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Introdu Con Geog Laura Varela 1ero

Este documento presenta una lista de textos a leer para una asignatura de introducción al conocimiento geográfico impartida en el Instituto Superior del Profesorado. Los textos tratan sobre temas como el espacio geográfico, la globalización, la ciudad global y la nueva economía. El documento instruye a los estudiantes a realizar resúmenes de cada texto, identificar conexiones entre ellos, elaborar un concepto de espacio geográfico y analizar el contexto en el que se desarrollaron el estado y la ciudad global.

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Introdu Con Geog Laura Varela 1ero

Este documento presenta una lista de textos a leer para una asignatura de introducción al conocimiento geográfico impartida en el Instituto Superior del Profesorado. Los textos tratan sobre temas como el espacio geográfico, la globalización, la ciudad global y la nueva economía. El documento instruye a los estudiantes a realizar resúmenes de cada texto, identificar conexiones entre ellos, elaborar un concepto de espacio geográfico y analizar el contexto en el que se desarrollaron el estado y la ciudad global.

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INSTITUTO SUPERIOR DEL PROFESORADO.

N-3
INTRODUCCIÓN AL CONOCIMIENTO GEOGRAFICO.

PROFESORA: LAURA ROSALIA VARELA


PERIODO LECTIVO 2009

LEER LOS SIGUIENTES TEXTOS:

• ESPACIO Y METODO MILTON SANTOS


• PODER Y ESPACIO JUAN EUGENIO SÁNCHEZ
• ESPACIO Y NUEVAS TECNOLOGÍAS JOAN-EUGENI SÁNCHEZ
• UN ESPACIO PARA EL ESPACIO SOCIAL DEBATES Y PERSPECTIVAS
CONTEMPORÁNEAS EDGAR NOVOA TORRES
• LAS NUEVAS FUNCIONES DEL ESTADO FREDERICK C. TURNER Y
ALEJANDRO L. CORBACHO
• MAPAS COGNITIVOS. QUÉ SON Y CÓMO EXPLORARLOS.
CONSTANCIO DE CASTRO AGUIRRE
• GLOBALIZACIÓN Y DUALIZACIÓN EN EL ESPACIO URBANO
• FORMACIÓN DE LA CIUDAD GLOBAL Y EL RE-ESCALAMIENTO DEL
ESPACIO DEL ESTADO EN LA EUROPA OCCIDENTAL POST-
FORDISTA ** CHRIS BENNER
• LA CIUDAD MULTICULTURAL JORDI BORJA Y MANUEL CASTELLS,
• LA CIUDAD DE LA NUEVA ECONOMIA: MANUEL CASTELLS

ESTABLECER UNA SINTESIS DE CADA UNO.


BUSCAR UN EJE CONECTOR ENTRE LOS TEXTOS PRESENTADOS.
ELABORAR UNA APROXIMACION AL CONCEPTO DE ESPACIO
GEOGRAFICO.
CUAL ES EL CONTEXTO DONDE SE DESARROLLO EL ESTADO Y LA
CIUDAD GLOBAL?

1
ESPACIO Y METODO
Milton Santos

ÍNDICE
NOTA SOBRE EL AUTOR Y SOBRE ESTE NÚMERO
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL CONCEPTO DE ESPACIO
EL ESPACIO Y SUS ELEMENTOS: CUESTIONES DE MÉTODO
Qué es un elemento del espacio
Los elementos del espacio: enumeración y funciones
Los elementos del espacio: su reductibilidad
Los elementos del espacio: las interacciones
De concepto a la realidad empírica
Los elementos como variables
El necesario esfuerzo de clasificación
El examen de las variables desde el ángulo de las técnicas y de la organización: la cuestión del
lugar
El espacio como un sistema de sistemas o como un sistema de estructuras
Elementos y estructuras
Una observación adicional: las cuestiones prácticas
DIMENSIÓN TEMPORAL Y SISTEMAS ESPACIALES EN EL TERCER MUNDO
La dimensión temporal
Los fundamentos de una periodización
Los periodos históricos
El período científico-técnico actual
Las transformaciones del espacio
Modernización y polarización
El espacio como un sistema: el espacio derivado
ESPACIO Y CAPITAL: EL MEDIO CIENTÍFICO-TÉCNICO
Del medio técnico al medio científico-técnico
Trabajo intelectual, unificación del trabajo y organización del espacio
Fases en la producción del espacio productivo: la fase actual
Unificación del capital y ordenación espacial
El espacio «conocido»
La expansión del capital fijo
La expansión del medio científico-técnico y las desarticulaciones resultantes
La cuestión de la federación
La clases invisibles
Aculturación
La urbanización y la ciudad
Problemas de análisis
El análisis en función de las instancias de la sociedad
El análisis desde el punto de vista de la estructura, del proceso, de la función y de la forma
BIBLIOGRAFIA

NOTA SOBRE EL AUTOR Y SOBRE ESTE NÚMERO


Milton de Almeida Santos nació en Bahía (Brasil) en 1926. Realizó sus estudios en la universidad
de Bahía y presentó su tesis doctoral en la universidad de Estrasburgo (1958). En una carrera
profesional tan brillante como productiva se ha distinguido como docente, como investigador y
como técnico.
Como profesor ejerció cargos en la Universidad Católica de Bahia (1954-60), Universidad Estatal
de Bahía (1961-64) y en las universidades de Toulouse (1964-67), Burdeos (1967-68), París-
Sorbona (1968-71), Toronto (1972-73), Columbia (1974), y Río de Janeiro (1979-84), siendo en la
actualidad catedrático de la universidad de São Paulo. Ha sido también profesor visitante o
colaborador de otras instituciones universitarias como la Escuela de Geografía de la Universidad
de los Andes, en Mérida (Venezuela), del Institut d'Etudes du Developpement Economique et

Social de la Universidad de París, e investigador en el Departement of Urban Studies and


Planning del Massachusetts Institute of Tecnology.

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Como técnico ha trabajado en varios países del África tropical (Senegal, Costa de Marfil,
Dahomey, Ghana, Togo, Guinea-Bissau), del Mediterráneo (Túnez, Argelia) y de América
(Cuba, México, Colombia, Venezuela).
Milton Santos es, sin duda, el más distinguido geógrafo brasileño actual y uno de los
investigadores iberoamericanos más importantes a nivel internacional. Ha escrito hasta hoy 33
libros y un número muy elevado de artículos científicos y de memorias de investigación.
Entre sus aportaciones al campo de la geografía urbana se destacan tres libros, que son ya
clásicos sobre esta temática:
- Les villes du Tiers Monde, Géographie Économique et sociale, tomo X, París, Ed. Génin,
1971, 423 págs.
- Geografía y economía urbana en los países subdesarrollados, Barcelona, Ed. Oikos-Tau,
1973, 288 págs.
- The Shared Space: the two circuits of the urban economy and its spatial repercussions,
Londres, Methuen, 1979, 266 págs.
Ha publicado también conocidos estudios críticos sobre los problemas de los países
subdesarrollados:
- Croissance démographique et consommation alimentaire dans les pays sous-développés; I,
Les données de base; II, Milieux géographiques et alimentation, París, Centre de
Documentation Universitaire, 1967, 320 + 341 págs.
- Aspects de la géographie et de l'économie urbaine des pays sous-développés. 2 fasc. (100 e
92 p), París, Centre de Documentation Universitaire, 1969, 2 fasc. (100 + 92 págs.).
- L'Espace partagé, París, Éditions Librairies Technique M.Th.Génin, 1975, 405 págs.
Finalmente, ha realizado también contribuciones teóricas y críticas sobre diversos aspectos del
pensamiento geográfico:
- Por una geografía nova, São Paulo, Hucitec-Edusp, 1978, 236 págs. (2.ª edición: 1980). Trad.
francesa (Pour une géographie moderne, Paris, Editions Publisud, 1985).
- Economia espacial: críticas e alternativas, Sáo Paulo, Hucitec, 1978, 167 págs.
- Espaço e sociedade, Petropolis, Ed. Vozes, 1979 (2.ª edición, 1982).
- Pensando o espaço do homen, Sáo Paulo, Hucitec, 1982, 68 págs.
- Espaço e Método, São Paulo, Livraria-editora Nobel, 1985, 88 págs.
El presente número es una traducción parcial del texto Espaço e Método. De la obra original en
portugués han sido traducidos el texto introductorio y los tres primeros capítulos. La
bibliografía, que en la versión original aparece dividida por capítulos, se ha agrupado aquí al
final del texto. La traducción ha sido realizada por Luis Urteaga, Profesor Titular de Geografía
Humana en la Universidad de Barcelona (Estudio General de Lérida).

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL CONCEPTO DE ESPACIO


El propio concepto de espacio, tal como nosotros lo hemos propuesto en otros lugares (Santos,
1978 y 1979), parece ser una de las fuentes de duda más frecuentes entre los estudiosos del
tema. Entre las cuestiones paralelas a la discusión principal surgen muy frecuentemente
algunas que podríamos resumir del siguiente modo: ¿qué caracteriza, particularmente, el
estudio de la sociedad a través de la categoría espacio? ¿cómo considerar, en la teoría y en la
práctica, los ingredientes sociales y «naturales» que componen el espacio para describirlo,
definirlo, interpretarlo y, finalmente, encontrar lo espacial? ¿qué caracteriza el análisis del
espacio? ¿cómo pasar del sistema productivo al espacio? ¿cómo abordar el problema de la
periodización, de la difusión de las variables y el significado de las «localizaciones»?
La respuesta es sin duda ardua, en la medida que el vocablo espacio se presta a una variedad
de acepciones... a las que venimos a añadir una más. Resulta también ardua en la medida que
sugerimos que el espacio así definido sea considerado como un factor de la evolución social, y
no solamente como una condición. Intentemos, sin embargo, dar respuesta a las diversas
cuestiones.
Consideramos el espacio como una instancia de la sociedad, al mismo nivel que la instancia
económica y la instancia cultural-ideológica. Esto significa que, en tanto que instancia, el
espacio contiene y está contenido por las demás instancias, del mismo modo que cada una de
ellas lo contiene y es por ellas contenida. La economía está en el espacio, así como el espacio
está en la economía. Lo mismo ocurre con lo político-institucional y con lo culturalideológico.
Eso quiere decir que la esencia del espacio es social. En ese caso, el espacio no puede estar
formado únicamente por las cosas, los objetos geográficos, naturales o artificiales, cuyo
conjunto nos ofrece la naturaleza. El espacio es todo eso más la sociedad: cada fracción de la

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naturaleza abriga una fracción de la sociedad actual. Tenemos así, por una parte, un conjunto
de objetos geográficos distribuidos sobre un territorio, su configuración geográfica o su
configuración espacial, y el modo como esos objetos se muestran ante nuestros ojos, en su
continuidad visible, esto es, el paisaje; por otra parte, lo que da vida a esos objetos, su principio
activo, es decir, todos los procesos sociales representativos de una sociedad en un momento
dado. Esos procesos, resueltos en funciones, se realizan a través de formas. Estas formas
pueden no ser originariamente geográficas, pero terminan por adquirir una expresión territorial.
En realidad, sin las formas, la sociedad, a través de las funciones y procesos, no se realizaría.
De ahí que el espacio contenga a las demás instancias. Está también contenido en ellas, en la
medida que los procesos específicos incluyen el espacio, sea el proceso económico, sea el
proceso institucional, sea el proceso ideológico.
Un elemento de discusión aducido frecuentemente tiene que ver con el hecho de que, al definir
el contexto, podríamos estar incluyendo dos veces la misma categoría o instancia. Por ejemplo,
cuando definimos el espacio como la suma del paisaje (o, mejor aún, de la configuración
geográfica) y de la sociedad. Pero eso, justamente, indica la imbricación entre las instancias.
Como las formas geográficas contienen fracciones de lo social, no son solamente formas, sino
formas-contenido. Por esto, están siempre cambiando de significado, en la medida que el
movimiento social les atribuye, en cada momento, fracciones diferentes del todo social. Puede
decirse que la forma, en su cualidad de forma-contenido, está siendo permanentemente
alterada, y que el contenido adquiere una nueva dimensión al encajarse en la forma. La acción,
que es inherente a la función, está en armonía con la forma que la contiene: así, los procesos
sólo adquieren plena significación cuando se materializan.
El movimiento dialéctico entre forma y contenido que preside el espacio, es igualmente el
movimiento dialéctico del todo social, aprehendido en y a través de la realidad geográfica.
Cada localización es, pues, un momento del inmenso movimiento del mundo, aprehendido en
un punto geográfico, un lugar. Por eso mismo, gracias al movimiento social, cada lugar está
siempre cambiando de significado: en cada instante las fracciones de la sociedad que
incorpora no son las mismas.
No debe confundirse localización y lugar. El lugar puede ser el mismo, las localizaciones
cambian. El lugar es un objeto o conjunto de objetos. La localización es un haz de fuerzas
sociales ejerciéndose en un lugar.
Además, como una misma variable cambia de valor según el período histórico (sinónimo de
áreas temporales de significación, o, aún, de los modos de producción y sus momentos), el
análisis, cualquiera que sea, exige una periodización, so pena de errar frecuentemente en
nuestro esfuerzo interpretativo. Tal periodización es tanto más simple cuanto mayor sea la
extensión territorial del estudio (los modos de producción existen a escala mundial), y tanto
más compleja y susceptible de subdivisiones cuanto más reducida es la dimensión del
territorio. Cuanto más pequeño es el lugar examinado, tanto mayor es el número de niveles y
determinaciones externas que inciden sobre él. De ahí la complejidad del estudio de lo más
pequeño.
Además cada lugar tiene, en cada momento, un papel propio en el proceso productivo. Este,
como es sabido, está formado de producción propiamente dicha, circulación, distribución y
consumo.
Sólo la producción propiamente dicha tiene relación directa con el lugar, y de él adquiere una
parte de las condiciones de su realización. El estudio de un sistema productivo debe considerar
ésto, tanto si nos referimos al dominio agrícola o al dominio industrial. Sin embargo, los demás
procesos se dan según un juego de factores que interesa a todas las otras fracciones del
espacio. Por eso mismo, además, el propio proceso directo de producción es afectado por los
demás (circulación, distribución y consumo), justificando los cambios de localización de los
establecimientos productivos.
Como los circuitos productivos se dan en el espacio de forma desagregada, aunque no
desarticulada, la importancia que tiene cada uno de aquellos procesos, en cada momento
histórico y para cada caso particular, ayuda a comprender la organización del espacio.
Por ejemplo, la tendencia a la urbanización en nuestros días, e incluso su perfil, ha sido
explicada por la importancia adquirida por el consumo, por la distribución y por la circulación, al
mismo tiempo que el trabajo intelectual adquiere una mayor presencia en detrimiento del
trabajo manual. Por otra parte, la propia segmentación tradicional del proceso productivo
(producción propiamente dicha, circulación, distribución, consumo) debería ser corregida para
incluir, en lugar destacado, como ramos autonomizados del proceso productivo propiamente
dicho, la investigación, el control, la coordinación, la previsión, paralelamente a la

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mercadotecnia y a la propaganda. Ahora bien, la organización actual del espacio y la llamada
jerarquía entre lugares debe mucho, en su realidad y en su explicación, a estos nuevos
eslabones del sistema productivo.
Volvamos a las cuestiones iniciales: ¿contienen al espacio?; ¿el espacio los contiene?; ¿no
son éstas preguntas que se resuelven por su propio enunciado, frente al análisis de lo real? En
realidad, éste solamente puede ser aprehendido si separamos, analíticamente, lo que aparece
como característicamente formal, de su contenido social. Debiendo este último ser objeto de
una clasificación lo más rigurosa posible, que permita considerar la multiplicidad de
combinaciones. Cuanto más ajustada sea esa clasificación, más fecundo será el análisis y la
síntesis.
La selección de variables no puede ser, todavía, aleatoria, pero debe considerar el fenómeno
estudiado y su significación en un momento dado, de manera que las instancias económica,
institucional, cultural y espacial sean adecuadamente tenidas en cuenta.
EL ESPACIO Y SUS ELEMENTOS: CUESTIONES DE MÉTODO
El espacio debe ser considerado como una totalidad, a modo de la propia sociedad que le da
vida. Considerarlo así es una regla de método cuya práctica exige que se encuentre,
paralelamente, a través del análisis, la posibilidad de dividirlo en partes. Ahora bien, el análisis
es una forma de segmentación del todo que permite, al final, la reconstrucción de ese todo. La
división analítica del espacio puede ser operada según diversos criterios. El que vamos a
privilegiar aquí, a través de lo que llamamos «los elementos del espacio», es solamente una de
esas diversas posibilidades.
Qué es un elemento del espacio
Antes incluso de tratar de definir lo que es un elemento del espacio valdría la pena, tal vez,
discutir la propia noción de elemento. Según los teóricos, los elementos serían la «base de
toda deducción»; «principios obvios, luminosamente obvios, admitidos por todos los hombres»
(Bertrand Rusell, 1945). Esta definición equipara elemento a categoría. Tomando la expresión
categoría en el sentido de verdad eterna, presente en todos los tiempos, en todos los lugares, y
de la cual se parte para la comprensión de las cosas en un momento dado, siempre que se
tomen en consideración los cambios históricos. Según Rusell, en el caso de los elementos esa
posición habría sido aceptada a lo largo de la Edad Media, e incluso más tarde, como en el
caso de Descartes.
Leibniz considera que su propiedad esencial es la fuerza, y no la extensión. Los elementos
dispondrían, en tal caso, de una inercia por la cual pueden permanecer en sus propios lugares,
en tanto que, el mismo tiempo, existen fuerzas que intentan dislocarlos, o penetrar en ellos. De
ese modo, siendo espaciales (por el hecho de que disponen de extensión), los elementos
también están dotados de una estructura interna, mediante la cual participan de la vida del todo
del que son parte y que les confiere un comportamiento diferente (para cada cual), como
reacción al propio juego de las fuerzas que los comprenden. La definición de elemento sería
pues, más allá de la sugestión de Harvey (1969), algo más que «la unidad básica de un
sistema en términos primitivos que, desde un punto de vista matemático, no necesita definición,
de la misma forma que la concepción de punto en Geometría».
Los elementos del espacio: enumeración y funciones
Los elementos del espacio serían los siguientes: los hombres, las empresas, las instituciones,
el llamado medio ecológico y las infraestructuras.
Los hombres son elementos del espacio, sea en la condición de suministradores de trabajo,
sea en la de candidatos a ello; trátese de jóvenes, o de parados. La verdad es que tanto los
jóvenes, como los que ocasionalmente se encuentran sin empleo o los que ya están jubilados,
no participan directamente de la producción, pero el simple hecho de estar presentes en el
lugar tiene como consecuencia la demanda de un cierto tipo de trabajo para otros. Esos
diversos tipos de trabajo y de demanda son la base de una clasificación del elemento humano
en la caracterización de un espacio dado.
La demanda de cada individuo como miembro de la sociedad es satisfecha en parte por las
empresas y en parte por las instituciones. Las empresas tienen como función esencial la
producción de bienes, servicios e ideas. Por su parte, las instituciones producen normas,
órdenes y legitimaciones.
El medio ecológico es el conjunto de complejos territoriales que constituyen la base física del
trabajo humano. Las infraestructuras son el trabajo humano materializado y localizado en forma
de casas, plantaciones, caminos, etc.
Los elementos del espacio: su reductibilidad

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La simple enumeración de las funciones que afectan a cada uno de los elementos del espacio
muestra que esto son, en cierta forma, intercambiables y reducibles unos a otros. Esta
intercambiabilidad y reductibilidad aumentan, en realidad, con el desarrollo histórico; como
resultado lógico de la complejidad creciente en todos los niveles de la vida. De este modo, los
hombres también pueden ser considerados como empresas (el vendedor de la fuerza de
trabajo), o como instituciones (por ejemplo en el caso del ciudadano); del mismo modo que las
instituciones aparecen como compañías y éstas como instituciones. Este último es el caso de
las compañías transnacionales o de las grandes corporaciones, que no sólo se imponen reglas
internas de funcionamiento, sino que intervienen en la creación de normas sociales a un nivel
más amplio que el de su acción directa, compitiendo con las instituciones, e incluso con el
Estado. La fijación del precio de las mercancías por los monopolios les confiere una atribución
que es propia de las entidades de derecho público, en la medida que interfieren en la economía
de cada ciudadano y de cada familia, e incluso de otras empresas, compitiendo con el Estado
en el control de la economía.
En el momento actual las funciones de las compañías y de las instituciones aparecen
entrelazadas y confundidas, en la medida en que las empresas, directa o indirectamente,
también producen normas; y las instituciones son, como el Estado, productoras de bienes y
servicios.
Al mismo tiempo que los elementos del espacio se hacen más intercambiables, las relaciones
entre ellos se vuelven también más íntimas y mucho más extensas. De este modo, la noción de
espacio como totalidad se impone de forma más evidente; y por el hecho de que resulta más
intrincada, se hace más exigente su análisis.
Los elementos del espacio: las interacciones
El estudio de las interacciones entre los diversos elementos del espacio es un dato
fundamental del análisis. En la medida que función es acción, la interacción supone
interdependencia funcional entre los elementos. A través del estudio de las interacciones
recuperamos la totalidad social, esto es, el espacio como un todo, e, igualmente, la sociedad
como un todo. Pues cada acción no constituye un dato independiente, sino un resultado del
propio proceso social.
Hablando de lo que anteriormente se llamaba región urbana, el geógrafo P. Haggett (1965)
dice que en Geografía Humana la región nodal sugiere un conjunto de objetos (ciudades,
aldeas, haciendas, etc.) relacionados a través de flujos circulatorios (dinero, mercancías,
emigrantes) y de la energía que satisface las necesidades biológicas y sociales de la
comunidad. Ahora bien, esas necesidades son todas satisfechas a través del acto de producir.
Es de ese modo como se definen las formas de producir y paralelamente las de consumir, las
normas relativas a la división de la sociedad en clases, y la red de relaciones existentes. Es
también así como se definen las inversiones que deben realizarse. Tales inversiones, cuya
tendencia a darse en forma de capital fijo es cada vez mayor, modifican el medio ecológico a
través de sistemas de ingeniería que se superponen unos a otros, total o parcialmente,
modificando el propio medio y adaptándose a las condiciones emergentes de la producción. De
esa forma, se opera una evolución concurrente del hombre y de lo que podría llamarse la
«naturaleza», mediante la acción de las instituciones y de las empresas.
Cabría preguntarse aquí si es válida la distinción, que hemos realizado al comienzo, entre el
medio ecológico y las infraestructuras, como elementos del espacio. En la medida que las
infraestructuras se integran en el medio ecológico, volviéndose una parte del mismo, ¿no sería
incorrecto considerarlos como elementos distintos? Además, en cada momento de la evolución
de la sociedad el hombre encuentra un medio de trabajo ya construido sobre el cual opera, y la
distinción entre lo que se llamaría natural y no natural se vuelve artificial.
La expresión medio ecológico no tiene la misma significación que se atribuye a naturaleza
salvaje o naturaleza cósmica, como en ocasiones se tiende a admitir El medio ecológico ya es
medio modificado, y cada vez más medio técnico. De esa forma, lo que en realidad se produce
es una adición al medio de nuevas obras de los hombres, la creación de un nuevo entorno a
partir del que ya existía: lo que se acostumbra a llamar «naturaleza primera» por contraposición
a «segunda naturaleza» ya es segunda naturaleza. La primera naturaleza, como sinónimo de
«mundo natural», sólo existió hasta el momento inmediatamente anterior en el que el hombre
se transformó en ser social, a través de la producción social. A partir de ese momento, todo lo
que consideramos como primera naturaleza fue transformado. Ese proceso de transformación,
continuo y progresivo, constituye un cambio cualitativo fundamental de nuestro tiempo. Y en la
medida que el trabajo humano tiene como base la ciencia y la técnica, se transformó por ello
mismo en tecnología históricamente acumulada.

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De concepto a la realidad empírica
Cuando decimos que los elementos del espacio son los hombres, las empresas, las
instituciones, el soporte ecológico, las infraestructuras, estamos considerando cada elemento
como un concepto.
La expresión concepto denota generalmente una abstracción extraida de la observación de
hechos particulares. Sin embargo, debido a que cada hecho particular o cada cosa particular
sólo tienen significado a partir del conjunto en que están incluidos, esa cosa o ese hecho
terminan siendo lo abstracto, mientras que lo real pasa a ser el concepto. No obstante, el
concepto solamente es real en la medida en que es actual. Esto quiere decir que las
expresiones hombre, empresa, institución, soporte ecológico, infraestructura, sólo pueden ser
entendidas a la luz de su historia y del presente.
A lo largo de la historia toda variable está sometida a evolución constante. Por ejemplo, la
variable demográfica está sujeta a cambios e incluso a revoluciones. Si consideramos la
realidad demográfica bajo el aspecto del crecimiento natural o bajo el de las migraciones, en
cada momento de la historia varían sus condiciones respectivas. Así, en el curso de la historia
humana pueden contemplarse diversas revoluciones demográficas, cada una con su
significado específico. Del mismo modo, las formas y los tipos de migraciones varían, así como
su significado respectivo.
Si tomamos algún otro ejemplo, como el de la energía, en cada fase su utilización asume
diversas formas, desde el uso exclusivo de la energía animal, hasta el descubrimiento de
técnicas para dominar las fuentes naturales de energía. Pasamos, después, de una fase en
que la energía utilizada es la energía mecánica o inanimada, como en el caso del motor de
explosión, al uso de la energía cinética y, más recientemente, de la energía nuclear. El mismo
razonamiento se aplica a cualquier otra variable.
Lo que interesa es el hecho de que en cada momento histórico cada elemento cambia su papel
y su posición en el sistema temporal y en el sistema espacial y, en cada momento, el valor de
cada uno debe ser tomado de su relación con los demás elementos y con el todo.
Desde este punto de vista, podemos repetir la expresión de Kuhn (1962) cuando dice que los
elementos o variables «son estados o condiciones de las cosas, pero no las cosas mismas». Y
añade: «En sistemas que comprenden personas, no es la persona lo que constituye un
elemento, sino sus estados de hambre, de deseo, de compañerismo, de información o algún
otro rasgo relevante para el sistema».
Los elementos como variables
Lo dicho hasta ahora permite pensar que los elementos del espacio están sometidos a
variaciones cuantitativas y cualitativas. De ese modo, los elementos del espacio deben ser
considerados como variables. Esto significa, como su nombre indica, que cambian de valor
según el movimiento de la historia. Si ese valor nace de las cualidades nuevas que adquieren,
también representa en sí mismo una cantidad. Pero la expresión real de cada cantidad viene
dada como resultado de las necesidades sociales y de su gradación en un momento dado. Por
esto mismo, la cuantificación correspondiente a cada elemento no puede ser realizada de
modo apriorístico, es decir, antes de captar su valor cualitativo. En este caso, como en
cualquier otro, la cuantificación sólo puede darse a posteriori. Esto es tanto más verdadero
cuanto que cada elemento del espacio tiene un valor diferente según el lugar en que se
encuentra.
La especificidad del lugar puede ser entendida también como una valoración específica (ligada
al lugar) de cada variable. Por ejemplo, dos fábricas montadas al mismo tiempo por una misma
compañía, dotadas de los mismos recursos técnicos, pero localizadas en diferentes lugares,
dan a sus propietarios resultados diferentes. Desde el punto de vista puramente material esos
resultados pueden ser los mismos, por ejemplo, una cierta cantidad producida. Pero el coste de
los factores de producción, como la mano de obra, el agua o la energía, puede variar, así como
también la posibilidad de distribuir los bienes producidos. Por otra parte, aunque dos empresas,
propietarias de dos fábricas similares, dispongan del mismo poder económico y político, la
localización diferenciada constituye un dato que provoca la diferenciación de los resultados. Lo
mismo ocurre, por ejemplo, con los individuos. Hombres que tuvieran la misma formación y aún
las mismas capacidades, pero situados en lugares distintos, no tendrían la misma condición
como productores, como consumidores e incluso como ciudadanos.
De este modo, cada lugar confiere a cada elemento constituyente del espacio un valor
particular. En un mismo lugar, cada elemento está siempre cambiando de valor, porque, de un
modo u otro, cada elemento del espacio -hombres, empresas, instituciones, medio- entra en
relación con los demás, y esas relaciones vienen dictadas en buena medida por las

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condiciones del lugar. Su evolución conjunta en un lugar adquiere características propias,
aunque esté subordinada al movimiento del todo, es decir, del conjunto de los lugares.
Además, esta especifidad del lugar, que se acentúa con la evolución propia de las
variables localizadas, es lo que permite hablar de un espacio concreto. Así, si bien cada
elemento del espacio mantiene el mismo nombre, su contenido y significación están siempre
cambiando. Cabe, entonces, hablar de la mutabilidad del significado de una variable, y ésto
constituye una regla de método fundamental. El valor de la variable no está en función de sí
misma, sino de su papel en el interior de un conjunto. Cuando éste cambia de significado, de
contenido, de reglas o de leyes, también cambia el valor de cada variable.
La cuestión no es, pues, examinar causalidades, sino contextos. La causalidad pondría en
juego las relaciones entre elementos, aunque esas relaciones fuesen multilaterales. El contexto
implica el movimiento del todo. En otras palabras, si estudiamos al mismo tiempo diversas
relaciones bilaterales, como, por ejemplo, entre hombres y naturaleza, o entre empresas y
hombres (capital y trabajo), o entre compañías y Estado (poder económico y poder político), o
entre el Estado v los ciudadanos, estaremos haciendo un análisis
multivariable y considerando, al mismo tiempo, que cada variable tiene un valor por sí misma;
eso, sin embargo, de hecho no ocurre. Solamente a través del movimiento del conjunto, es
decir, del todo, o del contexto, podremos valorar correctamente cada parte y analizarla, para,
en seguida, reconocer concretamente ese todo. Esa tarea supone un esfuerzo de clasificación.
El necesario esfuerzo de clasificación
Cuando nos referimos a hombres, estamos englobando en esa expresión lo que se podría
llamar población o fracción de una población. Sabemos, sin embargo, que una población está
formada por personas que pueden clasificarse según su edad, sexo, raza, nivel de instrucción,
nivel salarial, clase, etc. Las características de la población permiten su conocimiento más
sistemático, y lo mismo ocurre con las empresas que pueden ser individuales o colectivas, y
estas últimas sociedades anónimas, limitadas o cooperativas, corporaciones nacionales o
firmas multinacionales. Y así sucesivamente.
Ahora bien, cada una de esas parcelas o fracciones de un determinado elemento conformador
de espacio ejerce una función diferente y mantiene también relaciones específicas con otras
fracciones de los demás elementos. Por ejemplo, en una sociedad avanzada, los niños y los
ancianos merecen la protección del Estado, en tanto que los adultos están llamados a trabajar,
como un derecho y un deber.
Así, las relaciones de cada tipo de individuos con el Estado no son las mismas. Las relaciones
de cada tipo de empresas con el Estado tampoco son idénticas. Del mismo modo, en cada
momento histórico los valores atribuidos a una profesión o a un grupo de edad, a un nivel de
instrucción o a una raza, no son los mismos. Si considerásemos la población como un todo, las
empresas como un todo, nuestro análisis no consideraría las múltiples posibilidades de
interacción. Al contrario, cuanto más sistemática sea la clasificación tanto más claras
aparecerán las relaciones sociales y, en consecuencia, las llamadas relaciones espaciales.
El exámen de las variables desde el ángulo de las técnicas y de la organización: la cuestión del
lugar
En cada época los elementos o variables son portadores (o están mediatizados) por una
tecnología específica y por una cierta combinación de componentes del capital y del trabajo.
Las técnicas son también variables, dado que cambian a través del tiempo. Sólo
aparentemente forman un continuo. Si bien, nominalmente, sus funciones son las mismas, su
eficiencia es variable. En función de las técnicas utilizadas y de los diversos componentes del
capital movilizados, puede hablarse de una edad de los elementos o de una edad de las
variables. De este modo, cada variable tendría una edad determinada. Su grado de
modernidad sólo puede ser comparable dentro del sistema como un todo, sea del sistema local
en ciertos casos, sea M sistema nacional, o aún, en otros, del sistema internacional.
Un primer dato a tener en cuenta es que la evolución técnica y la del capital no se efectúa
paralelamente para todas las variables. Tampoco esa evolución se efectúa del mismo modo en
todos los lugares. Cada lugar contempla una combinación de variables de edades diferentes.
Cada lugar está marcado por una combinación técnica diferente y por una combinación distinta
de los componentes del capital, lo que atribuye a cada cual una estructura técnica propia,
específica, y una estructura del capital propia, específica; a las cuales corresponde una
estructura propia, específica, del trabaJo. Como resultado, cada lugar es una combinación
particular de diferentes modos de producción o modos de producción concretos. En cada lugar,
las variables A, B, C.... no tienen la misma posición en el aparente continuo, porque están
marcadas por cualidades diversas. Esto resulta del hecho de que cada lugar es una

