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Jurgen Habermas - Teoria Del Actuar Comunicativo

Jürgen Habermas propuso la teoría de la acción comunicativa para analizar la interacción social. Esta teoría sostiene que la acción comunicativa es la base de la sociedad y se produce cuando al menos dos sujetos entablan una comunicación orientada hacia el entendimiento mutuo. El mundo de la vida provee el contexto compartido que hace posible la acción comunicativa.
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Jurgen Habermas - Teoria Del Actuar Comunicativo

Jürgen Habermas propuso la teoría de la acción comunicativa para analizar la interacción social. Esta teoría sostiene que la acción comunicativa es la base de la sociedad y se produce cuando al menos dos sujetos entablan una comunicación orientada hacia el entendimiento mutuo. El mundo de la vida provee el contexto compartido que hace posible la acción comunicativa.
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Teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas

Jürgen Habermas es un filósofo y sociólogo alemán reconocido en todo


el mundo por sus trabajos en filosofía práctica (ética, filosofía política y
del derecho). Gracias a una actividad regular como profesor en
universidades extranjeras, especialmente en Estados Unidos, así como
por la traducción de sus trabajos más importantes a más de treinta
idiomas, sus teorías son conocidas, estudiadas y discutidas en el mundo
entero. Habermas es el miembro más eminente de la segunda
generación de la Escuela de Frankfurt y uno de los exponentes de
la Teoría crítica desarrollada en el Instituto de Investigación Social. Entre
sus aportes destacan la construcción teórica de la acción comunicativa y
la democracia deliberativa.

El concepto de acción comunicativa es una de las bases que


estableció el filósofo alemán Jürgen Habermas para estructurar su Teoría
crítica de la modernidad.
Habermas observa cómo la interacción social del ser humano pasa de
estar basada en ritos y en lo sagrado a la potencia del signo lingüístico,
con la fuerza racional de las verdades sometidas a crítica. Las
estructuras de acción comunicativa orientadas a un acuerdo se vuelven
cada vez más efectivas tanto en la reproducción cultural como en
la interacción social o en la formación de la personalidad.

Habermas propone un modelo que permite analizar la sociedad como


dos formas de racionalidad que están en juego simultáneamente:
la racionalidad sustantiva del mundo de la vida y la racionalidad formal
del sistema, pero donde el mundo de la vida representa una perspectiva
interna como el punto de vista de los sujetos que actúan sobre la
sociedad, mientras que el Sistema representa la perspectiva externa,
como la estructura sistémica (la racionalidad técnica, burocratizada-
weberiana, de las instituciones).

Habermas estudia a la sociedad como un conglomerado de sistemas


complejos, estructurados, donde el actor desaparece transformado en
procesos (sistema-racional-burocrático), y por otro lado, también incluye
el análisis sociológico que da primacía al actor, como creador. Habermas
en Teoría de la Acción Comunicativa, refiere que al elegir un
determinado concepto sociológico de acción, nos comprometemos con
determinadas presuposiciones ontológicas.

De la multitud de conceptos de acción, empleados en teoría sociológica,


Habermas, las reduce a cuatro:

1.- El concepto de acción teleológica que ocupa el centro de la teoría


filosófica de acción desde la época de Aristóteles. El actor realiza un fin
o hace que se produzca el estado de cosas deseado, eligiendo en una
situación dada los medios más congruentes y aplicándolos de manera
adecuada.
2.- Nuestro autor nos dice “El concepto de acción regulada por
normas se refiere no al comportamiento de un actor en principio
solitario que se topa en su entorno con otros actores, sino a los
miembros de un grupo social que orientan su acción por valores
comunes”
3.- El autor también nos dice “El concepto de acción dramatúrgica,
no hace referencia ni a un actor solitario ni al miembro de un grupo
social. El actor transmite en su público determinada imagen o impresión
de sí mismo al poner de manifiesto lo que desea, es decir, su propia
subjetividad”.
4.- Finalmente, Habermas nos dice “…el concepto de acción
comunicativa se refiere a la interacción de a lo menos dos sujetos
capaces de lenguaje y de acción que entablan una relación
interpersonal”.

La acción comunicativa es definida como “una interacción mediada por


símbolos” . Tiene como núcleo fundamental las normas o reglas
obligatorias de acción que definen formas recíprocas de conducta y han
de ser entendidas y reconocidas intersubjetivamente. Este tipo de
acción da lugar al marco institucional de la sociedad en contraposición a
los sistemas de acción instrumental y estratégica.

