima trinidad de las cualidades.
Ella sonrió.
- Son cuatro cualidades.
Él estrechó su mirada sobre ella.
- ¿Qué pasa contigo, Lily? Podrías tenerlo a él. Él sabe sobre la pintura y no le
importa. De hecho, parecía que solo disfrutaba de tu compañía.
Ella debería querer a Frederick, Lord Stanhope. Ella debería arrodillarse
y agradecer a las estrellas que él estuviera dispuesto a tenerla. Y aun así... no
lo quería.
Estaba demasiado ocupada queriendo a otro. Aunque fuera un
imposible. No es que ella pudiera decirle eso.
- Nos conocemos desde hace dos horas. No podría desearme.
- Cualquier hombre en su sano juicio te desearía después de dos minutos.
Ella parpadeó. Él cerró la boca.
- ¿Qué dijiste?
159
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Nada. Debemos irnos.
- Soy un escándalo.
- Eres el mejor tipo de escándalo - refunfuñó mientras se dirigía a la puerta de
la habitación.
Al menos, eso es lo que ella pensó que él dijo.
- No te escuché.
- Eres el peor tipo de escándalo - dijo, más fuerte.
Eso no fue lo que había dicho. No pudo evitar sonreír.
- ¿Qué significa eso?
- Eres el tipo de escándalo que un hombre quiere reclamar para sí mismo.
Ella lo miró boquiabierta. Nunca en su vida había escuchado algo tan
romántico. Y ciertamente no esperaba que saliera de la boca de este enorme y
malhumorado escocés.
- Eso es muy amable - dijo ella.
- No hay nada de amable al respecto - dijo.
- Lo hay, sin embargo - dijo - Derek no me quería en absoluto. Y eso fue antes
de que yo fuera un escándalo.
- Hawkins era un idiota - dijo, más sonido que palabras. Ahora estaba frente a
la puerta cerrada de la habitación, con una mano abierta contra la caoba.
Ella estaba paralizada mirando esa mano. Sus crestas y valles. La cicatriz que
corría una pulgada debajo de su primer nudillo, blanco y negro contra el marrón
de su piel.
- ¿Qué le pasó a tu mano?
Él no se movió.
- Me encontré con el extremo irregular de una botella rota.
- ¿Cómo?
- Mi padre era un borracho colérico.
Lily hizo una mueca, queriendo ir hacia él. En cambio, dijo:
- Lo siento.
Aun así él no la miró.
- No lo hagas. Me fui el día después de que él hizo esto.
- Lo que siento, es que nadie estuviera allí para cuidarte.
Los dedos se flexionaron contra la madera, la única indicación de que la
había escuchado.
- Deberíamos irnos.
- ¿Tú crees que alguien me querrá? - Le preguntó a esa mano, sabiendo que
no debería. Sabiendo que la pregunta revelaba demasiado de lo que ella
quería.
Presionó su frente contra la puerta y habló en voz baja, gruñendo en
gaélico antes de cambiar al inglés.
- Sí, Lillian. Creo que alguien te querrá.
- Tú… - Ella se detuvo.
Ella no podía preguntarle.
No importa cuánto le gustase la idea.
- No me preguntes - susurró, y el sonido le hizo doler.
Él no podía. A él no le gustaba ella. A él nunca pareció gustarle, eso era.
Parecía verla nada más que como un problema.
¿No es así?
Ella no podría soportarlo. Sin embargo la pregunta salió entre sus labios
sin poder detenerla:
160
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Tú sí? ¿Me quieres? - Él no juro en gaélico esa vez. Juró en inglés rápido y
perverso - No respondas - dijo, inmediatamente, aterrorizada de que lo hiciera,
y desesperada porque lo hiciera.
Él no levantó la cabeza pegada contra la puerta.
- Estoy para protegerte. Tengo que protegerte. - Lo dijo como una letanía, para
él mismo. Por Dios. No para ella - Estoy para protegerte.
- No respondas - repitió, ignorando la punzada de exquisito deseo que la
recorría. Era simplemente que en ese momento, había deseado que lo hiciera.
Lo había deseado demasiado desesperadamente.
Porque, si Alec la deseaba, podría tener la oportunidad de la vida que
alguna vez había soñado. Con un hombre mucho más noble de lo que ella
hubiera imaginado.
"Estoy para protegerte." Y tal vez porque había pasado la mayor parte de
su vida sola, fue que la idea de estar protegida, de asociarse con alguien que
deseaba su seguridad, como ella deseaba la suya, era lo más tentador que
había experimentado jamás.
Pero él la había dejado, después de todo. Abandonada, como si no
fueran nada el uno para el otro.
Y tal vez no lo eran.
Nunca había sido muy buena para comprender lo que ella representaba
para los demás. O lo que representaban para ella, si fuera el caso.
Asintió una vez, desesperada por dejar toda la conversación atrás.
- Entiendo. La respuesta es no. Nunca debería haber preguntado.
Hubo un largo momento, en que ella pensó que él podría responder.
Pensó que podría volver la cabeza y mirarla.
Dime que me quieres, ella lo deseó. Dime que…nosotros…podríamos...
Pero no. En cambio, él dejó escapar un largo y desigual aliento y esa
mano que la transfiguró se convirtió en un puño. Lo presionó contra la puerta,
sus nudillos se pusieron completamente blancos, los tendones en sus brazos
se tensaron. Y luego habló.
- No - dijo - No deberías haberlo hecho.
Abrió la puerta con una fuerza que la habría arrancado de la bisagra si
hubiera estado con llave, como lo había hecho con la puerta del estudio.
Y desapareció en la oscuridad.
161
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 15
INCULTO DUQUE MERECE PUPILA DESCONSOLADA
Merecía una medalla. Por decir que no.
Por no volverse hacia ella, tomarla en sus brazos y hacerle el amor
hasta que sus manos dejaran de temblar por la necesidad. Por no arruinarla, a
fondo, allí en la oscuridad, en el suelo de la habitación desnuda de Derek
Hawkins.
"¿Me quieres?"
La quería como las Tierras Altas querían la niebla.
Pero él estaría condenado si tomaba lo que quería y destruía la
posibilidad de que obtuviera lo que se merecía. Una vida con un hombre que
fuera digno de ella. Lo había pensado antes de descubrir sus planes de robar la
pintura, pero una vez que se había comprometido en ayudarla, encontrar el
retrato y destruirlo antes de que saliera a la luz, su convicción se redobló.
Él encontraría esa cosa.
Y él la protegería, maldición.
"Estoy para protegerte."
¿Cómo había reunido la fuerza para dejarla, y no volverse hacia ella? Lo
había escuchado en su aliento, la verdad, el hecho de que ella cedería ante él.
Que ella lo deseaba. Que ella lo quería de nuevo. Que ella quería más.
Más. Había pensado que sabía lo que era querer. Que significaba la
añoranza. Y luego se había encontrado con Lillian Hargrove, y se había dado
cuenta de la verdad, de que todo por lo que siempre había tenido hambre no
era nada comparado con ella. No había nada que no pagaría. Nada que él no
haría por probarla otra vez.
Pero él no era digno de ella.
Y como ella había estado parada en esa casa vacía, en esa habitación
vacía, donde una vez había estado desnuda para otro hombre, él había estado
dispuesto a pagar. A hacer cualquier cosa. Pero él se había resistido.
Para protegerla. Para darle una oportunidad de tener la vida que ella
deseaba.
Porque ahora, ella tenía la oportunidad de algo más que un matrimonio
de conveniencia. Ahora, si pudieran encontrar la pintura, si pudieran robarla,
aún podría estar arruinada a los ojos de Londres, pero podría evitar la ruina a
los ojos del resto del mundo.
Chica inteligente.
Debería haberlo pensado él mismo. Hubiera sido así, si él no hubiera
estado tan cegado por su belleza. Por su fuerza. Por todo lo relacionado con
ella. Pero él había estado demasiado ocupado protegiéndola. De Londres. De
su futuro. De su pasado.
De sí misma.
Sí. Se merecía una maldita medalla.
Cuando se marcharon, había empezado a llover en serio, y él había
seguido haciendo lo mejor para ella, metiéndola en un carruaje y trepando a la
caja junto al conductor, por su propia seguridad.
O para la suya.
162
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
No estaba seguro de lo que haría si terminaba dentro del carruaje con
Lily, junto a ella. Compartiendo su espacio. Respirando su aire. Oliendo su
aroma a brezo y a Tierras altas.
La lluvia le picaba en la cara mientras el carruaje se deslizaba por las
calles y la devolvía a la seguridad de Grosvenor Square, donde yacería en su
cama, separado por paredes adornadas con perros, y fingiría dormir, ansioso
por ir hacia ella. Para desnudarla y adorarla con sus manos, sus labios y su
lengua...
La idea lo hizo gruñir en la fría lluvia de mayo, recordando su sabor.
Recordando los picos y valles de su cuerpo e imaginando cómo se sentirían
sus lugares más secretos contra su lengua.
- ¿Algún problema, mi lord?
Por supuesto que había un problema.
Él quería a Lily con una intensidad furiosa. Y ella no era suya para
quererla.
- Detenga el carruaje aquí - dijo, hurgando en el bolsillo para pagarle al
conductor.- ¿Dónde estamos?
- Hanover Square.
- Voy a caminar desde aquí.
- Señor. Llueve.
Como si no se hubiera dado cuenta.
- Lleve a su pasajero a Grosvenor Square.
Sus dedos rozaron un pedazo de papel en el bolsillo de su abrigo, y él lo
extrajo junto con la bolsa de monedas. Lo miró a la luz que rebotaba en la
linterna. Condesa Rowley. La tarjeta de visitas de Peg. Su desconocido valet
debe haberlo transferido de su abrigo destrozado a este.
Pagó al conductor la exorbitante suma, recibió sus elogios obsequiosos
y bajó del carruaje mientras la puerta se abría desde el interior.
No dejes que te vea, él deseó. Él no sabía si podría resistirla de nuevo.
Y, al mismo tiempo, déjame verte.
- ¿Alec? - Su nombre en esos labios fue un regalo bajo la lluvia.
- Cierra la puerta - dijo, negándose a mirarla. No confiando en sí mismo para
hacerlo.
Una pausa. Entonces,
- Está lloviendo. Deberías venir dentro.
Cerca de ella. Tocándola. No pudo evitar el bufido de frustración que
surgió ante las palabras. Él no debería viajar dentro. Él no debería estar cerca
de ella. Él tenía una sola tarea. Protegerla Y él era lo más peligroso en su
mundo en este momento.
- El carruaje te regresará a casa.
- ¿Qué hay de ti? ¿Quién te devolverá a casa? - La suave pregunta amenazó
con matarlo. La idea de un hogar compartido. La imposibilidad de eso.
- Voy a caminar.
- Alec… - ella comenzó, deteniéndose - Por favor.
Ante esa palabra, la que ella había susurrado mientras estaba en sus
brazos, la que prometía tanto y pedía mucho más de lo que él era capaz de
darle, sus manos comenzaron a temblar nuevamente, tal como lo habían hecho
en la casa de Hawkins. Las apretó, alejando su deseo.
¿Alguna vez no la desearía?
163
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Cierra la puerta, Lily - No tuvo más remedio que cumplir la orden cuando miró
al conductor y le dijo
- Conduzca.
El carruaje instantáneamente estaba en movimiento.
Se pasó una mano por la cara, detestando Londres. Deseando estar en
cualquier lugar menos aquí.
Inglaterra será tu ruina.
Abriendo la mano, miró la tarjeta. La dirección debajo del nombre.
Hanover Square.
"Ven a verme", había susurrado Peg cuando había deslizado la tarjeta
en el bolsillo de su abrigo.
Anteriormente, Lily le había preguntado si creía en el destino, y él
respondió con sinceridad. El destino no lo puso aquí, en Hanover Square, con
la tarjeta de visita de Peg. Un ayuda de cámara demasiado hábil y una pupila
demasiado frustrante lo habían hecho. Y, mientras observaba el carruaje
desaparecer en la oscuridad, el sonido de los cascos de los caballos y el
estrépito de las ruedas enmascaradas por la lluvia, no fue el destino lo que lo
llevó a la puerta del número 12 de Hanover Square.
Fue su propia vergüenza. "Ven a verme."
No esperó mucho tiempo antes de que una doncella llegara al vestíbulo
para escoltarlo a las profundidades de la casa, por una escalera trasera y a una
habitación que identificó, antes de que la puerta se abriera.
El dormitorio de Peg.
Y ella, en el interior, de pie junto a la chimenea, cabello rubio brillante,
dorado en la luz, tan dorado como el camisón de seda que llevaba, bajo y
aferrado a las curvas que había adorado una vez, pensando que sería el
primero y el último que lo haría. Alguna vez la había adorado, pensando que
ella desearía que la adorara para siempre.
- Sabía que vendrías - susurró, oscura, en secreto, como si la doncella no
estuviera allí. Y entonces la muchacha ya no estaba allí, desapareció en el
pasillo y cerró la puerta detrás de ella con un suave chasquido.
- No lo hice - dijo.
Ella sonrió, esa boca de conocimiento de dos décadas antes, la que hizo
promesas que nunca cumpliría.
- Has subestimado mi irresistibilidad. Y llevabas tu kilt, eres glorioso. Se movió
hacia la cama, recostándose contra las almohadas, acomodándose de una
manera tan casual que solo podía haber sido practicada.
Y eso era. Después de todo, él la había visto en esa posición antes. En
un lugar diferente, en un mundo diferente, cuando él era joven, inmaduro y
estaba desesperado por su belleza. Por su perfección.
Y había terminado de manera diferente a como lo haría esta noche.
Porque entonces, él había estado aún más desesperado por lo que ella
representaba. Por un futuro que nunca tendría. Por ser aceptado en su mundo.
Por Inglaterra.
Ahora, él no quería ninguna de esas cosas. Ahora, todo lo que quería
era Lily.
Y él estaba allí para recordarse a sí mismo que ella no era para él. Que
cada vez que la tocaba, la ensuciaba con su pasado. Y su vergüenza.
- No estoy aquí por ti - dijo fríamente.
Una elegante ceja rubia se arqueó.
164
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Estás seguro?
- Totalmente.
Ella suspiró y se inclinó hacia atrás, inmóvil por la declaración.
- Pierdes mi tiempo entonces, cariño. ¿Por qué estás aquí?
¿Por qué de hecho? ¿Qué quería él de este momento? ¿Cuándo le
había dado Peg lo que quería?
Ella no esperó a que llegara a su respuesta, sino que dijo:
- Si no estás aquí para jugar, entonces deberías regresar a casa con tu
pequeño escándalo.
Él giró su atención hacia ella.
- ¿Qué significa eso?
- Solo que dejaste bastante claro en el baile de Eversley que estabas dispuesto
a hacer cualquier cosa por la chica. Incluso hacer una escena. Y sé que
aprendiste tu lección sobre las escenas hace años - Hizo una pausa, y luego
añadió - Lo confieso, si hubiera sabido que Alec Stuart, sin familia ni fondos, iba
a ser un duque con la fortuna de un rey, podría haber reconsiderado tu muy
dulce oferta.
Todos lo habrían hecho. Y él habría tenido una vida diferente. Una que
no incluía una larga lista de mujeres que lo consideraban digno de jugar pero
no de algo más.
Peg sonrió, fría y fea. Se le ocurrió que podría imaginarse hermosa, que
una vez él se la había imaginado así. Ahora, sin embargo, sabía lo que la
belleza podía ser. Cómo podría verse, con fuerza, con orgullo, con un propósito
y con unos ojos del color del mar escocés.
Ella habló de nuevo.
- ¿Ayudaría saber que la tuya fue mi propuesta más bonita? Todavía la
recuerdo: "Haré lo correcto por ti. Pasaremos el resto de nuestros días felices" -
Se sacudió.- Joven, inmaduro y completamente ignorante de las mujeres y el
mundo.
Por un segundo, volvió a tener quince años, y volvió a ser un chico
idiota.
- Aprendí mis lecciones con las mujeres hace años - Estaban a las que podía
aspirar y las que no. Y, por supuesto, la que quería más que nada en el mundo,
caía en la última categoría.
Peg subrayó la idea.
- Y las mujeres aprendimos nuestras lecciones de ti, ¿no es así?
Eso fue. La razón por la que había venido. El recordatorio de su
vergüenza. Y de la vida que nunca podría tener. Y aun así, se resistió.
- No sabes nada sobre mí.
Un lado de la boca de Peg se alzó en una sonrisa irónica y cómplice.
- Apostaría que sé más de lo que ella sabe - Una pausa.- ¿O ya ha cabalgado
sobre el Bruto escocés?
Él estrechó su mirada antes de poder detenerse, incapaz de negar la
vergüenza y la furia que lo atravesaban. Incapaz de ocultar la verdad de Peg.
Los labios de Peg formaron un puchero perfecto.
- Oh, cariño, sigues tan dulce como siempre. Te preocupas por la chica.
- No - dijo.
Mentiroso.
165
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Hizo un gesto de desaprobación otra vez, seguido por un movimiento
cuando ella se levantó de la cama, y se dirigió hacia él, la seda dorada
deslizándose sobre ella como piel.
- Te olvidas, Alec Stuart, que yo fui la primera mujer que amaste.
- Nunca te amé - dijo, negándose a moverse cuando ella se acercó, negándose
a encogerse cuando ella se acercó y puso su fría mano en su rostro, borrando
el recuerdo persistente de Lily.
Supuso que se lo merecía.
- Eso no es lo que dijiste entonces - dijo en voz baja - Alec, escocés de cara
dulce, grande como una casa y como nada que haya visto nunca. Como nada
que haya sentido nunca - Se apretó contra él y él resistió el impulso de
apartarla, deseando la lección. Deseando el recordatorio de quién había sido.
De lo que había sido. Ella bajó la voz a un susurro, su mano alcanzando el
dobladillo de su kilt, las puntas de los dedos rozando su muslo, haciéndolo
encogerse - Deja que la chica lo tenga, cariño. Déjala sentirlo. No serás el
primero, pero tampoco ella será la tuya. Piénsalo. Eres el adecuado.
Quería rugir su furia por la forma en que lo dijo, como si fuera cercana a
Lily. Y luego Peg agregó:
- Y cuando ya haya tenido suficiente de ti, vuelve a mí. Me encantaría sentirte
otra vez.
- Nunca.
Ella se presionó sobre él.
- ¿Ni siquiera si te recuerdo mi gran desempeño?
- Es extraño que lo describas así, ya que me parece que no tengo interés en un
bis.
La mano de Peg voló hacia su cara, fuerte y enojada, el ruido sonaba
como una alarma en la habitación silenciosa. Alzó la mano para calmar el
golpe, en lugar de deleitarse con la sensación. En el mensaje que eso dejaba.
En el recordatorio que le entregó.
- No te superes, Alec Stuart. Usted puede ser el duque inculto ahora - dijo -
pero hubo un momento en que subsististe debido a mi benevolencia. No te
gustaría que el mundo supiera la verdad.
- No me importa si tu mundo sabe la verdad - dijo - Recuerda, lady Rowley, tus
secretos también me pertenecen. Asegúrate de decirles a tus amigos. A
ninguna mujer le gusta que se ventile su ropa interior.
Ella frunció el ceño.
- Eres un rastrero.
Él la tenía.
- En algún punto, nuestro pasado tenía que ser una bendición, ¿no?
Hubo un largo silencio, y luego dijo:
- Mis secretos o los tuyos, no te gustaría que tu encantadora Lily supiera la
verdad sobre ti. Yo cuidaría mi lengua si fuera tú.
Peg estaba equivocada. Él estaría agradecido de que Lily supiera la
verdad. Sería la manera más fácil, de lograr que tenerla fuera imposible.
Sin embargo, se daba cuenta que no debería haber venido. Fuera de la
casa, se había preguntado por qué estaba llamando a la puerta de Peg, por
qué permitió que su tarjeta de visita lo convocara. Ahora, él sabía la verdad.
Sabía lo que quería de ella. Que le recordara su pasado.
El recordatorio sirvió.
La prueba de que la perfección de Lily no era para él.
166
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Dejó la casa resuelto a dos cosas: primero, lograr que Lily obtuviera la
felicidad en las manos del mejor hombre que pudiera encontrar; y segundo,
entender que ese hombre nunca sería él.
A pesar de haber mirado fijamente dentro de la caja de cintas durante el
último cuarto de hora, en la tienda de la modista Madame Hebert en Bond
Street, Lily no podría haber nombrado un solo color de dichas cintas. Estaba
demasiado ensimismada en la reprimenda que se repetía como un mantra una
y otra vez, por los casi tres días desde que había visto por última vez a Alec.
No debería haberle preguntado si la quería.
No debería haber aceptado ese pensamiento insidioso que había
arraigado en su mente, que surgió como producto de las acciones protectoras y
los besos provocativos. Era un hilo de esperanza que debería haber sabido,
mejor que nadie, permitía el acceso a sus pensamientos. A su corazón.
Y aun así, como una tonta imbécil, ella le había preguntado.
¿Me quieres?
Sus mejillas ardieron en el recuerdo. ¿Cómo podría haber imaginado
que sentiría algo más que vergüenza? Lo había visto luchar con la respuesta,
como si no hubiera querido lastimarla. Para luego, decirle la verdad.
A pesar de todo, él se la había dicho. Porque él era más noble que otros
hombres. Mejor y más noble. Había dicho que no. Mejor, más noble y de
ninguna manera para ella.
Ni siquiera para lo que ella lo deseaba desesperadamente.
Y luego, como si decirle la verdad no hubiera sido suficiente, había
desaparecido.
Había esperado su regreso en la sala de recepción de Dog House, sin
querer perderlo, finalmente se había quedado dormida. Él no había regresado.
Tampoco había regresado al día siguiente. Ni el día después de eso. Ya habían
pasado tres noches.
Incluso se había llevado a los perros, significaba que no tenía intención
de regresar, por mucho que ella lo deseara.
Y así, esta mañana, Lily había tomado el asunto en sus propias manos,
había pedido refuerzos.
- ¿No estás contenta de que hayamos decidido tomar el puesto de
chaperonas? - Lily levantó la vista de las cintas y se encontró con Lady Sesily
Talbot en el lado opuesto, sonriendo ampliamente. - Estamos más cerca de ser
hadas madrinas con todo nuestro arduo trabajo y dedicación.
En la esquina, Seleste y Seline se entretenían con una colección de
horquillas y accesorios. Soltaron una risita ante algo en la pila, y Lily se
preguntó cómo sería tener tan poco de qué preocuparse. Estaban casadas, o
casi, con hombres que se rumoreaba las adoraban. Entonces vivían sin
incertidumbre. Sin soledad. Siendo siempre parte de todo.
Lily sintió una aguda lanza de celos mientras las miraba, imaginando
cómo podría haber sido de diferente su vida, solo si.... solo si su padre no
hubiera muerto. Solo si el duque no hubiera hecho lo mismo y los demás, como
pequeños soldados de juguete, todos muriendo uno detrás del otro. Solo si ella
no hubiera estado tan sola en Michaelmas. Entonces, quizás nunca se hubiera
encontrado con Derek. Nunca hubiera posado para la pintura.
167
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Nunca hubiera conocido a Alec.
Inhaló bruscamente ante la idea, rechazándola al instante. No negociaría
con Alec. Ni siquiera si no la hubiera echado. Ni siquiera si ella nunca lo
volviera a ver.
- Querida Lily - dijo Sesily, interrumpiendo sus pensamientos y agradeciendo
que lo hubiera hecho.- ¿Te gustaría decirnos por qué estamos aquí?
"<<Lo he encontrado. Asistiremos a la actuación de Hawkins mañana.
Con Stanhope. Tú necesitas un vestido. Perros no>>"
La misiva había llegado esa mañana, sin firmar, junto con las
instrucciones para llegar a una modista en Bond Street. No había requerido
firma. Y aun así lo habría deseado, algún tipo de reconocimiento personal.
¿Qué hubiera elegido poner él? ¿Alec? ¿Sus iniciales? ¿Su título?
No, eso último, sin duda no.
Ugh. Se estaba enojando consigo misma. Encima había invitado a un
hombre a unirse a ellos. Como si eso no fuera suficiente, imaginaba su
sonrisita repugnante de autosuficiencia.
Miró a Sesily, intentando brillar.
- Necesito un vestido.
Sesily levantó una ceja.
- ¿Y la parte en la que te ves como si fueras un niño sin su cachorro favorito?
Ella sacudió su cabeza.
- No sé a qué te refieres.
- Como somos amigas, seré paciente y esperaré a que me lo digas.
"Amigas". Una palabra inesperada que Sesily usó tan ligeramente, como
si la amistad fuera algo natural y honesto para ella. Como si fuera para ella.
El dolor en el pecho de Lily se volvió más insistente.
- Mis damas - Madame Hebert, que era considerada la mejor modista de
Londres, los periódicos de los escándalos afirmaban que la rescataron de la
corte de Josephine en el momento más álgido de la guerra, atravesó un par de
cortinas cercanas.- Es un placer ver a mis hermanas favoritas otra vez - Miró a
Lily.- ¡No! ¡No solo las hermanas! Tres y una cara nueva.- Se acercó, poniendo
una mano en la mandíbula de Lily, girándola hacia la izquierda, luego hacia la
derecha.- Podrías ser la mujer más bella que haya tenido en mi tienda.
No fue un cumplido, sino un hecho. Lily parpadeó.
- ¿Gracias?
- Esta es Lillian Hargrove - interrumpió Sesily - La pupila del Duque de Warnick.
Una ceja negra perfecta se levantó, la única indicación de que la modista
escuchó las palabras.
- O simplemente Lily - agregó Lily.
La modista asintió.
- Estás aquí por Warnick.
Ojalá fuera así. Ella apartó el pensamiento.
- No.
- Por otro - intervino Seleste con alegría.- Earl Stanhope.
Excepto que ella no estaba por él. Realmente no.
Madame Hebert no apartó la mirada de Lily.
- Escuché que llevabas un vestido de perro para el baile de Eversley.
- ¿Escuchaste?
La francesa estrechó su mirada.
168
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Es verdad?
- Estaba tratando de demostrar un punto - dijo Lily, repentinamente más
avergonzada de lo que estaba la noche del baile.
- ¿A Stanhope?
Enderezó sus hombros.
- A Warnick.
Hubo un largo momento mientras la modista consideraba las palabras. Y
luego,
- Oui. Te vestiré.
- ¡Oh, excelente! - El trío de hermanas aplaudió con entusiasmo.- Obviamente
va a necesitar de todo.
- No, de todo no - corrigió Lily - Solo un vestido para..."
Madame Hebert ya se estaba moviendo, empujándola a través de las
cortinas, como si Lily simplemente no pudiera caminar sola. Y no lo hacía, las
hermanas Talbot casi la llevan en andas.
- Ella no viste a cualquiera - susurró Seline - Es muy particular.
- Uno pensaría que si fuera tan particular, evitaría el escándalo - le susurró Lily.
- ¿Crees que sabe de mí?
Entraron en el espacio de trabajo, entre los vestidores de la tienda, había
varias costureras cosiendo debajo de las ventanas a lo largo de la pared, había
una mujer sentada en una plataforma elevada, de cara a la puerta, con una
joven a sus pies, que estaba fijando el dobladillo de una exuberante seda de
amatista.
- Nunca evito el escándalo - respondió Hebert, como si hubiera sido parte de la
conversación todo el tiempo - Son los escándalos los que se destacan. Y me
gusta que mi ropa se destaque - Se giró hacia Lily, indicando una plataforma
cercana - Te habría evitado antes de que fueras un escándalo, encantadora
Lily. Cuando eras la Solitaria Lily.
- Adoro a Hebert - Sesily se sentó en un diván cercano y le repitió a la mujer
mayor.- Ella va a necesitar de todo.
La modista inclinó su cabeza, considerando a Lily por un largo momento
antes de decir,
- Oui.
- No - dijo Lily - Solo necesito un vestido para el teatro.
- Valerie - Hebert ya se estaba alejando, convocando a una mujer más joven. -
Tráeme el azul - Volviéndose, dijo: - Tengo un puñado de vestidos que
funcionarán para ti, y requieren ajustes mínimos antes de mañana por la noche.
Pero como le dije a tu duque, por el resto del ajuar tendrá que esperar
- Él no es mi… - ella comenzó la negación antes de que toda la frase de la
francesa ingresara en su cerebro - ¡¿Ajuar?!
- Una de mis palabras favoritas - Seline suspiró desde su lugar junto a sus
hermanas en el sofá cercano - La mejor parte del matrimonio.
- Bueno, la segunda mejor parte - dijo secamente Seleste, haciendo reír a sus
hermanas.
- Lily aprenderá sobre eso. - respondió Seline - Y con Stanhope, qué delicia.
- Es terriblemente guapo - estuvo de acuerdo Seleste.
Sesily, sin embargo, permaneció callada, mirando a Lily
cuidadosamente, a través de unos ojos que parecían demasiado sabios.
