Modelos de Calidad de Aguas en Sistemas
Modelos de Calidad de Aguas en Sistemas
Tema 2
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TEMA 2
SISTEMAS Y MODELOS
El estudio directo de los fenómenos reales presenta frecuentemente grandes dificultades derivadas
de su complejidad, de sus múltiples interacciones, y de la imposibilidad de realizar algunas medidas,
observaciones, controles, etc. La forma general de abordar cualquier fenómeno real es asociarle una
representación conceptual; a ésta es a la que se denomina modelo.
Un modelo será una representación adecuada para los fines propuestos si, para los componentes
del sistema en que estamos interesados, y al menos con la aproximación juzgada suficiente,
sustituye, y en cierta forma es equivalente, al fenómeno real a través de las reglas que tratan de
describirlo o describir a sus componentes.
Del fenómeno concreto extraeremos las características que se han estimado importantes para las
propiedades que se desean estudiar.
• Modelos conceptuales: Por una descripción cualitativa bien organizada que permite la
medición de sus factores.
Las características deseables de los modelos matemáticos (Moore et al., 1993) son:
El modelo tiene por finalidad permitir la deducción de valores de variables que nos es
imposible (o al menos difícil) medir, a partir de otras cuya evaluación es sencilla. En definitiva,
permiten la comprensión del sistema que representan.
Un modelo necesita ser "alimentado" con información; ésta será manipulada y transformada para
finalmente generar una salida.
errores de
medida
• Fuentes y sumideros, representan niveles exógenos que, por ser exteriores al sistema nos
interesa controlar. Los flujos que se dirigen de una fuente a una variable de estado son las
variables de entrada, los que se dirigen de una variable de estado a un sumidero son las
variables de salida.
• Variables auxiliares, intervienen en las diversas ecuaciones que componen el sistema pero
no se corresponden con un nivel o flujo.
• Variables exógenas, actúan fuera del sistema pero condicionan las variables de entrada.
Pueden modificarse para construir escenarios. Un buen ejemplo sería la constante solar que,
siendo ajena al sistema climático, modifica las trayectorias de este.
• Parámetros, similares a las variables auxiliares pero cuyo valor no varía a lo largo del período
de simulación, si el modelo se construyera a una escala diferente podrían dejar de ser
parámetros para convertirse en variables.
El grupo de variables denotado como d(r,t), perturbaciones medidas, pueden corresponderse, por
ejemplo, con las medidas realizadas de los parámetros de contaminación de un vertido de agua
residual. Por entrada de perturbaciones no medidas se entienden aquellas variaciones que, por sus
características aleatorias, no se pueden fijar de manera precisa en los datos de entrada al sistema. Las
funciones de transformación son aquellas que definen las propiedades fundamentales del sistema y
describen su funcionamiento. Las variables de estado y los parámetros permitirán particularizar el
modelo al sistema concreto que queramos estudiar. Las variables de salida medibles c´(r,t)
representan el resultado de la ejecución del modelo. El grupo de variables η(r,t) definido como
errores de medida representa los errores aleatorios y sistemáticos que son inherentes a toda la salida
de resultados.
Los valores de los parámetros pueden no ser conocidos en las etapas de generación y adaptación del
modelo. Lo más normal es que dichos parámetros se recojan de publicaciones en las que aparecen
referidos con rangos de variación.
Dentro del término "modelo" subyacen dos concepciones diferentes que pueden inducir a confusión.
Así, al hablar de modelos unas veces se intenta expresar la estructura teórica del mismo, "modelo
teórico"; constituida por el programa informático que plantea y resuelve las ecuaciones que
representan los fenómenos que se estudian, mientras que otras veces se quiere hacer referencia al
"modelo real" del río, es decir, al resultado de aplicar la estructura teórica del modelo a un caso real,
adoptando los parámetros y constantes valores concretos para el río dado (SAINZ-BORDA, 1990).
