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Feminismo y geishas en Japón (1900-1936)

Este documento describe la evolución del feminismo en Japón desde finales del siglo XIX hasta la década de 1930. Señala que aunque la mujer japonesa tenía un papel tradicionalmente doméstico, en la era Meiji surgieron las primeras organizaciones feministas que lucharon por los derechos civiles y contra la guerra. En los años 20 y 30, la prensa española informó sobre el creciente movimiento feminista japonés y sus líderes, que abogaban por la igualdad, el sufragio femenino y más oportun

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Feminismo y geishas en Japón (1900-1936)

Este documento describe la evolución del feminismo en Japón desde finales del siglo XIX hasta la década de 1930. Señala que aunque la mujer japonesa tenía un papel tradicionalmente doméstico, en la era Meiji surgieron las primeras organizaciones feministas que lucharon por los derechos civiles y contra la guerra. En los años 20 y 30, la prensa española informó sobre el creciente movimiento feminista japonés y sus líderes, que abogaban por la igualdad, el sufragio femenino y más oportun

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GEISHA, ESPOSA Y FEMINISTA:

IMÁGENES DE LA MUJER JAPONESA EN


LA PRENSA ESPAÑOLA (1900-1936)*

Vicente David ALMAZÁN TOMÁS


Departamento de Historia del Arte
Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Zaragoza

INTRODUCCIÓN
La mujer japonesa ha recorrido un largo camino en el tema de sus li-
bertades y derechos. Es cierto que todavía hoy sigue habiendo desigual-
dad y discriminación sexual en Japón, sin embargo, si tenemos en cuenta
tiempos anteriores o la situación actual de la mujer en otros países asiáti-
cos, el avance es muy significativo. En la sociedad japonesa la mujer esta-
ba relegada al mundo doméstico bajo la autoridad de su padre y, después
de la boda, la autoridad de su esposo y su suegra. Este esquema era el do-
minante salvo para aquellas que ingresaran en los templos o quienes obli-
gadas por la pobreza fueran vendidas por sus padres a los barrios de
placer. A finales del siglo XIX se desarrolló el papel de la mujer como es-
posa y madre, fuera de cualquier protagonismo político y social. A imita-
ción del modelo social occidental, el gobierno Meiji (1868-1912),
mediante la educación y la legislación, promovió un tipo de mujer de
acuerdo con las necesidades laborales, sociales y diplomáticas del nuevo
Japón. Como indica Yolanda Roca,1 en este periodo es cuando apareció
este ideal de mujer para el Japón moderno, la «buena esposa y madre sa-
bia» (ryôsai kenbo). En este marco, caracterizado por la occidentalización
de la política y en la modernización de la economía, se desarrollaron los
primeros tiempos del feminismo japonés, mediante su participación en el

* Este artículo está dedicado a la especialista Yolanda Roca Arencibia, licenciada en


Japonología por la Universidad de Hamburgo, investigadora sobre el feminismo japonés.
1. Quiero agradecer la valiosa ayuda que Yolanda Roca me ha proporcionado en este tema,
quien ha completado mi visión del feminismo japonés de la época, me ha ayudado encon-
trar los nombres correctos de algunas líderes feministas citadas, y me ha indicado la im-
portancia de considerar que el ideal social de la mujer como «esposa y madre» como un
producto moderno, llegado a Japón con la apertura del periodo Meiji (1868-1912); véase
su Tesis de Licenciatura: Progressive Männer zur Frauengrage im Japan der Meiji und
Taishô Zeit, M.A., Universität Hamburg, Seminar fûr Sprache und Kultur Japans, 1998.

STVDIVM. Revista de humanidades. 10 (2004) pp. 253-268


254 ][ VICENTE DAVID ALMAZÁN TOMÁS

«movimiento popular por los derechos civiles» (Jiyû minken undô, 1874-
1885), en campañas antimilitarias en la Guerra Ruso-japonesa (1904-
1905), en el ámbito literario,2 y en el movimiento sufragista de las primeras
décadas del siglo XX.3 Paralelamente a esta imagen progresista también se
mantenía otra visión más tradicionalista de la mujer nipona, bien como es-
posa entregada al matrimonio, bien como exótica geisha, idealista encar-
nación del encanto oriental. Un análisis de las informaciones publicadas
en la prensa española en el primer tercio del siglo XX nos indica la convi-
vencia informativa de estas tres visiones diferentes que se superpusieron
en la imagen occidental de la mujer japonesa.4

EL FEMINISMO JAPONÉS

Los mayores logros en la igualdad social y laboral son recientes, sien-


do la ocupación norteamericana el punto de inflexión en la condición de
la mujer japonesa. Sin embargo los antecedentes feministas en Japón se re-
montan a finales del siglo XIX. Durante el periodo Meiji (1868-1912) se
realizaron algunos avances, pero estos fueron principalmente en el campo
de la educación más que en los derechos políticos y civiles de la mujer. La
industrialización y la masiva incorporación de la mujer al mundo laboral
a lo largo de este siglo fue el motor de las reivindicaciones feministas.
Realmente, no sería sorprendente encontrar en los medios de comuni-
cación japoneses de las primeras décadas de siglo constantes alusiones a
desarrollo del feminismo japonés. Sí que es sorprendente, sin embargo,
que a finales de la década de los veinte las revistas españolas publicaran ar-
tículos y reportajes sobre el tema, siendo que las revistas de información
general no destacaban por su atención al feminismo, sino que se mantení-
an en posiciones más bien conservadoras.
La primera noticia que hemos localizado sobre la participación políti-
ca de la mujer japonesa data de 1909. Se trata del reportaje «Fiesta cele-
brada por la Asociación patriótica de Damas japonesas, en el palacio de la
marquesa Nobeshia».5 La Sociedad Patriótica de Mujeres (Aikoku
Fujinkai) no era propiamente una asociación feminista, sino una organi-

