DESTINO MANIFIESTO
El Destino Manifiesto (Manifest Destiny, en inglés) es una filosofía nacional
estadounidense que explica la forma en que Estados Unidos entienden su lugar en
el mundo y como se relaciona con otros pueblos. Es una idea expresada en una
frase que se ha convertido endoctrina y expresa la creencia de que los Estados
Unidos de América está destinada a expandirse hacia los territorios no conquistados
de Norteamérica, hacia el sur del país y, en general, sobre el Hemisferio Occidental.
De acuerdo a este ideario, no bastaba la ocupación de territorios sino también era
usado para justificar las adquisiciones territoriales hechas.
Elegidos:
A lo largo de la historia estadounidense, desde las trece colonias hasta el siglo XXI,
el Destino Manifiesto ha mantenido la convicción nacional de que Dios eligió a los
Estados Unidos para ser una potencia política y económica, una "nación superior".
La imagen nacional que los Estados Unidos tienen de sí mismos, como protectores
y defensores de la legalidad, la libertad y la democracia, se funda en la creencia de
que poseen una superioridad moral (porque son el “pueblo elegido”). Esta
suposición les ha permitido justificar su intromisión en los asuntos internos de otros
pueblos (que no son “elegidos de Dios”) o de plano la violencia contra ellos.
La primera actitud intervencionista inspirada por el espíritu del “Destino Manifiesto”
fue la obsesión de los colonos ingleses por desplazar de sus tierras (o bien
exterminar) a los indígenas norteamericanos.
Estados Unidos tiende a manejar sus relaciones exteriores como si se tratara de
una cruzada moral y generalmente justifica sus acciones con dos argumentos:
La “nación fuerte que protege a la débil” (constatado por la gran mayoría de las
naciones americanas).
“La lucha contra el Mal para defender la libertad y seguridad del mundo”.
Expansión:
En su afán por ampliar su territorio hacia el oeste, el estado comenzó un ciclo de
guerras indias que se extendió hasta finales del siglo XIX, despojando a los nativos
americanos de sus tierras.
La compra de Louisiana a Francia prácticamente duplicó el tamaño de la nación[1].
La guerra de 1812 contra Gran Bretaña, que se terminó en un empate, ayudó al
fortalecimiento del nacionalismo estadounidense. El concepto de Destino Manifiesto
se popularizó durante este tiempo.
El Tratado de Oregón, firmado en 1846 con Gran Bretaña, llevó a los Estados
Unidos a tomar el control de la actual América del Noroeste.
La intervención estadounidense en México de 1848 tuvo como resultado la pérdida
por ese país de California y gran parte de la actual América Suroeste.
La fiebre del Oro de California de 1848-1849 impulso aún más la migración
occidental. En medio siglo, hasta 40 millones de búfalos, fueron sacrificados por las
pieles y la carne y para facilitar la propagación de los ferrocarriles. La pérdida de
estos animales, un recurso económico fundamental para los indios de las llanuras,
fue un golpe existencial para las culturas nativas.
Origen del concepto y expresión “Destino Manifiesto”:
El origen del concepto del Destino Manifiesto se remonta a la época en que
comenzaron a habitar los primeros colonos y granjeros llegados
desde Inglaterra y Escocia, al territorio de lo que más tarde serían los Estados
Unidos. Un puritano de la época escribió:
"Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio
especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos
obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente,
una guerra con ellos así como a someterlos..."
Este mismo concepto fue el tomado por españoles y portugueses anteriormente
para realizar sus respectivas conquistas, realizadas también “en el nombre de Dios”.
La expresión Destino Manifiesto fue usada por primera vez en 1845, por un
periodista quien escribió en la revista Democratic Review de Nueva York:
"El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el
continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran
experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol
de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades
y el crecimiento que tiene como destino..."
John L. O'Sullivan
De esta forma se pretendía justificar la expansión de Estados Unidos hacia otros
territorios. Aplaudido por políticos y líderes de opinión el Destino Manifiesto fue
pensamiento y visión del entonces presidente James Knox Polk (1795-1849),
impulsor de la guerra contra México en 1846-48, anexándose a Estados Unidos más
de la mitad del territorio Mexicano.
Utilizaciones posteriores:
El historiador William E. Weeks ha puesto de manifiesto la existencia de tres temas
usados por los defensores del Destino Manifiesto:
1. La virtud de las instituciones y los ciudadanos de EE. UU.
2. La misión para extender estas instituciones, rehaciendo el mundo a imagen
de los EE. UU.
3. La decisión de Dios de encomendar a los EE. UU. la consecución de esa
misión.
