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Adam Smith

Trabajo Monográfico de la ideología de Smith y su influencia en el Universitario y la Economía del Perú.
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UNIVERSIDAD NACIONAL JOSÉ FAUSTINO SÁNCHEZ CARRIÓN

FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS, CONTABLES Y FINANCIERAS

ESCUELA DE ECONOMÍA Y FINANZAS

“LA IDEOLOGÍA DE ADAM-SMITH; SU INFLUENCIA EN EL ESTUDIANTE

UNIVERSITARIO Y LA ECONOMÍA PERUANA”

Docente:

Máximo Aurelio, Bendezú Rivera

Estudiantes:

1. Aranda Zavala, Dania

2. Andrade Cóndor, Lisbeth

3. Ocaña Flores, Julissa

4. Romero Calero, Luis

5. Tiburcio Dávalos, Jeancarlos

6. Yauri Solis, Hayro

Huacho-Perú
Dedicatoria:

Este presente trabajo ante todo lo dedico a Dios,

seguido de mis padres y profesores que son quienes me

apoyan y me guían hacia el camino del éxito.

2
CONTENIDO

RESUMEN................................................................................................................................. 5
CAPÍTULO I: ADAM SMITH Y SU INFLUENCIA ECONÓMICA ...................................... 6
I. INTRODUCCIÓN: ....................................................................................................... 6

II. BIOGRAFÍA DE ADAM SMITH ............................................................................... 8

III. LA IDEOLOGÍA DE ADAM SMITH Y SU VISIÓN ECONÓMICA ....................... 9

3.1. LA FILOSOFÍA MORAL Y LA ARMONÍA DE INTERESES .......................... 9

3.2. EL NÚCLEO ANALÍTICO Y EL MÉTODO EN LA RIQUEZA DE LAS

NACIONES .......................................................................................................................... 14

IV. EL SISTEMA ECONÓMICO DE SMITH ................................................................ 17

4.1. LA PRODUCCIÓN Y LA RIQUEZA ................................................................ 17

4.2. EL VALOR ......................................................................................................... 21

4.3. LA DISTRIBUCIÓN .......................................................................................... 24

4.4. EL CAPITAL Y EL PROGRESO ECONÓMICO ............................................. 26

4.5. EL COMERCIO .................................................................................................. 27

4.6. EL GOBIERNO .................................................................................................. 28

4.7. LA TRIBUTACIÓN ........................................................................................... 29

V. LA UTOPÍA IMPRACTICABLE DE SMITH .......................................................... 29

CAPÍTULO II: ECONOMÍA NACIONAL DE MERCADO: UNA ESTRATEGIA


NACIONAL DE DESARROLLO PARA EL PERÚ ................................................................... 34
A. CARACTERÍSTICAS ESTRUCTURALES DE LA ECONOMÍA PERUANA QUE

EL MODELO NEOLIBERAL REPRODUCE:........................................................................ 34

3
B. EL MODELO ECONÓMICO NEOLIBERAL ES DESNACIONALIZADOR ............. 37

C. LA ECONOMÍA NACIONAL DE MERCADO COMO ESTRATEGIA DE

DESARROLLO ........................................................................................................................ 38

CONCLUSIONES ................................................................................................................... 40
BIBLIOGRAFÍA ..................................................................................................................... 43
ANEXOS ................................................................................................................................. 45

4
RESUMEN

Atravesamos una profunda crisis económica, que, como era inevitable, se está convirtiendo en

una profunda crisis social y política que está afectando a la legitimidad del sistema vigente. En

esta tesitura de predominio de las ideas neoliberales y crisis moral, queremos volver la vista atrás

y considerar la aportación de Adam Smith, porque fue el quien sentó las bases de la teoría

económica y fundamentó la propuesta liberal, tanto en política como en economía y porque destacó

la dimensión moral de la actividad económica.

En su obra destaca que las bases morales de la economía son el sentimiento de simpatía y la

figura del espectador imparcial, lo que sitúa la cuestión en un cuerpo a cuerpo y en un corto plazo

en que también se situó posteriormente Keynes y en nuestros días Sen y los defensores de la

economía del bien común. El análisis se basa en el fundamento de dichas concepciones, su el papel

en la formación del estudiante universitario para contribuir a su desarrollo ideológico, a la

formación de su concepción del mundo, por el significado que tiene saber caracterizar y realizar

un análisis crítico marxista de las principales corrientes del pensamiento económico universal,

reconocer toda tendencia reaccionaria en las teorías económicas burguesas y al mismo tiempo

saber asimilar y reelaborar los aspectos cognoscitivo- práctico presentes en dicha teoría.

Su liberalismo poco tiene que ver con los actuales neoliberales que solo consideran la primera

parte, el individualismo, pero no la segunda, el largo plazo, la sociedad. Esperamos que esta vuelta

a planteamientos iniciales proporcione argumentos adicionales a los que consideran que de la crisis

actual no se sale insistiendo en la receta “más de lo mismo”.

Palabras clave: Adam Smith, pensamiento económico, liberalismo económico, formación

integral, preparación profesional, economía, metodología

5
CAPÍTULO I: ADAM SMITH Y SU INFLUENCIA ECONÓMICA

I. INTRODUCCIÓN:

La economía siempre ha sido protagonista de nuestras vidas pero, en los últimos tiempos lo es

aún más si cabe. Es la cortina de humo que utilizan algunos gobernantes para hacernos notar la

complejidad de su tarea, y los medios de comunicación nos bombardean con términos y

diagnósticos que superan nuestra capacidad de entendimiento y nuestro interés, pero que repetimos

a fuerza de que nos lo repiten. También es cierto, que el peso que las cuestiones económicas -

especialmente en épocas de crisis prolongada- tienen sobre nuestras vidas es importante, y que la

sociedad consumista y la división del trabajo nos han colocado en una tesitura donde los dilemas

morales no tienen apenas cabida, y aceptamos cualquier explicación propuesta por los gobiernos

y amplificada por los medios de comunicación.

Al mismo tiempo y en aparente contradicción, hay una creciente preocupación por el impacto

de la actividad económica en la marcha general de la sociedad y las implicaciones morales que

esto conlleva. La Responsabilidad Social Corporativa, entre otras propuestas, ha ganado relevancia

y, junto con la búsqueda de un desarrollo sostenible, se ha convertido en campo de cuantiosos

estudios y no menos cuantiosas experiencias prácticas. No obstante, la información económica

suele iniciarse todos los días con datos sobre la Bolsa, señal evidente del interés en centrar la

atención sobre la economía financiera y en resaltar que el valor, el dinero, son el objetivo central

de la economía y no la economía real, el paro y la ineficiencia empresarial.

Es muy posible que en estos momentos el relato de Mandeville, La fábula de las abejas: o, vicios

privados, públicos beneficios, sea el relato que sintetiza mejor la marcha de la economía actual.

Según este relato, la rapacidad y la violencia de las élites extractivas benefician a la sociedad en

general, de donde se sigue que las cuentas de resultados miden el bienestar económico de la

6
economía y de la gente. Sin embargo, en un mundo globalizado que estimula la maximización del

beneficio empresarial, el incremento de la producción y del producto interior bruto cada vez son

menos representativos de la actividad económica real, entendida como medio de satisfacción de

las necesidades. En la práctica se impone la obsolescencia programada que incrementa, se estimula

el consumo compulsivo y se ignora lo relativo a la sostenibilidad de los recursos y la

responsabilidad ética empresarial. Se habla mucho de ambas pero en declaraciones retóricas que,

en el fondo, son contradictorias con la economía real. La cruda realidad es que para ser

competitivos de verdad, hay que dejar en segundo plano la responsabilidad social corporativa, la

sostenibilidad el consumo responsable y todo lo demás.

En este contexto, dominados por una específica manera de entender el liberalismo económico

que recibe habitualmente el nombre de neo-liberalismo, no es infrecuente que se cite a uno de sus

padres fundadores, Adam Smith como padre del pensamiento económico que inicio la orientación

del desarrollo y la implantación del modo de producción capitalista que sigue rigiendo en la

actualidad. Efectivamente Adam Smith distinguió por primera vez entre el bien público y el bien

privado, con el ejemplo de que el panadero o el carnicero no nos atienden por ser benevolentes con

nosotros, sino porque de ese modo atienden su interés particular; y fue también él quien acuñó la

expresión de la «mano invisible» que era capaz de regular el mercado y bajo esas premisas afirmo

que el gobierno no debía entrometerse en asuntos que, sin duda, serían mucho mejor regulados por

los propios interesados.

Estos son los lugares comunes del ideario neoliberal que ha promovido, en consecuencia, la

total desregulación y el predominio absoluto del deseo de ganancia como motor de la economía y

de ahí a que la ética de una gran empresa sea satisfacer a sus accionistas, quienes lo que buscan

7
por encima de todo es el incremento de los dividendos. Pero olvidan el largo plazo, cosa que Adam

Smith no incluyo, porque no tenía perspectiva para hacerlo, pero ahora si la tenemos.

II. BIOGRAFÍA DE ADAM SMITH

Adam Smith (1723-1790), nació en Kirkcaldy (Escocia, al norte de Edimburgo, en el otro

margen del estuario del Forth) unas semanas después de la muerte de su padre, inspector de

aduanas, casado con la hija de un terrateniente. Adam Smith, soltero, vivió casi toda su vida con

su longeva madre que murió seis años antes que él.

