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Toscana

Este documento describe la región de Toscana en Italia, destacando su historia, cultura, arte, ciudades como Florencia y Siena, paisajes de colinas y costas, y su influencia en el desarrollo de Italia y Europa.

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Toscana

Este documento describe la región de Toscana en Italia, destacando su historia, cultura, arte, ciudades como Florencia y Siena, paisajes de colinas y costas, y su influencia en el desarrollo de Italia y Europa.

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Toscana, origen del mundo moderno.

Nicolas Maquiavelo, una de las mentes más claras e importantes que ha dado
Florencia.
Fuera del bullicio romano, lejos del ruido industrial de Milán, de Turín, sin miedo al
rugir del Etna o del Vesubio, protegida por suaves colinas que ondean desde el mar
Tirreno, apoyada en los Apeninos, que no son los Alpes pero que saben nevarse y
dividir la península, la Toscana es una región de cultura, de historia y de arte. Una
región llena de monumentos, de ciudades medianas en tamaño, gigantescas en
acontecimientos y arte. La Toscana ha sido una región capital para la creación del
idioma italiano y del propio país. En su República se gestó, una parte del
Renacimiento y del capitalismo europeo que sacaría al continente de los siglos
oscuros del medievo. El refulgir de la península italiana fue el refulgir de los bancos,
de los condotieros, de los filósofos y los Papas y los artistas, los héroes y los villanos.
Fue un apogeo que no se condensaría, que no fructificaría como en Flandes y
Holanda, en Alemania o en Londres. Fue un apogeo sangriento y vano, un salida
brillante que acabó en falso, pero que puso los cimientos de la modernidad actual, con
todos sus defectos y con todas sus virtudes.
Florencia, bascula entre la República y el gobierno de los Medici en el convulso siglo
XV italiano, donde tanto los poderes locales, como los de fuera de la península, se
baten por el control del centro del mundo en esa época. Las guerras agotarán y
dividirán la influencia de unos y otros, de las coronas de España y Francia, de los
Imperiales que luego serán españoles, de Venecia, Milán y los Estados Pontificios.
Las guerras son causa y producto del crecimiento económico, el mismo que ha creado
a Botticelli, a Brunelleschi, a Donatello, Giotto, al insigne Da Vinci. Florencia
será un centro cultural y político, con hombres de Estado de la talla de Maquiavelo o
Guicciardini.

La fiesta del Palio, muy turística, pero llena de reminiscencias medievales.


Tras ese apogeo político, tras ser el centro del Mundo, el descubrimiento de América
hará que Florencia entre en una progresiva y lenta decadencia dirigida con molicie de
nuevo por los Medici y después (1737) por los austriacos hasta las guerras
napoleónicas. Tras el Congreso de Viena, Florencia es de nuevo un ducado satélite
insignificante políticamente, pero muy importante como uno de las sedes de un
movimiento romántico que va hacer de Italia uno de los mitos y modas de Europa.
Gracias a esa influencia, ahora cultural, Italia, y en especial sus grandes ciudades
referentes atraerán ya no a los invasores sino a los literatos, escritores, artistas y
viajeros. Con la unión con el nuevo reino de Italia, Florencia, la Toscana, serán el
nuevo centro del estado naciente en 1860. El dialecto de Florencia, con Dante,
Boccaccio y Petrarca como modelos, se convertirá en el italiano estándar, y la misma
ciudad, durante cinco años, entre 1865 y 1870 será la capital de Italia. Es el último
estertor del poderío político de Toscana. Comenzaba el tiempo de la Toscana
tranquila.
Toscana, alma tranquila de Italia.
La pérdida definitiva de la influencia política significa que Toscana, con Florencia,
Pisa, Arezzo, Livorno, Volterra, Siena, Lucca, Pistoya, la Isla de Elba, se
convierten en referente de cultura, de arte y literatura, primero, después de turismo y
de viaje. La Toscana se transforma en una región idílica, donde los aromas de la
campiña se mezclan con los monumentos, con los restos de la historia. La Toscana
posee todo lo que un viajero necesita, desde la costa, con la islas de Elba, con sus
acantilados y las playas, con Livorno, hasta las montañas de los Apeninos, con mucho
más relieve del que normalmente imaginamos. Y entre medio la llanura, las colinas
sobre las que se asientan las ciudades toscanas y las residencias campestres que hacen
las delicias de fotógrafos y turistas.

Montepulciano, dominando las colinas del Valle del Orcia.


La Naturaleza toscana: Islas, colinas y playas.
La isla de Elba se ancla entre las costas orientales de Córcega y la bella costa
Toscana. Isla de escritores, de poetas, la primera isla del exilio de Napoleón, su
belleza la hace un destino que rompe la imagen pastoril y romántica de la Toscana
continental con panoramas de isla griega, de calanca provenzal, de cala levantina y
atardecer andaluz.

Toscana es una región ondulada, con más de un tercio de su territorio ocupado por
las colinas, que crean ese paisaje tan característico, tan parecido al de la Provenza
francesa, al de las campiñas normandas y británicas y sin embargo, tan propio, tan
único e incomparable.

La costa es suave o abrupta, dependiendo de los lugares proporcionando al viajero


rincones y playas, calas y promontorios casi a cada paso. Livorno es el puerto
principal, la entrada de los cruceros que hacen escala en Toscana. La Riviera
Apuana, desde Carrara y Massa con los Alpes Apuanos detrás, la Lunignana y el
bello valle de la Garfagnana. Más al sur la comarca de la costa de Pisa, que si bien
no es un puerto se encuentra muy cerca de las playas (Marina de Pisa). Livorno, la
costa de los Etruscos y La Maremma con la ciudad de Grosetto completan el litoral
toscano.
El Valle del Arno y el interior de Toscana.
Pisa nos abre el camino remontando el Arno, el gran río toscano hacia Florencia por
el valle principal de la región. Las colinas acompañan al rio con paisajes donde prima
la agricultura y los ciclos de las estaciones. El clima es suave en invierno y cálido en
verano lo que hace que los colores cambien, proporcionando a la vista esas estampas
que han hecho a la Toscana paradigma de lo bucólico.
Tras Pisa, su catedral (Duomo) y su torre inclinada, en los rebordes de los
Apeninos, protegiendo los pasos que cruzan las montañas hasta el norte, o buscando
el frescor y la seguridad se hallan el resto de ciudades históricas, Lucca, Prato,
Pistoia…
Al final llegamos a Florencia, la capital y la gran ciudad de la Toscana. Con casi
400.000 habitantes es la única gran ciudad de la región, pero ha conseguido mantener
su encanto medieval y moderno, por lo que en su panorama siguen predominando las
cúpulas de las iglesias. Sobre el abigarrado plano de la ciudad se enlazan los puentes
que cruzan el Arno, las plazas, los palacios y museos (el Palazzo Vecchio, el Palazzo
Piti, las Galerias Uffizi, el Palazzo Rucelai, el Ponte Vecchio), los monumentos
que encierran el arte, la historia y los misterios. Florencia merece una visita
pormenorizada, por lo que no les desvelaremos sus preciados tesoros.
Baptisterio de la catedral de Pisa, al fondo la famosísima Torre inclinada. ©Íñigo
Pedrueza.
El norte de Florencia reserva pequeños tesoros naturales y pueblos desconocidos, a
veces casi deshabitados como en la Pequeña Suiza (la Piccola Svizzera o Svizzera
Pesciana) al norte de Pescia; la zona de Vaglia, Mugello y el valle de Borgo San
Lorenzo y Vicchio. Casas rurales y B&B permiten disfrutar de naturaleza a poca
distancia de Fiesole y Florencia.
La Toscana interior y los Apeninos.
Al sur del Valle del Arno se encuentran las colinas Metalíferas, y en su
centro, Siena. Antaño oponente y antagonista, -como Pisa y Lucca -, de Florencia, la
ciudad ha preservado también su casco antiguo gracias a un crecimiento menor y a la
protección del Patrimonio de la UNESCO. La fiesta del Palio y la altísima torre del
ayuntamiento dominan la ciudad, pero tanto ella como sus alrededores son una de las
imágenes de la Toscana.
El Valle del Chianti.
A pronunciar “Quianti”, entre Florencia, Siena y Arezzo se haya la comarca de
Chianti, conocida sobre todo por sus vinos, pero de una belleza curiosa. Suaves
colinas se val alzando y creando valles por donde disfrutan los viñedos y los
viajeros. Greve in Chianti, Impruneta, Montefiorale, Castellina in Chianti son
algunos de los pueblos más bonitos. A visitar y degustar.
Volterra y sus yacimientos etruscos, es otra de las paradas obligatorias, con el
aliciente de la cercanía de la costa. San Gimignano, cerca de Volterra es otro pueblo
a no perderse. Sus torres y su casco
antiguo son precioso junto a las vistas
de toda la campiña que la rodea.
En las calles de Siena o Florencia, en
las terrazas de los pueblecitos del
Valle del Orcia o en un recodo
perdido de cualquier camino el viajero
toscano habrá llegado a ese fin si
sigue el consejo de Maquiavelo: “Vale
más hacer y arrepentirse, que no
hacer y arrepentirse”.

Esta es nuestra selección de los monumentos más importantes, elección que no es


más que una obligación subjetiva, imprescindibles en nuestras vacaciones en Toscana:
☆ Santa Maria del Fiore, la Catedral de Florencia
☆ Piazza del Campo en Siena
☆ La Galería de Uffizi
☆ La Torre de Pisa y La Piazza dei Miracoli
☆ El Palazzo Vecchio de Florencia
☆ El Ponte Vecchi
☆ La Basílica de la Santa Cruz en Florencia
☆ El David de Miguel Ángel
☆ La Galería de la Academia de Florencia
☆ El museo de las Galerías Uffizi en Florencia.
☆ El Jardín de Boboli también en Florencia.
☆ Las murallas de Lucca.
☆ La Basílica de San Frediano y la Iglesia de San Michelle in foro en Lucca.
☆ La Iglesia de San Miniato al Monte
☆ Las Torres de San Gimigniano
☆ Puente del Diablo de Borgo a Mozzano

COSAS QUE HAY QUE HACER EN LA TOSCANA!!!!!!!


1. Cruzar una y otra vez el Ponte Vecchio (Florencia). Deambularlo por la
mañana, pelearlo por la tarde y babearlo al atardecer, cuando un punto de lucidez
pone lógica al éxtasis: no, no es bello (como sí que lo es el David), es llanamente
auténtico y carismático.
2. Dar vueltas como un loco por la Piazza della Signoria y saludar a Perseo, a
Neptuno o a un mimo disfrazado de Verdi.
3. Asimilar como un poseso que los Medicis eran lo más, tanto en vida (por
los jardines del palacio Pitti) como en la muerte (en sus tumbas, situadas en su
propia capilla de la iglesia de San Lorenzo, esculpidas por Miguel Ángel).
4. Creer en lo que haya que creer (aunque sea en la genialidad) paseando por el
súper Duomo de Santa Maria dei Fiori o por la exagerada Santa Croce.
5. Recibir un máster en (Grande) belleza por los largos pasillos de l’Accademia y
por laGalleria de los Uffizi.
6. Hollar Fiesole y disfrutar de la panorámica Fiorentina. Y más tarde, darse la
vuelta para descubrir su teatro romano, su Duomo y sus eternos palacios.
7. Volverse renacentista por los suburbios más bellos del mundo, los de Florencia,
paseando por Vinci (donde Leonardo) y contagiándose del Medici lifestyle que
destila Cerreto Guidi.
8. Perderse en las bodegas del Valle de
Chianti, corazón de la Toscana y meca
de los wine-lovers. Y además, un
auténtico bombón para los abstemios
gracias a sus cipreses.

9. Dejar a un lado las barricas y las


fermentaciones para vaguear en lomas
habitadas como Greve in Chianti,
Castellina in Chianti, Radda in Chianti o Gaiole in Chianti.
10. Morder el polvo del serrato de esos caminos blancos donde los sube y baja
conducen a idílicos fotogramas. Ni el velocímetro ni la prisa importan.
11. Abrazar esa ciudad en miniatura, esa Florencia venida a menos que
es Arezzo para acabar pagando unas rondas bajo los soportales de la Logia
Vasari, en plena Piazza Grande.
12. Salivar por cualquier bocado autóctono, por muy sencillo que parezca. En la
Toscana inventaron el ‘menos es más’ aplicado a la gastronomía. Y así les va (de
bien).
13. Sumergirse en el castillo de Caprese Michelangelo para… ¡encontrar al
genio! La ciudad natal del bueno de Buonarotti ayuda a comprender las
circunstancias en las que el artista soñó y esculpió lo bello.
14. No dejarse por el camino las vistas de Poppi ni las iglesias de Bibbiena.
15. Zigzaguear ebrio de rurarlismo por el Valle de Chiana para encontrar
monumentazos como el Duomo de Cortona, las callejuelas de Civitavella in Val di
Chiana o de Montepulciano o las aguas termales de Chainciano Terme.

