AHORA, MIENTRAS DANZAMOS
Poemas de Safo
(versión de) Soledad Fariña
Ahora, Mientras Danzamos. Poemas de Safo
[texto impreso] / (versión de) Soledad Fariña
1ª edición. Pequeño Dios Editores, 2012.
PDE-SP-8 / 88 páginas. 12,6 x 17,7 cm.
R.P.I.: 218715
I.S.B.N.: 978-956-8558-13-0
© Soledad Fariña
© Pequeño Dios Editores
Nueva de Lyon 19, departamento 21
Providencia, Santiago de Chile
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Diseño portada e interior: Antonia Sabatini
Impreso en Chile / Salesianos Impresores S.A.
Primera edición 2.000 ejemplares
Santiago de Chile, agosto de 2012
AHORA, MIENTRAS DANZAMOS
Poemas de Safo
(versión de) Soledad Fariña
SERIE POPULAR
CONTENIDO
Biografía 9
Nota 11
Ahora, mientras danzamos 19
8
Soledad Fariña
Nace en Antofagasta en 1943. Vive y estudia en Santiago.
Entre 1963 y 1973 trabaja en Endesa; entre 1965 y 1969
estudia en la Universidad de Chile la carrera de Ciencias Po-
líticas y Administrativas. Se casa en 1969, sus hijos nacen en
1970 y 1972. En 1973 se exilia en Suecia, entre 1974 y 1978
estudia en el Instituto de Estudios Romances de la Universi-
dad de Estocolmo, obteniendo una licenciatura en Filosofía
y Humanidades. En 1978 vuelve a Chile y trabaja en diversas
entidades, entre ellas en Flacso, Ceneca, Radio Tierra; asiste
al Centro de Estudios Humanísticos de la Facultad de Inge-
niería de la Universidad de Chile (1980); más tarde obtiene
un diplomado en Ciencias de la Religión (2001), diplomado
en Cultura Árabe (2002) y Magister en Literatura (2004) por
la misma universidad.
Ha publicado los libros de poesía El Primer Libro, Ed.
Amaranto 1985; 2ª edición en Libros de Tierra Firme, Bue-
nos Aires, 1991; Albricia, Ed. Archivo, 1988; 2ª edición,
Ediciones Cuneta, 2010; En Amarillo Oscuro, Editorial Sura-
da, 1994; La Vocal de la Tierra, antología poética, Ed. Cuarto
Propio 1999; Otro Cuento de Pájaros, relatos, Ed. Las Dos
Fridas, 1999; Narciso y los Árboles, Ed. Cuarto Propio, 2001;
Donde comienza el aire, Ed. Cuarto Propio, 2006; Se dicen
Palabras al oído, Ed. Torremozas, Madrid, 2007; Todo está
vivo y es inmundo, poesía, Ed. Cuadro de Tiza, 2010; Ábreme
(plaquette) Ed. Corriente Alterna, 2012; Pac Pac Pec Pec, Ed.
Literal, México, 2012.
Ha participado en congresos, recitales y lecturas poéticas
en: Columbia University; The City University of New York;
New York University (NYU); The Catholic University, Geor-
9
getown University en Washington D.C.; Mount Hollyoke
College, Smith College en Masachussetts; Universidad Río
Piedras, Puerto Rico; Universidad de Salamanca; Universi-
dad Palma de Mallorca; Casa del Poeta, Ciudad de México;
Casa de América de Madrid; Casa de América Barcelona;
Centro Cultural de España, Buenos Aires; Feria del Libro
de Guadalajara, Feria del Libro de Soria, Feria del Libro de
Guayaquil, Feria del Libro de Santiago, La Serena y Antofa-
gasta, entre otros.
Ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, italiano y
catalán. Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías.
En 1992, 1995, 2002, 2006 recibió la beca de creación
del Fondo del Libro y la Lectura. En 2006 recibió la Beca de
la Fundación John Simon Guggenheim. En 2007 fue nomi-
nada al Premio Altazor por su libro Donde comienza el aire.
