REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA DEFENSA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL
DE LAS FUERZAS ARMADAS
NUCLEO – NAGUANAGUA
Profesor: Carmen Aracelis alumno:
Periodo académico: 01/2019 Diego Laguna
Semestre: Primero C.I:28035040
Carrera: ing. Telecomunicaciones
Naguanagua 29de mayo de 2019
Introducción
Actualmente el estrés es un tema común en investigaciones psicológicas,
fisiológicas y laborales, debido a las condiciones ambientales, sociales,
personales y económicas a las que nos enfrentamos cotidianamente, en las
cuales se hacen presentes diferentes eventos que pueden considerarse
estresantes. Por ello, es importante saber identificar adecuadamente la
presencia de estrés. En el estrés laboral existen desencadenantes que están
ligados específicamente al desempeño de una profesión. El trabajo en
hospitales ha sido considerado como una fuente estresante, porque implica
estar continuamente en contacto con el dolor y a menudo con la muerte. La
competitividad laboral, cargas de trabajo y las tensiones a la que se somete el
profesional de enfermería, desequilibran su sistema nervioso provocando un
estado de ansiedad. Esto, a su vez, desencadena un descontrol de las
emociones y se convierte en la causa de enfermedades psicosomáticas como
úlceras gástricas, aumento del colesterol, hipertensión arterial,
comportamientos agresivos.
Concepto de estrés
El estrés (del latín stringere ‘apretar’1 a través de su derivado
en inglés stress ‘fatiga de material’) es una reacción fisiológica del organismo
en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una
situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.
Fisiológica o biológica es la respuesta de un organismo a un factor de estrés
tales como una condición ambiental o un estímulo.2 El estrés es el modo de un
cuerpo de reaccionar a un desafío. De acuerdo con el evento estresante, la
manera del cuerpo a responder al estrés es mediante el sistema nervioso
simpático de activación que da lugar a la respuesta de lucha o huida. Debido a
que el cuerpo no puede mantener este estado durante largos períodos de
tiempo, el sistema parasimpático tiene tendencia a hacer regresar al cuerpo a
condiciones fisiológicas más normales (homeostasis). En los humanos, el estrés
normalmente describe una condición negativa (distrés) o por el contrario una
condición positiva (eustrés), que puede tener un efecto mental, físico e incluso
de bienestar o malestar en un ser humano, o incluso en otra especie de animal.
Aunque casi siempre, principalmente en los humanos, la palabra estrés suele
poseer una connotación negativa (lo opuesto quizás sería el nirvana budista o
el principio de nirvana de [Link]) la ciencia distingue dos tipos de estrés, tanto
en animales como en humanos
Historia del concepto
En la Edad Media ya se utilizaba para describir un sin fin de experiencias
negativas. Pero es en en el siglo XVIII cuando el concepto se extiende entre
ingenieros y físicos con el objetivo de describir ciertas características de los
cuerpos sólidos. Dicho característica hace referencia a la fuerza interna
presente en un área concreta sobre la que actúa una fuerza externa que puede
alterar ese estado sólido, una definición que a priori no tiene nada que ver con
el actual concepto de estrés.
En la década de 1920, el reconocido doctor Hans Seyle introdujo el término en
las ciencias de la salud para referirse a una respuesta global de nuestro cuerpo
hacia una situación que nos genera angustia.
Pero no siempre el estrés tiene que ser algo nocivo, pues existe el estrés
positivo que es aquel que nos ayuda a enfrentar un cometido con todas nuestras
fuerzas (un estrés adaptativo, muy presente en los animales incluido el ser
humano). No obstante, cuando esa emoción nos agota, aparte de tener
consecuencias psíquicas y físicas notables, no nos ayuda a enfrentarnos a esa
tarea estresante.
Las etapas del estrés
En 1956, Seyle teoriza que la respuesta de estrés consta de tres fases distintas:
1. Alarma de reacción: Empieza justo después de ser detectada la amenaza.
En esta fase aparecen algunos síntomas como baja temperatura corporal o
un incremento de la frecuencia cardíaca.
