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Semiotica Expo

Las sondas Voyager lanzadas en 1977 llevan a bordo un disco de oro con información sobre la humanidad y la Tierra. El disco incluye imágenes, sonidos, música y mensajes de saludo en varios idiomas para compartir con cualquier civilización extraterrestre que encuentre las sondas.
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Las sondas Voyager lanzadas en 1977 llevan a bordo un disco de oro con información sobre la humanidad y la Tierra. El disco incluye imágenes, sonidos, música y mensajes de saludo en varios idiomas para compartir con cualquier civilización extraterrestre que encuentre las sondas.
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EL MENSAJE DE LA MÀQUINA DE VOYAGER

Lanzadas hace casi 30 años, las sondas Voyager están a más de 15.000 millones de
kilómetros del Sol. Lo que salió junto a las sondas Voyager a finales de los 70, espacio
en el tiempo donde una serie de eminencias se reunieron para seleccionar “lo mejor” de
nuestro planeta concentrado en un disco gramófono, fue el Disco de oro, The Sounds of
Earth. Curiosamente también, es el disco más caro de la historia de la humanidad. Dicha
producción sigue vagando por la inmensidad del espacio interestelar en busca de vida
extraterrestre.

El 5 de septiembre de 1977 se lanzaba al espacio la sonda espacial estadounidense


Voyager 1 quien despego a bordo de un cohete Titan IIE-Centaur desde Cabo Cañaveral.
Su misión original era visitar Júpiter y Saturno, de hecho, fue la primera en proporcionar
imágenes detalladas de los satélites de ambos planetas. Hoy es el objeto construido por
nosotros más alejado de la Tierra. Y quizá más importante y fascinante, permanece activo
continuando su misión extendida con el fin de encontrar y estudiar los límites del sistema
solar, inclusive la exploración del espacio interestelar inmediato (siendo además el
primero en alcanzarlo).

Imagen de una de las Voyager.


El 20 de agosto del mismo año se lanzaba la sonda espacial hermana, la Voyager 2, ambas
idénticas en su concepción y concebidas inicialmente como parte del programa Mariner
para explorar los planetas Venus, Marte y Mercurio. Esta sonda adoptó una trayectoria
diferente a su hermana en su encuentro con Saturno y aunque actualmente la mayoría de
sus instrumentos no están activos, todavía inspecciona los alrededores del sistema solar,
siendo el 10 diciembre del 2007 el momento álgido de la Voyager 2; momento en el que
descubrió que el sistema solar no tiene forma esférica, sino ovalada, como consecuencia
del campo magnético interestelar del espacio profundo.

Lanzamiento de la Voyager 2, en un Titan IIE-Centaur.

Estos llevan a bordo un mensaje de la humanidad, grabado sobre un disco de oro, que
incluye mensajes de saludo en 55 lenguas, fotografías y mucha información. Así como
también la música fue incluida como una muestra de la creación humana. Genios como
Bach, Mozart, Beethoven, Stravinsky y Chuck Berry junto a otras selecciones más
oscuras como la cantante búlgara de folk Valya Mladenova Balkanska, la india Kesarbai
Kerkar o el cantante de blues y gospel Willy Johnson.
Esta imagen explica el sistema solar.

Una vista de nuestro planeta, a bordo de las Voyager.

Además se incluyeron a bordo 115 imágenes, más una de calibración, en las que
mediante el lenguaje científico se explica la localización del Sistema Solar, cuales son
las unidades de medida que empleamos, datos sobre la tierra, el cuerpo humano y la
sociedad en general.
Un feto humano, con la edad expresada en segundos.

Instante de la concepción
Imagen correspondiente a las definiciones matemáticas.

El Disco de oro incluyó una cuidada selección de sonidos que debían hacer honor al título
del álbum. De esta forma, los sonidos de la Tierra incluyeron pistas para representar el
viento, lluvia, mar, aullidos de lobos, un tren, un beso, fuego o un chimpancé... todo ello
finalizado con una pista que contenía un mensaje en latín en código Morse.
El disco de oro

Un apartado curioso es el de las ondas cerebrales. The Sounds of Earth que incluye una
grabación de 60 minutos con las ondas cerebrales de la escritora y productora Ann Druyan
(luego esposa de Carl Sagan). Por último se incluyeron una serie de 118 imágenes y una
pequeña descripción codificada con la que se podría apreciar cómo es el planeta Tierra y
nuestra sociedad (fotos a lo largo del artículo).

En ambos lados de cada disco, existía un pequeño manual de instrucciones (indescriptible


para el humano medio) y algunos bocetos de lo que somos y donde encontrarnos. Los
diagramas contienen números que se expresan en formato binario y la velocidad de
rotación del disco se expresa en rotaciones moleculares del átomo de hidrógeno en su
estado fundamental. Por último y dedicado a estas civilizaciones extraterrestres, el
diagrama para encontrar nuestro Sol hace uso de 14 púlsares de direcciones conocidas
desde nuestra estrella.

Existen dos versiones de la producción más cara jamás producida (una en cada sonda
Voyager). El Disco de oro está hecho de oro chapado en cobre, aunque las cubiertas están
realizadas en aluminio y se recubren de Uranio 238 altamente purificado (con la intención
de que tuviera una vida larga), todo ello además con la inclusión de unas instrucciones
grabadas para reproducir dicho fonograma, lo que obviamente ya nos indica que no tiene
mucho sentido intentar escucharlos en un equipo de música al uso. Dicho de otra forma,
el hombre había creado un longplay dirigido a una posible civilización que encontrara la
sonda por el espacio interestelar.
Introduciendo el disco en la sonda

De todos modos, y como declaró en su momento el comité científico refiriéndose al


disco, “su objetivo principal no es el ser descifrado, sino que el hecho de su simple
existencia pone de manifiesto la existencia de los humanos, así como sus esfuerzos por
contactar a otras especies inteligentes que pudiesen existir fuera del Sistema Solar”.

Las sondas Voyager se han convertido en los instrumentos más lejanos jamás enviados
por el hombre. El 15 de agosto de 2006 la sonda Voyager 1 alcanzó la distancia de 100
UA (“Unidades Astronómicas”, la distancia de la tierra al Sol), esto es, se encuentra a
más de 15.000 millones de km del Sol. Jon Lomberg dibujó el diagrama sobre la portada
de los discos como guía para los extraterrestres que pudieran encontrarlos, mostrando
instrucciones universales para reproducir su contenido. “El mensaje principal era: este
es nuestro planeta y estos somos nosotros”, dijo Lomberg.

Sin embargo al disponer de generadores eléctricos nucleares, se supone que sigan


enviando datos al menos hasta el 2030. Lamentablemente, debido a problemas de
presupuesto, en la actualidad la misión está controlada por sólo 10 científicos, y podría
ser abandonado en un futuro próximo, dejando a las Voyager seguir su camino sin que
haya nadie que las escuche en la Tierra.

Pese a ello y para hacer honor a la verdad, no se trataba del primer intento de saludo
amistoso en el espacio. Realmente fue el segundo intento de entrega de tarjeta amistosa a
posibles vidas extraterrestres tras los intentos en las sondas espaciales Pioneer en 1972 y
1973 respectivamente, las cuales incorporaron unas placas inscritas con un mensaje
simbólico que informaría a una posible civilización que llegara a interceptar las sondas.
Sagan y Frank Drake las diseñaron y se trataba de las figuras desnudas de un hombre y
una mujer acompañados de una serie de símbolos a modo de mapa para encontrarnos.

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