Mariano Melgar: Poeta y Héroe Nacional
Mariano Melgar: Poeta y Héroe Nacional
MELGAR
MELGAR 3
POETA Y PRÓCER
Este libro conmemora al héroe de las alturas de Umachiri y al poeta que dio forma a las voces
indígenas del yaraví. La vida de Mariano Melgar representa la voluntad de aquellos peruanos que,
entre agosto de 1814 y marzo de 1815, nos dieron los ideales republicanos de libertad, democracia,
igualdad, benevolencia, solidaridad y justicia. Su historia muestra el desgarrador conflicto de la
conciencia entre dos mitades del país y el inicio de una nueva aurora en la vida nacional. Es
también el testimonio del pensamiento y la acción durante uno de los acontecimientos clave
en el proceso de independencia peruana. En el bicentenario de su muerte, la Presidencia del
Consejo de Ministros quiere ofrecer un justo homenaje a Melgar: cantor de la nación peruana,
patriota arequipeño y luz de nuestro firmamento literario.
PRESENTACIÓN
El Perú es fuente de inspiración para que muchos defiendan su patria ofrendándole su vida. Los
hechos y los personajes de su rica historia son ejemplo permanente de valores en esta ofrenda.
Desde el año 2010, en el marco de la campaña de valores, Telefónica ha publicado diversas obras
que contienen relatos históricos. Son publicaciones que recogen, para las nuevas generaciones,
el ejemplo, testimonio y valores de peruanos excepcionales.
Mariano Melgar es inspirador de la causa nacional. Con sus poesías y yaravíes, llegó al corazón
y a la conciencia del pueblo. Sus mensajes motivaron la participación activa de muchos en la
emancipación política de la patria. La pasión y la entrega del gran poeta arequipeño fue causa de
su muerte a los 24 años, durante su actuación en la rebelión de 1814-1815 en Umachiri.
Esta antología poética de Melgar tiene por objetivo que comprendamos la fusión de temas,
estructura y musicalidad de la cultura indígena, barroca y clásica de esa época. La creación de
Melgar es uno de los pilares de la literatura peruana.
Entregamos esta edición como confirmación y fuente de inspiración para los peruanos que viven
en un mundo diferente al de Melgar. Su mensaje apasionado continúa vigente, aun en medio de
los avances y grandes cambios experimentados hoy por la sociedad peruana.
CONTENIDOS
Pág.
Bibliografía general
157
Índices
161
Registro de autores
167
10 MELGAR
MELGAR 11
Melgar contemporáneo:
una vida entre la experiencia neoclásica
y la expectativa republicana
comprender las conflictivas percepciones de los ilustrados limeños sobre las formas
discursivas andinas. En un “Rasgo remitido por la sociedad poética sobre la Música en
general, y particularmente de los Yaravíes” publicado en el N.° 101 (1791: 284-291)
de autor anónimo, se diserta sobre la música, “contrayéndose especialmente a la de los
Yaravíes que es originaria de nuestra Patria” (285). Obsérvese la aceptación de una forma
discursiva andina como distintiva de lo propio y la percepción de la patria imaginada
como un conjunto de rasgos culturales singulares. Más adelante, se sostiene que:
¿Quién no se sentirá conmovido al oír esta canción entonada en su aire
natural y patético? Precisamente el Yaraví influye tristeza: su origen
es el más tétrico, y su memoria la más dolorosa: los versos que se
acomodan a estas canciones son tan análogos a la composición música,
que difícilmente se encontrara unión más bien guardada, y esta es la
excelencia más noble de los Yaravíes (285).
Párrafo revelador ya que indica la capacidad del yaraví de conmover a todos, más allá de
su filiación cultural. Adicionalmente, debe destacarse la conciencia de que esta canción
poética es una unidad indisociable entre música y letra, donde la primera mantiene
cierto predominio. Luego de un detenido análisis de los tonos y las estructuras musicales
del yaraví, y de los efectos resultantes de su poderío y natural gravedad, se incide en
las composiciones poéticas y se afirma que contribuyen a crear el efecto devastador de
tristeza porque se refieren a la funesta memoria del objeto amado, a la desesperación de
una imaginación celosa o a las tiranías del amor:
De suerte que según es el dolor que aflige, así se le acomodan los versos.
De estos unos son endechas de cinco sílabas, otras de seis y siete; y
también se componen redondillas, quintillas, cuartetas, décimas y
glosas: pero lo más maravillosos es, que el metro lo adornan de símiles
muy oportunos, comparaciones propias y figuras adecuadas; se vierte
varios y hermosos trozos de mitología y amenizan el pensamiento con
ejemplos de aves, selvas, río, montes y otros semejantes (286).
En ningún otro texto del sistema literario de elites colonial, podremos encontrar un
elogio tan completo de una forma discursiva andina. Aunque se conserva la sorpresa que
esconde el prejuicio y hay un claro intento de adscribir el yaraví a las formas discursivas
occidentales, el texto es un quiebre en la formalización del otro indígena. Más adelante,
se añade la irreductibilidad como una característica de este fenómeno cultural, es decir,
la extrema singularidad del indio y del yaraví. La conclusión es obvia: el yaraví es una
metonimia del indio, pero la perturbadora descripción de este último configura una
estrategia que incide en la diferencia frente al sujeto criollo occidentalizado.
Su natural, su condición, su genio y su humor, todo es propenso á lo
pánico y triste: sus habitaciones son obscuras, de bajas techumbres y de
fábrica melancólica: su comida parca y la mas frugal: su lecho humilde y
en el suelo: hasta su vestuario es de unos colores extraños y tristes; por
lo cual todo cuanto el Indio, hace, dice y piensa, es acompañado de una
natural seriedad que les influye su temperamento. Gustan solo de oír el
lúgubre canto de las cuculíes y de otras aves agoreras y funestas, porque
solo aquello tenebroso les acomoda (287).
Las isotopías semánticas (tristeza, seriedad, tenebroso) forman parte de la representación
tradicional de las elites coloniales letradas del otro indígena. Lo nuevo consiste en evitar u Arequipa from the Alameda,
dos tópicos discursivos: a) la adscripción explícita o implícita del indio a la barbarie y b) litografía por Vicent Brooks. En
Clements R. Markham, Cuzco:
el menosprecio de sus productos culturales. Por el contrario, el texto establece que “los
A Journey to the Ancient Capital
Yaravíes, Cachuas y otras canciones indicas son las más excelentes que se conocen; pues of Peru...(Londres, 1856).
hermanando la Música y la poesía en el lleno de sus composiciones; resulta una orden y Biblioteca Nacional del Perú.
MELGAR 13
Manuscrito de fábula “El murciélago”. En Un manuscrito autógrafo y desconocido de Mariano Melgar (Lima, 1971).
MELGAR 17
Fábulas “Los gatos” y “El murciélago.” El Republicano, tomo 2, N.° 81, p. 52 (Arequipa, 16 de junio de 1827).
18 MELGAR
La acerba crítica contra este artículo se manifiesta en “Carta dirigida a la Sociedad por el
despacho contra el Mercurio número 100” (1792: 33-34). En ese texto se sostiene que
el artículo en cuestión es “un embrión confuso por lo que hace a la canción, y un elogio
arrebatado lleno de suposiciones generales, por lo que respecta a sus afectos” (33). Más
adelante, “este canto nacional y propio del carácter del Indio, tiene unas modulaciones
muy distintas a las de Europa: bien que en lo que hace a la melodía y a la armonía concurre
con todos” (34). Es decir, sus estructuras musicales remiten a patrones conocidos, pero
su estructura verbal no: la afirmación implícita es que el quechua posee otra estructura
versal. El autor de esta carta desarrollará sus ideas en un texto titulado: “Carta sobre
la música: en la que se hace ver el estado de sus conocimientos en Lima, y se critica el
Rasgo sobre los Yaravíes impreso en el Mercurio núm. 101” (1792: 108-114; 116-118).
El texto expone cuatro argumentaciones interrelacionadas: a) los Yaravíes son
composiciones hechas en los tiempos de calamidad. Sus letras hacen relación “a la
catástrofe sucedida en el destrono del Príncipe Peruano” (112); b) el yaraví no es la
única manifestación musical de los indios, sino que poseen diferentes Cashuas para sus
festejos placenteros y también sus propios Cascabelillo y Negrito cuyas modulaciones
alegres y vivas invitan a la danza; c) el yaraví publicado en el rasgo no cumple con las
características formales (medida, tono, compás) que él encuentra en doce yaravíes que
posee; d) ni original ni inimitable, el yaraví es una canción popular como la hay en toda
cultura; e) excelsa y sin par es la música de Pergolesi, no el yaraví que tiene poco mérito
porque “las violentas transiciones en que estriba su ser, no permiten el ingreso a la
armonía (...) solo se encuentra en ellos una melodía que adormece el sentido sin que el
entendimiento se satisfaga” (116).
Este texto cumple dos funciones pragmáticas: a) descalificar los juicios vertidos en el
primer artículo, amparado en una competencia práctica, un saber musical especializado
y la posesión de doce yaravíes que no se difunden; b) ofrecer una visión completa y
aséptica de los cantos y música indígenas. Dentro de la teoría de la pragmática, las
presuposiciones son significados adicionales que están implícitos en ciertas expresiones y
que cuentan para evaluar la verdad de las oraciones, en este texto destacan los siguientes:
los productos culturales occidentales son superiores a los indígenas, el yaraví no puede
interpelar el entendimiento del oyente, el yaraví contribuye a la degeneración de la
comunidad andina, y la transmisión y preservación de los yaravíes en textos es altamente
corruptible.
Este interesante debate ocurrido durante los primeros años de la década de 1790 brinda
una mayor perspectiva para calibrar y apreciar la apropiación cultural realizada por
Melgar, un joven formado por los ideales de la educación ilustrada y los códigos estéticos
del neoclasicismo, de esta forma poética popular andina. Como lo han demostrado los
especialistas, él no crea el yaraví, pero sí lo reformula mediante una transculturación
que le permite mediante su traslado a la lengua española ganar nuevas audiencias y
convertirse en un producto cultural mestizo.
incorpora a la incipiente literatura peruana los yaravíes de Melgar. El autor explica así su
decisión: “cada triste es un cuadro en que se relata el amor melancólico con tanta verdad,
que lo vemos allí vivo y en movimiento, tal como lo sentimos en el mundo ideal” (52).
Es notable la confluencia de ideales neoclásicos (el término “cuadro”, la literatura como
una experiencia análoga a la verdad), con un cierto matiz romántico, pues se destaca el
énfasis de los sentidos en la imaginación ya que el “efecto” en el lector determina el valor
de la composición.
Durante el predominio del modernismo y sus afanes cosmopolitas, Clemente Palma
traza esta comparación que busca desvalorizar al yaraví de Melgar:
No puedo convencerme de que un individuo a quien se le salten las
lágrimas de emoción escuchando la grave y melancólica sonata 14
de Buethoven [sic] pueda sentir iguales emociones con los yaravíes
de Melgar, que tanto conmueven a los ingenuos provincianos y a las
niñas sentimentales de nuestra clase media. Y al contrario, los que se
emocionan con el “Conque al fin tirano dueño...” [yaraví de Melgar]
se quedan más frescos que una lechuga escuchando las sonatas del
maestro... (1907: 25) (1).
La cita identifica con evidentes adjetivos descalificadores a los lectores de Melgar en esos
primeros años del siglo XX: ingenuos provincianos y niñas sentimentales de clase media.
Ingenuidad y sentimentalismo como condiciones cualitativas para apreciar y disfrutar
del yaraví. Efectivamente, para la perspectiva ornamentada del lenguaje y los mundos
representados moralmente ambiguos del modernismo, los yaravíes sencillos y sinceros
constituían el antimodelo literario perfecto.
MELGAR 21
Pocos años después, en su célebre “Elogio al Inca Garcilaso” (1919), José de la Riva-
Agüero declara que Garcilaso es el padre de la literatura nacional porque anticipa los
yaravíes de Melgar y las Tradiciones de Palma (1962: 56). Así se considera que estas
dos especies literarias originarias (yaraví y tradiciones) son constitutivas de las letras
peruanas y, de este modo, se sienta las bases para la valoración positiva de Melgar por
parte de Luis Alberto Sánchez y José Carlos Mariátegui en la década siguiente.
Sánchez va a incluir a Melgar en el periodo denominado “Del costumbrismo al
romanticismo” y planteará como signo distintivo un carácter prerromántico en el
poeta arequipeño y una aproximación a lo andino que lo aleja del criollocentrismo
defendido por el propio Riva-Agüero, Ventura García Calderón y José Gálvez. Por su
parte, Mariátegui en su celebrado ensayo “El proceso de la literatura” (1928) considera
que Melgar anticipa la fase nacional de la literatura peruana, es decir, aquella donde
predomina la expresión en la literatura de la propia personalidad, de la singularidad
cultural específica que constituye a la comunidad nacional.
Más adelante, Antonio Cornejo Polar (1980) señala que los yaravíes representan las
posibilidades de una genuina literatura de la Emancipación y que su imposibilidad de
modificar el curso central del proceso se debe al fracaso de los proyectos de Túpac Amaru
y de Pumacahua (16).
Es ya un tópico señalar que los yaravíes constituyen una ruptura con el canon metropolitano,
la única forma discursiva originaria de la emancipación y una revalorización de la poesía
popular andina; sin embargo, como señala Aurelio Miró Quesada (1998), Melgar es
parte de un proceso mayor que revela el paso de una poesía tradicional de autor anónimo
escrita en quechua y con acompañamiento musical de la quena a una poesía tradicional
urbana escrita en español por un autor particular con competencia literaria y acompañado
por la guitarra. Lo único que se conserva es la temática amorosa y nostálgica (195-6).
Finalmente, el nuevo producto cultural mestizo conserva una relación desigual entre los
dos polos que lo nutren ya que las huellas del “jaray arawi” tienden a diseminarse en la
producción, distribución y consumo de los yaravíes melgarianos.
Melgar, criollo americano culto, está vinculado culturalmente con los hombres ilustrados
de la capital del virreinato; por lo tanto, es muy probable que haya compartido sus
ambiguas percepciones respecto de las formas poéticas indígenas. No debe ser casual
que tienda a feminizar a la comunidad subalterna de indios cuando se refiere al presente
y exalte a los Incas del pasado. En los mundos representados en sus poemas los indios no
tienen agencia, ni deseos, están inmovilizados ente el dolor y la opresión: “Oíd: cesa ya el
llanto;/ levantad esos rostros abatidos,/ Esclavos oprimidos,/ Indios que con espanto/
Del cielo y de la tierra sin consuelo,/ Cautivos habéis sido en vuestro suelo” (1971:49).
Más adelante, “la India llorosa”, “volvió el indio a su pena”. El hablante lírico construye
un espacio de enunciación no-andino, por ello, puede concluir “Hermano soy del indio
y del ibero” (56), pero el propio texto establece la desigualdad entre estos dos polos de
hermandad al estar escrito en español y bajo formas discursivas occidentales.
En las odas melgarianas, fieles a la preceptiva neoclásica española, se encuentran
poderosas imágenes: “Cayó el monstruo detestable/ Que en nuestra cerviz sentado/
Trescientos años ha hollado/ La Justicia y la razón:/ Y en su lugar se levanta/ La oliva
de la victoria, /Que borrará la memoria/ De los siglos de opresión” (58). Estos versos
de “Ya llegó el dulce momento” son el más claro anticipo de un deseo capital en los
primeros años de la naciente República: borrar de la memoria el periodo colonial. Este
t Mateo Pumacahua proyecto va a prolongarse en muchos de los autores de este periodo ( Juan Bautista
(a caballo) en la rebelión
de Túpac Amaru. c. 1780. Túpac Amaru, por ejemplo), quienes desean elidir la herencia colonial; sin embargo,
Temple seco sobre pared de también habrá otros que apunten a una continuidad ( José María de Pando, Felipe Pardo
adobe. Iglesia de Chinchero, y Aliaga). Este aspecto nos permite filiar la poesía cívica y las odas políticas de Melgar
Urubamba, Cuzco.
22 MELGAR
como un puente entre algunos textos del Mercurio Peruano y el corpus de poesías incaístas
de la emancipación del Perú. Así podemos observar que el antiguo proyecto metonímico
de los criollos de constituir una representación de lo nacional atraviesa gran parte de la
poesía de Melgar.
que provoca de manera cada vez diferente nuevas soluciones, empujando de ese modo
y desde sí misma al tiempo histórico” (1993: 342). La vida de Melgar ejemplifica la
dialéctica entre experiencia y expectativa, esa suma de momentos regidos por la
contingencia, la contradicción viva y vivificante del control racional del mundo como
expresión de la voluntad humana y el conjunto de leyes y sistemas que determinan al
hombre. La libertad no solo como concepto político, sino como la multiplicidad de
caminos de ser que enfrentan una y otra vez al orden necesario de las cosas.
El Bicentenario celebra un conjunto de rutas que desembocan en 1824. Quizá más
interesante que la culminación, son los caminos de significación que los diversos actores
han ido creando. Esos caminos poseen no solo una dimensión histórica, sino una
humanística que debe ser recuperada en la interpretación y problematización de este
gran proceso. Recuperar la complejidad y heterogeneidad de la vida de los actores de
la emancipación sobrepasa la razón estatal y sus lógicas histórico-burocráticas. El reto
mayor es volver a escuchar los textos y las voces de hace doscientos años y preguntarnos
que nos dicen aquí y ahora.
Contemporáneo –según Agamben- es aquel que no coincide con su tiempo ni acepta sus
pretensiones hegemónicas. Paradójicamente en el contemporáneo hay una cuota radical
de inactualidad; por ese anacronismo puede aferrar mejor su tiempo y puede dialogar
con el futuro. Mariano Melgar fue un contemporáneo, él no nació revolucionario, él fue
educado en los marcos de la ciudad letrada colonial, en un seminario religioso donde
aprendió el latín y enseñó lógica y matemática en los marcos de la educación escolástica.
Por otro lado, recibió el impacto de las dos vertientes de la Ilustración: el control racional
del mundo con su capacidad política del hombre de operar sobre la historia y, por otro
lado, la lógica del sentimentalismo y la simpatía ilustrados: el archivo de las pasiones
MELGAR 27
como lenguaje universal, la concepción de una humanidad más allá de las culturas
particulares y que se comunica mediante los sentimientos. En la obra literaria de Melgar
se observa la compasión como signo distintivo del hombre, el hablante lírico no solo se
identifica sino que funde su pecho con el del otro sojuzgado y dominado, representado,
mucha veces en la figura de la “india llorosa” de algunos de sus poemas, o en la imagen
del “asno” agobiado por el trabajo y golpeado por el cantero, en una de sus fábulas más
conocidas.
En la Ilustración, se acepta la simpatía universal como una forma de reconocimiento
afectivo y sentimental entre todos los seres humanos, lo que funciona como una
contraparte a la lógica racional; en el marco de la civilización, la razón instrumental
se impone plenamente y el sentimentalismo se relega al campo afectivo femenino o al
melodrama novelístico. Una lectura de los poemas de Melgar nos ofrece la posibilidad de
volver a recorrer los pliegues del afecto, de la intensidad emocional en su forma originaria
y radical sin afeites ni melodramas espectaculares.
La modernidad de Melgar puede comprobarse en dos dimensiones: a) el empleo creativo
de una forma particular de la poesía indígena; b) la instauración de un sujeto amoroso
que desea con tal intensidad que su objeto de deseo adquiere una concreción material
y simbólica sin precedentes. El yaraví, forma de escritura mestiza, se inscribe en un
proceso social surgido del contacto de la cultura popular indígena y la cultura letrada de
las elites. Una transición que se da desde fines del XVIII e inicios del XIX en una ciudad
que no tenía fronteras claras entre las zonas urbanas y las áreas rurales, Melgar vivió
esa zona de contactos y participó activamente en la consolidación y difusión del nuevo
artefacto cultural.
En los yaravíes de Melgar y en su poesía amorosa, la nostalgia no tiene anclajes culturales
específicos ni fronteras delimitadas, sino intensidades discontinuas que convierten el
desasosiego, el desgarramiento y el desconsuelo en experiencias comunes a todos los
lectores. Por ello, la instauración del objeto de deseo esquivo o ausente paradójicamente
no debilita al hablante lírico sino que le permite construir una interioridad y una
subjetividad más profunda y más compleja, como lo expresa en sus versos “Bien
puede el mundo entero conjurarse/ contra mi dulce amor y mi ternura/”. Ese amor es
indestructible aun cuando no alcance su objeto de deseo.