2. Resistencia: El organismo se adapta a la situación pero continúa la
activación aunque en menor medida respecto la etapa anterior. Si la situación
estresante se mantiene en el tiempo, la activación acaba por sucumbir
porque se consumen recursos a una velocidad mayor de la que se generan.
3. Agotamiento: El cuerpo acaba por agotar recursos y pierde gradualmente
la capacidad adaptativa de la anterior fase.
Tipos de estrés
Hay clasificados diferentes tipos de estrés en base a determinados criterios.
Vamos a explicar los tipos de estrés en función de la utilidad que tienen, su
mantenimiento y duración.
1. Tipos de estrés en base a su signo
1.1. Estrés positivo
Al contrario de lo que la gente cree, el estrés no siempre hace daño a la persona
que lo padece. Este tipo de estrés surge cuando la persona está bajo presión,
pero inconscientemente interpreta que los efectos de la situación le pueden
otorgar algún beneficio.
Este estrés hace que la persona afectada esté motivada y con mucha más
energía, un buen ejemplo sería una competición deportiva donde los
participantes deben tener un punto de vitalidad para poder salir victoriosos.
Este estrés está asociado con emociones positivas, como la felicidad.
1.2. Distrés o estrés negativo
Cuando padecemos distrés anticipamos una situación negativa creyendo que
algo nos va a salir mal, lo cual genera una ansiedad que nos paraliza por
completo.
El estrés negativo nos desequilibra y neutraliza los recursos que en situaciones
normales tendríamos a nuestra disposición, lo cual acaba por
generar tristeza, ira, etc.
2. Tipos de estrés en base a su duración
2.1. Estrés agudo
Es el estrés que más personas experimentan y es causa de las exigencias que
nos imponemos nosotros mismos o los demás. Estas exigencias son
alimentadas respecto un pasado reciente, o en anticipaciones de un futuro
próximo. En pequeñas dosis puede ser positivo pero en dosis más elevadas
puede acaba por agotarnos, con severas consecuencias en nuestra salud
mental y física.
Por suerte este tipo de estrés no dura mucho por lo que no deja secuelas,
aparte de ser de fácil curación. Los principales señales del estrés agudo son:
1. Dolores musculares: Suelen aparecer dolores de cabeza, espalda y
contracturas entre otras afecciones.
2. Emociones negativas: Depresión, ansiedad, miedo, frustración, etc.
3. Problemas gástricos: El estrés puede causar una gran oscilación en los
síntomas estomacales; estreñimiento, acidez, diarrea, dolor abdominal, etc.
4. Sobreexcitación del sistema nervioso: causa síntomas como aumento de la
presión sanguínea, taquicardia, palpitaciones, náuseas, sudoración excesiva
y ataques de migraña.
2.2. Estrés agudo episódico
Es también uno de los tipos de estrés más tratado en las consultas
psicológicas. Aparece en personas con exigencias irreales, tanto propias como
provenientes de la sociedad.
Son personas que se muestran irritadas y beligerantes, aparte de tener una
angustia permanentes a causa de que no pueden controlar todas las variables
que les exigidas. Otro síntoma de las personas que sufren estrés agudo
episódico es que siempre están preocupados por el porvenir. Al mostrarse
hostiles son difíciles de tratar a no ser que acudan a un especialista y reciban
tratamiento.
2.3. Estrés crónico
Es el estrés que aparece en prisiones, guerras o en situaciones de pobreza
extrema, situaciones en lo que se debe estar continuamente en alerta. Esta
clase de estrés también puede venir de un trauma vivido en la niñez. Al causar
una gran desesperanza, puede modificar las creencias y la escala de valores
del individuo que lo padece.
Sin lugar a dudas es el tipo de estrés es el más grave, con unos resultados
destructivos severos para la salud psicológica de la persona que lo padece. Las
personas que lo sufren diariamente presentan un desgaste mental y físico que
puede dejar secuelas durante toda la vida. La persona no puede cambiar la
situación estresante, pero tampoco puede huir, sencillamente no puede hacer
nada.
La persona que tiene este tipo de estrés muchas veces no es consciente de ello,
pues lleva tanto tiempo con ese sufrimiento que ya se ha acostumbrado. Incluso
les puede que les guste ya que es lo único que han conocido y no saben o no
pueden hacer frente a la situación de otra forma, a causa de esto es normal que
rechacen la posibilidad de tratamiento pues se sienten tan identificados con el
estrés que creen que ya forma parte de ellos.
