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Interpretación de sueños punitorios

Sigmund Freud revisa la doctrina de los sueños, proponiendo nuevos conceptos como distinguir entre el "sueño manifiesto" (el texto del sueño) y los "pensamientos oníricos latentes" (lo que buscamos tras el sueño). Explica la técnica de interpretación de sueños, que implica obtener las asociaciones del paciente sobre cada elemento del sueño para revelar los pensamientos oníricos latentes. Estos reflejan deseos reprimidos que se satisfacen de forma simbólica en el sueño manifiesto,

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Interpretación de sueños punitorios

Sigmund Freud revisa la doctrina de los sueños, proponiendo nuevos conceptos como distinguir entre el "sueño manifiesto" (el texto del sueño) y los "pensamientos oníricos latentes" (lo que buscamos tras el sueño). Explica la técnica de interpretación de sueños, que implica obtener las asociaciones del paciente sobre cada elemento del sueño para revelar los pensamientos oníricos latentes. Estos reflejan deseos reprimidos que se satisfacen de forma simbólica en el sueño manifiesto,

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Sigmund Freud “29 Conferencia. Revisión de la doctrina de los sueños”.

Los analistas se comportan como si no tuvieran nada más que decir sobre el sueño, como si la
doctrina de los sueños estuviera concluida.
Ciertas fórmulas se han vuelto consabidas; entre ellas, algunas que nosotros nunca sustentamos,
como la tesis de que todos los sueños son de naturaleza sexual.
Dos nuevos conceptos: a lo que se ha denominado «sueño» lo llamamos texto del sueño o sueño
manifiesto; y a lo que buscamos, a lo que por así decir conjeturamos tras el sueño, pensamientos
oníricos latentes.
Dos tareas: Tenemos que trasmudar el sueño manifiesto en el latente e indicar cómo en la vida
anímica del soñante este último se convirtió en el primero. La primera parte es una tarea práctica,
corresponde a la interpretación del sueño, necesita de una técnica; la segunda es una tarea teórica,
debe explicar ese proceso supuesto del trabajo del sueño y no puede ser sino una teoría.
La técnica de la interpretación del sueño
¿Qué haremos primero? Nos resolvemos a hacer el menor caso posible de lo que hemos escuchado,
del sueño manifiesto. No crean ustedes que desdeñamos por completo esa infinita diversidad del
sueño manifiesto más tarde volveremos a considerarla y hallaremos en ella mucho de utilizable para
la interpretación, pero al comienzo la omitimos y echamos a andar por el camino principal:
exhortamos al soñante a liberarse igualmente de la impresión del sueño manifiesto, a que aparte su
atención del conjunto y la dirija a los elementos singulares del contenido del sueño, y a que nos
comunique, en su secuencia, cuanto se le ocurra sobre cada uno de estos fragmentos, las asociaciones
que le flcudcn cuando los considera por separado.
¿En qué orden haremos que el paciente aborde los fragmentos de su sueño? Se nos abren varios
caminos. Podemos seguir simplemente el orden cronológico tal como resultó del relato del sueño
(método clásico). O podemos indicar al soñante que busque primero en el sueño los restos diurnos,
pues en casi todo sueño se inserta un resto mnémico o una alusión a un episodio del día del sueño, y
cuando seguimos esos anudamientos solemos hallar de un golpe el paso del mundo en apariencia
remoto del sueño a la vida real del paciente. O bien le ordenamos comenzar por aquellos elementos
del contenido del sueño que le resultan llamativos por su particular nitidez e intensidad sensible.
Por fin obtenemos esas asociaciones. Aportan las cosas más variadas, recuerdos del día anterior, el
día del sueño, etc. Arrojan una luz sorprendente sobre todas las partes del sueño, llenan las lagunas
que había entre ellas, vuelven comprensibles sus raros agrupamientos.
El sueño aparece como una selección abreviada de las asociaciones. Las asociaciones sobre el sueño
no son todavía los pensamientos oníricos latentes, es frecuente que la asociación se detenga justo
delante de los pensamientos oníricos genuinos, sólo llegue hasta su cercanía, los roce apenas en las
alusiones. Entonces intervenimos por nuestra cuenta, completamos las indicaciones, enunciamos
aquello que el paciente sólo convocó en sus asociaciones.
La experiencia nos ha enseñado que deben aprehenderse e interpretarse como símbolos de otra cosa.