La descripción del presidente Abraham Lincoln de los Estados Unidos como «la
última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra» es una expresión muy conocida
de esta idea. Lincoln era un puritano y gran conocedor de los preceptos bíblicos,
sus discursos eran casi salmos de un carácter muy convincente para los
congresistas de la naciente república unificada.
A partir de este supuesto, los Estados Unidos anexan los territorios
de Texas (1845), California (1848) e invaden México (1846), en lo que sería
la guerra México-Estados Unidos. Como consecuencia, los Estados Unidos se
apropian de Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y partes
de Wyoming, Kansas y Oklahoma, en total 2 millones 100 mil kilómetros cuadrados
–el 55 % del territorio mexicano de entonces–, lo que se dio en llamar «la Cesión
Mexicana». A cambio, los Estados Unidos se comprometieron a pagar 15 millones
de dólares.
Después se ha citado en muchas otras ocasiones este Destino manifiesto tanto a
favor como en contra de otras intervenciones militares.
El término se revivió en la década de 1890, principalmente por los Republicanos,
como una justificación teórica para la expansión estadounidense fuera de América
del Norte. También fue empleado por los encargados de la política exterior de EE.
UU. en los inicios del siglo XX. Algunos comentaristas consideran que determinados
aspectos de la Doctrina del Destino manifiesto, particularmente la creencia en una
«misión» estadounidense para promover y defender la democracia a lo largo del
mundo, continúa teniendo una influencia en la ideología política estadounidense.
Uno de los ejemplos más claros de la influencia del concepto de Destino
Manifiesto se puede apreciar en la declaración del presidente Theodore
Roosevelt en su mensaje anual de 1904.
Si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el
sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y
respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de los Estados
Unidos. La injusticia crónica o la importancia que resultan de un relajamiento general
de las reglas de una sociedad civilizada pueden exigir que, en consecuencia, en
América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y, en el hemisferio
occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe (basada en la
frase «América para los americanos») puede obligar a los Estados Unidos, aunque
en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer
un poder de policía internacional.
El presidente Woodrow Wilson continuó la política de intervencionismo de [Link].
en América e intentó redefinir el Destino Manifiesto con una perspectiva mundial.
Wilson llevó a los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial con el argumento de
que «El mundo debe hacerse seguro para la democracia». En 1920 en su mensaje
al Congreso, después de la guerra, Wilson declaró:
Yo pienso que todos nosotros comprendemos que ha llegado el día en que la
Democracia está sufriendo su última prueba. El Viejo Mundo simplemente está
sufriendo ahora un rechazo obsceno del principio de democracia. Éste es un tiempo
en el que la Democracia debe demostrar su pureza y su poder espiritual para
prevalecer. Es ciertamente el destino manifiesto de los Estados Unidos de realizar
el esfuerzo para que este espíritu prevalezca.
La versión de Wilson del Destino Manifiesto era un rechazo del expansionismo y un
apoyo al principio de libre determinación, dando énfasis a que Estados Unidos tenía
como misión ser un líder mundial para la causa de la democracia. Esta visión
estadounidense de sí mismo como el líder del mundo libre crecería más fuerte en el
siglo XX después de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, en la guerra de Vietnam, esta idea de ser los estadounidenses un
pueblo diferente a los demás y perseguir unos ideales más elevados que la mera
codicia o expansión demográfica, se vio seriamente dañada por el hecho de apoyar
a gobiernos dictatoriales, con generales que llegan a proclamar en público su
admiración por Hitler, realizar bombardeos masivos o cometer matanzas contra la
población civil indefensa. Otras publicaciones como Nam, Crónica de la guerra de
Vietnam van aún más lejos afirmando que la guerra del sureste asiático fue el fin de
esta idea.
Aceptación y rechazo de la tesis del Destino Manifiesto:
El Destino Manifiesto no fue una tesis abrazada por toda la sociedad
estadounidense. Las diferencias dentro del propio país acerca del objetivo y
consecuencias de la política de expansión determinaron su aceptación o
resistencia.
Los estados del noreste creían mayoritariamente que Estados Unidos debía llevar
su concepto de “civilización” por todo el continente mediante la expansión territorial.
Además, para los intereses comerciales estadounidenses, la expansión ofrecía
grandes y lucrativos accesos a los mercados extranjeros y permitía así competir en
mejores condiciones con los británicos. El poseer puertos en el Pacífico facilitaría el
comercio con Asia.
Los estados del sur pretendían extender la esclavitud. Nuevos estados esclavistas
reforzarían el poder del sur en Washington y servirían también para colocar a la
creciente población de esclavos.