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combinación de técnicas cualitativamente diferentes, individualmente dotadas de un tiempo
específico; de ahí las diferencias entre lugares. Por eso mismo, la Geografía puede ser
considerada como una verdadera filosofía de las técnicas. Decir que a partir de las técnicas y
de su uso el geógrafo debe filosofar no equivale, sin embargo, a decir que todo depende de la
tecnología, ni en la realidad ni en su explicación.
La presencia de combinaciones particulares de capital y de trabajo son una forma de
distribución de la sociedad global en el espacio, que atribuye a cada unidad técnica un valor
particular en cada lugar, conforme ya vimos anteriormente.
Recordemos, igualmente, que las variables o elementos están ligados entre sí por una
organización. Tal organización es, en ocasiones, puramente local, pero puede funcionar a
diferentes escalas, según sus diversos elementos o fracciones.
La organización se definiría como el conjunto de normas que rigen las relaciones de cada
variable con las demás, dentro y fuera de un área. En su calidad de normas, esto es, de
reglamentación, externa pues al movimiento espontáneo, su duración efectiva no es la misma
que la de su potencialidad funciona¡.
La organización existe, exactamente, para prolongar la vigencia de una función dada,
atribuyéndole una continuidad y regularidad que sean favorables a los detentadores del control
de la organización. Esto se produce a través de diversos instrumentos de efecto compensatorio
que, frente a la evolución propia de los conjuntos locales de variables, ejercen un papel
regulador, privilegiando un cierto número de agentes sociales. La organización, por
consiguiente, tiene un papel de estructuración compulsiva, frecuentemente contraria a las
tendencias del propio dinamismo. Si la organización siguiese inmediatamente la evolución
propiamente estructura¡, constituiría una especie de cemento moldeable, deshaciéndose bajo
el impacto de una nueva variable, para rehacerse cada vez que una nueva combinación se
configurase. En la medida que la organización se convierte en norma, impuesta al
funcionamiento de las variables, este cemento se vuelve rígido.
En la medida en que la economía se vuelve más compleja, se anudan relaciones entre
variables, no sólo localmente, sino a escalas espaciales cada vez más pequeñas. El más
pequeño lugar, en la porción más apartada del territorio tiene, actualmente, relaciones directas
o indirectas con otros lugares de donde llegan materias primas, capital, mano de obra, recursos
diversos y órdenes. De ese modo, el papel regulador de las funciones locales tiende a escapar,
total o parcialmente, menos o más, a lo que aún se podría llamar sociedad local, para caer en
manos de centros de decisión lejanos y extraños a las finalidades propias de la sociedad local.
El espacio como un sistema de sistemas o como un sistema de estructuras
Cuando analizamos un espacio dado, si pensamos sólo en sus elementos, en la naturaleza de
esos elementos o en sus posibles clases, no sobrepasamos el dominio de la abstracción.
Solamente la relación que existe entre las cosas es lo que nos permite realmente conocerlas y
definirlas. Los hechos aislados son abstracciones y lo que les da concreción es la relación que
mantienen entre sí.
Karel Kosik (1967, pág. 61) escribió que «la interdependencia y la mediación de la parte y del
todo significan, al mismo tiempo, que los hechos aislados son abstracciones, elementos
artificialmente separados del conjunto y que únicamente por su participación en el conjunto
correspondiente adquieren veracidad y concreción. Del mismo modo, el conjunto en el cual los
elementos no están diferenciados y determinados es un conjunto abstracto y vacío».
Los diversos elementos del espacio están en relación unos con otros: hombres y empresas,
hombres e instituciones, empresas e instituciones, hombres e infraestructuras, etc. Pero, como
ya observamos, estas relaciones no son solamente bilaterales, una a una, sino relaciones
generalizadas. Por eso, y también por el hecho de que esas relaciones no se producen entre
las cosas en si o por sí mismas, sino entre sus cualidades y atributos, es por lo que puede
decirse que forman un verdadero sistema.
Tal sistema está dirigido por el modo de producción dominante en sus manifestaciones a la
escala del espacio de referencia. Esto nos sitúa ante el problema histórico.
Puede hablarse también de la existencia de subsistemas, formados por los elementos de los
modos de producción particulares. El sistema está dirigido por reglas propias al modo de
producción dominante en su adaptación al medio local. Estaremos, entonces, frente a un
sistema menor o correspondiente a un subespacio, y a un sistema mayor que lo comprende,
correspondiente al espacio. Cada sistema funciona en relación al sistema mayor como un
elemento, en cuanto que él mismo es, en sí, un sistema. En el caso de que el subsistema a que
nos referimos se desdoble en subsistemas, se repite la misma relación; apareciendo cada uno
de los subsistemas como un elemento propio, al mismo tiempo que es también un sistema si se

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consideran sus propias subdivisiones posibles. Y cada sistema o subsistema está formado de
variables que, todas ellas, disponen de fuerza propia en la estructuración del espacio, pero
cuya acción está, de hecho, combinada con la acción de las demás variables.
Las relaciones entre los elementos o variables son de dos naturalezas: relaciones simples y
relaciones globales. También puede decirse, como hace David Harvey (1969, pág. 455) que
estas son: seriales, paralelas y en feedback. Las relaciones seriales son sobre todo relaciones
de causa-efecto, en la medida que un elemento es causa de una modificación en el otro y así
sucesivamente, hasta que el primero sea también afectado. Lo que se origina es una verdadera
serie de acciones. Existe también el caso de acciones resultantes de la acción de un elemento,
por ejemplo: aq afecta una relación preexistenteai-aj. En ese caso se habla de relación
paralela. Existe asimismo otro tipo de relaciones, estudiadas más recientemente por la
cibernética, por ejemplo, la relación ai-ai, en la cual el movimiento y las modificaciones de cada
elemento (o de cada variable o sistema) se dan a partir de su propia estructura interna.
En los dos primeros casos, las acciones son externas, y en el tercero los cambios se producen
por la simple existencia de la variable: existir es cambiar. En el primero de los casos citados,
siguiendo a D. Harvey, se trata de una relación simple, es decir, una relación de causa efecto,
mientras que las relaciones paralelas y de feedback serían relaciones globales.
La verdad es que sea cual sea la forma de la acción entre las variables, o dentro de ellas, no
puede perderse de vista el conjunto, el contexto. Las acciones entre las diversas variables
están subordinadas al todo y a sus movimientos. Si una variable actúa sobre otra, sobre un
conjunto de éstas, o sufre una evolución interna, origina al menos dos resultados prácticos, que
son igualmente elementos constitutivos del método.
En primer lugar, cuando una variable modifica su movimiento, esto repercute inmediatamente
sobre el todo, modificándolo, originando otro, aunque, en cualquier caso, este constituya una
totalidad. Se sale de una totalidad para llegar a otra, que también se modificará. Es por esto
que, a partir de ese impacto «individual» o de una serie de impactos «individuales», el todo
termina por actuar sobre el conjunto de los elementos que lo forman, modificándolos. Ello
permite afirmar que en realidad no hay relación directa entre elementos dentro del sistema,
excepto desde un punto de vista puramente mecánico o material. El valor real, es decir, el
significado de esa relación, viene dado únicamente por el todo. Del mismo modo que las
relaciones entre las partes están condicionadas por el todo, otro tanto ocurre con las relaciones
entre los elementos del espacio.
De este modo, la noción de causa-efecto, que permite una simplificación de las relaciones
entre elementos, es insuficiente para comprender y valorar el movimiento real. Así, puede
decirse que cada variable dispone de dos modalidades de «valor»: una que nace de sus
características propias, técnicas o técnico-funcionales; y otro que viene dado por las
características sistémicas, esto es, por el hecho de que cada elemento o variable puede ser
abordado desde un punto de vista sistémico. Estas características sistémicas son, en general,
condicionadas por el modo de producción y, en particular, por las condiciones propias de la
actividad correspondiente al lugar. Ambas condiciones están definidas para cada formación
económico-social, según sus lugares geográficos y sus momentos históricos.
Elementos y estructuras
Hasta aquí hemos propuesto una definición del espacio corno sistema. Aún así, ese modelo de
espacio como sistema viene siendo duramente criticado por el hecho de que la definición
tradicional de sistema resulta inadecuada. En realidad, si los elementos del espacio son
sistemas (del mismo modo que el espacio), son también verdaderas estructuras. En este caso,
el espacio es un sistema complejo, un sistema de estructuras, sometido, en su evolución, a la
evolución de sus propias estructuras.
Tal vez no sea superfluo insistir en el hecho de que cada estructura evoluciona cuando el
espacio total evoluciona, y que la evolución de cada estructura en particular afecta a la
totalidad. Una estructura, siguiendo a François Perroux (1969, pág. 371), se define por una
«red de relaciones, una serie de proporciones entre flujos y stocks de unidades elementales y
de combinaciones objetivamente significativas de esas unidades». Esto pone en evidencia la
noción de desigualdad de volúmenes o de desigualdad de fuerza funcional de cada elemento.
En otras palabras, una diferencia en la capacidad de crear stocks y de crear flujos. Tales
desigualdades en el interior de la estructura, incluso sin suponer obligatoriamente las nociones
de jerarquía y de dominación, crean condiciones dialécticas con un principio de cambio.
El espacio está en evolución permanente. Tal evolución resulta de la acción de factores
externos y de factores internos. Una nueva carretera, la llegada de nuevos capitales o la
imposición de nuevas reglas (precio, moneda, impuestos, etc.) provocan cambios espaciales,

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del mismo modo que la evolución «normal» de las propias estructuras, es decir, su evolución
interna, conduce igualmente a evolución. En un caso y en otro, el movimiento de cambio se
debe a modificaciones en los modos de producción concretos.
Las estructuras del espacio están formadas de elementos homólogos y de elementos no
homólogos. Entre las primeras están las estructuras demográficas, económicas, financieras,
esto es, estructuras de la misma clase que, desde un punto de vista analítico, pueden
considerarse como estructuras simples. Las estructuras no homólogas, es decir, formadas de
diferentes clases, interaccionan para formar estructuras complejas. La estructura espacial es
algo así: una combinación localizada de una estructura demográfica específica, de una
estructura de producción específica, de una estructura de renta específica, de una estructura
de consumo específica, de una estructura de clases específica y de un conjunto específico de
técnicas productivas y organizativas utilizadas por aquellas estructuras y que definen las
relaciones entre los recursos presentes.
La realidad social, lo mismo que el espacio, resulta de la interacción entre todas esas
estructuras. Puede decirse también que las estructuras de elementos homólogos mantienen
entre ellas lazos jerárquicos, mientras que las estructuras de elementos heterogéneos
mantienen lazos relacionales. La totalidad social está formada por la unión de esos datos
contradictorios, del mismo modo que lo está el espacio total.
Las estructuras y los sistemas espaciales, al igual que todas las demás estructuras y sistemas,
evolucionan siguiendo tres principios: 1) el principio de acción externa, responsable de la
evolución exógena del sistema; 2) el intercambio entre subsistemas (o subestructuras), que
permite hablar de una evolución interna del todo, una evolución endógena; y 3) una evolución
particular en cada parte o elemento del sistema tomado aisladamente, evolución que es
igualmente interna y endógena. Existiría así, un tipo de evolución por acción externa y otros
dos por acción interna al sistema, debiéndose el último de ellos al movimiento íntimo, propio de
cada parte del sistema.
No obstante, no debe perderse de vista el hecho de que la acción externa solamente se ejerce
a través de los datos internos. En ese caso, al cambiar las características propias de cada
elemento, su intercambio o su forma de recepción o reacción a los impulsos externos nunca
será la misma. La acción externa o exógena es simplemente un detonador, un vector que
provoca dentro del sistema un nuevo impulso, pero que por sí mismo no reúne las condiciones
para hacer eficaz ese impulso.
El mismo impulso externo tiene una repercusión diferente según el sistema en que encaje. Por
ejemplo, una cierta cantidad de crédito atribuido a una actividad económica en todo un país no
tendrá las mismas repercusiones en todos los lugares; el aumento o disminución del precio
unitario de un bien tampoco repercute del mismo modo en todas partes. Lo mismo puede
decirse de la apertura de una carretera o de su mejora. Las diferencias en el resultado aqui
sugeridas vienen dadas por las condiciones locales propias, que actúan como un modificador
del impacto externo.
En este sentido podemos repetir la opinión de Godelier (1966), para quien «todo sistema y toda
estructura deben ser descritos como realidades "rnixtas" y contradictorias de objetos y de
relaciones que no pueden existir separadamente, esto es, de modo que su contradicción no
excluye su unidad». Esta forma de ver el sistema o la estructura espacial, a partir de la cual los
elementos son considerados como estructuras, lleva también a admitir que cada lugar no es
más que una fracción del espacio total.
Vimos, algunas líneas atrás, que el vector externo sólo adquiere un valor específico como
consecuencia de las condiciones de su impacto, pero también sabemos que el llamado
movimiento interno de las estructuras o las relaciones entre ellas no son independientes de
leyes más generales. Por esa razón cada lugar constituye en realidad una fracción del espacio
total, pues sólo ese espacio total es el objeto de la totalidad de las relaciones ejercidas dentro
de una sociedad en un momento dado. Cada lugar es objeto de sólo algunas de esas
relaciones «actuales» de una sociedad dada y, a través de sus movimientos propios,
solamente participa de una parte del movimiento social total.
El movimiento que estamos intentando explicitar nos lleva a admitir que el espacio total, que
escapa a nuestra comprensión empírica y llega a nuestro entendimiento sobre todo como
concepto, es lo que constituye lo real; en tanto que las partes del espacio, que nos parecen
tanto más concretas cuanto menores son, constituyen lo abstracto, en la medida en que su
valor sistémico no está en la cosa tal como la vemos, sino en su valor relativo dentro de un
sistema más amplio.

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Cuando nos referimos, por ejemplo, a aquella casa o a aquel edificio, a aquella manzana, a
aquel barrio, son todos datos concretos -concretos por su existencia-, pero, en realidad, todos
son abstractos, si no buscamos comprender su valor actual en función de las condiciones
actuales de la sociedad. Casa, edificio, manzana, barrio, están siempre cambiando de valor
relativo dentro del área donde se sitúan, cambio que no es homogéneo para todos y cuya
explicación se encuentra fuera de cada uno de esos objetos y sólo puede ser encontrada en la
totalidad de las relaciones que configuran un área mucho más vasta. Lo mismo acontece con
los hombres, las empresas o las instituciones.
La noción de estructura aplicada al estudio del espacio tiene esta otra ventaja. A través de la
noción de sistema analizamos los elementos, sus predicados y las relaciones entre tales
elementos y tales predicados. Cuando la preocupación tiene que ver con las estructuras,
sabemos que esa noción de predicado está unida a cada elemento (aquí subestructura), como
sabíamos antes que su verdadera definición depende siempre de una estructura más amplia,
en la cual se inserta.
Una observación adicional: las cuestiones prácticas
Un esquema de método, por más lógicamente construido que esté, encontrará dificultades en
su realización. Un esquema de método pretende ser, también, una hipótesis de trabajo
aplicable: 1) por un equipo de investigadores; 2) a una realidad concreta; 3) realidad que es
reconocible, en un momento dado, mediante un cierto número de fenómenos. Cada uno de
estos elementos constituye una limitación práctica: la complejidad o dinamismo de la realidad a
analizarse; el número y la representatividad de los datos disponibles; la constitución del equipo
de trabajo, su formación anterior, profesional y teórica, su disponibilidad para la aceptación del
tema y del esquema propuestos. Todo esto sin considerar otros factores reconocidos
universalmente por todos aquellos que tienen ya alguna experiencia como investigadores.
En cuanto a la formación del equipo de trabajo y la correspondiente distribución de las tareas,
la división del trabajo constituye un aspecto crítico, en la medida que solamente será válida -
permitiendo alcanzar plenamente los objetivos buscados- si lo dividido a efectos prácticos del
análisis, puede ser reconstruido más tarde, de modo que permita una definición aceptable de la
realidad y el reconocimiento de sus procesos fundamentales. Es evidente que el resultado
depende, igualmente, de la compenetración previa del grupo de trabajo; siendo esta una tarea
activa cuyo requerimiento de base es la comprensión de los objetos de estudio y de los
objetivos de éste.
Sólo a partir de esa premisa las tareas individuales pueden ser entendidas. Si se escogiese el
camino contrario, la síntesis no se haría jamás, fuera cual fuera el tiempo dedicado a la
investigación de los datos y al reconocimiento de los hechos. Tal compenetración debe partir,
también, de la idea de que el objeto de análisis es el .cur presente, siendo todo análisis
histórico, simplemente, el soporte indispensable para la comprensión de su génesis. En este
caso, es importante considerar que no se trata de efectuar una prospección arqueológica que
sea una finalidad en sí misma. Se trata de un medio. Esto no nos dispensa de buscar una
comprensión global y en profundidad; pero el tema de referencia no es una excursión al pasado
como dato autónomo en la investigación, sino como recurso para definir el presente en vías de
realizarse (el presente ya completado pertenece al dominio del pasado), permitiendo penetrar
el proceso y, mediante él, la aprensión de las tendencias que pueden permitir vislumbrar el
futuro y sus líneas de fuerza.
DIMENSIÓN TEMPORAL Y SISTEMAS ESPACIALES EN EL TERCER MUNDO
Existe acuerdo, en general, sobre la importancia de la dimensión temporal en la consideración
analítica del espacio (T. Hagerstrand, 1967). En los países desarrollados las innovaciones
experimentaban, desde hace largo tiempo, una extensa difusión. Tales innovaciones dejaron
profundas huellas en el espacio, hoy ya más o menos indistintas y entremezcladas. En los
países subdesarrollados tan sólo recientemente las innovaciones alcanzaron amplia difusión.
Anteriormente eran el privilegio de unos pocos puntos en ciertas regiones, y solamente
afectaban a una pequeña minoría de privilegiados. Por eso mismo el estudio concreto de la
difusión de innovaciones como proceso espacial es del mayor interés para los países
subdesarrollados (P. Gould 1969, pág. 20 y P. Haggett, 1970, pág. 56).
La dimensión temporal
La introducción de la dimensión temporal en el estudio de la organización del espacio implica
consideraciones de una dimensión muy amplia, esto es, de escala mundial. El comportamiento
de los subespacios del mundo subdesarrollado está generalmente determinado por las
necesidades de las naciones que se hallan en el centro del sistema mundial. La dimensión
histórica o temporal es así necesaria para ir más allá del nivel de análisis ecológico y

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corográfico. La situación actual depende, en buena medida, de influencias impuestas. Algunos
elementos ceden su lugar, completa o parcialmente, a otros de su misma clase, aunque más
modernos; otros elementos resisten a la modernización; en muchos casos, elementos de
diferentes períodos coexisten. Algunos elementos pueden desaparecer completamente sin
sucesión, y elementos completamente nuevos pueden llegar a establecerse. El espacio,
considerado como un mosaico de diferentes épocas, sintetiza, por una parte, la evolución de la
sociedad, y, por otra, explica situaciones que se presentan en la actualidad.
Sin embargo, no se puede hacer una interpretación válida de los sistemas locales desde la
escala local. Los eventos a escala mundial, sean los de hoy o los de antaño, contribuyen más
al entendimiento de los subespacios que los fenómenos locales. Estos últimos no son más que
el resultado, directo o indirecto, de fuerzas cuya gestación ocurre a distancia. Esto no impide,
no obstante, que los subespacios estén dotados también de una relativa autonomía,
que procede del peso de la inercia, es decir, de las fuerzas producidas o articuladas
localmente, aunque sea como resultado de influencias externas, activas en períodos
precedentes.
La noción de espacio es así inseparable de la idea de sistema temporal. En cada momento de
la historia¡ local, regional, nacional o mundial, la acción de las diversas variables depende de
las condiciones del sistema temporal correspondiente.
Sin embargo, el recurso a las realidades del pasado para explicar el presente no siempre ha
significado que se aprehendiese correctamente la noción del tiempo en el estudio del espacio.
Si un elemento no es considerado como un dato dentro del sistema a que pertenece (o al cual
pertenecía en la época de su presentación), no se está utilizando un enfoque espacio-temporal.
La mera referencia a una situación histórica o la búsqueda de explicaciones parciales
concernientes a uno u otro de los elementos del conjunto no son suficientes.
La mayoría de los estudios espaciales resultan deficientes precisamente debido a esta
debilidad (J. Friedmann, 1968). Estos estudios tienden con frecuencia a representar situaciones
actuales como si fuesen un resultado de sus propias condiciones en el pasado.
Ese procedimiento no es adecuado. Primero, porque el significado de la misma variable cambia
con el transcurso del tiempo, es decir, con la historia del lugar. Segundo, porque desde el punto
de vista espacial*, desde el punto de vista del lugar -que es el que nos interesa
primordialmente-, la sucesión de sistemas es más importante que la de los elementos aislados.
El espacio es el resultado de la territorialización de un conjunto de variables, de su interacción
localizada, y no de los efectos de una variable aislada. Aislada, una variable carece
enteramente de significado, como carece de él fuera del sistema al cual pertenece. Cuando no
pasa por el inevitable proceso de interacción localizada, pierde sus atributos específicos para
crear algo nuevo.
La elaboración y reelaboración de los subespacios -su formación y evolución- se dan como un
proceso químico. El espacio así formado extrae su especificidad justamente de un cierto tipo de
combinación. Su propia continuidad es una consecuencia de la dependencia de cada
combinación respecto a las precedentes (Santos, 1971 y 1978).
* Desde nuestro punto de vista, la unidad espacial de estudio es el Estado, debido a sus
funciones de intermediario entre las "fuerzas externas", y los datos internos. Por debajo de esa
escala -la escala macroespacial- debe hablarse de subespacios, a las escalas mesoespacial y
microespacial.
Los fundamentos de una periodización
A escala mundial, puede decirse que cada sistema temporal coincide con un período histórico.
La sucesión de los sistemas coincide con la de las innovaciones. De este modo, habría cinco
períodos:
1) el período del comercio en gran escala (a partir de finales del siglo XV hasta 1620 más o
menos);
2) el período manufacturero (1620-1750);
3) el período de la Revolución Industrial (1750-1870);
4) el período industrial (1870-1945);
5) el período tecnológico.
Los períodos 1, 4 y 5, es decir, los períodos de la modernización comercial, de la
modernización de la industria y de sus bases, y el de la revolución tecnológica, causaron la
más profunda transformación espacial en los países subdesarrollados.
Sin duda alguna, esta selección de períodos, o de sistemas de modernización, es fruto de un
criterio «arbitrario». Braudel nos informa que las periodificaciones históricas son un dato

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tomado de la realidad exterior y obedecen a los objetivos del investigador (F. Braudel, 1958,
pág. 488).
En este caso, el objetivo es encontrar, a través de la Historia, secciones de tiempo en las que,
dirigido por una variable significativa, un conjunto de variables mantienen un cierto equilibrio,
un cierto tipo de relaciones. Cada uno de estos períodos representa, en el centro del sistema,
un conjunto coherente de formas de acción sobre los países de la periferia. La evolución de los
países periféricos toma entonces, en cada etapa, caminos similares.
Entendida desde este punto de vista, esa periodización es capaz de explicar la historia y las
formas de colonización, la distribución espacial de los colonizadores, la dispersión de las razas
y lenguas, la distribución de los tipos de cultivo y de las formas de organización agrícola, los
sistemas demográficos, las formas de urbanización y de articulación del espacio, así como los
grados de desarrollo y dependencia. La periodización también ofrece las claves para entender
las diferencias, de lugar a lugar, en el mundo subdesarrollado.
El esquema que sigue está basado en el desarrollo, a escala mundial, de los sistemas espacio-
temporales a través de los cinco períodos citados y de su relación con las olas de innovación o
modernización en los países subdesarrollados. Tiene el propósito de sugerir cómo las
explicaciones geográficas pueden alcanzarse mediante un enfoque espacio-temporal. Sin
embargo, el lector debe ser consciente de que, en un trabajo de estas características, sólo se
pueden incluir proposiciones y no propiamente soluciones, que solamente pueden definirse a
partir del estudio de casos concretos.
Los periodos históricos
Para algunos, la historia a la que están ligados los países subdesarrollados comienza con las
conquistas árabes (S. Alonso, 1972, pág. 329). Sin embargo, la influencia árabe estaba limitada
por los medios de transporte de que disponían; principalmente el transporte terrestre a lomo de
animales, el cual limitaba el intercambio y hacía difíciles los contactos. Eso explica la formación
de virtuales colonias comerciales en los países sujetos a la influencia árabe, con las ciudades
actuando como instrumentos de relación entre los espacios conquistados y la nación
conquistadora. El comercio realizado de ese modo se apoyaba sobre todo en el excedente de
producción agrícola, cuya estructura, no obstante, no tenía capacidad de transformar.
Desde este punto de vista, el sistema caracterizado por el dominio árabe y el sistema feudal
europeo serían parecidos, ya que la agricultura tenía, en ambos casos, un importante papel y el
comercio, instrumento de la relación de dependencia entre los países del centro y de la
periferia, no podía transformar cualitativamente la agricultura. Una diferencia, en comparación
con la Edad Media europea, es que mientras ésta no pudo generar un centro de dispersión de
las innovaciones, el mundo árabe tuvo éxito en esa empresa. En una época en la que el
transporte era tan rudimentario, la posición geográfica era importante. Antes de la invención de
medios de transporte más rápidos, los polos mundiales debían tener una localización
coincidente con la del centro de gravedad geográfico. De este modo, resulta difícil imaginar a
Europa ejerciendo ese papel antes del descubrimiento de las grandes rutas de navegación.
Llegamos así a nuestro primer período; y no es casual que, en él, los polos se encuentren en el
Atlántico, esto es, España y Portugal, A ese período corresponde el aumento de la capacidad
de transporte y de comercio, que substituyen a la agricultura como factor esencial del sistema.
El comercio ampliado induce una manufactura más intensiva y es el responsable de la
creación, en América, de «espacios derivados», por medio de los cultivos de la caña de azúcar,
de tabaco y posteriormente, del algodón, cuya producción comienza a tener efectos sobre los
beneficios obtenidos por los diferentes países europeos (G. Domenach-Chich, 1972, página
389).
El comercio se convierte en el motor de la agricultura, y también de los transportes y asegura,
más tarde, el cambio de jerarquía producido en favor de Holanda, cuando ese país sobrepasó
a España y Portugal en lo que concierne a la velocidad y capacidad de los navíos, así como en
la organización comercial y política. Hasta entonces -en el caso de Portugal y España- había
una dicotomía entre las variables-fuerza y las variables-soporte, que acabó siendo fatal para la
supremacía ibérica.
Muchos otros países europeos utilizaban diversas modalidades de comercio, o simplemente se
apropiaban de las mercancías durante su transporte marítimo. Eso explica la existencia de
flotas en diversos países de Europa, una parte de las cuales estaba consagrada a operaciones
de piratería, que juntamente con el comercio legal contribuían al enriquecimiento de sus
respectivas ciudades.
Las ciudades así enriquecidas podían, con mayores medios, dedicarse a una actividad que
permitirá la emergencia del segundo período, el de la manufactura. Ésta se organizó, sobre

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todo, alrededor del mar del Norte y del Báltico, de tal manera que España y Portugal, que
habían sido los polos del sistema en la fase precedente, acabaron por encontrarse en la
periferia del nuevo sistema, aunque conservasen relaciones privilegiadas con América.
La llegada, con la industrialización, del tercer período, provocó un cambio brutal de la situación.
En las etapas precedentes la materia prima era local. Debido a que la urbanización y la
industrialización estaban acompañadas por un aumento de la productividad en las áreas
rurales, la producción nacional de artículos de consumo era suficiente para el consumo interno.
De cualquier modo, el transporte internacional no era, todavía, un transporte de masa, capaz
de conducir materias primas o alimentos desde sitios muy distantes.
El cuarto período, con la segunda revolución industrial, corresponde a la aplicación de nuevas
tecnologías y nuevas formas de organización, no solo a la producción material, sino también en
cuanto a la energía y el transporte (J. Masini, 1970), permitiendo una mayor disociación de
producción y consumo. As¡, en Europa, el ímpetu de la urbanización y la despoblación de las
zonas rurales no constituyen un problema para el abastecimiento de las crecientes poblaciones
urbanas. Era posible ya importar desde largas distancias los alimentos necesarios para la
población trabajadora de las ciudades.
Si el cultivo en América de la caña de azúcar o de tabaco nació de las necesidades del
comercio, durante el primer período, el cultivo del trigo o la cría de ganado en Argentina,
Uruguay, Sur del Brasil, Australia y Nueva Zelanda, fueron la respuesta a las necesidades de la
industria. Esta respuesta, que es la cuestión dominante del período, da a la industria una cierta
autonomía en comparación con los otros elementos del sistema. La demanda de tecnología
precede o acompaña la respectiva oferta; existe una especie de confusión o coexistencia entre
la actividad de producción y la de innovación. Esta situación es contemporánea de la
concentración de la producción en unos pocos países, como consecuencia del pacto colonia¡.
El desarrollo del propio pacto es una consecuencia de la diferencia de nivel tecnológico entre
los países situados en el centro del sistema económico mundial, es decir, los países de Europa
Occidental que lo controlaban.
Inglaterra se convirtió en la mayor potencia de la época porque poseía entonces la tecnología
más avanzada, que le permitía una mayor acumulación de capital, mucho mayor que la de los
otros. Este hecho es importante, ya que industrialización y capitalismo estaban convirtiéndose
en sinónimos.
Para continuar vendiendo -que era vital para el sistema- los otros países se verán obligados a
buscar mercados privilegiados, especie de subsistemas políticos formados por colonias;
espacio cuya división fue realizada según la ley del más fuerte. La distribución de tierras en
África es una consecuencia directa de las diferencias de poder industrial entre países
europeos. El status jurídico y político mediante el cual cada potencia europea podía ejercer su
denominación sobre las colonias distantes está también ligado a este factor (R. Bonnain-
Moerdijk, 1972, pág. 409).
Esta es la razón por la cual un país como Bélgica, por ejemplo, no conservó privilegios
comerciales en el Congo Belga, hoy Zaire, que era, por otra parte, propiedad «personal» del
rey. Tal situación explicará, más adelante, la precoz industrialización del Zaire en comparación
con otros países africanos. El hecho de que Bélgica no pudiese imponer tarifas preferentes en
sus relaciones comerciales en el Congo Belga estimuló al capital belga a invertir allí. Otros
países colonizadores se valieron de la fuerza para dictar los términos de sus relaciones con sus
colonias.
La posesión de un imperio colonial da al país dominante el control total de los precios dentro
del correspondiente subsistema y eso tiene repercusiones sobre la economía: el control político
permite, entre otras cosas, mantener salarios bajos y precios igualmente bajos para las
materias primas; ambos para el beneficio del país dominante, que es capaz, aún, de sacar
beneficio de las oscilaciones coyunturales. Estas ventajas representan a largo plazo una
desventaja, ya que los Estados colonizadores de Europa pudieron, hasta cierto punto,
despreocuparse intramuros de los progresos tecnológicos. Sin embargo, el hecho de que no
pudiesen desinteresarse del progreso realizado extramuros ayuda a comprender las guerras de
este siglo. Era indispensable protegerse contra los países cuyos precios de producción
pudiesen, a largo plazo, constituir una amenaza para un mercado menos protegido. El ejemplo
de los Estados Unidos, que, poco a poco, ingresa en los mercados europeos y
latinoamericanos, es muy significativo como para ser olvidado. Sería, además, instructivo
verificar hasta qué punto las diferencias de nivel tecnológico entre países fueron responsables
de las guerras desde 1870.
El período científico-técnico actual

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El quinto período es el período tecnológico. Este es el período de la gran industria y del
capitalismo de las grandes corporaciones, servidas por medios de comunicación
extremadamente extendidos y rápidos (F. Álvarez, 1970 y 1971). El período comienza con el fin
de la Segunda Guerra Mundial. La tecnología constituye su fuerza autónoma y todas las otras
variables del sistema están, de un modo u otro, subordinadas a ella, en términos de su
operación, evolución y posibilidades de difusión.
La tecnología de la comunicación permite innovaciones que aparecen, no sólo juntas y
asociadas, sino también para ser propagadas en su conjunto. Esto es peculiar a la naturaleza
del sistema, en oposición a lo que sucedía anteriormente, cuando la propagación de diferentes
variables no estaba necesariamente encadenada.
Por esta razón se puede hablar de la «invención del método de la invención», por el hecho de
que las innovaciones son en gran parte una consecuencia de una técnica que se alimenta a sí
misma. Esa técnica, cuya realización se hizo relativamente independiente, es llamada
investigación.
La tecnología aparece como una condición esencial para el «crecimiento». Los países que
poseen la tecnología más avanzada son también los países más desarrollados; las industrias o
actividades servidas por una tecnología desarrollada están así dotadas de un mayor
dinamismo.
La investigación de mejor nivel se concentra en los polos del sistema, en los países más
desarrollados. Los países industrializados gastan 2/3 de sus recursos para investigación en las
industrias más avanzadas, y sólo 1/3 en las industrias poco dinámicas. Para los países
subdesarrollados en general, cerca del 40 % de sus recursos están orientados hacia industrias
que están casi estancadas, y menos de 1/3 para industrias desarrolladas. Considerando que
las industrias más modernas requieren un esfuerzo de investigación mucho mayor que las
intermedias o las casi estancadas, se puede, de este modo, notar la diferencia de situación
entre los países desarrollados y subdesarrollados.
Es verdad que estos últimos siempre tienen la posibilidad de comprar patentes. Esto, sin
embargo, es sólo una forma de usar sus reservas de moneda o de endeudarse por medio de
enormes pagos de tecnología. De cualquier modo no es suficiente importar los resultados de
una investigación básica: debe continuarse más allá del estado de investigación pura, hasta el
de investigación aplicada, cuyo costo es considerablemente más alto.
Este período se distingue claramente del anterior en que la industria es rápidamente sustituida
por la gran industria como motor principal de producción, y que la tecnología se convierte en
factor autónomo, en lugar de la propia industria.
Este período es también aquel en el cual las fuerzas externas creadas en los polos -
actualmente los Estados Unidos y la Unión Soviética- experimentan nuevos apoyos o renuevan
otros. Estos -transporte aéreo, comunicaciones a gran distancia, propaganda, nuevos medios
de control de los mecanismos económicos (A. Bouchouchi, 1970 y 1971), posibilidades de
concentración de la información, nuevas técnicas monetarias-, juntamente con la revolución del
consumo que reposa también en las mismas bases, constituyen las nuevas condiciones de la
organización espacial en todo el mundo.
Por medio de las comunicaciones, el período afecta a la humanidad entera y a todas las áreas
de la Tierra. Son muy raros en esta fase de la historia los espacios que escapan
temporalmente a las fuerzas dominantes. Las nuevas técnicas, principalmente aquellas para
procesar y explotar innovaciones, entrañan, como nunca se había producido antes, la
posibilidad de disociación geográfica de las actividades.
A este fenómeno pueden añadirse muchos otros: la creación de nuevas colonias periféricas en
el mundo subdesarrollado; las nuevas formas de industrialización, como la internacionalización
de la división del trabajo; y la llegada de capital y de tecnología de los países adelantados para
usar una fuerza de trabajo barata allí donde ésta habita, es decir, en los países dependientes.
Este período está caracterizado asimismo por las empresas multinacionales que se imponen
en el mapa económico del mundo, al mismo tiempo que despierta el nacionalismo que toma a
menudo la forma de nuevos estados. Trácese, en este sentido, un paralelo entre la
asamblea de pocas docenas de países en la Sociedad de Naciones de La Haya y el gran
número de estados que hoy forman las Naciones Unidas.
Con todo -y este es un elemento característico de este período-, las grandes corporaciones
son, frecuentemente, más poderosas que los Estados. El conjunto de las condiciones
características del período ofrece a las grandes empresas un poder antes inimaginable.
Las dificultades encontradas por los países del Tercer Mundo para escapar de la dominación
proceden en parte de esto. Más aún, como muestra Meyer (1972, pág. 329), «el desarrollo de