Por comparación con los otros elementos oníricos es lícito atribuirles un significado fijo, que, no
necesita ser unívoco, y cuya extensión es comandada por reglas particulares.
Dado que sabemos traducir esos símbolos, puede suceder que el sentido de un sueño se nos vuelva
claro de inmediato antes de cualquier empeño por interpretarlo y tan pronto como hemos escuchado
el texto del sueño, mientras que el soñante mismo sigue enfrentado a un enigma.
¿Es posible interpretar con su auxilio todos los sueños? Y la respuesta es: No, no todos, pero sí un
número suficiente como para certificar la aplicabilidad y justificación del procedimiento. “¿por qué
no todos?” porque el trabajo de la interpretación del sueño se realiza contra una resistencia cuya
magnitud varía desde lo imperceptible hasta lo insuperable. Consideramos más intensa la resistencia
cuanto más larga y sinuosa es la cadena de asociaciones. También en el olvido de los sueños
registramos esa misma influencia.
Con mucha frecuencia sucede que al comienzo se omite algún fragmento de un sueño, y luego se lo
agrega como complemento. Ha de entendérselo como un intento de olvidarlo. La experiencia
muestra que justo ese fragmento es el más significativo, su comunicación tropezó con una resistencia
más intensa que la de otros. Cabe distinguir directamente entre sueños generados bajo una escasa o
una elevada presión de resistencia.
Pero, ¿qué es lo que produce resistencia y contra qué? Pues bien; la resistencia es para nosotros el
indicio más seguro de un conflicto. Tiene que haber ahí una fuerza que quiera expresar algo y otra
que no se avenga a permitir esa exteriorización. Una de las fuerzas acaso consiguió imponer lo que
quería decir; en otro, la instancia contrariante logró borrar por completo la comunicación intentada o
sustituirla por algo que ya no dejaba traslucir ningún rastro de ella.
Han comprendido que el sueño es un producto patológico, el primer eslabón de la serie que incluye
al síntoma histérico, la representación obsesiva, la idea delirante, pero que se distingue de los demás
por su carácter pasajero y por el hecho de generarse en circunstancias que corresponden a la vida
normal, produce un extrañamiento respecto del mundo exterior real, estableciéndose así la condición
para el despliegue de una psicosis.; la inofensiva psicosis del sueño es la consecuencia de un retiro
del mundo exterior sólo temporario, conscientemente querido, y desaparece tan pronto se retoman
los vínculos con este.
El proceso por el cual los pensamientos oníricos latentes se mudaron en el sueño manifiesto. Lo
llamamos el trabajo del sueño.
Esa moción inconciente es el genuino creador del sueño, costea la energía psíquica para su
formación. Como cualquier otra moción pulsional, no puede aspirar sino a su satisfacción. En todo
sueño debe figurarse como cumplido un deseo pulsional. El bloqueo nocturno de la vida anímica
respecto de la realidad, y la regresión a mecanismos primitivos que posibilita, permiten que esa
satisfacción pulsional deseada se vivencie como presente por vía alucinatoria.
Paso a repetir el proceso de su formación. El introito es el deseo de dormir, el extrañamiento
deliberado del mundo exterior. De ahí derivan dos consecuencias para el aparato anímico: en
primer lugar, la posibilidad de que afloren dentro de él modos de trabajo más antiguos y primitivos
—la regresión—; en segundo lugar, la rebaja de la resistencia de represión {de desalojo} que
gravita sobre lo inconciente. De este último factor resulta la posibilidad de la formación del sueño,
posibilidad que es aprovechada por las ocasiones, los estímulos externos e internos puestos en
movimiento. El sueño así generado es ya una formación de compromiso; tiene una doble función:
por un lado es acorde con el yo, puesto que sirve al deseo de dormir mediante la tramitación de los
estímulos que lo perturban, y por el otro permite a una moción pulsional reprimida la satisfacción
que es posible en estas condiciones, en la forma de un cumplimiento alucinatorio de deseo.
Pensamientos oníricos latentes: Su elemento más intenso es la moción pulsional reprimida que se ha
procurado una expresión, aunque mitigada y disfrazada, apuntalándose en la presencia de estímulos
casuales y en la trasferencia a los restos diurnos. Se trasponen en una suma de imágenes sensoriales y
escenas visuales. Por este camino les acontece lo que se nos presenta tan novedoso y extraño. Les