• Montepulciano

16. Encontrar la sonrisa etrusca en Chiusi y en su museo arqueológico.


17. Tumbarse en la Plaza del Campo de Siena, a no ser que la carrera del Palio
interrumpa esta comunión perfecta con la arquitectura.
18. Babear ante el Duomo de Siena, la catedral más sobrecogedora y ostentosa
de la región (y ya es decir).
19. Corretear por la utopía renacentista, por el sueño de un Papa (Pío II) que
fantaseó con la idea de una ciudad perfecta, bella, en la que hombre y naturaleza
se llevaran fetén. O sea, gozar Pienza.
20. Dejarse el cuello mirando para arriba en San Gimignano y encontrar sus
rascacielos medievales.
21. Catar el sorprendente vino de Brunello en las tasquitas encantadoras
de Montalcino.
22. Descubrir (para presumir por las redes sociales) Grosseto, la ciudad secreta,
la de las murallas hexagonales y argumentos medievales.
23. Vagar por el infinito paseo marítimo de Porto Santo Stefano.
24. Conquistar (vestido o no de medieval) la sobrecogedora localidad de Massa
Maritima.

25. Abordar la isla de San Giglio, subir hasta lo alto de Castello San Giglio y
decirle “adiós” al sol mientras buscas palabras para describir el momento.
26. Sumergirse entre la frondosa vegetación y el azulérrimo mar Mediterráneo
que se exhibe en el Promontorio del Argentario.
27. Tentar al destino en el jardín del Tarot.
28. Recorrer de abajo arriba la costa de los Etruscos y parar en Castiglioncello
y Populonia. Como mínimo.
29. Retirarse a Elba, como Napoleón, pero esta vez por voluntad propia y
encontrarse allí con sorpresas como Portoferraio o con playazas como Paolina o
Biodola.
30. Huir del ruidoso puerto de Livorno para encontrar los sorprendentes canales
navegables de Venezia Nuova.
31. Glorificar a Pisa, a su pasado de república marítima y a su grandeza en forma
de Campo de los Milagros, el prado más artístico y sobrecogedor del Planeta
donde crecen los impolutos Baptisterio, Duomo, Cementerio Monumental y
Campanario.
32. Hacerse el graciosillo ante su famosa torre inclinada. Ver cómo se ríen de ti
al cobrar lo que cobran por subir hasta lo alto.
33. Comprender que en Volterra habría que vivir media vida, rodeado de verde,
de monumentos y de inspiración.
34. Llegar a Carrara buscando el mármol y acabar deslumbrado ante los
inmaculados monumentos como su catedral o el Palacio de las Logias.
35. Salir de farra por Viareggio, amanecer en sus playas privadas y absorber ese
ambientillo entre rancio y VIP. Y con Pino d’Angio como inspiración.
36. Aprender a montar en bicicleta sobre las murallas de Lucca.
37. Dominguear por el retorcido casco histórico de Lucca, donde, de repente,
aparecen sus marmóreas iglesias románicas, las terracitas de la plaza del anfiteatro
o las sombras de sus torres nobles.
38. Encontrar un pedazo de Suiza en el norte de la Toscana, en la conocida
como Svizzera Pesciatina.
39. Desorientarse por Pistoya sin rumbo fijo. No es que no tenga monumentos, es
que la ciudad en sí es un monumento.
40. No resistirse ante la enésima ciudad venida a menos: Pescia merece
elogios, fotones a su catedral y risas ante los conocidos como ‘Santos feos’, la
escultura estrella del Oratorio de San Antonio Abad.
41. Toparse con el futuro entre tanta piedra tras las paredes del museo Luigi
Pecci en Prato.
42. Matar por volver.
   
Lucca
Diez son los baluartes (once si contamos la plataforma de San Frediano) que cierran
el “puzzle” amurallado de la ciudad de Lucca. Maravilla del Medievo, en una época
convulsa durante la cual el conglomerado de repúblicas y ciudades estado se iban
canibalizando entre si frente a los espectadores de las monarquías hispánica y
francesa o el emperador Hausburgo, de forma increíble Lucca se salvó de los
vaivenes de la guerra continua que asolaba las ciudades toscanas. Es por ello que
milagrosamente las murallas renacentistas de Lucca nunca sufrieron ataques que las
“hirieran”.

Piazza del Mercato, el antiguo anfiteatro de Lucca

Lugar de nacimiento del famoso compositor de ópera Puccini, elegante, accesible,


cómoda, y sobre todo adaptada al ciudadano, cuando se visita Lucca a uno le dan
ganas de volver algún día a vivir por una temporada.
La guía por Lucca la comenzamos entrando por la Porta San Pietro desde Piazza del
Risorgimiento. Atravesada en línea recta la iglesia de Santa María Corteorlandini y el
Palacio de Mazzarossa, alcanzamos la Piazza Napoleone (más conocida como Piazza
Grande), con el Palazzo Ducale, con su monumental fachada ocre, hoy sede del
Gobierno de la provincia. La construcción del palacio fue obra de Bartomelo
Ammannati, que lo diseñó en el siglo XVI, y si bien no se construyó completo, la
mano del arquitecto dejó espacios como los bellos patios y loggias.
Saliendo otra vez a la plaza, en dirección opuesta al Palazzo Ducale llegaremos
rápidamente al espacio que suman las plazas de San Martino, Antelminelli y San
Giovanni, que articulan el centro religioso de la ciudad con el Duomo de San
Martino, el Baptisterio y la Iglesia de Santa Reparata. Esta última fue la sede de la
catedral hasta la construcción del Duomo, con raíces de templos del siglo II a.C. y
sobre los cuales se fueron construyendo la iglesia. En constante modificación se han
ido superponiendo las huellas de la basílica del siglo V, de las modificaciones
posteriores del X y especialmente del XII, y de forma visible en la fachada del XVII.
Anexa a la iglesia se rehizo en el siglo XIV en el transepto izquierdo el Battistero,
cubierto con una cubierta ojival gótica. Debajo del edificio se pueden visitar restos de
la domus romana, de las termas y de la iglesia paleocristiana.

San Michelle in Foro del siglo XII en estilo pisano. ©Maria


Calvo.

Bella y armoniosa es la catedral románica (s. XI), con su


fachada de mármol bicromado, con la entrada porticada y
tres niveles decorados con arcos columnados. A la derecha se
encastra el campanario que completa la asimetría del templo.
En el interior reposan algunas obras maestras como la
Deposizione de Nicola Pisano, San Paolo y San Sebastiano de Domenico
Ghirlandaio, y en la sacristía la Tumba de Ilaria del Carretto (1408), cuya cubierta
la esculpe Jacobo della Quercia con elegancia y simplicidad. Otro atractivo es el
denominado Volto Santo, una estatua de Cristo tallada de madera, atribuida por la
Iglesia a Nicodemo, presente en la crucifixión.
Volvemos los pasos por Via del Battistero hasta cruzar por Via Cernami donde
torcemos a la derecha hasta desembocar en Via Fillungo, concurrida por las tiendas y
alegre a la vista por los palacios del Renacimiento que se levantaron a lo largo de ella,
además de la Torre delle Ore, del siglo XIII, la torre más alta de la ciudad y desde
donde podemos subir a ver Lucca desde lo alto. En el interior podemos ver el
mecanismo del reloj que da nombre a la torre.
Aquí daremos un giro a la derecha siguiendo el camino que nos conduce al Palacio y
la Torre Gunigi, en torno a la cual los ricos mercaderes de Lucca se hicieron
construir suntuosos palacios. Nos intrigará que la torre de 44 metros esté coronada
por un “sombrero” de pequeños árboles, ofreciendo una foto curiosa desde lo más
alto.
Desde aquí retomamos la dirección norte para entrar en uno de los espacios más
significativos y hermosos de Lucca, la Piazza del Mercato, que esconde bajo la piel
de fachadas, el esqueleto pétreo del antiguo anfiteatro romano (177 a.C.), hoy sólo
visible por la forma y por algunas paredes de roca que si rodeamos las calles de la
plaza nos permiten fijarnos como sobresalen arcos, columnas y otras partes del
armazón romano. Los días de mercado apetece sentarse en las cafeterías el del
interior de la plaza y pensar que estamos en el lugar donde hace 2.000 años los
gladiadores se batían en duelo hasta la muerte.
Muy cerca está la basílica de San Frediano, cuya simple fachada se supo adornar de
un espectacular mosaico que representa la Ascensión. El austero interior contiene
numerosas obras sacras, entre las que destacan de nuevo las de Jacobo de Quercia.
Descendemos ahora por Via Battisti para cruzar San Giorgio en dirección a San
Michele, la plaza donde se asoman edificios medievales con tonalidades cálidas, quién
sabe si avisando de que aquí bullía la vida romana del foro que se ubicaba en este
lugar. Por ello la iglesia recibe el nombre de San Michele in Foro, con su vigilante
arcángel coronando la ornamentada fachada gótica que preside la iglesia románica.
Iglesia de San Michele in Foro

Un bello recorrido circular por las murallas nos permite ver como se han
acondicionado con espacios peatonales y aptos para ir en bici, con alamedas
arboladas por los antiguos bastiones de Lucca.

Mapa turístico de Lucca

Como decíamos Giacomo


Puccini es el hijo pródigo
de Lucca, en una ciudad
con una sensibilidad
especial para la música.
Gracias a itinerarios de la
oficina de turismo podemos
visitar algunos puntos
importantes de su vida
como la Casa Museo, o su
estatua.
Siena
La ciudad de Siena es una
de las ciudades más
conocidas de Toscana. No
es una gran ciudad por su
tamaño (55.000 habitantes)
pero sí por su cultura, sus
monumentos, tradiciones y
patrimonio. Situada en el centro de Toscana, al sur de Florencia y al este del pequeño
macizo de las colinas Metalíferas. En mitad de una zona de colinas, la geografía de la
región es la típica de Toscana con pequeños valles, montes bajos, zonas boscosas,
cipreses perdidos entre los campos de cereal que acompañan al viajero en su
recorrido por esta parte de Italia.
Plaza Il Campo,
centro neurálgico
de Siena.

Fundada por los


romanos, la ciudad
recibió la visita y la
ocupación de
lombardos, para convertirse después en ciudad libre, favorable a la política del
emperador románico germánico frente a Florencia que apoyaba al Papa. Tras la
derrota de Montaperti en 1260, Siena queda determinada a esta última. Perdida su
influencia política, paradójicamente, es a partir de esa época que Siena se concentra
en el comercio y los negocios.

Su situación es ideal para una visita toscana. Junto a Siena, al este se halla el Valle
del Chianti y un poco más allá el Valle de Chiana (Arezzo, Cortona). Al norte
Florencia, Pisa y Lucca. Al sur, pero muy cerca el extraordinario Valle del Orcia,
Grosseto, la Maremma y la costa con Elba.

Siena una ciudad monumental. En las


callejuelas se vislumbra el Palazzo Pubblico
El centro histórico está dominado por la
Torre de Mangia y el Duomo, la catedral de
Santa María Asunta. Junto a ellos el Palazzo
Pubblico, actual ayuntamiento, y el
antiguo hospital de Santa María della
Scala son algunos de los monumentos
principales.
La torre de la Mangia que alcanza 102 metros
de altura domina el centro histórico de Siena.
Ella es la que domina la la Piazza del Campo,
llamada también il Campo, la plaza principal
de la ciudad donde se celebra dos veces por
año, la famosa fiesta del Palio. La plaza es el
centro del centro de Siena, de ella parten
numerosas callejuelas que nos conducirán a
todos los recovecos y lugares ocultos. Toda la
zona es muy animada y está llena de
comercios, algunos más turísticos, otros más auténticos y artesanos. Además de
numerosos cafés, restaurantes y hoteles.
Junto a estos palacios e iglesias, otros más pequeños pero igualmente bellos se sitúan
en toda la zona vieja de Siena. Descubrirlos callejeando es toda una aventura para el
viajero y el turista.

Otros lugares de interés son la fuente de Fonte Gaia, con esculturas de Jacopo della
Quercia; el Palacio Chigi Saracini del siglo XII con partes góticas, renacentistas y
rococós; la Loggia della Mercancia; el Palacio delle Papesse (hoy centro de arte
contemporáneo o las casas torres de Dei Forteguerri, Montanini, degli Incontri son
otros de los monumentos
principales.
Y por supuesto, no olvide la
recomendable visita las murallas
de Siena.