2. Destacamos la importancia de la Sociedad de las Medias Azules (Seitôsha), que actuó de


1911 a 1914. Es necesario indicar en este caso que la literatura fue una vía para formar un
grupo comprometido con la causa feminista.
3. Las principales organizaciones fueron la Nueva Sociedad de Mujeres (Shin Fujinkai,
1920), la Liga de Adquisición del Voto Femenino (Fusen Kakutoku Domei, 1924), la cris-
tiana Sociedad de Mujeres de Japón por el Voto (Nihon Fujin Sanseiken Kyôkay, 1920), y
las socialistas Sociedad de Olas Rojas (Sekirankai, 1921).
4. Para un estudio de la imagen de Japón en España véase la tesis doctoral del autor: ALMA-
ZÁN TOMÁS, V. David: Japón y el Japonismo en las revistas ilustradas españolas (1870-
1935), dirigida por la Dra. Elena Barlés Báguena y defendida en el Departamento de
Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza en julio de 2000; Prensas Universitarias
de Zaragoza, 2001, publicación en microfichas.
5. La Ilustración Artística, año XXVIII, n° 1449, 4/10/1909, p. 653.
Geisha, esposa y feminista: imágenes de la mujer japonesa en... ][ 255

zación creada en 1901 fundada por Okumura Ioka y subvencionada por el


gobierno, cuyo fin era la movilización de las mujeres en la expansión mi-
litarista nipona. Los artículos sobre el feminismo japonés propiamente di-
cho se empezaron a publicar a finales de los años veinte. Si la idealizada
geisha había sido en Occidente el prototipo de mujer japonesa, a finales de
los años veinte la imagen de la feminista se convirtió en su contrapunto.
Esta época fue un periodo de consolidación de las reivindicaciones fe-
ministas en todo el mundo y los países asiáticos, en los que la situación de
la mujer era muy desfavorable. Recordemos, por ejemplo, las deformacio-
nes de los pies en China por citar un caso representativo. En este contex-
to se publicaron algunos artículos sobre el «Feminismo en Oriente»6 y
«Las Mujeres Orientales: en vías de emancipación»,7 en los que se coloca-
ba a Japón por delante de Turquía, China o la India en este tema. En la
prensa española fue Japón el país asiático al que mayor atención se dedicó
en el desarrollo del feminismo.
En los años veinte la visión general que ofrecía Japón correspondía a la
de un país de grandes contrastes. Así por ejemplo, se comentaba: «Hay
movimiento socialista y feminista, sin embargo en las clases acomodadas
se estima de mal gusto las manifestaciones públicas de afecto y la mujer
debe tratar a su esposo como su amo».8 Japón en los años veinte era tam-
bién un país en constante ebullición social, en el que muchas mujeres lu-
charon abiertamente por sus derechos.
La revista La Esfera destacó en su atención al tema el feminismo japo-
nés. En 1927 apareció en esta publicación el artículo «Feminismo oriental:
La mujer moderna en el Japón», de Isabel de Palencia. La autora analiza-
ba el movimiento feminista Shi Fujin9 (Mujeres Modernas), fundado por
Akiko Hiratsuka,10 Fusae Hiratsuka11 y Umeo Okamura.12 Este movi-
miento luchó por la libre asociación y manifestación de las mujeres.
Siguiendo la estela de esta asociación se constituyeron otras asociaciones
feministas, algunas relacionadas con la educación, como la Liga de las
Mujeres Estudiantes de Japón y la Asociación Nacional de Maestras, y
otras, la Asociación Japonesa para el Sufragio Femenino, con un carácter
marcadamente político. También se resaltó la aparición en Japón de em-
presarias, como la señora Suzuki, directora de la empresa Suzuki en Kobe,
la señora Nakamura, la señora Makino, fabricante de metales y la señora
Mato Hani,13 dueña de varias editoriales.

6. Alrededor del Mundo, año XXXI, n° 1556, 13/4/1929, p. 408.


7. La Esfera, año XVII, n° 842, 22/2/1930.
8. «Japón, un país de contrastes», Alrededor del Mundo, año XXII, n° 1083, 20/3/1920.
9. Así apareció nominada la Shin Fujin Kyôfukai, ya mencionada anteriormente.
10. Se trata de Hiratsuka Haruko, más conocida como Hiratsuka Raicho.
11. Seguramente se refiere a Ichikawa Fusae, fundadora de la Shin Fujin Kyofukai.
12. Referencia a la feminista Oku Mumeo.
13. El nombre correcto es Hani Motoko, una de las primeras periodistas japonesas.
256 ][ VICENTE DAVID ALMAZÁN TOMÁS

Esta presencia femenina en cabeza de la sociedad, como sugirieron al-


gunos analistas, enlazaba con la gran importancia de la mujer en la
Historia japonesa. En «El feminismo en la vida moderna: La influencia de
la Mujer en la Civilización Japonesa»,14 José Carmona comentó el libro
Las mujeres japonesas de M. Yoshitomi. En el artículo se hablaba de cómo
«la mujer japonesa, tanto en el orden literario como en el orden religioso,
social y político del país, destacó siempre con acusado relieve su persona-
lidad, avivando con destellos de sapiencia, ternura y poesía la llama de la
civilización del Imperio del Sol» y se citaban tres grandes nombres: la em-
peratriz Jingô, conquistadora de Corea; la sacerdotisa Okûni, creadora del
Kabuki; y Sada Yacco, la célebre actriz moderna.15 Esta mirada a la
Historia japonesa se completaba con una interesante presentación del mo-
vimiento feminista y sus diversas facciones, la pacífica y la radical, con sus
líderes, las señoras Hirakûza,16 Yosano,17 Miyake y Yamakawa.18 El artí-
culo concluía refiriéndose al tema que mayor interés suscitó en España las
reivindicaciones feministas japonesas, el sufragio femenino:
Una de las campañas sostenidas con más ardor por las directoras del feminismo
es la que se refiere a la obtención del sufragio femenino, en atención a haberse
elevado la condición moral y social de la mujer.
Como es sabido, hasta después de la II Guerra Mundial, con la actual
Constitución bajo influjo norteamericano, la mujer no alcanzaría el dere-
cho al voto. El sufragio universal, para los hombres, fue aprobado en 1925.
Después de esta fecha fueron incesantes las movilizaciones feministas exi-
giendo la igualdad. Así lo pudieron ver los lectores de la Esfera en «Las
sufragistas japonesas en acción»,19 que informaba de las 20.000 firmas de-
positadas en La Dieta en 1927 por la Liga Sufragista solicitando el dere-
cho al voto de la mujer. El tema de «Las incansables sufragistas»,20 volvió
a las páginas de la revista en 1929, con motivo de las movilizaciones en las

