Corrientes Migratorias en Cuba
Corrientes Migratorias en Cuba
INTRODUCCIÓN
CUBA, PAIS DE INMIGRACIÓN
LAS DISTINTAS CORRIENTES ÉTNICAS QUE HAN CONTRIBUIDO
A LA FORMACIÓN DEL PUEBLO CUBANO
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el propio siglo que los vio llegar4 privados como estaban de mujeres de su raza,
discriminados y sometidos a condiciones de vida aún peores que las de los
africanos.
En el primer ciclo, que es el que aquí nos interesa, se pueden distinguir cinco
fases:
23
africanos y de 150 000 culíes chinos. El crecimiento vegetativo es casi nulo, el
régimen esclavista se devora a sí mismo; y en la última fecha indicada, la
población total apenas sobrepasa 1.55 millones de habitantes.
En la presente obra sólo nos interesa la cuarta fase de este primer ciclo de
población (1850-1875), y, dentro de él, el aporte de los culíes chinos; pero será útil
referirse antes a las otras corrientes migratorias que inmediatamente la
precedieron, o que fluyeron paralelas a la misma.
24
aporte de la inmigración europea fue relativamente pequeño: entre 200 000 y 250
000 desde principios de siglo, sin que la cifra se pueda precisar más por ahora.14
25
creciente de personas desplazadas, o de jóvenes que no encuentran empleo
adecuado, y nuestra Isla se convierte, después de la Segunda Guerra Mundial, en
país de emigración.23
La distribución de la inmigración
26
Oriente, en los años 1905-1925, se dirige hacia esas regiones el grueso de la
inmigración: los nuevos braceros españoles que vienen libremente en busca de
mejores condiciones de vida.27 Pero a ellos se añade una inmigración contratada
de antillanos, haitianos y jamaicanos, que asciende a 251 185 entre 1913 y
1925,28 y que tiene alguna semejanza con la de los culíes, efectuada medio siglo
antes. Sin embargo, las condiciones generales son ahora totalmente diferentes: el
antillano llegaba a un país de trabajo libre y podía, con relativa facilidad, evadir su
contrata y asimilarse, por lo menos en la segunda generación, a otros núcleos de
origen africano de antiguos residentes en las Isla, lo que resultaba imposible al culí
chino.29
De una inmigración china calculada en unos 150 000 individuos hasta 1874, sólo
pudo ser recensado en 1899 el 10 % de esa cantidad: 14 614. Y aún debe
aclararse que más de la tercera parte correspondía a otra inmigración, que no
tiene relación con el tráfico de culíes: la de los chinos californianos.
27
EL TRABAJO CONTRATADO
LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD Y LA CONTRATACIÓN DE
BRACEROS EN LAS PLANTACIONES AZUCARERAS DURANTE EL
SEGUNDO TERCIO DEL SIGLO XIX
Después de haber abolido la esclavitud, mirada en los últimos años del siglo XVIII
como una institución inútil y económicamente nociva, los ingleses se vieron
obligados a recurrir al trabajo forzado —no era otra cosa la contratación—. Fue el
impacto del industrialismo sobre las antiguas plantaciones lo que produjo este
cambio en apariencia incongruente.
El geógrafo francés Max Sorre ha escrito en un libro reciente que “...la producción
de azúcar no se concebía sin mano de obra negra en un mundo en que la
esclavitud era reconocida como lícita [así] la abolición planteó en los países
intertropicales difíciles problemas obreros. Se hubiesen planteado de todos
modos, a causa del gran desarrollo de la economía capitalista de plantaciones,
pero fueron resueltos por la introducción de inmigrantes asiáticos bajo un régimen
contractual que no era sino una forma atenuada de servidumbre”.33
Los argumentos climáticos fueron los primeros y los más tenazmente esgrimidos
por los esclavistas para justificar económicamente la institución servil. A este
respecto, la literatura colonial francesa del siglo XVIII fue una cantera inagotable a
la cual no se cansaron de recurrir durante un siglo los ideólogos de nuestros
28
hacendados.34
La situación en los trópicos se complicaba bastante para los capitalistas, pues las
facilidades del clima y la abundancia de tierras vacantes hacían que el
campesinado indígena huyese de las plantaciones. Para obligarlo a trabajar en
ellas, fue necesario resucitar viejas formas de servidumbre personal allí donde la
esclavitud había sido abolida, o, como en Cuba, donde la servidumbre personal
aún se mantenía vigente, crear otras nuevas en coexistencia con ella.
La crisis de la abolición
29
como Barbados, con una densidad de más de 200 habitantes por kilómetros
cuadrado, fue relativamente fácil obligar a los negros a trabajar por un jornal de un
chelín diario, y a veces hasta por menos,39 apenas algo más que el costo de
mantenimiento y amortización del esclavo; pero en las islas más extensas, como
Jamaica y Trinidad, los esclavos liberados rehusaron, en gran proporción, volver a
trabajar en las plantaciones. Preferían cultivar por cuenta propia pequeñas
parcelas en las montañas o en terrenos marginales, o aun emigrar a las ciudades,
para ejercer algún oficio, menesteres todos donde con pocas horas de trabajo
semanal obtenían lo necesario para subsistir aunque fuese miserablemente, pero
libres al fin.
Los hacendados ingleses hicieron un esfuerzo titánico por salir de esta crisis;
realizaron grandes inversiones mejorando las condiciones técnicas de explotación,
lo que permitió en muchos casos mantener la producción con efectivos obreros a
veces inferiores en un tercio a los antiguos. Pero ni aún con jornales de 1' 9d, a 2'
por jornadas de nueve horas, lo que entonces parecía exorbitante, lograron
convencer a todos los negros de Jamaica a volver a las plantaciones. La
exportación de azúcar bajó así en más de un tercio en los años siguientes de la
abolición.40
Este no fue el caso de Perú, que se vio radicalmente privado desde temprana
hora de todo suministro de esclavos. Sus rutas normales de abastecimiento
pasaban por Panamá y por el estuario del Río de la Plata, y ambas fueron
cortadas desde que los ingleses abolieron la Trata, pues ellos eran los únicos
suministradores. La crisis de mano de obra en los ingenios y haciendas de la
costa fue entonces agudísima, y sólo pudo ser resuelta 20 años más tarde por la
trata de chinos, efectuada directamente a través del Pacífico.
Pero antes que ellos, ya los ingleses habían encontrado la solución de que nos
habló Max Sorre: había comenzado en el Caribe y en otras partes la era de los
trabajadores contratados. En realidad, la fórmula no era nueva, y tanto la
colonización inglesa como la francesa ofrecían precedentes que podían servir.
30
Las raíces históricas de la emigración contratada:
indentured servants, engagés y coolies
Una característica del sistema fue que siempre los gastos reales de los agentes o
tratantes estuviesen fuera de proporción con el valor de la fuerza de trabajo
enajenada. Esta diferencia, que en el caso de los culíes era considerable, en parte
era absorbida por el precio que "los usuarios" —los patronos— pagaban por el
trabajador que era así vendido por el tratante como una vulgar mercancía sujeta a
especulación. El trabajador contratado, aunque considerado legalmente en ambas
épocas como un hombre libre, se convertía de hecho en mercancía, en "cosa",
como el esclavo, mientras durase el tiempo de su enganche. Como consecuencia
de esto, su situación material fue casi siempre peor que la del esclavo africano,
pues, como decían los ingleses, se cuida mejor el caballo propio que el alquilado.
En los antiguos tiempos coloniales, los indentured servants o engagés, si bien no
recibían sueldo mensual, tenían derecho, al final de su enganche, a cierta cantidad
de maíz o de tabaco en rama, un fusil con su equipo y una concesión de tierra que
debía permitirles establecerse como colonos independientes.48 En la práctica,
muchos, si no todos, lo lograban.49 Fue esta tradición lo que permitió que en las
islas inglesas y francesas el culí liberado, que no quería repatriarse, recibiese una
prima equivalente al valor de su pasaje de regreso.50
31
En el siglo XVIII, la situación de los negros fue mucho peor en las islas inglesas y
francesas que en las colonias españolas, y esto únicamente a causa de los
progresos del capitalismo manufacturero en aquéllas. En Cuba, ya en el ámbito
del capitalismo moderno, la suerte del culí será mil veces peor que en Jamaica o
en Trinidad, gracias no sólo a la persistencia de la esclavitud, sino también al
triunfo del industrialismo en una escala mayor que en las pequeñas Antillas.
32
"...no podrían, sin embargo, escapar de ningún modo de esas colonias y volver a
su patria, por lo menos durante muchos años (...) los negros secuestrados para
nosotros, ¿serán libres en las Antillas? La guerra de treinta y más años contra el
crimen gigantesco de la esclavitud, y su costosa victoria, quedarán en nada".
33
calculándose la vida útil de un esclavo en 15 años, el culí resultaba un buen
negocio, siempre que su productividad no fuera muy inferior a la del africano. De
todos modos, los hacendados ingleses no tenían otra alternativa, pues los
negros libres seguían esquivos al trabajo. A partir de 1846, Jamaica y Trinidad
reciben en conjunto de 6 000 a 8 000 culíes hindúes anuales; el tráfico se
organiza y la crisis de las islas parece conjurada.58 Esta bonanza para los
hacendados durará aproximadamente una década.
El tráfico de culíes a Perú merece que nos detengamos algo más, no sólo por su
importancia, pues llegaron casi tantos como a Cuba, sino porque estuvo
íntimamente relacionado con el efectuado hacia nuestro país, y hay evidencia de
que los capitales cubanos participaron en él, según tendremos ocasión de
demostrarlo.