- El conde de Stanhope no se va a casar conmigo - dijo Lily, volviéndose hacia
la modista, que estaba ocupada revisando los vestidos de Valerie, y finalmente
169
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
extrajo un impresionante vestido cerúleo. Cuando lo levantó para mirarlo, Lily
casi jadeó por el intenso color.
- Es hermoso - dijo, incapaz de evitar tocarlo.
Madame Hebert asintió.
- Oui. Y estarás hermosa en él.- Ella lo puso en las manos de Lily y señaló un
vestidor. Lily hizo lo que le dijeron y regresó unos minutos después, el vestido
le quedaba sorprendentemente perfecto.
- Oh, Dios mío - suspiró Seleste.
- Eso es todo - de Seline.
Sesily sonrió ampliamente.
- No sabrá que le pegó.
Por un momento fugaz, las palabras convocaron una visión de Alec, los
ojos entrecerrados en rendijas, las manos extendidas hacia ella, tal como lo
había hecho en el carruaje camino a casa desde el baile de Eversley. ¿Qué no
haría para capturar su atención nuevamente? ¿Para invocar su toque? ¿Sus
besos?
Si lo lograra, usaría este vestido todos los días por el resto de su vida.
Y luego recordó que no era para Alec. Era para otro hombre. Un hombre
que debía atrapar. En tres días.
La modista señaló a la plataforma desatendida, su personal pululaba
como escarabajos trabajando sobre ella, ladrando órdenes en francés, fijando
alfileres con una velocidad perversa, como si hubiera nacido con un alfiletero
sujeto a la muñeca. Lily no hablaba francés lo suficientemente bien como para
saber lo que se estaba discutiendo, por lo que hizo todo lo posible para
permanecer quieta mientras ellas se movían, dejando que solo sus ojos se
movieran, desde las hermanas Talbot en el sofá cercano, a las demás personas
en la tienda, costureras, una mujer en la esquina que parecía estar haciendo
cuentas, y otra cliente que aparentemente ya había completado su prueba y
que, en ese momento, salía de un vestidor.
Los ojos de Lily se agrandaron, amenazando con salirse de sus órbitas.
La mirada de la condesa Rowley bajó por su vestido azul hasta el suelo,
observando el corte, la caída de la tela y el dobladillo, antes de volver a
levantarla para encontrarse con los ojos de Lily, un destello de reconocimiento
inquietante la sacudió. Y cuando habló, fue con toda la calma de una reina.
- Él lo adorará.
La habitación enmudeció a raíz de la declaración, el único movimiento
fue el sutil enderezamiento del trío en el diván.
Lily no habló. Era demasiado el miedo a hacerlo.
La condesa no sentía lo mismo.
- A él siempre le gustó el azul.
No mordería el anzuelo.
- Gracias - dijo, devolviéndole deliberadamente la evaluación a la condesa - A
mí me gusta el azul.
Arqueó una rubia ceja.
- ¿Sabes que vino a verme hace tres noches?
- ¿Quién es ella? - preguntó Seleste.
- ¿Ha estado con ella? - Intervino Seline.
Sesily levantó una mano impidiéndoles hablar, incluso mientras se ponía
de pie, como si pudiera salvar a Lily de este complicado momento.
Como si alguien pudiera salvar a Lily de este momento.
170
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Tres noches atrás, le había preguntado a Alec si la quería. Tres noches
atrás, él había dicho que no.
- No te creo - dijo ella.
Era una mentira. Ella le creía. Tres noches atrás, él había ido con esta
mujer, esta mujer fría, inmóvil e impasible. Lo opuesto a Lily. Completamente
aristocrática y llena de la perfección de Londres. Y su pasado.
Y Lily había regresado a casa, y lo había esperado.
Y él no había vuelto.
La condesa vio la mentira en sus ojos. Sonrió y se acercó, mirándola en
todo momento como si hubiera nacido en este lugar, para este momento.
Pareciendo el tipo de mujer que cualquier hombre desearía. Más allá de
cualquier escándalo.
Más allá de la vergüenza.
Los celos de Lily se dispararon mientras la condesa se acercaba, con su
pequeña sonrisa de complicidad en los labios.
- Él vino a mí, porque quería el recordatorio de que no eres para él.
Las palabras, duras y perversas le dolieron como un golpe.
Lily se negó a mostrarlo.
En cambio se enderezó, deseosa de ser fuerte.
- Si él fue a ti, Peg, entonces estoy segura que no soy para él.
- Buena chica - creyó haber escuchado decir a una de las hermanas Talbot.
La sorpresa combatió con la ira en la cara de la condesa, luego
desapareció, desapareció junto a esa fría máscara.
- Pobre Encantadora Lily. ¿No lo ves? Alec no está hecho para toda la vida,
sino que es mejor usarlo por una noche.
Incluso sin comprenderla totalmente, las palabras la pillaron
desprevenida, entonces Lily disimulando se dirigió a la modista.
- ¿Has terminado, madame?
- No del todo - dijo la francesa desde su lugar arreglando el dobladillo del
vestido.- Pero la condesa, sí. - A Lady Rowley no se le dio la oportunidad de
responder antes de que la modista chasqueara los dedos y un grupo de
jóvenes empleadas llegara para llevarla a la sala principal.
Seline y Seleste soltaron respiraciones gemelas del sofá cuando Sesily
se adelantó.
- Esa mujer es una arpía - Se acercó a Lily - La manejaste maravillosamente.
Me impresionó especialmente que hayas usado su nombre de pila.
El nombre que Alec usó con ella.
El nombre que había usado con ella por Dios sabía cuánto tiempo.
Él había ido con ella.
Y la había abandonado.
- Yo… - Se detuvo, incapaz de encontrar las palabras. Bajó la vista a sus
manos y las descubrió temblando. Miró a Sesily - No sé qué hacer.
Sesily encontró su mirada y tomó sus manos, sosteniéndolas
fuertemente, manteniéndolas quietas.
- Te mantienes fuerte. Y nunca, nunca, dejes que ella te vea temblar.
- De acuerdo
Seleste se unió a ellas, junto con Seline.
- Tampoco él.
Lily negó con la cabeza.
- No sé a quién te refieres.
171
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Sesily sonrió ante esas palabras.
- Por supuesto que no. Pero si lo hicieras… - Ella hizo una pausa - …sin
supieras a quién nos referimos, es decir… si lo hicieras… ¿Supongo que lo
elegirías por sobre el otro?
Las lágrimas amenazaron, y Lily miró hacia el techo, deseando que ese
grupo insistente se alejara.
Dispuesta a alejarse ella.
Cuando Madame Hebert se levantó de su lugar a los pies de Lily y cruzó
la habitación hacia un armario lleno de tela, Lily se recordó a sí misma que Alec
no era una opción. Él nunca había sido una opción. Y dos noches atrás, lo
había dejado más que claro.
Miró a su amiga.
- Él no me quiere.
- Pavadas - dijo Sesily.
Lily negó con la cabeza.
- Es verdad. Él me dejó sola en la casa. No lo he visto en tres días.
Aparentemente me dejó para buscar consuelo en los brazos de… - Se detuvo,
y agitó un brazo en dirección a la sala delantera de la tienda. Después de un
largo momento, agregó, suave y triste - Sí. Sí, por supuesto, que lo elijo.
Era la primera vez que lo admitía en voz alta, y las palabras eran
espantosas y desgarradoras a la vez. Ella lo quería. Más de lo que alguna vez
había querido algo.
- Pero él no me quiere.
- Oh, Lily - dijo Sesily, trepando a la plataforma y envolviéndola en un abrazo.
Lily siempre había escuchado que los abrazos de los amigos te hacían sentir
mejor, pero no fue así. Esto la hizo sentir peor. Le hizo querer entregarse a la
otra mujer, llorar, gemir y dejar toda su tristeza, toda su desesperanza, a los
pies de Sesily.
Pero de alguna manera, en ese deseo, descubrió la verdad.
Que también la hacía sentir que no estaba sola.
- Tenemos otra hermana, ¿lo sabías? - Dijo Sesily, y Lily tardó un momento en
ubicarse en el cambio de tema.- Seraphina.
Lily asintió.
- Duquesa de Haven - La quinta parte de las sucias Talbot, acusadas de atrapar
a un duque en matrimonio y que desapareció de Londres meses antes.
Una sombra cruzó la cara de Sesily.
- Seraphin no pudo ganar a su duque. No al final.
A veces, el amor era imposible. Lily entendió eso.
Excepto que no parecía que ella entendiera a las hermanas Talbot, que
la miraban con una nueva determinación.
- Pero a tu duque lo conseguirás. Nosotras ayudaremos.
No sería posible, por supuesto, pero era una fantasía maravillosa.
Lily se retiró del abrazo, apartando las lágrimas para descubrir que
Seleste y Seline se habían unido a ellas. Que no estaba sola. Que no era una,
sino que eran cuatro.
Cinco.
Detrás de las hermanas Talbot estaba la modista francesa, la modista
más venerada de Londres, sosteniendo un trozo de tela y mirándola con un ojo
astuto y conocedor.
172
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Si lo quieres - extendió sus brazos, revelando la tela - Lo tendrás. Si te pones
esto.
Los ojos de Lily se abrieron de par en par mientras tomaba la tela, el
movimiento salpicado por pequeñas exclamaciones de excitación de sus
amigas. Sosteniendo la tela en sus manos, lo admitió de nuevo, su verdad
única e innegable.
- Lo quiero.
- Entonces, él es tuyo - respondió Sesily, sus palabras secas y llenas de
conocimiento - A decir verdad, si eso no lo convence, no sé qué puede
convencer al hombre.
173
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 16
TARTÁN: ¿MATERIA TEXTIL TENTADORA? ¿O TERRIBLE TENDENCIA?
Alec no creía que fuera posible, pero la casa de la ciudad de Kensington,
una vez propiedad del envejecido Número Nueve y su esposa, era incluso peor
que la casa de perros.
Evidentemente, Lady Nueve había sido coleccionista. De todo.
En los tres días que había vivido en la casa abandonada de Regent
Street (Settlesworth había mencionado algo sobre un accidente en el North
Country que congregó trágicamente al Duke y a la Duquesa Nueve), Alec se
había visto abrumado por mesas llenas de animales en miniatura, estantes
cargado de estatuas de porcelana y gabinetes con puertas de vidrio llenas de
juegos de té. Se le ocurrió que cuando esta casa en particular había sido
reducida a una exhibición, probablemente se habrían necesitado varias
sirvientas con el propósito de desempolvar la alocada colección de artículos
inútiles.
También se le ocurrió, mientras entraba en la casa en mitad de la noche,
saludado por la salvaje cola de Angus, que se movía, eliminando una mesa
baja llena de pequeñas campanas de porcelana, que debería haber elegido
una casa diferente. Este no era un lugar para bestias, de la variedad de cuatro
o dos patas.
Se agachó para darle al perro un saludo apropiado,
- Buenas noches, amigo. - Angus se inclinó para que le rascara el morro,
suspirando de placer por el toque de Alec - Nos tenemos el uno al otro, al
menos - Levantó la vista, examinando el vestíbulo - ¿Dónde está Hardy?
No le sorprendía del todo que el segundo perro faltara: Hardy había
pasado los últimos tres días suspirando y vagando por la casa sin rumbo, como
si ansiara su amor perdido.
Como si ella no fuera suficiente que se hubiera impreso en cada parte de
él en la semana que la conocía, también había arruinado a sus perros.
Había sido lo más difícil que había hecho alguna vez, renunciar a la casa
de perros esa noche, y encontrar un nuevo hogar, que no amenazara su futuro.
Desde donde podría protegerla a la distancia.
Ella había estado dormida en la sala de recepción cuando él entró, los
perros cerca del hogar.
Si no fuera por el persistente aroma del perfume de Peg en su plaid,
podría no haber sido capaz de dejarla. Pero él lo hizo. Y ahora tenía un perro
miserable para demostrarlo.
Con un suspiro, se levantó y subió por la escalera central hasta el
dormitorio que le habían preparado, Angus lo seguía en la oscuridad. Hardy
sobreviviría. Él reanudaría su vida ordinaria, y regresaría a su carácter ordinario
cuando regresaran a Escocia.
Alec solo podía esperar que ella hiciera lo mismo.
El tiempo se congeló y Escocia apareció como una promesa. Un lugar
donde no recordaría a Lily. Donde se olvidaría de su belleza. de su sonrisa, de
su fortaleza, de todas las formas en que la deseaba ...
La amaba.
Sacudió la cabeza ante el pensamiento, insidioso e inquebrantable. Él no
la amaba. Él no la amaría.
174
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Él no podía amarla.
Simplemente tenía que mantenerse alejado de ella durante tres días.
Tres días.
Tres días para encontrar la pintura, para destruirla. Para darle a Lily la
vida que se merecía. Él le devolvería su vida. Fuerte, hermosa y brillante sin
medida, elegiría uno de sus infinitos futuros, y viviría su vida.
Sin él.
Pasó el día con West y King, pensando en la ubicación más probable
para la pintura antes de la exposición. Planificando sus movimientos para la
noche siguiente. Cuando Hawkins subiera al escenario para enfrentarse con
toda la Sociedad, Alec buscaría en las salas traseras del teatro.
Y mientras lo hacía, mientras la protegía, Lily se quedaría en un palco
del teatro enamorándose de Stanhope.
Apretó los dientes ante la idea.
Era lo mejor para ella. Era la forma en que sobreviviría a todo: los
chismes, los rumores, la verdad. El conde obviamente estaba interesado en
ella, y estaba dispuesto a pasar por alto su pasado. El dinero ayudaba, sin
duda. Pero parecía un tipo decente.
Lily se merecía a alguien que algún día podría ser digno de su amor.
A diferencia de él.
Exhaló con fuerza, mientras subía por la escalera, y pasaba por el
pasillo, haciendo caso omiso de los largos estantes repletos de inútiles
figuritas. Dolorido por el sueño de una noche colmada de ataques de
autodesprecio y por un deseo casi insoportable de levantarse e ir directamente
hacia Lily. Caer en sus brazos y hacerle el amor hasta que el pasado se
hubiera desvanecido y el presente fuera todo lo que importaba.
Y ella era todo lo que importaba.
Negó con la cabeza, buscando el camino a sus habitaciones,
desesperado por alejarla de sus pensamientos incluso cuando sabía que no
sería capaz de hacerlo. Incluso cuando sabía que entraría en la habitación y se
desnudaría y se iría a la cama, con los recuerdos de sus manos, de su boca y
de su mente.
Presionó su frente contra la gran puerta de caoba, la vergüenza y el
deseo lo inundaron, anhelando desesperadamente darse la vuelta y dirigirse a
Grosvenor Square, y tomarla. Hacerla suya. Deleitarse con ella y maldecir las
consecuencias.
Dejando las manos quietas, hizo que su aliento se calmara.
Tres días. Él podría mantenerse alejado de ella durante tres días.
Abrió la puerta, temiendo ya la desordenada decoración de la habitación
y la pequeña cama de patas flacas con su delicado toldo. En el interior, la luz
de las velas se derramaba por el suelo, cálida y dorada. Hardy levantó la
cabeza de su lugar al pie de la cama, con la cola golpeando pesadamente la
colcha.
Pero Alec no estaba mirando al perro.
Estaba mirando a Lily, profundamente dormida en el centro de la cama,
en un charco de dorada luz de vela.
No llevaba nada más que su plaid.
Un mejor hombre la dejaría. Cerrarría la puerta y encontraría otra cama.
Otra casa. Otro país.
175
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Un mejor hombre tendría la fuerza para protegerla de sí mismo, del
mayor peligro que enfrentaría jamás. Del hombre que la reclamaría y la
retendría… a pesar de ser desesperada y totalmente indigno de ella.
Él no era un mejor hombre.
Su mano se apretó en el picaporte de la puerta. Había tratado de serlo.
Había querido serlo. Pero ahora, aquí, dando testimonio de su absoluta
perfección, ya no tenía la fuerza para ello.
Sufría por ella. La quería a ella. La deseaba a ella.
Solo podría ser ella.
Y en ese momento, todo lo que era y todo lo que sería, era suyo. Y esta
noche, tal vez, podría engañarse a sí mismo para creer que ella era suya.
Miró a Hardy y señaló el pasillo.
- Fuera.
El perro siguió la orden al instante.
Alec cerró la puerta, yendo hacia ella. Se detuvo al lado de la cama,
mirándola mientras dormía, su cabello era un charco de fuego castaño contra el
lino recién tendido. La cama no era muy pequeña. Era el tamaño perfecto para
ella, una reina de las hadas en su enramada.
Ella se movió un poco, un hombro desnudo, rosado y perfecto se asomó
desde el tartán rojo, llamándolo. No pudo evitarlo… y gimió.
Lily abrió los ojos al oír el sonido, e inmediatamente gimió, como si el
universo los hubiera conectado con una cuerda de gemidos. Ella no se asustó
por encontrar a un hombre de su tamaño junto a la cama, como era de esperar,
en cambio, sonrió suavemente, llena de sueño, y Alec se excitó con placer
perverso.
- Estás en casa.
Ella lo esperaba.
- ¿Cómo me encontraste?
Su sonrisa se ensanchó.
- No eres el único que tiene acceso a Settlesworth, Su Gracia. - Miró hacia la
mesa a varios metros de distancia, donde se veía una fiesta de té de porcelana
para animales.- Sin embargo, no hubiera pensado que esto sería tan
decorativo.
Podría haberse reído si no la hubiera deseado tanto. Si él no estuviera
tan roto por su presencia.
- ¿Por qué estás aquí, Lily?
Ella parpadeó, y él se odió por la duda que brilló en su mirada.
- Yo… - se detuvo. Respiró hondo y encontró su mirada con renovada certeza. -
Vine por ti.
Sus rodillas se debilitaron, pero resistió el impulso de ir hacia ella. Para
tocarla. Para ceder a su deseo de algún modo. En cambio, dijo:
- Mi madre era inglesa.
Hizo una pausa. Y Lily acotó,
- Como lo era el mío.
Ignoró su respuesta, aunque se rindió a su humor, ya que cuando sus
ojos brillaban de esa manera, amenazando con reírse, hacía que la deseara
más que nunca. Lo tentaba más de lo que alguna vez había soñado posible.
- Ella era hermosa. Mi padre estaba loco por ella. Supuestamente.
- ¿Supuestamente?
176
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Cuando nací, ninguno se preocupaba por el otro. Vivían en Escocia, en las
Highlands, mi padre trabajaba en la destilería familiar. Mi madre pensó que él
era rico y se quedó. Y lo era, pero el negocio y la propiedad que lo
acompañaba, no era administrado por otro, era dirigido por Stuart, lo había sido
por generaciones. Era un hombre que cosechaba trigo, esquilaba ovejas y
alquitranaba techos de establos estropeados. Y ella lo detestaba.
Lily se sentó mientras Alec hablaba, envuelta en el tartán Stuart, con su
cabello castaño rojizo cayendo sobre sus hombros desnudos, y él resistió el
impulso de beberla. Centrado en la historia, que había empezado como una
advertencia y que ahora resultaba profética.
- No estaba hecha para Escocia, decía mi padre. Era demasiado perfecta.
Esbelta como una caña, pero indestructible. No podía soportar el frío, la
humedad, la naturaleza. Nos mudamos al sur, a la frontera, a otra finca
propiedad de la familia. Y mi padre pensó que la proximidad con Inglaterra la
cambiaría. Que le devolvería a la chica que una vez había amado.
- Así no es como funciona - Dijo Lily sujetando la tela escocesa contra su
pecho, la tela ajustándose con pequeños destellos de sombras.
- Una vez me dijiste que el amor es una poderosa promesa. Y así fue. Mi padre
lo aprendió de primera mano. Como lo hice yo.
Sus ojos se abrieron y odió la tristeza allí.
- ¿Qué pasó?
- Ella nos dejó.
Los labios de Lily se abrieron en una pequeña inhalación silenciosa.
- ¿Cuándo?
Necesitaba tocarla más de lo que necesitaba respirar, pero esta historia,
esta historia profética, debía contarla.
- Cuando lo considero, abandonó nuestros corazones mucho antes de que ella
nos dejara en verdad. No puedo recordar un momento en que ella fuera feliz.
Ella no apartó la mirada de él.
- ¿Ni siquiera contigo?
- Especialmente conmigo. Yo era todo escocés. Demasiado grande. Demasiado
tosco. Cuando volvía de los campos, ella sacudía la cabeza decepcionada y
decía, para sí misma tanto como para mí, "nada acerca de ti encaja".
Sus cejas se estrecharon.
- ¿Qué significa eso? ¿Encaja dónde?
- Aquí - susurró, la dura palabra en su memoria. - La tarde en el parque.
¿Cuándo me dijiste que no recibiste un regalo de cumpleaños desde que eras
una niña?- Ella inclinó su cabeza en una pregunta silenciosa - Creo que tienes
el mejor de los escenarios posibles. Dudo que mi madre alguna vez supiera
que era mi cumpleaños.
Qué cosa tan ridícula para recordar. Era un hombre adulto, de treinta y
cuatro años, y pensaba en los cumpleaños de su infancia como si importasen.
Se aclaró la garganta. Trató de recuperar la calma.
- Ella huyó, eventualmente. Había estado enferma durante meses, se estaba
consumiendo, y estaba convencida de que era Escocia la que lo estaba
haciendo. La que la estaba matando - Apartó la vista - A menudo me pregunto
si ella pensó que era yo quien lo estaba haciendo.
- No, no lo hizo - dijo Lily, Alec no pudo evitar mirarla. Evitar encontrarse con
sus ojos grises y beber la certeza en ellos - No fuiste tú.
177
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Y por un momento fugaz, se preguntó qué habría sido de él si hubiera
tenido a Lily entonces, cuando todo su mundo se había derrumbado a su
alrededor.
Ella podría haberlo salvado. Podría haberlo amado.
Podría haberle dado una seguidilla de niñas hermosas, pelirrojas y
perfectas, que habrían llevado la pequeña ropa que ella había cosido y podría
haber remendado su corazón.
En cambio dijo:
- Murió dos semanas después de regresar a Inglaterra.
Lily ahogó su nombre y trató de alcanzarlo, pero él se apartó de su
alcance, sin confiar en sí mismo al percibir su toque.
- No la mataste.
- Lo sé - dijo - Pero tampoco la salvé.
Ella sacudió su cabeza.
- No puedes salvarnos a todos.
- En el momento en que tuve edad suficiente, huí también. A Inglaterra. A la
escuela. Mi padre... - Se detuvo.
- ¿Qué hay de él? - preguntó.
La mirada de Alec cayó sobre su mano, donde la cicatriz, todos los días,
le recordaba a su padre.
Ella lo estaba mirando. Más hermosa de lo que una mujer debería ser.
- Cuando estaba en la escuela, nos hicieron aprender los mitos. - Lily frunció el
ceño con hermosa confusión, pero no le dio tiempo a decir nada. - Estábamos
obligados a traducirlos del griego, y cada niño en el curso detestaba el
proyecto. King hizo todo lo que pudo para evitarlo. Me pagó para hacer el
trabajo por él en más de una ocasión.
Ella sonrió, moviéndose hacia un lado, el plaid deslizándose sobre ella,
un susurro de lana sobre piel.
- ¿No intentaste escapar de tus estudios?
- No podía darme el lujo de hacerlo.
Ella asintió.
- Todavía no eras un duque.
Era el bruto escocés.
Él negó con la cabeza, viendo como la tela se pegaba a la curva de su
cadera, a la curva de su pecho.
- ¿Conoces a Selene?
Ella sonrió, pequeña y dulce.
- Ella era la diosa luna.
El asintió.
- Ella también era hermana del sol y el amanecer, la hija de Titanes y una
belleza más allá de las palabras. Era la niña escandalosa, la que era cambiante
e inquietante. Podía mover las mareas y alumbrar el cielo y dar cobertura a las
nefastas hazañas del mundo si así lo deseaba. El sol venía todos los días, al
igual que el atardecer, pero la luna, era como la alegría. Resuelta e
inconstante. Ella era la reina de la noche.
Lily lo miraba con absoluta atención, y sus dedos le picaban por tocarla,
pero aun así se mantuvo alejado.
- Una noche, mientras se movía por el cielo, su luz tocó a un pastor dormido.
- Endymion - dijo Lily, el nombre un susurro absorto.
El asintió.
178
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Era lo más hermoso que había visto en su vida: pacífico y bueno, y todo lo
que siempre había deseado. Selene se enamoró de inmediato, a pesar de su
aguda conciencia de la imposibilidad de su emparejamiento. Ella no podría
estar con él, no todos los días. No todo el día. Su tiempo con él era limitado.
Efímero.
Entonces se sentó, agarrando la tela, cubriendo todas sus partes bellas
y secretas, todas las partes que él daría todo por ver.
- Alec - dijo ella, como si así pudiera detener el mito, podría detener el curso de
su historia. Pero él la ignoró:
- Se despertó cuando ella estaba parada sobre él y, al presenciar su
insoportable belleza, también se enamoró instantáneamente. Pero no podría
soportar estar sin ella, ni siquiera por un día. Ni siquiera por un momento. Ni
siquiera por un respiro. Y entonces le suplicó a los dioses que le concedieran
un sueño eterno, para que él nunca supiera lo que era vivir sin ella - Alec,
finalmente alzó una mano, levantando un largo rizo castaño rojizo del lugar que
cubría su hombro, mirándolo deslizarse entre sus dedos, tentándolo con una
promesa de seda deslumbrante, haciéndolo querer atarlo a sus muñecas y
permanecer prisionero de ella para siempre.
- Él tomaría incluso la parte más pequeña de ella, si eso hubiera significado
tener algo de ella - dijo.
Sus labios se separaron con un soplo de aliento, y Alec ansió besarla.
- ¿Qué pasó?
- Zeus le dio su deseo. Endymion durmió por siempre, sin edad y sin muerte. Y
ella venía a él por la noche y lo cuidaba con su belleza.
- No - dijo Lily, sus ojos grises de repente brillaban.- ¿Nunca estuvieron juntos?
La mano de Alec se movió a su mejilla, su pulgar capturó la única
lágrima que escapó, antes de que pudiera estropear su piel perfecta.
- Estuvieron juntos por la eternidad - respondió, con las palabras susurradas y
espesas de añoranza - Él soñó por siempre… siempre sostener la luna entre
sus brazos.
El silencio se extendió entre ellos, sus miradas enredadas, Alec
deseando aprender la lección que estaba tratando de darle. Que el amor no
siempre era felicidad. Que demasiado a menudo era tristeza.
Y luego ella levantó su mano hacia él, sosteniendo su palma en su
mejilla.
- No deseo sostener la luna en mis brazos, Alec - susurró, sus ojos grises
inquebrantables. - Deseo abrazarte a ti.
Dejó caer el plaid que se deslizó hasta sus caderas, desnudándola, toda
la perfección en la dorada luz de las velas. Alec siguió la tela, cayendo de
rodillas al borde de la cama, ardiendo de deseo fue incapaz de detenerse. Alec
inclinó la cabeza y susurró su nombre, un sacrificio en su templo.
Ella gloriosamente lo tocó, sus dedos se deslizaron por su cabello hasta
llegar a su mejilla.
- Alec - susurró - Por favor. Por favor elígeme.
Como si pudiera elegir cualquier otra cosa.
Él levantó la cabeza, extendiendo la mano hacia la de ella, conteniendo
su mano, manteniéndola firme sobre su cara.
- ¿Estás segura, Lily? - susurró.- ¿Estás segura de que me quieres? Soy
grosero, nada refinado, y nunca seré digno de ti. Pero me falta la fuerza para
negar tu voluntad.
179
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Sus ojos se agrandaron por un momento antes de hablar, las palabras
cálidas y claras como el sol,
- No soy una niña. Yo conozco mi mente. Sé las consecuencias de mis
pensamientos. De mis acciones. Me conozco. Sé lo que está por venir. Lo
deseo, Alec. - Si las palabras no lo hubieran roto, el movimiento lo habría
hecho... la forma en que ella se inclinaba hacia él, sus labios a un aliento de él.
- Estoy segura.
Y él era de ella. Por una noche. Para la eternidad.
180
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 17
INCULTO DUQUE ¡MALDITO POR EL DESEO!
La besó como si fuera el aire necesario para vivir.
Como si ella fuera todo lo que siempre había deseado. Al igual que era
la tentación y el pecado, y él no podía detenerse.
Y ella se deleitó en él, pasándole las manos por el pelo, luego por los
hombros y sobre sus enormes brazos, ansiando que estuviera más cerca. Que
estuviera con ella en la cama. Se echó hacia atrás para decirle eso, para
suplicarle que se acercara, solo para encontrar que ya la estaba mirando, sus
ojos marrones se volvieron casi negros, los labios picados por el beso que
felizmente le había devuelto.
- Alec - susurró.
- Cualquier cosa - dijo. - Soy todo tuyo.
Mío.
¿Cuánto tiempo lo había querido? ¿Cuánto tiempo había soñado con
eso? ¿Cuántas noches había permanecido despierta deseando que alguien
así, fuerte, amable y heroico sin medida, la encontrara? ¿La reclamara?