Los principales tipos de modelos que se pueden encontrar en calidad de aguas son los siguientes:
En un modelo estocástico los valores de las variables de salida van a variar de unas ejecuciones
del modelo a otras ya que se deja intervenir al azar.
Las razones por las que el comportamiento de un sistema puede resultar aleatorio son
diversas:
- Existencia de procesos realmente estocásticos
- Existencia de procesos aparentemente estocásticos debido a nuestra falta de
conocimiento.
b1) Modelos de flujo pistón: el coeficiente de dispersión es cero en todas las ecuaciones.
b2) Modelos de mezcla completa: el coeficiente de dispersión es diferente de cero.
d1) Modelos estáticos o de estado estacionario: se asume que todas las variables son
independientes del tiempo. Un ejemplo típico es el uso de un modelo de estado estacionario
en el cual se promedian las variaciones espaciales de la calidad de agua en río en un lapso de
tiempo, promediando en ese intervalo los vertidos, la temperatura y los caudales de la
corriente.
d2) Modelos dinámicos: son aquellos en los que, al menos, una ecuación contiene alguna
derivada respecto al tiempo.
e1) Modelos de descripción interna o deterministas: son aquellos en los que se facilita a
priori toda la información necesaria para describir todas las propiedades del modelo. En
definitiva, se van a definir los nexos de unión entre los datos de entrada y las variables de
estado, y por lo tanto de las variables de estado con las variables de salida.
e2) Modelos de caja negra o de input-output: son meros transformadores de los datos de
entrada, sin poder intervenir en sus funciones de transformación internas. No se asume
ningún conocimiento a priori de las características del sistema. Cuando se aplican a calidad de
aguas se pueden utilizar para modelizar las variaciones con el tiempo en un punto fijado
basándose en las medidas en el mismo punto, o para conocer los valores en un punto
determinado a partir de las condiciones en la cabecera del tramo.
f1) Modelos ecológicos: son aquellos en los que al menos una de las variables de estado es la
biomasa de algún compartimento vivo de la cadena trófica.
f2) Modelos químicos: ninguna de las variables de estado del submodelo biológico es la
biomasa de un compartimento vivo de la cadena trófica.
f3) Modelos físicos: Por ejemplo, los modelos térmicos o los modelos que estudian la erosión.
h1) Eulerianos: en una referencia euleriana los procesos quedan referidos a un punto fijo. El
observador permanece parado. Se suelen definir regiones espaciales de control y las
soluciones se dan para puntos concretos en el espacio. Utilizado por la mayoría los modelos
matemáticos.
h2) Lagrangianos: en una referencia lagrangiana los procesos quedan referidos a una
referencia en movimiento. Se analizan las partículas que se mueven con un fluido. Las
Lagrangianas son las coordenadas de las trayectorias. En general, es más flexible la
descripción lagrangiana que la euleriana. Este método no lleva aparejado los problemas de
dispersión numérica (dispersión artificial introducida por el método de cálculo), que tienen
los métodos en diferencias finitas y elementos finitos.
Autor/es: J. Suárez Fecha: Febrero - 2009 Asignatura: MODELOS DE CALIDAD DE AGUAS
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ξ
ν
χ
χ ξ
ξ ν ν
χ
i1) Modelos lineales y modelos no lineales: en función de si sólo tienen variables de estado en
ecuaciones lineales o si al menos una ecuación no es lineal.
i2) Modelos de elementos reactivos (degradables) o conservativos.
i3) Modelos de elementos independientes o interdependientes.
i4) Modelos de solución continua o discreta.
Los ríos, embalses, lagos, y cualquier otro sistema acuático, pueden ser considerados como
sistemas y, por lo tanto, permiten que en su estudio se puedan desarrollar y aplicar modelos.
Cuando se intenta desarrollar un modelo matemático de calidad de aguas para un río, por
ejemplo, hay que tener muy en cuenta los objetivos que se persiguen. Una vez fijadas las
metas a conseguir se debe estudiar la importancia relativa de los procesos que afectan a la
calidad del agua en el sistema fluvial a estudiar, se debe valorar el grado de dificultad del
modelo requerido y el volumen de datos que será preciso obtener.
a) Subsistema hidrológico-hidráulico.
b) Subsistema térmico.
c) Subsistema bioquímico.