El Duomo de Siena, magnífico

Museos en Siena.
El edificio del ayuntamiento, el
Palazzo Pubblico alberga el
Museo de la Ciudad, o Museo
Civico.
Nada lejos encontramos la gran
catedral románico – gótica del
siglo XIII. La catedral cuenta con
su propio museo, el Museo dell’Opera Metropolitana del Duomo, con esculturas
originales provenientes de la fachada de la catedral. La catedral es uno de los mejores
ejemplos del gótico italiano, destacando por la belleza de su piedra blanca, así como
sus techos y columnas interiores. La torre rivaliza con la Torre de Mangia del
ayuntamiento.

La Pinacoteca nacional de Siena y el complejo museístico del hospital de Santa


María della Scala (que incluye varios museos
entre ellos el arqueológico) junto al Duomo y
el ya citado Centro de Arte Contemporáneo
del Palazzo delle Papessa completan los
museos del centro de la ciudad.

Fiestas y tradiciones: El Palio.El Palazzo


Pubblico en la Piazza del Campo
Siena es conocida mundialmente por la
carrera de caballos que se celebra todos los
años en centro histórico de la ciudad. El Palio
delle Contrade o simplemente Palio es una
fiesta de origen medieval que reúne a jinetes
que representan a los barrios de la ciudad.
Espectacular y siempre animada, la
celebración de la carrera reúne a miles de
personas y anima la ciudad dos veces por año,
el 2 de julio y el 16 de agosto. Las casacas de
los jinetes se decoran con los colores representativos de cada uno de los barrios. La
carrera del Palio forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
El origen del Palio remonta a finales del siglo XVI cuando la Iglesia católica prohibió
los espectáculos violentos de toros y las peleas, por lo que el Consejo de la ciudad
decidió substituirlos por una carrera de caballos. Pronto la carrera se desplazó hasta
la plaza central Il Campo, lugar más amplio y cómodo para acoger al público cada vez
más numeroso

Buonconvento Un encantador pueblo medieval en el centro de la Crete Senesi


El pueblo medieval de Buonconvento está encerrado dentro de una pared de ladrillo

límite con arcos colgando en la parte superior,


construido en 1379 a instancias de los Gobernadores de
Siena y siempre que, en su origen, sólo dos puertas de
acceso a lo largo de la carretera principal del país: Porta
Senese en lado norte, hacia Siena, que aún conserva las
puertas originales de madera con herrajes, y Porta
Romana, al sur, destruido en 1944 por los alemanes en
retirada.

Dejó intacta durante siglos, protegido por el foso y merli guelfi de la patrulla de
pasarela, el pueblo ha sufrido transformaciones notables en 800, mediante la
construcción de cerca de las paredes de los edificios, como el Teatro del
Resucitado. La parte más antigua es atravesado, de norte a sur, a través de Soccini,
llamado así en memoria de la familia que cuenta entre su ilustre Unidos giurisiti y un
par de herejes, que escribió la organización doctrinal de diversos movimientos
heréticos que se desarrollaron durante el siglo XVI, que tomaron el nombre de
socinianismo.

La Ciudad de Buonconvento alberga tres museos más importantes de la zona y es de


considerable interés para un público de turistas y un público de aficionados y
estudiosos. Ellos son: Museo de la aparcería de Siena, el Museo de Arte Sacro de la
Val d'Arbia y el Oratorio de la Hermandad de la Misericordia.

IGLESIA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO


La información histórica informan que en 1313 murió en esta iglesia Enrique VII
emperador del Sacro Imperio Romano. Una pequeña piedra de mármol, en el lado
izquierdo de la fachada, con una cruz tallada, una incisión en la fecha de 1103, que
podría corresponder al año de su fundación. En el siglo XVIII la iglesia en el interior
fue completamente renovado en forma clásica, aunque la presente fachada de ladrillo,
con adornos de travertino, es de 1723, y la torre actual fue reconstruida a principios
del 1800. En el interior hay algunas obras pintorescas escuela de Siena, incluyendo
un panel pintado que representa la Madonna con el niño de Matteo di Giovanni, en el
siglo XV; una pintura sobre tabla de Pietro di Francesco Orioli del siglo XV; Sano di
Pietro, un fresco del siglo XV que representa la coronación de la Virgen.

San Quirico d’Orcia


En San Quirico d’Orcia, la realidad supera a la imagen idealizada. Este pequeño
pueblo del valle homónimo es un encanto. Tal vez lo sea aún más por el
desconocimiento que se tiene de él, no lo sé, pero algo especial tiñe el ambiente.
Quizá por ello forma parte desde 2004 del Patrimonio Universal de la Humanidad de
la UNESCO.
El Valle del Orcia es uno de los lugares más encantadores de toda la Toscana. Al no
ser tan popular y turístico (lo es, pero menos) que Pienza y otros lugares del valle,
sorprende más. Menos conocido es el propio valle con respecto al de Chianti (situado
entre Florencia, Arezzo y Siena). Su tamaño reducido, su centro armonioso, la
muralla que lo protege, sus vistas, sus parques, tiendas, pequeños hoteles y plazas
hacen que San Quirico d’Orcia sea uno de los pueblos de Toscana que más nos
gustan.
En San Quirico encontrarán los paisajes típicos de Toscana, las largas hileras de
cipreses, los campos cultivados que cambian de color y rodean al pueblo, las casas
tradicionales de piedra en mitad de ninguna parte o arremolinadas tras la muralla que
protege San Quirico.

Horti Leonini, un parque a


visitar con la cámara.
©María Calvo.

Patrimonio y monumentos, que ver.


El pueblo posee varios monumentos de interés, aunque es el conjunto muy bien
preservado lo que lo hace tan interesante y por ello pertenece al patrimonio de la
UNESCO.
Monumentos civiles y religiosos de estilo románico, gótico y renacentista se
concentran en el centro de lo que al final y todavía hoy es un pueblecito. Lo primero
que vemos es una muralla que rodea al centro que data del siglo XII. Existen varias
entradas, las más espectaculares son la Puerta de los capuchinos (Porta dei
Cappuccini) y la Puerta Nueva (Porta Nuova).
Entre las iglesias, destacamos la iglesia de la Colegiata (Chiesa della Collegiata) del
siglo XII y la Colegiata de San Quirico, situada junto al ayuntamiento.
La riqueza de la ciudad se muestra también en los antiguos palacios, por ejemplo el
Ospedale di Santa Maria della Scala, (del siglo XIII), o los palacios de Chigi
Zondadari (barroco) y el Palazzo Pretorio.
Por último, no podemos terminar la visita arquitectónica sin nombrar una pequeña
joya, el Jardín Leonini o Horti Leonini. Un parque público de estilo italiano que se
diseñó entre el siglo XVI y el XVII. Tiene forma de rombo y lo rodean muros altos
que encuadran un jardín precioso
decorado con estatuas.

Una de las plazas más céntricas


de San Quirico de Orcia. ©María
Calvo.

Otros lugares a visitar desde San Quirico d’Orcia.


Si consiguen alejarse del encanto de San Quirico deben visitar Pienza,
Montalcino, Montepulciano, pueblecitos preciosos del valle.
En el mismo valle del Orcia hay que acercarse a los balnearios de Bagno Vignoni,
Bagni di Filippo o Radicofani, para disfrutar de las aguas termales y las curiosas
formas que los afloramientos de aguas calientes han creado. Un poco más al sur hacia
Grosseto se encuentra las Termas de Saturnia, quizá las más imponentes.
Pienza
La maravilla urbanística de Pienza (patrimonio
de la Humanidad) es obra de la vanidad o
mecenazgo, -depende de por donde se mire-
de Eneas Silvio Piccolomini, más conocido
como Pio II, Papa nacido aquí, y que reconvirtió
el burgo medieval en un ejemplo arquitectónico
renacentista, con el objetivo de crear la ciudad
renacentista ideal. El primer cambio fue
renombrar la antigua ciudad de Corsignano con
el nombre de Pienza.

Piazza Pio II en el centro de Pienza

La magna obra ejecutada por el arquitecto


Bernardo Rossellino no llegó a finalizarse, y se
interrumpió con la muerte del Papa, lo que supuso que los edificios monumentales
quedasen concentrados en la Piazza Pio II. Rossellino era discípulo de Leon Battista
Alberti, autor de la obra Da re aedificatoria, un compendio sobre la reconversión de las
ciudades en espacios abiertos, rompiendo el ordenamiento de trazados sinuosos de las
ciudades medievales.
La ciudad es atravesada por el Corso Rossellino, que va desde la Porta Prato hasta la
oriental Porta al Ciglio, dejando a los lados la iglesia de San Francesco (S.XIII,
gótica), la Piazza Pio II, el Palazzo Ammannati, el Palacio del Obispo con el Museo
Diocesano y numerosas tiendas donde el producto estrella es el queso Pecorino.
La Piazza Pio II -con diseño trapezoidal- fue tratada de forma que se resaltase
la catedral de Santa María Assunta, cuya petición expresa del Papa llevo a
Rosselino a diseñarla con tres niveles de igual altura y amplios ventanales para como
solicitaba “no fuese una casa de piedra, sino de cristal”. De esta manera la
luminosidad del interior es loable, si bien ha producido con los años que se hayan
abierto grietas en los muros de sustentación. Las capillas del interior de la iglesia
guardan polípticos de la escuela
gótica de Siena.

Vista de la catedral y el Palazzo


Piccolomini

Frente a la catedral que simboliza el


poder eterno, está el edificio del
poder temporal, el Palazzo
Pubblico, que hace aumentar la
sensación de tamaño de la plaza
gracias a la planta baja porticada. Aquí encontraremos la sede de la oficina de turismo
de Pienza.
Acompañando al conjunto se suma el pozo, obra también de Rossellino en 1462, y
el Palazzo Piccolomini, edificio de estilo florentino, con arcos de medio punto y
columnas corintias, y que exhibe la sala de armas y una importante biblioteca. En la
parte sur del palacio hay un jardín con unas vistas inmejorables del Valle de Orcia.
En la Piazza, sobre los ladrillos rojos colocados en forma de espiga, se celebra el
primer domingo de septiembre un juego sencillo, el Cacio al Fuso, que consiste en
una competición para ver quién acerca el queso rodando a un punto concéntrico que
hace la vez de diana. En 2012 se ha celebrado el 50ª aniversario, y cada año viene
acompañado de degustación del queso y actividades del folclore toscano.
El Fuso, es decir la diana hacia donde
se lanza el Cacio, el queso rodando

Además de las excelencias


arquitectónicas de Pienza, la región
regala al paladar el sabor exquisito
del Pecorino de Pienza. Algo debían
de saber los pastores de hace varios
miles de años, cuando se han
encontrado restos arqueológicos de
calderos de barro en los que se
preparaba condimentado con hierbas
aromáticas como el tomillo, siemprevivas o la santoreggia, un tipo de menta.
La visita a Pienza se puede contemplar dentro de una ruta que
incluya Montalcino, San Quirico de Orcia, la abadía de San Salvatore
y Montepulciano. Y en las afueras de Pienza el convento de Santa Anna y la Pieve di
Corsignano.

Montepulciano

Encaramada en una cima de colinas, Montepulciano (Mons Politianus) se yergue al


sur de la Toscana, no muy lejos de Siena, como si sus palacios renacentistas buscaran
ensalzar su belleza aún más. Tierra del afamado Vino Nobile, los viñedos que rodean
la ciudad, nutren de uva a las bodegas que consiguen vinos de una calidad
reconocida por todo el mundo.
La posición estratégica de Montepulciano entre dos valles, Val di Chiana y el Val
d’Orcia permite organizar un circuito por la provincia de Toscana sin conducir
mucho. Cerca encontramos Pienza, el pueblo termal de Bagno Vignoni, la
famosa Montalcino entre otros pequeños pueblos que facilitan excursiones al alcance
de la mano. De hecho si recorremos la carretera hacia Pienza, el paisaje de pequeñas
colinas forma una ondulación de campos cultivados que forman una mezcla de
colores que no sólo forma parte de la imaginación o de las postales, convirtiéndose así
en una realidad muy sugerente a la vista y a la fotografía.
No es extraño que Hollywood pusiera los ojos en Montepulciano para grabar escenas
de la saga Crepúsculo, en concreto de la película “Luna Nueva” en la que sus
personajes recorren con frenesí el centro histórico de la ciudad. El film ha colocado
en el mapa Montepulciano, hasta
el punto que un turismo asociado a
las películas, y que busca las
localizaciones del periplo italiano
de los vampiros, ha desembarcado
con fuerza aquí.