¿La amara?
Cerró los ojos ante la idea, sabiendo que había pedido demasiado. Él
podría no amarla. Pero esta noche, mientras estuviera aquí, con ella, podría
amarlo. Y podría ser suficiente.
- ¿Mío? - Susurró ella.
Él la observó con atención, su mirada se detuvo sobre su rostro, como si
estuviera tratando de memorizarla, y ella hizo lo mismo, asimilando su belleza
fuerte e insoportable y deseando que sus palabras fueran ciertas. Siempre.
- Tuyo - susurró.
Él hizo que la palabra sonara sucia. Y ella lo deseaba mucho más.
Sacudió su cabeza.
- Pero soy yo quien está envuelta en tus colores.
Su mirada se deslizó hacia abajo, sobre sus pechos desnudos, hacia la
tela que se apilaba en su cintura. Alargó la mano, pasando los dedos sobre su
cuerpo, sin tocarla, tomando la tela, antes de mirarla, con el ceño fruncido.
- Este no es mi plaid. Es el tartán Stuart, pero es demasiado suave.
Ella asintió.
- Es cachemira. La modista me lo dio antes de irme esta mañana… - Hizo una
pausa, sin querer pensar en la modista. De la razón por la que ella había
estado allí. Para un vestido para el teatro. Para un ajuar de boda.
No quería pensar en la otra mujer que había estado allí. Su mujer.
Sin embargo, Alec no la dejaba pensar en esas cosas. Su hermosa
mirada marrón la capturó.
- Tú sabías que eso me mataría.
Lily sonrió.
- Esperaba que así fuera.
Él presionó un beso en su hombro.
- Esto - susurró sobre su piel.- Esto es lo que vi cuando entré a la habitación.
Este hombro, desnudo y perfecto contra mi plaid. Y tú… - Sus labios se
181
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
movieron hacia abajo, sobre su clavícula, por la ladera de su pecho. "Tú… lo
suficientemente hermosa como para ser una reina escocesa.
Él tomó la punta de su pecho en su boca, bromeó hasta que fue
imposible y suplicó por todo lo que él le daría, por las lamidas y tirones en su
carne, incluso cuando sabía que debería resistirse. Sabía que debería estar
avergonzada. Pero con Alec, nada se sintió vergonzoso. Nada se sintió mal. Se
sintió como si este momento; fuera su propósito. Él era su destino. Ella gritó por
la sensación de la carne tensa con el suave y ligero roce de sus dientes,
haciéndola jadear su nombre y suplicar por más.
Él levantó la cabeza.
- ¿Así es como te gusta, mo chridhe?
Ella le acarició los hombros, sus manos se deslizaron para ahuecar su
rostro e inclinarlo hacia ella para darle un beso. Ella susurró contra sus labios,
- Me gusta como quieras dármelo.
Él tomó el control de su beso, deslizando su lengua profundamente en
ella y reclamándola para sí mismo. Marcándola. Asegurándose de que nunca
sería capaz de besar a alguien sin pensar en él. Del ahora. De esta noche
Él la besó con caricias largas y prolongadas, atormentando su mente
con un placer suave y pecaminoso hasta que casi no se dio cuenta de que
había quitado el tartán en su regazo. Entonces sus dedos la acariciaron,
ahondando en largos y prolongados trazos, y ella se dio cuenta. Claramente.
Se retorció bajo su toque, suspirando su placer en su boca.
- Sabes a menta - dijo después de una larga y prolongada lamida en sus
labios.- ¿Cómo es eso posible?
- Sesily - Suspiró, desesperada por encontrar el pensamiento mientras sus
dedos jugaban y tentaban, haciendo promesas de lo que estaba por venir.
Levantó una ceja, con humor en su mirada.
- ¿Otro truco Talbot?
- Quería saber bien - dijo, con rubor en las mejillas.
Él sostuvo su mirada por un largo momento mientras deslizaba sus
dedos profundamente, y ella jadeó una vez, dos veces, antes de quitárselos,
llevándoselos a la boca como lo había hecho en el carruaje hacía días. Ella
brillaba como el sol mientras lo miraba deslizar los dedos profundamente en su
boca, mientras saboreaba sus secretos. La visión le hacía doler.
- Sabes maravilloso. No se requiere menta - Se inclinó de nuevo, lamiendo a lo
largo de su mandíbula hasta su oreja.- Me gustaría comerte.
Sus mejillas llamearon ante las palabras, y pensó que podría morir de
vergüenza, cuando sus dedos reanudaron su movimiento, se sumergieron, se
arremolinaron, y luego desaparecieron de nuevo, elevándose para pintar
perezosamente la punta de un pecho en círculos lentos y húmedos.
- ¿Te comeré, muchacha?
Antes de que ella pudiera responder, se movió de nuevo, deslizándose
por su cuerpo, lamiendo y chupando su pecho hasta que suspiró su placer y lo
abrazó, ansiando más. Él repitió la acción en el otro pecho, dejándola inundada
de necesidad, anhelando algo que no podía nombrar.
Ella levantó su cara.
- Alec - susurró, retorciéndose en la cama crujiente.- Por favor. Ven a mí.
Él entonces negó con la cabeza.
- No he terminado de probarte, amor.
182
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Amor.
El cariño de su expresión fue suficiente para hacer que se retorciera de
nuevo, incluso más cuando él la movió, tirando de sus piernas hasta el borde
de la cama, y, ella cerró los ojos, abriendo sus muslos.
- Recuéstate - dijo, las palabras roncas, profundas y escandalosas.
Ella parpadeó.
- No vas a hacerlo…
- ¿Te parece? - dijo él, sus enormes manos deslizándose por sus piernas,
sobre la suave piel del interior de sus muslos, haciendo que su corazón latiera
con fuerza mientras sus dedos se movían más y más, hasta que fueron una
promesa malvada en el cruce de sus muslos. Él la miró por un largo momento,
hasta que ella cerró los ojos bajo el calor de su mirada.
Finalmente, presionó un beso contra la suave piel de un muslo y dijo:
- Eres perfecta aquí, no es que me sorprenda. Resbaladiza, húmeda y
desesperada por mí, ¿verdad?
- No sé - dijo ella, de repente temerosa de lo que él estaba a punto de hacer, de
lo que estaba a punto de hacerle sentir.
Él gruñó al oír eso.
- Lo estás. Eres la cosa más perfecta que he tocado jamás. - presionó un beso
en la suave piel de su muslo.- Me humillas con tu cuerpo.
Incapaz de detenerse, elevó su cuerpo hacia él, dolorida por su toque.
- Es tuyo - susurró.- Todo lo mío. Soy toda tuya.
Él gruñó ante las palabras, dándose la vuelta para pellizcar el interior de
su rodilla antes de levantar su pierna y colocarla, asombrosamente,
maravillosamente, sobre su hombro.
- Lo entiendes mal, amor. No soy yo quien te posee, sino tú, a mí.- Presionó un
beso en los rizos que ocultaban su calor. - Tus labios saben a Escocia - susurró
en el centro de ella.- Pero aquí, sabes a cielo.
La estaba besando en ese glorioso y secreto lugar, y ella estaba
jadeando por su conmoción y placer, haciendo lo que su cuerpo le pedía,
recostándose mientras él lamía, chupaba y se deleitaba en ella. Suspiró su
nombre, sus manos se movieron hacia su cabeza, sus dedos se deslizaron en
su cabello.
- Alec - susurró. - Soy toda tuya. Siempre.
Las palabras parecieron liberarlo, hacerlo salvaje, desesperado,
perverso y maravilloso; un gruñido se hizo profundo, la vibración contra su
núcleo la hizo tan salvaje como él. Igual de desesperada. Sus dedos se
apretaron en sus rizos oscuros, y no dudó en abrazarlo, en moverse contra él.
Las manos de Alec se deslizaron debajo de ella, levantándola,
sosteniéndola hacia él como un banquete, y ella gritó mientras él la lamía,
conociendo todos sus secretos, dándole todo lo que siempre había deseado.
- Tuya - susurró una y otra vez, y finalmente, mientras la conducía cada vez
más alto, le arrancó un grito fuerte y salvaje.
Levantó la cabeza ante el sonido, dejándola allí, en el precipicio de algo
glorioso. Presionó un suave beso en su muslo, lamiendo en pequeños círculos
hasta que ella abrió los ojos, encontrándolo en magnífica contemplación.
- Tú paraste.
Alec no se movió durante un largo momento, y luego se inclinó hacia
adelante y sopló una suave corriente de aire a través de sus rizos oscuros. Ella
se retorció. Llamándolo a él.
183
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Cómo lo demostraré? - dijo, perezosamente, su mirada fija en el corazón de
ella.
- ¿Demostrar qué?
- Que soy yo quien es tuyo.
Ella no tenía tiempo para eso.
- Alec. Por favor.
Él lamió el centro de ella, larga, exuberante y escandalosamente. Ella
gritó antes de sonreír, amplia y hermosa, Alec dijo:
- Soy yo quien es tuyo, mo chridhe. ¿Qué debo hacer para probarlo? - Él rió,
bajo, profundo y líquido contra ella. - ¿Ahí? Cuéntame el pensamiento que hizo
que tu cuerpo se ponga rosado a la luz de las velas.
- Lo sabes - suspiró, las palabras casi como un gemido.
- Lo sé - dijo, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. - Pero deseo que me
des la orden, amor. Deseo que seas mi diosa. Y yo, tu sirviente. Deseo que
sientas tu belleza Tu orgullo. Tu perfección. Deseo honrarte. Con cada parte de
mí.
Sus palabras la incendiaron.
No importaba que estuviera enojada.
Ella lo miró, desesperada por su boca una vez más.
- Entonces hazlo.
Levantó una ceja interrogadora.
- Dilo - La lamió de nuevo, y ella se tensó como un arco.
- Hónrame, Alec. - Las palabras la inundaron de placer. - Hónrame, Alec.
Adórame, Alec. - Ella cerró los ojos. - Adorame, Alec. - rogó - Bésame, Alec.
Bésame, Alec.
Y lo hizo, enloqueciéndola, haciéndole el amor con movimientos lentos,
saboreadores, sus manos la levantaron hacia él nuevamente como un
banquete. Ella presionó sus caderas hacia él, continuando la letanía,
repitiéndola una y otra vez, hasta que encontró el precipicio una vez más, y
esta vez no se detuvo, ni siquiera cuando ella cayó sobre el borde. Sus manos,
boca y lengua, eran la única cosa discernible en el alboroto del placer.
Y cuando se aferró a él y gritó las órdenes que él le había dado, ella
agregó otra.
- Ámame, Alec.
Quiéreme.
Y él lo hizo. En ese momento, incluso si nunca volviera a suceder, la
amaba. Ella lo sabía.
Cuando ella bajó de su placer, lo alcanzó, atrayéndolo hacia su cuerpo,
doliéndole por más de él, por todo de él. Alec se acercó a ella, trepó por ella. La
cama, demasiado pequeña y también perfectamente dimensionada porque lo
mantenía lo suficientemente cerca como para tocarla, crujiendo ante el
movimiento, mientras la empujaba hacia atrás y se inclinaba, presionando
cálidos y maravillosos besos desde su mandíbula hasta su oreja.
Su mano buscó el dobladillo de su falda escocesa, encontrando una piel
cálida y musculosa allí, debajo de la lana. Ella acarició su muslo largo y
musculoso, más y más alto, y solo encontró la piel tibia y desnuda. Ella no pudo
ocultar su sorpresa.
- No usas nada debajo.
Él levantó su cabeza, encontrando su mirada.
- Nae.
184
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Sesily se lo preguntaba.
Él la besó profundamente.
- Sesily puede encontrar a su propio escocés para hacer el descubrimiento. Me
reclaman.
Suyo.
Las palabras la envalentonaron, y ella rastreó la piel desnuda hasta el
frente de él, hasta donde él le mostraba su deseo por ella, duro y caliente y... Él
siseó su placer ante su toque.
- Lily.
- Eres magnífico - susurró.
- Soy demasiado grande. Una bestia.
Ella lo acarició, larga y exuberantemente.
- Eres demasiado perfecto. Un hombre.
Cerró los ojos y apoyó la frente en la de ella.
- Gracias.
Había algo en las palabras. Un dolor que no le gustó. Una duda que ella
no deseaba. Ella se calmó.
- ¿Alec?
Sacudió la cabeza.
- No pares. Por Cristo, Lily. No pares.
Ella no lo hizo, acariciándolo una y otra vez, deleitándose en el tamaño y
la fuerza de él.
- Hay una pequeña cosa que me gustaría discutir.
Él siseó una risa.
- La palabra pequeña es un poco inquietante cuando estás allí, muchacha.
Ella lo acarició, larga y cariñosamente, hasta que gimió su placer, el
sonido envió un sentimiento similar a través de ella.
- Me gusta esto - susurró.
- Te lo aseguro, ni la mitad de lo que me gusta a mí.- Se quedó quieto, luego la
besó, robándole el pensamiento por un momento.- ¿Qué es lo que le gustaría
discutir?
Ella tuvo dificultad para recordar.
- Te quedas vestido.
Su mirada encontró la de ella.
- ¿Y?
Era su turno de besarlo, acariciarlo, robarle el aliento y no permitirle
pensar. Finalmente, susurró:
- Y… yo te haré algo… pero no vestido.
Él cerró los ojos.
- Creo que no deberías.
- ¿Eres mío? - susurró.- ¿Verdaderamente?
- Siempre.
La palabra la iluminó. Trajo la luz.
- Entonces pruébalo, Alec. Hónrame. Alábame. Bésame.- Esta vez, ella se
detuvo en el último segundo.
Aunque no se resistió y le dijo en un susurro:
- Ámame. - Y ella dijo la verdad. - Lo hago, Alec.
Él cerró los ojos otra vez, y ella vio el dolor reflejarse en sus rasgos,
como si las palabras hubieran sido una maldición en lugar de un regalo. La
duda estalló en lo profundo de ella.
185
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Lo siento - susurró, convocando su mirada con su propio miedo. - No puedo
ocultar la verdad. Te amo.
Él no respondió, excepto para moverse, dándole exactamente lo que ella
quería. Se puso de pie, se quitó la ropa, revelando su magnificencia, la dura
extensión de su pecho y los apretados y ondulantes músculos de su estómago,
terminando en un notable corte de carne sobre sus caderas, descendiendo
hacia la parte de él que parecía ansiar por ella tanto como ella ansiaba por él.
Él regresó a la cama que crujió bajo su peso mientras la alcanzaba, sus
piernas se abrieron mientras él se movía, bajando sobre ella, sus brazos
sostenían su peso, protegiéndola de su tamaño.
- Nunca te disculpes por eso. Lo atesoraré. Siempre. Incluso cuando descubras
lo indigno que soy de eso.
Frunció el ceño, pero no pudo pedirle que se lo explicara, porque él
estaba besándola, acariciándola, guiándola, protegiéndola. Se deslizó dentro
de ella en un movimiento perfecto y glorioso, haciéndola suspirar, jadear y
aferrarse a él mientras se movía en un ritmo perfecto, observando sus
respuestas, encontrando los lugares que más le deseaban, dándole todo lo que
ella quería, y finalmente... una vez encontró el ritmo contra ella, la presionó,
rodando y llevándola más y más alto, hasta que estuvo llorando su nombre,
aferrándose a él y rogándole con palabras que nunca debería haber usado.
Más fuerte. Más rápido. Más adentro.
Y él se lo dio sin cuestionar. Sin pensarlo.
- Abre los ojos, Lily - susurró, sus labios en su oreja, su lengua acariciando allí
y enloqueciéndola de deseo. Ella lo hizo, y él la miró, con los párpados llenos
de deseo. - No dejes de mirarme, amor.
- Nunca - susurró. - Yo nunca dejaré de hacerlo.
- Te necesito - respondió.- Necesito esto. No sé cómo viviré sin ello.
- Nunca. Nunca tendrás que hacerlo - volvió a susurrar Lily. - Te amo.
La besó de nuevo, y ella se dio cuenta de que había robado algo más
que su corazón. Más que su respiración. Él se había llevado su vergüenza.
Ella era suya. Y en ese conocimiento, se encontró a sí misma. Encontró
su fuerza.
Y fue glorioso.
Se precipitaron hacia el placer juntos, duro y rápido. Finalmente,
finalmente allí, era como si el cielo se hubiera abierto y se hubiera derramado
sobre ellos, el placer corría a través de ellos, sus nombres en los labios del
otro, cayendo juntos al precipicio.
No. No era el precipicio. Era el suelo.
La cama cayó. Una delgada pata de ella se había derrumbado bajo el
peso combinado, bajo la fuerza de su placer, todo se inclinó, deslizando sus
cuerpos y enviándolos juntos al suelo. Lily dejó escapar un pequeño grito,
cuando Alec se giró para soportar el peso de la caída, agarrándola contra él
aterrizó, duro en el piso, con un profundo gruñido.
Pasó un momento mientras Lily intentaba hacer un balance de la
situación: en un instante, estaba en la cama, viviendo la experiencia más
magnífica de su vida y al siguiente, estaba extendida sobre el pecho de Alec en
el suelo de la habitación.
Justo cuando ella terminó de analizar el evento, un crack sonó y Alec
maldijo, inmediatamente girándolos, poniéndola de nuevo en el piso y
cubriéndola con su cuerpo, mientras el dosel de la cama caía con un fuerte
186
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
golpe encima de ellos. Un gran trozo de madera golpeó a Alec en los hombros
y luego cayó sobre la mesa más cercana, haciendo volar una ardilla de
porcelana, que terminó estrellándose contra el suelo.
Sorprendentemente, fue solo entonces que los perros ladraron.
Lily comenzó a reír. Nunca en su vida había sido tan feliz como durante
ese desastre cacofónico producido en una habitación, donde finalmente,
finalmente se sintió completa. Desnuda, fría y en el piso… en el abrazo
protector del hombre que amaba.
Sin vergüenza.
No usada.
No por completo solitaria, por primera vez en su vida y para siempre.
El alivio, la alegría y la emoción provocaron su risa durante largos
minutos, hasta que Alec se apartó de ella, levantando el dosel de donde había
caído y sentándose en una silla. En ese momento se dio cuenta de que estaba
sola en su diversión. Alec, en cambio, tenía cara de piedra.
Lily dejó de reírse y se sentó en el piso, de inmediato.
- ¿Alec?
- Esto fue un error.
Un frío temor la atravesó, pero hizo todo lo posible por ignorarlo.
Pretendería que era otra cosa.
- Bueno, podría ser mejor si tuviéramos muebles más resistentes, si vamos a
tener tal entusiasmo.
- No es la cama.
Ella no pretendía malinterpretar el comentario. Sacudió su cabeza.
- No fue un error.
No podría haberlo sido. Nada que se sintiera tan perfecto, tan correcto,
podría ser un error.
Él no era un error.
Pero ella…
La duda creció mientras lo veía alejarse, volviendo su amplia y
musculosa espalda hacia ella. No miró hacia atrás cuando dijo:
- Te aseguro que sí lo fue.
Estaba de pie, magnífico y musculoso como un dios griego, y recordó la
historia que había contado, comprendiendo de pronto por qué Endymion podía
elegir interminables sueños de amor ante la posibilidad de perderla para
siempre. Si tuviera la opción, Lily dormiría ahora, para siempre, si eso
significaba no perderlo.
- Tendremos que casarnos.
Las palabras llegaron tan suavemente que casi no las escuchó. O, mejor
dicho, casi no creía que él las hubiera dicho. Nunca había habido palabras que
deseara escuchar más. Y sin embargo, en ese momento la destruyeron; la
emoción en ellas, el agudo y claro arrepentimiento, era innegable.
"Tendré que hacerlo." Como si fuera un castigo. Como si no lo deseara.
Por supuesto que él no lo desearía.
Ella era un escándalo público. Y él, un duque.
Tiró del plaid que había estado usando y lo sacó de debajo del dosel
caído. Envolviéndose en él, queriendo protegerse de la verdad.
Maldijo, con su mirada clavada sobre el tartán y la cama destruida por
sus amores.
- ¿Qué he hecho? - Susurró.
187
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Se quedó de pie ante las vergonzosas e hirientes palabras, negándose a
permitir que la mataran.
- No hay necesidad de que te cases conmigo - dijo, tratando de calmarse. Para
colmo, intentaba mostrar fortaleza incluso cuando las palabras la debilitaban.
Sus cejas se juntaron, los ángulos de su rostro marcados por las
sombras, y por primera vez desde que había roto la puerta, ella vio a la bestia
en él, salvaje y frustrada. Él respondió, pareciendo como si ella no hubiera
hablado.
- Nos casaremos. Es la única opción.
En sus sueños, ella había imaginado este momento. Alec proponiéndole
matrimonio. Pero en esos sueños, él se lo proponía desde la pasión. Desde el
amor. Nunca desde el deber. Y ciertamente nunca con tal arrepentimiento.
El matrimonio con Alec Stuart, Duque de Warnick, podría haber sido el
mayor deseo de Lily… pero ella no lo quería así.
Le había dado todo lo que tenía: su amor. Y no fue suficiente para él. Y
entonces ella le dio la única otra cosa que pudo.
Su libertad.
- Olvidas, Su Gracia, que no me puedes obligar a casarme.
Sus ojos se abrieron con reconocimiento cuando invocó la cláusula más
importante en su acuerdo de tutela.
- Lily - dijo, advirtiéndole con esa única la palabra.
Ella se volvió hacia la puerta, incapaz de mirarlo a los ojos por más
tiempo.
- No me casaré con un hombre que se arrepiente de mí. Puede que no
merezca algo mejor, pero me debo al menos eso.
Lily no esperaba que él respondiera. Y ciertamente no esperaba que
respondiera con tanto enojo.
- ¡Maldita sea, Lily! - , tronó profundo, bajo y grave con su acento tan
característico. Ella se giró para encontrar los músculos de su amplio pecho
desnudo ondulando con una furia apenas contenida.- ¿Crees que sería yo
quien lo lamentaría? ¿Crees que sería yo quien estaría avergonzado?
- Lo creo - dijo, las palabras surgiendo en una ola de confusión.- Por supuesto
que lo sería. ¿Casarse con la Encantadora Lily? ¿La arruinada señorita Musa?
¿Qué peor opción para un duque?
Él se acercó, y ella pensó que él la tomaría entre sus brazos, pero antes
de llegar, se detuvo y cruzó los brazos sobre su magnífico y ancho pecho.
- Lily - dijo, las palabras ya no surgían enojadas. Ahora, parecía agotado.
Resignado. - Te juro. No me arrepentiría ni por un momento. Tú, por otro lado…
te arrepentirías de cada minuto que hemos compartido.
Imposible.
- Nunca me arrepentiría - Se detuvo.- Alec. Lo dije, te amo...
Él se alejó de ella, buscando su ropa.
- Te llevaré a casa.
Esta es mi casa. Donde sea que estés es mi casa. Las lágrimas
amenazaban con caer, por eso ella se resistió a pronunciar las palabras. En
cambio, resumió todo con una sola pregunta.
- ¿Por qué?
Por un momento, pensó que él respondería, su garganta y su mirada
eran lo único que se movía en la habitación. Ella deseó que respondiera. Para
188
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
revelar por fin los demonios que se cernían sobre él. Cuando habló, no fue una
respuesta, sino una declaración:
- Yo no. Otro. Alguien digno. - Y luego dijo: - Encontraremos la pintura. Y te
liberaremos.
189
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 18
CIERTAMENTE ALGO MALVADO: BRUTO ESCOCES SPIADO EN JUEGO
ESCOCÉS
"Inglaterra será tu ruina." Cuando era niño, Alec había escuchado esas
palabras docenas de veces. Ciento de veces. Cada vez que le había rogado a
su padre que lo enviara a Inglaterra. Para seguir a su madre. Para honrarla.
Para encontrar el lugar que ella amaba tanto, el mundo que le había prometido
más que lo que las tierras de frontera escocesas podrían haberlo hecho nunca.
"Inglaterra será tu ruina", diría el viejo. Así como fue la mía.
Y ahora era verdad.
Al igual que su padre, amaba a una inglesa de la que no era digno. A
diferencia de su padre, él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para salvarla
de un futuro lleno de desilusión.
"Te quiero."
Él nunca debería haberle hecho decirlo. Nunca debería haberse
permitido disfrutar oírlo.
Pero incluso ahora, esas palabras se amotinaron a través de él,
haciéndolo sentir dolor. Haría que todo fuera mucho más difícil, sabiendo que
ella se quedaría con él, si le preguntaba. Que ella se rebajaría, para estar con
él.
Tenía una forma de protegerla de esa vida. Una última oportunidad que
le brindaría la vida que ella había soñado.
Así que ahí estaba, solo en el palco más grande del Hawkins Theatre,
perteneciente al señor y la señora Duncan West, el magnate de los periódicos y
su legendaria esposa aristocrática, esperando que comenzara el espectáculo.
Llevaba un abrigo y unos pantalones que le sentaban, aparentemente, pero sin
embargo sentía que lo estrangularían, lentamente, durante toda la noche.
- Te ves aterrador - dijo King mientras atravesaba la cortina y entraba en el
palco, su encantadora esposa de su brazo.
Alec se inclinó sobre la mano de la marquesa antes de ponerse derecho
y decir:
- Mi lady, estoy siempre sorprendido por su paciencia y tolerancia con un
marido tan completamente falto de tacto.
Sophie se rió de las palabras.
- Es una gran prueba, como te puedes imaginar, Su Gracia.- Hizo una pausa. -
Por lo que importe, no creo que te veas aterrador en lo más mínimo. Creo que
estás bastante apuesto.
- No tan elegante como yo, sin embargo, ¿no es cierto? - Intervino su esposo.
Ella hizo un gesto de rodar sus ojos, incluso mientras King la apretaba
contra su costado y le presionaba un beso en su mejilla ruborizada.
- El pobre marqués de Eversley. Alguna vez calumniado por el mundo que lo
rodea.
La boca de King se movió con adoración hasta su hombro desnudo, en
una demostración de afecto que sin duda escandalizó a todas las mujeres que
los estaban mirando a través de las gafas de ópera desde todo el teatro.
- Estoy terriblemente herido, amor. Tendrás que hacer algo para que todo sea
mejor, más tarde, esta noche. - Alec intentó no escuchar la brusca inspiración
190
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
de la marquesa ante la caricia, antes de que King se volviera hacia él y le
dijera: - Fue un duro golpe, Warnick. Veo que viste a mi sastre.
- Lo hice - dijo, alejándose deliberadamente de la pareja para inspeccionar la
planta baja de la sala.
- ¿Para el teatro? - Preguntó King inocentemente, para que Alec supiera que el
peligro se acercaba. - ¿O por algo más, por complejo?
- King - advirtió su esposa en voz baja.
- Es una pregunta razonable. Uno escucha cosas sobre pupilas hermosas y sus
guardianes taciturnos.
Alec lo miró.
- ¿Por qué debería vestirme para ella?
- ¿Por qué? - dijo King, y Alec resistió el impulso de borrar la expresión
petulante de la cara de su amigo.
- El objetivo es casarla con otra persona.
Realmente, no era del todo verdad. Él no la quería casada. Él la quería
libre. Él la quería con un extendido mundo de opciones ante ella. Quería darle
el futuro que deseaba, fuera el que fuese.
"Te quiero."
Lo que fuera, que no fuera él.
- Entiendo cuál es el objetivo - dijo King. - Simplemente no entiendo el planteo.
La mirada de Alec se concentró en su amigo.
- ¿Qué significa eso?
- Solo que no entiendo por qué obligar a la chica a cortejar a otra persona.
Cuando tiene una posibilidad tan cerca.
- King - dijo la marquesa nuevamente.
King se volvió hacia su esposa.
- Míralo. No he visto a Alec Stuart con un traje inglés apropiado desde la
escuela. Entonces, es obvio para quién se viste ¿por qué no casarse con él… -
Se detuvo, y Alec apretó los dientes.
No. No lo veo
La comprensión brilló en la mirada de King.
- No te vas a casar con ella.
- No lo haré.
La compasión suplantó a la comprensión, y Alec quiso saltar desde el
balcón para salvarse del acoso de King, de sus palabras susurradas, para no
ser escuchado por nadie más que ellos dos.
- Alec - dijo.- La escuela fue hace mucho tiempo.
- Lo sé - respondió Alec bruscamente.
- Tú también. - King hizo una pausa.- Eres un hombre diferente. Un hombre, y
punto. Ella te tendría a ti. Se tendrían ustedes. Ella sería afortunada de...
Alec se movió, deteniendo las palabras en los labios de su amigo.
- No te atrevas. Ni siquiera sugieras que sería ella quien tendría suerte en tal
escenario.
Los ojos de King se abrieron de par en par, y su voz se hizo más fuerte. -
- Eres un duque, y ella es la hija escandalosa de un...
La mirada de Alec se redujo.
- Llámala escandalosa una vez más...
Su amigo era lo suficientemente inteligente como para permanecer en
silencio.