34
de la costa; los esclavos negros eran ya muy escasos, en 1821 se había
proclamado la ley de vientres libres y, a consecuencia de la paralización de la
Trata, en 1850 ya no quedaban más de 17 000 negros esclavos, la mayor
parte de avanzada edad.62 Así, la antaño floreciente industria azucarera había
declinado hasta el punto de estar en vías de desaparecer; los pocos ingenios que
aún funcionaban lo hacían con una tecnología de finales del siglo XVIII, y no
podían competir en el mercado europeo. Para Perú, mucho más aún que para
Cuba, la importación de culíes ofrecía una solución inmediata y eficaz. Así, de
1849 a 1874 fueron traídos desde Macao más de 150 000,63 casi igual cantidad
que a La Habana. Ellos fueron quienes dieron valor al tesoro de las islas Chinchas,
renovaron la moribunda industria azucarera e hicieron posible la construcción de la
primera red ferroviaria.64
Reclus afirmaba que los gastos de extracción representaban sólo un poco más
del 3 % del precio de venta.67 El guano de las islas Chinchas fue algo fabuloso
para el misérrimo Perú de entonces. En términos actuales semejante a un rico
yacimiento petrolífero; pero como ocurrió con estos últimos en los países del
Cercano Oriente, al ser los yacimientos de guano de propiedad estatal, la mayor
parte del producto neto fue a parar a manos de la corrompida oligarquía
gobernante que lo dilapidaba locamente. Fue la época de la fiebre de los
ferrocarriles y las especulaciones de Henry Meiggs; algo se invirtió
productivamente, pero la mayoría de los cuantiosos recursos que el guano produjo
fue empleado en bienes de importación no productivos. Fueron tal vez los
hacendados de la costa quienes más se beneficiaron de estas vacas gordas; el
geógrafo peruano Emilio Romero ha escrito que sólo la formidable contribución
humana que vino desde el puerto de Macao, hizo posible que los hacendados
pudiesen renovar sus viejos equipos de la época colonial e importar maquinaria
moderna.68
35
la pregunta siguiente: ¿de dónde provenía el capital que requirió la gigantesca
expansión del tráfico de chinos? Los capitalistas ingleses y franceses, y aún más
los norteamericanos, no efectuaban entonces inversiones directas en América
Latina y no ofrecían créditos sino con garantías tales, como no las podían ofrecer
los peruanos. Correspondió, pues, a los negreros cubanos organizar el tráfico de
chinos y suministrar los capitales iniciales. Esta participación la estudiaremos al
referirnos a la organización financiera de los monzones y a las utilidades de la trata
amarilla.69
Para que la semejanza fuese más completa, también fue idéntico el final del
tráfico, tan vergonzoso para Perú como para España: una acción diplomática
internacional provocada por los continuos motines a bordo de los clipers y las
rebeliones en las haciendas, siempre acompañados por horribles masacres. Por
36
los Tratados de Tinsin firmados por Perú el 26 de junio de 187475 y por España el
17 de noviembre de 1877, se colocaba por fin a los chinos bajo la protección de la
ley común y se les reconocía la calidad de extranjeros residentes. Para vigilar el
cumplimiento de lo pactado, Perú y España aceptaban la presencia de
funcionarios consulares en Lima y La Habana. El tratado peruano fue ratificado por
ambas partes en agosto de 1875. Hay que reconocerle al gobierno peruano de
Manuel Prado (1872-1876), el mérito de no haber opuesto la resistencia
desesperada del español a la liberación de los culíes. Las innobles argucias y
subterfugios con que éste trató de retardar la liberación de los culíes, son
sintomáticas no sólo de la baja moral de los gobernantes de Madrid, sino de la
influencia que en la Corte continuaba ejerciendo el capital negrero.
Medio millón de bozales vendidos en la Isla durante las primeras cuatro décadas
del siglo XIX, les produjeron no menos de setenta millones de pesos de utilidades,
fabulosa suma que sirvió para modernizar la industria azucarera y convertir a Cuba
en el mayor exportador de café mundial. Durante esos años, la producción
azucarera crece a razón del 6 % anual, y se multiplica por ocho en cuatro
décadas; la del café tiene un auge aún mayor, hasta su caída víctima de las tarifas
discriminatorias yanquis; en cuanto al tabaco, el otro artículo de exportación
cubano, quintuplica su producción en esos mismos años y satura los mercados
europeos. La población, entre tanto, sólo crece del 2,7 % anual, y pasa de 360 000
habitantes en 1800 a 1 millón en 1840.76 La isla de Cuba se encontraba entonces
en situación parecida a Jamaica medio siglo antes: el desarrollo tecnológico y la
esclavitud actuaban como factores divergentes, limitantes ambos de un mayor
crecimiento. La plantación esclavista, por otra parte, cerraba toda posibilidad de
expansión del mercado interior, y hacía improductiva toda inversión que no fuese
en las líneas de exportación. Los grandes negreros tuvieron, por tanto, que buscar
en otros países inversiones “atractivas”, y es lo que hicieron en el caso de Perú
que acabamos de reseñar.
37
fuerza de trabajo. La escasez de braceros será el mayor problema que deberán de
enfrentar los capitalistas cubanos en la segunda mitad del siglo, y a él consagraron
todos sus esfuerzos, apoyados en la existencia de una verdadera internacional de
negreros y chineros, ocupados todos activamente en suministrar mano de obra
esclavizada a las plantaciones tropicales en todas partes.
a
Raúl Cepero Bonilla: Azúcar y abolición…, La Habana, 1948, p. 16. (N. Del A.).
38
cuestión de una inmigración complementaria tiene todavía un carácter académico,
o cuando más de ensayo orientador. Los bozales, los "fardos" o "sacos de carbón"
de los negreros, seguían llegando aun cuando fuese cada vez con mayor
dificultad, y esto mantenía a los hacendados expectantes.
Sin embargo, la presión diplomática inglesa se hacía cada vez más apremiante
para obtener una legislación severa y eficaz contra la Trata. La llamada Ley
Penal de 184578 fue una concesión de Martínez de la Rosa al gobierno de
Palmerston; pero el famoso artículo 9 que declaraba inviolable el domicilio rural,
incluidos en él, a los efectos de la pesquisa, todos los límites de la hacienda,
convertía la ley en algo casi inocuo. Lord Aberdeen, sucesor de Palmerston, no
tardó en comprender el engaño de que había sido objeto su país, y presionó de
nuevo para obtener, si no la libertad de todos los bozales introducidos después de
1820, como pretendía Palmerston, al menos que no se siguieran burlando los
tratados de 1817 y 1835.
De estas medidas sólo se trató de poner en práctica la primera, pues hay que
reconocer que los hacendados cubanos, principales interesados, eran menos
feroces que los ministros de Madrid. Se pensó que Camagüey podría emular con
Virginia en la “cría” de esclavos, y que así Cuba llegaría a tener "parqueado"
39
dentro de su propio territorio el ejército obrero de reserva sin el cual el
capitalismo no puede funcionar, pero tanto los camagüeyanos como los
orientales carecían del espíritu "zoológico" de los hacendados de Virginia y
Kentucky, y el proyecto no llegó a realizarse.
b
Este subcapítulo vio por primera vez la luz como artículo, con el mismo título, en la revista
Economía y Desarrollo (La Habana, abril-junio de 1970, No. 2), y fue posteriormente publicado
formando parte del folleto ¿Cuántos africanos fueron traídos a Cuba? (Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1977). En ambas publicaciones aparecen algunas modificaciones
bibliográficas que el autor incorporó; para este libro se ha respetado la forma original en que fue
escrito. (N. del E.).
40
Queipo estimaba que los hacendados no podían soportar esa carga. El fiscal, en
sus cálculos, arrimaba un poco la brasa a su sardina, pero no es menos cierto que
la competencia de la remolacha en el mercado mundial había inaugurado un
período bajista para los precios del azúcar.88
El nudo de la cuestión estaba en el alto nivel de los jornales en todas las colonias
de plantación, realidad que sorprendió siempre a los viajeros curiosos e intrigó a
los economistas. En Jamaica, a principios de la década del cuarenta, se llegaron a
pagar jornales de medio peso diario y la manutención, cosa que parecía enorme, y
lo era en efecto, pues representaba más del doble de lo que ganaba el obrero
inglés contemporáneo. Richard Dana,89 un americano del Norte que visitó a Cuba
en 1859, se maravillaba de que el trabajo fuese lo suficientemente productivo en la
Isla como para que alguien estuviese dispuesto a pagar 400 pesos por la
adquisición de un "extraño" chino, abonarle además un sueldo de cuatro pesos
mensuales y mantenerlo durante ocho años, aun si pensaba que el chino había de
quedarle esclavo para toda la vida.
Al estimar la vida media útil de un negro bozal en diez años, a partir del momento
de su compra, y su valor en 600 pesos, la amortización e interés anual del capital
sería de 120 pesos. En el caso del culí, a su precio, 340 pesos,90 hay que añadir el
importe del sueldo pagado durante ocho años, 384 pesos; en este caso, la
amortización sería de 130 pesos anuales, suponiendo que fuesen iguales la
manutención, la esquifación y el botiquín. Así, la compra del chino dejaba una
pérdida "teórica" de un 8 % sobre la del bozal. Es evidente que si no hubiese sido
por la escasez de brazos, nadie hubiese adquirido uno de estos "pequeños,
singulares y rabiosos seres" que el pueblo llamaba "chinos de Manila".
La tendencia alcista no se detuvo, y una década más tarde, los sueldos eran ya
de 20 y 30 pesos mensuales para los negros de campo empleados en los trabajos
de la zafra.91 Si los consideramos en el primer período, tendremos sueldos
anuales de 240 pesos para los braceros durante la zafra, y la diferencia será de 50
% a 100 % en más sobre el trabajo esclavo, lo cual bastaba para justificar la trata
negra, la amarilla y la de todos los colores. Y aun para que el economista alemán
Wilhelm Roscher92 encontrase que la trata de negros tenía un "aspecto brillante",
económicamente hablando se entiende, pues el sudor y las lágrimas de los negros
41
hay que suponer que él no los vio nunca brillar.
Es interesante señalar que esta alza de los salarios agrícolas no alcanzó a los
operarios urbanos. El hacendado Francisco Diago, en un informe presentado a la
Junta de Fomento en 1851, señalaba que "nuestra isla presenta hoy la anomalía
(...) que habiendo encarecido extraordinariamente el valor del trabajo de peonaje
tanto para las labores agrícolas como industriales que se desempeñan
exclusivamente por la raza esclava, no ha sufrido variación alguna en el precio del
que se dedica a otros objetos de artes u oficios que no repugna a la raza
blanca".93
42
en la diferente consideración con que se manda a unos y otros, y en las
envejecidas costumbres del país. Así pues (...) [los jornaleros libres] (...) ganan
para sí, los [esclavos] ganan para su dueño (...) [éstos] costaron un capital que se
afecta con el riesgo natural de la mortalidad humana, y reciben los alimentos de su
infancia, su vejez y sus enfermedades y también su vestido de manos del que
recibe los veinte pesos [el dueño del esclavo alquilado] y los otros reciben todo de
manos del que paga los cinco pesos [sueldo del contratado]".