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nuevas técnicas de procesar y explorar la información hace posible un aumento de la
concentración del poder y, en consecuencia, un impacto más irresistible de las fuerzas
externas; en ese proceso, la multiplicación de estructuras financieras con dimensiones
internacionales desempeña un papel decisivo».
Las transformaciones del espacio
Existe una marcada diferencia entre los sistemas 1, 2, 3, 4 y el sistema 5. En el último, todos
los espacios son alcanzados inmediatamente por un cierto número de innovaciones. Desde
nuestro punto de vista, este es el factor más importante en la historia del mundo actual y en la
historia del Tercer Mundo.
Esta instantaneidad y universalidad en la propagación de ciertas innovaciones desmantela la
anterior organización del espacio. Constituye, sobre todo, un factor de dispersión que se opone
de modo muy claro a los factores de concentración conocidos en los períodos anteriores.
Ciertamente la organización del espacio puede definirse como el resultado del equilibrio entre
los factores de dispersión y de concentración en un momento dado en la historia del espacio.
En el período presente, los factores de concentración son esencialmente el tamaño de las
empresas, la indivisibilidad de las inversiones y las «economías» y externalidades urbanas y de
aglomeración necesarias para implantarlas. Todo esto contribuye a la concentración, en unos
pocos puntos privilegiados del espacio, de las condiciones para la realización de las
actividades más importantes.
Por otra parte, los factores de dispersión están representados por las condiciones de difusión
de la información y de los modelos de consumo. La información generalizada es difundida del
mismo modo que los modelos de consumo importados desde los países hegemónicos.
Como resultado, estos modelos son servidos por los nuevos canales de información, por los
modernos medios de transporte y por la creciente modernización de la economía, que
constituyen otros tantos elementos de dispersión.
Pueden aparecer excepciones para las reglas descritas; por ejemplo, las actividades de
producción que aparecen fuera de los centros urbanos ya establecidos y en respuesta a las
nuevas necesidades tecnológicas, como las ciudades mineras o los enclaves (G. Coutsinas,
1972, pág. 379). Son excepciones que no pueden invalidar la regia.
En virtud de los elementos de dispersión así detectados, existen, actualmente, tendencias a la
urbanización interior (M. Santos, 1968), que puede ser espontánea, como en el caso de las
ciudades nacidas en una intersección de caminos o en los límites de las zonas pioneras; o
intencional, como en el caso de las ciudades administrativas, industriales y mineras.
La dialéctica de los factores de concentración y de difusión es responsable de los grandes
movimientos migratorios que se producen en las regiones subdesarrolladas. Las migraciones
aparecen, en primer lugar, como una reacción de defensa de los grupos cuyo espacio original
fue invadido por técnicas que estos asimilaron sólo parcialmente, o no asimilaron del todo. Las
migraciones también pueden ser vistas como vehículo de esas nuevas técnicas. Su
importancia depende del tipo de tecnología importada o impuesta y, por lo tanto, de las
condiciones históricas de su realización.
Los dos aspectos fundamentales de la urbanización (C. Paix, 1971 y 1972, pág. 269), la
macrocefalia y las pequeñas ciudades, son una consecuencia de la doble tendencia por una
parte a la concentración, y por otra a la dispersión.
Hasta el período anterior, las innovaciones alcanzaron solamente unas pocas áreas y a unos
pocos individuos. La sociedad y el espacio de los países subdesarrollados estaban así muy
poco afectados por las innovaciones emanadas de los polos y cuya transferencia selectiva era
conseguida por la acumulación, en un mismo punto, de innovaciones transferidas y por la
relativa dispersión de las innovaciones «inducidas». Sin embargo, los espacios afectados por
innovaciones «inducidas» y por innovaciones «transferidas» estaban obligatoriamente en
contacto. El desarrollo de todos estos espacios no era homogéneo entre los países, ni dentro
de un mismo país. Las condiciones del impacto también cambiaban con el tiempo, porque las
variables del crecimiento cambian con las «innovaciones».
Podría preguntarse asimismo si en los períodos precedentes la contigüidad no era, también,
una condición para la difusión. Hoy en día, gracias a las nuevas posibilidades de difusión
inmediata y, sobre todo, general de las innovaciones, la contigüidad dejó de ser una condición
imperativa; esto no deja de tener consecuencias para la organización del espacio.
Durante los períodos anteriores, los países industriales orientaban en los países
subdesarrollados la creación de innovaciones inducidas que respondían a las necesidades de
los países adelantados, pero cuyas aplicaciones se encontraban muchas veces en los propios
países subdesarrollados. Las innovaciones incorporadas (J. R. Lasuén, 1970) eran la

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consecuencia, directa o indirecta, pero siempre limitada y localizada, de las contribuciones de
innovaciones inducidas. La posibilidad de importar innovaciones incorporadas estaba
condicionada, en parte, por la capacidad de crear innovaciones inducidas.
Debido al avance registrado por los transportes y comunicaciones, la instalación de
innovaciones inducidas ya no depende, en el período presente, del papel de los centros
existentes en el propio país. Por otra parte, estos centros pueden recibir innovaciones
incorporadas independientemente de la creación o de la expansión del área de las
innovaciones inducidas. El aumento de la importancia de las innovaciones incorporadas en los
países de destino dejó de tener como condición una expansión preliminar o paralela de las
innovaciones inducidas.
Los progresos en los transportes y comunicaciones ejercen un efecto liberador de las
modernizaciones originadas en los polos externos, las cuales ya no necesitan establecerse en
puntos dotados previamente con anteriores innovaciones. Los ejemplos de metrópolis político-
administrativas y de ciudades salidas de la nada son muy numerosos como para ser
mencionados. Lo que resta de la teoría de los polos de crecimiento pertenece ya a la historia.
Modernización y polarización
En cada período, el sistema procura imponer modernizaciones características, operación que
procede del centro hacia la periferia. No se trata de una operación al azar. Los espacios
afectados son aquellos que responden, en un momento dado, a las necesidades de
crecimiento o de funcionamiento del sistema, en relación a su centro.
Los cambios de período implican cambios de métodos: la difusión está caracterizada y es
controlada por un proceso diferente en cada fase. Por otra parte, el papel de los factores
particulares es diferente en las distintas fases de la difusión (L. Brown, 1968, pág. 34). Cada
modernización a escala mundial (1,2,3,4,5) representa un juego diferente de posibilidades para
los países capaces de adoptarla; no se podría hablar de la existencia de una agricultura que
requiera fertilizantes químicos antes de que la industria química se hubiese desarrollado o
establecido en algún punto del globo.
Las innovaciones crean nuevas actividades al responder a las nuevas necesidades. Las
nuevas actividades se benefician de las nuevas posibilidades, sin embargo la modernización
local puede representar simplemente la adaptación de actividades ya existentes a un nuevo
grado de modernización. Sin duda, son posibles combinaciones diferentes entre estas dos
hipótesis. El hecho de que en cada momento no todos los lugares sean capaces de recibir
todas las innovaciones explica por que: 1) ciertos espacios no son objeto de todas las
innovaciones; 2) existen demoras, desfases, en la aparición de esta o aquella variable moderna
o innovadora; y esto ocurre a diferentes escalas.
Los resultados están en estrecha relación con los intereses del sistema a escala mundial y
también a escala local, regional o nacional. A través de esto podemos, tal vez, explicar las
llamadas diferencia del desarrollo; por ahí será viable explicar las diferencias de modernización
entre continentes y países, y, del mismo modo, en el interior de los países. El hecho de que
existan atrasos temporales en el establecimiento de variables modernas explica las diferencias
de situación dentro de los países.
¿Qué ocurre cuando una innovación (1,2,3,4,5), habiendo alcanzado un primer punto o zona,
solamente se propaga con un gran desfase a los otros puntos? Esta es la esencia del problema
de los polos secundarios o subordinados. Es claro que el mecanismo no es solamente válido a
escala mundial, sino también a escala nacional, regional o local. El punto que recibe un haz de
innovaciones correspondiente a una modernización está en posición de influir sobre aquellos
que no la poseen (B. Kayser, 1964, pág. 334) y esto más aun cuando ese haz está formado por
las variables más dinámicas del sistema dominante.
La difusión de innovaciones es así responsable de las notables diferencias dentro de cada
país, con la creación de polos internos. La modernización siempre va acompañada por una
especialización de funciones que da origen a una jerarquía funcional.
Ciertamente, los puntos del área que acogieron las innovaciones o sus más importantes
efectos son también los más capaces de recibir otras innovaciones. Esto da origen a lugares
privilegiados, con una tendencia polar.
A nivel mundial, el emisor (o el centro) está representado por el país o países que, en un
momento dado, tienen el privilegio de las combinaciones más efectivas de las nuevas variables
alrededor de la variable clave. Ese lugar es el centro del sistema mundial. En otros niveles,
comenzando por el país, el punto o la zona que primero consigue la más efectiva combinación
de variables constituye un lugar potencialmente más abierto a las influencias del centro. Existe

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así una variedad y una gradación de sistemas dominantes, de sistemas dominados y de
espacios representativos de esos sistemas.
El espacio como un sistema: el espacio derivado
Todo lo que vimos anteriormente muestra que la formación de un espacio supone una
acumulación de acciones localizadas en diferentes momentos, Esto entraña un problema
teórico, el de transferir las relaciones de tiempo dentro de las relaciones de espacio. Es
evidente, como señala D. Harvey (1967, pág. 213), que si no tenemos éxito al explicar los
sistemas espaciales (Chisholm, 1967) con un mínimo de teoría, no podemos pasar del nivel de
la descripción pura y simple.
Un sistema puede ser definido como una sucesión de situaciones de una población en un
estado de interacción permanente. siendo cada situación una función de las situaciones
precedentes (R. L. Meyer, 1965, pág. 2; y O. Dollfus, 1970, pág. 4). Un análisis de sistemas
que considere esta diacronía requiere la utilización de dimensiones temporales en el estudio
del espacio, estando este último considerado como un subproducto del tiempo. Así, la
estructura espacial, por sí misma, es suficiente como objeto de estudio. Esta es la razón por la
que debemos considerar las estructuras espacio-temporales.
No se puede alcanzar ese objetivo sin comprender el comportamiento de cada variable
significativa a través de los períodos históricos que afectan a la génesis del espacio que se
está estudiando. Sin duda, este espacio ya tenía una historia antes del primer impacto de las
fuerzas externas elaboradas a niveles espaciales más elevados, incluyendo el nivel mundial. Si
deseamos, no obstante, ir más allá del caso particular, es la acción de esas influencias, desde
el momento en que actúan a escala que sobrepasa lo local, la región, el país o aún el
continente, lo que debemos fijar como objeto de análisis.
Nuestro problema será, entonces, el de comprender debidamente los mecanismos de
transcripción. espacial de los sistemas temporales. Si el impacto de un sistema temporal sobre
una porción de espacio no fuese duradero (J. O. M. Broek, 1967, pág. 105), cada sistema
temporal podría imprimir por completo sus propias huellas en la porción de espacio
considerada. Sin embargo, dado que la acción de un sistema temporal deja siempre rastros, la
situación es otra. Frecuentemente se está en presencia de superposiciones, excepto en el caso
de espacios vírgenes, tocados por primera vez por impacto modernizador cuyo origen son
fuerzas externas.
Más allá de eso, un subespacio es el teatro de acción de sistemas contemporáneos, aunque a
diferentes escalas. Esas escalas también corresponden a prioridades en el proceso de
innovación.
La consecuencia de una modernización es generar un efecto de especialización, es decir, una
posibilidad de dominación. La especialización da origen a una polarización. Los subespacios
más modernizados y más especializados adquieren así la posición de un polo de difusión frente
a los otros subespacios. Convirtiéndose, de esa forma, en el objeto de impactos de varios
orígenes, de diversos órdenes y significados. El subsistema corresponde a un subesapcio dado
y dependiente de varios sistemas de categoría más alta: estos últimos pueden estar ligados
entre sí por lazos de dependencia o pueden simplemente coexistir. De cualquier manera, el
subsistema situado en el escalón inferior depende de ellos. Existe así, una especie de
jerarquización de espacios y sistemas correspondientes.
Actualmente, considerando que en cada sistema existe una combinación de variables de
diferentes escalas y períodos de tiempo, cada sistema transmite elementos datados
diferentemente. Más aun, el subespacio receptor es selectivo. No son recibidas todas las
variables «modernas» y las variables recibidas no son necesariamente de la misma
generación. Aquí se encuentra el fundamento no solamente de la diferenciación de los paisajes
de la superficie del globo, sino también del comportamiento de los subespacios, de su
tendencia a mantener relaciones, y aquí también estriba la razón de su individualidad y de su
definición particular.
ESPACIO Y CAPITAL: EL MEDIO CIENTÍFICO-TÉCNICO
Desde que la producción se hizo social puede hablarse de medio técnico. Ese medio técnico
viene sufriendo transformaciones sucesivas y, según los períodos, de diferente intensidad en
las diversas partes del mundo. En aquellos países 0 regiones donde estaban disponibles
técnicas más avanzadas y podían ser aplicadas a la transformación de la naturaleza,
encontramos también un medio técnico más complejo.
Del medio técnico al medio científico-técnico
A lo largo de la historia se han sucedido diversas civilizaciones que, en distintos lugares,
mostraron una notable capacidad de dominio de la naturaleza a través de las técnicas que

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descubrieron y perfeccionaron. Tal sucesión no implica necesariamente herencia, sino,
frecuentemente, recreación. Se trató de una sucesión sin continuidad, ni relación de
dependencia.
Con el sistema capitalista comienza el proceso de unificación de las técnicas, aunque, según
los lugares, la diversidad de su uso continuase siendo llamativa. El hecho de que los intereses
de capital fuesen haciéndose paulatinamente más universales condujo igualmente a que el
perfeccionamiento técnico pudiese ser más rápido, y el uso de técnicas prestadas más
extendido.
Sin embargo, sólo recientemente se puede hablar de un medio científico-técnico,
contemporáneo del período homónimo de la civilización humana. Ese período coincide con el
desarrollo de la ciencia de las técnicas, es decir, de la tecnología, y, del mismo modo, con la
posibilidad de aplicar la ciencia al proceso productivo. Es en ese período, también, cuando toda
la naturaleza es objeto de utilización directa o indirecta, activa o pasiva, económica o
simplemente política. También se caracteriza este período por la expansión y predominio del
trabajo intelectual, y por una circulación del capital a escala mundial; circulación (movimiento
de cosas, valores, ideas) que adquiere una papel fundamental. Estos dos elementos,
conjuntamente, permiten la aceleración de la acumulación, de la cual, además, son fruto. Una
acumulación. hay que recordar, que opera ya a escala mundial. Se da ahora una concentración
mayor de la economía, con la presencia de empresas de grandes dimensiones, llevando la
producción a depender cada vez más de capitales fijos de gran volumen y, también, a una
dependencia mayor del trabajo respecto al capital; al mismo tiempo, la ciencia, es decir, el
conocimiento, se hace una fuerza productiva directa.
Trabajo intelectual, unificación del trabajo y organización del espacio
Llegamos de este modo a una fase, prevista por Marx hace más de un siglo, en la que el factor
dominante es el trabajo intelectual universal; al mismo tiempo en que son menos numerosos
los poseedores de los medios de producción, cuyo tamaño actual no se podía sospechar hace
sólo algunos decenios.
Merced al trabajo intelectual conocemos la expansión y transformación cualitativa del
fenómeno de terciarización de la economía y del empleo, que conduce, entre otros resultados,
a una urbanización creciente, tanto más concentrada cuanto que los capitales, en forma de
instrumentos de trabajo, son fijos y voluminosos.
Sin embargo, el predominio del trabajo intelectual acelera igualmente el proceso de unificación
del trabajo. Por unificación del trabajo debe entenderse el hecho de que más y más gentes
deben, para poder producir, estar reunidas bajo una dirección única, aunque no aparente. Las
grandes ciudades son el ejemplo límite de esa masificación de los instrumentos de trabajo y de
capital fijo. Jamás podrían funcionar si no dispusieran de recursos organizativos en gran
escala, como los que les son ofrecidos, por ejemplo, por la cibernética, disciplina del
conocimiento humano que corresponde a un alto grado de desarrollo científico.
En cuanto al otro elemento importante del período científico-técnico, la aceleración de la
circulación de bienes y de personas, se debe igualmente a las posibilidades abiertas por la
aplicación de la ciencia a la producción. Las compañías transnacionales producen, cada vez
con mayor frecuencia, partes de su producto final en diversos países y son, de ese modo, un
acelerador de la circulación. También gracias a estas empresas aumentó recientemente la
necesidad de exportar e importar; una necesidad común a todos los países.
Por otra parte, dentro de cada país existe la tendencia a una especialización cada vez mayor
de las áreas productivas. Esto está ligado a la necesidad de mayor rentabilidad del capital, sin
embargo no sería posible si todos los tipos de producción, incluyendo la agrícola o la
agropecuaria, no fuesen hoy dependientes, en diferentes medidas, del saber científico y
técnico.
Es necesario añadir que el movimiento lleva a los capitales fijos a tener una importancia mucho
mayor que antes, de modo que se da un aumento paralelo de «fijos» y de «flujos».
A medida que la economía se hace espacialmente selectiva dentro de cada país, y
complementaria entre países, los instrumentos de trabajo son cada vez mayores y los capitales
fijos y los correspondientes son forzosamente más numerosos y densos. Conocemos, así, una
evolución que, partiendo del capitalismo mercantil, llega a nuestro mundo científico-técnico;
durante la cual el uso del espacio sufre una evolución constante, que se acelera en menos de
medio siglo, justamente después de la difusión de los métodos de producción científica.
Fases en la producción del espacio productivo: la fase actual
En la fase del capitalismo mercantil se da una expansión del área de especialización de la
producción, expansión concomitante con las necesidades de la circulación. Estas crean

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ciudades y redes urbanas, pero el espacio productivo aún está estrechamente relacionado con
las posibilidades ofrecidas directamente por el medio natural. Esto no significa que el medio
natural fuese determinante. Lugares que disponían de condiciones naturales semejantes no
fueron explotados al mismo tiempo, ni sirvieron de base al mismo tipo de producción. Las áreas
que desde el punto de vista del comercio presentaban unas mejores condiciones para su
ocupación y que no interesaban a los centros de poder económico, no sufrieron
transformaciones fundamentales de la naturaleza, porque el hombre aún no disponía de
medios suficientes.
Ya en la fase del imperialismo, los progresos mecánicos fueron grandes y aumentaron las
posibilidades de sobreponerse a los elementos naturales: se construyeron ferrocarriles y
después carreteras, se construyeron puertos, se crearon canales de comunicación a distancia
a través de cable submarino, y, más tarde, del telégrafo sin hilo; todo eso permitió una cierta
liberación de las contingencias naturales, aunque, en cada país, se beneficiaron sobre todo
algunos puntos privilegiados del espacio. Paralelamente, en los países subdesarrollados podía
reconocerse una separación más nítida entre espacios de producción, es decir, campos
cultivados, zonas mineras, etc., y espacios de consumo, representados especialmente por las
ciudades, sobre todo las mayores.
Sin embargo, en la fase actual, todos los espacios son espacios de producción y de consumo y
la economía industrial (¿o post-industrial?) ocupa prácticamente todo el espacio productivo,
urbano o rural. Por otra parte, alcanzado un nuevo umbral en la división internacional del
trabajo, todos los lugares participan de ella, sea por la producción sea por el consumo.
Gracias a las nuevas condiciones el espacio se mundializa, al mismo tiempo que aumenta el
número de estados y los territorios respectivos son dotados de una especificidad aún más
nítida. Al mismo tiempo que los espacios productivos conocen una especialización más
indiscutible, las disparidades regionales alcanzan una nueva categoría, estando cada vez
menos presididas por las condiciones del aprovechamiento directo de las condiciones naturales
y cada vez más por las posibilidades de aplicación de la ciencia y de la técnica a la producción
y a la circulación general.
Podemos hablar de una nueva forma de urbanización y de nuevas jerarquías urbanas, en
función de que la circulación entre las ciudades afecta a elementos distintos de los del período
anterior. Hoy, la circulación de órdenes, de plusvalía, de información, pasa al primer plano y se
ciñe a una jerarquía calcada sobre necesidades que son propias de la ciudad o de regiones
agrícolas circundantes, pero que reflejan relaciones menos «naturales». Antes, la circulación
era casi únicamente de productos. La producción local destinada a la industria y a la población
de ciudades mayores, dentro o fuera del país, constituía lo esencial de la actividad urbana y
presidía su comercio. Ahora, gracias al desarrollo de los transportes, buena parte de ese
comercio puede hacerse directamente, en dirección a las grandes ciudades; sin embargo,
según los casos, la actividad productiva incorpora una demanda importante de asesoramiento
industrial, financiero, jurídico, etc., que dota a las ciudades de un nuevo contenido. Esa
tendencia es tanto más nítida cuanto mayor es la cantidad de capital fijo añadido a la
producción. Por el hecho de que aumentar el capital fijo significa reducir la cantidad de trabajo
necesario, eso también significa que la producción necesita, en mayor número, de inputs
científicos.
Unificación del capital y ordenación espacial
El hecho de que la economía se haga tan dependiente de la circulación facilita el proceso de
unificación del capital. Hablar hoy de un capital immobiliario distinto del capital mercantil, del
capital industrial o del capital bancario (a los que deberíamos añadir el capital tecnológico)
puede pecar de exageración. En realidad, la aceleración de la circulación del capital y la
terciarización de la economía conducirán a que los bancos pasen a tener un papel fundamental
en la captación y en la redistribución de los capitales.
Cuando hablamos de concentración de la economía estamos refiriéndonos tácitamente a una
necesidad mayor de capitales indivisibles, en la medida en que los instrumentos de trabajo
aumentaron de volumen y se hicieron relativamente más caros y menos accesibles, por tanto,
menos disponibles que antes. En esas circunstancias se reduce el número de inversores,
porque al mismo tiempo que son apartados de la producción están obligados a buscar otras
aplicaciones, hechas, además, a través de la institución bancaria, en sus hoy múltiples
subáreas. Por otra parte, quien desea hacerse inversor y no dispone de la masa de recursos
necesaria para la adquisición de los nuevos instrumentos de trabajo, queda también obligado a
recorrir a un banco.

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El banco tiene, pues, un papel selectivo fundamental. En primer lugar, paga de modo diferente
a sus diversos acreedores y, en segundo lugar, cobra también de forma diferente a los
deudores. La verdad es que también escoge, según las condiciones estructurales y
coyunturales, los sectores de inversión, así como los deudores potenciales. Todo esto se
realiza con la masa de dinero de las empresas y del público que el banco tiene a su
disposición, de tal forma que, al hacerse capital productivo, es cuando el capital bancario
adquiere la denominación de capital inmobiliario o mercantil o industrial. En el pasado era
posible distinguir estos tipos de capital, pues no alcanzaban el mismo grado de imbricación e
interdependencia. Pero hoy es prácticamente imposible desconocer la unicidad del capital bajo
las diversas denominaciones que adquiere según su uso. La capitalización generalizada de la
economía, privilegiando el papel centralizador de los bancos, provoca que esas diversas
denominaciones sean únicamente funcionales y lleva a que las proporciones correspondientes
a cada una de ellas constituyan, por eso mismo, un dato administrativo, aunque la estructura
de la actividad económica ejerza una influencia decisiva.
El espacio «conocido»
Otro aspecto de la definición del espacio nace, en la fase actual, del hecho de que su uso
supone una aplicación de principios científicos, manifestados a través de las diversas etapas
de la actividad agrícola, comercial, industrial, etc. El uso del espacio se hizo más capitalista.
Podemos igualmente decir que, merced a la ciencia y la tecnología, el espacio resulta
«conocido»; es decir, disponer de un inventario. de las posibilidades capitalistas de su
utilización es cada vez más posible y más necesario como un prerequisito a la instalación de
actividades productivas, tanto en la ciudad como en el campo. La localización de un
supermercado, de un centro comercial, de una fábrica, está precedida de estudios de viabilidad
que tienen en cuenta no sólo la coyuntura económica sino también las facilidades ofrecidas por
cada lugar dentro del espacio. Otro tanto ocurre con la actividad agropecuaria, en la que, en
virtud del uso cada vez más frecuente de mejoras, el inversor potencia¡ desea conocer de
antemano que recursos de capital son necesarios para que un producto dado sea, allí,
realmente rentable.
La expansión del capital fijo
El proceso de evolución del medio técnico corresponde pues, a un incremento en el uso de
capital fijo. Existe, también, una necesidad mayor de capital circulante, ya que las exigencias
científicas y técnicas dan lugar a: 1) la necesidad cada vez mayor de adelantos de capital para
satisfacer gastos como la preparación y el propio funcionamiento de la actividad; 2) a una
reducción del número de personas empleadas directamente en la producción; 3) a una
terciarización más amplia y aceleración que, en virtud de la ampliación de las funciones de
investigación, dirección, mercadotecnia, etc., lleva al crecimiento del sector terciario superior
(llamado también cuaternario), conduce a la expansión del terciario banal, merced a la
ampliación del comercio y de los transportes, y también al aumento de los terciarios primitivos
o, en otras palabras, del subempleo, ya que la tendencia a la cientifización del trabajo, a su
organización sistemática y a su tecnificación se produce en todos los sectores productivos.
La expansión del medio científico-técnico y las desarticulaciones resultantes
La evolución milenaria del medio técnico llevó a un proceso en el que uno de los extremos está
representado por la confusión geográfica entre la producción, la circulación, la distribución y el
consumo. En el otro extremo, esas cuatro instancias de la producción están geográficamente
disociadas y aparentemente desarticuladas. Es la fase actual.
En las comunidades primitivas, que durante mucho tiempo fueron consideradas como
autosuficientes, el territorio respectivo era el territorio de la producción y del consumo del
grupo, así como el de la circulación y distribución de los productos. La «apertura» de esas
áreas a la influencia de un comercio externo fue llevando a una disociación progresiva, no
solamente desde un punto de vista geográfico, sino también económico-institucional, de las
cuatro instancias productivas. Parte del producto local era consumido en tierras distantes, así
como parte del consumo local procedía de otras áreas. De esa forma, las condiciones de
circulación y distribución se hacían cada vez más independientes de las condiciones
propiamente locales y cada vez más dependientes de un nexo que escapaba a la comunidad.
Esa dirección externa del proceso productivo alcanza su clímax en la fase científico-técnico
actual, en la medida que la economía se mundializa y está presidida por firmas multinacionales
cuya voluntad de lucro hace que busquen en fracciones del espacio localizadas en diversos
países el valor de uso que, mediante su estrategia y su poder, transforman en valor de cambio.
Esto es aun más sensible en los países subdesarrollados, tanto por razones históricas como
por razones actuales. Entre los motivos actuales, está el control del conocimiento científico por

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los países del centro, así como la aplicación de nuevos conocimientos, tanto científicos como
técnicos u organizativos, generados en los países de la periferia. Como esa sabido, merced a
la forma de organización de las empresas y de su intercambio, muchos descubrimientos
realizados en países subdesarrollados son valorizados en los países avanzados, cuyas
empresas venden, más tarde, estos descubrimientos, o las técnicas reelaboradas o solamente
retocadas. Entre las razones históricas, está la dependencia original de los países
subdesarrollados actuales, que se vio agravada en la medida en que la evolución económica
llevó a una reproducción ampliada de las condiciones de dependencia original.
De este modo, la expansión dentro de los países subdesarrollados de las áreas organizadas
según las leyes de la ciencia y de la técnica (desarrollada en buena medida con recursos
públicos) constituye un factor de atracción de capitales foráneos cada vez mayor. De tal modo
que, por una parte, la nación entera está abocada a financiar los crecientes beneficios de las
compañías extranjeras, al mismo tiempo que el propio estado encuentra dificultades para la
gestión de los negocios.
Una compañía multinacional organiza su producción en diversos países en función de su
propio juego de intereses, creando aquí, ampliando allí, e incluso suspendiendo su actividad en
las áreas ocasionalmente consideradas como menos interesadas. En la medida en que esas
compañías se hacen capaces de influir en la fijación de los precios independientemente de las
posibilidades locales, el gobierno de cada país se va haciendo cada vez más impotente para
administrar el resto de la economía aun no sometida a la jurisdicción de esas firmas, toda vez
que, como hemos visto anteriormente, la economía tomada como un todo es absolutamente
interdependiente.
La cuestión de la federación
Podemos también considerar la transformación del medio técnico en medio científico-técnico
desde el punto de vista de las diversas áreas de un país. Resulta a veces difícil discernir entre
causas y efectos, sin embargo, a la expansión geográfica del llamado medio científico-técnico
corresponde una concentración de la economía nacional que, a su vez, supone o exige un
poder mayor del gobierno central. De tal forma que los gobiernos provinciales quedan sin
capacidad de tomar iniciativas, y se vuelven, a veces, enteramente dependientes del nivel
gubernamental que dispone de recursos.
Como cada nivel de organización, sea cual sea su dominio, corresponde a intereses distintos y
a veces conflictivos, el ejercicio de las atribuciones de un gobierno central en la remodelación
del territorio o en el cambio de uso de sus diversas partes, puede acarrear para los niveles
inferiores de gobierno (regional o municipal según los casos) problemas que resultan
insuperables y cuya solución exige, de nuevo, que ese nivel administrativo se dirija al gobierno
central. El hecho de que éste, como expusimos hace poco, tenga sus propias finalidades,
provoca que la atención a las demandas de los gobiernos regionales o municipales sea a veces
imposible, a veces parcial, a veces extemporánea y, de cualquier forma, origen de distorsiones.
La clases invisibles
La expansión del medio científico-técnico conduce también a que la necesidad de grandes
capitales se haga mayor, lo que genera en muchos casos una separación geográfica entre el
inversor y el medio ambiente donde la inversión se realiza, con las múltiples consecuencias de
esa separación. La primera de ellas es la propia dirección de la actividad que, de forma
semejante a lo que ocurre con las transnacionales en el dominio internacional, crea dentro del
país posibilidades de elección de comportamientos extraños al lugar de la producción y a la
unidad políticoadministrativa en que ésta se inserta.
Hemos visto ya casos de industrias que, localizadas en el nordeste del Brasil, cerraron sus
puertas porque no interesaba al inversor mantenerlas en funcionamiento. Hemos visto,
también, el cambio de toda la organización agrícola de un área, como consecuencia de la
llegada de capitales foráneos. Estas transformaciones van acompañadas de otras Migraciones
forzadas
Normalmente la expansión del llamado capital científico-técnico lleva a la expulsión de un gran
número de residentes tradicionales, y a la llegada de mano de obra procedente de otras áreas.
En la medida que las exigencias de la producción son diferentes de las de la producción
tradicional, y teniendo en cuenta que el inversor precisa de un control político más estrecho de
esa mano de obra, el inversor está obligado, o prefiere, trasladar mano de obra procedente de
fuera. Sea cual sea el caso, se produce una dislocación: primero del mercado de trabajo, y, a
continuación, una dislocación geográfica al conducir a los trabajadores o propietarios hasta
entonces presentes en el área a emigrar a otras zonas. Esa emigración se da como

23
consecuencia de la incapacidad financiera de continuar siendo propietarios o inversores, o de
la incapacidad técnica para ejercer las nuevas funciones.
Aculturación
Es indispensable resaltar que otras actividades también conocen paralelamente el mismo
impacto, toda vez que el aumento de densidad del capital tiene un gran poder de contagio en
las áreas agrícolas, arrastrando en el mismo movimiento a las áreas vecinas y a las actividades
complementarias. Eso conduce, a veces muy rápidamente, a una tercera consecuencia
importante: la tendencia a la «aculturación» del área. La substitución de personas, la
introducción de nuevas formas de hacer, la alteración de los equilibrios sociales de poder,
generan desequilibrios de los que resulta, por una parte, la migración de los liderazgos locales
tradicionales y la quiebra de hábitos y tradiciones, y, por otra parte, la transformación de las
formas de relación generadas lentamente durante largo tiempo, que se ven, de repente,
sustituidas por nuevas formas de relación cuya raíz es extraña y cuya adaptación al lugar tiene
un fundamento puramente mercantil. Esto significa que hay un doble proceso de alienación, tal
vez menos sensible para los que llegan, en virtud de sus objetivos o por el hecho de que ya
están habituados a un estilo de vida menos vinculado a un sólo lugar. A diferencia de los otros,
los que están llegando vienen ya con un empleo, o con la esperanza de obtenerlo. Para los que
salen la situación es más dramática. Son apartados de una posición social, política o
profesional cuya estabilidad se consolidó a lo largo del tiempo (e incluso por herencia) y cuya
existencia tenía una cierta comunión con las condiciones del área a la cual estaban
íntimamente vinculados y de la que se ven, de una hora para otra, obligados a un éxodo que
los sitúa ante un nuevo espacio, una nueva economía, una nueva sociedad, donde tendrán
grandes dificultades para desempeñar un nuevo papel.
La urbanización y la ciudad
Una cuarta consecuencia es la transformación de las condiciones de la organización urbana y
de la vida urbana misma, En la medida que la economía se altera profundamente, así como la
sociedad, y en la medida también en que los tipos de relaciones económicas y de todo orden
cambian substancial mente, las ciudades se hacen rápidamente otra cosa en relación a lo que
eran antes. De este modo, el espacio correspondiente a la provincia, así como el espacio
regional, conocen, de repente, nuevas formas de articulación; del mismo modo que las
relaciones interurbanas pasan a tener una naturaleza completamente distinta de la que antes
se conocía.
Problemas de análisis
El análisis de estos cambios, que son tanto espaciales como económicos, culturales y políticos,
puede hacerse, como sugeríamos antes, desde el punto de vista de las diversas instancias de
la producción. Es decir, de la producción propiamente dicha, de la circulación, de la distribución
y del consumo. Pero también puede tomar como parámetro otras categorías, por ejemplo, las
estructuras consagradas de la sociedad, o sea, la estructura política, la estructura económica.
la estructura cultural-ideológica, a las cuales añadimos lo que llamamos la estructura espacial.
El análisis puede también adoptar como punto de partida otra serie de categorías: la estructura,
el proceso, la función y la forma.
El análisis en función de las instancias de la sociedad
Si partimos de la formación económico-social y de sus instancias constitutivas, verificaremos, a
lo largo del tiempo histórico. una creciente desarticulación geográfica entre las mismas. El
centro de dirección económica puede no ser el mismo que el centro de dirección institucional o
cultural-ideológico. En el caso de la comunidad de países, y volviéndonos a referir a la cuestión
de los Países subdesarrollados, cuanto más cargado está el espacio de capital fijo y de un
nexo técnico-científico, tanto más fácil parece su penetración por elementos económicos más
complejos, por una ideología extraña a la historia local y por una dirección política distante. El
nivel local de cada una de esas instancias no cambia de modo paralelo, pero la evolución de
todas ellas es más rápida que en las fases anteriores.
Es posible así que a una economía altamente capitalista no le corresponda inmediatamente la
distorsión de la dirección política de la sociedad local, o una perdida de identidad cultura¡. El
proceso, sin embargo, tiende a ser completo y la estructura espacial, modificada parcialmente
para acoger y atribuir rentabilidad a las nuevas condiciones del capital especulativo, acaba por
conocer modificaciones que afectan a una superficie mayor.
El análisis desde el punto de vista de la estructura, del proceso, de la función y de la forma
Aun aquí se verifica el mismo fenómeno de desarticulación geográfica. Ciertamente, la
estructura a la que nos referimos es la estructura de la nación como un todo, pero en la medida
en que un territorio está menos integrado políticamente, económicamente, o por los medios de

