Desanimados, pero no derrotados
PASAJE CLAVE: Hechos 14.18-22 | LECTURAS DE APOYO: Hechos 7.57, 58;
9.4, 5; 14.10
Romanos 1.14-16; 8.35-39 | 2 Corintios 5.5-8 | Filipenses 1.15, 16; 4.11-13 |
Hebreos 13.5
INTRODUCCIÓN
A nadie le gusta sentirse desanimado, pero hay muchos aspectos en la vida
que pueden hacernos creer que no tenemos esperanza.
Quizás sea por problemas financieros, de salud, o familiares. A veces el desánimo
viene como consecuencia del rechazo o del maltrato que sufrimos de otras
personas. Pero, sin importar la causa, lo más importante es la manera en que
reaccionamos al estar en esa situación. Puede que sintamos el deseo de rendirnos,
o de culpar a Dios o a otras personas por lo que vivimos. Sin embargo, lo que
debemos hacer es considerar lo que el Señor nos dice en cuanto al desánimo en su
Palabra.
DESARROLLO DEL SERMÓN
El apóstol Pablo es un ejemplo inspirador de alguien que estuvo desanimado,
pero no derrotado.
Cuando él y Bernabé estaban en Listra, sanaron a un hombre cojo, lo cual causó
gran conmoción (Hch 14.8-15). Las personas de aquel lugar pensaron que ellos
eran dioses, y les costó mucho trabajo convencerlos de lo contrario. Pero al llegar
algunos judíos de Antioquía e Iconio, persuadieron a la multitud de que apedrearan
a Pablo. Y al creer que ya estaba muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad (Hch
14:19) “Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que
persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera
de la ciudad, pensando que estaba muerto.”
A pesar de ser obediente a Dios al predicar el evangelio, Pablo sufrió en gran
manera. A tal punto que todos pensaron que estaba muerto. Pero los discípulos,
que seguramente habían orado por él, le rodearon, y este siervo del Señor se
levantó y entró de nuevo en la ciudad (v.20) Pero rodeándole los discípulos, se
levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.
Aunque estaba en el suelo, no había sido derrotado. De hecho, sabemos que al día
siguiente salió de Listra para ir a Derbe con el propósito de predicar el evangelio.
¿Qué ayudó a Pablo, y qué puede ayudarnos a levantarnos cuando nos
sintamos desanimados?
Las enseñanzas de Jesús contienen palabras de exhortación para cada aspecto de
nuestra vida.
1. La conversión de Pablo. Sin importar lo que enfrentó, continuó adelante, pues
recordaba el encuentro que tuvo con Jesús en el camino a Damasco (Hch 9.4, 5).
“y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues? 5El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú
persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. Ese fue el momento en
que todo cambió en su vida. La luz resplandeciente que le rodeó lo cegó y le hizo
caer del caballo donde iba, pero Jesús no lo dejó en el suelo. Le reveló que lo había
escogido como instrumento útil para proclamar su nombre a los gentiles. Luego de
que su vista fuera restaurada, Pablo comenzó inmediatamente a proclamar que
Jesús era el Hijo de Dios.
Cada vez que nos sintamos desanimados, debemos recordar la experiencia de
salvación que experimentamos, pues ese fue el punto en el que comenzamos a
relacionarnos de manera personal con el Señor. En ese instante nuestros pecados
fueron perdonados y nuestro nombre fue escrito en el Libro de la vida del Cordero.
Y sin importar lo que enfrentemos en este mundo, seremos animados al recordar
cómo el Señor nos salvó por su gracia.
2. La convicción de Pablo. El apóstol Pablo no se mantuvo derrotado, pues
conocía el propósito que Dios tenía para su vida. Sabía que había sido escogido
“para la defensa del evangelio” (Fil 1.17). Y en medio de las muchas pruebas que
padeció, aprendió que “todo lo podía enfrentar en Cristo, quien lo fortalecía” (Fil
4.13).
Dios también nos ha llamado a testificar de Cristo en todo lo que hagamos
en la vida. Es esta convicción, junto con la fortaleza que nos da, la que nos ayuda
a levantarnos cada vez que estamos desanimados. Y sabemos que el Señor usa
las dificultades para capacitarnos, de manera que podamos animar a los que se
sientan desalentados.
3. La confianza de Pablo. El apóstol confiaba plenamente en el Señor y en sus
promesas. En Romanos 8.38, 39 nos dice lo siguiente: “Por lo cual estoy seguro
de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo
presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada
nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Pablo sabía que, en medio de cualquier peligro, aun cuando estuviera al borde de
la muerte, saldría vencedor por medio de Aquél que le amaba (v. 37). “Antes, en
todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos
amó.”
Si ya somos salvos en Cristo, también contamos con la misma confianza. En vez de
estar desanimados o de sentir lástima de nosotros mismos, debemos recordar el
amor y las promesas fieles de Dios. No tenemos que animarnos a nosotros mismos,
pues contamos con la presencia del Espíritu Santo, quien mora en nosotros y nos
fortalece.
4. La valentía de Pablo. Al explicar cómo la muerte sería un día derrotada por la
vida, el Señor nos asegura que Él nos ha dado su Espíritu Santo como un sello de
garantía (2 Co 5.5-8) Más el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos
ha dado las arras del Espíritu. 6Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo
que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor
7(porque por fe andamos, no por vista); 8pero confiamos, y más quisiéramos
estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Es por eso que Pablo, a pesar
de haber sido apedreado, no se mantuvo en el suelo. Sabía que, de haber muerto,
estaría inmediatamente en la presencia de Dios.
El Señor no nos promete una vida fácil sin persecuciones, pruebas o dolor. Pero
contamos con el mismo Espíritu Santo que sostuvo a Pablo y le dio la valentía que
necesitaba para continuar adelante.
5. El compromiso de Pablo. El apóstol no se dejó derrotar, pues sabía que el Señor
le había encomendado una misión. Sentía que no tenía otra opción que predicar el
evangelio, pues “es poder de Dios para salvación a todo aquél que cree” (Ro
1.16). Y al igual que Pablo, nosotros también enfrentamos situaciones difíciles, pero
no debemos dejarnos derrotar. No solo hemos sido salvos por la gracia de Dios,
sino que además debemos vivir comprometidos al llamado que nos ha hecho.
6 Los colaboradores de Pablo. Sus amigos, al ver que había sido apedreado, no
le abandonaron, sino que estuvieron con él hasta que se levantó. Todos
necesitamos ser animados por nuestros hermanos en la fe, para que podamos
terminar con gozo la carrera que Dios nos ha dado.
¿Qué debemos hacer al sentirnos desanimados?
La próxima vez que se sienta desanimado, recuerde que no debe sentirse
derrotado. Trate de imitar el ejemplo de Pablo, aunque le parezca difícil de seguir.
Recuerde que el mismo Espíritu Santo que sostuvo a Pablo, es quien mora en
nuestro corazón. Y cuando otros vean la confianza que tenemos en Cristo en medio
de los tiempos difíciles, también se sentirán animados a continuar adelante.
REFLEXIÓN
¿Qué es lo que le hace sentir desanimado? ¿De qué manera reacciona por lo
general?
¿En qué se enfoca al sentirse de esa manera? ¿Cómo, el poner su mirada en Cristo,
ha cambiado su forma de reaccionar ante el desánimo?
¿Quién ha sido un ejemplo en su vida de perseverancia en medio de las pruebas?
¿A quién le sirve usted de ejemplo para vencer el desánimo?