Este libro que incluye una antología poética de Mariano Melgar y documentos político-
militares de la sublevación de 1814 ofrece al lector la posibilidad de conocer plenamente
las trayectorias literaria y político-militar de un personaje que todavía interpela nuestro
presente.
NOTAS:
1. Debo la referencia a Raúl Varillas Jurado, quien investiga sobre las revistas de la primera década del siglo
XX.
t Lira Patriótica. Portada 2. La obra de Ricardo Palma participó de forma central en diversos procesos culturales: la instalación
Portada de Mistura para El Be- del pasado andino en el reino del mito, la supresión de la experiencia andina presente por la historia
llo Sexo. Canciones y yaravíes. inca, la nacionalización del legado colonial, la imposición de Lima como metonimia del Perú, la gradual
(Arequipa: La Bolsa, 1893). asunción de la imagen del mestizaje por parte del discurso criollo y el retraso de la aparición del cuento
moderno. Las Tradiciones componen una obra de ficción que ha construido una realidad ineludible para
t Portada de “La poesía el devenir de nuestra cultura, una máquina de significaciones de los procesos sociales pasados que se
lírica nacional tiene genuina engarza al futuro por su capacidad de condensar mentalidades y sensibilidades con profunda raigambre
manifestación en las obras de que se repiten transhistóricamente y que encumbran a Lima y sus significados a una dimensión nacional.
Melgar” tesis de José Manuel
García Bedoya (Moquegua,
1891).
28 MELGAR
MELGAR 29
Mariano Melgar:
perspectivas y análisis de su tiempo1
Carrión Ordóñez, por su parte, concluye que “los Melgar Domínguez y Melgar Valdivieso
vivían de las rentas de la agricultura, la ganadería, así como del comercio” (2014: 44).
Pero también hay que precisar que la suya fue una familia bastante numerosa. Según el
mismo autor, la casa donde nació el poeta se hallaba habitada por 16 personas en 1813.
Creo, más bien, que se trató de una familia de clase media, que vivía con honradez y
decencia.
Realizó sus estudios básicos en el Colegio San Francisco, muy cerca de su casa natal. En
1807, ingresó al Seminario de San Jerónimo, que entonces quedaba en la primera cuadra
de la calle San Francisco.
Como afirman algunos de sus biógrafos, era su fin seguir la carrera eclesiástica. Sin
embargo, lo contrario sostenía Salvador Cornejo, quien señalaba “que solo desde esa
fecha se hizo seglar”, porque su matrícula indicaba que se le aceptaba en calidad de
“manteísta” (1958: 152). Como tal permaneció tres años escasos, pues antes de cumplir
los 20 años aparece ya como maestro. Lo cual también parece oponerse a la afirmación de
que, en 1810, recibió las cuatro órdenes menores, que eran de portero, lector, exorcista
y acólito. Pero, en cambio, no recibió las órdenes mayores de subdiaconado, diaconado y
presbiterado. Lo cierto es que no fue sacerdote y tampoco parece haber tenido vocación
religiosa.
El Seminario fue fundado por el obispo Pedro de Perea en el siglo XVII. Pero fue en
la época del obispo Chávez de la Rosa cuando se realizó una importante reforma en el
plan de estudios. Este momento corresponde a la segunda etapa de su historia, en que el
Seminario reabre sus servicios en 1791, cuando era rector el canónigo Santiago Billota.
Fue entonces que se puso en práctica el plan de estudios diseñado por el obispo canario,
mientras era aprobado por el rey. Debido a ello, comenzó la enseñanza del Derecho
Natural y de Gentes, hasta su prohibición en 1807. Allí se formó la primera generación
republicana, que luego sentará las bases del nuevo orden republicano.
Allí, justamente, siguió estudios de Teología y es donde igualmente obtuvo una beca
de colegial de gracia. En 1810 se le encargó en forma interina la enseñanza del curso
de Latinidad y Retórica y, como tal, tuvo a su cargo el discurso de bienvenida al nuevo
obispo de Arequipa, Luis Gonzaga de la Encina. Al año siguiente, pasó a enseñar el curso
de Filosofía y Matemáticas, cuando sólo tenía 20 años de edad.
Esta designación, por parte del obispo La Encina, evidenciaría, en palabras de Antonio
Cornejo Polar, “que hasta entonces el poeta no era sospechoso de liberalismo” (1971:41).
Estaba sumergido en el estudio. Según refiere su biógrafo Pedro José Rada y Gamio,
“Melgar tenía pasión por la cultura y habría querido abarcar el dominio de todas las
ciencias” (1950: 103). En la “Carta a Silvia”, decía:
Desde que mi razón tuvo ejercicio,
Procuraba adquirir sabiduría,
Más que el avaro busca los tesoros
Más que el conquistador busca provincias:
Poseer, si dable es, todas las ciencias
Fue toda mi ambición y mi codicia (Poesías Completas, 2012: 218)
Entre sus discípulos figuran Miguel del Carpio Melgar, sobrino suyo, quien llegó a ser
eminente hombre público; Andrés Martínez, político y jurista, coautor del Código Civil
de 1852; Francisco de Paula González Vigil, futuro polemista y defensor de los fueros del u Catedral de Arequipa. En
Estado frente a las pretensiones de la curia romana; y Anselmo Quiroz, más tarde com- Mariano Felipe Paz Soldán, Atlas
batiente en Junín y Ayacucho y general de la república. Son años de intensa preparación geográfico del Perú (Paris, 1965).
intelectual, en que además resultó elegido bibliotecario (1811). A él corresponde, por Biblioteca Nacional del Perú.
MELGAR 31
consiguiente, el índice de los muchos libros que dejó al Seminario monseñor Chávez de
la Rosa.
Es probable que de aquel entonces sean sus amores con “Melisa”, así llamaba Melgar
a Manuela Paredes Guillén. De otro lado, el joven poeta comprendió que no tenía
verdadera vocación sacerdotal. Pese a ello, siguió como catedrático en el Seminario.
Vale la pena precisar que el joven Melgar no habría hecho estudios de Derecho, porque
el rey, en 1807, los excluyó del plan de estudios preparado por el obispo Chávez de la
Rosa. En cambio, sí estuvo preparado para optar sus grados en Teología y posiblemente
el bachillerato en Artes.
Tampoco es cierto que viajó a Lima a obtener el título de abogado, porque sencillamente
no tenía estudios previos en Derecho. Y es ilógico suponer que en el poco tiempo que
estuvo en la capital del virreinato consiguiese graduarse de bachiller y de doctor en leyes
en la Universidad Mayor de San Marcos.
Este punto y la fecha del nacimiento de Melgar fueron los errores más comunes de su
biografía tradicional, debido a los datos equivocados que, en 1865, suministró José Fabio
Melgar en las “Noticias biográficas” de su hermano. En ese sentido, coincido con Aurelio
Miró Quesada Sosa cuando señala que “los estudios de Melgar en Arequipa y el corto
tiempo de su estada en Lima no autorizan a dar por cierta la información tradicional,
mientras no se encuentren los documentos que la corroboren” (1965: 17).
Ya en el terreno de la leyenda, la vida de Mariano Melgar fue idealizada en base a los datos
biográficos proporcionados por su hermano José Fabio Melgar, al punto de sostener
que sabía leer a los tres años, o que dominaba el latín a los ocho. Esto, repito, es bueno
precisar para desacralizar al héroe y no seguir contribuyendo a la leyenda, que hace más
daño al personaje, porque lo deshumaniza y no lo sitúa en su real contexto.
32 MELGAR
Pero, por qué razón viajó a Lima. Ante todo habría que señalar que Melgar solicitó
permiso para ausentarse del Seminario. La repentina decisión de viajar a la capital del
virreinato para obtener el grado de abogado fue consecuencia de su deseo de ejercer una
profesión liberal con que respaldar sus pretensiones de casorio. Pero como ya vimos no
hay prueba documentaria que acredite que obtuvo algún grado académico.
La capellanía
A instancias de su padre obtuvo la capellanía eclesiástica del pago de Guarango en el valle
de Majes. Así lo demostró el historiador Artemio Peraltilla Díaz en su estudio biográfico
sobre Melgar (1972). Apenas entonces tenía 7 años de edad, cuando repentinamente
se dejó en suspenso su nombramiento de capellán. Inmediatamente, pidió Juan de Dios
Melgar que cesara tal despojo; sin embargo, resultaron inútiles sus esfuerzos.
La incipiente vocación sacerdotal de Melgar, fundamentalmente alentada por su padre,
llegó a su fin cuando el poeta en ciernes conoció a “Melisa”. En la glosa titulada: “Nunca
he sabido rezar”, decía:
Nunca he sabido rezar,
Ni necesito saber;
Lo que deseo aprender
Es tan solo a enamorar (2012: 122)
Fue así que acabó ese deseo paterno de convertir a Melgar en sacerdote. Lo que ocurrió
también con su ingreso al Seminario como colegial manteísta.
José Fabio Melgar (1802-c.1878), hermano y biógrafo del poeta, fue ministro de Relaciones Exteriores (1844, 1857-1858; 1859-1861), de
Hacienda (1849-185, 1855-1856, 1862) y de Justicia, Instrucción y Beneficencia (1859-1860); interinamente ocupó la presidencia del Consejo
de Ministros. José Fabio Melgar. Segunda mitad, s. XIX. Fotografía. Colección Fernando Melgar Vargas.
34 MELGAR
(refrigerio) en la Quinta, cuyos dueños eran primos suyos y su propio hermano u José María Corbacho
mayor don Antolín, de gran figuración social, vivía allí al desposarse con la y Abril. Fotograbado.
prima de ambos, doña María Manuela Tirado y Abril, de notoria personalidad En Santiago Martínez,
Arequipeños Ilustres (Arequipa,
conservadora que no veía bien las amistades de “Batilo”, seudónimo de José 1938).
María Corbacho, según Francisco Mostajo. Acaso a estas reuniones subrepticias
alude Melgar en su conocida “Oda a la Soledad”: u José de Baquíjano y
Carrillo. s. XX. Copia de
Oí al dulce Batilo pintura virreinal por artista
anónimo. Instituto Riva
Cantar al prado hermoso Agüero.
Yerbas y flores, fuentes y ganados.
Pero no sólo se reunían para conspirar. Allí también se reúnen para declamar sus
producciones poéticas.
Corbacho, pues, encabezó en Arequipa el grupo, a la vez literario y político, que
renovó el ambiente de la ciudad y del que Melgar fue secretario. El nombre del
grupo de jóvenes poetas fue “Tertulia Literaria”.
En la Tertulia Literaria de Arequipa (anota Aurelio Miró Quesada)
parece haberse reunido un equipo entusiasta y juvenil, al que la
seriedad de los poemas, o las angustias ciertas o imaginadas de su
vida amorosa, no impidieron reír o sonreír, a veces a costa de ellos
mismos (1998: 88).
q Tertulia Porteña.
Por otro lado, cabe destacar que todos los allí reunidos tuvieron actuación c.1831. Carlos E. Pellegrini.
protagónica durante la Emancipación y la República. Basta mencionar a la Acuarela.
MELGAR 35
La trilogía revolucionaria
Corbacho, Melgar y Arce, “la trilogía revolucionaria”,
llamada así por Vladimiro Bermejo (1967), se asocia a los
festejos por el nombramiento de José Baquíjano y Carrillo
como Consejero de Estado en 1811. Al año siguiente, el
joven escritor argentino radicado en Lima, José Antonio
Miralla editaba un libro de homenaje a Baquíjano, donde
fueron invitados a participar los tres amigos. Fue la primera
vez que se dieron a conocer en público, como sostiene
Estuardo Núñez. Allí publicaron sonetos y odas la nueva
generación intelectual de Arequipa.
El nombramiento de Baquíjano sirvió al virrey Abascal para
aplicar una política de concordia entre la nobleza criolla y
la peninsular. Fue la oportunidad para comprometer a los
primeros en favor de la causa de la resistencia española.
Baquíjano vino a representar la esperanza de los criollos
americanos en la metrópoli española. Con este cargo, dice
Ramón Mujica Pinilla, el notable criollo tenía la posibilidad
de salvar con sus conocimientos a la “península oprimida,
y asegurar en el goce de sus derechos a todo el continente
americano” (2013: 284).
El retraso en la jura de la Constitución de 1812, por parte
de la Audiencia del Cusco, creó las condiciones para el
movimiento rebelde de 1814.
La noche del 2 al 3 de agosto de ese año se produjo la
revolución. Los patriotas destituyeron a los miembros
de la Audiencia y establecieron una Junta Gubernativa,
“aparentemente fidelista”, como dice el historiador
José Tamayo Herrera (2010: 259). Pero, en realidad, el
movimiento patriota era de claro sentido emancipador.
Estuvo encabezado por el brigadier Mateo García
Pumacahua, aunque José Angulo, como Capitán General,
tuvo el poder efectivo del movimiento insurreccional.
Los revolucionarios planearon una estrategia de grandes
alcances organizando tres expediciones que avanzarían
sobre la Paz, Huamanga y Arequipa.
36 MELGAR
Luego que participaron del movimiento rebelde en 1814, fueron sometidos a proceso.
El poeta mártir Mariano Melgar, como sabemos, fue fusilado después de la batalla de
Umachiri. A Corbacho se le acusa de usurpar el puesto de gobernador–intendente de
Arequipa, nombrado por un cabildo abierto convocado por los rebeldes. Mientras que
el modesto cura Arce fue juzgado por el fuero eclesiástico. En ambos casos, el juicio
fue sobreseído. Sin embargo, poco tiempo después, la causa penal contra Corbacho
fue reabierta en la ciudad de Lima. Allí estuvo preso en las casamatas del Real Felipe
del Callao hasta que, finalmente, consigue ser absuelto.
q Fernando VII jura de la la publicación del documento titulado El Pensador del Perú, donde califica a Mariano de
constitución de la monarquía Rivero de “subversivo”, por atentar contra el gobierno español, al buscar la emancipación
española (1820). En Luis del país, acusándolo directamente de estar detrás de la divulgación de la obra del abate
Herreros de Tejada, El teniente
general D. Manuel de Goyeneche, Mably.
primer conde de Guaqui: Apuntes y
datos para la historia (Barcelona, En cuanto a Cádiz fue, sin duda, un hito en la historia de la independencia de
1923). Hispanoamérica y su legado permitió diseñar los primeros textos constitucionales
en América Latina. Sin embargo, restablecido en el trono el rey Fernando VII, dicha
Constitución fue derogada, de manera que cualquier expectativa entorno a ella acabó
abruptamente.
En efecto, una expectativa legítima se creó con la juramentación de la Constitución
doceañista que fue de corte liberal. Sin embargo, el restablecimiento del régimen anterior
en España significó un retroceso para los criollos y sus ideales reformistas. No había otra
posibilidad que pensar en un sistema alternativo al colonial, como afirma la historiadora
Scarlett O’Phelan (Glave, 2001).
La generación a la cual perteneció Melgar fue partidaria del monarquismo liberal
constitucional. El regreso al poder de Fernando VII hizo que su postura política
evolucionara hacia el separatismo absoluto de España.
Y agregó:
Ya se puede a boca llena
Gritar: que la Patria viva,
Que la libertad reciba
Que triunfe nuestra Nación.
En ambas estrofas hay conceptos que hicieron dudar la autoría de Melgar. Sin
embargo, la idea de patria, como el lugar donde se ha nacido, en un sentido de
pertenencia con el territorio nacional, ya fue concebida en el siglo XVIII. La
nación, por otra parte, comprende al colectivo de personas que forman parte del
territorio; en cierta forma, la conclusión a que llegaron los criollos americanos,
luego de reconocerse como una sociedad diferente a la española. Claro está, con
valores y patrones culturales compartidos, esto es, los vínculos comunes con
España, pero con una naturaleza distinta, fruto del sincretismo cultural entre la
herencia prehispánica y colonial.
La Batalla de Umachiri
A fines de 1814, el brigadier Mateo Pumacahua decide evacuar la ciudad de
Arequipa, para dirigirse al Cusco y posteriormente a Puno. El cabildo de Arequipa,
por su parte, decide entregar la ciudad al General Juan Ramírez. Este, a su vez, va a
buscar a Pumacahua, pero luego retorna a Arequipa. Aquí reorganiza su ejército y
se dedica al reabastecimiento de armas y municiones.
Así transcurre desde diciembre de 1814 hasta febrero de 1815, fechas en que
p Brigadier Mateo
Pumacahua (detalle). el ejército virreinal acantonado en Arequipa continuó con sus actividades de
Anónimo s. XVIII. En Ramón reorganización y de entrenamiento.
Mujica, ed. Visión y símbolos:
Del virreinato criollo a la En el mismo periodo, el ejército patriota comandado por el brigadier Pumacahua y
república peruana (Lima, 2006). el general Vicente Angulo marchó a Tinta, con el fin de debelar allí un movimiento
42 MELGAR
Al atardecer del día 10 de marzo los patriotas forman ante la vista de los virreinales 3
campamentos. Uno al mando de Pumacahua, otro a cargo de Vicente Angulo y el tercero
al mando de Béjar.
A las 2 de la tarde del día 11 el disparo de un cañón del campamento de Angulo alerta
a los virreinales. Al amanecer avanzadas patriotas (grupos de caballería) se manifiestan
a 3 leguas de Umachiri. Se inicia la batalla. El grueso del ejército virreinal ataca
decididamente a los patriotas, entre los cuales cunde el desorden y desconcierto. Eran
batidos en todos los frentes, su artillería fue destruida. Pese a lo cual, hubo resistencia
patriota hasta el final. El saldo de víctimas patriotas fue ampliamente desfavorable con
relación a los virreinales. Cayeron también muchos prisioneros, entre ellos Mariano
Melgar, quien fue fusilado, al día siguiente, a los 24 años de edad. Ocupó el cargo de
auditor de guerra del ejército patriota. Actualmente es considerado Patrono del Servicio
Jurídico del Ejército Peruano.
Nada de eso era cierto. No eran sus restos sino de seis personas distintas, como concluyó
el dictamen pericial del grupo de trabajo designado con ese fin.
Dicha comisión designada por la Inspección de Cultura de la Municipalidad de
Arequipa, compuesta por los doctores Guillermo Zegarra Meneses, Marcial Barriga,
Eduardo Ugarte, Edmundo Muñoz Llerena, Augusto Mazeira y por el Subinspector P. I.
P. Alfredo Sánchez Tassara, con fecha 23 de julio de 1965, llegó al convencimiento que
los restos hallados en 1950 no correspondían a los de dicho poeta y prócer (Yaraví, Año.
I, N.° 2, 1965).
Los supuestos restos de Melgar habrían sido trasladados de la Iglesia de San Francisco
de Asís de Ayaviri, donde según la tradición oral fueron enterrados por un sacerdote
anónimo. Ya en la ciudad de Arequipa fueron velados en la Catedral, para lo cual
t Mapa de Puno levantado levantaron un túmulo. De ahí fueron llevados en procesión cívica al cementerio de la
por el Conde de Guaqui c. 1811. Apacheta, con motivo de su inauguración por el General Prefecto Juan José Salas. En
En Luis Herreros de Tejada, aquella oportunidad, estuvieron presentes el Obispo José Sebastián de Goyeneche y
El teniente general D. Manuel
de Goyeneche, primer conde de
Barreda, el Mariscal Domingo Nieto y el Coronel y Doctor Manuel Amat y León, amigo
Guaqui: Apuntes y datos para la de Melgar. El Deán Juan Gualberto Valdivia pronunció un emotivo discurso, donde dijo
historia (Barcelona, 1923). lo siguiente:
44 MELGAR
Según otra versión recogida por el doctor Julio Amílcar Bustinza Menéndez, los restos de
Melgar fueron inicialmente enterrados en la Capilla de Santiago, ubicada en Macarimayo,
que pertenecía a la jurisdicción del curato de Umachiri. De allí habrían sido llevados por
su hermana Josefa a la Iglesia San Francisco de Asís de Ayaviri, donde fue enterrado en
el Altar Mayor (Bustinza Menéndez, 2013).
Pero jamás llegaron a Arequipa los restos de Melgar. La osamenta traída de Ayaviri 18
años después de su fusilamiento no era auténtica. El autor del engaño habría sido el
Teniente Gonzáles Taramona.
El centenario de su nacimiento
Con motivo del centenario de su nacimiento, los descendientes del poeta organizaron p José Sebastián de
varias actividades con el apoyo del Municipio Provincial, entonces a cargo del doctor Goyeneche, obispo de Arequipa.