Este conflicto norte-sur se puso de manifiesto con la cuestión de la entrada de Texas
en la Unión y fue una de las principales causas de la futura Guerra de Secesión.
También había grupos políticos que veían peligrosa la extensión territorial
desmesurada; creían que su sistema político y la formación de una nación serían
difícilmente aplicables en un territorio tan extenso. Esta posición era defendida tanto
por algunos líderes de los Whigs como por algunos Demócratas-
republicanos expansionistas, que discutían sobre cuánto territorio debía ir
adquiriéndose.
Otro punto de discusión fue el empleo de la fuerza. Algunos líderes políticos (cuyo
máximo exponente fue James K. Polk) no dudaban en intentar anexionarse el mayor
territorio posible aun a riesgo de desencadenar guerras (como de hecho pasó) con
otras naciones. Otros se opusieron (aunque tímidamente) al uso de la fuerza,
basándose en que los beneficios de su sistema bastarían por sí solos para que los
territorios se les unieran voluntariamente.
Se puede decir que los propios partidarios del "Destino Manifiesto" formaban un
grupo heterogéneo y con diferentes intereses.
Introducción:
El presente análisis abarcará desde los antecedentes de la nacientes naciones de
América Latina de los años 1820 y siguientes, época en la que se consolidaban las
respectivas revoluciones de nuestros países buscando librarse del yugo español
intentando desde ya, comportarse de manera independiente, hasta la actualidad,
donde la nación norteamericana reconoce que su influencia impuesta a través de
sus doctrinas ha terminado, ya que los procesos de Integración que se han dado en
Latinoamérica han logrado de manera diplomática y con mucha determinación
romper esos conceptos.
¿Han sido estas doctrinas las que han predominado a lo largo de las decisiones
gubernamentales norteamericanas para influir en nuestros pueblos y cuales han
sido sus efectos en la realidad de América Latina aún antes y después de la
consolidación como estados?
Antecedentes:
En Lima, el 7 de diciembre de 1824, Simón Bolívar propone a toda Hispanoamérica
una unión que consolide los intereses mutuos bajo el concepto de una
confederación antes conocida como reinos castellanos de las Indias.
A esta reunión posteriormente se lo denominó como el Congreso de Panamá o
Congreso Anfictiónico en recuerdo de la Liga Anfictiónica de Grecia antigua. Pero
para concretar una definición a este término “Anfictiónico” que significa "fundación
conjunta". Este es el nombre que le dio Bolívar al Congreso que convocó en Panamá
con el objeto de fundar una Liga o Confederación con los países recientemente
independizados de España. El nombre viene de la antigua Grecia, ya que nuestro
Libertador era un gran admirador de esta cultura.
Simón Bolívar tenía la perspectiva de crear una gran nación que abarcará lo que
hoy es Hispanoamérica compartía esta idea con Francisco de Miranda, quien en su
momento mentalizó también el nombre de Colombia para esta posible nación.
No podemos olvidar la frase de Simón Bolívar, en la Carta de Jamaica realizada el
6 de septiembre de 1815 en Kingston donde expresa desde ya su interés por
culminar este sueño: "Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo
Nuevo una sola nación con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el
todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería,
por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados
que hayan de formarse; ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para
nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la
fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas,
reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra,
con las naciones de las otras partes del mundo. Esta especie de corporación podrá
tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración”
El 9 de diciembre de 1824, el Libertador Simón Bolívar invitó a los gobiernos de la
entonces República de Colombia, México, Río de la Plata, Chile y Guatemala (que
abarcaba toda la región de Centroamérica). Con el único fin de lograr la unión o
confederación de Hispanoamérica, conformada por lo que fueron antes los
virreinatos españoles en América.
La idea era de reunir a representantes de países de habla hispana, sin quitar la
posibilidad de que asistan otros países, pero en calidad de observadores. El éxito
fue relativo, porque hubo la repercusión de otros países que prefirieron cobijarse
bajo el patrocinio de otras naciones y no participar de esta idea.
Y es así que el 22 de junio de 1826 tuvo lugar uno de los acontecimientos más relevantes
de la historia americana: el Congreso Anfictiónico de Panamá.
A pesar de que (Bolívar) no había considerado la participación de Estados Unidos
a petición expresa del presidente de la Gran Colombia, el general Francisco de
Paula Santander, quien remitió la invitación al presidente estadounidense de ese
entonces John (Quincy Adams a inicios de 1825). La participación de Estados
Unidos en el Congreso fue apoyada por los demás participantes Bolívar, entonces
presidente de Perú y residente en Lima, aceptó el hecho, aunque no estaba de
acuerdo.