Ha dirigido talleres de literatura en la Casa de la Mujer
la Morada, Universidad Mayor, Universidad del Desarrollo,
Universidad Finis Terrae; Centro Cultural Balmaceda; ha
sido profesora de Literatura y de Literatura Infantil en la Es-
cuela de Educación Parvularia de la Universidad de Chile.
Actualmente vive en Mirasol, balneario de la V Región y es
profesora en la Escuela de literatura creativa de la Universi-
dad Diego Portales y en el programa de educación continua
para el magisterio de la Facultad de Filosofía de la Universi-
dad de Chile.
10
Nota
Esta versión de algunos de los poemas de Safo nace con mi
encuentro o descubrimiento de la traducción que al inglés
hizo la poeta estadounidense Mary Ethel Barnard y que fue-
ra publicada con el título de “Sappho: A New Translation”1.
Quienes no dominamos el griego debemos contentarnos con
las traducciones a idiomas más cercanos de quienes, con dife-
rentes métodos, intentan traernos de la mejor manera posible
su poesía. Muchos traductores de Safo hablan de la gran di-
ficultad que presentan sus poemas, no sólo por su lejanía en
el tiempo, sino por la mínima cantidad que ha llegado hasta
nosotros, sumándose a esta dificultad su doble vía de trans-
misión: una directa en los manuscritos (en papiros, pergami-
nos y óstracon2) y otra indirecta a través de los comentarios
elogiosos como el de Platón en Fedro, o el “Tratado de lo
sublime” de Longino; de los epigramas hechos en su honor
y de las imitaciones o alusiones que de sus versos hicieron
poetas como Baquílides, Teócrito, Catulo, Horacio.
Hasta la lectura de la traducción de Mary Barnard habían
llegado a mis manos traducciones como las de Manuel Raba-
nal Álvarez, Juan Manuel Rodríguez Tobal, la erudita versión
de Pablo Ingberg, Carlos García Gual, las 100 versiones de
poetas franceses del fragmento 31 “L’Egal de Dieu”, y la her-
mosa versión que de ese mismo fragmento hace, en estrofa
sáfico-adónica, Marcelino Menédez Pelayo. Unas se comple-
mentaban con otras, ofreciendo diferentes miradas a la obra
de Safo. Pero ¿en qué consistió, entonces, la particularidad
1 (Berkeley, CA: U of California Press, 1958).
2 Cerámicas rotas usadas para escribir.
11
cautivadora de esta traducción? La misma Mary Barnard se
encarga de explicitarlo en la nota aclaratoria a su traducción:
su afán es ofrecer a quienes no leemos griego “algunas de las
cualidades que las primeras traducciones no tienen, por lo
menos para el oído moderno”. De todas sus virtudes, dice,
“la más acentuada por sus críticos modernos y menos toma-
da en cuenta por sus traductores es la de su discurso directo,
fresco y coloquial (...) Este estilo de escritura, que ella lleva
al más alto grado de perfección, era peculiar a su tiempo y a
la tradición lírica eólica. Los escritores en la métrica yámbica
usaban la cadencia del habla…”.
Siguiendo su línea, quise poner en castellano algunos de los
100 poemas y fragmentos recogidos en su libro. Las versiones
y los intentos fueron muchos, y datan de mediados de los años
90. Sin embargo, el resultado final no siguió con absoluta fi-
delidad su traducción. La musicalidad y el ritmo del idioma
castellano dista mucho del que se consigue en inglés. Es por
eso que he tratado de indicar la cadencia, el ritmo y los silen-
cios mediante espacios en blanco, escogiendo, en algunos ca-
sos, cada palabra y frase para situarlas en el lugar donde mejor
se acomode a su musicalidad; en este sentido, no he seguido
en ningún momento la división en las estrofas originales de
Safo –esfuerzo que sí han hecho algunos de sus traductores–.
