"ajó-ajó": El significante de la fonación
-Fenomenología y fundamentos de la función materna-
Eduardo Said
(*) Escuela Freudiana de Buenos Aires, Junio 2003.
El presente texto apunta a discernir la eficacia de un acto primero, que
compromete habitualmente a la madre y necesariamente al niño, y que a nuestro
entender es de bastas consecuencias en el proceso de subjetivación.
Es frecuente que un texto cuyos fundamentos conceptuales se sostienen de los
desarrollos de Jacques Lacan, refiera como cita mayor en relación a la madre,
aquella de la alegoría del "cocodrilo" con sus fauces prontas a ser cerradas. (1)
No declinamos el valor de advertencia de ese apólogo. Eso, si no hubiere cesión
de la madre; si no hubiere de allí -de sus fauces- salida alguna.
Nos detendremos en un tiempo primero de la posible secuencia que mostraría
paradojalmente los efectos positivos, si se permite esa expresión algo inusual en
el lacanismo, y estructurantes que pueden allí llegar a jugarse.
En psicoanálisis y no es solo privativo de nuestro campo, se impone una
direccionalidad hacia la localización extrema de la partícula conceptual o clínica
última. Parece ser un irrecusable fundamento de cualquier pretensión de
cientificidad. No otra cosa parece haberle acontecido a J. Lacan.
En ese movimiento, el encuentro de un límite, de un borde, de un agujero en la
teoría – al que se supone asintóticamente homeomórfico al fenómeno-, suele
determinar el recurso explicativo de la producción de un mito que construye ese
borde a lo real como imposible. Lacan recurre al mito de la "laminilla" para
avanzar sobre la noción de libido; en un despliegue descriptivo sorprendente (2),
esfuerza una forma narrativa cuasi-literaria distante del recurso formalizado,
matematizable, al que suele recurrir para la transmisión de sus fundamentos.
Hay una forma de posicionarse frente a los tiempos tempranos de la constitución
subjetiva que supone resolver las cuestiones abiertas en esos límites con una
referencia a la imposibilidad de discernir el origen, a la evicción del origen. Suele
estar en consonancia con la postulación de una noción de estructura que
elidiendo la diacronía de constitución parece soportarse de un automatismo
inmanente e inexplorado.
Rescatamos el recurso del trabajo teórico-clínico sobre el
acontecimiento. No
hay estructura por la inmanencia articulada de una composición sincrónica de
elementos sin las operaciones en acto que los inscriben y/o leen.
Vale entonces el recurso de recalar en las primeras experiencias discernibles,
aún cuando el punto crítico de lectura no puede no ser sino por el apress coup
de la estructura especificada en orden a la operación castración, sus alcances,
fallas o fracasos.
Recalar en las primeras "experiencias" de vida del infans, desagregarlas,
describirlas y colegir coordenadas estructurales es un recurso válido y aún
necesario para enlazar estructura y fenómeno. En eso entendemos que el
psicoanálisis lacaniano, por la dominancia de sus parámetros formalizados, está
en deuda con la tramitación de los fenómenos, acontecimientos si queremos
volver a recurrir a un significante que venido del campo de la filosofía cobra su
alcance en psicoanálisis en el plano del decir.
No vale la concepción simplista que deposita en el enunciado "experiencia", el
supuesto mérito de una inmediatez empírica que no es sino una forma renovada
de oscurantismo. Dice Lacan: "La paternidad al igual que la maternidad tiene
una esencia problemática; son términos que no se sitúan pura y simplemente a
nivel de la experiencia." (3). Acudirán a su sostén los conceptos que dan sus
fundamentos. No escatimaremos en ello las citas pertinentes.
La observación llevada adelante por Freud sobre el juego de su nieto con el
carretel, nombrada por el par opositivo Fort-da, dio muestra de la fecundidad y
productividad del análisis pormenorizado de una evidencia que permitió la
particular captura de una condición de determinación estructural.
