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Volumen 14 Número 2 Diciembre 2017 ISSN: 1578-908X

Director: José Luis Martorell

Monográfico

APORTACIONES DE LA PSICOLOGÍA AL
DERECHO Y A LA APLICACIÓN DE LA LEY
Coordinador: Ramón Arce

SERVICIO
DE PSICOLOGÍA
APLICADA

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Acción Psicológica es una revista semestral editada por la Facultad de Psicología de la
Acción Psicológica Universidad Nacional de Educación a Distancia desde el año 2002. Publica artículos
REVISTA SEMESTRAL DE PSICOLOGÍA originales e inéditos de investigación, de revisión, contribuciones teóricas o metodológicas,
VOLUMEN 14, NÚMERO 2, DICIEMBRE 2017 - ISSN: 2255-1271 como también estudios de casos sobre diversas áreas de la Psicología.

Director / Editor: José Luis Martorell Ypiens Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)
Director Adjunto / Associate Editor: Miguel A. Carrasco Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

CONSEJO DE REDACCIÓN / EDITORIAL BOARD


Lourdes Ezpeleta Ascaso Universitat Autónoma de Barcelona
Jesús García Martínez Universidad de Sevilla
Francisco Pablo Holgado UNED
José Carlos Mingote Adán Presidente de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática
Juan Francisco Rodríguez Testal Universidad de Sevilla
Ángeles Sánchez-Elvira Paniagua UNED

CONSEJO EDITORIAL / EDITORIAL ADVISORY BOARD


Mª Teresa Anguera Argilaga (Universitat de Barcelona) Elena Martín Ortega (Universidad Autónoma Madrid)
Rubén Ardua (Universidad Nacional de Colombia) Jesús Ignacio Martín Cordero (UNED)
Mª Dolores Avia Aranda (UCM) Maritza Montero (Universidad Central de Venezuela)
Isabel Barbero García (UNED) José Muñiz Fernández (Universidad de Oviedo)
José Bermúdez Moreno (UNED) K. Paulick (Universität Hamburg, Alemania)
Lluís Botella García del Cid (Universitat Ramon Llull) José Maria Peiró Silla (Universitat de València)
Eric J. de Bruyn (Radboud Universiteit Nijmegen, Holanda) Ana María Pérez García (UNED)
Gian Vittorio Caprara (Sapienza-Università di Roma, Italia) Susan Pick (Universidad Central de México)
Helio Carpintero Capell (UDIMA) Jesús Rodríguez Martín (Universidad Miguel Hernández)
Jean Paul Caverni (Université dÁixMarseille, Francia) Donald K. Routh (Universidad of Miami. USA)
Enrique Echeburúa Odriozola (UPV/EHU) Fernando Rubio Garay (COP, España)
Michael W. Eysenck (University of London, Reino Unido) M. Ángeles Ruiz Fernández (UNED)
Guillem Feixas (Universitat de Barcelona) M. Salas (Universidad Católica de Chile)
Rocío Fernández Ballesteros (Universidad Autónoma Madrid) N. Salgado (Universidad Central de México)
María Forns Santacana (Universitat de Barcelona) Encarnación Sarriá Sánchez (UNED)
Antonio Godoy Ávila (Universidad de Málaga) Luis Ángel Saúl Gutierrez (UNED)
David Jaúregui Camasca (Univ. de San Marcos, Perú) D. Silva (Universidade de Lisboa, Portugal)
Phillipe N. Johnson Laird (Princenton University, USA) Charles Spielberger (University of Florida, USA)
Mª de los Ángeles López González (UNED) Gabriela Topa Cantisano (UNED)
Mª Dolores Luna Blanco (UNED) Richard E. Tremblay (University of Montreal, USA)
Francisco Morales Domínguez (UNED) Jaime Vila Castellar (Universidad de Granada)
Araceli Maciá Antón (UNED) Bernhard Wilpert (Technische Universität Berlin, Alemania)

ASESOR TÉCNICO / TECHNICAL ADVISOR


Alexis Moreno Pulido UNED

COORDINADORA EDITORIAL / EDITORIAL COORDINATION


Mª de los Ángeles López González UNED
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Acción Psicológica Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) since 2002. Publishes original
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

Servicio de Psicología Aplicada

ACCIÓN PSICOLÓGICA

Monográfico. Aportaciones de la Psicología al Derecho y


a la aplicación de la ley
Contribuciones de temática libre

VOLUMEN 14 JUNIO 2017 NÚMERO 2


ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, n.o 2 IV

ÍNDICE

Contribuciones al monográfico

1. Agresores generalistas y especialistas en violencia de parejas jóvenes y adolescentes: Implicaciones en la


implementación de los programas de prevención...................................................................................... 1
Luis Rodríguez Franco, Candela Gracia, Joel Juarros-Basterretxea, Asunción Fernández-
Suarez y Francisco Javier Rodríguez-Díaz
2. Factores de riesgo de violencia filio-parental: una aportación con juicio de expertos ....................................... 17
Ismael Loinaz, Andrés Pueyo y Francisco Roberto Pereira
3. El consumo de sustancias como factor de riesgo para la conducta delictiva: Una revisión sistemática ................. 33
Esther Pérez y Sergio Ruiz
4. Españoles e Inmigrantes Latinoamericanos condenados por violencia de género: ¿Existe un perfil diferencial? .... 51
Viviana Vargas, Marisol Lila, Alba Catalá-Miñana y Enrique Gracia
5. Atribución de responsabilidad ante la violencia sexual: Efecto del tipo de táctica, el género y el sexismo benévolo 69
Marta Garrido Macías, Inmaculada Valor-Segura y Francisca Expósito
6. Indicadores de calidad de las publicaciones científicas en psicología jurídica .................................................. 85
Julia Osca Lluch, Macarena Tortosa, Francisco González-Sala y Francisco Tortosa
7. Pornografía infantil online: una revisión literaria de enfoque cultural ........................................................... 99
María Inés Lovelle, Montserrat Yepes-Baldó, Marina Romeo y Miguel Ángel Soria
8. Adaptación a la prisión y ajuste psicológico en una muestra de internos en centros penitenciarios .................... 113
Mercedes Novo, Ana Pereira, María José Vázquez y Bárbara G. Amado
9. Ajuste psicológico y habilidades para la resolución de problemas en condenados por homicidio o tentativa de
homicidio .......................................................................................................................................... 129
Manuel Vilariño, Bárbara G. Amado, Elsa Ferndandes y Ramón Arce
10. Estudio de los efectos del anclaje en razonamientos judiciales en casos de disputa por la guardia y custodia ....... 147
Francisca Fariña, Laura Redondo, Tania Corrás y Manuel Vilariño
11. El Coordinador de Parentalidad: Un análisis de las resoluciones judiciales en España........................................ 157
Francisca Fariña, Vanesa Parada, Mercedes Novo y Dolores Seijo
12. Análisis de contenido de las declaraciones de testigos: Evaluación de la validez científica y judicial de la hipótesis
y la prueba forense.............................................................................................................................. 171
Ramón Arce

Contribuciones de temática libres/no monográfica

13. Cultura de conciliación y conflicto trabajo/familia en trabajadores con turnos laborales .................................. 193
Vanessa Pérez Rodríguez, Francisco Palací Descals y Gabriela Topa Cantisano
14. Intervención Psicológica para el Control de la Ansiedad en un Deportista Español de Lucha Grecorromana.......... 211
Eduardo Alberto Zamora Martínez, Víctor Rubio Franco y José Manuel Hernández López
15. Estudio de relaciones entre cultura, clima y fuerza de clima laboral en Ecuador.............................................. 225
Valentina Ramos y Eduardo Tejera
16. La comprensión infantil de la emoción en el sistema de cuidado..................................................................
241
Cristina Sanz Guerra y Purificación Sierra García
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, n.o 2 V

CONTENTS

Monographic articles

1. Generalist and Specialist Batterers in Teen and Young Dating Violence: Implications for Development of
Prevention Programs............................................................................................................................ 1
Luis Rodríguez Franco, Candela Gracia, Joel Juarros-Basterretxea, Asunción Fernández-
Suarez, and Francisco Javier Rodríguez-Díaz
2. Child-to-Parent Risk Factors: An Approach with Expert Judgement................................................................ 17
Ismael Loinaz, Andrés Pueyo, and Francisco Roberto Pereira
3. Substance Abuse as a Risk Factor for Criminal Behavior: A Systematic Review................................................. 33
Esther Pérez and Sergio Ruiz
4. Spanish and Latin-American Immigrants Intimate Partner Violence Offenders: Is there a Differential Profile? ...... 51
Viviana Vargas, Marisol Lila, Alba Catalá-Miñana, and Enrique Gracia
5. Attribution of responsibility for sexual violence: Effect of type of tactic, gender and benevolent sexism………… 69
Marta Garrido Macías, Inmaculada Valor-Segura, and Francisca Expósito
6. Quality Indicators of Scientific Publications in Legal Psychology.................................................................... 85
Julia Osca Lluch, Macarena Tortosa, Francisco González-Sala, and Francisco Tortosa
7. Online Child Pornography: A Cultural Focus Literature Review..................................................................... 99
María Inés Lovelle, Montserrat Yepes-Baldó, Marina Romeo, and Miguel Ángel Soria
8. Adaptation to prison and psychological adjustment in a sample of prison inmates........................................... 113
Mercedes Novo, Ana Pereira, María José Vázquez, and Bárbara G. Amado
9. Psychological Adjustment and Problem-Solving Skills in Convicted by Murder or Attempted Murder ................. 129
Manuel Vilariño, Bárbara G. Amado, Elsa Ferndandes, and Ramón Arce
10. Study of the Effects of Anchorage in Judicial Judgements in Child Custody Dispute Proceedings ......................... 147
Francisca Fariña, Laura Redondo, Tania Corrás, and Manuel Vilariño
11. Parenting Coordinator: An Analysis of Spanish Judicial Reasoning................................................................. 157
Francisca Fariña, Vanesa Parada, Mercedes Novo, and Dolores Seijo
12. Content Analysis of the Witness Statements: Evaluation of the Scientific and Judicial Validity of the Hypothesis
and the Forensic Proof.......................................................................................................................... 171
Ramón Arce

Others Articles

13. Family Friendly Corporate Culture and Work-Family Conflict among Employees with Shift Work ....................... 193
Vanessa Pérez Rodríguez, Francisco Palací Descals, and Gabriela Topa Cantisano
14. Psychological Intervention aimed at Controlling Anxiety in a Spanish Greco-Roman Wrestler............................ 211
Eduardo Alberto Zamora Martínez, Víctor Rubio Franco, and José Manuel Hernández
López
15. Study of the Relationship between Culture, Climate and Labour Force in Ecuador .......................................... 225
Valentina Ramos and Eduardo Tejera
16. Children's Understanding of Emotion in the System of Care........................................................................
241
Cristina Sanz Guerra y Purificación Sierra García
UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

Servicio de Psicología Aplicada

ACCIÓN PSICOLÓGICA

Monográfico. Aportaciones de la Psicología al


Derecho y a la aplicación de la ley
[Contributions from Psychology to Law
and Law Enforcement]

VOLUMEN 14 DICIEMBRE 2017 NÚMERO 2


ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743 1

AGRESORES GENERALISTAS Y
ESPECIALISTAS EN VIOLENCIA DE PAREJAS
JÓVENES Y ADOLESCENTES:
IMPLICACIONES EN LA IMPLEMENTACIÓN
DE LOS PROGRAMAS DE PREVENCIÓN

GENERALIST AND SPECIALIST BATTERERS


IN TEEN AND YOUNG DATING VIOLENCE:
IMPLICATIONS FOR DEVELOPMENT OF
PREVENTION PROGRAMS

LUIS RODRÍGUEZ-FRANCO1, CANDELA GRACIA2,


JOEL JUARROS-BASTERRETXEA3,
ASUNCIÓN FERNÁNDEZ-SUÁREZ3 Y
FRANCISCO JAVIER RODRÍGUEZ-DÍAZ3

relaciones de pareja en la edad adulta. Uno de los desa-


Resumen fíos en este campo es la identificación de los factores de
riesgo y protección que deben constituir la base para la
El estudio de las relaciones de noviazgo violentas en la elaboración de programas de prevención. El objetivo del
juventud y adolescencia (Dating Violence, DV) es un presente estudio es determinar si existen diferencias en el
campo de especial interés, tanto por su prevalencia, como perfil de maltrato entre agresores de pareja especialistas
por constituir el inicio del aprendizaje de la dinámica de (expresan sus conductas agresivas exclusivamente con

Correspondencia: Luis Rodríguez-Franco. Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos.


Universidad de Sevilla. Email: [email protected]

ORCID: Luis Rodríguez-Franco (http://orcid.org/0000-0001-8638-8170), Candela Gracia (http://orcid.org/0000-0002-


8563-3186), Joel Juarros-Basterretxea (http://orcid.org/0000-0002-7739-5421), Asunción Fernández-Suárez
(http://orcid.org/0000-0003-2856-816X) y Francisco Javier Rodríguez-Díaz (http://orcid.org/0000-0002-5899-439X)
1
Universidad de Sevilla, España.
2
Universidad Pablo de Olavide, España.
3
Universidad de Oviedo, España.

Recibido: 11 junio de 2017.


Aceptado: 18 de septiembre de 2017.
2 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743

sus parejas) y generalistas (manifiestan también sus con- specialist of generalist. The CUVINO Questionnaire
ductas abusivas en otros entornos y contextos). La mues- (Dating Violence Questionnaire, DVQ) was applied,
tra está compuesta por 447 mujeres (rango de edad = 15- which evaluates eight different types of abuse at these
26 años; M = 18.77, DE = 2.36). Fueron agrupadas en ages. MANOVA analysis showed differences between
función de la variable Maltrato (Non-Abused/Abused) y groups in the factors of Humiliation, Coercion and
categorizadas en este último grupo en función de que el Gender-Based Violence. In addition, small but
agresor fuese considerado especialista o generalista por appreciable effects sizes were found in Detachment,
sus víctimas. Se aplicó el Cuestionario CUVINO (Dating Physical Violence and Emotional Punishment factors.
Violence Questionnaire), que evalúa ocho distintos tipos Basing on the results obtained, we discuss the need to
de maltrato en estas edades. El análisis MANOVA reali- consider the type of aggressor (generalist or specialist) in
zado mostró diferencias entre los grupos en los factores research on DV and its implications in the field of
de Humillación, Coerción y Violencia basada en Género. prevention.
Adicionalmente, se encontraron tamaños de efectos pe-
queños pero apreciables en los factores de Desapego, Keywords: Teen and youth dating violence;
Violencia Física y Castigo Emocional. En base a los Generalist batterers; Specialist batterers; Abuse profile.
resultados obtenidos, se discute la necesidad de conside-
rar el tipo de agresor (generalista o especialista) en las
investigaciones sobre DV y sus implicaciones en el cam-
Introducción
po de la prevención.
Palabras clave: Violencia entre parejas jóvenes y El estudio de violencia en las relaciones de noviazgo
adolescentes; Agresores generalistas; Agresores especia- en la juventud y adolescencia (Dating Violence, DV) es
listas; Perfil de maltrato. especialmente interesante al constituir el inicio del
aprendizaje de la dinámica de relaciones de pareja, en las
que se inicia la posibilidad de instaurar hábitos para las
relaciones posteriores (López-Cepero, Rodríguez-Franco,
Abstract Rodríguez-Díaz y Bringas, 2014; Moyano, Monge y
Sierra, 2017). Adicionalmente, constituye un distinto
The study of teen and youth dating violent relationships contexto de análisis de violencia en la pareja íntima en
(Dating Violence, DV) is a field of special interest, not adultos (Intimate Partner Violence, IPV): las relaciones
only because of its prevalence, but also because it en estas edades no están basadas ni caracterizadas por
constitutes the beginning of the learning of the dynamics mantener una convivencia habitual, ni por compartir bie-
of relationships, in which the possibility of establishing nes comunes, disponer de formalidades legales que pue-
habits for later relationships begins. One of the dan vincular a la pareja, o la existencia de descendientes
challenges in this field is related to the identification of comunes (Rodríguez-Franco, Antuña y Rodríguez-Díaz,
risk and protection factors that must provide a solid basis 2001).
for the development of prevention programs. The aim of
the present study is to determine if there are differences Así, la IPV constituye un problema social que tiene
in the abuse profile among DV specialist (they show their lugar no solamente durante las relaciones en el matrimo-
abusive behavior specifically with their affective partner) nio, o con la pareja de convivencia, sino también antes de
and generalist batterers (they also express them in other ellas. Esta violencia, como casi cualquier tipo de compor-
environments and contexts). The sample was 447 women tamiento agresivo, es intencional y con un perfil muy
(range age from15 to 26 years; M = 18.77, SD = 2.36). variado (físico, verbal, emocional, sexual, etc.), y ha
They were grouped per the variable Non-Abused/Abused llegado a ser un tema de creciente interés documentado
and, in the latter group, were grouped according to the dentro y fuera de nuestro contexto (Cortés-Ayala et al.,
consideration of the victims about if the aggressor was 2014; García-Díaz et al., 2017; Jennings et al., 2017;
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743 3

Lewis y Fremouw, 2001): entre un 5 % y un 30 % de los En esta línea, Jolliffe, Farrington, Piquero, Loeber y Hill
jóvenes reconocen sufrir violencia física perpetrada por (2017) indican la relevancia de la escasa supervisión fa-
su pareja, aumentándose la cifra cuando se considera la miliar, la ausencia de culpa y la alta impulsividad como
presencia de otras conductas abusivas o bien cuando se predictores de conductas de tipo antisocial (especial-
contemplan a víctimas que no se reconocen maltratadas. mente, el uso de drogas y comportamientos delictivos).
Capaldi, Knoble, Shortt y Kim (2012), a su vez, resaltan
Este contexto de investigación plantea diversos desa- la elevada similitud entre los factores de riesgo de la DV
fíos. Uno de ellos es la determinación empírica de las e IPV con otros problemas de la adolescencia, como la
formas y modos básicos de ejercer violencia en estas delincuencia, el uso de sustancias y el comportamiento
edades, que finalmente permita desarrollar instrumentos sexual de riesgo. En suma, se han identificado factores
de evaluación específicos para este contexto. Al respecto, que facilitan la aparición de la IPV y DV pero que no son
existen revisiones (López-Cepero, Rodríguez-Franco y específicos de ella, sino más bien de una violencia más
Rodríguez-Díaz, 2015; Rabin, Jennings, Campbell y genérica y descontextualizada (East y Hokoda, 2015; He-
Bair-Merritt, 2009) que ofrecen conclusiones coinciden- rrero, Torres, Fernández-Suárez y Rodríguez Díaz, 2016;
tes, destacando entre sus resultados las debilidades en su Howard y Wang, 2003; Juarros-Basterretxea, Herrero,
elaboración y diseño, la alta variabilidad en los indicado- Fernández-Suárez, Pérez y Rodríguez-Díaz, 2017; Ma-
res de los distintos tipos de violencia (número de ítems, kin-Byrd, Bierman y CPPRG, 2013; Novo, Herbón y
categorías y contenidos) y las carencias en la justifica- Amado, 2016; Temple, Shorey, Fite, Stuart y Le, 2013).
ción de estructura (25 % de casos), consistencia interna
(10 %) y validez de criterio (35 %). En este sentido, no El resultado a este segundo desafío ha permitido
extraña que la gran mayoría de las pruebas existentes re- constatar, a su vez, que existen pocos estudios que anali-
visadas en estos estudios no dispusieran de propiedades cen si los agresores de IPV y DV lo son exclusiva y es-
psicométricas bien establecidas o que los índices de sen- pecíficamente con su pareja o bien si esta violencia es, en
sibilidad y especificidad variaran ampliamente dentro y realidad, una muestra más o una expresión de sus com-
entre las herramientas de cribado. Del mismo modo, se portamientos violentos generalizados en otros entornos o
constató, respecto a las muestras de validación, que el con otras personas. Esto se plantea a pesar de que, dentro
50 % de los instrumentos incluían sólo muestras femeni- del campo de estudio de la tipología de agresores, existen
nas y que en el 59 % de ellos (47 estudios) se contempló numerosos estudios que incluyen a los agresores genera-
exclusivamente a las mujeres como víctimas y a los va- listas dentro de su clasificación (Fowler y Westen, 2011;
rones como agresores; sólo tres instrumentos fueron Herrero et al., 2016; Holtzworth-Munroe y Stuart, 1994;
desarrollados para adolescentes y jóvenes, siendo una Juarros-Basterretxea et al., 2017; Ross y Babcock, 2009;
minoría selecta de instrumentos los que contaron con va- Walsh et al., 2010). Entre los escasos estudios empíricos
lidaciones en más de un idioma y país. publicados, el de Garthe, Sullivan y McDaniel (2017) ha
puesto de manifiesto que el sexo, las técnicas de evalua-
Otro desafío está relacionado con la identificación de ción utilizadas y el tipo de conductas manifestadas por
los factores de riesgo y protección, que una vez detalla- sus iguales constituyen variables de modulación de suma
dos, pueden suponer una base sólida para la elaboración importancia a pesar de que la conducta agresiva de la pa-
de programas de prevención. La situación actual sobre la reja, el comportamiento agresivo y/o antisocial de sus
violencia en el noviazgo, a pesar de los numerosos estu- compañeros y la victimización por pares se relacionaran
dios realizados, es confusa debido a la práctica imposibi- significativamente con los niveles de perpetración y vic-
lidad de identificar factores de riesgo, singulares y espe- timización de la violencia en el noviazgo adolescente. En
cíficos, de amplio nivel de predicción y generalidad en esta misma línea, Kiss, Schraiber, Hossain, Watts y
las muestras estudiadas. De hecho, al analizar los factores Zimmerman (2015), han encontrado que las personas que
de riesgo para otras conductas violentas distintas a las vivían en áreas con mayor índice de violencia urbana
desarrolladas en el ámbito de las relaciones de pareja, se también mostraron tasas más altas de IPV.
observa que muchos de estos predictores son comunes.
4 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743

Todo ello nos lleva a plantearnos comprobar si exis- cito a los padres, se solicitó a los participantes su asenti-
ten diferencias en el perfil de maltrato entre agresores de miento. A los mayores de edad, se les requirió antes de
DV que manifiestan también sus conductas abusivas en comenzar la evaluación. El anonimato se ha garantizado
otros entornos y contextos (generalistas), en con- mediante la evaluación en grupos de clase y la entrega de
traposición al de aquéllos que las expresan específica- resultados sólo para las muestras completas. Los investi-
mente con su pareja afectiva (especialistas). gadores ofrecieron información individualizada para dar
respuesta a cualquier posible incomodidad o duda aso-
ciada con el estudio. En el caso de haberse mantenido
Método más de una relación afectiva, los participantes debían
seleccionar una única al responder al Cuestionario de
Violencia de Novios (CUVINO; Rodríguez-Franco et al.,
Participantes 2010). Específicamente, las instrucciones indican “selec-
cionar la relación de noviazgo más problemática que ha-
La muestra está compuesta por un total de 447 muje- yas tenido o, si no has tenido ninguna, elegir la más im-
res con edades comprendidas entre los 15 y los 26 años portante para ti”.
(M = 18.77, DE = 2.36). Tras su distribución en base a
los criterios señalados, 211 mujeres (43.2 %) se in- El conjunto de la muestra ha sido divida en base a dos
cluyeron en la categoría de maltratadas (incluyendo el criterios: la percepción de maltrato en sus relaciones
maltrato no percibido) y las restantes 236 (52.8 %) dentro afectivas y el tipo de violencia ejercido por la pareja.
de las no maltratadas. Dentro del primer grupo, 123 indi-
caron que sus parejas tan sólo se habían mostrado vio-
lentas con ellas (58.29 %), mientras que 88 (41.71 %) in- Percepción de maltrato. En el estudio se han agrupa-
dicaron que sus parejas también se mostraban violentas do a los participantes en base a dos criterios, mediante la
con otras personas. Los grupos de estudio resultante han combinación de las respuestas a dos preguntas incluidas
sido: no-maltratadas (n = 236, 52.8 %), maltratadas por en el cuestionario: «¿Te sientes o te has sentido maltra-
un agresor generalista (n = 88, 19.7 %) y maltratados por tada por tu pareja?» y «¿Sientes o has sentido miedo en
un agresor especialista (n = 123, 27.5 %). tu relación de pareja?» De esta manera, los sujetos se
asignaron al grupo de “no-maltratados” cuando existía
una doble negación en sus contestaciones, o bien se in-
Procedimiento cluyeron en el de “maltratados” cuando consideraban
haber sido maltratados o haber sentido miedo durante su
La recogida de datos se realizó mediante la invitación relación de pareja. De esta manera, se incluyeron no solo
a participar en el estudio a centros educativos de ense- participantes con consciencia o percepción de mantener
ñanzas medias y superiores de diversas provincias del una relación de maltrato, sino también a aquellos que el
estado de España y en las que el equipo disponía de al- Instituto de la Mujer considera “Maltratados Técnicos”,
gún colaborador. A cada centro se le envió información es decir, aquellos que, aun disponiéndose de evidencias
sobre los objetivos de investigación. La muestra final in- de que existen relaciones abusivas, no mantienen la per-
cluye las respuestas recogidas en los centros educativos cepción ni consciencia de ser maltratados. En este senti-
que aceptaron participar en el estudio sobre victimización do, el estudio sigue las consideraciones de estudios pre-
y percepción del maltrato en el noviazgo. A los par- vios (Cortés-Ayala et al., 2014; Rodríguez-Franco et al.,
ticipantes se les explicó los principales objetivos del es- 2012) que avalan la necesidad de incluir a esta población
tudio y se les informó de que su participación era volun- en los estudios de este tipo.
taria y anónima, pudiendo abandonar en cualquier mo-
mento y sin ningún tipo de requisito previo. Con el fin de Tipo de violencia. Para aquellos sujetos asignados al
cumplir con los requisitos éticos, al contar con partici- grupo de maltratados, se utilizó un segundo criterio de
pantes menores de edad, además de proporcionar infor- agrupación. Se solicitó a la víctima que indicara si su pa-
mación a las escuelas y solicitar el consentimiento explí- reja se mostraba violenta con otras personas al margen de
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su relación, lo que permitió clasificar a los agresores en Varianza (MANOVA) con el objetivo de detectar las di-
función de la especialización o generalización de sus ferencias entre los grupos de estudio (no-maltrato, mal-
conductas, es decir, si sus comportamientos violentos se trato generalista y maltrato especialista) en los ocho tipos
orientaban exclusivamente a la pareja, o bien se mani- de violencia evaluados en el CUVINO. Se ha compro-
festaban adicionalmente hacia otras personas. Ello se bado el cumplimiento de los supuestos homocedasticidad
comprobó mediante la pregunta: «¿Tu pareja se muestra multivariante y univariante mediante la prueba M de Box
violenta con otras personas?». y el estadístico de Leven respectivamente, y, contrastada
la falta de homogeneidad, se procedió con la prueba T3
Este procedimiento ha permitido establecer tres gru- de Dunnett para el estudio de las diferencias a posteriori
pos de análisis, en base a las variables dicotómizadas entre grupos.
maltrato/no maltrato y violencia generalizada/exclusiva
en la pareja: no-maltratadas, maltratadas por agresor ge-
neralista y maltratadas por agresor especialista. Resultados

Previo análisis de las diferencias entre los grupos en


Instrumentos de medida función del tipo de violencia ejercido contra la pareja, se
comprobó si existían diferencias entre éstos en la edad
El CUVINO (Rodríguez-Franco et al., 2010) es un del respondiente y la pareja mediante MANOVA. Los
instrumento de evaluación de la victimización en las re- resultados, Lambda de Wilks = .994; F(4, 786) = .585;
laciones de noviazgo dirigido específicamente a jóvenes p = .673, indican que no existen diferencias en este as-
y adolescentes. Se compone de 42 indicadores conduc- pecto.
tuales evaluados en una escala tipo Likert de 5 puntos (0:
nunca/nada; 4: casi siempre/mucho) agrupados en 8 Se ha identificado el objeto diana de los agresores de
DV que también manifestaban serlo en otros contextos o
factores o formas de ejercer la violencia en la relación de
con otras personas (generalistas), comprobando que el
pareja: Desapego, Humillación, Sexual, Coerción, Físico,
62.5 % (n = 55) de los sujetos generalistas lo eran con
Género, Castigo Emocional e Instrumental. Asimismo,
sus amigos, muy lejos del 9.1 % (n = 8) que se mostraban
incluye 3 preguntas de tipo dicotómico («¿Te sientes o te
violentos con sus padres o el 4.5 % (n = 4) que también
has sentido maltratado/a en tu pareja?», «¿Te sientes o
lo eran con su psicólogo. Solamente el 1.1 % (n = 1) era
ha sentido atrapado/a en esta relación?» y «¿Sientes o
violento con sus hermanos. Un 22.7 % (n = 20) no espe-
has sentido miedo en tu relación de pareja?»). Presenta
una fiabilidad para el total de la escala de α = .932 y de cificaron contra qué miembros de su entorno socio-
entre 0.588 para el factor Instrumental hasta 0.818 para familiar eran violentos.
los restantes factores. Su estructura factorial ha sido con-
firmada adicionalmente en muestras norteamericanas e Los resultados obtenidos mediante la prueba M de
italianas (López-Cepero, Fabelo, Rodríguez-Franco y Box y el estadístico de Levene no permiten mantener los
Rodríguez-Díaz, 2016; Presaghi, Manca, Rodríguez- supuestos de homocedasticidad multivariante y univa-
Franco y Curcio, 2015). riante (p < .001 en todos los casos).

Los resultados obtenidos mediante el MANOVA


aplicado a los factores del cuestionario, indican que exis-
Análisis de datos ten diferencias estadísticamente significativas entre los
grupos en las variables de estudio, Lambda de
Los datos se procesaron utilizando el paquete estadís- Wilks = .655, F(16, 746) = 10.99, p < . 001.
tico IBM SPSS Statistics 22.0. Se calcularon las medias
(M) y desviaciones estándar (DE) de las escalas del
CUVINO. Se ejecutó un Análisis Multivariado de la
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Tabla 1

MANOVA de los factores CUVINO entre los grupos estudiados

NM M.G M.E
(n = 205) (n = 75) (n = 103)
F(2, 380) M DE M DE M DE
Desapego 47.55*** 3.82 4.18 9.81 6.73 8.27 5.77
Humillación 70.71*** 1.60 2.44 7.85 6.54 5.73 5.04
Sexual 22.52*** 1.05 2.04 3.71 4.08 3.01 4.61
Coerción 72.43*** 2.11 2.34 7.99 5.60 6.06 5.11
Físico 35.77*** 0.20 .74 2.33 3.31 1.72 2.74
Basada en Género 41.30*** 1.23 1.61 4.91 4.95 3.07 3.59
Castigo Emocional 37.20*** 0.87 1.36 3.16 2.98 2.47 2.82
Instrumental 10.52*** 0.08 .39 0.73 1.77 0.47 1.48
Nota. M.E = maltratadas por agresores especialistas; M.G = maltratadas por agresores generalistas; NM = no
maltratadas; ***= p < .001.

En la Tabla 1 se muestran las medias (M) y desvia- Como puede observarse, en todos los casos aparecen
ciones estándar (DE) de los grupos de estudio en cada diferencias estadísticamente significativas entre los gru-
una de las variables analizadas, así como los estadísticos pos de no maltratadas y maltratadas, con independencia
univariados. de que se traten de agresores generalistas o especialistas,
lo que confirma la validez discriminativa del cuestionario
En todos los factores sin excepción, las mayores pun- aplicado. El estadístico T3 de Dunnett, muestra signifi-
tuaciones aparecen en el grupo de maltratadas por agre- caciones de interés en tres de los factores del cuestiona-
sores generalistas, seguidas por los agresores espe- rio: Humillación, Coerción y Violencia basada en Gé-
cialistas y finalmente, con importantes diferencias, en las nero. En todos estos casos el grupo de maltratadas por
no maltratadas, lo que constituye un buen indicador de la agresores generalistas muestran las mayores puntuacio-
tendencia del efecto de ser un agresor especialista. Como nes.
se aprecia, aparecen diferencias estadísticamente signifi-
cativas entre los grupos en todos los factores del cuestio- Considerando los tamaños de los efectos, las diferen-
nario, motivo por el que se procedió a calcular a través de cias entre el grupo de no-maltrato, por un lado, y los
la prueba post-hoc T3 de Dunnett entre qué grupos se grupos de maltrato generalista y especialista, por otro,
establecían dichas diferencias (ver Tabla 2), incluyendo son elevadas en todos los casos, excepto en el caso de la
adicionalmente el valor de los tamaños de efectos halla- violencia instrumental, en la que el tamaño del efecto es
dos (g de Hedges). medio. Recordemos que éste es el factor con menor índi-
Tabla 2

Resultados de T3 de Dunnett en función de los grupos en los factores del CUVINO.

NM-M.G NM-M.E M.G-M.E


p g p g p g
Desapego < .001 1.20 < .001 0.93 .156 0.25
Humillación < .001 1.57 < .001 1.17 .004 0.37
Sexual < .001 .97 < .001 0.62 .511 0.16
Coerción < .001 1.67 < .001 1.12 .005 0.36
Físico < .001 1.17 < .001 0.90 .166 0.20
Basada en Género < .001 1.27 < .001 0.75 < .001 0.44
Castigo Emocional < .001 1.19 < .001 0.81 .116 0.24
Instrumental < .001 .67 .014 0.43 .362 0.16
Nota. g = g de Hedges (tamaño del efecto); M.E = maltratadas por agresores especialistas; M.G = maltratadas por
agresores generalistas; NM = no maltratadas.
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ce de consistencia interna del cuestionario. Por otra parte, Es esta situación la que debe favorecer el esfuerzo por
se constata que los grupos de maltrato generalista y espe- el análisis e identificación de los factores de riesgo y
cialista difieren significativamente en la agresión por protección peculiares de la DV, con la perspectiva de que
Humillación, Coerción y Violencia basada en Género, los programas de prevención en estas edades se orienten
siendo el tamaño del efecto medio en los tres casos. Sin específicamente a la reducción de los primeros y la po-
embargo, cabe destacar que, a pesar de no haberse detec- tenciación de los segundos. En este sentido, cabe destacar
tado diferencias estadísticamente significativas entre que tanto en el campo de la IPV como en el de la DV, los
maltrato generalista y especialista en el resto de formas factores de riesgo, de protección y sus predictores suelen
de violencia, los tamaños del efecto en los factores de caracterizarse por su variedad, elevado número y el pe-
Desapego, Violencia Física y Castigo Emocional, aunque queño tamaño de sus efectos considerándose de forma
pequeños, son apreciables. aislada (Capaldi et al., 2012), lo que es orientativo de la
enorme complejidad de este fenómeno.

Discusión En este campo, uno de los problemas de investiga-


ción, que aún se encuentra en fases preliminares, es la
La relevancia de la violencia entre parejas jóvenes y determinación de la especificidad de los factores de ries-
adolescentes no solo se ve refrendada por las sistemáti- go tanto de la IPV como de la DV. Es ampliamente co-
camente elevadas cifras epidemiológicas reportadas, sino nocida la existencia de factores de riesgo de la conducta
por la creciente tasa de evolución del problema (Rodrí- violenta, en general, pero entendemos que es de interés
guez-Franco et al., 2016) y las dificultades encontradas aclarar y delimitar cuáles de ellos son propios y peculia-
en su prevención primaria y secundaria (Arce, Fariña y res de la IPV y DV. A nivel de intervención, las estrate-
Novo, 2014; Arias, Arce y Villariño, 2013; Jennings et gias y los programas de intervención deben ajustarse en
al, 2017). función de que se atienda a un agresor generalista que
exprese sus conductas, también, a su pareja afectiva, a
Las cifras de personas afectadas por la DV halladas diferencia del agresor que tan solo las muestre a su com-
en nuestro estudio no se alejan en absoluto de las encon- pañera sentimental.
tradas en otros, confirmando que las cifras de afectadas
en la adolescencia y juventud son de mayor magnitud Este último aspecto es que el que ha sido tratado en
que las halladas en población adulta: en la reciente ma- nuestro estudio. Nuestros resultados constatan una clara
croencuesta realizada en España (De Miguel, 2015), las tendencia en la magnitud de la frecuencia percibida con
más jóvenes siguen mostrando el valor más elevado que se manifiestan conductas de maltrato en las parejas
(19.4 %), pero el más bajo ya no se sitúa entre las muje- de jóvenes y adolescentes: a las puntuaciones en los ocho
res de más edad, sino en la categoría 45-54 (9.7 %), a factores del cuestionario obtenidas en muestras de no-
muy poca distancia de las de 35 a 44 años (10.2 %). Estas maltratadas le siguen con grandes diferencias las mayo-
cifras son coincidentes con las halladas en otros estudios res puntuaciones que obtiene la muestra de maltratadas
en los que se emplea el cuestionario CUVINO en otras por agresores que tan solo muestran sus conductas abusi-
muestras (García-Díaz et al., 2013; Ibabe, Arnoso y El- vas con ellas (especialistas), mientras que los mayores
gorriaga, 2016; Rodríguez-Franco, López-Cepero, Ro- valores son encontrados en la muestra de maltratadas por
dríguez-Díaz y Antuña, 2009). Esta situación se ve agra- agresores generalistas, quienes no solo manifiestan sus
vada por la constatación de que la DV en estas edades conductas violentas con su pareja. Esta tendencia se
ofrece una similitud en las tasas de victimización, así constata de manera concreta mediante el MANOVA
como un mayor nivel de tolerancia hacia las conductas practicado en los factores de Humillación, Coerción y
abusivas cuando se comparan las cifras epidemiológicas Violencia basada en Género, a los que habría que añadir
en los períodos 2003-2005 y 2011-2013 (Rodríguez- los de Desapego, Violencia Física y Castigo Emocional
Franco et al., 2016). considerando los tamaños de efectos. Estos datos hacen
necesario que la identificación del agresor como genera-
8 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743

lista o especialista sea considerada en futuras investiga- Se comprobó mediante la pregunta: «¿Tu pareja se mues-
ciones. tra violenta con otras personas?» (otros amigos, compa-
ñeros, etc.). Como en otras muchas publicaciones (Crane,
Evidentemente no defendemos la presencia o existen- Easton y Devine, 2013; Herrero, Torres, Rodríguez-Díaz
cia de dos tipos de violencia de pareja, sino de dos perfi- y Juarros-Basterretxea, 2017; Varley-Thornton et al.,
les: en el primer caso, es ejercida por agresores que tan 2010), se ha utilizado la medida de un solo ítem para
solo la manifiestan con sus parejas (especialistas), y en el evaluar el tipo de violencia fuera del núcleo de la pareja,
segundo caso, por agresores que, además de mostrarse lo que ha podido suponer una amenaza a la validez de las
violentos con sus parejas, extienden estas mani- respuestas.
festaciones fuera de dicha relación (generalistas). Mien-
tras que, en el primer caso, los estudios no han señalado Nuestros resultados, de confirmarse en estudios poste-
indicadores psicopatológicos relevantes, en el segundo sí riores, tienen importantes implicaciones. La primera de
(Capaldi et al., 2012, Varley Thornton, Graham-Kevan y ellas, a nivel conceptual, en el sentido de que la alta co-
Archer, 2010). morbilidad de la conducta violenta hallada en nuestro
estudio, indica que muchos agresores varones no solo se
Destacamos asimismo que los agresores generalistas muestran violentos con sus parejas, sino también con
lo son mayoritariamente con sus amigos o pares, aspecto otras personas, sean o no de su entorno familiar. En este
éste que ha sido considerado como un importante pre- sentido, la diferenciación entre agresores generalistas y
dictor de la DV (Capaldi et al., 2012) y que confirmamos especialistas podría estar determinada no ya con predic-
a través de nuestro estudio. tores relacionados, como ejemplo, con el sexismo tal
como tradicionalmente se ha venido señalando, sino con
Una de las limitaciones de nuestro trabajo ha sido el predictores de violencia estables y altamente consistentes
sistema de clasificación utilizado: los criterios de agru- transituacionalmente. Esto apunta a la necesidad de un
pación se han basado en la combinación simple de res- cambio añadido y/o adicional en los planes de actuación
puestas a varias preguntas incluidas en el cuestionario: en las campañas de prevención, las cuales están mucho
«¿Te sientes o te has sentido maltratado/a en tu pareja?» más centradas en la modificación y cambio de los pre-
y «¿Te sientes o te has sentido miedo en tu relación de dictores específicos de la IPV y DV y menos atentas a los
pareja?». No obstante, es importante considerar la cir- correspondientes a la violencia más generalizada.
cunstancia de que constituye el sistema habitual de in-
formación en este tipo de estudios, por lo que se hace ne-
cesaria la realización de estudios que se propongan como
objetivo la comprobación y, especialmente, el nivel de
correspondencia entre la información aportada por vícti-
mas y agresores de la misma pareja. La confiabilidad y
credibilidad de las fuentes de información es un elemento
a considerar especialmente (Armstrong, Wernke, Medina
y Schafer, 2002; Bell y Naugle, 2007). La complejidad
de este asunto no nos permite abordarla en nuestro caso,
pero desde luego supone un tema de sumo interés que
necesita de mayor atención.

El segundo criterio empleado, la distinción entre vio-


lencia general y exclusiva contra la pareja ha sido reali-
zada en base a las respuestas de las víctimas sobre la
conducta violenta de sus parejas, sin que se hayan utili-
zado sistemas de validación de sus propias percepciones.
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GENERALIST AND SPECIALIST BATTERERS


IN TEEN AND YOUNG DATING VIOLENCE:
IMPLICATIONS FOR DEVELOPMENT OF
PREVENTION PROGRAMS

LUIS RODRÍGUEZ-FRANCO1, CANDELA GRACIA2,


JOEL JUARROS-BASTERRETXEA3,
ASUNCIÓN FERNÁNDEZ-SUÁREZ3 Y
FRANCISCO JAVIER RODRÍGUEZ-DÍAZ3

This research context poses several challenges. One


EXTENDED SUMMARY of them, is the empirical determination of the basic ways
to exert violence in these ages, which finally should
Introduction allow the development of specific evaluation instruments
for DV. Regarding this, there are reviews that offer
The study of violence in dating relationships in youth concurrent conclusions, highlighting among its results
and adolescence (Dating Violence, DV) is especially the weaknesses in its elaboration and design, the high
interesting as it establishes the first learning of variability in the indicators of different types of violence
relationships dynamics, in which exists the possibility of (number of items, categories and contents) and gaps in
establishing habits for future relationships. In addition, it the justification of structure (25 % of cases), internal
constitutes a different context of Intimate Partner consistency (10 %) and criterion validity (35 %).
Violence (IPV) analysis: relations at these ages are not
characterized by maintaining a common coexistence, nor Another challenge is related to the identification of
by sharing common property, or by the existence of any risk and protection factors, which, once detailed, can
legal formalities and/or common descendants that can provide a solid basis for the development of prevention
link the couple together. programs. Despite the numerous studies, the current
situation on dating violence is confusing due to the
practical impossibility to identify unique and specific risk
factors, of broad prediction and generality in the samples
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743 13

studied. As a matter of fact, when analyzing risk factors Procedure


for other violent behaviors other than those developed in
the field of couple relationships, it is observed that many
of these predictors are common to those identified in Data collection was carried out through the invitation
other problems of adolescence, such as delinquency, to participate in the study to educational centers of
substance abuse and risky sexual behaviours. In sum, middle and higher education in various provinces of the
factors that facilitate the appearance of IPV and DV have state.
been identified but are not specific to it, but rather of
more generic and decontextualized violence. The sample as a whole has been divided according to
two criteria: the perception of mistreatment in their
The result of this second challenge has revealed, in affective relationships and the type of violence exerted
turn, that there are few studies that analyze whether the by the couple.
perpetrators of IPV and DV are so exclusively and
specifically with their partner or whether this violence is, Perception of mistreatment. Participants were
in fact, one more sample or one expression of their grouped on the basis of two criteria by combining the
violent behaviors generalized in other environments or answers to two questions included in the questionnaire:
with other people. All this leads us to consider whether "Do you feel or have you ever felt battered by your
there are differences in the abuse profile between DV partner?" and "Do you feel or have felt scared in your
aggressors that also show their abusive behavior in other relationship?”. This way, the subjects were assigned to
environments and contexts (generalist), as opposed to the "non-battered" group when there was a double
those who express them specifically with their affective negation in their answers, or they were included in the
partner (specialists). "battered" group when they considered that they had
been mistreated or had been feeling scared in their
relationship.

Method Type of violence. For those subjects assigned to the


bettered group, a second grouping criterion was used.
The victim was asked to indicate whether his or her
Participants partner was violent with others outside their relationship,
which allowed the aggressors to be classified according
A sample of 447 women aged between 15 and 26 to the specialization or generalization of their behavior,
(M = 18.77, SD = 2.36) was selected. After distribution that is, if their violent behaviour was exclusively oriented
on the basis of the above criteria, 211 women (43.2 %) towards the couple, or there were, in addition, violent
were included in the abused category, (including non- manifestations towards other people. This was proved by
perceived mistreatment) and the remaining 236 (52.8 %) the question: "Is your partner violent with other people?"
among those not abused sample. Among the first group,
123 indicated that their partners had only been violent This procedure allowed us to establish three groups of
with them (58.29 %), while 88 (41.71 %) indicated that analysis, based on the variables dichotomized abuse /
their partners were also violent with others. The resulting non-battered and generalized / exclusive violence in the
study groups were: non-abused (n = 236, 52.8 %), abused couple: non-battered, abused by a generalist aggressor
by a generalist aggressor (n = 88, 19.7 %) and abused by and abused by a specialist aggressor.
a specialist aggressor (n = 123, 27.5 %).
14 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743

Measurement instruments being a generalist perpetrator. Statistically significant


differences between groups appear in all factors of the
questionnaire.
The CUVINO (Rodríguez-Franco et al., 2010) is an
instrument of evaluation of the victimization within In all cases, there are statistically significant
courtship directed specifically to young people and differences between groups of non-abused and ill-treated,
adolescents. It consists of 42 behavioral indicators regardless of whether they are generalist or specialist
evaluated on a Likert scale of 5 points (0: never / aggressors, which confirms the discriminative validity of
nothing, 4: almost always / a lot) grouped into 8 factors the questionnaire applied. The Dunnett T3 statistic shows
or ways of exercising violence in the relationship: signs of interest in three of the factors in the
detachment, humiliation, sexual, Coercion, Physical, questionnaire: Humiliation, Coercion and Gender-Based
Gender based violence, Emotional and Instrumental Violence. In all these cases the group of abused by
Punishment. It also includes 3 dichotomous questions generalist aggressors showed high scores.
("Do you feel or did you feel battered in your partner?",
"Do you feel or have you felt trapped in this Considering the size of the effects, the differences
relationship?" And "Do you feel or have you felt fear in between the non-battered group, on the one hand, and the
your relationship? "). It presents a reliability for the total groups of generalist and specialist perpetrators, on the
of the scale of α = 0.932 and from 0.588 for the other, are high in all cases, except in Instrumental
Instrumental factor up to 0.818 for the remaining factors. Violence, in which the effect size is medium. Recall that
Its factorial structure has been further confirmed in this is the factor with the lowest internal consistency
Mexican, North American and Italian samples. index of the questionnaire. On the other hand, it is
verified that the groups of generalist and specialist
Data analysis perpetrators differ significantly in Humiliation, Coercion
and Violence based on Gender factors, being the size of
The data were processed using the IBM SPSS the effect average in the three cases. However, it should
Statistics 22.0 statistical package. A Multivariate be noted that, although no statistically significant
differences were found between generalist and specialist
Analysis of Variance (MANOVA) was carried out in
order to detect the differences between the study groups abuse in all other forms of violence, the effect sizes on
(non-battered, generalist battered and specialist battered) the factors of detachment, physical violence and
in the eight types of violence measured by CUVINO. The emotional punishment, although small, are appreciable.
compliance of multivariate and univariate
homocedasticity assumptions have been confirmed by the
Box M test and the Leven statistic, respectively, and, in Discussion
contrast to the lack of homogeneity, the Dunnett T3 test
was used to study the post hoc differences between The numbers of people affected by DV found in our
groups. study are not far from those found in other studies,
confirming that the numbers of those affected in
adolescence and youth are greater than those found in the
Results adult population.

In all factors without exception, the highest scores It is this situation that should favor the effort for the
appear in the group of those abused by generalist analysis and identification of the peculiar risk and
aggressors, followed by the specialist aggressors and protection factors of the DV, with the perspective that the
finally, with important differences, in the non-abused prevention programs at these ages are oriented
ones, which constitutes a good indicator of the effect of specifically to the reduction of the first (risk factors) and
the promotion of the second (protection factors). In this
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743 15

sense, it should be noted that both in the IPV field and in been based on the simple combination of answers to
the DV field, risk factors, protection factors and their several questions included in the questionnaire, although
predictors are usually characterized by their variety, high it is the usual information system in this type of studies.
number and small size of their effects considered in
isolation, which is indicative of the enormous complexity The second criterion used, the distinction between
of this phenomenon. general and exclusive violence against the couple, has
been made based on the responses of the victims on the
In this field, one of the research problems, which is violent behavior of their partners, without the use of
still in preliminary stages, is the determination of the validation systems of their own perceptions. As in many
specificity of the risk factors for both IPV and DV. It is other publications, the measurement of a single item has
widely known the existence of risk factors of violent been used to assess the type of violence outside the
behavior, in general, but we understand that it is of couple's nucleus, which may have threatened the validity
interest to clarify and delimit which of them are typical of the responses.
of IPV and DV. At the intervention level, intervention
strategies and programs should be adjusted according to Our results, if confirmed in later studies, have
whether we are dealing with a generalist perpetrator who important implications. The first one, at a conceptual
is extending behavior to their affective partner, or the level, in the sense that the high comorbidity of violent
aggressor who only shows them to their emotional behavior found in our study indicates that many male
partner. perpetrators are not only violent with their partners, but
also with other people, whether or not they belong to
This latter aspect is which has been treated in our their family environment. In this sense, the
study. Our results show a clear trend in the magnitude of differentiation between generalist and specialist
perceived frequency with which maltreatment behaviors aggressors could be determined not only with predictors
are manifested in couples of teenagers and adolescents: related, as an example, to sexism as traditionally has
the scores on the eight factors of the questionnaire been pointed out, but with predictors of violence that are
obtained in samples of non-abused adolescents are stable and highly inter-context consistent. This points to
followed, with great differences, by the higher scores the need for an additional and / or additional change in
obtained by the battered by perpetrators who only show action plans in prevention campaigns, which are much
their abusive behavior with them (specialists), while the more focused on modifying and changing the specific
highest values are found in the sample of battered by predictors of IPV and DV and less attentive to the ones
generalist aggressors, who not only manifest violent corresponding to the most widespread violence.
behavior with their partner. This tendency is concretely
verified by the MANOVA practiced in the factors of
Humiliation, Coercion and Violence based on Gender,
which should be added those of detachment, physical
violence and emotional punishment considering the
effect sizes. These data make it necessary for the
identification of the aggressor as a generalist or specialist
to be considered in future investigations.
We also emphasize that the generalist perpetrators are
violent mostly with their friends or peers, an aspect that
has been considered as an important predictor of DV and
confirmed throughout our study.

One of the limitations of our work has been the


classification system used: the grouping criteria have
16 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 1-16. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20743
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747 17

FACTORES DE RIESGO DE VIOLENCIA FILIO-PARENTAL:


UNA APROXIMACIÓN CON JUICIO DE EXPERTOS

CHILD-TO-PARENT RISK FACTORS: AN


APPROACH WITH EXPERT JUDGEMENT

ISMAEL LOINAZ1, ANTONIO ANDRÉS-PUEYO1 Y


FRANCISCO ROBERTO PEREIRA2

ración positiva de la propuesta. Tras la aplicación piloto


Resumen de la guía en siete casos y la discusión con expertos, se
elaboró la versión final compuesta por 24 factores de
La violencia filio-parental (VFP) es un tipo de violencia riesgo, seis de protección y 15 variables incluidas en una
familiar, caracterizada por agresiones de distinta índole sección inicial.
dirigidas hacia progenitores o personas que ocupen su lu- Palabras clave: Violencia filio-parental; Factores
gar. Este trabajo describe la creación de la primera he- de riesgo; Evaluación del riesgo; Opinión profesional.
rramienta de evaluación del riesgo de VFP, desarrollada
a través de la revisión bibliográfica, la opinión de exper-
tos y aplicaciones piloto en contexto clínico. Se analiza-
ron 112 respuestas de profesionales sobre la adecuación Abstract
de 28 factores de riesgo. También se valoró el inte-
rés/utilidad/necesidad de la propuesta de una guía para la Child-to-parent violence (CPV), also known as adoles-
valoración del riesgo de VFP. Los resultados mostraron cent-to-parent abuse (APA), is a type of family violence
un gran acuerdo entre profesionales, así como una valo- characterized by different kinds aggressions directed to-

Correspondencia: Ismael Loinaz. Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología. Universitat de Barcelona.


Email: [email protected]

ORCID: Ismael Loinaz (http://orcid.org/0000-0002-6307-6518) y Antonio Andrés-Pueyo (http://orcid.org/0000-0002-


2824-2541).
1
Universitat de Barcelona, España.
2
Euskarri, Centro de Formación e Intervención en Violencia Filio-Parental, España.

Recibido: 25 julio de 2017.


Aceptado: 28 de octubre de 2017.
18 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747

wards parents or people in their place. This paper de- tículo se utilizará el término progenitores para hacer alu-
scribes the development of the first CPV risk assessment sión también a aquellas personas que puedan ocupar su
tool, derived from bibliographic review, expert opinion, lugar y los términos “agresor” o “evaluado” serán igual-
and pilot applications in clinical context. Responses of mente válidos para mujeres.
112 professionals about the adequacy of 28 factors as
well as the interest/utility/need of the proposal of a risk En los últimos años, la atención prestada a la VFP en
assessment tool for CPV were analyzed. Results showed España ha crecido exponencialmente superando a la exis-
a great agreement among professionals, as well as a pos- tente a nivel internacional. Las cifras de la Fiscalía Gene-
itive evaluation of the proposal. After the pilot applica- ral del Estado se mantienen estables tras un repunte en
tion of the tool in 7 cases and discussion with experts, the los primeros años de registro, que llegó hasta las 5377
final version was composed of 24 risk factors and 6 pro- denuncias en 2011. El último dato disponible, de 2015,
tective factors, as well as 15 variables included in an ini- reflejó 4898 casos y en los dos años anteriores la cifra
tial section. fue similar (4753 en 2014 y 4659 en 2013), con una me-
dia de 4600 casos desde 2007 que hay registros. Sin em-
Keywords: Child to parent violence; Risk factors; bargo, un gran número de casos no pasan por la denun-
Violence risk assessment; Professional opinion. cia.

La propia Fiscalía de Menores (2013) señala algunas


particularidades de la VFP, como que “[…] raramente se
Introducción
asocia con situaciones de exclusión social […]” (p. 409)
o que “[…] frente al resto de delitos, se caracteriza por
La violencia de jóvenes hacia sus progenitores así que los imputados son tanto varones como mujeres, en
como el maltrato a ancianos son fenómenos proporciones que tienden cada vez más a equipararse
relativamente nuevos y poco estudiados comparados con […] (p. 413). En la circular de la Fiscalía 1/2010 se se-
la violencia de pareja o el abuso sexual. Las agresiones ñaló que, pese a la exención penal de los agresores meno-
juveniles se han estudiado tradicionalmente en el ámbito res de 14 años, existe la necesidad de dedicar recursos de
de la delincuencia general. Incluso se afirma que el protección e informar sobre la disponibilidad de progra-
estudio de la violencia de adolescentes hacia sus padres mas específicos extrajudiciales. Además, “Si […] se des-
ha estado infrarrepresentado en políticas publicas y prendiera que el menor sigue incurso en los factores de
estudios criminológicos (Condry y Miles, 2014). Sin riesgo que le llevaron a cometer actos de violencia do-
embargo, aunque la violencia filio-parental (VFP) en méstica, tales circunstancias habrán de ser comunicadas
ocasiones comparta factores con la violencia y por el Juzgado a la víctima, a los efectos de que la mis-
delincuencia juvenil, responde a patrones y dinámicas ma pueda adoptar las medidas de autoprotección que
diferentes. Una de las definiciones más repetida de VFP estime oportunas.” (Fiscalia, 2010, p. 35).
es la de Cottrell (2001) que incluye cualquier acto de un
hijo que tiene la intención de causar daño físico, psicoló- La investigación sobre evaluación del riesgo de vio-
gico o económico con el fin de obtener el control sobre lencia pone de manifiesto la necesidad de atender a la
uno de los padres (p. 3). Pereira (2006, p. 9) amplío esta heterogeneidad de las muestras y a la especificidad de los
definición incluyendo “[…] conductas reiteradas de vio- factores de riesgo según el tipo de agresor/violencia,
lencia física (agresiones, golpes, empujones, arrojar ob- desarrollando herramientas para muestras y objetivos
jetos), verbal (insultos repetidos, amenazas) o no verbal concretos bien sean menores o adultos (Conroy, 2012).
(gestos amenazadores, ruptura de objetos apreciados) di- Pese a ello, en la actualidad no existe ninguna herra-
rigida a los padres o a los adultos que ocupan su lugar. Se mienta para evaluar el riesgo de violencia en casos de
excluyen los casos aislados, la [violencia] relacionada VFP.
con el consumo de tóxicos, la psicopatología grave, la
deficiencia mental y el parricidio.” A lo largo de este ar-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747 19

Factores de riesgo en VFP vedad. La violencia, además, se produce generalmente en


escalada y la progresión no se detiene ni siquiera cuando
se consigue una sumisión absoluta de la víctima (Pereira
La bibliografía sobre VFP ha descrito una serie de va- y Bertino, 2010).
riables problemáticas tanto en los propios agresores co-
mo en sus familias. Al igual que en otras formas de vio- Un conjunto importante de variables de riesgo hace
lencia, la transmisión intergeneracional ha sido utilizada referencia a las características del agresor. La sintoma-
como factor explicativo (Aroca, Bellver y Alba, 2012; tología psicopatológica es frecuente en jóvenes que agre-
Boxer, Gullan y Mahoney, 2009), siendo más prevalente den a sus padres, más que en otros jóvenes delincuentes
la VFP en hijos agredidos por su progenitories (Contreras (Kennedy et al., 2010), pudiendo alcanzar una prevalen-
y Cano, 2016; Izaguirre y Calvete, 2017; Margolin y cia del 45 % (Cuervo et al., 2008). Se han descrito de
Baucom, 2014). La bidireccionalidad (que el agresor forma habitual el Trastorno por Déficit de Atención con
también sea víctima) es especialmente frecuente en los Hiperactividad -TDAH- (Cuervo et al., 2008;), la sinto-
agresores varones (Ibabe y Jaureguizar, 2011). Por otro matología depresiva (Calvete, Orue y Gámez-Guadix,
lado, la violencia entre los padres se ha relacionado con 2013; Castañeda, Garrido-Fernández y Lanzarote, 2012;
una mayor frecuencia de violencia del joven hacia los Ibabe, Arnoso y Elgorriaga, 2014a, 2014b) y los proble-
padres (Boxer et al., 2009; Gámez-Guadix y Calvete, mas relacionados con el consumo de alcohol y otras dro-
2012). La victimización directa o directa podría llegar a gas (Calvete, Orue y Gámez-Guadix, 2015; Calvete,
explicar entre el 16 % y el 45 % de las agresiones Orue y Sampedro, 2011; González-Álvarez, Morán y
(Rodríguez, González-Álvarez y García-Vera, 2011). García-Vera, 2011; Ibabe y Jaureguizar, 2011). Modelos
También parece existir una relación entre ser víctima de de predicción vinculan la conducta antisocial en general,
bullying y agredir a compañeros o fuera del colegio. Una con el consumo problemático de alcohol y la poca
explicación provendría de la teoría propuesta por Emler, supervisión parental (Guillén, Roth, Alfaro y Fernández,
que vincula la desprotección percibida por la víctima en 2015). Comparados con otros menores infractores, los
la situación de intimidación con la búsqueda de una repu- casos de VFP presentarían una menor empatía (Ibabe y
tación antisocial como forma de autodefensa (Estévez, Jaureguizar, 2011) y una baja autoestima (Cuervo et al.,
Inglés, Emler, Martínez-Monteagudo y Torregrosa, 2008; González-Álvarez et al., 2011; Ibabe y Jaureguizar,
2012). Los agresores podrían utilizar la VFP como medio 2011; Pereira y Bertino, 2010). Otro rasgo característico
para compensar los sentimientos de impotencia y expre- sería la baja tolerancia a la frustración con dificultades
sar su ira en un contexto seguro, lo que Cottrell y Monk para afrontar incluso situaciones cotidianas (Cuervo et
(2004) denominan “desplazamiento”. al., 2008; Cuervo y Rechea, 2010). La impulsividad tam-
bién es habitual (Calvete et al., 2011; Cuervo et al., 2008;
La presencia de otro tipo de agresiones (a compañeros Rico, Rosado y Cantón-Cortés, 2017), llegando hasta el
o familiares distintos a los progenitores) ha sido descrita 80 % la prevalencia de esta característica según el crite-
en muestras judiciales como otra de sus principales ca- rio de los profesionales (Ibabe, Jaureguizar y Díaz, 2007)
racterísticas). Cuervo, Fernández y Rechea (2008) en- y siendo significativamente superiores las puntuaciones
contraron que un 65.8 % de los menores juzgados por de- respecto a pares no agresores (Castañeda et al., 2012).
litos de VFP también eran violentos fuera del hogar. Pese Asimismo, se encuentra asociada la dificultad para el
a analizarse con frecuencia muestras judiciales, muchos control de la ira (Cuervo y Rechea, 2010; González-
casos no llegan a ser una cifra oficial. La VFP aún tiende Álvarez et al., 2011). Por último, dentro de estos rasgos
a mantenerse en secreto, muchas veces por vergüenza de la personalidad, el narcisismo o las ideas de grandio-
(Ghanizadeh y Jafari, 2010; Kennedy, Edmonds, Dann y sidad también se han vinculado a la VFP (Calvete, 2008;
Burnett, 2010) y los padres se resisten a denunciar hasta Calvete et al., 2011).
que la situación es insostenible (agresiones graves, pér-
dida absoluta del control, etc.). La existencia de denun- En relación a los procesos de adaptación del agresor,
cia, por tanto, puede considerarse un indicador de la gra- lo más repetido son las dificultades académicas (Cuervo
20 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747

et al., 2008; González-Álvarez, Gesteira, Fernández- al., 2004, 2009). La presencia de conflictos no violentos
Arias y García-Vera, 2010; González-Álvarez et al., entre los progenitores (de poder, estilos de comunicación
2011). Los problemas de adaptación, aprendizaje, absen- inadecuados, etc.) también supone otro factor de riesgo
tismo y/o cambio de centro, junto a la agresión a compa- (Ibabe et al., 2007) que se puede traducir en una incapa-
ñeros, son más frecuentes en estos jóvenes que en sus pa- cidad para establecer normas coherentes (Pereira y
res no violentos (Castañeda et al., 2012). Por otro lado, la Bertino, 2010). Además, hay problemas propios de los
conducta antisocial se ha relacionado con un número ma- progenitores, como las adicciones y otros trastornos psi-
yor de variables de mal pronóstico comparado con casos cológicos, que se han relacionado con la VFP (Cuervo et
limitados a la VFP (Ibabe et al., 2007). La propensión a al. 2008). El consumo de drogas de las madres, por
la delincuencia también sería significativamente mayor ejemplo, incrementaría el riesgo de VFP en mayor medi-
en jóvenes que agreden a sus padres comparados con pa- da que el consumo problemático por parte del agresor
res no agresores (Castañeda et al., 2012). Las relaciones (Pagani et al., 2004), aunque no ocurre lo mismo con el
antisociales también tienen un fuerte impacto en el desa- consumo del padre (Pagani et al., 2009).
rrollo de la violencia (Hong, Kral, Espelage y Allen-
Meares, 2012), fomentando su uso para ganar poder y Junto a los factores de riesgo, la bibliografía describe
control (Cottrell y Monk, 2004), en especial si la factores de protección que tienden a ser comunes en dis-
supervisión familiar está ausente (Cutrín, Gómez-Fra- tintos tipos de violencia y formas delictivas. Incluso
guela y Luengo, 2015). desarrollos recientes proponen herramientas cuyos facto-
res pueden ser considerados de riesgo y/o de protección
De especial interés son los factores familiares. La va- según el caso o el contexto (ver Loinaz, 2017). Estos
riable repetida en la mayoría de casos es el estilo edu- factores no se han descrito de forma específica en la
cativo problemático (Aroca, Miró y Bellver, 2013; VFP, aunque en muchos casos la ausencia de los proble-
Castañeda et al., 2012; Cuervo et al., 2008; Cuervo y mas mencionados en los párrafos anteriores puede consi-
Rechea, 2010). En general, son habituales la baja disci- derarse protector. En los casos de VFP es necesario in-
plina (Calvete et al., 2011), la permisividad y la negli- tervenir en el circuito en el que se establece la violencia
gencia (Aroca, Cánovas y Alba, 2012). Este último estilo (Aroca, Bellver, et al., 2012; Pereira y Bertino, 2010).
incrementa la probabilidad de violencia física y verbal Por ello, la vinculación familiar en la terapia incrementa
(Contreras y Cano, 2014; Gamez-Guadix, Jaureguizar, la consecución de los objetivos del tratamiento, siendo un
Almendros y Carrobles, 2012). Vinculada al estilo edu- factor protector en menores infractores (Contreras,
cativo se encuentra la inversión de la jerarquía, consis- Molina y Cano, 2011). Otros factores de protección ge-
tente en que el agresor suplanta el rol de autoridad de los néricos que pueden resultar relevantes en menores in-
progenitores, dificultando el establecimiento de normas y fractores son la existencia de planes de futuro prosociales
límites (Pérez y Pereira, 2006), pudiendo llegar a la do- (sirven como meta hacia la que dirigir los objetivos), el
minación y trato del progenitor como sirviente (Stewart, soporte social (presencia de amigos y referentes adultos –
Burns y Leonard, 2007). Es frecuente que los padres, en tutores, monitores, educadores–) y el soporte familiar (no
estas situaciones, traten de delegar en un tercero el esta- solo para la persona agresora sino también para la víc-
blecimiento de normas (Pereira y Bertino, 2010). Este tima).
“abandono” del rol paterno en ocasiones se describe
como un mecanismo de protección (Tew y Nixon, 2010). El objetivo de esta investigación fue proponer una
guía para la evaluación del riesgo de VFP que cubriera
En estas familias, además, los problemas de convi- todas las particularidades y necesidades mencionadas en
vencia distintos a la propia VFP son frecuentes, con di- esta introducción. Además, se espera crear una herra-
námicas que contribuyen al desarrollo de conductas vio- mienta con consenso y aval de los profesionales a los que
lentas (Ibabe et al., 2007). Los ciclos coercitivos mutuos va dirigida y adaptada al uso diario en los contextos en
y los mensajes inapropiados de tipo acusatorio dan pie al los que se trabaja con estos casos, algo fundamental para
uso de la violencia como estrategia disuasoria (Pagani et la buena utilización de la misma.
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Método search. La participación tuvo lugar entre abril y junio de


2014.
Participantes Tras analizar los resultados de la encuesta y elaborar
la primera versión de la herramienta, se realizaron siete
Un total de 160 profesionales participaron en la en- aplicaciones piloto en el centro Euskarri en junio de
cuesta, de los que se analizaron 112 respuestas com- 2014. El objetivo de esta fase fue poner a prueba el pro-
pletas. Los participantes se dedicaban a la psicología tocolo, la descripción de los ítems y su facilidad de uso.
(39.3 %), educación social (24.1 %), policía (9.8 %), tra- Además, los expertos informaron sobre cuestiones rela-
bajo social (6.3 %) y docencia/investigación (5.4 %) en- cionadas con la aplicabilidad de la herramienta. En di-
tre otras profesiones. La edad media fue de 41 años ciembre de 2014 también se realizó una sesión clínica
(DT = 9.9; rango = 23-66) y el 46.4 % fueron mujeres. El con un panel de expertos en el centro Amalgama 7 (Bar-
58% tenía formación en evaluación del riesgo, el 67.6 % celona).
de ellos académica (estudios como criminología, psico-
logía forense) y el 80 % en talleres específicos. El 79.5 %
estaba trabajando directamente en casos de VFP. De los Resultados
que en la actualidad no trabajaban en el ámbito, un
43.4 % lo había hecho con anterioridad.
Adecuación de los factores
Material La opinión de los profesionales respecto a la adecua-
ción o no de los factores de riesgo para evaluar casos de
A partir de la revisión bibliográfica, se elaboró una VFP se presenta en la Tabla 1. El grupo de variables
encuesta que contenía 28 factores (Tabla 1), agrupados consideradas más adecuadas (porcentaje superior al
en cuatro dimensiones: 1) características de la violencia; 90 %) fue el correspondiente a cuestiones familiares
2) características del agresor; 3) características familia- (violencia entre los padres, problemas de convivencia,
res; y 4) factores protectores. Se consultó la adecuación estilo educativo, soporte familiar y vinculación familiar
de estos factores para evaluar casos de VFP (adecuado, en la terapia). Respecto al propio agresor, las variables
ns/nc, inadecuado), así como la opinión (Tabla 2) sobre consideradas más adecuadas fueron el estilo afectivo, el
la creación de una herramienta para valorar el riesgo en abuso de sustancias y la dificultad para el control de la
estos casos, permitiendo, además, aportar cualquier suge- ira. Los factores que obtuvieron un menor apoyo profe-
rencia u opinión que considerasen oportuna para la cons- sional fueron el narcisismo o ideas de grandiosidad
trucción del protocolo de valoración del riesgo. (67.3 %), los conflictos no violentos entre los padres
(66.4 %), la monoparentalidad (62.8 %) y la familia
Procedimiento adoptiva (64.6 %).

Distintos profesionales fueron contactados vía


email para solicitar su colaboración. Dicho contacto in- Opinión sobre la propuesta de herra-
cluyó ámbitos académicos, centros de atención y trata- mienta
miento a menores, servicios relacionados con la justicia
juvenil y cuerpos policiales. Además, se difundió en las Entre el total de los encuestados, se consideró la pro-
webs de la Sociedad Española para el Estudio de la Vio- puesta bastante (45.65 %) o muy (38.04 %) necesaria;
lencia Filio-Parental (SEVIFIP), de Euskarri (Centro de que cubría bastante (70.65 %) o perfectamente (10.87 %)
Formación e Intervención en Violencia Filio-Parental; sus necesidades profesionales; bastante (54.35 %) o muy
Bilbao) y del grupo de investigación Deusto Stress Re- útil (14.13 %) para su labor en casos de VFP; cubría las
áreas de interés en VFP (88 %); y que podía ser sencilla
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Tabla 1

Consideración de los factores como adecuados o inadecuados para evaluar el riesgo en casos de VFP (n = 112)

Factor Adecuado % Inadecuado %


1. Ser víctima de violencia en el hogar. 87.6 8.8
2. Ser víctima de bullying. 75.2 10.0
3. Ejercer violencia fuera del hogar. 79.6 8.8
4. Existe denuncia por VFP. 86.7 7.1
5. Existe escalada en la VFP. 82.3 6.2
6. Trastorno psicológico: TDAH, depresión, trastorno negativista desafiante o 81.4 11.5
rasgos antisociales.
7. Estilo afectivo: baja autoestima, poca capacidad empática. 90.3 5.3
8. Intolerancia a la frustración. 87.6 3.5
9. Abuso de sustancias. 91.2 2.7
10. Narcisismo o ideas de grandiosidad. 67.3 19.5
11. Impulsividad. 88.5 3.5
12. Dificultad para el control de la ira. 96.5 0.9
13. Dificultades académicas. 71.7 14.2
14. Conducta delictiva al margen de la VFP. 80.5 13.3
15. Pares y amistades delictivas, antisociales. 82.3 9.7
16. Violencia entre los padres. 92.9 3.5
17. Conflictos no violentos entre los padres. 66.4 16.8
18. Problemas de convivencia: luchas de poder, comunicación deficiente. 92.9 0.9
19. Estilo educativo: permisivo, negligente, rechazante o autoritario. 97.3 2.7
20. Inversión de la jerarquía. 87.6 4.4
21. Monoparentalidad: si se ha reducido el apoyo del entorno familiar, causa 62.8 18.6
problemas económicos.
22. Problemas en los progenitores: psicopatológicos o de adicción. 77.9 8.0
23. Familia adoptiva. 64.6 15.0
24. Madre principal objetivo de la violencia. 86.7 7.1
25. Planes de futuro: académicos, laborales. 83.2 4.5
26. Soporte social: amistades, red social. 85.8 5.3
27. Soporte familiar: apoyo de familiares para favorecer su desarrollo positivo. 97.3 1.8
28. Vinculación familiar en la terapia. 93.8 1.8

de aplicar (89.13 %). Respecto a la utilidad, la considera- para predecir la reincidencia, y en que los no formados
ron: bastante (48.91 %) o muy útil (6.52 %) para valorar en evaluación del riesgo la consideraron más útil para
la posible evolución del caso; bastante (65.2 %) o muy valorar el riesgo en familiares.
(20.65 %) útil para valorar las necesidades de interven-
ción; bastante (56.04 %) o muy (14.29 %) útil para reco-
mendar un tratamiento; bastante (37.36 %) o muy
(10.99 %) útil para predecir la reincidencia; y bastante
(47.83 %) o muy (17.39 %) útil para valorar el riesgo que Propuestas de los encuestados
corren los familiares.
Los participantes hicieron distintas propuestas de me-
En la Tabla 2 se comparan estas opiniones entre aque-
jora entre las que se encontraba la propuesta de nuevos
llos que trabajaban o no en VFP y entre los que tenían o
factores de riesgo que ellos consideraban relevantes y no
no formación en evaluación del riesgo. Las diferencias
estaban presentes. En total se incluyeron 9 factores nue-
fueron significativas solo en que los que no trabajaban en
vos: edad de inicio de la VFP; comisión de VFP por parte
VFP consideraron la propuesta más necesaria y más útil
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747 23

Tabla 2

Opinión sobre la propuesta de herramienta

Formados en evaluación del


Trabajan en VFP
riesgo
SÍ NO SÍ NO
(n = 89) (n = 23) (n = 65) (n = 47)
%(n) %(n) Sig. %(n) %(n) p
Cubre necesidades Perfectamente 9% (8) 13% (3) 4.6% (3) 17% (8)
contexto de trabajo Bastante 70.8 % (63) 73.9%(17) .659 76.9% (50) 63.8% (30) .085
Algo 20.2% (18) 13% (3) 18.5% (12) 19.1% (9)
Muy 12.4% (11) 26.1% (6) 12.3% (8) 19.1% (9)
Bastante 52.8% (47) 56.5%(13) 50.8% (33) 57.4% (27)
Útil .197 .445
Algo 28.1% (25) 17.4% (4) 30.8% (20) 19.1%(9)
Poco 6.7%(6) 0% (0) 6.2% (4) 4.3% (2)
Muy 31.5% (28) 69.6%(16) 38.5% (25) 40.4% (19)
Bastante 51.7% (46) 26.1% (6) 46.2% (30) 46.8% (22)
Necesaria .009 .783
Algo 11.2% (10) 4.3% (1) 9.2% (6) 10.6% (5)
Poco 5.6% (5) 0%(0) 6.2% (4) 2.1% (1)
Ítems cubren áreas de Sí 89.9% (80) 91.3%(21) 86.2% (56) 95.7% (45)
.839 .092
interés No 10.1% (9) 8.7% (2) 13.8% (9) 4.3% (2)
Aplicación sencilla Sí 88.8% (79) 100% (23) 89.2% (58) 93.6% (44)
.092 .422
No 11.2% (10) 0% (0) 10.8% (7) 6.4% (3)
Útil para pronosticar…
Nada 2.2% (2) 0% (0) 1.5% (1) 2.1%(1)
Poco 12.4% (11) 13% (3) 16.9% (11) 6.4% (3)
Evolución del caso Algo 37.1% (33) 21.7% (5) .268 40% (26) 25.5% (12) .100
Bastante 44.9% (40) 52.2%(12) 38.5% (25) 57.4% (27)
Mucho 3.4% (3) 13% (3) 3.1% (2) 8.5%(4)
Poco 5.6% (5) 0% (0) 6.2% (4) 2.1% (1)
Necesidades de Algo 9% (8) 17.4% (4) 15.4% (10) 4.3% (2)
.428 .168
intervención Bastante 67.4% (60) 69.6%(16) 61.5% (40) 76.6% (36)
Mucho 18% (16) 13% (3) 16.9% (11) 17% (8)
Poco 10.1% (9) 8.7% (2) 12.3% (8) 6.4% (3)
Algo 19.1% (17) 26.1% (6) 20% (13) 21.3% (10)
Recomendar tratamiento .609 .370
Bastante 60.7% (54) 47,8%(11) 60% (39) 55.3% (26)
Mucho 10.1% (9) 17.4% (4) 7.7% (5) 17% (8)
Nada 5.6% (5) 0% (0) 6.2% (4) 2.1% (1)
Poco 14.6% (13) 13% (3) 15.4% (10) 12.8% (6)
Reincidencia Algo 34.8% (31) 39.1% (9) .032 38.5% (25) 31.9% (15) .574
Bastante 39.35 (35) 4.3% (1) 30.8% (20) 44.7% (21)
Mucho 5.6% (5) 21.7% (5) 9.2% (6) 8.5% (4)
Nada 3,4% (3) 0% (0) 4.6% (3) 0% (0)
Poco 10.1% (9) 4.3% (1) 12.3% (8) 4.3%(2)
Riesgo familiares Algo 23.6% (21) 30.4% (7) .267 30.8% (20) 17% (8) .044
Bastante 51.7% (46) 39.1% (9) 38.5% (25) 63.8% (30)
Mucho 11.2% (10) 26.1% (6) 13.8% (9) 14.9% (7)
de hermanos/as; actitudes frente al uso de la violencia; gen; alianza terapéutica; víctimas de violencia de género
falta de valores; tipo de violencia ejercida; fallo en inter- (madre o hija agresora). También se propuso la uti-
venciones anteriores; migración, reagrupación familiar, lización de un lenguaje inclusivo que dejara clara la po-
separación temporal entre padres e hijos, cultura de ori-
24 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747

sibilidad de que ambos sexos pudieran ser víctimas y ción y revisión de las principales herramientas de juicio
agresores. estructurado (ver Douglas et al., 2014). Respecto a la
Tras las aplicaciones piloto y los grupos de discusión, herramienta, la principal conclusión es que los profe-
se incluyeron distintas modificaciones que dieron lugar a sionales la consideraron necesaria y útil. Los factores de
la versión 2 de la guía. Los ítems que contaban con más riesgo recibieron soporte y además se obtuvo la pro-
apoyo empírico se mantuvieron como factores principa- puesta de nueve factores poco estudiados hasta la fecha
les. Los demás (e.g., monoparentalidad, familia adoptiva (e.g., monoparentalidad, familia adoptiva, fallecimiento
y madre víctima), pasaron a formar parte de las variables de algún progenitor, hermanos agresores, edad de co-
identificativas del caso junto a variables sociodemográfi- mienzo de la VFP). La aplicación piloto de la versión
cas. El factor de riesgo 7 (ver Tabla 1) se dividió en dos inicial permitió solventar los principales problemas que
(7. problemas de empatía y 8. problemas de autoestima). surgían en su uso en la práctica, tras lo cual se dispuso de
Se incorporaron como nuevos factores las actitudes vio- una herramienta que en la actualidad está siendo aplicada
lentas, el fallo en intervenciones previas, la motivación de forma experimental en distintos contextos.
para el cambio y la alianza terapéutica. La versión final
de la herramienta (v2.0; disponible bajo petición a los El trabajo aún supone una primera fase en el desarro-
autores) contiene un total de 24 factores de riesgo, 6 de llo de una herramienta para la evaluación del riesgo de
protección y 15 variables identificativas del caso. VFP. Las siguientes etapas deberán establecer su conte-
nido definitivo y sus propiedades (e.g., capacidad predic-
tiva, validez convergente, fiabilidad interjueces, etc.),
Discusión incluyendo la demostración del aporte diferencial que
supone respecto a otras herramientas disponibles, como
La revisión bibliográfica pone de manifiesto una serie el SAVRY (Borum, Bartel y Froth, 2006), por ejemplo,
de variables que se repiten en la investigación sobre VFP para muestras juveniles (aunque debemos recordar que
y que pueden considerarse factores de riesgo. Estas va- los implicados en VFP no necesariamente deben ser me-
riables fueron sometidas en 2014 a la consideración de nores de edad). Asimismo, se deberá poner a prueba su
profesionales de la materia para ser incorporadas a una utilidad en distintos contextos, como puede ser la valora-
herramienta para la valoración del riesgo de violencia. ción del progreso en intervenciones clínicas, el ajuste de
Muchos de los factores habían sido revisados con ante- medidas judiciales o la respuesta policial frente a denun-
rioridad (Ibabe, Jaureguizar y Bentler, 2013; Lozano, cias por VFP que recientemente está cobrando especial
Estévez y Carballo, 2013) y lo han sido con posterioridad interés (Miles y Condry, 2016).
al estudio (Martínez, Estévez, Jiménez y Velilla, 2015).
Otros, sin embargo, son menos habituales. La in-
vestigación también ha puesto de manifiesto la necesidad
de consensuar definiciones y desarrollar herramientas
para la valoración del riesgo de violencia en casos de
VFP (Holt, 2013), así como entender cómo determinadas
variables se convierten en factores de riesgo en poblacio-
nes concretas (Holt, 2012).

El presente trabajo sirvió para elaborar una herra-


mienta consensuada con los profesionales que en su prác-
tica diaria trabajan con casos de VFP y avalada, además,
por la bibliografía. El hecho de tener en cuenta la opinión
de los destinatarios de la herramienta ha sido puesto de
manifiesto desde los orígenes de la predicción delictiva
(Tibbitts, 1932) y forma parte del procedimiento de crea-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747 25

Psychology, 36, 1083-1095.


Referencias https://doi.org/10.1007/s10802-008-9229-5

Aroca, C., Bellver, M. C. y Alba, J. L. (2012). La teoría Calvete, E., Orue, I. y Gámez-Guadix, M. (2013). Child-
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CHILD-TO-PARENT RISK FACTORS:


AN APPROACH WITH EXPERT JUDGEMENT

ISMAEL LOINAZ1, ANTONIO ANDRÉS-PUEYO1 Y


FRANCISCO ROBERTO PEREIRA2

cate the risk level to the victim to adopt the appropriate


EXTENDED SUMMARY protection measures.