Piazza Grande, el centro de


Montepulciano

Si llegamos en coche a
Montepulciano es mejor saber que
no podremos movernos por el centro y que lo más adecuado es dejarlo en alguno de
los numerosos parkings que indican las señales a nuestra llegada. Si venimos en bus
desde Florencia o Siena podemos iniciar la ruta desde las dos puertas de acceso
centenarias.

Ya a pié podemos hacernos con un mapa en la oficina de turismo o dejarnos llevar


por la intuición en busca de la Piazza Grande, el corazón de Montepulciano. La
plaza es el punto más alto de la ciudad, con un conjunto monumental que incluye la
catedral y el Palazzo Comunale con su fachada gótica coronada por la gran torre.Los
bellos palacios y las suntuosas residencias que a cada paso captan nuestra mirada son
testimonio del pasado histórico de los siglos XIV y XV en Montepulciano, durante el
cual algunas familias nobles amasaron poder y fortuna. El techo de su influencia llegó
en el siglo XVI cuando el dominio de los Medici se hizo patente por los principales
núcleos de la Toscana.
Protegida por los imponentes muros, Montepulciano se articula a partir de un gran
Corso con tres segmentos (vie di Gracciano, Voltaia e dell’Opio) que lo recorre de
un extremo a otro con callejuelas que se abren a cada lado como ramas de un árbol.
Atravesando Porta al Prato se entra en esta vía, iniciando el camino hasta la cima. A
los lados incontables tiendas reclaman la atención y resulta difícil no dejarse seducir
por la artesanía local o por los pecados gastronómicos que nos asaltan.

Enseguida hallamos una plaza con la Colonna del Marzocco, una columna de mármol
con el león heráldico de Florencia (se trata de una copia ya que el original está en el
Museo Civico), muy presente en palacios como el Avignonesi, ubicado en la misma
plaza.
Tras una sucesión de residencias renacentistas de gran factura como el Palazzo
Cocconi y el Bucelli (decorado con urnas etruscas), llegamos frente a la Iglesia
de Sant’ Agostino, ideada por Michelozzo, bajo el mecenazgo de los Medici, y que
cuenta con un crucifijo atribuido a Donatello. A apenas unos pasos la torre
del Pulcinella, cuyo nombre viene de la curiosa figura de un autómata que cada hora
martillea la campana. Pese a ser un personaje típico napolitano, llegó aquí de la mano
de un Obispo de Nápoles.
Más adelante dejaremos atrás el elegante Palazzo Cervini, el Palazzo Gagnoni,y la
Iglesia de Jesús, hasta llegar a la casa del poeta y humanista Poliziano, protegido de
los Medici, de los cuales fue instructor.

Llegados a este punto debemos volver hacia atrás y dirigirnos hacia la Piazza Grande,
donde nos pararemos para deleitar la vista con la fuente de los grifos y los leones
(1520) que vigilan la catedral, el Palacio Comunal, y los edificios del Palazzo Nobili-
Tarugi y Palazzo Contucci.

El Palazzo Comunale recuerda en estilo al Palazzo Vecchio de Florencia, y es obra


de Michelozzo (1.440), con elementos renacentistas y tardogóticos, finalizado con
una estructura almenada que si bien es decorativa se antoja defensiva.
La catedral se asoma también a la plaza, quizá menos esplendorosa tras las diferentes
acciones de reconstrucción desde que se construyera a finales del XVI, la última en
1880, dejándola aún inacabada. En su interior destaca el tríptico de la Asunción de la
Virgen con su filigrana dorada, y el retablo de Raddeo di Bartolo.
La Piazza Grande es la sede de la mayoría de eventos y fiestas de Montepulciano,
como por ejemplo en agosto, el divertido y no carente de emoción Bravio delle
Botti, una simpática carrera en la que las parejas que representan a uno de los ocho
barrios de la ciudad, empuja cuesta arriba un tonel de unos ochenta kilos de peso
durante un recorrido de un km, hasta la meta en la Piazza Grande.
Fiesta Bravio delle botti

Una vez acabada la visita a los monumentos “intramuros”, debemos tomar la Via San
Biagio que desciende sin perdida hasta el que para muchos es el principal atractivo de
Montepulciano, la Iglesia de la Madonna de San Biaggio, un templo renacentista del
siglo XVI, momento efervescente de la arquitectura Toscana. Antonio Sangallo el
Viejo, maestro que había trabajado para Bramante en San Pedro del Vaticano se
inspiró para esta obra cuya planta de cruz griega soporta una alta cúpula de forma
octogonal, y está revestido de un bello mármol travertino blanco.

Desde aquí la
vista de San
Biaggiocon
Montepulciano de
fondo es
fascinante.

Iglesia de San
Biaggio

Si permanecemos unos días en Montepulciano debemos saber que además del


compendio renacentista que comprende, es una de los puntos termales más atractivos
de la Toscana, con la posibilidad de usar sus aguas termales para tratamientos
terapéuticos. Y por supuesto los amantes del vino pueden degustar en las bodegas y
restaurantes las añadas del vino tinto Nobile, que sin duda saben mucho mejor
acompañando al paladar la vista de Montepulciano.

Mapa del centro de Montepulciano

Florencia
El Ponte Vecchio, sobre el río Arno. ©M. Calvo.

Florencia es la capital de la Toscana, su centro cultural y la ciudad más populosa de


la región. Museo vivo, Florencia es una ciudad que rezuma la historia, el arte, la
filosofía y la ciencia y a la que hay que viajar si o si en nuestro itinerario por Toscana.
Estamos ante una ciudad que podría ser casi un país -la cantidad de turismo que llega
así lo demuestra-, cuyo poder social, político y económico fue el centro neurálgico
sobre el que giraron numerosos episodios históricos de toda Italia, y por donde
pasaron personajes como Lorenzo de Medici, o el dominico Savonarola, o hijos
pródigos como Dante Alighieri, Giovanni Boccaccio, Filippo Brunelleschi , Leonardo
da Vinci o Michelangelo Buonarroti; todos ellos dejando una notable huella en la
Florencia de su época.

El único problema que plantea Florencia es que hay mucho que ver, y esto significa
priorizar (por esta razón es complicado ver todo en un día). Sin embargo lo más
importante es saber digerir el empacho de belleza e información que se condensa
detrás de cada esquina. No en vano en 1982 Unesco concedió a todo el patrimonio
cultural y artístico de Florencia, el título de Patrimonio de la Humanidad. Por esta
razón merece la pena plantear la visita a Florencia como una etapa importante del
viaje por Toscana.
Ruta por el centro de Florencia – Que ver
La iglesia de Santa Maria la Novella. ©M. Calvo.
El centro histórico de Florencia está en la parte norte del Arno, dejando algunos
puntos destacados como el Palazzo Pitti más allá del Ponte Vecchio. Siendo probable
que comencemos la visita por el mismo centro, podemos emprenderla desde la
estación de tren, situada al lado de la Piazza dell’Unità italiana. Muy cerca está la
iglesia de Santa Maria Novella, edificio que los dominicos levantaron entre 1246 y
mediados del siglo XIV cuando se añadieron la sacristía y el campanario.
En el interior podemos apreciar algunos elementos arquitectónicos y pictóricos de
gran importancia como los frescos encargados a Ghirlandaio que escenifican la vida de
la Virgen y de San Juan Bautista; o la ilusión óptica de profundidad que da el
estrechamiento de las columnas y los arcos que avanzan hacia el altar; o una de las
obras cumbres de la historia de la pintura, la Trinidad de Massaccio (1425), que
supone un cambio radical en el uso de la perspectiva en la pintura, tal y como induce
la corriente de Giotto, siempre presente en Florencia. El fresco de la ve izquierda
añade otra ruptura en la iconografía religiosa, puesto que otorga el mismo tamaño y
dimensiones a las divinidades (El Cristo crucificado) que a los “mortales”. Atentos
debemos estar a los frescos de los claustros, destacando el Chiostro Verde (Claustro
Verde), cuyas pinturas son obra de Paolo Uccello, y representan escenas del Antiguo
Testamento.
En esta parte Oeste de Florencia se ubican algunos de los palacios de la arquitectura
civil que mejor representan el poder de las familias florentinas durante el
Renacimiento, como son el caso del Rucellai y el Srozzi., ambos no muy distantes y
en todo caso cercanos a la Iglesia de la Santa Trinità.
El David de Miguel Angel en la Galería de la Academia

El camino nos conduce hacia la Piazza della Signora, el espacio común donde
florentinos y turistas buscan ver y dejarse ver, donde converge la vida ciudadana. En
otro tiempo el poder político de toda Toscana se acumulaba aquí. En este museo al
aire libre los ojos se van de un lado para otro para posarse sobre las esculturas
de Cosme I a caballo, la majestuosa Fuente de Neptuno con sus ninfas de bronce -
homenaje a las victorias navales de la república de Florencia-, las copias de las
originales del David de Miguel Ángel (que estuvo aquí hasta 1873 cuando se llevó a
la Galleria de la Accademia), o la Judit y el Holofernes de Donatello (en el Palazzo
Vecchio). Bajo las arcadas de la Loggia, conocida como el corredor de la Signora
numerosas esculturas como el Perseo de bronce de Cellini que muestra orgulloso la
cabeza de Medusa. Una curiosidad es la lápida en el suelo que marca donde se
ajustició al monje benedictino Savonarola en 1498.
El Palazzo Vecchio preside la plaza, con su fachada almenada y su torre de 94
metros que actuaba de faro político. Sede del ayuntamiento ayer y hoy, por aquí
pasaban los cargos políticos elegidos por los gremios, marcando el sino de la ciudad.
La Galleria degli Uffizi es un tesoro donde difícilmente los conservadores del museo
pueden hacer malabares para equilibrar las numerosas salas sin que el arte desborde
las obras maestras que por si solas serían exhibidas como obras cumbres en otros
museos del mundo. Y es que las pinturas de Giotto, Botticelli, Leonardo da Vinci,
Hugo van der Goes, Giovanni Bellini, Miguel Ángel, Tintoretto, Caravaggio,
Rembrandt Rafaél o Durero parecen infinitas…y si queremos asimilar tanto arte
debemos tener presentes que podemos estar todo el día de sala en sala de la Galería
degli Uffizi.

Nacimiento de Venus de Botticelli en Uffizi


Las antiguas “oficinas” administrativas son hoy en día uno de los museos más
importantes de arte renacentista del mundo y si bien se antoja injusto elegir algunas
obras, no podemos pasar sin ver la extensa selección de Giotto, la Calumnia, La
Primavera y el Nacimiento de Venus de Botticelli o La Anunciación de Leonardo da
Vinci.

En la Logia del Mercado Nuevo nos tropezaremos con “hordas” de turistas rodeando
uno de los símbolos de la ciudad, y es que el Porcellino, la escultura y fuente del
jabalí se ha convertido sin quererlo en una de las atracciones más recurrentes. El
bronce contrasta con el hocico del animal, desgastado por los millones de personas
que lo han tocado buscando la ansiada suerte que dicen que proporciona.
Ahora toca retroceder desde la Piazza della Signora por la Via dei Calzaiuoli para
llegar a la Piazza de San Giovanni, donde una de las catedrales más bonitas del
mundo deslumbra a todos los que tienen la suerte de conocer su historia.

El Duomo de Santa Maria del Fiore.


Duomo de Santa María del Fiore de Florencia, la catedral de Florencia. ©Iñigo
Pedrueza.

De la visita a la Catedral no hay que perderse su interior, la subida a la cúpula, la


Cripta, el Campanile, el Baptisterio o la Puerta del Paraíso. Su curioso nombre le
viene de la rosa de oro que el Papa Eugenio IV donó en la consagración de 1436; y
otra curiosidad es el curioso reloj de Paolo Ucello que da las horas en sentido
contrario al habitual. Al situarnos frente a la catedral sorprende el hecho de que el
campanario (Campanile) sea un anexo al Duomo, pero no adosado.La fachada es
neogótica, remodelada en 1871 siguiendo el modelo original. La policromía del
mármol blanco adornado con motivos geométricos le proporciona una riqueza
estética que anima a pararse un rato y fijarse en todos los detalles.

El templo se comenzó a levantar en 1296, sustituyendo a la precedente iglesia


románica de Santa Reparata, patrona de Florencia. A lo largo de su historia Giotto,
Pisano y Talenti fueron aportando su intervención para ir mejorando la obra.

