100% encontró este documento útil (1 voto)
315 vistas659 páginas

T35729 PDF

Cargado por

susana
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
315 vistas659 páginas

T35729 PDF

Cargado por

susana
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

FACULTAD DE PSICOLOGÍA
DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA EVOLUTIVA Y DE LA EDUCACIÓN

TESIS DOCTORAL
El síndrome del burnout en el profesorado de la ESO

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTORA

PRESENTADA POR
Estela Montejo Martín

Director

Rosario Martínez Arias

Madrid, 2014

©Estela Montejo Martín, 2014


UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA EVOLUTIVA Y DE LA


EDUCACIÓN

EL SINDROME DEL BURNOUT EN


EL PROFESORADO DE LA ESO
Autora:
Estela Montejo Martín

Directora:
Dra. Rosario Martínez Arias
Departamento de Metodología de las ciencias del comportamiento
Facultad de psicología (U.C.M.)

TESIS DOCTORAL
Madrid, 2014
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA EVOLUTIVA Y DE LA EDUCACIÓN

TESIS DOCTORAL
El síndrome del burnout en el profesorado de la ESO

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTORA

PRESENTADA POR
Estela Montejo Martín

Director

Rosario Martínez Arias

Madrid, 2014

©Estela Montejo Martín, 2014


A mi familia
y
a todos los profesores
que han hecho posible esta investigación
ÍNDICE GENERAL

Introducción 1
Fundamentación teórica
1. Conceptualización del Burnout 5
1.1. ¿Qué es el “Burnout”? principales definiciones 5
1.2. ¿Cómo se traduce el término “Burnout” al castellano? 20
1.3. Diferenciación del “Burnout” frente a otros conceptos 23
1.3.1. Estrés 23
1.3.2. Depresión 27
1.3.3. Ansiedad 31
1.3.4. Tedio o aburrimiento 32
1.3.5. Fatiga y fatiga crónica (SFC) 33
1.3.6. Síndrome de adicción al trabajo 34
1.3.7. Insatisfacción laboral 34
1.3.8. Crisis de la edad media o crisis existencial 38
1.3.9. Agotamiento vital 38
1.3.10. Alienación 38
1.3.11. Indefensión aprendida 39
1.3.12. Acoso laboral (Mobbing) 40
1.3.13. Entrega/vinculación/implicación en el trabajo (Work 41
Engagement)
2. Investigación del Burnout 46
2.1. Etapas en el desarrollo histórico de la investigación del 46
“Burnout”
2.2 ¿Por qué es importante investigar el síndrome de “Burnout” 51
en los docentes?
2.3 Variables más significativas asociadas con el “Burnout” 69
docente
2.3.1. Personales 71
2.3.2. Sociodemográficas 155
2.3.3. Antropométricas, biológicas y fisiológicas 208
3. Factores, ciclos y modelos explicativos del Burnout 211
3.1. Factores que causan estrés y/o “Burnout” en la enseñanza 211
3.2. Ciclos de estrés y “burnout” del profesorado 235
3.3. Modelos explicativos del “burnout” 240
3.3.1. Generales 240
3.3.2. Docentes 266
4. Evaluación y Diagnóstico 296
4.1. Sintomatología asociada al “burnout”. Consecuencias 296
4.2. Evaluación del burnout 304
4.2.1. Medidas orgánicas y fisiológicas 304
4.2.2. Autoinformes 306
4.2.3. Informes de los alumnos 338
4.2.4. Maslach Burnout Inventory (MBI) 345
5. Aspectos claves para la intervención 369
5.1. Fases en el proceso de desarrollo del síndrome de “Burnout” 369
docente
5.1.1. Klarreist (De Dios Franco, 2003) 369
5.1.2. Edelwich y Brodsky (1980) 370
5.1.3. Blase (1982) 370
5.1.4. Modelo de Price y Murphy (1984) 371
5.1.5. Modelo de Bronsberg y Vestlund (1997) 371
5.1.6. Quevedo-Aguado, Delgado, Fuentes, Salgado, Sánchez, 372
Sánchez y Yela (1999)
5.1.7. Kristensen, Borritz, Villadsen y Christensen (2005) 373
5.2. Estrategias de intervención 374
5.2.1. Manejo centrado en el individuo 379
5.2.2. Manejo centrado en la institución/organización 393
5.2.3. Manejo social. Apoyo social como factor modulador 406
5.2.4. Programas específicos 409

Investigación
6. Objetivos 420
7. Hipótesis 421
8. Método 424
8.1. Participantes 424
8.2. Diseño 434
8.3. Procedimiento 434
8.4. Variables e instrumentos de medida 435
8.5. Resultados 440
8.5.1. Validación de instrumentos 441
8.5.2. Relaciones entre las dimensiones de “Burnout” y otras 470
variables
8.5.3. Predicción del síndrome del “Burnout” 493
9. Discusión 504
10. Conclusiones 519

Referencias 522
Anexos 620
Anexo I. Instrumentos de medida del “Burnout” 621
(autoinformes)

Anexo II. Cuestionarios 625

Anexo III. Factores que causan estrés o Burnout en la 634


docencia

Anexo IV. Resumen de hipótesis 637

Summary 639
ÍNDICE DE TABLAS

Tabla 1.2.1. Principales momentos del recorrido histórico en la definición del 21


“Burnout”
Tabla 1.3.1. Principales diferencias entre “Burnout” y otros conceptos 45
Tabla 2.2.1. Motivos para el estudio del “Burnout” docente 51
Tabla 2.3.1. Edad y “Burnout” docente 75
Tabla 2.3.2. Experiencia en la docencia y “Burnout” 78
Tabla 2.3.3. Sexo de los docentes y “Burnout” 87
Tabla 2.3.4. Estado civil de los docentes y “Burnout” 91
Tabla 2.3.5. Correlaciones obtenidas por Morán (2005) entre las escalas del 99
MBI, y de éstas con los factores de personalidad el NEO-FFI
Tabla 2.3.6. Extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y 101
apertura en su relación con el “Burnout”
Tabla 2.3.7. PCTA y “Burnout” 103
Tabla 2.3.8. Relación de la personalidad resistente con el “Burnout” 106
Tabla 2.3.9. Influencia de la personalidad resistente y SC sobre la predicción 109
del “Burnout” según Moreno-Jiménez et al. (en Buendía et al., 2002)
Tabla 2.3.10. Locus de control y “Burnout” docente 123
Tabla 2.3.11. Medida de la autoeficacia docente propuesta en el modelo 139
“Clase y contexto escolar” de Friedman et al. Tomado de Gil-Monte (2007)
Tabla 2.3.12. Satisfacción laboral y “Burnout” según Zedec et al. (1988) 150
Tabla 2.3.13. Niveles educativos y “Burnout” 158
Tabla 3.1.1. Factores más nombrados como antecedentes del estrés y/o 234
“Burnout” docente
Tabla 3.2.1. Resumen de ciclos de estrés y “Burnout” docente 239
Tabla 3.3.1. Fases del modelo de Golembiewski et al. 253
Tabla 3.3.2. Fases del modelo de Leiter et al. (1989) 254
Tabla 3.3.3. Correlaciones entre las tres dimensiones del “Burnout” 282
Tabla 3.3.4. Resumen de las principales investigaciones sobre variables 295
influyentes en el “Burnout
Tabla 4.1.1. Consecuencias del “Burnout” 303
Tabla 4.2.1. Evolución del MBI 346
Tabla 4.2.2. Niveles de “Burnout” según las puntuaciones directas obtenidas 360
en cada escala
Tabla 4.2.3. Resumen de coeficientes de fiabilidad como consistencia 363
interna (alpha)
Tabla 4.2.4. Resumen de resultados de las correlaciones 363
Tabla 4.2.5. Comparación de medidas del MBI en diferentes profesiones 364
Tabla 5.2.1. Temporalización del programa de formación para prevenir el 388
“Burnout” en los docentes (Gil-Monte et al., 2007)
Tabla 5.2.2. Pautas de intervención (Alarcón et al., 2001) 417
Tabla 8.1.1. Número de centros seleccionados por subdirección territorial y 424
titularidad
Tabla 8.1.2. Distribución de los participantes según su experiencia docente 428
Tabla 8.1.3. Distribución de los participantes según su grado de formación 429
complementaria
Tabla 8.1.4. Departamentos a los que pertenecen los profesores 434
Tabla 8.4.1. Propiedades psicométricas y características de los factores del 438
Big-Five reducido en la población norteamericana
Tabla 8.5.1. Matriz de configuración de rotación Promax 442
Tabla 8.5.2. Matriz de correlaciones entre factores 443
Tabla 8.5.3. Solución no estandarizada del modelo con tres factores 444
Tabla 8.5.4. Solución completamente estandarizada 446
Tabla 8.5.5. Correlaciones entre los factores PHI 446
Tabla 8.5.6. Correlaciones múltiples al cuadrado de las variables del modelo 448
de tres factores
Tabla 8.5.7. Estadísticos de ajuste del modelo de tres factores del MBI 449
Tabla 8.5.8. Coeficientes de fiabilidad como consistencia interna (alpha) 449
Tabla 8.5.9. Estadísticos de los ítems del factor Cansancio Emocional 450
Tabla 8.5.10. Estadísticos de los ítems del factor Realización Personal 450
Tabla 8.5.11. Estadísticos de los ítems del factor Despersonalización 451
Tabla 8.5.12. Correlaciones entre los factores 452
Tabla 8.5.13. Matriz de configuración. Cuestionario Big-five 453
Tabla 8.5.14. Modelo Big-Five. Solución no estandarizada 456
Tabla 8.5.15. Correlaciones entre los factores 458
Tabla 8.5.16. Completely Standardized Solution 459
Tabla 8.5.17. Correlaciones múltiples al cuadrado de los ítems con los 460
factores del cuestionario Big-Five
Tabla 8.5.18. Estadísticos de ajuste del modelo de cinco factores con 45 460
ítems del cuestionario Big-Five
Tabla 8.5.19. Coeficientes de fiabilidad como consistencia interna (alpha) de 461
las puntuaciones de los factores del Big-Five
Tabla 8.5.20. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 461
ítems del factor Neuroticismo
Tabla 8.5.21. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 462
ítems del factor Apertura al exterior
Tabla 8.5.22. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 462
ítems del factor Amabilidad
Tabla 8.5.23. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 463
ítems del factor Extraversión
Tabla 8.5.24. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 463
ítems del factor Responsabilidad
Tabla 8.5.25. Matriz de correlaciones entre los factores 464
Tabla 8.5.26. Matriz de configuración de la rotación Promax del cuestionario 466
de Situaciones relacionadas con el síndrome
Tabla 8.5.27. Coeficientes de fiabilidad como consistencia interna (alpha) 467
de las puntuaciones de los factores del cuestionario de situaciones
relacionadas con el “Burnout”
Tabla 8.5.28. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 467
elementos del factor Autoeficacia docente
Tabla 8.5.29. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 468
elementos del factor Estrés docente y experiencias negativas
Tabla 8.5.30. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 469
elementos del factor Clima y convivencia en el centro
Tabla 8.5.31. Estadísticos descriptivos e índices de discriminación de los 470
elementos del factor Consideración social y de las familias
Tabla 8.5.32. Estadísticos descriptivos y resultados contraste “t” de Student 471
Tabla 8.5.33. Estadísticos descriptivos de los componentes del síndrome y 472
edad
Tabla 8.5.34. Estadísticos descriptivos de las variables del síndrome y tener 474
pareja
Tabla 8.5.35. Estadísticos descriptivos de las variables del síndrome y tener 475
pareja
Tabla 8.5.36. Estadísticos descriptivos de las variables del síndrome y 476
hábitat
Tabla 8.5.37. Estadísticos descriptivos de los componentes del síndrome y 479
titularidad del centro
Tabla 8.5.38. Estadísticos descriptivos de los componentes del síndrome y 480
tamaño del centro
Tabla 8.5.39. Estadísticos descriptivos de los componentes del “Burnout” y 483
tener alumnado de diversidad y resultados del contraste t”” de Student
Tabla 8.5.40. Estadísticos descriptivos de los componentes del “Burnout” y 484
titulación de los docentes y resultados del contraste “t” de Student
Tabla 8.5.41. Correlaciones lineales de Pearson entre las puntuaciones en 485
las dimensiones del “Burnout” y el número de años de permanencia en el
centro (n = 556)
Tabla 8.5.42. Estadísticos descriptivos Departamentos didácticos 486
Tabla 8.5.43. Cansancio Emocional x situación laboral x titularidad 489
Tabla 8.5.44. Realización Personal x situación laboral x titularida 489
Tabla 8.5.45. Despersonalización x situación laboral x titularidad 490
Tabla 8.5.46. Correlaciones entre las dimensiones del síndrome y 490
personalidad tipo A (N = 564)
Tabla 8.5.47. Correlaciones entre las dimensiones del síndrome y los cinco 491
factores de personalidad (N = 564)
Tabla 8.5.48. Correlaciones entre las dimensiones del síndrome y las 492
variables derivadas del cuestionario de situaciones docentes (N = 564)
Tabla 8.5.49. Estadísticos resumen del modelo de regresión. Cansancio 494
Emocional
Tabla 8.5.50. Coeficientes de regresión del modelo final y contrastes de los 495
predictores. Cansancio Emocional
Tabla 8.5.51. Estadísticos resumen del modelo de regresión. Realización 496
Personal
Tabla 8.5.52. Coeficientes de regresión del modelo final y contrastes de los 497
predictores. Realización Personal
Tabla 8.5.53. Estadísticos resumen del modelo de regresión. 498
Despersonalización
Tabla 8.5.54. Coeficientes de regresión del modelo final y contrastes de los 499
predictores. Despersonalización
Tabla 8.5.55. Estadísticos de ajuste del modelo 503
ÍNDICE DE FIGURAS

Figura 1.2.1. Tres grandes bloques de traducción del término “Burnout” 21


(Gil-Monte, 2003)
Figura 2.1.1. Principales hitos de cada fase 50
Figura 2.3.1. Autoconciencia y “Burnout” (Thompson, 1993) 128
Figura 2.3.2. Autoeficacia profesional (Friedman, 2000) 137
Figura 2.3.3. Modelo de Autoeficacia (Friedman, 2003) 144
Figura 3.3.1. Modelo de la competencia social (Harrison, 1983) 241
Figura 3.3.2. Modelo operacional (Jayaratne et al., 1983, 1986) 242
Figura 3.3.3. Modelo de Cherniss 244
Figura 3.3.4. Modelo de Thompson et al. (1993) 246
Figura 3.3.5. Modelo de Meier (1983) 251
Figura 3.3.6. Golembiewski et al. (1983, 1986, 1988, 1996) Phase Model 253
Figura 3.3.7. Secuencia del modelo de Leiter et al. (1988, 1989, 1993) 254
Figura 3.3.8. Modificación en la secuencia del modelo de Leiter (1989) 255
Figura 3.3.9. Modelo de Lee et al. (1993) 257
Figura 3.3.10. Modelo de Manzano (1998) 258
Figura.3.3.11. Hipótesis del modelo de demandas y recursos basado en 260
Hakanen et al. (2006)
Figura 3.3.12. Modelo de Taris et al. (2005) 262
Figura 3.3.13. Modelo que integra el “Burnout” dentro del proceso de estrés 264
laboral (Gil-Monte, 2003)
Figura 3.3.14. Función de los sentimientos de culpa en el proceso de 265
desarrollo del síndrome de quemarse por el trabajo (Gil-Monte et al., 2001)
Figura 3.3.15. Esquema que recoge la teoría de Blase (1982) 268
Figura 3.3.16. Modelo de la teoría de Polaino (1982) 270
Figura 3.3.17. Modelo ramificado de Esteve (1986) 272
Figura 3.3.18. Modelo de Oliver (1993) 276
Figura 3.3.19. Correlaciones establecidas entre cada una de las variables 276
consideradas e influencia sobre el síndrome de “Burnout”
Figura 3.3.20. Modelo de ecuaciones estructurales para las variables 284
latentes de los procesos de “Burnout” en la enseñanza (Manassero et al.,
2000)
Figura 3.3.21. Modelo resultante del “Burnout” en docentes (basado en 287
Dorman, 2003)
Figura 3.3.22. Hipótesis intraburnout de Dorman (2003) 289
Figura 3.3.23. Principales implicaciones del modelo de Dorman (2003) 290
Figura 3.3.24. Factores relevantes e influencia de éstos en función de los 292
resultados obtenidos (Arcenillas, 2003)
Figura 3.3.25. Modelo de ecuaciones estructurales que asocia los factores 293
de estrés escolares, variables, personales docente y “Burnout”. La línea
punteada representa la asociación directa entre comportamiento disruptivo
de los alumnos y “Burnout”
Figura 4.2.1. Estructura del CBP (Moreno et al., 1993) 331
Figura 4.2.2. MBI-HSS 348
Figura 5.2.1. Resumen de las principales estrategias de intervención 418
Figura 7.1. Modelo explicativo del “Burnout” docente 423
Figura 8.1.1. Distribución de los participantes por edades 425
Figura 8.1.2. Distribución de los participantes según el sexo 425
Figura 8.1.3. Distribución de los participantes en cuanto a tener o no tener 426
pareja estable.
Figura 8.1.4. Distribución de los participantes en función de tener o no hijos 426
Figura 8.1.5. Situación administrativa de los docentes 427
Figura 8.1.6. Titulación de los participantes 428
Figura 8.1.7. Distribución de los participantes según la ubicación del centro 430
Figura 8.1.8. Distribución de los participantes según titularidad del centro y 431
tamaño
Figura 8.1.9. Cargos que ocupan los participantes 431
Figura 8.1.10. Distribución de docentes con alumnos con necesidades 432
educativas específicas
Figura 8.1.11. Distribución de niveles educativos que imparten los docentes 432
Figura 8.5.1. Diagrama del modelo de estructura factorial del MBI en 447
docentes de ESO
Figura 8.5.2. Modelo factorial ajustado del cuestionario Big-Five. Solución 455
estandarizada
Figura 8.5.3. Diagrama de error Cansancio Emocional. Edad 473
Figura 8.5.4. Diagrama de error Realización Personal. Edad 473
Figura 8.5.5. Diagrama de error Despersonalización. Edad 474
Figura 8.5.6. Diagrama de error para las tres variables del “Burnout”. 475
Estado Civil
Figura 8.5.7. Diagrama de error para las tres variables del “Burnout. Hijos 476
Figura 8.5.8. Diagrama de error para Cansancio Emocional. Hábitat 477
Figura 8.5.9. Diagrama de error para Realización Personal. Hábitat 478
Figura 8.5.10. Diagrama de error para Despersonalización. Hábitat 478
Figura 8.5.11. Diagrama de error para las tres variables del “Burnout”. 479
Titularidad del centro
Figura 8.5.12. Diagrama de error para Cansancio Emocional. Tamaño del 481
centro
Figura 8.5.13. Diagrama de error para Realización Personal. Tamaño del 481
centro
Figura 8.5.14. Diagrama de error para Despersonalización. Tamaño del 482
centro
Figura 8.5.15. Diagrama de error para las tres dimensiones del “Burnout”. 483
Atención a la diversidad
Figura 8.5.16. Diagrama de error para las tres dimensiones del “Burnout”. 485
Nivel de formación
Figura 8.5.17. Diagrama de error para Cansancio Emocional. 487
Departamento didáctico
Figura 8.5.18. Diagrama de error para Realización Personal. Departamento 488
didáctico
Figura 8.5.19. Diagrama de error para Despersonalización. Departamento 488
didáctico
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

INTRODUCCIÓN

Mi experiencia profesional como orientadora y profesora de refuerzo en la


ESO me ha ido llevando durante estos años de profesión a encontrarme con
compañeros que han atravesado momentos profesionales (y secundariamente
personales) muy complejos: cansados, sin ganas de continuar en esta profesión, con
indiferencia hacia sus alumnos cuando anteriormente habían sido docentes muy
involucrados en el proceso de enseñanza/aprendizaje, con programas de innovación
que no quieren seguir desarrollando, desbordados por las exigencias que al rol
docente se le atribuye en estos momentos, impotentes por tener que ejercer además
de cómo profesores como sustitutos en ocasiones de las propias familias,
desbordados por algunas problemáticas concretas de sus alumnos y que se les
escapaban de su competencia profesional, con incertidumbre por no entender lo que
les pasaba a nivel personal como docentes, derrumbados en alguna ocasión física y
psicológicamente, en ocasiones con deseos de cambiar de centro escolar pese a no
tener ningún problema en concreto en sus centros respectivos, a menudo
diagnosticados de estrés o depresión pero sin poder determinar una causa
desencadenante y sin gran mejoría tras las bajas y los tratamientos
farmacológicos… Como orientadora y docente he sentido una gran impotencia al no
saber ofrecerles más ayuda que la simple catarsis o desahogo momentáneo más
como compañera que como profesional. Poco a poco y ya empezados mis estudios
de doctorado fui necesitando comprender qué les pasaba a estos magníficos
profesionales, pues sus manifestaciones no denotaban meramente una mala racha,
una época de estrés o un estado de ansiedad frente a situaciones concretas con
alumnos; sus verbalizaciones y sus conductas no verbales indicaban que algo más
podía estar pasando. Igualmente, y gracias a que en los últimos años he tenido la
suerte de compartir centros con equipos directivos de alta calidad humana, nos
íbamos percatando a través de nuestras conversaciones sobre las situaciones de
estos colegas, que era común entre ellos la necesidad de solicitar un traslado de
centro, alternativa que por sí sola no solucionaba del todo el problema sino que
meramente lo parcheaba, dejando en los colegas (tanto en los afectados
directamente como en los equipos directivos que les intentaban apoyar sin saber
muy bien cómo hacerlo) una sensación de fracaso y vacío personal/ profesional muy

1
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

importante y que marcaba un antes y un después en sus expectativas sobre la


enseñanza, sus ideales, su papel como profesores, educadores e incluso como
personas. Con algunos de ellos he tenido la suerte de continuar en contacto, para la
mayoría el cambio de centro y por tanto de destino (cambio de contexto inmediato,
de expectativas, etc.) fue una solución a muy corto plazo pero quedando a medio
plazo una cierta desilusión, sensación de fracaso… a medio plazo, es decir, que
nunca llegaron a recuperar su yo profesional previo, siendo el área social el más
tocado, es decir, su capacidad de trato cálido, cercano, próximo y humano con los
alumnos y compañeros. Cualquier docente conoce la soledad del aula, si a esto se
le suma ser consciente de la pérdida de conexión con nuestros alumnos cuando
además viene impuesto por un muro levantado por nosotros, la totalidad de la
satisfacción con nuestro desarrollo profesional seguro que queda mermado, con
todo lo que esto conlleva.

Debido a sus amargos momentos y a la confianza depositada en mí para


transmitirme sus vivencias, surgió el interés y la necesidad de conocer más sobre el
Síndrome de “Burnout” en un intento por dotar de sentido sus necesidades e intentar
prepararme para poder ayudarles de la mejor manera posible. A día de hoy creo
conocer más de la temática pero sigo necesitando ahondar más en cómo poder
ofrecer recursos personales y profesionales que ayuden a mis compañeros.

Una vez inmersa en la revisión bibliográfica, me di cuenta de la magnitud de


la importancia que tiene el Síndrome de “Burnout” en la profesión docente, y como
consecuencia, reflexioné sobre las muchas razones que iba encontrando para no
abandonar este apasionado tema; el llamativo aumento de la prevalencia del
síndrome en estudios nacionales e internacionales, sus consecuencias sobre la
salud (personal y social), la condición de ser una profesión de ayuda donde las
demandas interpersonales son constantes al estar en contacto directo con personas
en plena formación, las cada vez mayores demandas que se nos exigen desde la
sociedad, la desvalorización de nuestro rol por parte de las familias y de la sociedad
en general, la crisis en el medio educativo y social, la ampliación de la escolarización
obligatoria hasta los 16 años, y todo ello sobre unas mínimas bases jurídicas … todo
un reto de abordar.

2
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Por todas estas razones el Síndrome de “Burnout” es un tema apasionante,


sobre el que aún hay mucho que investigar, desconocido por la mayoría de docentes
y a la par temido cuando se aborda, tal vez por su desconocimiento… Con esta
investigación queremos ofrecer la oportunidad de proporcionar nuevos datos,
nuevas perspectivas, la posibilidad de difundir más sobre su concepto y despertar un
diálogo que abra nuevas líneas de investigación.

3
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

4
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

1. CONCEPTUALIZACIÓN DEL BURNOUT

1.1. ¿Qué es el “Burnout”? Principales definiciones

El término “Burnout” nace de la mano de Freudenberger (1974), psicólogo


clínico dedicado al psicoanálisis en una clínica de salud en Nueva York, por lo que
desde su origen va unido a los contextos sociales. Freudenberger (1974) observó
que muchos de los voluntarios con los que trabajaba, experimentaban en un
momento determinado, un bajón emocional y una pérdida de motivación e
implicación, observando que este proceso tenía una duración aproximada de un año
y que se acompañaba de síntomas físicos y mentales. Para aludir a este particular
estado de agotamiento emocional, el autor empleó una palabra que coloquialmente
se utilizaba para describir los efectos de los abusos crónicos de drogas, “Burnout”.

De forma paralela, Maslach (1976), psicóloga social, estudiaba la manera en


que las personas se enfrentaban con el arousal emocional en el medio laboral
centrándose en las estrategias cognitivas de “indiferencia” y “deshumanización”
como autodefensa; constatando su implicación en la identidad y conducta
profesional. Al comentar con un amigo abogado sus conclusiones, éste refirió que
en el argot jurista se utilizaba el término “Burnout” para referirse a los abogados de
los pobres.

Pese a que el término se dio a conocer fundamentalmente con estos dos


autores, Schwartz y Will (1953) ya habían presentado la primera conceptualización
del síndrome de “Burnout” como proceso, al describir un sentimiento de baja moral y
distanciamiento con respecto a los pacientes en enfermeras que trabajaban en un
hospital psiquiátrico. Tal y como recogen Alarcón, Vaz y Guisado (2001) pese a que
el estudio careció de rigor científico tuvo un gran valor heurístico.

Greene (1960) utilizó una definición de síntomas psicológicos para aludir a


una persona que padecía una enfermedad física incurable y que él definía como
“quemada”, en un estado de “vaciamiento existencial”. Posteriormente en 1961,
escribiría la novela “A Burn-out case” donde relata la vida de un arquitecto que

5
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

atormentado y desilusionado abandona su trabajo para irse a vivir a la selva africana


(Maslach, Schaufeli y Leiter, 2001).

Bradley (1969) alude por primera vez el “Burnout” como fenómeno psicológico
en profesiones de “ayuda”.

Desde 1972 el uso del término se veía empleado por deportistas anglosajones
(personal no asistencial) para describir una situación en la que en contra de las
expectativas, del esfuerzo y de la preparación, no obtenían el rendimiento esperado.
Dos años más tarde, Ginsburg (1974) reflexionaba sobre el mismo síndrome pero
sin lograr un desarrollo científico tan prolífero como su colega alemán Freudenberger
(Garcés de los Fayos, 2004).

Para Freudenberger (1974) este síndrome se caracteriza por un estado de


agotamiento consecuencia de un trabajo intenso, hasta el límite de no tomar en
consideración las propias necesidades personales, quemándose en su excesiva
dedicación al trabajo. En 1977, este mismo autor añadía el calificativo de
“contagioso” al síndrome basándose en que los trabajadores que lo sufren pueden
afectar al resto de compañeros con su letargo, cinismo y desesperación,
perjudicando a corto plazo a la organización, con riesgo de producir un desánimo
general. Bakker y Schaufeli (2000), Maslach, Jackson y Leiter (2001), Maslach,
Jackson y Schwab (1986), Westman y Etzion (1999), Bakker, Demerouti, Boer y
Schaufeli (2003) también aluden a la noción de contagio o de propagación para
explicar el impacto negativo sobre los compañeros, tanto por el conflicto personal
que ocasiona como por la interrupción en la tarea del trabajador y su afectación a
los demás. Otros autores como Savicki (1979) apoyarían este calificativo
argumentando que a efectos epidémicos “el Burnout es similar al sarampión”.
Olabarría (1997), Seidman y Zager (1986, 1991), Smith, Bybee y Raish (1988) son
otros de los autores que hacen hincapié en la idea del efecto propagador del
“Burnout” dentro de las organizaciones, especialmente si la causa reside en la
dirección organizativa, o cuando la situación se agrava como consecuencia de la
ausencia de comprensión y escasa disposición para tratar los problemas. Burke y
Greenglass (2001) apuntan también las evidencias que tienen los efectos negativos
del “Burnout” sobre la vida doméstica. Van Dierendonck, Schaufeli y Buunk (2001)

6
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

confirman el efecto de contagio en el ámbito escolar poniendo como ejemplo la


comunicación entre docentes al intercambiar información con compañeros o
directivos y tratar de resolver problemas relacionados con factores organizacionales
o sobre cuestiones de alumnos concretos.

En 1979, el término “Burnout” se contemplaba por primera vez en


investigaciones bibliográficas retrospectivas en un artículo de Bardo (1979) titulado
“The Pain of Teacher Burnout”, donde se narra la vida de una profesora que
abandona la docencia para convertirse en corredora de bolsa explicando las razones
de su fracaso y huida de la enseñanza. Para esta autora los síntomas incluirían un
alto absentismo, falta de compromiso, anormal deseo de vacaciones, baja
autoestima e incapacidad para tomarse la escuela en serio.

Desde este punto de vista, el “Burnout” aparece en los profesionales más


comprometidos, con una dedicación más intensa ante las demandas y presión de su
trabajo que intentan satisfacer con desprendimiento y desinterés, de tal forma que
sus necesidades quedan relegadas a un segundo término. Así, la presión que
soportan estos profesionales viene de tres fuentes: de ellos mismos, de las
necesidades de sus clientes (que perciben como agudas), y de los compañeros y/o
superiores.

En 1977 Maslach, dio a conocer este término de forma pública en el Congreso


Anual de la Asociación Americana de Psicólogos (APA), utilizando el término para
referirse a una situación cada vez más frecuente entre los trabajadores de los
servicios humanos, consistente en el hecho de que después un cierto tiempo de
trabajo y dedicación, acababan quemados o agotados. La conceptualización del
“Burnout” de Maslach (1993), Maslach y Jackson (1981, 1986); Maslach, Jackson y
Leiter (1996) es el modelo mayoritariamente aceptado (García, 1990; Guerrero,
2003a; Martínez, 2010; Taris, LeBlanc, Schaufeli y Schreurs, 2005; Tejero, 2006;
Tejero, Fernández y Carballo, 2010). Por esta razón, nosotros lo utilizaremos como
concepto de referencia en el desarrollo de la tesis. Según este modelo, el “Burnout”
es un síndrome psicológico que se da ante situaciones de estrés emocional crónico
cuyos rasgos principales son el cansancio físico y psicológico, una actitud fría y
despersonalizada en la relación con los demás y un sentimiento de inadecuación

7
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

con respecto a las tareas que hay que desarrollar. Taris et al. (2005), Kristensen,
Borritz, Villadsen y Christensen (2005), Halbesleben y Demerouti (2005) confirman la
conceptualización de naturaleza crónica del “Burnout” con datos de estudios
longitudinales obteniendo correlaciones con un intervalo de ocho años de entre .50 a
.60 (Taris et al., 2005) que confirman la estabilidad de esta naturaleza crónica.

La conceptualización del “Burnout” de Maslach (1993), Maslach y Jackson


(1981, 1986), Maslach et al. (1996, 2001) identifica tres dimensiones en el
“Burnout”:

- Agotamiento o Cansancio Emocional: alude a sentimientos de agotamiento y


cansancio a nivel emocional causado por presiones laborales. En este
estadio, el profesional ve cómo disminuye su capacidad de entrega a los
demás, tanto a nivel personal como psicológico. Se refleja con indicadores
como sentirse agotado emocionalmente por el trabajo, sentirse cansado al
final de la jornada, etc. Maslach (1982) la define como un “patrón de
sobrecarga emocional donde la gente se siente desgastada. Pierden energía
para hacer frente a otro día” (p.3).

- Despersonalización: se caracteriza por la aparición de sentimientos y


actitudes negativas, cínicas y frías hacia las personas con las que se trabaja.
Es un proceso de endurecimiento e incluso deshumanización, ya que el
profesional puede llegar a considerar que las personas son merecedoras de
los problemas que presentan. El desarrollo de estas actitudes o sentimientos
está ligado a la experiencia de Cansancio Emocional. Algunos de sus
indicadores son tratar a las personas como objetos impersonales, la
preocupación por el endurecimiento emocional que se observa uno mismo, o
volverse más insensible con las personas con las que se trabaja. Maslach y
Pines (1977) identifican esta dimensión como “una percepción (de los
clientes) muy deshumanizada y cínica, donde son etiquetados y tratados por
consiguiente de manera despectiva” (p. 101). Pillay, Goddard y Wilss (2005)
en una reciente investigación apuntan que la Despersonalización podría surgir
como un mecanismo de distanciamiento para procurar reducir al mínimo el
sentido de incompetencia del trabajador proveniente de las interacciones

8
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

interpersonales; no obstante, esta nueva percepción de la dimensión


requeriría mayores estudios para poder ser confirmada.

- Falta de Realización Personal: conlleva la tendencia a una


autoevaluación negativa de la personas, apareciendo un descenso en los
sentimientos de competencia, logro y éxito laboral. Esta autoevaluación
negativa afecta a las habilidades de realización laboral y los profesionales se
sienten infelices y descontentos tanto consigo mismo como con su labor
profesional. Una disminución en los sentimientos de activación, en la
consecución de cosas útiles en la profesión, o en la creencia de estar
influyendo con el trabajo positivamente en la vida de los demás, son algunos
de los indicadores de esta tercera dimensión. Maslach y Jackson (1981, pp.1)
describen este aspecto del “Burnout” como “la tendencia a la autoevaluación
negativa, particularmente en relación con el trabajo con los clientes”.

El Agotamiento o Cansancio Emocional que vivencian los profesionales lleva


a una pérdida de motivación, que suele progresar hacia sentimientos de
inadecuación y fracaso y que se manifiesta por una mayor Despersonalización y
dificultades en la Realización Personal. Maslach y Jackson (1979) consideran el
“Burnout” como un concepto multidimensional, ya que estos tres componentes son
considerados conceptualmente distintos. Es importante señalar que el “Burnout”
puede ser considerado como un síndrome, ya que los síntomas se agrupan de forma
sistemática, y como proceso, ya que interactúan variables del entorno laboral y
características personales del individuo.

Aunque es prácticamente unánime el acuerdo entre los investigadores en


cuanto a operativizar el “Burnout” según el modelo propuesto por Maslach (1993),
Maslach y Jackson (1981, 1986), Maslach et al., (1996, 2001), conviene hacer un
breve recorrido por las definiciones que se han dado desde diferentes campos:
organizativos, clínicos, sistémicos, etc. y que pone de manifiesto que no existe una
única definición aceptada, pese a que el término lleva en vigor muchos años.

El Grupo de la Universidad de Michigan sobre estrés en el trabajo,


ambigüedad y conflicto de rol lo define como “un síndrome de actitudes inapropiadas

9
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

hacia los clientes y hacia sí mismos, asociado con síntomas de inconfortabilidad


física y emocional que pueden llevar mediante el extenuamiento e insomnio a
migrañas y úlceras, junto con deterioro de rendimiento como un elemento
frecuentemente asociado al síndrome” (Kahn, 1978).

Desde una perspectiva más psicosocial, Harrison (1978) lo conceptualiza


como un sentimiento negativo al trabajo en sí mismo.

Bronfenbrenner (1979), desde un punto de vista sistémico, considera el


síndrome como un desajuste disfuncional entre los contextos significativos de la vida
cotidiana de la persona como una fórmula adaptativa, o de compromiso, no exitosa.

Daley (1979) lo define en relación al estrés organizacional, describiéndolo


como una reacción de estrés relativa al trabajo que varía en naturaleza con la
intensidad y duración del mismo estrés, se manifiesta en trabajadores que
comienzan con daño emocional y que al final les puede llevar a una situación de
abandono.

Cherniss (1980) defendió una perspectiva organizacional en la que estudia


cómo las organizaciones y sus características socioculturales afectan a la persona
en su trabajo. Desde este encuadre, apoda al “Burnout” como la “enfermedad del
sobrecompromiso” y lo considera como una forma de afrontar el estrés, en concreto,
una forma de adaptación defensiva ante la sobrecarga que puede generar la
interacción de las características del medio laboral y las variables personales del
trabajador, definiéndolo como los “cambios personales negativos que se dan a lo
largo del tiempo en trabajadores con empleos frustrantes o con excesivas
demandas”, y analizándolo como un proceso de tres estados, o tres mecanismos
usados en reacción al estrés, frustración y trabajo monótono: el primer estado se
refiere a una balanza negativa entre los recursos y las demandas (estrés); el
segundo estado está mediatizado por tensión emocional, fatiga y extenuamiento
(strain); por último, el tercer estado consiste en un número de cambios en las
actitudes y conductas, como una tendencia a tratar a los clientes de una forma
desinteresada y mecánica o con una preocupación cínica (coping defensivo).
Aunque Cherniss (1980) lo refiere en un primer momento a un proceso en el que los

10
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

profesionales están desengañados de su trabajo en respuesta a experiencias de


estrés y tensión en el mismo, posteriormente, enfatiza la indefensión percibida y la
pérdida de control como aspectos críticos del problema (Cherniss, 1985).

Edelwich y Brodsky (1980) lo consideran un proceso caracterizado por una


pérdida progresiva del idealismo, la energía y los motivos vividos por los
profesionales de los campos asistenciales o de ayuda, como consecuencia de las
condiciones laborales.

Gillespie (1980) diferencia dos tipos de “Burnout”: el “Burnout” activo,


caracterizado por el mantenimiento de una conducta asertiva y relacionada con
factores organizacionales o elementos externos a la profesión; y el “Burnout” pasivo,
con prevalencia de sentimientos de retirada y apatía y relacionado con factores
internos psicosociales.

Shannon y Saleebey (1980) precisan el síndrome como condiciones de


debilitamiento psicológico que afectan a individuos que trabajan en condiciones de
alto estrés laboral (sobretodo en servicios humanos) los cuales sufren los efectos
acumulativos del estrés.

Harrison (1980) desde una perspectiva psicosocial lo considera un


sentimiento negativo al trabajo en sí mismo.

Pines, Aronson y Kafry (1981) lo observan como un estado de agotamiento


psíquico, emocional y mental, causado por la implicación prolongada en el tiempo en
situaciones que requieren demandas emocionales.

Blase (1982) aporta una definición muy cercana a la ofrecida anteriormente


por Shannon y Saleebey (1980), observando que cuando las demandas y el estrés
comienzan a ser excesivos pueden llevar a diferentes reacciones; el “Burnout” es
identificado como un tipo de respuesta crónica a la acumulación durante largo
tiempo del impacto del estrés negativo en el trabajo.

11
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Meier (1983) desde un enfoque cognitivo delimita el “Burnout” como el modo


de estructurar las percepciones de la persona como profesional. Estas percepciones,
pueden llegar a provocar que la persona no alcance una relación funcional entre el
acercamiento emocional a los individuos objeto de su atención laboral, y la distancia
adecuada para poder mantener una adecuada objetividad. La polarización entre uno
de estos dos extremos es, para el autor, el determinante del síndrome.

Fisher (1983) desde una perspectiva psicoanalítica lo entiende como el


resultado de un trauma narcisista, que conlleva a una disminución en la autoestima
personal.

Sturgess y Poulsen (1983) lo consideran una progresiva pérdida de idealismo,


energía y propósito por trabajadores de profesiones de ayuda como resultado de su
trabajo.

Desde una perspectiva sociohistórica Sarason (1983) se centra en el estudio


de los valores de la sociedad y la filosofía individualista del trabajo. El autor
considera que es difícil ejercer la actividad laboral en trabajos de servicios humanos
si las condiciones sociales no conducen a preocupaciones personales hacia
nuestros iguales. Sin embrago, desde esta postura es difícil explicar el “Burnout” en
profesiones que no tengan carácter asistencial.

Farber (1984) lo define como las manifestaciones conductuales de


agotamiento emocional y físico que se derivan de situaciones estresantes al no
encontrar la persona estrategias de afrontamiento efectivas, que actúan como
mediador entre las situaciones estresantes y las manifestaciones de agotamiento.

Price y Murphy (1984) lo comprenden como un proceso (no como estado) de


adaptación a situaciones de estrés laboral caracterizado por un fallo o
desorientación profesional, desgaste y labilidad emocional, sentimiento de culpa por
falta de éxito profesional, frialdad emocional y distanciamiento.

Walker (1986) señala que se caracteriza por la existencia de unas


determinadas respuestas a un estrés prolongado, excesivo e inevitable, en

12
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

situaciones laborales. Al no delimitar el autor el campo laboral en el cual sería


característico el síndrome, se entiende que para Walker (1986) el “Burnout” puede
ser propio de cualquier profesión, y no solamente del ámbito asistencial.

Capel (1987) considera el “Burnout” como un tipo de respuesta crónica al


acumulativo y negativo impacto del estrés en el trabajo.

Para Pines y Aronson (1988) este síndrome está definido de manera formal y
se experimentaría subjetivamente como un estado de agotamiento físico, emocional
y mental, causado por una implicación a largo plazo en situaciones que serían
exigentes desde el punto de vista emocional, causadas frecuentemente por la
combinación de altas expectativas y situaciones crónicas de estrés.

Friesen, Prokop y Sarros (1988) en el estudio de la evolución del síndrome en


la docencia, señalan como una de las principales causas del síndrome, el estrés
laboral junto con la insatisfacción que determinados aspectos de la docencia pueden
generar y que se traduce en una falta de motivación hacia su profesión.

McPherson (1985) sugiere que el “Burnout” puede estar relacionado, no


únicamente con factores derivados del estrés, sino también con el aburrimiento, la
rutina, y el estancamiento profesional.

Shirom (1986) lo toma como una combinación de fatiga física, cansancio


emocional y agotamiento cognitivo como consecuencia de una disfunción en los
esfuerzos de afrontamiento ante situaciones de estrés. Para este autor, un descenso
en los recursos personales implica un aumento del síndrome, jugando la variable
afrontamiento un papel crucial en el desarrollo.

Brezniak y Ben-Ya´Ir (1989) señalan que el “Burnout” se debe al desequilibrio


entre recursos, metas, expectativas y demandas ambientales en el medio laboral.

Para Ganster y Schaubroeck (1991) es un tipo de estrés, un patrón crónico de


respuestas afectivas a condiciones estresantes en profesiones con alto contacto
interpersonal.

13
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Friedman (1991) se centra en las propias escuelas a la hora de definir el


“Burnout”, distinguiendo entre escuelas de alto y bajo “Burnout”, en función de sus
características organizativas. Las escuelas de alto “Burnout” tienen un ambiente
organizativo ordenado, caracterizado por objetivos claros, insistencia en las
destrezas académicas, seguimiento cuidadoso de estudiantes y clases, disciplina y
ética, equipo de profesores bien conjuntado, jerarquía definida, roles definidos para
los profesores, participación en la toma de decisiones, actividades de
perfeccionamiento, limpieza y existencia de espacios multiuso del centro. Aunque en
apariencia estas podrían ser las características de las escuelas de calidad, para los
seguidores de la teoría de Cherniss implican un alto nivel de “Burnout”, dada la
presión continua que se crea para poder mantener la exigencia y el rendimiento. Por
el contrario, las escuelas de bajo “Burnout” son definidas por la no insistencia de
manera formal en mantener un estatus, así, los docentes pierden el miedo a las
críticas y pueden afrontar los problemas de manera realista, en un medio más
relajado.

Farber (1991) lo define como un síndrome relacionado con el trabajo que


surge de la percepción de una discrepancia significativa entre el esfuerzo (entrada) y
la recompensa (salida), estando influida esta percepción por factores individuales,
sociales y organizativos. Se daría en aquellos trabajadores con funciones cara a
cara con clientes problemáticos o necesitados y que se caracterizarían típicamente
por el abandono y el cinismo hacia los clientes, agotamiento físico y emocional y
diversos síntomas psicológicos, como irritabilidad, ansiedad, tristeza y baja
autoestima.

Schaufeli y Enzmann (1998) lo describen como un estado mental persistente,


negativo, relacionado con el trabajo, en individuos “normales”, que se caracteriza
principalmente por agotamiento, acompañado de distrés, un sentimiento de reducida
competencia y motivación, y el desarrollo de actitudes y conductas disfuncionales en
el trabajo. Según los autores, este estado psicológico se desarrolla gradualmente
pudiendo pasar desapercibido durante largo tiempo en la persona que lo padece; es
resultado de una inadaptación entre las intenciones y la realidad del trabajo; y se
perpetuaría a causa de estrategias de afrontamiento inadecuadas relacionadas con
el síndrome.

14
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Jenkins y Calhoun (1991) precisan el “Burnout” como una “consecuencia del


estrés prolongado”, reflejando la acumulación de reacciones de estrés y su
connotación de fenómeno contagioso ya que cuando hay un profesional insatisfecho
y deprimido sus compañeros pueden llegar a estarlo con mayor probabilidad
(Calvete y Villa, 1997).

Kushnir y Melamed (1992) consideran el síndrome como un vaciamiento


crónico de recursos de afrontamiento como consecuencia de la prolongada
exposición a demandas de cargas emocionales.

Chan y Hui (1995) lo toman como una negativa experiencia afectiva resultado
del crónico estrés laboral.

García (1995) observa que el síndrome se caracteriza fundamentalmente por


la dimensión Agotamiento Emocional, premisa de la cual parte para elaborar la
Escala de Efectos Psíquicos del Burnout (EPB, García y Velandrino, 1992).

Harrison (1999) lo define como ‘‘un estado de agotamiento físico, emocional y


mental causado por la implicación a lo largo del tiempo en situaciones que son
emocionalmente demandantes” (pp.25).

Schaufeli y Enzmann (1998) sostienen que es un proceso, resultado del


desajuste entre las intenciones personales en el medio laboral y la realidad. Es un
estado mental persistente y negativo respecto al trabajo, que se da en personas
normales, caracterizado por un agotamiento y fatiga, sentimiento de falta de
efectividad, disminución en la motivación y desarrollo de conductas y actitudes
laborales disfuncionales, desarrollado de forma gradual como resultado del
desajuste entre las intenciones laborales del trabajador y la realidad. Para estos
autores el uso de estrategias de afrontamiento no apropiadas puede autoperpetuar
el síndrome.

Mingote (1998) lo define como un trastorno inadaptativo asociado a un


inadecuado afrontamiento de las demandas psicológicas del trabajo que daña la

15
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

calidad de vida de la persona que lo padece, disminuye su respuesta personal y


repercute negativamente en la calidad de la enseñanza.

Guerrero (1999) considera desde una perspectiva psicosocial, que el


síndrome no debe identificarse con estrés psicológico, sino que ha de entenderse
como una respuesta a las fuentes de estrés crónico que surgen de las relaciones
entre usuarios de los servicios asistenciales (pacientes, alumnos, clientes, etc.) y
profesionales que les atienden (médicos, profesores, policías, abogados, etc.), es
decir; un proceso de interacción entre contexto laboral y características del
trabajador.

Manassero, Vázquez, Ferrer, Fornés y Fernández (1999a), aplicado a la


enseñanza, consideran que “estrés y “Burnout” son síndromes patológicos causados
principalmente por las condiciones en que se desarrolla la docencia.

Codo y Vasques-Menezes (1999) recogen que el “Burnout” ocurre cuando


ciertos recursos se pierden o son inadecuados para atender las demandas, o no
proporcionan retornos esperados o previstos.

Recientemente, Farber (2000) añade una cuarta dimensión a las tres ya


descritas previamente por Maslach (1982), Maslach y Jackson (1981), Maslach y
Pines (1977) denominada “inconsequentiality”, consistente en la apreciación por
parte de los profesionales de los servicios humanos de la ineficacia de sus esfuerzos
para ayudar a las personas, que la tarea es interminable, y que los momentos
personales para su trabajo no han sido próximos. Para este autor, el tipo de
“Burnout” que hoy en día prevalece se caracteriza por trabajos con múltiples
obligaciones, incremento de presiones externas, recompensas económicas
inadecuadas e insuficientes oportunidades de desarrollo personal.

Schaufeli y Greenglass (2001) apuntan que es un estado de cansancio físico,


emocional y mental resultado de haber estado viviendo durante un periodo de
tiempo prolongado en situaciones laborales de alta demanda emocional.

16
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Maslach et al. (2001) lo conceptualizan como un proceso complejo y


multidimensional, focalizado como una actitud opuesta al “engagement”.

Benavides-Pereira, Moreno-Jiménez, Garrosa y González (2002) desde una


perspectiva psicosocial entienden el “Burnout” como resultado de un contexto
laboral desfavorable siendo influenciado por características individuales, por el tipo
de afrontamiento utilizado así como por la relación entre estos elementos que son
independientes pero asociados.

Gil-Monte y Peiró (1999); Salanova, Schaufeli, Llorens, Peiró y Grau (2000);


Schaufeli y Enzmann, (1998); Schaufeli y Salanova (2002) consideran el “Burnout”
como una consecuencia negativa en los trabajadores derivado de la existencia de
exceso de demandas laborales y falta de recursos para afrontarlas.

Posteriormente, Gil-Monte, Carretero, Roldán y Nuñez-Román (2005) definen


el síndrome de quemarse por el trabajo como una respuesta al estrés laboral
crónico que conlleva una experiencia subjetiva de carácter negativo compuesta por
cogniciones, emociones y actitudes negativas hacia el trabajo, las personas con las
que se relaciona el individuo en su trabajo, en especial con los clientes, y hacia el
propio rol profesional.

Cooper, Dewe y O’Driscoll (2001) afianzan que el síndrome está causado por
un estrés laboral crónico.

Iacovides, Fountoulakis, Kaprinis y Kaprinis (2003) consideran que el


“Burnout” no sería sinónimo de estrés laboral, fatiga, alienación o depresión, sino
que estaría causado por desproporcionados esfuerzos (tiempo, implicación
emocional, apatía) y baja satisfacción en adicción a situaciones laborales
estresantes (altas demandas).

Silva y Carlotto (2003) resaltan que “burnout en la educación es un fenómeno


complejo y multidimensional que resulta de la interacción entre aspectos individuales
y el ambiente de trabajo” (p.146).

17
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Marqués, Lima y Lopes (2005) es “la reacción al estrés profesional


docente más amplia y consistente y ampliamente estudiada”, el cual “agrupa
alteraciones o consecuencias relativas a la salud física y psicológica de los
profesores, y alteraciones de tipo motivacional o comportamental que dan lugar a
bajos niveles de satisfacción profesional e intenciones de abandonar la profesión”
(p.127).

Best, Stapleton y Downey (2005) lo definien como “el resultado de una


relación disfuncional entre la persona y el medio laboral” (p.441).

Gil-Monte (2005) expone que el SQT (Síndrome de Quemarse por el Trabajo)


es una respuesta al estrés laboral crónico. Para el autor se trata de una experiencia
subjetiva de carácter negativo compuesta por cogniciones, emociones y actitudes
negativas hacia el trabajo, las personas con las que se relaciona el individuo en su
medio laboral y en especial hacia los clientes incluso el propio rol profesional. Como
consecuencia de esta respuesta aparecen una serie de disfunciones conductuales,
psicológicas y fisiológicas que tienen repercusiones nocivas para las personas y la
organización. (p.44)

Vanheule y Verhaeghe (2005) desde consideraciones psicoanalíticas


lacanianas entienden que el “Burnout” es resultado de una crisis de identidad.

Según Vieira, Ramos, Martins, Bucasio, Benevides-Pereira, Figueira y Jardim


(2006) el “Burnout” es un síndrome psicológico resultante de agentes estresores
interpersonales crónicos en el trabajo y se caracteriza por agotamiento emocional,
cinismo y reducida realización profesional.

Para Quiceno y Alpi (2007) es una respuesta al estrés laboral crónico,


acompañado de una experiencia subjetiva de sentimientos, cogniciones y actitudes,
las cuales provocan alteraciones psicofisiológicas en la persona y consecuencias
negativas para las instituciones laborales.

Así pues, vemos como el síndrome de “Burnout” ha tenido un breve pero


intenso recorrido histórico (tabla 1.2.1.).

18
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 1.2.1. Principales momentos del recorrido histórico en la definición del “Burnout”

AUTOR AÑO APORTACIÓN CAMPO

Schwartz 1953 Primera conceptualización del Enfermeras hospital


y Will “Burnout”: proceso de sentimiento psiquiátrico. Escaso
de baja moral y distanciamiento rigor científico. Valor
hacia los pacientes. heurístico.
G. Síntomas psicológicos: estado de “vaciamiento existencial”.
Greene 1960 “Quemada”: persona que padece una enfermedad física
incurable.
Novela “A Burn-out case”.
Bradley 1969 Primera conceptualización del Profesiones de ayuda.
“Burnout” como fenómeno
psicológico.
Deportist 1972 Situación en la que en contra de las expectativas del deportista,
as no logra obtener el rendimiento esperado pese a su esfuerzo y
anglosajo preparación.
nes
1974 Etiquetado del “Burnout”. Psicólogo clínico.
H. Enfatiza el Agotamiento Emocional. Voluntarios en una
Freudenb 1977 “Contagioso”: afecta a los clínica de salud.
erger compañeros con su letargo, cinismo
y desesperación.
1974 Enfatiza la “indiferencia” y Psicóloga social.
“deshumanización”. Arousal emocional.
Argot jurista.
1977 Da a conocer el término de forma Trabajadores de los
C. pública en el Congreso Anual de la servicios humanos.
Maslach A.P.A.
Conceptualización del “Burnout” (Maslach, 1993; Maslach y Jackson,
1981, 1986; Maslach et al., 1996). Modelo mayoritariamente empleado:
Agotamiento Emocional, Despersonalización y baja Realización Personal.
P. Bardo 1979 “Burnout” aparece por primera vez en investigaciones
bibliográficas retrospectivas en su artículo“The Pain of Teacher
Burnout”.
A partir de esta fecha se inicia un período de apertura de investigaciones que han
hecho del “Burnout” un campo de interés, especialmente en las profesiones de
servicios.

El “Burnout” ha sido estudiado en una amplia gama de profesiones de


servicios incluyendo, entre otras profesiones, abogados (Maslach y Jackson, 1978),
policías (Maslach y Jackson, 1979), profesionales de la salud (Maslach y Jackson,
1982; Pines y Maslach, 1978; Raquepaw y Miller, 1989; Stevens y O’Neill, 1983), y
profesores (Anderson y Iwanicki, 1984; Beck y Gargiulo, 1983; Belcastro, Gold y
Grant, 1982; Belcastro y Hays, 1984; Gold, 1984, 1985; Iwanicki y Schwab, 1981),
profesión ésta última en la que nos centraremos en este estudio.

19
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

1.2. ¿CÓMO SE TRADUCE EL TÉRMINO “BURNOUT” AL


CASTELLANO?

Gil-Monte (2003) hace una exhaustiva recopilación bibliográfica donde


recoge más de 17 denominaciones diferentes en español para aludir al término
“Burnout”. Para el autor, estas traducciones pueden clasificarse en torno a tres
bloques (figura 1.2.1.).

TÉRMINOS QUE TOMAN COMO REFERENCIA EL ORIGINAL ANGLOSAJÓN


“BURNOUT”

- Estar quemado: Olmedo, García y Morante (1998); Prieto, Robles, Salazar


y Daniel (2002); Quevedo-Aguado, Delgado, Fuentes, Salgado, Sánchez,
Sánchez y Yela (1999).
- Quemazón profesional: Aluja (1997).
- Síndrome de estar quemado: Salanova et al. (2000); Da Silva, Daniel y
Pérez (1999); Durán, Extremera y Rey (2001a); Flórez (1994); López,
Martín, Fuentes, García, Ortega, Cortés y García (2000); Manzano y
Ramos (2000).
- Síndrome de quemarse por el trabajo (SQT): Gil-Monte (2002, 2005); Gil-
Monte y Peiró (1997, 2000); Guillén y Santamaría (1999), Manassero,
García, Vázquez, Ferrer, Ramis y Gil (2000).
- Síndrome del quemado: Chacón, Vecina, Barrón y de Paúl (1999); De la
Fuente, García, Ortega y De la Fuente (1994); Fuertes, Martínez,
Cantizano, De la Gándara y De la Cruz (1997).
- Síndrome del “quemado” por estrés laboral asistencial: Ponce, Bulnes,
Aliaga, Atalaya y Huertas (2005).

TÉRMINOS ALTERNATIVOS A LA TRADUCCIÓN LITERAL GUÍADOS POR EL


CONTENIDO SEMÁNTICO DE LA PALABRA, O CONTENIDO PATOLÓGICO

- Agotamiento laboral: Manassero et al. (2000).

20
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Agotamiento profesional: Belloch, Renovell, Calabuig y Gómez (2000);


Díaz e Hidalgo (1994); Montesdeoca, Rodríguez, Pou y Montesdeoca
(1997).
- Desgaste ocupacional: López (1996).
- Desgaste profesional: Aron y Milicia (2000); Capilla (2000); Da Silva et al.
(1999); Livianos, De las Cuevas y Rojo (1999); Mingote (1998); Moreno-
Jiménez, Garrosa y González (2000a); Olivar, González y Martínez (1999);
Olmedo et al. (1998); Prieto et al. (2002); Segarra y Garrido (2000).
- Desgaste psicológico por el trabajo: García, Sáez y Llor (2000).
- Síndrome del cansancio emocional: García, Sobrido, García, Raña y
Saleta (1999).

TÉRMINOS QUE LO CONSIDERAN SINÓNIMO DE ESTRÉS LABORAL

Para Gil-Monte (2003) este tercer grupo no es muy acertado en cuanto que el
estrés laboral es un proceso más amplio que el proceso de “Burnout”, considerando
además que el estrés puede tener efectos positivos sobre los sujetos mientras que el
“Burnout” no.
- Estrés crónico laboral asistencial: Manzano (2001).
- Estrés laboral: Fuertes et al. (1997); García et al. (1999).
- Estrés laboral asistencial: Arranz, Torres, Cancio y Hernández (1999);
Carretero, Oliver, Toledo y Regueiro (1998); Montalbán, Bonilla e Iglesias
(1996).
- Estrés profesional: Aluja (1997).

Figura 1.2.1. Tres grandes bloques de traducción del término “Burnout” de Gil-Monte (2003)

Además de los tres bloques recogidos por Gil-Monte (2003), cabría un cuarto
bloque donde los términos son variados y sin elementos que dan lugar a una

21
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

posible traducción literal o parcial del mismo. Entre los autores que englobaríamos
en esta categoría está Esteve (1986) con su concepto “malestar docente” tomado
del francés “malaise enseignant”. Prieto y Bermejo (2006) se adscriben a esta
nomenclatura.

En caso de realizar una traducción del término, Gil-Monte (2003) recomienda


utilizar la expresión “Síndrome de quemarse por el trabajo” en base a los siguientes
argumentos:
- Síndrome: alude a la comprensión del fenómeno. Informa sobre su
naturaleza indicando que está integrado por un conjunto de síntomas; y de
cara al diagnóstico informa sobre la necesidad de identificar y evaluar los
mismos.
- Desvía el foco de atención hacia el trabajo y no hacia el trabajador,
evitando culpabilizarle. A este respecto hay que tener en cuenta que la
atribución social de este síndrome es negativo.
- La preposición “por” en lugar de “en” denota causalidad, estableciendo
que la causa de síndrome es el trabajo, no el trabajador. De esta forma, el
autor considera que el síndrome es causa directa y exclusiva de un riesgo
(psicosocial) del medio ambiente de trabajo.
- Se aleja relativamente de un mal uso coloquial y social de la enfermedad.

Aunque el término “Síndrome de Estar Quemado” es muy utilizado, en nuestra


tesis nos referiremos al concepto como “Burnout” o Síndrome de “Burnout” para
unificar y simplificar criterios.

22
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

1.3. DIFERENCIACIÓN DEL “BURNOUT” FRENTE A OTROS


CONCEPTOS.
En la literatura especializada existen una serie de conceptos relacionados con
el “Burnout” que pueden derivar en confusiones o erróneas equivalencias.

Aunque Meier (1983) considera inadecuado definir un nuevo síndrome al


considerar que estaría incluido en otros cuadros existentes, son numerosas las
justificaciones diferenciales que han recogido numerosos autores a nivel
internacional y nacional (Gil-Monte y Peiró, 1997; Manassero, Vázquez, Ferrer,
Fornés, Fernández y Queimaledos, 1994). (Tabla 1.3.1.).

Byrne (1999) mantiene que el constructo de “Burnout” aparece bien


identificado en la literatura, y aunque mantiene una relación muy estrecha con otros
constructos parecidos, es posible diferenciar con bastante nitidez entre los mismos.

1.3.1. ESTRÉS
La diferenciación entre el concepto de estrés y “Burnout” representa una de
las principales polémicas, que aún hoy, hay autores que mantienen abierta dadas las
conexiones entre ambos.

Son muchos los estudios que exploran la relación entre estos dos conceptos
mostrando la lata relación existente entre los mismos (Blase, 1982, 1986; Farber,
1984; Friesen y Sarros, 1986).

El concepto de estrés deriva del término inglés “stress” que a su vez procede
del verbo latino “estringere” cuyo significado en español es “pensionar”, “tensionar”,
“coaccionar”. Para su comprensión encontramos en la literatura fundamentalmente
tres marcos teóricos: las teorías basadas en el estímulo, las interactivas y las
basadas en la respuesta.

23
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Las primeras profundizan en el estresor o causante del estrés. Así, el estrés


es externo a la persona, considerando las características de los estímulos y su
relación con el nivel de estrés que genera. Esta concepción considera importante
conocer cómo cada persona puede percibir el estresor y cómo el mismo estímulo
puede afectar de manera diferente a la percepción de amenaza en función del
procesamiento e interpretación de la situación.

Desde las teorías interactivas o transaccionales, se analiza el estrés


atendiendo a los procesos de percepción y valoración por parte de la persona de los
diferentes contextos, destacando la importancia de los procesos cognitivos del
individuo en la interpretación de la situación. De este modo la evaluación cognitiva
que la persona haga del estresor es un factor determinante en todo el proceso de
estrés, ya que un mismo estímulo puede ser considerado como una amenaza, un
desafío o reto, o incluso un beneficio.

Selye (1956, 1981) describe el estrés desde la teoría basada en la respuesta,


considerándolo como una respuesta de adaptación del organismo frente a agentes
nocivos, y que implica tres fases fundamentales:
 Fase de alarma: caracterizada por una intensa reactividad fisiológica.
 Fase de resistencia: la persona logra adaptarse al agente patógeno y
desaparecen los síntomas.
 Fase de agotamiento: La energía necesaria para afrontar los estresores se
agota y disminuye la capacidad de resistencia del organismo.

En la teoría de Selye (1956) hay que diferenciar entre un estrés positivo o


eustress, y un estrés negativo o distrés (dystress). El estrés positivo se caracteriza
porque la estimulación y la activación que se desencadena permite a la persona
alcanzar resultados positivos y como consecuencia se obtiene satisfacción, de esta
forma consideramos el eustress como una respuesta adaptativa y fuente de
bienestar, que lleva a la adaptación del organismo. El estrés negativo, o distrés,
produce consecuencias negativas y dañinas para el organismo, surgiendo como
respuesta de adaptación errónea, que conlleva un fracaso adaptativo y conduce a un
desequilibrio fisiológico y psíquico.

24
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Bajo esta concepción, el “Burnout” puede entenderse como una continuación


de la respuesta crónica de estrés cuando este proceso se prolonga en el tiempo
(Blase, 1982; Daley, 1979), poniendo el énfasis principalmente en un aumento de la
cuantificación de la respuesta de estrés de forma temporal. Montalbán, Durán y
Bravo (2000a) señalan el “Burnout” como una respuesta desadaptativa asociada al
estrés laboral crónico, apareciendo este síndrome como resultado del padecimiento
continúo del estrés laboral y de la ausencia, por inexistencia o eliminación
continuada, de expectativas de superación del mismo. Gil-Monte y Peiró (2000)
remarcan que el “Burnout” surge como respuesta a una respuesta de estrés laboral
crónico, y por tanto no identificable como sinónimo de estrés laboral, que puede ser
puntual.

Otro elemento de distinción (Buendía y Ramos, 2001; D´Aurora y Fimian,


1988; Farber, 1984; Gil-Monte y Peiró, 1997) radica en que el estrés puede tener
efectos positivos (y también negativos), mientras que el “Burnout” solo se asocia a
efectos negativos, si bien es cierto que de acuerdo con Parker y Kulik (1995) un
pequeño y controlable grado de distanciamiento personal en el trabajo puede
contribuir a aumentar la eficacia profesional del profesional.

Daley (1979) define el “Burnout” como reacción al estrés laboral que varía en
función de la ansiedad y duración del estrés en sí mismo. En este sentido, el
componente de Cansancio/Agotamiento Emocional coincide en buena medida con la
última fase del Síndrome General de Adaptación descrito por Selye (1956, 1981).

Maslach (1993) enfatiza que el “Burnout” es más que la mera experiencia


individual de estrés. Al trabajar el individuo en un complejo contexto de relaciones o
interacciones sociales, el individuo valora, no sólo el concepto que él tiene de sí
mismo, sino además el concepto que los demás tienen de él, y el que él tiene de los
demás. De esta forma aunque el componente de Cansancio Emocional es cercano
al estrés, no queda reducido a este factor, pues hay que considerar al componente
de Agotamiento Emocional dentro del entorno laboral donde considerar el Logro o
Realización Personal en su sentido de autoevaluación, y la Despersonalización en
la evolución de las relaciones interpersonales. En 2003, esta misma autora añade

25
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

que el síndrome de “Burnout” lleva implícito un componente de Cinismo o


Despersonalización, y que no se corresponde necesariamente en el estrés laboral.

Pines (1993) alude a la cualidad negativa o inadaptada del “Burnout” en


comparación con el estrés laboral y menciona que aunque todas las personas
pueden experimentar estrés, el “Burnout” sólo puede manifestarse en personas que
empiezan su profesión con grandes metas, expectativas y motivación, esperando
obtener una parte significativa del sentido de su vida en el trabajo. El estrés, en
cambio, no implica necesariamente la aparición del síndrome, pues muchas
personas son capaces de dar y lograr lo mejor en situaciones laborales estresantes,
siempre que sientan que hacerlo tiene sentido.

Ganster y Schaubroeck (1991) señalan que el “Burnout” puede considerarse


como un patrón crónico de respuestas afectivas a condiciones estresantes de
ocupaciones que requieren altos niveles de contacto interpersonal.

Para Schaufeli, Van Dierendonck y Van Gorp (1996) la distinción entre estrés
en el medio laboral y “Burnout” se debe hacer en base al proceso de desarrollo del
síndrome y no en base a sus síntomas. Estos autores consideran que el “Burnout”
es el estadio final de un proceso de adaptación/inadaptación entre demandas y
recursos del sujeto, mientras que el estrés hace alusión a un proceso temporal más
breve. Por otro lado, los autores sugieren que el “Burnout” se asocia a actitudes
negativas hacia los clientes, el trabajo y la organización, características que no se
dan en el estrés.

Guerrero (1999), desde la perspectiva psicosocial, plantea que el síndrome no


debe identificarse con el estrés psicológico, sino que debe entenderse como una
respuesta a las fuentes de estrés crónico que surgen de las relaciones entre los
usuarios de los servicios asistenciales (pacientes, alumnos, clientes, etc.) y los
profesionales que les atienden (médicos, profesores, policías, abogados, etc.), es
decir, como un proceso de interacción entre el contexto laboral y las características
de la persona.

26
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Alarcón et al. (2001) el “Burnout” puede considerarse como un tipo de


respuesta de estrés laboral, más que como una consecuencia.

Para Howard y Johnson (2004) estrés y “Burnout” son dos fenómenos


separados, pero relacionados.

Shirom, Oliver y Stein (2009) en un estudio longitudinal (inicio T1, y final de


curso T2) con 404 docentes obtienen únicamente apoyo parcial a su hipótesis sobre
la relación bidireccional entre estrés y “Burnout” medido longitudinalmente. De los 5
estresores considerados por los autores (clases heterogéneas, disciplina, deberes,
condiciones físicas y tareas extracurriculares) únicamente para condiciones físicas y
tareas extracurriculares la medida T1 del “Burnout” se muestra predictor significativo
de los niveles T2 del síndrome, no mostrándose significativa la predicción inversa.
Para el estresor clases heterogéneas la medida T1 del síndrome predice
significativamente la medida T2.

1.3.2. DEPRESIÓN
La depresión ha sido también una cuestión muy debatida en cuanto a su
posible relación con el “Burnout” (Burisch 1993; Schonfeld, 1992).

Hay estudios que concluyen que depresión y “Burnout” son entidades


nosológicas independientes (Dell´Erba, Venturi, Rizzo, Porcu y Pancheri, 1994), con
una moderada correlación entre ambos conceptos con una varianza común en torno
al 20% (Bellani, Furlani, Gnecchi, Pezzotta, Trotti, y Bellotti, 1996; McKnight y
Glass, 1995), atribuido a su codesarrollo.

Freudenberg (1974) considera la depresión como un síntoma del “Burnout”


donde ésta se relaciona con el sentimiento de culpa, y el “Burnout” con la cólera.
Para Farber (1983, 1984) el “Burnout” se acompaña además, de enfado, ira y
respuestas encolerizadas.

Weiskopf (1980) señala que la depresión puede ser una fase final del
síndrome. El autor indica que aunque los síntomas que se dan en ambos fenómenos

27
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

pueden tener bastante paralelismo, su etiología, forma de aparición, intensidad y


topografía sintomática son claramente distintivas. La etiología de la depresión puede
ser muy diversa: reactiva a situación interpersonal (problemas matrimoniales,
escolares, etc.), duelo, problemas laborales, causas desconocidas, etc.; sin
embargo, la etiología del “Burnout” suele estar relacionada de forma casi exclusiva
con aspectos laborales. La forma de aparición de la depresión se relaciona como
respuesta a una situación aguda, frente a los síntomas producidos de forma más
insidiosa en el caso del “Burnout”. Respecto a la intensidad, es cierto que en ambos
casos puede variar en gran medida pero en trastornos depresivos se reparte
proporcionalmente entre las categorías establecidas de leve, moderado y grave; sin
embargo, en el síndrome de “Burnout” aunque podemos encontrar los tres estadios
anteriormente descritos, suele ser más común encontrar, en un mayor número de
ocasiones, estados leves y moderados y menos frecuentes los graves. Respecto a
los síntomas y a su topografía es difícil establecer una distinción, en la depresión se
encuentran una variabilidad de síntomas relacionados, que en el “Burnout” son poco
frecuentes (como los pensamientos recurrentes de muerte) y parecen darse por
separado en distintos momentos, no como en la depresión, que suelen aparecer
más agrupados formando un episodio bien delimitado sintomatológicamente
(Moriana, 2002).

Pines et al. (1981), afirman que la depresión es un fenómeno clínico implicado


en cualquier faceta de la vida, mientras que el “Burnout” alude únicamente al ámbito
socio-laboral. Farber (1983) y Tejero (2006) exponen que los síntomas del “Burnout”
tienden a darse en situaciones específicas, mientras que los de la depresión pueden
manifestarse a través de cualquier situación de la vida. Cordeiro (2001) señala que
aunque una de las manifestaciones psicológicas del “Burnout” es la depresión, e
incluso se podría llegar a identificar ésta con la dimensión de Cansancio Emocional
del MBI (Maslach y Jackson, 1981), en la primera se interviene sobre factores
intrapísiquicos, mientras que en el “Burnout” la intervención se hace sobre factores
laborales.

Fisher (1983) desde un punto de vista psicoanalítico, señala que los


individuos con “Burnout”, al contrario que las personas que sufren depresión, no
pierden el idealismo con el que inician su vida profesional.

28
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Meier (1984) recoge cómo algunos estudios sobre la validez discriminante del
“Burnout” medido con el MBI (Maslach y Jackson, 1981) y otros instrumentos han
evidenciado serias dificultades para diferenciar “Burnout” y depresión. Por otro lado,
este mismo autor señala que la diferencia entre “Burnout” y depresión puede estar,
no en los sentimientos colaterales, sino en los patrones y secuencias que se siguen
durante el desarrollo de ambos procesos; por lo que es probable que ambos
constructos, aunque se experimentan de modo parecido, tengan distinta etiología
(Meier, 1983).

El trabajo de Leiter y Durup (1994) siguiendo un modelo de ecuaciones


estructurales, encuentra evidencias que afirman que depresión y “Burnout” son dos
fenómenos relacionados pero distintos, mostrando una relación estructural
significativa únicamente entre la dimensión Agotamiento Emocional del “Burnout” y
diversos componentes de la depresión, y concluyendo que mientras el “Burnout” se
relaciona con contextos laborales, la depresión es un fenómeno más global. Los
estudios de McKnight y Glass (1995), Mingote (1997), Schaufeli y Enzmann (1998)
avalan la relación entre la depresión y el componente de Agotamiento Emocional.
Siguiendo el estudio realizado por Calvete y Villa (2000) para entre otros objetivos
estudiar la diferenciación del concepto de “Burnout” de otros síntomas psicológicos,
se concluye que el modelo estructural desarrollado (con las subescalas de
Agotamiento Emocional, Despersonalización y dificultades en Realización Personal)
muestra que únicamente el componente de Agotamiento Emocional se asocia
significativamente a los síntomas de ansiedad, depresión, sensibilidad interpersonal,
somatización y dificultades cognitivas. Aunque como hemos visto los dos conceptos
correlacionan significativamente entre la escala Cansancio Emocional y depresión,
no sucede lo mismo Despersonalización, que parece ser diferenciadora del
constructo de “Burnout” (Firth, McKeown, McIntee y Britton, 1987).

En 1998, Leiter y Maslach intentan zanjar la polémica fundamentada en la


distinción de ambos constructos determinando que la depresión es un síndrome
clínico mientras que el “Burnout” es un fenómeno social, una crisis del individuo
asociada a ciertos aspectos de su trabajo como la relación con la tarea o los
miembros a las que va dirigida, siendo además la depresión un fenómeno global que
afecta a todas las áreas de la vida personal, mientras que el “Burnout” es más una

29
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

cualidad del medio sociolaboral. Ya en 1994, Leiter y Durup utilizando el MBI


(Maslach y Jackson, 1981) y varias medidas de depresión señalan que el “Burnout”
es un constructo social que surge como consecuencia de las relaciones
interpersonales y organizacionales, mientras que la depresión es un conjunto de
emociones y cogniciones con consecuencias para las relaciones interpersonales,
hallando que las escalas del MBI (Maslach y Jackson, 1981) y para la depresión
cargan de manera independiente en factores de segundo orden, confirmando el
“Burnout” como un síndrome de tres factores donde cada componente se relaciona
entre sí más fuertemente que con cualquier otro aspecto relacionado con la
depresión. Del mismo modo, Bakker y Schaufeli (2000); Glass y McKnight (1996)
dejan clara la diferencia entre ambos utilizando el MBI (Maslach y Jackson, 1981) y
varios instrumentos de medida de la depresión, estableciendo que ésta es un
concepto amplio que puede afectar a diferentes áreas de la vida de la persona
(familiar, social y personal) mientras que el “Burnout” alude a situaciones referidas
al medio laboral.

Bakker y Schaufeli (2000) estudian con una muestra de 154 profesores


holandeses las diferencias entre el “Burnout” y depresión concluyendo que la falta de
reciprocidad en la relación de los docentes con otros compañeros predice depresión
pero no “Burnout”, y que la falta de reciprocidad en la relación con los estudiantes
predice el síndrome y sólo de manera indirecta depresión. También en Holanda,
Brenninkmeijer, Van Yperen y Buunk (2001), apuntan en un estudio realizado con
190 profesores de secundaria que son dos fenómenos independientes, al señalar
mayor presencia de depresión que de “Burnout” en los docentes, apuntando como
síntoma característico del síndrome el Cansancio Emocional.

Iacovides et al. (2003) señalan que de forma teórica la depresión debe seguir
al “Burnout” y no de manera viceversa.

Ahola, Honkonen, Isometsa, Kalimo, Nykyri, Aromaa y Lönnqvist (2005) llevan


a cabo un estudio para establecer la relación entre ambos conceptos dentro del
estudio “Health 2000” realizado en Finlandia con 3276 empleados de diferentes
campos profesionales. Los autores concluyen que aproximadamente la mitad de los
participantes clasificados con el MBI-GS (Maslach et al., 1996) dentro del grupo de

30
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

nivel de “Burnout” severo, presentan también desórdenes depresivos según el DSM-


IV; sin embargo, como no todos los participantes con niveles severos de “Burnout”
cumplen los criterios de algún desorden depresivo, la única conclusión que se puede
obtener es que depresión y “Burnout” son dos conceptos relacionados pero no
idénticos. De igual modo se señala que la probabilidad de sufrir desórdenes
depresivos aumenta con el aumento del nivel de “Burnout”, dando soporte así al
grupo de autores que consideran el “Burnout” como una fase en el desarrollo de un
desorden depresivo.

Tejero (2006) recoge cómo en algunos casos de depresión los componentes


psicobiológico y neuroquímico son determinantes tanto en la etiología como en el
tratamiento, lo cual no ocurre en el “Burnout”.

A pesar de las marcadas diferencias recogidas entre ambos constructos,


McKnight y Glass (1995) señalan evidencias que apuntan que las personas con
tendencia a sufrir depresión son más vulnerables al padecimiento del “Burnout”.

1.3.3. ANSIEDAD
Cotton (1990) considera la ansiedad como un trastorno que comparte con el
estrés su nivel de activación fisiológica a nivel autonómico y muscular, siendo una
característica muy destacable su naturaleza anticipatoria, es decir, la respuesta de
ansiedad posee la capacidad de señalar un peligro o amenaza para el propio sujeto,
especialmente cuando esa amenaza es de origen desconocida para el sujeto. Bajo
esta consideración, la ansiedad es entendida como una parte de la respuesta de
estrés. La ansiedad es un componente presente en la mayoría de los trastornos
psicológicos y psicosomáticos y una de las principales causas de baja laboral en el
ámbito docente.

Además de las alteraciones fisiológicas, también están presentes en la


ansiedad las alteraciones cognitivas y conductuales. Para establecer un diagnóstico
diferencial que nos permita determinar si es un cuadro clínico o no, estos trastornos
se caracterizan por la acción desproporcionada del sujeto ante las demandas de la
situación, la reacción involuntaria y sin control de la persona, percibiendo un miedo

31
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

irracional y resultando una conducta inadaptativa, estando el problema determinado


por el contexto y por la falta de habilidades para ese contexto determinado.

Leiter (1993) marca la diferencia entre uno de los componentes del “Burnout”,
el Agotamiento (físico o emocional), y la ansiedad, al señalar que el Agotamiento se
produce al exceder las exigencias de una situación a las habilidades de la persona;
mientras que la ansiedad es el resultado de que esa persona no posea las
habilidades que la situación requiere.

Siguiendo el estudio realizado por Calvete y Villa (2000) se observa que el


modelo estructural desarrollado (con las subescalas Agotamiento Emocional,
Despersonalización y dificultades en Realización Personal) muestra que únicamente
el componente de Agotamiento Emocional se asocia significativamente a los
síntomas de ansiedad, depresión, sensibilidad interpersonal, somatización y
dificultades cognitivas. Este tipo de resultado ya había sido obtenido en estudios
anteriores (Leiter y Durup, 1994), mostrando que los síntomas físicos y mentales se
solapan en buena medida con el Agotamiento Emocional pero pueden ser
discriminados de los componentes de Despersonalización y Realización Personal.

1.3.4. TEDIO O ABURRIMIENTO


En un primer momento Pines y Kafry (1978) asumen la similitud entre el
concepto “Burnout” y lo que denominan como “tedium ocupacional” tanto en su
definición como en su sintomatología. Sin embargo, hacen notar una diferenciación
en cuanto a su etiología. Por un lado, en el tedium las relaciones establecidas por
los trabajadores son simétricas, es decir, dan y reciben de forma simétrica en ambas
direcciones, en contraposición al “Burnout” en la que la relación es asimétrica, el
trabajador da y el usuario recibe.

A su vez, los autores señalan que el tedium se caracteriza por sentimientos


de depresión, vaciamiento emocional y físico y una actitud negativa hacia la vida, el
ambiente y hacia sí mismo, siendo resultado de un proceso lento y gradual diario de
machaque. El “Burnout” coincide en que también es una consecuencia de la
repetición de una presión emocional, pero a diferencia del tedio ésta está

32
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

íntimamente asociada a una gran implicación con las personas a las que se atiende.
Es decir, mientras que para el tedio la presión puede provenir de cualquier fuente, en
el “Burnout” la presión proviene únicamente de fuentes emocionales.

Posteriormente la concepción de igualar sintomatológicamente el “Burnout”


con el tedium y diferenciarlos tan solo en su origen fue abandonada por estos
autores. Así, Pines y Maslach (1978), Pines y Kafry (1981) diferencian entre
“Burnout” y tedio/ aburrimiento, término que aplican para aludir a un síndrome de
hastío laboral general en todas las profesiones, sean o no, de servicios humanos,
resultado de haber sufrido determinadas presiones crónicas a nivel físico, emocional
y mental. De esta forma se incluye el tedium dentro del concepto “Burnout”.

Schaufeli y Van Dierendonck (1993) miden el tedio con el BM (Burnout


Measure, Pines y Aronson, 1988) y el “Burnout” con el MBI (Maslach y Jackson,
1986) para estudiar la relación entre ambos constructos. Las conclusiones apuntan
que el BM (Pines y Aronson, 1988) evalúa de forma parecida los sentimientos de
Agotamiento Emocional del MBI (Maslach y Jackson, 1986) pero no las restantes
dimensiones o componentes. De esta forma el tedio solo podría ser considerado
como similar a la medida de Agotamiento Emocional.

1.3.5. FATIGA Y FATIGA CRÓNICA (SFC)


Pines (1982, 1993), Pines y Aronson (1988) observan que la persona que
presenta altos niveles de fatiga física se puede recuperar rápidamente; sin embargo,
la recuperación del “Burnout” no se da con tanta rapidez. Los sujetos que sufren
“Burnout” también se sienten agotados físicamente, pero la descripción que hacen
de este estado se asocia a una experiencia negativa y desagradable con sentimiento
de fracaso; experiencia muy diferente a la descripción de la fatiga física, que en
ocasiones se puede acompañar de logro personal e incluso de éxito (por ejemplo el
vencedor en una competición deportiva). En el “Burnout”, además de una fatiga
física, se observa siendo núcleo de su definición, Cansancio Emocional.

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una patología caracterizada por un


cansancio incapacitante y grave, que produce malestar y sufrimiento mientras

33
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

deteriora la calidad de vida de la persona que lo padece. En 1987 el grupo Centres


for Disease Control and Prevention of Chronic Fatigue Syndrome, define y establece
los criterios necesarios para el diagnóstico de este síndrome
([Link]

A pesar de que el SFC puede presentar similitud con la dimensión Cansancio


Emocional propuesta por Maslach (1982) o la definición de “Burnout” de Pines y
Aronson (1988) basada en la sintomatología del Agotamiento, su característica
determinante reside en que puede tener etiología física (operaciones quirúrgicas),
y/o psicológica (estrés psicosocial) sin estar necesariamente vinculado al trabajo, a
diferencia del síndrome de “Burnout” que tiene como factor precipitante la vida
laboral.

1.3.6. SÍNDROME DE ADICCIÓN AL TRABAJO


El “Burnout” tampoco debe confundirse con el síndrome de la adicción al
trabajo (Killinger, 1991), donde el sujeto vive por y para el trabajo, siendo, al menos
temporalmente, el trabajo una fuente de satisfacción, evasión o refugio frente a otros
posibles problemas personales o profesionales (Ramos, 2001).

1.3.7. INSATISFACCIÓN LABORAL


Aunque para muchos autores no hay una definición unánime de insatisfacción
laboral (Peiró, González-Romá, Bravo y Zurriaga, 1995), se puede definir como un
estado emocional positivo resultado de la valoración de la situación laboral y
relacionada con las características y demandas laborales (Arches, 1991; Butler,
1990; Dressel, 1982 en Sari, 2004). Vroom (1964) define la insatisfacción como las
“actitudes negativas hacia el trabajo”. Muñoz (1990), lo define como “el sentimiento
de agrado o positivo que experimenta un sujeto por el hecho de realizar un trabajo
que le interesa, en un ambiente que le permite estar a gusto, dentro del ámbito de
una empresa u organización que le resulta atractiva y por el que recibe una serie de
compensaciones psico-socio-económicas acordes con sus expectativas” (p. 76).
Para Durán, Extremera, Montalbán y Rey (2005) es “una respuesta afectiva o
emocional positiva hacia el trabajo en general o hacia alguna faceta de éste” (p.149).

34
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Sobrado y Filgueira (1996) entienden que la satisfacción profesional “se da


cuando las necesidades personales y sociales de la persona se hallan cubiertas en
el ámbito del trabajo, de forma que las características del puesto se adecuan a las
expectativas del sujeto y a sus deseos personales” (p. 621).

Entre los autores que estudian la relación entre “Burnout” e insatisfacción no


existe una acuerdo homogéneo. A continuación mostramos las observaciones más
importantes de la literatura existente.

Según Maslach y Jackson (1981) la Insatisfacción laboral no coexiste


necesariamente con el “Burnout”; es decir, que los niveles del síndrome pueden
darse con sentimientos de satisfacción en el trabajo o viceversa. La satisfacción
laboral explica sólo un pequeño porcentaje de la varianza del “Burnout” en
cualquiera de las tres dimensiones.

García y Velandrino (1992) en su estudio realizado para la elaboración del


EPB (escala de efectos psíquicos del burnout) señalan en base a los datos de los
análisis factoriales, que satisfacción laboral y “Burnout” reflejan conceptos diferentes.

Tal y como plantea Oliver (1993) la mayor problemática entre “Burnout” e


insatisfacción no se debe centrar tanto en relación a su mayor o menor correlación,
sino en si el “Burnout” es causa de la insatisfacción laboral (Burke, 1987; Burke,
Shearer y Deszca, 1984; Cunningham, 1982; Iwanicki, 1983; Jayaratne y Chess,
1986; Penn, Romano y Foat, 1988) o si por el contrario, la insatisfacción laboral es
una de las causas del síndrome (Dolan, 1987; Leiter y Maslach, 1988; Pines et al.,
1981).

Dressel (1982) considera que la insatisfacción está causada por condiciones


laborales inadecuadas. Cuando los docentes están sobrecargados, con condiciones
laborales insatisfactorias, pueden sentir que carecen de control, sin apoyo, verse
rechazados o aislados por compañeros y la sociedad.

Cabe esperar que cuando un trabajador está quemado, esté al mismo tiempo
poco satisfecho; sin embargo, la Despersonalización, componente del “Burnout”, no

35
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

está presente en la insatisfacción. Maslach y Jackson (1986) consideran la


insatisfacción en el trabajo como un posible componente más del síndrome, pero no
necesariamente ha de aparecer ligado a altos niveles de Agotamiento Emocional;
por lo que altos niveles de “Burnout” y estrés pueden coexistir con satisfacción
laboral. En este sentido, la insatisfacción laboral tiene una mayor relación con la
falta de Realización Personal (Firth y Britton, 1989), siendo el “Burnout” un
constructo más amplio en el que puede estar considerada la insatisfacción laboral.

Cunningham (1982) recoge la importancia de la calidad de los programas que


se desarrollan en el trabajo como forma de reducir o eliminar el “Burnout” docente y
mejorar la satisfacción laboral.

Belcastro y Hays (1984) recoge que “Burnout” e insatisfacción son dos


fenómenos distintos, en los que se entremezclan temas de deseabilidad social,
siendo muy relevante este punto en las profesionales afectados por el “Burnout” que
no pueden justificar su presencia, si no es por la vía de la insatisfacción.

Anderson e Iwanicki (1984) señalan que existen suficientes evidencias que


especifican facetas laborales que contribuyen a la satisfacción y que podrían
predecir el síndrome.

Guerrero y Vicente (1999) encuentran en una revisión bibliografía cómo la


satisfacción laboral puede observarse como variable con efecto compensatorio o
amortiguador del estrés (que los docentes experimentan tanto dentro como fuera de
su medio laboral), así como protector del equilibrio emocional, prevención del
desencanto y del desgaste de su entusiasmo e ideales profesionales (Orton, 1981;
en Guerrero, 1999).

Zamora (2001) considera que no son términos equivalentes, aunque sí están


fuertemente relacionados.

La insatisfacción laboral no tiene porqué llevar asociada síntomas de


“Burnout”, sin embargo, parece que en el “Burnout”, sí es necesario un nivel de
insatisfacción laboral importante, de forma que esta falta de satisfacción puede ser

36
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

una de las causas que lo origina (Moriana, 2002).

Guerrero y Vicente (1999) parten de la teoría de Sáenz y Lorenzo (1993) y


constatan la preocupación por parte de instancias oficiales de promover la
satisfacción de los trabajadores como indicativo de la calidad de vida. Estos autores
recogen cómo la administración educativa tiende a motivar al profesorado
universitario premiando la investigación con un complemento económico; sin
embargo, estos autores recogen que el incentivo económico junto con las relaciones
humanas, condiciones de trabajo, seguridad, comunicación, status, etc. pertenecen
a un grupo de factores condicionantes o de sostén , cuya carencia produce
insatisfacción, pero cuya posesión no produce necesariamente satisfacción, sino no
insatisfacción. Guerrero y Vicente (1999) siguiendo a Newel y Spear (1983)
demuestran la ineficacia de las recompensas externas para motivar a los docentes
(como el reconocimiento de trienios), pues se cree que los docentes se guían por
factores intrínsecos como el clima laboral (destacando especialmente la interacción
intelectual con los compañeros). Aunque estos resultados se muestran para
docentes de niveles universitarios sería muy interesante poder comprobar si es
válida su extrapolación a otros niveles educativos.

Tejero (2006) observa un solapamiento parcial entre el “Burnout” y los


síntomas de la satisfacción que aluden a la relación con los demás (podría coincidir
con la dimensión Despersonalización), y los que se refieren al desarrollo personal en
el trabajo (podría coincidir con la dimensión Realización Personal). Para el autor la
multidimensionalidad de ambos constructos hace que algunos síntomas de la
satisfacción laboral sean causa del “Burnout”, otros transcurran de forma paralela a
determinados síntomas del síndrome, y otros deban ser considerados consecuencia
del mismo. En cualquier caso, para Tejero (2006), “Burnout” e insatisfacción laboral
“divergen tanto en sus orígenes, como en los procesos de evolución y repercusiones
que acarrean” (pp.37).

37
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

1.3.8. CRISIS DE LA EDAD MEDIA O CRISIS EXISTENCIAL


También se han establecido diferencias entre la crisis del ciclo vital o
evolutiva, también denominada la crisis de la edad media o crisis existencial (según
el Modelo de Desarrollo Laboral del Adulto) y “Burnout”.

La crisis de la edad media puede sobrevenir cuando el profesional,


aproximadamente hacia la mitad de su vida, hace un balance negativo de su
posición y desarrollo de futuro (Bronfenbrenner, 1979). Por el contrario, el “Burnout”
se da con mayor frecuencia, según algunos autores, en los jóvenes recién
incorporados, por la falta de experiencia al hacer frente a problemas emocionales
que se les presenta desde el exterior, o tras una primera fase de cambio en la
organización realizada con altos niveles de implicación personal (Olabarría, 1995).

1.3.9. AGOTAMIENTO VITAL


Existe otro constructo psicológico, menos conocido en la literatura y que
guarda grandes similitudes con el concepto de “Burnout”, el agotamiento vital.

Appels (1998) describe este cuadro, que predice la ocurrencia de infarto de


miocardio, consistente en que el individuo experimenta una fatiga inusual y una
disminución de su energía junto con sentimientos de abatimiento y derrota. En el
cuestionario “The Maastricht Questionnaire” (Appels, Höppener y Mulder, 1987) que
este autor elabora para evaluar los síntomas que anticipan el infarto de miocardio, se
recogen ítems muy similares a los empleados para medir el “Burnout”. Sin embargo,
y aunque las características del agotamiento vital se aproximan al componente de
Cansancio Emocional, el síndrome de “Burnout” es un concepto más amplio que el
agotamiento vital, incluyendo otros síntomas.

1.3.10. ALIENACIÓN
Oliver (1993) observa que el término alienación es un sinónimo inexacto de
“Burnout”. Ambos conceptos incluyen elementos similares de desilusión y
desesperanza, que son en parte productos de las condiciones sociales. Sin

38
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

embargo, la autora recoge que este aspecto social no es suficiente para explicar
esta relación, lo que convierte al “Burnout” en un concepto específico.

Cherniss (1993) considera la alienación como la consecuencia de una


situación en la que la persona tiene poca libertad para realizar una tarea que es
posible realizar, mientras que en el “Burnout” la persona tiene libertad, pero realizar
la tarea es imposible.

Brookings, Bolton, Brown y McEvoy (1985) obtienen en un estudio realizado


con el MBI (Maslach y Jackson, 1981) y diversas medidas de alienación, que los dos
constructos tienen poca covariación.

1.3.11. INDEFENSIÓN APRENDIDA


La indefensión aprendida, desamparo o simplemente indefensión, alude al
sentimiento de las personas cuando sus expectativas sobre el control de los
resultados de un suceso particular se ven frustradas sistemáticamente. En la
indefensión se pierde la esperanza de controlar la situación, de tal manera que la
persona no encuentra contingencia entre su conducta y los resultados,
predominando el sentimiento de fracaso, ya que los resultados independientemente
de la conducta emitida, no serán lo suficientemente buenos (Alarcón et al., 2001;
Peterson, Maier y Seligman, 1993).

Para Sanz y Vázquez (1998) la indefensión aprendida es el “patrón de


cambios conductuales que se produce cuando a un sujeto se le expone a una
situación donde no existe relación alguna entre sus respuestas y la aparición de
consecuencias ambientales negativas, y que se caracteriza fundamentalmente por la
dificultad de aprender nuevas respuestas que producen una mejora de la situación”
(p. 374).

La exposición de un sujeto a condiciones incontrolables genera déficits


motivacionales, asociativos y emocionales que guardan relaciones similares con el
síndrome de “Burnout” (Seligman, 1975; Peterson et al., 1993).

39
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Peterson et al. (1993) consideran al síndrome de “Burnout” como ejemplo de


buena adecuación al modelo, ya que según los autores, este síndrome cumple las
tres características de la indefensión aprendida:

- Pasividad inapropiada: agotamiento emocional, falta de implicación en el


medio laboral.
- Historia de hechos incontrolables donde el sujeto no percibe control
(Sarata, 1977).
- Cogniciones adquiridas durante la exposición a estos acontecimientos
incontrolables, y generalizadas erróneamente a nuevas situaciones
(Cherniss, 1980).

Aunque de entrada el “Burnout” puede cumplir las tres características del


modelo de indefensión aprendida, el “Burnout” es propio de un contexto laboral que
tiene en su proceso un elemento importante en la relación de ayuda, mientras que la
indefensión aprendida es aplicable a otros tipos de situaciones.

Tejero (2006), de acuerdo con la idea mantenida por Kottkamp y Mansfield


(1985), sitúa este concepto como un constructo claramente distinto del síndrome de
“Burnout” y como un posible desencadenante o causa del mismo.

1.3.12. ACOSO LABORAL (MOBBING)


Garcés de los Fayos (2004) recoge la similitud errónea que en ocasiones se
ha realizado entre “Burnout" y Mobbing (acoso psicológico en el trabajo).

La definición de mobbing procede de la etología a manos de Lorenz (1966)


quien lo empleó para aludir a un grupo de animales gregarios de menor tamaño
acosando a un animal solitario mayor. Posteriormente, Heinemann (1972)
recogiendo la definición de su antecesor lo aplica a la conducta destructiva que en
los patios de recreo dirigían un grupo de niños contra otro; es en la década de los 80
a manos de Leymann en Suecia cuando se aplica por primera vez al ámbito laboral,
definiéndolo como el maltrato persistente y sistemático de uno o varios miembros de

40
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

una organización hacia un individuo con el objetivo de aniquilarlo psicológica y


socialmente y conseguir incluso que abandone la organización (Ovejero, 2006).
Para Morán (2002) son aquellas manifestaciones de hostilidad como hechos o
palabras que proceden de un individuo o grupo y se dirigen hacia una persona en
concreto.

El estudio del mobbing aplicado al campo laboral comenzó dentro del campo
de análisis del estrés, como una de sus fuentes principales, sin embargo, dado el
alcance y gravedad del asunto algunos autores como (Leymann, 1996; Ovejero,
2006) lo llegaron a denominar psicoterror.

Ovejero (2006) señala que pese a que el mobbing está relacionado con el
estrés (sus síntomas fisiológicos y psicológicos pueden ser muy similares), no deben
confundirse ambos fenómenos.

