El hombre ha usado los árboles en su provecho desde la más remota antigüedad, ya
sea alimentándose de sus frutos o calefaccionándose con su madera (luego fue
reemplazada para este fin por el carbón). También para fabricar viviendas,
embarcaciones, armas, utensilios, muebles y vías férreas. Muchas veces se han
desmontado bosques con fines de siembra.
Los árboles pueden crecer en forma natural o ser plantados por el hombre. Cuando se
talan árboles que crecieron naturalmente la actividad forestal es considerada
extractiva. Si bien los bosques son recursos renovables, la sobreexplotación ha hecho
que no se les de tiempo a regenerarse. Si bien los primeros bosques donde se
practicó la actividad forestal fueron los ubicados en zonas templadas, a partir del siglo
XX también fueron objeto de esta acción, los boreales y los tropicales, donde
actualmente la actividad es más intensa.