Hay estudios que demuestran la relación entre el estrés con enfermedades del
aparato digestivo, cáncer, enfermedades cutáneas y problemas cardíacos.
Con el estrés aparece a menudo la inseguridad y el sentimiento
de indefensión (siempre tiran la toalla puesto que creen, o realmente no puede,
hacer nada).
El estrés puede producir ansiedad y depresión.
Padecer ansiedad aumenta el riesgo de suicidio.
La ley de Yerkes-Dodson: la
relación entre el rendimiento y la
motivación
La Ley Yerkes - Dodson sugiere que el rendimiento y la excitación están
directamente relacionados y que, de hecho, niveles elevados de excitación
pueden, hasta cierto punto, mejorar el rendimiento.
La ley Yerkes-Dodson sugiere que el rendimiento y la excitación están
directamente relacionados. Esta ley fue desarrollada por los psicólogos Robert
M. Yerkes y John Dillingham Dodson en 1908.
La ley Yerkes-Dodson dicta que el rendimiento aumenta con la excitación
fisiológica o mental, pero solo hasta cierto punto.
Cuando los niveles de excitación se vuelven demasiado altos, el rendimiento
disminuye. Según esta ley, la mejor manera de potenciar la motivación y el
rendimiento es trabajar con tareas objetivo que nos permitan estar alerta.
En su experimento, Yerkes y Dodson descubrieron que las ratas podían ser
motivadas para completar un laberinto con descargas eléctricas leves. Sin
embargo, cuando los choques fueron de mayor grado, su nivel
de rendimiento disminuyó y simplemente corrieron con la intención de escapar.
El experimento dejó claro que los niveles de excitación ayudaron a centrar la
atención en la tarea en cuestión, pero solo hasta un punto óptimo.
Cómo funciona la ley de Yerkes-Dodson
Un ejemplo de cómo funciona la Ley Yerkes-Dodson es la ansiedad que
experimenta antes de un examen.
Un nivel óptimo de estrés puede ayudar a concentrarse en el examen y recordar
la información. Sin embargo, demasiada ansiedad ante los exámenes puede
afectar a la capacidad para concentrarse, lo que provoca que sea más difícil
recordar.
Otro gran ejemplo de cómo funciona la ley de Yerkes-Dodson es el rendimiento
deportivo.
Cuando un deportista está listo para hacer un movimiento importante, cierto
nivel ideal de excitación -liberación de adrenalina- puede potenciar su
rendimiento y permitirle hacer dicho movimiento. Pero cuando el deportista está
demasiado estresado, podría quedarse bloqueado o realizar el movimiento de
manera enérgica pero poco precisa.
Entonces, ¿qué determinas qué nivel de excitación es el ideal? En realidad, no
hay una respuesta fija a esta pregunta, puesto que dicho nivel de excitación
puede variar de una tarea a otra.
Por ejemplo, se sabe que los niveles de rendimiento disminuyen a partir de un
nivel más bajo de activación.
Esto significa que si estás realizando una tarea relativamente simple puedes
lidiar con un rango mucho mayor de niveles de activación.
Tareas simples, como hacer fotocopias o realizar las tareas domésticas, tienen
menos probabilidades de verse afectadas por niveles de activación muy bajos o
muy altos.
Sin embargo, en la realización de tareas mucho más complejas, el rendimiento
estaría mucho más influenciado por los niveles de activación bajos y altos.
Si los niveles de excitación son demasiado bajos, es posible tener las sensación
de que falta energía para la realización del trabajo. Pero niveles de excitación
que son demasiado altos podrían ser igual de problemáticos, dando lugar a que
sea difícil concentrarse el tiempo suficiente para completar la tarea.
Modelo de la U invertida
El proceso descrito por Yerkes y Dodson a menudo se ilustra gráficamente
como una curva en forma de campana que aumenta y luego disminuye con
niveles más altos de excitación.
Es por eso que ley de Yerkes-Dodson también se conoce como modelo de la U
invertida.