La Sagra fue tal vez el único de los escritores de la época que percibió con
claridad esta contradicción antagónica. En 1848 escribía: "Es de todo punto
imposible, la organización de un sistema agrícola y de economía rural fundado en
principios científicos, mientras que el cultivo se verifique con brazos esclavos (...)
es difícil de establecer en las grandes fincas de caña y de café cultivadas por
esclavos, porque es imposible conseguir esmero, inteligencia y amor al trabajo de
unos seres degradados, que un sistema absurdo hace considerar tanto más útiles
cuanto más estúpidos son. Si, pues, el embrutecimiento y la degradación moral se
consideran como cualidades preciosas en las grandes negradas para tenerlas en
paz y obediencia, ¿no es esto privar a la agricultura de los más esenciales
elementos de su propiedad, que son la inteligencia y la aplicación? (...) Triste
cuadro (...) que está en oposición directa con las leyes de la humanidad y de la
justicia, únicas bases sólidas de toda institución duradera".102
43
régimen esclavista sobre la superestructura de la sociedad colonial, y sólo
señalaremos, desde este punto de vista, que la esclavitud creaba una jerarquía de
valores que, provocando el desprecio hacia todo trabajo manual, hacía que la
aversión hacia el esclavo hiciese aún más difícil encontrar los jornaleros que
habrían de sustituirlo.105
Así, el esclavo era aun tiempo capital constante y capital variable: se identificaba
con las máquinas, instalaciones y materia prima a causa del precio que el
hacendado pagaba por él, y se añadía a éstos, y debía ser amortizado en
proporción al término de su vida "útil", de diez a doce años en promedio, como si
fuese una simple máquina; pero también percibía un "salario" representado por su
manutención, ropa y asistencia médica, y añadía con su trabajo nuevo valor a la
producción: el plusproducto, pues el hacendado le "pagaba" mucho menos que el
nuevo valor que había creado en el curso de su larga jornada.
En estas condiciones, la composición orgánica del capital era diferente que en las
fábricas donde se empleaba sólo trabajo asalariado. En el ingenio, la relación
entre el capital constante y el variable era por lo menos el triple que en las otras
44
fábricas contemporáneas; pues, en la mayoría de los casos, el valor de la dotación
superaba el de las instalaciones.108 Los economistas burgueses que estudiaron la
cuestión asimilaban el esclavo al capital circulante y, disminuyendo arbitrariamente
la cuantía del capital fijo, llegaban a la conclusión de que la esclavitud no era
económicamente rentable. Con arreglo al esquema clásico de la circulación del
capital, esto puede parecer correcto, pero encubre el verdadero carácter del
proceso de explotación: la producción de plusproducto.
45
que lo equiparen al esclavo, hacia donde se orientaban primero las iniciativas de la
burguesía isleña.
Que esto era una utopía, hasta el propio general O'Donnell lo pensaba.115 En un
informe enviado al presidente del Consejo de Ministros, Isturiz, escribía sin
ambages: "La Isla de Cuba concluye para nosotros y desaparece su importancia el
día en que cese el trabajo de los negros en ella (...) Dentro de diez años, la
riqueza principal de esta Isla, que es la caña de azúcar, habrá decaído tan
considerablemente que podrá tenérsela por perdida si no se traen remedios a tan
lastimosa situación". El Ayuntamiento de La Habana no era menos explícito: "Es
preciso no alucinarnos, los ingenios como están hoy no pueden subsistir sin
esclavos".116 El remedio propuesto por O'Donnell era sencillo: no debía abrirse
inconsideradamente los puertos de la Isla a la inmigración blanca; por el contrario,
debía fomentarse por todos los medios el trabajo de los brazos de color. Esto era
en la época una verdad de Perogrullo, que había conducido a todos los
predecesores del general a cerrar púdicamente los ojos —pero a extender
prestamente la mano— frente a las actividades "patrióticas" de los negreros. La
originalidad del "bizarro" conde de Lucena fue obligar por el terror a todos los
negros, libres o esclavos que residían en las poblaciones, a ir a cortar caña. La
Conspiración de la Escalera toma una luz peculiar cuando se mira a través de esta
política sistemática de degradación del negro.
46
dos años más tarde la propia Junta aconsejaba su abandono, inclinándose por la
inmigración asiática.
Cuando por fin ese año Concha resuelve definitivamente la cuestión en favor
de los "amarillos", surge un imprevisto competidor en el "blanquero" Feyjoo
Sotomayor, pero el episodio merece relatarse.
47
época: diputado "progresista" por la provincia de Oriente, contratista de obras
públicas en Cuba, fuerte cliente de la Trata y principal comprador de la primera
remesa de chinos en 1847. Feyjoo parece haber gozado de amplia protección por
parte del capitán general Cañedo, quien le aprobó el monopolio de la contratación
y venta de gallegos, amén de las autoridades de Galicia. La Compañía se
proponía contratar 50 000 braceros que se reclutaban por cinco años mediante un
sueldo mensual de cinco pesos, la manutención y dos mudas de ropa al año.
También les entregaba un anticipo de 15 pesos antes del enganche, pero debían
de reembolsarlos en Cuba. La Compañía se obligaba, por otra parte, a repatriarlos
gratis una vez vencidas las contratas.
El hambre que ese invierno asolaba el norte de España facilitó el propósito del
negrero diputado, y a mediados de 1854 llegó el primer contingente de 500
mozos que desfilaron por las calles de La Habana, entonando los aires de su
nativa tierra.124 Pero estos festejos no lograban encubrir siniestras realidades; el
propio Feyjoo reconoce que ya al embarcarse en La Coruña, se amotinó en el
puerto una parte de la gente... los siguientes arribaron con más y menos
elementos de insubordinación, habiendo sucedido que los "pasajeros" de la
fragata Guía del Vigo que llegó a Cádiz de arribada, se amotinaron en aquel
puerto, obligando a la Autoridad a poner a bordo fuerza pública para mantener el
orden. El compungido contratista reconoce que "...las condiciones (...) [de] la
inmigración gallega eran de general descrédito, tendencia escandalosa a la
insurrección, resistencia al trabajo (...) insubordinación continua (...) y
deserciones en masa". Ni "las oportunas revistas y arengas de las Autoridades
subalternas [en Cuba], la presencia de la Guardia Civil y otros actos semejantes
les hacían comprender". Así fue que "...los que trabajaban en el Camino de
Trinidad se desbandaron como salvajes, comiendo el rancho y vagando por el
campo sin respetar a nadie"; así sucedió que "...en Cienfuegos se hayan
presentado amotinados 300 hombres gritando Viva la Libertad".125 Fue
necesario dictar disposiciones gubernativas asimilando los gallegos sueltos a
los negros cimarrones, y ordenar su conducción por la fuerza pública a los
barracones o las cárceles.126 Hubo algunos casos de resistencia y el escándalo
fue mayúsculo.
Feyjoo acusa al general Concha de ser responsable del desorden por querellas
personales con él, pero nosotros ya sabemos las causas verdaderas de este
estruendoso fracaso. El anterior gobernador, el marqués de la Pezuela, a quien
Feyjoo cubre de elogios, era un liberal, abolicionista sincero, que autorizó este
tráfico como lo haría con el de chinos, creyéndolo un mal menor y un medio
eficaz de luchar contra la trata de negros; por otra parte, la venta de gallegos en
pública subasta fue tolerada por el General, porque estaba avalada por una
48
Real Orden.127 Mas, lo cierto es que nadie quiso comprar a los gallegos por los
200 pesos que se pedían, y hubo momentos en que Feyjoo tuvo a más de 1 800
encerrados en sus barracones.128 Frente a esta situación, Pezuela anuló la
contrata, aunque ésta estuviese amparada por la ley. Pero como el señor Feyjoo
era hombre influyente en las Cortes y tenía el brazo largo en los ministerios,
consiguió que el Gobierno le comprase sus gallegos al precio "legal" de 119
pesos, por cabeza. Para justificar esto, se inventó construir una línea de
ferrocarril, para lo cual se votó un crédito de 140 000 pesos. Feyjoo expone que
la Junta de Fomento sólo le contrató 10 kilómetros del ferrocarril central (acuerdo
de 6 de julio de 1854), y que Concha, a su llegada, anuló todo y lo dejó con "sus
amados paisanos" entre los brazos.129
Como consecuencia final de todo este ruidoso proceso, los gallegos recobraron
su libertad, y una nueva Real Orden, de 8 de julio de 1855, aclaró que desde
entonces la inmigración gallega sólo sería libre, quedando condenados a la
esclavitud, como apunta Elías Entralgo, los colonos de otras tierras que habían
sido traídos por medio de contratas similares a las firmadas por los gallegos.130
49
trata de chinos ofrecía más amplios márgenes de utilidad, y sobre todo una
población de color que se podía atropellar impunemente, condición imprescindible
para el buen éxito del negocio. Así, a partir de 1855, la inmigración propiamente
peninsular cesó casi por completo. El ensayo había demostrado, como observa
Julio Riverend, "...las dificultades que el régimen esclavista existente presentaba a
la contratación de obreros blancos libres".133
Como los negreros estaban en el fondo tan asustados por los ingleses como lo
estaban los hacendados por los negros, aquéllos buscaron alguna manera de
disfrazar legalmente la Trata clandestina que ya no podían ocultar de ningún
modo, y así surgieron nuevos proyectos de inmigración.
La idea había estado en el aire desde que se pensó en traer culíes, en 1846, y se
apoyaba en el ejemplo inglés. Domingo del Monte, en carta a Saco, decía, desde
Madrid, el 17 de enero de 1848: "Algunos hombres ricos de Cuba [quieren] (...)
que Cuba haga lo que pretenden hacer los hacendados de las Antillas Inglesas,
que es llevar negros de África en calidad de colonos a sus tierras sin considerar
que Cuba no ha emancipado a sus esclavos".134 Meses más tarde, el proyecto
pareció tomar consideración, y Gaspar Betancourt Cisneros le escribe también a
Saco, señalando que es "...público y notorio que está reorganizada la Sociedad
Negrera a cuya cabeza figura la Duquesa de Rianzares y su hechura Roncali para
traer 10,000 etíopes del Brasil".135
La leyenda de los negros contratados como braceros en Brasil hizo algún ruido
durante los años 1848-1850, pero servía solamente de pantalla para cubrir la
Trata, que seguía practicándose abiertamente con la costa de África. Jamás vino a
Cuba un solo barco con negros de Brasil. El Lugareño no se cansaba de
denunciar desde las columnas de La Verdad en Nueva York, y en su
correspondencia privada, la introducción de bozales en gran escala por el
consorcio de Parejo, Pastor y Forcade, "...quienes están soplando en Cuba negros
de África a millares y juran que son de Brasil y quieren encandilar a Inglaterra".136
Pero el cónsul inglés tenía buena vista, y pronto los negreros tuvieron que
50
abandonar la inocente broma que consistía en decir que los bozales
desembarcados eran trabajadores libres contratados en Brasil.