CPV risk factors


Introduction
IThe CPV literature has described a number of prob-
Violence towards parents as well as elderly abuse are lematic variables both in offenders and in their families.
relatively new and little studied phenomena compared to As in other forms of violence, intergenerational transmis-
intimate partner violence or sexual abuse. Youth violence sion (Aroca, Bellver, & Alba, 2012; Boxer, Gullan &
has traditionally been studied in the context of general Mahoney, 2009) as well as the bidirectionality (offender
delinquency. It is even argued that the study of adoles- being also the victim) (Ibabe & Jaureguizar, 2011) have
cent violence towards their parents has been underrepre- been used as explanatory factors. Violence between par-
sented in public policies and criminological studies ents has been also related to a higher frequency of CPV
(Condry & Miles, 2014). Although child-to-parent vio- (Boxer et al., 2009; Gámez-Guadix, & Calvete, 2012).
lence (CPV) sometimes shares characteristics with juve- Other forms of victimization, as being bullied in the
nile general violence and delinquency, it has different school, may also explain some aggressions (Cottrell &
patterns and dynamics. One of the most used definitions Monk, 2004; Estévez, English, Emler, Martínez-
of CPV is that of Cottrell (2001) which includes “Any Monteagudo, & Torregrosa, 2012; Loinaz & Sánchez,
behaviour that is deliberately harmful to the parent and 2015). The presence of other type of violence (to partners
used as a form of control […]. The abuse may be physi- or relatives other than the parents) is characteristic of
cal, psychological (including verbal) or financial” (p. 3). CPV judicial samples (Ibabe & Jaureguizar, 2011).
In recent years, the attention given to CPV in Spain An important set of risk factors are related to charac-
has grown exponentially, surpassing that existing at the teristics of the aggressor. The psychopathological symp-
international context. In Spain, there are an average of tomatology is frequent in young people who attack their
4600 official cases per year since 2007. However, a large parents (Calvete, Orue, & Gámez-Guadix, 2013; Calvete,
number of cases do not have complaint. CPV still tends Orue, & Sampedro, 2011; Castañeda, Garrido-Fernández,
to be kept secret, often out of shame (Ghanizadeh & & Lanzarote, 2012; Cuervo et al., 2008; González-
Jafari, 2010; Kennedy, Edmonds, Dann, & Burnett, Álvarez, Morán, & García-Vera, 2011; Ibabe & Jau-
2010) and parents are reluctant to report until the situa- reguizar, 2011; Ibabe, Arnoso, & Elgorriaga, 2014a,
tion is unsustainable. Spanish Youth Prosecutor's Office 2014b; Kennedy et al., 2010). Compared to other juve-
points out several peculiarities of CPV such as being nile offenders, CPV cases have lower empathy (Ibabe &
rarely related to social exclusion situations, or that com- Jaureguizar, 2011) and lower self-esteem (Cuervo et al.,
pared to other offenses, offenders are both male and fe- 2008; González-Álvarez et al., 2011; Pereira & Bertino,
male in proportions that tend increasingly to be equated 2010). Another characteristic feature in these cases is the
(Fiscalía, 2013). Moreover, there is a need to communi- low frustration tolerance, high impulsivity and anger
control difficulties (Calvete et al., 2011; Castañeda et al.,
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2012; Cuervo et al., 2008, Cuervo & Rechea, 2010; Gon- Method
zález-Álvarez et al., 2011; Ibabe, Jaureguizar, & Díaz,
2007). Finally, within these personality traits, narcissism
or grandiosity ideas have also been linked to CPV (Cal- Participants
vete, 2008; Calvete et al., 2011).
A total of 160 professionals participated in a survey,
Regarding the adaptation of the offenders, the most and 112 complete answers were analysed. Respondents
repeated factor is the academic difficulties (Cuervo et al., included psychologist (39.3 %), social educators
2008, González-Álvarez, Gesteira, Fernández-Arias, & (24.1 %), police officers (9.8 %), social workers (6.3 %)
García-Vera, 2010; González-Álvarez et al., 2011). On and university researchers (5.4 %) among others. The
the other hand, antisocial behaviour and antisocial rela- mean age was 41 years (dt = 9.9, range = 23-66) and
tionships have been associated with a greater number of 46.4 % were women. Most of them (58 %) had training
risk factors (Cottrell & Monk, 2004; Hong, Kral, Espel- in violence risk assessment, 67.6 % of them academic
age, & Allen-Meares, 2012; Ibabe et al., 2007). (studies such as criminology or forensic psychology) and
80 % in specific workshops. Also, the majority of re-
Family issues are of special interest in CPV cases. A spondents (79.5 %) were working directly on CPV cases.
problematic educational style is often described (Aroca, Of those who did not currently work in the field, 43.4 %
Miró, & Bellver, 2013, Castañeda et al., 2012, Cuervo et had done so previously.
al., 2008, Cuervo & Rechea, 2010). Related to this edu-
cational style, sometimes an inversion of the hierarchy
may occur, and the offender supplants the parent's role of Survey
authority (Pérez & Pereira, 2006; Stewart, Burns, &
Leonard, 2007). Other family risk factors are coercive
cycles (Pagani et al., 2004, 2009), non-violent conflicts A survey was developed through a review of the CPV
(Ibabe et al., 2007), and inability to establish coherent literature, containing 28 factors (Table 1), grouped into
norms (Pereira & Bertino, 2010). In addition, there are four dimensions: 1) characteristics of violence; 2) char-
parental problems, such as addictions and other psycho- acteristics of the offender; 3) family characteristics; and
logical disorders, which have been linked to CPV (Cuer- 4) protective factors. Respondents were asked with
vo et al., 2008). closed-ended questions about the adequacy of these fac-
tors to assess the risk of CPV (adequate, don’t know, in-
Along with risk factors, the literature describes pro- adequate), as well as opinion regarding the proposal of a
tective factors that tend to be common in different types tool to assess risk in these cases (Table 2).
of violence and criminal forms. These factors have not
been specifically described in CPV, but the family impli- Procedure
cation in therapy, future prosocial plans, social support,
and family support can be considered protective.
Several professionals were contacted by email to re-
Taking into account the literature review and the need quest their collaboration. This contact included univer-
of specific risk assessment tools for different types of vi- sities, treatment centres, juvenile justice services, and
olence and offenders, this project had the aim of propos- police forces. In addition, the survey was available on the
ing the first tool for CPV. A tool with the consensus of websites of the Spanish Society for the Study of Child-
the professionals to whom it is intended is expected. to-Parent Violence (SEVIFIP), Euskarri (Centre for train-
ing and intervention in child-to-parent violence) and the
group Deusto Stress Research. Participation took place
between April and June 2014. After analysing the results
of the survey, the first version of the tool was developed
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747 31

and seven pilot applications were carried out at the were that those who did not work in CPV considered
Euskarri centre (Bilbao) in June 2014. The objective of more necessary the tool and more useful to predict re-
this phase was to test the tool. In December 2014, a clini- cidivism, and those who were not trained in violence risk
cal session was also held with a panel of experts at the assessment considered it more useful to assess family
Amalgama 7 centre (Barcelona). risk.

Results Proposals of the respondents


Adequacy of risk factors Respondents did different improvement proposals,
like new risk factors that they considered relevant and
The professionals' opinion regarding the adequacy of were not present. Nine new factors were included: age at
the risk factors for the assessment of CPV cases is pre- onset of CPV; commission of CPV by siblings; attitudes
sented in Table 1. The group of variables considered towards the use of violence; lack of values; type of vio-
more adequate (percentage higher than 90 %) corre- lence; failure in previous interventions; migration, family
sponded to family issues (violence among parents, co- reunification, temporary separation between parents and
habiting problems, educational style, family support and children, culture of origin; therapeutic alliance; victims
family support in therapy). Regarding the offender, the of gender violence (the mother or the abusive daughter).
most appropriate variables were affective style, substance
abuse and anger management problems. Narcissism or Following the pilot applications and discussion
ideas of grandiosity (67.3 %), non-violent conflicts be- groups, several modifications were included that led to
tween parents (66.4 %), single parenthood (62.8 %) and version 2 of the tool. The items that had more empirical
the adoptive family (64 %) received less professional support remained as main factors. The others (e.g., single
support. parenthood, adoptive family, and mother victim), became
part of the socio-demographic variables. The risk factor 7
(see table 1) was divided into two in the tool draft (7.
Opinion about the tool proposal empathy problems, and 8. self-esteem problems). Violent
attitudes, failure in previous interventions, motivation for
The proposal was considered quite (45.65 %) or very change, and therapeutic alliance were incorporated as
(38.04 %) necessary, that covered quite a lot (70.65 %) new factors. The final version of the tool (v2.0, available
or perfectly (10.87 %) professional needs, that was quite on request to the authors) contains a total of 24 risk fac-
(54.35 %) or very useful (14.13 %) for the work in cases tors, 6 protective factors and 15 case identification varia-
of CPV, that covered the areas of interest (88 %), and bles (including sociodemographic and other risk factors).
that it could be simple to use (89.13 %). Regarding the
utility, respondents considered it: quite (48.91 %) or very
useful (6.52 %) to assess the possible evolution of the Discussion
case; quite (65.2 %) or very (20.65 %) useful for as-
sessing intervention needs; quite (56.04%) or very The literature review reveals some variables that are
(14.29 %) useful to recommend a treatment; quite repeated in the research on CPV and that can be consid-
(37.36 %) or very (10.99 %) useful for predicting recidi- ered risk factors. These variables were submitted in 2014
vism; and quite (47.83 %) or very (17.39 %) useful for to professionals to consider their relevance to be incorpo-
assessing family risk. rated into a CPV risk assessment tool. Many of the fac-
tors had been reviewed previously (Ibabe, Jauregizar, &
Table 2 compares these opinions between those who Bentler, 2013, Lozano, Estévez, & Carballo, 2013), and
worked or not in CPV, and those who did or did not have also after this survey (Martínez, Estévez, Jiménez, &
training in violence risk assessment. The only differences
32 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 17-32. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20747

Velilla, 2015). Others, however, are less common and not


included in these reviews. The research has also pointed
out the need to agree on definitions and develop tools for
assessing the risk of violence in cases of CPV (Holt,
2013), as well as to understand how certain variables be-
come risk factors in specific populations (Holt, 2012).

The survey findings were used to elaborate a tool with


the agreement of the professionals who work in their
daily practice with CPV cases and are intended to be the
final users, something considered crucial since the ori-
gins of the development of crime prediction tools (Tib-
bitts, 1932) and part of the process of creating and re-
viewing the main tools of structured professional judg-
ment (see Douglas et al., 2014). Regarding the tool, the
main conclusion is that it was considered necessary and
useful. Risk factors were supported and nine proposals of
less common factors were included (e.g., single
parenthood, adoptive family, death of a parent, aggressor
siblings, age at onset of CPV). The pilot application of
the first version allowed to solve the main problems re-
lated to its use in practice. After this, it was proposed a
tool (available on request to authors) that is currently
being applied experimentally in different contexts.

The work still represents a first phase in the develop-


ment of a risk assessment tool for CPV. The following
steps should establish its final content and its properties
(e.g., predictive ability, convergent validity, reliability),
including its differential contribution compared to other
available tools such as SAVRY (Borum, Bartel, & Froth,
2006), for example, for juvenile samples (although we
must remember that those involved in CPV are not nec-
essarily minors).
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748 33

EL CONSUMO DE SUSTANCIAS COMO FACTOR DE RIESGO


PARA LA CONDUCTA DELICTIVA:
UNA REVISIÓN SISTEMÁTICA

SUBSTANCE ABUSE AS A RISK FACTOR FOR


CRIMINAL BEHAVIOR:
A SYSTEMATIC REVIEW

ESTHER PÉREZ1 Y SERGIO RUIZ1

búsqueda sistemática en Scopus, PsycINFO, Medline y


Psicodoc, se incluyeron treinta y dos estudios que se re-
Resumen visaron con una lista de comprobación de calidad de ar-
tículos epidemiológicos. Como resultados se indica que
La delincuencia es un problema social que merece el es- la mayoría de los trabajos incluidos se centraban en el
tudio de sus causas para su prevención. A lo largo de la consumo de alcohol, de cannabis o el policonsumo, y
historia, se ha estudiado la asociación entre el consumo casi un 80 % coinciden en que el consumo representa un
de sustancias y el crimen, aunque esta relación no está factor de riesgo en el desarrollo de ciertas tipologías de-
clara. Este trabajo tiene como objetivo conocer los últi- lictivas. Como conclusión, conocer este factor de riesgo,
mos hallazgos relativos a la consideración del consumo podría utilizarse como medio de prevención. Finalmente,
como factor de riesgo para el delito. Se trata de una Revi- se destaca la posibilidad de sesgo de información.
sión Sistemática de trabajos empíricos concernientes al
Palabras clave: Delincuencia; Consumo de sustan-
estudio del consumo como posible factor de riesgo de
cias; Factores de riesgo; Revisión sistemática.
desarrollo de conductas delictivas, publicados entre 2010
y 2015, en español, inglés y portugués. Se realizó una

Correspondencia: Esther Pérez. Departamento de Psicología Social, Facultad de Psicología. Universidad de Granada.
Email: [email protected]

ORCID: Esther Pérez (https://orcid.org/0000-0003-0524-4904) y Sergio Ruiz (http://orcid.org/0000-0002-4244-2777)


1
Universidad de Granada, España.

Recibido: 17 septiembre de 2017.


Aceptado: 09 de noviembre de 2017.
34 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748

Abstract jos recientes coinciden en que se puede asociar al desa-


rrollo de conductas delictivas (Gatti, Soellner, Schadee,
Delinquency is a social problem that deserves study to be Verde y Rocca, 2013; Miller et al., 2016; Nordstrom y
prevented. Throughout history, the association between Dackis, 2011). Sin embargo, la dirección de la asociación
substance abuse and crime has been studied, although entre las variables no queda clara, y aún no se conoce si
this relationship is unclear. The main aim of this paper is las drogas operan realmente como un factor de riesgo o
to present the latest findings concerning the consideration predictor (Swahn y Donovan, 2004), un factor mediador
of substance use as a risk factor for crime. This paper is a o asociado, o bien una consecuencia de la actividad de-
systematic review of empirical studies regarding the lictiva. De aquí surge la necesidad de revisar y estudiar
study of substance as a possible risk factor for the devel- aquellos trabajos cuyo diseño y análisis estadístico se
opment of criminal conduct, published between 2010 and centre en comprobar si el consumo de sustancias supone
2015, in Spanish, English and Portuguese. A systematic realmente un riesgo en la aparición de conducta delictiva,
search at Scopus, PsycINFO, Medline and Psicodoc was sabiendo que, como veremos a continuación, los datos
carried out, including a total of thirty-two studies re- del consumo de drogas son como mínimo preocupantes.
viewed with a checklist of the quality of epidemiological
papers. The majority of papers focused on alcohol, can- En Europa, uno de cada cuatro ciudadanos ha consu-
nabis or poly-drug use, and almost 80 % agree that con- mido drogas ilícitas y, actualmente, el consumo engloba
sumption is a risk factor for the development of criminal una gran cantidad de sustancias en comparación con el
behavior and some types of crimes. This review con- pasado, aunque la sustancia ilegal más prevalente es el
cludes that the knowledge that consumption represents a cannabis (Observatorio Europeo de las Drogas y las To-
risk factor could be used as a means of prevention. The xicomanías [EMCDDA], 2016). En cuanto al alcohol, los
possibility of information bias limitation is highlighted. datos proporcionados por la Organización Mundial de la
Salud (OMS, 2014) indican que en el año 2010 el con-
Keywords: Delinquency; Substance use; Risk fac- sumo mundial de alcohol fue de más de seis litros por
tors; Systematic review. persona. Es de destacar también, algunos datos relativos
al consumo de alcohol y sustancias ilícitas entre los jóve-
nes españoles, ya que, por ejemplo, la edad media del
inicio del consumo de alcohol bajó de diecinueve años
Introducción aproximadamente en 2006, a diecisiete años en 2013
(Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad,
A lo largo del tiempo, las investigaciones han relacio- 2013). Las drogas de consumo más prevalente en España
nado el consumo de sustancias con las conductas delicti- son, en orden: alcohol, tabaco, hipnosedantes, cannabis y
vas, pero ¿Es el consumo realmente un factor de riesgo? cocaína (Observatorio Español de la Droga y las Toxi-
¿Tiene algún papel en la aparición de estas conductas? Si comanías [OEDT], 2015). Esta misma fuente establece
revisamos las investigaciones que pretenden establecer la que la edad media del inicio del consumo de sustancias
etiología del delito, comúnmente se han centrado en es- psicoactivas como el cannabis, está en torno a los dieci-
tablecer una serie de variables asociadas a este tipo de nueve años, indicando además que es la droga más pre-
conducta como, por ejemplo, las variables relativas al valente después del alcohol entre los más jóvenes. No se
individuo, socioeconómicas y psicosociales. ha de olvidar los fármacos y otras sustancias, cuyo con-
sumo también se ha relacionado con el desarrollo de
Algunos estudios como el de Montgomery, Thomson conductas violentas (Ford, 2008; Pope, Kouri y Hudson,
y Barczyk (2011), indicaron que el 40 % de la varianza 2000).
del delito podía explicarse únicamente por variables in-
dividuales (como el consumo de sustancias y algunas En cuanto al delito, aunque las estadísticas europeas
psicopatologías). Si nos centramos en la variable del con- indican que la tendencia de la delincuencia es a la dismi-
sumo y/o abuso de sustancias, un buen número de traba- nución (Oficina Europea de Estadística [EUROSTAT],
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748 35

2010), los datos estadísticos en España indican más de tipo de documento (“artículos” y “revisiones”). Los
59970 ciudadanos son reclusos, de los cuales más de términos utilizados fueron los siguientes:
4180 tienen entre dieciocho y veinticinco años (Secreta-
ría General de Instituciones Penitenciarias, 2016) y que «predictors OR epidemiology OR “risk factors” AND
el número de menores que delinquen es todavía mayor, delinquency OR crime OR “criminal behavior” OR of-
13981 menores de entre catorce y diecisiete años (Insti- fense OR felony OR crim* OR delinq* AND drugs OR
tuto Nacional de Estadística [INE], 2015). “substance abuse” OR “drug use” OR “substance use”
OR alcohol OR cocaine OR cannabis OR heroin OR
Los datos proporcionados del delito, y los datos en re- drug* AND “case control” OR cohort OR prospective
lación al consumo de sustancias, además de la asociación OR longitudinal».
confusa entre estas variables, establecida a lo largo del
estudio de las causas del delito, nos inclinaron a cen- En segundo lugar, se procedió a leer los documentos
trarnos y tratar de conocer mejor esta posible relación de completos y se revisó su calidad mediante la declaración
riesgo. Por tanto, el propósito que se planteó para la revi- STROBE –Strengthening the Reporting of Observational
sión fue conocer los resultados de los últimos trabajos studies in Epidemiology– (Von Elm et al., 2008). Se trata
que estudian la influencia que ejerce la variable de con- de una lista de puntos a tener en cuenta en la publicación
sumo de sustancias en el desarrollo de conductas delicti- de estudios observacionales epidemiológicos, constitu-
vas, y por tanto confirmar si es realmente un factor de yendo una guía de recomendaciones para comunicar y
riesgo en la aparición del delito. El conocimiento de la proceder en este tipo de estudios. La lista contiene vein-
dirección de esta influencia y la síntesis de los resultados tidós puntos esenciales relacionados con aspectos en la
de estudios empíricos de los últimos cinco años, podría redacción de los artículos y el procedimiento del estudio
ser relevante para el desarrollo de programas de preven- que deben presentar o tener en cuenta estos estudios. Los
ción de la delincuencia por la posible participación del artículos que no cumplían más de dos criterios de la lista
consumo de sustancias en su etiología. se descartaron y no se incluyeron en esta revisión. Aque-
llos que no cumplían dos puntos pertenecientes al mismo
apartado de la lista de comprobación, se descartaron
Método también.

Procedimiento Criterios de inclusión

Se realizó una búsqueda bibliográfica y sistemática de Los criterios de inclusión para la selección de los ar-
documentos en cuatro bases de datos: Scopus, Medline, tículos y en función de los objetivos planteados, con-
Psicodoc y PsycINFO (en ese orden). La búsqueda y se- sistieron en: estudios empíricos observacionales y/o cua-
lección de artículos comenzó el 11 de Julio y finalizó el si- experimentales publicados entre 2010 y 2015; que
27 de Julio de 2016. El procedimiento de selección de los evalúen posibles relaciones causales entre el consumo de
artículos siguió una estrategia jerárquica consistente en drogas, sustancias o alcohol, con conductas delictivas,
primer lugar en seleccionar los trabajos en función de la violentas o criminales; con un diseño que permita la es-
lectura de su título, resumen y palabras clave, para com- timación de este factor como un factor de riesgo o de
probar si seguían las directrices marcadas por los crite- riesgo relativo (diseño longitudinal, caso-control, retros-
rios de inclusión y exclusión establecidos (consultar en pectivo, prospectivo, o de cohortes, análisis odds ratio,
los apartados de “Criterios de inclusión” y “Criterios de análisis del riesgo relativo); que hayan sido publicados en
exclusión”). Inglés, Español o Portugués; que cuenten con muestras
Los términos de búsqueda utilizados se adaptaron al de población que haya cometido delitos y/o consumido
idioma que admitía cada base de datos y se procedió a re- drogas en el presente o en el pasado; y cuyos datos reco-
finar los resultados según: periodo de tiempo, idioma y gidos tengan una procedencia tanto oficial como autoin-
36 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748

formada, puesto que trabajos como el de Dubow, Hues- Resultados


mann, Boxer y Smith (2014) señalan que hay una corres-
pondencia de moderada a alta entre los datos recogidos
mediante autoinformes y los datos oficiales. Estudios seleccionados
Siguiendo el procedimiento ya descrito, se incluye de
Criterios de exclusión forma esquemática el procedimiento de descarte y selec-
ción de estudios en la Figura 1. De los incluidos, veinte
Se descartaron de esta revisión: estudios descriptivos; procedían de Scopus, ocho de Medline y cuatro de Psy-
estudios relacionados con el concepto de reincidencia; cINFO. La información extraída de los estudios se orga-
enfocados en una población muy específica; que no cum- nizó utilizando una tabla que aparece a continuación, en
pliesen los criterios de calidad o con diseños y/o análisis la que se detallan las características de la muestra, el tipo
de datos no encaminados a estimar el riesgo relativo, de análisis y los principales resultados de cada estudio
vulnerabilidad o causalidad, basándonos en las ideas y (Apéndice A).
métodos que exponen Pita, Vila y Carpente (1997) relati-
vas a la estimación del riesgo. Según estos autores para
determinar factores de riesgo se debe calcular o bien el
riesgo absoluto o bien el riesgo relativo, que se estima
calculando el Odds Ratio, y que mide la fuerza de aso-
ciación entre la exposición a un factor y su consecuencia.

Figura 1. Procedimiento de selección, exclusión y número de estudios seleccionados.


Scopus: 489 resultados localizados; PsycINFO: 286 resultados localizados; Psicodoc: 83 resultados localizados;
Medline: 111 resultados localizados.
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Características de los estudios inclui- Si nos centramos en los trabajos que estudian el con-
dos sumo de cannabis, parece representar un riesgo para con-
ductas violentas tanto en muestras de población control,
cuando se consume de forma crónica (Brook et al.,
De los treinta y dos trabajos empíricos incluidos en la
2014), como en muestras de población clínica, siendo
revisión, más de la mitad de ellos confirman que el con-
esta sustancia en esta población, la droga más relacio-
sumo (o exposición) de algún tipo de sustancia, se trata
nada con la conducta violenta (Carabellese et al., 2013).
de un factor de riesgo en el desarrollo de conductas de-
En concreto, se ha relacionado con crímenes contra la
lictivas, en concreto, un 78 % de los estudios encontrados
propiedad y crímenes relacionados con el tráfico de dro-
tras pasar un filtro de calidad y con un diseño de investi-
gas (Green et al., 2010; Pedersen y Skarhamar, 2010). El
gación que permitía la estimación del riesgo relativo.
estudio de Green et al. (2010) afirma que el consumo de
esta sustancia aumenta 1.5 veces el riesgo de cometer
Un 30 % de los estudios se centran exclusivamente en
crímenes contra la propiedad y 2.4 veces el riesgo de de-
la relación entre el alcohol y el delito, de estos artículos
litos relacionados con drogas, indicando que, sin em-
todos excepto uno encuentran que el consumo actual o
bargo, no es un factor de riesgo para delitos violentos. De
pasado es un factor de riesgo de conductas delictivas. Un
acuerdo con estos resultados, White et al. (2013) confir-
24 % se centra en el estudio de la relación con el consu-
man que el consumo de marihuana se asocia al decreci-
mo de cannabis o marihuana, y todos confirman que su
miento de la conducta agresiva.
consumo es un factor de riesgo. Un 6 % hacía referencia
a la relación entre el delito y el consumo inadecuado de
En cuanto a los trabajos que se centran exclusivamen-
fármacos y el resto estaban referidos al policonsumo (al-
te en el estudio de la relación entre el delito y el alcohol,
cohol, tabaco, marihuana, cocaína) u otras sustancias (he-
indican que presentar problemas de consumo de la sus-
roína, cocaína, anabolizantes). Para finalizar, en cuanto al
tancia representa: un factor de riesgo de conducta agresi-
diseño que presentan los estudios incluidos, veintiséis
va (White et al., 2013), un aumento del riesgo de delin-
tienen un diseño longitudinal, el resto presentan un di-
cuencia violenta de hasta cinco veces (Dietze et al., 2013;
seño de caso-control, transversal o prospectivo.
Maldonado-Molina et al., 2011), riesgo de ser arrestado
por la comisión de algún tipo de delito (Boden et al.,
2013; Green et al., 2011; Jennings et al., 2015; Reingle,
Discusión Jennings, Lynne-Landsman et al., 2013; Salom et al.,
2014; Terranova et al., 2013) o poseer armas y cometer
El propósito que se planteó para esta revisión consis- delitos con ellas (Brook et al., 2014). Concretamente,
tió en conocer de qué forma influye el consumo de sus- Boden et al. (2013) indican que, en delitos relacionados
tancias en el desarrollo de conductas delictivas. Como se con conductas impulsivas, el alcohol tiene un gran peso.
ha podido observar en el Apéndice A, los resultados de En cuanto al riesgo de delitos sexuales, no se considera el
los estudios indican a grandes rasgos que el trastorno o consumo de alcohol como factor predictivo (Davis et al.,
dependencia severa (Barrett et al., 2014; McKinlay et al., 2015).
2014; Pullmann, 2010) y el consumo de varias sustancias
incrementa el riesgo de participación delictiva (Marel et Otros estudios concluyen que no es una conducta de
al., 2013) y se relaciona además con la severidad de las riesgo de encarcelamiento el consumo de alcohol y ma-
agresiones, específicamente de las agresiones sexuales en rihuana (Reingle, Jennings y Komro, 2013), sin embargo,
aquellos que las cometen (Yeater et al., 2012). A excep- sería conveniente tener en cuenta que no todos aquellos
ción de dos trabajos que no encontraron asociación signi- que cometen delitos terminan entre rejas.
ficativa del consumo de sustancias ilícitas como predictor
o factor de riesgo de conductas delictivas en general En relación a la exposición prenatal a sustancias co-
(Carney et al., 2013; Hunter et al., 2014). mo posibles factores de riesgo o predictores de conductas
delictivas, un estudio indica que la exposición a la cocaí-
38 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748

na durante el embarazo es un factor de riesgo para el parte, el uso de autoinformes a la hora de extraer infor-
desarrollo de conductas delictivas (Lambert et al., 2013). mación de la muestra de algunos artículos incluidos pue-
Richardson et al. (2015) confirman que es la exposición de provocar que estos datos no se correspondan al cien
durante el primer trimestre la que se asocia como factor por cien con la realidad.
de riesgo. Por otro lado, Gerteis et al. (2011), indican que
no es un factor de riesgo la exposición a la cocaína, sino, Con toda esta síntesis de los resultados de los estu-
la exposición al tabaco. No obstante, D’Onofrio et al. dios, concluimos que en los últimos cinco años las inves-
(2012) con una muestra significativamente mayor, con- tigaciones han confirmado que el consumo de sustancias
cluyen que la exposición al tabaco no es un factor de (alcohol y cannabis) y el policonsumo (sobre todo en la
riesgo de conducta delictiva cuando se controlan varia- etapa adolescente), representan un riesgo en el desarrollo
bles familiares y ambientales. de conductas delictivas o para la severidad del delito,
pero sin embargo no todas las sustancias se asocian con
En cuanto a la toma de medicamentos recetados de todos los tipos de delito. Por ejemplo, el alcohol es un
forma inadecuada, los resultados indican que se puede factor de riesgo para delitos impulsivos y violentos,
considerar como un factor de riesgo para involucrarse en mientras que el consumo de cannabis representa un ries-
peleas (hasta dos veces más riesgo), aunque para la comi- go de conductas violentas únicamente en población clíni-
sión de delitos no es uno de los factores que más predice ca, y con delitos contra la propiedad y de drogas en po-
este tipo de conductas (Drazdowski et al., 2015; Tucker blación general. Además, la exposición intrauterina a
et al., 2015). Otras sustancias como la Vareniclina y los sustancias como la cocaína también es un factor de riesgo
AAS, no se asociaron como factores de riesgo para el desarrollo de conductas criminales más tarde,
(Lundholm et al., 2015; Molero et al., 2015). además de las consecuencias para la salud del bebé. Y,
por último, los estudios que aquí constan, no encuentran
Con respecto al tipo de asociación entre el consumo y consenso en que exista una relación recíproca entre el
el delito, sólo uno de los trabajos incluidos ha encontrado consumo y el delito.
una relación recíproca entre el consumo y la delincuencia
entre los catorce y quince años (McAdams et al., 2014), En definitiva, es importante señalar que conocer si la
pero otro estudio Maldonado-Molina et al. (2011) indica variable de consumo de sustancias representa un factor
que la violencia no es un factor de riesgo significativo de riesgo real para el desarrollo de conductas delictivas,
para el consumo de alcohol. que era el objetivo de la revisión, resulta útil para el desa-
rrollo de programas preventivos del crimen, y programas
Es de destacar que la gran mayoría de los estudios se de actuación en centros penitenciarios. Además, no sólo
centran en el alcohol y marihuana, en el futuro sería in- podría tener el propósito de prevención del delito, sino
teresante el estudio de la influencia del consumo de algu- que sería útil para la promoción de la salud y calidad de
nas de las “nuevas” drogas o drogas sintéticas y su in- vida de la población adolescente y joven.
fluencia en conductas violentas o delictivas, debido al
aumento de su consumo actual, y su posible implicación
como factor de riesgo. También podría resultar útil el
análisis de los últimos estudios que traten de confirmar
como factores de riesgo otras variables, como serían las
variables familiares, sociales e incluso ambientales.

Otro punto importante que se ha de mencionar son las


limitaciones que puede presentar esta revisión. En primer
lugar, señalar el posible sesgo de información, debido a
que algunos artículos no incluidos en las bases consulta-
das pueden haber quedado fuera de la revisión. Por otra
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Apéndice
Características de los estudios seleccionados y sus principales resultados en relación al consumo como factor
de riesgo de la delincuencia

Autor/es Características
Objetivo N Variables Diseño Resultados
(año) de la muestra
Delincuencia, Aquellos que
Examinar los
Mujeres y severidad de los tienen una
cambios en el
hombres síntomas dependencia a
Barrett, abuso de Longitudinal
Consumidores postraumáticos, las sustancias
Teesson y sustancias y 102 (9 meses de
y con síntomas depresión ansiedad, más severa son
Mills (2014) sintomatología seguimiento)
postraumáticos consumo y más propensos a
postraumática con
Australia dependencia de cometer delitos
la comisión de
sustancias violentos
delitos violentos

Examinar
Síntomas de
Boden, asociaciones
Mujeres y Delitos cometidos, Longitudinal dependencia
Fergusson y entre abuso y
1265 hombres abuso/dependencia de (30 años de factor de riesgo
Hordwood dependencia del
Nueva Zelanda alcohol seguimiento) de algunos tipos
(2013) alcohol y la
de delito
conducta criminal

Estudiar la El consumo de
Demográficas,
asociación entre marihuana puede
Mujeres y delincuencia, consumo
Brook, Lee, las trayectorias de dar lugar a
hombres de alcohol, nivel de Prospectivo
Finch y Brook uso de marihuana 838 comportamientos
Afroamericanos estudios, consumo de Longitudinal
(2014) y otros predictores violentos antes
y Puerto Rico marihuana, uso y
de violencia con el de la etapa adulta
posesión de armas
uso de armas

Carabellese, Identificar y
Mujeres y El consumo de
Candelli, analizar la
hombres Conducta violenta, cannabis
Martinelli, La relación entre el
1582 Muestra clínica datos familiares, Retrospectivo representa un
Tegola y consumo de
Edad media: 45 consumo de cannabis riesgo para la
Catanesi cannabis y la
Italia conducta violenta
(2013) conducta violenta

Consumo de
alcohol, tabaco y
Examinar los
drogas no son
predictores
Tipo de conducta predictores
Carney, significativos de
delictiva, consumo de Prospectivo significativos de
Myers, Louw, conductas Mujeres y
drogas y alcohol, Longitudinal conducta delictiva
Lombard y delictivas 638 hombres
consumo de tabaco, (4 años de Fumar tabaco
Flisher centrándose en la Sudáfrica
demográficas, seguimiento) modifica el riesgo
(2013) relación con el
escolares de delincuencia
alcohol y abuso
futura.
de drogas
44 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748

Davis, Examinar las 217 Hombres Historial de abuso Prospectivo El consumo de


Danube, características de E.E.U.U. sexual, consumo de Longitudinal alcohol habitual y
Stappenbeck, los episodios de alcohol, agresividad e (3 meses de los episodios de
Norris y abuso sexual y impulsividad, seguimiento) consumo
George sus predictores. actitudes, variables intensivo no son
(2015) sociales y de relación. variables
predictivas de la
comisión de
abuso sexual.

Explorar los Mujeres y Alto consumo de


efectos del hombres Salud, crimen, alcohol se asocia
Dietze et al. consumo alcohol Edad: 18-40 satisfacción, consumo como factor de
688 Cohortes
(2013) sobre la salud, el Consumidores de alcohol, factores de riesgo de
crimen y la de sustancias confusión. delincuencia
satisfacción. Australia violenta.

Examinar la El consumo de
Conducta antisocial,
D’Onofrio, asociación entre tabaco de la
conducta criminal,
Van Hulle, fumar durante el Mujeres y madre no se
frecuencia consumo
Goodnight, embarazo y 6066 hombres Longitudinal relaciona con la
de tabaco de la
Rathouz y conducta ofensiva E.E.U.U. aparición de
madre, variables
Lahey (2012) en la conductas
familiares.
adolescencia. antisociales.

Conocer el perfil
de los NMUPD predictor
Hombres
adolescentes significativo de la
Drazdowski, Adolescentes Delincuencia futura,
NMUPD y cuál es delincuencia
Jäggi, Borre Culpables en historia criminal, uso
su contribución en 1349 Longitudinal futura pero no
y Kliewer delitos serios de drogas, salud
la predicción de más allá de otros
(2015) E.E.U.U. mental.
delincuencia predictores más
futura. potentes.

Conocer si el nivel Mujeres y


de exposición hombres La exposición
Conducta delictiva, Prospectivo
intrauterina a la La mitad había intrauterina a la
Gerteis et al. exposición intrauterina Longitudinal
cocaína está 93 estado cocaína no se
(2011) a la cocaína y otras (12 años de
asociado con expuesto a la asocia como
sustancias. seguimiento)
conducta delictiva cocaína factor de riesgo.
adolescente. E.E.U.U.
Consumo
intensivo
Probar la
Green, aumenta el riesgo
asociación entre Mujeres y
Doherty, Delincuencia, Longitudinal de cometer
el consumo Hombres
Stuart y 702 consumo de (36 años de crímenes contra
adolescente de Raza negra
Ensminger marihuana. seguimiento) la propiedad y
marihuana y el E.E.U.U.
(2010) relacionados con
crimen.
las drogas.

Frecuencia del El consumo


Green,
Examinar la Mujeres y consumo de alcohol, frecuente de
Doherty, Longitudinal
relación entre la hombres violencia en adultos, alcohol entre los
Zebrak y 702 (36 años de
frecuencia de Afroamericanos crimen no violento, adolescentes
Esminger seguimiento)
consumo de E.E.U.U. variables mediadoras, predice un
(2011)
alcohol de los variables de aumento del
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748 45

adolescentes y el correspondencia riesgo a ser


desarrollo de arrestado por
violencia en delitos violentos.
adultos.

Examinar la No encuentran
Hunter, Mujeres y Delincuencia,
asociación evidencia de
Miles, hombres consumo de
temporal entre la asociación
Pedersen, Cometieron su sustancias,
delincuencia y el 193 Transversal temporal
Ewing y primer delito consecuencias
consumo de significativa entre
D’Amico entre los 14 y negativas del
sustancias. el consumo y el
(2014) los 18 años. consumo.
delito.
Prevalencia de los
problemas de
Jennings, Delincuencia/ofensas, Los problemas
bebida y su Prospectivo
Piquero, consumo de alcohol, con la bebida son
relación con la Hombres Longitudinal
Rocque y 411 factores individuales, un predictor
delincuencia Reino Unido (30 años de
Farrington factores ambientales, significativo de la
violenta y no- seguimiento)
(2015) problemas de ajuste. delincuencia.
violenta.

Arrestos y abuso de
Examinar la
sustancias, conducta
influencia de la Mujeres y La exposición
sexual, control
exposición hombres prenatal a la
inhibitorio
Lambert et al. prenatal a n1:433 Prospectivo cocaína supuso
963 exposición prenatal a
(2013) sustancias y el (expuestos a Longitudinal un riesgo de
las drogas, factores de
riesgo de cocaína). arresto
riesgo
conducta delictiva adolescente.
sociodemográfico y
adolescente.
ambiental.
Hombres
Lundholm, Examinar la El consumo de
Gemelos Crimen violento,
Frisell, asociación entre AAS no supone
Suecia consumo AAS,
Lichtenstein y el uso AAS y el 10365 Transversal por sí mismo un
Consumo de consumo de otras
Langström crimen violento, riesgo de crimen
AAS sustancias.
(2015) controlando otros violento.
Edad: 20-47.
factores de riesgo.
El consumo
Conducta violenta a lo
Maldonado- constante de
Examinar la Mujeres y largo del tiempo,
Molina, Longitudinal alcohol es un
relación entre el hombres consumo problemático
Reingle y 10828 (8 años de factor predictivo
alcohol y la E.E.U.U. de alcohol a lo largo
Jennings seguimiento) de la violencia
violencia Edad media: 15 del tiempo,
(2011) grave.
covariables
La intensidad y
severidad del
consumo de
Examina la heroína y el
relación entre consumo de otras
Mujeres y
predictores Consumo de drogas junto con
hombres Longitudinal
Marel et al. estáticos y sustancias, salud otras variables
615 Dependientes (3 años de
(2013) dinámicos del mental, demográficas, tiene relación
de heroína seguimiento)
comportamiento participación delictiva. positiva con el
Australia.
criminal. riesgo de
participación
delictiva.
46 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748

Entre los 13 y los


14 años la
Evaluar la relación
delincuencia es
entre la
McAdams, un predictor del
delincuencia y el Delincuencia, abuso
Salekin, Mujeres y consumo,
abuso de de sustancias, amigos
Marti, Lester 3699 hombres Transversal mientras que
sustancias delincuentes, variables
y Barker Reino Unido. entre los 14 y los
durante la ambientales.
(2014) 15 tienen una
adolescencia
relación
temprana.
recíproca.

Los hallazgos
Evaluar la
apoyan que el
McKinlay, asociación entre
Dependencia alcohol y trastorno abuso
Corrigan, daño cerebral con Mujeres y Longitudinal
drogas, de sustancias
Horwood y abuso de drogas y 11265 hombres (25 años de
conducta criminal y incrementa el
Fergusson alcohol y Nueva Zelanda. seguimiento)
daño cerebral. riesgo de
(2014) actividades
conducta
criminales.
criminal.
Examinar la
asociación entre Mujeres y Tratamiento con Sin evidencia de
Molero,
la vareniclina y la hombres vareniclina, conducta asociación causal
Lichtenstein, Longitudinal
incidencia de Edad: >15 suicida, variables entre la toma de
Zetterqvist, 69757 (3 años de
condiciones Tratados con psiquiátricas, crimen, vareniclina con
Gumpert y seguimiento)
psiquiátricas, vareniclina consumo de las conductas
Fazel (2015)
suicidio y crimen. Suecia. sustancias. estudiadas.

El consumo de
cannabis está
Examinar asociado con un
Crimen, consumo de
asociación entre incremento de
sustancias, conductas
Pedersen y el consumo de Mujeres y Longitudinal riesgo de crimen
problema, variables
Skarhamar cannabis durante 1353 hombres (14 años de relacionado con
familiares,
(2010) la juventud y Noruega. seguimiento) las drogas, pero
socioeconómicas y
cargos criminales no con otros tipos
escolares.
posteriores. de crimen.

El diagnóstico de
adicción a
Examinar la
Mujeres y Delincuencia, sustancias está
relación entre
hombres psicopatología, Longitudinal relacionado con
Pullmann estar en los
423 Ingresados en género, servicios (9 años de un aumento del
(2010) servicios de salud
instituciones recibidos. seguimiento) riesgo de
mental durante la
Edad: <19 conducta
adolescencia y
delictiva.
cargos criminales.
El consumo de
Examinar factores Encarcelamiento,
Mujeres y marihuana y
de riesgo y agresión, consumo de
hombres alcohol no son
Reingle, protección sustancias, contexto,
Jóvenes en factores de riesgo
Jennings y tempranos y el 2165 demográficas, Caso-Control
riesgo tempranos
Komro (2013) riesgo de conducta joven y
E.E.U.U. importantes para
encarcelamiento. escolar.
la encarcelación.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748 47

Reingle, Identificar factores 4322 Mujeres y Violencia/delincuencia, Longitudinal Consumo de


Jennings, de riesgo y de Hombres comunidad, familia e (14 años de alcohol factor de
Lynne- protección Estudiantes iguales, consumo seguimiento) riesgo conducta
Landsman, además de E.E.U.U. drogas. delictiva en
Cottler y diferencias de desistores.
Maldonado- género en la
Molina (2013) violencia seria.
Consumo de
Estimar alcohol
Delincuencia violenta,
trayectorias de marihuana y
Reingle, Mujeres y factores de riesgo
violencia Longitudinal otras drogas
Jennings y hombres comunitario y de
considerando los 9421 (14 años de como factor de
Maldonado- Estudiantes pares, factores
efectos de seguimiento) riesgo de
Molina (2012) E.E.U.U. individuales (drogas y
múltiples pertenecer a
alcohol).
influencias. criminales
desistores.
Efectos de la Adolescentes
Conducta delictiva,
Richardson, exposición expuestos a la
Mujeres y variables cognitivas, Longitudinal
Goldschmidt, prenatal a la cocaína tienen
219 hombres crecimiento, consumo (15 años de
Larkby y Day cocaína sobre la más riesgo de
E.E.U.U. de cocaína de la seguimiento)
(2015) conducta conducta
madre y otras drogas.
adolescente. delictiva.
Las personas con
Comprobar la
alguna
asociación entre
Problemas psicopatología
los problemas de Mujeres y Longitudinal
Salom et al. conductuales, que consumen
conducta en 2314 hombres (21 años de
(2014) comorbilidad, alcohol tienen
personas con Australia. seguimiento)
covariables. dos veces más
problemas de
riesgo de
salud mental y el
cometer delitos.
alcohol.
Problemas con el
Analizar la alcohol junto con
conexión entre la Hombres Conducta Criminal,
factores
dependencia al 47 convictos poliformismos
genéticos
Terranova et alcohol y la 139 no genéticos en
186 Caso-control incrementan
al. (2013) conducta criminal convictos receptores GABA,
cuatro veces el
con un enfoque Italia consumo de alcohol,
riesgo de
genético- Edad: 25-70 variables ambientales.
conducta
ambiental. antisocial.
Estudiantes que
Conocer la
tomaban de
asociación entre
Funcionamiento forma
el mal uso de Mujeres y
escolar (salud mental, inadecuada los
medicamentos hombres Longitudinal
Tucker et al. delincuencia, etc.), medicamentos
durante la escuela 12904 Estudiantes (3 años de
(2015) variables familiares, tenían más de
sobre la E.E.U.U. seguimiento).
variables individuales. riesgo de
delincuencia
involucrarse en
posterior.
peleas.

Examinar la Un incremento
asociación entre del consumo de
White, Fite, Conducta agresiva, Prospectivo
el consumo de alcohol está
Pardini, Mun Hombres consumo de alcohol, Longitudinal
alcohol y la 971 asociado a un
y Loeber E.E.U.U. variables (14 años de
conducta agresiva incremento de la
(2013) moderadoras. seguimiento)
adolescente. conducta
agresiva.
48 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748

Severidad de la
ofensa, agresiones El consumo de
Hombres sexuales, drogas duras,
Edad línea promiscuidad, Prospectivo alcohol y
Yeater, Examinar posibles
base: 14-17 consumo de alcohol y Longitudinal marihuana se
Lenberg y predictores de 404
En libertad marihuana, consumo (6 meses de asocia
Bryan (2012) agresión sexual.
condicional. de drogas duras, seguimiento) significativamente
personalidad, con la severidad
variables de la agresión.
demográficas.

SUBSTANCE ABUSE AS A RISK FACTOR FOR


CRIMINAL BEHAVIOR:
A SYSTEMATIC REVIEW

ESTHER PÉREZ1 Y SERGIO RUIZ1

EXTENDED SUMMARY
la Salud [OMS], 2014), and in Spain, the average age of
onset of consumption dropped significantly (Ministerio
de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2013). On the
Introduction other hand, data on substance use in Europe indicates that
the most prevalent substance is cannabis (Observatorio
Europeo de las Drogas y las Toxicomanías [EMCDDA],
Several studies have linked crime with substance
abuse variables in the past. For example, Montgomery, 2016).
Thomson and Barczyk (2011) pointed out that individual
Knowing these data, although European crime statis-
factors like drugs or mental illnesses could explain about
tics indicate a decrease (EUROSTAT, 2010), the number
40 % of crime variance (cases of crime). The direction of
this suggested association between these variables is un- of delinquent children in Spain is more than 15000 (INE,
clear and drug use could act either as a risk factor (e.g., 2014) and 59970 citizens are in prison (Secretaría Gen-
eral de Instituciones Penitenciarias, 2016). These worry-
Swahn & Donovan, 2004), a mediating factor (e.g., Mil-
ler et al., 2016) or a consequence of criminal activity. ing figures about early consumption and crime motivated
From this, it arises the need to review studies whose sta- us to research a possible association of risk further.
tistical analysis design focuses on checking whether sub- Therefore, the purpose of our systematic review was to
stance use actually poses a risk in the occurrence of crim- know the results of the latest papers that study the influ-
inal behavior. ence of the substance use variable on the development of
criminal behavior, and therefore confirm if it is really a
Worldwide data indicates that alcohol consumption is risk factor in the appearance of crime. Acknowledging
more than six liters per person (Organización Mundial de the direction of this influence and the synthesis of the
results of empirical studies of the last five years could be
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748 49

relevant for the development of crime prevention pro- aimed to estimating relative risk, vulnerability or causal-
grams and the possible participation of substance use in ity, based on the ideas and methods presented by Pita,
its etiology. Vila and Carpente (1997) regarding the estimation of
risk; studies which have been published in English, Span-
ish or Portuguese; studies which have samples of popula-
Method tion that have committed crimes or consumed drugs in
the present or in the past and finally, studies whose data
are both official and self-reported, because some papers
Procedure such as Dubow, Huesmann, Boxer and Smith (2014)
state that there is a moderate to high correspondence
The research procedure began on July 11, 2016 at between the data collected through self-reports and the
four databases: Scopus, Medline, Psicodoc and official data. We removed descriptive studies, studies
PsycINFO. The selection of articles ended on July 27, related to the concept of recidivism and papers focused
2016. The selection followed a hierarchical strategy con- on a very specific population.
sisting in selecting the papers after reading the title, ab-
stract and keywords first, to check if they followed the
Guidelines marked by the inclusion and exclusion of es- Results
tablished criteria. The next step was to read the whole
documents and review their quality through the STROBE The results were taken from twenty studies coming
statement –Strengthening the Reporting of Observational from Scopus, eight from Medline and four from
studies in Epidemiology– (Von Elm et al., 2008). Studies PsycINFO. The information extracted from the studies
which did not present more than two quality criteria were was organized using a table which details the character-
discarded. istics of the sample, the type of analysis and the main re-
sults of each study.
The search words used were adapted to the language
that each database allowed and the results were screened A 78 % of the empirical studies included in this re-
according to: period of time, language and document view confirm that the consumption (or exposure) of some
type ("articles" and "reviews"). The terms used were: type of substance is a risk factor in the appearance of
criminal behavior. From the 32 studies included in this
«predictors OR epidemiology OR “risk factors” AND review, 30 % focused on alcohol as a risk factor, 24 % on
delinquency OR crime OR “criminal behavior” OR of- cannabis and the rest on drugs, other substances and
fense OR felony OR crim* OR delinq* AND drugs OR poly-drug use. All but one of the articles referring to the
“substance abuse” OR “drug use” OR “substance use” consumption of alcohol find this substance as a risk fac-
OR alcohol OR cocaine OR cannabis OR heroin OR tor for committing crimes. All papers focusing on canna-
drug* AND “case control” OR cohort OR prospective bis use confirm that it is a risk factor for crime. Most of
OR longitudinal». included studies had a longitudinal design.

Inclusion criteria consists in: observational or quasi-


experimental empirical studies published between 2010 Discussion
and 2015; studies which evaluated causal relationships
between the use of drugs, substances or alcohol, and Overall, the results of the review articles indicate that
crime and violent or criminal behavior; studies whose de- severe substance disorder (Barrett Barrett, Teesson, &
sign allows the estimation of this factor as a risk or rela- Mills, 2014; McKinlay, Corrigan, Horwood, & Fergus-
tive risk factor (longitudinal, case-control, retrospective, son, 2014; Pullmann, 2010) and poly-drug use increase
prospective, or cohort design, odds ratio analysis, relative the risk of criminal involvement (Marel et al., 2013).
risk analysis); studies whose designs or data analysis
50 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 33-50. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20748

Cannabis represents a risk for control and clinical quate consumption of drugs was linked with getting into
populations (Brook, Lee, Finch & Brook, 2014). Specifi- fights (Drazdowski, Jäggi, Borre, & Kliewer, 2015;
cally, it relates to crimes against property and drug of- Tucker et al., 2015).
fenses (Green, Doherty, Stuart, & Ensminger, 2010;
Pedersen, & Skarhamar, 2010). However, Cannabis use It is important to highlight that most of studies in-
is not a risk factor for violent crime because it is associ- cluded focus on the consumption of alcohol and mari-
ated with a decrease in aggressive behavior (White, Fite, juana or poly-consume. In the future, it would be inter-
Pardini, Mun, & Loeber, 2013). Nevertheless, in clinical esting to study the influence of the consumption of syn-
populations, this is the substance which is most related to thetic drugs on violent or criminal behavior, due to the
violent behavior (Carabellese, Candelli, Martinelli, La increase of its current consumption, and its possible im-
Tegola, & Catanesi, 2013). plication as a risk factor.

Studies that link alcohol consumption with the occur- Another important point that must be mentioned is the
rence of criminal behavior indicate that it represents a limitations that this review can present. Firstly, we would
risk factor for aggressive behavior (White et al., 2013), like to point out the possible information bias, because
violent crime (Dietze et al., 2013; Maldonado-Molina, some articles not included in the databases consulted may
Reingle, & Jennings, 2011) and being arrested (Boden, have been left out of the review. On the other hand, the
Fergusson, & Hordwood, 2013; Green, Doherty, Zebrak, use of self-reports when extracting sample information
& Esminger, 2011; Jennings, Piquero, Rocque, & Far- from some of the included articles may cause these data
rington, 2015; Reingle, Jennings, Lynne-Landsman, Cot- not to correspond 100 % with reality.
tler, & Maldonado-Molina, 2013; Salom et al., 2014;
Terranova et al., 2013). Other studies conclude that It can be concluded that in the last five years, research
drinking alcohol and consuming marijuana (Reingle, has confirmed that the abuse of substances (alcohol and
Jennings, & Komro, 2013) is not a risk for ending up in cannabis) and poly-drug use (especially in the adolescent
jail. However, it should be noticed that not all of those stage) represent a risk for the development of criminal
who commit crimes go to prison. In addition, alcohol behavior or for the severity of the crime, but not all sub-
consumption has been shown to be highly implicated in stances are associated with all types of crime. In addition,
impulsive offenses (Boden et al., 2013). the studies that appear here do not find consensus in that
there is a reciprocal relationship between consumption
On the other hand, some studies indicate that prenatal and crime.
exposure to cocaine in the first trimester is a risk factor
for further development of criminal behavior (Lambert et In short, it is important to note that knowing if the
al., 2013; Richardson, Goldschmidt, Larkby & Day, substance use variable represents a real risk factor for the
2015). Gerteis et al. (2011) and they also indicate that development of criminal behavior, which was the objec-
exposure to cocaine is not a risk factor whereas exposure tive of the review, is useful for the development of crime
to tobacco is. Nevertheless, D’Onofrio, Van Hulle, prevention programs and acting in penitentiary centers.
Goodnight, Rathouz and Lahey (2012) with a signifi- In addition, this could not only have the purpose of crime
cantly larger sample, conclude that exposure to tobacco prevention, but also be useful for the promotion of health
is not a risk factor for criminal behavior when controlling and quality of life of adolescent and young population.
other variables.

In terms of inadequate drug consumption, it is not a


predictor of criminal behavior as it is the case with sub-
stances such as varenicline and AAS (Lundholm, Frisell,
Lichtenstein, & Langström, 2015; Molero, Lichtenstein,
Zetterqvist, Gumpert, & Fazel, 2015). However, inade-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 51-68. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20753 51

ESPAÑOLES E INMIGRANTES
LATINOAMERICANOS CONDENADOS POR
VIOLENCIA DE GÉNERO:
¿EXISTE UN PERFIL DIFERENCIAL?

SPANISH AND LATIN-AMERICAN


IMMIGRANTS INTIMATE PARTNER
VIOLENCE OFFENDERS:
IS THERE A DIFFERENTIAL PROFILE?

VIVIANA VARGAS1, MARISOL LILA1, ALBA CATALÁ-MIÑANA1 Y


ENRIQUE GRACIA1

grantes latinoamericanos (n = 117). Para ello se seleccio-


naron variables según el modelo ecológico y se contrasta-
ron ambos grupos mediante ANOVAs, MANOVAs y
Resumen Chi-cuadrados. Los resultados obtenidos indicaron dife-
rencias significativas a nivel individual y contextual entre
Diversas investigaciones destacan el rol de las diferen- maltratadores españoles e inmigrantes latinoamericanos.
cias culturales y de los factores relacionados con la inmi- Se discuten las implicaciones de estas diferencias en la
gración en la violencia contra la pareja. El objetivo de prevención de la violencia contra la pareja a través de la
este trabajo era analizar si existe un perfil diferencial en- intervención con los agresores.
tre hombres maltratadores españoles (n = 400) e inmi-

Correspondencia: Marisol Lila. Departamento de Psicología Social, Facultad de Psicología. Universidad de Valencia.
Avda. Blasco Ibáñez, 21. 46010 – Valencia. Email: [email protected]

ORCID: Marisol Lila (http://orcid.org/0000-0002-0522-7461) y Enrique Gracia (http://orcid.org/0000-0003-0514-2983).


1
Universidad de Valencia, España.

Recibido: 02 mayo de 2017.


Aceptado: 08 de julio de 2017.
52 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 51-68. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20753

Palabras clave: Violencia contra la pareja; Maltra- Una de las medidas implementadas para prevenir este
tadores; Inmigrantes latinoamericanos; Modelo ecológi- tipo de violencia, es la intervención con los agresores.
co. Sin embargo, las revisiones y meta-análisis realizados
hasta la fecha encuentran que los tamaños del efecto de
este tipo de intervenciones son pequeños y que, por lo
tanto, la evidencia disponible acerca de la efectividad de
Abstract estos programas es aún limitada (e.g., Arias, Arce y Vi-
lariño, 2013; Babcock et al., 2004; Eckhardt, Murphy,
Some studies highlight the role of cultural differences Whitaker, Sprunger, Dykstra y Woodard, 2013). En este
and factors related to immigration with intimate partner sentido, diversos autores plantean que determinados as-
violence. The aim of this study was to determine if dif- pectos culturales podrían estar relacionados con resulta-
ferential profile related to IPV between Spanish (n = 400) dos pobres en el tratamiento, altas tasas de abandono y
and Latin American immigrant batterers (n = 117) exist. reincidencia y baja asistencia a los programas, en concre-
For this purpose, variables are selected according to the to en relación a hombres agresores afroamericanos e
ecological model and were compared between groups inmigrantes latinoamericanos (Aldarondo, Kaufman, y
using ANOVAs, MANOVAs and Chi-square tests. Re- Jasinski, 2002; Gondolf, 2004; López-Ossorio, González-
sults showed significant differences at individual and Álvarez y Andrés-Pueyo, 2016; Taft, Murphy, Elliott y
contextual level between groups. Implications of these Keaser, 2011; Waller, 2016). A pesar del elevado número
differences in preventing IPV through intervention with de inmigrantes que son derivados desde el sistema judi-
offenders were discussed. cial a los programas de intervención con maltratadores
(Carbajosa et al., 2011; Fernández-Montalvo, Echauri,
Keywords: Intimate partner violence; Offenders; Martínez, Azcárate y López-Goñi, 2015), aún es escasa
Latin American immigrants; Ecological model. la investigación en este colectivo. Algunos estudios ana-
lizan las diferencias entre los agresores españoles y los
inmigrantes en variables relacionadas con la violencia
Introducción hacia la pareja. En esta línea, se ha encontrado que los
agresores inmigrantes, en comparación con los españoles,
son más jóvenes, tienen más hijos, un mayor nivel de
La violencia contra la mujer en las relaciones de pare- estudios y presentan más pensamientos irracionales sobre
ja actualmente es considerada como un problema de la mujer y la utilización de la violencia (Fernández-
salud pública (European Union Agency for Fundamental
Montalvo, Echauri, Martínez y Azcárate, 2011). En rela-
Rights, 2014; Organización Mundial de la Salud, 2013). ción a maltratadores inmigrantes latinoamericanos espe-
En España, según el Ministerio de Sanidad, Servicios So- cíficamente y, en comparación con maltratadores españo-
ciales e Igualdad (2015), un 12.5 % de las mujeres mayo-
les, se ha encontrado que mantienen una percepción de la
res de 16 años han sufrido alguna vez en su vida violen-
violencia contra la mujer como menos grave, culpabili-
cia física y/o sexual por parte de sus parejas o exparejas zan más a la víctima, tienen una actitud de mayor acepta-
(Novo, Herbón y Amado, 2016). Las cifras oficiales ción de la violencia, mayor sexismo benevolente y pre-
muestran que del total de las denuncias y víctimas mor-
sentan un mayor consumo de riesgo de alcohol (Catalá-
tales, al menos un tercio son mujeres inmigrantes (Insti-
Miñana, Lila y Oliver, 2013; Vargas, Lila y Catalá-
tuto para la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades,
Miñana, 2015). En este sentido, diversos autores destacan
2015a) y alrededor del 25 % de los condenados por un
que el desarrollo de instrumentos específicos de evalua-
delito de violencia de género son extranjeros (Carbajosa,
ción y de programas de tratamiento adaptados a sus nece-
Lila, Negredo y Pérez, 2011; Instituto para la Mujer y
sidades podrían mejorar los resultados de la intervención
para la Igualdad de Oportunidades, 2015b).
en colectivos específicos (Carbajosa, Catalá-Miñana, Lila
y Gracia, 2017; Fernández-Montalvo et al., 2011; Folino,
2015). Ante la posibilidad de adaptaciones culturales de
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 51-68. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20753 53

los programas de intervención, el desafío reside en de- Asimismo, el apoyo social tendría un rol importante en el
terminar si efectivamente los hombres que participan en ajuste psicológico en los maltratadores (Lila, Gracia y
este tipo de programas se benefician de los mismos Murgui, 2013). En este sentido, el aislamiento y la falta
(Gondolf, 2012). Para ello, el primer paso es profundizar de apoyo social podrían favorecer las conductas violentas
en el análisis de las diferencias entre agresores inmigran- y su mantenimiento en el tiempo. Además, vecindarios
tes y autóctonos en variables relacionadas con la violen- empobrecidos, violentos y desorganizados, podrían ex-
cia de pareja. plicar la relación entre violencia de pareja e inmigración
(Cummings et al., 2013). La desventaja social y los ba-
El modelo ecológico con sus distintos niveles – rrios con alta concentración de inmigrantes, en España
individual, relacional, contextual y social– (Heise, 1998), han sido identificados como factor de riesgo de la violen-
se presenta como la forma más adecuada de explicar y cia contra la mujer (Gracia, López-Quílez, Marco, Llado-
agrupar las numerosas variables involucradas en la vio- sa y Lila, 2014, 2015; Marco, Gracia, López-Quílez y
lencia contra la pareja (Cummings, González-Guarda y Tomás, 2015). A nivel social, Erez, Adelman y Gregory
Sandoval, 2013). Siguiendo este modelo, algunas de las (2009) hacen referencia al impacto de las normas que
variables destacadas por la literatura científica en el co- sancionan la violencia contra la pareja en las mujeres
lectivo de inmigrantes latinoamericanos, son: a nivel inmigrantes. Elementos culturales como una mayor tole-
individual, la juventud, el bajo nivel educativo, el estado rancia al abuso, inaceptabilidad del divorcio y valores
civil y el bajo nivel de ingresos (Caetano, Schafer, Clark, tradicionales podrían disminuir las posibilidades de de-
Cunradi y Raspberry, 2000; Jasinski, 2001). Factores nuncia y aumentar la tolerancia al agresor.
psicológicos como la impulsividad y la autoestima (Duke
y Cunradi, 2011; González-Guarda, Peragallo, Vásquez, Si bien la población de inmigrantes comparte el estrés
Urrutia y Mitrani, 2009). Asimismo, se ha constatado que asociado al proceso de inmigración, hay que tener en
el abuso de alcohol y drogas se relaciona con una mayor cuenta que es un grupo heterogéneo en el que es necesa-
probabilidad de ejercer la violencia contra la pareja (Cae- rio considerar la especificidad de la etnia, raza o país
tano, Nelson y Cunradi, 2001). Específicamente, en agre- para evitar los estereotipos y la simplificación de los
sores inmigrantes latinoamericanos se han encontrado resultados (e.g., Vaughn, Salas-Wright, Cooper-Sadlo,
elevados niveles de consumo de alcohol comparado con Maynard y Larson, 2014). Además, se debe tener en
los agresores españoles (Catalá-Miñana et al., 2017; Lila, cuenta que la mayoría de la literatura relacionada con la
Gracia y Catalá-Miñana, 2017; Lila, Gracia, Catalá- inmigración y la violencia contra la pareja proviene de
Miñana, Santirso y Romero-Martínez, 2016; Por otra Estados Unidos y otros países de habla inglesa, por lo
parte, se ha observado mayor presencia de actitudes de que habría que ser precavidos a la hora de extrapolar sus
aceptabilidad y tolerancia de la violencia contra la pareja conclusiones a la realidad española (Carbajosa et al.,
en inmigrantes latinoamericanos frente a los españoles 2011). De esta manera, con el fin de explorar estas cues-
(Gracia, Herrero, Lila y Fuente, 2009). A nivel relacio- tiones en el contexto español y con un colectivo específi-
nal, el incremento en el conflicto en la pareja podría au- co de inmigrantes (latinoamericanos), el objetivo de este
mentar las probabilidades de violencia. En parejas de trabajo es analizar si existen diferencias en variables
inmigrantes, cambios en los roles de género y la inde- relacionadas con la violencia contra la pareja y agrupadas
pendencia económica de la mujer, podrían ser percibidos según el modelo ecológico, en una muestra de hombres
por el hombre como una amenaza y éste podría utilizar la maltratadores inmigrantes latinoamericanos, en contraste
violencia para retomar el control (Boira, Carbajosa y con maltratadores españoles.
Méndez, 2016; Duke y Cunradi, 2011; Fernández-
González, Calvete y Orue, 2017; Martínez, Catalá-
Miñana y Peñaranda, 2016). A nivel contextual, se ha
encontrado en maltratadores que la ausencia de participa-
ción comunitaria y apoyo social formal predicen el riesgo
de reincidencia (Lila, Oliver, Lorenzo y Catalá, 2013).
54 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 51-68. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20753

Método (α = .75; CAGE; Mayfield, McLeod y Hall, 1974) y la


escala de Dependencia de sustancias del Inventario Clí-
nico Multiaxial de Millon III (α = .80; Escala T. MCMI
Participantes y procedimiento III; versión española de Cardenal y Sánchez, 2007). Las
creencias y actitudes relacionadas con la violencia fueron
Los participantes fueron 517 hombres, condenados evaluadas mediante la Escala de Percepción de Grave-
con penas inferiores a dos años de prisión por un delito dad de la violencia contra la pareja (α = .72; Gracia,
de violencia de género, derivados al Programa Contexto García y Lila, 2011) y los siguientes indicadores: Per-
(Programa de Investigación, Formación e Intervención cepción de frecuencia de la violencia contra la pareja
con Hombres Penados por Violencia de género) desde (¿En su opinión cuál es la frecuencia de la violencia do-
Servicios Sociales Penitenciarios, como medida alterna- méstica contra la mujer en la sociedad española?), Cul-
tiva a la pena de prisión (para una descripción del pro- pabilización de la víctima (¿En qué grado está de acuer-
grama, ver Lila, Oliver, Catalá-Miñana y Conchell, do con la siguiente afirmación? “Una causa de la violen-
2014). El rango de edad estaba entre los 18 y 78 años cia de pareja contra la mujer es la conducta provocativa
(M = 39.57, DT = 11.91). La muestra fue dividida en dos de la mujer”), Aceptabilidad de la violencia (“la violen-
grupos, el primero de ellos corresponde al grupo de na- cia contra la mujer es”-desde inaceptable en todas las
cionalidad española y el segundo a los participantes pro- circunstancias hasta aceptable en todas las circunstan-
cedentes de países latinoamericanos. De la muestra, 400 cias), Tolerancia hacia la violencia contra la pareja
usuarios tienen nacionalidad española (77.4 %) y 117 (“¿En qué circunstancias considera usted que una mujer
participantes han nacido en algún país latinoamericano debería denunciar por malos tratos a su pareja?”), y Acti-
(22.6 %). De estos últimos, los más numerosos fueron los tudes ante la denuncia (¿Qué haría si estando en su casa
ecuatorianos, quienes representaron el 45.3 % (n = 53) usted oye que un vecino está pegando a su mujer?) (Gra-
del grupo de los latinoamericanos; les siguieron los boli- cia 2014; Martín-Fernández, Gracia, Marco, Vargas,
vianos (n = 23, 19.7 %) y los colombianos (n = 17, Santirso y Lila, 2018).
14.5 %).
Variables relacionales: Respecto a la relación de pare-
Los datos fueron recogidos en el momento en que los ja, el nivel de conflicto fue evaluado mediante la Revised
participantes fueron citados por primera vez al programa Conflict Tactics Scale (CTS-2; Adaptación española de
de intervención. Los usuarios fueron informados sobre la Loinaz, 2009), con un coeficiente de consistencia interna
utilización de los datos con fines de investigación, se les entre .63 y .86. Para este estudio, se utilizaron los facto-
garantizó el anonimato y la confidencialidad, y se les so- res violencia física, violencia psicológica y agresión
licitó la firma del consentimiento informado. sexual.

Variables contextuales: Los factores contextuales fue-


Instrumentos de medida ron evaluados a través de la Percepción de seguridad en
el barrio (¿Cómo se siente usted cuando pasea de noche
Variables individuales: Se recogió información sobre por su barrio?) (Gracia, Herrero, Lila y Fuente, 2009) y
las características sociodemográficas (edad, nivel de el Apoyo Social Comunitario (ASC) en sus 4 dimensio-
estudios, nivel de ingresos, estado civil, situación laboral nes; Integración comunitaria, Participación en la comu-
y nacionalidad); nivel de autoestima a través de la Escala nidad, Apoyo social de los sistemas informales: asocia-
de Autoestima (Rosenberg, 1989); y nivel de impulsivi- ciones deportivas, de vecinos, parroquia, etc., y Apoyo
dad mediante la Escala de Impulsividad de Plutchik social de los sistemas formales: centros educativos,
(Adaptación española de Rubio et al., 1998). La consis- Ayuntamientos, centros de salud, etc. (.56 ≤ α ≥ .85)
tencia interna de estos instrumentos varió entre .68 y .93. (Gracia y Herrero, 2006).
El consumo de sustancias fue evaluado mediante el
instrumento Riesgo de consumo perjudicial de alcohol
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Tabla 1

Diferencias de medias para las variables sociodemográficas y deseabilidad social (ANOVA de un factor y Chi
cuadrado)

Españoles M(DT) Latinos M(DT) F h2


Edad 40.92 (12.46) 34.97 (8.31) 36.154*** .044
Nivel de ingresos 4.26 (2.5) 3.55 (1.8) 11.598*** .016
Deseabilidad social 7.02 (2.5) 6.90 (2.42) .202 .00
***p<.001
Españoles % Latinos % χ² (gl) V de Cramer
Estado civil 1.421(1)
Con pareja 23.1% 28.4%
Sin pareja 76.9% 71.6%
Nivel de estudios completados 49.99***(3) .311
Sin estudios 9.5% 3.4%
Primarios 57% 26.5%
Secundarios 25.8% 54.7%
Universitarios 7.8% 15.4%
Situación laboral 22.652***(1) .210
Empleado 50.4% 75.2%
Desempleado 49.6% 24.8%
***p < .001.

Finalmente, como variable control se incluyó la Esca- rianzas. La variable deseabilidad social fue introducida
la de deseabilidad social de Marlowe y Crowne (α = .55; como covariable para controlar su efecto, sin variar los
M-CSDS-10; adaptación española de Ferrando y Chico, resultados en los MANOVAs.
2000).

Resultados
Análisis de datos
En el nivel individual, se encontraron diferencias sig-
Para explorar las diferencias entre los agresores inmi- nificativas entre los agresores inmigrantes latinoame-
grantes latinoamericanos y españoles se realizaron distin- ricanos y españoles en las variables sociodemográficas
tos análisis de varianza. Las variables dependientes fue- edad, nivel de ingresos, nivel de estudios y situación la-
ron agrupadas según el modelo ecológico. Se hicieron boral. No obstante, en la variable estado civil no se en-
análisis de varianza de un factor (ANOVA) para las va- contraron diferencias significativas. Los participantes es-
riables edad y nivel de ingresos y ji cuadrado (X²) para pañoles tenían más edad, más ingresos, menores niveles
estado civil, nivel de estudios y situación laboral. Ade- de estudios y mayores tasas de desempleo en compara-
más, fue incluido el análisis de las diferencias de la va- ción con los participantes inmigrantes latinoamericanos.
riable control deseabilidad social a través de un ANOVA El tamaño del efecto y los coeficientes de V de Cramer
de un factor. Con respecto al resto de variables, se reali- resultaron ser pequeños. Por último, para la variable
zaron análisis multivariados de varianza (MANOVA) control deseabilidad social no se encontraron diferencias
entre grupos para comprobar si existían diferencias de significativas (Tabla 1).
medias entre agresores españoles e inmigrantes latinoa-
mericanos, controlando el supuesto de igualdad de va-
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Tabla 2

Análisis multivariado de varianza (MANOVA) para nacionalidad en función de los factores del nivel individual

Españoles Latinos
M DT M DT F
Impulsividad 28.3 5.49 27.17 4.74 2.45
Autoestima 32.27 4.07 32.83 4.23 0.04
Consumo perjudicial de alcohol 0.49 0.92 1.08 1.18 7.80**
Dependencia de sustancias 43.72 26.54 40.89 22.82 0.291
Gravedad de la violencia 8.97 1.33 8.47 1.87 3.80
Percepción de frecuencia de la violencia contra la pareja 1.82 0.75 1.76 0.76 0.27
Culpabilización de la víctima 2.56 1.13 3.14 1.23 9.87**
Aceptabilidad de la violencia contra la pareja 1.42 0.61 1.78 0.87 9.63**
Tolerancia hacia la violencia contra la pareja 1.58 0.70 1.51 0.74 0.42
Actitudes hacia la denuncia 1.37 0.60 1.47 0.63 1.02
** p < .01.

En cuanto a las características psicológicas evaluadas, riables culpabilización de la víctima y aceptabilidad de la


impulsividad y autoestima, el análisis multivariado re- violencia. Para el resto de variables dependientes no se
sultó no significativo (Traza de Pillai = .013, F(1, encontraron diferencias significativas. Los efectos inter-
204) = 1.33, p > .05). Asimismo, los análisis univariados sujetos muestran que los agresores latinoamericanos
para cada variable dependiente tampoco indicaron dife- mantienen una mayor culpabilización de la víctima y una
rencias. Para el consumo perjudicial de sustancias, el mayor aceptabilidad de la violencia contra la pareja (Ta-
MANOVA realizado indicó un efecto multivariado signi- bla 2).
ficativo para el grupo de nacionalidad, en función de las
variables dependientes consumo perjudicial de alcohol y En relación a las variables pertenecientes al nivel re-
dependencia de sustancias (Traza de Pillai = .113, F(2, lacional, los resultados del MANOVA indican que en la
98) = 6.26, p < .01). Los análisis univariados resultaron forma de resolución de conflictos de pareja, no se en-
significativos únicamente para la variable consumo per- contró un efecto multivariado significativo en las dimen-
judicial de alcohol (Tabla 2). siones que informaban sobre violencia psicológica, vio-
lencia física y agresión sexual por parte del participante y
En el grupo de variables sobre actitudes y creencias de la pareja (Traza de Pillai = .140, F(6, 65) = 1.77,
hacia la violencia contra la mujer, los resultados del p > .05). Únicamente la dimensión agresión sexual por
MANOVA indicaron diferencias significativas entre parte de la pareja indicó diferencias significativas en los
agresores inmigrantes latinoamericanos y españoles análisis univariados, no obstante, el estadístico del
(Traza de Pillai = .100, F(1, 164) = 2.96, p < .01). Tam- MANOVA no corroboró estas diferencias (Tabla 3).
bién se encontraron diferencias univariadas para las va-

Tabla 3

Análisis multivariado de varianza (MANOVA) para nacionalidad en función de factores de riesgo relacionales

Españoles Latinos
M DT M DT F
Violencia psicológica por parte del participante 10.13 18.45 8.69 14.29 0.14
Violencia psicológica por parte de la pareja 11.52 23.02 19.13 34.33 1.22
Violencia física por parte del participante 3.11 7.88 1.47 2.36 1.43
Violencia física por parte de la pareja 3.47 11.06 6.5 15.91 0.88
Agresión sexual por parte del participante 2.63 7.48 6.38 11.32 2.75
Agresión sexual por parte de la pareja 2.33 7.05 8.8 14.22 5.98*
Nota. Revised Conflict Tactics Scale (CTS-2); * p < .05.
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Tabla 4

Análisis multivariado de varianza (MANOVA) para nacionalidad en función de factores de riesgo contextuales

Españoles Latinos
M DT M DT F
Integración comunitaria 3.67 .77 3.22 .84 16.029***
Participación en la comunidad 2.78 1.04 3 .096 2.725
Apoyo social de los sistemas informales 3.59 1.06 3.93 .86 6.613*
Apoyo social de los sistemas formales 3.63 .9 3.9 .87 4.956*
Percepción de seguridad en el barrio 1.71 .7 1.78 .065 .502
*p < .05; ***p < .001

Por último, en las variables evaluadas en el nivel con- canos eran más jóvenes que los españoles y con niveles
textual relacionadas con el entorno social del participante educativos mayores. En cuanto al nivel de ingresos, los
(apoyo social y percepción de seguridad en el barrio). El inmigrantes latinoamericanos mostraron un nivel de in-
MANOVA mostró un efecto multivariado significativo greso menor que el de los españoles, aunque se encontra-
para el grupo de nacionalidad (Traza de Pillai = .146, ban empleados en mayor medida. Estos resultados coin-
F(1, 212) = 7.12, p < .001). Las variables dependientes ciden con los obtenidos en estudios realizados con agre-
que mostraron efectos univariados significativos fueron sores inmigrantes de otras nacionalidades y en población
las relacionadas con el apoyo social comunitario: inte- inmigrante latinoamericana en general (e.g., Fernández-
gración comunitaria, apoyo social de los sistemas in- Montalvo et al., 2011; Yépez, 2014). En la misma línea,
formales y apoyo social de los sistemas formales. Los diversos estudios han mostrado que la juventud, los nive-
ANOVAs indican que los agresores inmigrantes latinoa- les educativos bajos, menores niveles de ingresos, el
mericanos en comparación con los agresores españoles desempleo y la falta de oportunidades relacionadas con la
presentan una menor percepción de integración comuni- pertenencia a una minoría étnica se asocian a un mayor
taria, sienten mayor apoyo social de los sistemas infor- riesgo de violencia contra la pareja (González-Guarda,
males (asociaciones deportivas, de vecinos, etc.) y tam- Ortega, Vásquez y De Santis, 2010; Jasinski, 2001; Vi-
bién mayor percepción de apoyo social de los sistemas ves-Cases et al., 2014; West, 2005). Además, no se en-
formales (Ayuntamiento, centros de salud, etc.). Para la contraron diferencias significativas en autoestima e im-
variable percepción de seguridad en el barrio no se en- pulsividad entre los grupos. Sin embargo, algunos estu-
contraron diferencias significativas (Tabla 4). dios han encontrado que niveles de autoestima excesiva-
mente elevados en maltratadores promueven la externali-
zación de la culpa (Lila, Oliver, Catalá-Miñana, Galiana
y Gracia, 2014). Además, en un estudio previo, la impul-
Discusión sividad evaluada en un grupo de latinoamericanos resultó
ser un factor de riesgo junto a otras variables para la
El objetivo de este estudio era comprobar si existe un ocurrencia de violencia contra la pareja (Caetano et al.,
perfil diferencial entre los grupos de maltratadores espa- 2000). Habría que profundizar en el análisis de estas
ñoles e inmigrantes latinoamericanos en los factores de variables para entender la discrepancia entre nuestros
riesgo vinculados a la violencia contra la mujer en las resultados y los de estos estudios previos.
relaciones de pareja.
En cuanto al consumo de sustancias, se encontraron
Los resultados mostraron en el nivel individual que diferencias significativas en el consumo de alcohol. Los
existen diferencias significativas en las variables socio- agresores latinoamericanos presentaron más consumo
demográficas edad, nivel de estudios, nivel de ingresos y perjudicial de alcohol que los agresores españoles. El
situación laboral. Los agresores inmigrantes latinoameri- mayor consumo de alcohol en agresores inmigrantes
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latinoamericanos coincide con los resultados obtenidos yo social en los sistemas formales e informales compara-
por el estudio de Catalá et al. (2013), quienes encontra- dos con los agresores españoles. El apoyo social en po-
ron mayor consumo de riesgo y más conductas problemá- blación de agresores ha sido poco estudiado y la investi-
ticas vinculadas al alcohol en este colectivo. Algunas gación se ha centrado principalmente en la relación que
investigaciones plantean que la presencia de consumo de tiene con las víctimas (Heise, 1998; Krug, Dahlberg,
alcohol se traduciría en un alto riesgo de perpetrar vio- Mercy, Zwi y Lozano, 2002). No obstante, se plantea
lencia contra la pareja en agresores (Aldarondo et al., junto con otras variables como un elemento importante
2002; Catalá-Miñana et al., 2017; Guillén, Roth, Alfaro y en el ajuste psicológico de los agresores (Lila, Gracia et
Fernández, 2015; Lila et al., 2016; Lila et al., 2017; al., 2013). En cuanto a la percepción de desorden social,
Murphy, Winters, O’Farrel, Fals-Stewart y Murphy, diversos estudios proponen la existencia de relación entre
2005). vecindarios empobrecidos y desorganizados, inmigración
y violencia contra la pareja (Cummings et al., 2013; Gra-
En cuanto a las creencias y actitudes hacia la violen- cia et al. 2015). Sin embargo, los resultados de este estu-
cia contra la mujer, dos de las variables evaluadas mos- dio no encontraron diferencias en la percepción de segu-
traron diferencias significativas entre los agresores inmi- ridad en el barrio entre los agresores inmigrantes lati-
grantes latinoamericanos y españoles: la culpabilización noamericanos y españoles.
hacia la víctima y la aceptabilidad de la violencia. Los
agresores inmigrantes latinoamericanos presentaron ma- Según los resultados expuestos, los maltratadores in-
yores niveles de culpabilización hacia la víctima y acep- migrantes latinoamericanos en España, podrían acumular
tabilidad de la violencia. Los resultados encontrados más variables vinculadas con la violencia en contraste
coinciden con algunos estudios realizados en población con agresores españoles, o al menos mostrar característi-
general de inmigrantes latinoamericanos (Gracia et al., cas diferenciales. Este hecho supone plantearse si los
2009). programas de intervención con maltratadores deberían
ser adaptados según sus diferentes características psico-
Con respecto al nivel relacional, no se encontraron di- sociales y cultura de pertenencia (Carbajosa y Boira,
ferencias significativas entre agresores inmigrantes lati- 2013; Catalá-Miñana, Walker, Bowen y Lila, 2014; Fe-
noamericanos y españoles en estrategias de resolución de rrer-Perez, Ferreiro-Basurto, Navarro-Guzmán y Bosch-
conflictos de pareja. Los resultados se diferencian de los Fiol, 2016; Lila, 2013). En futuros estudios, sería conve-
del estudio realizado en Estados Unidos por Aldarondo et niente analizar si estas diferencias implican diferencias
al. (2002), en el que analizaron los factores de riesgo de en los resultados obtenidos tras el tratamiento.
violencia contra la pareja presentes en familias inmigran-
tes latinoamericanas, encontrando que las familias mexi- Como limitaciones de este estudio, encontramos que
canas tenían menos conflictos de pareja que las caucási- los datos no son generalizables a población latinoameri-
cas. En España, en un estudio que comparó delincuentes cana en general. Además, hubiera sido conveniente con-
comunes y penados por violencia de género, encontró tar con una muestra de población latinoamericana con
que estos últimos mostraban mayores niveles de agresión representación más equitativa entre países. Sin embargo,
psicológica hacia sus parejas (Ruíz-Hernández, García- representa la realidad en los programas de intervención
Jiménez, Llor-Esteban y Godoy-Fernández, 2015). con agresores en España. En futuros estudios, sería con-
veniente explorar si estas diferencias encontradas pueden
Las variables contextuales en las que se encontraron afectar a la eficacia de la intervención y, por tanto, a la
diferencias entre los dos grupos estudiados fueron tres de reducción del riesgo de reincidencia.
las cuatro dimensiones de apoyo social: integración co-
munitaria, apoyo social en los sistemas formales y apoyo Estos resultados adquieren relevancia debido a su re-
social en los sistemas informales. Los agresores inmi- lación con la violencia de pareja y las variables relacio-
grantes latinoamericanos mostraron un menor nivel de nadas con esta. Algunas revisiones sistemáticas han plan-
integración comunitaria y mayores puntuaciones en apo- teado que bajos niveles educativos, desempleo y bajos
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 51-68. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20753 59

niveles de ingresos podrían ser variables predictoras de la Social Consequences from Drinking among White,
violencia contra la pareja (Capaldi, Knoble, Shortt y Black and Hispanic Couples in United States. The
Kim, 2012; Organización Mundial de la Salud/London American Journal on Addictions, 10, 60-69.
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otra parte, variables como el consumo de alcohol, actitu-
des favorables al uso de la violencia, la participación en Caetano, R., Ramisetty-Mikler, S., Wallisch, L.,
la comunidad y el apoyo social pueden influir en el ries- McGrath, C. y Spence, R. (2008). Acculturation,
go de reincidencia (Caetano, Ramisetty-Mikler, Wallisch, Drinking, and Alcohol Abuse and Dependence
McGrath y Spence, 2008; Gondolf y Williams, 2001; among Hispanics in the Texas-Mexico Border.
Lila, Oliver, Catalá-Miñana et al., 2014; Lila, Oliver, Alcoholism: Clinical and Experimental Research,
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características diferenciales en estas variables entre agre- 0277.2007.00576.x
sores españoles e inmigrantes latinoamericanos, es un Caetano, R., Schafer, J., Clark, C. L., Cunradi, C. B. y
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SPANISH AND LATIN-AMERICAN


IMMIGRANTS INTIMATE PARTNER
VIOLENCE OFFENDERS:
IS THERE A DIFFERENTIAL PROFILE?

