Porfiriato
El porfiriato o porfirismo1 fue un período de la historia de México durante el cual
el poder en México estuvo bajo control del militar oaxaqueño Porfirio Díaz entre el
28 de noviembre de 1876 y el 25 de mayo de 1911.2
El período se acota a partir de dos acontecimientos políticos: el primero, cuando el
28 de noviembre de 1876 Díaz inicia su primer mandato presidencial meses después
de vencer a los lerdistas e iglesistas; el segundo, el 25 de mayo de 1911, cuando
meses después de haber estallado la Revolución, el caudillo abandona el poder y sale
rumbo al exilio a Francia.2
Índice
Historia
Finanzas públicas y desarrollo económico El presidente Díaz en 1902,
Actividad marítima y portuaria ataviado con ropa civil.
Obras de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas
Cultura y sociedad
Política porfirista
La política exterior
Consecuencias sociales
La Iglesia
Véase también
Referencias
Bibliografía
Historia
Porfirio Díaz fue un militar que destacó por su participación en la Guerra de Reforma y en la Intervención francesa en la que
logró recuperar para la causa republicana la Ciudad de México y Puebla. Conocido como el héroe del 2 de abril, contendió por la
presidencia contra Benito Juárez en 1867 y 1871, y al ser derrotado proclamó el Plan de la Noria. Vencido, a la muerte de Juárez,
por Sebastián Lerdo de Tejada, Díaz se retiró a Veracruz donde logró posicionarse políticamente gracias a la impopularidad
creciente de Lerdo. Al acercarse la reelección de este, Porfirio Díaz decidió rebelarse militarmente en su contra. Díaz gozaba de
gran prestigio entre los militares y de renombre en los círculos políticos del país. El triunfo del Plan de Tuxtepec, lo llevó a la
presidencia de México para gobernar desde 1876 hasta 1911, con una breve interrupción durante el gobierno de Manuel
González.
En los 31 años de Porfiriato se construyeron en México más de 19 000 kilómetros de vías férreas gracias a la inversión extranjera;
el país quedó comunicado por la red telegráfica; se realizaron inversiones de capital extranjero en minería, agricultura, petróleo,
entre otros rubros y se impulsó la industria nacional.
Con la entrada de José Ives Limantour en Hacienda en 1893 surgió un auge de las compañías enajenadoras de terrenos comunes
baldíos, se modificó la Constitución de 1857 para permitir las reelecciones y se aprobó la ley que otorgaba la gran explotación
minera a los capitales de Estados Unidos y Gran Bretaña. Limantour, tras la crisis de 1891, abrió el país a la inversión extranjera
y promovió la creación de nuevas industrias. La corrupción, el fraude electoral y la represión fueron las propuestas de la
administración Díaz a las tensiones sociales, nacidas del contraste entre una oligarquía poderosa, controladora de los resortes
económicos y políticos y una población de casi 13 millones de personas ligadas mayoritariamente a la tierra. La crisis de 1907 y
las luchas de sucesión en el seno del gobierno favorecieron el inicio de la revolución mexicana, dirigida por Madero.3
En este periodo se continuó el esfuerzo iniciado con Manuel González por superar la educación en todos sus niveles; hombres de
la talla de Joaquín Baranda, Ezequiel Chávez, Enrique C. Rébsamen, Ignacio Manuel Altamirano y Justo Sierra Méndez le dieron
lustre a este proceso que incluyó desde los jardines de niños hasta la educación superior, pasando por la formación de maestros.
Aunque Porfirio Díaz reiteraba que ya el país se encontraba listo para la democracia, realmente nunca quiso dejar el poder y en
1910, a la edad de 80 años, presentó su candidatura para una nueva reelección, la cual fue rechazada por el público obrero. Ante
estos hechos, Francisco I. Madero convocó a la rebelión, la cual surgió el 20 de noviembre de ese año, y terminó con la entrada
triunfal a la ciudad, derrotando al dictador.
