EXTRA FORMA
Planes urbanos
Hacia 1857 Manuel Coll prefiguró un área metropolitana compleja, con un entramado de
espacios públicos que incorporaban posibles asentamientos suburbanos productivos y de
recreo, además de una estructura por sucesivas rondas de bulevares unidas por una costanera
longitudinal.
En una atmósfera de inusual preocupación por los problemas urbanísticos, advirtiendo un
relativo estancamiento de la ciudad, la Municipalidad encargó en 1929 el primer Plan
Regulador del país, bajo la hipótesis de una reestructuración radical de los accesos ferroviarios
y el desarrollo sobre la costa, sistematizaron la aglomeración en un radio de 20 kilómetros
entre dos grandes áreas parquizadas bordeando los arroyos Ludueña y Saladillo. Dicho plan
trasladaba el puerto más al sur, reservando la parte central de la costa para un gran parque
que tendría como foco el Monumento a la Bandera.
El Plan Rosario de 1953, redactado por el agrimensor Alberto Montes, fue el único
contemplado por el Segundo Plan Quinquenal del gobierno de Perón. Su propósito era
transformar la ciudad en razón del incipiente cordón industrial que se iba formando a lo largo
de la costa del Paraná, entre Puerto Gaboto al norte y Punta Argerich al sur, en la provincia de
Buenos Aires. Definía cuatro ejes de atravesamiento, siguiendo la curva del río: la costanera en
las tierras liberadas del ferrocarril, y que contemplaba la apertura de un gran parque y la
construcción de la ciudad universitaria; la avenida de la travesía como segmento de la
autopista Santa Fe-Mar del Plata; una troncal ferroviaria de 500 metros de ancho para ambas
trochas; y la avenida de circunvalación, según su actual trazado.
Son los motivos por los cuales se elige la ubicación del edificio Bel Air, por ser una zona de
gran crecimiento, como se menciona ampliamente anteriormente.
Palacios y un rascacielos
En una ciudad sin escudos ni blasones, se reservó la palabra “palacio” para esos edificios
voluminosos y llamativos que el sector económica y políticamente dominante de la sociedad
local hizo construir para su propia gloria. Macizos y profusos en decoraciones, tendieron a
sumar pórticos, cúpulas, agujas y mansardas para imponer su presencia. El primero y que más
acabadamente respetó la imagen y envergadura de sus modelos europeos fue el Palacio de
Justicia (1888).
Por el año 1920 se definió el centro administrativo y financiero de la ciudad en la encrucijada
de las calles Córdoba y Corrientes. Los vectores fueron dos palacios de renta, un hotel y la
nueva sede de la Bolsa de Comercio. Con sus magníficas masas, ochavas de cuerpos curvos y
cúpulas, logias, molduras, la burguesía mercantil y agroexportadora rosarina celebraba su
definitivo establecimiento.
Noguerol y Brebbia era una empresa dedicada a la construcción y comercialización de las
unidades. En la construcción, la labor de ésta reflejo una postura conservadora al contar con
personal capacitado propio en todos los rubros, en el diseño y en la dirección de obras y a la
vez moderna al implementar los avances tecnológicos industriales del mercado local en sus
emprendimientos profesionales.
En esta época comenzó a cambiar el modo de vida de la clase media de ese entonces que
deben abandonar las casas extendidas abiertas y difíciles de mantener por estos nuevos
edificios colectivos de unidades repetitivas con nuevos parámetros de confort como
calefacción central, ascensores, cocheras, etc. Noguerol y Brebbia se caracterizaba por
construir edificios de viviendas en los cuales en su planta baja se incorporan también locales
comerciales como podemos observar en la Galería Cesar (Rioja 1150) y en el edificio Mentor
(Oroño 908, el cual se convirtió durante los años 60 en el edificio mas alto de la ciudad).
Además, en el Bel Air y su sucesor el edificio de vivienda colectiva (1957) agregaron cocheras
en su subsuelo.
Stile Littorio
Lentamente, durante las últimas décadas del siglo XIX, se fue acentuando la tendencia a
desplazar la jerarquía urbana hacia el oeste. Tres edificios monumentales: el Museo de Bellas
Artes (1937/39), que incorpora los últimos conceptos de iluminación, ventilación y la
homogeneidad de revestimientos y texturas; el Museo Histórico (1939/51) resuelto como
un volumen neto, con una delgada cornisa como único ornamento; y los nuevos Tribunales
Provinciales (1948/62), de una planta doblemente simétrica que define su volumen sumado a
grandes aberturas con vidrios traslúcidos; estos edificios junto al Monumento a la Bandera
(1939/1957), constituyen los mejores exponentes rosarinos del Stile Littorio.