VIVIANA VARGAS1, MARISOL LILA1, ALBA CATALÁ-MIÑANA1 Y


ENRIQUE GRACIA1

EXTENDED SUMMARY
male in proportions that tend increasingly to be equated
(Fiscalía, 2013). Moreover, there is a need to communi-
Introduction cate the risk level to the victim to adopt the appropriate
protection measures.
Violence towards parents as well as elderly abuse are
relatively new and little studied phenomena compared to CPV risk factors
intimate partner violence or sexual abuse. Youth violence
has traditionally been studied in the context of general IThe CPV literature has described a number of prob-
delinquency. It is even argued that the study of adoles- lematic variables both in offenders and in their families.
cent violence towards their parents has been underrepre- As in other forms of violence, intergenerational transmis-
sented in public policies and criminological studies sion (Aroca, Bellver, & Alba, 2012; Boxer, Gullan &
(Condry & Miles, 2014). Although child-to-parent vio- Mahoney, 2009) as well as the bidirectionality (offender
lence (CPV) sometimes shares characteristics with juve- being also the victim) (Ibabe & Jaureguizar, 2011) have
nile general violence and delinquency, it has different been used as explanatory factors. Violence between par-
patterns and dynamics. One of the most used definitions ents has been also related to a higher frequency of CPV
of CPV is that of Cottrell (2001) which includes “Any (Boxer et al., 2009; Gámez-Guadix, & Calvete, 2012).
behaviour that is deliberately harmful to the parent and Other forms of victimization, as being bullied in the
used as a form of control […]. The abuse may be physi- school, may also explain some aggressions (Cottrell &
cal, psychological (including verbal) or financial” (p. 3). Monk, 2004; Estévez, English, Emler, Martínez-
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In recent years, the attention given to CPV in Spain 2015). The presence of other type of violence (to partners
has grown exponentially, surpassing that existing at the or relatives other than the parents) is characteristic of
international context. In Spain, there are an average of CPV judicial samples (Ibabe & Jaureguizar, 2011).
4600 official cases per year since 2007. However, a large
number of cases do not have complaint. CPV still tends An important set of risk factors are related to charac-
to be kept secret, often out of shame (Ghanizadeh & teristics of the aggressor. The psychopathological symp-
Jafari, 2010; Kennedy, Edmonds, Dann, & Burnett, tomatology is frequent in young people who attack their
2010) and parents are reluctant to report until the situa- parents (Calvete, Orue, & Gámez-Guadix, 2013; Calvete,
tion is unsustainable. Spanish Youth Prosecutor's Office Orue, & Sampedro, 2011; Castañeda, Garrido-Fernández,
points out several peculiarities of CPV such as being & Lanzarote, 2012; Cuervo et al., 2008; González-
rarely related to social exclusion situations, or that com- Álvarez, Morán, & García-Vera, 2011; Ibabe & Jau-
pared to other offenses, offenders are both male and fe- reguizar, 2011; Ibabe, Arnoso, & Elgorriaga, 2014a,
66 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 51-68. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20753

2014b; Kennedy et al., 2010). Compared to other juve- violence and offenders, this project had the aim of pro-
nile offenders, CPV cases have lower empathy (Ibabe & posing the first tool for CPV. A tool with the consensus
Jaureguizar, 2011) and lower self-esteem (Cuervo et al., of the professionals to whom it is intended is expected.
2008; González-Álvarez et al., 2011; Pereira & Bertino,
2010). Another characteristic feature in these cases is the
low frustration tolerance, high impulsivity and anger Method
control difficulties (Calvete et al., 2011; Castañeda et al.,
2012; Cuervo et al., 2008, Cuervo & Rechea, 2010; Gon-
zález-Álvarez et al., 2011; Ibabe, Jaureguizar, & Díaz, Participants
2007). Finally, within these personality traits, narcissism
or grandiosity ideas have also been linked to CPV (Cal- A total of 160 professionals participated in a survey,
vete, 2008; Calvete et al., 2011). and 112 complete answers were analysed. Respondents
included psychologist (39.3 %), social educators
Regarding the adaptation of the offenders, the most (24.1 %), police officers (9.8 %), social workers (6.3 %)
repeated factor is the academic difficulties (Cuervo et al., and university researchers (5.4 %) among others. The
2008, González-Álvarez, Gesteira, Fernández-Arias, & mean age was 41 years (dt = 9.9, range = 23-66) and
García-Vera, 2010; González-Álvarez et al., 2011). On 46.4 % were women. Most of them (58 %) had training
the other hand, antisocial behaviour and antisocial rela- in violence risk assessment, 67.6 % of them academic
tionships have been associated with a greater number of (studies such as criminology or forensic psychology) and
risk factors (Cottrell & Monk, 2004; Hong, Kral, Espel- 80% in specific workshops. Also the majority of re-
age, & Allen-Meares, 2012; Ibabe et al., 2007). spondents (79.5 %) were working directly on CPV cases.
Of those who did not currently work in the field, 43.4 %
Family issues are of special interest in CPV cases. A had done so previously.
problematic educational style is often described (Aroca,
Miró, & Bellver, 2013, Castañeda et al., 2012, Cuervo et Survey
al., 2008, Cuervo & Rechea, 2010). Related to this edu-
cational style, sometimes an inversion of the hierarchy
may occur, and the offender supplants the parent's role of A survey was developed through a review of the CPV
authority (Pérez & Pereira, 2006; Stewart, Burns, & literature, containing 28 factors (Table 1), grouped into
Leonard, 2007). Other family risk factors are coercive four dimensions: 1) characteristics of violence; 2) charac-
cycles (Pagani et al., 2004, 2009), non-violent conflicts teristics of the offender; 3) family characteristics; and 4)
(Ibabe et al., 2007), and inability to establish coherent protective factors. Respondents were asked with closed-
norms (Pereira & Bertino, 2010). In addition, there are ended questions about the adequacy of these factors to
parental problems, such as addictions and other psycho- assess the risk of CPV (adequate, don’t know, inade-
logical disorders, which have been linked to CPV (Cuer- quate), as well as opinion regarding the proposal of a tool
vo et al., 2008). to assess risk in these cases (table 2).

Along with risk factors, the literature describes pro-


tective factors that tend to be common in different types
Procedure
of violence and criminal forms. These factors have not
been specifically described in CPV, but the family impli- Several professionals were contacted by email to re-
cation in therapy, future prosocial plans, social support, quest their collaboration. This contact included universi-
and family support can be considered protective. ties, treatment centres, juvenile justice services, and po-
lice forces. In addition, the survey was available on the
Taking into account the literature review and the need websites of the Spanish Society for the Study of Child-
of specific risk assessment tools for different types of to-Parent Violence (SEVIFIP), Euskarri (Centre for train-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 51-68. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20753 67

ing and intervention in child-to-parent violence) and the vism; and quite (47.83 %) or very (17.39 %) useful for
group Deusto Stress Research. Participation took place assessing family risk.
between April and June 2014. After analysing the results
of the survey, the first version of the tool was developed Table 2 compares these opinions between those who
and seven pilot applications were carried out at the worked or not in CPV, and those who did or did not have
Euskarri centre (Bilbao) in June 2014. The objective of training in violence risk assessment. The only differences
this phase was to test the tool. In December 2014 a clini- were that those who did not work in CPV considered
cal session was also held with a panel of experts at the more necessary the tool and more useful to predict recid-
Amalgama 7 centre (Barcelona). ivism, and those who were not trained in violence risk
assessment considered it more useful to assess family
risk.
Results

Adequacy of risk factors Proposals of the respondents

The professionals' opinion regarding the adequacy of Respondents did different improvement proposals,
the risk factors for the assessment of CPV cases is pre- like new risk factors that they considered relevant and
sented in Table 1. The group of variables considered were not present. Nine new factors were included: age at
more adequate (percentage higher than 90 %) corre- onset of CPV; commission of CPV by siblings; attitudes
sponded to family issues (violence among parents, co- towards the use of violence; lack of values; type of vio-
habiting problems, educational style, family support and lence; failure in previous interventions; migration, family
family support in therapy). Regarding the offender, the reunification, temporary separation between parents and
most appropriate variables were affective style, substance children, culture of origin; therapeutic alliance; victims
abuse and anger management problems. Narcissism or of gender violence (the mother or the abusive daughter).
ideas of grandiosity (67.3 %), non-violent conflicts be-
tween parents (66.4 %), single parenthood (62.8 %) and Following the pilot applications and discussion
the adoptive family (64 %) received less professional groups, several modifications were included that led to
support. version 2 of the tool. The items that had more empirical
support remained as main factors. The others (e.g., single
parenthood, adoptive family, and mother victim), became
part of the socio-demographic variables. The risk factor 7
Opinion about the tool proposal (see Table 1) was divided into two in the tool draft (7.
empathy problems, and 8. self-esteem problems). Violent
The proposal was considered quite (45.65 %) or very attitudes, failure in previous interventions, motivation for
(38.04 %) necessary, that covered quite a lot (70.65 %) change, and therapeutic alliance were incorporated as
or perfectly (10.87 %) professional needs, that was quite new factors. The final version of the tool (v2.0, available
(54.35%) or very useful (14.13%) for the work in cases on request to the authors) contains a total of 24 risk fac-
of CPV, that covered the areas of interest (88 %), and tors, 6 protective factors and 15 case identification varia-
that it could be simple to use (89.13%). Regarding the bles (including sociodemographic and other risk factors).
utility, respondents considered it: quite (48.91 %) or very
useful (6.52 %) to assess the possible evolution of the
case; quite (65.2 %) or very (20.65 %) useful for as-
sessing intervention needs; quite (56.04 %) or very
(14.29 %) useful to recommend a treatment; quite
(37.36 %) or very (10.99 %) useful for predicting recidi-
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Discussion

The literature review reveals some variables that are


repeated in the research on CPV and that can be consid-
ered risk factors. These variables were submitted in 2014
to professionals to consider their relevance to be incorpo-
rated into a CPV risk assessment tool. Many of the fac-
tors had been reviewed previously (Ibabe, Jauregizar, &
Bentler, 2013, Lozano, Estévez, & Carballo, 2013), and
also after this survey (Martínez, Estévez, Jiménez, &
Velilla, 2015). Others, however, are less common and not
included in these reviews. The research has also pointed
out the need to agree on definitions and develop tools for
assessing the risk of violence in cases of CPV (Holt,
2013), as well as to understand how certain variables
become risk factors in specific populations (Holt, 2012).

The survey findings were used to elaborate a tool with


the agreement of the professionals who work in their
daily practice with CPV cases and are intended to be the
final users, something considered crucial since the ori-
gins of the development of crime prediction tools (Tib-
bitts, 1932) and part of the process of creating and re-
viewing the main tools of structured professional judg-
ment (see Douglas et al., 2014). Regarding the tool, the
main conclusion is that it was considered necessary and
useful. Risk factors were supported and nine proposals of
less common factors were included (e.g., single
parenthood, adoptive family, death of a parent, aggressor
siblings, age at onset of CPV). The pilot application of
the first version allowed to solve the main problems re-
lated to its use in practice. After this, it was proposed a
tool (available on request to authors) that is currently
being applied experimentally in different contexts.

The work still represents a first phase in the develop-


ment of a risk assessment tool for CPV. The following
steps should establish its final content and its properties
(e.g., predictive ability, convergent validity, reliability),
including its differential contribution compared to other
available tools such as SAVRY (Borum, Bartel, & Froth,
2006), for example, for juvenile samples (although we
must remember that those involved in CPV are not nec-
essarily minors).
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ATRIBUCIÓN DE RESPONSABILIDAD ANTE


LA VIOLENCIA SEXUAL: EFECTO DEL TIPO
DE TÁCTICA, EL GÉNERO Y EL SEXISMO
BENÉVOLO

ATTRIBUTION OF RESPONSIBILITY FOR


SEXUAL VIOLENCE: EFFECT OF TYPE OF
TACTIC, GENDER AND BENEVOLENT
SEXISM

MARTA GARRIDO-MACÍAS1, INMACULADA VALOR-SEGURA1 Y


FRANCISCA EXPÓSITO1

tra de 305 participantes, se presenta un escenario sexual


en el contexto de una relación de pareja, en el que se ma-
Resumen nipula el tipo de táctica utilizada para tener sexo (neutra,
persuasión o coerción sexual). Los resultados indican que
La violencia sexual es un problema actual sobre el que se las personas responsabilizan más al agresor cuando la
necesita estudio empírico, pues afecta a más del 30 % de táctica utilizada es persuasión o coerción sexual, que
las mujeres en sus relaciones con los hombres. El obje- cuando se utilizan tácticas no violentas (neutra). Además,
tivo de esta investigación ha sido comprobar el modo en se comprueba que los hombres con alto sexismo bené-
el que el tipo de táctica utilizada para conseguir sexo, el volo culpan menos al agresor solamente cuando éste uti-
género y el sexismo benévolo influyen en la responsabi- liza tácticas más sutiles de violencia sexual (persuasión
lidad que se le atribuye al agresor. Utilizando una mues- sexual), mientras que este efecto no ocurre en las muje-

Correspondencia: Marta Garrido-Macías, Centro de Investigación, Mente, Cerebro y Comportamiento, (CIMCYC).


Universidad de Granada, Campus de Cartuja s/n, 18071. Granada, España. Email: [email protected]

ORCID: Marta Garrido-Macías (http://orcid.org/0000-0002-0522-7461), Inmaculada Valor-Segura


(http://orcid.org/0000-0003-2303-3326) y Francisca Expósito (http://orcid.org/0000-0001-6157-4292).
1
Universidad de Granada, España.

Recibido: 22 junio de 2017.


Aceptado: 09 de septiembre de 2017.
70 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757

res. Estos resultados permiten proporcionar un marco patriarcal que subyuga a la mujer en muchos ámbitos, so-
teórico sobre el que incidir para establecer los límites de ciales, laborales, y también en la relación de pareja. Esta
los comportamientos que se consideran aceptables o no asimetría de poder que las mujeres tienen en su relación
en una relación, contribuyendo a su detección y rechazo, con los hombres, aumenta la vulnerabilidad a padecer
así como para considerar su influencia en la toma de de- cualquier situación de discriminación y violencia, pero,
cisión del ámbito jurídico en los casos de violencia de sobre todo, a aquellos tipos de violencia menos visibles,
género. como es la violencia sexual (Kuyper, de Wit, Smolenski,
Adam, Woertman y van Berlo, 2013).
Palabras clave: Violencia sexual; Atribución de
responsabilidad; Sexismo benévolo; Coerción sexual. El objetivo principal que subyace a la violencia se-
xual en la pareja es conseguir tener sexo con una persona
que no está dispuesta, utilizando para ello diferentes tipos
de tácticas que varían en función de su gravedad. Así,
Abstract
mientras las tácticas de agresión sexual que son mucho
más graves incluyen el uso de fuerza física (DeGue y
Sexual violence is a current problem that requires em- DiLillo, 2005; Katz y Tirone, 2009; McGregor, 2005),
pirical study, since it affects more than 30 % of women
las tácticas de coerción sexual se consideran de menor
in their relationships with men. The aim of the research gravedad, al utilizar la manipulación verbal y psicológica
has been to verify the way in which the type of tactics como forma de conseguir sexo (Black et al., 2011; De-
used to obtain sex, along with gender and benevolent Gue y DiLillo, 2005). Finalmente, en el extremo más su-
sexism can have an impact on the responsibility at- til, se encontrarían las tácticas de persuasión sexual, que
tributed to the aggressor. Using a sample of 305 partici- incluyen tácticas benignas y seductivas para conseguir
pants, a sexual scenario is presented in a relationship sexo (Camilleri, Quinsey y Tapscott, 2009).
context where the type of tactic used to have sex (neutral,
sexual coaxing, or sexual coercion) is manipulated. The Numerosos estudios han mostrado las consecuencias
results indicate that people attribute more responsibility negativas para las víctimas que han sufrido violencia se-
to the aggressor when the tactic used is sexual coaxing or xual, ya sean víctimas de agresión sexual, como de coer-
sexual coercion than when using non-violent (neutral) ción o persuasión sexual. Entre estas consecuencias des-
tactics. In addition, men with high benevolent sexism tacan: problemas de salud física (alteración del sueño,
blame the aggressor less, but only when the subtlest tac- enfermedades de transmisión sexual, embarazos no
tics of sexual violence (sexual coaxing) are used, where- deseados, disfunción sexual, etc.); problemas psicológi-
as this effect does not occur in women. These results cos (ansiedad, humillación, depresión, estrés, ideación
provide a theoretical framework for establishing the lim- suicida, síntomas de estrés postraumático, etc.); y pro-
its of the behaviours that are considered acceptable (or
blemas de comportamiento (abuso de sustancias, trastor-
not) in a relationship, contributing to their detection and
nos de alimentación, absentismo escolar o laboral, etc.)
having implications for legal decision-making in cases of (Postma, Bicanic, van der Vaart y Laan, 2013; Ullman,
gender violence. Relyea, Peter-Hagene y Vasquez, 2013; Zinzow et al.,
Keywords: Sexual violence; Attribution of respon- 2012). Además, se ha comprobado que la violencia más
sibility; Benevolent sexism; Sexual coercion. sutil tiene un alto índice de prevalencia en las relaciones
de pareja (Katz y Tirone, 2010; Salwen y O´Leary,
2013), siendo más utilizada que la más severa (Rubio-
Garay, López-González, Saúl y Sánchez-Elvira-Pania-
Introducción gua, 2012). Por ejemplo, Vannier y O’Sullivan (2010)
mostraron que el 59 % de las mujeres se habían impli-
Pese a los cambios sociales acontecidos en España en cado en sexo no deseado con su pareja, y Sorenson, Joshi
las últimas décadas, seguimos viviendo en una sociedad y Sivitz (2014) constataron que el 64.5 % conocían a una
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o más mujeres que habían sido víctimas de coerción se- 2009). Por ejemplo, Byers y Glenn, (2012) comprobaron,
xual en su relación. utilizando una muestra de 140 participantes menores de
30 años que habían sufrido uno o más incidentes de coer-
Sin embargo, pese a su alta prevalencia y las múlti- ción sexual desde los 14 años, que las mujeres responsa-
ples consecuencias que la violencia sexual tiene para las bilizaban más al perpetrador que los hombres. Además,
mujeres que la sufren, hay poca investigación sobre el Vidal-Fernández y Megías (2014) han demostrado que
tema, especialmente sobre las formas más sutiles (Katz y los hombres culpan más a las víctimas de violencia física
Tirone, 2010; Salwen y O’Leary, 2013). Esto puede ser por parte de su pareja que las mujeres. Sin embargo,
debido al hecho de que la violencia sexual verbal es a otros estudios no han encontrado diferencias significati-
menudo considerada aceptable, sobre todo en parejas que vas entre hombres y mujeres en la percepción de respon-
tienen una historia de sexo consensuado, y que les puede sabilidad del agresor (Herrera, Pina, Herrera y Expósito,
llevar a creerse en la obligación de continuar aceptando 2014; Tamborra, Dutton y Terry, 2014).
en relaciones sexuales futuras (Katz y Myhr, 2008; La-
zar, 2010). Además, tanto la coerción sexual como la Además, algunas investigaciones han analizado la in-
persuasión sexual han recibido escasa atención en el teracción del tipo de táctica y el género en la atribución
ámbito jurídico, pues este tipo de violencia no constituye de responsabilidad, encontrando que los hombres perci-
una categoría de ofensa legalmente reconocida como si ben a las víctimas de violencia sexual leve como más
ocurre con la agresión sexual. De hecho, en el contexto responsables que a las víctimas de violencia sexual gra-
legal, este tipo de víctimas son percibidas como persua- ve, mientras que las mujeres no difieren en la respon-
didas bajo presión psicológica, lo que implica que son sabilidad atribuida en función del tipo de táctica (Katz et
parcialmente responsables y tienen control sobre la situa- al., 2007; Rogers, Davies y Cottam, 2010).
ción (McGregor, 2005).
Por último, la ideología sexista ejerce una influencia
Tomando en cuenta la percepción que la sociedad ac- negativa en la compresión y percepción de la violencia
tual y el ámbito jurídico tienen acerca de la violencia de género (Durán, Campos-Romero y Martínez-Pecino,
sexual cuando coexiste con el uso de fuerza física, este 2014; Herrera, Herrera y Expósito, 2014; Herrera, He-
estudio se interesa en determinar cómo el tipo de táctica, rrera y Expósito, 2017) y en la reacción a la violencia
el género y el sexismo benévolo podrían estar influyendo sexual (Yamawaki 2007). Se ha comprobado que las tác-
en la responsabilidad que se le atribuye al agresor. ticas de violencia sexual más leves parecen estar más
asociadas a actitudes permisivas o estereotípicas sobre el
En primer lugar, se ha demostrado que el tipo de tác- sexo y la mujer (DeGue y DiLillo, 2005). La ideología
tica utilizada influye en la responsabilidad atribuida a las sexista se refiere a un conjunto de creencias sobre los
partes. Así, las personas atribuyen más responsabilidad a roles de género, características y comportamientos que
la víctima cuando ésta ha sufrido violencia más leve que son considerados apropiados para hombres y mujeres, así
cuando ha sufrido violencia sexual con el uso de fuerza como creencias sobre las relaciones entre ambos (Glick y
física (Katz, Moore y Tkachuk, 2007). Además, cuando Fiske, 1996). Esta ideología apoya las desigualdades de
el comportamiento del agresor incluye tácticas sexuales poder, generando un contexto propicio para la justifica-
más violentas se percibe como más inaceptable y más ción de la dominación de los hombres sobre las mujeres.
negativo que cuando no incluye agresión (Capezza y La teoría del sexismo ambivalente incluye tanto el se-
Arriaga, 2008a, 2008b), responsabilizándolo más por su xismo hostil como el sexismo benévolo, siendo el se-
conducta. xismo benévolo el que comúnmente se ha asociado a la
responsabilidad atribuida en casos de violencia de género
En segundo lugar, los estudios centrados en las dife- (Durán, 2010; Valor-Segura, Expósito y Moya, 2011).
rencias de género han comprobado que los hombres Así, la literatura ha demostrado que adherirse a los roles
atribuyen menos responsabilidad al perpetrador que las de género tradicionales influye en la atribución de res-
mujeres (Basow y Minieri, 2011; Davies y Rogers, ponsabilidad al agresor (Soto-Quevedo, 2012), de forma
72 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757

que las personas con alto sexismo benévolo culpan más a Procedimiento y diseño
la víctima y exoneran más al perpetrador cuando la víc-
tima se comporta de manera inconsistente con los roles Para esta investigación se ejecutó un diseño factorial
de género tradicionales (Capezza y Arriaga, 2008a; Mas- completo 3 (tipo de táctica: neutra, persuasión y coer-
ser, Lee y Mckimmie, 2010; Pedersen y Siseñtrömwall, ción) x 2 (género: masculino vs. femenino) con la res-
2013; Soto-Quevedo, 2012; Valor-Segura et al., 2011; ponsabilidad atribuida al agresor como variable depen-
Vidal-Fernández y Megías, 2014; Yamawaki, 2007), tal y diente. Además, también se ejecutó una regresión por pa-
como se percibe cuando la víctima sufre violencia sexual sos, utilizando como variables independientes el sexismo
dentro de su pareja o cuando ésta no se resiste. benévolo, el tipo de táctica y el género; y como variable
dependiente la responsabilidad atribuida al agresor.
Con todo lo expuesto, la presente investigación tiene
como finalidad analizar cómo el tipo de táctica y el gé- La selección de los participantes se llevó a cabo me-
nero influyen en la responsabilidad que se le atribuye al diante un muestreo incidental en las bibliotecas de las
agresor, así como comprobar el papel del sexismo bené- facultades de Psicología, Empresariales y Económicas,
volo en dicha percepción. Para tal fin, se establecen las Farmacia y Relaciones Laborales de la Universidad de
siguientes hipótesis: Granada. Una vez recogida la muestra, los sujetos acce-
dieron a participar en el estudio de forma voluntaria re-
H1: Se espera que se responsabilice más al agresor llenando un consentimiento informado en el que se les
cuando se utilicen tácticas de violencia sexual más graves proporcionaba la información relativa al experimento y
que cuando se utilicen tácticas más leves. se les garantizaba el anonimato y la confidencialidad.

H2: Se espera que las mujeres atribuyan más respon-


sabilidad al agresor que los hombres.
Instrumentos de medida
H3: Se espera un efecto del sexismo benévolo sobre
la responsabilidad atribuida al agresor en función del tipo Se diseñó un instrumento formado por varias escalas
de táctica y el género, de forma que un alto sexismo be- en las que se les preguntaba a los participantes una serie
névolo lleve a una menor atribución de responsabilidad de constructos relacionados con el objeto de investiga-
del agresor cuando la táctica utilizada sea la persuasión y ción. Para introducir la manipulación experimental se
sólo en los participantes hombres. presentaba la descripción de un escenario (ver apéndice)
en el que se producía una relación sexual modificándose
el tipo de táctica utilizada (neutra vs. coerción sexual vs.
Método persuasión sexual), distribuyéndose los participantes a
cada una de las tres condiciones de manera aleatoria. A
continuación, se preguntaba por una serie de cuestiones
Participantes relativas al episodio descrito.

La muestra estuvo compuesta por 305 estudiantes - Percepción de violencia sexual: se utilizó la subes-
universitarios, 115 hombres (37.7 %) y 190 mujeres cala de Tamborra et al. (2014), formada por 6 ítems que
(62.3 %), con edades comprendidas entre los 18 y los 35 evalúan la percepción de violencia sexual de la situación
(M = 21.53, DT = 3.23). De la muestra analizada, el descrita (e.g., “Ana se sintió presionada para tener se-
30.2 % habían vivido una situación similar a la descrita y xo”), con un formato de respuesta tipo Líkert entre 1
el 64.6 % conocían a alguien que había vivido algo pare- (totalmente en desacuerdo) y 5 (totalmente de acuerdo).
cido a la situación descrita. Con los participantes en este estudio, la escala se mostró
consistente internamente (α = .77).
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757 73

- Responsabilidad del agresor: un ítem evalúa per- cas. Así, se percibe una mayor violencia sexual en la
cepción de responsabilidad del agresor (“Antonio es más condición de coerción (Mcoerción = 3.77, DTcoerción = 0.07),
responsable de haber tenido sexo que Ana”), con un for- que en la de persuasión (Mpersuasión= 3.54, DTpersua-
mato de respuesta tipo Líkert entre 1 (totalmente en sión = 0.07) (p = .049) y que en la neutra (Mneutra = 3.08,
desacuerdo) y 5 (totalmente de acuerdo). DTneutra = 0.09) (p < .001), y una mayor violencia sexual
- Escala de Sexismo Ambivalente (ASI) (Expósito, en la condición de persuasión que en la neutra (p < .001).
Moya y Glick, 1998). Para esta investigación se ha utili-
zado la subescala de sexismo benévolo, formada por 11
ítems (e.g., “las mujeres deben ser queridas y protegidas Responsabilidad atribuida al agresor
por los hombres”) que presentan un formato de respuesta en función del tipo de táctica
tipo Likert de 0 (totalmente en desacuerdo) a 5 (total-
mente de acuerdo). Con los participantes en este estudio,
Para comprobar la Hipótesis 1 que afirmaba que las
la escala se mostró consistente internamente (α = .88).
personas atribuirán más responsabilidad al agresor en
función de la gravedad de la táctica utilizada, se llevó a
- Características sociodemográficas. Se recogieron
cabo un ANOVA utilizando como variable independiente
datos relativos al género y a la edad.
el tipo de táctica y como variable dependiente la respon-
sabilidad atribuida al agresor. Los resultados indican un
efecto del tipo de táctica sobre la responsabilidad atri-
buida, F(2, 302) = 5.07, p = .007, η2p = .032, encontrán-
Resultados dose mediante la prueba de Tukey diferencias entre la
condición neutra y las otras dos condiciones (coerción y
Manipulation check persuasión). Así, como se observa en la Figura 1 se com-
prueba que se le atribuye más responsabilidad al agresor
Con el objetivo de comprobar que se ha producido co- en la condición de coerción (Mcoerción = 3.12, DTcoer-
rrectamente la manipulación experimental, se llevó a ción = 0.11) que en la condición neutra (Mneutra= 2.56,
cabo un ANOVA utilizando como variable independiente DTneutra = 0.14) (p = .006) y en la condición de persua-
el tipo de táctica (neutra vs. coerción vs. persuasión) y sión (Mpersuasión = 3.01, DTpersuasión = 0.11) que en la con-
como variable dependiente la percepción de violencia se- dición neutra (p = .036).
xual. Los resultados indican un efecto del tipo de táctica
sobre la percepción de violencia sexual F(2,
302) = 19.97, p < .001, η2p = .12, encontrándose me-
diante la prueba de Tukey diferencias entre las tres tácti-

Figura 1. Responsabilidad atribuida al agresor en función del tipo de táctica


** p < .01, *p < .05.
74 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757

Tabla 1

Efecto del tipo de táctica, el género y el sexismo benévolo en la responsabilidad atribuida al agresor

Responsabilidad atribuida al agresor


β t p
Paso 1 Táctica .13 .78 .435
SB -.41 -1.5 .149
Género -.04 -.12 .902
R2 .03
Paso 2 Táctica x SB .21 1.14 .255
Táctica x Género .08 .36 .721
SB x Género .75 2.21 .028
R2 .04
ΔR2 .02
Paso 3 Táctica x SB x Género -.52 -2.30 .022
R2 .06
ΔR2 .03

Diferencias de género en responsabili- 1 = persuasión, 2 = coerción) y el género (0 = masculino,


dad del agresor 1= femenino), y como variable dependiente se utilizó la
responsabilidad atribuida al agresor. En el primer paso se
contrastaron los efectos principales de las variables de
Con el objetivo de verificar la Hipótesis 2 que afir-
interés, en el segundo paso las interacciones de segundo
maba que las mujeres atribuyen más responsabilidad al
orden y en el tercer paso las interacciones de tercer or-
agresor que los hombres, se llevó a cabo una t de Student
den. Los resultados se muestran en la Tabla 1.
para muestras independientes, utilizando como variable
independiente el género de los participantes y como va-
De acuerdo con la Hipótesis 3, los resultados mues-
riable dependiente la atribución de responsabilidad al
tran una interacción significativa entre el sexismo bené-
agresor. Los resultados indican que no existen diferencias
volo, el tipo de táctica y el género (Figura 2). Tal y como
de género en la responsabilidad atribuida al agresor
se esperaba, el sexismo benévolo predice la res-
t(303) = 0.23, p = .822, de forma que tanto hombres
ponsabilidad atribuida al agresor sólo cuando la táctica
(M = 2.97, DT = 1.30) como mujeres (M = 2.93,
utilizada es menos grave (persuasión) en el caso de los
DT = 1.19) le atribuyen el mismo grado de responsabili-
hombres (b = -.35, EE = .18, p = .054), no obteniéndose
dad.
efecto en la condición neutra (b = -.03, EE = .56,
p = .965) ni en la condición de coerción sexual (b = .08,
EE = .19, p = .667). A su vez, no se encontró efecto del
Efecto del sexismo benévolo sobre la sexismo benévolo en las mujeres, ni en la condición neu-
responsabilidad del agresor en función tra (b = .42, EE = .27, p = .126); ni en la condición de
del tipo de táctica y el género persuasión (b = -.08, EE = .14, p = .544); ni en la condi-
ción de coerción sexual (b = -.22, EE = .13, p = .093).
Con el objetivo de comprobar la Hipótesis 3, en la
que se espera un efecto del sexismo benévolo, el tipo de
táctica y el género sobre la responsabilidad atribuida al
agresor, se llevó a cabo un análisis de regresión múltiple.
Las variables independientes introducidas fueron el se-
xismo benévolo (SB), el tipo de táctica (0 = neutra,
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757 75

Figura 2. Interacción del Tipo de Táctica, el Género y el Sexismo Benévolo en la responsabilidad atribuida al agresor.

rechazar la Hipótesis 2, pues no se encuentran diferencias


Discusión de género en la responsabilidad atribuida al agresor, si-
milar a resultados obtenidos en estudios previos (Herrera
El objetivo fundamental de esta investigación consis- et al., 2014; Tamborra et al, 2014). Esta ausencia de dife-
tió en comprobar cómo el tipo de táctica sexual utilizada rencias de género puede ser debida a que tanto hombres
por el agresor, el género y el sexismo benévolo de los como mujeres se encuentran insertos en una cultura cuyo
observadores influyen en la responsabilidad que se atri- sistema de creencias podría legitimar directa o indirecta-
buye al agresor. mente el empleo de violencia física en relaciones de pa-
reja (Valor-Segura et al., 2011), por lo que las actitudes
En primer lugar, los resultados demuestran que cuan- sexistas hacia las mujeres no sólo son mantenidas por los
do la relación sexual se lleva a cabo con el uso de tácticas hombres, sino también por las mujeres (Soto-Quevedo,
que no implican violencia (neutras), las personas respon- 2012).
sabilizan menos al agresor que cuando éste utiliza tácti-
cas de persuasión sexual o de coerción sexual. Sin em- Finalmente, en relación a la influencia que el sexismo
bargo, no existe una diferencia en la responsabilidad benévolo ejerce en la responsabilidad atribuida al agre-
atribuida al agresor cuando se compara el uso de persua- sor, los resultados indican que puntuaciones altas en se-
sión sexual y de coerción sexual, por lo que la Hipótesis xismo benévolo llevan a culpar en menor medida al agre-
1 sólo puede ser aceptada parcialmente. Estos hallazgos sor (Capezza y Arriaga, 2008a; Pedersen y Strömwall,
permiten comprobar que, a pesar de que estudios previos 2013; Yamawaki, 2007) sólo cuando el tipo de táctica
demuestran una mayor responsabilidad atribuida al agre- utilizada es la persuasión sexual y los participantes son
sor cuando se han utilizado tácticas más graves como la hombres. Estos resultados permiten aceptar la Hipótesis 3
fuerza física que cuando las tácticas han sido más sutiles y confirman los hallazgos de estudios previos que de-
(Capezza y Arriaga, 2008a; 2008b; Katz et al., 2007), las muestran que los hombres responsabilizaban más a las
personas, en general, culpan al agresor en igual medida víctimas cuando se trata de violencia leve (versus violen-
cuando éste utiliza cualquier tipo de tácticas que no im- cia grave), mientras que las mujeres no varían la atribu-
plican el uso de la fuerza física, aunque difieran en gra- ción de responsabilidad al agresor en función del tipo de
vedad (persuasión sexual vs. coerción sexual). violencia (Katz et al., 2007; Rogers et al., 2010).

En segundo lugar, aunque algunos autores han encon- Pese a que la presente investigación aporta datos que
trado que los hombres responsabilizan menos al agresor van en la línea de lo esperado y animan a seguir investi-
que las mujeres (Bascow y Minieri, 2010; Byers y Glenn, gando en esta dirección, existen ciertas limitaciones que
2012; Davies y Rogers, 2009), el presente estudio lleva a tratarán de solventarse en investigaciones futuras. En
76 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757

primer lugar, el hecho de que los escenarios de coerción


sexual y de persuasión sexual incluyan violencia sexual Referencias
sutil, ha podido influir en que los participantes atribuyan
el mismo grado de responsabilidad al agresor, por lo que Basow, S. A. y Minieri, A. (2011). “You owe me”: Ef-
en investigaciones futuras sería deseable aportar más in- fects of date cost, who pays, participant gender, and
formación de la situación, así como situaciones de agre- rape myth beliefs on perceptions of rape. Journal of
sión sexual para comprobar si los participantes reaccio- Interpersonal Violence, 26, 479-497.
nan de manera diferencial. https://doi.org/10.1177/0886260510363421

La violencia sexual, a pesar de ser descrita como una Black, M. C., Basile, K. C., Breiding, M. J., Smith, S. G.,
de las experiencias más degradantes y humillantes que Walters, M. L., Merrick, M. T., … y Stevens, M. R.
una persona puede experimentar (Bourke, 2007; Mackin- (2011). The National Intimate Partner and Sexual
non, 2006), ha recibido una menor atención que la vio- Violence Survey (NISVS): 2010 Summary Report.
lencia física o la psicológica. Además, se suma el hecho Atlanta, GA: National Center for Injury Prevention
de que existe una ambigüedad asociada a cómo clasificar, and Control, Centers for Disease Control and
medir y etiquetar el completo rango de actos sexuales Prevention.
obligados. Las dificultades para comprender y medir las
experiencias de violencia sexual son mayores cuando los Bourke, J. (2007). Rape: Sex, Violence, History. Berkley,
actos ocurren en el contexto de las relaciones de pareja, CA: Shoemaker and Hoard.
resultando prácticamente imposible definir los límites de
la integridad corporal dentro del contexto de las relacio- Byers, E. S. y Glenn, S. A. (2012). Gender Differences in
nes íntimas (Logan, Walker y Cole, 2015). En este sen- Cognitive and Affective Responses to Sexual
tido, comprender como la culpa o responsabilidad es Coercion. Journal of Interpersonal Violence, 27,
asignada al agresor por observadores externos tiene im- 827-845.
portantes implicaciones en el campo de la psicología fo- https://doi.org/10.1177/0886260511423250
rense, pues puede ser un factor importante en las decisio-
nes tomadas por la policía, jueces y fiscales que trabajan Camilleri, J. A., Quinsey, V. L. y Tapscott, J. L. (2009).
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World and Ambivalent Sexism. The Spanish


Journal of Psychology, 14, 195-206. Apéndice
https://doi.org/10.5209/rev_SJOP.2011.v14.n1.17
Escenario Neutro
Vannier, S. A. y O'Sullivan, L. F. (2010). Sex without Ana y Antonio son dos jóvenes universitarios que van
Desire: Characteristics of Occasions of Sexual a la misma facultad. Llevan saliendo juntos 6 meses. Una
Compliance in young Adults' Committed noche quedan para ir a casa de un amigo común y pasan
Relationships. Journal of Sex Research, 47, 429- la noche riendo, hablando y coqueteando. Después, Ana
439. https://doi.org/10.1080/00224490903132051 invita a Antonio a su piso para seguir charlando un rato
más. Cuando llegan, Ana lo hace pasar a su habitación y
Vidal-Fernández, A. y Megías, J. L. (2014). Attributions empieza a besarle. Se sientan en la cama y continúan be-
of Blame to Battered Women when they are sándose y acariciándose. Al poco tiempo, Antonio desliza
Perceived as Feminists or as “difficult to deal with”. su mano hacia el pantalón de Ana y consigue desabro-
The Spanish Journal of Psychology, 17, 1-10. charlo.
https://doi.org/10.1017/sjp.2014.26 –¿Qué haces?– dice Ana mientras se separa de Anto-
nio.
Weiss, K. G. (2009). “Boys Will Be Boys” and other –¿Sabes que eres lo más bonito que me ha pasado
Gendered Accounts. An Exploration of Victims’ hace mucho tiempo? Te deseo Ana…, y sé que tú también
Excuses and Justifications for Unwanted Sexual me deseas a mí–, responde Antonio con una dulce son-
Contact and Coercion. Violence against Women, risa en el rostro.
15(7), 810-834. –A mí también me gustas mucho, pero tengo miedo de
https://doi.org/10.1177/1077801209333611 que me hagas daño…– murmura Ana.
–Shhhhh (le hace un gesto llevándose el dedo a los
Yamawaki, N. (2007). Rape Perception and the Function labios para hacerla callar) … Lo sé Ana, pero entre dos
of Ambivalent Sexism and Gender-Role personas que se atraen tanto es inevitable que pase algo
Traditionality. Journal of Interpersonal Violence, especial. Sólo quiero estar contigo, demostrarte lo que
22, 406-423. siento…– responde Antonio mientras la sigue besando en
https://doi.org/10.1177/0886260506297210 las manos y en el cuello.
–Sí, es inevitable sentir lo que sentimos…– balbucea
Zinzow, H. M., Resnick, H. S., McCauley, J. L., Ana mientras responde a los apasionados besos de Anto-
Amstadter, A. B., Ruggiero, K. J. y Kilpatrick, D. nio.
G. (2012). Prevalence and Risk of Psychiatric Finalmente, Ana y Antonio acaban acostándose jun-
Disorders as a Function of Variant Rape Histories: tos.
Results from a National Survey of Women. Social
Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 47, 893- Escenario Persuasión
902. https://doi.org/ 10.1007/s00127-011-0397-1. Ana y Antonio son dos jóvenes universitarios que van
a la misma facultad. Llevan saliendo juntos 6 meses. Una
noche quedan para ir a casa de un amigo común y pasan
la noche riendo, hablando y coqueteando. Después, Ana
invita a Antonio a su piso para seguir charlando un rato
más. Cuando llegan, Ana lo hace pasar a su habitación y
empieza a besarle. Antonio responde a los besos y poco a
poco desliza su mano hacia el pantalón de Ana, pero ella
lo para y vuelve a colocar su mano en su cintura. Se
sientan en la cama y continúan besándose y acaricián-
80 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757

dose. Al poco tiempo, Antonio vuelve a insistir bajando siste Antonio mientras la sigue besando en las manos y
la mano y consigue desabrochar el pantalón de Ana. en el cuello.
–¿Qué haces? ¡Para! – dice Ana mientras se separa –Mmm… es que no me apetece, de verdad! …–
de Antonio. balbucea Ana mientras responde, con desgana, a los
–No te asustes Ana. ¿Sabes que eres lo más bonito apasionados besos de Antonio.
que me ha pasado hace mucho tiempo? Te deseo Ana…, Tras los continuos argumentos de Antonio y sus insis-
y sé que tú también me deseas a mí– responde Antonio tentes caricias, Ana finalmente cede y se acuestan juntos.
con una dulce sonrisa en el rostro.
–Sólo quería pasar un rato contigo, nada más– mur-
mura Ana.
–Shhhhh (le hace un gesto llevándose el dedo a los
labios para hacerla callar) … Lo sé Ana, pero entre dos
personas que se atraen tanto es inevitable que pase algo
especial. Sólo quiero estar contigo, demostrarte lo que
siento…– insiste Antonio mientras la sigue besando en
las manos y en el cuello.
–Mmm… es que no me apetece, de verdad! …–
balbucea Ana mientras responde, con desgana, a los
apasionados besos de Antonio.
Tras los continuos argumentos de Antonio y sus insis-
tentes caricias, Ana finalmente cede y se acuestan juntos.

Escenario Coerción
Ana y Antonio son dos jóvenes universitarios que van
a la misma facultad. Llevan saliendo juntos 6 meses. Una
noche quedan para ir a casa de un amigo común y pasan
la noche riendo, hablando y coqueteando. Después, Ana
invita a Antonio a su piso para seguir charlando un rato
más. Cuando llegan, Ana lo hace pasar a su habitación y
empieza a besarle. Antonio responde a los besos y poco a
poco desliza su mano hacia el pantalón de Ana, pero ella
lo para y vuelve a colocar su mano en su cintura. Se
sientan en la cama y continúan besándose y acaricián-
dose. Al poco tiempo, Antonio vuelve a insistir bajando
la mano y consigue desabrochar el pantalón de Ana.
–¿Qué haces? ¡Para! – dice Ana mientras se separa
de Antonio.
–¡Venga ya Ana! No me gustaría irme de aquí así.
Además, está claro que quieres algo más conmigo, igual
que yo– responde Antonio con una sonrisa en el rostro.
–Sólo quería pasar un rato contigo, nada más– mur-
mura Ana.
–Si solo quisieras eso, no me habrías traído a tu casa,
ni estaríamos en tu habitación. Si de verdad sintieras por
mí lo que yo siento por ti, no dudarías ni un segundo– in-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757 81

ATTRIBUTION OF RESPONSIBILITY FOR


SEXUAL VIOLENCE: EFFECT OF TYPE OF
TACTIC, GENDER AND BENEVOLENT
SEXISM

MARTA GARRIDO-MACÍAS1, INMACULADA VALOR-SEGURA1 Y


FRANCISCA EXPÓSITO1

EXTENDED SUMMARY

2013) being more commonly used than severe violence


Introduction (Rubio-Garay, López-González, Saúl, & Sánchez-Elvira-
Paniagua, 2012). For instance, Vannier and O´Sullivan
Sexual violence is one of the most humiliating and (2010) showed that 59% of women have been involved
devastating forms of violence against women. Within the in undesired sex with their partners, and Sorenson, Joshi
couple relationship, the main objective is to obtain sex and Sivitz (2014) noted that 64.5% know one or more
with a person who is unwilling by using different types women that have been victims of sexual coercion.
of tactics that can vary according to their degree of se-
verity. Firstly, sexual aggression appears to be the most Although sexual violence has high prevalence and
severe, including the use of direct and invasive physical multiple consequences for the affected women, relatively
force to obtain sex (DeGue & DiLillo, 2005; Katz & Ti- few studies have investigated the subtlest forms of vio-
rone, 2009; McGregor, 2005). Secondly, sexual coercion lence (Katz & Tirone, 2010; Salwen & O’Leary, 2013).
is less severe than sexual aggression, because it includes This could be due to the fact that sexual violence can oc-
the use of verbal and psychological manipulation as a casionally be normalised, particularly in couple relation-
means of obtaining sex (Black et al., 2011; DeGue & ships that have a history of consensual sex and in which
DiLillo, 2005). there is the belief that they must continue to accept sex in
future encounters (Katz & Myhr, 2008; Lazar, 2010).
Finally, sexual coaxing tactics are located at the other Moreover, both sexual coercion and sexual coaxing have
extreme to sexual aggression, including the use of more received little attention in the legal context because, un-
subtle tactics that are more charming and benign (Ca- like sexual aggression, they do not fall under any legally
milleri, Quinsey, & Tapscott, 2009).Sexual violence has recognized category of offense. In fact, in the legal con-
immeasurable consequences for the affected women, text, these types of victims are perceived as being subject
such as physical (sleep alterations, sexual dysfunction, to persuasion under psychological pressure, implying
etc.), psychological (anxiety, depression, etc.), and be- that they are partially responsible and have control over
havioural (substance abuse, eating disorders, etc.) prob- the situation (McGregor, 2005).
lems (Postma, Bicanic, van der Vaart, & Laan, 2013;
Ullman, Relyea, Peter-Hagene, & Vasquez, 2013; Given these current perceptions regarding sexual vio-
Zinzow et al., 2012). Further, it has been demonstrated lence when it coexists with the use of physical force –
that less severe violence is highly prevalent in couple both in modern society in general and the legal context in
relationships (Katz & Tirone, 2010; Salwen & O’Leary, particular– this study is concerned with determining how
the type of tactics, gender, and benevolent sexism could
82 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757

have an impact on the responsibility attributed to the ag- sponsibility attributed to the aggressor, as well as
gressor. demonstrating the influence of benevolent sexism on this
perception. Thus, we expected to find higher attribution
Firstly, with respect to the type of tactic, research has of responsibility to the aggressor when the sexual tactics
shown that people attribute more responsibility to the are more severe compared with the case in which more
victim when they have suffered less severe violence than subtle tactics are employed (Hypothesis 1). Further, it is
sexual violence with the use of physical force (Katz, expected that women attribute more responsibility to the
Moore, & Tkachuk, 2007). Moreover, the behaviour of aggressor than men (Hypothesis 2). Finally, it is antici-
the aggressor is more likely to be perceived as unac- pated that benevolent sexism will have an impact on at-
ceptable and negative when he uses more violent sexual tributed responsibility depending on the type of tactic
tactics than when he does not use aggression (Capezza & and gender; in particular, higher benevolent sexism will
Arriaga, 2008a; Capezza & Arriaga, 2008b). lead to a lower attribution of responsibility to the aggres-
sor when the type of sexual tactic used is coaxing, but
Secondly, some studies on gender differences have only in men (Hypothesis 3).
found that men attribute less responsibility to the aggres-
sor than women (Basow & Minieri, 2011; Byers &
Glenn, 2012; Davies & Rogers, 2009), whilst others have
not found significant differences (Herrera, Pina, Herrera, Method
& Expósito, 2014; Tamborra, Dutton, & Terry, 2014).
Some researchers have analysed the interaction between Participants
the type of tactic and gender on the attribution of respon-
sibility. They have shown that men attribute more re- The sample consisted of 305 students from the uni-
sponsibility to victims of subtle sexual violence than versity of Granada, and was composed of 115 males
victims of severe sexual violence, whereas women do not (37.7 %) and 190 females (62.3 %), with an age range
differ in the responsibility attributed depending on the between 18 and 35 years (M = 21.53, SD = 3.23).
type of tactic (Katz et al., 2007; Rogers, Davies, & Cot-
tam, 2010).
Procedure and design
Finally, benevolent sexism has a negative influence
on both the understanding and perception of gender vio- The study adopted a factorial design 3 (type of tactic:
lence (Durán, Campos-Romero, & Martínez-Pecino, neutral, coaxing or coercion) x 2 (gender: masculine vs.
2014; Herrera, Herrera, & Expósito, 2014; Herrera, Her- femenine) with the responsibility attributed to the ag-
rera, & Expósito, in press) and the reaction to more sub- gressor as the dependent variable. Further, a stepwise re-
tle sexual violence (Yamawaki 2007). The literature has gression was conducted too, using benevolent sexism,
shown that assuming traditional gender roles has an in- type of tactic and gender as the independent variables;
fluence on the attribution of responsibility to the aggres- and the responsibility attributed to the aggressor as the
sor (Soto-Quevedo, 2012). Thus, people with higher be- dependent variable. An incidental sampling method was
nevolent sexism place more blame on the victim and less used to select the participants from some of the libraries
on the aggressor when the victim’s behaviour is incom- in the University of Granada. All the participants were
patible with traditional gender roles (Capezza & Arriaga, volunteers, and their information was kept confidential
2008a; Masser, Lee, & Mckimmie, 2010; Pedersen & and anonymous, thereby complying with the university
Strömwall, 2013; Soto-Quevedo, 2012; Valor-Segura et research ethics committee.
al., 2011; Vidal-Fernández & Megías, 2014).

In summary, this study focuses on analysing the ef-


fect of the type of sexual tactic and gender on the re-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757 83

Instruments Effect of benevolent sexism on respon-


sibility of the aggressor as a function
An instrument was designed to include the target of type of tactic and gender
measures. To introduce the experimental manipulation,
the participants were presented with the description of a
A moderated multiple regression analysis was em-
scenario in which a sexual relation occurred, manipulat-
ployed to test Hypothesis 3. The independent variables
ing the type of tactic used (neutral, coaxing, or coercion).
were Benevolent Sexism (BS), type of tactic (0 = neutral
The participants were randomly allocated to one of the
vs. 1 = coaxing vs. 2 = coercion), and gender (0 = men
three conditions, after which they were required to an-
vs. 1 = women). The dependent variable was the re-
swer a series of questions related to the situation de-
sponsibility attributed to the aggressor. The results
scribed (perception of sexual violence and responsibility
showed a significant three-way interaction between be-
attributed to the aggressor) as well as the subscale of be-
nevolent sexism, type of tactic, and gender. As expected,
nevolent sexism.
a simple effect test revealed that benevolent sexism pre-
dicted responsibility attributed to the aggressor only
when the tactic used was sexual coaxing and only in the
Results case of men, (b = -.35, SE = .18, p = .054). Benevolent
sexism was not a significant predictor of responsibility in
Effect of the type of tactic on the at- the case of men when the tactic used was sexual coercion
tribution of responsibility (b = .08, SE = .19, p = .667) or neutral (b = -.03,
SE = .56, p = .965), or in the case of women when the
To test Hypothesis 1 an ANOVA was conducted on tactic used was neutral (b = .42, SE = .27, p = .126);
the data. This analysis revealed an effect of tactic on the sexual coaxing (b = -.08, SE = .14, p = .544); or sexual
attribution of responsibility, F (2, 302) = 5.07, p = .007, coercion (b = -.22, SE = .13, p = .093).
η2p = .032, that is, following Tukey’s test, differences
were found between the neutral and coercion conditions
(p = .006), and also between neutral and coaxing Discussion
(p = .036). Thus, more responsibility is attributed to the
aggressor when the type of tactic used is coaxing or coer- This study set out to explore how, in a scenario of
cion compared with the case in which the aggressor does sexual violence, the type of tactic employed, gender, and
not use sexual violence (neutral condition). benevolent sexism can all have an impact on the level of
responsibility attributed to the aggressor.
Gender differences in responsibility of First, the present findings demonstrate that people
the aggressor tend to attribute less responsibility to the aggressor when
the tactics used to perform sexual violence in the couple
relationship do not include violence (neutral) in compari-
In order to test Hypothesis 2 a Student´s t-test was
son with the case in sexual coaxing or sexual coercion
conducted using gender as the independent variable and
are used. However, there are no differences in the re-
attribution of responsibility to the aggressor as the de-
sponsibility attributed to the aggressor when sexual coax-
pendent variable. This analysis revealed no gender dif-
ing and sexual coercion are compared, and thus Hy-
ferences in the responsibility attributed to the aggressor
pothesis 1 can only be partially accepted. These findings
t(303) = 0.23, p = .822.
suggest that, although previous studies have demon-
strated that more responsibility is attributed to the ag-
gressor when more severe tactics are used in comparison
with the use of more subtle tactics (Capezza & Arriaga,
2008a; 2008b; Katz et al., 2007), people generally tend
84 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 69-84. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20757

to blame the aggressor equally when he uses any type of and only in the case of men. These findings support Hy-
tactics that do not involve the use of physical force, even pothesis 3 and they agree with previous research demon-
though they differ in severity (sexual coaxing vs. sexual strating that men blame the victim more when subtle vi-
coercion). olence occurs (vs. severe violence), whereas women do
not vary in their attribution of responsibility to the ag-
Second, although some studies have found gender gressor according to the type of violence (Katz et al.,
differences in the responsibility attributed to the aggres- 2007; Rogers et al., 2010).
sor (Bascow & Minieri, 2010; Byers & Glenn, 2012; Da-
vies & Rogers, 2009), results of the present study lead us Sexual violence, in spite of being described as one of
to reject Hypothesis 2, since no gender differences have the most humiliating and devastating experiences that a
been found, which is in agreement with the results of person can suffer (Bourke, 2007; Mackinnon, 2006), has
previous studies (Herrera et al., 2014; Tamborra et al, received relatively less attention than physical or psy-
2014). This finding could be due to the fact both men chological violence. Moreover, it is difficult to under-
and women are embedded in a culture whose belief sys- stand and to measure the experiences of sexual violence,
tem could directly or indirectly legitimize the use of particularly when these acts occur within the context of a
physical violence in relationships (Valor-Segura et al., romantic relationship (Logan, Walker & Cole, 2015). In
2011). Thus, sexist attitudes toward women are not only this regard, understanding how the blame or responsibil-
maintained by men, but also by women (Soto-Quevedo, ity is assigned to the aggressor by external observers has
2012). important implications in the context of forensic psy-
chology, since this could be an important factor in the
Finally, regarding the influence of benevolent sexism decisions made by the police, judges, and fiscal authori-
on the responsibility attributed to the aggressor, the re- ties that work together on cases of gender violence
sults show that people with higher benevolent sexism (Weiss, 2009).
place less blame on the aggressor (Capezza & Arriaga,
2008a; Pedersen & Strömwall, 2013; Yamawaki, 2007)
but only when the type of tactic used is sexual coaxing
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759 85

INDICADORES DE CALIDAD DE LAS


PUBLICACIONES CIENTÍFICAS EN
PSICOLOGÍA JURÍDICA

QUALITY INDICATORS OF SCIENTIFIC


PUBLICATIONS IN LEGAL PSYCHOLOGY

JULIA OSCA-LLUCH1, MACARENA TORTOSA2,


FRANCISCO GONZÁLEZ-SALA3 Y FRANCISCO TORTOSA3

(WoS) y Scopus, ofrecer un análisis y comparación de


Resumen los indicadores de calidad de las revistas en estas bases
de datos, con el propósito de que los investigadores que
Las publicaciones científicas son una de las dimensiones trabajan en esta disciplina conozcan la situación de las
básicas de la evaluación de la calidad de la investigación publicaciones de su campo de conocimiento correspon-
del personal docente e investigador en España. El criterio diente y facilitarles la mejor elección para publicar.
más utilizado para la evaluación es la publicación de tra- Palabras clave: Revistas científicas; Psicología ju-
bajos en revistas incluidas en las bases de datos de la rídica; Factor de impacto; Web of Science; JCR; Scopus;
Web of Science (WoS) o Scopus. El objetivo de este tra-
SJR.
bajo es conocer que revistas de psicología, que publican
trabajos de psicología jurídica, son las que están actual-
mente incluidas en las bases de datos Web of Science

Correspondencia: Julia Osca Lluch, Instituto de Gestión de la Innovación y del Conocimiento, INGENIO (CSIC-UPV),
Universitat Politècnica de València, España. Email: [email protected]

ORCID: Julia Osca Lluch (http://orcid.org/0000-0002-0449-5878), Macarena Tortosa (http://orcid.org/0000-0002-7900-


4877), Francisco González-Sala (http://orcid.org/0000-0003-4124-7459) y Francisco Tortosa (http://orcid.org/0000-0003-
3718-8441).
1
INGENIO (CSIC-UPV), Universitat Politècnica de València, España.
2
Universidad Internacional de Valencia-VIU, España.
3
Universitat de València, España.

Recibido: 05 mayo de 2017.


Aceptado: 18 de julio de 2017.
86 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759

Abstract Cuando se ofrecen revisiones del estado actual de cual-


quier ciencia o ámbito de la misma, en general, el prota-
The scientific publications are one of the basic dimen- gonismo de los artículos de revista es absoluto. Los revi-
sions of the evaluation of the quality of research of sores recurren a éstas para definir las áreas más impor-
teaching and research personnel in Spain. The most used tantes y novedosas de investigación y aplicación, y los
criterion for the evaluation is the publication of papers in conceptos, paradigmas, métodos y tecnologías dominan-
journals included in the Web of Science (WoS) or Sco- tes y definitorias de eso que muchos llaman el "state of
pus databases. The objective of this work is to know that art". Incluso es habitual encontrar, en la literatura histo-
psychology journals, which publish works of legal psy- riográfica, referencias al singular papel de las revistas en
chology, are currently included in the Web of Science el proceso institucionalizador. Su existencia o inexisten-
(WoS) and Scopus databases, offer an analysis and com- cia ayuda a explicar grados de institucionalización y su
parison of the quality indicators of the journals in these diversificación es fiel reflejo de la creciente superespe-
databases, in order that researchers working in this disci- cialización que acompaña al desarrollo disciplinar (Qui-
pline know the status of publications in their field of ñones, Peñaranda, López y Tortosa, 2004; Tortosa y Ci-
knowledge and provide them with the best choice to vera, 2001; Tortosa, Santolaya y Civera, 2015). Se puede
publish. seguir la actividad de los investigadores o de un depar-
tamento o área científica analizando los artículos que
Keywords: Scientific journals; Legal psychology; publican en revistas científicas (Buela-Casal, Bermúdez,
Impact factor; Web of Science; JCR; Scopus; SJR. Sierra, Guillén-Riquelme y Quevedo-Blasco, 2015). El
análisis de los trabajos da indicaciones sobre el dina-
mismo de un campo o disciplina científica, sobre su pro-
ducción científica y sobre los hábitos de publicación y
Introducción difusión de los investigadores.

Las publicaciones científicas son el principal vehículo Sin embargo, no todas las revistas poseen la misma
de difusión de la ciencia. Su estudio y evaluación está al- relevancia como medio para la difusión de la producción
canzando un importante desarrollo en los últimos años en investigadora. La escasa visibilidad de las publicaciones
las diferentes áreas o disciplinas de la ciencia, por el pa- científico-técnicas, particularmente de las que se editan
pel tan relevante que desempeñan en el marco de la in- en español, afecta a los investigadores cuando son eva-
vestigación científica, como herramientas que resultan luados en el área de sus publicaciones. Así, en este con-
fundamentales para la divulgación científica y que, ade- texto, se observa una tendencia, entre las instituciones y
más, posibilitan el avance del conocimiento y alcanzar la agencias que evalúan la producción de los científicos, a
excelencia científica. Toda comunidad requiere de un minusvalorar, cuando no a ignorar, las publicaciones de
medio de expresión a través del cual registra, transmite e sus trabajos en revistas que no están incluidas en bases
intercambia experiencias entre sus propios miembros y de datos internacionales. Por esta razón, la mayor o me-
con los de otros grupos. La cultura científica no puede nor disposición de los autores a publicar en una revista
existir al margen de las publicaciones científicas, pero no científica, viene influenciada por el grado de visibilidad
todas tienen el mismo prestigio y grado de influencia en internacional de la misma, el cual a su vez depende de la
la comunidad científica. Su reconocimiento depende en presencia en bases de datos bibliográficas internacionales
gran medida de su calidad y su visibilidad (Osca-Lluch, de prestigio.
2012).
Uno de los medios para conocer el estado de la acti-
Las revistas científicas definen el "research front" de vidad investigadora y docente de cualquier institución,
cualquier disciplina académica. Existe una interacción consiste en la evaluación de la calidad de las revistas
característica entre nivel de desarrollo institucional e im- donde publican sus integrantes, aumentando su prestigio
plantación social y número y diversidad de revistas. en función del factor de impacto que poseen éstas, inde-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759 87

pendientemente del nivel de excelencia del contenido del dicadores de calidad de las revistas en estas bases de da-
trabajo publicado (Navarrete-Cortés, Quevedo-Blasco, tos, con el propósito de que los investigadores que tra-
Chaichio-Moreno, Ríos y Buela-Casal, 2009). bajan en esta disciplina conozcan la situación de las pu-
blicaciones de su campo de conocimiento correspon-
La importancia que la psicología jurídica ha cobrado diente y facilitarles la mejor elección para publicar.
en los últimos años es un hecho evidente si consideramos
su evolución no solo a nivel científico sino también en el
terreno aplicado, siendo hoy en día una parte inseparable
en el derecho y en la criminología. La Psicología Jurídica Material y método
ha sido entendida como la aplicación de la ciencia psi-
cológica al Derecho, si bien, tal y como apunta Arce Este estudio utiliza como fuente de información las
(2005) la Psicología Jurídica no solo cuenta con una bases de datos Journal Citation Reports (Social Sciences
parte aplicada, sino que también es capaz de elaborar Edition y Science Edition), en adelante, JCR, de la em-
teorías, metodologías que condicionan las actuaciones presa Thompson Reuters y el Scimago Journal & Coun-
propias del Derecho y comprende más allá de éste, al try Rank (SJR), base de datos que ofrece diversa infor-
abordar aspectos relevantes y relacionados con el com- mación e indicadores bibliométricos de las revistas in-
portamiento humano previo a la comisión de un acto de- cluidas en la base de datos Scopus, del grupo Elsevier.
lictivo. Psicología y Derecho aúnan posiciones teóricas,
metodológicas y aplicadas para entender los factores Tanto el JCR (SCI y SSCI), como el SJR, clasifican
propios de las personas, a nivel social, psicológico, con-
las revistas según una lista de materias que ellos mismos
ductual, relacional, de salud, entre otros, que afectan o
elaboran. En el caso de la psicología, algunas revistas
pueden afectar al comportamiento legal de todos los ac- pueden encontrarse indizadas en una, dos o incluso en las
tores que intervienen en el proceso de forma directa co-
tres bases de datos. También pueden estar incluidas en
mo jurados, jueces, peritos, testigos, víctimas, agresores,
diferentes categorías temáticas, incluso dentro de la
investigadores, cuerpos de seguridad, o de forma in- misma base de datos, lo que da lugar a que una revista
directa como grupos de riesgo o la población en general
ocupe diferentes posiciones y cuartiles, según la catego-
en los estudios relacionados con prevalencia de conduc-
ría temática en la que este.
tas delictivas, la prevención del riesgo o la influencia de
la sociedad, del barrio o de la familia en determinados Cuando una misma revista se encuentra clasificada en
comportamientos que pueden conducir a un proceso legal
dos o más categorías temáticas diferentes en una base de
(González-Sala, Osca-Lluch, Tortosa y Peñaranda, datos, se considera que esas categorías tienen alguna re-
2017). Por este motivo, la psicología jurídica tiene un lación y se puede, a partir de las mismas, detectar rela-
papel fundamental en la toma de decisiones judiciales
ciones entre las diferentes disciplinas. Estas relaciones
(Amado, Arce y Fariña, 2015; Amado, Arce, Fariña y existentes entre las diferentes categorías temáticas debe-
Vilariño, 2016; Arce, Fariña y Fraga, 2000) y en la re- rían de tenerse en cuenta, cuando se quieren realizar es-
solución de temas tan lamentables y frecuentes como la tudios sobre la producción científica de un grupo de in-
violencia doméstica y malos tratos tanto en adultos (Ar- vestigación, área o disciplina científica, sobre todo si esta
ce, Fariña y Vilariño, 2015; Cala, Trigo y Saavedra, es multidisciplinar, ya que puede haber trabajos de nues-
2016; Contreras y Cano, 2016) como en adolescentes tro interés publicados en revistas en categorías temáticas
(Álvarez-García, Barreiro-Collazo, Núñez y Dobarro, relacionadas con nuestro objeto de estudio.
2016).
En este trabajo, a partir de las revistas incluidas en la
El objetivo de este trabajo es conocer que revistas de edición del 2015 de los JCR y SJR, se ha realizado un
psicología, que publican trabajos de psicología jurídica, estudio bibliométrico sobre las revistas de psicología ju-
están actualmente incluidas en las bases de datos Web of rídica, que están recogidas en estas bases de datos, con el
Science (WoS) y Scopus y ofrecer un análisis de los in- propósito de conocer que revistas están mejor posiciona-
88 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759

Tabla 1

País de edición y solapamiento entre las bases de datos

Nº revistas solapadas
Países Nº revistas solo SJR Total revistas por país
(JCR y SJR)
Australia 1 1
Croacia 1 1
Eslovenia 1 1
España 1 1 2
Estados Unidos 10 1 11
Holanda 1 1
Reino Unido 11 1 12
Suiza 1 1
Total 27 3 30

das, dentro de esta disciplina, su posición, así como que De todas las revistas seleccionadas, hay que destacar
países lideran la edición de revistas de psicología jurí- que 27 de ellas, circulan en las bases de datos JCR y
dica. SJR, y que solamente hay tres revistas que únicamente
están incluidas en el SJR, que son: American Journal of
Se realizó una búsqueda en las bases de datos, selec- Forensic Psychology, Anuario de Psicología Jurídica y
cionando en cada una de ellas aquellas revistas que estu- Journal of Forensic Practice.
vieran clasificadas en alguna de las categorías de psico-
logía y que, además también estuvieran clasificadas en Un aspecto que hay que mencionar es que, de las 27
alguna de las siguientes categorías temáticas: “Law”, revistas incluidas en el JCR, 11 de ellas no están clasifi-
“Criminology & Penology” o incluyera en el título de la cadas en ninguna de las categorías temáticas de psicolo-
publicación o en la institución editora los términos gía, pero que hemos seleccionado para nuestro estudio
“Law”, “Criminology”, “Criminal”, “Penology”, “Foren- porque sí que están incluidas en la base de datos SJR.
sic”, “Legal”. La información sobre las revistas selec-
cionadas procedente de las bases de datos, se descarga-
ron en una base de datos, diseñada “ad hoc” para este Cobertura de las bases de datos según
estudio. país de edición de las revistas
Cuando se analiza el país de procedencia de las revis-
Resultados tas de psicología jurídica incluidas en las bases de datos
JCR y SJR, se observa que están editadas por 8 países.
Cobertura y solapamiento de revistas Tal como se muestra en la Tabla 1, Reino Unido y Esta-
entre JCR (SCI y SSCI) y SJR dos Unidos son los países que editan un mayor número
de publicaciones, con 12 y 11 revistas respectivamente.
La consulta a las diferentes bases de datos consulta- El resto de países, solamente tiene una revista de psico-
das, en su edición publicada en el año 2016 dio como logía jurídica en el JCR y, en el caso de España, también
resultado un total de 30 revistas. Su distribución por base una revista en el SJR.
de datos arrojó un número de revistas muy similar, en
JCR (SCI y SSCI) se recuperaron 27 revistas y en SJR,
30.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759 89

90%
80%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
10% 7%
3%
0%
Asociaciones, Colegios Editoriales comerciales Instituciones académicas Organismos
profesionales y Sociedades gubernamentales
científicas

Figura 1. Interacción del Tipo de Táctica, el Género y el Sexismo Benévolo en la responsabilidad atribuida al agresor.

Idiomas de publicación
Análisis de las categorías temáticas
La mayor parte de las revistas de psicología jurídica
publican sus trabajos en inglés (90 %, 27 revistas). Las revistas se han clasificado en 22 categorías temá-
Solamente hay cuatro revistas (10 %) que publican ticas. En JCR, se han clasificado en 10 categorías temáti-
también en otros idiomas. En este caso se trata de una cas y en SJR se han clasificado en 17. Solamente hay
revista española, que publica en español e inglés, una cinco categorías temáticas que utilizan tanto las bases de
suiza que publica en francés y, por último, una revista datos JCR como las SJR para clasificar a las revistas
croata y otra eslovena, que publican respectivamente en analizadas, que son Law, Psychology Applied, Psycho-
croata y en esloveno. logy Clinical, Psychology Social y Social Work. Tal
como hemos indicado anteriormente, una misma revista,
Las instituciones editoras de las revis- puede estar incluida en varias categorías simultánea-
tas de psicología jurídica mente. En las Tablas 2 y 3 se puede ver la relación de ca-
tegorías temáticas en las que han sido clasificadas las re-
Cuatro grupos de instituciones publican las revistas vistas de psicología jurídica en cada una de las bases de
de psicología jurídica: las Editoriales comerciales, las datos. Destaca especialmente Criminology & Penology
Asociaciones, Colegios Profesionales y Sociedades Cien- en el JCR por aglutinar el mayor número de revistas,
tíficas, las Instituciones académicas y los Organismos mientras que en la base de datos SJR destacan Law,
gubernamentales. Tal como se muestra en la Figura 1, la Pathology of Forensic Medicine y Psychology Applied.
mayor parte de las revistas son editadas por editoriales
comerciales (80 %) y Asociaciones, Colegios Pro-
fesionales y Asociaciones Científicas (10 %).
90 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759

Tabla 2 autor, una revista o un grupo en el mundo científico me-


diante el recuento de las citas que sus publicaciones han
Categorías temáticas en el JCR
tenido en la literatura científica cada vez tiene más tras-
cendencia. Aunque las revistas de “corriente principal”
Categorías Nº revistas
Criminology and Penology 23
dan mayores garantías al investigador de que su trabajo
Law 6 no pase inadvertido, y aumentan el valor de circulación
Psychology Multidisciplinary 6 de los resultados de investigación y les aseguran una ma-
Family Studies 4 yor cobertura en bases de datos y un mayor potencial de
Psychology Applied 4 lectores, realmente es el análisis de citas y el factor de
Psychology Clinical 4 impacto los que se ha convertido en el auténtico patrón
Psychiatry 4
Psychology Social 2
oro (Torres-Salinas y Cabezas-Clavijo, 2013) en la eva-
Social Work 2 luación de revistas, investigadores, profesores e investi-
Sociology 2 gadores, becarios, universidades, proyectos, grupos de
investigación y programas de doctorado (Olivas-Ávila y
Musi-Lechuga, 2010; Ortiz-de-Urbina-Criado y Mora-
Tabla 3 Valentín, 2013; Torres-Salinas, Delgado-López-Cózar,
García-Moreno-Torres y Herrera, 2011; Torres-Salinas,
Categorías temáticas en el SJR Delgado-López-Cózar y Jiménez-Contreras, 2009).
Nº Cada vez es más importante para los investigadores
Categorías
revistas
Law 15
de algunas disciplinas científicas, como la psicología,
Pathology of Forensic Medicine 14 conocer qué cuartil o posición ocupa una revista dentro
Psychology Applied 13 de su categoría temática, principalmente, en las bases de
Psychiatry and Mental Health 9 datos JCR. La presión por llegar a publicar en las revistas
Psychology Social 8 incluidas en los dos primeros cuartiles ha empujado a la
Psychology (Miscellanous) 7 falsificación y manipulación de las investigaciones y los
Psychology Clinical 5
Sociology and Political Science 4
currículos de los investigadores. La situación creada ha
Arts & Humanities (Miscellaneous) 3 generado, y no solo en España, una auténtica "cultura de
Health (Social Science) 3 publicación científica en revistas con factor de impacto"
Developmental and Education Psychology 2 en evidente detrimento de la publicación de libros, e in-
Social Work 2 cluso ha cambiado el formato tradicional de las tesis
Cultural Studies 1 doctorales (Buela-Casal, 2014), aunque se trate de una
Education 1
Health Professions (Miscellaneous) 1
medida altamente polémica (Buela-Casal y Zych, 2012),
Medicine (Miscellanous) 1 sin embargo determinar cuáles son las mejores revistas
Public Health, Environmental and de una determinada área científica o especialidad es una
1
Occupational Health tarea muy compleja (Osca-Lluch, 2005). En la tabla 4 se
muestra la relación de revistas de psicología jurídica que
actualmente están incluidas en los JCR o SJR de la edi-
Visibilidad e impacto ción del 2015. Algunas de las revistas de psicología jurí-
dica, que están clasificadas en diferentes categorías te-
La utilización de indicadores bibliométricos, que máticas en las dos bases de datos consultadas, ocupan la
cuantifican y analizan la investigación a través de las pu- misma posición en ambas bases de datos y en todas las
blicaciones científicas es cada vez más frecuente en la categorías en las que se encuentran incluidas. Esto su-
actualidad. Entre los diferentes indicadores utilizado, uno cede en el caso de las revistas Journal of Research in
que cada vez tiene mayor influencia es el del factor im- Crime and Delinquency, Journal of Criminal Justice,
pacto. La idea de medir el “impacto” producido por un Journal of Research in Crime and Delinquency, Law and
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Tabla 4

Cuartiles de las revistas de psicología jurídica incluidas en las bases de datos JCR y SJR del año 2015

JCR SJR
Revistas
2015 2015 2105 2015 2105 2105 2015 2105
Aggression and Violent Behavior Q1 Q2 Q1 Q1 Q1
American Journal of Forensic Psychology Q4 Q4
Anuario de Psicologia Juridica Q4 Q4 Q4
Behavioral Sciences and the Law Q2 Q3 Q1 Q1 Q2 Q2
British Journal of Criminology Q1 Q1 Q2 Q2 Q2
Criminal Behaviour and Mental Health Q2 Q3 Q2 Q2 Q2
Criminal Justice and Behavior Q2 Q3 Q1 Q1 Q1
Deviance et Societe Q4 Q4 Q2 Q3 Q3 Q4
Deviant Behavior Q3 Q3 Q4 Q2 Q1 Q2 Q1
European Journal of Psychology Applied to Legal Q2 Q3 Q1 Q3
Context
Homicide Studies Q2 Q2 Q2 Q3
International Journal of Offender Therapy and Q2 Q3 Q2 Q2 Q2
Comparative Criminology
Journal of Aggression, Maltreatment and Trauma Q4 Q4 Q4 Q4 Q2 Q2 Q3
Journal of Criminal Justice Q1 Q1 Q1 Q1 Q1
Journal of Forensic Practice Q2 Q3 Q3 Q4
Journal of Forensic Psychiatry and Psychology Q4 Q4 Q2 Q3
Journal of Forensic Psychology Practice Q4 Q4 Q3 Q4
Journal of Interpersonal Violence Q2 Q2 Q2 Q1 Q1
Journal of Investigative Psychology and Offender Q4 Q4 Q3 Q3
Profiling
Journal of Research in Crime and Delinquency Q1 Q1
Law and Human Behavior Q1 Q1 Q1 Q1 Q1 Q1
Legal and Criminological Psychology Q1 Q1 Q2 Q1 Q2
Ljetopis Socijalnog Rada Q4 Q4 Q3 Q4 Q3
Psychiatry Psychology and Law Q3 Q3 Q3 Q4 Q2 Q3 Q3 Q3
Psychology of Violence Q1 Q1 Q1 Q1 Q1 Q1
Psychology, Crime & Law Q2 Q2 Q3 Q2 Q1 Q2
Revija za Kriminalistiko in Kriminologijo Q4 Q4 Q4 Q4
Sexual Abuse-A Journal of Research and Treatment Q2 Q1 Q1 Q1
Trauma, Violence and Abuse Q1 Q1 Q1 Q1 Q1 Q1 Q1
Youth Violence and Juvenile Justice Q1 Q1 Q1 Q1

Human Behavior, Trauma, Psychology Violence, Vio-


lence and Abuse y Youth Violence and Juvenile Justice, Discusión
que están clasificadas en todas las categorías temáticas
de las bases de datos en el cuartil 1. Sin embargo, se ob- Es apresurado hacer un balance definitivo de la inves-
serva que lo más frecuente (24 revistas), es que una re- tigación en psicología jurídica en la actualidad, pero
vista, ocupe diferentes posiciones diferentes y, por lo siendo optimistas y viendo el estado de las revistas de
tanto, diferente cuartil, dependiendo de la categoría te- psicología que publican trabajos de jurídica, podría de-
mática en la que ha sido clasificada. cirse que la consolidación de la psicología jurídica está
en marcha. Este trabajo revela que, aunque no existe uan
categoría temática especifica de psicología jurídica en las
bases de datos consultadas. Sin embargo, hay suficiente
92 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759

número de revistas, que reúnen las condiciones de estar can en inglés. De esta forma, se observa que solo cuatro
clasificadas en categorías temáticas de psicología y jurí- revistas publican en lengua propia, e incluso una lo hace
dica, que viene a ser un indicador de la consolidación en español e inglés, una situación que otorga un peso
que va teniendo esta disciplina. demoledor al inglés, y recuerda la época medieval en la
que el latín era la lengua de la cultura y las demás len-
De acuerdo con los datos obtenidos, de las 30 revistas guas no existían en el mundo de la ciencia.
que cumplen los criterios en las Bases de Datos consul-
tadas, 27 en JCR (SCI y SSCI) y 30 en SJR, sólo 3 de Las revistas de mayor atractivo para los investigado-
ellas están fuera de JCR (American Journal of Forensic res serían sin duda: Journal of Criminal Justice; Journal
Psychology, Anuario de Psicología Jurídica y Journal of of Research in Crime and Delinquency; Law and Human
Forensic Practice). De las 27 revistas incluidas en el Behavior; Psychology of Violence; Trauma, Violence
JCR, 11 de ellas no están clasificadas en ninguna de las and Abuse; y Youth Violence and Juvenile Justice, clasi-
categorías temáticas de psicología, lo que no las tornaría, ficadas en todas las categorías temáticas de las bases de
en principio, atractivas para psicólogos jurídicos y foren- datos (JCR y SJR) en el cuartil 1. También sería muy
ses, lo que dejaría en 16 el número potencial de targets recomendable el British Journal of Criminology (Q1 en
para quienes investigan y /o trabajan en el ámbito. JCR y Q1 y Q2 en SJR). No obstante, lo más frecuente
(24 revistas de 30), es que una revista, ocupe posiciones
Las 30 revistas se han clasificado en 22 categorías diferentes y, por lo tanto, distinto cuartil, dependiendo de
temáticas, una muy elevada dispersión. Las 27 revistas la categoría temática en la que hubiera sido clasificada.
incluidas en JCR se han clasificado en 10 categorías te-
máticas, y las 30 incluidas en SJR se han clasificado en Sin embargo, del total de las publicaciones analiza-
17. Solamente hay cinco categorías temáticas que utili- das, desde el punto de vista de los criterios de evaluación
zan tanto las bases de datos JCR como las SJR para clasi- de la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad
ficar a las revistas analizadas, que son Law (6+15), Investigadora (CNEAI), encargada de evaluar periodos
Psychology Applied (4+13), Psychology Clinical (4+5), sexenales de actividad investigadora de los profesores
Psychology Social (2+8) y Social Work (2+2). Crimino- universitarios y del personal de las escalas científicas del
logy and Penology en JCR con 23 revistas y Pathology CSIC1, solamente 18 revistas de psicología jurídica, de
of Forensic Medicine en SJR con 14 son las categorías las analizadas en este trabajo, las incluidas en el JCR,
propias en las que se clasifica un mayor número de re- servirían para la acreditación de investigadores es-
vistas. pañoles. Las revistas que cumplen estos requisitos son:
British Journal of Criminology (Q1), Journal of Crimi-
Un 80 % de las revistas las publican editoriales co- nal Justice (Q1), Journal of Research in Crime and De-
merciales, un 10 % Asociaciones, Colegios Profesionales linquency (Q1), Law and Human Behavior (Q1, Q1),
y Asociaciones Científicas, un 7 % instituciones acadé- Psychology of Violence (Q1, Q1, Q1), Trauma, Violence
micas y un 3 % organismos gubernamentales. Un aspecto and Abuse (Q1, Q1, Q1), Youth Violence and Juvenile
que hay que destacar es que, aunque en conjunto, las Justice (Q1), Aggression and Violent Behavior (Q1, Q2),
revistas proceden de ocho países diferentes, solamente Legal and Criminological Psychology (Q1, Q1, Q2),
dos países son los que editan el 77 % de las publicacio- Sexual Abuse-A Journal of Research and Treatment (Q2,
nes: Estados Unidos y Reino Unido. Q1), Behavioral Sciences and the Law (Q2, Q3), Crimi-
nal Behaviour and Mental Health (Q2, Q3), Criminal
Respecto al idioma de publicación de los trabajos,
hay que mencionar que las revistas de lengua materna 1
Resolución de 30 de noviembre de 2016, de la Secretaría de Estado de
inglesa son 24 (12 UK, 11 EU y uno Australia), y seis Educación, Formación profesional y Universidades, por la que se fija el
proceden de países europeos con lenguas nativas diferen- procedimiento y plazo de presentación de solicitudes de evaluación de la
tes (Croacia, Eslovenia, España, Holanda y Suiza), pero actividad investigadora a la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad
dos de ellas, una española y la holandesa también publi- Investigadora. Publicado en: «BOE» núm. 291, de 2 de diciembre de 2016,
páginas 84669 a 84674.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759 93

Justice and Behavior (Q2, Q3), European Journal of


Psychology Applied to Legal Context (Q2, Q3), Homi- Referencias
cide Studies (Q2), International Journal of Offender
Therapy and Comparative Criminology (Q2, Q3), Jour- Álvarez-García, D., Barreiro-Collazo, A., Núñez, J. C. y
nal of Interpersonal Violence (Q2, Q2, Q2), Psychology, Dobarro, A. (2016). Validity and Reliability of the
Crime & Law (Q2, Q2, Q3). Cyber-Aggression Questionnaire for Adolescents
(CYBA). European Journal of Psychology Applied
El análisis de las revistas de psicología jurídica de- to Legal Context, 8, 69-77.
muestra la existencia de una disciplina que, en España, https://doi.org/10.1016/j.ejpal.2016.02.003
cada día está más consolidada pero que necesita contar
con unas revistas especializadas más consolidadas, con el Amado, B. G., Arce, R. y Fariña, F. (2015). Undeutsch
propósito de que estos pueden publicar los resultados de Hypothesis and Criteria Based Content Analysis: A
sus investigaciones en revistas nacionales de su especia- Meta-Analytic Review. European Journal of
lidad. Actualmente, las pocas opciones que tienen los es- Psychology Applied to Legal Context, 7, 3-12.
pecialistas de la materia para publicar trabajos en revistas https://doi.org/10.1016/j.ejpal.2014.11.002
de su disciplina que les sirvan para que se reconozcan
sus méritos académicos, contribuye a que estos deriven Amado, B. G., Arce, R., Farina, F. y Vilariño, M. (2016).
sus trabajos a revistas de carácter general o multidisci- Criteria-Based Content Analysis (CBCA) Reality
plinar, lo que contribuye a restar visibilidad a los trabajos Criteria in Adults: A Meta-Analytic Review.
o que estos pasen desapercibidos para el resto de espe- International Journal of Clinical and Health
cialistas en la materia, que consultan para su formación o Psychology, 16 201-210.
actualización la información bibliográfica en revistas es- https://doi.org/10.1016/j.ijchp.2016.01.002
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94 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759

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Moreno-Torres, J. y Herrera, F. (2011). Rankings Tortosa, F., Santolaya, F. y Civera, C. (2015). La
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ndex.php/leonardo/article/download/226/407
Torres-Salinas, D., Delgado-López-Cózar, E. y Jiménez-
Contreras, E. (2009). Redes de citación de las
96 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759

QUALITY INDICATORS OF SCIENTIFIC


PUBLICATIONS IN LEGAL PSYCHOLOGY

JULIA OSCA-LLUCH1, MACARENA TORTOSA2,


FRANCISCO GONZÁLEZ-SALA3 Y FRANCISCO TORTOSA3

its presence in international bibliographic databases of


EXTENDED SUMMARY prestige.

