Kebra Nagast
Resumen
El Kebra Nagast, Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, es una crónica
pretendidamente histórica de los reyes de Etiopía, que remonta su genealogía hasta
Menelik I, hijo del Rey Salomón y de la Reina de Saba, y contiene una serie de
tradiciones sobre la monarquía etíope.
Escrito en lengua ge´az, es considerado por los cristianos etíopes la verdadera historia
del origen de la dinastía salomónica, así como de la conversión de Etiopía al
cristianismo. La mayoría de los estudiosos opina que se trata de una recopilación
realizada hacia el año 1300 de tradiciones muy anteriores.
No solamente contiene la historia de cómo la reina de Saba conoció a Salomón, y sobre
cómo el Arca de la Alianza llegó a Etiopía con Menelik I, sino también el relato de la
conversión de los etíopes, desde la adoración del sol, la luna, y las estrellas a la
veneración del Dios de Israel.
A partir de las primeras expediciones portuguesas a Etiopía (siglos XV y XVI) el libro fue
conocido en Europa, y se realizaron traducciones a las principales lenguas europeas.
El Kebra Nagast es considerado por la Iglesia Ortodoxa etíope una de las piedras angulares de
la interpretación Bíblica. Es considerado un texto apócrifo para la tradición del Cristianismo
Occidental.
El centro de la historia que nos relata el Kebra gira entorno al encuentro de la Reina de Saba y
del Rey Salomón, que a diferencia de lo que nos cuenta el LIbro de los Reyes 10, 1-13, habría
sido un encuentro del que Saba regresa a Etiopía embarazada de Salomón, teniendo a su único
hijo Menelik. Éste se convertirá en Rey de Etiopía, y sin saberlo cargaría, el Arca de la Alianza
al volver de su encuentro con Salomón, dando entender en esta parte de la historia como una
sustitución del reino de Israel por el de Etiopía.
En términos formales el Kebra está compuesto por 117 párrafos y un colofón. Podemos
encontrar los siguientes grandes temas:
● En primer lugar, un conjunto de historias bíblicas sobre la estirpe de David, así como el
papel de Noé y sus tres hijos (Cam, Sem y Jafet) entre quienes se repartían los primeros
reinos del mundo (Capítulos I al XX).
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● Luego, en el centro apunta a la “Reina del Sur” y su encuentro con Salomón, el destino
del Arca de la Alianza luego de la visita de Bayna Lehkem a su padre y finalmente la
muerte de Salomón (Capítulos XXI al LXIX).
● En tercer lugar, se construye la Gloria de los Reyes desde Rehoboam (hijo de Salomón)
hasta Isaac, quien también habría sido rey de Etiopía (Capítulos LXX al LXXXIII.
● Finalmente, el regreso de Bayna Lehkem a Etiopía modela todas las prohibiciones a las
que el pueblo etíope se somete para agradecer la gloria de Dios a través del
desplazamiento del Arca desde Israel (Capítulos LXXXIII al XCV).
● Las profecías sobre Cristo, así como su destino entre los judíos de Israel, ocupan los
capítulos XCVI en adelante.
Los primeros capítulos del Kebra recuperan toda la historia Bíblica de los hijos de Noé y al
estirpe de Canaán, en un relato que muestra desde el inicio la centralidad de las palabras de
DIos a Noé, cuando le asegura:
Por mí mismo y por Zion, el Tabernáculo de Mi Alianza, que he creado como trono
misericordioso y para la salvación de los hombres, te prometo que en los últimos días lo haré
descender hasta tu estirpe; que con placer aceptaré las ofrendas de tus hijos en la Tierra, y que el
Tabernáculo de Mi Alianza estará con ellos para siempre. Y cuando una nube aparezca en el cielo,
para que los no teman que un Diluvio se aproxime, Yo haré descender mi morada en Zion, un
Arco, símbolo de mi Alianza, que es el arco iris, que coronará con sus colores el Tabernáculo de
mi Ley (10, 32-33).
Estas primeras palabras son centrales para comprender el resto de la historia que nos presenta
el Kebra. Dios hará descender el Arco de su alianza como señal de su gloria, y como señal de
protección. También llamado “El Divino Zion”. “El Pacto con Abraham” consistía justamente en
la promesa de hacer descender el Tabernáculo de la Alianza para la gloria del pueblo. Y de esta
promesa se desprende la orden de Moisés:
Construirás un arca de madera que no pueda ser comida por los gusanos y la revestirás
de oro puro. En su interior pondrás la Palabra de la Ley, que es la Alianz que he escrito con mis
mismos dedos: harás que puedas custodiar mi Ley, y las dos Tablas de la Alianza (KN 17, 38).