Entre poemas y fragmentos Mary Barnard recogió 100
textos, algunos, ínfimos fragmentos que decidió no com-
pletar, sino dejar en blanco. Aún así, a través de ellos pode-
mos conocer claramente su temática, mayormente poemas
de amor a sus amigas o pupilas, himnos a la diosa Afrodita,
epitalamios, descripciones de sus ritos de danzas, perfumes y
flores junto a las jóvenes.
Por otra parte, la vida de Safo ha estado rodeada de leyendas
y mitos; pero al parecer, lo verídico es que vivió en el siglo
VI antes de nuestra era y perteneció a una familia notable de
12
Mitylene, capital de la isla de Lesbos. Según Mary Barnard,
“la tradición biográfica (…) que está llena de contradicciones,
dice que nació en Mitylene, o en Eresus, en la misma isla. Que
su fecha de nacimiento fue alrededor del 612 A.C., o antes, o
después; que el nombre de su padre fue Scamandronymous,
o Eurygyus, o Simon, o Eunominus, o Euarchus, o Ecrytus,
o Lemus; que el nombre de su madre fue Cleis; que se casó
con un comerciante de Andros, llamado Cercolas, y tuvo una
hija Cleis; o, al contrario, que Cercolas es un nombre ficticio y
Cleis no fue su hija; que tuvo tres hermanos, siendo uno Cha-
raxus, que cayó en desgracia frente a su hermana cuando com-
pró la libertad de una cortesana llamada Doriche; que Safo
misma fue una prostituta; que no lo fue; que, enloquecida por
su amor sin esperanzas por Phanon, un botero, se lanzó des-
de el acantilado de Leucadian (en una isla situada entre Itaca
y Corfú); o al contrario, que murió en su lecho, en su casa,
atendida por su hija Cleis. Que las muchachas cuyos nombres
son mencionados en los poemas –Anactoria, Atthis, Gongyla,
Hera, Timas– eran sus alumnas y participaban junto a ella en
las prácticas religiosas de Kallichoron Mitylene (Mitylene de
las hermosas danzas); o, al contrario, que no eran tal cosa”3.
Sobre qué tipo de relación tenía Safo con las jóvenes que
aparecen en sus poemas, Barnard cita a C.M. Bowra, cuya
tesis es que Safo “fue directora y cabeza de una institución
que educaba a jovencitas, pero de acuerdo a las costumbres
de la época dicha institución tenía un carácter especial. Era,
tal como ella lo nombra, un moisopolon domos, una casa de
aquellas que cultivaban las Musas; pero era mucho más que
una escuela o una asociación ocasional de niñas con un pro-
pósito religioso. Estaba vinculada primordialmente al culto
de Afrodita, y sus miembros formaban un thiasos, parecido
3 Sappho, A translation by Mary Barnard. pp. 109-110 (La traducción al castellano es mía).
13
al de Eresus, –que excluía a los hombres– o a la compañía de
mujeres en Paros, unidas en el culto de Afrodita Oistro. El
thiasos de Safo no era el único en su tipo en Mitylene. Los
otros eran controlados por sus rivales Gorgo y Andrómeda, y
las relaciones de Safo con ellas no eran de carácter amistoso.
Las miembros de los thiasos estaban unidas entre ellas y a sus
líderes por lazos de gran fuerza e intimidad y Maximus de
Tyro no estaba tan equivocado cuando comparaba las rela-
ciones entre Safo y sus alumnas con aquéllas de Sócrates con
sus discípulos. Pero mientras Sócrates mantenía a sus jóve-
nes unidos gracias a su influencia personal y la atracción que
confería a la búsqueda de la verdad, Safo estaba unida a sus
doncellas por lazos que eran, al menos, religiosos. Un thiasos
de esta naturaleza no puede realmente ser considerado en su
aspecto exacto si lo juzgamos con las características del mun-
do moderno. Sus cultos no eran de un confuso esteticismo,
sino un culto genuino hacia una diosa en la que todas creían.