Chihuahua fue el principal escenario de las derrotas porfiristas ya que Pancho Villa y Pascual Orozco conquistaron Ciudad de
Guerrero, Mal Paso, venció en la batalla de Casas Grandes, Chihuahua y la toma de Ciudad Juárez, por el Sur, Emiliano Zapata al
frente de sus tropas campesinas, amagaban la capital y derrotaron en Cuautla al 5.° Regimiento de Oro (el mejor batallón del
Ejército federal) aunque irrelevantes en el plano militar, fueron las batallas que facilitaron el camino de los revolucionarios hacia
la victoria contra la dictadura. Habiendo tenido esos fracasos en el terreno militar y otros en el plano de las negociaciones, Díaz
prefirió renunciar a la presidencia y abandonó el país en mayo de 1911.
Finanzas públicas y desarrollo económico
Díaz heredó una hacienda pública en quiebra. Las deudas con el extranjero y con prestamistas nacionales eran considerables.
Para el arreglo de las finanzas los ministros de hacienda (Matías Romero, Manuel Dublán y José Yves Limantour) recurrieron a
diversas vías:
Redujeron gastos públicos y administraron los recursos de forma adecuada.
Ejercieron mayor control de los ingresos.
Crearon nuevos impuestos que no obstaculizaban al comercio.
Gracias a un nuevo préstamo, reestructuraron la deuda interna y externa, lo que permitió ganar la confianza de
los inversionistas y obtener otros empréstitos e inversiones.
Se llegó a un acuerdo con los acreedores con el fin de diferir los pagos y establecer una tasa de interés fija.2
Así, la administración de los recursos nacionales se hacía con participación pública y privada. El Banco Nacional Mexicano,
fundado en 1882, se fusionó con el Banco Mercantil Mexicano y dio origen al Banco Nacional de México en 1884. En este banco
participaba capital mexicano y español, y tenía las siguientes funciones: recaudaba impuestos, otorgaba préstamos y anticipos al
gobierno y se encargaba de la Tesorería General.4
Con todas estas medidas, en 1894 se registró un superávit.
Díaz buscaba que el país se ligara a la economía internacional como exportador de productos agrícolas o minerales, pero también
fomentó el desarrollo de la industria y del comercio interior; y sin duda, México se convirtió en un importante exportador de
materias primas, además de que se produjo en el país la primera revolución industrial; empero, se trató de un desarrollo desigual
que benefició sólo a algunos sectores, regiones y grupos.2
Díaz crea nuevas haciendas privadas y amplía las antiguas. Hasta 1910, aproximadamente once mil haciendas controlaban 57%
del territorio nacional mientras quince millones de campesinos, alrededor de 95% de las familias rurales, carecían de tierra.5
Actividad marítima y portuaria
Durante esta época la marina mercante nacional recibió un impulso inusitado. Se legisló mediante códigos de fechas 1884 y 1889,
se reconoció que la marina se encontraba en un estado deplorable.
El jefe del Departamento de Marina, de la Secretaría de Guerra y Marina, opina
que la Marina Mercante Nacional es una idea tan noble como levantada y por lo
mismo, había que fomentar la construcción de astilleros y de barcos para ella. En
1897 fue inaugurada la Escuela Naval Militar en la que se preparaban oficiales
para la marina de guerra. También se crearon las compañías Transatlántica
Mexicana, la Mexicana de Navegación y la Naviera del Pacífico, que perduraron
por varias décadas.
Al final del Porfiriato se intensificó el tráfico marítimo en el Golfo de México,
toda vez que llegaban periódicamente buques de diez compañías navieras, entre
europeas, estadounidenses y mexicanas. Por lo que toca al Pacífico, solo una
línea inglesa y dos mexicanas daban servicio.
