LA SIMONÍA
SIMÓN EL MAGO
Hechicería: magia, brujería. Asombraba a la gente de Samaria. Es el que se llama el gran
poder de Dios, (es la personificación del poder divino)
Felipe: Anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo; las personas
creían y se bautizaban
Simón estaba atónito al ver las señales y milagros que hacían los apóstoles
Pedro y Juan viajan a Samaria, oraban para que recibieran al Espíritu Santo, imponiéndoles
las manos
Simón les ofreció dinero, diciéndoles: déjenme tener ese poder también, (autoridad,
potestad)
Pedro le dijo: Que tu dinero perezca (se condene, se destruya) contigo; púdrete, al infierno),
porque pensaste que podías obtener (comprar) el Don de Dios con dinero, tu corazón no es
recto (íntegro) delante de Dios
DEFINICIÓN DE SIMONÍA
En el cristianismo es la pretensión, intención o acción de negociar o comerciar de una
manera ilícita y deliberada
La compra y venta de cosas religiosas o bienes espirituales por medio de bienes materiales
temporales inseparablemente anejas (dependientes) a las espirituales.
Incluye prebendas y cargos o beneficios eclesiásticos.
LOS SACRAMENTOS
En la teología de la Iglesia católica son signos sensibles y eficaces de la gracia de Dios;
mediante los cuales se otorga la vida divina; ofrecen al creyente el ser hijos de Dios.
Bautismo, Confirmación (Crisma), Eucaristía, Reconciliación (Penitencia), Unción de los
enfermos, Orden y Matrimonio.
La teología de la Reforma niega la eficacia del sacramento en relación con la gracia, lo
considera solo una acción humana que no puede hacer que de ella dependa la acción divina,
esto basado en la Biblia la cual no presenta la existencia de dichos sacramentos. Lutero
afirma que el signo, cualquiera que sea, es incapaz de sustituir la fe del cristiano que resulta
ineficaz en sí mismo.
LOS SACRAMENTALES
Son signos sagrados que han sido instituidos por la Iglesia católica para que expresen
efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Estos
sacramentales infunden la gracia por intercesión de la Iglesia y permiten la santificación de
las diversas circunstancias de la vida.
Las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares), las procesiones, el rezo
del rosario, la veneración de reliquias, las visitas a santuarios, peregrinaciones, el Vía Crucis,
las danzas religiosas, las medallas, el agua bendita, el aceite bendito y la señal de la cruz.
LAS RELIQUIAS
En la Iglesia católica, son los restos de los santos después de su muerte, constituye el cuerpo
entero o cada una de las partes. Designan los ropajes y objetos que pudieran haber
pertenecido al santo o haber estado en contacto con él, considerados dignos de veneración.
La cruz, la lanza, el cáliz, la corona de espinas, la tumba de San Pedro, Ropaje de María la
madre de Jesús, los relicarios con los cráneos de los santos dominicos Martín de Porres,
Rosa de Lima, y Juan Macías.
LA GRACIA
Gracia divina o gracia santificante es un favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar
al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo, el acto de amor unilateral e
inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia sí.
En la teología luterana, el hombre ha sido dañado por el pecado original que no le es posible
realizar el bien ni cuenta con la libertad necesaria para hacerlo. La justificación ocurre
solamente por la gracia sin ningún mérito de parte del hombre al que solo se le pide la fe.
JURISDICCIÓN ECLESIÁSTICA
Ejercida por la Iglesia Católica en lo civil y lo penal respecto de cuestiones espirituales contra
personas y corporaciones.
Dicta sanciones canónicas contra el Clero y los fieles que incurren en herejía.
LA EXCOMUNIÓN
Es la expulsión, permanente o temporal, de una persona o de una confesión religiosa, el
afectado sigue formando parte de la comunidad, pero debe cumplir sentencia. En los casos
más severos, pierde la facultad de concurrir al culto normalmente, y de tomar parte en las
ceremonias religiosas.
LA SIMONÍA EN LA EDAD MEDIA
Tomás de Aquino define la simonía como la voluntad deliberada de comprar y vender cosas
espirituales (privilegios y derechos) y sus anejos (agregado o unido a otra cosa con la que
tiene una estrecha relación)
Fue uno de los principales pecados de la sociedad eclesiástica de la Edad Media; la más
común fue la venta de cargos eclesiásticos al mejor postor
La Iglesia primitiva contempló esta ofensa como la más grave entre las que caían en el
terreno de la normativa legal eclesiástica, concebida como un pecado contra el Espíritu
Santo, al equiparar los oficios del Espíritu Santo con el dinero o cosas materiales.
En el siglo IX gran número de abades y obispos se integraron al sistema, consideraban que
las iglesias y sus bienes pertenecían a su propio patrimonio. Los príncipes otorgaban la
investidura episcopal y decidían a quien pertenecían las parroquias rurales.
EJEMPLOS DE CORRUPCIÓN SIMONÍACA EN LA ALTA INSTANCIA ECLESIÁSTICA DESPUÉS
DEL PAPADO, LA PÚRPURA CARDENALICIA
En el año 1500, Alejandro VI creó doce cardenales cuyos nombramientos valieron a César
Borgia 420.000 ducados.
En 1503, fueron creados nueve más con el mismo objeto, negocio que puso en manos de
César de 120.000 a 430.000 ducados.
Tan pública era la venalidad del Sacro Colegio, que a la muerte de Inocencio VIII, ocurrida
en 1492, Carlos VIII depositó 200.000 ducados, y Génova 400.000, en un Banco romano, con
objeto de asegurar la elección de su patrocinado.
REACCIÓN DE LA REFORMA
Explotaron todos los medios para acrecentar su poder: Jugaron con el miedo al infierno,
arrebataron los dones, vendieron los sacramentos, los cargos episcopales y eclesiásticos. Se
establecieron muchas dinastías de obispos.
La simonía fue un hecho deshonroso, contrario a la palabra de Jesucristo según el Evangelio
de Mateo: Vosotros habéis recibido gratuitamente, dad también gratuitamente.
Éste será uno de los reproches dirigidos por la Reforma Protestante a la Iglesia católica, que
intentó, en varias ocasiones, condenar esta práctica de manera formal.
John Wycliffe capellán deI rey de Inglaterra, heraldo del movimiento protestante, expuso
ante el concilio la oposición al pago de tributos al papado.
La simonía fue un problema en la iglesia cristiana desde el Edicto de Milán (313), cuando la
iglesia comenzó a acumular riqueza y poder, hasta los tiempos actuales.
La simonía estaba muy extendida en el siglo IX y XI. En ese período la simonía impregnó
vida de la iglesia en todos los niveles, desde el bajo clero al papado. En el momento de la
Reforma, los principales abusos se centraron en la venta de indulgencias y reliquias.
Es evidente que la historia y la memoria histórica nos entregan importantes lecciones. Así
como en aquellos tiempos era necesaria una reforma de la Iglesia, hoy necesitamos
reformarla nuevamente. Dios nos invita a volver a los cimientos y redescubrir el maravilloso
evangelio de Jesucristo. El evangelio de la cruz, el evangelio que enaltece a su figura central
Jesús, y no a los hombres, el evangelio que busca creyentes comprometidos y no solo
convencidos, el evangelio que va más allá de la intelectualidad, un evangelio que no
solamente se estudia, sino que también se vive y se practica.