Las relaciones que se establecen entre ellos se pueden simplificar a través de una resolución
en cascada.
A estos tres hay que aportarles las entradas de materias y energía (vertidos de aguas
residuales, escorrentía, etc.). De la ejecución del modelo obtendremos la calidad del agua del
sistema fluvial estudiado.
El primer paso en la aplicación del modelo debe ser analizar el problema que queremos
resolver. ¿Cómo podemos utilizar el modelo en la dirección que nos interesa? Un modelo de
calidad de aguas debe hacer tres tareas básicas: describir la calidad del agua en las
condiciones actuales, proporcionar predicciones genéricas y proporcionar predicciones
específicas (AMBROSE, 1991).
Son típicas las aplicaciones de modelos de simulación de la calidad del agua de ríos en la
optimización de inversiones cuando se planifica el saneamiento integral de cuencas
hidrográficas. En España se pueden citar los trabajos realizados en el desarrollo del Plan
Integral del Agua en Madrid (PIAM) dentro del cual se realizaron aplicaciones del QUAL2E, (DE
ANDRÉS, 1984; CUBILLO 1991; 1992a, 1992b) los estudios y modelos elaborados para el río
Llobregat (POCH, 1988, 1990) o los elaborados para los ríos asturianos de la cuenca del Nalón,
también con el QUAL2E como modelo base, dentro de un Plan Nacional de Interés
Comunitario (PNIC) (TEJERO, 1988a, b; 1990a, b, c , d, e, f; 1990a, b, c, d, e; 1991, a, b, c; 1991a,
b, c; 1992; SAINZ BORDA 1990; 1991a, b).
Un buen modelo, suficientemente validado, puede servir finalmente como herramienta para
la gestión diaria de los sistemas ambientales. Para ello se le debe añadir una interfaz
adecuada para que usuarios no expertos puedan predecir las consecuencias de acciones
concretas o cuales son las actuaciones más adecuadas para conseguir determinado objetivo.
1. Simulación:
• Explorar situaciones (escenarios) en las que no contamos con datos empíricos
• Interpolar entre medidas para estimar el valor de la variable
• Estimar el valor de una variable a partir de otras
Existen modelos de cuenca que abarcan además de la calidad de las aguas la cantidad. Son
modelos óptimos para su utilización por las entidades gestoras de las cuencas hidrográficas.
• Identificación.
• Conceptualización del río.
• Establecimiento del modelo geométrico-hidráulico.
• Construcción de un premodelo.
• Construcción del modelo inicial mediante calibración y ajuste.
• Validación del modelo inicial para la obtención del modelo final.
• Auditoría y mantenimiento.
A continuación se analizan con más detalle cada una de las etapas citadas, centrándonos
en la aplicación de cada una de ellas a los ríos.
5.1.- Identificación
Dentro de la identificación del modelo es importante tener claro que problema se va a modelizar y con
qué propósito. Si el problema no está claramente identificado es muy difícil que el modelo sirva para
algo.
Una de las primera tareas a realizar es determinar los límites espaciales y temporales del sistema así
como la resolución con que se va a modelizar. Estos límites marcan una frontera con el entorno del
sistema que habrá que tener en cuenta al modelizar ya que puesto que ningún sistema ambiental es
cerrado, habrá flujos de materia, energía o información hacia dentro y hacia fuera del sistema a través de
estos límites.
Hay que tener en cuenta la importancia de las escalas espaciales y temporales sobre las que tienen lugar
los procesos que se trata de modelizar. En general diferentes procesos actúan a diferentes escalas. No es
conveniente aplicar modelos en escalas diferentes a aquellas para las que se han diseñado. En
modelización la escala está más relacionada con la resolución espacial y temporal del modelo que con la
extensión, espacial o temporal, sobre la que opera.