Estudió en el Glasgow College donde tuvo por profesor de filosofía moral a Francis Hutcheson,

que ejerció una gran influencia sobre Smith al igual que su amigo Hume. En 1740 completó su

enseñanza en la Universidad de Oxford, acogido a una beca para la formación de ministros

episcopalianos; sin embargo, consiguió eludir el compromiso de ser consagrado.

Terminada la universidad, en 1746, regresó a Escocia donde se dedicó a escribir, a dar

conferencias en Edimburgo y a buscar un puesto en la docencia, hasta que en 1751 obtuvo la

cátedra de Lógica en el Glasgow College; al año siguiente ocupó la cátedra de filosofía moral que

desempeñó hasta 1764. La filosofía moral constaba de teología natural, jurisprudencia, ética y

política; en esta última parte se encontraban las lecciones de economía y hacienda pública.

Fruto de sus enseñanzas de ética es su Teoría de los sentimientos morales (1759). La fama que

el éxito de este libro le proporcionó hizo que el padrastro del duque de Buccleugh, el eminente

político Charles Townshend, se interesara por contratar a Smith para preceptor privado de su

hijastro (entre 1764 y 1766) durante la educación de éste último en Francia. Smith estuvo dispuesto

a dejar la Universidad de Glasgow por el nuevo empleo, a pesar de su temporalidad, porque le

otorgaba una pensión vitalicia de 300 libras anuales con las que podía vivir bien el resto de su vida

(esa renta representaba el doble de sus ingresos como profesor de la universidad).

8
Durante su estancia en Francia, para distraer ratos de ocio, empezó a escribir un libro de

economía (tomando como base sus lecciones de Glasgow) al que dedicaría después todo su tiempo

durante diez años, en el retiro de su ciudad natal, una vez que concluyó su labor docente con el

joven duque de Buccleugh. En 1776 publicó en Londres ese meticuloso y arduo trabajo con el

título de Indagación acerca de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.

En 1777, Lord North, conde de Guilford, nombró a Smith comisario de aduanas de Edimburgo,

cargo que le supuso la adición de 600 £ anuales a su pensión vitalicia. Vivió desahogadamente

practicando su pasatiempo favorito, el estudio y la escritura, pero no publicó ninguna otra obra en

vida. Antes de morir mandó quemar casi todos sus manuscritos; sólo se salvaron seis Ensayos

sobre temas filosóficos (1795) que se publicaron póstumamente. En 1787, tres años antes de su

muerte, recibió la gran satisfacción de ser nombrado rector de la Universidad de Glasgow.

III. LA IDEOLOGÍA DE ADAM SMITH Y SU VISIÓN ECONÓMICA

3.1. LA FILOSOFÍA MORAL Y LA ARMONÍA DE INTERESES

Smith fue ante todo un moralista. Continuó con la tradición inglesa de la filosofía moral

establecida por Shaftesbury y Hutcheson. Madurando y desarrollando las ideas de ambos autores,

llegó a conclusiones propias que transmitió con sencillez e inteligibilidad. Publicada la Teoría de

los sentimientos morales (1759), sus lectores se identificaron fácil e intuitivamente con los

principios expuestos por Smith y que conservó en su Riqueza de las naciones (1776).

La filosofía moral de Smith es sensitiva. Los hombres la perciben y la practican por las

sensaciones, por los sentimientos de simpatía o antipatía, de gratitud o ingratitud, y no de una

forma racional o según unos preceptos teológicos. Los hombres en sociedad generan una

comunidad de sentimientos (simpatía) que les impulsan a obrar correctamente según unas reglas

de conducta generales que obran en sus conciencias. Las actuaciones humanas buscan la

9
aprobación de la propia conciencia y la de los demás. Los hombres tienen tácitamente una

conciencia de esas reglas rectas de conducta que inducen a realizar acciones decorosas y decentes;

es decir, cualquier impulso o sentimiento del hombre puede llevarse a cabo si no se vulneran los

principios de equidad, justicia y rectitud de conducta (Gabriel Franco: Estudio preliminar a la

Riqueza de las naciones, p. xx a xxv).

Uno de los primeros sentimientos que percibe el hombre es el de velar por sí mismo e intentar

mejorar su condición personal; la consecución de esa meta afana al hombre en el trabajo. El

hombre no tiene que confiar en la ayuda de sus semejantes, pues “en vano puede esperarla de su

benevolencia” porque “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que

nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés” (Smith, 1776, p. 17). El deseo

de emular a los grandes hombres, y la obtención de las riquezas por el trabajo digno y recto, de

acuerdo con las reglas morales de conducta, las que no violan las normas de la justicia y la equidad,

son sentimientos y luego actos perfectamente lícitos que proporcionan un aumento del bienestar

social. Smith, siguiendo ideas que se remontan a Séneca y pasan por san Juan Crisóstomo, opinaba

que el trabajo realizado en provecho propio colaboraba en cierto modo en satisfacer las necesidades

de los demás; el rico, pese a su egoísmo para acumular riquezas, inevitablemente favorece a los

pobres, a los que tiene que dar empleo para satisfacer sus propios deseos. “Los ricos escogen del

montón sólo lo más preciado y agradable. Consumen poco más que el pobre, y a pesar de su

egoísmo y rapacidad natural, y aunque sólo procuren su propia conveniencia, lo único que se

proponen con el trabajo de esos miles de hombres a los que dan empleo es la satisfacción de sus

vanos e insaciables deseos, dividen con el pobre el producto de todos sus progresos. Son

conducidos por una mano invisible que los hace distribuir las cosas necesarias de la vida casi de

10
la misma manera que habrían sido distribuidas si la tierra hubiera estado repartida en partes

iguales entre todos sus habitantes; y así, sin proponérselo, sin saberlo, promueven el interés de la

sociedad y proporcionan medios para la multiplicación de la especie” (Smith: Teoría de los

sentimientos morales, citado por Franco en Estudio preliminar a la Riqueza de las naciones, p.

xxv-xxvi).

En estas concepciones morales de Smith ya se encuentra el embrión de su teoría de la armonía

de los intereses privados y públicos ingeniosamente expuesta en su metáfora de la "mano

invisible", que se transcribe un poco más adelante según la versión que de ella hizo en la Riqueza

de las naciones.

Sus firmes concepciones morales le mueven a denunciar en La riqueza de las naciones todas las

prácticas de juego sucio llevadas a cabo por los ricos y que, por tanto, perjudicaban el interés

general de la sociedad.

La principal institución económica que no actuaba con la rectitud de conducta necesaria para

lograr el interés general de la sociedad, puesto que violaba los principios de equidad y de justicia,

era el monopolio. El monopolio, o mejor dicho, lo que hoy en día llamamos oligopolio, en la época

de Smith ya estaba bastante extendido y era la tendencia a la que aspiraban los hombres de negocio.

Smith, con su crítica, intentó la erradicación de las prácticas desleales en la economía. Veamos

alguna de sus denuncias:

De los propietarios dice que "desean cosechar donde nunca sembraron" (Smith, 1776, p. 49),

con lo que nos recuerda un dicho bíblico.

Respecto a la clase empresarial, dice: "Los patronos, siempre y en todo lugar, mantuvieron

una especie de concierto tácito, pero constante y uniforme, para no elevar los salarios por

encima de su nivel actual” (Smith, 1776, p. 65).

11
“Cuando los maestros se conciertan para reducir los salarios de sus obreros, ordinariamente

lo hacen mediante un acuerdo o convención secreta, acordando no pagarles sino hasta una

determinada suma, bajo ciertas penas. Pero cuando los obreros hacen entre ellos un convenio

contrario, pero de la misma especie, comprometiéndose a no aceptar cierta clase de salarios, bajo

pena de multa, la ley los castiga severamente” (ib., p. 138).

"Los intereses de quienes trafican en ciertos ramos del comercio o de las manufacturas, en

algunos respectos, no sólo son diferentes, sino por completo opuestos al bien público. El interés

del comerciante consiste siempre en ampliar el mercado y restringir la competencia. La

ampliación del mercado suele coincidir, por regla general, con el interés del público; pero la

limitación de la competencia redunda siempre en su perjuicio, y sólo sirve para que los

comerciantes, al elevar sus beneficios por encima del nivel natural, impongan, en beneficio

propio, una contribución absurda sobre el resto de los ciudadanos" (ib., p. 241).

"Rara vez suelen juntarse las gentes ocupadas en la misma profesión u oficio, aunque sólo sea

para distraerse o divertirse, sin que la conversación gire en torno a una conspiración contra el

público o alguna maquinación para elevar los precios" (ib., p. 125).

“En todo país ha sido, es y será, el interés de todo el cuerpo social comprar los artículos

necesarios de quienes los venden más barato. La proposición es tan evidente que parecería

ridículo el trabajo de probarla, si no se hubiese puesto jamás en tela de juicio si la interesada

“sofistería” de manufactureros y comerciantes no hubiese confundido con tal argucia el sentido

común de todo el género humano. Sus intereses considerados desde este punto de vista son

contrarios a los de la inmensa masa del pueblo (ib., p. 437).

"Nuestros comerciantes y fabricantes se quejan generalmente de los malos efectos de los

salarios altos, porque suben el precio y perjudican la venta de sus mercancías, tanto en el interior

12
como en el extranjero. Pero nada dicen sobre las malas consecuencias de los beneficios altos"

(ib., pp. 96 y 534).

