Variantes de la consulta ambulatoria
Trabajo monográfico
Los objetos de consumo: expresiones de angustia frente al
deseo de consumo de dos sujetos toxicómanos que
participan en un grupo monosintomatico
Alumno:
Luis Fernando Chavez Hoyos
94974076
Comisión practico 13:
Silvina Lopez Giacioa
2018
Introducción
El presente escrito parte de una elección sobre una de las variantes de los dispositivos clínicos,
específicamente en las problemáticas ligadas al consumo y la posibilidad de poder acceder de
manera presencial a su praxis, participando como observador y siguiendo uno solo de los altos en
el camino de cómo transcurre en una de estas observaciones la dirección de la cura.
El propósito de este texto es revisar algunas cuestiones teóricas sobre la problemática de
consumo y el papel que tienen los objetos de consumo en el discurso de dos toxicómanos
internados en el centro Ayres, quienes participan en un grupo de trabajo terapéutico
compartiendo sus experiencias. Pongo también la mirada en las expresiones en relación a la
inseguridad que sienten al visitar sus hogares y se argumentará desde el discurso analítico, como
aparecen estados de incertidumbre y de falta de soporte, finalmente se mostrará como el grupo de
pares emerge como elemento de identificación y de sostén.
Caso P y K
P es un hombre de 44 años quien presenta una historia de múltiples ingresos y egresos a la
institución, consume THC desde los 16 años y posteriormente fue incluyendo en su consumo
anfetaminas y cocaína.
En la sesión grupal, P refiere que durante el pasado fin de semana en la casa de su madre, tuvo
un sueño en el que estaba consumiendo. Ante la fuerza de la experiencia llamó al centro porque
quería hacerlo y allí fui contenido. En ese momento el refiere que se le cruzó por la cabeza la
idea de una balanza, en una puso a su mujer y en la otra el deseo de consumir. Refiere sentirse
deprimido, abatido, “luego de ese sueño quedé mal, tirado para abajo y con un humor de mierda”
“sentía que se me removían las tripas” “en últimas me compró una petaca de alcohol y me voy a
la mierda”
Uno de sus compañeros le toca el hombro y luego su pierna, le dice: no te va a servir de nada el
alcohol
K comenta: “además no tenés que hacerlo por tu esposa, hacelo por vos”
P llora
K es una mujer de 36 años, consume desde los 14, empezó con THC y posteriormente reporta
consumo de cocaína. Ingresó al centro de manera voluntaria pues solicitó ayuda, primero a su
madre y luego a sus hermanas pues consumía de manera diaria. No conoció a su padre
biológico, ella le llamaba papa al esposo de su mama y lo sitúa como demasiado estricto. Luego
este hombre falleció hace 3 años
Ella luego de la intervención de P se pregunta ¿Por qué ahora vuelve su deseo de consumir?
(llora) “fui a casa de mi mama, salí, compartí, la pase bien, hice muchas cosas, escribí” “yo
también tuve un sueño de consumo en casa de mi mamá, pero no llamé al centro” “luego cuando
desperté no quería ir a ningún lado, pero me obligué para ir, me sentía copada de hacer el
trámite” “el alcohol no es suficiente, no lo deseo” “yo estaba bien, allá en el cuartito que construí
para mí, construí mi propio lugar”. K luego se refiere a su mama: “mi mama me trata como a una
nena” “uh vas a estar acá, dice ella, que bueno”, pero yo no quiero ir más a casa” quiero arreglar
otro espacio, irme de allá, y solo estar de visita (llora)
Uno de sus compañeros la abraza y le dice: “vas a estar bien, ya estas acá te vamos a cuidar”
El malestar
La existencia de los sujetos está atravesada por innumerables experiencias en las que ha tenido
que soportar duras y dolorosas pruebas y es quizás por ello que permanentemente estamos
buscando alcanzar estados de perfección donde no tengamos que lidiar más con el dolor. Una
Vida sin dolor, dice Osvaldo Rodriguez (2017), es una aspiración imaginaria o la fantasía del
reencuentro con el paraíso perdido que no fue.
En el malestar en la cultura (Freud, 1990:14) ya se mencionaba este dilema de la humanidad
cuando anunciaba que “tal como nos ha sido impuesta, la vida nos resulta demasiado pesada” y
consideraba que para poder soportarla, sería necesario el empleo de “lenitivos” que identifica en
tres clases: distracciones poderosas, satisfacciones sustitutivas y narcóticos.