Fotograbado. En Luis Herreros
Luciano Bedoya. de Tejada, El teniente general D.
Manuel de Goyeneche, primer conde
A iniciativa del Club Literario, presidido por el doctor Diego Masías y Calle, se organizó de Guaqui: Apuntes y datos para la
la Junta Central Directiva del Centenario de Melgar. historia (Barcelona, 1923).
MELGAR 45
NOTAS:
1. Fragmentos del libro Mariano Melgar. Perspectivas y análisis de su tiempo (Arequipa:
2015) de Mario Rommel Arce Espinoza.
2. En 1908, Alberto Ballón Landa encontró la partida de bautismo de Mariano
Melgar.
3. La partida de bautismo de Melgar, del Libro XLVI, f. 7, del Registro de
Bautismos de la parroquia del Sagrario. Archivo Arzobispal de Arequipa.
4. Sobre la bendición del nuevo Panteón de la Apacheta. 1833.
(…) Preciso es que hagamos justicia a Melgar por las traducciones que nos ha dejado,
que son tres: la del Salmo XII de David, la de algunos versos de Virgilio y la de El arte de
olvidar de Ovidio Nasón. El autor no ha querido traducir estos versos en elegante prosa
española, sino hacer la traducción en romance endecasílabo, que contiene versos de muy
buen gusto.
(…)
Sentimos que Melgar hubiese empleado su talento en traducir El arte de olvidar. Las
composiciones de Ovidio, aunque perfectas, tienen el defecto de obscenidad que las hace
perder una parte de su mérito y el mismo defecto deben tener las traducciones. Es cierto
que Melgar ha dejado sin traducir todos aquellos versos que ofenden el pudor; y no
obstante El arte de olvidar es siempre una composición que, a pesar de estas supresiones,
tiene algo de censurable. Pero la traducción ha sido hecha con maestría (…)
NOTA:
La obra de Ovidio fue una influencia central en Melgar. “Scribere jussit amor” (El amor me ha ordenado escribir).
Frontispicio de Ovid´s love letter, the Heroides (Londres, 1680)
52 MELGAR
MELGAR 53
H ay una leyenda más, relacionada no con la biografía sino con la obra poética de
Melgar. En un artículo publicado en Arequipa en el supuesto y equivocado centenario del
nacimiento del poeta, Gerardo Holguín contó que, según los recuerdos familiares, todos
los papeles que de él quedaron los guardaba su hermana Josefa (…). Para confirmar
la tradición, Holguín le escribió a un sobrino del poeta, José Moscoso Melgar. Y este
le contestó: “Es también cierto que, muertos los padres de Melgar, la hermana mayor
de los que entonces vivían en la familia, algún tiempo después del sacrificio de aquel,
quemó sus papeles, siendo natural suponer que así se extinguiesen todos o muchos de
sus trabajos, y si no sucedió lo mismo con las poesías, por lo menos en parte se debe eso
a las copias que sus amigos tomaban de sus borradores, lo que se explica por la falta de
imprenta en ese tiempo” (1891: 133).
(…)
(…)
Se tienen así los elementos para estudiar la obra del insigne poeta arequipeño en su
doble vertiente; la de la poesía española de su tiempo –que él conocía en Arequipa
como pocos– y la de la raíz indígena peruana –que él sentía tal vez como ninguno.
(…)
Así, fuera del gusto común por las traducciones de Ovidio o de Virgilio, que en Melgar
pudo ser producto de su formación humanística en el Seminario de Arequipa, o de la
afición por los nombres bucólicos de las amadas, como ya se ha notado en “Silvia” y en
p Músicos y danzantes. “Melisa”, hay otras muchas coincidencias con la poesía española de esos años. De una
1780-88. Baltazar Martínez parte son las cancioncillas amorosas (…) que en Melgar alcanzan un hondo sentido.
de Compañón. Acuarela.
56 MELGAR
Por otra parte, en esa época de dominio neoclásico era común también el gusto por las
odas morales y por las llamadas, con cierta exageración, “poesías filosóficas”.
(…)
[En cuanto al yaraví, su] carácter excesivamente genérico no explica mucho, sin embargo,
“haraui” era toda forma de poesía, con prescindencia de su contenido, triste o alegre, de
expresión personal o colectiva, a menudo de fiesta rural y, como las poesías populares
tradicionales de otros pueblos, con mezcla de canto y danza9.
(…)
(…) [por su parte,] Antonio Cornejo Polar (…) considera que el «yaraví» procede no
de una canción lírica genérica, sino de una forma concreta y particular; el llamado “jaray
arawi”, que Jesús Lara define estrictamente como “canción del amor doliente” (1947:77).
(…)
(…) la discriminación conceptual del yaraví se inicia en esos mismo años [sigo XVIII]
con la bien conocida polémica sostenida en las páginas del Mercurio Peruano, órgano de
la ilustre y esclarecedora Sociedad Amantes del País; en el número del 22 de diciembre
de 1791 tres amigos de la Academia Poética conversan a la manera platónica sobre las
excelencias de la música; y uno de ellos, Sicramio, diserta de modo particular sobre el
“yaraví”, al que alaba como música “originaria de nuestra Patria” (1791: 284-292). Señala
sus “tonos tristes”, su “aire natural y patético”, su capacidad de emocionar y de despertar
“sollozos, suspiros, ayes…, lágrimas, desmayos, y deliquios”. No solo es música nacional,
sino particularmente indígena, porque en el indio –dice- “todo es propenso a lo pánico
y triste”.
En una u otra forma, los elementos con que llega el yaraví al siglo XIX puede decirse que
son, en términos generales, los siguientes: poesía tradicional de autor anónimo, con letra
en lengua quechua, con acompañamiento musical fundamentalmente de la quena, de tema
amoroso, de soledad, de nostalgia o de pena. Su centro de difusión puede considerarse el
Cuzco, de donde se extiende por diversos lugares de la sierra, particularmente el Sur, por
el Alto Perú. Su origen peruano lo señala sin vacilar la información de Félix de Azara, que
estuvo en América hasta 1801 y quien dice que en la región del Plata “se cantan yarabís
o tristes que son cantares inventados en el Perú” (1966: 108).
Así pasó el yaraví a Arequipa en los años de la vida de Melgar; pero no se sabe desde
cuándo, ni si en el Cuzco, ni si por la afirmativa personalidad arequipeña que supo
modelar un mestizaje propio como lo consiguió en su arquitectura, lo cierto es que al
comenzar el siglo XIX los yaravíes habían tenido una variación muy significativa.
(…)
(…) El “yaraví” sigue teniendo raíz tradicional, y es siempre una canción de amor
nostálgico de la mente de pena. Pero, rural en sus comienzos, el “yaraví” pasa a la ciudad;
compuesto originalmente en lengua quechua se escribe en español; de creación colectiva
y anónima, pasa a tener autor con nombre propio; del acervo popular, pasa a ser escrito
por colegiales, es decir, a tener formas cultas; acompañado inicialmente por la quena
(…), se une o se reemplaza después con la guitarra (…); la simplicidad de la pentatonía
de la música incaica se amplía con los semitonos del sistema heptafónico y la elaboración
del canto gregoriano10.
58 MELGAR
(…)
(…)
(…) Pero en los yaravíes, hechos más que para ser leídos que cantados o acompañados
con la música, maneja con más libertad los metros breves, y una de sus formas más
características es la del pie quebrado de cinco sílabas. Utiliza además una forma muy
poco usual, el pie trisílabo.
(…)
(…) [Sin embargo,] la forma de Melgar, que se repite en siete u ocho yaravíes auténticos
o de los a él atribuidos, hace resonar, a través de los siglos y con letra española, un pie
quebrado rítmico de la métrica quechua.
(…)
(…) [Esto es,] su entronque deliberado con la tradición poética incaica; lo que
constituye, desde el punto de vista literario, el más notorio equivalente de su lucha por la p Portada de Mistura
independencia en el campo político. para El Bello Sexo. Canciones y
yaravíes. (Arequipa: La Bolsa,
[Cabe destacar que] Melgar, sin menciones políticas, sin referencia a indios, sin 1893).
MELGAR 59
quechuísmos y, lo que es tal vez más extraño, sin “color local” y sin paisaje, consigue
revivir en sus yaravíes el espíritu indígena y alcanza en forma simple, con palabras
sencillas, con música sin galas, una emoción de autoctonía.
NOTAS:
1. Fragmentos del libro de Aurelio Miró Quesada Sosa, Historia y leyenda de Mariano Melgar. 1790 – 1815.
(Lima: Fondo Editorial de la UNMSM, 1998, pp. 171-202).
2. “Los gatos” y “El murciélago” se publicaron en El Republicano el 16 de junio de 1827; “El cantero y el
asno”, el 23 de junio; “Las abejas”, el 30 de junio; “El asno cornudo”, el 7 de julio; “El ciego, el sordo y
el mudo” y “Las cotorras y el zorro”, el 27 de noviembre de 1830; “Las aves domésticas”, el 6 de agosto
de 1831. Artemio Peraltilla Díaz, en El periodismo arequipeño en la Emancipación del Perú, Arequipa 1971,
pp. 213–294, hace una útil reseña de los números de El Republicano de 1825 a 1855.
3. La oda “Al autor del mar” (14 de mayo de 1831); “A la soledad” (21 de mayo); “Al sueño” (23 de mayo);
la titulada “En la primera elección constitucional del Ayuntamiento” (23 de julio); la traducción del
“Salmo XIII”, (17 de noviembre); las “Rimas provenzales” (10 de diciembre).
4. Los dos primeros, el 18 de junio de 1831; el tercero, el 2 de julio.
5. Son los que comienzan: “Por más que quiero”, “La prenda mía”, “Sin ver tus ojos”, “Ya mi triste
desventura”, “Con que al fin habéis tomado”, “Ya que para mí no vives”.
6. Los yaravíes antes no publicados son los que comienzan: “Esos ojos, dos luceros”, “El que ha de ser
infeliz”, “¡Ay, amor!, dulce veneno”, “Pues no pueden mis clamores” y “Una mirada tuya, Silvia mía”.
Francisco Mostajo considera que este último yaraví no es de Melgar, “porque factura y tono son de
mediados del siglo XIX”.
7. Son los que comienzan: “Si atendieras a los ruegos”, “Ya que te ausentas, bien mío”, “Que gustes que
mis ojos”, “¿Es posible, vida mía?”, “Conque al fin, dueño inhumano”, “Cuando el cielo de mis glorias”
y “Es mi pecho un calabozo”.
8. El cancionero mistiano se publicó en Arequipa en 1914 y se reprodujo en 1917. Los dos inéditos de Melgar
son “Dime, mi bien, hasta cuando” y el dudoso “Algún día querrá el cielo”.
9. Véanse, entre otros: Carlos Raygada, «Panorama musical del Perú», en Boletín Latinoamericano de
Música, año II, t. II, (Lima 1936), pp. 178–188; Napoleón M. Burga, La literatura en el Perú de los Incas
(Lima, 1940); Leopoldo Vidal Martínez, Poesía de los Incas (Lima, 1947); Jesús Lara, La poesía quechua
(Cochabamba, 1947); Consuelo Pagaza Galdo, «El yaraví», en Folklore Americano, n.º 8 y 9, (Lima,
1960–1961), y en Revista del Instituto Americano de Arte, n.º 11 (Cusco, 1963), pp. 97—163; Antonio
Cornejo Polar, «La poesía tradicional y el yaraví», en Letras, n.º 76–77 (Lima, 1966), pp. 103–125.
10. Adelanté estas apreciaciones en la conferencia sobre “Historia y pasión del yaraví” [pronunciada en la
Universidad de San Agustín, (Arequipa, el 12 de agosto de 1954)], versión en los diarios de Arequipa
del 13 de agosto de 1954, y en otra conferencia pronunciada en la Universidad de San Marcos, de Lima,
sobre los yaravíes de Mariano Melgar, versión en El Comercio (Lima, 29 de octubre de 1955).
11. El yaraví que comienza “Una mirada tuya, Silvia mía” que se publicó por primera vez en Liga arequipeña
(Arequipa, 1889), y que podría ser una excepción no se considera auténtico de Melgar y así se hace
notar en la edición de la Academia Peruana de la Lengua, Poesías completas (1971: 388). Se puede hablar
de una distinción entre la “amada” (personaje poético) y “Silvia” (que es personaje histórico).
60 MELGAR
MELGAR 61
ANTOLOGÍA POÉTICA
DE MARIANO MELGAR
62 MELGAR
Oda a la Soledad. Mariano Melgar. s. XIX. Colección Benvenutto, Universidad del Pacífico.
En Estuardo Núñez, Un manuscrito autógrafo y desconocido de Mariano Melgar (Lima, 1971).
(página anterior: Carátula del Cuaderno No 2, Mariano Melgar. s. XIX).
En Estuardo Núñez, Un manuscrito autógrafo y desconocido de Mariano Melgar (Lima, 1971).
MELGAR 63
Poesía Filosófica
vendrán más y más fuertes hacia dentro, El mar, aun al que habita algún planeta,
pero ellas a su centro quiere auxiliar a donde el Sol no alcanza;
volverán humilladas, allá la luz avanza
una a otra han de cortarse la corriente de estas olas inquietas
y servirse de grillos mutuamente. y para el que en la luna luz no viera
la tierra es por su mar grande lumbrera.
Cuando unas aguas levantando vienen
ya las otras cejando se retiran; Pero ¿es dado a un mortal cantar los bienes
y como opuestas giran, ¡oh mar! que en ti guardó la providencia?
se chocan, se retienen; De su eterna clemencia
las de allá se alzan más, con fuerza tanta, tú mil tesoros tienes.
que al desplomarse su furor espanta. ¡Ah! Por ti al nuevo mundo pasó un día
el mayor bien que un Dios hacer podía.
Revuelven las arenas con su espuma
y encrespadas la playa van trepando; Eterno Rey del mar: sola tu ciencia
poco a poco calmando dará a tu don su precio verdadero.
su peso las abruma; Yo en tanto añadir quiero
ruedan a engrillar otra y de esta suerte este himno a tu clemencia.
solo es para un placer su enojo fuerte. “Cuando al profundo mar me haya entregado,
dispensad a tu hechura tu cuidado”.
Blanca toda la orilla se presenta:
es un gusto a las olas acercarse,
seguirlas, retirarse; A LA SOLEDAD
y mirar cómo aumenta
su reflejo, la luz que viene dando Oh Soledad amable,
el sol en las de atrás reverberando. donde vive el sosiego
que el hombre en otras partes busca en vano,
A ponderar entonces nos convida su deseo insaciable
los bienes que produce en todo el mundo: aviva el mundo, y luego
cómo riega fecundo niega lo que ofrecía: ¡Infiel tirano!
la Tierra y nos da vida; Solo aquí el pecho humano
y cómo sin él fuera el continente se engaña felizmente;
horroroso desierto solamente. le asusta del retiro la apariencia,
mas viene a la experiencia
De aquí hasta donde raya el horizonte y encuentra paz y gusto solamente.
se ve criarse la volante nube; ¡Qué tranquilo se goza
se exhala, crece, sube, cuando en su dulce centro se reposa!
y al valle, al prado, al monte Como fieros lebreles
va a dar frescura y riego, y sus corrientes de su amo al pie tendidos
sustentan y producen los vivientes. yacen al pie del alma las pasiones.
Ya no alzan las infieles
Por hacer sus influjos inmortales ruidosos alaridos:
en las grandes montañas se recuestan; cesaron sus funestas conmociones.
y en sus senos aprestan Con serias reflexiones,
los inmensos caudales su grandeza eminente
que socorren al Chili1 miserable vuelve a tomar el hombre envilecido;
y hacen al Marañón tan espantable. conoce que ha nacido
1.- Río de Arequipa. Pertenece a la cuenca Chili- Quilca que surge de la unión de los ríos Sumbay y Blanco, en la Reserva Nacional Salinas y
Aguada Blanca (RNSAB).
MELGAR 65
Bandera del Batallón Libres de Arequipa. 1822. Museo Regional de Arequipa “Guillermo Zegarra Meneses”.
MELGAR 67
Poesía Cívica
ILUSTRE AMERICANO
Levantad pues hijos bellos O padece mil muertes, tras mil penas.
del Perú siempre oprimido,
incrementad el partido Turbome de improviso y mi tristeza
de esta grande Redención: llega a su colmo, cuando con desvío
Ved que el Cielo nos protege vuelve hacia mí su lánguida cabeza
y que salen los efectos y dice sollozando ¡ay hijo mío!
mayores que los proyectos Quiero ayudarla activo y con presteza,
que el Patriotismo formó. quiero correr; mas ¡ay! un sudor frío
un temor, una pena, mil tormentos,
No se encuentre un hombre solo debilitan, destruyen mis alientos:
que no empuñe aguda espada,
y arroje a su negra nada Caigo en fin débil al esfuerzo que hice,
al tiránico español, y riego con mis lágrimas la tierra:
pues las heridas gloriosas procuro levantarme y me maldice
que en el campo se reciban la tropa de los bárbaros, que aterra:
harán que sus nombres vivan entonces lloro y grito ¡Ay infelice!
muerto el Déspota escuadrón. ¡Ay infelice Madre! ¡Oh dios! Destierra...
Confunde con tu vista a esos infames;
Suene en fin en todas partes tu ira sobre mi Patria no derrames.
con las voces y los hechos,
que no vivan nuestros pechos, Sordo se muestra el cielo a mis clamores
si no logran este honor: de mi Madre a las penas no da oídos;
viva, viva eternamente, parece complacerse en mis dolores,
el Patriotismo Peruano, y que se holgara en vernos afligidos:
viva el suelo Americano, los bárbaros juzgando por favores
viva su libertador. los desprecios del Cielo a mis gemidos;
dicen con voz soberbia y arrogante:
presa nuestra será, cual lo ha sido antes.
Pedro Jose Chávez de la Rosa, obispo de Arequipa. s. XIX. Anónimo. Oleo sobre tela.
Catedral de Arequipa.
MELGAR 73
Poesía Laudatoria
2. Pedro José Chávez de la Rosa (n. Cádiz, 1740 - m. Chiclana de la Frontera, 1819). Religioso español que fue obispo de Arequipa desde 1788 hasta
1805. En su retorno a Cádiz y durante la guerra contra la invasión francesa fue nombrado por la Regencia como Patriarca de las Indias y Vicario
de los Ejércitos contra Napoleón (1813).
74 MELGAR
los burdos velos con que a nuestros ojos ¡Qué engaño! Si es la paz vuestro elemento,
se ocultaban los senos de Natura Iris cual primogénito te cuenta
y hasta el inmenso ser inconocible. y exclama: “Es un portento
Del sumo Dios, sentado entre la niebla, que en la guerra sangrienta
se tienta especular que pasa todo; obrase mi pupilo,
nuestro Maestro celoso dio millares que no puede vivir si no es tranquilo”.
de preciosos depósitos que tienen
fijos en perdurables caracteres Ved aquí, esto me inspira y me da aliento;
las ciencias del Señor y de los hombres esa paz y dulzura primorosa
mil sabios de allí salen, tú los unges en que, como en su asiento,
pastor esclarecido, y encargados vuestro ánimo reposa,
del Supremo poder con que en el Cielo paz a cuya influencia
atar y desatar al Señor hacen. brilla tu singular benevolencia.
3. “Subinspector de las tropas del virreinato, quien debió suceder a Goyeneche cuando éste dimitió la jefatura general del ejército después de la
derrota de las fuerzas realistas en Salta, pero que no llegó a ocupar el cargo porque puso excesivas condiciones” . Melgar fue amigo suyo, y confió
al parecer en su posible actitud conciliatoria. No se sabe en qué fecha (posiblemente cuando se creyó que iba a reemplazar a Goyeneche, en mayo
de 1813) celebró a Henestrosa en una oda, un romancillo y tres sonetos”. En: MIRÓ QUESADA SOSA, Aurelio. Historia y leyenda de Mariano
Melgar. 1790 – 1815. (Lima: Fondo Editorial de la UNMSM, 1998; p. 120).
MELGAR 75
haz que a cantar tus favoritos vengan. Son por eso en su Esencia portentosas,
¡Ojalá yo lo fuera! su alma apacible e inocentes manos
Mas diré: siempre tengan habiendo estado en cortes engañosas.
dos tan preciosas vidas,
honor, felicidad, glorias cumplidas. Lo cierto es que si en ser rectos y humanos
los cortesanos fueran Henestrosas
los filósofos fueran cortesanos.