“Allí donde existen grandes patrimonios hay también una gran desigualdad [...]. En todo

tiempo se encuentra el rico rodeado de enemigos [...] y [...] sólo puede protegerle el brazo

poderoso del magistrado civil [...]. En consecuencia, la adquisición de grandes y valiosas

propiedades exige necesariamente el establecimiento de un gobierno civil” (ib., p. 629).

“Pero no vacilamos en afirmar que las más crueles de nuestras leyes fiscales se pueden tildar

de suaves si las comparamos con algunas otras arrebatadas a nuestros legisladores por las

protestas de nuestros comerciantes y manufactureros, en defensa de sus absurdos y opresivos

monopolios. Como las leyes de Dracón, se puede decir que están escritas con sangre (ib., p. 576).

"El gobierno civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableció realmente

para defender al rico del pobre, o a quienes tienen alguna propiedad contra los que no tienen

ninguna" (ib., p. 633).

En su lucha contra el monopolio y por el logro de las mejores condiciones que llevaran a la

consecución del interés general, Adam Smith concibió una forma ideal de organizar la economía

nacional, la producción y los mercados: el sistema de la libre competencia. Es decir, estructurar la

producción y la distribución de bienes mediante muchos productores y vendedores y muchos

compradores sin posibilidad de confabulación entre ellos para que no pudieran surgir posiciones

privilegiadas de poder y control de la producción y de los mercados. La ausencia de control en los

asuntos económicos incluía la no intervención de las autoridades públicas, excepto para remover

los obstáculos que impidieran conseguir las condiciones de competencia basadas en la libertad e

igualdad entre todos los sujetos económicos.

13
Smith creyó que, siendo cada individuo el mejor juez de sus propios intereses y sin que el

gobierno interviniera en sus asuntos, la libre competencia lograría favorecer el interés general de

la sociedad a medida que cada individuo buscara el suyo particular. Esta opinión se resume en su

metáfora de "la mano invisible":

"Cualquier individuo pone todo su empeño en emplear su capital en sostener la industria

doméstica, y dirigirla a la consecución del producto que rinde más valor, resulta que cada uno de

ellos colabora de una manera necesaria en la obtención del ingreso anual máximo para la

sociedad. Ninguno se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué

punto lo promueve. Cuando prefiere la actividad económica de su país a la extranjera, únicamente

considera su seguridad, y cuando dirige la primera de tal forma que su producto represente el

mayor valor posible, sólo piensa en su ganancia propia; pero en éste como en muchos casos, es

conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones. Mas no

implica mal alguno para la sociedad que tal fin no entre a formar parte de sus propósitos, pues al

perseguir su propio interés, promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto

entrara en sus designios” (ib., p. 402).

3.2. EL NÚCLEO ANALÍTICO Y EL MÉTODO EN LA RIQUEZA DE LAS

NACIONES

Los principios analíticos que forman el núcleo de la teoría económica de Smith pueden

reducirse a tres:

La libertad natural o el laissez faire, como es conocido más comúnmente. Principio que en

Smith, a diferencia del fisiócrata, abarca el orden económico y el orden político. El liberalismo de

Smith contempla a un individuo que no está sometido sin condiciones al Estado y, en cambio, éste

se supedita a aquél en la protección de sus libertades naturales y de sus derechos inalienables frente

14
al gobierno. Este principio es una consecuencia lógica de haber asumido su autor otros dos: el afán

de lucro y el orden natural. El primero de estos es un móvil humano de carácter psicológico, pero

es el principal en cuanto se refiere al hombre como ser económico. El segundo es una creencia,

antigua, que en el siglo XVIII (el de las Luces) se despojó de toda connotación religiosa o divina;

pero tal erradicación no se sustituyó por una explicación convincente del por qué ese orden natural

es armonioso, en lugar de ser caótico. Lo más sorprendente de esa fe ciega en la armonía originada

por el orden natural, es que sólo se necesita observar las desgracias y las catástrofes naturales, tan

cotidianas y tan erráticas, para hacerse a la idea de que en la Naturaleza lo que realmente reina es

el azar y el caos. Como Smith creyó en el orden natural, no extraña pues que el afán de lucro

(egoísmo personal) debería conducir a un orden social perfecto, sin necesidad de la intervención

de una instancia superior.

La competencia perfecta. Este principio implica el ejercicio del individualismo económico sin

posiciones de privilegio ni de poder ni de control de unos sujetos económicos sobre otros. La

hipótesis de la competencia perfecta es el mecanismo que produce, como en el universo físico

newtoniano, la sincronía y la armonía en el mundo económico. Así, sin ventajas, ni por parte del

Estado ni de ningún sujeto económico, la libre interacción económica de los individuos no conduce

paradójicamente al caos, sino que promueve la armonía de intereses, el individual y el general de

la sociedad, mediante la búsqueda por parte de cada individuo del suyo particular. Según Galbraith

(1952, pp. 70 y 74), la competencia perfecta es un concepto más político que económico: “Un

hombre de negocios sin poder para cobrar más de lo justo ni pagar salarios insuficientes tiene

muy poco poder para causar daño a nadie.”

El trabajo como fundamento del valor. En su concepción egocéntrica, como se ha visto, el

individuo es el elemento predominante en todas las instituciones económicas y políticas. Por eso,

15
entre las dos tesis contrapuestas del fundamento del valor en los factores originarios de la

producción, la tierra y el trabajo, Smith se inclinó evidentemente por el trabajo al ser éste una

actividad económica propia del hombre. Smith, con este enfoque, orientó las investigaciones

económicas hacia las teorías objetivas del valor, basadas en el coste de producción. Con ello,

durante un siglo, se encerraba en un baúl la investigación iniciada por los escolásticos sobre la

teoría del valor que contemplaban un elemento subjetivo y otro objetivo, basadas en la utilidad y

la escasez, hasta que las rescataron los marginalistas.

Sobre estas proposiciones se constituyeron los fundamentos de la escuela clásica. Ésta, al igual

que la fisiócrata, fue informal y compuesta por un conjunto heterogéneo de economistas que sólo

tenían en común la fidelidad a la figura de Smith y el deseo de proseguir las investigaciones

económicas por la senda abierta por él. En efecto, Smith abrió una senda con ideas, principios,

conceptos, e instrumentos analíticos que verdaderamente no eran innovadores: todos habían sido

formulados con anterioridad. La originalidad y genialidad de Smith consistió en explicar un

sistema económico haciendo uso de todos esos abigarrados elementos aislados con cuya inteligente

integración cobraban un sentido, al dar consistencia y justificación al conjunto.

La intelectualidad encontró en el libro de Smith la influencia de diversas corrientes de

pensamiento. Dupont de Nemours había llegado a decir que lo único de mérito que tenía La riqueza

de las naciones se debía al influjo fisiócrata. Schumpeter (1954, p. 287) afirmaba que la economía

de los doctores [escolásticos] sirvió de base para el trabajo analítico de los autores posteriores,

incluido Adam Smith, y que el esqueleto del análisis smithiano procedía de los escolásticos y de

los filósofos del derecho natural (ib., pp. 133 y 224). No obstante, el propio Smith reclamó para sí

la prioridad respecto a su principio de la libertad natural (parecido al laissez faire de los fisiócratas).

Pero, al menos en germen, la idea de la libertad natural ya había sido expuesta por Grocio4,

16
Pufendorf5 y Locke (filósofos de derecho natural). Dando por supuesto que todo inglés culto

conocía a Locke, hay constancia de que Smith también conocía a los otros dos autores; a Grocio

porque se ha encontrado un ejemplar de un libro suyo firmado por Smith en el Glasgow College,

y a Pufendorf porque Hutcheson (profesor de Smith) seguía en sus enseñanzas a este autor alemán.

Hay que suponer, por tanto, que Smith, cuando reclama para sí la prioridad de su sistema de la

libertad natural, se refiere a la versión y a la aplicación concreta a un cosmos económico de este

principio.

Parte del éxito que tuvo Smith con su libro se debió al método que aplicó: utilizó con acierto

una adecuada combinación de deducción e inducción; además, expuso sus ideas con pedagógica

sencillez a un nivel fácilmente comprensible por la mayoría de sus lectores. Justificó todas sus

conclusiones deductivas con la narración de sus investigaciones empíricas al respecto; así, el aval

de los ejemplos históricos daba fuerza y solvencia a la explicación del sistema económico por él

concebido.

IV. EL SISTEMA ECONÓMICO DE SMITH

La riqueza de las naciones consta de cinco libros: Producción y distribución; Capital; Progreso

de las naciones; Sistemas de economía política; e Ingresos del soberano. En su libro se encuentran

los siguientes conceptos económicos:

4.1. LA PRODUCCIÓN Y LA RIQUEZA

Smith (1776, p. 31) definió la riqueza así: “Todo hombre es rico o pobre según el grado en

que pueda gozar de las cosas necesarias, convenientes y gratas de la vida”. Como se ve, se

expresa al estilo de Cantillón. La riqueza es proporcionada por el trabajo; es decir, para obtenerla

se requiere la producción. Pese a defender una teoría metalista del dinero (o concepción del mismo

como mercancía de valor intrínseco), nunca consideró que la riqueza consistiera en la acumulación

17
de oro y plata como opinaban los mercantilistas a los que, en general, criticó severamente.

