Judith Butler y la violencia contemporánea
Judith Butler y la violencia contemporánea
FACULTAD DE FILOSOFÍA
Madrid, 19/09/2018
INDICE
1. Introducción………………………...…………………………………………… 3
4. Críticas y contracríticas……………………………….….……………………. 61
6. Conclusiones: ¿se puede llevar una buena vida en medio de tan malas
vidas? …………………..………………………………………..………….…… 92
7. Bibliografía……..……………………………………………..………………… 97
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
1. INTRODUCCIÓN
Consciente de que la labor filosófica tiene mucho que decir ante la injusticia social y
la desigualdad sufrida por numerosas vidas que no son consideradas como tales de
acuerdo con las normas de inteligibilidad hegemónicas, emprendo este viaje en busca de
respuestas, de líneas de fuga, de pistas para salir mañana a la calle al encuentro con la
alteridad desde la convicción de que toda vida merece reconocimiento y duelo.
El análisis crítico de la realidad que nos propone la filósofa Judith Butler nos llevará
no sólo a darnos de bruces con todas esas situaciones de violencia y opresión que
auspician las normas y discursos cotidianos, sino a plantearnos qué está en nuestras manos
hacer para ir cambiando el modo de relacionarnos con nosotras mismas, con las demás
personas, con otros seres vivos y con el medio ambiente. Nos mueve la necesidad de
averiguar qué teclas podemos tocar para debilitar esta cultura de la violencia que tanto
sufrimiento genera en los seres sin rostro tanto a nivel macropolítico como micropolítico,
y para ir instaurando día a día una nueva concepción de la realidad en la que recuperemos
el cuerpo para aliarnos con los otros y otras por la transformación social, siendo capaces
de reconocernos en nuestra común vulnerabilidad e interdependencia en el espacio abierto
de la política y entendiendo también que muchos de nuestros conflictos pueden resolverse
de manera pacífica.
El mundo atraviesa hoy una crisis multidimensional, con efectos que se dejan sentir en
cada esfera de la realidad: es una crisis económica, social, alimentaria, ecológica,
energética, moral y cultural que sitúa nuestro presente en una encrucijada. Una
encrucijada que despierta la urgencia del pensamiento.
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RAQUEL LÓPEZ OPLA
El ideal de desarrollo se esfuma entre bambalinas mientras que los Estados son
incapaces de impedir el caos impulsado por las corporaciones y las empresas
transnacionales. Entre las consecuencias destacan el aumento de la precariedad y de la
violencia estructural, así como el apoyo de los gobiernos a los conflictos armados
(escenarios por excelencia de la violencia directa), con el fin de atender a nuestros
desmesurados requerimientos de recursos. A esto hay que sumar el hecho de que día a día
asistimos impotentes al auge de la extrema derecha en distintos países de Europa, y con
él al apuntalamiento de una violencia cultural que auspicia políticas clasistas y xenófobas.
Crisis económica, crisis política, y crisis que se hace evidente también en su dimensión
ecológica ante los procesos destructivos de los ecosistemas del planeta provocados por
nuestra insaciable dedicación a la producción y al consumo. Sólo con echar un vistazo a
los cálculos relativos a la huella ecológica ya podemos llevarnos las manos a la cabeza:
las materias primas y energías fósiles tienen un límite, y ese límite está cada vez más
cerca. El ideal de crecimiento sostenible, como se ha denunciado en más de una ocasión,
es una mera cortina de humo para maquillar los peligros inmediatos del sistema
económico.
Pero esta crisis ecológica que nos apabulla no se entendería sin el antropocentrismo
imperante en la cosmovisión moderna del mundo y por ello su cuestionamiento va a ser
imprescindible a la hora de plantear alternativas. Así lo ha señalado Alejandro Escudero
Pérez en un artículo reciente al incidir en la peligrosidad inherente a esa concepción
moderna del mundo como ilimitado de acuerdo con un Sujeto autosuficiente, tampoco
limitado por nada ni por nadie, el cual a su vez comparte la ilusión del crecimiento
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
económico infinito (Escudero Pérez, A., "Todo tiene un límite. Decrecimiento y crisis de
la modernidad", 2013).
De este modo, a la crisis del planeta, del sistema económico y de la política se suma
una crisis de la vida vivible, como denuncia Marina Garcés en Nueva Ilustración radical
(Garcés, M., Anagrama, 2017). Esta cuarta faz de la crisis precisa abordar una
epistemología de lo humano que ha de ser deconstruida y revalorizada, tarea que no
esquivaremos en este trabajo. La pregunta es: ¿qué puede la filosofía en este panorama
que pintamos tan gris?
El término 'crisis' parece acompañar a la filosofía también desde hace décadas. Todos
los triunfos que la civilización y la razón habían creído conseguir sobre la barbarie a lo
largo de la historia quedaban pulverizados en un siglo XX espantoso en el que el ser
humano se demostraba a sí mismo lo mortífero que podía llegar a ser. Después de
Auschwitz, el acontecimiento impensado por excelencia, la filosofía quedó perpleja:
¿dónde estaba el idealismo que marcaba los pasos del pensar occidental cuando se ponían
en marcha las cámaras de gas?, ¿dónde quedaba ese sujeto moderno racional en la cima
del progreso?
Tras Auschwitz, uno de los filósofos que asumió el reto de seguir pensado fue Theodor
W. Adorno, quien reformuló de este modo el imperativo categórico kantiano: “Hitler ha
impuesto a los hombres un nuevo imperativo categórico para su actual estado de
esclavitud: el de orientar su pensamiento y su acción de modo que Auschwitz no se repita,
que no vuelva a ocurrir nada semejante” (Adorno, Th., citado en Mate, R., 2003, p.118).
Adorno trataba de expresar con este imperativo la necesidad de basar el nuevo
pensamiento después de Auschwitz en su recuerdo, para evitar, al menos, que volviera a
repetirse. Y, sin embargo, sabemos bien que después de Auschwitz llegaron Camboya,
Ruanda, Bosnia, etc.
La crisis de la razón que se desveló en Auschwitz, como la crisis ecológica, son casos
fragrantes de lo impensado; pero es que lo impensado, como lo impensable, nos golpea
una y otra vez. Todavía latiendo en nuestra memoria histórica los sufrimientos de los
campos de refugiados en las playas de Àrgeles-sur-Mer, ¿cómo es posible que se repitan
hoy en las islas griegas? Cuando todavía recuerdan a sus mayores sentados frente al fuego
contándoles historias, ¿cómo podía ser imaginable para las ancianas y ancianos de hoy la
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falta de reconocimiento con la que se encuentran? ¿Cómo puede ser que la ultraderecha
esté subiendo en las encuestas en toda Europa y que las políticas sociales retrocedan a
pasos agigantados mientras los intereses de los mercados ocupan su sitio?
Son solo algunos ejemplos que señalan la urgencia de preguntarse por los impensados
de nuestra época ante los que permanecemos impasibles. Por los acontecimientos que no
hemos sabido prever o sobre los cuales no fijamos nuestra mirada incisiva y crítica,
dándolos por sentados; pero también por los impensados e impensadas de carne y hueso
que permanecen excluidas de la posibilidad de vivir una vida digna y auténtica. Pero
¿estamos a tiempo de situar en los impensados y en los márgenes el foco de nuestra
reflexión y en la misma vida cotidiana el ejercicio de nuestra acción?, ¿estamos a tiempo
de escandalizarnos, de con-movernos y de convertir nuestro estupor en acción colectiva
para la transformación social? Pasan ya más de tres décadas desde que la filósofa Judith
Butler asumió este reto y desde entonces no ha cesado de interrogarse, junto con otras
autoras y autores que pueblan este trabajo, sobre cómo los seres humanos nos hacemos
las cosas y sobre podríamos hacérnoslas de otra manera.
"El futuro es cosa del pasado". Esta es la idea vehicular del breve trabajo de Marina
Garcés Nueva Ilustración radical (2017). Con ella, la filósofa quiere dar a entender, no
que no tengamos tiempo por delante, sino que el tiempo en el que vivimos hoy no se guía
por una idea de futuro, progreso o prosperidad. Ese mantra tan repetido en el siglo XX y
principios del XXI auspiciado por los desarrollos económicos, científicos y tecnológicos
ya no nos sirve para iluminar nuestro mañana más inmediato. Nos hallamos, dice, en una
"condición póstuma” (Garcés, M., 2017, p. 16).
Ese sujeto moderno propio del liberalismo que, identificado como blanco, burgués,
masculino y heterosexual, condiciona su éxito a la sumisión de un otro, de una otra,
excluidos/as; ese sujeto en la cúspide; se revela incompatible con la promesa liberal de
igualdad y justicia universal a la que nos aferramos en el pasado.
La decepción cunde entre las izquierdas que, desorientadas, han de tomarse su tiempo
para empezar a creer en un cambio en el sistema económico y político a nivel global que
frene la vorágine de consumo, destrucción e individualismo en la que está sumida una
parte importante de la población del planeta. Cuesta creer que pueda llegar una
transformación de tal calibre cuando apenas podemos atisbarla. Y, sin embargo, las
personas comprometidas siguen soñando alternativas y poniendo en práctica maneras de
hacer las cosas que nos invitan a discurrir por nuevos derroteros.
Veremos, con Butler, que ha llegado el momento de las alianzas, de las coaliciones
que atraviesen las categorías identitarias que nos dan refugio provisional para poder
defender la justicia en múltiples frentes: la justicia sexual, la igualdad económica, las
movilizaciones antibélicas o las luchas contra la precarización que hoy en día se da en
numerosas esferas de nuestra vida privada y social. El feminismo suma el ecologismo y
el antirracismo, el ecologismo suma el pacifismo, y así, a base de extender redes y crear
lazos, un anticapitalismo global va tomando forma.
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Pero esta vez nadie vaticina el futuro. Hoy ya no es posible seguir la senda de la historia
progresiva, lineal, hacia un mundo mejor. Por eso, en este escrito, nos distanciaremos de
la metafísica y de la historia teleológica convencional y tenderemos puentes, desde una
recepción genealógica de la historia, hacia las personas de carne, temblor y hueso que nos
interpelan en nuestro día a día, pero lo haremos prestando atención a los márgenes,
rebuscando en las grietas de la historia, observando las discontinuidades, escuchando los
cánticos de lo incoherente y de lo múltiple.
Será imprescindible así dejar atrás la noción abstracta de persona como guía de
nuestras luchas, porque ahora sabemos que invisibiliza las vidas que habitan los límites
de la normatividad hegemónica en nombre de la igualdad, perpetuando las lógicas de
poder y dominación. Es momento de retornar a la persona sus características corporales
y sociales específicas, pues es ahí donde todavía quedan esperanzas para el cambio y la
subversión. Desde ese lugar, las autoras y autores seleccionados/as para elaborar este
trabajo nos invitan a formular estrategias, aunque sean parciales y provisionales, en contra
de la desigualdad, de las exclusiones, de la falta de libertad; a favor de otras formas de
relacionarnos desde el reconocimiento, el cuidado y la empatía radical. Si el futuro es
cosa del pasado, hagámonos con el presente.
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Pero, tal y como han descrito pensadoras de nuestro tiempo como Clara Valverde o
Marina Garcés, la biopolítica está mostrando cada vez más su rostro necropolítico. En el
abrazo del poder a la vida se esconde que “la otra cara del hacer vivir es el terrible ‘dejar
morir” (López Petit, S., prólogo de Valverde, C., 2015, p.11). En la gestión de la vida, la
producción de la muerte ya no se ve como excepción, sino como normalidad:
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los aspectos éticos” (Davis J.K., El País, 2 de febrero de 2011). Davis nos pregunta si es
bueno vivir más y si no podría ser esto perjudicial para las demás personas. Divaga sobre
la inmortalidad y sobre la posibilidad de que las personas con recursos lleguen a poder
prolongar sus vidas, como si esto no fuese ya una realidad, como si la esperanza de vida
fuese igual para todas, como si no hubiese pacientes agonizando en los pasillos de
hospitales afectados por los recortes o personas muriendo de frío cada Navidad. Sea como
sea las fotografías que acompañan al artículo, todas de ancianos y ancianas en residencias
de mayores, nos hacen llegar un mensaje implícito: sobran.
Sobran las voces que están ausentes en los relatos hegemónicos y, sin embargo,
¡cuánto bien nos haríamos escuchándolas! Todas esas vidas que habitan los límites de las
normas establecidas para el pensamiento, la corporeidad y la persona son el motor de este
trabajo: el mundo femenino, la infancia y la vejez, las personas con discapacidades, las
personas homosexuales, bisexuales, transexuales e intersexuales, el mundo rural y las
etnias minoritarias, las indígenas, las ludópatas, las inmigrantes, las ateas, las
desaparecidas, las enfermas, las perseguidas o las marginadas, las presas, las exconvictas,
las paradas, etc. Pues si se han creado discursos que incitan a la humillación y llevan las
diferencias a los extremos de la intolerancia y la incomprensión, yo defiendo discursos
de efecto contrario: a favor de las personas, del respeto, de la empatía y del
reconocimiento. No será mi teoría ajena a las personas, ya que, de las palabras, el diálogo
y la crítica surgieron los derechos de quienes antes carecían de ellos.
Las excluidas molestan en la marcha de la historia porque no son valiosas según los
estándares dominantes para medir aquello que resulta valioso. Ante ellas ejerce el poder
una violencia sin límites, aún sin buscar explícitamente su muerte. Basta con crear las
condiciones de negligencia sistemática para su precarización creciente: en la privatización
de escuelas y universidades, en los desahucios de las familias, en la bajada de las
pensiones, en el copago o la restricción de la tarjeta sanitaria, en la precarización del
empleo, etc. Y es que es la racionalidad de mercado la que decide quién debe ser tenido/a
en cuenta, protegido/a, apoyado/a, etc. Los ricos son cada vez más ricos, mientras que las
vidas precarias no paran de crecer y sus cuerpos acumulan las cicatrices.
Vengo utilizo el término ‘excluido/a’ aunque coincido con Valverde en que la dualidad
excluida/incluida es problemática. Contra los discursos que pretenden mantenernos
aisladas y diferenciadas es importante reconocer que todas somos (potencialmente)
excluidas y desde ahí alzar la voz con urgencia. Es precisamente esta vulnerabilidad
compartida, de la que tanto nos hablará Butler, la que hace posible la empatía y la
solidaridad, y que tracemos sinergias y alianzas para inundarlo todo de vidas auténticas.