En el caso de los modelos distribuidos el espacio se suele dividir en celdillas del mismo tamaño (formato
raster) debido a la facilidad de manejo de esta estructura de datos por parte de los ordenadores que,
además, es una estructura muy utilizada por los Sistemas de Información Geográfica que suelen utilizarse
como herramienta para la gestión de modelos. Es importante utilizar un tamaño de celdilla adecuado para
los procesos que se pretenden modelizar. Pero si la resolución es demasiado grande el modelo consumirá
muchos recursos de ordenador y será demasiado lento sin aportar mejores resultados.
Los modelos semidistribuidos requieren la elección de unidades espaciales adecuadas en cuanto a que su
comportamiento sea homogéneo y suficientemente distinto del comportamiento de las demás unidades.
Los modelos dinámicos requieren además establecer el intervalo temporal adecuado, las consideraciones
son similares al caso de la resolución espacial.
Finalmente hay que tener en cuenta que, al menos en el caso de los modelos de base física, la resolución
espacial y temporal adecuadas están muy relacionadas. Si asumimos que los procesos necesitan ser
descritos con una elevada resolución espacial, lo normal es que actúen con una velocidad elevada y por
tanto necesiten un intervalo temporal reducido.
Este planteamiento puede resumirse en la denominada condición de Courant que establece que:
es decir que la razón entre resolución espacial y temporal representa la velocidad máxima a la que pueden
producirse los procesos el modelo y por tanto debe ser mayor que la velocidad máxima de estos en la
naturaleza.
Si no fuese así nos encontraríamos con la paradoja de que un volumen dado de materia podría saltar de
una celdilla del modelo a otra sin atravesar la intermedia.
2007/2008
Septiembre 2008
Bajo esta denominación se engloban todas aquellas labores cuyo objetivo final es la
representación esquemática del sistema, o de los subsistemas principales. En los modelos
de medios acuáticos es fundamental la conceptualización que se realiza del subsistema
hidrológico-hidráulico. Se trata de adaptar los principales elementos descriptores del
medio natural, interpretándolos de forma adecuada, a la estructura de disposición de
datos e información que el modelo computacional necesita.
1.- Las vertidos puntuales deben entrar en el sistema por la parte superior de un
tramo (aguas arriba). Los afluentes se tratan normalmente como vertidos.
2.- Las discontinuidades importantes deben quedar definidas por puntos
frontera entre tramos.
Autor/es: J. Suárez Fecha: Febrero - 2009 Asignatura: MODELOS DE CALIDAD DE AGUAS
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La forma de conectar los bloques o tramos depende del tipo de sistema acuático
considerado. Un modelo “cero-dimensional", con un sólo bloque computacional, ignora
cualquier variación lateral, vertical o longitudinal que se pueda producir. Es un solo reactor
de mezcla completa. En un modelo unidimensional se desprecian normalmente las
variaciones lateral y vertical, y la corriente es descrita como una serie de depósitos en
cascada; esta estructura es la más común en modelos de calidad de agua de ríos. Un
modelo bidimensional describe los cambios que se producen en dos direcciones.
Dependiendo del sistema acuático se desprecia una u otra dirección; por ejemplo, en ríos
anchos y para estudiar una zona de mezcla, se suele promediar la variación en
profundidad. Los modelos tridimensionales describen los gradientes de los parámetros de
la calidad del agua en las tres direcciones.
Estructura conceptual bidimensional que permite realizar el WASP5 con la posibilidad de simular
segmentos bénticos en vertical.
En otro orden de cosas, con vistas a determinar el o los tipos fundamentales de fuentes de
contaminación, se suelen llevar a cabo estudios de caracterización del conjunto de la
cuenca en los que se contemplan diferentes aspectos. Así, a partir de los estudios
geológicos de la zona se pueden estimar las posibles impurezas naturales del agua y
detectar la existencia de posibles fuentes o sumideros de agua en el cauce. El análisis de la
cubierta vegetal es también importante ya que facilita la estimación del posible grado de
autodepuración de la contaminación difusa.