Identificar la riqueza y el dinero era una confusión que provenía de la gente del pueblo; sólo “en

el lenguaje vulgar, la riqueza y el dinero se tienen como términos sinónimos” (ib., p. 378). No

obstante, Smith consideró otros elementos como origen de la riqueza y también de todo ingreso:

“Salarios, beneficios y renta son las tres fuentes originarias de toda clase de renta y de todo valor

de cambio” (ib., p. 51-52). Esto equivale a decir que existen tres factores originarios de la

producción, a saber: trabajo, capital y tierra.

La división del trabajo es la causa que origina un gran rendimiento del mismo y, en

consecuencia, un gran aumento en la producción. La división del trabajo tiene su origen en la

propensión de los hombres a trocar o intercambiar una cosa por otra. Ello les lleva a ser más

eficientes y a desarrollar determinadas habilidades en producir algunas cosas que otras personas

también puedan necesitar y no hayan producido por sí mismas. Así, se puede conseguir mediante

el cambio las cosas que uno no ha elaborado y quiera por las que él haya producido y el otro desee.

La amplitud del intercambio, o sea, la extensión del mercado, obliga a alcanzar un mayor

rendimiento del trabajo y a realizar la división del mismo. Como ejemplo Smith (1776, p. 8)

expone el caso de una empresa dedicada a fabricar alfileres, de modo que “un obrero estira el

alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en trozos iguales, un cuarto hacer la punta,

un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza: a su vez la

confección de la cabeza requiere dos o tres operaciones distintas” y así en la manufactura que él

ha visitado, al emplearse dieciocho operaciones distintas, aunque unos obreros realizan dos o tres

de ellas, se fabrican cuarenta y ocho mil alfileres al día. Sin embargo, un operario que

confeccionara él solo los alfileres únicamente podría elaborar como máximo unos veinte por día.

18
El gran aumento de la producción que suscita la división del trabajo se debe a tres circunstancias

(ib., p. 11-12): Primera, a la adquisición de mayor destreza por parte del trabajador cuando se

dedica a un único cometido. Segunda, al ahorro de tiempo logrado cuando no se requiere pasar de

un quehacer a otro en la actividad laboral. Tercera, a la invención de la maquinaria apropiada para

realizar cada tarea laboral.

No obstante, pese a considerar Smith (ib., p. 3) que "el trabajo anual de cada nación es el fondo

que en principio la provee de todas las cosas necesarias y convenientes para la vida, y que

anualmente consume el país", de modo contradictorio termina por catalogar las actividades

laborales en productivas y no productivas, según que el trabajo añada o no “valor al objeto a que

se incorpora” (ib., p. 299). En la primera categoría se encuentran, en primer lugar, las tareas

agrícolas por ser las más productivas (ib., p. 328), y en segundo lugar, la industria y luego el

comercio (ib., p. 330). Actividades improductivas son todas las derivadas de lo que hoy se

denomina los servicios, es decir, la producción de bienes inmateriales (ib., p. 300).

Smith sólo se fijó en la productividad física y no apreció el valor añadido del trabajo en la

producción de bienes inmateriales. Muy proclive a la pseudo- generalización (elevar a rango de

generalidad algún caso particular repetitivo), como la realizada en la aberrante metáfora de la mano

invisible, creyó que la ruina de algunas personas, o la gran disminución de sus riquezas, al llevar

un elevado tren de vida, manteniendo una cohorte de servidores, músicos, dramaturgos y asesores

profesionales, se convertiría en la ruina de toda la sociedad. Para él, los gastos en militares,

abogados, jueces, clérigos, escritores, servidores domésticos y el pago de otros muchos servicios

mermaban la riqueza nacional; o sea, no eran productivos: “Cualquiera se enriquece empleando

muchos obreros en las manufacturas, y, en cambio, se empobrece manteniendo un gran número

de criados” (ib., p. 299).

19
El capital es otro elemento que origina rendimientos. No cabe duda que Adam Smith se mostró

decididamente partidario de considerar al capital como factor de la producción. Para ello se

requería una cierta abundancia de él. Cuando los individuos poseen un capital escaso obtienen la

renta con su trabajo; pero en cuanto consiguen acumular algo de capital procuran obtener ingresos

con su utilización. El capital es pues un acervo de bienes que las personas se han reservado,

excluyéndolo del consumo inmediato, para dedicarlo a la producción incrementada de otros bienes,

obteniendo así unos rendimientos económicos (Smith, 1776, p. 252). La acumulación de capital

tiene una gran importancia para la producción, puesto que sin ella no puede llevarse a cabo la

división del trabajo, ni posteriormente progresar en la subdivisión del mismo (ib., p. 250).

Smith (ib., p. 252-253) contempla dos formas de usar el capital. Una como capital circulante

cuando se emplea en la industria para adquirir bienes con los que manufacturar otros o en el

comercio para comprar mercancías destinadas a la reventa; como el beneficio no se logra hasta

que se han vendido las mercancías, la única forma de conseguir mayores rendimientos es haciendo

circular continuamente dicho capital en un ciclo de compras y ventas sucesivas. Y la otra como

capital fijo cuando se emplea para mejorar las tierras o para comprar máquinas o instrumentos con

fines productivos.

La tierra es el tercer factor que proporciona ingresos a su propietario. Estos ingresos consisten

en el excedente del producto de la tierra sobre los costes de producción y el beneficio corriente del

capital utilizado en las labores agrícolas. El propietario de las tierras siempre tiene la forma de

ingeniárselas para que su renta sea la “más elevada que el colono se halla en condiciones de pagar,

habida cuenta de las condiciones de la tierra” (ib., p. 140).

20
4.2. EL VALOR

Adam Smith, consciente de las fluctuaciones en el poder adquisitivo de la moneda (constituida

por oro y plata), intentó buscar un elemento económico que conservara su valor a lo largo del

tiempo. Dada la importancia que concedía al trabajo, concluyó que éste era la mejor "medida real

del valor de cambio de todos los bienes" (Smith, 1776, p. 32) ya que "al no cambiar nunca de

valor es el único y definitivo patrón efectivo por el cual se comparan y estiman los valores de

todos los bienes cualesquiera que sean las circunstancias de lugar y tiempo" (ib., p. 34). El trabajo

"es su precio real; y el dinero es tan sólo su precio nominal" (ib., p. 34). Smith, además de tomar

el trabajo para medir el valor, también tuvo en cuenta otro patrón: el trigo. Sobre esto dice (ib., p.

37): “De una centuria a otra el grano es mejor medida que la plata, porque, en ese periodo,

iguales cantidades de trigo podrán adquirir las mismas de trabajo con mayor aproximación que

iguales cantidades de plata. Por el contrario, de un año a otro, la plata es mejor medida que el

grano, porque iguales cantidades de aquélla conseguirán la misma proporción de trabajo.”

Algunos autores han pretendido ver en Smith una teoría del valor trabajo, cuando en realidad

lo que hizo fue una sustitución del patrón de medida (un cambio de numerario) el del dinero,

expresado en oro y plata, por el trabajo. El medir el valor según un patrón y explicar el valor según

el coste de producción son dos cosas diferentes (según el profesor Schumpeter, 1954, p. 230);

procediendo de esta segunda forma sí se construye una teoría del valor, de tipo objetivo. Smith,

pese a haber hecho esas sustituciones en los patrones de medida del valor, también intentó realizar

(aunque con poco éxito) una teoría del valor basada en el trabajo (como a continuación se verá).

Su teoría del valor es muy confusa y embrollada. El barullo proviene de la pretensión de conciliar

las teorías de varios autores, como Galiani, Locke, Law, Cantillon y Petty.

21
Smith (1776, p. 24), para explicar esta teoría, parte de la división del trabajo, que practican los

hombres cuando, para complementar la satisfacción de sus necesidades, se generaliza el trueque y

la sociedad se convierte en comercial, al extenderse el intercambio. El cambio se basa en el trabajo

incorporado al objeto del trueque, “lo que realmente le cuesta al hombre [una cosa] que quiere

adquirirla, son las penas y fatigas que su adquisición supone” (ib., p. 31). A este respecto, es

típico (a la vez que absurdo) el ejemplo que pone Smith (ib., p. 47) sobre los ciervos y los castores:

“Si en una nación de cazadores, por ejemplo, cuesta usualmente doble trabajo matar un castor

que un ciervo, el castor, naturalmente, se cambiará por o valdrá dos ciervos.” Pero pronto se

requiere dar facilidad a los intercambios empleándose un intermediario, el dinero, “o sea, otra

clase de bienes, [que] nos dispensan de esa fatiga” (ib., p. 31). Debido al empleo del dinero como

patrón de medida de valor, ya no se utiliza el trabajo para valorar las cosas. Pero esto no impide

que “El trabajo es su precio real, y la moneda es, únicamente, el precio nominal.” (Ib., p.34). El

precio real es “la cantidad de cosas necesarias y convenientes que con él [el trabajo] se

consiguen, y el nominal, la cantidad de dinero”. (Ib., p. 34). Mediante el dinero se traduce el valor

de cambio, pero las cosas, al ser necesarias, tienen un valor de uso (ib., p. 30). Introduce así la

distinción de Galiani y también menciona Smith (ib., p. 30) el caso de la paradoja del valor relativa

al agua y los diamantes (como la plantearon Locke y Law); pero enseguida abandona el valor de

uso y ni siquiera se molesta en resolver la paradoja. Centra su preocupación en determinar el valor

de cambio. Éste lo fundamenta en el trabajo porque los hombres trabajan para adquirir los medios

con que comprar las cosas; pero desde que se instituyó la propiedad privada, en el valor de las

cosas también se debe incluir la parte que el empresario se reserva como beneficio (ib., p. 48) y la

parte que el propietario de las tierras exige como renta (ib., p. 49). Así es que el valor real de los

bienes se compone de tres partes que proceden del trabajo, de los beneficios y de la renta, aunque

22
se pueden reducir a una: el trabajo. Según A. Smith (ib., p. 50), “el precio de cualquier mercancía

se resuelve en una u otra de esas partes, o en las tres a un tiempo, y en todo pueblo civilizado las

tres entran, en mayor o menor grado, en el precio de casi todos los bienes”. Ahora bien, también

añade Smith (ib., p. 49): “El trabajo no sólo mide el valor de aquella parte del precio que se

resuelve en trabajo, sino también el de aquella otra que se traduce en renta y en beneficio”.