Debido a las diferencias de tareas, la forma de la curva puede ser muy variable.
Para tareas simples o bien aprendidas, la relación es monótona y el rendimiento
mejora a medida que aumenta la excitación. Sin embargo, para tareas
complejas, desconocidas o difíciles, la relación entre la excitación y el
rendimiento se invierte después de un punto, y el rendimiento disminuye a
medida que aumenta la excitación.
La parte ascendente de la U invertida se puede considerar como el efecto
energizante de la excitación. La parte descendente es causada por los efectos
negativos de la excitación (o el estrés) en los procesos cognitivos como la
atención, la memoria y la resolución de problemas.
Según el modelo de la U invertida, el rendimiento máximo se logra cuando las
personas experimentan un nivel moderado de presión. Cuando experimentan
demasiada o muy poca presión, su rendimiento disminuye, a veces de manera
severa.
El lado izquierdo de la gráfica muestra la situación en la que las personas no
tienen desafíos, en la que no ven ninguna razón para trabajar duro en una tarea,
o están en peligro de abordar su trabajo de una manera descuidada y
desmotivada.
La mitad del gráfico muestra dónde se está trabajando con la máxima eficacia,
cuando se está lo suficientemente motivados para trabajar duro sin estar
sobrecargados.
El lado derecho de la gráfica muestra dónde se está empezando a ceder a la
presión, a estar abrumado.
Los cuatro factores influyentes
El modelo de curva en U invertida es diferente de un individuo a otro según la
situación. En realidad, hay cuatro factores influyentes que pueden afectar a
esta curva, que son el nivel de habilidad, la personalidad, el rasgo de ansiedad y
la complejidad de la tarea.
El nivel de habilidad de un individuo también afecta su desempeño en la tarea
dada. Un individuo altamente entrenado, que confía en su habilidad, es más
probable que se enfrente bien a situaciones en las que la presión es alta, ya que
la persona podría confiar en sus respuestas bien ensayadas.
La personalidad de un individuo también afecta a la forma en que maneja la
presión. Los psicólogos creen que los extrovertidos son mejores a la hora de
manejar la presión que los introvertidos. Asimismo, los introvertidos tienen un
desempeño mejor ante la falta de presión.
En cuanto al rasgo de ansiedad, la confianza que una persona tenga en sí misma
también afecta la forma en que maneja cualquier situación. Es más probable
que una persona mantenga la compostura bajo presión si la confianza en sí
misma es alta y no cuestiona repetidamente sus propias habilidades.
Por último, el nivel de dificultad de la tarea es otro factor que influye en el
rendimiento de un individuo. No es lo mismo la dificultad que entraña hacer unas
fotocopias que tener que escribir un informe o un ensayo. En cualquier caso, el
nivel de complejidad de cualquier tarea varía de una persona a otra.
EFECTOS SOMÀTICOS,
EMOCIONALES, COGNITIVOS Y
CONDUCTUALES
DEL ESTRÉS.
El número de reacciones psicológicas asociadas al estrés es importante.
Supone con Frecuencia la activación o inhibición de otros mecanismos
orgánicos de carácter bioquímico o fisiológico.
Hay reacciones psicológicas de cuatro tipos, según afecten:
• Al cerebro límbico: emocionales;
• Al cerebro cortical: cognitivas;
• Al cuerpo: somáticas;
• Al comportamiento; conductuales.
Acaban afectándose unas a otras, pero las reacciones emocionales son las más
importantes; de hecho, más de una vez, se ha llamado estrés a lo que no son
sino las emociones que lo acompañan.
Las reacciones cognitivas pueden suponer, de hecho, formas más o menos
eficaces de afrontar el estrés. Cabe señalar como las más habituales a la
aceleración mental, la indecisión la pérdida de la memoria o del sentido del
humor... Con echar una mirada en nuestro entorno podemos comprobar la
enorme extensión del estrés.
Las reacciones somáticas más habituales son la fatiga, dolores diversos, el
insomnio, temblores... Están muy relacionados con los emocionales y con
frecuencia los unos causan los otros o viceversa. Emociones negativas como la
depresión, la ansiedad, la frustración y la ira suelen estar asociadas al estrés.
