UNIVERSIDAD DE PIURA
FACULTAD DE COMUNICACIÓN
COMUNICACIÓN ESCRITA 2
ENTRADAS NARRATIVAS
De cita:
1)
“¿De qué le serviría a los patos el instinto de nadar, si no existiese agua en la que
pudiesen patalear? Así pues, como el pato, el hombre tiene instinto de eternidad… ¿de
qué nos serviría este instinto si no fuésemos eternos?”.
Mientras cruzaba la calle oscura y húmeda, esquivando flameantes taxis mi mente
cavilaba en lo que había dicho el sacerdote, y la palabra “eternidad” crecía dentro de mí.
Martín Aspíllaga.
2)
—Fue culpa del cigarro. Bueno, del cigarro y los excesos.
Pedro Lemebel lo reconoce como lo que es: una profunda herida a la altura de la
garganta, que él cuenta a punta de sarcasmos. Su entrecortada voz, que a ratos es un
áspero susurro, es el más fiel registro de esta zancadilla en su vida. Es finales de 2011,
en una sala repleta de sus fanáticos en la Estación Mapocho. Él les anuncia que padece
cáncer de laringe. Y luego agrega:
—Cómo es la vida… Yo arrancando del sida y me agarra el cáncer.
Quienes lo conocen no se espantan. Si hay algo que Lemebel nunca perderá es su
sentido del humor.
Pedro Bahamondes, “Lemebel y la vida después del cáncer”.
Retrospectivo:
1)
LA HEREDERA FALSA
De acuerdo con mis amigos más cercanos y varias fuentes sospechosas de
Internet, cumplir 29 años el 29 de enero de 2017 marcó mi cumpleaños de oro. En ese
momento, no estaba segura de lo que eso significaba, pero tenía un presentimiento sobre
mi trigésimo año: iba a ser especial; iba a ser bueno
Fue un desastre absoluto.
Comenzó con Anna. Con su distintivo atuendo deportivo negro y gafas de sol
Céline de gran tamaño, se sentó a mi lado en el SUV, picoteando su teléfono. Al
parecer, todo lo que tenía estaba empacado en las maletas de Rimowa y apilado en el
baúl, justo detrás de nuestras cabezas. Estábamos llegando tarde. Anna siempre llegaba
tarde. Nuestro SUV zumbó a lo largo de los adoquines de Crosby Street. Viajábamos
desde 11 Howard, el hotel que Anna había llamado hogar por tres meses, hasta el
Mercer, el hotel en el que Anna planeaba mudarse al regreso de nuestro viaje. Los
botones del Mercer nos ayudaron a descargar sus bolsas (todas menos una), y las
1
revisaron para esperar el regreso de Anna. Terminada nuestra misión, volvimos a subir
al automóvil y nos dirigimos a JFK dos horas antes de nuestro vuelo: estábamos en
dirección a Marrakech.
Por Rachel Deloache Willians
[Link]
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2)
Erguido sobre la roca, frente al ancho mar, observando cómo unas chalanas se
perdían en el horizonte, el Padre José trataba de recordar cuántos años estaba ya de cura
del pueblo. Sólo recordaba que en un invierno remoto el delegado del obispo, abriendo
la puerta de una vivienda de dos habitaciones y un pequeño patio, le dijo: “Este será tu
hogar y tu parroquia”; y que señalándole una explanada vecina, cercada por unos breves
muros de no más de medio metro de altura, le agregó: “Y esta será la casa de Dios que
tú tendrás que concluir. Recordaba que observando la enorme extensión vacía, en cuyo
centro se levantaba una enramada bajo la cual había un altar provisional, sintió un
estremecimiento de temor. Sólo sabía rezar en un latín inaceptable y el encargado de
levantar la casa de Dios, una casa digna, le pareció abrumador. “¿Cómo voy a hacerlo?”
–preguntó–. Y la respuesta fue concluyente: “Dios proveerá”. Tiempo le costó
comprende que Dios tenía decidido proveer a través de él. De haberlo sabido con
anticipación ¿habría tenido fuerzas para intentarlo?
Mario Polar, Estampas humanas, pp. 141-142.