4. José Javier Leandro de Baquíjano y Carrillo de Córdoba, III conde de Vistaflorida (1751 - 1817). Su figura “es un de las más representativas
del siglo XVIII en el Perú. Jurista, catedrático, insigne escritor y reformista, contribuyó al cambio o superación del Antiguo Régimen y lideró la
reforma de la Universidad de San Marcos. Su vida se desarrolló en el clima intelectual del mundo jurídico de la Ilustración, que será propicio para
preparar la obra legislativa de la época de la Independencia. En: De la Fuente, R. José Baquíjano y Carrillo (1751-1817). En R. Domingo (Ed.),
Juristas Universales. (Madrid: Marcial Pons, 2004; t. II, pp. 760-763).
76 MELGAR
Tertulia. 1824. Peter Schmidtmeyer. Grabado. Cortesía, John Carter Brown Library, Brown University.
MELGAR 77
Poesía Amatoria
¡Ay, Silvia! Si a lo menos tú, mi llanto Ser justa pena puede consolarle;
pudieras atender y mis sollozos... aun la injusticia puede ser su asilo,
¡Ah! mi acerbo dolor no fuera tanto. porque mil veces la maldad protegen
jueces inicuos.
Silvia, Silvia, os dijera: “Ojos hermosos,
mirad mi situación, ved mi tormento”, Para mí solo son las aflicciones;
y al instante, mirándome piadosos, para mí el susto y el llorar continuo,
porque en mí solo todos los trabajos
desvanecieran todo el mal que siento. se han reunido.
Acabadas por ti mis aflicciones,
a tu piedad deudor de mi contento. Yo perdí a Silvia, sin que rayar pueda
aurora alguna que los ojos míos
Corriera ardiendo a ti: mis expresiones muestre su rostro, con la expresión dulce
fueran dulce llorar... ¡Con qué ternura de su cariño.
te estrechara...! ¡Ay! ¡Funestas ilusiones!
Yo perdí a Silvia, y en su dura ausencia
No, Silvia, no: la pena, la amargura de mil recelos me hallo combatido;
es todo lo que encuentra mi deseo: más que a la Parca temo de su afecto
cuanto alcanzo a mirar es noche oscura. cualquier desvío.
MELGAR 79
Salir no puedo de esta horrible cárcel; “Te amo, mi Silvia”, ardiendo le decía,
aquí me matan bárbaros caprichos: ardiendo en vivo fuego;
mas no me matan, que para más pena “te amo, te amo”, le digo todavía,
infeliz vivo. y que me ame le ruego,
y arrebatado el pecho se transporta,
Yo perdí a Silvia ¿qué mayor tormento? y cualquier expresión la cree corta.
toda mi dicha fue su amable hechizo;
y en ella sola, todo con su ausencia, Respiro apenas mi inflamado aliento...
todo he perdido. Cualquiera pensaría
que estoy sacrificando en tal momento
¡Ay, Silvia mía! Yo perdí tu vista; a Silvia el alma mía;
ya es llorar solo todo mi destino; “te amo”, le digo, “te amo, por ti lloro”,
sin que en mi llanto quede más consuelo mas nunca el labio pronunció: “te adoro”.
que el llanto mismo.
Jamás tampoco mi alma dominaron
caprichos femeniles,
caprichos nunca en Silvia se encontraron
DEJAD AMIGOS... ¿INJUSTICIA ni nacieron tan viles
TANTA...? mis amores, que prontos no estuviesen
a sofocar su ardor, si ellos naciesen.
Dejad amigos... ¿Injusticia tanta
pensáis que cometiera? No, no contará Silvia que un desprecio
De imaginarlo solo ya me espanta... a amarla me obligase,
¿Cómo olvidar pudiera ni que en sus risas, con empeño necio,
a mi amorosa Silvia...? No, es en vano rendido suplicase;
pretender que yo sea tan tirano. porque me ama la quiero, y si me olvida
será en olvido eterno sumergida.
Al darme corazón, Naturaleza
“amad a Silvia”, dijo; ¿Por qué pues, cuando me ama fiel y firme
y nunca con impura y ruin bajeza queréis que yo la olvide?
manchar su ley exijo, ¿Qué discurso hay capaz de persuadirme
ni resistir la fuerza que me obliga, que haga lo que me impide
ni mirar su atracción como enemiga. esta misma razón que me ilumina
y esta fuerza interior que a amar me inclina?
Amaré a Silvia mas que viva ausente
mil siglos de mis ojos, ¿Cómo opuesto a la Patria, que abandone
la amaré aunque su ausencia me atormente este amor te procura?
con dolores y enojos; No, Silvia es otra ya: jamás se opone
80 MELGAR
El rico es atormentado
Por si acaso la encontrares por el miedo y la avaricia;
con otro nuevo cortejo, la traición y la malicia
le dirás que no la dejo, bajan al más elevado;
y que se va porque quiere. al más justo y más honrado
Y si algo le sucediere lo mancha el más bajo ser;
no será por culpa mía; el más sincero querer
puede ser que en algún día goza por premio desdicha.
busque el dueño que perdió. Justicia, ni Paz, ni dicha
Vean qué pago me dio, es imposible tener.
y dijo que me quería.
Así la razón nos dice,
No sé en qué arte no la vea sobre principio tan cierto.
enojada para mí; que son gritos en desierto
cuanto me pidió le di, las quejas de un infelice:
nada le dejé en deseo. el destino nos predice
Ahora, con nuevo empeño, contra un necio frenesí,
otro amante llega a amar; que en esta vida de aquí,
así la he solicitar que al hombre en mal le tocó,
para que cante victoria; las dichas no espere, no;
como frágil de memoria pesares continuos sí.
quizá no se acordará.
Porque es fatal condición
que la humana especie alcanza,
Al fin, ya se me ha ausentado
entre temor y esperanza,
sin darle ningún motivo;
concluir su vital misión.
no querría estar conmigo
Y si triste el corazón
y por eso me ha dejado.
se deja del mal vencer,
y no logra repeler
la pena de su delirio,
la vida es duro martirio
y un doblado padecer.
MELGAR 85
No lo creyó, sin duda; siguió esquiva, ¿quién creyera que en esta tregua misma
y yo supe cumplir con olvidarla, infeliz fuese yo? ¿Mas cómo puedo
por más que mi dolor se me oponía. dejar de serlo, si con ansias vivas
Seis lunas no duró, ni durar pudo un instante siquiera, que me hablases
una pasión tan mal correspondida; deseaba, y mi cruel suerte impedía?
y luego que fui libre, ¿quién pudiera Ni aun ese instante solo me dejaba
cautivarme, si no es mi dulce “Silvia”? disfrutar una vez de tal delicia,
Así es que libertad ninguna tuve. y aun cuando resolviste consolarme,
De unas a otras cadenas, en un día, fue cuando ya los hijos de la envidia
pasé, y fui tuyo luego que fui mío. me cortaron el medio de mirarte.
La halagüeña esperanza colegida ¡Qué funesta es mi suerte, amada “Silvia”!
de una respuesta ambigua de tus labios, mas con todo, ya supe que me amabas.
animó mi alma, que en tu amor ardía. Lejos de aquí el amor de la lascivia:
Por horas este fuego se aumentaba, no es amor ese, que es brutal instinto,
y del otro acabó hasta las cenizas. es un bajo querer, en que delira
y a la manera con que las estrellas la pasión sola, la razón se esconde
que en medio de la obscura noche brillan, y el amante brutal que se desvía
desaparecen absolutamente quiere, procura, gime, clama y llora;
luego que el claro Sol nos ilumina, por fin consigue y al momento olvida.
¡con cuánta indiferencia desde entonces Amor para que sea permanente
miraba yo a la pérfida Melisa! debe ser como el nuestro, “Silvia” mía.
Sus amantes, su amor, sus relaciones, Libres de sentimientos corrompidos,
su indolencia, sus gracias, ni sus iras corazones trocamos; de dos vidas
no tuvieron ya más para conmigo una vida no más quisimos ambos:
ni un rastro del poder que antes tenían. ¡qué suerte tan feliz me prometía!
Tú sola eras objeto de mis ansias; Todo el poder del Cielo en favor nuestro
tú sola, desde entonces, me dominas. contaba ya, y la envidia sometida.
Ver tu rostro, fue ver mi gloria entera Porque, Cielo benigno, ¿qué otra cosa
dejar de verte, fue perder mi dicha. puede proteger más tu mano pía,
A toda hora a tu lado estar quisiera, que una inocente unión de dos amantes,
y cuanto más te veo, más tu vista en quienes puso la bondad divina
deseo prolongar siglos enteros; con su imagen, unidos corazones,
tanto el deseo de tu amor me incita. para que amen su ser, y en paz tranquila
Y tanto me encendía la esperanza vivan, hasta ligarse en Himeneo,
de que habías de quedar al fin por mía. y más que amantes, ya ligados vivan?
Siete veces llenó la luna hermosa Así debía ser. Pero ¡alto arcano
su blanca redondez, sin que benigna del ser piadoso, que me martiriza!
me dijeses, “te quiero”; mas en tanto En medio del placer que disfrutaba
tu amoroso semblante lo decía al mirar tuya mi alma, y tu alma mía,
débilmente al principio; mas creciendo, la parca fiera, con horrendo golpe,
cual crece sin sentir la luz remisa, nuestro apoyo mayor cortó en sus iras.
desde el débil crepúsculo primero, No hay más: para llorar solo he nacido.
hasta que salta el Sol y al orbe anima, Largo tiempo hace, pero todavía
así tú, de una mera complacencia no puedo recordar tan triste escena,
dándome a cortos tragos la alegría, sin regar con el llanto mis mejillas.
pasaste a darme tu sencillo pecho, Acuerdome del deplorable instante
porque de un golpe solo tanta dicha en que, cual mortal rayo, la noticia
mi vida no acabase. Y sin embargo, de su muerte imprevista a mi oído llega.
88 MELGAR
¡Oh madre! ¡Oh madre!; ¿cómo tus cenizas víctima triste de su pasión viva;
pudiera ver al menos? ¿Quién me diera y no aumentes mi llanto con decirme
saber entonces que tan presto te ibas? que soy infiel, cuando por fiel sentía.
Mi corazón te hubiera descubierto... Solo amor como el mío, interés tanto
¡Oh dolor sin igual! ¡oh, muerte impía! en esta situación por sí aflictiva
Yo vi mustios aquellos mismos labios pudo tomar; y amor que así padece,
que una hora antes mi afecto defendían; nunca se apaga, ni aun se debilita.
yo vi cerrados en eterno sueño Así lo has visto, y van dos primaveras,
aquellos ojos cuya tierna vista, desde aquel duelo, sin que en mí se extinga,
por mío eternamente aseguraba sin que deje de arder con fuerza nueva
con mudo hablar el corazón de su hija. este sincero amor que te ofrecía.
Muerta vi a quien murió por protegerme, Tú sabes los motivos que a encenderme
muerta vi a quien murió dándome vida, en el primer amor siempre conspiran;
lloremos juntos nuestra igual desgracia, sabes que a abandonarte me provocan
lloremos juntos, mi querida “Silvia”, mis amigos, tentando la codicia;
madre igual de los dos fue: en su ternura sabes que aun la fortuna me hace guerra,
los dos perdimos una madre misma. negándome sus bienes, siempre esquiva;
¡Ay, compasiva madre! eternamente pero sabes también que nada pueden
grabada te veré en el alma mía: contra mis tantas fuerzas reunidas;
lloraré, venerando a todas horas ni han bastado a mover mi pecho firme
tu alma inmortal, tus frígidas cenizas. el desprecio y los tiros de la envidia,
En mi pecho sellado está tu nombre; con que los tuyos, sin razón airados,
sobre él derramo lágrimas continuas; me ultrajan y persiguen a porfía.
solo tu amor en tanto desconsuelo Te he amado, te quiero, y he de amarte
pudo guardar mi vacilante vida. a pesar del furor con que me miran;
Pero, ¡ay, “Silvia”! este amor me dio otra pena. para más gloria mía y triunfo tuyo
Llorábamos tú y yo tan imprevista será el que formen nuevas tentativas.
fatalidad, y a ver el caro cuerpo Han dicho que te traigo la miseria,
de una madre tus pasos dirigías, porque ya la fortuna, que vacila,
cuando tu débil corazón se rinde, robó a mis padres, y a mi anhelo niega
al peso enorme de la cruel fatiga; sus bienes, pero a nadie tiraniza
un desmayo te asalta; ¡dicha grande la suma Providencia, y entre presto
fue que cayeses en las manos mías! trocada han de mirar la suerte mía.
mas ¡qué dolor!, tener entre mis brazos Yo poseo y tendré, merced al Cielo,
moribundo el semblante de mi “Silvia”! el caudal de los que aman la justicia.
¿No profanara yo tu puro afecto El sudor de mi frente ha de traerme
con una acción a que el amor me incita? lo que en un testamento no hallaría,
Pero ya que la suerte me la ofrece pero tiemblen los míseros que tienen
solo es para doblar las ansias mías. el oro, que se pierde o se disipa,
Muerto mi apoyo, “Silvia” moribunda, por el único don que hace apreciable
¿cómo pudo durar mi débil vida? y digno de tu mano al que la pida.
Para llorar nací, no hay duda alguna, Tiemblen, porque es afrenta que así muestren
sin darse tregua vienen, se conspiran, que a remate una esposa dar querían;
y en mí, de un golpe, dan las grandes penas, y tiemblen mucho más, porque es el mundo
y morir no me dejan, porque viva un teatro que muda sus cortinas,
para víctima eterna de sus fuerzas. y en dos momentos pasan sus actores
¿Para qué es más? atiende, prenda mía, de la gloria más alta a total ruina.
mira a tu amante en este aciago punto, No me alegraré yo, que antes deseo
MELGAR 89
Veré tu rostro,
en que las gracias
todas se muestran:
NOCHE HORROROSA y huirán luego
del pecho mío
Noche horrorosa, todas las penas.
por todas partes
a mi alma cercas: Seré felice,
desde el momento más que ninguno
que me dijiste serlo pudiera;
adiós, te quedas. y no el ausente
más desgraciado
En vano busco que hay en la Tierra.
mil y mil veces
a mi luz bella;
pues cada instante
más se duplican,
más, mis tinieblas.
MELGAR 93
Si suspiro y me lamento
cuando estoy cerca de ti,
entonces nuevo martirio
recibe mi pensamiento. YA QUE TE DESPIDES
Cuando mi prenda
juró ser mía LA PRENDA MÍA
y me decía:
“seré de ti”. La prenda mía
en quien tenía
Su voz entonces puesto mi gusto
fue mi contento: hoy me persigue
su juramento con odio injusto.
me hizo feliz.
Ya yo en sus ojos
Mas sus recuerdos solo hallo enojos;
me son mortales, cuando antes era
y entre mil males su vista sola
llego a gemir. mi dicha entera.
QUEJAS ¡PIEDAD!
DELIRIO ESPERANZA
Indian representation of the Costumes of the Ynca and his Queen. 1805. Joseph. Skinner.
Cortesía, John Carter Brown Library, Brown University.
MELGAR 111
Fábulas
Si triunfa el tirano,
esclavos los hace;
EL MURCIÉLAGO si triunfa el patriota
¿qué logran?, rascarse.
Tuvieron su guerra
cuadrúpedos y aves,
por mandar aquellos,
estas por librarse.
El necio murciélago
creía escaparse
y aguardaba a unirse
con el que triunfase.
5.- Aurelio Miró Quesada apunta que se trata de “la célebre cantante Carolina Griffoni, que hacía por entonces las delicias del público
de Lima y cuyo más resonante éxito lo obtuvo en el papel de ‘Nina’, la enamorada de ‘Lindoro’, en la ópera Loca por amor del tarentino
Giovanni Paisiello, que se estrenó en el teatro limeño el 29 de julio de 1813”. En: Historia y leyenda de Mariano Melgar. 1790 – 1815.
(Lima: Fondo Editorial de la UNMSM, 1998; pp. 141-2).
MELGAR 113
6. Es un coloquialismo de la época que refiere a una persona taimada, morosa o irresponsable. En: LABERNIA Y ESTELLER, Pedro. Diccionario
de la lengua castellana con las correspondencias catalana y latina, t. 2. (Barcelona: J.M. De Grau, 1848; p. 238).
116 MELGAR
EL SOL
A la Señora María Josefa Rospigliosi, Subdelegada de
Chuquibamba.
Teniente General Juan Ramírez Orozco. s. XIX. Domingo Valdivieso. Fotograbado. Biblioteca Nacional de España.
MELGAR 119
E ntre los sucesos más notables y de más decisiva influencia en el orden público, que en
el espacio de seis años nos presenta la historia de la revolución de esta América, ocupa a
todas luces un lugar distinguido la feliz campaña del general Ramírez sobre las provincias
interiores de La Paz, Puno, Arequipa y Cuzco.
Solo nuestro digno virrey, en medio de tan deshecha tormenta, conservaba en su vigor
toda la entereza y energía de su grande alma e inconmovible como una roca que tiene sus
profundas raíces clavadas en las entrañas de la tierra, miraba con serenidad este violento
huracán y con su imperturbable presencia confortaba a unos e imponía a otros.
Era en verdad nuestra situación muy crítica y la más apurada en que hasta entonces nos
habíamos visto.
Todo está dicho; en tan estrecho lance cualquiera confianza era arriesgada, cualquiera
recelo fundado; toda medida expuesta y la más delicada previsión, el genio más militar y
fecundo casi inútiles e infructuosos.
El ardor de nuestro ejército no podía menos de resentirse de un golpe tan fatal; al paso
que era natural que los enemigos, expeditos ya en la banda oriental del Río de la Plata y
sin más atención que el Perú, convirtiesen hacia él todas sus fuerzas y aprovechasen la
bella oportunidad que les presentaba la conmoción casi general de nuestras provincias.
120 MELGAR
Así iban las cosas a fines del mismo agosto, y nuestro ejército se hallaba situado en
Suipacha, cuando se hizo público en él la sublevación del Cuzco y sus rápidos progresos.
Adelantaban entre tanto los de Buenos Aires su vanguardia contra nuestro frente, y los
nuevos insurgentes por la espalda, con la espada en la mano y la tea encendida en otra,
abrazaban y destruían cuanto se les ponía por delante.
Se hacía, pues, cada día más urgente en nuestro cuartel general de Suipacha decidirse
a tomar un partido o evacuar las provincias recobradas a costa de mucha sangre y
sacrificios, retirándose en masa con sus guarniciones a las márgenes del Desaguadero,
conservar la comunicación con la capital, y contener la insurrección, esperando algo
del tiempo o tener una posición ventajosa que, cubriendo aquellas provincias y siendo
capaz de sostenerse con menos fuerzas, nos dejase en estado de disponer de algunas,
para atender a las interiores.
Parecía más prudente el primero; era sin duda más generoso, aunque arriesgado el
segundo; decidiose por este el general en jefe, oyendo a los demás, y quedando resuelta
la expedición sobre el centro; un peligro común, el intérprete más seguro del verdadero
mérito, reunió todos los votos y puso a su cabeza al general Ramírez.
Estos dos cuerpos de infantería, con 687 plazas, el primero en dos batallones, y 312 el
segundo en uno; 6 piezas de a cuatro y un piquete de 40 caballos, componían toda la
fuerza del nuevo ejército que podemos llamar del centro, y de cuyas operaciones estaba
pendiente la suerte de la América del Sur.
La del cuartel general, las principales de Potosí y las particulares de Oruro, todas estaban
igualmente exhaustas y la necesidad no daba tregua. Era forzoso ocurrir a arbitrios
extraordinarios; pero importaba también considerar los pocos pueblos fieles que nos
quedaban y conservar algunos amigos.
Con este objeto y con el perfecto conocimiento del terreno que pisaban, formaron
inmediatamente los cuzqueños tres expediciones: una al mando de los caudillos
Mendoza y Béjar sobre Huamanga; otra al del Brigadier Pumacahua y Vicente Angulo
sobre Arequipa; y la tercera al de Pinelo y el apostata cura Muñecas sobre Puno, el
Desaguadero y La Paz; de esta última hablaremos ahora, y en su lugar de aquellas.
Quedaron con esto los rebeldes en quieta posesión de aquella capital, y sin perder tiempo
intimaron la rendición al coronel D. Joaquín Rebuelta, comandante del Desaguadero,
quien les contestó con la expresiva firmeza que debía esperarse de aquel benemérito
oficial; pero abandonado en el primer ataque de muchos de los suyos y de todo el pueblo,
tuvo que evacuarle y retirarse a La Paz el 11 de septiembre, con solo 14 hombres, la ma-
yor parte heridos, dejando en aquel interesante punto trece piezas de diferentes calibres
y cuanto contenían sus copiosos y antiguos almacenes.