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Avanzaremos con Butler desde los límites de este capitalismo devastador hasta el
movimiento asambleario, adentrándonos en una propuesta filosófica que abre las puertas
a nuevas formas de pensar y de pensarnos como sujetos aliados. Iniciaremos el recorrido
cronológico a sus trabajos con una mención a las propuestas teóricas de quienes más la
influyeron, haciendo hincapié en el pensamiento de Michel Foucault. Haremos, a
continuación, una parada indispensable en su cuestionamiento del sujeto moderno para
atender, a partir de sus escritos más recientes, a su formulación de una renovada ontología
de lo humano que va a ser crucial para posibilitar un nuevo pensarnos y un nuevo pensar
las relaciones con las demás personas y con el medio ambiente.
Ante la necesidad de acotar la investigación, este trabajo pasará de puntillas por los
recorridos de filósofos/as como Apel y Habermas, con su crítica a la modernidad y su
propuesta de una ética dialógica; Nancy Fraser y el interesantísimo dilema redistribución-
reconocimiento; el estudio sobre la condición humana de Hannah Arendt y sus análisis
sobre las relaciones entre poder, comunicación y violencia; la teoría de los actos de habla
de Austin; la propuesta ética de Emmanuel Lévinas; el psicoanálisis freudiano; la teoría
del poder de Michel Foucault; o los análisis de Jacques Derrida, quien reivindica las
diferencias y los márgenes. Contaremos con ellos y ellas, si bien los frentes que abren son
aquí inabarcables.
Quedan sin explorar, sin embargo, los trabajos de un gran número de pensadoras
feministas, cercanas a Butler o en las antípodas de su pensamiento, cuyas propuestas a
buen seguro enriquecerían este escrito: del feminismo socialista de Iris Young al
feminismo radical de Andrea Dworkin y Catherine MacKinnon, pasando por el
feminismo francés de la diferencia en el que se ubican muy distintamente figuras como
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Hélène Cixous, Julia Kristeva o Luce Irigaray. Cabría también cotejar la obra butleriana
con el feminismo poscolonial de Gayatri Spivak y el posthumanista de Rosi Braidotti,
tener en cuenta las aportaciones de Paul B. Preciado a la teoría queer o recibir las críticas
en el contexto español de autoras como Ana de Miguel. Sería interesante abordar la
lectura de la situación actual planteada desde Grecia por Athena Athanasiou, la apertura
hacia el ciberfeminismo de Donna Haraway o el enfoque transversal que correlaciona
raza, clase y género en el feminismo negro de Angela Davis o en el feminismo
interseccional de Bell Hooks. Sin olvidar el feminismo libertario contemporáneo de Silvia
Feredici o Brigitte Vasallo y las ideas muchas otras pensadoras que se han visto
interpeladas por la prolífica contribución de Butler a la teoría crítica y postestructuralista
contemporánea. Quizá en otra ocasión.
Cabe mencionar que existe una larga tradición de pensadores y pensadoras que han
hecho su contribución a la reflexión sobre el sentido de la guerra y la paz en la razón de
ser y existir de las personas y las comunidades. De Kant y su Sobre la paz perpetua a
Gandhi, pasando por Thoreau, Tolstói, Bertha von Suttner, Rosa Luxemburg, Simone
Weil, etc. Todas estas personas expresan ideas que no están separadas de la práctica para
aprender a hacernos las paces, pues son conscientes de que abundan los discursos que
refuerzan la guerra y generan más pobreza, desigualdad y opresión. A pesar de la
1
En este trabajo el término noviolencia aparece escrito en una sola palabra y sin guion. Esto es así
para ejemplificar que medios y fines se aúnan de modo propositivo en una nueva concepción
terminológica, tal y como entendió Gandhi al traducir por non-violence el término sanscrito
ahimsa (formado por el prefijo negativo a y el sustantivo himsa, que significa deseo de hacer daño
o violencia a un ser vivo).
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Nadie sabe qué ocurrirá en las próximas décadas, pero mi apuesta es clara por avanzar,
por dar pasos, pues una sola sonrisa puede valerlo todo. Con este propósito elijo seguir a
Butler y a otras pensadoras de nuestra contemporaneidad, porque retándonos a la
reflexión crítica y autocrítica nos ponen sobre la pista de lo que debe ser repensado si
apostamos por escuchar a quienes nos rodean y por salir a la calle a hacernos las cosas de
otra manera.
Los trabajos de Judith Butler reflejan el hecho de que ha sido y es lectora atenta,
reflexiva y crítica de algunas de las aportaciones más prominentes de la filosofía
occidental, empezando por las obras de autores como Hegel, Nietzsche, Heidegger, etc.
Desde sus comienzos, han sido numerosos los escritos que ha explorado con la intención
de recoger aquellas ideas útiles para seguir pensando la vida humana.
No será, sin embargo, hasta los capítulos finales de la obra cuando encontremos un
incipiente interés por el género por parte de Butler. Recoge, con esta intención, los aportes
de Julia Kristeva, con quien comienza a explorar una lectura del sujeto hegeliano desde
un enfoque de género, además de preguntarse sobre qué género podría tener el individuo
deseante del sujeto hegeliano y por cómo la oposición dialéctica sería susceptible de ser
caracterizada en el ámbito del binarismo sexual (Butler, J., 2012, pp. 318-329). Este
capítulo se convierte así en un puente hacia otros de los conceptos que vertebran el
pensamiento butleriano como son los de cuerpo, sexo y género. Será en El género en
disputa. El feminismo y la subversión de la identidad (1990) donde Butler profundizará
en el carácter problemático de la noción de sujeto para problematizar desde ahí la
identidad de género, así como en el complejo dispositivo político encargado de su
construcción:
En lugar de tomar las categorías de género como algo evidente o dado de suyo, Butler
pone aquí en tela de juicio su estatus ontológico y analiza los mecanismos normativos
encargados de la constitución del sujeto generizado. El género en disputa introduce así el
que será un lugar común en la obra butleriana: la crítica a la postura naturalista o
esencialista al pensar el sexo, el género, el deseo y, más adelante, también otras categorías
identitarias. Frente a ella, su quehacer va a centrarse en el análisis de los diversos actos,
prácticas, estilos, discursos y reglas que conforman el dispositivo político que produce
las identidades, tanto las normativas como las no normativas.
Los primeros pasos de este devenir en la filosofía butleriana han de leerse atendiendo
a los diálogos críticos entablados con las ideas de varias pensadoras ineludibles. Nos
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Retomamos aquí el hilo del pensamiento butleriano, pues precisamente uno de sus
primeros objetivos va a ser cuestionar los presupuestos heterosexistas que se encuentran
presentes no sólo en los discursos discriminatorios u homofóbicos sino, incluso, en
algunas vertientes del feminismo contemporáneo. Y es que las categorías de género
hegemónicas –varón, mujer– adquieren sentido y estabilidad gracias a un conjunto de
normas que dan por sentado la naturalidad, originalidad y preeminencia ontológica de la
heterosexualidad. En El género en disputa, la autora considera que, para problematizar la
identidad de género, es necesario disputar la matriz heteronormativa: “Una es mujer en la
medida en que funciona como mujer en la estructura heterosexual dominante, y poner en
tela de juicio la estructura posiblemente implique perder algo de nuestro sentido del lugar
que ocupamos en el género.” (Butler, J., 2007, p.10).
Como veremos, la forma en que Butler pone en tela de juicio esta estructura normativa
es desarrollando su propia teoría de la performatividad, la cual comienza por visibilizar
la construcción social del género a través de repeticiones de ciertas prácticas, pero que
terminará por servir a Butler para explicar el modo en que asumimos y subvertimos las
diferentes categorías identitarias. Para formular su teoría incipiente, que llegará a
constituirse en una de las propuestas más estimulantes del panorama filosófico actual, la
pensadora hace uso de la tradición postestructuralista, y en especial de la teoría del poder
de Michel Foucault y de la crítica deconstructiva de Jacques Derrida a la teoría de los
actos de habla de Austin, dando así cuenta del complejo proceso de producción,
reproducción, ocultación y modificación de formas legítimas e ilegítimas de vivir.
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De aquí se deriva para la genealogía una tarea indispensable: percibir la singularidad de los
sucesos, fuera de toda finalidad monótona; encontrarlos allí donde menos se espera y en
aquello que pasa desapercibido por no tener nada de historia -los sentimientos, el amor, la
conciencia, los instintos-,captar su retorno, pero en absoluto para trazar la curva lenta de
una evolución, sino para reencontrar las diferentes escenas en las que han jugado diferentes
papeles; definir incluso el punto de su ausencia, el momento en el que no han tenido lugar
(Platón en Siracusa no se convirtió en Mahoma...). (Foucault, M., 1980, p.7).
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Veamos cómo tiene lugar este desarrollo teórico atendiendo a la obra de Michel
Foucault, padre intelectual de la estadounidense. En la obra del pensador francés
encontramos una de las numerosas aportaciones teóricas que en las últimas décadas se
han encaminado a analizar los distintos mecanismos de poder que impregnan la estructura
sociopolítica occidental, más allá de la reflexión clásica en torno a un poder soberano y
unidireccional de carácter represor. La complejidad de nuestras sociedades no puede
entenderse hoy sin este acercamiento a las relaciones de poder de raíces nietzscheanas al
que con tanto ahínco se dedicó Michel Foucault y que fue después retomado críticamente
por Judith Butler, quien comparte con el francés un interés por comprender las
condiciones de posibilidad de lo humano.
La concepción del poder planteada por Foucault está presente ya en algunos de sus
escritos más tempranos. En Historia de la locura en la época clásica (1961) y en Vigilar
y castigar (1975) analiza el funcionamiento de ese poder disciplinario propio de la
Modernidad que se aplica sobre el cuerpo de los individuos mediante técnicas de
vigilancia e instituciones punitivas y que se caracteriza por sumar, a la tradicional
capacidad del soberano de decidir sobre la muerte de sus súbditos, la búsqueda de su
docilidad política y su utilidad económica. La concepción clásica del poder como
meramente represivo y dirigido unidireccionalmente del opresor al oprimido, es sustituida
por otra en la que este es predominantemente entendido como productivo, móvil y
multidireccional. Extendiéndose de forma capilar hacia “el núcleo mismo de los
individuos, alcanza su cuerpo, se inserta en sus gestos, sus actitudes, sus discursos, su
aprendizaje, su vida cotidiana”; poder microfísico, poder ejercido “en el cuerpo social”
(Foucault, M., 1980, p.89).
Butler reconocerá en el género el ámbito más afectado por la violencia normativa que
Foucault visibiliza y emprende en sus textos la desnaturalización del mismo. Así expone
sus razones en el prefacio de 1999 a El género en disputa:
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del sexo, así como de eliminar las suposiciones dominantes acerca de la heterosexualidad
natural o presunta que se basan en los discursos ordinarios y académicos sobre la
sexualidad. Escribir sobre esta desnaturalización (…) obedece a un deseo de vivir, de hacer
la vida posible, y de replantear lo posible en cuanto tal (Butler, J., 2007, p. 24).
Estimulada por los estudios foucaultianos, Butler reflexionará sobre cómo las normas
y los discursos de verdad que nos afectan vehiculan una voluntad de saber que es ejercicio
de un poder sin centro y que actúa sobre lo humano produciendo el género, el sexo, la
sexualidad y otras identidades. Pero antes de adentrarnos en este interesante desarrollo de
la teoría butleriana, que culminará con su teoría de la performatividad, vamos a
detenernos a reseñar varias influencias ineludibles de este periodo.
Como hemos visto, la primera gran obra de Butler, Sujetos del deseo: reflexiones
hegelianas en la Francia del s. XX (1987), supone ya una crítica a la noción tradicional
de sujeto. Poco tiempo después, escribe los artículos “Actos performativos y construcción
del género” (1988) e “Imitación e insubordinación de género” (1991). En ellos, tiene una
gran influencia la teoría de los actos de habla que de J. L. Austin formulaba en su obra
póstuma Cómo hacer cosas con palabras: palabras y acciones (1962), un aporte
fundamental en el giro pragmático de la filosofía del siglo XX.
Austin supera la falacia según la cual la única y principal función del lenguaje sería
describir, constatar o referir los hechos del mundo. El británico se ocupó de analizar
aquellos enunciados que no describían algo y que no podían catalogarse como verdaderos,
falsos o sin sentido, sino que directamente al ser pronunciados realizaban una acción,
creando una realidad o haciendo que exista algo. De ellos ponía numerosos ejemplos en
Cómo hacer cosas con palabras: "Cuando, con la mano sobre los Evangelios y en
presencia del funcionario apropiado, digo “¡Sí, juro!”, no estoy informando acerca de un
juramento; lo estoy prestando" (Austin, J.L., 2008, p.6).
Estos enunciados son los que Austin llama performativos (y que se conocerán como
actos de habla tras las investigaciones de John L. Searle) frente a aquellos enunciados
constatativos que meramente describían la realidad. Más tarde, Austin modificó su teoría
al darse cuenta de que todo enunciado era en realidad performativo, abandonando la
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
distinción inicial. No obstante, va a distinguir entre tres tipos de dimensiones de los actos
lingüísticos: la dimensión o acto locucionaria, constituida por las expresiones
constatativas; la dimensión o acto ilocucionaria, las expresiones que realizan un acto al
decir algo; y la perlocucionaria, los efectos o consecuencias una vez expresado. La
performatividad de las palabras, la capacidad para ‘hacer cosas con palabras’, Austin la
sitúa en la fuerza ilocucionaria.
Al afirmar esta condición, Derrida se está oponiendo a la tesis de Austin según la cual
el fracaso del performativo no es sino una excepción en el funcionamiento normal del
lenguaje ordinario. En el deconstructivismo derrideano, por el contrario, el fallo
performativo es un elemento estructural del fenómeno lingüístico:
Pues, en fin, lo que Austin excluye como anomalía, excepción, ‘no serio’, la cita (en la
escena, en un poema, o en un soliloquio), ¿no es la modificación determinada de una
citacionalidad general -de una iterabilidad general, más bien- sin la cual no habría siquiera
un performativo ‘exitoso’? (Derrida, 1989, p.367).
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vendría de itara, en sánscrito ‘otro’) se extrae la relación entre repetición y alteridad que
anuncia el autor y en función de la cual Diego Abadi escribe lo siguiente sobre el término
iterabilidad: “esta noción intenta ligar la repetición a la alteridad, en la medida en que, si
la repetición es primera, no puede decirse que repita una presencia idéntica, sino que por
el contrario, en el movimiento de su repetición diferenciante otorga cierta identidad
relativa a lo repetido” (Abadi, D., 2016, p.7).