24
transporte y comunicaciones, cada lugar es alcanzado con desfases por las determinaciones
de la estructura global.
Cuando un área es incorporada a las formas técnico-científicas de (re)organización espacial y
así destinada a incorporar fracciones de capital que exigen una rentabilidad mayor y, por
consiguiente, una circulación más rápida de los productos, tal área es dotada obligatoriamente
de los medios de transporte y comunicación que la vinculan a los centros neurálgicos del país.
De este modo, los efectos de las determinaciones de la estructura global se hacen sentir con
menor desfase.
Los procesos de todo orden (económicos, institucionales, culturales), que inciden sobre el área
en cuestión, proceden, de ese modo, de todos los niveles de decisión. De la misma forma, las
funciones ejercidas por el área corresponden igualmente a esos diversos niveles. Si un
subespacio, a pesar de estar inserto en el contexto global de la nación, podía escapar de algún
modo al peso de la totalidad de las determinaciones más generales y valorar las
determinaciones de naturaleza local o regional, a partir de la organización científico-técnica del
espacio éste pasa a ser el teatro de una multiplicidad de acciones, cuyo origen y cuyo nivel es
diverso. Esto lleva también a que las formas locales, o sea, los objetos creados para permitir la
producción económica, las formas generadas para hacer posible la vida institucional y cultural,
se vuelvan extremadamente precarias, subordinadas a cambios rápidos y profundos. Esto
ocurre tanto en la organización de la red de transportes, que debe readaptarse rápidamente,
como en el plano urbano, que debe ser modificado con prontitud para atender al nuevo tipo de
demanda representado por una nueva estructura profesional o por exigencia de orden cultural;
y ello sin hablar de las relaciones sociales, creadoras de nuevas formas de convivencia. Del
mismo modo, la propia administración pública debe reorientarse. Podríamos añadir un gran
número de ejemplos, desde la frecuencia de los viajes hasta la estructura del consumo.
En la medida que todo esto está subordinado a un juego de relaciones en el que las variables
proceden, sobre todo, de centros de decisión cuyos objetivos no son coincidentes y que están
situados en diversos puntos del país, e incluso fuera del mismo, la sociedad local se ve
sometida a tensiones mucho más numerosas y frecuentes.
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ESPACIO Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

Joan-Eugeni Sánchez

ÍNDICE
El espacio y el cambio técnico
Las nuevas tecnologías con efectos espaciales
Efectos de las nuevas tecnologías sobre los factores geográficos
Las relaciones de poder en el espacio
Los tipos de espacio
El espacio económico
El espacio vivencial
La escala espacial de los microespacios a los macroespacios
La matriz de análisis de efectos-condiciones
Un ejemplo de aplicación de la matriz: el teletrabajo
Algunos interrogantes
Bibliografía
Notas

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EL ESPACIO Y EL CAMBIO TÉCNICO1
La situación actual de innovación tecnológica, y el tipo de tecnologías que se están
desarrollando, introduce una relación nueva con el espacio con implicaciones de orden
social y territorial aún hoy no totalmente definidas y poco estudiadas. La constante y
progresiva implantación de las nuevas tecnologías genera, y generará cada vez más, un
conjunto de interrelaciones globales con el espacio.
Las nuevas tecnologías se están configurando como uno de los ámbitos más dinámicos
de actuación humana de este final del siglo XX; pero no podemos olvidar que toda
actividad humana se desarrolla en y con el espacio geográfico, del que nos
aprovechamos, sobre el cual incidimos, pero que a su vez también nos impone
condicionantes.
Parece pues apropiado y significativo preguntarse por la relación que pueda establecerse
entre ambos niveles, espacio y nuevas tecnologías, máxime en este momento en que la
preocupación por el desarrollo, la difusión y los efectos de las nuevas tecnologías sobre
la vida del hombre reclama la atención de todos.
Las nuevas tecnologías y el espacio
El problema de la relación entre espacio y nuevas tecnologías ha interesado a los
estudiosos (véase por ejemplo la bibliografía contenida en Molini, 1986). Pero, en
general, sus aproximaciones al tema se han efectuado desde unas perspectivas en cierta
forma parciales.
Una línea de estudios ha centrado la atención en considerar las transformaciones que
tendrán lugar sobre los espacios productivos en cuanto se difundan las nuevas
tecnologías de la producción, ya que se preve que éstas, al transformar los procesos
productivos, afectarán de forma importante a la división espacial e internacional del
trabajo y de la producción; en esta línea el interés se centra, sobre todo, en el espacio
productivo industrial (Mason, 1984; Amin, 1986; Markusen, 1986; Chapman, 1987;
Hamilton, 1987; Knaap, 1987). Como una concreción del planteamiento anterior, se ha
prestado también atención a los efectos de las nuevas tecnologías sobre el espacio
considerado como espacio económico, derivándose de esta consideración los efectos
sobre el desarrollo regional (Cross, 1981; Slowe, 1981; Castells, 1985; Daniels, 1985;
Johnson, 1986; Keekle, 1986; Molini, 1986; Sthöhr, 1987; Mella, 1987; Bellet, 1987;
Knaap, 1987). Un tercer enfoque de análisis engloba los estudios sobre distribución y
difusión de nuevas tecnologías en el territorio (García Ferrando, 1976; Brotchie, 1987;
Chapman, 1987; Molini, 1987; Ruiz, 1987). Por último, un cuarto enfoque, no
claramente definido como geográfico, pero que contiene amplias implicaciones
espaciales, sería el relacionado con lo que se ha dado en llamar la sociedad de la
información2 (Martin, 1978; Laver, 1980; Reese, 1982; Schiller, 1984; Castilla, 1986;
Meyer, 1986; Arroyo, 1987; Bakis, 1987; Brotchie, 1987; Gouedard-Comte, 1987;
Pelou, 1987; Lanza, 1988).
En general en muchos de estos análisis, como por otro lado es habitual, el espacio
aparece de forma indirecta o parcial, no en su globalidad y como un todo, sino como
algo que ésta allí y que existe, pero que no se le considera una variable suficientemente
significativa en sí misma como para introducirla en el estudio.
En nuestra línea de pensamiento, creemos que es un error olvidar o relegar a un papel
subordinado el espacio, en la medida en que pensamos que debe considerársele como
una instancia, junto con la económica, la político-institucional y la ideológico-cultural,

27
en la articulación de toda sociedad (Santos, 1985) y por ello con un importante papel en
la explicación de los procesos sociales.
Una propuesta metodológica de análisis de efectos y condiciones espaciales de las
nuevas tecnologías
El enfoque del presente trabajo es de signo metodológico. Se trata de ofrecer una
propuesta metodológica para el análisis de los efectos y condiciones que en relación con
el espacio geográfico tienen, o pueden tener, la incorporación de nuevas tecnologías.
Para ello se propone un modelo de análisis que permita analizar sistemáticamente los
condicionantes territoriales y las relaciones espaciales que pueden derivarse de la
incorporación social de las nuevas tecnologías.
El modelo debería servir para abordar el estudio de los efectos espaciales que cabe
esperar de cualquier incorporación técnica, así como de guía en el vaciado de la
literatura existente, directa o indirectamente referida a la presentación de los efectos y
condiciones espaciales de las nuevas tecnologías.
Como hemos defendido en otro momento (especialmente Sánchez, 1984), pensamos
que cualquier transformación social debe tener su correlato en una coherente adecuación
de la estructura espacial, sin la cual no es factible el mantenimiento de la estructura
social. En cierto sentido, equivale a la necesaria coherencia entre fondo y forma. De ahí
la importancia de considerar al espacio como una variable significativa en el estudio de
las relaciones sociales.
En base a este principio, y a través del seguimiento de la concreción espacial de los
efectos, se puede llegar a valorar la coherencia de las propuestas que se formulan de
incorporación de nuevas tecnologías, ya que éstas deberán configurar una articulación
espacial coherente para que puedan producirse y mantenerse.
Ello obliga a analizar la coherencia espacial de las consecuencias socio-económicas
globales, y no sólo de las ligadas técnicamente a la incorporación de nuevas tecnologías
individualizadas. El modelo que se propone pretende servir de guía analítica en este
propósito globalizador a través del estudio de los efectos como proceso; efectos
directos, derivados e indirectos, en un planteamiento de tipo sistémico.
Para mostrar más concretamente el 'funcionamiento' del modelo expondremos, más
adelante, un ejemplo a través de su aplicación a una de las transformaciones que se
pronostican: el teletrabajo.
Doble dirección de las relaciones entre espacio y nuevas tecnologías
La relación entre espacio y nuevas tecnologías debe abordarse desde una doble
perspectiva. Por un lado las nuevas tecnologías ejercen una clara incidencia sobre el
espacio, siendo el territorio un aspecto sobre el que actuar3. Pero no debemos olvidar,
como lo olvidan frecuentemente los estudiosos, que también el espacio, en sí mismo, se
muestra como un condicionante (no confundir con un planteamiento idiográfico), ya
que, mientras en ocasiones se buscará el espacio idóneo para el desarrollo de las nuevas
tecnologías, en otros momentos lo que se pretenderá, a través de ellas, será aprovecharse
o enfrentarse con él, para solventar problemáticas del propio espacio; en este sentido el
espacio en general, o el territorio en particular según el ámbito espacial al que se actúe,
impone en sí mismo unos condicionantes según las características del medio físico y en
cuanto características como espacio social históricamente producido.
Por tanto no se tratará sólo de unos efectos (o impactos) desde fuera, sino también de la
existencia de unos condicionantes desde dentro, como pueden ser las condiciones de
localización que el propio territorio-lugar imponga. Queda relativizado de este modo, el
concepto de impacto que habitualmente se utiliza; éste ofrece la imagen de que los
procesos son unidireccionales;desde las nuevas tecnologías hacia y sobre la sociedad y
el territorio, cuando en realidad es birrelacional, ya que el espacio aparece, cuanto

28
menos, como condicionante; se trataría de una influencia en cierta medida pasiva, pero
influencia al fin y al cabo, a la que habrán de adaptarse las estrategias.
Pero tampoco cabe olvidar que las nuevas tecnologías y el espacio se relacionan a otro
doble nivel. Como espacio económico? productivo, desde luego, pero también como
espacio global de la vida humana, tanto en sus relaciones político-institucionales
generales, como en el normalmente olvidado ámbito del espacio de la vida cotidiana,
aquel en el que se refleja para cada individuo su calidad de vida en particular.
Consideración sobre el significado de efecto
Centrémonos ahora en considerar el significado de efecto (o impacto) de las nuevas
tecnologías sobre el espacio y la sociedad.
Un efecto espacial será aquel tipo de incidencia que una, o unas, nuevas tecnologías
generarán sobre el espacio geográfico (como espacio social o como medio físico aún no
actuado por el hombre, caso por ejemplo del espacio interplanetario). En la actualidad,
esta posibilidad de generar incidencias sobre el espacio geográfico viene propiciada por
la extensión, precisamente, de nuevas tecnologías, ya que ellas son las que potencian, en
términos generales, unas nuevas formas de actuación social. Con lo que se harán más
evidentes los factores de tipo económico implícitos en el propio desarrollo de las nuevas
tecnologías.
Por ejemplo, se habla constantemente de empresas multinacionales, de
internacionalización, de transferencia tecnológica, de difusión de conocimientos, o de
mundialización de las relaciones políticas, sociales y económicas. Un repaso a los
medios de comunicación de amplia difusión nos lleva a tener que asumir este tipo de
vocabulario. ¿Qué significados podemos atribuirle? Entre otros, significa que nos
hallamos en un momento en el cual las relaciones sociales han superado totalmente los
ámbitos cerrados o constritos, para tomar una dimensión planetaria.
¿Qué es una multinacional? Es aquel tipo de empresa que comporta una actuación
productiva, no sólo comercial, que tiene como área de actuación precisamente el
Planeta, en cuanto potencialidad de poder actuar en cualquier punto del mismo,
asumiéndolo como espacio productivo ligado a un único centro de decisión. Y ésto con
independencia de las divisiones geopolíticas y, en gran medida, con independencia
también de la ideología de los regímenes políticos imperantes en los lugares de
localización productiva. Ello ha consolidado el proceso de internacionalización de la
producción, y no sólo del comercio, a escala planetaria. El planeta Tierra deviene un
espacio único subdividido en subespacios o regiones: la nueva región geográfica de las
multinacionales puede ser el continente o el subcontinente, por encima de los estados.
Así, por ejemplo, una huelga que se produzca en una factoría puede tener repercusiones
inmediatas en el resto de factorías localizadas en otros estados, con lo que las políticas
estatales se verán alteradas por acontecimientos que se producen en el seno de otro
estado, sin que ellos hayan participado directamente ni en las causas, ni en el proceso
que los han motivado. El mercado productivo es mundial, lo que repercute a su vez en
las balanzas comerciales y de pagos. Las decisiones de especialización productiva
interna de la empresa multinacional llevan a que se compren a sí mismas productos
producidos en otros países, lo que altera las balanzas comerciales, aún cuando después
se vea compensado en la balanza de pagos por transferencia de capitales o de
beneficios.
Así la dimensión física de nuestro espacio cotidiano tendrá una extensión de hasta
algunos kilómetros de radio, pero en cambio, nuestro espacio mental cotidiano, nuestro
espacio de información y, para algunos, el espacio de actuación se sitúa o puede situarse
a escala mundial.
La coherencia necesaria entre los cambios en las dinámicas social y territorial

29
Como se ha señalado más arriba, una premisa básica en el análisis espacial es la
necesidad de una coherencia entre las diversas instancias en un territorio. De ello se
derivará que la aplicación de las nuevas tecnologías haga necesaria la coherencia entre
las necesidades estructurales de la propia nueva tecnologia, la estructura productiva, la
estructura social de su implantación y la adecuación estructural del espacio, del mismo
modo que el funcionamiento económico de una sociedad requiere una estructura social
adecuada. Es decir, a varios niveles encontramos la necesidad de que exista coherencia
entre los diversos ámbitos o instancias de la sociedad, de forma tal que si esta
coherencia se produce el proceso podrá funcionar adecuadamente;con independencia de
que nos guste o no. Mientras que si no se alcanza dicha coherencia, la consecuencia
lógica será la aparición del conflicto social.
Con el espacio ocurre lo mismo. Si no se alcanza una coherencia o concordancia
estructural entre espacio y nueva tecnología difícilmente será viable o permanente su
implantación, generándose una situación de conflicto.
Por ello se presupone que deberá producirse un doble proceso de adecuación, según el
cual las nuevas tecnologías, en el momento en que se vayan implantando y difundiendo,
tendrán efectos sobre el espacio de reacondicionamiento, de reestructuración y de
rearticulación, adaptándolo a las nuevas exigencias que ellas mismas impongan; al
tiempo que también el propio espacio, en sus características particulares como lugar
concreto, obligarán a las nuevas tecnologías que quieran implantarse o servirse de él, a
adaptarse. Por ello, será preciso que en su proceso de implantación, las nuevas
tecnologías se apliquen o penetren bajo formas distintas en función de la adecuación del
principio general a cada lugar o territorio como espacio social concreto y particular, en
tanto que medio físico y que espacio social producido, sobre el que se pretende
intervenir.
El desarrollo técnico
Introduzcamos ahora la consideración del papel de lo que se denomina desarrollo
técnico, o desarrollo de las fuerzas productivas, por cuanto representa un concepto más
amplio que el de nueva tecnología.
El desarrollo técnico ha permitido aumentar la capacidad productiva del trabajo,
incidiendo sobre la cantidad de trabajo humano directo necesario para la producción de
una mercancía (productividad). Pero también ha permitido remodelar el tipo de recursos
a emplear, con repercusiones sobre los espacios productores de primeras materias. Ello
obliga a poner cada vez mayor énfasis en lo que podemos denominar recursos técnicos
frente a los clásicos recursos humanos y de capital. Se puede hablar cada vez menos,
como la hacían los clásicos, de solamente tierra, trabajo y capital, al verse
progresivamente potenciada la importancia del factor técnico.
Un aspecto substancial del factor técnico, o recursos técnicos, es su relación con los
recursos humanos. Por un lado está ligado a la capacidad de los individuos, ya que son
ellos los que descubren y desarrollan las innovaciones técnicas. Pero, una vez
desarrolladas, creadas o producidas, se independizan de ellos, adquiriendo un carácter
autónomo que permite ser apropiadas por otros individuos y ser aplicadas a su vez por
otras personas, sólo con la condición de que éstas posean en sí mismas, como fuerza de
trabajo, la capacidad y cualificación correspondiente a las exigencias de aplicación del
nuevo proceso técnico. Una fórmula magistral, el diseño de un prototipo o un programa
informático, una vez creados, se independizan del creador y pueden ser utilizados y
aplicados por cualquier otra persona que conozca los principios o la tecnología básica
en la que se apoyan.

30
Así pues, no sólo es importante el control de los recursos humanos, de los recursos
físicos y de los de capital, sino que, cada vez más, es importante el control sobre los
recursos técnicos. Con ello también el control sobre su difusión.
Efectos espaciales directos, derivados e indirectos
Al considerar el proceso de incorporación de nuevas tecnologías puede efectuarse una
primera lectura en base a los efectos directos que sobre el territorio pueden tener. Pero
no es suficiente quedarse a este nivel de lectura, por ser excesivamente superficial, ya
que pueden ser tanto o más importantes los efectos derivados o los indirectos. En
términos sistémicos vemos que son especialmente importantes los efectos de feed-back,
o realimentación, que se producen con la implantación de cada nueva tecnología, de
forma que una modificación engendra un cambio que incide sobre otras dimensiones
espaciales o sociales, los cuales, a su vez, repercuten nuevamente sobre el territorio, y
así sucesivamente, generando un bucle helicoidal de realimentación.
Por ello, junto a los efectos directos deberemos prestar una gran atención analítica a los
efectos derivados ligados a la propia tecnología, o a los efectos indirectos que se
producirán como consecuencia de los derivados, en la medida en que éstos pueden ser
efectos no previstos, con repercusiones fuera de control y cuyas consecuencias habrá
que analizar. Intentaremos mostrarlo en el ejemplo que se propondrá.
Lo que estamos apuntando es el proceso, en cierta medida autónomo, de
interdependencia entre los efectos concretos sobre el espacio y los condicionantes
subsiguientes que ofrecerá el propio territorio. No se trata, por tanto, de un feed-back en
sentido estricto, en el que el sistema se adecua a sus propios resultados, sino de un
proceso de interdependencia entre incorporación de nuevas tecnologías, necesidades
espaciales que exige esta incorporación y readecuación del sistema, lo que generará el
proceso sistémico de adecuación social y territorial.
Innovación tecnológica y relaciones de poder en el espacio.
¿Cómo y quiénes conducen todo el proceso?
El modelo propone reconocer los efectos espaciales de las relaciones de poder ligadas a
la implantación y efectos de nuevas tecnologías. Pero no deberán olvidarse a los agentes
últimos que dinamizan el proceso. Y ello para contextualizar convenientemente la nueva
situación.
Creemos que el desarrollo técnico sigue los mismos principios y objetivos sociales que
imperan en la sociedad en la que se desarrollan. En otros momentos (Sánchez, 1981)
hemos defendido que el principio motor de la articulación social era la apropiación-
gestión del excedente, cualquiera que fuese la sociedad histórica que se tomase en
consideración. No existen indicios de que el desarrollo de nuevas tecnologías siga o
vaya a seguir otros principios.
Antes al contrario, el propio coste económico de su desarrollo e implantación, y la
fuerte incidencia sobre los procesos económico-productivos parecen reforzar aún más
este objetivo.
Lo que significa, en base a los criterios de coherencia estructural antes apuntados, que el
desarrollo y la implantación de nuevas tecnologías forzará hacia cambios importantes de
las estructuras sociales.
Nos centraremos en las exigencias ligadas a la reformulación de los aspectos espaciales.
Por ello dejaremos de lado cuestiones del tipo: ¿cómo se toman las decisiones de
innovación y en qué campos?; ¿por qué se aplican en un lugar y bajo que formas?;
¿cuáles son los objetivos mediatos de su implantación?; ¿qué intereses entran en juego?;
¿en qué relaciones de poder interterritoriales e intraterritoriales se apoya la difusión de
nuevas tecnologías?; ¿ cómo reaccionan las diversas fuerzas en juego?. Y un sin fin de
otras cuestiones esenciales sobre el quién, el por qué, el dónde, el cómo o el cuándo del

31
desarrollo de las nuevas tecnologías, cuestiones que no podrán dejar de plantearse
seriamente en un futuro análisis global de este proceso.
LAS NUEVAS TECNOLOGIAS CON EFECTOS ESPACIALES
Efectuemos una rápida presentación de las nuevas tecnologías que previsiblemente
implicarán alguna forma de efecto espacial. Se trata de un tema en el que existe amplio
acuerdo entre los diversos autores, ya que el ámbito de lo que se consideran actualmente
como nuevas tecnologías aparece en la bibliografía existente ampliamente consensuado.
(Ros, 1986, Castells, 1986, Castilla, 1986).
Microelectrónica
En primer lugar puede situarse a la microelectrónica, siendo en cierta forma el ámbito
que ha motivado la existencia de una nueva revolución tecnológica. Ella es la que ha
posibilitado la incorporación de la electrónica a un sin fin de actividades, pero sobre
todo el desarrollo de la informática, a través de un proceso de miniaturizaci6n, de
potenciación y de creciente complejidad de los circuitos.
Por tanto, no hay que pensar solamente en la microelectrónica como base de los 'chips',
o microprocesadores, y de la informática, sino que hemos de pensar en la
microelectrónica aplicada a numerosos campos, como puede ser la optoelectrónica,
dentro de la cual el láser o la fibra óptica serán áreas de desarrollo importantes y de gran
trascendencia, así como la base de las tecnologías de la información que llevan hacia la
sociedad de la información.
Informática
La informática basa su importancia en ser el campo de las nuevas tecnologías que ha
revolucionado los procesos, y sobre todo la cantidad y la velocidad, de tratamiento de la
información.
Citemos dos líneas de aplicación en las que puede ser especialmente importante su
papel de intervención sobre el espacio. Una es lo que se empieza a denominar
productiva, entendida como la aplicación de la informática al proceso de producción.
Complementariamente a ella se desarrolla la burótica u ofimática en cuanto aplicación
específica a los procesos de trabajo de oficina o burocráticos. Una importante
derivación es la robótica, que trataremos de forma específica a continuación.
Son aplicaciones concretas de la prodúctica el CAM («Computer Aided Manufacture»),
producción asistida por ordenador; el CIM («Computer Integrated Manufacturing»),
fabricación integrada por ordenador; el CAD («Computer Aided Design»), diseño
asistido por ordenador; el control de procesos y de calidad, o la incorporación de
sistemas expertos. A ello hay que añadir la posibilidad de su extensión mediante redes
de ordenadores.
La segunda línea a la que nos referimos es la inteligencia artificial, de la cual se derivan
posibilidades de aplicación tales como los ya citados sistemas expertos, entendidos
como aquellos programas informáticos en base a un conjunto de variables
interrelacionadas, de forma tal que aportando valores específicos a dichas variables el
sistema experto establece un diagnóstico o toma una decisión de actuación que
transmite a un sistema acoplado a él.
Automática, robótica
El interés y las realizaciones en el campo de la automática son muy anteriores a las
nuevas tecnologías. Existen autómatas desde hace siglos, siendo el reloj mecánico un
ejemplo de ello. También es antiguo el interés por producir muñecos mecánicos que
reprodujesen los movimientos humanos o animales. Pero la aparición de la electrónica,
de la microelectrónica y el desarrollo de la informática han abierto un campo de
posibilidades casi ilimitadas al desarrollo de la automática y, en particular, a la robótica.

32
Hoy se sustituyen o complementan los automatismos mecánicos o neumáticos por
procesos controlados por ordenador. Pero además pueden ser dirigidos por sistemas
expertos, con amplia capacidad de autoanálisis y autorregulación en función de los
cambios que se produzcan en las variables que configura dicho sistema experto. Esta vía
abre el campo a la incorporación de procesos flexibles, de los que carecía el autómata
mecánico clásico.
En el ámbito de la producción se están introduciendo cada vez mayor número de robots
y de sistemas automatizados, mediante los cuales la producción se efectúa con una
considerable disminución de trabajo humano y bajo controles centralizados y cada vez
más informatizados, aprovechándose de las capacidades de autocontrol. Al mismo
tiempo, se incorporan también una de las más interesantes posibilidades, cual es la de
autorrealización. No solamente se controlan procesos, sino que se interviene
directamente en el proceso de producción directa manipulando objetos materiales, sea
en una cadena de producción de automóviles, sea entregando dinero a través de un
cajero automático, sea, cosa que gusta mucho citar a ciertos `futurólogos', construyendo
nuevos robots.
La conexión a redes abre una posibilidades hasta hace poco impensables de intervención
y actuación espacial.
Comunicaciones y tecnologías del transporte
Debemos entender este ámbito como aquellas técnicas y realizaciones destinadas al
desplazamiento de objetos materiales, con masa y volumen apreciables. La innovación
técnica no hace más que aumentar sin cesar la capacidad de volumen y masa de
transporte y disminuir el tiempo y los costes.
No podemos decir que el campo de la ingeniería civil y de las obras públicas haya
sufrido una 'revolución' reciente, sino que han seguido un constante proceso de avance
tecnológico. Lo que si son espectaculares son las realizaciones que se consiguen. Desde
edificios de decenas de pisos de altura, a puentes o túneles de gran longitud, pasando
por el mundo de la aeronáutica, los grandes buques petroleros o los trenes de alta
velocidad, que no hacen más que acortar las distancias relativas al desplazamiento de
personas o objetos de índole material, empequeñeciendo de esta forma el espacio
relativo del Planeta.
Telecomunicaciones
Las telecomunicaciones han sido el medio esencial a través del cual se ha trastocado la
relación espacio-tiempo. Y ello por la posibilidad abierta, con el uso de ondas eléctricas
y electromagnéticas, para la transmisión de información, de recepción prácticamente
instantáneamente y, en el caso de las ondas electromagnéticas, en todas direcciones,
incluso a distancias interplanetarias; en este caso la recepción deja de ser instantánea
para adaptarse a las grandes distancias que deben cubrirse, superiores a unidades de
300.000 kilómetros.
A partir del momento, ya lejano, en que el hombre supo comunicarse a través de
mensajes escritos, fue capaz de hacer ejecutar ordenes a distancia, pero para ello debía
valerse de otros hombres dispuestos a trasladarlas (correos o mensajeros) y a ejecutarlas
físicamente. La primera incorporación de la electricidad como soporte de la
información, con el telégrafo y el teléfono, significó la posibilidad de eliminación del
mensajero, sustituido ahora por ondas eléctricas a través de un hilo conductor,
consiguiéndose, lo que fue más importante, la práctica instantaneidad en la
comunicación. Se vencía así la fricción del espacio, aunque con estas técnicas sea
necesario todavía un canal en forma de red. El salto a las ondas electromagnéticas
elimina la construcción del canal, y la comunicación se difunde en todas direcciones,
con lo que solamente se requiere un medio emisor y unos receptores, que pueden ser en

33
número ilimitado, lo que posibilita la recepción de la misma información desde
cualquier punto en el espacio en el que se disponga de un receptor, con la sola condición
de que hasta él alcancen las ondas electromagnéticas emitidas.
El espacio terrestre, pero también el interplanetario, se configuran bajo unas nuevas
dimensiones en cuanto espacios de información y espacios de comunicación. De ello se
derivarán algunas de las transformaciones aparentes más importantes en la relación de
las nuevas tecnologías con el espacio, dada la espectacularidad de los cambios
introducidos. Comunicaciones telefónicas instantáneas y radiocomunicaciones a las que
se incorporan espectacularmente los satélites de comunicaciones.
Pero también comunicaciones de datos, sean éstos a partir de bases de datos
preexistentes o creados ex novo a partir de los propios medios, como es la teledetección
o los satélites de reconocimiento.
Todo ello a través de redes internacionalizadas o bajo la creación de redes internas o
locales de muy diversa extensión.
Telemática, telepresencia
El encuentro entre telecomunicaciones e informática, todas ellas basadas en principios
eléctricos, abre unos campos insospechados y antes desconocidos, a los que podemos
considerar como verdadera nueva tecnología.
Por ejemplo, abren el campo a la telemática como posibilidad de actuación física a
distancia y a tiempo real (en el mismo instante en que se produce la orden), lo que, a su
vez, significa abrir el camino a la telepresencia en donde la actuación a distancia no
requiere de otras personas como intermediarios, sino que con el único soporte de
máquinas, utillajes y energía se nos ofrece la posibilidad de ejecutar a tiempo real
acciones físicas materiales a distancia sin nuestra presencia directa en el lugar de la
actuación.
Hasta la aparición de la telemática el hombre sólo podía ejecutar actuaciones mecánicas
en los puntos en que estuviese físicamente presente, con la condición de que, además,
pudiese acceder con su cuerpo. Ahora deja de ser necesaria dicha presencia física para
que, a tiempo real o tiempo diferido, podamos ejecutar una acción físico-mecánica sin
estar presentes o sin intervenir directamente.
Se abre la posibilidad de alcanzar en cierta grado el 'don de la ubicuidad' en la medida
en que podemos actuar a distancia, no sólo mediante órdenes, cosa que acabamos de ver
que ya se sabía hacer desde antiguo, sino ahora directamente.
Las aplicaciones de estas nuevas tecnologías han sido tan rápidas que se nos han hecho
ya familiares y cotidianas. Desde algo ya tan usual como programar un vídeo o
accionarlo con un mando a distancia, o recoger muestras de suelo en otro planeta
sirviéndose de un vehículo adecuado bajo control remoto4.
Láser
La importancia del láser se presenta en el ámbito instrumental en el sentido de que es un
medio de potenciación de muchas de las otras tecnologías en numerosas aplicaciones,
en campos que van desde la defensa hasta los videodiscos, pasando por las
telecomunicaciones, la energía, la industria, la instrumentación científica, la
informática, la construcción y las obras públicas, la medicina, la química industrial, las
artes gráficas o el armamento. Abre el camino a lo que se denomina fotónica, con
amplias posibilidades de aplicación en el campo de la transmisión.
Biotecnología
Se trata de un ámbito de las nuevas tecnologías de una trascendencia espacial
importante. La biotecnología clásica, basada en la fermentación, ha dado paso a una
biotecnología moderna basada en tecnologías para el desarrollo de nuevos
microorganismos industriales, en la biología molecular y en la biología celular.