Poco después del fracaso de Feyjoo Sotomayor, en abril de 1856 surgió una
nueva y más grandiosa tentativa de introducir africanos, a quienes ahora, en lugar
de comprar, se "contrataría libremente" en su propia tierra natal.137 El negocio se
presentaba brillantísimo, y entusiasmó a mucha gente. Se formó una nueva
empresa capitalista: la Compañía de Colonización Africana, patrocinada por un
cubano, don José Suárez Argudín; un portugués, don Manuel Basilio de Cunha
Reis; y un asturiano, don Luciano Fernández Perdones. Esta cosmopolita
sociedad pretendía obtener el monopolio para la introducción de 60 000 africanos
en Cuba y 100 000 en Brasil. Decir que el proyecto tuvo buena acogida sería dar
una pálida imagen de la realidad: en pocos meses del año 1856, se recogieron
solicitudes de compra en firme por 41 073 negros sólo en la isla de Cuba;138 ocho
hacendados suscribieron por 500 cada uno y cuarenta por cantidades superiores a
doscientos.139 Las autoridades españolas, por su parte, no escatimaron la
protección, y se realizó una intensa propaganda. Toda la prensa reaccionaria de
España y Ultramar contribuía a demostrar las bondades del nuevo proyecto
negrero.140
En efecto, bajo la promesa formal del gobierno de Madrid, de que esta ley iba a
poner un término a la Trata, Londres había accedido a retirar la Comisión Mixta de
La Habana y desguazar él Pontón. El Artículo 13 de la ley elevaba en
consecuencia a las audiencias los casos comprobados de introducción de
bozales,141 lo cual era tanto como garantizar la impunidad a los negreros.
51
consignados a Carlos Tolmé; pero desde los comienzos, el célebre Pancho Marty
fue el promotor de la trata de indios.
El dueño del teatro Tacón y de la Pescadería era desde hacía mucho tiempo uno
de los personajes más importantes de la camarilla del Capitán General. Aunque
llegó a la Isla en tiempos de Vives, decían sus contemporáneos "que se puso las
botas con Tacón", gráfica expresión con que el gracejo popular quería caracterizar
la provechosa amistad de ambos personajes. De sí mismo este chusco catalán
solía decir que su fortuna la había hecho "comprando blancos y vendiendo
negros", alusión a la Trata, en la que había tenido una gran participación. Entre
sus múltiples negocios estaba una flota pesquera que operaba en aguas de
Yucatán,143 y así fue como se enteró de las nuevas probabilidades que había de
reclutar esclavos sin necesidad de dar el largo viaje hasta la costa de Guinea.
La idea deslumbró a todos los esclavistas isleños: al ser los indios nominalmente
católicos, el obispo, entusiasmado, veía en ellos nuevos feligreses a quienes no
era necesario ni bautizar siquiera; las autoridades españolas encontraban
particularmente placentera la idea de esclavizar la raza que los había expulsado
de América, humillando además a los mexicanos, a quienes aún no habían
perdonado su independencia; los hacendados, en fin, pensaban encontrar
esclavos dóciles a quienes tal vez no fuese necesario enseñar el español. Todos,
en una palabra, fueron unánimes en preferirlos a los chinos y a los negros. El
porvenir de Cuba se aclaraba milagrosamente... Por desgracia, este confiado
optimismo duró poco; después de llegadas algunas remesas, el tráfico se
interrumpió bruscamente. El Gobierno Federal mexicano, que no compartía los
principios "humanitarios" del Gobernador de Yucatán, indignado, lo prohibió
terminantemente.
52
presidencia de México por su pueblo indignado. Fue necesario volver al sistema
anterior de plagios individuales o por pequeños grupos,148 pero la Trata en esa
forma rendía poco, y no podía resolver las apremiantes necesidades de los
hacendados.
Hubo otros muchos proyectos para suministrar mano de obra servil a la industria
azucarera. Nuestros negreros aprendían velozmente la geografía, y desde 1860
se hicieron varias tentativas para traer polinesios, "los mirlos del Pacífico", como
los llamaban sus captores. Parece que en septiembre de 1860, el capitán general
Serrano —el héroe de los liberales cubanos— autorizó a un tal Cabargas a
importar 5 000 de estos infelices.155 Pero estos culíes jamás llegaron, pues los
53
colonialistas franceses e ingleses acaparaban para sus posesiones del Pacífico
esta escuálida reserva de mano de obra.156
Por otra parte, algunos miles de polinesios que fueron a parar a las costas de
Perú, se mostraron totalmente refractarios al trabajo en las plantaciones
azucareras. Brutalmente trasplantados en un mundo extraño, horrible e
incomprensible para ellos, se dejaban morir de inanición, y después de dos o tres
experiencias ningún hacendado quiso comprarlos. Paz Soldán, contemporáneo de
la experiencia, escribe: "Tanto en el trayecto como en los lugares de su destino
morían casi en su totalidad, sucumbiendo además de las causas externas a la viva
nostalgia que se apoderaba de todos ellos, estampada en su hermosa cara y en
sus grandes e inexpresivos ojos".157 Este drama revive, tres siglos más tarde, el de
nuestros taínos y siboneyes, cuya rápida desaparición no hemos querido
comprender aún.
54
escogida".161 ¡Pobre General! No pudo "ver colmadas sus esperanzas"; el
gobierno de Thiers, al igual que el Imperio, seguía considerando la Península
Indochina como patrimonio exclusivo de la burguesía francesa.
55
NOTAS DE LA INTRODUCCIÓN
1
Cálculos hechos sobre el censo de 1862, uno de los mejores de la época
colonial, permiten establecer, para los blancos, una tasa de natalidad general de
35 %, y una tasa de mortalidad de 24 %. La natalidad, que aparece bastante
baja para la época, se explica por la desproporción de los sexos en las edades
aptas para la reproducción. Había 164 953 mujeres de 13 a 40 años y 269 953
hombres de 16 a 60 años. Pero la tasa de fecundidad era de 163 %. Como de
referencia indiquemos que en la actualidad (1965) hay 103 hombres por 100
mujeres, pero la tasa de fecundidad es sólo de 91 %.
2
Las tasa de natalidad y mortalidad para la población de color no pueden
calcularse, por razones obvias, sobre la base de los registros parroquiales,
según se hizo para los blancos. Se calcula entonces el valor de 1 %, partiendo
de composición por edades, en la hipótesis de una población cerrada, y se aplicó
entonces un modelo matemático para determinar las tasas de mortalidad por
edades.
3
La baja natalidad entre los esclavos, el 6 % de la población de color, se explica
por el desequilibrio entre los sexos: 144 varones por cada 100 hembras, y el
número considerable de abortos de estas últimas. Los documentos de la época
dejan la impresión de una natalidad del orden de 20 %, aunque la fertilidad fuese
elavadísima. Madem (La Isla de Cuba, p. 33, 1934), estima la relación entre
varones y hembras como de 450 por 100 en los ingenios, pero esto parece
exagerado.
4
En 1900 apenas quedaban el 10 % de los chinos llegados entre 1853 y 1874,
sin que hubiese mediado la emigración.
5
Documentos de que se compone el expediente sobre el tráfico y esclavitud de
los negros, 1814, pp. 116-122. Estos datos fueron recogidos por Arango y
Parreño a petición del Ayuntamiento de la Habana. Citados por Humboldt, han
sido después reproducidos innumerables veces sin someterlos a la menor
crítica.
6
[Ver Juan Pérez de la Riva: "Introducción a Cuba. Geografía II. La población",
en revista Bohemia, La Habana, 11 de diciembre de 1964, año 56, No. 50, pp.
26-27.]
7
Ramón de la Sagra (Historia física, política… de la Isla de Cuba, París, 1842, t.
I, p. 146) estima en un millón el total de africanos introducidos hasta 1842, lo
cual daría más de 1.3 millones hasta el cese efectivo de la Trata, hacia 1873.
Aimes (A History of Slavery in Cuba..., New York, 1907, p. 269) reduce la
cantidad a sólo 527 828 hasta 1865, fecha en que, según él, terminó la Trata.
Los ingleses estimaban que, entre 1827 y el fin efectivo de la Trata, fueron
56
introducidos más de 600 000 esclavos.
8
La etimología de la palabra coolie parece aún algo incierta, siendo lo más
probable que tenga un doble origen: del industani quili, sirviente, mozo
acomodado, y de la voz kuli, nombre de una tribu aborigen del estado indio de
Guzerat, de donde se llevaron los primeros trabajadores contratados hacia la isla
Mauricio. Los chinos cantoneses llamaban chut-chai a aquellos que se vendían
para ir a trabajar a los países extranjeros. En su sentido histórico, la palabra
coolie designa al trabajador oriental, a veces también polinesio o africano, cuyos
servicios son comprados por un número de años fijos y cuyo patrón reembolsa al
"agente de pasajes", viz, tratante de esclavos, los gastos incurridos y su
comisión. Los escritores españoles de la época emplearon la palabra colono,
pero esto conduce a una gran confusión, pues el coolie en todas partes, y el
chino en especial en Cuba, no fue otra cosa que un bracero sometido a trabajo
forzado. Entre nosotros se le designaba oficialmente como asiático, y
popularmente como chino manila.
9
Corrientemente se cita la cifra de 30 000 refugiados haitianos; pero si
generalizamos los datos contenidos en el padrón de la población de Santiago de
Cuba levantado en 1808, sólo la tercera parte de los refugiados eran blancos, el
resto, por partes iguales, eran libres de color y esclavos. (Archivo Nacional:
Asuntos Políticos, leg. 142/86). Sobre la inmigración francesa véase Eduardo
Montoulieu: "Influencia de la cultura francesa en la provincia oriental de Cuba en
los siglos XVIII y XIX", en Revista de la Sociedad Geográfica de Cuba, Habana,
1932; Francisco Pérez de la Riva: El café, historia de su cultivo y explotación en
Cuba, La Habana, 1944, pp. 21-43.
10
Los "ayacuchos", como se les llamaba entonces, sumaron 20 000 entre 1810 y
1826. Phillip S. Forner: Historia de Cuba y sus relaciones con los Estados
Unidos, Editora Universitaria, La Habana, 1966, p. 119.
11
El historiador checo Bohumil Badura está realizando una importante
investigación sobre el Fomento de la población blanca en Cuba en la primera
mitad del siglo XIX, que será un medular estudio sobre las relaciones
económicas con Alemania y Bohemia en esa temprana época, editado en
español.
12
No todos, desde luego, recordamos que el padre de Maceo, un agricultor
medio de San Luis, Oriente, era un ayacucho venezolano, y Mariana Grajales
era hija de refugiados dominicanos.
13
El estudio demográfico de la inmigración en Cuba está aún por hacer. Duvon
C. Corbitt ("Inmigration in Cuba", en American Historical Review, May, 1942, t.
22, pp. 280-308) puede considerarse, hasta ahora, como el mejor estudio de
57
conjunto. Lo completan Jorge Le-Roy Cassá: Inmigración anti-sanitaria, Habana,
1929, y Rafael María de Labra y Martínez: Cuba: como país de inmigración,
Madrid, 1910. Estas obras reflejan el criterio idealista y reaccionario de sus
autores, pero aportan información.
