COMO PRACTICAR LA HUMILDAD
1. No pienses que eres demasiado bueno para todo lo que haces. Las personas
que tienen grandes egos suelen pensar que merecen trabajar en un lugar mejor,
salir con alguien mejor, o incluso salir con personas interesantes y más geniales.
Pero tu vida es tu vida, y si quieres algo mejor, entonces tienes que trabajar para
conseguirlo, en lugar de asumir la actitud de que no estás recibiendo un trato justo.
Para practicar la humildad, trabaja en aceptar la vida que tienes mientras te
esfuerzas por más sin quejarte.
Si adoptas la actitud de que eres demasiado bueno para la escuela, la gente se
volverá alérgica a ti. En lugar de ello, esfuérzate por ser agradecido por lo que tienes
y trabaja pra ganar más, si eso es lo que quieres.
Sé optimista. Las personas que practican la humildad son naturalmente optimistas
puesto que no pierden el tiempo quejándose de todas las cosas malas que les han
pasado o sintiéndose intimidados por el futuro. En su lugar, están agradecidas por lo
que tienen y esperan que sucedan cosas buenas en el futuro. La gente humilde no
espera que le den las cosas buenas en bandeja de plata, pero sí creen que pasarán
cosas buenas si trabajan lo suficientemente bien.
Trabaja en estar entusiasmado con todas las cosas que te depara el futuro en lugar
de esperar que una catástrofe ataque en cualquier momento.
A pesar de que es una buena idea estar preparado para lo peor, debes trabajar en
encontrar el lado positivo en casi todas las situaciones.
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Acepta que no eres el mejor en todo. Para tener una mentalidad más humilde,
tienes que aceptar el hecho de que no eres el mejor en todo, o incluso en nada. No
importa lo bueno que seas en el surf, el canto o escribiendo sobre ficción, siempre
habrá alguien más experto que tú y eso está bien. En lugar de actuar como que
tienes la última palabra sobre algo, mantente abierto al hecho de que estás en
constante desarrollo y mejora, y debes saber que otras personas te pueden ayudar a
lograrlo.
Si actúas como si fueras el mejor en algo, te verás como arrogante. En su lugar,
muéstrale a la gente que, aunque estés orgulloso de lo que sabes o lo que puedes
lograr, siempre tendrás ganas de hacer más.
Debes saber que la humildad no es falsa modestia. Una cosa es ser humilde y
otra cosa es ser falsamente modesto. Si has pasado el fin de semana trabajando en
un proyecto para tu trabajo y el lunes tu jefe te dice que hiciste un gran trabajo, no
digas: "No fue nada". Dile que te alegras de que le gustara y que estás feliz de
haberte esforzado mucho en él. Puedes pensar que menospreciar tus logros te hará
parecer más modesto, pero en realidad, te hará ver más arrogante.[1]
Claro, puede ser un poco incómodo cuando la gente te está elogiando. Sin embargo,
debes aceptar el crédito cuando lo mereces en lugar de actuar como si no fuera gran
cosa.
2.
Reconoce tus defectos. Si quieres practicar la humildad, entonces tienes que ser
consciente del hecho de que no eres perfecto. Si piensas que eres un ser humano
perfecto, entonces no vas a aprender nada nuevo en este mundo o a crecer como
persona. En cambio, es importante ser consciente de sí mismo y saber en qué
necesitas trabajar, para que así puedas ser humilde delante de los demás. Una
persona verdaderamente humilde sabe que tiene cosas en las que trabajar y se
esfuerza por lograrlas.
Claro, puedes aprender a ser humilde admitiendo que necesitas trabajar en tus
habilidades sociales o que no eres la persona más bonita del mundo. Pero esto
también puede hacer que trabajes en mejorar tú mismo.
Junto con reconocer tus defectos, es importante ser capaz de aceptar las cosas que
no puedes cambiar de ti mismo.
3.
Evita presumir. Para practicar verdaderamente la humildad, debes evitar presumir o
alardear lo más que puedas. Si bien es posible que quieras hablar de tus logros,
debes evitar sonar como si estuvieras alardeando tanto como sea posible. Si
trabajaste duro para hacer algo, entonces puedes hablar de ello, pero evita hablar
de lo rico, atractivo o exitoso que eres, o es probable que la gente tenga una mala
impresión de ti. En su lugar, debes confiar en el hecho de que si eres una persona
realmente impresionante, otras personas lo sabrán sin que tengas que decirles.
Las personas que realmente practican la humildad se centran mucho más en elogiar
a otras personas que en centrarse en sus propios logros.