La altura y dimensiones de la cúpula de la catedral abruman, 42 metros de diámetro,


91 de altura (106 metros desde el pináculo de la “Linterna”) y 463 escalones para
llegar a verla de cerca. Para hacerse una idea, con 155 de largo, casi alcanza el
tamaño de la basílica de San Pedro del Vaticano. su ejecución por parte de Filippo
Brunelleschi, y como reconocen los arquitectos e ingenieros contemporáneos es una
joya por su diseño de dos cúpulas, una real que sostiene el enorme peso, y otra
“falsa”, visible y que durante siglos ha despistado a todos los que buscaban el misterio
de la ejecución de la cúpula

El mosaico de la cúpula escenifica el Juicio Final, inspirado en los motivos de San


Marcos de Venecia, acompañado por vidrieras manufactura de los mejores artistas
del Renacimiento.

Ya de nuevo abajo nos pararemos ante las puertas de bronce por las que entramos a
la catedral. Las puerta del Paraíso, al este, de Lorenzo Ghiberti representan en diez
paneles escenas del Viejo Testamento y sirvieron para celebrar el fin de la peste que
mermó la población de la ciudad.
El Campanile en armonía con el duomo de Florencia. ©M. Calvo.

El Campanile externo se puede visitar, subiendo los 414 escalones que llevan a lo
alto de la torre, y merece la pena la vista majestuosa de toda la catedral, y en especial
de la cúpula. Diseñado por giotto, a su muerte fueron Pisano y Talenti quienes la
remataron.
Completa el conjunto el Battistero, del siglo XI, que honra a San Juan Bautista, de
planta octogonal y con abundante decoración geométrica siguiendo el estilo
florentino.
Antes de cruzar a la parte sur del Arno, llegamos al Ponte Vecchio, una de las fotos
de postal de Florencia. Peculiar sin duda es el conocido como corredor de Vasari que
funcionando como un pasadizo, pasa un piso por encima del puente. Su ejecución en
1565 servía a los Medici para pasar desde el Palazzo Vecchio hasta el Palazzo Pitti sin
mezclarse con la plebe. De hecho, después de su construcción en 1365 en los laterales
del puente se alojaron los puestos de carniceros y pescaderos, con la consecuente
degradación y malos olores de la ribera del Arno. El duque Fernando I dictaminó su
expulsión y la sustitución por talleres de orfebres y joyeros (sporti sujetos por
puntales al puente), tradición que sumada a los souvenirs aún hoy podemos
contemplar.
Oltrano, la Florencia trás el río
Acostumbrados a los tours más frenéticos, a veces el viajero no degusta Florencia con
la necesidad que requiere saborearla, vibrarla y al mismo tiempo reposarla. La zona
del Oltrarno, es decir la que crece en las laderas cuando cruzamos el Ponte Vecchio,
nos lleva hasta algunos lugares majestuosos de la ciudad, donde reposar los pies tras
el arduo y exigente paseo se agradece. Entre ellos como no los Jardines de
Bóboli del Palacio Pitti, la plaza e iglesia de Santa Maria dei Carmine, o la entrada
a la iglesia de San Miniato al Monte.

El Palacio Pitti es un ejemplo de como la lucha nobiliaria en la Florencia


Renacentista supuso el fin de una dinastía, los Pitti, que en su pretensión por ser más
que los Medici, llegaron a arruinarse, obstinados en superar las residencias de sus
enemigos. A tal punto llegó su enconada exhibición de lujo, que las enormes ventanas
del palacio debían ser mayores en dimensiones que la puerta principal del Palazzo
Medici-Riccardi. No es de extrañar que la construcción del Palacio Pitti se quedase a
medias desde que en 1458 se empezase a edificar. Un siglo después, Leonor de
Toledo encomendó al arquitecto Bartolomeo Ammannati su finalización, (quién
proyectó un patio interior manierista de bella factura), siendo la corte de Cosme I en
1560. Los inmensos salones que visitamos hoy, donde el lujo se concibe como la
máxima expresión del poder real, sirven de sede para la Galería Palatina, el Museo
degli argenti o la Galería de Arte Moderno de Florencia.
El Palazzo Pitti. ©M. Calvo.

Detrás del Palacio Pitti hallamos los serenos y apacibles Jardines de Bóboli que
desde 1569 hasta 1766 sólo pudieron disfrutar sus dueños, y que perfectamente
cuidados, mantienen la majestuosidad de los típicos jardines renacentistas (que
pueden visitarse casi todos) , con espacios para el relajamiento, pero también para la
cultura, como el anfiteatro donde curiosamente se representaron las primeras óperas
de la Historia.
Si tenemos la suerte de tener más días para conocer Florencia, en el Oltrarno hay
otros lugares que visitar, especialmente la Iglesia del Santo Spirito, San Frediano in
Castello, la Iglesia Escocesa, el Palacio Guicciardini, el museo zoológico, la iglesia de
la Santa Felicita, la fuente Belvedere y los frescos de la capilla Brancacci en la Iglesia
de Santa Maria del Carmine. Sin embargo, sería imperdonable irnos sin llevar acabo
el itinerario que nos sube hasta San Miniato in Monte.

Fachada de San Miniato al Monte

Las vistas sobre toda Florencia desde la colina donde se alza San Miniato son sin
duda las mejores para tener una perspectiva del Arno, el Ponte Vecchio, y las cúpulas
de las principales iglesias, entre ellas la catedral. El paseo comienza tras cruzar el
puente y siguiendo las antiguas murallas que defendían Florencia, alcanzamos la
subida que asciende. Tanto desde la pequeña plaza Michelangelo, como desde lo la
entrada de San Miniato tenemos una panorámica muy sugerente de la ciudad. El
templo está dedicado al mártir local en un estilo románico toscano que combina el
mármol blanco de Carrara con el serpentino verde oscuro.

Museos de Florencia
Además de los ya citados de la Galleria de los Uffizi y del Palazzo Pitti, en Florencia
son muy interesantes el Convento y Museo de San Marcos, el Museo Arqueológico -
con una colección de arte egipcio muy destacada-, el Palazzo y Museo Bargello o la
Casa Buonaroti.

San Gimignano

Hay veces en que el azar marca, para bien o para mal, el destino de una ciudad. San
Gimignano lo sabe bien, sobre todo cuando el camino de peregrinación de la Vía
Francigena que seguía los pasos de los fieles camino a Roma, atravesó las colinas
donde se había alzado el pequeño pueblo Toscano. Antes, el núcleo lo formaba un
castillo de la iglesia de Volterra, y así lo describe el arzobispo Sigerico cuando en el
año 990 pasó por lo que hasta entonces se llamaba Sancte Gemiane.
Mucha antes, en el 63 a.C., y según la leyenda, los hermanos patricios Muzio y Silvio
que habían huido de Roma, construyeron sendos castillos en el Val d’Elsa, el castillo
llamado de Silvia sería la futura San Gimignano. Habitada después por etruscos y
romanos como atestiguan los restos excavados, la Edad Media y el paso de la Vía
Francigena como hemos dicho, sirvieron de catapulta de la ciudad. Los peregrinos, la
mayoría franceses hacían etapa aquí, siendo además una bifurcación hacia el puerto
de Pisa. Tras la influencia de Florencia, se declaró “ciudad libre”, nombrando
un Podestà, – siempre un ciudadano de fuera de la ciudad para prevalecer la justicia-
que dirigía el rumbo de la ciudad. La producción de azafrán y vino, y el comercio de
lana, junto a la proliferación de mercaderes que practicaban la usura, contribuyeron a
que la ciudad alcanzase los 13.000 habitantes, y el núcleo se ampliase con la
construcción de un segundo recinto de murallas.
Como si de la silueta de rascacielos de Nueva York se tratase, la figura de San
Gimignano con sus 72 torres -hoy se conservan 13- permitía divisar su centro
habitado desde lejos. Las familias de nobles estiraban su cuello de jirafa con torres
más elevadas y ostentosas, compitiendo por mostrarse más poderosas y altivas. Desde
su gran crecimiento entre los siglos X y XII, el siglo XIII significó el punto álgido.

La peste que asoló Europa e 1348, diezmando la población de San Gimignano en 2/3
partes marcó el declive político y económico, pasando a estar bajo la órbita de
Florencia. El hecho de que las familias nobles apenas pudieran subsistir, significó en
cambio que los palacios apenas tuvieran influencias arquitectónicas posteriores,
congelando la ciudad medieval hasta nuestros días. De hecho el castillo, o Rocca, es
obra de los florentinos para defenderse de las pretensiones de Siena sobre el enclave.

Hoy en día agradecemos que haya permanecido casi encapsulada dentro de una
burbuja temporal, mostrando su trazado medieval como si volviéramos 900 años atrás
en el tiempo. San Gimignano es poco más que un pueblo, por sus dimensiones y por
su población que está en torno a 8.000 habitantes. La agricultura, la producción de un
apreciado Vernaccia DOCG y el empujón del turismo gracias a la concesión del título
de Patrimonio de la Humanidad según Unesco. Este sello garantiza al mismo tiempo
que las leyes urbanísticas respeten la arquitectura de
San Gimignano.

Torres del centro de San Gimignano. ©Iñigo


Pedrueza.

Que ver
No hay que olvidar que San Gimignano es uno de
los lugares más visitados de la Toscana. Si a eso
añadimos que es ciertamente pequeño, su visita nos
puede resultar agobiante si la emprendemos en
periodo de verano, fines de semana, festivos y horas
centrales del día. Lo ideal es ir fuera de temporada,
llegar pronto e irnos tarde, y sobre todo intentar
alejarnos de los grupos de turistas que llegan
masivamente en viajes organizados en autobús. Podrán ver que San Gimignano
cambia mucho cuando la luz del sol se va, y las luces de las farolas iluminan la belleza
del borgo medieval.

Puntos a ver en San Gimignano son la Piazza della Cisterna desde donde vemos el
Palazzo Comunale, la Pinacoteca y la Torre Grossa, el museo arqueológico, la galería
de arte moderno y contemporáneo, el museo ornitológico, o el museo del vino.

Y hablando de vino no se olvide de degustar los magníficos blancos de Vernaccia de


San Gimignano, uno de los vinos más prestigiosos de Toscana.
La vista a San Gimignano comienza por la Porta San Giovanni, con su característico
arco ojival, al lado de donde aparcan los numerosos autobuses que llegan repletos
para hacer excursiones de un día. Subiremos por la calle que lleva el mismo nombre y
que nos conduce a la Plaza de la Cisterna. Son numerosas las tiendas de productos
toscanos, embutidos, cerámicas y recuerdos variados.
En la Piazza della Cisterna están algunos edificios insignes como el Palazzo Tortoli,
el Palazzo del Podestà, el Hotel Cisterna (antigua residencia de las familias Cetti y
Bracieri) o el Arco dei Becci. Piazza della Cisterna con los palacios nobles (como el
Palazzo Ridolfi o el Palazzo Lupi, con su Torre del Diavolo), en medio el pozo y con
su forma triangular, la Piazza della Cisterna es el centro de la ciudad, nombre que
recibe de la cisterna que se construyó en el año 1237 y que en 1346 se amplió.
Casi colindante está la plaza que se abre a la Catedral, el Duomo, con el Palazzo del
Popolo que es la sede de la Pinacoteca. Entorno a la plaza están el Museo Etrusco y
la torre Salvucci, y si avanzamos por Via San Matteo, el Palazzo de la Cancelleria y el
de Pescioloni. En la basílica de Santa María Assunta del siglo XII podemos ver los
frescos del Viejo y el Nuevo Testamento que pintaron artistas de la escuela de Siena y
Florencia. De la misma manera en la capilla de Santa Fina, los frescos del
maestro Domenico Ghirlandaio merecen detener nuestros pasos.
Continuando alcanzamos el Palacio Tinacci y al llegar a la Porta San Matteo giramos
a la derecha hasta la Iglesia de San Pietro, junto a la Piazza de Sant’Agostino. Un
ruta agradable es alejarnos del centro hasta el castillo -la Rocca de Montestaffoli-,
desde donde tendremos una vista de las torres emergiendo de San Gimignano. Se
levantó en 1353 cuando Florencia pasa a dirigir el gobierno de San Gimignano, y
tiene base pentagonal con cinco torreones de defensa de las que sólo una se puede
visitar. En junio se desarrolla en el castillo el torneo medieval de “La Giostra dei
Bastoni”, con una escenificación preciosa.
Desde 2010 se puso en marcha una iniciativa cultural llamada San Gimignano
1300, que pretende mostrar la historia de la ciudad a través de exposiciones y
recreaciones de la ciudad medieval del año 1.300. Para ello cuenta con un equipo de
artistas, pintores, arquitectos y diseñadores que a través de maquetas y
representaciones multimedia nos acercan a la vida de la ciudad en su época de
máximo brillo.