Esta participación en el Congreso de Panamá no fue del agrado de todos, ya que
por ese entonces, esa nación estaba dividida ya que los estados del sur -
esclavistas- quienes aconsejaron no enviar representantes porque era conocida la
posición de Bolívar sobre su falta de aceptación de la esclavitud, bloqueando al
gobierno norteamericano el financiamiento del viaje de diplomáticos
estadounidenses; en cambio, los estados del norte -abolicionistas- estaban
interesados en el Congreso de Panamá pero sólo con fines comerciales y no de
integración, que era el cometido de los países convocados.
Sin embargo el gobierno norteamericano envió solo a dos representantes: (Richard
C. Anderson y John Sergeant), seleccionados a buscar solamente acuerdos de
comercio, evitando establecer acuerdos políticos que comprometan a Estados
Unidos, sobre todo en no apoyar cualquier pedido de ayuda en contra de España.
Ante tantas dificultades la presencia de estos delegados no se concretó nunca ya
que ambos nunca asistieron, por diferentes motivos, demostrando de esta forma el
desinterés desde ya, de esta nación de no apoyar cualquier iniciativa de integración
latinoamericana.
(En agosto de 1826) los delegados de México, la Gran Colombia y Centroamérica
(José Domínguez, Pedro Gual, y Antonio Larrazábal), respectivamente se reunieron
finalmente en Tacubaya para continuar deliberando, en esa ocasión sí estuvo
presente el observador estadounidense (John Sergeant).
(John Sergeant), manifestaba en el congreso realizado en México, que sus
funciones se limitaban a negociar acuerdos de comercio con las repúblicas
hispanoamericanas. Informó también que los Estados Unidos rechazaban
integrarse en una confederación continental y que también negaban su apoyo a toda
acción de guerra contra España en la región caribeña tal como fue aleccionado.
Nótese que desde ya Estados Unidos había comenzado su estrategia de
posicionamiento de poder, estas circunstancias terminaron por frustrar la agenda
del Congreso.
LA DOCTRINA MONROE Y SU RELACIÓN AL DESTINO MANIFIESTO
La doctrina Monroe fue advertida en el mensaje anual del presidente
norteamericano James Monroe al Congreso de los Estados Unidos del 2 de
diciembre de 1823; con el tiempo se la promociono de manera estratégica de tal
forma que paso a ser parte fundamental de la política exterior norteamericana. En
ella, los EEUU señalaban que no admitirían la intromisión europea alguna en todo
el continente americano, y que cualquier propósito de ocupar o invadir a
estos países sería calificado como un acto de guerra, sobre todo si son departe
de Inglaterra y Francia, naciones que despuntaban por sus políticas de
expansión imperialista.
La doctrina del “Destino Manifiesto“ fue creada también por los Estados Unidos
desde el siglo XIX para evidenciar su intervención o lo que ellos creían como
protección, en los países del continente americano, bajo el pretexto de resolver de
una manera eficaz los conflictos hemisféricos.
¿Dónde surge por primera vez la expresión Destino Manifiesto?
Pero empezaríamos a definir que es una doctrina:
«Enseñanza que se da para instrucción de alguien.» (RAE)
«Conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas
por una persona o grupo.» (RAE)
Anders Stephanson, Manifest Destiny. American Expansion and the Empire of
Right (New York: Hill and Wang, 1995), pág. xii.
Estas definiciones son muy necesarias tenerlas en cuenta para desarrollar
adecuadamente los razonamientos que se exponen al respecto en la presente
investigación
El “destino manifiesto“ es una frase que se acuña por primera vez en 1845 donde el
periodista (John O´Sullivan, 1845) en un artículo publicado en la revista Democratic
Review de Nueva York, donde publicó un artículo en el que apoyaba que Texas
pasase a formar parte de los Estados Unidos".
La mayoría de los conceptos ligados con la frase ‘destino manifiesto’ fue creada por
(O'Sullivan) en un lenguaje distinto antes de sus otros escritos de 1845 y 1846; que
sus argumentos fueron inspirados en la ideología de anteriores expansionistas
como John Quincy Adams; aquel que en algún momento boicoteo de alguna forma
el Congreso de Panamá mencionado anteriormente.
(O’Sullivan) descendía de aventureros y mercenarios de origen irlandés, que a
pesar de tener una participación muy activa en la política a favor de la expansión
territorial de los Estados Unidos, así como también en fomentar esta forma de
pensar, nunca se le hizo un reconocimiento al respecto mientras duro su existencia.