La próxima vez que te encuentres hablando de algo que has logrado, pregúntate si
estás presumiendo o alardeando, o simplemente compartiendo algo de lo que estás
realmente orgulloso.
4.
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Debes estar agradecido por lo que tienes y lo que no. Si realmente quieres
practicar la humildad, entonces tienes que trabajar en ser agradecido por todo lo que
el mundo te ha dado, desde tu salud hasta tu gatito de mascota. No des nada por
hecho, y debes saber que es un privilegio incluso leer un artículo en internet.
También debes estar agradecido por las dificultades y desafíos que has enfrentado,
ya que te han convertido en la persona que eres hoy.[2]
Por supuesto, algunas personas son mucho mejores que otras cuando se trata de la
suerte. Solo debes saber que lo que importa es qué haces con tu suerte y que debes
ser agradecido por lo que se te ha dado en lugar de quejarse de lo que no tienes.
La gratitud es esencial para la verdadera humildad. Haz una lista de todo de lo que
estás agradecido y cada vez que pienses en algo más añádelo.
Deja de hablar. Una forma de practicar la humildad es pasar más tiempo
escuchando que hablando. Si vas a gastar todo tu tiempo hablando de ti mismo o
compartiendo tus ideas, entonces será menos probable que aprendas de los demás
o que aprecies lo que tienen para ofrecer. Escuchar a otras personas también las
hará sentirse importantes y atendidas, y puede ser muy humilde ofrecerles un oído
atento y un poco de tu tiempo.
Puede ser muy humilde darse cuenta de que otras personas tienen una perspectiva
que es tan válida como la tuya, y que todos a tu alrededor también están llenos de
preocupaciones, dudas y esperanzas.
Conviértete en un experto en escuchar a la gente sin interrumpir o dar consejos a
menos que te lo pidan.
2.
Dale crédito a otras personas. Si quieres practicar la humildad, entonces lo mejor
que puedes hacer es aprender a dar crédito donde es debido. Si te elogian por hacer
un informe en el trabajo, asegúrate de mencionar que no podrías haberlo hecho sin
dos de tus compañeros de trabajo. Si te elogian por marcar un gol en un partido de
fútbol, menciona que no podrías haberlo hecho sin tus compañeros de equipo.
Difícilmente eres responsable del 100 % de tu éxito y es importante tomarse el
tiempo para reconocer a todas las otras personas que hicieron posible tu éxito.
En realidad te sentirás mejor al reconocer que otras personas también han trabajado
duro. Si asumes todo el crédito sin merecerlo, entonces, estarás practicando el
egoísmo en lugar de la gratitud.
3.
Cuando te equivoques, admítelo. Una de las características de una persona
verdaderamente humilde es la capacidad de admitir que está equivocada. Si has
cometido un error, puede ser muy humilde decirles a los demás que eres consciente
de tus errores y que te disculpas por ellos. No solo lo niegues o lo escondas. Si
quieres practicar la humildad, entonces tienes que aceptar que no eres perfecto y
admitir tus errores y pedir perdón por ellos.[3]
Cuando te disculpes con las personas, míralas a los ojos, que tus palabras sean
reales, y muéstrales que ese comportamiento no volverá a suceder. Que vean que
te estás tomando el tiempo para pedir disculpas de verdad, y que no lo haces solo
por obligación.
Por supuesto, las acciones hablan más que las palabras. Para ser perdonado de
verdad, tienes que esforzarte para no cometer el mismo error otra vez.
4.
Sé el último. Ya sea que están haciendo la orden en una cena familiar, en la cola en
el cine, o esperando para tomar el autobús, haz un esfuerzo para dejar que otras
personas vayan antes de vez en cuando. Las personas que practican la humildad
son conscientes de que no son las personas más importantes en el mundo y dejan
que otras personas vayan delante de ellos, porque saben que su tiempo no es más
importante que el de cualquier otra persona. Aunque no debes ser una presa fácil,
debes buscar oportunidades para dejar pasar a alguien primero si quieres practicar
la humildad.[4]
Hay una verdadera humildad al decir, "Después de ti". Esfuérzate en darte cuenta de
que tu tiempo no vale más que el de cualquier otra persona y en dejar que otras
personas tengan una oportunidad antes que tú.
No hace falta decir que meterse en la cola es lo opuesto de ser humilde.
Pide consejos. Puede ser muy humilde admitir que no tienes todas las respuestas y
permitirle a otra persona a ayudarte. Cuando algo te preocupa o desconcierta,
tómate el tiempo para acudir a un amigo y pedir un consejo o pedirle a un
compañero de trabajo que comparta su experiencia. Siéntete cómodo al admitir que
otras personas tienen algo que es útil para ti y que siempre estás dispuesto a
aprender más y a mejorar como persona. Las personas de verdad humildes saben
que el conocimiento es infinito, y siempre le están pidiendo a otros que compartan lo
que saben.