Con el crecimiento del tráfico marítimo hubo necesidad de acondicionar varios
puertos, como los de Veracruz, Manzanillo, Salina Cruz y especialmente el de
Tampico. Díaz con uniforme de gala.
Motivo de preocupación del gobierno, fue el enlace de los puertos con el interior
del país y para ese fin se construyeron las vías férreas que comunicaron a Veracruz con la capital, Salina Cruz y Coatzacoalcos;
no se concluyó la de México a Acapulco y solamente una parte de la México a Tampico.
Los trabajos se realizaron de manera continua durante el gobierno del general Díaz, y hacia fines del siglo se indica que se
firmaba un contrato para mejorar y sanear el puerto de Manzanillo; se reconocían la costa e islas orientales de Yucatán para el
establecimiento de su señalización; se instalaban las oficinas del servicio de faros en los puertos de Progreso, Puerto Ángel y
Mazatlán, dándose principio a las obras de instalación del faro en punta de Zapotitlán y se encontraba ya en servicio el de Isla
Mujeres; se hacían trabajos de reconocimiento en la costa de Campeche para estudiar la mejor localización del puerto; se llevaba
a término el proyecto del nuevo puerto de Altata; continuaban las obras del puerto y saneamiento de Manzanillo. En Tampico se
comenzaban los trabajos para la reconstrucción del muelle fiscal; se inauguraban varios faros en la costa oriental de Yucatán y en
Puerto Ángel, Oaxaca, así como algunas balizas luminosas en Antón Lizardo, Veracruz y en el Puerto de La Paz, Baja California.
Los puertos de Veracruz, Tampico y Salina Cruz, siempre merecieron la más alta atención del gobierno del general Díaz.
Obras de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas
El 13 de mayo de 1891 se promulgó una Ley expedida por el Congreso, virtud a la cual se establecía la distribución de los
quehaceres públicos del Poder Ejecutivo en siete Secretarías de Estado, entre las que figuraba por primera vez la de
Comunicaciones y Obras Públicas, lo que viene a significar un cambio en la política de construcción de caminos, considerándose
que las carreteras y su desarrollo eran indispensables para impulsar la economía del país.
A fin de organizar las instancias administrativas dispersas que atendían los servicios de comunicación nacional, quedaron
incorporados a este nuevo Ministerio 12 sectores: Correos Internos, Vías Marítimas de Comunicación o Vapores, Faros, Unión
Postal Universal, Telégrafos y Teléfonos, Ferrocarriles, Monumentos, Carreteras, Calzadas y Puentes, Lagos y Canales,
Consejería y Obras con el Palacio Nacional y Chapultepec, y Desagüe del Valle de México.
Esta Secretaría (llamada por muchos autores Ministerio) de Comunicaciones y Obras Públicas conservó su estructura institucional
durante el período revolucionario.6
Cultura y sociedad
La literatura fue el campo cultural que más avances tuvo en el
Porfiriato. En 1849, Francisco Zarco fundó el Liceo Miguel
Hidalgo, que formó a poetas y escritores durante el resto del siglo
XIX en México. Los egresados de esta institución se vieron
influenciados por el Romanticismo. Al restaurarse la república,
en 1867 el escritor Ignacio Manuel Altamirano fundó las
llamadas "Veladas Literarias", grupos de escritores mexicanos
con la misma visión literaria. Entre este grupo se contaban
Guillermo Prieto, Manuel Payno, Ignacio Ramírez, Vicente Riva Pulquería en Tacubaya.