El destino manifiesto, como (O'Sullivan) lo recalca, describía en ese entonces a la
misión divina de los Estados Unidos de propagar su sistema de democracia,
federalismo y libertad personal, así como también promover el pensamiento de su
nación en rápido crecimiento, que consistía en tomar en posesión a todo el
continente norteamericano. O'Sullivan argumentaba que este "auténtico título" de
Estados Unidos dejaba sin piso cualquier posición e intenciones con respecto al
continente americano que otros estados en especial los europeos, pudieran tener
sobre la colonización previa de nuestra América. Además, señalaba que la vía hacia
la superioridad continental sería pacífica y que se lograría a través del trabajo de la
"emigración anglosajona", quien llevaría estos conceptos a las demás personas. A
diferencia de las naciones europeas que conquistaron sus imperios, Estados Unidos
esperaría a que los pueblos que vivieran en otros lugares comprendieran las
ventajas de la anexión y buscaran voluntariamente la incorporación a la Unión.
(John L. O'Sullivan 1845), manifestaba textualmente también en su publicación
mencionada anteriormente lo siguiente:
“El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el
continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran
experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol
de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades
y el crecimiento que tiene como destino.”
(O´Sullivan) expresaba también que el gobierno de los Estados Unidos y el Ejército,
jugarían un papel de testigo mudo en la expansión por todo el continente por lo que
la difusión de dicho precepto iba a ser pacífica a pesar de eso.
Después de esto el término “destino manifiesto” y sus argumentos, se lo volvió a
escuchar otra vez en la década de 1890, porque fue usada frecuentemente por los
Republicanos, para justificar de una manera conceptual la expansión
estadounidense fuera de América del Norte. También lo utilizaron los diplomáticos
encargados de la política exterior de EE. UU, para conseguir los fines establecidos
en sus argumentos.
A principios del siglo XX, algunos comentaristas consideran que los aspectos de la
Doctrina del Destino manifiesto, en especial el concepto de la «misión»
norteamericana para dar a conocer y defender la democracia en todos los países
del mundo, sigue influyendo en la ideología política estadounidense, posición que
se contradice, ya que recordemos la influencia norteamericana para fomentar las
dictaduras en América Latina que sucedió por las décadas del 60, 70 y parte del 80,
en la denominada “Operación Cóndor”, como parte su estrategia de dominio
continental sin democracia.
Según el historiador (Armando de Ramón 2003), la expansión imperialista
norteamericana fue un proceso que se cumplió a un largo plazo, el mismo que fue
bien detallado y que se perfeccionó gradualmente hasta abarcar toda Latinoamérica
a mediados del siglo XX.
Para cumplir con sus fines los gobiernos norteamericanos usaron diferentes
estrategias como lo son: la diplomacia, la política de buena voluntad, la agresividad
directa y la aplicación del poder blando (Ideologías, tecnología y cultura).
Como ejemplo podremos decir que utilizaron métodos diplomáticos dentro de los
cuales se destaca la creación de la Unión Panamericana, que consistía en reunir
los países del continente para enfrentar problemas comunes, luego en la Primera
Conferencia Panamericana (1888), se creó la Unión Internacional de Repúblicas
Americanas, que en 1948 se transformó en la Organización de Estados Americanos
(OEA), cuya sede se encuentra en la ciudad de Washington capital norteamericana.
Entre otros antecedentes que refuerzan lo expuesto dentro de la historia de Estados
Unidos en la cual nos enseña algunos ejemplos donde a viva voz algunos
representantes de esta doctrina se manifiestan:
La declaración del Presidente Theodore Roosevelt en su mensaje anual de
1904.
Si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el
sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y
respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de los Estados
Unidos. La injusticia crónica o la importancia que resultan de un relajamiento general
de las reglas de una sociedad civilizada pueden exigir que, en consecuencia, en
América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y, en el hemisferio
occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe (basada en la
frase «América para los americanos») puede obligar a los Estados Unidos, aunque
en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer
un poder de policía internacional.
Para cumplir con sus objetivos Roosevelt planteó políticas mucho más
ofensivas.
La primera se la denominó la “política del garrote”, la misma que consistía en que
Norteamérica podía intervenir militarmente en cualquier país de la zona, esto estaba
justificado obviamente a intervenir en los asuntos internos de otros países en
defensa de sus ciudadanos estadunidenses residentes en ellos.
También tuvo como política dentro de su gobierno apoyar también a las grandes
empresas norteamericanas para que invirtieran en América Latina, y para ello
influyó en los países de la región para que no firmaran contratos con empresas
europeas, a esto se lo denomino la “diplomacia del dólar” donde Estados Unidos
logró una supremacía por toda la región a través del control económico.
