Filosofía de la música del siglo XIX
Máster en música como arte interdisciplinar
Profesora: Dra. Magda Polo
Alumno: Alejandro Escobar
Julio de 2012
LA MÚSICA PROGRAMÁTICA EN LA SEXTA SINFONÍA DE BEETHOVEN
Antecedentes
El 22 de diciembre de 1808 fue estrenada la Sexta Sinfonía por el propio
compositor Bohemio en Viena. En cuanto a su forma musical, el compositor
transgrede los cánones formales de la sinfonía, agregando un movimiento más a
los cuatro tradicionales, característica de la cual ya podemos deducir cierta
inclinación hacia la música programática. Estos cinco movimientos llevan los
siguientes subtítulos1:
1. Erwachen heiterer Empfindungen bei der Ankunft auf dem Lande: Allegro ma non
troppo.
2. Szene am Bach: Andante molto mosso.
3. Lustiges Zusammensein der Landleute: Allegro.
4. Gewitter. Sturm: Allegro.
5. Hirtengesang. Frohe und dankbare Gefühle nach dem Sturm: allegretto.
Descripción
Lo primero que llama la atención de los cinco movimientos es la alusión
bucólica en la partitura. Esta descripción concuerda con una primera percepción
que tengamos de la obra. Al comienzo, Beethoven nos lleva a la vida del campo,
desenvolviéndose tranquilamente, las armonías no tienen gran complejidad y la
1Partitura disponible en URL:
http://www.dlib.indiana.edu/variations/scores/akh8735/large/index.html [consulta: julio de 2012]
música permanece en cada zona armónica durante un tiempo prolongado. Esto se
traduce en que hay muchos pasajes con tonos repetitivos largos o notas repetidas.
Además, hay mucha repetición de pequeños temas, melodías completas y hasta
secciones enteras. El ritmo tranquilo de la repetición queda establecido poco
después del principio, donde una figuración en las cuerdas se oye diez veces
seguidas sin otro cambio que un crescendo y luego un diminuendo. Aunque hay
varios pasajes en tutti, no hay una real sensación de clímax. Aún en la
recapitulación, la música sigue moviéndose con suavidad. En una primera
audición de este movimiento, existe mucha probabilidad de relacionar su
desarrollo y vaivén con un ambiente campestre por el carácter suave,
inconfundible en sus 512 compases.
En el segundo movimiento Beethoven sostiene la música con una tonalidad
mayor en un tempo contrastante al anterior. Pero, a pesar de que corresponde a un
andante, su métrica en cuaternario de subdivisión ternario (12/8) le otorga la
fluidez y movimientos que se corresponde a la tranquilidad y fluir de un arroyo
cualquiera; ondulaciones penetrantes de las semicorcheas representarían el arroyo
murmurante. También podemos escuchar algunas figuraciones rítmicas en saltillo
muy ágiles, tal vez asociándolas a los rápidos movimientos que hacen los peces o
también podrían corresponder a cantos de pajaritos que se alimentan en un arroyo
(en los últimos compases del movimiento).
El tercer movimiento haría alusión a una reunión musical campesina. Esta
idea sería representar el devenir musical sencillo pero muy alegre que podría ser.
En tonalidad mayor y en una métrica ternaria de subdivisión binaria, primero
oímos una figura de acompañamiento muy simple en los violines. Luego entra el
oboe con la melodía, pero un compás más tarde. Cuatro compases después
aparece el fagot, entra inesperadamente tocando tres notas, luego vuelve a
desaparecer, sólo para despertarse cinco compases después. La melodía pasa al
clarinete en un desfase notorio acompañado por las violas y por los violonchelos,
aparentemente un compás más tarde. Luego, la melodía pasa al corno, quien
también parece entrar fuera de tiempo. Finalmente, tocan los bajos y, por último, el
primer fagot, uniéndose con notas en ostinatos. El gentil humor de este
movimiento se ensombrece hacia el final, para simbolizar tal vez la acumulación de
nubes de una tormenta que viene.
Y en el cuarto movimiento nos encontramos con los relámpagos y los
truenos de golpe, los que aparecerán constantemente reforzados por el uso de la
dinámica; en forte y piano. Con su tonalidad mayor y en métrica cuaternaria de
subdivisión binaria, inicia su amenaza mediante un cambio inesperado hacia una
tonalidad distante. El Scherzo no termina, sino que la tormenta lo interrumpe con
esta modulación. La violencia de la tormenta está descrita por el rugir de los
timbales, trémolos de cuerdas y disonancias estridentes. Finalmente, la tempestad
se calma tras 155 compases y el movimiento final sigue sin ninguna pausa.