Un problema con el que tropieza Smith es la falta de homogeneidad del trabajo en las sociedades

avanzadas; en ellas existe una gran diversidad de trabajos y remuneraciones: “Han de tomarse en

cuenta los grados diversos de fatiga y de ingenio. Una hora de trabajo penoso contiene a veces

más esfuerzo que dos horas de una labor fácil, y más trabajo, también, la aplicación de una hora

de trabajo en una profesión cuyo aprendizaje requiere el trabajo de diez años, que un mes de

actividad en una labor ordinaria y de fácil ejecución. Mas no es fácil hallar una medida idónea

del ingenio y del esfuerzo.” (Ibídem, p. 32). Además, hay otros factores determinantes, en parte,

del valor, como el capital empleado en la producción y la tierra, puesto que ambos requieren una

retribución. Por lo tanto, al formar parte del precio el salario, la renta de la tierra y el beneficio del

capital, al final, Smith está considerando una teoría del valor según el coste de producción.

Al darse cuenta, como Cantillon, que el valor en el mercado no suele coincidir con el valor real,

según el coste de producción, al que ahora Smith (ib., p. 54) llama el precio natural, que es “el

suficiente para pagar la renta de la tierra, los salarios del trabajo y los beneficios del capital

empleado”, distingue entre precio natural y precio de mercado. Éste último puede fluctuar

alrededor del anterior dependiendo del volumen de la oferta y de la demanda en cada momento.

Según su idea, la competencia y la libertad natural aseguran el ajuste automático de esos dos

precios. Pero la tendencia hacia la equiparación de ambos precios no se origina en las situaciones

de monopolio, en cuyo caso el precio será "el más alto que se pueda obtener". En cambio, cuando

23
exista la libre competencia el precio será el más bajo que se pueda obtener a largo plazo (ib., p.

60).

4.3. LA DISTRIBUCIÓN

Smith considera, como se ha visto, tres tipos de retribuciones: los salarios de los trabajadores,

los beneficios del capital y las rentas de la tierra. A este respecto dice (1776, p. 259): “El precio

total o el valor en cambio de aquel producto anual no puede por menos de resolverse

necesariamente en esas tres partes, y distribuirse entre los habitantes del país, como salarios del

trabajo, o como beneficios del capital, o como renta de la tierra”.

Los salarios son la remuneración del trabajo por cuenta ajena. Antiguamente, el producto del

trabajo pertenecía al trabajador; pero desde la apropiación de las tierras y la acumulación del

capital, el trabajador tiene que compartir lo que produce con el propietario y el patrono. Los

patronos pueden asociarse, con más facilidad que los obreros, para pagar salarios bajos, pero éstos

no pueden descender de un mínimo: el de la subsistencia. El salario mínimo de subsistencia debe

permitir mantener al obrero y a su familia, pues si no "la raza de esos trabajadores no pasaría de la

primera generación" (ib., p. 66). El salario, a veces, puede subir si aumenta la demanda de trabajo,

pero también existe un límite al alza salarial; los salarios sólo pueden subir en "proporción al

incremento de los capitales destinados al pago de dichas remuneraciones” (ib., p. 67).Éstos

constituyen el fondo de salarios (véase en Smith, 1776, pp. 251, 320 y 321) que es el sobrante de

la renta y del beneficio por encima de las necesidades de los propietarios y de los patronos para

mantenerse ellos y sus actividades; dicho fondo se divide entre la mayor o menor cifra de población

obrera. El aumento del fondo no depende de la riqueza absoluta de la nación, sino de la tasa con

que crezca; es decir, el aumento de los salarios dependerá del ritmo con el que esté prosperando la

24
nación: “Lo que motiva el alza de los salarios no es la magnitud real de la riqueza de la nación,

sino su continuo incremento” (ib., p. 68).

El interés y el beneficio son dos retribuciones distintas que entran dentro del mismo concepto

de remuneración del capital. El primero es debido al préstamo del capital y el segundo se debe a

la utilización del capital en usos productivos. Ambos tipos de retribución van acompasados: si los

beneficios suben o bajan también lo hacen los intereses. Los beneficios varían por las mismas

causas que suben o bajan los salarios: el aumento o la disminución de los capitales (es decir, del

ritmo de enriquecimiento de la nación). Pero la variación de los beneficios es de sentido inverso a

la de los salarios (Smith, 1776, p. 83).

Con el incremento de la prosperidad de la nación y la mayor seguridad en las colocaciones del

capital, el tipo de interés tiende a bajar; también disminuyen las oportunidades de efectuar

inversiones rentables por lo que la tasa de beneficios desciende. Los beneficios, evidentemente,

dependen de los precios, pero los precios con la prosperidad y el desarrollo económico tienden a

bajar. Este es un motivo adicional para el descenso del tipo de beneficio.

La renta es el precio que se paga por el uso de la tierra con independencia de los gastos

realizados en mejoras (Smith, 1776, p. 140); en realidad, se basa en un don gratuito de la naturaleza

(ib., p. 328). Considera que la renta es producto de una situación de monopolio ya que la cantidad

de tierras cultivables es limitada y por ello el propietario puede exigir la mayor parte de su

rendimiento a los agricultores, dejándoles sólo lo indispensable para subsistir (ib., p. 141). Para

Smith las diferencias existentes entre los tipos de rentas son debidas a las diversas fertilidades de

las tierras, y a los distintos emplazamientos, aunque la mejora en los transportes (al abaratar los

costes) iguala la diferencia debida a la localización de las tierras (ib., p. 143). Se trata, como se ve,

25
del concepto de renta diferencial por el margen extensivo. Las altas rentas dependen de los altos

precios de los productos agrícolas (ib., p. 141).

Sin embargo, como ya ha sido expuesto, en su teoría de la formación del precio natural (o valor

real) intervienen los salarios, los beneficios y las rentas; es decir, la relación causal es al revés: los

altos precios dependen de las altas rentas. Al parecer, Smith no vió contradicción en esas

aseveraciones, posiblemente porque se refirieran a situaciones distintas. A pesar de la observación

que a este respecto le hizo su amigo Hume, no modificó su versión, teniendo la oportunidad de

hacerlo, en las sucesivas ediciones.

4.4. EL CAPITAL Y EL PROGRESO ECONÓMICO

El capital es para Adam Smith (al estilo de Turgot) un anticipo (avance), y, por tanto, un factor

productivo, ya que es necesario disponer de él antes de empezar la producción para mantener al

productor, a los obreros y para la adquisición de materias primas y herramientas durante el largo

periodo de tiempo que media entre el inicio de la producción y la venta de las mercancías.

Considera Smith (1776, p. 256) dos tipos de capital: fijo y circulante. Aquél no puede rendir ningún

tipo de ingreso sin la intervención del capital circulante que es el que suministra las materias primas

necesarias y el que permite la manutención de los trabajadores, los cuales manejan la maquinaria,

las herramientas y las instalaciones que constituyen el capital fijo.

El progreso económico se logra mediante la acumulación de capital y la división del trabajo;

pero nuevos grados de división del trabajo sólo es posible alcanzarlos con mayor acumulación de

capital (ib., p. 251) y el capital aumentará más pronto si se emplea en aquel ramo que proporciona

la renta más considerable (ib., p. 330). Según Smith, sólo tiene relevancia la producción material,

que físicamente es apreciable. Creyó que los servicios, al ser inmateriales, no se podían acumular.

La acumulación de capital se logra mediante el ahorro. Smith no consideró posible un ahorro

26
improductivo, o sea, un atesoramiento (como el de los avaros), por el cual se retiran fondos de la

circulación. Antes bien, para él (ib., p. 305) todo ahorro siempre se convierte inmediatamente en

capital, aun por personas distintas de las que ahorraron: "los manufactureros, trabajadores y

artesanos quienes reproducen, con una ganancia neta, lo que anualmente consumen" (ib., p. 306).