3)
Eran casi las diez de la noche del viernes 18 de agosto de 1989 en el Hospital de
Kennedy. Abrí sin permiso cajones de un escritorio de la oficina del director del
hospital, saqué unas hojas blancas de papel mantequilla que encontré al fondo de la
última gaveta y empecé a escribir el discurso que pronunciaría en el Cementerio Central
de Bogotá, enterrando a mi papá casi 48 horas después de su asesinato en Soacha.
Frente a la hoja en blanco pensaba en lo lejano que parecía el comienzo de ese maldito
día que nunca hubiera querido vivir.
Juan Manuel Galán Pachón, “El día que mataron a mi papá Luis Carlos Galán”, Soho,
20/6/2014.
4)
EL SECRETO DE CALI
Sentado en la sala de embarques del aeropuerto internacional Alfonso Bonilla de
la ciudad de Cali, junto a los dos policías peruanos artífices de su captura, el abogado
Rodolfo Orellana Rengifo (50) habría de evocar por primera vez sus épocas de poder.
5)
COMETAS EN EL CIELO
2
Me convertí en lo que hoy soy a los doce años. Era un frío y encapotado día de
invierno de 1975. Recuerdo el momento exacto: estaba agazapado detrás de una pared
de adobe desmoronada, observando a hurtadillas el callejón próximo al riachuelo
helado. De eso hace muchos años, pero con el tiempo he descubierto que lo que dicen
del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Porque el pasado se abre paso a
zarpazos. Ahora que lo recuerdo, me doy cuenta de que llevo los últimos veintiséis años
observando a hurtadillas ese callejón desierto.
Khaled Hosseini.
Descriptivo:
1)
NAVIDAD DE UN PERUANO EN JAPÓN
Su rostro demacrado y amoratado por el frío gélido de esa tarde asiática traslucía
un viejo sentimiento de tristeza finalmente corroído por la indiferencia y la penosa
adaptación a ese otro sistema.
Sus cabellos sucios y apretados, bastante largos, se descolgaban sin gracia alguna sobre
su rostro pétreo.
A pesar del intenso frío y de la nieve cayendo del firmamento congelado quemando su
cuerpo y sus ganas, se mantenía inmóvil, con las manos sujetas a las gruesas barandas
de acero del colosal puente sobre el río Turacucho, en la ciudad del mismo nombre
pocos kilómetros de Tokyo.
Su nombre (verdadero) José Pérez Dulanto. Peruano de 27 años. Mestizo, de contextura
gruesa y baja estatura. Había llegado desde Lima, del populoso distrito del Rímac, y
ciertamente por su venas no corría ni una sola gota de sangre japonesa.
Jorge Rochabrunt Gamarra.
2)
EL ENANO
Mi estatura es de sesenta y cinco centímetros. Estoy bien conformado, con las
proporciones correspondientes, aunque tengo la cabeza un poco grande. El pelo no es
negro, como el de los demás, sino colorado y echado hacia atrás de las sienes y de una
frente que más impresiona por lo ancha que por lo alta. Soy lampiño, pero, fuera de eso,
mi rostro es como el de cualquiera. Las cejas son espesas. Mi fuerza física es
considerable, especialmente si me enfurezco. Cuando se dispuso la lucha entre yo y
Josafat, a los veinte minutos lo puse con la espalda contra el suelo y lo estrangulé.
Desde entonces, aquí no hay más enano que yo.
Casi todos los enanos son bufones. Tienen que decir chistes y hacer payasadas que
hagan reír a sus amos y sus huéspedes. Yo no me he rebajado jamás hasta ese extremo.
Tampoco me lo ha exigido nadie. Basta mi aspecto para impedir que se haga de mí
semejante empleo. Mi cara no es de las que se prestan para divertir a nadie. Además, no
me río nunca.
3
No soy un bufón. Soy un enano y nada más que un enano. Por otra parte, tengo una
lengua mordaz que probablemente agrada a algunas personas que me rodean. Lo cual no
es lo mismo que ser un bufón.
Ya he dicho que mi cara se parece a la de cualquier otro hombre. Lo cual no es
absolutamente exacto, porque está llena de arrugas. Para mí, eso no es un defecto. A mí
me han hecho así, y no puedo evitar que a los demás no les suceda lo mismo. Me
presento tal como soy, sin embellecerme ni afearme. Tal vez no sea lo común, pero
estoy satisfecho de ser como soy.