Los tres edificios, blancos, compactos y aislados, son ejemplos contundentes de una
interpretación sesgada de la arquitectura moderna, apta para resolver los aspectos
representativos de las sedes de instituciones públicas. Simétricos y rotundos, con una
recurrencia consecuente con los materiales nobles, comparten el mismo afán por diferenciarse
de las incursiones edilicias del sector privado, de sus recintos fragmentados, de su “escala
humana” y de la exasperación formal de los gestos individuales condenados a diluirse en la
uniforme variedad de las fachadas continuas del centro.
Desgravation style
El desmantelamiento del puerto, cuya decadencia había comenzado con el estallido de la
Segunda Guerra y se había acentuado luego de su nacionalización, en 1942, produjo el
relegamiento a un segundo plano de la actividad agrícola por parte de las políticas públicas
que concentraron las inversiones en las industrias de sustitución de importaciones
establecidas en el cordón urbano-industrial que se extendía a lo largo de la franja costera entre
San Nicolás y Puerto San Martín, redujeron el movimiento portuario de la ciudad
prácticamente a un estado vegetativo. Esta situación era reconocida, aceptada y hasta
alentada por el llamado Plan Rosario que venía a sustituir las previsiones del Plan Regulador
que destacaba el río, la costa y el puerto como ejes rectores del desarrollo ulterior de la
ciudad. Rosario languideció, creando un clima propicio para que la especulación inmobiliaria se
convirtiera en centro de los afanes locales, y el área central más próxima a la ribera fue la
elegida para esta búsqueda inescrupulosa de renta urbana. La ciudad misma devino mercancía.
Varios factores concurrieron. Primero, la vigencia de la ley de Propiedad Horizontal (1948), que
permitía la subdivisión y venta de departamentos en los edificios construidos en altura. En
segundo término, la reorientación de los créditos del Banco Hipotecario a la construcción de
nuevas viviendas. El resultado fue la precipitada sustitución, en pocos años, del zócalo
relativamente homogéneo de la ciudad por una masa de edificios de diez o más pisos.
Conjugaron la sequedad expresiva que caracterizó al modernismo en Argentina con un espíritu
más pragmático. Los elementos comunes a todos ellos son la explotación sistemática de las
nuevas técnicas constructivas, el aprovechamiento al máximo del lote y la reducción del
tamaño de los espacios habitables. Mezquinos, estos edificios introdujeron motivos tipológicos
que siguen vigentes: cocinas estrechas, baños y dormitorios diseñados según una ajustada
distribución de equipamientos elementales, estares que torpemente pretenden resolver las
complejas necesidades de la vida familiar y social, la desaparición de toda estrategia de
intimidad en halles y desempeños. Prometían, a cambio, el goce de las amenidades del centro
y el alivio de las cargas doméstica de la vida en el barrio.
Sin embargo, desde un punto de vista arquitectónico, pueden señalarse algunas excepciones,
intentos de enfrentar estos desafíos con racionalidad y elegancia. Por ejemplo, los ensayos
plásticos de una retícula sin jerarquías como en la Galería Rosario (Solari Viglieno, Facchini,
1952), la Galería César (Noguerol y Brebbia, 1954) y el edificio La Segunda (Mariotti, Valenti,
Molteni, 1955). Para esta nueva ola de edificación en altura, la vista al río y a las paralizadas
instalaciones portuarias se convirtió en un codiciado valor de cambio. Mejor se cotizaban
aquellos edificios que ocuparon los terrenos despejados de las instalaciones ferroviarias “por
razones urbanísticas” en el Barrio Martin o en las manzanas del Bajo próximas a la avenida
Belgrano, ya definitivamente libradas de la febril actividad vinculada al transporte marítimo y
fluvial. En esa zona y de esa época se destacan, por el tratamiento plástico de su grilla
estructural y su organización en dos placas que enfocan el paisaje como una cámara
fotográfica.
También ha dicho cambio de tipología de edificios de la época podría destacarse el cambio en
los ingresos a los edificios, donde antes se daba en las esquinas generalmente, y a partir de
este momento comienzan a marcarse en las fachadas laterales, como claramente sucede en el
Bel Air.