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Citemos como técnicas destacadas la ingeniería genética, con aplicaciones al
incremento de la productividad de organismos industriales en uso o al desarrollo de
nuevos productos, mediante sustitución de materias primas no renovables por materias
primas renovables o por aumento de la capacidad de biodegradación de sustancias
tóxicas en el medio ambiente; la fusión celular y sus aplicaciones a la producción de
anticuerpos o al desarrollo de nuevos híbridos vegetales; así como el campo de las
tecnologías para el desarrollo de nuevos procesos (Ros, 1986).
De entre las muchas posibilidades que se ofrecen, destacaremos aquí como
espacialmente significativas aquellas que dan lugar a la agrotecnología.
A través de la agrotecnología se ofrece la posibilidad de aplicar la biotecnología a la
producción de alimentos y especies animadas. La estructura clásica de la agricultura,
connatural a la vida humana desde la revolución neolítica, puede verse así afectada de
forma sensible y básica a través de las nuevas tecnologías.
Lo que sigue se plantea en un cierto tono extremo, como muestra de posibilidades que
se abren, no tanto como realidad inmediata ni siquiera necesaria; pero de hecho no hay
que olvidar que en agricultura la incorporación tecnológica ha permitido llegar a
grandes incrementos, tanto de rendimiento como de productividad. Esto hace factible el
que un corto número de personas pudiesen, si se quisiese, alimentar a toda la población.
Conviene recordar que un país tan importante como exportador de productos agrarios,
como son los EE.UU., sólo ocupa un escaso 2% de su población activa, o que en
Europa, los excedentes agrarios son uno de los problemas dentro de la CEE, con la
consiguiente aplicación de políticas restrictivas a la producción.
Toda la historia de la agricultura es una permanente aplicación de tecnología a la
producción de alimentos. La propia esencia de la agricultura es un hecho técnico, como
también lo son la mecanización, el regadío, los abonos artificiales, o el cultivo en
invernaderos.
La biotecnología ofrece la posibilidad de incorporar nuevas especies, antes inexistentes,
mediante unos procesos en los que incluso el suelo, clásicamente medio de producción
imprescindible, llega a ser sustituido por otros medios, como sucede en los cultivos
hidropónicos sobre soportes del tipo del serrín o tierras de mala calidad. El valor de
calidad del suelo como medio de producción ya no es imprescindible, puesto que se
pueden compensar por aportaciones artificiales, incluso en medios cerrados. La idea
bucólica que aún subsiste en una cierta concepción respecto al medio agrícola; un medio
físico, unos campos, unas construcciones, un quehacer del agricultor, un 'modo' de vida,
..; puede pasar a ser sustituida por un nuevo modelo espacial, y también social, de
agricultura: unas construcciones 'industriales' (no confundir con la agroindustria), unas
instalaciones también de signo y visión industrial (tuberías, silos, depósitos,
instalaciones, ...), y unos agricultores de bata blanca, en un medio esterilizado y con
libreta y ordenador en la mano. Muy visible ya es todo ello en la ganadería, donde la
informática permite la aplicación de sistemas expertos sobre un sistema cerrado, cual lo
es la vaca en cuanto productora de leche o de carne, en medios ambientes también
cerrados, controlando rendimientos, estados, o ciclos. Así como la inseminación
artificial, las modificaciones celulares y la introducción de nuevas especies, o la
aplicación de irradiaciones electromagnéticas para la conservación de alimentos.
Digamos que un aspecto tan básico a la geografía, como había sido lo agrario, se esta
viendo trastrocado en su forma, en su paisaje, en su proceso, en su modo de vida, a
través de las nuevas tecnologías. Recordemos que no entramos aquí en la extensión y la
velocidad de incorporación de las mismas, sino en las posibilidades que se nos ofrecen.
Es un ámbito que podrá recibir, y esta recibiendo ya, un efecto espacial evidente y
acusado a través de las nuevas tecnologías, las cuales, al tocar en la esencia del proceso,

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afectan a la forma, y con ella al espacio. El suelo deja de ser básico para poder pasar a
ser secundario, no sólo en invernaderos, sino bajo una nueva capacidad de crear espacio,
abriendo la posibilidad de aumentar la superficie, lo que antes sólo estaba reservado a
los procesos industriales y de servicios. Aparece hoy como factible, por ejemplo,
efectuar cultivos sobre bandejas y en medios cerrados, con lo que no sería difícil
imaginar un edificio de pisos destinado a la producción agrícola , en forma de `fábrica
agrícola', por ejemplo, de endivias o tomates, como de hecho ya existen `fábricas' de
leche o de carne. (García Manrique, 1984) La superficie deja de quedar condicionada a
la extensión de la superficie del planeta y, más en concreto, a aquellas zonas en las que
confluyen factores adecuados de calidad del suelo y de clima, es decir de una biosfera
adecuada, para pasar a poder crear suelo y disponerlo en 'vertical'. La tierra que era
componente esencial de la tríada de la economía clásica, deja de ser lo que era para
pasar a ser otra cosa: solamente soporte.
En el ámbito de la pesca también se abre amplias posibilidades en base a la extensión de
la acuicultura y a la ampliación de su campo de aplicación a nuevas especies.
Tecnología de los materiales
Este capítulo de las nuevas tecnologías es especialmente relevante en cuanto afecta al
espacio como recurso.
A lo largo de la historia los materiales han jugado un papel primordial, hasta el extremo
de que éstos han llegado a servir para denominar etapas históricas de la vida del hombre
sobre el planeta: edad de la piedra, edad del bronce, edad del hierro.
Consecuentemente, el espacio como recurso ha sido un factor esencial. La propia
geografía económica clásica ponía un especial énfasis en los recursos físicos y, por
tanto, en la localización de los espacios de recursos como condicionantes del
asentamiento humano.
Los nuevos materiales derivados del silicio configuran el grueso del ámbito de las
nuevas tecnologías de los materiales5. Si ello es así, podrá significar un cambio
importante en la estructura territorial de los recursos sobre el planeta, al permitir utilizar
un recurso ampliamente difundido y en cantidades prácticamente ilimitadas (Dunogues,
1988). Quedará replanteada la problemática de la limitación y escasez de recursos así
como el papel que desempeñan los países que basan su economía en la explotación de
recursos físicos, especialmente los de tipo metálico.
Entre las aplicaciones actualmente en difusión, la fibra óptica aplicada al campo de las
telecomunicaciones ha revolucionando la cantidad y calidad de transmisión de
información, al tiempo que se presenta con capacidad para reducir los costes, tanto de
construcción como de funcionamiento.
A los nuevos materiales cerámicos se les abren perspectivas de aplicación muy
superiores a las de los metales clásicos y también con reducción de costes, sobre todo de
obtención de la priera materia. Sin olvidar sus ventajas sobre los tratamientos de los
materiales convencionales, ofreciendo grandes posibilidades ante la corrosión química,
la resistencia mecánica, o la temperatura.
Tecnologías energéticas
Por último citaremos las tecnologías energéticas. En este ámbito es de importancia
espacial concreta el desarrollo del conjunto de las energías renovables, en base al
aprovechamiento de la energía solar en todas sus formas 'vivas', es decir, aquellas que
provienen, en el momento de la acción, del Sol bajo las distintas formas en que se
transforma en un momento y en un lugar dados: energía eólica, energía hidráulica,
energía maremotriz, etc. También deben reconocerse las posibilidades en el
aprovechamiento de la energía geotérmica, o del aprovechamiento de energía mineral

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como energía atómica, campo de una verdadera nueva tecnología. O la viabilidad de
aprovechar materiales fósiles residuales o residuos humanos.
Un aspecto importante de estas posibilidades es que muchas de ellas pueden incidir
sobre las relaciones de poder en una estructura especialmente 'cerrada' como es en la
actualidad toda aquella ligada a la producción y distribución de energía; petróleo y
electricidad; que se ha configurado de forma ampliamente centralizadas en unidades
productivas de gran potencia y concentración. En teoría al menos, se ofrecen unas
importantes posibilidades hacia la descentralización y 'miniaturización' en la producción
de energía.
En la medida en que, paralelamente, se puedan articular unidades productivas de bajo
consumo energético, se abre el campo para la incorporación de unidades de producción
de energía de baja potencia, relocalizadas espacialmente en las proximidades de los
centros de consumo y desligadas de las redes generales centralizadas en manos de las
grandes compañías. Es lo que Francisco Ros denomina «tendencia a economías basadas
en el diseño normalizado y la modulización de las instalaciones frente a las economías
de escala.» (Ros, 1986, 187)
EFECTO DE LAS NUEVAS TECNOLOGIAS SOBRE LOS FACTORES
GEOGRAFICOS
La situación derivada de la progresiva implantación de nuevas tecnologías tiene como
consecuencia efectos sobre el espacio. Se trata ahora de considerar aquellos aspectos
geográficos globales que pueden verse manipulados y modificados por la incorporación
de las nuevas tecnologías que estamos considerando. Presentemos una somera
aproximación de aquellos efectos que consideramos en este momento como los más
importantes y significativos.
La relación espacio-tiempo
En primer lugar podemos situar la incidencia en la relación espacio-tiempo, y en lo que
tiene de relación tiempo-distancia derivada de la incorporación del conocimiento
técnico6. Relación que se ha visto profundamente modificada y en algunos casos
invertida.
Aún cuando predominantemente las dimensiones espaciales se han medido con
unidades basadas en magnitudes geométricas, no era extraño encontrar casos en los que
la medida del espacio se efectuase con criterios de tiempo. Así se decía que algo se
hallaba a una distancia de una o varias jornadas, o que una superficie era de x jornales
(de trabajo). En ambos casos la unidad se correspondía con lo que podía hacer un
hombre durante el lapso de tiempo de una día. Son unidades de tiempo aplicadas a la
medida del espacio. La relación espacio-tiempo aparecía como una relación rígida o
fijada, en la que el movimiento o la actuación sobre él estaba condicionada al tiempo. El
espacio oponía una dificultad, ofrecía una resistividad a la movilidad, lo que llevaba a
medirlo en cuanto tiempo necesario para superarla. El tiempo sería la forma de
constatación del esfuerzo humano necesario para vencer la oposición del territorio,
medido en consumo de tiempo.
En la actualidad son innumerables las situaciones en que esa relación se ha visto
modificada e incluso subvertida: el tiempo se hace instantáneo a escala planetaria,
anulándose la resistencia del espacio concreto. Este efecto se constata sobre todo ante la
incorporación de las telecomunicaciones. Ellas permiten la instantaneidad al apoyarse
en un medio de transporte que se desplaza a la fabulosa velocidad de la luz, a aquellos
300.000 kilómetros por segundo que aprendimos en nuestra edad escolar. Velocidad
que, en relación a la dimensión del espacio planetario le hace aparecer como un espacio
instantáneo7. Solamente se precisa la existencia de los medios técnicos de

37
comunicación. Con ello, toda actividad que se apoye en el uso de información elimina
potencialmente la resistividad del espacio. La distancia ha desaparecido virtualmente.
Pero significa también un cambio en la consideración y capacidad de aprovechamiento
social de la resistividad clásica del espacio en relación a las fricciones territoriales y
sobre la diferenciación y división espacial; lo que afecta al valor de las escalas de
actuación y de análisis, como se verá más adelante;. Aspectos éstos en íntima relación
con las relaciones de poder sobre el espacio.
La función del espacio
Para plantearse los cambios sobre la función del espacio consideremos analíticamente
cuatro tipos de función básica, y sobre ellos proyectemos, a grandes rasgos, la
incidencia e interrelación que pueden tener las diversas tecnologías.
Se trata de considerar al espacio como factor, es decir, la forma en que el espacio
condiciona e interviene en las relaciones sociales, especialmente las económicas, y
cómo este tipo de intervenciones genéricas toma cuerpo en cada lugar (medio) concreto.
Un primer tipo de función se centra en la idea de espacio soporte, en tanto que sostén de
todas las relaciones y actividades humanas y sociales. Este tipo de función se aprecia
claramente a través de las actuaciones que pretenden desarrollarse fuera de la superficie
de la litosfera, ya que se ven precisadas a construir, ante todo, soportes para la actuación
humana, como lo son las plataformas espaciales, los barcos o los aviones y dirigibles.
Esta necesidad estaba clara en la formulación de Jean Brunhes (1964). Una vez creado
el espacio soporte, sobre él se desarrollan las actividades humanas, como fin último,
pero, insistamos, las cuales no es posible realizar sin la existencia previa de un espacio
soporte.
Una segunda función corresponde al medio geográfico como conjunto, el cual, en su
especificidad dentro de los campos de variabilidad que configuran al espacio (confusión
cara a los partidarios de la concepción idiográfica), impone su papel de factor
condicionante a la actuación humana. A las características del medio; físico y social
deberá adaptarse la aplicación de las nuevas tecnologías, para aprovecharse de, o para
incidir sobre, él. En su seno debemos aislar una tercera función, la que corresponde al
espacio como recurso, entendido como aquello que extraemos o aprovechamos del
espacio geográfico para nuestro uso y que puede recibir valoraciones sociales distintas
en cada época.
Por último cabe considerar una cuarta función: el espacio como medio de producción.
Es decir el espacio interviniendo directamente en el proceso productivo y sin el cual éste
no existiría. El espacio agrario es el ejemplo clásico de espacio medio de producción; no
nos interesa aquí en cuanto soporte de la actividad agraria, sino que se trata de la
existencia de un suelo (que podrá hacerse extensivo a la hidrosfera) y de una biosfera
adecuadas para la reproducción de especies vivas, vegetales o animales, según las
características propias de cada espacio medio productivo.
Desde la óptica de las funciones debe destacarse que cada punto del espacio, y en cada
momento determinado, solamente puede atribuírsele una única función. Se trata de lo
que denominaremos como principio de polifuncionalidad potencial y
monofuncionalidad efectiva. Según ello, cada punto del espacio tiene una función; bien
como espacio productivo, o como espacio residencial, o como espacio de ocio, o como
espacio sanitario,...; pero no puede asumir más que una al mismo tiempo, si acaso de
formas sucesivas o alternativas en el tiempo, pero no dos funciones en el mismo punto y
en el mismo instante.
Dado que para asumir una función es imprescindible la adecuación espacial, deberá
efectuarse una producción de espacio de remodelaje en función de las nuevas

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tecnologías que se implanten, lo cual puede tener importantes efectos de
transformación.
La movilidad espacial
Otro factor geográfico que presenta un amplio campo de variabilidad ligado a las
nuevas tecnologías es la movilidad. Si nos planteamos los cambios en la relación
espacio-tiempo antes citada, veremos que el factor esencial de transformación es la
movilidad absoluta o instantánea en la transmisión de la información. Esta puede
desplazarse instantáneamente y en múltiples direcciones, tantas cuantas permita el canal
de transmisión, que en el caso de ciertas ondas electromagnéticas emitidas en el medio
atmosférico son infinitas, asumiendo la ya señalada especie de ubicuidad, ya que en el
mismo instante se hallan a disposición de receptores potenciales en infinitos puntos del
espacio, sin que las múltiples recepciones simultáneas sean excluyentes entre sí.
También ha aumentado enormemente, como se ha visto, las posibilidades de movilidad
de los bienes y objetos materiales ligada a mejoras técnicas en los transportes, tanto en
cantidad de peso y volumen, como en velocidad y distancia, al tiempo que con
reducción en los costes globales.
La localización y la relocalización
Una consecuencia importante de la implantación de las nuevas tecnologías será la que
afecta a la localización de las distintas actividades humanas, y a la posibilidad de
relocalización de las mismas, en base a los nuevos avances tecnológicos.
Una de las más destacadas incidencias apreciables de la aplicación de nuevas
tecnologías se sitúa sin duda en el ámbito de la localización, tanto productiva, como de
los servicios, así como sobre el asentamiento de la población.
Las condiciones de localización se guiarán por nuevos parámetros de movilidad de los
factores, debidos al cambio de velocidad y/o de medios que alteran la relación espacio-
tiempo, así como por la modificación del peso cualitativo de los mismos en los procesos
productivos y sociales.
La producción del espacio
Como consecuencia de todas las transformaciones espaciales previsibles, y en la medida
en que todo cambio comporta una modificación de función, se hace imprescindible una
nueva producción de espacio, de forma tal que se consiga la adecuación entre forma
espacial y función, tal como se ha señalado al tratar de la funcionalización. Si la
producción de espacio implica intervención de recursos productivos; es decir, humanos,
técnicos y de capital; sobre el espacio, de ello se derivarán efectos indirectos o diferidos,
que no son más que formas de multiplicación de la incidencia de las nuevas tecnologías
sobre el espacio.
La división espacial
Históricamente el espacio terrestre ha sido dividido por el hombre bajo formas muy
diversas y cambiantes, atendiendo a circunstancias políticas, a procesos económicos, u a
otros factores.
La división geopolítica en estados es una de ellas. Pero éstos no siempre han asumido
los mismos límites ni la misma forma. Ciertas circunstancias, o el propio proceso
histórico, pueden evidenciar una inadecuación entre dimensión y función, lo que
llevaría a la necesidad de adecuar la una a la otra. Este sería, por ejemplo, el caso del
proceso de constitución del Mercado Común Europeo, en donde se parte de lo que se
considera una inadecuación en cuanto a extensión del mercado, como se reconoce en el
propio nombre: Unas técnicas de fabricación que producen en masa requieren un
mercado de masas; en términos de competencia y costes aparece como favorable una
extensión de los mercados y a ello se dirigió el Mercado Común como nueva
organización y división del espacio.

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En los ámbitos de la división espacial del trabajo y de la producción se apunta, por
ejemplo, la posibilidad de que los espacios rurales se puedan transformar en espacios
rural-terciarios. A otra escala es frecuente oír hablar de nuevo orden internacional o de
nueva división internacional del trabajo. Ello significa que se está pensando en una
previsible, o ya en proceso de realización, reformulación del espacio a escala
internacional basada en una nueva organización espacial del trabajo y de la producción
a escala mundial.
La empresa multinacional clásica, tal como se la entiende, ha conllevado la división de
la producción en múltiples factorías, integradas entre sí tanto horizontal como
verticalmente; y distribuidas potencialmente a lo largo de todo el planeta en base a dos
grandes objetivos de reducción de costes: en función de la proximidad a los mercados
de consumo reduciendo costes de transporte, o en función de la existencia de mercados
de trabajo potenciales a bajo coste.
El resultado ha quedado claramente reflejado en las clásicas curvas de evolución de la
población activa por sectores por países, en las que se nos muestra que a medida que se
entra en un proceso de desarrollo económico decrece la población activa primaria, crece
para decrecer seguidamente la población activa industrial y crece constantemente la de
los servicios. Apuntando como síntoma de que se avanza por el buen camino cuando se
entra en la etapa de inflexión en la curva de ocupación industrial. Al margen de otras
consideraciones en el análisis de este modelo, y del significado que normalmente sirve
de base explicativa, y que sería discutible, cabe plantearse un nuevo tipo de cuestiones,
y por tanto de evolución futura, que pueden derivarse de la incorporación de nuevas
tecnologías.
En efecto, la inflexión en la curva de industrialización; medida por el porcentaje de
población activa trabajando en la industria, hacia la industrialización no constituye en
realidad una menor industrialización real, ya que en nuestros hogares cada día se
dispone de más aparatos producidos por la industria, lo que significa es que el sector
industrial, en su conjunto, cada día produce más. Lo que sucede es que en muchos casos
ha cambiado la localización de las unidades de producción final, y desde donde la
mercancía es distribuida al mercado, así con también ha cambiado la forma de producir,
teniendo en cuenta que la productividad ha aumentado en base a la incorporación de
procesos seriados, automatizados y robotizados.
En este sentido, los países industrializados más avanzados han procedido, sobre todo
durante los últimos cuarenta años, a una relocalización progresiva de sus nuevas
factorías que asumen la fase final de fabricación del producto, hacia aquellos países que
reunían los requisitos de localización óptima respecto a los mercados y/o a la existencia
de fuerza de trabajo barata. Así países como España en Europa, o el conjunto del
sudeste asiático han sido bases territoriales de asentamiento de filiales de empresas
multinacionales. Desde estos nuevos territorios, donde se fabrica el producto final, es
desde donde se exportará hacia los países consumidores, que pueden ser los propios
países propietarios de la industria. Ello explica que países como Estados Unidos sean
exportadores de capitales e importadores de mercancías, muchas de las cuales son
productos producidos por sus propias empresas en otros territorios. Por ello, Estados
Unidos ha disminuido en términos relativos su papel como productor industrial, por
cuando ha desplazado la producción final de bienes industriales en su territorio para
pasar a producirlos en otros estados a través de las filiales de sus empresas
multinacionales8.
¿Cómo podrán afectar las nuevas tecnologías al actual orden en la división internacional
de la producción?. Pues a través de una aparente paradoja como es conseguir la
reindustrialización de los paises desarrollados9. Se cree que la robotización puede hacer

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retornar la producción directa al interior de los paises propietarios, o acercarla a los
mercados de compradores, ya que si los salarios—los bajos salarios; fueron el
determinante de la relocalización, la robotización hace disminuir grandemente el peso
de los salarios de producción directa al desplazar por máquinas robotizadas el trabajo
humano directo ante un similar, o incluso más barato, coste de instalación cerca de los
centros de fabricación de instalaciones de alta tecnología10. Lo que contaría ahora sería
el trabajo de i + d (investigación + desarrollo), y éste sí que se sitúa dentro de los paises
propietarios de los medios de producción, o en otras áreas desarrollados con capacidad
similar11.
A pesar de todo, de cumplirse estos pronósticos, las cosas no serán como antes, ya que
los paises de `nueva industrialización', como se denomina a los paises receptores de la
fase final del producto durante esta etapa, han creado unas infraestructuras y unas
actitudes entre sus habitantes y entre el bloque dominante autóctono, que podrán ser
aprovechadas hacia el futuro aún cuando se deslocalicen factorías de empresas
multinacionales. La situación es compleja, sin que las perspectivas estén definidas, pero
se pueden avanzar situaciones como ésta con viabilidad de futuro en su planteamiento
particular, el cual se configurará finalmente en su relación con todas las otras
circunstancias que rodearán a los nuevos procesos.
Lo que, de cualquier forma, se puede prever es una nueva división internacional de la
producción en base a una nueva organización técnica del proceso productivo.
La articulación y la jerarquización del espacio
Las transformaciones generales pueden implicar cambios en la articulación y
jerarquización del espacio. Esto será más evidente si se producen cambios en la
estructura social, la cual exige, a su vez,cambios en la estructura espacial en base al
principio de coherencia.
Un aspecto ligado a la articulación y jerarquización del espacio se halla relacionado con
las posibilidades, a veces contradictorias, que se ofrecen a través de las nuevas
tecnologías tanto respecto a los procesos de centralización-descentralización, como a
los de concentración-desconcentración.
En el campo de la información en sentido amplio se descentralizan, ante todo, los
usuarios, ya que individualmente se puede acceder a muchos puntos de información
(bases de datos, teletexto, vidoetexto, TV vía satélite,...). Ello permite no depender
exclusivamente de una fuente de información, cualquiera que sea su ámbito; de hecho
podemos estar conectados con información de base mundial. En contrapartida, se
concentran los emisores de información. El coste de creación y mantenimiento de una
base de datos que deberá operar a escala mundial es extraordinario, lo que hace que se
reduzcan a unas pocas. De la misma forma, el coste de transmisión, y su componente
infraestructural, también obliga a esta concentración, al quedar restringido, por ejemplo,
a unos pocos estados o empresas el poder disponer o servirse de los satélites de
comunicaciones. Por esta vía se hace efectivo el proceso de concentración sobre qué se
trasmitirá a través de ellos, ya que no todo el mundo, aunque sea un emisor potencial,
podrá acceder a los nuevos canales de comunicación.
Pero, al mismo tiempo, se rompen, en cierta medida, los pronósticos que preveían que
toda la información se recibiría a través de unos escasos canales, en especial de N. El
vídeo permite una desconexión opcional respecto a los canales masivos. Lo que parece
producirse tendencialmente es una polarización por los extremos. Las grandes
compañías se concentran por un extremo y, por el otro, las propias nuevas tecnologías
permiten la existencia de otros centros de emisión muy flexibles y de pequeña
dimensión y, por tanto también, de reducido campo de acción. A escala mundial estos
segundos tendrán escasa influencia, pero a escala individual representa la opcionalidad

41
de desconectarse de los grandes sistemas. Se da así la posibilidad de que aparezcan
múltiples centros de información de pequeña dimensión. Como, por ejemplo,
confeccionar un periódico o revista de alta calidad de presentación aprovechándose de
las posibilidades que ofrece la informática (autoedición), ya que con un ordenador, una
impresora de calidad y programas de edición altamente sofisticados, todos ellos
actualmente al alcance individual, se puede conseguir un alto grado de especialización y
calidad12. Ello permite esa `desconexión' respecto a los órganos de comunicación
convencionales. De hecho una realidad entre nosotros es ya la existencia de pequeñas
unidades de producción de información no convencional como son las televisiones y las
emisoras radiofónicas de ámbito local.
Es decir, se abre una doble tendencia. Las grandes redes mundiales se concentran; los
grandes bancos de datos son cada vez más costosos lo que hace que puedan subsistir
pocos; lo mismo que con las grandes cadenas de noticias o con la concentración de la
prensa y la edición. Pero, por el extremo opuesto, aumentan las posibilidades de
autonomización a través de la creación desubmundos de información, que pueden
alcanzar dimensión mundial a través de los que podríamos llamar suma de las partes, es
decir, por suma de pequeños núcleos interconectados entre sí aprovechándose de las
redes de telecomunicación infraestructurales, al igual que lo hacen los radioaficionados.
En contrapartida a la potenciación de los medios, aumenta la vulnerabilidad y fragilidad
del sistema. La enorme concentración de información en unos pocos puntos, y sobre
unos sistemas de soporte magnético, los hacen muy vulnerables, tanto por su
concentración espacial, como por el tipo de soporte, el magnético, de la información.
Vulnerables al sabotaje, vulnerables al terrorismo, vulnerables a la autodestrucción o a
la penetración desde el exterior del sistema a través de la redes de intercomunicación.
Por ejemplo los ya famosos hackers o piratas informáticos (Bustamante, 1988) o el
«virus informático».
Pero no sólo se detecta la vulnerabilidad en el campo de las aplicaciones de la
informática. Puede citarse también el propio funcionamiento de las ciudades, en las
cuales un fallo en el suministro eléctrico, los famosos los apagones, hacen inservibles
todos los sofisticados medios de funcionamiento. Lo mismo puede ocurrir en ámbitos
territoriales más amplios.
LAS RELACIONES DE PODER EN EL ESPACIO
Las relaciones de poder tienen efectos sociales clave que se extienden en el espacio y
sobre el territorio (Sánchez, 1981). Esta clara importancia territorializadora justifica
considerar a las relaciones de poder como un campo específico en el modelo sobre el
que estamos trabajando.
La toma de decisiones, la gestión, el dominio, la apropiación y el conflicto configurarían
los elementos más importantes de este campo dentro de las instancia económica,
política o social en su vertiente espacial.
Para constatar la importancia que sobre el espacio tienen los actos y las relaciones de
poder mostraremos algunos ejemplos de efectos previsibles, derivados de las
actuaciones en cada uno de estas instancias, lo que agruparemos bajo los conceptos de
dominio económico, dominio político y dominio social.
Dominio económico
La base económica de las relaciones de poder: el excedente
Una pregunta clave, habitualmente obviada, consiste en saber si la incorporación de
nueva tecnología implicará una reformulación de las relaciones de poder en el espacio o
si éstas continuarán estando basadas en la apropiación/gestión del excedente.

42
La primera pregunta que deberemos formularnos en cuanto apliquemos el modelo, será
sobre quiénes y en qué condiciones producirán, gestionarán y se apropiarán del
excedente en el nuevo proceso, tanto individual, como territorialmente.
La división, diferenciación y jerarquización del espacio ha sido una baza importante en
la dinámica política y empresarial de todos los modelos socio-políticos hasta ahora
existentes, y no existen indicios, sino todo lo contrario, de que vaya a cambiar. Esta
temática se concretará en preguntarse por el modelo territorial que se producirá
paralelamente a la implantación de las nuevas tecnologías.
Sin entrar ahora en una amplia discusión de este tema, lo que aparece con claridad es
que el excedente se producirá bajo un modelo de altas productividades en donde
aumentará el capital fijo en base a grandes inversiones en tecnología, con sustitución de
fuerza de trabajo y cambios en los tipos de cualificación.
Desarrollo desigual
La dinámica diferencial en el desarrollo de los distintos territorio nos proporciona un
ejemplo de los efectos de las nuevas tecnologías sobre la organización del trabajo y de
sus posibles repercusiones sobre el conjunto social.
El proceso de cualificación-descualificación individual que se había constatado en el
interior de una sociedad (Freyssenet, 1977; Sánchez, 1980), puede reproducirse ahora
sobre bases territoriales.
Por otro lado, la capacidad de implantación de nuevas tecnologías se apoya en la
disponibilidad de los recursos económicos necesarios. Una problemática central
implícita en el desarrollo de las nuevas tecnologías es el gran volumen de inversión en
instalaciones de partida que se requieren para la puesta en marcha de cualquier proceso
productivo, sobre todo en el ámbito de la producción de bienes o mercancías.
A escala de la empresa se constata la paradoja de que se está en un mundo altamente
competitivo, pero en el que el grado de concentración empresarial es cada vez mayor.
La competencia se establece entre una pocas empresas siendo cada vez más difícil, lo
que no significa que imposible, entrar individualmente en el sector si no se disponen de
fuertes recursos de capital que apoyen esta entrada. La aparición de la fórmula de
capital riesgo es una de las soluciones que momentáneamente se ha encontrado para
hacer frente a este proceso. Una capacidad técnica potencial, que alguien posee, y unos
recursos de capital que están esperando para enontrar ámbitos de inversión más
rentable, y que se arriesgan a invertir es esta nueva idea o proyecto que promete altas
tasas de beneficio.
Donde queda más abierto el campo a la penetración de nuevos agentes dentro de la
estructura empresarial es en el punto en que, en la relación recursos técnicos-recursos de
capital, es dominante la importancia de los recursos técnicos ligados a la creatividad
técnico-científica. Y ello por cuanto es más decisiva la capacidad individual de
desarrollo de altas tecnologías que los medios necesarios para incorporarlas13.
Como experiencia territorializadora tuvo su inicio en el famoso Silicon Valley, del que
se ha derivado un modelo de especialización territorial en los ya numerosos parques
tecnológicos, existentes o en proyecto, donde se intenta configurar un medio sinergético
propicio. En ellos se da cabida a la filosofía de las 'incubadoras de empresas' como
modelo de organización socio-empresarial para apoyar aquellas iniciativas individuales
ligadas al desarrollo de una idea de alta innovación puntual. Estas incubadoras de
empresas se configuran como centros embrionarios de actividades que concentran
actividades de desarrollo de alta tecnología14.
Donde aparece, en cambio, difícil la penetración individual que no disponga de recursos
económicos iniciales fuertes es en los sectores de la producción material de base
tecnológica clásica como podría ser, por ejemplo, en la industria automovilística.

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Reflexionemos ahora a escala de naciones o de territorios amplios. En la medida en que
uno de los ámbitos de aplicación más importantes de nuevas tecnologías son aquellos
relacionados con la manipulación de información, ligada a su vez a la capacidad de
trasmitirla, resulta que uno de los elementos esenciales de la nueva situación será la
existencia de aquella red de intercomunicación de la que antes hemos hablado. En
España no resulta difícil imaginar su posibilidad y su existencia porque, en mayor o
menor grado, de mejor o peor calidad, nos encontramos en un medio en el que ya existe
esta red. Pero, ¿qué ocurre en aquellas zonas que en la actualidad no disponen de dicha
red?, áreas en la práctica muy amplias a escala mundial. Esta es una problemática tanto
más grave si se tiene en cuenta que las redes que se requieren para la aplicación de
nuevas tecnologías son de un elevado grado de sofisticación y, por tanto, muy costosas.
Para que éstas puedan extenderse es precisa una primera inversión en infraestructura de
comunicaciones, que para ser rentable requiere unos mercados, los cuales en general
sólo se dan cuando la red ya está creada. Siguiendo con el ejemplo de España, existe ya
un mínimo mercado, el ligado a la red telefónica, que puede ser capaz de soportar un
cambio de la propia red para adecuarla a las nuevas tecnologías. Pero allí donde dicha
red todavía no existe, crearla sin la existencia del mercado puede ser prohibitivo. En
este sentido puede ocurrir como en la etapa de la construcción de la red de ferrocarriles.
A los paises que no estuvieron en condiciones de establecerla en `su momento', cuando
su construcción fue fuente de beneficios empresariales, les ha sido difícil, o no han
podido, llegar a construirla. Ahora puede ser el momento de las redes de comunicación,
pero no todos los territorios -léase naciones; están en condiciones de asumirla, lo cual
puede ser fuente de ese otro grado de diferenciación espacial del que hablábamos más
arriba.
Previamente a la implantación social de la telemática, o similares, debe existir la
infraestructura, y ésta, para un inversor, ha de ser rentable a corto plazo para que esté
dispuesto a participar en su construcción. Pero también en cada punto terminal de esta
red han de hallarse instalaciones y medios progresivamente más sofisticados y costosos,
que exigen nuevas inversiones, para permitir la producción, el tratamiento y la
trasmisión de la información.
Por esta vía es por donde puede producirse uno de los desfases entre unos territorios y
otros, que de lugar al aumento de los ahora ya existentes desequilibrios territoriales a las
distintas escalas geopolíticas, por un proceso de «cualificación-descualificación»
tecnológica de sus sistemas productivos globales y, muy importante, de las
infraestructuras tecnológicas territoriales.
Territorialmente hablando, el proceso aparece en su fase actual, como de reconversión
en el interior de las zonas ya desarrolladas e industrializadas15. Aún cuando no cabe
dejar de lado para su análisis lo que realmente puede significar el proceso que siguen
algunos de los países del sudeste asiático. El significado global sería la perpetuación y
aún más, el reforzamiento de la estructura anterior. Este mecanismo se puede perpetuar
a escala mundial entre los paises industrializados-desarrollados y aquellos
subdesarrollados de base primaria (agrícola o de primeras materias). Con el agravante
de que los desequilibrios dentro de una nación son menos acusados que entre naciones
ya que entre éstas no existen mecanismos reequilibradores o compensadores, como
pueden establecerse en el interior de una nación.
A pesar de todo, habrá que analizar a fondo estos procesos y sus consecuencias ya que
algunos autores creen, por el contrario, que la incorporación de las nuevas tecnologías
permitirá la desaparición de las diferencias a escala mundial (Masuda, 1980).
Nuevo orden económico internacional

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Aunque se diga con frecuencia que Europa es una zona rezagada, lo cierto es que no
deja de formar parte del bloque dominante territorialmente considerado, conjuntamente
con EE.UU., Japón, Canadá, Australia o la URSS. La importancia de la existencia de
este bloque es que conformará un área interconectada en la cual la introducción de las
nuevas tecnologías será efectiva, y dentro de la cual se producirá el mayor grado de
interactividad en el uso y manipulación de información.
En esta área desarrollada está ya creada la infraestructura de comunicaciones necesaria,
y en ella se efectuará la inversión de recursos que las nuevas tecnologías exigen para su
implantación tanto colectiva como individualmente. Por ejemplo, la difusión de la
informática en las empresas y de los ordenadores a nivel individual y familiar.
En contraste, ¿cómo es imaginable pensar en la difusión de las nuevas tecnologías en un
país como Etiopía, tanto a nivel infraestructural como a nivel individual?
Se apunta la consolidación de la autosuficiencia de los paises desarrollados, respecto al
resto del mundo no desarrollado, en la medida en que pierda peso el papel de los
recursos naturales clásicos, cambien las condiciones de producción
—disminuyendo la participación de trabajo de baja cualificación como
aportación masiva al proceso productivo industrial; y se modifique el ciclo de los
productos.
Se reforzaría así una división mundial en dos bloques, según se tenga acceso o no a las
nuevas tecnologías.
Dominio político
El Estado. Potenciación del papel del Estado
En la medida en que el volumen mínimo de las infraestructuras de investigación (i + d)
y de producción precisan de unas inversiones progresivamente mayores, el Estado, por
su capacidad de disponer de grandes volúmenes de recursos, se ve cada vez más
implicado en el proceso.
La experiencia que hasta ahora se puede recoger muestra que el papel del Estado ha sido
decisivo en la potenciación, tanto de la investigación de base en el desarrollo de las
nuevas tecnologías, como por el soporte económico-empresarial efectuado para
mantener a empresas nacionales con capacidad de participación en el proceso de
concentración y gigantismo que permita su competencia a escala mundial.
En este punto las políticas han sido muy diversas, casi tantas como estados han
intervenido en el proceso. Pero lo que aparece como constante es siempre la
intervención estatal.
Curiosamente, en un momento en que se potencia ideológicamente el papel de la
iniciativa privada y se enfatiza el predominio que se dice ha de tener el sector privado
frente al público; de lo que han dado muestras las políticas conservadoras en boga; más
se necesita también que el sector público desempeñe un papel activo para potenciar al
sector interior y para dar soporte, en el verdadero sentido de la palabra, a la iniciativa
privada en su competencia exterior16.
El Estado refuerza así su poder como aparato, aportando soporte político internacional,
financiación, e incluso incentivando a la iniciativa privada.
Y el Estado asume el compromiso y la obligación de tener que ser el dinamizador de
esta situación. Cuando el Estado no asume o renuncia a ese papel, la actividad privada
aparece incapaz de llevar adelante, por sí sola, esta dinámica tecnológicamente
innovadora.
Sociedad civil y sociedad militar. Militarización y nuevas tecnologías
Una de las formas fundamentales en que el Estado ha tomado la iniciativa que se acaba
de señalar ha sido promoviendo y financiando proyectos militares de alto contenido
tecnológico. Podemos situar en la Segunda Guerra Mundial el inició de esta inversión