Completados los aspectos anteriores ya se puede realizar una primera aproximación global
de la cargas de contaminación que va a recibir el medio acuático y los caudales con que se
van a incorporar. El tipo de cultivos, la superficie afectada por los mismos y el
correspondiente uso de fertilizantes servirá para estimar la lixiviación de nitrógeno y
fósforo.
Casi siempre suelen existir antiguos estudios de la calidad del agua del río. Estos
habitualmente consisten en simples caracterizaciones del agua del río mediante tomas
aisladas de muestras, sin una metodología específica o una no adaptable al proceso de
modelización que se sigue. No se deben despreciar, pero deben ser tratados con cautela.
campaña específica con tal fin. La caracterización de los vertidos localizados debe
contemplar tanto aspectos cuantitativos como cualitativos. Hay que resaltar que es muy
importante localizar y caracterizar las fuentes de contaminación de la forma más fiable
posible para que la conceptualización del río sea lo más correcta posible.
Una vez se ha elegido un modelo teórico, bien disponible o bien que se pretende elaborar,
y analizada su potencia en la modelización de los distintos fenómenos, hay que decidir, en
función de la información disponible y de la que se pueda llegar a conseguir, los
constituyentes de la calidad del agua que van a ser considerados en el estudio.
Otro aspecto fundamental es la caracterización hidráulica del río, cuyo primer paso es el
conocimiento de los caudales circulantes en diferentes puntos y momentos, con objeto de
poder establecer el perfil de caudales a considerar en el estudio (diferente según se trate
de estiaje, aguas medias o altas).
Desde el punto de vista hidrológico (LIAÑO et al., 1992), un trazador se puede definir como
una sustancia que se adiciona al agua para estudiar el comportamiento de ésta en alguna
de las fases del ciclo hidrológico. Después de realizar un vertido más o menos instantáneo
de trazador en una corriente, éste (aunque en teoría debe ser conservativo) va
disminuyendo debido a procesos internos, de naturaleza química, biológica o bioquímica,
y al intercambio con la atmósfera. A parte de posibles procesos reactivos o de disminución
neta de masa, el trazador se ve sometido a los procesos de transporte y dispersión de la
masa de agua a la que se ha incorporado. Dentro de la dispersión se engloban los
mecanismos de difusión turbulenta y de convección diferencial. El trazador se desplaza en
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forma de nube a lo largo del río, de forma similar al comportamiento de cualquier otro
contaminante. El estudio de la nube, que refleja el comportamiento hidráulico del río, se
puede hacer mediante la toma de muestras en secciones de control a lo largo de la
corriente de agua. En cada una de las muestras se puede determinar posteriormente en
laboratorio la concentración de trazador. Mediante esta técnica se puede calcular el
caudal circulante y las velocidades medias por tramos (TEJERO et al., 1989c).
Para la determinación del caudal circulante existen dos técnicas que difieren
fundamentalmente por su modo de aplicación: inyección instantánea o inyección continua
de trazador (TEJERO, 1989b). En el caso de la inyección instantánea se vierte una cantidad
M de trazador en una sección de la corriente, con lo que, en una sección situada
suficientemente aguas abajo para que se haya conseguido la mezcla completa, la curva de
paso de la nube de trazador tiene la forma de campana de la figura siguiente. El caudal se
deduce de la siguiente expresión:
M
Q= ∞
∫ C (t ).dt
0
Aunque la velocidad media del agua en un cauce fluvial es variable tanto dentro de una
sección como a lo largo del mismo, desde el punto de vista práctico interesa conocer la
velocidad media del flujo en diferentes tramos. Para ello es necesario conocer el tiempo de
circulación en cada uno de los tramos. Como tiempo de circulación de tramos de un río se
suele adoptar el transcurrido entre el paso del centro de gravedad de la nube de trazador
por dos secciones de control.
Diferentes curvas de paso de un trazador por una sección de control en función del
carácter instantáneo o continuo de la inyección.
Una vez determinado este valor resulta inmediato el cálculo de la velocidad media como
cociente entre la longitud del tramo y el tiempo de circulación.