No tengas miedo de admitir que no sabes algo. De hecho, a la mayoría de las
personas les encanta compartir sus conocimientos con los demás y estarán
dispuestos a ayudarte.
Incluso puedes brindar algunos elogios cuando pidas un consejo. Simplemente
diciendo algo como, "Yo sé que eres un genio en matemáticas, y simplemente no
puedo entender este problema", hará que esa persona se sienta muy bien, siempre
y cuando no suene como si la estuvieras adulando.
Elogia a los demás. Otra forma de practicar la humildad es reconocer a otras
personas por sus logros. Elogia a otras personas tanto como sea posible, para estar
impresionado desde por lo duro que trabajó tu compañero de trabajo en una
presentación hasta elogiar a tu hermana por mantener a la altura en una situación
difícil. Elogiar a otros públicamente, siempre y cuando no los avergüences, también
puede ser una gran manera de mostrar tu aprecio por los demás y tu humildad
delante de las fortalezas de los demás.
Adquiere el hábito de decirle a otras personas cuando les está yendo muy bien en
algo. Esto puede hacer que tanto tú como la otra persona se sientan muy bien.
Por supuesto, asegúrate de que se merezcan los elogios. No querrás que la persona
piense que solo quieres obtener algo.
Realiza cumplidos. Si quieres practicar la humildad, entonces debes estar siempre
dispuesto a decir cumplidos a otras personas, desde decirles lo bien que se ven
hasta hacer cumplidos sobre aspectos de su personalidad. Mientras tus elogios sean
reales, harás que otras personas se sientan mejor consigo mismas y al mismo
tiempo practicas la humildad. Las personas verdaderamente humildes reconocen
que otras personas tienen infinitas cualidades que valen la pena elogiar.
Incluso algo tan simple como, "Me encantan tus aretes. Hacen resaltar tus ojos",
puede alegrar realmente el día de una persona y no necesitas mucho esfuerzo.
Haz trabajo voluntario. Si realiza voluntariado como una parte de tu rutina,
entonces serás capaz de tener una vida más llena de humildad. Ya sea que estés
ayudando a niños y adultos a aprenden a leer en la biblioteca local o trabajando en
un comedor social en tu comunidad, el voluntariado puede ayudarte a ponerte en
contacto con tu sentimiento de gratitud y ayudar a gente que realmente te necesita.
Puede ser increíblemente humilde pasar tiempo con la gente que está agradecida
por tu ayuda, y puede hacer que seas más amable y será menos probable que te
sientas con derecho a todo.[5]
Haz trabajo voluntario por hacer el bien, no por tener el derecho a presumir. No es
necesario que les digas a tus cincuenta amigos más cercanos que estás como
voluntario solo para presumir. Claro que si estás realmente orgulloso y quieres
hablar de ello, eso es otra cosa.
Entregar tu tiempo para ayudar a los demás puede hacer que te des cuenta de que
no siempre es necesario ponerte en primer lugar. Esto puede hacer que vivas una
vida llena de humildad.
No te compares con los demás. Para practicar la gratitud de manera regular,
debes evitar compararte con los demás, aun si estás celoso de tus vecinos, tu mejor
amigo, o incluso Taylor Swift. Concéntrate en ser agradecido por lo que tienes y en
disfrutar de tu vida en sus propios términos en lugar de pensar que necesitas tener
lo que tu mejor amigo o compañero de trabajo tiene para ser verdaderamente feliz.
Si te pasas la vida comparándote con los demás, entonces nunca vas a sentir que
tienes es suficiente, y no serás humilde frente a todo lo que se te ha dado.
Puedes admirar a otras personas y sentirte inspirado a ser mejor debido a ellos.
Pero si codicias lo que tienen, es probable que tengas sentimientos de amargura
que te impedirán disfrutar de la vida.
Tampoco digas chismes o hables mal de los demás porque estés secretamente
celoso de ellos. La gente humilde solo dice cosas buenas de la gente a sus
espaldas.
2.
Permite que te enseñen. Las personas que practican la humildad son los primeros
en admitir que no lo saben todo. Ya sea que estés recibiendo consejos de un
compañero de trabajo o un amigo, es importante estar abierto a nuevas
posibilidades y nuevos conocimientos. Que la gente vea que crees que tienen
mucho que ofrecer, y evita ser obstinado o como si lo supieras todo. Incluso si te
sientes como un experto en un tema, recuerda que siempre puedes aprender más;
es humilde admitir que eres un estudiante de la vida.[6]
No te pongas a la defensiva cuando alguien trate de enseñarte algo. Si esa persona
tiene intenciones puras, entonces debes hacer un esfuerzo por escucharla.
