Introducción1
Es indudable que la electrificación rural en lugares que no cuentan con energía mejora la
calidad de vida de sus pobladores y comunidades. En ese sentido, los tomadores de decisiones
de política, en el momento de destinar recursos a través de proyectos de electrificación rural,
requieren tener certeza o información relevante de que lo invertido generará adecuadas tasas
de retorno, principalmente en lo social.
Para ello, la ejecución de dichos proyectos requiere de herramientas apropiadas para la
identificación, formulación y evaluación de los mismos (MEF 2011). Uno de los requerimientos
básicos es la cuantificación correcta de los beneficios sociales que la electrificación rural
genera en las zonas de intervención, con la finalidad de determinar qué usos le darán los
pobladores a la electricidad, para permitir una mejor asignación de los recursos (es decir, para
dotar de los activos más convenientes; por ejemplo, sistemas solares, redes primarias o
secundarias, etc.). Es así que el desarrollo de políticas de Estado, a través de proyectos de
electrificación, que apunten a la mejora de la calidad de vida de los hogares rurales, debe
seguir un criterio consistente y razonable con las verdaderas necesidades de los futuros
beneficiarios.
En esa línea, y en el marco de la misión y visión del Ministerio de Energía y Minas (Minem)
establecidas en el Plan Nacional de Electrificación Rural (PNER), y como parte de la «Matriz de
Mejora de Desempeño del Programa de Electrificación Rural», la Dirección General de
Electrificación Rural (DGER) asumió el compromiso de desarrollo de un estudio independiente
para actualizar el cálculo de los beneficios sociales de electrificación rural, que permita: (i)
conocer si los recursos públicos están siendo destinados de manera eficiente, (ii) priorizar el
financiamiento entre los proyectos de inversión pública (PIP) y (iii) facilitar la evaluación social
de los PIP a nivel nacional. La realización del estudio fue adjudicada a través de un concurso
público (ADP-0015-2012-MEM/DGER) al Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico,
iniciándose el estudio el 22 de noviembre de 2012 y culminando el 21 de marzo de 2013.
El documento consta de seis secciones, además de la presente introducción. En las secciones
primera y segunda, se desarrollan los correspondientes marcos conceptuales para el cálculo de
los beneficios sociales en general y para el cálculo de los beneficios de la electrificación rural,
respectivamente.
De estas primeras secciones se extrae que los enfoques de medición de beneficios sociales son
dos: (i) distributivo y (ii) de eficiencia. Ambos se asemejan al analizar el impacto de los
proyectos evaluando las variaciones en la función de bienestar social; pero se diferencian en la
forma de considerar los beneficios que el proyecto genera sobre los involucrados. Mientras
que el primero les asigna ponderaciones distintas a los individuos en la función de utilidad
social, en el segundo los individuos tienen la misma importancia relativa en dicha función.
Asimismo, en materia de electrificación rural, el desarrollo e implementación de proyectos en
este campo genera cambios sustanciales y favorables en el bienestar de los hogares y las
comunidades; y, además, puede constituirse en prerrequisito clave para el crecimiento
económico, la mejora en el bienestar social y una mejor calidad de vida. Así, resulta posible
clasificar el empleo de la electricidad rural en tres niveles de uso: (i) doméstico (por ejemplo,
para la iluminación, uso de radio y televisión, cocina, refrigeración y ventilación); (ii)
comunitario (inmunización, escuelas, etc.); y (iii) productivo (en actividad agrícola y no
agrícola, iluminación de ambientes, etc.).
De acuerdo a los diferentes usos que puede tener la electricidad (a nivel de hogar, comunidad
o empresarial rurales), es posible clasificar los beneficios de la misma en tres grandes áreas: (i)
social (reducción de la incidencia de enfermedades respiratorias, mayor tiempo de estudio,
mejora en rendimiento escolar, menor fertilidad, mayor acceso a información en medios,
seguridad en lugares públicos); (ii) económica (aumento en la productividad de actividades en
el campo, menores gastos en energía, mayor tiempo de operación de los negocios); y (iii)
ambiental (menor consumo de combustible, menor polución y deforestación).