191
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- De casualidad soy un duque. Estaba decimoséptimo en la fila. Fue la
configuración de una maldita farsa. Y tan por debajo de ella que es obsceno. -
Apartó la vista - No importa. Yo no soy su futuro.
Él había tenido la oportunidad de arruinarla. También una oportunidad
para que ella permaneciera sin él. Para que sobreviviera como le gustara. Para
que no se arrepintiera. Y tenía la intención de correr ese riesgo.
La dejaría con un hombre mejor de lo que él nunca podría ser.
Sabía que en la mayoría de las circunstancias, el acto más noble sería
casarse con ella. Pero en su caso, la nobleza era encontrar un lugar para que
Lily fuera feliz y estuviera bien cuidada por un hombre mejor. Uno sin
vergüenzas detrás de él.
La noche anterior había sido un error desastroso.
Estaba atormentado por la culpa sobre su incapacidad para resistirla.
Sobre su capacidad para arruinarla de nuevo, con su cuerpo y su pasado. Y su
deseo.
Culpa. No arrepentimiento.
Él nunca se arrepentiría de haberla tocado, de haberla hecho suya.
Y ese sería su castigo.
Una visión lo distrajo, Lily apenas vestida, rodeada por la prueba de su
tosquedad. La cama rota, el dosel en ruinas, las figuritas de porcelana rotas en
el suelo, y ella encarnada en la perfección. Una diosa entre las ruinas.
Las ruinas producidas por su mano.
Por su toque.
Ante esa aguda conciencia, no pudo evitar decirle la verdad.
"Te arrepentirás"
Pero ella no se arrepentiría de lo que él haría ahora por ella. De eso,
estaba seguro. Por eso él estaba aquí, esta noche, en un traje sumamente
incómodo, esperando que llegara el resto de Londres, para poder cometer un
crimen.
Para darle a la mujer que amaba la vida que ella se merecía.
La cortina se movió y entró West con su esposa de la nobleza en su
brazo, los dos parecían de la realeza. Era una nueva era, donde las noticias
podían elevar o destruir, y el suelo se movía bajo los pies de la aristocracia. En
cuestión de años, las mujeres sobrevivirían al escándalo de Lily siempre y
cuando las noticias estuvieran de su parte. El mundo vería la verdad: que ella
era gloriosa y digna solo de su adoración.
Sin embargo ahora no era así.
Ahora, él necesitaba a West por más que los periódicos.
El otro hombre se encontró con su mirada, saludándolo con la cabeza
desde el otro lado del palco para que pudiera prescindir de la formalidad.
Cuando llegó hasta Alec con su esposa firmemente en su brazo, Alec no pudo
hacer lo mismo. Se inclinó, saludándola con el título al que tenía derecho, a
pesar de que se había casado con un plebeyo.
- Lady Georgiana.
Ella le sonrió, amplia y hermosa.
- Su Gracia - dijo, poniendo su mano en la suya con una reverencia que
avergonzaría a una duquesa. - No uso el título. Soy la señora West. - Se volvió
hacia su esposo.
- Orgulloso más allá de toda medida de que así sea.
192
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
El amor en las palabras era inconfundible, y Alec se encontró, por
primera vez en mucho tiempo, creyendo en esa emoción, aquí, rodeado de
parejas que parecían haberlo tocado, a pesar de su poco valor.
Quizás este palco también bendiga a Lily. Trayéndole el amor que una
vez había soñado.
La idea le dolió, incluso mientras se obligaba a completarla. Apartando el
nudo en su garganta, miró a West.
- Dime que lo tienes.
West metió la mano en el bolsillo de su abrigo y extrajo un fajo de
papeles.
- Que preguntes es un insulto del más alto calibre. Debería retarte a duelo.
- Yo elegiría espadas. Y no disfrutarías el resultado - dijo Alec, tomando los
papeles.
- Cristo - dijo West.- Los escoceses realmente son un pueblo prehistórico.
- Me gusta la idea de las espadas - dijo la Sra. West, secamente.- Me gustaría
verte con una, esposo.
Él se volvió hacia ella, su voz baja y sensual.
- Se puede arreglar.
Alec puso los ojos en blanco y abrió el documento, sin importarle que el
resto de Londres observara. Miró el mapa por un largo momento, guardándolo
en la memoria antes de depositarlo en su propio bolsillo.
- No te preguntaré cómo lo conseguiste. Pero estoy agradecido por esto.
La mirada de West se detuvo en su esposa.
- Tengo excelentes conexiones. Las que se extienden mucho más allá de mi
alcance.- Volvió su atención a Alec. - Y hay otra cosa que debes saber.
Hawkins fue expulsado de su casa en Covent Garden. Si se cree en los
chismes, está durmiendo aquí.
Alec asintió una vez.
- Como la casa está vacía de su contenido, no me sorprende.
Una de las doradas cejas de West se elevó.
- ¿Y cómo sabes que está vacía?
- ¿Creerías que yo también tengo conexiones fuera de mi alcance?
- No - Hizo una pausa.- Pero si esas conexiones valen la pena, te dirán que
ofrezcas comprar la pintura mañana, si no puedes robarla esta noche.
Alarmado por la franqueza en las palabras del periodista, la mirada de
Alec se dirigió hacia la esposa de West, quien estaba en el Comité de
Selección de la Royal Academy. La mujer inclinó la cabeza.
- En lo que a mí respecta, tú representas el papel de Robin Hood aquí, Su
Gracia. Si me pudiera salir con la mía, la cosa habría sido quitada de la
exposición en el momento en que la señorita Hargrove se convirtió en una
burla.
Alec se inclinó de nuevo.
- Mi lady. - Girándose hacia West, agregó,- Gracias.
Con su apoyo, estaba preparado para hacer todo lo posible por obtener
la pintura. Ahora, todo lo que faltaba era que Hawkins entrara al escenario,
para poder destruir al hombre y recuperar el futuro de Lily.
Como si la hubiera invocado con la idea, Lily entró en el palco del brazo
de lord Stanhope, que la había recogido en Berkeley Square, donde Alec la
había dejado la noche anterior, después de haber perdido su sensatez y
destruido la casa de los Duques Número Nueve.
193
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Lily le había suplicado que la dejara quedarse, y él la había rechazado,
rezando para que su enojo consumiera la otra emoción más peligrosa, que lo
había tentado tan a fondo.
Honestamente, él estaba bastante orgulloso de sí mismo, por haber
orquestado este escenario en particular. Ya que despedirla había sido, quizás,
la cosa más difícil que había hecho alguna vez en su vida.
Lady Sesily Talbot los seguía: una acompañante perfecta teniendo en
cuenta que su hermana y su cuñado estaban a escasos metros de distancia. Si
uno estaba dispuesto a ignorar el hecho de que Sesily Talbot le había
enseñado a Lily a escapar de una casa desde el tercer piso y también a
preguntarse qué había debajo de la falda escocesa de un hombre.
No es que no hubiera disfrutado…inmensamente…de su descubrimiento.
Se aclaró la garganta, cambiando el peso de un pie al otro y anhelando la
libertad que le daban los pliegues de su plaid.
Sí. Sesily era la mejor opción disponible, ya que los chaperones viables
para Lily, eran poco eficientes en la práctica, ya había aprendido la lección en
Hyde Park.
Lily se estaba riendo con el conde cuando entraron, y aunque estaba un
poco oscuro, Alec se sintió atraído al instante por el sonido, por sus ojos
brillantes y por la amplia y abierta sonrisa que le ofreció al caballero. En su
memoria brilló como un flash parte de la noche anterior, un agudo recordatorio
de su fragancia y de lo que había sido sostenerla en sus brazos mientras se
reía, sin dudar, libre y honesta.
Las manos de Alec se cerraron en puños, ansiosas por destrozar al
perfecto conde.
Y luego Lily lo estaba mirando, y él era el que estaba destruido. Ella dejó
de reír al instante, incapaz de mantener las emociones alejadas de su mirada.
Él las identificó inmediatamente: decepción, traición, enfado. Y detrás de eso,
vergüenza.
¿De qué demonios estaba avergonzada?
No podía preguntarle, a pesar de sentir un gran deseo de hacerlo.
Stanhope la soltó para saludar a los demás en el palco, y Lady Sesily
puso una mano sobre el hombro de Lily, llamando su atención. Inclinándose, la
otra mujer susurró algo y Lily se enderezó bajo las palabras, la calma se
apoderó de ella. Alec hizo una nota mental para destruir a cualquier hombre
que desacreditara a Sesily Talbot alguna vez, porque ella era una maravillosa
chaperona para Lily.
Cuando él era demasiado débil para hacerlo por sí mismo.
La marquesa de Eversley y la señora West se liberaron de la obsesión
por sus maridos para saludar a Lily, y la gratitud inundó a Alec, las dos damas
aristocráticas, prestaban toda la fuerza de su poder combinado, para salvar la
reputación de Lily. Con su apoyo, ella sobreviviría a los chismes que
persistirían después de que encontrara la pintura y la destruyera.
Las damas se movieron, despejando el camino e indicándole a Lily que
debería tomar asiento en la parte delantera del palco, frente a todo Londres,
audaz, orgullosa y sin miedo a ser vista en el teatro de Hawkins.
Fue entonces cuando la vio por primera vez, de la cabeza a los pies.
Observando lo que ella tenía puesto.
El vestido era el azul más deslumbrante que jamás hubiera visto, de
seda y perfectamente adecuado para ella, con un cuello tan bajo que le daban
194
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
ganas, primero de vendarles los ojos a todos los hombres en el teatro y en
segundo lugar de darle besos salvajes y prolongados a lo largo de la extensión
de la piel que revelaba. Pero no fue el vestido lo que lo destruyó. Era la banda,
atada firmemente alrededor de su cintura, cayendo al suelo en una ancha
franja roja.
Era su plaid. Otra vez.
No debería haberlo conmovido. Después de todo, ¿no la había visto
envuelta en el tartán la noche anterior, sola y desnuda en su cama? ¿No fue
esa la peor de todas las visiones? ¿La que tuvo más probabilidades de destruir
su paciencia y su nobleza?
¿Cómo era posible que esto fuera infinitamente peor?
A la tarde anterior la había sentido como un regalo. Esta noche la sintió
como una declaración de guerra. Como una invasión. Como un reclamo. Como
si estuviera frente a todo Londres reclamando a Escocia por su cuenta.
Reclamándola para sí misma.
Y esperaba que resistiera.
Mientras se acercaba, Alec se encontró retrocediendo, hasta que se
encontró con el borde del balcón, entonces ella dijo, despacio y sin emoción: -
Tenga cuidado, Su Gracia, o se caerá en los asientos de abajo.
La perspectiva no era desagradable, cuando se enfrentaba con la
alternativa: enfrentarla, luciendo como una reina.
- Te pusiste mi tartán.
Ella levantó una ceja.
- ¿Es tuyo? No me di cuenta.
Cojones.
Quería acercarla a él y besarla hasta dejarla sin sentido por la mentira.
En cambio, entrecerró los ojos y bajó la voz hasta un susurro.
- ¿Qué juego juegas, Lily?
Ella inclinó la cabeza y coincidió con su volumen.
- Nada más que el juego en el que tú insistes, Alec. Ninguno de los dos somos
muy buenos con la sinceridad, ¿verdad?
Irónicamente, él respondió:
- No, no lo somos.
Ella asintió, sus labios presionados en una delgada línea.
- ¿El artículo que buscas?
- Me dijeron que está aquí.
- ¿Y qué voy a hacer mientras juegas el papel de héroe de capa y espada?
Él quería que fuera verdad. Pero el papel no era para él.
- No héroe - dijo - Tutor.
- Ah, sí. Mi héroe debe ser otro.
No. Nunca.
Fue salvado de responder porque los lacayos alrededor del teatro
estaban apagando las velas, marcando el comienzo de la actuación y
convocando a los concurrentes a que se acomodaran en sus asientos.
Stanhope, puso una mano en el codo de Lily, haciendo que Alec quisiera
cometer un asesinato.
- ¿Nos sentamos, señorita Hargrove?
Si un duque mataba a un conde, ¿entraría en juego la jerarquía de la
aristocracia? ¿Importaba? Newgate parecía un sacrificio razonable por haber
destruido a un hombre que tocó a Lily mientras ella vestía el plaid Stuart.
195
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Afortunadamente para Stanhope, Sesily se acercó a Alec.
- Su Gracia, parece que le ha tocado conmigo, ya que estamos rodeados de
tórtolos.
Le llevó un momento encontrar su lengua.
- Es un placer, mi lady.
Ella levantó una ceja.
- Obviamente.
Se sentaron, y Sesily se inclinó.
- Los lobos miran, Duque. Sugiero que se abstenga de hacerlo más difícil de lo
que ya es.
- No sé a qué se refiere.
- Creo que sabe exactamente a qué me refiero. Ellos no miran el escenario. La
miran a ella.
No miró a Lady Sesily, estaba demasiado centrado en la parte posterior
de la cabeza de Lily, en los rizos de su cabello, en la línea de su cuello. Inhaló,
con la intención de calmar sus airadas emociones, pero en vez de ello atrapó
su olor: Escocia y sensatez.
Miró al otro lado del teatro, desesperado por encontrar algo diferente a
Lily, y descubrió que todo el mundo los estaba mirando: gafas de ópera
dirigidas hacia su balcón. Hacia la Encantadora Lily, alguna vez la musa de
Derek Hawkins, ahora su deshonrada amante, rodeada de aristócratas que no
eran suficientes, que no serían suficientes si Alec no tenía éxito en su tarea.
- Conoce su papel - dijo Sesily en voz baja, devolviendo la atención de Alec al
conde, sentado delante de él. Stanhope se inclinó cuando la sala se oscureció
y el telón se abrió, susurrando algo al oído de Lily, haciéndola reír. Jugando a
ser su salvador frente al juez y jurado.
El papel que Alec hubiera dado cualquier cosa por representar.
- No puedo... - Las palabras fueron inesperadas e inoportunas, y él las detuvo
antes de que expusieran demasiado.
Desafortunadamente, Sesily Talbot vio todo…
- Entonces no debería estar aquí - susurró.- Si no puede ser el hombre que ella
necesita, entonces es justo que se retire del campo de juego.
Sus manos se apretaron sobre sus muslos.
- Se sobrepasa, Lady Sesily.
- No sería la primera vez - dijo - ¿Pero qué clase de amiga sería si no le dijera
lo cobarde que es?
Si ella fuera un hombre, la retaría a duelo.
Pero ella era una mujer. Y entonces se vio obligado a reconocer que
tenía razón.
Hawkins subió al escenario y el teatro estalló en aplausos. El bastardo
se pavoneaba debajo del galardón antes de decir su primera línea:
- "Tan asqueroso y justo un día que no he visto..."
Alec salió del palco como un tiro.
La había dejado otra vez.
Miró ciegamente al escenario, mientras el hombre del que una vez se
había creído enamorada, cortejó a todo Londres con una actuación magnífica.
No es que notara algo de eso. Estaba demasiado ocupada hirviendo de furia.
196
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
¿Cómo se atrevía a dejarla de nuevo? ¿Cómo se atrevía a hacerla sentir
como la noche anterior? Cuando la hizo confesarle su amor, cuando hizo que lo
amara aún más, y luego… ¿Hacerla asistir esta noche, aquí, del brazo de otro,
para luego abandonarla?
"Te quiero." ¿Cuántas veces se lo había dicho ella? ¿Cuántas veces él
se lo había exigido?
Y luego había dicho las palabras, llenas de pesar y vergüenza, palabras
que habían resonado a través de ella desde que la había depositado como un
paquete no deseado, en los escalones de la casa de Berkeley Square.
"Encontraremos la pintura y te liberaremos".
Pero esta noche, se la pasó a otro hombre. Infinitamente mejor.
Infinitamente más amable, que se sentó a su lado ante todo Londres. En frente
del instrumento de su ruina.
Y de alguna manera, infinitamente menos.
¿Por qué él no la quería para él?
Hizo hermosas promesas la noche anterior, la dejó sin aliento con sus
poderosas palabras, prometiéndole deseo y desesperación. Le hizo el amor
como si ella fuera la única mujer en el mundo, y él el único hombre. Y luego la
rechazó. Se Arrepintió.
¿Por qué?
Y, lo que es peor, ¿por qué Lily lo deseaba igual?
El amor era algo odioso y horrible, de alguna manera empeoraba en la
oscuridad de este maldito teatro, este lugar que no le había traído más que
vergüenza: vergüenza que con gusto usaría, si podía llevarse a Alec consigo.
Pero ella no podría tenerlo. Incluso cuando él le permitió elegir, rechazó
la única opción que ella deseaba.
Entonces iba a tomar el resto de lo que él le ofreció.
Libertad.
Se puso de pie, girando hacia el fondo del palco. Sesily se encontró con
su mirada, entendiéndola de inmediato y enarcó una ceja. Lily no hizo ninguna
pausa, y se abrió paso a ciegas, sin importarle quién la viera. No le importaba
si alguien sabía a dónde iba.
Solo quería encontrarlo y decirle exactamente cuánto lo odiaba. Empujó
las gruesas cortinas y pasó al iluminado pasillo, desolado, todos sin duda
estarían observando a Derek, odioso y convincente a partes iguales.
No había señales de Alec, lo que significaba que ya se estaba dirigiendo
a las entrañas del teatro, en busca de la pintura. Su corazón comenzó a latir
con solo pensar en que Alec la viera. De alguna manera, la idea de que la
encontrara, la tocara, la reclamara, era peor que la idea de que todo Londres la
viera.
Se dirigió hacia la escalera trasera, la que se curvaba hacia el ala del
escenario, decidió estar allí cuando encontrara la pintura. Para reclamarla
antes de que él pudiera verla.
- Señorita Hargrove. - Las palabras la detuvieron y se volvió para encontrar a
Lord Stanhope en la entrada del palco de West.
- Mi lord - comenzó, sin saber qué decir.
Él encontró las palabras para ella, y acercándose le dijuo:
- Cuídese.
197
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Sesily también salió al pasillo y se detuvo cuando Stanhope miró por
encima de su hombro.
- No se preocupe, mi lord. En esta obra, no soy más que la chaperona no
calificada. Imagínenme necesitada de gafas y terriblemente hipoacúsica.
Lily no pudo evitar sonreír a su amiga.
Stanhope se acercó de nuevo, su propia sonrisa casi cegadora.
- Tiene suerte de tener tales amigos, señorita Hargrove.
- La tengo, mi lord. - Ella vaciló, y luego agregó - Para mí, es una nueva
experiencia. Como lo es tener un caballero tan amable que se ponga de mi
lado.
- Creo que no me encontraría amable si me conociera por más tiempo.
Se preguntó por qué, este hombre que parecía tan perfecto dijera esas
palabras.
- Está equivocado - dijo ella.- Olvida que he tenido mi parte de hombres poco
amables. Y usted no eres uno. Apuesto a que es bueno.
- La persecución de herederas no es la más honorable de las actividades.
- Espero que en el futuro persiga a otras más dignas, mi lord.
Se encogió de hombros, un mechón de pelo le caía sobre la frente,
haciéndolo parecer encantador, sin esfuerzo.
- Será terriblemente aburrido, ¿no crees? Me he dado cuenta que disfruto
interpretando el papel del otro caballero.
- No debería ser el otro, ¿sabe? Debería ser el caballero.
- ¿Y usted cómo me tiene a mí, señorita Hargrove? ¿Cómo el caballero?
Ella sería afortunada de tenerlo. Sin embargo dijo
- No, mi lord. No lo montaría a mi escándalo.
- ¿Y si no lo tuviera? ¿Si lo soportaría?
Ella sonrió.
- Entonces ciertamente no lo merecería.
- No tiene nada que ver con el escándalo, ¿verdad? Tiene que ver con el
caballero.
Las lágrimas amenazaban caer, por sus amables palabras.
- Así es. Me temo que he elegido mal.
Él levantó una ceja.
- Sabe, creo que está equivocada. Creo que ha elegido al mejor caballero de
todos.
Ella también lo pensaba. Pero por alguna razón, él no la quería.
"Te arrepentirás. Lo lamentarás."
Él era el mejor caballero. Si tan solo él lo viera.
- Gracias, mi lord. - Y bajó las escaleras corriendo hacia su escándalo. Y hacia
el hombre que ella reclamaría, si solo él se lo permitiera.
198
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 19
EL ARTE DE WARNICK
No estaba allí.
Alec estaba de pie en el centro de las oficinas de Derek Hawkins,
girando en un lento círculo, hirviendo de furia y frustración.
La pintura no estaba allí.
Las obras del estudio vacío de Covent Garden estaban allí, alineadas
contra las paredes, seis lienzos de profundidad, una colección de obras de arte
que haría aplaudir con entusiasmo a los docentes del Museo Británico. Parecía
que, además de ser un bastardo colosal, Hawkins era, de hecho, un talentoso
colosal. Lo que significaba que el retrato de Lily debía ser tan hermoso como
decían.
Presuntamente.
Ya que no estaba allí.
¿Qué sigue? ¿Cómo la salvaría?
No había tiempo. Tenía dos días para encontrar la pintura. Dos días
antes de que se revelara al mundo y Lily no tuviera más remedio que casarse
con él.
Y no estaba allí, maldita sea.
Se resistió al impulso de bajar la vela al lienzo más cercano y prenderle
fuego a todo el teatro. Hawkins se lo merecía. Por amenazarla. Por usarla. Por
tocarla.
Alec maldijo, largamente en la oscuridad.
- ¿Qué significa eso? - sonó desde la puerta.
No había escuchado la puerta abrirse. Se giró para mirarla, la vela
proyectaba en su rostro un reluciente relieve dorado. Lily entró y cerró la
puerta.
- Deberías estar arriba.
Se acercó y él se movió hacia atrás, hasta que sus pantalones rozaron
una gran naturaleza muerta de peras y no tuvo más remedio que detenerse.
Ella, sin embargo, no se detuvo.
¿Por qué no se detuvo?
- Arriba - dijo ella - Con Stanhope.
- Sí.
- En lugar de aquí abajo. Contigo.
- Sí - ¿No podía ella verlo?
- Mientras arriesgas todo para salvarme.
¿Por qué no lo entendía? Entregaría todo lo que tenía, todo lo que era, si
eso la mantenía a salvo.
- Sí.
Un largo silencio se extendió entre ellos, aunque más allá se
escuchaban gritos amortiguados desde el escenario, los que de alguna manera
hacían que la habitación pareciera más pequeña. Más íntima. Alec quería
escalar las paredes para escapar de allí. Para escapar de ella.
Y de alguna manera, Lily parecía perfectamente calmada.
- No está aquí, ¿verdad?
Él exhaló.
- Nae.
199
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Lo intuí cuando te escuché maldecir.
¿Cómo era que estaba tan calmada?
- Y así mi muerte se acerca.- Ella sonrió, indicando el teatro más allá de la
puerta - Como Birnam Wood.
- ¿Qué te he dicho sobre Shakespeare? - Espetó.
Ella sonrió.
- Lo último que escuché fue que lo estabas maldiciendo indiscutiblemente.
- Tengo derecho como escocés - Trató de no mirarla. Estaba tan cerca ahora, lo
suficientemente cerca para olerla. Para tocarla. Para dolerle. Y estaban solos.
Ella susurró su nombre como un pecado.
- ¿Alec?
El tragó.
- ¿Sí?
- ¿Qué significaba tu maldición?
Sacudió la cabeza.
- No se traduce.
Ella esperó por un largo momento antes de levantar su mirada hacia la
suya, sus ojos grises plateados a la luz de las velas.
- ¿Y qué significa mo Chridhe?
Sacudió la cabeza.
- No se traduce.
Un lado de su boca se elevó en una pequeña sonrisa de complicidad.
- ¿Es mejor o peor que la maldición?
Lo estaba matando. Él estaba tratando de ser noble. Para protegerla. Y
ella...
- ¿Por qué no me quieres, Alec?
Él la quería con cada onza de su ser. ¿Cómo no veía eso? Él cerró los
ojos.
- Lily. Ahora no es el momento.
- ¿Qué mejor momento que este? - preguntó ella - ¿Qué mejor momento que
ahora, en vísperas de mi destrucción?
- Tenemos mañana para encontrarla.
- No la encontraremos. Esa nunca ha sido nuestra profecía.
- Deja de referirte a la maldita obra como si fuera relevante. Todos mueren al
final.
- No todos. De las cenizas surge una línea de reyes. - Hizo una pausa y luego
dijo en voz baja - escoceses.
- Malditos. No hay reyes en Escocia ahora.
- ¿No hay?
Se pasó una mano por su cabello, la frustración lo recorrió y lo prendió
en llamas.
- Vamos Lily. Tenemos otro día, y encontraré la maldita pintura así tenga que
poner a Londres patas arriba. Ve con Stanhope. Y fíjate si él puede ser tu
felicidad.
- No lo será - dijo ella.
- No lo sabes.
- Si lo sé, sin embargo… - dijo - ¿…cómo podría un hombre hacerme feliz
cuando amo tanto a otro?
Alec se volvió hacia la puerta.
200
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No sabes de lo que hablas.
Tenían que irse de ese lugar antes de que los atraparan. Y tenía que
encontrar aire; ella lo había sacado de la habitación con su belleza, como un
hada. Y para colmo oírla, pensando en la locura escocesa del maldito rey más
allá…
Había llegado a la puerta cuando ella dijo:
- Sé que eres un cobarde.
Se volvió para mirarla y la encontró inmóvil en el centro de la habitación,
rodeada por el trabajo del hombre que la había arruinado, directa, fuerte y
orgullosa como Boadicea. Y vistiendo su plaid como una pancarta.
Era perfecta.
Él se volvió sin hablar, y ella lanzó su próxima lanza.
- Sé que tiemblo cuando no te tengo.
Él inclinó la cabeza, presionando su frente contra la puerta.
El escenario más allá quedó en silencio, como si todo Londres se
hubiera callado para hacerla oír. Y luego agregó, anhelante y suavemente,
- Sé que anoche, tú también temblaste.
Las palabras lo rompieron. Se estaba moviendo antes de que pudiera
pensar, entonces ella estaba en sus brazos, envuelta por su fortaleza, sus
labios estaban sobre los suyos, y suspiraba en su boca como si fuera el mejor
regalo que alguna vez había recibido. La besó, deleitándose en la sensación de
sus labios en los de él, en la forma en que se suavizó instantáneamente contra
él, como si hubiera estado esperando este momento, como si hubiera esperado
por él, para toda la vida.
Justo como él la había esperado.
Alec la levantó, llevándola al escritorio en el otro extremo de la
habitación, inclinándola y tomando su rostro entre sus manos, alineando sus
labios para que él pudiera saborearla una y otra vez, memorizando la suavidad
de sus labios, los quedos gemidos que ella suspiró cuando él deslizó su lengua
sobre sus labios, robándose su suavidad, que sacó de ella como un mendigo
en un banquete.
La besó hasta que los dos jadearon, hasta que levantó los labios de los
suyos y tomó las manos de ella, sosteniéndolas, abiertas y débiles entre los
dos.
- Todavía tiemblo, Lily.
Su mirada parpadeó hacia sus ojos que se oscurecieron y devastaron
cuando notó su temblor. Ella tomó una de sus manos, llevándola a los labios,
besando cada dedo antes de girar la palma de su mano hacia arriba y
presionando un cálido y húmedo beso en el centro de su palma.
Y cuando su lengua se deslizó y formó un círculo allí, marcándolo con su
sello, gruñó y la tomó de nuevo, lamiéndola profunda y lentamente, hasta que
ella se retorció contra él, suspirando por más. Él rompió el beso, arrastrando
los labios sobre su mejilla hasta el lóbulo de su oreja, donde susurró:
- Siempre temblaré. Nunca habrá un momento en que no sienta dolor por ti.
Porque te quiero con cada hilo de mi ser.
- Entonces tómame - dijo, con el aliento caliente en su oreja.- Tómame.
Reclámame. Soy tuya. - Las palabras rugieron a través de él, casi
ensordeciéndolo de deseo.
Pero él no la merecía.
Dio un paso atrás. Liberándola.
201
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No soy el héroe de la obra, Lily. Debes elegir uno mejor. Uno más digno de ti.
Ese es el punto de toda esta parodia.
Un latido. Luego se puso de pie como una reina vengativa y lo empujó
lejos de ella con fuerza suficiente como para desequilibrarlo.
- Te elijo a ti, bobo.
Bueno. Si ella estaba enojada, podría dejarlo solo.
- No soy una opción - dijo.
- Ayer, ofreciste casarte conmigo - respondió ella.
Y él lo hubiera hecho. Lo haría aún. Si solo…
- No soy suficiente.
El sonido que hizo se asemejaba a un grito, lleno de frustración e ira.
- Eres un duque, Alec. Y soy la hija huérfana de un administrador de tierras que
ha sido arruinada frente a todo Londres.
- No ha sido así. Aún no.
- Tú no estabas ahí. Te lo aseguro, está hecho, y de forma rotunda.
- No será hasta que la pintura se presente. Y no será. No, si puedo detenerlo.