14. Blanco y Negro, año XXXVIII, nº 1923, 25/3/1928. Cat. 843 y 844. Documento 18.
15. Para un estudio de la relación de Sada Yacco con España véase: Vicente David ALMAZÁN
TOMÁS: «La actriz Sada Yacco. El descubrimiento del teatro japonés en España», Anales de
la Literatura Española Contemporánea / Annals of Contemporary Spanish Literature,
Society of Spanish and Spanish-American Studies, University of Colorado at Boulder, 1999.
16. Hiratsuka Haruko, o Hiratsuka Raicho, fundadora de la Seito-sha
17. Yosano Akiko (1878-1942) fue una famosa poetisa, ensayista y periodista Yosano Akiko,
madre de once hijos y modelo de mujer fuerte e independiente. Entre sus obras más des-
tacadas se encuentran Midaregami (1901), su contribución a la gran compilación poética
Shin Manyôshu (1937-39) y su adaptación a japonés moderno del Genji Monogatari.
18. Yamakawa Kikone (1890-1980), es una admirada socialista feminista por su fidelidad in-
quebrantable de sus principios. Colaboró en la revista de la Seitôsha y en Shinshakai. En
1916 se casó con el socialista Yamakawa Hitoshi. Fue fundadora en 1921 de la asociación
socialista Sekirankai (Sociedad de las Olas Rojas) y tras la Segunda Guerra Mundial for-
mó parte del Partido Socialista Japonés. Entre sus escritos sobre el movimiento proleta-
rio y el problema de la mujer destaca Musansha undô to fujin no mondai (1928).
19. La Esfera, año XV, n° 741, 16/3/1928, p. 46.
20. La Esfera, año XVI, n° 802, 18/5/1929. p. 44.
Geisha, esposa y feminista: imágenes de la mujer japonesa en... ][ 257

elecciones municipales de Tokio, en las cuales con el lema «Ha llegado el


día de la purificación del regimen municipal», protestaban por la corrup-
ción política y su impedimento a votar. Finalmente, un último artículo so-
bre las feministas japonesa apareció al año siguiente, «Acción política de
la mujer: Unos cuantos lustros de sufragismo»,21 de la mano de Dorotea,
en el cual se informaba sobre su organización y las reuniones que realiza-
ban con los políticos para conseguir el derecho al voto.

EL MATRIMONIO

La mujer japonesa fue un tema central en el descubrimiento de Japón


en Occidente. Además de desmitificar la imagen idealizada de la geisha va-
rias publicaciones trataron de acercar a sus lectores la realidad cotidiana de
la mujer japonesa. En «La verdad sobre la mujer japonesa»,22 publicado
por Alrededor del Mundo en 1912, ante la frívola imagen de la japonesa
fruto del Japonismo, fue necesario señalar que «hay japonesas médicas,
maestras, artistas y literatas. Su situación social se sitúa entre las occiden-
tales y el resto de naciones en vías de desarrollo». También se comentó en
el artículo las claves de su vida familiar. Las japonesas eran prometidas
desde niñas, ya que la conveniencia y no el amor era el motivo de los ma-
trimonio, aunque tradicionalmente tenían grandes facilidades para el di-
vorcio, sobre todo en comparación con sus contemporáneas españolas.
Varias fotografías sobre diversos aspectos de la mujer japonesa tradicional,
ataviada con kimono y envueltas en el encanto del exotismo oriental, ilus-
traron estas aclaraciones.
Ciertamente, los artículos que se dedicaron a la mujer japonesa en el ám-
bito doméstico fueron muy variados. Por una parte encontramos simples no-
tas breves y anecdóticas, pero también fueron publicados documentados
artículos especialmente sobre el tema del matrimonio. Entre las breves notas
anecdóticas hemos de citar en primer lugar «Coquetería dental»,23 aparecido
en Alrededor del Mundo en 1917, ilustrado con un dibujo japonés de una
mujer en su tocador, en el cual se llamaba la atención sobre la costumbre de
las mujeres casadas de teñirse los dientes de negro para evitar que su sonrisa
sea motivo de tentación para el resto de los hombres. Meses después, en esta
misma revista, se podía leer una breve nota titulada «En el país del Mikado»,
en la que se informaba de la prohibición que impedía antaño los matrimo-
nios de japoneses con europeos. Al año siguiente Alrededor del Mundo vol-
vía a hacer referencia a la mujer casada en «Las mujeres del Japón»,24 en
donde se insistío en la costumbre del teñido de dientes y se hicieron agudas
observaciones, como que «la mujer japonesa es una europea al revés: lleva al

21. La Esfera, año XVII, n° 846, 22/3/1930, p. 40 y 41.


22. Alrededor del Mundo, año XIV, n° 693, 11/9/1912, p. 211 y 212.
23. Alrededor del Mundo, año XIX, n° 947, 23/7/1917, p. 67.
24. Alrededor del Mundo, año XX, n° 982, 25/3/1918.
258 ][ VICENTE DAVID ALMAZÁN TOMÁS