14
En 1839, el saldo migratorio europeo llegó a 4 824 (Memorias de la Sociedad
Patriótica, t. 20, pp. 294-300); pero después descendió mucho, manifestando
grandes alternativas, según los acontecimientos políticos.
15
Durante el siglo XIX, la población de España sólo aumentó de 177 %; pasando
de 10 541 000 habitantes en 1797 a 18 594 000 en 1900. J. Vincens Vives:
Historia económica y social de España, t. 5, pp. 9 y 19.
16
Entre 1797 y 1857, de España apenas si salieron emigrantes, y la población
sólo aumentó de 150 %; en Cuba, entre 1792 y 1861, el aumento fue de 450 %.
17
M. Villanueva: "La población de Cuba" (serie de artículos publicados en la
prensa en 1893), en Colección Facticia Vidal Morales.
18
Juan Pérez de la Riva: "Labor for the sugar industry…," in Cuban Foreing
Trade, March-June, 1965.
19
Censo (…) 1880, Matanzas, 1881. La cifra se divide por igual entre canarios y
peninsulares.
20
De 1902 a 1932 entran en Cuba 1.25 millones de inmigrantes, y de ellos
800 000 españoles (Levi Marrero: Geografía…, Habana, 1952, p. 150). Entre
1907 y 1919 entraron 515 636 inmigrantes, con un promedio anual de 43 000.
(Censo… 1919, Habana [1922, p. 173]). De éstos, el 63 % eran españoles, el
22 % antillanos y el 6 % norteamericanos. Julián Alienes Urosa
(Características…, Habana [1950], p. 38) da los siguientes datos: 1 084 000
inmigrantes varones y 196 000 mujeres de 1902 a 1930. Le-Roy Cassá
(“Inmigración…”, p. 32) menciona 1 042 873 inmigrantes entre 1901-1923, según
fuentes oficiales. La inmigración se redujo a partir de 1926 y fue insignificante
después de 1930 ([Juan Pérez de la Riva:] La población latinoamericana…,
OLAS, Habana, 1967, pp. 33-39).
21
Juan Pérez de la Riva: El batey azucarero…, Habana, 1965.
22
En el censo de 1931 aparecen 650 353 extranjeros, y en el de 1943, sólo
201 177; pero deben tenerse en cuenta las naturalizaciones masivas operadas
después de las leyes nacionalistas de 1934. No obstante, es evidente que desde
entonces la corriente migratoria se invierte (Censo de 1943, Habana [1945], p.
736; D. Corbit: “Inmigration…”, en América Historical Review, 1942.
58
23
De 1944 a 1958, el saldo migratorio negativo es de 30 622 individuos (Anuario
demográfico de Cuba, 1961, Habana, 1965).
24
Manuel Moreno Fraginals (El ingenio…, Habana, 1964, pp. 64-69) ofrece una
magnífica descripción de la expansión azucarera. Todavía es útil Ramiro Guerra
y Sánchez (Azúcar y población…, Habana, 1927).
25
En 1866, la producción de las provincias de Camagüey y Oriente, que juntas
formaban el Departamento Oriental, era el 10 % de la del Departamento
Occidental. La actual provincia de Matanzas producía ella sola el 42 % del total
de la zafra, y la llanura roja antes mencionada el 62 %. Jacobo de la Pezuela:
Diccionario geográfico, estadístico…, 1863, t. I, p. 67.
26
Juan Pérez de la Riva: "La population de Cuba…", en Population, París, jan-
fev., 1967.
27
En 1899, los nacidos en el extranjero residentes en las provincias de
Camagüey y Oriente eran 20 206; en 1931 eran 186 268 (Censo, 1953, p. 75).
28
A. Menéndez Cruz: “Algunas experiencias…”, en Cuba Socialista, La Habana,
julio de 1963, p. 21.
29
No hay publicado ningún estudio satisfactorio sobre los antillanos en Cuba,
pero el estudio de Alberto Pedro Etnología y Folklore [La Habana], 1966 No. 1,
pp. 25-39) es una magnífica investigación sobre una comunidad típica que
contribuye a llenar esta sensible laguna.
30
De 1900 a 1917 no parece haber llegado inmigrantes chinos, al año siguiente
llegaron 7 y 1 100 en 1910 (Censo, 1919, p. 175). Desde entonces, la
inmigración se formalizó, y el censo de 1931 arrojó un saldo de 26 282, pero
hubo una apreciable emigración hacia Estados Unidos.
31
Sobre la fusión de los chinos en la población cubana y los matrimonios mixtos,
véase Lowry Nelson: Rural Cuba, Minneapolis [1950], pp. 28-29.
32
En realidad, buena parte de los 20 millones de libras que les fueron acordados
pasó a manos de los comerciantes metropolitanos que tenían fuertes hipotecas
sobre los ingenios y otras propiedades de las Antillas. Richard Madden: The
Island of Cuba…, 1849, p. viii.
33
Les migrations…, París, 1955, pp. 137.
34
Podrían citarse docenas de autores, pero, desdeñando a los más "ilustres",
59
preferimos mencionar sólo algunos que, aunque de segundo orden, fueron
considerados en la época como “autoridades”: E. Petit: Droit Public…, París,
1771; [J. B. Dubocq:] Letres…, Genève, 1785, p. 247; L. M. Moreau de Saint
Mery: Lois…, París, 1785, t. 4, p. 754; Hilliard d’Auberteil: Considerations…,
París, 1776, t. I, pp. 68-69.
35
E. T. Thompson: “The climate…”, en Agricultural History, 1941.
36
Mariano Torrente: Cuestión importante sobre la esclavitud, Madrid, 1841; y su
Memorias sobre la esclavitud en la Isla de Cuba..., Londres, 1853; J. Ferrer de
Couto: Los negros…, Nueva York, 1864. Este apóstol del esclavismo llevó su
celo misionero al punto de recorrer la Isla entera vendiendo personalmente su
obra, a buen precio, y solicitando propinas de los hacendados, se entiende. H. B.
de Chateau-Salins: El Vademécum…, Nueva York, 1831. Una de las más
infectas publicaciones esclavistas, que tuvo también entusiasta acogida, como lo
demuestran sus numerosas ediciones: 1848, 1854, etc., es de M. Dupierris,
Cuba y Puerto Rico…, Habana [1866]. Este conocido médico, especialista en
hidrología, fue uno de los principales tratantes de chinos.
37
E. Huntington: Civilización…, Madrid [1942]. Véase particularmente el Capítulo
II: "El hombre y los trópicos". Pocas veces se ha puesto mejor inteligencia al
servicio de peor causa.
38
L. Ragatz: The fall of the planter class…, New York, 1928. Esta excelente obra
nos dispensa de otra referencia.
39
De 10 a 15 centavos diarios en la década del sesenta. San Pelayo, Torre y
Cía : Importación de trabajadores asiáticos…, Habana, 1867.
40
Proceedings…, The House of Commons,[London], May, 29 1848 (8 vols. in
4º).
41
Nos falta todavía un buen estudio sobre las variaciones del precio de los
esclavos en Cuba, pero entretanto se puede tener una idea consultando a H. S.
Aimes: A history…, New York, 1907 (Appendix II), aunque este autor maneja las
cifras con poco tino.
42
Hasta mediados de la década del cuarenta, Cuba ejerció un virtual monopolio
en el mercado mundial del azúcar. Los precios, muy altos, se basaban en un
reducido consumo per cápita en Europa occidental —menos de 4 kilogramos, el
10 % del consumo actual—, pero los hacendados obtenían suculentas
ganancias. Diez años más tarde, las cosas cambiaron gracia al desarrollo de la
industria remolachera: los precios se derrumbaron, y en 1841 el azúcar se
cotizaba en Londres CIFF a 10 centavos libra (4.5 FOB Habana), lo cual a los
60
hacendados les parecía catastrófico. Sin embargo, 15 años más tarde, los
precios en Londres se habían reducido a la mitad de aquella cifra, pero el azúcar
FOB Habana se cotizaba a 3 centavos, diferencia que se explica por la
disminución simultánea de los fletes. La baja de precios no afectó demasiado a
los hacendados, pues el consumo per cápita se duplica al mismo tiempo, y esto,
añadido al rápido aumento de la población europea y norteamericana, hizo
posible que Cuba duplicara también sus zafras lanzándose en una carrera
competitiva con la industria remolachera alemana. Modernizando sus ingenios y
estrujando aún más a sus negradas, los hacendados lograron mantener la cuota
de plusproducto y aumentar las ganancias netas. Sobre la coyuntura mundial del
azúcar en los años 1830-1850, véase Erenchun: Anales…, 1858, t. I, p. 69; Julio
Le Riverend: "Sobre la industria azucarera…", en Trimestre Económico, México,
1944.
43
Se encontrará el texto completo del Tratado en F. de Paula Mellado,
Enciclopedia Moderna..., artículo "Esclavitud"; un resumen abundante en
Zamora y Coronado: Biblioteca de legislación ultramarina…, t. 3, pp. 115-124.
Los comentarios ingleses sobre la manera como España aplicaba el Tratado son
particularmente enérgicos y precisos en David Turnbull, Travels…, London,
1840; y sobre todo en R. R. Madden: The island…, London, 1849. La réplica
esclavista y española, la de Mariano Torrente: Memorias…, Londres, 1853.
44
Sobre los identured servants en las Antillas se puede aún consultar a E. G.
Wakefield: A view on the art of colonization…, London, 1849. Pero una visión
más moderna se encontrará en V. T. Harlow: A History of Barbados, 1625-1685,
Oxford [1926]; F. W. Pitman: The development of the British West Indies, 1700-
1763, New Haven, 1917. Muy útiles son también, N. Deer: The history of sugar,
London, 1949-1950 y Eric Williams: Capitalism and Slavery, 1944, pp. 9-11. Esta
última obra ofrece un breve pero muy sugestivo análisis de la cuestión. Sobre los
engagés, el mejor estudio en la actualidad es el de G. Debien: Les Engagés pour
les Antilles (1643-1715), París, 1952, realizado según los registros de pasajeros
del puerto de la Rochelle. Muy importante también es Mandrou: "Les francais
hors de France…", en Annales, Economies, Sociéte, Civilisations, París, 1959,
oct.-dec. , pp. 662-675, que utiliza con mucho acierto la documentación acopiada
por Debien. Estas recientes publicaciones no pueden, sin embargo, relegar al
olvido el pionero, que fue L. Vignols: “Les Antillas…”, en Revue d’Historie
Economique et sociale, París, 1928, t. 16, pp. 12-45.