One of the ways to learn about the current state of the


Introduction research and teaching activity of any institution or any
scientific and professional profile, consists of the evalu-
ation of the quality of the journals where its members are
Scientific publications are the main vehicles for the published, increasing its prestige according to the impact
dissemination of science. The study and evaluation of factor these possess, regardless of the level of excellence
such is reaching an important development in recent of the content of the published work.
years in different areas or disciplines of science, because The objective of this study is to know which journals
of the important role that they play within the framework of psychology, that publish works in legal psychology
of scientific research, as tools that are essential to the are currently included in Scopus and Web of Science
dissemination of science and that they furthermore ena- (WoS) databases and offer an analysis of the indicators
ble the advancement of knowledge and achieve scientific of quality of journals in these databases, with the purpose
excellence. Community requires a means of expression that researchers working in this discipline know the state
through which it records, transmits and exchanges expe- of publicatios in their field of knowledge and so facilitate
riences among its own members and those of other the best choice for publishing.
groups. Scientific culture cannot exist independently
from scientific publications, but not all have the same
prestige and degree of influence in the scientific commu-
Method
nity. Their recognition depends largely on their quality
and their visibility (Osca-Lluch, 2012).
In this work, from the journals included in the edition
of the 2015 of the JCR and SJR, we have conducted a
There is no doubt that not all journals have the same
Bibliometric study on forensic psychology journals,
relevance as a means for the dissemination of the pro-
which are contained in these databases, with the purpose
duction of research. The limited visibility of scientific
of finding out which journals are better positioned within
and technical publications, particularly of ones which are
this discipline, the position as well as which countries
published in Spanish, affects researchers when they are
lead the publishing of forensic psychology journals.
evaluated in the area of their publications. Thus, in this
context, there is a trend among institutions and agencies
We conducted a search in the databases, selecting
that evaluate the scientific production, to underestimate,
from each of them those journals that were classified into
if not ignore, the publications of the work in journals that
one of the categories of psychology and were moreover
are not included in international databases. For this rea-
also classified in one of the following thematic catego-
son, the willingness of authors to publish in a particular
ries: "Law", "Criminology & Penology" or that included
scientific journal, is influenced by the degree of interna-
the terms "Law", "Criminology", "Criminal", "Penol-
tional visibility of said journal, which in turn depends on
ogy", "Forensic", "Legal" in the title of the publication or
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759 97

the publishing institution. Information about the journals


selected from these databases, was downloaded into a The journals have been classified into 22 subject cat-
database, designed "ad hoc" for this study. egories. In JCR, they have been classified in 10 theme
categories and in SJR in 17. There are only five catego-
ries that are used by both the SJR and JCR databases for
Results classifying the analysed journals, which are the follow-
ing, Law, Applied Psychology, Clinical Psychology,
The consultation of the different databases, in its edi- Social Psychology, and Social Work. In tables 2 and 3,
tion published in the year 2016, resulted in a total of 30 you can see the subject categories which have been clas-
journals. Distribution by database showed a very similar sified in legal psychology journals in each of the data-
number of journals, JCR (SCI and SSCI) recovered 27 bases. Criminology & Penology comes to the attention in
journals and SJR, 30. the JCR by bringing together the largest number of jour-
For all selected journals, it should be noted that 27 of nals, while in SJR database it is Law, Pathology of Fo-
them circulate in the JCR and SJR databases, and that rensic Medicine and Psychology Applied that bring to-
there are only three journals that are only included in the gether the largest number of journals.
SJR, which are: American Journal of Forensic Psychol-
ogy, Yearbook of forensic psychology and Journal of Fo- The use of Bibliometric indicators, that quantify and
rensic Practice. analyse research through scientific publications is used
increasingly often nowadays. Between the different indi-
When the country of origin of legal psychology jour- cators used, one which has a growing influence is the
nals included in JCR and SJR database is analyzed, we impact factor. Citation analysis and impact factor, define
observed that these journals are published by eight coun- the criteria for agencies evaluation of journals, research-
tries. United Kingdom and United States are the coun- ers, professors and researchers, scholars, universities,
tries that publish a greater number of publications, with projects, research groups and doctoral programs.
12 and 11 journals respectively. Other countries (Aus-
tralia, Croatia, Slovenia, Spain, the Netherlands and Table 4 shows the relationship of legal psychology
Switzerland), only have 1 journal of forensic psychology journals which are currently listed in the JCR or SJR in
in the JCR and, in the case of Spain, also one journal in the 2015 Edition. Some of the journals of forensic psy-
the JRS. chology, which are classified in different categories in
the two databases consulted, occupy the same position in
Most of the forensic psychology journals publish both databases and in all the categories that they are in-
their works in English (90 %, 27 journals). There are cluded in. This happens in the case of the journals; Jour-
only four journals (10 %) which are also published in nal of Research in Crime and Delinquency, Journal of
other languages. This is a case of a Spanish journal, Criminal Justice, Journal of Research in Crime and De-
which publishes in both English and Spanish, a Swiss linquency, Law and Human Behaviour, Trauma, Psy-
one which publishes in French and, finally, a Croatian chology Violence, Violence and Abuse and Youth Vio-
journal and another Slovenian, respectively published in lence and Juvenile Justice, which are classified in all
Croatian and Slovenian. thematic categories of the databases in quartile 1. How-
ever, it appears that the most common (24 journals), is
Four groups of institutions publish legal psychology for a journal, to occupy different positions and, therefore,
journals: The Commercial publishers, the Associations, a different quartile, depending on the subject category in
Professional Associations and Scientific societies, Aca- which it has been classified.
demic Institutions and Government agencies. Most of the
journals are published by Commercial publishers (80 %)
and Associations, Professional Associations and Scien-
tific Associations (10 %).
98 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 85-98. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20759

Discussion searchers. Journals that meet these requirements are:


British Journal of Criminology (Q1), Journal of Crimi-
According to data obtained from 30 journals that nal Justice (Q1), Journal of Research in Crime and De-
meet the criteria in the consulted databases, 27 in JCR linquency (Q1), Law and Human Behaviour (Q1, Q1),
(SCI and SSCI) and 30 in JRS, only 3 of them are out- Psychology of Violence (Q1, Q1, Q1), Trauma, Violence
side JCR (American Journal of Forensic Psychology, and Abuse (Q1, Q1, Q1), Youth Violence and Juvenile
Yearbook of forensic psychology and Journal of Forensic Justice (Q1), Aggression and Violent Behaviour (Q1,
Practice). Of 27 journals listed in the JCR, 11 of them Q2), Legal and Criminological Psychology (Q1) (, Q1,
are not classified in any of the thematic categories of Q2), Sexual Abuse-A Journal of Research and Treatment
psychology, which would not make them, in principle, (Q2, Q1), Behavioural Sciences and the Law (Q2, Q3),
attractive for legal and forensic psychologists, which Criminal Behaviour and Mental Health (Q2, Q3), Crimi-
would make 16 the potential number of targets for those nal Justice and Behaviour (Q2, Q3), European Journal
who investigate and/or work in the field. of Psychology Applied to Legal Context (Q2, Q3), Homi-
cide Studies (Q2), International Journal of Offender
The journals of major attraction for researchers would Therapy and Comparative Criminology (Q2, Q3), Jour-
with no doubt be: Journal of Criminal Justice; Journal of nal of Interpersonal Violence (Q2, Q2 Q2) Psychology,
Research in Crime and Delinquency; Law and Human Crime & Law (Q2, Q2, Q3).
Behavior; Psychology of Violence; Trauma, Violence
and Abuse; and Youth Violence and Juvenile Justice, Analysis of legal psychology journals demonstrates
classified in all thematic categories of the databases (JCR the existence of a discipline which, in Spain, it is getting
and SJR) in quartile 1. The British Journal of Criminol- more and more consolidated everyday but which needs
ogy (Q1 in JCR and Q1 and Q2 in SJR) would also be to have more established journals, in order for them to be
highly recommended. However, the most frequent (24 of able to publish the results of their research in national
30 journals), is for a journal to occupy different positions journals of their specialty. Currently, the few options that
and, therefore, different quartile, depending on the sub- specialists within the field have to publish papers in
ject category in which it had been classified. journals of their discipline to serve them to recognize
their academic merits, contributes to these sending out
From the total publications analysed, from the point and publishing their work to journals of general or multi-
of view of the evaluation criteria of the National Evalu- disciplinary nature, which in turn contributes to subtract-
ator Commission of the Research Activity (CNEAI), ing visibility to the work and means their work will most
only 18 Journals of forensic psychology, from the ones likely pass unnoticed for the rest of specialists within the
analyzed in this study, and from those included in the field, which they consult for their training or updating
JCR, would be of use for the accreditation of Spanish re- the bibliographic information in journals.
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ONLINE CHILD PORNOGRAPHY:


A CULTURAL FOCUS LITERATURE REVIEW

PORNOGRAFÍA INFANTIL ONLINE:


UNA REVISIÓN LITERARIA DE ENFOQUE
CULTURAL

MARÍA INÉS LOVELLE1, MONTSERRAT YEPES-BALDÓ1,


MARINA ROMEO1 Y MIGUEL ÁNGEL SORIA1

found in Web of Science®; but only 50 contain some


Abstract implicit or explicit cultural references. The results
showed few cultural variables considered for the
Due to the Internet expansion around the world, child scientific approach to child pornography, being the
pornography is internationally considered as a crime, but country of birth or race the mainly only ones considered.
we are uncertain of whether culture has some impact on The major contribution of our research highlights the
it. The objective of the present review was to explore importance to incorporate the cultural dimension in the
cultural aspects included in literature as key variables to police task to assess the indicators that determine the risk
analyse this type of crimes, using Hofstede’s cultural factors in aggressors. In this sense, the present research
dimensions (2010) as theoretical framework. A total of contributes to hypothesize probable cultural differences
125 papers on pornography (period: 2003-2016) were when using tools as the Kent Internet Risk Assessment
Tool (KIRAT) in the European context.

Acknowledgment: This research was supported by a grant from Justice and Home Affairs Division of the European
Commission. Special thanks to Laurence Alison (University of Liverpool) and Matthew Long (Technical leader of
Fighting International Internet Paedophilia Project - FIIP) for his recommendations in preparation of this manuscript.

Corresponding author: María Inés Lovelle, Faculty of Psychology, University of Barcelona. Passeig Vall d’Hebron,
171. Edifici Ponent, 4th Floor. 08035 Barcelona, Spain. Email: [email protected]

ORCID: María Inés Lovelle (http://orcid.org/0000-0003-3718-8441), Montserrat Yepes-Baldó (http://orcid.org/0000-


0002-7374-433X), Marina Romeo (http://orcid.org/0000-0002-6961-6626) y Miguel Ángel Soria (http://orcid.org/0000-
0002-6165-0950).
1
Universitat de Barcelona, España.

Recibido: 5 mayo de 2017.


Aceptado: 18 de julio de 2017.
100 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766

Keywords: Online; Child pornography; Culture; In- Child Exploitation and Online Protection Centre (CEOP),
ternet; Hofstede’s cultural dimensions. the proliferation of child pornography continues to be on
Hidden Internet giving an advantage to offenders (CEOP,
2013).

Resumen Distribution of indecent images may involve sophisti-


cated paedophile rings or organized crime groups that
La eclosión de Internet a nivel mundial ha facilitado la operate for profit, by selling indecent images of children
diseminación de pornografía infantil, siendo esta consi- or setting up websites requiring payment for access.
derada un crimen a escala internacional. Por ello, hemos However, in many cases it is carried out by individuals
considerado relevante analizar los aspectos culturales who seek no financial reward (Hernandez, 2000; Wolak,
vinculados a este delito. El objetivo de la presente inves- Mitchell, & Finkelhor, 2003; Wortley & Smallbone,
tigación ha sido explorar los aspectos culturales incluidos 2006). Even though it is not possible to establish a pre-
en la literatura científica como variables clave para anali- cise number, in 2012 CEOP calculated that around
zar este tipo de delitos, partiendo de las dimensiones 50.000 people were involved in downloading and sharing
culturales de Hofstede (2010) como marco teórico. Du- this kind of material. The non-financial reward group has
rante los años 2003 a 2016 se han publicado un total de been the most frequently studied. Specifically, their indi-
125 artículos sobre pornografía en la Web of Science®, vidual characteristics such as employment (Burgess, Ma-
si bien sólo 50 de ellos contenían referencias culturales honey, Visk, & Morgenbesser, 2008), marital status
implícitas o explícitas. Los resultados mostraron que son (Webb, Craissatti, & Keen, 2007), filiations (Reijnen,
pocas las variables culturales consideradas, siendo el país Bulten, & Nijman, 2009) or personality disorders
de nacimiento o la raza las principalmente incluidas. El (Niveau, 2010) have been the most frequent variables
principal resultado de nuestra investigación constata la considered.
importancia de incorporar la dimensión cultural en el tra-
bajo policial al establecer los indicadores que determinan Researchers from investigative psychology perspec-
el factor de riesgo en agresores. En este sentido, en el tive on child pornography distinguished between victims
contexto europeo, herramientas como la Kent Internet and material. Probably, because of the difficulty to iden-
Risk Assessment Tool (KIRAT) se han visto enriqueci- tify victims of child pornography or the need to predict
das a partir de los resultados de esta investigación. aggressor’s behaviours, the study of victims’ characteris-
tics leads to analyse pornographic material, where vic-
Palabras clave: En línea; Pornografía infantil; Cul- tims are not individually identified (Quayle & Jones,
tura; Internet; Dimensiones culturales de Hofstede. 2011; Wolak, Finkelhor, & Mitchell, 2011). However,
from another point of view, authors administered ques-
tionnaires to general child population asking about un-
Introduction wanted sexual solicitations; but they do not always repre-
sent all kinds of child pornography victims (Mitchell,
Finkelhor, Jones, & Wolak, 2012), or sexting (Wolak,
WWW domain is now the principal medium of ac-
Finkelhor, & Mitchell, 2012).
cessing and disseminating indecent images of children
and the use of the Internet for these purposes is wide-
Related to the three elements mentioned above -
spread (Laulik, Allam, & Sheridan, 2007; Negredo &
offenders, victims and pornographic material- and based
Herrero, 2016). In the beginning of propagation of Inter-
on a psychosocial perspective, this paper, based on a
net, Rimm (1995) tried to analyse the pornographic con-
psychosocial perspective, aims to analyse to what extent
tent in Usenets on Internet. He was one of the first to no-
the field studies, as simulation design studies are nor
tice that 15% of pornography on the Internet involved
valid in psychosocial research of offenders and victims
children or young people. Nowadays, according to the
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766 101

(Fariña, Arce, & Real, 1994), of child pornography on people’s lifetime continue to protect them in exchange
the Internet have considered cultural variables. for unquestioning loyalty” (Hofstede et al., 2010, p. 92).
Thus, the relationship between individuals and collectiv-
ity refers to living and belonging to a community, cohe-
Theoretical background
sive groups, or organizations. This is closely related to
social norms which are reflected in the family, school,
Psychosocial perspective attempted to classify differ- workplace, religion and social interactions and relation-
ent societies using different measures of their relevant ships.
elements. The Hofstede’s model of dimensions of nation-
al culture has been useful to analyse and to understand The cultural dimension Masculinity includes two
many areas of human social life: business (Ganescu, poles: high Masculinity (masculine pole) to low Mascu-
Gangone, & Asandei, 2014), environmental health (Onel linity (feminine pole). A society is on the masculine pole
& Mukherjee, 2014), or education (Sadeghi, Amani, & “when emotional gender roles are clearly distinct: men
Mahmudi, 2013) inter alia. Regarding the Internet, this are supposed to be assertive and focused on material suc-
model was applied in e-commerce (Goethals, Carugati, & cess, whereas women are supposed to be more modest,
Leclercq, 2009), in banner advertising (Moller & Eisend, tender, and concerned with the quality of life” (Hofstede
2010) or e-learning environments (Haag, Duan, & et al., 2010, p. 140). A society is on feminine pole “when
Mathews, 2007). Despite this, until now it has not been emotional gender roles overlap: both men and women are
applied in investigative psychology and neither in cyber- supposed to be modest, tender, and concerned with the
crimes, like child pornography. quality of life” (Hofstede et al. 2010, p. 140). Conse-
quently, the Masculinity dimension refers to the distribu-
According to Hofstede, Hofstede and Minkov (2010), tion of roles between the genders, the “power” of a gen-
“culture is the collective programming of the mind that der in society, assertive masculine patterns and their re-
distinguishes the members of one group or category of flection in the upbringing of children. In general, an ele-
people from others” (p. 6). The original four dimensions vated masculine index establishes a significant gender
of Hofstede’s model were: Power Distance, Individual- difference regarding life opportunities and the established
ism, Masculinity, and Uncertainty Avoidance. roles for men and women.
Power Distance refers to the different ways in which Finally, the last dimension, Uncertainty Avoidance
societies manage efficiently human inequity. This in- dimension, measured from weak to strong, is defined as
cludes several aspects such as wealth, prestige and pow- how “the members of a culture feel threatened by ambig-
er. It is not based on how cultures endorse objective dif- uous or unknown situations” (Hofstede et al. 2010, p.
ferences in power distribution but the way people per- 191). Thereby, the extent to which a society, organization
ceive power differences (from small to large). or group is based on social norms, rules and procedures
to mitigate or cope with uncertain future circumstances.
The Individualism dimension is considered by the au- The countries exhibiting high levels of Uncertainty
thor as one dimension with two poles, and ranges from Avoidance maintain rigid codes of belief and behaviour,
high Individualism (individualistic pole) to low Individu- and are intolerant of unorthodox behaviour and ideas. In
alism (collectivistic pole). The individualistic pole, is these cultures, there is an emotional need for rules, even
characterized by “societies in which the ties between in- if the rules never seem to work.
dividuals are loose: everyone is expected to look after
themselves and their immediate family” (Hofstede et al., Over the years, this model has been updated. During
2010, p. 92). The route to happiness is through personal the 80’s, Bond (cited by Hofstede et al. 2010) studied
fulfilment. The collectivistic pole, oppositely, refers to Asian culture, creating a list of basic values for Chinese
“societies in which people from birth onward are inte- population. In his results, a new dimension appeared.
grated into strong, cohesive in-groups, which throughout
102 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766

This new dimension, called Long-Term, was included in over more societies around the world. Meanwhile, Prag-
the original model. It was defined as: matic is still too analogous with Long Term Orientation,
and the difficulty to explain the conceptual differences
Long-term orientation stands for the fostering of virtues among them force us to reject both. Consequently, we
oriented toward future rewards, in particular persever- only consider those variables with a stronger crosswise
ance and thrift. Its opposite pole, short-term orientation, character (Hosftede et al. 2010): Power Distance, Indi-
stands for the fostering of virtues related to the past and vidualism, Masculinity, Uncertainty Avoidance, and In-
present in particular, respect for tradition, preservation of dulgence.
“face” and fulfilling social obligations (Hofstede et al.
2010, p. 239). Based on Hofstede’s cultural dimensions, the GLOBE
Project (Northouse, 2012) classified countries in 10 cul-
In 2010, Hofstede, et al. generated two new cultural tural clusters after studying 62 worldwide societies: An-
dimensions: Pragmatic, and Indulgence. However, glo, Germanic Europe, Nordic Europe, Latin Europe,
Pragmatic correlated strongly with Long Term Orienta- Eastern Europe, Latin America, Sub-Saharan Africa,
tion, although the constructs were not synonyms. Indul- Middle East, Confucian Asia and Southern Asia (House,
gence includes two poles: high Indulgence (indulgent Hanges, Javidan, Dorfman, & Gupta, 2004).
pole) to low Indulgence (restraint pole). The societies on
indulgent pole have “tendency to allow relatively free We can observe that Power Distance is high in
gratification of basic and natural human desires related to Southeast Asia, Middle East, Eastern Europe, and Latin
enjoying life and having fun” (Hofstede et al., 2010, p. America countries and low in Nordic Europe, and Ger-
281). Its opposite, restraint pole reflects “conviction that manic countries. Individualism is high in Anglo, Nordic
such gratification needs to be curbed and regulated by and Germanic countries and low in Latin America, Con-
strict social norms” (Hofstede et al., 2010, p. 281). fucian, Southern Asia, Sub-Saharan Africa countries. On
Masculinity dimension, the highest scores correspond in
In the present study, we did not take into account all cases to the moderate range of the scale. In this sense,
Long Term Orientation nor Pragmatic. On the one hand, the highest punctuation refers to Anglo countries, and the
the Long-Term Orientation dimension has an Asian lowest punctuation are in Nordic countries. Uncertainty
origin, therefore we consider that it needs to be validated Avoidance is high in Eastern Europe, Latin America,

Figure 1. Globe Project’s country clusters based on Hofstede’s cultural dimensions (Source: Northouse, 2012, p. 390).
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766 103

Latin Europe and Middle East. Although, Nordic, Anglo The key words for the search were organized in rela-
and Sub-Saharan countries have lowest punctuations, tion to three areas: child sexual abuse, cyberspace, and
these are in the medium range of the scale. Indulgence cultural aspects, following the EU Safer Internet Project
scores are highest in Latin America, Anglo and Nordic ROBERT (Ainsaar & Lööf, 2011). Additionally, we
Europe countries; and low in Middle East and Eastern added AND *cultur*, AND race, and AND etnicit* in
Europe countries. order to detect papers that analysed such intercultural
and/or ethnical differences.
Considering child pornography as a global social
problem (Internet Watch Foundation [IWF], 2010), it is The combination of criteria was based on the princi-
important to include cultural variables, as considered and ples of the Boolean search using AND to find articles
well documented in social psychology research (Smith, incorporating both elements of the term, OR to broaden
Bond, & Kağitçibaşi, 2006). In this sense, the present the search to any element and * as an indication of trun-
study aims to explore whether this variable has been in- cated keywords. We also examined meta-analysis and
cluded in child pornography studies. Thus, this research systematic reviews of published studies in order to obtain
explores cultural aspects included in literature as key additional information.
variables to analyse child pornography crimes, develop- Exclusion criteria were: studies with reference to
ing tools for the police assessment to improve the pre- abuses that occur in non-virtual environments (hands-
dictions of risk factors in aggressors (Dando, & Oxburgh, on), evaluation of physical indicators of sexual abuse,
2016). those relating to other types of child abuse or those doc-
uments related with technological or computer forensic
analyses advances.
Method
The best search option was Child pornography AND
Internet because it represents broadly the research topic
Procedure with a total of 101 documents found. Additionally, 475
child pornography papers (not combined) were analysed
In this paper, we selected those articles published in to obtain those which have not appeared in the combined
scientific journals between 2003 and 2016. The study be- search, and other 5 extra papers were added. However,
gins one year before of the appearance of Web 2.0 (In- we selected 19 new documents with combined search
ternational Telecomunication Union, [ITU], 2009). Child pornography AND Child Sexual Abuse. We did
not include the documents found in the not combined
We analyse articles included on the Web of Sci- search Child sexual abuse, to exceed the purpose of this
ence®, due to the fact that it allows access to the world’s paper.
leading scholarly literature in the sciences, social scienc-
es, arts, and humanities.
Table 1

Cuartiles de las revistas de psicología jurídica incluidas en las bases de datos JCR y SJR del año 2015

Cultural Clusters PD IDV MAS UAI IND


Eastern Europe 71.3 43.5 57.3 88 32.2
Middle East 74.0 33.3 45.8 78.3 26.0
Confucian Asia 65.7 24.3 58.3 52.2 34.5
Southern Asia 78.5 30.2 48.8 48.5 41.3
Latin America 69.0 20.8 52.4 82.9 81.7
Nordic Europe 27.3 69.3 15.3 37.0 68.3
Anglo 35.6 80.6 61.4 44.7 68.4
Germanic Europe 27.5 67.8 57.8 61.0 57.0
Latin Europe 53.5 57.2 48.5 82.8 38.8
Sub-Saharan Africa 62.5 32.5 40.0 47.5 42.0
Source: own elaboration based on data from Hofstede (2016).
Notes. PD=Power Distance; IDV= Individualism; MAS=Masculinity; UAI=Uncertainty Avoidance; IND=Indulgence.
104 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766

Results jority of them were carried out in the United States


(n = 13, 76.5 %), followed by studies from United King-
A total of 125 documents were analysed. Only 50 re- dom (n = 2, 11.8 %), Australia, Belgium and New Zea-
ferred to cultural aspects and corresponded to 30 dif- land (n = 1; 5.9 %). The detailed results showed that 12
ferent countries, located in eight different clusters. The (70.6 %) of the 17 documents considered the “White”,
most frequent was the Anglo cluster (n = 39, 78 %), fol- “Caucasian”, “Anglo-Australian” or “New Zealand Eu-
lowed by Germanic (n = 6, 12 %), Eastern Europe (n = 4, rope” categories, being in all of them the race most rep-
8 %), Confucian, Latin Europe and Nordic (n = 3, 6 %, resented. From the total of 17 documents related with the
in each of them). The less represented clusters were Latin race of aggressor, only one (Schmidt, Gykiere,
America and Middle East (n = 1, 2 %, in each of them). Vanhoeck, Mann, & Banse, 2014) was not using an An-
Most of the studies were carried out firstly with aggres- glo sample but a Germanic one.
sors, and victims were in the background.
Other ethnical origins were considered in these stud-
The detailed analysis showed that 23 of the 50 articles ies for example: “African American” (n =7, 41.2 %),
(46 %) indicated the birth country of aggressors. Sorted “Asian” or “Pacific Islander” (n = 6, 35.3 %), and other
by frequency, they were: United States and United King- autochthonous minorities like “Native Americans”,
dom (n = 6, 26.1 %), Canada (n = 3, 13 %), Switzerland “Maoris” or “Alaskan” with the same percentage (n = 5,
(n = 2, 8.7 %), and Australia, Croatia, Germany, Nether- 29.4 %), or “Hispanic” (n = 4, 23.5 %).
land, Sweden and Turkey (n = 1, 4.4 %). The highest
proportion of studies (n = 16, 69.6 %) analysed aggres- Regarding the victims, it is important to note that in-
sors from the Anglo cluster followed by the Germanic cluded papers refer to victims’ characteristics when an-
cluster (n = 4, 17.4 %). alysing material, and they never studied victims directly.
Birth country of victims was included in 11.8 % (n = 6)
As for the race of the aggressors, 17 (34 %) of the of the studies, as being mainly of United States (n = 4,
documents analysed this variable. Once again, the ma- 66.7 %), one from Turkey and one from Greece (16.7 %).

Table 2.

Analysis of implicit or explicit reference to cultural aspects by countries of studies.


Country Aggressor Victim/ Material Cultural
Cultural
or area Reference Comparis
Cluster Country Race Country Race
of study ons
Australia Anglo Amstrong & Mellor (2016) A P A A A
Australia Anglo Hinkson (2009) A A A A P
Australia Anglo Shats & Faunce (2008) P A A A A
Belgium Germanic Schmidt, Gykiere, Vanhoeck, Mann, & A P A A A
* Banse (2014)
Canada Anglo Babchishin, Hanson, & VanZuylen (2015) P A A A A
Canada Anglo Kingston, Fedoroff, Firestone, Curry, & P A A A A
Bradford (2008)
Canada Anglo Woodworth, Freimuth, Hutton, Carpenter, P A A A A
Agar, & Logan (2013)
Croatia Eastern Stasevic & Ropac (2005) P A A A A
Europe*
Czech Eastern
Republic Europe*
Diamond, Jozifkova, & Weiss (2011) A A A A P
Denmark Nordic
Japan Confucian
Note. A= Absence; P= Presence; *Belgium, Croatia and Czech Republic were not included on the GLOBE Project.
However, we allocated into a cultural cluster, because per Hofstede’s data (2016), each of these countries have
similar scores with cluster assigned.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 95-108. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766 105

Table 2 (continue).

Analysis of implicit or explicit reference to cultural aspects by countries of studies.

Country or Cultural Aggressor Victim Cultural


Reference
area of study Cluster Country Race Country Race Comparisons
England and Anglo Wakeling, Howard, & Barnett (2011) P A A A A
Wales
Germany Germanic Domberta, et al. (2016) P A A A A
Greater London Anglo Webb, Craissati, & Keen (2007) P A A A A
Area
Greece Eastern Chryssi, Dionysia, & Vasiliki (2012) A A P A A
Europe
Japan Confucian Zanghellini (2009) A A A A P
Netherlands Germanic Buschman, Bogaerts, Foulger, Wilcox, Sosnowski, P A A A A
& Cushman (2010)
New Zealand Anglo Merdian, Curtis, Thakker, Wilson, & Boer (2014) A P A A A
Sweden Nordic Seto, Hermann, Kjellgren, Priebe, Svedin, & P A A A A
Langstrom (2015)
Switzerland Germanic and Aebi, Plattner, Ernest, Kaszynski, & Bessler (2014) P A A A A
Latin Europe
Switzerland Germanic and Frei, Erenay, Dittmann, & Graf (2005) P A A A A
Latin Europe
Turkey Middle East Erdogan, Tufan, Karaman, Atabek, Koparan, P A P A A
Ozdemir, et al. (2011)
United Kingdom Anglo Al Mutawa, Bryce, Franqueira, & Marrington (2015) A P A A A
United Kingdom Anglo Elliot, Findlater, & Hughes (2010) P A A A A
United Kingdom Anglo Jewkes (2010) A A A A P
United Kingdom Anglo Long, Alison, Tejeiro, Hendricks, & Giles (2016) P A A A A
United Kingdom Anglo Middleton, Elliott, Mandeville-Norden, & Beech P A A A A
(2006)
United Kingdom Anglo Quayle & Jones (2011) A A A P A
United Kingdom Anglo Winder, Gough, & Seymou-Smith (2015) P A A A A
United States Anglo Babchishin, Hanson, & Hermann (2011) A P A A A
United States Anglo Basbaum (2010) P A A A A
United States Anglo Clevenger, Navarro, & Jasinki (2016) A P A A A
United States Anglo Faust, Bickart, Renaud, & Camp (2015) A P A A A
United States Anglo Magaletta, Faust, Bickart, & Mclearen (2014) A P A A A
United States Anglo Mitchell, Finkelhor, Jones, & Wolak (2010) P P A A A
United States Anglo Mitchell, Finkelhor, Jones, & Wolak (2012) A P A P A
United States Anglo Mitchell, Finkelhor, & Wolak (2007a) A A P P A
United States Anglo Mitchell, Finkelhor, & Wolak (2007b) A A P A A
United States Anglo Mitchell, Jones, Finkelhor, Wolak (2011) P A A A A
United States Anglo Mitchell, Wolak, & Finkelhor (2007) A A P P A
United States Anglo Navarro & Jasinski (2015) A P A A A
106 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766

Country or Cultural Aggressor Victim Cultural


Reference
area of study Cluster Country Race Country Race Comparisons
United States Anglo Owens, Eaking, Hoffer, Muirhead, & Shelton (2016) A A A P A
United States Anglo Ray, Kimonis, & Seto (2014) A P A A A
United States Anglo Seigfried-Spellar (2014) P P A A A
United States Anglo Seigfried-Spellar & Rogers (2010) A P A A A
United States Anglo Shelton, Eakin, Hoffer, Muirhead, & Owens (2016) A P A A A
Eastern
Czech Republic Europe*
France Latin Europe
Germany Germanic
Italy Latin Europe
Japan Confucian Steel (2015) A A A A P
Netherlands Germanic
Eastern
Poland Europe
Sweden Nordic
United Kingdom Anglo
United States Anglo Wolak, Finkelhor, & Mitchell (2011) P P A A A
United States Anglo Wolak, Finkelhor, & Mitchell (2012) A A P A A
United States Anglo Wolak, Finkelhor, Mitchell, & Jones (2011) P A A A A
United States Anglo Wurtele, Simons, & Moreno (2014) A P A A A
Argentina Latin America
Bolivia Latin America
Brazil Latin America
Colombia Latin America
Chile Latin America
Delgado-Coto, & França-Tarragó (2014) A A A A P
Ecuador Latin America
Paraguay Latin America
Peru Latin America
Venezuela Latin America
Uruguay Latin America
Note. A= Absence; P= Presence; *Czech Republic was not included on the GLOBE Project. However, we allocated into a cultural cluster,
because per Hofstede’s data (2016), this country has similar scores with cluster assigned.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766 107

As for the race of the victims, five papers indicated it, female users under study selected Asian as racial iden-
four of them developed in the United States and one in tity. Asian clusters have medium levels of Masculinity,
the United Kingdom, being the most common the white being Japan the country which are in the masculine pole
race (n = 4, 80 %). (95/100), while Taiwan are in the opposite pole, the fem-
inine one (45/100) (Hofstede, 2016).
Except for the analysis of race and cultural clusters,
during the period under consideration, only six studies Finally, Uncertainty Avoidance and Indulgence was
(12 %) analysed the existence of cultural differences and associated to norms that prohibited child pornography.
their impact in the child pornography area. From Hof- The study of Diamond, Jozifkova, and Weiss (2011), in
stede's cultural dimensions’ point of view, some infor- Czech Republic, with high levels of Uncertainty Avoid-
mation can be seen in the six studies that might justify a ance (74/100) and low Indulgence (29/100) (Hofstede,
cultural facilitator profile of child pornography. 2016), showed that where: Child-pornography was read-
ily available without restriction the incidence of child
Related to Power Distance, the study of Jewkes sexual abuse was lower than when its availability was re-
(2010), focused on the Anglo cluster, justifies that social stricted. As with adult pornography appearing to substi-
networking sites and mobile phones simply offer a new tute for sexual aggression everywhere it has been investi-
means and a new lexicon with which to explore their gated, we believe the availability of child porn does sim-
identities, including their psycho-socio-sexual make-up, ilarly (Diamond et al., 2011, p. 1042).
and exert power over their peers. Even though United
Kingdom nowadays have low levels of Power Distance In other sense, Delgado-Coto and França-Tarragó
(35/100) (Hofstede, 2016), Jewkes (2010) analysed the (2014) reported a decrease in the average rate of down-
effect of Victorian values, pointing out that “the scale of loading of child pornography material in ten different
abuse perpetrated by priests, teachers, local authority- countries of Latin America, with high levels of Uncer-
employed careers, police officers and other ‘upstanding’ tainty Avoidance (ranging between 67/100 and 99/100)
members of the community has, in recent years, had to be and Indulgence (ranging between 53/100 and 100/100).
acknowledged by the media and other social institutions”
(p. 14).
Discussion
Regarding Individualism, Hinkson’s (2009, pp. 209-
210) research in Australia (Anglo cluster) - one of the Due to the Internet expansion around the world, child
most Individualistic societies (90/100) (Hofstede, 2016) - pornography is considered internationally as a crime, but
affirms that: In face-to-face relations intimacy is we are uncertain of whether culture has some impact on
achieved as a result of a two-way flow of speech and it. In this sense, the aim of this research was to explore in
actions in which a self who is physically present to scientific literature cultural variables taken into account
another tests ideas, insights, orientations against those of by child pornography studies.
the other, who responds. Through such densely sensual
interaction recognition occurs, trust is established, under- During the period under consideration (2003-2016)
standings are reached. In mediated intimacy, by contrast, no research analysed the possible cultural differences and
the self unilaterally produces meanings for an image of their impact in the child pornography area. The ethnical
another who will never respond. Here the self is com- origins data was presented for describing the sample, but
pelled to be actively engaged in the production of identi- the results were not discussed on it. These results show
ty in a way that is without historical precedent” (Bauman the difficulty to use an exhaustive and exclusive category
2001; Giddens 1991). of race, as pointed out by Omi and Winant (1994). Ac-
cording to these authors “race categories are themselves
Related to Masculinity, Seigfried-Spellar and Rogers formed, transformed, destroyed, and reformed” (Omi &
(2010) show that 55.6 % of Internet child pornography Winant, 1994, p. 61).
108 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766

Specifically, in relation about the studies analysed, children). For that reason, legislation plays a key role,
only six included cultural aspects other than race and because it has a direct influence on child pornography
country. From Hofstede's cultural dimensions’ point of aggressors’ behaviour, as could be observed in Steel’s
view, some of the information included in those studies (2015) research. In this sense, we could not forget others
might be led to justify that some cultural influences existing ways to obtain this kind of material, especially
could be facilitating the use of child pornography. those considering part of the Hidden Internet, which are
difficult to legislate.
Regarding the enabling conditions due to cultural di-
mensions of child abuse, it is important to highlight that Nevertheless, at the same period (2010-2012), the In-
Power Distance can be manifested at the individual level ternational Centre for Missing & Exploited Children
in the employment context, adopting roles of domination (ICMEC, 2010, 2012) registered an increase of legisla-
and authority. Some studies (Frei, Erenay, Dittmann, & tion specifications in most of the countries considered in
Graf, 2005) pointed out this aspect involving power or the Delgado-Coto and França-Tarragó (2014)’s research
domination over others. sample. In this regard, Steel (2015) found in July 2013 a
massive drop in child pornography searches on browsers
In countries with high scores in Individualism, it like Google or Bing, coinciding with the announcement
could be hypothesized that a lower social control would of this companies taking measures to combat child por-
be largely facilitate penalized behaviours as compare to nography. Whereas, in other web browser which the
collectivist culture countries. Additionally, the difference searches were not prosecuted (i.e., Yandex), the number
between self-disclosure behaviours in face-to-face and of searches did not decrease. Thus, these studies high-
computer-mediated relationships is more pronounced light the importance of legislation in considering child
among individuals low in Individualism than those high pornography as a crime and distinguish it from social ac-
in Individualism (Tokunaga, 2009). ceptances sexual behaviours.

In countries with high levels of Masculinity men are Future research on this topic, should include the em-
supposed to be assertive and ambitious and women ten- pirical analysis of Hofstede’s dimensions and their effect
der and taking care of others and relationships (Hofstede on online child pornography. Specifically, the Power
et al. 2010). In this sense, it could be supposed that, es- Distance dimension implies that power plays a more im-
pecially in countries with high level of Masculinity, the portant role in the structuration of human relationships in
incidence of female aggressors would be low. Addition- certain societies with ‘high’ in Power Distance. It can be
ally, some studies pointed out that females use computers expected that people in roles involving some type of au-
less than males (ITU, 2013) because females score more thority (teacher, social worker, priest, police officer,
on anxiety towards this kind of technology (Fariña, Arce, monitor in sports or social activities) will exert their
Sobral, & Carames, 1991; Tsourela & Roumeliotis, power with less restrictions and perhaps less control (less
2015). need for accountability).

Countries with high levels of Indulgence and low lev- Societies with low scores in Individualism (with high-
els of Uncertainty Avoidance could have a sense of er social control) and Indulgence (where the gratification
“normality” in front of this kind of behaviours. Oppo- of basic and human drives is suppressed and regulated by
sitely, countries with low levels of Indulgence and high means of strict social norms) will present a lower level of
levels Uncertainty Avoidance identify and clearly differ- penalized behaviours, which might affect the presence
entiate “correct” and “deviant” behaviours. From this and magnitude of convictions, allegations and penalties.
point of view, Delgado-Coto and França-Tarragó (2014) Likewise, can be expected to present a higher level of
emphasize that on these cultures which high pursuit of social awareness regarding the dangers posed by child
pleasure, the person’s dignity, as a reference value, is abuse, with more frequent and extended campaigns at
displaced by money or other desires (in this context, schools, more public debate, etc. In this context, children
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766 109

can be expected to be less easily exposed to unsupervised tionally, it is important to point out the difficulty to ac-
access to strangers. cess “grey papers”. We noted that much about this topic
is published by government’s administrations or non-
The relationships within the family may also play a governmental organizations, so the majority of these re-
major role in the access relevance as a prioritisation vari- ports are not indexed in scientific database and we did
able. On one hand, aspects such as trust or intimacy are not consider this secondary data, adding a new bias in
higher in collectivistic societies, and research has shown our results.
that the percentage of incest in the total of child sexual
abuse is lower in these societies than in more individual-
istic ones (Romeo, Yepes-Baldó, Soria, & Lovelle,
2013). On the other hand, second generation immigrants References
would act under the cultural pattern they were born into,
or their culture of reference when it differs from their Ainsaar, L. & Lööf, L. (2011). Online Behaviour related
parents’ culture origin. For this reason, we consider im- to Child Sexual Abuse. Retrieved from
portant to analyse this target to better assess which is the http://www.childcentre.info/robert/public/Online_be
cultural pattern of reference. haviour_related_to_sexual_abuse.pdf

Finally, it is important to note that Holt, Blevins and Burgess, A. W., Mahoney, M., Visk, J., & Morgenbesser,
Burkert (2010) claim that there is a subculture influenced L. (2008). Cyber Child Sexual Explotation. Journal
by the Internet. It would be interesting to further explore of Psychosocial Nursing, 46(9), 38-45.
the characteristics of the users of these networks to con-
firm whether there are cultural differences, even though Dando, C. J. & Oxburgh, G. E. (2016). Empathy in the
we did not find it in our analysis. field: Towards a Taxonomy of Empathic
Communication in Information Gathering
The major contribution of this review was to highlight Interviews with Suspected Sex Offenders. European
the importance to incorporate culture as a variable in the Journal of Psychology Applied to Legal Context,
police assessment in order to improve the predictions of 8(1), 27-33.
risk factors in aggressors. For example, this research https://doi.org/10.1016/j.ejpal.2015.10.001
contributes to hypothesize probable cultural differences
when using tools as the Kent Internet Risk Assessment Delgado-Coto, S. & França-Tarragó, O. (2014). Flujo de
Tool (KIRAT) (Long, Alison, Tejeiro, Hendricks, & material pornográfico infantil online: Estudio
Giles, 2016) in the European context. However, we con- exploratorio en 10 países de América Latina con
sider that the cultural differences will appear easily if the foco en Uruguay [Flow of Child Pornographic
studies compare societies with one or more dimensions in Material Online: An Exploratory Study in 10 Latin
opposite poles. This research could influence in studies American Countries Focusing on
about how improve social prevention and intervention Uruguay]. Ciencias Psicológicas, 8(1), 55-67.
programmes with aggressors, but the cultural point of
view seems no to be the main worry for this kind of re- Diamond, M., Jozifkova, E., & Weiss, P. (2011).
search. Pornography and Sex Crimes in the Czech
Republic. Archives of Sexual Behavior, 40(5), 1037-
Regarding limitations of this work, it was primarily 1043. https://doi.org/10.1007/s10508-010-9696-y
limited by the countries where this topic is more studied,
like Anglo countries, principally United States. This lim- Children Exploitation and Online Protection Centre
itation produces a bias in the results, and it could seem (2013). Threat Assessment of Child Sexual
that child pornography crimes are more frequent in An- Exploitation and Abuse. Retrieved from
glo cluster, but it would be a tautological error. Addi-
110 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 99-112. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20766

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ADAPTACIÓN A LA PRISIÓN Y AJUSTE


PSICOLÓGICO EN UNA MUESTRA DE
INTERNOS EN CENTROS PENITENCIARIOS

ADAPTATION TO PRISON AND


PSYCHOLOGICAL ADJUSTMENT IN A
SAMPLE OF PRISON INMATES

MERCEDES NOVO1, ANA PEREIRA2, MARÍA JOSÉ VÁZQUEZ3 Y


BÁRBARA G. AMADO2

nes en cumplimiento de una pena privativa de libertad de


Resumen una prisión portuguesa, con edades entre 23 y 74 años
(M = 40.40, DT = 1.04), 77 (68.8 %) con antecedentes
Aunque la literatura ha abordado ampliamente el estudio penales (reincidentes). Los resultados revelaron que las
de la prisionización, el análisis de los efectos de las va- variables criminológicas (e.g., problemas en la familia)
riables criminológicas en la adaptación a prisión y del estaban relacionados con niveles más bajos de adapta-
estatus social en prisión, y de éstas en el ajuste psicoló- ción a la prisión. Además, los internos presentaban peor
gico y las destrezas cognitivas que emplean los internos ajuste psicológico que la población general, y los reinci-
no ha sido suficientemente trabajado. Para conocer de dentes que los primarios. Asimismo, también pusieron de
ello, evaluamos en variables criminológicas, adaptación manifiesto que los internos se caracterizaban en la reso-
a prisión, estatus social en prisión, ajuste psicológico y lución de problemas por recurrir a estrategias de afron-
destrezas cognitivas a una muestra de 112 internos varo- tamiento evitativas (i.e., Evitación cognitiva, Aceptación

Correspondencia: Mercedes Novo, Facultade de Psicoloxía. Universidade de Santiago de Compostela, España. Email:
[email protected]

ORCID: Mercedes Novo (http://orcid.org/0000-0002-0942-1501), Ana Pereira (http://orcid.org/0000-0002-3195-3504) y


Bárbara G. Amado (http://orcid.org/0000-0001-9262-1469).
1
Facultade de Psicoloxía, Universidade de Santiago de Compostela, España.
2
Unidade de Psicoloxía Forense, Universidade de Santiago de Compostela, España.
3
Departame nto AIPSE, Universidade de Vigo, España.

Recibido: 17 julio de 2017.


Aceptado: 19 de septiembre de 2017.
114 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784

o Resignación, Búsqueda de recompensas alternativas, Introducción


Descarga emocional), en detrimento de las aproximativas
(i.e., Análisis lógico). Se discuten las implicaciones de En los últimos años, la investigación en el ámbito de
los resultados para el diseño de programas de interven- las prisiones ha prestado atención al estudio de la adapta-
ción dentro de prisión y la preparación para la vida en li- ción de los internos. Ya en el año 1950, Clemmer intro-
bertad (i.e., tercer grado). dujo el término prisionización, que define como el pro-
Palabras clave: Adaptación a prisión; Estatus so- ceso de “aculturación” carcelaria que experimentan los
cial; Afrontamiento; Ajuste psicológico; Destrezas cog- internos. En esta dirección, Haney (2002) señala que la
nitivas. prisionización consiste en la incorporación de las normas
de la prisión en los hábitos de pensar, sentir y actuar de
los presos. Caldwell (1956) plantea que la prisionización
se relaciona con el estatus social asignado al interno, ya
Abstract que el ambiente carcelario demanda la aceptación de
determinados patrones de conducta, acordes a la cultura
Although prisonization has been studied in previous lit- de la prisión. Así, a cada recluso se le atribuye una
erature, the effects of criminological variables on prison posición en la escala social, o estatus social, que, o bien
adaption and prison social status; and of the latter on se le asigna (e.g., edad, raza, inteligencia, historial
psychological adjustment and cognitive skills have not familiar); o bien, alcanza (e.g., condenas previas,
been sufficiently analysed. As for knowing about this, ocupación dentro de la prisión, pertenencia a grupos
112 male prison inmates with an age range between 23 informales de internos, tipo de visitas o la aceptación del
and 74 years (M = 40.40, SD = 1.04), 77 (68.8 %) with código carcelario) (Caldwell, 1956). Más recientemente,
criminal records (recidivists) serving sentences in a Por- y a pesar de la aparente ubicuidad del código carcelario,
tuguese prison were evaluated in prison adaption, prison distintas investigaciones han puesto de manifiesto que
social status, psychological adjustment and cognitive los internos no lo siguen de manera uniforme. Sus
skills. The results showed that criminological variables normas o valores están, en cierto modo, sujetos a
(e.g., family problems) were related with lower levels of interpretación, siendo en muchos casos las contingencias
adaption to prison. Furthermore, prison inmates exhib- sociales las que explican que la adherencia al código de
ited a significant worse psychological adjustment than la prisión sea variable (Copes, Brookman y Brown,
the normative population, and recidivists than primary 2016). En esta dirección, Crewe (2005) plantea que este
offenders. Likewise, the results revealed that prison in- sistema de creencias compartido se ha debilitado en
mates were characterized in problem solving tasks by importancia e intensidad, ya que se han producido
adopting an avoidant coping style (i.e., Cognitive cambios en la cultura carcelaria relacionados con la pér-
avoidance, Acceptance or Resignation, Seeking dida del sentido de comunidad, así como mejoras en las
alternative rewards, Emotional discharge), at the expense condiciones de las prisiones. Es más, los códigos de con-
of an approach coping style (i.e., Logical analysis). The ducta carcelarios pueden ser recursos o explicaciones que
implications of the results for in-prison intervention pro- los internos utilizan a posteriori para justificar su com-
grammes design and the preparation for a third-degree portamiento, no tanto determinantes del mismo (Copes et
life i.e., under parole, are discussed. al., 2016). Entre otras, se han planteado medidas de
adaptación del interno a la prisión basándose en indica-
Keywords: Adaptation to prison; Social status; dores objetivos de carácter administrativo (Wolfgang,
Coping; Psychological adjustment; Cognitive skills. 1961), que han resultado eficaces en la evaluación del
ajuste a la prisión (Brodsky y Smitherman, 2013).

Asimismo, el contexto carcelario tiene un efecto es-


tructural en los internos y determina fuertemente su salud
mental (Yang, Kadouri, Révah-Lévy, Mulvey y Falis-
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sard, 2009). En este sentido, Haney (2002) plantea que el una pena privativa de libertad. Todos eran varones, con
proceso de prisionización puede incluir, a nivel edades entre 23 y 74 años (M = 40.40, DT = 1.04) y en
psicológico, distintos cambios y adaptaciones, a saber: su mayoría de raza caucásica (94 %). En cuanto al estado
hipervigilancia, sospecha interpersonal y desconfianza, civil, el 28.6 % (32) vivían en pareja (casados, unión de
sobrecontrol emocional, alienación y distanciamiento hecho, convivencia) y el 71.4 % (80) solos (solteros, se-
psicológico, retraimiento social y aislamiento, parados, viudos). En el momento de ingresar en el centro
incorporación de normas propias de la cultura carcelaria, penitenciario, el 91% había completado su formación en
disminución de autoestima y valor personal, estrés la escuela primaria, el 8 % la secundaria, mientras el 2 %
postraumático y dependencia de la estructura de la tenía uno o más títulos universitarios. En el momento de
prisión. La investigación ha destacado el papel que la evaluación, el 71 % había finalizado la escuela
desempeñan las estrategias de afrontamiento en el primaria, el 26 % la secundaria y el 3 % tenía uno o más
proceso de adaptación a la prisión (Brown y Ireland, títulos universitarios.
2006; Sappington, 1996; Zamble, 1992). Estas pueden
definirse como los esfuerzos realizados para dominar, Setenta y siete (68.8 %) contaban con antecedentes
reducir o tolerar las exigencias creadas por el estrés que penales (reincidentes), y la media del número de delitos
representa la pérdida de libertad (Weiten, Dunn y por los que habían sido enjuiciados y condenados era de
Hammer, 2011), y cuya demanda se incrementa cuando 8.57 (DT = 0.90), oscilando en rango entre 1 y 44 deli-
el interno ingresa en prisión (Edward, Zamble y tos. Los tipos penales, según el código portugués, se
Porporino, 1990; Picken, 2012). Así, la investigación concretan en delitos contra la sociedad y la propiedad
sugiere que los esfuerzos de afrontamiento de los (34.85 %), contra las personas (16 %), contra la sociedad
internos se caracterizan por ser no planificados, des- (11.6 %), contra la sociedad y las personas (9.8 %), con-
ordenados y esporádicos, siendo el déficit de afronta- tra la propiedad (8 %), contra la propiedad y las personas
miento un factor de riesgo para la reincidencia (Zamble y (6.3 %) y un 13.4 % que cumplen condena por más de
Porporino, 1988). Sin embargo, en cuanto a la relación dos tipos delictivos.
entre estilos de afrontamiento y salud mental, los resulta-
dos son contradictorios (Kirchner, Forns y Mohíno, El tiempo medio de permanencia en esta institución
2007). Algunos autores constatan que optar solo por es- fue 4.40 años (DT = 2.25). En cuanto al tiempo de
trategias de afrontamiento aproximativas no protege condena cumplido de la sentencia impuesta, el promedio
contra la psicopatología (Vitaliano, Russo y Maiuro, se sitúa en 6.42 años (DT = 3.16), siendo la longitud
1987), frente a otros estudios que informan de mayores media de la sentencia de pena privativa de libertad de
niveles de psicopatología en los internos que emplean 13.20 años (DT = 5.18). La edad media al primer arresto
estrategias evitativas (Kirchner et al., 2007). fue 29.29 años (DT = 0.06). De la muestra evaluada, el
Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, nos 61.60 % tenían delitos anteriores, y por tanto eran
planteamos un estudio con el objetivo de conocer la reincidentes, frente al 38.46 % que no lo eran.
adaptación a la prisión de los internos, y su relación con
el ajuste psicológico y cognitivo.
Procedimiento y diseño
Los sujetos participaron de forma voluntaria. El dise-
Método ño del estudio contó con la aprobación previa y el permi-
so de los centros para la evaluación, así como del con-
Participantes sentimiento por escrito de los internos evaluados. Some-
tida a análisis la sensibilidad del diseño, la probabilidad
Como participantes se reclutaron 112 internos en el de detección (1-β) de diferencias significativas (α < .05)
establecimiento penitenciario Central de Paços de Fe- y para un tamaño del efecto medio, oscilaba, según el
rreira (Portugal) que se encontraban en cumplimiento de análisis de datos, entre el 84 % y el 99 %. En conse-
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cuencia, el diseño ejecutado es altamente sensible en la prueba tomando como situación-problema el ingreso en
detección de diferencias significativas. prisión. El CRI-A evalúa ocho tipos de estrategias de
afrontamiento, que se mostraron fiables con los
participantes en el estudio: Análisis lógico (LA)
(α = .771), que se refiere a intentos cognitivos de
Instrumentos de medida entender y prepararse mentalmente para un estresor y sus
consecuencias; Reencuadre positivo (PR) (α = .638) que
Los expedientes penitenciarios de los internos aporta- mide intentos cognitivos de construir y reestructurar un
ron la información sociodemográfica y procesal-penal de problema de una manera positiva al mismo tiempo que se
la situación del interno (variables criminológicas). Por su acepta la realidad de la situación; Búsqueda de
parte, como instrumento de medida de la psicopatología orientación y apoyo (SG) (α = .676) que evalúa intentos
se tomó el SCL-90-R (Derogatis, 1994), que evalúa comportamentales de buscar información, asesoramiento
nueve dimensiones clínicas (i.e., somatización, obsesivo- y apoyo; Resolución de problemas (PS) (α = .710) que
compulsivo, sensibilidad interpersonal, depresión, ansie- valora intentos comportamentales para tomar parte en la
dad, hostilidad, ansiedad fóbica, ideación paranoide, resolución directa del problema; Evitación cognitiva
psicoticismo) y tres indicadores globales de severidad (CA) (α = .790) que se relaciona con intentos cognitivos
(i.e., Índice de Severidad Global [GSI], Total de Sínto- para evitar pensar de manera realista en el problema;
mas Positivos [PST], Índice de Malestar Referido a Sín- Aceptación resignada (AR) (α = .702) que mide intentos
tomas Positivos [PSDI]). Este instrumento fue sometido cognitivos de reaccionar ante el problema aceptándolo;
a un proceso de traducción inversa del español al portu- Búsqueda de actividades alternativas (SR) (α = .793) que
gués. aprecia intentos comportamentales de involucrarse en
actividades sustitutivas y crear nuevas formas de
Con los participantes en el estudio, el análisis de la satisfacción; Descarga emocional (ED) (α = .810) que
consistencia interna del SCL-90 reportó una alta consis- evalúa intentos comportamentales de reducir la tensión
tencia interna para las escalas clínicas (con los partici- expresando sentimientos negativos.
pantes en el estudio, α = .801 para la escala de somatiza-
ción; α = .680 para obsesivo-compulsivo; α = .731 para Para examinar el estatus social, se aplicó la Escala
sensibilidad interpersonal; α = .716 para depresión; MacArthur de Estatus Subjetivo Social (Adler y Stewart,
α = .771 para ansiedad; α =.674 para hostilidad; α = .679 2007), en la que se pide a los internos que se asignen en
para ansiedad fóbica; α = .724 para ideación paranoide, y una escala de diez puntos, el lugar que ocupan dentro de
α = .677 para psicoticismo). la prisión en relación a otros internos del centro peniten-
ciario, conformando el estatus social percibido. Por otro
Con el objetivo de evaluar la capacidad de lado, se evaluó el estatus social externo de los reclusos,
afrontamiento recurrimos al CRI-A (Coping Responses solicitando a los técnicos de la prisión que puntuasen a
Inventory Adult Form) de Moos (1993), que se compone cada interno en la escala de de diez puntos, mediante una
de dos partes. En la primera se solicita al evaluado que versión adaptada basada en los criterios de estatus social
piense sobre el problema más importante por el que haya definidos por Caldwell (1956).
pasado en los últimos 12 meses o, en su defecto, en un
problema menor que haya tenido que enfrentar y, a Finalmente, para valorar la adaptación a la cárcel, se
continuación, ha de responder a 10 preguntas sobre el utilizó el Prison Adjustment Index (PAI) de Wolfgang
problema para las cuales existen cuatro alternativas de (1961), que evalúa el grado de adaptación del interno
respuesta: nunca, casi nunca, a menudo y siempre. En la desde una perspectiva administrativa, basada en criterios
segunda parte, se formulan otras 48 preguntas relativas al tales como el número de ocupaciones dentro de la prisión
mismo problema, con cuatro alternativas de respuesta: y el tiempo en cada una de ellas, el número de destitu-
nunca, pocas veces, algunas veces y bastantes veces. En ciones del puesto y el número de infracciones registradas
ambas formas, el interno fue instruido para contestar a la en la prisión. Así, del cómputo total de criterios el in-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784 117

terno puede obtener una puntuación total que, si es posi- dos, frente al 49 % de no adaptados. Sin embargo, la dis-
tiva o negativa, es indicativa de una buena o mala adap- crepancia entre la evaluación externa realizada por los
tación. Concretamente, la información necesaria para técnicos y el estatus social autoinformado por los inter-
evaluar estos criterios se recabó de los expedientes de los nos t(112) = 4.39, p < .001, d = 0.42, advierte que los
internos y fue contrastada con los técnicos de la prisión. penados comparten una autopercepción positivamente
sesgada de su estatus social dentro de la prisión
(M = 1.01, IC95%[0.56, 1.46]), aunque la variabilidad es
muy alta (DT = 2.43, CV = 240.59). Este resultado
Resultados refleja que el estatus social autopercibido se basa en el
cumplimiento del código y valores carcelarios, mientras
Adaptación a la prisión y variables el externo en la adaptación y ajuste a la prisión.
criminológicas
Aquellos internos en cuyo historial se informa de
Ajuste psicológico
problemas comportamentales precoces (M = 0.43) infor-
man de menor adaptación a la prisión, t(110) = 2.18, El contraste de la psicopatología observada entre la
p < .05, d = 0.48 , que aquellos en los que no se han re- población de internos en prisión con la población nor-
gistrado este tipo de problemas (M = 0.66). Además, los mativa (muestra de contraste al tratarse de delincuentes y
internos con historial de abuso (M = 0.45) también no enfermos mentales) puso de manifiesto que los inter-
exhiben menor adaptación a la prisión, t(107.05) = 3.07, nos presentan sintomatología significativa (véase la Ta-
p < .01, d = 0.62. bla 1) propia de somatización (e.g., disfunciones cardio-
vasculares, gastrointestinales, respiratorias), obsesión-
Asimismo, se hallaron diferencias en la adaptación de compulsión (i.e., pensamientos, impulsos y acciones que
los internos a la prisión mediadas por el historial familiar son experimentados como imposibles de evitar o no
de problemas psicoemocionales, t(90.19) = 1.92, p < .05, deseados), sensibilidad interpersonal (v. gr., sentimien-
d = 0.40. Los internos con peor adaptación al contexto de tos de inferioridad e inadecuación, hipersensibilidad
la cárcel cuentan con un historial de este tipo de proble- a las opiniones y actitudes ajenas, incomodidad e in-
mas en la familia (M = 0.48), en relación a los que no hibición en las relaciones interpersonales), depresión
(M = 0.67). Además, se constató que los que no tenían (ad exemplum, estado de ánimo disfórico, falta de
pareja (M = 1.28) se adaptaban peor a la prisión que los motivación, poca energía, sentimientos de desespe-
que tenían (M = 0.91), t(69.69) = 3.48, p < .001. Así, un ranza, ideas autodestructivas), ansiedad (verbigracia,
historial de comportamiento de riesgo, la existencia de nerviosismo, tensión, ataques de pánico y miedos), hos-
problemas comportamentales precoces y de problemas tilidad (por ejemplo, pensamientos, sentimientos y con-
psicoemocionales en el contexto familiar, se asocian con ductas propios de estados de agresividad, ira, irritabili-
un peor ajuste al ambiente carcelario, mientras que el dad, rabia y resentimiento), ansiedad fóbica (esto es,
disponer de una relación de pareja aparece como un fac- miedo irracional y desproporcionado a personas con-
tor protector frente a la inadaptación a la prisión. cretas, lugares, objetos y situaciones), ideación para-
noide (i. e., suspicacia, centralismo auto-referencial e
Por otra parte, los resultados revelan una relación ideación delirante, hostilidad, grandiosidad, miedo a
significativa entre la adaptación a la prisión y el estatus la pérdida de autonomía y necesidad de control), y
social externo, χ2(1, N = 112) = 3.57, p < .05, phi = .18. psicoticismo (o sea, alienación social al no ser pobla-
Así, el 68 % de los internos bien adaptados tienen un ción psiquiátrica). Del mismo modo, la población de
estatus externo elevado, esto es, otorgado por los internos (ver Tabla 1) evidenció padecer un mayor ma-
técnicos frente al 32 % de los no adaptados. Para los que lestar clínico global (GSI), más síntomas positivos (PST)
obtienen un bajo estatus, el 51 % se clasifican en adapta- y una mayor severidad en los síntomas positivos (PSDI)
que la general. En suma, la población penitenciaria pre-
118 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784

Tabla 1

Escalas Básicas de Evaluación clínica del SCL-90. Valores “t” para una muestra con valor de contraste la media de
grupo normativo

Variable MPP MPG t p d


Dimensiones clínicas
Somatización 0.74 0.36 6.84 .000 0.74
Obsesivo-Compulsivo 1.24 0.39 16.11 .000 1.67
Susceptibilidad Interpersonal 0.88 0.29 10.43 .000 1.18
Depresión 1.01 0.36 13.43 .000 1.35
Ansiedad 0.79 0.30 9.18 .000 1.03
Hostilidad 0.58 0.30 5.24 .000 0.57
Ansiedad Fóbica 0.30 0.13 4.11 .000 0.45
Ideación Paranoide 1.72 0.34 22.21 .000 2.46
Psicoticismo 0.52 0.14 8.53 .000 0.99
Índices Globales de Malestar
Índice Severidad Global (GSI) 0.89 0.31 14.52 .000 1.57
Total Síntomas Positivos (PST) 35.38 19.29 10.68 .000 1.02
Índice Malestar Síntomas Positivos (PSDI) 2.22 1.32 24.91 .000 2.25
Nota. gl(111); MPP: Media de la población penitenciaria; MPG: Valor de prueba o contraste tomado de la Media de la
población general del manual del SCL-90-R.

senta más daños en las dimensiones clínicas que también 2); esto es, sufren de más pensamientos, impulsos y ac-
se manifiesta en los índices de malestar. ciones que son experimentados como imposibles de evi-
tar o no deseados. En las restantes dimensiones y en los
Por su parte, el factor reincidencia (reincidentes vs. índices de malestar, primarios y reincidentes comparten
primarios) conlleva a diferencias de medias en la dimen- el mismo estado de salud mental.
sión clínica obsesivo-compulsivo, que es significativa-
mente mayor entre los penados reincidentes (ver Tabla

Tabla 2

Escalas Básicas de Evaluación clínica del SCL-90. Valores “t” para muestras independientes. Variable de agrupación
reincidencia (primarios vs. reincidentes)

Variable MP MG t(gl) p d
Dimensiones clínicas
Somatización 0.68 0.77 -0.81(109.66) .417 0.03
Obsesivo-Compulsivo 1.10 1.33 -2.17(110) .033 0.06
Susceptibilidad Interpersonal 0.87 0.87 0.04(110) .970 0.11
Depresión 1.02 1.01 0.15(110) .874 0.00
Ansiedad 0.71 0.82 -0.99(110) .325 -0.08
Hostilidad 0.52 0.61 0.87(110) .385 -0.03
Ansiedad Fóbica 0.29 0.30 -0.11(110) .915 0.19
Ideación Paranoide 1.71 1.73 -0.097(110) .923 0.00
Psicoticismo 0.53 0.52 0.04(110) .965 0.03
Índices Globales de Malestar
Índice Severidad Global (GSI) 0.84 0.90 -0.76(110) .448 0.02
Total Síntomas Positivos (PST) 34.65 35.82 -0.38(110) .706 0.04
Índice Malestar Síntomas Positivos (PSDI) 2.21 2.23 -0.30(110) .762 0.39
Nota. MP: Media del grupo internos primarios; MR: Media del grupo de internos reincidentes.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784 119

Tabla 3

Escalas Básicas de Evaluación clínica del SCL-90. Valores “t” para muestras independientes. Variable de agrupación
adaptación a la prisión

Variable Ma Mn-a t p d
Dimensiones clínicas
Somatización 0.71 0.76 -0.42 .672 -0.08
Obsesivo-Compulsivo 1.25 1.24 0.09 .928 0.01
Susceptibilidad Interpersonal 0.93 0.83 0.81 .419 0.01
Depresión 1.04 1.00 0.32 .748 0.08
Ansiedad 0.80 0.77 0.30 .760 0.05
Hostilidad 0.65 0.53 1.13 .250 0.03
Ansiedad Fóbica 0.32 0.28 0.42 .670 0.09
Ideación Paranoide 1.72 1.73 -0.09 .925 0.00
Psicoticismo 0.52 0.53 -0.17 .859 -0.02
Índices Globales de Malestar
Índice Severidad Global (GSI) 0.90 0.87 0.41 .684 0.07
Total Síntomas Positivos (PST) 35.44 35.32 0.04 .970 1.78
Índice Malestar Síntomas Positivos (PSDI) 2.27 2.20 0.78 .440 0.18
Nota. gl(112); Ma: Media del grupo de adaptados; Mn-a: Media del grupo de no-adaptados.

Tal y como se refleja en la Tabla 3, el factor adapta- blemas) y cuatro de evitación del mismo (i.e., Evitación
ción a la prisión (adaptados vs. no-adaptados) no media cognitiva, Aceptación o Resignación, Búsqueda de re-
diferencias en el ajuste psicológico, ni en los indicadores compensas Alternativas, Descarga emocional). Los resul-
de malestar. tados del contraste de la capacidad para la resolución de
problemas de los internos en contraste con la población
general (ver Tabla 4) advierten que los internos recurren
Destrezas cognitivas para la resolución significativamente más a las estrategias evitativas de
de problemas resolución de problemas (i.e., Evitación cognitiva, Acep-
tación o Resignación, Búsqueda de recompensas alterna-
tivas, Descarga emocional) que la población general, y
significativamente menos a la aproximativa ‘Análisis
El afrontamiento incluye cuatro estrategias de apro- lógico’.
ximación al problema (i.e., Análisis lógico, Reevaluación
positiva, Búsqueda de guía y soporte, Solución de pro-
Tabla 4

Comparación de medias en estrategias de afrontamiento

Variable MPP t p d
Análisis lógico 46.25 -3.46 .001 -0.65
Reencuadre positivo 51.08 1.30 .196 0.24
Búsqueda de orientación y apoyo 48.95 -1.03 .302 -0.19
Resolución de problemas 49.20 -0.93 .352 -0.18
Evitación cognitiva 57.49 9.83 .000 1.86
Aceptación o resignación 58.85 10.86 .000 2.05
Búsqueda de actividades alternativas 60.85 10.77 .000 11.50
Descarga emocional 61.42 13.55 .000 11.61
Nota. gl(1, 111); MPP: Media de la población penitenciaria; VP: Valor de prueba o contraste tomado de la media de la
población general del manual del CRI-A (T = 50).
120 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784

Discusión cambios en la cultura carcelaria relacionados con la pér-


dida del sentido de comunidad, así como mejoras en las
Con anterioridad a la discusión cabe señalar algunas condiciones de las prisiones (Crewe, 2005). Así, el tra-
limitaciones propias de este estudio. Así, contamos con tamiento penitenciario puede incidir mediante programas
una muestra homogénea, en la que no se ha controlado el de intervención que mejoren el clima social y la convi-
efecto de maduración de los internos en régimen ordina- vencia, pero de manera particular que contribuyan a la
rio (dentro de prisión) a lo largo de la condena, o el im- reducción del impacto del código carcelario, siendo este
pacto que pueda tener el tratamiento penitenciario, en aspecto crucial para el proceso de rehabilitación (Dett-
aquellos internos que se benefician de él mediante barn, 2012).
programas de intervención dentro de la prisión
(Rocheleau, 2013). Además, este tipo de población es En lo que se refiere a la adaptación de los internos, se
tendente a la manipulación de las respuestas, tanto en observa que el contexto carcelario conlleva más des-
dirección a la simulación (American Psychiatric ajuste para los sujetos de mayor vulnerabilidad al ingreso
Association, 2014) para evitar sanciones u obtener una en prisión, esto es, aquellos que presentan, por ejemplo,
mejor clasificación penitenciaria, como a la abuso de sustancias, problemas psicoemocionales en el
disimulación, bien dirigida a la ocultación de contexto familiar o comportamentales precoces, mientras
características negativas (Arce, Fariña, Seijo y Novo, que el disponer de una relación marital facilita dicha
2015), bien a la asunción de características positivas adaptación (Jiang y Winfree, 2006). En este sentido, se-
(Fariña, Redondo, Seijo, Novo y Arce, 2017). Esto ñalar que este resultado respalda el modelo de importa-
último para obtener beneficios penitenciarios tal como ción, el cual plantea que la cultura carcelaria importa há-
permisos, destinos en prisión o el tercer grado. Sobre la bitos, valores y costumbres que la persona que entra en
base de estas limitaciones que median la generalización prisión ha adquirido previamente, y que influyen en los
de los resultados, de los hallazgos previos se desprenden niveles de prisionización que presenta (Dhami, Ayton y
las siguientes conclusiones. Loewenstein, 2007; Paterline y Petersen, 1999). A este
respecto, es necesario incidir en un tratamiento basado en
En lo que atañe al estatus y sus diferentes perspecti- una adecuada evaluación de necesidades y carencias de
vas de evaluación, los internos que, según la perspectiva los internos en la fase de inicio de la intervención (Arce
de los técnicos, obtienen un estatus social más elevado, y Fariña, 2010), para diseñar una intervención multimo-
refieren una buena adaptación. Sin embargo, se verifica dal y multinivel que responda a su vez a un modelo es-
una discrepancia entre estatus social autoinformado y la tructurado y explícito (Andres y Bonta, 2010), y en el
evaluación externa, advirtiéndose que los penados com- que se atienda a las necesidades tanto criminógenas, que
parten una percepción de su estatus social sesgada positi- se relacionan con las causas de la violencia (Fariña, Arce
vamente. Esta discrepancia puede tener relación con la y Novo, 2008), como no criminógenas, que se vinculan
atribución del estatus social dentro de la prisión. Así, con la reincidencia (Arce, Fariña y Novo, 2014).
siguiendo el código de la cárcel, el estatus social está
determinado por distintos factores, entre ellos, la existen- En términos de ajuste psicológico, los resultados in-
cia de antecedentes penales (reincidencia) o el propio dican que la población penitenciaria se diferencia de la
cumplimiento del código penitenciario (Caldwell, 1956), población general en todas las variables clínicas evalua-
código este que salvaguarda la lealtad entre internos, das, así como en los tres índices de severidad, esto es,
desalentado la denuncia y la comunicación con la autori- presenta más sintomatología clínica y ésta de mayor in-
dad (Liebling y Crewe, 2012). La autoridad representada tensidad, aunque no se relaciona con el grado de adapta-
por los funcionarios, parece tener una valencia positiva ción a la prisión. Este resultado corrobora estudios pre-
en la atribución de un estatus elevado externo y asignado vios que dan cuenta de una mayor prevalencia de altera-
por los técnicos, y una valencia negativa, en la autoper- ciones psicopatológicas en la población de internos (Ar-
cepción. En este sentido, cabe mencionar que la acepta- ce, Fariña y Vázquez, 2011; Fazel y Danesh, 2002; Zaba-
ción del código carcelario se puede ver reducido por los la-Baños et al., 2016) o mayor riesgo de depresión (Fazel
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784 121

y Seewald, 2012; Yang et al., 2009). Estos cambios y de las adaptativas (aproximativas) (Feelgood, Cortoni y
adaptaciones parecen responder al proceso de pri- Thompson, 2005).
sionización (Haney, 2002) (e.g., hipervigilancia, descon-
fianza personal y sospecha, sobrecontrol emocional, En definitiva, este trabajo realiza algunas
alienación y distanciamiento psicológico, retraimiento contribuciones al estudio de la adaptación y ajuste de los
social, disminución de la autoestima, etc). En este sen- internos a la prisión, que pueden resultar de interés para
tido, algunos autores han informado que la salud mental el diseño de los programas de intervención en régimen
de los internos si bien empeora al ingreso en prisión, al ordinario (dentro de prisión) y de preparación para la
tiempo que transcurre la condena experimenta una mejo- vida en libertad, que han demostrado su eficacia en la
ría (Walker et al., 2014), de manera que, por ejemplo, la mejora de la competencia social y cognitiva, tanto en
depresión y la ideación suicida disminuyen transcurrido adultos como en menores (Arce et al., 2014; Arce, Seijo,
el primer año (Smyth, Ivanoff y Jang, 1994). Sin em- Fariña y Mohamed-Mohand, 2010), así como en la
bargo, si bien el ajuste puede mejorar con la adaptación a disminución de los efectos de la prisionización
la prisión, especialmente en las cárceles de menor ta- (Dettbarn, 2012).
maño, resta por analizar si en estos casos esa mejoría se
mantiene al salir de la prisión (Walker et al., 2014).
Además, las prisiones deberían responsabilizarse de una
adecuada atención a la salud mental de los internos (Mo- Referencias
ller, Stover, Jurgens, Gatherer y Nikogosian, 2007), pu-
diendo considerarse el ingreso en prisión (Pérez, Herrero, Adler, N. E. y Stewart, J. (2007). The MacArthur Scale
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tica, 2017). Es más, la salud mental puede considerarse
un prerrequisito para una adecuada integración y prepa- American Psychiatric Association. (2014). Manual
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caso, es necesaria más investigación que aborde la rela- (DSM-V) [Diagnostic and Statistical Manual of
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Los resultados obtenidos revelan que los internos Andrews, D. y Bonta, J. (2010). The Psychology of
usan mayor medida estrategias evitativas, esto es, evita- Criminal Conduct (5a Ed.). New Providence, NJ:
ción cognitiva, aceptación o resignación, búsqueda de re- Matthew Bender and Company.
compensas alternativas y descarga emocional. Este estilo
de afrontamiento evitativo y centrado en las emociones, Arce, R. y Fariña, F. (2010). Diseño e implementación
se caracteriza por la tendencia a hacerse ilusiones, evitar del Programa Galicia de Reeducación de
pensar y sentir estas situaciones como reales, al tiempo Maltratadores: Una respuesta psicosocial a una
que favorece emociones negativas como la ira (Pastwa- necesidad social y penitenciaria [Design and
Wojciechowska, Kaźmierczak y Błażek, 2012). Por otra Implementation of the Galician Program for
parte, en cuanto a las aproximativas, en relación a la po- Batterers' Re-Education: A Psychosocial Answer to
blación general hacen menos uso del análisis lógico. En a Social and Penitentiary Need]. Psychosocial
suma, los penados utilizan estrategias desadaptativas Intervention, 19, 153-166.
(evitativas) en la resolución de problemas, en detrimento https://doi.org/10.5093/in2010v19n2a7
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ADAPTATION TO PRISON AND


PSYCHOLOGICAL ADJUSTMENT IN A
SAMPLE OF PRISON INMATES

MERCEDES NOVO1, ANA PEREIRA2, MARÍA JOSÉ VÁZQUEZ3 Y


BÁRBARA G. AMADO2

more crimes. The sample was consisted of 61.60 %


EXTENDED SUMMARY reoffenders versus 38.46 % first-time offenders. In short,
most inmates had a criminal record and were serving
sentences for crimes against people, society, and prop-
erty.
Introduction
Procedure and design
Though research has focused on prison institutionali-
zation, the impact of prison environments on the mental
health of prison inmates remains unclear. This under- All subjects voluntarily participated in the study. The
scores the need to analyse the adaptation to the prison study design was approved by the penitentiaries and in-
context and its relationship with psychological adjust- formed written consent was obtained from the inmates’.
The design sensitivity analysis showed the probability of
ment and cognitive skills.
detecting (1-β) significant differences (α < .05) for a
mean effect size ranged from 8 4 % to 99 % according to
data analysis. Consequently, the study design was highly
Method
sensitive to detecting significant differences.
Participants Measurement Instruments
A total of 112 inmates serving sentences in the Cen-
tral de Paços de Ferreira Penitentiary (Portugal) par- The inmates’ sociodemographic and legal-penal data
ticipated in the study. All subjects were men, aged from was gleaned from their prison records. As for the psy-
23 to 74 years (M = 40.40, DT = 1.04), 77 with previous chopathological measurement instrument, inmates were
criminal records and mostly Caucasian (94 %). As for administered the SCL-90-R (Derogatis, 1994), that evalu-
marital status, 28.6 % (32) lived as couples (married, ates nine clinical dimensions and three global severity
common-law union, or consensual unions), and 71.4 % indicators. This instrument was back translated from
(80) were (bachelors, separated, widowed). Spanish to Portuguese.

The mean number of crimes committed in this sample For the participants in this study, the analysis of in-
was 8.57 (DT = 0.90), ranging from 1 to 44 crimes. As ternal consistency of the SCL-90 showed high internal
for the types of crime, the Portuguese criminal code de- consistency for the clinical scales (i.e., for participants in
scribes crimes against society and property (34.85 %), the study, α = .801 for somatization scale; α = .680 for
people (16 %), society (11.6 %), society and people obsessive-compulsive; α = .731 for interpersonal sensi-
(9.8 %), property (8 %), property and people (6.3 %), tivity; α = .716 for depression; α =.771 for anxiety; α
with 13.4 % of inmates serving sentences for two or
126 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784

=.674 for hostility; α =.579 for phobic anxiety; α = .524 history of abuse is indicative of worse adaptation to pris-
for paranoid ideation, and α =.677 for psychoticism). on (M = 0.45), as compared to inmates with no history of
abuse (M = 0.73).
To evaluate coping ability, the CRI-A (Coping Re-
sponses Inventory Adult Form) de Moos (1993) that con- Furthermore, differences were observed in the adapta-
sists of two parts, was completed. In both parts, inmates tion of prison inmates according to family history of
were instructed to respond to the test with their entry into psycho-emotional problems, t(90.19) = 1.92, p < .05,
prison as the situation-problem. The CRI-A evaluates d = 0.40. The inmates worst adapted to the prison context
eight types coping strategies that were shown to be had a history of these family problems (M = 0.48), as
reliable with the participants in this study: Logical analy- compared to inmates without psycho-emotional problems
sis (LA) (α = .771); Positive Reappraisal (PR) (α = .638); (M = 0.67). Moreover, inmates with no partner
Seeking Guidance and Support (SG) (α = .676); Problem (M = 1.28) adapted worse to prison than inmates with
Solving (PS) (α = .710); Cognitive Avoidance (CA) partners (M = 0.91), t(69.69) = 3.48, p < .001. Thus, a
(α = .790); Acceptance or Resignation (AR) (α = .602); history of risk behaviour, and early behavioural and psy-
Seeking Alternative Rewards (SR) (α = .793), and Emo- cho-emotional problems in the context of the family are
tional Discharge (ED) (α = .810). associated to worse adjustment to the prison system,
whereas having a relationship with a partner or married
To examine perceived social status, the MacArthur couples appears to be a protective factor against non-
Scale of Subjective Social Status (Adler and Stewart, adaptation to prison.
2007) was applied where inmates use a 10-point scale to
rank the position of the inmate in relation to other prison The results also revealed a significant relationship be-
inmates to indicate perceived social status. The inmates’ tween prison adaptation and external social status, χ2(1,
external social status was evaluated by requesting prison N = 112) = 3.57, p < .05, phi = .18. In other words, 68 %
personnel to score each inmate on a 10-point scale of an of well adapted inmates had high external status as as-
adapted version based on social status criteria defined by signed by the prison personnel, in comparison to 32 % of
Caldwell (1956). To assess the adaptation to prison, the non-adapted inmates. Whereas 51% of low status inmates
Prison Adjustment Index (PAI) of Wolfgang (1961) was were classified as adapted, 49% were not adapted. Never-
used to evaluate the degree of each inmate’s adaptation theless, the discrepancy between the external evaluation
from a perspective and with administrative criteria, pro- of prison personnel and the inmates self-reported social
vided by the prison personnel. status t(112) = 4.39, p < .001, d = 0.42, indicated inmates
hold a positively biased self-perception of social status in
prison (M =1.01, IC95%[0.56, 1.46]), though variability
Results was very high (DT = 2.43, VC = 240.59). This result
would suggest that self-perceived social status is based
Adaptation to prison and criminologi- on the compliance of the prison code and values, whereas
external social status is based on the adaptation and ad-
cal variables justment to prison.
Inmates with a history of early behavioural problems
showed significant differences in the level of adaptation,
Psychological adjustment
t(110) = 2.18, p < .05, d = 0.48, with less adaptation for
these inmates (M = 0.43), as compared to inmates with In the population of prison inmates and the
no such history (M = 0.66). Moreover, inmates with normalized population highlights that inmates, in
problems of illegal substance abuse showed statistically comparison to the non-pathological population (contrast
significant differences in prison adaptation, sample of delinquents, not mental patients), exhibited
t(107.05) = 3.07, p < .01, d = 0.62. Thus, inmates with a significant symptomology characteristic of somatization,
obsessive-compulsive, interpersonal sensitivity,
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784 127

depressive, anxiety, hostility, phobic anxiety, paranoid limitations that mediate the generalization of the results,
ideation, and psychosis. In short, the prison population the following conclusions may be drawn.
differed from the general population in all of the clinical
variables of the SCL, and the three severity indices i.e., As for status and the different approaches to evaluat-
the former displayed more clinical symptomology and of ing it, que, from the personnel’ perspective, inmates ob-
greater intensity. taining high social status were better adapted. Notwith-
standing, a discrepancy was observed between self-
Regarding the condition of reoffending, it was not as- reported social status and external evaluation, whereby
sociated to clinical symptomology, save on the obses- inmates have a positively biased perception of their status
sive-compulsive scale, which was higher in prison in- social. In relation to the prison adaptation of inmates, the
mates. Reoffenders suffered from more thoughts, im- prison context was found to lead to greater maladjust-
pulses, and actions that are experienced as impossible to ment in vulnerable subjects, for instance inmates who are
avoid and undesired. Moreover, the degree of prison ad- illegal substance abusers, and those with psycho-
aptation had no influence on the clinical symptomology emotional problems in the family context or early behav-
of inmates i.e., neither symptomology nor symptom se- ioural problems, whereas having a partner improved
verity were greater in relation to the degree of adaptation adaptation. Thus, the results substantiate the importing
to prison. model that contends the prison culture imports habits,
values, and customs that have been previously acquired
Cognitive skills for problems-solving by inmates prior to entering prison and influence the
level of prisonization.
Coping involves four problem approximation strate-
gies (Logical analysis, Positive revaluation, Search for Regarding psychological adjustment, the results indi-
guidance and support, Problem-solving), and four de cate the prison population is different to the general pop-
avoidance strategies (Cognitive Avoidance, Acceptance ulation in all of the clinical variables under evaluation,
or Resignation, Seeking Alternative Rewards, Emotional and the three severity indices i.e., inmates display more
Discharge). Significant differences were observed in all clinical symptomology and of a greater severity, even
of the coping avoidance scales, indicating inmates used though it may not be related to the degree of prison adap-
more avoidance strategies. Approximation strategies re- tation. This result corroborated the findings of previous
fer to differences exclusively in logical analysis, a strat- studies that found a greater prevalence of psycho-
egy that inmates used less than the general population. pathological disorders in the prison population and the
greater risk of depression. These changes and adaptations
seem to respond to the process of prisonization. Thus,
Discussion several authors have reported deterioration in the mental
health of inmates when they enter prison, but improve-
This study is subject to several limitations which ment in mental health is observed through the period of
should be borne in mind in interpreting the results. First, incarceration, particularly after the first year and in small
the sample was homogeneous, and the effect of the matu- prisons. The prison system should be responsible for
ration of the inmates through time was not controlled, caring for the mental health of inmates and should seek
and the impact of prison treatment on inmates benefiting to take advantage of a prisoner’s admittance to prison as
from prison intervention programs. Moreover, this type an opportunity for intervention and for improving the
of population tends to manipulate responses both towards health of inmates in accordance with the principles of
feigning to avoid sanctions or to obtain their prison clas- Therapeutic Justice. Moreover, further research is re-
sification, and defensiveness, either aimed at concealing quired to examine the relationship between mental health
negative characteristics or to exhibit positive characteris- and the prison system as a key objective.
tics to obtain prison benefits. Taking into account these
128 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 113-128. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20784

Furthermore, the results of this study have revealed


that inmates used more avoidance strategies i.e., cogni-
tive avoidance, acceptance or resignation, search for al-
ternative rewards, and emotional unloading. This avoid-
ance coping style centred on emotions is characterized by
the tendency to illusions, thought avoidance and to
conceiving these situations as unreal, and to foster nega-
tive emotions such as rage. As for approximation strate-
gies, inmates resort less to logical analysis than the gen-
eral population. Hence, the personal risk that is charac-
teristic of the prison context inhibits any sign of vulnera-
bility and fosters the use of approximation coping strat-
egy leading to maladjustment inmates.