Las Musas eran honradas junto con Afrodita. Se suponía que
sus ceremonias necesitaban cánticos, y en los cánticos sus de-
votas eran instruidas por Safo...”4.
Editada por los alejandrinos, en Roma su poesía fue di-
fundida a partir de Catulo, cuyo Poema 50, a excepción de
la última estrofa, es una transcripción del fragmento 31. En
este poema, que está casi completo, podemos apreciar –o po-
dríamos apreciar, si leyéramos el griego– la maestría de su es-
critura en la que más tarde se llamaría estrofa sáfico-adónica,
estrofa mixta compuesta por tres versos endecasílabos sáficos
y un cuarto pentasílabo adónico con acento en la primera
sílaba. Como lo hemos anotado anteriormente, la poesía de
Safo ha dado origen, desde la antigüedad, a una multiplici-
dad de traducciones y versiones, siendo también imitada en
4 C.M. Bowra Greek Lyric Poetry (Oxford 1936), pp. 187-189.
14
la literatura moderna, especialmente en la estructura sáfica.
Conocido es el poema de Neruda Angela Adónica incluido en
su libro “Residencia en la Tierra”.
Sobre su obra, algunas investigaciones han llegado a la
conclusión de que escribió nueve libros, se calcula que su
obra en total comprendía unos 12.000 versos, de los cuales
han llegado 200 fragmentos5.
En mi ordenación de los poemas he seguido la de Mary
Barnard, sin poner numeración a los fragmentos y omitiendo
algunos. El poema titulado Oración para mi Reina de Paphos,
es más conocido como Oda a Afrodita o Himno a Afrodita.
Paphos es una ciudad de Chipre, isla que habría sido la mo-
rada permanente elegida por la diosa.
Terminaré esta introducción repitiendo lo que Mary Bar-
nard dice finalmente de su traducción, pues creo que este rigor
y sinceridad es lo hace de esta traducción algo tan fino: “en
cuanto a la música, he hecho lo que he podido. La falta que
más cuidadosamente he evitado, es la de prolongar el frag-
mento para construir el poema. Lo que hay aquí, con las ex-
cepciones señaladas, es lo que Safo dijo, o en todo caso, lo que
dijeron que dijo”.
Soledad Fariña
Mirasol, 2012.
5 “Fueron los filólogos alejandrinos quienes dieron orden y forma y conservaron los textos
mientras hubo una tradición directa, es decir, hasta la época bizantina. Gracias a descubri-
mientos del siglo XX tenemos ahora un códice en pergamino del siglo VII. Sin embargo,
sigue siendo invalorable la edición alejandrina en la que los poemas estaban distribuidos
en nueve libros ordenados según el esquema métrico de las composiciones; el primer libro
contenía las odas sáficas con cerca de 1.320 versos, es decir, 330 estrofas; el segundo,
los pentámetros eólicos; y así seguían los demás libros con otros metros, pero el noveno
comprendía epitalamios escritos en metros muy variados…/ Esta tradición directa que se
interrumpe en la época bizantina, quedó completamente perdida hasta que en los últi-
mos decenios, numerosos papiros y también pergaminos provenientes de Egipto nos han
aportado importantes fragmentos de Alceo y Safo (hasta ahora 22 y 18 respectivamente,
algunos con estimables notas)/…/ Los fragmentos de Alceo son hoy 448 y los de Safo
213”. (Antología de la poesía lírica griega. Siglos VII – IV a.C. García Gual).
15
A Eliana Ortega, Olga Grau y
Claudio Bertoni, cómplices de esta lectura.
Hoy entonaré hermosos cantos
para el placer de mis amigas
Que todo el mundo
lo sepa
¡Vamos a disfrutarlo!
Pero si alguno ve en ello
una falta
¡La necedad y la tristeza
se lo lleven!
19
De pie junto a mi lecho,
en sandalias doradas,
me ha despertado el Alba del instante.