niño a la espalda, se pinta los dientes de negro, y cuanto más humilde es, más
consideración tiene por parte de su esposo». Pero lo que más se subrayaba
fue la sumisión familiar de la mujer respecto al sexo masculino: «La obliga-
ción de la mujer es la obediencia, tiene que cuidar de sus hermanos. Y obe-
decer a su padre, luego a su marido, luego a sus hijos». Las fotografías,
«Coquetería nipona», «Una belleza en capullo», y «Reverencia ante el mari-
do», hicieron referencia al encanto de la mujer japonesa y la comentada obe-
diencia al esposo.
Un artículo de gran interés titulado «La mujer japonesa»25 fue publi-
cado por Faraday en Nuevo Mundo en 1904. En este texto se aproxima-
ron al lector español algunas cuestiones sobre el honor familiar de la fiel y
leal mujer japonesa:
¿Cuál es la actitud de las japonesas cuando el desengaño cruel tortura sus lea-
les pechos? La desesperación loca pone en sus manos el puñal ¿o el terrible vi-
triolo para vengarse del hombre infiel? Nada más lejos de sus ánimos. Tales
destructoras armas sólo son dignas de las europeas, y el vitriolo predilectísimo
de las francesas.
La japonesa hace mejor sus cosas, y su venganza se realiza apagadamente y
sin escándalo. Cuando en su alma no queda ya vacío para la duda, se levanta a
media noche, se pone un traje blanco como el armiño, calza sus sandalias de
madera olorosa y cubre su cabeza con un bonete en el cual hay colocados tres
cirios encendidos. Así ataviada cuelga a su cuello un espejo que le cubre el pe-
cho, lleva en su mano izquierda una figurilla de paja, efigie de su esposo y en la
derecha algunos clavos y un martillo.
En esta guisa se encamina hasta donde se ostentan los árboles sagrados que
rodean cualquier santuario, clava furiosamente en un árbol la efigie del ser a
quien tanto amara, y solicita de la divinidad con ardientes súplicas la muerte del
ingrato, prometiendo si su deseo se cumple arrancar los clavos que desgarran el
sagrado arbusto.
Todas las noches renueva su visita al árbol y en él introduce más clavos,
profundamente persuadida de que así apresura la muerte del monstruo que la
abandonara, y de que la divinidad preferirá que la liberten del tormento de los
clavos a que de los goces mundanales siga disfrutando el infiel amante.
Esta costumbre constituye una especie de muerte por sugestión, y un refi-
namiento supremo de crueldad ideal, que seguramente dará desiguales resulta-
dos. Y si todas las japonesas burladas la practican, puede decirse que esas damas
son capaces de pasiones intensas, dignas de ser cantadas y enaltecidas por los
poetas de otras edades.
La europeización que el Japón se ha procurado acabará en breve con esa
práctica, que por lo visto es una de las mayores venganzas asiáticas del género
femenino.
También se habló de la subordinación de la mujer al esposo en el ho-
gar conyugal:

25. Nuevo Mundo, año XI, nº 531, 10/3/1904.


Geisha, esposa y feminista: imágenes de la mujer japonesa en... ][ 259

La japonesa vive tranquila en el hogar doméstico, reservando sus coqueterías


exclusivamente para su marido, a diferencia de muchas mujeres europeas, que
hacen precisamente lo contrario, y sometiéndose de buen grado a este precep-
to dulcísimo: Tu único dueño es tu esposo.
Desde el instante en que se casa, y también en esto difiere de las damas de
esta parte del continente, las seducciones que el traje comunica, reservadas en
Japón sólo a las solteras, disminuye y se simplifica en la esposa, que no debe ya,
mientras viva, atraer la pecaminosa mirada de ningún sujeto extraño.
Es por excelencia la japonesa el ángel custodio del hogar y también la bue-
na consejera, porque es cosa cierta que la mujer está dotada de grande inteli-
gencia, mucho mayor que la de su compañero en el Japón. Es el guía más seguro
hasta en los negocios más graves. La japonesa no sale de paseo con su marido
si éste no la invita previamente, costumbre que tampoco sentaría mal a las da-
mas de nuestros climas.
Si la autoridad del marido es omnímoda, en cambio, y como compensación
justísima, la japonesa es respetuosamente obedecida de todos los de la casa; ade-
más para significar su voluntad se vale de tan melífluos medios, así con la pala-
bra como con el gesto, que se experimenta una complacencia suma haciendo lo
que ella ordena.
Los artículos más completos fueron, como hemos señalado, los refe-
rentes a las bodas. El primero de ellos, «Del Japón poético: Las musmee
de casa»,26 fue publicado por Alrededor del Mundo en 1919, e ilustrado
con siete fotografías que constituían un auténtico reportaje nupcial, como
nos indican sus títulos: «El banquete de boda», «El tocado de la novia»,
«La novia llega a casa del novio», «Haciendo entrega de la novia», «La no-
via toma el té con su madre», «La ceremonia nupcial» y «La novia escan-
ciando a los invitados». En el texto se indicaba como en estas fechas la
bodas seguían teniendo un profundo sabor tradicional y que la figura del
casamentero seguía siendo imprescindible para acordar los matrimonios,
si bien la edad de los contrayente es ahora más tardía. El reportaje se com-
pletaba con informaciones sobre el traje de novia, blanco, de largas man-
gas y un gran obi en la cintura, y la ceremonia, que solía ser en la casa del
novio, donde luego viviría la pareja.
En 1925, en «Cómo se casa una musmé»,27 la revista completó más in-
formaciones sobre la boda de una mujer japonesa. Los lectores españoles
pudieron conocer entonces que en Japón el celibato era muy extraño, con-
siderándose casi una aberración mental, y, por otra parte, que los divor-
cios eran frecuentes. También se destacó un tema que fue una constante en
las informaciones publicadas sobre el matrimonio japonés. Nos referimos
al hecho de que el amor no intervenía en absoluto en los proyectos de
boda, y que los enlaces matrimoniales eran pactados a través de un curio-
so tipo de intermediario: el nakodo, quien planeaba distintos clases de en-
trevistas, el mi ai, o encuentro para verse, pero no hablarse. Unos dibujos

26. Alrededor del Mundo, año XXI, n° 1035, 31/3/1919.


27. Alrededor del Mundo, año XXVII, n° 1371, 26/9/1925, p. 293 y 294.
260 ][ VICENTE DAVID ALMAZÁN TOMÁS

que acompañaban al texto ilustraron las actitudes familiares de la mujer ja-


ponesa en algunas poses típicas con sus hermanos e hijos: «Una musmé
acompañando a sus hermanitos», «Y empiezan las cortesías exageradas»,
«Pasan las madres llevando a cuestas sus pequeños». En una segunda en-
trega de «Cómo se casa una musmé II»,28 se informó del elevado coste de
las dotes de las hijas y de las ceremonias, los regalos que intercambian los
novios antes de la ceremonia, el obi y el kamishino,29 y las características
de la ceremonia, en casa del novio, en el salón o tokonoma, ella vestida de
blanco. La ceremonia en sí se concentraba en un triple cambio de las co-
pas, que simboliza que en la vida los contrayentes lo compartirán todo.
Finalmente, una última referencia al tema del matrimonio lo encontra-
mos de la pluma del crítico teatral de La Esfera Cristóbal de Castro en «El
amor y el matrimonio. En el Imperio del Sol Naciente nadie se casa por
amor».30 Comienza el autor señalando que «la actuación en Barcelona de
una compañía japonesa da actualidad a las costumbres del lejano país», ra-
zón por la cual, siguiendo a Naomi Tamura, comenta cómo en el Japón
nadie se casaba por amor, así como las diferencias sociales entre hombre y
mujer en la familia, llegando a la conclusión de que la mujer japonesa sólo
podía ser geisha en las casas de té o esclava en el hogar.

