VLADISLAV Felitsianovich JODÁSEVICH (Moscú, 1886 – París, 1939) fue un poeta, ensayista, crítico
literario y traductor. Algo más joven que Blok y los demás simbolistas, desarrolló un estilo propio cer-
cano al Modernismo europeo occidental. Dejó Rusia en 1922, junto con su esposa de entonces, la céle-
bre escritora Nina Berberova, exiliándose en París. Poeta prolífico que, abrumado por los sucesos que
iban teniendo lugar en su país, abandonó la poesía, aunque siguió escribiendo: múltiples ensayos y una
autobiografía, Necrópolis, sobre su vida en Rusia y en el exilio. Para Nabokov fue "… el más grande poe-
ta ruso de nuestro tiempo, descendiente literario de Pushkin.., en el que la simplicidad y la plenitud de
su perfección verbal, aliada con una casi matemática precisión imaginaria, son más difíciles de reprodu-
cir que la efusividad colorida o menos límpida de poetas menos vigorosos".
Nació en una familia noble de origen polaco-lituano, cuyo abuelo materno, judío, se convirtió al cristia-
nismo ortodoxo, mientras que la hija de éste y madre del futuro poeta se mantuvo judía. Estudió Dere-
cho en la Universidad de Moscú sin concluir la carrera, asistiendo también a cursos de Historia y Filolo-
gía. Su inclinación poética fue temprana y prolífica: publicó en 1908 Juventud, poemario dedicado a su
primera esposa, de la cual se divorciaría dos años después; en 1910-11 enfermó de tuberculosis y, es-
tando en Venecia para reponerse, se enamoró y se casó con otra rusa, publicando su segundo libro de
poesía La casita feliz (1914). Eximido del servicio militar, trabaja en varios periódicos y dirige la sección
editorial moscovita de Literatura Universal creada por Maksim Gorki. Un nuevo cambio de pareja se
produce en 1921, cuando conoce y se casa con la poeta Nina Berberova: tras publicar su nuevo libro de
poesía La pesada lira, la pareja decide no volver a Rusia y quedarse a vivir en París como exilados, vi-
viendo de escribir ambos para revistas y diarios rusos editados en Francia, mientras él prepara sus me-
morias y escribe una monografía sobre Puschkin. Separado y vuelto a casar una vez más en 1933 con
otra rusa, el agravamiento de su salud le produjo la muerte en 1939, librándole de haber terminado sus
días en Aushwitz, como le ocurriera a su esposa.
POEMAS
Breve antología cronológica: -Y por qué no el yambo de cuatro pies...
-LLUVIA Otros de data y/o ubicación inespecificadas:
-UN ENCUENTRO
-Bizco, con la cara amarilla… EL CRESPÚSCULO
-¡Amigos, amigos! Quizá, pronto... HOJA
-Sobre la calle apenas iluminada... UNA VEZ MÁS
LLUVIA (Moscú, 7 de Abril de 1908)
Me alegra todo: que la ciudad esté empapada, Vuelques el paraguas mojado,
Que los techos ayer polvorientos, Sacudiendo la lluvia.
Hoy luzcan como seda brillante, Me alegro que me hayas olvidado,
Disipándose en chorros de plata. Que saliendo de ese porche,
Me alegra, que mi pasión esté agotada. No mires hacía mi ventana
Miro sonriendo por la ventana Ni alces el rostro para verme.
Cuan rápido pasas de largo, Me alegro de que pases de largo,
Sola, por la calle resbaladiza. Aunque para mí seas todavía visible,
Me alegro que la lluvia caiga más densa. Pues tan hermosa e inocente
Que entrando en un pórtico ajeno, Transita la primavera apasionada.
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UN ENCUENTRO (13 de mayo de 1918)
Era de mañana en Santa Margarita
cuando la encontré. Ahí estaba parada
sobre el pequeño puente, de espalda al parapeto, los dedos
descansando sobre la piedra gris livianos
como pétalos. En su vestido blanco, vagamente
discernibles, sus rodillas estaban juntas.
Esperando a alguien. ¿Quién? ¿Quién es el sueño
de una preciosa muchacha inglesa de dieciséis años
en Venecia? No lo sé- y no me está dado
saberlo. No es por una inútil conjetura
que recuerdo a esa chica hoy.
Estaba parada ahí, inmersa en la luz del sol, pero
con el blando borde de su panamá tocando
sus ligeramente alzados hombros, y la fresca
sombra que cubría su rostro. Azul profundo
y puro era su mirada mientras fluía de allí,
como arroyos de agua corriendo frescos a través
del canal rocoso de un riachuelo de montaña,
veloz y melodioso... En ese momento
podía atisbar esa mirada inexpresiva
que es nuestro deseo de poetas atrapar
alguna vez, y recordarla para siempre.
Se muestra a sí misma, un solitario destello delante nuestro,
divina sobre la tierra, descendiendo al azar
para ocupar algunos ojos con lápislázuli.
Pero están llenos hasta el borde con esa tormentas llameantes,
retorciéndose en su interior donde esos remolinos azul-cielo,
que reverberan entonces para mí
en el brillo solar, en el salpicar de negras góndolas,
las fugitivas sombras de palomas, y el rojo
flujo del vino.
Y más tarde esa noche, cuando caminé de regreso
a casa, seguía oyendo suspiros de la misma
desde los melodiosos pasos de las mujeres venecianas,
y sentí mis propios pasos más resonantes,
impetuosos, ligeros. ¿Ah, pero dónde,
dónde en ese segundo se voló, mi corazón,
cuando la pesada llave hizo un ruido mullido mientras
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la hacía girar en la cerradura? Y cuando entré
en el fresco umbral del pasillo,
¿por qué permanecí ahí junto a la cisterna de piedra
en la oscuridad durante tanto tiempo?