Me he preguntado
¿Safo,
qué puedes dar a Afrodita
que todo lo posee?
Me he dicho entonces
en su altar quemaré los fémures
de una cabra blanca.
20
Haré una confesión:
amo lo que me acaricia
creo que el amor forma parte
del brillo
y la virtud del sol.
21
Al mediodía
cuando la tierra brilla
con calor abrasador
cayendo implacable
sobre los grillos que han alzado
el tono
del canto de sus alas
tomé mi lira y dije
¡Ven ahora mi sagrada concha de tortuga!
conviértete
en un instrumento hablante.
22
Aunque sean
sólo aliento
las palabras que comando
son inmortales.
23
Esa tarde
jóvenes en edad de desposarse
trenzaron collares con corolas de flores
Las escuchamos cantando:
El joven Adonis
se muere ¡Oh! Citerea
¿Qué haremos ahora?
Golpeaos el pecho con el puño,
muchachas,
¡desgarrad vuestras túnicas!
24
De nada sirve
madre querida
no puedo terminar mi tejido,
la culpa es de Afrodita
suave como es
casi me ha consumido
de amor por ese joven.
25
La gente murmura
hablan de Leda.
Dicen que una vez encontró un huevo
escondido
bajo jacintos silvestres.
26
La paz
reinaba en el cielo
la Ambrosía
ya estaba mezclada en la jarra
de vino
Hermes
fue quien cogió
el cántaro
y escanció vino a los dioses.
27
Cuando vi a Eros
descendiendo
de los cielos
llevaba un manto de soldado
de intenso
color púrpura.
28
Tú eres
el pastor de la tarde
Hesperus
conduces a salvo lo que dispersó
la luz del alba
guías ovejas, guías cabras
devuelves a las niñas al regazo de sus madres.
29
Duerme,
mi niña.
Tengo una hija llamada Cleis
que se parece
a la flor del crisantemo
No la cambiaría yo por todo el reino de Lydia
ni por el amor de...
30
Mañana estarás mejor
usa tus suaves manos Dica
para arrancar retoños de eneldo
y cubrir
tus hermosos rizos
quien usa flores
atrae a las felices Gracias
ellas huyen
de una cabeza desnuda.
31
Pusimos la urna
a bordo del barco
con esta inscripción
Estas son las cenizas
de la pequeña Timas
que doncella fue conducida
a la oscura cámara
de Perséfone.
estando ella lejos
jóvenes de su edad tomaron navajas
recién afiladas
para cortar como señal de duelo
estos rizos
de sus cabellos suaves.
32
Cyprian
en mi sueño
el pliegue de un pañuelo púrpura
ensombrecía tus mejillas
ese que Timas una vez envió
desde Phocaea
como tímido regalo.
33
En el atardecer primaveral
la luna llena brilla
las jóvenes toman sus lugares
como si estuvieran alrededor
de un altar
sus pies se mueven rítmicos
como esa vez danzaron alrededor
de un altar de amor
hollando un círculo
en la suave hierba florecida.
34
Sobrecogidas
por su esplendor
las estrellas cercanas a la hermosa Luna
ocultan el brillo de su rostro
cuando alcanzando la plenitud
ella ilumina a la tierra con su plata.
35
Ahora,
mientras danzamos
vengan hasta nosotras amable Alegría,
Regocijo, Esplendor
y vosotras
Musas del cabello hermoso.
36
La estrella de la tarde
es la más hermosa
de todas las estrellas
Ya es tiempo
para ti que eres tan bella y seductora
de compartir los juegos de las Gracias
de tobillera rosada y dorada Afrodita
¡Ah!
Jamás seré virgen para siempre.
37
Por su amor
os pedimos
¡Acudid ahora! ¡Oh, Gracias!
¡Oh perfección de brazos color rosa!
Hijas de los Dioses.
38
¡Hymen
Hymenaon!
¡Alzad las vigas del tejado!
¡Elevadlas más altas!