Park Lagerkvist.
Contraste:
1)
La comedia es francesa, el drama es español; la tragedia griega; el music hall,
yanqui; la ópera, alemana; la opereta italiana; el circo inglés. Nada más disparatado que
una tragedia italiana, un drama francés, una opereta inglesa, una revista española, una
comedia yanqui o un circo alemán. ¡Un circo alemán! Un circo alemán con artistas
alemanes, aparato escénico alemán, concepción estética alemana, ¡fieras alemanas…!
César Vallejo.
2)
UNA CONEXIÓN MÁGICA ENTRE ILOBASCO Y MILÁN
Derek nació en Ilobasco, lo asesinaron en Milán.
Roberto Valencia.
3)
LA MUERTE IMPARABLE
Hasta hace 20 minutos tenía 14 años y se llamaba Raúl. Estaba parado en la
esquina de su casa, charlando con dos amigos. Un coche apareció muy lentamente por
el final de la calle llena de gente. Cuando estuvo a su altura, dos hombres –ni jóvenes ni
viejos, ni guapos ni feos, nunca nadie ve nada en Ciudad Juárez– se bajaron y apuntaron
sus armas sobre él. Un tiro, dos, tres…
Ahora ya no tiene 14 años ni se llama Raúl. Sólo es el último muerto de esta ciudad
maldita donde el único negocio que florece es el de las funerarias. Un tiro, dos, tres…
Así hasta 25. Los perros ladrando. El padre de Raúl escuchando los disparos, bajando a
la calle, descubriendo justo lo que el presentimiento le iba diciendo al oído. Su hijo de
14 años, estudiante de secundaria, desplomado entre la acera y un Ford Thunderbolt de
color crema. Con la cabeza destrozada a balazos.
Pablo Ordaz, en [Link]
4)
“La imagen de España en el mundo es más o menos así: paella, siesta, sol,
vestidos estampados de lunares, toreros, sangría y olé. Hoy, en cambio, o también, es
4
así: desempleados, desahucios, endeudamiento, indignados, recortes y caras de a-ver-
cómo-salimos-de-ésta”.
[Link]
Anecdótica:
1)
JACKES TAT OBSERVA QUÉ GRACIOSO SOMOS
Asistí hace poco tiempo a un postinero restaurante neoyorquino como invitado de un
grupo de distinguidos hombre de negocios. Mis anfitriones pidieron una botella de
cierto vino muy caro e insistieron en que yo, el único francés de la concurrencia, lo
catara. Pero cuando el cocinero lo escandió en mi copa, mis compañeros de mesa
conversaban tan animadamente que nadie reparaba en mí. Así pues, en vez de mi copa
tomé el caso de agua helada que tenía delante, paladeé el líquido y declaré que era
excelente. Ningún comensal notó mi travesura.
Jackes Tat, Selecciones.
2)
Un domingo, mi esposa, diana, y yo conocimos a un matrimonio en la iglesia, y
nos detuvimos a presentarnos y charlar un poco. Les contamos del vecindario en el que
vivíamos y escuchamos compadecidos sus quejas de que en suyo era todo lo contrario.
Tras despedirnos, subimos a nuestros respectivos autos y nos marchamos. Cuando
íbamos llegando a la casa, vimos con horror que nuestros nuevos amigos se bajaban de
su auto y entraban en la casa contigua a la nuestra.
Selecciones, ¡Qué mortificación!, agosto 1994, p. 54.
3)
Estaba en Brasil, en un curso con personas de Brasil, Argentina, Paraguay y
Uruguay, fuimos a una Chapería a cenar, comimos espigas y chop (cerveza de barril),
luego de una ronda, me preguntaron que si estaba conforme y yo dije que sí estaba
lleno, así que el compañero pidió más espigas. Resulta que estar conforme en portugués
es tener hambre. Así que en mi estadía en Brasil tuve varias experiencias cómicas
porque solo conocía cuatro palabras de portugués.
4)
LA OTRA ODISEA DE COUSTEAU
Los miembros de la expedición apenas pueden disimular su miedo. Silencio.