De esta primera sección del texto, rescatamos para la discusión anterior la centralidad de las
palabras de Dios para con Moisés en dos sentidos: por un lado, el Tabernáculo sería el receptor de
la Ley de los Mandamientos, y por otro, el poseedor del Arca lo será también de la gracia Divina,
que descansará justamente en el pueblo elegido. Por eso el primer lugar de traslado del Arca
construida por Moisés, fue Jerusalén.
Es bien conocida la gran sabiduría de Salomón, quien incluso es leído en el Kebra con señales
que nos hablan de una figura cuasi salvífica, con un poder, sabidurías y riquezas descomunales,
pero también con una atracción desmedida por las mujeres y por la adoración de dioses paganos,
lo cual terminaría llevándolo a perder la gracia divina. El Kebra se refiere a “La Reina del Sur” y a su
deseo de conocer al también rico, poderoso y además sabio Salomón. Por medio de Tamrin
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-comerciante al servicio de la Reina de Saba- ella fue encantándose con las historias de la sabiduría
de Salomón, y decidió que iría hasta su reino a conocer tal sabiduría. Aquel encuentro está reflejado
en el primer libro de Reyes:
El Rey Salomón, por su parte, le dio a la reina de Saba todo lo que a ella se le antojó
pedirle, además de lo que él, en su magnanimidad, ya le había regalado. Después de eso, la
reina regresó a su país con todos los que la atendían. (1 Reyes 10: 13).
Aquí ya nos topamos con uno de los temas fuertes del Kebra. En el capítulo 30 del Kebra, “El
Rey Salomón jura a la Reina” que no será tomada por él a la fuerza, y que sólo estarán juntos si ella
toma algo del palacio sin su consentimiento. Luego de una cena rica en sales y especias, el Rey
ordena dejar agua del lado de la Reina, quien sedienta despierta a mitad de la noche a beber.
Descubierta por Salomón, Saba cumple su promesa y relata el texto que de aquel encuentro queda
embarazada de Bayna Lehkem (que significa “el hijo del sabio”) para luego retornar rumbo a su reino
del sur.
Del encuentro entre Salomón y Saba, el Kebra destaca el sueño que tuvo Salomón apenas estar
con la Reina:
Después de haber dormido, una visión deslumbrante apareció al rey Salomón [en
sueños]: vio el sol ardiente bajar del paraíso e iluminar con un increíble resplandor la tierra de
Israel. El sol se quedaba en aquella posición por cierto tiempo, pero de repente se apartaba y
volaba hasta el reino de Etiopía, donde se ponía a resplandecer para siempre con inmensa luz,
ya que había querido quedarse allí. [Dijo el Rey]: Esperé [a ver] si el mismo resplandor volvía
hacia Israel, pero no volvió. (Kebra Nagast, 30:58).
Esta señal perturbó a Salomón, quien aún no la comprendía en su totalidad. La historia del
Kebra continúa con el nacimiento de Bayna Lehkem, -hijo del encuentro con Saba- así como con su
regreso varios años después al reino de Jerusalén, para conocer a Salomón.
Bayna Lehkem -también llamado Menelik y David II en el propio texto- conoce a Salomón, pero
rechaza la invitación de quedarse junto a él, y en cambio le pide le deje regresar con su madre, la
Reina del Sur, para gobernar con parte de su sabiduría aquellas tierras. Salomón le pide a sus
consejeros y ancianos que apoyen a David II: “…unámonos, para que llegue a ser Rey del país de
Etiopía” (Kebra Nagast, 38:72) y pide que un grupo de hombres, todos israelíes, lo acompañen en su
regreso a Etiopía, y lo ayuden a construir el Reino que le corresponde. Salomón encarga que se haga
una réplica del Tabernáculo de la Alianza que descansaba en Israel para que se extendiera su reino
hacia el de su hijo, David II.