Palacio, Luis G. Urbina, Juan de Dios Peza y Justo Sierra. Hacia
fines de 1869 los miembros de las Veladas Literarias fundaron la
revista "El Renacimiento", que publicó textos literarios de diferentes grupos del país, con ideología política distinta. Trató temas
relacionados con doctrinas y aportes culturales, las diferentes tendencias de la cultura nacional en cuanto a aspectos literarios,
artísticos, históricos y arqueológicos.7 Arte y cultura en el Porfiriato El escritor guerrerense Ignacio Manuel Altamirano y
Costilla creó grupos de estudio relacionados a la investigación de la Historia de México, las Lenguas de México, pero asimismo
fue impulsor del estudio de la cultura universal. Fue también diplomático, y en estos cargos desempeñó la labor de promover
culturalmente al país en las potencias extranjeras. Fue cónsul de México en Barcelona y Marsella y a fines de 1892 se le
comisionó como embajador en Italia. Murió el 13 de febrero de 1893 en San Remo, Italia. La influencia de Altamirano se
evidenció en el nacionalismo, cuya principal expresión fueron las novelas de corte campirano. Escritores de esta escuela fueron
Manuel M. Flores, José Cuéllar y José López Portillo y Rojas.8
Poco después surgió en México el modernismo, que abandonó el orgullo nacionalista para recibir la influencia francesa. Esta
teoría fue fundada por el poeta nicaragüense Rubén Darío y proponía una reacción contra lo establecido por las costumbres
literarias, y declaraba la libertad del artista sobre la base de ciertas reglas, inclinándose así hacia el sentimentalismo. La corriente
modernista cambió ciertas reglas en el verso y la narrativa, haciendo uso de metáforas. Los escritores modernistas de México
fueron Luis G, Urbina y Amado Nervo.9
Como consecuencia de la filosofía positivista en México, se dio gran importancia al estudio de la historia. El gobierno de Díaz
necesitaba lograr la unión nacional, debido a que aún existían grupos conservadores en la sociedad mexicana. Por ello, el
Ministerio de Instrucción Pública, dirigido por Justo Sierra usó la historia patria como un medio para lograr la unidad nacional.
Se dio importancia especial a la Segunda Intervención Francesa en México, a la vez que se abandonó el antihispanismo presente
en México desde la Independencia.10
En 1887, Díaz inauguró la exhibición de monolitos prehispánicos en el Museo Nacional, donde también fue mostrada al público
una réplica de la Piedra del Sol o Calendario Azteca. En 1908 el museo fue dividido en dos secciones: Museo Nacional de
Historia Natural y Museo de Arqueología. Hacia principios de 1901, Justo Sierra creó los departamentos de etnografía y
arqueología. Tres años después, en 1904 durante la Exposición Universal de San Luis —1904— se presentó la Escuela Mexicana
de Arqueología, Historia y Etnografía, que presentó ante el mundo las principales muestras de la cultura prehispánica.11
José María Velasco fue un paisajista mexicano que nació en 1840, y se graduó como pintor en 1861, de la Academia de Bellas
Artes de San Carlos. Estudió asimismo zoología, botánica, física y anatomía. Sus obras principales consistieron en retratar el
Valle de México y también pintó a personajes de la sociedad mexicana, haciendas, volcanes, y sembradíos. Una serie de sus
trabajos fue dedicado a plasmar los paisajes provinciales de Oaxaca, como la catedral y los templos prehispánicos, como Monte
Albán y Mitla. Otras pinturas de Velasco fueron dedicadas a Teotihuacan y a la Villa de Guadalupe.12
Durante la época una forma de teatro popular, que con el
muralismo, llegó a ser una de las expresiones más destacadas del
nacionalismo cultural fue el llamado el género chico mexicano, el
teatro, fue asociado con el estallido de la Revolución Mexicana.