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militar en alta tecnología, que culminó con la primera explosión atómica. A
continuación le sigue unas políticas armamentistas consecuentes con la Guerra Fría, la
carrera espacial o el último proyecto de «guerra de las galaxias». Ello otorga un papel
importante; en la base y de alguna forma camuflado; al poder militar en los procesos
generales de investigación y, por tanto, en lo qué se debe investigar, para lo cual se
dispondrá de dinero, y en lo qué no se debe investigar, para lo cual no se dispondrá de
recursos económicos". No es por tanto una investigación neutra, aunque en muchos
casos pueda ser básica. No confundir una cosa con la otra (Laurent, 1983; Sánchez,
1985)18.
Dominio social
Incremento de los desequilibrios sociales y territoriales
La contradicción que aparece en el ámbito social es que mientras que se puede producir,
y se produce, mucho más con menos tiempo, lo producido no se distribuye de forma
equilibrada, ni social ni territorialmente.
La geografía económica agraria muestra un ejemplo claro. Por un lado existen
excedentes de producción agraria y por el otro existe hambre en muchas zonas del
mundo. Es decir, existe un desequilibrio en la distribución, que no es únicamente un
problema `técnico' de capacidad de distribución, sino un problema político-económico
de forma de distribuir ligada a un tipo concreto de modelo social.
De igual forma, se nos dice que en los países desarrollados la economía en su conjunto
mejora, pero por otro lado no disminuyen las tasas de paro, como forma de
desequilibrio en el reparto del tiempo de trabajo entre la sociedad. El problema del paro
no se soluciona. ¿Por qué?. Porque no es un hecho coyuntural, sino estructural de
transformación social. Hasta que no se alcance un nuevo modelo de organización en la
producción social no se podrá alcanzar una solución en la empresa y en el puesto de
trabajo. No es descabellado prever que nos hallemos ante la necesidad de que se avance,
sin que seamos conscientes de ello y sin controlar claramente el proceso, hacia un
cambio en el modo de producción. Cambio forzado por las necesidades de coherencia
que impondrán el desarrollo de las fuerzas productivas, que implican un nuevo modelo
tecnológico basado en la introducción de nuevas tecnologías. En él se incluiría un nuevo
modelo de distribución del tiempo de trabajo, paralelamente a la reformulación de los
procesos de trabajo, tanto globales como en el puesto de trabajo19.
Un campo de conflicto: la relación trabajo y sociedad
El ámbito de la producción se presenta sometido a una importante reformulación social
ligado a los cambios esperados en los procesos de trabajo: nuevas formas de trabajar
dentro de la empresa, nuevas formas de localización en relación a las empresas y nuevos
tipos de actividad.
Todo proceso de innovación técnica, por lo menos tal como hasta ahora históricamente
se ha producido , ha conllevado un periodo de tránsito de un modelo al siguiente, con
problemas de readaptación que han llegado a incidir en las relaciones sociales, creando
una serie de conflictos más o menos violentos que, a fin de cuentas, han llevado a un
nuevo modelo social, en general a un nuevo modo de producción si entendemos los
cambios técnicos con las suficiente profundidad como para que representasen un
efectivo desarrollo de las fuerzas productivas.
Esta misma situación se reproduce ahora bajo la `nueva revolución científico-técnica'20.
El debate sobre las consecuencias en el mercado de trabajo y sus efectos en el
desempleo, los conflictos en el lugar de trabajo, la crisis del sector industrial clásico, el
efecto sobre la sociedad, o los pactos entre empresarios, sindicatos y el Estado para
ralentizar la introducción de nuevas tecnologías, todo ello son aspectos a estudiar y

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analizar sobre lo que el desarrollo de las fuerzas productivas representará para la
sociedad actual, y los conflictos que se derivarán.
LOS TIPOS DE ESPACIO
Planteémonos a continuación los tipos de espacio, o ámbitos espaciales, sobre los que
tendrán repercusiones las nuevas tecnologías al servirse de los mecanismos geográficos
antes anunciados, como pueden ser la movilidad diferencial o la refuncionalización del
territorio.
El espacio económico
Hemos partido de la hipótesis de que continúan vigentes, como patrones básicos de
actuación en el conjunto social, la producción, la gestión y la apropiación de valor y de
excedente. Por ello, un tipo esencial de espacio a considerar es el espacio económico.
En primer lugar en su función como espacio productivo. Aquí será preciso considerar
separadamente los sectores y ramas de actividad económica, ya que los efecto-
condiciones que podemos esperar serán distintos. Como consecuencia derivada se verán
igualmente afectados los mecanismos de distribución y los consiguientes espacios de
distribución, espacios de intercambio y espacios de consumo. Y, en íntima relación con
todos ellos, el mercado de trabajo como lugar en el cual un conjunto de recursos
humanos están a disposición, se ofrecen, al sistema productivo, configurando un
mercado de oferta de recursos humanos21.
Sobre las distintas funciones del espacio económico se constata ya activamente la
incidencia de las nuevas tecnologías.
Así como el interés despertado entre los estudiosos por el análisis de algunos de sus
aspectos particulares.
Por nuestra parte, creemos que no debe dejarse de lado el estudio de ninguno de los
tipos de espacio económico citados, pues el conjunto de todos ellos forman un todo que
abarca a casi todo el ámbito terrestre. Al tiempo que las repercusiones socio espaciales
sobre todos ellos serán de gran magnitud, como apuntaremos a continuación.
El espacio productivo
Los investigadores sociales que han tratado de los efectos espaciales de las nuevas
tecnologías se han interesado hasta ahora, de forma casi exclusiva, por la etapa
productiva en la incorporación de nueva tecnología. Prácticamente toda la literatura que
aborda ésta temática lo hace sobre la base de estudiar, fundamentalmente, el efecto
sobre el proceso productivo industrial, secundariamente sobre los servicios, y aún
menos sobre el sector primario. Ello es lógico si tenemos en cuenta que la toma de
conciencia de este efecto ha coincidido con la denominada crisis del petróleo, de
consecuencias fuertemente constatables sobre la actividad industrial y sobre las áreas
industriales y su entorno regional22.
La importancia que pueda tener la reestructuración de la producción sobre la
relocalización de las unidades productivas y sobre la creación de nuevas empresas en
nuevos territorios es de una importancia espacial manifiesta, ya que en torno a ella se
articula una parte muy importante de la actividad humana.
Como difícilmente coinciden en un punto del espacio de forma espontánea todos los
factores productivos, una nueva localización comporta el tener que desplazar hasta ella
alguno de los recursos productivos necesarios. En la medida en que la nueva
localización se base en aprovechar los recursos humanos contenidos en un territorio, y si
no existen los otros tipos de recurso en la zona, deberán organizarse los circuitos de
importación, de forma que ahora se desplacen hasta ese lugar las primeras materias, o
los recursos de capital y técnicos.
Recordemos que lo que se ha estado aprovechando de los denominados países de nueva
industrialización ha sido un mercado potencial de trabajo de bajo coste, no un espacio

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de recursos físicos. Pasar de producir en los EE.UU. a producir, por parte de la misma
empresa multinacional, en Taiwán por ejemplo, significa modificar los flujos de
distribución de primeras materias hacia el nuevo espacio productivo. Los circuitos de
primeras materias serán otros. No es que cambie el centro de gravedad de la economía
mundial, sino que cambian de lugar los puntos de localización de la producción física de
mercancías y desde donde se efectuará la distribución del bien o servicio. Hacia ellos
deberán dirigirse los productos primarios necesarios (sean energéticos, de primeras
materia o de productos semielaborados).
Lo que puede implicar una redefinición de los circuitos de transporte y comunicaciones,
con la necesidad de construir nuevas vías de comunicación y nuevos enclaves de enlace,
pero, al mismo tiempo, con la perdida de utilización de partes del circuito hasta ese
momento vigente.
No sólo la industria y los servicios se ven afectados por la incorporación de nuevas
tecnologías. Un sector tan clásico como el primario también sufre los efectos de la
innovación tecnológica. En este caso no serán tan importantes los aspectos de
relocalización como los de refuncionalización de las propia actividad primaria en los
mismos territorios, así como la incorporación de nuevos territorios ahora aprovechables
bajo la implantación de las nuevas tecnologías.
Por ejemplo, en agricultura debe articularse, valorarse y considerarse, la incidencia
espacial directa, la derivada o la indirecta de efectos como: la introducción de la
agricultura 'artificial', el cambio en el espacio como medio de producción, el paso a una
agricultura de proceso industrial, la desfactorización del clima y, por tanto, la
desestacionalización, el aprovechamiento de suelos no fértiles, la ocupación intensiva
del territorio, los recursos humanos ocupados permanentemente y no estacionalmente, el
espacio residencial concentrado, la tendencia a la urbanización como efecto de la
concentración y la producción de espacio por creación de espacio; construcción
potencial en vertical, o nuevas necesidades de inputs desde sectores productivos
—bioquímica, química, nuevo tipo de máquinas e instalaciones.
Lo mismo debe decirse respecto a la ganadería por estabulación. Se puede invertir el
concepto de espacio productivo: de espacio medio de producción de forraje, al que
debía desplazarse el ganado; pastoreo, trashumancia, se pasa a necesitar espacio de
tipología industrial como soporte de la estabulación, sin necesitarse la función del
espacio como medio de producción, ya que los productos de alimentación del ganado se
pueden importaran de áreas exteriores. Ello conlleva un cambio en el sentido de la
movilidad de los factores: sedentarización del ganado y desplazamiento de forraje. En la
planta de estabulación se aplica el criterio de intensificación del rendimiento territorial,
ya que todo ello, junto a la mecanización y automatización del proceso permite obtener
una gran producción de valor sobre un territorio muy pequeño en términos relativos. Se
consigue, paralelamente, la desestacionalización del ciclo productivo al desligar la
alimentación del ganado de los campos de pastoreo. Por último observamos una
disminución de los recursos humanos necesarios, aún aumentando la producción total
final.
De hecho se trata de la industrialización de la actividad agraria, en la cual sólo queda el
animal o el vegetal, pero donde se ha transformado el proceso agrario en un proceso
técnico de base industrial.
Este campo de variabilidad del modelo, en su relación con los otros campos deberá
permitir aislar y configurar todos estos cambios, de fuertes consecuencias territoriales,
para todos y cada uno de los sectores y ramas de actividad económica.
Similares reflexiones deben extenderse al ya citado sector industrial y sobre los
crecientes y progresivamente diversificados servicios.

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Elespacio de distribución y de intercambio
En el espacio de distribución las tecnologías del transporte nos permiten trasladar
elevados volúmenes o pesos a grandes distancias, con disminución de tiempo y de
costes relativos. Las condiciones sociales que se han dado durante las últimas décadas,
aprovechándose de los mercados de trabajo baratos de ciertas áreas menos
desarrolladas, lo han sido en base ala posibilidad de trasladar tanto las primeras materias
como las mercancías allí producidas, hacia los mercados de consumo, situados
preferentemente en los países desarrollados, a un bajo coste de transporte y sin que
encareciese el precio final.
El circuito global estará configurado por tres tipos de circulaciones. La de productos
primarios y semielaborados, la de las órdenes ligadas a la gestión global de las empresas
y la orientada hacia los espacios de consumo, a los cuales deberán dirigirse los
productos acabados.
Por tanto se trata del establecimiento de una doble red. Una red de transporte de objetos
y mercancías y una red de comunicación de órdenes e información.
El espacio de consumo y reproducción
¿De qué forma, y a través de qué mecanismos, cada individuo, o cada unidad familiar,
accede a los recursos necesarios para su reproducción?
En las sociedades industrializadas ello se efectúa, bien participando en los beneficios de
las sociedades empresariales, bien por intermedio de un salario o de un sueldo, o
mediante unas formas sociales de subvención, como pueden ser los subsidios a la
desocupación o las pensiones, en aplicación de alguna fórmula de redistribución, a
través de los impuestos, entre el trabajo y el no trabajo23.
El interrogante que se plantea es si este modelo podrá mantenerse a largo plazo, en la
medida en que es fuente de conflictos sociales que pueden llegar a ser graves.
El dilema es éste: O bien cambia el concepto de ocupación del tiempo disponible, con
lo que habría variado el concepto de trabajo, o bien cambia la manera de distribuir el
tiempo de trabajo. También puede producirse alguna otra forma de cambio. Lo que
aparece como impensable es el mantenimiento, o aún la ampliación, del tiempo de no
trabajo, por aumento de la productividad, concentrado en unos grupos sociales
tendencialmente marginales. Este punto enlaza con la otra cara del problema que es el
mercado de trabajo.
El espacio del excedente
La localización relativa entre lugar de producción, lugar de consumo y lugar de
decisión, y lugares y formas de reinversión, configura el circuito espacial del excedente.
Las posibilidades que se abren a la relocalización, y el nuevo orden económico
internacional apuntado, deben aparecer en el modelo para que, de esta forma, se alcance
una visión global de los efectos espaciales reales en su globalidad derivados de la
implantación de nuevas tecnologías.
El mercado de trabajo
En este sentido, y en la situación actual, una de las preguntas ampliamente formulada
es: ¿crearán las nuevas tecnologías paro, o no?. Lo que resulta cierto es que la
incorporación de las nuevas tecnologías incide esencialmente sobre la productividad,
consiguiéndose importantísimos aumentos.
Es decir, disminuye la cantidad necesaria de trabajo; en cuanto aportación de esfuerzo
humano, para producir una unidad de producto.
La automatización y robotización de los procesos de fabricación industrial conlleva la
sustitución de los trabajadores, en los procesos productivos seriados o en cadena, por
autómatas, en base a la utilización de nuevas tecnologías como el láser, la soldadura
automática por puntos, procesos de transferencia, accionamiento de herramientas, etc. A

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través ellos se introducen unos cambios importantes en los procesos de trabajo. De
manera similar se recompone el trabajo burocrático en oficinas, bancos y en los
servicios en general.
El problema se sitúa en cómo se distribuye socialmente el tiempo de trabajo necesario.
Ello significa que se verá modificada, cada vez más, la relación entre tiempo de trabajo
(remunerado) y tiempo de no-trabajo (no remunerado).
En términos de estructura social ligada a la estructura productiva, vemos que el modelo
clásico vigente es el de ocupar a tiempo completo a los individuos necesarios, mientras
que la fuerza de trabajo disponible, y cada vez más no-necesaria, pasa a engrosar las
filas del desempleo formal. Constátese la gran dificultad real que existe para reducir la
jornada general de trabajo aún cuando aumente el desempleo. Considerado el trabajo
socialmente necesario como masa de tiempo-trabajo, ésta disminuye para dar
satisfacción a las mismas necesidades sociales, y aún se consigue ampliar la oferta de
bienes y servicios. La pregunta se centra en cómo se distribuye y se distribuirá esta
masa de tiempo-trabajo entre el conjunto social. No es difícil intuir la necesidad de una
reformulación estructural del modelo vigente que deberá abrir caminos a una nueva
forma de estructura social.
La situación es: dado que las necesidades vitales tienen unos límites, se requiere menos
tiempo-trabajo para producir lo necesario; ello permite disponer socialmente de más
tiempo para producir cosas no necesarias, sean bienes materiales o servicios. ¿ Hasta
que punto el crecimiento de los servicios, que no necesitan ser consumidos para la
realización del acto económico, serán el refugio del capital para mantener la creación de
un valor de cambio que genere el excedente apropiable?
El espacio vivencial
La residencia o vivienda es un espacio social. La localización de la residencia, el
espacio residencial, es otro tipo de espacio social a considerar. En el área o lugar
residencial se inscribe la residencia como vivienda, siendo espacios funcionalmente
distintos aunque complementarios. Fijémonos que habitualmente, y hasta hoy, al
cambiar de lugar de residencia no podemos llevarnos con nosotros la vivienda, sino que
deberá producirse otra en el nuevo asentamiento.
La reformulación de las condiciones de trabajo por la incorporación de nuevas
tecnologías al proceso de producción tendrán su correspondiente efecto sobre el espacio
de trabajo en cuanto lugar físico en el que ejecutamos una tarea productiva. En el
ejemplo que seguirá se verá claro como este tipo de espacio podría cambiar
significativamente. Con la difusión de la burótica uno de los espacios de la vida
cotidiana que pueden verse afectados es el espacio de trabajo en la medida en que se
modifiquen las condiciones de trabajo. La informática permite también el teletrabajo,
con la posibilidad de desplazamiento del puesto de trabajo, y por tanto del lugar de
trabajo, desde la empresa convencional al propio domicilio. Si esto es así, la
incorporación del puesto de trabajo al espacio de residencia tendría como efecto
derivado incidir sobre la vivienda al cambiar la función de una de sus partes, con otros
efectos derivados e indirectos de muy variado signo, como aumentar el interés por una
autosuficiencia energética.
Otro efecto o consecuencia sería la incidencia sobre las formas de convivencia, de la
que surgirán nuevos espacios de convivencia.
Los espacios de consumo pueden verse ampliamente modificados con tecnologías del
tipo de la telecompra, como forma de utilización de los mecanismos de telepresencia en
los que se pueden visualizar todas las variables del objeto a adquirir: precio, forma,
variedades..., lo que repercutiría también sobre los espacios de distribución. El mismo
efecto tienen la tarjeta de crédito y el dinero electrónico, que transforma las formas y los

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espacios de consumo y modifica la relación espacio-tiempo ante la posibilidad de poder
disponer de dinero, en forma física o en forma electrónica, prácticamente en todos los
sitios, incluso a escala planetaria, y en todo momento.
Dentro de los espacios de servicios es especialmente significativo el espacio educativo.
Se plantea que la incorporación de la informática al mundo educativo no sólo podrá
cambiar las formas de enseñar, sino también los lugares. Por ejemplo, se proponen
sistemas interactivos, de hecho ya existentes, a través de los cuales el desplazamiento
del alumnado, y del profesorado, por ejemplo universitario, no será preciso en los
volúmenes y cadencias clásicos, al transformarse, aunque sea parcialmente, la relación
directa profesor-alumno de nuestras aulas actuales por una relación telemática a tiempo
diferido y a tiempo real de forma interactiva.
Por su parte la televisión, el vídeo, los telejuegos, los viajes, los lugares de ocio,...
aportan profundas posibilidades de reformulación de los espacios de ocio.
Insistamos, una vez más, en que muchas de las nuevas tecnologías no son tan nuevas, o
ya hemos vivido su introducción.
Muchos de los aspectos que se han insinuado hasta aquí ya los habíamos vivido; otros
se han incorporado recientemente a nuestra vida cotidiana. Lo que nos falta por conocer
todavía son los efectos globales que tendrán todos ellos juntos y cuál será el modelo
social-territorial que se configurará globalmente una vez desarrolladas de forma
importante y conjunta todas las nuevas tecnologías. Recordemos que la hipótesis o
premisa general de la que partimos se apoya en la necesaria coherencia entre estructura
social y estructura espacial y, por tanto, que un cambio en la estructura social necesitará
de un cambio coherente en la estructura espacial. En la medida en que presuponemos
que las nuevas tecnologías requerirán de una coherencia social, incitadora de cambio
social, hará preciso igualmente el cambio espacial.
LA ESCALA ESPACIAL. DE LOS MICROESPACIOS A LOS
MACROESPACIOS
Examinemos ahora los ámbitos espaciales siguiendo el recorrido de las escalas, desde la
vivencial a la planetaria. Aquí podremos preguntarnos por los cambios en la
organización y articulación del territorio.
La escala vivencial
La primera escala que podemos considerar es la escala vivencial, la cual, aún cuando no
representa una escala de dimensiones territoriales definidas, enmarca las formas de
actuación individual y las relaciones directas del hombre con el medio en su vida
cotidiana. Su importancia se sitúa en que nos permite considerar los cambios en la
localización y en la propia dimensión de los espacios de la vida cotidiana, y cómo se
verán afectados por el desarrollo de las nuevas tecnologías.
La escala local
Por ejemplo, si realmente llega a implantarse el teletrabajo, ello invalidaría una parte de
la necesidad actual de que el lugar de trabajo y el lugar de residencia deben estar
próximos para que permitan los desplazamientos pendulares diarios. Se podrían
establecer localizaciones a una distancia idónea para un movimiento pendular digamos
semanal. Ello posibilitaría que el lugar de residencia-trabajo pudiese situarse en un
ámbito rural o periurbano, cosa con la que dice soñar casi todo el mundo. El que se
habría visto afectado en ese caso sería el espacio local.
Si se desplaza el lugar de residencia, se desplaza con él una gran parte de las
necesidades ligadas a los espacios cotidianos, con lo que los ámbitos rurales deberán
readaptarse para asumir las nuevas necesidades que se les vienen encima. Pero entonces
la ciudad, al perder parte de su actividad cotidiana, perdería, se nos dice también, parte
de los problemas actuales derivados de la forma de organización del trabajo en las que

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los desplazamientos residencia-trabajo se concentran dentro de un escaso margen
horario. Con lo que se pronostica la desaparición de los atascos, rebajándose el nivel de
necesidades para el control de la circulación: menos agentes, o menor sofisticación en la
señalización. La ciudad pasaría a ser otra cosa, el espacio urbano se vería
profundamente modificado.
Desde otro punto de vista, y enfrentándose todavía a los problemas actuales de las
grandes ciudades, éstas están haciendo un esfuerzo importante por modernizarse
tecnológicamente. Por ejemplo, Barcelona 92, no sería sólo el clásico esfuerzo de
remodelación urbanística derivada de la organización de un gran acontecimiento
multitudinario (sin despreciar sin embargo este aspecto), sino también un esfuerzo de
adecuación tecnológica, de incorporación de las nuevas tecnologías de gestión y de
organización de la ciudad; entre otras cosas, con un énfasis primordial (aunque no
explicitado) por integrarse en la red mundial de comunicaciones, en lo que ha dado en
llamarse la autopista del siglo XXI, para no quedar descolgada del sistema mundial de
ciudades. Cabe pensar, razonablemente, que la nueva diferenciación entre ciudades se
apoyará, en un grado importante, en una carrera por modernizar tecnológicamente la
ciudad. Las potencialidades de una ciudad dotada tecnológicamente, frente a una que no
lo esté, serán claramente distintas. Con ello vemos como el espacio local, urbano o
rural, será previsiblemente uno de los más afectados por nuevas tecnologías. Y no tanto
en una forma visible, del tipo de si los autobuses se desplazarán más o menos deprisa,
sino en una forma `invisible' a través de las potencialidades que ofrezcan, por ejemplo,
para que pueda localizarse en ellas centros direccionales.
Las escalas regional y nacional
En el ámbito de los espacios regionales y nacionales son de suma importancia los
cambios en la relación espacio-tiempo. Ciertas divisiones geoadministrativas que
existen, basadas en el momento de su establecimiento por ejemplo en la accesibilidad a
un núcleo central en función de la posibilidad de ida y retorno en una jornada, han
devenido obsoletas con la extensión masiva del automóvil y con la ampliación y
modernización de la red de carreteras24.
La escala planetaria
Como ejemplo de actuación a escala de espacio planetario se puede citar, como dijimos,
a las empresas multinacionales. También se constatan los esfuerzos que en diversas
partes del mundo se hacen por conseguir alianzas entre estados, no sólo de tipo político,
sino estructurales, cuyo ejemplo más acabado es la CEE, o las diversas tentativas de
unificación política; paises del Magreb, cono sur americano. Nos damos cuenta de que a
escala mundial la dimensión, llamémosle operativa del espacio por encima de la
dimensión físico-geométrica constante, está sufriendo cambios significativos. Es a
través de esta escala por donde han penetrado en numerosos casos, y se han difundido,
las nuevas tecnologías.
La escala interplanetaria
Pero no hay que olvidar la cada vez más importante escala interplanetaria como escala a
través de la cual se ha efectuado una parte importante del desarrollo de las nuevas
tecnologías. La carrera espacial entre los EEUU y la URRS ha sido y es motor y campo
de experimentación y de aplicación de numerosas nuevas tecnologías. Los materiales, la
microelectrónica, la biotecnología y la biomedicina, la telemática, o la telepresencia son
algunos de estos campos. La guerra de las galaxias, las plataformas espaciales y los
satélites, continúan abriendo camino en este sentido. Pensemos en concreto en los
satélites, sean de comunicación, de reconocimiento o meteorológicos, y en su evidente
efecto sobre la actuación del hombre a escala planetaria e interplanetaria.
LA MATRIZ DE ANALISIS DE EFECTOS-CONDICIONES 25

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El objetivo básico del presente trabajo es la presentación de un modelo de análisis de los
efectos-condicionantes entre nuevas tecnologías y espacio, en todas aquellas situaciones
de nueva tecnología que impliquen interrelación espacial, estableciendo un modelo
particular para cada caso, de los efectos directos, derivados e indirectos que se
producirán: a) como condición para que la nueva tecnología pueda implantarse en el
territorio considerado; b) como efecto sobre el territorio y c) en la imbricación dialéctica
de ambos efectos y sus derivaciones e implicaciones.
El modelo se apoya en una matriz de análisis que sirva de herramienta de investigación
en este propósito globalizador a través del estudio particular de los efectos, como
proceso, incorporados a un planteamiento de base sistémica.
La matriz se ha configurado sobre cinco campos de variabilidad. Uno correspondiente a
las nuevas tecnologías, otro sobre las relaciones espaciales de poder afectadas y los
otros tres referidos a los aspectos espaciales.
El primer campo espacial se destina a los elementos geográficos afectados, el segundo a
los tipos de espacio afectados y el tercero según la escala espacial a la que se actúe o
que se vea afectada.
La aplicación de la matriz es simple. Se parte del campo de variabilidad de las nuevas
tecnologías, tomando en consideración una nueva tecnología o algún aspecto específico
de ella. Por ejemplo, podemos preguntarnos por las implicaciones espaciales de la
agrotecnología en sentido general, o bien interesarnos por algún desarrollo específico de
la misma, como podría ser los cultivos hidropónicos. Desde este punto de observación,
la matriz nos ofrece una guía para preguntarnos por los diversos efectos espaciales
posibles o probables, así como para ir situando las respuestas que seamos capaces de
dar, dentro de un medio estructurado.
Seguidamente se pasaría a indagar sobre el factor, o más probablemente factores,
geográficos que entran en juego como efecto de la incorporación de esta nueva
tecnología, enmarcándolos en el contexto de relaciones de poder que guían o se ven
implicadas en esta actuación concreta. A continuación, se explorarían analíticamente
tanto el tipo de espacio afectado, sea de ámbito económico o de ámbito vivencial, como
la escala o escalas a las que se plantea la incorporación de la nueva tecnología que se
está estudiando.
Este primer trayecto analítico que se habría acabado de recorrer recogería los efectos
directos, y abriría el camino ala consideración de los efectos derivados y de los efectos
indirectos. Es decir, aquellos que si bien no aparecen como directamente relacionados
con la incorporación de la nueva tecnología será también preciso que se produzcan para
que pueda consolidarse, así como los que, a más o menos corto plazo, se verán
afectados por las transformaciones sucesivas que se irán produciendo. Por ejemplo, los
cultivos hidropónicos requerirán la producción de un nuevo espacio productivo, distinto
al de la agricultura clásica; ello significa que incidirá sobre el tipo de actividades
profesionales que deberán encontrarse en sus proximidades; por ejemplo servicios de
mantenimiento electro-mecánicos, con lo que en el entorno pueden verse potenciadas
estas actividades de tipo industrial en medios rurales. Pero, al mismo tiempo, puede
significar el paso de una explotación extensiva del territorio a una superintensiva, lo que
podría provocar una mayor concentración de la población. Este aumento de la población
repercutiría, indirectamente, en un aumento de las necesidades de servicios para los
trabajadores y sus familias.
El incremento de servicios, por su parte, requerirá suelo donde instalarse, y tendría,
desde el punto de vista que se está analizando, la categoría de efecto indirecto, mientras
que las instalaciones de mantenimiento industrial lo serían como efecto derivado, sin el

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cual no podrían funcionar, aún cuando no participasen directamente de las necesidades
exigidas por la nueva tecnología implantada.
Cada campo de variabilidad propuesto se desglosa en su correspondiente conjunto de
variables, lo que dará lugar a la matriz de análisis. En base a la presunción de que se da
un proceso sistémico de interacción entre campos de variabilidad y variables,
estructuraremos la que hemos dado en llamar matriz operativa, y que no es más que una
presentación secuencial de la matriz básica, sobre la que se pueden ir acumulando los
sucesivos efectos, derivados e indirectos, a partir de los directamente ejercidos por la
nueva tecnología analizada.
Presentemos a continuación la configuración de la matriz y el diagrama secuencial de la
matriz operativa.
Campos de variabilidad de la matriz
Nuevas tecnologías
Podemos sintetizarlas en la siguiente clasificación general, ampliable evidentemente a
medida que se aplique en un análisis particularizado o que vayan apareciendo nuevas
tecnologías:

1. Microelectrónica
Microprocesadores
Optoelectrónica 5. Telecomunicaciones
2. Informática6. Telemática, telepresencia
Prodúctica 7. Láser
Burótica u ofimática8. Biotecnología
Inteligencia artificialAgrotecnología
Sistemas expertos 9. Tecnología de los
3. Automática, robótica materiales
4. Comunicaciones y tecnología del10. Tecnologías energéticas
transporte

Elementos geográficosTipos de espacio


1. Relaciones espacio-tiempo1. Espacio productivo
2. Función del espacioPor sectores
Espacio como soporte2. Espacio de distribución e
Espacio como mediointercambio
Espacio como recurso3. Espacio de consumo y
Espacio como medio de producciónreproducción
3. Movilidad espacial4. Espacio del excedente
4. Localización y relocalización5. Mercado de trabajo
Localización productiva10. Espacio vivencial
Localización de los servicios11. Vivienda
Asentamiento de la población12. Espacio de residencia
5. Producción de espacio13. Espacio de trabajo
6. División espacial14. Espacios convivenciales
7. Articulación del espacio Concentración /15. Espacios de consumo
dispersión 16. Espacios de servicios
8. Jerarquización del espacio Según la escala
Centralización / descentralización 1. Escala vivencial

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Relaciones espaciales de poder2. Escala local
1. Dominio económico3. Escala regional
2. Dominio político4. Escala nacional
3. Dominio social 5. Escala planetaria
6. Escala interplanetaria

La matriz operativa se rige por un diagrama jerarquizado, de la forma que muestra el


organigrama de la matriz secuencia) de efectos.
Organizando secuencialmente la matriz de efectos queda configurada la matriz
operativa, la cual se puede ir repitiendo en un gran bucle sistémico, siguiendo la
secuencia jerarquizada de efectos; directo, derivado e indirecto. El bucle se repetirá
hasta que a través del análisis se alcance, bien alguna forma de equilibrio dinámico, o
bien una situación de conflicto.
La matriz se aplicaría, en primer lugar, al análisis de cada nueva tecnología
aisladamente. Una vez se disponga de los efectos de cada una de ellas, podrá formularse
la secuencia de condiciones-efectos previsibles ante la introducción de diversas nuevas
tecnologías en un territorio determinado.

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UN EJEMPLO DE APLICACIÓN DE LA MATRIZ: EL TELETRABAJO
Siguiendo la bibliografía existente, u hojeando la prensa diaria, se constata que aparece
con cierta asiduidad el tema del teletrabajo, o posibilidad de trabajar en el domicilio
mediante la teleconexión a un sistema central localizado en una empresa26.
Tomemos este tema para efectuar una primera aplicación de la matriz. La exposición
que sigue es un desarrollo simplificado para no extendernos más allá del espacio de que
disponemos.
La aplicación de las posibilidades del teletrabajo se efectúa en un marco en el que
continúa subsistiendo la empresa, se mantiene una organización del trabajo
interrelacionado dentro del organigrama empresarial, y ello se produce a tiempo real. Lo
que es nuevo es la posibilidad de no hallarse físicamente presente en el recinto de la

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empresa, aún cuando se esté incidiendo durante el proceso de trabajo dentro del
contexto global productivo.
La posibilidad del teletrabajo se apoya en la existencia de un equipo informático central
en la empresa, de un terminal de ordenador en el domicilio y un enlace de transmisiones
interterritoriales uniendo la empresa y el domicilio; ahora nuevo lugar de trabajo. Es
importante la existencia de interactividad ya que así se puede acceder al terminal del
puesto de trabajo desde la empresa para transmitir ordenes, instrucciones, o cualquier
otro tipo de incidencia y poder establecer diálogo (interactividad) entre los dos extremos
del sistema (Mayo, 1987; TIME, 1987).
Como se desprende de lo dicho, el teletrabajo se relaciona con la manipulación de
información, mientras que el trabajo a domicilio clásico se refería a la producción de
mercancías.
Lo que aquí nos interesa es analizar los efectos-condiciones espaciales que puede
ocasionar el teletrabajo. Es decir, cómo el espacio debería reorganizarse para que fuese
factible la difusión de ésta nueva forma de organización de la producción y qué
condiciones previas debería reunir un espacio para que se pudiese implantar el proceso.
En la hipótesis de trabajo se ha plateado la necesidad de coherencia entre estructura
social y estructura espacial. Aquí tenemos un ejemplo. Técnicamente es ya factible que
numerosas tareas se puedan efectuar por teletrabajo. En esencia, todas aquellas partes de
la producción que manipulen información: existen ordenadores adecuados, programas,
sistemas de redes informáticas y, lo que sería más difícil de imaginar, existe ya la red de
interconexión entre infinidad de puntos en el espacio terrestre ya que el sistema se
apoya en las redes de comunicación telefónica y éstas están ampliamente difundidas
como hemos comentado con anterioridad. Entonces, la mayor o menor lentitud en la
difusión del sistema se halla, sobre todo, en las exigencias que impone de una nueva
forma de organización empresarial. Todo lo que son tareas de análisis o control
financieros y contables, periodismo o muchos trabajos editoriales, por poner unos
ejemplos, no precisan de la presencia física del trabajador. Lo que hace falta para poder
implantarlo es que el sistema empresarial asuma una nueva forma de organización, que
cambie la estructura orgánica, que modifique las relaciones jerárquicas en la empresa,
que valore de forma distinta el proceso de trabajo, que introduzca otras formas de
control; es decir, primero tiene que adaptarse la empresa, como organización social, a
las nuevas tecnologías, y sólo después se planteará la necesidad de articular un espacio
coherente a cada nueva tecnología, como el que a continuación estudiaremos.
Comencemos por los efectos directos, para después pasar a los derivados e indirectos.
El efecto directo esencial es el cambio sobre la localización productiva. La idea básica
se apoya en que ahora se puede cambiar el lugar del puesto de trabajo. Imaginemos al
contable de una cooperativa agraria convenientemente informatizada. Desde su puesto
de trabajo, detrás de un terminal del ordenador, él tiene acceso a toda la información a
su vez contenida en el ordenador central. Incluso existe la posibilidad de relacionarse
directamente con las entidades bancarias a través del telebanco.
Si decidiese establecer su lugar de trabajo en su domicilio, ello es factible ya que la
telemática le permite acceder a la misma información desde el nuevo lugar de trabajo en
su domicilio con sólo disponer de una línea telefónica. De hecho se trata solamente de
alargar la conexión de su terminal de ordenador.
Así ahora puede pasar a vivir, teóricamente, en el lugar que quiera, conservando una
cierta accesibilidad que le permita efectuar visitas periódicas o esporádicas a la empresa
para mantener reuniones generales, o para resolver algún asunto cara a cara. Puede
desplazarse a vivir a un pueblo todavía más pequeño, o bien trasladarse a la ciudad más
próxima.