Es, pues, un proceso destructivo, premeditado, intencional, sistemático y con


consecuencias incalculables, a corto y medio plazo para las personas acosadas, y a
largo plazo para el propio funcionamiento de la organización laboral e incluso de la
misma democracia (Ovejero, 2006).

En cuanto a sus consecuencias (psicosomáticas, psicológicas y


psicosociales) sobre los profesionales, son similares, aunque generalmente más
profundas, de mayor duración y peor pronóstico, a las del estrés y las del síndrome
de estar quemado por el trabajo (Ovejero, 2006).

Así pues, este concepto en su definición, no guarda relación con el síndrome


de “Burnout”.

1.3.13. ENTREGA/VINCULACIÓN/IMPLICACIÓN EN EL TRABAJO (Work


Engagement)
Tradicionalmente los focos en los que se ha centrado la Psicología tienden a
ser sobre aspectos negativos más que positivos. (Maslach, 2003). Sin embargo,
cada vez se presta más atención a los aspectos positivos de los polos de un mismo

41
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

constructo; esta psicología positiva se presenta como alternativa al predominante


foco de las patologías y déficits. Desde este punto de vista, no es sorprendente que
el propio concepto de “Burnout” (que sin duda representa un estado negativo) se
intente suplantar por su opuesto pero positivo concepto. Maslach et al. (2001)
recogen el “engagement” como tendencia opuesta al “Burnout”. En 1997 Maslach y
Leiter definen el “Burnout” como la erosión del ““engagement” por el trabajo”; en
1998 Leiter y Maslach lo defininen como un estado enérgico de participación/
implicación personal en la realización de actividades que mejoran y realzan el
sentido de la eficacia profesional.

Para Salanova y Llorens (2008) es difícil encontrar una traducción al


castellano que recoja toda la idiosincrasia del concepto, y que sería un concepto
más global que la mera traducción como la implicación en el trabajo (work
involvement), compromiso organizacional (organizational commitment), dedicación al
trabajo (work dedication), enganche (work atachment) o adicción la trabajo
(workaholism). Según los autores podría traducirse como entrega al trabajo o
vinculación psicológica con el trabajo.

La implicación en el trabajo focaliza su estudio en el trabajo en sí mismo, por


lo que abarca una perspectiva más amplia que la simple relación de la persona con
su trabajo (Maslach, 2003).

De acuerdo con Maslach y Leiter (1997) la definición inicial del “engagement”


se caracteriza por energía, implicación y eficacia, que son opuestos directos de las
tres dimensiones del “Burnout” medido con el MBI (Maslach y Jackson, 1981). Los
trabajadores con altas puntuaciones en “engagement” tienen alta energía, conectan
perfectamente con su trabajo y se perciben así mismos como capaces de afrontar
eficazmente las diferentes demandas de sus profesiones.

En la aproximación europea al “engagement” Schaufeli, Salanova, González-


Romá y Bakker (2002) lo definen como un constructo afectivo-motivacional
constante, positivo y relacionado con el trabajo caracterizado por tres dimensiones:
vigor, dedicación y absorción, y siendo un estado cognitivo-afectivo persistente en el
tiempo. Para estos autores tanto el “Burnout” como el “engagement” son

42
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

considerados dos prototipos de bienestar laboral que forman parte de una taxonomía
comprensiva constituida por dos dimensiones independientes de placer y activación
(Watson y Tellegen, 1985), así el “Burnout” se caracteriza por bajos niveles,
mientras que el “engagement” los presenta altos. Esta tendencia coincide con la
investigación actual sobre “Psicología Positiva” focalizada en las fortalezas humanas
y el funcionamiento óptimo del ser humano, no centrándose tanto en las debilidades
(Seligman y Csikszentmihalyi, 2000). Las tres dimensiones que lo describen hacen
referencia a:
- Vigor: altos niveles de energía junto con fuerte deseo de esfuerzo y persistencia
ante dificultades que puedan surgir.
- Dedicación: altos niveles de significado, entusiasmo, inspiración, orgullo y reto
laboral.
- Absorción: altos niveles de concentración e inmersión en el trabajo y felicidad
durante la jornada laboral.

Para estos autores las dimensiones vigor y dedicación constituyen el núcleo


de este concepto.

En el estudio realizado por Salanova et al. (2000) se analiza la estructura del


“engagement” y del “Burnout” confirmando la estructura de tres factores para el
cuestionario de “engagement” para trabajadores y corroborando la estructura original
de tres factores del MBI-GS (Maslach et al., 1996), como opuesta al primer
constructo.

Maslach et al. (2001) recogen que el “Burnout” se relaciona con las demandas
laborales (sobrecarga, demandas emocionales, etc.), mientras que el “engagement”
se relaciona más concretamente con recursos laborales (control laboral,
oportunidades de aprendizaje, feedback, etc.)

Durán et al. (2005) refuerzan la relación negativa con el “Burnout” señalando


antecedentes y consecuentes diferenciales para ambos constructos.

43
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

De cara a las ventajas que tendría el “engagement” para la intervención del


propio “Burnout”, Maslach y Leiter (2008) indican que este constructo representaría
la meta a alcanzar en toda intervención frente al síndrome. Los autores apoyan que
la percepción de imparcialidad laboral determina que los trabajadores puedan tender
hacia el síndrome o hacia el “engagement”.

44
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 1.3.1. Principales diferencias entre “Burnout” y otros conceptos

BURNOUT

- Selye (1956, 1981): respuesta de adaptación del - Continuación de respuesta crónica de estrés cuando se prolonga en el tiempo
organismo frente a agentes nocivos. (Daley, 1979; Blase, 1982).
- Efectos positivos y negativos. - Efectos negativos (Farber, 1984; D´Aurora y Fimian., 1988).
- Maslach (1993): más que experiencia individual de estrés.
- Personas que empiezan su profesión con grandes metas, expectativas y
ESTRÉS
motivación, esperando obtener una parte significativa del sentido de su vida en
- Todas las personas pueden experimentar estrés. el trabajo.
- Ganster y Schaubroeck (1991): requiere alto nivel de contacto interpersonal.
- Schaufeli et al. (1996): actitudes negativas hacia los clientes, trabajo y
organización.
- Weiskopf (1980) etiología, aparición, intensidad y topografía de síntomas
claramente distintivos.
- Leiter y Maslach (1998); Pines et al. (1981): - Ámbito socio-laboral.
fenómeno clínico. - Fisher (1983): no pierden el idealismo con el que inician su vida profesional.
DEPRESIÓN - Leiter y Durup. (1994): contextos laborales.
- Fenómeno más global. - Brenninkmeyer et al. (2001): son independientes.

- Leiter y Durup (1994): la persona no tiene habilidades - Leiter y Durup (1994): el Cansancio se produce al exceder las exigencias de
que la situación requiere. la situación a las habilidades de la persona.
- Calvete y Villa (2000) solo Cansancio Emocional se asocia significativamente
a síntomas de ansiedad, depresión, sensibilidad interpersonal, somatización y
ANSIEDAD dificultades cognitivas.

- Pines y Maslach (1978): presión procedente de - Presión únicamente de fuentes emocionales.


cualquier fuente.
- Tedium dentro del “Burnout”.
- Schaufeli et al. (1993): similar sólo a Agotamiento
TEDIO Emocional.

- Pines (1982, 1993); Pines y Aronson (1988): rápida - Recuperación lenta.


recuperación. -Se asocia a experiencia negativa, desagradable, con sentimiento de fracaso.
FATIGA - Experiencia que se puede acompañar de logro
personal y éxito.

- Patología caracterizada por cansancio incapacitante y - Factor precipitante la vida laboral.


SÍNDROME DE grave.
FATIGA - Etiología física (operaciones quirúrgicas), y/o
CRÓNICA
(SFC) psicológica (estrés psicosocial) sin estar
necesariamente vinculado al trabajo.

Killinger (1991): el sujeto vive por y para el trabajo,


SÍNDROME
siendo al menos temporalmente, el trabajo una fuente
ADICCIÓN AL
de satisfacción, evasión o refugio.
TRABAJO
- Maslach y Jackson (1986): Despersonalización no - Zamora (2001): no son términos equivalentes, aunque sí están fuertemente
está presente. relacionados.
INSATISFAC.
- Moriana (2002): no tiene porqué llevar asociado - Sí necesita insatisfacción laboral, como una causa.
LABORAL
síntomas de “Burnout”.

- Bronfenbrenner (1979): el trabajador hacia la mitad - Olabarría (1995): se da con mayor frecuencia, según algunos autores, en
CRISIS DE LA de su vida, hace balance negativo de su posición y jóvenes recién incorporados, por la falta de experiencia en cómo hacer frente a
EDAD MEDIA O desarrollo de futuro. problemas emocionales, o tras una primera fase de cambio en la organización
EXISTENCIAL con altos niveles de implicación personal.

Se utiliza normalmente para evidenciar trastornos o


MALESTAR patologías (malestar) relacionadas con la docencia
DOCENTE (Esteve; 1987, 1989).

- Sus características se aproximan al componente de - Concepto más amplio que incluye otros síntomas.
AGOTAMIEN-
Agotamiento Emocional.
TO VITAL
- Cherniss (1993): consecuencia de situación con poca - La persona tiene libertad, pero realizar la tarea es imposible.
ALIENACIÓN
llibertad para realizar una tarea viable.
- Aplicable a otras situaciones. - Propio de un contexto laboral que tiene en su proceso un elemento
INDEFENSIÓN
importante en la relación de ayuda.
APRENDIDA
- Manifestaciones de hostilidad procedentes de un
individuo o grupo hacia una persona en concreto
MOBBING
(Morán, 2002).

-Tendencia opuesta: Maslach y Leiter (1997), Maslach


et al. (2001); Salanova et al. (2000). Energía,
“ENGAGEMENT” implicación y eficacia, opuesto a las tres dimensiones
del MBI.

45
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

2. INVESTIGACIÓN DEL BURNOUT

2.1. ETAPAS EN EL DESARROLLO HISTÓRICO DE LA


INVESTIGACIÓN DEL “BURNOUT”

La historia de la investigación del “Burnout”, aunque prolífera en su corta


existencia, ha pasado por diferentes etapas donde las investigaciones realizadas e
incluso las condiciones sociolaborales existentes han marcado la línea de trabajo. A
continuación se recogen las principales fases siguiendo el esquema propuesto por
Maslach y Leiter (1997), Maslach et al. (2001). (Figura 2.1.1.).

FASE PIONERA O INICIAL


El síndrome de “Burnout” surge por primera vez en los medios de
comunicación a principios de la década de los años 70 en Estados Unidos para
describir la sensación que experimentaban muchos profesionales del ámbito de la
salud y de los servicios sociales. Esta primera etapa se caracteriza por su
orientación práctica, reflejo de los factores sociales, económicos, históricos y
culturales de la década. La mayor parte de las descripciones y de los artículos
publicados en la prensa indican la situación de “queme profesional” de estos
profesionales, siendo el objetivo principal la descripción del fenómeno, su etiquetado
y demostrar lo inusual de estas respuestas.

Los estudios realizados en esta primera fase, se centran básicamente en dos


perspectivas, la social y la clínica. La perspectiva social se ciñe fundamentalmente a
las relaciones establecidas entre suministrador-receptor y contexto laboral; mientras
que la perspectiva clínica abarca principalmente los síntomas y aspectos
relacionados con la salud mental. Muchas de estas primeras investigaciones de
naturaleza cualitativa tienen carácter descriptivo, utilizando fundamentalmente
entrevistas, análisis de casos y observación como principales técnicas de recogida
de datos.

46
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Cordes y Dougherty (1993) hacen una revisión de la temática planteando que


en esta primera fase las definiciones del ”Burnout” se pueden clasificar en torno a
cinco tipos de conceptualizaciones:
- Fracasar, gastarse, quedar exhausto.
- Pérdida de creatividad.
- Pérdida de compromiso laboral.
- Distanciamiento de clientes, compañeros y la propia organización.
- Respuestas crónicas al estrés.

Las publicaciones iniciales se deben a Freudenberger (1975), psiquiatra de un


centro de atención social, y a Maslach (1976), psicóloga social centrada en las
emociones en el ámbito laboral. Freudenberger (1975) aporta los primeros indicios
del proceso por el cual, tanto él como otros compañeros, sufren agotamiento y
pérdida de motivación, bautizando este estado con el nombre de “Burnout”, término
que usaban coloquialmente para referirse a los efectos del consumo crónico de
drogas en drogadictos. Por su parte, Maslach (1976) realiza entrevistas a
trabajadores del área de servicios humanos poniendo el centro de interés en el
estrés emocional de sus trabajos, descubriendo que las estrategias de afrontamiento
tienen una importante implicación en la identidad profesional y la conducta laboral de
los trabajadores.

De estos primeros trabajos surgen determinadas características comunes a


todos los análisis efectuados, observando que las ocupaciones relacionadas con
servicios humanos son profesiones con altas demandas y gran implicación para los
trabajadores donde el Cansancio Emocional que experimentan no es una respuesta
aislada. La Despersonalización o cinismo aparece en las respuestas de las
entrevistas como estrategia de afrontamiento del estrés emocional que viven en sus
trabajos, siendo la distancia emocional respecto de sus clientes la forma más
empleada ante la intensa reacción emocional (respuesta que sin duda llega a
interferir con su eficacia laboral).

De este modo, y desde esta primera fase, el “Burnout” no es estudiado tanto


en términos de respuesta individual al estrés, sino como una transacción individual
en el medio laboral.

47
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Este fenómeno tuvo una amplia acogida por parte de sindicatos y directores
de empresa, adquiriendo paulatinamente un cuerpo sólido de contenido clínico tal y
como muestra el artículo “Staff Burn-out” publicado por Freudenberger (1974), en el
cual se describe su etiología, síntomas, curso clínico y estrategias de intervención.
Para este autor, el “Burnout” representa un estado de agotamiento resultado de
trabajar muy intensamente sin atender las propias necesidades.

FASE DE INVESTIGACIÓN EMPÍRICA


Durante los años 80 tiene lugar un desarrollo más científico centrado en la
elaboración de un modelo que pueda ser evaluado empíricamente, utilizando en las
investigaciones un enfoque más cuantitativo con cuestionarios y estudios
longitudinales como principales técnicas de estudio. Durante esta década, se
publican numerosos trabajos sobre el constructo y se elaboran diversos
instrumentos de medida. A este progreso contribuye de forma singular la perspectiva
psicológica social liderada por Maslach y Jackson (1981), cuyo trabajo se vuelca en
la identificación de las condiciones ambientales que determinan el “Burnout”. Como
fruto de estas investigaciones elaboran un modelo de “Burnout” que comprende tres
aspectos: Agotamiento Emocional, Despersonalización y baja Realización Personal
reflejado en el desarrollo del Maslach Burnout Inventory (MBI, 1981), instrumento,
hasta hoy, de gran aceptación en la literatura del “Burnout”. El MBI es empleado en
un primer momento para profesiones de servicios; sin embargo, y dado el interés
que despierta entre los profesionales de la educación, se desarrolla una segunda
versión del MBI dedicada exclusivamente a los docentes, el MBI-ES (1986).
Posteriormente, en 1996, se desarrolla una tercera versión, el MBI-GS ampliando el
espectro de profesiones que abarca, al no centrarse ya exclusivamente en
profesionales de servicios humanos.

Este empujón empírico se ve acompañado de contribuciones metodológicas y


teóricas realizadas desde el ámbito industrial u organizacional de la psicología.

Esta cuantificación continúa durante los años 90 produciéndose una mayor


sistematización en las investigaciones; se amplía el espectro de profesiones a las
que puede afectar este síndrome (finanzas, profesión militar, actividad política, vida

48
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

familiar, etc.), y se desarrollan estudios desde la psicología organizacional logrando


aislar algunas variables específicamente relacionadas con el “Burnout”, como
satisfacción laboral, estrés laboral (sobrecarga, conflicto de rol, ambigüedad de rol),
absentismo laboral, expectativas laborales, relaciones interpersonales en el trabajo,
apoyo social, política de promoción laboral, etc. Al mismo tiempo, se investigan
variables personales, como la personalidad (locus de control, expectativas de
eficacia) salud, relaciones con familia y amigos, valores personales o variables
demográficas (edad, sexo, estado civil, etc.).

FASE ACTUAL
Actualmente, el interés por el estudio del “Burnout” está en plena fase
expansiva, tanto a nivel internacional como en nuestro país. Entre las claves que
permiten explicar este incremento de la investigación en España, Zamora (2001)
recoge “el incremento del estrés laboral y sus consecuencias en base al cambio de
ritmo en la sociedad occidental, que repercuten de forma directa en las tasas de
absentismo laboral y en la disminución en el compromiso organizacional. El gasto
personal que esto ocasiona y la disminución en la calidad del producto, ha
provocado además de un incremento en la investigación, un mayor esfuerzo por
generar soluciones a nivel de prevención y de tratamiento” (p. 3).

El estudio del papel que los medios de comunicación han tenido en la


construcción de los discursos sociales acerca de la conceptualización e importancia
social del “Burnout” entre los años 1998 y 2000 realizada por Montalbán, Durán y
Bravo (2000b) ponen de manifiesto la creciente repercusión del tema sobre el interés
social general, estando centrados los artículos recogidos en tres repertorios
dominantes: el fomento de la salud laboral, la promoción de la cultura preventiva y la
modificación individual de la persona afectada.

La “Situación actual de la investigación sobre el síndrome del Burnout en


España” tratada en el VI Congreso Nacional de Psicología Social (San Sebastián,
1997); “El síndrome de quemarse por el trabajo” del VII Congreso Nacional de
Psicología Social (Oviedo, 2000), el I Congreso Hispano-Portugués de Psicología

49
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

(Santiago de Compostela, 2000), o el VI Congreso Internacional de Psicología y


Educación, entre otros, son una muestra representativa de este interés.

FASE PIONERA/ INCIAL FASE EMPÍRICA


FASE ACTUAL
1970 EEUU 1970-1980

•Elaboración modelo “Burnout”


•Etiquetado y descripción de síntomas
evaluado empíricamente
•Naturaleza cualitativa
•Naturaleza cuantitativa •Alto interés en investigación
•Profesiones de C. Sociales y Salud
•Elaboración instrumentos de medida
•Freudenbreger y Maslach
•Mayor campo de profesiones

Figura 2.1.1. Principales hitos de cada fase

50
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

2.2 ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE INVESTIGAR EL SÍNDROME DEL


“BURNOUT” EN LOS DOCENTES?

Son muchas las razones que a lo largo de la literatura se han obtenido y que
justifican la necesidad del estudio del “Burnout” docente. Aunque en este apartado
se presenta una recopilación, no se pretende hacer una numeración exhaustiva
(tabla 2.2.1.).

Tabla 2.2.1. Motivos para el estudio del “Burnout” docente

• Profesión de ayuda, demandas interpersonales.


• “Burnout” considerado riesgo laboral de carácter psicológico en profesionales
que trabajan directamente con personas.
• Mayores y diferentes demandas sociales al rol docente: ampliación de valores,
interculturalidad, pluralidad cultural, etc.
• Desvalorización del rol docente.
• Crisis en el medio educativo que afecta a toda la comunidad escolar.
• ESO hasta los 16 años. Conlleva cambios cualitativos en problemática
encontrada.
• Serias consecuencias para la salud.
• Profesión estresante.
• Colectivo con alto índice de “Burnout” en investigaciones nacionales/
internacionales.
• Aumento de la prevalencia del síndrome.
• Planes de administraciones que incluyen actuaciones/ cursos para su
prevención e intervención.
• Bases jurídicas.
• Consecuencias propias sobre aspectos cognitivos-aptitudinales, emocionales y
actitudinales de los trabajadores. Se necesitan diseños de intervenciones
específicas.

51
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Maslach (1993) la profesión docente, entre otros colectivos, es


considerada una profesión de “ayuda”, social, humana, de demandas
interpersonales (siguiendo la conceptualización de Veroff y Feld, 1970), de
“requerimientos sociales”.

Mearns y Cain (2003) señalan que la enseñanza es una profesión muy


estresante, destacando entre sus consecuencias el “Burnout”, el distrés emocional,
e incluso el abandono de la profesión docente. Extremera, Rey y Pena (2010)
corroboran que los profesionales docentes tienen niveles de sintomatología asociada
a un estrés medio-alto, confirmando que los docentes son trabajadores de alto
riesgo no sólo para experimentar estrés crónico o “Burnout”, tal como han
demostrado otros estudios previos (Gil-Monte, 2007; Kokkinos, 2007; Moreno-
Jiménez y Peñacoba, 1995; Unda, Sandoval y Gil-Monte, 2007; Gil-Monte y Peiró
1997; Maslach y Jackson, 1986), sino también para padecer sintomatología y
manifestaciones físicas, psicológicas y sociales concomitantes.

Guerrero y Rubio (2005) recogen numerosos autores que a lo largo de los


últimos años han analizado el “Burnout” y han defendido la necesidad de
investigarlo, constatando que el síndrome no es cuestionable en el caso de la
docencia, al darse problemas somáticos y psicológicos que dañan significativamente
la ejecución profesional afectando las relaciones con los alumnos y la calidad de la
enseñanza (Aluja, 1997; Cunningham, 1982; Guerrero, 1999; Rubio, 2002;
Ivancevich, 1988; Kyriacou, 1980; Manassero et al., 1994; Moreno-Jiménez, Oliver y
Aragoneses, 1991; Pierce y Molloy, 1990; Oliver 1993; Salgado, Yela, Quevedo,
Delgado, Fuentes, Sánchez, Sánchez y Velasco, 1997).

La labor docente posee un alto nivel de dificultad que aumenta día a día, en
parte debido a que la sociedad se hace sistémicamente más compleja. Es así como
las demandas de distintos factores y sectores sociales hacia los profesores se
vuelven más sofisticadas (Selamé, 1998). En los últimos veinte años el cambio
social ha transformado profundamente el trabajo de los profesores, su imagen social
y la valoración que la sociedad hace de la educación en su conjunto. Desde la
década de los 80 la profesión docente se ha visto envuelta en un foco de cambios
sociales, políticos y profesionales (Farber, 2000; Miller, 1999). Para Ramos (1999)

52
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

“la docencia ha experimentado la presión de la sociedad no sólo para impartir a los


escolares conocimientos académicos, sino también para intentar corregir problemas
sociales (por ejemplo, las drogas, la delincuencia de entre otros” (p.76). En este
entramado de cambios sociales, la institución familiar también se ve incluida.
Últimamente la familia tiende a descargar sus responsabilidades en la educación de
sus hijos cubriéndolo con una sobrecarga al docente (Ulpiano y Villanueva, 2000).
Para García et al. (2000) los nuevos retos que la sociedad heterogénea, plural,
cambiante e intercultural impone a los docentes va más allá de las reformas en los
planes de estudio o de la reestructuración del sistema educativo afectando de lleno
al concepto mismo de profesionalidad docente, y señala como primer desafío la
adecuación de la práctica docente a las demandas y expectativas crecientes de la
sociedad con respecto a las tareas del profesor. Gómez (2000) recoge “nunca hasta
ahora el docente había estado sometido a demandas tan complejas, intensas y
contradictorias, y este nuevo escenario afecta a nuestra eficacia profesional tanto
como al equilibrio y desarrollo humano (p.19). En esta nueva realidad Gadotti (2003)
señala que “el profesor se tornó un aprendiz permanente, un constructor de
sentidos, un cooperador y sobretodo un organizador del aprendizaje” (p.18). Por
otro lado, podemos constatar la importancia que sobre la salud psicológica del
docente revierten estos cambios. Las diferentes investigaciones realizadas sobre el
análisis de las bajas médicas en profesorado de EGB, BUP y FP en el territorio MEC
(Esteve, 1987, 1988, 1991; García-Calleja, 1991; Gómez y Serra, 1989; Ortiz, 1995)
ponen de manifiesto la relevancia de las bajas psiquiátricas, con un claro
predominio de los trastornos neuróticos o de ansiedad, y trastornos del estado de
ánimo o depresión. Pero este problema no sólo afecta al coste económico, sino que
como señalan Prieto y Bermejo (2006) además repercute en la organización
cotidiana del centro ya que conlleva sustituciones del profesorado, alteraciones en el
desarrollo cronológico previsto en los programas de las asignaturas, etc. con las
consiguientes consecuencias que estas modificaciones tienen para los alumnos.
Con respecto a la situación de los maestros en Cataluña, la estadística de la
Inspección Médica del Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya
(1998) informa que en el curso 1996-97 hubo un 22’7% de días de baja
correspondientes a enfermedades mentales (depresión y estrés) entre los maestros
de primaria y secundaria, lo cual representa la segunda causa de baja, después de
las enfermedades del aparato locomotor, siendo las patologías mentales el 8’64% de

53
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

las licencias concedidas durante ese curso y figurando en segundo lugar en


porcentaje de días.

La desmotivación de los alumnos, el juicio social contra el profesor (cada vez


más generalizado), la culpabilización hacia el docente como responsable de los
males sociales, o la mayor libre circulación de ciudadanos en Europa que exige un
aumento de la pluralidad lingüística, social y cultural a la que el profesor sin una
formación específica debe hacer frente, son algunas de las nuevas exigencias al
educador, que demandan al docente un permanente reciclaje (Doménech, 1995).
Marchesi y Díaz (2007) recogen conclusiones muy similares en su informe “Las
emociones y los valores del profesorado” al señalar que las tensiones que se viven
en el actual sistema educativo, y que afectan al ejercicio de la actividad docente, se
derivan de factores tales como las transformaciones sociales, nuevas exigencias en
la formación, acceso a la información y al conocimiento, cambios en las familia y los
propios alumnos, modificaciones en el mercado laboral, valores sociales
emergentes, presencia creciente de personas inmigrantes y una creciente rapidez en
los cambios.

La desconsideración social hacia la figura o rol del docente es en nuestro país


un sentimiento palpable entre los profesionales de este ámbito, algunas
administraciones públicas (como la Consejería de Educación de la Junta de
Andalucía) se hacen eco de esta condición actual poniendo en marcha campañas
que intentan mejorar y ensalzar la labor intrínseca de esta profesión mediante
anuncios de televisión (Thode, Morán y Banderas, 1992).

La actual crisis en el medio educativo, independientemente de cuál sea su


causa, no es un episodio aislado de un país determinado, sino que es una situación
compartida por muchos países, que afecta, no sólo a docentes, sino que
ineludiblemente repercute a toda la comunidad educativa. Aunque “estar quemado”
no siempre da lugar a problemas serios de salud, sí adquiere unas manifestaciones
de la conducta, que deterioran aún más la vida en los centros educativos (Esteve,
1987). La OIT (Organización Internacional del Trabajo) señalaba en 1981 el estrés
profesional docente como una de las principales causas de abandono de la
enseñanza. Mancini, Wuest, Clark y Ridosh (1983); Mancini, Wuest, Valentine y Clark

54
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

(1984); Kyriacou (1987) utilizando la observación sistemática de las interacciones en


el aula, muestran que los maestros que sufren “Burnout” aportan significativamente
menos información y refuerzos a sus alumnos, interactúan menos con ellos y
aceptan menos sus ideas. Hock (1988); Lamude, Scudder y Furno-Lamude (1992)
concluyen en sus investigaciones que los docentes que muestran altos niveles de
estrés y “Burnout” y continúan impartiendo docencia pueden tener negativas
repercusiones en sus alumnos. Pero las consecuencias de padecer este síndrome
no afectan únicamente al ámbito educativo. Los profesores que experimentan
“Burnout” tienen un riesgo de aumentar los problemas físicos y psicológicos e
incluso sufrirlos fuera del contexto laboral, transfiriéndolos a su vida en pareja
(Guglielmi y Tatrow, 1998; Kyriacou y Sutcliffe, 1978a; Pierce y Molloy, 1990).
Simonsen (1997) argumenta que el profesor que sufre “Burnout” suele presentar
dos manifestaciones: depresión, o transformarse en un ser extremadamente
autoritario. Esto podría deberse a un sentimiento complejo de inadecuación
personal y profesional al puesto de trabajo, que surgiría al comprobar que las
demandas que se le hacen exceden a su capacidad para atenderlas debidamente,
pudiéndose encubrir mediante una sensación de omnipotencia (Álvarez y
Fernández, 1991). Como se verá más adelante las consecuencias del “Burnout” se
pueden considerar destructivas para todas las facetas de la vida del profesional que
lo padece.

Adoptar políticas educativas inclusivas, que recogen entre otras premisas el


derecho y deber a la escolarización de alumnos entre 6-16 años, alcanzando así la
enseñanza secundaria obligatoria (ESO) sus niveles más elevados de
escolarización, o el tratamiento de las diferencias individuales de los alumnos para
evitar las desigualdades, conlleva un aumento considerable de profesores, alumnos,
recursos materiales y humanos, inversión económica, etc. pero también ha supuesto
un cambio cualitativo muy importante, y la aparición de nuevas necesidades que
necesitan de reflexión e investigación para darles solución. La educación es además
uno de los principales pilares para abordar los retos del siglo XXI en cuanto a su
participación activa a la hora de evitar la exclusión social, potenciar las claves
cognitivas que ayuden a nuestros alumnos a entenderse a sí mismos, a los demás y
la propia complejidad de la sociedad actual, posibilitando al mismo tiempo las
herramientas básicas para acceder al mundo laboral.

55
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Fierro (1991) recoge cómo en el análisis de la situación de las escuelas y de


los maestros, el "malestar de los docentes” ha pasado a ser un punto común. El
autor señala que la principal base de este malestar es ambiental, ligado a
circunstancias mismas de la enseñanza, a presiones que recaen sobre los docentes;
señalando que nunca como ahora han estado sometidos a demandas tan intensas,
complejas y a veces, contradictoria por parte de la administración, alumnos, padres y
la sociedad en general. Gómez (2000) también recoge este sometimiento y añade
que sin duda afecta a la eficacia profesional, al equilibrio personal y al desarrollo
humano del docente. Troman (2000) señala la existencia de una pérdida de
confianza en la sociedad postmoderna que provoca desconfianza tanto en las
relaciones interpersonales como en las propias instituciones.

Según la OIT (1993), en EEUU el 27% de los profesores padecen problemas


crónicos de salud como consecuencia de la enseñanza, y el 40% afirma tomar
medicamentos a causa de los problemas de salud relacionados con su profesión.

El reconocimiento de problemas psicológicos de docentes en consultas


generales ha aumentado en los últimos años suponiendo el 20-50% del total, siendo
la depresión y la ansiedad las afectaciones que ocupan los primeros lugares e
impidiendo el ejercicio de la docencia en periodos de dos a cuatro días en el 80% de
los casos (Guerrero, 1996a). Otero-López, Santiago, Castro, Pardiñas, Mirón y
Ponte (2006) registran síntomas físico-conductuales donde la fatiga se presenta
como la alteración más frecuente con un 64%; problemas de sueño, dolor de
espalda, de cabeza y trastornos gastrointestinales lo sufren entre el 33 y el 49%;
síntomas emocionales como irritabilidad e impaciencia más del 40%; síntomas
cognitivos como dificultad para concentrarse, mantener la atención, pérdida de
memoria, excesiva preocupación presentan una tasa del 40%; y síntomas
psicológicos como depresión o ansiedad una frecuencia de entre 17 y 20%. El
informe “Empleo y Salud” de CCOO (Comisiones Obreras, 2003) indica que 8 de
cada 10 docentes entrevistados consideran los problemas psicológicos como la
principal fuente de enfermedad en este colectivo, siendo los síntomas de estrés y
“Burnout” los más nombrados después de las disfonías y problemas de garganta. El
observatorio permanente de riesgos psicosociales de FETE-UGT (2006) pone de
manifiesto que las alteraciones de la voz, las enfermedades infecciosas, las lesiones

56
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

musculo-esqueléticas, las intervención quirúrgica y finalmente los problemas


psiquiátricos son los más frecuentes entre esta población; incluso, se afirma que la
incidencia real de problemas psiquiátricos sería aún mayor, casi el doble, ya que hay
numerosos problemas psiquiátricos que se presentan como problemas físicos.

Entre los estudios que indican que la enseñanza es una profesión muy
estresante destacan Dunham (1992), Kyriacou y Sutcliffe (1978b). En una revisión
de 71 artículos realizada por Hiebert y Farber (1984), encuentran suficientes
evidencias para considerar la docencia como una profesión estresante, si bien la
prevalencia del estrés y la respuesta a éste, varía de maestro a maestro. Algunos
autores (Pithers y Fogarty, 1995; Pithers y Soden, 1998), afirman que existe una
gran cantidad de publicaciones que evidencian en países como Australia, Nueva
Zelanda, Reino Unido o EEUU que la enseñanza es valorada como estresante o
extremadamente estresante para más de un tercio de sus profesionales. Borg (1990)
obtiene que aproximadamente un tercio de los docentes valora su profesión como
extremadamente estresante. Travers y Cooper (1993) obtienen en comparación con
otras profesiones, que el colectivo docente experimenta mayores niveles de estrés,
la asociación Health and Safety Executive confirma este dato al obtener que un 41%
de los docentes presentan altos niveles de estrés (Smith, Brice, Collins, Matthews, y
McNamara, 2000) en comparación con un 31% en el campo de la enfermería y un
29% en profesiones administrativas. Fontana y Abouserie (1993) recogen cómo
docentes de diferentes niveles educativos, países, y en distintos momentos
manifiestan altos niveles de estrés. La Unión de Profesores Profesionales de Hong
Konk (1995) muestra que el 61% de los docentes entrevistados presentan altos
niveles de estrés. Otto (1986) y Bransgrove (1994) señalan altos niveles de estrés
en un tercio de los docentes de secundaria. Louden (1987) recoge que entre un
10% y un 20% de los profesores del oeste de Australia sufre distrés psicológico y
que el 9% lo sufre de manera severa (siendo ambos porcentajes mucho más
elevados que en la población general). Otero-López, Santiago, Godás, Castro,
Villardefrancos y Ponte (2008) con una muestra de 3000 profesores se educación
secundaria de Galicia constata que el 29,9% está altamente estresado, el 49,3%
manifiesta estrés moderado y el 20,8% no sufre o padece poco estrés. Entre los
factores identificados por algunos de estos estudios encontramos las prácticas
administrativas, especialmente apoyo y refuerzo por parte de equipos directivos

57
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

(Lawrence y McKinnon, 1982; Zabel y Zabel, 1982); personalidad y factores


ambientales (Nagy, 1985), o conflicto y ambigüedad de rol (Iwanicki y Schwab,
1981).

El catedrático de Psiquiatría de la UCM (Universidad Complutense de


Madrid), Alonso-Fernández (2002) apunta que “los docentes son un colectivo con
tendencia a poder sufrir patologías relacionadas con el estrés y el “Burnout” por su
permanente contacto con él” (p. 4). Entre este colectivo docente, Martín (2005)
señala que los docentes de secundaria representan el 61% de las bajas laborales
por estrés, depresión o ansiedad, de lo que el autor concluye una mayor presión
para los profesores de secundaria en comparación con sus compañeros de primaria.

En una encuesta realizada por Cichon y Koff (1978) el 56,6% de los profesores
indican estar afectados por enfermedades mentales y/o físicas relacionadas con su
trabajo. Chakravorty (1989) en una investigación realizada con 1500 profesores con
baja laboral muestra que el 77% de las de larga duración se deben a trastornos
mentales. El estrés asociado a la enseñanza es identificado como una causa que
contribuye fundamentalmente a esta situación (Cunningham, 1982). Cichon y Koff
(1980) destacan que el 26% de los maestros han tenido algún tipo de desajuste
psíquico relacionado con el estrés laboral a lo largo de su vida profesional. En la
investigación llevada a cabo por Seva (1986) con una muestra de 283 profesores de
enseñanzas medias y universitarias se destaca el alto porcentaje de inadaptación
del profesorado de estos niveles, al tiempo que se confirma el mayor desajuste
psicológico de los profesionales de la enseñanza en comparación con la población
general.

Según Álvarez, Blanco, Aguado, Ruiz, Cabaco y Sánchez (1993); Kyriacou


(1987); Pithers y Fogarty (1995) los profesores experimentan más estrés laboral que
otras ocupaciones. Ciertamente, hay investigaciones que sostienen que este
colectivo sufre más distrés que la población general (Belcastro y Hays, 1984; Dewe,
1986; The Western Australian Enquiry into Teacher Stress, 1987; Nerell y Wahlund,
1981) en estudios comparativos entre varias profesiones, observan el colectivo
docente como uno de los que presenta mayor índice de “Burnout”. Así, parece que la

58
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

profesión docente y el contexto en el que se desarrolla reúnen una serie de


condiciones que la hacen ser susceptible de considerarla profesión de riesgo
(Álvarez et al., 1993; Ortiz, 1995).

Heus y Diekstra (1999); Travers y Cooper (1997) afirman que esta profesión
es la más afectada por el síndrome de “Burnout”. Moriana y Herruzo (2004) lo
confirman señalando especialmente a la etapa de secundaria, junto a otras
profesiones como la enfermería, la medicina y el trabajo social.

En datos de población americana, en un periodo de 40 años, la prevalencia


de sufrir este síndrome ha aumentado de un 37,5% en 1938, a un 43% en 1951, y a
un 78% en 1976 según el estudio realizado por Holt, Fine y Tollefson (1987).

Hay datos basados en estudios internacionales que afirman que


aproximadamente entre un 60% y un 70% de los docentes muestran repetidamente
síntomas de estrés, de los cuales, al menos un 30% muestra síntomas de “Burnout”
(Antoniou, Polychroni y Walters, 2000; Borg y Falzon, 1989; Capel, 1992; Kyriacou,
1980; Kytaev-Smyk, 1983; Lale, 2001; Rudow, 1999). Hock (1988) en un estudio
realizado con 939 profesores de San Diego (California) de niveles comprendidos
entre la escuela elemental y el bachillerato, encuentra un 40,8% de docentes con
niveles moderados o altos de “Burnout”, que somatizan mayoritariamente síntomas
de depresión y desesperanza por la enseñanza. Shirom (1989) señala que el
“Burnout” afecta a un porcentaje variable de profesores que oscila entre el 10% y el
30%. Khonen y Bath (1990) en un estudio con docentes alemanes indican un
28,70% con niveles altos. Farber (1991) estima que entre un 30% y 35% de los
profesores americanos se muestran altamente insatisfechos con su profesión, y que
entre un 5% y un 20% están verdaderamente quemados. Farber (1991) en una
revisión de estudios sobre ratio y prevalencia del “Burnout” en profesores
americanos concluye que entre el 5% y el 20% de los profesores, dependiendo del
tipo de comunidad en la que viven y del momento de evaluación, están quemados
en un momento determinado. Zijlstra y De Vries (2000) estiman con una muestra de
docentes holandesa que el 9% de los profesores alcanza el criterio de “profesores
quemados”, necesitando tratamiento psicoterapéutico. Fernández (2002) en un
estudio realizado en Perú con 264 profesores de primaria del área metropolitana

59
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

indica que la prevalencia de docentes con altos niveles de “Burnout” asciende hasta
el 43%, de los que el 21% se encuentra expuesto a sufrirlo a corto plazo. Viloria,
Paredes y Paredes (2003) con su muestra de 1240 docentes de educación física de
Mérida (Venezuela) contemplan que aunque el 41% de su muestra presenta niveles
bajos de “Burnout”, un 49% lo presenta medio y un 10% alto (si tenemos en cuenta
que el “Burnout” es un proceso, en pocos años las cifras de docentes con niveles
altos podrían verse aumentadas). En muestras de Chile los datos apuntan que entre
el 27.4% y el 61% de los docentes sufren el síndrome (Miño 2012; Parra 2005;
Valdivia, Avendaño, Bastias, Milicia, Morales y Scharager, 2003). Marqués et al.
(2005) obtienen en su muestra de 777 profesores portugueses de educación plásica
de secun que el 54% perciben su profesión muy o extremadamente estresante, el
6,3% experimentan “Burnout” pleno (altas puntuaciones en Agotamiento Emocional y
Despersonalización y bajas en Realización Personal), y un 30,4% se encuentran en
situación de riesgo (altas puntuaciones en Agotamiento Emocional y
Despersonalización y medio en Realización Personal, o cuando las puntuaciones en
las dos primeras escalas son medias y alta en la última). Ponce et al. (2005)
obtienen, siguiendo el modelo de fases de Golembiewski y Muzenrider (1984), que el
45% de los docentes universitarios de su muestran se encuentran en la fase inicial
del síndrome; un 7,3% en la intermedia y un 46,3% en la final, es decir, ya tienen
desarrollado el síndrome. Restrepo, Colorado y Cabrera (2006) en un estudio
realizado con 9833 docentes de Medellín (Colombia) obtienen altos niveles de
Agotamiento Emocional en el 16% de los docentes y un 21% con niveles medio-alto;
niveles altos de Despersonalización en un 12% y un 21% con niveles medio-alto; y
niveles positivos en ambas dimensiones en el 23%, destacando que el riesgo
epidemiológico de sufrir el “Burnout” en los docentes de Medellín puede llegar hasta
el 46,8%. En Portugal, Mota-Cardoso, Araújo, Carreira, Gonçalves y Ramos (2002)
con una muestra de 2108 profesores identifican un 34,80% de la muestra con
niveles altos en Agotamiento Emocional, 6,30% altos niveles de Despersonalización
y un 84,20% con falta de Realización Persona; los autores indican un 34,80% en
riesgo alto de sufrir el síndrome. Sus compatriotas Figueiredo-Ferraz, Gil-Monte y
Grau-Alberola (2009) encuentran en una muestra de 211 maestros una tasa del
14,20% de los docentes con niveles elevados en el síndrome y un 1,20% con niveles
severos. Aldrete, Vázquez, Aranda, Contreras y Oramas (2012) indican con una

60
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

muestra de 330 maestros de escuelas preparatorias de zonas metropolitanas de


Guadalajara (México) que el 50,4 % de los docentes presentó el síndrome.

En España, Vázquez, Ferrer, Fornés, Fernández y Queimadelos (1994)


afirman que el 40% de los profesores sufren niveles altos de “Burnout”. Fernández-
Castro, Doval y Edo (1994) obtienen con 1346 maestros de EGB, una tasa del 3,6%
“claramente quemados” y un 12,3% con alto riesgo de sufrirlo. Manassero,
Vázquez, Ferrer, Fornés y Fernández (1995) señalan al 40,3% de los docentes de
las islas Baleares de enseñanzas no universitarias experimentando niveles
considerados de bastante o extremo “Burnout”. Valero (1997) revelan que el 33% de
los profesores de su muestra puede considerarse quemado, para estos autores este
rango no deja de ser alarmante, dado que en el mejor de los casos hay ocasiones en
las que casi un tercio de la plantilla de docentes puede estar sufriendo este
síndrome y sus consecuencias. Manassero et al. (1994) afirman que el 40% de los
docentes españoles tienen niveles altos de “Burnout”, especialmente en las
dimensiones Agotamiento Emocional y baja Realización Personal. Guerrero (1999)
señala que el 93% de los profesores ayudantes de universidad sufren estrés, siendo
para el autor uno de los colectivos más vulnerable a padecer el síndrome. Durán,
Extremera et al. (2010) observan en 91 profesores de primaria, secundaria y
enseñanza superior que el 26,4% presenta niveles altos de Cansancio Emocional, el
33% presenta muy bajas puntuaciones en Realización Personal y el 35,2% tiene
niveles medios de Despersonalización. Cordeiro (2001) obtiene que un 41% de los
docentes de primaria de Cádiz reflejan altos niveles de “Burnout”. Rubio (2002)
recoge que un 18,5% de los orientadores de IES (Institutos de Educación
Secundaria) de Extremadura padece bastante “Burnout”, siendo el mismo porcentaje
(18,5%) los que sufren un nivel extremo. Tal y como recogen Otero-López et al.
(2008) al fijarse como objetivo aclarar el estado de la salud laboral del profesorado
de Secundaria y encontrar respuestas sobre el verdadero alcance del estrés y del
“Burnout” en Galicia, obtienen que la mayoría de los profesores de ESO en Galicia
se sienten quemados por su trabajo; un 25,7% presenta alto grado de “Burnout”
(Cansancio Emocional, Despersonalización, o “estar quemado” por el trabajo), el
49,9% declara niveles moderados, y el 24,4% indica “bajo índice de queme laboral”.
Los resultados provisionales de la encuesta también revelan que la sensación de

61
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Agotamiento Emocional es la principal causa del “Burnout” docente que, sin


embargo, tienen más percepción del estrés de sus compañeros que del suyo propio.
Aldrete, Preciado, Franco, Pérez, y Aranda (2008) muestran una prevalencia del
80%, Cordeiro (2001) del 41%, Guerrero (2003b) 23% y Paredes (2001) del 23%.
Urricelqui, Sagasti, Lasa y Esandi (2004) realizan su investigación con 446
maestros de Educación Infantil, Primaria y primer ciclo de ESO, técnicos de
Formación Profesional y de Secundaria de la provincia de Navarra, detectando 5
casos de “Burnout” y 35 casos con alto riesgo de padecerlo; y donde además, de los
tres factores del MBI, un 37% tiene al menos uno de las tres dimensiones alteradas,
de los cuales el 28% tienen sólo uno, el 8% tiene dos factores y el 1% tiene los tres.
Durán et al. (2005) amplían la investigación realizada en 2001, con una muestra de
265 docentes de diversos niveles educativos no universitarios, e indican que los
niveles de “Burnout” que presentan son intermedios. Bermejo y Prieto (2005) con
una muestra de 71 profesores de Educación Secundaria de Madrid, obtienen tasas
del 84,8% y 69,7% de docentes que presentan niveles medios o altos de Estrés de
Rol y “Burnout” respectivamente, destacando la dimensión Agotamiento Emocional
como la medida más elevada. Prieto y Bermejo (2006) obtienen con una muestra de
71 docentes de secundaria de centros de Madrid que un 84,4% y un 69,7%
presentan niveles medios o altos de estrés de rol y de “Burnout” respectivamente,
presentando un 39,7% puntuaciones altas en Cansancio Emocional. Según un
estudio encargado por el sindicato de enseñanza ANPE-Madrid (2006) uno de cada
cinco docentes sufre el síndrome del "profesor quemado" y el 39% de ellos muestra
indicadores clínicos de estrés grave. Ayuso y Guillén (2008) arrojan en sus
conclusiones una tasa de “Burnout” del 48,93% en docentes de Institutos públicos de
ESO en Cádiz. Aris (2009) utilizando una muestra de docentes de infantil y primaria
de Barcelona obtiene en sus conclusiones un elevado porcentaje de docentes
susceptibles de sufrir “Burnout”. Avargues, Borda y López (2010) señalan que el
10.7% del personal docentes de la Universidad de Sevilla presenta un nivel de
“Burnout” elevado. Sin embargo, Ranchal y Vaquero (2008) obtienen con una
muestra de 186 docentes de la provincia de Córdoba que la prevalencia del
síndrome se reduce a un 5%; Díaz, López y Varela (2012) obtienen punuaciones
bajas con una muestra de 82 docentes de Colombia (niveles moderados de
“Burnout” en el 15% de los docentes de centros privados y 22% en los de centros
públicos).

62
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Guerrero (1997) hay tres razones fundamentales por las que las
administraciones deberían promover la investigación sobre la salud mental del
profesorado:
 Razones epidemiológicas en función del alto porcentaje de desajuste
detectado en la población docente a nivel internacional.
 Consecuencias psicopatológicas en la salud del docente y su repercusión en
el desarrollo y rendimiento del alumnado.
 Necesidad de conjugar una metodología de autoperfeccionamiento docente
con el perfeccionamiento del alumnado y viceversa.

Sin embargo, y pese a la constatación de la necesidad de una intervención


que prevenga y palie sus efectos, el “Burnout docente” (al igual que en el resto de
profesiones asistenciales) no es actualmente considerado como una forma
específica de estrés laboral, y por tanto, no está incluido en la lista de
enfermedades que establece la OIT (Organización Internacional del Trabajo). No
obstante, esta misma organización en su informe “El trabajo en el Mundo” (1993)
reconoce que el estrés y el síndrome de “Burnout” no son dos fenómenos aislados,
sino que ambos se han convertido en un riesgo ocupacional significativo de la
profesión docente, que afecta de manera muy particular al profesorado.

Siguiendo las conclusiones obtenidas en el I Congreso Nacional sobre


“Burnout” (Wilder y Plutchik, 1981) podríamos resumir la importancia del tema que
nos ocupa en los tres puntos siguientes:
 Importancia cada vez mayor, de los servicios humanos como partícipes del
bienestar individual y social.
 Valoración y exigencia que los usuarios hacemos de los servicios sanitarios,
sociales y educativos.
 Conocimientos, por parte de los investigadores, de los poderosos y negativos
efectos del estrés sobre las personas, y sobre las instituciones de las que es
miembro.

La importancia del “Burnout” en la docencia queda recogido en diferentes


momentos y actos a lo largo de los últimos años. Uno de los acontecimientos más
importantes lo encontramos en la decisión de la Asociación Nacional de Educación

63
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

(NEA) en 1979 al considerar el “Burnout” como tema fundamental de la convención.


En esta línea, en los años siguientes, se celebran una serie de reuniones de
profesionales que denotan el interés internacional que despierta el tema y sus
repercusiones (Esteve, 1984). En 1980 se celebra en la Universidad de Jerusalén el
Encuentro “The teacher as a person”. En 1981 la OIT elige como tema central las
condiciones laborales de los profesores. En 1982 Málaga acoge el congreso
“Repercusiones de la práctica profesional sobre la personalidad de los profesores”.
En 1990, Cracovia pone de relevancia el síndrome de “Burnout” en Europa con la
“Conferencia Europea de Burnout Profesional”. En Oviedo (2000) se desarrolla el
simposio “el síndrome de quemarse por el trabajo: avances de la investigación en
España” desarrollado durante el VII Congreso Nacional de Psicología Social. En
noviembre de 2005, se celebró el I Congreso sobre Patologías derivadas del Estrés
celebrado en Tarragona donde se incluyó una conferencia plenaria titulada “Mobbing
y Burnout”.

Respecto al “Burnout” en su relación con la salud, aún hay mucho campo


sobre el que trabajar, pues tal y como recoge Tejero (2006) una vez revisados los
principales sistemas de clasificación de trastornos internacionales “es conveniente
que el síndrome sea incluido en las próximas versiones de estos sistemas de
clasificación… ya que en la actualidad el síndrome no es considerado como un
trastorno oficial” (pp.46). La Clasificación Internacional de Enfermedades de la
Organización Mundial para la Salud en su 10ª revisión (OMS; 1995), dedica el
capítulo XXI a “los factores que influyen en el estado de la salud y al contacto con
los servicios de salud”, aludiendo a “los casos en los que ciertas circunstancias que
no son enfermedades, lesiones, ni causas externas clasificables… se registran como
“diagnóstico” o “problema” (pp.1065), pero pese a esta mención, ninguna de las
categorías de esta clasificación menciona de manera explícita el síndrome de
“Burnout”. En los manuales del CIE-10 (Organización Mundial de la Salud; OMS,
1995) y del DSM-IV (American Psychiatric Association; APA, 1994), dos de los dos
sistemas de clasificación de trastornos psicopatológicos internacionales más
reconocidos tampoco se menciona al “Burnout” en ninguna de sus taxonomías. De
igual modo, la APA, pese a diseñar la categoría “Problema laboral” en la sección
“Problemas adicionales que pueden ser objeto de atención clínica”, interpretable
siguiendo a López-Ibor y Valdés (2002) como categoría que “puede usarse cuando

64
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

el objeto de atención clínica es un problema laboral que no se debe a un trastorno


mental o que, si se debe a un trastorno mental, es lo bastante grave como para
merecer una atención clínica independiente” (pp. 827) y señalando el DSM-IV como
ejemplos de estos problemas laborales la insatisfacción laboral y la incertidumbre
sobre la elección profesional, se sigue sin mencionar explícitamente el síndrome de
“Burnout”.

Teniendo en cuenta las repercusiones que suponen para el docente presentar


altos niveles de estrés, y llegar incluso a sufrir el síndrome de “Burnout”, el Centro de
Salud Laboral del Instituto Municipal de Salud Pública de Barcelona (IMSPB) junto
con otras instituciones y con financiación de la Dirección General de la V Comisión
Europea elabora en 1999 un Programa de Prevención del Estrés laboral en
enseñanza secundaria (Diario Médico, 1999). El Instituto Nacional de Administración
Pública (INAP), recoge desde hace algunos años el protagonismo y la necesidad de
la formación docente, desarrollando cursos orientados a la prevención y tratamiento
del estrés en este colectivo. Gay, Milán, Noguera y Embuena (2003) reflejan cómo
diferentes instituciones públicas se han planteado la necesidad de elaborar
prospectos informativos y manuales de cara a adoptar medidas de prevención y
tratamiento del “Burnout”; en este sentido se han difundido diferentes documentos
orientativos, como el publicado por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el
Trabajo del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (Nogareda, 1994), que
demuestra hasta qué punto el estrés de los maestros se ha convertido en una
preocupación generalizada, o el publicado por la Conselleria de Cultura, Educació i
Ciència de la Generalitat Valenciana (Gómez y Carrascosa, 2000).

En Francia, funcionan desde hace más de dos décadas, planes y medidas de


mejora de la salud laboral de los docentes, disponiendo de experiencias y centros
específicos para la rehabilitación de afecciones psíquicas. Entre las medidas
planteadas encontramos el “Taller de Readaptación”, con estatuto de hospital diurno,
para la reeducación en el esfuerzo y en la vida activa de profesores, que por lo
general tienen un largo pasado psiquiátrico, o el “Centro de Readaptación”, que
funciona junto al hospital psiquiátrico de Verrière, integrado en una escuela de
primaria, que devuelve el contacto al ejercicio de la docencia tras la experiencia de
episodios psiquiátricos (Amiel, 1984; Mandra, 1984).

65
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

En España, también hay razones jurídicas para continuar con el estudio del
“Burnout” en los docentes. Bajo un desarrollo legislativo encuadrado en la Directiva
Marco de la Unión Europea en materia de Salud y Seguridad (89/391/CEE) y la
normativa comunitaria en nuestro país en materia de prevención de riesgos
laborales mediante la aprobación de la ley de Prevención de Riesgos Laborales
(LPRL, Ley 31/1995, de 8 de noviembre; BOE 10/11/1995) y su consiguiente
desarrollo normativo a través del Reglamento de los Servicios de Prevención (Real
Decreto 39/1997, y Real Decreto 780/1998), se reconoce, la organización y la
ordenación laboral, como condiciones de trabajo susceptibles de producir riesgos
laborales, recogiendo el interés en la prevención de riesgos psicosociales laborales.
No obstante, y según el informe de Empleo y Salud de CCOO (2003) un 90% de los
docentes no tiene ni siquiera conocimiento de la LPRL.

El tratamiento del “Burnout” ha llegado incluso a los tribunales. La sala 4ª del


Tribunal Supremo (26-10-2000) declaró firme la sentencia dictada por el Tribunal
Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma del País Vasco (2-11-1999) que a
su vez confirmaba otra del juzgado de lo Social de Eibar (9-2-99) donde se
reconoce a un jefe de taller de un centro de discapacitados padecer la enfermedad
de “Burnout” como consecuencia de su profesión, al considerar que el síndrome de
quemarse por el trabajo es un accidente laboral si éste se contrae por causa
exclusiva de la ejecución del trabajo, representando esta sentencia un importante
antecedente en la interpretación y aplicación de la Ley de Prevención de Riesgos
Laborales (Tejero, Graña, Muñoz-Rivas y Peña, 2002). Posteriormente en el año
2001, una sentencia del Juzgado de lo Social nº 1 de Vigo, procedimiento 24/1999;
Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Galicia, Recurso nº 5302/2001
reconocen que entre los riesgos característicos de los trabajadores (entre los que se
encuentran los maestros de taller) de un Centro de Atención a Minusválidos
Psíquicos destinado a la asistencia y rehabilitación de personas comprendidas entre
los 18 y 65 años que presentan deficiencias psíquicas y físicas, se encuentra el
Síndrome de “Burnout”, afectando a todos los trabajadores del centro, en mayor o
menor medida, y reconociendo así la necesidad de un plus de peligrosidad. En el
año 2003, la Sala de lo Social, sec. 1ª, S7-11 de Galicia reconoce, en base a la
misma justificación que en la sentencia anterior, a un maestro de taller y a una
limpiadora de otro centro de disminuidos físicos de Galicia un plus de peligrosidad.

66
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

En Barcelona se ha reconocido como accidente de trabajo el síndrome de “Burnout”


en una profesora por padecer estrés y ansiedad, concediéndola la incapacidad
permanente absoluta para desempeñar su labor docente, con el consiguiente
derecho a recibir de la mutua del centro en que trabajaba una pensión del 100% de
su base reguladora. La sentencia pone énfasis en que la dolencia no surge de
manera súbita, sino que es un proceso continuo, consistente en un estrés de
carácter crónico experimentado progresivamente en el contexto laboral (Vila, 2003).

Aunque, como se puede apreciar, cada vez es mayor la aproximación de las


administraciones al abordaje del síndrome de “Burnout”, Sevilla y Villanueva (2000)
creen que los obstáculos existentes se ven acrecentados en base a tres criterios
fundamentales:
 Existencia de una insensibilidad real por parte de la Administración, la
sociedad y los propios docentes; en torno a los factores de riesgo que
pueden darse en la actividad de los centros escolares.
 Dificultad de hacer visibles los factores de riesgo existentes en el sector
desde el punto de vista de la salud integral.
 Escasa formación que existe en torno a la Ley de Prevención de Riesgos
Laborales y la normativa que la desarrolla.

Conocer la realidad de la educación española, y su estado en relación al


síndrome de “Burnout”, es una tarea básica para poder mejorar la calidad de la
enseñanza, así como la calidad del desarrollo profesional de sus trabajadores. Gil-
Monte y Peiró (2000) en un estudio llevado a cabo para obtener criterios normativos
de referencia para el diagnóstico del síndrome evaluado con la versión española del
MBI-HSS, ponen de manifiesto que el tipo de ocupación laboral desempeñada por
las personas tiene efectos diferentes sobre los aspectos cognitivos-aptitudinales,
emocionales y actitudinales de los trabajadores. De este modo, el “Burnout” no se
desarrolla de igual manera en todas las profesiones, y por tanto el diseño de
intervenciones debe ser específico para cada colectivo profesional.

Queda de manifiesto, a través de los estudios que la literatura ofrece, la


vulnerabilidad del sector educativo ante el síndrome de “Burnout”, afectando no sólo
al bienestar del profesorado en cuanto a sus posibilidades de autorrealización, sino

67
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

también a su equilibrio físico y psíquico, con importantes y negativas consecuencias


para la calidad del completo proceso de la enseñanza.

Desde las líneas de este trabajo trataremos que el lector tome conciencia de
la necesidad de intervenir desde múltiples factores para lograr asumir un modelo de
salud activo, entendiendo el síndrome de “Burnout” como un factor a incidir en la
mejora activa de la salud.

68
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

2.3. VARIABLES MÁS SIGNIFICATIVAS ASOCIADAS CON EL


“BURNOUT” DOCENTE

A lo largo de la revisión bibliográfica realizada en este trabajo hemos podido


observar que la mayoría de las investigaciones revisadas se centran en observar la
relación de algunas variables con el “Burnout” y no tanto en el seguimiento de una
teoría concreta.

Los estudios descriptivos con diseños correlacionales que estudian la relación


entre estrés, “Burnout” y otras variables, sobretodo sociodemográficas, se observan
de manera transcultural en casi todos los países.

Las variables que tradicionalmente han sido asociadas al “Burnout” pueden


ser clasificadas en dos bloques:
- Personales.
- Pertenecientes al ámbito laboral y de la organización.

Las variables que aquí recogemos pueden ser consideradas como factores
desencadenantes, facilitadores o inhibidores del “Burnout”; es decir, son variables
que nos pueden ayudar a comprender el origen del mismo. Sin embargo, hay que
hacer notar que pretender elaborar una lista que recoja todas y cada una de las
variables que pueden intervenir en el desarrollo el “Burnout” es tarea ambiciosa ya
que al producirse éste en el medio laboral y a largo plazo, son múltiples y complejas
las situaciones que para cada trabajador pueden ser el principal desencadenante del
síndrome.

Prácticamente todas las discusiones proponen que el síndrome de “Burnout”


es producto de factores tanto personales como profesionales, si bien el grueso de la
investigación actual ernfatizan que los factores organizacionales, fundamentalmente
las características del trabajo, están más ligadas a la aparición del “Burnout” que
otras variables como las sociodemográficas o de personalidad (Billingsley y Cross,
1992; Burke et al., 1984; Golembiewski y Muzenrider, 1984; Kremer-Hayon y Kurtz,

69
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

1985; Maslach y Jackson, 1984; Maslach y Leiter, 1997; Pines y Aronson, 1988;
Tejero, 2006).

Pierce y Molloy (1990) concluyen que las variables psicológicas son


predictores más significativos del “Burnout” en docentes que las variables
sociodemográficas.

Strassmeier (1992) recoge que las variables de personalidad explican mayor


porcentaje de varianza de “Burnout” que las variables organizativas.

Manasero et al. (1999b) señalan, tras su estudio con 614 profesores de las
Islas Baleares de todos los niveles educativos excepto del nivel universitario, que las
variables sociodemográficas y profesionales no son predictores significativos del
estrés y “Burnout”. Rubio (2002) en su investigación con orientadores extremeños de
institutos de secundaria, concluye en su análisis diferencial, que no existe ninguna
variable sociodemográfica que tenga relación significativa con el síndrome, siendo la
importancia de las variables laborales poco relevantes. Sin embargo, las variables
procedentes de la valoración que los orientadores realizan del desempeño de su rol
docente (satisfacción laboral, realización de las expectativas iniciales, tendencia al
abandono del puesto y nivel de intensidad del estrés) se muestran muy relevantes a
la hora de valorar su relación con el síndrome. Además, las variables motivacionales
(satisfacción laboral, realización de expectativas, grado de compromiso y propensión
al abandono) y las fuentes de estrés laboral generales (sobrecarga y ambigüedad de
rol, y falta de apoyo social) son significativas para evaluar o predecir el riesgo de
“Burnout”. Las variables de personalidad y contextuales se relacionan con el
“Burnout” no encontrando relación con las sociodemográficas (Burisch, 2002; Cano,
Padilla y Carrasco 2005; Peiró, 1992; Schaufeli y Van Dierendonck, 1993).

Las variables demográficas, de personalidad y la falta de apoyo social son


variables que facilitan la aparición del síndrome de “Burnout”, mientras que las
variables organizacionales, sobre todo las vinculadas al desempeño del puesto de
trabajo actúan como desencadenantes del síndrome (Gil-Monte y Peiró, 1997;
Ramos, 1999).

70
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Burisch (2002), Zellars, Perrewe y Hochwarter (2000) consideran que las


variables contextuales tienen mayor capacidad predictiva que las de personalidad.
Por el contrario, Fontana y Abouserie (1993), Griffith, Steptoe y Cropley (1999), Mills
y Huebner (1998) consieran que las variables de personalidad contribuyen con un
mayor porcentaje de varizanza que las contextuales.

Paula (2004) concluye en su investigación que la sintomatología del “Burnout”


detectada a nivel somático, conductual, emocional y cognitivo no mantiene una
relación directa con las características personales, organizacionales del centro
educativo, el rol profesional o el apoyo socio-emocional que recibe la persona, sino
que dicha sintomatología parece condicionada por la valoración cognitiva que la
persona hace de estos factores personales y contextuales.

Shirom (2005) considera que el “Burnout” no se debe probablemente tanto a


variables de tipo genético o de personalidad en comparación con el peso de las
características laborales o, siguiendo a Bekker, Croon y Bressers (2005) a factores
relacionados con el medio familiar. Utilizando la medida del Cansancio Emocional en
gemelos el estudio de Middeldorp, Stubbe, Cath y Boomsma (2005) concluyen que
los factores genéticos son poco relevantes en el estudio del “Burnout”, sugiriendo la
importancia de factores ambientales y familiares al explicar el 22% de la varianza
total.

2.3.1. PERSONALES

Las variables personales aluden a condiciones propias de la persona,


haciendo referencia a aspectos tales como edad, sexo, personalidad o situación
socio-familiar entre otras características.

Desde los primeros estudios llevados a cabo en relación al “Burnout”


docente, se constata que algunos sujetos son claramente vulnerables al síndrome,
mientras que otros mantienen una clara resistencia al mismo. De este modo, y pese
a situar el origen de este síndrome en el ámbito profesional, parece que las variables
individuales podrían jugar un papel relevante en su desarrollo (Aluja, 1997; Anderson

71
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

e Iwanicki, 1984; Farber, 1984; Ferrando y Pérez, 1996; Friedman, 1991, 1995;
Greenglass, Burke y Ondrack, 1990; Maslach, 1976; Russell, Altmaier y Van Velzen,
1987; Turnipseed, 1994; Van Horn, Schaufeli, Greenglass y Burke 1997).

VARIABLES DEMOGRÁFICAS
Son muchos los estudios que dentro de las variables personales estudian en
concreto las demográficas, y que informan sobre datos del trabajador como edad,
género, estado civil, etc. La mayoría de los resultados muestran pequeños o nulos
porcentajes significativos de varianza en relación con el “Burnout”. Tejero (2006)
recoge cómo las variables demográficas o no son significativas en la explicación de
la varianza del “Burnout”, o bien explican un bajo porcentaje, no más allá del 15%.
Cano et al. (2005) en una muestra de 99 docentes de Sevilla, y Díaz et al. (2012)
con una muestra de 82 docentes en Colombia no obtienen correlaciones
significativas. No obstante, es aconsejable profundizar en la investigación de estos
factores ya que se observan resultados contradictorios entre distintas
investigaciones.

EDAD Y AÑOS DE EXPERIENCIA LABORAL


Para De la Gándara (1998) existe una correlación directa entre edad y años
de profesión, y nivel de “Burnout”.

Aunque no existe un acuerdo unánime respecto a esta variable recogemos los


resultados más relevantes encontrados en la literatura (tabla 2.3.1.).

Entre los autores que no han encontrado diferencias significativas entre


edad y síndrome de “Burnout”en sus resultados podemos encontrar a Arcenillas
(2003), Cichon y Koff (1980), Daniel (1995), Hock (1988), Howard y Johnson (2004),
Kyriacou y Sutcliffe (1978a), Malanowski y Wood (1984), Malik, Mueller y Meinke
(1991), McDermott (1984), O’Connor y Clarke (1990) o Schonfeld (1992) entre otros.

Entre los resultados que sí encuentran diferencias significativas entre


edad y “Burnout” destacan las siguientes conclusiones:

72
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Breuse (1984) y Mandra (1984) señalan una mayor incidencia de tensión


profesional sobre los docentes jóvenes menores de 30 años.

Gold (1985) encuentra que los docentes más jóvenes presentan puntuaciones
más elevadas en Cansancio Emocional y Despersonalización así como en
Realización Personal, en comparación con los profesores de mayor edad.

La edad parece estar especialmente relacionada con el Cansancio Emocional.


En general, los profesores más jóvenes tendrían más probabilidad de caer en este
nivel de agotamiento en comparación con los de mayor edad. Así, Maslach y
Jackson (1986) señalan que la edad es un predictor significativo de esta dimensión
del “Burnout”, tendiendo los docentes más jóvenes a puntuar más alto en esta
dimensión que sus compañeros de mayor edad. Otros autores que han obtenido
estos mismos resultados son Anderson e Iwanicki (1984), Byrne (1991), Crane e
Iwanicki (1986), Manassero (1995), Maslach y Jackson (1981), Russell et al. (1987),
Schwab e Iwanicki (1982a), Schwab, Jackson y Schuler (1986).

Quigley, Slack y Smith (1987) investigando con profesores de secundaria de


educación física observa que los profesores más jóvenes tienden a sufrir mayores
niveles de “Burnout”.

Borg y Falzon (1989) analizan la relación entre experiencia y percepción de


los docentes respecto al grado de estrés que representa su trabajo. Los hallazgos
señalan una correlación positiva entre ambas variables. Pese a que los docentes
piensan que a más experiencia, menos demandas debe suponer su profesión, los
resultados indican que a medida que aumenta la edad de los profesores éstos se
vuelven menos tolerantes con sus alumnos aumentando de manera progresiva las
expectativas respecto a la escuela.

Oliver (1993) en su investigación con 108 profesores de enseñanzas medias


de Madrid encuentra diferencias significativas señalando que los docentes más
jóvenes son los más afectados por el síndrome (siendo la dimensión Realización
Personal donde se observa las mayores diferencias significativas), decayendo esta
influencia a lo largo de los años al producirse una adaptación laboral. Por su parte,

73
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Gil-Monte y Peiró (1997) recogen como principales variables de esta misma premisa
la menor disposición de estrategias para hacer frente a las demandas por parte de
los docentes de menor edad. Zabel y Zabel (1982) coinciden, al afirmar que los
profesionales de mayor edad han desarrollado a lo largo de su carrera mejores
estrategias de afrontamiento al estrés y expectativas profesionales más reales, lo
que les conduce a sufrir menores niveles de “Burnout”.

Prieto y Bermejo (2006) señalan en su estudio con docentes madrileños que


los iniciados en la profesión después de haber cumplido los 30 años, presentan una
media superior al resto de grupos en medidas de estrés de rol, “Burnout” y
depresión.

Tejero (2006) considera que la idea de defender que los trabajadores de más
edad padecen menos “Burnout” debe ser tomada con cautela, al considerar que los
datos obtenidos pueden ocultar un proceso de selección que cuenta únicamente con
los empleados que siguen activos y que por tanto han superado, con relativo éxito,
las adversidades laborales, sin incluir los profesionales que por falta de recursos de
afrontamiento han abandonado la vida laboral.

Sin embargo, hay estudios que avalan la posición opuesta, defendiendo que
los docentes de mayor edad puntúan más alto en “Burnout”. Evers, Brouwers y
Tomic (2002) señalan que los docentes de mayor edad puntúan más alto en
Cansancio Emocional y Despersonalización, y más bajo en Realización Personal en
comparación con los docentes más jóvenes. Salanova, Martínez y Lorente (2005)
obtienen en un estudio longitudinal (al inicio del curso y seis meses después) que los
docentes de mayor edad manifiestan mayores niveles de Despersonalización en la
segunda medición en función de la existencia o no de facilitadores organizacionales.

74
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 2.3.1. Edad y “Burnout” docente

Mayor Burnout en Mayor Burnout en profesores Sin diferencias


profesores jóvenes de más edad significativas
Anderson e Iwanicki (1984), Evers et al. (2002), Van Ginkel Cichon y Koff (1980), Daniel
Byrne (1991), Crane e (1987), Kinnunen, Parkatti y (1995), Díaz et al. (2012),
Iwanicki (1986), Durán et al. Rasku (1994), Salanova et al. Hock (1988), Howard y
(2001a), Fisher (2011), Gil- (2005), Verhoeven, Kraaij, Johnson (2004), Kyriacou y
Monte y Peiró (1997), Gold Joekes y Maes (2003). Sutcliffe (1978a),
(1985), Manassero (1995), Malanowski y Wood (1984),
Maslach y Jackson (1981, McDermott (1984), Malik et
1986), Schwab e Iwanicki al. (1991), O’Connor y Clarke
(1982b), Oliver (1993), (1990), Schonfeld (1990).
Quigley et al. (1987),
Russell et al. (1987),
Schwab e Iwanicki (1982b),
Schwab et al. (1986), Yagil
(1998), Zabel y Zabel
(1982).

Además de considerar la edad de los docentes, los años de experiencia


profesional es otra variable que se ha venido considerando en los estudios
realizados (tabla 2.3.2.).

Durán et al. (2001b) en una muestra de docentes de Málaga de primaria,


secundaria y universidad obtienen diferencias significativas en función de la
antigüedad en la profesión o experiencia docente. En este sentido, los docentes
que se sitúan en el tramo inicial de su carrera tienen puntuaciones medias más
elevadas en Cansancio Emocional que los más veteranos.

El hecho de que los docentes con menos años de experiencia profesional


puedan presentar mayor incidencia en el fenómeno “Burnout”, puede deberse según
Admiraal, Korthagen y Wubbels (2000) al nivel de madurez, teniendo en cuenta el
menor conocimiento de estrategias de afrontamiento.

Fimian y Blanton (1987) apuntan que aproximadamente un 20% de los


profesores recién incorporados a la profesión docente abandonan la docencia

75
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

durante los primeros años de ejercicio profesional, perdiéndose así por el camino
profesores con un gran potencial docente. Huberman (1989) señala que los
docentes que abandonan esta profesión lo hacen sobre todo durante los primeros
cinco años. Thomas y Kiley (1994) muestran en un estudio sobre profesores
expertos y noveles de enseñanza secundaria, que el 15% de los profesores
principiantes abandonan tras su primer año de enseñanza, y más del 60% durante
los 6 primeros años de ejercicio profesional. Lang (1999) nos recuerda que la forma
en la que un docente afronte su primer año de práctica profesional puede ser un
factor significativo para futuras decisiones sobre permanecer o abandonar el
ejercicio profesional.

Cherniss (1992) realiza un análisis cualitativo y longitudinal de la evolución de


algunos rasgos ligados al “Burnout” (satisfacción ocupacional, motivación
profesional, sentimiento/ percepción de los clientes y separación/ angustia
emocional) en veinticuatro profesionales (sanitarios, docentes y abogados),
controlando las variables estabilidad profesional, satisfacción profesional, percepción
u opinión de los receptores de los servicios y flexibilidad en la intervención
profesional, desde su inicio en la profesión hasta doce años después. Los resultados
revelan que los profesionales que cambiaron de profesión durante los diez años
siguientes de terminar sus estudios, muestran puntuaciones significativamente más
bajas en “Burnout” que los que no lo hicieron. Al principio de la carrera no se
encuentran diferencias significativas ni en “Burnout”, ni en satisfacción profesional, ni
en actitudes hacia los clientes. Los profesionales que puntúan alto en “Burnout” al
finalizar su primer año de prácticas son también más flexibles con sus clientes diez
años más tarde y experimentan mayor estabilidad en su profesión. Para Guerrero
(2003a) estos resultados indican que, o bien los individuos que experimentan menos
“Burnout” al principio son psicológicamente más resistentes y están menos
predispuestos a riesgos, o bien, son más selectivos en la elección de su carrera. Por
otro lado, los profesionales que experimentan niveles elevados del síndrome al
principio de la carrera son personas que tienden a evitar cambios en su trabajo para
prevenir posibles experiencias negativas. Una interpretación alternativa podría ser
que la tensión experimentada al principio proporciona mayor seguridad y confianza a
posteriori.

76
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Oliver (1993) obtiene diferencias significativas con respecto al “Burnout”,


especialmente en Realización Personal, siendo el grupo más afectado el de menor
experiencia profesional, hecho que disminuye a medida que aumenta la experiencia
docente. Para las otras dos dimensiones del MBI (Maslach y Jackson, 1981) la
autora no recoge diferencias significativas, aunque sí observa esta misma tendencia.
Ponce et al. (2005) obtienen que a mayor tiempo de servicio en la profesión docente
menor Cansancio Emocional y Despersonalización, y mayor Realización Personal.

Yagil (1998) señala la interacción con padres/ alumnos y la sobrecarga laboral


como principales variables que causan un mayor nivel de “Burnout” en profesores
con baja experiencia docente.

Aunque la mayoría de las investigaciones sobre Cansancio Emocional hayan


estado enfocados a profesores en sus primeros años de ejercicio profesional
(Vandenberghe y Huberman, 1999), hay autores que sugieren que este desarrollo
comienza mucho antes, con la propia experiencia que el futuro docente adquiere en
su periodo de practicas (Gold, 1985), siendo en esta etapa donde el futuro docente
comienza a aprender los hábitos de la profesión y a desarrollar habilidades
adaptadas o no, para hacer frente a la tensión de dar clases (Gold, 1985; Greer y
Greer, 1992). Fives, Hamman, y Olivares (2007) van más allá e incluso encuentran
diferencias dentro del grupo de futuros docentes en su periodo de prácticas
indicando que mientras los profesores en prácticas de niveles educativos
elementales presentan mayores niveles de Despersonalización al principio del
prácticum, al final del semestre presentan niveles considerablemente inferiores en
comparación con sus colegas de prácticum de secundaria, y aunque la tasa final en
esta escala es menor para ambos grupos, esta disminución es mayor para
profesores de nivel elementales.

Frente a estos resultados (la mayoría proveniente de docentes de Estados


Unidos), Van Ginkel (1987) sugiere, en su investigación con docentes holandeses,
que son los profesores más experimentados quienes tienen mayor grado de
“Burnout”. Graham (1999) lo ratifica con sus resultados.

77
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Verhoeven et al. (2003) observan con profesores alemanes de educación


secundaria menores puntuaciones en los docentes más jóvenes en Cansancio
Emocional y Despersonalización y sufriendo por tanto menos “Burnout”, en
comparación con sus colegas de mayor edad, que puntúan más alto en
Despersonalización. Kinnunen et al. (1994) obtienen estas mismas conclusiones.

Sari (2004) en una muestra con docentes de centros de educación especial


de Turquía concluye que los profesores con mayor experiencia profesional
presentan mayor Despersonalización. El autor recoge que sus resultados no están
de acuerdo a los obtenidos por Gaziel (1995); Guglielmi y Tatrow (1998) ya que
obtienen puntuaciones más bajas en Despersonalización en los docentes con más
experiencia.

Viloria et al. (2003) con una muestra de 140 profesores de educación física de
Venezuela; Méndez y León (2009) con una muestra de 49 docentes de un Instituto
de Educación Secundaria de Cáceres no obtienen diferencias significativas en esta
variable.

Tabla 2.3.2. Experiencia en la docencia y “Burnout”

Mayor Burnout en profesores Mayor Burnout en profesores Sin diferencias


con poca experiencia con mayor experiencia significativas
Admiraal et al. (2000), Durán et Ginkel (1987), Graham (1999), Díaz et al. (2012), Viloria
al. (2001b), Filian y Blanton Kinnunen et al. (1994), Sari et al. (2003), Méndez y
(1987), Gaziel (1995), Guglielmi (2004), Verhoeven et al. (2003). León (2009).
y Tatrow (1998), Miklentun y
Miklentun (1999), Oliver (1993),
Ponce et al. (2005), Thomas y
Kiley (1994), Yagil (1998).

En cuanto a los intervalos de edades entre los que estarían los mayores
niveles del síndrome no hay un acuerdo unánime, e incluso se obtienen resultados
contradictorios.

78
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Farber (1984) encuentra que el síndrome se da con menor incidencia en los


profesores de entre 21-44 años en comparación con intervalos de mayor edad.

Ferrando (1992) observa en docentes de secundaria con edades


comprendidas entre los 30-39 años mayores niveles de “Burnout”, siendo
significativo para en Cansancio Emocional. También se demuestra esta tendencia en
los docentes de Formación Profesional con edades comprendidas entre los 30-49
años.

Manassero (1995) señala que el grupo de edad comprendido entre los 31-41
años muestra un pico en Cansancio Emocional respecto a los grupos más jóvenes,
de modo que en esta edad intermedia se registra una mayor incidencia de
Cansancio Emocional. Los resultados encontrados por Farber (1984) apoyan esta
afirmación ya que en su estudio podemos observar relaciones significativas de tipo
curvilíneo entre el síndrome de “Burnout” y la edad de los docentes con índices
bajos entre los 20-25 años, altos de los 25- 40 y mínimos a partir de esta edad, por
lo que es este grupo intermedio el que registra un nivel de “Burnout” más alto.
Posteriormente Manassero, Fornés, Fernández, Vázquez, y Ferrer (1996) redondea
la influencia de la edad para el grupo comprendido entre los 30-40 años como el
más afectado en cuanto a Cansancio Emocional. En esta misma línea, Cordeiro
(2001) en su investigación con docentes de Cádiz observa como a medida que la
edad del docente aumenta, también lo hace su Cansancio Emocional, siendo la
edad de entre 41-50 años donde se registran mayores índices de Cansancio
Emocional.

Walker (1986) encuentran en docentes de secundaria menores de 45 años


puntuaciones más altas en Cansancio Emocional y Despersonalización en
comparación con docentes mayores de 45 años.

Quevedo-Aguado, Salgado y Yela (1997) señala que es el intervalo de 35-49


el que mayor puntuación media presenta significativamente en Burnout.

Moreno-Jiménez et al. (2000a), Gil-Monte y Peiró (1997) obtienen que los


docentes mayores de 45-50 años presentan mayores niveles del síndrome (sobre

79
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

todo en Cansancio Emocional). Posteriormente Gil-Monte (2005) sugiere que a


pesar de que los resultados no son concluyentes, el “Burnout” disminuye con el paso
del tiempo y que en algunas de las dimensiones del MBI los efectos son curvilíneos,
de manera que el nivel de “Burnout” aumenta con la edad y a partir de un
determinado momento desciende significativamente. Asimismo, sitúa un período
crítico entre los 30 y los 50 años aproximadamente, durante el cual el profesional
presenta niveles superiores de “Burnout”.

Otero-López et al. (2008) con una muestra de 3000 docentes de secundaria


de Galicia obtiene la mayor tasa de “Burnout” en la franja de edad comprendida
entre los 40-49 años, y la más baja en los mayores de 60 años y los menores de 30.

Tejero (2006) concluye tras investigar el colectivo de directores, que aquellos


con una edad de 50 años o más presentan mayor Realización Profesional, sienten
menos estrés y muestran el menor promedio de nivel de “Burnout”, situándose en el
lado opuesto el grupo con edades comprendidas entre los 40-49 años. No obstante,
el autor señala que esta diferencia es de escasa magnitud y que dado el bajo
número de directores con 39 años o menos las conclusiones sobre este grupo no
pueden ser tomadas como concluyentes.

Ayuso y Guillén (2008) apuntan mayor Burnout en el intervalo 41-50, seguido


del 31-40.

En cuanto a los intervalos de años de experiencia profesional, no existe


tampoco un acuerdo unánime.

Hay investigadores que abogan por la existencia de una relación lineal


positiva entre experiencia laboral y “Burnout” (Seltzer y Numeroff, 1988), de una
relación curvilínea entre ambos conceptos (Lindquist y Whitehead, 1986), o de la
inexistencia de esta relación (Bennett, Kelaher y Ross, 1994).

Howard y Johnson (2004) observan en profesores con 4-5 años de


experiencia profesional los índices más altos de Realización Personal. Otros autores
lo encuentran en docentes con experiencia profesional de entre 21-30 años

80
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

(Manassero et al., 1995), observando una caída brusca en el siguiente tramo de


edad. Este patrón nos indicaría que la docencia se puede considerar una profesión
de madurez, donde para alcanzar la máxima Realización Personal se necesita un
periodo amplio de experiencia profesional.

Ferrando (1992) recoge los mayores niveles de “Burnout” en docentes con


una experiencia profesional de entre 5-15 años, y registra una tendencia a encontrar
en los docentes más noveles y los más veteranos del continuo mayores niveles de
Realización Personal.

Ayuso y Guillén (2008) coincidiendo con Sevilla y Villanueva (2000) indican


que el síndrome se asocia con los profesionales a partir de los 10 años (65,52% de
los sujetos) o tras quince años de profesión (51,25% de los sujetos). Resultados
similares han sido obtenidos por otros autores (Vázquez et al., 1994; García
González, 1994; Esteve, Ramos y Vera, 1995; Ortiz, 1995; Doménech, 1995; Yela,
1996; Belloso, Hernández y Espín, 1996; Quevedo-Aguado et al., 1997; Simonsen,
1997; Aluja, 1997; Coque, 1998; Guerrero, 1999).

Cordeiro (2001) obtiene que los docentes con más de 15 años de experiencia
puntúan más alto en Cansancio Emocional, mientras que los profesores con menor
experiencia en la docencia (0-5 años) obtienen las puntuaciones más bajas; para los
profesores de entre 5-15 años de experiencia las puntuaciones se sitúan en los
niveles intermedios. Este mismo autor aprecia en su investigación que al inicio de
sus carreras los maestros de educación primaria de Cádiz reflejan altos niveles de
“Burnout”, niveles que se estabilizan hasta llegar a una experiencia en la docencia
de 15 años que es cuando los índices alcanzan las cotas más altas en esta medida.
Este resultado está en consonancia con la relación lineal positiva entre experiencia
laboral y “Burnout” de Seltzer y Numeroff (1988).

Marqués et al. (2005) utilizando una muestra de 777 profesores portugueses


concluyen que los profesionales que cuentan con entre 7 y 25 años de ejercicio
profesional, y los que están en periodo de formación inicial, presentan mayores
niveles de Cansancio Emocional. En cuanto a la dimensión Despersonalización son

81
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

también los docentes en periodo de formación y los que cuentan con más de 25
años de profesión los que puntúan más alto.

Kokkinos (2007) encuentra mayores niveles de Cansancio Emocional con


docentes con más de 10 años de experiencia laboral en comparación con el grupo
que lleva hasta 10 años.

Entre los autores que no han encontrado diferencias significativas en relación


a los intervalos de años de experiencia profesional y “Burnout” figuran Díaz et al.
(2012), De Frank y Stroup (1989), Farber (1984), Gold (1985), Hock (1988), Kyriacou
y Sutcliffe (1978b) entre otros.

SEXO
Según el informe ANPE-Madrid (2006) los riesgos laborales de tipo
psicosocial afectan más a las docentes mujeres que a los hombres, un 49,1% frente
a un 44,8%, respectivamente.

Aunque existen estudios que no encuentran diferencias significativas en


función del sexo de los sujetos de la muestra, la mayoría de las investigaciones
parecen apuntar hacia una tendencia que indica mayor prevalencia en docentes
mujeres con respecto a hombres (Extremera et al., 2010). Concretando, existe una
tendencia a encontrar mayores niveles de Despersonalización en docentes varones
y de Cansancio Emocional en mujeres (Gil-Monte, García-Juesas, Núñez,
Carretero, Roldán y Caro, 2006) (Tabla 2.3.3.).

Daniel (1995), Iwanicki y Schwab (1981), McDermott (1984) y Oliver (1993)


constatan diferencias en cuanto a una mayor Realización Personal a favor de las
mujeres, y mayor Despersonalización en los hombres en diferentes campos
profesionales.

Byrne (1999), Greenglass y Burke (1988), Gil-Monte y Peiró (1997),


Greenglass et al. (1990), Maslach y Jackson, (1986), Russell et al. (1987), Schwab y
Iwanicki (1982a) obtienen puntuaciones más elevadas para los profesores varones

82
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

en Despersonalización. Chan y Hui (1995) en un estudio con 415 profesores de


educación secundaria de Hong Kong observan que mientras las profesoras se
muestran al final de la jornada escolar más cansadas, los docentes varones tienden
a mostrarse de forma más impersonal en su relación con los alumnos.

Cahoon y Rowney (1984), Maslach y Jackson (1981), Informe PSISA (1993),


Rocañín, Martínez, Cantizano, Rico, Martínez e Iglesias (1996) completan estos
datos aportando diferencias significativas, que reflejan una mayor afectación en las
mujeres en Cansancio Emocional y también en Realización Personal, y una mayor
afectación para hombres en Despersonalización. Estas conclusiones coinciden con
las obtenidas por Maslach y Jackson (1982) y Van Horn et al. (1997) al confirmar
que las profesoras tienden a puntuar más alto en Cansancio Emocional mientras que
los profesores lo hacen en Despersonalización.

Maslach y Jackson (1981), Poulin y Walter (1993) señalan mayores niveles de


“Burnout” en las profesoras, en comparación con sus compañeros varones.

Gold (1985) en una muestra con docentes de educación primaria y secundaria


encuentra en las profesoras una tendencia a puntuar más alto en la escala
Realización Personal y más bajo en Despersonalización en comparación con sus
compañeros varones.

Quigley et al. (1987) en un estudio llevado a cabo con profesores de


secundaria de educación física obtiene una mayor tendencia en las mujeres a
padecer “Burnout” en comparación con sus colegas varones.

Según el estudio de Ferrando (1992) en una muestra con docentes catalanes


las mujeres presentan mayores niveles de “Burnout”, al tiempo que se da una
tendencia en éstas a tener un trato menos Despersonalizado que los docentes
varones en sus relaciones con los alumnos.

Oliver (1993) en una muestra de 108 profesores de Institutos de Enseñanzas


Medias de Madrid Capital observa de manera significativa un descenso en
Realización Personal, siendo las mujeres las más afectadas, obteniendo la mayor

83
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

puntuación en Cansancio Emocional, pero encontrando a los hombres más


Despersonalizados.

Manassero (1995) en profesores de niveles no universitarios de las Islas


Baleares concluye que profesores y profesoras difieren significativamente en
Despersonalización, teniendo los varones puntuaciones más altas que las mujeres.
Es decir, que los docentes varones no universitarios tendrían una mayor tendencia a
la impersonalidad, la dureza, la insensibilidad y el cinismo.

Burke, Grennglass y Schwarzer (1996) obtienen con una muestra de 362


profesores y directores de centros públicos mayores puntuaciones en
Despersonalización y Cansancio Emocional en los hombres, mostrando que la
Despersonalización en los hombres se muestra como una estrategia de
afrontamiento inefectiva.

Chesnutt (1997) con docentes de educación secundaria de Tennessee,


encuentran que las profesoras puntúan más alto en Cansancio Emocional que los
profesores varones.

Gil-Monte y Peiró (2000) en su muestra compuesta por diferentes sectores


ocupacionales entre los cuales figuran 210 profesionales de la educación (maestros,
profesores, monitores de educación especial, etc.) de un total de 1188 sujetos,
comprueban mayores niveles de Cansancio Emocional en las mujeres, mientras que
los niveles de Despersonalización resultan mayores en los hombres.

Taris, Schaufeli, Scherus y Calje (2000) en una muestra compuesta por 1390
profesores holandeses encuentran que los hombres presentan mayores
posibilidades de sufrir “Burnout” que las mujeres.

Durán et al. (2001b) en una muestra de docentes de Málaga de primaria,


secundaria y niveles universitarios encuentran que las profesoras puntúan más alto
en Cansancio Emocional que los profesores varones, pero no obtienen diferencias
significativas en la variable Despersonalización en función del sexo de la muestra.

84
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Verhoeven et al. (2003) en una muestra de 304 docentes alemanes destacan


que las mujeres padecen menores niveles de Despersonalización que sus colegas
varones. Marqués et al. (2005) obtienen mayores puntuaciones en
Despersonalización a favor de los profesores.

Arcenillas (2003) obtiene, con 257 profesores de primaria de centros de


Leganés, diferencias significativas en Realización Personal a favor de las mujeres, y
en Despersonalización donde los hombres puntúan más alto. Igualmente obtiene
que los hombres puntúan más alto en Cansancio Emocional, si bien esta diferencia
no es significativa. Esta autora observa una tendencia a puntuar significativamente
más alto los hombres en factores que miden aspectos negativos (estrés de rol,
preocupaciones profesionales, falta de control y ausencia de reto), mientras que las
mujeres lo hacen en factores que evalúan aspectos positivos (supervisión,
compromiso y optimismo) exceptuando la percepción de sintomatología psicológica
y física, en la que obtienen valores más elevados.

Sari (2004) en un estudio con 295 docentes de centros de educación especial


de Turquía encuentra que las profesoras presentan significativamente mayores
puntuaciones en Cansancio Emocional, al tiempo que los profesores varones
puntúan más alto en Despersonalización. En Realización Personal no encuentra
diferencias significativas.

Otero-López, Santiago, Castro y Villardefrancos (2010) obtiene una mayor


vulnerabilidad de la mujer al estrés y al “queme” profesional.

Martínez y Salanova (2003) señalan que las mujeres se encuentran más


agotadas, se perciben menos eficaces y presentan más síntomas depresivos.

Para explicar los resultados predominantes en las investigaciones realizadas


con docentes donde parece generalizable una tendencia en los hombres a sufrir
mayores niveles en Despersonalización y en las mujeres a padecer mayores niveles
de Cansancio Emocional, Maslach y Jackson (1981) señalan que las mujeres
sobrellevan mejor la tolerancia a la tensión laboral. Para Freudenberger (1989)
existen muchas mujeres quemadas laboralmente debido a que están sobrecargadas

85
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

con las tareas laborales y las domésticas. En una línea similar están las
conclusiones obtenidas por Etzion y Pines (1986); Greenglass, Pantony y Burke
(1988); Pines et al. (1981) quienes concluyen que el sexo en sí mismo no es una
variable tan importante en su relación o no con el “Burnout”, sino que lo importante
son las características asociadas y que están relacionadas con el trabajo, como
puede ser la mayor tasa de conflicto de rol, conflictos familia-medio laboral,
sintomatología depresiva, etc. que hacen que la mujer tienda hacia una mayor
probabilidad de sufrir “Burnout”. Abraham (1984, 1986), Maslach (1999) recogen la
sobrecarga laboral y doméstica, propia de la asignación social de rol; al respecto Gil-
Monte y Peiró (1997, 2000) apuntan que las diferencias halladas en la dimensión
Despersonalización (mayores puntuaciones en los hombres) pueden deberse a la
influencia del proceso de socialización que se realiza en función del rol masculino o
femenino, así como en su interacción con los perfiles y requisitos de las diferentes
ocupaciones. El rol femenino en la cultura occidental está asociado a la
interdependencia y habilidad en relaciones interpersonales mientras que al rol
masculino se le atribuye una mayor orientación al logro y la no expresión de las
emociones.

En paralelo a este bloque de conclusiones, encontramos resultados que no


encuentran diferencias significativas en función del sexo: Capel (1992), De la
Fuente et al. (1994), García (1991a), Guerrero y Vicente (2001) con profesores de la
Universidad de Extremadura, Guillén y Guil (2000), Latorre y Sáez (2009) con 200
docentes no universiatrios de Murcia, Méndez y León (2009) en Cáceres, Ponce et
al. (2005) con docentes universitarios de Lima, Ranchal y Vaquero (2008), Russell et
al. (1987), Salgado et al. (1997), Schawb e Iwanicki (1982b), Tejero (2006) y Viloria
et al. (2003).

86
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 2.3.3. Sexo de los docentes y “Burnout”


Mayor en mujeres Mayor en hombres Sin diferencias significativas
Byrne (1999), Cahoon y Rowney (1984), Chan y Hui (1995), Byrne (1999), Díaz et al. (2012),
Daniel (1995), Gold (1985), Greenglass y Burke (1988), De la Fuente et al. (1994), Durán
Greenglass et al. (1990), Burke, et al. (1996), Gil-Monte y et al. (2001b), García (1991a),
Peeiró (1997, 2000), Iwanicki y Schwab (1981), Manassero Guerrero y Vicente (2001),
(1995), Marqués et al. (2005) Maslach y Jackson (1981, Latorre y Sáez (2009); Méndez y
1982, 1986), McDermott (1984), Oliver (1993), PSISA (1993), León (2009), Ponce et al.
DE
Rocañín et al. (1996), Russell et al. (1987), Schwab e (2005), Quevedo-Aguado et al.
Iwanicki (1982a), Van Horn et al. (1997), Verhoeven et al. (1997), Ranchal y Vaquero
(2003), Watts y Robertson (2011). (2008), Salgado et al. (1997),
Schawb e Iwanicki (1982b),
Tejero (2006), Viloria et al.
(2003).
Ayuso y Guillén (2008), Cahoon y Burke et al. (1996).
Rowney (1984), Durán, et al. (2001b),
Gil-Monte y Peiró (2000), PSISA
(1993), Maslach y Jackson (1981,
CE
1982), Oliver (1993), Rocañín et al.
(1996), Salanova et al. (2005), Van
Horn et al. (1997), Watts y Robertson
(2011).
Ayuso y Guillén (2008), Cahoon y
Rowney (1984), Daniel (1995), Gold
(1985), Iwanicki y Schwab (1981),
RP
Maslach y Jackson (1981), McDermott
(1984), Oliver (1993), Informe PSISA
(1993), Rocañín et al. (1996).

SITUACIÓN CIVIL/ FAMILIAR


El estado civil propiamente dicho, el número de hijos y el apoyo social pueden
considerarse tres factores muy relacionados entre sí, cuyos resultados
predominantes parecen indicar el beneficio de tener una red social firme y estable en
los docentes como medio preventivo frente al síndrome de “Burnout”.

Los cambios acontecidos en el mundo laboral en las últimas décadas, tales


como un mayor incremento de la mujer en su proyección laboral, implican ciertos
cambios y/o conflictos en las relaciones familia-trabajo (Grzywack y Marks, 2000).
Los conflictos que genera esta interacción de roles puede ocasionar efectos
negativos sobre la conducta laboral, emocional y de salud (Frone, 2003).