No querrás que la gente sienta que crees tener todas las respuestas o no van a
estar muy dispuestas a compartir sus experiencias contigo.
4
Practica la bondad de manera anónima. Si quieres practicar la humildad, entonces
no todos sus actos de bondad tienen que notarse. Dona dinero a la caridad sin
decirle a nadie sobre eso, o dona tu ropa vieja sin decir nada. Si notas que ha
caducado el parquímetro de una persona, coloca algunas monedas. Ayuda a
financiar un proyecto que valga la pena. Anónimamente publica un comentario
amable en el blog de una persona. Tómate el tiempo para hacer algo bueno sin
querer nada a cambio y estarás en el camino a practicar la humildad todos los días.
Si eres la única persona que se da cuenta de lo bueno que has hecho en el mundo,
hay algo especialmente humilde en esa experiencia.
Puedes escribir sobre tu experiencia en un diario si sientes que quieres decírselo a
alguien.
No te quejes tanto. A las personas que practican la humildad no se las ve a
menudo quejándose porque se dan cuenta de que la vida es preciosa y que tienen
mucho que agradecer. Claro, todos hemos tenido días malos y está bien
descargarte de vez en cuando, pero no debes hacer un hábito de eso si quieres
practicar la humildad. Recuerda que muchas personas la pasan mucho peor que tú,
y que quejarte de cada pequeña cosa que te ha pasado en lugar de centrarse en lo
positivo no te permitirá practicar la humildad.
Las personas se sienten atraídas hacia la gente agradecida y positiva. Si te quejas o
relacionas todo con quejas todo el tiempo, entonces tendrás menos probabilidades
de vivir una vida llena de humildad.
Siempre que te sorprendas a ti mismo quejándote de algo tratar de contrarrestar ese
comentario con dos comentarios positivos.
Pasa más tiempo en la naturaleza. Hay algo muy humilde de estar en la
naturaleza, ya sea que hagas una larga caminata por el bosque o te pases un día
simplemente acostado en la playa. La naturaleza puede recordarte que hay cosas
más grandes que nosotros y nuestros problemas, y que deberíamos ver lo bueno del
mundo en lugar de obsesionarnos con todos nuestros pequeños problemas o
ambiciones frustradas. Si haces un hábito el estar en la naturaleza más a menudo,
puede llevarte a practicar más la humildad.
Tus problemas no parecerán tan graves cuando estés parado en la base de una
montaña. Así suene cursi, estar cerca de la naturaleza te hará ver que no eres más
que un grano de arena en la playa que es el universo, y que deberías estar
agradecido por lo que tienes en lugar de lamentarte por lo que te gustaría tener.
Pasa más tiempo cerca de niños. Los niños tienen un sentido natural de asombro
y casi nunca dejan de ver lo bueno del universo. Si quieres practicar la humildad
más a menudo, entonces debes de hacer un hábito el pasar más tiempo con los
niños. Ellos te ayudarán a ver el mundo a través de unos nuevos ojos juveniles, y
serás capaz de redescubrir algo de la magia que tal vez sientas que has perdido a
causa de la rutina diaria. El hacer un hábito el pasar más tiempo con los niños, así
sea pasar más tiempo con los tuyos, voluntario con niños, o ayudar a un amigo
cuidando a sus hijos, puede ayudarte a practicar la humildad con regularidad.
Puedes pensar que tienes mucho que enseñarle a los niños y te sentirás humilde
cuando veas que también tienen mucho que enseñarte. Escucha su perspectiva
sobre el mundo y piensa cómo puede ayudarte a ser una persona más agradecida y
humilde.
Estar cerca de los niños te ayudará a rejuvenecer tu capacidad de asombrarte. Esto
puede ayudarte a ser más capaz de apreciar el mundo que te rodea y no te dejará
tomar algo por sentado.
3.
Practica yoga. El yoga es una práctica dedicada a estar agradecido por el cuerpo
que se te ha dado y tu tiempo en esta tierra. Aunque algunas prácticas de yoga
también pueden ser una gran sesión de ejercicios, lo más importante del yoga es
estar en contacto con tu mente y cuerpo y no tomar ni una sola de tus respiraciones
por sentado. Si quieres practicar más la humildad, entonces debes hacer del yoga
una parte regular de tu vida.[7]
Con tan solo tomar 2 o 3 clases la semana puedes transformar la manera de ver al
mundo. Si crees que no puedes hacer tiempo para ir a clases de yoga, puedes
hacerlo en casa.