Ella negó con la cabeza y abrió los brazos, indicando la habitación.
- ¡No puedes detenerlo! Él ganará esta batalla. La ganó en el momento en que
se dirigió a mí en Hyde Park y me convenció de que la atención era similar al
amor. - Ella soltó una risita sin humor - Irónicamente, parece que ahora estoy
atrapada en una red similar.
Él se congeló.
- No es lo mismo.
Ella lo miró.
- Tienes razón. No es lo mismo. Derek nunca me hizo sentir avergonzada de mí
misma.
¿Qué diablos?
- Todo esto, cada detalle, ha sido para evitar tu vergüenza. Para evitar que te
arrepientas.
- ¿Cuántas veces debo decirte que no me arrepiento?
Él perdió los estribos.
- ¡Maldita sea, Lily! ¿No puedes simplemente confiar en que lo sé? ¡Que el
héroe del que hablaste arriba, no soy yo! ¿Crees que no deseo casarme
contigo, protegerte y amarte como te mereces? ¿Crees que no deseo borrar mi
pasado y este ducado mío, para poder arrodillarme y rogarte que te quedes
conmigo? ¿Para que pueda convertirte en duquesa? ¿Crees que no deseo a
esos niños? ¿Los que planeabas vestir con una bonita ropa bordada? ¿Los que
se ajustaran a esas tontas botas rojas?
Sus ojos estaban muy abiertos, y no le importó. Aun así, él se enfureció.
- ¿Crees que no deseo llevarte a nuestra cama matrimonial y hacerte el amor
hasta que ya no tiemble? ¿Hasta que nos mudemos, por el placer de hacerlo?
¿Crees que no te amo? ¿Cómo no puedes entenderlo? Te amo más allá de la
razón. Creo que debo haberte amado desde el momento en que cerraste la
maldita puerta en mi cara en Berkeley Square. Pero yo no soy el hombre que te
mereces.
Se detuvo, respirando rápido y enojado, aborreciéndose a sí mismo, y se
obligó a mirarla. Las lágrimas brillaban en sus ojos, y se odió a sí mismo por lo
que había hecho.
- Yo no soy él. No para toda la vida. Solamente para una única noche.- Se pasó
las manos por el pelo - Debemos irnos antes de que nos encuentren.
202
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Ella no se movió de su lugar.
- ¿Qué dijiste?
Él la miró,
- ¿Qué?
- No eres para toda la vida. Eres para una noche.
Las palabras fueron un golpe perverso, inesperadamente cruel en sus
labios. Recuperándose del pinchazo, él asintió. Al menos ella entendió. Quizás
ahora lo dejaría en paz.
Él nunca estaría en paz nuevamente.
- Debemos irnos - dijo, queriendo aflojarse la maldita corbata, que le estaba
apretando demasiado el cuello.
Sin embargo Lily no había terminado.
- ¿Qué te hizo ella?
Él se calmó.
- ¿Quién?
- La Condesa Rowley.
Los recuerdos del pasado corrieron a través de él. ¿Cómo lo supo?
Daba igual. Debería haberle dicho esto antes. La verdad la alejaría tan rápido y
lejos como pudiera correr.
Y ese era el objetivo, ¿no es así?
No.
Sí. Era el objetivo.
Se volvió hacia la puerta.
- Debemos irnos.
- Alec.
- No aquí, Lily. No, mientras todo Londres espera más allá de esta habitación. -
Y abrió la puerta, sin dudarlo.
Resultó que todo Londres no estaba más allá.
Solo una persona de Londres estaba allí.
Derek Hawkins estaba parado del otro lado de la puerta, vestido con un
atuendo renacentista, hasta con una espada colgando de su mano. Levantó la
espada, colocándola en el pecho de Alec, justo encima de su corazón.
- No conozco la ley de Escocia, Duque, pero en Inglaterra, tenemos derecho a
matar a los intrusos.
Por supuesto, Derek estaba aquí para ensuciar todo.
En este momento, ella le daría todo lo que tenía para desaparecerlo de
la puerta. Estaba haciendo una montaña de un grano de arena, amenazando
con matar a Alec, si había escuchado correctamente.
Señor, libérala de los hombres con un don para lo dramático. Ella miró el
reloj sobre el escritorio.
Eran las nueve y media, la obra estaba en el intermedio. Lily pensó
vagamente que esperaba que Sesily fuera una muy buena chaperona, por ser
ella también un escándalo, ya que Lily y Alec necesitarían una excelente
excusa para justificar su ausencia, ya que todo el palco habría notado que
estaban desaparecidos.
203
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Algo mejor que: "Oh, probablemente irrumpieron en la oficina de
Hawkins, robando el cuadro de Lily y teniendo un encuentro amoroso en su
escritorio."
En este caso particular, la verdad no sería una excusa apropiada.
Especialmente ahora, que parecía que los acusarían de allanamiento.
Ciertamente, no deberían estar aquí, en este santuario interior. Pero
tampoco debería estar Derek. Ella se acercó, rehusándose a exponerse ante
este hombre que la había usado tan cruelmente.
Qué extraño, ya que dos semanas atrás, ella se habría acobardado ante
su presencia.
Dos semanas atrás, ella había sido una mujer diferente.
Dos semanas atrás, ella no había tenido a Alec.
Alec, su enorme escocés, cuyos anchos hombros y altura superior
empequeñecían a Derek, bloqueándola de su vista a medida que avanzaba.
Ya había tenido suficiente de Derek Hawkins…
- ¿No deberías estar en el escenario, Derek?
Fue entonces cuando vio la espada, larga y peligrosa, con el extremo
apuntando al corazón de Alec. Quién parecía más calmado que cualquier
hombre que estuviera en esa posición.
Lily se congeló y el terror se apoderó de ella ante la imagen.
- ¿Qué crees que haces, estás loco?
Derek no la miró.
- Yo protejo lo que es mío. Mi teatro. Mi arte. Y estoy dispuesto a hacer
cualquier cosa por ello. - Hizo una pausa, mirando las manos vacías de Alec. -
Eres sabio al no haber tomado algo de adentro.
Cuando Alec habló, fue con total y completo desdén.
- ¿Crees que quiero tu obra de arte? ¿Con que fin? ¿Para adornar mis paredes
con tu obra trivial?
Las palabras estaban plagadas de insultos, y Lily se quedó boquiabierta.
¿Cómo podía burlarse de un hombre que tenía una espada apuntando contra
su pecho?
Derek se burló.
- Creo que quieres al menos una parte de mi arte, Duque inculto.
- En eso tienes razón. Pero no tengo intención de admirarlo.
Derek se rió.
- Supongo que piensas que habiendo visto la versión real, no lo necesitas.
Mientras Lily jadeaba por la insinuación, Alec no se movió, excepto para
levantar la mano y agarrar la hoja de la espada con su enorme puño. La mirada
de Lily se posó en sus dedos, esperando que sangraran con el corte del filo. Su
estómago se revolvió ante la idea de que él se lastimara por ella.
- Déjanos ir, Derek. Debes volver al escenario. Y no hemos tomado nada.
Derek levantó una ceja.
- ¿Cómo sé que eso es verdad?
Ella lo miró, extendiendo los brazos.
- ¿Crees que escondo el lienzo debajo de mis faldas?
Alec no permitió que Derek contestara.
- Finalmente vamos a obtenerla, ¿no es así, Hawkins? Tienes una obra que
exponer… y nosotros deberíamos estar en cualquier otro lugar.
Derek frunció el ceño.
- Ya no son bienvenidos aquí.
204
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
La respuesta de Alec fue seca como la arena.
- Tú me heriste. Verdaderamente.- Si no hubiera una espada entre ellos, Lily
podría haber reído. En cambio, contuvo la respiración hasta que Alec dijo: -
¿Cuánto?
Derek no se movió.
- ¿Cuánto por qué?
- Estás empobrecido. Perdiste la casa en Covent Garden, el estudio. Tus
cuadros se alinean en las paredes aquí porque, sin duda, no tienes otro lugar
donde estar. Por lo que me dicen, el teatro está a la altura, pero no puedes
dejar de perder dinero en las mesas de juego. Así que vuelvo a preguntar, y no
me insultarás fingiendo no entender, ¿cuánto cuesta la pintura?
Derek negó con la cabeza.
- No tiene precio.
- No te creo.
- Créeme. Es la obra de arte más grandiosa desde la Creación del Hombre. -
Su mirada se movió hacia Lily - Mírala, Warnick. Sin duda ves su belleza,
imagina cómo se ve cuando es interpretada por un genio.
Lily solo podía ver un lado de la cara de Alec, lo suficiente como para
notar el músculo de su mandíbula apretarse con enojo y frustración.
- Fija el precio.
Derek negó con la cabeza.
- No tiene precio. Mi versión de Lily no está a la venta.- Su mirada parpadeó
hacia Lily - ¿Ves, cariño? Quizás yo sea el héroe de la historia, después de
todo. Tu duque no tiene problemas para venderte al mejor postor.- Hizo una
pausa entonces, como un niño grosero. - Oh… espera. No. Él no te está
vendiendo. Él te está regalando. Con una fortuna como pago extra.
La mano de Alec se apretó alrededor de la espada, sus nudillos se
pusieron blancos, y Lily intervino para asegurarse de que sus dedos no fueran
cortados. Ella no apartó su mirada de él.
- Creo que deberías reconsiderarlo, Derek.
- ¿Por ti?
- ¿Haría una diferencia si te lo pidiera?
- No. Esa pintura venderá todas las demás. Esa pintura me hará famoso por
siempre.
- ¿Y el hecho de que es una pintura mía? ¿Que nunca quise que se viera?
Él le lanzó una mirada larga y lastimosa.
- Entonces no deberías haber posado, cariño. Me deleitaré en la riqueza que
proviene de ella, obtenida de ti. Como si hubieras trabajado para mí, tendida de
espaldas.
Lily se quedó sin aliento ante las groseras palabras.
Alec se movió, rápido como un gato, entonces la espada giró en el aire,
y terminó en su mano en un instante. Tomó a Derek por las solapas de su traje
antiguo y prácticamente lo llevó volando hasta la pared del pasillo, colocando la
hoja de la espada de aspecto malvado en su mejilla.
- Para alguien tan famoso en el escenario, me resulta difícil creer que tentaras
tanto al destino, como para exhibir tal arrogancia en este traje en particular.
Harías bien en recordar lo que le sucedió a Macbeth.
La mirada de Derek encontró a Lily sobre el hombro de Alec, y quiso ver
allí, la expectativa de que ella lo rescataría nuevamente. Que recordaría la
205
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
última vez que habían estado los tres juntos. La última vez que Alec lo había
amenazado.
Ella no lo rescataría más.
Lo había visto en sus ojos, mientras miraba a Alec con pasión.
- Había un bruto escocés con una puta por mujer. Llego aquí y descubro una
pareja similar merodeando por mi camerino.
Alec presionó la espada más profundamente en su mejilla, sus palabras
fueron suaves y aterradoras.
- ¿Cómo la llamaste?
Derek entrecerró su mirada.
- Me escuchaste. Y recuerda que estoy calificado para identificar sus
características. - Hizo una pausa. - Estuve allí antes que tú.
Lily palideció ante las palabras. Por el mordaz insulto en ellas. La
vergüenza la inundó, y deseó hacerle daño al hombre, por todo lo que había
hecho. Por todo lo que había dicho.
Había sido por eso, que habló con Alec. Recordando su pasado. Las
cosas que había hecho y que no podía deshacer.
- Hoy, como un tonto, me has dado un arma con la que jugueteas mientras te
pavoneas sobre tu escenario. Un arma con la que he entrenado durante
décadas.- Presionó la hoja más profundo, y Derek inhaló, bruscamente. - ¿Qué
crees que dirían tus admiradores si te encontraran aquí, en este oscuro pasillo,
destripado por la espada de Macbeth? ¿Crees que creerían que lo convocaste
aquí, a este teatro? ¿Cómo lo llaman? ¿La maldición escocesa? - Derek cerró
los ojos y Alec se inclinó más cerca - Soy tu maldición escocesa, pavo real.
Más aterrador que cualquier historia de fantasmas que puedas imaginar. Pero
anímate. No tengo intención de matarte. Te prometí una vez que te destruiría, -
dijo Alec, con sus palabras apenas murmuradas y de alguna manera
sacudiendo las paredes - No te confundas, te arruinaré tal como la arruinaste.
Y cuando seas viejo, marchito y nadie en el mundo pueda recordar tu nombre,
temblarás por el recuerdo de mí en tu memoria.
Derek inhaló rápidamente y soltó un pequeño grito de dolor. Lily lo
escuchó, hasta que fue opacado por el ruido salvaje de la espada, cuando Alec
la arrojó por el oscuro pasillo.
- Busca, perro. Es tu señal.
Y Derek lo hizo, corrió detrás de la espada, la recogió y se marchó sin
mirar atrás.
Lily observó a Alec durante un largo momento, su aliento entraba y salía
en oleadas de furia, sus manos se apretaban y ese tic en su mandíbula se
hacía más pronunciado. Parecía como si estuviera a punto de explotar, como si
en cualquier momento pudiera lanzarse por el pasillo hacia el escenario para
terminar lo que había comenzado.
Ella deseaba ir hacia él, y se movió hasta llegar a su lado. Tomó su gran
y hermoso brazo entre las manos, sintiendo los músculos ondular bajo su
toque.
- No tienes que defenderme.
Alec la miró.
- ¿Qué?
- Detente Derek. Él no está mintiendo.
- ¿Qué? - Frunció el ceño, y por un momento Lily se preguntó si era posible
que hablara un idioma que no fuera inglés.
206
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Fue mi error, ¿no es así? Posé para la pintura. Yo confié en él. Yo… - Ella
vaciló - …pensé…
Alec se volvió hacia ella, tomando sus hombros con sus manos.
Sosteniéndola con una firmeza con la que más tarde soñaría. Anhelaría.
- Escúchame, Lillian Hargrove. No hiciste nada mal. No fue tu error. Lo amabas.
- Sin embargo no lo amaba,. Ahora lo veo.- Ella soltó un bufido de risa sin
humor.- Supongo que debería estar agradecida por el descubrimiento.
- ¿Cómo? - Preguntó Alec.
Frunció el ceño.
- ¿Cómo?
- ¿Cómo lo ves ahora?
Ella sonrió. Y le dijo la verdad
- Ahora, sé lo que es el amor. Como se siente. Y lo que en serio haría por él.
Alec cerró los ojos ante las palabras. Giró la cabeza y dijo:
- Debemos regresar arriba. Tengo trabajo que hacer. Tenemos un día para
encontrar la pintura.
Él la soltó mientras decía las palabras que a ella le demostraban tanto.
Había esperanza en ellas. Tenían un profundo significado. Aún esperaba
encontrar la pintura. Para evitarle la exposición. Para liberarla.
Era irónico, una vez le había suplicado por su libertad. Le había pedido
dinero para su independencia. Le había suplicado que la dejara, que regresara
a Escocia y que le permitiera tomar sus propias decisiones. Que le permitiera
crear su propio destino. Enfrentarse a su propia fortuna.
Y ahora, cuando se lo ofrecía, todo lo que deseaba era quedar atrapada.
Por él.
"Te amo más allá de la razón."
- Alec. - Ella no sabía lo que iba a decir a continuación. Cómo lo mantendría a
su lado. Cómo lo ganaría.
Además, ella no podía hacer ninguna de las dos cosas, ya que él la
estaba ignorando. Ya se estaba dirigiendo hacia las escaleras, subiendo los
escalones de dos en dos, y ella se apresuró para acompasarse a sus largas
zancadas. Era alta, pero él era hercúleo, y cuando llegaron al pasillo que
lindaba con los palcos, él iba unos metros por delante de ella, pasando a
grandes zancadas por delante del palco de West, incluso cuando Sesily asomó
la cabeza para encontrarse a Lily, allí sola.
- Tienes algo en tu vestido - Los ojos de su amiga se abrieron de par en par. -
Maldición. ¿Es sangre?
Lily bajó la mirada, observando la marca en el hombro del hermoso
vestido azul, donde Alec la había tocado y le había dicho que su pasado no era
culpa suya.
Mientras él sangraba por ella.
- ¿Fue Hawkins? - Preguntó Sesily - Está de vuelta en el escenario, pero con
una herida en la mejilla que no estoy segura que fuera necesaria en la obra.
Sin embargo, para ser honesta, no he estado prestando mucha atención.
Confieso que me gusta una bruja de vez en cuando, pero no tanto como me
gusta la idea de que Alec le haga una herida en la mejilla a Hawkins.
- No es sangre de Hawkins. Es de Alec.
- Maldita sea - susurró Sesily.
- No deberías maldecir tanto, ¿sabes?
Sesily la miró.
207
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Estás a punto de decirme que no es propio de una dama?
Lily negó con la cabeza.
- No soy exactamente un dechado de respetabilidad.
- Excelente. Colgaremos a cualquiera que prefiera no maldecir. A veces, las
palabras simplemente se adaptan.
Lily asintió. Luego, después de un largo silencio, ella dijo, apenas lo
suficientemente fuerte para ser escuchada,
- Mierda.
La mirada de Sesily instantáneamente se posó en la de ella, y Lily vio la
compasión allí.
- ¿Que ha sucedido?
Y allí, en el pasillo del Hawkins Theatre, el único lugar de Londres en el
que debería ser estoica, Lily comenzó a llorar. Ella había hecho un lío de todo.
La pintura debía hacerse pública. Y no había nada que hacer. Y aun así, esa no
era su tristeza.
- Él me ama más allá de la razón.
Sesily inclinó la cabeza.
- Eso no suena tan mal.
- Y aun así él me rechaza. Afirma que no es digno de mí por alguna ridícula
razón.
- ¿Qué razón?
- No lo sé. Si él me lo dijera, tal vez… - A Lily se le escapó otra lágrima -
pero… no me lo dirá.
Sesily asintió.
- Entonces debes forzarlo a que te lo diga.
- ¿Parece el tipo de hombre que puede ser forzado fácilmente?
Sesily no perdió el ritmo.
- Parece el tipo de hombre que se arrojaría al Támesis si se lo pidieras.
Las lágrimas cayeron de nuevo.
- Le pedí que me quisiera, y él se negó.
- Porque todos los hombres son imbéciles, que merecen ser colgados de sus
pulgares en St. James Park y atacados por abejas.
Lily parpadeó.
- Eso es terriblemente creativo.
Sesily sonrió.
- Puedo fantasear de vez en cuando.
Se rieron juntas, hasta que las cortinas se movieron y la señora West
asomó la cabeza.
- Ah. Veo que la señorita Hargrove ha regresado - Miró hacia arriba y hacia
abajo por el pasillo antes de salir del palco - ¿Y tú duque?
- Él no es mi duque - dijo Lily rotundamente.
- Nunca lo son, querida, hasta que lo son - dijo secamente la esposa del
periodista antes de agregar - ¿Asumo que no has tenido éxito en tu propósito?
- ¿Sobre Alec? - Dijo Lily.
Una ceja dorada se elevó ante las palabras.
- Me refería a la pintura.
Lily se sonrojó, ardiendo horrorizada.
- Por supuesto. La pintura. Sí. No lo logramos.
La mujer vaciló y luego dijo:
208
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Primero, puedes llamarme Georgiana. Señora West me hace sonar como la
directora taciturna de una escuela en North Country. Segundo, lamento que el
duque sea un idiota. Pero en mi experiencia, todos los hombres lo son hasta
que encuentran el juicio. Y los mejores de ellos lo encuentran - Hizo una pausa,
y luego añadió - Y en tercer lugar, creo que le gustaría saber que la pintura está
programada para ser colgada mañana por la tarde, cuando la exposición haya
cerrado. Permanecerá cubierta hasta la revelación a la mañana siguiente.
Lily no entendió el sentido de la información, y permaneció en silencio
hasta que la hermosa joven sonrió y dijo:
- Tengo un excelente dato sobre que habrá una ventana abierta en la parte
posterior del pasillo, mañana por la noche. Doce y media.
Lily parpadeó.
- ¿Tú?
Georgiana asintió como una reina.
- Si me hubiera salido con la mía, ese patán habría sido eliminado de la
exhibición en el momento en que quedó claro que se había aprovechado de ti.
No me importa lo hermosa que sea la pintura. Él es un bastardo.
Lily no pudo encontrar las palabras en medio de su sorpresa.
Sesily no tuvo problemas para encontrar palabras.
- Exacto. ¿No es encantadora?
- Me parece que no me gusta cuando los hombres se aprovechan de las
mujeres - dijo Georgiana, en un aburrido tono - Y entonces, querida, espero
ansiosamente que ahora te aproveches de él. Bueno, creo que volveré a la
obra, ya que supongo, por la herida en la cara de Hawkins y la sangre en su
vestido, que esta podría ser la última vez que veo a este patán en particular
pisar las tablas.
Georgiana se giró para regresar al palco.
- Mi lady ¿Cómo puedes estar segura sobre… el dato?
Esa sonrisa de complicidad regresó.
- Mi marido no es el único con conexiones de gran alcance - Bajó la voz, por lo
que solo Lily podía oírla - Las esposas de hombres notables deben permanecer
juntas. Espero que me recuerdes cuando seas duquesa.
Y luego ella se había ido, las palabras colgando en el pasillo como una
promesa.
Lily respiró hondo, incapaz de apartar la mirada de las cortinas, todavía
balanceándose con la fuerza de la entrada de la mujer. Todos esos años sin
amigos. ¿Cuántas veces los había anhelado? Y ahora, habían surgido de la
nada. Lo cual era suficiente para hacerla sentir real. Como una persona
completa.
Casi completa.
Ella nunca estaría completa sin Alec.
¿Quería darle opciones? ¿Para darle libertad?
Entonces ella tomaría esa libertad. Y haría su elección.
Era la elección más fácil que hubiera hecho alguna vez en su vida.
209
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 20
LAS ACCIONES HABLAN MÁS ALTO QUE LAS PUPILAS.
Alec pasó la totalidad del día siguiente, el último día antes de la
exposición, despedazando a Londres. Había cobrado todos los favores que le
debían, desesperado por encontrar la maldita pintura. Para salvar a Lily de lo
que seguramente sería la destrucción de su futuro.
Y, finalmente, había recurrido a Stanhope.
El conde llegó, Alec lo encontró claramente curioso en la sala de estar
principal de la casa del Número Nueve. Stanhope miró a su alrededor,
observando los estantes y los armarios llenos hasta el tope de curiosas
figurillas. Pasando un dedo por el tronco de un elefante de porcelana en una
mesa baja, dijo:
- No te tomé por un coleccionista, Su Gracia.
Alec no estaba de humor.
- No puedo encontrar la pintura.
-Supongo que será fácil encontrarla mañana.
La frustración estalló en él. ¿Nadie en toda la ciudad entendía que esta
era la única oportunidad de que Lily pudiera sobrevivir al escándalo?
No la única.
Esa era la razón por la que Stanhope estaba aquí, y por qué el corazón
de Alec estaba en su garganta.
- Necesito que te la lleves.
El conde parpadeó.
- ¿Le ruego me disculpe?
- No me hagas volver a decirlo - No creía que pudiera hacerlo.
Stanhope se volvió hacia el aparador sin preguntar.
- ¿Escocés? O, ¿sea lo que sea?
Alec nunca en su vida había necesitado tanto beber.
- Por favor.
El conde sirvió dos vasos y le tendió uno a Alec antes de sentarse en un
pequeño sofá cubierto de espantosos flecos.
- ¿Dónde quieres que la lleve?
A ninguna parte.
- Escocia.
Stanhope levantó una ceja.
- ¿No crees que eres más adecuado para esa tarea en particular?
Las palabras amenazaban con destruirlo.
Él quería mostrarle Escocia. Quería verla sentir el rocío del Firth of Forth
en su piel por primera vez. Quería estar con ella en las tierras altas y respirar
hasta que los aromas de brezo, mirto y Lily se entrelazaran para siempre.
Quería acostarla sobre su plaid en una parcela de luz dorada y hacerle
el amor debajo de las montañas, el cielo y las nubes, hasta que ella gritara su
nombre. Quería envejecer con ella allí, llenando todo su castillo de sus niños y
niñas, vistiendo esas pequeñas botas rojas que había mantenido en secreto,
lejos del mundo.
Pero él no era para ella.
- Ella necesita a alguien mejor que yo.
210
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Y piensas que ese hombre soy yo.
- Los he visto juntos. Tú la haces… - Hizo una pausa, aborreciendo las
palabras - …la haces sonreír.
Quiero que sonría para siempre. Con un hombre que se lo merece
- Hacer sonreír a las mujeres es un talento particular.- Stanhope bebió, luego
tosió con malicia - Supongo que no debería sorprenderme que esta casa solo
contenga basura.
Alec no se rió. Él no pudo encontrar la energía.
- Eres un buen hombre, Stanhope. Y no te haces más joven. Y necesitas un
heredero. Y una fortuna. Y Lily es… - Alec bebió, mereciendo la quemadura del
terrible licor.
- Ella es perfecta - dijo Stanhope - Con o sin la pintura.
Alec cerró los ojos ante las palabras, agradecido por la comprensión del
conde, y sintiendo que lo odiaba. No deseaba que fuera perfecta para nadie
más que para él. Él asintió sin embargo.
- Ella lo es.
- El problema es que ella también está muy enamorada de ti - La mirada de
Alec se volvió hacia el conde - Hago sonreír a Chit y a Warnick, pero eso es
fácil. Podrías hacerla feliz, si decides hacerlo - Puso el vaso sobre una mesa
baja al lado del sofá y se levantó - Me temo que debo rechazar tu oferta de un
matrimonio por interés. Aunque sea muy tentador.
Alec también se levantó, la desesperación, el miedo y la euforia lo
recorrieron. Y aun así dijo:
- ¿Y qué hay de la dote?
Stanhope no dudó, liberando un aliento largo y desinteresado.
- No vale la pena. No si tengo una trágica historia de amor en mi conciencia.
Hay otras dotes. Escuché que hay una erupción de herederas americanas esta
temporada - entonces hizo una pausa, antes de decir - ¿Puedo?
- Todo lo que has dicho hasta ahora, ¿y ahora lo dudas?
- Esto es Londres, 1834. Todo se puede superar con un solo acto. Lo sabes, y
al mismo tiempo no lo entiendes.
El corazón de Alec comenzó a latir con fuerza.
- ¿Y cuál es ese acto?
- No haces a la chica una condesa, casada por dinero; la conviertes en una
duquesa, casada por amor. El mundo no disfruta más que de una historia de
Cenicienta. Abrió la puerta de la habitación, revelando a un mayordomo
envejecido.
Stanhope se adelantó al sirviente y se volvió del vestíbulo para encontrar
la mirada de Alec.
- Espero que seas el príncipe, Su Gracia. Ella merece todas las cosas buenas
que le puedan pasar.
Y entonces todo se vino abajo. Alec había venido a Londres nueve días
atrás para desempeñar el papel de guardián involuntario y noble salvador. Para
restaurar su reputación, casarla y regresar a Escocia a una vida que no la
incluía a ella.
Una vida que lo había satisfecho.
Hasta que la conoció, y todo se había ido al infierno.
Él le había fallado en todos los niveles.
Y para empeorar las cosas, se había enamorado de ella.
211
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Sacó el papel de la ridícula bandeja de plata del mayordomo y lo abrió,
el pavor se acumuló profundo, seguro de que ese día solo podría empeorar.
"Requiero tu ayuda. Encuéntrame esta noche. Doce y media." - L.
A continuación, una dirección, las caballerizas detrás de la Real
Academia de las Artes. Fue entonces cuando Alec adivinó su plan, el orgullo
fluyendo a través de él al darse cuenta. Ella era hermosa, brillante y valiente
como un maldito guerrero.
Por supuesto, ella era el instrumento de su propia salvación.
Era lo suficientemente magnífica como para salvarse a sí misma y
equilibrar al mundo en la misma balanza.
Si solo ella pudiera salvarlo a él, también.
Varias horas más tarde, condujo su coche hacia las caballerizas que
corrían detrás de la Real Academia, la noche arrojando sombras profundas y
oscuras a través del espacio vacío. Fue deliberadamente temprano, deseando
estar allí antes que ella, para evaluar el peligro de esta misión en particular.
Bajó del lugar del conductor, su atención ya estaba en el edificio delante
de él. Tenía la mitad de su inteligencia para hacerlo él mismo, sin ella.
Pero debería haberlo sospechado.
Ella ya estaba allí, saliendo de las sombras como si hubiera estado en la
oscuridad desde siempre, una reina de la noche.
Una reina con pantalones y gorra baja sobre su frente.
¿Cuánto tiempo había estado ella aquí? Cualquier cosa podría haberle
pasado. Y él habría llegado demasiado tarde para salvarla. Le hubiera fallado
de nuevo.
Nunca sería suficiente.
Se dirigió hacia ella, la frustración y el deseo luchando dentro de él. -
¿Qué es esto? - Dijo, presionándola en la oscuridad, protegiéndola de miradas
indiscretas.