Greenhaus y Beutell (1985) definen el conflicto trabajo-tareas domésticas


(familia) como una forma de conflicto interpapel donde trabajo y tareas domésticas
son mutuamente incompatibles. Esta definición implica según Frone (2003) una
dimensión bidireccional donde ambas dimensiones se pueden interferir mutuamente;
interferencia trabajo-casa (work-home; WHI); e interferencia casa-trabajo (home-

87
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

work; HWI). Peeters, Montgomery, Bakker y Schaufeli (2005) confirman esta teoría
con una muestra de 1264 participantes, obteniendo que tanto WHI como HWI se
relacionan negativamente con Cansancio Emocional, apoyando la tesis de que los
trabajadores que son expuestos a demandas laborales elevadas o mal diseñadas
experimentan la interferencia más negativa entre trabajo y vida familiar, relatando la
mayor tasa de sentimientos de Cansancio. Además, cuando son expuestos a altas
demandas domésticas presentan la mayor tasa negativa de interferencia en su vida
familiar con respecto del trabajo, coincidiendo con mayores niveles en la escala. De
este modo, demandas laborales y domésticas presentan una relación directa
positiva con Cansancio Emocional, indicando que la interferencia trabajo-casa
(WHI) media parcialmente la relación entre demandas laborales y Cansancio y,
además, que la interferencia casa-trabajo (HWI) media parcialmente la relación entre
demandas domésticas y Cansancio.

Cinamon, Rich y Westman (2007) coinciden con esta conclusión y añaden


que los factores que desencadenan o definen estos conflictos pueden ser agrupados
en dos tipos: genéricos (comunes a cualquier profesión) y otros propios que varían
de unos trabajos a otros o incluso de unas funciones laborales a otras. Estos autores
con una muestra de 230 profesores de secundaria obtienen mediante análisis de
regresión entre conflicto en trabajo-familia que los estresores específicos propios de
la profesión docente explican más que los factores genéricos con un 16% de la
varianza, de la cual, el 11% recae en los factores específicos de mala conducta del
alumnado y en la relación con familias. En la correlación obtenida entre conflicto
familia-trabajo únicamente el apoyo del cónyuge correlaciona de manera significativa
aunque baja. Los autores también investigan la relación existente entre la dimensión
de vigor del concepto “engagement”/implicación en el trabajo y el “Burnout”
obteniendo que esta dimensión solo se muestra significativa en la relación de
conflicto familia-trabajo, coincidiendo con la teoría de Schaufeli y Salanova (2002)
donde se plantea que las personas con altos niveles de vigor encuentran que las
intrusiones en el sentido familia-trabajo reducen el nivel de vigor en el área laboral;
sin embargo, las que se producen en la dirección trabajo-familia no afectarían a esta
dimensión en el medio laboral. En cuanto a la relación entre Cansancio Emocional y
vigor Cinamon et al. (2007) encuentran una relación negativa y baja. Al estudiar los
predictores del vigor, consideran el concepto de “engagement” como el resultado de

88
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

los recursos organizativos con alto potencial motivador ya que implica dar sentido a
la labor profesional. En este sentido, recibir apoyo de cargos directivos y
compañeros es el recurso que más contribuye a elevar los niveles de vigor . El
número de horas trabajadas se relaciona de manera positiva con vigor pero no con
“Burnout”, lo cual podría deberse a que los docentes con altos niveles de
satisfacción o eficacia profesional que trabajan más horas muestran mayor nivel de
vigor.

Estado civil
Aunque hay estudios que no encuentran diferencias significativas en función
de estas variables, la mayoría de los estudios apuntan que los profesores casados
(o con pareja estable) experimentan menos estrés laboral, y tienen menos
probabilidades de sufrir el síndrome de “Burnout” (Tabla 2.3.4.). Mo (1991) con
docentes de Hong Kong, y Flores (2001) con muestra de docentes catalanes de
educación secundaria, ponen de manifiesto que los docentes solteros presentan
mayores niveles de “Burnout”. Burke et al. (1984), Golembiewski, Muzenrider y
Stevenson (1986), Maslach y Jackson (1984), Seltzer y Numeroff (1988), confirman
estos resultados poniendo de manifiesto que el “Burnout” afecta más a los
trabajadores solteros en diferentes colectivos, entre los cuales se encuentra el
docente. Manassero et al. (1996), Oliver (1993) apuntan este mismo resultado pero
añadiendo el condicionante de no tener hijos. Maslach (1982) puntualiza que
además sufren mayor Cansancio Emocional y Despersonalización.

Cooke y Rousseau (1984) justifican esta tendencia en base a que el llevarse


algunos aspectos relacionados con el trabajo a casa puede aportar beneficios ya
que puede darse una oportunidad para recibir apoyo, consejo o simplemente
desahogo, al tener la posibilidad de exponer asuntos del trabajo en el seno familiar.
Moreno-Jiménez, Oliver y Aragoneses (1992) señalan que los docentes casados
puntúan más bajo en “Burnout” en base al apoyo y estabilidad que supone este
estado emocional. Peiró (1992) lo basa en la mayor relativización que hacen los
casados de los problemas, al tener otros campos de interés abiertos en la vida
privada.

89
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Beehr (1990) lo define como el proceso en el cual las características laborales


hacen que las personas se sientan incómodas o enfermas.

Manassero et al. (1996), PSISA (1993) y Russell et al. (1987) coinciden en


señalar un mayor nivel de Realización Personal en docentes casados en
comparación con solteros.

Ferrando (1992) apunta que la situación personal de los docentes está poco
relacionada con el estrés aunque los profesores separados muestran una tendencia
generalizada a presentar mayores problemas psicológicos. En su investigación con
docentes catalanes separados observa en los niveles de enseñanzas medias la
tendencia a presentar mayores puntuaciones en Cansancio Emocional y
Despersonalización.

Oliver (1993) observa en su muestra de docentes madrileños de enseñanzas


medias que los profesores con pareja habitual presentan menos problemas en
relación a la escala de Despersonalización medido con el SDTA (Hock, 1988) y con
la escala Calidad de Vida.

Salgado et al. (1997) en su investigación con docentes de primaria de


Salamanca señalan que la única diferencia encontrada entre solteros y casados
reside en la manifestación de los primeros de una mayor frecuencia en síntomas de
Despersonalización.

Gil-Monte y Peiró (2000) recogen diferencias significativas en cuanto al


estado civil y el “Burnout” a favor de un menor Cansancio Emocional en las
personas con pareja estable e hijos. Sus argumentos, en coherencia con los
expuestos anteriormente, apuntan a que no es el estado civil en sí mismo la variable
que influye en el “Burnout”, sino el apoyo socioemocional que se deriva del estado
civil de las personas con pareja estable, la presencia o no de hijos, así como de las
relaciones conyugales, y la satisfacción o no matrimonial, de tal forma que la vida
dentro del matrimonio puede influir en las personas a la hora de desarrollar
habilidades relacionadas con el tacto con los demás y sus problemas (Gil-Monte,
Peiró, Valcárcel y Grau, 1996).

90
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Kokkinos (2007) encuentra que las docentes casadas presentan mayores


niveles de Cansancio Emocional que los docentes casados.

Aunque la mayoría de los estudios parecen apuntar hacia una menor


tendencia a sufrir “Burnout” entre los docentes con pareja estable; Gold (1985) no
obtiene diferencias significativas con respecto al estado civil y niveles de “Burnout”
en su estudio con maestros de California de educación primaria y secundaria.
Tampoco Durán et al. (2001b) en una muestra de docentes de Málaga de primaria,
secundaria y universidad evidencian diferencias significativas entre los docentes con
o sin pareja para las tres dimensiones del “Burnout”, aunque señala una tendencia a
un mayor nivel de Realización Personal entre los docentes que conviven con pareja,
siendo la media de este grupo mayor que la de los docentes que no mantienen este
tipo de relación estable. Ponce et al. (2005) con docentes universitarios de lima
tampoco obtiene diferencias significativas en función del estado civil, al igual que
Tejero (2006) en su muestra con directores de centros de enseñanza de la
Comunidad Madrid, o Viloria et al. (2003) con profesores de educación física de
Venezuela. En Murcia, Latorre y Sáez (2009) tampoco obtienn diferencias
significativas con 200 docentes no universiarios.

Tabla 2.3.4. Estado civil de los docentes y “Burnout”

Mayor “Burnout” sin pareja estable Sin diferencias significativas


Burke et al. (1984), Flores (2001), Gil-Monte Díaz et al. (2012), Duran et al. (2001 b), Gold
y Peiró (2000), Golembiewski (1986), (1985), Latorre y Sáez (2009); Ponce et al.
Manassero et al. (1996), Maslach y Jackson (2005), Tejero (2006), Viloria et al. (2003).
(1984), Mo (1991), Moreno-Jiménez et al.
(1992), Oliver (1993), Informe PSISA (1993),
Seltzer y Numeroff (1988).

Tener hijos
Cobb (1976), De la Gándara (1998), House (1981) señalan que la estabilidad
afectiva, y ser padre o madre mejora el equilibrio que se requiere para solucionar
situaciones conflictivas (incluso en el ámbito laboral). Maslach (1982) señala que el
tener hijos puede funcionar como protección frente al síndrome al relacionarse con
una supuesta maduración que acompañaría al acto ser padre, mayor experiencia en

91
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

resolver problemas en los que están involucrados niños y el apoyo emocional


recibido por la familia.

En el estudio llevado a cabo por Manassero (1995) se apunta que a mayor


número de hijos existe una tendencia significativa a mayor Realización Personal en
la docencia. Sin embargo, la autora señala que la interpretación de este resultado
tiene que ver seguramente más con elementos sociobiológicos que con aspectos
puramente laborales o docentes.

Zamora (2001) señala que son pocos los estudios que encuentran resultados
significativos en relación a esta variable. La autora destaca que los sujetos con hijos
tienen mayor edad, son más maduros psicológicamente, tienen un estilo de vida más
estable, son sujetos que prefieren un salario u otros beneficios materiales y la
seguridad en el empleo a otros factores como el desafío en el trabajo, la realización
personal o la satisfacción laboral. Por otra parte, los sujetos sin hijos pueden
presentar una mayor tendencia a usar el trabajo como fuente de vida social, lo que
les lleva a implicarse en el mismo de forma excesiva y tener mayor riesgo de
padecer el síndrome.

Tejero (2006) concluye en su investigación con directores de centros


escolares que los que tienen tres o más hijos presentan ligeramente menos
Despersonalización y nivel de “Burnout” que los que no tienen hijos, y a su vez
tienden a sentir mayor Realización.

Díaz et al. (2012) en Colombia, Latorre y Sáez (2009), Viloria et al. (2003) con
profesores de educación física de Venezuela no encuentran diferencias significativas
en esta variable.

CREENCIAS RELIGIOSAS
Pines (2002a) en una investigación realizada con 97 profesores de Israel
obtiene que los docentes con creencias religiosas presentan un nivel de “Burnout”
algo menor que los profesores “tradicionales” y significativamente menores niveles
que los profesores sin creencias religiosas. El autor lo argumenta en base a que la

92
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

religión ofrece una sólida respuesta a preguntas existenciales, y se basa, para la


formulación de su hipótesis, en datos de población general de Israel que
demuestran, de manera global, que las personas con creencias religiosas tienden a
presentar menores niveles de “Burnout” que las que no lo son (Pines, 1994).

Pese a los resultados obtenidos por Pines (1994) creemos que sus
conclusiones no se pueden generalizar, ya que serían necesarios más estudios que
abordaran el componente transcultural, siendo este punto uno de los factores que
posteriores investigaciones podrían estudiar.

SALUD MENTAL EN LA ADOLESCENCIA Y PRIMERA EDAD ADULTA


Rae y Maslach (1994) llevan a cabo una investigación longitudinal para
intentar estudiar el efecto predictor de gozar de una buena salud mental en la
adolescencia y primera edad adulta con respecto a las reacciones en la relación
interpersonal en trabajos con carga social y que pueden ser susceptibles de sufrir
“Burnout”, justificado por la importancia que las autoras otorgan a la salud mental
como vía para tolerar las demandas interpersonales de trabajos estresantes. Como
conclusión general encuentran que las personas (de ambos sexos) consideradas
con buena salud mental en la adolescencia o primera edad adulta manifiestan un
mayor compromiso (solo en mujeres) y satisfacción en la etapa de madurez.

Posteriormente, Jenkins y Maslach (1994) analizando longitudinalmente los


datos de empleados de profesiones con elevadas demandas interpersonales
obtienen que las personas psicológicamente saludables en la adolescencia y
primera edad adulta presentan la tendencia a sentirse implicados y satisfechos con
sus trabajos.

Gechman y Wiener (1975) obtienen en una muestra de profesoras una fuerte


correlación positiva entre salud mental y satisfacción laboral, sin encontrar relación
con compromiso laboral. Para los autores, aunque el compromiso cognitivo y
emocional con el trabajo, es visto frecuentemente como psicológicamente saludable,
debe de ser considerado igualmente como una variable predictora del “Burnout”.

93
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Intentar establecer una relación directa entre bienestar mental/psicológico y


“Burnout” no es tan sencillo como a simple vista puede parecer pudiéndose abordar
desde diversos frentes.

En cuanto a la personalidad, ya se menciona en el trabajo su relación con los


patrones de comportamiento que tienden hacia el neuroticismo y hacia el patrón de
conducta tipo A. Estas afirmaciones pueden suponer que el “Burnout” es en sí
mismo una forma de enfermedad mental, o adoptar una postura prudente y afirmar
que el “Burnout” puede causar disfunciones mentales, interpretadas como efectos
que repercuten en la salud o bienestar mental de las personas (depresión, ansiedad,
etc.).

Marcilla (1992), confirma la hipótesis de Amial-Legibre, acerca de la atracción


por la docencia por parte de personas con problemas psíquicos, al comprobar, como
tendencia, que los alumnos de la Escuela de Magisterio (considerados futuros
docentes), presentan perfiles psicológicos muy similares a los docentes que ya
ejercen. Igualmente, podría ser considerado válido pensar que las personas que
son más fuertes o saludables mentalmente, tienen estrategias de afrontamiento al
estrés más adecuadas, y por tanto sufren en menor cuantía “Burnout”.

NIVEL O GRADO DE FORMACIÓN DEL DOCENTE


Para Maslach y Jackson (1981) existe una tendencia en diferentes campos
profesionales que señala que a mayor preparación profesional, mayores metas
laborales nos tendemos a marcar y por tanto las expectativas creadas con respecto
a la profesión ejercida son más altas. Esto es debido a la creencia de muchas
personas a pensar que a mayor preparación, necesariamente tiene que darse un
mayor desarrollo profesional; sin embargo, no siempre se cumplen nuestras
expectativas provocando experiencias desagradables. Por contra, los profesionales
con menor preparación suelen tener expectativas más realistas y un entrenamiento
más práctico con respecto a su puesto laboral. Schaufeli (1999) recoge que a
medida que el docente está más preparado académicamente, cree que tendrá más
posibilidades de promoción profesional y al no lograrlo puede verse afectada su
autoestima y sus relaciones laborales.

94
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Doménech (1995) observa este mismo planteamiento y señala como actitud


más sana para los docentes la posición intermedia entre las dos posiciones
anteriormente descritas por Maslach y Jackson (1981), y que implica posiciones
emotivas y racionales; de tal forma que se fomenta una postura comprometida y
emocional sin perder la objetividad, y con un distanciamiento suficiente como para
poder objetivizar la situación.

Morgan y Krehbiel (1985) concluyen que los maestros con escasa formación
humanística se muestran significativamente más insatisfechos y frustrados
creyendo que sus necesidades son ignoradas.

Johson y Hall (1988) recoge que la preparación de calidad de los maestros,


sobre todo de cara a mantener un buen clima de aula, es reflejo de factores
emocionales y motivacionales, más que de habilidades académicas.

Ferrando (1992) recoge que entre los docentes con mayor preparación
profesional existe una tendencia a mostrar niveles más altos de “Burnout”. Por el
contrario, Cordeiro (2001) refleja en su investigación con docentes de primaria que a
mayor formación menores niveles de “Burnout”.

Tejero (2006) recoge que los directores escolares diplomados se sienten más
satisfechos, menos Despersonalizados y con menor nivel de “Burnout” de manera
significativa aunque con una escasa magnitud de diferencia en comparación con sus
colegas licenciados. No obstante, para interpretar este dato el propio autor nos
remite a recordar que los directores diplomados ejercen sus funciones
principalmente en centros de primaria y los licenciados en secundaria, y que son los
directores de primaria los que presentan menores niveles en el síndrome, estrés,
Cansancio Emocional y Despersonalización, y los más satisfechos con su trabajo.
Por lo que esta interpretación podría deberse no tanto a la formación de los
docentes con cargos directivos sino a la etapa educativa propiamente dicha donde
desempeñan su labor profesional. A su vez, este mismo autor recoge que los
directores con mayor formación en dirección y gestión de centros presentan
ligeramente más Realización Personal que los colegas que no tienen esta formación,
existiendo igualmente indicios acerca de un menor promedio de “Burnout”.

95
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Actualmente podría existir una tendencia social errónea que conduciría a


pensar que los docentes de las diferentes etapas educativas requieren de mayores o
menores niveles de preparación, atribuyendo generalmente, una mayor preparación
a medida que se asciende en el nivel o etapa educativa donde se ejerce la docencia.
Esta atribución podría deberse a la valoración social de los diferentes títulos exigidos
en el ejercicio profesional de las diferentes etapas educativas, siendo diplomados en
los niveles educativos de etapas inferiores, y licenciados o ingenieros y
doctorados/catedráticos en los niveles educativos superiores. Lejos de la realidad,
esta falsa percepción, no sólo es atribuida socialmente, sino también en ocasiones
por los propios colegas de profesión, desvalorizando de esta manera el ejercicio
profesional de los niveles educativos de las primeras etapas educativas, olvidando
que son éstas las que sientan las bases del futuro desarrollo en las etapas
educativas posteriores. Las consecuencias de estas atribuciones podrían contribuir a
crear un determinado clima de valoración que influiría en otras variables
moduladoras del “Burnout”.

VARIABLES DE PERSONALIDAD
Moreno-Jiménez, Arcenillas, Morante y Garrosa (2005), Zamora (2001)
reflejan cómo la personalidad del sujeto no sólo modula la aparición del “Burnout”
sino que también interviene en la predisposición de éste para desarrollarlo. Las
excesivas demandas emocionales son una importante causa de Agotamiento
Profesional.

Entre los autores que han estudiado los factores de personalidad


relacionados con el “Burnout” en la literatura tradicional destacan: Buendía y
Riquelme (1995); Byrne (1994); Cherniss (1993); Farber (1991); Moreno-Jiménez,
González y Garrosa (1999); Nowack (1986); Oliver (1993); Peiró y Salvador (1993).

En opinión de De la Gándara (1998) los tipos de personalidades de los


profesionales que se dedican a los servicios humanos son diferentes a los de otras
ocupaciones. En estos profesionales domina el tipo de personalidad emocional,
frente al racional de otras ocupaciones. Los trabajadores más emocionales

96
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

desarrollan en mayor grado la sensibilidad hacia las relaciones personales, con el


trato humano. Los trabajadores más racionales desarrollan en mayor proporción una
capacidad de análisis, objetividad, escepticismo y lógica. En consonancia con esta
afirmación, Myers y McCaulley (1985) señalan que en los profesionales de la
sanidad y de la educación (ambas provenientes de los servicios humanos)
predominan las personas con personalidad de “tipo emocional” en un 80%, frente al
20% de “tipo racional”. Las personas “tipo emocional” presentan una mayor
sensibilidad hacia el trato con las personas, y una mayor necesidad de afecto,
entusiasmo y actividad corporativista.

Gil-Monte y Peiró (1997) consideran que los profesionales con más


probabilidades de sufrir “Burnout” son las personas empáticas, sensibles, humanas,
con dedicación profesional, idealistas, altruistas, obsesivos, entusiastas y
susceptibles a identificarse en exceso con los demás.

Aris (2009) destaca que los docentes que sufren este síndrome son con
frecuencia impredecibles en su conducta, siendo casi siempre las contradicciones la
norma de su actividad (a la vez que tiene una imperiosa necesidad de culpar a
alguien por lo que le sucede, precisa olvidar todo lo relacionado con su trabajo: la
docencia).

FACTORES DE LA PERSONALIDAD: EXTRAVERSIÓN, AMABILIDAD,


RESPONSABILIDAD, NEUROTICISMO Y APERTURA
Para muchos autores, estas cinco variables están muy relacionadas con el
“Burnout” (Innes y Kitto, 1989; Rudow y Buhr, 1986; Wilson y Mutero, 1989). En este
estudio se toman como referencia los factores recogidos en las escalas NEO y Big-
Five (Costa y McCrae, 1985, 1988, 1989).

Fontana y Abouserie (1993) encuentran asociaciones entre “Burnout” y altas


puntuaciones en neuroticismo, introversión y psicoticismo. Hills y Norvell (1991),
Maslach et al. (2001) muestran la incidencia del neuroticismo en el desarrollo del
proceso del síndrome del “Burnout”.

97
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Mills y Huebner (1998) encuentran correlaciones entre neuroticismo e


introversión con las tres dimensiones del “Burnout”; Cansancio Emocional se asoció
con responsabilidad y amabilidad; Despersonalización con amabilidad; y
Realización Personal con responsabilidad. Extroversión explicó el 10% de la
varianza de Cansancio Emocional y el 24% en Realización Personal. Amabilidad
explicó el 12% de Despersonalización.

Burisch (2002) concluye tras un estudio longitudinal de tres años que


neuroticismo es relevante para la dimensión Cansancio Emocional, extraversión
para Realización Personal, y apertura y neuroticismo para Despersonalización.

Para Hernández y Olmedo (2004) algunos síntomas asociados al “Burnout”,


como los psicosomáticos (dolores de cabeza, problemas de sueño, etc.), parecen
contaminados por el neuroticismo (McCrae y Costa, 1986; Costa y McCrae, 1987).
Los sujetos con altas puntuaciones en neuroticismo con frecuencia experimentan
emociones negativas como irritabilidad, depresión y toda una serie de sintomatología
que parece estar también asociada al “Burnout” como fracaso, indefensión,
desesperanza, etc. (Cherniss, 1980; Maslach, 1982, 1977; Maslach y Jackson,
1979). El neuroticismo parece interferir en uso de mecanismos de afrontamiento
adaptativos, y facilitar el uso de mecanismos menos efectivos (McCrae y Costa,
1986).

Morán (2005) en un trabajo de investigación con 300 trabajadores de centros


de atención a personas con discapacidad grave obtiene que las tres escalas del MBI
tienen correlaciones, la mayoría significativas, con los factores de personalidad que
considera el NEO-FFI (neuroticismo (N), extroversión (E), apertura (O), amabilidad
(A) y responsabilidad (R)) (tabla 2.3.5.). Realización Personal aparece como la única
dimensión que establece correlaciones significativas con los cinco factores de
personalidad, siendo la correlación más elevada en sentido negativo con el factor
neuroticismo. Las variables que con respecto a Cansancio Emocional se pueden
considerar de manera significativa en el modelo son neuroticismo, extraversión y
amabilidad con un valor predictivo del 32% sobre esta dimensión. Sobre
Despersonalización se observa que únicamente influye neuroticismo, de manera
positiva, explicando el 13% de su variabilidad. En la consideración de Realización

98
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Personal influyen tres variables de personalidad que explican el 36% de la varianza:


neuroticismo en negativo; extraversión y responsabilidad de manera positiva.

Tabla 2.3.5. Correlaciones obtenidas por Morán (2005) entre las escalas del MBI, y de éstas con
los factores de personalidad el NEO-FFI
Despersona- R. Personal N E O A R
lización
Cansancio .32** -.32** .49** -.41** .06 -.29** -.32**
Emocional
Despersonaliza- -.36** .36** -.10** -.01** -.19** -.18**
ción
Realización -.52** .45** .22* .26** .48**
Personal
** correlación significativa al nivel 0,01
* correlación significativa al nivel 0,05

Cano et al. (2005) obtienen que las mayores puntuaciones de “Burnout” las
obtienen los docentes con altas puntuaciones en neuroticismo e introversión
coincidiendo con Zellars et al. (2000). Las personas con altas puntuaciones en
neuroticismo expresan emociones más negativas, presentan mayor inestabilidad y
por lo tanto son más vulnerables al “Burnout” y a cualquier perturbación
psicopatológica (Watson, Clark y Harkness, 1994). Introversión significa pasividad,
bajo interés en el área social y una menor disposición hacia emociones positivas,
características que conducen a un mayor Cansancio Emocional y
Despersonalización y una menor Realización Personal. El polo opuesto,
caracterizado por personas extrovertidas contribuye a una buena actuación en las
actividades relacionadas con la docencia, sobre todo en el área interpersonal
(Griffith et al., 1999). Cano et al. (2005) confirman en su estudio la relación entre
bajas puntuaciones en amabilidad y puntuaciones medias en Despersonalización, y
entre puntuaciones medias en responsabilidad y Realización Personal.

Teven (2007) encuentra que extraversion, amabilidad, responsabilidad y


neuroticismo se relacionan con el “Burnout”, estando la principal contribución en
responsabilidad y extraversión. Altos niveles de neuroticismo predice altas
puntuaciones en Cansancio Emocional y Despersonalización.

99
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Jenson (2008) encuentra que alto neuroticismo es un predictor significativo de


Cansancio Emocional.

Kokkinos (2007) obtiene resultados que relacionan neuroticismo con las tres
dimensiones del síndrome: de manera positiva con Cansancio Emocional y
Despersonalización, y de manera negativa con Realización Personal. Docentes con
altas puntuaciones en neuroticismo tienden a tener puntuaciones más altas en
Cansancio Emocional y Despersonalziación. Docentes que puntuan bajo en
responsabilidad presentan mayores niveles de Despersonalización, mientras que los
que puntuan alto presentan mayores niveles en Realización Personal.
Responsabilidad y extraversión se relacionan con bajos niveles de “Burnout”, en
concreto los docentes con altos niveles en responsabilidad y extroversión y bajos en
neuroticismo presentan mejor Realización Personal; docentes con altos niveles de
responsabilidad y extroversión pero bajos en neuroticismo están más motivados en
obtener éxito profesional. Apertura tiene una pequeña pero significativa contribución
en el “Burnout”, bajos niveles de apertura predice mayores niveles de
Despersonalización, mientras que los docentes que presentan altas puntuaciones
en apertura tienen mayores niveles de Realización Personal.

La tabla 2.3.6. recoge el resumen de las principales conclusiones de los


estudios revisados en la literatura.

100
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 2.3.6. Extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura en su relación


con el “Burnout”

Mayor “Burnout” CE DP RP
Neuroticismo Cano et al. (2005), Cherniss Burisch Burisch (2002), Morán
(1980), Fontana y Abouserie (2002), Morán (2005), (2005)
(1993), Hernández y Olmedo Jenson Teven (2007)
(2004), Hills y Norvell (1991), (2008),
Maslach (1977, 1982), Mills y Teven (2007)
Huebner (1998), Morán (2005)
Teven (2007), Zellars et al.
(2000)
Extraversión Cano et al. (2005), Fontana y Burisch
Abouserie (1993), Mills y (2002),
Huebner (1998), Morán Morán
(2005), Teven (2007), Zellars (2005)
et al. (2000)
Amabilidad Morán (2005) Mills y Cano et al.
Huebner (2005), Mills y
(1998) Huebner
(1998)

Responsabili Teven (2007) Mills y Cano et al.


dad Huebner (2005), Mills
(1998) y Huebner
(1998),
Morán
(2005)

Apertura Burisch (2002)

Psicoticismo Fontana y Abouserie (1993)

PERSONALIDAD TIPO A
La personalidad tipo A, o patrón de conducta tipo A (PCTA) tiene su origen en
la descripción de conductas efectuadas por Friedman, Rosenman y Carroll (1958), y
ha sido (1974) a partir de observaciones realizadas desde los años 50. Friedman y
Rosenman (1974) suponen que el PCTA implica una serie de rasgos de la persona,

101
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

que en interacción con determinados acontecimientos ambientales ocasionan


determinadas conductas. Así, por personalidad tipo A entendemos las personas que
manifiestan un afán intenso y constante por conseguir metas establecidas por el
propio individuo pero poco definidas, con marcada tendencia a la competitividad, alto
deseo de reconocimiento y logro, implicación en varias tareas y trabajos al mismo
tiempo, tendencia a la realización apresurada de todo tipo de funciones (tanto
físicas como mentales), y un estado de alerta permanente. En el mudo laboral la
etiqueta que podríamos dar a las personalidades tipo A es la de personas que han
venido al mundo para trabajar, es decir con una alta orientación al trabajo (work
orientation). Es común que estas personas se den a tareas de responsabilidad que
pueden estar incluso por encima de su formación, entregándose a la empresa por
muy diluida que pueda estar su tarea. Alargar la jornada laboral, reducir los días de
vacaciones, o llevarse trabajo urgente a casa son actividades comunes en estas
personalidades. Por todos estos rasgos que caracterizan los patrones tipo A, estos
sujetos son más propensos a padecer “Burnout”, debido tanto a la enorme
implicación personal en las tareas, como por las prisas y autoexigencia en lograr los
objetivos propuestos (Garden, 1989; Mazur y Lynch, 1989) viéndose expuestos a
ciertos estresores como puede ser la sobrecarga laboral, al tiempo que no tienden a
realizar acciones que mejorarían su resistencia al “Burnout” (relajación, vacaciones,
etc.) dada su gran implicación con el trabajo. De esta forma, tienden cada vez más
hacia el individualismo, reduciendo la cantidad de interacciones sociales y limitando
la red de apoyo social, aumentando progresivamente sus niveles de Cansancio
Emocional y Despersonalización (Gil-Monte y Peiró, 1997). Las personalidades tipo
A pueden escoger vocacionalmente las condiciones laborales que propician las
conductas típicas que hemos descrito (demandas, competitividad, etc.) pero éstas,
con el tiempo pueden llegar a propiciar, por sí mismas, conductas de tipo A, con lo
que tendríamos un proceso transacional muy difícil de romper.

Algunos autores han relacionado el PCTA con el estrés en sentido global


(Durán et al., 2001a; Sogaard, Dalgard, Holme, Roysamb y Haheim, 2008) y con el
“Burnout” en sentido más específico (Hallber, Johansson y Schaufeli, 2007) o con
algunos de sus componentes más específicos observando cómo el PCTA
correlaciona de forma positiva con Despersonalización, Cansancio Emocional,
cinismo, negatividad interpersonal y con fatiga física (Mazur y Lynch, 1989; Nowack,

102
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

1987). Buendía (1998) sugiere que los estresores de trabajo físico pueden
interactuar con el PCTA influyendo en las respuestas psicológicas y afectivas.

Farber (1983) realiza numerosos estudios de la posible asociación entre el


Patrón tipo A de personalidad y el “Burnout”. Mazur y Lynch (1989) obtienen una
correlación significativa entre “Burnout” y Patrón de Conducta Tipo A. Novack (1986)
señala que las personas con personalidad tipo A puntúan más alto en el MBI
(Maslach y Jackson, 1981). Jamal y Baba (2001) con docentes de secundaria de
Canadá describen la relación entre el desempeño laboral y el bienestar en el trabajo
por un lado, y el PCTA por otro (entendiendo el “Burnout” como una variable del
bienestar). Moriana (2002) señala una elevada relación entre PCTA, “Burnout” y
problemas de salud mental de profesores con baja laboral de tipo psiquiátrico en
comparación con docentes sin baja, señalando a este patrón de conducta como un
factor de riesgo. Raya, Moriana y Herruzo (2010) con 417 docentes de infantil,
primaria y secundaria de Córdoba constatan una relación positiva y significativa
entre las dimensiones Cansancio Emocional y Despersonalización del “Burnout” y
los cuatro factores del PCTA medido con el JASE-H, mientras que la dimensión baja
Realización Personal únicamente es significativa en la interacción con el factor
hostilidad. Para los autores el PCTA es un importante factor de riesgo del “Burnout”
a la avez que predice sus estados iniciales debido a su relación con la dimensión
Cansancio Emocinal. Sin embargo, Mo (1991) encuentra que los docentes con
personalidad tipo A sufren menos “Burnout”.

En la tabla 2.3.7. se presentan las principales conclusiones obtenidas por


investigadores que han estudiado el PCTA.

Tabla 2.3.7. PCTA y “Burnout”


Mayor “Burnout” Menor “Burnout”
PCTA Jamal y Baba (2001), Farber (1983), Mazur y Lynch Mo (1991).
(1989), Moriana (2002), Nowack (1986, 1987), Otero-
López et al. (2010); Raya et al. (1997).

103
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

PERSONALIDAD RESISTENTE
Kobasa (1979, 1982), Kobasa, Maddi y Courington (1981) dentro de un
modelo de psicología social de la salud, define la personalidad resistente como una
constelación de características de personalidad que funcionan como una fuente de
resistencia ante acontecimientos estresantes (Kobasa, Maddi y Kahn, 1982).

Son tres las dimensiones que resumen estas características:


- Compromiso: capacidad para creer en la verdad, importancia e interés del valor
de lo que uno es y está haciendo y, por tanto, la tendencia a implicarse en las
diferentes situaciones de la vida.
- Control: tendencia a creer que uno mismo influye en los eventos y resultados de
sus acciones.
- Reto/ desafío: creencia de que el cambio, más que estabilidad, es la norma de la
vida. Los sujetos con reto perciben los cambios como oportunidades para
desarrollarse más que como amenaza para su seguridad.

El conjunto de las tres dimensiones constituye la personalidad resistente.


Aunque suele considerarse a alguien con tal característica cuando puntúa alto en la
suma y media de los tres valores, es más adecuado considerar como tal a las
personas que tienen niveles altos en las tres variables y no sólo en la medida global
de las tres. Este concepto debe considerarse desde un punto de vista
multidimensional donde los tres componentes están relacionados, pero de forma
diferente (Peñacoba y Moreno-Jiménez, 1998).

Diferentes trabajos han probado reiteradamente un efecto modulador de esta


variable en la relación entre estrés y salud (Etzion y Westman, 1994; Holt et al.,
1987; Kobasa, 1979, 1982; Kobasa et al., 1982; Nagy y Nix, 1989; Westman, 1990).
Klag y Bradley (2004) apoyan esta afirmación en su estudio con 130 miembros de la
comunidad universitaria de Australia pero señalan que este efecto modulador sólo
se aprecia en hombres, no en mujeres.

Del mismo modo, se observa una relación inversa entre esta variable y
“Burnout” (Mastalerz, 2001; McCraine, Lambert y Lambert, 1987; Moreno-Jiménez,

104
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Garrosa y González, 2000b; Nowack, 1986; Oliver, 1993; Otero-López, Santiago,


Castro, Pardiñas, Mirón y Ponte, 2006; Pierce y Molloy, 1990). Es decir que la
personalidad resistente disminuye los niveles globales de “Burnout” y sus efectos
específicos, convirtiéndose así en un factor de protección frente al síndrome. Los
individuos con alta puntuación tienden a enfrentarse de forma activa y optimista a los
estímulos estresantes, percibiéndolos como menos amenazantes (Kobasa et al.,
1982). Novack (1986) recoge con 146 empleados, docentes y no docentes de
universidad, cómo los sujetos con bajos niveles de estrés y altas puntuaciones en
personalidad resistente presentan menos “Burnout”.

Oliver (1993) encuentra que únicamente la dimensión Compromiso contribuye


en todas las ecuaciones de regresión, tanto en la puntuación de “Burnout” como en
sus tres dimensiones. Topf (1989); Boyle, Grap, Younger y Thornby (1991) obtienen
resultados similares.

Moreno-Jiménez et al. (2000b) señalan en un estudio realizado con 107


profesores de formación profesional de Madrid que la personalidad resistente y el
sentido de la coherencia (SC), muestran su intervención en procesos de estrés,
“Burnout”, y nivel de salud autoinformada. En ambos casos los sujetos con mayores
puntuaciones en personalidad resistente y SC tienden a presentar menores tasas de
estrés de rol, “Burnout” y sintomatología percibida. Estos resultados confirman los
trabajos previos de Boyle et al. (1991), Palsson, Hallberg, Norberg y Bjoervell (1996).
Más adelante cuando hablemos del Sentido de la Coherencia (SC) observaremos
estas conclusiones ampliadas.

Complementando esta visión de la personalidad resistente estudiada a través


de las tres dimensiones anteriormente descritas, Chan (2003) en un estudio con
docentes de Hong Kong no apoya esta definición tradicional, encontrando
únicamente dos dimensiones diferenciadas e independientes entre sí definidas en
función de la redacción positiva o negativa de los ítems de su cuestionario. Chan
(2003) adopta la versión de la escala PVS (Hardiness Institute, 1985) reelaborando
los 50 ítems redactados en su totalidad en sentido negativo y rehaciéndolos en dos
bloques, el primero formado por ítems redactados en sentido positivo (definido como
“resilience”: poder de recuperación, elasticidad), y el segundo compuesto por ítems

105
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

redactados en sentido negativo (definido como “invulnerability”: invulnerabilidad),


valorables en una escala de 4 puntos, desde 0 (totalmente en desacuerdo) a 4
(totalmente de acuerdo). Así, encuentra que las dimensiones Cansancio Emocional
y Despersonalización se relacionan significativamente con invulnerabilidad, y
Realización Personal con poder de recuperación. No obstante, hay que tomar con
precaución estos resultados dado que la muestra utilizada es reducida (n= 83).

Arcenillas (2003) observa con docentes de primaria, que a mayores niveles de


personalidad resistente y optimismo, el profesor experimenta menores niveles de
“Burnout”, correlacionando de forma negativa estas variables con las
manifestaciones físicas y psicológicas del síndrome. No obstante, dado que
únicamente la dimensión Compromiso y el factor Optimismo ofrecen datos
significativos, hay que tomar con cautela esta conclusión y reseñar que lo que sí es
seguro es que estas variables juegan un papel amortiguador. El factor Compromiso
asume el mayor porcentaje predictivo en relación con la dimensión Realización
Personal explicando el 23% de la varianza de este factor con carga positiva, de
forma que a mayor Compromiso mayores sentimientos de Realización Personal.

Contrariamente a estos resultados, Holt et al. (1987) en una investigación con


docentes de educación primaria y educación especial utilizando el MBI (Maslach y
Jackson, 1981) para medir “Burnout” y el AT (Allienation Test) como herramienta
indicadora de la personalidad resistente, encuentra que las maestras con
puntuaciones más elevadas en “Burnout” puntúan más alto en alienación.

Tabla 2.3.8. Relación de la personalidad resistente con el “Burnout”

Personalidad resistente y Personalidad resistente y


Menor “Burnout” Mayor “Burnout”
Banks y Gannon (1988), Chan (2003), Etzion y Westman Holt et al. (1987)
(1994), Holt et al. (1987), Klag y Bradley (2004), Kobasa
(1979, 1982), Kobasa et al. (1982), Moreno-Jiménez et al.
(2005), Nagy y Nix (1989) y Westman (1990).

106
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

SENTIDO DE LA COHERENCIA (SC)


El sentido de la coherencia (SC), es un constructo concebido por Antonovsky
(1979) como consecuencia de su orientación salutogénica (concepto que rompe con
la dicotomía entre enfermedad y salud para proponer un continuo entre ambos
polos), enmarcado en el proyecto del desarrollo de una sociología de la salud.
Moreno-Jiménez et al. (1999) consideran que es una variable a considerar dentro del
estudio de la personalidad, muy ligada al estudio de la personalidad resistente.

Bajo el planteamiento efectuado por Antonovsky (1979) nadie está totalmente


sano o totalmente enfermo, sino que las personas nos movemos de forma continua
entre estos dos extremos.

Para este autor la naturaleza humana se caracteriza por la omnipresencia de


estresores, donde lo importante, no es conocer los factores que nos llevan a una
enfermedad, sino los que nos impulsan hacia el lado positivo del continuo. Así el SC
es una forma de ver el mundo y a nosotros dentro de él. Es una tendencia
disposicional relativamente estable que conduce a evaluar las circunstancias de la
vida como significativas, predecibles y manejables.

Este autor considera el SC como un constructo universal formado por tres


dimensiones:
- Comprensibilidad: componente cognitivo del constructo. Las personas con alta
comprensibilidad perciben los estímulos a los que se enfrentan dotándoles de un
marco cognitivo y considerando la información ordenada, consistente,
estructurada y clara.
- Manejabilidad: considerado el componente instrumental, se define como el grado
en que las personas entienden que los recursos adecuados para hacer frente a
las demandas del medio se encuentran disponibles, bien bajo su propio control o
de los demás (padres, amigos, etc.).
- Significatividad: conforma la dimensión motivacional. Una elevada significatividad
es síntoma de una visión comprometida de unas determinadas áreas de la vida
para las cuales merece la pena emplear esfuerzo y tiempo, de tal forma que las

107
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

demandas a las que se enfrentan las personas son evaluadas como retos
positivos.

De esta forma ver el mundo comprensible, manejable y significativo facilita la


selección de conductas y recursos eficaces para una situación determinada y
apropiados para una cultura específica (Antonovsky, 1979).

Para este autor el SC no es un rasgo o conjunto de rasgos de personalidad, ni


un estilo específico de afrontamiento, sino un conjunto de competencias
básicamente cognitivas que proporciona una orientación disposicional generalizada.
Pese a ser una variable que adolece de falta de atención con respecto a la
investigación del “Burnout”, hay estudios que demuestran una relación inversa entre
niveles de “Burnout” y SC (Moreno-Jiménez et al. 1999; Palsson et al., 1996).

El hallazgo habitual suele ser una relación negativa entre SC, Cansancio
Emocional y Despersonalización respectivamente; relación que se invierte si se
considera la escala de Realización Personal (Baker, North y Smith, 1997).

La tendencia al aislamiento y a la evitación, asociado al Agotamiento


Emocional, es explicada por Appels (1998) como una forma de proteger la salud.

De igual modo hay autores que interpretan la Despersonalización como una


estrategia de afrontamiento ante los síntomas de Agotamiento Emocional (Cox, Kuk
y Leiter, 1993; Gil-Monte, 1995; Lee y Ashforth, 1990; Leiter y Maslach, 1988).

Moreno-Jiménez et al. (1999) en un estudio con docentes de primaria de


Madrid reflejan que la experiencia prolongada de estrés de rol y el subsiguiente
desarrollo de síntomas de “Burnout” son factores determinantes en el proceso que
conduce a la pérdida de salud subjetiva, siendo relevante el Agotamiento Emocional
como clave de este síndrome.

Peñacoba y Moreno-Jiménez (2000) señalan entre sus resultados que tanto la


personalidad resistente como el SC intervienen en los procesos de estrés, “Burnout”
y la salud autoinformada. En ambos casos, los sujetos con mayores puntuaciones en

108
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

personalidad resistente y SC tienden a presentar menores niveles de estrés de rol,


“Burnout” y sintomatología percibida, confirmando los trabajos previos de Boyle et al.
(1991) y Palsson et al. (1996).

Moreno-Jiménez, Garrosa y González (2001) presentan un cuadro resumen


de la influencia que tanto la personalidad resistente como el sentido de la coherencia
tienen sobre la predicción del “Burnout” (tabla 2.3.9.).

Tabla 2.3.9. Influencia de la personalidad resistente y SC sobre la predicción del


“Burnout” según Moreno-Jiménez et al. (2001, en Buendía y Ramos, 2001)
Variables Personalidad resistente Sentido de la coherencia
Burnout Estrés de rol (22%) Estrés de rol (44%)
Control (6%) Significatividad (8%)
Reto (2%) Supervisión (4%)
Cansancio Emocional Estrés de rol (33%) Estrés de rol (51%)
Control (6%) Significatividad (3%)
Reto (2%) Supervisión (1%)
Despersonalización Estrés de rol (15%) Estrés de rol (24%)
Falta de Realización Estrés de rol (19%) Estrés de rol (26%)
Personal Control (7%) Significatividad (7%)
Reto (6%) Supervisión (6%)

Es importante observar que la dimensión Control del modelo de personalidad


resistente, es la dimensión que más aporta al proceso de “Burnout”, mientras que en
el modelo del SC es la Significatividad (Componente motivacional) la variable más
representativa. También puede observarse que en Despersonalización no interviene
ninguna variable de personalidad, lo que puede indicar que los factores que influyen
en este factor son meramente organizativos. Moreno-Jiménez, Alonso y Alvarez
(1997) señalan la necesidad de establecer estudios sistemáticos comparativos entre
ambos modelos que establezcan posibles elementos comunes y diferenciales.

Con respecto al valor predictivo de la Significatividad, Moreno-Jiménez et al.


(1999) recogen que dada la alta inversión emocional de esta variable, en la medida
en que una persona puntúa alto difícilmente encontrará su vida y su trabajo como
poco provechoso, de tal forma que se puede intervenir en la prevención del

109
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

“Burnout” por dos vías. Por un lado, haciendo del trabajo un factor altamente
significativo en el proyecto vital de la persona, provocando que persista en su
desempeño y evitando la pérdida de fuentes de energía. Por otra parte, alta
puntuación en Significatividad puede suponer para la persona una fuente de
equilibrio impidiendo que el trabajo sea el eje principal de su vida y se vuelque
totalmente en él, de tal forma que haya suficiente compromiso con el trabajo como
para encontrar satisfacción en él, pero al mismo tiempo encontrará al menos la
misma valía en el resto de sus áreas vitales, por lo que no se implicará de forma
exclusiva en lo laboral, evitando un gran factor de riesgo tal y como se recoge en la
literatura (Edelwich y Brodsky, 1980; Freudenberger, 1980; Koeske y Kelly, 1995;
Maslach, 1982; Pines y Maslach, 1982).

Los análisis realizados en función del nivel que presentan los docentes en SC,
muestran la presencia permanente de esta variable durante el procesamiento de
información, de tal forma que los docentes con un alto SC informan de mejor calidad
de la supervisión recibida y de mejores condiciones organizacionales, así como de
una intensidad menor de las preocupaciones sobre su profesión. Estos resultados
parecen indicar que el SC tiene un efecto modulador en los procesos de estrés y
“Burnout” y un efecto explicativo a través de los tres elementos que lo conforman,
pero escasamente predictivo en función del índice total obtenido a partir de la media
de éstos.

EMPATÍA
Entre los profesionales dedicados a la enseñanza, y fundamentalmente en
Educación Especial hay una variable que debe ser tenida en cuenta por el
desempeño profesional de este perfil, la empatía (Rudow, 1999). Entendemos por
empatía la capacidad para captar en primera instancia el punto de vista de otra
persona, y ajustar el propio comportamiento a esas exigencias, lográndose así una
fluidez natural en la comunicación interpersonal. La empatía es una cualidad
necesaria para procurar la correcta vinculación interpersonal que favorece la relación
entre el docente y la persona con necesidades educativas especiales, en concreto
con autistas (Williams, 1989); la falta de esta cualidad perturba la relación entre
docente y alumno contribuyendo en mayor o menor grado al desarrollo del síndrome

110
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

de “Burnout” (Williams, 1989). Mazur y Lynch (1989), encuentran que la empatía


predice fatiga emocional, y al igual que Williams (1989), obtienen una correlación
significativa entre empatía (mayor en profesoras que en profesores) y reducción en
Realización Personal y fatiga.

CREENCIAS IRRACIONALES
Los resultados obtenidos respecto de las creencias irracionales son más
consistentes, pudiéndose observar efectos significativos sobre los síntomas de
estrés y “Burnout” experimentados por los profesores.

Las creencias racionales e irracionales son parte de un amplio sistema de


rasgos cognitivos de la personalidad (Calvete y Villa, 1997).

Las creencias irracionales son descritas por Lega, Caballo y Ellis (1997) como
las creencias ilógicas, poco empíricas que dificultan el funcionamiento eficaz de la
persona y la obtención de las metas establecidas.

Así, las creencias irracionales están muy ligadas al modelo de Terapia


Racional Emotiva de Ellis (TRE, 1962). Esta teoría parte de que hay profesores que
presentan mayor probabilidad de desarrollar creencias irracionales hacia el medio
escolar, lo que les lleva a experimentar las demandas y amenazas de manera más
estresante que los compañeros que se enfrentan desde una perspectiva más
racional.

Los datos indican que los profesores con altas creencias de inadecuación
consistentes en un alto nivel de exigencia sobre su propia actuación, necesidad
exagerada de aprobación de los demás y creencia de que los errores propios les
descalifican como personas, se caracterizan por mayores síntomas de “Burnout”
(alta puntuación en Cansancio Emocional y baja en Realización Personal), así como
síntomas de sensibilidad interpersonal y ansiedad.

Friedman y Farber (1992) examinan las diversas formas en las que los
profesores se consideran a sí mismos profesionalmente, y el modo en que perciben

111
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

cómo otros compañeros los ven, poniendo de manifiesto que la discrepancia entre la
visión que los profesores tienen de sí mismos como profesionales competentes y
satisfechos correlaciona fuertemente con el “Burnout”. El autor señala que desde el
punto de vista de los profesores, tanto padres como administradores tienen una
percepción exagerada de la satisfacción profesional de los docentes, discrepancias
que en ambos casos correlacionan con el síndrome.

Calvete y Villa (1999) encuentran relaciones significativas entre diferentes


tipos de creencias irracionales, niveles de “Burnout” y síntomas de estrés; reflejando
que los docentes con altas creencias de inadecuación presentan puntuaciones más
elevadas en Cansancio Emocional y ansiedad; los que tienen mayores actitudes
autoritarias hacia los alumnos puntúan más alto en Cansancio Emocional y síntomas
depresivos; y los que presentan baja tolerancia a la frustración puntúan más alto en
Cansancio Emocional, síntomas depresivos y somatización.

Bermejo y Prieto (2005) en un estudio llevado a cabo con 71 profesores de


Enseñanza Secundaria de Madrid observan como a mayor tendencia al pensamiento
irracional de los docentes, mayores son las puntuaciones en Estrés de Rol,
“Burnout” (medido con el CBP-R; Moreno-Jiménez et al., 2000a) especialmente en la
dimensión Cansancio Emocional, síntomas psicológicos y depresión. Entre las
creencias irracionales evaluadas, las autoras destacan como principales indicadores
la baja tolerancia a la frustración y las actitudes autoritarias hacia los alumnos
(coincidiendo con los resultados obtenidos en el estudio de Calvete y Villa, 1999).
Con respecto a la primera creencia se obtienen diferencias significativas para las
dimensiones Cansancio Emocional, Despersonalización, Baja Realización Personal,
somatización y ansiedad. Con respecto a las actitudes autoritarias hacia los alumnos
únicamente se encuentran resultados significativos para baja Realización Personal.

Así pues, parece coherente señalar que los docentes que presentan
creencias irracionales o pensamientos inadecuados tienen mayores posibilidades de
sufrir el síndrome de “Burnout”.

112
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

ESTILO DE ATRIBUCIÓN COGNITIVA


Manassero, García, Torrens, Ramis, Vázquez y Ferrer (2005) señalan que la
teoría de la atribución establece que las dimensiones atributivas de las causas
percibidas de un hecho determinan el tipo de conducta de las personas sobre el
mismo, y que las causas percibidas del “Burnout” pueden modular la conducta de
afrontamiento del mismo.

Maslach y Jackson (1986) recogen que las personas que sienten que su
trabajo tiene un importante impacto en la vida de los demás puntúan más alto en
Realización Personal, mientras que los que consideran que su trabajo no es
significativo puntúan más alto en Despersonalización y más bajo en Realización
Personal.

Manassero et al. (2005) estudian desde el punto de vista de la atribución de la


causalidad del “Burnout” las relaciones significativas y positivas que aparecen entre
el síndrome y las dimensiones causales de Estabilidad (permanentes en el tiempo),
Globalidad (en todas las situaciones) y Lugar de Causalidad (causas internas o
externas), obteniendo que cuanto más estable, global e interna se perciba la causa
del estrés, mayor es el nivel de “Burnout” sufrido. La dimensión controlabilidad se
relaciona de manera negativa y significativa con Cansancio Emocional y
Despersonalización; y de manera positiva con Realización Personal. La atribución
interna de una situación negativa presenta relación directa con el descenso de la
autoestima personal (Hewstone, 1989 y Weiner, 1986), lo cual lleva a una afectación
de la autoimagen y autoconcepto laboral de la persona, que llega a dudar de su
competencia profesional e influyendo sobre las expectativas de su trabajo y su
motivación (Schaufeli y Enzmann, 1998).

Manassero, García, Torrens, Ramis, Vázquez y Ferrer (2006) analizan las


relaciones entre las dimensiones del “Burnout” y la atribución causal en una muestra
de 614 profesores de preescolar a secundaria/bachillerato de las Islas Baleares. Los
autores aplican la Escala de Dimensiones Causales Atributivas, que evalúa Lugar de
Causalidad, Estabilidad, Controlabilidad, Globalidad e Intencionalidad de la causa
percibida del estrés, y midiendo el “Burnout” con el MBI-E (Maslach y Jackson,
1986). Los resultados obtenidos indican que las dimensiones del síndrome

113
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

presentan una relación moderada con las dimensiones causales, de modo que a
mayor Agotamiento Emocional se corresponde con percepciones de causas más
estables, globales, intencionales y menos controlables; a mayor Despersonalización
nos encontramos con percepciones de causas más internas, estables, intencionales
y globales; mientras que mayor Realización Personal se corresponde con
percepciones de causas menos estables (inestables), menos globales (específicas)
y más controlables.

ESTRATEGIAS DE AFRONTAMIENTO
Siguiendo el modelo de Lazarus y Folkman (1984, 1986) el afrontamiento se
define como los esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes
que desarrolla una persona para manejar las demandas específicas externas y/o
internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de sus recursos.

Olmedo (1997) afirma que personalidad y estilo de afrontamiento son dos


aspectos determinantes en el “Burnout”.

Entre los autores que tradicionalmente han estudiando las estrategias de


afrontamiento en su relación con el “Burnout” destacan Chan y Hui (1995),
Cunningham (1982), Dewe (1985), Dunham (1992), Kyriacou (1980), Riccio (1983),
Seidman y Zager (1991), Sparks (1983), Yela (1996).

Para Guerrero (1997) el tipo de conducta de afrontamiento es importante


porque, además de servir para dominar las demandas de la situación de estrés,
determina la forma en que se activa el organismo y que varía distintamente según la
persona trate de controlar la situación o adopte una actitud pasiva ante la situación.

Las conductas motoras realizadas para hacer frente a una situación


estresante son conductas específicas para una situación concreta o conductas más
generales para una amplia gama de situaciones, dependiendo de qué conductas se
han aprendido en ocasiones anteriores. Las consecuencias de estas conductas
determinan que sean consideradas como correctas o incorrectas por la persona. Lo

114
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

que hace que una conducta se repita o no en un futuro, no es la supuesta corrección


e incorrección moral de ésta, sino su eficacia para cambiar la situación.

Para explicar por qué el afrontamiento puede afectar de forma adversa a la


salud, Lazarus y Folkman (1986) proponen algunos mecanismos. En primer lugar,
aseguran que el afrontamiento puede influir en las reacciones neuroquímicas del
estrés; puede provocar una irregularidad en la perturbación emocional que aparece
frente a los daños o amenazas incontrolables, y/o expresando una serie de valores,
un estilo de vida y un estilo de afrontamiento que es en sí mismo, perjudicial. En
segundo lugar, los autores apuntan que el afrontamiento puede afectar a la salud de
forma negativa aumentando el riesgo de mortalidad y morbilidad, cuando incluyen el
uso excesivo de sustancias nocivas como son el alcohol, drogas y tabaco o cuando
abocan al individuo a actividades que significan un riesgo importante para su vida.

Chan (1998) enfatiza que las estrategias de afrontamiento de los docentes


median los efectos del estrés en su estado emocional.

Etzion y Pines (1986), Grennglass y Burke (1990), Seidman y Zager (1991),


Shinn, Rosario, Morch y Chestnut (1984), plantean que cuando las estrategias que
utiliza un individuo no son adecuadas para una situación concreta las posibilidad de
sufrir “Burnout” aumenta.

Lazarus y Folkman (1986) afirman que los modos de afrontamiento dirigidos a


la emoción pueden dañar la salud al impedir conductas adaptativas relacionadas con
la salud/enfermedad. Así, los modos de afrontamiento negación y evitación, pueden
disminuir el trastorno emocional, pero pueden impedir al individuo enfrentarse de
una forma realista a un problema susceptible de solucionarse mediante una acción
directa.

Para Kushnir y Melamed (1992) la disminución de los recursos de


afrontamiento es la característica más evidente de las personas que padecen el
síndrome de “Burnout”.

115
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Greenglass y Burke (1988), Greenglass et al. (1990) encuentran que las


profesoras mujeres son más capaces de usar estrategias de afrontamiento que los
profesores varones.

Pierce y Molloy (1990) partiendo de una muestra de 750 docentes de


Australia obtienen que el grupo catalogado con alto nivel de “Burnout” emplea
estrategias de atontamiento regresivas con más frecuencia que los docentes
clasificados en el grupo de bajo nivel, siendo coherente esta conclusión con los
datos ofrecidos por Kobasa (1982). Las estrategias de afrontamiento regresivo están
basadas fundamentalmente en el escape de la situación estresante o en su
negación. Para Kobasa (1982) el uso de este tipo de estrategias es ineficaz de cara
al manejo de situaciones estresantes. Leiter (1991) apunta que las estrategias de
control disminuyen la probabilidad de sufrir “Burnout” mientras que las estrategias
escapistas aumentan la probabilidad.

Guerrero y Vicente (2001), en su estudio llevado a cabo con profesores de la


Universidad de Extremadura utilizando la escala de evaluación de técnicas de
afrontamiento o COPE (Carver, Scheier y Weintraub, 1989) pone de manifiesto que
el profesorado que sufre alto grado de Cansancio Emocional emplea estrategias de
desahogo, desconexión conductual, consumo de drogas y aceptación (estrategias
pasivas). El grupo que presenta Cansancio Emocional medio no recurre ni a
negación ni aceptación. El profesorado altamente Despersonalizado emplea más
frecuentemente estrategias de búsqueda de apoyo social, desahogo, negación y
desconexión mental, en comparación con los restantes grupos. Los docentes que
presentan elevado grado de Cansancio Emocional y Despersonalización son
quienes recurren, para manejar situaciones de estrés en el ámbito laboral, a
estrategias pasivas, de aceptación y no orientadas a búsqueda de soluciones
eficaces. Por el contrario, los docentes que presentan alto o medio grado de
Realización Personal utilizan afrontamiento activo, planificación, búsqueda de apoyo
instrumental, búsqueda de apoyo social, reinterpretación positiva y refrenar el
afrontamiento (estrategias activas). De esta forma, las conclusiones extraídas por
Guerrero y Vicente (2001) corroboran que en el desgaste profesional están
implicados los modos de afrontamiento del estrés. Guerrero y Vicente (2001)

116
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

concluyen con una muestra de docentes universitarios que los modos de afrontar el
estrés es un buen predictor del “Burnout” en sus tres dimensiones.

Hastings y Brown (2002) en un estudio longitudinal con docentes y


trabajadores sociales británicos encuentra que las estrategias de afrontamiento ante
la conducta agresiva de sus alumnos es una variable moderadora en el “Burnout”.
Aquellos docentes que se exponen a conductas agresivas más severas sufren
mayor riesgo de tener altos niveles de Cansancio Emocional si usan estrategias de
afrontamiento centradas en factores emocionales.

Una gestión adecuada de nuestras reacciones emocionales disminuye los


niveles globales de estrés laboral del profesorado incluso cuando se controlan
estresores típicamente organizacionales y del entorno laboral. Mearns y Cain (2003)
encuentran que profesores estadounidenses de secundaria y primaria con altas
expectativas sobre la regulación de sus emociones negativas utilizan más
estrategias de afrontamiento activo para enfrentarse a situaciones laborales
estresantes, experimentando menos consecuencias negativas de estrés y
obteniendo mayores puntuaciones en Realización Personal.

Chan y Hui (1995) utilizan en una investigación con docentes de educación


secundaria de Hong Kong el WCQ (Ways of Coping Questionnaire; Folkman y
Lazarus, 1986) como instrumento para medir las estrategias de los docentes. Esta
herramienta está compuesta de ocho escalas: Afrontamiento confrontativo (CC);
Distanciamiento (DC); Autocontrol (SC); Búsqueda de apoyo social (SS); Aceptación
de responsabilidades (AR); Escape-evitación (EA); Solución de problemas (PS) y
Enfoque positivo de nueva estimación (PR). Entre los resultados encontrados, los
autores destacan la tendencia de los profesores varones a ser más restrictivos en la
expresividad de sus emociones, y la existencia de una mayor tendencia entre las
profesoras a la búsqueda del apoyo social. Entre los profesores y los profesores-
tutores se encuentra como única diferencia la mayor tendencia de estos últimos a
buscar apoyo social. A la hora de analizar la relación de las escalas del WCQ
(Folkman y Lazarus, 1988) con las escalas del MBI (Maslach y Jackson, 1981) para
medir el “Burnout” se observa como el uso de estrategias de escape-evitación se

117
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

asocia con elevado Cansancio Emocional, alta Despersonalización y baja


Realización Personal.

Para disminuir las consecuencias del uso de estas estrategias, Chan y Hui
(1995) muestran que el uso de enfoques positivos de nueva estimación y la solución
de problemas son factores que atenúan los niveles de Cansancio Emocional; la
búsqueda de apoyo social contribuye a reducir los niveles de Despersonalización; y
las bajas puntuaciones en Realización Personal pueden mejorarse mediante el uso
de estrategias de afrontamiento cognitivas e interpersonales (estrategias de
confrontación, solución de problemas y enfoque positivo de nueva estimación). El
uso de estrategias de escape-evitación y la existencia de un menor apoyo social es
un significante predictor de Despersonalización en los docentes varones. Ser
profesor-tutor también se muestra un indicador importante de la escala Realización
Personal para los docentes que usan estrategias cognitivas e interpersonales en
mayor medida que las estrategias de escape-evitación, presentando un mayor
sentimiento de logro personal.

Marqués et al. (2005) muestran que las estrategias de negación/evitación y de


regulación emocional son predictores positivos del Cansancio Emocional mientras
que las de solución de problemas lo son de forma negativa. Las estrategias de
negación/evitación predicen de manera positiva la dimensión de Despersonalización
mientras que solución de problemas la predicen de manera negativa. Las estrategias
de solución de problemas se relacionan de manera positiva y las de negación/
evitación lo hacen de forma negativa en relación a Realización Personal. Los
autores concluyen que las estrategias de negación/evitación intervienen de manera
disfuncional en la relación entre estrés y “Burnout” potenciando los sentimientos de
Cansancio Emocional y Despersonalización, y disminuyendo la percepción de
Realización Personal. Por otro lado, las estrategias centradas en resolución de
problemas y regulación emocional tienen efecto directo y funcional sobre el
síndrome dando lugar a una mejor Realización Personal y una disminución de la
Despersonalización, dejando claro que adoptar estrategias de evitación/negación es
muy negativo para la relación estrés-“Burnout”.

118
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

OPTIMISMO
El optimismo es una característica psicológica disposicional que remite a
expectativas positivas y objetivos de futuro, y cuya relación con variables como
perseverancia, logro, salud física y bienestar han hecho de esta materia uno de los
puntos centrales de la psicología positiva (Peterson y Bossio, 1991).

Scheier y Carver (1992) lo definen como la tendencia a creer que uno


experimentará buenos resultados en la vida.

Avia y Vázquez (1998) consideran que es una dimensión de la personalidad


que varía relativamente poco a lo largo de la vida.

El estudio del optimismo, considerado desde el punto de vista de las


implicaciones en la adaptación de las personas a diferentes campos (laboral,
personal, familiar, etc.), como constructo de la personalidad, ha adquirido
recientemente un notable interés (Arcenillas, 2003). Este interés moderno nace de la
constatación del papel jugado por el pesimismo en la depresión (Beck, 1967). A raíz
de esta constatación, son muchos los estudios que demuestran que el optimismo
tiene valor predictivo sobre la salud y el bienestar, además de actuar como
modulador de eventos estresantes (Peterson, Seligman y Vaillant, 1988) y ser un
potenciador del bienestar en las personas que no presentan trastornos pero quieren
mejorar su calidad de vida (Seligman, 2002).

Scheier y Carver (1985, 1987, 1992), Scheier, Weintraub y Carver (1986)


consideran que esta variable ejerce una influencia diferencial en relación a la
valoración y afrontamiento de las dificultades, respecto a la forma en que nos
desenvolvemos en el mundo social y académico, y en relación al bienestar psíquico
y físico. Los trabajos de Chang, Rand y Strunk (2000) determinan que el optimismo
es determinante para el ajuste psicológico y físico, al correlacionar esta variable de
manera positiva con el “Burnout”.

Sleber (1992) observan cómo los pensamientos optimistas actúan de barrera


ante situaciones estresantes.

119
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Scheier y Carver (1985), Seligman (1999) consideran en función de los


resultados de sus investigaciones que el optimismo aporta beneficios en muy
distintos ámbitos, pero sobre todo en relación a la salud, donde desarrollar
características positivas (como el optimismo) contribuye a la protección contra
enfermedades físicas y mentales. En el medio laboral Green, Walkey y Taylor (1991)
refleja estas consecuencias positivas al señalar que ante el éxito de toda tarea son
necesarias tres habilidades básicas: saber elegir la tarea, mantener una motivación
constante y organizarse para desempeñarla (destacando especialmente la segunda
habilidad). En el mundo deportivo, Seligman (1999) indica la importancia de
pensamientos optimistas de cara a lograr un buen rendimiento.

Garrosa, Moreno-Jiménez, Rodríguez y Morante (2003) señalan que el


optimismo parece correlacionar en mayor medida con autoeficacia, persistencia,
disposición para aprender y manejar situaciones nuevas.

Arcenillas (2003) obtiene en su investigación con profesores de primaria de


Leganés, que el factor optimismo (junto con la variable personalidad resistente)
actúa como una de las variables de personalidad más relevantes con efecto
modulador sobre el “Burnout”, contribuyendo a amortiguar este síndrome,
especialmente en relación a la dimensión Cansancio Emocional.

Otero-López et al. (2010) señalan que un bajo nivel de optimismo correlaciona


con altos niveles del síndrome en los docentes.

Chan, Kwok y Yeung (2004), Mäkikangas y Kinnunen (2003), Otero-López et


al., (2010) reflejan el efecto positive del optimism contra el “Burnout”.

Moreno-Jiménez et al. (2005) obtienen con una muestra de docentes de


primaria que las variables de personalidad positiva intervienen con coeficientes de
tipo negativo en las variables de Cansancio Emocional y Despersonalización, y
positivo con Realización Personal. Estos mismos autores recogen la capacidad
predictiva de esta variable sobre el síndrome aunque siendo muy baja tanto para la
sintomatología física (7,2%) como la psicológica (8,2%) lo que indica la
multidimensionalidad de las variables que intervienen en el desarrollo del “Burnout”.

120
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

LOCUS DE CONTROL
El locus de control se presenta como una característica relativamente estable
de la personalidad (Rotter, 1966) que actúa con efecto modulador de la respuesta de
estrés (Peiró et al., 1995). Las personas con un locus de control interno asumen que
las decisiones y acciones personales influyen en sus consecuencias, mientras que
las personas con un locus de control externo consideran que dependen del destino
y/o la suerte. Es esperable que los profesores con una expectativa generalizada de
locus de control interno perciban los eventos del aula como consecuencia directa de
sus propias acciones y control personal.

Algunos autores como Calvete y Villa (1999), Maes y Anderson (1985),


Martínez-Abascal (1997), Rose y Medway (1981) afirman que no existen resultados
concluyentes respecto al locus de control y “Burnout” docente. Rosenman y
Friedman (1983), tomando en cuenta que la percepción de un cierto control parece
reducir el nivel de estrés, predicen que los profesores con un locus de control interno
manifestarían menor grado de estrés. Los resultados sin embargo no confirman
claramente la hipótesis. Así pues, para este autor no queda clara la relevancia de
este constructo cognitivo como mediador entre la percepción de control y el
“Burnout” docente (tabla 2.3.10.).

No obstante, McKnight y Glass (1995) encuentran asociación significativa


entre percepción de incontrolabilidad y niveles de Cansancio Emocional, Realización
Personal y sintomatología depresiva, así como mayores niveles de “Burnout” a
medida que el sujeto incrementa la exactitud percibida con respecto a su propio
control sobre el trabajo (locus interno). Akomolafe y Poppola (2011) en un estudio
llevado a cabo con 300 docentes de centros de educación secundaria de Nigeria
señalan al locus de control y la inteligencia emocional como fiables predictores del
síndrome de “Burnout”.

Sin embargo, la mayoría de las referencias encontradas en la literatura


señalan que los profesores con mayor locus de control externo presentan mayor
tendencia a sufrir “Burnout” (Buendía y Riquelme, 1995; Byrne, 1994; Farber, 1991;

121
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Fielding, 1982; Kyriacou, 1987; McLaughlin, Pfeifer, Swanson-Owens y Yee, 1986;


Meehling, 1982; Moriana y Herruzo, 2004; Spector, 1984; Stone, 1982). Para
McKnigth y Glass (1995) esta percepción de incontrolabilidad se asocia al
Cansancio Emocional, falta de Realización Personal y sintomatología depresiva.
McIntyre (1984) en una investigación realizada con maestros de educación especial
de 28 escuelas de Estados Unidos observa que el locus de control correlaciona con
las escalas del MBI (Maslach y Jackson, 1981) de forma significativa, existiendo una
correlación positiva con la escala Cansancio Emocional y Despersonalización, y
negativa con Realización Personal. De este modo, cuando los valores de locus de
control aumentan (indicando un locus de control externo) lo hacen también los
valores de Cansancio Emocional y Despersonalización, es decir, que los maestros
con locus de control externo presentan un mayor nivel de “Burnout”. Afirmación que
estaría de acuerdo con la mayoría de las investigaciones encontradas.

Capel (1987) en un estudio con 78 profesores de educación secundaria de


Inglaterra afirma que el locus de control es el mejor preeditor de estrés en los
docentes. Un locus de control externo y una puntuación elevada en ambigüedad de
rol se asocian con altos niveles de estrés y elevado “Burnout” respectivamente.

Byrne (1994) señala para su muestra de profesores canadienses que el locus


de control externo y la autoestima son factores que actúan como mediadores del
“Burnout”.

Calvete y Villa (1999) en una muestra de 197 docentes de educación


secundaria encuentran únicamente un efecto significativo del locus de control para la
variable ansiedad, obteniendo las mayores puntuaciones los profesores con locus
externo. Estos mismos autores señalan la relación entre locus externo, creencias
irracionales sobre la enseñanza e incremento en los niveles de “Burnout”.

Para Maslach y Leiter (1997) lo realmente importante no es el propio locus de


control, sino que cuando las personas carecen de habilidades de control, ya sea
individual o compartido, aumenta la vulnerabilidad al “Burnout”.

122
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 2.3.10. Locus de control y “Burnout” docente

No hay diferencias Mayor “Burnout” con locus de Mayor “Burnout” con locus
significativas control externo de control interno
Calvete y Villa (1999), Buendía y Riquelme (1995), Byrne, McKnight y Glass (1995).
Rosenman y Friedman (1983), (1994), Farber (1991), Fielding (1982),
Maes y Anderson (1985), Kyriacou (1987), McIntyre (1984),
Martínez-Abascal (1997), Rose McLaughlin et al. (1986), McKnigth y
y Medway (1981). Glass (1995), Meehling (1982),
Moriana y Herruzo (2004), Spector
(1984), Stone (1982).

EXPECTATIVAS RELACIONADAS CON EL MODO DE REGULACIÓN NEGATIVO


(NMR)
Este concepto se enmarca en la teoría de aprendizaje social de Rotter (1954,
1982) para explicar las expectativas que tienen las personas de cara a reducir los
modos negativos de regulación que experimentan (Catanzaro y Mearns, 1999). De
esta definición se desprende que el NMR es un concepto muy cercano al de
estrategias de afrontamiento y al de locus de control.

Las personas con alta expectativa en NMR creen que ellos mismos pueden
mejorar su estado de sentimientos cuando atraviesan una experiencia negativa; por
el contrario las personas con una baja expectativa en NMR se sienten indefensas e
incapaces de mejorar su estado anímico.

Para Mearns y Cain (2003) las expectativas de NMR lo son de control


personal, similares al concepto de locus de control; sin embargo, estos autores
señalan que mientras que locus de control representa una creencia global acerca del
control de uno mismo sobre los refuerzos que recibe de modo general, las
expectativas en NMR son un componente emocional.

Mearns (1991) destaca la posibilidad de que las expectativas de NMR estén


relacionadas con el concepto personalidad resistente. Para Mayer y Salovey (1993),
Salovey, Mayer, Goldman, Turvey y Palfai, 1995) en el NMR hay un componente
esencial, la inteligencia emocional.

123
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Las expectativas de NMR predicen el uso adaptativo de estrategias de


afrontamiento activo, así como menores incidencias de las consecuencias negativas
del estrés, tales como ansiedad, depresión, problemas físicos de salud, y abuso de
alcohol (Mearns, 1991).

Mearns y Cain (2003) emplean la escala NMR (Catanzaro y Mearns, 1990)


para llevar a cabo un estudio con 86 profesores de escuelas de primaria de
California, obteniendo que altos niveles de estrés se asocian con estrategias de
afrontamiento inadaptadas y mayores experiencias de “Burnout” y distrés. También
se recoge que a más altas expectativas de NMR mayor es el uso de estrategias
activas de afrontamiento y menores son los niveles de “Burnout”. Para estos
autores, independientemente de cómo reaccionan las personas con respecto a los
sucesos estresantes, tener una fuerte creencia en las propias capacidades de
afrontamiento las hace menos vulnerables con respecto a las consecuencias
negativas del distrés. El estrés laboral y las bajas expectativas de NMR se
relacionan con baja Realización Personal. Así, los docentes que creen que pueden
regular sus NMR experimentan menos “Burnout” y menos distrés.

INTELIGENCIA EMOCIONAL (IE)


Hargreaves (1998) reflejó que “las emociones están en el corazón de la
enseñanza”.

Tal y como recogen Extremera y Fernández-Berrocal (2005) la IE se configura


como una reciente línea de investigación dentro del campo de la psicología
diferencial. Para Galindo (2006) la IE aplicada al contexto educativo sirve “para
aumentar el grado de motivación de las personas hacia lo que hacen. Y también
para que lo que hacemos lo hagamos con sentido y absoluta conciencia. Que no
sean las situaciones las que nos manejen a nosotros, sino nosotros quienes
decidamos en las situaciones” (pp. 9).

Mayer y Salovey (1997) la definen como la habilidad personal para percibir,


asimilar, comprender y regular las emociones propias y las de los demás. Estas
habilidades emocionales se consideran predictivas de un mejor afrontamiento ante

124
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

sucesos vitales cotidianos y de mayores niveles de bienestar y ajuste psicológico,


especialmente en las dimensiones de comprensión y regulación (Salovey, Bedell,
Detweiler, 1999; Salovey, Mayer y Caruso, 2002).

Para Extremera y Fernández-Berrocal (2005) existen evidencias en el ámbito


organizacional de que la IE podría jugar un papel importante como recurso personal
de cara a poder afrontar situaciones laborales. Si consideramos que el estrés o el
estrés laboral es una reacción emocional negativa, la IE se considera un factor
protector que disminuye el riesgo de padecer estrés laboral o actitudes negativas
hacia el trabajo (e.g., bajo compromiso organizacional, baja satisfacción laboral,
etc.). Así, algunos estudios afirman que la IE es un recurso personal que facilita una
mayor percepción de autoeficacia y un mejor afrontamiento a los múltiples conflictos
y reacciones negativas del entorno laboral.

Salgado, Yela, Quevedo, Delgado, Fuentes, Sánchez, Salmurri y Skoknic


(2003) encuentran con una muestra de 50 profesores que tras la aplicación de un
programa de educación emocional al grupo experimental se producía, entre otros
efectos, una reducción drástica de los días de baja laboral de todo el profesorado del
centro escolar.

Extremera, Fernández-Berrocal y Durán (2003) examinan el papel de la IE y


su relación en la aparición del “Burnout” y con el desajuste emocional en profesores
de secundaria, así como su relación con determinadas estrategias de afrontamiento
(como la supresión de pensamientos). Mediante el uso del TMMS (Trait Meta-Mood
Scale; Fernández-Berrocal, Extremera, y Ramos, 2004) como medida de la IE en
formato de autoinforme, los resultados obtenidos indican que el nivel de IE
autoinformado de los docentes y la tendencia a suprimir los pensamientos negativos
explican parte de la varianza de las dimensiones de “Burnout”. En concreto, para la
variable salud mental y cada una de las dimensiones del “Burnout” los resultados
indican que el profesorado con mayor tendencia a suprimir pensamientos negativos
y menor capacidad de reparación emocional obtiene un mayor grado de Cansancio
Emocional, Despersonalización y puntuaciones más bajas en salud mental. En
cambio, los docentes con mayor capacidad para reparar y discriminar sus estados
emocionales puntúan más alto en Realización Personal. Dividiendo a los docentes

125
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

en grupos extremos (altas y bajas puntuaciones en cada una de las dimensiones del
“Burnout”) se observa que, el grupo que informa de alto Cansancio Emocional se
diferencia del grupo con menor nivel en que obtienen mayores puntuaciones en
atención emocional y supresión de pensamientos, y menores niveles de reparación y
salud mental. El grupo de profesores con alto nivel de Despersonalización presenta
menores índices de reparación y mayor tendencia a suprimir sus pensamientos. El
grupo de docentes con altas puntuaciones en Realización Personal obtiene
puntuaciones más elevadas en claridad emocional y reparación de las emociones.

Extremera y Fernández-Berrocal (2005) encuentran resultados similares. En


concreto, en un estudio con 42 profesores de secundaria de Málaga y las Palmas de
Gran Canaria observan relaciones significativas entre la escala de manejo emocional
del MSCEIT (Mayer Salovey Caruso Emotional Intelligence Test; Mayer, Salovey y
Caruso, 2002) y puntuaciones en “Burnout” y salud mental. Las puntuaciones en
manejo emocional se relacionan de forma positiva con salud mental y Realización
Personal del profesorado, mientras que correlaciona de forma negativa con
Despersonalización. Por otra parte, manejo emocional explica la varianza
significativa en salud mental y en las subescalas de “Burnout”, incluso cuando se
controlan variables sociodemográficas como sexo, edad y niveles percibidos de
reparación emocional del TMMS (Fernández-Berrocal et al., 2004). Los autores
señalan que aunque el estudio es preliminar y se necesita ampliar la muestra de
docentes para establecer relaciones más sólidas, los resultados obtenidos
proporcionan evidencias de la validez incremental de las medidas de habilidad de IE
en la predicción de indicadores de bienestar emocional y laboral.

Para Extremera et al. (2003) la IE proporciona un buen marco teórico de cara


a conocer los procesos emocionales básicos que subyacen al desarrollo del
“Burnout”, pudiendo ayudar a mejorar la comprensión del rol mediador de ciertas
variables emocionales del profesorado y su influencia en el rendimiento y la calidad
de sus servicios en el aula y de su propio bienestar personal. Asimismo, subrayan la
importancia de las habilidades emocionales personales para afrontar
inteligentemente situaciones altamente afectivas que ponen al docente al límite de
sus recursos. Estas habilidades se deben tener en cuenta para prevenir la aparición
del “Burnout” en la práctica docente.

126
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

En el proceso para entender cómo surge la emoción, Galindo (2006) nos


recuerda que se puede adoptar un modelo de dependencia emocional (son los
demás o las cosas las que me hacen sentir de una determinada manera) o un
modelo de autonomía emocional (hay algo en mí que hace que explosione y es esa
pieza interior la que explica que me sienta de una determinada manera). Adoptar el
segundo modelo facilita identificar las partes que se activan ante algunas personas
(las que nos causan conductas negativas). Dado que para el autor hablar de IE es
hablar de inteligencia relacional donde las emociones son fruto de las relaciones
(conscientes o inconscientes) considerar este punto puede ser de gran ayuda en la
comprensión del “Burnout”.

Akomolafe y Poppola (2011) señalan al locus de control y la inteligencia


emocional como fiables predictores del síndrome de “Burnout”, coincidiendo con los
resultados obtenidos por Mendes (2003), Chan (2006) respecto de la IE.

COMPONENTES DEL YO (SELF)


El self ha sido uno de los conceptos más estudiados en psicología,
experimentando en los últimos años un alto interés en su estudio desde diferentes
orientaciones empíricas. El self es un concepto complejo, multidimensional y
dinámico, no exento de divergencias a la hora de plantear los conceptos
autorreferenciales que lo conforman. Autores como Guidano (1995), Mead (1934) lo
consideran un proceso organizador continuo a lo largo de toda la vida, de ahí que el
self no se considere nunca terminado, estable y verdadero, estando por tanto
siempre en evolución. El autoconcepto general de una persona está integrado por
autoconceptos más específicos ligados a vertientes y contextos más particulares. Si
el autoconcepto general es válido para los diferentes contextos en el que se mueve
una persona, los autoconceptos específicos (académico-profesional, afectivo-
emocional, social, físico) se activarán y se volverán funcionales dependiendo del
contexto (Aramburu y Guerra, 2000).

En nuestro trabajo consideraremos la Autoconciencia, Autoconfianza,


Autoconcepto, Autoestima, Autoeficacia, Motivación, Satisfacción laboral y

127
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Orientación Profesional como principales componentes del self en su relación con el


“Burnout”.

AUTOCONCIENCIA
Thompson, Page y Cooper (1993) consideran la autoconciencia como una
variable personal conceptualizada como la capacidad de autorregular la percepción
o anticipación de las discrepancias entre demandas y recursos durante el desarrollo
de una tarea determinada.

Para los autores, un alto nivel de autoconciencia intensifica la tendencia a


autopercibirse y a concentrarse en la discrepancia estresante, lo cual afecta de
forma negativa al estado de ánimo del sujeto que reduce la confianza profesional,
variable reguladora muy próxima a la autoeficacia. Esta disminución en la confianza
percibida repercute en el sujeto mediante bajos sentimientos de Realización
Personal laboral, y que en forma de Cansancio Emocional puede conducir al
abandono mental, o a través de la Despersonalización al abandono conductual
(figura 2.3.1.).

Figura 2.3.1. Autoconciencia y “Burnout” según Thompson et al. (1993)

128
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

AUTOCONFIANZA
Gil-Monte, Peiró y Valcárcel (1995) definen este concepto como la creencia o
el grado de certeza que los individuos tienen sobre su habilidad para tener éxito en
la tarea. En 1996 presentan una investigación con trabajadores y docentes de
centros ocupacionales de discapacitados psíquicos donde la autoconfianza figura
como variable antecedente del “Burnout”, y que junto con la ambigüedad, el conflicto
de rol y el apoyo social, presenta un papel predictor significativo de la
autorrealización.

Para Zembylas (2005) confianza y autoestima están íntimamente


relacionadas y ambas constituyen el núcleo básico de la identidad profesional.

AUTOCONCEPTO
Un gran número de estudios encuentran asociaciones generales entre
autoconcepto y “Burnout” en profesores (Anderson e Iwanicki, 1984; Friedman y
Farber, 1992; Lunenburg y Cadavid, 1992).

Alfred-Liro y Sigelman (1998), Musitu y Roman (1982), señalan desde una


perspectiva cognitiva-individual que uno de los principales factores protectores frente
a la desviación del “Burnout” es el autoconcepto.

Jones (1990) considera el autoconcepto como lo que pensamos sobre “el yo”.
Purkey (1970) define el autoconcepto como un sistema complejo y dinámico de
creencias que un individuo considera verdaderas respecto a sí mismo teniendo cada
creencia un valor correspondiente. Shavelson, Hubner y Stanton (1976) completan la
definición anterior indicando que el autoconcepto no es más que las percepciones
que una persona mantiene sobre sí misma formadas a través de la interpretación de
la propia experiencia y del ambiente, siendo influenciadas, de manera especial, por
los refuerzos y feedback de los otros significativos así como por los propios
mecanismos cognitivos tales como las atribuciones causales. Tanto en la primera
definición como en la segunda son integrados los aspectos descriptivo y valorativo
del autoconcepto, y se le concede a éste cualidades como la de ser dinámico y
poseer una organización interna útil para asimilar información, guiar el

129
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

comportamiento y, si es preciso, acomodarse a las exigencias ambientales. Ambas


aproximaciones conceptuales coinciden también en subrayar la naturaleza afectiva,
de carácter muy personal, del autoconcepto.

González-Pienda, Núñez, González-Pumariega y García (1997) mantienen


que el autoconcepto es uno de los tres componentes esenciales del self (o
personalidad integral), siendo la visión del mundo y los estilos de vida los otros dos
componentes. El autoconcepto es entendido desde esta perspectiva como la imagen
que uno tiene de sí mismo y que se encuentra determinada por la acumulación
integradora de la información tanto externa como interna, juzgada y valorada
mediante la interacción de los sistemas de estilos (o forma específica que tiene el
individuo de razonar sobre la información) y valores (o la selección de los aspectos
significativos de dicha información con grandes dosis de afectividad). Esta
acumulación de información elaborada proviene de la coordinación entre lo que el
sujeto ya dispone y lo nuevo que debe integrar. Al menos desde esta perspectiva
González-Pienda, Núñez y Valle (1992) consideran el autoconcepto es una de las
variables centrales del ámbito de la personalidad.

Para Markus y Kitayama (1991) el autoconcepto, por medio de los


autoesquemas que lo constituyen, se encarga de integrar y organizar la experiencia
del sujeto, regular sus estados afectivos y, sobre todo, actúa como motivador y guía
de la conducta.

Para Buunk, Schaufeli e Ybema (1994), Carmel (1997), Golembiewski y


Aldinger (1994) poseer un autoconcepto positivo o una buen autoestima es una
condición básica para la estabilidad emocional, el equilibrio personal y, en última
instancia, la salud mental del ser humano.

Pierce y Molloy (1990) en su estudio realizado con 750 docentes de Australia


mantienen que existe una relación negativa entre autoconcepto y “Burnout”.

Fariña, Arce y Suárez (2006) señala en un estudio llevado a cabo con 143
educadores de menores que el autoconcepto juega un papel protector o inmunizante
frente a la Despersonalización, por lo que, para la planificación de programas de

130
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

potenciación frente al “Burnout” se debería considerar como variable a trabajar. Del


mismo modo estos autores señalan que los efectos univariados evidencian que
ninguna de las variables del self de su estudio (autoconcepto, autoestima y
autocomportamiento) están modulados por el factor tipo de trabajo. Es decir, las
consecuencias de trabajar como educador de menores en el autoconcepto, de
encontrarse en los sujetos, no puede interpretarse como propias de un daño laboral
siendo preciso buscar otras causas.

AUTOESTIMA
Las creencias que uno tiene sobre sí mismo pueden actuar como variables
moduladoras de la relación entre los estresores y sus consecuencias.

Galindo (2006) refleja que la falta de autoestima de los profesores es uno de


los tipos de trastornos más comunes, especialmente en los docentes de primaria
pero extensible a secundaria y en menor medida a la Universidad.

Jones (1990) considera que la autoestima es la evaluación, positiva o


negativa del yo, y cómo nos sentimos respecto a ésta. Cherniss (1993) entiende por
autoestima el concepto personal global que la persona tiene de sí misma. Para este
autor los sentimientos de competencia personal son importantes para la motivación
de las personas, pero cuando éstos se frustran, las personas pueden sentir
diferentes síntomas de “Burnout”.

Rosenberg (1973), considera la autoestima como la actitud positiva o negativa


hacia un objeto particular: “el sí mismo”. Este autor señala dos significados
diferentes: una “alta autoestima” en comparación con los demás; o que la persona
crea que es lo “suficientemente bueno”. Para el autor, la segunda concepción es la
idónea, aceptándose la persona y manteniendo una concepción personal de sí
misma favorable, sin que exista competitividad o afán de ser el mejor.

La autoestima profesional puede ser definida como una actitud individual


sobre la competencia, desempeño y valor profesional a lo largo de una dimensión
positiva-negativa y es señalada como un factor importante en el desempeño y la

131
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

satisfacción laboral y vital que actúa como variable moderadora de la relación estrés-
salud laboral (Carmel, 1997; Ganster y Schaubroeck, 1991).

Galindo (2006) recoge la distinción entre la autovalía (o autoestima) que


refleja el proceso centrado en el propio valor, en la necesidad de tener valor y de
depender de otro para ser valorado y la auto-aceptación que es el proceso por
encima del propio valor sin depender de los demás. De esta manera, sólo los que
tienen un valor pueden merecer y sentir autoestima, mientras que todos los seres
son capaces de sentir autoaceptación.

En la mayoría de estudios se observa una correlación significativa entre


docentes con baja autoestima y altos niveles de “Burnout” (Coopersmith, 1967;
Farber 1991; Golembieski y Aldinger, 1994; Hogan y Hogan, 1982; Ianni y Reuss-
Ianni, 1983; Maslach, 1982; Motowidlo, Packard y Manning, 1986; Rosenberg, 1965;
Rosse, Boss, Johnson y Crown, 1991).

Golembiewski y Kim (1989) apuntan que la autoestima disminuye al avance


de las fases del proceso de “Burnout”. Rosse et al. (1991) apoyan la relación
inversa y negativa existente entre autoestima-“Burnout” y añaden además que ésta
puede actuar más como precursor del síndrome y no tanto como consecuencia.

Una autoestima negativa predispone al “Burnout” (Friedman y Farber, 1992;


Sarros y Frise, 1987); por esta razón para que el individuo no presente conductas
asociadas a este síndrome debe presentar una autoestima positiva.

McMullen y Krantz (1988) corroboran que los sujetos con alto Cansancio
Emocional y Despersonalización tienden a mostrar menores índices de autoestima.

McCraine y Brandsma (1988) ofrecen resultados que revelan correlaciones


significativas entre altas puntuaciones en “Burnout” y las obtenidas en escalas del
MMPI (Minnesota Multiphasic Personality Inventyory; Hathaway y McKinley, 1943)
que evalúan entre otras, baja autoestima.

132
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Benavides-Pereira et al. (2002) la principal característica de la profesión


docente es la necesidad de ayudar a los estudiantes a aprender y madurar. Cuando
los docentes dejan de involucrarse con esa tarea, pueden centrarse en otras áreas
que les refuercen, por ejemplo dedicando tiempo en labores que le permitan
mayores ingresos a pesar de ofrecer menor calidad de la enseñanza. Entre otros
aspectos, el resultado final es que el “Burnout” puede terminar con la autoestima del
profesorado, sobre todo en relación a la propia eficacia profesional (Carlotto, 2002).

AUTOEFICACIA
La teoría social cognitiva aporta un marco integrador para poder analizar
cómo las personas se enfrentan y responden a los cambios y demandas que
necesitan las organizaciones, así esta teoría explica nuestra conducta centrándose
en los procesos cognitivos y afectivos que influyen en cómo reaccionamos ante
diferentes situaciones. Estos diferentes estilos de afrontamiento pueden
desencadenar espirales que dependerán de la construcción social que cada persona
elabore de su papel en el medio laboral, su eficacia percibida en el desempeño de
las tareas y su relación con sus colegas.

La teoría social cognitiva señala la autoeficacia como un constructo con efecto


directo sobre otros mecanismos reguladores, moderando la relación entre otras
variables con gran valor predictivo sobre nuestra conducta. Bandura (1986, 1997)
presenta la autoeficacia como la variable cognitivo-afectiva más importante para
comprender y explicar cómo los factores personales y situacionales influyen en la
conducta.

Gil-Monte (2007) define este constructo como “la creencia en la capacidad


personal para organizar y dirigir las fuentes de acción necesarias para afrontar
determinadas situaciones en un futuro inmediato” (pp. 84).

Jerusalem y Schwarzer (1995), Schwarzer (1994), Schwarzer y Greenglass


(1999), Schwarzer y Renner (2000) han demostrado en diversos estudios la
importancia que tienen la percepción de la autoeficacia y las actitudes proactivas
como factores que mitigan el síndrome de “Burnout” en los docentes.

133
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Aunque revisando la bibliografía se detecta el uso de diferentes definiciones


operativas del concepto de autoeficacia, intentaremos ofrecer una visión que no
pretende ser exhausta pero sí al menos global. Para Bergman, McLaughlin, Bass,
Pauly y Zellman (1977) la eficacia del docente se puede definir como aquello por lo
cual el docente cree que puede influir en la conducta de sus alumnos.

Cherniss (1993) introduce el concepto de autoeficacia profesional, entendida


como “la creencia para desempeñar positivamente el rol profesional”,
operativizándolo con tres dominios:
- Orientación: nivel de habilidades del docente en la enseñanza, disciplina y
motivación de los alumnos.
- Interpersonalidad: la habilidad del docente para trabajar de manera harmoniosa
con otras personas, especialmente con colegas, directores y clientes.
- Organización: la habilidad del docente para influenciar sobre las redes sociales y
políticas de la organización.

Guskey y Passaro (1994) lo definen como la creencia del profesor en su


influencia sobre el buen aprendizaje de los alumnos, incluso con estudiantes que
tienen dificultades o que presentan baja motivación escolar.

Para Alden (1986) la percepción de Autoeficacia predice el nivel de estrés y


ansiedad en las relaciones personales.

Para Bandura (1997) la autoeficacia percibida alude a las “creencias que tiene
una persona en sus propias capacidades para organizar y ejecutar los recursos de
acción requeridos que producen determinados logros o resultados” (p. 3). Las
personas con un mayor sentido de autoeficacia experimentan menores niveles de
estrés en situaciones vistas como amenazantes o de sobrecarga, y confían en
mayor medida en su habilidad para hacerlas frente (Bandura, 1997). Otra forma de
entender la eficacia es la “percepción que una persona tiene de sentirse eficaz con
las tareas que lleva a cabo, especialmente con los aspectos que evalúan la valía
personal”. La mayor fuente de autoeficacia es el logro de ejecución, que depende de
la ejecución de la tarea, tanto real como percibida. Otras fuentes son la persuasión

134
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

verbal de los demás, el aprendizaje vicario y la activación emocional. Desde varias


líneas de investigación se evidencia que las propias creencias de eficacia funcionan
como un determinante importante de motivación, afecto, pensamiento y acción
(Bandura, 1992). Para este autor, la autoeficacia es el resultado de un proceso de
aprendizaje, donde las relaciones sociales juegan un papel muy importante, basadas
en cuatro fuentes de información:
- Experiencias maestras que sirven como indicador directo de capacidades. El
éxito repetido en determinadas tareas aumenta la autoeficacia mientras que los
fracasos repetidos la disminuyen.
- Experiencias vicarias que contribuyen a la autoeficacia a través de la
observación de otras personas actuando en condiciones similares.
- Persuasión verbal que lleva a la gente a creer en sus propias capacidades a
través de críticas y evaluaciones verbales positivas, palabras de ánimo, etc.
- Arousal fisiológico como indicador de la vulnerabilidad hacia esta disfunción.

Para Bandura (1997), Maddux (1995) la autoeficacia se define en torno a tres


dimensiones:
- Magnitud: nivel por el cual una persona cree en su posibilidad de actuación.
- Generalidad: la influencia que los cambios en autoeficacia tienen sobre otros
comportamientos y situaciones.
- Fuerza: convicción personal para actuar de un modo determinado.

A su vez estos mismos autores señalan cuatro procesos mediáticos a través


de los cuales la autoeficacia influye sobre el funcionamiento humano:
- La influencia que las metas personales tienen para las personas y las estrategias
que se prevén para alcanzarlas.
- La motivación para persistir ante los obstáculos.
- Los sentimientos personales ante el logro de las metas.
- Selección de situaciones en momentos de cambio.

Bandura (1997) justifica la excepcional importancia de los niveles de


autoeficacia para el ejercicio de la profesión docente, al hacer referencia a los juicios

135
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

que las personas emiten sobre sus propias capacidades para organizar y ejecutar
los cursos de acción requeridos para gestionar situaciones futuras.

Tschannen-Moran, Woolfolk-Hoy y Hoy (1998) considera la autoeficacia como


“las creencia de los profesores en su capacidad para organizar y ejecutar las
acciones necesarias con el fin de conseguir los resultados deseados” (pp. 917).
Estos autores elaboran un modelo de eficacia docente donde incluyen las
propuestas de Bandura (1997) y Maddux (1995) y que refleja su naturaleza cíclica,
donde bajos niveles de eficacia conducen a bajos niveles de esfuerzo y persistencia
que llevan a un deterioro en la conducta y que a su vez repercute en espiral sobre
una, aún menor, eficacia. Autores como Tschannen-Moran et al. (1998) subrayan la
multidimensionalidad y especificidad de este concepto, relacionándolo con factores
del alumno tan importantes como el logro (McLaughlin y Marsh, 1978; Muijs y
Reynolds, 2002), motivación (Midgley, Feldlaufer y Eccles, 1989), valoración del
profesor de innovaciones educativas (Cousins y Walkers, 2000), habilidades de
dirección de aula (Woolfolk-Hoy, Rosoff y Hoy, 1990), o estrés docente (Greenwood,
Olejnik y Parkay, 1990).

Brouwers y Tomic (2000) encuentran evidencias para apoyar también un


modelo cíclico donde altos niveles de conducta disruptiva de los alumnos conduce a
bajos niveles de autoeficacia docente en el manejo del aula, lo cual contribuye al
incremento del “Burnout” docente, que a su vez repercute negativamente al
aumentar la conducta disruptiva de los alumnos, reduciendo el nivel de autoeficacia
del profesorado.

Para Schwarzer y Greenglass (1999) la autoeficacia generalizada es la


confianza en la propia destreza de afrontamiento manifiesta en un amplio rango de
situaciones retadoras, de carácter amplio y estable.