Tendría esta ciudad como 200 hombres de buena tropa, con oficiales de bastante
confianza, cuatro piezas de 4 y un cuerpo de más de 100 voluntarios, todos muy seguros
y resueltos a llenar su deber y defender sus intereses que no eran pocos.
Aunque su situación no es a propósito para resistir un largo sitio, por estar edificada en
el fondo de una quebrada de cerca de una legua de descenso, y rodeado de cerros que
la dominan todavía con esta fuerza y sus regulares atrincheramientos pudiera haberse
sostenido y esperar algún auxilio; empero dividida su atención entre recelos y cuidados
interiores y los ataques del enemigo, no pudiendo obrar la tropa con confianza ni libertad,
y habiéndose pasado a aquel la mayor parte de su plebe, fue entrada a viva fuerza en la
mañana del 24, después de una resistencia vigorosa; y los rebeldes y la canalla cometieron
cuantos excesos son imaginables en aquel día, que no fue sin embargo sino un pasajero
aunque cruel ensayo de las atrocidades inauditas del 28 siguiente.
122 MELGAR
Hallabanse presos y custodiados con una buena guardia en la casa pretorial su gobernador
brigadier marqués de Valde-Hoyos, cinco coroneles, otros oficiales de graduación,
varios capitanes y subalternos, y algunos oficiales particulares en el cuartel principal.
Condujeronse a este en aquella mañana unos cajones de cartuchos desde otro almacén,
y habiéndose roto uno de ellos formó en el tránsito con el derrame sucesivo una especie
de guía hasta el depósito; saltó una chispa de los fogones inmediatos, prendiose aquella y
trasmitiéndose rápidamente el fuego hasta este, se incendió toda la pólvora que contenía
y causó en su explosión un grande estruendo.
Este fue el grito de muerte y la hora de los malvados. Inflamada la multitud se arroja
precipitada sobre las prisiones: cada uno como león irritado y furioso, se abalanza sobre
su presa, la despedaza y la devora. De tantas inocentes víctimas ninguna se salva; todas
perecen con mil muertes distintas a cual más bárbaras y atroces.
Arroyos de ella corrían por la plaza entre los mutilados y palpitantes cadáveres; y en
terrible presencia los execrables caudillos, estos dignos héroes de la independencia del
Perú, con la copa a los labios mezclada de licor y de sangre, y con el rojo y aún caliente
puñal en la mano, se disputaban como fieras hambrientas un saqueo de seiscientos mil
pesos.
Nada restaba ya, el plan estaba consumado, la patria triunfaba y la desdichada Paz era
libre.
Un rumor vago de la aproximación de las tropas del rey, dispersó repentinamente a los
sediciosos; y casi avergonzados, aunque no satisfechos los rebeldes de sangre y de pillaje,
abandonaron la ciudad a su discreción, y se retiraron al Desaguadero desde donde por
sus comisionados iban continuando sus depredaciones.
Como a las cuatro leguas de marcha enfrente del pueblo de Achocalla estaba la tropa
haciendo un pequeño descanso, cuando el comandante de la guerrilla izquierda
dio aviso de tener a la vista alguna caballería enemiga: ordenosele que la atacase y
persiguiese, y avanzando nosotros un corto trecho, descubrimos luego todo el grueso
de los enemigos.
Estaban estos formados a nuestro frente en tres líneas de fondo, en un terreno superior
al que llevaba nuestro ejército: habían colocado cinco piezas de 4 en la primera, y dos
de a 2 en la segunda: tenían su izquierda apoyada sobre la cortadura o gran barranco que
forma el Alto de La Paz, y su espalda sostenida pollos cerros de Chacaltaya. Sobre una
pequeña loma avanzada a su derecha habían colocado un cuerpo numeroso de infantería
de todas armas y de una formación irregular en semicuadro con dos culebrinas de a 6, y
una pieza de a 2, y en la misma banda, amagando envolver nuestra izquierda y retaguardia
se dejaban ver varios trozos y partidas de caballería.
Hízoles presentes la atroz e infame conducta de los insurgentes; pusoles delante la pálida
imagen de su mismo país destruido y degradado con sus livianos y sangrientos hechos:
recordoles el juramento religioso con que habían prometido defender las banderas
y derechos del rey hasta derramar la última gota de sangre; y sin detenerse mucho en
ponderar la cobardía y debilidad de los traidores, concluyó anunciándoles una pronta y
completa victoria, y ofreciéndoles todo el botín y los premios a que cada uno se hiciese
acreedor.
La falta de caballería hizo que escapasen los más, y entre ellos los caudillos Pinelo y
Muñecas, a quienes infructuosamente dieron caza algunos oficiales nuestros montados.
Según las declaraciones de los prisioneros había reunido el enemigo como 4 mil hombres
de todas armas: los 500 disciplinados de fusil, y los restantes de honda, macana y lanza,
con 400 a 500 de caballería con estas mismas armas y alguna que otra carabina. Dejó en
nuestro poder su campo que se abandonó a la tropa, como se le había ofrecido, menos
los efectos de guerra: su artillería compuesta de las diez piezas ya expresadas, 150 fusiles,
108 prisioneros, y tendidos en el campo considerable número de muertos.
El sargento mayor Anglada presentó al general una bandera que se les había tomado
también: y reconocida por el regimiento número primero, por ser la que tenía en su
capital del Cuzco, se le restituyó inmediatamente, para que el mismo la condujese a
aquella ciudad en donde debería conservarse con una inscripción que acreditase a la
posteridad la lealtad y constancia de este distinguido cuerpo que posponiendo todas
las relaciones del paisanaje, de la amistad y aún de la sangre a su honor y deber, se había
batido con un denuedo y firmeza, sin duda no esperados de nuestros enemigos: golpe
que por sí solo debía producir los efectos más grandes, y que desde luego bastaba a
suspender la opinión pública y variar el aspecto de las cosas.
Se había hecho sentir la sed demasiado con la fatiga de la jornada y absoluta falta de
agua, y en esta consideración quedando aún suficiente día pasó el ejército a acamparse a
la inmediación de La Paz en la falda de su mismo alto.
A las seis de la mañana del siguiente día 3 se hizo una salva general en celebración de
nuestra victoria, y se dirigieron partes de ella al señor general en jefe, y a los gobiernos
y autoridades de la carrera, y también de la costa, para mantener a los pueblos en el
MELGAR 125
debido respeto a las armas del rey, y convencerles de los débiles aunque demasiados
funestos esfuerzos de los revolucionarios: y habiéndose aseado la tropa conforme a su
situación, entró el ejército en La Paz formando en columna a las nueve. Salieron varios
vecinos y eclesiásticos honrados a recibirle y no se dejaban de advertir también algunos
semblantes en la comitiva, entre los que andaba dudoso el temor con el respeto.
Había en las calles quien prorrumpiese en vivas y aclamaciones por el rey y general, y no
faltaba quien repitiese estos saludos desde las ventanas y balcones.
En este orden se llegó hasta la plaza mayor y formando un cuadro; conociendo el general
la altivez y desenfreno de aquella plebe y la ninguna consideración que merecía por sus
horrorosos excesos, dio la orden de que ningún individuo del ejército saliese del cuartel
sin sable o bayoneta, y en caso de ser insultado contuviese por sí mismo a cualquier
atrevido sin distinción. Providencia a primera vista un poco severa, pero en realidad muy
necesaria en aquellas circunstancias.
Entre los prisioneros se habían hecho varios naturales de la misma Paz, y de ellos fueron
sobre la marcha sorteados y pasados por las armas cinco.
Convenía seguir los pasos a los rebeldes y no dejarlos respirar; pero era aún más urgente
establecer el orden, colectar algunos fondos y dar vitalidad y movimiento a aquel exánime
y paralizado cuerpo civil, había perecido lo mejor de su vecindario: estaba el resto, parte
receloso y parte amedrentado; vacías las cajas públicas: disuelto su ayuntamiento: la
plebe dispersa impune y confundida en su misma oscuridad, y todo ofrecía dudas, cuida-
dos y dificultades.
Dispuso el general que el comandante Sarabia saliese el 5 con el primer objeto al pueblo
de Laja a 6 leguas de distancia y esperase allí sus órdenes, y se dedicó a expedir sin perder
tiempo las demás que llamaban su atención.
Dado este primer y más difícil paso se nombraron subdelegados en los partidos que se
hallaban acéfalos; y se arregló la administración pública, eligiendo los demás empleados,
todo interinamente, y hasta la resolución superior del Exmo. señor Virrey del Reino.
Para llenar el vacío de los fondos públicos reunió el general en su posada las corporaciones
y vecinos más principales, y les hizo presente la absoluta e indispensable necesidad en
que se hallaba de sacar todos sus recursos de La Paz, proponiéndoles que antepusiese el
medio de algunos donativos, o préstamos voluntarios a una contribución forzosa, a que
de otro modo procedería, precisado como estaba por la imperiosa ley de las circunstancias
del día, ni a las proporciones de los prestamistas, se hicieron con calidad de reintegro,
pedidos fijos a personas señaladas, y se impusieron con intervención del cabildo algunas
contribuciones, con que pudieron reunirse hasta 63 mil pesos, quedando prontos
y remisibles a disposición del señor general en jefe otros 30 mil; y comprometido el
gobernador y ayuntamiento a cubrir inmediatamente el empréstito de 10 mil que había
hecho el vecindario de Oruro para la salida de la expedición, como en efecto lo realizó.
126 MELGAR
El 8 avisó Sarabia desde Laja que casi todos se habían retirado para Puno, y que unos
pocos que habían quedado intentaron incendiar el almacén de pólvora y demás útiles; lo
que había impedido con alguna gente de su parcialidad el párroco D. Manuel Mamani,
quien instaba para que se le auxiliase. En vista de todo y de las noticias que también se
recibieron de que los enemigos pensaban en hacer una gran reunión en la provincia de
Puno, se previno a Sarabia continuase su marcha el 9 siguiente; y en el mismo día salió
de La Paz el general con el resto del ejército, dejando una compañía de guarnición, con
cuatro piezas y algunos artilleros, y a su gobernador las instrucciones convenientes.
Se recibió el correo de Potosí con cartas del cuartel general por las que se supo no haber
ocurrido novedad especial, y quedar las provincias del tránsito en sosiego; y habiéndose
presentado una diputación del cabildo de Puno, dando parte de que los insurgentes
habían evacuado aquella ciudad, que venía a someterse por su medio a las armas del rey,
se les contestó que estas se posesionarían de ella. Con esta dirección se emprendió la
marcha el 16, y continuándose el 17 y siguientes por los pueblos de Zepita, Pomata, Juli,
llave, Acora y Chucuito, se entró en Puno el 23, habiendo hecho 52 leguas desde La Paz.
Causó tan funesta novedad en el ejército un acerbo pesar no sin mezcla de cólera, así
por la inclinación y respeto que la tropa profesaba a su antiguo coronel el señor Picoaga
MELGAR 127
como por las fatales resultas que producía la pérdida de la provincia de Arequipa, con
la cual quedaba ya por todas partes cortada la comunicación con la capital de Lima, y
aumentadas considerablemente las fuerzas de los insurgentes, ya con las armas, artillería
y pertrechos que allí tomaron, como con la mucha gente que era consiguiente se les
reuniese; pero no solo no se entibió por esto el valor de nuestros soldados, sino que
inflamándose de un ardiente resentimiento, solicitaron a una voz permiso del general
para escribir a los revoltosos conminándolos con su total exterminio, si llegasen a atentar
a las vidas de los jefes, y singularmente a la de su coronel el mariscal Picoaga.
Viendo el general la buena disposición de la tropa y calculando que nada era tan urgente
ni oportuno como recobrar la provincia de Arequipa y abrir su comunicación con las de
arriba, el ejército y la capital, al paso que muy expuesto dirigirse al Cuzco dejando este
fuego, y los enemigos a la espalda; teniendo también presente que el coronel González,
situado ya en Huamanga, les oponía por aquel lado un freno respetable; reunió los
jefes y manifestándoles sus ideas con su acuerdo de ir cuanto antes sobre Arequipa, y
habiéndose comunicado esta disposición a la tropa, formada en cuadro, fue recibida
con el mayor júbilo y aclamaciones, a que contestó el general alabando su generoso celo
y ardor marcial, y recibiendo como siempre las más sinceras y positivas muestras de
aquel respeto y adhesión, que a porfía se empeñaban en acreditarle nuestros oficiales y
soldados.
El 25 fue descubierto y hecho preso el abogado Manuel Villagra, que con el carácter de
auditor de guerra había autorizado la matanza y saqueo de La Paz; y juzgado sumariamente
por la comisión militar, expió sus excesos con el último suplicio.
Tomaba cada día más cuerpo el rumor de que los enemigos, reunidas las reliquias de la
batalla de La Paz a la expedición de Pumacahua y Angulo, reforzados y llenos de confianza
por las ventajas que estos habían conseguido, pensaban en dar o esperar otra ocasión en
el camino; pero se hablaba con mucha variedad sobre el punto fijo que ocupaban.
Con el fin de descubrir algo más y de descansar de la fatiga del día anterior, se hizo alto
en Vilque y el 28 acampamos en Tayataya a 6 leguas de distancia.
Pasamos el 29 al Ingenio de las Maravillas, situado a las dos leguas, y en él dieron noticia
al general de que los rebeldes tenían ocupada la angostura que llaman la Compuerta,
distante 5 leguas, con una corta fuerza; en su vista y antes de que la reforzasen, lo que tal
vez nos hubiera detenido por ser un paso forzoso, estrecho y de suma aspereza, ordenó
que en la misma tarde saliesen las dos guerrillas y el piquete de caballería, y descansando
en el prado, cayesen al amanecer sobre el destacamento enemigo y le desalojasen de
aquel puesto.
128 MELGAR
En este punto se nos pasó un hombre llamado José Bernardino Escobedo, y habiéndosele
tomado su declaración depuso que los insurgentes se hallaban situados en Apo a 16
leguas de distancia; que tenía 21 piezas de artillería de diversos calibres, y según les
había oído decir sobre 12 mil hombres de todas armas, y entre ellos bastante y buena
caballería de la provincia de Arequipa.
Con este dato se continuó marchando con toda precaución los días 2, 3 y 4 y el 5 se situó
el campo a dos leguas de Apo, poco más o menos. Estaba el general reconociendo el
terreno para apostar la gran guardia y distribuir las avanzadas, cuando se descubrió un
parlamentario de los rebeldes, que puso en sus manos un pliego de aquellos reducido
a proponerle la rendición del ejército, figurando que ya la capital de Lima, y todas las
provincias del virreinato se habían decidido por la revolución, con otras especies y
mentiras abultadas, las mismas que habían hecho publicar por bando en Arequipa y
Cuzco, como comprueban los ejemplares que van a continuación de este diario con los
números 1 y 2.
El general le recibió y leyó el pliego con mucha serenidad y templanza, y con la misma
le mandó retirar, diciéndole que se había impuesto y que no tardaría en despachar su
contestación, que no era otra que la de atacarlo por la mañana.
Aunque el parlamentario era un oficial del rey que servía entre los rebeldes, no pareció
conveniente detenerlo ni castigarlo, por no comprometer más con este paso las personas
del señor Picoaga y demás jefes que ellos tenían en su poder.
Repitió esta escena el batallón del general, y siendo ambas absolutamente voluntarias
y nacidas de su exaltada adhesión al jefe, se llenó este de un tierno placer y de la más
grande confianza, asegurándoles con la misma que al día siguiente tendría el gusto de
presentarlos al enemigo y aumentar sus laureles.
Amaneció el 6 el campo cubierto de nieve, pero como her vía el fuego en el pecho de los
soldados, todos estuvieron prontos y muy temprano se rompió la marcha sobre Apo con
aquel orden, prevención y vigilancia que observaba siempre nuestro pequeño ejército, a
cuya constante y exacta disciplina se debía siempre la mayor parte de sus buenos sucesos.
Al paso que nos íbamos aproximando presentó una de nuestras partidas de descubierta
a un arriero que había servido entre los enemigos y declaró que, recelando estos ser
atacados, habían trasladado su campo en la noche anterior a Chilligua, dos leguas más
MELGAR 129
La tropa y mucho más los oficiales manifestaron un verdadero pesar de que aquellos se
hubiesen retirado tan cobardemente, quitándoles de las manos tan buena ocasión de
distinguirse y ensalzar su valor; y el general, penetrado de su noble modo de pensar, los
reunió en su tienda, y dándoles las más expresivas gracias a nombre del rey, les aseguró
que lo tendría en igual consideración para sus ascensos, como si se hubiese dado una
batalla y conseguido una completa victoria.
Se supo que, luego que en aquella ciudad se habían cerciorado de la superioridad de las
armas del rey y de la precipitada retirada de aquellos, se había formado, por un impulso
general y común, una especie de contra-revolución, y prendiendo a algunos facciosos
de los más declarados, entre ellos a varios eclesiásticos seductores que habían venido
con los caudillos Pumacahua y Angulo, los habían puesto en seguridad a disposición del
general, quedando la población quieta y en su antiguo orden.
Al evacuar los rebeldes a Arequipa habían llevado consigo a los ilustres presos Picoaga,
Moscoso y Valle, con algunos otros particulares; habiendo redimido su libertad el
distinguido brigadier D. Mateo Cosio y el teniente coronel D. José Menaut por más de
20 mil pesos, cuya cantidad con otras sumas más crecidas, procedentes de sus rapiñas,
habían asegurado y despachado con anticipación a los pueblos del Collao, siendo su
objeto hacer con él y en toda la provincia del Cuzco una leva general y recolección de
armas para resistir y dar un golpe decisivo a las tropas del rey.
Avanzó el ejército el 8 hasta Cangallo 6 leguas más adelante, y en este punto salieron a
felicitar al general varias personas de distinción, así de Arequipa como de los emigrados
de otras provincias sublevadas que se habían refugiado en ella; y el 9 se rompió la marcha
con dirección a la ciudad, distante solo 4, habiendo la misma auxiliado al ejército con
oficiosa voluntad con muchas mulas y bagajes.
Estaban las calles cubiertas de flores y las señoras las arrojaban al mismo tiempo en
abundancia y con la más viva emulación desde los balcones y ventanas sobre el general y
la tropa, no faltando algunas más atrevidas, o más arrebatadas de gozo que las pusiesen
en sus manos: dejabase conocer en los semblantes un sincero regocijo y andaba en todos
templando el contento con una respetuosa admiración.
En este orden y entre los repetidos vivas de la multitud, llegamos hasta la plaza mayor,
desde la que se retiró la tropa a sus cuarteles y el general a su magnífico alojamiento, en el
que con mucho gusto y delicadeza estaba preparada una mesa suntuosa, a que concurrió
toda la oficialidad.
Muchas y muy graves atenciones ocuparon a nuestro general desde su entrada en aquella
capital. La tropa con una marcha continuada de muy cerca de 300 leguas, parte por un
árido despoblado, y lo restante por un país insurgente y rodeado de enemigos, sobre
sumamente fatigada venía descalza y desnuda, y las armas y el tren no había padecido
menos.
la tropa, tomando los paños y demás efectos de la primera calidad, así por la escasez de
los de segunda como por ser ella muy acreedora a esta distinción y preferencia por sus
importantes servicios.
Formose también con algunos veteranos del ejército y buena caballería de Arequipa un
cuerpo de 250 hombres y se le destinó a las cabeceras de Caylloma para que, observando
los movimientos y operaciones de los rebeldes que infestaban aquellas inmediaciones,
contuviese al mismo tiempo a los Chuquibambas, únicos en toda la provincia que se
mantenían por ellos; y con igual prontitud se dio principio al alistamiento y disciplina ele
algunas compañías que a la salida del ejército guarneciesen la ciudad.
Con este objeto, habiendo sido presos el reincidente y contumaz revolucionario José
Astete, y el parricida José Chirveches con otros varios delincuentes de menos gravedad,
fueron los dos primeros juzgados y condenados a muerte por la comisión militar, y se les
ejecutó sobre la marcha, remitiéndose los demás con sus causas y condenas a disposición
del Excmo. señor virrey.
Comunicada esta resolución obró tanto en el ánimo fiel de nuestros enfermos, que la
mayor parte aún sin haber convalecido, se restituyeron a sus compañías, quedando solo
en el hospital 26 hombres y un oficial de los más postrados.