Tanteando el camino por la escalera,
estar enamorado es como llamé a esa agitación.
Ahora me doy cuenta
de que había saboreado un vino fuerte ese día-
y todavía sentía en mis labios
ese momentáneo sabor. La eterna embriaguez
vino más adelante.
Bizco, con la cara amarilla… (1919)
Bizco, con la cara amarilla Para la que no hay excusa
y con un hatillo de lienzo sobre la espalda, En este tiempo
vago adormecido todo el santo día En las iglesias, las tumbas; en el país
por las calles de vuestra capital. Hay peste, hambre, armas.
El solo saber que el sol está en mí
Búrlense y griten obscenidades, Me pone muy contento.
nunca sabrán cómo Así debe ser, es mi estigma
el dragón en la camisa de seda No importa si es que
lame mi corazón con su fuego. El alma, a pesar de todo,
Canta, canta, canta.
El alma canta, canta, canta
En ella hay tanta dicha
Versión de Jorge Bustamante García
¡Amigos, amigos! Quizás, pronto... (1921)
¡Amigos, amigos! Quizás, pronto, Levantaré las manos al aire
No en sueños, sino en realidad, Con la flor que en ellas crepita.
De súbito cortaré el hilo
De las conversaciones vacías. Yo miro y descubro
Un mundo, un camino de flores,
Obedeceré sólo el sonido Si ustedes están de acuerdo
Del alma, que sin cesar canta, Juntos lo podemos cruzar.
Versión de Jorge Bustamante García
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Sobre la calle apenas iluminada... (1922)
Sobre la calle apenas iluminada, ondeó
El brillo de la luz en la cortina. Feliz quien de cabeza hacia abajo cae:
La ventana golpeaba bajo el muro, Por un segundo, para él el mundo es otro.
La sombra huyó veloz de la pared.
Versión de Jorge Bustamante García
Y por qué no el yambo de cuatro pies...* (su último e inacabado poema)
¿Y por qué no el yambo de cuatro pies, a cantar su primera y prodigiosa nota
amado desde antes del diluvio? a toda su distante hermandad.
¿Y qué cantar, si no el don
del yambo, tan rico y bueno? Desde entonces en estricta diversidad,
como en la famosa "Cascada"*,
Los ángeles lo bajaron de las alturas a través de los mismos cuartos de pasos
sobre las estrellas, donde moran las Musas, los versos rusos espuman y hierven.
más glorioso que todas las banderas rusas,
y más poderoso que un muro del Kremlin. Cuanto más saltan desde los riscos,
más se retuerce el remolino
Consumidos por los años, los nombres más secreto en sus armonías,
de quienes habían caído en Kotín, ¿por qué, y más alto salta su centelleante rocío-
y todavía, la "Oda sobre Kotín"*
fue para nosotros el grito inicial? ese rocío donde, como un sueño radiante
suspendido feliz en su altura,
Ese día surgió una musa rusa juega allí cromáticamente con sentido
sobre las colinas nevadas, y se detuvo el arco iris de ideal deleite […]
*La "Oda sobre Kotín", compuesta por Mijail Vasilievich Lomonosov (1711-65), versa sobre una batalla
entre turcos y tártaros en 1739; mientras que "La Cascada" es de Gavrila Romanovich Derzhavin (1743-
1816); y a ambos se debe la introducción del yambo tetramétrico en la tradición lírica rusa: proveniente
de la poesía clásica griega, y considerado el ritmo más semejante a la cadencia natural del habla, el
yambo consiste en una sílaba corta seguida de una larga, consiguiéndose parecido efecto también
cuando se acentúan las sílabas pares de un verso; el tetrámetro yámbico es una estrofa de 4 yambos
que es característica, por ejemplo, del Eugenio Onieguin de Pushkin, lo que da razón de que sea llama-
da en Rusia “estrofa Onieguin”.
EL CREPÚSCULO
La nieve se amontonó. Todo se calma, ensordece.
Una casa desierta se extiende a lo largo del callejón.
Una persona camina. Apuñalarla con un cuchillo -
Se arrimará a la cerca y no dirá nada.
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Después bajará y se acostará cara abajo.
Y la respiración nívea del viento,
y el humo apenas perceptible de la tarde-
los precursores de la tranquilidad hermosa -
con soltura se marearán sobre él.
Y las personas acudirán corriendo como hormigas negras,
de las calles, de los patios, y se pararán entre nosotros.
Preguntarán, por qué y cómo lo maté, -
nadie comprenderá cuánto lo he querido.
Versión de Jorge Bustamante García
HOJA
El niño que pasaba me dejó qué difícil fluye en el tallo
una hojita en la ventana. el maleable y pegajoso jugo.
¡Cuántas venas y nervaduras,
qué complejo es su tejido! ¿No es así cómo debo levantar
toda la carga de las pasiones, de las alarmas,
Cómo se atormenta la semilla en la tierra, de las lágrimas, y de la felicidad - para conocer
antes de abrir su retoño, la simple palabra - Dios?
Versión de Jorge Bustamante García
UNA VEZ MÁS
Tarde otoñal. Una vez más lloro. Una vez más el alma divisará luces rojas
Y quizá la Tristeza está cerca. en la oscuridad infinita.
Una vez más la mano pálida
vistió mi corazón con una mortaja blanca. Y por mucho tiempo se oirá
en la última bruma, el llanto afligido.
¡Qué difícil, doloroso y amargo! Yo espero. Hacia mí, de la oscuridad,
Una vez más los días saldrán al encuentro. viene el verdugo.
Versión de Jorge Bustamante García
FIN