Volterra se antoja imprescindible para conocer en profundidad la Toscana. Y


no son aseveraciones en vano puesto que la superposición de historia, cultura y…no
la podremos encontrar en libros, y si paseando por los numerosos rincones sugerentes
que ofrece la bella villa de Volterra. Vigilante desde la colina que domina los valles de
Cècina y Era, y a unos 30 km de la costa tirrénica, sin duda el itinerario histórico que
recorre la ciudad medieval merece ser considerado uno de los lugares más bonitos de
la región toscana.
Teatro romano de
Volterra

Para explicar y
entender bien las
huellas que seguimos
en nuestra ruta por
Volterra debemos
retroceder hasta el
siglo VII a. C. cuando la civilización etrusca formó un conjunto de ciudades estado
que aliadas formaron una Liga que dominaba el centro de la península
itálica. Velathri, la Volterra Etrusca era una de esas doce “polis” cuyo poder
económico les permitía comerciar sus importanets yacimientos minerales de sal y
alabastro con griegos, fenicios e incluso Egipcios. Este esplendor se tradujo en la
consolidación de una ciudad que disponía de un recinto amurallado colosal para la
época, conocido como las murallas ciclópeas. Toda la ciudad estaba protegida, con
dos puertas de acceso, la Puerta de Diana y la dell’Arco, donde se distinguen aún los
rostros de tres divinidades, atribuidas a Júpiter, Castor y Pólux.
Como muchas ciudades etruscas, la posterior dominación romana significó una
continuación del desarrollo urbanístico, aspecto que aquí es muy significativo con la
presencia de un teatro romano del siglo I a.C. y de los restos de las termas
adyacentes.
La Edad Media fue el punto álgido de Volterra, que como otras ciudades toscanas
enfrentadas con Florencia, fue diezmada por las guerras, pestes y asedios que
pretendían subyugar la ciudad y controlar los recursos económicos como las salinas.
En 1472 las tropas de Florencia la invaden y acaban con su independencia política.

En el centro de la ciudad la Piazza dei Priori, desde donde podemos empezar el


itinerario por Volterra, una vez que hemos adquirido el mapa de la ciudad en la
oficina de turismo situada en la misma plaza. Perfectamente armoniosa, la piazza
tiene en el Palazzo dei Priori un nuevo ejemplo de como Volterra representa la quinta
esencia toscana. El palazzo es el palacio comunale más antiguo de la región (1208-
1254), representando el poder ciudadano y libre que tomaba las propias decisiones
ajenas a reyes. Si bien se ha modificado con los siglos, mantiene su imponente forma,
casi defensiva, con la pequeña torre que lo corona. En la misma plaza otros palacios
del siglo XIII como Pretorio y su torre del Podestà, conocida cariñosamente como il
Porcellino por la escultura de un jabalí que la decora.
Detrás de la plaza la catedral, un duomo de estilo románico dedicado a la virgen de la
Asunción, del siglo XI, que cuenta con rosetón de vidriera en la fachada, y cuya obra
del interior del templo que destaca más es la Deposizione de Rosso Fiorentino. Junto
a la catedral el battistero octogonal de 1283, con su mármol policromado decorando
el exterior.
Si ascendemos hacia la parte alta de la ciudad volviendo hasta Piazza dei Priori y
subiendo por Via dei Marcheso, llegaremos sin duda la parte más panorámica, con la
entrada al Parque arqueológico Enrico Fiumi en la Piazza Martiri della Libertà. Es
un punto capital puesto que aquí estaba la acrópolis etrusca, el núcleo de la ciudad
que luego los romanos hicieron suyo. Las excavaciones han sacado a la luz templos
etruscos y edificios romanos como una Cisterna. Al fondo del parque está
la fortificación de los Medici, formada por dos recientos amurullados, el primigenio
la Rocca Vecchia con forma alargada, y la Rocca Nuova, el castillo cuadrado y
macizo levantado por Lorenzo de Medici el Magnífico. Desgraciadamente su visita
no es posible, a menos que queramos que nos encierren en la cárcel que ya desde
época de los Medici se convirtió. La curiosidad la pone el grupo de teatro de la
prisión, que cada año prepara una obra para la ciudad.
Castillo de Volterra

Podemos rodear el castillo y pasar por la Porta Selci, una de las antiguas puertas
etruscas que fue reconstruida tras el asedio florentino. Desde aquí tomaremos Via
Minzani para llegar a las puertas del Museo Etrusco Guarnacci, que recopila
algunas de las mejores piezas del arte etrusco, como la sorprendente tumba sepulcral
de L’urna degli Sposi, cuyos matices escultóricos del I a. C. nos acercan visualmente a
la técnica preciosista de esta civilización.
El Teatro romano
Ya fuera de las murallas, en el barranco norte de la ciudad, la visita continua por
el área arqueológica de Vallebuona (en Via Francesco Ferrucci), que de hecho es el
atractivo turístico de Volterra que a veces más se utiliza para dar a conocerla.
Excavado a partir de 1950 por iniciativa de Enrico Fiumi, estudioso local, su notable
estado de conservación nos permite distinguir elementos arquitectónicos que
normalmente sólo son visibles por las pocas piedras que invitan a intuir su
monumentalidad. En el caso del teatro, de época imperial durante el gobierno de
Augusto (I a.C.), se pudo reconstruir con elementos originales parte del escenario,
con numerosas columnas corintias en pié. La cavea de 19 filas de asientos donde se
colocaba el público aprovechaba la pendiente del terreno al estilo griego. La zona
semicircular de la orquesta, a los pies del escenario estaba revestida de mármol.

A las espaldas del teatro las termas ya de época tardorromana marcan las diferentes
estancias de los baños públicos, y muestran el sistema de canalización subterráneo.
Los horarios de la visita son de 10.30 a 17.30 entre el 16 marzo y el 2 noviembre, y
de 10.00 a 16 los sábados y domingos del periodo invernal. El billete de entrada
puede comprarse conjuntamente con la visita de la acrópolis.
Mapa de Volterra con los monumentos

Monteriggioni
Entre Siena y Florencia se encuentra este pequeño pueblo amurallado y altas torres
medievales en el que el tiempo parece haberse detenido. El castillo fue fundado a
mediados del siglo XIII por la República de Siena para defenderse de los florentinos,
hasta que en el siglo XVI, ambas fueron anexionadas a Florencia. Con varias puertas
de entrada a la ciudad, conviene hacer el paseo por las murallas para hacerse una idea
exacta de cómo es la población y sus alrededores.
Situado en el extremo norte de su término municipal, Monteriggioni ocupa la cima de
una colina, desde las laderas cultivadas con viñedos y olivos.
El castillo fue fundado en la segunda década del siglo XIII por la República de Siena,
con el objetivo principal de crear un puesto de avanzada defensiva contra el rival de
Florencia. Durante siglos, el asentamiento tuvo lugar en medio de la función para la
que fue creada, rechazando cada vez que un gran número de asedios y ataques. Su
función militar era menos de la mitad del siglo XVI, cuando el conjunto del Estado
Senese, de la cual nuestro pueblo formaba parte, fue anexada a la florentina.
Monteriggioni aún conserva gran parte de las estructuras del siglo XIII y está
diseñado como un lugar único en el panorama de las ciudades medievales de la
Toscana.  
Las paredes, hechas de piedra, abarca la parte superior de una colina con un
desarrollo lineal de aproximadamente 570 metros.    

Desde la superficie exterior sobresalir catorce torres con una planta rectangular,
mientras que un quinceavo se coloca contra la cortina interior.  Su grandeza tuvo que
ser considerable en la Edad Media, tanto como para sugerir a Dante una similitud
muy popular entre los gigantes colocadas en el infierno, "[...] Sin embargo, a partir de
la ronda / círculo Monteriggioni está coronada con torres, / por lo que el borde que
'rodea el pozo medio persona / torreggiavan / gigante horrible, ellos [...] "(Inf., XXXI,
vv. 40-44).

Itinerario:Anillo del castillo , que camina en la historia , el castillo de


Monteriggioni , Descubre los lugares de credo del asesino

El acceso principal a la villa, la puerta se dirige hacia Roma y se abre en la base de


una torre con un gran arco
apuntado. En el pasado, es
muy probable que estaba
equipado con un puente
levadizo, que se ha reducido
en un foso tarde.
Un arco de pared izquierda
es la inscripción que
recuerda la fundación de Monteriggioni en la segunda década del siglo XIII, mientras
que en la lápida derecha marca el Estado unitario italiano nacido en 1860.

En el lado suroeste de las paredes de Monteriggioni en la Edad Media se abrió una


tercera puerta más allá de los dos restantes, que más tarde fue tapiada.  La parte
superior es todavía visible desde el camino de tierra fuera de las paredes, mientras
que el relleno sanitario que afecta la parte inferior se remonta probablemente al siglo
XVI.  En este momento, de hecho, la base de la muralla fue totalmente reforzada por
una cortina de su propia tierra, para hacer frente a la llegada de las armas de fuego de
gran alcance.

La iglesia, con vistas a la plaza principal, se encuentra el edificio de la localidad que


mejor conserva sus orígenes medievales.    

Realizado en el curso del siglo XIII, que presenta un ambiente único, con una
terminación rectangular.  La fachada de refinada elegancia, tiene un hermoso portal
con arco de piedra coronado por una abertura circular.  El interior, restaurado en los
tiempos modernos, ha pegado las paredes y bóvedas.  Además de una campana de
1299, la iglesia alberga una pintura del siglo XVII de la Madonna del Rosario, que se
dedica en octubre un festival local escuchó.
Indispensable para aquellos que deciden venir a Monteriggioni, es una visita a las
trincheras en las paredes del castillo. Desde lo alto de la muralla se puede admirar el
hermoso paisaje que rodea hacia el Chianti y Val d'Elsa y disfrutar de una vista
inusual de la ciudad. Pero con un poco de fantasía 'también se puede escuchar los
pasos de aquellos soldados, estas paredes, se utilizan para proteger el castillo ...

El horario de apertura
( "Monteriggioni en Arme" museo, pasarelas en la oficina de turismo y paredes)

Febrero-31 1 de marzo de: 10 a 13.30 / 14-16 cerraron el martes


1 de abril de a 15 de septiembre: De 9:30 a 13:30 / 14, las 19.30 horas
16 septiembre a 31 octubre: de 10 a 13.30 / 14 -18
11 1 al 08 de enero de: 10 a 13.30 / 14-16 cerrado los martes
Cerrado: 25 de diciembre y el período de 9 a 31 en 2016
Entradas y guías de audio
Las tasas efectivas Desde 25 de Agosto el año 2015 pasarelas de entradas
individuales en las paredes y museo "Monteriggioni en Arme"
Adultos: 3 €

El Valle del Chianti es junto al vecino Valle del Orcia, una de las
comarcas más famosas y
atractivas de toda la
Toscana. El éxito y el interés
del Valle del Chianti se
deben a varios factores. En
primer lugar la belleza de sus
paisajes naturales, imagen
clásica de la campiña
toscana. En segundo lugar,
sus pueblos y pueblecitos
hacen de esos paisajes
postales idealizables de
nuestro viaje toscano. Además hay que incluir el vino y otros productos típicos del
Chianti, que con su renombre internacional y sus características indiscutibles
completa un viaje en el viaje.

Naturaleza idílica de la Toscana.


Los paisajes del Chianti son un compendio de aquello que esperamos ver en Toscana.
Valles divididos en campos de cultivo e hileras de cipreses que recortan con sus
sombras los colores cambiantes del terreno. Colinas que a veces se hacen montes
pobladas de bosques y garriga. Viñedos hasta que se pierde la vista, pueblos y
palacios en mitad de los campos, la Toscana rural y bella se sitúa pocos kilómetros
de Florencia o Siena.
En mitad de esos paisajes tallados de bosques de robles, castaños y encinas,
recorriendo los caminos y las carreteras, – donde todo el mundo se para a hacer fotos-
, encontramos los pueblos fortificados, las murallas del tiempo, los restos del pasado,
del Renacimiento, los romanos o los etruscos, y entonces nos damos cuenta que el sol
se está poniendo y que los colores mutan nuevamente como para regodearse en su
propia belleza. Eso es el Chianti. Y sin beber ni una gota de sus buenos vinos.

Pueblos y pueblecitos del Chianti.


