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Trilogía Ética: Bien, Felicidad y Virtud

Este documento resume la trilogía ética del hombre según Aristóteles. Explica que la felicidad, el bien y la virtud son los tres elementos que forman la vida ética del hombre y su camino hacia su propósito final. La felicidad es el bien supremo que se alcanza a través de la práctica de las virtudes. Las virtudes permiten que los actos del hombre sean moralmente buenos y lleven a la felicidad. Aristóteles sostiene que el hombre debe esforzarse por cultivar la virtud a través de los hábitos

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Trilogía Ética: Bien, Felicidad y Virtud

Este documento resume la trilogía ética del hombre según Aristóteles. Explica que la felicidad, el bien y la virtud son los tres elementos que forman la vida ética del hombre y su camino hacia su propósito final. La felicidad es el bien supremo que se alcanza a través de la práctica de las virtudes. Las virtudes permiten que los actos del hombre sean moralmente buenos y lleven a la felicidad. Aristóteles sostiene que el hombre debe esforzarse por cultivar la virtud a través de los hábitos

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SEMINARIO MAYOR SAN JOSÉ DE ZIPAQUIRÁ

CRISTIAN ALFREDO RODRÍGUEZ SACRISTÁN


MEDIOS DE COMUNICACIÓN
TRILOGÍA ÉTICA DEL HOMBRE

¿Existe algún ser, que no se asombre del misterio infinito del cosmos? Y, así mismo, ¿alguien

que no se asombre de sí? Quizá en el hombre, como en el cosmos, siempre esté el sinónimo

de la duda. EL universo como lo macro, y el hombre como lo micro, pero siempre un misterio.

Tal misterio, es un reto para el hombre, ser racional, que ante dichas dudas, ¿quién soy?, ¿por

qué existo?, busca una respuesta. Sin embargo, el camino de esa búsqueda puede tornarse

infinito, una duda lleva a otra. Lo cual, inicialmente, muestra la imposibilidad del

conocimiento del hombre.

Aun así, ante la dificultad del conocimiento del hombre, debe decirse, que el caminar de la

vida, no ha de ser un paso sobre la relatividad. Por ello se afirma que, algo cierto hay en el

hombre; la vida, que se manifiesta en el acto de existir. Es una afirmación, y en muchos

momentos, también, un interrogante; ¿por qué existo? Dicha solución se da, únicamente, en

la manera en cómo cada persona vive, en cómo desarrolla un propósito (un bien al que todas

las cosas tienden), llamado: felicidad. El hombre se descubre, en la pretensión de ser feliz.

Aristóteles, en Ética para Nicómaco, muestra cómo el hombre, por naturaleza, se encauza

hacia la felicidad (eudaimonía). Esa felicidad, se conjuga en la vida ética con el bien y la

virtud. “La felicidad es el bien supremo y fin último del hombre. La felicidad se alcanza

mediante la práctica de las virtudes, que son actitudes de equilibrio en todos los ámbitos de

la vida humana” (Alvarez, 1994, pág. 29) Estos tres elementos, felicidad, bien y virtud;

forman, en el pensamiento de Aristóteles, la vida ética del hombre, como camino hacia el fin

último o propósito. Por tanto, me permito en los siguientes renglones, describir el significado
y el papel que cada uno de estos elementos juega en el curso de la vida del hombre; según la

mirada ética de Aristóteles.

El ser humano, capacitado de vitalidad (movimiento), desde el momento en que se germina

su vida, emprende un camino. “Toda acción y libre elección parecen tender a algún bien; por

esto se ha manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden”.

(Aristóteles, 1985, pág. 129) De la misma forma, toda acción libre del hombre, tiende

naturalmente hacia un fin, algo que dé sentido al camino que está transitando. Ese fin, no es

más que un bien ético, puesto que permite la justificación de los actos.