Evers et al. (2002) utilizan tres tipos de autoeficacia en su definición:


autoeficacia para dirigir grupos, para implicar a los alumnos en nuevas tareas y para
aplicar las innovaciones en la práctica docente.

136
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Friedman (2000) nos remite en un primer momento de su investigación al


estudio de la discrepancia en la auoteficacia profesional del docente como un buen
método de aproximación al estudio del “Burnout” (figura 2.3.2.).

Análisis del aula y Autoeficacia Realidad


Proceso Actuación y
tareas organizacionales y del laboral: Afrontamiento
cognitivo resultados
relaciones de requisitos profesor stress

Valoración de
tareas y capacidades (-) (+) (-)
interpersonales
Resultados Resultados
desfavorables favorables
Fuentes de
información eficaz (+)
Burnout

Feedback (-)
informativo eficaz
(+)

Figura 2.3.2. Autoeficacia profesional según Friedman (2000)

Tal y como se recoge en la figura, el proceso para entender el “Burnout” parte


de la discrepancia de los docentes entre sus altas expectativas y la dureza de la
realidad laboral, de modo que sin una adaptación a la realidad del aula, los
profesores noveles entran en un complejo mundo que demanda, rápida y
simultáneamente, respuestas a demandas variadas y a menudo conflictivas. En un
momento dado, los docentes se dan cuenta de que no pueden vivir con esas
expectativas iniciales, considerando la posibilidad de reducirlas, focalizando los
esfuerzos hacia las metas que son importantes para la escuela (como conseguir
buenos resultados académicos), de forma que dejan de lado aspectos importantes
para ellos como atender las necesidades especiales y la calidad de la enseñanza.
De este modo los profesores se frustran, se agotan, se sienten irrealizados, se
queman. Algunos docentes consideran la posibilidad de abandonar la docencia
mientras que otros continúan y aprenden a luchar con el peso laboral. Para
alcanzar éxito laboral Friedman, basándose en Katz (1975), destaca tres habilidades
básicas: habilidad técnica, humana y conceptual. Las humanas aluden a la
capacidad de trabajar de forma efectiva con personas, tratarlas con respeto, y
ayudarlas desarrollando su potencial personal, informal y social. Las conceptuales
aluden a la capacidad de ver la empresa de forma global, reconociendo cómo las

137
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

funciones están interrelacionadas, y cómo los cambios en una parte afectan al resto.
Tal y como hemos visto en este desarrollo teórico, y como recoge Friedman (2003),
los diferentes estudios existentes sobre autoeficacia y “Burnout” usan diversas y
variadas definiciones de la autoeficacia (que se traduce en el uso de diferentes
instrumentos de medida). Sin embrago, Friedman y Kass (2002) elaboran una
concepción de autoeficacia docente de manera más completa al añadir un nuevo
componente al tradicional (que considera la autoeficacia docente únicamente dentro
del aula); la eficacia organizacional, que se convierte en el factor clave de esta
nueva concepción, basándose Friedman y Kass (2002) en los resultados de
Cherniss (1993) donde se apunta como un importante factor en la explicación del
“Burnout, y elaborando los autores el CSC (Classroom and School Context;
Friedman y Kass, 2002).

En el CSC la escala de eficacia del aula, se subdivide a su vez en tres


subescalas:
- Instrucción: habilidad del docente para ser un buen instructor (7 ítems).
- Control de la disciplina: habilidad del profesor para controlar e intervenir en la
disciplina del aula (3 ítems).
- Consideración: (7 ítems) habilidad para mantener abiertos los canales de
comunicación entre alumnos y profesores, mantener el respeto mutuo, observar
la necesidad de apoyo de los alumnos y mantener un clima interpersonal cálido.

La escala de eficacia organizacional se compone de dos subescalas:


- Influencia: (8 ítems) valora la habilidad del docente para comunicarse de manera
asertiva con sus colegas, director y familias, manteniendo buena relación con
éstos.
- Inclusión: (5 ítems) mide el sentimiento del docente de sentirse capaz de ser
involucrado en las actividades del centro, influir en ellas, marcar diferencias, y
usar de forma efectiva los recursos del centro.

Según este modelo, en ambos contextos los docentes deben desarrollar


habilidades tanto profesionales como interpersonales. Así, tal y como se puede

138
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

ver en la tabla 2.3.11. autoeficacia es multifacética y detallada, relativa al amplio


rango de funciones del docente.

Tabla 2.3.11. Medida de la autoeficacia docente propuesta en el modelo “Clase y contexto

escolar” de Friedman y Kass (2002). Tomado de Gil-Monte (2007)

(A) Creencias de eficacia en la clase (B) Creencias de eficacia organizacional


1. Eficacia en la instrucción: creencia del 1. Influencia en la organización o relaciones
profesor sobre su capacidad para interpersonales en la organización:
enseñar, impartir docencia interesante, percepción de la capacidad para ser
ser espontáneo, improvisar y motivar aceptado sociilmente, asertivo e influir.
2. Eficacia en el control-disciplina: 2. Inclusión en la organización: percepción
capacidad percibida para controlar la de capacidad para estar activo en tareas
disciplina o problemas de conducta con escolares. Se asocia con asumir
calma y efectividad. responsabilidades, compartir información,
3. Eficacia en la consideración-empatía: participar en procesos de decisiones y
capacidad percibida para estar alerta, gozar de la confianza de la dirección.
atento y sensible a los problemas de los
alumnos, preocuparse y cuidar sus
necesidades emocionales y cognitivas
dentro del aula.

En una revisión de estudios sobre autoeficacia docente, Ross (1998) muestra


cómo ésta afecta a numerosas variables de gran importancia en el medio escolar.
Entre sus ejemplos encontramos la influencia que tiene sobre la motivación de los
alumnos (Bergman et al. 1977; Moore y Esselman, 1992), sobre las actitudes
prosociales del alumnado (Borton, 1991; Cheung y Cheng, 1997), la efectividad
escolar (Hoy y Woolfolk, 1993), la adopción por parte del profesor de innovaciones
(Fuchs, Fuchs y Bishop, 1992), y sobre el estrés docente (Bliss y Finneran, 1991;
Parkay, Greenwood, Olejnik y Proller, 1988), y más concretamente, entre estrategias
de afrontamiento, eficacia y estrés (Miller y Seltzer, 1991). Además de influir sobre
éstas y otras muchas variables, en los últimos años se han incrementado el número
de investigaciones centradas en la relación existente entre “Burnout” y autoeficacia
docente (Brissie, Hoover-Dempsey y Bassler, 1988; Brouwers y Tomic, 2000;
Chwalisz, Altmaier y Russell, 1992; Cherniss, 1993; Evers et al., 2002; Friedman,

139
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

1999, 2003; Leiter, 1992; Leithwood, Menzines, Jantzi y Leithwood, 1999;


Rabinowitz, Kushnir y Ribak, 1996).

Gibson y Dembo (1984) sostienen que los profesores con alta autoeficacia
docente consideran que los alumnos desmotivados pueden aprender con un
esfuerzo extra y técnicas adecuadas, que el apoyo de las familias puede aumentar y
que las influencias sociales negativas pueden superarse con una enseñanza eficaz.
Por el contrario, los docentes con baja autoeficacia docente piensan que es poco lo
que ellos pueden hacer si los alumnos están poco motivados, y que el peso que
pueden tener sobre sus alumnos es muy limitado por las influencias de las familias o
de la sociedad.

Chwalisz et al. (1992) encuentran que la percepción de ineficacia profesional


es un importante mediador en el síndrome de “Burnout”. La autoeficacia juega un
papel central en la etiología del síndrome, sin olvidar la contribución de las
condiciones ambientales. Ante la aparición de estresores académicos, los docentes
con una buena percepción de su autoeficacia dirigen sus esfuerzos a solucionar los
problemas, mientras que los docentes con desconfianza en su eficacia intentan
evitar enfrentarse a los problemas académicos e invierten sus esfuerzos en mitigar
interiormente su distrés emocional. Un estilo de afrontamiento basado en la retirada
o el abandono contribuye a aumentar el Cansancio Emocional y la
Despersonalización, conduciendo a un mayor sentimiento de inutilidad.

Salgado et al. (1997) en su investigación con docentes de primaria de


Salamanca observan que las bajas expectativas generales de autoeficacia se
correlacionan con la presencia de “Burnout”, excepto en la subescala de
Despersonalización. Según los autores la percepción de falta de capacidad produce
un desgaste emocional e incompetencia, que trata de ser compensado a través de
un trato más directo y cordial con los alumnos.

Greenglass y Burke (1988) concluyen que presentar dudas acerca de la


propia autoeficacia contribuye significativamente al desarrollo del “Burnout” en los
docentes varones.

140
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Leiter (1992) ante una crisis de autoeficacia hay mayor probabilidad de
sufrir “Burnout”.

Chwalisz et al. (1992) destacan que los profesores con bajas puntuaciones en
su nivel de autoeficacia presentan mayor grado de “Burnout” en comparación con
los colegas que puntúan alto en autoeficacia.

Friedman y Farber (1992) señalan que los docentes que se consideran a sí


mismos menos competentes en el manejo del aula y disciplina, presentan un mayor
nivel de “Burnout” en comparación con docentes con mayor confianza en su
competencia.

Allinder (1994) sostiene que los docentes con alto sentimiento de autoeficacia
están más preparados para experimentar innovaciones educativas. Estos docentes
además de organizar y planificar de forma más efectiva su trabajo, se muestran más
entusiastas con ellos mismos.

Betoret (2006) obtiene con una muestra de 247 docentes españoles de


secundaria que los profesores con alto nivel de autoeficacia y más recursos se
adaptan mejor a las diferentes situaciones sufriendo menos estrés y “Burnout” en
comparación con sus colegas con bajo nivel de autoeficacia y menos recursos, y
viceversa.

Estar expuesto a estresores laborales crónicos con un bajo sentido de


autoeficacia para hacer frente a demandas laborales y tratar de conseguir apoyo
social en situaciones complicadas, incrementa la vulnerabilidad de sufrir “Burnout”
(Leiter, 1992; Schmitz, Neumann y Oppermann, 2000).

Browers et al. (2000) concluyen que las habilidades del docente para manejar
el aula están significativamente relacionadas con su nivel de “Burnout”. Estos
autores llevan a cabo un estudio longitudinal con 243 profesores de educación
secundaria de los Países Bajos en dos momentos del curso escolar separados entre
sí por 5 meses, mostrando que la autoeficacia docente juega un papel muy
importante en el desarrollo del “Burnout”, especialmente en su dimensión

141
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Despersonalización y Realización Personal. En la investigación se concluye que la


percepción de autoeficacia en el manejo del aula debe ser considerada tanto de cara
a la prevención como al manejo del “Burnout” en docentes de secundaria.

En Grau, Salanova y Peiró (2000) se estudian las consecuencias del estrés


teniendo en cuenta el papel modulador de la autoeficacia en las relaciones entre
estrés y “Burnout” profesional, obteniendo que la eficacia profesional y la
generalizada juegan un papel complementario aunque tienen efectos diferenciados
en función del estresor; la autoeficacia generalizada tiene mayor efecto sobre
satisfacción laboral y Cansancio Emocional, mientras que la autoeficacia profesional
tiene mayor efecto sobre Cinismo y Compromiso Organizacional, encontrando que la
autoeficacia generalizada tiene un efecto moderador en la relación entre estresores
y “Burnout”. Este estudio arroja también una observación a tener en cuenta, niveles
altos de autonomía en el trabajo no están asociados con un mayor bienestar
psicológico de forma directa, sino que depende de los niveles de autoeficacia
profesional de la persona; así, para trabajadores de baja autoeficacia profesional,
una mayor autonomía se asocia con un mayor Cansancio Emocional. Estos mismos
autores concluyen en 2001 que la autoeficacia actúa moderando el estrés laboral, en
cuanto que bajos niveles de autoeficacia se relacionan con altos niveles de estrés
ocupacional. La autoeficacia profesional se asocia de manera positiva con
Realización Personal y negativamente con Despersonalización y Cansancio
Emocional.

So-Kum Tang, Au, Schwarzer y Schmitz (2001) consideran la autoeficacia en


un sentido amplio y estable de la capacidad personal para afrontar con eficacia
situaciones estresantes. Los individuos con bajo nivel de autoeficacia puntúan bajo
en autoestima y tienden a tener pensamientos pesimistas sobre sus posibilidades y
desarrollo personal. Por otra parte, aquellos con una buena autoeficacia se sentirán
más motivados para afrontar tareas desafiantes y tendrán mejor capacidad de toma
de decisiones. Estos autores llevaron a cabo un estudio longitudinal con 269
docentes de Hong Kong, realizando dos mediciones separadas entre sí por seis
meses, los resultados de los datos longitudinales concluyen que el síndrome tiene
implicaciones mentales negativas de la salud.

142
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Evers et al. (2002) obtienen con una muestra de 490 docentes holandeses
que la autoeficacia correlaciona de forma negativa con Despersonalización y
Cansancio Emocional, y de forma positiva con Realización Personal. En su
investigación con 490 docentes de últimos cursos de educación secundaria de
Alemania, utilizando el MBI-NL-ED (adaptación alemana del MBI de Schaufeli y Van
Horn, 1995), una escala de 5 ítems que recoge actitudes hacia el programa Study-
Home, y una escala de autoeficacia elaborada por los autores y que se basa en tres
escalas (la primera mide autoeficacia docente para guiar a sus alumnos usando el
principio de la diferenciación; la segunda mide autoeficacia del docente para
involucrar a los alumnos en las tareas, y la tercera mide autoeficacia docente para
utilizar innovadoras prácticas educativas) señalan que los análisis correlativos
muestran que la autoeficacia docente en cada una de las tres escalas se relaciona
de forma positiva y significativa con Despersonalización y Cansancio Emocional, y
de forma negativa y significativa con Realización Personal. Las actitudes más
negativas de los docentes con respecto al programa Study-Home están ligadas al
sentimiento de Despersonalización y Cansancio Emocional y a la baja sensación de
Realización Personal. Los docentes de mayor edad y con más experiencia en la
docencia presentan una actitud más negativa hacia el programa y una mayor
reticencia al uso de prácticas innovadoras educativas y asesoramiento de alumnos.
Los profesores con peores actitudes hacia el programa pasan un mayor porcentaje
de sus clases empleando métodos pedagógicos tradicionales al tiempo que puntúan
más bajo en las tres escalas de autoeficacia. Los resultados obtenidos están, según
los autores, de acuerdo con los obtenidos previamente por Brissie et al. (1988)
quienes encuentran que los profesores con alta puntuación y confianza en sus
capacidades sufren menos “Burnout” que los colegas con bajas puntuaciones.
Brouwers, Evers y Tomic (1999) señalan la importancia de la autoeficacia en el
manejo del aula como variable relacionada con altos niveles de “Burnout”.

Para Hastings y Bham (2003), hay numerosos estudios que demuestran que
la autoeficacia docente para manejar la conducta de los alumnos y la del grupo es
un factor muy importante en el desarrollo del “Burnout”.

Friedman (2003) utilizando el CSC (Classroom and School Context; Friedman


y Kass, 2002) con 1500 docentes de Israel obtuvo correlaciones bajas-moderadas

143
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

(desde r=.12 hasta r =-.38) entre “Burnout” y autoeficacia, significativas y negativas,


donde a nivel general un menor nivel de autoeficacia se asocia con un mayor nivel
de “Burnout”. Las correlaciones más destacadas entre las diferentes escalas y
“Burnout” son las siguientes: consideración y Despersonalización r-.38; “Burnout” y
consideración r= -.29; “Burnout” e influencia r =-.27. Así, únicamente las escalas de
influencia y consideración contribuyen de manera significativa a la predicción de
“Burnout”. Los autores señalan que estos resultados que abogan por una relación
entre autoeficacia y “Burnout”, pero de manera moderada, están de acuerdo con los
resultados de otras investigaciones, donde se pone el énfasis en el papel moderador
de esta variable (Guertin y Courcy, 1999). Friedman (2003) elabora un modelo
causal del efecto de la autoeficacia sobre el “Burnout”. (Figura 2.3.3) Como se
puede comprobar la autoeficacia es un factor que afecta de manera directa e
indirecta en el “Burnout” docente, y donde el sentido de autoeficacia docente se
relaciona con diversas y complementarias fuentes.

Shock: discrepancia entre Sensación de


Altos niveles de
lo esperado y la realidad baja realización, Problema Abandono de
idealismo Burnout
sin buena autoeficacia frustración y existencial la profesión
y compromiso
profesional agotamiento

Adaptación y
recuperación

Continuar la
docencia

Figura 2.3.3. Modelo de Autoeficacia. Friedman (2003)

Para Moriana y Herruzo (2004) presentar mayor autoconciencia, autocontrol y


autoeficacia son tres factores protectores ante el “Burnout”; por otro lado, niveles
altos de “Burnout” correlacionan con puntuaciones bajas en estas variables.

Tal y como reflejan Salanova, Cifre, Grau, Llorens y Martínez (2005) la


interacción en la docencia de variables consideradas obstáculos o facilitadores

144
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

tienen un efecto sobre la creencia de eficacia del profesor, repercutiendo de manera


negativa sobre el “Burnout”.

Aunque en el MBI-GS (Maslach et al., 1996) la eficacia profesional se


considera una tercera dimensión de los componentes del “Burnout”, Llorens, García
y Salanova (2005) señalan la cada vez mayor tendencia a considerar la eficacia
profesional como un antecedente inmediato y no tanto como un propio componente,
de esta forma crisis prolongadas temporalmente desencadenan el proceso de
“Burnout”. Estas autoras elaboran un modelo de ecuaciones estructurales en un
estudio longitudinal sobre las relaciones entre obstáculos, falta de eficacia percibida
y “Burnout”, confirmando que el síndrome se desarrolla a lo largo del tiempo ante
crisis de eficacia percibida, que a su vez, se produce por la percepción de
obstáculos (sociales y/o técnicos) en el centro educativo. La percepción de
obstáculos en el centro escolar provoca una disminución en las creencias de eficacia
del docente, percibiéndose poco competente en su labor; con el paso del tiempo
esta percepción de baja competencia incide sobre su malestar, aumentando el nivel
de “Burnout”. A través de la relación causal reversa existente entre síndrome y
obstáculos laborales, se confirma que la experiencia de “Burnout” en un momento
dado, influye en la percepción de más obstáculos docentes en un futuro, generando
“espirales negativas”.

León-Rubio, Cantero y León-Pérez (2011) señalan en una muestra de 194


docentes universitarios el efecto modulador de la autoeficacia sobre el síndrome
aunque sólo en los casos en los que el individuo puede actuar para modificar las
condiciones estresantes.

MOTIVACIÓN
La motivación laboral puede definirse como el nivel de esfuerzo que las
personas están dispuestas a realizar en su trabajo (Boada, 1999, 2001; Boada,
Tous, Ester y Vigil, 1998).

145
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

En septiembre del 2006 el sindicato CSI-CSIF, presentó los resultados de la


Encuesta sobre el Plan de Mejora de la Convivencia tras analizar las cifras obtenidas
a partir de su Registro de Hechos Conflictivos, en el que este sindicato recoge casos
de agresión al profesorado. Según este estudio, el 49% del profesorado de Primaria
y Secundaria encuestado manifiesta estar desmotivado para ejercer la docencia y un
12 % tiene miedo a entrar en clase. El estudio apunta también que el 86% ha sufrido
falta de respeto alguna vez. El 65% ha sido agredido verbalmente, y en Secundaria
un 15% del profesorado es agredido físicamente.

Pedrabissi, Rolland y Santinello (1991) en un estudio sobre una muestra de


167 maestros de escuelas primarias en Italia correlacionan las puntuaciones
obtenidas en “Burnout” y motivación (medido con el MISPE: International Matrix of
Teacher´s Professional Self) para obtener en qué grado los docentes están
motivados en su elección profesional, entendiendo la motivación como posible
fuente antiestrés y obteniendo correlaciones estadísticamente significativas entre el
indicador “sí mismo ideal” , “sí mismo real” y “Burnout”. Para los docentes, la
diferencia entre el sí mismo ideal y el real implica Cansancio Emocional y percepción
de baja Realización Profesional. También se obtiene que los docentes que eligen
libremente su profesión presentan menos conflicto entre lo que son y lo que les
gustaría ser como docentes, en comparación con el grupo de docentes “no
motivados” y que han llegado a la docencia de forma indirecta. Además, los
profesores “motivados” tienen significativamente menos síntomas de Cansancio
Emocional y se sienten más Realizados Personalmente.

El modelo de las Características del Puesto (MCP) elaborado por Hackman y


Oldham (1980) pretende determinar qué condiciones laborales permiten una alta
motivación interna de los trabajadores para poder rediseñar el puesto de trabajo.
Este modelo que arroja como fruto de su investigación el JDS (Job Diagnosstic
Survey) considera que un empleado muestra alta motivación interna cuando tiene
tres tipos de experiencias que denominan Estados Psicológicos Críticos (EPC):
Significatividad del trabajo, Responsabilidad sobre los resultados y Conocimiento de
los mismos. Para que un empleado pueda experimentar los tres EPC el puesto
laboral debe cumplir unas dimensiones Centrales del Puesto (DCP): variedad de

146
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Destrezas, Identidad de tareas, Importancia de éstas, Autonomía y


Retroalimentación del puesto. El modelo contempla a su vez tres variables
moduladoras: capacidad y conocimientos relevantes al puesto, intensidad de la
necesidad de autorrealización, y satisfacción con los factores contextuales. Boada,
De Diego y Agullo (2004) con una muestra de profesionales de servicios humanos
de Tarragona entre los que figuran un 36% de profesores no universitarios y
utilizando entre otras escalas el MBI obtienen una vez desarrolladas las regresiones
de las variables predictoras sobre las tres dimensiones del MBI que Cansancio
Emocional es pronosticado positivamente por Características del Puesto (variedad
de destrezas y retroalimentación social) y negativamente por Estados Psicológicos
Críticos (significado percibido del puesto), Resultados Afectivos (satisfacción
general, motivación interna y satisfacción de autorrealización) y Satisfacción
Contextual (satisfacción de la paga). Además, Características del Puesto
(importancia de tareas, autonomía, retroalimentación del puesto, contacto social y
potencial motivador del puesto), Estados Psicológicos Críticos (significado percibido
del puesto, responsabilidad y conocimiento de resultados) y Resultados Afectivos
(satisfacción y autorrealización) predicen positivamente alta Realización Personal
laboral. Así mismo se detecta que Despersonalización es pronosticada
positivamente por Retroalimentación Social y negativamente por Satisfacción
General, con la Seguridad del Puesto y Seguridad Social. Los autores señalan una
evidencia empírica sobre la relación entre las variables motivacionales y “Burnout”-
psicosomatizaciones.

SATISFACCIÓN LABORAL
Entre los autores que señalan que el “Burnout” está relacionado con la
insatisfacción laboral destacan Burke et al. (1984), Cooley e Yovanoff (1996),
García (1991b, 1995), Wolpin, Burke y Greenglass (1991).

Kyriacou y Sutcliffe (1978a), Laughlin (1984), Litt y Turk (1985), Otto (1986),
relacionan en sus investigaciones la satisfacción laboral con el estrés docente
reflejando una relación inversa, donde los profesores con más alta satisfacción
muestran los niveles más bajos de estrés.

147
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Friedman (2000), Friedman y Farber (1992) lo relacionan con la discrepancia


en la percepción que el docente realiza de su competencia y su satisfacción laboral,
considerando esta variable como fuente predictora de “Burnout”.

Cedoline (1982) identifica la “era de la limitada satisfacción laboral donde la


ansiedad mental de los docentes, predominantemente elevada, es la principal causa
de “Burnout” en los profesores” (pp.95).

En cuanto al papel concreto que pueda jugar la satisfacción en el proceso de


“Burnout” no hay acuerdo. Si en el estudio longitudinal de Wolpink et al. (1991) la
satisfacción aparece como consecuente del síndrome, otros autores señalan su
papel como antecedente (Pines y Kafry, 1981; Dolan, 1987; Leiter, 1998). Friesen et
al. (1988) señalan que en los docentes, el “Burnout” puede derivar, tanto del estrés
laboral, como de la no satisfacción de las necesidades motivacionales en el
desarrollo del puesto.

En España, los resultados de algunos estudios como el de Durán et al.


(2001a) señalan que la satisfacción ha de ser considerada como variable mediadora
en relación con el “Burnout”. Montalbán et al. (1996) apoyan la teoría del rol
mediador de las actitudes laborales (satisfacción e implicación) entre las variables
sociodemográficas y del puesto, y el síndrome de “Burnout”.

Maslach y Jackson (1981) precisan correlaciones significativas entre


“Burnout” y satisfacción general (medida por el Job Diagnostic Survey) en una
muestra de profesionales de Servicios Sociales de -.23 con respecto a Cansancio
Emocional y -.22 con Despersonalización. La obtenida en Realización Personal no
resulta significativa.

Farber (1984), Greenglass, et al. (1990), en estudios que median la relación


entre “Burnout” (como variable unidimensional) y satisfacción en profesores
encuentran correlaciones de -.42 y -.61 respectivamente.

Maslach y Jackson (1986) señalan que las personas insatisfechas con las
oportunidades que el trabajo les da para su crecimiento personal y desarrollo laboral

148
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

puntúan más alto en Cansancio Emocional y Despersonalización, y más bajo en


Realización Personal.

Por su parte Wolpin et al. (1991) apoya igualmente la intensidad de las


relaciones en muestras de profesores tanto al considerar el “Burnout” de forma
unidimensional (-.64); como tomando en consideración las tres subescalas: -.54 para
Agotamiento Emocional, -.42 en Despersonalización, y .43 con Realización
Personal.

García (1995) en una muestra de 400 sujetos de los cuales 52 son profesores
de primaria, obtiene correlaciones entre satisfacción laboral medida con la escala
S10/12 (Meliá y Peiró; 1989), y “Burnout” medido con el EPB (García y Velandrino,
1992) de -.43.

Friedman (2003) en investigaciones con docentes anglosajones analiza la


experiencia de trabajo a lo largo de sus carreras profesionales y sus percepciones
respecto de su autoestima, satisfacción laboral y sentido de eficacia, reflejando las
conclusiones de este autor que a mayor tiempo dedicado a la docencia menor
autoestima, autoeficacia y satisfacción reflejan los docentes. Connolly y Sanders
(1986) obtienen resultados muy similares con docentes norteamericanos.

Gil-Monte y Peiró (1997) indican que los límites del rango de intensidad de la
correlación entre ambas variables oscilan desde -.42 hasta -.64.

Jamal (1999) con una muestra multicultural de docentes de diferentes países,


encuentra que las correlaciones entre las dos variables presentan diversas
intensidades en función de la dimensión de satisfacción medida y la procedencia del
colectivo. Así, la muestra canadiense correlaciona -.60, mientras que la pakistaní
alcanza -.42

Cordeiro (2001) mide la satisfacción a través de la variable “volvería a ser


maestro”, obteniendo que los docentes que responden afirmativamente al ítem
presentan niveles medios de “Burnout”, mientras que los maestros que dudan o
niegan esta posibilidad padecen niveles altos, presentando percentiles mayores

149
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

quienes más rotundamente declaran que no volverían a ser maestros, y obteniendo


las mayores puntuaciones en la subescala Cansancio Emocional. O’Brien, Goddard
y Keeffe (2008), siguiendo este mismo índice con 98 docentes australianos tras su
segundo año de ejercicio profesional obtienen que los que respondieron que no
volverían a ser docentes si pudieran dar marcha atrás presentan de manera
significativa mayores puntuaciones en Cansancio Emocional y menor en Realización
Personal en comparación con los colegas que sí volverían a elegir este campo
profesional.

La relación entre satisfacción laboral y “Burnout” no es ni mucho menos


simple. Zedeck, Maslach, Dosier y Skitka (1988) recogen la relación de satisfacción
con las tres escalas del MBI. Alta satisfacción intrínseca y baja satisfacción
extrínseca se asocian con Cansancio Emocional y Despersonalización, mientras que
baja satisfacción intrínseca y baja satisfacción extrínseca se asocian con baja
Realización Personal (tabla 2.3.12.).

Tabla 2.3.12. Satisfacción laboral y “Burnout” según Zedec et al. (1988)

Satisfacción Intrínseca Satisfacción Extrínseca


Cansancio Emocional Alta Baja
Despersonalización Alta Baja
Realización Personal Baja Baja

Durán et al. (2001a) señalan el efecto directo que presenta la satisfacción


laboral y Cansancio Emocional tanto para el modelo propuesto por Gil-Monte, Peiró
y Valcárcel (1995) como para el propuesto por Lee y Ashforth (1993), donde a través
de la importancia de la conexión establecida entre Agotamiento Emocional y
Despersonalización, y la influencia de las variables actitudinales sobre estas
dimensiones se señala la importancia de tiene para el sistema educativo prestar
más importancia al entorno en el que los docentes desarrollan su trabajo. Olabarría
(1995) señala que si bien la insatisfacción laboral aparece como un elemento del
“Burnout”, aquella sólo está ligada al Cansancio Emocional dentro del síndrome y no
fuera de él.

150
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Maslach et al. (2001) señalan una relación negativa que oscila de .40 a .52
concluyendo que aunque la correlación entre insatisfacción y “Burnout” no es muy
elevada se puede predecir cierta relación.

Griva y Joekes (2003) señalan en su estudio con docentes londinenses que


altas demandas laborales se asocian con bajos niveles de satisfacción laboral,
mientras que altos niveles de apoyo social se relacionan con altos niveles de
satisfacción, si bien, hay que destacar que los autores no han podido demostrar que
estas variables, por si solas, sean predictores significativos de la satisfacción laboral.
A su vez destacan que a mayor percepción y atribución otorgada al medio laboral
mayores niveles de satisfacción se obtienen, mientras que las estrategias de
afrontamiento no aparecen como predictor significativo de la satisfacción laboral.

Pierce y Molloy (1990) observan que los docentes del grupo de alto nivel de
“Burnout” presentan menor satisfacción con sus carreras profesionales, se distraen
con más frecuencia, su salud física es significativamente peor y su compromiso
laboral es inferior, en comparación con los compañeros de bajo “Burnout”. Estos
resultados están en la línea de los obtenidos por Kyriacou y Sutcliffe (1978b) y Otto
(1986).

Marchesi y Díaz (2007) en un estudio realizado con 1791 docentes de los


cuales el 45,6% pertenecen a las etapas de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos
señalan ante el ítem “estoy satisfecho con mis condiciones de trabajo” que un
56.5% de los docentes se muestra de acuerdo con ella, manifestando el 32% su
descontento. En estos porcentajes se observan diferencias en diversas variables;
con respecto a la titularidad de los centros, los datos reflejan un mayor descontento
en los centros públicos; con respecto a la etapa educativa los profesores de primaria
(61.2%) se muestran más contentos con las condiciones laborales que los de
secundaria (51.2%). Para los autores podría deberse a que los profesores de
primaria han tenido una formación más semejante a la realidad laboral que viven, en
comparación con los de secundaria, cuya motivación inicial pudo no ser la
enseñanza. Con respecto a la edad de los docentes, se observa una tendencia
decreciente en satisfacción laboral según aumenta la edad del profesor, así mientras
el 66.9% de los docentes de menos de 3 años de experiencia están satisfechos, el

151
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

porcentaje se reduce con los años, reduciéndose al 30% los que afirman no estar
contentos con sus condiciones laborales. En un segundo ítem “estoy satisfecho de
ser profesor” el 93.2% está de acuerdo con dicha afirmación y el 2.5% en
desacuerdo. La tercera cuestión incorporada por los autores pretende conocer si
existen cambios en la valoración de la profesión docente a lo largo del tiempo,
comparando el grado de satisfacción inicial con el actual. A este respecto, un 39.4%
indica estar más satisfecho en la actualidad, el 36.8% responde que menos, y el
23.8% opina que igual que cuando comenzó a trabajar en la enseñanza. En esta
tendencia se aprecian diferencias en función del nivel educativo, encontrándose que
un 42.3% de los profesores que imparten clase en secundaria están menos
satisfechos en la actualidad, mientras que el 44.1% de los de primaria están mucho
más contentos ahora que en sus inicios.

ENTUSIASMO (PASSION)
Aunque la idea general es que la pasión/entusiasmo de los docentes tiene un
efecto positivo sobre los alumnos (Day, 2004; Fried, 1995; Patrick, Hisley, Kempler y
College, 2000) hay posiciones que discrepan respecto al papel que juega la pasión
en la aparición del síndrome, existiendo dos corrientes manifiestas al considerarla
como factor de riesgo o como factor de protección. Dlugos y Friedlander (2001),
Grosch y Olsen (1994), Selder y Paustian (1989), entre otros autores consideran que
la pasión es un antídoto del “Burnout” dado que caracteriza las personas con
energía y vigor en sus trabajos. Sin embargo, otros autores como Coulehan (2002),
Freudenberger y Nort (1985), Marcil (1991) consideran la pasión como una de las
causas del síndrome al llevar a las personas a participar con mucha intensidad en
una esfera de su vida abandonando otros dominios de ésta.

Vallerand y Houlfort (2003) definen la pasión como una fuerte inclinación o


deseo hacia una actividad considerada importante y en la que se invierte mucho
tiempo y gran cantidad de energía. Carbonneau, Vallerand, Fernet y Guay (2008)
consideran que los profesores con alta pasión no se refieren a sí mismos refiriendo
que enseñan sino que son profesores. El modelo de pasión expuesto por
Carbonneau et al. (2008) considera dos tipos de pasión, harmoniosa y obsesiva,
existiendo en consecuencia dos maneras de interiorizar en nuestra identidad una

152
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

actividad. La pasión harmoniosa procede de una internalización de la actividad en la


identidad (Deci y Ryan, 2000; Vallerand, 1997) emanando de una aceptación libre de
la gran importancia de la actividad para la persona, proveniendo por tanto de una
fuente intrínseca y produciendo una alta fuerza motivacional. La pasión obsesiva
procede sin embargo de la internalización del control de la actividad en la identidad
(Deci y Ryan, 2000); así, aunque un profesor disfrute de su profesión, experimenta
un deseo interno de enseñar dado que es la única actividad que le permite mantener
su sentido de propia valía, siendo controlado por la propia actividad y pudiendo
llegar a tomar dimensiones desproporcionadads en su vida personal anulando otras
facetas personales. Los resultados obtenidos en el análisis exploratorio y
confirmatorio de la Escala de Pasión (Rousseau, Vallerand, Ratelle, Mageau, y
Provencher, 2002) apoyan la teoría de la doble tipología.

Carbonneau et al. (2008) realizan un estudio longitudinal separado por tres


meses con 494 profesores de escuelas francocanadienses de Québec. Utilizando
entre otros instrumentos la adaptación francocanadiense del MBI (Maslach y
Jackson, 1986) pero considerando únicamente las dimensiones Cansancio
Emocional y Despersonalización, obtienen que la pasión harmoniosa predice un
incremento en satisfacción laboral y reducción en síntomas del “Burnout”, mientras
que la pasión obsesiva no muestra relaciones, concluyendo los autores que la
pasión docente es un concepto de gran importancia en educación.

ORIENTACIÓN PROFESIONAL
La orientación profesional alude a la valoración que el trabajo tiene para la
persona, e incluye valores, metas, aspiraciones profesionales y deseos (Cherniss,
1980).

El síndrome de “Burnout”, el grado de estrés y la fatiga están influidos por la


relación existente entre la orientación profesional y el tipo de puesto laboral que se
desempeña.

Cherniss (1980) describe cuatro tipos de orientación profesional:

153
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Activistas sociales: personas idealistas, dinámicas, socialmente comprometidas


que desearían cambiar el mundo con su trabajo.
- Escaladores: persiguen obtener éxito, buscan prestigio, responsabilidad y
seguridad económica, siendo muy competitivos.
- Artesanos: centran su interés en el trabajo propiamente dicho, buscan desarrollar
sus habilidades y autorrealizarse tanto personal como profesionalmente,
disfrutando del trabajo.
- Autoorientados: poco interesados por el trabajo propiamente dicho, prestando
más atención a su vida familiar y social, buscan la autosuficiencia y la autonomía,
considerando que solo lo que inviertan en si mismos es lo realmente importante.

Para este autor, la tipología de los Activistas Sociales, es decir, las personas
que tratan de ir más allá de su trabajo, presenta mayor probabilidad de sufrir
“Burnout”.

Greenglass et al. (1990) en un estudio con maestros obtienen datos muy


parecidos a los que recogen Burke et al. (1984) con mandos de la policía donde los
Activistas Sociales muestran los mayores niveles de “Burnout” y menor satisfacción
laboral, los Autoorientados presentan baja satisfacción laboral, y los Artesanos y
Escaladores señalan mayor grado de satisfacción laboral, experimentando menos
“Burnout” y estrés.

Sin embargo, en el estudio de Greenglass et al. (1990) observan con


maestros cómo al cabo de un año, los Autoorientados son los que realmente poseen
el mayor nivel de “Burnout” y de estrés y la menor satisfacción laboral; los Activistas
Sociales obtienen los peores resultados en salud física y psicológica; los
Escaladores presentan baja satisfacción con su pareja, experimentando grandes
conflictos de roles familiares, personales y laborales; y los Artesanos señalan la
mayor satisfacción laboral y personal.

De acuerdo con la perspectiva psicoanalítica, los determinantes inconscientes


de cualquier elección y orientación vocacional refleja la personalidad individual y su
historia familiar. Así, desde este marco teórico las personas eligen la profesión que

154
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

les permite replicar experiencias significativas en su infancia y en base a las


herencias inconscientes que se aportan desde la familia (Pines y Yanai, 2000).

Retelsdorf, Butler, Streblow y Schiefele (2010) confirman a través de dos


estudios (uno de ellos longitudinal) con 281 docentes alemanes un estudio, y con
69 docentes de Israel el segundo estudio (dado el pequeño tamaño de la muestra
los resultados no son significativos) el modelo de “orientación docente de Butler”
(2007) así como que las investigaciones sobre orientación profesional tienen altas
implicaciones en la comprensión de la influencia de la motivación sobre alumnos y
propios docentes. Los autores observan que la orientación profesional es un
predictor positivo sobre interés docente y negativo sobre “Burnout”, explicando el
interés un .37 de la varianza y .34 el “Burnout”. Igualmente observan que una
orientación evitativa hacia el trabajo se relaciona de manera negativa con interés
docente y positiva con “Burnout”.

2.3.2. SOCIODEMOGRÁFICAS

Las variables relacionadas con el ámbito laboral e institucional son factores


intrínsecos a la organización que pueden por sí mismos generar situaciones
negativas para los profesores y que influyen de forma constante y sutil en la
interacción docente-centro escolar.

En este apartado revisaremos las principales variables que correlacionan con


el síndrome de “Burnout”. Sin embrago, no debemos olvidar que las organizaciones
son un complejo sistema de interacciones en las que la participación e influencia de
las variables dificulta, en ocasiones, el análisis de las mismas.

Flores (2001) constata en una muestra de docentes catalanes de educación


secundaria que las mayores fuentes de estrés para los docentes jóvenes radica en
los propios alumnos, mientras que para los docentes de mayor veteranía radica en el
entorno social, explicándolo por la posibilidad de una mejor comprensión en este

155
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

segundo grupo de la situación educativa actual al tener criterios comparativos con


respecto a la situación de hace 20 años.

TAMAÑO DEL CENTRO


En la investigación llevada a cabo por Manassero (1995) encontramos que la
Realización Personal correlaciona negativamente con el tamaño del centro. Así,
mayor tamaño del centro implica menor Realización Personal; y menor tamaño,
mayor Realización. Esto podría deberse a que las colectividades laborales cuanto
más grandes son, resultan más frías e impersonales, dificultando la acogida y la
Realización Personal en los centros.

AÑOS DE PERMANENCIA EN EL CENTRO DE DESTINO


Para Ayuso y Guillén (2008) son pocos los trabajos en español que recojan
esta variable. Sin embargo, en el contexto anglosajón ha sido más tratado, sobre
todo en relación con la ansiedad y la falta de recursos de afrontamiento de los
docentes. En esta línea Connolly y Sanders (1986), Rosenholtz y Simpson (1990),
Malik et al. (1991) convienen que los docentes noveles o de reciente adscripción a
un centro necesitan apoyo para el manejo de conductas y dirigir tareas hasta que
llevan un tiempo medio enseñando y demanden autonomía.

Oliver (1993) con 108 profesores de enseñanzas medias de Madrid observa


en el grupo de docentes que permanecen en los centros de 3 a 4 años una
tendencia a presentar mayores niveles de “Burnout” que disminuye a medida que
aumentan los años de experiencia en el mismo centro.

Cordeiro (2001) en su investigación con maestros de primaria de Cádiz


muestra que independientemente de los años de servicio como docente, los
maestros que están en sus primeros años en el centro de destino muestran niveles
altos o moderados de Cansancio Emocional, que se elevan progresivamente hasta
alcanzar la máxima tras 15 años interrumpidos en el mismo centro. Llevar poco
tiempo de permanencia en el centro de destino (de 0 a 5 años) se corresponde con

156
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

niveles de “Burnout” medios; y llevar más de 15 años de servicio en él se asocia con


niveles altos.

Ayuso y Guillén (2008) señalan el intervalo de 0-2 años de permanencia en el


centro como el que más tasa de “Burnout” y niveles fronterizos tiene sumando el
80% de los docentes. Estos mismos autores añaden que a medida que esta variable
aumenta el número de docentes con “Burnout” crece pero no se dispara,
disminuyendo un poco en el intervalo 2-5 y subiendo un poco hasta que se
mantendría en el intervalo 5-10.

Así pues, no existe un resultado homogéneo en cuanto a esta variable.

NIVEL/ ETAPA EDUCATIVA


Según el informe del sindicato ANPE-Madrid (2006), los riesgos laborales de
tipo psicosocial son más frecuentes en los docentes de ESO y Bachillerato, donde
sufren estos riesgos el 53,2% y el 55,6% de los docentes, respectivamente.

Aunque la revisión bibliográfica realizada no muestra resultados


concluyentes, la línea general parece marcar niveles más altos de Realización
Personal en los niveles educativos de Primaria, mientras que en los niveles de
Secundaria se encontrarían mayores niveles de Despersonalización (tabla 2.3.13.).
A continuación se recogen las principales conclusiones obtenidas mostrando para
cada etapa educativa los autores que han obtenido las mayores puntuaciones en
cada subescala del “Burnout” o a modo general.

Greenglass et al. (1990) encuentran que los docentes de educación primaria


presentan mayores niveles de “Burnout” que los de secundaria. Doménech (1995),
y Ortiz (1995) señalan mayores niveles de “Burnout” en las primeras etapas
educativas. Byrne (1991), Maslach y Jackson (1986), Pierce y Molloy (1990), Russell
et al., (1987), Schwab e Iwanicki (1982b) apoyan estos resultados al encontrar que
durante los primeros cursos son en los que más tendencia tienen a sufrir “Burnout”
docentes por ser los más estresantes.

157
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 2.3.13. Niveles educativos y “Burnout”

Infantil Primaria Secundaria


Doménech (1995), Ortiz Burke y Greenglasse (1989). Anderson e Iwanicki (1984), Beer y Beer
(1995). (1992), Burke y Greenglass (1989),
Guerrero (1996a), Schaw e Iwanicki
(1982b), Manassero (1995), Martínez-
Abascal y Bornas (1992), Van Horn et al.
(1997).
DE CE RP DE CE RP DE CE R
P
Maslach et Ferrando Durán et al. Anderson e Iwanicki Díaz et
al. (1986), (1992). (2001b), (1984), Ferrando (1992), al.
Manassero Ferrando (1992), Gold y Grant (1993), (2012)
(1995). Kantas y Vasiliki Kantas y Vasiliki (1997),
(1997), Maslach et al. (1986),
Manassero Russell et al. (1987),
(1995), Russell Tejero (2006).
et al. (1987).

Por el contrario, para otro grupo de autores, parece que a medida que
subimos en el nivel educativo, a excepción de profesores de Universidad, el
nivel de “Burnout” se incrementan, siendo los profesores de Secundaria los más
afectados (Anderson e Iwanicki, 1984; Beer y Beer, 1992; Burke y Greenglass, 1989;
Feitler y Tokar, 1980; Gold, 1985; Guerrero, 1996b; Manassero, 1995; Martínez-
Abascal y Bornas, 1992; Matud, García y Matud, 2002; Moreno-Jiménez et al.,
2000a; Russell et al., 1987; Schwab e Iwanicki, 1982b; Schwab et al., 1986; Van
Horn et al., 1997). En este sentido, la investigación de FETE-UGT (2006) revela que
a medida que avanzamos en las etapas educativas, los niveles porcentuales de
bajas disminuyen partiendo de un 61,87% en el caso del Segundo Ciclo de
Educación Infantil; pasando por un 58,31%en Educación Primaria y terminando en
un 53,57% en ESO; sin embargo, en el caso de los problemas de estrés, ansiedad,
depresión y “Burnout”, su incidencia es superior a medida que se incrementa la edad
del alumnado. Así, mientras la sintomatología física, somática y social es más
relevante en primaria, los niveles de estrés laboral y “Burnout” suelen darse con más
frecuencia en secundaria. Extremera et al. (2010) obtiene resultados que apoyan
estas conclusiones con una muestra de 240 docentes de Huelva. Rathbone y
Benedict (1980) justifican el mayor nivel de “Burnout” en alumnos adolescente justo

158
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

por las características de esta etapa evolutiva. Para Burke y Greenglass (1989) la
diferencia entre estos dos niveles educativos se explica en base a que enseñar a los
alumnos más jóvenes requiere del profesor menos demandas, a que le proporciona
a éste más recompensas, o a ambas. Lens y Schops (1991) consideran que aparte
de los alumnos, una de las fuentes principales de estrés en secundaria es la
conducta de los padres. Para Gold y Grant (1993) podría deberse al menor interés
que muestran los estudiantes de secundaria y la mayor dificultad para motivarlos.
Para explicar los mayores niveles de “Burnout” encontrados en secundaria, autores
como Anderson e Iwanicki (1984), Beer y Beer (1992) inciden en los problemas de
conducta encontrados en jóvenes y adolescentes, planteando el dilema de la
educación obligatoria y los límites de edad, el fallo de los sistemas disciplinarios y
los enfrentamientos de los alumnos hacia el profesor. Frente a esta situación, el
problema del profesor de primaria está más centrado en exigir un menor número de
ratio de alumnos (problema que también plantean los de secundaria) pero sin
embargo, en primaria los problemas como agresiones, insultos, etc. no son tan
acentuados como en niveles superiores.

Maslach y Jackson (1986) señala que los docentes de centros de secundaria


y primaria presentan menores puntuaciones en Realización Personal que sus
colegas de infantil. Del mismo modo los docentes de secundaria presentan mayores
puntuaciones en Despersonalización que en las otras dos etapas. Kantas y Vasiliki
(1997) en una muestra de 220 docentes griegos obtienen que los docentes de
secundaria puntúan más bajo en Realización Personal y más alto en
Despersonalización en comparación con sus colegas de primaria.

En el estudio de Moral y Gómez (1994) con una breve muestra de profesores


de EGB y Enseñanzas Medias encontramos que sólo existen ligeras diferencias en
la variable Realización Personal entre las dos etapas, siendo el grupo de EGB donde
aparecen las manifestaciones típicas de padecimiento de “Burnout”, obteniendo una
menor puntuación en la escala señalada.

Ferrando (1992) en una muestra con docentes catalanes encuentra que los
maestros de educación primaria muestran una tendencia generalizada a presentar

159
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

niveles de “Burnout” superior a los docentes de secundaria; matizando, no obstante,


que los niveles de Realización Personal y Cansancio Emocional son
significativamente superiores en primaria en comparación con secundaria, pero
existiendo en secundaria una mayor tendencia a presentar niveles más elevados de
Despersonalización. Este resultado estaría parcialmente de acuerdo con el obtenido
previamente por Russell et al. (1987) al afirmar que los docentes de secundaria
muestran mayores niveles de Despersonalización, mientras que los de primaria
obtienen mayores puntuaciones en Realización Personal. Salgado et al. (1997)
observan en su investigación con docentes de primaria de Salamanca mayor
intensidad en Despersonalización en profesores de 2ª etapa en relación a los de 1ª.
En la 2ª etapa, que coincide con la preadolescencia, la relación profesor-alumno
supone una mayor implicación emocional por parte del profesor en relación a la
problemática característica de esa edad. También podría existir una cierta
problemática asociada al conflicto de roles (compañero-profesor) por parte del
docente; este grado de implicación no sería tan alto en los ciclos iniciales, donde es
más fácil conectar con el alumno. Es importante subrayar el hecho de que la variable
relevante en esta investigación sea la intensidad y no la frecuencia de la
Despersonalización.

Manassero (1995) obtiene que el nivel en el que se imparte la enseñanza


muestra diferencias significativas en Realización Personal. Los profesores que
ejercen docencia en los niveles inferiores de enseñanza (infantil y primaria) tienen
puntuaciones en Realización Personal similares entre sí y más altas que los
profesores de Secundaria. Manassero (1995) apunta que esta relación negativa
entre Realización Personal y nivel educativo podría estar latente en la diferente
orientación de la formación inicial en ambos colectivos. Anderson e Iwanicki (1984) y
Gold y Grant (1993) obtienen resultados en esta misma línea afirmando mayores
niveles de Despersonalización y menores en Realización Personal en los docentes
de secundaria, explicado por un menor interés y motivación del alumnado en estos
cursos, mayores problemas de conducta encontrados en jóvenes y adolescentes,
fallo de los sistemas disciplinarios y enfrentamientos alumno-profesor. Durán et al.
(2001b) en una muestra de docentes de Málaga de niveles de primaria, secundaria y
universidad encuentran diferencias significativas en cuanto a Realización Personal

160
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

mostrando que los docentes universitarios presentan la menor puntuación en


Realización Personal, seguidos de los docentes del nivel de secundaria, siendo por
tanto los docentes de primaria los que obtiene mejores puntuaciones en esta
variable.

Moreno-Jiménez et al. (2001) obtienen los docentes de primaria sienten


menor reconocimiento y mayor deterioro físico, mientras que los de secundaria
sienten el peso de una mayor supervisión sobre ellos.

Otero-López et al. (2006) obtiene mayores niveles del síndrome en los


docentes que imparten docencia en el segundo ciclo de la ESO en comparación con
los del primero.

Prieto y Bermejo (2006) no encuentran diferencias significativas en cuanto al


nivel de “Burnout” que sufren los docentes que imparten clase en ESO y
Bachillerato y los que la imparten en Ciclos Formativos, aunque señala medias más
elevadas en manifestaciones psíquicas de malestar docentes para los primeros. Las
autoras consideran que las diferencias más relevantes aluden a los niveles de
primaria y secundaria y no entre los propios cursos de secundaria.

Tejero (2006) concluye que los directores de los centros públicos de primaria
son los que presentan menor nivel de “Burnout”, estrés, Cansancio Emocional y
Despersonalización, y los más satisfechos con su trabajo. Por contra, los directores
de los centros públicos de secundaria muestran la mayor Despersonalización y
menor satisfacción, y junto con los directores de centros concertados también los
más estresados, los más cansados emocionalmente y los de mayor nivel de
”Burnout”.

TIPO DE CENTRO
Los centros se pueden clasificar de muy diversas maneras, y todas ellas
pueden aportar datos interesantes. Considerando la fuente económica (públicos,
concertado o privados); en función de las capacidades de su alumnado (ordinarios,

161
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

educación especial, o con programa de integración); en función de su ubicación


física (rural, urbano, periférico); en función de la ratio de alumnos por aula, de la
diversidad de características que presente el alumnado tanto dentro del aula como a
nivel global de centro, etc.

TITULARIDAD: CENTROS PÚBLICOS/ PRIVADOS


Ferrando (1992) encuentra en docentes de centros de enseñanza pública
mayor grado de “Burnout”, al estar sometidos a fuentes de estrés más intensas y con
mayor frecuencia de trastornos por estrés que los docentes de centros de
enseñanza privados. Así mismo, señala que los profesores de institutos públicos
presentan mayores problemas de salud y menores niveles de Realización Personal
que sus colegas de centros privados.

Prieto y Bermejo (2006) señalan que los docentes de centros públicos


presentan mayor falta de Realización Personal que los pertenecientes a centros
concertados. No obstante, este resultado hay que tomarlo con cautela ya que el
número de docentes de cada tipo de centro era muy desigual en su muestra.

Latorre y Sáez (2009) demuestran en su estudio realizado con 200


profesores de niveles no universitarios de la ciudad de Murcia el condicionamiento
que ejerce el tipo de centro docente (público versus concertado) en la salud psíquica
y física del profesor durante el ejercicio de su profesión, representado por el nivel de
estrés y el apoyo social. El centro concertado produce un mayor nivel de estrés en
el docente pero su mayor nivel de apoyo a todos los niveles parece compensarlo
mostrando finalmente emociones de carácter positivo. Por el contrario, los centros
públicos ejercen un menor nivel de estrés pero la falta de apoyos hace que las
vivencias del profesor sean negativas con sentimientos frecuentes de rabia e ira,
entre otros. Este panorama social conlleva finalmente un mismo nivel moderado de
“Burnout” en ambos colectivos. Para los autores parece razonable concluir, que en la
sociedad actual las condiciones de trabajo entre un profesor de un centro concertado
y otro público son parecidas, y que como consecuencia de ello, su nivel de
Agotamiento Emocional, Despersonalización y Realización Personal sea igual. Díaz
et al. (2012) no obtienen diferencias significativas en función del tipo de centro.

162
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

CENTRO ORDINARIO/ EDUCACIÓN ESPECIAL


La literatura sobre “Burnout” en Educación Especial no refleja resultados
homogéneos, por el contrario, existen datos contradictorios. Sin embargo, si
tenemos en cuenta la cuantía de los resultados obtenidos hasta el momento
podríamos decir que hay más resultados a favor de una mayor prevalencia de
“Burnout” en enseñanzas de Educación Especial. Entre los autores que avalan estos
resultados encontramos a Lawrence y McKinnon (1982), Pierce y Molloy (1990),
Zabel y Zabel (1982). Strassmeier (1992) encuentra en un estudio realizado con 716
profesores de Educación Especial que el 12% de la muestra presenta niveles
superiores de “Burnout”. Sari (2004) en un estudio con 295 profesores de centros
educativos de Educación Especial de Turquía refleja en sus resultados que
profesores y directores de este tipo de centro puntúan más alto en Cansancio
Emocional y Realización Personal, estando estos resultados en consonancia con los
obtenidos por Brouwers y Tomic (2000), Bruneti (2001), Dalton (1991).

Entre los autores que no han encontrado mayores índices de “Burnout” en


Educación Especial en comparación con la educación ordinaria estarían Beck y
Gargiulo (1983).

Cherniss (1985) concluye que con los datos obtenidos de los estudios
realizados no se puede garantizar que el “Burnout” sea mayor en Educación
Especial que en educación ordinaria, opinión que comparten Carretero et al. (1998)
quienes obtienen que el colectivo de profesionales de Educación Especial tiene una
prevalencia del 13,20% (más bien baja) de “Burnout”.

HÁBITAT DEL CENTRO: RURAL/ URBANO


El tipo de centro donde se desarrolla la función docente parece tener
implicaciones en la percepción de estrés por parte del profesorado. Abel y Sewell
(1999) comparan la percepción que tienen maestros de EEUU de medio rural y
urbano sobre su grado de “Burnout”, concluyendo que los maestros de zonas
urbanas (ciudad) presentan mayores niveles de “Burnout” a pesar de que ambos
grupos declaran que la indisciplina y la dureza de los alumnos junto con las
condiciones en las que se desarrolla su trabajo son sus principales fuentes

163
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

estresoras. Para hacer una correcta interpretación de estos resultados hay que tener
en cuenta que en EEUU las áreas urbanas suelen estar asociadas a barrios
marginales de clase social media-baja, y donde los problemas sociales son
frecuentes.

Byrne (1999), García (1990), Leithwood, Jantzi y Steinbach (2001), Smylie


(1999) y Valero (1997) apuntan que existen mayores niveles de “Burnout” en centros
considerados suburbanos en comparación con los urbanos o rurales. El
comportamiento de los alumnos podría ser el factor principal que explicara estos
resultados, ya que sus alumnos frecuentemente pertenecen a minorías marginadas
y a familias multiproblemáticas (drogas, maltrato, delincuencia, etc.) (Moriana, 2002).
Se han indicado otros factores, íntimamente relacionados con el anterior, como
destinos no deseados, entorno social del centro conflictivo, falta de infraestructura y
problemas con los padres de los alumnos (Moriana y Herruzo, 2004).

En el año 2000 se expone en el Congreso Español de Medicina y Enfermería del


Trabajo- VI Congreso Iberoamericano de Medicina del Trabajo (Zaragoza) las
conclusiones obtenidas del trabajo “Encuesta sobre tensión laboral y estrés en la
enseñanza preuniversitaria. Análisis del perfil según centro educativo”, llevado a
acabo por Gómez, Ruiz, Torronteras y Rodríguez (2000) con trabajadores de
enseñanza pública no universitaria de la provincia de Sevilla (15.631 profesores de
infantil, primaria, secundaria y bachillerato), obteniendo los siguientes resultados en
función de la tipología del centro:

 Los docentes de los Colegios Rurales presentan:


- Menor nivel de Cansancio Emocional y Despersonalización.
- Mayor satisfacción y Realización Personal.
- Elevada proporción de trabajos de baja tensión y mayor nivel percibido de
apoyo (compañeros y organización)
 Los docentes de los Colegios Periurbanos presentan:
- Mayor frecuencia de situación de estrés.
- Mayor nivel de Cansancio Emocional.
- Elevada proporción de trabajos de alta tensión.

164
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Elevada proporción de trabajos activos.


 Los docentes de los Colegios Urbanos presentan:
- Mayor frecuencia de salud “límite” y Cansancio Emocional.
- Menor satisfacción (global, con el ambiente y prestaciones).
- Menor nivel de Realización Personal.
- Elevada proporción de trabajos pasivos.
 Los docentes de los Institutos Rurales presentan:
- El mayor nivel de Despersonalización.
- Elevada proporción de trabajos de baja tensión.
 Los docentes de los Institutos Urbanos presentan:
- Menor frecuencia de situación de estrés.
- Menor satisfacción con la supervisión.
- Menor nivel de Realización Personal.
- Menor proporción de trabajos activos.
- Los niveles más bajos de apoyo percibido (compañeros y organización).

Cordeiro (2001) obtiene en su investigación con maestros de primaria que


trabajan en barrios, zonas marginales o deprimidas socialmente de Cádiz, bajas
puntuaciones en Despersonalización; mientras que los compañeros que trabajan en
zonas mejor equipadas puntúan en un nivel medio de la subescala. Pierce y Molloy
(1990) encuentran en su estudio con 750 docentes de Australia, mayor proporción
de docentes de escuelas con bajos recursos socioeconómicos y altos niveles de
“Burnout” (45,7%) en comparación con docentes que obtienen bajos niveles (26,6%).

CENTROS Y AULAS CON ALTA DIVERSIDAD DE ALUMNOS


Parece lógico pensar que los profesores que trabajan con alumnos de
características especiales, como niños con discapacidad, pueden verse afectados en
mayor medida por el “Burnout”. Sin embargo, a pesar de haberse estudiado en
numerosas ocasiones, los resultados no muestran diferencias significativas (Beck y
Gargiulo, 1983; Bensky, Shaw, Gouse, Bates, Dixon y Beane, 1980).

Byrne (1991) en un estudio realizado en infantil, primaria, secundaria y

165
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

universidad, encuentra que el tipo de estudiante sí influye en el nivel de “Burnout”


del profesor. El Cansancio Emocional de los profesores de secundaria aumenta y la
Realización Personal disminuye en profesores de secundaria y universidad cuando
tienen alumnos que no están realizando sus estudios por vocación. De igual modo,
los profesores universitarios informan de un mayor nivel de Realización Personal a
medida que incrementa el curso en el que imparten clase, prefiriendo elegir como
docentes los últimos años de carrera y las licenciaturas, a las diplomaturas, o los
postgraduados, dado el mayor nivel e interés del alumnado.

Freeman y Rees (1999) observan cómo los profesores con baja experiencia
profesional en centros con alta diversidad muestran bajos niveles de satisfacción
laboral y muestran serias dificultades para establecer relaciones satisfactorias con
los alumnos.

Tatar y Horenczyk (2003) estudian la influencia de la multiculturalidad en


docentes de Israel encontrando que el rol laboral, el nivel del aula y la
heterogeneidad cultural son variables significativas y predictoras de “Burnout”. Los
docentes de centros con altos niveles de heterogeneidad cultural presentan altos
niveles de “Burnout”. Como parte de esta amplia interculturalidad los autores
señalan por un lado, que los docentes que trabajan con un gran número de
inmigrantes en sus aulas sufren mayores niveles de “Burnout” a causa de las
necesidades pedagógicas y psicológicas de este grupo de alumnos, y al
sobreesfuerzo del docente para realizar adaptaciones curriculares y preparar
material adicional (Tatar y Horenczyk, 1996), pero también se destaca que esta
necesidad de sobreesfuerzo para poder sacar adelante a estos alumnos tiene la
recompensa del reconocimiento y alabanza por parte de la institución escolar, lo cual
sirve de apoyo a estos docentes ayudando a reducir sus altos niveles de “Burnout”.

En Tatar y Horenczyk (1996) se comprueba que los docentes con altos


niveles de multiculturalidad en sus aulas, que asumen posiciones asimilacionistas y
que trabajaban en centros categorizados de esta misma manera sufren mayores
tasas de “Burnout” en comparación con los colegas que adoptan posturas más
plurales y que además perciben su medio laboral como tal. Sin embargo, los autores
reflejan que estas conclusiones no deben ser tomadas como una relación causa-

166
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

efecto, pues no descartan que las posiciones asimilacionistas de estos docentes


sean la consecuencia de un fracaso tras haber intentado adoptar previamente
posiciones más pluralistas.

La inmigración está contribuyendo a la heterogeneidad cultural de las aulas, lo


cual se convierte en un desafío para el profesor que debe ajustar el estilo de
enseñanza y el currículo a las nuevas necesidades convirtiendo se en un nuevo
factor de estrés (Tatar y Horenczyk, 2003).

Tal y como recoge “La opinión del profesorado sobre la calidad de la


educación Noviembre” Estudio patrocinado por FUHEM Área Educativa (2007), una
clara mayoría de los docentes reclaman un cambio respecto a la atención a los
alumnos con necesidades especiales, tanto por sus dificultades, como por sus
mayores capacidades. Con respecto a la presencia en las aulas de alumnos
inmigrantes y con discapacidad, son mayoría los docentes que están de acuerdo
con ambos colectivos, si bien es más alto el porcentaje que expresa este acuerdo
con respecto al alumnado inmigrante. La aceptación es mayor en ambos casos en
los centros concertados o privados que en los públicos.

RATIO DE ALUMNOS
Aunque es una de las quejas de mayor frecuencia entre los docentes de
cualquier nivel educativo, los resultados parecen indicar que no existe una relación
directa entre alta ratio y “Burnout”, estando las explicaciones teóricas más dirigidas
hacia la tipología del alumnado que a su cuantía.

Petrie (2001) administrando un cuestionario a profesores de primaria de 18


colegios públicos de Texas señala de no significativa la relación entre número de
alumnos por aula y nivel de estrés, atribuyendo ésta situación más al
comportamiento del grupo, que al tamaño del mismo. En su estudio, afirma que los
docentes necesitan más tiempo para atender de forma individualizada a sus
alumnos, sobre todo a los más problemáticos, y observa que los docentes con
mayor número de alumnos por aula no presentan diferencias significativas en
Cansancio Emocional respecto a sus compañeros con menos alumnos.

167
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Oliver (1993) no encuentra diferencias significativas en esta variable para


centros de enseñanzas medias de Madrid, pero recoge la tendencia a que los
profesores que imparten clase a un menor número de alumnos se muestren menos
afectados por el síndrome.

Moriana (2002) señala que quizás el aspecto fundamental de este problema


esté más relacionado con el tipo de alumnos (problemáticos, de centros suburbanos,
poblaciones especiales, nivel de motivación, conductas disruptivas, etc.) que con el
número en sí mismo. Byrne (1991) señala que las cualidades o características de un
grupo de alumnos, independientemente de su tamaño, facilita la función docente del
profesional; sin embargo, a pesar de trabajar con un grupo reducido de alumnos, si
éstos son excesivamente problemáticos es más fácil que el profesor vivencie
experiencias de estrés, sobretodo si además se trata de un grupo numeroso.

Frente a estos resultados, y según los estudios realizados en Australia por


Dorman (2003), el potencial de sufrir estrés emocional en la profesión docente
aumenta considerablemente cuando la ratio de alumnos por aula durante periodos
largos de tiempo es superior a 35. Los docentes sufren un aumento en
responsabilidad, al tiempo que se reducen los niveles de infraestructura y de apoyo
social, variables que pueden llevar al docente a sufrir conductas disfuncionales con
las consiguientes negativas repercusiones tanto para su salud como para el proceso
de aprendizaje del alumnado

Prieto y Bermejo (2006) utilizando el CBP-R (Moreno-Jiménez et al., 2000a)


obtienen correlaciones significativamente negativas entre Realización Personal y
número de alumnos y de grupos por profesor, de tal forma que a mayor número de
grupos y de alumnos los docentes se sienten menos realizados. Para las autoras
estos resultados son comprensibles teniendo en cuenta que al profesor le resulta
más difícil atender las necesidades particulares del alumnado y que avancen
académicamente si el número de alumnos y de grupos aumenta. En su estudio se
observa que los docentes con 5 ó más grupos de alumnos presentan puntuaciones
sensiblemente más elevadas en el índice general de “Burnout” y en sus tres
dimensiones.

168
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

CORRESPONDENCIA ENTRE ÁREA DE CONOCIMIENTO DE DOCENCIA


IMPARTIDA Y DE TITULACIÓN
Cordeiro, Guillén, Gala, Lupiani, Benítez y Gómez (2003) encuentran que los
niveles de “Burnout” de los profesores aumentan a medida que la docencia impartida
a los alumnos se aleja de la especialidad que cursaron en sus titulaciones
universitarias.

Prieto y Bermejo (2006) señalan que los profesores que consideran que sus
áreas de titulación universitaria y las impartidas a sus alumnos se corresponden
nada o poco obtienen medias significativamente superiores que los compañeros que
creen que se corresponden bastante en estrés de rol, “Burnout” y baja Realización
Personal.

ÁREA O DEPARTAMENTO DIDÁCTICO


Sparkers, Templin y Schemp (1990) elaboran una teoría que contempla la
posibilidad de que haya profesores que al pertenecer a determinados departamentos
didácticos puedan sufrir una mayor carga de distrés debido al alejamiento o
marginación por parte de las estructuras de poder dentro de la organización
educativa (entre estos departamentos figuraría el de Música). Estos autores recogen
que la organización de los centros potencia las materias consideradas
tradicionalmente como más poderosas o con mayor peso intelectual tales como
Matemáticas, Ciencias e Inglés en comparación con áreas menos intelectuales o
menos poderosas.

Partiendo de esta base Hodge, Jupp y Taylor (1994) comparan el nivel de


estrés-distrés de dos áreas representativas de cada polo del continuo, Matemáticas
(como representante de área con gran contenido instrumental y alta valoración
académica) y Música (como representante de área con bajo contenido instrumental y
carácter práctico), con una participación de 107 docentes de educación secundaria
de centros públicos y privados de la zona metropolitana de Sydney. Mediante los
datos biográficos recogidos con el GHQ-60 (General Health Questionnaire;
Goldberg, 1972) y la adaptación educativa del MBI (Maslach y Jackson, 1981), los

169
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

resultados confirman la teoría de partida, obteniendo los profesores de Música


mayores tasas de estrés mayor en todas las dimensiones medidas, siendo esta
diferencia significativa en las escalas de ruido, recursos físicos, apoyo
organizacional-interpersonal y apoyo externo. Con respecto a la medida del
“Burnout” los datos obtenidos por los docentes indican de forma significativa un
mayor Cansancio Emocional y Despersonalización en los docentes de esta área,
obteniendo puntuaciones en esta misma línea en la escala de Realización Personal
y puntuación global del GHQ, pero no siendo significativa. Los autores señalan que
los profesores que suelen trabajar de forma más aislada al pertenecer a
departamentos más pequeños, compuestos por uno o dos docentes, alejados de la
red de apoyo institucional, suelen sentir que su contribución al proceso educativo del
alumno es relativamente escasa, y presentan mayor tendencia a sufrir altos niveles
de “Burnout” en comparación con otros colegas de profesión. Como propuestas para
evitar esta situación los autores recogen las siguientes medidas de intervención/
prevención: crear redes de contacto entre centros destinadas a los departamentos
con bajo número de componentes, y promover que tanto las materias artísticas
como las científicas tengan la misma importancia tanto dentro como fuera del centro.

Sin embargo, a niveles universitarios, Viloria y Paredes (2002) desde la


Universidad de los Andes encuentran que los profesores de la Facultad de
Ingeniería presentan mayores valores medios de Despersonalización y Cansancio
Emocional, y están además entre el grupo de profesores con menos nivel de
autoestima, junto con los docentes de Arquitectura y Ciencias.

Ponce et al. (2005) no encuentran diferencias significativas en docentes


universitarios de Lima y área/departamento al que pertenecen, aunque observa
mayor nivel del síndrome entre los profesionales de departamentos relacionados con
el área de ciencias de la salud en comparación con los que pertenecen a letras,
educación y derecho.

170
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

SITUACIÓN ADMINISTRATIVA DE LOS DOCENTES


La revisión efectuada de la literatura consultada no permite obtener una
conclusión definitiva pues son pocos los estudios que recogen esta variable.

Cordeiro (2001) siguiendo el modelo de fases de Golembieswki (1983)


observa que los maestros definitivos se asocian a las fases de “Burnout” y
“fronterizos”, mientras que los maestros provisionales se asocian al estrato de
“sanos”. Otero-López et al. (2006), Prieto y Bermejo (2006) señalan que los
docentes que disfrutan de una contratación estable obtienen puntuaciones
superiores en “Burnout” en comparación con sus compañeros de contratación
inestable. Ponce et al. (2005) comprueba entre los docentes universitarios de Lima
(área metropolitana) que no existen diferencias significativas entre los que tienen
situación administrativa de nombrados y contratados en relación con Cansancio
Emocional ni Realización Personal, pero sí en Despersonalización, mostrando los
contratados niveles más altos.

CARGOS
Pese a lo que a primera vista pueda parecer, no existe una conclusión
homogénea en los resultados revisados en la bibliografía.

Fisher (1983, 1984) observa que los profesores sin responsabilidades


añadidas a las propias tareas del docente obtienen menores puntuaciones en la
dimensión Realización Personal en comparación con los compañeros que sí tienen
responsabilidades añadidas.

Contrariamente a lo que podríamos pensar, la mayor parte de los estudios


realizados con directores, este sector muestra un perfil de bajo “Burnout”, en
comparación con docentes sin cargos, o con otros cargos. McPherson (1985)
observa que los directores no presentaron grandes niveles de “Burnout” en
comparación con sus colegas sin este tipo de cargo. Friesen y Sarros (1986), Sarros
(1988) en su estudio descriptivo y exploratorio con 128 directores de Canadá, indica
que los niveles de Cansancio Emocional y Despersonalización de este colectivo son

171
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

inferiores a los promedios encontrados en otros profesionales, y obteniendo en


Realización Personal valores similares a otros colectivos. Friesen y Sarros (1989)
recogen en un estudio realizado con 128 directores y sus asistentes y 635
profesores de centros públicos de Canadá que el estrés laboral es el mejor predictor
de Cansancio Emocional para ambos grupos, mientras que contribuye
sustancialmente en mayor cuantía en esta misma dimensión en el grupo de
docentes en comparación con la de los directores (40,5% frente al 22,8%). En la
dimensión Despersonalización el mejor predictor en el grupo de docentes es el factor
cambio laboral que alude a la oportunidad de los docentes de usar sus habilidades y
seguir aprendiendo cosas nuevas sobre el trabajo. Sin embargo, en el grupo de
directores el mejor predictor es la satisfacción junto con el reconocimiento social
(que aparece como segundo factor predictivo en el grupo de docentes). Para la
tercera dimensión, Realización Personal, satisfacción junto con reconocimiento
social y cambio laboral son los mejores predictores en los docentes. Frente a estos
resultados Burke y Greenglass (1989) afirman que los docentes que comparten
docencia con horas de dedicación a tareas administrativas y de gestión del centro
presentan menores niveles de “Burnout” que los que dedican su franja horaria
exclusivamente a impartir docencia. Burke et al. (1996) obtienen mayores niveles de
“Burnout” en los profesores en comparación con los directores (administradores) del
centro escolar, excepto en la subescala Realización Personal. Los autores lo
interpretan en base a que los docentes asumen en comparación con los directores
múltiples y contradictorios roles, incluyendo la instrucción académica, el
mantenimiento del orden de la clase, atender la faceta social y el bienestar
emocional de los alumnos, resolver expectativas a menudo que están en conflicto
con padres, estudiantes, equipos directivos y la propia comunidad social.

Sin embargo, Tejero (2006) en su muestra de 492 directores de centros


educativos de diferentes niveles educativos de la Comunidad de Madrid obtiene que
éstos muestran altos niveles de Realización Personal, bajos en Cansancio
Emocional y mínimos en Despersonalización, lo cual indica a juicio del autor que no
hay razón para considerar que los directores sufren mayor desgaste profesional que
otros colectivos, y encontrando los siguientes porcentajes de “Burnout” en su
muestra 21.1% de directores sin “Burnout”; 17.7% con bajo nivel; 20.9% con nivel
medio; 20.1% con “Burnout” alto, y 20.1% con “Burnout” máximo. Contrario a estas

172
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

conclusiones, Sari (2004) en una muestra compuesta de 33 directores y 262


profesores de centros de Educación Especial de Turquía encuentra que los
directores puntúan significativamente más bajo en Realización Personal en
comparación con los docentes sin cargos directivos; sin embargo, no obtuvo
diferencias significativas en cuanto a las otras dos dimensiones del MBI: Cansancio
Emocional y Despersonalización, así como en relación con satisfacción laboral.

Carruth (1997) en un estudio realizado en Los Ángeles con directores de


educación secundaria concluye que el “Burnout” es susceptible de ser controlado por
los directores en función del uso y función que otorguen a su poder en la
organización escolar. Para este autor, el nivel de “Burnout” está muy condicionado
por la capacidad de los directores para trabajar de forma positiva con personas,
donde los factores ambientales no son una contribución significativa al “Burnout”
para el perfil de directores, residiendo la clave en la dimensión Cansancio
Emocional.

Manassero (1995) encuentra relación positiva y significativa entre Realización


Personal y número de años desempeñando cargos docentes, de modo que un
mayor número de años en un cargo indica una más significativa Realización
Personal. Es decir, que cuantos más años se ha ejercido un cargo directivo en la
docencia, los profesores sienten una mayor Realización Personal. Carruth (1997)
concluye en sus estudios con directores de educación secundaria en California que
los directivos con menos experiencia tienden a experimentar un mayor grado de
“Burnout” frente a los que tienen más experiencia. Sin duda, la falta de conocimiento
y desempeño en el organigrama escolar podría ser un factor importante a tener en
cuenta para el adecuado desempeño de estos cargos de cara a la salud mental de
los docentes.

Pierce y Molloy (1990) en su estudio con 750 profesores de Australia


observan que hay un mayor número de docentes dentro del 46,8% de altos niveles
de “Burnout” que tienen encomendadas tareas añadidas a las propias de la
enseñanza, en comparación con el grupo con menores niveles de “Burnout” (25,9%)

173
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Con respecto a la labor de los profesores tutores, los resultados revisados


parecen indicar que este rol lleva asociado un mayor nivel de “Burnout”. Chan y Hui
(1995) reflejan la influencia que ha supuesto en su sistema educativo la introducción
de profesores que realizan tareas de tutoría y orientación en las escuelas de
educación secundaria de Hong Kong, reflejando que los docentes con mayor carga
de responsabilidad experimentan mayor estrés y son más vulnerables a sufrir
“Burnout”, afirmación apoyada por el Departamento de Educación del Gobierno de
Hong Kong (1986). Entre las dificultades de los profesores tutores-orientadores
destacan un trabajo más pesado, falta de tiempo para desempeñar su tarea de
orientación, recursos y facilidades limitadas, inadecuada cooperación con otros
docentes y familias, conflicto de rol al aplicar la normativa escolar y confidencialidad
de los problemas escolares (Departamento de Educación del Gobierno de Hong
Kong, 1988). Chan y Hui (1995) encuentran que los profesores tutores transmiten
una sensación de estar trabajando con mayor dureza y efectividad con los alumnos y
menor sensación de culpa que sus colegas no tutores. Flores (2001) en una muestra
de docentes catalanes de educación secundaria recoge que los profesores que
ocupan cargos de tutores presentan mayores niveles de “Burnout”, sin que exista
diferencia entre el sexo de los tutores. Cordeiro (2001) observa que los maestros-
tutores de primaria de Cádiz, presentan más riesgo de sufrir el síndrome que los
propios especialistas (música, educación física, audición y lenguaje, etc.).
Posteriormente, Cordeiro et al. (2003) obtienen mayor frecuencia de docentes con el
síndrome en el perfil de tutores.

Ferrando (1992) no obtiene diferencias en la relación entre cargos


profesionales y niveles de “Burnout”.

ESTILO DE DIRECCIÓN
El estilo de dirección ejercido en un centro educativo es un elemento que
puede contribuir a determinar las relaciones que se establecen en éstos (Arcenillas,
2003).

174
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Herman (1983) encuentra en un estudio con docentes que los profesores


varones con directores (supervisores) catalogados como considerados presentan
menores puntuaciones en Despersonalización que los compañeros que catalogaron
de poco considerados a sus supervisores. Otros estudios con muestras variadas han
proporcionado pruebas que abalan que el “Burnout” se relaciona con la conducta de
supervisión, especialmente con la consideración, existiendo una relación inversa
entre apoyo de supervisores y “Burnout” (Constable y Russell, 1986; Russell et al.,
1987; Seltzer y Numeroff, 1988).

Sutherland y Cooper (1991) señalan que los directores (supervisores) sin


habilidades sociales adecuadas en relación con las emociones o con estilos
autoritarios, no establecen relaciones fluidas y provocan un deterioro en las
relaciones laborales que incrementa las tensiones entre los trabajadores.

En relación con el “Burnout” docente, los estilos de dirección que no apoyan ni


reconocen la labor de sus profesores, que muestran conductas inconsistentes o
favoritismos contribuyen a un aumento en los niveles de estrés, convirtiéndose así
en un factor de riesgo en la aparición del síndrome (Burke y Greenglass, 1993;
Byrne, 1994; Dworkin, 1987; Farber, 1991; Iwanicki, 1983; Lee y Ashforth, 1996;
Sakharov y Farber, 1983); siendo la dimensión Cansancio Emocional la más
afectada por estas conductas (Jackson y Maslach, 1982; Landeweerd y Boumans,
1994). Miller y Monge (1986) señalan que los estilos directivos que permiten la
participación de los docentes de forma colectiva en la toma de decisiones conducen
hacia un mejor desempeño de la tarea docente.

En esta misma línea Dworkin, Saha y Hill (2003) lleva a acabo un estudio con
2961 docentes de Texas concluyendo que los docentes que perciben estilos
directivos no autoritarios, proporcionan apoyo y les incluyen en las tomas de
decisiones experimentan menos “Burnout”. Adoptar y ejercer una política
democrática tiene un efecto minimizador mucho más potente del “Burnout” docente
que incluso el apoyo de los propios compañeros. Los autores mantienen un modelo
analítico donde las prácticas directivas no democráticas aumentan los niveles de
“Burnout” docente contribuyendo así a un mayor rechazo de los alumnos hacia el
proceso de enseñanza. La idea de escuelas democráticas parte de Dewey (1916)

175
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

quien considera la escuela como un microsistema de una sociedad democrática


donde las diferencias entre grupos se minimizan para maximizar las metas. De este
modo, un centro educativo democrático es aquel donde docentes, alumnos y
equipos directivos trabajan en el proceso de enseñanza-aprendizaje bajo un contrato
abierto y común minimizando las diferencias y distancias entre grupos (Dworkin et
al., 2003). Tal y como recogen los autores los centros democráticos se caracterizan
por:
- Estilo directivo no autoritario ni burocrático.
- Comunicación abierta en conocimiento e información.
- Compartir las decisiones escolares.
- Sentido de responsabilidad por parte del personal docente y de alumnos en los
procesos de toma de decisión.
- Implicación del alumnado en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
- Los padres son considerados parte importante del proceso educativo.
- Plena representación de alumnos y docentes en los estamentos de participación.

ROL DOCENTE
Uno de los principales cambios en la enseñanza en las últimas décadas recae
en la exigencia social de nuevos roles docentes (Woods, 1999).

French y Khan (1962) de la escuela de Michigan, analizan el estrés de rol en


el profesorado universitario y diferencian tres componentes:
- Ambigüedad de rol: ambigüedad en objetivos, funciones, procedimientos y
resultados. La ambigüedad de rol provoca inseguridad y desconcierto en los
empleados, y suele ser consecuencia de una información confusa e incompleta.
- Conflicto de rol: realizar tareas incompatibles entre sí, recibir diferentes órdenes
de diversas instancias, cumplir varias funciones simultáneamente, conflicto entre
prioridades, actuaciones incompatibles entre demandas-expectativas del
empleado y las de los superiores, subordinados, compañeros y/o clientes.
- Sobrecarga de rol: tener que realizar muchas tareas al mismo tiempo con falta de
tiempo para ellas, desbordante responsabilidad en los resultados esperados o en

176
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

la toma de decisiones, menor colaboración de colegas en tareas compartidas,


elevado número de funciones, mayor exigencia o complejidad en las tareas,
disminución de los periodos de descanso.

Esta teoría ha sido posteriormente aplicada en estudios con docentes


universitarios españoles (Cruz y Urdiales, 1996).

La ambigüedad y conflicto de rol parecen ser dos importantes variables


predictoras del “Burnout” docente (Bacharach, Bamberger y Mitchell, 1990; Byrne,
1994; Capel, 1987; Cunnigham, 1982, 1983; Jackson, Schawb y Schuler, 1986; Lee
y Ashforth, 1996; Moreno-Jiménez, Garrosa y González, 2000c; Pierson, 1984;
Schawb et al. 1982; Starnaman y Miller, 1992).

Para Kahn (1973), Schwab e Iwanicki (1982b) altas puntuaciones en


“Burnout” se asocian con altos niveles de percepción de ambigüedad y conflicto de
rol. Para Pierson-Hubeny y Archambault (1987) el “Burnout” se caracteriza
principalmente por la ambigüedad y conflicto de rol que sufren los docentes. Gil-
Monte (2005) de acuerdo con estos postulados, expone que tanto conflicto como
ambigüedad de rol son variables desencadenantes del síndrome, pero señala que la
ambigüedad es mejor predictor que el conflicto en relación al componente cognitivo
del síndrome, siendo por contra, el conflicto de rol más influyente que la ambigüedad
en la dimensión emocional. Capel (1987) había concluido previamente en su
investigación con docentes que ambas características del rol inciden en las
dimensiones Realización Personal y Cansancio Emocional.

Schwab e Iwanicki (1982a) especifican con una muestra de 469 profesores


que tanto conflicto como ambigüedad de rol explican una parte significativa de la
varianza de Cansancio Emocional y Despersonalización, siendo menor la cantidad
de varianza que explica ambigüedad de rol para la dimensión Realización Personal.

Con respecto al conflicto de rol, el factor del “Burnout” docente con mayores
resultados significativos es el Cansancio Emocional (Burke y Greenglass, 1995a;
Byrne, 1994; Friesen y Sarros, 1989; Jackson et al., 1986; Pierce y Molloy, 1990;
Starnaman y Miller, 1992; Schwab e Iwanicki, 1982b). Jackson et al. (1986)

177
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

observan con 248 profesores que conflicto de rol se relaciona de manera


significativa con Cansancio Emocional pero no con Realización Personal; mientras
que ambigüedad de rol resultó ser significativo en su relación con Realización
Personal. Este conjunto de autores concluyen en sus investigaciones que a mayor
conflicto de rol en la institución educativa, se incrementan los niveles de Cansancio
Emocional como consecuencia del deterioro en las relaciones (conflictivas) con los
compañeros. En el ámbito organizacional la presencia de conflicto en las funciones,
entre los distintos profesionales, está considerado un factor de riesgo que
incrementa la probabilidad de aparición de Cansancio Emocional. Con respecto a la
Despersonalización (Jackson et al., 1986; Schwab e Iwanicki, 1982b), se recoge de
la literatura que cuando entran en conflicto las tareas y funciones de diversos
trabajadores existe una repercusión en el trato que se dispensa a los usuarios,
describiéndose una mayor tasa de respuestas interpersonales frías y distantes. A
mayores niveles de conflicto de rol los trabajadores incrementan los niveles de
Despersonalización, haciéndose patente en el trato con los usuarios de sus
servicios. Sin embargo, Burke y Greenglass (1993) no encuentran resultados
significativos en Despersonalización y sí en Cansancio Emocional.

Pierce y Molloy (1990) en un estudio realizado con 750 profesores de


Australia obtienen que los profesores que sufren altos niveles de “Burnout” perciben
más estrés de rol que los compañeros con bajos niveles. Estos resultados están en
consonancia con los estudios que muestran una positiva asociación entre estrés de
rol y “Burnout” (Mansfield, 1983; Schwab e Iwanicki, 1982b; Westerhouse, 1980).
Díaz et al. (2012) encuentran relación significativa entre Cansancio Emocional y
Estrés de Rol, lo cual coincide con la invesigación de Moreno-Jiménez et al. (1999).
Esta relación puede entenderse si se tiene en cuenta que el estrés se caracteriza
porque los docentes perciben que las estrategias que usan son insuficientes para
enfrentar las demandas laborales, de acuerdo a lo que plantean Matud et al. (2002),
Trucco y Valenzuela (1999), Ponce et al. (2005).

Para Moriana (2002), la sobrecarga de rol es un factor importante en la


aparición del “Burnout” ya que disminuye la calidad de los servicios prestados,
potenciando una degradación en las relaciones entre profesional y usuario del
servicio. Esta situación según Maslach (1982) empeora cuando el trabajador

178
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

comprueba que la presión asistencial es grande y que, lejos de disminuir, sigue


aumentando; cuando se da cuenta de que por mucho que trabaje la situación no va
a cambiar, es más, que lo único que consigue trabajando mucho es que le
encarguen aún más tareas, enfrentándose a esta situación cada día y convirtiéndose
en un factor importante en la aparición del “Burnout”. Maslach y Leiter (1997)
plantean una relación directa entre sobrecarga y Cansancio Emocional caracterizada
por ausencia de energía y por sensaciones de incapacidad para afrontar con éxito
las demandas laborales. Schaufeli y Enzmann (1998) sitúan entre un 25% y un 50%
la cantidad de varianza que explica la sobrecarga laboral y la falta de tiempo sobre la
escala Cansancio Emocional. Carretero et al. (1998) después de estudiar los
desencadenantes y consecuentes del síndrome en docentes de educación especial
concluyen que la sobrecarga es el desencadenante que más prevalece después de
los problemas con la administración.

Entre los factores incluidos en la sobrecarga de rol, Moriana (2002) recoge los
más estudiados en la población de profesores. Entre ellos figuran: el excesivo
trabajo administrativo (Häbler y Kunz, 1985; Müller-Limmroth, 1980; Niemann, 1970;
Rudow, 1990; Wulk, 1988), las clases con muchos alumnos, con diferentes niveles y
habilidades, o poco tiempo para mucho trabajo (Kyriacou y Sutcliffe, 1978a;
Marqués et al., 2005; Pettegrew y Wolf, 1981) y enseñar en áreas que no son las
específicas de la formación del profesor (Blase, 1986; Borg, 1990; Byrne, 1991;
Jenkins y Calhoun, 1991; Lutz y Maddirala, 1990; O’Connor y Clarke, 1990; Proctor y
Alexander, 1992). El resultado común de estas investigaciones es que todos los
factores de sobrecarga, anteriormente citados, incrementan los niveles de
Cansancio Emocional (Friesen y Sarros, 1986, 1989; Lutz y Maddirala, 1990; Mazur
y Lynch, 1989), siendo ésta la primera fase de síndrome de “Burnout” (Moriana,
2002).

Capel (1987) en un estudio con 78 profesores de educación secundaria de


Inglaterra señala que el locus de control externo y una puntuación elevada en
ambigüedad de rol se asocian con altos niveles de estrés y elevado “Burnout”
respectivamente.

La ambigüedad de rol aparece como predictor del descenso en puntuaciones

179
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

de Realización Personal (Pierce y Molloy, 1990; Schwab e Iwanicki, 1982b;


Starnaman y Miller, 1992). En otros estudios actúa como predictor del Cansancio
Emocional (Burke y Greenglass, 1995a) y de la Despersonalización (Pierce y Molloy,
1990). Peiró et al. (1995), establecen como consecuencias de la ambigüedad de rol
la tensión y ansiedad asociada con el desempeño de rol, insatisfacción laboral,
propensión al abandono del trabajo, absentismo y retraso en incorporarse al puesto
laboral.

Paula (2004) comprueba que el desajuste existente entre las demandas del
trabajo y los recursos del profesional desencadenan en procesos de distrés laboral,
insatisfacción y desmotivación.

Díaz et al. (2012) encuentran relación significativa entre “Burnout” y estrés de


rol, independientemente del tipo de colegio (público/privado) lo que podría estar
relacionado con que, en general, en cualquier tipo de institución, la docencia es una
profesión con alta vulnerabilidad frente al estrés laboral, dadas las múltiples
funciones de las profesiones de ayuda, garantizando el bienestar de otros, y en el
caso de la docencia, asegurándose de que reciban una educación de calidad, tal
como lo plantean Alderete et al. (2003), Byrne (1999), Moreno-Jiménez et al.
(2000c) y Ponce et al. (2005).

León-Rubio et al. (2011) señalan que tanto la sobrecarga como la


ambigüedad de rol son importantes estresores laborales relacionados con la
aparición del “Burnout”.

Sin embargo, una vez más, hay autores que no encuentran diferencias
significativas entre “Burnout” y ambigüedad de rol (Friesen y Sarros 1989).

EXPECTATIVAS PROFESIONALES
Las expectativas puestas sobre el ámbito profesional, organizativo y sobre la
eficacia personal contribuyen de manera significativa al “Burnout” (Cherniss, 1980;
Jackson y Schuler, 1983; Maslach y Jackson, 1984).

180
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Además de tener en cuenta las altas expectativas, las expectativas no


cumplidas pueden ser una fuente potencial del “Burnout”. La discrepancia entre
expectativas marcadas y las que se cumplen influye en las reacciones laborales de
los empleados (Porter y Steers, 1973). Jackson et al. (1986) estudian la influencia
sobre el “Burnout” de las expectativas no cumplidas en una muestra de 248
profesores, hipotizando que Cansancio Emocional, Personalización y baja
Realización Personal se asocian con altos niveles de expectativas no cumplidas; sin
embargo, no encuentran apoyo para poder confirmar esta hipótesis.

Meier (1983) identifica tres tipos de expectativas básicas:


- Expectativas de refuerzo: el profesional espera que sus acciones sean valoradas,
por lo que espera conseguir refuerzo por parte de los beneficiarios de sus
acciones. Cuando esto no se produce es posible que el “Burnout” ocurra.
- Expectativas de resultado: cuando no existe relación entre la conducta y una
serie de consecuencias/objetivos el profesional puede sentirse indefenso, pensar
que no obtendrá resultados futuros... lo que le puede llevar a una indefensión
aprendida.
- Expectativa de eficacia: el profesional tiene una expectativa sobre su propia
competencia, que se relaciona con la consecución de resultados. Cuando el
sentimiento de competencia es alto, se actúa hasta conseguir los resultados; sin
embrago, si la expectativa de eficacia no se cumple puede sentir una falta de
realización personal.

Estas expectativas juegan papeles diferentes en el desarrollo del “Burnout”.


Que no se cumplan expectativas de resultado se relaciona con la indefensión
aprendida, mientras que la falta de realización personal se asocia preferentemente al
no cumplimiento de expectativas de eficacia.

Doménech (1995) recoge en su revisión bibliográfica una mayor tendencia a


sufrir “Burnout” por parte de los profesionales que eligieron la profesión en base a
los siguientes motivos: necesidades narcisistas, necesidades de tipo social de deseo
de transformar el mundo y fomentar una nueva experiencia en los niños.

181
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Cherniss (1992) obtiene de su estudio con 26 profesionales de los servicios


humanos (entre los que figuran 7 profesores) que los profesionales que experiencian
mayores niveles de “Burnout” al inicio de su carrera profesional, tienen menos
probabilidades de cambiarla y presentan mayor flexibilidad en su trabajo tal y como
reflejan las pruebas aplicadas en una segunda ocasión tras 10-12 años de
experiencia profesional. Sin embargo, altos índices del síndrome en el tramo de vida
media profesional presenta peor pronóstico a largo plazo.

APOYO SOCIAL
Entre las categorías de apoyo que aquí se consideran se incluye el
procedente de la sociedad, administración, institución escolar, compañeros, equipos
directivos, familia, etc.

Entre los autores que tradicionalmente han estudiado esta variable en su


relación con el síndrome de “Burnout” podemos destacar a Belcastro et al. (1982),
Burke y Greenglass (1995b), Capner y Caltabiano (1993), Carr, Roseingrave y
Fitzgerald (1996), Corrigan, Holmes y Luchins (1995), Etzion y Westman (1994),
Greenglasss, Burke y Konarski (1998), Greenglass, Friskenbaum y Burke (1996),
Lee y Ashforth (1996), Schawb (1983).

Pines et al. (1981), recuerdan que el apoyo en los grupos en profesiones


asistenciales es fundamental, y que su ausencia predice la aparición de “Burnout”.
Este hecho es muy importante en la profesión docente, ya que al pasar mucho
tiempo con los niños en clase el profesor permanece muchas horas sin contacto con
su grupo de apoyo (David, 1987).

El apoyo social se ha definido de muy diversas maneras: como recursos


proporcionados por otros (Cohen y Syme, 1985), como ayuda para hacer frente a
problemas (Thoits, 1986), o como intercambio de recursos (Shumaker y Brownell,
1984).

182
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

A mediados de la década de los 80, Johnson y Hall (1988) muestran la


importancia del apoyo social en el trabajo, tanto de los que están por encima de la
escala, como de los propios compañeros. Para estos autores el apoyo social implica
dos dimensiones: la relación emocional y el soporte instrumental; es decir, contar
con colegas o superiores que cooperan para sacar el trabajo adelante. Para estos
autores situaciones de alta tensión y bajo apoyo social provocan un aumento en la
probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Pines (1983), Pines y Aronson (1988) identifican seis funciones básicas del
apoyo social:
- Escuchar, sin crítica ni consejo.
- Apoyo técnico, consejo en relación con el trabajo escolar.
- Cambio técnico, sugerencias para mejorar nuestro funcionamiento.
- Apoyo emocional, alguien que está a tu lado sin importar los motivos.
- Cambio emocional, alguien que te ayude a mirar hacia ti mismo de manera
honesta.
- Compartir la realidad social, alguien que vea nuestra forma de actuar.

Independientemente de la definición que utilicemos, lo que sí parece ser un


acuerdo entre todos los investigadores es que el apoyo social es un factor
modulador muy importante para prevenir y hacer frente al “Burnout” (Kirk y Walter,
1981; Moracco y McFadden, 1982; Paine, 1981; Russell et al., 1987; Wanberg,
1982). Brissie et al. (1988), Burker y Richarsen (1991), Cordes y Dougherty (1993),
Freedy y Hobfoll (1994), Jackson y Schuler (1983), Maslach y Jackson (1984) y
Miller y Seltzer (1991) concluyen que a menor apoyo social existen más
posibilidades de sufrir “Burnout” en diferentes campos profesionales. Burke et al.
(1996), Greenglass y Burke (1988) con profesores de diferentes niveles educativos,
Mo (1991) y Schwab et al. (1986) con docentes de New Hampshire, constatan que a
mayor apoyo social menores niveles de “Burnout”. Otero-López et al. (2006)
apoyan esta afirmación al constatar que los docentes de la ESO gallegos con
ausencia de apoyo social (familia y amigos) presentan altos niveles de “Burnout”.

183
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Jenkis y Calhoun (1991) consideran que tanto las acciones directas (aquellas
con un impacto directo sobre las fuentes del estrés, como la mejora de las relaciones
entre docentes y administración o del estatus del profesor), como las indirectas
(contemplan la ayuda al docente para mejorar la interpretación, conducta o
respuesta a los estresores) son válidas de cara a mitigar los efectos del estrés y del
síndrome.
Belcastro et al. (1982) señalan que los docentes clasificados como quemados
pasan menos tiempo con sus colegas.