LA GEISHA

La geisha fue en Occidente la encarnación femenina de Japón. El encan-


to, la sutileza, el misterio y el exotismo de este lejano país del Extremo
Oriente envolvieron desde un primer momento a las geishas japonesas. En
su presentación arquetípica, construida a través de ensoñaciones producidas
por la contemplación de los grabados ukiyoe, las narraciones de Pierre Loti
y las representaciones de Madama Butterfly, se forjó una imagen idílica y
alejada de la realidad de estas mujeres. No es el objetivo de esta tesis analizar
la realidad sociológica e histórica del periodo Edo (1616-1868) y profundi-
zar en el mundo real de las condiciones de vida de las geishas en los barrios
de placer, eufemismo empleado para denominar a los prostíbulos.31 Tampoco
es este el lugar de comentar cómo se definió esta imagen irreal de la geisha.32
Nuestras pretensiones se limitan a analizar la presentación de la geisha en la
prensa española y presentar los esfuerzos realizados por aproximar a los lec-
tores una imagen más fiel de lo que eran las geishas.

28. Alrededor del Mundo, año XXVII, n° 1372, 10/3/1925, p. 319.


29. EL novio regala a la novia el obi, lujosa faja de seda bordada que se lleva sobre el kimo-
no, y la novia regala el kamishino, vestido de seda multicolor.
30. La Esfera, año XVII, n° 866, 9/10/1930, p. 12 y 13.
31. Una documentada presentación de este mundo puede encontrarla el lector en la intro-
ducción de Antonio Cabezas a su traducción de Ihara Saikaku: Hombre lascivo y sin li-
naje, Hiperión, Madrid, 1982, p. 9-22.
32. En futuros trabajos presentaremos investigaciones más completas sobre la representación
de la geisha en la cultura española.
Geisha, esposa y feminista: imágenes de la mujer japonesa en... ][ 261

En primer lugar, es necesario subrayar la importancia de la geisha


como figura representativa de Japón fue enorme. Excluyendo aquí las in-
formaciones artísticas y teatrales y centrándonos en los artículos e imáge-
nes dedicadas a descubrir el Japón tradicional, hemos de comentar que, en
la cronología que abarcamos, las geishas ocuparon en siete ocasiones las
portadas de las grandes revistas españolas. Asimismo, se publicaron nue-
ve artículos, algunos de ellos extensas monografías, en los que se escribió
sobre el papel de las geishas en la cultura nipona; esto sin contar las nu-
merosísimas ocasiones en los que en artículos generales sobre Japón, aun-
que no se hablara de las geishas, su imagen se empleó para llamar la
atención de los lectores.
Comenzaremos nuestro estudio con las portadas. Las primeras ocasio-
nes en las cuales las geishas alcanzaron las portadas de las revistas ilustra-
das españolas de información general se corresponden con la Guerra
Ruso-japonesa (1904-1905). Esta contienda fue un acontecimiento infor-
mativo de gran repercusión en la publicación de reportajes sobre los más
diversos aspectos de la vida y cultura japonesa. En febrero de 1904, recién
iniciados los combates, la revista Nuevo Mundo colocó en su portada una
rotulación orientalizante y un fotograbado de «Una japonesa»,33 una
geisha vestida con el tradicional kimono y ataviada con una sombrilla.
También «Una geisha»,34 esta vez en fotografía, fue la portada de
Alrededor del Mundo en abril de 1904. Nuestra protagonista portaba en
esta ocasión un samisen, laúd de tres cuerdas muy empleado en la música
del periodo Edo, que es a la geisha lo que la katana es al samurai, esto es,
su más característico atributo. Y, por último, tan sonriente como escotada
estaba la geisha que ocupó la portada de Nuevo Mundo «Una japonesa»,35
en enero de 1905.
Después de la Guerra Ruso-japonesa, las portadas de geishas también
estuvieron presentes de manera aleatoria hasta los años 30. Una fotografía
de tres geishas, con vistosos kimonos y abanicos, fueron el tema de la por-
tada «Japonesas»,36 publicada en Por Esos Mundos en 1909. En 1915 la re-
vista Alrededor del Mundo presentó una portada titulada «La geisha de
paseo»,37 una fotografía en la que aparecía una geisha transportada en un
palanquín por dos porteadores sobre un puente. Un grupo de geishas,
compuesto por «La actriz cinematográfica Lo Holl, en un papel de
Gheisha, y a su izquierda, Nabso-san, una de las gheishas más lindas de
Kyoto»,38 fue portada de Blanco y Negro en 1926, dando paso a un artí-
culo de Eusebio Gómez Carrillo titulado «Recordando a las gheishas de
Tokio», que comentaremos enseguida. Finalmente, «Del Japón Heroico y

33. Nuevo Mundo, año XI, n° 529, 25/2/1904, portada.


34. Alrededor del Mundo, año VI, n° 253, 6/4/1904, portada.
35. Nuevo Mundo, año XII, n° 575, 12/1/1905, portada.
36. Por Esos Mundos, años X, n° 173, 1/6/1909, portada.
37. Alrededor del Mundo, año XVII, n° 843, 26/7/1915, portada.
38. Blanco y Negro, año XXXVI, n° 1822, 18/4/1926, portada.
262 ][ VICENTE DAVID ALMAZÁN TOMÁS