Ella se acercó más y tomó su mano en la de ella. Lo mató con ese
simple toque, cuando le abrió el puño y pasó su mano por el vendaje de su
palma y le dijo en un susurro:
- Sangraste anoche.
- ¿Qué hay con eso?
- Sangraste por mí - Presionó un beso en el vendaje, y un agudo anhelo
comenzó, fuerte y apretado en su pecho. Ella lo miró, con los ojos ocultos por
el borde de su gorra. Habría hecho cualquier cosa por ver esos ojos. Pero no
eran para él - Deseo convertirlo en un hazmerreír solo por eso.
¿No por ella? ¿No por todas las cosas que Hawkins le había hecho?
Tragó el nudo en su garganta. El deseo. La necesidad. Se obligó a
permanecer distante cuando lo único que deseaba era tomarla en sus brazos.
- ¿Me convocas con dos líneas en un trozo de papel? ¿Tú vienes sola? ¿En la
oscuridad? ¿A cometer un crimen?
Ella se mantuvo firme.
- No es la primera vez que intento este crimen en particular, Su Gracia.
Tampoco es la primera vez pata ti. - Sonrió, sus blancos dientes brillando en las
sombras - Pero será la primera vez que tengamos éxito.
Cristo. Cuánto la amaba.
- Ten cuidado, o nos vas a maldecir.
Se puso seria entonces.
- No. El universo tampoco me negaría esto, también.
212
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Antes de que él pudiera pedirle que se explicara, ella se movió hacia la
ventana. Su mirada se deslizó hacia su parte trasera, donde los pantalones que
llevaba se ajustaban indecentemente. Perfectamente. Se le secó la boca
mientras la miraba ponerse de puntillas, intentando infructuosamente mirar
adentro.
- Pantalones de nuevo - dijo.
Ella se volvió, haciendo un gesto de mirar su plaid.
- Bueno, uno de nosotros debería usarlos, ¿no crees?
Levantó una ceja ante las inteligentes palabras.
- ¿Crees que no puedo hacer todo lo necesario en una falda escocesa?
Ella lo miró durante un largo momento, hasta que él pensó que no
respondería, y luego dijo:
- Creo que puedes hacer lo que quieras, usando lo que desees.
Las palabras fueron tentadoras más allá de la razón, y le hicieron querer
presionarla contra la pared y mostrarle todas las cosas que le gustaría hacerle.
Sin embargo, se detuvo, por la tarea que tenía entre manos.
- Necesito un impulso. - dijo Lily
Él parpadeó.
- ¿Un qué?
- Es por eso que estás aquí - Ella sonrió, como si fuera una petición
perfectamente normal - Me impulsarás. Yo iré, abriré la puerta y lo lograremos.
- No vas a entrar sola.
Ella se volvió hacia él.
- ¿Qué piensas tú que sucederá? ¿Seré atacada por una escultura? - Él
estrechó su mirada y ella suspiró - No creo que pueda levantarte, Alec.
Alargó la mano y empujó la ventana, que se abrió de par en par sin
ninguna vacilación.
- ¿Cómo sabías que esto estaría abierto?
Ella sonrió.
- Hice un amigo.
Él amó el placer que surgía de esas palabras. La emoción en ellas. Él
quería que ella tuviera cien amigos. Mil de ellos. Lo que fuera que la hiciera
feliz. Por el resto de su vida.
"Podrías hacerla feliz." Apartó la voz del conde.
- Un amigo.
Ella asintió.
- Muy bueno, al parecer.
- Bien, cualquier amigo que alienta a una vida delictiva es bueno, me parece -
dijo secamente.
- El impulso, Alec. No tenemos toda la noche.
Él la empujó a un lado, y se agarró al alféizar.
- Me encuentras en la puerta.
Cuando ella respondió, escuchó la incredulidad en las palabras.
- Alec. Esa repisa está a seis pies del suelo y estás usando una falda escocesa.
No podrías, solamente…
Se elevó hacia la repisa y por la ventana abierta. Se giró para
encontrarla mirándolo boquiabierta, y no pudo resistirse:
- ¿Qué era lo que estabas diciendo?
Ella frunció el ceño.
- Mi amigo también piensa que eres un idiota.
213
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Él no pudo evitarlo y se rió.
- Él tiene razón sobre eso. Encuéntrame en la puerta
Allí estaba ni dos minutos después, entrando al edificio, antes de volver
a salir inmediatamente.
- Un momento. Casi lo olvido. - Ella regresó con una gran pintura envuelta en
una tela en sus manos - Mi regalo final para Derek - dijo, cuando Alec levantó
una ceja hacia el paquete.
Él agarró el paquete.
- Muéstrame el camino - Extrajo una vela y una piedra del bolsillo de su
pantalón - Estás, una vez más, muy preparada - Antes de que ella pudiera
responder, él dijo: - Déjame adivinar. Sesily.
Ella sonrió.
- Usted me hiere, lord. Estoy bien adoctrinada en el escándalo. Esta parte fue
mía.
Por supuesto que lo era. La vio encender la vela, la llama proyectaba un
cálido resplandor dorado sobre su hermoso rostro. Y luego la siguió a través de
la exposición, las paredes cubiertas del piso al techo por miles de cuadros,
demasiados para que alguien los apreciara.
- Esto es una locura - susurró - ¿Cómo es que a alguien le importaría una sola
pintura en este mar de pinturas, tanto como para convertirte en un escándalo?
Ella no miró hacia atrás cuando entraron en la galería principal, larga e
impresionante, con un estrado en un extremo y un lugar con cortinas más allá.
- ¿Crees que es el amor por el arte lo que los hace clamar por el escándalo?
Pueden tener arte en cualquier lugar. Pero los chismes son mucho más
interesantes - Señaló una pared - Esa es la otra gran pintura de la exposición.
Alguacil.
Se detuvo, considerando el paisaje, pequeño y apenas visible en la
oscuridad. Miró el paquete en su mano, más grande que la acuarela, al menos
diez veces.
- ¿Supongo que no puedo esperar que la pintura que buscamos sea de este
tamaño?
- No lo es.
- Por supuesto que no - Él refunfuñó - Hawkins no hace nada a medias.
- Quizás es mi belleza la que no puede contenerse en proporciones tan
pequeñas - dijo.
Él giró su mirada hacia ella.
- La oscuridad ha sacado tu agudo ingenio.
Lily inclinó su cabeza, luego se giró, moviéndose hacia el estrado.
- Quizás es mi propio pánico lo que lo ha hecho.
Fuera lo que fuese, no deseaba que se fuera.
Ella llegó al pie del escenario, y vaciló. Alec se acercó, pegándose a su
codo.
- ¿Lily?
- Aquí es donde me deshonré - dijo mientras ponía los dedos en el borde de la
plataforma y soltaba una risita - Aunque, creo que me deshonré a mí misma
antes de eso, supongo. Pero aquí, fue donde todo quedó claro, como si alguien
hubiera iluminado una habitación que yo creía que era un salón de baile, y que
de pronto se hubiera transformado en un privado.
- No te has deshonrado a ti misma. Él te deshonró. Eso es algo completamente
diferente.
214
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Lo sería. Pero este no es el caso. No soy una niña, Alec. Sabía lo que hacía.
Sabía lo que podría salir de eso. Sabía que un día podría ser un escándalo. -
Hizo una pausa - Y no me importó. No deseaba ser nada más que de Derek.
Las palabras llegaron como un golpe, los celos se desataron en él al
pensar en ella con Hawkins, el hombre que había eludido por completo su
responsabilidad sobre ella. El hombre que nunca sería lo suficientemente
bueno para ella. Nunca el héroe ideal para ella.
Continuó:
- El mundo alberga un odio impresionante por las mujeres que cometen los
errores que yo cometí. La belleza, utilizada para todo menos para el más
sagrado de los actos, es un pecado - Miró hacia el estrado, al lugar donde
colgaba la cortina, gruesa e inmóvil, ocultando su vergüenza de la vista - Y
ninguna persona estaba dispuesta a cuestionar su papel en la obra. Él debía
ser alabado por sus actos. Dime, ¿qué hice que fuera tan diferente a lo que
hizo él?
- Nada - dijo, deseando solo calmar el dolor que escuchaba, agudo e
inquietante, en su voz - No hiciste nada mal.
Ella sonrió.
- La sociedad piensa de manera diferente.
- La Sociedad de la caída.
Ella levantó una ceja.
- ¿Qué hiciste mal tú, Alec?
Esa pregunta de nuevo. Astuta y directa. La pregunta que tendría que
responder finalmente.
Pero no aquí. No ahora.
Sacudió la cabeza.
Ella lo observaba cuidadosamente, la luz de las velas parpadeando
sobre su hermoso rostro.
- Si tuviera que decirte lo que me dijiste, que no hiciste nada mal, ¿qué dirías?
Él apartó la mirada de ella, incapaz de mirarla a los ojos.
- Diría que estás equivocada.
- ¿Porque eres un hombre y ella es una mujer?
- Porque lo que hice es mucho peor de lo que hiciste.
- Tú así lo crees.
- Estoy seguro.
- Y sin embargo, aquí estamos, cometiendo un crimen por mí. Y no por ti.
Él no iba a decirle. No en ese momento.
- Comencemos el crimen, entonces. Y terminemos con esto.
Por un momento, pensó que ella discutiría. Podía presionarlo. Y
realmente le preocupaba que si lo hacía, él le contaría todo allí, frente a miles
de pinturas, en el maldito estrado de la Exposición Real.
Pero ella no lo hizo. En cambio, bajó la vela y le quitó el paquete de las
manos antes de subir a la plataforma y decir:
- Gírate, por favor.
Lo hizo, sin dudarlo. Le había hecho una promesa y la honraría, incluso
sabiendo que esta era su única oportunidad de ver la pintura. Para ver lo
hermosa que era. No es que requiriera una mirada a la obra de arte para
reconocer su belleza. Era una pintura de Lily; por supuesto que sería gloriosa.
Pero palidecería en comparación con la realidad.
215
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Y entonces se quedó en silencio, escuchando sus movimientos, el roce
suave de los pantalones de lana sobre su piel, el susurro del lino mientras se
agachaba y desenvolvía la pintura que había llevado. La pequeña fricción que
surgió cuando descolgó la pintura de la pared. Como ella la reemplazó por la
otra. Y luego, como se agachaba otra vez y envolvía el desnudo para ocultarlo.
Para cuando ella terminó, él estaba furioso de celos, deseando ser él,
una de las pinturas: un lienzo, el receptor de su suave y decidido tacto.
- Puedes mirar - dijo en voz baja, y él se volvió, atraído por su voz, que debería
haber estado llena de alivio pero, en cambio, estaba llena de humor. Estaba de
espaldas a él, con los brazos en jarras, y se quedó mirando la ubicación
principal en la pared donde...
Él rió.
Jewel. Ella había colgado a Jewel en su lugar.
Derek subió los escalones para ver mejor el brillante y absolutamente
perfecto castigo para Derek Hawkins. El perro en glorioso reposo en su
almohada de satén rojo, la luz brillando a lo largo de sus largas y grises patas,
su corona enjoyada inclinada sobre su cabeza.
Lily se volvió hacia él, sus ojos grises brillaban de risa.
- Creo que debería estar más que satisfecho de que le hayamos acreditado una
pieza tan querida.
Alec asintió.
- Creo que es excesivamente generoso. Para Hawkins y para el mundo en
general. Sin duda apoyará la elección, con su deseo de llevar las obras
maestras a la sociedad.
- Para que todos la vean - dijo.
- Realmente le hemos hecho un servicio al mundo.
- Este regalo de cumpleaños en particular, podría compensar todos los regalos
de cumpleaños que me he perdido en los últimos años - Ella le sonrió.-
Gracias.
Se movió hacia ella, incapaz de resistirse a su imprudente belleza, a la
excitación y a la emoción que sentía desde la tarde, desde que lo había
llamado a él como a un sabueso con una correa. Cuando se acercó y se elevó
sobre ella, su risa se desvaneció, e inclinó su rostro hacia él, mientras él ponía
sus manos en sus mejillas, deslizando sus pulgares sobre sus altos y perfectos
pómulos.
- Me encanta tu risa - dijo, incapaz de mantener en silencio la dulce confesión.
Ella presionó su mano vendada contra su mejilla.
- Y a mí, la tuya. Ojalá pudiera hacerte reír todos los días - Cerró los ojos y sus
propios deseos se hicieron eco de los de ella. Lily enredó su mano libre en su
cabello y agregó apenas en un susurro - Podría intentarlo, Alec. Podrías
dejarme intentarlo.
Por un momento, se permitió imaginarlo, su mano se envolvió en la suya
mientras recordaba su sonrisa burlona, su risa estridente y su notable fuerza.
Se imaginó parado junto a ella. Honrándola. Adorándola. Besándola.
Y luego sus labios estaban sobre los de ella, y no era su imaginación.
No había nada de desenfrenado y loco en ese beso, y esa era la razón
por la cual amenazaba su cordura. Suave y sin urgencia, como si tuvieran una
vida para explorar el uno al otro.
Como si hubiera comenzado justo después de estarse riendo en el jardín
de su casa, con los niños rodeándolos.
216
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Como una señal, una promesa de futuro para un momento en el que
tendrían más tiempo.
Era perfecto.
Y eso lo mató, especialmente cuando ella apretó los dedos en su
cabello, tirando de su cabeza hacia atrás lo suficiente como para suspirar,
separando sus labios al decir su nombre, un aliento magnífico que podría
haberlo sostenido para toda la vida.
- Alec, déjame intentarlo - susurró de nuevo, sus labios contra los suyos,
provocadores y seductores.
Sí.
Por favor. Sí.
Pero no era una respuesta viable. La respuesta era no.
Por eso debía contarle todo, para demostrárselo a ambos.
Con una caricia final y persistente, se apartó y levantó la pintura que ella
había envuelto cuidadosamente en la tela. Metiéndola bajo su brazo, extendió
su mano libre hacia ella, deleitándose con la manera en que se acercó a él, con
la facilidad con la que deslizaba su mano, sin guante, en la suya, sus palmas
presionándose juntas como si fuera lo más natural del mundo.
Sin soltarla, la sacó de la galería en silencio, deteniéndose para
permitirle recoger su vela. Afuera, la colocó en el carruaje, deslizando la pintura
contra el asiento. Cuando se acomodó a su lado y puso a los caballos en
movimiento, no pudo resistirse a tomar su mano otra vez, amando la sensación
de tenerla, cálida y fuerte en su agarre.
A medio camino de Berkeley Square, ella entrelazó sus dedos con los
suyos, y él se preguntó cómo la dejaría ir alguna vez. No lo hizo en ese
momento, ni cuando se detuvieron en las caballerizas y bajó del carruaje, ni
cuando la levantó para sacarla del coche, ni siquiera cuando recogió la pintura.
Él la soltó recién cuando el niño salió de los establos para recoger el carruaje,
no queriendo llamar la atención sobre la figura que había regresado con él,
vestida de hombre.
Entraron a la casa por la parte trasera, Angus y Hardy los saludaron en
las silenciosas y oscuras cocinas con las colas raudas y las lenguas colgantes.
Hardy más feliz de lo que había estado en los últimos días por verlos juntos.
Alec entendió la respuesta del perro. Él también era más feliz cuando
estaban juntos. Después de haber prestado la debida atención a los perros, él
tomó su mano de nuevo y la llevó a su habitación, a la pequeña habitación
debajo de la escalera que permanecía tal como la había dejado, llena de libros,
papeles y medias de seda sobre la pata de la cama.
Bajó la pintura y la apoyó contra su baúl.
Lily le preguntó, con confusión en sus ojos.
- ¿Aquí?
El asintió.
- Es el único lugar en esta casa, en todas las casas, que está lleno de ti.
- Demasiado lleno de mí - dijo - Apenas hay espacio para los dos.
Y ese era precisamente el punto. Una vez que le contara todas sus
verdades, ella no le desearía allí más tiempo. Y no tendría más remedio que
irse, porque no habría espacio para quedarse.
Parecía comprender el razonamiento sin que él lo pronunciara en voz
alta.
217
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Lily frunció el ceño cuando tomó su otra mano, como si pudiera retenerlo
si se agarraba con fuerza.
Pero ella no podía retenerlo. No cuando él…
- Dime - dijo en voz baja - Lo que sea…
Él respiró hondo, sabiendo lo que la verdad haría. Odió lo que haría. Y
luego le soltó las manos e hizo lo que ella le pidió.
Le contó todo.
218
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 21
NO HAY REGLAS EN EL AMOR Y EN LAS PUPILAS
- Salí de Escocia cuando tenía doce años.
Lily no sabía lo que esperaba que dijera, pero no esperaba eso. Y
continuó:
- Debería decir, huí de Escocia cuando tenía doce años.
Deseó desesperadamente tocarlo, asegurarse de que comprendiera
que, fuera lo que fuera lo que le dijera, lo que sea que haya sucedido en el
pasado, ella estaba con él.
Pero había aprendido lo suficiente sobre Alec Stuart en los últimos diez
días para saber que tocarlo no haría más que recordarle la carga que llevaba.
Y así, en cambio, juntó las manos y se sentó en el borde de su pequeña cama,
como si fuera perfectamente normal estar allí.
- Mi madre se fue cuando yo tenía ocho años - Miró sus manos, grandes,
fuertes y perfectas - Recuerdo muy poco de ella, pero recuerdo cómo mi padre
me contó que se había ido. Estaba enojado y lleno de remordimiento. Y cuando
murió unos meses después...
A Lily le llevó toda su fuerza de voluntad no presionarlo. Se contuvo.
- El mensajero vino y mi padre leyó las noticias frente a mí. Él no mostró
emoción. Y no toleraría la mía.
Lily cerró los ojos ante las palabras. Había sido un niño. Y no importaba
quién era ella, o qué clase de madre había sido, había sido sobretodo eso. Su
madre.
- Alec - dijo ella, deseándolo cerca. Y dijo lo primero que se le ocurrió mirándolo
a los ojos - Te golpearás la cabeza si no tienes cuidado. Siéntate. Por favor.
Habría hecho cualquier cosa para que él se sentara junto a ella. Pero, en
cambio, eligió la pequeña silla del escritorio, sacándola y empequeñeciéndola
con su tamaño. Con su gloria. Ella lo degustó, consciente de sus rodillas, a
centímetros de distancia en el pequeño espacio.
- Sigue.
- Todo lo que recuerdo de ella es que hablaba de Inglaterra. De cómo la
extrañaba. De cómo la amaba. De que era mucho mejor que Escocia.
Ella sonrió.
- Supongo que podría haber encontrado tres cosas superiores a Escocia.
Un lado de su boca se levantó.
- Probablemente más de tres - Se puso serio - Inexplicablemente la extrañaba.
No importaba que no fuera la mejor de las madres. Pero, como ella, también yo
añoraba Inglaterra - Él se rió, suavemente - Sé que debe ser difícil de creer.
- Auto-proclamado injuriador de todas las cosas Inglesas como eres.
- No de todas las cosas inglesas. Encuentro que me he acostumbrado a
algunas.- Las palabras se dispararon a través de ella. Él se refería a ella. Y aún
así, no la dejó quedarse en esa idea - Yo quería ir a Inglaterra. Para seguirla.
Para ver el país que tanto amaba. El lugar que anhelaba con tanta intensidad
que la llevó a dejar a su hijo para encontrarlo.
Se detuvo, perdido en la historia, sus manos se juntaron, los dedos de
una mano encontraron la cicatriz en la otra. La que su padre le había dado. Ella
219
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
observó esas manos por un largo momento, deseando poder calmarlas.
Finalmente, le dijo:
- ¿Y?
- Mi padre no lo entendió. Él juró desheredarme, para impedir que me fuera. -
El corazón de Lily comenzó a latir con fuerza - Y no me importó. Escribí a todos
los que pude contactar. Familiares lejanos: mi padre también era vagamente
inglés, no te sorprenderá descubrirlo, teniendo en cuenta que yo era
decimoséptimo en la fila por un ducado.
Ella sonrió.
- Me imagino que habría estado igualmente encantado de heredar.
- Probablemente no tan encantado - admitió Alec.
- ¿Y entonces? - preguntó ella.
- Un pariente lejano envió una carta a mi padre. Como sea que haya sido,
funcionó. Y tuve lugar en una escuela. Mi padre hizo lo que prometió, y me dijo
que nunca podría volver a casa. Pero no me importó. Mi matrícula fue pagada
en su totalidad. Un pariente generoso - Sonrió y se frotó con la mano con
cicatrices la parte posterior del cuello. De repente se parecía mucho al chico
que debía haber sido - Quizás uno de los dieciséis. Eso sería irónico.
Lily lo imaginó, rey de los escolares, apuesto, alto y el mejor en cada
deporte que practicaran.
- Me imagino que eras terriblemente popular.
Levantó la cabeza, sus ojos marrones se encontraron con los de ella.
- Me odiaban.
Imposible.
- ¿Cómo es eso?
- Era alto como una caña, todos huesos y fanfarronería escocesa. Ellos
nacieron con títulos venerables, antiguas tierras y más dinero de lo que jamás
podría haber imaginado. Yo era un impostor, y ellos lo sabían. Me juzgaron. Y
me quitaron la arrogancia.
Sintió las palabras como los golpes que describieron. Y aun así, ella
negó con la cabeza.
- Eran niños. No podrían haber...
- Los niños son los peores de todos - dijo - Al menos los adultos juzgan en
silencio.
- ¿Y entonces?
- Durante los primeros tres años, no tuve otra opción. Era pobre, obligado a
limpiar pisos y lavar ventanas en el momento en que no estudiaba para pagar
los extras que la matrícula no cubría, y ellos podían oler mi necesidad de
fondos - Sonrió, perdido en el recuerdo, y ella pudo ver al joven Alec allí, el
pequeño niño solo y desesperado por compañía. Fue algo que Lily entendió
profundamente.
Algo que ella nunca desearía para otra persona.
- King fue el único niño que no fue cruel.
Las palabras hicieron que deseara que el marqués de Eversley estuviera
allí, para poder agradecerle por su antigua amabilidad. Pero tenía la sensación
de que la historia no terminaba con los dos niños como felices compañeros.
Alec estaba inclinado hacia adelante, con los codos sobre las rodillas, la
cabeza inclinada, como si se estuviera confesando.
El corazón de Lily latía con miedo por el chico que una vez fue. Y no
pudo contenerse:
220
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- ¿Qué pasó después de tres años?
Él dio un pequeño bufido de risa sin humor.
- Crecí - La confusión creció en Lily, mientras él sacudía la cabeza y le contaba,
sin mirarla, la historia a sus manos, grandes, cálidas y bien juntas - Más de
treinta centímetros en pocos meses. Más alto que ninguno de ellos. Más ancho,
también - Hizo una pausa y luego la miró - Duele, ¿lo sabías? Crecer.
Ella sacudió su cabeza.
- ¿Cómo?
Esa sonrisa otra vez, la que hizo que quisiera abrazarlo hasta que fueran
viejos.
- Físicamente. Te duele. Como si tus huesos no pudieran caber en tu cuerpo.
Pero ahora que me preguntas, supongo que también duele de cualquier otro
modo: hay una aguda sensación de que donde has estado ya no estás. Y
ciertamente que no hay nada como hacia dónde vas - Se detuvo, y luego
susurró: - Y no había nada como a dónde yo iba.
- Alec.
Continuó como si ella no hubiera hablado, como si, si se detuviera, no
podría volver a empezar. Lily apretó los labios y se obligó a escuchar.
- Pasaron de juzgarme, de burlarse de mí, de burlarse de mi propia
existencia… a detestarme. Porque ya no podían dominarme. Ahora, yo era el
que dominaba. Yo era el…
Ella lo detuvo. Sabía las palabras que venían. Las había oído en sus
labios una docena de veces. Sus manos se estrecharon fuertemente.
- No lo digas. Lo odio.
Luego se encontró con su mirada, y ella también vio cuánto él las
odiaba.
- Es por eso que tengo que decirlo, Lily - dijo en voz baja - Porque es oportuno.
Porque soy el Bruto escocés.
Ella sacudió su cabeza.
- No lo eres, sin embargo. Nunca he conocido a un hombre que lo sea menos.
- Rompí una puerta la primera vez que nos encontramos.
Con emoción recordó la fuerza de su voluntad.
- Porque deseabas llegar a mí. Para protegerme.
Por un momento, pensó que lo negaría. Pero, en cambio, la miró
profundamente a los ojos y con toda honestidad le dijo:
- Deseaba protegerte.
- Y tú lo has hecho.
Apartó la vista y su mirada se posó en las medias que cubrían el borde
de su cama, que había dejado allí antes de huir días atrás.
- No lo hice, sin embargo. Nunca he sido capaz de hacerlo.
Ella enredó sus dedos en los suyos, fuertemente.
- Te equivocas.
- Tuviste que hacerlo todo tú misma.
- No - dijo ella, obligándolo a mirarla a los ojos - ¿No lo ves? Me has dado la
fuerza para hacerlo. ¿Querías darme libertad? ¿Elección? Lo hiciste. Una y
otra vez. Sin Ti…
Él negó con la cabeza, deteniéndola.
- Yo fui un bruto, Lily.
- No lo fuiste - dijo ella - Te lastimaron. Sólo contraatacaste.
221
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- De hecho, luché. Como un maldito demonio. Quería que todos supieran que
ya no era su juego. Que si vinieran por mí, se arriesgarían a perderlo todo.
Ella asintió, orgullosa del niño que había sido. Sabiendo que no debería
desearle dolor a un grupo de niños, pero agradecida de que hubiera
encontrado una forma de ganarles.
- Bien.
Él rió de nuevo, bajo y sin sentido del humor, y negó con la cabeza.
- No lo pensarás cuando oigas el resto.
Intentó apartar sus manos de las suyas, pero ella no se lo permitió. Al
contrario, lo apretó más fuerte.
- No. - Levantó la mirada, con sorpresa y algo mucho más inquietante en sus
ojos. Algo así como miedo. Ella sacudió la cabeza - Estás aquí. Y estoy contigo.
Ella vio que las palabras lo golpearon y sintió la profunda respiración que
tomó. Lo vio calcular como devolver el golpe.
- Los muchachos no pudieron pelear conmigo y ganar - dijo en voz baja - Y
entonces sus hermanas terminaron el trabajo.
Ella era la cosa más hermosa que había visto en su vida, y podía
quedarse allí sentado hasta el final de los tiempos, mirándola. Pero la amaba
demasiado como para retenerla, así que le dijo la verdad, sabiendo que la
alejaría. Sabiendo que le probaría que no era para ella. Que podría encontrar
otro, infinitamente mejor.
"Podrías hacerla feliz, si decides hacerlo."
Las palabras de Stanhope eran la peor clase de falsedad. Hacerla feliz.
El que era capaz de arruinar a un hombre, y a la mujer a la que juró proteger.
Cuando su frente se arrugó por la confusión ante sus palabras, se lo dijo
nuevamente, más claro.
- Mi escuela fue pagada, pero todo lo demás costaba dinero. Comida. Bebida.
Ropa de cama. El lavado. Y el trabajo que había hecho hasta el momento para
ello, de repente no estaba disponible; sin duda los cocineros y los limpiadores
de la escuela habían pagado bien para olvidar que existía. No podría sobrevivir
sin fondos.
El recuerdo de aquellos meses, desesperado, hambriento y enojado,
yaciendo en la oscuridad, preguntándose qué vendría después, volvió.
- King me escabullía comida y ponía mis camisas entre su ropa sucia de vez en
cuando, pero era orgulloso y sentía como si fuera...
- Amistad - susurró - Era amistad.
Lo había sido. King siempre lo había apoyado. Pero…
- Se sentía como caridad.
Ella asintió, y él vio la comprensión junto con la tristeza en sus ojos.
Junto a la pena.
- Es difícil creer que merecemos algo mejor.
¿Ella no lo veía?
- No nos compares. Nunca fuiste...
- ¿Qué?
La frustración en la pregunta lo partió. Él se levantó, obligándola a que lo
soltara, no pudiendo soportarlo. Estar aquí, en la pequeña habitación de Lily,
222
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
era lo peor. Cada palabra estaba envuelta en ella, e incluso mientras caminaba,
apenas podía moverse, su tamaño reducía el espacio a un paso. Dos.
Finalmente, se detuvo y se pasó las manos por el pelo. Dejó escapar un
largo suspiro y dijo:
- Peg vino a mí cuando yo tenía quince años - recordaba todo aún con solo
pronunciar su nombre. - Fue en el feriado de San Miguel.
- Siempre es San Miguel - dijo en voz baja, y él no entendió. Ella no le dio la
oportunidad de preguntar - Sigue.
- Era la hermana mayor, muy hermosa de otro chico. Me estaba escondiendo
de las familias que habían venido de visita, diciéndome a mí mismo que
necesitaba estudiar.
- Pero simplemente estabas tratando de ignorar lo que no tenías.
Él la miró.
- Sí.
Ella sonrió, con una sonrisa pequeña y triste.