Zabel y Zabel (1982) recoge cómo los docentes de educación especial que
perciben mayor apoyo de familias, administración y compañeros presentan menos
niveles de “Burnout”.

Russell et al. (1987) muestra que el apoyo social mostrado por compañeros,
directivos, familia y amigos explica entre un 5% y un 6.3% de la varianza del
“Burnout”. El proveniente de los equipos directivos es la única variable
significativamente predictora del síndrome, de modo que a medida que se
incrementa este tipo de apoyo disminuye el nivel de Cansancio Emocional y
aumenta la Realización Personal junto con actitudes positivas hacia el trabajo. De
igual manera, la relación trabajo-estrés y Despersonalización disminuye. Los
docentes que sienten respetadas sus habilidades y destrezas reflejan menos
Cansancio Emocional, mejores actitudes hacia sus alumnos y mayor nivel de
Realización Personal.

Quigley et al. (1987) encuentra en profesores de educación física que a mayor


apoyo por parte de la Administración menores niveles de “Burnout”.

Buendía (1990) sugiere que las personas con buen nivel de apoyo social
presentan síntomas psicológicos y físicos e índices de mortalidad menores en
comparación con personas con bajo nivel de apoyo.

Capner y Caltabiano (1993), Daniel (1995), recogen que tanto apoyo social
como familiar ejercen un papel amortiguador del estrés y “Burnout” docente. Gil-

184
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Monte y Peiró (2000) observa que el apoyo familiar es una importante fuente de
prevención del Agotamiento Emocional.

Burke y Greenglass (1995a), consideran que si la falta de apoyo social


contribuye a la aparición del síndrome, también hay que considerar que, los
profesores exhaustos, despersonalizados y con pobres actuaciones laborales, son
los menos apropiados para mantener relaciones interpersonales en el medio laboral.

En la investigación de Hart, Wearing y Conn (1995) se obtiene que un clima


de apoyo organizativo reduce el estrés de los profesores.

Autores como Dorman (2003) con profesores de diferentes tipos de centros y


nacionalidades constatan la afirmación de Maslach et al. (2001) donde destaca la
importancia del apoyo de los compañeros y equipos directivos considerándolos
variables antecedentes del síndrome. Para la autora, una de las grandes
contradicciones del rol docente en su desarrollo profesional es que aunque los
profesores pasan muchas horas del día en contacto con personas, también se
encuentran en gran parte aislados del resto de compañeros y del mundo exterior.
Maslach et al. (2001) insisten en la importancia del apoyo social dentro de la
organización y su relación con el “Burnout” sugiriendo que la falta de apoyo de los
supervisores es especialmente importante, incluso más que el propio apoyo de los
compañeros. La importancia del consenso y del apoyo de los compañeros a la hora
de reducir el “Burnout” docente encontrado por Dorman (2003) es consistente con
los resultados de Farber (1991) mostrándose clave para poder entender el proceso.
Chesnutt (1997) encuentran que el apoyo de directores y compañeros del sexo
masculino está inversamente relacionado con Agotamiento Emocional y
Despersonalización, y que el ofrecido por compañeras de sexo femenino está
inversamente relacionado con Realización Personal. El modelo de Brouwers et al.
(1999) establece un enlace entre pérdida de apoyo emocional de compañeros-
directores y Cansancio Emocional. Sin embargo, en la actualidad son aún muchos
los equipos directivos que ignoran que el apoyo emocional de sus plantillas es un
factor a tener en cuenta a la hora de prevenir el “Burnout”.

185
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Chesnutt (1997) en una muestra de docentes de secundaria de Tennessee


recogen la existencia de una fuerte relación entre apoyo social y “Burnout”, siendo
junto con satisfacción las dos variables más cercanas al concepto.

Eastburg, Williamson, Gorsuch y Ridley (1994), Greenglass, Burke y Konarski


(1997), mantienen en sus investigaciones que el apoyo organizacional modula el
síndrome de tal forma que el trabajador que no se siente apoyado por la
organización tiene mayor facilidad de padecer “Burnout” que el que sí lo percibe.
Smylie (1999) apunta que una falta de apoyo organizacional y social puede contribuir
a reducir la cantidad de feeback requerida por los docentes para evaluar sus logros,
y los lazos existentes entre esfuerzo y metas conseguidas, y entre su propio trabajo
y objetivos de la organización.

Moreno-Jiménez et al. (2000b) recogen basándose en Burke y Greenglass


(1993), Byrne (1994), Dworkin (1987), Farber (1991), Iwanicki (1983), Lee y Ashforth
(1996) y Sakharov y Farber (1983), que un estilo de supervisión carente de apoyo y
reconocimiento constituye un factor de riesgo en el desarrollo del “Burnout” docente.
Moriana (2002) expone que en el ámbito educativo, donde la fórmula para escalar
profesionalmente estriba en alcanzar los puestos de director, secretario, jefe de
estudios, etc., (puestos en los que compañeros con el mismo nivel y méritos que el
resto, de forma temporal y sin grandes diferencias salariales, deben ejercer sus
mandatos a veces ante situaciones de enfrentamiento con sus propios colegas),
hace que en numerosas ocasiones estos puestos queden desiertos. La falta de
procedimientos adecuados y de apoyo de supervisores, jefes o inspectores, hace
que el resto de los trabajadores sean más susceptibles al “Burnout” (Numeroff y
Abrams, 1984).

Friedman (2000) señala por un lado que el apoyo social global sin el apoyo de
la organización, y por otro el apoyo de la organización en sí misma, puede ser un
amortiguador entre el estrés y el “Burnout”.

Flores (2001) constata una mayor tendencia de búsqueda de apoyo entre


docentes catalanes de edades comprendidas entre los 26 y los 35 años, siendo esta
tendencia mayor en las mujeres que en los hombres.

186
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Pomaki y Anagnostopoulou (2003) realizan una investigación dentro del


proyecto “Euroteach” con 215 profesores de educación secundaria de áreas urbanas
de Grecia encontrando que altas demandas laborales, bajo control y bajo apoyo
social se asocian con baja satisfacción laboral, altos niveles de “Burnout” y síntomas
somáticos. Así, estos autores confirman la hipótesis de iso-tensión del modelo de
Demanda-Control Laboral (JD-C; Karasek y Theorell, 1990) a la que se añade
posteriormente el componente del Apoyo Social (Johnson, Hall y Theorell 1989;
Johnson y Hall, 1988). Este modelo entiende por demanda laboral: las tareas
requeridas, el conflicto de rol, la carga de trabajo y la fecha límite de realización; en
control laboral incluye la autonomía y las habilidades de prudencia; y por apoyo
social entiende el proporcionado por colegas y/o equipos directivos para hacer frente
a las demandas laborales. Para estos autores el hecho de que altas demandas
laborales predicen bajos niveles de Realización Personal se debe a la alta inversión
en tareas administrativas del docente. Estos mismos autores encuentran que altos
niveles de demandas y apoyo social se asocian con altas y bajas puntuaciones en
Cansancio Emocional y Despersonalización respectivamente. Griva y Joekes (2003)
encuentran estas mismas conclusiones en su investigación dentro del proyecto
“Euroteach” realizada con 166 profesores de seis centros educativos del área
urbana de Londres; sin embargo, no han podido demostrar que las relaciones entre
demandas laborales y satisfacción laboral, “Burnout” y síntomas somáticos se
moderen por el efecto del control y apoyo social, considerando por apoyo social
aquel que es otorgado por compañeros y equipos directivos, pero no por familia ni
amigos.

Taris, Van Horn, Schaufeli y Screurs (2004) elaboran un modelo centrado en


el intercambio de interacciones en la docencia (interacciones con alumnos,
compañeros y la propia organización). Los autores entienden que iniquidad es
sinónimo de falta de reciprocidad. Si consideramos que la reciprocidad es un
elemento necesario en el apoyo social las conclusiones de esta investigación nos
pueden ser de gran utilidad en nuestro estudio. Para la elaboración de este modelo
los autores se basan en dos teorías anteriores: Buunk y Schaufeli (1993), Schaufeli
(1996):

187
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Buunk y Schaufeli (1993) asumen que el “Burnout” se desarrolla desde un


contexto laboral-organizacional con interacciones a nivel interpersonal y social.
Según estos autores, establecer equidad en las interrelaciones entre emisor y
receptor es muy complejo, dado que cada parte se enfrenta a esa interacción con
unas expectativas diferentes, de forma que en ocasiones el receptor puede llegar
a percibir que invierte más de lo que recibe del receptor.
- Schaufeli, Leiter, Maslach y Jackson (1996) elaboran un modelo de intercambio
social con dos niveles diferenciados. Por un lado recoge la iniquidad en las
relaciones interpersonales que se producen en el medio laboral, y por otro la
iniquidad vivenciada en las relaciones con la propia organización laboral. El autor
muestra como la iniquidad en ambos tipos de interacción social contribuye al
desarrollo del “Burnout”, mientras que si sólo se recoge iniquidad en la
interacción con la organización, las consecuencias derivan únicamente en un
pobre compromiso a nivel organizativo. Para Schaufeli (2005) la falta de
reciprocidad se relaciona de manera positiva con los síntomas del “Burnout”.

De las conclusiones obtenidas por Taris et al. (2004) se observa que la falta
de reciprocidad en estas interacciones deriva en dos tipos de respuestas de
consecuencias negativas: tensión y abandono. La tensión (reflejada como
Cansancio Emocional) es resultado del estrés que aparece al percibirse iniquidad en
cualquiera de los tres tipos de interacción, sin que en sí mismo esté ligado con
ninguna interacción en concreto; mientras que el abandono (considerado desde un
punto de vista psicológico), se da en contingencia al tipo de relación de iniquidad
vivida. Es decir, experimentar inequidad en las interacciones con alumnos deriva en
Despersonalización (abandono) hacia este colectivo pero no hacia los compañeros.
De igual modo, una experiencia de iniquidad en las interacciones con compañeros
deriva en Despersonalización (abandono) hacia los propios compañeros, pero no
hacia sus alumnos. También a nivel de organización se considera el abandono, en
cuanto que, ante un bajo compromiso de la organización se incrementa la intención
de abandono, así como una reducción en la cantidad de volumen de trabajo. Este
modelo (Taris et al., 2004) confirma los resultados obtenidos previamente por
Schaufeli et al. (1996) con 1309 profesores alemanes de primaria, secundaria y
formación profesional. De igual modo, se observa que los niveles de Realización
Personal del profesorado se relacionan fuertemente con las vivencias de iniquidad

188
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

en sus interacciones con los alumnos. Los autores consideran que este resultado
puede ser debido a que los profesores interpretan la interacción con sus alumnos
como un indicador de su actuación docente, o, que realizar una baja inversión con
el alumnado conduce a un bajo nivel en la realización. En contra de lo que los
autores supusieron, adoptar la estrategia de Despersonalización (abandono) hacia
un alumno o compañero, provoca a posteriori, un mayor sentimiento de iniquidad
con respecto a estas personas, siendo por tanto, una ineficaz estrategia para tratar
de equilibrar la balanza y alcanzar interacciones equitativas, provocando un efecto
espiral cada vez mayor con negativas consecuencias para la salud del docente.

Talmor, Reiter y Feigin (2005) en un estudio realizado con 330 profesores de


centros de primaria con alumnos de necesidades educativas especiales en las
clases concluyen que hay tres factores que correlacionan negativamente con el
“Burnout”: organizacional, psicológico y social, siendo dentro de este último donde
se registra el ítem más significativo, a menor apoyo social experimentado por los
profesores, mayor es su nivel de “Burnout”.

Restrepo et al. (2006) en su investigación con docentes de Medellín coincide


en que el apoyo social es el factor de mayor riesgo en el síndrome.

Prieto y Bermejo (2006) señala que supervisión, preocupaciones


profesionales y falta de apoyo/reconocimiento profesional correlacionan de forma
positiva y significativamente con “Burnout”.

Kahn, Schneider, Jenkins-Henkelman y Moyle (2006) obtienen con su


muestra de 339 profesores de centros de secundaria que el apoyo socia es el único
factor predictor de las tres dimensiones del “Burnout” en la siguiente medida: según
la ayuda social emocional positiva aumenta, Cansancio Emocional y Cinismo
disminuyen, y eficacia profesional aumenta. Por otro lado, mientras la ayuda social
emocional negativa aumenta, Agotamiento y Cinismo emocionales también crecen.

Mientras la mayoría de las investigaciones consideran al apoyo institucional


como variable relacionada con el “Burnout”, Cecil y Forman (1990), Burke y
Greenglass (1995a), no encuentran resultados significativos.

189
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Otros autores que encuentran relación inversa entre apoyo de supervisores y


grado de “Burnout” (Constable y Russel, 1986; Duxbury, Armstrong, Drew y Henley,
1984; Golembiewski et al., 1986; Russel et al., 1987; Seltzer y Numeroff, 1988). El
bajo apoyo del grupo de administradores educativos (Farber, 1991; Natale, 1993;
Hawkes y Dedrick, 1983; Kalker, 1984; Wanberg, 1984; Russell et al., 1987) e
inspectores educativos (Bacharach, Bauer y Conley, 1986; Litt y Turk, 1985; Sarros y
Sarros, 1992) genera “Burnout” al profesorado (Moriana, 2002). Cherniss (1988)
compara el comportamiento de los directores de las escuelas con menores niveles
de “Burnout” entre sus profesores con el comportamiento de los directores de las
escuelas con mayores niveles de “Burnout”, encontrando que los primeros
proporcionan mayor apoyo a los maestros, invierten más tiempo en la planificación y
organización de las tareas del centro, informan a los profesores sobre temas
administrativos que les afectan y mantienen conversaciones con sus profesores
sobre temas relacionados con el centro escolar.

Para conocer datos actuales de los docentes en España, Marchesi y Díaz


(2007) recogen que el 80.6% de los profesores consideran que no están valorados
socialmente, frente a sólo un 6.3% que opinan lo contrario. Al preguntar por el apoyo
de la Administración Educativa, un 67% de los docentes afirman no sentirse
valorados, un 24.2% se manifiesta indiferente, y sólo el 8.9% afirma encontrarse
apoyado por esta institución. La “falta de reconocimiento profesional” señalado por
un 34.9% de los docentes parece ser, según los autores, la mayor fuente de
insatisfacción de los docentes del estudio.

En 2004 el estudio “La situación profrsional de los docentes” patrocinado por


el Centro de Innovación Educativa (CIE-FUHEM, 2004) destaca que el 75,2% de los
docentes manifiesta que la sociedad no los valora y únicamente el 7,6% cree que la
sociedad valora a los profesores.

Entre las conclusiones del estudio “La opinión del profesorado sobre la
calidad de la educación” (2007; FUHEM) los docentes no se sienten suficientemente
valorados por la administración ni por la sociedad. Tres de cada cuatro profesores y
profesoras considera que la administración no valora lo suficiente su trabajo, pero el
porcentaje es todavía mayor cuando se les pregunta por la sociedad, ya que el

190
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

88,2% cree que no. Sin embargo, un 82% dice que no cambiaría de profesión. Este
contraste quizás tenga una de sus causas en el hecho de que la inmensa mayoría
del profesorado (85,2%) cree que para ser profesor hay que tener vocación.

De manera general podemos decir que la mayor parte de los resultados de las
investigaciones llevadas a cabo en la docencia parecen indicar que el apoyo social
(entendido de forma general o en sus manifestaciones particulares) modula de
manera muy positiva el “Burnout” contribuyendo a su prevención. Sin embargo, y
aunque la falta de apoyo puede actuar como un percusor del síndrome, hay que
hacer una observación puntualizando que aquellos docentes que demandan un
apoyo social constante pueden estar reflejando una personalidad inestable proclive
al desencanto y a la “quemazón” (Burke y Greenglass, 1993; Greenglass,
Fiksenbaum y Burke, 1994).

TOMA DE DECISIONES Y AUTONOMÍA


Aunque con respecto de la toma de decisiones y autonomía no hemos podido
referenciar muchos resultados específicos que aludan a docentes en su influencia en
el proceso de “Burnout”, las que hay y las que aluden a profesionales de otros
campos pueden servir de guía para analizar posteriores investigaciones. No
obstante, cabe señalar que el hecho de que los profesores sientan que no se les
considera en las diferentes tomas de decisiones de su centro, y que gozan de poca
autonomía en su trabajo, son dos factores muy nombrados por las diferentes
investigaciones que recogen los factores que influyen en el estrés docente.

Schwab et al. (1986) señalan una alta correlación entre la percepción docente
sobre su participación en la toma de decisiones y el nivel de “Burnout”.

Lee y Ashforth (1993) sugieren que la autonomía, junto con el apoyo social,
aunque no se relacionan directamente con el síndrome sí lo hacen indirectamente al
moderar el impacto del estrés de rol sobre el “Burnout”.

191
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Gil-Monte (2005) señala que cuando los profesionales perciben poca


capacidad para influir sobre sus resultados laborales disminuyen los niveles de
Realización Personal y aumentan los de Agotamiento Emocional y
Despersonalización.

Participar en la toma de decisiones puede condicionar aspectos como


seguridad personal, responsabilidad y Realización Personal, ya que permiten al
individuo tomar decisiones con repercusiones en el trabajo (Zamora, 2001).

A menor posibilidad de tomar decisiones, la probabilidad de sufrir “Burnout” es


mayor (Burke y Richardsen, 1991; Friedman, 1991; Leiter, 1989; Pretorius, 1993).

Para Lee y Ashforth (1993) cuando la autonomía es menor, aumenta el


“Burnout” especialmente en su dimensión Agotamiento Emocional. Sin embargo,
cabe recordar los hallazgos de Grau et al. (2000) que relacionan la autonomía con la
autoeficacia, donde una alta autonomía con una baja autoeficacia perjudica
seriamente el nivel de salud.

Maslach y Leiter (1997) señalan que la capacidad de priorizar en el trabajo, de


seleccionar el modo de afrontar una ejecución laboral y de decidir el uso de
recursos, son aspectos fundamentales para los trabajadores. Cuando no se posee
un control sobre las dimensiones impuestas en el medio laboral, hay una tendencia a
evitar afrontar los problemas que se identifican.

Según Brissie et al. (1988), Friedman (1991), en las organizaciones muy


normativas donde la definición es elevada y las posibilidades de improvisar o tomar
decisiones se ven restringidas, es más frecuente sufrir “Burnout”.

RECOMPENSAS
Tampoco para la variable recompensas hemos podido encontrar un gran
abanico de investigaciones en el ámbito docente que recoja su posible influencia en
el proceso de “Burnout”.

192
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Maslach y Leiter (1997) exponen que hay dos tipos de recompensas. La


primera, denominada extrínseca está relacionada con la retribución salarial,
seguridad y prestigio. La segunda e intrínseca se relaciona con la satisfacción
interna de realizar la propia tarea. Una reducción en ambos tipos de recompensas
disminuye el potencial de compromiso del empleado con el trabajo.

Entre los factores que originan estrés docente es común encontrar entre sus
causas la falta de recompensas manifestada a través de bajos salarios (que según
Gordillo (1988), Litt y Turk (1985), Milstein, Golaszewski y Duquette (1984), es
inferior en todos los países de Europa occidental, Canadá y EEUU en comparación
con los de otros profesionales de su misma titulación); falta de carga lectiva para el
desarrollo de proyectos de investigación o de divulgación de las innovaciones
educativas llevadas a cabo por docentes, etc.

A nivel general autores como Burke y Richardsen (1991), Brissie et al.


(1988), Chappell y Novak (1992), Edelwich y Brodsky (1980), Glicken (1983),
Jackson y Schuler (1983), Maslach y Jackson (1984), Meier (1983), consideran que
la falta de recompensas predicen la aparición de “Burnout”, ya sean económicas,
sociales, como consecuencia del trabajo bien hecho, o a consecuencia de la
trayectoria profesional. Si consideramos que dentro de las recompensas entra el
apoyo o reconocimiento social/ administrativo de la profesión docente, podemos
encontrar conclusiones al respecto en puntos anteriores del trabajo.

En Madrid, Guerrero y Vicente (2001) realizan un estudio sociológico sobre


profesores de infantil y primaria para detectar las fuentes de satisfacción de este
colectivo. Este estudio refleja que las recompensas extrínsecas son las menos
valoradas (horario lectivo 43%, retribución salarial 29% y valoración social 14%);
mientras que las únicas fuentes de satisfacción laboral que señalan los docentes
aluden a recompensas intrínsecas (autonomía en el aula 92,7%; resultado del
trabajo, 74,6%) exceptuando las vacaciones que destacan en cuanto a satisfacción
entre las extrínsecas (90,7%).

193
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

CLIMA DE CENTRO Y AULA


La mayor parte de los estudios sobre “Burnout” se han centrado en el análisis
de las variables antecedentes y predictoras del síndrome en estudios de edad,
estado civil, sexo, años de profesión, etc. (Anderson e Iwanicki, 1984; Byrne, 1991,
1994; Malik et al., 1991; Maslach y Jackson, 1981). Sin embargo, aunque con
conclusiones no menos importantes, han sido muchos menos los estudios
empíricos que han considerado el clima de centro y aula como posible variable
antecedente y predictora del “Burnout”. Tanto el clima del centro global como del
aula en particular son importantes posibles antecedentes para el “Burnout” docente.

El clima del aula y del centro influye en la cognición y afectividad de los


alumnos y en el crecimiento personal y satisfacción de los docentes (Dorman,
Fraser y Campbell, 1997).

Rodríguez (2004) define el clima escolar como el conjunto de características


psicosociales del centro, determiando por factores o elementos estructurales,
personales y funcionales de la institución integrados en un proceso dinámico. El
clima de aula se analiza como unidad funcional dentro del centro, influenciada por
variables específicas; las características y conducta de profesores, alulmnos y la
interacción entre ambas confieren el rasgo distintivo que proporciona una cierta
independencia a ambos conceptos.

Cordeiro (2001) señala que los centros conflictivos generan “Burnout”.

Para Brouwers y Tomic (2000) el hecho de que el 63% de una muestra de


5.000 profesores de América y Canadá señalen los problemas de disciplina como la
principal fuente de estrés en su medio laboral (Kuzsman y Schnall, 1987) y que las
conductas disruptivas de los alumnos tengan un efecto negativo sobre el “Burnout”
son las principales razones para prestar una especial atención a las relaciones entre
alumnos y profesores en el estudio del “Burnout” docente.

Para Moriana (2002), el clima del aula es uno de los aspectos más estudiados
en todo el mundo. En este sentido, el autor recoge los resultados de investigaciones
realizadas en diferentes países: Nigeria (Okebukola y Jegede, 1989), Malta (Borg y

194
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Riding, 1991), Irlanda del Norte (McGrath, Houghton y Reid, 1989), EEUU (Kuzsman
y Schnall, 1987), Suecia (Brenner, Sörbom y Wallius, 1985), Reino Unido (Fletcher y
Payne, 1982), Australia (Laughlin, 1984), Finlandia (Makinen y Kinnunen, 1986),
Islas Barbados (Payne y Furnham, 1987), etc., coincidiendo todos ellos en la
importancia que tiene la mala disciplina del alumno en el aula sobre los efectos
estresantes para el profesor.

La importancia otorgada a la conducta disruptiva de los alumnos como


variable predictora de estrés goza de una valoración homogénea aunque
cuantitativamente diferente. Hart et al. (1995) concluyen que la reducción de la mala
conducta de los alumnos como un pequeño punto a considerar en la reducción del
estrés docente. Sin embargo Boyle, Borg, Falzon y Baglioni (1995) señalan que el
trabajo proporcional de cada profesor y la mala conducta de los alumnos tienen un
gran peso en la predicción del estrés docente. Entre los autores que han encontrado
fuerte correlación entre conducta disruptiva de los alumnos y “Burnout” docente
destacan Borg y Riding (1991), Byrne (1994), Lamude et al. (1992) y Whiteman et al.
(1985). Comparaciones entre altos y bajos niveles de este síndrome en docentes
muestran que la conducta negativa de los alumnos se asocia con altos niveles de
“Burnout” autoinformados por los docentes (Pierce y Molloy, 1990).

Los profesores tienden a identificar de forma espontánea la conducta


disruptiva de los alumnos como una fuente de estrés (Blase, 1982).

En estudios donde también se han considerado otras fuentes tales como


variables organizacionales, ambigüedad de rol o presiones administrativas, la
conducta negativa del alumnado emerge como el más fuerte predictor de “Burnout”
(Hart et al., 1995; Kyriacou, 1987).

Los profesores que en estudios encuentran la conducta negativa del


alumnado como variable más estresante, reportan niveles más elevados de
“Burnout” (Hastings y Bham, 2003).

Friedman (1995) señala que uno de los principales inconvenientes de


considerar la mala conducta de los alumnos como variable es que ésta se toma

195
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

como representación global del aula, ya que los profesores toman contacto con los
alumnos como grupo, no como alumnos individuales. Este autor desarrolla la escala
de modelos de conducta de estudiantes (PBP; Pupil Behavior Patterns, Friedman,
1994) a través de la cual los profesores valoran la conducta de los estudiantes de
su grupo en tres dimensiones: falta de respeto, sociabilidad y atención/cortesía,
siendo la dimensión falta de respeto el predictor más fuerte del síndrome.
Paralelamente, los propios alumnos encuentran esta dimensión como la más irritante
y disruptiva hacia sus profesores (Friedman, 1995).

Friedman (1994) utilizando una adaptación del MBI (Maslach et al., 1996) con
profesores de educación primaria de Israel, relaciona las tres dimensiones de la
escala PBP con su adaptación de la escala del MBI, encontrando que Cansancio
Emocional es predecido por falta de respeto y sociabilidad, mientras que
Realización Personal es predecida por falta de respeto y cortesía.

Hastings y Bham (2003), replicando parcialmente el estudio de Friedman


(1995), con docentes británicos de primaria utilizando la PBP (Pupil Behavior
Patterns, Friedman, 1994) y considerando las tres dimensiones del MBI (Maslach y
Jackson, 1981), encuentra que la conducta negativa de los alumnos repercute
aumentando los niveles de “Burnout”. Sobre las variables en las que más repercute,
encuentra diferencias con respecto a los estudios de Friedman (1995). Hastings y
Bham (2003) considera que se debe a la influencia de variables transculturales y
pone de manifiesto que más que importar en qué grado afecta la mala conducta de
los alumnos debemos investigar cómo y de qué manera lo hace.

McCormick y Barnett (2011) en un estudio realizado con 416 profesores en


Australia concluyen que el mal comportamiento de los estudiantes influye en la
predicción de cada una de las tres dimensiones del “Burnout”

Tradicionalmente el clima escolar o del aula ha sido estudiado como posible


predictor del “Burnout” en profesores utilizando escalas de medida unidimensional.
Así, Byrne (1994) utilizó la escala de clima de aula de 11 ítems de Bacharach, et al.
(1986) que no recogen en su conceptualización el área psicosocial. Sin embargo,

196
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

desde mediados de la década de los 60 se viene recogiendo por parte de diferentes


investigadores la importancia de plantear la concepción teórica del “Burnout” en los
centros escolares desde una perspectiva multidimensional (Fraser, 1998) que
incluya la importancia del clima escolar general y del aula en particular.

Ya desde un punto de vista multidimensional, para Dorman (2003) el


reconocimiento del clima escuela/clase como posibles variables predictoras de
“Burnout” es consistente con la interpretación psicosocial que Lens y Jesus (1999)
realizan sobre estrés y “Burnout” docente, así como con el punto de vista de
Maslach y Leiter (1999) donde el ambiente social es considerado el punto clave
tanto en entendimiento del síndrome como en su intervención.

Lamude et al. (1992) sugieren que la razón por la cual los alumnos se resisten
a los esfuerzos de los docentes por mantener el orden en las aulas depende del
grado de percepción del alumno respecto del estrés que sufren sus profesores.

Está ampliamente demostrado con los estudios realizados en los últimos 30


años que el ambiente de la clase es un determinante significativo en el aprendizaje
de los alumnos (Fraser, 1994, 1998; Soerjaningsih, Fraser y Aldridge, 2001), es
decir, los alumnos aprenden mejor cuando predicen un ambiente de aula positivo.

Dorman (2003) en un estudio llevado a cabo con 246 profesores de primaria y


secundaria de centros escolares privados de Queensland concluye un modelo
explicativo del “Burnout” docente donde destaca tres variables relacionadas con el
clima de aula siendo tratadas de forma multidimensional. La variable interacción
profesor-alumnos y orientación correlaciona significativamente y de forma negativa
con la dimensión Realización Personal; la cooperación entre alumnos en el aula
correlaciona de forma significativa y negativa con Despersonalización, y de forma
positiva con Realización Personal; orden y organización del aula correlacionan de
forma negativa con Cansancio Emocional. Estas conclusiones son consistentes con
los resultados obtenidos por otros investigadores centrados en las repercusiones de
la conducta disruptiva de los alumnos (Balson, 1992; Borg, 1990) y sobre la relación
“Burnout” y conducta negativa del alumnado (Borg y Riding, 1991; Boyle et al. 1995;
O’Connor y Clarke, 1990). Para este autor mientras las características del trabajo

197
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

docente han cambiado en muchas áreas profesionales, el clima escolar no los


contempla ni los refleja en los apoyos externos al aula que el docente puede hacer
servir.

Salanova et al. (2005) obtienen en un estudio longitudinal con una muestra de


274 docentes de secundaria que los “obstáculos sociales” que se refieren a
indisciplina, desinterés del alumnado por aprender, y actitud negativa de las familias
respecto del aprendizaje de sus hijos se relacionan de manera significativa y positiva
con Cinismo y Despersonalización (dos dimensiones del “Burnout”).

Otero-López, Castro y Villardefrancos (2009) encuentran con una muestra


española de 1386 docentes de ESO de Galicia diferencias significativas entre los
grupos de mayores niveles de “Burnout” para cada una de sus tres dimensiones
refiriendo los siguientes ítems por orden de relación con cada una de las
dimensiones: el grupo de docentes con mayores niveles de Cansancio Emocional
señalan el manejo con alumnos con problemas de disciplina, mantener la disciplina
en el aula, entrevistarse con padres de alumnos disruptivos y actitudes desafiantes
hacia el docente; en cuanto a docentes con mayores niveles de Despersonalización
aluden entrevistarse con padres de alumnos disruptivos, actitudes desafiantes hacia
el docente, vandalismo en las instalaciones del centro y mantener la disciplina en el
aula; para Realización Personal los docentes con menor nivel refieren los ítems
entrevistarse con padres de alumnos disruptivos, tratar con alumnos con problemas
de disciplina, agresividad verbal de los alumnos y la dificultad para mantener la
disciplina en el aula.

Otros aspectos que influyen sobre el clima de aula/ centro y que pueden
repercutir sobre los niveles de “Burnout” de los profesores son los deficientes
equipamientos de las escuelas y aulas (Bhagat, Allie y Ford, 1991; Cox, Boot, Cox y
Harrison, 1988; Kyriacou y Sutcliffe, 1977, 1978; Temml, 1994; Wulk, 1988), clases
con muchos alumnos (Häbler y Kunz, 1985; Knight-Wegenstein, 1973; Merz, 1979;
Schuh,1962; Urban, 1985), ruidos (Knothe, Scheuch, Misterek, Meyer y Thümmler,
1991; Leuschner, 1979; Scheuch, Leipnitz, Schreinicke y Rudow, 1978; y Wulk,
1988), malos horarios y tiempo de trabajo (Häbler y Kunz, 1985; Saupe y Möller,
1981; Schäfer, 1990; Wulk, 1988), malas relaciones con los compañeros (Brenner et

198
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

al., 1985; Esteve, Sacristán y Vera, 1988; Martínez, 1984; Ortiz, 1995; Wanberg,
1984), con el director (Clark, 1980; Needle, Griffin, Svendsen y Berney, 1980;
Tellenbeck, Brenner y Lofgren, 1983), con padres y madres de alumnos (Kalker,
1984, Mykletun, 1984 y Wanberg, 1984) y con la comunidad (Cox, 1978; Needle,
Griffin y Svendsen, 1981).

El informe TALIS (Teaching and Learning Internacional Survey, 2009)


considera al clima del aula como un factor importante para el rendimiento de los
alumnos, cerca del 60% de los profesores trabajan en escuelas cuyo director dice
que un clima negativo del aula impide mayores progresos en el aprendizaje.
Además, se resalta que un clima positivo en el centro y en las aulas está relacionado
con aspectos como las creencias de los profesores, el trabajo en equipo, la
satisfacción en el trabajo, sus actividades de formación y la adopción de diferentes
métodos de enseñanza. El informe TALIS (2009) confirma que, en general, el tiempo
efectivo dedicado a la enseñanza se ve favorecido en buena medida por un clima
positivo de la clase. Pero esta relación no se cumple en todos los países,
particularmente en España y Portugal, donde el tiempo dedicado a la enseñanza es
muy próximo a la media de los países TALIS (2009) pero el índice que ofrece el
clima de la clase es el más modesto de los países considerados.

Así pues, podemos concluir que un clima escolar positivo no sólo es


importante por el efecto inmediato en el rendimiento de los alumnos (Fraser, 1991)
sino también y muy especialmente porque contribuye a reducir el “Burnout” docente,
especialmente en su dimensión Realización Personal.

AMBIENTE FÍSICO
No hemos encontrado investigaciones en el ámbito docente que recoja la
posible influencia del ambiente físico en el proceso de “Burnout”. Sin embargo, a
modo general las condiciones ambientales tales como temperatura, ruido,
condiciones higiénicas, iluminación, peligrosidad, espacio físico, pueden ser factores
que contribuyan en el proceso de estrés laboral y “Burnout”.

199
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Savicki y Cooley (1987) señalan cómo el confort físico percibido por el


trabajador es un importante predictor del síndrome, sobre todo para la escala
Realización Personal.

Arcenillas (2003) señala que la disposición espacial en las aulas de colegios e


institutos produce más estrés que otras por los impedimentos que suponen en
cuanto a oportunidades de establecer relaciones interpersonales y grupales de
ayuda entre compañeros de trabajo. Esta autora señala en su estudio realizado con
profesores de primaria que el nivel de ruido aparece como principal factor de estrés
de rol utilizando el CBP-R (Cuestionario de Burnout de Profesores-Reducido;
Moreno-Jiménez et al., 2000a).

En el medio escolar de niveles de enseñanzas obligatorias, las características


ambientales de los centros escolares suelen ser más o menos homogéneas dentro
de unos límites. Si nos fijamos en los edificios construidos durante un determinado
periodo de tiempo, éstos suelen tener las mismas condiciones incluso a nivel de
distribución de las aulas, por lo que las mayores diferencias las podemos encontrar
en función de la antigüedad de los edificios. Por estos motivos podemos considerar
que los factores ambientales, a no ser que se den características anómalas en
centros determinados, no deberían ser factores diferenciales en función del nivel del
“Burnout” docente.

INNOVACIONES TECNOLÓGICAS: TECNOESTRÉS


El tecnoestrés se ha definido como una enfermedad casusada por la falta de
habilidad para tratara con las nuevas tecnologías de manera saludable (Brod, 1984).
En 1997, Weil y Rosen siguen matizando la connotación negativa del concepto
definiéndolo como el impacto negativo sobre las actitudes, pensamientos,
comportamientos o fisiología causado directa o indirectamente por la tecnología.

Salanova, Cifre y Martín (1999) denominan tecnoestrés al desajuste que hay


entre demandas y recursos personales relacionados con la tecnología.

200
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

McGoldrick y Cooper (1985) encuentran que en una fase cercana a la


jubilación, la adaptación a nuevas tecnologías entre otras variables, constituye una
fuente de estrés de especial importancia.

Fisher (1984) señala el impacto, cada vez más acelerado, de los cambios
tecnológicos sobre el estrés ocupacional.

Cordeiro (2001) señala que los maestros de primaria de su estudio en Cádiz


clasificados como “sanos” y “fronterizos” siguiendo el modelo de fases de
Golembiewski, Muzenrider y Carter (1983) se asocian a variables innovadoras,
mientras que los clasificados como sujetos “Burnout” se corresponden con los que
no tiene claro su talante innovador.

Peiró (1992) señala que los trabajos que requieren de un alto grado
tecnológico generan puestos laborales donde prevalece el componente cognitivo,
separando el procesamiento de la información de los componentes sociales,
favoreciendo actitudes de Despersonalización con respecto a los usuarios de la
organización.

Salanova (2003) recalca que, si bien existen diferentes estudios sobre las
causas de aparición del tecnoestrés la investigación sobre sus consecuencias es
más escasa y con resultados contradictorios; influyendo de manera positiva en el
bienestar pssicológico generando entusiamo y experiencias óptimas (Chen, Wigand
y Nilan, 1999; Cifre, Llorens, Martínez y Salanova, 2000; Llorens, Schaufeli, Bakker y
Salanova, 2007), o de manera negativa con consecuencias negativas para la
persona y la organización generando ansiedad o insatisfacción (Korunka, Weiss,
Huemer y Karetta, 1995; Prieto, Zornoza, Orengo y Peiró, 1996; Salanova y
Schaufeli, 2000), absentismo o reducción del desempeño (Salanova, 2003), e
incluso podría terminar en el desarrollo del síndrome del “Burnout” (Llorens et al.,
2005).

Llorens, Salanova y Ventura (2007) señalan que el tecnoestrés alberga tres


subtipos: tecnoansiedad, tecnofatiga y tecnoadicción. Centrándose en el primero,
Salanova (2003) lo define como un estado psicológico negativo relacionado con el

201
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

uso de las TIC o amenaza de su uso en un futuro. Este estado está condicionado
por la pecepción de un desajuste entre las demandas y los recursos relacionados
con el uso de las TIC que lleva a un alto nivel de activación psicofisiológica no
placentera y al desarrollo de actitudes negativas hacia las TIC. Las autoras llevan a
cabo un estudio longitudinal con 274 profesores de ESO para conocer cómo afecta
el tecnoestres directamente en las creencias de eficacia e indirectamente en el
desarrollo del “Burnout” docente. Sus conclusiones muestran que el tecnoestrés
tiene un efecto negativo sobre las creencias de eficacia, que a su vez genera
“Burnout” 8 meses después; es decir, los docentes que sufren tecnoestrés se
perciben menos eficaces a nivel profesional y con el paso del tiempo esta situación
de baja eficacia les lleva a experimentar más agotamiento y cinismo en relación a su
labor profesional. Así pues, demuestran una fuerte evidencia del impacto negativo
del tecnoestrés sobre las creencias de eficacia, que a su vez, provoca el desarrollo
del síndrome del “Burnout”; estos resultados estarían según las autoras a favor del
rol mediador de las creencias de eficacia entre tecnoestrés y “Burnout”.

CULTURA
Dentro de este factor podemos encontrar dos tipos de cultura, la cultura entre
diferentes pueblos, naciones, etc. y la cultura intrínseca a la organización donde
trabajamos.

Lazarus y Folkman (1984) indican que la cultura puede entenderse como una
variable personal que interviene en los procesos de evaluación y afrontamiento de
las situaciones estresantes Desde este punto de vista, algunos autores consideran
que las diferencias culturales y la prevención/ intervención sobre el “Burnout”
depende de las circunstancias laborales pero también de los aspectos culturales
(Savicki, 2000).

Para Hofstede (1991) la cultura es la programación colectiva de la mente que


distingue a los miembros de un grupo o categoría de gente de otros. En la década
de los 80, elaboró una tipología de culturas (Hofstede, 1980) según la cual se

202
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

pueden distinguir las culturas en base a cuatro factores: distancia de poder,


individualismo-colectivismo, masculinidad-feminidad, y evitación de la incertidumbre.

Molero (2002) considera que la cultura está constituida por un conjunto de


creencias, actitudes, valores y prácticas compartidas por un grupo de individuos que
tienen una historia común y participan de una estructura social.

En la primera aceptación del término, Pines y Guendelman (1995) mantienen


que el “Burnout” no afecta por igual a individuos de diferentes culturas y por tanto la
cultura es mediadora en la incidencia del síndrome. Esta afirmación se asocia al
hecho de que la cultura puede condicionar la manera de entender las relaciones
sociales y los diferentes apoyos que las personas reciben.

Los estudios transculturales sobre el síndrome han sido fundamentalmente


publicados a partir del año 2000 (Golembiewski, Boudreau, Muzenrider y Lou, 1996;
Mann-Feder y Savicki, 2003; Muhammad y Hamdy, 2005; Pines, 2004; Savicki,
2002; Schaufeli y Enzmann, 1998), y aunque en número han sido más bien escasos
autores clásicos como Freudenberger (1989) no era ya ajeno a este enfoque al
reconocer la importancia que tienen los valores sociales, la ética, y la moral de la
sociedad en el desarrollo del síndrome. A mediados de la década de los 80, Sarason
(1985) afirmó que tanto valores sociales, como condiciones económicas, y los
momentos históricos son elementos decisivos para explicar los procesos de
generación individuales y colectivos del “Burnout” al no ser este fenómeno una
característica individual e interna del sujeto exclusivamente, sino que es fruto de una
suma de características psicológicas que reflejan las estructuras amplias de una
determinada sociedad.

Parece claro, tras observar la revisión bibliográfica, que el “Burnout” no es un


problema que se reduzca a ámbitos laborales de Estados Unidos u otros países de
habla inglesa como Reino Unido o Canadá (Golembieski, Scherb y Bourdreau,
1993), sino que se amplia en el dominio geográfico y cultural de forma que puede
considerarse un problema no sólo transnacional sino tanscultural.

203
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Golembieski et al. (1993) resumen en los siguientes puntos los aspectos


transnacionales más importantes de la investigación del “Burnout”:
- Los efectos del estrés y “Burnout” están ampliamente extendidos en la mayoría
de los países, siendo sus efectos mayores en los países más desarrollados.
- Los estudios de replica tienden a encontrar perfiles del síndrome más benévolos
en los países con un estilo de vida más relajado.
- Los estudios transnacionales frecuentemente no tienen suficientemente en
cuenta las diferencias culturales y conductuales entre países.
- Los estudios tienden a encontrar que las fuentes de estrés, los problemas de
salud mental y el bienestar tienden a ser similares entre nacionalidades similares
(países asiáticos vs. anglosajones).
- Los resultados de los estudios transculturales tienden a encontrar perfiles
diferenciales semejantes (niveles más elevados del “Burnout” y sus
consecuencias en las mujeres).

La cultura influye en la conducta humana, de forma que los factores que


tienen que ver con las diferentes lenguas, las diferencias geográficas, las diferentes
políticas y la diferente historia son factores importantes en el entendimiento de los
fenómenos psicológicos (Triandis, 1996). En el estudio del “Burnout” las diferencias
culturales y el contexto profesional influyen en los indicadores de estrés, así por
ejemplo se han encontrado diferencias significativas en los niveles de agotamiento
emocional en función de aspectos culturales (Moreno-Jiménez, Garrosa, Benavides-
Pereira y Gálvez Herrer, 2003). Estos resultados parecen indicar que el “Burnout” no
depende completamente de características personales y problemas relacionados
con las condiciones de trabajo, existen otros factores culturales en el contexto que
tienen una importancia relevante en el proceso que da lugar al síndrome.

Maslach et al. (2001) indican que cuantitativamente el perfil norteamericano y


europeo del “Burnout” difieren de modo que los niveles europeos suelen ser más
bajos en Agotamiento y Cinismo en comparación con los americanos. Los autores
indican que las razones de estas diferencias no están claras, pero apuntan las
siguientes posibles razones:

204
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Una tendencia de respuesta menos extrema en los europeos que en los


americanos.
- Mayor aceptación social del cinismo individualista en la población americana que
en la europea.
- Mayor orientación al logro en la sociedad americana, que podría generar
mayores niveles del síndrome.
- El trabajo en sí mismo podría ser más estresante y agotador en Estados Unidos
que en Europa.

Al mismo tiempo los autores enfatizan que las diferencias en los niveles de
“Burnout” existen tanto dentro de la misma nacionalidad o país como entre diferentes
nacionalidades.

Pines (2002a, 2004) observa con docentes de Israel menores niveles de


“Burnout” que sus colegas americanos (trabajando en contextos educativos
similares). El autor lo argumenta basándose en que el pueblo de Israel está aún en
lucha con cuestiones existenciales básicas debido a la trayectoria de holocaustos y
guerras vividas, presentando mayores niveles de existencialismo en su vida y
pensando que su contribución a la educación es muy significativa.

Partiendo de los datos recogidos en el estudio “Euroteach” (donde participan


docentes de 11 países europeos: Bélgica, Inglaterra, Finlandia, Francia, Alemania,
Grecia, Irlanda, Italia, Países Bajos, España y Suiza); Kantas y Vasiliki (1997)
obtienen que los 220 docentes griegos de la muestra de primaria y secundaria
obtienen menores niveles de “Burnout” en comparación con docentes de otros
países.

Verhoeven et al. (2003) partiendo igualmente de los datos recogidos en el


Proyecto “Euroteach” no encuentran diferencias significativas al comparar la muestra
de docentes alemanes de secundaria con los restantes colegas europeos en cuanto
a Cansancio Emocional; sin embargo, sí obtiene puntuaciones significativas más
elevadas en Despersonalización y menores en Realización Personal y satisfacción
laboral.

205
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Konstadina y Joekes (2003) también dentro del marco “Euroteach” observan


que los docentes ingleses participantes en el estudio presentan mayores síntomas
de “Burnout” y quejas somáticas, así como menor nivel de satisfacción en
comparación con los resultados obtenidos en otros países.

Lau, Yuen y Chan (2005) en un estudio transcultural con docentes de Hong


Kong y Norte América, obtienen que los primeros puntúan en la misma media en
Cansancio Emocional y Realización Personal, pero en un rango inferior en
Despersonalización.

Benavides-Pereira, Moreno-Jiménez, Garrosa y González (2006) en un


estudio transcultural llevado a cabo con 264 profesores de primaria de Madrid y 366
de Maringá-Brasil señalan, a través del CBP (Moreno-Jiménez et al., 2000a),
diferencias y dificultades que no pueden ser ignoradas, en especial por los
profesores brasileños que admiten intranquilidad con su futuro profesional, así como
que su trabajo está más allá de que se podría esperar de ellos y que los criterios
para una buena educación son muy elevados además de contar con pocos recursos.
También son los profesores de Brasil los que más señalan que las instalaciones de
las escuelas se mantienen en buenas condiciones. Las dificultades de relaciones
entre docentes-padres, así como entre docentes-alumnos son más referidas por los
profesores brasileños, mientras que las dificultades con superiores son un poco más
frecuentes entre los españoles. La satisfacción en el trabajo, más que el sueldo, ha
sido un factor relevante en el grupo estudiado.

Estos enfoques se centran en los aspectos cuantitativos de las diferencias


entre las muestras de diferentes países, lo que permite establecer tanto un “perfil
cultural” como un “perfil profesional” (Schaufeli y Enzmann, 1998).

En cuanto a la cultura organizacional, destaca el término “cultura corporativa”


definida como conjunto de significados compartidos. Su aplicación al estudio del
“Burnout” ha sido escasa, pero se muestra como uno de los grandes enfoques
actuales en la descripción y explicación de los comportamientos en este nivel. La
cultura corporativa es un elemento de cohesión, entendimiento y prácticas comunes
entre los diferentes miembros, proporcionando un sentido de implicación

206
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

organizacional, sentimiento de autoestima profesional y personal, etc. El resultado


de este planteamiento implica una cultura con menor desgaste profesional. Sin
embargo, hay que tener en cuenta que la cultura corporativa puede tener su
contrapartida, ya que si esta excelencia se convierte en una sobrecarga psicológica
difícil de asumir puede convertirse en una fuente de “Burnout” (Schein, 1988).

Winnubst (1993) siguiendo el modelo de Mintzberg (1979) considera que


existen dos grandes tipos de culturas organizativas en función de su estructura: la
burocracia mecánica y la burocracia profesional. El sistema educativo está
encuadrado dentro de la estructura burocrática profesional donde los factores de
“Burnout” residen principalmente en la falta de definición de la propia competencia,
lo cual ligado al síndrome, recae fundamentalmente en el rol docente.

Así pues, vemos como en cualquiera de sus dos vertientes, el papel de la


cultura es muy importante en el estudio del “Burnout”, y nos debe servir para tomar
precauciones a la hora de interpretar los resultados obtenidos en diferentes
investigaciones.

Tras haber realizado el recorrido por las variables que pueden estar
influyendo en el proceso de desarrollo del síndrome, es fácil concluir que no se
puede establecer un perfil homogéneo de docentes que sufren “Burnout”; sin
embrago, a continuación se recogen autores que lo proporcionan en base a sus
investigaciones.

Para Cordeiro (2001) el perfil de los docentes que sufren “Burnout” sería el de
un profesor varón, casado, con media de edad de 40 años, recién llegados a su
centro de destino definitivo o con más de 15 años continuados de servicio en centros
considerados como conflictivos, mayoritariamente tutores, poco colaboradores con
las reformas educativas, y poco o nada innovadores. El nivel de padecimiento del
síndrome de este perfil iría en aumento a medida que se aleja la docencia del
profesor de la especialidad para la que se preparó. Creen no haber recibido una
adecuada formación, y no volverían a ejercer esta profesión si pudieran elegir.

207
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Salanova, Llorens y García (2003) el perfil socio-laboral del profesor


quemado es el siguiente:
- Las mujeres son las que se encuentran más agotadas, menos eficaces y la que
muestran mayores síntomas depresivos.
- Los profesores de entre 43-57 años muestran mayores niveles de cinismo,
menos eficacia profesional, más depresivos y menor satisfacción laboral.
- Los que imparten grupos mixtos de Enseñanza Secundaria y Enseñanza
Obligatoria muestran mayores niveles de agotamiento y cinismo.
- Los que imparten la ESO muestran mayores niveles de ansiedad.

Para terminar este apartado señalamos el estudio realizado por Coulter y Abney
(2008) al examinar en qué medida los niveles de “Burnout” de docentes de escuelas
internacionales difieren de los niveles de aquellos que trabajan en su país de origen,
obteniendo con una muestra de 105 docentes canadienses en centros de educación
secundaria que los docentes de escuelas internacionales presentan,
estadísticamente, niveles del síndrome inferiores a los compañeros que trabajan en
su país de origen. No obstante, cabe señalar que la medida del “Burnout” se realiza
con el Burnout Test Form 1 (Jerabeck, 2001) que tiene en cuenta datos no
paramétricos, con las limitaciones que esto conlleva.

2.3.3. ANTROPOMÉTRICAS, BIOLÓGICAS Y FISIOLÓGICAS

Aunque en menor cuantía si lo comparamos con otros tipos de medidas del


“Burnout”, se han realizado estudios basados en la objetividad de pruebas
fisiológicas, bioquímicas e inmunológicas. La literatura indica el predominio de
investigaciones realizadas mediante la cumplimentación de autoinformes,
echándose en falta un mayor número de estudios fisiológicos, bioquímicos e
inmunológicos para el estudio del Burnout en el profesorado (Guerreo et al. 2001;
Rudow, 1999), al ser indudable la objetividad y la validez de sus resultados. En este
sentido, se demanda el desarrollo de medidas múltiples que no se limiten a los
cuestionarios (Maslach y Leiter, 1999), recomendándose especialmente la

208
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

combinación de medidas orgánicas y fisiológicas con los autoinformes (Moriana y


Herruzo, 2004; Rudow, 1999).

Para Moriana y Herruzo (2003) este tipo de pruebas son infrecuentes debido
a la tecnología aplicada y la poca disponibilidad del profesorado para hacerse
pruebas, así como por la asociación de determinadas medidas orgánicas con el
estrés o el “Burnout”, como respuestas físicas a estos. Ranchal y Vaquero (2008)
apuntan la falta de estudios que relacionen el Test de Maslach para medir el
“Burnout” con variables biológicas Moriana y Herruzo (2004) reflejan la necesidad de
aumentar el número de investigaciones relacionadas con medidas orgánicas y
fisiológicas ante la objetividad y validez de los resultados, siendo de gran interés
comparar estas medidas con los resultados de los autoinformes.

Principalmente se han tomado medidas del pulso en actividades diarias en los


centros escolares (Scheuch et al.,1978), electrocardiograma en actividades
concretas y en actividad total, presión sanguínea (Scheuch et al., 1978),
catecolaminas durante un día y a lo largo de un curso (Brenner et al., 1985;
Karpenko, 1975; Kinnunen, 1989); dieta alimenticia (Bradfield y Fones, 1984)
niveles de 17-Oxycorticosterina, e inmunoglobulinas (Karpenko, 1975; Ursin,
Mykletun, Tonder, Vaernes, Relling y Murison, 1984). En las conclusiones de estos
estudios se observa que la experiencia de estrés crónico reduce los niveles de
algunas inmunoglobulinas, aumenta el pulso, el latido del corazón, la presión
sanguínea y las catecolaminas, derivándose un notable riesgo de sufrir
enfermedades cardiovasculares.

Ranchal y Vaquero (2008) recogiendo una muestra obtenida con 186


docentes de la provincia de Córdoba seleccionados a partir del personal funcionario
que participó en los reconocimientos de vigilancia de la salud durante el curso
2004/2005 estudian las variables fisiológicas y bioquímicas (presión arterial,
glucemia y colesterolemia), así como con el Índice de Masa Corporal. Los autores, a
diferencia de otros estudios, no encuentran diferencias significativas entre los niveles
de “Burnout” y la tensión arterial; tampoco al correlacionar dichos componentes con
los niveles de glucemia, y lípidemia (HDL y Triglicéridos). No obstante, los resultados
obtenidos por Ranchal y Vaquero (2008) podrían estar influenciados por el llamado

209
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

"efecto del trabajador sano" (Gil-Monte, 2005) al no acudir a los reconocimientos


médicos los individuos más afectados por el propio síndrome, apuntando los autores
hacia la necesidad de realizar estudios más avanzados que incluyan análisis
genéticos en muestras de mayor tamaño. Sin embargo, sí encuentran diferencias
significativas entre la variable "Realización Personal" y la categoría del IMC,
recodificado en normopeso y sobrepeso / obesidad, de forma que los docentes que
con mayor nivel de “Realización Personal” presentan un IMC más favorable. El IMC
relaciona la talla y el peso; sería sensato pensar que cuando un sujeto se siente
realizado se preocupa más de su salud, procurando el mantenimiento de un peso
adecuado, incluso de realizar mejor su trabajo. Se observa que las mujeres con
normopeso participan más en grupos de trabajo que aquellas con sobrepeso u
obesas. Estos datos refuerzan la idea de retroalimentación entre la salud, el
bienestar, el trabajo y la productividad; si bien, los autores señalan que son
necesarios estudios longitudinales y experimentales que confirmen esta conclusión.

210
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

3. FACTORES, CICLOS Y MODELOS EXPLICATIVOS


DEL BURNOUT

3.1. FACTORES QUE CAUSAN ESTRÉS Y/O “BURNOUT” EN


LA ENSEÑANZA

Hay un gran número de trabajos que han intentado identificar las fuentes
específicas de estrés y “Burnout” en la docencia. No obstante, estas fuentes
resultan ser diferentes y con frecuencia variables según los estudios consultados, la
población docente específica, y la cultura a la que pertenece.

Autores clásicos dentro del estudio del “Burnout” señalan entre otras las
siguientes causas: conducta disruptiva de los alumnos incluido el ruido, conductas
de mala educación y pobres actitudes hacia el trabajo escolar (Borg, Riding y
Falzon; 1991), problemas de disciplina creados por los alumnos (McCormick, 1997),
apatía y bajas expectativas de los alumnos (Burke y Greenglass, 1993) o falta de
motivación (Byrne, 1994).

A continuación mostramos una recopilación cronológica y meramente


descriptiva de las causas o factores que diversos autores han recogido como
principales fuentes de estrés o “Burnout” en la docencia.

 Kyriacou y Sutcliffe (1978a) con una muestra de 257 maestros de diferentes


niveles educativos de Inglaterra obtienen cuatro factores que agrupan las
diferentes fuentes de estrés en docentes:
- Problemas de conducta con alumnos.
- Pobres condiciones de trabajo.
- Presiones de tiempo.
- Problemas derivados de la organización escolar.

211
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Cichon y Koff (1980) con docentes de diferentes niveles de Chicago


obtienen también cuatro factores:
- Preocupaciones prioritarias: disciplina de los alumnos, concretamente control de
alumnos problemáticos, recibir amenazas a nivel personal e insultos.
- Problemas organizativos: traslados involuntarios, reorganización de problemas
educativos, etc.
- El tercer y cuarto factor agrupa características directamente relacionadas con la
práctica docente: cómo enseñar a alumnos con bajo nivel, cómo realizar
reuniones con padres, etc.

Los autores señalan que los docentes sienten como menos estresantes las
situaciones de tipo pedagógico ya que son sobre las que ejercen un mayor control.

 Clark (1980) desarrolla el TOSFQ (Teacher Occupational Stress Factor


Questionnaire), y nos señala las siguientes fuentes de estrés docente:
- Escasa competencia profesional.
- Interacción entre docente-equipo directivo.
- Interacción con compañeros.
- Homogeneidad en las instrucciones.
- Sobrecarga laboral.

 Blase (1982) agrupa los factores que causan estrés docente en dos grandes
grupos:
- Factores de primer orden: inciden directamente sobre la acción del docente en su
aula, generando tensiones asociadas a sentimientos y emociones negativas.
Entre estos factores encontramos:
- Falta de recursos materiales.
- Malas condiciones de trabajo (conservación de edificios, mobiliario,
etc.).
- Violencia en las instituciones escolares.
- Agotamiento docente y acumulación de exigencias sobre el profesor.

212
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Factores de segundo orden: aluden a las condiciones ambientales, al contexto en


el cual se ejerce la actividad docente. Su acción es indirecta afectando a la
eficacia del profesor al inhibir su activación, implicación y esfuerzos
profesionales. Entre los factores de segundo orden encontramos:
- Modificación del rol del profesor y de los agentes tradicionales de
socialización.
- Contestación y contradicción de la función docente.
- Modificación del apoyo del contexto social.
- Ambigüedad de los objetivos del sistema de enseñanza y malestar por
el avance del conocimiento.
- Imagen profesional no ajustada a la realidad.

Esteve (1987) destaca que si estos factores se presentan de forma aislada,


las repercusiones apenas son significativas, pero si se acumulan inciden sobre la
autoimagen del docente y de su competencia profesional pudiendo llegar a provocar
una crisis de identidad que derive en una autodepreciación del yo.

 Maslach (1982), Ratliff (1988), Dinhan y Scott (1996) consideran los


siguientes factores como predictores del “Burnout”:
- Nivel de interacciones con alumnos y compañeros.
- Oportunidades de acceder a nuevos conocimientos.
- Salario.
- Oportunidades para desarrollar la carrera profesional.
- Estructura del centro educativo.
- Ratio de alumnos.
- Disponibilidad de recursos.
- Procedimientos y políticas educativas.
- Seguridad en el trabajo.

213
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Santos (1983) habla de la “erosión docente” y alude a tres factores


principales:
- Causas sociológicas: remuneración insatisfactoria, desmitificación del rol docente
y deterioro de la auotimagen.
- Causas psicológicas: crisis de identidad o desencanto frente al alumnado.
- Causas filosóficas: fines de la educación y del sistema educativo.

 Sakharov y Farber (1983) señalan como principales causas del “Burnout”


docente:
- Dificultades en el manejo de conductas disruptivas del alumnado.
- Incompetencia de la administración.
- Perdida de apoyo de los equipos directivos para hacer frente a la disciplina.
- Salarios bajos.
- Pérdida de movilidad laboral.
- Movilidad involuntaria.
- Presión pública.
- Demandas familiares.
- Excesiva burocracia.

 Farber (1984) en su estudio realizado con 365 docentes de escuelas


públicas suburbanas de EEUU, apunta tres principales factores:
- Problemas con la Administración.
- Falta de oportunidades para promocionar profesionalmente.
- Excedo de burocracia.

 Cox y Brockley (1984) en una revisión bibliográfica de estudios relacionados


con estrés docente apuntan cinco categorías:
- Desarrollo profesional.
- Naturaleza del trabajo: elevada ratio de alumnos, métodos de enseñanza,
comportamiento de alumnos, etc.

214
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Ambiente físico.
- Organización de la escuela.
- Relación escuela-comunidad.

 Foxworth, Karnes y Leonard (1984) centran su estudio con maestros de


Educación Especial y señalan cuatro factores:
- Interrelación con otros maestros: situaciones problemáticas producto de la
relación con otros colegas.
- Trabajo y compensación: salario, organización y promoción profesional.
- Trabajo con los alumnos: disciplina y motivación.
- Percepción de respeto por parte de los demás: consideración y valoración por
parte de la Administración, alumnos y sociedad en general.

 Gosselin (1984) recoge cinco fuentes de estrés docente:


- Motivaciones para la elección de la profesión docente.
- Distancia entre el ideal soñado y la realidad.
- Relación profesor- alumno.
- Relación profesor-familias.
- Relación profesor-autoridades.

 Seva (1985) cita 12 fuentes de estrés docente:


- Excesivo trabajo y amplios horarios.
- Burocratización: las labores docentes aumentan de forma continua.
- Bajos sueldos.
- Falta de reconocimiento social de la labor docente.
- Falta de reconocimiento de los superiores y de la institución, especialmente de la
pública.
- Masificación del alumnado.
- Dificultades continuas y cada vez más difíciles con los adolescentes y los
problemas conflictivos.

215
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Choque con la insuficiente educación que reciben los alumnos desde las familias.
- Dificultades crecientes en la relación con las familias que se colocan al lado de
sus hijos y en contra del profesor.
- Devaluación de la autoridad del profesor en mundo regido por la ley del mínimo
esfuerzo.
- Falta de acomodación entre el ideal pedagógico y la dura y fría realidad,
sometida a estrictos horarios, órdenes y papeles.
- Falta de apoyo de la investigación personal y directa.
- Sentida necesidad de auténtica libertad para enseñar, ahogada por trabas
burocráticas y administrativas.

 Friedman y Lotan (1985) señalan como principales variables predictoras de


“Burnout” docente:
- En un primer bloque: Manejo del control de conductas disruptivas en el aula,
violencia y apatía del alumnado, pobres relaciones entre alumnado y
profesorado.
- En un segundo bloque: Insensibilidad administrativa, pérdida de apoyo,
incompetencia burocrática y pérdida de consideración en las decisiones
organizacionales.

 Blase (1986) con docentes de diferentes niveles de enseñanza de Estados


Unidos detecta nueve fuentes de estrés:
- Organizativas: administración del tiempo, trabajo burocrático, falta de material,
instalaciones físicas, reuniones, tamaño de las aulas, demandas conflictivas,
acontecimientos deportivos, esquemas organizativos deficientes.
- Estudiantes: problemas de disciplina, apatía, falta de logros, absentismo.
- Administrativas: expectativas profesionales no claras, falta de soporte,
expectativas no razonables, procedimientos de evaluación no adecuados, falta
de oportunidades.
- Maestros: conflictos, falta de cooperación, incompetencia y/o la irresponsabilidad,
actitudes negativas, falta de comunicación.

216
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Padres: interferencias de las familias respecto a la tarea docente, falta de


soporte, apatía, falta de comunicación y entendimiento.
- Profesional: falta de avance profesional, bajos salarios, inseguridad del empleo.
- Personal: conflictos entre valores a nivel personal.
- Programas académicos: repeticiones de los programas educativos, objetivos
poco realistas o estándares educativos bajos.

 Dewe (1986) señala las siguientes fuentes de estrés:


- Sobrecarga laboral.
- Pérdida de control sobre las actividades y sus resultados.
- Escasa satisfacción laboral.
- Conflicto de rol.
- Cambios rápidos y excesivos.
- Conflictos interpersonales.
- Expectativas no ajustadas a la realidad.

 Payne y Furnham (1987) en un estudio realizado con 444 maestros de


educación secundaria de las islas Barbados expone ocho factores de fuentes
de estrés:
- Administración del tiempo.
- Relaciones con la autoridad.
- Comportamiento de los estudiantes.
- Problemas de tipo profesional.
- Seguridad/ competencia de los maestros.
- Interferencias burocráticas.
- Relaciones con los compañeros de trabajo.
- Condiciones de trabajo.

217
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Cox (1988) en un estudio con profesores de secundaria de Inglaterra, señala


cuatro factores de fuentes de estrés:
- Formación y desarrollo de la carrera profesional.
- Factores inherentes a la profesión: situaciones del aula y relación con alumnos
conflictivos.
- Escuela como organización, su cultura y cómo dirigirla.
- Fuentes externas al centro: expectativas políticas, relación con la comunidad.

Estos factores coinciden en gran medida con los que este mismo autor obtuvo
anteriormente en su revisión bibliográfica (Cox y Brockley, 1984).

 Dworkin (1987) propone que los estresores docentes pueden clasificarse en


dos grandes bloques:
- Estresores intrínsecos: son consecuencias de las actuaciones del propio rol
docente relacionadas con los procesos de dar información (problemas de tipo
pedagógico) y pautas de socialización (problemas de disciplina) a los alumnos.
- Estresores extrínsecos: no están directamente relacionados con el rol docente,
pero aparecen como consecuencia de las interacciones sociales (relación con
familias) y laborales (bajos salarios) que emergen a causa del rol docente.

 Hock (1988) en una revisión bibliográfica sobre este tema destaca 9 factores:
- Aislamiento: falta de contacto con compañeros, pasar muchas horas con los
alumnos únicamente.
- Miedo a daños físicos de agresiones por parte de los alumnos.
- Disciplina dentro del aula.
- Administración escolar: falta de confianza y distanciamiento de la Administración,
sentirse excluido en la toma de decisiones.
- Padres de alumnos: pocas relaciones, falta de interés y participación.
- Opinión pública: mala prensa de la enseñanza y de los profesores, tratados sin
importancia y sin prestigio.
- Salarios bajos y aumento de las demandas y dificultades.

218
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Presupuestos bajos.
- Aumento de Burocracia.

 De Frank y Stroup (1989) en una investigación con maestros de primaria de


Tejas (Estados Unidos) realizan dos medidas de las fuentes de estrés docente. La
primera llevada a cabo con el TOSFQ (Teacher Occupational Stress Factor
Questionnaire; Clark, 1980), y la segunda mediante un cuestionario de respuesta
abierta. Medido con el TOSFQ obtienen los siguientes cuatro factores:
- Conflictos intraescolares.
- Situaciones relacionadas con alumnos.
- Preocupaciones salariales.
- Problemas de competencia profesional.

En las respuestas abiertas obtienen 11 factores:


- Evaluaciones/ valoraciones: competencia del docente para evaluar al alumnado y
valorar los acontecimientos dentro del aula.
- Problemas administrativos.
- Problemas con el trabajo diario: burocracia, problemas de tipo curricular.
- Problemas de tiempo.
- Problemas de desplazamiento.
- Responsabilidades extracurriculares: atender al transporte escolar, comedor o
actividades extraescolares.
- Falta de recursos: de material didáctico en general.
- Problemas con los estudiantes: disciplina.
- Interacción con otros maestros: competencia profesional.
- Problemas con las familias.
- Problemas de tipo personal/ profesional: falta de tiempo para compartir con la
familia, problemas salariales.

219
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Kyryacou (1989) indica que existe la opinión de que los problemas de disciplina
son la fuente principal de estrés del docente. Este autor detecta por orden de
prioridad los siguientes factores:
-Faltas de disciplina: no muy graves, pero muy frecuentes: hablar en clase, descaro,
gamberrismo, no hacer las tareas.
- Baja motivación de los alumnos.
- Presiones temporales: demasiado trabajo en el tiempo disponible.
- Baja autoestima y estatus social: los docentes perciben que su trabajo no es bien
valorado por la sociedad en general. Aunque los padres tienden a valorar el trabajo,
las críticas de medios de comunicación y de la Administración contribuyen a la
desmoralización del docente.
- Conflicto entre profesores: puede ser causa de estrés además de privar de una
buena fuente de apoyo.
- Cambios rápidos en las demandas del Currículum y de la Organización.

 Manso-Pinto (1989) administrando el TOSFQ (Teacher Occupational Stress


Factor Questionnaire; Clark, 1980) a 186 docentes de educación elemental y
secundaria de Chile obtiene por orden de importancia los siguientes factores
causantes del estrés docente:
- Apoyo de la administración.
- Distrés profesional.
- Estabilidad económica.
- Disciplina del alumnado.

 Borg y Riding (1991) en su estudio con 710 profesores de primaria de Malta


encuentran entre las principales causas del estrés las siguientes por orden de
importancia:
- Mala conducta de los alumnos destacando aspectos de indisciplina (ruidos,
descaro, etc.) y manejo del aula (mantener la disciplina en el aula, sus
dificultades, etc.).

220
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Presión temporal y sobrecarga laboral (no tener tiempo suficiente para una
atención más individualizada, trabajo administrativo, etc.), falta de recursos (falta
de equipos, programas indefinidos, etc.), pobreza en las actitudes de los alumnos
hacia el trabajo escolar y hacia la responsabilidad del docente en su proceso de
aprendizaje.
- Falta de reconocimiento profesional y pobres condiciones laborales (salario
inadecuado, descansos dentro del horario muy cortos).
- Pobres relaciones con colegas, equipo directivo, padres, etc.

 Ferrando (1992) observa que entre las manifestaciones de estrés estudiadas


en su muestra con docentes catalanes, las asociadas a problemas de falta de
tiempo se presentan con la frecuencia más alta. En segundo lugar destacan
los estresores relacionados con problemas ligados a la profesión y su
consideración social, problemas de disciplina y falta de motivación de los
alumnos por este orden con una intensidad ligera / media.

 Thode et al. (1992) utilizando un cuestionario de preguntas cerradas con


profesorado de EGB observa los principales factores, por orden de prioridad:
- Falta de reconocimiento social y económico de la administración.
- Número de alumnos por clase (ratio).
- Disciplina en clase.
- Falta de tiempo para desempeñar todas las funciones.
- Relaciones con cargos directivos.
- Relación con Inspección Educativa.
- Otros: motivación de los alumnos, adecuar las enseñanzas a las diferencias
individuales, tratamiento de alumnos con aprendizaje distinto a la mayoría,
programación diaria y preparación de clases, uso efectivo de los diferentes
métodos de enseñanza, detectar el nivel de conocimiento del alumno,
evaluación del alumno, organización del trabajo en clase.

221
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Capel (1992) obtiene con una muestra de 405 docentes de Inglaterra, los
siguientes factores potenciales de estrés y “Burnout”:
- Conflicto de rol
- Locus de control
- Personalidad estable
- Ansiedad

 Byrne (1994) señala por orden de importancia:


- Conflicto de rol (tratar de resolver problemas de disciplina, falta de apoyo de
padres).
- Ambigüedad de rol (políticas inconsistentes y confusas respecto a la conducta de
los alumnos).
- Sobrecarga de trabajo (falta de tiempo, excesivo trabajo administrativo).
- Clima de aula (disciplina, apatía de alumnos, bajo rendimiento académico).
- Escasa participación en la toma de decisiones y el apoyo social recibido por parte
de compañeros y supervisores.

 Doménech (1995) realiza una recopilación de la literatura existente


destacando los siguientes factores:
- Tiempo de dedicación a la labor docente y horarios.
- Ratio alumno / profesor.
- Conflictos de rol profesor-alumnos: amigo-autoridad, individualización-
homogeneidad.
- Tipo centro escolar y sus características: intereses, presiones, estilo de trabajo,
etc.
- Tipo y grado de satisfacción en la relación con compañeros.
- Exigencia de los propios compañeros respecto a su especialización.
- Aumento de funciones atribuidas la rol de profesor para las que no está
preparado.
- Formación del profesorado y sus expectativas.
- Recursos disponibles (condiciones y espacio físico, materiales, etc.).

222
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Modificación de rol del profesor ante las nuevas tecnologías.


- Falta de apoyo de compañeros y propia organización.
- Falta de reconocimiento público.
- Posibilidades de promoción, nivel de exigencia.
- Discrepancia entre valores educativos y los del medio social existente
(solidaridad-competitividad, esfuerzo personal- estatus socioeconómico).
- Grado de seguridad y estabilidad laboral.

 Boyle et al. (1995). Entre los factores que citan destacan principalmente los
dos primeros:
- Mala conducta de los alumnos.
- Sobrecarga del trabajo.
- Malas relaciones con los compañeros.
- Necesidades de reconocimiento personal.
- Dificultades temporales y de recursos.

 Carretero et al. (1998) señalan para los centros de Educación Especial:


- Problemas con la Administración.
- Sobrecarga de trabajo.
- Falta de apoyo social.
- Ambigüedad de rol.
- Condiciones físicas.
- Problemas con alumnos.

 Manassero et al. (2000) en su investigación con 614 profesores de niveles no


universitarios (de Preescolar a Bachillerato) de las Islas Baleares y con objeto
de validar un cuestionario de causas estresantes en la enseñanza, sugiere
una descripción basada en cinco factores:
- Satisfacción laboral: alude a la actividad laboral y profesional, e incluye aspectos
referidos a la consideración de la profesión, bajo salario, expectativas de promoción,

223
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

desinterés de los padres, monotonía del trabajo, instalaciones y equipamientos,


horas de clase y la enseñanza como profesión.
-Administración de tiempo y tareas: el ítem con más carga hace referencia a la falta
de tiempo suficiente para preparar el trabajo. Entre el resto de ítems se hace
referencia a cumplir tareas en plazos determinados, presión del tiempo para acabar
los programas, ritmo rápido de los horarios diarios, dificultad para acabar las tareas,
cambios rápidos en el trabajo, demandas excesivas y variadas, excesivo papel
burocrático, excesivo número de alumnos por aula.
- Dificultades en las relaciones interpersonales: los ítems con mayor carga son falta
de apoyo de los compañeros y conflictos con otros profesionales. Con menor carga
encontramos desaprobación de otros sobre el trabajo, sentirse aislado en el trabajo y
presión de los padres.
- Mala conducta de los estudiantes: el ítem referido a la mala conducta de los
alumnos en clase presenta la mayor carga, pero también contiene conflictos con los
estudiantes, mantenimiento de la disciplina en el aula y falta de motivación de los
estudiantes.
- Formación y competencia profesionales: con cargas moderadas en todos los ítems
que lo forman esta compuesto por falta de preparación para desempeñar tareas
complementarias, para enseñar materias afines diferentes de la especialización y
sentimientos de incompetencia profesional.

Así pues, la lista de estresores cuya intensidad se percibe más alta es la siguiente:
- Falta de tiempo suficiente para preparar el trabajo.
- Excesivo número de alumnos por aula.
- Baja consideración de la profesión docente.
- Desinterés de los padres respecto a sus hijos escolares.
- Falta de motivación de los estudiantes.
- Excesivo papeleo burocrático.
- Hostilidad o mala conducta de los alumnos en clase.

Sin embargo, las causas de estrés percibidas con la intensidad más baja son:
sensación de incompetencia profesional, monotonía laboral, enseñanza como
profesión y causas de estrés externas a la enseñanza.

224
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Oshagbemi (2000) concreta que las principales fuentes de “Burnout” e


Insatisfacción docente provienen de:
- Formas y contenido de la cultura escolar.
- Liderazgo y comunicación del centro escolar.
- Recursos escolares
- Relación con las familias.
- Reputación social.
- Presión laboral.

 Sari (2004) completa estas fuentes al considerar que los factores


institucionales y sociales también influyen, añadiendo como factores a tener
en cuenta:
- Bajo salario.
- Baja preparación para el desempeño de la profesión.
- Falta de recursos.
- Falta de programas para abordar la educación especial.

 Blandford y Grundy (2000) señalan que los siguientes factores propician el


“Burnout” y la insatisfacción laboral:
- Pobres condiciones laborales.
- Dirección y administración insatisfactorias.
- Percibir bajo estatus.
- Presión del equipo directivo.
- Criticas de la comunidad.

 Eripek (2001) alude como principales factores de estrés en los docentes


turcos los siguientes:
- Sobrecarga laboral.
- Bajo salario.
- Baja autoestima.

225
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Falta de acceso a información y conocimientos (especialmente los relacionados


con Educación Especial).
- Presión temporal.

 Leibovich de Figueroa, Schufer, Marro, Aranda, Muiños, Dominguez,


Schmidt, Cassullo, González, Szabo y Marconi (2001) reelaboran el IMPAL
(Inventario de malestar percibido en el ambiente laboral) y diseñan el IMPAL-
D (Inventario de malestar percibido en el ambiente laboral docente) que
comprende estresores psicosociales del contexto laboral docente, incluyendo
sus áreas de origen. Los autores se basan en la OIT (1986) para la
presentación de la clasificación de los estresores. Las áreas consideradas
son:
- Medio ambiente físico de trabajo.
- Factores propios de la tarea.
- Organización del tiempo de trabajo.
- Aspectos Institucionales.
- Cambios tecnológicos.
- Aspectos personales.

Los promedios más altos de malestar registrados con los docentes


argentinos del estudio por escalas se registran en aspectos institucionales,
siguiéndole factores propios de la tarea, medio ambiente físico de trabajo y aspectos
personales. Si tenemos en cuenta la valoración por ítems, sentir que la tarea
docente está desvalorizada socialmente es el que mayor malestar provoca, seguido
de falta de reconocimiento de las horas extras dedicadas a tareas institucionales y
tener un sueldo que no está de acuerdo con la responsabilidad.

Por porcentajes los ítems quedan de la siguiente manera:


- Desvaloración social (70.6%).
- Falta de reconocimiento de horas extras (65.7%).
- Sueldo que no se ajusta a la responsabilidad (64.7%).
- Inseguridad por la inestabilidad del puesto de trabajo (54.9%).

226
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Falta de claridad en las normas (58.8%).


- Que los directivos sólo marquen los errores (54.9%).
- Mala higiene ambiental (51.0%).
- Corrupción en el sitio de trabajo (48.0%).
- Tensión en la relación (47.1%).
- Tener pocas posibilidades de progresar (44.1%).
- Perder tiempo con problemas ajenos a la tarea (43.1%).
- Falta de solidaridad entre compañeros (43.1%).
- Olores desagradables (43.1%).
- Mucho ruido en los centros (43.1%).
- No contar con recursos suficientes (40.2%).
- Luchar contra la ineficacia de otros sectores (40.2%).

En este estudio se observan resultados que no son comunes al resto de


investigaciones realizadas, tales como la importancia otorgada por los docentes a
los malos olores o la corrupción en el puesto laboral que estamos seguros es debido
a la influencia del contexto socio-histórico del estudio.

 Molinero y Artazcoz (2001) recogen en un estudio realizado en Barcelona


los siguientes principales factores de riesgo ante el “Burnout” diferenciándolos
para docentes de primaria y de secundaria

En el profesorado de Primaria, los principales factores en orden decreciente


corresponden a:
- Complejidad de atención a los alumnos con déficit de aprendizaje: exige de los
docentes elevados grados de atención respuesta, tanto colectiva como individual
en los procesos de enseñanza aprendizaje. Este esfuerzo aumenta
considerablemente cuando la diversidad en el aula es mayor (tanto si se trata de
déficit como de ritmos de aprendizaje distintos).
- Demanda y delegación de problemas y conflictos que corresponden a familias y/o
a otros sectores de la sociedad y no a la escuela.

227
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Exceso de horario lectivo con falta de tiempo para atender alumnos, familia,
tareas administrativas, etc.
- Problemas de disciplina.
- Falta de reconocimiento social.
- Esfuerzo vocal debido a la sobreutilización de la voz.
- Excesiva demanda burocrática y falta de colaboración cooperación entre
compañeros para hacer el trabajo.
- Posturas de trabajo inadecuadas y/o forzadas (sobre todo relacionadas con el
dolor de espalda).
- Cuestionamiento y desconfianza por parte de todos hacia el trabajo del
profesorado.

En la enseñanza Secundaria los factores son:


- Desmotivación de los alumnos.
- Indisciplina y falta de colaboración cooperación entre compañeros.
- Incertidumbre sobre los resultados del trabajo. La dificultad de valorar el
rendimiento.
- Complejidad de atención al alumnado con déficits y/o ritmos de aprendizaje muy
diferente.
- Demanda y delegación de problemas y conflictos que corresponde resolver a las
familias, sociedad, y no a la escuela.
- Inestabilidad debida a supresión de aulas y/o cambio forzoso de centro de
trabajo.
- Excesivo número de alumnos en el aula.
- Falta de apoyo de las familias a la acción educativa.
- Dificultades de promoción profesional.

 Kyriacou (2001) recopila los siguientes factores a partir de la literatura


existente:
- Enseñar a alumnos que van perdiendo la motivación.
- Mantener la disciplina.
- Presión temporal y sobrecarga laboral.

228
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Afrontar los cambios.


- Ser evaluado por otras personas.
- Relacionarse con compañeros.
- Problemas relacionados con los equipos directivos o administradores.
- Conflicto y ambigüedad de rol.
- Pobres condiciones laborales.

 Salanova et al. (2003) reseñan las fuentes de estrés que los profesores
consideran más importantes, por orden de importancia (estudio realizado
desde el año 2001 con profesores de enseñanza secundaría de las provincias
de Castellón y Valencia):

- Cantidad de trabajo que les "sobrepasa" ya sea por falta de tiempo o exceso de
tareas.

- Sobrecarga emocional (se exige que se impliquen a nivel personal con los
alumnos, padres, sociedad, etc. en relaciones que son conflictivas).

- Ambigüedad de rol o grado en el que el profesor no tiene claro cuál es su rol


como docente, qué se espera de él / ella por parte del Centro, alumnos, padres y
sociedad en general.

- Conflicto de rol o grado en el que el profesor percibe instrucciones contradictorias


respecto a cuáles son sus cometidos laborales.

- Falta de apoyo social por parte de compañeros, centro, etc.

- Falta de coordinación entre los compañeros en realizar trabajo en equipo.

- Desmotivación, apatía e indisciplina por parte de los alumnos.

- Obstáculos técnicos como problemas en el material didáctico y fallos y/o averías


en la infraestructura y/o instalaciones.

 Otero-López et al. (2010) señalan como principales fuentes de estrés y


“queme” laboral las siguientes:
- Falta de apoyo de algunas familias en asuntos disciplinarios.

229
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Agresiones verbales por parte de alumnos.


- Agresiones entre alumnos.
- Resolver problemas de conducta de alumnos.
- Actitud pasiva del alumnado.
- Vandalismo en las instalaciones del centro.
- Sanciones no eficaces.
- Falta de consenso entre los docentes respecto de medidas de disciplina.

Los autores señalan la utilización de estrategias de afrontamiento adecuadas


como medio para reducir el nivel de malestar laboral entre los docentes.

 Howard y Johnson (2004) recogen que los docentes que se someten de


manera regular a las siguientes experiencias están en riesgo de sufrir estrés y
“Burnout”:
- Alumnos desmotivados e incomplacientes.
- Alumnos que actúan de manera violenta con el resto de alumnos y los
profesores.
- Alumnos procedentes de situaciones de desventaja social, situaciones de
negligencias, abusos, etc.
- Presión temporal y laboral.
- Cambios (organizacionales, administrativos, profesionales, o personales).
- Relaciones difíciles con los propios compañeros.

No obstante, estos mismos autores señalan que frente a estas mismas


situaciones hay docentes que sufren estas consecuencias negativas, pero otros las
superan mostrando resistencia. Para comprobar por qué hay docentes con esta
capacidad de superación, los autores seleccionan 10 profesores de escuelas de
suburbios del sur de Australia que están en situaciones de riesgo y han presentando
resistencia durante un tiempo extenso, y utilizando un estudio cualitativo con
entrevistas semiestructuradas llegan a obtener los siguientes factores de
resistencia:
- Demostrar estrategias efectivas para trabajar con alumnos complicados.

230
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Responder de manera adecuada a conductas de violencia.


- Responder a los incidentes y problemas personales de los alumnos de manera
genuina pero adoptando autoprotección emocional.
- Manejar las relaciones con los compañeros de manera efectiva.
- Manejar el tiempo y las tareas laborales de manera próspera.
- Manejar los cambios con flexibilidad y creatividad.

Howard y Johnson (2004) destacan que adoptar un cierto rol de


Despersonalización y tener una fuerte moral (haber elegido estos centros con
desventajas de manera voluntaria y estar convencidos de que su trabajo repercute
en mejoras en la vida de sus alumnos) conlleva que los docentes tengan una mayor
sentido de su propia acción. De igual manera revelan la importancia del apoyo de
compañeros y equipos directivos o líderes de los centros escolares, señalando que
incluso para estos docentes el hecho de vivir alejados del centro escolar les hace
compartir coche sirviéndoles como momento de apoyo entre compañeros (esta
cualidad es considerada en otros estudios de manera negativa). También influye
tener un sentido de competencia personal en áreas significativas, crearse
expectativas reales de los alumnos, ser conscientes de cómo se manejan las
situaciones y proporcionar un trato igual a todo el alumnado. Todos estos factores de
protección son destacados por los 10 profesores de su estudio cualitativo y aunque
según reconocen los propios autores no se pueden generalizar pueden servir como
referentes para futuras investigaciones.

 Salanova et al. (2005): Estas autoras se proponen describir las variables


obstáculos y facilitadores de la profesión docente en un estudio longitudinal
realizando dos medidas a lo largo de un curso escolar. Siguiendo la definición
de Brown y Mitchel (1993) describen los obstáculos del trabajo docente como
“los factores tangibles del ambiente laboral que tienen la capacidad de
restringir el desempeño” (p. 39), y siguiendo a Tesluk y Mathieu (1999; en
Salanova et al., 2005) definen obstáculos como “las acciones y estrategias
dirigidas a mitigar los problemas ocasionados por los obstáculos que pueden
interferir en la actuación” (p. 39).

231
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Estas autoras obtienen dos factores para los obstáculos:


- Obstáculos técnicos: ítems relacionados con problemas de material didáctico,
recursos tecnológicos, fallos y averías.
- Obstáculos sociales relacionados con alumnos y padres: ítems de desinterés y
falta de motivación de los alumnos por aprender, indisciplina y actitud negativa de
los padres.

Y tres para los facilitadores:


- Facilitadores sociales: recursos sociales de planificación y gestión,
apoyo de compañeros, recurrir a padres, tutores, psicólogos.
- Gestión de la indisciplina: posibilidad de amonestar y si se necesita expulsar de
clase a los alumnos.
- Gestión eficaz el aula: posibilidad de cambiar el tipo o dinámica de las
actividades de clase.

Los obstáculos correlacionan de manera positiva con Agotamiento,


Despersonalización y Cinismo, y de forma negativa con los facilitadores.

 Manassero et al. (2005) presentan una lista de estresores docentes cuya


intensidad es percibida como muy alta por 614 docentes de niveles no
universitarios, siendo la clasificación la siguiente:
- Falta de tiempo para preparar el trabajo.
- Excesivo número de alumnos por clase.
- Baja consideración de la profesión.
- Desinterés de las familias.
- Falta de motivación del alumnado.
- Excesivo papeleo burocrático.
- Hostilidad o mala conducta de los alumnos en la clase.

232
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Marqués et al. (2005) establecen con una muestra de 777 profesores


de segundo y tercer ciclo de educación básica y secundaria de Lisboa los siguientes
factores como los más estresantes:
- No aceptación de la autoridad del profesor por parte de los alumnos.
- Alumnos poco motivados.
- Niveles de ruido elevados.
- No tener tiempo para hacer el trabajo.
- Mal comportamiento de los alumnos.
-
Estos mismos autores establecen los siguientes factores como predictores de
la dimensión Agotamiento Emocional: estrés global, presión temporal, ambigüedad y
conflicto de rol e inadecuación de la formación. En cuanto a los factores predictores
de la Despersonalización destacan: inadecuación en la formación, mal clima de
centro, problemas con los alumnos. El número de grupos de alumnos a los que se
imparten docencia y los problemas con los alumnos son los principales predictores
de baja Realización Personal.

Kokkinos (2007) con una muestra de 447 profesores de primaria de Chipre


obtiene variables o factores predictores para las tres subescalas del “Burnout” entre
las que se destacan las siguientes:

- Cansancio Emocional, influenciado por los sentimientos de tensión en la gestión


de la mala conducta de los alumnos, neuroticismo, presiones temporales,
extraversión, escrupulosidad / conciencia, ambigüedad de rol y situación
administrativa, contribuyendo en su conjunto a explicar el 43 % de la varianza, pero
influyendo en sólo un 3% los cuatro últimos factores.
- Para Despersonalización la mala conducta de los alumnos y escrupulosidad /
conciencia son los dos predictores más fuertes de esta dimensión, mientras que un 5
% adicional de la varianza se explica por neuroticismo, franqueza, apreciación del
profesores por los alumnos y presiones temporales.
- En Realización Personal destacan las características de personalidad de los
profesores, escrupulosidad / conciencia, extraversión y neuroticismo, que explican el
23 % de la varianza; mientras que la situación administrativa del profesor, la

233
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

apreciación de profesores por los estudiantes y franqueza contribuyó únicamente en


un 3 %.

Aunque son muchos los factores que los diversos autores nos muestran y que
presentamos a modo de resumen (ver anexos), reseñamos los factores con mayores
coincidencias (ver tabla 3.1.1.).

Tabla 3.1.1. Factores más nombrados como antecedentes del estrés y/o “Burnout”

docente

234
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

3.2. CICLOS DE ESTRÉS Y “BURNOUT” DEL PROFESORADO

Con los ciclos de estrés y “Burnout” del profesorado se pretende encontrar


aquellos momentos en los que los docentes presentan mayores niveles de
incidencia de estrés y/o “Burnout”. Podríamos coincidir en que la docencia es una
profesión dinámica, donde no siempre se realiza el mismo trabajo ni con la misma
intensidad y donde existen épocas del año en las que el ritmo y las presiones
laborales se incrementan más de lo normal; sin embargo, no existe un resultado
homogéneo sobre en qué momentos presentan los docentes las mayores tasas.

El estudio realizado por la Organización de Maestros Unidos del Estado de


Nueva York (NYSUT, 1980), señala la primera semana del curso escolar como la
más estresante.

Hembling y Gilliland (1981) realizan un estudio con 230 docentes en Canadá


de niveles de primaria y secundaria a lo largo de un curso escolar. La variación en el
nivel de estrés, mes a mes, durante los 12 meses estudiados no muestra diferencias
significativas. Sin embargo, sí se encuentran diferencias significativas entre varios
meses, encontrándose el mayor grado de estrés para los dos grupos en junio. Las
conclusiones obtenidas indican cuatro picos, o momentos especialmente
estresantes, para los profesores de primaria (septiembre, diciembre, marzo y junio) y
dos para los de secundaria (septiembre y junio), coincidiendo con el inicio y final de
curso, períodos de exámenes, y final de los trimestres. Las diferencias obtenidas
entre los dos picos que muestran los profesores de secundaria son más suaves que
las diferencias entre los cuatro picos de primaria. El autor concluye que las
diferentes demandas laborales en ambos niveles son las causas de estas
diferencias en el ciclo de estrés.

Ojanen (1982) señala con profesores de secundaria de Finlandia, los meses


de octubre y noviembre como los períodos de mayor estrés.

Fleishut (1985) analiza mediante un diseño longitudinal los patrones de estrés


de profesores de primaria de Estados Unidos. Este autor señala los meses de

235
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

septiembre y enero como los más problemáticos, coincidiendo con el inicio de curso
y el de regreso de las vacaciones de Navidad, respectivamente.

Brenner et al. (1985), realizan dos medidas de niveles de estrés docente, la


primera a mediados del primer trimestre y la segunda al final del último, encontrando
que un 63% de los docentes de su muestra perciben muy pocos cambios en su
estado a lo largo del curso, mientras que un 23% pasan de altos a bajos niveles de
estrés y el 14% restantes pasan de niveles bajos a altos.

Wade, Cooley y Savicki (1986) llevan a cabo un estudio longitudinal de un año


de duración para determinar posibles cambios en el proceso de desarrollo del
síndrome, encontrando que los niveles de “Burnout” son estables y consistentes a lo
largo de un año, con existencia de igual número de sujetos que aumentan y
disminuyen los niveles de “Burnout” en este periodo de tiempo.

Kinnunen (1989), afirma que la respuesta al estrés y sus ciclos, depende más
de la propia personalidad del profesor que del período escolar en sí mismo.
Partiendo de cómo los docentes experiencian el estrés, define cuatro grupos de
profesores:
- Docentes agotados durante todo el trimestre.
- Docentes que se recuperan del estrés durante las primeras semanas del
trimestre.
- Docentes que nunca sufren estrés.
- Docentes que experimentan estrés al principio y al final del trimestre.

Kinnunen (1989) realiza un estudio con 187 profesores de educación


secundaria de cinco municipios de Finlandia en un periodo de 14 meses (de abril de
1983 a mayo de 1984), con un total de 17 periodos de aplicación de cuestionarios y
muestras de orina (en fines de semana, vacaciones y días laborales). Los
resultados muestran que el verano es el mejor periodo para recuperarse del nivel de
estrés, y que los periodos de navidad, vacaciones de mediados de invierno y las de
pascua son un buen momento para prevenir su acumulación. Sin embargo, en los
meses de noviembre y diciembre los descansos que suponían previamente los fines

236
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

de semana pierden esta efectividad y el estrés se acumula, medido con niveles de


catecolaminas, especialmente de adrenalina (durante el descanso nocturno es buen
índice de estrés cuando los niveles de estrés subjetivos son elevados).

Guerrero (1999) lleva a cabo la primera parte del estudio empírico del
síndrome de “Burnout” o Desgaste profesional del docente y forma parte de la
investigación realizada en el departamento de Psicología y Sociología de la
Educación de la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura con
objeto de estudiar el nivel de salud y psicopatologías del profesorado de EGB
(primaria), B.U.P. y F.P. (secundaria) de Badajoz y provincia. La muestra recoge
11.917 registros de bajas laborales docentes producidas desde los cursos escolares
90-91 al 94-95, distribuida según distintos niveles educativos. El estudio corrobora
las hipótesis de investigación del ciclo de estrés (Hembling y Gilliland; 1981) y de
bajas laborales psiquiátricas, concluyendo que las bajas laborales transitorias
docentes a lo largo de los cinco años estudiados, independientemente de la
especialidad médica considerada, tienen un carácter periódico. En general, los
principios de cursos, finales de trimestre y el fin de curso, tanto por la acumulación
de tensión en el periodo precedente como por la coincidencia de una serie de
hechos (evaluaciones, claustros e incremento de tareas burocráticas) son periodos
en los que se registran mayor número de bajas médicas en todas las especialidades.
Existe una relación directa positiva entre las bajas psiquiátricas, los meses de
marzo, abril y mayo y el nivel educativo de EGB, no ocurriendo lo mismo en ESO
donde la proporción de bajas psiquiátricas no guarda relación con la época del año.
La diferencia presentada en los dos niveles educativos puede atribuirse según la
autora a variables diferenciales tales como: tipo de jornada (completa/partida),
número de horas de docencia, exposición y dedicación generalmente al mismo
grupo de alumnos, etc. La autora recoge que estos resultados acerca del
absentismo laboral oficial puede ser consecuencia del síndrome de “Burnout”
aunque recalca que para afirmarlo de forma categórica se necesita ampliar la
investigación y cuantificarlo por procedimientos experimentales.

Capel (1991) lleva a cabo un estudio longitudinal de un año de duración con


640 profesores, utilizando el MBI (Maslach y Jackson, 1981). La aplicación del
cuestionario se realiza en septiembre de 1987, febrero de 1988 y junio de 1988. Los

237
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

resultados encuentran que los niveles obtenidos de “Burnout” oscilan de moderados


a altos. No se obtienen diferencias significativas entre los niveles de “Burnout” en los
tres periodos de medida, aunque muchos profesores muestran en febrero un mayor
pico de “Burnout” en comparación con los otros periodos y se confirma la tendencia
al aumento de niveles de “Burnout”. Del primer al tercer, y del segundo al tercer
periodo de medida, se registra el mayor incremento de los niveles de “Burnout”,
mientras que del primer al segundo periodo se mantienen estables los niveles. La
autora concluye que es muy difícil determinar un único patrón de desarrollo del
“Burnout” a lo largo del curso escolar debido a las diferentas individuales
encontrados en cada docente.

Travers y Cooper (1994), mediante muestras de sangre y cuestionarios de


estrés realizados durante las primeras semanas de curso escolar, observan niveles
muy bajos de hidrocortisona (hormona que se secreta en las glándulas
suprarrenales con implicación en múltiples funciones de nuestro organismo, como la
relación con neurotransmisores implicados en las respuestas de lucha y huída), y
altos niveles de estrés percibido.

En España, Esteve (1995), García-Calleja (1991), en sus respectivos estudios


sobre bajas del profesorado, establecen tres picos de estrés coincidiendo con los
meses de septiembre, diciembre y junio.

Esteve (1995) analiza las fluctuaciones de bajas durante los cursos escolares
comprendidos entre 1982 y 1989, concluyendo que los días de festividades
específicas (puentes, semana blanca, fiestas locales, etc.) influyen sobre las bajas
laborales, al producirse un decremento en éstas durante estos periodos no
laborables de festividad.

Así pues, vemos que no hay un patrón homogéneo en el ciclo del “Burnout”,
por lo que lo realmente importante podría radicar coincidiendo con las explicaciones
dadas por Capel (1991), en la las diferentas individuales encontrados en cada
docente.