In short, this study has contributed to the assessment


of the adaptation and adjustment of prison inmates and is
relevant to the design of prison intervention programs
and prisoner release programs that have proven to be ef-
ficacious in improving social and cognitive competence,
and in reducing the effects of prisonization (Dettbarn,
2012).
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 129-146. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20792 129

AJUSTE PSICOLÓGICO Y HABILIDADES


PARA LA RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS EN
CONDENADOS POR HOMICIDIO O
TENTATIVA DE HOMICIDIO

PSYCHOLOGICAL ADJUSTMENT AND


PROBLEM-SOLVING SKILLS IN CONVICTED
BY MURDER OR ATTEMPTED MURDER

MANUEL VILARIÑO1, BARBARA G. AMADO2, ELSA FERNANDES2


Y RAMÓN ARCE3

(Portugal), con una edad promedio de 38.63 años. Para la


Resumen medida del ajuste psicológico se acudió al SCL-90-R,
mientras que el afrontamiento fue evaluado mediante el
Con el objetivo de conocer el ajuste psicológico (sinto- CRI-A. Los resultados revelaron que los reclusos mos-
matología y diagnóstico clínico) y las destrezas para la traban una probabilidad superior de ser clasificados co-
resolución de problemas (afrontamiento) en una pobla- mo casos clínicos en las dimensiones clínicas del SCL-
ción de homicidas, se ha llevado a cabo un estudio en el 90-R, a excepción de Hostilidad, así como puntuaciones
que se contrastaron ambos factores entre una muestra de significativamente más elevadas en las dimensiones clí-
condenados por homicidio o tentativa de homicidio, con nicas a excepción de Hostilidad y Ansiedad Fóbica, y en
la población normativa. Participaron en el estudio 27 los tres índices globales (i.e., GSI, PST, PSDI). Además,
hombres internos en el Centro Penitenciario de Oporto la muestra de condenados se caracterizaba por acudir a
estrategias de afrontamiento evitativas, que son recono-

Correspondencia: Bárbara G. Amado, Unidade de Psicoloxía Forense. Universidade de Santiago de Compostela,


España. Email: [email protected]

ORCID: Manuel Vilariño ( https://orcid.org/0000-0001-8212-3319) Barbara G. Amado (http://orcid.org/0000-0001-


9262-1469)Elsa Fernandes (http://orcid.org/0000-0001-9612-7572) y Ramón Arce (http://orcid.org/0000-0002-5622-
3022).
1
Departamento de Psicología y Sociología, Universidad de Zaragoza, España.
2
Unidade de Psicoloxía Forense, Universidade de Santiago de Compostela, España.
3
Facultade de Psicoloxía, Universidade de Santiago de Compostela, España.

Recibido: 09 agosto de 2017.


Aceptado: 29 de octubre de 2017.
130 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 129-146. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20792

cidas como formas desadaptativas o improductivas. Asi- Introducción


mismo, del estudio de las características delictivas se ve-
rificó que la mayoría de los acusados guardaban algún El homicidio atenta contra el bien jurídico por anto-
tipo de relación previa con la víctima, y que la muestra nomasia que protege el Derecho Penal, la vida humana.
homicida se caracterizaba por versatilidad delictiva y En consecuencia, es reprobado socialmente, a la vez que
tendencia a la reincidencia. Se discuten las implicaciones suele llevar asignadas las condenas más altas. Desde un
de estos resultados para la práctica profesional en el punto de vista epidemiológico, aunque se aprecia un
contexto penitenciario. descenso en la incidencia, comparando la tasa media
Palabras clave: Ajuste psicológico; Sintomatología entre los años 2007-2009 y 2010-2012 (Eurostat Sta-
clínica; Habilidades de resolución de problemas; Afron- tistics Database, 2014), continúa siendo una problemá-
tamiento; Homicidio; Reclusos. tica preocupante por las graves e irreversibles conse-
cuencias que entraña.

Tradicionalmente, para la explicación de la conducta


Abstract delictiva y antisocial, en general, y del homicidio, en
particular, se han desarrollado tres grandes enfoques que
With the aim of knowing about psychological adjustment difieren en la importancia concedida a la etiología que
(clinical symptomatology and diagnosis) and problem- subyace la conducta desviada: la aproximación biológica,
solving skills (coping) in a homicide prison inmate pop- la sociológica, y la psicológica (Botelho y Gonçalves,
ulation, a study to contrast sentenced murderers or at- 2016). Sin embargo, la complejidad de la conducta hu-
tempted murderers with the normative population was mana dificulta adoptar una aproximación reduccionista
conducted. Participated in the research, 27 male prison para explicar cualquier acto, sea o no delictivo. De este
inmates at the Prison of Oporto (Portugal) with an age modo, se han propuesto nuevos modelos y perspectivas
average of 38.63. Psychological adjustment and coping que entienden el comportamiento delictivo como el re-
strategies were measured with the SCL-90-R checklist sultado de la interrelación de distintos factores de riesgo
and the CRI-A questionnaire, respectively. The results y protectores (Arce, Fariña y Vázquez, 2011; Connell,
exhibited that prison inmates showed a higher probability Cook, Aklin, Vanderploeg y Brex, 2011; Farrington y
of being classified as clinical cases in most of the SCL- Ttofi, 2012). En este sentido, los factores de riesgo re-
90-R dimensions (except in Hostility), as well as signifi- presentan aquellas variables que incrementan la probabi-
cantly higher scores in almost all of them (with the ex- lidad de la emisión de conductas delictivas, mientras que
ception of Hostility and Phobic Anxiety), an in the global los factores protectores, contrariamente, la disminuyen
indexes (i.e., GSI, PST, PSDI). Furthermore, prison in- (Andrews y Bonta, 2010). Desde estos modelos se con-
mates were characterized by using avoidance coping templa, además, un funcionamiento aditivo: cuantos más
strategies, which are considered such as maladaptive or factores de riesgo reúna una persona, más probabilidades
unproductive. Likewise, the results from the crimino- tendrá de delinquir. Por otro lado, las intervenciones pre-
logical characteristics of the inmates have revealed that ventivas y reeducativas del comportamiento delictivo se
homicides had a previous relationship with the victim, dirigen a actuar sobre los denominados factores de riesgo
criminal versatility and a recidivism trend. Implications dinámicos (v. gr., ausencia de habilidades sociales) que
of the results for professional practice in penitentiary resultan modificables, frente a los estáticos que no pue-
setting are discussed. den ser alterados (e.g., ser víctima de maltrato infantil).

Keywords: Psychological adjustment; Clinical La enfermedad mental representa uno de los factores
symptoms; Problem solving skills; Coping; Murder; de riesgo que se ha asociado al comportamiento delictivo
Prison inmates. y criminal (Arce, Fariña y Novo, 2014). Múltiples inves-
tigaciones abordaron el estudio de la relación entre am-
bas variables, arrojando resultados contradictorios. Así,
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 129-146. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20792 131

se han hallado altas tasas de prevalencia de trastornos dida de autoestima, despersonalización, afectación de la
mentales en reclusos (Fazel y Grann, 2004; Fazel y See- sexualidad, y en sintomatología ansiosa y depresiva (Bo-
wald, 2012), y un mayor riesgo de conducta homicida en telho y Gonçalves, 2016; Ruiz-Hernández, García-
personas con diagnóstico de enfermedad mental (Eronen, Jiménez, Llor-Esteban y Godoy-Fernández, 2015; Vila-
Hakola y Tiihonen, 1996; Schanda et al., 2004; Wood- riño y Edmundo, 2013).
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personalidad, y abuso de alcohol u otras drogas (Richard- problemas constituyen otro de los factores de riesgo del
Devantoy, Olie y Gourevitch, 2009; Woodward, et al., comportamiento delictivo registrado habitualmente en la
2000). Sin embargo, a pesar de la considerable cantidad literatura (Arce et al., 2014; Moore, Eisler y Franchina,
de estudios que encuentran esta relación, se debe resaltar 2000). Estas estrategias se refieren al modo en cómo el
la ingente dificultad que entraña la predicción de la con- individuo aborda los problemas y las situaciones estre-
ducta delictiva, puesto que la mayor parte de las personas santes. En general, de la investigación se extrae que el
con problemas mentales no comenten delitos violentos, y comportamiento antisocial está relacionado con estrate-
muchos de los delitos violentos no son cometidos por gias de afrontamiento desadaptativas e improductivas,
personas con enfermedad mental (Glied y Frank, 2014). tanto en poblaciones de menores de riesgo y de reforma
En lo que sí se muestra más consistente la literatura, es (Arce, Fariña, Seijo, Novo y Vázquez, 2005; Vilariño,
en que la combinación de ambas variables, enfermedad Amado y Alves, 2013), como en poblaciones penitencia-
mental y delincuencia, parece derivar en comportamien- rias (Arce et al., 2014).
tos más violentos que cuando aparecen aisladas (Vicens
et al., 2011). En este sentido, Silver, Felson y Vanesel- Por otro lado, emplear estrategias de afrontamiento
tine (2008) encontraron que una historia de tratamiento óptimas dentro del medio penitenciario, podría jugar un
de enfermedad mental estaba más fuertemente asociada papel importante en la salud física y mental del recluso.
con delincuencia violenta que con otro tipo de delitos. En esta línea, múltiples trabajos han investigado, en
Por tanto, la fusión de los factores delincuencia y enfer- muestras de reclusos, la relación entre afrontamiento y
medad mental, especialmente cuando ésta es grave, pa- bienestar psicológico o salud mental. Los resultados en-
rece redundar en la comisión de delitos graves y violen- contrados han sido, de nuevo, contradictorios (McMu-
tos como el homicidio. rran y Christopher, 2009; Kirchner, Forns y Mohíno,
2007), sin que exista consenso acerca de la forma en
No obstante, las elevadas tasas de prevalencia de en- cómo afectan las estrategias de afrontamiento al bienes-
fermedad mental halladas en población reclusa pueden tar psicológico del recluso. Por ejemplo, si bien fuera del
ser tanto causa como efecto de la propia privación de li- recinto carcelario se considera que las estrategias cen-
bertad. La prisionización, el proceso de adaptación al tradas en el problema resultan más adaptativas, algunos
medio penitenciario, genera estrés en la población re- resultados evidencian que, en el contexto penitenciario y
clusa. El internamiento implica la privación de libertad, ante determinadas demandas ambientales, las estrategias
el distanciamiento de la red social y familiar, cambios de de tipo pasivo-evitativo se erigen como efectivas y con
ritmo y estilo de vida, y la inmersión en un entorno cul- impacto positivo sobre la salud mental (Van Harreveld,
tural, social y arquitectónico desconocido y hostil. En Van der Pligt, Claassen y Van Dijk, 2007). Una posible
suma, el interno se ve obligado a asimilar una nueva causa de este resultado parece radicar en que dentro del
cultura y afrontar esta realidad a diferentes niveles: com- contexto de prisión se restringen determinadas conduc-
portamental, cognitivo, emocional y sociocultural. El tas, lo que aconseja adaptar las estrategias de afronta-
impacto que la prisionización genera sobre la salud del miento a la situación específica (Beijersbergen,
recluso se ve mediatizado por diversos factores (e.g., la Dirkzwager, Eichelsheim, Van der Laan y Nieuwbeerta,
personalidad del preso, el tiempo de condena, el apoyo 2014).
social percibido), y deriva, generalmente, en la aparición
de alteraciones sensoriales y de la imagen personal, pér-
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Ante este estado de la literatura, en el presente trabajo mental de dicha población con la población normativa.
se persigue el objetivo de continuar avanzando en la Asimismo, se midió la capacidad de afrontamiento me-
comprensión de los factores de riesgo que subyacen al diante el CRI-A en la misma población comparándola, de
comportamiento delictivo, concretamente, al homicidio o nuevo, con la población normativa (Moos, 1993). Adi-
tentativa de homicidio. Además, se espera extraer cono- cionalmente, se procedió con un estudio de las caracte-
cimiento útil para la elaboración de programas de inter- rísticas delictivas de los condenados para ampliar infor-
vención preventiva, reeducativa o terapéutica. Por todo mación relativa al perfil delictivo. Sometida a prueba la
ello, se ha llevado a cabo un estudio en el que se con- sensibilidad del diseño (1 – β), hallamos, para un tamaño
trasta el ajuste psicológico (sintomatología clínica), y las del efecto medio esperado, una sensibilidad de .81, es
destrezas para la resolución de problemas (estrategias de decir, de ser la media del grupo de homicidas diferente
afrontamiento) de entre una muestra de hombres conde- de la de población normativa hay un 81% de probabili-
nados por homicidio o tentativa de homicidio, con la po- dades de que sea encontrada en este estudio.
blación normativa. Adicionalmente, para ampliar el co-
nocimiento de la muestra de condenados se han recabado La muestra de condenados fue seleccionada de mane-
datos de archivo sobre el tipo de homicidio cometido, la ra accidental entre internos del Centro Penitenciario de
relación mantenida con la víctima, y la reincidencia. Oporto, y su participación fue voluntaria y autorizada.
De este modo, la muestra empleada estuvo compuesta
Método por la totalidad de reclusos que cumplían condena por
homicidio o tentativa de homicidio en este centro peni-
tenciario, y que dieron consentimiento para participar en
Participantes la evaluación.
En el estudio participaron 27 hombres que cumplían Obtenida la autorización de la dirección del centro, se
condena en el ‘Estabelecimento Prisional do Porto’ (Cen- identificaron los reclusos condenados por homicidio o
tro Penitenciario de Oporto, Portugal) por un delito de tentativa de homicidio, con sentencia firme, a partir de
homicidio o tentativa de homicidio. Sus edades oscilaban los registros informáticos. A continuación, se procedió
entre los 22 y los 65 años (M = 38.63, DT = 10.72). En con la obtención del consentimiento informado de los re-
relación con el estado civil, el 37 % (10) de los partici- clusos para participar en el estudio. Así, se informaba
pantes estaban solteros, un 18.5 % (5) formaban parejas que los datos recabados serían tratados de manera anó-
de hecho, mientras que casados y divorciados represen- nima, con meros fines de investigación, y que, en ningún
taban un 22.2 % (6) cada uno de los grupos. En cuanto a caso, se emplearían en perjuicio del evaluado; que la
la escolaridad, un 63 % (17) poseían estudios de primer participación sería voluntaria, y que podrían abandonar
ciclo (cuatro años de escolaridad), un 14.8 % (4) carecía el estudio en cualquier momento y sin dar explicaciones.
de escolaridad; un 7.4 % (2) estudios de tercer ciclo Una vez conseguido el consentimiento, se concertaba
(nueve años escolaridad) y con igual porcentaje los que una fecha para pasar las pruebas de evaluación y, en su
contaban con estudios secundarios (12 años de escolari- cumplimentación, se reiteraba la necesidad de que fuesen
dad); un participante (3.7 %) presentaba estudios de sinceros y que respondiesen de acuerdo con las instruc-
segundo ciclo (seis años de escolaridad), y otro (3.7 %) ciones que aparecían redactadas al inicio. Durante la
poseía estudios superiores. aplicación estaba presente un evaluador para garantizar
la correcta cumplimentación, y esclarecer las posibles
cuestiones o dudas que pudiesen surgir.
Diseño y Procedimiento
Instrumentos de Medida
Se diseñó un estudio de medida de la sintomatología
clínica en una muestra de condenados por homicidio o Se aplicó a los participantes la traducción al portu-
tentativa de homicidio, contrastando el estado de salud gués (back translation) del SCL-90-R [Symptom Check
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List-90-R] de Derogatis (1983) para la evaluación de la


sintomatología clínica, y el CRI-A [Coping Responses Análisis de Datos
Inventory Adult Form] de Moos (1993) para la medida
de las estrategias de afrontamiento (ver índices de fiabi- Para el contraste de las puntuaciones obtenidas (sin-
lidad en la Tabla 1). El SCL-90-R fue desarrollado para tomatología clínica, y capacidad de afrontamiento) por la
evaluar patrones de síntomas presentes en el individuo. muestra de homicidas con los datos de población general
Consta de 90 ítems en los que la persona informa de sus normativa (valor de prueba) se acudió a la prueba t para
síntomas psicológicos, psiquiátricos y somáticos. Con- una muestra. Por consiguiente, se ha comparado la mues-
cretamente, se estructura en torno a nueve dimensiones tra de estudio con un valor de prueba dado, estimándose
sintomáticas (i.e., Somatización, Obsesivo-compulsivo, el tamaño del efecto r (Cohen, 1988; Rosenthal, 1994) a
Sensibilidad interpersonal, Depresión, Ansiedad, Hostili-partir del estadístico t. Para el contraste de una propor-
dad, Ansiedad fóbica, Ideación paranoide y Psicoticis- ción observada con un valor dado o valor de prueba (es-
mo), y tres índices globales (i.e., Índice de severidad tudio de casos clínicos) se computó la prueba Z, a partir
global, Índice de malestar referido a síntomas positivos,de la cual se estimó el tamaño del efecto δ de Hedges y
y Total de síntomas positivos). Olkin (1985). Adicionalmente, del tamaño del efecto r se
Por su parte, el CRI-A se compone de dos partes. En obtuvo directamente el incremento en la sintomatología
la primera, se solicita a la persona evaluada que piense de un grupo respecto del otro (homicidas vs. población
sobre el problema más importante por el que haya pasado general normativa).
en los últimos 12 meses o en su defecto en un problema
menor que haya tenido que afrontar y, a continuación, ha
de responder a 10 preguntas sobre el mismo para las
cuales existen cuatro alternativas de respuesta: nunca, Resultados
casi nunca, a menudo y siempre. En la segunda parte, se
formulan otras 48 preguntas con cuatro alternativas de Características criminológicas de los
respuesta: nunca, pocas veces, algunas veces y bastantes condenados por homicidio o tentativa
veces. El CRI-A evalúa ocho tipos de estrategias de
afrontamiento: Análisis Lógico, Reevaluación Positiva,
de homicidio
Búsqueda de Orientación y Apoyo, Resolución de Pro-
blemas, Evitación Cognitiva, Aceptación o Resignación, Con el objetivo de ofrecer una descripción más ex-
Búsqueda de Recompensas Alternativas, y Descarga haustiva de los participantes, se procedió con un análisis
Emocional. del historial delictivo del que se extrajo la información

Tabla 1

Fiabilidad de las dimensiones del SCL-90 y CRI-A

Variables Alpha de Cronbach Variables Alpha de Cronbach


Somatización .86 Análisis lisis Lógico .67
Obsesión-Compulsión .86 Reencuadre positivo .74
Sensibilidad Interpersonal .86 Búsqueda de orientación .61
Depresión .90 Resolución de problemas .68
Ansiedad .85 Evitación cognitiva .72
Hostilidad .84 Aceptación o resignación .64
Ansiedad Fóbica .82 Búsqueda de actividades .68
Ideación Paranoide .80 Descarga emocional .62
Psicoticismo .77
Nota. Índices tomados del manual del SCL-90-R (Derogatis, 1983) y del CRI-A (Moos, 1993).
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Tabla 2

Contraste de la muestra de condenados por homicidio con la media de la población general en las dimensiones
sintomáticas del SCL-90. Prueba t para una muestra

Variables t p MHomicidas MPG R


Somatización 2.98 .006 0.84 0.39 .28
Obsesión-Compulsión 5.75 .000 1.27 0.56 .49
Sensibilidad Interpersonal 2.44 .022 0.86 0.43 .23
Depresión 4.20 .000 1.24 0.59 .38
Ansiedad 2.65 .013 0.85 0.44 .25
Hostilidad 0.85 .400 0.59 0.45 .08
Ansiedad Fóbica 1.04 .307 0.27 0.19 .10
Ideación Paranoide 4.62 .000 1.28 0.48 .41
Psicoticismo 2.19 .038 0.53 0.21 .21
Nota. gl(26). MHomicidas = Media de condenados por homicidio o tentativa de homicidio; MPG = valor de prueba o contraste
tomado de la Media de la Población General Normativa.

que se refiere a continuación. De los 27 participantes delreferido padecer, en contraste con la población general
estudio, el 55.5 % (15) había cometido un delito de ho- normativa, un 28 % (r = .28) más de signos y síntomas
micidio, el 44.4 % (12) homicidio doloso, y el 11.1 % (3) clínicos propios de Somatización (e.g., dolores de ca-
imprudente. El 44.5 % restante cumplía condena por beza, sensaciones de desmayo o mareo, dolores en el co-
tentativa de homicidio. Con respecto a la relación que razón o pecho, nauseas o malestar en el estómago, sentir
mantenían con la víctima, el 59.3 % (16) tenían algún un nudo en la garganta, etc.); un 49 % (r = .49) más de
tipo de relación previa (11.1 % pareja, 11.1 % familiar, síntomas de Obsesión-Compulsión (e.g., pensamientos,
37.0 % relación de amistad/vecindad/compañerismo). palabras o ideas no deseadas que no se van de su mente,
Por otro lado, el 55.6 % carecía de antecedentes preocupación acerca del desaseo, el descuido o la desor-
criminales, y de los que contaban con antecedentes sólo ganización, tener que hacer las cosas muy despacio para
uno (3.7 %) era reincidente en el mismo delito. estar seguro de que las hace bien, tener que comprobar
una y otra vez lo que hace, etc.); un 23 % (r = .23) más
de síntomas de Sensibilidad Interpersonal (e.g., ver a la
gente siempre de manera negativa, timidez o incomodi-
Contraste de la sintomatología clínica dad ante el sexo opuesto, la impresión de que otras per-
entre condenados por homicidio o ten- sonas son poco amistosas o que no les gustan, sentirse in-
ferior a los demás, sentirse vergonzoso ante otras perso-
tativa de homicidio y población gene- nas, etc.); un 38 % (r = .38) más de síntomas propios de
ral normativa en el SCL-90-R Depresión (e.g., pérdida de deseo o placer sexual, sen-
tirse decaído, llorar fácilmente, sentirse solo, sentirse
En relación con las dimensiones sintomáticas del triste, sentirse desesperanzado con respecto al futuro,
SCL-90-R, el contraste de las puntuaciones obtenidas por etc.); un 25 % (r = .25) más de síntomas de Ansiedad
la muestra de condenados con los datos normativos de la (e.g., nerviosismo o agitación interior, temblores, sentirse
muestra de población general normativa recogidos en el tenso, ataques de terror o pánico, presentimientos de que
SCL-90-R, ha arrojado diferencias significativas en todas va a pasar algo malo, etc.); un 41 % (r = .41) de sínto-
las dimensiones, excepto en Hostilidad y Ansiedad Fó- mas de Ideación Paranoide (e.g., impresión de que la
bica (ver Tabla 2). Estas diferencias se han concretado mayoría de los problemas son culpa de los demás, sensa-
sistemáticamente en puntuaciones significativamente su- ción de que las otras personas le miran o hablan mal, que
periores en la muestra de condenados. De este modo, los los otros no le reconozcan adecuadamente sus méritos,
condenados por homicidio o tentativa de homicidio han etc.); y un 21 % más de síntomas (r = .21) de Psicoti-
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Tabla 3

Contraste de la muestra de condenados por homicidio con la media de la población general en los índices globales del
SCL-90. Prueba “t” para una muestra

Variables t p MHomicidas MPG r


GSI 4.02 .000 0.93 0.44 .37
PST 3.27 .003 35.15 22.9 .30
PSDI 5.49 .000 2.23 1.69 .47
Nota. gl(26). MHomicidas = Media de condenados por homicidio o tentativa de homicidio; MPG = Valor de prueba o contraste
tomado de la Media de la Población General Normativa.

cismo (e.g.., la idea de que otra persona pueda controlar Estudio de casos clínicos en las dimen-
sus pensamientos, oír voces que otras personas no oyen, siones sintomáticas del
sentirse sólo aunque esté con más gente, sentirse siempre
distante sin sensación de intimidad con nadie, etc.). SCL-90-R

Por otro lado, como se puede observar en la Tabla 3, Los estudios de comparación de medias poseen una
se han detectado diferencias significativas en los tres ín- alta utilidad científica e investigadora, pero resultan insu-
dices globales del SCL-90-R. Congruentemente con lo ficientes para una transferencia de conocimiento a la
registrado en las dimensiones sintomáticas, la muestra de práctica profesional que requiere de diseños de N = 1. De
condenados por homicidio o tentativa de homicidio se ha hecho, esto ha llevado a la American Psychiatric Asso-
caracterizado por presentar un padecimiento sintomato- ciation (APA, 2002) a recomendar análisis adicionales a
lógico mayor. Concretamente, el GSI informa de un su- la comparación de medias. Consecuentemente, en este
frimiento psíquico y psicosomático global significativa- trabajo se procedió con el estudio de casos clínicos. Los
mente más intenso en la muestra de condenados, que se resultados revelaron en todas las dimensiones sintomáti-
materializa en un 37% (r = .37) más de sintomatología; cas del SCL-90-R, excepto en Hostilidad, una prevalen-
el PST, en esta misma muestra, evidencia una amplitud y cia significativamente superior de casos en la muestra de
diversidad sintomática significativamente superior que se condenados (ver Tabla 4). Concretamente, en Somatiza-
traduce en un 30% (r = .30) más de síntomas; mientras ción los homicidas o los condenados por tentativa de
que el PSDI pone de manifiesto el padecimiento de una homicidio presentan una probabilidad 6.6 veces superior
intensidad sintomática media significativamente mayor de ser caso clínico en contraste con la población general
que se materializada en un 47 % (r = .47) más. normativa; en la dimensión de Obsesión-Compulsión la
Tabla 4

Prevalencia de casos clínicos en la muestra de condenados en las dimensiones del SCL-90-R

Variables Punto de corte f(p) Z OR


Somatización 1.12 9(.33) 6.67*** 6.60
Obsesión-Compulsión 1.25 12(.44) 9.28*** 8.89
Sensibilidad Interpersonal 1.05 10(.37) 7.62*** 7.41
Depresión 1.37 14(.52) 11.19*** 10.37
Ansiedad 1.05 8(.30) 5.86*** 5.92
Hostilidad 1.33 3(.11) 1.45*** 2.22
Ansiedad Fóbica 0.64 6(.22) 4.10*** 4.44
Ideación Paranoide 1.25 11(.41) 8.51*** 8.15
Psicoticismo 0.76 9(.33) 6.67*** 6.60
Nota. Como puntos de corte se tomaron las puntuaciones directas que se correspondían con la puntuación T de 65 en
cada una de las dimensiones del SCL-90-R, esto es, se tomaron como casos clínicos aquellos con puntuaciones ≥ T65
(aproximadamente, p = .05); *p < .05; **p < .01; ***p < .001.
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probabilidad asciende a 8.89 veces; en Sensibilidad In- En las restantes escalas en las que se han hallado dife-
terpersonal la probabilidad de ser caso clínico es 7.41 rencias, Evitación cognitiva, Aceptación o Resignación,
veces mayor; en Depresión es 10.37 veces superior; en Búsqueda de Actividades Alternativas, y Descarga emo-
Ansiedad de 5.92; en Ansiedad Fóbica la probabilidad de cional, era la muestra de condenados la que presentaba
ser caso clínico es 4.44 veces superior; en Ideación Para-puntuaciones significativamente más elevadas. De este
noide es 8.15 veces superior; y en Psicoticismo la proba- modo, la muestra de condenados en contraste con la
bilidad es 6.6 veces mayor. En suma, la probabilidad de población general normativa emplea un 34 % (r = .34)
ser caso clínico en las dimensiones sintomáticas del más la estrategia de Evitación Cognitiva, que se caracte-
SCL-90-R, con la excepción de la dimensión de Hostili- riza por llevar a cabo intentos cognitivos para evitar pen-
dad, es significativamente superior para la muestra de sar de manera realista en el problema. Asimismo, los
condenados por homicidio o tentativa de homicidio. condenados acuden un 37 % (r = .37) más a las estrate-
gias de Aceptación o Resignación, que se materializa en
intentos cognitivos de reaccionar ante el problema acep-
Contraste de la capacidad de afronta- tándolo. De igual modo, los homicidas recurren un 38 %
miento entre condenados por homici- (r = .38) más a la estrategia de Búsqueda de Actividades
Alternativas, que consiste en la realización de activida-
dio o tentativa de homicidio y po- des sustitutivas y el desarrollo de nuevas formas de satis-
blación general normativa en el CRI-A facción. Por último, la muestra homicida emplea un 47 %
(r = .47) más la estrategia de Descarga Emocional que
El contraste en capacidad de afrontamiento (ver Tabla implica realizar tentativas de reducir la tensión expre-
5) ha evidenciado diferencias en seis de las ocho escalas sando sentimientos negativos.
del CRI-A. La población general normativa sólo presenta
una puntuación significativamente superior en la escala
Análisis Lógico que se concreta en un 29 % (r = .29)
más de empleo de dicha estrategia en comparación con la Discusión
muestra de condenados. De este modo, los condenados
por homicidio se caracterizan por llevar a cabo menos Antes de avanzar en la discusión de los resultados ha-
intentos cognitivos de entender y prepararse mental- llados en este trabajo, se expondrán algunas limitaciones
mente para un estresor y sus consecuencias. que se han identificado en el mismo. Primero, se ha em-
pleado una muestra de tamaño reducido, aunque re-

Tabla 5

Contraste de la muestra de condenados por homicidio con la media de la población general de las estrategias de
afrontamiento del CRI-A. Valores t para una muestra

Variables t p MHomicidas MPG r


Análisis lógico -3.14 .004 8.22 11.01 -.29
Reencuadre positivo -0.95 .353 9.63 10.29 -.09
Búsqueda de orientación 1.80 .083 10.04 8.84 .17
Resolución de problemas -0.78 .443 10.26 10.82 -.07
Evitación cognitiva 3.68 .001 9.15 6.66 .34
Aceptación o resignación 4.02 .000 9.89 7.24 .37
Búsqueda de actividades 4.23 .000 8.07 5.16 .38
Descarga emocional 5.47 .000 7.96 3.37 .47
Nota. gl(26). MHomicidas = Media de condenados por homicidio o tentativa de homicidio; MPG = Valor de prueba o contraste
tomado de la Media de la Población General Normativa.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 129-146. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20792 137

presenta la totalidad de condenados por homicidio o En segundo lugar, en el estudio del ajuste psicológico
tentativa de homicidio del C. P. de Oporto que dieron su se ha observado que los condenados por homicidio o
consentimiento para participar en la investigación. Se- tentativa de homicidio mostraban puntuaciones signifi-
gundo, se ha considerado la muestra de condenados co- cativamente superiores en todas las dimensiones sinto-
mo un grupo homogéneo, sin establecer distinciones en máticas del SCL-90-R, excepto en Hostilidad y Ansiedad
función de otras características sociodemográficas o Fóbica. Por tanto, en contraste con la población general
delictivas que podrían resultar relevantes (e.g., homicidio normativa, padecen más sintomatología somática, obse-
doloso o negligente, reincidencia, relación con la víc- sivo-compulsiva, de sensibilidad interpersonal, depre-
tima, etc.). No obstante, su reducido número imposibilitó siva, ansiosa, paranoide, y psicótica. Además, en el estu-
la creación de grupos más homogéneos con base en va- dio de casos se verificó una prevalencia significativa-
riables que podrían mediar en la sintomatología clínica y mente superior de casos clínicos en la muestra homicida
el afrontamiento. Tercero, se ha limitado la evaluación en todas las dimensiones, menos en la de Hostilidad. De
del ajuste psicológico y de las destrezas para la resolu- este modo, los condenados presentan una probabilidad
ción de problemas a un único instrumento, el SCL-90-R significativamente superior de convertirse en caso clí-
y el CRI-A, respectivamente. Por ende, el empleo de nico. Por su parte, los resultados hallados en los índices
otras pruebas podría derivar en un registro distinto del globales mantienen la misma dirección. La muestra de
obtenido. De facto, no se han escudriñado variables co- condenados presenta mayor malestar y sufrimiento psí-
mo los trastornos relacionados con sustancias (consumo quico y psicosomático global (GSI), más amplitud y di-
de alcohol u otras drogas) ni los trastornos de la persona- versidad sintomática (PST), y una intensidad sintomática
lidad que, frecuentemente, se registran entre la población media superior (PSDI).
reclusa (Guillén, Roth, Alfaro y Fernández, 2015; Vicens
et al., 2011). Cuarto, se desconoce si la sintomatología En consecuencia, los resultados extraídos de la eva-
clínica detectada en la evaluación ya estaba presente en luación clínica son congruentes con aquella literatura en
el momento de la comisión del crimen, o si su origen fue la que se detecta una presencia elevada de sintomatología
posterior a la detención y condena. De igual modo acon- clínica entre la población reclusa (Fazel y Seewald,
tece con la capacidad de afrontamiento, esto es, se des- 2012; Vicens et al., 2011). No obstante, es altamente
conoce si el contexto penitenciario pudo haber ejercido complejo establecer el papel que juega este mayor pade-
algún tipo de influencia sobre las destrezas para resolver cimiento sintomático en los participantes de la muestra.
problemas. Por último y quinto lugar, se ha asumido que Conforme a lo referido en las limitaciones, se desconoce
los participantes han cumplimentado las pruebas de ma- si la sintomatología registrada ya estaba presente durante
nera honesta, sin que se haya ejercido ningún control la comisión del delito, o si apareció o agravó posterior-
sobre una potencial simulación o disimulación. En con- mente, durante el proceso judicial o el internamiento en
secuencia, resulta imposible certificar la franqueza en las el centro penitenciario. Por un lado, el ingreso en la pri-
respuestas dadas. sión y la adaptación al régimen penitenciario tienden a
generar en los internos un fuerte estrés con potencial para
Considerando estas limitaciones, se ha observado, en afectarlos psicoemocionalmente (Ruiz-Hernández et al.,
primer lugar, que la mayoría de los acusados por homici- 2015; Vilariño y Edmundo, 2013). Así, la sintomatología
dio o tentativa de homicidio guardaban algún tipo de re- depresiva y la ansiosa se registran, comúnmente, en la
lación previa con la víctima. Estos resultados son con- población reclusa, y su origen se atribuye al proceso de
gruentes con la literatura criminológica, la cual refiere prisionización (Botelho y Gonçalves, 2016), aunque los
como habitual el mantenimiento de una relación entre la eventos o contextos estresantes pueden contribuir a la
víctima y el agresor (McQuade, 2014). Por otro lado, la aparición de otras múltiples tipologías de síntomas (so-
elevada tasa de reincidencia en diferentes tipos delictivos máticos, psicóticos, paranoides, etc.) (APA, 2014; Fa-
que se halló en el estudio (superior al 40%), revela que la riña, Arce, Vilariño y Novo, 2014). En suma, el proceso
muestra de condenados se caracteriza por versatilidad judicial y el internamiento en el medio penitenciario pu-
delictiva y tendencia a la reincidencia.
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dieron haber contribuido, al menos en parte, a la apari- cia del propio proceso judicial y del cumplimiento de la
ción de la sintomatología detectada. condena, o que, en realidad, no guarde relación con nin-
guna de ambas interpretaciones. En cualquier caso, los
Otra posibilidad interpretativa de la psicopatología datos revelan la necesidad de prestar ayuda a escala de
detectada, consiste en considerarla como un factor de salud mental para tratar la sintomatología detectada.
riesgo del comportamiento antisocial y delictivo (Folino,
2015). En esta dirección, algunos trabajos han detectado Del estudio de las destrezas para resolver problemas
un mayor riesgo de homicidio en personas con diagnósti- se extrae que los condenados por homicidio o tentativa
cos de enfermedad mental (Schanda et al., 2004; Wood- de homicidio, se caracterizan por presentar un afronta-
ward, et al., 2000), especialmente de tipo psicótico (Ri- miento por evitación. Esta modalidad de afrontamiento
chard-Devantoy et al., 2009). De facto, la literatura pa- tiende a centrarse en la emoción en lugar de en el pro-
rece revelarse congruente ante el hecho de que la combi- blema. Así, se materializa en tentativas cognitivas y con-
nación de ambas variables (delincuencia y enfermedad ductuales para evitar pensar en el estresor y sus implica-
mental) contribuye a la comisión de delitos graves y ciones, o manejar los efectos asociados (Moos, 1993). En
violentos (Silver et al., 2008; Vilariño, Alves y Amado, este sentido, en los resultados obtenidos se pone de ma-
2016). En esta línea, la muestra de condenados presen- nifiesto que en las cuatro estrategias de afrontamiento
taba puntuaciones significativas y una probabilidad supe- consideradas evitativas (evitación cognitiva, aceptación o
rior de tonarse casos clínicos en dos dimensiones que re- resignación, búsqueda de actividades alternativas, y des-
cogen síntomas asociados con la esquizofrenia y los carga emocional), los condenados presentan puntuacio-
trastornos psicóticos: ideación paranoide y psicoticismo. nes significativamente superiores. En consecuencia, en
Esto no implica que la sintomatología hallada posea por contraste con la población general normativa recurren en
sí misma entidad suficiente como para hablar de la pre- mayor medida a evitar pensar realistamente sobre el pro-
sencia de algún trastorno mental de orden psicótico, tan blema; a aceptarlo y resignarse ante el mismo; a llevar a
sólo que, en contraste con la población general norma- cabo actividades o nuevas formas de satisfacción; y a la
tiva, los condenados por homicidio presentan más sinto- reducción de la tensión mediante la expresión de senti-
matología propia de estos trastornos, y que de haber es- mientos negativos. Se trata de estrategias que no modifi-
tado presente durante la comisión de los mismos pudo can el estado del problema y, por tanto, poco productivas
haber contribuido como factor de riesgo, al menos par- cuando el problema al que se hace frente resulta poten-
cialmente, a la emisión del comportamiento homicida. cialmente modificable y susceptible de ser resuelto exito-
Asimismo, tampoco se puede sostener que tuviese enti- samente.
dad suficiente como para anular las capacidades cognos-
citivas y volitivas hasta el punto de substanciar una sen- Adicionalmente, entre las cuatro estrategias de afron-
tencia de inimputabilidad (Osuna, López-Martínez, Arce tamiento por aproximación (Análisis lógico, reeva-
y Vázquez, 2015). luación positiva, búsqueda de orientación y apoyo, y re-
solución de problemas) tan sólo se han detectado dife-
Por tanto, del estudio del ajuste psicológico se puede rencias en Análisis lógico, pero en dirección contraria a
concluir con garantías que, en el momento de la evalua- la anterior. Esto es, los condenados por homicidio o ten-
ción, los condenados por homicidio o tentativa de homi- tativa de homicidio obtienen puntuaciones inferiores en
cidio mostraban una probabilidad superior de ser casos esta estrategia, de tal forma que desarrollan menos es-
clínicos en la mayoría de las dimensiones sintomáticas fuerzos cognitivos para entender y prepararse para un
del SCL-90-R, así como puntuaciones significativamente estresor y sus consecuencias. Por tanto, recurren en me-
superiores en casi todas ellas y en los tres índices globa- nor medida a una estrategia útil que contribuye a abordar
les. Aunque no se puede establecer de manera fehaciente, los problemas de forma eficaz. La capacidad para abor-
por las propias características del diseño, si la sintoma- dar un problema, analizándolo e interpretándolo, resulta
tología registrada contribuyó como factor de riesgo a la crucial para frenar comportamientos impulsivos, y ajus-
emisión del comportamiento homicida, si es consecuen- tarlos a la legalidad y convención social. Una vez más, se
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refuerza la evidencia de que tienden a acudir a un estilo modales dirigidos a mitigar el uso de estrategias evitati-
de afrontamiento no dirigido a la solución real del pro- vas y fomentar las aproximtaivas (Beelmann y Lösel,
blema. 2006), con el fin de favorecer la reinserción social del re-
cluso. Adicionalmente, para conseguir los mejores re-
Tal y como se había referido previamente, de la lite- sultados posibles, la intervención debería ser multinivel
ratura se extrae que la capacidad para resolver eventos (Arce, Seijo, Fariña y Mohamed-Mohand, 2010; Fariña,
estresantes de modo eficaz constituye un factor protector Arce y Novo, 2008).
de comportamiento antisocial (Andrews y Bonta, 2010).
Consecuentemente, las estrategias de afrontamiento im- Finalmente, con la mente puesta en investigaciones
productivo contribuyen a la aparición del com- futuras que superen las limitaciones de este trabajo, con-
portamiento delictivo (Llorca-Mestre, Malonda-Vidal y vendría ampliar la medida del ajuste psicológico y de la
Samper-García, 2017). En este sentido, es posible que el destreza para resolver problemas con otros instrumentos
estilo de afrontamiento hallado en la muestra homicida que complementen, precisen o mejoren la información
haya contribuido a la explicación del comportamiento reportada por el SCL-90-R y el CRI-A. Adicionalmente,
criminal. El afrontamiento de tipo evitativo, que fue el sería pertinente extender el estudio, con la evaluación de
identificado en los condenados, tiende a considerarse otros factores de riesgo que, comúnmente, se asocian con
como una forma desadaptativa o improductiva, al menos el comportamiento criminal, y de otras variables psicoló-
fuera del medio penitenciario (Arce et al., 2014). Aunque gicas relevantes dentro del medio penitenciario. Todo
en algunos trabajos se sugiere que en el contexto de pri- ello, con el objetivo de extraer información que permita
sión las estrategias evitativas podrían ser efectivas (Bei- optimizar las medidas preventivas y reeducativas del
jersbergen et al., 2014; Van Harreveld et al., 2007), recu- comportamiento delictivo, así como incrementar el bie-
rrir en menor medida a la estrategia de análisis lógico no nestar del interno.
parece reportar ningún aspecto positivo. Se trata de una
estrategia útil dentro y fuera del medio penitenciario.
Detenerse a analizar los problemas es determinante para
su resolución eficaz. Referencias
En suma, los resultados del presente trabajo ponen de American Psychiatric Association. (2002). Manual diag-
manifiesto una presencia mayor de sintomatología psico- nóstico y estadístico de los trastornos mentales
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tiva de homicidio en relación con la población general Disorders] (4a Ed., texto rev.). Barcelona, España:
normativa. Aunque no se ha podido establecer fehacien- Masson.
temente el papel que representan estos síntomas, se han
sugerido algunas posibilidades interpretativas con base American Psychiatric Association. (2014). Manual
en la literatura existe. En cualquier caso y con indepen- diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales
dencia de sus posibles causas o efectos, conviene esta- (DSM-V) [Diagnostic and Statistical Manual of
blecer intervenciones terapéuticas dirigidas a optimar el Mental Disorders (DSM-V]). Madrid, España:
estado psíquico de los reclusos. De este modo, deberían Panamericana.
ofrecerse servicios e intervenciones adecuadas de salud
mental en los centros penitenciarios. Por otro lado, la Andrews, D. A. y Bonta, J. (2010). The psychology of
muestra de condenados se caracteriza por acudir a estra- Criminal Conduct (5a. Ed.). Cincinnati, OH:
tegias de afrontamiento evitativas, que la literatura tiende Anderson Publishing Co.
a calificar de desadaptativas y que ha identificado como
un factor de riesgo del comportamiento antisocial (Feel- Arce, R., Fariña, F. y Novo, M. (2014). Cognitive
good, Cortoni y Thompson, 2005). En consecuencia, de- Competence among Recidivist and Non-Recidivist
berían implementarse programas de intervención multi- Prisoners: Implications for the Rehabilitation.
140 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 129-146. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20792

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PSYCHOLOGICAL ADJUSTMENT AND


PROBLEM-SOLVING SKILLS IN CONVICTED
BY MURDER OR ATTEMPTED MURDER

MANUEL VILARIÑO1, BARBARA G. AMADO2, ELSA FERNANDES2


Y RAMÓN ARCE3

Problem-solving coping strategies represent a risk


EXTENDED SUMMARY factor for criminal behaviour (Arce et al., 2014; Moore,
Eisler, & Franchina, 2000). Overall, investigation has
pointed out that antisocial behaviour is closely related to
dysfunctional and inefficient coping strategies, in both in
Introduction juvenile offenders and minors at risk of delinquency
(Arce, Fariña, Seijo, Novo, & Vázquez, 2005; Vilariño,
Amado, & Alves, 2013), as well as in prison inmates
Mental illness is one of the risk factors associated to (Arce et al., 2014).
criminal behaviour (Arce, Fariña, & Novo, 2014). The
relationship between both variables was extendedly in-
On the other hand, assuming adaptive coping strate-
vestigated with contradictory results. Thus, high preva- gies in prison could play a relevant role in prison in-
lence rates of mental disorders were found in prison -
mates’ physical and mental health. Likewise, the rela-
inmates (Fazel & Grann, 2004; Fazel & Seewald, 2012),
tionship between coping and psychological well-being or
as well as a higher risk of homicide behaviours in indi- mental health in prison inmates have been investigated in
viduals with a mental disorder diagnosis (Eronen, Hako-
depth. Contradictory results have been reached again,
la, & Tiihonen, 1996; Schanda et al., 2004; Woodward,
without a consensus regarding the way coping strategies
Nursten, Williamns, & Badger, 2000), mainly a psychot- affect inmates’ psychological well-being (McMurran &
ic disorder, antisocial disorder and alcohol or drug abuse
Christopher, 2009; Kirchner, Forns, & Mohíno, 2007).
(Richard-Devantoy, Olie, & Gourevitch, 2009; Wood-
ward, et al., 2000). Nonetheless, literature is more con- The aim of the present study was to progress on risk
sistent in determining the facilitator role of the combina-
factors knowledge which underlies criminal behaviour,
tion of mental illness and delinquency variables in devel-
namely, homicide or attempted homicide. Furthermore, it
oping violent behaviours in contrast when they appear
is expected to obtain useful knowledge to create prevent-
isolated (Vicens et al., 2011). ing intervention, re-education or therapeutic programs.
Therefore, a study to contrast psychological adjustment
Notwithstanding, prison inmate mental illness high
(clinical symptomatology), and problem-solving skills
prevalence rates can be either cause or effect of impris- (coping strategies) in a male sample of convicted by
onment. The impact of prisonization on inmate’s health
murder or attempted murder with the normative sample
generally causes sensory and personal image disturb-
was carried out. Additionally, with the objective of ex-
ances, loss of self-esteem, depersonalisation, sexual dis- tending more information about the prison inmates, ar-
turbances and anxious and depressive symptomatology chive data related to the type of homicide committed, the
(Botelho & Gonçalves, 2016; Ruiz-Hernández, García- relationship with the victim and relapse were gathered.
Jiménez, Llor-Esteban, & Godoy-Fernández, 2015; Vi-
lariño & Edmundo, 2013).
144 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 129-146. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20792

Method Data Analysis


To contrast the murderers’ scores (clinical sympto-
Participants matology, and coping skills) with normative general
population scores (test value), t test was used. Thus, the
study sample was compared with a given test value, and t
Participants were 27 male prison inmates, ranging age test was transformed on r effect size (Cohen, 1988;
from 22 to 65 years (M = 38.63; SD = 10.72), convicted Rosenthal, 1994). With the aim to contrast the observed
by homicide or attempted homicide All they were serving proportion with a test value (registered clinical cases in
the sentence at the ‘Estabelecimento Prisional do Porto’ general population), Z tests were calculated and thereaf-
(Prison of Oporto, Portugal). ter δ effect size (Hedges & Olkin, 1985). Additionally,
symptomatology’s increment from one group respect to
another (prison inmates vs. normative population), was
Design and Procedure obtained directly from r effect size.

A study focusing on clinical symptomatology meas-


ured in a sentenced homicide or attempted homicide Results
sample was designed. The procedure consisted on con-
trast the prison inmates’ mental health state with the
SCL-90-R normative population (Derogatis, 2002). Criminological characteristics of mur-
Likewise, coping skills were measured through CRI-A derers or attempted murderers
questionnaire in the same sample of participants, which
was compared again with the normative population The prison inmates’ criminal records were used to ex-
(Moos, 1993). tract the following data. From 27 overall participants,
55.5% (13) had committed a homicide, 44.4% (12) inten-
The sentenced sample was accidentally selected in the tional homicide, and 11.1% (3) involun-
Prison of Oporto, and their participation was voluntary tary manslaughter. . The remaining 44.4% was sentenced
and authorized. Thus, the sample was made up of the for attempted homicide. Regarding the relationship with
whole sentenced murderers or attempted murders that the victim, 59.3% (16) had a previous relationship
came from that prison, and they gave informed consent to (11.1% partner, 11.1% family, 37% friend-
participate in the evaluation. ship/neighbourhood relationship/fellowship). Additional-
ly, 55.6% of prison inmates lack of criminal records, and
from those who had criminal records only one (3.7%)
Instrumental measures had relapsed in the same offence.

The Portuguese translation (back translation proce-


dure) of the SCL-90-R [Symptom Check List-90-R] from
Derogatis (2002) to evaluate clinical symptomatology Clinical symptomatology contrast in
and the CRI-A [Coping Responses Inventory Adult murderers or attempted murderers im-
Form] from Moos (1993) to measure coping strategies, prisoned and normative population in
were the psychometric tests applied in the present study. SCL-90-R
The SCL-90-R was developed to assess symptoms pat-
terns present on the individual.
Regarding the SCL-90-R symptomatic dimensions,
significant results were obtaining between scores from
the prison inmates sample and the SCL-90-R normative
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 129-146. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20792 145

population in all, exception of Hostility and Phobic Anx- characterized by a criminal versatility and recidivism
iety dimensions (see Table 2). Such differences were tendency.
significantly higher in the convicted sample in Somatiza-
tion, Obsessive-Compulsive, Interpersonal Sensitivity, Likewise, from the psychological adjustment analysis
Depression, Anxiety, Paranoid Ideation and Psychoticism (clinical symptomatology) we can conclude with guaran-
dimensions. tees that, at the time of the evaluation, sentenced murder-
ers or attempted murderers shown a higher probability of
Moreover, significant differences have arisen in the being classified as clinical cases in most of the SCL-90-R
SCL-90-R global indexes: GSI, PST and PSDI (see Table symptomatic dimensions, as well as a higher probability
3). In line with the symptomatic dimension results, the of informing about higher significant scores in almost
sentenced murderer or attempted murder sample had every scale and in all global indexes. However, owing to
informed of a higher symptomatic suffering. the design characteristics, it could not be established
irrefutably whether the informed symptomatology was as
a risk factor facilitating the homicide behaviour, whether
Clinical cases study and SCL-90-R it is a consequence of the judicial processes and the crim-
symptomatic dimensions inal sentence compliance, or even it is not related to none
of both interpretations.
Results in the SCL-90-R symptomatic dimensions
Finally, solving-problem skill study conclusions (cop-
have shown a higher significant prevalence of clinical
ing strategies) have shown that sentenced murderers or
cases, in all with the exception of Hostility, in the sen-
attempted murderers’ sample was characterized by using
tenced murderers or attempted murderers’ sample (see
an avoidance coping strategy. This coping style tends to
Table 4).
focus on emotion instead of on problem. Thus, it is re-
flected on cognitive and behavioural attempts to avoid
thinking in the stressor and its implications, or to manage
Coping skill contrast between convic- associated effects (Moos, 1993). In this sense, results
ted murderers or attempted murder demonstrated that in all four avoidance coping strategies
and normative population on CRI-A (cognitive avoidance, acceptance or resignation, seeking
alternative rewards and emotional discharge), sentenced
Contrast in coping skills (see Table 5) has exhibited prison inmates reported higher significant scores. These
differences in 6 out of 8 CRI-A scales. Normative popu- strategies do not modify the state of the problem, becom-
lation only displayed one higher significant score in the ing unproductive when such coping problem turns out
Logical Analysis scale. In the remaining scales with sig- modifiable and susceptible to be successfully solved.
nificant differences, that is, Cognitive Avoidance, Ac- Additionally, Logical Analysis was the only approxima-
ceptance or Resignation, Seeking Alternative Rewards tion coping strategy that have shown differences but in
and Emotional Discharge, the sentenced sample present- the contrary direction. Sentenced murderers or attempted
ed higher significant scores. murderers scored less in such strategy, that is, they make
less cognitive efforts to understand and face the stressor
and its consequences. Therefore, they turn to a lesser
extent, useful strategy that contributes to solve problems
Discussion efficiently. Once again, evidence reinforced that prison
inmates have a coping style that not address the real
trouble. According to previous researches, maladaptive
It was verified, from the study of criminal characteris-
coping strategies contribute at the emergence of criminal
tics, that most of the prison inmates have had a previous
behaviour (Andrews & Bonta, 2010; Llorca-Mestre,
relationship with the victim. Furthermore, they were
Malonda-Vidal, & Samper-García, 2017). Avoidance
146 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 129-146. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20792

coping style, which was characteristic of the sentenced


sample, is considered as a maladaptive or unproductive
strategy, at least out of prison context (Arce et al., 2014).
In this sense, it is probable that avoidance coping style
has contributed to the criminal behaviour explanation in
the sentenced sample.

To summarize, results of the present study exhibit a


wide range of psychopathological symptomatology in
sentenced murderers or attempted murderers in contrast
to the normative population. Thus, adequate mental
health interventions and services in prison should be
offered. On the other hand, convicted sample is charac-
terized by using avoidance coping strategies. As a conse-
quence and with the objective of facilitating prison in-
mates’ social reintegration, multimodal intervention pro-
grams driven to mitigate avoidance coping strategies and
to empower more adaptive coping strategies i.e., approx-
imate ones, should be implemented (Beelmann & Lösel,
2006),. Additionally, multi-level intervention must be
implemented in order to reach the best possible outcomes
(Arce, Seijo, Fariña, & Mohamed-Mohand, 2010; Fariña,
Arce, & Novo, 2008).
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 147-156. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.21239 147

STUDY OF THE EFFECTS OF ANCHORAGE IN


JUDICIAL JUDGEMENTS IN CHILD CUSTODY
DISPUTE PROCEEDINGS

ESTUDIO DE LOS EFECTOS DEL ANCLAJE


EN RAZONAMIENTOS JUDICIALES EN CASOS
DE DISPUTA POR LA GUARDA Y CUSTODIA

FRANCISCA FARIÑA1, LAURA REDONDO1, TANIA CORRÁS2 Y


MANUEL VILARIÑO3

child custody dispute (first instance court) or prior judi-


Abstract cial decision-making (appeal court). The results stated
that 70.2 % of the judicial sentences were anchored. A
Judicial judgment and decision making should be sus- systematic content analysis of the sentences gave support
tained in formal or statistical reasoning, avoiding biased to the hypothesis that anchorage provides judges and
reasoning. Thus, judicial reasoning should not contain courts a skill to save cognitive activity (about 12 %).
any bias. A profusely studied source of bias is anchorage Moreover, anchored sentences contained significantly
implying a cognitive saving by accepting the initial hy- fewer reasoning favourable to custody; fewer idiosyn-
pothesis without confirming it and rejecting other infor- cratic information i.e., own reasoning of the judge; and
mation or alternative hypotheses though they may be rel- fewer contextual information i.e., less evidence-based.
evant to the task at hand. As for knowing the prevalence The implications for judicial judgment and decision are
and effects of anchored sentences in family cases’ judi- discussed, as well as the possibilities to control the an-
cial sentences, 811 Spanish custody dispute sentences chorage prevalence in judicial sentences.
were randomly selected from the CENDOJ data base. Keywords: Anchorage; Heuristics; Judicial sentenc-
Anchorage was measured through initial claimant in es; Cognitive activity; Custody dispute.

Corresponding author: Francisca Fariña. Facultad de Ciencias da Educación e do Deporte. Campus a Xunqueira,
Pontevedra, Spain. Email: [email protected]

ORCID: Francisca Fariña (http://orcid.org/0000-0002-7652-0948),Tania Corrás (http://orcid.org/0000-0002-5013-1485)


y Manuel Vilariño (http://orcid.org/0000-0001-8212-3319).
1
Departamento AIPSE, Universidade de Vigo, España.
2
Unidade de Psicoloxía Forense, Universidade de Santiago de Compostela, España.
3
Departamento de Psicología y Sociología, Universidad de Zaragoza, España.
Recibido: 15 junio de 2017.
Aceptado: 28 de agosto de 2017.
148 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 147-156. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.21239

Resumen crude divorce rate was 2.0, resulting in a separation risk of


.48. In absolute terms, this translates into 960.000 separa-
La formación de juicios y la toma de decisiones judicia- tions, around 500.000 of which involve offspring. In Spain,
les deberían estar sustentadas en razonamientos formales the crude separation rate for 2015 (the last available year)
o estadísticos, y no en razonamientos sesgados de modo was 2.1, with a total number of couple breakdowns of
que no deberían contener razonamientos sesgados. Una 90.562, more than a half of these involving offspring (In-
fuente de sesgo profusamente estudiada en la literatura es stituto Nacional de Estadística [INE], 2016).
el anclaje que implica un ahorro cognitivo al aceptar la
hipótesis inicial sin confirmarla y rechazar información o The repercussions of parental separation on offspring
hipótesis alternativas, aunque puedan resultar relevantes are varied with positive effects for some, negative ones for
para el juicio o decisión. Para conocer de la prevalencia y others, and no effects for most (Amato & Anthony, 2014).
los efectos del anclaje en sentencias judiciales de casos Nonetheless, the mean effect was significantly negative
de familia, seleccionamos al azar 811 sentencias en (Amato, 2001; Amato & Keith, 1991), mediating the ef-
disputa por la guarda y custodia de la base de datos del fects of a number of variables (e.g., lapse in time since the
CENDOJ. El anclaje se midió a través de la demanda ini- separation; exposure time to pre-separation conflict, in-
cial en la disputa por la custodia (juzgado de familia) o terparental conflict level, remarriage). The literature has
en la decisión del tribunal previo (apelaciones). Los re- identified and structured damages into 5 welfare indicators:
sultados mostraron que el 70.2 % las decisiones estaban psychological adjustment, academic performance, behav-
ancladas. Un análisis de contenido sistemático de las ioural problems, self-concept, and social relations (Amato,
sentencias prestó apoyo a la hipótesis de que el anclaje 2001; Amato & Keith, 1991). In relation to global damage
sirve a jueces y tribunales como herramienta para el aho- in children from separated parents, psychological adjust-
rro cognitivo (alrededor del 12 %). Además, las senten- ment has been estimated to stand at 17 %; with a 14.6 %
cias ancladas contenían significativamente menos razo- increase in the mean school failure rate; a 13.2 % increase
namientos favorables a la custodia; menos información in mean disruptive behaviour in the classroom; an 11.8 %
idiosincrásica, o sea, razonamientos propios del juez; y increase in aggressive behaviour in social contexts (conduct
menos información contextual, esto es, menos prueba ba- problems); significantly deteriorated self-concept (32 % in
sada en evidencia. Se discuten las implicaciones de los academic, 27 % emotional, 22 % physical, and 37 % in
resultados para la formación de juicios y toma de deci- family self-concept); deficiencies in social relations i.e.,
siones judiciales, así como las opciones de mitigar sus 16 % loss of self-control in social relations, and a 21% in-
efectos. crease in social withdrawal (Seijo, Fariña, Corras, Novo, &
Arce, 2016). Additionally, Corras et al. (2017) found a re-
Palabras clave: Anclaje; Heurísticos; Sentencias; lation between parental separation and maladjustment to
Actividad cognitiva; Disputa por la custodia. the school quantified in 21, 29, and 38 % for level 1 (from
8 to 11 years); level 2 (from 12 to 14 years); and level 3 (15
years or more) of academic development, respectively.
Moreover, damage was found to range significantly be-
Introduction tween-subjects from very small (e.g., 1.2 % in psychologi-
cal adjustment) to large (e.g., 47.7 % in family self-con-
According to the last statistical update available from cept). Parental separation was also found to raise the prob-
the UE-28, in 2011 an estimated 64.1 % of adults aged 20 ability of living below the poverty line by .339. Further-
or more were living as couples, 55.3% of which were mar- more, we should not overlook that damages are not transi-
ried and 8.8 % living in consensual unions (Eurostat, tory and tend to become chronic overtime (Sun, 2001).
2015). As for the fertility rate, this has dipped below the
replacement level (2.1), with slight increase in the birth rate In this line, the guidelines and standards promoted by
from 1.46 births in 2000 to 1.55 births in 2013. In 2011, the professional associations to regulate the aims of the foren-
crude marriage rate was of 4.2 in the UE-28 while the sic psychological evaluation in child custody disputes
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 147-156. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.21239 149

guide the evaluation to the best interest of the child result- Method
ing from the best fit between the child’s needs and parental
attributes responding to those needs (American Psycho- Protocols
logical Association [APA], 2010; Martindale, Martin, Aus-
tin, & Task Force Members, 2007). Thus, the psychologi-
A total of 1000 civil judgement on separation or di-
cal mandate for determining child custody is centred on the
vorce in Spain in 1999 were randomly selected. The
child’s best interest and, subsequently, judicial judgments
selection was performed by computer from the judge-
too. Nevertheless, judicial judgments are prone to heuristics
ments of the CENDOJ which is ascribed to the Consejo
and bias (Saks & Kid, 1986). Heuristics are reasoning
General del Poder Judicial [Spanish General Council of
strategies that people use to reduce assessing and judging
the Judiciary]. Of these, 630 were from the Provincial
complex tasks into simple operations (Tversky & Kahne-
Courts, and 370 from the lower courts of First Instance.
man, 1974). Usually, heuristics are useful, but they may
The exclusion criteria for the original 1000 judgements in
drive judgements to systematic errors. In any case, alt-
the present study were judgements other than child cus-
hough the resulting judgments may be correct, it rests on
tody disputes; unresolved child custody disputes; judge-
biased reasoning in contrast to formal or statistical reason-
ments where one of the parties renounced their right to
ing. The sources of bias that influence human judgements
child custody; and judgements where only one party de-
have been classified as motivational or cognitive (Kruglan-
manded child custody. Thus, a total 811 judgements were
ski & Azjen, 1983; Ross, 1977). Motivational bias refers to
selected after applying the exclusion criteria. Thereafter,
the tendency to form and hold beliefs that fulfil the individ-
the margin of error for a sample size of 881 was calcu-
ual’s needs i.e., those inferences that agree or are congruent
lated with a confidence level of 95 %, and pq being equal
with the individual´s needs. Cognitive bias arises from lim-
to .75 (see the distribution of anchorage in the judge-
itations in human information-processing. Three sources of
ments in the results section), resulting in 3 %.
cognitive bias were identified: information salience and
availability, preconceived ideas or theories, and the phe-
nomena of anchoring and perseverance. The prevalence of Analysis of protocols
the anchorage heuristic in legal judgement-making has
been extensively reported in the literature (Englich & Initially, the analysis of the protocols was designed to
Mussweiler, 2001; Fariña, Arce, & Novo, 2002; Kreiner, search for the anchorage heuristic, which was measured
2009). Anchorage implies a cognitive saving by accepting using initial and direct estimates (Wagenaar, 1995). An-
the initial hypothesis without confirming it (Nisbett & chorage was measured on the basis of being awarded of
Ross, 1980), and rejecting other information or alternative child custody or not, and was operationalised in two differ-
hypotheses though they may be relevant to the task at hand ent ways according to whether judgements were from low-
(Ross & Lepper, 1980). However, the prevalence and the er courts or from higher courts of appeal. In the case of the
effects underpinning the reasoning behind anchorage in ju- lower courts, a judgement was considered anchored if it
dicial judgements in child custody have not been examined. coincided with the claimant in the child custody dispute.
Obviously, there was a challenge to the claimant in all
Bearing in mind this context, an archival study was un- cases (inclusion criteria), mainly on behalf of the other par-
dertaken to assess the impact of anchorage in judicial ent though other members of the extended family or from
judgement-making in child custody disputes leading to social welfare service may be involved. The first case
sole-parental custody. A further objective was to assess the brought by the claimant would be the initial hypothesis.
hypothesis regarding the heuristic of anchorage, the cogni- In the courts of appeal, the initial hypothesis of
tive savings, and their effects on the biased reasoning be- anchorage is circumscribed to prior judicial decision-
hind judgements. making. Moreover, the court disposes of an alternative
hypothesis: the petition of the appealling party (inclusion
criteria). Succintly, a judgement was encoded as
anchored when the judicial judgement coincided entirely
150 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 147-156. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.21239

with the initial judicial judgement under appeal. Given ples for each category (objectivity and fidelity of the
that this type of classification of anchorage could have codings). The final result was a system with high internal
different effects on the measured variables, a prior consistency (homogeneity), a = .797, consisting of the
analysis revealed both groups of judgement were equal in following categories of analysis:
general, F(2, 567) = 2.00, ns, and specific cognitive
activity, F(6, 563) = 2.07, ns. - Number of pro-custody arguments (with a valence in
favour of the custodial parent)3.
Every judgement entails cognitive activity on behalf - Number of arguments against non-custody (with a
of the person involved in judgement-making. This activ- valence against the non-custodial parent)4.
ity is expressed in the drafting of an informed judgement - Number of neutral arguments (arguments with a
detailing the legal grounds for the jury’s decision (Art. neutral valence, that is, neither in favour nor against
120.3 CE). Cognitive activity provides information re- the custodial or non-custodial parent).
lated to decisional substrata such as reasoning styles or - Information on parenting skills, child’s needs and
bias. The literature (Arce, Fariña, & Seijo, 2005; Fariña adjustment (to tally the number of arguments related
et al., 2002) has shown that cognitive activity encom- to the parents’ child rearing abilities and skills to
passes both general and specific dimension, depending award child custody, and emotional and
on whether it is linked or not to the decision-making psychological stability, etc.).
context i.e., the evidence under scrutiny. The categories - Contextual information (allusions to contextual
of analysis of general cognitive activity, which are highly information related to offspring such as housing,
internally consistent, a = .913, are common to all extended family, new partners, groups of friends,
contexts of analysis: proximity to school, financial resources, change of
school/home, etc.).
- Total word count. - Normative information (number of references to
- Total number of statements2 (i.e., a sequence of words legal precepts, laws, articles, case law, and
with communicative value and full sense that may be jurisprudence).
composed by one or several clauses).
Coding reliability
Moreover, the initial categories of specific cognitive
activity were adjusted to the context of judgements of The protocols were equally divided between two en-
cases of child custody disputes. The researchers designed coders who coded them according to cognitive and heu-
a methodic categorical system (Bardin, 1996) (i.e., rele- ristic anchoring. Following a 10-day period, 10 % of the
vance, objective [fidelity in coding, see subsection ‘cod- protocols were cross-checked inter-coder and another
ing reliability’], productive, exhaustive, homogeneous 10 % intra-coder. The two encoders were extensively
[internal consistency], and mutually exclusive [independ- trained and provided a coding manual with an exhaustive
ent measures]) on the basis of an analyses of prior definition for each category, the unit of analysis, and ex-
judgements on child custody. Thus, a system of succes- amples) in coding using the same categorical system but
sive approximations was employed to search for all pos- with judicial judgements not included in the study. In the
sible categories of analysis (exhaustiveness, productivity, training stage, the encodings were revised by researchers
and relevance). Finally, a mutual exclusion of categories together with encoders to determine the accuracy of the
test was performed (Thurstone’s procedure). A coding encodings, to correct bias, and to homogenise criteria.
manual was designed with precise definitions and exam- Both encoders had previous experience in other encod-

2 3
The original measurement instrument made a distinction The frequency of arguments contrary to custody was not
between abstract and concrete statements, that is, related or registered. That is, this category was productive.
4
not to the case. In the protocols of this study the only No arguments in favour of the non-custodial parent were
productive category was ‘related statements’. observed i.e., this category was not productive.
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ings with an analogous encoding procedure, and several present study were consistent with other encoders using the
overlapping categories of content analysis, and were con- same categorical system. Thus, the results of other encod-
sistent with the third encoders (Arce et al., 2005; Fariña ers will be consistent with those of the present study. The
et al., 2002; Arce, Fariña, & Fraga, 2000). Reliability inter- and intra-encoders consistency, and inter-contexts
was computed differently according to categorical or dis- consistency revealed the measures were highly reliable
crete variables: Cohen’s kappa, for the first, and the cor- (Wicker, 1975).
relation for the second. Cohen’s kappa corrects estimates
of concordance of the probability of random correct re- Data analysis
sponses. However, the correlation coefficient is not in it-
self an accurate estimate of reliability without safeguards A multivariate analysis of variance (MANOVA) was
as to its accurateness. Thus, with both encoders register- performed to examine cognitive activity associated to the
ing a category of analysis of 17 recounts, the correlation presence vs. absence of anchorage. It is widely accepted
would be 1, and could be referring to different contin- that the analysis of variance is a robust test, especially for
gencies and the correlation would be 0, with an error rate same size or approximately the same sized groups
of 34. Therefore, the correspondence of the encodings (big/small < 1.5). This was not the case in the present
was verified. With this safeguard, the results for the dis- study (570/241 = 2.37). Though many researchers con-
crete variables substantiated (see Table 1) intra- and in- sider it irrelevant (Stevens, 1986), the absence of homo-
ter-coders’ reliability. As for the encoding of the anchor- geneity of variance can lead to crucial deviations in the
age decision (anchored judgement/not anchored judge- significance of the results. Thus, if variability is greater
ment) both intra- and inter-coders were fully consistent in the small group, the F is liberal. Therefore, the varia-
(kappa = 1). bles were transformed by calculating the square root of
the values of general and specific cognitive activity to
In content analysis, reliability was not restricted to the homogenise the variance, “the procedure stabilizes the
instrument i.e., the categorical system (internal con- variance approximately to 1 if the mean of the original
sistency), and the inter- and intra-encoder consistency of observations is > .8” (Dixon & Massey, 1983, p. 373).
this study, but also extended to the evaluation of inter-con- Nevertheless, to validate the correct confirmation or re-
texts consistency i.e., to establish an estimate of con- buttal of the null hypothesis, the theoretical F value
sistency for the categorical system in other contexts, and to (Box’s M test, F = 3.841) was contrasted with the em-
obtain results consistent with other encoders. The categori- pirical value, in such a way that if theoretical F is smaller
cal system described in this study has been shown to be re- than the empirical one, the alternative hypothesis is ac-
liable and valid in other studies, and the encoders in the cepted, and vice versa (Palmer, 1996). This method was

Table 1.

Coding reliability

Analysis category r12 p r21 p r1 p r2 p


Words 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001
Statements 1.00 .001 1.00 .001 1.00 1.00 1.00 1.00
Pro-custody arguments 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001
Arguments against the custody .992 .001 .938 .001 .927 .001 1.00 .001
Neutral statements 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001
Parenting skills, child’s needs and adjust .925 .001 .885 .001 1.00 .001 .936 .001
Contextual information 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001
Normative information 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001 1.00 .001
Note. r12: correlation between-encoders 1 and 2; r21: correlation between-encoders 2 and 1; r1: correlation within-encoder
1; r2: correlation within-encoder 2.
152 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 147-156. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.21239

Table 2.

Anchoarge and general cognitive activity

Variables F p r(95%CI) M1 M0 g/δ(95%CV)


Number of words 6.83 .009 .12[-.19, -.05] 32.95 34.88 0.24[0.09, 0.39]
Number of statments 1.83 .176 .06[-.13, .01] 8.25 8.80 0.13[-0.02, 0.28]
Note. df(1, 809). r(95%CI): correlation effect size(95% confidence interval; M1: anchored sentence group; M0: non-anchored
sentence group; g/δ(95%CV): Hedges’s g/Glass’s δ(95% credibility interval).

used to ensure the empirical Fs obtained the same results the reasoning behind a judgement (Fariña et al., 2002;
in terms of acceptance and rebuttal of the null hypothesis Novo & Seijo, 2010). The results of this study confirm
as the theoretical Fs. The effect sizes were estimated with this hypothesis. A significant anchorage effect was ob-
the eta squared for multivariate analysis, and Hedges’s g served in cognitive activity underlying the reasoning of a
(groups are dissimilar in size) or Glass’s δ (if homogene- judgement, F(2, 808) = 5.73, p < .01, η2 = .014, the uni-
ity of variance assumption is violated) when comparing variate effects showed the absence of anchorage was
two sample means. Credibility intervals for Hedges’s marked by more words than when judgements were driv-
g/Glass’s δ were computed to contrast the generalization en by anchorage (see Table 2). Succinctly, the savings in
of the results to other samples (Hunter & Schmidt, 2015). terms of the number of words was 12 % (r = .12), and
Finally, to quantify the magnitude of cognitive savings, ranged from 5 to 20 %. Notwithstanding, this saving did
the BESD procedure (Rosenthal & Rubi, 1982) was used, not affect all of the statements (set of words or sentences
derived from r effect size and its confidence intervals. with communicative sense) that underpinned a judge-
ment. Hence, the effect materializes in the depth of the
arguments, and not in their quantity. The results of this
Results study are generalizable to all the tasks of judicial judge-
ment-making in the Spanish context (see credibility in-
Of a total of 811 judgements, 570 (70.3 %) were an- tervals for Hedges’s g/Glass’s δ).
chored to the initial demand or the previous judicial deci-
sion. The results show the effect of anchorage was signif- In relation to specific cognitive activity, the results
icantly greater than its absence, χ2(1, N = 811) = 133.47, revealed the anchorage factor mediated differences, F(6,
p < .001, the probability of anchorage being .406 804) = 9.03, p < .001, η2 = .063. The univariate effects
(40.6 %) greater, with a 95 % confidence interval for this (see Table 3) indicated anchored judgements rested on
superiority from .373 to .439. judgements based on fewer arguments, around 14 %
(r = .14), ranging between 7 to 20 % less favourable to
Bearing in mind that judgements of separation or di- custody; less reasoning, 12 %, fluctuating between 5 and
vorce are mediated by decisional anchorage, this study 19 % less, on parenting skills, needs of offspring and
aimed to assess the role of anchorage of judicial judge- adjustment between both parameters; and less reasoning
ments in child custody litigation. According to the liter- on contextual circumstances related to the case of child
ature (Tversky & Kahneman, 1974), anchorage serves as custody, a 11 % less, ranging from a minimum of 4 % to
a cognitive cost-saving tool for judgement-making and a maximum of 18 %. In short, anchored judgements not
Table 3.

Anchoarge and specific cognitive activity

Variables F p r(95%CI) M1 M0 g/δ(95%CV)


Pro-custody arguments 11.88 .001 -.14[-.20, -.07] 0.37 1.23 0.28[0.13, 0.43]
Arguments against non-custody 2.43 .120 -.06[-.13, .01] 0.08 0.27 0.12[-0.03, 0.27]
Neutral arguments 1.67 .197 -.05[-.12, .02] 8.22 8.40 0.09[-0.06, 0.24]
Info. parenting skills, child’s needs and adjustment 11.03 .001 -.12[-.19, -.05] 0.33 0.54 0.25[0.09, 0.40]
Contextual information 9.46 .002 -.11[-.18, -.04] 1.88 1.94 0.22[0.07, 0.37]
Normative information 2.62 .106 -.06[-.13, .01] 3.10 3.76 0.13[-0.02, 0.28]
Note. df(1, 809). r(95%CI): correlation effect size(95% confidence interval); M1: anchored sentence group; M0: non-
anchored sentence group; g/δ(95%CV): Hedges’s g/Glass’s δ(95% credibility interval).
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 147-156. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.21239 153

only saved cognitive activity and the judgement maker’s (Kruglansky & Azjen, 1983; Nisbett & Ross, 1980; Ross,
reasoning behind the judgement, but judgements were 1977; Ross & Lepper, 1980), resulting in cognitive sav-
also less motivated and less grounded on legal evidence. ing and the rejection of information that might support an
These results are generalizable to all of the tasks in judi- alternative hypothesis i.e., in this study a custodial parent
cial judgement-making in the Spanish context (see credi- different to the initial hypothesis. in contrast non-an-
bility intervals for Hedges’s g/Glass’s δ). chored judgements, in legal terms anchored judgements
adhere less (there is compliance with the law because the
reasoning behind a judgement can be brief and concise;
Discussion Martí-Sánchez, 2003), to the constitutional principle en-
shrined in article 120.3 of the Spanish Constitution, ‘ju-
The results of the present study are subject to several dicial judgements must always be reasoned’. However,
limitations that should be borne in mind in the judgements that rest less on the evidence and are open to
interpretartion of the findings. First, the results are not arbitrariness, which is contrary to best judicial practice of
generalizable to all the conditions of judicial judgement- article 120, and do not safeguard the child’s best interest
making (alpha error). The results are restricted to in terms of the parent who will satisfy the child’s needs.
judgements of judges and courts awarding sole child In short, judgements on child custody exclusively an-
custody orders. Decisions of mutual consensus or joint chored in the initial hypothesis rest on informal scientific
custody judgements probably have other types of results in and legal reasoning.
cognitve activity. Nonetheless, the relevance of the results
and their implications in decsision-making in child custody Controlling the effects of anchorage entails judge-
cannot be overlooked (beta error). Second, in this study the ment makers having access to alternative sources of an-
task involved judicial judgements, which is only part of the chorage (Plous, 1993). In this case this would involve
judicial process. For instance, legal variables (e.g., legal fostering, as a criterion of initial decision (anchorage),
precepts; processing evidence, judicial statements) and joint custody, defined not as a means of sharing time
extralegal variables (e.g., unreasoned tendency to asign equally between parents, but in terms of co-parenting in
sole custody to the mother; Arce et al., 2005) also have which both parents coordinate their efforts to raise their
effects on judicial judgements, but these have not been children (Margolin, Gordis, & John, 2001), and to pro-
assessed in this study. vide the best response to cater for the child’s needs
(APA, 2010; Martindale et al., 2007). This implies that
Taking into account the limitations of this study, the the child’s needs must be determined as well as the skill
results reveal that judges and courts employ the anchor- and ability of each parent in satisfy these, to reason each
age heuristic to economize on reasoning a judicial and every adjustment, and to ensure child’s wellbeing
judgement, not so much in the quantity of arguments that and development in an environment and social conditions
support a demand for custody (statements), but rather in conducive to the child’s advancement. This will raise
the length of statements, that is, the number of words). motivation and ensure decisions rest on the evidence ra-
Both judges and courts resorted to anchorage for cogni- ther than being arbitrary. Anchorage is extensive consid-
tive saving with a mean of 12 %. Nevertheless, the ef- ering the rate judgements awarding joint custody in Spain
fects of savings were adverse and inadmissible in judicial in 2015 was only 24.6 % (INE, 2016). Nevertheless, fu-
judgement making (Goodman-Delahunty & Sporer, ture research is required to determine if joint custody is
2010; Kreiner, 2009). In fact, anchored judgements are driven by the child’s best interest, and the assessment of
less reasoned, saving 14 % in custody arguing, while the needs of offspring, parental skills and abilities and the
rests less on the evidence i.e., parental skills, needs of search for the best adjustment between both, and if the
offspring and the adjustment to both (11 %), and the environmental and social conditions foster the develop-
child’s context of development (12 %). Thus, the results ment.
substantiate the model supporting anchorage, as a cogni-
tive bias grounded on limited information processing
154 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 147-156. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.21239

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ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346 157

EL COORDINADOR DE PARENTALIDAD: UN ANÁLISIS DE


LAS RESOLUCIONES JUDICIALES EN ESPAÑA

PARENTING COORDINATOR: AN ANALYSIS


OF SPANISH JUDICIAL REASONING

FRANCISCA FARIÑA1, VANESA PARADA2, MERCEDES NOVO3 Y


DOLORES SEIJO3

planteamos un estudio para conocer cómo se ha


Resumen concretado esta nueva figura en las resoluciones
judiciales, atendiendo por una parte a la motivación legal
El coordinador de parentalidad (CP) interviene en y, por otra, a la motivación de la práctica que los jueces
situaciones de judicialización de la relación entre los atribuyen a esta figura. Se llevó a cabo un análisis de
progenitores y de alto conflicto, abordando desde el contenido de las resoluciones judiciales que incluían la
interés superior de los menores, las cuestiones relativas a figura de Coordinación de Parentalidad en la base de
la coparentalidad. Este nuevo rol ha sido objeto de datos CENDOJ. Los resultados obtenidos permiten
directrices específicas de las asociaciones profesionales conocer los detalles legales que los decisores judiciales
internacionales, tales como Association of Family and incluyen en sus resoluciones, así como los criterios que
Conciliation Court (AFCC, 2006) y la American emplean para motivar esta figura y su correspondencia
Psychological Association (APA, 2012), en las que se con las directrices internacionales. Se concluye que las
establecen orientaciones para la práctica de este sentencias se dotan de motivación legal, y que los
profesional. En España, su implantación es muy reciente, criterios se corresponden, en lo esencial, con las
siendo iniciada en Cataluña y seguida por otras directrices editadas por las asociaciones internacionales,
comunidades autónomas. Desde este contexto, nos aunque sería preciso mejorar el conocimiento de los

Corresponding author: Francisca Fariña. Facultade de Ciencias da Educación e do Deporte.


Campus a Xunqueira, Pontevedra, España. Email: [email protected]

ORCID: Francisca Fariña (https://orcid.org/0000-0002-7652-0948) y Mercedes Novo (https://orcid.org/0000-0002-0942-


1501)
1
Departamento AIPSE, Universidade de Vigo, España.
2
Unidade de Psicoloxía Forense, Universidade de Santiago de Compostela, España.
3
Departamento de Psicoloxía e Socioloxía, Universidade de Santiago de Compostela, España.

Recibido: 10 julio de 2017.