V 3 ( t 1 − t 2 )2
D=
11 , 09 x
Siendo (t1-t2) la anchura de la curva de paso para una concentración igual a la mitad de la
máxima, x la distancia entre el punto de inyección y la estación de control y la V es la
velocidad en metros por segundo.
Todas estas hipótesis y, en consecuencia, los modelos teóricos basados en las ecuaciones
presentadas para flujo en régimen no permanente o permanente, resultarán adecuadas para
la representación del flujo en ríos con cauces regulares y con calados de cierta importancia.
Sin embargo, pueden resultar inadecuados para representar el flujo en ríos en situación de
estiaje, con pequeños calados (TEJERO, 1990c).
La mayor parte de los modelos en uso resuelven directamente la ecuación del flujo
gradualmente variado o utilizan métodos que asumen algunas simplificaciones. En general,
consideran una única sección como representativa de un tramo de río, con una pendiente
media en el mismo y evalúan la resistencia al flujo mediante la ecuación de Manning. Sin
embargo, el coeficiente de rugosidad de Manning no describe adecuadamente las
variaciones de la rugosidad con el calado y con el caudal y no tiene en cuenta los efectos de la
rugosidad de forma del lecho.
El interés que tiene la elaboración de un premodelo estriba, por una parte, en la relativa
rapidez con que se pueden obtener por simulación directa unos resultados orientativos y,
por otra, en la información que proporciona con vistas al diseño de campañas específicas
para la siguiente fase del proceso, la construcción del modelo inicial.
Para establecer por primera vez los valores de los parámetros que definirán las cinéticas de
los procesos se suele recurrir a la revisión de la bibliografía disponible. Existen
publicaciones que presentan los rangos habituales de valores de los parámetros en
función del sistema acuático que se quiere estudiar o de los factores específicos que lo
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condicionan (STANLEY, 1978; MILLS, 1985; THOMANN, 1987). En los manuales de los
modelos también se suelen ofrecer tablas con valores para facilitar el diseño. La elección
de los valores para nuestro premodelo va a depender del criterio y de la experiencia
adquirida en situaciones similares. El "acierto" en los valores iniciales de los parámetros
simplifica notablemente el proceso, ya que el calibrado del modelo va a necesitar menos
tanteos. Nuestras únicas referencias en estas primeras ejecuciones consisten en los datos
que hemos podido recoger de estudios ya existentes y nuestro objetivo es que la curva
simulada de cada indicador de calidad del río sea una envolvente superior.
Esta fase sirve para corregir errores groseros, como por ejemplo vertidos importantes no
detectados o existencia de fenómenos extremos o singulares, y para conseguir una
primera aproximación de los diferentes parámetros. También se hacen notar rápidamente
las carencias. Se deben proponer campañas específicas de caracterización de los vertidos
más importantes, que producen normalmente escalones en nuestras curvas de simulación.
Una vez ejecutado el programa nos encontramos con un mare magnum de resultados. Si
existe la posibilidad de presentar los resultados en forma gráfica, el análisis y comprensión
de los datos se ve facilitado enormemente.
Las características de los modelos estacionarios determinan que para que generen
soluciones representativas se deban introducir datos que realmente describan fenómenos
promediados. Los vertidos urbanos, por ejemplo, sufren una variación en caudales y
concentraciones perfectamente conocidas. Como la "foto promedio" normalmente
representa un día, podemos introducir al modelo el valor medio de caudal y de cargas, a
través de concentraciones medias diarias. El perfil de caudales, sin embargo, se puede
considerar constante a lo largo del día. Singularidades tales como embalses con centrales
hidroeléctricas o vertidos esporádicos que son del orden o superen en varias veces el
caudal del río, hacen que la hipótesis sea falsa, aunque en estos casos lo que debe
plantearse es el uso de otro tipo de modelo, seguramente el idóneo es uno dinámico.