45
Para las fuentes contemporáneas, véase principalmente Savary des Brusions:
Dictionnaire…, Kopenhagen, 1765, t. IV, col. 1098; Oexmelin: Historie des
aventuriers, Leyde, 1774, pp. 105-113. Este autor sirvió él mismo como engagé
durante los años 1666-1668, y su obra es tal vez el único testimonio directo que
haya llegado hasta nosotros sobre las condiciones de vida de estos esclavos
blancos.
61
46
José Antonio Saco la percibió perfectamente, y desde fecha tan temprana
como 1864 escribía en La América (12 de Marzo): "Donde únicamente hallo una
condición análoga a la de los chinos en Cuba, es en las Antillas Francesas,
cuando se empezaron a poblar en el siglo XVII. Entonces fueron introducidos en
ellas por empresarios particulares muchos colonos de Francia y como se les
contrataban por tres años (…) llámaseles engagés a trente six mois” . Colección
póstuma..., 1881, p. 193.
47
Eric Williams: Capitalism and slavery, 1944, p. 11.
48
J. B. Delaware: Les défricheurs…, 1935, pp. 36-39.
49
G. Laserre: La Guadeloupe…, Bordeaux, 1961, t. I, pp. 272-274.
50
Pues ya no había tierras disponibles donde asentarlos como verdaderos
colonos.
51
Un documento único para apreciar la mentalidad de los tratantes establecidos
en la costa de Guinea, es la correspondencia de Alfaiate, publicada por P.
Verger (Influence du Brésil sur Golfe de Benin, Dakar, 1935, pp. 53-86). Son 82
cartas de un tratante de esclavos a sus corresponsales en Bahía, Río de Janeiro
y La Habana, durante los años 1844-1847. Más sensacional, pero menos
seguro, es Captain Canot…, New York, 1856. La novela de Lino Novás Calvo (El
negrero…, Madrid, 1933) tiene también categoría de documento histórico por la
gran abundancia de testimonios auténticos y la habilidad con que el autor supo
manejarlos. Abundante información se encontrará en The Anti-Slavery Reporter
(London, 1853). La colección de la Biblioteca Nacional comprende diez
volúmenes que cubren hasta 1862.
52
Major J. J. Crooks: A history of the colony of Sierra Leona…, London, 1903; J.
Duncan: Travels…, London, 1847.
53
P. Leroy Beaulieu: De la colonisation…, París, 1902.
54
The Island of Cuba…, 1849.
55
D. Mannix: Black Cargoes, London, 1963. Véase también C. W. Newbury: The
Western Slave Coast…, Oxford, 1961, pp. 34-38.
56
Proceedings…, t. I; también N. Deer: The history of sugar, p. 402.
57
Eric Williams: “The historical… “, en The Journal of Negro History, October,
1945, vol. No. 4, p. 378
62
58
Proceedings…, t. II.
59
R. Díaz Sánchez: Guzmán…, Caracas, 1950, p. 399.
60
E. Reclus: Nouvelle géographie…, París, 1894, t. 18, p. 576.
61
E. Romero: Historia…, Lima, 1937. Del mismo autor, Nuestra tierra, Lima,
1941.
62
E. Choy: “La esclavitud…”, en Tareas, Junio de 1955.
63
Hay menos seguridad en cuanto al número de culíes llegados a El Callao que
a La Habana, pues mientras Garland (La industria…, Lima, 1904) da 87 343
como cifra oficial hasta el 2 de julio de 1874, Stewart (Chinese…, 1951) los
estima de 100 000 a 150 000 hasta la misma fecha, y ésta es también la cifra
que ofrece José Clavero (Tesoro americano, Lima, 1896, p. 68).
64
La única existente hasta 1919.
65
La América Ilustrada, 15 de enero de 1872.
66
Valor libre a bordo; en puertos europeos podía calcularse en 5 millones de
libras esterlinas.
67
Nouvelle géographie universelle…, 1894, t. 18, p. 576.
68
Emilio Romero: Historia económica y financiera del Perú, 1937, citada por
Emilio Choy: "La esclavitud de los chinos en el Perú", en Tareas, junio de 1965.
69
Véase en este libro "Las condiciones materiales de la inmigración china a
Cuba".
70
Garland: La industria azucarera en el Perú, Lima, 1904, citado por Luis Alberto
Sánchez: "Los chinos en la historia peruana", en Cuadernos Americanos, marzo-
abril de 1952, p. 202.
71
Archipiélago formado por 14 pequeños islotes situados a unos trece kilómetros
de la costa frente a Pisco, la mayor isla del Norte, solo tiene 10 kilómetros
cuadrados.
72
Sin embargo, el escritor inglés Fitz Roy Cole (The peruvians at home, London,
1884) estima lo contrario: "Decididamente al chino le va en Cuba peor que en los
demás países que frecuenta. Parece increíble que en este siglo XIX se
63
perpetúan semejantes atentados contra la humanidad, día a día, en una tierra
civilizada y bajo la dominación de un Estado cristiano".
73
Paz Soldán [seud.]: La inmigración en el Perú, Juan de Aroma [seud.], Lima,
1891, pp. 43 y ss. Mucho más elocuente es Du Hailly (ed.) en "Souvenirs
d’une…", en Reveu des Deux Mondes, París [1866], t. 66, pp. 417-418.
74
Watt Stewart: Henry Meiggs: yankee Pizarro, Duke Univ. Press, 1946.
75
N. Deer: The history of…, London, 1956, p. 404.
76
Población calculada por nosotros, por extrapolación de las tasas de
crecimiento intercensal.
77
Carta al autor (10 de Noviembre de 1964).
78
Francisco de Armas y Céspedes: De la esclavitud…, Madrid, 1866, p. 173.
Información complementaria en José Antonio Saco: "La supresión...", en
Colección de papeles…, t. 3, pp. 140-149; Fernando Ortiz: Los negros
esclavos..., Habana, 1916, p. 95; Ph. S. Foner: Historia de Cuba…, La Habana,
1966, pp. 324-325.
79
Ph. S. Foner: Historia de Cuba…, 1966, t. 1, p. 331.
80
Rapport fait au Ministère…, París, 1843.
81
El célebre decreto del Gobierno Provisional del 4 de marzo de 1848, al
declarar que "notre terre française ne peut plus porter d’esclaves", otorgó la
libertad inmediata a 162 284 negros que aún quedaban esclavos en Martinica y
Guadalupe.
82
Para todo lo relacionado con la mano de obra en la primera mitad del siglo
XIX, es imprescindible la lectura de Manuel Moreno Fraginals: El ingenio…,
1964, pp. 142 y ss. ("El mercado de brazos" ); H. B. Auchinloss: Revista de la
Biblioteca Nacional, La Habana, abril-junio de 1967, año 58, No. 2.
83
Domingo del Monte: Escritos…, Habana, 1929, t. 1, p. 137; L. Lacroix, Les
derniers négries…, París, [1952], pp. 113-116. Menciona varias liquidaciones y
prospectos de negros franceses que armaban en Nantes por cuenta de
comerciantes de La Habana. Las primeras varían de 20 % ad valorem, antes de
1835, a 30 % en 1848. En general, eran los aseguradores y banqueros
franceses los que asumían los riesgos, tanto de la trata de negros como del
tráfico de chinos. También había aseguradores locales en La Habana
(españoles), pero cobraban primas mucho más elevadas.
64
84
Arthur F. Corwin: Spain and the Problem of Slavery in Cuba [1817-1873], pp.
112-115, citado por Foner, Historia de Cuba…, 1966, pp. 326-327.
85
Ph. S. Foner: Historia de Cuba…, 1966, t. I, p. 271. Pezuela estimaba en
30 000 el número de esclavos que habían sido transferidos de los cafetales a los
ingenios.
86
Julio Le Riverend: Historia económica…, La Habana, 1963, p. 151.
87
Informe fiscal…, 1845, pp. 18-19 y 25.
88
H. E. Friedlaender: Historia económica…, Habana, 1944, p. 205. Según Deer
(The history…, 1949-1950 p. 531), los precios CIF Londres cayeron de 10
centavos libras en 1839-1840; a 8 centavos en 1844-1845; y a 5.5 centavos en
1849-1850.
89
R. Dana: To Cuba and Back…, Boston, 1860, p. 99.
90
Referencias impresas sobre el precio de los chinos, Dana, pp. 99-100; Abellá:
Proyecto…, Habana, 1874, p. 23; San Pelayo, Torre y Cia.; Importación…,
Habana, 1867, p. 5; etcétera.
91
Entre las muchas referencias impresas que tenemos a mano, podemos
mencionar: Informe fiscal…, 1845, p. 21; M. Torrente: Bosquejo…, 1853, t. II, p.
410 pássim; Urbano Feyjoo Sotomayor: Inmigración…, Madrid, 1855, p. 102;
Anales y Memorias de la Real Junta de Fomento…, t. IV, 1857, pp. 305 y 314;
The Anti-Slavery Reporter, London, 1854, pp. 234-239; José del Perojo:
Ensayos…, Madrid, 1885, pp. 149-151, datos referentes a los años setenta; F. J.
Balmaseda: Tesoro…, 1885-1887, t. II, p. 346; Raúl Cepero Bonilla: Azúcar y
abolición..., 1948.
92
Kolonien…, Berlin, 1885 (3ª. Ed.), citado por P. Leroy-Beaulieu: De la
colonisation…, París, 1902, t. II, p. 595, y por W. Sombort, L’Apogée…, París,
1932, t. I, p. 413.
93
Este informe ha sido reproducido por M. Torrente: Bosquejo…, 1853, t. II, p.
414; A. L. Valverde: Colonización…, 1923, pp. 53-55; Juan Pérez de la Riva:
“Documentos para…”, en Revista de la Biblioteca Nacional, año VI, No. 2.
94
En Martinica y Guadalupe, el salario mensual de un bracero libre era de 30
pesos.
95
Jornales en Galicia, circa 1850, "12 cuartos y dos gazpachos al día"; es decir,
65
unos 15 centavos de la moneda de Cuba; Anales y Memorias de la Real Junta
de Fomento..., t. IV, 1857, p. 304; U. Feyjoo Sotomayor, Inmigración…, 1853, p.
102: "[En Cuba] El bracero obtiene el sueldo de un teniente de Infantería". [En
España] Ibíd., p. 104. "En Galicia, en donde no se eleva el salario de un
trabajador de campo ni a la mitad siquiera de cinco pesos mensuales". Jornales
en Castilla: en 1846-1847, media peseta (moneda cubana). La jornada en
verano dura de quince a dieciséis horas y "tenían que mantenerse, vestirse y
alojarse". J. Ferrer De Couto: Los negros en sus…, New York, 1864, p. 92.
