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Educación Emocional en Niños y Jóvenes

Este documento discute la importancia de la educación emocional en las escuelas. Argumenta que las emociones afectan el aprendizaje y el desarrollo de los niños, por lo que deben enseñarse habilidades emocionales y sociales. Describe un programa en una escuela de Barcelona que enseña a los niños a reconocer y manejar sus emociones. Finalmente, cita investigaciones que muestran que la educación emocional mejora los resultados académicos y prepara a los estudiantes para la vida.

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Educación Emocional en Niños y Jóvenes

Este documento discute la importancia de la educación emocional en las escuelas. Argumenta que las emociones afectan el aprendizaje y el desarrollo de los niños, por lo que deben enseñarse habilidades emocionales y sociales. Describe un programa en una escuela de Barcelona que enseña a los niños a reconocer y manejar sus emociones. Finalmente, cita investigaciones que muestran que la educación emocional mejora los resultados académicos y prepara a los estudiantes para la vida.

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¿Educamos para la vida?

“Estamos impidiendo que los niños y jóvenes tengan un desarrollo óptimo cuando le
privamos del aprendizaje social y emocional”
René Diekstra

Hace poco me llamó la atención un video en internet con un título sugestivo, “Educación

emocional”, realmente no tenía conocimiento que fuera posible que te educaran para

entender tus emociones. Sé por experiencia propia, que las emociones son difíciles de

manejar y que de alguna manera cuando te sucede algo inesperado ya sea positivo o no,

tiendes a quedarte suspendido en esa sensación por un periodo de tiempo, o reaccionas de

manera tan intempestiva que hasta te sorprendes de ti mismo por haber actuado de esa

manera. Además, ante una emoción fuerte, es inevitable dejar de lado actividades que te

exigen atención, perdiendo la concentración en tus tareas cotidianas.

El vídeo mencionado anteriormente, es un documental del colegio Sagrada Familia de Gavá

en Barcelona, en el que niños y niñas, entre los tres y los cuatro años, aprenden a reconocer y

a manejar sus emociones. Para la maestra Luz Guerrero, la mente y el cuerpo están

conectados, ya no es pienso luego existo, sino siento luego existo y a partiendo de esta

premisa, el componente principal de su experiencia en el aula es la educación emocional.

Cuando cada día pasa lista de sus estudiantes, se detiene en cada uno, lo saluda y le

pregunta:” ¿Cómo te sientes hoy?” El niño es libre de responder o no acerca de cómo se

siente. En caso de que lo exprese, ella le pregunta si lo pueden ayudar. Ponerle nombre a la

emoción, compartir lo que se siente y buscar entre todos una solución, son prácticas sencillas

que pueden ayudar a desarrollar habilidades de educación emocional, desde la experiencia de

esta maestra.
La auto regulación es clave en esta enseñanza. Reconocer la emoción y ponerse en contacto

con esta, buscar una solución al conflicto, aprender a respirar antes de actuar; son maneras de

crear vínculos más sanos entre los estudiantes y los maestros. Cuando un niño se siente triste,

expresaba la maestra, y el docente no se detiene a preguntarle cómo se siente y si le ha

pasado algo, cualquier tema que se vaya a trabajar ese día, para este niño, carecerá de sentido

porque él está sumergido en esa emoción.

Esta experiencia me hace pensar en mi práctica diaria como docente, en especial cuando

observo niños y niñas distraídos, a los que les cuesta seguir el hilo de una explicación, y no

por falta de capacidades cognitivas, porque tal vez en sus pequeños universos no saben cómo

se sienten y sí, para aquello que los agobia haya solución; si la hay cuál sería y si no, cómo

dejar pasar la emoción y permitir que la vida siga su curso.

Así que, luego de estas reflexiones, empecé a indagar sobre este tema y descubrí aspectos

interesantes en relación a la educación emocional, también llamada inteligencia emocional.

