«Querida bulimia:
Ésta es una carta de despedida.
Sé que a lo largo de estos cuatro años me has hecho mucha
compañía e incluso me has hecho creer que eras mi mejor
amiga, pero me he dado cuenta de que ya no tienes nada que
aportarme. Al contrario, ahora veo cómo te has interpuesto
entre mis padres y yo, cómo me has llevado a alejarme de mis
amigas y de cómo eres en parte la responsable de que
rompiera con Carlos.
En estos años me has estado chupando la sangre, robándome
mucha energía, haciendo que dedicara muchísimas horas a ti
y a tus rollos con la comida. Incluso has conseguido que fuera
peor en los estudios y que dudara sobre mi carrera. (…) Estoy
harta. Quiero volver a disfrutar de mi vida, recuperar a mis
amigas, llevarme bien con mi familia. Quiero poder
levantarme por la mañana sin agobiarme por lo que comeré o
no ese día, disfrutar de las cosas que hago, poder salir y
pasármelo bien, concentrarme en los estudios. (…) Pero, sobre
todo, quiero volver a SER YO MISMA. Por eso te digo: HASTA
NUNCA».
Atentamente yo misma.