238
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

A continuación presentamos una tabla resumen de las principales


conclusiones obtenidas (tabla 3.2.1.).

Tabla 3.2.1. Resumen de ciclos de estrés y “Burnout” docente


Primeras Inicio/final curso Otros
semanas
NYSUT Esteve (1995), Fleishut (1985): Brenner et al. (1985): 63%
(1980), Primaria (septiembre/enero) docentes perciben pocos
Travers y inicio curso y regreso Navidad cambios
Cooper García-Calleja (1991), Guerrero Capel (1991): sin diferencias
(1994) (1999): principio curso, final significativas
trimestre y fin curso Kinnunen (1988): depende
Hembling y Gilliland (1981): más de la personalidad que
Primaria (septiembre, del período
diciembre, marzo y junio), Ojanen (1982): Secundaria
Secundaria (septiembre y junio) (octubre y noviembre)
inicio/ final curso, final trimestre. Wade et al. (1986): niveles
estables y consistentes en un
año.

239
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

3.3. MODELOS EXPLICATIVOS DEL “BURNOUT”


Para Alarcón et al. (2001) los modelos explicativos del “Burnout” pueden
diferenciarse en base a dos dimensiones: proceso y marco conceptual. García et al.
(2000), clasifican los modelos según pertenezcan a diferentes marcos teóricos:
psicosocial e Integrador.

3.3.1. GENERALES

MODELOS ELABORADOS DESDE LA TEORÍA SOCIOCOGNITIVA DEL YO


Siguiendo la clasifiación de Gil-Monte y Peiró (1997) los modelos elaborados
desde la teoría sociocognitiva del yo están basados en variables de personalidad.

HARRISON (1983): MODELO DE LA COMPETENCIA SOCIAL


Para Harrison (1983) la competencia y la autoeficacia percibida son dos de
los principales factores relacionados con el “Burnout”; es decir, que los
pensamientos de autorreferencia juegan un papel muy importante en la aparición del
síndrome.

Partiendo de la base de la implicación mayoritaria de la competencia percibida


en el desarrollo del “Burnout” elabora su modelo relacionado estrechamente con la
motivación prosocial y las expectativas de autoeficacia, diferenciando entre factores
de ayuda (retroalimentación, apoyo social, autonomía, disponibilidad de recursos,
etc.) y factores barrera (ambigüedad, conflicto, sobrecarga laboral, cultura
despersonalizadora, etc.) (Figura 3.3.1.).

En presencia de factores de ayuda la autoeficacia inicial del sujeto


condicionada por la propia motivación prosocial, crece y se consolida, generando así
mayores sentimientos de competencia laboral que influyen en la apreciación de
estos factores de ayuda, que inciden en una mayor percepción de la eficacia
percibida. Este aspecto es especialmente importante en las profesiones de servicios

240
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

ya que estos sentimientos son reforzantes para los profesionales. Los factores
barrera, por oposición, dificultan la motivación de ayuda, condicionando un descenso
en las expectativas de motivación de ayuda. Cuando esta situación se prolonga
puede desarrollarse el “Burnout”, que por retroalimentación facilita a su vez los
factores barrera, disminuye la autoeficacia percibida y por tanto la motivación de
ayuda.

El perfil de este modelo encaja especialmente con los profesionales que


desarrollan expectativas laborales muy elevadas en la consecución de objetivos
intentando ayudar a los demás en situaciones muy complicadas, donde la
motivación para alcanzar el éxito no es suficiente.

Figura 3.3.1. Modelo de la competencia social (Harrison, 1983)

JAYARATNE y CHESS (1983, 1986): MODELO OPERACIONAL


Este modelo (Figura 3.3.2.) surge como desarrollo del modelo de Harrison
(1983). Los autores asumen que el estrés laboral (definido por sobrecarga, conflicto
y ambigüedad de rol) y el déficit en el trabajo (definido por falta de reto,
oportunidades de promoción y recompensas económicas) conducen al “Burnout”. En
este modelo el apoyo emocional y la competencia son tomadas como variables
mediadoras.

241
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

COMPETENCIA
CONOCIMIENTO
DOMINIO
ESTRÉS

• Sobrecarga
• Conflicto
• Ambigüedad de rol BURNOUT

•Cansancio Emocional
•Despersonalización
•Realización Personal
DÉFICITS

• Falta de reto
• Oportunidades de promoción
• Recompensas económicas

APOYO EMOCIONAL

Figura 3.3.2. Modelo operacional. Jayaratne y Chess (1983, 1986)

CHERNISS (1981, 1993)


Este autor elabora un modelo de “Burnout” como proceso al situar el estrés
como estímulo. El modelo teórico que presenta se fundamenta en un estudio
desarrollado fundamentalmente con entrevistas a trabajadores del ámbito de la salud
mental, enfermería, abogacía y profesores, realizadas durante dos años. Cherniss
(1981, 1993) propone dos modelos explicativos del “Burnout”; un modelo limitado y
un modelo comprehensivo.

El modelo limitado considera que en el ámbito laboral aparecen estresores


que pueden generar estrés si los trabajadores eligen adoptar cambios negativos en
sus actitudes mientras o hasta que resuelvan un problema concreto. En un principio,
los empleados noveles pueden tener un entrenamiento inadecuado, o no contar con
un período previo de aprendizaje. Estos problemas abarcan las relaciones con los
jefes, compañeros, el desconocimiento de trámites burocráticos propios de su
ámbito laboral, etc. Cuando un trabajador no puede afrontar eficazmente estas
tareas aparece el estrés. Las consecuencias directamente asociadas son
mecanismos de afrontamiento que decrementan la responsabilidad de los resultados
en su trabajo, pudiendo aparecer también actitudes de cinismo, pesimismo e
indiferencia hacia los clientes. Cherniss (1980), señala una serie de factores
laborales que pueden estar asociados al grado de “Burnout” de los empleados: clima
laboral con compañeros (bueno/malo), jefes o líderes comprensivos que fomenten la

242
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

autonomía del trabajador, apoyo de estos, autonomía laboral y presencia o no de


programas de orientación para trabajadores noveles. Respecto a los factores
personales, las características que pueden potenciar la aparición y la intensidad del
estrés residen en los trabajadores que son idealistas con los cambios sociales e
institucionales y que están interesados más en la calidad intrínseca de su trabajo
que en el aporte económico, así como los que tienen un bajo o mal apoyo familiar,
de la pareja o amigos.

El modelo comprehensivo sigue presentando el “Burnout” como una reacción


de afrontamiento defensivo ante el estrés crónico e intenso, conceptualizando el
estrés como una respuesta emocional al desequilibrio presentado entre demandas y
recursos (Cherniss, 1980). Este modelo contempla la dinámica del estrés en el
trabajo; el diseño organizacional (estructura de roles, poder de la estructura y
normativa de la organización de los servicios humanos) como causa de “Burnout”,
los efectos del apoyo (autonomía y participación en las decisiones); la relación
establecida entre “Burnout” y factores individuales (la personalidad ha sido la más
importante), así como un examen de las causas históricas y culturales del síndrome
(calidad de vida fuera del trabajo).

Como se puede observar (figura 3.3.3) Cherniss (1980) parte de un modelo


interactivo donde las características del ambiente laboral interaccionan con las
características del individuo. A estas interacciones hay que añadir, a nivel individual,
una serie de demandas y apoyo extralaborales que juegan un papel importante y
determinan la implicación del profesional en su trabajo. Ante esta situación se
producen fuentes de estrés (que incluyen entre otras, problemas con los clientes,
falta de autoestimulación y de realización personal, etc.) y que se experimentan de
forma variada. Ante estos problemas algunas personas funcionan de forma eficaz
mediante el uso de técnicas y estrategias que solucionan el problema, y otras
muestran cambios actitudinales, negativos, como el “Burnout”.

Tal y como recoge Zamora (2001), el autor destaca el concepto de


sentimiento de fracaso, que describe los síntomas que se identifican propiamente
con el “Burnout”: Cansancio Emocional, baja Realización Personal y
Despersonalización. De igual manera, las características del ambiente (que

243
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

favorecen que los trabajadores desarrollen sentimientos de éxito) se corresponden


con las características de las organizaciones que previenen el síndrome
(caracterizadas por tener un alto nivel de desafío, autonomía, control,
retroalimentación de los compañeros y apoyo del supervisor y compañeros).

Cherniss establece una relación causal entre la incapacidad personal de


desarrollar sentimientos de competencia o éxito personal y el síndrome de
“Burnout”. Conseguir objetivos por uno mismo, contribuye a mejorar el sentimiento
de autoeficacia, pero no lograrlos aumenta el sentimiento de fracaso y de baja
autoeficacia, pudiendo derivar en el desarrollo del síndrome. Existe relación entre
los sentimientos de autoeficacia, compromiso y motivación por un lado; y
autoeficacia y estrés por otro. Tener un buen sentimiento de autoeficacia contribuye
a experimentar menos estrés ante situaciones amenazantes, y a su vez, creer que
se puede afrontar con éxito una situación amenazante es menos estresante. Si se
considera el “Burnout” como una respuesta al estrés, la relación entre autoeficacia y
estrés conduce secundariamente a la relación entre autoeficacia y “Burnout”.

Figura 3.3.3. Modelo de Cherniss

244
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

THOMPSON, PAGE Y COOPER (1993)


Estos autores basándose en el modelo de Carver y Scheier (1998) para el
autocontrol del estrés, ajustan la etiología del “Burnout” a cuatro variables:
discrepancias entre demandas de la tarea y recursos personales, nivel de
autoconciencia (“self-focus”), expectativas de éxito y sentimientos de autoconfianza
(figura 3.3.4.).

La autoconciencia se considera un rasgo de personalidad, conceptualizada


como la capacidad personal de autrorregular los niveles de estrés que se perciben
en el desarrollo de una actividad para lograr un objetivo. Las personas con altos
niveles de autoconciencia se caracterizan por una exagerada tendencia a
autopercibirse y concentrarse en su experiencia de estrés, percibiendo así mayores
niveles que las personas con baja autoconciencia.

Este modelo propone que en algunas personas el hecho de autocorregir las


discrepancias percibidas o anticipadas entre demandas y recursos puede
incrementar el nivel de autoconciencia, característica que afecta de forma negativa
al afecto, el estado de ánimo, y que redunda en una falta de confianza percibida
para resolver las discrepancias y en una baja realización personal en el medio
laboral.

Cuando la consecución de los objetivos falla de forma continua, las personas


con altos niveles de autoconciencia y pesimismo tienden a resolver las dificultades
mediante un abandono, mental o conductual, de la situación problema. La retirada
conductual marca una tendencia a abandonar de forma progresiva los intentos de
reducir la discrepancia percibida en los logros de los objetivos profesionales. Así, la
conducta de Despersonalización se considera en el modelo un patrón de retirada o
abandono conductual. Si no es posible realizar este abandono, se puede llegar a
una retirada psicológica dada la vivencia de sentimientos de desamparo profesional,
encuadrando el Cansancio Emocional.

Al experimentar sentimientos de autoconciencia y pesimismo, los


profesionales no se esfuerzan todo lo que deberían para intentar solucionar las
discrepancias, provocándose un distanciamiento ante el riesgo de vivir experiencias

245
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

negativas. Niveles elevados de autoconciencia aumentan la experiencia de


desilusión, frustración y pérdida. Sin embargo, adoptar expectativas optimistas para
resolver las discrepancias refuerzan la confianza de los sujetos en su habilidad para
lograr el objetivo, promoviendo la persistencia en los intentos de alcanzarlo.

Figura 3.3.4. Modelo de Thompson et al. (1993)

PINES (1993)
Este autor desarrolla un modelo muy similar al modelo de competencia social
elaborado por Harrison (1983). Sin embargo, aquí se parte de una perspectiva
existencialista, ubicando la raíz que causa el “Burnout” en la necesidad de la gente
de creer que su vida está llena de sentido y significado, que las cosas que hacen y
consecuentemente, ellos mismos, son importantes y significativos. Así, únicamente
las personas que tratan de dar un sentido existencial a su labor pueden llegar a sufrir
el síndrome, como resultado de un proceso de desilusión, del fallo en la búsqueda
del sentido vital en personas muy motivadas por su trabajo.

Para esta autora la motivación del trabajador hacia su profesión está


determinada por tres tipos de objetivos y expectativas:
- Universales (comunes en todos los oficios).

246
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Propias del gremio de referencia (en el sector de servicios humanos consisten


básicamente en la ayuda a los demás).
- Personales: los trabajadores considerados idealistas, con una “visión romántica”
de la vida presentan mayor susceptibilidad al síndrome.

Partiendo de este marco, ante un entorno desfavorable y estresante nuestras


expectativas y objetivos se pueden frustrar, surgiendo el “Burnout”. Sin embargo,
ante un entorno positivo aumentan las probabilidades de satisfacer las expectativas,
dotando al trabajo de un mayor significado existencial, y aumentando así la
motivación laboral.

Pines (2002a) en una investigación con 97 profesores de Israel, utilizando el


“The Burnout Measure” de Pines y Aronson (1988) complementado con preguntas
abiertas para un registro cualitativo, obtiene una correlación negativa entre
sensación de pérdida de significado en la enseñanza de los profesores derivado de
su trabajo como educadores y niveles de “Burnout”. Al realizar una comparación
transcultural con profesores de Israel y Estados Unidos observa que los docentes de
Israel sufren mayores niveles de estrés pero menos de “Burnout” debido a un mayor
sentimiento existencial en sus vidas, sintiendo que su contribución como educador
es mayor en comparación con sus colegas americanos.

MODELOS ELABORADOS DESDE LA TEORÍA DEL INTERCAMBIO SOCIAL


Estos modelos parten de la percepción de una falta de equidad o ganancia en
los procesos de interacción social como principal elemento desencadenante del
“Burnout”. De esta forma los profesionales desarrollan el síndrome cuando perciben
de forma continuada que no hay compensación entre esfuerzo e implicación y
ganancias obtenidas.

247
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

HOBFOLL Y FREEDY (1993): MODELO DE CONSERVACIÓN DE RECURSOS


(COR)
Para los autores hay dos factores fundamentales en su modelo: la
conservación de recursos y las estrategias de afrontamiento.

Para Hobfoll y Freedy (1993) el COR es un marco general para entender la


naturaleza de la tensión como un fenómeno humano ligado a la experiencia de las
personas independientemente del ajuste o el contexto en el que se produzca, ya sea
en el trabajo, en casa o de vacaciones; considerando que el estrés surge cuando las
personas sienten que aquello que les motiva está amenazado o frustrado.

Un principio primario del modelo del COR argumenta que los individuos son
intrínsecamente motivados para obtener y mantener recursos valorados. Los
autores argumentan que perder recursos es crítico para el entendimiento del estrés.
En este modelo el estrés laboral surge cuando los profesionales no tienen
suficientes recursos, sufren una pérdida, o se los suspenden después de haber
realizado una inversión para conseguirlos. Basándose en que el “Burnout”
representa una reacción afectiva al gradual desgaste de la energía intrínseca de
los recursos de los trabajadores, el COR es particularmente relevante y ha sido
usado en el contexto de la investigación del “Burnout” (Hobfoll y Freedy, 1993; Lee y
Ashforth, 1996; Shirom, 1989). Así los empleados son susceptibles al “Burnout” en la
medida en que hay déficit en los recursos, no diferenciando entre si la pérdida de
recursos es real o percibida. Los motivadores de esta teoría son los recursos
(definidos como posesión de objetos o condiciones de valor), característicos de
personalidad, o energía para desempeñar actividades diarias. Los estresores
laborales amenazan los recursos de las personas al generar inseguridad sobre su
habilidad para lograr el éxito profesional.

En el modelo destacan las relaciones del sujeto con los demás (supervisores,
compañeros y clientes) y las consecuencias, como fuentes de estrés en la
percepción de situaciones de pérdida o ganancia. Aunque ganar recursos es
importante dado que disminuye la posibilidad de pérdidas, la propia pérdida de
recursos es más importante que las ganancias en el desarrollo del “Burnout”. De

248
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

esta forma los profesionales se esfuerzan por no perder recursos, ya que es más
importante conservar unos mínimos que poder ganar otros extras.

El tipo de estrategia de afrontamiento que se emplee es otro factor muy


importante en el desarrollo del síndrome. Emplear estrategias activas contribuye a
disminuir los sentimientos de “Burnout” ya que conlleva ganancia de recursos.
Evitando perder recursos o aumentando los que ya se tienen, se pueden cambiar las
percepciones y cogniciones de modo positivo, disminuyendo así los niveles de
estrés percibido y en consecuencia los niveles de “Burnout”.

BUUNK Y SCHAUFELI (1993)


Estos autores desarrollan un modelo basado en las teorías del intercambio
social exclusivo de profesionales de enfermería.

La tesis central de los autores se basa en que el síndrome se desarrolla


principalmente en el contexto social e interpersonal de la organización laboral,
siendo necesario, para comprender su desarrollo, fijar la atención en cómo las
personas perciben, interpretan y construyen los comportamientos en el medio
laboral.

Tal y como señalan, la reciprocidad juega un papel central en el desarrollo del


síndrome, planteando una teoría de equidad, una de las más influyentes en el marco
del intercambio social. Según esta teoría las personas buscan la reciprocidad en las
relaciones sociales: lo que se invierte y se gana en una relación debe ser
proporcional a las inversiones y ganancias de la otra parte implicada. Si perciben
que las relaciones no son equitativas las personas se angustian y se motivan para
restaurar la equidad. Si la falta de reciprocidad o el desequilibrio de la relación de
ayuda consume los recursos emocionales del profesional se llega al Agotamiento
Emocional. Así, cuando los profesores no obtienen los resultados esperados
invierten más esfuerzo en las relaciones con sus alumnos. Si no resulta, aumenta el
desequilibrio y los recursos disponibles se reducen entrando en una “espiral de
pérdidas” (Hobfoll y Shirom, 2000).

249
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Buunk y Schaufeli (1993) la mayor parte de los profesores no reciben


resultados en relación con sus alumnos, lo cual implica un alto consumo de energía,
llegando al Agotamiento Emocional que se aborda reduciendo la inversión en esa
relación, respondiendo de manera más distante y fría, más despersonalizada,
considerando los autores la Despersonalización un modo de restaurar la
reciprocidad mediante un distanciamiento psicológico con los alumnos. Sin embargo,
esta manera de afrontar la falta de reciprocidad no resulta funcional, deteriorando
aún más la relación con los alumnos y favoreciendo una reducción del sentimiento
de Realización Personal.

Los autores aplican la teoría de la equidad a nivel interpersonal pero también


a nivel organizacional. Así Schaufeli et al. (1996) proponen un modelo de
intercambio social a nivel dual, asumiendo que además de existir una falta de
equilibrio a nivel interpersonal, el “Burnout” también se genera por la falta a nivel
organizacional (rompiendo el contrato psicológico, Rousseau, 1995; en Schaufeli,
2005). A parte de esta dualidad interpersonal y organizacional, la relación entre
compañeros juega un papel principal, por lo que la falta de reciprocidad en esta área
será también determinante en el desarrollo del síndrome.

Para Schaufeli (2005) la falta de reciprocidad se relaciona de manera positiva


con los síntomas del “Burnout”, siendo las correlaciones muy fuertes en
Agotamiento Emocional y todos los niveles de intercambio social: interpersonal
(donde se muestran las correlaciones más elevadas), entre compañeros (la segunda
más elevada), y organizacional (la más débil de las tres); las correlaciones entre
Despersonalización y reciprocidad siguen la misma línea. Se demuestra que la falta
de reciprocidad a nivel interpersonal se relaciona de manera positiva con las tres
dimensiones del “Burnout”.

MODELOS ELABORADOS DESDE LA TEORÍA ORGANIZACIONAL


Estos modelos responsabilizan a las variables del entorno laboral como
principales responsables del desarrollo del síndrome, destacando la importancia de

250
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

estrategias de afrontamiento que los sujetos emplean en el manejo de estresores


laborales.

MEIER (1983)
Desde su enfoque cognitivo-conductual, relacionado directamente con la
teoría de la Autoeficacia de Bandura (1977), estudia tanto los factores institucionales
como los personales, poniendo un énfasis especial en los aspectos cognitivos y
siendo el sentimiento de fracaso del trabajador sobre sus expectativas laborales el
elemento que desencadena el síndrome. Al respecto, el modelo distingue tres tipos
de expectativas:
- Expectativas de refuerzo: se relacionan con los valores y los gustos concretos del
trabajador y por tanto contribuyen de manera positiva en la motivación laboral.
- Expectativas de resultado: aluden a los resultados laborales esperados por el
profesional.
- Expectativas de eficacia: autoconcepto de la eficacia profesional de la persona.

Meier (1983) añade, además, el concepto de “procesamiento contextual” para


enfatizar que los factores individuales y sociales influyen sobre las expectativas.

Figura 3.3.5 Modelo de Meier (1983)

GOLEMBIEWSKI, BOUDREAU, MUZENRIDER, STEVENSON y LOU (1996):


PHASE MODEL
En este modelo, el “Burnout” es resultado de la falta de acuerdo entre los
intereses de la organización empresarial y las necesidades de los empleados,
considerando el contexto laboral como un sistema familiar donde los profesionales

251
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

deben superar las dificultades entre los miembros del equipo antes de poder prestar
la atención adecuada a las personas a las que prestan servicio.

Golembiewski et al. (1983) conceptualizan el “Burnout” como proceso


secuencial, presentando un modelo lineal donde la baja Realización Personal es una
variable intermedia entre Despersonalización y Cansancio Emocional.

El estrés laboral (en referencia al “Burnout”) se genera en un primer momento


y básicamente por sobrecarga laboral (mucha estimulación y abundantes retos
profesionales) y por pobreza de rol (poca estimulación y escasos retos
profesionales). En ambas ocasiones, los sujetos experimentan una pérdida de
autonomía y control que conlleva un deterioro de su autoimagen y aumento de
irritabilidad y fatiga. Posteriormente, el sujeto intenta afrontar su situación con
estrategias inadecuadas que favorecen su distanciamiento respecto de la situación
estresante. Ante este distanciamiento, el profesional puede no implicarse con el
problema del cliente aunque le atienda sin eliminar la empatía (distanciamiento
positivo), o puede derivar en “Burnout” cuando tiene un carácter anticonstructivo
(distanciamiento negativo) lo cual conlleva indiferencia y rigidez en el trato,
derivando en Despersonalización y surgiendo a corto plazo una baja Realización
Personal y Cansancio Emocional.

Basándose en la progresión de las diferentes dimensiones del fenómeno,


Golembiewski et al. (1986) proponen la existencia de diversas fases dentro del
“Burnout”. Despersonalización que surge al comienzo del síndrome, cuando la
situación de sobrecarga laboral y pobreza de rol persisten, de tal forma que a los
“clientes” se les considera culpables de sus propios problemas, repercutiendo este
punto de vista en la calidad de su servicio y considerándolos como objetos. En un
segundo momento se produce un descenso en el sentimiento de Realización
Personal, donde el trabajador piensa que trabaja mal con la gente y empieza a evitar
las relaciones que puedan poner de manifiesto esta creencia, llegando a producirse
un aislamiento. En una última fase se produce una profundo Cansancio Emocional
que empeora cuanto más se intenta mejorar la situación, entrando en un ciclo muy
destructivo y siendo la característica más destacable del “Burnout” avanzado. Así,
mientras, Leiter y Maslach (1988) conceptualizan altos niveles de Cansancio

252
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Emocional como la primera fase del síndrome, Golembiewski et al. (1986) la


consideran la fase final, donde Despersonalización juega un papel disfuncional como
estrategia de afrontamiento ante situaciones estresantes (figura 3.3.6.).

+ Despersonalización - Realización Personal + Cansancio Emocional

Figura 3.3.6. Golembiewski et al. (1983, 1986, 1988, 1996): Phase Model

Para los autores la secuencia real del proceso debe ser paralela al nivel de
consecuencias mostrado que tiende a aumentar en función sobre todo del
Cansancio Emocional, por lo que debería ser considerado el elemento más
patógeno del proceso y por ello el último en aparecer.

Golembiewski et al. (1983) describen 8 fases progresivas del “Burnout” que


permiten clasificar sujetos y grupos en función de la virulencia de cada caso. Cada
fase se define en función de la combinación de las tres dimensiones del síndrome de
“Burnout” dicotomizadas en las categorías alto-bajo. (Tabla 3.3.1.). No obstante, no
todos los sujetos tienen que pasar necesariamente por las ocho fases, siendo
variables las fases por las que pasa cada persona.

Tabla 3.3.1. Fases del modelo de Golembiewski et al. (1983)

Fase Fase Fase Fase Fase Fase Fase Fase


I II III IV V VI VII VIII
DP Bajo Alto Bajo Alto Bajo Alto Bajo Alto
RP Bajo Bajo Alto Alto Bajo Bajo Alto Alto
CE Bajo Bajo Bajo Bajo Alto Alto Alto Alto

Los autores diferencian entre “Burnout” crónico y agudo, siendo este último
causado por traumas personales como puede ser el fallecimiento de un ser querido,
mientras que el primero es causa de factores laborales (el modelo de fases se
refiere únicamente al “Burnout” crónico).

253
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

LEITER, COX, KUK (1993)


Aunque también este modelo considera el “Burnout” como proceso, el
planteamiento es opuesto al desarrollado por Golembiewski et al. (1983).

En este modelo (Figura 3.3.7.) la secuencia del síndrome se inicia con un


Cansancio Emocional fruto del desequilibrio entre demandas organizacionales y
recursos personales, al que se reacciona mediante el aislamiento de la
Despersonalización que se ejerce con respecto a los clientes. De esta forma el
compromiso laboral disminuye aumentando el Cansancioo Emocional, y redundando
todo este proceso en una baja Realización Personal llegando como resultado al
síndrome de “Burnout” (Tabla 3.3.2.).

Tabla 3.3.2. Fases del modelo de Leiter et al. (1989)

Fase1 Fase 2 Fase 3 Fase 4


CE Bajo Bajo Alto Alto
DP Baja Alta Baja Alta
RP Baja Baja Baja Alta

Figura 3.3.7. Secuencia del modelo de Leiter (1989, 1993), Leitrer y Maslach (1988)

254
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Posteriormente, y en función de las inconsistencias observadas por el propio


autor, Leiter (1989) corrige su modelo inicial rompiendo la estructura lineal y
sacando la Despersonalización de la intermediación (Figura 3.3.8.), considerándola
también como una consecuencia (Manassero et al. 2000), es decir los sentimientos
de baja Realización Personal son causa directa de los estresores laborales,
surgiendo de forma paralela a los de Cansancio Emocional. Leiter et al. (1993)
apuntan que la Realización Personal se desarrolla de forma paralela al Cansancio
Emocional, influenciado más por las condiciones laborales que por la
Despersonalización (como en un principio postuló).

Figura 3.3.8. Modificación en la secuencia del modelo de Leiter (1989)

Leiter et al. (1993) introducen la “salud de la organización” como variable


moduladora de la relación entre estrés laboral y “Burnout”. Esta variable depende del
ajuste entre los síntomas psicosociales de la organización, su estructura política y
sus procedimientos, y de cómo esto es percibido por el profesional.

Restrepo et al. (2006) obtienen en sus docentes de Medellín, niveles positivos


de Agotamiento Emocional y Despersonalización, pero no de baja Realización
Personal, lo que para los autores confirmaría un apoyo a este modelo.

WINNUBST (1993)
Modelo basado en características de la organización. El autor parte de la
conceptualización de Pines y Aronson (1988) sobre el “Burnout”, definiendo el
síndrome como un sentimiento de agotamiento físico, emocional y mental, resultado
de la tensión emocional crónica que se deriva del estrés laboral. De este modo, el

255
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

autor se desvincula de la conceptualización tridimensional de Maslach y Jackson


(1981).

Winnubst (1993) comparte con Golembiewski et al. (1983) la idea de que el


“Burnout” puede afectar a todo tipo de profesiones, y no únicamente, a las propias
de servicios humanos.

Winnubst (1993) elabora su modelo partiendo de cuatro supuestos:


- Las estructuras organizacionales tienen un sistema de apoyo social ajustado
óptimamente a sus estructuras concretas.
- Los sistemas de apoyo social surgen de forma interdependiente con el clima
laboral. De esta manera se pueden mejorar incidiendo sobre el clima.
- La estructura organizacional, la cultura y el apoyo social se rigen por criterios
éticos que se derivan de valores sociales y culturales de la organización.
- Los criterios éticos contribuyen a predecir en qué medida las organizaciones
infunden tensión y “Burnout” sobre sus trabajadores.

Este modelo se centra en las relaciones existentes entre la estructura, cultura


y clima organizacional, y el apoyo social laboral, como variables antecedentes del
síndrome. De este modo, según se configure la estructura, existen diferentes
culturas organizacionales, y varían los apoyos sociales. De igual manera, los
antecedentes del “Burnout” varían en función de la estructura organizacional y de la
institucionalización del apoyo social.

Así, en una burocracia mecánica (caracterizada por estandarización y


formalización laboral) se refuerza el perfeccionismo y la conformidad con las
normas, el apoyo social es instrumental y el “Burnout” es causado por el Cansancio
Emocional del día a día, como consecuencia de la monotonía, rutina y ausencia de
control derivada de las estructuras. En una burocracia profesionalizada
(caracterizada por la estandarización de habilidades y baja formalización) se
refuerza la creatividad y la autonomía, el apoyo social es emocional e informal, y el
“Burnout” es consecuencia de la debilidad de la estructura que lleva a una continua
confrontación originando disfunciones en el rol y conflictos interpersonales.

256
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

LEE Y ASHFORTH (1993)


Este modelo lineal surge como consecuencia de un estudio longitudinal
llevado a cabo por los autores con el fin de poner a prueba los dos modelos
propuestos por Leiter y Maslach (1988) y Golembiewski et al. (1986), obteniendo que
el modelo propuesto por Leiter y Maslach (1988) resulta más consistente y con
mejor ajuste.

En el modelo de Lee y Ashforth (1993) Cansancio Emocional se relaciona de


forma positiva con Despersonalización (tal y como sucede en los modelos de Leiter y
Maslach (1988), y Golembiewski et al. (1986)), pero mientras que Realización
Personal se desarrolla independientemente de Despersonalización, los autores
proponen que elevados niveles de Cansancio Emocional evocan de forma directa
una reducción en Realización Personal más que indirectamente sobre
Despersonalización (Taris et al., 2005).

Así, en este modelo los autores reemplazan el efecto de la


Despersonalización sobre Realización Personal con un efecto directo de Cansancio
Emocional sobre Realización Personal (figura 3.3.9.).

+ Cansancio Emocional + Despersonalización

+ Cansancio Emocional - Realización Personal

Figura 3.3.9. Modelo de Lee y Ashforth (1993)

Para Lee y Ashforth (1996) la Despersonalización es una estrategia de


afrontamiento defensiva que debe ser interpretada siguiendo a Lazarus y Folkman
(1984) según el proceso de autoevaluación de afrontamiento del estrés.

257
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

MANZANO (1998)
Este autor utilizando ecuaciones estructurales, argumenta que el proceso de
desarrollo del “Burnout” puede variar en función de la profesión y el contexto
situacional del sujeto, y que además no sigue una estructura lineal. Tanto para
muestras de enfermeras como de secretarias, el autor obtiene que la primera fase
(figura 3.3.10.) se caracteriza por vivenciar el trabajo muy negativamente (baja
Realización Personal). En la segunda fase, en la muestra de secretarias aparece
junto a la baja Realización Personal altos sentimientos de Cansancio Emocional y
cuado ambos se intensifican y cronifican aparecen las actitudes de
Despersonalización como una estrategia de afrontamiento. Sin embargo, los
resultados obtenidos en la muestra de enfermeras cuestionan si Cansancio
Emocional aparece junto con baja Realización Personal o si son una fase posterior
en el desarrollo del síndrome. Para el autor Cansancio Emocional es la segunda
fase del proceso pero está tan próxima a Despersonalización que afirma que los
síntomas de ambas fases pueden presentarse al unísono.

- Realización Personal + Cansancio Emocional + Despersonalización

Figura 3.3.10. Modelo de Manzano (1998)

MODELO DE DEMANDAS Y RECURSOS (JD-R) DEMEROUTI, BAKKER,


NACHREINER Y SCHAUFELI (2001); DEMEROUTI, BAKKER, DE BOER Y
SCHAUFELI (2003)
Para estos autores el punto de partida de muchos modelos de la literatura del
estrés laboral se basan en el desequilibrio entre las demandas a los cuales los
empleados son expuestas y los recursos de que disponen para hacerlas frente.

El modelo de Demanda-Control Laboral (DCM) de Karasek (1979), es un


ejemplo. En el DCM el estrés está causado por la combinación de altas demandas
laborales (sobre carga laboral y presión temporal) y bajo control laboral. El modelo
pecó en un primer momento de simplicidad al incluir un único tipo de demanda
(psicológica) y de recursos (control laboral) pero posteriormente se amplió
considerando otras variables como demandas emocionales, pérdida de apoyo por

258
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

parte de los superiores, pérdida de feedback, e incluyendo posteriormente el


componente Apoyo Social (Johnson y Hall, 1988; Johnson et al., 1989). Bakker et al.
(2003) consideraron que el modelo era estático en sus explicaciones presentando
aspectos limitados de las condiciones laborales. Así, los autores pasan a elaborar el
modelo de Demandas y Recursos (JD-R) que parte de la existencia de dos aspectos
fundamentales en el mundo laboral: demandas y recursos. Las demandas laborales
aluden a aspectos físicos, psicológicos y organizativos que suponen un esfuerzo
tanto a nivel físico como psicológico (cognitivo y emocional). Estas demandas se
convierten en fuente de estrés cuando el nivel de exigencia para mantener la
actuación requerida es muy elevado, elicitando respuestas negativas, entre ellas
“Burnout”. Para Hakanen, Bakker y Schaufeli (2006) las tres principales demandas
laborales en el mundo de la docencia son: conducta disruptiva del alumnado,
sobrecarga laboral, y un medio ambiente físico empobrecido. Los recursos laborales
aluden a los aspectos físicos, psicológicos, sociales y organizativos que reducen
demandas y coste físico/psicológico, y que son funcionales para la consecución de
las metas propuestas al tiempo que estimulan el crecimiento y desarrollo personal.
Así pues, su valía no es únicamente recíproca en cuanto que una pérdida de
recursos repercute negativamente en la salud de los docentes (incrementando su
nivel de “Burnout”), sino que presenta además una validez intrínseca propia. Para
los autores los principales recursos laborales motivadores del constructo de
“engagement” (o en su ausencia factores que incrementan el nivel de “Burnout”) en
el medio educativo son: control laboral, acceso a información, apoyo de equipos
directivos, clima de innovación escolar y clima social.

El modelo JD-R asume que las demandas laborales y sus recursos evocan
dos procesos diferentes. Un primer proceso energético, por el cual los empleados
ante altas demandas laborales se agotan a nivel mental/ físico y que puede llegar al
“Burnout”; y un segundo proceso motivacional por el cual los recursos laborales
fomentan el compromiso laboral.

En este modelo demandas y pérdida de recursos laborales forman la causa


del “Burnout” reduciendo al mismo tiempo el concepto de “engagement” (figura
3.3.11.).

259
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Figura.3.3.11. Hipótesis del modelo de demandas y recursos basado en Hakanen et al.

(2006)

Los resultados del estudio realizado con 2038 profesores de diferentes niveles
educativos de Helsinki muestran correlaciones significativas. Por un lado, demandas
laborales correlaciona de manera positiva con “Burnout” y síntomas de baja salud,
mientras que recursos laborales lo hace con “engagement” y compromiso
organizacional, pero negativamente con “Burnout”. Por otro lado, los síntomas del
“Burnout” correlacionan negativamente con compromiso organizacional y
positivamente con baja salud, mientras que el “engagement” se asocia de manera
positiva con compromiso organizacional.

Lorente, Salanova, Martínez y Schaufeli (2008) llevan a cabo una


investigación con el objetivo de realizar una ampliación del modelo JD-R en la
predicción del “Burnout” y del “engagement” con 274 profesores de Valencia, para
ello consideran incluyen en el modelo los recursos personales y el cinismo y la
Despersonalización como características de la distancia mental del síndrome. Los
principales instrumentos que utilizan los autores son el MBI-GS y el MBI-HSS.
Mediante un diseño longitudinal con dos momentos temporales separados por 8
meses los autores estudian el papel mediador del bienestar psicológico medido en
un primer momento entre demandas y recursos y el bienestar psicológico en la
segunda medida. Los resultados obtenidos indican que las demandas mentales
disminuyen según avanza el curso escolar mientras que ambigüedad de rol
aumenta. El clima de apoyo presenta igualmente diferencias significativas
reduciéndose al final del curso. El nivel de “Burnout” aumenta a lo largo del curso
mientras que el de “engagement” disminuye. El análisis de correlaciones muestra

260
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

que la variable demandas correlaciona de manera positiva y significativa con


“Burnout” y negativa con “engagement”; y la variable recursos correlaciona de
manera negativa y significativa con “Burnout” y positiva con “engagement”.
Demandas laborales predicen de manera positiva el nivel “Burnout” (Cansancio
Emocional, Cinismo y Despersonalización) y de manera negativa hacia
“engagement” (vigor y dedicación); a mayores demandas, mayor “Burnout” y menor
“engagement”. Analizando los resultados longitudinalmente los autores observan
que los niveles de “Burnout” y “engagement” se pueden predecir por los niveles que
los docentes presentan a principios del curso, llevando a la posibilidad de crear
espirales negativas hacia el síndrome o positivas hacia el “engagement”.

Moreno-Jiménez, Garrosa, Rodríguez, Martínez y Ferrer (2009) con una


muestra de 885 profesores universitarios representativa de tres universidades
españolas analizan los posibles efectos de mediación del “Burnout” en la relación
entre demandas, conflicto interpersonal e intenciones de abandono. Los resultados
obtenidos demuestran que tanto Agotamiento Emocional como distanciamiento
(concepto que incluye tanto Despersonalización como cinismo) median los efectos
que demandas y conflicto tienen sobre las intenciones de abandono, mientras que
recursos laborales predicen negativamente las intenciones de abandono de manera
directa. Para los autores estos resultados apoyan la aplicabilidad de un modelo
extendido de demandas-recursos laborales (JD-R) en profesores universitarios.

TARIS, LE BLANC, SCHAUFELI Y SCHREURS (2005)


Estos autores parten de la conceptualización del “Burnout”como proceso
llevando a cabo una revisión de los modelos que más influencia han tenido en el
estudio del “Burnout”: el MBI (Leiter y Maslach, 1988), el modelo de fases de
Golembiewski et al., (1996) y el modelo de Lee y Ashforth (1993) con el fin de
obtener una respuesta acerca del papel que juega la Despersonalización en el
proceso de “Burnout” (como estrategia de afrontamiento) e intentar conocer la
relación causal entre los tres componentes del MBI.

261
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Los autores revisan los estudios longitudinales efectuados que tienen en


cuenta la relación causal en el tiempo entre los componentes del “Burnout”
concluyendo que la evidencia a favor de cualquiera de los tres modelos estudiados
no es concluyente. En su estudio utilizan una muestra alemana de 218 oncólogos y
967 profesores de centros de primaria y secundaria realizando dos medidas
separadas entre sí por un periodo de un año. Utilizando el MBI-ES los índices alfa
para la muestra de docentes de las tres escalas son .92 para Cansancio Emocional
en la primera medida y .93 en la segunda; .73 en la primera toma de
Despersonalización y .75 en la segunda; y .86 y .87 para Realización Personal
respectivamente.

Taris et al. (2005) obtiene un modelo semejante al de Leiter y Maslach (1988)


y Lee y Ashforth (1993) (figura 3.3.12.).

+ Cansancio Emocional + Despersonalización - Realización Personal

+ Cansancio Emocional - Realización Personal

Figura 3.3.12. Modelo de Taris et al. (2005)

Altos niveles de Cansancio Emocional se asocian con altos niveles de


Despersonalización a través del tiempo en ambas muestras. Altos niveles de
Despersonalización llevan a altos en Cansancio Emocional y bajos en Realización
Personal.

En la muestra de docentes los autores encuentran que altos niveles de


Despersonalización se asocian con altos niveles de Cansancio Emocional (resultado
consistente con la noción de Despersonalización como estrategia disfuncional de
afrontamiento propuesta por Bakker y Schaufeli, 2000) y bajos en Realización
Personal a través del tiempo (efecto que apoya las tesis de Golembiewski et al.,
1986; Leiter y Maslach, 1988). Mientras que el modelo de Golembiewski et al. (1986)
no se ajusta bien a los resultados obtenidos, los otros dos modelos presentan buen

262
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

ajuste, recibiendo aún mayor apoyo el elaborado por Leiter y Maslach (1988), por lo
que Taris et al. (2005) aceptan estas bases como modelo a priori para el estudio de
las relaciones entre las tres dimensiones del MBI en la docencia.

Pese a las limitaciones que los propios autores recogen como el hecho de no
incorporar información de variables contextuales o considerar un año como período
entre ambas mediciones, sus conclusiones son un apoyo más a la conceptualización
del desarrollo del “Burnout” como proceso.

MODELO INTEGRADOR DE GIL-MONTE, PEIRÓ Y VALCÁRCEL (1998)


En cuanto al desarrollo secuencial, estos autores postulan un modelo
integrador de variables personales, interpersonales y organizacionales. Bajo un
enfoque transaccional sugieren que el “Burnout” se inicia conjuntamente con
sentimientos de baja Realización Personal y Cansancio Emocional, considerado las
actitudes de Despersonalización como una estrategia de afrontamiento que surge
con posterioridad.

Teniendo en cuenta que estos autores conceptualizan el “Burnout” como una


respuesta al estrés laboral crónico percibido que surge tras un problema de
reevaluación cognitiva, cuando las estrategias de afrontamiento empleadas por los
profesionales no son eficaces para reducir el estrés laboral percibido” (Gil-Monte y
Peiró, 1997), no es de extrañar que pongan el énfasis en el afrontamiento de cara a
la prevención. Estos autores destacan que el “Burnout” actúa como variable
mediadora entre el estrés percibido y sus consecuencias. En los modelos de estrés
laboral las respuestas al estrés se sitúan como variables mediadoras entre el estrés
y las consecuencias o efectos a más largo plazo. Así, el “Burnout” es considerado un
paso intermedio en la relación estrés-consecuencias del estrés de forma que, si
permanece a lo largo del tiempo, el estrés laboral tendrá consecuencias nocivas
para el individuo, en forma de enfermedad o falta de salud con alteraciones
psicosomáticas y para la organización (figura 3.3.13.).

263
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Figura 3.3.13. Modelo que integra el “Burnout” dentro del proceso de estrés laboral
(Gil-Monte, 2003).

Gil-Monte (2003) explica así el desarrollo del síndrome de “Burnout”: los


estresores laborales elicitan una serie de estrategias de afrontamiento que deben
ser efectivas para manejar las respuestas al estrés y también para eliminar los
estresores. Cuando estas estrategias iniciales no son exitosas, conllevan fracaso
profesional y en las relaciones interpersonales con las personas, de ahí que se
desarrollen sentimientos de baja Realización Personal y Agotamiento Emocional,
generando ante estos sentimientos actitudes de Despersonalización como nueva
forma de afrontamiento.

Pese a no existir estudios longitudinales que puedan confirmar el modelo, los


resultados que se obtienen con ecuaciones estructurales, muestran que las variables
consideradas y su secuencia, pueden explicar la etiología del síndrome en un 54%.
En los sentimientos de Realización Personal la varianza explicada es del 25% y está
en función de los sentimientos de autoconfianza, apoyo social laboral, ambigüedad
de rol y frecuencia con que los trabajadores emplean estrategias activas de
afrontamiento. Los sentimientos de Agotamiento Emocional tienen una varianza
explicada del 35% compuesta por conflicto de rol (mayoritariamente), sentimientos
de autoconfianza, apoyo social y frecuencia de uso de estrategias de afrontamiento
de evitación. La varianza explicada en los sentimientos de Despersonalización es
del 26% debiéndose sobre todo a los sentimientos de Cansancio Emocional,
Realización Personal y apoyo sociolaboral.

264
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Basándose en conclusiones obtenidas de revisiones de la literatura existente


(Farber y Miller, 1981; Maslach, 1982; Price y Murphy, 1984; Scully, 1983) que
revelan que los sentimientos de culpa pueden ser un síntoma del “Burnout”,
convirtiéndose así en un cuarto añadido a los tres clásicos recogidos por Maslach et
al. (1996, 2001) en el MBI (Cansancio Emocional, Despersonalización y Baja
Realización), el autor, aplicándolo al campo de la enfermería, considera que hay dos
posibles patrones de desarrollo del síndrome. En el primero los profesionales
desarrollan sentimientos de Despersonalización como estrategia efectiva (aunque no
eficaz) para afrontar el estrés laboral, de forma que se adaptan al entorno laboral
pudiendo convivir con las fuentes estresantes (pese a que no desaparezcan y esto
influye en una disminución de su calidad de trabajo); y en el segundo, los
profesionales desarrollan sentimientos de culpa como consecuencia de actitudes y
sentimientos de Despersonalización, que les lleva a una mayor implicación laboral
para disminuir su sentimiento de culpabilidad (Baumeister, Stillwell y Heatherton,
1994), pero teniendo en cuenta que las condiciones laborales no cambian (lo que
cambian son los pacientes pero no los problemas), la Realización Personal
disminuye aumentando el Cansancio Emocional y la Despersonalización; este
proceso desarrolla un nuevo sentimiento de culpa, o intensifica el existente, y
aparece un bucle, de forma que a medio plazo aparece un deterioro en la salud de
los profesionales de la enfermería, con consecuencias negativas tales como un
incremento en la tasa de absentismo, mayor deseo de abandonar la enfermería, etc.
(figura 3.3.14.).

Figura 3.3.14. Función de los sentimientos de culpa en el proceso de desarrollo del

síndrome de quemarse por el trabajo (Gil-Monte, 2001)

Así pues, los modelos vistos coinciden en la importancia que tiene el


síndrome de “Burnout” para la persona que lo sufre y para la institución donde se
enmarca el desarrollo profesional. Las variables de personalidad destacadas en los
modelos encuadrados en la teoría sociocognitiva del yo dotan de un papel

265
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

fundamental a la autorreferencia (competencia y autoeficacia percibida), la


motivación y el apoyo emocional, si bien en cada uno de ellos se puntualizan de
manera variable. En los modelos que pertenecen a la teoría del intercambio social
destaca la falta de equidad o ganancia en los procesos de interacción social como
papel fundamental en el desarrollo del síndrome, algunos autores ponen de relieve
la conservación de recursos y las estrategias de afrontamiento, mientras otros
puntualizan la importancia de la reciprocidad en las relaciones sociales. En los
modelos de la teoría organizacional se destacan ante todo las variables del medio
laboral y las estrategias de afrontamiento en el manejo de estos estresores
laborales, enfatizando los sentimientos de fracaso, o poniendo de relieve las
diferencias entre los intereses de la empresa y las necesidades del empleado. Y por
último en el modelo integrador se nos presenta un modelo integrador de variables
personales, interpersonales y organizacionales. Todos los modelos pueden resultar
válidos como así lo plasma la literatura existente, hay que tener en cuenta que la
variable más importante y fundamental en todos ellos es la persona que sufre el
síndrome, por tanto si tenemos en cuenta el carácter único y propio de cada persona
habrá quien encaje mejor en unos modelos explicativos o en otros.

3.3.2. DOCENTES

KYRIACOU Y SUTCLIFFE (1978a)


Estos autores describen un modelo de “Burnout” en docentes que sería
levemente modificado por Worral y May (1989), y ampliado posteriormente por
Rudow (1999).

Los datos en los que se basan Kyriacou y Sutcliffe (1978a) en la elaboración


del modelo, parten de las investigaciones realizadas por los autores con 127
profesores a los que administró diferentes medidas relacionadas con el estrés,
“Burnout” y síntomas psicosomáticos de ansiedad, encontrando correlaciones
significativas entre “Burnout” y síntomas psicosomáticos de ansiedad.

266
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Los autores consideran el estrés como un proceso en el que, la valoración y


las estrategias frente a las demandas laborables que el profesor realiza en su
trabajo son determinantes para la aparición del síndrome. Rudow (1999) señala que
la interacción de los elementos de este proceso con las características personales,
factores organizacionales y actividad diaria influyen durante el mismo.

Worral y May (1989) modifican levemente este modelo, y matizan como


factores más relevantes del mismo, los aspectos afectivos, personales y sociales
(que envuelven a la administración educativa), lo cual implica un estatus emocional
acorde a la valoración que se establece sobre las demandas percibidas. Estos
autores diferencian entre diferentes tipos de estrés: estrés central o principal, estrés
ambiental, estrés anticipado, estrés situacional y estrés retrospectivo.

BLASE (1982)
El autor considera que el síndrome es una función de la exposición
prolongada a las tensiones laborales que resultan de la falta de ajuste de las
estrategias de afrontamiento del sujeto y de la ausencia de recompensas adecuadas
en relación a las exigencias del trabajo.

Blase (1982) realizó una investigación a lo largo de todo un curso escolar con
43 profesores elaborando a partir de estos datos su modelo donde explica la
degeneración de la eficacia docente, a partir de la relación entre dos variables del
docente: motivación y eficacia. El autor apunta que cuando el profesor detecta
necesidades en el alumno (de aprendizaje, solución de problemas personales, etc.)
existe la tendencia a convertir estas necesidades en metas a cubrir, invirtiendo
energía para intentar solucionarlas, al tiempo que debe desarrollar estrategias de
afrontamiento para hacer frente a situaciones de estrés y demandas provenientes
de la organización. Cuando el docente percibe que no puede lograr esas metas
creadas por ellos mismos, se generan sentimientos de depresión, desvaloración,
frustración, etc. Frente a estos sentimientos el docente reacciona en un primer
momento intentando alcanzar la meta invirtiendo aún mas esfuerzo y energía en su
proceso de enseñanza, proceso que al prolongarse en el tiempo conlleva una

267
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

reducción del compromiso y esfuerzo. La insatisfacción crece y puede conducir al


“Burnout”.

Así pues, el proceso por el cual los profesores se queman surge tras una
actuación no suficientemente eficaz con los alumnos, que deriva en una disminución
de la satisfacción del docente, de su implicación laboral, motivación y esfuerzo,
llegando así a una actuación aún menos eficaz que conduce a este docente a
retroalimentar el ciclo. Por tanto el estrés y sus repercusiones en la docencia son
consecuencia de “la discrepancia entre el esfuerzo del profesor y los logros
obtenidos con este esfuerzo” (Blase, 1982, pp. 99) (figura 3.3.15.).

Sin embargo, tal y como señala Esteve (1986), este modelo no recoge
posibles vías que limiten o corten las fatales repercusiones personales de sufrir este
ciclo, como puede ser la estrategia de reducir la implicación personal del docente
con su trabajo. Igualmente Esteve (1986) señaló que la degeneración de la eficacia
docente no puede ser explicada por un modelo lineal como el de Blase (1982).

Ciclo degenerativo de la eficacia docente

Necesidades •Satisfacción
Esfuerzo y •Implicación
del alumno = Factores de
recursos de Resultados (-)
metas a estrés •Motivación
afrontamiento
cubrir •Esfuerzo

Figura 3.3.15. Esquema que recoge la teoría de Blase (1982)

POLAINO-LORENTE (1982)

Este autor elabora un modelo que explica la génesis de la conducta ansiosa


de los docentes. Las variables que este autor recoge en su propuesta son de gran
interés para el “Burnout” ya que muchas de ellas pueden mediar o influir en su
proceso.

268
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

En este modelo (Figura 3.3.16.) hay un concepto que coincide con los
denominados “factores de estrés de segundo orden” de Blase (1982) y que Polanio-
Lorente (1982) denomina “pretexto” entendiendo por tal el conjunto de factores que
resultan diversos y distantes en la escuela, pero que pese a no estar próximos a ella
pueden condicionar en diferente intensidad la ansiedad de los docentes.

En este modelo podemos observar como parte central del mismo las
“respuestas fisiológicas de ansiedad” interpretadas como una reacción puntual de la
persona con potencialidad de activar dos mecanismos:
 Optimizar el funcionamiento adaptativo del organismo antes situaciones
difíciles (coincidiendo con el término euestrés propuesto por Seley, 1978).
 Desarrollar modelos cognitivos que atribuyan a estas situaciones difíciles una
atribución subjetiva de amenaza que no coincide con la interpretación real de
la misma situación (coincidiendo con el término distrés) resultando por tanto
una mala adaptación de las respuestas fisiológicas a las situaciones reales
que desencadenan en una ansiedad de expectación.

En palabras de Esteve (1986) este modelo implica tener que aludir a tres tipos
de ansiedad: de estado, de expectación y respuestas fisiológicas de ansiedad.
Únicamente hablaríamos de ansiedad propiamente dicha en el caso de la presencia
de modelos cognitivos que atribuyen a la realidad significados amenazantes
subjetivos. Este mismo autor recoge cómo este modelo relaciona el estrés con el rol
del profesor y la interacción profesor-alumno, con la acentuación de las dificultades
en la tarea docente, con la inadecuación entre la personalidad del docente y los
objetivos de la enseñanza, y con los factores contextuales tanto en el aula como en
el contexto social amplio.

269
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Figura 3.3.16. Modelo de la teoría de Polaino-Lorente (1982)

SAKHAROV Y FARBER (1983)


Sugieren que el “Burnout” no es meramente un estado psicológico, sino que
se origina en la experiencia subjetiva de un predominante problema social, resultado
de una dinámica interacción entre un profesor individual y un mundo social.

ESTEVE (1986)
Este autor parte de los modelos de Blase (1982) y Polaino-Lorente (1982)
para establecer uno nuevo que denota los factores que influyen desde la práctica a
la personalidad de los educadores.

El modelo es ramificado, superando la linealidad de sus antecesores,


resultando un modelo circular con predominio de la interacción de sus elementos
dentro del marco de un sistema (Figura 3.3.17.).

El eje principal de esta propuesta radica en la consideración de la existencia


de dificultades objetivas que inciden de forma negativa sobre la interacción profesor-
alumno. Estos factores, de incidencia negativa, los clasifica el autor siguiendo a
Blase (1982) en factores de primer y segundo orden. El primer planteamiento que
recoge Esteve (1986) en su modelo se centra en considerar si existe o no una
adecuada preparación inicial del docente para la práctica de la enseñanza. Sobre la

270
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

base de una formación inadecuada el modelo recoge dos opciones donde ambas
parten de la idea de que todos los docentes intentarán mejorar mediante aprendizaje
por ensayo-error; en la primera opción el docente solucionaría con este aprendizaje
la falta de formación (lo conocido por “tener tablas”) al elaborar una serie de
recursos adecuados a la práctica docente, pero en la segunda opción los resultados
no mejoran produciéndose pérdida de seguridad en sí mismo al no tener éxito en su
tarea. El segundo paso del modelo alude a la implicación personal del docente con
su trabajo, donde ante una disminución se recogen dos reacciones: la primera es la
respuesta de inhibición o uso de la rutina como reacción global ante las dificultades
acumuladas (esta inseguridad se traduce en rigidez en las actuaciones del docente
donde el autoritarismo se suma a la rutina, y parte de la idea de que estos docentes
no están ni motivados ni satisfechos con su trabajo y reducen al máximo su
esfuerzo); la segunda respuesta se define como conducta fluctuante, donde la
motivación, esfuerzo y satisfacción no son constantes. El mismo segundo paso
recoge la opción de que sí se produzca una implicación personal con el desempeño
laboral y a su vez se presentan igualmente dos alternativas; la primera cuenta con
que el profesor tiene recursos adecuados para dominar las situaciones de
enseñanza derivando en una seguridad en sí mismo y una positiva identificación del
trabajo que realiza no sobrepasando los limites del euestrés de Selye (1956);
mientras que la segunda opción considera una escasa formación inicial pero con alta
implicación y esfuerzo que, puede acabar en una situación de acumulación de
tensión desembocante en distrés (Selye, 1956) donde el sofreesfuerzo no consigue
el equilibrio, y se pasa al desarrollo de esquemas de ansiedad de expectación
atribuyendo de forma subjetiva un significado de conflicto y dificultad a situaciones
objetivamente no problemáticas, y donde esta ansiedad se convierte en sí misma en
un factor más de distrés. Así, los docentes que entran en este círculo, donde las
dificultades objetivas producen ansiedad, y ésta modifica a su vez los esquemas
cognitivos, son, según Esteve (1986), los “profesores burnout”.

271
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Figura 3.3.17. Modelo ramificado de Esteve (1986)

OLIVER (1993)
Esta autora propone un modelo de “Burnout” docente a partir de un estudio
realizado con 108 profesores de enseñanzas medias de Madrid capital. La autora
parte del cuestionario VOB que ella misma elabora donde contempla el síndrome de
“Burnout”, antecedentes (problemática con el alumnado, la administración y de
administración del trabajo), consecuentes (problemas de salud, de relaciones y falta
de interés laboral), y las diferentes dimensiones de la Personalidad Resistente. El
instrumento se compone de 229 ítems procedentes del CBP (Cuestionario de
Burnout del Profesorado de Moreno-Jiménez y Oliver, 1993), MBI (Maslach Burnout
Inventory de Maslach y Jackson, 1981), ELE (Escala Laboral de Estrés de
Fernández, 1995), Hardiness Test (Kobasa et al., 1982), y GHQ (cuestionario de
Salud General, Goldberg, 1978).

El modelo explica el 65,4% de la varianza total, y su desglose queda de la


siguiente manera:

272
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Las variables antecedentes procedentes del análisis factorial explican el


42.76% de la varianza total del “Burnout”, siendo Cansancio Emocional la que mayor
porcentaje de varianza explica con un 39%, y Despersonalización la que menos con
un 33.14%. Dentro de esta variable observamos que:
- Sobrecarga: 15 ítems que abarcan sobrecarga general y específica del puesto
docente explica el 16.79% de la varianza.
- Falta de Apoyo: explica el 7.17% de la varianza y está compuesto de 14 ítems.
- Condiciones Físicas: 15 ítems que recogen la condiciones de temperatura, ruido,
etc. Explica el 5.84% de la varianza.
- Alumnos: 11 ítems que recogen la problemática general, el excesivo número de
alumnos y variables relacionadas con los padres. Explica el 4.51% de la
varianza.
- Ambigüedad: 11 ítems que abarcan la falta de claridad y precisión, y la
insuficiente información. Explica el 3.93% de la varianza.
- Administración: explica el 3.56% de la varianza. Compuesta de 11 ítems que
tratan las relaciones entre profesor y administración.
- Inseguridad: 5 ítems que trabajan la inseguridad ante el futuro con respecto al
trabajo y posibles destinos y explican el 3.24% de la varianza.

Las variables consecuentes procedentes del análisis factorial explican el


43.18% de la varianza total, siendo Despersonalización con un 39.11% la que
mayor porcentaje explica, seguido de Cansancio Emocional con un 4.07%. El
análisis de las variables consecuentes se recoge de la siguiente manera:
- Problemas de Salud: 27 ítems. Explica el 46.30% de la varianza. Este factor
abarca dos subfactores, problemas psicológicos (ansiedad, nerviosismo, etc.)
con 19 ítems que explica el 39.56% de la varianza; y problemas funcionales
(dolor de cabeza, nauseas, etc.) que explica el 6.09% formado por 8 ítems.
- Depresión: concepto tomado de Goldberg (1972). Compuesto de 7 ítems. Explica
el 30.35% de la varianza.
- Problemas en relaciones e insatisfacción personal: 10 ítems que explican el
5.29% de la varianza. Recoge problemas de relaciones personales, así como
conductas de fumar o beber en exceso, insatisfacción con la vida en general y
con uno mismo en particular.

273
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Falta de interés por el trabajo: 7 ítems que explican el 4.7% de la varianza.


Recoge el rendimiento en el trabajo, rutina o apatía, y deseo de abandono.

De cara a la explicación del “Burnout” el análisis de efectos directos muestra


que problemática con el alumnado es la variable que más peso ejerce, jugando el
compromiso un papel amortiguador del síndrome. La autora destaca el papel de la
sobrecarga sobre los problemas de salud dada su alta contribución en la explicación
de la variable. Destaca la vinculación del “Burnout” sobre problemas de salud, falta
de interés y problemas de relación e insatisfacción en orden decreciente.

En el análisis de efectos indirectos, destaca la variable problemática de los


alumnos que se convierte en el eje central, tanto del síndrome como de sus
consecuencias. La variable compromiso, problemas de relación e insatisfacción y
falta de interés tienen un efecto amortiguador sobre los problemas de salud.
Compromiso actúa amortiguando el “Burnout” y de modo indirecto hace que los
problemas añadidos sean menores. También se destaca la influencia de la variable
sobrecarga sobre problemas de relación e insatisfacción a través de los problemas
de salud, lo cual indica que a mayor sobrecarga de trabajo peor es la salud y
mayores son los problemas de relación y satisfacción personal.

A continuación resumimos las principales conclusiones del modelo:


- La relevancia de la variable problemática con el alumnado como eje explicativo
del síndrome y de los consecuentes en el docente, así como la importancia de
compromiso personal con el trabajo en la reducción de éste.
- El “Burnout” afecta a todos los consecuentes, principalmente en falta de interés
por el trabajo y a problemas de salud. También, aunque con cierta distancia, a
problemas de relaciones e insatisfacción.
- Las variables más relevantes del síndrome son problemática del alumnado y
compromiso personal con el trabajo.
- Cansancio Emocional es explicada por problemática del alumnado y compromiso
personal con el trabajo, y por falta de apoyo en el trabajo.
- Despersonalización está definida por problemática con el alumnado y
compromiso, influyendo también la variable sobrecarga en el trabajo.

274
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- El descenso en la Realización Personal es explicado por problemática del


alumnado y compromiso personal con el trabajo, y por la ambigüedad en el
trabajo y problemática con la administración.
- El síndrome de “Burnout” afecta a todos los consecuentes propuestos
(Problemas de Salud, Depresión, Problemas de Relaciones e Insatisfacción y
Falta de Interés por el trabajo), destacando la dimensión Despersonalización
como la más relevante, seguida de Cansancio Emocional. Los consecuentes
también se ven afectados, aunque en menor medida, por los factores
antecedentes y por dimensiones de la Personalidad Resistente al estrés. Dentro
de este apartado destaca:
 Los problemas funcionales son poco explicados, delimitados sobretodo por
Despersonalización y sobrecarga.
 Los problemas Psicológicos son los más explicados, destacando en su
explicación la Despersonalización y sobrecarga.
 Los problemas de relaciones e insatisfacción personal están determinados en
mayor medida por Cansancio Emocional, aunque hay que destacar la influencia de
compromiso.
 La falta de interés por el trabajo está explicada fundamentalmente por
Cansancio Emocional y Despersonalización junto con compromiso personal en el
trabajo.
 En el modelo destaca problemática con el alumnado como fundamental
antecedente del síndrome, y compromiso personal con el trabajo se presenta como
el mayor amortiguador. De igual forma se plantea que falta de interés por el trabajo
es su principal consecuente.

En la figura 3.3.18. se recogen las principales conclusiones del modelo.

275
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

PROBLEMAS CON
FALTA DE INTERÉS COMPROMISO
ALUMNOS

ANTECEDENTE CONSECUENTE AMORTIGUADOR

-Problemas de salud
-Problemas de relación
PERSONALIDAD e insatisfacción
RESISTENTE

-Problemas con alumnos


-Problemas con alumnos -Problemas con alumnos -Compromiso
-Compromiso -Compromiso -Ambigüedad
-Bajo apoyo -Sobrecarga -Problemas
administrativos

CANSANCIO DESPERSONALIZA- REALIZACIÓN


EMOCIONAL CIÓN PERSONAL

BURNOUT

Figura 3.3.18. Modelo de Oliver (1993)

La autora recoge las correlaciones establecidas entre cada una de las


variables y su influencia sobre el síndrome (figura 3.3.19.).

Figura 3.3.19. Correlaciones establecidas entre cada una de las variables consideradas e

influencia sobre el síndrome de “Burnout”

276
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

SCHAUFELI Y ENZMAN (1998)


Basándose en un modelo social, estos autores sugieren que el “Burnout” es
resultado de una pérdida de reciprocidad en las relaciones del profesor con los
alumnos, compañeros y administradores. Cuando el profesor invierte más en estas
relaciones de lo que ellos reciben, es probable que aparezca el “Burnout”.

BYRNE (1999)
Este modelo se complementa con un estudio efectuado en Canadá (1994)
sobre 1242 profesores de Educación Infantil, 417 de Primaria y 1479 de Secundaria,
en donde se correlacionan los factores más estudiados de la literatura con las
puntuaciones obtenidas en las tres dimensiones del “Burnout” medidas con el MBI
(Maslach y Jackson, 1981) Cansancio Emocional, Despersonalización y Realización
Personal. Las variables más destacadas para esta autora son ambigüedad y
conflicto de rol, sobrecarga laboral, clima de clase, y autoestima. Entre las
principales conclusiones se observan las siguientes relaciones:

- Ambigüedad de rol afecta de forma negativa a Realización Personal, provocando


un descenso en esta dimensión.
- Conflictos de rol correlaciona de forma positiva con Despersonalización y
Cansancio Emocional.
- Sobrecarga laboral y clima negativo de aula correlacionan de forma positiva con
Cansancio Emocional.
- Deseos de una mayor y mejor formación correlaciona de forma positiva con
autoestima.
- La autoestima correlaciona de forma positiva con Realización Personal, y de
forma negativa con locus de control externo.
- Locus de control externo correlaciona de forma negativa con Realización
Personal.
- El apoyo de superiores e iguales correlaciona de forma positiva con la
autoestima.

277
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Byrne (1999), basándose en los ciclos educativos, realiza un análisis de los


coeficientes de correlación existentes entre las variables más nombradas en la
literatura y los factores del “Burnout” del MBI (Maslach y Jackson, 1981). A
continuación se exponen las conclusiones obtenidas para las diferentes etapas
educativas. No obstante, hay que destacar que únicamente se muestran
correlaciones aceptables en la etapa educativa de infantil.

Correlaciones significativas en educación Infantil:


- Locus de control externo y autoestima (0,863)
- Cansancio Emocional y clima de clase (0,791)
- Despersonalización y autoestima (0,738)
- Realización Personal y Despersonalización (0,862)

Correlaciones significativas en educación primaria:


- Autoestima y Realización Personal (0,948)
- Locus de control externo y autoestima (0,864)
- Cansancio Emocional y Despersonalización (0,716)
- Despersonalización y clima de clase (0,783)
- Realización Personal y Despersonalización (0,855).

Correlaciones significativas en educación secundaria:


- Autoestima y locus de control externo (0,924)
- Locus de control externo y Realización Personal (0,887)
- Cansancio Emocional y Despersonalización (0,755)
- Conflicto de rol y Despersonalización (0,752)
- Despersonalización y Realización Personal (0,855)

MODELO DE REACCIONES NEGATIVAS DE TENSIÓN Y CONSECUENCIAS EN


LA ACTIVIDAD DOCENTE (RUDOW, 1999)
Rudow (1999), tomando como referencia el modelo de Kyriacou y Sutcliffe
(1978b) y las modificaciones de Worral y May (1989) recoge evidencias empíricas
analizando los resultados de diversas investigaciones realizadas en diferentes

278
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

países: Capel (1987) en Inglaterra, Temml (1994) en Austria, etc. en los que se
correlacionan diversas medidas del “Burnout” con variables organizacionales y
personales del profesorado. También analiza investigaciones que relacionan
aspectos fisiológicos, bioquímicos e inmunológicos con el “Burnout” (Karpenko,
1975; Kinnunen, 1989), dando lugar a lo que se denomina modelo de reacciones
negativas de tensión y consecuencias en la actividad docente.

Entre sus aportaciones, destaca la diferenciación entre los conceptos de


estrés, “Burnout”, tensión, fatiga física y miedo dada la necesidad de alcanzar una
definición operativa de éstos para gozar de un uso adecuado de estos conceptos y
delimitar el objeto de estudio. Como segunda aportación este autor diferencia entre
carga cognitiva y emocional. Rudow (1999) señala que toda situación de fatiga
excesiva y/o de estrés crónico desemboca en “Burnout”, lo cual, a su vez, causa una
restricción en la competencia pedagógica y desórdenes psicosomáticos, que en
último término, deterioran el desarrollo de la personalidad.

Teniendo en cuenta los resultados de estas investigaciones, Rudow (1999)


mantiene que la sobrecarga laboral y una situación cronificada de estrés son las
principales causas del síndrome, que genera una reducción de la actividad laboral y
la aparición de trastornos psicosomáticos.

Moriana (2002) parte del estudio del modelo de Rudow (1999) y señala que
pese a que el modelo puede ser útil para la interpretación de datos a nivel
explicativo, existen ciertos aspectos que a su juicio hacen de este modelo un
planteamiento teórico no suficientemente validado. Moriana (2002) cree que a pesar
de que las conclusiones que expone Rudow (1999) se relacionan con las evidencias
empíricas de otras investigaciones, el resultado es arbitrario, ya que no se explica,
por ejemplo, cuáles son las fases del “Burnout”, ni se delimitan todos los factores
que pueden dar lugar a una respuesta de fatiga excesiva o estrés crónico.

279
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

MODELO EXPLICATIVO DE LA VARIABILIDAD DEL BURNOUT EN


PROFESORES. LEITHWOOD, MENZIS, JANTZI Y LEITHWOOD (1999)
Estos autores mediante una pormenorizada revisión bibliográfica, seleccionan
18 estudios empíricos sobre “Burnout” docente y sus causas, teniendo en cuenta el
número de sujetos, método y procedimiento utilizado.

A partir de los datos obtenidos generan un modelo explicativo del “Burnout” en


profesores que parte de tres constructos interrelacionados: transformaciones de la
escuela, factores organizacionales y factores personales. Estos constructos se
crean según la aparición de las distintas variables en los estudios analizados,
agrupándolas en estos tres factores generales según el número de veces que
aparecen en los resultados de las investigaciones.

- Transformaciones en la escuela y decisiones de administradores y jefes de las


instituciones educativas: estas transformaciones llevan asociadas variables que
contribuyen a aumentar la experiencia de “Burnout” (metas, expectativas,
apoyos, cultura y estructura, inadecuadas o negativas) y otras que lo reducen
(apoyo de administración y superiores, integración del personal educativo,
participación en política educativa y consideración de la función docente). Estas
variables interaccionan con factores organizacionales y personales.

- Factores organizacionales: está configurado, entre otras variables, por demandas


del trabajo, apoyo social y organizacional. Dentro de estos factores hay variables
que pueden contribuir a la aparición del “Burnout” (conductas problemáticas de
los alumnos, exceso y gran variabilidad de trabajo, aislamiento, demandas
elevadas, excesiva especificidad del trabajo, presiones externas, organización
rígida, conflicto y ambigüedad de rol, deficiente estructura administrativa, falta de
apoyo y excesivas expectativas sociales), y otras variables que pueden reducir la
respuesta de “Burnout” o prevenir su inicio (apoyo de familia, amigos y colegas,
posibilidad de contribuir con sus experiencia a la dinámica del centro, tener
influencia en las decisiones, seguridad en el trabajo, acceso a apoyos
personales, estructura flexible de la administración, carga laboral reducida,
permisibilidad ante los cambios en la función docente y claras expectativas de
trabajo).

280
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Factores personales: formado por metas personales, creencias sobre la propia


capacidad, valoración del contexto, y proceso de activación emocional, entre
otras variables. Los autores diferencian entre 17 variables en total, de las cuales,
9 contribuyen al aumento de la respuesta de “Burnout” (locus de control externo,
sexo masculino, edad avanzada, nivel educativo bajo, mayor experiencia, no
tener alternativa laboral, problemas personales, Patrón de Conducta Tipo A y
Despersonalización); y 8 contribuyen a su disminución (sentimientos positivos de
autoeficacia, alta autoestima y autoconcepto, sentir que su profesión ideal es la
enseñanza, locus de control interno, mujer, joven, nivel educativo alto y poca
experiencia laboral docente).

Leithwood et al. (1999) realizan posteriormente un análisis de covarianzas y


correlaciones entre los resultados de todos los estudios. Como resultado,
categorizan los factores causales del “Burnout” y establecen una relación donde las
transformaciones en la escuela y las decisiones de los superiores, afectan
directamente sobre los factores organizacionales, que son a su vez, percibidos y
vivenciados de forma subjetiva por cada profesor en función de las características de
sus factores personales; dando lugar, o no, a una reacción de estrés.

Moriana (2002), considera que este modelo, pese a recopilar un amplio


número de variables presentes en la literatura (reconocidas como factores causales
o relacionados con el “Burnout”) y a ser muy descriptivo, no establece una jerarquía
en las variables relacionadas con la aparición del síndrome, ni explica la secuencia o
las fases en su aparición y evolución.

FRIEDMAN (2000)
Sugiere que la autoeficacia es el mecanismo psicológico clave para entender
el “Burnout”. Cuando los profesores perciben de manera significativa la distancia
entre sus expectativas de éxito profesional y la realidad de sus logros, se crea la
discrepancia en autoeficacia que origina el síndrome.

281
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

MANASSERO, GARCÍA, VÁZQUEZ, FERRER, RAMIS Y GILI (2000)


Manassero et al. (2000) con una muestra de 614 docentes no universitarios
de Baleares (de preescolar a bachillerato) lleva a cabo un estudio con el objetivo de
mediante un modelo de ecuaciones estructurales ofrecer una estimación de un
modelo de relaciones entre las tres dimensiones del “Burnout” (medido con el MBI
de Maslach y Jackson, 1981) e incluir en éste las relaciones con otras variables
antecedentes (estresores), consecuentes (“Burnout” y síntomas) y procesos de
afrontamiento (apoyo social).

El modelo obtenido por Manassero et al. (2000) confirma la solución de tres


factores del MBI (Maslach y Jackson, 1981) y obtiene índices de fiabilidad y varianza
de .88 y .45 para Cansancio Emocional; .83 y .36 en Realización Personal, y .58 y
.26 para Despersonalización respectivamente. El modelo presenta un ajuste
marginalmente aceptable a los datos: X2= 802.94; RMSEA= 0.069; RM
estandarizado= 0.064; GFI= 0.89; CFI= 0.87.

El modelo estructural para las relaciones entre las variables del síndrome
ofrece apoyo empírico al modelo de Gil-Monte y Peiró (1997). Cansancio Emocional
y Realización Personal (negativamente) causan Despersonalización, siendo
destacable la relación entre Cansancio y Despersonalización, mientras que la
relación negativa entre Realización y Despersonalización es menor.

Las correlaciones obtenidas entre los tres factores (Tabla 3.3.3.) son
significativas en todos los casos; y como cabría esperar el signo de las correlaciones
entre Realización Personal con Despersonalización y Cansancio Emocional es
negativo, lo que indica que una baja Realización Personal correlaciona con altas
intensidades de las otras dos variables, y viceversa.

Tabla 3.3.3. Correlaciones entre las tres dimensiones del “Burnout”


Cansancio Emocional Realización Personal
Realización Personal -.45 1.00
Despersonalización .66 -.40

282
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Como se puede observar el vínculo entre Cansancio Emocional y


Despersonalización es positivo y estadísticamente significativo, y el vínculo entre
Realización Personal y Despersonalización es negativo y estadísticamente
significativo. El efecto combinado de Cansancio Emocional y Realización Personal
explican un 45% de la varianza de Despersonalización.

Tal y como se recoge de su teoría (figura 3.3.20.) el modelo estructural


resultante alude al papel independiente de las variables de causas y apoyo social
(negativo) en la determinación tanto de los síntomas como del síndrome; de la
misma manera el “Burnout” actúa de forma intensa sobre los síntomas generales.
Las estimaciones de los parámetros del modelo estructural muestran que la acción
de causas y apoyo son de diferente signo, favoreciendo las causas y disminuyendo
el apoyo social la contribución al “Burnout” resultante así como la intensidad de los
síntomas informados, donde las causas tienen una acción más intensificadora sobre
el “Burnout” que el beneficio que puede aportar el apoyo social. Además la
intensidad de la relación directa del apoyo social es más influyente sobre el
“Burnout” que sobre los síntomas generales, pero la intensidad de las causas es
similarmente alta sobre ambos. De esta forma, la relación entre causas y síntomas, y
entre causas y “Burnout”, es positiva y significativa, mientras que el apoyo social
afecta de manera negativa y significativa. Es decir, a mayor apoyo social se
experimenta menor nivel de “Burnout”. Por otro lado la relación entre apoyo y
síntomas es negativa y no significativa por lo que parece estar mediada por el propio
“Burnout”. Finalmente, el modelo muestra una acción directa especialmente intensa
del síndrome sobre los síntomas, ya que los niveles del “Burnout” están
positivamente relacionados con los síntomas, lo cual refuerza la concepción del
“Burnout” como un factor especialmente importante en la causación directa de los
efectos y consecuencias negativas de los procesos realcionados con el estrés.

283
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Figura 3.3.20. Modelo de ecuaciones estructurales para las variables latentes de los

procesos de “Burnout” en la enseñanza (Manassero et al., 2000)

Manassero et al. (2000) recogen que el modelo “sugiere que los procesos de
“Burnout” son una respuesta elicitada directamente por la acción de estresores
laborales modulada por las diferentes formas de apoyo social percibido y que de
forma intensa actúan determinando las consecuencias y síntomas a largo plazo”
(p.191)

Los autores destacan que desde la perspectiva del modelo obtenido, la mayor
incidencia de los estresores organizativos sobre la intensidad el “Burnout” en la
enseñanza, debe ser tenida en cuenta para reducir y evitar el “Burnout” en este
campo.

DORMAN (2003)
Este autor llevó a cabo un estudio con 246 profesores de centros privados de
educación primaria y secundaria de Australia destacando la importancia del clima
escolar y de aula como antecedentes de una situación de estrés en los docentes y
elaborando un modelo multidimensional de “Burnout” en la docencia.

El autor siguiendo a Fraser (1998), parte de una concepción multidimensional


del medio ambiente considerando necesario que los instrumentos que lo miden
recojan este punto de partida. Sin embargo, esto no ha sido siempre así, de hecho la
mayoría de las escalas existentes sobre clima escolar o clima de aula como posibles
predictoras de “Burnout” venían utilizando un modelo unidimensional (como ejemplo

284
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

encontramos la investigación de Byrne (1994) basada en los 11 ítems de la escala


de clima de aula de Bacharach et al., 1986.

El modelo de Dorman (2003) estaría de acuerdo con la teoría psicosocial


sobre estrés y “Burnout” propuesta por Lens y Jesus (1999) donde se destaca el
clima del aula y las atribuciones cognitivas hacia la escuela como posibles factores
predictores del síndrome; y con la propuesta de Maslach y Leiter (1999) que destaca
al clima social como el punto clave para entender el “Burnout” docente así como
para su intervención.

Dorman (2003) empleó en su investigación tres instrumentos para ser


contestados por alumnos:
 Escala de clima escolar: 7 dimensiones obtenidas a partir del School-Level
Environment Questionnaire (SLEQ: Fraser, 1994) y de un segundo instrumento
derivado de este primero elaborado por Dorman, Fraser y McRobbie (1997).
Cada dimensión de la escala está compuesta por 8 ítems, por lo que la escala
cuenta con 42 ítems en total.

Clima escolar: compuesto de las siguientes siete escalas:


- Consenso: metas escolares comunes en la plantilla del centro escolar.
- Autorización: modo en el que los profesores son animados y autorizados a
participar en el proceso de toma de decisiones.
- Apoyo del alumnado: grado de simpatía entre profesorado y alumnado, así como
la sensibilidad de los estudiantes con respecto a los profesores.
- Apoyo de los compañeros: asistencia, orientación, estimulación y aceptación por
parte de los compañeros.
- Interés profesional: existencia de debates entre colegas, la muestra de interés
por el trabajo y la búsqueda del desarrollo profesional.
- Adecuación de los recursos: ya sean personales, económicos o materiales.
- Presión laboral: presión predominante en el clima escolar.

 Escala de clima de aula: 7 dimensiones de 42 ítems seleccionados de dos


instrumentos de medida ya elaborados previamente; el ¿Qué está pasando en
esta clase? (Fraser, 1998; Aldridge y Fraser, 2000) y el Cuestionario Católico de

285
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

clima de aula (Dorman et al., 1997). Cada ítem es valorado en una escala de 5
puntos, desde totalmente en desacuerdo hasta totalmente de acuerdo.

Las dimensiones consideradas en el clima de aula son:


- Apoyo entre estudiantes: cercanía, ayuda y apoyo entre los alumnos.
- Interacciones: modo en que la relación profesor-alumno contribuye al bienestar y
crecimiento personal y social de los alumnos.
- Cooperación: grado en que los alumnos usan un estilo cooperativo frente al
competitivo.
- Orientación: importancia otorgada a completar las actividades panificadas y a la
explicación de las materias.
- Orden y organización: orden de la clase y conducta ordenada, educada y
tranquila del alumnado.
- Individualismo: medida en al cual los estudiantes son autorizados a tomar
decisiones y se atiende a sus habilidades, intereses y trabajo para atenderles de
forma individual.
- Control del profesor: el número de normas, grado en que son o no estrictas, y
grado de severidad de las infracciones y castigos.

 El tercer instrumento hace referencia a una selección de 19 ítems de las tres


dimensiones tradicionales del MBI- ES (Maslach et al., 1996). La selección se
hizo teniendo en cuenta el medio escolar al que iba dirigida la investigación. Los
ítems eran valorados por los alumnos en una escala de 5 puntos, desde casi
nunca a casi siempre.

El autor señala que las tres escalas presentan una consistencia interna
satisfactoria valorada con el coeficiente alpha de Cronbach (desde 0.62 en
Orientación hasta 0.91 Autorización).

Dorman (2003) elabora un modelo de ecuaciones estructurales utilizando


análisis tipo LISREL (figura 3.3.21.) donde un 65% de la varianza en Realización
Personal está explicada por las dimensiones: consenso, interacción, cooperación,
orientación, orden y organización y despersonalización. Un 45% de la varianza en

286
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Despersonalización se explica por consenso, apoyo de los compañeros, presión


laboral y Cansancio Emocional. Y un 64% de la varianza en Cansancio Emocional
vendría explicada por consenso, apoyo de compañeros, presión laboral y, orden y
organización. Así, el 81% de la varianza en las tres dimensiones del “Burnout”
consideradas en el MBI se deben a estas 7 dimensiones de clima que se muestran
en la gráfica del modelo resultante.

Figura 3.3.21. Modelo resultante del “Burnout” en docentes (basado en Dorman, 2003)

Las relaciones entre las dimensiones de clima escolar y las tres dimensiones
del MBI (Maslach y Jackson, 1981) reflejan los siguientes datos:
- Consenso se relaciona negativa y significativamente con Despersonalización
pero de forma positiva y significativa con Realización Personal. Así, los
profesores que perciben un mayor nivel de acuerdo con respecto a las metas
escolares propuestas tienden a tener niveles más reducidos de “Burnout”.
- Ayuda entre profesores, guarda una relación negativa y significativa con
Cansancio Emocional.
- Presión laboral está relacionada de forma positiva con Cansancio Emocional.
Estos datos están de acuerdo con la investigación de Hart et al. (1995) y la de

287
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Bloch (1976) donde se obtiene que un clima de apoyo organizativo reduce el


estrés de los profesores. Afirmación que estaría relacionada con la propuesta de
Maslach y Leiter (1999) en cuanto que el apoyo social tanto de compañeros
como de supervisores es un antecedente del “Burnout”. Estas conclusiones
apuntan hacia la necesidad de mejorar la cantidad y calidad de las relaciones
entre docentes, dado que tiende a crear y mejorar la filiación entre profesores
que como consecuencia tiende a reducir Cansancio Emocional y
Despersonalización.

En cuanto a los resultados obtenidos con la escala de clima de aula como


predictor de las tres dimensiones que conforman el “Burnout” podemos decir que los
resultados encontrados son consistentes con estudios realizados respecto de la
conducta de alumnos y “Burnout”, y estrés (Balson, 1992; Borg, 1990; Borg et al.,
1991; Boyle et al., 1995; O’Connor y Clarke, 1990). Los resultados muestran que las
dimensiones de interacciones entre alumnos, profesores y orientación tiene una
relación significativa negativa con Realización Personal; Cooperación entre alumnos
se relaciona negativamente con Despersonalización y positivamente con Realización
Personal; y Orden y Organización en clase se relacionan negativamente con
Cansancio Emocional.

Dorman (2003) señala que en realidad una de las grandes contradicciones del
rol del docente como profesión reside en que a pesar de pasar muchas horas al día
en contacto directo con personas, están en gran parte aislados de sus compañeros y
privados de un clima de adultos que pueda ofrecer estructuras y redes de apoyo
adecuadas.

La importancia del consenso y del apoyo de los compañeros a la hora de


reducir el “Burnout” docente es consistente con los resultados de Farber (1990)
mostrándose como la llave para poder entender el proceso de “Burnout”. El modelo
de Brouwers et al. (1999) establece un enlace entre la pérdida de apoyo emocional
de compañeros y directores y su relación con Cansancio Emocional. Actualmente
aún la mayoría de los equipos directivos ignoran que el apoyo emocional de sus
plantillas es un factor a cuidar.

288
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

El modelo de Dorman (2003), completa el elaborado anteriormente por Byrne


(1994) donde el clima de aula no se relacionaba con Realización Personal, al
encontrar en su investigación que esta dimensión del MBI (Maslach y Jackson,
1981) está directamente relacionada con el clima de aula con tres relaciones
estadísticamente significativas. A medida que los profesores pasan más tiempo en
las aulas, será más plausible considerar al clima de aula como variable que actúa
sobre la Realización Personal.

Dorman (2003) concluyó elaborando la hipótesis intraburnout que relacionaba


las 3 dimensiones del MBI (Maslach y Jackson, 1981) de manera consistente con las
conclusiones obtenidas previamente por Byrne (1994) para profesores de
enseñanzas secundarias, y a modo general por Maslach y Leiter (1999) en su
modelo multidimensional (figura 3.3.22.).

Figura 3.3.22. Hipótesis intraburnout de Dorman (2003)

Entre las implicaciones que este modelo arroja cabe destacar que hay tres
dimensiones del clima escolar, y cuatro dimensiones del clima de aula que influyen
sobre el “Burnout” de manera muy directa. La cooperación entre alumnos en el aula
reduce los sentimientos de Despersonalización de los docentes contribuyendo a
aumentar su nivel de Realización Personal. Los docentes deberían ser conscientes
de la importancia de cultivar un buen clima de aula, pero no únicamente porque
contribuya a la mejora de los resultados académicos de los alumnos sino
fundamentalmente porque contribuye a reducir los niveles de “Burnout”,
especialmente a través del aumento de la Realización Personal. A nivel de
organización de centro los equipos directivos deberían reconocer la importancia de
lograr un buen nivel de consenso, de apoyo y un ajustado nivel de presión laboral
como variables importantes en el proceso del “Burnout”. Demandas irreales con
presiones temporales pueden conducir al Cansancio Emocional y a un clima de
Despersonalización. Frente a esto promover contactos tanto formales como
informales entre la plantilla docente es una sana estrategia a adoptar. En la figura

289
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

3.3.23. se presenta un resumen de las principales conclusiones del modelo de


Dorman (2003).

CLIMA DE AYUDA

INTERACCIÓN,
COOPERACIÓN DE PROFESORES, ORDEN Y
ALUMNOS AUMNOS, ORGANIZACIÓN
ORIENTACIÓN

- + -
-
DESPENALI- REALIZACIÓN CANSANCIO
ZACIÓN PERSONAL EMOCIONAL

- +
- +
AYUDA ENTRE
CONSENSO PRESIÓN LABORAL
PROFESORES

CLIMA ESCOLAR

Figura 3.3.23. Principales implicaciones del modelo de Dorman (2003)

ARCENILLAS (2003)
Esta autora, utilizando el MBI (Maslach y Jackson, 1981) y el CBP-R
(Cuestionario de Burnout de Profesores-Reducido; Moreno-Jiménez et al., 2000a),
realiza un análisis multivariado de los factores extraídos de su investigación con
profesores de primaria de Leganés, y partiendo de un modelo teórico previo,
elabora su modelo de desarrollo de “Burnout” en docentes de primaria.

El modelo teórico del cual parte recoge la existencia de factores antecedentes


que desencadenan el síndrome, variables de personalidad con papel mediador en el
desarrollo del proceso, y manifestaciones físicas y psicológicas de cada profesor.

En cuanto al análisis de los factores antecedentes en relación a las tres


dimensiones del MBI (Maslach y Jackson, 1981) el factor estrés de rol adquiere un

290
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

mayor peso predictivo, tanto en la explicación del desarrollo del síndrome, como
respecto a cada una de sus dimensiones, apareciendo como único factor predictivo
en cuanto a variables antecedentes, y contribuyendo con peso positivo sobre las
dimensiones Cansancio Emocional y Despersonalización, y negativo sobre
Realización Personal; de modo que a mayor nivel de estrés de rol, mayores niveles
en Cansancio Emocional y Despersonalización y menores niveles de Realización
Personal obtienen los profesores.

En cuanto al estudio de las variables antecedentes en relación con las


variables de personalidad, Arcenillas (2003) obtiene que el factor Optimismo aparece
como principal variable, con peso negativo sobre Cansancio Emocional, y con efecto
modulador sobre el desarrollo del síndrome, de modo que a mayor nivel de
optimismo, menor grado de Cansancio Emocional. En la valoración del constructo
Personalidad Resistente, la autora observa que las dimensiones Compromiso y Falta
de Control, tienen un alto valor predictivo. Compromiso explica en este modelo el
mayor porcentaje de varianza en relación al desarrollo de una mayor Realización
Personal, y Falta de Control se relaciona con el desarrollo de actitudes de
Despersonalización hacia los alumnos.

En relación a las consecuencias del “Burnout” sobre la salud docente, la


autora obtiene que los problemas psicológicos son explicados por un 35% de la
varianza, destacando la dimensión Cansancio Emocional, con un 34,6% de varianza,
en la manifestación de la sintomatología psicológica (a mayor Cansancio Emocional
mayor manifestación de sintomatología psicológica). Optimismo contribuye con un
8% del porcentaje de la varianza, y peso negativo sobre las manifestaciones de
síntomas psicológicos (a mayor optimismo menor manifestación de síntomas
psicológicos). En relación a la manifestación de sintomatología física, la dimensión
Cansancio Emocional aparece como el único componente con cierto valor predictivo
y peso positivo (a mayor Cansancio Emocional mayor manifestación de síntomas
físicos).

Resumiendo, el modelo (figura 3.3.24.) parte de la consideración del estrés de


rol como principal variable antecedente desencadenante del proceso de “Burnout”,
especialmente a través de Cansancio Emocional. El Optimismo, juega, como

291
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

variable de personalidad en el modelo, un importante papel modulador junto con la


variable grado de Compromiso (considerada como dimensión del constructo de
Personalidad Resistente) y la variable implicación manifiesta del docente en su
trabajo. La autora destaca Cansancio Emocional y Optimismo (contribuyendo al
aumento de la sintomatología, especialmente la psicológica, y a la reducción de la
misma respectivamente) como principales factores, con alto peso, sobre la
manifestación de síntomas físicos y psicológicos.

Figura 3.3.24. Factores relevantes e influencia de éstos en función de los resultados obtenidos
(Arcenillas, 2003)

OTERO-LÓPEZ, SANTIAGO, CASTRO Y VILLARDEFRANCOS (2010)


Los autores llevan acabo una investigación con 1.537 profesores de
enseñanza secundaria de Galicia para analizar las interrelaciones entre los
principales estresores que dificultan la convivencia escolar (conductas problemáticas
de los alumnos, percepción de los docentes de ausencia de apoyo social y conflicto),
distintas variables personales (patrón de conducta Tipo A, optimismo, personalidad
resistente) y “Burnout”. También comprueban si las variables personales median la
influencia de las distintas fuentes de estrés analizadas en el “Burnout”. Como
veremos en su modelo, se confirma la covariación entre los distintos conjuntos de
variables analizados, constatando un importante apoyo para la hipótesis mediacional

292
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

(los estresores influyen indirectamente en el síndrome a través de las variables


personales) y contemplando un efecto directo entre comportamientos problemáticos
de los alumnos y experiencia de “Burnout”.

Tal y como se observa en la figura 3.3.25. la conducta disruptiva del


alumnado y la agresión verbal hacia los docentes, el bajo apoyo social y los
aspectos relativos a la disciplina (entrevistarse con padres de alumnos
problemáticos y falta de consenso entre los docentes en cuanto a temas de
disciplina) son los estresores con mayor asociación al síndrome (r superior a .30).
Centrándose en dimensiones agrupadas, el rango de co-variación con el “Burnout”
resulta de r. 32 para falta de apoyo social y .40 para conducta dispruptiva de los
alumnos. En lo que a variables personales se refiere, el patrón de conducta tipo A
muestra la mayor correlación.48 en sentido positivo, seguido de optimismo -.46 y
personalidad resistente -.40 que se relacionan de manera negativa con el síndrome.
El modelo general confirma el efecto mediador de las variables personales
(coeficientes entre .10 y .20) y una influencia directa entre el comportamiento de los
alumnos disruptivos y “Burnout” (.18).

Figura 3.3.25. Modelo de ecuaciones estructurales que asocia los factores de estrés escolares,
variables, personales docente y “Burnout”. La línea punteada representa la asociación directa
entre comportamiento disruptivo de los alumnos y “Burnout”

293
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Los crieterios de bondad del modelo reflejan un buen ajuste (χ2 (g.l.)=111.34
(5), p=.001; RMSEA= .06; GFI=. 98; NFI= .97; CFI=.97).

A continuación (tabla 3.3.4.) se presenta un resumen de las principales


conclusiones obtenidas por las investigaciones que detallan las variables
antecedentes del “Burnout”.

Así pues, vemos como entre las principales conclusiones comunes a todos los
autores expuestos destaca el papel modulador, protector de la variable apoyo social
y secundariamente la autoeficacia; y el estrés como factor de riesgo. Es destacable
también cómo las variables sociodemográficas y académicas presdincen de peso
frente al síndrome.

294
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 3.3.4. Resumen de las principales investigaciones sobre variables influyentes en


el “Burnout”
Manassero et al. (1994) revisión de estudios:

Cansancio Emocional (55.9%) Despersonalización (19 %) Realización Personal (34%)


- Nivel de estrés - Intensidad total de las - Apoyo social de alumnos y
- Intensidad total de las causas causas familia
- Apoyo social de motivación - Apoyo social de alumnos - Rasgos de personalidad
(negativa) (negativa) cohibido/emprendedor,
- Apoyo social de amigos - Lugar de causalidad adhesión/autosuficiencia,
- Rasgos de personalidad - Rasgos de personalidad reservado/abierto, relajado/tenso
adhesión/autosuficiencia, e adhesión/autosuficiencia, y - Nivel de estrés (negativo)
inestabilidad/estabilidad sensibilidad dura/blanda

Gil-Monte y Peiró (1997)


Cansancio Emocional (35%) Despersonalización (26%) Realización Personal (25%)

- Conflicto de rol - Agotamiento - Autoconfianza


- Autoconfianza - Realización personal - Apoyo social laboral
- Apoyo social - Apoyo social laboral - Ambigüedad de rol
- Estrategias de afrontamiento de - Afrontamiento activo
evitación

Oliver (1993) Docentes


Antecedentes:
Cansancio Emocional (39%) Despersonalización (26%) Realización Personal (33.14%)
- Problemas con los alumnos
- Sobrecarga
- Falta de Apoyo
- Condiciones Físicas
- Ambigüedad
- Administración
- Inseguridad
Consecuentes:
Cansancio Emocional (4.07%) Despersonalización (39.11%)
- Falta de interés por el trabajo
- Problemas de Salud
- Depresión
- Problemas en relaciones e insatisfacción personal
Dorman (2003) Docentes
Cansancio Emocional Despersonalización Realización Personal
81% explicado por:
- Consenso - Consenso - Consenso
- Apoyo de compañeros - Apoyo de compañeros - Interacción
- Presión laboral Presión laboral - Cooperación
- Orden y organización - Cansancio Emocional - Orientación
- Orden y organización
- Despersonalización
Arcenillas (2003) Docentes
Antecedentes:
Cansancio Emocional Despersonalización Realización Personal
- Estrés de rol - Compromiso
- Falta de control
Moduladores:
- Optimismo (negativo)

295
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

4. EVALUACIÓN Y DIAGNÓSTICO

4.1. SINTOMATOLOGÍA ASOCIADA AL “BURNOUT”.


CONSECUENCIAS.

Tejero (2006) mantiene que diferenciar entre síntomas y consecuencias en el


“Burnout” no es una tarea fácil ni tangible partiendo de la premisa de que “los
síntomas habitualmente anteceden en el tiempo a las consecuencias” (pp.62).

Phillips (1984) señala que para evitar el “Burnout” es necesario conocer sus
manifestaciones.

En la docencia, el “Burnout” se relaciona con consecuencias negativas, tanto


a nivel afectivo como profesional, incluyendo manifestaciones de cinismo, cansancio
emocional, depresión, o insatisfacción con la carrera profesional (Burke et al. 1996;
Mearns y Cain, 2003).