Para poder conocer el perfil de caudales en cada uno de los escenarios se debe realizar una
campaña de aforos (TEJERO et al., 1990d) o aprovechar las campañas de trazadores.
Del contraste entre los resultados del modelo y medidas reales se deduce en cada caso la
mayor o menor perfección del mismo y se extraen conclusiones que marcan la línea a
seguir en la modificación de los valores de los parámetros y constantes. El proceso se
continúa hasta conseguir que los resultados de la simulación coincidan sensiblemente con
los obtenidos en la campaña de calidad a tal efecto. Para que el ajuste y calibrado de
parámetros siga un proceso racional, se recomienda comenzar por ajustar los parámetros
correspondientes a las variables independientes (p.e. temperatura, sólidos en suspensión,
coliformes, DBO, etc.) y continuar posteriormente con el ajuste de los correspondientes a
las variables dependientes, consideradas en un orden correlativo con el de dependencia
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La recolección de datos para la validación de modelos dinámicos es bastante más cara que
las destinadas a validación de modelos estacionarios. A veces es útil recoger los datos para
su calibración como si se destinasen a un modelo estacionario, y ya para la validación hacer
una campaña específica. Esto es válido si los fenómenos dinámicos o transitorios no son
especialmente importantes.
Muchas veces se realizan estudios con recursos limitados y no se realiza una segunda
campaña. Se incrementa enormemente la incertidumbre de los resultados del modelo.
Es importante que las condiciones en que se realizan las campañas de campo estén en el
mismo rango que los escenarios que posteriormente se generarán para trabajos de
predicción. La aplicación del modelo inicial a la nueva situación no se puede realizar de
manera directa e inmediata, sino que es preciso llevar a cabo algunas modificaciones de
los valores de las variables de entrada del modelo del río, manteniendo inalterables los
valores de los parámetros. Se modifica el perfil de caudales, estableciendo los nuevos
valores obtenidos de la oportuna campaña de aforo. Se deben modificar, si el modelo lo
precisa, los valores de los parámetros que reflejan las condiciones climáticas existentes
durante la realización de la campaña. A partir de los nuevos estudios de caracterización de
vertidos se modifican sus valores en la entrada de contaminación del modelo, para reflejar
más fielmente la nueva situación que se pretende modelizar.
Una vez realizadas todas las modificaciones y adaptaciones a las que se ha hecho
referencia se realiza el análisis comparativo entre los resultados de la simulación y las
medidas reales efectuadas (validación inicial). Se pueden derivar conclusiones de tipo
positivo o negativo, según la bondad o no del ajuste. En el primero de los casos el modelo
se considera validado y susceptible de ser aplicado a nuevos escenarios, siguiendo la
metodología antes indicada. Por el contrario, en el segundo se plantea la necesidad de
proceder a una recalibración del modelo inicial. Ahora ya se dispone de al menos dos
campañas de datos para comparar, la de calibración y la de validación. Para el reajuste y
recalibrado se sigue el mismo proceso racional recomendado en fases anteriores. Dada la
metodología seguida es de suponer que los resultados obtenidos en este ajuste sean
satisfactorios y que el modelo se considere aceptable. Siempre sería deseable la realización
de alguna nueva campaña.
Una vez finalizada la elaboración del modelo real de los ríos estudiados se dispone de una
potente herramienta de planificación y gestión. Tal herramienta no debe almacenarse
como un trabajo más, sino que debe entrar en un proceso continuo de utilización,
renovación y consolidación. Para que esta continuidad sea posible es muy importante que
durante todo el proceso de construcción los usuarios finales participen y lleguen a conocer
en profundidad el proceso de modelización.
C) Análisis de Monte Carlo: Consiste en generar una serie del parámetro a estudiar
siguiendo una distribución que representa la probabilidad de ocurrencia. Esta
ocurrencia afectará a los resultados del modelo de una forma determinada que
representa el grado de cambio de los resultados con el grado de cambio del
parámetro en estudio. De esta manera se puede conocer cual es el parámetro que
cambiando con la misma distribución que los demás afecta más al resultado.