- Sé bien lo que se siente.
Ignoró la comparación. Continuando con su historia…
- Ella me siguió. No había nadie en la biblioteca… y luego ella llegó.
La mirada de Lily se redujo.
- ¿Qué edad tenía ella?
- Era lo suficientemente vieja como para haber tenido una temporada. Lo
suficientemente vieja como para saber qué matrimonio sería ideal para ella.-
Pensó en Lord Rowley, libertino y rico como un rey - Ella vino a mí y me
ofreció…
- Puedo imaginar qué.
- No puedes, hacerlo. - Esto era lo que tenía que decir en voz alta. Era lo único
que la convencería de que no eran el uno para el otro. Que nunca sería digno
de ella - Cuando todo terminó, hice lo que se esperaba que hiciera. Le dije que
buscaría a su padre y que me casaría con ella.
Lily estaba absorta, y él lo detestaba, la forma en que lo veía. La forma
en que ella lo entendía más de lo que nadie lo había hecho nunca.
- Ella me rechazó. - se dio vuelta y miró por la ventana, los oscuros tejados de
Londres - Ella se rió - Hizo una pausa, su propia risa sin humor llegó justo
después de las palabras - Por supuesto que ella se rió - Pasó una mano por su
cuello, deseando estar en cualquier lugar menos allí, reviviendo ese sórdido
pasado - Ella era hija de un vizconde. Pensaba casarse con un conde. Y yo era
pobre, sin título y escocés. Y un maldito tonto.
- No - susurró Lily.
Él no giró. No podía. En cambio, habló a la ciudad más allá.
- Ya no soy pobre - Estaba perdido en el recuerdo - Ella me pagó diez libras.
Era suficiente para un mes de comida.
- Alec - Ella estaba detrás de él ahora. Se había levantado de la cama, y él
podía escuchar la desesperación en su voz. Tuvo que volverse hacia ella. Para
mirarla. Para mostrarle la verdad.
Y así lo hizo, viendo las lágrimas en sus ojos, odiándolas. Amándolas.
Qué vida diferente hubiera sido si hubiera sido Lily quien lo hubiera encontrado
en la biblioteca hace tantos años. Y en cambio…
- Ella envió a sus amigas después de eso. Chicas aristocráticas que deseaban
tener la oportunidad de jugar en el fango. De saciar su sed de mugre.
Montando al bruto escocés.
223
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Él vio como las palabras la golpeaban. Se odió a sí mismo por hacerlo,
incluso mientras se obligaba a terminar.
- Pagaron mi paso por la escuela. Y yo jugué a la puta. Supongo que debería
estar agradecido de que, como hombre, nunca fui la vergüenza que sería si
hubiera sido una mujer. Fui reverenciado. Susurraban mi nombre como si fuera
el juguete favorito. Una fantasía fugaz. Peg solía decir que era el principio
perfecto y el posible peor final.
- No me importa lo que ella pensara - dijo Lily.
Peg no era el punto. Señaló el baúl contra la pared. Volviendo al punto
de nuevo.
- Cuando te digo que no soy digno de ti, no es un juego. No es una falsedad.
Esas ropas blancas prístinas, esos dobladillos que has bordado con amor y
dedicación, las malditas botas con sus pequeñas suelas de cuero… son para
los hijos de otro hombre. El vestido. Es para que otro hombre lo aparte de ti. Un
hombre infinitamente mejor que yo.
Él le suplicó que entendiera.
- ¿No lo ves, Lily? No soy el hombre con el que te casarás. Yo soy el otro. El
bruto del que te arrepentirás. Pero ahora, puedes tener otro. El hombre que te
mereces - Señaló la pintura - Esa cosa… la pintura que habrían usado para
destruirte, ya no es tu ruina. Y ahora, puedes elegir un camino diferente, lejos
del escándalo. Cualquiera que sea el que desees. ¿No lo ves? La libre elección
es lo único que puedo darte.
Ella abrió la boca para responder y él levantó una mano en el aire,
rogándole que guardara silencio.
- No lo hagas. No me elijas. ¿Cómo no puedes ver la verdad? Nunca seré para
ti. Ni siquiera pude… llegué a Londres con una sola tarea, protegerte. Y no
pude hacerlo. No podía alejarte de ellos. De los chismes. De Hawkins. Querido
Dios, estabas totalmente agotada en Rotten Row. Y eso fue antes de que me
aprovechara de ti. Nunca debería haberte tocado.
Esperó que llegara la comprensión.
El juicio.
Verla huir.
Cuando se movió, se preparó para verla alejándose. Excepto que ella no
se fue. En cambio, fue hacia él. Alec dio un paso atrás, desesperado por
evitarla, demasiado roto para tocarla. Pero la habitación era demasiado
pequeña y ella era una oponente colosal.
No lo tocó.
Peor.
Alzó la mano y se quitó los alfileres del cabello, dejándolo caer sobre sus
hombros como seda castaña.
Su boca se secó y su mirada se entrecerró antes de escucharla decir:
- Tengo algo que decir ahora, si pudiera.
Como si él pudiera detener a esta princesa guerrera, vestida como un
carterista, a punto de robarle su maldito corazón.
- Es una gran falacia, ya sabes. El concepto de que el primero es el más
significativo. Que el segundo lo es. Que cualquiera de los siguientes lo son.
Que las circunstancias de esos primeros encuentros significan algo más que el
que elegimos para siempre. Es la mentira que el mundo nos dice, pero me has
enseñado a descubrirlo.
Ella lo miró, el amor en sus ojos le robaba el aliento.
224
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- He escuchado tu historia. Y ahora es hora de que escuches la mía. Cuando
sea vieja, Alec, y mire hacia atrás en los recuerdos desvaídos de mi vida,
¿quieres saber en lo que voy a pensar? No será en él. Y cuando piense en mi
escándalo, lo agradeceré, ya que me habrá traído hasta ti. Pero no pensaré
mucho en eso, porque estaré demasiado ocupada pensando en ti. En los días
que discutimos y las noches que deseé que pudiéramos ser felices. En las
horas que pasé envuelta en tu plaid. Envuelta en ti. En la forma en que me
miras, como si nunca hubiera habido otra mujer en el mundo…
Y no había habido. No para él. Ella puso su mano en su pecho, donde su
corazón latía desbordado.
- …En la forma en que me has abrazado. Y en la forma en que te he amado.
Entonces dime, Alec Stuart, el hombre hecho a sí mismo, convertido en duque,
fuerte, amable y brillante sin medida… - Iba a destruirlo con sus palabras y su
mirada - …cuando sea viejo, ¿en quién pensará?
Y de repente, era la única pregunta que importaba.
- En ti - dijo, alcanzándola. O tal vez ella lo alcanzó. No importaba, ya que
estaban uno en brazos del otro.
Y era verdad. Él la pensaría.
- Siempre en ti. Siempre.
Incluso si esta noche era todo lo que tenían.
- Nada importa - dijo Lily, las palabras fuertes contra sus labios - Ni el pasado,
ni las mujeres, ni el escándalo. Nada de eso importa cuando estamos aquí, así
y nos tenemos el uno al otro - Y entonces ella lo estaba besando, y él la estaba
levantando en sus brazos y sus piernas estaban envueltas alrededor de él
como si perteneciera allí.
Y ella lo hacía.
Sin romper la caricia, la apoyó en la cama para que se sentara en el
borde de la misma y se arrodilló a su lado. Ella soltó sus labios y se apartó.
- No - dijo ella - No te quiero de rodillas.
- Te gustará cuando te muestre todas las cosas que pretendo hacerte desde
esta posición en particular - dijo, sus labios encontrando la suave y cálida piel
de su cuello antes de subir hasta la línea de su mandíbula y el lóbulo de su
oreja - Déjame aquí para adorarte, amor. Y haré que valga la pena.
Él tomó sus labios otra vez, amando el pequeño suspiro que ella soltó, la
forma en que se relajó ante el toque, como si no pudiera resistirse a él.
Como si él fuera tan irresistible, como ella lo era para él.
La caricia se demoró hasta que las manos de Lily cayeron sobre sus
hombros y lo empujó hacia atrás, nuevamente, poniendo espacio entre ellos.
- No te quiero de rodillas, Alec - repitió - Te quiero… - Sus manos se enredaron
en su cabello.
- Estoy contigo, amor. No podría estar en ningún otro lado.
Ella sacudió su cabeza.
- No lo entiendes - Se inclinó hacia atrás - No te quiero a ti conmigo. Nos quiero
el uno junto al otro.
Cuando finalmente entendió las palabras, fueron como un golpe en el
costado de la cabeza. Él se sentó sobre sus talones, en el piso de la pequeña
habitación debajo de las escaleras, y la observó durante un largo momento, y
cuando el color inundó sus mejillas, ella dijo:
- ¿Ves, amor? Nos quiero juntos.
Ella los quería iguales.
225
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
No un guardián y su pupila.
No un duque y una señorita.
Y no el otro…
Tragó saliva, incapaz de encontrar otras palabras más que
- Ya veo.
Ella una vez más lo había sorprendido.
Vio la verdad en él y sonrió, con una sonrisa amplia y alegre, antes de
arrodillarse en la cama, quitándose el abrigo y la camisa que había usado como
disfraz esa noche, como si se hubiera quitado la ropa de hombre de su persona
docenas de veces antes de esa, revelando sus senos altos, hermosos, suaves
y perfectos como melocotones y crema fresca.
Se le hizo agua la boca, y fijó su atención en su cabello castaño,
cayendo en cascada alrededor de sus hombros. Y luego ella alcanzó la cintura
de sus pantalones.
Él la miró durante un largo momento, sus párpados se llenaron de deseo
y antes de que no pudiera evitarlo le dijo:
- Para - gruñó, su mirada clavada en esos largos y hermosos dedos que se
detuvieron sujetando sus pantalones.
Ella paró.
Se pasó el dorso de una mano por la boca, doliéndole. Sintiendo miedo
de ella.
- ¿Vas a hacerlo tú? - Susurró.
Con esfuerzo, levantó su mirada hacia ella.
- ¿Hacer qué?
Ella le sonrió, no la sonrisa coqueta que había visto antes en muchas
mujeres en esta situación en particular, sino algo mucho más peligroso: parecía
feliz. Jubilosa. Ansiosa.
"Podrías hacerla feliz si decides hacerlo."
Apartó el pensamiento. Él no quería a Stanhope aquí. Y cuando ella
habló, el conde era lo más alejado de su mente.
- ¿Me vas a decir lo que quieres que haga?
Fue asaltado por cientos imágenes, por cientos de ideas de lo que le
gustaría que hiciera por él. Que le hiciera a él. A ella misma. Devolvió su
atención a los pantalones, una media docena de botones en el camino de lo
que quería. Y él hizo lo que le pidió.
- Quítatelos.
Su sonrisa se volvió completamente satisfecha.
- Con placer.
Los pantalones se habían ido atravesando la habitación antes de que él
tuviera tiempo de apreciar su habilidad con los botones, revelando unas piernas
desnudas que prometían pecado y salvación al mismo tiempo.
Se recostó en la pequeña cama, un brazo largo cubriendo sus pechos, y
el otro cortando una franja en su hermoso y redondeado estómago, la mano
cubriendo el lugar que él deseaba más que nada en el mundo.
- Adelante, Su Gracia - bromeó, sabiendo que con cada respiración, con cada
movimiento, con cada sonrisa deslumbrante, ella lo estaba enloqueciendo de
deseo - ¿Qué hago ahora?
- Ábrete para mí - La orden la sorprendió, lo notó cuando sus labios se abrieron
en una impresionante inhalación asombrada. Por un momento, pensó que
226
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
había ido demasiado lejos. Y luego lo hizo, extendió sus hermosos muslos en
la estrecha cama. Sin embargo, ella no movió su mano.
Él levantó una ceja.
- Picarona.
Ella sonrió.
- Tendrás que ser más específico acerca de tus deseos, Su Gracia.
Ella era magnífica.
- Te deseo - dijo.
La sonrisa se ensanchó, pero la mano no se movió.
- Mucho más específico.
Se paró y se desabrochó el alfiler en su hombro, sosteniendo el plaid en
su lugar, los ojos de Lily se abrieron de par en par y sus dedos se tensaron
apenas, tanto que uno podría no haberse dado cuenta. Uno podría no darse
cuenta, si uno no estuviera completamente fascinado con la mujer en cuestión,
duro, ardiente y desesperado por ella.
Estaba desnudo en segundos, su polla dura y dolorida por ella.
Sus ojos se agrandaron nuevamente, y ella, maldita sea, ella se lamió
los labios, su mirada se concentró en él.
- Más específico, incluso, que eso.
- Deseo que muevas tu mano, muchacha - dijo, acercándose a la cama y
mirándola, deleitándose en su gloriosa desnudez - Para que pueda mirarte más
de cerca.
Ella levantó una ceja.
- ¿Solo una mirada? ¿Es algún tipo de táctica escocesa?
Sus labios se crisparon ante sus burlas y dejó que su voz se hiciera
cargo.
- Una vez que te haya visto, muchacha, si tienes suerte, podría tocarte, y una
vez que te haya tocado, puedes apostar que voy a degustarte.
Ella se rió entonces, salvaje y libre, como las Tierras Altas.
- Creo, Sr. Stuart… - susurró, moviendo su mano, revelando una mata secreta
de cabello castaño rojizo, impresionante - …que si me tocas, serás tú quien
tenga suerte.
Y ella tenía razón. Él era el hombre más afortunado del mundo.
Por una noche.
Para honrar esa buena fortuna, se acostó a su lado y procedió a hacer
todo lo que había prometido, susurrándole todo el tiempo, revelando sus
secretos en la pequeña habitación mientras le hacía el amor.
- Tan suave - le dijo al oído, sus labios se posaron sobre la suave piel de su
cuello - Tan mojada - Él la lamió, el lóbulo entre sus dientes mientras deslizaba
un dedo por sus pliegues, empapados con su deseo - Tan cálida - dijo, ese
dedo deslizándose profundamente y volviendo una y otra vez, girando,
acariciándola y halagándola hasta que se retorció debajo de él, momento que
aprovechó para moverse hacia su pecho.
Lamió, largo y lento, antes de tomar la punta entre sus labios y chupar,
suave y rítmicamente, al ritmo de los movimientos de su mano, y ella se levantó
de la cama como si hubieran tirado de una cuerda, una mano se enroscó en el
cabello de Alec, y la otra encontró su mano, sujetándola fuerte y segura abajo,
ralentizándolo hasta que ella montó su clímax hasta un glorioso final.
227
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Y fue glorioso. Estaba rosada de placer. Y cuando descendió, suspirando
su nombre y abriendo los ojos para encontrarse con los suyos, pudo ver que
sus pensamientos se habían revuelto.
Lily arrastró su boca hasta la de él una vez más, besándolo lenta y
profundamente. Cuando lo liberó, él dijo:
- Lo deseo de nuevo.
Sus ojos se abrieron de par en par y sus labios se curvaron en una
pequeña O. Él se movió, esta vez separando sus muslos con los hombros y
subiéndola hasta su boca con un brazo, convirtiéndola en su banquete. La amó
con sus manos y su boca hasta que se separó en sus brazos, su nombre
primero un susurro y luego un grito en sus labios.
Y cuando ella colapsó una vez más en un montón sobre la cama,
presionó suaves besos en su estómago y susurró:
- Tú, Lily. Siempre serás tú. Todo. Siempre. Tú - hasta que su respiración volvió
a la normalidad y él gruñó - De nuevo - antes de presionar su boca en el centro
de ella, donde brillaba, cálida, rosada y saciada.
- Alec - suspiró, apenas capaz de encontrar las palabras - Por favor. Amor.
¿Qué hay de ti?
Había algo en esas palabras que le dieron más placer que el sabor de
ella en sus labios, que el sonido de ella en sus oídos y que la sensación de ella
en sus manos.
Una última vez.
- Una vez más - dijo - Una vez más - Y le hizo el amor con movimientos lentos y
suaves, suaves y lentos, honrándola. Adorándola. La complació hasta que ella
encontró el compás una vez más, moviéndose al ritmo de sus caricias, para
obtener su propio placer. Y ella acabó, dura, larga y magnífica, sus manos en
su cabello y su nombre en sus labios.
Esto.
Esto era lo que recordaría cuando fuera viejo.
Él la había arruinado con placer.
Estaba hecha pedazos en la cama, sin capacidad para moverse o
incluso para pensar, él se acercó para tumbarse a su lado y abrazarla mientras
ella temblaba, débil por sus manos, boca y palabras. Ella se volvió hacia él, sus
grandes y cálidos brazos la rodearon.
- Me traicionaste - le dijo a su amplio pecho, frotando su mejilla sobre el suave
pelo allí, incapaz de convocar la energía para decirlo con más convicción -
Debíamos estar el uno con el otro.
- Y lo estábamos.
Ella sacudió su cabeza.
- No tomaste tu placer.
Él presionó un beso en su frente.
- Esa fue la experiencia más placentera de mi vida, amor. Duerme.
Las palabras retumbaban bajo su oreja. Como si pudiera dormir con él
allí, con su dura longitud contra su muslo como una promesa. No iba a dormir.
No hasta que él hubiera recibido su placer tan abiertamente y tan a fondo como
ella.
No hasta que ella se lo hubiera dado.
228
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- No - susurró, pasando su mano sobre los planos de su pecho, disfrutando de
la forma en que los músculos de su torso se apretaban bajo su toque, y él siseó
su deseo - Tengo otros planes.
- Lily - pronunció su nombre a la luz parpadeante de la vela, su mano se acercó
a la de ella, deteniéndola en su camino, justo cuando sus dedos encontraron el
lugar donde el cabello suave se volvía más espeso - No tienes que hacerlo…
Ella volvió su rostro hacia su calidez, presionando un suave beso sobre
la piel de su pecho. Y otro. Y otro, hasta que su respiración se hizo más fuerte y
pudo sentir el pulso profundo de su corazón bajo sus labios. Solo entonces
deslizó su lengua en un pequeño círculo, honrándolo, adorando la forma en
que se apretaba como una cuerda al tocarla.
Ella se movió, sus labios se deslizaron por su cuerpo, sobre su torso. La
mano libre de Alec cayó sobre su pelo mientras pronunciaba su nombre bajo,
oscuro y maravilloso.
Se imaginó que tenía la intención de detenerla, pero cuando estaba
lamiendo los planos de su estómago, respirándolo, y temblando al tocarlo, se
olvidó de detenerla, gracias a Dios.
Ni siquiera cuando ella movió su mano, deslizándola, despejando el
camino hacia el lugar al que desesperadamente quería llegar.
Ella se reclinó hacia atrás, deleitándose en su tamaño y en su fuerza,
gloriándose en el hecho de que él era de ella en ese momento, mientras su
boca se llenaba de saliva y sus dedos picaban por reclamarlo.
Luego recorrió con los labios su dura y tensa longitud, respirando su
nombre, y mientras él se arqueaba en la cama con una infame maldición, ella
se deleitaba con el poder que él le había dado. La fuerza. El orgullo de que
este hombre no era solo suyo, sino que estaba a punto de darle todo lo que
deseaba.
Ella le lamió la punta, la sal y el dulce de él la tentaban incluso más
mientras gemía su nombre y sus manos se posaban en ella. Los dedos se
deslizaban por su cabello, no tiraban ni la apartaban, sino que la acunaban con
una dulzura casi insoportable…
- Una vez más - le susurró sus palabras, y el gemido se hizo más profundo, sus
dedos se flexionaron mientras ella separaba los labios y lo tomaba lenta y
profundamente, adorando la sensación de sentirlo. Su fuerza. El deseo que se
amotinaba a través suyo.
Y a través de ella, también, mientras dejaba escapar sus gemidos en un
eco perverso y tentador de lo que había experimentado minutos antes.
Nunca en su vida había deseado algo más que el placer de Alec, y ese
deseo la llevó aún más lejos, lamiendo, chupando y atrayéndolo tan
profundamente como pudo, jugando con la velocidad y las sensaciones,
encontrando los lugares que parecían volverlo loco e intentando,
desesperadamente, enviarlo al límite.
Sus manos se apretaron en su cabello.
- No puedo… Lily… Por favor… Si no paras… No podré… - Las palabras
fueron un gruñido, profundo y feroz - Lily.
- No quiero que te detengas - le susurró a la palpitante y hermosa punta de él -
No quiero que te contengas. Quiero que me lo des. Todo. Déjame deleitarte.
Alec susurró su nombre, oscuro y pecaminoso en la pequeña habitación,
y Lily vibró por su poder. Por su pasión. Por su propio deseo mientras chupaba
más profundamente, lamiendo, encontrando un ritmo que los llevó a ambos al
229
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
borde, una cadena de maldiciones en gaélico en sus labios mientras se
entregaba a ella, a la pasión, y finalmente, finalmente, con su nombre en los
labios, explotó en su boca.
Ella se quedó en él, adorándolo mientras disfrutaba de su placer, antes
de finalmente levantarla para acostarla con él, estrechándola en sus brazos,
pasando sus manos sobre su piel desnuda, susurrando palabras de su
hermoso lenguaje gaélico contra su cabello, intercalando las palabras con
suaves y persistentes besos hasta que ella se estremeció y él los cubrió con
una manta.
- Eso fue…
Las palabras apenas estaban allí, un susurro debajo de su oreja, un
pensamiento incompleto. Ella sonrió, besando en el pecho.
- Estoy de acuerdo.
- Lily - susurró él, esas enormes manos todavía en movimiento, cubriéndola de
calidez, amor y seguridad - Mi Lily.
Ella cerró los ojos y suspiró.
- Tuya.
Sus manos se detuvieron ante la palabra, apenas, lo suficiente para que
ella se removiera ante el cambio, y él comenzó de nuevo, largos y lánguidos
deslizamientos, que la tentaron con una comodidad que nunca antes había
experimentado.
- Duerme - dijo, y había algo en esa palabra, suave y áspera que envió un hilo
de inquietud susurrando a través de ella, pero estaba demasiado agotada para
considerarlo. Demasiado unida a él para poder pensar en un momento en el
que él podría no estar con ella. Tocando cada parte de ella.
Sus manos la acariciaban una y otra vez, hasta que evitar el sueño se
convirtió en una imposibilidad. Lily cerró los ojos y se apretó contra él con una
súplica final y suave.
- Quédate. Por la mañana comenzaremos de nuevo - Y luego, desde el borde
del sueño. - No me dejes. Quédate conmigo.
Se mío
Ni dos horas después, se despertó en la oscuridad, fría y sola bajo las
sábanas de su cama en Berkeley Square. Las cortinas estaban abiertas, pero
la noche londinense más allá estaba oscura como el hollín, la oscuridad que
precede al amanecer.
Se sentó para encender la vela en la mesita de noche, sabiendo incluso
antes de que la chispa se convirtiera en llama, lo que encontraría.
Él se había ido.
Llegaron las lágrimas, desesperadas e inevitables mientras miraba
alrededor de la habitación, esta habitación que había elegido porque una vez
había estado tan sola, y ahora estaba bastante llena con el recuerdo de él. De
su toque. De sus besos. De su pasado y la forma en que lo destruyó, incluso
cuando lo convirtió en el hombre que era.
Él la había dejado.
Arrojó sus pies sobre el borde de la cama y Hardy se despertó, su
ladrido de sorpresa despertó a Angus, quien dormía en el umbral de la
habitación.
La sorpresa la golpeó. Los perros estaban aquí. Él no se había ido.
Y aun así, el hilo de la certeza se mantuvo.
230
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Puso una mano en la gran cabeza de Hardy, mirando fijamente a los
ojos conmovedores del perro.
- ¿Dónde está él?
Hardy suspiró anhelante, y Lily entendió el patético sonido mejor que
cualquiera que hubiera escuchado en su vida.
Él se había ido. Sin duda, pensando que ella estaría mejor sin él.
Sin duda, pensando que ella podría vivir sin él.
Fue entonces cuando vio la carta. Sobre el escritorio, apoyado junto a la
pintura todavía cubierta, había un sobre de un familiar color crudo. Le había
dejado una nota, escrita en su propio papel. Apoyado en un par de botas para
bebé, las que tienen suela de cuero rojo.
Él la había dejado.
Temiendo la verdad, Lily alcanzó el sobre, su nombre en hermoso trazo
negro en el frente.
Lo abrió.
"La dote es tuya. El dinero que te corresponde hasta hoy, también. Y, por
supuesto, la pintura, para hacer con ella lo que desees. Te estoy dejando a
Angus y a Hardy; te han amado desde el principio, y podrán protegerte mejor
que yo. No es que los necesites. Siempre has sido lo suficientemente fuerte
como para mantenerte a salvo.
Eres la mujer más gloriosa que he conocido, hermosa, apasionada y
poderosa sin medida, y ningún hombre será digno de ti, especialmente yo. Una
vez me pediste libertad, Lily, y aunque he sido un guardián terrible, hoy puedo
darte eso. Libertad para dejar este lugar o permanecer en él. Para ser una
reina en Londres y en el mundo. Para tener la vida que querías. La vida que
soñaste. Los niños, el matrimonio, los pequeños pies que se ajusten a estas
tontas botas rojas.
Lo que sea que elijas.
No dudes que pensaré en ti, Lily. Entonces y ahora.
Feliz cumpleaños, mo Chridhe.
Alec"
Sus palabras nadaron entre lágrimas.
Él la había dejado.
Lillian Hargrove había estado sola la mayor parte de su existencia.
Desde el momento en que perdió a su padre, ella había vivido bajo las
escaleras de los sirvientes de una mansión ducal, entre el brillante mundo de la
aristocracia y la gente más común y ordinaria. Había aprendido a estar sola
aquí, en esta habitación, en esta casa, viviendo una tranquila vida media, que
carecía de la promesa de cumplir sus sueños, y con un escándalo que incluso
amenazaba esa vida.
Y entonces, Alec Stuart había roto su puerta y había jurado protegerla.
Y su vida había cambiado.
Y sus sueños habían cambiado. Ahora, ellos eran solo sobre él. Y él
pensaba que no era digno de ellos.
Toda su vida, había estado aterrorizada por la soledad. Por vivir sus
años sin nadie con quien compartirlos. Y ahora, sabía la verdad, que cambiaría
toda una vida de soledad que una vez la había amenazado, por un día con
Alec. Sin dudarlo.
Para ser un hombre inteligente, el duque de Warnick era un tonto.
231
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Él la había dejado. Como Endymion, eligiendo una eternidad de sueños
para toda la vida, con la diosa que amaba. Hubo un tiempo en que Lily pensó
que entendía la elección. Después de todo, los sueños pueden sentirse
terriblemente reales.
Pero ahora, ahora que ella lo había tenido en sus brazos, que había
reído con él y que lo había amado, los sueños no eran nada en comparación
con la realidad.
Su mirada se posó en la pintura, envuelta en tela, apoyada en el cofre
donde alguna vez había guardado sus sueños, sueños que ella había creído
destruidos por el escándalo.
Escándalo que lo había llevado a ella.
Escándalo que él le había enseñado a soportar, sin vergüenza.
No podía dejarla. No cuando lo necesitaba tanto. No cuando lo amaba
tanto.
No cuando él se había convertido en sus sueños.
Si quería que usara esas pequeñas botas, él mismo tendría que
llenarlas.
232
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Capítulo 22
¡LILY COLOCÓ DESNUDO! ¿MUSA APRECIADA INDEBIDAMENTE?
Todo Londres había elegido asistir a la última mañana de la Exposición
Real, ¿y por qué no? La leyenda sobre la obra maestra de Derek Hawkins
había sido anunciada a través de los periódicos, por toda la ciudad, gritada por
los pregoneros y susurrada en los salones de baile.
Sin embargo, no era la obra de arte lo que Londres vino a ver; era el
escándalo.
La Encantadora Lily, revelada.
- Es horrible, realmente, lo que hizo - escuchó Alec mientras se abría paso
entre la multitud - Ninguna chica se merece eso - En la superficie, las palabras
parecían amistosas, pero traslucían una alegría tan salaz que Alec apretó los
dientes.
- No debería haber posado para ello si no deseaba que se hiciera público - fue
una respuesta totalmente desdeñosa, y se dio cuenta de que asistir a la
exposición podría haber sido una mala idea, porque quería asesinar a todas las
personas que hablaban mal de Lily.
Era fácil arrojar piedras al escándalo cuando las propias intrigas seguían
siendo secretas.
Se abrió paso entre la multitud, hacia la sala de exposiciones.
- Y allí - dijo una mujer cercana lo suficientemente fuerte para ser escuchada,
pero lo suficientemente suave para fingir que no era para que la escuchara - El
guardián.
- Uno terrible, parece - dijo otro con una alegre risita - ¿Y estamos
sorprendidos? Mira al hombre. Vestido como un bárbaro. Hay damas presentes
y podemos ver sus rodillas.
- Y qué hermosas rodillas - respondió la primera, con sus palabras llenas de
insinuaciones.