¡Aquí viene el novio más grande
que Ares!
¡Hymen
Hymenaon!
¡Él se destaca sobre los hombres altos
como los poetas de Lesbos
sobre todos los demás!
Canta Hymen
¡Oh! Hymenaon.
39
Bebemos a tu salud
¡Afortunado novio!
Ahora la boda que deseaste
se ha efectuado y tu esposa
es la joven que pediste
es la novia que al mirar
seduce con ojos tan suaves
como la miel
y rostro al que el amor
ha encendido
con su propia belleza.
¡Seguramente Afrodita
se ha eclipsado a sí misma
para rendirte honores!
40
Canto de la Novia I
¡Oh! ¡Novia rebosante de amorosas rositas!
¡Oh! ¡La más brillante joya de la Reina de Paphos!
Acércate ahora a tu alcoba
a tu lecho
y juega allí dulce tiernamente
con tu esposo
Y quizás Hesperus
te lleve no en contra de tu deseo
hasta que asombrada te encuentres
ante el plateado Trono de Hera
la Reina de las Nupcias.
41
Canto de la Novia II
Virginidad
¡Oh! ¡Mi virginidad!
¿Dónde irás cuando te pierda?
Me voy a un lugar de donde nunca volveré
¡Querida Novia! Nunca volveré a ti
¡Nunca!
42
Lamento por un himen
Como manzana
madurando
en la rama más alta de la copa de un árbol
sin ser percibida ni siquiera una vez
por el cosechador
o si vista no alcanzada.
Como un jacinto
en la montaña
pisoteado por los pastores
hasta que en la tierra sólo una mancha púrpura queda.
43
¿Por qué estoy llorando?
¿Aún estoy triste
por mi perdido
himen?
44
Conoces el lugar
deja entonces Creta
y ven con nosotras
que esperamos donde la arboleda
es más amable por el recinto
consagrado a ti.
El incienso arde en el altar
frescos arroyos susurran
a través
de las ramas de manzano
Un joven arbusto de rosas ensombrece la tierra
y las hojas vibrantes derraman
un sueño profundo.
En los prados
donde los caballos han crecido lustrosos
entre flores de primavera,
el eneldo aroma el aire
¡Reina! ¡Cyprian!
Llena nuestras doradas copas con amor
mezclado a un claro néctar.
45
Oración para mi Reina de Paphos.
Afrodita de ornado trono
hija inmortal de Dios
tejedora de engaños.
¡Te lo ruego no amenaces de angustia mi corazón!
Ven
como la vez que escuchaste mi grito lejano
y atendiéndolo
dejaste la casa de tu padre.
para dirigirte a tu carro dorado
y unir la pareja de gorriones
cuyas alas de fino y hermoso plumaje
hendiendo el aire celeste te traerían
a iluminar veloz la oscura tierra.
Entonces
feliz diosa desplegando tu inmortal sonrisa
preguntaste qué me ocurría para invocarte de nuevo
Qué era lo que mi loco corazón más deseaba,
“¿A quién deberá la Persuasión atraer
hacia tu amor ahora?
¿Quién, Safo, es injusta contigo?
Déjala escapar, pronto correrá tras de ti
Y si no acepta regalos, un día los ofrecerá
46
Y si no te ama, pronto va a amarte,
aún contra su voluntad...”
Si vas a venir ¡Ven ahora!
¡Alivia este intolerable dolor!
¡Haz que ocurra lo que mi corazón más desea
sé mi aliada
en este trance!
47
Es más que un héroe
es un dios a mis ojos
el hombre que frente a ti se sienta
Él,
que en la intimidad escucha
el dulce murmullo
de tu voz la seductora
risa que hace a mi corazón
acelerar sus latidos
Pues
de sólo mirarte
me quedo sin palabras
la lengua se me quiebra
y una delgada llama corre bajo
mi piel
Sin ver nada
escuchando
sólo el zumbido
de mis propios oídos
me deshago
en sudor
mi cuerpo es sacudido
por temblores
y me vuelvo
más pálida
que la hierba
amarilla
48
En ese instante
la muerte
no esta lejos de mí.