Por otra parte considera que todo dispendio en gastos improductivos es muy perjudicial para la

nación. Debido a estas dos últimas apreciaciones, Smith (ib., p. 308) llega a sentenciar

tajantemente que «todo pródigo es un enemigo de la sociedad, y todo hombre sobrio, un benefactor

de la misma». Como para Smith (ib., p. 305) todo lo ahorrado termina por consumirse (es decir,

podemos considerar que el ahorro es igual a la inversión), algunos autores ven en este principio un

esbozo de la Ley de Say

4.5. EL COMERCIO

El comercio más provechoso es, según Smith (1776, p. 355), el interior, ya que fomenta el

trabajo productivo originando una mayor producción nacional que la que se obtendría con el

mismo capital dedicado al comercio exterior. El comercio exterior cubre la importante función de

dar salida a los excedentes del mercado interior y proporciona oportunidades rentables para utilizar

el capital acumulado que no se precise para la producción interior (ib., p. 326). Para Smith, el

principio de las ventajas absolutas es el que rige en el comercio internacional y en el nacional: "el

capital [...] se desplaza de un lugar a otro, según tenga oportunidad de comprar barato o vender

caro" (ibí., p. 329). En su pensamiento late la idea de lo absurdo que es fabricar en casa lo que se

puede comprar más barato fuera; la industria nacional debe orientarse hacia la producción que sea

más ventajosa, que nunca puede ser aquélla que ya se fabrica fuera más barata (ib., pp. 403, 409 y

437).

27
El comercio debe establecerse libremente, sin estímulos forzados, para que beneficie a ambas

partes: "Aquel comercio que, sin fuerza ni violencia, se desarrolla de una manera normal entre

los dos países, es siempre ventajoso, aun cuando la ventaja no sea la misma para las dos partes”

(ib., p. 432). Como se aprecia, Adam Smith tenía intuitivamente la idea de la indeterminación del

precio en el intercambio.

Muy crítico con los mercantilistas y propenso a la teoría cuantitativa, considera imposible que

la balanza comercial se mantenga constantemente favorable ya que la afluencia de dinero provoca

un aumento de precios; es una ley natural que los metales preciosos vayan a los países que tienen

los precios bajos (James, 1959, pp. 84 y 85). Smith no es partidario del proteccionismo; ni siquiera

para la industria naciente ya que los capitales no se orientarían hacia las actividades productivas

más rentables (James, 1959, p. 85).

4.6. EL GOBIERNO

Adam Smith, a pesar de su condena hacia los gobiernos (principalmente por su ineficacia,

derroche y corrupción) y de su máxima de la libertad natural, no es tan liberal como parece o como

ha sido presentado. Él dice (ib., p. 612) que el soberano únicamente tiene tres importantes

funciones que cumplir (que posteriormente se consideraron como el paradigma de la máxima

intervención del gobierno en la economía):

1º. Defensa de la nación frente al exterior.

2º. Salvaguardia del orden público y administración de la justicia en el interior de la

nación.

3º. Realización de infraestructuras, otras obras públicas y prestación de servicios que

siendo útiles y beneficiosas para la nación no son rentables para la actividad

económica privada.

28
Pero también contempló a lo largo de su obra numerosos cometidos a cumplir por el gobierno:

Lucha contra el monopolio y remoción de obstáculos que impidan la libre competencia.

Educación pública para evitar los nefastos efectos y el embrutecimiento que la división del trabajo

causa en los obreros.

Y otras funciones, como la regulación de los bancos de emisión, legislación contra la usura, la

constitución de empresas públicas de transporte, y la regulación de las patentes y los derechos de

propiedad.

4.7. LA TRIBUTACIÓN

En este asunto de la tributación, la aportación más destacada de Smith (ib., pp. 726 y 727) es la

consideración de los cuatro cánones, a los que se tiene que ajustar la tributación, que en la

actualidad son aceptados sin controversia. Los tributos deben ser:

 Equitativos, o pagados en función de la capacidad contributiva de cada cual.

 Veraces o ciertos, o establecidos por normas objetivas para evitar la arbitrariedad y la

corrupción.

 Convenientes y cómodos, o adecuados a la finalidad a cumplir y recaudados en el

momento más oportuno para el contribuyente.

 Económicos, o recaudados sin incurrir en excesivos gastos y sin ser gravosos ni mucho

menos confiscatorios para el contribuyente.

V. LA UTOPÍA IMPRACTICABLE DE SMITH

Para terminar se harán unas reflexiones sobre las ideas de Smith. El mundo económico real que

Smith observó podemos resumirlo de la siguiente forma:

El progreso de los pueblos civilizados no comienza hasta que aparece la apropiación territorial,

y a consecuencia de ello se instituye la propiedad privada como régimen legal. Ésta se contempla

29
en un triple aspecto. En primer lugar, el derecho de apropiación individual sobre los rendimientos

del propio trabajo. En segundo lugar, el derecho de apropiación sobre los beneficios empresariales.

Y en tercer lugar, como no pueden hacerse excepciones a la regla general de la propiedad privada,

el derecho de apropiación sobre la tierra y sus frutos. De esta forma, la propiedad privada pasa a

considerarse como un elemento jurídico básico del sistema económico de una sociedad civilizada.

Ahora bien, el propietario de la tierra no es un emprendedor, un creador de riqueza como el

trabajador y el empresario; es un rentista ocioso que ejerce el monopolio sobre la escasa

disponibilidad de las tierras. Por eso la figura del terrateniente sale malparada en el esquema de

Smith. Por el contrario, este autor ensalza a la clase empresarial, porque es creadora de empleo y

de riqueza y en ella recae el progreso de la sociedad.

Por otra parte, el interés general de una sociedad avanzada consiste en alcanzar tres objetivos

relacionados con el disfrute de los bienes: que se produzcan la mayor cantidad de bienes; que toda

la población pueda adquirirlos; y que su coste sea el más bajo posible. Estos objetivos se podrían

conseguir mediante la acumulación de capital, propiciada por la institución de la propiedad privada

puesta al servicio del empresario. Éste, al poner en marcha la producción, crea empleo; y tanto

más empleo se creará cuando mayor sea la tasa de crecimiento de la producción. Los asalariados,

mediante su trabajo, obtienen los recursos para disfrutar de los bienes producidos. A su vez, la

acumulación de capital permite la división del trabajo, fuente de la producción masiva de bienes a

bajo coste.

Pero el procedimiento de distribución de los bienes predominante en el mundo económico en

el que vive Adam Smith era el monopolio (en cuyo concepto se debe incluir también el oligopolio).

Y puesto que la característica de este procedimiento es la obtención del precio más alto posible,

los asalariados y los pobres (es decir, la inmensa mayoría de los miembros del cuerpo social)

30
resultaban excluidos de los efectos beneficiosos del progreso, del disfrute de los bienes, en suma,

del aumento del nivel de vida al quedar condenados a un salario mínimo de subsistencia.

El planteamiento del problema, en resumidas cuentas, era que la acumulación de capital

permitía el progreso de la civilización, la producción masiva de bienes y la creación de empleo.

Pero no propiciaba el disfrute de esos bienes por parte de la mayoría de la población, pues

resultaban muy caros debido al sistema oligopolista imperante.

Hasta aquí llega el análisis de la realidad. A partir de este punto, Smith nos va introduciendo de

un modo casi imperceptible en el mundo de la imaginación, o sea, en el de la economía normativa.

Para conseguir simultáneamente esos tres objetivos antes citados y preservar la estructura del

sistema capitalista, producto de la revolución industrial, Smith ideó que se debería sustituir el

procedimiento de distribución vigente (el del monopolio y oligopolio) por el de la libre

competencia. En otras palabras, si se reconoce que la propiedad privada y el afán personal de lucro

(que estimulan la acumulación de capital) son los motores del desarrollo económico, el problema

que se plantea es cómo lograr el interés general de la sociedad basándose en el interés individual.

Para Smith la solución no es tan difícil: el sistema de libertad natural8. Éste se alcanza erradicando

el monopolio y la intervención gubernamental (salvo en lo estrictamente indispensable que la

iniciativa privada no pueda afrontar).

Al presuponer todos estos elementos, Smith ve claramente que buscando el individuo su propio

interés personal (pues no hay nadie mejor que él para saber lo que le conviene) de paso (o sea, con

la guía de una mano invisible) se alcanzarán los objetivos del interés general de la sociedad. Toda

esta concepción es lo que se ha denominado la «teoría de la mano invisible». Lo curioso de esta

teoría es que muchos economistas posteriores a Smith hicieron de ella una profesión de fe; y, con

toda seguridad, en mayor medida de lo que en ella creyó su propio autor.

31
En el Epígrafe 3 se han transcrito frases que avalan esta poca confianza de Smith en la

consecución de los intereses generales mediante la actuación egoísta de empresarios,

manufactureros y comerciantes. Tan lapidarias como las anteriores sentencias son las siguientes:

“los comerciantes y manufactureros, con sus protestas y razonamientos capciosos, les convencen

fácilmente de que el interés privado de una parte de la sociedad coincide con el general de toda

ella” (Smith, 1776, p. 124). “Los comerciantes y los fabricantes [...] como su inteligencia se

ejercita por regla general en los particulares intereses de sus negocios específicos, más bien que

en los generales de la sociedad, su dictamen, aun cuando responda a la mejor buena fe (cosa que

no siempre ha ocurrido) se inclina con mayor fuerza a favor del primero de esos objetivos que del

segundo” (ib., p. 240).