Aceptado: 18 de septiembre de 2017.
158 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346

operadores jurídicos acerca de las posibilidades que Introducción


ofrece la CP, para ayudar a las familias con separaciones
conflictivas de los progenitores a ejercer una La coordinación de parentalidad (CP), denominada de
coparentalidad positiva. diferentes maneras, tales como special master, wiseper-
Palabras clave: Coordinador de parentalidad; Di- son, family court advisor, mediator-arbitrator, o paren-
vorcio; Ruptura de pareja; Resoluciones judiciales. ting plan coordinator (Sullivan, 2013), tiene sus orígenes
a mediados de los años ochenta del siglo pasado en Esta-
dos Unidos (Kelly, 2014). A inicios de los 90, la CP
surge como un nuevo procedimiento ADR (Carter, 2011)
Abstract para resolver los casos altamente conflictivos de ruptura
de pareja con hijos menores de edad. A este respecto, se
A parenting coordinator (PC) is a professional who inter- mencionan como pioneros de la CP los estados de Cali-
venes in judicial contexts involving high conflict parental fornia y Colorado (Kelly, 2014; Sullivan, 2013), siendo
litigation in order to safeguard the child’s best interest, as Oklahoma, en 2001, el primer estado en desarrollar una
well as dealing with issues concerning coparenting. This norma legal para darle soporte (Kelly, 2014), siguiéndole
new role has been the object of specific directives from rápidamente otros en conferirle una regulación estatutaria
international professional associations such as the Asso- ad hoc (Brown, Behrman, y Zimmerman, 2017; Montiel,
ciation of Family and Conciliation Courts (AFCC, 2006), 2015). Si bien no todos los estados cuentan con dicha
and the American Psychological Association (APA, regulación (Ordway, 2015), actualmente esta práctica se
2012), who have established guidelines for professional encuentra asentada en todo el territorio norteamericano,
practice. The figure of the PC has been introduced only tanto en Canadá como en Estados Unidos, siendo muchos
recently in Spain, with Catalonia being the first autono- los estados en los que se ha implantado activamente
mous communities to do so. Bearing these circumstances (Behrman, 2016; Neff y Cooper, 2004; Parks, Tindall y
in mind, this study aims to assess the impact of this new Yingling, 2011).
figure on judicial judgements by examining both the
legal reasoning, and the judges’ rationale guiding the La coyuntura en la que surge la CP se caracteriza por
professional practice of this figure. Judicial judgements un elevado número de divorcios, una creciente demanda
from the CENDOJ database involving the figure of the de la custodia compartida, y el uso principal de la vía
Parenting coordinator were analysed. The results ob- judicial, por parte de algunos progenitores, para solventar
tained shed light on the legal reasoning cited by judicial las cuestiones relativas al plan de parentalidad, a lo que
decision-makers in their judgements and the criteria em- había que añadir que las sentencias judiciales no resol-
ployed to justify this new figure and its correspondence vían el problema, produciéndose una judicialización de la
with international guidelines. Judgements were found to relación parental, con el subsecuente daño a los hijos
be grounded on legal reasoning and the criteria was es- (Kelly, 2014). Se estima que entre el 8 % y el 12 % de
sentially in accordance with guidelines proposed by in- los progenitores con ruptura de pareja continúan con un
ternational associations. Nevertheless, legal decision- nivel alto de conflicto (Coates, Deutsch, Starnes, Sulli-
makers must further their understanding concerning the van, y Sydlik, 2004). Las situaciones de “alto conflicto”
role of the CP in order to assist families with high con- hacen referencia a las disputas intensas que se prolongan
flict parents to ensure positive coparenting. en el tiempo, que requieren considerables recursos judi-
ciales y comunitarios, y que se caracterizan por falta de
Keywords: Parenting coordinator; Divorce; confianza entre los progenitores, elevados niveles de
Couple breakdown; Child’s best interest; Judicial enfado entre ellos, incapacidad para comunicar sus sen-
judgements. timientos y necesidades de manera apropiada y uso fre-
cuente del sistema judicial (American Bar Association,
2005; Coates et al., 2004; D’Abate, 2016; Kelly, 2003;
Shaw, 2017). A pesar de que el porcentaje de casos pue-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346 159

da parecer escaso representan un desafío para el sistema cer su función por acuerdo entre los progenitores y/o por
judicial y para los profesionales que trabajan en el campo resolución judicial, debiendo concretarse y definirse con
de la salud mental y legal; consumiendo, además, una claridad su ámbito de autoridad y sus responsabilidades.
enorme cantidad de tiempo de los tribunales y servicios El profesional precisa que bien los propios progenitores,
legales gratuitos, y de la mayor parte de los escasos ser- a través del consentimiento informado o bien el tribunal,
vicios psicosociales (D’Abate, 2016; Saini y Birnbaum, por orden judicial (Coates et al., 2004; Deutsch y Lally,
2007); se estima que ocupan el 90 % del tiempo de los 2014) le otorguen autoridad. Esta es necesaria para obte-
jueces de familia y de los profesionales implicados (Neff ner toda la información que requiera el caso para gestio-
y Cooper, 2004). Esto es, utilizan una parte despropor- nar el conflicto, tomar decisiones relacionadas con la
cionada tanto del tiempo como de los recursos de los satisfacción de las necesidades de desarrollo y psicológi-
juzgados (Mitcham-Smith y Henry, 2007). Esto podría cas de los hijos, a la vez que desarrollar labores de carác-
ser suficiente para motivar la búsqueda de procedimien- ter educativo con ambos progenitores, todo ello con el
tos que ayuden a pacificar estas familias; sin embargo, propósito de reducir en los hijos el daño que les produce
resta el daño más importante, el que se causa a los hijos la exposición al conflicto y eliminar o cuando menos
(Corrás et al., 2017; Martinón et al., 2017; Seijo, Fariña, minimizar el litigio entre los progenitores en cuestiones
Corrás, Novo y Arce, 2016). relacionadas con la parentalidad (AFCC, 2006; APA,
2012). Esta autoridad no puede ser limitada, puesto que
La CP es definida por la Association of Families and de serlo reduce la eficacia de la intervención (Mandarino,
Conciliation Court (AFCC, 2006) como un proceso alter- Kline y Fieldstone, 2016), alcanzando así la posibilidad
nativo de resolución de conflictos centrado en los niños, de arbitrar cuando los progenitores no se ponen de acuer-
en el que un profesional de la salud mental o del ámbito do. Sin la autoridad para arbitrar, es mucho más probable
legal, con formación y experiencia en mediación, asiste a que la CP fracase, y los progenitores reinicien el litigio
los padres que presentan alta conflictividad y les enseña a (Demby, 2016). Sin embargo, esta autoridad ha de estar
implementar el plan de parentalidad sin dañar a sus hijos. delimitada. En este sentido, cuando se interviene dentro
En la misma línea, la American Psychological Associa- de un proceso judicial, la autoridad del CP se encuentra
tion (APA, 2012) establece que la CP es un proceso de circunscrita a cuestiones cotidianas que pueden demandar
resolución de conflictos de carácter no adversarial, que una decisión rápida, dejando al margen aquellas de gran
puede ser ordenado por el juzgado o acordado por los alcance que únicamente podrá tomar el juez (Carter,
propios padres, quienes están separados o divorciados y 2011; Emery, Rowen y Dinescu, 2014). Además, el
sumidos en un continuo conflicto o litigio, que afecta tiempo de intervención del CP debería prefijarse en el
negativamente a la relación con sus hijos. La CP se con- mandato judicial. Al depender de la complejidad del caso
sidera como un modelo de intervención desde el que y del modelo de CP que vaya a aplicarse resulta algo
abordar las cuestiones de coparentalidad que surgen des- difícil de establecer, aunque muchos tribunales la limitan
pués de la separación o divorcio (Boyan y Termini, 2005; a uno o dos años (Carter, 2011).
Fidler, 2012; Henry, Mitcham y Henry, 2013; Henry,
Fieldstone y Bohac, 2009), cuyo principio rector de ac- En relación a las funciones atribuidas al CP, la AFCC
tuación es el mejor interés de los hijos y que cumple con (2006) señala: (a) función de educación (enseña y puede
los principios que definen el paradigma de la Justicia entrenar a los progenitores respecto al desarrollo del
Terapéutica (TJ) (Fariña, Novo, Arce y Vázquez, 2017). menor, el impacto de su comportamiento en los menores,
en habilidades parentales y unificación de pautas educa-
Para orientar la práctica de la CP, las directrices pu- tivas, destrezas de comunicación, resolución de conflic-
blicadas por la AFCC (2006) y la APA (2012) precisan tos, etc.); (b) función de evaluación (tiene en cuenta cual-
aspectos como la designación del CP, sus funciones y quier información relevante del caso como las resolucio-
objetivos, el proceso de intervención, así como la forma- nes judiciales, o de haberse practicado la evaluación
ción que han de poseer estos profesionales. Así, en rela- pericial de custodia; además, revisa la información obte-
ción a la designación se especifica que el CP puede ejer- nida de las entrevistas con los progenitores, los menores
160 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346

o cualquier otra fuente de información colateral, como la La CP como ya se ha señalado, es una figura recono-
familia extensa o el colegio, analiza los impedimentos y cida en Estados Unidos y Canadá (D’Abate, 2016). Fuera
problemas expuestos por las partes); (c) función de ges- de estos países, la CP está menos instaurada, si bien exis-
tión del caso (trabaja y se coordina con otros profesiona- ten iniciativas en Europa y Australia (Kelly, 2014). En
les del ámbito de la salud, educación, servicios sociales o España, aunque no contamos con regulación legal de la
jurídicos que estén implicados con la familia así como CP (Rodríguez-Domínguez y Carbonell, 2014), existe
con la familia extensa, nuevas parejas y otras personas alguna experiencia, puesto que los tribunales que llevan
significativas); (d) función de gestión de conflictos (ayu- asuntos de familia han de realizar el seguimiento de las
da a los progenitores a minimizar el conflicto y a resolver medidas establecidas en las sentencias y resoluciones
los desacuerdos relativos a sus hijos de manera que éstos judiciales, en especial cuando existe una alta conflictivi-
no le causen daño); y (e) función de toma de decisiones dad en las relaciones parentales, y de no cumplirse, se
(cuando los progenitores no son capaces de ponerse de han de adoptar medidas ad hoc (Ortuño, 2013). La prime-
acuerdo sobre cuestiones del día a día, el CP arbitra la ra comunidad autónoma que implantó judicialmente esta
solución). Se trata por tanto de un rol híbrido (Deutsch, práctica fue Cataluña, siendo su principal promotor el
2014) que siempre se lleva a cabo en situaciones comple- magistrado Pascual Ortuño (Avedillo, Carrasco, Guitart y
jas caracterizadas por un alto nivel de conflicto (Carter, Sacasas, 2015), iniciativa que ha sido seguida por otras
2011) y de carácter persistente relacionado con la copa- comunidades autónomas (p.ej., Aragón, Galicia, Madrid,
rentalidad, o con la existencia de un historial de violencia Navarra, Valencia), dando lugar a un aumento del núme-
familiar (D’Abate, 2005, 2016), con exclusión de aque- ro de sentencias que dictan la designación de un CP
llos supuestos de violencia familiar activa o enfermedad (Capdevila, 2016). La situación actual en España es simi-
mental severa (Fariña et al., 2017; Sullivan, 2013). Este lar a la existente en Estado Unidos en los años 90, a lo
contexto requiere que el CP disponga, de manera acredi- que hay que añadir las directrices marcadas desde Europa
tada, de las competencias profesionales necesarias para instando a la igualdad y la promoción del ejercicio equi-
trabajar en el ámbito de la intervención con familias en tativo de la parentalidad y que ambos progenitores han de
conflicto y crisis, así como experiencia en esta área (Ke- asumir, de modo compartido, la responsabilidad sobre
lly, 2014; Kirkland y Sullivan, 2008; Lally y Deutsch, sus hijos (Consejo de Europa, 2015).
2014; Sullivan, 2004). Tanto la AFCC (2006) como la
APA (2012) también han delimitado en sus directrices, Desde este contexto, y teniendo en cuenta la trayecto-
las áreas de formación del CP, las cuales incluyen cono- ria de la CP en España, se plantea este trabajo con dos
cimientos sobre: (a) el impacto de la ruptura de la pareja objetivos. Por una parte, considerando criterios empíri-
tanto en los progenitores como en los hijos, así como de cos, analizar las bases legales en las que se sustenta el
los factores de riesgo y protección que pueden influir en mandato judicial de CP. Por otra, revisar el impacto de
el ajuste de todos los miembros de la familia tras la rup- las directrices internacionales de la AFCC (2006) y la
tura; (b) las dinámicas familiares en procesos de ruptura APA (2012) en las resoluciones judiciales, en cuanto al
(v.gr., negativa de los hijos a acompañar a alguno de los objeto de la intervención, la formación que se requiere,
progenitores, alto nivel de conflicto entre los progenito- las funciones que ha de realizar, y a la designación e
res); (c) las situaciones y problemáticas específicas como implementación de la CP, con el fin de analizar el ajuste
violencia de género o maltrato infantil; (d) la terminolo- de los mandatos judiciales en España a estas directrices.
gía legal y las leyes sobre materia de derecho de familia,
de violencia doméstica y de género y sobre protección de
menores; (e) formación en planes de coordinación de
parentalidad y en procedimientos judiciales específicos
de coordinación de parentalidad; y (f) técnicas y estrate-
gias de mediación familiar.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346 161

Método den acudir (nueve protocolos), (b) no se menciona la


intervención del coordinador de parentalidad en el fallo
Protocolos de la sentencia ni se aportan datos sobre su intervención
en el fundamento o en los antecedentes (15 protocolos),
(c) alguno de los litigantes solicita la intervención del
Los protocolos de resoluciones judiciales se han obte-
coordinador de parentalidad, pero no se aportan más
nido de la base de datos del Centro de Documentación
datos acerca de la misma (cuatro protocolos), (d) se men-
Judicial (CENDOJ) del Consejo General del Poder Judi-
ciona que ya ha intervenido un coordinador de parentali-
cial, la cual proporciona acceso a todas las resoluciones
dad con la familia pero no se aporta nada más (tres pro-
procedentes de tribunales colegiados del territorio nacio-
tocolos), y (e) se eliminan dos autos aclaratorios.
nal. Los términos empleados en la búsqueda fueron
Coordinación de Parentalidad, Coordinador Parental, y
Finalmente, la muestra quedó conformada por 75 re-
Coordinación Parental. Una primera búsqueda general
soluciones judiciales que cronológicamente estaban
proporcionó 672 resoluciones judiciales. Posteriormente,
comprendidas entre julio de 2012 y noviembre de 2017.
se procedió a eliminar 564 que, o bien no se referían a la
En la Tabla 1 se muestran los análisis descriptivos de las
figura del coordinador de parentalidad (un total de 265),
resoluciones, pudiendo constatarse que principalmente
o bien se trataba de protocolos que aparecían duplicados
son sentencias, dictadas por la Audiencia Provincial de
en las diferentes búsquedas (un total de 299), resultando
Barcelona, que provienen de Juzgados de Primera Instan-
108 resoluciones. Se aplicó un segundo filtro que descar-
cia, mayoritariamente en asuntos de divorcio o de modi-
tó 33 resoluciones en base a las siguientes causas: (a)
ficación de medidas.
únicamente se menciona la intervención del coordinador
como una opción entre otras a la que los cónyuges pue-
Tabla 1

Descriptivos de las resoluciones judiciales

Variables Categoría f (%)


Tipo de resolución judicial Sentencias 71(94.6)
Autos 4(5.3)
Procedencia territorial Barcelona 71(94.6)
Palma de Mallorca 1(1.3)
Málaga 1(1.3)
Lleida 1(1.3)
Girona 1(1.3)
Órgano judicial que dicta la resolución Audiencia Provincial 72(96)
Tribunal Superior de Justicia 2(2.7)
Juzgado de 1ª Instancia 1(1.3)
Órgano judicial de procedencia Juzgado de 1ª Instancia 58(77.3)
Juzgado de Violencia sobre la Mujer 15(20.0)
Audiencia Provincial 2(2.7)
Asunto principal Divorcio 26(34.7)
Modificación de medidas 24(32.0)
Guarda y custodia 14(18.7)
Oposición a la ejecución de sentencia 2(2.7)
Visitas con abuelos 3(4.0)
Recurso de casación 2(2.7)
Filiación 1(1.2)
Otros 3(4.0)
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Análisis de los protocolos Evaluación, (c) Gestión del caso, d) Gestión de


conflictos, y (e) Toma de decisiones.
Para la creación del sistema categorial metódico de d. Designación del CP. Este criterio da cuenta de si
análisis de contenido (Sánchez, Sobral y Seijo, 2017), de se produce la designación del CP, del modo en
las sentencias (protocolos), siguiendo para ello las direc- cómo se produce la misma, es decir si el CP es
trices de Arce, Fariña y Fraga (2000). Se partió del sis- ordenado por el juez y si es acordado por los
tema de categorías iniciales de análisis de contenido de propios progenitores; y, si la designación del CP
sentencias judiciales que motivaban la decisión en casos se realiza a determinadas entidades o servicios.
de familia (Arce, Fariña y Seijo, 2005); con categorías de e. Período de intervención de la CP. Se examina si
motivación de la decisión legal y de hecho (Arce, Torto- la resolución judicial establece la duración que
sa, y Alfaro, 2003); y con un procedimiento de búsqueda debe tener la intervención del coordinador.
de nuevas categorías por aproximaciones sucesivas (Fa- f. Comunicación y seguimiento con el órgano judi-
riña, Arce y Novo, 2002). Asimismo, se tomaron las cial. Este criterio describe si el coordinador de-
directrices de la AFCC (2006) y la APA (2012) para la signado para intervenir con la familia debe en-
creación de categorías de contenido sobre cómo estable- viar informes de comunicación y seguimiento al
cen jueces y magistrados la práctica de la CP. Se creó un Juzgado.
manual con las definiciones y ejemplos de cada catego-
ría, entrenándose los codificadores con otro material no Fiabilidad de la Codificación
incluido en el estudio. En concreto, las categorías de
análisis productivas, así como una definición de las mis- El análisis de contenido de las sentencias de la codifi-
mas se relacionan seguidamente: cación se llevó a cabo siguiendo el procedimiento de
otros estudios (Arce et al., 2002). Se procedió al cálculo
1. Motivación legal de las sentencias que contemplan de la fiabilidad intra-codificadores, inter-codificadores e
la CP. Se codifica la fundamentación legal que apa- inter-contextos (otros estudios; Fariña et al., 2005). Co-
rece en los protocolos que incluyen la CP, teniendo mo criterio de consistencia se tomó la concordancia,
en cuenta si se trata de leyes internacionales, nacio- considerándose consistente la codificación si ésta es su-
nales o autonómicas, así como la jurisprudencia. perior a .80 (Tversky, 1977). Adicionalmente, se verificó
2. Motivación de la práctica del coordinador parental. la exacta correspondencia entre las codificaciones, no el
Esta dimensión se compone a su vez de distintos cri- recuento (Arce et al., 2002). De este modo la consistencia
terios: es más restrictiva que el índice Kappa. Cada codificador
a. Objeto de la intervención. Describe las distintas analizó, de modo independiente, todos los protocolos del
funciones atribuidas al CP, concretamente: (a) estudio (se tomaron para el análisis de datos aleatoria-
Normalizar el sistema de custodia y régimen de mente la mitad de cada uno de ellos, pares del codifica-
estancias y comunicaciones; (b) Normalizar o dor 1 e impares del 2) y el 20 % de los protocolos trans-
restablecer o ayudar a mantener la relación de currida una semana de la codificación original. Los resul-
coparentalidad; (c) Mejora de habilidades; (d) tados mostraron índices de concordancia inter- e intra-
Otras (por ejemplo, seguimiento y apoyo, propo- codificadores superiores a .80. En suma, los resultados
ner o concretar el régimen de estancias y comu- son consistentes inter- e intra-codificador, así como con
nicaciones, o cualquier otro objetivo). otros codificadores en otros contextos; esto es, fiables
b. Formación del CP. Hace referencia a la profe- (Wicker, 1975).
sión o formación de origen de los coordinadores
de parentalidad que señala la resolución judicial.
c. Funciones del CP. Hace alusión a las funciones Análisis de datos
del CP que se recogen en la resolución judicial,
pudiendo diferenciarse entre: (a) Educación, (b) Se llevaron a cabo análisis descriptivos de frecuencias
para obtener los datos en relación a la motivación legal
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346 163

del CP. Para estimar la prevalencia de los criterios esta- dad. Como tamaño del efecto se calculó la h de Cohen,
blecidos en relación a la figura del CP y su intervención que es equivalente a la d para el contraste de proporcio-
en cuanto a las dimensiones de formación, funciones, nes (h = 0.20, tamaño pequeño; h = 0.50 tamaño modera-
designación, objeto de la intervención, duración e infor- do; h = 0.80, tamaño grande del efecto).
mes de seguimiento con el juzgado, se realizaron análisis
descriptivos de frecuencias y porcentajes. Como criterio
de evaluación de la prevalencia se tomó el de incidencia Resultados
significativa; esto es, en línea con el criterio de Arce et
al. (2002) para establecer si una continencia es represen- De la motivación legal en las resoluciones ju-
tativa de una determinada condición, se tomó la probabi-
lidad máxima de prevalencia por azar (.05) con valor de
diciales que contemplan la Coordinación de
contraste, de modo que las contingencias con una tasa de Parentalidad
manifestación significativamente superior a 0.5 están
más representadas en las sentencias judiciales de lo espe- Los resultados obtenidos muestran que los jueces y
rado por azar y, por tanto, son características de la condi- magistrados hacen referencia principalmente en las sen-
ción de las sentencias sobre coordinación de parentali- tencias que incluyen la CP, al Código Civil (8 %), a la

Tabla 2

Motivación legal en las resoluciones judiciales que contemplan el coordinador de parentalidad

Fuente de Derecho f(%) Detalles legales


Constitución Española 2 (2.6) 39
Código Civil 6(8.0) 92; 158

Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de 3(4.0) Disposición Adicional 1ª


Protección Jurídica del Menor.
Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento 7(9.3) 241; 335; 341; 748; 749; 750; 751; 752; 753; 754; 755;
Civil. 770; 776
Ley 15/2005, de 8 de julio, en materia de 1(1.3) -
separación y divorcio.
Estatuto de Autonomía de Cataluña. 2(2.6) 17
Ley 25/2010, de 29 de julio, del libro segundo del 32(42.66) 211-6; 233-10; 233-12; 233-13; 233-14; 236-3; 236-4;
Código Civil de Cataluña. 236-6; 236-13;
Disposición Adicional 6ª
Disposición Adicional 7ª
La ley 14/2010, de 27 de mayo, de los derechos y 3(4.0) 12
las oportunidades en la infancia y la adolescencia
Convención sobre los Derechos del Niño 2 (2.6) 3; 9
adoptada por la Asamblea General de las
Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989.
Recomendación Rec (2006)19 del Comité de 2 (2.6) -
Ministros a los Estados Miembros sobre políticas
de apoyo al ejercicio positivo de la parentalidad
Jurisprudencia. Autonómica 3(4.0) STSJC de 16 de junio de 2011.
6(8.0) TSJC, 26 de febrero 2015.
Nacional STC 4/2001, de 15 de enero; 58/2008, de 28 de abril, o
2 (2.6) 185/2012, de 17 de octubre.
3(4.0) STS de 7 de abril de 2011 y de 5 de octubre de 2011.
Europea 2 (2.6) TDH de 26 de mayo 2009.
1(1.3) TEDH de 22 de junio de 2006 (Bianchi contra Suiza), 2
de septiembre de 2010 (Mincheva contra Bulgaria) y 29
de enero de2013 (Lombardo contra Italia).
Nota. f(%): frecuencia(porcentaje).
164 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346

Ley 1/2000 de Enjuiciamiento Civil (9.3 %), y de forma ción del coordinador parental (22.66 %) y la duración de
mayoritaria a la Ley 25/2010, de 29 de julio, del libro la intervención (10.66 %).
segundo del Código Civil de Cataluña (42.66%). Por otra
parte, atendiendo a la jurisprudencia, las resoluciones A su vez, en la Tabla 4, se presenta la productividad
judiciales analizadas (véase Tabla 2) se apoyan en mayor de cada criterio atendiendo a la significación estadística.
medida en la sentencia del TSJC de 26 febrero de 2015 Así, en cuanto al objeto de la intervención del CP, las
(8%); las sentencias del TS de 7 de abril de 2011 y de 5 categorías que resultan significativamente productivas
de octubre de 2011 (6 %); y la sentencia del TSJC de 16 son la normalización o el restablecimiento de la relación
de junio de 2011 (4 %). de los hijos con los progenitores y la mejora o ayuda a
mantener la relación de coparentalidad entre ambos
progenitores. Por otro lado, en relación a las funciones
De la motivación para la orientación de la del CP referidas en las resoluciones judiciales resultan
práctica del coordinador parental productivas todas las funciones: gestión del conflicto,
evaluación, gestión del caso y educativa, con excepción
de la toma decisiones. Por su parte, en cuanto a los crite-
Del total de seis criterios de la práctica del CP (relati-
rios de formación del CP, o bien no se especifica o se
vos a la formación, a las funciones, a la designación, al
establece la formación en mediación familiar.
objeto de la intervención, a la duración y a los informes
de seguimiento al juzgado), los resultados indican (véase
Por último, tal y como se refleja en la Tabla 4, son
Tabla 3) que un 30.66 % de las sentencias analizadas
criterios también productivos la designación del CP en
recogen tres criterios y un 25.34 %, un total de cuatro.
resolución judicial, a su vez, realizada por el tribunal,
Ninguna de las sentencias recoge los seis criterios y tres
centro de mediación, progenitores, o del listado del cole-
de ellas (4 %) no introduce ninguno. El número de crite-
gio oficial de psicólogos. De igual modo, se incluye entre
rios promedio en las sentencias analizadas es de 2.7, con
los criterios con impacto en las sentencias, la no especifi-
un rango de cero a seis. Por otra parte, de los criterios
cación de la duración de la intervención del CP, ni del
establecidos en las directrices internacionales, los resul-
modo de seguimiento del caso con el juzgado, si bien
tados muestran que los relativos al objeto de la interven-
cuando este se concreta, se establece para tres meses o
ción del CP (90.66 %), a sus funciones (60.0 %) y a su
menos, o de cuatro a seis.
designación (57.33 %), son los que están más presentes
en las sentencias analizadas. Con menor impacto, el crite-
rio de seguimiento por el juzgado (30.60 %), la forma-

Tabla 3

Frecuencia y porcentaje de criterios del coordinador de parentalidad en las resoluciones judiciales

Número de criterios f(%)


0 3(4.0)
1 10(13.34)
2 17(22.66)
3 23(30.66)
4 19(25.34)
5 3(4.0)
Total 75(100)
Nota. f(%): frecuencia(porcentaje).
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Tabla 4

Criterios para la motivación de la orientación de la práctica del coordinador de parentalidad

f (p) Z (.05)+ h
Normalizar o restablecer la relación de los hijos con los progenitores
Objeto 24 (.32) 10.8*** 1.18
(n = 75) Mejorar o ayudar a mantener la relación de coparentalidad
30 (.40) 14*** 1.39
Mejora de habilidades de los progenitores
7 (.09) 1.72 0,30
Otros objetivos
6 (.08) 0.39 0.24
Formación Ninguna 57 (.76) 28.4*** 2.35
(n = 75) Mediador familiar 9 (.12) 2.8** 0.47
Psicólogo 5 (.06) 0.68 0.09
Perito especializado en conflicto o coordinación de parentalidad 4 (.05) 0.12 0.00
Funciones Gestión del conflicto 39 (.52) 18.8*** 1.70
(n = 75) Evaluación 26 (.34) 11.84*** 1.23
Gestión del caso 19 (.25) 8.12*** 0.97
Educativa 15 (.20) 6.00*** 0.80
Toma de decisiones 6 (.08) 1.2 0.24
Designación Se designa al CP en la resolución judicial 60 (.80) 26.78*** 2.49
(n = 60) Quien Tribunal 38 (.63) 26.82*** 1.98
(n = 60) Progenitores 16 (.26) 7.75*** 1.00
Fiscal 3 (.05) 0.00 0.00
Otra institución 3 (.05) 0.00 0.00
Centro de Mediación de la Generalitat de Cataluña
A quien se designa 30 (.50) 16.07*** 1.64
(n = 60) Lista de Colegio de Psicólogos de Cataluña 13(.21) 5.92*** 0.84
Inespecífico 6 (.10) 1.78 0.36
Servicios Sociales 6 (.10) 1.78 0.36
Otros 5 (.08) 1.21 0.24
Duración No se especifica 64 (.85) 32.16*** 2.68
(n = 75) Dos o tres meses 6 (.08) 1.2 0.24
De cuatro a seis meses 2 (.02) -0.96 -0.41
El tiempo necesario para asegurar la estabilidad de los menores 3 (.04) -0.4 -0.11
Seguimiento No se establece 52 (.69) 25.72*** 2.15
(n = 75) Tres meses o menos 15 (.20) 6*** 0.80
De cuatro a seis meses 8 (.10) 2.28* 0.36
Nota. f(p): frecuencia (proporción observada); +valor de prueba: .05; h: tamaño del efecto h de Cohen; *p < .05; **p <
.01; ***p < .001.
166 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346

Discusión cuando esta es una de las funciones primordiales del CP


para cuestiones del día a día en relación a la coparentali-
Con carácter previo, hemos de señalar las limitacio- dad (Carter, 2011; Emery et al., 2014). El CP tiene que
nes de este trabajo, en primer lugar, este al centrarse tener autoridad para arbitrar y tomar decisiones cuando
exclusivamente en las resoluciones judiciales, adolece de los progenitores no son capaces de llegar a acuerdos
falta de generalización a toda la tarea judicial (Arce, (Demby, 2016) y la situación requiere una respuesta. Es
Fariña y Seijo, 2005). En segundo lugar, a pesar de que el más, parece demostrado que la autoridad limitada del CP
estudio contó con el total de las sentencias dictadas en reduce la eficacia y la satisfacción de la mayoría de los
España sobre CP, el tamaño de la muestra es reducido, usuarios (Demby, 2016; Mandarino et al., 2016). De esta
debido a que la CP es una figura profesional todavía con manera, cuando no existen normas legales que regulen la
escasa trayectoria y poco conocida en España, estando figura del CP, tal es el caso de España, y se quiera desig-
principalmente instaurada en Cataluña. Teniendo presen- nar judicialmente a un CP con autoridad para tomar deci-
tes estas consideraciones, se puede concluir, en base a los siones, se ha de especificar en el nombramiento que se
resultados alcanzados, que las sentencias en las que se otorga suficiente autoridad (Montiel, 2015), y como, el
incluye la figura del CP cuentan con motivación legal, mismo autor concreta, sin que ello signifique delegar la
dando cumplimiento al art. 24 de la Constitución Españo- función judicial.
la que establece que toda resolución judicial ha de estar
motivada. Para ello, los decisores judiciales se amparan De lo expuesto anteriormente, podemos señalar que,
en normativa legal y jurisprudencia de carácter nacional, aunque los criterios que manejan los decisores judiciales
autonómico y europeo. Además, este estudio permite se corresponden, en lo esencial, con las directrices edita-
describir la práctica del coordinador parental en las reso- das por las dos asociaciones internacionales, sería preciso
luciones judiciales. Así, los jueces y magistrados españo- que los operadores jurídicos, principalmente jueces, fis-
les aplican mayoritariamente algún criterio que se co- cales, letrados de la administración de justicia y aboga-
rresponde con las directrices establecidas internacional- dos pudieran conocer mejor las posibilidades que tiene la
mente por la AFCC (2005) y la APA (2012), con refe- CP, para ayudar a las familias con separaciones conflicti-
rencia a la formación, a las funciones, a la designación, al vas de los progenitores para que puedan ejercer una co-
objeto de la intervención, a la duración y a los informes parentalidad positiva, velando por el interés de sus hijos;
de seguimiento al juzgado, siendo los más utilizados el así como comprender bien el rol del CP. Es sabido que
objeto de la intervención, sus funciones y la designación los beneficios de poner en práctica un servicio de CP
del CP. Para establecer un mandato de intervención de para aquellos progenitores que no son capaces de comu-
CP estos resultan esenciales, pero parecen insuficientes nicarse de manera efectiva si no es a través de una rela-
para enmarcar su aplicación en cada caso concreto, má- ción de litigio continuado, han sido comprobados
xime tratándose de una nueva figura profesional en nues- (Brewster, Beck, Anderson y Benjamin, 2011; Fidler,
tro país (Capdevila, 2016). En este sentido, es de resaltar 2012; Fieldstone et al., 2011; Henry et al., 2009; Kelly,
que el 69 % de las resoluciones judiciales no hacen refe- 2002; Neff y Cooper, 2004; Parks, Tindall y Yingling,
rencia a cómo se ha de establecer el seguimiento judicial 2011). Por eso en Estados Unidos y Canadá, los jueces
de la intervención, ni tampoco se limita el período que recurren cada vez más a la CP para proporcionar a estos
durará la misma en el 85% de ellas, a pesar de que la progenitores la orientación, la educación y las habilida-
duración no debería ser inferior a un año (Fariña et al., des de resolución de problemas necesarias para asumir
2017), así muchos tribunales la limitan a uno o dos años sus responsabilidades parentales (D’Abate, 2016). Y los
(Carter, 2011). También es importante indicar que los CP intentan ofrecer las respuestas más ajustadas a las
decisores judiciales dirigen la labor del CP a la gestión necesidades de las familias, para ello se han desarrollado
del conflicto, a la evaluación, a la gestión del caso y en modalidades diferentes del planteamiento original de la
menor medida a la función educativa, mientras que la práctica de la CP, como por ejemplo el Modelo de dos
toma de decisiones no es un criterio productivo, apare- Coordinadores Parentales (Behrman, 2016). De este mo-
ciendo únicamente en el 8 % de las sentencias analizadas, do, la CP se convierte en un recurso altamente especiali-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 157-170. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.21346 167

zado, enmarcado dentro de los que ofrece el paradigma Association of Family & Conciliation Courts. (2006).
de la Justicia Terapéutica (Fariña et al., 2017), para pro- Guidelines for Parenting Coordination. Family
teger el bienestar de la infancia y la adolescencia, a la vez Court Review, 44, 164-181.
que la de sus progenitores y familiares próximos, y a la https://doi.org/10.1111/j.1744-1617.2006.00074.x
sociedad en general. No se puede obviar que cuanto más
tiempo permanece un caso en el sistema judicial, mayor Avedillo, M., Carrasco, L., Guitart, E. y Sacasas, M.
es el coste no sólo para este, sino también para la familia (2015). La coordinación de parentalidad: Cuando
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ANÁLISIS DE CONTENIDO DE LAS DECLARACIONES DE


TESTIGOS: EVALUACIÓN DE LA VALIDEZ CIENTÍFICA Y
JUDICIAL DE LA HIPÓTESIS Y LA PRUEBA FORENSE

CONTENT ANALYSIS OF THE WITNESS


STATEMENTS: EVALUATION OF THE
SCIENTIFIC AND JUDICIAL VALIDITY OF
THE HYPOTHESIS AND THE FORENSIC
PROOF

RAMÓN ARCE

trado como la más efectiva en la valoración de la credibi-


Resumen lidad. De esta hipótesis se derivó una técnica forense, el
Statement Reality Analysis (SRA), que incluye un listado
La volaración de la credibilidad del testimonio es el ele- de criterios de realidad, el Criteria Based Content
mento central en la gran mayoría de las decisiones judi- Analysis (CBCA). Revisiones meta-analíticas prestan
ciales, especialmente cuando se enfrentan versiones con- apoyo a la capacidad discriminativa entre memorias de
tradictorias de los hechos. La evaluación del testimonio eventos auto-experimentados y no experimentados de las
basada en indicios cognitivos (verbales), específicamente categorías de realidad del CBCA, así como de la puntua-
la basada en la hipótesis Undeutsch que sostiene que la ción total del CBCA, en todo tipo de poblaciones (meno-
memoria de un evento auto-experimentado difiere en res y adultos) y testigos (denunciantes, testigos y denun-
contenido y calidad (definida por criterios de realidad) de ciados), y de memorias (abusos sexuales, violencia de
la memoria de un evento no experimentado, se ha mos- género). Una hipótesis para ser admitida como científica

Correspondencia: Ramón Arce. Facultade de Psicoloxía, Universidade de Santiago de Compostela (España).


Email: [email protected]

ORCID: Ramón Arce (http://orcid.org/0000-0002-5622-3022)

Universidade de Santiago de Compostela, España.

Recibido: 7 julio de 2017.


Aceptado: 28 de septiembre de 2017.
172 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 171-190. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.1.21347

en la Sala de Justicia ha de cumplir los criterios Daubert violence). A hypothesis must fulfil the Daubert standards
que, constatamos, cumple la hipótesis Undeutsch. No for it to be admitted as scientific evidence in a court of
obstante, este soporte de la evidencia científica a la hipó- law, as is the case of the Undeutsch hypothesis.
tesis a través de los criterios de realidad no significa que Notwithstanding, the scientific evidence upholding this
la técnica forense sea válida. Revisada la técnica verifi- hypothesis in terms of reality criteria does not
camos que no cumple los criterios científicos (el CBCA substantiate the validity of this forensic technique. A
no es un sistema metódico, esto es, fiable y válido; y review of this technique revealed it failed to meet
adolece de validez criterial al no incluir criterio de deci- scientific criteria (CBCA is not a methodic system, and is
sión objetivo y estricto) y legales y jurisprudenciales (no neither valid nor reliable; and it lacks criterion validity as
garantiza el cumplimiento del principio constitucional de there is no strict objective decision criterion); and has
presunción de inocencia; la entrevista de obtención de la legal and jurisprudential flaws (no safeguards
declaración puede dar lugar a una prueba carente de vali- guaranteeing the constitutional principle of the
dez jurídica; no evalúa adecuadamente la persistencia en presumption of innocence; witness interviews to obtain
la incriminación). Finalmente, se describe una técnica statements may lack judicial validity; and fail to evaluate
forense, el Sistema de Evaluación Global (SEG), basada appropriately the consistency of the evidence). Finally, a
en análisis de contenido de las declaraciones que solventa forensic technique based on the content analysis of
estas limitaciones del SVA. statements, the Global Evaluation System (GES), is
examined in order to overcome the limitations of SVA.
Palabras clave: Statement Validity Analysis; Criteria
Based Content Aanalysis; Sistema de Evaluación Global; Keywords: Statement Validity Analysis; Criteria
Credibilidad del testimonio; Admisión de la prueba. Based Content Analysis; Global de Evaluation System;
Testimony credibility; Proof admissibility.

Abstract
Introducción
Assessing the credibility of a testimony is a crucial step
in judicial decision-making, primarily when La evaluación de la veracidad del testimonio es la
inconsistencies arise due to conflicting versions of piedra angular sobre la que pivotan las decisiones judi-
events. The evaluation of the veracity of a testimony ciales (Novo y Seijo, 2010), especialmente en los delitos
based on verbal cues, in particular those based on the cometidos en la esfera privada, tales como los delitos
Undeutsch hypothesis that contends that the memory of sexuales y de violencia contra las personas (e.g., violen-
self-experienced real-life events differ in content and cia familiar y de género). Al respecto, Hans y Vidmar
quality (as defined by reality criteria) from the memory (1986) han estimado que esta contingencia afecta apro-
of fabricated or fictitious accounts, is considered to be ximadamente al 85 % de los juicios a nivel mundial. Co-
the most effective tool for assessing credibility. This mo quiera que la carga de la prueba recae en la acusa-
hypothesis has given rise to a forensic technique known ción, corresponde a ésta demostrar la autenticidad de los
as Statement Validity Analysis (SRA) that includes a list hechos denunciados, pudiendo ser suficiente, acorde a la
of reality criteria i.e., Criteria Based Content Analysis jurisprudencia, el testimonio del o la denunciante, al ser
(CBCA). Meta-analytical reviews support the prueba directa y no indiciaria. Del interés que todo de-
discriminatory power of CBCA reality criteria and the nunciante tiene en la condena del acusado, no se des-
CBCA total score in distinguishing between the memory prende directamente que su testimonio sea falso, pudien-
of self-experienced real-life events versus fabricated or do el testimonio del testigo-víctima ser suficiente para
fictitious accounts in all types of populations (children enervar la presunción de inocencia (Sentencia 210/2014
and adults), witnesses (plaintiffs, witnesses, and del TS, Sala de lo Penal, 14 de marzo de 2014). No obs-
defendants), and memories (sexual abuse, gender tante, si concurre o concurriera en el denunciante algún
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móvil tales como resentimiento, enemistad, venganza, dades, vaguedad). En algunos tipos de casos cometidos
enfrentamiento, interés o cualesquiera otros de índole en la esfera privada, especialmente agresiones sexuales y
parecida (principio de incredibilidad subjetiva), éste pri- violencia familiar y de género, con cierta frecuencia,
va al testimonio del denunciante de la aptitud probatoria las/los denunciantes modifican en el tiempo sustancial-
necesaria para otorgar certidumbre, generando en el Juz- mente el relato (e.g., se desdicen, retiran la denuncia, se
gador una duda razonable sobre la veracidad de los he- autoacusan de denuncia falsa, cambian elementos centra-
chos relatados por el denunciante (no enerva el principio les del relato), o no cooperan con la justicia en la presta-
de presunción de inocencia). La deficiencia en este prin- ción del testimonio (e.g., relatos vagos, ambiguos, gene-
cipio de evaluación judicial de la credibilidad del testi- rales, incoherentes, ocultan información, se acogen al
monio, muy frecuente en casos de violencia de género y derecho a no declarar contra un familiar). Bajo esta con-
familiar, no invalida la declaración, puede compensarse tingencia, también, la pericial psicológica de la credibili-
con un reforzamiento de los principios de verosimilitud y dad del testimonio vuelve, de nuevo, a ser central pues,
persistencia en la incriminación. Específicamente, el que obtenido un relato persistente en dos momentos, puede
el testimonio esté apoyado por corroboraciones periféri- justificar la falta de persistencia con otras declaraciones
cas (principio de verosimilitud) que validen el testimonio policiales, judiciales o ante testigos, atribuyendo la falta
del denunciante, suele compensar la debilidad en la cre- de consistencia a la técnica de entrevista o a un daño
dibilidad subjetiva, enervando la presunción de inocen- consecuencia de la victimización. No obstante, esta alta
cia. Dentro de éstas, la prueba psicológica forense sobre tasa de aceptación ha cambiado con el paso del tiempo.
la honestidad del testimonio (para ello, se han usado Así, aunque no sólo está referida a la credibilidad del
indistintamente, en la literatura psicológica, términos testimonio, sino también daño psicológico, Arce (2015)
como verosimilitud, realidad o credibilidad. No obstante, con los datos del Observatorio contra la Violencia Do-
en el contexto judicial no ha de utilizarse el término cre- méstica y de Género del Consejo General del Poder Judi-
dibilidad para la prueba psicológica, pues éste es un con- cial, el Ministerio de Igualdad, y el Ministerio de Sani-
cepto jurídico, no correspondiendo por ello al psicólogo dad, Servicios Sociales e Igualdad de España encontró
informar sobre la credibilidad. Además, la prueba psicó- que la tasa de condena era de ±22 %, siendo la causa
loga no evalúa credibilidad, sino realidad, atributos de fundamentalmente la falta de prueba que otorgara credi-
memoria o criterios de contenido de memoria), limitán- bilidad al testimonio de la denunciante. Dado que las
dose a ser un medio (prueba indiciaria) para atribuir cre- declaraciones de la denunciante y denunciando suelen ser
dibilidad objetiva al testimonio del denunciante. En esta contradictorias, si no se puede afirmar como verdadera la
línea, un análisis de sentencias judiciales en España halló de la denunciante ha de aceptarse la más beneficiosa al
que en el 93.3 % de las periciales psicológicas que dota- acusado (Sentencia 246/2016 de la AP de Las Palmas de
ban de verosimilitud al testimonio de testigos víctimas Gran Canaria, Sala de lo Penal, de 28 de junio de 2016),
(incluye todo tipo de poblaciones y delitos), la sentencia para que la declaración de la denunciante adquiera mayor
era condenatoria, en tanto que cuando no se la conferían, verosimilitud, jueces y tribunales han de recurrir a los
la sentencia fue absolutoria en el 100 % de los casos (No- conocimientos provenientes de la psicología del testimo-
vo y Seijo, 2010). Así pues, el informe de credibilidad nio (Boente, 2011). De acuerdo con la Guía y Manual de
del testimonio es suficiente para enervar el principio de Valoración Integral Forense de la Violencia de Género y
presunción de inocencia ante la alegación o concurrencia Doméstica (Ministerio de Justicia, 2005), practicada
de potenciales móviles (incredibilidad subjetiva) que desde los Institutos de Medicina Legal (corresponde a la
generan en el juzgador incertidumbre sobre la sinceridad acusación demostrar la culpabilidad del investigado y
del testigo. Por último, el relato en el que se sustenta la ésta se vale de los forenses de dichos institutos), se in-
acusación ha de ser persistente (principio de persistencia cluye en el plan de actuación la valoración de la credibi-
en la incriminación), es decir, un relato coherente (i.e., lidad del testimonio de la agredida/denunciante que reali-
conexión entre las partes del evento), sin modificaciones za el psicólogo, siendo la técnica psicológica de referen-
importantes en el tiempo del relato (i.e., desdecirse, con- cia el Statement Validity Analysis (SVA), que define los
tradecirse), y concreto (i.e., sin ambigüedades, generali- pasos a dar en la implementaciñon de la técnica (ver
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Tabla 3), criterios de Validez de la Declaración (ver Ta- tesis, en nuestro caso) o técnica ser contrastada? No sólo
bla 5), y criterios de contenido de la declaración, Criteria es posible, sino que ha sido sometida a prueba tanto en
Based Content Analysis (CBCA) (ver Tabla 4), para estudios experimentales (de laboratorio) como de campo.
estimar la credibilidad del testimonio basado en los crite- Cada uno de estos diseños tiene sus ventajas e inconve-
rios de realidad. nientes. Los estudios experimentales presentan como
ventaja un alto grado de control de las variables a mani-
pular de modo que la fiabilidad de la clasificación de los
Evaluación de cumplimiento de la relatos como reales o fabricados es total, en detrimento
hipótesis Undeutsch de los criterios de la validez externa, especialmente en el campo de la
Daubert investigación en psicología del testimonio. A este respec-
to y en este ámbito, la validez externa de este tipo de
Muchos han sido los procedimientos a los que se ha estudios ha sido etiquetada como validez aparente
acudido históricamente para la corroboración periférica (Konecni y Ebbesen, 1992). Para afrontar esta contingen-
(prueba indiciaria) de la credibilidad del testimonio: co- cia se han perfeccionado los diseños experimentales
rrelatos del comunicador, indicios no verbales y paraver- creando condiciones que se acerquen a la realidad, en lo
bales, indicios psicofisiológicos e indicios cognitivos que se han denominado diseños de alta fidelidad. En todo
(Arce y Fariña, 2013b; Vrij, 2008). De todos ellos, los caso, no dejan de ser aproximaciones distantes de la
indicios cognitivos (verbales) no sólo son los que han realidad porque, por ejemplo, en los abusos sexuales a
arrojado mejores resultados en la clasificación de testi- niños no se pueden recrear, por obvias razones éticas,
monios verídicos, sino que gozan de un alto valor judicial memorias inventadas de niños objeto de tales acciones.
De hecho, en un estudio que comparaba los resultados
probatorio en países como España, Alemania, Holanda,
Suecia o Estados de EE.UU. (Novo y Seijo, 2010; Steller del testimonio de una investigación experimental de alta
y Böhm, 2006). Aunque los indicios cognitivos se sus- fidelidad y un experimento de campo mostraron resulta-
dos diferentes (Fariña, Real y Arce, 1992). Todo esto no
tentan desde más de una explicación teórica, la conocida
como hipótesis Undeutsch es la más manida. Esta sostie- pasó inadvertido para el tribunal que concretó que no era
ne que la memoria de un evento real (auto- suficiente que la teoría fuera contrastada sólo en estudios
de laboratorio, sino también en estudios de campo. Ahora
experimentado) difiere en contenido y calidad (que ha de
ser definida en término de criterios de realidad) de una bien, sirven de preliminares a los de campo y, entre am-
memoria de un evento no experimentado (e.g., inventado, bos, pueden validarse.
fabricado, ficticio, tergiversado, fantasioso) (Undeutsch,
1967, p. 125). En dicha hipótesis descansa la técnica de Por su parte, los estudios de campo tienen como forta-
evaluación forense de la realidad del testimonio, basada leza la validez externa de los diseños y como debilidad la
en criterios de realidad (indicios cognitivos), el SVA, que validez interna, al no tener un control sobre las variables
se ha mostrado como una herramienta potente y muy a manipular, esto es, sobre el criterio de clasificación
eficaz en la discriminación en todo tipo de poblaciones (ground truth) de los eventos reales. La investigación en
(menores y adultos) y testigos (denunciantes, testigos y este contexto ha tomado criterios de clasificación tan
denunciados), y en todo tipo de memorias (abusos sexua- dispares como la sentencia judicial, la confesión del acu-
les, violencia de género,…), entre memorias de hechos sado, evidencia médica o registros poligráficos. La falta
auto-experimentados/vividos y fabricados (Amado, Arce de fiabilidad de estos criterios (mayores en unos que en
y Fariña, 2015; Amado, Arce, Fariña y Vilariño, 2016). otros) es el asunto clave. Sucintamente, de las nueve
amenazas a la validez interna que relaciona Campbell
El Tribunal Supremo de EE.UU. en el caso Daubert (1969) de los estudios de campo, la realmente afectada en
v. Merrell Dow Pharmaceuticals (1993) estableció los este contexto de investigación es la selección de los ca-
criterios que debe cumplir una prueba para ser admitida sos. Si la selección fuera improcedente afectaría a los
como científica en la Sala de Justicia y que se asumen resultados. Pues bien, la selección de los casos fabricados
científicamente como propios: 1) ¿Puede la teoría (hipó- para la comparación con los casos de campo es igual a la
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de los estudios experimentales, por lo que sólo tendría como quiera que la hipótesis fue formulada y no demos-
efectos en los casos reales clasificados por los ground trada por el autor y que los sistemas categoriales se crea-
truth. Además, mientras en los estudios experimentales ron con base en la experiencia de los autores (top-down)
los efectos se han aislado de modo que sólo pueden atri- obtenida de miles de casos, y sin un criterio de decisión
buirse a la manipulación experimental, en los de campo, objetivo y estricto, no la pusieron a prueba, por lo que no
al no manipular el investigador la variable independiente informaron de la tasa de error. Sin embargo, en los meta-
o causal, pueden ser consecuencia de otras causas (hipó- análisis de Amado et al. (2015, 2016) se han calculado
tesis alternativas). Si bien, la existencia de hipótesis al- estadísticamente los márgenes de error, tras un estudio
ternativas a la experimental, si la confirman los resulta- sistemático de la literatura. Éstos se cifran en el 31.5 %
dos, no es suficiente para invalidar ésta (como máxima de falsos negativos en la población de menores y del
derivada de los estudios experimentales, sólo se invalida 36.5 % en adultos. 4) ¿Ha sido sometida la hipóte-
cuando las alternativas son más fiables y plausibles), esta sis/técnica a un proceso de revisión por pares y publicada
potencial fuente de error en el diseño se puede controlar (no es una condición sine qua non)? En más de 800 oca-
con ciertas salvaguardas. Primera, si la hipótesis también siones (tamaños del efecto) (Amado et al., 2015, 2016).
es confirmada por los estudios experimentales gozaría de En consecuencia, los resultados sobre la validez de la
validez convergente. En otras palabras, sería robusta a las hipótesis son, en terminología popperiana (Popper,
fuentes de error asociadas a los diseños de los estudios 1961), un hecho, esto es, son altamente fiables. 5) ¿Es la
experimentales (validez externa) y de los estudios de teoría científica o la técnica aceptada generalmente como
campo (validez interna). Segunda, si la hipótesis se con- válida por la comunidad científica? El tribunal cita como
firma en diferentes contextos (moderadores que podrían un medio la consulta a la comunidad científica sobre el
mediar efectos en la misma), entonces dispondrá de con- método y principios de la hipótesis. Una aceptación am-
sistencia inter-contextos. Tercera, si la hipótesis no es plia le conferiría un valor de prueba admisible ‒no es un
rechazada por los estudios (resultados inconvenientes, prerrequisito absoluto la aceptación general‒, en tanto
esto es, tamaños del efecto promedio negati- que una aceptación baja, debería conducir a tomar la
vos/conbtrarios a la hipótesis), se obtiene validez conver- prueba con escepticismo. No hemos encontrado tal con-
gente. Cuarta, si el factor ground truth no media diferen- sulta ni de esta hipótesis, ni en ninguna otra psicológica.
cias en los resultados, se deduce que hay consistencia Desde una óptica científica, un medio de consulta a la
inter-criterios, validándose unos a otros. 2) ¿Ha sido comunidad es la revisión (sistemática, meta-análisis) de
probada la técnica o hipótesis? No sólo se puede someter la literatura de modo que, si ésta le presta apoyo general
a prueba, sino que ha sido probada en muchos estudios, a la hipótesis, esto quiere decir que la comunidad cientí-
mostrándose válida (i.e., estadísticamente significativa en fica la valida (aceptación general). Los referidos meta-
la discriminación entre memorias de hechos experimen- análisis no sólo le prestan apoyo general, sino que no hay
tados y fabricados) tanto en estudios experimentales ningún resultado meta-analítico que la contradiga (los
(δ = 0.56 y 0.32, en población de menores y adultos, resultados meta-analíticos confirman un valor discrimi-
respectivamente) y como de campo (δ = 2.71 y 0.45; en nativo significativo entre memorias del total de criterios
menores y adultos); en testimonios de denunciantes en de realidad, CBCA, esto es, confirmación general de la
poblaciones de adultos (δ = 0.56) y de menores hipótesis).
(δ = 0.79); testigos presenciales (δ = 0.51) y encausados
(δ = 0.35); y en diversos tipos de delitos (e.g., abuso
Evaluación de la técnica de análisis de
sexual infantil, δ = 0.79; agresión sexual y de género,
δ = 0.87) y contextos (memorias de hechos delictivos y contenido de las declaraciones
no delictivos; memorias de hechos fabricadas, inducidas SVA/CBCA en los criterios científicos,
o sugeridas) (Amado et al., 2015, 2016). Al hallarse apo- y legales y jurisprudenciales
yo en todos estos ámbitos se puede concluir que la hipó-
tesis es robusta, es decir, no varía en las diferentes condi- Ahora bien, Arce (2017) advirtió que el cumplimiento
ciones de estudio. 3) ¿Se conoce la tasa de error? Bien, de la hipótesis de los criterios Daubert no presupone
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directamente que lo haga la técnica derivada de ésta (fa- mo la técnica de referencia. No en vano, resulta de una
lacia ecológica), al tiempo que puso de manifiesto que integración de las anteriores (Arntzen, 1970; Dettenborn,
los criterios relacionados por la Corte Suprema de Froehlich, y Szewczyk, 1984; Szewczyk, 1973; Un-
EE.UU. no satisfacían las demandas que se han de reque- deutsch, 1967). El SVA describe el procedimiento (ver
rir a una prueba forense (técnica), concretando un listado Tabla 3) y criterios de validez de la prueba (ver Tabla 4),
de criterios científicos adicionales (ver Tabla 1) y legales en tanto el CBCA los criterios de realidad (ver Tabla 5).
y jurisprudenciales (ver Tabla 2).

Tabla 1 Tabla 3

Criterios científicos Procedimiento en la aplicación del SVA

El instrumento de medida ha de ser fiable y válido. 1. Estudio del caso.


La técnica subyacente debe ser falseable, refutable y 2. Entrevista semi-estructurada del testigo.
sometible a prueba y replicable. 3. Análisis de contenido de la declaración basado en
- La aplicación de la técnica ha de permitir la revisión criterios, CBCA (ver Tabla 4).
externa. 4. Listado de criterios de validez (ver Tabla 4).
- Se han de poder comprobar los métodos usados en la
aplicación de la técnica.
Se ha de estimar la aplicación de la técnica al caso en
cuestión. Tabla 4
Validez criterial: La técnica ha de incluir un criterio de
decisión objetivo y estricto. Listado de validez del SVA

a) Características psicológicas:
Tabla 2
- (In)adecuación del lenguaje y conocimientos.
- (In)adecuación del afecto.
Criterios legales y jurisprudenciales
- Susceptibilidad a la sugestión.
b) Características de la entrevista:
¿Ha sido aplicada la técnica por un perito titular? - Entrevista coercitiva, sugestiva o dirigida.
¿Garantiza la técnica el cumplimiento del principio de - (In)adecuación global de la entrevista.
presunción de inocencia? c) Motivación:
¿Cumple el método de obtención de la prueba con los - Motivos para la denuncia.
estándares legales y jurisprudenciales? - Contexto en que se produjo la denuncia o
¿Evalúa la técnica la persistencia? revelación original.
¿Puede ser la aplicación de la técnica revisada por otros - Presiones para presentar una denuncia falsa.
peritos? d) Cuestiones de la investigación:
¿Puede ser replicada la prueba por otro perito? - (In)consistencia con las leyes de la naturaleza.
- (In)consistencia con otras declaraciones.
De las técnicas forenses resultantes de la hipótesis, el - (In)consistencia con otras pruebas.
SVA/CBCA (Steller y Köhnken, 1989), se consigna co-
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Tabla 5

Criterios de realidad del CBCA

a) Características generales:
- Estructura lógica (coherencia y consistencia interna).
- Elaboración inestructurada (presentación desorganizada).
- Cantidad de detalles (abundancia de detalles o hechos distintos).
b) Contenidos específicos:
- Engranaje contextual (ubicación de la narración en un espacio y tiempo).
- Descripción de interacciones (cadena de acciones entre el testigo y otros actores).
- Reproducción de conversación (réplica de conversaciones).
- Complicaciones inesperadas durante el incidente (por ejemplo, interrupción imprevista).
c) Peculiaridades del contenido:
- Detalles inusuales (detalles con baja probabilidad de ocurrencia).
- Detalles superfluos (detalles irrelevantes que no contribuyen significativamente a los hechos).
- Incomprensión de detalles relatados con precisión (explicitación de detalles que el menor no comprende, pero
realmente sí tienen sentido).
- Asociaciones externas relacionadas (inclusión de información externa a los hechos en sí pero relacionada con
ellos, tal como en una agresión sexual recordar conversaciones anteriores sobre este tema).
- Relatos del estado mental subjetivo (referencias a sentimientos, emociones o cogniciones propias).
- Atribución del estado mental del autor del delito (referencias al estado mental del agresor y atribución de
motivos).
d) Contenidos referentes a la motivación:
- Correcciones espontáneas (correcciones espontáneas o mejoras de la declaración).
- Admisión de falta de memoria (reconocimiento de lagunas de memoria).
- Plantear dudas sobre el propio testimonio.
- Auto-desaprobación (actitud crítica sobre su propia conducta).
- Perdón al autor del delito (la declaración de la víctima favorece al acusado, o evitación de más acusaciones).
e) Elementos específicos de la agresión:
- Detalles característicos de la ofensa (descripciones que contradicen las creencias habituales sobre el delito).

Conocido que las categorías de contenido pueden dis- consistencia/fiabilidad verdadera ha de estimar la misma
criminar entre memorias de hechos vividos y fabricados, con cualquier otro codificador que aplique la misma
y, lo que es más relevante para la práctica forense, clasi- categoría o sistema); (b) en un momento dado, lo que no
ficar correctamente la memoria de hechos vividos, no garantiza la persistencia de la medida en el tiempo (test-
implica que dichos sistemas sean metódicos, es decir, retest); y (c) una medida directa (recuento de las contin-
fiables y válidos (Weick, 1977). La fiabilidad de las ca- gencias de cada categoría por cada codificador; clasifica-
tegorías (y, por extensión, de los sistemas como el global ción de la categoría como presente o ausente; o grado de
de todas las categorías; véase Amado et al., 2015, para el presencia) de las categorías de contenido (registro) tam-
cómputo de la fiabilidad del sistema) se ha medido a poco garantiza tal (esto es, una categoría codificada co-
través del acuerdo entre codificadores (la concordancia mo presente por los evaluadores no quiere decir que
no es fiabilidad) o la correlación (fiabilidad) entre codifi- realmente sean consistentes. De hecho, si se refieren a
caciones en la codificación de las categorías de análisis. contingencias diferentes en la codificación de la catego-
En todo caso, estas medidas no son de la fiabilidad del ría, serían errores de codificación y no aciertos. A este
sistema categorial, sino de la medida, es decir, del acuer- tipo de error lo denominamos error sistemático de eva-
do o consistencia en la codificación entre codificadores. luación de la codificación y, para afrontarlo, creamos un
Además, estas medidas del acuerdo/consistencia inter- procedimiento de control de esta fuente de error, consis-
codificadores están sujetas a muchas fuentes de error: (a) tente en la verificación de la correspondencia entre las
porque suele ser entre dos codificadores lo que no garan- codificaciones; Fariña, Arce y Novo, 2002). Como no se
tiza la consistencia o acuerdo con otros codificadores (la ha estimado la fiabilidad del sistema, tampoco la validez
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del mismo (CBCA) en sí, dado que fiabilidad y validez Asimismo, el SVA nada dice de si la prueba sería repli-
se relacionan. En otras palabras, la validez discriminante cable, pero ciertamente lo es. Las entrevistas narrativas
de las categorías valida la hipótesis, pero no así el ins- en recuerdo libre pueden obtenerse en series repetidas sin
trumento (sistema categorial). Adicionalmente, el sistema que contaminen el contenido de la declaración (Memon,
categorial, CBCA, incumple otros parámetros para que el Wark, Bull y Köhnken, 1997). Tampoco incluye la téc-
instrumento sea válido (Bardin, 1996): las categorías de nica una estimación de la aplicación de la misma al caso.
análisis no son mutuamente excluyentes (Horowitz et al., En otras palabras, el SVA no contiene herramienta para
1997; Roma, San Martini, Sabatello, Tatarelli y Ferracu- conocer si el perito ha aplicado correctamente la técnica
ti, 2011), lo que conlleva a duplicidad de medidas; esto al caso en cuestión (fiabilidad de la medida en diseños de
es, que se registren categorías de modo duplicado, tal que N = 1). El último de los criterios científicos, la validez
da entrada a un error de sobre-estimación de la realidad; criterial, tampoco la cumple el SVA de un modo satisfac-
homogeneidad (esto es, consistencia interna del sistema torio; de facto, no concreta un criterio de decisión objeti-
que es desconocida); exhaustividad (las categorías de vo y estricto como se le requiere a una prueba forense.
realidad del CBA no son exhaustivas pudiendo añadirse Las propuestas de criterio de decisión han sido varias,
más de modo que la eficacia del sistema está mermada; pero ninguna un criterio objetivo y estricto. Así, Steller y
Steller y Köhnken, 1989; Amado et al., 2016; Arce y Köhnken (1989) calificaron el criterio de decisión de
Fariña, 2009); fidelidad (el SVA no contiene una herra- semi-estandarizado, en tanto Undeutsch (1989) de semi-
mienta para el control de la fidelidad de la aplicación de objetivo. Las propuestas, todas ellas cualitativas, han ido
la técnica en la práctica forense); objetividad (las catego- desde la mención a reglas de evaluación (intensidad de
rías no se han definido con precisión dando lugar a inter- manifestación del criterio, número de manifestaciones
pretaciones y codificaciones diversas, no se ha identifi- del criterio, capacidad para declarar del testigo y caracte-
cado la unidad de análisis, ni la medida de cada catego- rísticas del evento; Undeutsch, 1989); a una escala de 5
ría); pertinencia (las categorías de contenido del CBCA puntos (creíble, probablemente creíble, indeterminado,
fueron construidas para memorias de niños ‒el concepto probablemente no creíble, increíble; Steller, 1989); a
niños aquí no es tal pues abarcaba legalmente, cuando se estimaciones clínico-intuitivas (Steller y Köhnken,
formuló la hipótesis (Undeutsch, 1989), hasta los 21 años 1989); hasta un juicio clínico (Köhnken, 2004). En suma,
y la aplicación de la técnica se ha generalizado hasta los el SVA no cumple con la demanda de objetividad en la
18 por lo que realmente no se trata de niños‒ y abusos conclusión que se requiere a una técnica forense.
sexuales, encontrándose que eran pertinentes, pero no
generalizables (Amado et al., 2016); y la hipótesis es En lo relativo a los criterios legales y jurisprudencia-
para todo tipo de casos, en tanto el engaño interactúa con les, la Ley de Enjuiciamiento Criminal española discierne
el contexto; Volbert y Steller, 2014); y productividad entre peritos titulares, aquellos que tienen título oficial
(parámetro que cumple, dado que todos los criterios de de una ciencia que esté reglamentado por la administra-
realidad del CBCA resultaron productivos y significati- ción y peritos no titulares, sin dicho título (Art. 457),
vos en la discriminación entre memorias de eventos vivi- debiendo valerse el juez, jueza o tribunal con preferencia
dos y fabricados). En el SVA no se concreta un procedi- de los primeros (Art. 458). En el contexto de capacita-
miento que facilite la revisión externa y los métodos ción profesional actual, serían peritos titulares aquellos
usados (e.g., si la entrevista ha introducido preguntas con un título de Máster Oficial que contenga en las com-
engañosas o sugestivas), pero se podría aplicar sin mayor petencias profesionales las de perito en esta materia. En
problema. Bastaría con introducir la salvaguarda de que la formulación original del CBCA, Steller y Köhnken
las entrevistas y codificación han de quedar registradas (1989), además de a psicólogos, atribuyen dicha compe-
para que pueda contrastarse si la técnica y el método tencia a policías, trabajadores sociales y otros profesiona-
(e.g., los registros de las categorías; entrevista) han sido les del entorno judicial entrenados en la técnica. Bien,
aplicados correctamente (en la práctica forense, por las este requerimiento legal puede (y ha de) corregirse en la
demandas judiciales, ya se ha convertido en norma el dirección de cumplir con adjudicar la aplicación de la
registro y almacenamiento en vídeo de las entrevistas). técnica a peritos titulares.
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Dado que las técnicas de análisis de contenido de la nación entre declaraciones de hechos vividos y fabrica-
declaración basadas en criterios se aplican como prueba das, y la aparición de criterios de contenido (Sooniste,
de cargo, la conclusión ha de adherirse al principio cons- Granhag, Strömwall y Vrij, 2015; Vrij, 2005). La entre-
titucional de presunción de inocencia (art. 24.2º CE) que vista recogida en el SVA es de tipo narrativo seguida de
se concreta en la máxima “es esencial que los inocentes interrogatorio en el que, advierte, se han de evitar pre-
estén en todo caso protegidos frente a condenas infunda- guntas coercitivas, sugestivas o dirigidas, al tiempo que
das, mientras que es suficiente que los culpables sean ha de ser adecuada (e.g., resaltar al entrevistado que pue-
generalmente castigados” (Sentencia 213/2002 del TS, de responder “no sé”, “no me acuerdo”). El protocolo de
Sala de lo Penal, 14 de febrero de 2002). En consecuen- entrevista de referencia del SVA es la Entrevista Paso a
cia, la prueba forense indiciaria de análisis de contenido Paso (Step-wise interview) (Yuille Hunter, Joffe y Za-
del testimonio no ha de incurrir en clasificar un testimo- parniuk, 1993) en la que, tras requerir al testigo la narra-
nio no real como real, ya que dimanaría en la condena de ción en recuerdo libre, sigue un interrogatorio con pre-
un inocente. A este respecto, el SVA no contiene herra- guntas generales (se pide al testigo que describa todo lo
mienta o criterio de decisión que controle la incorrecta que recuerde sin obviar ningún detalle, se usan scripts);
clasificación de un evento fabricado como real, y, en preguntas específicas (tienen como objeto aclarar infor-
consecuencia, no han calculado dicho error. Los cálculos mación; si las preguntas implican una elección, ésta ha de
de las probabilidades de falsos positivos (clasificación de ser de más de dos alternativas), y uso de ayudas a la en-
casos fabricados como verdaderos) con la puntuación trevista (muñecos, dibujos u otros instrumentos, tras
total del CBCA derivados de los meta-análisis de Amado terminar todos los pasos anteriores, para clarificar alguna
et al. (2015, 2016) son como promedio de .315 para me- información). En la fase de interrogatorio es probable
nores y .365 para adultos. Es decir, el SVA no garantiza que se contamine la prueba, no resultando ni la concien-
el cumplimiento del principio constitucional de presun- ciación, ni el entrenamiento de los entrevistadores sufi-
ción de inocencia. cientes para el control de esta fuente de contaminación
(Pearse y Gudjonsson, 1996; Walsh y Milne, 2008). Co-
La prueba, además, ha de ser obtenida lícitamente mo asume la propia técnica de entrevista, los interrogato-
(constitucionalmente; art. 24 de la CE) y de modo que rios están condicionados por scripts que implican una
tenga validez jurídica. Por ello, no se puede practicar secuencia de los hechos que el entrevistador asume e
sobre el encausado como prueba de cargo, ya que éste impone en el relato. Pero la cuestión trasciende a la po-
está protegido por el derecho a no declarar contra sí tencial contaminación de la prueba con el interrogatorio,
mismo, a estar asistido por un letrado en la declaración y al superar la tarea forense. La tarea forense no es de in-
a no confesarse culpables (decir verdad); esto es, la prue- vestigación (fact finder), que corresponde a policías,
ba de ser constitucionalmente obtenida. Adicionalmente jueces y tribunales, sino de validación, en su caso, la
y por analogía con las pruebas biológicas, la prueba de memoria del testigo, como propia de hechos vividos
análisis de contenido del testimonio ha de obtenerse de (prueba indiciaria). No en vano, el procedimiento no
modo que no esté contaminada. La fuente de contamina- valida un hecho o detalle concreto del relato, sino el con-
ción en ésta dimana de la entrevista, tal que si el entrevis- junto de lo narrado. La técnica forense basada en el aná-
tador contaminara la prueba ésta no tendría validez jurí- lisis de contenido de la declaración no tiene por objeto ni
dica. Las entrevistas en el ámbito judicial se clasifican en la investigación del caso, que corresponde a policías y
interrogativas y narrativas, no siendo válidas para la operadores jurídicos, ni la exactitud, sino establecer la
práctica forense las entrevistas puramente interrogativas honestidad del testigo. De hecho, entre un 10 y un 20 %
dado que contaminan la prueba (e.g., sugestión, coacción, de la información honesta del testigo no es exacta
inducción) y no propician la manifestación de criterios de (Köknken, Milne, Memon y Bull, 1999; Memon et al.,
contenido. Por su parte, las narrativas dan lugar a una 1997; Memon, Meissner y Fraser, 2010). La fase inte-
memoria amplia del evento, necesaria para la práctica de rrogativa es de investigación, aporta poca información
la prueba que, asimismo, facilita la recuperación de ma- (ceñida únicamente a la respuesta a la pregunta), no faci-
yor cantidad de información sobre el evento, la discrimi- lita la manifestación de criterios de contenido de memo-
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rias de hechos vividos, al tiempo que es probable que categorías; Sporer 1997, 2004) apoyan, en general, la
contamine la prueba. Por tanto, debería obviarse en la efectividad de las categorías de contenido emanadas de
técnica forense por falta de utilidad y riesgo de contami- este modelo (Masip, Sporer, Garrido, y Herrero, 2005;
nación. No obstante, la entrevista también se puede con- Vrij, 2008). No obstante, sólo algunos criterios discrimi-
taminar con indicadores no verbales y paraverbales, que naron entre verdad y mentira; la puntuación total tampo-
no implican un interrogatorio, por parte del entrevistador co discernía sistemáticamente entre verdad y mentira;
(e.g., aprobación, desaprobación, interrupción). algunas categorías son escasamente útiles para esta tarea
(e.g., información espacial); e incluso se han obtenido
Un criterio jurisprudencial de evaluación de la credi- resultados contrarios a la predicción del modelo (e.g.,
bilidad del testimonio es la persistencia en la incrimina- operaciones cognitivas asociadas a memorias de origen
ción (Sentencia 7070/1988 del TS, Sala de lo Penal, de externo) (Masip et al., 2005; Vrij, 2008).
28 de septiembre de 1988). Este criterio supone que se
han de tomar medidas repetidas del testimonio. El SVA Tabla 6
no prevé la obtención de más de una declaración, por lo
Criterios ampliados del RM de Sporer (1997, 2004)
que toman las declaraciones obrantes en el procedimiento
como medio de contraste de la obtenida como prueba Claridad (claridad, viveza en vez de vaguedad).
forense. La persistencia se mide en el SVA a través de la Información sensorial (tal como sonidos, gustos o detalles
(in)consistencia con las leyes naturales; (in)consistencia visuales).
con otras declaraciones; e (in)consistencia con otras Información espacial (lugares, ubicaciones).
pruebas. Ahora bien, las declaraciones en condiciones de Información temporal (ubicación del evento en el tiempo,
investigación no son comparables en contenido a las descripción de secuencias de eventos).
Afecto (expresión de emociones y sentimientos sentidos
forenses (Köhnken et al., 1999; Memon et al., 1997, durante el evento).
2010), ni siquiera las pruebas preconstituidas, que no son Reconstrucción de la historia (plausibilidad de
más que interrogatorios judiciales hechos por peritos y reconstrucción del evento tras la información dada).
que están afectados por los mismos condicionantes revi- Realismo (plausibilidad, realismo y sentido de la historia).
sados. Operaciones cognitivas (descripciones de inferencias
hechas por otros durante el evento).
Por su parte, los criterios jurisprudenciales y legales
de revisión y réplica de la prueba ya fueron discutidos
como criterios científicos. Construcción, propiedades psicomé-
tricas y criterios del Sistema de Eva-
Además de los criterios de realidad derivados de la
hipótesis Undeutsch, los atributos de memoria proceden- luación Global para la clasificación de
tes del modelo del Reality Monitoring (RM) (Johnson y memorias de hechos vividos
Raye, 1981), también se han estudiado para la discrimi-
nación entre memorias de origen externo (i.e., perceptua- Sobre la base de que ambos sistemas categoriales
les, hechos vividos) y memorias de origen interno (esto pueden complementarse (Sporer, 2004; Vrij, 2000, 2008)
es, imaginadas, fabricadas). Sucintamente, el modelo y que hay más categorías que las informadas en ambos
asume que los eventos percibidos contienen, por estar modelos (Steller y Köhnken, 1989; Amado et al., 2016;
activada la memoria sensorial, más atributos sensoriales Arce y Fariña, 2009), nos planteamos (e. g., Arce y Fari-
(e.g., información visual, auditiva), semánticos (e.g., ña, 2013a, 2014) construir un sistema categorial partien-
tamaño, color) y contextuales (e.g., espacio, tiempo). Por do del CBCA, que contuviera categorías de realidad,
el contrario, en las memorias externas predice una mayor atributos de memoria y otras surgidas de análisis de ca-
presencia de operaciones cognitivas (e.g., pensamientos, sos, que fuera metódico (i.e., fiable y válido) y del que
razonamientos e inferencias hechas por otros). Los resul- resultara una técnica forense que cumpliera con los es-
tados de la investigación (ver en Tabla 6 el listado de tándares Daubert, científicos y legales y jurisprudenciales
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anteriormente revisados. De acuerdo con las directrices dada la imprecisión y diferentes acepciones e interpreta-
de Bardin (1996) para construir un sistema categorial ciones a que daban lugar, fueron ajustadas con material
fiable y válido (i.e., exclusión mutua, homogeneidad, de declaraciones procedentes de casos judiciales y fabri-
objetividad, adecuación o pertinencia, exhaustividad, cadas (objetividad). En concreto, se cotejaba, cuando
fidelidad y productividad), en primer lugar, construimos había definiciones o interpretaciones diferentes, cuál (o la
un manual con las definiciones de cada categoría, la uni- suma de ellas) era la que mejor discriminaba entre me-
dad de análisis de cada categoría y ejemplos de cada una morias (productividad). El conjunto de categorías resul-
de ellas (objetividad). Las definiciones de las categorías, tante fue sometido a un análisis para el control de dupli-
Tabla 7

Categorías del sistema general (todo tipo de casos) de análisis de contenido de las declaraciones del SEG

CARACTERÍSTICAS GENERALES. Los criterios aquí englobados se refieren a la declaración tomada en su totalidad.
1.- Estructura lógica (incluye la reconstrucción de la historia y el realismo del RM, esto es, plausibilidad de reconstrucción
del evento, realismo y sentido de la historia).
2.- Elaboración inestructurada.*
3.- Cantidad de detalles.*
4.- Concreción (SRA, concreción frente a estereotipos, incluye claridad del RM, esto es, viveza en vez de vaguedad).*
CONTENIDOS ESPECÍFICOS. Se evalúan partes específicas del testimonio referidas a la presencia o fuerza de ciertos
tipos de descripciones.
5.- Engranaje contextual (incluye los criterios información espacial e información temporal del RM).
6.- Descripción de interacciones.
7.- Reproducción de conversaciones.*
8.- Complicaciones inesperadas durante el incidente
9.- Información perceptual (RM, esto es, información sensorial tal como sonidos, gustos o detalles visuales).
10.- Operaciones cognitivas (RM, codificación inversa).
PECULIARIDADES DEL CONTENIDO. Se incluyen aquí aquellas características de una declaración que aumentan su
concreción o viveza.
11.- Detalles inusuales.*
12.- Detalles superfluos.*
13.- Incomprensión de detalles relatados con precisión.
14.- Originalidad de las expresiones (SRA).*
15.- Asociaciones externas relacionadas (se añade la información no relacionada directamente con los hechos, pero sí
con el nodo de memoria recuperado).*
16.- Relatos del estado mental subjetivo (incluye el criterio afecto del RM).
17.- Atribución del estado mental del autor del delito.
CONTENIDOS REFERENTES A LA MOTIVACIÓN. Estos criterios desvelan la motivación del testigo para hacer la
declaración.
18.- Correcciones espontáneas (se añade especificaciones y complementaciones de la información del SRA).*
19.- Admisión de falta de memoria.
20.- Plantear dudas sobre el propio testimonio.*
21.- Auto-desaprobación.
22.- Perdón al autor del delito.
ELEMENTOS ESPECÍFICOS DE LA AGRESIÓN. Elementos del testimonio que no se relacionan con la viveza general
de la declaración, sino con el delito.
23.- Detalles característicos de la agresión (un ejemplo en casos de violencia de género sería que no es consciente de
determinados tipos de agresiones, tal como las sexuales, pero describe relaciones sin consentimiento).
DAÑO PSICOLÓGICO DERIVADO DE LA ACCIÓN OBJETO DE JUICIO.
24.- Síntomas clínicos sutiles que forman parte de la huella psicológica (ver la relación de síntomas sutiles en Arce,
Fariña, Carballal, y Novo, 2006, 2009).*
Nota. Las categorías del sistema han discriminado significativamente entre memorias de hechos vividos y fabricados
(modelo productivo). **Criterios que discriminaron significativamente entre memorias de hechos vividos y fabricados con
un tamaño del efecto moderado o grande (modelo robusto). RM = Criterios Ampliados del Reality Monitoring (Sporer,
1997); SRA = Statement Reality Analysis (Undeutsch, 1967, 1989). El modelo robusto reduce significativamente el
número de falsos negativos en relación al modelo productivo. Se han encontrado categorías de análisis específicas de
casuísticas concretas, tal como violencia de género, que se añaden a estas que no están afectadas por el contexto.
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cidad de medidas (exclusión mutua) por medio de la y técnicas de ayuda de recuperación de memoria (sin
técnica thurstone. La decisión acerca de definirlas de interrogatorios). La evaluación de la persistencia, validez
forma excluyente o crear una categoría que englobara de la prueba, se obtiene si cumple los siguientes cinco
más de una categoría se tomó en función de estudio de la criterios tomados de análisis de sentencias judiciales
validez incrementada de clasificación con declaraciones (Arce, Seijo y Novo, 2010): consistencia interna (¿tiene
de casos judiciales y fabricados. Se buscaron por medio contradicciones internas en el relato?); consistencia ex-
de un procedimiento por aproximaciones sucesivas (ver terna (¿es consistente con otras pruebas robustas o incon-
procedimiento en Fariña et al., 2002) en memorias de trovertibles?); consistente con la anterior(es) (¿hay con-
casos reales (ground thruth, sentencia judicial que clasifi- sistencia en la información central inter-declaraciones?);
caba la declaración como verdadera no basada en una persistencia (¿son estables las declaraciones en el tiempo
prueba de análisis de contenido de las declaraciones; en los contextos?); y consistencia con las leyes científicas
memorias autobiográficas con imágenes de hechos no y de la naturaleza (¿contiene el relato hechos incompati-
judicializados) nuevas categorías de contenido, hallándo- bles con las leyes científicas o de la naturaleza?). Si la
se categorías para todo tipo de casos y otras, específicas prueba incumple alguno de estos criterios de validez de
de casos (exhaustividad y pertinencia). Una vez identifi- la misma, no se realiza un análisis de contenido por ser la
cadas, fueron sometidas al procedimiento anteriormente prueba inválida. Además, se le requiere que tenga la
descrito, en el que se determinó si realmente era una suficiente amplitud para ser objeto del análisis de conte-
nueva categoría y productiva, o formaba parte de una nido, prueba suficiente (¿Supera la capacidad de memo-
existente. ria del testigo? ¿Contiene toda la información necesaria
del evento?).
El sistema categorial resultante (ver Tabla 7) se mos-
tró consistente internamente (homogeneidad), α = .789 y
.856 (Arce, Fariña, Novo, y Vilariño, 2013; Vilariño,
Líneas futuras de investigación
Novo, y Seijo, 2011). Además, las categorías discrimina-
ron (validez discriminante) significativamente entre me-
morias de hechos vividos y fabricados (Arce et al., 2013; Sobre la base de que las categorías de contenido dis-
Arce, Fariña, y Vivero, 2007; Vilariño, 2010; Vilariño et ciernen entre las memorias de hechos vividos o auto-
al., 2011). Se definió empíricamente (objetivo) un crite- experimentados y fabricados; que se pueden construir
rio de decisión estricto (validez criterial con falsos posi- sistemas categoriales metódicos; que puede haber más
tivos = 0; principio de presunción de inocencia); se creó categorías, especialmente propias de contextos de victi-
un sistema control de la correcta ejecución (fidelidad) de mización específicos i.e., acoso escolar, violencia de
la medida en diseños de N = 1 (consistencia inter- e intra- género, acoso laboral, agresiones sexuales a adultos (ex-
evaluador, e inter-contextos) y se subsanaron los déficits haustividad), la investigación ha de dirigirse a la detec-
ción y estudio de nuevas categorías de contenido en esos
del SVA. En concreto, la técnica forense, Sistema de
Evaluación Global, exige que sea practicada por un peri- contextos. El método más eficaz y productivo, definido
to titular entrenado en la misma; que se graben y guarden previamente, es el de aproximaciones sucesivas tomando
las declaraciones (revisión externa de los métodos usados como material declaraciones procedentes de casos judi-
y validez jurídica de la prueba); que se registren y guar- ciales y fabricadas, y aplicando a las categorías identifi-
den las codificaciones de las declaraciones (revisión cadas las técnicas descritas para cumplir con las directri-
externa de los registrados de los criterios y de la fiabili- ces de Bardin para crear un sistema categorial metódico.
Asimismo, el criterio de decisión estricto (que garantice
dad de éstos); que las codificaciones sean realizadas por
dos peritos por separado (evaluación de la fiabilidad de la que los falsos positivos sean 0) ha de ser revisado conti-
medida); que se recaben dos declaraciones (evaluación nuamente pues la mentira se aprende (importancia de no
enseñar las claves de la técnica para minimizar el apren-
de la persistencia); y que las declaraciones se obtengan
por medio de la entrevista cognitiva ‒control de contami- dizaje de la misma), en tanto la honestidad se mantiene
nación de la prueba con el interrogatorio‒: recuerdo libre constante.
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CONTENT ANALYSIS OF THE WITNESS


STATEMENTS: EVALUATION OF THE
SCIENTIFIC AND JUDICIAL VALIDITY OF
THE HYPOTHESIS AND THE FORENSIC
PROOF

RAMÓN ARCE

ing a theory only on the findings of experimental studies


EXTENDED SUMMARY was insufficient, and it should be further substantiated by
field studies. Both of the study designs have advantages
Introduction and shortcomings. The advantage of experimental studies
is the high degree of control over the independent varia-
ble (causal) manipulated by the researcher, meaning the
The evaluation of the veracity of a testimony is the
cornerstone on which most judicial decisions rest on reliability of the classification of real or fabricated ac-
counts is total at the cost of external validity, particularly
(Novo & Seijo, 2010), particularly in cases of crimes
in the field of research on the psychology of testimonies.
committed in the private and domestic sphere such as
sexual and violent crimes (e.g., family and gender Thus, a study comparing testimonies in a high fidelity
violence), which are characterised by contradictory experimental study and a field study found inconsistent
versions of events. This contingency has been estimated results (Fariña, Real, & Arce, 1992). The strength of field
to affect approximately 85 % of trials worldwide (Hans studies lies in the external validity of the designs, but
& Vidmar, 1986). In order for one version to prevail over their weakness is internal validity as they lack control
the other or to confer credibility to a victim’s-plaintiff’s over the manipulated variables i.e., the classification
testimony where circumstances may concur to undermine criterion (ground truth) of real events. 2) Has the hypoth-
the credibility of a testimony (e.g., resentment, hostility, esis/technique been tested? It has been widely tested and
financial gain, conflicts of interest), it must be ratified validated by numerous studies (i.e., it is statistically sig-
and substantiated by admissible evidence. nificant in discriminating between memories of real-life
events and fabricated accounts), both in experimental
studies (δ = 0.56 and 0.32, in populations of children and
Evaluation of the Undeutsch adults, respectively), and field studies (δ = 2.71 and 0.45;
hypothesis under the Daubert standard in children and adults, respectively); in plaintiff testimo-
nies in populations of children (δ = 0.79), and adults
In the case of Daubert v. Merrell Dow Pharmaceuti- (δ = 0.56); in eyewitnesses (δ = 0.51) and defendants
cals (1993), the US Supreme Court established the crite- (δ = 0.35); in an array of crimes (e.g., child sex abuse,
ria for the admission of expert testimony as scientific δ = 0.79; sexual assault and gender violence, δ = 0.87);
evidence in a court of law, which has also been tested in and in several contexts (memories of criminal and non-
scientific research: 1) Is the scientific hypothe- criminal events; memories of fabricated events, induced
sis/technique testable? Not only is it possible to test it, it or suggested accounts) (Amado et al., 2015, 2016). The
has already been tested in both experimental (laboratory) validity of the hypothesis in both field and experimental
studies, and field studies. As for the validation of a theo- studies underscores its robust study design (convergent
ry (hypothesis), the US Supreme Court ruled that validat- validity). In other words, it is robust to sources of error
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linked to the design of experimental studies (external Evaluation of the content analysis
validity), and field studies (internal validity). Moreover, technique of SVA/CBCA statements in
it is equally valid in different contexts (i.e., types of
crimes), and exhibits inter-context consistency. In addi- scientific, legal, and jurisprudential
tion, the hypothesis has not been rejected by inconven- criteria
ient results i.e., negative or adverse to the hypothesis
mean effect sizes. Likewise, the ground truth factor does Compliance of the hypothesis with the Daubert stand-
not mediate effects in results acquiring consistency ard does not intrinsically imply that the same is applica-
among ground truth standards. Thus, the hypothesis has ble to the technique derived from it (ecological phalacy),
not only been tested and substantiated, it has also been nor do the criteria stipulated by the US Supreme Court
validated and is powerful (moderate, large and more than satisfy the mandatory requirements for forensic evidence
large effect sizes in different settings). 3) Is there a (technique); thus, the need for additional scientific (see
known error rate? Given that the hypothesis was formu- Table 1), legal, and jurisprudential criteria as shown in
lated but not corroborated by the author, that the catego- Table 2 (Arce, 2017). Of the forensic techniques derived
rial systems were created on the basis of the authors’ from the Undeutsch hypothesis, SVA/CBCA (Steller &
experiences (top-down) derived from thousands of cases Köhnken, 1989), is the reference of choice, and is a
without a strict and objective decision criterion, and that product of combining previous techniques (Arntzen,
it was not tested, would explain why the error rate was 1970; Dettenborn, Froehlich, and Szewczyk, 1984;
not published. Nevertheless, the meta-analysis of Amado Szewczyk, 1973; Undeutsch, 1967). SVA describes the
et al. (2015, 2016) calculated the statistical margin of technical procedure (see Table 3) and provides a validity
error following a systematic analysis of the literature to checklist (see Table 5), whereas CBCA outlines the reali-
be around 31.5% of false negatives in the population of ty criteria (see Table 4). As for the scientific criteria ap-
children and 36.5% in adults. 4) Has the hypothe- plied to the forensic technique, the categorical system of
sis/technique been subjected to peer review and publica- reality criteria, CBCA is not methodic i.e., it is neither
tion (it is not a prerequisite ‘sine qua non’)? On more reliable nor valid as it has no means for estimating the
than 800 occasions (effect size) (Amado et al., 2015, correct application of the technique to a specific case;
2016). 5) Is the hypothesis upon which the technique and there is no strict and objective decision criterion,
rests on generally accepted as appropriate by the scien- making the decision semi-objetive or semi-standardized.
tific community? The US Supreme Court resorts to the In relation to legal and jurisprudential criteria, the tech-
scientific community to attest the method and principles nique does not safeguard the constitutional principle of
of the hypothesis. To our knowledge, there has been no the presumption of innocence (translated into the juris-
surveys regarding this or any other psychological hy- prudential maxim that a person is considered innocent
pothesis. From a scientific point of view, the means for unless proven guilty, that is, guilt must be proved beyond
consulting the scientific community involves a systemat- reasonable doubt, or otherwise the accused must be ac-
ic, meta-analytical review of the literature to determine quitted); the technique does not meet legal and jurispru-
broad support for the hypothesis i.e., validation by the dential standards for taking statement given that the
scientific community (general acceptance). The meta- semi-structured interview includes an interrogation that
analysis of Amado et al. (2015, 2016) not only reveals can contaminate the evidence; without evaluating the
general acceptance, but also found no meta-analytical consistency of the testimony (only one statement is ob-
result (i.e., mean effect size) contradicting the tained and analysed). In short, the underlying Undeutsch
hypothesis. hypothesis is valid, but the technique fails to meet the
scientific, legal, and jurisprudential criteria.
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 171-190. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.1.21347 189

Design, psychometric properties, and the methods used and judicial validity of the evidence);
criteria of the Global Evaluation Sys- the coding of statements must be registered and archived
(external review of the registered criteria and their relia-
tem for the classification of memories bility); codings must be carried out independently by two
of real-life events experts (evaluation of the reliability of the measure); two
statements are obtained (evaluation of the consistency of
Besides the Undeutsch hypothesis, the Reality Monitor- the evidence); and that statements are obtained through a
ing model (Johnson & Raye, 1981), has also proven to be cognitive interview ‒control of the contamination of
valid for discriminating between external (i.e., perceived, evidence resulting from the interrogation‒: free-recall
real-life events) and internal memories (i.e., fabricated or and techniques to aid memory recall (without interroga-
fictitious accounts). Succinctly, certain categories of tion). The evaluation of the validity of the testimony
content analysis significantly discriminated between both (validity of the evidence) is ensured if the following 5
types of memory, whilst others did not or were unproduc- criteria based on the analysis of judicial judgements are
tive, and some were even contrary to the model (Masip, met (Arce, Seijo, & Novo, 2010): internal consistency
Sporer, Garrido, & Herrero, 2005; Vrij, 2008). By com- (Are there internal contradictions in the account?); exter-
bining categories from both models and adding more nal consistency (Is it consistent with robust or other ir-
content categories of statements, a reliable and valid refutable evidence?); consistency with prior and subse-
methodic categorial system was designed based on quent testimonies (Is there consistency between the cen-
CBCA, the combination of reality categories, memory tral aspects and actions of the event?); persistence (Are
attributes and others derived from the analysis of cases to statements stable in time in the contexts?); and consistent
ensure the forensic technique complies with the Daubert with scientific laws and the laws of nature (Does the
standards, as well as with the scientific, legal, and juris- account mention events incompatible with scientific laws
prudential requirements of a forensic technique (Arce and the laws of nature?). If the evidence fails to meet any
and Fariña, 2013, 2014). of these validity criteria, no content analysis is undertak-
en as the evidence is invalid. Moreover, there should be
The design of the categorial system was in accord- sufficient evidence for it to be the object of content anal-
ance with the guidelines of Bardin (1996) to ensure it ysis, sufficient evidence (Is it beyond the witness’
was methodic i.e., reliable and valid: mutual exclusion, memory capacity? Does it contain all the necessary in-
homogeneity, objective, adequate and relevant, exhaus- formation regarding the events?).
tive, fidelity and productivity. The resulting categorial
system (see Table 7) was internally consistent (homoge-
neity), α = .789 and .856 (Arce, Fariña, Novo, & Vilari-
ño, 2013; Vilariño, Novo, & Seijo, 2011). Moreover, the Further lines of research
categories discriminated (discriminant validity) signifi-
cantly between memories of real-life events and fabricat- Taking into account content categories discriminate
ed accounts (Arce et al., 2013; Arce, Fariña, & Vivero, between memories of self-experienced real-life events
2007; Vilariño, 2010; Vilariño et al., 2011). A strict deci- versus fabricated or fictitious accounts; that a methodic
sion criterion was empirically (objectively) defined (cri- categorial systems may be designed; that there can be
terion validity with false positives = 0; principle of the more categories, mainly those specific to contexts of
presumption of innocence); a correct execution control victimization i.e., school bullying, gender violence,
system was designed (fidelity) of the measure in the de- harassment at work, sexual assault in adults (exhaustive),
signs of N = 1 (inter- and intra-rater, and inter-context research should seek to detect and analyse new content
consistency) and to overcome the deficiencies of SVA. In categories for the previously mentioned contexts. The
fact, the Global Evaluation System is a forensic tech- most efficacious and productive method entails
nique that must be carried out by a trained expert; state- successive approximations (Fariña, Arce, & Novo, 2002)
ments must be recorded and archived (external review of based on statements from judicial cases and fabricated
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accounts, and applying the techniques described to the


categories identified in accordance with the guidelines of
Bardin for designing a methodic categorial system.
Furthermore, a strict decision criterion (to ensure the
number of false positives is 0) must be continuously
revised since lying is also subject to continuous evolution
(thus the importance of not revealing intricacies of the
technique to prevent the learning of the technique); in
comparison, honesty always remains constant.
191

UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

ACCIÓN PSICOLÓGICA

Contribuciones de temática libre


[Others articles]

VOLUMEN 14 DICIEMBRE 2017 NÚMERO 2


192
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024 193

CULTURA DE CONCILIACIÓN Y CONFLICTO


TRABAJO/FAMILIA EN TRABAJADORES CON TURNOS
LABORALES

FAMILY FRIENDLY CORPORATE CULTURE


AND WORK-FAMILY CONFLICT AMONG
EMPLOYEES WITH SHIFT WORK

VANESSA PÉREZ RODRÍGUEZ1, FRANCISCO PALACÍ DESCALS1 Y


GABRIELA TOPA CANTISANO1

cas de conciliación y las experiencias de conflicto traba-


Resumen jo-familia (Poelmans, 2001), también se ha detectado el
efecto moderador del apoyo social. Esta última íntima-
El número de personas que compaginan de forma simul- mente relacionada con la cultura organizacional de conci-
tánea el trabajo con las responsabilidades familiares ha liación trabajo-familia. El objetivo del presente estudio
aumentado en España de forma considerable en éstas tres consiste en realizar un análisis de la relación existente
últimas décadas. Entre otras razones esto puede ser con- entre la cultura de conciliación trabajo-familia en la or-
secuencia del aumento de familias monoparentales, de la ganización y la percepción conflicto trabajo/familia en
incorporación de la mujer al mundo laboral y emprende- trabajadores de una institución pública perteneciente al
dor, de la existencia de parejas con dobles carreras profe- sector de la seguridad con diferentes turnos de trabajo.
sionales y con diferentes horarios. Esta influencia recí- Los resultados indican una relación significativa entre los
proca entre los contextos laboral y no laboral puede tra- turnos laborales y la percepción de conflicto en la que la
ducirse en una situación de equilibrio o en un conflicto. cultura de conciliación no parece ejercer un efecto mode-
Se ha identificado una relación negativa entre las políti- rador significativo.