Galante»39 fue el nombre puesto a una portada de Nuevo Mundo de 1933,


en la cual aparecían una fotografía de tres engalanadas geishas lavándose
las manos. Sin lugar a dudas, podemos afirmar que el tema de la geisha, en
múltiples poses y actitudes, pero siempre con su inherente encanto, fue el
tema más frecuente sobre el Japón tradicional aparecido en las portadas de
las revistas ilustradas de información general.
Este protagonismo en las portadas también se reflejó en el interior de
las páginas de las revistas, donde encontramos artículos e imágenes sobre
las geishas desde 1894 hasta 1930. Realizaremos una exposición desde cri-
terios cronológicos para comprobar que existieron permanentemente
unas constantes en la visión de la geisha, así como una insistente preocu-
pación por aclarar a los lectores que estas mujeres no eran prostitutas, sino
jóvenes educadas para conversar, recitar, cantar y danzar.
La primera ilustración que hemos localizado en nuestra investigación
de un grupo de geishas fue un fotograbado Swaim titulado «Tipos y cos-
tumbres japoneses: Un juego de prendas»,40 en el que aparecían ocho geis-
has, en un típico interior japonés decorado con biombos, jugaban y
danzaban al ritmo de dos samisen. Esta lúdica imagen fue publicada por
La Ilustración Española y Americana en 1894, fechas en las que Japón lle-
gaba a las redacciones occidentales por los acontecimientos bélicos de la
Guerra Sino-japonesa (1894-95). El aspecto musical de las geishas volvió
a estar presente en 1900 en Alrededor del Mundo en «Algunos bailes exó-
ticos»,41 ilustrado con un «Baile de geishas japonesas», donde se afirmó:
El Japón parece ser el país donde mayor culto se rinde al baile. Allí florecen las
famosas geishas, mujeres encantadoras por su educación y por su gracia; hay
millares de ellas y no sólo cantan para recreo de los particulares, sino que for-
man parte de muchas ceremonias de los templos.
El año 1904, con la moda por Japón que supuso la Guerra Ruso-japo-
nesa, trajo a los lectores de Alrededor del Mundo el descriptivo artículo
«Lo que son las geishas del Japón. Las mujeres más agradables del mun-
do»,42 ilustrado con fotografías de geishas. Como en otros artículos sobre
el Japón tradicional, no deja de sorprendernos los símiles que se introdu-
cían para acercar al lector ibérico al tema:
Las personas de la buena sociedad japonesa no van al teatro; el teatro va a ellas
en forma de geishas, o sea bailadoras y cantadoras. Es lo mismo que se hace en
Andalucía cuando una persona distinguida quiere ver una zambra gitana. Solo
que las geishas no tienen nada de la grosería de las gitanas.
Para comprender bien esta costumbre, hay que figurarse a un señor rico de
Madrid y aficionado a divertirse y a vivir bien, quisiera convidar a un par de
amigos a una fiesta íntima. Elegiría a la actriz o cantante que más le agradara;

39. Nuevo Mundo, año XL, n° 2070, 10/11/1933, portada.


40. La Ilustración Española y Americana, año XXXVIII, n° 37, 8/10/1894, p. 204.
41. Alrededor del Mundo, año II, n° 62, 9/8/1900, p. 101 y 102.
42. Alrededor del Mundo, año VI, n° 252, 31/3/1904, p. 193 y 194.
Geisha, esposa y feminista: imágenes de la mujer japonesa en... ][ 263

iría al hotel o establecimiento en que estuviera contratada; la encargaría en


unión a otra o de otras artistas de la misma casa, y dispondría que se le reser-
vase un rinconcito y se preparara una comida fina. A la hora señalada iría con
sus amigos y se encontraría en un salón con las artistas encargadas. Estas luci-
rían sus habilidades y cuando el anfitrión y sus amigos se cansaran de verlas
cantar, representar o bailar, las invitarían a sentarse y conversar con ellos. Eso
es lo que hacen los japoneses con las geishas.
De gran interés resultaron las informaciones que este artículo propor-
cionó para aclarar qué era una geishas, especialmente las referentes a la ex-
quisita educación de estas mujeres, insistiéndose en su encanto, elegancia
y capacidad para alegrar el espíritu de sus clientes:
La geisha empieza a educarse para su profesión desde los siete años, y se retira
de ella siendo todavía joven. Si no se casa, los regalos que ha recibido suelen
constituir una pequeña fortuna. Muchas de ellas, al abandonar la vida activa,
ponen colegios donde se educan las niñas destinadas a geishas.
La misión de la geisha es alegrar la vida, y se la educa casi exclusivamente
para ello. Aprende a bailar y a cantar y a tocar todos los instrumentos; sabe los
mejores cuentos y los últimos chistes; recita infinidad de poesías, de historias
de amor y de novelas; cultiva como un arte exquisito la conversación y el inge-
nio; los únicos juegos que ignora son los que no se han inventado. Es graciosa
y juguetona como un gatito. Sus modales son exquisitos. Su alegría, el mejor de
los tónicos. Así se comprende el gran partido que tienen y lo mucho que la es-
timan los japoneses. Hay casinos, como el Club del Arce, de Tokio, donde edu-
can y mantienen las geishas más refinadas de todo Japón.
Porque no sorprenderá a nadie, después de leer estas líneas, el saber que las
geishas son las mujeres más elegantes del país. Los japoneses no consideran dis-
tinguido que sus mujeres vistan bien; la esposa japonesa viste generalmente una
especie de medio luto.
La importancia musical de la geisha, en la interpretación del samisen y
los bailes, también fue comentada en este artículo, si bien las música japo-
nesa, de muy difícil acceso para el oyente occidental, fue descalificada:
Cuando cantan lo hacen con mucha afinación, según el deplorable gusto japo-
nés en cuestión de música, y se acompañan tocando el samisén. Cuando bailan,
no mueven los pies; su danza se compone de movimientos del cuerpo, y sobre
todo de actitudes que toman con el abanico, o el velo, o algún otro objeto. Sus
bailes representan habitualmente las cuatro estaciones, y uno de los más popu-
lares se llama La danza de la Luna. Las monadas que hacen y sus instintos algo
felinos, han hecho que los japoneses den a las geishas el apodo de nekko, pala-
bra que significa gato.
Finalmente, el artículo se dedicó a aclarar la falsedad de identificar a la
geisha con la cortesana, a describir las características de sus llamativos
atuendos y a significar que es una profesión que tenía un gran respeto so-
cial en Japón:
Hay gente, no muy al tanto de las intimidades de la vida japonesa, que cree
que las geishas son cortesanas más o menos refinadas.
264 ][ VICENTE DAVID ALMAZÁN TOMÁS