Como se aprecia, el primer crítico de esta teoría fue su propio creador, aunque en puridad de

términos, más bien deberíamos decir que Smith no se critica a sí mismo sino que se traslada del

plano de la realidad al plano de la fantasía. Esta última afirmación tiene su explicación. Smith

imaginó que lo más beneficioso para el público en general eran los precios bajos, y la forma de

conseguirlo era mediante la libre competencia (cuanto más perfecta mejor). Sin embargo, en su

época resumen, la pretendida libertad natural ni existe ni se vislumbran fuerzas económicas que

tiendan a conseguirla espontáneamente. La libertad natural es, por tanto, una concepción ideal,

fruto de la imaginación, que para llevarla a la práctica requiere una firme la libre competencia

era más bien la excepción que la regla. Por eso combatió al monopolio u oligopolio (“el maldito

espíritu del monopolio” que es como lo califica Smith, ib., p. 407), porque con ese régimen se

subían los precios en perjuicio de la gente9. Así es que en este aspecto, Smith fue un utópico que

concibió un mundo mejor si en él reinaba la libre competencia; por tanto, ésta es inseparable de su

teoría de la mano invisible.

32
Por otra parte, Smith puso todas sus esperanzas en el naciente capitalismo industrial para lograr

el progreso de la sociedad. Consideró que es consustancial de los pueblos civilizados la institución

de la propiedad privada10 y, por consiguiente, la apropiación de las tierras, del capital y del propio

trabajo; de ahí que el precio de los bienes tenga que resolverse en tres partes para distribuirse entre

cada uno de los propietarios del respectivo factor productivo (Smith, ib., p. 50). Una vez que las

sociedades han instituido la propiedad privada se posibilitan la acumulación de capital y la división

del trabajo. El aumento del capital es precisamente lo que permite profundizar en la división del

trabajo (Smith, 1776, p. 251) y aumentar “la magnitud de la industria, el número de manos

productivas y, por consiguiente, el valor en cambio del producto anual” (ib., p. 305).

Ahora bien, el mundo ideal de Smith, el que cumple a la vez los tres objetivos (más bienes, más

personas que puedan disfrutarlos y al menor precio posible) no se puede llevar a la práctica. Y ello

es así porque los dos primeros son incompatibles con el tercero. En efecto, una producción y un

empleo en aumento requieren la acumulación de capital y ésta sólo es posible con altos beneficios,

es decir, con precios caros. Por tanto, cuando Smith propone la libre competencia, que es el sistema

de producción que más abarata los precios, simultáneamente condena a la sociedad al inmovilismo,

o por lo menos a un ritmo de progreso muy lento11, y a los pobres al paro. Y ello porque es el

incremento de los beneficios la fuente que nutre la acumulación de capital, la división del trabajo

y el empleo; sin beneficios, o consumiéndolos si los hubiere, no hay progreso; si hay progreso, los

precios no pueden ser lo más baratos posibles.

Carlos Marx, el radical, se enfrentó a un dilema similar al de Smith, pero su propuesta fue

mucho más drástica. No se contentó con transformar alguna faceta del capitalismo, como la

sustitución del monopolio y oligopolio por la libre competencia. Su idea consistió en desmoronar

directamente toda la estructura del sistema capitalista; para ello sólo bastaba minar lo que era

33
considerado un pilar fundamental: la propiedad privada. Más se equivocó, porque ésta, en realidad,

era un falso pilar, pues no pertenecía a la estructura, sino a la superestructura jurídica. El verdadero

pilar son los beneficios, con independencia del régimen de propiedad. La acumulación de capital,

la industrialización, el desarrollo económico, en suma, el progreso social descansa en el beneficio.

Y éste puede obtenerse tanto con propiedad privada como con la pública, y lo mismo ocurre con

la decisión de destinarlo a la acumulación de capital o al consumo. Si todo esto recae en los poderes

públicos se entra en un capitalismo de estado, en lugar de un capitalismo privado; y aquél puede

ser tan duro o más que éste.

La idea más subversiva contra el capitalismo se encuentra en la Utopía de Tomás Moro. Este

autor sí supo poner la dinamita en un pilar básico de la estructura del sistema capitalista: el dinero.

Al suprimir el dinero, Tomás Moro eliminaba la forma más eficaz de obtener el beneficio y de

acumular el capital. No es de extrañar, por consiguiente, que su sociedad ideal fuera estacionaria;

Moro en ningún momento describe una verdadera dinámica que entrañe cambios en la sociedad

de los utopienses.

CAPÍTULO II: ECONOMÍA NACIONAL DE MERCADO: UNA ESTRATEGIA

NACIONAL DE DESARROLLO PARA EL PERÚ

A. CARACTERÍSTICAS ESTRUCTURALES DE LA ECONOMÍA PERUANA QUE

EL MODELO NEOLIBERAL REPRODUCE:

 El modelo de crecimiento es primario exportador. Las exportaciones tradicionales pre-

dominan desde la década de los años cincuenta del siglo pasado. Se mantienen en un

promedio de 75% desde el año 1981. La novedad, sin embargo, es que durante los

últimos tres años las exportaciones tradicionales son predominantemente mineras.

34
De otro lado, no se observa cambios significativos a favor de las exportaciones no tra-

dicionales. Las exportaciones no tradicionales representaron en promedio el 28,2% del

total en los años 2001-2005 y el 22,9% en los años 2006-2008.

 El estilo de crecimiento descuida el desarrollo de la industria manufacturera. Este es

un sector que genera y multiplica más el empleo y los ingresos. El comportamiento del

PBI se desconecta del empleo en la industria manufacturera y los que lideran el

crecimiento son los sectores primarios, la construcción y el sector comercio y ser- vicios.

En el periodo 1994-2009 las variaciones porcentuales acumuladas de estos sectores

fueron superiores a la del PBI.

 El modelo primario exportador terciariza la economía. El 71,7% de la PEA de 2008

(14,7 millones de trabajadores) trabaja en el sector terciario (porcentaje mayor al 65,9%

que corresponde al año 1991). Este sector genera el 61% del PBI. De esa PEA, 11,7

millones (77%) trabajan en empresas de uno a diez trabajadores (donde el ingreso

mensual es de 600 a 650 soles). El resto se reparte entre empresas de diez a cincuenta

personas (7%, que gana 1082 soles) y de más de cincuenta (16%, con ingresos de 1664

soles). Hay tercerización con empleo de muy baja calificación y productividad.

 El modelo neoliberal acrecienta la desigualdad de ingresos. Los ejecutivos de la mine-

ría ganan 23 veces más y los ejecutivos del sector financiero diecisiete veces más que

el salario promedio de un obrero. El excedente bruto de explotación aumenta desde 60%

del PBI en 1991 hasta 69,7% en el año 2009 (véase gráfico 2). Si no se consi- dera el

consumo de capital fijo, el excedente neto aumenta de 52,7% a 63%. Por su parte las

remuneraciones de los trabajadores reducen su participación en el PBI de 30,1% a

20,9%.

35
 El modelo neoliberal es exportador neto de capitales, genera ingresos que no se

incorporan al circuito de demanda interna. Los capitales extranjeros expatriaron

utilidades por 344 millones de dólares en el año 2000 y por 8346 millones en el año

2008 (el monto expatriado creció a una tasa promedio anual de 50%). En el 2009, año

de crisis, este monto se redujo pero a solo 7064 millones de dólares (véase gráfico 4).

Esta ganancia, que en soles representa cerca de 25 mil millones, contrasta con los

ingresos de todos los pobres del Perú (cerca de 21 mil millones de soles en el año 2009).

Por otro lado, los montos de la inversión directa extranjera (IDE) de los últimos seis

años son sistemáticamente menores que los montos de las utilidades remesadas.

 Los superavit comerciales que genera el modelo neoliberal son, en promedio, meno- res

que las utilidades repatriadas (véase gráfico 8). Hasta el año 2001 el crecimiento

económico fue acompañado de déficit comerciales, después el modelo exportador

neoliberal genera superávit comerciales crecientes. Precisamente en estos últimos ocho

años (desde el 2002) la salida neta de capitales por utilidades repatriadas (que se registra

en la renta neta de factores) supera, en promedio, a la «entrada de capi- tales» por el

concepto de superávit comercial. En el periodo 2002-2009 el superávit comercial total

fue de US $ 35 734 millones mientras que el monto total de las utilidades repatriadas

fue de US $ 38 125 millones. En cuatro años de este periodo, 2002-2003 y 2008-2009,

las utilidades repatriadas superan significativamente al superávit comercial. En el año

2008 las utilidades repatriadas son mayores en 170% al superávit comercial.

 En resumen, los problemas estructurales de la economía y sociedad peruana son:

36
a) Heterogeneidad estructural, incipiente articulación sectorial y geográfica, reducidos

mercados internos y, por lo tanto, débil integración de la economía nacional. Esto se

expresa en la existencia de heterogeneidad también en la productividad.

b) Pobreza, desigualdad e insuficiencia de empleos e ingresos decentes.

B. EL MODELO ECONÓMICO NEOLIBERAL ES DESNACIONALIZADOR

Por las razones anteriores, el modelo neoliberal aplicado al Perú desarrolla un circuito

económico desnacionalizador. La caída de la tasa de crecimiento de 9,8% en 2008 a 0,9% en 2009,

provocada por la crisis internacional, revela la desconexión de la economía con sus mercados

internos, su fuerte dependencia de la inversión extranjera y de lo que ocurre en el mercado

internacional. Esta es historia conocida después de las dos últimas crisis internacionales —la de

1997-1998 y la de 2007-2008—, pero no parece suficiente. ¿Por qué es desnacionalizador?