Howard Gardner en los años ochenta, había propuesto diferentes formas de aprender desde

las llamadas inteligencias múltiples básicas; sin embargo, la inteligencia emocional no entra

dentro de estas categorías, porque no hay una parte del cerebro que se dedique a este tipo de

inteligencia, sino que esta implica hablar de todo el funcionamiento del cerebro.
Para René Diekstra1, profesor en psicología, la neurociencia ha hecho dos descubrimientos

muy importantes en los últimos tiempos. El primero es que la emoción interfiere con la razón

y que la razón modifica la emoción, estas son inseparables, y durante siglos las sociedades

menospreciaban las emociones porque sólo lo que se explicaba desde la razón tenía validez.

El segundo aspecto tiene que ver con la capacidad que tiene nuestro cerebro para aprender,

desaprender y modificar hasta las mismas emociones, desde que nacemos hasta la vejez. A

esto la neurociencia le llama la plasticidad del cerebro; es decir, que nuestras experiencias,

tanto negativas como positivas, moldean nuestro cerebro.

Para la neurociencia las emociones negativas afectan el desarrollo del aprendizaje. La

agresividad, la falta de atención y el aislamiento que presentan algunos niños y adolescentes

en el aula, son el resultado de una incapacidad de gestionar los propios sentimientos,

reconocerlos y expresarlos con claridad, lo que a su vez influye en el rendimiento

académico. Además, como afirma Diekstra, “si le enseño a un niño a interpretar bien las

emociones de otros, mejorará su capacidad de conectar y empatizar con otros”. Por eso,

cuando verbalizamos lo que sentimos y escuchamos a otros, quizás entre todos podamos

encontrar solución a eso que nos afecta física y emocionalmente.

El psicólogo norteamericano Daniel Goleman define la inteligencia emocional como “la

capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de

manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones”.

1
Rene Diekstra es Catedrático y Director del Departamento de Juventud y Desarrollo en la Universidad para la
Educación Profesional de La Haya. También trabaja en la Academia Roosevelt de la Universidad de Utrecht.
Durante años ha ejercido como asesor de la ciudad de Róterdam y ha desarrollado un extenso programa para
evaluar y apoyar el desarrollo deú los niños y los adolescentes en la ciudad, que incluye su exitoso programa
Habilidades para la Vida. Es escritor, articulista, y experto en el suicidio en la adolescencia, el desarrollo en la
juventud y la prevención en la adolescencia.
Desafortunadamente, en nuestras escuelas aún no existe un apoyo para saber cómo enseñar

habilidades sociales y emocionales, donde se destine un espacio para que nuestros estudiantes

y maestros puedan percibir y gestionar emociones, aprender a construir y mantener relaciones

sanas, aprender a tomar decisiones responsables y éticas, aprender a ponerse en el lugar del

otro y muy especialmente, enseñar a los niños a enfrentarse de forma ética y eficaz ante los

conflictos. Por el contexto en el que vivimos podríamos pensar que, junto al aprendizaje

académico también debemos pensarnos un aprendizaje social y emocional.

En un informe presentado por la Fundación Marcelino Botín en el 2008, tras un trabajo con

países como Suecia, España, Estados Unidos de América, Alemania, Reino Unido y países

bajos, en los que desarrollaron estrategias de educación social y emocional; llegaron a

concluir de forma general, que era muy evidente que el desarrollo sistemático y programado

de habilidades sociales, promovía el desarrollo integral de niños y jóvenes, al prevenir

problemas en su desarrollo y mejorar su rendimiento académico. "Un@ niñ@ que conoce y

sabe gestionar sus emociones no solo tendrá mejores resultados académicos, sino que estará

más preparad@ para el mundo laboral. Uno de los grandes descubrimientos de las últimas

décadas es que se pueden educar las emociones y el comportamiento."

Es inevitable no pensar en que nuestros niños y adolescentes, son educados en un sistema

educativo que jerarquiza las asignaturas de acuerdo al grado de importancia para el

desempeño laboral, olvidando quizás que lo más importante que debemos educar, son seres

humanos en los que se destaque el autocontrol, la perseverancia, la empatía, el entusiasmo y

la capacidad para motivarse así mismo. Entonces, ¿si estamos educando para la vida?
Botín, F. M. (2008). Educación emocional y social. Análisis internacional. España.

Czajkowski, A. (Dirección). (2012). Documental educación emocional [Película].

Diekstra, R. (2008). Educación Emocional y social. Barcelona: Fundación Marcelino Botín.

Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Barcelona: Kairos.

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