Viajan a bordo de renqueantes camionetas pensando en la historia de aquellos
compañeros que se atrevieron a entrar en un autobús en los dominios de los indios
Yanomami –que recorren las orillas del Amazonas a nado en busca de oro– y fueron
degollados uno a uno por su osadía. De pronto, no pueden continuar. El tronco de un
árbol obstruye el camino. Todos saben que ese tronco habla un idioma universal: no
pasar. Súbitamente, entre la vegetación, surge un indio semidesnudo. Grita y señala al
corazón de la única mujer del grupo. Dice en un inglés rudimentario pero claro:
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¡Jacques Caousteau! ¡Así se hace! ¡Adelante! La mujer se mira el pecho y se da cuenta
de que en su camiseta brilla un símbolo que también pertenece a un lenguaje universal:
el logotipo de la Cousteau Society. “No nos extrañó a ninguno que la fama de Jacques
hubiese llegado a las profundidades de la mayor selva del mundo”, explica la fotógrafa
Rachel Carson, quien vivió esta anécdota en primera persona en el año 1984.
Vanity Fair, “”, agosto 2010, #24, p. 62.
Sorpresiva:
1)
LEYENDO A CIRO EN SECRETO
El inminente regreso de Ciro Alegría al Perú, en el verano de 1958, me hizo
enfrentar un culposo vacío en mi cultura literaria, pero sobre todo un problema de
conciencia que me había perseguido toda mi vida; yo no había leído sus novelas. “A los
dieciséis años cumplidos, ninguna. Lector empedernido desde que tengo memoria (mi
abuelita me leyó completo, en alta voz, el Tom Saywer de Mark Twain antes de que yo
aprendiera a leer), a los dieciséis cumplidazos yo ya había leído las obras completas
(una tras otra, en la edición Aguilar) de Gogol y de Chéjov, todas las obras de teatro de
O’Neill, gran parte de Thomas Mann y mucho de Dosyoyevski, entre muchos otros.
Pero nada de Ciro Alegría. Tampoco había leído a Flaubert, pero el caso es que Ciro
Alegría era mi padre.
2)
Imaginemos por un momento la vida de Gordon Matthew Thomas Sumner,
inglés de 65 años, nacido y criado en Wallsend, junto a Newcastle, a la sombra de los
grandes buques que se levantaban en los astilleros; hijo de lechero y peluquera, hoy con
una esposa, una exesposa, seis hijos y seis nietos; una fortuna superior a los 200
millones de euros; un palacete del siglo XVI en la Toscana, donde le canta a los vinos
que le dan las uvas repartidas por las 350 hectáreas de sus tierras; un Picasso en uno de
sus innumerables baños –la energía de cuyo trazo dice percibir a diario– y un basquiat
sobre el que sus nietos colocan las manazas; con la costumbre de nadar cada mañana
mientras escucha a Yo-Yo Ma tocando las suites para chelo de Bach (siempre el mismo
disco); luego, la sesión de pilates; aficionado al yoga, a la meditación y a dar titulares
jugosos, como aquel de los noventa sobre su gusto por el sexo tántrico; con una vida
“nómada”, de gitanos”, que lo mismo le hacía recalar en su mansión de Londres (la
vendió en 2015 por 22 millones de euros: con los hijos mayores empezaba a notarse
vacía) o en el ático de Nueva York, de 500 metros cuadrados, en cuya terraza que
sobrevuela el Central Park se encierra con una guitarra en invierno y le pide a su mujer
que no le abra hasta que dé con una letra decente. En una ocasión confesó: “El problema
sobre el que más pienso últimamente es: ‘Soy un rico y exitoso compositor de
canciones, ¿sobre qué escribo yo ahora?”. Lo dejó caer en una entrevista cuando tenía
32 años, la mitad de los de ahora, y acababa de llenar un estadio con 70.000 personas.
Esa noche de 1983, tocando en el Shea Stadium de Nueva York, pensó que había
encumbrado un “Everest” y decidió dejar la banda que lo había acompañado a la cima,
The Police, para convertirse en una sociedad unipersonal dedicada a la música. Una vez,
un periodista se dirigió a él como “Gordon”. Lo fusiló con la mirada: “¿Quién es ese
personaje Gordon? Mi madre, mis hijos…, todos me llaman Sting”.