En este estado y reforzando nuestro pequeño ejército con algunos reclutas y dispersos
que se les reunieron hasta el número de 1200 bayonetas y 50 hombres más de dragones
132 MELGAR
En estas circunstancias y situación llegó un expreso del señor general en jefe D. Joaquín
de la Pezuela, ordenando a su segundo el señor Ramírez que inmediatamente se replegase
sobre Potosí con toda su fuerza, por hallarse el ejército de su mando sumamente apurado
por los enemigos del frente y aún mucho más por los infinitos caudillos que, derramados
en diferentes puntos de las provincias de Cochabamba, la Plata y Potosí, distraían todas
sus fuerzas y multiplicaban sus atenciones.
Para deliberar en asuntos de esta gravedad reunió el general a todos los jefes y,
manifestándoles el tenor de la orden, expuso cada uno su dictamen.
En los días 16, 17 y 18 subió el ejército por lo más fragoso y áspero de la cordillera, con
un temporal deshecho de vientos y nieve: estaba todo el piso cubierto de esta y si alguna
vez se descubría el sol por un corto rato, ocasionaba con su reflejo y los vapores que
exhalaba la tierra un dolor tan vehemente y agudo en los ojos que apuraba el sufrimiento
y paciencia de los más veteranos.
El terreno por donde debía dirigirse la marcha en busca del enemigo está inmediato a
las faldas de la cordillera, cuyas copiosas vertientes unidas a las excesivas aguas que en
MELGAR 133
esta estación son tan frecuentes en el Perú, forman a cada paso una porción de esteros y
arroyos que hacen el camino intransitable.
Para vencer esta dificultad y aliviar a la tropa, dispuso el general, dando él primero ejemplo,
que en estos casos se desmontasen los jefes y oficiales, y pasase aquella sucesivamente,
con cuya providencia, aunque con alguna detención, llegó el ejército a Tayataya menos
fatigado.
Aquí recibió el general un expreso del intendente de Puno con dos cartas fidedignas que
daban razón de la situación de los enemigos. En su vista resolvió aproximarse a ellos lo
más breve posible, intentando con este objeto desguazar el río de Cabanilla que teníamos
al frente y nos impedía el paso. Reconociole personalmente muy temprano; mandó al
cauce principal varias sangrías, pero no encontrándole sin embargo vado, dirigimos la
marcha al pueblo de Cabana, donde hicimos alto.
Amaneció el 23 muy despejado y sereno y se destinó para que descansando la tropa de las
fatigas de la Cordillera, lo ocupase en secar su ropa y limpiar las armas cuya revista pasó
por sí mismo el general, hallándolas todas a su satisfacción.
El 24 salió el teniente coronel Alcón para la capital de Puno, a fin de conducir a la caja
militar el numerario existente, y el ejército continuó su marcha con dirección a las balsas
de Juliaca, pero a poco más de una legua de camino observó el general que el río se dividía
en cinco brazos; mandó reconocerle y hallando un vado sobre firme, aunque bastante
profundo, ordenó que se dispusiese la tropa para pasarle por compañías. Rompió la
primera con su acostumbrado denuedo, la primera del primer regimiento, cortando su
corriente con el agua hasta el pecho, y siguiendo las demás logramos trasladarnos en
menos de tres horas con todos bagajes a la banda opuesta y al pueblo de Cabanillas, sin
desgracia ni avería particular: en él se hizo alto y descansó también el 15 por la mucha
nieve que no dejó de caer en todo el día.
En Lampa estuvo la tropa con algún desahogo para los que la estación y circunstancias
deban de sí; y por lo mismo resolvió el general que descansase dos o tres días dando al
mismo tiempo lugar al regreso del teniente coronel Alcón, en cuyo alcance para mayor
seguridad se destacó una buena partida de caballería; para no perder los momentos se
armaron las fraguas y se compuso algún fusil que lo necesitaba.
Así pasamos el último día de febrero y el 1° y 2 de marzo en que llegó Alcón sin novedad,
conduciendo 22 mil pesos para la caja militar.
El 3 recibió el general un oficio del caudillo Vicente Angulo con fecha del 28 anterior
en Ayaviri. Reducíase todo su contenido a pintar a nuestra metrópoli sumamente
apurada y dividida, ponderar las ventajas de los insurgentes del Río de la Plata y las otras
provincias sublevadas, la decisión general de los habitantes de la América por el sistema
de independencia, el mal estado de nuestro ejército de Santiago, y aún su figurada
derrota, con otras reflexiones todas dirigidas a persuadir que el mal era ya incurable, lle-
gando hasta la imprudencia de proponer una transacción o convenio en los términos que
manifiesta el mismo oficio que es el del número 3°.
134 MELGAR
Luego que nos situamos pasó el general a reconocerle con sus edecanes y, hallando que
tenía una profundidad muy grande sobre más de una legua de cauce, resolvió continuar
la dirección por el pueblo de Pucará, distante otras cuatro leguas.
Fue la noche muy lóbrega e incómoda con un continuado aguacero y, a pesar de haber
aprovechado la madrugada, avanzamos muy poco por los muchos pantanos y arroyos en
cuyo tránsito y repetidos rodeos ocupamos la mayor parte del día; siendo preciso para
pasar algunos formar pequeños puentes empalmando los mismos palos de los toldos.
Con esto se hizo demasiado tarde, y resolviendo el general acampar antes del pueblo,
despachó un ayudante que mandase hacer alto a la guerrilla.
Habíase esta empeñado ya en una angostura que forma el camino estrechado por el
río, y de repente fue sorprendida por algunos tiros de artillería y fusil que le hicieron
los enemigos emboscados en la otra banda. A su estruendo se destacó una compañía
de granaderos que la sostuviese, y después de un corto fuego, con el que obligó a los
rebeldes a replegarse a las cumbres, se reunió al campamento que situamos en un recodo
abrigado e inmediato a la misma angostura con la precaución necesaria.
En frente de él por la banda y sobre la orilla del mismo río tenían los insurgentes a la
vista un campamento en tres divisiones con 100 tiendas poco más o menos cada una:
desde él nos hicieron luego que nos divisaron algunos tiros de cañón y fusil, que fueron
contestados por nosotros sin efecto ni desgracia particular.
A pesar de las estrechas órdenes del general y de la vigilancia de los jefes y oficiales, no
pudo evitarse el que en estos días intermedios saliesen algunos individuos a las estancias
inmediatas en solicitud de víveres, y como los enemigos contaban con la fe y voluntad de
los naturales, fueron avisados, y lograron sorprendernos un sargento y algunos soldados.
Desde la tarde del 7 y en todo el día del 8 se advierte que iban llegando al campamento
enemigo repetidas partidas de gente por la parte de Ayaviri: su artillería era ya también de
más calibre que los días anteriores, y al mismo tiempo vimos que levantando su campo,
lo retiró como a un cuarto de legua de distancia, a la falda de un cerro que teníamos al
frente, y dominaba toda la pampa del río. De todos estos antecedentes infirió el general
que su objeto era atacarnos a pie firme en el paso de este con toda su fuerza reunida y
con las superiores ventajas que le daban su situación y numerosa artillería, lance que
no hubiera dejado de ser para nosotros bastante arriesgado y peligroso, por la grande
dificultad que ofrecía en su tránsito el mismo caudal e impetuosa corriente del río, y
mucho más debiendo pasar el ejército sucesivamente y en pequeños trozos por el corto
número de balsas.
Reflexionado todo esto por el general y comunicado con los jefes, desistió de pasar el río
por este punto y se resolvió a seguir más bien buscando su origen hasta las cabeceras de
Umachiri por donde podía ser vadeable, y en su consecuencia mandó que se deshiciesen
las balsas, conduciéndose los útiles por si volviesen a ser necesarios; y que se continuase
la marcha por la orilla del mismo río, dejando este y los enemigos a nuestra derecha e
inclinándonos hacia Umachiri, aunque con algún rodeo.
Con esta dirección y su buen orden nos pusimos en movimiento el 9 siguiente; después
de 5 leguas acampamos en una pampa desde la que se divisa el pueblo de Ayaviri, llevando
siempre el río a la derecha y los enemigos a la vista.
El 10 fue mucho más penosa la marcha por los frecuentes pantanos y atolladeros; como
que íbamos fuera del camino real, habiendo soldados que se metían en el lodo hasta la
cintura, siendo digno en verdad de igual admiración que elogio el que en medio de tanto
trabajo y rodeados por todas partes de enemigos, ninguno se quejase ni diese la menor
muestra de descontento ni inquietud y que todos fuesen tranquilos y satisfechos, con la
serenidad y presencia de ánimo de su general, persuadidos que nada podía sucederles
adverso siendo guiados por su valor y experiencia. Así marchamos 4 leguas y acampamos
en la estancia de Tacañaqui.
A las dos de la mañana vimos un tiro de cañón del campamento de Angulo que sin duda
le levantó a esa hora; hicimoslo nosotros como a las seis, y habiendo andado como tres
leguas recostándonos siempre sobre Umachiri, descubrimos sus altos y divisamos en
ellos varios grupos de caballería y un grueso mayor en el último y más inmediato al
pueblo.
Reforzó el general la guerrilla con los dragones de Tinta para que los desalojasen y se
verificó con un corto tiroteo, retirándose los enemigos a las bandas opuestas del río de
Umachiri; allí volvió a empeñarse con nuestra guerrilla, y habiéndosele reunido otras
136 MELGAR
partidas considerables, se destacó por nosotros una compañía de fusileros, con lo que
dejaron libre el campo y pudo el ejército pasar el río sin peligro aunque con alguna
detención, por llevar bastante agua y tener un fondo cenagoso.
Luego que lo verificamos y doblamos otra gran loma que teníamos al frente, descubrimos
el caudaloso río de Cupi y, en banda opuesta, la innumerable multitud de los rebeldes
que, calculando como prácticos que íbamos a recalar allí, se habían adelantado y quisieron
hacer alarde con todas sus fuerzas reunidas.
Estaban situados en una gran llanura en la orilla del expresado río, apoyado por las
serranías inmediatas y formando una línea dilatadísima en que, según las declaraciones de
los prisioneros y singularmente de su auditor de guerra, tendrían sobre 30 mil hombres:
entre ellos 800 de fusil y los demás de a pie y de a caballo con hondas macanas, lanzas y
algunas pistolas y sables.
A su frente habían colocado sobre 40 piezas de diversos calibres y no les faltaba muy
buenos artilleros que las sirviesen, de los mismos desertores que habían sido disciplinados
desde el principio de la guerra en nuestro ejército del Perú: circunstancia que concurría
también en su infantería de fusil, componiéndose toda ella de oficiales y soldados de esta
clase, y de los muchos licenciados y dispersos que abrigaban las provincias de Cuzco y
Puno y se habían declarado por la revolución.
El general hizo estas mismas reflexiones a la tropa, para excitar más su denuedo y
penetrarla de la importancia de la acción y de la necesidad de hacer el último esfuerzo;
y era tal el amor que ella profesaba a su general y tan grande la confianza que este había
sabido inspirar a sus soldados, que no hubo quien no clamase por ir cuanto antes al
enemigo; y muchos que con otro jefe apenas se hubieran atrevido a darle la cara hicieron
en este día a sus órdenes prodigios de valor, y excedieron a los más acreditados.
En este concepto se sentó el campo al pie del indicado cerro, colocándose la artillería
para protegerle y jugarla en circunferencia en su meseta o explanada: se despachó al
teniente coronel Iturralde para que con la guerrilla ocupase unas rancherías situadas a
nuestra izquierda y se avanzaron dos piezas sobre la orilla del mismo río.
Su línea se iba engrosando por momentos y se habían aproximado tanto que se dejaban
percibir sus voces y sus insultos y desafíos, al paso que su numerosa caballería, dividida
en diversos trozos, amagaba dejarse caer sobre nuestro pequeño campamento por todas
partes; y reunidos con un cuerpo de infantería de su derecha, había ya atravesado el río y
cargado a nuestra guerrilla que se sostenía con firmeza contra un número muy superior,
y un cañón que también la batía de cerca, por lo que fue preciso reforzarla con una
compañía más.
Al mismo tiempo que esta salía para reunirse, se puso en movimiento para atacar por la
derecha otro trozo mucho mayor, contra el cual se despachó inmediatamente la primera
compañía de granaderos del primer regimiento a las órdenes de su capitán el teniente
coronel D. Manuel Venera, la cual le contuvo por aquel punto y obró hasta el fin de la
acción con igual valor que suceso.
Viendo el general empeñado el ataque sin recurso y considerando que los enemigos
podían envolvernos con su misma multitud, si se les daba más tiempo, se resolvió a
romper de una vez con toda nuestra fuerza reunida contra su centro, pasando el río a
todo trance.
Con este fin se reforzó de nuevo la guerrilla de la izquierda, en donde habían cargado
mucho los enemigos; y sin hacer caso de la artillería que era imposible transportar por
el río, dejando una escolta en el campamento, mandó tocar al tambor el redoble de
atención, y exhortando brevemente a la tropa encargándola procurase preservar del agua
los fusiles y cartucheras, a la voz de viva el rey, formó en columna sobre su derecha, y
poniéndose a la cabeza se dirigió intrépidamente sobre el río, abriéndose paso por medio
de su impetuosa comente, y del continuado fuego de los enemigos.
Hecho arrojado y extraordinario que pasó a nuestra vista y que decidiendo de la acción
y del destino del Perú, eternizará la memoria del general Ramírez y de sus valientes
soldados.
Desde este momento todo fue desorden entre los enemigos: perdieron la mayor parte de
su artillería: eran batidos en todos puntos y ellos mismos no se entendían siendo ya su
multitud más bien embarazosa que temible.
Mandó el general a su edecán el teniente coronel D. Manuel Ponferrada que con la poca
caballería y algunos oficiales bien montados persiguiese su alcance; y quedando cortados
138 MELGAR
grupos enteros, eran pasados por la punta de las bayonetas de nuestra línea que seguía
con celeridad.
Entre tanto que esto pasaba en el campo de batalla, habían los rebeldes intentado
sorprender nuestro campamento con un grueso de caballería, que al efecto tenían
emboscado en las serranías de Umachiri; pero la escolta que le custodiaba con la demás
gente que allí había se puso en defensa, y habiendo hecho algunos tiros acertados con
dos piezas que colocaron en lo más alto, lograron rechazarlos y aún se atrevieron a
perseguirlos.
Tuvimos solamente siete muertos y seis ahogados en el paso del río, con muy pocos
heridos; circunstancia por cierto no menos admirable que las demás que concurrieron
en esta feliz jornada y que podría comprometer la verdad si no hubiese pasado a la vista
de tantos y si la historia no nos ofreciese infinitos ejemplares en que un pequeño número
de valientes, mandados por un capitán experimentado y sereno, ha triunfado de una
multitud muy superior, haciendo en ella estragos indecibles, sin recibir casi una herida.
La victoria que Fabio Máximo consiguió sobre los Alóbroges fue tan completa que con
solo la pérdida de 15 hombres quedaron tendidos ciento veinte mil franceses y otros
ochenta mil hechos prisioneros o sumergidos en el Ródano; y Lúculo, con solo cinco
muertos y cien heridos, destruyó todo el ejército de Tigranes, y pasó por la punta de la
espada casi toda su caballería. Mariana asegura, conforme a todas las crónicas, que en
la batalla que dieron los tres reyes de Castilla, Aragón y Navarra a los moros, quedaron
sobre 20 mil de estos mordiendo el polvo y solo 25 cristianos muertos; y no acabaríamos
jamás, si hubiésemos de referir todos los hechos de igual clase en comprobación de uno
que no necesita más prueba que su reciente notoriedad.
Creyó el general que debían ser tratados con todo el rigor de la justicia algunos de los
prisioneros que se habían hecho y que sobresalían entre todos los demás por su obstinada
decisión y otras calidades: entre otros eran los principales el cacique de Umachiri con
algunos secuaces suyos, el auditor Melgar y un coronel y teniente coronel, que siendo
oficiales del rey, mandaban las columnas rebeldes; y habiéndoseles dado un breve
término para disponerse, fueron inmediatamente pasados por las armas.
MELGAR 139
Con el objeto de asegurar las que se habían tomado a los enemigos, como todos los
demás útiles y efectos de guerra que habían abandonado, y por ser ya también entrada la
noche, resolvió el general pasarla en el mismo campo, con no pequeña incomodidad de
la tropa que se hallaba casi desnuda.
Por general que fuese la tendencia e inclinación de los pueblos hacia su sistema, es preciso
confesar que el exceso de las inauditas acciones que estos hombres inmorales cometieron
desde sus primeros pasos había arredrado a no pocos individuos y convencido a lo
más que la revolución y la guerra se dirigía contra todos los que tienen que perder, no
habiendo ninguno, por corrompido que tenga el corazón, que no palpe la necesidad de
sostener el gobierno legítimo y con él su existencia y sus propiedades.
Verdad eterna acreditada en la triste y amarga experiencia de seis años y que hará
siempre estériles e infructuosos en el Perú todos los esfuerzos y planes de los revoltosos
incompatibles con su situación e irrealizables entre la diversidad de castas que le habitan
y entre los opuestos intereses que animan a cada una de ellas: siendo evidente por más
que no quiera conocerse ni confesarse, que si por algún tiempo prevaleciese la multitud
rompiendo enteramente el freno que la contiene y perdiéndose el equilibrio, la primera
clase y la más distinguida y arraigada, tanto en la sierra como en la costa, recibiría
necesariamente la ley de las demás que hoy la sirven y contribuyen a su esplendor; y
sucumbiendo y degradándose más y más de día en día, vendría al fin a ser en un corto
periodo primero el juguete y después el ludibrio y la víctima de las mismas a quienes ha
dominado hasta aquí y a las que tan como inconsideradamente no han temido alarmar
los alucinados o frenéticos partidarios de la revolución.
El 13 continuamos nuestra marcha con dirección a la capital del Cuzco, y sin ocurrir
novedad llegamos el 14 a la inmediación de la cordillera, en donde acampamos, y recibió
el general un expreso con la noticia de haber sido descubierto y aprendido en su fuga por
los de Sicuani el rebelde y desnaturalizado Pumacahua, habiendoseles escapado de las
manos su compañero Angulo.
Doblamos en este día la gran cordillera de Santa Rosa con una bien fuerte nevada e
hicimos alto en su faldío en los ranchos de Agua Caliente. Seguimos el 16, y llegando
140 MELGAR
Ya indicamos que Pumacahua había desde el Collao regresado a este partido para
contener la contra revolución intentada por el teniente coronel Ruiz Caro. Habiendo en
efecto ahuyentado a este y escapado los demás que le seguían, se cebó su genio feroz y
sanguinario con los infelices vecinos de este pueblo y cometió en él mil muertes y todo
género de maldades.
Desde este pueblo despachó también el general a todos los demás de los altos y quebrada
de Tinta y Quispicanchi sus proclamas, excitando a sus habitantes a restablecer el orden
y continuar con sosiego en sus hogares, seguros de que las armas del rey solo se dirigían
contra los rebeldes y obstinados que habían alterado la pública tranquilidad. Seguimos
marchando el 18, 19 y 20, y entramos el 21 en Quiquijana, saliendo la mayor parte
de los naturales a recibir el ejército del rey y ofrecerse a su servicio, ponderando las
exhortaciones y violencias que habían sufrido de los insurgentes y advirtiéndose en los
más la sinceridad y buena fe de sus ofrecimientos.
Aquí recibió el general varias cartas fidedignas que aseguraban el admirable afecto que
sus insinuaciones y más que todo la completa derrota de Umachiri habían producido
generalmente en los ánimos. Casi todos los pueblos se habían declarado por nosotros
y entre ellos el mismo Cuzco había levantado la voz del rey en la noche del 19 y los
caudillos y sus secuaces eran perseguidos en todas partes.
En vista de tan buenas noticias que confirmaron algunos sujetos que se adelantaron
a felicitar al general, se resolvió a continuar directamente hasta la capital, en la que
entramos el 25 entre muchos arcos triunfales, precedidos de las corporaciones y ro-
deados de un numeroso pueblo.