Bajo el símbolo del Galo Nero (el gallo negro) los pueblos del Valle del Chianti van a
apareciendo uno a uno, dominando las colinas, vigilando un valle que se enreda entre
paisajes preciosos. Viniendo de Florencia la primera parada debería ser Impruneta, al
comienzo del valle, de hecho aún sobre las colinas que separan el Chianti del valle de
Florencia. La cercanía a Florencia y otros centros favoreció que en Impruneta se
desarrollase una artesanía y manufactura de la cerámica. Los grandes cotto, donde
aún se guarda el aceite dorado y verdoso, y los ladrillos, losas con las que se
construyen las pavimentos y los típicos techos toscanos, se fabrican en gran parte en
Impruneta.

Vista del precioso pueblo de


Montefiorale, entre Greve in
Chianti y la Abadia de
Passignano. © Calvo.

Después ya nos internamos en los caminos del Chianti. Carreteras panorámicas con
vistas espectaculares hasta llegar a Greve in Chianti. El centro del valle posee un
centro histórico muy apreciable con una plaza triangular donde encontramos bares,
restaurantes, hoteles y comercios. Muy cerca de Greve in Chianti se halla un
pueblecito muy recomendable, el pequeño Montefiorale que hace honor a su nombre
ya que se trata de una muy pequeña población a la que llegamos por una bonita
carretera. Lleno de flores en lo alto de una colina, rodeado de bosques y vistas sin
construcciones humanas más allá del bonito Montefiorale.
Desviándonos hacia Montefiorale y siguiendo por una rugosa carretera que se
transforma a ratos en pista llegamos a la Abadía de Passignano, olvidada en mitad de
los bosques.
Al sur de Greve in Chianti otros pueblos continúan los paisajes maravillosos del
Valle: Panzano in Chianti, Radda in Chianti o Castellina in Chianti, bello pueblo
colgado de un alto donde se divisa toda la región. Su casco antiguo cuenta con una
plaza central típica y las torres de su castillo. Además, Castellina posee un gran
túmulo etrusco en la parte más alta del pueblo.
Radda in Chianti rodeada de una muralla, posee el Palacio de Podestà y los castillos
medievales de Fonterutoli y San Leonino, además de un bonito centro histórico.
El vino y mucho más.
El vino se produce desde el siglo XIII y hoy es uno de los más renombrados de toda
Italia. Existen diversas variedades, aunque la más apreciada es el Chianti Classico,
pruébenlos para poder decidir por si mismos.
El vino aparece por todos los recodos del Chianti, ya sea en la naturaleza, o en las
tiendas de las plazas de los pueblos. Pero el vino no es único producto gastronómico
de la zona. La gastronomía del Chianti e basa en los productos mediterráneos, con
los productos derivados del olivo, los cereales las carnes y embutidos y los quesos.
Los pecorinos, los excelentes aceites vírgenes, los salamis y salchichones, el jamón, la
miel y los dulces son los productos principales, todos muy recomendables.
Muy cerca del Chianti.
Además de la comarca vinícola de Montepulciano, y del valle del Orcia, muy cerca
del Chianti se encuentran Siena, Arezzo y Florencia. Al este se halla Volterra y sus
vestigios etruscos y romanos. La cercanía de las grandes ciudades monumentales de
Siena y Florencia hace que la zona del Chianti sea ideal para quienes deseen hacer de
alguno de estos pueblecitos un campo base para una estancia en Toscana.
El Chianti se abre al visitante con mucha facilidad, sólo necesita el interés de quien se
acerca a esta maravillosa zona de Toscana. La amabilidad y la buena acogida italiana
serán el principal atractivo del valle del Chianti, la llave para disfrutar con calma y
placer de un viaje único.

El Valle del Orcia (se pronuncia Orchia).


Siena es una belleza, pero si nos internamos en los valles hacia Montepulciano
encontraremos quizá la estampa más impresionante de Toscana, y es mucho
decir. El Valle del Orcia (Val d’Orcia) desde San Quirico d’Orcia
hasta Montepulciano está incluido en el Patrimonio Natural de la UNESCO y ofrece
suaves colinas, cipreses que separan los campos, casas solariegas y palacetes ocultos a
veces, destacándose sobre las crestas que dividen los cultivos. En el Orcia
encontrarán los paisajes soñados por poetas, filófoso ya artistas, con colores que se
difuminan o se intensifican allende las estaciones, pero que siempre inventan en
nosotros al fotógrafo y al soñador que creíamos olvidado. Nombres de pequeños
pueblos que quedarán anclados en nuestra memoria mucho tiempo después de
terminado el viaje, Castiglione d’Orcia, Montalcino, Pienza, San Quirico d’Orcia,
Monticchiello, Bagno Vignoni, Montenero d’Orcia, Montegiovi o Radicofani.
Pero si queremos más altura, más relieve debemos dirigirnos hacia el reborde norte y
este de la región. Los Apeninos se alzan con sus recovecos, sus viñedos, sus cultivos y
sus productos agrícolas. En medio de los paisajes soñados Arezzo,
Montepulciano, Cortona o Borgo San Lorenzo en la zona este de Toscana
encontraremos los montes más enconados de los Apeninos. El Valle de Chiana ofrece
un paso natural por donde dirigirse hacia el sur desde Florencia. Al otro lado en la
Umbria el lago Trasimeno y Perugia; el Lazio, el lago de Bolsona y Viterbo.
Justo en el extremo norte, al otro lado de la Toscana se encuentra el Parque Natural
regional de los Alpes Apuanos (Parco Regionale delle Alpi Apuane), entre Carrara
y Barga, otro lugar de privilegio para los amantes de la Naturaleza.
La diversidad es la norma, ya que el viaje, nuestro viaje a Toscana puede hacer
hincapié en la cultura y el arte; en la historia y los monumentos; la degustación de
los productos típicos (vino, queso, aceites, pasta, gastronomía variada); las compras
y los productos artesanales (artesanía muy variada, con jabones, productos textiles,
perfumes, cerámica, joyas y otros objetos de lujo, etc
Prato, situado en el corazón de la región, cerca de las ciudades artísticas más
famosas del mundo: Florencia, Lucca, Pisa y Siena. Es la segunda ciudad
de Toscana y la tercera de Italia en cuanto anúmero de habitantes.
La ciudad tiene sus raíces en el arte y en la naturaleza, si bien debe su desarrollo
económico al sector textil, en cuya evolución se funda gran parte de la economía de
la provincia; una evolución actual y en torno a la cual Prato ha crecido, ha construído
su riqueza y ha desarrollado los valores de acogida y bienvenida de distintas culturas.
Se trata de un territorio variado que ofrece material histórico y artístico de gran
importancia a través de un itinerario para descubrir los tesoros de época
etrusca o renacentistas hasta llegar a la época contemporánea.
La provincia de Prato es todo un descubrimiento. Nadie se imagina queun lugar
conocido en el mundo principalmente por su industria textil custodie además tantos
maravillosos tesoros históricos y artisticos y donde la buena mesa y los recuerdos
antiguos se funden con el enorme dinamismo hacia las novedades, lo moderno y lo
joven.
La provinica incluye los municipios
de Cantagallo, Carmignano, Montemurlo, Poggio a Caiano, Vaiano y Vernio.

Prato ofrece al visitante lugares de interés histórico y artístico de gran importancia:


en el casco histórico destaca el Castillo del Emperador (obra de arquitectura sueva
única en la Italia del centro-norte), la Catedral, donde se conserva la venerada
reliquia de la Sacra Cintola de la Virgen y donde se pueden admirar los espléndidos
frescos de Filippo Lippi recientemenete restaurados.
En la fachada de la Catedral se encuentra el púlpito de Donatello y
Michelozzo utilizado en la ceremonia de la Ostensione de la Sacra Cintola de la Virgen
(el 8 de septiembre es la fecha principal, cuando tiene lugar la Procesión Histórica).
La visita puede continuar con los Palacio Datini, Palacio Pretorio, la Basílica de
Santa María delle Craceri de Giuliano de Sangallo y la iglesia de San Francisco y
San Domenico; en estos edificios y en los museos de la ciudad como el Museo de
Pintural Mural y el Museo del Tesoro de la Catedral se custodian obras de grandes
maestros como Agnolo Gaddi, Paolo Uccello, Filippo y Filippino Lippi, Donatello,
Michelozzo yotros famosos artistas del siglo XIV y del Renacimiento.
Muestrarios y documentos del siglo V sobre la tradicional producción de tejidos de la
ciudad se encuentran en el Museo del Tejido, ubicado en una antigua fábrica
histórica, que recorre la historia del tejido de Prato hasta su actual rol de importancia
internacional.
Mucho más reciente es el Museo de Ciencias Planetarias, situado apenas fuera de la
muralla de la localidad, que encierra en un maravilloso marco muestras de meteoritos
y minerales de gran valor.
Otro punto importante es el Centro de Arte Contemporáneo “Luigi Pecci”, que
presenta una importante colección permanente compuesta por obras de los mayores
artista internacionales de los últimos 30 años. Fuera del museo, la ciudad ofrece obras
de las que el visitante puede disfrutar en el contexto urbano, a lo largo de las murallas
y en el territorio, la más famosa de las cuales es la “Forma escuadrada con corte” de
Moore, en la Plaza de San Marcos.
Particularmente interesante es el Museo y Centro de Documentación de la
Deportación y Resistencia de Figline, lugar de la memoria para recordar lo sucedido
en los campos de concentración de exterminio nazi.
También el territorio provincial está lleno de atractivo: necrópolis y restos etruscos
en Comeana y Artiminio, además de los recientes yacimientos de Gonfienti, en las
afueras de Prato.
La iglesias románicas diseminadas en la zona de Carmignano, sin olvidar la iglesia
de San Miguel y Francisco en Carmignano, con la bellísima Visitación de Pontormo,
las antiguas abadías en Val di Bisenzo, los burgos medievales, las espléndidas Villas
de los Medici de Poggio a Caiano (donde ha sido recientemente inaugurado el
Museo de la Naturaleza Muerta) y Artimino, el Parque Museo Quinto Martini de
Seano y las numerosas zonas protegidas, como Monferrato, Calvana o la Reserva
Natural Acquerino-Cantagallo.
Digno de mención es el original Museo al Aire Libre de Luicciana en
Canatagallo por sus instalaciones de artistas contemporáneos.

Pistoia es parte de esa


Toscana menos ajetreada por las
rutas turísticas que a menudo se
centra en las maravillas de
Florencia, sin tener en cuenta
ciudades que como Pistoia están
a apenas 35 km. De hecho, al
estar a medio camino
entre Lucca y Florencia, Pistoia
es la etapa ideal para una
parada de medio día para
conocer la ciudad, comer en sus
encantadores restaurantes y
emprender el itinerario por
la Capital de la Cultura en Italia en 2017.
Giostra del Orso en Pistoia en la plaza del Duomo

La Plaza del Duomo en el centro histórico cerrado al tráfico, es el vértice donde


convergen el conjunto más importante de edificios religiosos y políticos de la ciudad
medieval. Por un lado la catedral, consagrada a San Zeno, obispo a comienzos del
siglo IV, con la estatua del santo acompañada de la de San Jacobo -patrón de la
ciudad- atenta a todo lo que acontece en la plaza. Se cuenta que fue el obispo quién
procuró obtener las reliquias de San Jacobo que estaban en Santiago de Compostela,
para que la ciudad de Pistoia pudiera honrar así a su patrón.
La estructura y decoración del Duomo han sido continuamente alterados a lo largo de
los siglos con elementos que se superponen al edificio románico del siglo XI. Si
entramos al interior de la iglesia el elemento más apreciado es el altar de plata de San
Jacobo que guarda las reliquias del santo, un trabajo cuidadoso de la orfebrería
gótica de maestros toscanos, y que hoy se ubica en la Capilla del Crucifijo.