faltan los medios que les permitirían figurarse; como en un lenguaje primitivo sin gramática, sólo se
expresa la materia en bruto del pensar, lo abstracto es reconducido a lo concreto que está en su base.
En cuanto a lo que resta, es fácil que parezca incoherente.
En la trasposición de los pensamientos a imágenes, se prefieren de manera inequívoca aquellos que
admitan una reunión, una condensación de esa índole; es como si actuara una fuerza que sometiera
el material a un prensado. Luego, a consecuencia de la condensación, un elemento del sueño
manifiesto puede corresponder a varios de los pensamientos oníricos latentes; y a la inversa.
El otro proceso, el del desplazamiento o trasferencia del acento, es que las representaciones
singulares de los pensamientos oníricos no poseen todas el mismo valor, están investidas con montos
de afecto de magnitud diversa y, correlativamente, el juicio las estima más o menos importantes y
dignas de interés. Esas representaciones son separadas de los afectos adheridos a ellas; y estos
afectos son tramitados por sí, pueden ser desplazados sobre otra cosa. El desplazamiento es el
principal medio de la desfiguración que los pensamientos oníricos deben admitir bajo el influjo de la
censura.
La llamada elaboración secundaria, a saber: tratamos al sueño como solemos hacerlo con todos
nuestros contenidos perceptivos, procuramos llenar lagunas, introducir nexos y, así, nos exponemos
muchas veces a incurrir en unos malentendidos harto groseros. Actividad por así decir
racionalizadora.
La oposición que existe dentro de los pensamientos oníricos mismos entre la moción pulsional
inconciente y los restos diurnos. Mientras que estos últimos dejan ver toda la diversidad de nuestros
actos anímicos, aquella, que pasa a ser el genuino motor de la formación del sueño, por regla general
desemboca en un cumplimiento de deseo.
En el contenido manifiesto de los sueños se escenifican muchas imágenes y situaciones que
recuerdan a los consabidos motivos de los cuentos tradicionales, las leyendas y mitos. Por eso la
interpretación de tales sueños arroja luz sobre los intereses originarios por los que se crearon esos
motivos, aunque, claro está, no podemos olvidar los cambios de significado que afectaron a ese
material en el curso de las épocas.
Toda vez que es posible, el trabajo del sueño traspone relaciones temporales en espaciales, y las
figura así.
El punto más discutido de toda la doctrina fue sin duda la tesis de que todos los sueños son
cumplimientos de deseo. Tengo derecho a decir que en las anteriores conferencias ya disipamos por
completo la inevitable y siempre recurrente objeción de los legos, a saber: que sin embargo existen
tantísimos sueños de angustia. Hemos mantenido nuestra doctrina mediante la clasificación en
sueños de deseo, de angustia y punitorios.
Los sueños punitorios son cumplimientos de deseo, pero no de las mociones pulsionales, sino de la
instancia criticadora, censuradora y punitoria de la vida anímica. Si estamos frente a un sueño
punitorio puro, una simple operación mental nos permitirá restablecer el sueño de deseo del que
aquel es la réplica correcta y al que sustituyó, mediante ese rechazo, en el sueño manifiesto.
Sólo dos dificultades serias se han opuesto a la teoría según la cual el sueño es un cumplimiento de
deseo; La primera está dada por el hecho de que personas que han pasado por una vivencia de
choque, un grave trauma psíquico (como tan a menudo ocurrió en la guerra y se lo encuentra también
en la base de una histeria traumática), se ven remitidas por el sueño, con harta regularidad, a aquella
situación traumática. Es algo que no debería suceder de acuerdo con nuestros supuestos. Con el
segundo hecho nos topamos casi a diario en el trabajo analítico; primeras vivencias sexuales del niño
están enlazadas con impresiones dolorosas de angustia, prohibición, desengaño y castigo; uno
comprende que hayan sido reprimidas, pero no que posean tan vasto acceso a la vida onírica, que
proporcionen el modelo para tantas fantasías oníricas, que los sueños rebosen de reproducciones de
esas escenas infantiles y de alusiones a ellas. En verdad, su carácter displacentero y la tendencia del
sueño al cumplimiento de deseo parecen concillarse muy mal. Es que a esas mismas vivencias
infantiles van adheridos todos los deseos pulsionales incumplidos, imperecederos, que a lo largo de
la vida entera donan la energía de la formación del sueño.

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