No es fácil bosquejar el cuadro que presentaba el Cuzco en este señalado día. En medio
de las insignificantes exterioridades y bullicioso aparato de la inconstante y ligera
multitud, se dejaba percibir bien claro en los semblantes el contraste interior que agi-
taba los ánimos. Luchaban todavía algunos con el despecho, sin poder avenirse a recibir
un desengaño que tocaban ya con las manos y daba en tierra con todas sus esperanzas:
temían los unos haber reconocido tarde el precipicio a que los arrastrara su necia y cri-
minal adhesión a las quiméricas ideas de una figurada independencia, recelaban otros de
no haberlas resistido con la firmeza y decisión que debían. Finalmente, al restituirse las
cosas a su ser y orden primitivo, dudaban todos hasta qué grado deberían responder en
MELGAR 141
Manifestó desde luego nuestro digno jefe que si no podía menos de perseguir y escarmentar
ejemplarmente a los caudillos y cabezas principales de esta infame insurrección,
purgando la tierra de los detestables monstruos y autores de tantos crímenes y atrocida-
des como lo habían acompañado, estaba también inclinado y resuelto, así por un impulso
de su sensible corazón, como por el perfecto conocimiento de los generosos y paternales
sentimientos del Excmo. señor Abascal, a relajar en obsequio de la humanidad la justa
severidad de nuestras leyes.
Conforme a estos principios fueron sucesivamente aprehendidos y pasados por las armas
los corifeos y secuaces más obstinados de la rebelión; y expiaron otros paniaguados
y aparceros suyos con el destierro y algunas multas, cohonestadas con el título de
erogaciones voluntarias, una comportación y complicidad que con otro jefe tal vez no les
hubiera costado menos que la cabeza.
Entre los primeros merecen señalarse nominalmente los tres hermanos José, Vicente
y Mariano Angulo, Gabriel Béjar, Pedro Tudela, Mateo Gonzales y el escribano José
Agustín Becerra, aquellos caudillos y generales muy conocidos en la revolución, y este
uno de los más empeñados conspiradores.
En el furor de su frenesí y loca confianza habían los insurgentes pasado limpiamente por
las armas al esclarecido mariscal de campo don Francisco Picoaga, y al valiente teniente
coronel don José Gabriel Moscoso, gobernador intendente de la provincia de Arequipa,
ambos prisioneros, como ya dijimos, en la acción del 10 de noviembre en Cangallo, y los
dos de los más distinguidos y más fieles servidores que el Rey ha tenido en esta América.
Quiso el general honrar las respetables cenizas de estos dos héroes e ilustres mártires
de la lealtad y del honor y con este objeto dispuso que exhumándose sus cadáveres se
trasladasen al templo de San Francisco con toda la ceremonia y pompa fúnebre y marcial
que las circunstancias permitían, lo que se ejecutó en medio de un grande concurso en
la mañana del 8 de abril.
Urgía nuestro pronto regreso al ejército y reunión con cuartel general, pero era preciso
dejar en el Cuzco una guarnición capaz de conservar el orden restablecido. El coronel
don Vicente González, comandante de la expedición de Huamanga y destinado a este
objeto, se hallaba todavía embarazado con las muchas partidas de rebeldes que huyendo
de nosotros habían ido a recalar por aquel punto.
En vista de todo y para facilitar más su marcha, se destacó un cuerpo regular que limpiase
el camino y persiguiese a los insurgentes; pero convertidos estos enteramente de su
debilidad e impotencia y estrechados fuertemente por las tropas de Huamanga, trataron
de salvarse parcialmente y uno de ellos sorprendió al principal caudillo Mendoza y,
cortándole la cabeza, se apoderó de toda su fuerza y la rindió a disposición del mismo
coronel González.
142 MELGAR
Al mismo tiempo dispuso el general que el coronel don Francisco de Paula González con
alguna fuerza partiese para la provincia de Puno y dirigiese su marcha por los altos de
Tinta, con el doble objeto de tranquilizar y consolidar el orden en estos pueblos y extraer
algunos reclutas; y para establecer en Puno un cuerpo que pudiese dar vado a todas
estas atenciones se comunicó orden al brigadier Tristán, gobernador de la provincia de
Arequipa, para que le auxiliase con 100 hombres de fusil y destinase al mismo punto los
voluntarios de Chuquibamba, que se habían ofrecido a hacer este servicio para expiar su
antecedente irregular comportación y que llenaron después completamente su deber.
En este estado y habiendo llegado al Cuzco el coronel don Vicente González con la
fuerza destinada a su guarnición, se resolvió nuestra partida; pero el regimiento N.° 1,
compuesto todo de naturales del Cuzco, que había llegado a concebir esperanzas de
quedarse en su país con aquel destino, decayó notablemente del ardor y constancia que
hasta aquí le habían distinguido y tuvo una baja muy considerable, a pesar de los muchos
sagaces con que procuró el general animarle a continuar el servicio y de que con anti-
cipación le había hecho satisfacer la mayor parte de sus atrasadísimos alcances.
Tratose de llenar este hueco con nuevos reemplazos y de acelerar nuestra marcha; en
su consecuencia salimos el 9 de julio, y sin detenernos en Puno y La Paz más que los
cortos momentos precisos para extraer el numerario que en virtud de órdenes anti-
cipadas se estaba colectando para auxilio del ejército, llegamos al cuartel general el 25 de
julio, conduciendo 150 mil pesos efectivos, trecientas y más plazas de las que sacamos en
Oruro y una porción de artículos tan necesarios para su habilitación como escasos en él;
siendo todo efecto de las acertadas y políticas medidas del general que ha sabido sacar
todos estos recursos de las mismas provincias sublevadas, y después de haber sacado
todos sus fondos públicos los insurgentes, a cuya costa principalmente se ha hecho la
guerra y concluido la expedición.
El Excmo. señor don Joaquín de la Pezuela recibió al señor Ramírez y a las valientes tropas
de su mando con todas las demostraciones y positivas señales del verdadero aprecio y
consideración a que se habían hecho tan acreedoras en su feliz y gloriosa campaña.
Mucho queda que esperar de esta oportuna reunión, y si en medio de tantos apuros,
de tantas estrecheces y de tantos conflictos, ha prevalecido la causa del Rey al furor y
a la anarquía revolucionaria, no es difícil calcular cual será el decisivo resultado de esta
hasta aquí tan desigual lucha, cuando a nuestras cortas fuerzas se reúnan las aguerridas y
numerosas huestes que a esta fecha surcan sin duda los mares en nuestro auxilio.
Por fortuna el honor y el verdadero interés están en razón compuesta para todos los
buenos españoles americanos y europeos, y ellos les dictan el partido que deben tomar
y la huella que constantemente deben seguir. Quiera Dios que todos, penetrados de esta
verdad y convencidos de tan manifiestos desengaños, cooperen uniformemente al bien
general; y que por un esfuerzo común veamos cuanto antes restablecida en este fértil y
espacioso suelo la paz y la abundancia que perdimos y que tantos años hace lloramos.—
J. J. A.—
u Escudo de la
Monarquía Española.
1780-88. Baltazar Martínez
de Compañón. Acuarela.
MELGAR 143
NOTAS:
Pero esta agradable perspectiva ha sido efímera y de muy corta duración al momento
que se instruyeron de la simultánea determinación de las provincias de la Península
en la formación de Juntas para repeler la agresión del tirano. Dieron a esta medida la
más favorable acogida y deseaban adaptarla con varios pretextos, desacreditando a las
autoridades legítimas, suponiéndolas con todos los vicios y defectos que la figuraban
su acalorada imaginación, y a todos factores y agentes del tirano, derramando una des-
confianza general sobre los mismos que por su ministerio se consagraban a consolidar la
unión de los hermanos de ambos hemisferios.
Así que al poco tiempo de la llegada del brigadier Goyeneche, como se supiese que había
t Manuel Pardo Ribadeneira, enviado a la corte del Brasil al oficial de la marina D. Eugenio Cortés, sin examinar el motivo
regente de la Real Audiencia del de su misión supusieron en el Virreinato del Río de la Plata que era para entregar esta
Cuzco. s. XIX. Anónimo. Oleo
sobre tela. Copia del retrato de preciosa porción de los dominios españoles a la Carlota, princesa del Brasil. Vulgarizada
Vicente López, Universidad de esta opinión miraban como agente a Goyeneche para esta empresa y, por consiguiente,
Salamanca. como a enemigos públicos a todos aquellos jefes con quienes por su misma misión había
146 MELGAR
contraído al paso relaciones de amistad como lo han sido D. Santiago Liniers, encargado
interinamente del Virreinato del Río de la Plata, D. Francisco de Paula Sanz, Gobernador
Intendente de la Villa de Potosí, y el Teniente General D. Ramón Pizarro, Presidente de
la Real Audiencia de Charcas.
Buenos Aires, capital de las provincias del Río de la Plata, estaba tranquila espectadora
de estas novedades y muy satisfecha de sí misma con el conocimiento que había
adquirido de sus propias fuerzas en la derrota gloriosa y expulsión de los ingleses que la
habían dominado, en cuya época sería muy fácil prevenir el trastorno político que se ha
experimentado en aquel virreinato, remitiendo el gobierno español una fuerza armada
con que pudiese contar la autoridad pública, recogiendo con algún pretexto especioso
las armas del poder de aquellos que hasta entonces habían hecho un laudable uso, pero
que era muy fácil declinase en abuso, pues un pueblo que llegó a conocer su fuerza y que
no ve ninguna que pueda oponérsele está expuesto de ser el instrumento de la ambición
de un faccioso que tenga el talento necesario para dar a sus ideas un colorido análogo a
la opinión general. Efectivamente, llenos de orgullo los jefes de los cuerpos que había en
aquella capital, sin subordinación alguna al capitán general que lo era entonces el Teniente
General D. Baltazar Cisneros, en últimos de mayo de 1810 formaron la resolución de
deshacerse de las autoridades legítimas que gobernaban aquellas provincias, al pretexto
de evitar una traición y conservar ileso a nuestro legítimo soberano aquella parte de
sus dominios, formando una junta gubernativa, a semejanza de las que erigieron en la
Península las críticas e imperiosas circunstancias de su tiempo.
Con este desgraciado ejemplo, con la lectura de los papeles públicos que venían de la
Península, en que se encarecían el despotismo y opresión que por el espacio de trecientos
años habían sufrido los americanos, con la halagüeña perspectiva de la igualdad general
a que llevan las cortes a los habitantes de estos dominios y con la próxima esperanza
de ver repartidos entre ellos los empleos públicos, que miraban como robados por los
europeos que al tiempo los ejercían, se ha ido del todo alterando la opinión política
de esta América, siguiendo la de aquella capital todas sus provincias, lo que también
hubieran ejecutado las del virreinato del Perú si la fuerza armada que puso el Virrey
de Lima en el punto del Desaguadero que lo es divisorio de ambos Virreinatos, no lo
impidiese; por los triunfos conseguidos por el brigadier Goyeneche en las batallas de
Huaqui y de Jesús de Machaca, lejos de haber sido un motivo de celebridad y júbilo para
esta provincia, lo han sido de luto como lo advertíamos todos los que tuvimos la desgra-
cia de vivir en aquellos puntos, en aquella fatal época.
A consecuencia de estas gloriosas dos acciones, se han ido internando nuestras armas
en las provincias del Río de la Plata, y alejándose de esta, lo que hacía más altaneros
e insubordinados a sus moradores, por no ver cerca una fuerza armada que los contu-
viese, pues aunque aquí siempre hubo una guarnición de cuatrocientas a quinientas
MELGAR 147
plazas, apenas había en ella un oficial de confianza, y así la tenían todos los díscolos
en que a la primera novedad estaría a su devoción y órdenes la fuerza que mantenía la
autoridad pública para su conservación, cuyo cálculo formaron generalmente todas las
provincias que abrazaron el partido insurreccional, sin que en ninguno se pueda decir
que les hubiese fallado; a lo que se agrega el haberse gobernado esa provincia por jefes
accidentales desde mediados de junio del año de 1809, en que ha muerto el último
propietario D. Francisco Muñoz y San Clemente hasta el día.
Gobernando uno de estos que lo ha sido el indio brigadier D. Mateo Pumacahua, llegaron
oficialmente los ejemplares de la Constitución Política, que en principios de diciembre
del año de 1813 remitió el señor Virrey de estos reinos a aquel gobierno al que se presentó
a los cuatro días de su recibo un recurso insultante con más de treinta firmas que había
colectado el abogado D. Rafael Ramírez de Arellano, quejándose en él de que aún no se
hubiese publicado la Constitución llegada allí cuatro días antes, amenazando a nombre
del pueblo que no sería reconocido el ayuntamiento ni obedecida la jurisdicción de los
alcaldes que no fuesen formadas por él, a cuya consecuencia y a la de la retractación de
varios de los que habían firmado el citado recurso, se formalizó sumaria por el gobierno
y, en su vista en principio de febrero del año siguiente, se decretó el arresto de Arellano
en el cuartel de aquella capital.
En este tiempo ya se hallaba formalizado complot para que el nombramiento de
electores municipales recayese en sujetos de su confianza, a fin de disponer un cabildo a
propósito de sus fines, habiendo repartido con anticipación lista de los sujetos que de-
bían serlo, especialmente en la parroquia llamada de la Compañía, con lo que les fue muy
fácil realizar el atentado que concibieron de poner en libertad a viva fuerza al abogado
Arellano, atropellando la guardia de prevención, y rompiendo las rejas de la pieza en que
se hallaba detenido, saliendo al intento más de mil hombres del Convento de la Merced
en donde se hallaba congregada la parroquia la mañana del día 7 de febrero, comboyados
estos por el tesorero de aquellas reales cajas, D. Baltazar de Villalonga, como lo acredita
el acta de aquella Junta y el oficio que dirige al superior gobierno de Lima el 26 de abril
de aquel año el jefe político Brigadier Pumacahua.
La debilidad del gobierno dejó correr impune este escandaloso atentado, lo que hizo
más audaces a sus autores, por lo que, instalado el Cabildo Constitucional a su entera
satisfacción, comenzó a arrastrar a todas las autoridades legítimas, señaladamente a la
Real Audiencia y al Gobierno; aquella toleró en silencio y con prudencia lo que no podía
remediar, y este tampoco se resolvía a contener con la fuerza los rápidos progresos de su
ambición, bien fuese por la desconfianza que tenía de ella o porque tal vez recelaría que
este medio anticiparía el desorden que pretendía evitar.
Así corrieron las cosas hasta que en principios de octubre de aquel mismo año tuvo
el Gobierno una delación hecha por un vecino de aquella capital llamado D. Mariano
Zubizarreta en que aseguraba que Vicente Angulo, Gabriel Béjar, Juan Carbajal y otros
se hallaban resueltos a asaltar el cuartel, la que ratificada en la noche del día nueve del
propio mes, asegurando ser aquella la designada para el intento y que al efecto se le había
entregado ya veinte cartuchos por el primero; sin embargo, de que en la misma dijo
haberse ya diferido para otro día y se mandó arrestar a los tres ya nombrados, aunque
con el notable yerro de que en varios días no se hubiese pensado en el reconocimiento de
las habitaciones de los reos, cuyas diligencias hacía más urgente la entrega de los veinte
cartuchos que había expuesto Zubizarreta, y su atraso impidió la justificación del cuerpo
del delito; pero no por eso dejó de tener el gobierno el convencimiento moral del riesgo
de la tranquilidad pública, y para asegurarla se multiplicaron de noche las patrullas y
rondas, concurriendo a ellas los vecinos más honrados de la capital y aun el Fiscal y el
148 MELGAR
Regente, que en sus respectivos tumos las mandaban; y aunque no se presentaban unos
hechos terminantes que indicasen alguna novedad próxima al recelo general y el anuncio
diario de saqueo lo hacía temer.
El Gobierno tomó inmediatamente todas las medidas que le han parecido convenientes
para evitar el golpe que le anunciaban los dos delatores y así, aunque se agolpó después
de las siete de aquella noche una masa considerable de pueblo a la entrada de la plaza
mayor por el puente de la Merced en donde se halla situado el cuartel, se le contuvo
al principio con exhortaciones políticas y urbanas del gobernador que era entonces el
Brigadier D. Martín Concha, pero persuadidos los que alarmaban al pueblo de que es-
ta conducta era efecto de la debilidad del Gobierno, los animaban más en su empresa
gritando: “adentro, adentro”, tirando piedras, lo que puso a un piquete de diez hombres,
que desde las siete de la noche se hallaba en aquel punto, en la necesidad de hacer algún
fuego, de cuyas resultas han muerto tres personas.
Instruido el Superior Gobierno de Lima por este subalterno, y por algunos de los
ministros del Tribunal, de todos los acaecimientos expuestos y de los sujetos que habían
influido más en ellos, se ordenó por el Excmo. señor Virrey la comparecencia en aquella
capital de los citados Valer, Arellano y Ampuero, que se verificó en últimos de enero
del siguiente año, en cuyo tiempo se hallaban presos por las delaciones de infidencia,
además de Gabriel Béjar, Juan Carbajal, Vicente Angulo y José, hermano de este, Manuel
Hurtado de Mendoza y el Vicario del Triunfo D.D. José Feyjoo, de los cuales, este y
Vicente Angulo pidieron su libertad bajo fianza a aquella Comandancia General, en
donde se les había formado la causa, cuyo proceso se hallaba entonces en la Audiencia de
Lima, para declarar la competencia que sobre su conocimiento había formado el alcalde
constitucional Valer, sin embargo de lo cual, se sustanció el artículo de la libertad de los
reos Angulo y Feyjo y se accedió a ella descuidando absolutamente de la seguridad de los
demás que solo en el nombre continuaban arrestados en el cuartel, paseándose por día
libremente por sus claustros y saliendo por la noche a donde les acomodaba.
En este descuido o más bien delincuente indulgencia de parte de los oficiales del cuartel
MELGAR 149
y la comandancia general de las armas, dio lugar a que los arrestados sedujesen la tropa
acuartelada, y con promesas de saqueo, de pagos dobles y con el mucho aguardiente que
le administraron, en la noche del 2 de agosto de aquel año, la comprometiesen toda a sus
inicuas ideas, con lo que comenzaron a las tres de la misma noche a despachar partidas
mandadas por los mismos presos para arrestar a las autoridades, y a todos los europeos
que habían en la capital; de modo, que al amanecer del día tres, ya se hallaban en los
calabozos del cuartel casi todos los empleados y europeos, y a las ocho de la misma ma-
ñana levantadas dos horcas, y confesores en los calabozos para ahorcarlos a todos, lo que
no se llevó a efecto por una especie de prodigio.
En este estado no sería muy difícil restablecer el orden si el cabildo secular, Cabildo
Eclesiástico, Diputación Provincial y Reverendo Obispo, cuyos individuos en nada han
incomodado, formase alguna oposición a esta novedad, retratando con todos sus co-
lores el atentado que acababa de cometerse; pero lejos de eso, queriendo dar alguna
apariencia de popular a este inicuo procedimiento, reunidas las tres citadas corporaciones
nombraron como por aclamación de comandante general a José Angulo, que había hecho
el primer papel en aquella infausta noche, e instalaron un gobierno compuesto de tres
funcionarios, que lo habían sido solo en el nombre, porque nada más se hacía que lo que
quería el José Angulo, y los que lo dirigían, a cuya disposición se hallaba toda la fuerza
armada. Inmediatamente mandaron venir a la capital del pueblo de Urquillos, distante
seis leguas de la capital en donde se hallaba el brigadier Pumacahua, uno de los tres
gobernadores nombrados, para interesarlo en la revolución, como que tenía en los indios
un ascendiente decidido, tanto que era conocido entre ellos con el nombre de Inga, el
cual se acomodó luego a las nuevas ideas, las que comunicaron in-connenti, por medio
de sus agentes a las provincias limítrofes de Huamanga, Arequipa, Puno, y la Paz, prac-
ticándose todas las diligencias relativas a la propagación del contagio con más acierto y
tino del que se podía esperar de los que hasta entonces se presentaban actores públicos
de la revolución, pues Pumacahua, Béjar, los Angulo y Hurtado de Mendoza eran a porfía
ignorantes, sin la menor instrucción en ninguna materia, sin saber más que odiar a los
europeos y al Gobierno Español; las clases de estos eran humildes, porque Pumacahua
era indio neto elevado a la clase de brigadier por los servicios que había hecho a la corona
en tiempo del rebelde Tupac-Amaru; los Angulo y Béjar mestizos, Hurtado de Mendoza,
natural de Santa Fe de Corrientes en el Virreinato de Buenos Aires, blanco pero de clase
ordinaria; muy pobres todos, hasta no tener que comer, a excepción de Pumacahua que,
en clase de indio, le sobraba proporciones; todos muy cobardes, menos Hurtado que era
naturalmente turbulento. Las medidas políticas que tomaban para interesar la provincia
con sus ideas, y seducir a las vecinas, no estorbaba el que tratase de dar aumento a la fuerza
armada con que se hallaba la capital, lo que no les ha sido difícil reuniendo los desertores
del ejército real y los muchos oficiales licenciados a consecuencia de la desgraciada acción
de la ciudad de Salta, y acopiando las muchas escopetas que habían en la provincia y los
fusiles que habían traído los desertores cuando abandonaron sus banderas, con lo que
se hallaron luego en estado de remitir divisiones armadas a las ciudades de Huamanga,
Puno, La Paz y Arequipa, capitales de sus respectivas provincias; mandada la primera
por Béjar y Mendoza, aquel en jefe y este de segundo ambos con el grado de brigadieres;
la segunda se dirigió a un tiempo a las capitales de Puno, y de La Paz, por un capitán,
que lo había sido del ejército del rey, Pinelo, con el grado de coronel, y por el vicario
de la Parroquia de la Compañía D. Ildefonso de las Muñecas; y la última por Vicente
Angulo; de segundo con el grado de brigadier, y en jefe por Pumacahua con grado de
Mariscal de Campo, las que no solo recibieron con oposición a la fuerza armada, y a los
emisarios de los rebeldes, sino con aclamación, siguiendo en todas ellas el ejemplo que
les había dado el Cuzco de arrestar a las autoridades y europeos que no pudieron escapar.