Las drogas son sustancias que poseen la particularidad de influir en el organismo y producir un
efecto embriagador. Bien podemos ver este modo de estrategia en P, quien en primera instancia
aparece el deseo del narcótico y como opción paliativa ante el dolor provocado por su ausencia,
el alcohol perfectamente le cubre esta necesidad como paliativo. Los narcóticos, de este modo,
cumplen muy bien la función de “quitapenas”, pues gracias a esta estrategia le permite a los
sujetos escapar al peso de su realidad.
Los objetos de consumo
La particularidad de esta problemática de consumo está dada en la función que viene a cumplir el
toxico en la organización psíquica. Le Poulichet (1996) sostiene que el Farmakon representa una
“cancelación toxica” del dolor y una restauración de un objeto alucinatorio. Sobreviene entonces
como en respuesta a una falta de elaboración del cuerpo que evoca, una perturbación del
narcisismo o una falta de elaboración del cuerpo pulsional, ligadas ambas directamente a una
insuficiencia de la función simbólica.
Más adelante, en el mismo texto plantea que en la psique del toxicómano opera una especie de
necesidad total de inercia, un estado ideal de nada. El sujeto entonces, vivencia un repliegue
narcisista de la libido y un retiro de los intereses del mundo exterior (Le Poulichet, 1996:57).
Podemos ver como este “repliegue” aparece en el discurso de K luego del sueño de consumo:
“luego cuando desperté no quería ir a ningún lado”.
Osvaldo Rodríguez (2009) plantea una interpretación a este deseo de nada por parte de los
toxicómanos, considera que es una realidad propia del malestar que se genera en nuestra
sociedad actual y que ha invertido la secuencia de la constitución del objeto que ha descrito el
psicoanálisis: a grandes rasgos, la construcción del objeto va de la necesidad al deseo y se
articula en la demanda del Otro, es un correlato que articula la falta originaria de cada sujeto.
Esta búsqueda en el Otro de aquello que falta, está asentado en una realidad específica propia de
los valores de cada cultura y de los ideales de la época. Para nuestras coordenadas actuales de la
subjetividad, dice Rodríguez, la cultura impone a los sujetos los objetos de consumo como si
fueran necesarios y he aquí el advenimiento de la inversión del circuito del psicoanálisis, ahora
es primero el objeto de deseo y posteriormente el estatuto de necesidad (2009:45)
En apariencia el sujeto es completado por los objetos, es un ser que se manifiesta como
consistente y que en ultimas su tendencia, respetando las singularidades de cada sujeto, es a
rechazar el objeto que viene o a perderse en esta compulsión de objetos buenos que lo hunden
hacia adentro y le hacen perder contacto con otra realidad.
Como consecuencia de este nuevo malestar, emerge un engrosamiento de la demanda, pues está
sobrealimentada, y su peso asfixia al sujeto aplastando su deseo; el sujeto actual responde con su
deseo de nada.
El dispositivo de rehabilitación y la vuelta a casa
El espacio terapéutico donde están internados K y P corresponde a la dinámica de intervención
que propone el psicoanálisis como lo plantea Botto (2003:34), un lugar que incluya la
internación y de hospital del día, un aparato institucional que pueda funcionar como limite al
daño en el cuerpo y al consumo en su faceta de goce destructivo, para establecer las condiciones
mínimas de instauración de un sujeto de palabra.
La comunidad terapéutica que tratamos aquí, tiene bajo su cuidado pacientes duales que por un
lado presentan problemas psiquiátricos y pacientes con problemas de consumo y además tiene
presente esta idea de trabajo terapéutico. Para sus directores, no se está tratando solamente el
problema del consumo de la droga, sino su problemática de dolor.
Dentro de las actividades terapéuticas del centro se encuentra un abanico amplio de opciones,
desde las intervenciones de diferentes disciplinas: musicoterapia, terapia ocupacional, psicología
y psiquiatría asimismo diferentes abordajes teóricos y estrategias. Una de ellas es la de terapia
grupal con grupos monosintomaticos. Recalcati (2003:319) afirma que la estrategia del grupo
monosintomatico, orientado analíticamente, es la de registrar las identificaciones de la masa
aceptando de forma preliminar su lógica, pues posteriormente con el devenir de las
intervenciones de los miembros del grupo y del terapeuta, el propósito del grupo es la producción
de la división subjetiva. De este modo la intención de la intervención es preservar la dimensión
de excepción, es decir la singularidad de cada sujeto (Botto, 2003). El riesgo de estos grupos al
quedarse en la fase inicial de identificación, realimentan la consistencia y homogeneizan el goce
(Rodriguez, 2009) por tanto, la apuesta de la practica psicoanalítica es la acción del uno por uno,
debería ser entonces a recuperar lo los goces heterogéneos desestandarizados.