Primero, porque la versión neoliberal del modelo exportador aplicado aquí (que es distinta de

la versión exportadora de los países del Asia), no considera el desarrollo de los mercados internos.

Deja de lado los factores de demanda interna y hace énfasis en el minimalismo estatal, en

consonancia con la teoría neoclásica del comercio inter- nacional y del crecimiento económico.

Para esta teoría, el mercado auto-regulado es eficiente, las distorsiones en el mercado son

originadas por la intervención del Estado y los países comercian porque tienen distintas

especializaciones beneficiándose del comercio si cada uno produce y vende lo que sabe hacer

relativamente mejor.

Segundo, porque, a diferencia de lo que ocurrió en los países asiáticos, orienta el desarrollo

fuera de los mercados internos, creando en su lugar enclaves que no tienen conexiones con la

economía interna y no toma en cuenta los intereses de la comu- nidad nacional de la sierra y la

selva del país. Es un modelo exportador de materias primas que replica el patrón de crecimiento

37
de los años previos al periodo sustitutivo de importaciones. La fuente de su dinamismo no se

encuentra en la expansión de la demanda y de los mercados internos, por eso hace depender el

crecimiento econó- mico de la demanda de exportaciones, con lo cual acrecienta la vulnerabilidad

de la economía a las fluctuaciones de los mercados de sus exportaciones.

Tercero, porque su focalización en las exportaciones, dada las condiciones de las que se parte,

genera comportamientos ventajistas en la competencia internacio- nal mediante la supresión de los

derechos de los trabajadores, el mantenimiento de salarios reales estancados, la imposición de

contratos de estabilidad tributaria que lesionan la soberanía nacional, y la desatención de los costos

medioambientales de la explotación de recursos primarios. Las exportaciones tradicionales

usufructúan, además, de la renta natural de los recursos, mientras que las exportaciones no tradi-

cionales basan su competitividad en mano de obra barata y de baja calificación.

Finalmente, porque privilegia las inversiones extranjeras en la actividad primaria exportadora

que vende en los mercados externos, en lugar de promover el creci- miento de la demanda interna

en consonancia con un aumento diversificado de la oferta productiva. El modelo exportador

neoliberal no permite aprovechar interna- mente los frutos del progreso técnico o los aumentos de

la productividad a favor del interés nacional.

C. LA ECONOMÍA NACIONAL DE MERCADO COMO ESTRATEGIA DE

DESARROLLO

El objetivo de la estrategia ENAM de desarrollo es «nacionalizar» esta economía. Se debe

centrar el desarrollo del país en la expansión de los mercados internos que ya existen y en la

creación de otros nuevos, es decir, hay que desarrollar una economía nacional de mercado. Esto

no significa autarquía ni estatismo. Significa basar las ganancias de competitividad en aumentos

de productividad y no en ventajas absolutas naturales ni en el abaratamiento del costo del trabajo.

38
Las ventajas competitivas se logran conectando la economía con la geografía y la demografía,

diversificando el aparato productivo para basar estas ventajas en rendimientos a escala con costos

unitarios decrecientes que favorece el comercio intraindustrial. Pero también significa

institucionalizar un conjunto de normas laborales básicas y de políticas de generación de ingresos

y demanda interna para sostener el crecimiento en un contexto de democracia. Se debe construir

capacidad productiva industrial, agroindustrial y agropecuaria (oferta), y simultáneamente

desarrollar la demanda interna para asegurar el uso de esa capacidad. Además, una demanda

interna que se sostiene en el tiempo estimula nuevas inversiones para expandir y diversificar la

capacidad productiva. Desde esta perspectiva, las exportaciones son necesarias para solventar las

importaciones y hacer sostenible el crecimiento económico; y, en este caso, las ganancias de

competitividad están garantizadas por la expansión de los mercados internos.

¿Cómo se construye una economía nacional de mercado? Primero, facilitando el desarrollo

de capacidad empresarial nacional; segundo, desarrollando instituciones y espacios de política

para generar establemente demanda interna e ingresos, vinculando el corto con el largo plazo; y,

tercero, con un nuevo contrato social que asegure la democracia republicana.

39
CONCLUSIONES

1. Parece claro, por tanto, que el fundador de las teorías liberales de la economía y la sociedad

pueden aportar reflexiones que hagan posible y necesario superar la estrecha visión de la

economía, de la sociedad y del ser humano que está presente en las actuales ideologías

neoliberales. Basta con establecer un vínculo entre el Smith de la Teoría de los Sentimientos

morales y el Smith del ensayo sobre la riqueza de las naciones. Aunque no llegó él mismo

a desarrollar con precisión el vínculo estrecho entre ambos saberes, la filosofía moral y la

ciencia económica, en el fondo lo tenía muy claro. Lo que sí hizo fue dejar bien asentadas

las claves para poder completar esa tarea. Por un lado, la simpatía como sentimiento básico

de la vida humana; por otro, el espectador imparcial, como dimensión medular de la

madurez moral de las personas y por último, la compatibilidad, no exenta de conflictos,

entre los intereses particulares y los intereses sociales.

2. Tradicionalmente se supone que Smith fue un defensor a ultranza del laissez faire. Sin

embargo, un análisis minucioso de sus planteamientos nos indica que para él la competencia

sólo tenía sentido en el marco de valores y de instituciones que eviten su desbordamiento y

la presencia de su potencial destructivo en la sociedad.

3. Adam Smith ha convertido en causas del sistema Capitalista (económico liberal), lo que en

realidad son efectos de dicho sistema. En efecto, el fin de la economía, el orden y las leyes

del mercado y el comportamiento egoísta del hombre explican y justifican el liberalismo

económico, cuando en realidad es ese sistema el que explica y justifica que se asigne ese fin

a la economía, que se defiendan ese orden y esas leyes y que el hombre se comporte de esa

manera.

40
4. La ciencia económica de Adam Smith, a pesar de su indudable contribución al mejor

conocimiento de los fenómenos económicos, ha servido y sirve de instrumento ideológico

de legitimación del sistema económico de mercado, no puede desprenderse de la ideología,

de estar al servicio de un proyecto político.

5. Se impone la necesidad de un trabajo multidisciplinario entre profesores de modo que estos

sepan analizar el contexto histórico y socioeconómico en que se forma el pensamiento

económico, la validez o no de los supuestos en que descansan y la función práctica e

ideológica que es inherente a estos. De ello dependerá la determinación también del valor

cognoscitivo y metodológico del pensamiento económico para la práctica cubana.

6. Para Adam Smith la economía está naturalmente ordenada a conseguir el aumento de la

riqueza, y no se plantea la posibilidad de que ésta se ponga al servicio de otros fines, como

el que todos los seres humanos dispongan de los bienes necesarios para vivir decentemente

o que la riqueza producida se distribuya justamente. Nada en la naturaleza de la economía

exige que se plantee como único o principal objetivo la producción ilimitada de riqueza.

Decidir el objetivo último de la economía no pertenece sólo a la propia economía, sino

también a la ética o a la política, etc.

7. “El esfuerzo natural de todo individuo para mejorar su propia condición, cuando se

ejercita con libertad y seguridad, es un principio tan poderoso que, por si solo y sin ayuda

alguna, no es únicamente capaz de conducir a la sociedad a la riqueza y a la prosperidad,

sino a superar el centenar de obstrucciones impertinentes con que la locura de las leyes

humanas obstaculiza, con demasiada frecuencia, su funcionamiento»

8. En La riqueza de las naciones cuando trataba de explicar la conducta económica de los seres

humanos enfatiza en el hecho de que en las actividades económicas existe un mecanismo

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natural, el mercado, que se encarga de armonizar automáticamente, si se le deja actuar en

libertad, los intereses egoístas de los individuos producen beneficios para el conjunto de la

sociedad. Es más, el funcionamiento correcto del mercado no depende sólo de que se le deje

actuar libremente, sino de que los que concurren a él lo hagan movidos por la búsqueda del

propio interés: “No hemos de esperar que nuestra comida provenga de la benevolencia del

carnicero, ni del cervecero, ni del panadero, sino de su propio interés. No apelamos a su

humanitarismo, sino a su amor propio”.

9. «Sólo los ricos eligen, de entre la masa común, lo más delicioso y lo más raro. Apenas

consumen más que el pobre; a pesar de su avidez y su egoísmo...comparten con el último

peón el producto del trabajo que ellos mandan hacer. Una mano invisible parece forzarles

a participar en la misma distribución de las cosas necesarias para la vida, que hubiera

tenido lugar si la tierra hubiera sido dada en igual proporción a cada uno de sus

habitantes; y, de esta manera, sin tener la intención de hacerlo, sin ni siquiera saberlo, el

rico sirve el interés social y la multiplicación de la especie humana»

10. De acuerdo con estos planteamientos, Adam Smith acepta la existencia de un orden moral

natural en la sociedad que se manifiesta en las inclinaciones naturales de los seres humanos.

Según explica en la Teoría de los sentimientos morales, la conducta humana está movida,

en primer lugar, por la búsqueda del propio interés, aunque otra inclinación natural, la

simpatía hacia los otros seres humanos, contribuye a moderar el egoísmo de cada uno.

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ANEXOS

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