"Lo importante no es que el niño pronuncie las palabras fort/da, que en su
lengua materna equivalen a lejos/aquí; por otra parte sólo las pronuncia de
manera aproximativa. Lo importante es que hay allí, desde el origen, una
primera manifestación de lenguaje. Mediante esta oposición fonemática el niño
trasciende, lleva a un plano simbólico, el fenómeno de la presencia y de la
ausencia. Se convierte en amo de la cosa, en la medida en que, justamente, la
destruye." (4)
Par opositivo que apresa en una dupla significante y su intervalo la operación
lógica de captura de ausencia-presencia. Muerte de la cosa.
Nos dirigimos a recortar un acontecer anterior a la oposición fonemática del for-
da. Se trata del juego iniciático que a falta de otro término mejor lo nombramos,
con el recurso a la onomatopeya, como la experiencia del "ajó-ajó".
El otro "eficaz", otro parlante-ser, habitualmente la madre, coloca su rostro en un
ángulo tal, en una perspectiva, en una posición en que la mirada logra captar el
mirar aún errante del infans de pocas semanas. Para que esa captura primera
se produzca juega un lugar determinante lo que llamaremos expresividad. El
valor cualificable de la expresión del rostro; propiamente, el gesto del otro. No es
solo la confrontación con las facciones de otro de la especie.
Debemos manejarnos con la hipótesis simple y por cierto dilematizable, que el
infans distingue, diferencia entre el amor y las distintas formas del rechazo, el
desprecio, la agresividad y aún la indiferencia; posición ésta álgida, riesgosa y
de graves consecuencias en que la oferta amorosa brilla por su ausencia.
No se trata de ponerle enfrente una gestalt conformada por el óvalo de un rostro
delimitado por las simetrías paradigmáticas de la especie, simetrías en las que
no dejan de ser los ojos y en ello la mirada lo determinante. No es solo una
gestalt que en el rostro alcanza cierta completud o cerramiento.
Destacamos la importancia de la fenomenología del rostro en la constitución del
sujeto a partir del O/otro, al que decidimos escribir en este texto con las dos
grafías. Sirvan de antecedente no solo las localizaciones clínicas de René Spitz
sino los trabajos fenomenológicos de Emmanuel Levinas. "Me pregunto si se
puede hablar de una mirada vuelta hacia el rostro, pues la mirada es
conocimiento, percepción. Pienso, más bien, que el acceso al rostro es de
entrada ético". "Cierto es que la relación con el rostro puede estar dominada por
la percepción, pero lo que es específicamente rostro resulta ser aquello que no
se reduce a ella" (5). Apuntamos a aquello que trasciende la percepción. Llegar
a definir el acceso al rostro del otro como ético, denuncia que deseo-ley hacen
allí trama.
No es tan claro, ni generalizable que un bebé sonría frente a cualquier rostro.
Puede que entre los primeros meses y el tiempo de la angustia a los extraños,
sea condición suficiente que el O/otro oferte un rostro sonriente.
Recuerdo haberle cantado a mi hija cuando tenía pocos meses "Nanas de la
cebolla" de Miguel Hernández. El dejo de emoción sufrida que me embargó,
devino en sollozo, en "puchero" como respuesta. La tonalidad afectiva es
"contagiosa". No basta el rostro con una expresividad aún patente, sin su
cualidad.
Sin embargo no habría que hacer la apología sostenida de la sonrisa sin para
qué; sirva sino de contraejemplo la sonrisa inmotivada del psicótico.
La experiencia se acompaña de una fonación del adulto. Su forma social
reconocida es el "ajó – ajó". Fonación, no solo emisión sonora. Ya para el adulto
opera como fonema, como partícula diferenciada de su lengua, para el caso
impregnada de un uso expresivo en que juega sus formas el amor.
"Ajó", combina dos vocales y una consonante no oclusiva, que se emiten en
forma de canto, con un alto valor melódico. Formas expresivas que reproducen
el arrullo "materno" y su modulación como continuo musical, pero que se
interrumpe en corte, silencio convocante a la repetición.