Otro caso tenemos el del presidente (Woodrow Wilson 1913) quien fue Presidente
de Estados unidos desde 4 de marzo de 1913 al 4 de marzo de 1921 el mismo
que continuó con la política de intervencionismo de [Link]. en América, e intentó
redefinir el Destino Manifiesto con una configuración mundial. Wilson condujo a los
Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial con la tesis de que «El mundo debe
hacerse seguro para la democracia». En 1920 en su mensaje al Congreso, después
de la guerra, Wilson declaró:
... Yo pienso que todos nosotros comprendemos que ha llegado el día en que la
Democracia está sufriendo su última prueba. El Viejo Mundo simplemente está
sufriendo ahora un rechazo obsceno del principio de democracia (...). Éste es un
tiempo en el que la Democracia debe demostrar su pureza y su poder espiritual para
prevalecer. Es ciertamente el destino manifiesto de los Estados Unidos, realizar el
esfuerzo por hacer que este espíritu prevalezca.
Esta versión de (Wilson1913 ) con respecto a lo que expresa el Destino Manifiesto,
da énfasis una vez más a la creencia norteamericana de creer en su “divina” misión”
de ser un líder mundial para la defensa de las causa en pro de la democracia. Esta
perspectiva estadounidense de considerarse como el líder del mundo libre
aumentaría con más fuerza en el siglo XX después de la Segunda Guerra Mundial.
En lo posterior durante la Guerra Fría, América Latina se convirtió en el área de gran
influencia norteamericana, a pesar del juego bipolar existente en la zona, se esforzó
en fomentar la ideología capitalista estableciendo de alguna forma la dependencia
económica, para ello fue parte fundamental de esta aparataje maquiavélicamente
creado, junto con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, los mismos
que ayudaron de gran forma a la influencia norteamericana fortalecida ya después
de la segunda guerra mundial, porque se había convertido en la mayor potencia del
mundo, a todo ello ayudo de gran forma a que las empresas norteamericanas
crecieran de tal manera que de a poco se convirtieran en las grandes
multinacionales, que influyeron sobre manera en los gobiernos sudamericanos en
su política interna. Como ocurrió en Cuba, este fue uno de los detonantes de la
Revolución cubana (1959), por lo que después de este hecho histórico Estados
Unidos fortaleció sus estrategias para el control de América Latina. Por este motivo
sin perder el tiempo alguno empezó a intervenir militarmente en los países que se
veían influenciados por los soviéticos. (Cuba y Chile), por ejemplo.
LA DOCTRINA MONROE Y SU RELACIÓN ACTUAL
El doctor (Néstor Kirchner 2005), Presidente de Argentina pronuncia un sabio
discurso donde desde ya marca el nuevo rumbo de los países de América Latina en
cuanto a los procesos de integración que se ejecutaban entonces y la visión
norteamericana de organizar nuestros gobiernos. Esta alocución se dio durante la
inauguración de la IV Cumbre de las Américas, en Mar del Plata el 4 de noviembre
de 2005: Situación que posteriormente es reconocida por el Gobierno
norteamericano.
“Existe hoy un claro consenso internacional en torno a la necesidad de reformar y
actualizar los organismos surgidos de Breton Wood, así como respecto a la
necesidad de introducir mejoras en el funcionamiento del sistema financiero para
una economía globalizada. No es capricho, es simplemente aceptar una nueva
realidad mundial.”
“Creo que su rol de primera potencia mundial es insoslayable. No se trata de un
juicio de valor, sino de un dato de la realidad. Creemos que el ejercicio responsable
de ese liderazgo en relación a la región, debe considerar necesariamente que las
políticas que se aplicaron no sólo provocaron miseria y pobreza, en síntesis la gran
tragedia social, sino que agregaron inestabilidad institucional regional que
provocaron la caída de gobiernos democráticamente elegidos en medio de violentas
reacciones populares, inestabilidad que aún transitan países hermanos.”
“Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, nuestras democracias, ya
no soportan más que sigamos hablando en voz baja; es fundamental hablar con
mucho respeto y en voz alta, para construir un sistema que nos vuelva a contener
a todos en un marco de igualdad y nos vuelva a devolver la esperanza y la
posibilidad de construir obviamente un mundo distinto y una región que esté a la
altura de las circunstancias que sé que los presidentes desean y quieren.”