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3)
EL AHOGADO MÁS HERMOSO DEL MUNDO
Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba
por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no
llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó
varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y
los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, entonces y sólo entonces
descubrieron que era un ahogado.
García Márquez.
4)
DOS GRANADAS PARA EL MAÑANA
Algo acaba de explotar. El estallido ha dejado un hueco en el piso y ha
repercutido en el estómago de todos. Unos encapuchados entran y aprietan con sus
manos las culatas y los gatillos de las ametralladoras. Son manos que actúan de manera
automática. Disparan a todos lados. Las balas perforan paredes, rompen vidrios y
lámparas, un cuerpo humano.
Y esos que disparan, ¿son dos, tres? ¿Quizá hay más? ¿Otros allá afuera?…
¿Es posible? Sentir de repente una bofetada de pavor ante el estruendoso eco de los
disparos. ¿Eco? No, es la siguiente ráfaga.
Miedo. Silencio. Un silencio espeso y extraño. La resonancia sorpresiva de lo que acaba
se pasar y la incertidumbre de lo que vendrá.
—¡Ora sí se los va a llevar la chingada a todos!
Es ese grito y más ráfagas. Y otra granada.
No, esto no es un campo de batalla. Es la redacción de un periódico.
Aquí ya todo es posible.
Víctor Núñez Jaime, en [Link]
el-manana/. Fecha: 25/10/10
5)
NO ME DIGAN POBRECITA
Ella se mueve en silencio en medio de las corridas y los gritos y en silencio abre
su computadora portátil y se dispone a trabajar. Hará llamadas, pedirá entrevistas,
escribirá, mandará mails, buscará datos para el informe que más tarde presentará ante
las cámaras del noticiero del canal 7 de Buenos Aires. Lo único que Verónica no podrá
hacer es seleccionar las imágenes para su envío. Verónica González Bonet es la única
periodista ciega que trabaja en la televisión argentina.
Fernando Ríos, en [Link]
6)
BLANCO COMO UN DOMINICANO
República Dominicana es como un estuche de acuarelas. La vida parece estar
clasificada en colores. El turquesa significa playas. El blanco es sinónimo de la arena.
7
El verde, de las palmeras y de sus cocos. Los distintos tonos del amarillo son el ámbar,
el ron y el plátano frito. Y el negro es Haití.
Situaciones paralelas:
1.
Era una pareja desigual; él traía la prominencia de su apellido, pero también la
torpeza de niño mimado, ella había sabido acomodarse, nadie notaba su clase media, y
su talento para la vida social encandilaba. No buscaba descollar en su presencia, más
bien intentaba por todos los medios levantarlo hasta su inteligencia y lo hacía con la
alegría de maestra constante y vencedora.
Los primeros tiempos, amorosa lo cogía del brazo, subordinando su natural
independencia. Sólo después, mucho después, los gestos cariñosos y las palabras tiernas
escasearon. Por aquel entonces los unió la gestión administrativa de los bienes, los
intereses comunes, mantener la imagen romántica de pareja bella, inmaculada.
Imperturbable, con una voluntad de hierro ella jamás flaqueó ni dio a conocer la mínima
frustración, en él desapareció la sonrisa y su frente llena de incógnitas revelaba algunas
veces candor y otra estupidez.
Situacional:
1)
BARCA DE LOS ALUCINADOS
El hombre cruzó la avenida sosteniéndose la cabeza. La sangre a borbollones y sus
chillidos, amén de los topetazos, paralizaron el tránsito por unos instantes. Nadie hizo
nada ente ese espectáculo del pobre hombre que se desfondaba por la grieta del parietal
y, a punto de desplomarse, sobrenadaba en sus propios líquidos. Alguien señaló al loco
que corría calle abajo con el tremendo fierro que acababa de encajarle.
Jorge Eslava, Flor de azufre, p. 45.