Debido a que el año 1911 marca un nuevo periodo en su
desarrollo, éste se formó en el año 1880 cuando en México se
introdujo una nueva forma de producción del género. Los
factores sociales y económicos de la época, la nueva costumbre
de vender el teatro llevó a la masificación y comercialización del
mismo, lo cual provocó la convergencia de dos tradiciones
teatrales, el género chico español y el teatro popular mexicano,
que constituyen los verdaderos orígenes del género chico
El valle de México, pintado en 1885 por Velasco. El
mexicano. paisajismo mexicano tuvo gran auge durante la
época en que Porfirio Díaz gobernó al país. En
En el último cuarto del siglo XlX, se aprecian 2 espacios socio-
general, la cultura mexicana se vio afectada por
culturales donde se desarrollaban las actividades teatrales de la los cambios económicos y políticos, y se desarrolló
ciudad de México. El espacio dominante perteneciente al "teatro un arte en dos etapas. La primera, que comprende
culto", destinado a las clases medias y altas de la sociedad. Por de 1876 a 1888 representó el auge del
otro lado, se descubre una cultura popular en la que se nacionalismo. La segunda y última fase del arte
porfiriano empezó en 1888 y finalizó con el
desarrollan actividades escénicas, diversiones de la clase
gobierno de Díaz, en 1911 y se caracterizó por una
trabajadora.13
preferencia cultural hacia Francia y su cultura.
El avance de la instrucción pública fue favorecido por el
positivismo, y por su representante mexicano Gabino Barreda.
Durante el Porfiriato se sentaron las bases de la educación pública, que siempre fue respaldada por los intelectuales de índole
liberal. En 1868, todavía durante el gobierno de Juárez, se promulgó la Ley de Instrucción Pública, que no fue aceptada por la
Iglesia Católica. Joaquín Baranda, ministro de Instrucción Pública, desarrolló una campaña de conciliación con la Iglesia, y aplicó
a la educación el aspecto positivista, sin dejar de lado el humanismo. Se buscaba que todos los alumnos tuvieran acceso a la
educación básica, pero para ello se tuvo que enfrentar a caciques y hacendados, además de la falta de vías de comunicación en las
zonas rurales. La instrucción primaria superior se estableció en 1889 y tuvo por objeto crear un vínculo entre la enseñanza
elemental y la preparatoria.
En 1891 fue promulgada la Ley Reglamentaria de Educación, que estableció la educación como laica, gratuita y obligatoria.
Asimismo fueron instituidos los llamados Comités de Vigilancia. Para que los padres y tutores cumplieran con la obligación
constitucional de mandar a sus hijos o pupilos a la escuela. Baranda fundó más de doscientas escuelas para maestros, que una vez
egresados se dirigieron a enseñar a las ciudades del país. Sin embargo, en las zonas rurales la falta de desarrollo social provocó un
rezago educativo.14
Durante las fiestas del Centenario de la Independencia de México, Justo Sierra presentó ante el Congreso de la Unión, una
iniciativa para crear la Universidad Nacional de México, como dependencia agregada al Ministerio de Instrucción Pública y
Bellas Artes. La ley fue promulgada el 26 de mayo, y el primer rector universitario fue Joaquín Eguía Lis, durante los años de
1910 a 1913. Las escuelas de Medicina, Ingeniería y Jurisprudencia habían funcionado separadas durante más de cuarenta años,
pero con esta ley se reunían todas, junto con la Escuela Nacional Preparatoria, en la Universidad Nacional de México. Pocos años
después de culminar la Independencia, fue suprimida la Real y Pontificia Universidad de México, ya que había sido considerada
un símbolo del Virreinato de Nueva España, como una muestra de desprecio ante la cultura española. Años después se intentó
restaurar la institución, pero las guerras civiles y las confrontaciones políticas lo impidieron.