Difícil sería una emisión sonora con dos consonantes oclusivas, en tanto no
deslizaría la musicalidad, condición de la experiencia. El acento está en el
continuo musical de las vocales, más que en el discontinuo de las consonantes y
el significante (6).
La madre, o el adulto interesado en la cuestión, es llevada por la puesta en
juego de su propia falta-en-ser motorizante, al investimiento del bebé en el lugar
majestuoso con que Freud localizara esa trama de trasvaso de exaltación
narcisística.
La madre está muy atenta a pesquisar la más mínima emisión sonora del bebé.
Esa posición de escuchar es decisiva. No se trata solo de canturrearle, cosa por
demás estimulante. Es posible que tome una partícula sonora y devuelva al
infans; con alguna transformación o elaboración melódica acompañada de una
gestalt, tono, gesto, signo de amor; una emisión ya fonémica que acota los
sonidos y va instalando los fonemas de la lengua materna.
La donación amorosa es consustancial a la experiencia y asienta la hipótesis
sobre el valor anudante, estructurante al que el amor confluye.
Un punto princeps de la experiencia es aquel en que la madre interrumpe su
fonación para donar un silencio estimulante, nos permitimos llamarlo así, para
que el bebé "conteste". Si amar es dar lo que no se tiene a quien no lo es, esta
escena es su paradigma.
Donación del intervalo apropiado y apropiable. Si la respuesta del niño se
produce ya no será solo como partícula sonora, sino como fonación dirigida al
otro, al amor que este le dispensa. Será allí verificación de una inscripción.
Dice Lacan: "hay estos fenómenos de voz que se acompañan de movimientos
laríngeos y musculares alrededor del aparato fonatorio y que esto, por supuesto,
tiene su importancia, no agota ciertamente la cuestión, pero, en todo caso, le da
un modo de abordaje. Eso no hizo avanzar en la misma medida el estatuto de la
voz un paso más"(7). Se trata de la voz, como especie privilegiada del objeto de
la pulsión invocante.
Es el aparato fonatorio pero en tanto afectado de un nuevo goce que tiene como
condición el agujereamiento del tubo de aire que allí se produce por las vías de
la emisión fonemática articulada al deseo del O/otro. La respuesta que insinúa
un campo de iniciativas para el sujeto en ciernes, está impregnada de
erogenidad, de libidinización. Es propiamente la captura libidinal de la que el
"cocodrilo" da la versión acentuada. Hay captura y embelezo libidinal.
Es localizable allí la emisión por el niño de un primer significante, definible como
significante de la función fonatoria, significante de la fonación. Forma "pura",
nos permitimos el exceso; que podría ser leída como significante primero del
goce. Redunda por lo patente, explicitar que se trata de un significante sin
sentido. Lo que no excluye la postulación del amor como condición de
direccionalidad de su potencial emergencia.
Emergencia fulgurante de una partícula discernible de goce de lalengua del
sujeto a advenir que se asienta en su cuerpo, goce en la laringe, goce de la
fonación, en que la emisión sonora es primer sombra de lugar de enunciación,
como respuesta al deseo-amor del O/otro. No sin apress-coup.
Hay un goce de la fonación, que preludia y aún sucederá al goce del canto, de la
musicalidad. Corresponde a un acento anterior a la dominancia acentuada del
corte, del "ataque a la cadena significante" y la apropiación reproductora del
intervalo por el sujeto.
Si el fort-da verifica el encadenamiento S1-S2; el "ajó-ajó" vendría a realizar un
tiempo lógico anterior a la oposición fonemática; "habrá sido" falo simbólico, el ?.
Se trata de un juego y su función estructurante, el juego mayor del significante y
su falta. Sostenido en sus secuencias repetitivas de emisiones cuasi-musicales,
en que la cesión del espacio-tiempo al bebé para una primera respuesta
estructurada de lazo hablado, es decisiva. Juego, repetición y estructura.
Configura a nuestro entender un acontecer princeps en la complejidad de
cualquier secuencia estructurante.