Y no es así. Aparte de que las cortesanas japonesa viven recluidas en sus ba-
rrios, del cual el más famoso es el Yoshiwara de Kioto, y en casas con cuya es-
plendidez y hermosura sólo pueden competir los templos, tienen en el traje y
el tocado signos que las distinguen de las demás mujeres, ni más ni menos que
como las antiguas cortesanas españolas usaban por obligación los picos pardos
en sus vestidos.
La geisha se adorna con flores el negrísimo cabello; las cortesanas se ponen
en el tocado grandes horquillas de concha, que sobresalen como la clavija de
una guitarra, y además están obligadas a ponerse delante un gran lazo de la faja
de brocado, que las demás japonesas llevan por detrás. Más no se crea que ésta
es señal de infamia. Su profesión no es despreciable en Japón...
...Porque hasta en la profesión de las inquilinas de los Yoshiwara hay no
poco de virtud; muchas de ellas se venden por unos cuantos años para librar de
la miseria a sus padres arruinados, o con el fin de reunir el dote necesario para
casarse con el elegido de su corazón.
Sin embargo esta visión positiva de la geisha no fue del todo generali-
zada, y algunos opositores a Japón durante la Guerra Ruso-japonesa,
como Fernando de Urquijo, que afirmaba que Japón era «un fanático
amarillo con careta europea», señaló negativamente la legalidad de la pros-
titución en «Cosas del Japón»,43 publicado por Nuevo Mundo en 1904.
Pero como hemos señalado, lo habitual fueron comentarios favorables
a las geishas. En 1918, un artículo dedicado a «Las mujeres del Japón»44 en
Alrededor del Mundo se volvió a repetir que «la geisha no es una mujer de
vida alegre, sino una joven educada en la música, el canto y el baile», tal
como podían los lectores apreciar en las fotografías que acompañaban a
texto, en las que aparecieron «Una orquesta de geishas o músicas asalaria-
das», una «Geisha tañendo el samisen o laúd japonés» y una «Bailarina ja-
ponesa en una pantomima».
Los mismos comentarios sobre que no son prostitutas sino maestras en
bailes, música y conversación, reaparecieron en otro artículo de Alrededor
del Mundo de 1922 sobre «La geisha del Japón: la mujer de encanto»,45 en
el cual se recomentada a los lectores el Maple Club de Tokio, famoso en-
tre los extranjeros por sus geishas. Con cierto humor se destacaba la pre-
sencia de las geishas como lo mejor de un banquete, por encima de la
comida, compuesta por pescado crudo y sopa de algas. Seis ilustrativas fo-
tografías mostraron a los españoles a varias geishas en típicas escenas, pro-
pias de las postales más costumbristas del Japón tradicional: «Con
exquisita cortesía dos geishas se saludan», «Geishas viajando en palan-
quín», «Paseo en Ji-kinkin-Shas», «Tipo de geishas japonesas», «Geisha
bailando y cantando» y «Mientras toma el té la geisha escribe una carta».
Incluso se mostró su piedad religiosa tras los terribles terremotos de
1923 en una fotografía publicada en La Esfera en la que se veían unas

43. Nuevo Mundo, año XI, n° 542, 26/5/1904.


44. Alrededor del Mundo, año XX, n° 982, 25/3/1918.
45. Alrededor del Mundo, año XXIV, n° 1195, 13/5/1922.
Geisha, esposa y feminista: imágenes de la mujer japonesa en... ][ 265

«Geishas de Tokio celebrando una ceremonia fúnebre en el cementerio, en


memoria de sus compañeras muertas en los recientes terremotos en
Japón».46
Un destacable artículo de la pluma del escritor guatemalteco Eusebio
Gómez Carrillo, gran difusor del alma japonesa entre los hispanohablan-
tes de principios de siglo, fue publicado por Blanco y Negro en 1926. Se
trataba de «Recordando a las gheishas de Tokio»,47 una mirada retrospec-
tiva con comentarios y anécdotas de la estancia del autor en el Japón y sus
experiencias con las geishas, símbolo viviente del Japón tradicional cada
vez menos frecuentes a medida que avanzaba el siglo. Gómez Carrillo co-
menzó su exposición con las noticias ofrecidas por el viajero alemán
Heinz Karl Heiland sobre la dificultad de encontrar en estas fechas au-
ténticas geishas y el elevado precio de sus servicios:
Las gheishas, las adorables y ceremoniosas gheishas, distribuidoras de dulces
sonrisas y sugeridoras de ensueños sentimentales, se hacen cada vez más raras.
Ya no forman parte de todas las cenas de las casas de té, como hace algunos
años. Ya hay que buscarlas en las agencias y contratarlas por escrito, lo mismo
que si fueran artistas teatrales. Y no es que las costumbres cambien, ni que las
familias dejen de educar a sus chiquillas en escuelas aristocráticas, en las que se
les enseña a embellecer y animar las fiestas nocturnas. El alma de los japoneses
no varía. Lo que varía es el precio de las cosas.
De nuevo se dedicó una parte importante de los comentarios sobre las
geishas para señalar que no profesionales de la prostitución:
Pero endulzadoras de la vida no quiere decir lo que la malicia europea se figu-
ra. La gheisha no tiene nada de común con la hetera. Inmaculada llega a las fies-
tas, e inmaculada vuelve a su casa o a su escuela. Su ministerio se reduce a
recibir a los invitados, en nombre del anfitrión, para darles la ilusión de que se
hallan en el seno de su familia. Una costumbre tradicional, en efecto, impone al
hombre de alto rango el deber de ofrecer a los amigos a quien reúne los place-
res de la charla y del canto de las mujeres. Otra costumbre, no menos tradicio-
nal, se opone a que las personas de abolengo dejen penetrar en sus gineceos a
los hombres que no son de su familia. Para conciliar tan contradictorias obli-
gaciones, la sutileza nacional creó, hace largos siglos, la casta refinada de las
muchachas esbeltas, eruditas, armoniosas y amables que, con sus danzas, con
sus cantos, con sus improvisaciones, con sus sonrisas y con sus palabras, cons-
tituyen el verdadero hechizo de las fiestas niponas. Cuando los samurayes que
se reúnen para cenar y, sobre todo, para beber tazas de saké, no se quieren re-
signar de antemano a mostrarse tan respetuosos con las que comparten sus or-
gías como con sus propias hermanas, en vez de gheishas de kimono virginal
convidan a unas cuantas oirás. Las oirás son las cortesanas. Mas como en aquel
país todo deber ser poético, hasta esas pobres vendedoras de sonrisas viven ro-
deadas de leyendas románticas, de imágenes sentimentales y de etiquetas sun-