Cabe aclarar, que el bien al cual se hace aquí referencia, como fundamento del tránsito del

hombre por la vida, no se da en sentido ontológico. Para Aristóteles, dentro el campo ético

del hombre, el bien se divide en tres clases: “los llamados exteriores, los del alma y los del

cuerpo, decimos que los del alma son los más importantes y los bienes por excelencia, y las

acciones y las actividades anímicas las referimos al alma”. (Aristóteles, 1985, pág. 143) Una

acción encaminada como propósito del hombre, seguramente es causa de los bienes del alma.

Estos bienes del alma, se sirven de los demás, para lograr el pleno fin del hombre, que es: la

felicidad. Entonces, decir felicidad, es predicar sobre lo más propio de la acción del hombre,

que brota como bien del alma.

Decimos, que el bien más puro del hombre es la felicidad, de la cual, “sobre su nombre, casi

todo el mundo está de acuerdo, pues tanto el vulgo como los cultos dicen que es la felicidad,

y piensan que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz”. (Aristóteles, 1985, pág. 132)

¿Quién no emprende una acción pensando en ser feliz? Sólo el hombre que reúse a su ser,

tendrá otro propósito distinto al ser feliz. “Es manifiesto, pues, que la felicidad es algo

perfecto y suficiente, ya que es el fin de los actos”. (Aristóteles, 1985, pág. 141)
Esta felicidad que he descrito, no se construye, simplemente, en el desarrollo del acto, sino

que, le acompaña la virtud. Para que la felicidad sea vista como un acto moralmente bueno,

debe darse la intervención justa de la virtud. “Nuestro razonamiento está de acuerdo con los

que dicen que la felicidad es la virtud o alguna clase de virtud, pues la actividad conforme a

la virtud es una actividad propia de ella”. (Aristóteles, 1985, pág. 144) El bien y la felicidad,

se llevan al acto perfecto, por medio de la virtud. Se llama virtud al acto moral del hombre;

a su comportamiento bueno. “Llamamos virtud humana no a la del cuerpo, sino a la del alma;

y decimos que la felicidad es una actividad del alma”. (Aristóteles, 1985, pág. 154) Por tanto,

el sentido del hombre ha de ser, el encaminarse hacia el bien, de acuerdo a la virtud.

“Elogiamos al sabio por su modo de ser, y llamamos virtudes a los modos de ser elogiables”.

(Aristóteles, 1985, pág. 157)

Es necesario cosechar la virtud en los hábitos del hombre. Es sabido, que una acción se

perfecciona en cuanto a la constancia con que se lleva a cabo; de igual manera la virtud, pues

aunque esté por naturaleza en el hombre, es debido que se esmere en el hecho de construirla

en la búsqueda de la felicidad. “De ahí que las virtudes no se produzcan ni por naturaleza ni

contra naturaleza, sino que nuestro natural pueda recibirlas y perfeccionarlas mediante la

costumbre”. (Aristóteles, 1985, pág. 158)

Aristóteles, nos da la pauta de cómo es posible buscar la virtud, y, además de la constancia,

es fundamental la moderación de los mismos actos. Un hombre que se hace bueno y realiza

bien su función, no es aquel que cae en la exuberancia. Y en el caso extremo, de no facilitar

el punto medio, se ha de recurrir al menor daño posible. “Puesto que es difícil alcanzar

exactamente el medio, debemos tomar el mal menor en la segunda navegación”. (Aristóteles,

1985, pág. 176)


De tal manera que, esta trilogía ética (bien, felicidad, virtud), son; y han de cultivarse, como

la base del conocimiento y fin último del hombre. Es necio quien mal gasta la vida en los

placeres desenfrenados, sin atender con sensatez, a las necesidades del alma.

Bibliografía
Alvarez, L. J. (1994). Ética latinoamericana . Bogotá: Universidad Santo Tomás .

Aristóteles. (1985). Ética Nicomáquea . Madrid España : Gredos.

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