SINCRONICIDAD
Este concepto existe al menos desde los vedas pero fue Carl G. Jung quien acuñó
el término de sincronicidad, refiriéndose a “la simultaneidad de dos sucesos
vinculados por el sentido pero de manera no causal” como la unión de los
acontecimientos interiores y exteriores de un modo que no se puede explicar pero
que tiene cierto sentido para la persona que lo observa.
EJEMPLO
os casos de coincidencias de sentido parecen sustentarse en una base arquetípica:
El factor emocional resulta ser altamente significativo. La afectividad está basada
en el arquetipo.9
A su vez existe como característica común cierta imposibilidad.10
Debe diferenciarse el término sincronicidad o simultaneidad de dos sucesos
vinculados por el sentido pero de manera acausal de sincronismo o mera
simultaneidad de dos sucesos.11
La sincronicidad implicaría de este modo la simultaneidad de un estado psíquico
con uno o varios sucesos externos cuyo sentido parece paralelo a la subjetividad
psíquica, o viceversa.12
El fenómeno de la sincronicidad se fundamenta en la simultaneidad de dos estados
psíquicos diferentes:13
Uno es el normal.
Otro es la vivencia crítica.
Constaría así mismo de dos factores:14
Una imagen inconsciente accede a la consciencia directamente o simbolizada como
sueño, ocurrencia o presentimiento.
Una situación objetiva coincide con dicho contenido psíquico.
Para intentar explicar con mayor detenimiento el nivel de implicación del factor
psíquico, más allá de la experimentación de Rhine, Jung aborda ciertos métodos
intuitivos (mánticos) de larga data: el I Ching oriental y la Geomancia occidental. Sin
embargo, aun hallándose en la dirección pretendida, no ofrecían ninguna aplicación
para una comprensión exacta. Dirigirá entonces su interés hacia la Astrología,
llevando a cabo un extenso experimento astrológico.15
Las leyes naturales son verdades estadísticas, absolutamente válidas ante
magnitudes macrofísicas pero no microfísicas. Ello implica un principio de
explicación diferente al causal. Cabe plantearse entonces si en términos muy
generales existe no solo una posibilidad sino una realidad de sucesos acausales.
Para ello se ha de afrontar el mundo de la casualidad y tratar de separar la
causalidad de la acausalidad.
Causalidad → Casualidad ← Acausalidad
La acausalidad es esperable cuando parece impensable la causalidad. Ante la
casualidad solo resulta viable la evaluación numérica o el método estadístico. Las
agrupaciones o series de casualidades han de ser consideradas casuales mientras
no se sobrepasen los límites de la probabilidad. Si así se demostrara implicaría un
principio acausal o conexión transversal de sentido.
Schopenhauer realizó un acercamiento a la casualidad no haciendo caso omiso a
su fenomenología pero deteniéndose en una visión determinista. Así mismo, Kant
señaló el camino a Schopenhauer.23
Otros autores como Xavier Dariex, Charles Robert Richet y Camille Flammarion
abordaron el problema mediante el cálculo de probabilidades.4
Wilhelm von Scholz se aproximaría a través de recopilación de casos, y Herbert
Silberer efectuaría una crítica psicológica, que aunque aconsejable, no iba más allá
del causalismo, relegándose una vez más la acometida de las verdaderas
coincidencias de sentido.
Establece Jung que su tratamiento del fenómeno no representa ninguna prueba
definitiva sino mera conclusión desde determinadas premisas empíricas objeto de
reflexión. La sincronicidad constituye en sí misma «una magnitud sumamente
abstracta e inmaterializable». Representa un criterio de comportamiento al igual que
el espacio, el tiempo y la causalidad. Se renunciaría así a la hipótesis de una psique
asociada a un cerebro vivo, el factor formal sería ajeno a una actividad cerebral. De
ahí que se plantee la pregunta de si todo proceso psicofísico tendría como
fundamento la sincronicidad y no la causalidad. De esta última se deducen dos
posibilidades que ponen en entredicho la experiencia y el entendimiento:
Procesos físicos generan la psique.
Psique inmaterial que determina procesos físicos.
De este modo, la sincronicidad, o disposición acausal o con sentido, representaría
una posibilidad de esclarecimiento de la encrucijada cuerpo-alma o paralelismo
psicofísico. En esta dirección apunta el «saber absoluto», o sentido absoluto,
implícito al fenómeno, caracterizado de trascendental al hallarse en un espacio
psíquicamente relativo o continuum espacio-temporal irrepresentable.21
Ante experiencias de inconsciencia donde paradójicamente permanecen procesos
psíquicos conscientes cabrían darse etiológicamente dos posibilidades:22
Sincronicidad ante la imposibilidad de remitirnos a procesos de substratos
biológicos subyacentes.
Cuando esto último es factible cabría la posibilidad de deducir como portador de las
funciones psíquicas al sistema nervioso simpático. Dicha actividad transcerebral
sería responsable así mismo del fenómeno del sueño.
En conclusión, la clásica imagen física tríadica del mundo compuesta de espacio,
tiempo y causalidad se convertiría en una tétrada o cuaternio al unírsele la
sincronicidad. Ello posibilitaría un juicio global que se aproximaría a un concepto
unitario del ser eliminándose la incompatibilidad entre sujeto y objeto.23