46. La Esfera, año XI, n° 543, 31/5/1924.


47. Blanco y Negro, año XXXVI, nº 1822, 18/4/1926.
266 ][ VICENTE DAVID ALMAZÁN TOMÁS

tuosas. Y así se engañan a sí mismas creyéndose princesas de amor, cuando, en


realidad, apenas son damas de los crisantemos de las efímeras aventuras.
Otros autores, como F. de Casas Gancedo, no se detuvieron en estas
disquisiciones sobre las geishas, pero lejos de condenarlas, en un artículo
titulado «¿Qué es el vicio?»,48 se refería al prestigio de las geishas en la so-
ciedad japonesa para demostrar la relatividad geográfica y cultural de las
normas morales.
Finalmente, un último artículo dedicado a «Las geishas en la vida ja-
ponesa»49 fue publicado en La Esfera en 1930, en el cual se describió a las
geishas como «consubstanciales» al Japón. En el texto se llamó la atención
sobre el prestigio internacional que gracias a la literatura habían alcanza-
do las geishas, especialistas en servir té, danzar, cantar y bailar, pero tam-
bién se comentaron datos sociológicos como su iniciación a los trece o
catorce años como salida a la pobreza. Como es propio de La Esfera,
abundante información gráfica completó el artículo, con fotografías de
«Las geishas en una fiesta aristocrática», «Las geishas en una fiesta popu-
lar», «Las geishas sorprendidas haciendo música en la intimidad» y «Un
cortejo en que las geishas son llevadas en triunfo».
Nos queda finalmente para completar nuestro análisis de la presencia
de la figura de la geisha en la imagen del Japón tradicional ofrecida por las
revistas ilustradas españolas comentar aquellas ilustraciones de geishas
que aparecieron en diversos reportajes generales sobre Japón, un hecho
que nos indica que la popularidad de la geisha como icono representativo
de Japón. Las fotografías publicadas en estos artículos generales fueron
muy semejantes a las ya citadas.
Un «grupo de jóvenes japonesas» geishas acompañaron a los retratos
de los emperadores de Japón en «El Imperio japonés»,50 de Juan
Mencarini, publicado en 1903 en Por Esos Mundos, donde se elogió el gra-
do de modernización de Japón. En 1919, «Una belleza de Tokio» y «Una
belleza de Nagasaki», ornamentaron el reportaje «La higiene de las japo-
nesas»51 en Alrededor del Mundo. Otro grupo de geishas, contrapuesto a
un grupo de mujeres modernas, fue la ilustración de «Feminismo oriental:
La mujer moderna en el Japón»,52 de Isabel de Palencia, publicado en La
Esfera en 1927. Como exponente del viejo Japón también fueron presen-
tadas en 1928 en Alrededor del Mundo unas «Geishas de excursión en los
alrededores de Tokio», al repasar «Algunas estampas de la capital japone-
sa».53 Pero, a pesar de que a finales de los años 20 las geishas empezaban a
convertirse en vestigios del pasado, la imagen de la geisha era ineludible

48. Alrededor del Mundo, año XXX, n° 1513, 16/6/1928.


49. La Esfera, año XVII, n° 863, 19/7/1930, p. 38.
50. Por Esos Mundos, año V, n° 109, 1/2/1903, p. 137 y 148.
51. Alrededor del Mundo, año XXI, n° 1045, 9/6/1919.
52. La Esfera, año XIV, n° 680, 15/1/1927.
53. Alrededor del Mundo, año XXX, n° 1531, 20/10/1928, p. 7 y 8.
Geisha, esposa y feminista: imágenes de la mujer japonesa en... ][ 267

objetivo de las cámaras de los visitantes de Japón. En su paso por el País


del Sol Naciente en «La vuelta al mundo del dirigible Conde Zeppelin»,54
en 1929, la noticia apareció en Nuevo Mundo ilustrada con unas geishas
en una calle típica de Tokio. También en la revista Mundo gráfico, en el re-
portaje de E. Contreras y Camargo sobre «La primera vuelta al mundo en
el Graf Zeppelin»,55 aparecieron los «Pasajeros del Graf Zeppelin, después
del almuerzo servido por las geishas en Kasumigawa (Japón), momentos
antes de la salida para América». Y, en 1930, otras geishas ilustraron un
«Viaje alrededor del mundo»56 publicado por Alrededor del Mundo.
Finalmente, acabando ya con este recorrido por las fotografías de artícu-
los variados sobre Japón, hemos de comentar «La tayú, magníficamente
escoltada por las pequeñas komoro» y «He aquí un juvenil grupo de geis-
has en una casa de té», que sirvieron de ilustraciones para el artículo de
Cristóbal de Castro «El amor y el matrimonio: En el Imperio del Sol
Naciente nadie se casa por amor»,57 en La Esfera. Todas estas imágenes
publicadas contribuyeron a difundir en España la imagen de Japón repre-
sentada por los kimonos y abanicos de las geishas.

CONCLUSIÓN
Paralelamente al desarrollo del fenómeno del Japonismo en la cultura
española, esto es desde finales del siglo XIX a la Guerra Civil, encontra-
mos en la prensa española un gran número de informaciones que mostra-
ron a los lectores distintos aspectos de Japón y su cultura. La mujer
japonesa fue uno de los temas más atractivos, sobre todo por la atracción
hacia el exotismo de moda que suponía la geisha, idealizada en el arte, te-
atro y literatura occidental. No obstante, los medios de comunicación no
se limitaron únicamente a repetir este estereotipo, sino que se preocupa-
ron de desmitificar esta figura, así como de completar una imagen más
completa de la mujer japonesa. De este modo, encontramos en la prensa
varios reportajes dedicados al ámbito doméstico y matrimonial, que pre-
sentaron informaciones sobre la mujer japonesa como esposa. Finalmente,
la modernidad de la sociedad japonesa, ya entonces una de las principales
potencias mundiales, se reflejó también en diversos reportajes sobre el
desarrollo del feminismo japonés. Este conjunto de informaciones lo de-
bemos de valorar como un reflejo del interés general que suscitó Japón en
Occidente, en el que lo femenino jugaba un importante papel.

54. Nuevo Mundo, año XXXVI, n° 1857, 23/8/1929.


55. Mundo Gráfico, año XX, n° 974, 2/7/1930.
56. Alrededor del Mundo, año XXXII, n° 1594, 4/1/1930, p. 12.
57. La Esfera, año XVII, n° 866, 9/10/1930, p. 12 y 13.

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