Correspondencia: Gabriela Topa Cantisano. Facultade de Psicoloxía, Universidad Nacional de Educación a Distancia
(UNED), España. Email: [email protected]

ORCID: Gabriela Topa Cantisano (http://orcid.org/0000-0002-9181-8603).


1
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España.

Recibido: 20 julio de 2017.


Aceptado: 16 de octubre de 2017.
194 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024

Palabras clave: Conflicto trabajo-familia; turnos la- duos, preocupados por mejorar las condiciones de trabajo
borales; cultura de conciliación trabajo-familia. de las personas (Blustein, Olle, Connors-Kellgren y
Diamonti, 2016; Pichler, 2009).

El número de personas que actualmente compaginan


Abstract de forma simultánea el trabajo con las responsabilidades
familiares ha aumentado en España de forma considera-
The number of people who simultaneously combine ble en éstas tres últimas décadas. Dicho incremento se
work with family responsibilities has increased greatly in traduce en un mayor número de familias monoparentales,
Spain in the last three decades. Among other reasons, this en la incorporación de la mujer al mundo laboral y em-
phenomenon is due to a growing of single-parent prendedor, parejas donde los dos trabajan fuera del hogar
families, participation of women in the labor market and y con diferentes horarios (de Janasz, Behson, Jonsen y
entrepreneurship and dual-career couples managing Lankau, 2013), padres más involucrados en la crianza de
different schedules. That reciprocal influence of labor on los hijos y en el reparto de las tareas del hogar. Esta in-
non-labor situations it translates into conflict or a general fluencia recíproca entre los contextos laboral y no laboral
equilibrium context. A negative relationship between puede traducirse en una situación de equilibrio o en un
experiences of work-family conflict and reconciliation conflicto/interferencia (Chou y Cheung, 2013).
policies has been identified (Poelmans, 2001) and
moderating effect of social support has also been Este conflicto o interferencia, es entendido como algo
detected. This latter one is closely associated with the negativo, dado que se parte de un desequilibrio en la
organization’s culture related to family-work life interacción entre el trabajo y las actividades personales
balance. The aim of the present study is to analyze the extra-laborales de la persona, constituyendo una impor-
relationship between organizations’ work-family tante fuente de estrés y otros correlatos psicofisiológicos
conciliation cultures and perception of work-family de carácter negativo como la insatisfacción, la depresión
conflict in shift work. All participants are employees o el burnout entre otros (Mauno, 2010). En una revisión
working in the public security sector and the results bibliográfica sobre los antecedentes y resultados del con-
showed a significant relationship between employee’s flicto trabajo-familia, Poelmans ya apuntó en 2001 a la
perception of work-family conflict and shift work. escasez de estudios empíricos realizados acerca de dicha
Likewise, it seems that moderation effect of culture relación en países cuya cultura considera la familia como
conciliation is not significant in our analysis. la institución central sobre la que se desarrolla la vida
social y en las que la participación de la mujer en el mer-
Keywords: Work-family conflict; shift work; family cado laboral estuviese aún en fase de expansión (Coro-
friendly culture. nel, Moreno, y Carrasco, 2010; Nelson et al., 2017). Es-
paña podría representar un claro ejemplo de lo que el
autor menciona (Calvo-Salguero, Martínez-de-Lecea y
Introducción: Aguilar-Luzón, 2012).
cultura de conciliación y conflicto
trabajo/familia en trabajadores con
Dimensiones del conflicto Trabajo-
turnos laborales
familia
A lo largo de las últimas tres décadas la investigación
Dentro del ámbito del comportamiento organizacio-
sobre la relación trabajo-familia ha aumentado de manera
nal, el eje central de los trabajos de investigación ha sido
considerable, lo que significa que ha sido objeto de una
la concepción de que tanto el trabajo como la familia
gran atención por parte de las instituciones políticas, las
requieren tiempo y dedicación puesto que proporcionan
organizaciones, los sindicatos, las familias y los indivi-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024 195

ingresos/seguridad económica y apoyo afectivo respecti- cedentes, los estudios adoptan perspectivas muy diversas.
vamente, y por lo tanto resulta ineludible la aparición de Algunos se centran en las características de la persona,
conflictos entre ambas dimensiones. como Yu (2016), quien propone la autoestima, el locus
de control, la autoeficacia y la estabilidad emocional
La relación que se establece entre ambas esferas (fa- como antecedentes del conflicto trabajo-familia. Otros lo
milia y trabajo) puede ser tanto positiva como negativa, hacen a partir de características del trabajo. En esta línea
diferenciándose a nivel teórico dos tipos de conflicto: de trabajo se han acumulado estudios que señalan la so-
trabajo/familia (es el trabajo el que ejerce influencia brecarga diaria de trabajo como antecedente del conflicto
sobre la familia) y familia/trabajo (sería la familia la que trabajo-familia (Illes et al., 2007), mientras que Dader-
influiría sobre el trabajo). En concreto, los trabajos de man y Basinska (2016) proponen que las demandas del
Thomas y Ganster (1995) definieron el conflicto trabajo- puesto son el antecedente del conflicto. En España, Ma-
familia como un formato específico de conflicto entre rín, Infante y Rivero (2002) señalan que la sobrecarga de
roles, en el que las presiones procedentes del desempeño rol es el antecedente más significativo del conflicto traba-
laboral son incompatibles con las presiones que provie- jo-familia, seguido de la ambigüedad y el conflicto de
nen del papel que el trabajador desempeña en su familia. rol.
En la mayoría de los casos, es mucho mayor la influencia
que ejerce el trabajo sobre la familia que a la inversa
Los turnos de trabajo
(Ugarteburu, Cerrato e Ibarretxe, 2008), incluso en estu-
dios longitudinales (Cardador, 2014).
Existe toda una serie de problemas relacionados con
Ya en 1992, Frone, Russell y Cooper recalcaron la el trabajo nocturno/rotativo y que termina afectando a
importancia que tiene distinguir la direccionalidad de la todos los ámbitos de la vida (fisiológicos, psicológicos,
relación conflicto trabajo-familia/familia-trabajo, puesto familiares y/o sociales) del trabajador y con el paso del
que actúan de forma diferente y son claramente separa- tiempo, de manera definitiva, disminuyendo su salud
bles y relativamente independientes el uno del otro. En física y su calidad de vida.
ese sentido podría arrojarse algo de luz respecto al hecho
de que algunas personas desarrollan ambos roles y no El horario laboral de los trabajadores, y en especial, si
experimentan ningún conflicto entre ellos, mientras que son nocturnos o rotativos, terminan desorganizando la
otras lo experimentan en gran medida. vida familiar en gran medida, aunque hay trabajos lleva-
dos a cabo con muestra de empleados españoles cuyos
De cualquier manera, y sea la esfera que sea la que resultados muestran que un 60 % tolera sin mayores pro-
ejerza mayor influencia, el conflicto trabajo-familia ha blemas, al menos durante los primeros cuatro años de
sido definido como “una forma de conflicto interroles en antigüedad en el turno nocturno permanente, y un 20-
30 % de personas que difícilmente toleran la nocturnidad.
el que las presiones de rol desde los dominios del trabajo
y de la familia son mutuamente incompatibles en muchos El 10 % restante se encuentran satisfechos con su turno y
aspectos” (Greenhaus y Beutell, 1985). Son abundantes no le atribuyen ningún problema (Sánchez González,
los trabajos recientes que han destacado su papel en el 2004).
incremento del cansancio emocional (Baeriswyl, Krause
y Schwaninger, 2016), así como el desbordamiento que Y puesto que los turnos laborales, en concreto los
se produce por la influencia de las características del nocturnos permanentes y los rotativos, representan una
importante cuestión dentro del contexto conflicto trabajo-
trabajo sobre el cansancio y la satisfacción (Lee et al.,
2016). Fundamentalmente, la mayoría de los trabajos familia, sería importante tener una doble perspectiva
realizados sugieren la existencia de tres sub-dimensiones respecto a su justificación. Es decir, ya que el tiempo,
que es uno de los ámbitos más comunes de aplicación en
del mismo fenómeno: conflicto basado en el comporta-
miento de rol, conflicto basado en la tensión y conflicto las prácticas de conciliación laboral para poder reducir
basado en el tiempo. Cuando se toma en cuenta sus ante- así al máximo la percepción de conflicto, se debe esta-
196 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024

blecer una clara distinción entre flexibilidad en el tiempo hace referencia a las expectativas sobre la cantidad de
de trabajo y horarios que favorecen la conciliación. tiempo que debe destinarse al trabajo. Para recuperarse
de los efectos negativos que produce el trabajo durante el
La flexibilidad en el tiempo de trabajo recoge una se- día y que puede tener consecuencias negativas tanto en la
rie de prácticas que permiten que la persona pueda cum- salud como en el bienestar personal, los empleados/as
plir con su rol laboral con gran flexibilidad de horarios, necesitan un tiempo de recuperación que puede verse
turnos y/o calendario, de manera que dispone de un mar- afectado por: (a) el exceso de horas dedicado al trabajo,
gen más amplio para poder organizar los tiempos que (b) la existencia de nuevas exigencias fuera del trabajo y
destina a su vida laboral y familia (Allen, Johnson, que forman parte del ámbito privado del trabajador/a y,
Kiburz y Shockley, 2013). Las posibilidades de poder (c) un enlentecimiento del proceso de recuperación debi-
aplicar esta medida dependerán siempre del tipo de orga- do a los niveles de actividad mantenidos previamente.
nización, sector y si prima el trabajo por objetivos frente Todos estos supuestos tendrían la facultad de interferir en
a la presencia física. Mientras que la flexibilidad horaria la conciliación trabajo/no-trabajo y que puede constituir
se aplicaría sobre un marco de referencia horario que una interferencia de tiempo o de tensión.
viene determinado por la estructura de horarios existentes
en la organización derivado del sector de actividad de la En otros trabajos, Dikkers et al. (2005) afirman que
empresa, como es el caso que nos ocupa en este trabajo. tanto los trabajadores como las trabajadoras tienden a
De los distintos programas laborales de conciliación, la utilizar más medidas de conciliación relativas a la flexibi-
mayor parte de los trabajos de investigación se han reali- lidad horaria que las ayudas para el cuidado de los hijos.
zado sobre los efectos del horario flexible, mostrando Pero aun son muy numerosas las organizaciones que
una asociación positiva con una reducción del conflicto consideran que la presencia del empleado en el centro de
trabajo-familia (Kopelman, 1992). trabajo y el tiempo que dedica a la actividad laboral son
claros indicadores de su contribución, compromiso con la
organización y por supuesto, de su eficiencia (Thompson
Cultura de conciliación trabajo-
et al., 1999).
familia
La segunda dimensión es el apoyo percibido, que en
Desde una perspectiva organizacional resulta clave el modelo original era sólo apoyo directivo, pero que en
analizar la medida en que la organización apoya la vida la ampliación de McDonald, Brown y Bradley (2005) ha
familiar. Así, si una organización desarrolla una serie de incluido también el Apoyo de los compañeros de trabajo,
creencias y valores asociados al apoyo e integración del percibido por los empleados ante sus necesidades fami-
trabajo y la vida familiar para hombres y mujeres, estará liares. Esta dimensión, además ha sido estudiada abun-
desarrollando una cultura organizacional conciliadora dantemente, incluso con datos de más de diez países,
(Kar y Misra, 2013). De modo que el trabajador tendrá porque esta percepción incentiva o no a la utilización de
una percepción de apoyo existente, la cual se concretará dichas políticas de conciliación (Las Heras, Bosch y
en dos tipos de acciones concretas (Chen, Liu y Yang, Raes, 2015).
2013). De una parte, las políticas organizacionales de
apoyo hacia la familia, y de otra la existencia de los La tercera dimensión está constituida por las conse-
compañeros y superiores que las apoyan (Kinnunen et al., cuencias negativas percibidas en la carrera, en caso de
2005). Estos aspectos son imprescindibles para que un beneficiarse de los programas/políticas de conciliación
trabajador/a pueda conciliar las responsabilidades labora- trabajo-familia. Tal como afirman De Sivatte y Guadami-
les y familiares. En este sentido, es clave el modelo de llas (2014), en su trabajo sobre la disminución del con-
cultura de conciliación trabajo-familia donde se recogen flicto trabajo-familia, las consecuencias negativas que
tres componentes/dimensiones fundamentales (Thom- puede experimentar la carrera profesional de todos aque-
pson Beauvais y Lyness, 1999). La primera dimensión llos empleados que se benefician de las medidas de con-
incluye las demandas de tiempo de la organización que ciliación o que dedican demasiado tiempo a sus obliga-
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ciones personales, constituyen un elemento fundamental hecho, desde la perspectiva teórica de la acumulación de
a la hora de valorar el uso de dichas medidas de concilia- roles (Siebe, 1974) se afirma que, la participación en
ción. diferentes roles permite a las personas adquirir determi-
nadas competencias que se pueden transferir de un ámbi-
Gran cantidad de los trabajos de carácter empírico to a otro y, por ende, desempeñar mejor dichos roles.
llevados a cabo sobre la cultura de conciliación trabajo-
familia han sido cuantitativos, y su objetivo ha sido in- Un trabajo sobre políticas de conciliación en las em-
tentar relacionar el elemento cultural con las diferentes presas españolas llevado a cabo por Boz, Martinez-Corts,
consecuencias que derivan de ello, y siendo el apoyo y Munduate (2007) muestra el efecto mediador de la
social el elemento cultural que más influencia ejerce cultura organizacional entre el uso de políticas de conci-
(Mayo, Cruz, Gómez-Mejía y Pastor, 2004). liación y el enriquecimiento trabajo-familia. Ya que, a
medida que los empleados utilizan dichas políticas de
Una cultura organizacional favorable a la conciliación conciliación, comienzan a emerger obstáculos relaciona-
trabajo- familia está asociada a un mayor número de dos con la gestión del tiempo y las posibilidades de pro-
políticas favorecedoras de dicha conciliación y una ma- moción, impactando esta situación de forma negativa en
yor utilización de las medidas concretas establecidas. las experiencias de enriquecimiento y de manera positiva
Dichas medidas también están relacionadas con otras en las experiencias de conflicto trabajo-familia.
variables psicosociales como pueden ser: el sexo, la
presencia de hijos en el hogar, el tamaño de la empresa, Dentro de ese marco teórico, el objetivo de este traba-
el sector al que pertenece o la cultura de apoyo por parte jo consiste en realizar un análisis del efecto moderador
de superiores y compañeros (Ugarteburu, Cerrato e de la cultura de conciliación trabajo-familia en la percep-
Ibarretxe, 2008). Las organizaciones que favorecen la ción de conflicto en trabajadores de una institución pú-
conciliación trabajo-familia experimentan los efectos blica perteneciente al sector de la seguridad con diferen-
positivos de las mismas, como pueden ser: el aumento de tes turnos de trabajo. Así, se plantean las siguientes hipó-
la satisfacción laboral, del compromiso organizacional, el tesis, que se grafican en Figura 1:
grado de bienestar familiar y del equilibrio entre las exi-
gencias laborales y familiares (Kinnunen et al., 2005). De

Figura 1. Modelo teórico del estudio


198 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024

Hipótesis 1. Los turnos laborales pronosticarán el flicto interrol, está orientada hacia las interferencias y
conflicto trabajo/familia. tensiones que se producen entre los requerimientos de los
Hipótesis 2. El efecto de los diferentes turnos laborales roles familiar y laboral, en concreto, en qué medida el rol
sobre la percepción de conflicto trabajo-familia laboral interfiere con el rol familiar. Se realizó el análisis
aumentará significativamente cuando la cultura de de fiabilidad (Alpha Cronbach) de las tres subescalas: .78
conciliación sea alta. (conflicto en el trabajo), .75 (conflicto en la familia) y
.70 (conflicto interrol), alcanzando un nivel aceptable,
aunque algo inferior al estudio original: .78, .82 y .83
respectivamente.
Método
Cultura de conciliación trabajo-familia: Para evaluar
esta variable se usó la versión española de la escala de
Participantes cultura trabajo-familia (WFCS; Thompson et al., 1999)
validada en una muestra española por Beléndez, Martín y
El estudio se ha realizado sobre una muestra de 86 Hernández (2013). Esta escala evalúa las percepciones de
trabajadores del sector público de seguridad de la Comu- los empleados acerca del grado en que sus organizacio-
nidad de Madrid, de los cuales el 67.4 % son hombres y nes facilitan el equilibrio entre las responsabilidades
el 32.6 % mujeres. Entre los participantes, un 38.4 % han laborales y familiares y consta de tres subescalas (de-
finalizado estudios universitarios frente a un 57.0 % cu- mandas o expectativas organizacionales de tiempo, apo-
yos estudios finalizados no son universitarios. La edad yo de la supervisión o dirección y las posibles conse-
media de los encuestados se sitúa en 34.8 años cuencias negativas para la carrera profesional), pero pue-
(DT = 5.9) y cuyo estado civil es: para un 43.0 % casado, de obtenerse una puntuación global de la escala.
un 23.3 % conviviendo, un 5.8 % pareja de hecho y un
26.7 % afirma estar soltero/a. El 83.7 % de sus parejas, En el estudio original, las diferentes dimensiones ob-
se encuentran empleadas y en cuanto a la presencia de tuvieron un valor de fiabilidad muy adecuado: .91 (apoyo
hijos u otras cargas familiares, más de la mitad (60.5 %) directivo); .74 (consecuencias negativas en la carrera) y
refiere no tenerlas frente a un 39.5 % que sí. En cuanto a .85 (demandas de tiempo). En el presente estudio, cada
los turnos laborales, el 75.6 % tiene un turno rotativo dimensión obtuvo un α =.81; .90 y .78 respectivamente,
(mañana, tarde, noche) frente a un 19.8 % que tiene úni- lo que se traduce en una buena consistencia interna.
camente turno diurno de mañana (desde 06:00h- hasta las
14:00h). Sólo el 4.7 % de los participantes acuden a tra-
bajar exclusivamente durante el turno de tarde (se inicia a
las 14h. y finaliza a las 22h.). Procedimiento

Instrumentos Un representante del equipo investigador contactó


con los participantes y les pidió que cumplimentaran un
Conflicto trabajo-familia: para evaluar la percepción cuestionario relativo a la cultura organizacional, a la
de conflicto se ha utilizado la escala propuesta por percepción de conflicto trabajo-familia que cada uno
Kopelman, Greenhaus y Connoly (1983) y adaptada al pudiera experimentar, además de un breve formulario
castellano por Martínez-Pérez y Osca (2001). Esta escala con datos sociodemográficos. Los participantes fueron
evalúa tres dimensiones; conflicto en el trabajo, conflicto informados de los objetivos de la investigación, de que su
en la familia y el conflicto inter-rol familia-trabajo. participación en el estudio voluntaria y totalmente anó-
nima, que podían abandonarlo en cualquier momento sin
Las dos primeras dimensiones hacen referencia a los sufrir ninguna consecuencia negativa y de la confidencia-
aspectos laborales o familiares respectivamente, que lidad de los datos que brindaran. Se entregaron 120 cues-
pueden generar tensión o conflicto y la subescala de con- tionarios en papel, que fueron cumplimentados en el
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Tabla 1

Descriptivos de las dimensiones de la escala conflicto trabajo-familia en función de los turnos laborales y resultados del
Análisis de la varianza (ANOVA)

Cultura
Turno Conflicto Conflicto Conflicto Conflicto Demanda Apoyo Consecuencia
conciliación
Laboral Trabajo Familia Interrol Total Tiempo directivo Carrera
Total
M DT M DT M DT M DT M DT M DT M DT M DT
Mañana 2.60 .63 2.23 .45 2.27 .17 2.37 .19 2.94 2.11 4.72 1.45 3.89 1.69 3.85 .90
Tarde 3.28 .54 2.50 .72 2.78 .75 2.85 .52 3.83 .79 4.06 1.21 4.81 .74 4.23 .83
Rotativo 3.07 .46 2.39 .51 2.66 .58 2.71 .45 4.10 1.74 3.73 1.39 4.90 1.70 4.24 .91
Total 2.99 .53 2.36 .51 2.59 .55 2.64 .43 3.86 1.83 3.94 1.43 4.70 1.70 4.16 .91
F(2,83) 6.52** .76 3.82* 4.96** 2.84 3.83* 2.44 1.27
Nota: M: Media, DT: desviación típica.
* p <.05. **p <.01

lugar de trabajo y fueron devueltos un total de 88 (tasa de por encima de la media en las tres dimensiones
respuesta 74 %) a la responsable del estudio. Se excluye- (M = 2.85, DT = .52).
ron dos cuestionarios que tenían más del 10 % de los
datos perdidos. Los valores perdidos en los restantes En cuanto a la cultura de conciliación, la Tabla 1 pre-
cuestionarios no superaron el 5 % de los casos, pero se senta las medias y las desviaciones típicas de las tres
aplicó el test MCAR de Little con SPSS. Los análisis subescalas, mostrando que la puntuación más alta regis-
mostraron que los valores perdidos eran totalmente alea- trada fue en relación a las posibles consecuencias negati-
torios (p > .05). En los análisis subsiguientes se empleó vas en la carrera (M = 4.70, DT = 1.70), seguido de la
el método de sustitución por la media de la serie para los subescala demandas de tiempo (M = 3.86, DT = 1.83) y
valores perdidos. en último lugar, la subescala relativa al apoyo directivo
(M = 3.94, DT = 1.43). Las puntuaciones no difieren
excesivamente entre los distintos grupos de trabajadores
Resultados en función de su turno laboral, aunque la media de las
puntuaciones obtenidas en esta subescala ha sido ligera-
En la Tabla 1 se muestra las medias y desviaciones tí- mente superior para el grupo de funcionarios que trabajan
picas de las diferentes dimensiones de las variables de durante el turno de mañana (M = 4.72, DT = 1.45).
estudio, conflicto trabajo-familia, en función del turno
laboral. En un análisis descriptivo se observa que parece A fin de conocer si las diferencias de medias entre los
haber una percepción poco intensa de un conflicto entre trabajadores de diferentes turnos eran estadísticamente
la vida laboral y la vida familiar (M = 2.64; DT = .43). significativas se efectuó un análisis de la varianza
Analizando más detenidamente el funcionamiento de (ANOVA). El análisis, que mostró diferencias estadísti-
cada una de las dimensiones, se aprecia que en el caso de camente significativas entre los turnos en el apoyo direc-
la subescala “conflicto en el trabajo” para aquellos parti- tivo de la escala de Cultura de conciliación y en el con-
cipantes que trabajan durante el turno de tarde presentan flicto en el trabajo, conflicto interrol y en la puntuación
un ligero aumento de la media de las puntuaciones total de conflicto percibido, se refleja en la Tabla 1.
(M = 3.28, DT = .54) frente a la media del resto del gru-
po en la misma dimensión (M = 2.99, DT = .53). En El análisis de correlaciones de la Tabla 2 revela que
resumen, el grupo de turno de tarde puntuó ligeramente las diferentes dimensiones de cultura de conciliación
trabajo-familia se relacionan de forma directa con el
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Tabla 2

Media, desviaciones típicas y correlaciones entre variables

Variables Media DT 1 2 3 4 5 6 7 8 9
1.Turno 2.58 .78 - .21* -.24* .17 .17 .32** .12 .26* .29**
2. Demanda Tiempo 3.86 1.83 - -.52** .70** .83 .40** .09 .31** .33**
3. Apoyo directivo 3.94 1.43 - -.49** -.13 -.45** .04 -.27** -.29**
4. Consecuencias Carrera 4.7 1.7 - .83 .47** .20 .35** .42**
5. Total Cultura de
4.2 .91 - .32** .21 .29** .33**
conciliación
6. Conflicto Trabajo 2.99 .53 - .20 .63** .76**
7. Conflicto Familia 2.36 .51 - .63** .75**
8. Conflicto Interrol 2.59 .55 - .93**
9. Total Conflicto trabajo-
2.65 .43 -
familia
Nota: * p <.05. **p <.01

conflicto trabajo-familia (r = .33, p < 0.01). De igual for- entre las variables apoyo directivo percibido y conflicto
ma se observa que el turno laboral rotativo se correlacio- (r = -.45, p < 0.01), lo que se traduce en que a medida
na positivamente, de manera significativa con la percep- que el trabajador no se siente apoyado por sus compañe-
ción de conflicto en el trabajo (r = .32, p < 0.05) y con- ros y/o superiores a la hora de conciliar su vida laboral y
flicto interrol (r = .26, p < 0.01). familiar, aumenta la experiencia de conflicto trabajo-
familia. Por su parte, el conflicto correlaciona significati-
Por su parte, el análisis de correlación de las diferen- vamente y de manera positiva con las posibles conse-
tes dimensiones de cultura de conciliación trabajo-familia cuencias negativas en la carrera profesional (r =.40,
y del conflicto indica que las demandas de tiempo se p < 0.01).
relacionan de forma directa con el conflicto trabajo-
familia (r = .33, p < 0.01), de manera significativa con Para poner a prueba la primera hipótesis se recurrió a
las posibles consecuencias negativas en la carrera profe- un análisis de regresión, en el cual se constató que los
sional (r =.70, p < 0.01) y correlacionaría, pero de mane- turnos laborales pronosticaban la percepción de conflicto
ra negativa con la dimensión apoyo directivo (r = -.52, trabajo-familia. Los datos que se visualizan en la Tabla 3
p < 0.01). Es decir, que a medida que se incrementan las muestran que el peso de regresión estandarizado de los
demandas de tiempo en el ámbito laboral, el trabajador turnos de trabajo es estadísticamente significativo, aun-
percibe que cuenta con menos apoyo por parte de sus que el porcentaje de varianza explicada del modelo de
superiores para lograr un equilibrio entre ambos roles regresión es bajo, ya que no alcanza al 10 %. Pese a este
(familiar y laboral). Otra asociación significativa de ca- dato, se puede afirmar que la hipótesis 1 encuentra apoyo
rácter negativo que nos encontramos es la establecida en los datos.

Tabla 3

Análisis de regresión múltiple de la relación entre turnos laborales y conflicto trabajo-familia

Variable criterio Conflicto trabajo-familia


Variable predictora B Error Típico β t
Turnos .16 .05 .29** 2.78
R2 .08
F(1,84) 7.73
Nota: **p < .001
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Para poner a prueba la hipótesis de moderación se re- Discusión


currió a la macro PROCESS para SPSS de Hayes (2013),
usando el Modelo 1. El análisis estuvo orientado a eva- El objetivo de este trabajo ha sido realizar un análisis
luar los efectos de moderación de la cultura de concilia- de la relación existente entre la cultura de conciliación
ción (M) en la relación de los turnos de trabajo (X) y la trabajo-familia en la organización y la percepción con-
percepción de conflicto Trabajo/familia (Y). flicto trabajo/familia, en trabajadores de una institución
pública perteneciente al sector de la seguridad con dife-
Durante el análisis se han transformado a puntuacio- rentes turnos de trabajo. También se analizó el posible
nes Z las variable predictora y moderadora. El resumen papel moderador de la cultura trabajo-familia en la per-
total del modelo fue significativo (F(3.82) = 5.8, cepción de conflicto. Los hallazgos permiten afirmar que
p = .003, R2 = .18). El efecto principal de los turnos labo- la primera hipótesis ha encontrado apoyo en los datos,
rales no fue significativo (B = -.05, SE = .25, 95% CI [- mientras que la segunda ha sido desconfirmada.
.54; .44], p = .88). Por otro lado, el efecto principal de la
cultura de conciliación no fue estadísticamente significa- Los resultados de los datos obtenidos muestran que,
tivo (B=.02, SE= .16, 95% CI [-.30; .35], p = .89). El aun siendo las demandas de tiempo requeridas por el
término de la interacción no fue significativo tampoco ámbito laboral una de los aspectos que más correlacionan
(B = .05, SE = .06, 95% CI [-.08; .16], p = .45). El in- con el conflicto trabajo-familia, la existencia de turnos
cremento de la varianza explicada debido al término de laborales y especialmente aquellos que son rotativos, no
interacción es prácticamente nulo (ΔR2= .005; F = .57, parece incrementar la percepción de conflicto trabajo-
p = .45). Pese a esta evidencia, sí se observa que el efecto familia de los participantes. Se confirman así las conclu-
condicional de X sobre Y varía de forma significativa en siones de otros trabajos previos, como el de Cardador
función de los valores de M, encontrándose que cuando (2014), quien encuentra escaso impacto de las condicio-
la cultura de conciliación es baja, el efecto de los turnos nes laborales en las percepciones de conflicto trabajo-
sobre la percepción de conflicto no es significativo, pero familia. En cualquier caso, sería relevante tomar en cuen-
cuando la cultura de conciliación es alta, este efecto se ta que el antecedente del conflicto puede no residir en la
vuelve significativo, como se aprecia en Tabla 4. existencia de turnos por sí mismos, sino más bien en la
necesidad de realizar trabajo adicional que podría ser el
Sin embargo, debido a la ausencia de significación es- auténtico antecedente del conflicto trabajo-familia. Evi-
tadística asociada, debemos asumir que la moderación de dencia en este sentido parecen aportar estudios recientes
la cultura de conciliación no es significativa en la rela- sobre el uso de nuevas tecnologías y su impacto sobre las
ción entre los turnos laborales y la percepción de conflic- fronteras entre trabajo y familia (Ghislieri, Emanuel,
to y debiendo así rechazar la hipótesis 2. Molino, Cortese y Colombo, 2017; Ghislieri, Gatti, Mo-
lino y Cortese, 2017).

Tabla 4

Efecto condicional de los turnos de trabajo sobre la percepción de conflicto Trabajo Familia en función de los niveles del
moderador cultura de conciliación

Niveles del moderador Efecto de X sobre Y SE t p LLCI ULCI


3.25 .09 .06 1.41 .16 -.04 .23
4.16 .14 .05 2.48 .01 .02 .25
5.08 .18 .08 2.06 .04 .006 .35
Nota: LLCI: límite inferior del intervalo de confianza, ULCI: límite superior del intervalo de confianza
202 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024

En este punto se debería tomar en cuenta que las ca- nal favorable a hacer trabajo extra, como los que aportan
racterísticas de la organización a la que pertenece la Vignoli, Guglielmi, Bonfiglioli y Violante (2016), o
muestra, el tipo de actividad que realiza y los horarios de Mazzetti, Schaufeli, Guglielmi y Depolo (2016).
desempeño de las tareas imponen barreras que limitan la
aplicación de ciertas medidas de conciliación relativas a En relación con las características de la organización
la flexibilidad horaria y al tiempo de trabajo. En este y para entender los aspectos culturales de la interacción
sentido, es posible que dichas características hayan sido trabajo/familia de la misma; subrayaremos uno de esos
interiorizadas por los trabajadores y esto les haya obliga- aspectos que sería la masculinización del trabajo (gran
do a desarrollar toda una serie de recursos personales y/o mayoría de la fuerza del trabajo compuesta por hombres)
familiares que les permitan hacer frente a las posibles muy arraigado en las culturas de organizaciones del sec-
consecuencias adversas de las condiciones de trabajo. En tor de la seguridad. Esto implica una mayor valoración de
esta misma línea, el trabajo de Germeys y De Gieter los trabajadores masculinos o de aquellos que carecen de
(2017) ha mostrado que las personas hacen frente a la compromisos familiares, considerando menos valiosos a
influencia negativa de las sobrecargas de trabajo median- quien los tienen (Veldman, Meeussen, Van Laar y Phalet,
te el distanciamiento psicológico, lo cual parece un me- 2017). Además, se valora el tiempo que se pasa en el
canismo eficaz para evitar el aumento del conflicto traba- trabajo y se consideran como menos comprometidos y
jo-familia. productivos a aquellos trabajadores/as que dedican más
tiempo a la familia. Incluso en aquellos casos en que las
También puede explicarse, en parte, por la percepción organizaciones tienen políticas que favorecen la concilia-
moderada de la cultura trabajo-familia que tienen los ción trabajo-familia, y considerándolo el trabajador un
trabajadores, en especial, por el apoyo directivo. En este aspecto positivo, no hacen uso de ellas porque piensan
sentido, cabe destacar, que el aspecto más relevante en que comprometerían sus posibilidades de mejorar en su
cuanto al apoyo que perciben de la organización (en carrera profesional. Análisis recientes apoyan estas afir-
nuestro caso institución) parece ser la creencia, a nivel maciones, como el trabajo de Mandeville, Halbesleben y
individual, de una institución que apoya la conciliación Whitman (2016). En este sentido, una línea de investiga-
trabajo/familia más que en realidad las medidas prácticas ción prometedora está avanzando sobre el posible efecto
que la organización establece para la conciliación traba- amenazante que el hecho de acogerse a las medidas de
jo/familia y/o de las que se hace uso a pesar de su dispo- conciliación ofrecidas por las organizaciones puede tener
nibilidad. para los empleados. Esta investigación explora dos vías,
una de ellas asociada a la amenaza del estereotipo para
Esto podría explicar porque los participantes a pesar las empleadas mujeres en entornos muy masculinizados,
de obtener puntuaciones por encima de la media de la precisamente como las empresas de seguridad o la policía
escala en los ítems “los directivos son comprensivos (von Hippel, Kalekerinos y Zacher, 2017). La otra está
cuando los empleados tienen que poner a su familia pri- asociada a la infrautilización de estas políticas entre los
mero” y “los ejecutivos en esta organización están a fa- empleados varones que temen ser valorados también
vor de que los empleados cumplan con sus responsabili- negativamente por su entorno, como ponen de relieve
dades de cuidar a sus hijos”, lo han hecho también en los trabajos con muestras extensas del sector público (Fee-
ítems “rechazar una promoción por razones familiares ney, Bernal, y Bowman, 2014; Feeney y Stritch, 2017;
pondría en peligro el progreso de la carrera”, “en esta Rudman y Mescher, 2013).
organización, los empleados que utilizan un horario fle-
xible tienen menos oportunidad de progresar en sus ca- Por otra parte, y volviéndonos a centrar en los resulta-
rreras que los empleados que no lo utilizan” o “esta em- dos del presente trabajo, las diferentes dimensiones de la
presa tiene una cultura de ‘adictos al trabajo’, lo que cultura de conciliación trabajo-familia: demandas de
quiere decir que trabajar hasta tarde se percibe como tiempo, apoyo directivo y consecuencias en la carrera,
positivo”. Así, parecen coherentes con nuestros resulta- correlacionan de forma significativa con la percepción de
dos los hallazgos recientes sobre la cultura organizacio- conflicto trabajo-familia. En cuanto al apoyo directivo,
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ha quedado patente la correlación significativa de carác- disminuyendo la percepción de conflicto (Munduate, Di


ter negativo con el conflicto trabajo-familia, de manera Marco, Martinez-Corts, Arenas y Gamero, 2014).
que cuanto más apoyo social perciben los empleados,
menos conflicto trabajo-familia experimentan. Esta evi-
Limitaciones del presente estudio
dencia coincide con trabajos transculturales en los que se
muestra la influencia secuencial del apoyo de la organi-
zación y de la familia en las relaciones entre la cultura de En cuanto a las limitaciones del presente trabajo, sub-
conciliación y los resultados de los empleados (Las He- rayamos que se trata de un estudio transversal, con una
ras, Bosch y Raes, 2015). Son contradictorios los resulta- muestra pequeña y que el muestreo ha sido de conve-
dos en cuanto a la dimensión conflicto en la familia se niencia. Pese a la gran dificultad para acceder a este tipo
refiere, puesto que no muestra la significación ni la di- de participantes en sus entornos organizacionales, es
rección esperada en las correlaciones con las otras di- cierto que estas limitaciones no permiten generalizar los
mensiones. Estos resultados inconsistentes podrían expli- resultados del presente estudio. Sería recomendable am-
carse bien porque sean otras variables psicosociales las pliar los objetivos del presente trabajo a estudios longitu-
que estén actuando como efecto moderador o porque dinales con muestras de mayor tamaño y más heterogé-
estén actuando mecanismos relativos a las características neas con el fin de poder analizar la variable género y
de la organización como hemos mencionado anterior- entender mejor los procesos implicados en la interacción
mente. Además, al igual que ocurre con las medidas de entre conflicto trabajo-familia y organizaciones con un
conciliación (a pesar de valorarlas de manera positiva no modelo de trabajo masculino.
se hace uso de ellas), al trabajador le proporciona cierta
seguridad psicológica el hecho de percibir a su organiza- Sugerencias de intervención
ción como favorable a la conciliación trabajo-familia
(aunque sigan persistiendo ciertas incompatibilidades En relación con las implicaciones para la gestión de
horarias) que incrementan la influencia de otras variables los Recursos Humanos en las organizaciones, nuestros
(ej., laborales-compromiso) que su vez disminuyen la hallazgos sugieren que la carga de trabajo puede ser cru-
percepción de conflicto en la familia. cial en la aparición de resultados indeseables, como el
conflicto trabajo-familia. Además, los resultados obteni-
Y, por último, aunque no se han formulado hipótesis dos en este estudio refuerzan hallazgos de trabajos prece-
específicas, en el presente estudio no hemos encontrado dentes que sugieren que el conflicto trabajo-familia pue-
diferencias significativas entre hombres y mujeres en el de ser un factor de riesgo para problemas de salud men-
conflicto trabajo-familia. Este resultado apoyaría trabajos tal, al igual que para el cansancio emocional y otros co-
de los que se desprende que las mujeres situadas en una rrelatos motivacionales, como la insatisfacción laboral.
ocupación tipificada como masculina, manifiestan menos Sin embargo, para el personal de seguridad, hasta el mo-
conflicto que las mujeres empleadas en una ocupación mento en muchas de las organizaciones en que se desem-
considerada como femenina (Paterna y Martínez, 2002). peñan, no se han implementado políticas de conciliación
También podría estar más en la línea de la teoría del de la vida laboral y familiar. Por lo tanto, será esencial
enriquecimiento o la teoría de la acumulación de roles para las organizaciones de seguridad tener en cuenta
(Siebe, 1974). En ese sentido, participar en diferentes estos resultados en la futura promoción de la salud en el
ámbitos permite a las personas generar recursos que les lugar de trabajo a fin de disminuir el riesgo de resultados
resultarán útiles para responder a las demandas generadas organizativos y sociales adversos (Greenhaus, Ziegert y
en los diferentes ámbitos en los que participan. Por lo Allen, 2012).
tanto, las mujeres que trabajan y tienen familia, adquie-
ren diversas competencias en los ámbitos trabajo-familia En nuestros hallazgos tanto la carga de trabajo como
y los van transfiriendo de uno al otro, de manera que les el apoyo de los directivos resultaron ser relevantes, ya
permite desarrollar una mayor efectividad y bienestar, que demostraron estar asociados con el conflicto trabajo-
familia. Sin embargo, la sobrecarga de trabajo a menudo
204 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024

es difícil de reducir a corto plazo. Por lo tanto, para im-


plementar medidas protectoras del bienestar e inhibir el Referencias
proceso de deterioro de la salud, probablemente sea tan
importante invertir en procesos de apoyo social como Allen, T. D., Johnson, R. C., Kiburz, K. M. y Shockley,
intentar reducir la sobrecarga de trabajo. El apoyo de los K. M. (2013). Work–family Conflict and Flexible
directivos parece ser particularmente importante en estos Work Arrangements: Deconstructing Flexibility.
sectores, ya que los empleados de seguridad trabajan en Personnel Psychology, 66(2), 345-376.
condiciones en las que otros recursos como la autonomía
son escasos mientras que las fuentes de reconocimiento y Baeriswyl, S., Krause, A. y Schwaninger, A. (2016).
apoyo (como los compañeros de trabajo y clientes) gene- Emotional Exhaustion and Job Satisfaction in
ralmente están disponibles, pero solamente en forma Airport Security Officers–Work–Family Conflict as
limitada. Mediator in the Job Demands–Resources Model.
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De cara a la intervención para mejorar el bienestar de https://doi.org/10.3389/fpsyg.2016.00663
los trabajadores, especialmente de las mujeres, es impor-
tante tomar nota de la amenaza que suponen las propias Beléndez Vázquez, M., Martín Llaguno, M. y Hernández
medidas ofertadas por las organizaciones con culturas de Ruiz, A. (2013). The Factor Structure of the Spanish
conciliación. Debido al hecho de que tales políticas favo- version of the Work-Family Culture Scale in a
rables a la familia generalmente están dirigidas y adopta- Sample of Workers from the Advertising Sector.
das por las mujeres, tienen el potencial que el entorno Psicothema, 25(2), 232-237.
organizacional evalúe a sus beneficiarias como estereoti-
padamente femeninas y necesitadas de ayuda. Cuando las Benard, S. y Correll, S. J. (2010). Normative
mujeres, en particular las que se encuentran en entornos Discrimination and the Motherhood Penalty.
de trabajo masculinizados ya tratan de manejar las per- Gender & Society, 24(5), 616-646.
cepciones de sus compañeros sobre ellas, pueden percibir
que las políticas favorables a la familia socavan sus es- Blustein, D. L., Olle, C., Connors-Kellgren, A. y
fuerzos para distanciarse del estereotipo de su grupo. En Diamonti, A. J. (2016). Decent Work: A
general hay consenso respecto a que los estereotipos Psychological Perspective. Frontiers in Psychology,
femeninos incluyen la idea que las mujeres tienen menos 7, 407. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2016.00407
compromiso con sus carreras y están más centradas en
sus familias (Benard y Correll, 2010). Por consiguiente, Boz, M., Martinez-Corts, I. y Munduate, L. (2007).
en la medida en que las mujeres pueden creer que las Conciliación de la Vida Laboral, Familiar y
consecuencias profesionales negativas derivadas de usar Personal en las PyMEs de la provincia de Sevilla:
políticas favorables a la familia, solo confirmarán el Perspectiva Empresarial y Familiar. Informe
mismo estereotipo que están tratando de lograr refutar, técnico para la Junta de Andalucía. Sevilla, España:
éstas se mostrarán reticentes a utilizar las mismas políti- Consejería de Empleo.
cas diseñadas para ayudarlas.
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FAMILY FRIENDLY CORPORATE CULTURE


AND WORK-FAMILY CONFLICT AMONG
EMPLOYEES WITH SHIFT WORK

VANESSA PÉREZ RODRÍGUEZ1, FRANCISCO PALACÍ DESCALS1 Y


GABRIELA TOPA CANTISANO1

EXTENDED SUMMARY Work – Family Conflict Dimensions


Introduction Within Organizational Behaviour field, research has
been focused on the idea that both work and family re-
Over the last three decades, research on work-family quire time and commitment since that provide in-
relationship has increased considerably, which means comes/financial security and affective support, respec-
that it has been object of great attention from political tively. So, the emergence of a conflict between both di-
institutions, organisations, trade unions, families and mensions is therefore unavoidable.
individuals concerned by improving people’s working
conditions (Blustein, Olle, Connors-Kellgren, & Di- The relationship established between the two spheres
amonti, 2016; Pichler, 2009). (family and work) can be positive and negative, differing
theoretical level two types of conflict: work/family (is the
The number of people who currently combine work work which exerts influence on the family) and fami-
with family responsibilities simultaneously has increased ly/work (would be family which influences on work).
considerably in these three decades in Spain. This rise
translates into a greater number of single-parent families, Considering the work of Thomas and Ganster (1995),
women’s labor inclusion, dual-earner couples - both we can find a concept of family conflict as a specific
partners work outside the home (Janasz, Behson, Jonsen format of dispute between roles, in which pressures from
& Lankau, 2013), parents more involved in the upbring- employment are incompatible with pressures coming
ing of their children and in the distribution of household from the paper to the worker plays in their families. In
tasks. This mutual influence between work and non-work the far greater number of the cases, work has more influ-
contexts can result in a situation of balance or a con- ence on family than vice versa (Ugarteburu, Cerrato, &
flict/interference (Chou & Cheung, 2013). Ibarretxe, 2008) even in longitudinal studies is higher
(Cardador, 2014).
In a recent literature review on predictors and conse-
quences of work-family conflict, Poelmans stated in 2001 Taking work-family conflict predictors into consider-
a lack of empirical studies about that relationship in ation, studies adopt very different perspectives. Some
countries whose culture considers family as the central works are focused on the individuals’ characteristics as
institution on which social life is developed and in which developed by Yu (2016), who proposes self-esteem, lo-
women’s labor inclusion was still spreading (Colonel, cus of control, self-efficacy and emotional stability as a
Moreno, & Carrasco, 2010; Nelson et al., 2017). Spain history of work-family conflict. Others’ work approaches
represents a clear example of what the author was men- from the working features. In this line of work, literature
tioning (Calvo-Salguero, Martinez de Lecea, & Aguilar- has accumulated studies which showed daily workload as
Luzon, 2012). predictor of work-family conflict (Illes et al., 2007).
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024 209

While Daderman and Basinska (2016) propose in job- The second dimension is the perceived support, which
role demands as predictor of the conflict. in the original model was only the directors ‘support, but
in the reviewed work of McDonald's, Brown and Bradley
(2005) has also included support from co-workers, per-
ceived by employees to their needs family. This dimen-
Shift work
sion, also has been studied thoroughly, even with data
from more than ten countries, because this perception
There are several difficulties related to shift work and fosters or not to the use of these policies of conciliation
it ends up affecting all areas of employees’ life (physio- (Las Heras, Bosch, & Raes, 2015). The third dimension
logical, psychological, family and/or social) and it dimin- is made up of the perception of negative consequences
ishes their physical health and quality of life over time. will impact their career if they benefit from the pro-
grams/policies of work-family balance.
Work schedules, specially whether it is night or rotat-
ing, tend to disorganize family life largely. Though it is A family friendly organizational culture is associated
needed to be mention some research works carried out with a greater number of policies which promote such
with a sample of Spanish employees whose results show reconciliation and greater use of the established
that 60 % to tolerate without much problems, at least measures. The use of such measures is also related to
during the first four years of seniority in the permanent other psychosocial variables such as: sex, children, the
night shift, and 20-30 % of people who tolerate hard size of the company, the sector to which it belongs or the
night. The remaining 10 % are satisfied with their turn culture of support from managers and colleagues
and not attributed any problems (Sánchez González, (Ugarteburu, Cerrato, & Ibarretxe, 2008). Organizations
2004). that provide work-family balance experiencing the posi-
tive effects thereof, such as: increasing job satisfaction,
Work-Family Balance Culture organizational commitment, family welfare and balance
between job demands and family (Kinnunen et al., 2005).
From organizational approaches, research must focus
on analyse the extent to which the organization supports From this theoretical framework, the main goal of this
family life. Thus, if an organization develops a set of work is to analyse the moderator role of family friendly
beliefs and values associated with the support and inte- corporate culture effect in the perception of conflict in
gration of work and family life for men and women, will employees of a public institution belonging to the securi-
be developing a conciliatory organizational culture (Kar ty sector with different shifts. Based on this approach, we
& Misra, 2013). So that the worker will have a percep- state the following:
tion of existing support, which will be made in two types
of concrete actions (Chen, Liu, & Yang, 2013). Hypothesis 1. Work shifts predict the work/family
conflict.
First, organizational policies of support for the family Hypothesis 2. The effect of different work shifts on
and secondly, the existence of colleagues and managers the perception of work-family conflict will increase sig-
that support them (Kinnunen et al., 2005). These aspects nificantly when the family friendly organizational culture
are essential for a worker may restore harmony between is high.
work and family responsibilities. In this sense, is a key
model of work-family balance culture where are collect-
ed three central dimensions (Thompson Beauvais, &
Lyness, 1999). The first dimension includes the demands
on time from the organization that refers to expectations
about the amount of time that must be used for the work.
210 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 193-210. ISSN: 2255-1271 https://doi.org/10.5944/ap.14.2.20024

Method tional work that might be authentic history of work-


family conflict.
Participants Recent studies have provided empirical evidences
about the use of new technologies and their impact on the
The study was conducted on a sample of 86 workers boundaries between work and family (Ghislieri, Emanu-
in the public sector of security of the community of Ma- el, Molino, Cortese, & Colombo, 2017; Ghislieri, Gatti,
drid. To evaluate the perception of conflict has been used Molino, & Cortese, 2017).
the scale proposed by Kopelman, Greenhaus and Con-
noly (1983) and adapted to Spanish by Martinez-Perez Regarding the implications for the management of
and Osca (2001). The Spanish version of the scale of human resources in the organizations, our findings sug-
work-family culture was used to assess this variable gest that the workload can be crucial in the emergence of
(WFCS Thompson et al., 1999) validated in a Spanish undesirable outcomes such as work-family conflict. In
sample by Beléndez, Martín, and Hernández (2013). addition, the results obtained in this study reinforce find-
ings from previous work suggesting that family conflict
Procedure can be a risk factor for mental health problems, as well as
the emotional exhaustion and other correlates motiva-
About 120 paper questionnaires were submitted, tional, as job dissatisfaction. However, for protection, so
which were completed in the workplace delivered and far in many of the organizations in which they operate,
returned by a total of 88 (74 % response rate) to the per- reconciliation of work and family life policies have not
son in charge of the study. Two questionnaires that were been implemented. Therefore, it will be essential for
more than 10 % of the lost data were excluded. The val- precautions organizations to take account of these results
ues lost in the remaining questionnaires did not exceed in the future promotion of health in the workplace in
5 % of the cases, but little with SPSS MCAR test ap- order to decrease the risk of adverse social and organiza-
plied. The analysis showed that the missing values were tional outcomes (Greenhaus, Ziege...)
completely random (p >. 05).
To intervene and improve the welfare of workers, es-
An analysis of variance (ANOVA) was performed in pecially women, is important to take note of the threat
order to know if among workers in different shifts mean posed by own measures offered by organizations with
differences were statistically significant. The analysis, friendly family organizational culture policies. Since
which showed statistically significant differences be- such family-friendly policies are usually addressed and
tween shifts in the management support of the scale of adopted by women, have the potential to evaluate the
work-family culture and conflict at work, conflict interrol organizational environment to its beneficiaries as stereo-
and in the total score of perceived conflict. typing female and in need of help.

There is general agreement that female stereotypes


include the idea that women have less commitment to
Discussion
their careers and are more focused on their families
(Benard & Correll, 2010). Therefore, insofar as women
The findings of other previous works, such as the
may believe that negative professional consequences of
Cardador (2014), who finds little impact of working con-
using family-friendly policies, will only confirm the
ditions on perceptions of work-family conflict is thus
same stereotyping that are trying to refute, these will be
confirmed. In any case, it would be relevant to consider
shown reluctant to use policies designed to help them.
the history of the conflict may not reside in the existence
of shifts by themselves, but rather on the need for addi-
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 211-224. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.15785 211

INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA PARA EL CONTROL DE LA


ANSIEDAD EN UN DEPORTISTA ESPAÑOL DE LUCHA
GRECORROMANA

PSYCHOLOGICAL INTERVENTION AIMED AT CONTROLLING


ANXIETY IN A SPANISH GRECO-ROMAN WRESTLER

EDUARDO ALBERTO ZAMORA MARTÍNEZ1, VÍCTOR RUBIO


FRANCO2 Y JOSÉ MANUEL HERNÁNDEZ LÓPEZ2

durante y después de la intervención como medida de la


Resumen ansiedad. También se utilizaron registros para la visuali-
zación, parada de pensamiento, reestructuración cogniti-
Este trabajo describe la intervención de caso único con va y rutinas precompetitivas específicamente diseñados
un luchador de la selección española de lucha grecorro- para el caso. Los resultados muestran que, tras la inter-
mana. El objetivo de esta intervención fue disminuir la vención, los niveles de ansiedad precompetitiva disminu-
ansiedad precompetitiva para incrementar el rendimiento yeron notablemente y el rendimiento deportivo aumentó
deportivo mediante un programa de habilidades psicoló- con buenos resultados durante las competiciones.
gicas basado en técnicas de visualización, parada de pen- Palabras clave: lucha grecorromana; ansiedad;
samiento, reestructuración cognitiva y establecimiento de rendimiento; habilidades psicológicas.
rutinas precompetitivas. Se utilizó el CSAI-2R antes,

Correspondencia: Eduardo Alberto Zamora Martínez, Benemérita Escuela Normal Veracruzana. Xalapa, Veracruz,
México. Email: [email protected]

1
Benemérita Escuela Normal Veracruzana, México.
2
Universidad Autónoma de Madrid, España.

Recibido: 02 enero de 2017.


Aceptado: 18 de noviembre de 2017.
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Abstract y Korzhenevsky, 2013), niveles de coordinación eleva-


dos, técnica versátil, uso y adaptación de habilidades en
This paper describes a single-case psychological inter- diversas situaciones competitivas (Starosta y Foztiak,
vention with a Spanish National Greco-Roman Wrestling 2013). En otros deportes de combate se ha puesto de
Team wrestler. The aim of the intervention was to reduce manifiesto que tendrán mayor posibilidad de éxito aque-
pre-competitive anxiety in order to increase his athletic llos deportistas físicamente más fuertes y con mayor
performance through a psychological skills program experiencia competitiva (Matsumoto, Konno y Ha,
based on mental imagery, thought stopping, cognitive 2009). En el caso de la lucha, en efecto, existen mayores
restructuring and pre-competitive routines. The CSAI-2R posibilidades de éxito en aquellos luchadores con carac-
was used before, during and after the intervention for terísticas antropométricas tales como mayor masa muscu-
assessing anxiety. Self-monitoring registers for mental lar y grasa, fuerza en la cadera y las piernas, resistencia
imagery, thought stopping, cognitive restructuration and en la musculatura flexora de los dedos de las manos,
precompetitive routines specifically designed for this agilidad y tiempo de reacción visual (Barbas, Curby, Be-
case was also used. Results showed the athlete highly betsos, Mirzaei y Kouli, 2011; López et al., 2011; Martí-
reduced precompetitive anxiety and increase athletic nez, Morales y Borrego, 2011), buena capacidad aeróbica
performanc. y de flexibilidad muscular (Yoon, 2002). En este sentido,
el análisis del perfil físico (antropométrico) ofrece algu-
Keywords: Greco Roman Wrestling; Anxiety; nos objetivos para el trabajo con luchadores en etapa de
Performance; Mental skills. formación (Callan et al., 2000).

Junto con ese aspecto físico del luchador, el estado


Introducción psicológico también será esencial en la búsqueda de bue-
nos resultados (López et al., 2012). Entre los muchos
La lucha grecorromana es un deporte de muy alta exi- fenómenos psicológicos que pueden afectar el rendimien-
gencia tanto física como mental. Para entender mejor to de un deportista, destaca la ansiedad, entendida, en el
esos requerimientos, es conveniente describir previamen- ámbito de la Psicología del deporte, como un estado
te en qué consiste este deporte. La lucha olímpica es una emocional caracterizado por respuestas fisiológicas (au-
actividad físico deportiva de combate que surge en la mento de la frecuencia cardíaca, conductividad de la piel
antigua Grecia y se mantiene de manera ininterrumpida entre otras) y cognitivas (aumento de la preocupación y
como deporte olímpico desde los Juegos Olímpicos de aparición de pensamientos automáticos negativos) ante
San Luis 1904 (Chiu, 2005; Coulon, 1962). La FILA una situación desconocida y amenazante (Weinberg y
(Fédération Internationale des Luttes Associées), creada Gould, 2015).
en 1912 en Suecia, divide la lucha olímpica (en el caso
de los hombres) en dos estilos: lucha libre y lucha greco- Es bien conocido el efecto que la ansiedad puede
rromana, ambas guardando ciertas similitudes, pero con desempeñar en el rendimiento deportivo en general
reglamentación distinta. (Woodman y Hardy, 2003). Aunque no muy abundantes,
también varios estudios han puesto de manifiesto que la
Se trata de un deporte de enfrentamiento luchador ansiedad está relacionada con la competición y el rendi-
contra luchador que está regulado por pesos específicos. miento deportivo en la lucha olímpica. Las formas de
El combate, dividido en tres períodos de dos minutos afrontar las situaciones que la generan y manejar la an-
cada uno, simula una dominación por el más fuerte y siedad pueden resultar determinantes a la hora de definir
demanda que el luchador tenga un alto rendimiento aeró- un triunfo o una derrota en este deporte (López et al.,
bico y anaeróbico (Korzhenevsky, 2012), explosividad 2012). Además, los años de experiencia en la disciplina
muscular y fuerza integrados a componentes técnicos también son un factor que puede impactar a los niveles
isométricos y complejos (Saad, 2012), buen desarrollo de ansiedad en los luchadores. Kul et al. (2012) estudia-
del sistema nervioso central y neuromuscular (Podlivaev ron los niveles de ansiedad en luchadores de élite perte-
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necientes a clubes deportivos y de ámbito nacional. Estos pués de entrevistarse con los luchadores acerca de sus
autores encontraron que los luchadores que participan en mejores combates en toda su carrera, así como su mejor y
equipos nacionales, además de poseer una mayor trayec- peor combate en la justa olímpica, se encontró que antes
toria deportiva y competir a nivel internacional represen- de sus mejores combates los luchadores seguían un plan
tando a su país, controlaban mejor su estado de ansiedad, y rutina de combate, de la misma forma que su concen-
situación contraria para aquellos que compiten a nivel de tración, nivel de activación y autoconfianza eran eleva-
clubes. dos. Al contrario, después de sus peores combates los
luchadores se desviaban de su plan de combate, tenían
Para profundizar en la relación entre los aspectos fi- poca autoconfianza, estados de ánimos inapropiados,
siológicos y psicológicos hay que tener en cuenta que la pensamientos negativos y encontraban su práctica irrele-
lucha es un deporte que requiere pesos específicos de vante.
acuerdo a la categoría de sus practicantes. Por ello suelen
existir casos de una vertiginosa pérdida de peso en los Con respecto al desempeño técnico, Kasum (2007)
luchadores, donde aquellos pertenecientes a categorías realizó un estudio con luchadores serbios de alto rendi-
menos pesadas bajarán de peso con mayor facilidad en miento, sobre la conexión existente entre algunas varia-
comparación con los luchadores más pesados (Zilfy, bles psicológicas (ansiedad, extroversión, autoconfianza,
Avni, Ermir y Perparim, 2013). La revisión efectuada por agresividad y ansiedad competitiva) y la elección de
Franchini, Brito y Artioli (2012) destacó la existencia de técnicas específicas para marcar puntos en los combates.
trabajos que ponían de manifiesto que dicha pérdida Este autor encontró que aquellos luchadores que perciben
repentina de peso es una situación que trae consigo con- las situaciones de combate como amenazantes y experi-
secuencias que pueden afectar a un luchador a nivel psi- mentan niveles altos de ansiedad cognitiva y somática
cológico, fisiológico y de salud, presentándose una dis- (sin control), prefieren utilizar técnicas de alto riesgo
minución de la memoria a corto plazo, vigor, concentra- (entendidas como aquellas en las que existe el riesgo a
ción y de autoestima, así como el aumento de la confu- fracasar, lesionarse o recibir puntos), a diferencia de
sión, ira, fatiga, aislamiento y depresión. Además, el aquellos que experimentan niveles bajos de ansiedad
trabajo de Isik, Gökdemir, Bastik, Yildirim y Dogan competitiva, quienes prefieren utilizar técnicas de menor
(2013), estudiando los efectos de la pérdida de peso y la riesgo. De igual forma, se muestra que los luchadores
consecuente deshidratación en luchadores, encontró que que temen a la incertidumbre del resultado prefieren
aquéllos que sufrían de cambios en su peso, así como una utilizar las técnicas de alto riesgo y aquellos que utilizan
deshidratación previa a la competición, mostraban un técnicas de bajo riesgo no temen al resultado final, pre-
estado de depresión que afectaba su rendimiento tanto sentando niveles más altos de autoconfianza.
durante como después de la lucha. Por otra parte, Koro-
beynikov, Korobeinikova y Shatskih, (2013a) analizan la Por sus características como deporte de combate, el
respuesta sensoriomotora y su conexión con la frecuencia riesgo a lesionarse está siempre latente, sobre todo en
cardíaca (FC), encontrando que la tensión muscular del luchadores con más años de experiencia competitiva
luchador puede verse afectada a partir de cambios brus- (Pasque y Hewett, 2000). Por ello, ejercer el control so-
cos en dicha FC, lo cual puede bloquear la efectividad de bre el afrontamiento negativo (miedo, ansiedad, rabia,
respuestas motrices, específicamente la reacción visomo- frustración, etc.), el afrontamiento positivo y la autocon-
tora. fianza, pueden reducir la incidencia de lesiones (Beren-
güi, López, Garcés y Almarcha, 2011). Asimismo, el
Por otra parte, Gould, Eklund y Jackson (1992a, desgaste a nivel físico y la tensión mental que supone un
1992b) llevaron a cabo un estudio con la selección na- combate para el luchador requieren de un manejo positi-
cional de lucha de los Estados Unidos y su participación vo de los niveles de tensión emocional, donde la autocon-
en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 analizando la pre- fianza es un elemento clave, permitiendo procesar la
paración mental (pensamientos y efectos de la competi- información de combate de manera eficaz y así lograr los
ción en los mismos) antes y durante la competición. Des-
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objetivos planteados (Korobeynikov, Korobeinikova y Método


Shatskih, 2013b).

En un estudio desarrollado por Emara (2012) se ana- Participante


lizó la relación entre la práctica imaginada y las variables
psicológicas de autoconfianza, motivación y ansiedad Deportista español de élite de lucha grecorromana en
competitiva. Sus resultados confirmaron que los luchado- categoría senior, de 29 años. La intervención surgió
res con una mayor autoconfianza tenían una mayor capa- cuando el deportista solicitó apoyo psicológico para
cidad para utilizar la práctica imaginada. Esta relación afrontar una competición internacional de alto nivel.
permitía al luchador controlar sus emociones, mejorar su
motivación de logro y elaborar planes de combate pre-
vios a sus competiciones. Según Tazegül (2012) en rela-
ción a los deportes individuales, en particular, a los de- Instrumentos de evaluación
portes de combate, los luchadores de grecorromana tie-
nen un mayor nivel de motivación, la cual es más fuerte Entrevistas semi-estructuradas con el deportista. La
que la de practicantes de otros deportes de combate; in- entrevista inicial se utilizó para determinar el nivel de
clusive mayor a la de luchadores estilo libre. Dicha moti- motivación que el deportista mostraba hacia el proceso y
vación suele estar enfocada a la maestría deportiva (en el estimar, a partir de ella, el grado de adherencia a la inter-
caso de luchadores de élite), en particular al dominio de vención, así como explorar la presencia de las habilida-
habilidades técnicas (Ranjbari y Chamanigoli, 2012). De des prerrequisito para llevar a cabo la intervención (capa-
acuerdo con lo analizado anteriormente, la intervención cidad de visualización, conocimiento de técnicas de rela-
en el control de la activación, así como otras variables jación, etc.). Además, en esa entrevista inicial y en las
que pueden incidir en el rendimiento, como la autocon- realizadas en cada uno de los momentos que se detallan
fianza, la motivación y la concentración, se convierten en en el procedimiento, se recababa información sobre los
elementos esenciales en el trabajo con estos deportistas objetivos de resultado comparándolos con la ejecución
(López et al., 2012). registrada en situaciones reales, la valoración en términos
de dificultad por el propio deportista de dichas situacio-
Estudios como estos justifican la realización de inter- nes, la valoración del luchador sobre el potencial grado
venciones psicológicas orientadas al entrenamiento men- de ansiedad que le generaban tales situaciones mediante
tal en deportistas de lucha grecorromana, que, a su vez, su jerarquización según una escala de unidades de ansie-
se relacionan con aspectos biológicos y fisiológicos del dad y, por último, los pensamientos negativos (que apa-
deportista (Karimi, Keshavarz, Javad y Etaati, 2013). El recían en esas situaciones).
presente trabajo tiene por objetivo presentar los resulta-
dos de un estudio de caso único que describe los efectos Escala de valoración del nivel de ejecución técnico-
de una intervención psicológica basada en técnicas de táctico, físico y psicológico. Construida ad hoc en un
visualización, parada de pensamiento, reestructuración formato de 10 puntos para recoger la valoración del pro-
cognitiva y establecimiento de objetivos y de rutinas pio deportista a sus niveles en esas dimensiones antes y
precompetitivas. Dicha intervención estaba dirigida a la después de cada competición y combate arbitrado.
reducción de los niveles de ansiedad competitiva que
manifestaba un luchador grecorromano. CSAI-2R (Cox, Martens y Russel, 2003). Consta de
17 ítems con una escala tipo Lickert. Consta de tres di-
mensiones: Ansiedad cognitiva (AC), Ansiedad somática
(AS) y Autoconfianza (AU). La adaptación española de
este instrumento (Andrade, Lois y Arce, 2007) arroja
unos valores adecuados de consistencia interna de las
escalas (.83, .80 y .79, respectivamente). Asimismo, la
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aplicación de este instrumento a otro deporte de lucha Evaluación inicial: Se aplicó la entrevista individual y
(judo) muestra valores igualmente adecuados: .72, .80, el CSAI-2R. A partir de la primera toma de datos a través
.73 (Montero, Moreno-Murcia, Gonzáles Ponce, Pulido y de la entrevista, se establecieron los objetivos de resulta-
Cervelló, 2012). dos y las expectativas de resultado para el segundo y
tercer campeonato.
Grabaciones de combates en campeonatos. Sirvieron
para analizar el seguimiento de las rutinas competitivas y Intervención: Tuvo lugar en los tapices y aula de usos
aplicación de las demás habilidades psicológicas entre- múltiples del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de
nadas. Madrid. En el tapiz se trabajaba antes o después de los
entrenamientos para evitar distracciones; para ello se
Pulsómetro. Con el objetivo de medir la frecuencia mantenía flexible la programación de las sesiones, dado
cardíaca (FC). que solían surgir cambios en los entrenamientos de los
luchadores. En esta fase, se aplicaron tanto las entrevistas
individuales como el CSAI-2R en distintos momentos:
Técnicas de intervención
(a) al inicio de la intervención (antes de la primera
competición importante), (b) en combates arbitrados
Para la intervención con el deportista se utilizaron una (“topes”) realizados contra sus compañeros a modo de
serie de técnicas dirigidas a los diferentes objetivos de entrenamiento en condiciones de combate real (se
intervención. Para manejar la ansiedad, se utilizó la téc- tomaron cuatro medidas), y (c) previo a cada una de las
nica de parada de pensamiento y la técnica de reestructu- competiciones importantes del luchador (la competición
ración cognitiva sobre los pensamientos negativos que ya mencionada y otras dos competiciones más). Los tres
incrementaban la percepción de la situación como ame- campeonatos en los que se obtuvieron registros estaban
nazante. Además, se utilizó la técnica de instauración de jerarquizados en orden de importancia siendo el menos
rutinas precompetitivas como una manera de contribuir a importante el primero y el más importante el tercero.
reducir los niveles de ansiedad previos, así como dotar de Dicha importancia se establecía por el alcance contextual
repertorios conductuales al deportista para recurrir a ellos del campeonato y por la calidad de los contrincantes.
en los diferentes momentos de la competición.
La secuencia de la toma de datos fue: Campeonato 1,
Para la fijación de metas deportivas y la mejora en la Tope 1, Tope 2, Campeonato 2, Tope 3, Tope 4 y Cam-
ejecución se utilizaron la técnica de establecimiento de peonato 3.
objetivos y la técnica de visualización. Ésta también se
utilizó para el control de la ansiedad mediante ensayos Por la proximidad de las competiciones, se planifica-
comportamentales encubiertos en los que el deportista se ron 16 sesiones de trabajo psicológico para 8 semanas y
veía ejecutando adecuadamente, utilizándose las sensa-
un acompañamiento durante competiciones y topes arbi-
ciones generadas para fomentar emociones positivas a trados. De igual manera, se filmaron todas las participa-
incrementar los niveles de autoconfianza. ciones del luchador en los torneos internacionales cele-
brados fuera del territorio español, de los que se realiza-
Procedimiento ron los análisis correspondientes.

Se llevaron a cabo tres fases. La primera fase fue la Se determinaron las necesidades competitivas durante
evaluación inicial (registro de las necesidades competiti- las dos primeras sesiones para establecer los objetivos
vas del luchador). En la segunda fase, se produjo la inter- técnico-tácticos de ataque pie; ataque suelo; defensa pie;
vención (aplicación de las técnicas). La última fase con- y ataque suelo. Estos objetivos fueron cuantificados y
sistió en la evaluación final con el fin de comparar los analizados mediante los vídeos tomados en sus combates
resultados. arbitrados y competiciones internacionales. Posterior-
mente, se pidió al luchador jerarquizar las situaciones
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que le provocaban ansiedad durante la competición o tendría que establecer ejercicios específicos que repetiría
entrenamientos, con la finalidad de contrarrestarlas me- (con cierta flexibilidad) durante entrenamientos, topes
diante visualizaciones, escenificando mentalmente las arbitrados en el CAR y en competiciones internacionales,
situaciones jerarquizadas que le provocan ansiedad con el sistematizando así su práctica deportiva que, a la larga, le
objetivo de vivirlas mentalmente y reestructurar gra- daría mayor seguridad sobre sus estrategias de combate.
dualmente los pensamientos inadecuados que aparecían
de forma espontánea. De igual manera, se construyó la rutina de competi-
ción, la cual se elaboró con base a los tiempos muertos
Se trabajaron semanalmente dos visualizaciones com- que existen en un combate (antes de iniciar el combate,
petitivas individualizadas tanto de los objetivos técnico- cuando el árbitro detiene el combate, al ir a posición de
tácticos como de las situaciones que le provocaban an- castigo y al iniciar cada período). Ésta consistía en reali-
siedad haciendo uso de la experiencia previa del deportis- zar una serie de movimientos preestablecidos, activado-
ta y de las grabaciones que se fueron realizando. La guía res y que permitieran dirigir la atención al momento pre-
de las visualizaciones constaba de diversas fases. La sente, al contrincante y al plan de combate.
primera correspondía con el deportista llegando a las
instalaciones, observando gradas, luchadores, árbitros, Para el trabajo de parada de pensamiento y reestructu-
familia, etc. Posteriormente, se encontraba en los vestua- ración cognitiva se realizó un listado de los pensamientos
rios donde trataba de visualizarse con un color de vesti- automáticos negativos, conocidos a través de la entrevis-
menta. Luego se imaginaba realizando el calentamiento y ta, que aparecían durante los entrenamientos, días previos
finalmente se pasaba a iniciar un combate donde se le a competición y durante la competición propiamente
preguntaba un nombre de un contrincante y así se reali- dicha; todo ello con la finalidad de identificarlos en el
zaba la visualización de un combate completo con la momento que surgieran y convertirlos en pensamientos
finalidad de mejorar su autoconfianza, sus objetivos téc- positivos. Para lograrlo se utiliza una palabra clave y
nicos-tácticos y el resultado final. En la última etapa, se significativa que funcione como señal para dirigir la
realizaba una retroalimentación con el luchador tratando atención del luchador a sus acciones deportivas en lugar
de rescatar sensaciones que tenía en el momento de que de poner atención a sus estados emocionales y los agen-
le salieran bien las cosas. Ello se utilizaría posteriormen- tes externos que le suelen causar ansiedad.
te para generar estas sensaciones de cara a afrontar sus
competiciones y controlar la ansiedad. Durante las 5 Las estrategias de parada de pensamiento y reestruc-
últimas visualizaciones se realizaron sólo situaciones de turación cognitiva se trabajaron en conjunto con la rutina
competición específicas, por lo cual fueron más cortas competitiva y la visualización, tratando de ir sustituyendo
que las primeras, todo ello con la finalidad de que el poco a poco los pensamientos negativos que pudieran
luchador pudiera guiar sus propias visualizaciones y surgir, sobre todo en los momentos de la precompetición
utilizarlas en los momentos de pausa que existen entre y la competición, para convertirlos en pensamientos posi-
sus combates durante su participación en el torneo. tivos.

Las visualizaciones fueron cronometradas y se tomó Evaluación final: Tras la intervención se volvió a en-
un registro fisiológico de Frecuencia Cardiaca (FC) me- trevistar al deportista, así como se le pidió que volviera a
diante un pulsómetro de manera que se comparara su FC cumplimentar el CSAI-2R.
media con los niveles que el propio deportista establecía
como idóneos. La medida de la FC fue tomada durante el
proceso de visualización hasta el análisis de la experien- Resultados
cia imaginada que se realizaba a continuación.
A continuación, se muestran los resultados obtenidos
Además, durante las primeras dos semanas se elaboró en la intervención psicológica con el deportista español
la rutina de calentamiento mediante la cual el luchador de lucha grecorromana. Como se ha descrito anterior-
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mente, los datos fueron tomados de topes arbitrados,


competiciones y entrenamientos. Las competiciones En la Figura 2, podemos observar cómo los pensa-
variaron en importancia y dificultad, siendo los topes mientos negativos oscilaron en un rango entre 3 y 5 (con
arbitrados donde se presentaron menos situaciones gene- una moda de 4). Por su parte, los pensamientos negativos
radoras de ansiedad. variaron entre 2 y 5 (con una moda de 2). El valor más
alto se produjo en la competición 2. Por último, las situa-
En la Figura 1 podemos observar los momentos en ciones generadoras de ansiedad eran escasas (entre 1 y 2)
que fue aplicado el inventario CSAI-2R. Se puede obser- en los topes mientras que aumentaban en las competicio-
var cómo a medida que avanza la intervención, los nive- nes (siendo de 5, 12 y 9 respectivamente en cada una de
les de AC y AS van disminuyendo a la vez que aumentan ellas) y variaban dependiendo la dificultad de las compe-
los de AU. Los valores más bajos de AC y AS y los más ticiones.
altos en AU se obtuvieron en la Competición 3, que
reunía a luchadores de alto nivel competitivo a nivel
mundial. En esta competición, el luchador tuvo un buen En la Figura 3 podemos ver cómo fueron las autoeva-
rendimiento. luaciones respecto a los aspectos técnicos y tácticos del
luchador en los distintos campeonatos y topes. Al inicio
Una circunstancia clave para la intervención fue el de la intervención el luchador se planteó una serie de
momento en que el luchador se encontraba en la reclasi- objetivos técnico-tácticos donde se establecieron las
ficación del último campeonato, situación que implicaba técnicas y táctica que serían primordiales para obtener
olvidar los combates anteriores y enfocar toda su aten- buenos resultados competitivos. En topes arbitrados y
ción en el siguiente. La interpretación de su derrota pre- primer Campeonato, sus evaluaciones pre-competitivas
via a la reclasificación fue positiva y le abrió el camino a estuvieron por encima de las post-competitivas, situación
una serie de buenos combates para finalmente ser elimi- que se podría predecir dado que dichas competiciones no
nado en su último encuentro. presentaban mucha dificultad para el luchador. Al final,

25
Ansiedad Cognitiva

Ansiedad Somática
20
Autoconfianza

15

10

0
C1 T1 T2 C2 T3 T4 C3
Figura 1. Niveles de Ansiedad Cognitiva (AC) Ansiedad Somática (AS) y Autoconfianza (AU).
C1: Competición 1, T1: Tope 1, T2: Tope 2, C2: Competición 2, T3: Tope 3, T4: Tope 4, C3 Competición 3.
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14 Pensamientos positivos

12 Pensamientos negativos
Situaciones de ansiedad
10

0
C1 T1 T2 C2 T3 T4 C3
Figura 2. Comparación del número de situaciones generadoras de ansiedad con el número de pensamientos negativos y
positivos.
C1: Competición 1, T1: Tope 1, T2: Tope 2, C2: Competición 2, T3: Tope 3, T4: Tope 4, C3 Competición 3.

en la última competición, el luchador mejoró su interpre- en sus aspectos físicos y psicológicos pre-competitivos,
tación del aspecto técnico, realizando una evaluación por mostrando confianza para desenvolverse con facilidad en
encima de los registros en los campeonatos y topes arbi- dicho campeonato. Sin embargo, sus puntuaciones en la
trados anteriores. Respecto a sus percepciones tácticas evaluación posterior a dicha competición fueron meno-
previas y posteriores a la competición no existieron mu- res.
chas diferencias entre competiciones.
La puntuación en la valoración del nivel de ejecución
En la Figura 4 podemos ver que, durante el primer psicológica pre-competitiva continuó siendo superior a la
campeonato, el luchador registró una buena puntuación post-competitiva durante los topes arbitrados y el segun-

Pre Técnica Post Técnica


9 Pre Táctica Post Táctica
8

0
C1 T1 T2 C2 T3 T4 C3
Figura 3. Evolución de la autoevaluación técnica y táctica pre-competitiva y post-competitiva.
C1: Competición 1, T1: Tope 1, T2: Tope 2, C2: Competición 2, T3: Tope 3, T4: Tope 4, C3 Competición 3.
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Pre Física Post Física


10
Pre Psicológica Post Psicológica
9

0
C1 T1 T2 C2 T3 T4 C3
Figura 4. Evolución de la autoevaluación física y psicológica pre-competitiva y post-competitiva.
C1: Competición 1, T1: Tope 1, T2: Tope 2, C2: Competición 2, T3: Tope 3, T4: Tope 4, C3 Competición 3.

do de los campeonatos. En dicho campeonato el luchador Aspectos como el físico sufrieron una baja post-
no obtuvo buenos resultados competitivos, lo cual puede competitiva, pero ha sido relevante que el luchador se
explicar esa disminución de la puntuación. A pesar de los haya autoevaluado con una mejora en el aspecto psicoló-
resultados desfavorables en esta competición, su valora- gico post-competición, indicando que su estado psicoló-
ción post-competitiva fue superior a la que manifestó tras gico durante la competición pudo ser facilitador de su
la primera competición. desempeño.

Durante el último de los campeonatos, los resultados En la Figura 5 podemos observar la evolución de la
aumentaron de manera satisfactoria para la finalidad de la frecuencia cardíaca respecto a las visualizaciones reali-
intervención. El rendimiento del luchador mejoró en zadas en entrenamiento, topes arbitrados y competiciones
cuanto a resultados competitivos y también en cuanto a importantes.
su evaluación post-competitiva del aspecto psicológico.