Ciertamente, la magnitud de los beneficios dependerá del tipo de tecnología específica de
energía que sea considerado para la electrificación rural, y las características de la zona,
comunidad o vivienda que se beneficie del proceso.
Por su parte, en la tercera sección se establece una propuesta de cómo pueden caracterizarse
los diversos tipos de intervenciones en materia de electrificación rural, desde el punto de vista
académico, así como los beneficios sociales que estas generan y los consumidores de energía
rural que los perciben.
Al respecto, se encontró que es posible tipificar las intervenciones de electrificación rural en
tres rubros: (i) instalación y ampliación del servicio de electricidad, (ii) mejoramiento del
servicio de electricidad y (iii) aprovechamiento de la electricidad para usuarios que cuentan
con el servicio. De ellas, la más utilizada en el Perú ha sido la primera.
Asimismo, se concluye que, considerando el perfil del consumidor (según segmentación de
consumidores, nivel socioeconómico de hogares rurales, zona geográfica y estado de conexión
a la red eléctrica) y los beneficios que los consumidores pueden obtener al realizarse
intervenciones en energía eléctrica rural, estos beneficios pueden ser valorados desde la
perspectiva cuantitativa, como en los casos de los beneficios por iluminación, refrigeración y
uso de radio/TV, entre otros beneficios directos; pero muchos otros beneficios podrán ser
valorados desde la perspectiva cualitativa, como son los beneficios por el incremento del
tiempo destinado para lectura de ocio, la mejora de la salud, la reducción de la fertilidad, el
incremento de la seguridad ciudadana, entre otros beneficios indirectos.
Por otro lado, en la cuarta sección, se explica la propuesta metodológica para el cálculo de los
beneficios sociales, que se realiza para los fines de la consultoría; y, en la quinta sección, se
muestran los resultados de su implementación, a través de la recopilación de información
socioeconómica de hogares mediante la Encuesta de Hogares Rurales sobre Usos de Energía
2013, elaborada y aplicada como parte de este estudio en diversas áreas rurales de algunos
departamentos de la Costa, Sierra y Selva peruanas, seleccionados por la DGER. Finalmente, la
segmentación de los usuarios utilizada para la estimación de los beneficios es exclusivamente
la geográfica, según regiones naturales.
En esencia, la metodología desarrollada se compone de tres enfoques:
(i) el enfoque del Excedente del Consumidor, para el cálculo de los beneficios directos de la
iluminación, gracias a la electricidad, que consiste en suponer una función de demanda y
encontrar el cambio en el excedente del consumidor (como aproximación del beneficio que
experimenta el hogar rural) por reemplazar fuentes de energía tradicionales (leña, carbón,
bosta, por ejemplo) por una fuente de energía moderna, como la energía eléctrica;
(ii) el enfoque de Sustitución de Costos (o Costos Evitados), para el cálculo de los beneficios
directos de la radio y televisión gracias a la electricidad, que consiste en estimar los
desembolsos o gastos que el hogar rural evita o deja de asumir al emplear fuentes alternativas
de energía para escuchar radio o ver televisión (pilas, baterías de auto y/o generador eléctrico,
por ejemplo), cuando son reemplazadas por una fuente de energía moderna, como la
electricidad; y
(iii)el enfoque de Evaluación de Impacto Cuasi-Experimental Ex Ante (Ex Ante Impact
Assessment), para el cálculo de los beneficios indirectos de la educación, que, en términos
generales, consiste en una comparación de datos de sección cruzada o de corte transversal (es
decir, comparar diferentes grupos de observaciones para un mismo período de tiempo) de
hogares con y sin conexión a electricidad antes de una futura intervención de electrificación
rural. De esta manera, lo que se calcula en realidad son los beneficios sociales esperados en
determinado momento del tiempo antes de la implementación de un proyecto de
electrificación rural.