Ese goce, el acceso a ese goce de la emisión fonemática ligada al rostro
cualificado del Otro en la dimensión del amor, soporta un movimiento de
anudamiento en que se prefigura el goce ampliado de la habitación en lalengua.
Dice Lacan: "es lo propio de la fonación el resonar inmediatamente en la propia
oreja del sujeto a medida que se va emitiendo" (8). La resonancia acentúa la
incrustación en la estructura fonemática, imbrica, entrama localizaciones
pulsionales.
No es ajena a la experiencia la caricia táctil que la suele acompañar. Es posible
que la madre estimule con su dedo acariciante, la apertura de la boca en un
intento de motivar la emisión enlazada a la musicalidad que propone. Así
acentúa el pasaje de la indiscriminación de los sonidos primeros, al campo de
los fonemas de la lengua materna. También la caricia aporta a la imbricación
pulsional, señalando una función diferencial al borde oral.
E insistimos en señalar el valor estructurante del amor. La operación de la madre
no es solo captura fagocitante. Cito a Silvia Amigo: "La madre es el único ser
que teniendo apetito por el chico que ha hecho venir al mundo, lo convoca como
objeto de su goce, y aún queriendo tragarlo, no lo hace, al menos no a
perpetuidad". "La paradoja de la función materna radica en que ella goza y cesa
de gozar al chico al mismo tiempo" (9).
Discernir la eficacia de operaciones primeras, no es un ejercicio sin
consecuencias. Entendemos que se pueden derivar efectos clínicos bastos.
Aventuramos la hipótesis, tal vez excesiva, que cualquier niño que haya pasado
por el juego del "ajó-ajó", podría sortear la exclusión autista.
Desde ya que no se trata de una operación mecánica que se resuelva sólo en
recomendaciones técnico-preventivas. Son determinantes las condiciones de
estructura operantes en el O/otro, en relación a la falta, al amor, a la castración.
Cito a Lacan: "si una palabra paterna es discutida en tanto que palabra, en tanto
que lo que ella dice, me parece que algo, sugiere, pasa de ella en la
personación, en lo que está detrás de la personación, en lo que está del lado de
la fonación quizá, del lado de lo que es igualmente algo que merece vivir en la
melodía." (10)
Si la personación, con la complejidad y la enigmática que acompañan a este
término novedoso, está del lado del significante paterno, la fonación y ese "algo
que merece vivir en la melodía" son referibles a la lengua materna, a la madre y
su operación de transferencia e implantación.
Deberá aún padecer los avatares ulteriores del fort-da, ausencias y presencias.
De la operación del Nombre del Padre sobre el Deseo de la Madre, pero bajo las
condiciones operantes incluso en su borramiento, del anudamiento por la vía
primera del amor materno.
NOTAS:
(1) "Un gran cocodrilo en cuya boca ustedes están, es eso la madre, ¿no?. No
se sabe si de repente se le puede ocurrir cerrar el pico: eso es el deseo de la
madre. Lo que traté de explicar es que lo que tenía de tranquilizante es que
tenía un hueso así -les digo cosas simples- había pues algo que era
tranquilizante, improviso, había un rodillo, así, bien duro, de piedra, que está en
potencia a nivel del pico: eso retiene, eso atranca, es lo que se llama el Falo, el
rodillo que los protege si de golpe se cierra!." J. Lacan – de la clase 9 del
seminario 17
(2) Posición del Inconsciente – 1964 - Escritos
(3) J. Lacan – de la clase 13 del seminario 3.
(4) J. Lacan – de la clase 13 del seminario 1.
(5) Emmanuel Levinas – Ética e Infinito
(6) Basculación articulada, hermosamente trabajada por Alain Didier-Weill en
Invocaciones – Nueva Visión.
(7) J. Lacan: de la clase 13, del seminario 14.
(8) J. Lacan: de la clase 22 del seminario VIII.
(9) S. Amigo – Paradojas clínicas de la vida y la muerte – Ensayos sobre el
concepto de "originario" en psicoanálisis – Homo Sapiens
(10) J. Lacan: de la clase 6 del seminario XXIII.