Butler pone así en contacto la teoría de Austin con las teorías de la representación y
actuación para plantear un modelo en el que los actos constituyen la identidad del sujeto
que habla y actúa, negando la existencia de un yo previo. Puede de este modo desarrollar,
especialmente en un sentido discursivo y en relación con las condiciones sociales de la
opresión, sus ideas sobre el carácter político y convencional de la sexualidad, el sexo y el
género. En El género en disputa, esta cuestión hará que Butler se vea interpelada por
multitud de preguntas:
¿Podemos hacer referencia a un sexo ‘dado’ o a un género ‘dado’ sin aclarar primero
cómo se dan uno y otro y a través de qué medios? ¿Y al fin y al cabo qué es el ‘sexo’? ¿Es
natural, anatómico, cromosómico y hormonal, y cómo puede una crítica feminista apreciar
los discursos científicos que intentan establecer tales ‘hechos’? (…) ¿Existe una historia de
cómo se determinó la dualidad del sexo, una genealogía que presente las opciones binarias
como una construcción variable? ¿Acaso los hechos aparentemente naturales del sexo
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
si se refuta el carácter invariable del sexo, quizás esta construcción denominada ‘sexo’
esté tan culturalmente construida como el género; de hecho -intuye Butler-, quizá siempre
fue género, con el resultado de que la distinción entre sexo y género no existe como tal
(Butler, J., 2007, p.55).
Como vemos en los escritos de esta época, la pensadora alberga una profunda
preocupación “porque la diferencia sexual no se vuelva una cosificación que
involuntariamente preserve una restricción binaria de la identidad de género y un marco
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Es importante aclarar que Butler no está postulando la inexistencia del sexo, sino la
inexistencia de un "sexo natural" de acuerdo con el sistema binario heteronormativo que
reduce a la mujer a ser "lo otro" del hombre y en el cual el género sirve de sustento.
Huyendo del determinismo, Butler no defiende un constructivismo radical o un
voluntarismo, sino que reconoce la materialidad del cuerpo al igual que la importancia de
su inscripción cultural. A este respecto, cita Butler cita a Foucault: “El cuerpo es la
superficie grabada de los acontecimientos” (Foucault, M., citado en Butler, J., 2007,
p.255). El cuerpo es material, pero no hay acceso a él si no es a través de una historicidad
y de un imaginario social que condiciona nuestra mirada.
al que nos impele la normatividad social, con su sistema más o menos explícito de
premios y castigos. Así lo explica la autora en El género en disputa:
El sujeto no está formado por las reglas mediante las cuales es creado, porque la significación
no es un acto fundador, sino más bien un procedimiento regulado de repetición que al mismo tiempo
se esconde y dicta sus reglas precisamente mediante la producción de efectos sustancializadores
(Butler, J., 2007, p. 282).
Vemos la tremenda fuerza del lenguaje, o de un acto performativo como marcar una
casilla en el documento legal que corresponde, en el ejemplo de los/as médicos/as que,
amparados en las leyes vigentes, declaran que un recién nacido es niño o niña,
encajándolos/as para siempre en una categoría de género, incluso cuando su condición es
intersexuada. No es sólo el o la médica la que decide sobre su futuro al comienzo de la
vida de género, sino que inicia el camino de todas esas normas, discursos y actos que a lo
largo de la vida tienen un efecto performativo sobre las distintas realidades de los sujetos,
con una violencia que les es implícita, pues no describen, sino que regulan y disciplinan,
con los correspondientes ejercicios de exclusión derivados de su rigidez.
27
RAQUEL LÓPEZ OPLA
fantasía. “Dichos actos, gestos y realizaciones -nos dirá Butler- (…) son performativos
en el sentido de que la esencia o la identidad que pretenden afirmar son invenciones
fabricadas y preservadas mediante signos corpóreos y otros medios discursivos” (Butler,
J., 2007, p.266).
La filósofa norteamericana insiste en estos efectos positivos del fallo performativo, los
que hacen emerger a un sujeto inestable e incoherente (a pesar de lo que pretende el
mecanismo); libre (tomando la libertad no como inherente al sujeto sino motivada por el
propio ejercicio de poder) y con capacidad de acción. En esta línea, el hecho de que en
numerosas ocasiones no se produzca el Yo según identidades acordes con las normas,
sino que existan, por ejemplo, identidades donde no hay correspondencia entre el sexo, el
género y el deseo, resulta positivo porque demuestra que no se puede cumplir de modo
estricto tal o cual norma. Siguiendo con el caso de la identidad de género, cuando esta es
instituida por actos performativos repetidos en el tiempo que le otorgan una apariencia de
sustancia, las diferentes formas de repetición posibles van a acabar por ocasionar,
inevitablemente, ciertas rupturas o repeticiones incontroladas y subversivas tras las que
se hallarán posibilidades de transformar dicha identidad. La reconceptualización de la
identidad como un efecto performativo, nos dirá Butler, abre vías de capacidad de acción,
al no estar ni fatalmente especificada ni ser totalmente artificial y arbitraria (Butler, J.,
2007, p.285).
Es en esta línea en la que Butler hace referencia al travestismo como opción con
posibilidades subversivas por ser en sí mismo una visibilización del efecto performativo
ante esas pretendidas líneas causales entre un supuesto sexo natural y una identidad de
género determinada:
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
La repetición de los roles de género tradicionalmente femeninos por parte de las drag,
y en especial su modo estereotipado de actuar, impide a la cultura hegemónica transmitir
la existencia de concepciones del género esencialistas o naturalizadas. Al parodiar el
género femenino visibilizando aspectos de la feminidad que han sido socialmente
naturalizados, en los actos drag, como en los actos de género en general, se da una
repetición caricaturesca del ideal regulativo. Pero es precisamente ahí donde se desvela
que no hay un género natural en el interior del sujeto del cual las drag queens se copien,
sino que todos los géneros imitan un ideal, una identidad de género construida y aprendida
socialmente.
Hasta aquí hemos visto cómo Butler utiliza el género como punto de partida para
pensar el poder, la agencia y la resistencia, pese a que escape a su intención el hacerlo
funcionar como paradigma de todas las formas de existencia que habitan los límites de
las normas establecidas. Poco a poco, Butler va a ir ampliando su campo de preocupación
e interés intelectual.
29
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Y, por otra parte, que el lenguaje es “excitable”, es decir, que queda “fuera de nuestro
control”:
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
En la ley, los enunciados "que se excitan" son aquellos llevados a cabo bajo
coacción, normalmente se trata de confesiones que no pueden utilizarse delante de
un tribunal porque no reflejan el equilibrio mental del que las pronuncia. Mi hipótesis
es que el habla está siempre de algún modo fuera de control (Butler, J., 1997, p. 36).
Se interesa Butler especialmente por el poder del Estado en la producción de este tipo
de discursos que hieren; ya que, según afirma, estos no existirían sin la intervención legal
del mismo en su definición. Le preocupa el hecho de que el Estado siga reproduciendo
discursos sobre vergüenza sexual y degradación racial. Acudiendo a un ejemplo concreto:
la prohibición de la homosexualidad en el contexto de las fuerzas armadas
estadounidenses no ponía en juego meramente acciones punitivas, sino que se trataba,
asimismo, de una producción de sexualidad, con la consecuente incitación al discurso del
odio.
Pero, lo interesante es que para Butler el lenguaje, de algún modo, siempre es excitable.
Así, que el lenguaje sea un tipo de acto no significa que haga lo que dice y allí es donde
reside la posibilidad de cambio. Como ya había expuesto en Cuerpos que importan
(1993), “este fracaso constitutivo de lo performativo, este deslizamiento entre el mandato
discursivo y su efecto apropiado es lo que proporciona la ocasión y el índice lingüísticos
de la desobediencia resultante" (Butler, J., 2002, p. 181).
Es posible percibir una evolución paulatina en los intereses de la filósofa desde sus
primeras investigaciones genealógicas sobre los mecanismos de construcción del género
y su problematización de las categorías usuales del feminismo -en el referido El género
31
RAQUEL LÓPEZ OPLA
en disputa (1990) y en Cuerpos que importan (1993), en el que desarrolla las tesis previas
y profundiza en el estudio del carácter colectivo de las acciones políticas-, hacia el
cuestionamiento de “lo humano” en relación con otra serie de categorías relativas a la
opresión y puestas en duda, principalmente, en algunas de sus publicaciones de
comienzos del XXI: Mujeres y transformaciones sociales (con Elisabeth Beck-
Gernsheim y Lidia Puigvert, 2003), Vida precaria: el poder del duelo y la violencia
(2004), Deshacer el género (2004), Dar cuenta de sí misma (2005) y Marcos de Guerra.
Las vidas lloradas (2009). En estas obras, a las que aludiré en los apartados centrales de
este trabajo, Butler insiste en preguntar “¿qué es una vida?” y centra su atención en ese
mundo social que le precede y que, no obstante, le otorga responsabilidad y le da la
oportunidad de actuar. Este escrito me llevará también a estudiar las últimas
publicaciones de la filósofa estadounidense: Desposesión: lo performativo en lo político
(2013), el cual transcribe un diálogo entre Butler y la pensadora griega Athena
Athanasiou; y Cuerpos aliados y lucha política: hacia una teoría performativa de la
asamblea (2017).
La lectura de las obras butlerianas me sirve para interrogar mi propia realidad, tratando
de encontrar, en sus reflexiones sobre la vida humana, el mundo social contemporáneo y
las condiciones de precariedad que en él se imponen a numerosas personas, respuestas a
mis propias preocupaciones sobre el presente y los modos de acción posibles.
de identidad para tener en cuenta otras condiciones corporales2. No obstante, vamos a ver
cómo no se trata, en absoluto, de una brecha radical en las reflexiones de la autora, pues
su aspiración no ha dejado de ser el esclarecimiento y la subversión de los mecanismos
selectivos que producen “lo humano”.
Lo que ocurre, como veremos en este repaso cronológico a sus publicaciones, es que
la investigación sobre la performatividad se va adentrando en el terreno de la vida social
y política explorando sus conexiones con otros conceptos de gran riqueza como lo son
los de pertenencia política, relacionalidad, resistencia, noviolencia, precariedad y
precaridad, y desposesión. Dedicaré el próximo apartado a mostrar cómo la
performatividad, junto a la noción de subversión, siguen siendo instrumentos válidos para
entender y promover la transformación social. Veamos antes cómo Butler introduce en
distintas obras varios conceptos que nos ayudan a entender los entresijos de esa realidad
que pretende transformarse y que tan dura se erige para numerosas vidas.
2
Butler, Judith, “Jugársela con el cuerpo”, entrevista por Patricia Soley-Beltran y Leticia Sabsay (eds.), en
Judith Butler en disputa. Lecturas sobre la performatividad, Madrid, Egales, 2012, p. 225.
3
Butler, J., “Performativity, precarity and sexual politics”, en AIBR, Revista de Antropología
Iberoamericana, 4(3), 2009, pp. I-xiii. Sigo aquí la traducción de Bernardo Moreno Carrillo en Marcos de
guerra (Paidós, Madrid, 2010), según la cual se traduce “precarity” por “precaridad”, distinguiendo así el
término de “precariousness”, “precariedad”.
33
RAQUEL LÓPEZ OPLA
treinta kilómetros de distancia puede cambiar su condición leal, para bien o para mal?
(Butler, J., 2017, p.41).
En Marcos de guerra. Las vidas lloradas (2009), Butler centra sus análisis en las
guerras de Irak y Afganistán y en los casos de tortura por parte del ejército estadounidense
que se hicieron públicos en aquel momento para analizar el modo en que ciertos marcos
legitiman la violencia, privando a numerosas vidas de su valor como tales y, por ende, de
su derecho a ser lloradas en caso de muerte.
35
RAQUEL LÓPEZ OPLA
mirada (aquella que refleja el Derecho de inmigración que hemos creado en la UE) los
convierte lisa y llanamente en no-sujetos” (De Lucas, J., “España castiga a los
inmigrantes”, 2012). ¿Cómo van así a merecer duelo?
Esta apelación al duelo merecido es utilizada por Butler para ejemplificar hasta qué
punto puede una vida ser considerada desechable. En el hecho de que una sociedad sea
capaz de llorar la pérdida de una sola vida mientras que ignora las muertes de tantas otras
está la prueba de la desigual distribución de las redes de protección contra la precariedad,
que debe ser visibilizada y cuestionada. Toda vida merece reconocimiento y duelo, y así
es como los entiende la organización francesa Le Collectiff des Morts de la Rue, que se
encarga en Francia de proporcionar funerales dignos a las personas sin hogar. No es sólo
por ellas. Es que dejarlas morir sin nombre en la lápida equivale a decir que todas estas
personas no entran dentro de los cuerpos que importan. Como se puede leer en su página
web: “En interpellant la société, en honorant ces morts, nous agissons aussi pour les
vivants”4.
En las obras más recientes de Judith Butler, lo performativo va a asumir una nueva
revaloración de la mano de un nuevo concepto: la desposesión. En el primer punto de
este apartado he mencionado cómo la filósofa estadounidense trataba de explicar la
diferencia entre la precariedad como categoría existencial compartida por todos/as y la
precariedad como condición inducida de inequidad y miseria mediante los términos de
precariedad (precariousness) y precaridad (precarity), respectivamente. Los diálogos
compartidos con la pensadora griega Athena Athanasiou (con obras de gran interés para
seguir profundizando en el tema que nos ocupa5) en Desposesión: lo performativo en lo
4
“Al desafiar a la sociedad, honrando a estos muertos, también estamos actuando por los vivos”.
Extraído de: [Link] Consultado a 18/09/2018.
5
Véanse Rewriting Difference: Luce Irigaray and ‘the Greeks’ (2010) o las obras, todavía sin
traducción del griego: Zoe sto Orio: Dokimia gia to Soma, to Fylo kai ti Viopolitiki, Atenas:
Ekkremes, 2007 (La vida en el límite: ensayos sobre el cuerpo, el género y la biopolítica) o Krisi
os «Katastasi Ektaktis Anagkis»: Kritikes kai Antistaseis, Atenas: Savvalas, 2012 (La crisis como
"estado de excepción": críticas y resistencias).