El Himno de los Pastores del movimiento final nos guía o nos devuelve a la
atmósfera tranquila del primer movimiento. Lo hace a través de un clarinete y
luego un corno tocan un de canto sobre ostinatos de las cuerdas, antes de oír el
tema principal. La melodía, que es introducida por los violines correspondería a
una tonada de canto tirolés. Cada vez que se oye esta melodía se la repite,
generalmente dos veces. El movimiento finaliza con un gesto pastoral tradicional:
modulación y figuraciones al estilo tirolés que nos devuelve la tranquilidad y
vitalidad campestre.
La música Programática
Según las diversas biografías y filmografías2 de circulación masiva que
podemos encontrar en la actualidad podemos observar que Beethoven tenía una
gran cercanía con el mundo rural y la naturaleza. Solo o junto a su sobrino o sus
discípulos, frecuentaba a menudo una masía que tal vez fue su inspiración para
esta sinfonía, las descripciones muestran a un Beethoven admirador de la
naturaleza.
Como hemos visto en la descripción anterior, los sonidos musicales de la
sinfonía están íntimamente ligados y en concordancia con un Beethoven
“recreando” un ambiente pastoril, como si fuera su nostálgica interpretación
musical de su imaginario campestre. Considerando estos antecedentes, se debe
hacer mención ahora al concepto e ideas relacionadas a la Música Programática
2 Disponible en URL: http://www.youtube.com/watch?v=YueD9vB51hk [consulta: julio de 2012)
con la cual se relaciona esta obra. Una de sus definiciones es que este tipo de
música es que:
“… rehuirá el aislamiento de valerse sólo de la música y establecerá
alianzas con otras manifestaciones artísticas con la finalidad de sumar su
potencial expresivo. Este tipo de música, gracias al Programa conducirá al
oyente a la comprensibilidad de lo que las notas por sí mismas en la
partitura no podrán explicar. En este sentido evidenciar el argumento
literario o el motivo pictórico que habrá inspirado la música 3.”
Según esta descripción la Sexta sinfonía debiera valerse de una Programa
explicativo o símil que guíe al espectador por esta caracterización sonora de un
ambiente pastoril, lo cual no tengo en antecedentes de que existiera. Sin embargo,
en el último tiempo existe un concepto programático establecido por Hornst
Berner quien consideraba que la música programática era:
“[…] una música sobre un contenido determinado o sobre un tema
del compositor que estaba escrito en un programa, ya fuera un título corto o
la especificación más detallada de la obra en general o de sus partes en
particular4”
Según esta definición, la Sexta Sinfonía Pastoral sería una obra programática
pues, se desarrolla en base a descripciones cortas en cada uno de sus movimientos.
Además el mismo compositor escribe en la partitura que la sinfonía sea “Más que
una descripción, una evocación de sentimientos”. Lo que nos indica la clara
referencia a la cual hacen mención los sonidos y que se acercan al auditor en una
primera audición, a pesar de que no sean una descripción textual:
“La música programática es música instrumental ligada o unida a
una representación o alusión de un sujeto conceptual que le sirve, al
compositor, para crear el contenido de su obra, y en muchos casos, para
crear la forma musical idónea que acogerá este contenido de su obra5”.
3 Polo, Magda. Música pura y música programática en el Romanticismo. Barcelona: L´Auditori, 2011, p.
19
4 Ibídem, p. 146
5 Ibídem, p. 145
Esta descripción coincide con el término “Symphonische Dichtung”, el cual
fue asociado conceptualmente, y acuñado por Franz Liszt señalando lo siguiente:
“[…] El programa es como un prefacio que hace comprensible la
música instrumental pura y con el que el compositor guía y orienta a los
oyentes y los libera de una interpretación arbitraria mientras los acerca a la
idea poética global para llevarlos hasta un determinado punto 6”.
A pesar de estas definiciones, existen evidencias que permiten vincular esta
sinfonía con las características de una obra Programática, pues, por una parte, el
compositor guía a los intérpretes a relacionar los motivos musicales a los
encontrados en la naturaleza, es decir hay un contenido extramusical. Por otra
parte, el resultado sonoro de la obra refleja claramente los estados materiales en la
cual se manifiesta la naturaleza (una representación?), los que son fácilmente
relacionables para un público masivo, sin mucha dificultad, ya que es un lenguaje
determinado, desde los sentimientos de Beethoven.
“Una dimensión que creía Liszt que era inabarcable, no era el objetivo
de la música programática… […] De todas formas […] Liszt reconocía en la
música un cierto carácter metafísico también. Por ejemplo, en su frecuente
alusión a las montañas. […] En el fondo el sentimiento tiene que ser el
objeto de la música7”.
Y por último, la forma clásica que acoge esta sinfonía es alterada por un
quinto movimiento, coincidiendo con aquella definición en la que el argumento
crea la forma musical abierta para acoger una idea extramusical determinada. En
este caso para imitar, en mayor o menor grado, el recuerdo generado por la
naturaleza en Beethoven, como lo describe Liszt a cerca de esta Sinfonía8.
6 Ibídem, pp. 146-147
7 Ibídem, p. 149
8 Ibídem, p. 153