Discurso de Rigoberta Menchú al recibir
El Premio Nobel de la Paz
Líder indígena guatemalteca,
perteneciente a la etnia maya
quiché. Embajadora de buena
voluntad de la Unesco, es
reconocida internacionalmente por
reivindicar los derechos de los
indígenas en Guatemala, quienes
viven en condiciones de extrema
pobreza.
Honorables señores del Comité Nobel de la Paz,
Sus majestades los Reyes de Noruega,
Excelentísima señora Primer Ministro,
Excelentísimos miembros de gobiernos y del Cuerpo Diplomático,
Apreciables compatriotas guatemaltecos,
Señoras y señores.
Me llena de emoción y orgullo la distinción que se me hace al otorgarme el Premio Nobel de la
Paz 1992. Emoción personal y orgullo por mi patria de cultura milenaria. Por los valores de la
comunidad del pueblo al que pertenezco, por el amor a mi tierra a la madre naturaleza. Quien
entiende esta relación respeta la vida y exalta la lucha que se hace por esos objetivos. […]
Permítanme expresarles todo lo que para mí significa este premio.
En mi opinión, el premio Nobel nos convoca a actuar en función de lo que representa y
en función de su gran trascendencia mundial. Es, además de una inapreciable presea, un
instrumento de lucha por la paz, por la justicia, por los derechos de los que sufren las abismales
diferencias, desigualdades económicas, sociales, culturales y políticas, propias del orden mundial en
que vivimos, y cuya transformación en un nuevo mundo basado en los valores de la persona humana
es la expectativa de la gran mayoría de seres que habitamos este planeta. […]
También es un homenaje para los pueblos centroamericanos que aún buscan su estabilidad,
la conformación de su futuro y el sendero de su desarrollo e integración sobre la base de la
democracia civil y el respeto mutuo. […]
Permítanme, señoras y señores, decirles algunas palabras sobre mi país y la civilización maya. Los
pueblos mayas se desarrollaron geográficamente en una extensión de trescientos mil kilómetros
cuadrados; ocuparon lugares en el sur de México, Belice, Guatemala y partes de Honduras y El
salvador; desarrollaron una civilización muy rica en los campos de la organización política, en lo
social y en lo económico; fueron grandes científicos en lo concerniente a las matemáticas, la
astronomía, la agricultura, a arquitectura y la ingeniería; y grandes artistas en la escultura, la pintura,
el tejido y el tallado.
Los mayas descubrieron la categoría matemática cero casi al mismo tiempo que esta fue
descubierta en la india y después trasladada a los árabes. Sus previsiones astronómicas basadas
en cálculos matemáticos y observaciones científicas son asombrosas todavía ahora. Elaboraron
el calendario más exacto que el gregoriano y en la medicina practicaron operaciones quirúrgicas
intracraneales. […]
¿Quién puede predecir qué otras grandes conquistas científicas y qué desarrollo habrían
logrado alcanzar esos pueblos si no hubieran sido conquistados a sangre y fuego, objetos de
etnocidio que alcanzó casi cincuenta millones de personas en cincuenta años?
Nuestra historia es una historia viva, que ha palpitado, resistido y sobrevivido siglos de
sacrificios. Ahora resurge con vigor. Las semillas, durante tanto tiempo adormecidas, brotan
hoy con certidumbre, no obstante que germinan en un mundo que se caracteriza actualmente
por el desconcierto y la imprecisión. […]
Combinando todos los matices ladinos, garítunas e indígenas del mosaico étnico de
Guatemala debemos entrelazar cantidad de colores, sin entrar en contradicción, sin que sean
grotescos y antagónicos, dándoles brillo y una calidad superior, como saben tejer nuestros
artesanos. Un güipil genialmente integrado, una ofrenda a la Humanidad.
Muchas gracias.