Jornales rurales en Inglaterra: en 1884, seis chelínes por semana, 1.50 pesos; F.
Engels: La situación de la clase obrera en Inglaterra, Buenos Aires [1946]; 1ª.
edición: Leipzig, 1845. Sobre los salarios en Francia se puede consultar todavía
a Levasseur (Historie des classes ouvrières et de l’industrie en France de 1789 a
1870 [2ª. ed., París, 1904, p. 724]); Leroy-Beaulieu (La Question ouvrière aux
XIX e siècle, París, 1872). Y para una visión de conjunto del problema obrero en
los años cuarenta, el magnifico libro de Jacques Benet (Le capitalisme libéral et
le droit du travail, Neuchâtel, 1947, t. I, pp. 25-35). Abundante documentación
sobre los salarios en toda Francia en esos años.
96
Como ejemplo típico podemos citar los salarios pagados en 1846 en
Grenoble, entonces pequeña ciudad de los prealpes del Definado, especializada
en la manufactura de guantes y de papel. Por jornadas de diez horas; bracero,
1.50 francos. Operarios calificados de primera clase: albañiles, canteros,
carpinteros, cerrajeros, herreros, pintores, hojalateros, etc., todos 3 francos
diarios. En la industria, con empleo fijo y por jornadas de once a doce horas:
cortadores de guantes, 2.50 francos. Trabajo femenino: costura de los guantes,
0.75 francos. El precio del pan era entonces en Grenoble de 0.25 francos el
kilogramo, los salarios representaban, pues, de 4 a 12 kilogramos diarios de pan.
Blet, Esmonin, Letonnelier: Le Dauphine: recueil de textes historiques, Grenoble,
1938, pp. 411-414. Estos jornales representan, en moneda cubana, de 0.20 a
0.60 de peso. Para dar una idea del poder adquisitivo de la moneda, veamos lo
que en 1859 se podía comprar con 20 centavos: 2 libras de viandas, 5 onzas de
carne de puerco limpia, 7.5 libras de arroz. Por el mismo dinero se podía
comprar también 6 onzas de tasajo, 3 onzas de manteca, 4.5 onzas de fideos y
2 plátanos machos maduros. Ramón de la Sagra: Historia física, económico,
política…, París, 1861, pp. 62-63. Si suponemos que hay equivalencias entre el
pan y el arroz, tendremos que los jornales franceses representaban de 144 a
432 onzas, y los cubanos, de 225 a 450 onzas (1.50 a 3.00 pesos). Pero las
clases pobres de Cuba no tenían que protegerse del frío y los alquileres eran
más baratos. Por eso decimos que, tomando como base los jornales de peones,
éstos eran el doble de los europeos de la misma época.
97
Lectures on colonization and colonies, delivered before the University of
Oxford in 1839-1841, London, 1861, p. 567.
66
98
Werner Sombart: L’Apogée du capitalisme, 1932, t. 1, p. 518.
99
Lectures on colonization…, London, 1842, t. 2, pp. 235 y 314; 2ª ed.: London,
1861, p. 303.
100
Inmigración de trabajadores españoles…, 1853, pp. 106-107.
101
V. I. Lenin: Le développement du capitalisme en Russie, Edit. en Langes
Etrangères, Moscou, s. a., p. 199 (Capítulo III, ii; t. 2 de la 4ª ed. rusa de las
Obras de V. I. Lenin).
102
R. de la Sagra: Cuba 1860, La Habana, 1963, p. 198 pássim.
103
Raúl Cepero Bonilla: Azúcar y abolición..., 1948, p. 19; 2ª. ed.: 1960, p. 25.
104
Conde de Pozos Dulces: La cuestión del trabajo agrícola y de la población en
la Isla de Cuba, teórica y prácticamente examinada..., París, 1860.
105
Pierre-Maxime Schuhl (Machinisme et philosophie, París, 1935, p. 9) llega a
conclusiones similares en relación con la esclavitud en el Mundo Antiguo.
106
La Reine des Antilles…, París, [1850], p. 268.
107
Carlos Marx: El capital..., México [1946], t. 1, pp. 610 y 608.
108
Hay abundancia de datos sobre la contabilidad de los ingenios, y Moreno
Fraginals, en El ingenio..., analiza y menciona las principales fuentes; sin
embargo, para nuestra demostración bastará con citar los que ofrece Pezuela
(Diccionario…, Habana, 1863, t. 1, p. 60) sobre lo que podía considerarse como
un ingenio mediano en 1860.
109
Principios de economía política y tributación (traducción española), Buenos
Aires, 1937, p. 83; 1ª. ed.: London, 1817.
110
Ramón de la Sagra: Estudios coloniales..., Habana, 1845, pp. 11-12.
Reproducido en Cuba 1860, La Habana, 1963, pp. 194-198. (Trozos escogidos,
seleccionados por Manuel Moreno Fraginals; desgraciadamente, sin indicar
fecha ni procedencia). El análisis de La Sagra es uno de los más agudos y
penetrantes hechos en la época sobre las condiciones laborales imperantes en
la Isla.
111
Julio Le Riverend: Historia económica de Cuba, 1963, p. 157.
112
Vicente Vázquez Queipo: Informe fiscal sobre el fomento de la población
67
blanca en la Isla de Cuba y emancipación progresiva de la esclava…, Madrid,
1845, pp. 4-5, Apéndice.
113
Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil, leg. 635/20,044: "Expediente
testimoniado sobre el proyecto de Colonización presentado por D. Domingo
Goicuría en virtud de la Real Orden de 12 de diciembre de 1846"; Centón
Epistolario, t. 4, p. 32: "Carta de José L. Alfonso a Domingo del Monte, mayo 11
de 1844"; Informe de una comisión del M. I. A, de la Habana, sobre la población
blanca..., Nueva Orleáns, 1847.
114
Esta sola condición hacia imposible la inmigración verdadera de colonos
blancos. En las provincias de la Habana y Matanzas, que eran las zonas
"amenazadas" según la Junta, ya no había tierras disponibles donde asentar
nuevos colonos. Ramón de la Sagra (Estudios coloniales..., 1845) propone un
plan diametralmente opuesto. Estas páginas olvidadas, y que son las mejores
que se escribieron en el siglo pasado sobre el problema del trabajo en Cuba, han
sido reeditadas por Moreno Fraginals (Ramón de la Sagra: Cuba 1860, La
Habana, 1963, pp. 212-218).
115
Francisco Melgar: O’Donell, Madrid, 1946, p. 65.
116
Informe…, p. 8.
117
Informe…, p. 11.
118
Zamora: Biblioteca de Legislación Ultramarina, Madrid, 1849, t. 6, pp. 346-
347.
119
Rodríguez San Pedro: Legislación Ultramarina..., Madrid, 1865, t. 2, pp. 424-
425.
120
Los intentos de Betancourt Cisneros que se menciona, consistían en una
auténtica colonización blanca en su inmensa finca de Najasa, de 2 000
caballerías al sur de Camagüey. Los inmigrantes eran, al parecer, tratados como
hombres libres, y si no les convenía ganar el jornal, El Lugareño se comprometía
a darles tierras, ganado y recursos "para que por sí trabajen y me paguen una
renta moderada". Al principio, el ensayo parecía dar resultado, y el 2 de abril El
Lugareño escribía: "Mis colonos siguen perfectamente, contentísimos todos (…)
trabajan igual y junto con mis negros, sin distinción". Pero el fracaso, ahora en el
caso de Estorch, no se hizo esperar; canarios o catalanes, todos desertaron del
campo y se fueron a trabajar como dependientes en las tabernas o almacenes
de la ciudad. Véase Centón Epistolario..., t. 5, pp. 24-36 pássim.
121
Urbano Feyjoo Sotomayor: Inmigración de trabajadores españoles;
68
documentos y memoria escrita sobre esta materia, Habana, 1853.
122
Ibídem (ed. 1855), p. 23.
123
Ibídem, p. 105. He aquí la cuenta como la publica el propio Feyjoo: "Por
diligencias de policía, según costumbre 4 ps, ropa y calzado más los gastos
desde su casa al puerto de embarque 2 ps, viaje de ida 50 ps, gasto suponible
en el puerto de desembarque [La Habana] antes de hallar trabajo 4 ps". Total: 70
pesos. En realidad, el pasaje costaba menos de 30 pesos, según el propio autor
lo reconoce.
124
Corbitt: “Inmigration in Cuba”, p. 302.
125
Inmigración de trabajadores españoles…, (ed. 1855), pp. 111-112, 117;
Erenchun: Anales de la Isla de Cuba... (1855), pp. 1046-1048. Véase también
Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil, leg. 636/20,088.
126
Erenchun: Anales… (1855), pp. 1051-1056, 1056-1057, 1060, 1061-1073,
1075-1077. En particular, la "Circular de octubre 7 de 1854 para la captura de los
colonos peninsulares fugados" (p. 1074) y la "Orden del Gobierno sobre el
cumplimiento de las contratas de Sotomayor, del 11 de noviembre de 1854" (pp.
1074-1075). Véase, además, Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil, legs.
635 y 637. Hay docenas de expedientes formados a colonos peninsulares que
fueron encarcelados por abandono del lugar de trabajo. Para un caso típico ver
el legajo 635/20,068.
127
Real Orden de 1854, cuyo artículo primero decía: "Los particulares que
quieran introducir por su cuenta en la Isla de Cuba colonos españoles, chinos o
yucatecos, podrán hacerlo sujetándose a las condiciones establecidas en este
Reglamento". Y las condiciones eran las mismas para todos.
128
Inmigración de trabajadores españoles…, (ed. 1855), p. 125.
129
Ibídem, pp. 116 y 119.
130
Historia de la Nación Cubana, 1952, t. 4, p. 342.
131
Cuando la cuestión fue llevada a las Cortes, el negrero diputado, enfurecido,
acusó al general Concha de favorecer la trata de negros y de propiciar la
anexión de Cuba a Estados Unidos, amén de otras cosillas más. Los lectores
que quieran seguir las peripecias de esta divertida pelea entre negreros-de-
negros y negreros-de-blancos, encontrarán la versión del general Concha en
Sedano (Cuba desde 1850 a 1873…, 1873, pp. 203-213) y la respuesta pública
de Feyjoo en Inmigración de trabajadores…, 1853 (pp. 104-106). Más amplia
69
información, y más edificante sobre todo, en Diario de Sesiones de las Cortes
Constituyentes. Un buen resumen moderno y muy alerta por Le Riverend
(Historia de la Nación Cubana, 1952, pp. 190-191). Queda aún por aclarar hasta
qué punto no fue Ramón Pintó quien pagó los platos rotos de la trifulca.
132
Inmigración de trabajadores españoles…, p. 106.