Muchos de estos aspectos somáticos no son más que los componentes de la
reacción Emocional. Parece que la ansiedad se relaciona más con un estado de
estrés temporal y la depresión con uno crónico.
Las reacciones conductuales pueden ser estados de nerviosismo diversos
como tener tics, moverse en exceso, morderse las uñas, comer más de lo
debido o fumar continuamente.
Manejo del estrés
El manejo del estrés comienza con una valoración sincera de cómo reaccionas
frente a las situaciones de estrés. A partir de allí, puedes contrarrestar las
maneras poco saludables de reaccionar con técnicas más útiles.
En la actualidad, es difícil evitar el estrés con tantas exigencias que compiten
por tu tiempo y tu atención. Sin embargo, si tienes una buena capacidad para el
manejo del estrés, puedes sobrellevarlo de una manera saludable.
Uno de los primeros pasos hacia un buen manejo del estrés es comprender
cómo reaccionas ante él, y hacer cambios, si es necesario. Analiza con
honestidad cómo reaccionas ante el estrés y, luego, adopta o modifica técnicas
de manejo del estrés para asegurarte de que el estrés en tu vida no te provoque
problemas de salud.
Evalúa tu forma de reaccionar ante el estrés
Las habilidades para el manejo del estrés no surgen naturalmente. Sin embargo,
puedes aprender nuevas habilidades para el manejo del estrés o modificar tus
habilidades existentes para ayudarte a sobrellevar la situación de una mejor
manera.
Primero, observa tu forma de reaccionar ante el estrés. Algunas personas
parecen tomar todo con calma. Sus actitudes naturalmente relajadas se
destacan, incluso en situaciones estresantes. ¿Se acerca otra fecha límite? Los
demás pueden manejarlo. ¿La máquina lavavajillas tiene filtraciones? No hay
problema, será una reparación simple. Otras personas se ponen ansiosas ante
el primer signo de una situación estresante. ¿Estás llegando tarde a una
reunión? ¡Es momento de entrar en pánico! ¿Estás atrapado en un
embotellamiento? ¡Que empiecen las maldiciones!
A continuación, te presentamos algunas reacciones ante el estrés que son
frecuentes pero poco saludables. ¿Alguna de las siguientes conductas describe
tus reacciones? Si no estás seguro, considera llevar un registro diario durante
alrededor de una semana para controlar tus reacciones ante situaciones
estresantes.
Dolor. Puede que, inconscientemente, aprietes la mandíbula o los puños o
que manifiestes tensión muscular, especialmente en el cuello y en los
hombros; todo esto puede provocar un dolor físico inexplicable. El estrés
también puede provocar una variedad de otros trastornos de la salud, como
malestar estomacal, falta de aire, dolor de espalda, dolores de cabeza e
insomnio.
Comer en exceso. El estrés puede hacer que comas incluso cuando no tienes
hambre, o que te saltees el ejercicio. Por otra parte, puede que comas
menos e incluso que pierdas peso en situaciones de mayor estrés.
Ira. El estrés puede provocar mal carácter. Cuando te encuentras bajo
presión, puede que hasta discutas con colegas, amigos o seres queridos, a
veces ante la mínima provocación o acerca de cosas que no tienen nada que
ver con tu situación estresante.
Llanto. El estrés puede desencadenar ataques de llanto, a veces, sin una
advertencia aparente. Puedes llorar por cuestiones que no se relacionan con
la situación que te estresa. También es posible que te sientas solo o aislado.
Depresión. A veces, el estrés puede ser demasiado como para soportarlo. Es
posible que evites el problema, que no vayas a trabajar, que te sientas
desesperado o que, simplemente, te rindas. El estrés crónico puede ser un
factor en la manifestación de la depresión o de trastornos de ansiedad.
Negatividad. Cuando no sobrellevas bien el estrés, puede que
automáticamente esperes lo peor o que magnifiques los aspectos negativos
de cualquier situación indeseable.
Tabaquismo. Incluso si dejaste de fumar hace mucho tiempo, un cigarrillo
puede parecer una forma sencilla de relajarte cuando estás bajo presión. De
hecho, el estrés es una de las principales causas de sufrir una recaída con el
cigarrillo. También puede que hasta recurras al alcohol o a las drogas para
adormecer los efectos del estrés.