Guglielmi y Tatrow (1998) señalan que la literatura apoya el hecho de que el


estrés ocupacional y el “Burnout” se asocian a un bajo estado de salud en los
profesores.

Fernández-Castro et al. (1994) encuentran, en una investigación llevada a


cabo con 1346 maestros de EGB, que las correlaciones entre la medida del
“Burnout” y los diferentes hábitos de salud muestran, en todos los casos, una
relación negativa en el sentido que a mayor “Burnout” menor frecuencia en los
hábitos de salud, aunque la magnitud de dichas relaciones es diferente en función
del tipo concreto de hábito (ejercicio físico; r=0.18, hábitos alimenticios; r= 0.31,
prudencia; r= 0.16 y prácticas saludables; r= 0.44), siendo la correlación entre
“Burnout y puntuación total de hábitos de salud de -0.47.

So-Kum Tang et al. (2001) llevan a cabo un estudio longitudinal con 269
docentes de Hong Kong indicando los resultados que el síndrome tiene
implicaciones mentales negativas de la salud.

296
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Los relatos de profesores con síndrome de “Burnout” incluyen numerosas


manifestaciones físicas y psicológicas (Pines, 2002b). Aunque los síntomas más
comunes suelen ser el padecimiento de cansancio físico/ emocional y la ansiedad
(Pines, 2002b), la sintomatología que se recoge en la literatura puede agruparse en
diferentes bloques. García (1995) agrupa las consecuencias del “Burnout” en cuatro
grupos: físicas y emocionales, interpersonales, actitudinales y conductuales;
Moreno-Jiménez et al. (2000a) resumen los síntomas descriptivos del “Burnout” en
cuatro categorías: emocionales, cognitivas, conductuales y sociales; Guerrero y
Vicente (2001) señalan que el síndrome comprende una serie de alteraciones
físicas, conductuales y emocionales que tienen su origen en factores individuales,
laborales y sociales y que se pueden agrupar en cuatro áreas que abarcan síntomas
psicosomáticos, conductuales, emocionales y defensivos. No obstante, pese al uso
de diferentes clasificaciones, los síntomas recogidos por los diferentes autores son
mayoritariamente los mismos. La clásica división entre consecuencias de tipo
mental-psicológico, conductual y físico que se encuentra en la literatura (Borg 1990;
Kyriacou y Pratt, 1985; Punch y Tuettemann, 1991) se ve refrendada por el estudio
llevado a cabo con docentes no universitarios en nuestro país por Manassero et al.
(2000) a través de la estructura encontrada en el cuestionario de síntomas de estrés
aplicado en su estudio.

Para Carlotto (2002) el desgaste del profesorado afecta a los compañeros de


trabajo, a los estudiantes y al sistema de enseñanza en general.

En nuestra investigación seguiremos la clasificación tradicional de Maslach y


Jackson (1981) dada su alta implicación en la literatura revisada (Maslach, 1977,
1982; Cherniss, 1980) que divide los síntomas en tres grandes bloques:
psicosomáticos, conductuales y emocionales (tabla 4.1.1.). No obstante, cabe
señalar la incorporación de Aris (2009) al considerar también los síntomas
defensivos utilizados por la persona para poder aceptar sus propios sentimientos
(negación de sentimientos, culpa implícita hacia los alumnos, desplazar los
sentimientos hacia otros ámbitos no laborales, etc.).

297
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Psicosomáticos:
Para Fernández (2000) el padecimiento del “Burnout” implica diversos
síntomas somáticos inespecíficos y distintos en cada sujeto. Esta misma autora
sostiene que las personas que padecen “Burnout” sufren simultáneamente
determinados trastornos psicosomáticos inespecíficos que no llegan a constituir una
entidad clínica definida, que es cambiante, pero que traduce la expresión somática
de un malestar psicológico que la persona no puede resolver, convirtiéndose en
síntomas que no matan, pero que a veces, no dejan vivir. Estos síntomas al no
constituir una entidad nosológica, no provocan una demanda de ayuda clínica al
especialista, así la persona que lo padece sobrelleva como puede los síntomas, en
ocasiones con bajas disfrazadas de un diagnóstico ambiguo como puede ser el caso
de la depresión, ansiedad, etc. ya que es de esta manera como la persona que los
sufre lo puede explicar.

Los signos más comunes entre los docentes que sufren “Burnout” son: fatiga
crónica (para Shirom (1989) es la manifestación más habitual), frecuentes dolores
de cabeza y/o de estómago, úlceras o desórdenes gastrointestinales, pérdida de
peso, insomnio o problemas de sueño, hipertensión, dolores musculares y de
espalda, sentimiento de agotamiento al final del día, baja concentración en las
tareas, dificultad para levantarse por las mañanas, nauseas, pérdida de apetito,
sentimiento de nervios y/o tensión, hinchazón en articulaciones, tasa cardiaca
acelerada, aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares (Melamed,
Shirom, Toker, Berliner y Shapira, 2006), enfermedades coronarias, sudor frío,
dificultades para respirar, asma, aumento de enfermedades virales y respiratorias
(como catarros, ataques de gripe), sistema inmunológico deficitario (Melamed et al.,
2006), aumento del riesgo de coagulación sanguínea (Melamed et al., 2006),
fibrinolisis (Melamed et al., 2006), o disfunciones sexuales entre otros (Belcastro et
al., 1982; Golembiewski et al., 1986; Freudenberger, 1980; Kahill, 1988; Leung, Siu y
Spector, 2000; Needle et al., 1981; Pines 1983, 1993; Sakharov y Farber, 1983; y
Shirom, 1986).

Wolpin et al. (1991) en un estudio longitudinal observa que después de un


año los profesores afectados por el síndrome de “Burnout” presentan mayores
quejas psicosomáticas.

298
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Arcenillas (2003) observa con docentes de primaria de Leganés, que los


síntomas psicológicos adquieren especial importancia en relación a la dimensión
Cansancio Emocional, llegando a explicar junto con el factor Optimismo del CBP-R,
el 35% de la varianza, contribuyendo el primero con peso positivo y el segundo con
peso negativo. Así pues, Cansancio Emocional es para esta autora el componente
que más influye en la aparición de síntomas, tanto psicológicos como físicos,
ejerciendo el factor Optimismo un efecto amortiguador únicamente para los
primeros.

 Conductuales:
Entre las respuestas motoras básicas ante el “Burnout” pueden darse
situaciones de ataque, huida, escape, pasividad o indefensión (Kyriacou, 1980;
Phillips y Lee, 1980). Estas respuestas traducidas a un medio escolar se
manifiestan de forma muy variada en cada persona pero con patrones semejantes a
los que se muestran a continuación.

Petrusich (1967) encuentra que un estado de ansiedad elevada en


profesores se asocia con poco apoyo verbal a los estudiantes, y un discurso y
conducta hostil.

Krasno (1972) complementa esta observación con falta de calor en la relación


con los estudiantes, empleo no efectivo de recompensas y castigos, y conducta
dogmática y autoritaria con los alumnos.

Greenwood y Soar (1973) reflejan que la baja satisfacción en el trabajo de los


profesores está unida a la ausencia de oportunidades de discusión de los
estudiantes. De esta forma se da una disminución en la calidad del trabajo del
docente, y en la calidad del sistema educativo general.

Capel (1987) señala cómo el síndrome tiene un impacto negativo tanto en


profesores como en alumnos. Esta afirmación es debida a que los profesores que
padecen “Burnout” proporcionan de manera significativa menos información a sus

299
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

alumnos, les prestan menos atención y la frecuencia de sus interacciones es menor


(Beer y Beer, 1992).

Farber (1991) muestra que los profesores que sufren este síndrome realizan
menos esfuerzo de lo que en su día estaban acostumbrados a hacer, disminuyendo
su motivación, paciencia y optimismo, y buscando vías que les permitan reducir su
implicación con los alumnos.

Otras conductas consecuencia del padecimiento de “Burnout” en docentes


recogidas de la literatura son: evitación de contactos, conflictos interpersonales,
aislamiento, evitación profesional, absentismo laboral, aumento de conducta violenta
y comportamientos de alto riesgo, incapacidad para relajarse, conflictos de pareja y
en el seno familiar (al respecto Cooke y Rousseau (1984) señalan que la vida de
pareja sufre un enorme deterioro, siendo la responsable de un importante número de
divorcios dentro de este colectivo), evitación de responsabilidades, conductas
inadaptativas, desorganización, sobreimplicación.

Maslach y Jackson (1982) señalan también un abuso en el consumo de café,


tabaco, alcohol (Belcastro et al., 1982; Chakravorty, 1989; Maslach y Jackson, 1982,
1986) y otras drogas.

Firth y Britton (1989), fuera del ámbito docente, recogen también la rotación
empresarial y las intenciones de abandonar la organización; Golembiewski y
Muzenrider (1988) señalan igualmente la disminución en la productividad. Estos
síntomas traducido al medio escolar consistirían en peticiones de traslados/ cambios
de centros, abandono de la enseñanza y un empeoramiento en los resultados
cuantitativos/cualitativos de los alumnos.

Son numerosos los autores que reflejan que a medida que se intensifican los
sentimientos relacionados con el “Burnout”, hay un aumento en el absentismo,
llegando incluso a plantearse muchos docentes el abandono de su profesión
(Antoniou et al., 2000; Cunningham, 1982; Farber y Miller, 1981; Farber, 1991,
1999; Jenkins y Calhoun, 1991; Lachman y Diamant, 1987; Rudow, 1999). Russell,
et al. (1987) señalan que el “Burnout” es una de las principales causas por las

300
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

cuales está aumentando el número de docentes que abandonan sus carreras


profesionales por otros trabajos. Maslach (1976) sugiere que el síndrome de
“Burnout” se relaciona directamente con el deseo de abandonar el trabajo; Schwab
et al. (1986) corroboran esta afirmación dirigiéndose específicamente a la profesión
docente.

Wong (1989) con docentes chinos de educación secundaria recoge que un


40% de su muestra afirma preparase para dejar la profesión docente, lo cual es
bastante predictivo de la insatisfacción que se deriva de las situaciones altamente
estresantes.

El absentismo o abandono de la profesión son recogidas por numerosos


autores como estrategias utilizadas para afrontar el “Burnout” (Bernier, 1998;
Hackett y Bycio, 1996; Napier y Latham, 1986). Así lo constatan también Gil-Monte y
Peiró (2000) en su estudio de validación del MBI-HSS para muestra española, al
observar que las personas voluntarias (y por tanto, sin obligación a asistir a la
actividad, pudiendo faltar o abandonando la actividad al sentirse agotados o
cansados), presentan y utilizan muy eficazmente esta estrategia de prevención del
síndrome. Además del absentismo laboral, se incrementan en cantidad las pausas
de los descansos y los intentos de cambiar de trabajo (Gold, Bachelor y Michael,
1989; Kyriacou y Sutcliffe, 1978a; Maslach, 1982).

 Emocionales:
Entre los síntomas más frecuentes se puede observar un distanciamiento
afectivo, impaciencia e irritabilidad, dificultad de concentración debido a la ansiedad
experimentada y que ocasiona un descenso en la habilidad de memorización de
datos, razonamientos abstractos y elaboración de juicios (Burke y Greenglass,
1989).

A nivel de la organización en la que se trabaja se produce una disminución de


la calidad y una deshumanización de los servicios (Edelwich y Brodsky, 1980), se
observa también un decremento de la productividad, trato distanciado hacia los
usuarios (incluso llegando a atribuirles que se merecen lo que les ocurre),

301
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

endurecimiento personal en el trato a los demás, pérdida de interés sobre su trabajo,


ley del mínimo esfuerzo (Freudenberger y Richelson, 1980).

Moreno-Jiménez et al. (2000a) destacan como principales consecuencias a


nivel emocional la depresión, indefensión, desesperanza, irritación, apatía,
desilusión, pesimismo, hostilidad, falta de tolerancia, acusaciones a los clientes, o
supresión de sentimientos. Leung et al. (2000), Pines (1993) y Pines et al. (1981)
destacan la falta de autorrealización, baja autoestima, aislamiento, actitudes
negativas hacia uno mismo, tendencia a autoculparse, sentimientos de inferioridad,
pérdida de ideales, dificultad en las relaciones personales, rigidez en las relaciones
sociales, tendencia a culpabilizar a los demás de los problemas, etc. La negación de
las propias emociones es un mecanismo de defensa en contra de las necesidades
que resultan desagradables. Desplazar la atención selectivamente hacia otros focos
de interés o suprimir conscientemente cierta información, son algunas formas de
evitar las experiencias negativas (Álvarez y Fernández, 1991; Fimian y Blanton,
1987).

Ferrando (1992) encuentra en su investigación con docentes catalanes que


las manifestaciones de estrés que tienden a presentar una relación más estrecha
con las fuentes de estrés son las que hacen referencia a trastornos emocionales.

Viendo las consecuencias recogidas de la literatura, es obvio deducir que la


interacción de estos elementos produce, sin duda alguna, un descenso en la calidad
de la enseñanza; aspecto que habría que intentar frenar mediante el uso de
estrategias de prevención / intervención frente al “Burnout”.

Además de los perjuicios que evidentemente tiene sobre la persona que lo


sufre, el “Burnout” tiene también consecuencias muy negativas sobre los alumnos, la
organización (Greenglass et al., 1997) y sobre las familias de los docentes
(Westman y Etzion, 2001).

La insatisfacción laboral, como consecuencia del “Burnout” es citada por un


alto número de autores (Kyriacou y Sutcliffe, 1978b; Moracco y McFadden, 1982;
Needle et al., 1980; Travers y Cooper, 1997).

302
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

No obstante, cabe señalar que no todos los profesores manifiestan los


mismos síntomas, ni en el mismo grado o intensidad; y es que tal y como recoge
Esteve (1986) al hablar del “Malestar docente” aludiendo a la depresión “no todos los
profesores tienen un estilo cognitivo-conductual tan nefasto, porque saben
enderezar su ansiedad hacia metas más adaptativas”.

Tabla 4.1.1. Consecuencias del “Burnout”

Síntomas o consecuencias del “Burnout”

Psicosomáticos Conductuales Emocionales

- Fatiga crónica - Aislamiento personal y - Distanciamiento afectivo


- Dolores de cabeza profesional - Impaciencia, irritabilidad
- Desórdenes - Absentismo - Baja concentración
gastrointestinales - Abandono de su profesión - Baja memorización
- Pérdida de peso - Aumento conducta violenta y - Deshumanizar los servicios
- Problemas de sueño comportamientos riesgo - Depresión
- Hipertensión - Incapacidad para relajarse - Indefensión, desesperanza
- Dolores musculares - Conflictos de pareja y en el - Irritación
- Agotamiento al final del seno familiar - Apatía
día - Evitar responsabilidades - Desilusión
- Baja concentración - Conductas inadaptativas - Pesimismo
- Nauseas - Desorganización - Hostilidad
- Pérdida de apetito - Sobreimplicación - Falta de tolerancia
- Sentimiento de nervios y/o - Abuso de consumo de café, - Acusaciones a los clientes
tensión tabaco, alcohol y otras drogas. - Supresión de sentimientos
- Hinchazón en - Baja autoestima
articulaciones - Baja realización
- Tasa cardiaca acelerada - Pérdida de ideales
- Enfermedades coronarias - Dificultad en relaciones
- Sudor frío personales
- Enfermedades virales y - Culpabilizar a los demás de los
respiratorias problemas
- Disfunciones sexuales

Como se recoge en la tabla las manifestacines aparentes de sufrir las


consecuncias del síndrome son muy amplias, cada persona en función de múltiples
condicionantes variará en sus manifestacinoes así como en su intensidad y duración
en el tiempo. No obstante, cabe destacar que independientemente de la clasificación
que se siga, es evidente la reducción en la calidad de vida que tienen las
consecuencias de sufrir el “Burnout”, afectando a la globalidad personal, a su círculo
inmediato de relación de vida (familia, amigos, etc.), a su calidad de producción
laboral, y a las consecuencias de salud y econónicas a todos los niveles.

303
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

4.2. EVALUACIÓN DEL BURNOUT

Inicialmente las primeras medidas del síndrome provenían de la observación


clínica y eran asistemáticas, reduciéndose a un conglomerado de síntomas que
aparecían en profesionales dedicados a labores asistenciales, su observación se
basó fundamentalmente en hechos y consecuencias, desarrollando instrumentos de
evaluación en gran medida clínicos e intuitivos (Gil-Monte y Peiró, 1997). Esta etapa,
necesaria para la evolución de la investigación se empezó a asentar con bases
conceptuales y empíricas cuando Maslach y Jackson (1981) desde un enfoque
psicosocial desarrollaron el primer instrumento de evaluación sistemático, El
Maslach Burnout Inventory (MBI).

En la evaluación del “Burnout” no existe un método único, aunque como se ha


comentado anteriormente el MBI (Maslach y Jackson, 1981) parece ser el
instrumento más utilizado hasta el momento. A continuación se recogen diferentes
métodos de registro: autoinformes, observación, registro de medidas física…, cabe
señalar que existe muy poca investigación que haya utilizado la evaluación
cualitativa. Gil-Monte y Moreno-Jiménez (2007) señala que pese a ser casi
inexistente, este tipo de estudio no sería excluyente de otros métodos más
cuantitativos, proporcionando información valiosa que a posteriori podría ser
evaluada con metodología cuantitativa, para lograrlo propone entrevistas
estructuradas cuyo desarrollo debería comprender cuestiones relativas a las
emociones, actitudes, relaciones interpersonales y en general a toda la temáticas
teórico-práctica, si bien no existe aún ningún intento publicado de su elaboración.

4.2.1. MEDIDAS ORGÁNICAS Y FISIOLÓGICAS


Como comentamos previamente en el apartado 6.3. de la tesis, los estudios
basados en la objetividad de pruebas fisiológicas, bioquímicas e inmunológicas se
han realizado en menor cuantía si lo comparamos con otros tipos de medidas del
“Burnout”. La literatura indica el predominio de investigaciones realizadas mediante
la cumplimentación de autoinformes, echándose en falta un mayor número de
estudios fisiológicos, bioquímicos e inmunológicos para el estudio del Burnout en el

304
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

profesorado (Guerreo et al. 2001; Rudow, 1999) al ser indudable la objetividad y la


validez de sus resultados. En este sentido, se demanda el desarrollo de medidas
múltiples que no se limiten a los cuestionarios (Maslach y Leiter, 1999),
recomendándose especialmente la combinación de medidas orgánicas y fisiológicas
con los autoinformes (Moriana y Herruzo, 2004; Rudow, 1999).

Para Moriana y Herruzo (2003) este tipo de pruebas son infrecuentes debido
a la tecnología aplicada y la poca disponibilidad del profesorado para hacerse
pruebas, así como por la asociación de determinadas medidas orgánicas con el
estrés o el “Burnout”, como respuestas físicas a estos. Ranchal y Vaquero (2008)
apuntan la falta de estudios que relacionen el Test de Maslach para medir el
“Burnout” con variables biológicas Moriana y Herruzo (2004) reflejan la necesidad de
aumentar el número de investigaciones relacionadas con medidas orgánicas y
fisiológicas ante la objetividad y validez de los resultados, siendo de gran interés
comparar estas medidas con los resultados de los autoinformes.

Principalmente se han tomado medidas del pulso en actividades diarias en los


centros escolares, electrocardiograma en actividades concretas y en actividad total,
presión sanguínea (Scheuch et al., 1978), catecolaminas durante un día y a lo largo
de un curso (Brenner et al., 1985; Karpenko, 1975; Kinnunen, 1989); dieta
alimenticia (Bradfield y Fones, 1984), niveles de 17-Oxycorticosterina, e
inmunoglobulinas (Karpenko, 1975; Kinnunen, 1989; Ursin et al., 1984).

Los niveles en plasma de citoquina (proteinas medidadoras del sistema


inmunológico) para los procesos antiniflamatorios son mayores en mujeres sanas
con altos niveles de “Burnout” que en las sanas con bajos niveles del síndrome
mientras que los niveles de la proteina C-reactiva (CRP) son similares en ambos
grupos (Grossi, Perski, Evengrad, Blomkvist y Orth-Gomer; 2003). No obstante, la
asociación encontrada en mujeres entre CPR y “Burnout” no ha sido encontrado en
varones (Cox, Tisserand y Taris, 2005).

Para Honkonen, Ahola, Pertovaara, Isometsa, Kalimo, Nykyri, Aromaa y


Lönnquvist (2006); Toppinen-Tanner, Ojajarvi, Vaananen, Kalimo y Jappinen (2005);

305
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Melamed et al. (2006), Von Känel, Bellingrath y Kudielka (2008) el “Burnout” se


asocia con un incremento del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

4.2.2. AUTOINFORMES
La forma más utilizada de afrontar la medida del “Burnout” ha estado
tradicionalmente ligada a los autoinformes, llegando en los años 80 a la elaboración
de la que es la prueba psicológica más aceptada: el Maslach Burnout Inventory
(MBI) de Maslach y Jackson (1981).

Pero aunque el MBI (Maslach y Jackson, 1981) es la herramienta más


empleada, son muchos los instrumentos que se pueden encontrar en revisiones
bibliográficas, observando el dominio de los multifactoriales (Anexo I).

A continuación desarrollamos algunos de los instrumentos más utilizados en


la bibliografía respecto al “Burnout”, tanto a nivel general como los más espoecíficos
destinados a la docencia.

CUESTIONARIOS DE “AUTOAYUDA”
Existe un primer grupo de cuestionarios exentos de rigor científico, y que se
suelen publicar con títulos atractivos que, en ocasiones, pueden provocar efectos de
confusión y alarma en los sujetos. Entre estos cuestionarios encontramos:

- What´s your burnout score? (Stewart y Meszaros, 1981).


- How burned-out are you? (Bramhall y Ezell, 1981).
- The burnout test: Examine your beliefs about work, about leisure, about yourself
(Daily, 1985).
- Fredemberger y Richeldson (1980) elaboraron el cuestionario de autoayuda más
conocido. Formularon 15 preguntas, con opción a situarse en función de las
puntuaciones en tres categorías: “está bien”, “candidato para burnout” y “burning-
out”. Sin embargo, pese a su popularidad en otros países no está validado de
forma empírica como un indicador válido del síndrome.

306
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

CUESTIONARIOS QUE MIDEN “BURNOUT” EN DIFERENTES PROFESIONES


A continuación se presentan algunos de los instrumentos más divulgados que
existen para medir el síndrome de “Burnout”. Como veremos y justificaremos la más
usada y aceptada es el MBI (Maslach y Jackson, 1981). Las profesiones a las que
van dirigidas son variables. Más adelante especificaremos los cuestionarios
destinados al mundo de la docencia.

INDICADORES DEL “BURNOUT”


Gillespie (1980) al empezar a investigar acerca del “Burnout” se encontró con
el problema de no disponer de un instrumento de medida del mismo. Como
consecuencia de lo anterior utilizó 7 indicadores potenciales del “Burnout” en forma
de ítems con opción de respuesta tipo Likert, en una muestra de 183 sujetos. Los
indicadores utilizados fueron: proporcionar servicios que merezcan la pena, evitar
dificultades de los clientes, encolerizarse con las maneras amables, autoseparación
de los clientes, preferir la oficina al campo, bromear continuamente sobre los
clientes, y estar ausente varios días por razones de salud mental.

Del análisis estadístico, concluye el autor que el “Burnout” es un constructo


multidimensional caracterizado por los indicadores anteriores, y donde puede
diferenciarse dos tipos diferentes de “Burnout”:
-Burnout activo: principalmente alrededor de factores organizacionales o elementos
externos a la profesión, caracterizado por evitar dificultades con los clientes y
endurecerse con las maneras amables. En este caso el trabajador está
permanentemente expuesto a estas circunstancias propias de su desempeño
laboral.
-Burnout pasivo: relacionado con factores internos psicosociales. Se caracteriza por
autoseparación de los clientes y preferir la oficina al campo. Ante las situaciones que
el trabajador percibe y valora como estresantes adopta la decisión de separarse de
dichas situaciones, a modo de estrategia de afrontamiento.

Esta escala surge por la necesidad del autor de encontrar un instrumento que
le permitiera medir el síndrome, no pretendiendo elaborar una escala general del

307
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

mismo sino específica para su estudio, lo que explica que posteriormente no haya un
desarrollo científico de la misma.

STAFF BURNOUT SCALE (SBS)


El Staff Burnout Scale (SBS) de Jones (1980) es una escala compuesta por
30 ítems que parte de los estudios que Maslach et al. (1986) desarrollaron y que
acabarían en la construcción del MBI. La escala pretende medir los aspectos
cognitivos, afectivos, conductuales y psicofisiológicos que están en el origen del
“Burnout” (Jones, 1980), ofreciendo una puntuación general de “Burnout” que
permite una gradación según la frecuencia que el sujeto indica en sus respuestas.
Sin embargo, el instrumento presenta una estructura factorial de cuatro
componentes: Insatisfacción con el Trabajo, Tensión Psicológica e Interpersonal,
Enfermedad Física y Distrés, y Negativas Relaciones Profesionales con los
Pacientes.

El SBS es una escala preparada para medir “Burnout” sólo en profesiones


relacionadas con la salud, con lo cual queda bastante limitado su uso.

En cuanto a sus características psicométricas, el autor señala que la fiabilidad


del instrumento se sitúa en 0.93 y los resultados de su validez son similares a los
encontrados en el MBI (Maslach y Jackson, 1981). No hay que olvidar que el SBS se
sustenta en el MBI (Maslach y Jackson, 1981); sin embargo, no encuentra
correlaciones significativas entre ambos instrumentos. Estas características son
contradictorias con las halladas por Brookings et al. (1985) que, en su análisis de la
validez de constructo de la escala, hallan que el SBS presenta un sólo factor, no los
cuatro planteados por Jones (1980), y que coincidiría con el núcleo del MBI (Maslach
y Jackson, 1981), es decir el factor que unía los ítems de Agotamiento Emocional y
Despersonalización. Sin embargo, el SBS no ha generado prácticamente ninguna
investigación para su desarrollo y depuración, ni conocemos estudios que lo hayan
utilizado para evaluar el síndrome, salvo los trabajos de Rich y Rich (1987) y Boyle
et al. (1991) en los que sí utilizan este instrumento para medirlo en enfermeras, o el
de Beer y Beer (1992) aplicado a profesores.

308
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Jones (1982) desarrolló el El Staff Burnout Scale for Health Professionals


(SBS-HP).

EMENER -LUCK BURNOUT SCALE (ELBOS)


Los tres objetivos que persiguieron los autores (Emener y Luck, 1980;
Emener, Luck y Gohs, 1982) con el desarrollo del instrumento fueron:
- Conseguir una escala que ayudase a la investigación teórica que se estaba
realizando acerca del síndrome.
- Proporcionar un estímulo de discusión y evaluación del síndrome individual y
grupal.
- Que sirviera para ayudar a los profesionales a prevenir y afrontar el fenómeno,
enmarcado dentro de un programa amplio de entrenamiento y asesoramiento a
éstos.

Los autores realizaron diversos estudios con este instrumento consiguiendo


aislar seis factores que configuraban la escala: Trabajo General-Sensaciones
Relacionadas, Sensaciones Relacionadas con el Trabajo y Consigo Mismo, Trabajo-
Preparación del Ambiente, Negativas Respuestas de la Persona dentro del
Ambiente, Disonancia Autoconcepto frente al Autoconcepto de Otros, y
Carrera/Alternativas del Trabajo.

De los 100 ítems con los que comenzaron el estudio estadístico del
instrumento se mantuvieron finalmente 30 que se aplicaron a 251 profesores,
mediante una escala bipolar con nueve puntos (desde nunca a siempre),
presentando una aceptable validez y una fiabilidad de 0.877.

El ELBOS no tuvo un desarrollo posterior, ni siquiera por sus propios autores


quedando, como otros que también se presentan en este apartado, en un intento
más de medir “Burnout” sin generar una línea de investigación posterior.

309
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

STAFF BURNOUT SCALE FOR HEALTH PROFESIONALS (SBS-HP)


En la escala de “Burnout” para profesionales de la salud, Jones (1980) define
el síndrome como un estado de Agotamiento físico y emocional que conduce al
desarrollo de expectativas negativas hacia el trabajo, bajo autoconcepto profesional,
rencor, dureza y pérdida de interés hacia las personas con las que trabaja.

Partiendo de esta definición del síndrome de “Burnout”, Jones (1980) elaboró


en un primer momento un cuestionario para medirlo exclusivamente en profesionales
de la enfermería, pero posteriormente lo modificó para poder ser aplicado a
cualquier profesión de servicios de ayuda como trabajadores sociales y funcionarios
(Brookings et al., 1985). Así, el cuestionario resultante está formado por 30 ítems, de
los cuales 20 están destinados a la valoración del síndrome y los 10 restantes son
una escala de la sinceridad. Los ítems son valorados en una escala tipo Likert de
siete puntos desde 1 (totalmente en desacuerdo) a 7 (totalmente de acuerdo).

El análisis factorial de los ítems revela cuatro factores:


- Insatisfacción o tensión laboral.
- Tensión psicológica e interpersonal.
- Enfermedad y tensión.
- Falta de relaciones profesionales con los pacientes.

Aunque Jones (1980) plantea estos cuatro factores, Brookings et al. (1985) en
su análisis de la validez de constructo de la escala encuentran un solo factor que
coincidiría con el núcleo del MBI (Maslach y Jackson, 1981); es decir que el factor
une los ítems de Agotamiento Emocional y Despersonalización.

La consistencia interna del SBS-HP oscila de α=0.93 (Jones, 1990) a α


=0.83 (Topf y Dillon, 1988). La fiabilidad del instrumento se sitúa según el autor en el
0.93. Los ítems alcanzan correlaciones significativas entre r= 0.59 y r= 0.82 con el
conjunto de la escala (Jones, 1982), de tal forma que bajo este instrumento el
“Burnout” es considerado como un único constructo. La validez convergente es de r=
0.65 con Cansancio Emocional, 0.033 con Realización Personal y 0.54 con
Despersonalización (Brookings et al., 1985).

310
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

TEDIUM MEASURE (TM)


El Tedium Measure (TM) de Pines et al. (1981) se creó originalmente como
instrumento de medida del tedium que, como ya se analizó, es un constructo más
amplio que el “Burnout” abarcando a éste y a otros síndromes. Tras un
replanteamiento conceptual del constructo por parte de los autores el inventario se
transformó posteriormente en el Burnout Measure (Pines y Aronson, 1988). Éstos
había desarrollado también diversas escalas que evaluaban tedium, como la que
utilizan Pines y Maslach (1982) de 9 items, tipo Likert con siete opciones de
respuesta. Cada uno de estos items medían una de las características del tedium:
sentimientos de depresión, “Burnout”, cansancio emocional y físico, vaciamiento
existencial, hastío, tensión, sentimientos de ilusión y felicidad.

El TM es una escala también tipo Likert de 21 items (cada factor/dimensión


está compuesto por siete ítems), con siete opciones de respuesta (desde nunca a
siempre) que mide las tres dimensiones del “Burnout” que los autores
conceptualizaron:
-Agotamiento Físico: caracterizado por fatiga, agotamiento físico, sensación de
destrucción y abatimiento.
-Agotamiento Emocional: compuesto por sensación de depresión, agotamiento
emocional y “Burnout”.
-Agotamiento Mental: formado por sensaciones de infelicidad, inutilidad y rechazo,
falta de ilusión y resentimiento hacia las personas.

Es interesante destacar que los autores entienden que el “Burnout” puede ser
provocado tanto dentro como fuera del contexto laboral, lo que le distancia de la
fundamentación teórica del MBI (Maslach y Jackson, 1981) y amplían la visión del
síndrome a otros ámbitos no relacionados con el trabajo.

Los estudios realizados acerca de este instrumento apoyan, en general, la


fiabilidad y validez del instrumento, como han puesto de manifiesto algunas
investigaciones (Corcoran (1985) encuentra índices de fiabilidad que superan el
0.80; 0.82 de Agotamiento Emocional; 0.84 de Agotamiento Físico y 0.86 de
Agotamiento Mental, señalando además la adecuada validez convergente del TM;

311
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Stout y Williams (1983), con conclusiones similares Arthur (1990), con índices de
fiabilidad entre 0.91 y 0.93).

Sin embrago, Schaufeli y Van Dierendonck (1993) sin entrar en la discusión


acerca de la validez y fiabilidad del instrumento, concluyen que el mismo no es
aceptable para medir “Burnout” pues, si bien detecta aceptablemente el nivel
subjetivo de distrés, no se completa con la medición de los componentes
actitudinales del síndrome.

Por último, resulta especialmente interesante resaltar que aunque la definición


de “Burnout” que ofrecen Pines et al. (1981) ha sido, junto a la de Maslach y Jackson
(1981), la más aceptada para comprender el síndrome, si bien con los instrumentos
de medida derivados respectivamente no ha sucedido lo mismo. De hecho, mientras
el MBI (Maslach y Jackson, 1981), ha sido y es, objeto de una amplia línea de
investigación, el TM se ha sometido a contrastación en pocas ocasiones, a pesar de
que los resultados existentes indican unas apropiadas características psicométricas,
pudiendo estar su déficit en la conceptualización misma de lo que pretenden medir:
¿Es tedium o “Burnout”?, o más importante ¿Es el tedium un constructo similar al
“Burnout”? Con todo, mientras el conocimiento que se tiene del MBI (Maslach y
Jackson, 1981), es amplio, el desarrollo de una verdadera línea de investigación
sobre el TM está por realizar, a pesar de crearse ambas escalas en el mismo
tiempo.

Etzion (1984) es quizás la autora que ha empleado el TM con más frecuencia


en sus distintas investigaciones (Etzion y Pines, 1986; Etzion, Pines y Kafry, 1983).
También han utilizado este instrumento Keinan y Melamed (1987). Otros autores
(Fernández-Castro et al., 1994) concluyen que el cuestionario ofrece garantías para
su uso dada su consistencia interna y su comprobada utilidad como medida de
estrés.

312
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

THE BURNOUT MEASURE (BM)


El BM (Pines y Aronson, 1988) tiene como antecedente inmediato la Tedium
Scale (TS, Pines et al., 1981) donde en un principio estos autores diferencian entre
Tedio y “Burnout”, sintomatológicamente similares pero distintos en origen.

El Tedio era considerado como resultado de cualquier presión crónica de tipo


mental, física o emocional; sin embrago el “Burnout” se consideraba como resultado
de una repetida presión emocional asociada a una implicación intensa con personas
durante largos periodos de tiempo. Tras la evolución de la propia teoría planteada
por los autores, se considera que el Tedio forma parte del “Burnout”, omitiendo la
diferenciación en sus orígenes, de forma que la TS pasó a convertirse en la BM.

El BM está integrado por 21 ítems, es una escala unidimensional que se


agrupan en torno a 3 factores principales, a razón de 7 ítems cada uno:
- Agotamiento Físico: fatiga, agotamiento físico, sensación de destrucción y
abatimiento.
- Agotamiento Emocional: sensación de depresión, agotamiento emocional y
“Burnout”.
- Agotamiento Mental: sensación de infelicidad, inutilidad y rechazo, falta de ilusión
y resentimiento hacia las personas.

Los ítems se valoran en una escala tipo Likert de 7 grados que oscilan de
Nunca (1) a Siempre (7). La puntuación obtenida en las tres dimensiones de la
escala se combina en una puntuación global (entre 21 y 147 puntos) que indica el
grado en el que el sujeto está quemado. En un primer momento se consideró la
puntuación obtenida como un constructo unidimensional; sin embargo, estudios
fcataoriales posteriores, podrían indicar una estructura formada por tres
dimensiones: agotamiento, desmoralización y falta de motivación (Enzmann,
Schaufeli, Janssen y Rozeman, 1998).

Las propiedades psicométricas que presenta la BM son aceptables; sin


embargo, las muestras a partir de las cuales se han obtenido los datos no son
aleatorias (formado por voluntarios) por lo que hay que hacer una lectura cuidadosa

313
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

de los resultados obtenidos. Los niveles de consistencia interna de la BM van desde


0.89 (Etzion, 1984) a 0.94 (McCraine et al., 1987) si bien hay que tener en cuenta
que muchos ítems pueden ser considerados sinónimos o antónimos (Zamora, 2001).
La fiabilidad test-retest varía de 0.89 a 0.66 en un intervalo de uno a cuatro meses
(Pines y Aronson, 1988). En cuanto a la validez discriminante, la BM correlaciona en
sentido negativo con satisfacción en el medio laboral, en la vida y con uno mismo
(Pines et al., 1981). Corcoran (1985) encuentra índices de fiabilidad que superan el
0.80; 0.82 de Agotamiento Emocional, 0.84 de Agotamiento Físico y 0.86 de
Agotamiento Mental. También se encuentran asociaciones significativas con falta de
apoyo social, monotonía, falta de feedback, absentismo laboral, fatiga, intención de
abandonar el trabajo, y con diversos problemas de salud (dolores de cabeza,
espalda y estomago, disminución del apetito y nerviosismo (Weinberg, Edwars y
Garove, 1983; Pines y Aronson, 1988; Pines et al., 1981). En cuanto a la validez
convergente se han encontrado correlaciones de r= 0.73 con Cansancio Emocional,
r= 0.52 con Despersonalización y r= - 0.30 con Realización Personal laboral (Stout y
Williams, 1983; Schaufeli y Van Dierendonck, 1993).

Este inventario parece útil para la identificación del Cansancio Emocional


(Enzmann et al., 1998), pero no refleja debidamente los restantes componentes del
síndrome de “Burnout”: Despersonalización y Realización Personal. Aunque el
Agotamiento es una variable central del constructo “Burnout”, esto no nos permite
identificar este instrumento como adecuado para la valoración de este síndrome,
dado el carácter unidimensional que presenta.

Los autores entienden que el “Burnout” puede ser provocado tanto dentro
como fuera del contexto laboral, lo que le distancia de la fundamentación teórica del
MBI (Maslach y Jackson, 1981); ampliando la visión del síndrome a otros campos no
relacionados necesariamente con el contexto laboral.

Para Burke et al. (1996) el BM parece más apropiado para medir estrés
personal que “Burnout”. Shirom et al. (2009) consideran el BM un índice de
cansancio psicológico.

314
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

THE BURNOUT MEASURE, SHORT VERSION (BMS)


Pines (2005) elabora el BMS a partir del BM de Pines y Aronson (1988). La
autora considera necesario una versión reducida con el fin de facilitar el manejo de
la escala original. Así, a partir de los 21 ítems del BM selecciona 10 ítems que
recogen el cansancio físico, emocional y mental, con idéntica estructura al BMS y
puntuación única. La selección de estos ítems no se hace en base a análisis
factoriales sino tomando como punto de partida un análisis teórico previo. Estos
ítems al igual que en la versión original son evaluados en una escala de frecuencia
de 7 puntos. La autora para su validez selecciona muestras de policías, enfermeras
y estudiantes de postgrado árabes y judíos de Israel. En ambas muestras el BM
aparece como una medida unidimensional donde el cansancio emocional es el
principal indicador. Aunque los coeficientes de consistencia internos no son
inferiores a .85 en ninguna de las muestras ni profesiones, la propia autora
considera necesarios estudios longitudinales y transculturales para poder avalar la
validez y fiabilidad de este instrumento. La correlación entre BMS y BM es de .89,
presentando además la evaluación de la dimensión de cansancio cognitivo

ESCALA DE EFECTOS PSÍQUICOS DEL BURNOUT (EPB)


García y Velandrino (1992) elaboran un instrumento que estudia el “Burnout”
profesional en las organizaciones.

La escala resultante modifica y sintetiza la escala del MBI (Maslach y


Jackson, 1981); pero teniendo en cuenta una revisión bibliográfica sobre el tema
también considera algunos cuestionarios representativos de la materia (GNBI,
Gillespie y Numeroff, 1984; TS, Pines et al., 1981; SBS, Shinn, 1982; SDTB, Hock,
1988). El resultado final es una adaptación del MBI (Maslach y Jackson, 1981); a
nuestro entorno sociocultural, convirtiéndose en la primera escala elaborada en
España para medir este síndrome.

La muestra seleccionada para llevar a cabo el estudio contaba con 144


profesionales de enfermería (35%), enseñanza (EGB; 36%) y trabajadores sociales
(29%). El instrumento es una escala tipo Likert de 12 ítems que puntúa por
frecuencia en un rango de 1 (nunca) a 7 (siempre).

315
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

En 1995 los autores realizan un nuevo estudio con mayores campos


profesionales (médicos, enfermeros, profesores, personal de banca, psicólogos,
trabajadores sociales, etc.) y los resultados que obtienen señalan que el “Burnout”
debería ser entendido como un factor unidimensional y no tridimensional, cuyo
núcleo central sería el Agotamiento Emocional. La estructura monofactorial
encontrada explica el 58,5% de la varianza.

ESCALA DE VARIABLES PREDICTORAS DEL BURNOUT (EVPB)


La Escala de Variables Predictoras del Burnout (EVPB) de Aveni y Albani
(1992) no es propiamente un instrumento de medida del “Burnout”, sino que surge
como consecuencia de un planteamiento teórico previo, según el cual las variables
predictoras del síndrome pueden estar relacionadas con las encontradas en los
constructos de ansiedad y depresión. Las autoras aplican a una muestra de
trabajadores sociales un inventario de ansiedad y otro de depresión. A partir de los
resultados obtenidos, surgen una serie de variables predictoras del “Burnout”. De las
23 obtenidas, destacan 16 al considerarse estadísticamente relevantes.

OLDENBURG BURNOUT INVENTORY (OLBI)


El OLBI (Demerouti y Nachreiner, 1996) está basado en un modelo similar al
del MBI-GS (Schaufeli et al., 1996) aplicable a cualquier campo profesional no
restringido a los servicios humanos (Demerouti et al., 2001). Sin embargo, recoge
únicamente dos escalas, agotamiento y desempeño. El componente Agotamiento
recoge rasgos cognitivos y físicos (sin embrago, para Shirom (2005) esta diferencia
es meramente aparente y no podría ser considerada como distintiva puesto que en
su opinión los ítems del MBI, aunque cubren principalmente Cansancio físico
también recogen en menor medida el emocional).

En la versión original (Demerouti et al., 2001) el cuestionario estaba formado


por 15 ítems: 7 de agotamiento (4 negativos y 3 positivos) y 8 de falta de
compromiso (5 negativos y 3 positivos). En la última versión del instrumento (Bakker,
Demerouti y Verbeke, 2004) se añadió uno negativo a falta de compromiso,
quedando más equilibrado. Los ítems de ambas están basados en una escala tipo

316
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Likert de 5 puntos donde altas puntuaciones indican un mayor nivel de síntomas de


“Burnout”.

BURNOUT TEST FORM 1-REVISED


Jerabeck (2001) elabora un test destinado a medir el nivel de “Burnout” en
profesiones de servicios mediante datos no paramétricos, lo cual reduce su
interpretación de manera estadísitica. El test está formado por cuatro escalas:
cansancio emocional, deshumanización de clientes, cansancio general y sentimiento
abrumado distribuidos en 35 ítems que se contestan en aproximadamente 15
minutos. Los ítems tipo Likert se valoran en una escala de cinco grados desde
completamente verdadero a completamente falso. Los coeficientes alpha para las
diferentes escalas son de .8862, .9059, .9055 y .8889 respectivamente, y los
índices de fiablidad son a su vez .7553, .8603, .8894 y .9138.

INVENTARIO DE BURNOUT EN PSICÓLOGOS (IBP)

Elaborado por Benavides-Pereira et al. (2002) para evaluar el síndrome de


“Burnout” específicamente en psicólogos. El cuestionario consta de una primera
parte donde se recogen los datos sociodemográficos y profesionales del sujeto, y
una segunda parte que consta de 30 ítems, distribuidos en las tres escalas clásicas
de Maslach y Jackson (1981): Cansancio Emocional, Despersonalización y
Realización Personal. Los ítems tipo Likert recogen 7 categorías de respuesta
desde “nunca” (valor 0) hasta “todos los días” (valor 6). Los ítems están elaborados
de manera que pueden ser aplicados a cualquier campo profesional de la psicología,
con valores de fiabilidad de .87, .81 y .79 para cada una de las tres escalas
respectivamente.

317
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

CUESTIONARIO PARA LA EVALUACIÓN DEL SÍNDROME DE QUEMARSE POR


EL TRABAJO (CESQT)
El CESQT (Gil-Monte, 2005) fue elaborado en la Unidad de Investigación
Psicosocial de la Conducta Organizacional (UNIPSICO) de la Universidad de
Valencia ([Link]/unipsico).

El instrumento está formado por 20 ítems que evaluados mediante una escala
tipo Likert de 5 grados que van de 0 (Nunca) a 4 (Muy frecuentemente: todos los
días). Los valores del coeficiente alpha son los siguientes: ilusión en el trabajo (α =
.76), desgaste psíquico (α = .83), indolencia (α = .73), y culpa (α = .79). La
consistencia interna para el conjunto de los 15 ítems de las escalas de ilusión por el
trabajo (invertidos), desgaste psíquico, e indolencia alcanza un valor de α=.82. Los
ítems están distribuidos en cuatro dimensiones: tres de ellas elaboradas siguiendo
los resultados de estudios cualitativos (Gil-Monte, 2001, 2002), y a partir de la
revisión de la literatura, fundamentalmente de Perlman y Hartman (1982), quienes
concluyen que el “Burnout” tiene, al menos, tres componentes: baja productividad
laboral, agotamiento emocional y/o físico, y exceso de despersonalización. En el
CESQT el autor denomina a estas dimensiones:

- Ilusión por el trabajo: 5 ítems que recogen el deseo del individuo de alcanzar metas
laborales al suponer una fuente de placer personal. El individuo percibe su trabajo
atractivo y alcanzar las metas profesionales es fuente de realización personal. Los
items que componen esta dimensión están formulados de manera positiva, de
manera que bajas puntuaciones en esta dimensión indican altos niveles del
síndrome.
- Desgaste psíquico: 4 ítems sobre agotamiento emocional y físico debido a que en
el trabajo se tiene que tratar a diario con personas que presentan o causan
problemas.
- Indolencia: 6 ítems de actitudes negativas de indiferencia y cinismo hacia los
clientes de la organización. Los individuos que puntúan alto en esta dimensión
muestran insensibilidad y no se conmueven ante los problemas de las personas
hacia las que trabajan.

318
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Culpa: 4 ítems donde el autor toma como referencia estudios que consideran que
los sentimientos de culpa son síntomas característicos de los individuos que
desarrollan el síndrome (Ekstedt y Fagerberg, 2005; Price y Murphy, 1984).

El modelo teórico que subyace al CESQT considera que el síndrome de


quemarse en el trabajo es una respuesta al estrés laboral crónico característica de
los profesionales que trabajan con personas. En este modelo, el deterioro cognitivo
(bajas puntuaciones en Ilusión por el trabajo) y afectivo (altas puntuaciones en
Desgaste psíquico) aparece en un primer momento como respuesta a las fuentes de
estrés laboral crónico, y con posterioridad los individuos desarrollan actitudes
negativas hacia las personas que atienden en su trabajo (altos niveles de
Indolencia). La aparición de sentimientos de culpa es posterior a estos síntomas,
aunque no la presentan todos los individuos. De esta manera, es posible distinguir
dos perfiles en el proceso: el primer perfil conduce a la aparición de un conjunto de
sentimientos y conductas vinculados al estrés laboral que originan una forma
moderada de malestar, pero que no incapacita al individuo para el ejercicio de su
trabajo, aunque podría realizarlo mejor. Este perfil se caracteriza por la presencia de
baja ilusión por el trabajo, junto a altos niveles de desgaste psíquico e indolencia,
pero los individuos no presentan sentimientos de culpa. El segundo perfil constituye
con frecuencia un problema más serio que identificaría a los casos clínicos más
deteriorados por el desarrollo del síndrome, ya que además de los síntomas
anteriores los individuos presentan también sentimientos de culpa.

Gil-Monte (2006) considera que si bien algunas dimensiones son similares a


las del MBI-HSS, incorpora sentimientos de culpa como un síntoma que permite
establecer diferentes perfiles en la evolución del síndrome, y en el grado de afección
que presentan los individuos.

Según este modelo, pueden ser identificados dos perfiles en el desarrollo del
“Burnout”: el primer perfil sería característico de los profesioannles que no
desarrollan sentimientos de culpa intensos, y que aunque desarrollen el síndrome,
se pueden adaptar al entorno laboral sin resultar un síndrome que les incapacite en
su profesión. El segundo perfil considera el sentimiento de culpa como un síntoma
del “Burnout” intensificando sus síntomas y llevando al profesional a tener una mayor

319
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

implicación para reducir su remordimiento, produciéndose un mayor deterioro


cognitivo y emocional, al no cambiar el entorno laboral, y apareciendo síntomas de
Despersonalización.

CUESTIONARIO PARA LA EVALUACIÓN DEL SÍNDROME DE QUEMARSE POR


EL TRABAJO PARA PROFESIOANLES QUE TRABAJAN CON PERSONAS CON
DISCAPACIDAD (CESQT-PD)
Posteriormente, se desarrolló la versión del CESQT para profesionales que
trabajan con personas con discapacidad (CESQT-PD). Elaborado por Gil-Monte
(2005) parte del Cuestionario para la Evaluación del Síndrome de Quemarse por el
Trabajo (CESQT) que elaboró el mismo autor. El modelo de ecuaciones
estructurales realizado a partir de una muestra de 338 trabajadores de centros de
atención a personas con discapacidad (centros de estimulación precoz, centros
ocupacionales, centros de día, centros de rehabilitación e integración social de
personas con enfermedad mental crónica, y residencias) confirma la estructura
factorial de cuatro factores. A su vez los índices alpha para cada dimensión son .89
para ilusión por el trabajo, .80 en desgaste psíquico, .70 para indolencia, y .79 para
culpa.

THE COPENHAGEN BURNOUT INVENTORY (CBI)


Siguiendo a sus propios autores (Kristensen et al., 2005) tiene como centro
del “Burnout” a la fatiga y el agotamiento/exhaustación. Recoge tres
subdimensiones: Burnout personal, Burnout laboral y Burnout en relación con los
clientes. Las tres partes por separado se han elaborado de manera que pueden ser
aplicadas en diferentes dominios.

El CBI está formado por 19 ítems, divididos en tres escalas; Personal Burnout
(6 ítems), Patient Burnout (6 ítems) y Work Burnout (7 ítems), con una escala Likert
de 5 puntos, de 1 (en grado muy alto) a 5 (en grado muy bajo). La diferenciación
entre un “Burnout” relacionado con el trabajo y otro con los clientes responde a dos
modelos etiológicos del síndrome, el que propone su derivación de las relaciones

320
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

con los clientes sería de tipo interpersonal (asistencial); y el más profesional


caracterizado por la tarea y la organización.

La mayor parte del cuestionario está inspirado en el BM (Pines y Aronson,


1988) aunque en el CBI los términos y las opciones de respuesta son diferentes. Los
ítems de la escala de Burnout personal se han elaborado a partir del BM (Pines y
Aronson, 1988), pueden ser contestadas por cualquier persona (escala general) y se
puede definir como el grado de fatiga física y psicológica y el agotamiento que ha
vivenciado la persona. La escala de Burnout laboral se basa en la escala de
Cansancio Emocional del MBI (Maslach y Jackson, 1981) con excepción del ítem
que alude a familia y amigos, y asume que quien responde ha sufrido alguna
situación negativa en su trabajo y puede ser definida como el grado de fatiga física y
psicológica y el agotamiento que ha vivenciado la persona en relación a su trabajo
focalizando la importancia en la atribución que de la persona a sus síntomas.
Comparando la escala de Burnout personal y laboral se debe poder identificar
personas que estén cansadas pero que lo atribuya a factores no laborales. Por
último la escala de Burnout relacionada con los clientes se define como el grado de
fatiga física y psicológica y el agotamiento que ha vivenciado la persona en relación
a los clientes de su trabajo e incorpora en sus ítems este término (o similar según se
utilice en diferentes campos como profesor, médico, etc.).

Estos autores consideran que la Realización Personal del MBI (Maslach y


Jackson, 1981) no debería formar parte del concepto global de “Burnout”, ya que es
independiente del resto de las dimensiones que se consideran (Schutte, Toppinen,
Kalimo y Schaufeli, 2000). La Despersonalización es una estrategia de afrontamiento
que debe ser evaluada junto con otras estrategias según los autores. En cuanto a
Realización Personal consideran que es una de las muchas consecuencias de estar
sometido durante un periodo de tiempo muy largo a una situación de estrés, por lo
que debía ser igualmente englobada junto con otras consecuencias. Sin embargo,
Sonnentag (2005) opina que el hecho de focalizar el síndrome sobre el Cansancio
Emocional, excluyendo la Despersonalización y reduciendo el papel que juega la
Realización Personal en la conceptualización del “Burnout” es un error.

321
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Los índices alfa oscilan entre .85 y .87 y las correlaciones entre las tres
escalas del CBI son .72, .46 y .61 variando considerablemente en función del tipo de
trabajo de las personas.

Hay que tener en cuenta que este instrumento no ha sido aún utilizado con
profesores y que en opinión de Schaufeli y Taris (2005) el uso del CBI no presenta
ninguna ventaja o añadido con respecto al MBI (Maslach y Jackson, 1981),
señalando que esperan nuevos trabajos de los autores del CBI para poder ampliar
esta opinión.

SHIROM-MELAMED BURNOUT MEASSURE (SMBM)


Aunque no hemos encontrado ninguna publicación en la que se presenta
como tal el instrumento, sí hemos encontrado diferentes trabajos que lo nombran y
en el ámbito de la salud es mencionado por autores como Kushnir y Melamed
(1992), Melamed, Kushnir y Shirom (1992), Melamed et al. (1999), Shirom (1997).

En la web personal de Shirom ([Link] puede


encontrarse este instrumento incluso en su versión española y catalana, así como la
versión Shirom-Melamed Vigor Measure, donde se plantea un punto de vista
diferente del síndrome al formularse los ítems en sentido positivo.

El SMBM plantea el síndrome en relación a sentimientos de agotamiento


físico, emocional y cognitivo en el ámbito laboral, focalizando el agotamiento de los
recursos energéticos del profesional como resultado de su exposición crónica al
trabajo. Se fundamenta en el modelo de Hobfoll (1989) de Conservación de
Recursos (COR), la conceptualización del “Burnout” formulada por Shirom (1989)
sobre la teoría del COR se relaciona con los recursos energéticos solamente, y
abarca las energías físicas, emocionales y cognitivas. Es precisamente la propuesta
del autor que considera que los recursos son compartidos por todo tipo de
profesionales, lo que fundamenta la aplicación del instrumento a todo campo
profesional (Gil-Monte y Peiró, 1997).

322
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Actualmente el SMBM consta de 14 ítems, 6 relativos a agotamiento físico, 5


al cognitivo y 3 al emocional, recogidos en una escala de 1 a 7 (nunca a siempre).
Cabe indicar la falta de estudios que puedan avalar la estructura factorial del
modelo.

MASTRICHT QUESTIONNAIRE (MQ)


Appels et al. (1987) lo elaboran desde un contexto teórico destinado a la
prevención del infarto de miocardio y de los factores que lo predisponen. Los autores
elaboran el concepto de agotamiento vital como un factor de predisposición frente a
problemas cardiovasculares, y define este agotamiento de manera próxima al
enfoque del “Burnout” como agotamiento de recursos.

El MQ está formado por 21 ítems con cuatro factores: fatiga, desmoralización,


falta de concentración y dificultades del sueño. Su uso en relación con la evaluación
del “Burnout” es muy escaso, pero Gil-Monte y Peiró (1997) señalan que el concepto
de agotamiento puede presentar similitudes con el marco conceptual del “Burnout”.

CUESTIONARIO DE DESGASTE PROFERSIONAL DE ENFERMERÍA (CDPE)


Moreno-Jiménez et al. (2000c) elaboran este instrumento para medir
“Burnout” específicamente en el ámbito de la enfermería. El CDPE se basa en un
modelo transaccional e interactivo que considera la aparición del desgaste
profesional en enfermería como resultado del contexto laboral de la profesión, de
características individuales de los trabajadores y del tipo de afrontamiento
adoptado. El carácter transaccional supone que el proceso es modulado en cada
una de las fases por variables propias del sujeto y las conductas desarrolladas. Así,
el síndrome aparace en función de la vulnerabilidad o resistencia del sujeto y de su
incapacidad para abordar de manera activa y positiva las potenciales fuentes de
estrés.

El CPDE proporciona una medida del desgaste profesional (siguiendo las tres
dimensiones tradicionales recogidas en el MBI de Maslach y Jackson, 1981), sus
antecedentes y consecuentes, e incorpora variables de la persona (personalidad

323
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

resistentey estrategias de afrontamiento). El cuestionario lo forman 174 ítems


organizados en una escala tipo Likert. Los autores indican que este instrumento se
puede utilizar de manera flexible, es decir usando todas sus escalas, para tener una
visión más global o seleccionando las relativas a los aspectos que puedan interesar.
Los resultado de la consistencia interna oscilan con valores alfa comprendidos entre
.57 de la escala de evitación hasta .94 de consecuencias psicológicas.

CUESTIONARIOS DE “BURNOUT” ESPECIFICOS DE LA DOCENCIA

CUESTIONARIO PARA EVALUAR EL BURNOUT EN EL PROFESORADO


Elaborado por Dworkin y Dworkin (1976) es uno de los primeros
instrumentaos elaborados para medir el “Burnout” en el profesorado.

Consta de 8 ítems que recogen información sobre cuatro variables, todas


ellas de carácter cognitivo:
- Falta de significado.
- Falta de control.
- Ausencia de normas.
- Aislamiento.

TOSFQ
Clark (1980) diseña este instrumento para evaluar el estrés producido en la
enseñanza. La escala consta de 30 ítems agrupados en cinco factores medidos en
una escala tipo Likert:
- Inadecuación profesional.
- Relaciones profesionales profesor-director.
- Relaciones colegiales.
- Instrucción del grupo.
- Sobrecarga del trabajo.

324
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

El autor nos señala coeficientes de consistencia interna de los cinco factores


con rangos entre .93 y .98. La validez de constructo ha sido demostrada en estudios
realizados en EEUU (Foxworth et al., 1984; Moracco, Danford, y D'Arienzo, 1982).

Moracco et al. (1982) obtienen una estructura factorial diferente para el mismo
instrumento. Manso-Pinto (1989) administró el TOSFQ (Clark, 1980) en una muestra
formada por 186 maestros de nivel elemental y secundaria en Chile identificando
cuatro factores principales (apoyo administrativo, distrés profesional, seguridad
financiera y disciplina de los estudiantes), siendo percibido la carencia de apoyo
administrativo como el factor más estresante. Borg y Riding (1991) aplicándolo a 710
maestros malteses revelaron cuatro factores como principales fuentes de tensión:
mala conducta del alumnado, recursos inadecuados, necesidades de reconocimiento
profesionales y pobres relaciones con los colegas. Entre estos cuatro factores, la
necesidad de reconocimiento profesional presenta la relación inversa más fuerte con
satisfacción laboral y compromiso profesional.

TEACHER STRESS INVENTORY


El instrumento original fue elaborado por Pettegrew y Wolf (1981). El
cuestionario estaba compuesto por 64 ítems que formaban 12 factores: ambigüedad
de rol, conflicto de rol, no participación, satisfacción laboral, estilo de dirección,
satisfacción en la vida, estrés escolar, estrés de tarea, apoyo del supervisor, apoyo
de los compañeros y enfermedad.

Schultz y Long (1988) llevan a cabo una revisión de la escala que da lugar al
cuestionario actual de 36 ítems y siete factores:
- Estrés de rol.
- Ambigüedad de rol.
- Satisfacción laboral.
- Satisfacción personal.
- Estructura de la tarea.
- Apoyo gerencial.
- Gestión de la organización.

325
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

TEACHER STRESS INVENTORY (TSI)


En un intento por definir y medir mejor la tensión del profesor, Fimian (1984)
desarrolló el inventario de la tensión del profesor (TSI). Fimian (1984) partiendo de
una lista de 135 causas y manifestaciones de estrés del profesorado, elegidas a
través de una revisión bibliográfica de la literatura sobre el tema, selecciona 63
preguntas que evalúan al profesor según dos dimensiones: intensidad y frecuencia
del estrés.

Fimian y Fastenau (1990) reanalizan los datos recogidos sobre el TSI desde
la década de los 80. Un total unos 3.401 profesores representando 21 muestras
individuales en 7 estados de E.E.U.U. arrojan como resultado de la revisión diez
factores discretos con consistencia interna y significativamente relacionados. En
orden ascendente en relación a su influencia sobre profesores figuran: gerencia de
tiempo, estresores laborales, distrés profesional, disciplina y motivación, inversión
profesional, manifestaciones emocionales, de fatiga, cardiovasculares,
gastronómicas y conductuales. Los primeros cinco primeros factores son fuentes de
tensión; los segundos cinco de las manifestaciones de la tensión; presentando el
primer grupo los mayores niveles.

Fimian (1984) recoge en una muestra con 138 profesores estimaciones de


fiabilidad que van desde .43 a .94 en las subescalas, y entre .71 a .94 para la escala
global, indicando alta estabilidad y equivalencia para los factores de estrés a través
de intervalos inmediatos, de 1 día, 1 semana y 2 semanas utilizndon dos formas
abreviadas del TSI. Las correlaciones entre las dos formas del TSI son mayores
para los datos recogidos de manera inmediata (valores alfa entre .76 y .90) frente a
los dos intervalos medidos (semanal y quincenal).

TEACHER ATTITUDE SCALE (TAS)


La Teacher Attitude Scale de Farber (1984) es una versión adaptada del MBI
(Maslach y Jackson, 1981) en el que se modifica la escala de marco temporal
ajustando las respuestas al último mes con una escala de respuesta de 0 (nunca); 1-
2 (raramente); 3-4 (ocasionalmente); 5-6 (frecuentemente).

326
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

El autor la crea en base a los 25 ítems originales del MBI, a los cuales se
añaden 40 ítems más específicos para maestros recogidos de la literatura sobre el
estrés docente. El estudio de validación se realiza con una muestra de 365
profesores de centros suburbanos informando que entre el 20 y el 25% presentan
alta vulnerabilidad al “Burnout”.

Los 65 ítems resultantes permiten medir tres factores:


- Sentimientos generales de sentirse quemado.
- Sentimientos de implicación general hacia la enseñanza.
- Sentimientos de gratificación en el trabajo cercano y eficaz con los alumnos.

La correlación del TAS con el MBI es de .92

STRESS PROFILE FOR TEACHERS


Elaborado por Klas, Kendall y Kennedy (1985) se centra fundamentalmente
en los factores de:
- Organización escolar.
- Organización del tiempo
- Tareas de clase.
- Relación con padres y profesores.

TEACHER BURNOUT ESCALE (TBS)


Seidman y Zager (1986) elaboran la escala Teacher Burnout Scale (TBS)
específica para la profesión docente.

En su inicio el instrumento contaba con 65 ítems en escala tipo Likert siendo


aplicado a una muestra de 217 profesores. Tras los análisis estadísticos pertinentes
la escala quedó reducida a 23 ítems siendo de nuevo aplicada a 365 profesores. De
esta segunda versión se eliminan 2 ítems, quedando la versión definitiva constituida
por 21 ítems que explican el 60 % de la varianza mediante cuatro factores:

327
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Satisfacción con la Profesión (correlaciona con baja Realización Personal en el


MBI; consta de 5 ítems).
- Apoyo Administrativo Percibido (no correlaciona con ninguna escala del MBI; 6
ítems).
- Afrontamiento del Estrés Relacionado con el Trabajo (correlaciona con
Cansancio Emocional en el MBI (Maslach y Jackson, 1981); consta de 6 ítems).
- Actitudes hacia los Alumnos (correlaciona con Despersonalización en el MBI
(Maslach y Jackson, 1981); consta de 4 ítems).

La fiabilidad del TBS varía entre 0.89 para Satisfacción con la Profesión, y
0.72 en Actitudes hacia los Alumnos.

Las correlaciones con las escalas del MBI (Maslach y Jackson, 1981) van de
moderadas (r= .39) a altas (r= .72), oscilando la fiabilidad test-retest entre r= .56 y r=
.82, para las diferentes escalas.

La consistencia interna de las escalas se situó entre 0,72 y 0,82.

Así, la fiabilidad y la validez de la escala parecen ser adecuadas (Gil-Monte y


Peiró, 1997).

TEACHER´S WORLD SCALE


Friedman y Lotan (1987) elaboran esta escala dividida en 14 secciones que
recoge información sobre funciones y roles del profesor, clima organizacional,
relaciones interpersonales, etc. Realizando una comparación entre 1.600 profesores
de primaria de Israel y Estados Unidos obtienen resultados similares que indican que
esta prueba puede ser buen predictor del “Burnout”.

TEACHER BURNOUT QUESTIONAIRE (SDTA)


Hock (1988) propone el SDTA, como reacción a la insatisfacción encontrada
por el autor en los cuestionarios ya existentes para medir “Burnout” docente,

328
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

incidiendo en la necesidad de delimitar las variables antecedentes y moderadoras


del Burnout, tratando de superar algunas de las deficiencias que encuentra en el
resto.

El cuestionario, formado por 62 ítems, más otros 10 relativos a cuestiones


demográficas, tiene en cuenta conceptos claves de la literatura sobre el tema, así
como recomendaciones de profesores del SDTA (San Diego Teachers Association).
El SDTA evalúa cuatro dimensiones:
- Clima Laboral: diferentes condiciones laborales.
- Causas del Burnout: situaciones que frecuentemente producen estrés docente.
- Efectos Psicológicos: evalúan el síndrome propiamente dicho
- Efectos Físicos: enfermedades vinculadas al síndrome.

HOLLAND BURNOUT ASSESSMENT SURVEY (HBAS)


Holland y Michael (1993) elaboran este cuestionario con la intención de medir
los factores que aumentan la probabilidad de padecer “Burnout”. La escala de 18
ítems arroja cuatro dimensiones muy relacionadas con el desarrollo del síndrome:
- Conocimiento acerca del Burnout (5 ítems).
- Percepción Positiva de la Enseñanza (4 ítems).
- Apoyo de parte los Supervisores (4 ítems).
- Compromiso con la Enseñanza (5 ítems).

Cada ítem se valora con una escala tipo Likert de 5 puntos.

Holland y Michael (1993) con una muestra de 150 profesores de enseñanzas


medias de San Diego (California) estudian el grado de relación existente entre las
tres escalas del MBI-ES (Maslach y Jackson, 1986) y las cuatro escalas del HBAS,
obteniendo correlaciones de -.50. -.35 y .42 entre cada una de las tres dimensiones
(Cansancio Emocional, Despersonalización y Realización Personal) y Percepción
Positiva de la Enseñanza; -.26, -.20 y .26 con Apoyo de Supervisores y las tres
escalas respectivamente; .12, .06, y. 03 para Conocimiento del “Burnout” y las tres
escalas; y -.50, -.43 y .48 de Compromiso con la Enseñanza y las tres escalas. Los
autores señalan que la limitada validez de la escala Apoyo por parte de Supervisores

329
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

se puede deber en parte a la especifidad de las prácticas administrativas de cada


centro escolar.

CUESTIONARIO DE BURNOUT DEL PROFESORADO (CBP)


Moreno-Jiménez et al. (1991) elaboran este cuestionario fruto de sus
planteamientos teóricos formulados con anterioridad. El objetivo es proponer un
modelo inicial de evaluación del “Burnout” que recoja diferentes elementos del
proceso y que incluya tanto factores antecedentes como consecuentes o efectos del
mismo. El CBP se elabora no como un cuestionario alternativo al MBI, sino como
complemento del mismo, con una funcionalidad no coincidente (Figura 4.2.1.).

Para los autores, el MBI (Maslach y Jackson, 1981) se centra en la


evaluación exclusiva del síndrome, sin prestar atención a los posibles aspectos
antecedentes y consecuentes. Considerar estos elementos junto con el propio
síndrome es la base de su planteamiento a la hora de elaborar el CBP, de esta
forma no solo se complementa su estudio sino que se pueden desarrollar programas
y políticas de prevención e intervención que se ajusten a la realidad (Moreno-
Jiménez et al., 2000a).

En diversos estudios realizados por estos autores y su equipo (Fernández,


Mayo, Oliver, Aragoneses y Moreno-Jiménez, 1990; Moreno-Jiménez et al. 1991;
Oliver, Pastor, Aragoneses y Moreno-Jiménez, 1990), habían podido constatar que
en los diversos análisis factoriales realizados sobre el MBI, la escala de
Despersonalización no era lo adecuadamente descriptiva, al tiempo que no tendía a
una independencia estadística demasiado clara. De esta forma en 1993 se plantean
mejorar este factor construyendo una escala de Despersonalización exclusivamente,
compuesta de 16 ítems correspondientes a una serie de descriptores: culpabilidad
del usuario, aislamiento, distancia interpersonal, endurecimiento emocional,
autodefensa deshumanizada, cambio negativo en las actitudes hacia los usuarios e
irritabilidad en los usuarios.

El CBP es resultado de considerar la adaptación del Teacher Burnout


Questionaire (SDTA de Hock, 1988) y el Teacher Stress Inventory (TSI de Pettegrew

330
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

y Wolf, 1982). El cuestionario final sometido a los análisis estadísticos


correspondientes consta de 75 ítems, 2 cuestiones abiertas, 11 descriptores de
salud física y 9 referencias sociodemográficas o profesionales.

El análisis factorial realizado por Oliver (1993) confirma la existencia de tres


factores principales: Estrés y “Burnout”, Desorganización y Problemática
Administrativa. En un segundo análisis posterior, tomando como referencia los ítems
que configuran el primero de los factores (Estrés y “Burnout”), se obtienen como
resultado dos factores diferenciados: Estrés y “Burnout”. Así, el resultado final se
agrupa en cuatro factores con dos subescalas cada uno:
- Estrés (con las subescalas “Estrés de Rol” y “Efectos del Estrés”).
- “Burnout” (con las subescalas “Despersonalización” y “Calidad de vida”).
- Desorganización (con las subescalas “Realización” y “Condiciones
organizacionales”).
- Problemática Administrativa (con las subescalas “Clima Organizacional” e
“Inseguridad”).

La aplicación del CBP a una muestra complementaria de profesores de


enseñanza media, obtuvo valores aceptables de consistencia interna, validez
concurrente y validez discriminativa (Oliver, 1993).

Figura 4.2.1. Estructura del CBP (Moreno-Jiménez y Oliver, 1993).

331
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

ESCALA PARA MEDIR EL ESTRÉS CRÓNICO PARA MAESTROS


Fernández-Castro et al. (1994) elaboran una escala para medir “Burnout” en
maestros a partir del instrumento elaborado por Pines et al. (1981). Es importante
tener en cuenta que los autores parten de la idea de “Burnout” como estado
producido por el estrés de carácter crónico.

El cuestionario resultante consta de 12 ítems valorables en una escala tipo


Likert con 7 alternativas, que oscilan desde el 1 (nunca) hasta el 7 (siempre). La
puntuación total se obtiene a partir de la suma de las respuestas a todos los ítems.
Los autores obtienen, en una muestra de 1346 maestros de EGB, una correlación de
-0.47 entre la medida de “Burnout” y los diferentes hábitos de salud, mostrando que
a mayor grado de “Burnout” menor frecuencia en los hábitos de salud.

SCHOLL PRINCIPAL-EXPERIENCIED BURNOUT


Friedman (1995) elabora la escala de Burnout para directores de colegios.
Este autor adapta los ítems del MBI (Maslach y Jackson, 1981) a esta muestra en
concreto. Administra el cuestionario resultante a 821 directores y obtiene la siguiente
estructura factorial:
- Agotamiento (9 ítems): describe sentimientos de fatiga emocional, física y
cognitiva.
- Reserva (7 ítems): explica el distanciamiento que el profesor establece con los
problemas cotidianos, con las nuevas ideas que se le propone, así como con las
sugerencias que recibe.
- Desprecio (6 ítems): alude a los sentimientos negativos de desprecio hacia
profesores, estudiantes y padres.

Los datos psicométricos muestran un coeficiente alfa para el total de la escala


0.92 (0.98 para Agotamiento, 0.82 para Reservado y 0.97 para Desprecio), siendo la
varianza total explicada del 46.3%.

332
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

ADAPTACIÓN CATALANA DEL MASLACH BURNOUT INVENTORY-Ed


Ferrando y Pérez (1996) desde la Universidad Autónoma de Barcelona se
plantean la necesidad de realizar una adaptación del MBI-Ed original de Maslach y
Jackson (1986) a docentes catalanes de educación primaria / secundaria.

En el proceso previo a la propia adaptación catalana del MBI-Ed se preguntó


a profesores catalanes acerca de la adecuación de los ítems al contexto escolar
concreto de esta comunidad. Como resultado de esta intervención algunos ítems
fueron reformulados e incluidos en la versión final del cuestionario adaptado,
administrándolo a 1474 profesores.

Los autores reproducen la estructura trifactorial original del MBI-Ed por el


método de rotación Varimax, obteniendo coeficientes test-retest tras un período de 4
semanas de .80, .76, y .83; e índices alfas de consistencia interna de .88, .61, y .82
para Cansancio Emocional, Despersonalización y Realización Personal
respectivamente. Los autores señalan que los docentes catalanes presentan menor
Cansancio Emocional, Despersonalización y Realización Personal que sus colegas
americanos; sin embargo, la secuencia que siguen las puntuaciones de las tres
escalas del MBI fue la misma. Tanto en América como en Barcelona, la escala
Realización Personal obtuvo las mayores puntuaciones, y Despersonalización las
puntuaciones más bajas, ocupando Cansancio Emocional la posición intermedia.

Atendiendo las intercorrelaciones entre las escalas, los autores obtienen


índices muy parejos a los originales, poniendo de manifiesto una mayor asociación
entre Cansancio Emocional y Despersonalización, así como la relación negativa,
pero ligeramente inferior, entre Realización Personal y las otras dos dimensiones.

Posteriormente Aluja, Blanch y García (2005) administran a 613 profesores


de primaria de centros de Cataluña la adaptación catalana del MBI-Ed obteniendo
una estructura factorial con propiedades psicométricas similares a las obtenidas en
la forma original inglesa; siendo los índices de bondad de ajuste referidos por los
autores los siguientes: Los índices aptos de los modelos analizados por probabilidad
máxima (ML) χ²(b) 740.455, df 206, χ²/df 3.594, GFI .897, AGFI .873, NFI .808, CFI
.852, RMSEA .064 y ECVI 1.325; y métodos de valoración asintóticamente sin

333
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

distribución (ADF) χ²(b) 576.129, df 206, χ²/df 2.797, GFI .890, AGFI .865, NFI .541,
CFI .638, RMSEA .053 y ECVI 1.064.

CUESTIONARIO DE ESTRÉS Y BURNOUT DEL PROFESOR


Calvete y Villa (1997) elaboran una escala a partir del MBI (Maslcah et al.,
1981) y otros ítems de instrumentos como el TAS, TBS y TOSFQ, seleccionados
en base a su relevancia con la problemática específica de los profesores de
enseñanza secundaria.

El instrumento resultante consta de 24 ítems agrupados en cinco factores.


Tres de ellos coinciden con los del MBI (Maslcah et al., 1981), aunque los autores
eliminan los ítems 4, 14, 21 y 22 por su poco peso en los mismos. Los dos factores
nuevos aluden al trabajo con los alumnos: dificultades en los alumnos y falta de
control.
El cuestionario puntúa por frecuencia en un rango de 1 (totalmente de
acuerdo) a 6 (totalmente en desacuerdo). Con las cinco escalas y los rangos de
frecuencia las puntuaciones más altas en los factores se asocian a los profesores
con mayor estrés y dificultades en la docencia (excepto para el factor logro
personal).

CUESTIONARIO BREVE DE BURNOUT (CBB)


Moreno-Jiménez, Bustos, Matallana y Miralles (1997) elaboran una versión
reducida del CBP (Moreno-Jiménez et al., 2000a), formado por 21 ítems que incluye
antecedentes del síndrome, elementos del Burnout y consecuencias del mismo.

Dada la reducida dimensión del CBB, el objetivo de los autores no es de


evaluar específicamente las dimensiones del Burnout, sino obtener una evaluación
global del mismo, con antecedentes y consecuentes. Los 21 ítems del CBB están
organizados teóricamente en tres bloques:
- Antecedentes del Burnout: los autores tiene en cuenta tres factores que han
venido recogiendo en sucesivas ocasiones en su teoría: Características de la
Tarea, Tedio y Organización. Características de la Tarea está determinada por la

334
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

importancia en la génesis del síndrome de las tareas no motivadoras para el


sujeto, siguiendo fundamentalmente las propuestas de Hackman y Oldham
(1980). El Tedio propuesto siguiendo el modelo de Pines et al. (1981), se
considera basado en una operativización centrada en al monotonía y la
repetición. La Organización basada fundamentalmente en la teoría de Cherniss
(1980) está operativizado bajo aspectos funcionales de la organización.
- Factores del Síndrome: recogidos en el modelo de Maslach y Jackson (1981).
- Consecuencias del Burnout: pudiendo ser consecuencias físicas, sobre el clima
familiar y sobre el rendimiento laboral.

Los 21 ítems se agrupan en siete escalas: Cansancio Emocional,


Despersonalización, Reducida Realización Personal, Tedio, Clima Organizacional,
Características de la Tarea y Repercusiones del Burnout en la Vida del Sujeto. En
todas las escalas el rango de respuesta es de 0 a 5 y la validez convergente que
presenta es adecuada según los autores, mostrando el CBB una alta correlación con
el MBI tanto en su globalidad como en las subescalas, por lo que pueden
considerarse los valores del CBB indicadores fiables de los resultados directos del
MBI. Igualmente las subescalas del CBB excepto en el caso de Realización
Personal, muestran correlaciones altamente significativas con las respectivas del
MBI.

Sin embargo, hay que recordar que los propios autores señalan que, por su
misma estructura, el CBB no es adecuado para la evaluación directa de los
componentes específicos del síndrome, aunque si proporciona un aproximación y
evaluación exploratoria de algunos elementos presentes en el procesos de Burnout
(Moreno-Jiménez et al., 1997).

CUESTIONARIO DE BURNOUT DE PROFESORES REVISADO (CBP-R)


Moreno-Jiménez et al. (2000a) lanzan una nueva versión del CBP utilizando
una muestra de 222 profesores, que arroja tres factores que confirman la estructura
teórica del cuestionario, produciendo con la reducción de ítems una mejora en la
consistencia interna del mismo.

335
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Al igual que en su versión inicial, el CBP-R trata de evaluar los procesos de


estrés y “Burnout” específicos de la profesión docente, así como las posibles
variables antecedentes de tipo organizacional y laboral que pueden actuar como
desencadenantes del proceso. El cuestionario se compone de tres factores que se
dividen a su vez en escalas.
- El factor Estrés y Burnout, está formado por dos escalas (estrés de rol y burnout).
Comprende ítems que aluden al proceso de evaluación del estrés producto de las
disfunciones de rol (alfa de Cronbach= .78) e ítems que aluden al proceso
“Burnout” y de cada una de sus dimensiones (Agotamiento Emocional,
Despersonalización y Falta de Realización Personal) (alfa de Cronbach= .89).
- El factor Desorganización se compone de dos escalas: supervisión y condiciones
organizacionales. La primera que alude al estilo de dirección y apoyo recibido
por parte del supervisor (alfa de Cronbach= .89). la segunda escala alude a las
condiciones en las que se realiza el trabajo (materiales, recursos, etc.) (alfa de
Cronbach= .59).
- El tercer factor, Problemática Administrativa, está constituido por dos escalas:
preocupaciones profesionales (alfa de Cronbach= .74) y falta de reconocimiento
profesionales (alfa de Cronbach= .76).

El instrumento está compuesto por un total de 66 ítems valorados con una


escala tipo Likert de 5 puntos y que se valoran desde un 1 (no me afecta), hasta 5
(me afecta muchísimo) para los 11 primeros ítems; siendo para los 55 ítems
restantes 1 (totalmente en desacuerdo) a 5 (totalmente de acuerdo). Las mayores
puntuaciones para cada una de las escalas están relacionadas con un mayor
problemática en las variables estudiadas. El cuestionario además de los 66 ítems,
recoge una serie de preguntas sobre datos sociodemográficos y sobre referencias
profesionales.

Al igual que con el CBP, el CBP-R arroja tres factores que confirman la
estructura teórica del cuestionario, sin embargo, esta revisión parece, según los
propios autores, ajustarse mejor a la línea teórica del MBI (Maslcah y Jackson,
1981) Conviene recordar que el CBP-R no pretende reemplazar al MBI (Maslcah y

336
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Jackson, 1981) como instrumento básico para la evaluación específica de los


componentes del “Burnout”.

Arcenillas (2003) obtiene con una muestra de docentes de primaria de


Leganés 3 factores antecedentes: estrés de rol, supervisión y preocupaciones
profesionales.

INVENTARIO DE SÍNDROME DE BURNOUT EN DIRECTIVOS ESCOLARES


Este instrumento elaborado por Tejero en su tesis doctoral sobre directores de
centros educativos de la Comunidad de Madrid (2006) evalúa el grado de “Burnout”
o desgaste profesional de los directivos escolares. El autor parte del marco teórico
planteado por Maslach et al. (1996), por lo que el inventario resultante se compone
de tres escalas: cansancio emocional, realización personal en el trabajo y
despersonalización.

En el cuestionario los directores han de valorar la frecuencia con la que


sienten o piensan los enunciados de los ítems, utilizando una escala tipo Likert de
cinco puntos (1=nunca; 5= siempre), así cada escala aporta información sobre una
de las dimensiones relacionadas con el desgaste profesional. A su vez, el análisis de
las tres escalas de forma combinada permiten obtener la variable nivel de “Burnout”,
utilizando los mismos cortes de percentiles de Maslach et al. (1996) para crear una
variable ordinal que clasifica a los directores en cinco tipos:
- Director sin burnout (nivel 1): nivel de desgaste bajo en las tres escalas, o
desgaste bajo en dos de ellas y la tercera con desgaste medio.
- Director con poco burnout (nivel 2): combinación de un desgaste bajo en dos
dimensiones y la tercera con desgaste alto; o con dos dimensiones con desgaste
medio y la otra con desgaste bajo.
- Director con burnout medio (nivel 3): niveles de desgaste medio en las tres
dimensiones, o que las tres escalas se reparten en niveles de desgaste bajo,
medio y alto.
- Director con alto burnout (nivel 4): dos escalas con desgaste alto y la otra con
desgaste bajo, o dos escalas con desgaste medio y la otra con desgaste alto.

337
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Director con máximo burnout (nivel 5): Directivos con desgaste alto en las tres
escalas, o con dos escalas en desgaste alto y la otra con desgaste medio.

El cuestionario definitivo cuenta con 16 ítems por el método de Análisis de


componentes principales y rotación Varimax con Kaiser absorbiendo el 55.79% de la
varianza. La estructura factorial empírica es consistente con el planteamiento
postulado lo cual debe interpretase, según el autor, como indicador de validez de
constructo del instrumento. En cuanto a la fiablidad, la escala Despersonalización
(0.66) se muestra la menos fiable absorbiendo únicamente el 14% de la varianza,
mientras que Cansancio Emocional (0.87) es la que muestra mayor consistencia de
medida explicando el 23% de la varianza, seguida de Realización Personal (0.79),
que explica el 19%. Las correlaciones obtenidas entre las tres escalas ratifican el
modelo de Maslach (1982) Maslach et al. (2001).

4.2.3. INFORMES DE LOS ALUMNOS


Tradicionalmente se ha venido midiendo el “Burnout” a partir de los propios
autoinformes de los sujetos afectados. No obstante, resultaría muy adecuado contar
también con datos objetivos procedentes de otras fuentes informativas procedentes
de la observación sistemática directa, mediante referencias a terceras personas
(directores, compañeros, etc.) o analizando indicadores laborales (Valero, 1997)
como el incumplimiento de tares, retrasos, absentismo, bajas laborales,
enfermedades, abandono o cambio de trabajo, etc. Sin embargo, en la mayoría de
las ocasiones pasamos por alto que existe una fuente aún más directa que las
citadas anteriormente y que debería ser muy valorada, los propios alumnos:

¿Pueden los alumnos ayudar a indicar el grado de “Burnout” que sufren los
profesores? Plantear el estudio del “Burnout” desde este enfoque es novedoso y
reciente en la historia del síndrome. Son muchos los cuestionarios de autoinformes
que se han venido desarrollando hasta hoy, pero tomar a los alumnos como fuente
informativa complementaria es una práctica aún no extendida, tal vez por el
desconocimiento existente en la propia educación del síndrome y de su posible

338
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

detección, así como por el recelo existente a ser evaluados por nuestros “clientes”,
los alumnos.

A continuación mostramos los estudios de Tatar y Yahav (1999), Evers,


Tomic y Brouwers (2004) representativos de la importancia que se empieza a
otorgar a los alumnos como fuente complementaria de valoración del nivel de
“Burnout” que pueden sufrir los docentes.

Tatar y Yahav (1999) recoge que para entender las interrelaciones entre
profesor-alumno dentro del aula es imprescindible considerar la percepción de los
alumnos sobre las actitudes y conductas de los docentes.

Pero ¿Qué entienden los alumnos por buen profesor? Según Cullingford
(2003) los alumnos de secundaria evalúan a sus profesores en función de la
capacidad para enseñar una materia y su sensibilidad hacia las necesidades
individuales que tienen los alumnos. Tatar y Horenczyk (1996) recogen que los
alumnos esperan (en orden descendiente) que sus profesores sean justos,
competentes y se muestren disponibles a mostrarles ayuda.

Estamos acostumbrados a que el clima de aprendizaje en secundaria esté


enfatizada por el componente instructivo del rol del docente (Harter, Whitesell y
Kowalski, 1992), y el rol típico adolescente de los alumnos (Lackovic-Grgin y
Dekovic, 1990).

Tatar y Yahav (1999) creen que es fundamental centrarse en la percepción de


los alumnos de secundaria sobre sus profesores por la importancia del docente en el
éxito académico del alumno y en su perspectiva de futuro. Kutnick y Jules (1993), en
esta misma línea, señalan que los efectos de la conducta del docente de secundaria
tiene a corto plazo un efecto inmediato sobre la preparación académica del alumno y
a largo plazo sobre la preparación para la vida de sus alumnos.

Aunque la mayoría de las investigaciones ponen de relieve cómo los


profesores pueden influir sobre sus alumnos, el comportamiento de los alumnos
también puede afectar a la conducta y sentimientos de los docentes. De hecho

339
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

algunos comportamientos del alumnado pueden inducir a un alto grado de estrés y


“Burnout” en sus profesores.

Tatar y Yahav (1999) diseñan una investigación para reflejar la percepción del
alumnado respecto al grado de padecimiento de “Burnout” de sus profesores. En su
desarrollo, 297 alumnos de educación secundaria, utilizan un cuestionario con cuatro
secciones; la primera parte solicita información únicamente sobre edad y sexo de los
alumnos; la segunda sección es una pregunta abierta para que los alumnos puedan
describir las conductas más destacadas de los profesores que ellos consideran
pueden padecer “Burnout” e indicar la proporción del síndrome en su equipo de
profesores contestando a una escala que va desde 1 (ninguno de ellos) a 5 (todos);
la tercera sección es un cuestionario de 14 ítems divididos en tres escalas resultado
de la adaptación del original MBI (Maslcah y Jackson, 1981) a la muestra de
docentes de Israel (Friedman, 1993; Friedamn y Farber, 1992), contestando los
alumnos en una escala tipo Likert, desde 1 (nunca) hasta 5 (siempre); la cuarta
sección se basa en tres preguntas abiertas a través de las cuales los alumnos
describen la forma u estrategia por la cual los alumnos, los propios profesores y el
equipo directivo afronta el “Burnout” de los profesores. Como conclusiones de su
investigación obtienen que más de un 60% de los alumnos caracterizan con
“frecuentemente” o “siempre” a los profesores que sienten que trabajar con alumnos
todo el día es “opresivo, agotador, y les vuelve personas impacientes”. El índice de
correlación de Pearson indica una correlación positiva entre dos pares de
categorías: cansancio físico y psicológico (r= 0.54), y falta de realización personal y
profesional (r= 0.50). Las respuestas dadas a las preguntas abiertas destacan las
siguientes conductas observadas en los profesores que padecen el síndrome:
cansancio físico y psicológico (el profesor está cansado, nervioso, impaciente, etc.);
baja realización personal y profesional (el profesor no quiere explicar, está frustrado,
etc.); e instrucción (el profesor no tiene autoridad en clase, castiga todo el tiempo,
etc.). Un 58% de los alumnos manifiestan que las conductas de cansancio físico y
psicológico son las más relevantes; un 17.5% creen que las más destacables son las
relacionadas con falta de realización personal y profesional; y un 14.8% aluden a la
instrucción. Con respecto a cómo afrontan los alumnos el “Burnout” de sus
profesores reflejan cuatro categorías: un 42.4% alude al uso de estrategias basadas
en conductas positivas (escuchar atentamente, ser paciente, mostrar interés por las

340
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

explicaciones, etc.); un 14.2% da quejas del profesor (quejarse al director, a padres,


etc.); un 4.4% adopta estrategias pasivas (esperar a que termine la clase, etc.); un
3.7% adopta estrategias negativas (tomar ventaja frente a las situación, interrumpir
las clases, etc.); un 23.2% refleja no poder adoptar estrategias frente a los docentes
que padecen “Burnout”, y un 12.1% dan respuestas sin clasificar. Los alumnos
señalan que los propios profesores pueden adoptar cuatro tipos de estrategias de
afrontamiento frente al “Burnout”: un 31.3% indica el abandono parcial o total de la
enseñanza (deberían tomarse unos días de descanso durante la semana, tomarse
un año sabático, etc.); un 31% introduciendo cambios e innovaciones (cambiar sus
métodos de enseñanza, innovar en el manejo de las clases, etc.); un 14.1%
tranquilizándose (acudir al centro con mayor optimismo y calma, etc.); un 7.4%
analizando sus motivos (los profesores deben entender qué es lo que les causa su
“Burnout”, revisar sus intereses profesionales a lo largo de su carrera, etc.); un 4%
señalan que los docentes no pueden adoptar estrategias de afrontamiento frente a
este síndrome y un 12.1% no contesta. En opinión de los alumnos, el quipo directivo
puede emplear las siguientes estrategias para abordar el “Burnout” de los
profesores: un 30.6% señala el ataque directo al problema (retirando de la docencia
a los profesores que lo sufren y sustituirlos por nuevos docentes, trasladarlos de
centro, etc.); un 20.9% mejorando las condiciones de trabajo de los profesores
(reducir el tamaño de las clases, mejorar los salarios, etc.); un 19.2%
proporcionándoles orientación profesional (enseñarles como afrontar su problema,
mejorar el proceso de selección de los docentes, indicarles cursos de orientación
especializados, etc.); un 10.1% ofrecer ayuda personal (proporcionar apoyo personal
y emocional, hablar con ellos y darles oportunidades para expresar su malestar,
etc.); y un 6.1% consideran que el equipo directivo no puede hacer nada para
afrontar el problema de “Burnout” de sus profesores. En su investigación los autores
relatan que la percepción ofrecida por los alumnos acerca del “Burnout” de sus
profesores aporta suficiente confianza como para poder ser tomada como dato
predictivo del síndrome.

En esta misma línea de trabajo, Evers et al. (2004), partiendo de las


objeciones que Guglielmi y Tatrow (1998) aportan a la evaluación del “Burnout” a
través de autoinformes al adolecer de un marco teórico unificado y firme, plantean
su investigación bajo un enfoque psico-social (más concretamente, centrado en la

341
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

teoría de autoeficacia de Bandura, 1997), seleccionando profesores muy cercanos


a los alumnos, y por tanto muy conocidos por éstos, y con registros tanto por parte
de los alumnos como de los profesores demuestran con estudiantes de formación
profesional que pueden ofrecer información válida y complementaria a la aportada
por los propios docentes sobre el estado de los profesores con respecto al síndrome
de “Burnout”, hecho que puede ser de gran ayuda a la hora de enfocar la
detección, prevención y/o intervención en la docencia. Los autores centran su
investigación en la conducta disruptiva de los alumnos basándose en diversas
investigaciones que muestran correlaciones significativas entre conducta del
alumnado, competencia del docente para hacer frente a estas conductas disruptivas
y “Burnout” de los profesores (Blase, 1982; Brouwers et al., 1999; Byrne, 1991)
poniendo de relieve a la par la importancia que tiene el medio ambiente para la
aparición de este síndrome. La literatura existente ofrece apoyo a este punto de
partida al presentar el alumnado puntos de vista sensibles sobre el clima de su aula
(Hofstein, Gluzman, Ben-Zvi y Samuel, 1980; Levine, Donitsa-Schmidt y
Zellermayer, 1996; Raviv, Raviv y Reisel, 1990); sobre la disciplina del centro
escolar (Haroun y O’Hanlon, 1997; Jules y Kutnick, 1997; Tatar, 1998); y sobre las
características que los profesores presentan como personas (Jules y Kutnick, 1997;
Tatar, 1998).

Evers et al. (2002) utilizan en su investigación tres instrumentos de registro:


 Una adaptación alemana de la versión original del MBI (Schaufeli y Van Horn,
1995) como registro del síndrome de “Burnout”. El instrumento se compone
de 20 ítems, 8 en Cansancio Emocional con una puntuación máxima de 48
puntos; 5 en Despersonalización con una puntuación máxima de 30; y 7 ítems
en Realización Personal con un máximo de 42 puntos. Los alumnos indican
su percepción en una escala tipo Likert de 7 grados desde “nunca” hasta
“siempre”. La escala resultante cumple con los tres factores estructurales de
la versión original de Maslach y Jackson (1981), con un alpha de Cronbach de
0.86 en Cansancio Emocional, y de 0.72 para Despersonalización y
Realización Personal.
 CDBS (Coping with Disruptive Behaviour Scale), adaptación de la escala de
autoeficacia para el manejo y disciplina de la clase (Self-efficacy Scale for
Classroom Management and discipline) de Emmer y Hickman (1991). El

342
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

instrumento valora la competencia del profesor para hacer frente a la


conducta disruptiva del aula.
 PDBS (escala de percepción de conducta disruptiva) compuesta de 5 ítems
resultado de una versión adaptada de la Subescala de orden y organización
del clima del aula de Moos y Trickett (1974) y que tiene como objetivo medir
la percepción que tiene el profesor de las de conductas disruptivas del aula.

Los resultados obtenidos muestran que las versiones obtenidas en los tres
instrumentos gozan de una confianza del 0.72 por lo que pueden ser empleados
como instrumentos válidos de la percepción que los alumnos obtienen del bienestar
de sus profesores. Para dotar de una mayor validez a los resultados obtenidos, los
autores controlan las variables que tradicionalmente pueden tener influencia en la
aparición del “Burnout”, tales como tipo de centro educativo, número de alumnos por
aula (Burke y Greenglass, 1989), nivel educativo (Haroun y O’Hanlon, 1997) dando
valores homogéneos a las mismas.

Los alumnos y profesores del estudio reflejan niveles bajos de Cansancio


Emocional en comparación con otros estudios basados en autoinformes (Byrne,
1991; Evers et al., 2002, 2004). Por otro lado, los alumnos reflejan
significativamente mayores niveles de Despersonalización y menores niveles de
Realización Personal en comparación con la percepción de los profesores respecto
de sí mismos, indicando que los alumnos predicen mayor proximidad de sus
profesores al “Burnout” en comparación con la autovisión de los profesores. Con
respecto a las predicciones de los alumnos en función de las edades de éstos no se
encuentran diferencias significativas. Tradicionalmente, en la literatura existente se
han venido encontrando diferencias entre los alumnos de 12 y 19 años con respecto
a la percepción de la disciplina escolar (Haroun y O’Hanlon, 1997). Haroun y
O’Hanlon (1997) observan que los alumnos de más edad presentan una medida más
equilibrada y ajustada sobre la valoración de “necesidad de disciplina escolar” y
“buena conducta de los alumnos”. No obstante, hay que señalar que las edades de
los alumnos del estudio de Evers et al. (2002) son bastante homogéneas por lo que
puede estar condicionando el resultado obtenido por los autores. En referencia a la
percepción de Cansancio Emocional y Despersonalización en relación al sexo de los
alumnos, se encuentran diferencias significativas al presentar los alumnos varones

343
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

mayor frecuencia de percepción en comparación las alumnas. Estos resultados


están de acuerdo con la conclusión obtenida por Burke et al. (1996), pero en este
caso la información es recogida por autoinformes de los docentes, lo que podría
indicar que los profesores varones presentan significativamente mayores
puntuaciones en estas dos dimensiones que las docentes femeninas. En cuanto a la
percepción de Realización Personal del profesorado no se observan diferencias
significativas en función del sexo de los alumnos. En consonancia con los resultados
obtenidos por Jules y Kutnick (1997) pero sin que los datos sean significativos, las
alumnas parecen ser más sensibles a percibir los problemas que se producen en la
clase, pudiendo estar debido según Evers et al. (2002) a una mayor expectativa de
éstas a tener una buena interacción social en el aula por lo que son más sensibles a
notar cambios en esta línea. Los resultados obtenidos demuestran que la
percepción de la conducta disruptiva en clase percibida por los alumnos está
significativamente relacionada con las escalas de Cansancio Emocional y
Despersonalización, pero no con Realización Personal. Los profesores se
autovaloran como suficientemente competentes para hacer frente a las conductas
disruptivas, afirmación abalada por la alta puntuación obtenida en Realización
Personal; este resultado está de acuerdo con Van Dierendonck et al. (2001),
revelando que la Realización Personal, significativamente relacionada con
competencia personal, es un factor decisivo en las estrategias de afrontamiento ante
situaciones de estrés laboral (Brouwers et al., 1999; Evers et al., 2002). Van
Dierendonck et al. (2001) observan que cuando el nivel de Realización Personal
disminuye, Cansancio Emocional y Despersonalización aumentan
significativamente. Los profesores de este estudio encuentran, frecuentemente,
conductas disruptivas en el aula, pero como consecuencia de la percepción que
tienen de sus estrategias de afrontamiento, puntúan relativamente bajo en
Despersonalización y Cansancio Emocional y relativamente alto en Realización
Personal.