37
RAQUEL LÓPEZ OPLA
político (2013), arrojan algo más de luz sobre este asunto, explorando el concepto de
desposesión como herramienta útil para profundizar en el análisis de la realidad.
procesos e ideologías a través de los cuales las personas son repudiadas y rechazadas
por los poderes normativos y normalizadores que definen la inteligibilidad cultural y que
regulan la distribución de la vulnerabilidad: pérdida de tierra y comunidad; pertenencia del
cuerpo a otra persona, como sucede en las historias de esclavitud; sujeción a la violencia
militar, imperial y económica; pobreza, regímenes securitarios, subjetivación biopolítica,
individualismo liberal posesivo, gubernamentalidad neoliberal y precarización. (Butler, J;
Athanasiou, A., 2017, p.16)
Todas estas situaciones, que son realidades cotidianas para muchas personas, mueven
un pensamiento butleriano que no cesa de revisarse, de buscar el modo de entender un
poco mejor los mecanismos de poder que impregnan la realidad, de reivindicar y
visibilizar casos que nos pueden servir de ejemplo en esta ardua tarea de reivindicar la
vida.
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
Uno de los ejemplos usados por la filósofa estadounidense para responder a estas
preguntas e ilustrar cómo actúa la performatividad en los casos de precaridad es el de los
miles de inmigrantes ilegales que en el año 2006 salieron a las calles de Los Ángeles
cantando el himno de Estados Unidos en inglés y en español, en una acción performativa
con la que reivindicaban su ciudadanía estadounidense. Las y los manifestantes ejercían
un derecho a la libre expresión y asociación que no les pertenecía y, además, lo hacían en
español, evidenciando la gran presencia de hispanohablantes en un país que prefiere
mantenerlos/as alejados/as de la esfera pública. Ellas y ellos ejercían unos derechos
performativamente articulados como tales en ese preciso momento en que la canción
comienza, alterando normas históricas de inteligibilidad de lo humano. Y es que "a veces
lo más importante no es el poder que uno tiene y que le faculta para actuar; a veces, lo
que hay que hacer es actuar, y a partir de esa actuación reclamar el poder que uno
necesita" (Butler, J., 2017, p. 63). Así es como Butler entiende la forma de actuar contra
y desde la precaridad.
Del mismo modo, Butler apunta otras luchas en las que puede verse la eficacia de estos
movimientos performativos. Como ejemplos: la emprendida por las y los okupas que
habitan una vivienda para reclamar su derecho a vivir bajo un techo, la de las trabajadoras
y trabajadores indocumentados que reivindican y afirman su derecho a un trabajo que
39
RAQUEL LÓPEZ OPLA
ejercen indignamente por no estar recogido en la ley, etc. Podríamos citar también a las
mujeres de Hondarribia, que año tras año salen a desfilar en el alarde de su localidad a
sabiendas de que les esperan las injurias de sus vecinos/as por atreverse a participar de
una tradición en la que los protagonistas son los hombres6. Pero ¿qué justifica que ellos
se disfracen de los soldados que no son, mientras que ellas no deban hacerlo? Si las
mujeres de Hondarribia resisten, la norma cambiará.
Hay que tener en cuenta también que los actos performativos no van a ser siempre
subversivos, pues sólo lo serán en un contexto determinado al establecer con el entorno
unas relaciones determinadas. Para explicar este aspecto recurre Butler al ejemplo de la
palabra inglesa queer, que podríamos traducir por rara o raro. Este término, al igual que
está ocurriendo con otros como puedan ser maricón o bollera ha sido y es utilizado como
insulto hacia la comunidad gay, pero está siendo reapropiado por el colectivo LGBTIQ
para nombrarse. Su sentido ha sido modificado al cambiar su contexto de enunciación.
Los efectos que tengan este tipo de acciones son asimismo impredecibles y este es
precisamente uno de los puntos débiles de la performatividad butleriana.
Según Mariana Solana, para entender cómo Butler concibe la transformación social,
cuáles son sus condiciones de posibilidad y cómo pensar al agente que la lleva a cabo, es
clave la noción de subversión. Con ella hace Butler referencia a esa práctica política que,
en la repetición de las normatividades hegemónicas, logra introducir un cambio, un
6
Puede encontrarse una explicación de lo que sucede en este evento anual en la publicación
feminista Pikara Magazine. Disponible en: [Link]
hondarribia-arantxa-urretabizkaia/. Consultado a 07/09/2018.
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
No pretende Butler afirmar que la vida y la muerte sean consecuencias directas del
discurso, pero sí que siempre existe una relación entre ellos. Y es en esta correspondencia
donde las normas asignan reconocimiento de forma diferencial. Por eso es preciso
“enmarcar el marco”, es decir, ponerlo en tela de juicio y demostrar que dicho proceso es
falible y que, ante la pretensión de precarizar ciertas vidas ayudándose de determinados
marcos, puede responderse saliendo de ellos y afirmando nuestra precariedad compartida
en el marco de políticas sociales más igualitarias e incluyentes.
La noción de subversión nos encamina así hacia el desarrollo que la teoría butleriana
experimenta en sus escritos más recientes, en los que busca dar cuenta de la conjugación
entre los distintos agentes sociales y la comunidad en vistas a la transformación social.
Qué es por tanto la filosofía -quiero decir la actividad filosófica- si no es la labor crítica
del pensamiento sobre sí mismo. Y si no consiste, en vez de en legitimar lo que ya se
sabe, en tratar de saber cómo y hasta dónde puede ser posible pensar de otro modo.
(Foucault, M. Citado en Pastor, J; Ovejero, A., 2009, p.30)
41
RAQUEL LÓPEZ OPLA
La pregunta acuciante hoy, medio siglo después, es: ¿hemos permitido de nuevo la
barbarie? Y de ser así, ¿qué puede el pensar ante la negación de la esperanza y la felicidad
de seres humanos? Bajo mi punto de vista, la filosofía es capaz de abrir nuevos caminos
aun cuando el horizonte esté borroso. De nuevo, Foucault, pide iluminarlo:
Siguiendo esta senda del pensar distinto, en Nueva Ilustración Radical Marina Garcés
nos invita a comprometernos con el saber como fuente de herramientas para la
emancipación. Se trata, especialmente, de abrirse a eso que no sabemos de los otros y
otras, de otras culturas, de otros modos de vida existentes y aún por crear. Encontramos
aquí una convicción que va a ser fundamental en el resto del trabajo: las alianzas con la
alteridad contienen la fuerza incontestable de lo inaudito, de lo que está por pensarse,
hacerse y aún vivirse. Dejémonos llevar en este extravío, con mucho que ganar y poco
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
que perder, pues como bellamente lo ha descrito Elvira Burgos en un artículo reciente, ya
vivimos en riesgo:
7
Ensayo incluido en [Link]., Producción cultural y prácticas instituyentes. Líneas de ruptura en la crítica
institucional, Madrid: Traficantes de sueños, 2008.
43
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Toda su obra pretende responder a los siguientes interrogantes: ¿por qué la sociedad
establece unos límites tan estrechos y unas fronteras tan cerradas que no puedo entrar yo?,
¿qué mecanismos ha utilizado y sigue utilizando la sociedad para excluir a tanta gente?,
¿qué tengo yo de tan extraño y raro para no poder ser admitido socialmente? ¿cómo puedo
saltar tales límites?” (...) o como escribiera Bourdieu: “la obra entera de Foucault es una
larga exploración de la transgresión, del traspaso del límite social, que está relacionada
indisolublemente con el conocimiento y con el poder. (Pastor Martín, J.; Ovejero, A., 2009,
p. 28.)
Vemos pues cómo Foucault entiende la ética en los términos de una actitud crítica que
examina los límites de la verdad institucionalizada que el sujeto debe reconocer y que los
otros tienen que reconocer en él. Y es a propósito de estas reflexiones que Butler va a
observar una evolución en el pensamiento del francés desde los años ’80:
Aunque antes lo escuchamos hablar mucho sobre el poder, la sexualidad, los cuerpos y
el deseo, ahora nos dice (...) "Mi problema nunca dejó de ser la verdad, el decir veraz -esto
es, el decir la verdad-, y la relación entre ese decir veraz y las formas de la reflexividad del
sí sobre sí" (Butler, J., 2009, p.165.).
Foucault parece más interesado que nunca en discernir el carácter histórico de las
formas de racionalidad mediante las cuales nos hacemos inteligibles ante nosotras mismas
y ante las demás personas.
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
Pero Butler nos alerta también de que en sus reflexiones Foucault no tiene
suficientemente en cuenta a la alteridad, sino que, en cierto modo, plantea todas estas
cuestiones respecto a sí mismo. Para Foucault, enuncia Butler, “el régimen de verdad se
cuestiona porque "yo" no puedo reconocerme o no me reconoceré en los términos que
tengo a mi alcance (...) El interrogatorio foucaultiano sigue siendo, en efecto:"¿Quién
puedo ser, dado el régimen de verdad que determina cuál es mi ontología?". Foucault no
pregunta "¿Quién eres tú?"” (Butler, J., 2009, p. 41). Es cierto que Foucault habla de
transgresión, de una afirmación no positiva en los límites del lenguaje, del pensamiento
y de la acción (poniendo como ejemplo el tema de la sexualidad), pero encuentra ciertos
problemas al tratar de sociabilizar sus propuestas. Por su parte, Judith Butler considera
erróneo invocar la pregunta ética en primera persona a causa de la fundamental
dependencia existente entre la esfera ética y la social.
En Cuerpos aliados y lucha política, obra a la que me referiré más adelante, Butler
explica cómo la teoría sobre la performatividad de género, que procede de su
preocupación con los derechos de las minorías sexuales y de género, le había llevado a
interesarse por el campo más amplio de las vidas precarias. Lo que ocurre en este par de
décadas de escritos y reflexiones es que Butler asume la vida en común como un
imperativo ético y político de alcance global.
45
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Desde esta perspectiva, Butler va a preguntarse por las alianzas que pueden
establecerse entre ciertas minorías o entre poblaciones consideradas desechables que no
asumen una identidad colectiva, pero sí relaciones dinámicas de enorme riqueza. Subyace
la convicción de que "la política relativa a la identidad no logra presentar una concepción
más amplia acerca de lo que significa, políticamente, vivir juntos, unidos, superando
nuestras diferencias, en una proximidad que a veces nos viene impuesta" (Butler, J., 2017,
p.34). En su lugar, Butler, asume la necesidad ética de "encontrar y forjar una serie de
vínculos y alianzas, de conectar la interdependencia con el principio de igualdad (...), de
una forma que resulte perturbadora para los propios poderes que distribuyen el
reconocimiento de manera diferenciada" (Butler, J., 2017, p. 49).
Es cierto que las reticencias para plantear hoy una ética humanista son importantes,
dado el desprestigio que acompaña a un término que se ha usado demasiado y que parece
haber perdido su significado.
La propia Butler nos dirá que ella no se propone recuperar el humanismo, “sino más
bien luchar por una idea de la obligación ética que se fundamenta en la precariedad”
(Butler, J., 2015, p.121). La afirmación de Butler es tajante y, sin embargo, el interés por
lo humano es el carburante de todos y cada uno de los estudios emprendidos por ella. Lo
que ocurre es que cuando Butler redacta sus reflexiones sobre lo humano se aleja de ese
sujeto propio de la metafísica de la sustancia que es reivindicado a través de la categoría
abstracta de persona. Permanece alerta ante ese humanismo que afianza el
antropocentrismo mientras enaltece a un sujeto imperturbable, rígido, autónomo,
autosuficiente, esencia inmutable y atemporal, que solo encuentra espacio en la imagen
ideal e inexistente de un hombre adulto cisexual, cisgénero, heterosexual, blanco,
occidental, de clase media o alta, sin diversidades funcionales, en la cima del éxito laboral,
etc. Aquel sujeto no nos habla de los demás sujetos del mismo modo que este hombre no
nos habla de los demás cuerpos. Por eso, cuando Butler apela a la responsabilidad ética y
a la creación de alianzas está llamando ante sí a cuerpos humanos diversos, múltiples,
inconsistentes, vulnerables, dependientes, desposeídos, precarios, críticos, etc.
Tal y como advierte Emma Ingala, cuando a partir de Vidas precarias Butler retorna a
lo humano, lo hace pasando por lo “no-humano” (Ingala, E., 2016, p. 882 y ss.). Es decir,
tratando previamente de poner el foco en las vidas de todos aquellos y aquellas que han
sido desahuciados de las concepciones hegemónicas de lo humano o que nunca se han
visto recogidos/as por ellas, para reivindicar, con ellas, una vida digna y auténtica. Es solo
en este sentido que se podría hablar en Butler de una vuelta al humanismo:
Lo humano vuelve, pero vuelve a los intersticios que hasta entonces no se veían más
que como silencios, espacios vacíos, pausas o huecos; no vuelve al centro, sino al “entre”,
el “entre” humanos, y reivindica que su verdadera condición está ahí. Vuelve, por tanto,
otro, vuelve de un viaje en el que se ha despojado de toda naturaleza, esencia monolítica o
anatomía biológica, pero sigue volviendo, es decir, sigue reclamando que hay algo así como
“lo humano”. Lo humano vuelve para limitar los excesos de los constantes estados de
excepción, lo invivible de ciertas vidas, la flexibilización y precarización crecientes. Y
vuelve no como una ética al margen de la ontología y de la política, sino como una
ontología ético-política de cuerpos vulnerables, cuerpos siempre ya insertos en relaciones
47
RAQUEL LÓPEZ OPLA
de poder e interpelados en todo encuentro –es decir, en todo momento– por un otro o por
algo otro (Ingala, E., 2016, p.886).