Sin embargo la ciudad de Arequipa, a cuyas inmediaciones se hallaba la mayor parte
150 MELGAR
de la fuerza de los rebeldes, se contuvo algún tiempo por el respeto de una compañía
del Real de Lima que estaba en ella y principalmente con la presencia del Mariscal de
Campo D. Francisco Picoaga, cuya intrepidez y adhesión al Gobierno Español eran bien
conocidas de todos los habitantes; el que precisado a salir al encuentro del ejército de
los rebeldes con la poca tropa que precipitadamente pudo reunir, abandonado por la
mayor parte de ella, lo hicieron prisionero, como al Intendente de la provincia D. José
Gabriel Moscoso, entrando en su consecuencia en aquella capital el 10 de noviembre del
propio año y remitiendo luego al Cuzco a los dos ilustres prisioneros que alevosamente
sacrificaron a su venganza y seguridad, quitándoles la vida en sus calabozos en la noche
del 29 de enero del siguiente año, después de haber recibido varias declaraciones
relativas a la conspiración intentada contra el gobierno, de las que resultaba contar para
jefes de ella, a estos heroicos americanos. En razón del tiempo que iba comunicando
este veneno mortífero, se iba engrosando el número de los rebeldes asociándoseles
muchos que a su celo y actividad agregaba algunas luces de que absolutamente carecían
los primeros autores. Entre estos se han distinguido muchos individuos del clero secular
y regular y hasta el mismo Obispo D. José Pérez Armendaris que, en medio de su edad
nonagenaria, manifestaba en sus conversaciones familiares y en su conducta con los jefes
de la insurrección la mayor adhesión a su reprobado sistema, exhortando oficialmente al
intento a los vicarios y dándoles de estos los que se le han pedido por los insurgentes para
capellanes de sus tropas y aún para dirigirlas, y circulando al clero secular y regular una
fórmula de juramento de defender la patria y al jefe de ella, diciendo con frecuencia que
Dios sobre las cosas que protegía ponía una mano, pero que sobre el sistema del Cuzco
había puesto las dos.
Los ministros del altar así seculares como regulares han seguido fielmente el ejemplo
que les daba su Prelado, y como que su opinión en los pueblos ignorantes influye
decisivamente sobre los espíritus, ha perjudicado sobre manera su conducta a la causa del
rey, pues es difícil concebir que un órgano destinado para la publicación del Evangelio,
lo sea al mismo tiempo de la mentira, de la seducción y de la iniquidad, y así es que José
Angulo, jefe ya único político y árbitro de la fuerza armada, se hallaba siempre rodeado
de frailes y clérigos, que eran sus principales consejeros, de los cuales algunos opinaban
que el matar y robar al sarraceno (así llamaban al vasallo fiel del rey) era lícito, de lo
que resultó que la plebe de la provincia que al principio manifestaba indiferencia hacia
el nuevo sistema, con el ejemplo de los Eclesiásticos se hubiesen conservado algunos
pocos con la firmeza y valentía que se debía esperar de unos hombres verdaderamente
penetrados de las verdades evangélicas que nos ponen por piedra angular la obediencia y
fidelidad a los príncipes legítimos.
La localidad de la provincia del Cuzco, por su situación central, presenta pocos medios
de aumentar su fuerza y menos para sostenerla, por lo que pasados los primeros meses
en que los frutos de la rapiña contribuyeron a la conservación de la fuerza armada, ya
les ha sido preciso recurrir a medidas extraordinarias como lo han sido los donativos
voluntarios e involuntarios, por lo que los pudientes que veían ya acosadas sus fortunas
iban perdiendo el primer fervor que habían manifestado por la libertad patriótica.
irían revestidos estos miserables agentes, no se pudo conseguir ninguna auténtica, pero
sí un borrador que se encontró entre los papeles del Prebendado D. Francisco Carrascón
al tiempo que se actuó el inventario de sus bienes. El Excmo. señor Virrey del Perú,
luego que se instruyó de esta novedad, mandó a la ciudad de Huamanga una división
de cien hombres del Regimiento de Talavera a las órdenes de su teniente coronel D.
Vicente González el que, con el auxilio de unos trecientos lanceros de la Villa de Huanta,
consiguió el primero de octubre de aquel año derrotar las fuerzas considerables con que
llegaron a atacarle los insurgentes de aquella Villa, posesionándose luego de la ciudad de
Huamanga, en donde los rebeldes habían formado su cuartel general, pero no por eso se
resolvió a continuar adelante, pues ni sus pocas fuerzas lo permitían, ni el riesgo en que
dejaba para la comunicación del contagio a las provincias de Tarma y Huancavelica, por
la mala disposición de los ánimos en la de Huamanga. El Mariscal de Campo D. Joaquín
de la Pezuela, general en jefe del ejército del rey, situado entonces en las inmediaciones
de Potosí, enterado de la sublevación del Cuzco, pero sin saber las medidas que tomaba
el virrey para restablecer allí el orden, bien persuadido de la importancia de ella no solo
en lo general por lo respectivo a la causa del Estado, sino también en lo particular por la
conservación y seguridad del ejército de su mando, dispuso que su segundo, el Mariscal
de Campo D. Juan Ramírez, con una división de mil doscientos hombres cuzqueños
que se ofrecían gustosos a lavar la mancha de su provincia, marchase a oponerse a los
progresos del nuevo sistema destructor y a imponer a sus autores la ley que merecían. A
la llegada de Ramírez a las inmediaciones de La Paz, ya se hallaba esta dominada por el
cuerpo de tropas insurgentes que a este intento y al de ganar la capital de Puno, habían
remitido desde el Cuzco, pero la completa victoria que sobre ella ganó esta división en
el paraje llamado Chacaltaya facilitó la entrada en La Paz y, poco después, en la Villa de
Puno, sin la menor oposición, desde donde determinó pasar a la ciudad de Arequipa,
por hallarse allí la mayor parte de la fuerza de los rebeldes que, con la sola noticia de la
aproximación de la división del ejército del rey, se dispersaron del todo, sin atreverse
a entrar en acción, con lo que no hubo ningún estorbo para la entrada a Arequipa, en
cuya capital y su provincia se restableció luego el orden, poniendo al cargo de sujetos
de confianza la conservación de él y una fuerza proporcionada. Logrado esto y el que
las tropas se vistiesen y descansasen en mediados de febrero que es lo más fuerte de la
estación de aguas, resolvió el General Ramírez marchar con su división a la ciudad del
Cuzco, pero los rebeldes que contaban con esta marcha y que se podía ya llamar decisiva
la acción que les esperaba trataron con tiempo de reunir todas las fuerzas posibles para
oponérsele a su paso, lo que efectivamente ejecutaron más de veinte mil hombres, entre
honderos, lanceros y fusileros, en las inmediaciones del río Humachiri, cerca del pueblo
de Pucará, al mando de Vicente Angulo y de Pumacahua, en donde los derrotó del todo
la división de Ramírez y los puso en una dispersión general, habiendo hecho prisioneros
a los pocos días a Pumacahua, que fue ahorcado al paso por la Villa de Sicuani. Noticiosa
la ciudad del Cuzco de esta derrota se apoderó la confusión y la cobardía del llamado
General José Angulo y de sus secuaces y en el mismo orden se llenaron de espíritu de
confianza los amantes del rey, que hasta aquella fecha no podían dar un suspiro sin ser
reputados por delincuentes; estos, aprovechándose de la oportunidad, sin acuerdo
ninguno antecedente, al terminar la publicación de un bando, comenzaron a echar vivas
por el rey, con lo que se pusieron en tal desorden todos sus enemigos que fue muy fácil
a los realistas apoderarse del cuartel y destrozar a aquellos bárbaros que se pusieron en
fuga, aunque al día siguiente, reunidos a las inmediaciones de la capital con dos cañones
y las pocas armas que pudieron llevar, pretendieron volver a entrar en ella; pero aquella
plebe les hizo una oposición tan decidida que los puso en una fuga vergonzosa, habiendo
logrado hacer prisioneros a los dos Angulo, José y Vicente, y a Gabriel Béjar, por lo que
la división del General Ramírez no tropezó en el menor estorbo para entrar en la capital
el día 25 de marzo en donde fueron pasados por las armas el día 29. Mucho más se podía
152 MELGAR
saber acerca de las juntas y tramas que precedieron a esta funesta revolución y acerca de
los que con sus consejos y direcciones han guiado al rebelde en su execrable carrera, pero
la precipitación con que han sido formadas las causas y ejecutados los suplicios de sus
actores ha privado al gobierno de unos conocimientos muy interesantes, por lo que es del
todo inverosímil que unos hombres tan ignorantes y groseros, sin relaciones, sin caudal,
y sin opinión fuesen capaces de elevar sus ideas hasta el grado de aspirar a la subyugación
del virreinato del Perú. El funesto ejemplo que han dado los vicarios de los partidos ha
hecho que la pacificación no fuese ni tan general ni tan pronto como se debía esperar
de la cumplida derrota y dispersión de Humachiri, pues reunidos varios grupos, bajo la
dirección de los satélites de los rebeldes, comenzaron a alborotar varios de sus distritos;
y aunque la falta de armas y de disciplina no daba al general el menor cuidado en orden
a sus progresos, los robos y asesinatos que cometían en todos aquellos que se habían
manifestado fieles y amantes al rey llamó su atención y determinó despachar una división
de doscientos hombres tinteños que después se ha engrosado más, al mando del coronel
D. Francisco González, natural de aquella provincia, el que tuvo varios encuentros con
ellos consiguiendo siempre destruirlos; pero como la fuerza no puede hallarse a un tiempo
en todas partes y la disposición de los corazones con una pequeña excepción estaba tan
viciada, nunca se puede llegar a un grado de confianza absoluta que solo el tiempo y la
política podrán proporcionar. Mientras se necesita mucha vigilancia en los jefes de las
provincias y en los comandantes de las armas y aun contemplo necesario el que en estos
primeros tiempos todas las guarniciones sean europeas; y no lo siendo tener muy pocas
o ningunas armas en las provincias, pues se ha notado que las armas que en ellas tenía
el rey y las tropas que pagaba han sido los primeros puntos de apoyo para realizar sus
naturales los atentados que han costado tanta sangre y fatigas a los verdaderos españoles.
los que hayan vivido algún tiempo en las Américas habrán advertido el odio que en
general abrigaban en su corazón los criollos españoles contra los europeos y su gobierno,
disminuyéndose mucho en los negros e indios, pues se puede decir con verdad que estos
más aborrecen a aquellos, sin que se oponga a esta aserción el auxilio que una y otra
casta les ha prestado en estas turbaciones, pues la impunidad con que corría el robo,
el saqueo, el asesinato y toda especie de desorden los hacía acomodarse a sus ideas y
alistarse gustosos en sus banderas. Nunca han podido mirar con ojo sereno las riquezas
que a fuerza de un continuo trabajo y de un orden inalterable en su conducta, de que
ellos no eran capaces, adquirían los europeos, y lo mismo los primeros empleos que
estos obtenían, reputándolo todo por un robo que a ellos se les hacía, pero no por eso
se resolvían a contraerse a un trabajo de que les alejaba su educación ni a la aplicación
necesaria para adquirir las ciencias y virtudes que los hiciesen dignos de los cargos que
con tanta emulación veían en los europeos; esta no era trascendental, como llevo dicho,
a las castas de indios y de negros, porque la grosera ignorancia y servil abatimiento de
una y otra no le permitían elevar sus deseos hasta el grado de pensar en que podrían
conseguir ni las riquezas ni las dignidades. El ejemplo de los anglo-americanos sostenía
sus esperanzas, pero las circunstancias los ponían a una gran distancia de las en que se
han hallado aquellos en la época de su revolución; se persuadieron de que se acercaban
por la idea gigantesca que tenían formada del poder colosal de Francia, cuando vieron
la lucha en que esta había comprometido a España, cuyo resultado comprendieron que
no podía dejar de ser su subyugación: reputaban como imposible el que pudiesen enviar
acá ningunos auxilios con que contrariar sus ideas y aun en sus sueños políticos los
esperaban de Francia, en caso necesario para apoyarlos. De estos antecedentes deducían
que el intentarlo y realizarlo era una misma cosa; para asegurar el suceso empezaron
a desacreditar a todos los funcionarios públicos del gobierno español, atribuyéndoles
delitos y defectos que los hiciesen odiosos a la multitud, cuya opinión necesitaban para
llevar adelante sus pérfidos designios. Los Apóstoles del Evangelio no tropezaron en las
barreras que este les pone para que a un mismo tiempo no lo pudiesen ser contra la Santa
Religión de que son Ministros y contra las legítimas potestades, y allanaron este paso de
un modo que se ha excedido a sus esperanzas, declarando no solo a todo europeo, pero
también a los criollos honrados, y a sus bienes una guerra cruel de sangre y fuego.
Digo que los eclesiásticos se han excedido a sus esperanzas en la conquista de los
espíritus y de los corazones porque sus principios, aunque tan negros como sus fines,
siempre fueron bajo el velo hipócrita de Fernando VII, que poco a poco iban corriendo
según lo permitía la opinión de los pueblos. En este punto se hace muy notable que en
la Península el Clero secular y regular haya sostenido con tanto heroísmo los intereses
del altar y del trono y que en América uno y otro hayan sido los mayores enemigos
de estos tiernos y recomendables objetos, poniéndose al parecer en contradicción con
sus propios intereses, pues no podían ignorar que ambas causas caminaban a un mismo
paso; pero el objeto era dejar la religión con el ropaje del bulto exterior, bastante para
que su ministerio sacase de un pueblo ignorante todo el fruto con que le lisonjeaba su
avaricia.
unos espíritus y unos corazones verdaderamente españoles: esta es una obra muy lenta
y no se puede sacar de su paso sin arriesgar su fruto; entre tanto, es forzoso que las
guarniciones de América estén en las manos de europeos, con lo que resultará alguna
economía a la Real Hacienda, porque con menos número que el que habría de criollos
habrá más seguridad y se conservará insensiblemente que olviden un arte que en su
aprendizaje estuvo a pique de sernos tan funesto, poniendo particular estudio en que
las guarniciones de las capitales de provincias sean poco numerosas, sin más armas que
las que correspondan a sus plazas, que la verdadera fuerza esté en las primeras capitales
variando todos los años guarniciones de las de provincia, y cada dos de las capitales, para
evitar las relaciones que impidan y aún arriesguen el servicio: que los jefes primeros y
los de provincia sean nombrados con mucha circunspección y que se dejen extinguir los
regimientos de milicias de América así disciplinadas como urbanas, no proveyendo los
empleos que vayan vacando y colocando en el ejército a los americanos que lo merezcan.
Este método, si fuese de muy larga duración, arruinaría la metrópoli, porque siempre se
debería contar con que cada dos años regresaría una tercera parte menos de los europeos
que hubiesen venido, pero en el trascurso de quince o veinte se podría conseguir una
alteración visible en los espíritus, particularmente si los Prelados eclesiásticos, seculares
y regulares, pusiesen el empeño necesario; aquellos en formar pastores que en ninguna
manera permitan que entren en el Ministerio pastoral los que por informes reservados,
que deberán preceder, no resulten adictos al gobierno español y capaces de inspirar a
sus rebaños iguales sentimientos, con lo que a la vuelta del ya dicho tiempo se podrían
disminuir mucho las emigraciones militares de la Península y aun llegaría el de que fuese
bastante un regimiento en cada una de las capitales de los cuatro virreinatos.
Manuel Pardo
NOTAS:
1. “Memoria exacta e imparcial de la insurrección que ha experimentado la Provincia y Capital del Cuzco
en el reyno del Perú en la noche del 2 al 3 de agosto del año pasado de 1814, con expresión de las causas
que la motivaron, de las que influyeron en su duración y de las que concurrieron a restablecer el orden
público; formada de orden del Gobierno de esta Provincia por D. Manuel Pardo, Rejente de su Real
Audiencia, en cumplimiento de la Real Determinación de 31 de Julio del año de 1814.” En Colección
Documental de la Independencia del Perú. Conspiraciones y rebeliones en el siglo XIX. La rebelión del Cuzo
u Oficial de Caballería.
1780-88. Baltazar Martínez
de 1814. t. III. Recopilación y prólogo por Horacio Villanueva Urteaga. Lima: Talleres de la Editorial
de Compañón. Acuarela.
Universitaria S. A. 1971.
MELGAR 155
156 MELGAR
Arequipa. 1740. Manuscrito. Cortesía, John Carter Brown Library, Brown University.
MELGAR 157
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
INDICES
POESÍA FILOSÓFICA 63
Al autor del mar 63
A la Soledad 64
El alma que entre congojas 65
Soy Argos para ver penas 65
POESÍA CÍVICA 67
Ilustre Americano 67
Por fin libre y seguro 68
Marcha patriótica 70
En una noche oscura y pavorosa 71
POESÍA LAUDATORIA 73
Cumplido está en su todo el vaticinio 73
Oda al Excmo. Sr. D. Juan de Henestrosa y Orcasitas, Teniente General
de los Ejércitos Nacionales y Sub–Inspector General 74
Figurarme solía un magistrado 75
La corte el buen filósofo aborrece 75
Brindis 75
Brindis a Henestrosa 75
POESÍA AMATORIA 77
Sepa la cruel Melisa 77
¡Oh dolor! ¿Cómo, cómo tan distante…? 77
¿Por qué se aflige, si la noche llega…? 78
Dejad amigos… ¿injusticia tanta…? 79
El puro afecto mío, mi ternura 80
Bien puede el mundo entero conjurarse 81
No nació la mujer para querida 81
Improvisación 82
A vos deidad amable 82
162 MELGAR
FÁBULAS 111
La Ballena y el Lobo 111
El Ruiseñor y el Calesero 111
Los Gatos 112
El Murciélago 112
El Cantero y el Asno 113
Las Abejas 113
El Asno cornudo 114
Las Cotorras y el Zorro 115
Las Aves domésticas 115
El Sol 116
Indice Alfabético
A la Soledad 64
A vos deidad amable 82
Al amante que te adora 85
Al autor del mar 63
Algún día os dará el pago 94
Amor delirante 85
Ausente estoy de mi dueño 100
¡Ay, amor! 100
Ay, dulce dueño del alma 101
Ay, suspiros que exhaláis 101
Bien puede el mundo entero conjurarse 81
Brindis 75
Brindis a Henestrosa 75
Carta a Silvia 86
¿Conque al fin habéis tomado…? 105
Cumplido está en su todo el vaticinio 73
Dejad amigos… ¿injusticia tanta…? 79
Dejaré de verte 108
Delirio 109
Desconsuelos 108
Dónde estás, bien de mi vida 82
Dueño mío, tú conoces 99
El alma que entre congojas 65
El Asno cornudo 114
El desgraciado 95
164 MELGAR
REGISTRO DE AUTORES
Pág. 6
Evaristo San Cristóval
(Lima, 1894-1968)
Ilustración, 1944
MELGAR 169
Pág. 46
José Sabogal
(Cajabamba, 1888-Lima, 1956)
Xilografía, 1939
Contracarátula
Anónimo
Óleo sobre tela, s. XX
170 MELGAR