Hubo varios grupos sociales contra su gobierno pero el que más destaca es el de los "magonistas" un pequeño grupo de
"bandidos" guiados supuestamente por los intereses personales de los hermanos Flores Magón, sin embargo ellos se llamaban a sí
mismos "liberales" y después "anarquistas". Tiempo después historiadores usaron el término "magonismo" para identificar el
movimiento influido por el pensamiento de los Flores Magón y otros colaboradores del periódico Regeneración como Librado
Rivera, Anselmo L. Figueroa y Práxedis G. Guerrero. A principios del siglo XXI, organizaciones sociales e indígenas en México
reivindican la tradición de lucha magonista.15
Política porfirista
La política porfirista se caracteriza por dos grandes etapas:
La primera etapa del porfiriato empieza en 1877 y termina en el inicio de tercer periodo presidencial de Porfirio Díaz (1888) o
cuando se eliminó toda restricción legal a la reelección indefinida (1890). Se trata de una fase de construcción, pacificación,
unificación, conciliación y negociación, pero también de represión.2
La segunda etapa comienza entre 1888 y 1890 y termina hacia 1908, y se caracteriza por un acentuado centralismo y por un
gobierno cada vez más paternalista y autoritario.2
La política exterior
A la par de la búsqueda por la estabilidad política mediante la reorganización y control del ejército y la pacificación del país, el
Presidente Díaz encaminó sus esfuerzos a obtener el reconocimiento internacional. De las naciones europeas que había firmado la
convención de Londres – por la cual se originó la guerra de intervención- y con la que México había roto relaciones
diplomáticas-, Gran Bretaña fue la última en reconocer al gobierno de Díaz (1884). España lo otorgó el mismo año en que el
general oaxaqueño asumió la presidencia, 1877, y Francia lo hizo en 1880.
Para el logro de sus objetivos en política exterior, el Presidente Porfirio Díaz contó con la colaboración de expertos que se habían
forjado en las últimas décadas. Las dos figuras más importantes, fueron sin duda, Matías Romero e Ignacio Mariscal. El primero,
quien se desempeñó como Ministro de México en Washington de 1882 a 1898, logró generar una política bilateral con los
Estados Unidos aprovechando las oportunidades comerciales que se abrían. Mariscal, quien se desempeñó por casi treinta años
como Secretario de Relaciones de 1880 a 1910, su experiencia como ministro en Washington y Londres le permitió gestar una
política exterior que mirara lo mismo allende al Bravo que allende al Atlántico.
En abril de 1878, Estados Unidos reconoció el gobierno del presidente Díaz. Con la modificación de una serie de leyes México
abrió sus puertas a la inversión extranjera.
La respuesta del exterior no se hizo esperar: un gran flujo de capital y tecnología surgió de las concesiones que el gobierno
mexicano otorgó a inversionistas extranjeros en forma de tasas de ganancias garantizadas, exenciones de impuestos y reformas
fiscales benéficas para los inversionistas.
Las principales fuentes de capital extranjero invertido en México durante el Porfiriato venían de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Estados Unidos compartía con México el interés por desarrollar sistemas de comunicación que facilitaran el comercio e hicieran
más estrechos los vínculos económicos entre ambos países; por tal motivo, gran parte del capital invertido en México estuvo
dirigido hacia la construcción de una amplia red ferroviaria que uniera a las principales ciudades del país y –mediante
conexiones– se extendiera más allá de la frontera norte hasta alcanzar importantes ciudades norteamericanas.
Con las grandes propiedades, la agricultura se orientó a la exportación y creció espectacularmente, sobre todo en la producción de
henequén, café, cacao, hule y chicle.
No obstante, la importancia de los capitales norteamericanos para el proyecto modernizador del gobierno mexicano –Estados
Unidos siempre fue el primer inversionista y socio comercial de México–, Díaz nunca dejó de mostrarse receloso de su
participación en las áreas estratégicas de la economía nacional. La política expansionista sostenida años atrás por Estados Unidos
–y de la cual México había sido víctima– seguía presente en la memoria colectiva de la nación, y su nueva variante, la invasión
pacífica –que suponía un expansionismo de orden económico–, no podía ser halagüeña.