Las obras recientes de Butler traslucen su interés por trazar una propuesta ética de
mínimos que soslaye la carencia normativa de sus textos anteriores. Su apuesta ético-
política pasa por visibilizar y repensar las normas que determinan qué cuerpos merecen
ser llorados, amados, deseados, protegidos, y cuáles quedan excluidos de ese
merecimiento. Y, a partir de ahí, nos invita a asumir la responsabilidad que emana de
nuestra precariedad compartida y a actuar para maximizar las condiciones de la vida. De
alguna manera, la idea de vida precaria desde un enfoque relacional ha venido a ocupar
el lugar de la idea de humanidad en la apelación ética. Emma Ingala lo ha descrito con
acierto:
Este es el aspecto clave de la ética de mínimos planteada por Butler: que apela a la
precariedad común a toda vida, a la susceptibilidad generalizada con respecto a la cual no
hay alternativa, para reivindicar que siempre somos responsables unas/os de otras/os,
como ha explicado Lévinas con tanto empeño. Es la inexcusable precariedad común la
que debe incitarnos, según Butler, a reivindicaciones sociales y políticas respecto a los
derechos de protección, la persistencia y la prosperidad. Así lo exponía ella misma en
Marcos de guerra:
De acuerdo con lo visto hasta ahora, si aprehender una vida depende de la producción
normativa referente a la ontología del sujeto imperante, se revela imprescindible un
replanteamiento esta última. Es precisa una nueva ontología y esta, según Butler, ha de
atender la doble vertiente de lo corporal y lo social porque no es posible una ontología
del cuerpo al margen de las significaciones sociales y políticas que este asume. De hecho,
aquí reside la razón por la cual la noción de “precariedad” se revela insuficiente ante la
necesidad de otros conceptos que recojan mejor la politización del cuerpo como son los
“precaridad” o "desposesión".
Hasta tal punto somos individuos interdependientes que, como pone de relieve Butler
en Dar cuenta de sí misma, no nos es posible construir un relato sobre nuestras propias
49
RAQUEL LÓPEZ OPLA
vidas sin que se vea invadido por las otras y los otros, y por el devenir histórico. O, dicho
de otro modo, no es posible la elaboración de un “yo” al margen de esa alteridad que nos
circunda de principio a fin. En palabras de la autora: “en la base del "yo" y su finitud hay
una socializad de la cual no podemos –y no debemos– escapar" (Butler, J., 2009, p.106).
En referencia a esta cuestión, Butler alude a la noción hegeliana de “deseo de
reconocimiento” para plantear que nuestra inteligibilidad como cuerpos posibles, como
vidas dignas de ser vividas y lloradas, depende del reconocimiento de otros/as, el cual
queda supeditado, a su vez, a las normas que producen y reproducen lo que se considera
reconocible como una sexualidad sana, un género coherente, un cuerpo inteligible, etc.
construir un mundo más justo e igualitario. Si, por el contrario, se opta por hacer aparecer
a los otros y otras como vulnerables frente a mi inmunidad (como se describe en Marcos
de guerra a propósito de la actitud de Estados Unidos tras los atentados del 11 de
septiembre y en la guerra de Irak), no solo se está negando la evidente exposición propia,
sino que las “otras” vidas carecen de rostro ante nuestra mirada porque son presentadas a
través de la cámara como violentas a la par que vulnerables.
Cabe añadir que este segundo sentido está vinculado al primero en tanto que somos
seres dependientes de un gobierno y de un régimen legal que da sustento a los derechos,
pero al mismo tiempo puede provocar el sufrimiento de las personas desplazadas y
colonizadas. Butler y Athanasiou buscan formular una política performativa que acoja la
primera versión de la desposesión, mientras que nos alerte sobre la segunda. La respuesta
la encuentran en la colectividad. Encontramos aquí de nuevo un leitmotiv de los trabajos
de Butler: toda crisis es una oportunidad: la performatividad aguarda el fallo
51
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Decía en la introducción a este trabajo que la noción moderna de progreso, con sus
ideales utópicos y sus promesas de dignidad, ha venido mostrándose con el transcurrir del
tiempo como un fracaso. Surge del mismo, como apuntó Walter Benjamin y recoge
Wendy Brown, una "melancolía de izquierdas" que nos ata a ese espíritu revolucionario
que en el pasado todo lo creyó posible y que en el presente se siente desorientado, perdido,
inútil, sin rumbo. En esta "condición póstuma", en el tiempo de la necropolítica, solo
parece caber el desaliento. Pero no hemos emprendido este viaje para quedarnos atrapadas
en la melancolía por lo que quizá perdimos. Seguiremos prestando atención a nuestro
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
Pues bien, Judith Butler es, día tras día, una de esas intelectuales. La lectura de sus
obras no solo invita a la reflexión, a la duda y a la actitud crítica, sino que, cual
purificadora de los sentidos y del ánimo, nos permite salir a la calle al encuentro con
personas con las que posiblemente tengamos algo que construir, más allá de identidades
férreas o categorías infundadas. Pensemos, con ella, cómo podemos poner en marcha una
acción política que tome como punto de partida la condición de vulnerabilidad y
relacionalidad de los cuerpos en acción.
La nueva ontología sociocorporal que define Butler saca a la luz los peligros de la
democracia liberal cuando alberga en su seno deseos de subordinación y opresión, al
encumbrar a un sujeto abstracto, desprovisto de cuerpo y de relaciones sociales
específicas y que, en su indeterminación, se impone en torno al ideal de independencia
como hombre blanco, heterosexual, burgués, adulto, etc. ¿Cómo articular una política
feminista que deshaga este ideal? La respuesta es colectiva y anida en el cuerpo. Ese
cuerpo que desde su nacimiento hasta su muerte ha estado expuesto a las normas sociales,
a las decisiones políticas, a la precaridad y a la violencia. Por ello, no es la persona ni el
ser humano racional el que ocupa las preocupaciones de Butler, sino el cuerpo en su
vulnerabilidad, el cuerpo que se articula en relaciones de interdependencia, en un sentido
físico, emocional y también social y político.
53
RAQUEL LÓPEZ OPLA
A lo largo de este trabajo, y siguiendo a Butler, hemos visto distintos modos en que se
restringe a las personas la esfera pública. Si esto sucede, si gobiernos como el español y
su ley mordaza tratan de limitar en lo posible la libertad de reunión, es porque el poder
de las personas cuando se juntan constituye una prerrogativa política fundamental. En su
interpretación de estas reuniones transitorias y de carácter crítico, la pensadora reconoce,
en primer lugar, la importancia de que los cuerpos se reúnan, puesto que al hacerlo ponen
en juego significantes políticos que van más allá del discurso oral o escrito. Lo que se da
es una forma de performatividad corporeizada y plural. Merece la pena remarcar como
aquí Butler ya no nos está hablando de una performatividad asociada a la realización
individual, sino que investiga y reivindica esas modalidades de performatividad que
tienen lugar en la acción coordinada.
Butler reconoce que hay multitud de razones que pueden llevar a las personas a la
protesta colectiva: desde la oposición a un régimen despótico, al militarismo, a la
injusticia económica, al desplazamiento forzado, al reparto desigual de derechos, a los
daños ecológicos, etc. Olvida aquí la autora mencionar muchas otras razones no tan
loables por las que las personas se manifiestan. Me vienen a la cabeza, por ejemplo,
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
¿Qué tienen en común todas estas personas que se suman a la protesta? Butler
considera que muchas de estas manifestaciones tienen en la precaridad su impulso
fundamental. La precaridad, entendida como esa condición de precariedad incrementada
por los fallos e injusticias de las instituciones políticas y económicas, nos pone ante la
vista cómo la persona depende para su subsistencia de un soporte y apoyo infraestructural.
Del modo en que este esté organizado dependerá el sentido de permanencia de la vida
individual, sujeto a un diferente grado de sufrimiento o esperanza. Así, por ejemplo, los
fracasos en la política de vivienda permiten que haya personas sin hogar y que estas sean
más propensas a la falta de empleo, la enfermedad y también a la violencia. Vemos cómo
opera, de nuevo, la categoría de lo "desechable".
Hay que tener en cuenta que el capitalismo ocupa y produce espacios continuamente
para subsistir. La mejor muestra de ello es la mercantilización y gentrificación progresiva
55
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Por eso es tan importante recuperar lo público. Pienso en las personas mayores,
apartadas de la esfera pública como si su vida se diese por terminada; pero también en las
vidas que se quedan en el Mediterráneo o en aquellas que enviamos a la guerra. Recuerdo
el ejemplo de Butler en Cuerpos aliados y lucha política cuando rememora un mitin del
Tea Party en el que el congresista Ron Paul sugirió que quizá sería mejor dejar morir a
los enfermos graves que no podían (o no querían) pagar su tratamiento (Butler, J., 2017,
p.19). Se deduce de sus palabras que estas personas sin un empleo con cobertura médica
no sólo merecen morir, sino que además son responsables de ello. Es, de nuevo, la
racionalidad de mercado abriéndose paso y apelando a un sentido de la responsabilidad
puramente individualista, muy distinto de aquel enarbolado por Butler. No es de extrañar,
si lo pensamos, que muchas comunidades pobres tengan unos lazos familiares y
comunales fortísimos, basados en la responsabilidad social, mientras existen personas en
la élite de la autonomía personal totalmente aisladas.
En la mayoría de las ocasiones son esos mismos cuerpos que se nos presentan a la vista
los que viven en condiciones en que la vida se ve amenazada y quienes demandan empleo,
cobertura sanitaria, vivienda digna, etc. Las operaciones de poder que entran en juego son
performativas de la misma manera que la dinámica performativa se pone en marcha
cuando se ocupan espacios cuyo carácter público es negado por su creciente privatización:
plazas, parques, universidades, hospitales, etc.
En Cuerpos aliados y lucha política, Butler explica con detalle como esta concepción
se opone a la filosofía política elaborada por la pensadora Hannah Arendt tiempo atrás.
Para Arendt, existía una distinción tajante entre la esfera pública y la privada de la vida,
de tal manera que el cuerpo no participaría del acto de habla, pues mientras que el cuerpo
queda recluido a la esfera de lo privado, lugar de lo femenino, el acto de habla se entiende
como un modo del pensamiento y del juicio que se presenta en la esfera pública. Butler
57
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Mi reto es pensar acerca del modo en que los cuerpos en alianza hacen sus
reivindicaciones, lo cual no siempre sucede mediante la vocalización o el habla, pues esas
reivindicaciones pueden llevarse a cabo por medio de reuniones o movilizaciones conjuntas
en el dominio público o incluso rompiendo las rígidas distinciones entre la vida pública y
la privada. Además, creo que la performatividad política surge de otra noción de la vida
corporal, una vida que es vulnerable, interdependiente, pero también agencial. (Butler, J.,
“Jugársela con el cuerpo”, 2012, p.233)
Estas reflexiones propias del pensamiento más reciente de Butler son tremendamente
ricas, pues arrojan luz sobre el hecho de que cuando las personas salen a la calle a
reivindicar, entre otras cosas, su derecho de aparición en ella, están ejerciendo un derecho
que no tienen o no sienten: el de las personas con trabajos precarios e invisibles a mostrar
que existen, el de las musulmanas a llevar el velo si lo desean, el de las mujeres a andar
solas por las calles, el de las personas transexuales y transgénero a ser reconocidas según
su sentir, el de las personas de color a entrar en los bares sin sufrir acoso, etc. Veamos
dos ejemplos que nos ayudarán a ahondar en la reflexión en curso.
Un primer caso es el del debate por el uso del velo por parte de las musulmanas en
Francia. Las feministas universalistas se han opuesto a esta posibilidad, lo que lleva a
Butler a preguntarse: "¿Por qué esas universalistas que han reivindicado el derecho de las
personas transgénero a aparecer libremente en público sin sufrir el hostigamiento de la
policía apoyan al mismo tiempo la detención de mujeres musulmanas que llevan prendas
de significación religiosa?" (Butler, J., 2017, p.55). Butler se pregunta cómo es posible
que, en este caso, asuman como universal la tradición laica sin reconocer los códigos de
indumentaria de las religiones particulares. ¿Por qué el derecho de aparecer en la esfera
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
No puede haber acceso alguno a la esfera de aparición si no hay una crítica a las formas
diferenciadas que el poder imprime en ella, y si no existe una alianza entre los descartados, los que
nos son elegidos (los precarios), para establecer formas nuevas de aparición con las cuales se pueda
superar esa operación del poder. (Butler, J., 2017, p. 56).
Por otra parte, en los últimos meses y coincidiendo con las fiestas patronales de
algunas ciudades españolas, han florecido manifestaciones nocturnas organizadas por
colectivos feministas en las que, las participantes, ataviadas con capuchas y antorchas,
recorrían las calles al grito de "La calle y la noche también son nuestras". Traigo a
colación este ejemplo porque me parece que muestra el funcionamiento y a la vez el
potencial de la performatividad corporeizada de la que nos habla Butler. En el caminar
acompañadas encontramos la posibilidad de ejercer el derecho que individualmente nos
está vedado o inevitablemente bañado por el miedo. Y es en ese hacer donde se visibiliza
cómo la ley no es efectiva en la protección de tal derecho.
Pero, a menudo, salir a las plazas es también ponerse en riesgo. Así queda patente en
esas ocasiones, vistas a lo largo y ancho del planeta, en las que la protesta pacífica es
reprimida violentamente y criminalizada, o iniciativas noviolentas son contestadas por la
policía sin miramientos. Y salir a las plazas es también ponerse en riesgo cuando no se
tiene la legitimidad para ello: cuando careces de papeles, cuando vas sola de noche,
cuando tu cuerpo no encaja con las normas hegemónicas, etc. Y es que el poder, el que
ejerce el gobierno desde arriba, pero también ese poder microfísico del que nos decía
Foucault que inundaba mentes y estructuras, ese poder no va a ceder en sus prerrogativas
fácilmente. Ante esta situación, Butler va a apostar por sumar, por pensar un marco de
acción protagonizado por coaliciones que reconozcan su común interdependencia y sepan
ver en la vulnerabilidad compartida una oportunidad para la lucha por la justicia en todos
sus frentes.
59
RAQUEL LÓPEZ OPLA
En este marco de coalición, las minorías sexuales o de género pueden aparecer, por
ejemplo, junto con otras poblaciones consideradas precarias. Matthew Warchus estrenó
en 2014 la película Pride, que muestra un curioso caso real acaecido en el verano de 1984
en el Reino Unido de Margaret Thatcher: el Sindicato Nacional de Mineros ha convocado
una huelga y, durante la manifestación del Orgullo Gay en Londres, un grupo de personas
LGTB recauda fondos para ayudar a los trabajadores. El sindicato no acepta el dinero y
el grupo decide entonces acercarse a un pueblecito de Gales para conocer en persona a
los mineros y proponerles una inesperada alianza. La historia de estas dos comunidades
unidas en la precariedad y con el objetivo común de hacer frente a las políticas de
Margaret Thatcher, a la policía y a la prensa conservadora, nos permite dotar de imágenes
a la idea que Butler elabora.