133
Historia de la Nación Cubana, 1952, t. 4, p. 191.
134
Fernández de Castro: Medio siglo de historia colonial de Cuba. Cartas de
José Antonio Saco, ordenadas y comentadas, 1823-1879, La Habana, 1923, p.
35; Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil, leg. 636/2091: "Expediente sobre
querer introducir D. Manuel B. De Pareda colonos negros". Se pensaba traerlos
de las Antillas Menores. La demanda fue rechazada.
135
Fernández de Castro: Medio siglo…, 1923; Nueva York (agosto 14 de 1849 y
marzo 19 de 1850). Véase también La Verdad, Nueva York, 27 de abril de 1848,
14 de junio y 13 de diciembre de 1849; The Anti-Slavery Reporter, London, 1854.
Los abolicionistas del mundo entero acusaban a la reina madre María Cristina y
a su segundo marido, el flamante duque de Rianzares, de participar
financieramente en la Trata por medio de una poderosa sociedad capitalista
integrada por Antonio Juan Parejo, el coronel hacendado y conde de Bagáez,
Manuel Pastor; y el técnico-negrero Pedro Forcade. Parece que a esta compañía
tampoco eran ajenos Wenceslao de Villa-Urrutia y Luis Mariátegui. Acusaciones
de este carácter son difíciles de probar, pero son bien conocidas la codicia y la
falta de escrúpulos morales de María Cristina y de su marido. En la Península se
dedicaron a vender escandalosamente concesiones de ferrocarriles a los
capitalistas extranjeros, y en general a hacer almoneda de cuanto caía a su
alcance. Por otra parte, es sospechoso que el mencionado Antonio Parejo,
hacendado millonario, casado con Susana Benítez, y dueño de uno de los más
grandes ingenios de su tiempo, y que aparece mezclado en múltiples negocios
en Cuba, y de los cuales la Trata no era el más negro, fuese amigo íntimo del
marido de la reina. Sobre este personaje, la correspondencia de Morales con
Coit (copias en la Biblioteca Nacional José Martí) ofrece suculentos detalles. La
influencia de la reina y su camarilla cesó bruscamente el 17 de abril de 1853
cuando el pueblo de Madrid, enfurecido, saqueó su palacio y obligó a expulsarla
para siempre de la Península. Véase algunos detalles más sobre esta
escandalosa reina en Martín Hume, Historia de la España contemporánea (1ª
ed.: Londres, 1900). Sobre Parejo, véase marqués de Villa-Urrutia: La reina
gobernadora Doña María Cristina de Borbón, Madrid [1925], p. 215 (nota) y p.
233; y Ely: Cuando reinaba S. M. el azúcar, Buenos Aires [1963], p. 565 (notas).
136
Fernández de Castro: Medio siglo…, 1923, p. 121, Nueva York (7 de agosto
de 1849).
70
137
Argudín, Cunha Reis y Perdones: Proyecto de inmigración africana para las
islas de Cuba y Puerto Rico…, Habana, 1860, 600 p. Las gestiones habían
comenzado antes de 1853, y es probable que su fracaso inicial se debiese a la
"desgracia" de la reina María Cristina, el 17 de julio de dicho año [véase la nota
135].
138
Biblioteca Nacional José Martí: Inmigración africana. Un volumen que
contiene los originales de todas las solicitudes presentadas a la Empresa,
debidamente firmadas, y que en muchos casos especifica el destino que
pensaba dárseles a los futuros bozales.
139
El conde de Campo Alegre, Miguel Hano y Vega, Francisco (Pancho) Marty y
Torrens, Joaquín Pedroso y Barreto, Santiago Sáenz, José Suárez Argudín,
Noriega Olmo. Suscribieron por más de 250; Juan Atilano Colomé, Luis Antonio
Estrada, José Fonts, Antonio Gavilán, Francisco Martínez, José Portilla, José
Riquelme, Ramón Rovirosa, Domingo Sarría, Marcial Truffin, Angel Urzaz.
Muchos de estos nombres los volveremos a ver mezclados con la trata de chinos
(Colomé). En la lista hay muchos hacendados, pero también una buena
colección de negreros profesionales (Pancho Marty, Argudín, Fonts, y otros), y
faltan nombres tan conspicuos, como los de Zulueta, Pastor, Zaldo, que
practicaban la Trata "por la libre" y no querían "tratos" con nadie.
140
Los principales documentos relacionados con la cuestión se encontrarán en
Proyecto de inmigración africana para las islas de Cuba y Puerto Rico y el
Imperio del Brasil presentado a los respectivos gobiernos por los Sres. Argudín,
Cunha Reis y Perdones, Habana, 1860, 600 pp. Esta importante fuente
documental ha sido poco utilizada hasta ahora.
141
Zamora: Biblioteca de Legislación Ultramarina, 1849, pp. 467-469.
142
Los documentos fundamentales han sido publicados por Carlos Menéndez:
Historia del infame y vergonzoso comercio de indios vendidos a los esclavistas
de Cuba por los políticos yucatecos desde 1848 hasta 1861…, Mérida, Yucatán,
1923. Del mismo autor también: Las Memorias de Don Buenaventura y la venta
de indios yucatecos a Cuba, Mérida, Yucatán, 1925.
143
Pancho Marty había obtenido el privilegio exclusivo de pesca en las costas de
Islas Mujeres y de Cozumel. Carlos Menéndez: Historia del infame…, 1923, p.
205.
144
Diccionario geográfico, estadístico…, 1866, t. 4, p. 242.
145
Carlos Menéndez: Historia del infame…, 1923, p. 209. Los precios, sin
71
embargo, pronto subieron, y el gobernador de Yucatán, que en 1859 pedía de
100 a 130 pesos por cada indio prisionero (pp. 223-224), al año siguiente exigía
160 pesos por cada varón de 16 a 50 años, 120 por las hembras de la misma
edad y 80 pesos por los niños de 10 a 15 años de ambos sexos (pp. 229 y 237).
146
Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil, leg. 638/20144. Original de una
contrata de yucatecos expedida por la mencionada Sociedad. Es similar a la de
los chinos, aunque con algunas variantes, pues prevé la contratación de mujeres
y niños. Está firmada por el gobernador de Yucatán: Martín Francisco Peraza.
Hay dos sellos: uno del Gobierno Superior Civil de Yucatán y otro de Goicuría y
Hermano, de la Habana. Es el número 109 de esta expedición. Fue el cónsul de
Baviera en la Habana, un aventurero llamado Tito Visino, quien gestionó con el
general Santa Anna el monopolio de compra de yucatecos concedido a la Casa
Goicuría en 1854. Su Alteza Serenísima, al aprobar el "asiento negrero",
declaraba, con cinismo digno de toda su ejecutoria, "…que tales contratas han
de ser beneficiosas a los indígenas (…) sirviendo de un medio eficaz para
despertar en ellos ideas saludables de orden, economía y amor al trabajo".
Carlos Menéndez: Historia del infame…, 1923, p. 85.
147
Carlos Menéndez: Historia del infame…, p. 208, y Las Memorias de
Buenaventura Vivó…, 1925, pp. 70-74.
148
Carlos Menéndez: Las Memorias de Buenaventura Vivó…, pp. 33, 37, 73,
etcétera.
149
Carlos Menéndez: Historia del infame…, 1923, p. 213.
150
José Zorrilla: Recuerdos del tiempo viejo, Madrid, 1882, t. 2, p. 245.
151
Véase, en particular, la correspondencia cambiada con el Capitán General a
propósito de los atropellos sufridos por Sebastián Cucul, a quien el Cónsul vio
encadenado y apaleado (Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil, leg.
538/20144). Otros informes y escritos del cónsul en que informaba a su gobierno
de la esclavitud a que eran reducidos los yucatecos, en Carlos Menéndez: Las
Memorias de Buenaventura Vivó…, 1925, pp. 21-24, 45-54.
152
Carlos Menéndez: Las Memorias de Buenaventura Vivó…, 1925, p. 43
(notas). Menciona el precio de 10 onzas (170 pesos), pero no indica su fuente, y
parece confundirlo con el precio a que se vendieron los primeros chinos en 1847.
La correspondencia del cónsul de México en La Habana (Archivo Nacional:
Gobierno Superior Civil, leg. 538/20144), a propósito del caso de Cucul, antes
citado, menciona que se pedía por él y su mujer la exorbitante suma de 816
pesos, pero entonces ya los chinos se vendían a 350 y 400 pesos, y por los
gallegos sabemos que se llegó hasta pedir 200 pesos.
72
153
De fecha tan tardía como 1870, encontramos una solicitud, aprobada por las
autoridades españolas, para introducir yucatecos en condiciones similares a las
de los chinos. Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil.
154
Carlos Menéndez: Historia del infame…, 1923, p. 205. En enero de 1860, un
informe oficial al Gobierno mexicano afirma que "...se han vendido cien
yucatecos todos los meses. Por el puerto de Sisal se embarcan públicamente 25
a 30 cada vez que el vapor español que viene a Veracruz se volvía a la Habana.
Por Río Lagartos y puerto San Felipe constantemente se ha hecho la misma
extracción en buques mercantes o bien en los viveros del español D. Francisco
Martí". Más adelante, el mismo documento habla de los "millares de indígenas
que existen en Cuba", y finalmente (pp. 215-216) se hace mención de una
cantidad de 30 000 pesos mexicanos depositados en la Administración de
Hacienda de Mérida, para responder de la compra de los indios.
155
Herminio Portell Vilá: Historia de Cuba en sus relaciones con los Estados
Unidos y España, Habana, 1939, t. 2, p. 132. Según los despachos del cónsul
americano, Savage, del 6 de septiembre de 1860.
156
El Encargado de Negocios de Francia en Lima manifestó al Gobierno
peruano, en tiempo oportuno y en forma enérgica, la protesta de su país por esta
indiscreta intromisión en la "reserva de caza" de su país. Paz Soldán: La
inmigración en el Perú..., 1891, p. 37. ¿Haría el cónsul de Francia en La Habana
alguna gestión similar? Sería interesante investigarlo.
157
Paz Soldán: La inmigración en el Perú..., 1891, p. 36.
158
Correspondencia inédita de José L. Alfonso con José A. Saco y otros (en la
Biblioteca Nacional José Martí).
159
La conquista de esta provincia había sido realizada en 1862. Fue el primer
territorio ocupado por Francia en la península de Indochina.
160
Proyecto de inmigración Tonkina y Cochinchina para las islas de Cuba y
Puerto Rico…, Madrid, 1870.
161
Ibídem, p. 17.
162
Boletín de Colonización, La Habana, 28 de febrero; 15 de marzo y 30 de
marzo de 1873.
163
En realidad, de 1855 a 1867, la importación de chinos superó a la de bozales.
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