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Imaginemos que disponía de una residencia secundaria en una encantadora
urbanización. Ahora se le abre la posibilidad de alcanzar el sueño de su vida, que era
poder vivir todo el año en ella, ya que hasta allí alcanza también la red telefónica.
Incluso la red mundial de comunicación alámbrica, más o menos tupida, que podría ser
lo más difícil de imaginar, resulta que ya existe; posiblemente deba cambiar la calidad
de muchos tramos de ella, pero lo más difícil, su existencia, se da ya.
El efecto espacial directo se ha producido: el contable ya está en condiciones técnicas de
alcanzar su objetivo y trasladarse de lugar. Pero ¿terminan aquí los efectos espaciales?
Pues no. Y podríamos decir que no han hecho más que empezar, ya que este sólo es el
primer efecto causal, el efecto directo: en cuanto reformulación del espacio productivo.
Preguntémonos bajo que condiciones podrá llevar a término su deseo, es decir, cuáles
serán los nuevos espacios derivados de la decisión anterior. Aparecerán de esta forma
toda una serie de impactos o efectos espaciales derivados o diferidos de una mayor
trascendencia espacial que la propia causa o motivación. También podremos
preguntarnos qué pasará con los espacios complementarios de la situación anterior.
Digamos que se producirán un doble mecanismo de efectos espaciales: los nuevos que
será preciso producir ylas modificaciones sobre el uso y funcionamiento de los hasta
entonces existentes.
Comencemos por los nuevos espacios. Un primer efecto derivado será el cambio de
residencia habitual. De hecho se ha escogido o aceptado el teletrabajo precisamente para
poder cambiar de lugar de residencia. En el ejemplo anterior aparentemente ello no
implicaba ninguna modificación espacial, pues ya disponía de esta residencia
construida; de lo contrario, lo primero que tendría que haber hecho seria comparar,
alquilar o construir una vivienda y aquí el efecto ya empieza a ser importante. Aún
cuando disponga de una residencia secundaria, tendrá que introducir modificaciones en
este nuevo espacio cotidiano, ya que no es lo mismo residir durante el verano que vivir
todo el año. Y ante todo, tendrá que pensar donde ubica el puesto de trabajo para que
éste sea funcional, para lo cual previsiblemente se deberá destinar una habitación
aislada en la que instalar todas las máquinas necesarias27.
No es difícil imaginar a nuestro contable como padre de familia, lo cual representa que
ahora serán él y su familia los que residirán permanentemente en la nueva vivienda
habitual. Es decir, a los miembros activos de cada familia les acompaña aquella
población complementaria necesaria para la reproducción de la colectividad. ¿Qué
necesidades se les presentarán? La compra diaria, el colegio de los niños, los médicos
para hacer frente a las enfermedades normales, cubrir los tiempos de ocio y tantos otros
aspectos de la vida cotidiana. Por tanto nuevos espacios cotidianos: espacios de
consumo, espacios educativos, espacios sanitarios y asistenciales, espacios de ocio y un
largo etcétera28.
En esencia se tratará de la remodelación de la localización de la actividad productiva si
se han de satisfacer las necesidades de nuestro hombre y de los que con él se trasladen.
De hecho deberá replantearse la localización o la forma de oferta de los servicios.
Observamos como los cambios en el espacio cotidiano que acabamos de apuntar
remodelan el espacio productivo de los servicios, en tanto que nueva localización de sus
instalaciones: necesidad de recursos humanos para atenderlos, y éstos, a su vez,
llevando tras de sí a la población complementaria, lo cual puede reforzar el propio
proceso, amplificando los efectos bajo la forma de un feed-back, o bucle de
realimentación, positivo.
Incidencia sobre los espacios de distribución al cambiar la localización del consumidor.
Así como también se modifica la movilidad relacionada con el nuevo espacio de
residencia habitual, como nuevo efecto.

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Toda esta secuencia de remodelación espacial habrá incidido desde el primer momento
sobre el proceso de producción de espacio.
Por su parte, algunos efectos previsibles sobre el espacio preexistente pueden ser:
Cambia el espacio de transporte, menor consumo de gasolina, menor tiempo destinado
al desplazamiento diario; posibles efectos sobre el tráfico urbano y periurbano o
interurbano, efectos sobre la congestión de la circulación....
Desde una visión global, nos encontramos en la actualidad con una estructuración
espacial del trabajo en la cual aparecen áreas rurales, áreas industriales, áreas
industriales y de servicios y áreas de servicios digamos de consumo, también en algunos
casos se da la combinación rural-industrial. Lo que a través del teletrabajo parece
posibilitarse es una nueva recombinación de áreas rurales y de servicios ligados a la
producción; no al consumo, como actualmente lo son las zonas turísticas29.
Ello plantearía un medio rural con dos tipos de estructuras de trabajo desarrollándose en
su seno. Por un lado el clásico trabajo primario; agrícola, forestal, ganadero o pesquero;
y por otro un trabajo terciario, altamente tecnificado y complejo, en donde nuevas
construcciones, o la readaptación de antiguas edificaciones rurales, se convierten en
espacio productivo-residencial. El nuevo modelo no es el de terciarización de consumo
de fin de semana, o de vacaciones, cuando se ocupan las residencias secundarias, sino
que el nuevo modelo es productivo residencial en base a unos trabajos de categoría
terciaria y permanentes a lo largo de todo el año.
Las exigencias de la nueva población terciaria, acompañada de la población
complementaria que representa la unidad familiar, pasan a ejercer un nuevo tipo de
exigencias espaciales, precisamente porque ahora deberán satisfacer todas sus
necesidades familiares en un nuevo ámbito territorial, el cual, para que se esté dispuesto
a llevar a cabo el cambio de asentamiento, deberá ofrecerles los servicios mínimos que
precisan. Por su procedencia, y por su tipo de trabajo, las exigencias de ésta nueva
población activa en el ámbito rural, en base a personas ocupadas en actividades de
servicios productivos, será culturalmente muy distinta a la que clásicamente ha
demandado el mundo rural, igual que será distinta a la que ha demandado la población
'turística' que usaba de aquel espacio rural como espacio de ocio de forma estacional.
ALGUNOS INTERROGANTES
Nuestro intento en las páginas precedentes ha sido el de ofrecer un instrumento de
análisis aplicable, con un cierta dosis de imaginación, tanto a la reinterpretación, con
perspectiva y visión espacial, de lo que hasta ahora se ha dicho sobre el efecto o
impacto de nuevas tecnologías, como para poder plantear y analizar situaciones
concretas ligadas a la incorporación de nuevas tecnologías en ámbitos espaciales
diversos.
Por su propia naturaleza, el instrumento no pretende resolver los juicios de valor o de
intenciones que se hallan contenidas en las decisiones de implantación, sino sólo aportar
una cierta perspectiva metodológica en la relación causa-efecto sobre las decisiones que
se vayan tomando y sobre las consecuencias que puedan ser previsibles a priori.
En una perspectiva valorativa, surgen nuevos interrogantes: ¿qué puede ocurrir en el
futuro?; ¿las nuevas tecnologías son buenas o malas?; ¿el efecto espacial será positivo o
negativo?
Podemos pensar que pasará como siempre a lo largo de la historia, que dependerá de
nosotros, dependerá de los hombres. Y en particular, como en cualquier otra situación,
de la aplicación que se le de. La incorporación de cada nuevo saber, y en especial de
cada nueva tecnología, ha mostrado un elevado grado de ambivalencia o ambigüedad.
Han sido positivas o negativas según el destino y la aplicación que se le ha dado. La
dinamita sirve tanto para abrir túneles y carreteras como para matar a las personas

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conscientemente. En si misma no es buena o mala, lo es el uso que el hombre le ha
dado. (Véase Remy, 1972). Cabe pensar que los efectos sobre el espacio serán muy
importantes. Más importantes de lo que se ha considerado hasta ahora, sobre todo
porque afectan a ámbitos no suficientemente considerados por los estudios hasta ahora
conocidos. Pero es previsible que sus efectos se harán sentir con lentitud, en función del
grado de reacción social que generen.
Se desconoce la nueva sociedad que saldrá del desarrollo de las fuerzas productivas
derivadas de la implantación de nuevas tecnologías. Se constatan problemas e
inconvenientes que provendrán de ello, como el aumento, posiblemente circunstancial,
del paro tal como ahora es valorado. Y por eso, y para no desestabilizar las estructuras
sociales vigente, con un gran respeto y temor al cambio y a lo que pueda pasar, se están
introduciendo una serie de controles importantes a su difusión, sobre todo en su
vertiente productiva30.
Pero los cambios espaciales serán importantes porque la esencia de su papel anterior,
que se basaba como hemos visto en un nivel de resistividad `tecnológica' determinado,
ha quedado profundamente tocado al cambiar radicalmente las relaciones espacio-
tiempo o la movilidad. De igual forma se verá afectado en cuanto espacio de recursos.
Por tanto, las necesidades de organización, las posibilidades de organización, las
dimensiones de la organización y la reformulación de la función de cada punto del
espacio puede verse replanteada de arriba a abajo.
¿Cómo será la nueva articulación del espacio? En cierta medida será el resultado de lo
que todos juntos hagamos, o dejemos de hacer.
NOTAS
1.- El presente trabajo se basa en los materiales de preparación de un curso de
Doctorado del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Barcelona,
impartido durante el año académico 1987-88, bajo la denominación "Metodología de
análisis del impacto espacial de la nuevas tecnologías".
2.- Este es uno de los campos que ha llamado más poderosamente la atención,
posiblemente por la novedad implícita en las tecnologías en las que se apoya y por el
efecto social masivo que comportan. Tampoco sería de extrañar que hubiese actuado en
el mismo sentido el gran volumen de recursos económicos implicados en el tema, con la
importante parte de consumo que conllevan.
3.- Quede claro que al hablar de espacio nos referirnos al espacio geográfico en el
sentido amplio de la palabra. Se considerará al espacio como espacio geográfico, no
sólo como territorio en tanto en cuanto superficie, sino como el conjunto global del
ámbito o medio en el que la humanidad se mueve, y que cumple el requisito de ser
accesible a la actividad e intervención humana. Es decir, el espacio geográfico es aquel
espacio físico accesible al hombre. Esta definición asume, en principio, que el espacio
interplanetario se incorpora también como espacio geográfico para el hombre, en la
medida en que éste va abriendo caminos de accesibilidad más allá de los límites físicos
del propio Planeta.
4.- Minsky et alt., 1985. Un aparato de video con mando a distancia reune en él la
aplicación de la robótica, con sistema experto incorporado, y de la telemática. Es un
robot en cuanto ha sido programando, además como sistema experto, para ejecutar un
conjunto de operaciones mecánicas y eléctricas en tiempo diferido al incorporarles unos
parámetros concretos a unas variables determinadas —tiempo, programa, orden—. Se
aplica la telemática en cuanto se consiguen unos procesos mecánicos —de puesta en
marcha, de paro— sin que se ejecuten físicamente, y sólo pulsando los botones de un
emisor en donde no hay correspondencia mecánica entre estos movimientos y los
movimientos de accionamiento físico del aparato, y ello a tiempo real.

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5.- Quién sabe si no nos hallamos en los albores de una nueva etapa histórica de los
materiales que se llegue a denominar 'edad del silicio'.
6.- Una cosa que puede decirse es que las nuevas tecnologías son nuevas relativamente,
ya que la gran mayoría de las así denominadas son tecnologías algunas de ellas iniciadas
en el siglo pasado, mientras que otras se introdujeron alrededor del periodo de la
segunda guerra mundial.
7.- Teniendo en cuenta que el perímetro del Ecuador mide 40.700 km, una emisión
electromagnética a la velocidad de 300.000 km por segundo tarda menos de un séptimo
de segundo en cubrir toda la superficie del Planeta.
8.- España es un país fuertemente industrial, y ¿cuántos productos industriales
genuinamente españoles consumimos? No es lo mismo 'producido en España' que
`producto español', y de estos últimos bien pocos hay.
9.- Vernon (1977) apuntaba ya otra vertiente de esta posibilidad cuando decía que las
ventajas de oportunidad que representaban la localización en áreas territoriales
aprovechándose de los bajos salarios desaparecería en cuanto la competencia
incorporase la misma estrategia. Pero ahora se trata de una nueva situación, no de
estrategia empresarial sobre los costes por factores de oportunidad, sino de estrategia
empresarial sobre los costes en función de la incorporación tecnológica.
10.- Ver R.U. Ayres, La sociedad automatizada, en: Minsky, 1985, págs. 212 ss.
11.- Un ejemplo paradigmático que resume muy bien esta situación queda reflejado en
un anuncio de automóviles de una marca que se basaba en este eslogan: "Un coche
americano con tecnología alemana".
12.- Aspecto apuntado entre otros por Toffler (1980).
13.- El caso que en la actualidad se presenta como paradigma es el de la empresa Appel,
ejemplo seguido por otras individuos que han sabido capitalizar su capacidad técnica
personal para penetrar en el ámbito de la producción material de componentes que
incorporan alta tecnología.
14.- La mayoría de parques tecnológicos que se han desarrollado con posterioridad
tienen como finalidad el intento de mantener o de relanzar un área territorial como
medida de política territorial. Fundamentalmente se promueve la localización en ellos
de departamentos de i + d (investigación + desarrollo) de empresas ya consolidadas. Se
espera que de ello se derive un relanzamiento de la actividad económica en el área. Ver
entre otros muchos trabajos: Nouvelle Industrialisation, ..., 1987.
15.- En cierta forma como lo que está sucediendo en España. Un proceso de
reconversión, implica que se parte de la forma como ya estaban articulados en su
especialización los diversos territorios. Se considera que la forma más eficaz de actuar,
disminuyendo tanto los costes económicos como los sociales, es la de reindustrializar
las áreas ya industrializadas, hacia donde, por tanto, se concentraran todos los recursos
disponibles. Estos territorios, al final del proceso, se habrán distanciado todavía más,
con lo que los desequilibrios estructurales serán todavía más grandes que antes de
iniciarse el proceso. Las áreas reconvertidas cabe suponer que dispondrán de una
estructura y de una infraestructura puesta al día, mientras que sobre las áreas que no
eran industriales no se habrá actuado más que marginalmente ya que —se justificará—,
los recursos globales eran escaso y había que acudir allí donde las necesidades eran
mayores, y éstas lo eran allí donde ya existían masas importante de población,
precisamente generadas en su gran mayoría por los procesos de concentración humana
urbana como producto del proceso de concentración de la producción industrial. No nos
atrevemos a criticar aquí este proceso ni su justificación en términos de
costos/beneficios sociales. Sólo nos ha servido para constatar, a través de un pequeño
ejemplo, el modelo que puede seguirse a escala mundial con la 'reconversión' que se ira

61
derivando de la incorporación progresiva de nuevas tecnologías al proceso productivo
en su conjunto. Tampoco queremos entrar aquí a considerar si el concepto de
desequilibrio territorial es exactamente esto, tal como lo plantea la bibliografía
'antidesequilibrio' en boga. De hecho a través del ejemplo se constata que una no-
política territorial es una forma de política territorial ya que al final del proceso habrá
quedado configurada una forma de articulación del territorio concreta que no se habrá
producido al azar, sino guiada por unos principios, aún cuando estuviesen excluidos
conscientemente los motivos territoriales. No se ha producido una remodelación, una
reordenación que pudiese buscar o propiciar un reequilibrio, aprovechándose
precisamente de la fase de crisis de las áreas industriales clásicas a las que se acusaba de
desequilibradoras.
16.- Un planteamiento ultraliberal, como el de la etapa Reagan, ha sido el impulsor y
financiador de proyectos como la guerra de las galaxias, donde esta comprometida toda
la nueva tecnología. La realización será privada, pero el proyecto es estatal, al igual que
lo ha sido la carrera espacial, o la política armamentista. Japón, potenciando y
encaminando la creación de holdings empresariales de gran volumen y alto nivel de
competitividad, estableciendo políticas comerciales proteccionistas. Francia,
encaminando su política industrial a la creación de una empresa de signo paraestatal, en
la que se concentran todos los esfuerzos en los sectores punta, como puede ser el caso
de Thompson, o promoviendo una política de 'grandeur' que permite proyectos de la
envergadura tecnológica corno participar en la carrera espacial o en el potencial militar
atómico. Brasil, donde el Estado promueve la autarquía informática aprovechándose de
la propia magnitud de su mercado interno. No interesa aquí analizar si son buenas o
malas políticas, sólo que son políticas emanadas desde el Estado.
17.- La física de altas..., 1988.
18.- Una información publicada en la prensa española pone a nuestro alcance un
ejemplo próximo a nosotros sobre el papel del Estado y de lo militar en el proceso
tecnológico. Hemos podido leer: "La decisión del gobierno sobre la definitiva
participación española en el Avión de Combate Europeo —el proyecto tecnológico más
ambicioso abordado hasta ahora en Europa— marcará el futuro tecnológico de España,
repercutirá en la política exterior e influirá en cómo será el Ejército del Aire de la
próxima década. (...) Supone el intento europeo más fuerte por hacer frente a las
multinacionales aeronáuticas estadounidenses, que en los últimos años han logrado
vender centenares de cazas en Europa, lo que ha repercutido negativamente en el
desarrollo tecnológico del Viejo Continente. Hoy, ningún país, salvo las dos
superpotencias, puede abordar en solitario el coste de producción de un cazabombardero
avanzado. (...) El Ministerio de Defensa ha pedido un mayor esfuerzo a las más de 30
industrias españolas interesadas en participar de modo que el retorno tecnológico para
España pueda suponer que esa participación sea equiparable al 13 % de las inversiones
totales que se realicen en el proyecto, ya que el Gobierno se ha comprometido a aportar
ese porcentaje, lo que supondrá un desembolso de 600.000 millones de pesetas." ("El
País", 8-X-1988). Los subrayados son nuestros.
19.- Véanse las formulaciones de Masuda, 1980 y Gorz, 1983.
20.- Los historiadores acostumbran a explicar el maquinismo —que de hecho representa
el punto final para la consolidación del modo de producción capitalista--, como un
conjunto de conflictos sociales en los que se hacia evidente un rechazo, a veces
violento, de los nuevos medios productivos, es decir, de las máquinas, como paradigma
del desarrollo de las fuerzas productivas. La destrucción de maquinaria es un intento de
mantenimiento de las formas de producir bajo el modelo artesanal. Una consecuencia
del maquinismo fue la sustitución de oficios, de conocimientos, de saberes, es decir, de

62
formas de hacer y de producir, y una progresiva incorporación de máquinas, lo que
permitió el salto de la manufactura a la industria, comportando el cambio en el modo de
producir y, de hecho, el cambio en la estructura social.
21.- Aún cuando el mercado de trabajo es una figura eminentemente capitalista, en esta
aproximación global al efecto de la nueva tecnología consideraremos al conjunto de los
recursos humanos como configurando un mercado de trabajo, sea cual sea el modo de
producción dominante.
22.- Al ser mayor el ahorro, en términos de retribución de la fuerza de trabajo allí
ocupada, que los costes de transporte adicionales por la lejanía de la localización
excéntrica de la producción.
23. Entendiendo como trabajo no cualquier actividad encaminada a la consecución de
un bien o servicio, sino cuando esta actividad es remunerada; y el no-trabajo como
tiempo a disposición del individuo para realizar aquellas actividades que el desee, pero
que no estarán directamente remuneradas, aún cuando pueda producir bienes o servicios
dentro de este tiempo. Por ejemplo: se considera trabajo cuidar un enfermo en su
domicilio a cambio de una remuneración; no se considera trabajo si los mismos
cuidados son efectuados por un familiar 'gratuitamente'. Lo mismo podría decirse de un
grifo reparado por un fontanero o bajo la forma de 'bricollage'.
24.- Este sería el caso de la división comarcal de Cataluña. El mantenimiento en la
actualidad de los mismos límites obedece claramente a un cambio en los criterios. Si
antes podían estar basados en una operatividad funcional-administrativa de cada
comarca con una capital que asumía funciones descentralizadoras, ahora aparece como
función de unos criterios electoralistas de distribución del voto según el criterio rural-
conservador, urbano-progresista. De otra forma: el mismo criterio espacio-tiempo
representaría en la actualidad una superficie mucho mayor.
25.- En el marco del curso de doctorado citado en la nota 1 se aplicó la matriz, sobre la
que se han efectuado ciertas modificaciones que no afectan a su estructura básica, al
análisis de las obras: Castilla et alt., 1986; Laurent, 1983; Masuda, 1980; Minsky et alt.,
1985; Toffler, 1980; y el vídeo "The information society" producido en 1983 por la
televisión australiana. El interés de los resultados obtenidos son los que me han
animado a su publicación.
26.- El trabajo a domicilio se ha practicado siempre, incluido el periodo de la revolución
industrial. Aún cuando el teletrabajo signifique la conexión permanente con la empresa
y también sea distinto el tipo de trabajo a ejecutar, no estará de más releer la bibliografía
clásica sobre el tema del trabajo a domicilio.
27.- Se habla de que en un futuro los arquitectos tendrán que replantearse la forma de
diseñar las viviendas, las cuales de hecho serán el envoltorio de todo un complejo de
sofisticada nuevas tecnologías, empezando por poder ser el lugar de trabajo. Laver,
1980; Gras, 1988.
28.- Se cita al teletrabajo como una de las causas del descenso de la población de Nueva
York.
29.- Cabe matizar la idea de servicio de producción y servicio de consumo. Servicio de
producción se aplicaría a aquella parte del proceso productivo que se integra en la
producción de bienes y servicios que no se consumen in situ, es decir, integradas en un
producto que se venderá o comercializará potencialmente en cualquier parte, como por
ejemplo un diseñador industrial, o un contable, o un publicista, integrados en una
empresa industrial, o agraria o de servicios. Por servicios de consumo quiere
significarse aquella actividad que está destinada a que en aquel lugar se pueda disponer
de unos servicios que serán consumidos in situ por el cliente, como puede ser la oferta
turística o sanitaria.

63
30.- En un país como la R. F. Alemana, puntero respecto a innovación tecnológica, se
ha establecido ya un pacto social a través del cual la implantación de nuevas tecnologías
productivas será el resultado de transacciones entre los 'agentes sociales', en los que los
sindicatos harán el papel de 'moderadores' -de hecho retardadores-, del desarrollo de las
fuerzas productivas en base a conservar los puestos de trabajo, o que su sustitución sea
lo menos traumática posible, para no violentar los mercados de trabajo y evitar crisis y
conflictos sociales.

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Un espacio para el espacio social

Debates y perspectivas contemporáneas


Edgar Novoa Torres

Introducción
La categoría de espacio social o espacialidad viene siendo tema de debate teórico y
académico en todas las disciplinas de las ciencias sociales (antropología, psicología,
sociología, ciencia política, economía), en la mayoría de los casos por fuera de los parámetros
y horizontes hasta ahora trazados por la geografía. Así mismo, se ha convertido en un
componente y un desafío para las luchas y reivindicaciones sociales, para la acción social
organizada en general y sus prácticas económicas, políticas, sociales, culturales o ecológicas.
Sin embargo, en la confrontación académica se la ha tendido a oscurecer como una variable
independiente y autónoma con leyes y principios propios, o se la ha diluido como un mero
reflejo de la antagónica dinámica socio-histórica, desvalorizando la importancia sobre el sentido
y alcance que adquiere lo espacial en las actuales transformaciones.
En la interfaz entre lo social y lo espacial se presenta un fructífero debate alrededor de la
categoría de espacio social, en donde se transcienden todos los límites y fronteras
disciplinarias y se abre un horizonte amplio para el análisis y la interpretación, que la misma
acción política y social de los diferentes actores exige para el desarrollo y la puesta en marcha
de sus proyectos o estrategias. En este sentido, en los últimos años se ha venido consolidado
en el pensamiento crítico un fuerte movimiento de reafirmación del espacio en las ciencias
sociales.
El monopolio del análisis de la dimensión espacial detentado hasta hace poco por la
geografía –al que consideraba su campo exclusivo de estudio–, ha sido objeto de escrutinio por
otras disciplinas interesadas, y sobre todo necesitadas, de la compresión de la variable
espacial al abordar el análisis socio-histórico. Al mismo tiempo, la geografía ha tenido que
reconocer sus limitaciones a la hora de explicar la dinámica actual de las transformaciones de
los grupos y sociedades humanas, buscando llenar el vacío que la acecha con los aportes de
las demás disciplinas sociales. El círculo se cierra por el importante papel que la espacialidad
juega hoy en todos los lugares y las escalas geográficas, en donde, además, el lenguaje
utilizado para su interpretación o análisis apenas es un pálido reflejo de la dinámica que la
subyace: globalización, localización, glocalización, descentralización, deslocalización, impactos
territoriales, horizontes, cartografía, mapeo, territorialización, desterritorialización, etc.
Con el propósito de ir llenando el vacío que nos embarga frente a la compresión y análisis de
esa fenomenología espacial actual, el presente documento realiza de manera selectiva un
recorrido por las diversas discusiones contemporáneas sobre el concepto de espacio social o
espacialidad que en el ámbito de la geografía se han dado en Europa Occidental y Estados
Unidos. Es selectiva en tanto no pretende ser una presentación de todas las corrientes
geográficas y sus diferentes matices, intereses e inquietudes particulares. De otra parte, como

66
el lector tendrá oportunidad de constatarlo, se enfatiza la relación entre las formas espaciales,
las prácticas sociales y las transformaciones socio-históricas, como eje central para el análisis y
el estudio de las visiones escogidas como paradigmáticas en ese terreno.
El presente escrito busca hacer la genealogía de la categoría de espacio social alrededor de
los elementos ya enunciados, para sopesar su sentido y alcances, comprenderla de la mejor
manera y darle un uso más adecuado en el análisis socio-histórico. Se busca valorizar la
espacialidad no sólo en la discusión académica sino además proporcionar herramientas para la
acción política y social organizada, que cada vez más encuentra que su “localización” material
y física hace una diferencia; y que hay diferencias que se producen en ese “lugar”. No se trata
de hacer de la espacialidad una categoría omnicomprensiva y explicativa del desenvolvimiento
socio-histórico de las sociedades, sino de desarrollar las herramientas teóricas más adecuadas
para una mejor compresión de su dinámica, que contribuya a complementarlo y enriquecerlo.

1. La geografía y el espacio social


Las últimas décadas han sido pródigas para la geografía en intensos debates caracterizados
por interminables discusiones ontológicas y epistemológicas acerca de cuál debería ser su
objeto y método de análisis. Este fenómeno ha sido interpretado como la consecuencia directa
de su particular interés disciplinario por explicar las relaciones entre los individuos, o los
grupos, con su medio ambiente (entorno, paisaje, territorio o espacio), que la ubican en la
borrosa frontera entre las disciplinas naturales y las sociales o humanas; aspecto que ha
abonado el terreno para la indefinición y la consecuente búsqueda: una conflictiva y nunca
acabada construcción del objeto y método de análisis. Sin embargo, más allá, y a pesar de
esas ambigüedades, se ha avanzado un largo trecho en la conceptualizacion y el desarrollo de
categorías, métodos y técnicas de investigación para el análisis y la compresión de la variable
espacial respecto de la dinámica socio-histórica de las sociedades.
Del mismo modo en que la geografía ha buscado en las demás disciplinas sociales
elementos básicos para la comprensión de los distintos elementos antropo-socio-históricos que
tipifican el devenir de los grupos sociales, así mismo las demás disciplinas sociales han venido
reconociendo la importancia que posee la variable espacial para la comprensión y estudio de la
dinámica socio-histórica. En este sentido, nuestro interés particular al efectuar el recorrido
crítico de las principales corrientes geográficas que expresan los profundos cambios espaciales
ocurridos en los países de Europa Occidental y los Estados Unidos, es el de obtener la
cartografía del concepto de espacio social. Sin embargo, como lo veremos a medida que nos
internemos en nuestro recorrido, es difícil limitarse exclusivamente a la genealogía reciente del
concepto de espacio social (espacialidad), sin adentrarse en los diferentes elementos que
componen el análisis socio-GEO-histórico de dichas sociedades; elementos tales como el
problema de las escalas geográficas, la profunda y permanente diferenciación espacial, las
relaciones sociales antagónicas de poder, elementos todos co-constitutivos y determinantes
para la compresión de la producción de la espacialidad.