8
Consúltese, por ejemplo, la noticia "Las tres mareas blanca, verde y roja se unen por vez primera
en Madrid", donde se alude a una manifestación conjunta bajo el lema: '¡Sin educación no hay
ciencia, sin ciencia no hay sanidad!'. Consultado a: 02/09/2018. Disponible en:
[Link]
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
4. CRÍTICAS Y CONTRACRÍTICAS
A finales de los años 80 del pasado siglo, los debates entre Judith Butler, Nancy Fraser,
Iris Marion Young y Seyla Benhabib supusieron un antes y un después en la reflexión de
la izquierda sobre los cambios económicos y culturales que estaban teniendo lugar. En
particular, la publicación de El género en disputa suscitó un amplio debate que todavía
no se puede dar por cerrado, pues se trata de una obra que sigue identificando a Butler
allá donde va y que dio lugar a numerosos malentendidos. Vamos a referirnos brevemente
a ese debate, que a bien seguro nutrió el pensamiento de Butler en sus obras posteriores.
61
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Judith Butler quiere ampliar los límites de la reflexividad pensando en el yo más allá de
la dicotomía de ‘sexo’ y ‘género’ (…), Butler mantiene también que, para pensar más allá
de la univocidad y los dualismos de las categorías de género, debemos despedimos del
"autor fuera de su obra", del yo como sujeto de una narración vital (…) En caso de adoptar
esta idea del yo, ¿hay alguna posibilidad de cambiar esas "expresiones" que nos
constituyen? Si no somos más que la suma total de las expresiones generizadas que
representamos. ¿Hay alguna vez oportunidad de detener la representación por un instante,
bajar el telón y dejarlo subir sólo si una tiene voz en la producción de la obra misma? (…)
Seguramente podemos criticar la supremacía de los presupuestos de identidad política y
cuestionar, la supremacía de las posturas heterosexuales y dualistas en el movimiento
feminista. Pero ¿es tal crítica sólo pensable a través de un completo desenmascaramiento
de todos los conceptos de identidad, acción y autonomía? (Benhabib, S., 1994, pp. 255-
256).
Sin embargo, Butler y yo no estamos de acuerdo. Nuestras divergencias más importantes, y las
más fructíferas para el debate, giran precisamente en torno a cómo llevar a cabo este proyecto
compartido de recuperación e integración. Nuestros puntos de vista son diferentes justamente en
relación con cuál es el legado del marxismo que ha perdurado y cuáles las perspectivas del
feminismo socialista que siguen teniendo vigencia. También diferimos en cuanto a nuestras
respectivas valoraciones acerca de los méritos de las distintas corrientes postestructuralistas y acerca
de nuestros enfoques respectivos sobre cómo éstas pueden contribuir mejor a la construcción de una
teorización social que retenga una dimensión materialista. Finalmente, discrepamos acerca de la
naturaleza del capitalismo contemporáneo (Fraser, N., 1998, p.123).
El primero de ellos es el que tiene lugar en ese debate compartido con Benhabib y
Cornell al que venía refiriéndome, y que se origina en la publicación de El género en
disputa. Fraser acepta, a diferencia de Benhabib, que el sujeto formulado por Butler como
el espacio de resignificación tiene capacidad para la acción. Sin embargo, Fraser, que
intenta armonizar la Teoría Crítica de Benhabib con el Postestructuralismo butleriano,
entiende que la resignificación no puede sustituir a la crítica, pues de esta podemos
obtener un marco normativo propicio para el feminismo. Rechaza así lo que entiende
como una renuncia a la identidad por parte de Butler.
63
RAQUEL LÓPEZ OPLA
No parece Fraser apreciar que lo que Butler pretende es, más bien, renunciar a una
identidad esencialista y apostar por una concepción de esta como múltiple, móvil y abierta
a los efectos de las dinámicas de los ámbitos culturales y discursivos. Según argumentaría
Butler tiempo después respondiendo a Fraser, no podemos defender los derechos
humanos ni plantear directrices para el buen vivir o la transformación social colectiva sin
revisar nuestra concepción previa sobre lo que es una vida vivible y sobre aquellas vidas
que en nuestras formulaciones quedan excluidas.
La cuestión de cómo pensar la agencia del sujeto desde la óptica butleriana llama
también la atención de las intelectuales feministas Amy Allen, Allison Weir y Susan
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
Como vemos, gran parte de las críticas que cosechó El género en disputa se originan
en una mala interpretación de las performances ejecutadas por las drag, a las que Butler
había aludido como modelo de performatividad. La propia Butler se muestra preocupada
por ello:
Mayoritariamente soy conocida por la discusión que tiene lugar en unos ocho párrafos
del libro sobre las performances drag y su potencial subversivo (…). La drag era un modelo
de performatividad (…) y un modelo del que se advierte que no está exento de restricciones,
pero fue entendido, desde una interpretación voluntarista, como el paradigma de la
performatividad y de la subversión de género. La gran popularidad alcanzada por esta obra
pudo contribuir a la incomprensión de lo que ahí se quería decir. (Butler, J., citada en
Burgos Díaz, E., 2008, p.213).
Quizá Butler no había sido suficientemente clara en El género en disputa y por eso se
apresurará a aclarar la posible confusión suscitada en los/as lectores/as que habían visto
en performance un sinónimo de performatividad. Según explicará Butler el uso del
ejemplo drag queen pretendía ser una alegoría de la performatividad de género en la que
9
Me baso, para elaborar parte de este punto, en la obra Qué cuenta como una vida. La pregunta
por la libertad en Judith Butler, de Elvira Burgos.
65
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Una de las críticas a las formulaciones butlerianas que más repercusión ha tenido
proviene de la también filósofa estadounidense Martha Craven Nussbaum. Como Butler,
Nussbaum trata temas de justicia social y vulnerabilidad buscando contribuir a
transformar la realidad e incidiendo en la utilidad práctica de la filosofía como
instrumento para mejorar las distintas condiciones de vida de las personas. Sin embargo,
la óptica de Nussbaum es bien diferente por enmarcarse en la ideología liberal, como
muestra su apuesta por el individualismo, la autonomía y la libertad de elección,
especialmente en lo que atañe a las mujeres (Phillips, A., & Olivares, C., 2009, pp. 130-
151). Sin profundizar en ello, sí que nos interesa rescatar la dura crítica que Nussbaum
formula contra Butler, a quien no dudó en calificar como "profesora de la parodia" ("The
professor of parody", 2000).
Son dos los aspectos que Nussbaum reprocha a Butler. En primer lugar, Nussbaum
encasilla a Butler y a otras que hacen filosofía como ella en el espectro oscuro del
academicismo:
Feminist thinkers of the new symbolic type would appear to believe that the way to do
feminist politics is to use words in a subversive way, in academic publications of lofty
obscurity and disdainful abstractness. These symbolic gestures, it is believed, are
themselves a form of political resistance; and so one need not engage with messy things
such as legislatures and movements in order to act daringly.10 (Nussbaum, M., 1999: 1)
10
“Al parecer, las pensadoras feministas del nuevo estilo simbólico creen que la manera de hacer
política feminista es emplear las palabras de manera subversiva, en publicaciones académicas
notablemente oscuras y abstractas. Se considera que estos gestos simbólicos constituyen, en sí
mismos, una forma de resistencia política, y que, por lo tanto, no es preciso comprometerse con
asuntos tan engorrosos como la reforma legislativa o las acciones reivindicativas”.
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
Pero Nussbaum, con su característico estilo mordaz, va más allá y sugiere que para
Butler sería una pesadilla lograr un mundo mejor porque eso haría innecesario el acto de
subversión, tan fascinante y sexy. La crítica sorprende, en una pensadora de la talla de
Nussbaum, además de por rozar el mal gusto y acaso la parodia misma, por caer en una
lectura limitada y superficial de los trabajos butlerianos. La respuesta de Butler es
contundente:
Creo que realmente no tiene nada que ver con mi obra (...) Supongo que probablemente
puede encarnar cierta frustración que cierto tipo de políticos liberales estadounidenses
pueden experimentar ante un enfoque crítico frente a algunas de las cuestiones que más les
afectan. Nussbaum quisiera hacer firmes reivindicaciones paternalistas sobre la condición
de las mujeres; quisiera usar el lenguaje de la universalidad sin cuestionarlo (...). Podemos
observar aquí algo parecido a un resurgimiento de cierto tipo de feminismo blanco, que no
quiere oír hablar de la diferencia, que quisiera hacer firmes reivindicaciones y hablar en
nombre de la 'razón', y hablar en nombre de cualquiera sin tener que escuchar a nadie, sin
tener que aprender lo que significaría escuchar a los demás. (Butler, J., citado en Kirby, V.,
2011, p.161).
De acuerdo con la contracrítica de Mariela Solana (Solana, M., 2011, p.37), si bien
Butler ha podido influir en el vuelco simbólico de una parte del feminismo académico
norteamericano que otorga centralidad al lenguaje, no es cierto que su pensamiento no
67
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Thus the one place for agency in a world constrained by hierarchy is in the small
opportunities we have to oppose gender roles every time they take shape. When I find
myself doing femaleness, I can turn it around, poke fun at it, do it a little bit differently.
Such reactive and parodic performances, in Butler's view, never destabilize the larger
system. She doesn't envisage mass movements of resistance or campaigns for political
reform; only personal acts carried out by a small number of knowing actors.11 (Nussbaum,
M., 1999: 3).
11
"Así, el único lugar para la agencia en un mundo constreñido por la jerarquía es en las pequeñas
oportunidades que tenemos para oponernos a los roles de género cada vez que toman forma.
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
En todo caso, la crítica de Nussbaum nos traslada una doble pregunta de relevancia:
¿Cuál debería ser la función de la reflexión filosófica feminista contemporánea y cuál su
relación con la práctica política? Podríamos decir que en frente a los planteamientos de
Nussbaum, Butler nos invita a dejar de pensar la teoría como un conjunto de recetas para
aplicar en nuestras prácticas políticas del día a día. La teoría no busca determinar
dogmáticamente lo que se debe hacer, sino abrir posibilidades de vidas vivibles.
Cuando me encuentro actuando la femineidad, puedo darle vuelta, burlarme de ella, actuarla de
forma un poquito diferente. Esas performances paródicas reactivas, según Butler, nunca
desestabilizan el gran sistema. Ella no prevé movimientos masivos de resistencia o campañas para
reformas políticas; sólo actos personales llevados a cabo por un pequeño número de actores con
conocimiento".
69
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Nietzsche, Foucault, Butler, hacen temblar los cimientos sin determinan qué ha de
surgir tras la lucha. Pero no parece acertado considerar, con Nussbaum, que la subversión
carezca de sentido y dirección, que lo mismo pueda generar discriminación que dignidad
en el cuestionamiento de la norma. Cuando Foucault y Butler nos invitan a estar alerta y
a cuestionar las normas y marcos hegemónicos entre las cuales nos configuramos ponen
el foco en aquellos lugares en que estos nos oprimen, ahí donde dificultan la vida a las
personas.
Por otra parte, la interpretación del poder foucaultiano por parte de Butler tiene
también sus detractoras y detractores. Así, por ejemplo, Kathleen Ennis, en su tesis
doctoral sobre el tema (Ennis, K., 2008), reconoce el valor productivo de esta adaptación,
pero denuncia que supone una importante distorsión de ciertos aspectos de su
pensamiento. Más concretamente, considera que Butler no interpreta de modo adecuado
la ontología histórico-social y la genealogía del sujeto desarrolladas por Foucault desde
La arqueología del saber (1969). El propio Foucault podría responder a esta crítica con
las siguientes líneas escritas a propósito de su apropiación de Nietzsche:
Yo, las gentes que amo, las utilizo. La única marca de reconocimiento que se puede
testimoniar a un pensamiento como el de Nietzsche es precisamente utilizarlo, deformarlo,
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
Foucault quería que sus reflexiones fuesen caja de herramientas de la cual pudiesen
tomarse ideas para poner en cuestión los sistemas de poder. Sin duda, Butler es capaz de
tomar las adecuadas para estas reflexiones todavía en curso, en mi opinión de radical
importancia puesto que lo que buscan no es sino maximizar las posibilidades de vida de
personas habitualmente invisibles (por invisibilizadas) a la mirada cotidiana.
Otras críticas reseñables que ha recibido nuestra autora provienen de autoras como
Penelope Deutscher o Jay Prosser. En su obra Yielding Gender, del año 2002, Penelope
Deutscher expone que el concepto de subversión de Butler describe las incoherencias
estructurales propias de toda identidad más que referir a acciones políticas concretas que
puedan desestabilizarlas. Por su parte, Jay Prosser argumenta en Second Skins, de 1998,
que cuando Butler establece una equivalencia entre lo transgénero y lo queer está
atribuyendo que potencial subversivo a las prácticas transgénero a costa de desdeñar las
narraciones transexuales.
Mención aparte merecen los ataques que la pensadora recibió el pasado año en su visita
a Brasil y sobre los que reflexionó en un texto publicado en el periódico brasileño Folha
De S. Paulo. A las puertas del centro cultural en el que iba a participar en un seminario
dedicado a “Los fines de la democracia”, varios grupos de personas se reunieron bajo la
idea de que las ideas butlerianas eran dañinas para la moral, promovían la destrucción de
71
RAQUEL LÓPEZ OPLA
las familias y ponían en riesgo a los niños de Brasil. Se pudo ver como algunos de ellos
quemaban imágenes de Butler y hasta una efigie suya como bruja al tiempo que coreaban
“quememos a la bruja”. Las fotografías de lo sucedido asustan. Volvía la quema de brujas
y Butler se preguntaba qué había ocurrido para llegar a ello y cómo debía interpretarlo.
La filósofa de Cleveland reconoce que la acción le horrorizó. Pero no por ella, sino
por los miles de personas que en Brasil no se ajustan a las normatividades hegemónicas,
por las feministas y por las personas queer que luchan la libertad y la igualdad en una
democracia en la cual se repudie toda violencia contra las minorías sexuales y de género.
Por último, una crítica recurrente a la filosofía de Butler es la de que al defender que
las prácticas políticas subversivas han de estar vinculadas al contexto en el cual se pro-
ducen, no caben en sus obras normas éticas concretas que nos indiquen cómo vivir mejor
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
y, por lo tanto, tampoco pistas para prácticas políticas renovadas. En este sentido, y a
pesar de que considero valiosísimo el trabajo butleriano de deconstrucción genealógica
de la realidad y sus análisis de las potencialidades subversivas ahí donde se encuentran,
todavía siento la necesidad de reunir otras propuestas que me interpelen más allá de los
conceptos aprehendidos y de los lugares comunes. Habiendo sacudido el polvo de nues-
tros cuerpos, modificados ya nuestros sentimientos y nuestro modo de entendernos, cabe
dar un paso para encontrar al otro, a la otra, y construir juntas algo diferente.