49
Sí,
Atthis,
puedes estar segura
aun en Sardes Anactoria
pensará a menudo en nosotras
en la vida que compartimos aquí
cuando le parecías una Diosa encarnada
y tus cánticos
tanto la complacían
Ahora, entre las mujeres de Lydia, ella
toma precedencia, así como la luna
de dedos rojos al elevarse en el ocaso
precede a las estrellas que la circundan
y esparce equitativa su luz
en el mar salado
y en los campos de flores
Delicioso rocío baja a refrescar a las rosas,
al delicado tomillo y al dulce trébol florido;
ella vaga sin rumbo, pensando en la gentil Atthis,
su corazón pesado de añoranza
cuelga en su pecho pequeño.
Grita fuerte, ¡Ven!,
lo sabemos,
mil oídos de la noche repiten ese grito
a través del mar que brilla entre nosotras.
50
A una esposa del Ejército, en Sardis
Unos dicen que es el cuerpo de caballería,
otros, que la infantería
algunos insistirán una vez más
que son los rápidos remeros
de nuestra flota.
Pero yo digo
que la más hermosa visión
en esta oscura tierra
es aquello que amamos.
Esto puede ser sencillo de probar
¿No fue Helena la que escudriñando
la flor de la virilidad del mundo
fue señalada como la primera
en arruinar el honor de Troya?
torciendo todo a su voluntad,
olvidando el amor,
por su propia sangre, a su propio hijo,
escapó lejos, con él.
Así, Anactoria, aunque estando lejos nos olvides,
el amado sonido de tus pasos y la luz brillando en tus ojos
me incitarán más que el resplandor
de los caballos lidios o el paso armado
de la infantería del continente.
51
No he recibido ni una palabra
de ella.
De verdad quisiera estar muerta.
Al partir fue grande su llanto
Me dijo:
“Debemos soportar esta despedida Safo,
me voy en contra de mi voluntad”.
Yo dije
“Ve y sé feliz”
pero recuerda a quien dejas encadenada de amor.
Si me olvidas, piensa en nuestras ofrendas a Afrodita
y en toda la hermosura que compartimos
las tiaras de violetas, las trenzas de capullos de rosas,
hinojo y azafrán alrededor de tu joven cuello
la mirra esparcida en tu cabeza
y en las alfombras suaves,
muchachas con lo que más deseaban
entonces no había voces entonando
coros si no estaban las nuestras,
ningún madero florecía en primavera
sin canción...
52
Fuiste tú, Atthis, quien dijo
“¡Safo, si no te levantas
y nos dejas mirarte
no te amaré de nuevo!
Levántate, deja tu lasitud, quítate la túnica de noche de
Chian y como lila deslizándose hacia una primavera
entra
en el agua
Cleis te traerá tu mejor vestido púrpura
y la túnica amarilla
desde el arcón de las ropas
tendrás un manto cubriéndote
y flores coronando
tu cabello ...
Praxinoa, mi niña,
¿quieres cascar unas nueces para nuestro desayuno?
Uno de los dioses está favoreciéndonos
hoy iremos, por fin,
a Mitylene, nuestra ciudad favorita,
con Safo, la más amada
de sus mujeres;
ella caminará
entre nosotras como una madre
con todas sus hijas alrededor
53
como cuando vuelve a casa desde el
exilio...”
Pero tú olvidas todo.
54
Sin aviso
como un torbellino
abatiendo una encina
el amor sacude mi corazón.
55
Gracias querida mía
viniste, e hiciste bien en venir
te necesitaba,
has hecho arder el amor en mi corazón
¡Bendita seas!
Te bendigo tanto como interminables
me han parecido las horas
mientras no estabas.
56
Con su veneno irresistible
y agridulce
ese aflojador de miembros,
el Amor
como un reptil
me ha derribado.