Al flanco izquierdo de la Catedral encontramos el Campanile, el campanario de 67


metros que surge de las bases de una antigua torre longobarda, con sus tres órdenes
de loggias pisanas y la cúspide del siglo XVI, reconstruida cada vez que los
terremotos castigaban la ciudad al final de la Edad Media. El campanario se puede
visitar después de comprar el ticket en la oficina de turismo de la plaza del Duomo, y
acometer las 200 escaleras que llevan hasta lo alto, desde donde el panorama de
Pistoia invita a retratarla con fotos aéreas. A la derecha de la catedral el Palazzo dei
Vescovi (Palacio de los Obispos) acoge la Oficina de Turismo de Pistoia (APT). El
edificio de ladrillos cuenta con una loggia de arcos góticos, restaurado en 1981 y
donde se invita en un recorrido arqueológico a conocer el pasado a través de las
estelas etruscas,
fragmentos del muro de la
ciudad antigua o un horno
romano.
Campanile y Duomo en la
Plaza de la Catedral de
Pistoia

Sin salir de la plaza de la


Catedral la figura
inconfundible
del Baptisterio di San
Giovanni in Corte, con su
planta típica octogonal que
ha perdido su labor religiosa para ser un espacio habitual de la agenda cultural de
Pistoia. Si bien su origen es del siglo XIII, la fisonomía que prevaleció fue la gótica
donde el mármol de Prato blanco y verde bicromado que se alterna sigue la tradición
pisana. En el centro del interior la fuente bautismal de Lanfranco di Como preside la
solemnidad del Battistero.
Detrás del Baptisterio en la Piazza della Sala se celebra el mercado, cortejado por
una serie de tiendas históricas entre las que hay enotecas y restaurantes con los que
“alimentar” el apetito histórico que nos depara el centro de Pistoia. En el centro de la
plazita el pozo de mármol llamado “del Leoncino” desaparece entre hortalizas los días
de mercado, celebrado desde hace siglos en el mismo lugar.
Inmediatamente después, si giramos la cabeza desde el centro de la plaza vemos
el Palazzo del Podestà, sede del tribunal de justicia actualmente, como el resto del
conjunto de estilo gótico pero con una ampliación importante en el siglo XIX.
Completando la plaza hallamos el Palazzo di Giano o del Comune, sede del gobierno
de la ciudad desde que en 1.294 se levantase, En 1.348 se completo con las
dimensiones actuales y en 1.637 se finalizó el anexo que lo une con la catedral; la
antigua iglesia de Santa Maria Cavaliera y la torre medieval de Catilina.
Dejamos la Piazza del Duomo por F. Pacini para dirigirnos al antiguo Ospedale del
Ceppo, en la piazza Giovanni XXIII. Fundado en el siglo XIII tuvo un papel
fundamental en 1.349 con la llegada a Europa de la Peste Negra que diezmó
enormemente la población. En la fachada adornada de la loggia porticada está el friso
horizontal de terracota pintada obra de los escultores Benedetto Buglioni y Giovanni
della Robbia, conocido como el Freggio Robbiano. Ilustra las siete escenas de la
Misericordia, asistencia hospitalaria que proporcionaba el centro en la Edad Media y
Moderna.

Detalle del friso Freggio Robbiano del


Ospedale del Ceppo

Lamentablemente no se puede visitar su


interior, si bien hay una visita guiada
por parte de los subterráneos que dura
una hora y donde se recorren los
túneles que recorren el subsuelo,
visitando además la sala de anatomía de la antigua Escuela Médica del Ceppo, en el
jardín del Ospedale; y el museo dei ferri chirurgici (de los utensilios quirúrgicos).

Resaltamos otros monumento relevantes de Pistoia como son la iglesia de San


Giovanni Forcivitas, con su amplia fachada de mármol blanco y verde; la iglesia de
San Pier Maggiore, San Bartolomeo in Pantano; San Michele in Cioncio;
Sant’Andrea, con el púlpito obra de Pisano; Madonna dell’Umiltà con su cúpula
octogonal factura de Vasari; Santissima Annunziata, famosa por el claustro de los
muertos con sus lunetas decoradas, y la Biblioteca San Giorgio, la de mayor tamaño
de la Toscana.
Los amantes del arte encontrarán interesantes la visita a los museos de Pistoia entre
los que el Museo Civico, el Museo Diocesano o el Museo Marino Marini (arte
contemporáneo) son los principales.
Y en cuanto a eventos y fiestas en junio y julio se celebra el “Arts and Crafts” con
productos típicos de Pistoia, además del festival de blues en julio, o la más
importante, la Giostra del Orso que revive la vida medieval del 1.300, con desfiles,
justas y evocación de la vida y costumbres.
Existen visitas guiadas de la ciudad para aquellos que deseen este tipo de
excursiones,

Excursiones por la provincia de Pistoia


Además del centro de la capital de la provincia, a través de una serie de excursiones
podemos conocer un buen puñado de pueblos que guardan pequeños grandes tesoros.

Collodi es el pueblo célebre por un ser inanimado, o mejor dicho que cobró vida para
hacerse tan famoso que ni Disney se pudo resistir a su historia. Hablamos
de Pinocho, el muñeco de madera que se hizo niño, y que en Collodi cuenta con un
parque temático ideal como actividad para niños en las vacaciones por la Toscana.
Pisa
Pisa tiene un reclamo que ni la mejor campaña de marketing podría mejorar, su torre
inclinada. Y es que cuando ni el marketing ni la promoción turística existía como tal,
la torre de la Catedral de Pisa ya empezaba a darse a conocer al mundo entero sin
quererlo.

Piazza dei Miracoli con el Duomo y la torre de Pisa. ©Iñigo Pedrueza.

Para muchos turistas que hacen el gran Tour por Italia, Pisa y su torre son un lugar
tan emblemático, que no se puede dejar fuera del itinerario, por lo que es habitual ver
grupos que llegan desde Roma, Florencia o Milán, apenas para pasar unas horas en
Pisa y emprender el viaje de nuevo. Nosotros animamos a conocer la ciudad un poco
más, dedicando al menos un día entero.
Después de Roma y Venecia, Pisa es quizá el lugar con mayor concentración de
tiendas de souvenirs y recuerdos de toda Italia. La plaza de la catedral es un auténtico
zoco donde millones de torres inclinadas en miniatura son reproducidas para deleite
de los compradores compulsivos.

Cuando vemos la localización actual de Pisa, nos resulta curioso pensar que la ciudad
estaba a la orilla del mar, pero hay que entender que siendo un delta de los ríos
Serchia y Arno, la desembocadura ha retrocedido nueve kilómetros de la costa.

Etrusca en sus orígenes y romaniza en el 180 a.C. fue a partir de la creación de la


República independiente en el año 888 cuando su peso como ciudad defensiva ante
los ataques berberiscos le fue dando relevancia hasta el punto que ya en el siglo XI
controlaba las islas de Córcega y Cerdeña, e incluso de forma circunstancial las
Baleares. Las legiones de cruzados que partían hasta Oriente Próximo le sirvieron de
enlace para sus comerciantes que supieron aprovechar el contexto para tejer una red
de suministros apreciados como las especias o los materiales para la confección textil
como el algodón. Enfrentada con Lucca y Florencia en su disputa de territorios, el
total declive de su poder marítimo llegó con la humillante derrota de la batalla de
Meloria ante Génova en 1284. Primero en manos de estos y luego de Florencia en
1406, fueron esta vez los Médicis los que impulsaron el resurgir de Pisa.

Baptisterio de la catedral de Pisa, al fondo la famosísima Torre inclinada. ©Íñigo


Pedrueza.

Que ver en Pisa


Sobra decir que la Piazza dei Miracoli y, por supuesto, la Torre inclinada son los
puntos más fotografiados de Pisa, y es que el conjunto monumental formado por la
misma torre, la catedral, el cementerio y el Baptisterio, suponen una concentración de
edificios tan bellos, que pocos sitios en el mundo podrían igualarlo. Además, el hecho
de que estén a campo abierto, sin edificios que lo enclaustren, lo convierte en un lugar
con mil perspectivas que permiten jugar al turista. De hecho, será difícil no caer en la
tentación de hacernos una foto sosteniendo la torre. El conjunto de la Piazza dei
Miracolli es el más bello ejemplo del Románico Pisano, un estilo que ya preludia el
gótico sin serlo y el Renacimiento.
El Duomo
La inscripción de la fachada hace de recordatorio de como los ciudadanos sufragaron
la construcción de la catedral con el botín de la expedición victoriosa en Palermo
contra los árabes. Iniciada por el arquitecto Buscheto en el 1.063, que combinó
elementos de tradición clásica con paleocristianos, bizantinos, lombardos, árabes y
normandos, consiguiendo un resultado mestizo apreciable. En el 1118 se consagró si
bien aún quedaba por concluir la fachada a finales de se siglo por parte de Rainaldo.
Dicha fachada descansa en tres niveles con arcadas ciegas de mármoles de diverso
tipo. La puerta derecha del crucero conocida como de San Rainieri está trabajada en
bronce, con escenas del Nuevo Testamento, elaborada por Pisano en el 1.180. Gran
parte de la decoración original se perdió en el incendio del siglo XVI por lo que los
frescos de la cúpula datan de esa época. El púlpito fue esculpido por Pisano a
comienzos del siglo XIV, y es considerado una joya del gótico

La visita a la catedral es gratuita los días festivos de 10 h. a 12:45, entrando por la


puerta derecha de la fachada.

El Baptisterio
Su planta circular de grandes dimensiones sigue las líneas románicas con la
decoración del incipiente gótico en el segundo y tercer nivel del exterior. Se repite la
misma decoración catedralicia con las loggias de arcos en este edificio que comenzado
en el 1152, sólo pudo ser terminado en 1358 cuando se finaliza la cúpula.

Detrás del camposanto podemos seguir por Via Contessa Matilde y luego por la
Strada Statale del Brennero la línea de murallas medievales que limitaba al norte de
Pisa.

Subir a la Torre de Pisa


Antes de decir anda sobre la Torre inclinada un apunte, en realidad no es una torre,
sino el campanario del Duomo, externo como en muchos ejemplos de la Toscana,
entre ellos la Catedral de Santa María dei Fiori en Florencia.
Símbolo de Pisa, sus 58 metros de altura tienen una inclinación de 5 metros con
respecto al eje perpendicular. Sus seis pisos fueron levantados con tremendo esfuerzo
en doscientos años, siendo Bonanno Pisano quién en 1.173 ya cuando terminaba el
primer piso comenzó a ceder, si bien no se le prestó excesiva atención. Cuando se
construía el tercer nivel un nuevo desplazamiento de la base obligó a parar las obras
en 1.185, suspendidas hasta el 1.275 por parte de Giovanni di Simone, si bien hasta
mediados del XIV no se pudo finalizar cuando Tomasso Pisano la concluyó.

Año a año la torre iba escorándose un par de milímetros por año, por lo que para
mediados del siglo XXI podía desplomarse. Todos los intentos fueron en vano,
incluso algunos lo empeoraron como el empecinamiento del dictator Benito Mussolini
que pese a su tozudez fue estéril.

La progresiva inclinación sólo se trató con éxito cuando el peligro de derrumbe


obligaba a intervenir, de manera que en 1992 se cerró hasta 2001, con un proyecto de
compactación del terreno para evitar las infiltraciones de agua y que recuperó 40 cm
de inclinación.

La mejor opción para visitarla torre es comprar la entrada previamente por internet
para evitarnos las colas que pueden ser interminables, y así acceder a la hora
programada.
Son varias las leyendas e historias que acompañan a la torre de Pisa, la más conocida
es que el científico Gaileo Galilei llevó a cabo desde lo alto las pruebas lanzando
varias bolas de cañón de diverso peso que le permitieron demostrar que la masa es
importante en la velocidad.
Doscientos noventa y cuatro escalones que de forma espiral -más que circular- se
decoran con una fachada de loggia columnada, en sintonía con la ornamentación del
ábside del Duomo. Cuando subimos nos podemos fijar en las escaleras, tan
desgastadas por las pisadas de millones de turistas que han deformado la piedra hasta
adquirir una forma ondulada. Para los que tengan dudas de que se les puede caer la
torre mientras suben deben saber que la inclinación de la torre está perfectamente
observada y controlada con las tecnologías más modernas, y los tensiómetros que hay
en la escalera son una reminiscencia del pasado.

Desde lo alto la vista de Pisa, especialmente de la catedral es sublime, con una


panorámica de la planta de cruz latina del templo donde sobresale la inmensa cúpula.

Camposanto
El cementerio es una obra monumental de Giovanni di Simone que se puso en
marcha en 1278 y hasta 1464 no se acabó de rematar a causa de las frecuentas
guerras que acometía la ciudad. Se trata del noble edificio de planta rectangular que
servía de sepulcro de la gente ilustre de la ciudad, y que contaba con los frescos de los
más afamados artistas del medievo toscano. Los bombardeos de 1944 por parte de los
Aliados dañaron las paredes y por ello se ha ido tratando de recuperar la decoración
pictórica desde entonces.

Paseando por el interior nos da la sensación de estar en un gran claustro ajardinado,


con tumbas y sarcófagos en un gran cementerio aireado y regio. En la galería oeste se
conservan las cadenas que se extendían de extremo a extremo del puerto medieval
para defender la ciudad de los ataques marítimos.

En la Piazza dei Miracoli se puede visitar también dos museos: el Museo delle
Sinopie y el Museo dell’Opera del Duomo

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