En la actualidad el secretario de Estado de Estados Unidos, (John Kerry, en su
intervención en la OEA el 18 de noviembre del 2013) tuvo que reconocer que la
política norteamericana destierra desde ya sus expectativas definitivamente de la
Doctrina Monroe, y con ello la teoría del Destino Manifiesto ya que se ve vulnerado
todo su esquema de influencia en nuestros países, obviamente los tiempos han
cambiado y América Latina vive momentos históricos y de cambio consolidando de
a poco los procesos de Integración que empezaron en (1969) con una estéril
expectativa de lo que hoy es la Comunidad Andina de Naciones C.A.N. y que
detienen cualquier aptitud dominante y da paso a la libre determinación de nuestros
pueblos de seguir nuestro propio destino en base de nuestros errores. Ahora
América Latina escribe su propia historia.
El secretario de Estado de [Link]. dijo, en español, que "la unión hace la fuerza", y
subrayó que la "era" en la que Estados Unidos actuaba como "protector" de América
Latina ha terminado, para dar paso a una relación entre "iguales".
Desde que se creó esta doctrina, Estados Unidos se creó las ínfulas de imponer sus
intereses por cualquier medio entre ellos la fuerza, violentando países, orquestando
golpes de Estado, incriminando su voluntad en la OEA, sin que con el paso de los
años se pronuncie con respecto a la situación cubana y su embargo económico,
como también a su posición con respecto al conflicto de las Malvinas. Hasta que
llegó el día en que los países de nuestro continente decidieron crear las instituciones
que nos lleven a pensar en una integración y a la vez ser independientes de
Norteamérica. Como son los casos del Mercosur, de la Unasur, el Alba, el Banco
del Sur, del Consejo Sudamericano de Defensa y de la Comunidad de Estados de
América Latina y el Caribe CELAC, la creación establecida por la creación y uso del
Sistema Único de Compensación Regional de Pagos SUCRE y su expectativa de
perfilarse como moneda de uso latinoamericano es una prueba de ello.
En la actualidad para que Estados Unidos influya nuevamente en países del
continente americano debería crear también los entornos políticos y económicos
adecuados para hacerlo, tomando como base el mutuo respeto a las formas de
gobierno y a las culturas de los pueblos y no imponerlos. Donde las condiciones de
comercio sean justas y que lleven la consecuencia del beneficio mutuo y no
estrategias donde solo se beneficie Norteamérica, creando soluciones para un solo
beneficio. Como en su momento lo intento cuando quiso imponer la alternativa del
ALCA, concepto que se desbarato definitivamente para la mayoría de los países
sudamericanos, en la Cumbre de las Américas en el 2005. A pesar de haber influido
en las tentativas de golpe en varios de los países que tienen gobiernos progresistas
–entre ellos, Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador y del éxito obtenido en
Honduras y Paraguay–, los Estados Unidos tienen que enfrentarse a nuestros
procesos regionales que se han creado para ventilar los problemas, como es el caso
del Consejo Sudamericano de Defensa, y la no afiliación a tratados como el Tratado
Interamericano de Defensa Recíproca TIAR que fue firmado en septiembre de 1947
en Río de Janeiro tras la Segunda Guerra Mundial, supuestamente creado para
“protegernos de intereses fuera del continente” y este documento se deshace ante
la posición norteamericana frente a la solución del problema de las Islas Malvinas
en 1982. Por ello los países que integran el Alba renunciaron a este tratado, como
respuesta a lo absurdo planteado en este acuerdo.
Aunque el discurso de (Kerry 2013) está fuera de tiempo, porque el fin del poder
norteamericano sucumbió hace muchos años, es en estos momentos donde lo
reconocen y es cuando la propia realidad y los gobiernos latinoamericanos
sepultaron sus doctrinas y la marginada OEA se encuentran fuera de las cuerdas
gracias a los procesos de integración regional que se han creado en nuestra
América Latina.
Las doctrinas sucumbieron al peso de la búsqueda de nuestros pueblos por
conseguir la Justicia Social y al concientizarse en los bloques políticos y económicos
que se han formado en nuestro continente en defensa de nuestros intereses.