Se da una ruptura con la arquitectura anterior, y comienzan a utilizarse nuevos elementos para
la construcción, como mampostería y columnas. Así como también al incorporarse nuevos
conceptos de iluminación y ventilación, los diseñadores lo priorizan y comienzan a aparecer
patios en el interior del edificio, otorgándole al mismo una buena iluminación y ventilación
natural, como así puede verse en el Bel Air.
Noguerol y Brebbia era una empresa dedicada a la construcción y comercialización de las
unidades. En la construcción, la labor de esta reflejó una postura conservadora al contar con
personal capacitado propio en todos los rubros, en el diseño y en la dirección de obras y a la
vez moderna al implementar los avances tecnológicos industriales del mercado local en sus
emprendimientos profesionales. En esta época comenzó a cambiar el modo de vida de la clase
media de ese entonces qué, deben abandonar las casas extendidas abiertas y difíciles de
mantener por estos nuevos edificios colectivos de unidades repetitivas con nuevos parámetros
de confort como calefacción central, ascensores, cocheras, etc. Noguerol y Brebbia se
caracterizaba por construir edificios en los cuales su planta baja se incorpora también locales
comerciales como podemos observar en la galería cesar y en el edificio mentir. Además, en el
bel air y su sucesor, el edificio de vivienda colectiva, agregaron cocheras en su subsuelo.
PLAN URBANO: Durante la época, se planteo un plan urbano de re-estructurización de la
ciudad que planteaba el desarrollo sobre la costa entre dos grandes zonas parquizadas
bordeando los arroyos Ludueña y Saladillo. Dicho plan trasladaba el puerto al sur, reservando
la parte central de la costa para un gran parque que tendría como foco el monumento a la
bandera. Zona de gran crecimiento.
FORMA
Este edificio está levantado sobre la esquina de calle San Martin y Urquiza, mide 43.3 m con
frente al Norte sobre Urquiza y 22.58 m con frente al Oeste sobre San Martin.
Bel Air se compone por dos torres individuales de 11 pisos con subsuelo conectadas entre si a
través del hall, que comunica a dos núcleos de circulación vertical, uno de cada torre y la
terraza. Desde el piso 1 al 10 de cada torre hay 4 departamentos de viviendas con un palier
por torre, dejando un total de 8 departamentos por planta con dos palieres independientes.
La planta baja tiene en su totalidad sólo 4 departamentos y 3 locales comerciales de los cuales
solo se puede acceder por calle San Martin. Al estar el edificio ubicado en un lote de esquina
con fuerte pendiente en su lado mayor, el subsuelo de este queda a la vista en calle Urquiza y
se ubican en esta dos locales comerciales más con acceso por la calle al igual que los locales
ubicados en calle San Martin.
A su vez, el subsuelo aloja el estacionamiento de autos, las bauleras, los medidores de luz y
de gas de cada departamento y la sala de máquinas con calderas. En la terraza del edificio
observamos el tanque de reserva y las salas de maquinas de los ascensores.
En la planta baja del edificio, que contiene el hall también hay un patio verde que provee a
éste con luz natural, permitiendo que durante el día no sea necesario utilizar luz eléctrica para
la iluminación de este ambiente. En el hall se observan elementos decorativos como mosaicos,
espejos con marcos de madera, un estanque pequeño que comienza en el patio y concluye en
el interior de este, pasando por debajo de un ventanal amplio de vidrio que separa ambos
ambientes y columnas de distintas formas, algunas circulares y otras rectangulares.
Exteriormente el edificio se organiza como un volumen sostenido por columnas que se
separan de la envolvente. Los frentes del volumen superior se componen a partir de los
cuerpos salientes de los balcones corridos con sistema de parasoles verticales fijos en la
fachada Oeste. Al ser los balcones y los parasoles un volumen separado del volumen principal
en ambas fachadas, se encuentran enmarcados en un gran rectángulo que comienza en el piso
del primer balcón y termina a la altura de la losa de la terraza, ambos marcos horizontales se
encuentran unidos por dos marcos laterales continuos.
Con respecto a su materialidad, su estructura es de cemento armado y sus revoques exteriores
son de piedra y venecianos. Tiene 4 ascensores, y dos escaleras de hormigón armado con
revestimiento de granito reconstruido.