Especialmente en la sesión grupal con pacientes con problemáticas ligadas al consumo,
circulan los sentidos de su experiencia de consumo, lo que de alguna manera les da un lugar de
adictos definiéndolos bajo esta etiqueta y en la cual manifiestan desde este lugar de
identificación sus ansiedades entorno al proceso de desinstitucionalización y su posterior regreso
a casa.
Este periodo de transición que implica salidas a su hogar, en palabras de los directores del centro,
es un período nada fácil, pues el adicto tiene que volver a integrarse en la sociedad y se siente
más vulnerable porque ha salido de la burbuja que lo protegía. También es el reencuentro con
viejos amigos y hábitos.
Es evidente esta sensación en k, quien en su relato el elemento disparador del sueño que tuvo de
consumo fue especialmente este regreso a casa de su mamá. Posteriormente, al decir de ella “yo
estaba bien, allá en el cuartito que construí para mí, construí mi propio lugar”…”yo no quiero
irme más a casa, quiero arreglar otro espacio, irme de allá, y solo estar de visita”
En una tentativa de interpretación de este fragmento, K percibe ese espacio como un riesgo,
quizás como lo planteaba Rodriguez (2009:46), refiriéndose a la metáfora de Lacan de la boca
del cocodrilo, la casa de su madre (su madre) es un algo amenazante por su deseo voraz de
hacerla vivir en su deseo, de consumirla - “mi mama me trata como una nena”- dice K y que
quizás solo podría ser apaciguado por ese palo que traba la boca y que Lacan dio por llamar la
metáfora paterna. Ante la ausencia u opacamiento de este significante padre que la proteja, K
recurre a su alternativa y es la construcción de su propio espacio para mantenerse a salvo.
Un resultado posible de este mundo lleno de objetos de consumo configura una nueva
prevalencia identificatoria colectiva en los sujetos, y es la de existir para y por el consumo.
Stehlik (2016:28) afirma que la pertenencia al mundo se encuentra enmarcada por la capacidad
de consumo y sería una herramienta básica en la configuración de mecanismos para sostener su
propia lógica, condición necesaria para garantizar el modo de producción capitalista
contemporáneo.
Conclusión
El consumo de las sustancias opera como sostén de los sujetos en el mundo y cuando hay una
necesidad fuerte de este objeto que no alcanza a ser suplido por el toxico, otro objeto va a ocupar
su lugar. Así podemos verlo en el caso de P, quien ante su “deseo” de volver a consumir y
probablemente por la inoperancia para el del dispositivo de contención, “una petaca” podría
servir como anulador del malestar. Se hace evidente en este apartado, como la droga aparece
como un objeto que concierne menos al sujeto de la palabra que al sujeto del goce, pues aun
cuando hubo un pedido de ayuda a la institución, la palabra no operó como aliviador de la
angustia y nuevamente otro objeto de consumo aparece sobre la mesa como una posibilidad de
anular la molestia y también de anularse a si mismo: “en ultimas me compro una petaca de
alcohol y me voy a la mierda”
Finalmente encontramos en el discurso de K y de P una diferencia frente a su lugar frente al
objeto de consumo que es importante anotar. Frente a dos situaciones que son muy similares, el
sueño de consumo y el regreso a casa de la madre, K deja asomar una pregunta sobre su propia
acción: ¿Por qué ahora vuelve su deseo de consumir? Ella está enunciándose desde un lugar de
responsabilidad, donde el yo emerge con una duda que le podría abrir un camino hacia el
encuentro de su posición subjetiva frente a su objeto. Por su parte P se sumerge en el abatimiento
y la depresión, su lugar está en relación con el Otro que lo sostiene y lo funde. El yo no se
consolida como un lugar de contención y los otros se mantienen es ese lugar de sobreprotección.
Él se queda sin hacer nada reforzado en su impotencia, muy posiblemente está perdido en las
fauces de la boca del cocodrilo
Bibliografía
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Donghi, A & Saravia Noemi (2017) Un dispositivo que hace de soporte a la subjetividad. En
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JCE ediciones
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Vázquez, L, Rodríguez, O: Variantes de la clínica ambulatoria. Buenos Aires, JCE ediciones
Rodriguez, O. (2017) “toxica” reedición de la vivencia del dolor en Donghi, A. Variantes de la
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Stehlik, C. (2016) Los objetos. Sostenes en el mundo del consumo. En Alcaraz, L., Stehlik, C.
Problemáticas del consumo, intervenciones posibles. Buenos Aires, JCE ediciones