POSTURA DEL ECUADOR CON RELACIÓN A LAS DOCTRINAS DE EL
DESTINO MANIFIESTO Y LA DOCTRINA MONROE
El Plan Colombia: fue una iniciativa lanzada por la Administración Clinton en agosto
de 2000 para Colombia, aunque también se ofertó a otros países sudamericanos
(Perú, Ecuador, Bolivia, Brasil y Venezuela, éstas últimas lo rechazaron de plano),
con el objetivo principal de ayudar a estos gobiernos a combatir el narcotráfico para
así poderlo combatir mejor EEUU, dado que el narcotráfico se había convertido en
uno de los demonios de Washington desde la Administración Bush I a comienzos
de los 1990´s , coincidiendo con el fin de la Guerra Fría. El Plan Colombia fue
concebido como una nueva política norteamericana para Sudamérica, pero desde
el principio contó con críticas, sobre todo fuera de EEUU, ya que la mayor parte de
la ayuda que se ofrecía (el programa fue provisto de 2.000 millones de $) que
consistía en ayuda militar. Además se sospechó que no sólo se pretendía luchar
contra el narcotráfico sino también combatir a las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC), una guerrilla marxista que luchaba en la selva
colombiana contra el Gobierno de Bogotá desde 1948´s , la guerrilla izquierdista
más antigua de América Latina, y que mantenía a Colombia en constante guerra
civil. El Plan fue anunciado en Bogotá por Clinton y el Presidente Colombiano
Andrés Pastrana. Los recelos de los sudamericanos se apoyaban en la sospecha
de que con este plan, EEUU pretendía involucrarse directamente en el conflicto
colombiano sin necesidad de la impopular medida de enviar tropas a Colombia, una
intervención militar, interviniendo así solapadamente, de una forma similar a como
la Administración Reagan lo hizo en los 1980´s en Centroamérica (apoyo al gobierno
derechista de El Salvador, apoyó a la Dictadura de Guatemala, lucha contra el
Régimen Sandinista de Nicaragua, etc...)
Observamos como Frente a la amenaza de ciertos sectores políticos, grupos
mediáticos, Ecuador manifiesta que el país no acepta presiones ni amenazas de
nadie, dijo Alvarado, quien agregó que el beneficio de la ATPDEA se había
convertido en un chantaje.
Además, señaló que Ecuador ofrece a [Link]. los 23 millones de dólares anuales
de los que se beneficiaba con el ATPDEA para brindar capacitación en derechos
humanos para ayudar a combatir la tortura. Debemos recordar que "Las
preferencias fueron otorgadas a los países andinos como compensación a su lucha
contra las drogas, pero pronto se volvieron un nuevo instrumento de chantaje. En
consecuencia, Ecuador renuncia de manera unilateral e irrevocable a dichas
preferencias", agregó Alvarado en conferencia de prensa.
Hace poco más de un mes, (27 de Junio, 2013) Ecuador, mediante la embajadora
(Nathalie Cely 2013) inició en Estados Unidos la campaña ‘Mantengan el comercio
en marcha’ (Keep Trade Going) para que los estadounidenses contacten al
Congreso de su país para pedir la renovación de la Ley para la Promoción del
Comercio Andino y la Erradicación de Drogas (ATPDEA).
(Diario El Universo)
Otro hecho trascendente que marca la distancia de la impetuosidad norteamericana
con respecto a nuestro país se demuestra con la renuncia de Ecuador al TIAR,
TRATADO INTERAMERICANO DE ASISTENCIA RECIPROCA, bajo las razones
expuestas ya en la presente investigación.
CONCLUSIONES.
[Link]. se mostró como una potencia solidaria, empática y fraterna, todo aquello no
era más que una estrategia de expansión comercial, política y territorial, para
asegurar un colonialismo frente a este gran pedazo de tierra llamado América
Latina, con el fin de asegurar productos, manufactura y por sobre todo poder. Los
procesos de Integración han acabado de esa forma la doctrina del Destino
Manifiesto.
La libertad para muchos ha servido para cometer crímenes atroces para sembrar
el terror y con ello el sometimiento de nuestros pueblos como se lo demostró en la
época de la Operación Cóndor.
El destino manifiesto y discurso de Monroe fue el detonante al expansionismo
norteamericano que tuvo éxito y logró tener la hegemonía sobre toda América.
Sin embargo ciertos países Latinoamericanos han demostrado su desarrollo e
independencia basados en la Integración Latinoamericana, en los últimos años a
pesar de la hegemonía de los [Link].
RECOMENDACIONES.
Fortalecimiento de los Procesos de Integración en América Latina.
Fortalecimiento del Sistema Único de Compensación Regional SUCRE como
alternativa de moneda Sudamericana (ALBA) y lograr de esta forma la
independencia del Dólar.
Que los Estados Latinoamericanos sean corresponsables y adopten una verdadera,
adecuada, actual y única filosofía de estado para lograr un bienestar común.
La no injerencia de las propuestas a los distintos tratados de TLC donde el beneficio
no es mutuo y que Latinoamérica continúe su proceso independentista.
Fortalecer e incrementar las inversiones de las empresas Gran Nacionales en
Latinoamérica.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:
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octubre de 2008, Destino Manifiesto: concepto y orígenes.
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(Universidad Complutense de Madrid)
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