El enorme esfuerzo que es la guerra sólo puede evitarse si se entiende por paz un esfuerzo
aún mayor...Si la guerra es una cosa que se hace, también la paz, es una cosa que hay
que hacer, que hay que fabricar (Ortega y Gasset, citado en Fisas, V., 2011, pág. 9)
En este quinto y último apartado del trabajo buscaré enriquecer las reflexiones
butlerianas con ciertas aportaciones provenientes de otros campos, fundamentalmente de
la Filosofía para la Paz. El reto no es otro que aplicar el sistema conceptual que vengo
desarrollando a la práctica de las relaciones humanas con la intención de mostrar cómo
en la reflexión sobre cómo podemos hacernos las cosas de otra manera, la filosofía toma
cuerpo.
73
RAQUEL LÓPEZ OPLA
Nos dirá Marina Garcés que la auténtica revolución es el cuidado. Nos dirá Pere Ortega
que la mayor revolución no es sino la noviolencia. Quizá sea el momento de resignificar
el término revolución con toda la fuerza que lleva implícita. Todas las esperanzas
suscitadas por las revoluciones, ya sea en Europa, en China o en América Latina, han sido
barridas por el viento de la historia, pero ocurre que hasta el momento solo se ha pensado
la revolución a través de la ideología de la violencia, y ha sido precisamente la violencia
la que ha fracasado en hacer advenir una nueva sociedad y un nuevo modo de
relacionarnos. Por eso, en el siglo XXI nos encontramos ante el desafío de dar forma a
una revolución noviolenta que nos lleve de una cultura de la violencia a una cultura de
paz. Y es que la resolución pacífica de los conflictos, el cuidado y la ternura, la empatía,
el reconocimiento, la autocrítica, el consenso...en todo ello habita la auténtica revolución.
Las reflexiones de Judith Butler a lo largo de todas sus obras, y su apuesta por el
mecanismo genealógico en la deconstrucción de la matriz normativa que regula las
construcciones identitarias, me sirven de modelo para preguntarme también por el modo
en que el patrón de la violencia en todas sus formas impregna nuestra cultura, y para
animarme a empoderar otras ópticas desde las que comprender la realidad y emprender
la transformación social. En este sentido, la Investigación para la paz es una aproximación
multidisciplinar con intención moral a los problemas de la violencia y a las raíces de esta,
tanto a nivel macropolítico (la guerra y todas sus formas) como micropolítico (las
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
Martínez Guzmán investiga esta manera de hacer Filosofía para la Paz desde las
propuestas discursivas de Apel y Habermas. Con ellos explora una racionalidad vinculada
a las condiciones de posibilidad de comprensión, comunicación y acuerdo universales
entre todos los seres humanos, pues está convencido de que la violencia comienza con la
ruptura de la comunicación. Para ello, el autor pone el énfasis en lo que "nos hacemos al
hablar", recuperando un elemento que había sido crucial también en la filosofía de Butler:
la consideración performativa del lenguaje.
supone la interrelación personal del sujeto que comprende a otros, con estos otros, y el
reconocimiento simétrico de unos y otros como personas sujetos de actos de habla, ligados
75
RAQUEL LÓPEZ OPLA
solidariamente en procesos de comprensión y acuerdo, los cuales sólo son posibles con el
reconocimiento universal de todo ser humano como persona-sujeto de actos de habla.
(Habermas, Teoría de la acción comunicativa. Citado en Martínez Guzmán, V., 2009,
p.26).
Nos damos cuenta de que todo decir es hacer, asumiendo la responsabilidad de lo que
nos hacemos unos/as a otros/as y dejando abierta la posibilidad de pedirnos cuentas por
los que nos hacemos.
Vemos como la Filosofía para la Paz asume la necesidad de una nueva epistemología
que sustituya la pretensión de objetividad por una intersubjetividad que acoja a todos los
seres humanos y que no puede sino recordarnos a la tarea emprendida por Butler quien,
como hemos visto, trabaja desde la convicción de que una de las mayores virtudes de la
filosofía reside en su capacidad para el análisis crítico de nosotras mismas y del mundo
social en que nos movemos, así como para la enunciación de alternativas a los modelos
epistemológicos y ontológicos imperantes con la intención de reivindicar el valor de la
vida desde el ideal del reconocimiento. Asumiendo esta labor previa de
desenmascaramiento de los mecanismos de dominación la Filosofía para la Paz está en
condiciones de trasladarnos una pregunta ética fundamental: en las relaciones humanas,
con otros seres vivos y con el plantea, ¿podemos hacer las cosas de otra manera?
En este hacernos las cosas de otra manera hay que entender que entre lo que nos
hacemos unos/as a otros/as está contarnos cómo interpretamos el mundo, la
reconstrucción de las metáforas que usamos, de los saberes que explicitamos y los que
ocultamos o se nos ocultan, las posibilidades humanas que desarrollamos, los poderes que
ejercemos unas y unos con otros y otras generando reconocimiento, o unas y unos contra
otros u otras provocando exclusión (Martínez Guzmán, V, 2009, p. 111). Desde estos
presupuestos, el objetivo de Martínez Guzmán es que la Filosofía para la Paz tenga una
función reconstructiva de las capacidades y competencias humanas para vivir en paz,
pues, aunque sean imperfectas, forman parte de nuestra condición humana.
En primer lugar, hoy sabemos que la capacidad humana para la violencia es ilimitada.
El genocidio ruandés, Auschwitz y las cámaras de gas, los Gulag, ...millones de muertos
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
Comenzamos entonces hablando sobre la guerra, madre de todas las violencias, y sobre
la que se han lanzado múltiples alabanzas: se ha dicho que es una aventura sinigual, que
es un instrumento útil o un medio legítimo, que una característica de nuestra existencia,
etc. Vayamos por partes.
En primer lugar, es cierto que hay una mitificación de la violencia, del guerrero y de
las armas. Las películas de acción son las más vistas de la cartelera, los desfiles de los
ejércitos en el día de la nación reúnen a multitudes en todos los países, las armas se
compran abundantemente ahí donde es legal y las luchas guerrilleras del siglo XX siguen
generando admiración. Hay muchas imágenes del Che en las habitaciones de
adolescentes. Pero precisamente "la frase del Che Guevara 'El poder está en la punta del
fusil' es un buen ejemplo de los errores cometidos en el siglo XX. De las armas puede
salir el poder, lo que no saldrá nunca es la justicia" (Ortega, P., 2016, p.152).
nuestra generación quizá sea la primera en ver con claridad las consecuencias homicidas
de una línea de pensamiento que fuerza a admitir que todos los medios, siempre que sean
77
RAQUEL LÓPEZ OPLA
eficaces, son buenos y están justificados para perseguir lo que se ha definido como un fin.
(Arendt, H. La condición humana. Citada en Muller, J.M., 2004, p.161)
Para intentar liberar la historia de la violencia, la filosofía debe romper con esta línea
de pensamiento. Veremos en los siguientes apartados modos en los que la acción pacífica
puede llevarnos a lograr nuestros objetivos en la transformación de conflictos. No
obstante, no mediremos su valor por su eficacia inmediata, pues es por ella misma que
encuentra su relevancia respecto a la exigencia ética.
Las relaciones necesarias e interdependientes con quienes no elegí nunca (...) forman la
condición de cualquier capacidad de actuación que yo pueda tener. Y aunque no todos los
efectos no deseados son 'violentos', algunos de ellos son incidencias que resultan dañinas,
que actúan forzosamente sobre el cuerpo de tal manera que provocan rabia. (Butler, J.,
2009, p.235).
Y es que la rabia o la agresividad que se generan no tienen por qué devenir en violencia. Para
Lévinas, la violencia es la tentación que puede sentir un sujeto en el encuentro con la vida precaria
de otro, el cual nos comunica a través de su rostro. Pero el rostro es, al mismo tiempo, tentación
de matar y prohibición de matar, necesidad ética de no hacerlo.
El rostro, por su parte, es inviolable; esos ojos, que carecen por completo de protección,
que son la parte más desnuda del cuerpo humano, ofrecen no obstante una absoluta
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
La responsabilidad por el Otro se presenta aquí como una exigencia ética fundamental
asentada sobre nuestra exposición constitutiva al agravio, sobre nuestra vulnerabilidad.
Soy responsable del Otro porque mi relación con él es innegable, de modo en que he de
responder ante su rostro y seré responsable del modo en que lo haga. Como ha escrito
Vicent Martínez Guzmán:
Reflexionar sobre el curso de la historia, sobre los desastres, las guerras y las injusticias
pasadas y presentes, nos puede ayudar a aprender sobre la necesidad de organizar nuestra
convivencia en paz. Pero ¿qué entendemos por paz?
En el imaginario occidental actual, hablar de paz suele ser hacer referencia, o bien a
un estado psíquico de tranquilidad personal, o bien al estado de armonía civil propio de
las naciones que no se encuentran en guerra. De la tradición grecorromana hemos
heredado esta concepción de la paz como oposición al desorden interior y a la guerra
contra amenazas exteriores que ha predominado en toda la historia occidental posterior.
Así, John Paul Lederach ha definido la comprensión contemporánea de la paz como “la
ausencia de violencia (bélico/explotación) o como el estado o tiempo de no-guerra. Es la
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ausencia de ‘una condición anhelada’. Por eso es un concepto muy limitado, que se ha
definido cada vez más en función del fenómeno guerra y el hecho bélico, hasta el extremo
de que, fuera de su contraste con la guerra, la paz carece de contenido palpable” (Ortega,
P., Pozo, A., 2005, p. 22).
El cambio hacia una nueva epistemología de la paz se inició en los años sesenta del
siglo pasado, en el contexto de las protestas contra la guerra de Vietnam y la aparición de
los movimientos sociales antibelicistas, a favor de la objeción de conciencia y del
desarme. Por aquel entonces, la disciplina de la Investigación para la paz dio sus primeros
pasos, con académicos y activistas en busca de un concepto de paz no negativo, una paz
vinculada a la justicia social, la igualdad y el diálogo. Se trataba de deconstruir las ideas
tradicionales de paz, violencia y conflicto, para presentar una nueva conceptualización
más abierta y acorde con las necesidades de las personas en estos tiempos que corren.
Uno de los principales investigadores en educación para la paz es Johan Galtung, quien
publicó en 1969 el artículo “Violence, Peace and Peace Research” en la revista de estudios
para la paz Journal of Peace Research, el cual ha tenido gran repercusión. En dicho
escrito, Galtung elaboró una amplia teoría sobre la violencia en la que distinguía tres tipos
distintos: directa, estructural y cultural (Galtung, J., citado en Fisas, V., 2011, p. 25).
Esta diferenciación permitió concebir también las tres esferas en el caso de la paz y
visibilizar, por lo tanto, que no habría paz en sentido positivo si esta no está presente en
los tres ámbitos. Así, Galtung entiende la paz positiva como un orden social de elevada
justicia y reducida violencia en el que se dan unas condiciones concretas de satisfacción
de las necesidades básicas y desarrollo de las potencialidades (paz estructural), y se
establecen unas relaciones respetuosas con una misma, con la gente que nos rodea y con
el entorno a partir de la aceptación y del cuidado personal y colectivo (paz cultural o
cultura de paz). A este respecto, la reconstrucción conceptual de las necesidades básicas
conduce a Galtung a resumirlas en: supervivencia o seguridad, bienestar, identidad y
libertad.
En línea con esta idea de paz positiva, Francisco Muñoz (Muñoz, F., 2001) ha
desarrollado la concepción de "paz imperfecta" para hacer referencia a la paz como una
realidad dinámica, procesual e inacabada. El objetivo no es pues la desaparición de los
conflictos, sino reivindicar este carácter positivo de la paz al que vengo refiriéndome
reconociendo todas las experiencias y espacios en los que los conflictos, entendidos como
fuente de creatividad y vida, son transformados pacíficamente: en cada acto de dulzura,
en el amor, el altruismo, la compasión, la solidaridad, la empatía, la cooperación, las
negociaciones, tratados y planes de paz, etc. De esta manera nos daremos cuenta de que
hay más momentos de paz que de violencia y a partir de su reconocimiento podremos
reivindicar su implementación en lo personal, lo público y lo político, promoviendo
procesos de empoderamiento pacifista.
Hoy en día, trabajar desde la teoría y en la práctica por una cultura de paz constituye
una exigencia ética fundamental. La violencia cultural hace opaca nuestra responsabilidad
moral, pero ésta sigue allí, demandándonos que no dejemos de hacer preguntas, de
cuestionar los marcos conceptuales que se esconden tras las acciones, los discursos y las
relaciones de poder, y que traduzcamos nuestra preocupación por lo humano en nuevas
formas de actuar, de relacionarnos, de sentir, de reivindicar y de vivir. Es imprescindible
pues que interioricemos y transmitamos esta inquietud a las nuevas generaciones, y es ahí
donde la Educación para la Paz ya lleva hecho un buen trecho del camino.
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RAQUEL LÓPEZ OPLA
Desde este planteamiento, la educación para la paz puede definirse como “encuentros
didácticos que extraen de las personas 1) su deseo de paz, 2) alternativas noviolentas para
el manejo de los conflictos, y 3) habilidades para el análisis crítico de los acuerdos
estructurales que producen y legitiman la injusticia y la desigualdad.” (Harris, I.M.;
Synott, J.; 2002, p.4). Siguiendo al filósofo Vicent Martínez Guzmán, se trata de
“desaprender lo que disminuya las formas de marginación, exclusión y cualquier tipo de
violencia, y aprender saberes para hacer las paces” (Martínez Guzmán, V., 2009,
pág.116). Saberes para hacer las paces como el cuidado, la comunicación, la justicia, la
virtud, el reconocimiento, el respeto, etc.
Hemos visto en el apartado anterior algunas claves para volver a dotar de sentido el
término paz. Otro de los cambios fundamentales que hay que llevar al aula es aprender a
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
entender los conflictos como situaciones propias de las relaciones humanas ante las que
se presentan diferentes alternativas, de entre las cuales la vía violenta es sólo una de ellas.