Por ello desde los albores de su régimen, Díaz fomento la participación de capitales europeos para contrarrestar la influencia que
pudieran tener los norteamericanos en los asuntos internos de México. Un factor que favoreció en gran medida las inversiones
británicas fue la participación que los miembros del gobierno mexicano tuvieron en las empresas extranjeras –mineras, petroleras,
ferrocarrileras, y de servicios principalmente–. La relación de altos funcionarios porfiristas con inversionistas ingleses –
particularmente con Weetman Dikinson Pearson, presidente de S. Pearson & Son– fue muy estrecha, y en la mayor parte de los
casos las concesiones –supuestamente sometidas a concurso– se otorgaba favoreciendo los intereses británicos.
El marcado favoritismo del gobierno de Díaz hacia el capital británico no fue suficiente para detener la expansión económica
norteamericana en México. La inmejorable posición geográfica de Estados Unidos y las presiones que por momentos ejercía el
gobierno norteamericano sobre la administración porfirista fueron las condiciones que obligaron a Gran Bretaña a asumir el papel
de segundo socio comercial de México. A pesar de la abierta simpatía que Díaz siempre mostró por el capital europeo, la relación
con Estados Unidos era estrecha.
Pero los capitales extranjeros no lo eran todo. Para impulsar el desarrollo económico y el progreso material, la política exterior
del Porfiriato fue la piedra angular. Durante los 34 años de dictadura el gobierno mexicano se comportó con independencia y
valentía frente a las presiones que por momentos ejercía Washington sobre la administración de Díaz. El cumplimiento de los
compromisos de la deuda definió desde 1878, la estabilidad y cordialidad de la relación bilateral.
El gobierno mexicano desarrolló una intensa actividad diplomática basada, desde luego en la estrecha cooperación con Estados
Unidos. Con Washington se firmaron varios acuerdos. Se creó la comisión mixta de reclamaciones para cuidar los intereses de
ambos países, se constituyó también la comisión internacional de límites. Como equilibrio político y económico resultaba
imprescindible para México, el gobierno porfirista amplió sus horizontes hasta Europa. Las relaciones comerciales con Francia,
España y Alemania alcanzaron un nivel sin precedentes. Inglaterra, por su parte, se convirtió en el contrapeso ideal en áreas
estratégicas como la minería, los ferrocarriles y el petróleo. Porfirio Díaz mandó de embajador al Japón a su propio hijo porque
ambos pueblos veían el auge del monstruo del norte como peligroso. (Argumentando cercanía de raza al ser la cultura mexicana y
japonesa descendientes de la mongoloide que una rama cruzaría por el estrecho de Bering y serían los antepasados de los aztecas,
y diversas etnias amerindias). Incluso en Centroamérica, la diplomacia mexicana actuó con independencia y se opuso a los
intentos de Guatemala, auspiciados por Washington, de crear una sola nación con el resto de los países centroamericanos.
La política exterior de aquellos años, conducida por Porfirio Díaz y por sus Ministros de Relaciones Exteriores, Ignacio Luis
Vallarta e Ignacio Mariscal fue radicalmente opuesta a la que se siguió en la primera mitad del siglo. Lejos de ser vaga e idealista
con posiciones tajantes que no admitían negociación (como se demostró en el caso de Texas), esta diplomacia tuvo objetivos muy
concretos -como lo fue el lograr el reconocimiento norteamericano- que iban a ser alcanzados con acciones pragmáticas y
acomodaticias. Después de todo, si la finalidad era el desarrollo económico y esto requería de estabilidad y orden, ¿no era mejor
acaso tener a los norteamericanos como socios y no como enemigos? De hecho, el gobierno de Díaz mataba así dos pájaros de un
tiro, ya que era obvio que no solo necesitaba evitar el conflicto, sino que también requería del capital y de la tecnología del vecino
del norte para el ansiado desarrollo económico. Ambas cosas las consiguió al mismo tiempo.
Además fue una política exterior mucho más sofisticada que la de antaño.
Se reconocía que Estados Unidos no era una sola entidad monolítica, sino que estaba compuesto de diversos grupos con distintos
intereses, así que de lo que se trataba era de atraer a los intereses adecuados para neutralizar a los otros.