Da el siguiente paso hacia el manejo del estrés
Una vez que hayas identificado las reacciones poco saludables que puedas
tener ante el estrés no controlado, podrás comenzar a mejorar tus habilidades
de manejo del estrés. Los siguientes son algunos ejemplos de la extensa lista de
técnicas de manejo del estrés:
Recorta tu agenda. Cuando sea posible, reduce la cantidad de obligaciones
que tienes. Si bien es cierto que es más fácil decirlo que hacerlo, intenta
analizar tu agenda diaria, semanal y mensual, e identificar las reuniones, las
actividades, las cenas o las tareas que podrías eliminar o delegar a otras
personas.
Prepárate. Anticípate al estrés preparándote para las reuniones o los viajes,
organizando mejor tu tiempo y estableciendo metas realistas para las tareas
tanto importantes como secundarias. El estrés aumenta cuando te quedas
sin tiempo porque sucede algo inesperado; por ejemplo, prevé tiempo
adicional para los atascos de tráfico.
Haz contactos. Conéctate con personas nuevas o reanuda contactos del
pasado. Rodearte de familiares, amigos y compañeros de trabajo, o
miembros del clérigo y líderes espirituales que te apoyen puede tener un
efecto positivo en tu bienestar mental y en tu capacidad para afrontar el
estrés. Trabaja como voluntario en tu comunidad.
Incorpora un pasatiempo. Hacer una actividad que disfrutes puede relajar tu
mente inquieta. Prueba pasatiempos como la lectura, la jardinería, las
manualidades, los entretenimientos electrónicos, la pesca, la carpintería, la
música: cosas que no impliquen competencia ni te generen más estrés.
Relájate. La actividad física, la meditación, el yoga, los masajes, la
respiración profunda y otras técnicas de relajación pueden ayudarte a
controlar el estrés. No importa cuál de ellas elijas. Lo importante es que
centres tu atención en algo relajante y que tengas mayor conciencia de tu
cuerpo.
Duerme lo suficiente. La falta de sueño afecta el sistema inmunitario y el
juicio, y te hace más propenso a reaccionar ante la más mínima molestia. La
mayoría de las personas necesita entre siete y nueve horas de sueño por día.
Busca ayuda profesional. Si tu intento de manejar el estrés no es suficiente,
consulta con tu médico. El estrés crónico no controlado puede provocar
diversos problemas de salud potencialmente graves, como dolor y
depresión.
Por lo general, el estrés no mejora solo. Lo más probable es que tengas que
trabajar de forma activa para controlar el estrés de tu vida antes de que este te
controle a ti. Cuando hayas identificado la manera en que reaccionas ante las
situaciones estresantes, podrás adoptar una mejor posición para controlar el
estrés, aunque no puedas eliminarlo. Si las medidas que estás tomando para
manejar el estrés no dan resultado, intenta un nuevo abordaje.
Conclusión
El estrés es el resultado de la adaptación de nuestro cuerpo y de nuestro
espíritu al cambio que exige un esfuerzo físico, psicológico y emocional. Aun los
acontecimientos positivos pueden generar un cierto grado de estrés cuando
requieren cambios y adaptaciones.
El cambio en sí mismo no es una novedad. De hecho, constituye el pilar de la
evolución de la humanidad. La innovación consiste precisamente en el ritmo sin
precedentes en que se producen los cambios y que inevitablemente repercute
en forma significativa sobre la sociedad, la cual no está preparada para
enfrentar semejantes cambios en esta secuencia y, por lo tanto, se encuentra
entonces a menudo desarmada.
El cambio está en todos lados. Afecta profundamente la tecnología, la ciencia, la
medicina, las condiciones de trabajo y las estructuras de las empresas, los
valores y las costumbres de la sociedad, la filosofía y aún la religión. En
realidad, la única constante que sigue persistiendo es, precisamente, el
"cambio". Como vivimos en la era del cambio, no debe sorprender que el Siglo
XX se denomine "el siglo del estrés", lo cual exige una adaptación sin
precedentes, tanto por parte de la generación mayor como de la joven.