Estas dos investigaciones: Tatar y Yahav (1999), y Evers et al. (2004)


novedosas por su enfoque, ponen de relieve la información que como diagnóstico
pueden ofrecer los propios alumnos, siendo un buen complemento de la información
proporcionada por los profesores en los cuestionarios para poder desarrollar un
enfoque preventivo y de intervención ante el síndrome de “Burnout”. Apoyando la

344
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

idea reflejada ya por Batten (1988), debemos abrazar la idea de que el alumnado
puede ayudar a clarificar y entender el complejo proceso de enseñanza-aprendizaje.

Dado que el proceso de enseñanza-aprendizaje no es unilateral, sino una


compleja interacción que incluye a alumnos y a profesores, no debemos descartar
el punto de vista de los segundos, siendo una fuente complementaria y como se ha
demostrado en estas investigaciones muy válida a la hora de medir el “Burnout”
docente.

4.2.4. MASLACH BURNOUT INVENTORY (MBI)


Desde el desarrollo del MBI en la década de los 80 (Maslach y Jackson, 1981)
son muchos los autores que coinciden en señalar la conceptualización del “Burnout”
de Maslach (Maslach, 1993; Maslach y Jackson, 1981, 1986; Maslach, et al., 1996)
al ser el modelo mayoritariamente aceptado (Bresó, Salanova, Schaufeli y
Nogareda, 2007; García, 1990; Guerrero, 2003a; Martínez, 2010; Salanova, 2006;
Schaufeli y Taris, 2005; Tejero, 2006; Tejero et al., 2010), y al MBI como el
instrumento más utilizado en la evaluación psicométrica del “Burnout” (Aluja et al.,
2005; García, 1990; Gil-Monte, 2002; Golembiewski et al. 1996; Marín, Grau y
Yubero, 2002; Maslach et al. 2001; Moreno-Jiménez, Rodríguez y Escobar, 2001;
Salanova y Llorens, 2008). Prueba de ello es la traducción del mismo a diferentes
idiomas, entre otros al alemán (Büssing y Perrar, 1992), francés (Dion y Tessier,
1994), español (Seisdedos, 1997), u holandés (Schaufeli y Van Dierendonck, 2000)
y es utilizado en países de América Latina, la Unión Europea (EU) y en los Estados
Unidos (USA).

Perlman y Hartman (1982) sostienen que la popularidad del MBI en su


medida del “Burnout” crece cada vez más.

Dado que el MBI es el instrumento que hemos empleado en nuestra


investigación, le dedicaremos una especial atención, por lo que su contenido es
comparativamente más extenso al de otros instrumentos y se destina un apartado

345
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

específico para el Instrumento, a modo de resumen se presenta una tabla con la


evolución del propio instrumento MBI (tabla 4.2.1).

Tabla 4.2.1. Evolución del MBI


Instrumento Dimensiones Muestra Año Autores
MBI-HSS Cansancio Emocional Profesiones 1981 Maslach y Jackson
(Human Services Despersonalización ayuda y
Survey) Realización Personal servicios
MBI-GS (General Cansancio Emocional Profesiones 1996 Schaufeli,
Survey) Cinismo no Maslach, Jackson
Realización Personal aistenciales y Leiter
MBI-ES (Educator Cansancio Emocional Docentes 1996 Maslach et al.
Survey) Despersonalización
Realización Personal
MBI-SS (Student Cansancio Emocional Estudiantes 2002 Schaufeli,
Survey) Cinismo universitarios Salanova,
Ineficacia González-Romá y
Bakker

VERSIÓN PARA PROFESIONALES DE LOS SERVICIOS HUMANOS. MBI


HUMAN SERVICES (MBI-HSS)
Maslach y Jackson (1981) elaboran esta versión tradicional del MBI dirigida a
profesiones asistenciales y convirtiéndose según recogen Schaufeli y Enzmann
(1998) en el instrumento más utilizado en los estudios empíricos sobre “Burnout” (en
más del 90%).

El MBI fue elaborado a partir de la conceptualización del “Burnout” de


Maslach y Jackson (1981), siendo una de las definiciones operativas más aceptadas
hoy en día del término (García, 1990) y que recoge el “Burnout” como un síndrome
psicológico que ocurre como respuesta al estrés crónico (específicamente
interpersonal) en el medio laboral. No obstante; y según señalan Gil-Monte y Peiró
(1999) el éxito de difusión del MBI puede radicar en el trabajo de Perlman y Hartman
(1982), quienes tras una revisión de más de 48 definiciones sobre el “Burnout”

346
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

concluyen que éste se puede definir como respuesta al estrés crónico de tres
componentes: agotamiento emocional y/o físico; baja productividad laboral; y una
excesiva despersonalización. Definición que resulta muy similar a la elaborada por
Maslach y Jackson (1981, 1986) como resultado de la factorización del MBI.

Según este modelo, el “Burnout” consiste en Agotamiento/Cansancio


Emocional, que lleva a una pérdida de motivación, que suele progresar hacia
sentimientos de inadecuación y fracaso y que se manifiesta por Agotamiento
Emocional, Despersonalización y dificultades en la Realización Personal. Las
dimensiones que lo conforman no fueron deducidas teóricamente antes de la
elaboración del instrumento, en su lugar, fueron denominadas así después de un
análisis factorial de un conjunto de 47 ítems, empleando una metodología inductiva,
más que deductiva.

Una de las primeras claves del síndrome es el aumento en el Cansancio


Emocional que vivencian los sujetos encontrándose emocionalmente exhaustos por
el trabajo (derivado de altas demandas laborales, cuantitativas y cualitativas). Este
Cansancio Emocional lleva a una Despersonalización, dimensión que recoge las
respuestas frías e impersonales, apareciendo actitudes negativas y cínicas hacia la
persona receptora del trabajo, llevando a quienes lo sufren a un endurecimiento y
deshumanización que puede llegar a que el profesional considere a la persona
merecedora o en parte culpable del problema que presente. El tercer aspecto que
recoge, la Realización Personal, implica una tendencia a una autovaloración
negativa, sintiéndose el profesional infeliz y descontento tanto consigo mismo como
con su desempeño profesional; así pues, esta dimensión recoge elementos que
describen sentimientos de competencia y éxito en el trabajo con las personas; en
contraste con las dos escalas anteriores, puntuaciones bajas son un alto indicador
del síndrome. Altas puntuaciones en las subescalas Cansancio Emocional y
Despersonalización y bajas en Realización Personal son reflejo de un alto grado de
“Burnout”. Un grado medio, es reflejo de puntuaciones medias en las tres
subescalas. Altas puntuaciones en la subescala Realización Personal y bajas en
Cansancio Emocional y Despersonalización son indicativas de un bajo grado de
“Burnout”.

347
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Así, el modelo se puede resumir de la siguiente manera (figura 4.2.2.)

+ Cansancio Emocional + Despersonalización - Realización Personal

Figura 4.2.2. MBI-HSS

En el MBI, Cansancio Emocional es considerado el punto central del síndrome


(Maslach et al., 2001; Shirom, 1989) ya que recoge sus principales manifestaciones,
sin que esto signifique que la otras dos dimensiones no sean necesarias (Shirom,
1989). En este modelo se considera la Despersonalización como un intento de
afrontar las dificultades y demandas de los clientes y los sentimientos resultantes de
Cansancio Emocional (Van Dierendonck et al., 2001). Con respecto a Realización
Personal, cabe destacar que Maslach y Jackson (1981) ya señalan que este factor
es independiente de los otros dos, pero que no puede ser entendido como la
oposición de ambos.

Por otra parte, se trata de un instrumento que ha sido repetidamente


empleado, habiendo demostrado niveles válidos de validez y fiabilidad aceptables en
todos los colectivos profesionales propensos a padecer el síndrome de “Burnout”
(Gil-Monte, 1991; Moreno-Jiménez et al., 1991), siendo traducido y adaptado en
población española, en diferentes ocasiones (Moreno-Jiménez et al., 1991) con
buenos resultados.

En el estudio de Calvete y Villa (2000) los diversos análisis factoriales


realizados sobre el MBI (Maslach y Jackson, 1981) confirman que al igual que en
estudios previos (Enzmann, Schaufeli y Girault, 1994; Gold, Roth, Wright, Michael y
Chen, 1992), la solución oblicua de tres dimensiones (Cansancio Emocional,
Despersonalización y Realización Personal) es la que mejor se ajusta a los datos.
Además, los indicadores de ajuste (GFI, AGFI) son muy similares a los obtenidos en
el citado estudio de Enzmann para la muestra francesa y alemana. Manassero et al.
(2000) con una muestra de 614 profesores de niveles no universitarios confirma
igualmente la solución trifactorial del MBI (Maslach y Jackson, 1981).

348
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Las autoras usaron incialmente 47 ítems en el desarrollo del MBI con una
muestra de 605 trabajadores del ámbito de la salud y los servicios. Siguiendo el
método PAF de análisis factorial consideraron 25 ítems distribuidos en cuatro
factores: Agotamiento Emocional (9 ítems), Despersonalización (5 ítems), Logro
Personal (8 ítems) y Compromiso (involvement with people; 3 ítems). Para su
validación se usó una muestra de 420 trabajadores de profesiones de ayuda siendo
suprimida la última escala de 3 ítems. En un primer momento los ítems se valoraron
en frecuencia sobre una escala tipo Likert de 7 puntos, e intensidad sobre una
escala de 9 puntos. Estos dos continuos estaban muy relacionados pero la conexión
no era perfecta entre el número de veces que se vivencia un sentimiento y el grado
con el que se vive. Por este y otros motivos se ha demostrado que es mejor valorar
únicamente la dimensión frecuencia en este instrumento de medida.
Consecuentemente, en la última versión original del MBI se evalúa únicamente esta
dimensión. Así, los 22 ítems resultantes del instrumento están organizados en tres
subescalas, derivadas de su factorización, y que evalúa cada uno de los tres
síntomas del”Burnout”: Cansancio Emocional (9 ítems), Despersonalización (5
ítems) y dificultades en la Realización Personal (8 ítems).

En la formulación original los autores emplean el término “recipient” para


referirse al receptor general de los ítems del cuestionario. Los ítems están
formulados en relación a sentimientos o actitudes personales siendo formulados
para medir aspectos hipotéticos del síndrome de “Burnout”.

Con respecto a las propiedades psicométricas del MBI, se encuentra una


consistencia interna satisfactoria en diferentes campos profesionales tanto a nivel
internacional como nacional como internacionales (Boles, Dean, Ricks, Short y
Wang, 2000; Corcoan, 1986; Corrigan et al., 1995; Cherniss, 1992; Dignam, Barrera
y West, 1986; Evans y Fisher, 1993; Gil-Monte y Peiró, 1999; Gold et al., 1992;
Lindquist y Whitehead, 1986; Schaufeli y Van Dierendonck, 1993; Seisdedos, 1997;
Söderfeldt, Söderfeldt, Warg y Ohlson, 1996). Maslach y Jackson (1981) recogen los
siguientes índices: .87 para Cansancio Emocional, .76 para Realización Personal y
.73 para Despersonalización. Posteriormente, Maslach y Jackson (1986) hallan
índices de .90, .71 y .79 respectivamente. Por lo que se refiere a la consistencia
interna para todos los ítems, Maslach y Jackson (1981) encuentran un índice de .76;

349
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

siendo de .80 en la versión de 1986. Morán (2005) con 300 trabajadores de centros
de atención a personas con discapacidad grave obtiene coeficientes de fiabilidad de
.81 para Cansancio Emocional, .77 para Realización Personal y .42 para
Despersonalización (la autora destaca que la fiabilidad de esta escala es baja pero
que el número bajo de elementos, 5, puede estar influyendo). Manso-Pinto (2006)
con una muestra de 155 asistentes sociales de Chile obtiene índices alfa de para las
subescalas Agotamiento Emocional, Despersonalización y Realización Personal de
.82, .80, y .85 respectivamente. Este autor observa que si bien la mayoría de los
ítems saturan en las subescalas que el manual del MBI-HSS propone, los ítems 14,
16 y 20 propios de la subescala Cansancio Emocional saturan impropiamente en
Despersonalización. Maslach et al. (1996) también observan esta peculiaridad en
algunos estudios llegando a sugerir su posible eliminación. Restrepo et al. (2006) en
la normalización del MBI a una muestra de 11067 profesionales de Medellín
(educadores, trabajadores sociales, médicos, enfermeros, psicólogos, psiquiatras,
abogados, etc.) obtienen índices alfa de Cronbach de .88 en Cansancioo Emocional,
.74 para Despersonalización y .72 en Realización Personal.

En cuanto a los resultados obtenidos con el método test-retest, Maslach y


Jackson (1986) encuentran coeficientes que varían entre .60 y .80 en periodos
cortos de hasta un mes. En estudios que recogen periodos de tiempo algo más
largos (de tres meses a un año) los coeficientes obtenidos oscilan entre -.33 a -.67
(Dignam et al., 1986; Wade et al. 1986). Schwab et al. (1986) obtienen en una
muestra de 248 profesores y dos medidas separadas entre sí por un año índices de
.60 para Cansancio Emocional, .54 para Despersonalización y .57 para Realización
Personal. Estudios posteriores han encontrado correlaciones de estabilidad entre
periodos de tiempo que oscilan de tres meses a un año de entre .50 y .82 (Leiter y
Schaufeli, 1996). En estos estudios la dimensión Cansancio Emocional aparece
como la más estable, mientras que Despersonalización se muestra la menos estable
(Schaufeli y Van Dierendonck, 1993). Serrano, Garcés de los Fayos e Hidalgo
(2008) obtienen con una muestra de 258 fisioterapeutas una consistencia interna
(coeficiente alfa de Cronbach) de .90 para la escala de Cansancio Emocional; .79
para Despersonalización y .71 para Realización Personal. Además se encontró una
fiabilidad test-retest (intervalo de 2 a 4 semanas) de .82 .60 y .80 respectivamente.
Para la versión española se encontró una relación positiva entre Cansancio

350
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Emocional y Despersonalización señalando que esta relación varía a través de


diferentes muestras de profesionales asistenciales, siendo de .61 en el ámbito
sanitario. Por otro lado, las relaciones entre Realización Personal y las otras dos
escalas son negativas. En la muestra obtenida de personal sanitario fue de -.18
Realización Persona y Cansancio Emocional y de -.16 la encontrada entre
Realización Personal y Despersonalización.

En cuanto a la validez convergente, y apoyándose en otros trabajos


anteriores, las autoras indican que las puntuaciones obtenidas en el MBI
correlacionan positivamente con:

-Las evaluaciones que sobre la conducta del trabajador hacen las personas que lo
onocen (Maslach, 1976; Maslach y Jackson, 1986; Maslach et al., 1996). Los
trabajadores evaluados por compañeros como cansados emocionalmente puntúan
alto en las escalas Cansancio Emocional y Despersonalización del MBI, al igual que
cuando han sido evaluados como cansados físicamente. Cuando los compañeros
evaluadores han observado quejas de los clientes con respecto al compañero
evaluado las puntuaciones obtenidas en la escala de Despersonalización han sido
elevadas. También se han llevado a cabo observaciones en el ámbito doméstico,
siendo las esposas de un grupo de policías las que ejercieron de observadoras
(Jackson y Maslach, 1982). La conducta de los policías con altas puntuaciones en
Cansancio Emocional eran descritas por sus esposas al llegar a casa como de
tensión, enfadados, ansiosos, cansados físicamente y con quejas sobre su trabajo.
Por el contrario, los policías con altas puntuaciones en Realización Personal fueron
observados por sus mujeres con sentimientos de felicidad, satisfechos por su
trabajo y con sentimientos de prestigio y recompensa para la familia.
-La presencia de ciertas características del trabajo que contribuyen a experimentar
burnout (Maslach, 1977; Maslcah y Jackson, 1986; Maslach et al., 1996).
-Las medidas de varias hipótesis de resultados planteadas en relación al
comportamiento del instrumento (Maslach, 1977; Maslach y Jackson, 1986; Maslach
et al., 1996).

La validez discriminante queda demostrada en tanto que las autoras


presentan evidencias de bajas correlaciones entre las escalas del MBI y otros

351
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

constructos como satisfacción laboral o incluso la deseabilidad social (Maslach y


Jackson, 1986), que fundamentan dicha validez. Arthur (1990) también plantea la
aceptable validez discriminante, aspecto que anteriormente Meier (1983) ya había
concluido en el sentido de que el inventario cumplía los criterios tanto de validez
convergente como discriminante.

Gil-Monte y Peiró (2000) señala resultados positivos en cuanto a validez


discriminante y convergente.

A pesar de su popularidad, la estructura interna del MBI ha sido en ocasiones


fuente de debate (Schaufeli y Van Dierendonck, 1993). Como consecuencia del
análisis factorial correspondiente al que se somete el MBI o como reflexión del
marco teórico del que se parte, hay autores que han llegado a obtener modelos
factoriales diferentes del tradicional propuesto por Maslach y Jackson (1981).
Teniendo en cuenta que este punto es que mayores divergencias presenta en la
literatura, mostramos a continuación las principales investigaciones que concluyen
modelos de uno, dos, tres o cuatro factores.

Dos factores
Entre los autores que proponen asumir una solución de dos factores destacan
Abu-Hilal y Salameh (1992), Brookings et al. (1985), Chan y Hui (1995), Digman,
Barrera y West (1986), Green et al. (1991), Holland, Michael y Kim (1994), Walkey y
Green (1992).

Brookings et al. (1985), Walkey y Green (1992) abogan por la existencia de


dos factores, estando el primero integrado por los ítems de Agotamiento Emocional y
Despersonalización, mientras que en el segundo lo está por los de Realización
Personal; de este modo la falta de independencia de los ítems del primer factor
representa el núcleo de esta concepción.

352
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Corcoran (1985) no pone en duda la escala de Despersonalización pero la


asume una escasa consistencia, por lo que en sus investigaciones emplea
únicamente las otras dos dimensiones.
Koeske y Koeske (1989) plantean la necesidad de reconceptualizar el
“Burnout”, ya que Agotamiento Emocional es la esencia o núcleo del síndrome,
mientras que Despersonalización y baja Realización Personal son variables
relacionadas. Wallace y Brinkerhoff (1991) destacan igualmente la necesidad de una
nueva conceptualización al señalar que Cansancio Emocional es la dimensión más
fiable cuestionándose la validez de la Despersonalización.

Moreno-Jiménez et al. (1991) aceptan que el MBI (Maslach y Jackson, 1981)


es el mejor instrumento para la valoración del síndrome, pero destacan que a la
escala Despersonalización le faltan ítems que aumenten su capacidad descriptiva.
Estos autores entienden que la escala Despersonalización puede decantar la
conceptualización del síndrome, en el sentido de hacerlo excluyente de otros
constructos, mientras que las otras dos escalas, Agotamiento Emocional y
Realización Personal, se pueden observar en otros síndromes. En 1990 estos
autores ya señalaban una insuficiencia estadística en la dimensión
Despersonalización. Burke y Richardsen (1991) obtienen estas mismas conclusiones
y se plantean ante la escasa consistencia interna de la escala Despersonalización, si
el MBI (Maslach y Jackson, 1981) es el instrumento adecuado.

García y Velandrino (1992), García, Castellón, Albadalejo y García (1993)


señalan al Cansancio Emocional como el único descriptor fiable y válido en el
síndrome en el que están de acuerdo la mayoría de los investigadores, y por tanto
se cuestionan las otras dos dimensiones. No obstante, García, Llor y Sáez (1994),
en una investigación posterior, aceptan dos dimensiones del MBI (Maslach y
Jackson, 1981) obteniendo que Cansancio Emocional y Realización Personal son
dos factores estables, mientras que Despersonalización no goza de la suficiente
coherencia estadística.

353
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tres factores
La mayoría de los análisis exploratorios muestran un modelo estructural de
tres factores en diferentes muestras ocupacionales y se presenta como la primera
línea teórico-empírica del MBI (Maslach y Jackson, 1981).

Entre los autores que defienden la tridimensionalidad del “Burnout”


encontramos a Abu-Hilal (1995); Abu-Hilal y Salameh (1992); Aluja (1997); Balogun,
Helgemoe, Pellegrini y Hoeberlein (1995); Beck y Gargiulo (1983); Belcastro y Hays
(1984); Burke et al. (1996); Byrne (1994); Cordes y Dougherty (1993); Deckard,
Meterko y Field (1994); Dion y Tessier (1994); Evans y Fisher (1993); Fimian,
Fastenau, Tashner y Cross (1989); Fimian y Blanton (1987); Firth, McKeown,
McIntee y Britton (1985); Friesen y Sarros (1989); Green y Walkey (1988); Gold
(1984), Gold et al. (1989); Golembiewski et al. (1983); Golembiewski, Boudreau,
Goto y Murai (1993); Gupchup, Lively, Holliday-Goodman, Siganga y Black (1994);
Guerrero (1998a); Hiscott y Connop (1990); Holland et al. (1994); Huberty y
Huebner (1988); Iwanicki y Schwab (1981); Kim y Ji (2009); Lahoz y Mason (1989);
Lee y Ashforth (1990); Leiter (1991); Leiter y Durup (1994); Manzano (1998);
Marqués et al. (2005); Maslach y Jackson (1984); Morasso, Mirandola, Piu y
Borreani (1992); Nye, Witt y Schroeder (1993); Ogus (1992); Paredes (2001); Poulin
y Walter (1993); Power y Gose (1986); Rafferty, Lemkau, Purdy y Rudisill (1986);
Revicki, May y Whitley (1991); Reilly (1994); Rosse et al. (1991); Salanova et al.
(2005); Schaufeli y Van Dierendonck (1993); Schwab et al. (1986); Viloria y Paredes
(2002); Viloria et al. (2003); Worley, Vassar, Wheeler y Barnes (2008).

Maslach y Jackson (1984) encuentran que la estructura factorial del MBI es


satisfactoria, destacando Agotamiento Emocional como la escala más consistente.
Greenglass et al. (1994) y Morasso et al. (1992) obtienen la misma conclusión.

Gold (1984) y Reilly (1994) ordenan la importancia de los factores de la


siguiente manera: Cansancio Emocional, Despersonalización y Realización Personal

Power y Gose (1986) confirman la estructura trifactorial pero señalan la


existencia de dos ítems que saturan en factores que teóricamente no les
corresponden.

354
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Deckard et al. (1994), Ogus (1992), Rosse et al. (1991) plantean la dimensión
Despersonalización como una estrategia de afrontamiento que la persona emplea
consecuencia del Cansancio Emocional, mediando en el resultado representado por
la baja Realización Personal.

Green y Walkey (1988) obtienen con una muestra neozelandesa un


desdoblamiento en el factor Cansancio Emocional; sin embargo, con la muestra
americana la estructura factorial, además de la fiabilidad y validez del MBI, es
adecuada.

Burke et al. (1996) confirman la estructura trifactorial y señalan al Cansancio


Emocional como la dimensión más predictiva del síndrome con una varianza del .78
sobre la total y confirmando su papel central de acuerdo con otros autores (Burke y
Greenglass, 1993, 1995a; Burke y Richardsen, 1991; Leiter, 1991, 1993).

Sarros (1988) admite las tres dimensiones pero señala la existencia de dos
tipos de “Burnout”; el primero caracterizado por Agotamiento Emocional y
Despersonalización, y el segundo configurado por Despersonalización y baja
Realización Personal.

Viloria et al. (2003) con una muestra de140 docentes de educación física de
Mérida (Venezuela) corrobora la estructura trifactorial del MBI aunque refiere que no
se mantiene la denominación teórica propuesta por Maslach et al. (1996) ya que
Cansancio Emocional estaría caracterizado por las altas saturaciones de los ítems 8,
16 y 20; 9, 12, 19 y 21 para Realización Personal; y 11 y 15 en Despersonalización.
Estos autores obtienen unos coeficientes alpha de Cronbach para valorar la
consistencia interna de 0.70 en el test completo; .79 para Cansancio Emocional; .31
en Despersonalización y .82 en Realización Personal, siendo este índice el único
superior a los referenciados por Maslach y Jackson (1981, 1986).

Marqués et al. (2005) con profesores portugueses apoya la estructura


trifactorial. Estos autores defienden la idea que el agotamiento emocional es una
respuesta al estrés laboral de los docentes, coincidiendo con otros investigadores

355
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

que defienden que de las tres dimensiones, el agotamiento emocional es la que más
refleja el prototipo de respuesta de estrés.

Reilly (1994), apoyan la estructura factorial del inventario y ordenan los


factores por orden de mayor a menor importancia de la siguiente manera:
Agotamiento Emocional, Despersonalización y Realización Personal. También para
Greenglass et al. (1994), Leiter (1989), Maslach y Jackson (1984), Morasso et al.
(1992) y Revicki et al. (1991) se confirma la escritura de tres factores del MBI,
destacando la escala Agotamiento Emocional como escala central del síndrome.

Manassero et al. (2000) en una investigación con docentes de niveles no


universitarios indica que la solución de tres factores es adecuada con cargas
buenas y moderadamente más altas que en otros estudios, lo que constituye para
los autores una validación transcultural del cuestionario original del MBI.

Salanova et al. (2005) defienden la estructura trifactorial del “Burnout” que


incluye tanto al Agotamiento Emocional como al cinismo y la Despersonalización en
el corazón del mismo.

Más de tres factores


Por lo general, si nos detenemos en cada uno de los estudios que avalan la
estructura de cuatro factores, se puede observar que se trata simplemente del
desdoblamiento de los tres factores originales.

Entre los autores que defienden un modelo de cuatro factores destacan Abu-
Hilal y Salameh (1992); Drake y Yadama (1995); Firth et al. (1985); Gil-Monte y
Peiró (1999); Gold (1984); Golembieski, Muzenrider y Carter (1983); Green y
Walkey (1988), Iwanicki y Schawb (1981); Mor y Laliberte (1984); Power y Gose
(1986); Sarros y Sarros (1992).

Power y Gose (1986) presentan una solución de cuatro factores que explican
el 55% de la varianza.

356
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Iwanicki y Schawb (1981) en muestra con docentes obtienen que la dimensión


Despersonalización se subdivide en dos factores, docentes y alumnos.

Firth et al. (1985) encuentran que la escala Agotamiento Emocional se divide


en dos factores: Frustración y Desaliento en el Trabajo, y Desgaste Emocional. La
escala Realización Personal queda compuesto de la misma manera, mientras que
los ítems de Despersonalización cargan en varios factores. En 1986, estos mismos
autores concretan los cinco factores que obtienen como consecuencia del análisis
factorial del MBI en los siguientes: Depresión Profesional; reducida Realización
Personal; Vaciamiento Emocional; Evitación de los Problemas, Decisiones y
Cambios; y Conciencia de Endurecimiento hacia los Otros.

Marqués et al. (2005) obtiene con una muestra portuguesa de profesores, 4


factores mediante el análisis factorial con rotación ortogonal en dos ejes, y
explicando el 50% de la varianza total. Los factores Agotamiento Emocional y
pérdida de Realización Personal coinciden con los originales del MBI (Maslach y
Jackson, 1981), sin embargo en Despersonalización se observa un desdoblamiento
del mismo en dos: Despersonalización relativo a la tarea y relativo a los alumnos;
no obstante y dadas las moderadas puntuaciones en la consistencia interna de estos
dos últimos factores los autores optan por considerarlo uno sólo.

En otros casos se han extraído cinco factores (Densten, 2001).

Blostein, Eldridge, Kilty y Richardson (1985) obtienen seis factores


coincidentes, según los autores, con las características más sólidas del síndrome:
Alienación (coincidente con la concepción tradicional del “Burnout”), Sentimientos
Acerca de los Clientes, de Sobreestimulación, de Agobio, Problemas Físicos y
Carencia de Intimidad. Otros autores que estiman oportuno la factorización del
modelo en seis factores son Pedrabissi, Santinello y Vialetto (1994).

Y en algunos otros estudios se han llegado a extraer hasta siete factores


(García et al., 1994). Olmedo (1993) con una muestra de personal sanitario obtiene
siete factores que explican el 58.1% de la varianza total, tomando una saturación
mayor de .45 para incluir los ítems en los factores. García et al. (1994) con muestra

357
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

de personal hospitalario obtiene igualmente siete factores que explican el 61% de la


varianza total, pero tomando una saturación mayor de .40.

Gil-Monte y Peiró (1999) con una muestra multiocupacional obtienen un


modelo de cuatro factores, donde el porcentaje de varianza explicado por los
mismos es del 48.90%. El primer factor estima Agotamiento Emocional, el segundo
Despersonalización, ambos de manera muy similar a las subescalas del manual del
MBI (Maslach y Jackson, 1981); el tercer factor tiene un componente de
competencia profesional autopercibida (entender con facilidad lo que piensan otros,
enfrentarse muy bien con los problemas que presentan las personas hacia las que
se trabaja, tener facilidad para crear una atmósfera relajada entre las personas a las
que se atiende o tratar de forma adecuada sus problemas emocionales; el cuarto
factor incorpora el componente de sentido existencial (Influir positivamente en la vida
de otros mediante el trabajo, encontrarse animado después de trabajar para las
personas y haber realizado muchas cosas que merecen la pena en el trabajo. Sin
embargo, estos autores consideran que el tercer y cuarto factor pueden ser
considerados como dos componentes de una misma dimensión, que se denominaría
Realización Personal en el Trabajo, de esta forma los tres factores se considerarían
muy similares a los ofrecidos por Maslach y Jackson (1981) en el manual del MBI
de 1986.

A pesar de los diversos instrumentos disponibles para la evaluación del


síndrome de “Burnout”, el MBI parece ser el más aceptado, y, sin lugar a dudas, el
que se ha utilizado con mayor frecuencia en las investigaciones realizadas. Este
cuestionario, además, tiene la ventaja de que su estructura interna, en cuanto a
composición factorial se refiere, se ajusta al modelo multidimensional de “Burnout”,
comúnmente aceptado por la mayoría de los investigadores

Gil-Monte y Peiró (2000) presentan criterios normativos de referencia para el


diagnóstico del síndrome de quemarse por el trabajo en España, con resultados que
muestran que los valores de la media difieren significativamente de los obtenidos por
otros países (EEUU y Holanda), pero resultando similares a los valores de referencia
ofrecidos por el manual de la versión española, excepto para la dimensión de
Despersonalización donde los niveles son mayores en la muestra normativa del

358
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

manual español de Seisdedos (1997). Manassero et al. (2000) en una muestra con
614 docentes no universitarios de Baleares confirma la estructura teórica de tres
factores, lo que constituye una validación transcultural del MBI.

El aspecto nuclear del síndrome de “Burnout” parece radicar en el Cansancio


Emocional. Cuando las personas que han experimentado este síndrome describen
sus experiencias, siempre aluden al sentimiento de Cansancio Emocional (Maslach
et al., 2001); sin embargo esta alta identificación no significa que este aspecto del
síndrome sea suficiente por sí mismo para explicarlo, siendo necesarios los otros
dos componentes. Maslach et al. (1996) recogen que los factores que refieren al
Cansancio Emocional son muy similares a los que la literatura recoge sobre el
estrés; sin embargo, limitar el concepto del “Burnout” únicamente a este componente
es definir una simple experiencia de estrés y nada más, por lo que no abarcaría el
propio síndrome, ya que dejaría de lado el aspecto de la reducida Realización
Personal, dimensión relacionada con la autoevaluación, y la Despersonalización que
captaría la dimensión de las relaciones interpersonales. En el “Burnout” se hace
necesario aportar el aspecto crítico de la relación personal de los profesionales que
lo sufren en el medio laboral. En las profesiones de los servicios humanos, las
demandas emocionales del trabajo pueden llegar a agotar la capacidad del
profesional para implicarse en su tarea. La Despersonalización sería la estrategia
para poner distancia entre el profesional y los clientes ignorando de esta manera que
es lo que realmente está ocurriendo en el trabajador. Así, las demandas son mucho
más fáciles al considerar de una manera más impersonal a los clientes. Este
distanciamiento es considerado por igual desde una doble vertiente, como una
respuesta a la reacción de Cansancio Emocional, y como una relación muy intensa
entre Cansancio y Despersonalización.

Con respecto a Realización Personal, cabe destacar que su relación con las
otras dos dimensiones del “Burnout” es algo más complicada de secuenciar. Puede
aparecer como consecuencia del grado de Agotamiento Emocional, o del cinismo, o
como combinación de ambos (Byrne, 1994 y Lee y Ashforth, 1996): Por otro lado es
muy difícil sentirse realizado en el trabajo cuando te sientes agotado
emocionalmente o cuando tu tarea profesional se ha vuelto indiferente en tu

359
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

desempeño. Sin embargo, en otros contextos laborales, la ineficacia aparece en el


desarrollo en paralelo a los otros dos componentes del síndrome (Leiter, 1993).

En el MBI se valoran los diferentes grados de “Burnout” en función de las


puntuaciones directas obtenidas en cada escala (tabla 4.2.2.).

Tabla 4.2.2. Niveles de “Burnout” según las puntuaciones directas obtenidas en cada

escala

Cansancio Despersonalización Realización


Emocional Personal
Nivel alto 27 ó más 14 ó más 0-30
Nivel moderado 17-26 9-13 31-36
Nivel bajo Menos de 16 Menos de 8 37 ó más

VERSIÓN PARA PROFESIONALES EN EL ÁMBITO DOCENTE. MBI EDUCATOR


SURVEY (MBI-ES)
Maslach et al. (1996) observan que en Estados Unidos la docencia es una de
las profesiones con más solera, sometida en los últimos tiempos a una incipiente
presión social para intervenir sobre los problemas sociales existentes tales como
consumo de drogas, alcohol, etc. y donde el aumento de los estudios confirman el
incremento del abandono de la profesión, al mismo tiempo que disminuía la elección
de ésta como alternativa o elección profesional. Al mismo tiempo, cada vez eran
más numerosos los estudio que del “Burnout” se realizan sobre la docencia por lo
que, y aunque el original MBI fue diseñado para medir el “Burnout” en cualquier
profesión de servicios, consideran necesario la elaboración de un MBI adaptado a
este campo profesional en concreto.

Maslach et al. (1986) elaboran en la segunda edición de su manual un


cuestionario específico para medir “Burnout” en el ámbito docente y que difiere del
MBI-HSS en que la palabra “cliente” se sustituye por “estudiante” para clarificar la
interpretación de los ítems por parte de los profesionales de la docencia.

360
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

El MBI-ES mide las tres mismas dimensiones que el MBI original, aunque
incluye además una serie de cuestiones sociodemográficas específicas para los
profesores.

Para Maslach et al. (1986) el aspecto inicial del “Burnout” en la docencia (al
igual que otras profesiones) parte de un fuerte Cansancio Emocional. Cuando este
sentimiento se hace crónico, los docentes encuentran que no se pueden dar a sus
alumnos como a ellos les gustaría. Si durante periodos prolongados de tiempo no
obtienen sentimientos positivos de sus alumnos empiezan a experimentar el
segundo componente del “Burnout”, la Despersonalización. Así, comienzan a tener
actitudes negativas hacia el alumnado, mostrando actitudes de distanciamiento,
frialdad, etc. El tercer componente, la baja Realización Personal, es un aspecto
crucial en la vida de un docente, ya que muchos hacen su elección vocacional en
base a poder ayudar a sus estudiantes en un crecimiento y desarrollo personal y
académico. Si la situación se prolonga y la Realización Personal se deteriora el
docente comenzará a poner en la balanza otro tipo de recompensas como un mayor
sueldo, etc. que le desviará de su motivación principal.

Maslach y Jackson (1986) elaboran el Educators Survey, creando un nuevo


instrumento de 22 ítems que aluden a sentimientos y percepciones emocionales
relativas al profesorado. Utilizan una escala tipo Likert de 7 puntos desde 0 (nunca)
a 6 (a diario). La resolución factorial es la misma que para el MBI. La fiabilidad varía
desde .89 a .90 para Cansancio Emocional, de .64 a .83 para Despersonalización, y
de .69 a .76 para Realización Personal.

Iwanicki y Schawb (1981) con 469 profesores de Massachusettes, y Gold


(1984) con 462 docentes de California avalan la estructura trifactorial del MBI-ES. En
cuanto a la validez de esta versión de la escala obtienen un alpha de Cronbach de
.90 (frecuencia) y .89 (intensidad) en Cansancio Emocional; .76 (frecuencia) y .75
(intensidad) en Despersonalización; y .76 (frecuencia) y .79 (intensidad) en
Realización Personal; mientras que Gold (1984) obtiene un alpha de .88, .74 y .72
para cada una de las escala del MBI respectivamente. El modelo obtenido por
Ferrando y Pérez (1996) con una muestra de 1474 docentes de Barcelona obtiene

361
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

índices de fiabilidad de .61 a .88. Manassero et al. (2000) obtienen índices de


fiabilidad y varianza de .88 y .45 para Cansancio Emocional; .83 y .36 en Realización
Personal, y .58 y .26 para Despersonalización [Link] et al. (2005)
con una muestra alemana de 967 profesores de centros de primaria y secundaria
realizando dos medidas separadas entre sí por un periodo de un año obtienen
índices alfa para la muestra de docentes de las tres escalas de .92 para Cansancio
Emocional en la primera medida y .93 en la segunda; .73 en la primera toma de
Despersonalización y .75 en la segunda; y .86 y .87 para Realización Personal
respectivamente. Arcenillas (2003) obtiene en una muestra de docentes de primaria
de Leganés que el factor Cansancio Emocional es el que mayor porcentaje de
varianza explica (39,02%), seguido de Realización Personal y Despersonalización;
los niveles de consistencia interna son respectivamente de .86, .81 y .64; a su vez
se establecen correlaciones positivas y significativas entre Cansancio Emocional y
Despersonalización y negativas de éstas respecto de Realización Personal; respecto
a las correlaciones obtenidas entre las tres dimensiones del MBI a nivel .01
(bilateral) se obtienen las siguientes: .416 entre Despersonalización y Cansancio
Emocional, -.285 entre Cansancio Emocional y Realización Personal, y -.280 entre
Despersonalización y Realización Personal. Aluja (1997) había encontrado
correlaciones con coeficientes de .10 entre Cansancio Emocional y
Despersonalización, .08 entre Cansancio Emocional y Realización Personal y -.36
entre Despersonalización y Realización Personal. Ponce et al. (2005) obtienen
coeficientes de consistencia interna de .85 para Cansancio Emocional, .66 en
Despersonalización y .78 en Realización Personal con una muestra de 274 docentes
de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima.

A continuación se presentan las tablas 4.2.3 y 4.2.4 que resumen los


principales índices obtenidos en consistencia interna y correlaciones entre las tres
dimensiones del MBI.

Según los estudios de Maslach y Jackson (1981) la medida de cada una de


las tres escalas muestra puntuaciones más altas que las obtenidas en otras
profesiones (enfermería, policía, trabajadores sociales, etc.) siendo la diferencia
mayor en Despersonalización (tabla 4.2.5.).

362
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Una de las críticas realizadas sobre esta forma del MBI es que este
cuestionario no recoge factores antecedentes y consecuentes del síndrome
(Moreno-Jiménez y Oliver, 1993).

Tabla 4.2.3. Resumen de coeficientes de fiabilidad como consistencia interna (alpha)

MBI-HSS MBI-ES

Cansancio Emocional (CE) Maslach y Jackson (1981). 87 Arcenillas (2003) .86


Maslach et al. (1986) .90 Iwanicki y Schawb (1981) .90
Morán (2005) .81 (frecuencia) y .89 (intensidad)
Manso-Pinto (2006).82 Gold (1984).88
Restrepo et al. (2006) .88 Manassero et al. (2000) .88
Serrano et al. (2008) .90 Maslach et al. (1986).89 a .90
Jackson et al. (1986) 60 Ponce et al. (2005) .85
Taris et al. (2005) .92 y .93

Realización Personal (RP) Maslach y Jackson (1981) .76 Arcenillas (2003) .81
Maslach et al. (1986) .71 Iwanicki y Schawb (1981) .76
Morán (2005) .77 (frecuencia) y .79 (intensidad)
Manso-Pinto (2006) .85 Gold (1984).74
Restrepo et al. (2006) .72 Manassero et al. (2000) .83
Serrano et al. (2008) .71 Maslach et al. (1986).69 a .76
Jackson et al. (1986) .57 Ponce et al. (2005) .78
Taris et al. (2005) 86 y .87

Despersonalización (DP) Maslach y Jackson (1981) .73 Arcenillas (2003) .64


Maslach et al. (1986).79 Iwanicki y Schawb (1981) .76
Morán (2005) .42 (frecuencia) y .75 (intensidad)
Manso-Pinto (2006) .80 Gold (1984).72
Restrepo et al. (2006) .74 Manassero et al. (2000) .58
Serrano et al. (2008) .79 Maslach et al. (1986).64 a .83
Jackson et al. (1986) .50 Ponce et al. (2005) .66
Taris et al. (2005) .73 y .75

Tabla 4.2.4. Resumen de resultados de las correlaciones

Cansancio Emocional (CE) Realización Personal (RP)


Realización Personal (RP) Aluja (1997).08
Arcenillas (2003) -.285
Manassero et al. (2000) -.45
Despersonalización (DP) Aluja (1997).10 Aluja (1997)-.36
Arcenillas (2003) .416 Arcenillas (2003) -.280
Manassero et al. (2000) .66 Manassero et al. (2000) -.40

363
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 4.2.5. Comparación de medidas del MBI en diferentes profesiones

Profesores Otras profesiones (enfermeros, policía,


salud, etc.)
Cansancio Emocional 21,25 20,99
Despersonalización 11,00 8,73
Realización Personal 33,54 34,58

VERSIÓN PARA PROFESIONALES NO ASISTENCIALES. MBI GENERAL


SURVEY (MBI-GS)
Maslach et al. (1996) elaboran esta versión para profesiones no
asistenciales.

Una vez publicado el MBI diversos autores intentan su aplicación a


poblaciones de profesionales no dedicados a labores asistenciales, obteniendo
resultados muy ambiguos y confusos (Gil-Monte y Peiró, 1997), en concreto con el
factor Despersonalización del MBI. La tendencia que más se observa con la
aplicación a muestras laborales no asistenciales es el solapamiento entre el factor
Cansancio Emocional y Despersonalización aunándose en un solo factor (Leiter,
Clark y Durup, 1994).

Así en 1986, en el manual de la segunda edición del MBI, se sugiere la


conveniencia del desarrollo de una nueva forma destinada a profesionales no
dedicados a labores asistenciales, planteando los autores una reelaboración teórica
del constructo y una reelaboración operacional del propio instrumento.

En la tercera edición del MBI (Maslach, et al., 1996) aparece de forma


explícita la reelaboración teórica y operacional del “Burnout” aplicado a profesiones
no asistenciales, redefiniendo el “Burnout” como una crisis en la relación de la
persona con su trabajo, sin que signifique necesariamente una crisis en las
relaciones con las personas con las que se trabaja. Así pues, mientras en el MBI-
HSS los empleados se queman debido al trabajo diario con personas, en el MBI-GS
la causa procede de demandas del trabajo en general (Llorens et al., 2005).

364
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Como consecuencia de esta redefinición los autores proponen el MBI-GS, un


instrumento de evaluación de las actitudes de los sujetos ante el propio trabajo,
yendo desde la implicación o compromiso (respuestas positivas) hasta el propio
síndrome de “Burnout”. Las actitudes positivas son resultado de un estado de
energía donde el profesional se centra adecuadamente y con alto grado de
confianza en su eficacia respecto a la tarea. El otro extremo, el “Burnout” es
considerado un estado de cansancio donde el profesional es cínico respecto al valor
de su ocupación laboral dudando de su propia capacidad para ejecutar las tareas.

El MBI-GS consta de 16 ítems (tras reducir los 24 originales) repartidos entre


tres escalas:
- Agotamiento: se define de forma más genérica que en el MBI-HSS, aludiendo a
la fatiga, ya que incluye referencias a la fatiga física y emocional sin hacer
referencia a las personas que pueden ocasionar estos sentimientos. Los 5 ítems
de esta escala están tomados del MBI-HSS, modificados algunos y otros sin
modificar.
- Cinismo: esta escala es la que mayor diferencia presenta con respecto al MBI-
HSS original remplazando la escala de Despersonalización, refleja una actitud
de indiferencia, devaluación y distanciamiento ante el propio trabajo y la
significación que se le otorga sin centrarse en las personas a las que se dirige
éste. Es una actitud defensiva ante demandas del trabajo que pueden ser
agotadoras. Los 5 ítems de esta escala aluden al trabajo en sí mismo y no a la
relación personal en el trabajo. Pero al igual que en la escala
Despersonalización del MBI-HSS se considera que evalúan el intento de los
individuos de distanciarse del trabajo como estrategia de afrontamiento frente a
las exigencias agotadoras de éste, siendo el cinismo una estrategia disfuncional
al reducir la energía del individuo para hacer un buen trabajo y desarrollar
soluciones creativas a los problemas laborales (Gil-Monte, 2002).
- Eficacia Profesional: esta tercera escala de 6 ítems es muy similar a la de
Realización Personal del MBI-HSS pero pone el énfasis en las expectativas de
éxito profesional siguiendo el modelo de Bandura (1977). Evalúa de forma
explícita las esperanzas o expectativas del profesional para lograr una eficacia

365
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

continuada en su profesión y recoge aspectos sociales y no sociales de sus


logros.

Así, podemos ver que la estructura de estas escalas y el perfil del “Burnout”
son muy similares al del MBI original. El “Burnout” queda definido por una alta
puntuación en Cansancio Emocional y Cinismo, y baja puntuación en Eficacia
Profesional. Green et al. (1991) señalan que hay estudios empíricos que indican
que Cansancio Emocional y Cinismo constituyen el núcleo del síndrome.

En paralelo al rol de Despersonalización en el MBI, la escala del Cinismo


representa una estrategia disfuncional de afrontamiento. Los trabajadores
desarrollan una indiferencia y cinismo hacia sus trabajos de forma que ponen
distancia a sus agotadoras demandas. Esta estrategia se considera disfuncional
pues al alejarse del problema reduce la energía para actuar creando soluciones
alternativas a los problemas presentes.

Schaufeli, Leiter y Kalimo (1995) confirman esta estructura factorial con


diferentes muestras.

Leiter y Schaufeli (1996) obtienen coeficientes de estabilidad pasado un año


de la primera aplicación del MBI-GS con una muestra alemana de .65 para
Agotamiento, .60 para Cinismo y .67 para Eficacia Profesional.

Maslach et al. (1996) consideran que tras los resultados obtenidos sobre la
validez del instrumento, éste mide un concepto de “Burnout” consistente con el
“Burnout” del MBI original, así como con las consideraciones teóricas que desde la
literatura se recogen sobre este constructo.

Para Bakker, Demerouti y Schaufeli (2002) la escala Cansancio Emocional es


claramente resultado de las demandas laborales, mientras que cinismo y eficacia
profesional se deben fundamentalmente a una pérdida de recursos laborales
(incluyendo autonomía y/o apoyo social). Estos autores llevando a cabo un estudio
con 2919 empleados alemanes de 8 profesiones diferentes (entre las que se
incluyen ingenieros, directivos, técnicos y profesionales de los servicios humanos)

366
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

sugieren que las tres escalas del MBI-GS constituyen tres dimensiones
independientes del “Burnout”, independientemente de los aspectos vocacionales.

Moreno-Jiménez et al. (2001) se propusieron adaptar al castellano el MBI-GS


comprobando además sus características psicométricas aplicando esta versión
castellana a una muestra de 114 administrativos. Los análisis factoriales y de
consistencia indican que los datos encontrados se corresponden con bastante
exactitud al modelo teórico del manual del Inventario.

Gil-Monte (2002) en un estudio realizado en 1999 con 149 policías


municipales de Tenerife reproduce las tres escalas del MBI-GS considerando válido
y confiable la adaptación del cuestionario al castellano.

Bresó, Salanova, Schaufeli (2007) señalan con una población española de


1963 trabajadores de diferentes profesiones una consistencia interna de .70.

Para muestras de Canadá, Holanda y Finlandia, Schaufeli et al. (1995); Leiter


y Schaufeli (1996) encuentran que la propuesta de tres factores está perfectamente
adaptada a sus muestras (los últimos señalan además que el fenómeno y proceso
de “Burnout” adopta formas muy similares tanto en profesionales relacionadas con
los servicios humanos como las que no. Schutte et al. (2000) confirman el modelo
tridimensional con empleados de Finlandia, Suiza y Países Bajos. Salanova et al.
(2000) confirman también la estructura.

VERSIÓN PARA ESTUDIANTES. MBI STUDENT SURVEY (MBI-SS)


En diversos estudios se ha empezado a poner de manifiesto que los estudiantes
también pueden llegar a “quemarse” por sus estudios, con consecuencias como la
depresión, malestar psicosocial e incluso el abandono de sus estudios. La
publicación del MBI-SS (Maslach Burnout Inventory Student Survey) por Schaufeli et
al. (2002) ha hecho posible medir el “Burnout”' fuera del ámbito ocupacional al definir
sus dimensiones en referencia al estudio. A través de la investigación empírica se ha
podido demostrar que los estudiantes también pueden sufrir el síndrome por sus

367
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

estudios, demostrando niveles de agotamiento, cinismo e ineficacia respecto a sus


actividades académicas.

368
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

5. ASPECTOS CLAVES PARA LA INTERVENCIÓN

5.1. FASES EN EL PROCESO DE DESARROLLO DEL SÍNDROME


DE “BURNOUT”DOCENTE

La literatura sobre el tema nos demuestra que el síndrome de “Burnout” no


aparece de una manera espontánea, súbita e imprevista, sino que los síntomas que
caracterizan este síndrome surgen de forma paulatina y progresiva a lo largo del
tiempo, con un incremento progresivo cada vez mayor en su afectación.

Para algunos autores (Gold, 1984) no es posible determinar con exactitud ni


el origen, ni la secuencia, ni los correlatos de las diferentes fases implicadas en el
desarrollo del síndrome. Sin embargo, se pueden sugerir algunas etapas, que a
modo orientativo, han sido propuestas por diversos autores.

5.1.1. KLARREICH (1999)


Para Klarreich (1999) el “Burnout” es un proceso de progresivo deterioro
emocional descrito en cuatro fases, cuyo orden no tiene por qué ser el mismo para
todas las personas:

1. En una primera fase de ilusiones, el sujeto se encuentra preparado


psicológica y físicamente para afrontar con éxito el mundo, transformarlo,
triunfar. Todos sus pensamientos los dirige a esta empresa. Esta fase puede
coincidir con el inicio del trabajo.
2. En una segunda fase de desilusión, surgen las exageradas demandas y
expectativas. El sujeto sigue manteniendo la idea de trabajar duro pero se
siente confuso, desorientado e impaciente, así surge la irritación y la
inseguridad.
3. En la tercera fase de frustración, la alta irritabilidad provoca que culpe a los
demás de su falta de éxito, pierde el entusiasmo, se vuelve más escéptico,
cínico y duro desatendiendo las responsabilidades de su cargo laboral.

369
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

4. En la cuarta y última fase de desesperación, el sujeto se da cuenta de su


situación real, con un gran sentimiento de fracaso, aislamiento y apatía.

5.1.2. EDELWICH y BRODSKY (1980)


Proponen un modelo progresivo, considerado como un proceso de pérdida de
ilusión por parte del trabajador hacia su actividad laboral y destinado a profesiones
de ayuda que recoge las siguientes cuatro fases:

1. En una primera etapa de idealismo y entusiasmo el trabajador tiene una serie


de expectativas, generalmente irreales, acerca de los objetivos que puede
alcanzar en su trabajo. Se suele dar en los primeros seis meses de trabajo
en el ámbito de los servicios humanos.
2. La segunda etapa supone un estancamiento o paralización al constatar la
irrealidad de las expectativas, así como la pérdida del idealismo y entusiasmo
iniciales.
3. La tercera etapa, de frustración y apatía, es el núcleo central del síndrome
según la concepción de los autores.
4. La cuarta y última fase está caracterizada por un sentimiento de vacío, apatía
que se puede manifestar en un distanciamiento emocional. Es un efecto
sumativo de las fases anteriores que da lugar a un daño emocional.

Los autores argumentan que la progresión del modelo no es lineal sino cíclica,
de modo que un sujeto puede completar el ciclo en distintas épocas y en el mismo o
en diferentes puestos de trabajo.

5.1.3. BLASE (1982)


Para Blase (1982) el proceso es cíclico y degenerativo, y como consecuencia
final aparece la figura del “profesor quemado” denominándose “ciclo de ineficaz
(degenerativo) rendimiento”. En el apartado 13.2.2. se puede profundizar en el
estudio de su propuesta.

370
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

5.1.4. MODELO DE PRICE y MURPHY (1984)


Price y Murphy (1984) establecen un modelo basado en cuatro fases y donde
el sentimiento de culpa es una variable clave para entender el deterioro psicológico:

1. Desorientación: el trabajador se siente extraño ante su nueva situación


laboral, mide sus capacidades y recursos en contraposición con las
demandas, percibe que “no llega” y se siente desorientado.
2. Inestabilidad emocional: se producen cambios afectivos influenciados por el
grado de apoyo emocional y la actitud de distanciamiento hacia los demás.
3. Sentimiento de culpa derivado de la baja autoconsideración profesional.
4. Tristeza y soledad. Una vez llegados a esta cuarta fase el proceso puede
perpetuarse o superarse. Si se logra superar se observan las fases quinta y
sexta:
5. Solicitud de ayuda.
6. Equilibrio.

5.1.5. MODELO DE BRONSBERG y VESTLUND (1997)


El modelo que elaboran los autores es similar al de Edelwich y Brodsky
(1980), distinguiendo cinco fases:

- Fase inicial o de entusiasmo: El trabajador se siente muy motivado y se identifica


con la trabajo. Así, prolonga la jornada laboral e incorporar nuevos.
- Fase de estancamiento: período de duda, surgiendo preguntas acerca de si
merece la pena el esfuerzo invertido. Las expectativas no se ven tan claras y
aparecen sentimientos de abatimiento. Si el trabajador afronta la situación con
éxito y supera esta fase llega a encontrar un nuevo episodio de entusiasmo. Si
no la supera pasamos a las siguientes fases.
- Fase de frustración: la ilusión, motivación y expectativas de la primera fase
desaparecen y surge un sentimiento de negatividad hacia el trabajo,
acompañado de la creencia de que la vida profesional no tiene sentido.

371
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Fase de la hiperactividad y apatía: el trabajador reacciona abarcando más trabajo


del que es razonable para intentar superar su situación. Al no poder abarcar el
objetivo propuesto, se acelera, acabando en una fase de apatía y desesperanza.
- Quemado: el trabajador se colapsa física, emocional y cognitivamente. Como
vías de escape puede intentar entre otras, abandonar el trabajo o pedir un
traslado, dominado por un sentimiento de frustración y malestar.

5.1.6. QUEVEDO-AGUADO, DELGADO, FUENTES, SALGADO, SÁNCHEZ,


SÁNCHEZ Y YELA (1999)
1. En una primera etapa, las demandas laborales exceden los recursos materiales y
humanos, provocando una situación de estrés laboral. Por ejemplo aspectos de
críticas y evaluación del alumnado, intromisiones exigentes de los padres,
modificaciones de improvisto y con altas implicaciones en el calendario o
programaciones académicas, requerimiento del docente para actividades de
carácter extra académico, o actividades incompatibles con el ideal del rol docente
(Burke y Greenglass, 1989). Esta sobrecarga transcurre paralelamente con un
sentimiento de inseguridad, ineficacia y baja autoestima personal/ profesional,
apareciendo la percepción de incompetencia en el docente.

2. Posterior a la aparición de estos síntomas encontramos una segunda etapa,


caracterizada por los excesos o sobreesfuerzos (hipercompetencia) del docente
por intentar sobrecompensar los pensamientos de incompetencia de los
momentos iniciales. De este modo duplica su trabajo, atención, planificación, etc.
hasta que aparecen una serie de síntomas emocionales secundarios como
ansiedad, fatiga, irritabilidad cansancio, etc. que repercuten, sin duda alguna, en
su ámbito laboral. Puede aparecer una reducción de la responsabilidad laboral,
idealismo y altruismo de enseñar o una actitud distante con respecto a los
contenidos a impartir (Cherniss, 1980, 1982). Este compendio de síntomas
configuran el rasgo del Cansancio Emocional, o defensa activa ante el desajuste
y la pérdida de eficacia y control sobre la situación.

3. En un último momento, entrando en la tercera y última etapa, se desarrollan


comportamientos de Despersonalización y enfrentamientos autodefensivos. Se

372
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

produce un cambio de actitudes y conductas para defenderse pasivamente el


docente contrarrestando las tensiones que ha experimentado en las fases
anteriores. El distanciamiento emocional, el deseo de huida, el cinismo y la
rigidez (Gold, Roth, Wright y Michael, 1991) son las actitudes más
características, representando el máximo exponente de la Despersonalización.

Como vemos, se produce un conjunto de condiciones en las que el esfuerzo y


la competencia del docente son insuficientes para alcanzar las que se supone son
sus metas laborales con respecto a la acción educativa. Este conjunto de
condiciones produce ciertas tensiones, estrés, derivando en sentimientos negativos,
de insatisfacción y decremento de la motivación por el trabajo del docente. Estas
consecuencias negativas, aumentan, a su vez, la posibilidad de una posterior
actividad ineficaz, fracasada, que llevaría a agravar aún más la tensión y el
sentimiento de inutilidad.

5.1.7. KRISTENSEN, BORRITZ, VILLADSEN Y CHRISTENSEN (2005).


Kristensen et al. (2005) señalan que aunque el grado o nivel de “Burnout” es
relativamente estable a lo largo del tiempo, algunas personas sufren cambios a
mejor, de aquí que se considere que el “Burnout” no tiene por qué ser un proceso
negativo que va de mal a peor.

373
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

5.2. ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN

Aunque en nuestra tesis no se desarrollan estrategias propias de intervención,


creemos adecuado dedicar un apartado a las mismas debido a las consecuencias
personales, familiares, sociales y laborales que produce el “Burnout”. Su prevención
e intervención merecen ser tenidas en cuenta, tanto por su necesidad cuando los
docentes ya presentan el síndrome como por las posibilidades de prevención.

Siguiendo a Schaufeli y Enzmann (1998) cabe indicar que detrás de toda


estrategia de intervención existe un propósito específico, diferenciando los autores
entre cinco: identificación, prevención primaria, secundaria, tratamiento y
rehabilitación. No obstante, en el ámbito que nos ocupa, el síndrome de “Burnout”,
parece más indicado hablar de reintegración laboral y no tanto de rehabilitación (Gil-
Monte, 2007), siendo más correcto al considerar el proceso de intervención dirigido a
facilitar el retorno al trabajo de los empleados cuyas funciones y habilidades previas
están presentes, bien por no haber sido dañadas, bien por haber sido restauradas.

Entre los autores que centran su atención en la prevención como aspecto


fundamental en la intervención del “Burnout“destacan entre otros Maslach (1982),
Maslach y Leiter (1999), Byrne (1999), Vandenberghe y Huberman (1999).

Kelchtermans y Strittmatter (1999), señalan la prevención como principal vía


de intervención y recogen la necesidad de una actuación de base por parte de la
administración pública, que centre sus objetivos en el reconocimiento público de la
labor docente, la vuelta a una imagen positiva del profesor, el balance entre las
políticas educativas y la realidad, y la autonomía de los centros.

Durán et al. (2001a) enfatizan la importancia de la prevención, la


responsabilidad de la administración educativa y la deficitaria formación académica
del docente.

Para Moriana y Herruzo (2003) el trabajo en prevención afecta a decisiones


políticas y económicas existiendo un posicionamiento poco realista de la
administración respecto a la situación actual de la educación. En su opinión, no se

374
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

da respuesta a las demandas para el incremento de los medios materiales y


humanos actuales, existiendo bajo reconocimiento de la profesión y con
consecuencias negativas de estos déficits.

Sin embargo, en palabras de Polaino-Lorente (1982) los resultados de las


investigaciones centradas en la intervención son “imprecisos, ambiguos y
contradictorios”

No obstante, los estudios que se centran en estrategias de afrontamiento, ya


sea a nivel individual o grupal han proliferado en los últimos años. A pesar de esto la
mayoría de especialistas reconocen las limitaciones de estos trabajos y su eficacia
reducida al reducirse las actuaciones a un contexto en el que ya se ha producido el
problema y no a su raíz (Kelchtermans y Strittmatter, 1999; Kyriacou, 2003;
Vandenberghe y Huberman, 1999) limitando la faceta preventiva de la intervención.
Newman y Beehr (1979) señalan incluso el poco rigor científico y metodológico de
algunas de estas intervenciones.

Guerrero y Rubio (2005) señalaban la inexistencis de medidas paliativas ni


terapéuticas efectivas para hacer frente al estrés y al “Burnout” de los profesionales
asistenciales y, en particular, de los que se dedican a la enseñanza. Los profesores
con el síndrome no rinden adecuadamente y su presencia empeora la calidad de la
enseñanza.

Paine (1982) señala los siguientes pasos a seguir dentro del proceso de
intervención del “Burnout”:
- Identificar el síndrome, su prevalencia y efecto en los diferentes niveles de
intervención.
- Prevenir, informar y preparar para su afrontamiento.
- Mediar: reducir o invertir el proceso que lo ha desarrollado.
- Restablecer: aplicar un tratamiento.

De igual modo, este autor plantea la necesidad de establecer el nivel en el


que se desarrolla la intervención, aconsejando que la intervención no se restrinja a

375
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

un único nivel, sino que considere todos los que afectan a la persona de manera
directa o indirecta; intentando lograr un ajuste persona-ambiente, bajando los niveles
del síndrome y previniéndolos para un futuro:

- Individual: integra el fortalecimiento de la persona para el afrontamiento al estrés


laboral.

- Interpersonal: se relaciona con la formación en habilidades sociales y desarrollo


del apoyo social en el contexto laboral.

- Organizacional: cambios generales en la estructura y procedimientos de la


institución, la política, etc.

- Lugar de Trabajo: alude a la modificación del entorno laboral inmediato con el fin
de reducir o eliminar los estresores

Álvarez y Fernández (1991) clasifican en dos categorías los distintos estudios


revisados en su trabajo sobre la prevención y el tratamiento del “Burnout”: la
prevención primaria, que engloba aquellos estudios que aportan propuestas sobre
aspectos que han demostrado experimentalmente ser relevantes para prevenir el
síndrome; y la secundaria, que engloba estudios que comparan técnicas de
intervención. Otros autores (Cherniss, 1990; Burke et al., 1996; y Guerrero, 2003a)
han concluido que la forma más eficaz de enfocar la prevención y el tratamiento del
burnout se orienta hacia la intervención tanto a nivel individual o personal como
social y organizacional.

Carruth (1997) en su investigación con directores de California, apunta como


posibles estrategias a tener en cuenta para intervenir en la prevención y reducción
del “Burnout”, las siguientes indicaciones:
- Exponer y asimilar en el centro las bases de relación de poder que tienen los
directores dentro de su organización para que repercuta de forma positiva sobre
el incremento en la confianza en su poder personal.
- Entre las funciones de los directores debe figurar la de familiarizarse y adquirir
conocimiento sobre “Burnout”.

376
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Desde la sanidad pública figuran como objetivos de intervención el logro de


una calidad de vida, prevención y cuidado, de tal forma que se optimice la calidad de
vida mediante la implantación de programas que promuevan la salud y la prevención
de procesos degenerativos. Desde la Psicología de la Educación y las Ciencias de la
Educación se debe igualmente trabajar en la consecución de este fin. La
intervención en y desde las instituciones educativas es un derecho y deber para
prevenir e intervenir en las consecuencias que pueden llegar a derivarse del
desgaste psíquico de esta profesión.

En el “Burnout” la intervención es más fácil cuando nos encontramos en las


primeras fases. Siguiendo a Maslach y Leiter (1999), el docente se puede percatar
del síndrome en fases muy avanzadas pero no siempre se dará cuenta en las fases
iniciales, pues los cambios que note en su humor, en su actitud ante el trabajo o los
demás, las atribuirá a otras causas pero no al “Burnout”. Los compañeros de trabajo
(e incluso los propios alumnos) juegan en estas fases iniciales un papel muy
importante pues son el mejor sistema de alarma precoz.

A este respecto, Wood y McCarthy (2002) señalan que es mejor identificar y


eliminar las raíces del Cansancio del profesor antes de que el síndrome se
desarrolle a la par que nos recuerdan la tradicional clasificación de los tres niveles
de prevención existente: prevención Primaria (reducir la incidencia de los nuevos
casos); Secundaria (tratamiento de los síntomas antes de que se conviertan en un
desorden); y Terciaria (intervención para prevenir la recaída a las personas que
recientemente han sufrido el desorden).

Respecto a la prevención primaria Wood y McCarthy (2002) señalan que las


prácticas de organización que previenen el agotamiento de profesor son
generalmente aquellas que permiten control de los profesores sobre sus desafíos
diarios. A nivel individual, la autoeficacia y la capacidad de mantener la perspectiva
respecto de los acontecimientos diarios se describen como "parachoques de
ansiedad" (Greenberg, 1999). A nivel institucional Kyriacou (2001), ofrece las
siguientes pautas para los centros educativos:

377
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Consultar a los docentes los asuntos que afectan directamente a su labor


docente como el desarrollo del plan de estudios o la planificación de aula.
- Proporcionar recursos e instalaciones adecuados y apoyar a los profesores en la
práctica de la instrucción.
- Proporcionar descripciones de objetivos claros y reconducir la ambigüedad y
conflicto de rol.
- Establecer y mantener líneas abiertas de comunicación entre profesores y
administradores para proporcionar el apoyo administrativo y la regeneración de
funcionamiento que puedan actuar como parachoques contra la tensión.
- Tener en cuenta y fomentar actividades de desarrollo profesionales como
mentoring e interconexiones, que favorezcan el sentido del logro.

En cuanto a la prevención secundaria señalan que los síntomas de tensión


docente pueden tomar muchas formas (Brown y Ralph, 1998). Siguiendo las
conclusiones de trabajos anteriores (Troman y Woods, 2001) los autores señalan
los siguientes síntomas alarma de tensión y agotamiento docente:
- Dificultad de concentración.
- Sentimiento de sobrecarga laboral.
- Deterioro en las relaciones con los compañeros.
- Sentimiento general de irritación hacia lo escolar.
- Experimentando insomnio, desórdenes digestivos, dolores de cabeza, y
palpitaciones de corazón.
- Incapacidad e inhabilidad para funcionar profesionalmente en casos severos.

A partir de una recopilación de trabajos, proponemos a continuación


sugerencias y estrategias útiles para intervenir y manejar el afrontamiento del
“Burnout” enfocadas bajo una triple perspectiva: individual, social e institucional,
siendo necesario intervenir desde las tres, tanto a nivel preventivo como bajo
intervención específica si se considera necesaria (Figura 13.1.). Cabe destacar que
las estrategias recogidas no son en ningún momento excluyentes, sino que deben
ser consideradas como complementarias en función de las necesidades de cada
individuo, organización y sociedad.

378
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

5.2.1. MANEJO CENTRADO EN EL INDIVIDUO


El conjunto de estrategias individuales son acciones que las propias
personas, docentes, pueden llegar a poner en práctica para intentar desde su mano
intervenir y prevenir el síndrome. Este tipo de estrategias constituyen el nivel de
actuación más habitual dentro del “Burnout”, hecho criticado por Maslach (2003) al
indicar que estas intervenciones sólo mitigan los efectos del Agotamiento Emocional
siendo muy difícil que actúen sobre las otras dos dimensiones del síndrome, así
como mostrar sus reticencias sobre la capacidad del individuo para controlar todos
los estresores laborales. Nosotros consideramos que tanto las estrategias basadas
en la intervención sobre el individuo como las centradas sobre la organización son
necesarias, complementarias y no excluyentes, y que cada una actúa e interviene
sobre una parte específica de la complejidad del síndrome. Así, las individuales
ofrecen resultados a corto plazo mientras que las organizacionales las ofrecen a
medio-largo plazo.

MEJORAR LA CALIDAD Y NO TANTO LA CANTIDAD DEL TRABAJO


Maslach y Leiter (1999) presenta una serie de estrategias para lograr este
objetivo:

- Establecer objetivos realistas: en la profesión docente, como en la mayoría de las


dedicadas al campo humanitario, es frecuente la presencia de ideales utópicos,
situaciones imposibles de solucionar con la acción individual del profesional. De
ahí que fijarse objetivos específicos, factibles en función de nuestras
capacidades y limitaciones sea más beneficiosos para evitar el fracaso en
nuestro medio laboral. Manassero, Vázquez, Ferrer, Fornés y Fernández
(1999b) destaca la necesidad de desarrollar un sentido de realismo sobre el
trabajo del docente que permita proponer metas reales y encajar mejor los
fracasos relativos que siempre se dan en la enseñanza. De igual manera
muchos profesores se identifican con la imagen idílica de profesores como
ayuda, salvador, donde la relación interpersonal juega un papel muy importante,
sin embargo, esta imagen tiene poco que ver con la realidad cotidiana (Bayer,
1984; Martínez, 1984), ajustar este imagen es muy importante.

379
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Realizar los mismos actos pero de manera diferente, huyendo de la rutina al


proporcionar sentido de autonomía y libertad personal.
- Hacer-pensar: ante una situación delicada es aconsejable pararse un momento a
reflexionar y pensar antes de dar una respuesta inadecuada. Conviene hacer
pequeños descansos evitando las prolongaciones en las largas jornadas.
- Distanciarse de las cosas: cuando la implicación es muy acentuada la
probabilidad de sufrir “Burnout” aumenta, por lo que se recomienda tomar cierta
distancia y evitar sacar del trabajo los problemas.

CUIDAR DE UNO MISMO Y DE LOS DEMÁS


A veces por muy buenas intenciones que tengamos con respecto a nuestros
compañeros, si no somos capaces de cuidarnos a nosotros mismos no estaremos
en condiciones de ayudar a los demás. Algunas estrategias que se recogen en la
literatura pueden ser:

- Acentuar los aspectos positivos: es frecuente centrarse en los aspectos


negativos de las interrelaciones, de tal forma que los aspectos positivos pasan a
un segundo plano sin prestarlos atención. Esta situación se acentúa cuando los
usuarios de nuestros servicios; es decir, una gran parte de la comunidad
educativa, no agradecen la atención prestada. El profesional necesita refuerzos
positivos.
- Establecer límites y fronteras: Maslach y Leiter (1999) aluden al término
“decomprensión” para significar la importancia de realizar una desconexión con el
medio laboral de forma progresiva al salir del trabajo.
- Favorecer situaciones en las que se desarrollen experiencias de logro: las
propias experiencias, la estructura, el contenido y los patrones de conducta
seguidos en el pasado para abordar situaciones tanto ante resultados
satisfactorios como fracasos son una de las fuentes más importantes para
generar juicios de capacidad individual, grupal o colectiva. De ahí, la importancia
de analizar el tipo de atribuciones causales que las personas realizan; cuando
una persona con juicio elevado de autoeficacia se enfrenta a un resultado
positivo lo achaca a su capacidad (atribución interna y estable), pero si tiene baja

380
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

autoeficacia lo hará atribuyéndolo a la suerte (externa a inestable). Por el


contrario, frente a un fracaso, la persona con juicio elevado lo centrará en su
esfuerzo (interna estable) pero con baja lo atribuirá a falta de capacidad (interna
estable). Por esta razón, uno de los focos en lo que centrarse en la prevención
del “Burnout” son los procesos de atribución ante un feedback de ejecución,
proporcionando experiencias de logro.
- Incrementar los recursos personales de resistencia: planteado dentro de un
contexto emocional, los recursos de las personas juegan un papel muy
importante al otorgar importancia a las habilidades positivas personales
relacionadas con el “engagement”. Garros (2002) considera que los recursos
personales de resistencia delimitan un conjunto de variables importantes para
conocer y predecir las fuentes de resistencia al desgaste profesional. Educar y
fomentar estos procesos implica trabajar la personalidad resistente fomentando
una actitud ante la vida que implica el compromiso, control y reto; de igual
manera, se ha de fomentar el optimismo, la autoestima y la competencia
emocional.
- Entrenamiento en habilidades interpersonales y de negociación. Entre todas las
habilidades que un buen profesional de los servicios humanos debería tener,
Maslach (1982) destaca la asertividad.
- Coger vacaciones o días de descansos tras un esfuerzo prolongado,
independientemente de los resultados obtenidos. Evidentemente esta acción no
es posible en el mundo de la docencia donde el calendario escolar es fijo e
inamovible, pero podemos reconvertirlo en una disminución del ritmo laboral o de
nuestras propias exigencias.
- Mantener la vida privada, o al menos intentar equilibrar el trabajo y la vida
privada: consecuencia de las anteriores. Los amigos y/o las parejas son una
importante vía de descarga de las tensiones. Tener actividades, hobbies que nos
ayuden a encontrar otros alicientes en la vida a parte del trabajo es fundamental.
Cherniss (1995) realizó un seguimiento durante doce años a 26 profesionales
con inicio de “Burnout” viendo que los que mejor recuperación mostraban tenían
el mejor balance entre trabajo y vida privada.
- Cambio de trabajo: es un último recurso para las personas que sufren altos
niveles de “Burnout”. Hay que tener en cuenta que si se cambia de trabajo por

381
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

este motivo debe ser un “auténtico” cambio, planteándonos que en ocasiones


hay errores en las elecciones profesionales. Cherniss (1995) indica que este
cambio ha de ser significativo en términos de impacto, reto intelectual y
crecimiento personal.
- Tratar específicamente los trastornos psiquiátricos si aparecen y visitar al
especialista cuando el problema empieza a tomar cuerpo. Farber (1990) propone
tres tipos de perfil de “Burnout” que debido a sus características difrenciadoras
requerirán una tratamiento diferente: rendido (la persona esencialmente se agota,
su modo de actuar se vuelve superficial, confrontando con mucho estrés y poca
gratificación), clásico o frenético (el trabajo individual crece fuertemente hasta el
punto de dejar exhausto al trabajador, que busca gratificación para igualar el
alcance del estrés experimentado) y contradesafío (el trabajador no sufre alto
grado de estrés, pero su trabajo se caracteriza por una elevada monotonía y baja
estimulación, no ofreciendo suficientes recompensas laborales al empleado). El
autor señala que la tipología no es importante en sí misma, sino que se debe
focalizar la atención en las consecuencias que se derivan de cara a la
intervención y recoge como principios fundamentales los siguientes:
 Los terapeutas deben abordar el “Burnout” como si fuera un hecho
individual y único de cada persona.
 La intervención debe ser integral.
 Los tratamientos (cognitivo-conductual, psicodinámico, etc.) deben ser
combinados según las necesidades de cada individuo, en función de la
tipología a la que se ajusten.
 El terapeuta debe desarrollar una buena habilidad de empatía.

- Belloch y Baños (1993) demuestran que existe una fuerte relación entre
determinados hábitos comunes (comer y hacer ejercicio regularmente, controlar
el peso, beber con moderación, etc.) y el mantenimiento de la salud a largo
plazo. Aunque la relación causa-efecto aún no está demostrada, existen
implicaciones que apoyan esta vía, por lo que adoptar y promocionar estilos de
vida saludables es un punto positivo.
- Trabajar desde la Inteligencia Emocional: Manassero et al. (1999b) resalta la
conveniencia de un control y conocimiento sobre las propias emociones que

382
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

ayuden a la reflexión y mejor adecuación en nuestras estrategias de actuación.


Tomando como referencia a Galindo (2006) el riesgo emocional depende del
grado de conocimiento que tengamos de nosotros mismos. Por lo tanto cuanto
más me conozca menor riesgo emocional correrá el docente. Dado que el
“Burnout” tiene un componente emocional muy importante puede ser de gran
ayuda en su prevención. Farber (1991) destaca la importancia de la
“preocupación despegada” (detached concern) concepto que recoge el desarrollo
de una actitud por la cual se crea un punto medio de implicación del profesor con
su excesivo celo profesional evitando que llegue al agotamiento y frustración que
conducen a adoptar actitudes de frialdad, distanciamiento o cinismo,
característicos de la dimensión de Despersonalización del “Burnout”. La
preocupación despegada es un estado por el cual el docente está en disposición
completa e implicado profesionalmente con sus alumnos, pero emocionalmente
desapegado de su progreso y de sus problemas.
- Informarse y formarse a través de diferentes publicaciones. El objetivo se
centraría en mejorar el conocimiento sobre el síndrome o síntomas que pueden
ser similares. A medida que crece el conocimiento sobre el “Burnout” aumentan
los materiales centrados en los aspectos específicos del síndrome. Sin embrago,
tal y como señalan Schaufeli et al. (1998) existe el riesgo de que el lector
identifique los síntomas expuestos como parte de una realidad que puede no
padecer, por lo que además de hacer referencia a los síntomas los autores
consideran necesario incluir en estas publicaciones aspectos positivos, como
recursos y estrategias de afrontamiento.
- Howard y Johnson (2004) basándose en las conclusiones de su estudio
cualitativo realizado en escuelas de zonas deprimidas de Australia considera que
despersonalizar los incidentes estresores es buena estrategia de prevención y
recoge que debería incluirse en la formación de los docentes.
- Aprender a organizar su tiempo, a concentrarse en sus tareas sin dejarse distraer
por reuniones o llamadas, y sobre todo, a comunicar su sobrecarga, saber decir
“no puedo”. Todas estas indicaciones entrarían dentro de la técnica manejo
eficaz del tiempo.

383
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

USO DE TÉCNICAS
Bajo el nombre de técnicas paliativas se agrupan aquellas que se centran en
reducir la experiencia emocional de estrés causado por diversos factores sobre los
que se actúa (Kyriacou, 1987, 2003).

En ocasiones puede resultar difícil o imposible modificar ciertas condiciones


ambientales que pueden ser causa o factor de mantenimiento del síndrome. En
estos casos, se puede enfocar al docente al manejo de la situación entrenando
ciertas habilidades y estrategias. A continuación se recogen las más utilizadas en
este campo.

 Técnicas de relajación física y mental: están orientadas a reducir la activación


fisiológica y el malestar emocional y físico provocado por las fuentes de estrés
laboral. Las técnicas de control de la activación entre las que se encuentran la
técnica de Jacobson (1929), entrenamiento autógeno (Schultz, 1932),
respiración, meditación, yoga y/o relajación (Travers y Cooper, 1997). etc.
presentan la ventaja de que una vez consolidado su entrenamiento se tiene la
posibilidad de utilizarlas en cualquier medio, ya sea laboral, familiar o social. No
obstante, cabe indicar que cuanto más nivel de “Burnout” sufra un sujeto su nivel
de activación de base será mayor por lo que le podría costar más su aprendizaje,
necesitando un mayor apoyo inicial externo. En cuanto a las técnicas de control
de respiración, Labrador (1996) explica que las situaciones estresantes provocan
respiración rápida y superficial, lo que implica un aumento de la tensión general
del organismo. Estas técnicas consisten en facilitar al individuo el aprendizaje de
una forma apropiada de respirar para que en situaciones de estrés pueda
controlar su respiración de forma automática lo que le permitirá una adecuada
oxigenación del organismo.
 Biofeedback: información sobre el estado biológico del propio sujeto para ayudar
a modificar y controlar de forma voluntaria las funciones corporales: ritmo
cardíaco, tensión muscular, presión sanguínea, etc. Sus beneficios incluyen entre
otros, disminución de la ansiedad, hipertensión, cefaleas, etc. Nicholls (1975, en
Moriana y Herruzo, 2003), con profesores en periodo de formación, utiliza el
biofeedback para monitorizar la medida de ansiedad, obteniendo una reducción
significativa de ésta.

384
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

 Uso de autorregistros y autovaloraciones: conocer la magnitud del “Burnout”, de


qué depende, bajo qué circunstancias se mantiene y desarrolla es fundamental
para la persona que lo sufre. El uso de los diferentes cuestionarios que hay en el
mercado (si bien el MBI es el único que ofrece un punto de corte que permite
establecer el nivel de “Burnout”) nos ayuda en esta tarea. Por otro lado, el
registro de la propia conducta mediante “diarios de estrés” permite identificar las
situaciones a las que se asocian en mayor medida los síntomas, pensamientos,
sentimientos y formas de afrontar las diferentes situaciones. Este método,
además de permitir una mayor autoconocimiento de la persona pueden servir de
gran ayuda para establecer el método de intervención desde una terapia
individual.
 Mantenimiento de buenas condiciones físicas mediante hábitos saludables,
prácticas de ejercicio. Un ejercicio moderado de entre 5- 30 minutos realizado de
forma regular ayuda a disminuir los niveles de ansiedad, característica asociada
muy frecuentemente al “Burnout”. Travers y Cooper (1997) recomiendan hacer
ejercicio físico, yoga, relajación y viajes. Fernández-Castro et al. (1994) señalan
que cuanto mayor es el nivel de “Burnout” del docente peores hábitos de salud
suelen presentar.
 Programas para adquirir destrezas de afrontamiento: en la literatura encontramos
dos bloques principales de estrategias, las instrumentales y las de carácter
paliativo.

En un primer bloque se presentan las estrategias instrumentales (tienen como


objetivo adquirir destrezas para la resolución de problemas, enseñar a los sujetos
a que vuelvan a evaluar y reestructurar las situaciones que les producen estrés o
que son problemáticas). Entre estas técnicas destacan la identificación de
distorsiones cognitivas, detección de pensamientos, entrenamiento en
reatribución cognitiva, reestructuración cognitiva (Calvete y Villa, 1997; Friedman,
2000), inoculación al estrés (Calvete y Villa, 1997; Sharp y Forman, 1985),
autoinstrucciones (Payne y Manning, 1990; Calvete y Villa, 1997), entrenamiento
en autoverbalizaciones y autoeficacia (Evers, Gerrichhauzen y Tomic, 2000),
autorreforzamiento y evitación (Friedman, 1999), utilización de contingencias
adecuadas, análisis de tareas, reforzamientos progresivos y control de problemas
en clase (Valero, 1997), desensibilización sistemática (Giblin, 1972; Esteve,

385
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

1999), entrenamiento en solución de problemas (D´Zurilla y Goldfried, 1971),


autocontrol, terapia racional emotiva (TRE; Ellis, 1962) counseling,
asesoramiento técnico (Kyriacou, 2003; Ortiz, 1995), toma de decisiones,
entrenamiento en asertividad (Lange y Jakubowski, 1976), manejo eficaz de
tiempo (Reiner y Hartshorne, 1982), programas basados en la retirada de
atención, de refuerzos, timeout, control de contingencias (Polaino-Lorente, 1982),
prácticas de simulación con técnicas de aprendizaje de destrezas sociales para
formación de profesores de secundaria (Esteve, 1997), técnicas de resistencia y
habilidades de afrontamiento (Bernshausen y Cunningham, 2001), habilidades
relacionales y comunicacionales (Ortiz, 1995), u orientaciones psicodinámicas
(aunque son poco conocidas y utilizadas, Andrianopoulos (2001) nos indica el
uso de la psicoeducación y asesoramiento).

A continuación se detallan las técnicas de este bloque que más atención tienen
en la literatura revisada:

- Programas de intervención para generar juicios de autoeficacia percibida. Son


varios los programas que se han podido recoger en la bibliografía consultada.
Latham y Saari (1979) desarrollaron su programa de formación para generar
juicios de autoeficacia basándose en el seguimiento de tres fases. En un primer
momento se hace uso del modelado para mostrar a los supervisores o jefes las
habilidades interpersonales necesarias para cubrir su puesto laboral de manera
eficaz; es necesario entrenamiento en liderazgo ya que se intenta influir en la
moral y eficacia del equipo de trabajo para mejorar la productividad, de ahí que
se seleccionen aquellas competencias técnicas asociadas al puesto laboral en
las que los supervisores puedan influir a través de sus habilidades
interpersonales, una vez seleccionadas se presentan en un video con un modelo
enfrentándose y resolviendo la situación, utilizando diferentes estrategias para
favorcer la motivación de los trabajadores. En un segundo momento se
presentan escenarios de conducta reales donde los supervisores puedan discutir
los métodos de trabajo más eficaces mediante el uso del rol-playing para poder
obtener un feedback que les permita mejorar sus habilidades. Por último, y con el
objetivo de transferir las habilidades aprendidas al ámbito laboral los
supervisores reciben indicaciones para usar las habilidades aprendidas durante

386
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

una semana, tiempo tras el cual se convoca una nueva reunión para revisar las
dificultades y los éxitos.

Bandura (1986), desde el concepto de autoeficacia, nos indica cuatro fuentes


(la propia experiencia, observación, persuasión e interpretación de estados
fisiológicos) desde las cuales se pueden generar juicios de capacidad en los
programas de formación, siendo necesario combinar tres elementos en estos
programas:
 Fomentar habilidades básicas necesarias para el puesto de trabajo
estableciendo reglas y estrategias de funcionamiento a través de un
programa de formación por modelado instructivo.
 Uso de prácticas de simulación para que se puedan generar los juicios de
capacidad. Estas prácticas deben ser cercanas a la realidad laboral
donde el empleado pueda desarrollar mayor confianza en sus
capacidades.
 Presentar situaciones de trabajo cotidiano donde se puedan poner en
práctica y transferir las habilidades ya generadas, favoreciendo la
percepción de logro y dominio de las competencias.

Gist, Bavetta y Stevens (1990) desarrollan un programa de formación a través


del modelado guiado de habilidades de negociación. Siguiendo un modelo
semejante al presentado anteriormente por Latham y Saari (1979) estos autores
sugieren que en la última fase hay que incitar a los empleados a anticipar
aquellas situaciones que son potencialmente estresantes, pensar en la manera
de superarlos, evaluar la eficacia de las estrategias y utilizar refuerzos internos
para mantener el esfuerzo.

Gil-Monte y Moreno-Jiménez (2007) realizan una adaptación del programa de


Latham y Saari (1979) consistente en seguir los mismos tres pasos pero
operativizando cada uno y señalando cómo deben realizarse en cada una de las
tres fases. En la tabla 5.2.1. se recoge la temporalización que los autores indican
como adecuada en el desarrollo de este programa.

387
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Tabla 5.2.1. Temporalización del programa de formación para prevenir el “Burnout” en los

docentes de Gil-Monte y Moreno-Jiménez (2007)

Estrategias Fuentes de autoeficacia


Fase 1. Modelado instructivo
A. Elaborar un listado de: - Interpretación de los estados fisiológicos
- Competencias técnicas asociadas al puesto de desencadenados ante situaciones
trabajo. estresantes.
- Situaciones percibidas como amenazantes. - Conocimiento de las experiencias vividas
como estresantes en el pasado.
B. Dividir las competencias técnicas en Las experiencias propias y vicarias en el
subtareas. desempeño de la profesión.
C. Presentación de un modelo afrontando dichas - Observación o modelado vicario. “Si él
situaciones utilizando diferentes estrategias y puede, yo también”.
resolviendo las situaciones con éxito. - Persuasión del modelo a través de sus
mensajes o verbalización de estrategias.
Fase 2. Desarrollo de experiencias previas en un simulador y/o a través de role-playing
A. Presentar escenarios de conducta reales A través de experimentar el logro en situaciones
para discutir los métodos de trabajo que parecidas a las laborales, experiencias de
resultarán útiles para resolverlos. resolución de problemas y desarrollo de
B. Role-playing habilidades.
Fase 3. Transferencia de habilidades al contexto real
[Link] situaciones para usar las Genalización de juicios de autoeficacia a vida real
habilidades aprendidas durante una semana. utilizando las cuatro fuentes.
[Link]ón de dificultades y logros.
[Link] estrategias para afrontar problemas
futuros.

Bandura (2000) señala que aunque cada vez son más los programas que
usan el modelado guiado, hay programas que fracasan al no desarrollar la
tercera fase de generalización de juicios de autoeficacia a la vida real y la
anticipación de estrategias que les permitan afrontar malos resultados.

- Entrenamiento en solución de problemas: el uso de estrategias centradas en el


problema previene el desarrollo del síndrome (Gil-Monte, 2007). Estas
estrategias tiene como objetivo que la persona prenda a resolver las situaciones

388
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

problemáticas de manera eficaz actuando de forma directa sobre el estresor y


facilitando la elicitación de soluciones. La técnica conlleva una serie de pasos
que implican identificar y analizar el problema, establecer objetivos, elaborar
soluciones, analizar sus consecuencias, elegir la solución, ponerla en práctica,
evaluar resultados y proponer mejoras (Gil-Monte y Peiró, 1997).

- Valoración cognitiva o toma de perspectiva (Matteson e Ivancevich, 1987): el


objetivo consiste en enseñar al sujeto a valorar los estresores desde una
perspectiva más realista, estimulándole a hacerse preguntas que le lleven a
poner en duda sus procesos habituales de evaluar acontecimientos y haciéndole
consciente de los aspectos más positivos asociados a situaciones negativas.

- Terapia racional-emotiva (TRE): Ellis (1962) plantea básicamente un


planteamiento basado en una secuencia que expone que las consecuencias
emocionales y conductuales que aparecen ante un suceso activador están
directamente relacionadas con las creencias del sujeto sobre ese acontecimiento
más que con el propio acontecimiento como tal. Estas cogniciones que se
derivan muestran las ideas irracionales que se pueden dar dentro de los
trabajadores de los servicios humanos (Edelwich y Brodsky, 1980). La
reestructuración cognitiva es el pilar central de esta terapia. Gil-Monte y Moreno-
Jiménez (2007) señalan que la TRE es una herramienta muy usada en la
prevención del “Burnout” con efectividad manifiesta en estudios desarrollados
con este propósito (Malkinson, Kushnir y Weisberg, 1997).

- Entrenamiento en inoculación de estrés (Meichenbaum, 1977): esta estrategia


combina varias técnicas para modificar la forma de procesar información del
sujeto sobre las situaciones estresantes enseñándole habilidades cognitivas y
conductuales para reducir las reacciones improductivas ante el estrés. Su
estructura gira en torno a tres fases: fase educativa o de conceptualización, de
ensayo o adquisición de habilidades y de aplicación o consolidación. En grupos
de enfermeras esta técnica ha demostrado ser muy úitl (Freedy y Hobfoll ,1994;
West, Horan y Games, 1984).

389
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

- Modificación de expectativas irreales: autores como Freudenberger y Richelson


(1980), Edelwich y Brodsky (1980) o Meier (1983) indican la importancia de las
expectativas profesionales señalando al síndrome como la consecuencia de
expectativas irreales sobre la profesión elegida. Las técnicas de modificación de
expectativas se basan en el análisis de experiencias profesionales iniciales y en
la identificación de sus posibles problemas de formulación, más en concreto en
torno al concepto de frustración. El proceso de reflexión sobre las expectativas
profesionales y su crítica profesional permite un planteamiento más real de la
profesión y la reformulación de expectativas más positivas, alcanzables y
ajustadas a la realidad.

Dentro de este ámbito, destacan los trabajos de Neves de Jesús y Esteve


(2000), que realizan un programa de formación con 19 profesores basado en
habilidades de “coping”, asertividad, trabajo en equipo y reconstrucción de
pensamiento e ideas sobre la enseñanza. Eder (1971), utiliza grupos en
seminarios con técnicas de counseling para propiciar la solución de problemas
expuestos por el grupo, concluyendo que exponer los problemas de un profesor a
un grupo de compañeros de profesión resulta una experiencia reconfortante, ya
que los docentes se sienten comprendidos, intercambian opiniones y se dan
consejos, observan que su problema no es exclusivo de ellos, que lo mismo le
sucede a otras personas, incrementan su compañerismo y la fuerza suficiente
para afrontar situaciones y enfrentarse a los problemas diarios en el aula. Para
Endes (1996), la importancia del uso de técnicas de reestructuración cognitiva se
avala con los resultados obtenidos con docentes por un psicólogo escolar, al
encontrar que el tratamiento era menos efectivo para los docentes con altos
niveles de creencias irracionales que para los que presentaban niveles más
bajos.

En un segundo bloque figuran las estrategias de carácter paliativo (cuyo


principal objetivo es adquirir destrezas para el manejo de las emociones (Graves,
2001) y enseñar a identificar las primeras fuentes del “Burnout” a la vez que se
entrenan estrategias de afrontamiento (Brock y Grady, 2000) destacando el
manejo de sentimientos de culpa, etc.

390
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

Para Gil-Monte y Peiró (1996) la evidencia empírica parece demostrar que las
estrategias instrumentales son más efectivas que las de tipo paliativo. Cheek,
Bradley, Parr y Lau (2003) observan que el uso de terapias cognitivo-
conductuales junto con musicoterapia tiene mejores resultados frente el “Burnout”
que el uso de terapias de corte cognitivo-conductual únicamente.

 Terapia musical: hay muy poca investigación acerca del uso de la musicoterapia
como posible intervención ante el “Burnout”. Su metodología está basada en el
hecho de que la música permite una forma de expresión que en ocasiones no es
posible realizar con palabras (Kerr, Walsh y Marshall, 2001; Yon, 1984). Dentro
de este campo destacan autores como Hanser y Thompson (1994); Hendricks,
Robinson, Bradley y Davis (1999). Cheek et al. (2003) llevan a cabo una
investigación con 51 docentes de primaria de Estados Unidos observando que la
intervención, durante 6 semanas, de terapias cognitivas combinadas con
musicoterapia contribuye a mejorar los niveles del síndrome (medido con el MBI)
en mayor medida que la intervención cognitiva únicamente. Este resultado pone
de manifiesto que los profesores que participan en terapias combinadas tienen la
oportunidad de aprender estrategias de afrontamiento más efectivas. Los autores
son conscientes de la escasa representatividad de la muestra pero lo apuntan
como una línea futura sobre la cual trabajar. Trallero (2006) lleva a cabo una
investigación con maestros de Primaria de la provincia de Barcelona que asisten
a un Taller de Musicoterapia Autorrealizadora (MTA) para tratar el estrés docente
y prevenir el “Burnout”. El estudio se realiza con un grupo de 8 maestros que
reciben el tratamiento frente a un Grupo Control, que no recibe ningún
tratamiento. Tras ocho meses de tratamiento se determina una importante
disminución de Ansiedad y Cansancio Emocional en el Grupo Experimental,
frente a un aumento considerable de estos mismos parámetros en el Grupo
Control. La autora concluye que el tratamiento con MTA permite a cualquier
persona sin conocimientos musicales aprender técnicas eficaces para poner en
práctica en su vida cotidiana, con resultados muy beneficiosos.

 Sonnentag (2005) considera que es necesario tener en cuenta la experiencia del


“Burnout” en las situaciones diarias y considerar cómo las personas viven con los
diferentes niveles del síndrome cada día, basándose en el concepto de la “vida

391
El síndrome de “Burnout” en el profesorado de la ESO

como es vivida” (Bolger, Davis y Rafaeli, 2003), donde se propone hacer un


análisis de las características situacionales y las interpretaciones individuales
asociadas con la experiencia de los síntomas del “Burnout”. La autora,
basándose en las conclusiones de Ekstedt, Akerstedt y Söderström (2004)
recoge que es factible y aconsejable el uso de diarios en la investigación e
intervención sobre “Burnout”.
 Pines (2002b) recoge una vía de intervención desde la perspectiva
psicoanalítica-existencial. El acercamiento a la intervención desde esta corriente
incluye tres pasos: Identificar los motivos conscientes e inconscientes de la
elección de la carrera profesional de la persona y valorar cómo esperan que ésta
les proporcione su sentido existencial. Identificar los motivos del fracaso a la hora
de obtener el sentido existencial del trabajo y cómo este sentido de fracaso se
relaciona con el agotamiento. Y por último, ser conscientes que los cambios que
se identifican permiten al individuo obtener la existencialidad del trabajo. El
primer paso requiere una exploración detallada de las experiencias vividas en la
niñez, incluyendo su papel en el seno familiar; las relaciones con cada uno de los
padres y la relación entre éstos; analizar los empleos de los