57
Temerosa de perderte
corrí aleteando
como una niñita
detrás de su madre.
58
Está claro ahora
ni la miel
ni la abeja que la daba
serán otra vez mías.
59
Dije,
Safo,
¡Basta!
¿Por qué
tratas de conmover
a un corazón endurecido?
60
Puedes olvidar,
pero déjame decirte que alguien
en algún tiempo futuro
pensará en nosotras.
61
El dolor me penentra
gota
a gota.
62
Anoche
soñé
que tú y yo teníamos
palabras:
Cyprian.
63
Esta noche
he observado a la luna y a las
Pléyades descender.
la medianoche pasó
la juventud se ha ido
y en mi lecho
estoy sola.
64
Persuasión
Hija de Afrodita,
engañas
a los mortales.
65
Por mucho tiempo
he deseado ¡Oh, Coronada Afrodita!
haber tenido esa suerte.
66
A mi edad
¿Por qué las golondrinas del cielo,
hijas del Rey Pandión
traen noticias que me atormentan?
67
De esta forma,
de la otra
No sé qué hacer:
estoy hecha de dos mentes.
68
Te pido
señor
quédate cara a cara conmigo como lo haría
un amigo
muéstrame
el favor de tus ojos.
69
Por supuesto que te amo
pero si tú me amas
¡desposa a una mujer joven!
No podría vivir con un muchacho,
estoy envejeciendo.
70
Safo, cuando algún tonto
enciende la ira
en tu pecho
retén esa
lengua ladrante.
71
Extraño
es decirlo
aquellos a quienes traté bien,
son los que ahora me injurian.
72
Enseñé a quien tenía talento
y más aún, hice bien
en instruir a Hero
que era la huella de una estrella
de Gyara.
73
No importa
cuán rica seas
la muerte te alcanzará
luego nadie te recordará
ni deseará
no tendrás lugar
entre las rosas del Pireo
planearás invisible
oscilando entre muertos informes
en el Palacio del Infierno.
74
No me preguntes qué usar
no tengo un cintillo bordado de Sardis
para ofrecerte, Cleis, como el que usé.
Mi madre siempre decía que en su tiempo
una cinta púrpura enlazada al pelo
era apreciada como del más alto estilo.
Pero éramos morenas, una niña de cabellos claros
como un haz de luz, no debería adornar su cabeza
sino con frescas flores.
75
Si eres delicada
no recojas
los cascajos de la playa.
76
Antes de ser madres
Leto y Niobe
habían sido
amigas entrañables.
77
La experiencia
nos muestra
que la salud desprovista de virtud
nunca es
una vecina inofensiva.
78
Demasiado bien lo sabemos
la muerte es un mal
tenemos la palabra de los dioses:
ellos también morirían
si la muerte
fuera algo bueno.
79
Sé amable conmigo
Gongyla,
sólo te pido que uses el vestido
blanco crema cuando vengas.
80
Muchas veces te he pedido
que no vengas
Hermes Señor,
tú que conduces
los espíritus a casa
Sin embargo esta vez
no soy feliz, quisiera morir
ver el húmedo loto abierto
en las riberas del Aqueronte.
81
Son las Musas
quienes me han concedido
el ser laureada
ellas
me enseñaron su arte.
82
¿Debo recordarte
Cleis que los sonidos de la aflicción
son indignos
en la casa de un poeta?
¿Y que tampoco son
apropiados en la nuestra?
83
No tengo quejas
la prosperidad que
las musas doradas
me otorgaron
no fue ilusión
muerte,
no voy a ser olvidada.
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DE LA MISMA SERIE
1. El Espejo de Agua y Ecuatorial Vicente Huidobro
2. Entre Dientes Rodolfo Alonso
3. Perro de Circo Juan Cameron
4. El Hombre Invertido Mauricio Barrientos
5. La Novela Terrígena Mario Verdugo
6/7. Azul Rubén Darío
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