A pesar de todo la relación con Estados Unidos marchó como en ningún otro momento del siglo XIX: en un ambiente de amistad,
paz y apoyo. Con las fronteras abiertas a las inversiones extranjeras y la estabilidad política garantizada por don Porfirio, el
gobierno estadounidense respiró tranquilo en Washington durante más de tres decenios. Tan estable se presentaba la
administración de Díaz, que los políticos de Estados Unidos se convirtieron en accionistas de las principales compañías petroleras
y ferrocarrileras.
Francisco Bulnes escribió: “Existía una convicción universal de que mientras el general Díaz disfrutase del apoyo ultraamistoso
que le había concedido Estados Unidos, nada debía temer a las revoluciones. La diplomacia mexicana debió dedicarse a mantener
intactas tan valiosas simpatías, básicas para nuestra orden social”. Durante los gobiernos de Porfirio Díaz se registraron dos
hechos importantes para la administración pública. El primero, al expedirse el 11 de febrero de 1883 el quinto Reglamento
Interior del Ministerio de Relaciones Exteriores, y el segundo, al decretarse la existencia de siete secretarías para el despacho de
los asuntos de orden administrativo del gobierno federal, el 13 de mayo de 1891, estableciéndose la Secretaría de Relaciones
Exteriores.
De esta manera, también se integró un Reglamento para el cuerpo diplomático, el cual fue la Ley reglamentaria del cuerpo
diplomático mexicano de 1888. Es de destacar que don Porfirio Díaz mantuvo una posición firme en asuntos de la política
exterior, ya que también desarrolló una postura de acercamiento industrial, comercial, cultural y financiero hacia los países
europeos.
Consecuencias sociales
Si bien durante el porfiriato se lograron avances en la pacificación del país, el costo social de este progreso fue enorme; la
desigualdad aumentó a niveles pocas veces vistos, se crearon zonas de explotación sistemática de indígenas a los cuales casi se
les trataba como esclavos, como Valle Nacional y buena parte de Yucatán. Además una represión a la prensa libre, que era
silenciada ya fuese por medio de sobornos o bien por torturas y desapariciones.
Las represiones que Díaz ejercía sobre las personas que exigían una mejor calidad de vida fueron justificadas con una doctrina
filosófica: el Positivismo, la cual proponía "Orden y progreso". Así, el "Orden" lo mantenía con represiones a los manifestantes, y
con ese factor, tener el "progreso", que era el crecimiento económico que en esa época se logró.
La Iglesia
El clero recobró gran parte del poder perdido con las Leyes de Reforma y la Guerra de los Tres Años. Bajo el régimen de Porfirio
Díaz pudo seguir obteniendo diezmos con toda regularidad, afectando así a los sectores desposeídos tanto en el campo como en
las ciudades. En el campo también afectaba a los pequeños propietarios, ya que el clero concentraba altas cantidades de semillas,
producto del diezmo de los indios y de los pequeños propietarios, ya concentrada la producción la vendía a precios más bajos.
Logrando obtener jugosas ganancias dado que no le costaba nada esa producción, así, los compradores preferían los precios del
clero y no el de los productores.16
Véase también
Antecedentes del Porfiriato
El hijo del Ahuizote
Huelga de Cananea
Huelga de Río Blanco
John Kenneth Turner
Plan de Tuxtepec
Porfirio Díaz
Anexo:Gabinete de Porfirio Díaz
Los Científicos
Rebelión de Acayucan
Economía del porfiriato
Tecnología en el Porfiriato
Electricidad en el Porfiriato
Tienda de raya
Industria textil en el porfiriato
Periodismo durante el porfiriato
Música en el porfiriato
Entretenimiento durante el Porfiriato
Deporte en México durante el porfiriato
Entrevista Díaz - Creelman
Crisis del Porfiriato
Referencias
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