Habermas asigna al marco institucional de la sociedad, las siguientes


funciones: –Organización colectiva para la conservación de la especie, la
cual no está asegurada exclusivamente por el instinto;
– institucionalización del aprendizaje y acomodación, y especialmente,
– la represión y canalización de tendencias libidinosas o agresivas que
resultan disfuncionales para la propia conservación colectiva de la
sociedad.
Esta última función del marco institucional de la sociedad, implica un
doble factor: –La organización del poder a fin de reprimir dichas
tendencias agresivas y – la articulación y satisfacción de nuestras
necesidades.
Una parte de los contenidos culturales se transforma funcionalmente y
sirve a la legitimación del sistema de dominio; y sobre el grado de
represión, decide el marco institucional, así como sobre el grado de
emancipación e individuación, por ejemplo, fijando la oportunidad de
satisfacción de necesidades específicas del estrato, así como las
necesidades generales.
Habermas contempla la acción comunicativa y el mundo de la
vida como conceptos “complementarios”. En concreto, la acción
comunicativa puede considerarse como algo que ocurre dentro del
mundo de la vida:

Por decirlo así, el mundo de la vida es el lugar trascendental donde se


encuentran el hablante y el oyente, donde de modo recíproco reclaman
que sus posiciones encajan en el mundo… y donde pueden criticar o
confirmar la validez de las pretensiones, poner en orden sus
discrepancias y llagar a acuerdos “.

Habermas pretende interpretar el mundo de la vida, suponiendo “una


conexión interna entre las estructuras del mundo de la vida y la imagen
lingüística del mundo“. El lenguaje y la cultura son constitutivos del
mundo de la vida mismo.

En la práctica comunicativa cotidiana no hay situaciones absolutamente


desconocidas. Incluso las nuevas situaciones emergen a partir de un
mundo de la vida constituido desde un acervo cultural de saber que ya
nos es siempre familiar. Por lo tanto, no es posible huir del mundo de la
vida:

“…los agentes comunicativos se mueven siempre dentro del horizonte


que es su mundo de la vida; de él no pueden salirse”.

El acervo de saber del mundo de la vida provee, según Habermas, a los


participantes de la acción de convicciones de fondo a problemáticas,
que más adelante darán lugar a los procesos de entendimiento. En otras
palabras: si la acción comunicativa es posible, lo es sobre el horizonte a
problemático del mundo de la vida.
El mundo de la vida constituye un “trasfondo moldeador y contextual de
los proceso por lo que se alcanza la comprensión” mediante la acción
comunicativa
El presupuesto de la teoría de la acción comunicativa es que,
existen tres mundos, los que constituyen conjuntamente el sistema de
referencia que los hablantes suponen en común en los procesos de
comunicación. El mundo externo alude a los mundos objetivo y social,
y el interno al mundo subjetivo. Es decir que, para esta concepción, el
hablante, al ejecutar un acto de habla, entabla una relación pragmática
con:
> algo en el mundo objetivo (como totalidad de las entidades sobre las
que son posibles enunciados verdaderos); o
> algo en el mundo social (como totalidad de las relaciones
interpersonales legítimamente reguladas); o
> algo en el mundo subjetivo (como totalidad de las propias vivencias
a las que cada cual tiene un acceso privilegiado y que el hablante puede
manifestar verazmente ante un público), relación en la que los
referentes del acto de habla aparecen al hablante como algo objetivo,
como algo normativo o como subjetivo.
El hablante y el oyente se entienden desde y a partir del mundo de la
vida que les es común, (porque esta simbólicamente estructurado) sobre
algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo.
De manera que, entender un acto de habla, significa, para el oyente,
saber qué lo hace aceptable. De esta manera, la acción comunicativa se
basa en el consenso simbólico. La verdad, la rectitud y la veracidad,
respectivamente, son los criterios de verdad. El mundo de la vida es el
lugar trascendental en que el hablante y el oyente se salen al encuentro
planteándose esas pretensiones de validez; es el horizonte de
convicciones comunes a problemáticas en el que se da la acción
comunicativa.
Mediante la distinción entre trabajo e interacción, Habermas reconstruye
la evolución de la sociedad desde la Edad Media hasta nuestros días. Así
tenemos, que en la sociedad tradicional (hasta la burguesía moderna), el
marco institucional se legitima mediante interpretaciones míticas,
religiosas y metafóricas de la realidad en su conjunto.
Por su parte, en la sociedad capitalista se amplían cada vez más, los
subsistemas de acción instrumental, particularmente, la economía.
El tipo tradicional de racionalidad comunicativa se ve confrontada en los
tiempos modernos con la nueva racionalidad de tipo científico-
técnico (instrumental). En dicha confrontación, sale derrotada la anterior
racionalidad comunicativa, en virtud de que la interpretaciones mítico-
religiosas son sustituidas por las interpretaciones científicas.
La superación de este estado de cosas viene dada para Habermas por
una futura pragmática universal, una ciencia del lenguaje basada en
estructuras universales y válidas en cualquier situación y contexto
comunicativo. La pragmática universal pone de manifiesto las
condiciones lingüísticas que hacen posible la razón comunicativa. Es a
través de ella que, la razón instrumental /capitalista deviene
nuevamente razón comunicativa. La acción comunicativa, como parte de
la acción social, colabora en los tres procesos que conforman la
socialización: recepción y reproducción cultural, integración social y
desarrollo de la personalidad y de la identidad

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