100

80

60

40

20

0
C1 V1 T1 V2 V3 T2 V4 C2 V5 T3 V6 V7 T4 V8 V9 C3

Figura 5. Evolución de la frecuencia cardíaca.


C1: Competición 1, V1: Visualización 1, T1: Tope 1, V2: Visualización 2, V3: Visualización 3, T2: Tope 2, V4:
Visualización 4, C2: Competición 2, V5: Visualización 5, T3: Tope 3, V6: Visualización 6, V7: Visualización 7, T4: Tope 4,
V8: Visualización 8, V9: Visualización 9, C3 Competición 3.
220 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 211-224. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.15785

Para la explosividad que caracteriza a este deporte, el pensamiento, la visualización y la realización de una
luchador manifestó en un principio que su estado óptimo rutina pre-competitiva y competitiva. Al ser un campeo-
para entrar a competición rondaba las 70 a 75 pulsacio- nato clasificatorio, hubo situaciones que no logró contro-
nes por minuto. Sin embargo, relacionando los resultados lar en su totalidad, lo que puede considerarse como nor-
de la Figura 5 con los expuestos en la Figura 1, el lucha- mal por las circunstancias de dicha competición. Su pa-
dor interpretaba mejor su ansiedad si se mantenía tran- pel fue mucho mejor que en el anterior campeonato,
quilo para llevar a cabo sus primeros movimientos en alcanzando la reclasificación y quedando a un solo triun-
combate como ponen de manifiesto los niveles de ansie- fo de alcanzar su clasificación.
dad somática y cognitiva y la frecuencia cardíaca en la
competición 3. Por ello, el momento de mayor importan- Por otra parte, la direccionalidad de la ansiedad es
cia durante las visualizaciones era el de la pre- otro elemento que puede facilitar el rendimiento, siempre
competición; en concreto durante la entrada del luchador y cuando exista una interpretación positiva de la AC y
al tapiz de combate. La FC del luchador se encontraba AS junto con un aumento de la AU (Craft et al., 2003;
sobre las 70 pulsaciones por minuto, aumentando en gran León et al., 2011; Woodman y Hardy 2003), contrarres-
medida durante su participación en el segundo de los tando cualquier tipo de interpretación negativa que se
campeonatos. Posteriormente, en la última competición tenga del propio rendimiento. Esto vendría a señalar que
su FC fue alcanzando el nivel óptimo de activación faci- los niveles de AC y AS no pueden estudiarse separados
litador de su práctica. de la autoconfianza, dado que siempre existe relación
entre estas variables. En este caso, el luchador experi-
mentó todo tipo de situaciones generadoras de ansiedad,
Discusión pero a diferencia de lo acontecido en su carrera deportiva
anterior a la intervención, en esta ocasión mostró estar
De acuerdo con los resultados, la intervención tuvo entrenado para interpretar mejor sus estados fisiológicos
efectos positivos en cuanto la ansiedad y al nivel de auto- y mentales, y, como el propio deportista manifestó, gene-
confianza del luchador, factores ambos que se han puesto rando aprendizajes tanto de sus triunfos como de sus
en relación con la mejora del rendimiento deportivo derrotas.
(Craft, Magyar, Becker y Feltz, 2003; Gould et al.,
1992a, 1992b; León, Fuentes y Calvo, 2011; Moritz, La visualización es una técnica efectiva para el con-
Feltz, Fahrbach y Mack, 2000; Woodman y Hardy 2003). trol de la ansiedad pre-competitiva (Rushall y Lippman,
Así pues, vemos que durante el primer Campeonato y los 1998) en lucha grecorromana, dado que permite al lucha-
topes arbitrados se presentaron menos situaciones gene- dor afrontar las competiciones que sean necesarias, expe-
radoras de ansiedad para el luchador. En cuanto al se- rimentando y controlando las sensaciones que le provo-
gundo campeonato, el luchador expresó que se sentía can ansiedad antes y en el momento de un combate. En
preparado y no importaba contra quién se enfrentara dado las últimas fases de la intervención, se planteó que el
que tenía confianza en su preparación. Sin embargo, sus luchador realizara visualizaciones por su cuenta, para así
resultados competitivos no fueron los más favorables. controlar la ansiedad provocada por ciertas situaciones
Ello pudo estar relacionado con el hecho de que sus nive- previas a su competición; por ejemplo, durante las pro-
les de autoconfianza (véase Figura 1) todavía no alcanza- longadas pausas que hay entre combates. Existió buena
ban los niveles adecuados para afrontar la situación de aceptación hacia esta técnica de intervención por parte
competición al más alto nivel, dando como resultado el del luchador, indicando constantemente que ha sido de su
no poder controlar las situaciones generadoras de ansie- agrado y quisiera ponerla en práctica de manera más
dad y sus pensamientos negativos. frecuente durante su carrera deportiva.

Durante la última competición, el luchador ya se ha- Diversos estudios han puesto de manifiesto que la
bía familiarizado con distintas estrategias psicológicas práctica imaginada puede mejorar el rendimiento de los
para afrontar su competición. Entre ellas, la parada de deportistas en aspectos como la autoconfianza, motiva-
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ción y control de ansiedad competitiva (Emara, 2012), das mediante el trabajo psicológico de visualización
sobre todo cuando existen situaciones que el deportista competitiva. De ese modo, el luchador aumentó paulati-
no puede afrontar frecuentemente en la realidad (Dris- namente la seguridad respecto a sus técnicas y tácticas
kell, Copper y Moran, 1994; Murphy, Nordin y Cum- más fuertes.
ming, 2008; Omar, Binti, Abdullah y Rashid, 2009; Pain,
Harwood y Anderson, 2011). Por último, el aumento de la FC durante el segundo
de los campeonatos pudo deberse a que era la primera
La parada de pensamiento en conjunto con las rutinas competición donde se enfrentaría a luchadores de gran
pre y competitivas fueron bien asimiladas por parte del nivel competitivo previa a la competición más importan-
luchador, dado que él mismo tomó conciencia del efecto te. En comparación a los topes arbitrados y el primer
positivo que traía consigo el uso de dichas técnicas a la campeonato, el luchador percibió como más amenazante
hora de contrarrestar los pensamientos negativos que le dicha competición. La manifestación de tasas cardíacas
impedían cumplir sus objetivos de combate. El uso de superiores a las que el propio deportista consideraba
técnicas de reestructuración cognitiva facilita el control como idóneas pudo inducir una interpretación negativa
de la atención y aumento de concentración, reducción de de esa señal propioceptiva (véase Schandry, 1981), lo
la ansiedad y aumento del rendimiento deportivo (Anchi- que, a su vez, pudo contribuir a una peor ejecución de-
que, 2006; Estrada y Pérez, 2008), aportando un medio portiva. En el último de los campeonatos, se generó una
para el cambio de creencias irracionales (negativas) y FC con la cual el luchador se sentía cómodo y le permitía
focalizar la atención en sus objetivos de combate, elimi- interpretar su estado físico y psicológico como el óptimo
nando los efectos que pudieran tener los pensamientos para competir, obteniendo así resultados positivos duran-
automáticos negativos en cuanto agentes externos a su te su competición.
tarea dentro del tapiz de lucha.
También se pudo comprobar una mejora en las ejecu- Conclusiones
ciones técnico-tácticas del luchador, pudiendo cumplir
los objetivos de combate establecidos al inicio de la in- Los resultados obtenidos muestran que puede ser efi-
tervención. El desgaste a nivel físico y estrés mental que caz el uso de un programa de intervención psicológica
supone una competición, requiere de un manejo positivo para mejorar el rendimiento en lucha grecorromana, dado
de los niveles de tensión emocional permitiendo procesar que las técnicas de intervención utilizadas contribuyeron
la información de combate de manera eficaz (Korobeyni- a la mejora de la Autoconfianza y disminución de la
kov et al., 2013a), logrando enfocar la atención del lu- Ansiedad Cognitiva y Ansiedad Somática, permitiendo
chador a técnicas específicas, disminuyendo las respues- que el luchador interpretara de manera positiva sus esta-
tas psicofisiológicas disruptivas, propias de la ansiedad, dos de ansiedad, logrando así cumplir con sus objetivos
que pueden interferir en el rendimiento (Estrada y Pérez, técnicos-tácticos durante topes arbitrados, y campeona-
2008). El hecho de que el luchador no se desviara de su tos, donde también logró generar sensaciones positivas
plan de combate puede relacionarse con su mejora de que contribuyeron a mejorar el afrontamiento de dicho
rendimiento, quizás a través de la planificación de objeti- torneo. Además, los resultados de la intervención han
vos específicos en base a los puntos fuertes del luchador generado una actitud positiva hacia la psicología deporti-
y el efecto que ello puede tener en su autoconfianza, va. En este sentido, el luchador expresó que fortalecer
como ha sido señalado (Gould et al., 1992a, 1992b). sus habilidades psicológicas puede volverse un elemento
importante para su futuro rendimiento como deportista y
Dado que los aspectos técnicos y tácticos fueron tra- ser humano. No obstante, hay que hacer hincapié en que
bajados de manera conjunta con el entrenador, en ocasio- estos resultados indican una tendencia positiva en los
nes existían problemas de comunicación entre ambos. resultados. Un objetivo de próximos trabajos tendrá que
Ello provocó que existieran dudas sobre cuáles serían las ver con la recogida de datos más robustos que nos permi-
técnicas más adecuadas para desenvolverse con un buen ta analizar el tamaño del efecto en términos de significa-
rendimiento en sus combates. Dudas que fueron mitiga- ción clínica.
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ESTUDIO DE RELACIONES ENTRE CULTURA, CLIMA Y


FUERZA DE CLIMA LABORAL EN ECUADOR

STUDY OF THE RELATIONSHIP BETWEEN


CULTURE, CLIMATE AND LABOUR FORCE
IN ECUADOR

VALENTINA RAMOS 1 Y EDUARDO TEJERA2

zaciones públicas y privadas. Los cálculos se realizaron


Resumen tomando en cuenta comparaciones de medias y modelos
de ecuaciones estructurales. Nuestros resultados indica-
ron que el clima laboral en Ecuador en términos de fuer-
El clima laboral es el resultado de las percepciones de los za puede considerarse como débil. Es de interés destacar
trabajadores asociados a su ambiente de trabajo mientras que todas las dimensiones culturales identificadas corre-
que la cultura es el conjunto de comportamientos, ideas y
lacionaron de forma estadísticamente significativa y
sentimientos compartidos que describen la forma en que positiva con el clima, pero no con la fuerza. A partir de
se trabaja en una organización y que, por tanto, la defi- estos resultados, se elaboró un modelo de relaciones
nen. Estas percepciones del ambiente que definen al cli-
entre las variables de estudio con buenos índices de ajus-
ma, se caracterizan porque pueden ser variables entre las
te (CFI = 0.991, GFI = 0.983, RMSEA = 0.059,
personas, lo que se conoce como fuerza del clima laboral. PCFI = 0.531, x2/df = 3.871). Como principales
La presente investigación se corresponde con un estudio
conclusiones destacamos que, al menos en el contexto de
del clima laboral en Ecuador, donde además se incluye
estudio, la variable fuerza va a estar directamente
un análisis de su fuerza y de los aspectos de la cultura relacionada con el tipo de clima predominante y las
organizacional que más lo afectan. Para ello se aplicó una
acciones que se hagan para mejorarlo. Esto resulta
herramienta que se validó en el contexto de la investiga-
esencial pues al existir un clima débil, van a haber
ción, para medir diferencias en las percepciones del cli- consecuencias tanto al momento de su medición como al
ma, así como aspectos culturales asociados al mismo, en momento de tomar decisiones para mejorarlo, debido a
una muestra constituida por 832 trabajadores de organi-

Agradecimientos: Escuela Politécnica Nacional; Proyecto Interno con código PII-DESODEH-002-2015.

Correspondencia: Valentina Ramos. Escuela Politécnica Nacional, Ecuador. Email: [email protected]


1
Escuela Politécnica Nacional, Ecuador.
2
Universidad de las Américas, Ecuador.

Recibido: 1 agosto de 2017.


Aceptado: 24 de octubre de 2017.
226 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 225-240. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.17046

que existen percepciones diferentes en cada nivel de Introducción


análisis del mismo, ya sea individual, grupal y
organizacional. Las organizaciones laborales se encuentran con el
desafío constante de garantizar un espacio de trabajo que
Palabras clave: Fuerza del clima; Clima laboral;
contribuya a la motivación de sus empleados, donde
Cultura; Ecuaciones estructurales; Contexto organizacio-
prime el bienestar y la satisfacción de los mismos. Sin
nal. embargo, las percepciones de los trabajadores relaciona-
das con las características de su ambiente y cómo se
Abstract sienten con el mismo varían de individuo a individuo.
Esta variabilidad de percepciones va a implicar que una
The organizational climate is the result of workers' per- organización no se podrá definir, en principio, por cómo
ceptions associated with their work environment, while es su ambiente de trabajo. Lo que define a las organiza-
culture is the set of shared behaviors, ideas and feelings ciones es su cultura organizacional, entendida como los
that define the way in which an organization works. comportamientos y sentimientos compartidos por todos
These perceptions of the environment that define the sus miembros (Agarwal, 2015; Madan y Jain, 2015). El
climate, can be variable between the workers, which is bienestar que los trabajadores sientan, derivado de las
known as its strength. This research corresponds to a características de su ambiente, va a ser definitivo para su
study of the work climate in Ecuador that also includes permanencia en el mismo y para la forma en que van a
an analysis of its strength and the aspects of the organiza- realizar sus actividades (Carrasco, Martínez-Tur y Peiró,
tional culture that most affect it. A tool validated in the 2012; Randhawa y Kaur, 2014).
context of the research was used to measure differences
in climate perceptions, as well as cultural aspects associ- Para Alarcón y Cea (2007), el clima laboral es el re-
ated with it, in a sample of 832 workers from public and sultado de la influencia directa e indirecta de condiciones
private organizations. The calculations were made taking laborales. Por esta razón, las características del ambiente
into account mean comparisons and structural equation de trabajo, vistas como características del clima laboral,
modeling. Our results indicated that the work climate in han sido objeto de estudio de innumerables investigado-
Ecuador in terms of strength can be considered as weak. res, preocupados por identificar cuáles son aquellos ele-
It is interesting to note that all cultural dimensions identi- mentos que influyen en el clima con vistas a buscar solu-
fied correlated statistically and positively with climate, ciones a problemas existentes (Alarcón y Cea, 2007;
but not with the strength. Based on these results, we had Álvarez, 2006; Moncada, Llorens, Andrés, Moreno y
a model of relationships between the variables with good Molinero, 2014; Ramos, Morales y Ortíz, 2011). Estos
adjustment indexes (CFI = 0.991, GFI = 0.983, elementos se encuentran dentro de la forma de hacer,
RMSEA = 0.059, PCFI = 0.531, x2/df = 3.871). As main pensar y sentir de los miembros de la organización. Es
conclusions, we emphasize that, at least in the context of decir, la cultura organizacional va a generar al clima
the study, the strength will be directly dependent to the laboral (Agarwal, 2015; Iljins, Skvarciany y Gaile-
type of climate prevailing and the actions that are done to sarkane, 2015). Esto ha traído como consecuencia que el
improve it. This is essential because if there is a weak estudio del clima haya estado orientado a identificar
climate, there will be consequences both at the moment aquellos elementos de la cultura que impactan al clima y
of measurement and at the moment of making decisions no al clima en sí mismo.
to improve it, because there are different perceptions at
each level of analysis, whether individual, group and Las características del clima laboral hacen, además,
organizational. que se tenga que tomar en cuenta la existencia de variabi-
Keywords: Work climate; Culture; Climate lidad en las percepciones entre las personas en relación a
cómo se sienten en lo que hacen, pero también cómo se
strength; Structural equation modeling; Organizational
context. sienten en relación a la organización en donde trabajan.
Esto implica la consideración de varios niveles en los que
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el clima va a diferenciarse, y la consideración del contex- estas se oponen (Ramos, Jordão y Morais, 2012; Ramos,
to en el que se va a estudiar (Agarwal, 2015). La relación Mejía, Mejía y Unda, 2017).
entre cultura y clima organizacional define la existencia
de una interacción entre ambas variables, donde dimen-
El clima laboral
siones específicas de la cultura van a tener un impacto en
el clima en función de dónde se realice el estudio. Lo que
pone en cuestionamiento la aplicación de herramientas Por su parte, si la cultura define las formas de com-
para medir el clima, que fueron diseñadas en contextos portamiento organizacional, el clima laboral está dado
culturales diferentes al de la aplicación inicial. por las percepciones que los trabajadores tienen sobre
este comportamiento y por cómo les afecta (Kumar,
Esto genera varios escenarios de actuación en relación Budhwar y Nisha Bamel, 2013). Autores como Cardona
al estudio del clima laboral: la consideración de la exis- y Cruz (2014) argumentan que el clima, por su propia
tencia de una variabilidad en las percepciones que se naturaleza, es un concepto multidimensional e indetermi-
tienen del clima en varios niveles organizacionales, la nado. Las aproximaciones al estudio del clima laboral se
consideración de la especificidad del clima para cada han dado desde lo perceptual y desde lo estructural
contexto cultural en donde se quiera estudiar, y la necesi- (Clissold, 2006). En el primer caso, se hace referencia a
dad de identificar las dimensiones culturales que afectan relaciones entre el concepto de clima laboral y el de am-
al clima en el contexto de estudio y para cada uno de los biente de trabajo. Ambos términos se han utilizado indis-
niveles de percepción del clima laboral. Estos tres ele- tintamente para describir aquellas percepciones asociadas
mentos constituyen la base de nuestra investigación. al estado de ánimo de las personas dentro de una organi-
zación (Alarcón y Cea, 2007; Hernández y Valencia,
2014; Randhawa y Kaur, 2014).
La cultura organizacional
Teniendo en cuenta el acercamiento desde el punto de
La cultura organizacional se define como el conjunto vista de estructura, los estudios sobre clima se han cen-
de símbolos, valores, creencias, comportamientos que trado en identificar aquellos elementos que afectan estas
comparten todos los miembros de una organización percepciones del clima, los cuáles se han relacionado con
(Costanza, Blacksmith, Coats, Severt y DeCostanza, dimensiones culturales de la organización. Para Clissold
2016; Hudrea y Tripon, 2016). De hecho, muchos autores (2006), la exposición a los mismos aspectos y relaciones,
se han centrado en la búsqueda e interpretación del sim- no necesariamente va a tener el mismo efecto en todas las
bolismo que resulta la esencia de los distintos procesos personas, una vez que el componente perceptual está
tanto de comunicación como de comprensión conductual jugando un papel fundamental en la interpretación que se
de los trabajadores (Abad, Naranjo y Ramos, 2016). Las le da a estas influencias (Clissold, 2006). Por esta razón
relaciones que se establecen entre estos elementos que se se han desarrollado varias herramientas donde no en
comparten dentro de las organizaciones dan lugar a for- todas coinciden los mismos elementos que permiten me-
mas específicas de creer y comportarse, por lo que la dir el clima, pues depende del modelo teórico seleccio-
cultura organizacional muchas veces se define como nado (Peña-Suárez, Muñiz, Campillo-Álvarez, Fonseca-
única para cada organización, permitiendo establecer Pedrero y García-Cueto, 2013).
patrones que influyen en el sentido de pertenencia y en la
identidad de la misma (Abad et al., 2016; Madan y Jain, Sin embargo, las mediciones de clima laboral se han
2015). De este modo, la cultura organizacional va a basado en la percepción de los trabajadores sobre aspec-
enmarcar el sentido del trabajo dentro de las organizacio- tos culturales, más que en la percepción del propio estado
nes, determinando las relaciones entre el trabajador con de ánimo de las personas sobre cómo se sienten en su
la misma a nivel de ajuste, cuando existe una identifica- organización (Hernández y Valencia, 2014; Varnali,
ción entre la forma de hacer, pensar y sentir del trabaja- 2015). Esto, desde nuestro punto de vista, es limitar al
dor con la de la organización; o de conflicto, cuando clima a dimensiones que han sido determinadas de forma
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contextual, y que no necesariamente se aplican a todas laboral (Cardona y Cruz, 2014; Hernández y Valencia,
las organizaciones tal y como lo consideran Jacobs, 2014), argumentando que el clima laboral es un reflejo de
Weiner y Bunger (2014), que explican la importancia de la cultura organizacional.
tener en cuenta el contexto social y organizacional en que
se realizan los estudios de clima laboral. Esto nos lleva a Estos elementos relacionados con la cultura y el clima
plantear la primera hipótesis de investigación: nos permiten definir como segunda hipótesis de investi-
gación:
(H1): La percepción del clima laboral en Ecuador es
positiva (H2) Existe relación entre la cultura y el clima labo-
ral en Ecuador.
La cultura y el clima en las
organizaciones La fuerza del clima laboral

De acuerdo con Ashkanasy, Wilderom, y Peterson Los estudios de clima laboral se han basado en consi-
(2000), Cardona y Cruz (2014) y Kumar et al. (2013), los derar un factor general que asocia a todos los elementos
términos de cultura y clima laboral han sido utilizados cognitivos que se presentan en las relaciones entre el
indistintamente por algunos autores, al punto de conside- trabajador con su organización. En este sentido, no in-
rar en la descripción del clima algunos atributos que han teresaría discriminar niveles de clima laboral, sino que
formado parte tradicionalmente de la estructura de la estaría todo concentrado en un único factor global (James
cultura organizacional. Tal es el caso de la definición et al., 2008). Sin embargo, para Dickson y Resick (2006),
dada por Kundu (2007), donde se atribuyen característi- el clima laboral va a tener una variabilidad en la forma en
cas organizacionales y estados relativamente duraderos que se percibe de trabajador en trabajador, y también en
en el tiempo al clima, cuando esto forma parte de la defi- función de cómo cada situación afecta estas percepcio-
nición de cultura organizacional. nes, derivado de la interrelación entre el trabajador con
su entorno de trabajo. Cardona y Cruz (2014) describen
Muchos autores argumentan que los estudios de clima la existencia de niveles relacionados con el clima, desde
y de cultura, efectivamente, podrían verse intercambia- el clima individual o psicológico, al clima organizacio-
bles, pues parten de una misma base que son las relacio- nal, incluyendo también al clima del grupo (Cardona y
nes entre las personas y entre ellas y las organizaciones. Cruz, 2014; Clissold, 2006; Chaudhary y Rangnekar,
Tanto la cultura como el clima están orientadas a explicar 2016; Hernández y Valencia, 2014; Jacobs et al., 2014;
y medir estas relaciones en un contexto determinado James et al., 2008). Esta variabilidad del clima está rela-
(Ashkanasy et al., 2000). Sin embargo, hay algunas dife- cionada con su fortaleza e impacta directamente en la
rencias entre ellas. La cultura organizacional permite consistencia de los comportamientos organizacionales
entender cómo se realizan las cosas dentro de las organi- (Dickson y Resick, 2006).
zaciones, siendo, por tanto, más contextuales en el mo-
mento de entender el funcionamiento de las variables que Para Dickson y Resick (2006), la fuerza del clima la-
definen al entorno organizacional. Por su parte, el clima boral se define como el grado de consenso que existe
organizacional puede ser más generalizable y menos entre los miembros de una organización en relación a las
específico al momento de entender los comportamientos prácticas y políticas que caracterizan dicha institución
organizacionales (Ashkanasy et al., 2000). En unos ca- (Amish y Singh, 2016; Dickson y Resick, 2006). Estos
sos, se argumenta que los estudios de clima laboral pue- autores argumentan que climas fuertes son indicadores de
den servir para comprender una parte de la cultura un bajo nivel de ambigüedad en relación al comporta-
(Ashkanasy et al., 2000), mientras que otros autores ar- miento organizacional, llevando a una uniformidad a
gumentan que son los estudios de cultura organizacional nivel de percepciones y expectativas de los miembros de
los que le dan origen a una mejor comprensión del clima
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dicha organización (Dickson y Resick, 2006; Schneider, Método


Salvaggio y Subirats, 2002).

Teniendo en cuenta el concepto de fuerza de clima la- Diseño de investigación


boral, nuestra tercera hipótesis de investigación:
El estudio se corresponde con una investigación cuan-
(H3) Existen diferencias en las percepciones a nivel titativa, de tipo transversal, debido a que los datos obte-
individual, grupal y organizacional del clima laboral en nidos fueron el resultado del levantamiento de informa-
Ecuador ción en instituciones, en un momento específico y no
durante un período de tiempo. Dicha investigación inicia
Las investigaciones sobre clima deberán considerar, como exploratoria y deriva en correlacional, una vez que
entonces, a la fuerza del clima laboral pues sin ella se busca generar nueva información que permita entender a
limitaría a la media de todas percepciones que se tienen las variables de estudio propuestas y la relación entre las
en relación al clima. Sin embargo, no se consideraría el mismas (Hernández, 2014). Las variables relacionadas
grado de consenso que hay en relación al clima. Para el con las hipótesis planteadas fueron cultura, clima, fuerza
estudio de la fuerza del clima, en cambio, se debería de clima y fuerza de cultura.
considerar la dispersión entre estas percepciones. Un
consenso en las opciones legitimaría la existencia de un
clima fuerte (Schneider, Ehrhart y Macey, 2013; Muestra
Schneider et al., 2002; Weiner, Belden, Bergmire y
Johnston, 2011). En la muestra se utilizaron datos secundarios de apli-
caciones de la mismacherramienta. Estos datos forman
De este modo, el objetivo de la presente investigación parte de tesis de pregrado y maestría de la Escuela Poli-
es el de elaborar un modelo explicativo de la relación técnica Nacional en Ecuador, que compartían el objetivo
entre cultura y clima laboral en Ecuador, donde se consi- de medir el clima laboral y su fuerza en organizaciones
dere el grado de fortaleza del mismo. En función de ecuatorianas. Las ventajas del uso de datos secundarios
dicho objetivo, la cuarta hipótesis de la presente investi- están dadas por el ahorro en tiempo y esfuerzo al mo-
gación es mento de obtener los mismos (Fanning, 2014). A los
efectos de la presente investigación fue deseable la exis-
(H4): Existe relación entre la cultura, el clima y su tencia de una muestra heterogénea, perteneciente a más
fuerza en Ecuador. de una organización, a los efectos de validación del mo-
delo.
Tabla 1

Distribución de la muestra por sector de la organización

Privadas Públicas
Género (porciento)
Hombres 60.6 54.7
Mujeres 39.4 45.3
Estado civil (porciento)
Solteros 43.0 31.1
Casados 50.0 33.3
Divorciados 5.6 9.7
Otro 1.4 25.9
Edad (años):
Mínimo - Máximo 20- 59 21- 73
Media 34 38
Desviación Estándar 8.2 11.4
Nota. N = 832.
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Tabla 2

Análisis factorial de las herramientas de medición de dimensiones culturales y clima laboral

Dimensiones del Dimensiones del Dimensiones del clima


clima del puesto clima del grupo de la organización
Indicadores de aplicabilidad de la herramienta
Kaiser-Meyer-Olkin KMO=.952 KMO=.957 KMO=.958
x2= 7011.17, x2= 8283.26, x2= 8608.03,
Test de esfericidad de Bartlett p =.000 p =.000 p =.000
Cantidad de componentes principales 1 1 1
Porciento de varianza explicado 69.59 74.34 75.31
Valores de las interacciones para cada dimensión
Cooperación .871 .871 .894
Enfoque y liderazgo gerencial .862 .895 .879
Estructura organizacional .824 .837 .877
Innovación organizacional .805 .862 .839
Justicia .864 .882 .870
Motivación en la organización .825 .880 .891
Procesos de control .791 .830 .847
Reconocimiento al desempeño .823 .843 .864
Relaciones interpersonales .819 .853 .831
Toma de decisiones .855 .867 .884

Para el estudio se tomaron en cuenta las respuestas de herramienta final aplicada se encuentra en los materiales
832 trabajadores, distribuidos en organizaciones de dife- suplementares.
rente sector en Ecuador. Esta muestra es representativa
para grandes poblaciones con un 95 % de confianza y un Para la validación de estas tres escalas de dimensio-
error entre 3 y 5 (Israel, 1992). De acuerdo a los datos nes culturales se realizó un Análisis Factorial para deter-
descriptivos, la mayoría de la población que respondió minar los porcientos de varianza explicada de cada una
fueron hombres, casados y con un promedio de edad de de las escalas y la cantidad de componentes principales.
36 años. La distribución por sector se encuentra en la Asimismo, se utilizó el valor de α de Cronbach para me-
Tabla 1. dir la fiabilidad interna de cada una de las escalas. Estos
valores se encuentran en las Tabla 2 y 3.

En la Tabla 2 se muestran los valores de KMO y del


Materiales
test de Bartlett, los que resultan satisfactorios para la
aplicación del Análisis Factorial, de acuerdo con Pérez y
Para el levantamiento de información se desarrolló un Medrano (2010). Estos mismos autores argumentan que
inventario para la ocasión, compuesto por una escala el porcentaje de varianza explicado debe ser superior a
inicial con tres preguntas relacionadas con la percepción 50 % para considerar el número de factores finales ade-
del clima del puesto, del grupo y de la organización (αge- cuado. En la Tabla 3, los datos reflejan porcentajes de
neral = .846). Además, se incluyeron tres escalas para
varianza explicada superiores al 69 %. En todos los cues-
medir el impacto de dimensiones culturales en el clima tionarios de dimensiones, se recoge un solo componente
laboral a cada nivel: individual, grupal y organizacional. principal, con valores de correlaciones superiores a .40,
Las dimensiones culturales descritas en las escalas fueron
lo que resulta deseable de acuerdo con Pérez y Medrano
tomadas del análisis de frecuencia realizado a instrumen- (2010). Los valores de fiabilidad se encuentran reflejados
tos de medición de clima realizado por Nuñez (2016). La por el α de Cronbach de la Tabla 3.
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Tabla 3 siguió la propuesta de Prieto y Delgado (2010) del uso de


estandarización de herramientas y de procedimiento en el
Valores de consistencia interna de los instrumentos
levantamiento de información.
α de
Ítems
Cronbach Análisis de información
Fuerza de clima laboral 3 .864
Dimensiones del clima del puesto 10 .950
Dimensiones del clima del grupo 10 .961 Los cálculos realizados teniendo en cuenta a la H1
Dimensiones del clima de la organización 10 .963 fueron de frecuencia. Para la H2 y la H4 se realizaron
cálculos de correlaciones teniendo en cuenta el coeficien-
Los índices de α de Cronbach presentados indican va- te de correlación de Pearson, mientras que para la H3 se
lores deseados para afirmar que existe una alta fiabilidad hicieron comparaciones de medias en muestras relacio-
del instrumento pues son valores de .80 a .90. Esta afir- nadas. En el análisis y procesamiento de información se
mación se encuentra en relación con lo descrito por utilizó el programa estadístico SPSS (IBM, 2011) y en el
Oviedo y Campo-Arias (2005). Por lo antes expuesto, caso de las ecuaciones estructurales se utilizó el paquete
podemos afirmar que el instrumento aplicado tiene bue- AMOS del SPSS. Los valores de significación conside-
nos índices que permiten su aplicación. rados fueron de p < 0.05.

Las relaciones entre las variables se colocaron como


Procedimiento Modelo de Ecuaciones Estructurales. Los índices utiliza-
dos para verificar el ajuste fueron el índice comparativo
En las aplicaciones originales, siendo que los datos del ajuste (CFI), el índice de bondad de ajuste (GFI), el
obtenidos son de tipo secundarios, los cuestionarios se índice comparativo de ajuste de la parsimonia (PCFI) y el
distribuyeron en distintas organizaciones, además si- error cuadrático medio de aproximación (RMSEA); co-
guiendo el método de “bola de nieve” (Atkinson y Flint, rrespondiente con lo recomendado para este tipo de mo-
2001), donde la distribución se hizo por cercanía y afini- delo (Hooper, Coughlan y Mullen, 2008; Marôco, 2010).
dad, pidiendo que se continuara con la misma a partir de Los valores de ajuste se consideraron aceptables para el
contactos cercanos. Las aplicaciones fueron realizadas caso del CFI y el GFI si son superiores a 0.80 y bueno si
por estudiantes de pregrado y posgrado de la Facultad de son superiores a 0.90. En el caso del índice de PCFI, los
Ciencias Administrativas de la Escuela Politécnica Na- valores de ajuste se consideraron aceptables si fueron
cional del Ecuador, que a su vez aplicaron en organiza- superiores a 0.60, aunque hay autores que argumentan
ciones laborales. Para ello se utilizaron formularios en que valores sobre los 0.50 también son aceptables
papel y de forma online a través del aplicativo de Google (Hooper et al., 2008). Para el RMSEA, los valores de
Drive. En el caso de las aplicaciones online, el mismo ajuste aceptables se consideraron entre 1.10 y 0.05, y
programa evita la existencia de valores perdidos una vez valores inferiores a 0.05 para que el modelo sea conside-
que se colocaron todas las preguntas como de respuesta rado como bueno. El modelo global se consideró con
obligatoria. Para los formularios en papel hubo una revi- buen ajuste a partir de los valores de la relación entre
sión posterior al llenado, de manera individualizada, x2/df inferiores a 5 (Marôco, 2010).
evitando que se quedaran preguntas sin responder. En
ambos casos se hicieron instrucciones para el llenado del
Inventario, garantizando anonimato en las respuestas, Resultados
cuyo fin fundamental fue de tipo académico. Los formu-
larios online fueron procesados de forma automática,
Nuestros resultados apuntan a dos elementos funda-
mientras que los cuestionarios en papel fueron procesa-
mentales: establecer el comportamiento del clima laboral,
dos de manera manual en documentos de Excel. La reco-
tanto en los niveles de variabilidad del mismo como en la
gida de información se produjo durante el período de un
caracterización del clima a nivel del individuo, el grupo y
año. Para evitar la existencia de variables extrañas se
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la organización. En un segundo momento, incluimos un Sin embargo, también es de nuestro interés determinar
análisis de las dimensiones culturales que afectan al cli- las diferencias significativas entre estos tipos de clima, lo
ma laboral y que sirven como punto de partida para la que da lugar a la medición de la fuerza del clima laboral.
creación de herramientas para medir clima laboral. Estos
elementos sirvieron de base para la creación de un mode-
Dimensiones culturales que afectan al
lo de relaciones entre variables.
clima laboral en Ecuador
El clima laboral en Ecuador En relación a la H2, se realizaron correlaciones entre
dimensiones culturales y tipo y variabilidad del clima
En seguimiento a la H1, para el tipo de clima laboral, laboral para determinar qué elementos de la cultura van a
se determinaron las medias de las respuestas de los cola- estar afectando al clima a cada uno de los niveles de
boradores a nivel de clima individual, grupal y organiza- análisis. Los resultados se muestran en la Tabla 5.
cional, y la media general. Los resultados se encuentran
en la Tabla 4. De acuerdo con lo reflejado en la Tabla 5, podemos
afirmar que todas las dimensiones culturales identificadas
Tabla 4
van a tener un impacto en el clima laboral a cada uno de
Valores asociados a los niveles del clima laboral sus niveles, y de manera global también. Es decir, que
ninguna se podría o debería excluir en caso de considerar
Media Desviación Típica a la cultura organizacional dentro del estudio del clima
Clima laboral general 5.28 1.20 laboral en Ecuador, lo que reafirma la conexión que exis-
Clima del puesto 5.46 1.17 te entre clima y cultura. Sin embargo, ninguna de las
Clima del grupo 5.33 1.19 dimensiones correlacionó de forma significativa con la
Clima de la organización 5.07 1.23
variabilidad del clima laboral, lo que implica que la cul-
tura afecta directamente al clima, pero indirectamente a
la variabilidad.
De acuerdo a los datos presentados, podemos afirmar
que el clima laboral del puesto, del grupo y de la organi-
zación en Ecuador oscila desde Regular a Muy Bueno.
De igual manera se comporta la media del clima global.

Tabla 5

Correlaciones entre la media de las dimensiones culturales, los tipos de clima, la media del clima global y la variabilidad del
clima laboral

Dimensiones culturales (Media) Clima del Clima del grupo Clima de la Clima global Variabilidad del
puesto organización (Media) Clima laboral
Innovación organizacional .233** .229** .234** .285** -.059
Enfoque y liderazgo gerencial .220** .194** .168** .230** -.009
Motivación en la organización .295** .288** .277** .346** -.030
Reconocimiento al desempeño .192** .238** .263** .265** -.064
Estructura organizacional .174** .144** .167** .203** -.022
Cooperación .238** .239** .196** .251** .012
Relaciones interpersonales .284** .293** .270** .329** -.013
Toma de decisiones .220** .187** .212** .237** .006
Procesos de control .216** .164** .157** .186** .032
Justicia .189** .238** .265** .263** -.047
Nota: **. La correlación es significativa al nivel 0,01 (bilateral).
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La fuerza del clima laboral en Todas las correlaciones fueron estadísticamente signi-
Ecuador ficativas y tuvieron signo positivo. Esto indica que, a
pesar de que cada tipo de clima debe ser considerado
como una variable en sí mismo, van a tener un impacto
Para la determinación de la variabilidad de percepcio-
unos sobre los otros. De manera que si se realizan accio-
nes, es decir, la fuerza del clima mencionada en la H3, se
nes para mejorar el clima del puesto, también va a mejo-
establecieron diferencias de medias entre el clima indivi-
rar el clima del grupo y el clima de la organización. Esto
dual, grupal y organizacional. Los resultados se encuen-
va a suceder con cualquier modificación que se haga al
tran en la Tabla 6.
resto de los tipos de clima.
Tabla 6
También correlacionamos los valores de las medias
Variabilidad del clima laboral a partir de comparación de del clima laboral con la variabilidad del clima. Nuestros
medias entre muestras relacionadas resultados muestran que la correlación es significativa y
negativa (Ρ = -.297, p < 0.01). Esto indica que con la
Pares Media Desviación Sig. mejora del clima global va a haber menos variabilidad
Típica
del clima, lo que es equivalente a más fuerza del clima
Clima del puesto / Clima del
.131 8.74 .000 laboral. Es decir, que en aras de aumentar la fuerza del
grupo
Clima del puesto / Clima de la clima, se deben incidir en el mejoramiento del clima
.393 1.117 .000
organización laboral de manera global.
Clima del grupo / Clima de la
.262 1.015 .000
organización
Modelo de relaciones entre la cultura y
Nuestros resultados indican diferencias significativas el clima laboral en Ecuador
en todos los pares de clima que se compararon. Podemos
afirmar entonces que el clima laboral en Ecuador debe Para validar la H4, se determinaron las relaciones en-
considerarse como débil, y el estudio de clima laboral tre variables siguiendo un modelo de ecuaciones estruc-
entonces debe hacerse identificando a qué nivel se va a turales. En el mismo se tomaron en cuenta las siguientes
realizar. Además, podemos afirmar que, de acuerdo a los premisas a partir de los resultados obtenidos:
valores de media presentados en la Tabla 4, la percepción
del clima laboral empeora en la medida en que va aumen- 1. El clima global tiene que ser necesariamente el
tando de nivel, siendo mejor a nivel del puesto y peor a resultado de la interacción del clima laboral a ca-
nivel de organización. Al tener tres tipos de clima labo- da uno de los niveles analizados.
ral, uno para cada nivel, identificamos también las corre- 2. La variabilidad del clima laboral está directamen-
laciones entre los mismos. Los resultados se reflejan en te relacionada con el clima global, pero no con la
la Tabla 7. cultura global.
3. La medición de la cultura de manera global es
Tabla 7 también resultado de los factores que se forman
al considerar las dimensiones culturales a nivel
Correlaciones entre los tipos de clima del puesto, el grupo y la organización.
4. Podemos afirmar que, así como existe variabili-
Clima Clima
Pares del del
Clima de la dad del clima laboral, también va a existir varia-
organización bilidad en la percepción sobre la cultura organi-
puesto grupo
Clima del puesto 1 ,727** ,569** zacional, una vez que hay tres factores asociados
Clima del grupo 1 ,649** a la cultura global: la cultura del puesto, del gru-
Clima de la organización 1 po y de la organización.
234 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 225-240. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.17046

Figura 1. Modelo de relaciones entre tipos y variabilidad del clima laboral, clima global, tipos y variabilidad de cultura y
cultural global. Los valores de ajuste obtenidos fueron: CFI = 0.991, GFI = 0.983, RMSEA = 0.059, PCFI = 0.531,
x2/df = 3.871.

5. La variabilidad de la cultura va a ser el resultado Para el modelo se consideraron las relaciones entre
del comportamiento de la cultura organizacional los errores, de acuerdo a los resultados de las covarianzas
de manera global. cuando se realizó el cálculo de los índices para el modelo
6. Podemos hipotetizar que la variabilidad de la cul- sin las correlaciones entre errores. Las covarianzas esti-
tura organizacional va a impactar en la variabili- madas consideradas para establecer correlaciones fueron
dad del clima laboral, debido a la realización que superiores a 36.6 siguiendo la lógica de valores explicada
se establece entre cultura y clima. en (Marôco, 2010). Los índices fueron satisfactorios, por
lo que podemos afirmar que el modelo elaborado es ade-
El modelo elaborado se encuentra en la Figura 1. cuado para explicar las relaciones entre las variables del
mismo. Todas las correlaciones del modelo fueron signi-
ficativas y estos resultados se muestran en la Tabla 8.

Tabla 8

Relaciones entre variables que describen el Modelo Final

Estimados Error Ratio Crítico


estandarizados estándar (CR) Sig.
Variabilidad del Clima ← Clima General -0.282 0.054 -5.229 ***
Cultura del puesto ← Cultura General 1
Cultura del grupo ← Cultura General 1.057 0.017 64.01 ***
Cultura de la organización ← Cultura General 1.034 0.018 56.187 ***
Clima del puesto ← Clima General 1
Clima del grupo ← Clima General 1.141 0.047 24.066 ***
Clima de la organización ← Clima General 0.936 0.044 21.35 ***
Variabilidad de la Cultura ← Cultura General -0.029 0.009 -3.202 0.001
Variabilidad de la Cultura ← Variabilidad del Clima 0.016 0.006 2.761 0.006
Cultura General ↔ Clima General 0.243 0.032 7.69 ***
Nota. *** indica valores de p < 0.01.
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Discusión tendrá un impacto en la variabilidad del clima laboral,


reforzando la idea de las relaciones necesarias e impres-
Nuestros resultados corroboran, en primer lugar, la re- cindibles entre las variables cultura y clima.
lación estrecha que existe entre la cultura y el clima en
las organizaciones laborales. Además, evidencian la im- Limitaciones
portancia de tener en cuenta el contexto para el estudio
del clima laboral, pues el comportamiento de esta varia- Nuestra investigación, a pesar de que contó con una
ble va a ser diferenciado para las organizaciones ecuato- muestra de organizaciones públicas y privadas, podría
rianas. De este modo, al obtener dimensiones de cultura, beneficiarse de aumentar la cantidad de trabajadores de
asociadas al clima laboral, que son característicos para organizaciones privadas para que no existan mayores
comprender el tipo de clima laboral y cómo impacta la diferencias. Al mismo tiempo, se podría ampliar hacia
cultura en el mismo, podremos elaborar una herramienta otras regiones, siendo que la mayoría son personas y
que permita la medición de esta variable para el contexto organizaciones que están en la capital el país. Otro ele-
en el que se realizó la presente investigación. mento a tener en cuenta es la cantidad de dimensiones
culturales, haciendo revisiones periódicas de nuevos
Al mismo tiempo, nuestro estudio también consideró elementos que surjan relacionados con el clima laboral.
la importancia de la variable fuerza, tanto para el clima No se consideraron dimensiones relacionadas con carac-
como la para cultura organizacional. Dicha variable ha terísticas de las personas, sino aquellas que fueran un
sido poco considerada en los estudios sobre cultura y reflejo del comportamiento organizacional.
clima, que han tenido por objetivo fundamental entender
el tipo de clima y el tipo de cultura, pero no si existe
variabilidad en las percepciones acerca de los mismos. Pistas para futuras investigaciones
Considerar, en cambio, la variabilidad de las percepcio-
nes permite entender qué tipo de acción se debe realizar
y, en el caso de nuestra investigación, por demostrarse Esta investigación partió del presupuesto de la impor-
que el clima laboral es débil, arroja la idea de que el cli- tancia del contexto para el estudio del clima laboral, sin
ma debe ser considerado en función de los niveles en que embargo, se podría extender a otros contextos para con-
estas percepciones se desarrollan. Esta conclusión deriva firmar tanto el comportamiento de las dimensiones cultu-
del hecho de haber encontrado diferencias significativas rales en la medición del clima. De este modo, la realiza-
entre la percepción del clima del puesto, del grupo y de la ción de estudios transculturales sobre el tema podría
organización. Para Ecuador, además, podemos afirmar evidenciar el surgimiento de nuevas dimensiones o la
que la percepción del clima laboral empeora en la medida validación de estas dimensiones como comunes a otros
en que se acerca al clima organizacional, siendo mejor en contextos culturales.
el clima del puesto.
Además, las dimensiones culturales validadas en el
Por último, nuestro estudio incluye un modelo expli- modelo deben ser sujeto de medición con mayor profun-
cativo de relaciones, donde se evidencia que la cultura didad, sirviendo de base para la construcción de una
organizacional va a tener una relación con el tipo de herramienta que mida esencialmente estas dimensiones, a
clima laboral, pero no con la variabilidad del clima labo- través de ítems. De este modo el instrumento final queda
ral. Es decir, que para realizar acciones dirigidas a mejo- más completo y podría ser utilizado de manera indepen-
rar el clima, se debe tener en cuenta las dimensiones diente sólo considerando los aspectos culturales, o de
culturales estudiadas, pero estas sólo tendrán un impacto forma global con la medición de la percepción del clima.
indirecto en la fuerza del clima laboral. En la medida en
que mejore el clima, entonces disminuirá la variabilidad
de las percepciones que se tenga sobre el mismo. La
variabilidad de la cultura organizacional, en cambio, sí
236 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 225-240. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.17046

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Apéndice

Cuestionario de percepción del Clima Laboral


El clima laboral de las organizaciones se relaciona con el estado de ánimo que las personas sienten, ya sea
individual o en su grupo de trabajo. Estos tres niveles de percepción del clima pueden coincidir o no. Por favor,
identifique en las siguientes afirmaciones cómo considera que es el clima laboral a los niveles sugeridos, de acuerdo
con la escala de: Pésimo, Muy malo, Malo, Regular, Bueno, Muy bueno, Excelente.

El clima laboral en mi puesto de El clima laboral en mi grupo de El clima laboral en la organización


trabajo es: trabajo es: donde trabajo es:
Pésimo Pésimo Pésimo
Muy malo Muy malo Muy malo
Malo Malo Malo
Regular Regular Regular
Bueno Bueno Bueno
Muy bueno Muy bueno Muy bueno
Excelente Excelente Excelente

Dimensiones culturales que afectan al clima


¿Con qué frecuencia los siguientes elementos influyen en el clima laboral que caracteriza su puesto, su grupo y su
organización? Puntúe cada aspecto considerando una escala del 1 al 5 donde 1: Nunca influye en el clima y 5:
Siempre influye en el clima.
Influye en el Influye en el Influye en el clima
Dimensiones de
Descripción de las dimensiones clima del clima del de la organización
la cultura
puesto grupo
Innovación Nivel de innovación, creatividad y visión de la
organizacional organización.
Enfoque y liderazgo Estilo, percepción y forma de organizar el
gerencial trabajo por parte de la gerencia.
Sentimientos de motivación, entusiasmo y
Motivación en la
confianza de los trabajadores en la
organización
organización y en su trabajo.
Reconocimiento al Reconocimiento, recompensas e incentivos
desempeño basados en el desempeño de los trabajadores.
Estructura Características de la estructura organizacional
organizacional que presenta la empresa.
Participación, trabajo en equipo y sentimiento
Cooperación de pertenencia que tienen los trabajadores en
la empresa.
Comunicación, relaciones sociales, relaciones
Relaciones
familiares-laborales e interacción social dentro
interpersonales
de la organización.
Nivel de autonomía, responsabilidades y
Toma de decisiones delegación de actividades/funciones que tienen
los trabajadores.
Control, tiempo dedicado al trabajo y nivel de
Proceso de control
productividad del trabajador.
Percepción de la equidad y la justicia dentro de
Justicia
la organización por parte de los trabajadores.
240 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 225-240. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.17046
ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 241-252. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.19365 241

LA COMPRENSIÓN INFANTIL DE LA EMOCIÓN


EN EL SISTEMA DE CUIDADO

CHILDREN'S UNDERSTANDING OF
EMOTION IN THE SYSTEM OF CARE

CRISTINA SANZ GUERRA1 Y PURIFICACIÓN SIERRA GARCÍA2

conexión con el Sistema de Apego del hijo. La


responsabilidad y la empatía de la madre forman parte de
Resumen las respuestas de los niños de estas edades como
activadores de su comportamiento de cuidado y
La relación madre-hijo se ha estudiado tradicionalmente protección hacia el hijo. Las representaciones de los
desde la perspectiva de la teoría del apego. Pero, además, niños pueden organizarse en niveles de comprensión cada
es un fenómeno psicológico y social al que el niño dota vez más sofisticados y complejos. Conocer los
de sentido y que trata de comprender. Para explorar la sentimientos y motivaciones que los niños atribuyen a la
comprensión infantil de esta dimensión de la relación, madre en su rol de cuidadora principal y la visión infantil
hemos entrevistado a 85 niños de entre siete y nueve de las leyes emocionales que rigen las relaciones
años mediante una entrevista semiestructurada con afectivas madre-hijo, puede ofrecernos nuevas perspecti-
cuatro historias, en las que se relacionaban el Sistema de vas acerca de cómo se construyen las relaciones de apego
Apego y el Sistema de Cuidado. El análisis de las y resultar útil en la detección e intervención en apegos no
respuestas de los niños muestra que el 97 % atribuyen saludables, en ambos miembros de la díada.
malestar en la madre en relación con la vivencia de Palabras clave: Sistema de cuidado; Sistema de ape-
amenaza del hijo. Los niños de estas edades poseen ya go; Compresión infantil; Modelo interno de trabajo.
una comprensión del Sistema de Cuidado de la madre en

Correspondencia: Purificación Sierra García. Facultade de Psicoloxía, Universidad Nacional de Educación a Distancia
(España). Email: [email protected]
1
Conserjería de Educación, Junta de Extremadura, España.
2
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España.

Recibido: 7 agosto de 2017.


Aceptado: 16 de noviembre de 2017.
242 ACCIÓN PSICOLÓGICA, diciembre 2017, vol. 14, nº. 2, 241-252. ISSN: 2255-1271 http://dx.doi.org/10.5944/ap.14.1.19365

Abstract aportan objetivos, cogniciones y emociones propias. La


dinámica de la vinculación de apego supone la puesta en
The mother-child relationship has traditionally been marcha de comportamientos por parte del niño con el
studied from the perspective of attachment theory. But in objetivo de buscar y mantener la proximidad de la madre
addition, they are a psychological and social phenome- y están organizados en el Sistema de Apero (SA). El
non to which the child gives meaning and tries to under- aprendizaje y el desarrollo de herramientas cognitivas
stand. To explore the child's understanding of this durante la primera infancia la interiorización de la dispo-
dimension of the relationship, we interviewed 85 nibilidad (o no) de la figura de apego en un Modelo In-
children between 7 and 9 years old through a semi- terno de Trabajo (MIT) (Bowlby, 1969/1982). El MIT
structured interview with four stories, in which the contiene información de sí mismo, de la madre y de la
Attachment System and the System of Care were related. relación. El niño va conformando una imagen cada vez
The analysis of the children's responses shows that 97 % más compleja de la madre como ser psicológico, como un
attribute discomfort in the mother in relation to the individuo independiente con objetivos y emociones
experience of threat of the child. Children of these ages propias gracias a la experiencia y el desarrollo cognitivo.
already have an understanding of the Mother's System of Esto permite que la relación sea cada vez más completa y
Care in connection with the child's attachment system. flexible (Bowlby, 1988). La representación mental es el
The responsibility and empathy of the mother are part of componente central en la explicación del comportamiento
the responses of children of these ages as activators of socioemocional y el ajuste psicológico e interpersonal
their behavior of care and protection for the child. más allá de la infancia (Mikuliner y Shaver, 2005). Aun-
Children´s representations can be organized at que el MIT incluye emociones de ambos miembros de la
increasingly sophisticated and complex levels of díada, Bowlby no contempla las emociones de la madre
understanding. Knowing the feelings and motivations en relación con las tareas específicas de protección y
that children attribute to the mother in her role of cuidado.
primary caregiver and the child's vision of the emotional
laws that govern affective mother-child relationships, Complementario a la representación infantil de la re-
can offer us new perspectives on how attachment lación, Solomon y George (1986, 2008) proponen un
relationships are built and be useful in the detection and Sistema de Representación de Cuidado o Sistema de
intervention in unhealthy attachments, in both members Cuidado (SC) en la madre. Esta representación contiene
of the dyad. cogniciones y emociones sobre las competencias y estra-
tegias para cubrir las necesidades del hijo y la eficacia de
Keywords: System of care; Attachment system; las mismas. La evaluación de dicha eficacia, repercutiría
Child's understanding; Internal working model. en sus prácticas de crianza (George y Solomon, 2008).

La Teoría de la Conexión (Bell, 2010, 2012; Bell y


Richard, 2000), ahonda en la cualidad de las emociones
Introducción que activan el SC. Éstas serían la empatía (intención
emocional y cognitiva de conocer y entender las necesi-
La relación afectiva entre el niño y su cuidador es dades del niño) y la responsabilidad (intención emocional
una construcción diádica, en la que ambos miembros y cognitiva de ayudar y proteger al niño). Ambos com-
aportan objetivos, cogniciones y emociones propias. ponentes subyacen a la eficacia del cuidado y las prácti-
Desde que en 1969 Bowlby propusiera tu teoría del ape- cas de crianza y, por tanto, a la cualidad de la relación
go, ésta se ha convertido en el paradigma hegemónico en afectiva. Ambas propuestas sobre el SC carecen por el
el estudio de las relaciones madre-hijo. momento de desarrollo empírico.

La relación afectiva entre el niño y su cuidador es Los estudios sobre la representación infantil de la re-
una construcción diádica, en la que ambos miembros lación madre-hijo, se han realizado exclusivamente desde
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una perspectiva evaluativa del apego mediante copia de lo que el adulto le transmite sobre la realidad,
estrategias de completamiento de historias (e.g., Walsh, sino que constituyen auténticas elaboraciones
Symons y McGrath, 2004). Su dinámica consiste en individuales que van evolucionando a lo largo de la
analizar el discurso infantil que será el reflejo de la infancia, desde atribuciones sencillas, basadas en
historia afectiva de la díada y, desde él, establecer aspectos concretos de la realidad, externos y desconecta-
patrones de apego. El niño verbalizará sus expectativas dos, hasta otros más elaborados, inferenciales y abstrac-
de la respuesta de la madre ante situaciones activadoras tos, en los que los elementos se conectan de manera pro-
del SA, aquellas en las que el niño se siente amenazado. gresivamente más compleja y relacional (Delval, 2000;
Kalish y Lawson, 2008).
Dada la potencia y repercusión de la teoría del
apego, pareciera que este enfoque agota las posibilidades La dificultad del estudio de la comprensión infantil de
del estudio infantil de la relación madre-hijo. Pero éstas los fenómenos requiere indagar no sólo en la información
pueden ser abordadas desde otros planteamientos que posee el niño sobre ellos, sino en su visión personal
igualmente interesantes para nuestro avance en el acerca de los elementos que los conformas y las relacio-
conocimiento y comprensión e intervención en el nes que establece entre ellos, en esencia, qué significado
desarrollo infantil y el apego. les otorga. Para ello, es necesaria una estrategia que per-
mita profundizar en las ideas íntimas de los niños. El
En la relación madre-hijo confluyen distintas dimen- método clínico-crítico de Piaget (1926) nos brinda esta
siones. Por una parte, se trata de relaciones afectivas de posibilidad ya que supone indagar, en la comprensión
naturaleza específica con repercusiones fundamentales infantil de los fenómenos a estudiar siguiendo el curso
en el desarrollo y la salud mental, como señala la teoría del pensamiento del niño, analizando la cualidad de los
del apego (Bowlby, 1969/1982). Desde esta perspectiva, argumentos.
es un proceso psicobiológico que no requiere de
comprensión en la infancia (mientras emerge y se No contamos con estudios sobre la comprensión in-
consolida). Pero desde la psicología del desarrollo, las fantil de las relaciones afectivas madre-hijo. El objeti-
relaciones afectivas madre-hijo se encuentran dentro de vo general de nuestro trabajo, ha sido explorar la com-
la categoría de fenómenos sociales y psicológicos prensión infantil de la dimensión psicológica de estas
porque: (a) son procesos que se producen en el contexto relaciones. En concreto, nos preguntábamos si el niño: (a)
social de las relaciones entre las personas (Kalish y contemplaba la emoción como un activador del SC; (b)
Lawson, 2008), (b) ambos participantes desempeñan qué emoción subyacía esta activación y su justificación;
dentro de ella un rol (diádico) que se circunscribe a la (c) si poseía una representación diádica del SA y del SC
relación, y (c) en ella confluyen las dimensiones y, por último, cómo se organizaba dicha representación.
cognitiva y emocional de ambos miembros.
Conocer los sentimientos y motivaciones que los ni-
Comprender el mundo que le rodea es una de las ca- ños atribuyen a la madre respecto a su rol de cuidadora
racterísticas intrínseca a los seres humanos y fundamen- principal y la visión infantil de las leyes emocionales que
tal en el desarrollo porque permite una actuación mucho rigen las relaciones afectivas madre-hijo, puede ofrecer-
más eficaz sobre dicha realidad (Delval, 2007). El niño nos nuevas perspectivas sobre cómo interpreta el niño el
el niño trata de dotar de sentido a todos los fenómenos rol de protección de la madre, los elementos en torno a
sean del mundo físico, psicológico o social. Para ello los cuáles se organiza la vivencia de la madre y su com-
forma representaciones o modelos que incluyen portamiento como cuidadora principal. Ello no solamente
expectativas sobre los comportamientos de los nos conducirá a una mejor comprensión de cómo se
participantes y las leyes que rigen dichos construye las relaciones apego, sino que también puede
comportamientos. Estas representaciones se construyen resultar útil en la detección e intervención en ambos
en la interacción entre las competencias cognitivas y la miembros de la díada en apegos no saludables.
experiencia social de los niños. Por ello, no son una
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Método Procedimiento
Previa autorización del equipo directivo de los centros
Participantes educativos, se realizó una charla colectiva con los padres
de los alumnos de entre siete y nueve años. Los niños
Dada la naturaleza del estudio y las exigencias de los cuyos padres firmaron un consentimiento informado
centros, se envió una carta de presentación a la dirección aceptando participar en el estudio, fueron entrevistados
y a las familias de los alumnos. Tras ello se impartieron dentro del horario escolar, de manera individual en el
charlas colectivas a los padres de los niños que se propio centro educativo, en un lugar destinado al efecto.
encontraban en los cursos 1º, 2º y 3º de Educación Su duración aproximada fue de 15 minutos.
Primaria (509 familias), cumplieran o no los requisitos
de edad en ese momento puesto que la edad cronológica La entrevista fue presentada a los niños como una ta-
del alumnado varía a lo largo de los cursos en la rea desprovista de carácter evaluativo.
previsión de que el estudio se haría con posterioridad a
esta primera fase de petición de autorización. De ellas, Instrumentos
no mostraron interés en el estudio 400 familias. En base
a la ley de protección de datos, el colegio no aportó
Los padres completaron una ficha creada ad hoc en la
información de ninguna de ellas. El total de familias que que se incluían datos sobre la nacionalidad y aspectos de
aceptaron la participación en el estudio fueron 109, de la conformación familiar.
las cuáles, en el momento de las entrevistas, sólo
De acuerdo con los objetivos de nuestro estudio se elabo-
cumplían requisitos 85, lo que constituyó el N total de la
ró una entrevista semiestructurada: Entrevista para Niños
muestra. sobre la Emoción y Responsabilidad en el Sistema de
Cuidado (ENERSC).
Respecto a las características de la muestra, estuvo
compuesta por 85 niños y niñas (61 % niñas y 39 % ni- Se compone de cuatro Historias en las que los prota-
ños), de edades comprendidas entre los siete y los nueve gonistas son una madre y su hijo. En la primera denomi-
años, M = 8.26 y SD = 0.61 (rango 7.0-8.9). Todos los
nada Obligación Laboral, se narraba lo siguiente: Una
niños eran de nacionalidad españolas excepto uno de madre está trabajando. Recibe una llamada del colegio de
nacionalidad brasileña. Los niños asistían a tres centros su hijo para decirle que se encuentra mal y debe ir a re-
públicos y un centro privado concertado en Mérida. La cogerlo para llevarle al médico. En la segunda Historia,
mayoría de los niños de la muestra (86 %) viven con
denominada Descuido, una madre se encuentra en un
ambos padres. Los padres de ocho niños estaban separa- centro comercial con su hijo. Hay mucha gente y lo lleva
dos y convivían habitualmente con la madre. Tres niños de la mano. De repente, se da cuenta de que ya no siente
procedían de familias monoparentales, siendo el progeni- la mano de su hijo agarrándola, mira y no ve a su hijo, lo
tor la madre en dos casos y en uno, el padre. Respecto a ha perdido. La tercera Historia expone que una madre va
la edad, los padres tuvieron una edad media M = 42.54 en coche a recoger a su hijo a clase de inglés. Entonces se
(SD = 4.81), mientras que, en las madres, la edad media pincha una rueda del coche. Esta Historia se denominó
fue de 40,45 (SD = 4,52). Respecto al cuidador principal, Imponderables. La cuarta y última Historia, Despiste,
el 60 % (51) declaran que son ambos; el 20 % (23.5) describe que una madre lleva a su hijo a un cumpleaños.
señalan a la madre como cuidador principal; 3.5 % (3) Debe ir a recogerlo a las siete, pero se despista y cuando
contestan que es el padre quien se ocupa principalmente se da cuenta, ve que va a llegar tarde. Tras cada historia,
del niño/a y un 12.9 % (11) no contestan. se le preguntaba al niño: ¿Tú cómo crees que se siente la
madre? y se le pedía que justificara su respuesta. En un
segundo momento se le pedía al niño que señalara alguna
solución para que el niño pudiera recibir los cuidados de
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la madre. Ante su respuesta, la entrevistadora señalaba lidad poco elaborada, como nos muestra Adrián (8; 2):
que no era posible y se le volvía a preguntar sobre el "¿Qué crees que siente la madre cuando le llaman del
sentimiento de la madre. A efectos de análisis, las res- cole porque se ha puesto malo? Se siente mal y preocu-
puestas de los niños a esta pregunta se codificaron como pada ¿y por qué? Porque no puede ir al hospital a cui-
Escenario 2 (E2). darlo, tendrá que esperar hasta que llegue a casa. O
Yaiza (8;6): "¿Qué crees que siente la madre cuando se
La entrevista se desarrollaba atendiendo al objetivo pincha la rueda? Enfadada, porque no puede ir a recoger
general de obtener información sobre la representación y a su hija")
comprensión de los niños, siguiendo el curso de su pen-
samiento, en términos Piagetianos, las creencias espontá- En el siguiente Nivel de complejidad (Nivel 3) los ar-
neas de los niños (Piaget, 1926). En este estudio, presen- gumentos de los niños mostraron representaciones en las
taremos las respuestas relacionadas con los sentimientos que los argumentos sobre el malestar de la madre se or-
que los niños atribuyen a la madre en ambos escenarios ganizaban en torno a la toma de conciencia de la activa-
(E1) y (E2). ción de los Sistemas de Apego (en el niño) y de Cuidado
(en la madre) así como los impedimentos para poder
alcanzar los objetivos. De esta manera, en este Nivel, los
Análisis de los datos
argumentos contenían nociones de responsabilidad y
empatía cualitativamente diferentes y mostrando una
El análisis de los datos se llevó a cabo en varias fases. conexión emocional de la madre con el hijo. A este tercer
En la primera, se codificaron las respuestas de los niños Nivel se denominó Representación de una Conexión
atendiendo a criterios sustantivos y conceptuales. Desde emocional. Algunos ejemplos de estas respuestas son las
ellas, elaboramos categorías generales, atendiendo a los que aparecen a continuación: Paola (8;11) "¿Qué crees
elementos de que constaban, su organización y relación que siente la madre cuando se pincha la rueda? Pues está
entre los mismos. Estas categorías, dieron lugar a su como así: "¡qué tengo que darme prisa!¡qué mi hija a lo
agrupación en distintos Niveles de complejidad. El Nivel mejor se preocupa!¡tengo que darme prisa!" "Está en-
1, al que hemos denominado Representación ligada a fadada con ella misma por haber pinchado una rueda y
Rasgos Concretos de la Situación, contiene respuestas en triste porque tiene que ir a por su hija y no quiere dejarla
las que los niños, aun reconociendo el malestar de la más sola" o Miriam (8;10) que señala que la madre se
madre, se ciñen a los elementos descriptivos que apare- siente " ... triste porque piensa la hija que se ha olvidado
cen en las Historias y que aporta el entrevistador, como y la ha dejado sola”.
en el caso de Leire (8;10): "¿por qué se siente mal (la
madre) 5? Porque se le ha pinchado la rueda del coche" Se contó con el apoyo de software de análisis cualita-
o Ángela (7; 3): "¿por qué se siente triste (la madre)? tivo de datos (CAQDAS, Computer-Aided Qualitative
Porque su jefe no le deja ir a por su hija”.
Data Analysis), en concreto, el Atlas.ti 6.0 como herra-
mienta principal para la categorización de las respuestas
En el Nivel 2, denominado Representación del Compro- de los niños atendiendo a su contenido sustantivo. Un
miso de Cuidado, se agrupan respuestas en las que los grupo de protocolos seleccionados al azar fueron codifi-
niños, además de tener en cuenta los acontecimientos cados por un segundo juez. El porcentaje de acuerdo en el
narrados en las Historias, tienen en cuenta cómo estas proceso de categorización fue del 90 %. Los desacuerdos
circunstancias condicionan la consecución del objetivo en las categorizaciones se resolvieron mediante dis-
(procurar protección al hijo, que el hijo se sienta protegi-
cusión.
do), desde una perspectiva del compromiso o responsabi-
Aunque el objetivo del trabajo es fundamentalmente
cualitativo, atendiendo a la naturaleza de los datos se
Se presentan extractos literales de las entrevistas. Las realizaron análisis estadísticos mediante Chi Cuadrado
preguntas de la entrevistadora aparecen en letra redonda y
para analizar las diferencias entre los niveles. En una fase
la respuesta de los niños en cursiva.
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siguiente, estos datos han sido analizados de manera Justificación de la emoción de la madre
cuantitativa mediante el paquete estadístico SPSS 19.0.
En relación con la representación infantil del motivo
del malestar de la madre en las diferentes situaciones,
Resultados como se ha dicho en el apartado correspondiente, encon-
tramos tres tipos de respuestas que suponen Niveles cre-
Reconocimiento y valencia de la cientes de complejidad de las representaciones, tanto por
emoción de la madre los elementos que contienen como por la forma en la que
se organizaban.
De manera global, a la pregunta ¿qué crees que siente
la madre (en cada una de las situaciones) ?, la mayoría En la Tabla 1 se presenta la distribución de niños en
de las respuestas de los niños (el 97 %) atribuyeron a la los diferentes niveles y en ambos escenarios (E1) y (E2).
madre un sentimiento negativo o de malestar. La justifi-
cación de esta emoción se hallaba en que la madre no Como puede apreciarse, los argumentos de los niños
podía desplegar el SC (como en el caso de la historia () de estas edades se agruparon, en mayor medida en el
en el que no puede ir a buscarle al colegio cuando está Nivel 2 en ambos Escenarios, siendo menor la diferencia
enfermo porque está trabajando); o en que había no había entre el Nivel 2 y 3 en el Escenario 1 que entre el 2 y 3 en
sido eficaz en el mismo (como en el caso de la historia 4 el Escenario 2.
que narra la pérdida del niño en el centro comercial).
Esta emoción mayoritaria y su argumento será objeto de Sólo un 20 % de los niños se situaron en el Nivel 1.
análisis en profundidad en el siguiente apartado. Representación ligada a Rasgos Concretos de la Situa-
ción. Las respuestas de los niños mostraron una represen-
Un 2 % de las respuestas fueron “no sé” y un 1 % tación en la que el SC y Apego se encuentran activados,
fueron anecdóticas como que "también tiene su parte pero por elementos concretos y sobresalientes de las
buena porque se puede quedar a trabajar, y así luego Historias, los niños atribuyeron el malestar de la madre a
cuando llegue si tarda mucho pues no le cae todo de los elementos descritos en ellas, tal y como señaló Lour-
golpe"). Aun siendo interesantes desde el punto de vista des (7;10) "se sentía triste porque su hija está mala".
cualitativo, dado su carácter residual no se tomaron en Estas argumentaciones basadas en elementos concretos
consideración en las siguientes fases del análisis. de las historias, se hacen explícitas en referencia directa
al SC (Aitana, 8;9, afirma que la madre se sentía "fasti-
diada, porque se le ha pinchado la rueda"). El porcentaje
de niños que aportan argumentos de este nivel de concre-
ción cuando se presenta el Escenario 2, es decir, cuando

Tabla 1

Determinantes de la emoción de la madre en los Escenario 1 y 2

Escenario 1 Escenario 2
Nivel de Representación (Historia inicial) (Impedimento)
N(%) N(%)
Nivel 1 17 (20%)(*) 11 (13%)
Representación ligada a Rasgos Concretos de la Situación
Nivel 2 38 (45%) 45 (53%)
Representación del Compromiso de Cuidado
Nivel 3 30 (35%) 29 (34%)
Representación de una Conexión emocional
N total (%) 85 (100%) 85 (100%)
Nota. (*) Los niños pueden estar en diferentes niveles dependiendo de las historias.
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se introduce un impedimento ajeno a la voluntad de la malestar consigo misma) incluyendo sentimientos de


madre por la que no puede alcanzar el objetivo del SC.es culpa o vergüenza por haber faltado al Cuidado o el
algo menor (13 %). compromiso con el niño, en palabras de Paola (8;11)
"Pues la madre se enfada con ella misma, porque debería
El mayor número de niños (45 %) se situó en el que haber estado atenta, o ponerse una alarma, debería
hemos denominado Nivel 2 Representación del Com- haber estado atenta e ir a por su hija". Aquí también se
promiso de Cuidado. La característica de este Nivel es incluyen sentimientos relacionados con la "obligación" de
que se aportan organizaciones más complejas en sus atender al hijo, o confusión o desorientación por tener
explicaciones en torno al SC, situando el origen del ma- que hacer frente a la disyuntiva de compaginar el Cuida-
lestar de la madre en la toma de conciencia (de la madre) do de su hijo con otras obligaciones, pero poniendo la
de que no puede hacer frente a la demanda de protección obligación hacia el hijo por delante. Por ej. Daniel (7;6):
del niño, por ejemplo, Sofía (8;5): (la madre se sentía "Pues un dolor en la cabeza y, como si no supiera qué
mal) "Porque... se le ha pinchado una rueda y ya no hacer, porque ¿tengo que ir a trabajar para ganar dinero
puede recoger a la niña." Las respuestas en las que los o tengo que ir a por mi hijo a recogerle? Que no sabe,
niños aluden al Sistema de Apego se refieren a que el pero ella va a recoger a su hijo". De esta manera, los
malestar de la madre se origina en el potencial peligro niños incluso son conscientes y se representan el dilema
que puede estar viviendo el hijo en el contexto de la his- al que se encontrarían expuestas las madres. Por su parte,
toria y que, por tanto, requiere la activación de su SC los argumentos relativos al SA, se refirieron a la atribu-
para regular el sentimiento de amenaza en el niño. La ción de sentimientos negativos o de malestar de la madre
madre puede sentir preocupación porque, como expresa causados por la emoción/vivencia que la madre prevé que
Paula (8;11) “…a ver si la niña va a tener algo, que va a tendrá el niño como consecuencia del acontecimiento
quedar enferma, que sea algo grave, ...". narrado en la Historia. Paula (8;10) lo describe así: la
madre se sentía "preocupada" porque "a su hija le da
Como puede observarse en la Tabla 1, las respuestas miedo quedarse sola".
que se sitúan en este Nivel se incrementaron ligeramente
ante el Escenario 2. Es decir, hay un mayor número de No se han encontrado diferencias significativas en
niños que argumentan esta emoción de la madre cuando función del sexo entre los niveles de comprensión en
se le presenta un nuevo impedimento para poder desple- ninguno de los Escenarios.
gar el SC.
Pero ¿mantienen los niños la cualidad de sus razona-
Por último, un porcentaje algo menor de niños (el mientos cuando se introduce un impedimento en la situa-
35%) dieron respuestas del Nivel 3., Representación de ción, de manera que la madre no pueda atender a las
una Conexión emocional. Los argumentos que tomaban necesidades del hijo? Desde esta perspectiva, los resulta-
en consideración sobre el SC, giraban en torno a los sen- dos son los que se muestran en la Tabla 2.
timientos negativos que el niño atribuye a la madre (de
Tabla 2

Consistencia en el Nivel de respuesta entre los Escenarios 1 y 2

Nivel de Respuesta
Número de niños en cada Nivel y cada Escenario en el E2 N total
(Impedimento)
Nivel 1 Nivel 2 Nivel 3
Nivel de Respuesta Nivel 1 29.4 (5) 47.1 (8) 23.5 (4) 17
E1 Nivel 2 10.5 (4) 71.1 (27) 18.4 (7) 38
(Historia Inicial) Nivel 3 6.7 (2) 33.3 (10) 60 (1)8 30
N total 12.9 (11) 52.9 (45) 34.1 (29) 85
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Como puede observarse, de los 17 de niños que campo de interés inexplorado y de especial utilidad para
aportaron respuestas propias del Nivel 1 cuando se les nuestro conocimiento de la comprensión infantil de la
presentaba la Escena inicial (E1), 12 dieron respuestas vinculación de apego, uno de los pilares del desarrollo
más elaboradas cuando se introdujo el impedimento socioemocial. Se han indagado estas representaciones
(E2). De ellos ocho aludieron ahora al sentimiento de mediante una Entrevista semiestructura creada ad hoc
malestar de la madre atendiendo a su Compromiso de formada por Historias y preguntas encaminadas a hacer
Cuidado (Nivel 2) y 4 aportaron argumentos propios de emerger el conocimiento y representación infantil de los
un el Nivel de respuestas cualitativamente más complejo elementos motivacionales y de activación del SC,
(Nivel 3: Conexión emocional). concretamente, la emoción de la madre. La entrevista y
su dinámica ponían en juego elementos nucleares de la
Resulta interesante también que de los 38 niños que Teoría del Apego (Bowlby, 1982); del SC (George y
señalaron la emoción de malestar de la madre atendiendo Solomon, 1996, 2008; Solomon y George, 1996) y de la
al compromiso o responsabilidad en la protección del Conexión (Bell, 2012; Bell y Richard, 2000).
hijo en la primera Escena, cuando se les presentaba el
segundo Escenario, la mayoría respondieron de manera Nuestros resultados generales iniciales apuntan a que
consistente, situando sus respuestas en este mismo Nivel. los niños de estas edades (entre siete y nueve años), po-
Pocos niños dieron respuestas del Nivel anterior y seen ya una comprensión del SC de la madre. Es decir,
algunos ya comenzaron a dar respuestas del Nivel poseen una representación de que la madre tiene como un
superior ante la imposibilidad de la que la madre pudiera objetivo prioritario procurar protección y bienestar al
resolver la situación activando comportamientos de hijo. La no consecución de este objetivo o los impedi-
Cuidado. mentos que pudieran estar presentes, elicitarían emoción
negativa en la madre (enfado o preocupación) cuando no
Por su parte, de los 30 niños que aludieron a aspectos puede alcanzar dicho objetivo. Por otra parte, los datos
de empatía y compromiso de forma más clara y obtenidos parecen señalar que es típico de estas edades
organizada, con sentimientos de un mayor Nivel poseer una representación bidireccional, diádica, entre el
abstracción y complejidad como se ha visto SC y el Sistema de Apego, puesto que los niños señalan
anteriormente, la mayoría (18) dieron respuestas acordes como causa de la emoción de malestar de la madre, el
con este Nivel cuando se les señalaba que no podía sentimiento de desprotección o la necesidad del hijo de
solucioinarse la situación. Algo menos de la mitad ser atendido por ella. Dentro de esta representación, ha-
“retrocedieron” a argumentos menos complejos y sólo llamos que los niños tienen en cuenta las emociones de la
alguno (dos) aportaron los argumentos más simples madre ligadas a la necesidad de compatibilizar diferentes
(aquellos relacionados con la propia situación). objetivos o necesidades, entre las que se encuentra la
protección del niño, en la línea de la Teoría del Cuidado
Hemos encontrado diferencias significativas en el (Solomon y George, 1996) y no tenido en cuenta por la
número de niños en los niveles que aportan diferentes Teoría del Apego.
argumentos en función de la introducción del impedi-
mento en la Historia (Escenario 2) (X2 = 18.485 g.l.= 4, Las respuestas de los niños que representan el mayor
p = .001), Coeficiente de Contingencia = 423, p = .001. nivel de complejidad en estas edades, se encuentran en la
línea de Bell y Richard (2000) cuando señalan la respon-
sabilidad y la empatía como las emociones que forman el
núcleo del sistema representacional del Cuidado. Lo
Conclusiones interesante es que los niños lo capten y formen parte de
sus propias representaciones, ya que ambas emociones no
El objetivo general de nuestro trabajo ha sido siempre son de fácil observación directa.
explorar la comprensión infantil de la relación madre-
hijo como fenómeno psicológico y social. Se trata de un
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Así mismo, respecto a los componentes cognitivos y del SC, sino que varían en cuanto a su cualidad y grado
emocionales, la emoción es el primer aspecto que, de de complejidad, aunque mayoritariamente los niños de
manera intuitiva y espontánea, conforma la Representa- estas edades se encuentran en los niveles 2 y 3. Desde
ción infantil del SC, de hecho, aparece ya, en el Nivel 1 estos planteamientos, quizá las representaciones del Nivel
de respuesta. En los siguientes niveles, aparecen, por una 1 sean más frecuentes en edades de niños anteriores y las
parte, el componente cognitivo (i.e. toma de conciencia, propias del nivel 3 se consolidaran en edades posteriores.
responsabilidad; aparición del dilema entre la Esto nos ofrece nuevos e interesantes ámbitos de estudio.
responsabilidad y la situación ) y, de manera integrada la
emoción de una forma cada vez más compleja e Además, resulta también interesante el hecho de que
incluyendo emociones autoconscientes como la cuando a los niños se les argumentaba que no era posible
vergüenza que suponen la comparación con otros y con la solución propuesta para que la madre desplegara el SC,
un estándar de “comportamiento deseable” (Fridja, 2008; pudiera resultar un dinamizador de respuestas de un nivel
Harris, 1989) y que, además, requieren un grado de más complejo sólo en aquellos niños que se encuentran
abstracción mayor por parte del niño para captarlas e en el nivel 3. Podría hipotetizarse que, ante un argumento
interpretarlas dentro del comportamiento del otro, en este que podría actuar como la “contrasugerencia” (Piaget,
caso, la madre. Estos argumentos se encontrarían en la 1926) utilizada en la exploración de la representación
línea de lo que Bowlby (1989) denomina Fase IV en la infantil de conocimiento del mundo físico, sólo aquellos
formación del Apego (Goal-corrected partnership), niños que poseen un sistema de representación más avan-
hacia los dos años, cuando comienza la formación del zado, son capaces de mantener dicha representación.
Sistema representacional del Apego en la que se
conforma el Modelo Interno de Trabajo. Así mismo y, de Desde una perspectiva aplicada, nuestro conocimiento
nuevo, en relación al Sistema de Representación del de que los niños poseen ya en estas edades una represen-
Apego, Delius, Bovenschen y Spangler (2008) sostienen tación del SC, que dicha representación es diádica y que
que, como parte de su representación del Apego, los contiene elementos de comprensión de la emoción y la
niños incluyen los estados mentales (creencias, cognición de la madre, resulta relevante. Desde la Teoría
emociones, deseos, ...) de su figura de Apego. Nosotros del Apego, se señala que la Representación del Apego (el
encontramos estos contenidos también en el sistema de Modelo Interno de Trabajo), una vez estructurada, ges-
Representación de Cuidado que los niños tienen sobre la tiona de manera automática la percepción de los miem-
figura de apego. bros de la díada, situándose fuera de la consciencia (Bo-
wlby, 1973). Por ello, tienden a mantenerse estables,
Por otra parte, las explicaciones que ofrecen los ni- aunque hay posibilidad de modificación, lo que resulta
ños, con sus diferentes grados de elaboración se encuen- especialmente importante para los niños cuyas experien-
tran en la línea de que, al igual que el conocimiento y la cias de apego no han resultado saludables. Experiencias
comprensión de otros fenómenos del mundo físico y afectivas positivas con la misma figura de apego o con
social, no se trata de copias de la realidad (menos, cuan- otras durante la infancia pueden facilitar un nuevo siste-
do el sistema de representación es, por definición abs- ma de representación del apego saludable. Sin embargo,
tracto y no observable) sino que son construcciones acti- Main (1991) apunta que estas representaciones (y sus
vas de los niños (Main et al., 1985). Éstas, posiblemente, consecuencias) pueden modificarse únicamente mediante
dependan no sólo de su desarrollo cognitivo sino procesos de análisis y reinterpretación de las experiencias
también de sus experiencias afectivas personales en el afectivas con su figura de apego. Para ello, son necesarias
ámbito de las relaciones de apego. las competencias metacognitivas de la adolescencia. Por
tanto, desde la Teoría de Apego, las representaciones del
En relación con esto, desde una perspectiva evolutiva sistema de apego del niño pueden modificarse mediante
(Delval, 2000) y de las nociones sociales (Kalish y Law- experiencias que “compensen y sustituyan” un modelo no
son, 2008) podría señalarse que no todos los niños de saludable. Sin embargo, este enfoque no contempla la
entre siete y nueve años, tienen la misma representación posibilidad de la toma de conciencia por parte del niño de
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elementos del SC que, en determinadas condiciones,


pudiera amortiguar la vivencia del niño de un Referencias
comportamiento materno que pudiera ser vivido como no
protector. Ello sería especialmente útil en el caso de día- Ainsworth, M. D. S. (1985). Patterns of Infant-Mother
das en las que su característica principal es la asincronía Attachments: Antecedents and Effects on
afectiva, el desencuentro entre las necesidades del niño y Development. Bulletin of The New York Academy of
la respuesta de la madre (que se produce a destiempo o Medicine, 61, 771-791
en una dirección equivocada) por razones de falta de
competencia parental. Bell, D. C. (2010). The Dynamics of Conection; How
Evolution and Biology Create Caregiving and
Entendiendo los sistemas de apego y de cuidado co- Attachment. New York, NY: Lexington Books.
mo complementarios, las madres pueden beneficiarse de Bell D. C. (2012). Next Steps in Attachment Theory.
conocer las representaciones y atribuciones que realiza Journal of Family Theory & Review, 4(4), 275-281.
su hijo sobre su comportamiento y los motivos/causas https://doi.org/10.1111/j.1756-2589.2012.00135.x
que lo determinan.
Bell, D. C. y Richard, A. J. (2000). Caregiving: The
Por otra parte, el estudio de la comprensión infantil Forgotten Element in Attachment. Psychological
del SC, nos conducirá también a una mejor comprensión Inquiry, 11(2), 69–83.
de cómo se construye las relaciones apego. Desde estos https://doi.org/10.1207/S15327965PLI1102_01
presupuestos, puede resultar una herramienta útil en la
detección de riesgo o alteraciones en las relaciones de Bowlby, J. (1969/1982). Attachment and loss, Vol. I,
apego, a la vez, que una estrategia interesante en la de- Attachment (2ª ed.). New York, NY: Basic Books.
tección e intervención en apegos no saludables.
Bowlby, J. (1973). Attachment and loss, Vol. 2,
Nuestro estudio tiene un carácter exploratorio y nove- Separation: Anxiety and Anger (Trad. Cast. La
doso que debe de irse completando con investigaciones separación afectiva, Buenos Aires, Paidós, 1976).
que profundicen en otros elementos y, desde una pers- Londres, UK: Hogarth Press
pectiva evolutiva, en la comprensión infantil de este fe-
nómeno crucial para el desarrollo, en edades anteriores y Clarke-Stewart, K. A., Goossens, F. A., Allhusen, V. D.
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