2)
UNA ROCA CAYÓ EN CARANCAS
¿Así comenzaría el fin del mundo?, se preguntó José Sarmiento Pari, preso de un terror
insólito. Era una mañana de septiembre y una roca envuelta en un fuego rojizo caía en
picada desde el cielo y le cegaba la vista. Aquel proyectil extraterrestre bien podía
haberse dirigido a Lima, a Río de Janeiro o acaso al centro financiero de Nueva York,
como ocurre en las películas, pero su destino apuntaba al mediodía soleado en la aldea
de Carancas, Perú, en la inhóspita frontera con Bolivia. José Sarmiento Pari, un pastor
de ovejas, creyó que en ese momento acabaría todo. Después de vulnerar la espesa
atmósfera del planeta a veinte mil kilómetros por hora, como explicarían algunos
científicos, y tras recorrer el cielo de los Andes como una estrella fugaz extraviada, la
bola de fuego se precipitó ante los ojos asombrados de los campesinos que pastaban sus
animales en ese paisaje de llanuras extensas, con el estrépito de una bomba descomunal.
A casi cien metros del lugar donde caería aquella maldición, Sarmiento Pari no tuvo
tiempo de avisar a sus siete hijos, ni de pensar en Dios, ni siquiera de poner a salvo a
sus cinco vacas y cincuenta ovejas, que, como dirá mucho tiempo después, son toda su
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riqueza. Sólo pensó que sería el fin, pero no tuvo tiempo ni de taparse la boca, ni de
cerrar los ojos, precauciones que le habrían librado de muchos pesares. No. El meteorito
se hundió en su chacra de pasto, al borde de un riachuelo escuálido, y produjo un leve
temblor que remeció casi todos los pueblos del distrito de Desaguadero, al que Carancas
pertenece. Entonces, toda la distancia que Sarmiento Pari podía alcanzar con los ojos se
cubrió de una asfixiante nube de polvo, como un hongo fabuloso, y una lluvia de
piedras calientes cambió para siempre la historia de su aldea.
Marco Avilés, en [Link]
espacio-cayo-en-carancas/
Discrepante:
1)
UN BORRACHO
Estoy borracho, borrachísimo. Y no importa. Sí se lo digo a usted, no se haga el
desentendido. ¿Qué no le interesa?, pues aguántese. Yo, cuando estoy borracho, soy
amigo de todo el mundo: de los camareros, de la cajera, del gato, de aquel señor de luto,
de los guardias de la circulación… Y ahora, soy amigo de todo el mundo, menos de
usted, porque sé lo que está pensando. Está pensando: “Uf, qué asco, un borracho” Sí.
¿Qué pasa? ¿Usted no se ha emborrachado nunca, ni siquiera con sus pensamientos?
Julio Pinedo, diario Pueblo de Madrid.
2)
EL TÚNEL
Como decía, me llamo Juan Pablo Castel. Podrán preguntarse qué me mueve a
escribir la historia de mi crimen (no sé si ya dije que voy a relatar mi crimen) y, sobre
todo, a buscar un editor. Conozco bastante bien el alma humana para prever que
pensarán en la vanidad. Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me
importan un bledo la opinión y la justicia de los hombres. Supongan, pues, que publico
esta historia por vanidad. Al fin de cuentas estoy hecho de carne, huesos, pelo y uñas
como cualquier otro hombre y me parecería muy injusto que exigiesen de mí,
precisamente de mí, cualidades especiales; uno se cree a veces un superhombre, hasta
que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido. De la vanidad no digo nada:
creo que nadie está desprovisto de este notable motor del Progreso Humano.
3)
EL PUEBLO QUE SOBREVIVIÓ A UNA MASACRE AMENIZADA CON
GAITAS
Sucede que los asesinos —advierto de pronto, mientras camino frente al árbol
donde fue colgada una de las 66 víctimas— nos enseñan a punta de plomo el país que
no conocemos ni en los libros de texto ni en los catálogos de turismo. Porque, dígame
usted, y perdone que sea tan crudo, si no fuera por esa masacre ¿cuántos bogotanos o
pastusos sabrían siquiera que en el departamento de Bolívar, en la Costa Caribe de
Colombia, hay un pueblo llamado El Salado? Los habitantes de estos sitios pobres y
apartados solo son visibles cuando padecen una tragedia. Mueren, luego existen.
9
Alberto Salcedo Ramos, en [Link]
que-sobrevivio-a-una-masacre-amenizada-con-gaitas/10614
También en Antología de la crónica latinoamericana actual, Darío Jaramillo (ed.),
Santillana Ediciones, Madrid, 2012, p. 101.
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