Aceptarlos como “un elemento constitutivo de toda sociedad, que se produce en
situaciones en la que las personas o grupos sociales buscan o perciben metas opuestas,
afirman valores antagónicos o tienen intereses divergentes (...)” (Mesa Peinado, M., 2008,
p.2) es el primer paso en una cultura de paz en la que estos conflictos se transformen de
manera creativa, constructiva y noviolenta. Las relaciones humanas son intrínsecamente
conflictivas: los seres humanos chocamos, nos topamos con otros. De ese choque puede
salir la anulación de las otras y los otros o la transformación creadora entre las propias
tensiones de los conflictos.
Para que este nivel de respuesta pueda alcanzarse, el propio Cascón ha elaborado su
“escalera de la provención”, en la que recoge una serie de herramientas a trabajar en
educación para la paz. Cascón está introduciendo con el término provención una
declaración de principios respecto al modo en aprendemos a hacernos las paces. Según
él, nos basta con prevenir la violencia con todos los mecanismos que habitualmente se
ponen en marcha, desde charlas, a talleres hasta los observatorios internacionales. De lo
que se trata es de proveer a las personas de las herramientas necesarias para que cuando
se dé el conflicto, que se dará, las personas puedan transformarlos por medios pacíficos
sin que llegue a darse la explosión de violencia.
Esta escalera de la provención, que puede ponerse en marcha en toda interacción entre
personas, se compondría de una serie de pasos, para cada uno de los cuales, los distintos
organismos dedicados a la educación para la paz han elaborado diferentes dinámicas y
propuestas de trabajo. Dichos pasos son: el conocimiento mutuo, el aprecio, la confianza,
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RAQUEL LÓPEZ OPLA
La ética del cuidado sirve de sustento ideal a la Educación para la paz que he esbozado
previamente, pues no habrá transformación social en el sentido en que la venimos
planteando si no llevamos al aula y a la vida misma la educación afectiva y sentimental.
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
El cuidado se entiende, así, como un medio de relacionarnos con los demás que es
especialmente importante en el ámbito educativo porque es en la enseñanza donde se debe
construir un sentido de comunidad que vaya mucho más allá de la búsqueda de suficiencia
académica. Desde el reconocimiento del otro/a que fomenta la ética del cuidado, somos
capaces de entender al otro/a en su humanidad, lo cual es fundamental para educar en la
paz y la noviolencia.
La ética del cuidado que se ha venido elaborando en los últimos años tiene su origen
en la publicación en 1982 de In a Different Voice: Psychological Theory and Women's
Development por parte de Carol Gilligan, quien, frente a aquella moral kantiana que
enfatizaba lo universal: las reglas, el derecho y la justicia; propone una ética que prioriza
lo particular y los valores relacionales. En la reformulación de sus ideas por parte de Irene
Comins, la ética del cuidado es una propuesta desde la responsabilidad en el
reconocimiento de las necesidades del otro o la otra, en el tener en cuenta a los y las
demás, en tomar el compromiso de transformación como una actitud permanente y
colectiva y no como una actuación puntual individual. Como consecuencia, el
razonamiento moral predominante es “el deseo de no dañar a nadie y la esperanza de que
en la moral se encuentre una manera de resolver conflictos, en que nadie salga dañado”
(Comins, I., 2009, p.80).
Atendemos, no obstante, a una de las críticas más repetidas a esta ética del cuidado: la
acusación de que el cuidado meramente alcanza a las personas más afectivamente
próximas a nosotros, de tal modo que se produce un reparto selectivo del mismo. Esto
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RAQUEL LÓPEZ OPLA
puede llegar a ser peligroso si se usa como justificación de una guerra el hecho de proteger
a los y las más próximas. Necesitamos pues, además del cuidado, otras competencias que
nos guíen en el encuentro inevitable con ese rostro extraño que se sitúa ante mí, en esas
circunstancias en que la Educación para la Paz no ha podido servir por anticipado sus
herramientas de provención. Una de esas competencias que sin duda poseemos es la de
plantearnos y asumir es la de la noviolencia, bien sea como itinerario filosófico o como
estrategia de acción.
La noviolencia es, en sentido que Gandhi quiso darle, un proyecto de orden social
holístico, que afecta a todas las relaciones humanas. Es una estrategia política que
contrapone valores activos y positivos como la participación ciudadana, la igualdad, la
sostenibilidad, la empatía, etc., a la violencia, ya sea directa, estructural o cultural. Y fue,
pensada por Gandhi, como un proyecto organizado en comunidades pequeñas que tenía
por objetivo eliminar las desigualdades de género y sociales, e ir caminando hacia el
desarme.
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violencias; y bajo una óptica holística, como el ánimo de crear una sociedad sin
violencias, ya sean estructurales, culturales o físicas. En uno u otro sentido, no se trata de
una nueva utopía social, sino que "representa un giro epistemológico en la forma de
resolver los conflictos, mediante el cual, en lugar del uso de la fuerza (...), se debe utilizar
el diálogo y la sugestión. El razonamiento de Gandhi es que, en lugar de hacernos mal,
también podemos hacernos bien" (Ortega, P., 2016, p. 174). Sería, a este respecto, un
nuevo paradigma para la transformación social de la humanidad como lo fueron en su día
concepciones políticas como el liberalismo, el socialismo, el anarquismo o el comunismo.
Para finalizar, vamos a rescatar un ejemplo concreto. Hace unos años, tuve la
oportunidad de entrevistar a Pepe Beunza, el primer objetor de conciencia al servicio
militar obligatorio por motivos políticos en el Estado español. Su lucha noviolenta
desencadenó en la Ley de objeción que permitió a miles de jóvenes negarse a ponerse
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
bajo las órdenes de un mando militar, y abrió el camino para que la desobediencia y la
noviolencia se asentaran en nuestra democracia y se consiguiera acabar con el servicio
militar obligatorio en el año 2002. Atendiendo a la necesidad de visibilizar modos en que
podemos hacernos las paces, esta historia merece ser contada.
Pepe Beunza inauguraba en nuestro país una nueva forma de hacer política: la
noviolencia, una estrategia aprendida de Gandhi que usaba la desobediencia como
instrumento de cambio y que abría unas nuevas perspectivas para transformar la sociedad.
No solo se trataba de obtener el derecho a la objeción de conciencia, sino que se pretendía
cambiar de raíz los fundamentos del comportamiento social. Su determinación era férrea:
Ante una agresión, con la cabeza caliente lo más fácil es responder violentamente. Con
la cabeza fría, pensando, siempre hay alternativas. Si justificas las armas has acabado con
la noviolencia. Tenemos que buscar soluciones noviolentas para abordar los conflictos.
Aunque el camino de la noviolencia no siempre es fácil. (Entrevista a Pepe Beunza en
Ortega, P., 2016, p.161)
Gandhi siempre afirmó que el poder político y el sistema jerárquico se mantenían por
la sumisión, la colaboración y la obediencia voluntaria del pueblo. Por eso, inspirado por
Gandhi y junto a un importante grupo de apoyo, Beunza pensó detenidamente en cómo
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desobedecer la ley injusta de tal forma que tuviera el mayor impacto posible: buscaron
apoyos internacionales, fueron tejiendo una red de apoyo dentro del país y hablaron con
total libertad contra la dictadura y el servicio militar obligatorio con el fin de empoderarse
y trazar alianzas con otros movimientos sociales. En el empoderamiento, central en la
estrategia noviolenta, Beunza negaba el poder al Estado franquista: podían encerrarle,
pero no podían obligarle a aprender a matar.
Vemos claramente como el caso de Pepe Beunza encaja en esas roturas del ideal
performativo del que nos hablaba Butler. Su desobediencia pasaba por exponer su cuerpo
al sufrimiento físico y psicológico que suponía la cárcel. Siendo cuerpo y blandiendo su
vulnerabilidad pasaba por la prisión, pero siendo cuerpo también organizaba charlas y
debates para compartir sus convicciones. El hecho mismo de presentarse vulnerable y
punible, sin perder su determinación pese a saber que volvería a la cárcel, hizo que
muchas personas se acercasen y se terminaran por sumarse a la causa. Pero fue
precisamente la protesta colectiva la que llevó al éxito de la iniciativa. Cuando, con los
años, proliferaron las iniciativas creativas para desbaratar la estructura militar y fueron
miles los jóvenes que se declaraban insumisos aún a sabiendas de que les esperaba la
cárcel, el Gobierno fue incapaz de vencer la fuerza de la desobediencia. Se trataba, tal
como preconiza la transformación de conflictos discursiva, de deconstruir colectivamente
el discurso que reproducía la violencia y de fomentar discursos de noviolencia situados
en el libre proceso de la comunicación intersubjetiva.
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RAQUEL LÓPEZ OPLA
La responsabilidad enteramente personal por nuestro propio y verdadero ser como filósofos
es nuestra vocación personal más íntima y entraña y lleva también en sí la responsabilidad
por el ser verdadero de la humanidad (Husserl, E., La crisis de las ciencias europeas y la
fenomenología trascendental, Barcelona: Crítica, 1991, p, 17 y ss., p, 348 y ss.).
En el capítulo final de Cuerpos aliados y lucha política, Butler retoma una cuestión
planteada por Adorno en los siguientes términos: ¿se puede llevar una buena vida en
medio de una mala vida? (Butler, J., 2015, p. 195 y ss.). Adorno nos está confrontando a
la dificultad de vivir bien, sea cual sea nuestra percepción de esta cuestión ética
fundamental, cuando vivimos en ese mundo en crisis que describíamos en la introducción:
¿cómo alcanzar una vida buena en un mundo que limita las oportunidades, genera
desigualdades, precariza la vida y se cae él mismo a pedazos?
los peligros que afectan a la humanidad y que día a día son miles las personas que sufren
la violencia directamente de otras personas o a causa de la precaridad de sus situaciones,
cuando bien podrían ser las cosas de otra manera. Pero pensar la buena vida conlleva
también que pongamos en práctica nuevas formas de resistencia desde el cuerpo, en las
que los cuerpos mismos se pongan en primer plano para demostrar que existen, que su
vulnerabilidad también debe ser tenida en cuenta en las políticas sociales y que se pueden
hacer las cosas de otra manera. En este sentido, es importante que la resistencia encarne
ella misma un nuevo modo de vida, organizándose democráticamente, en condiciones de
justicia e igualdad y a partir de un compromiso con la escucha, el cuidado, la empatía, el
reconocimiento de la diversidad, la responsabilidad y la noviolencia.
Pensar la buena vida pasa también por dejarnos interpelar por todas esas pensadoras
y luchadoras que han aparecido en este trabajo, y en cuyos corazones late un deseo de
justicia y de igualdad, así como el coraje necesario para ver en el conmovedor sufrimiento
humano la evidencia de nuestras competencias y capacidades para despertar sonrisas y
trazar alianzas, para reivindicar la dignidad de todas las vidas y para poner en práctica
formas pacíficas de crecer juntas a partir de nuestras diferencias. Es clave, en este sentido,
quedarnos con la invitación butleriana a no ver en la precariedad, la vulnerabilidad y la
desposesión una referencia directa al daño físico o psíquico, si no condiciones de apertura
acordes con nuestra inter y ecodependencia.
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En cuanto a la primera parte del objetivo, el análisis de algunas de las obras que Judith
Butler publicó en las últimas décadas del pasado siglo nos ha permitido observar cómo el
poder en su faceta más violenta se ejerce de un modo selectivo y diferencial. Que las
diferencias importan es el aprendizaje fundamental de esta primera parte del trabajo. En
ella vemos cómo Butler incide en demostrar que la legitimidad de cuerpos, géneros y
prácticas sexuales depende de la adecuación a una matriz heterosexual y a la pretendida
coherencia y continuidad entre el sexo, el género y deseo de la persona, estableciéndose
a partir de ello divisiones binarias, jerárquicas y discretas. Los análisis butlerianos de la
cuestión sexo-genérica nos sirven de invitación para cuestionar la rigidez de todas las
categorías identitarias: pues ahí donde existen distinguen entre personas privilegiadas por
adecuarse a la norma y personas, por el contrario, marginadas por no hacerlo. Y, como
consecuencia, entre vidas vivibles de manera digna y auténtica y aquellas que no lo son.
Conforme avanzaban las investigaciones butlerianas, hemos ido constatando con ella
las limitaciones de una ontología de lo humano elaborada a partir de un sujeto que se
pretende transparente, inequívoco, autónomo. Como muestra Butler, dicha ontología no
recoge la diversidad de los cuerpos y los cambios que los habitan. Y es que nuestros
cuerpos están sexuados, generizados, racializados, etc., y lo están de manera diversa,
afectados por el modo en que se hayan articulado socialmente nuestras diferencias. De
ahí que sea necesaria una ontología sociocorporal que acoja esta realidad, nos ayude a
entendernos y estimule las dinámicas que persiguen abrir el campo de la inteligibilidad
social de los cuerpos, especialmente en contextos de opresión.
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reivindicaciones por la dignidad de los pueblos y de tantas otras luchas he aprendido que
el análisis teórico y la acción transformadora han de entenderse como un todo y que ambas
han de ser colectivas.
El viaje en el que nos embarcamos toca ya a su fin. Atrás queda una filosofía butleriana
plagada de interrogantes y que ofrece, sin duda, sugerentes respuestas. Queda expuesta la
violencia que día a día ponen en juego las normas, marcos y discursos a través de los
cuales concebimos a nuestros vecinos y vecinas, y también a aquellas personas de quienes
nos separan miles de kilómetros. Quedan cuestionados los centros de poder, y visibilizado
el poder sin centro. Quedamos dolidas por la injusticia social y por la desigualdad, tristes
por los rostros sin reconocimiento e impotentes por el reparto diferencial del duelo. Pero
tras las lecturas queda también el agradecimiento a una filósofa que sigue poblando sus
textos de ideas tan provocativas como pertinentes, la emoción del aprendizaje a partir de
los lúcidos diagnósticos de nuestra contemporaneidad por parte de los distintos autores y
autoras, la ilusión por extender la empatía más allá de los límites de lo impensado, el reto
de creer en las fuerzas de la performatividad, el convencimiento de que pueden ser
subversivos nuestros modos de acción. Queda la expectación por ver hasta dónde pueden
llegar los cuerpos que toman las plazas en alianza y en qué medida somos capaces de
imaginar y poner en práctica nuevas formas de hacernos las paces cada día. Queda, al fin,
el sueño de aprender a escucharnos donde apenas nos vemos.
JUDITH BUTLER ANTE LAS URGENCIAS DE NUESTRO PRESENTE
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