Azarías – hijo de Zadok- cuenta a los demás elegidos para acompañar a David II que tiene un
plan para sacar el Arca de la Alianza del dominio de Salomón. Tal como relata el Kebra, uno de los
ángeles que custodian el Arca se le aparece a Azarías en sueño y le indica lo que tiene que hacer
para engañar a Salomón y al propio Zadok, y así poder sacar el Arca de Israel. Tal como cuenta la
historia del Kebra, el arca estaba custodiada por ángeles, quienes no permitían que ella fuera robada
o sacada de su lugar. De forma que las instrucciones de los ángeles eran, al tiempo, instrucciones
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de Dios. Además, en el texto se precisan algunas ideas sobre la duplicación o desplazamiento del
reino de Israel. Le dijo el ángel a Azarías:
Desplazarás el Tabernáculo de la Ley de Dios después de que hayas ofrecido el sacrificio, y
Yo te enseñaré de nuevo lo que tendrás que hacer con ello para llevarlo fuera; porque este gesto
llega de Dios. Ya que Israel ha provocado la cólera de Dios, y por esta razón Él hará de manera que
el Tabernáculo de la ley de Dios se aleje de allí”. (Kebra Nagast, 46:87).
Y apenas despertó del sueño, les contó a los demás hermanos destinados a dejar Israel:
…como el Tabernáculo de la Ley de Dios había sido dado a ellos, como Dios había cerrado su ojo
sobre el Reino de Israel, como su gloria había sido dada a otros, como ellos mismos habrían
tenido que llevarse el Tabernáculo de la Ley de Dios, y como el reino de Salomón habría sido
tomado por ellos (…) y como no habría tenido que ser confiado a su hijo Rehoboam, y por fin,
como el reino de Israel habría sido dividido. (Kebra Nagast, 46:88).
Después de enterarse de la salida del Arca de Jerusalén, Salomón fue en búsqueda de quienes
la habían sustraído de su reino, pero aquéllos, ayudados por los ángeles custodios del Arca, habían
hecho el camino de 30 días sólo en 1. Salomón se lamenta de la pérdida de la gracia de Dios, y le
son informadas algunas de las razones por las que Dios decidió abandonar a su pueblo. Refiere el
Kebra que Dios no estuvo a gusto con la adoración de imágenes paganas, ni con la consulta de
brujas, adivinos, moscas, la comida de animales lacerados, así como con la fornicación, el fraude, la
ebriedad y los falsos juramentos. Los lamentos de Salomón fueron contestados:
El Espíritu de la Profecía le contestó: “¿Por qué estás tan disgustado? Eso ha ocurrido por
voluntad de Dios. [Zión] no ha sido dada a un desconocido, sino a tu primogénito que tendrá
que sentarse sobre el trono de David tu Padre. Ya que Dios de veras ha prometido a David, ni
se ha arrepentido, que él habría hecho sentarse sobre su trono para siempre el fruto de su
cuerpo, en el Tabernáculo de Su Alianza, la Santa Zión. Lo pondré sobre todos los Reyes de la
Tierra, y su trono será como los días en paraíso y como la rotación de la Luna, para siempre.
(Kebra Nagast, 60:110).
En su sabiduría, Salomón comprendió las palabras del “Espíritu de la Profecía”, y emprendió
regreso a Jerusalén, manteniendo en secreto el robo del Arca, para evitar el malestar que generaría
entre su reino. No obstante, toma por esposa a una mujer egipcia (Makshara) y con esa relación
comenzó también a adorar a dioses paganos, lo que terminó de hacerle perder su gloria, cayendo
enfermo y muriendo.
Finalmente, la historia del Kebra va concluyendo con el regreso de David II a Etiopía con el
Arca, en el cumplimiento del sueño de Salomón. El pueblo de Etiopía, al enterarse del preciado
tesoro que había llegado hasta ellos, reaccionó favorablemente, y fijó desde entonces con severidad
la observancia de las reglas de conducta que obligaba Nuestra Señora de Zión, y que además
aseguró que el reino de Dios en la tierra fuera reestablecido, luego de perdida la gracia de Jerusalén:
Entonces los corazones de la gente brillaron a la vista de Zión, Tabernáculo de la Ley de Dios,
y el pueblo de Etiopía renegó de sus propios ídolos, para iniciar a venerar a su Creador, el Dios
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Que los creó. Los hombres de Etiopía dejaron sus viejos trabajos, montaña de Su santidad,
mientras que Su morada queda con nosotros. (Kebra Nagast, 87:158).
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