Juegos intertextuales en la poesía española actual: algunos ejemplos.
Juan José Lanz
Resumen
Siguiendo la lógica formalista que desarrolla Gerard Genette en Palimpsestos, algunos
de los estudios contemporáneos sobre intertextualidad se han reducido a la descripción objetiva
y externa de los procedimientos de fabricación textual, pero han obviado que el estudio de la
influencia poética ha de considerarse en el ámbito más amplio del ciclo vital del poeta como
poeta.
Se pretende ilustrar una práctica característica de una parte de la poesía española que
comienza a desarrollarse en los años de transición política.
Concepto de “escritura palimpsestuosa” para referirse a las múltiples formas de
recreación que caracterizan la escritura literaria española entre 1975 y 1990. Esa
escritura palimpsestuosa, que sin duda hundía sus raíces en los modelos modernistas
(Eliot, Pound, pero también el 27, la vanguardia y la literatura finisecular), era un
resultado más de la masificación de los medios culturales y de la progresiva
implantación en España de una emergente industria cultural.
Tenía mucho que ver con la noción de pastiche, entendido como “parodia
vacía”. Pero entroncaba ditrectamente con el concepto que en 1967, y basándose en
lecturas de Mijaíl Bajtin, Julia Kristeva (1969: 188-190) había bautizado como
“intertextualidad”. Ha de vincularse a la noción de sujeto. Su disolución va a apuntar a
un proceso de disolución paralela del autor en el proceso de escritura. El autor cesaba de
ser una realidad individualizada para convertirse en un yo que no es otra cosa que el
proceso de decir yo y cuya única existencia tiene lugar en el acto de escritura que es el
texto.
El texto, así concebido, ya no es un punto, no tiene un sentido prefijado, sino que
se convierte en el cruce de una serie de superficies textuales, en un diálogo de diversas
escrituras. Todo intertexto resultará, así, por definición, lúdico, porque plantea un juego
al lector en la exposición más o menos encubierta de una pluralidad de lecturas. El
intertexto hace evidente, así la realización de dependencia entre los procesos de
producción y de recepción de un texto.
El intertexto, al contrario que la noción de fuente, muestra un desapego profundo
por el concepto de autoridad: la cita se incorpora de modo anónimo, el origen plural se
oculta porque no resulta esencial para la comprensión del intertexto. Es justamente en el
espacio en que la parodia se diferencia del pastiche donde puede hallarse la dimensión
característica que cobra la intertextualidad contemporánea.
La labor literaria diversa de De Cuenca, como traductor, poeta, filólogo, crítico,
articulista, etc., se entreteje tupidamente y ese yo textual, que es traductor unas veces,
poeta otras, crítico en otros casos, etc. pasa de un texto a otro, de distinta naturaleza y
consigo arrastra las diversas materializaciones textuales, de una escritura a otra,
saltando por encima de los límites genéricos y rompiendo las distintas convenciones de
ficción que definen cada modelo de escritura. Esto es posible porque la individualidad
ya no se identifica con un sujeto, con un yo poético, sino con un lugar, con un espacio
de representación que teje el yo textual.
El cruce de los hipotextos tradicional, medieval y surrealista resitúa el texto
(“Amor fou”) en un espacio ucrónico de cultura, de literatura, desde el que el yo textual
habla eliminando cualquier posibilidad de identificación con la creación idealista del
sujeto.
Jon Juaristi (Bilbao, 1951) es un porta que ha jugado en sus poemas
constantemente con referencias, explícitas o tácitas, a otros textos y que ha llevado hasta
el extremo buena parte de esa concepción del texto poético como un juego de ecos, citas
y alusiones, construyendo un entramado irónico que consigue distanciar la emotividad
sentimental. Buena parte de los títulos de sus libros de poemas, y también de los de los
propios poemas, son ecos o parodias de otros títulos anteriores.
La crítica ha señalado con respecto a la poesía de Jon Juaristi, que ésta puede
entenderse como la escritura de la historia de un país, aunque sería un abuso reducirla
exclusivamente a eso. En este sentido, el personaje poético que construyen los poemas
de Juaristi acaba por constituir un personaje cívico, el personaje de un poeta cívico, que
se presenta como epónimo de ese país cuya historia se escribe. Un personaje poético
textual que se construye a partir de modelos escriturales ajenos. Es ahó donde las
lecturas de Eliot, Larkin, Auden, Yeats, Unamuno, Machado, Cernuda, Blas de Otero o
Ángelo González, constituyen el “exiguo cimiento sobre el que construí mi Maestro”.
Una concepción de la escritura como memoria de la lectura. El modelo del personaje
civil y poético que habita estos poemas, se elabora a partir de las lecturas, de la
narración de los hechos, de la Historia, de la construcción textual que otros autores han
llevado a cabo en su escritura de sus propios personajes.
Ese personaje del poeta cívico que se formaliza en los poemas de Juaristi
reivindica un modelo urbano concreto como espacio de convivencia. Es el Bilbao
idealizado de la infancia, transformado otras veces en el “Vinogrado”, aquel que surge
en el relato que conforma otra Historia distinta a la del nacionalismo. En ese ámbito
social, construido desde el relato que conforma el modelo imaginario urbano en algunos
escritores (Unamuno y Blas de Otero, frente a una parte de la poesía de Gabriel Aresti,
por ejemplo) el que configura el personaje poético que habita estos poemas.
Imagen del poeta cívico cuyo discurrir individual resulta inseparable de su
existencia social. Configurada ideológicamente desde los relatos literarios en cuya
tradición textual quiere insertarse el modelo del Maestro que aspira a representarse en
estos versos.
The Waste Land, un texto recurrente en los ecos literarios de los poemas de
Jaristi. Mirada desengañada y crítica que conecta con las denuncias más acérrimas
contra el nacionalismo y su último extremo, en la argumentación juaristiana, que es el
terrorismo etarra.
Deseo de Juaristi de que sus poemas “fuesen sólo ilustraciones o glosas de las
ideas que he expuesto en mis libros y artículos de crítica y pensamiento”. El personaje
poético que construyen los versos se cimenta de los ecos de las lecturas previas que
conforman al individuo que lo materializa en la escritura. El proceso de escritura y el
proceso de lectura se diluyen en un continuo por el que el texto escrito continúa hasta el
infinito el texto leído. La indagación sobre la propia individualidad acaba por mostrar
que ésta sólo está constituida por ecos literarios; el relato de la propia biografía solo
puede hacerse a través de otros relatos, con lo que se transforma en un metarrelato.