No era la insinuación más ofensiva que había escuchado expresar,
considerando que estos dos estaban tan enojados con su mera presencia, pero
Alec dejó pasar el comentario. No podía matar a todos los chismosos de
Londres, sin importar lo mucho que le gustaría. En menos de una hora, estaría
dentro de su carruaje, marchando por la Gran Carretera Norte, hacia casa.
No a Casa.
Él nunca estaría otra vez en casa. No mientras Lily estuviera en otro
lado.
Se aclaró la garganta ante la idea. No, en casa no.
Inglaterra había sido su ruina, y hoy no era diferente. De hecho, los
últimos diez días no habían hecho otra cosa más que mostrarle lo real que
había sido la maldición de su padre.
No importaba que dejara a la mujer que amaba.
"Todos los que he amado se han ido.", le había dicho al principio de todo
esto, cuando él la había convencido de quedarse. Para enfrentar a Londres.
Para casarse con otro. Cuando la persuadió de que la salvaría, prometiéndole
encontrar a un hombre a quien ella pudiera amar. Un hombre que no la
ensuciara con su pasado, y que le daría todo lo que ella siempre había soñado.
233
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Sí. Alec la había dejado. Pero, para que tuviera una vida mejor. Una que
le permitiera abrir ese maldito baúl para usar todas las cosas de adentro, si lo
deseaba. Una que le daría un héroe perfecto, caballeroso, una familia querida y
un felices para siempre.
Allí se detuvo. Él daría todo por ser parte de ese sueño.
Cuando llegó a Londres diez días antes, ella le había pedido la libertad
para elegir qué hacer con su vida. Y anoche él, se la había dado.
El salón estaba lleno de pared a pared como en una lata de pescado,
todos esforzándose por ver el estrado que estaba en la parte delantera de la
larga y atestada sala, y Alec nunca había estado más agradecido por su gran
tamaño. No tenía que esforzarse. Era lo suficientemente alto como para ver la
destrucción de Hawkins desde su lugar. Y a pesar de que deseaba empujar a
todos para llegar al frente y poner su puño en la cara del hombre, sabía que era
mejor ver la revelación de Jewel desde allí, yéndose en medio de la conmoción
y el revuelo que seguiría.
Entonces volvería a Escocia. En paz.
Y se olvidaría de este maldito lugar.
Mentiroso.
Se enderezó ante la idea y se cruzó de brazos.
- ¿Crees que está aquí para retar a Hawkins? - Dijo un hombre desde las
cercanías.
- Por el bien de Hawkins, espero que no. Mira al hombre.
- Hay una razón por la que lo llaman el Bruto escocés.
- Quizás él lo rete. - Esto último fue pronunciado con un soplo de anticipación.
Alec endureció su mandíbula. Los duelos eran para los niños exaltados.
Tenía otros planes para Hawkins. Mientras estaba allí, esperando que llegara el
aparatoso sinvergüenza, éste recibía un aviso de que su pertenencia al Club
The Fallen Angel había sido rescindida: Duncan West ciertamente tenía amigos
en lugares poderosos.
De manera similar, pronto se anunciaría que varios aristócratas
extremadamente ricos, incluido el duque de Warnick, estaban financiando una
nueva aventura teatral que competiría cara a cara con el Teatro Hawkins y le
dificultaría encontrar patrocinadores.
Pero aquí y ahora sería el peor de todos los castigos para Hawkins. Lo
golpearía duro y rápido, en su rostro arrogante y pomposo. Y por eso Alec
estaba aquí, para verlo.
Porque no podría tener a Lily, pero podría tener esto, su honor.
Y fue en ese momento que Hawkins, con cara de suficiencia, subió al
escenario junto con otro inglés, y la multitud se calmó, hasta que el único
sonido fue el palpitante corazón de Alec.
- Como saben - comenzó el hombre mayor - la Real Academia de Artes
selecciona una sola pieza para ser revelada el último día de la exposición
anual, una pieza que creemos es tan indicativa de la calidad del arte británico,
que irá directamente desde aquí al Museo Británico, y luego recorrerá el país.
Este año, el artista seleccionado para este gran honor es Derek Hawkins.
No mencionaba el hecho de que Hawkins había destruido una
reputación para lograrlo.
Sin mencionar tampoco el hecho de que Hawkins era un asno.
234
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Hawkins se pavoneó bajo la cautivada atención de la multitud, y se le
ocurrió a Alec que nunca había en la historia, un hombre que mereciera más lo
que se le venía.
Y luego Hawkins comenzó a hablar. Algo sobre ingenio. Acerca de su
regalo para el mundo. Acerca de su gran talento. Y luego dijo:
- Ojalá la modelo estuviera aquí, así podrían comparar a las dos y saber que mi
talento convirtió latón en oro más allá del valor.
Empobrecer al hombre no era suficiente.
Merecía morir lenta y dolorosamente.
- ¡Y así que, fanáticos adoradores, ya no sufrirán por más tiempo! - Dio un paso
atrás y, con un florido saludo dijo: - ¡Les presento, "belleza otorgada"!
Con el completamente arrogante título haciendo eco a través de la sala
de exposiciones, Alec en realidad encontró algo por lo que disfrutar esa
mañana. Porque cuando cayera el telón y se revelara Jewel, esa sonrisa
petulante se desmoronaría y Derek Hawkins se arruinaría.
La cortina cayó, y un alfiler caído pudo haber resonado en la silenciosa
sala, ya que miles de personas dentro estaban cautivadas.
No por Jewel.
Sino por Lily.
Ella devolvió la pintura. Y era una obra maestra.
Estaba recostada en un sofá, en una habitación oscura, con la luz
jugando sobre su hermosa piel, las curvas, los picos y valles de su glorioso
cuerpo realzado por hábiles pinceladas y colores que a la vez parecían
imposibles y absolutamente perfectos. Pero no fue su cuerpo lo que llamó la
atención de Alec. Era su rostro, la forma en que miraba directamente al
espectador, sin timidez ni vergüenza. Sin dudas. Como si el momento
representado implicara a dos personas solas: a Lily y al espectador.
Era una pintura que carecía de remordimiento. Y era de ella, más de lo
que sería jamás de Hawkins.
Ella devolvió la pintura
Por supuesto que sí. Era el acto de una mujer que no se avergonzaría.
Quién no se convertiría en un escándalo sin su consentimiento. Y a pesar de
que era impresionante, la pintura palideció en comparación con la mujer
misma, magnífica e incomparable.
Él se sintió profundamente orgulloso.
Él nunca la dejaría ir. No después de esto. No después de ver este acto
de coraje supremo, uno que lo inspiraría para siempre a igualarlo. Quería pasar
su vida a su lado, intentando ser el hombre que esta mujer, esta valiente mujer,
fuerte y hermosa, merecía. Era demasiado egoísta para dejar que otro la
tuviera.
Él no se iba a casa, a Escocia. Él se iba a casa con ella.
Y una vez que terminara de decirle exactamente lo que pensaba sobre
que ella anduviera arriesgándose en la noche de Londres, iba a recuperarla.
Porque, si la revelación de este retrato significaba algo, significaba esto:
su Lily estaba muy descontenta con él por haberla dejado.
Lo cual tenía perfecto sentido, por supuesto, ya que había sido un acto
de suprema estupidez.
Él se encargaría de ella. La convencería de que lo eligiera también, se
casaría con ella, y pasaría el resto de su vida dedicándose a ella. Con placer.
235
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Fue solo entonces, que paralizado por la impresionante pintura y el
profundo conocimiento de que palidecía en comparación con la mujer que
amaba, que recordó su promesa a Lily. La promesa que había hecho de nunca
mirar la pintura.
Ella tenía razón, por supuesto. No era para él.
Así como ella no era para el mundo.
En el instante en que se dio cuenta, Alec le dio la espalda al retrato.
Ya se estaba yendo hacia ella. Para encontrarla. Para casarse con ella.
Para amarla.
No tuvo mucho que recorrer, ya que ella estaba allí. Esperándolo.
Usando su plaid.
Se erguía alta y orgullosa como una diosa, sin importarle que estuvieran
a un paso de su desnudo.
Pero Lily no miró a la habitación. Ni al estrado. Ni a cualquier lugar,
excepto a él, y quería rugir su placer teniendo su atención inquebrantable.
Los deseos de ambos se dispararon a través de él, haciéndolo anhelar
levantarla en sus brazos y alejarla de los ojos curiosos de Londres. También
deseaba agarrarla y besarla hasta que ninguno de los dos pudiera pensar. Y
luego llevarla al vicario más cercano.
Él no tenía una licencia especial. Otra razón para detestar a Inglaterra.
Malditas amonestaciones.
Él no estaba para demoras.
Parecía que se dirigían a Escocia después de todo.
Sin embargo, resistió el impulso de llevarla de inmediato a su carruaje,
debido a la otra emoción que brillaba en sus bellos ojos grises.
Lily estaba furiosa.
- No quiero tu dinero - dijo, con los brazos en jarras, como si estuvieran en
cualquier lugar menos allí, frente a todo Londres. Como si media docena de
cabezas no se hubieran vuelto en el momento en que ella había hablado - No
quiero mi dinero tampoco.
Estaba enojada, pero había algo más allí. Algo así como miedo.
Lo odiaba; quería alejarlo. Dio un paso hacia ella, pero levantó una
mano, deteniéndolo con nada más que una mirada, como una reina.
- Y definitivamente no quiero tus perros.
Se acercó a ella, lo suficientemente cerca como para poder tocarla.
Podría atraparla si ella huía.
- Has arruinado a mis perros con las sobras de la mesa y los cariños - dijo en
voz baja - Te pertenecen, ahora, mi amor.
Fue entonces cuando llegaron las lágrimas.
- No me llames así - Le dolieron las palabras y al instante la alcanzó. Ella dio
un paso hacia atrás - No. No te atrevas a tocarme. Tengo cosas que decir.
- Entonces me temo que vas a tener que dejar de llorar, porque no creo que
pueda verte sin tocarte.
Ella arrastró una lágrima errante de su mejilla.
- No quiero ninguno de tus tontos regalos. Y no quiero que me envíes al mundo
para elegir una vida diferente. Elijo esta vida.
El asintió.
- No te atrevas a asentir con la cabeza, como si lo hubieras sabido todo el
tiempo - Su voz se elevó, y escuchó la fuerza allí - Él no destruyó mis sueños
con esa pintura, Alec.
236
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Él ahora lo sabía. No lo había entendido antes.
- Esa pintura no soy yo. Es óleo y lienzo. Él puede tenerla. Pueden tenerla
todos - dijo, agitando un largo brazo hacia la muchedumbre - Pueden enviarla a
todo el mundo, y nunca seré yo. Pero tú… - Ella hizo una pausa, las palabras
repentinamente más suaves. Se quedó sin aliento, escuchando la acusación en
sus palabras - Tú destruiste mis sueños.
Las palabras enviaron un frío temor a través de él.
Él intentó volver a tomarla.
- No - Se detuvo y ella dijo: - Me dejaste. ¿Cuántas veces me dijiste que mi
vergüenza estaba fuera de lugar? ¿Que merecía más? ¿Algo mejor? ¿Un
hombre digno de mí? Tú tenías razón. Merezco todas esas cosas. Mucho más
que esto.
El miedo se convirtió en terror. Querido Dios. Ella iba a deshacerse de él.
El aire había salido de la habitación. Alec luchó por respirar.
Y luego ella dijo:
- ¿Sabes por qué la devolví? La devolví porque estaba mal negar esta cosa
que es parte de mí. Me niego a avergonzarme. Tú me enseñaste a no
avergonzarme. No estoy avergonzada de mi pasión. De mis elecciones. No
estoy avergonzada de mi pasado, Alec.
No debería estarlo.
Abrió la boca para decírselo, pero ella agregó:
- Y ciertamente no estoy avergonzada de ti.
Volvió el aire a sus pulmones.
- ¿Quieres que elija? Déjame elegir.
El asintió. Y encontrando su voz le dijo:
- Hazlo. Escoge.
Entonces se acercó a él, lo suficientemente cerca para que él viera la
plata en sus hermosos ojos grises.
- Lo elijo todo, maldición. El escándalo. Escocia. Los perros. El castillo con
corrientes de aire. Quiero Burns en lugar de Shakespeare. Pero, sobre todo, te
elijo a ti, Alec Stuart, bobo, idiota, cobarde, duque de repollo. - Hizo una pausa,
y luego añadió - En contra de mi buen juicio.
Ella lo eligió.
La gloriosa loca lo eligió. De algún modo lo había elegido.
Él era el bastardo más afortunado de la cristiandad.
La alcanzó entonces, incapaz de resistir el impulso de tocarla. Acunando
su rostro en sus palmas, él inclinó su rostro hacia arriba para encontrarse con
el suyo, incapaz de encontrar palabras en el torrente de alegría que lo invadía.
- Lily.
Sus manos se posaron en las suyas.
- Me dejaste.
Las palabras, suaves y heridas, amenazaron con matarlo.
- Amor…
Ella sacudió su cabeza.
- Sola. De nuevo. Solo que esta vez fue peor. Esta vez, sabía lo que era no
estar sola. Sabía lo que era amar.
Él no supo cómo responder. Y entonces hizo lo único que podía hacer, y
aunque no quería alejarla, la soltó y cayó de rodillas.
Sus ojos se abrieron de par en par.
- ¿Que estás…?
237
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Era su turno de hablar.
- Pensé que te estaba salvando - dijo en voz baja, mirándola, adorando cada
centímetro de ella, deseándola con una desesperación que lo desgarraba,
preguntándose si alguna vez podría aplacarla - Cuando vine aquí, pensé que
debía protegerte. Para jugar el papel de guardián. De salvador.
- No necesitaba un salvador - dijo.
- No, mo chridhe. No lo necesitabas. Pero lo intenté. Y fuiste tú quien hizo el
trabajo. Lily… me has salvado.
Ella lo alcanzó:
- Alec…
Él inclinó la cabeza, dolorido por su toque.
- Soy tuyo, mi amor, en cuerpo y alma. Cuando sea viejo, no deseo pensar en
ti. Deseo estar contigo. Deseo amarte.
- Levántate, mi amor - dijo, con las manos en su pelo, y cuando levantó la vista,
sus lágrimas caían sin cesar - Por favor, Alec. De pie.
Él lo hizo, ya erguido, sus manos se dirigieron a su rostro y lo inclinaron
hacia él para que pudiera ver su respuesta, susurró tan suavemente que
apenas podía oírla.
- Tú - dijo ella - Te elijo a ti.
- Siempre - le respondió. - por toda la eternidad.
Él la besó entonces, largo y profundo, levantándola en sus brazos hasta
que sus brazos se envolvieron alrededor de su cuello y la mantuvo en el aire
para facilitar la caricia, que duró de una vez por una eternidad y un latido del
corazón. Se separaron solo cuando ambos habían perdido la capacidad de
respirar, pero Alec no la bajó, sino que la abrazó y enterró su rostro en la cálida
curva de su cuello, respirando profundamente, esperando que su corazón
disminuyera su ritmo.
Ella se rió y él levantó la cabeza.
- ¿Qué sucede?
- Parece que tenemos audiencia.
Sacudió la cabeza.
- No. Están demasiado distraídos con la pintura - Él gruñó - ¿Cómo lo hiciste?
Ella sonrió.
- Adivina.
Él gimió.
- Sesily.
- Necesitaba un impulso - dijo simplemente - Pero…
Él la interrumpió.
- Ustedes dos juntas. Son un problema. ¿Te das cuenta de que voy a tener que
asesinar a la mitad de Londres, ahora, por haberte visto desnuda?
Ella inclinó la cabeza.
- Quizás no, considerando que nadie está mirando la pintura.
Se volvió hacia la enorme habitación, llena a rebosar de gente que venía
a ver la legendaria obra maestra de Derek Hawkins. Sin embargo, ningún
observador era atraído al frente de la sala. Todos ellos, estaban de espaldas a
la pintura.
Enfrentando un chisme mucho más interesante.
Él levantó una ceja.
- Aún te miran. Y no me importa.
238
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Al menos de esta manera estoy vestida - Ella sonrió - Sigue siendo un
escándalo, pero vestida.
- Tonterías - La besó de nuevo, largo, lento y profundo, hasta que las mujeres a
su alrededor se quedaron sin aliento - Las duquesas no pueden ser
escándalos.
- ¿Ni siquiera si lo intentamos muy duro?
- Bueno - respondió - si alguien puede hacerlo, mi amor, eres tú.
- Voy a requerir un compañero.
- Sin duda una tarea agotadora, pero una que no veo forma de evitar - bromeó.
Ella presionó sus labios contra los suyos, suaves y persistentes. Y luego
dijo:
- ¿Cuándo podemos casarnos?
- Podemos estar en Escocia en cuatro días si nos vamos ahora.
Ella sonrió, y él contuvo el aliento.
- Entonces creo que es hora de que me lleves a casa.
"Belleza Otorgada", viajó por Gran Bretaña y por todo el continente,
llegando hasta el este de San Petersburgo y hasta el oeste de la ciudad de
Nueva York, exhibida en las mejores salas y museos del mundo, alabada como
una obra de singular maestría, rivalizando con la Mona Lisa.
Pero "Belleza Otorgada", era diferente de otros retratos. No era una
pintura de una musa sin nombre. Era el retrato de Lillian Stuart, ex Hargrove,
vigésima primera duquesa de Warnick y el escándalo de 1834.
Y cada vez que se exhibía, donde fuera, se contaba su historia. Su
leyenda fue narrada. La historia de la Encantadora Lily y del duque que tanto la
adoraba, quien la arrojó sobre su hombro y la llevó a Escocia la última mañana
de la Exhibición de la Royal Art, bajo la atenta y envidiosa mirada de todo
Londres.
No es de extrañar que ninguno pueda recordar el nombre del artista.
239
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Epílogo
¡LA CIUDAD CELEBRA!
PASADO DEL DUQUE Y DUQUESA DECRECE
Diez meses después.
La puerta de la sala de estar, ubicada entre las habitaciones del señor y
la señora, en el 45 Berkeley Square se abrió de golpe, rebotando contra la
pared, cuando el duque de Warnick metió dentro a su duquesa.
- Alec - susurró con una mezcla de alegría y horror - ¡Alguien escuchará!
- No importa - gruñó, cerrando la puerta detrás de ellos y presionándola contra
ella - Deberías estar agradecida de que no la rompí para llevarte dentro. Ven
aquí, esposa.
Lily envolvió sus brazos alrededor de su cuello, amando la sensación de
sus manos en el corpiño de su vestido. Deseando que el vestido hubiera
desaparecido.
- ¿Qué te ha pasado?
- Bailaste con demasiados hombres esta noche - dijo contra sus labios - Todos
querían ver a la reina de la temporada. No me gustó. Malditos ingleses.
Stanhope fue la última gota.
Ella se rió de eso. El conde de Stanhope era el hombre menos
amenazador de Inglaterra, ahora que había encontrado para sí mismo a una
hermosa joven viuda, que supuestamente era bastante rica. Teniendo en
cuenta la forma en que el conde y la condesa se quedaron juntos en el borde
del salón de baile, aparentemente sin darse cuenta de su entorno, Lily pensó
que había hecho una muy buena elección, de hecho.
Como ella.
Se echó hacia atrás para mirar a su marido, la luz de la luna se filtraba a
través de su dormitorio.
- Una vez quisiste que me casara con uno de esos "malditos" ingleses.
- Un error de juicio.
- De hecho - dijo ella, y él la besó, profunda y concienzudamente, alejándose
solo para pasar sus labios sobre su mandíbula hasta que suspiró de placer - Yo
necesitaba esto.
Una risa baja retumbó de él.
- ¿Te estoy descuidando, amor? - Sus manos se movieron hacia sus faldas, y
Lily sintió dolor por su toque cuando la seda se elevó más y más - Han sido
solo unas pocas horas, pero me complace redoblar mis esfuerzos.
- Haces tu mejor esfuerzo, Su Gracia - dijo, jadeando cuando sus fuertes
manos encontraron la piel de sus muslos sobre sus medias - Pero a veces, una
mujer rodeada de Inglaterra necesita probar algo de Escocia.
Se quedó inmóvil ante eso, su cabeza subió y unos ojos color whisky se
encontraron con los suyos en la oscuridad.
- ¿Qué dijiste?
Ella sonrió.
- Sé que solo hemos estado aquí una semana, pero echo de menos mi hogar.
En los diez meses transcurridos desde que salieron de Londres, Lily se
había hecho un hogar en Dunworthy, aprendiendo los matices de la destilería
240
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
de la propiedad, enorgulleciéndose de la calidez del verano escocés,
envolviéndose en lana de las ovejas del castillo en el invierno, cuando su
marido no la mantenía abrazada, lo que era raro. Ella volvió para otro beso
antes de agregar,
- Y a ti… allí.
- ¿Te gusta? - preguntó, y la duda en la pregunta la sorprendió. Habían pasado
meses desde que lo había escuchado por última vez, en las últimas horas de la
noche, cuando dudaba y se ofrecía a traerla de vuelta a Inglaterra si eso la
hacía feliz.
Pero Inglaterra no la hacía feliz. No de la manera en que él lo hacía.
Ella lo besó nuevamente, deliberadamente malentendiendo.
- Sí, esposo. Me gusta la forma en que me saboreas. Mucho.
La duda fue reemplazada por el deseo.
- Quise decir a Escocia, picarona.
Ella emparejó su mirada.
- Sí, mo chridhe. Me gusta mucho.
Gruñó ante las palabras con perfecto acento escocés y dejó escapar un
largo suspiro.
- Bueno, entonces, ¿por qué demonios estamos aquí?
- Porque tienes una hermana que suplica por una temporada.
Cate estuvo encantada de recibir a Lily en Dunworthy, cuando
regresaron de Londres, emocionada por tener una hermana, tal como lo estaba
Lily. Las dos se hicieron amigas rápidamente y, en cuestión de semanas, Alec
había acordado que Catecould tendría la temporada que había soñado.
No se le había ocurrido que la temporada requeriría meses en Londres.
- Dejémosla aquí y vayámonos a casa.
- No. ¿La viste esta noche? ¿Su felicidad?
- No - mintió - Entre ustedes dos, pasé la noche entera queriendo golpear a la
población masculina de Londres con un gran palo - Él la besó de nuevo,
profundo y encantador - Vámonos a casa, muchacha. Quiero hacerte el amor
en la niebla.
Ella se estremeció ante las palabras.
- Tienen niebla en Londres.
- No es niebla escocesa.
Su risa fue reemplazada por un largo gemido cuando sus manos se
movieron de nuevo, deslizándose más, hacia el lugar donde lo deseaba con
bastante desesperación.
Él maldijo suave y malvadamente.
- ¿Duquesa?
- ¿Mmm?
- ¿Por qué no llevas ropa interior?
Ella suspiró.
- Por esta precisa razón.
- ¿Y no me lo dijiste en el baile? ¿Te das cuenta de lo que podría haber hecho
con esa información? Podríamos haber profanado varias de las salas de estar
de Eversley House.
- Pretendía hacerlo - dijo ella, deseándolo más. Temía que él le diera lo que ella
deseaba - Pero estaba atareada… - se detuvo - …entre asegurar que Cate
recibía las presentaciones apropiadas y el duque de Montcliff…
- ¿Qué hay de Montcliff?
241
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
- Me siento bastante orgullosa de mí mismo, honestamente. El duque de
Montcliff agregó cien mil libras al fondo de becas esta noche.
Inspirada en su propia infancia y en el pasado de Alec, Lily se había
dedicado a garantizar que los niños que carecían de fondos o de conexiones,
tuvieran los medios para asegurarse el futuro que deseaban. El que merecían.
Ella deseaba dar la posibilidad a tantos niños como pudiera. Y la sorprendente
donación del estoico Duque de Montcliff había logrado que ese objetivo fuera
aún más real esta noche.
Su anuncio atrajo la atención de Alec.
- ¿Cien mil? ¿De verdad?
Ella extendió la mano hacia él, sus dedos se deslizaron por el cabello de
su sien.
- Notable, ¿no? Piensa en las elecciones que harán. Piensa en la libertad que
tendrán.
Él inclinó la cabeza, apoyándose en su mano, antes de tomarla en sus
brazos una vez más.
- Tú, mi amor, eres notable.
Ella se sonrojó por los elogios, incluso mientras disfrutaba de ellos.
- Al parecer, le gustó la idea de asociarse con nosotros. ¿Sabías que somos
admirados por la sociedad? Es una decepción, de verdad. Creí que el
escándalo tendría más importancia.
- Mmmm. Decepcionante, de hecho - dijo, distraído otra vez, girándola hacia la
puerta, trabajando en los botones de la parte posterior de su vestido.
- Me complacería escandalizarte ahora, si quieres.
- Si no te importa mucho, Su Gracia.
- Para nada - bromeó al oído - Quiero echar un vistazo a estas prendas
interiores faltantes - Continuó trabajando en los botones - ¿Debe haber tantos
de estos?
Ella rió.
- Necesitas un gancho de botón.
- Perdón - dijo con afrenta - No necesito tal cosa - Sus manos se dirigieron a la
parte superior del vestido y Lily jadeó mientras le daba al vestido un fuerte tirón,
enviando los botones volando por la habitación.
- Arruinaste mi vestido - Ella jadeó, sin preocuparse en lo más mínimo.
- Te compraré una docena más - dijo mientras el vestido caía en un charco de
seda a sus pies - Valió la pena. Date vuelta.
Ella giró, orgullosa e intrépida, ansiosa por su mirada. Por su toque.
Para él.
- Eres gloriosa.
Ella sonrió, el calor subía por sus mejillas.
- Tengo algo para ti.
Él levantó una ceja.
- Veo que.
La sonrisa se convirtió en una risa.
- Algo más - Ella tomó su mano, llevándolo a la entrada del dormitorio de la
duquesa, que servía de vestuario y oficina privada en vez de dormitorio, lo cual
era mejor, ya que la cama estaba ocupada actualmente por perros.
Dos enormes colas grises golpearon su acolchado, y Alec fue a saludar
a los perros mientras Lily se dirigió al pequeño escritorio en la esquina de la
habitación.
242
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Encendió una vela y tomó la caja que estaba sobre él. Levantando el
paquete y volteándose para mirar a su esposo, dijo:
- Esta semana tuve una conversación con Bernard.
- Amor, tengo que decir, que invocando el nombre de nuestro abogado,
mientras estás parada, desnuda y a la luz de las velas parpadeando a través
de tu deslumbrante piel, no es precisamente como deseaba que transcurriera la
noche.
- Resulta, esposo, que mañana es tu cumpleaños.
Él rápidamente calculó la fecha.
- Lo es, de hecho.
- Y tendremos una conversación seria acerca de que me ocultes esa
información, te lo aseguro. Como pretendo hacer con tu hermana. No debería
necesitar un abogado para informarme de tal cosa. Pero gracias a Dios por
Bernard.
- Sí. Siempre lo he encontrado una gran ventaja - Ella se rió de las palabras
secas, y se acercó, sujetando la caja
- ¿Es ese mi regalo? - preguntó Alec
- Lo es, de hecho.
- ¿Puedo tenerlo?
- ¿Te lo mereces? - Bromeó. Él lo merecía, por supuesto. Nunca había
conocido a un hombre tan digno.
Su mirada se oscureció.
- Solo dime qué puedo hacer para ganarlo, mi amor, y lo haré con placer.
Las palabras le enviaron un murmullo de deseo al imaginar todas las
cosas que él podría hacer por ella. A ella. Las cosas que ella podría hacer a
cambio. Su aliento se aceleró, y él se acercó aún más, sus dedos se acercaron
a la caja, quitándola de sus manos mientras decía, suave, baja y líquidamente,
- No necesito un regalo. Solo te quiero a ti.
Ella negó con la cabeza para aclarar su deseo.
- No - dijo ella - Ábrelo.
Lo hizo, deslizando la parte superior de la pequeña caja y miró dentro.
Lily estaba observando su hermoso rostro, aún más hermoso en la
parpadeante luz dorada de la vela, sus labios perfectos y tentadores ya
curvados en anticipación.
Luego la anticipación desapareció, reemplazada por la confusión.
Luego la sorpresa.
Y luego la alegría, cuando metió la mano en la caja y sacó el par de
pequeñas botas blancas, con suelas de cuero rojo.
La alegría se volvió adoración cuando la miró.
- Tus botas.
Lily sonrió.
- Ya no son mías.
En un segundo Alec estaba de rodillas, tirando de ella hacia él,
presionando besos sobre la piel suave y desnuda de su estómago,
susurrándole en gaélico al niño que crecía dentro.
- Me has dado tanto - dijo, finalmente, a Lily - Y ahora…
Las manos de Lily volvieron a su cabeza, deleitándose en su orgulloso y
fuerte escocés, el hombre que le había dado todo lo que había soñado.
Abrazándolo. Amándolo.
243
Un escocés en la oscuridad
Escándalo y Canallas 02
Sarah MacLean
Se quedaron así durante mucho tiempo, hasta que el duque de Warnick
se puso de pie, levantó a su duquesa en brazos, la llevó a su muy sólido lecho
y la amó completamente.
FIN
244