1.1. El análisis sistémico espacial


1.2.
El enfoque espacialista sistémico se consolidó a partir de los años mil novecientos sesenta en
los Estados Unidos y en cada una de las tradiciones geográficas nacionales de Europa
Occidental, siendo la escuela francesa la que más recientemente ha retomado y profundizado
sus principios teóricos y metodológicos, conservando sus rasgos fundamentales: el uso de las
técnicas cuantitativas, el manejo de modelos (estadísticos, matemáticos, gráficos), la utilización
de conceptos y principios sacados de las ciencias físicas o naturales aplicados a la dinámica
espacial de la sociedad, y el interés declarado en la búsqueda de leyes o principios espaciales
en la dinámica social. En esta medida, y no obstante los diferentes matices que presentan los
autores, no sólo comparten estos principios metodológicos, sino que la concepción de espacio
social inmóvil, neutral y eterno –tomada de la física en sus diferentes versiones–, permea todas
las propuestas. En Francia, el núcleo duro de la geografía sistémica se encuentra, desde la
década de los años ochenta, alrededor de la revista L’Espace Géographique, y se ha plasmado
especialmente en la obra de Roger Brunet.
El desarrollo del análisis de sistemas y la introducción de modelos cuantitativos en el análisis
social contribuyeron de manera decisiva –de acuerdo con los sistémicos– a sentar las bases
para que la geografía pudiera ser considerada como una disciplina científica, la cual se
encontrada enfrascada en interminables debates acerca de su naturaleza y objeto de análisis.
La primera tarea fue la de declarar la unidad irreducible de la geografía: l’aveuglante unité de la

67
géographie, una geografía sin adjetivos pura y simple. De una parte, superando las largas
discusiones acerca del carácter social o físico de la geografía, y de otra, reafirmando las
permanentes interacciones entre lo social y lo espacial. En efecto, gracias al análisis de
sistemas, el interaccionismo sistémico permanente cerraba la discusión sobre lo físico o lo
humano de la geografía, la existencia de una geografía física y una geografía humana con
objetos específicos de análisis. Lo físico y lo humano se encuentran, entonces, como sistemas
separados pero en constante relación en la producción espacial. De la misma manera, no
existiría ninguna preeminencia entre el hecho social y el hecho espacial, que también buscaba
poner en entredicho la unidad de análisis de la geografía. Sistemas autónomos e
independientes, lo espacial y lo social sé retroalimentan permanentemente.
El análisis de sistemas se presenta, pues, como la herramienta metodológica más útil y
versátil para proclamar la unidad anhelada. A través del análisis de sistemas se lograba
mantener la irreductibilidad esencial del sistema físico-natural y el sistema social, en una
unidad dinámica y abierta de interacción sistémica. Por otra parte, la teoría general de sistemas
permitía pensar y describir también la interacción permanente de las variables sociedad /
espacio, reafirmando el análisis geográfico en esencia sistémico, teniendo en cuenta el
precedente de los métodos utilizados por la geografía física para el análisis geomorfológico de
la corteza terrestre. En este sentido, para poder valorizar el peso que posee el espacio en la
interacción con la sociedad, éste debería ser considerado como un sistema autónomo e
independiente –aunque producto social– que posee leyes o principios propios que deben ser
estudiados: “La expresión ‘sistema espacial’ no es, entonces, errónea: es preciso reconocer la
autonomía del espacio... ‘El espacio y el sistema no se separan’, escribe Roger Brunet.
Diríamos más bien que el espacio es un sistema” (Baudelle & Pichemel, 1986, p. 87).
La rigurosidad y la verificabilidad formal de los métodos cuantitativos estadísticos y
matemáticos de base empírica, utilizados a gran escala dentro del análisis sistémico,
proporcionaron un referente importante para la sistematización de datos y la formalización de
modelos espaciales; punto esencial alrededor del cual se podía abrir el debate y la
confrontación académica y disciplinaria, elementos básicos para sentar las bases de una
geografía científica, de acuerdo con el análisis sistémico espacial. Al mismo tiempo, los
modelos surgidos de los ejercicios estadísticos y matemáticos van a proporcionar un lenguaje
que por analogía se aplica al análisis espacial. Posteriormente, a medida que el trabajo se
adelantaba y las discusiones producían sus frutos, la conceptualización se enriquece,
retomando conceptos de las ciencias físicas y naturales, consolidando la geografía como una
disciplina científica.
El análisis sistémico espacial se centra en una visión empírica del espacio tomada de la
física newtoniana:
No defino el tiempo, el espacio, el lugar y el movimiento como si fuesen bien conocidos por
todos. Pero debo señalar que las personas corrientes conciben esas cantidades con base en
ninguna noción distinta de la relación que guardan con objetos concretos. De allí surgen ciertos
prejuicios que, para eliminarlos, conviene diferenciarlos entre absoluto y relativo, verdadero y
aparente, matemático y común...
El espacio absoluto en su naturaleza propia, sin relación con nada externo, sigue siendo
siempre similar e inamovible. El espacio relativo es alguna dimensión o medición móvil de los
espacios absolutos, que nuestros sentidos determinan según la posición de los cuerpos
(Newton, en Smith, 1994, p. 68.
Si bien es cierto que la referencia al espacio absoluto newtoniano PRE-existente –que
permanece igual a sí mismo (por lo tanto, eterno e inmóvil)–, proporciona una base ontológica
que sustenta la idea del espacio como sistema autónomo e independiente de la naturaleza y la
sociedad, y dotado de leyes propias; es gracias al desarrollo de la idea de espacio relativo que
se abre la posibilidad de pensar un espacio social o geográfico, en el análisis sistémico
espacial.
Conservando el referente absoluto espacial, el análisis concreto está centrado en un
conjunto de relaciones y procesos que se refieren al movimiento, comportamiento y
composición de la materia y los eventos materiales, que no están directamente influenciados o
determinados por las leyes físicas, lo que se denomina espacio relativo, dimensión o medida
del espacio que nuestros sentidos establecen por la posición, la localización, la ubicación, la
inscripción empírica de los cuerpos u objetos en el espacio.
Desde esta perspectiva, para el análisis sistémico el espacio social como sistema tiene una
existencia propia como tal y no es el reflejo o la traducción de otros sistemas (económico,
político, social. En tanto sistema es “medio ambiente” –en el sentido de la teoría de sistemas– y

68
parte de la sociedad, “entrada” y “salida” del sistema social; no se reduce exclusivamente a la
superficie terrestre, al medio ambiente, el territorio o lo visible; y es un producto de la acción
humana sobre el medio, una expresión integrada de la superficie o extensión terrestre, los
lugares, las relaciones y las estructuras que se crean y sus interrelaciones.
Un espacio es ante todo una extensión, pero provista de un conjunto de elementos (los
lugares) y de relaciones entre éstos (los caminos y los ríos. Esto de por sí ya describe una
estructura. El espacio se define precisamente por su estructura y por su extensión. La imagen
clásica es la comarca, que se expresa originalmente contra (latín: contra), es decir, por su
diferencia (Brunet, 1986, p. 303.
La extensión es el soporte, PRE-existente y no producido (el espacio físico-ambiental), y la
estructura es la manifestación espacial, el espacio producido de la interacción entre la sociedad
.
y el medio físico-natural que permite el funcionamiento de la sociedad y su reproducción
El espacio geográfico sistémico no se puede desligar de su ontología fisicalista. Así, lo que
aparece como determinante para el análisis es la inscripción empírica de los objetos,
actividades o procesos en el espacio. No es el espacio en sí mismo considerado el objeto de
análisis, sino que:
La característica espacial, aquella que resulta más significativa para la geografía, subraya
que el objeto se debe expresar en la extensión y materializarse visualmente en los paisajes que
se pueden percibir en la superficie de la Tierra. Es preciso no cometer ciertos errores: la
geografía no es ni el estudio del espacio ni el estudio de los lugares, sino el de la organización
espacial. La dimensión espacial es un atributo y una cualidad indispensable para caracterizar el
objeto que tiene una significación geográfica, pero no constituye el objeto de la geografía
(Christofoletti, 1989, pp. 228, 229.
La organización espacial es siempre particular y su análisis y observación empírica ha
permitido inferir tipos, clases recurrentes, que en algunas oportunidades se encuentran en una
pureza relativa y se han podido representar por medio de modelos (los famosos modelos de la
economía clásica y neoclásica espacial de Von Thunen, Christaller, Losch, Weber, Alonzo).
Se trata, pues, de indagar sobre lo que hay detrás de las formas espaciales, investigar las
relaciones que puedan tener con otras formas, establecer su lógica social, en donde el
tratamiento de datos, los modelos cuantitativos (estadísticos y matemáticos), de simulación, y
los enunciados o principios teóricos propios del análisis espacial se imponen como regla. Se
busca despejar lo que es común para establecer principios o leyes, para construir modelos que
permitan apreciar la diferencia estableciendo las racionalidades implícitas en la organización
del espacio. La modelización (estadística, matemática, gráfica) es un elemento central en el
análisis espacial sistémico, pues está siempre presente. La exigencia teórica y la práctica
experimental se encuentran en la modelización matemática de la dinámica de los sistemas
gracias a la topología que ella facilita (distancia, red, posición relativa, estructura, gravitación);
expresiones globales de limitantes espaciales, necesarias para el análisis de la dinámica social
[6]
(Auriac, 1986, p. 79) .
Por más complejas que puedan ser las formas o estructuras espaciales, estas se derivan de
un número reducido de tipos, de la misma manera que corresponden a lógicas sociales
igualmente elementales (tales como acciones de identificación, medición, polarización,
organización), de las cuales se retienen sus rasgos físicos, lo que permite establecer las leyes
o principios espaciales:
las acciones sobre el espacio, por desordenadas que parezcan, no se realizan sin reglas, ya
sean deliberadas o involuntarias. El espacio tiene sus leyes que evidentemente no son
independientes de la acción humana, sino que tienen, por el contrario, su lógica social. Las
más radicales se refieren al espaciamento, la distancia y la gravitación, y están ligadas (Brunet,
1989, p. 96.
Los modelos inferidos de la organización del espacio son limitados, puesto que denominan
relación a la combinación de ciertas unidades geométricas elementales del análisis espacial, en
cuyas formas simples se reencuentra la topología espacial básica de puntos, líneas, superficies
y direcciones.
El análisis espacial como la producción del espacio no se limita a la organización, sino que
también se refiere a la diferenciación; la superficie terrestre como soporte está sujeta a un
proceso permanente de organización / diferenciación, proceso central para la reproducción
sistémica. De esta manera se producen lugares, habitados o no, materializados o no,
relaciones entre ellos, conjuntos de lugares o espacios que pertenecen a una misma
estructura, productos del azar o, en algunos casos, como un proyecto conjunto, un plan de
.
organización espacial

69
En un momento determinado puede suceder que un cierto tipo de lugares, caminos y
espacios conformen un conjunto dotado de una cierta coherencia, cuya variación interna es
inferior a la variación externa, de tal manera que dicho conjunto pueda ser reconocido como
una estructura (región) en la que se despliega un sistema particular que amerita ser estudiado
aparte; de esta forma se introduce sobre nuevas bases el análisis regional. Existe otro tipo de
espacios cuya definición es completamente diferente, basados en principios claves como:
finalidad (concebidos y delimitados para fines precisos); la completad (cubren la totalidad de la
extensión, sin sombra, vacío o indecisión); la centralidad (disponen de un lugar central respecto
del sistema englobante); la jerarquía (son organizados de acuerdo con una jerarquía de niveles
inferiores y superiores); la equivalencia (todas las mallas se encuentran en un mismo nivel)
(Brunet, 1986, pp. 307, 308. De estos espacios se puede afirmar que hacen referencia no sólo
a las divisiones político-administrativas, sino que también se refieren a las mallas creadas por
las fuerzas del mercado en un momento determinado.
El espacio mundial está recorrido por una multiplicidad de campos, conjuntos de espacios y
lugares signados por unas mismas características o estructuras, por unas mismas fuerzas,
unos dados otros construidos socialmente; la mayor parte de ellos poseen un núcleo y ejes,
arterias y nervios, centros y periferias. En este sentido, el análisis sistémico espacial es una
herramienta metodológica versátil, que se puede aplicar a cualquier objeto geográfico, forma u
organización espacial de importancia desde el sistema mundo hasta el análisis de la vida
cotidiana de las personas individualmente consideradas, pasando por las demás escalas
geográficas de importancia (la nacional, la regional, la local. La escala representa un elemento
determinante para la comprensión y análisis geográfico sistémico, cada escala exige una
aproximación metodológica diferente, lo importante es encontrar las herramientas más
adecuadas para establecer lo esencial de la organización espacial en el nivel o escala que se
esté considerando, “la escala es una de las claves de explicación en la geografía, y garantiza
coherencia mental y restitución física” (Ferras, p. 407.
La visión sistémica del espacio está íntimamente relacionada con una ontología natural en
donde una forma específica de espacio se presenta como dada, el espacio newtoniano
estructurado esencialmente a partir de los principios euclidianos (compuesto por dos o tres
dimensiones, en donde la principal característica de la materia es ser extensa, ocupar un
espacio), un espacio físico PRE-existente eterno e independiente en donde los actos, eventos
o procesos humanos se inscriben, se ubican y deben ser investigados de acuerdo con los
principios de la mecánica que rige dicho espacio, en el marco de sus propiedades físicas. Más
aún, a pesar de los esfuerzos por reconocer y comprender otro tipo de física (newtoniana) o de
geometría (Riemann), esto no altera la ontología fisicalista racionalista que permea toda la
propuesta metodológica sistémica y su terreno específico (el carácter absoluto o relativo del
espacio físico y sus propiedades), solamente la reafirma y profundiza, eso sí aumentando el
bagaje categorial interpretativo y explicativo de la morfología espacial social. En este sentido,
más que el espacio considerado en sí mismo es la inscripción material, la ubicación, la posición
de los objetos, los procesos en el espacio, el objeto de análisis de la visión sistémica.
Consecuente con su empirismo, en la aproximación sistémica espacial la “mirada” aparece
como determinante puesto que se trata del estudio de la disposición de las cosas o procesos
en el espacio, enfatizando al mismo tiempo el carácter racional del análisis:
La importancia acordada a los ‘cuerpos’ y la constante repetición de la palabra hacen pensar
forzosamente en el espacio ‘concreto’ que plantean los defensores de la geografía... el interés
exclusivo que la demostración cartesiana otorga a lo ‘visual’.. En el caso de la figura de un
cuerpo que se torna escurridiza a medida que las manos se acercan, el ‘contacto’ en sí se hace
imposible: la vista sola reconoce en él ‘una sustancia que tiene extensión’.. El universo de los
geógrafos es también un universo material, sustantivado, poblado de ‘cuerpos’ reales o
virtuales (la sustancia espacial que puede ser desplazada para alojar un cuerpo nuevo. Como
el de Descartes, se infiere de la vista, es un ‘espacio-paisaje’. Tanto el uno como el otro
racionalizan una de las formas de experiencia corriente: explícitamente el uno, implícitamente
los otros (Sautter, 1985, p. 195.
El referente del espacio físico (absoluto o relativo), siempre estará presente en la propuesta
sistémica como base ontológica, lo que permite erigir al espacio como sistema autónomo
regido por principios o leyes propias, independiente del tiempo. Sin embargo, esa misma
ontología va a delimitar la propuesta analítica e interpretativa. Metodológicamente se parte de
las formas espaciales dadas como “datos”, como productos naturales, y se busca establecer
las transformaciones ocurridas en un determinado lapso de tiempo, esto es, se lleva a cabo un
análisis espacio-causal estático comparativo. Esto quiere decir que se pueden inferir algunos

70
aspectos acerca de los procesos que produjeron los cambios de esas formas espaciales o
lugares, basados en el hecho de que las formas consideradas en sí mismas no poseen una
historicidad propia y determinante por su dinámica y propiedades internas y sus permanentes
determinaciones externas; lo que es lo mismo que decir que son espacios encerrados en sí
mismos que contienen una historicidad pero que no evolucionan históricamente. Los cambios y
procesos son vistos, de otro lado, como causalidad temporal estática propia de las
interacciones; El permanente flujo circular de los efectos de acción y retroacción
(inputs/outputs) entre las cosas o sistemas, lo que reproduce una forma mecánica y causal de
pensamiento propia del análisis de las ciencias naturales (Harvey, 1997, p. 49.
La diferenciación del espacio y el tiempo como dimensiones separadas y autónomas, lleva a
una interpretación temporo-causal discontinua y estática de las formas, eventos o hechos
espaciales. Se da por sentado, se toman como dadas las formas espaciales, la existencia de
los espacios y sus escalas, los cuales no se consideran en proceso permanente de
constitución, modificación o transformación, en donde la diferenciación espacial se reduce a
una narrativa temporal evolutiva lineal (enunciación de etapas del desarrollo. Así mismo, se
tiende también a des-espacio-temporalizar el contenido y propiedades de las relaciones entre
los procesos, sistemas o cosas envueltas en las transformaciones, que son co-constitutivas de
la permanente producción del espacio. El análisis sistémico espacial conlleva un:
Fetichismo espacial en el que el espacio se percibe como atemporal y, por consiguiente,
inmune al cambio histórico... territorialismo metodológico que analiza todas las formas y
escalas espaciales como unidades geográficas auto contenidas y territorialmente limitadas. En
su conjunto, estos supuestos producen un modelo internalista de desarrollo social en el que la
territorialidad hace las veces de contenedor estático, atemporal del historicismo (Brenner, 1999,
pp. 45-46).
Con las características y propiedades del espacio sistémico las relaciones entre naturaleza /
espacio son reducidas a un interaccionismo que reifica la autonomía y externalidad de cada
uno de los elementos. Existe una distinción ateórica entre un espacio ‘artificial’ (producido) y un
espacio ‘natural’ (no producido. Esta distinción es ateórica porque si la ciudad es un producto
material de la formación social, lo mismo ocurre con un bosque ubicado entre las ciudades, una
montaña o un mar: elementos ‘naturales’ que no son transformados, sino que son ‘dejados así’
por esta formación social específica... Ni la montaña, ni el mar –incluso ‘dejados así’, es decir
no transformados– constituyen un elemento puramente natural, exterior a (y para) la formación
social que acondiciona su territorio. Esta formación social produce todo su espacio (Beuningen,
p. 265.
Esa diferenciación espacio / naturaleza conlleva también imprecisiones conceptuales en su
interpretación. La naturaleza debe diferenciarse del espacio sistémico, que es extensión –
naturaleza– y estructura, o forma espacial; ella hace parte del espacio sistémico, es un límite a
su proceso de organización / diferenciación que debe ser tenida en cuenta para el análisis,
pero no es equivalente al espacio sistémico. De otro lado, el espacio sistémico no obstante, de
ser un producto social no toca o transforma su referente ontológico, el espacio-abstracto físico
(absoluto o relativo) que permanece en esencia pura, siempre igual a sí mismo, inmóvil y
eterno, a pesar de la acción humana; y de otro, es externo, autónomo a la naturaleza física.
Así, el espacio social sistémico es una representación abstracta del espacio físico (absoluto o
relativo); sin embargo, la conceptualización,
Ha tenido que afrontar la aparente contradicción entre espacio físico y social, y la
diferenciación interna del espacio natural y el espacio físico en general. Cuanto más intentan
los geógrafos identificar dentro del espacio natural absoluto los patrones y procesos
socialmente relativos y socialmente determinados de la ubicación económica, más
problemática se convierte la relación entre el espacio natural y el social, y más ambiguo se
vuelve el significado del espacio físico (Smith, Neil, 1991, p. 75.
El isomorfismo que se efectúa entre el espacio físico (absoluto o relativo) y el espacio social
sistémico (cada vez más entendido como el espacio relativo y sus propiedades y formas de
representación) para el análisis, alimenta la ambigüedad y confusión semántica del concepto
de espacio social, y además nos presenta un panorama empobrecido donde se imponen las
características y propiedades de la mecánica que lo rige, en el análisis espacial de la acción
social. Siempre existe como referente universal un espacio abstracto, continente PRE-
existente, vacío, neutro, eterno, compuesto de dos o tres dimensiones, que es fijo; y reducido a
una topología geométrico-matemática y sus respectivas propiedades. El espesor social se
reduce a la relación y convergencia estadística y gráfica de puntos, líneas, áreas y superficies

71
que producen las estructuras espaciales. En su batalla por superar el determinismo ambiental o
geográfico, el análisis sistémico espacial instaura un nuevo determinismo, el geométrico.
Por otra parte, el ejercicio de espacialización se constituye en toda una morfología o física
social, en la medida en que detrás del ejercicio geográfico de modelización, la acción humana
es considerada como expresión de un número reducido de actos humanos (habitar, organizar,
gestionar, negociar, etc.), los cuales recogen y expresan el espesor social que existe detrás de
],
las estructuras espaciales y expresan las regularidades del sistema bajo análisis.
También formulo la hipótesis de que los fundamentos de las acciones humanas son
limitados, a semejanza de las formas que producen, lo cual sin embargo basta para producir
una infinita variedad de objetos y sujetos particulares; De que es, por lo tanto, interesante
establecer algunas relaciones entre unas y otras, pues con un poco de razón se puede ir
desenmarañando esta complejidad, de una manera que permite a la vez una cierta adhesión
interindividual y un campo de acciones posibles en lo real (Brunet, 1996, p. 26.
Este ejercicio de morfología física, reduce la discontinuidad radical permanente que la acción
social comunica constantemente a todo el conjunto relacional social, a ser un elemento
previsible más dentro del flujo circular de los efectos de acción y retracción que contribuyen a
sostener el equilibrio sistémico. Esto conlleva, por otro lado, a reducir la política a una función
sistémica de organización o equilibrio [20] , o a efectos producidos por las interacciones internas
[21]
entre sistemas y subsistemas que estructuran los modelos . No sólo sé funcionaliza la
producción y reproducción antagónica del orden social al equilibrio sistémico, sino que al
mismo tiempo lo convierte en un objeto de intervención técnica,
Los conceptos de la teoría sistémica revelan un interés colectivo en el control técnico; ...esta
relación extradiscursiva no es una compulsión incidental sino una necesidad estructural; y...
esto tiene unas consecuencias prácticas ineludibles que se presentan como conceptos
analíticos abstractos cuya validez está determinada por un llamado a un cálculo lógico
correspondientemente abstracto (Gregory, 1980, p. 328.
El análisis sistémico espacial está interesado en asignarle un lugar a la geografía y en
legitimar el quehacer geográfico. En este sentido, plantea un elemento esencial para la
comprensión y análisis de la variable espacial: la pregunta sobre la localización, la inscripción
de las cosas, objetos o relaciones en el espacio. Sin embargo, debido a sus limitaciones
ontológicas y epistemológicas, la investigación se reduce a las apariencias empíricas del
proceso de localización físico-material; es necesario, entonces, rescatar toda la consistencia
socio-geo-histórica que la “localización espacial” posee como presupuesto, medio y producto
de múltiples determinaciones. A pesar de sus limitaciones analíticas e interpretativas –en la
relación espacio / tiempo– el lugar de la acción social en las transformaciones espaciales, así
como el de la política como elemento central en dicho proceso, es imposible soslayar la
importancia que dicho cuestionamiento representa frente a la dinámica socio-GEO-histórica.
Más allá de las apariencias empíricas, es necesario ahondar en el análisis de las relaciones
entre las formas espaciales y los procesos sociales de la dinámica socio-histórica.
Paradójicamente, las mismas limitaciones del análisis espacial sistémico se han traducido en
un altísimo grado de sistematización de los datos espaciales que proporcionan una riquísima
base empírica para nuevas lecturas y aproximaciones.
1. 2. Geografía humanística o el sentido del lugar
La primera respuesta a la avanzada espacialista sistémica se presentó a finales de los años mil
novecientos sesenta, y se consolidó en los años setenta, alrededor de la llamada geografía
humanística, en donde sobresalieron autores como Anne Buttimer, David Ley, Edward Relph,
Marwyn Samuels, Yi-Fu Tuan. Los humanistas buscaban establecer unas nuevas bases
filosóficas, ontológicas y epistemológicas para la geografía, más allá del paradigma categorial
sistémico que establecía una separación entre los hechos y los valores, el sujeto y el objeto; lo
que había conducido, según los humanistas, a una separación entre las formas espaciales y
.
los procesos sociales
El positivismo metodológico sistémico enfatizaba el conocimiento objetivo, lo que implicaba
concentrarse en los hechos puros dejando de lado aquellos elementos que impidieran u
oscurecieran su aprehensión. Se desvalorizaba la acción social y los actores, pues lo subjetivo
era mirado como algo metafísico, irracional, imposible de conocimiento, y lo mental era
considerado como un psicologuismo desprovisto de interés o reducido a la explicación simplista
del esquema estímulo / respuesta de la psicología comportamentalista. Se exigía una precisión
ajena al mundo cotidiano de la acción humana, caracterizada por múltiples valores y por su
ambigüedad de sentido. Estos principios fueron los que llevaron a la geografía, según los
humanistas, a una separación entre las formas espaciales y los procesos sociales, reduciendo

72
el análisis de las formas espaciales a una morfología fisicalista, en donde la acción humana era
subsumida en la objetividad de los modelos espaciales, en un determinismo geométrico.
[23] [24]
La fenomenología y el existencialismo sirvió de base filosófica, ontológica y
epistemológica al proyecto humanista, a pesar de las diferencias que se encontraban en la
fusión de las dos corrientes. Mas allá de los diferentes énfasis, los humanistas comparten
elementos mínimos que los distinguen en el análisis de lo espacial:
· El antropocentrismo (el hombre como la medida y el centro de todas las cosas), el hombre
como producto y productor de su mundo hace que se lleve a un primer plano del análisis la
intención humana, los valores, el sentido, la conciencia humana, aplicados al mismo
investigador también. Así mismo, la búsqueda se centra no sobre los objetos considerados en
sí mismos sino sobre el conocimiento del hombre acerca de dichos objetos y sus relaciones;
ningún objeto está libre de un sujeto (no object is free of a subject), ya sea en el pensamiento o
en la acción todo fenómeno es parte del conocimiento humano.
· El reconocimiento del mundo vivido (life-world), la experiencia humana cotidiana como
fuente esencial de conocimiento, universo de experiencias dentro del cual el mundo vivido
geográfico hace parte y es identificable, la comprensión del hombre en el mundo (man-in-the-
world) [26] .
· El holismo epistemológico para mirar las relaciones entre el hombre y su entorno, opuesto
a todo análisis que separe artificialmente los fenómenos del contexto; así la síntesis que se
plantea no es funcional sino dialéctica, no es abstracta sino contextual. En este mismo sentido,
toda construcción social (formas geográficas, conocimiento) debe ser considerada como el
producto de los valores de la sociedad y la época en que son gestados (Ley & Samuels, 1978,
p. 11.
· La ínter subjetividad como elemento central de la síntesis dialéctica. Toda acción humana
es intencional y propositiva, cuyo valor y sentido deben ser establecidos. Sin embargo, toda
experiencia es de naturaleza social, esencialmente, producto de relaciones intersubjetivas,
pues compartimos contextos cargados de sentido que determinan nuestra percepción y
.
conciencia; todo individuo posee una historia y una geografía
Sobre la base de dichos principios, un primer elemento que resalta inmediatamente en la
propuesta humanista es la consideración de todo espacio como espacio intencional. Sin
sentido, valores e intenciones, el espacio se convertiría en una dimensión pura, una mera
.
abstracción del mundo humano La conciencia del tiempo y del espacio es siempre parcial y se
encuentra mediada por los intereses de cada momento, producto de las relaciones
intersubjetivas y los constreñimientos propios de la acción humana. El espacio es, pues, un
continuó dinámico en donde la experiencia vive, se mueve y busca sentido; es un horizonte
vivido a través del cual las cosas y las personas son percibidas y valoradas, y en donde
adquieren sentido. El espacio está definido por los afectos, los sentimientos, las intenciones,
los fines humanos. El ser-en-el-mundo se define como siempre “ahí” o “en un lugar”, donde el
lugar es determinado por los lazos emocionales, afectivos del hombre. La distancia del espacio
existencial no es cuantificable, medidle objetivamente, sino gracias a la importancia del lugar
como centro, fuente de sentido.
Para los humanistas, “las ideas de ‘espacio’ y ‘lugar’ se requieren una a la otra para su
definición” (Tuan, 1977, p. 6).. En la experiencia el sentido del espacio surge con el del lugar.
De esta forma, el lugar se convierte en el fundamento del conocimiento geográfico, por lo tanto,
es un elemento central para el análisis de lo espacial saber cómo un simple espacio se
convierte en lugar, en un conjunto de características (sentido, valores, intenciones, conciencia)
que merecen ser analizadas en sí mismas.
El espacio es un centro de significado construido por la experiencia. El lugar se conoce no
sólo a través de los ojos y la mente sino también a través de los modos de experiencia más
pasivos y directos, que resisten la objetificación. Conocer un lugar plenamente significa
comprenderlo de una manera abstracta y también conocerlo como una persona conoce a otra.
En un nivel teórico elevado, los lugares son puntos en un sistema espacial. En el extremo
opuesto, son sentimientos viscerales fuertes (Tuan, 1975, p. 152.
Sin embargo, no hay que establecer y entender el sentido del lugar sólo a través de la
experiencia inconsciente, también es igualmente importante tratar de entender el sentido
inconsciente del desarraigo: un entorno que no posee un lugar significativo y la actitud
correspondiente que no le reconoce ningún significado al lugar, puesto que, “si un lugar carece
de significado sin un sujeto, así también una persona desplazada de su propio lugar es un
hombre de identidad incierta” (Lay, 1976, p. 507). El lugar no puede ser entendido
completamente desde un punto de vista científico como un conjunto de hechos, objetos y

73
eventos, el conocimiento del lugar debe emprender una tarea de comprensión de los
sentimientos, valores y sentido que le otorgan sus moradores.
El espacio vivido no posee fronteras definidas, el lugar puede ser tan pequeño como una
esquina o tan grande como la Tierra misma, en todo caso un lugar no es una cosa sino una
imagen, una intención, pequeños mundos cargados de valor y de sentido. Cada lugar debe ser
visto como un contexto relacional, pues determina de manera dialéctica la acción humana, el
lugar actúa sobre el individuo o los grupos. En el lugar ocurre la síntesis dialéctica que une el
medio ambiente, las intenciones humanas y los factores ínter subjetivos; en el lugar ocurre la
síntesis entre forma espacial/proceso social, valor/hecho, sujeto/objeto.
Las herramientas metodológicas utilizadas por los humanistas para el logro de sus objetivos
fueron bastante eclécticas:
Ni la fenomenología ni el existencialismo pueden aportar una solución fácil para los
problemas epistemológicos que afronta la ciencia en la actualidad, ni ofrecen un procedimiento
operacional claro para guiar al investigador empírico. Sin embargo, si se los entiende como
perspectivas, que apuntan a la exploración de nuevas facetas de la investigación geográfica,
entonces nuestro reconocimiento de ellos podría ser un desarrollo valioso y oportuno”
(Buttimer, 1979, p. 278.
Todo lugar posee una biografía que es necesario recuperar, entender, explicar; por lo tanto,
todo método que sirva para comprender los fines, propósitos, sentidos y valores que los
hombres asignan a su relación con el entorno y al lugar como fuente de sentido se considera
válido. Se trata de reconstruir el paisaje a través de los ojos de sus ocupantes, a la luz de las
condiciones intersubjetivas e históricas que lo han acompañado.
Los humanistas le critican a la geografía sistémica su concepción reducida del espacio. El
espacio vivido producto de la experiencia humana, cargado de valores y sentido, debe ser
diferenciado del espacio representado, de esta manera el espacio geométrico aparece como
una más de las formas de representación del espacio. Así, los humanistas, además de plantear
la posibilidad de pensar diferentes concepciones del espacio social accesibles al análisis
geográfico, enfatizan igualmente su fundamento y naturaleza social sacando la discusión del
ontologismo fisicalista sistémico, y proponiendo un nuevo horizonte de búsqueda para el
análisis espacial de la dinámica socio-GEO-histórica de las sociedades (Buttimer, 1969. El
análisis sistémico, al menoscabar el valor y lugar de lo subjetivo, no es el mejor camino para
progresar en el análisis de las relaciones entre los hechos espaciales y los procesos sociales,
en donde, según los humanistas, se debe pasar de las preguntas sobre la forma a las
preguntas sobre el sentido y la intención.
La síntesis dialéctica que busca la propuesta humanística para el análisis espacial se inicia
planteando una superación de la visión dualista del tiempo y el espacio como dimensiones
separadas, autónomas e independientes propuesta por el análisis sistémico:
La noción de ‘distancia’ implica no sólo ‘cerca’ y ‘lejos’ sino también las nociones temporales
de pasado, presente y futuro. La distancia es una intuición espacio-temporal. ‘Aquí’ es ‘ahora’,
‘allá’ es ‘entonces’. Y así como ‘aquí’ no es únicamente un punto en el espacio, ‘ahora’ no es
únicamente un punto en el tiempo. ‘Aquí’ implica ‘allá’, ‘ahora’ y ‘entonces’ están tanto en el
pasado como en el futuro” (Tuan, 1974, p. 216.
Así, en el mundo vivido de la experiencia humana el tiempo y el espacio se confunden, son
inseparables, lo que además no supondría la supremacía de uno sobre el otro. Sin embargo,
los humanistas no se pueden desprender de su ontología antropocéntrica.
En las obras clásicas del existencialismo y la fenomenología, esta tensión dialéctica entre la
realidad de la alienación y la necesidad de superarla tiende a estar arraigada en el tiempo, en
la temporalidad del devenir, y por consiguiente en la ‘formación biográfica’ y en la construcción
de la historia (Soja, 1989, p. 133.
Es la historia, el tiempo, el becoming (devenir) se impone sobre el being-in-the world. La
relación dual se mantiene: espacio = being, tiempo = becoming, dando necesariamente una
singular importancia al becoming, con el hombre como centro de la ontología. Su historicidad,
su devenir se impone sobre su estar o su ser y, al mismo tiempo, la diferencia entre el espacio
y el tiempo se mantiene como intuiciones separadas y diferentes, autónomas.
La alienación existencial del hombre frente al mundo y frente a sí mismo, de acuerdo con los
humanistas, se materializa primero en la duración, en el paso del tiempo, en él prima la
temporalización de la existencia, el hecho de ser y el hecho de situarse; localizarse posiciona al
ser en su mundo vivido, proceso en donde se establecen las relaciones sujeto/objeto, ser y
naturaleza, historia humana y geografía humana. De esta manera se mantiene la dualidad
tiempo / espacio, y el lugar –que se propone como el punto la síntesis– no la realiza tampoco:

74
Una vez tiene lugar el ser, ¿cómo debe entenderse la relación entre lugar y ser? ¿Cómo
esferas separadas? ¿Cómo interdependencias? ¿Cómo configuradas completamente por la
materialidad del lugar? Sugiero que ésta es la interrogación ontológica de la cual se deriva toda
la teoría social (Soja, 1989, p. 135.
En el análisis concreto, esta dualidad se hace mucho más evidente en la relación identidad /
lugar. Ambos conceptos están íntimamente ligados. Tanto la identidad de los ocupantes del
lugar como el lugar mismo se miran de manera estática, “delimitada”, sustancializada,
esencialista. La identidad sé reifica, se mira como anclada, encerrada en un lugar, un lugar
cargado de sentido y fuente del mismo. La producción de la identidad social como construcción
permanente y abierta, producto de relaciones sociales antagónicas, se inmoviliza, se fija, se
limita en torno al lugar: “si percibimos el mundo como un proceso de cambio constante, no
podremos desarrollar ningún sentido de lugar” (Tuan, 1977, p. 179. De la misma manera, el
lugar se mira con una identidad propia in situ, cargado de sentido, productor de sentido,
soslayando la permanente creación de lugares y su continua interrelación, en donde las
múltiples “capas” internas son parte de las relaciones externas. Los humanistas van a dejar
planteada, sin desarrollarla, la tensión entre espacio y lugar, sus relaciones y diferencias, lo
que actualmente es motivo de largos e intensos debates (Taylor, 1999.
La dialéctica entre el mundo y el pensamiento está siempre presente pero termina por
resolverse del lado de la abstracción del pensamiento. Los humanistas mantienen una
diferenciación entre naturaleza humana y naturaleza física, una naturaleza interna y otra
externa. La naturaleza interna comprende las pasiones de los hombres y la externa el medio
ambiente físico natural en donde los hombres viven. Por esta vía, es a partir de la naturaleza
interna, más explícitamente del pensamiento, que ese dualismo se puede sobrepasar; sólo en
la unidad del pensamiento se puede experimentar dicha unidad.
Es importante entender que la discusión sobre la naturaleza humana se disuelve en la nada
si por alguna razón se niega la externalidad de la naturaleza. Para que la ‘naturaleza humana’
cumpla su función ideológica debe existir una naturaleza separada con sus propios poderes
inviolables, pues es en esta naturaleza que se fundamenta la discusión sobre la naturaleza
humana. Ahora bien, para mantener este poderoso concepto ideológico en toda su frágil
contradicción, existe una curiosa y reveladora omisión en el concepto de naturaleza. Por
definición, la naturaleza externa excluye la actividad humana, pero la naturaleza universal
también excluye la actividad humana salvo en el sentido más abstracto de que el trabajo es
necesario y dignificado... es un exorcismo de la actividad social de la naturaleza universal, para
atenuar la contradicción entre naturaleza externa y naturaleza universal (Smith, 1990, p. 16.
Se mantiene la concepción de una naturaleza universal y externa, que ya habíamos anotado
para el análisis sistémico espacial, en este caso excluyendo la acción social de la producción
social de la naturaleza y resolviendo por la vía idealista la unidad naturaleza / sociedad.
La síntesis dialéctica entre forma espacial / procesos sociales, ubicada en el lugar, tampoco
logra sus intenciones. La dinámica socio-GEO-histórica, contingente y abierta, se ve
empobrecida en el análisis de la ínter subjetividad social, la cual se reduce a un relacionismo
simbólico subjetivo de interacciones entre los hombres, y de éstos con el paisaje. El proceso de
representación subjetiva se pierde en una maraña simbólica cultural o lingüística y la
posibilidad de producción relacional de sentido a través de la interpretación del mundo vivido,
mistifica la materialidad contextual antagónica que lo acompaña. Así, la producción del lugar se
diluye en un cierto aire de idealidad compartida, sin conflicto o antagonismos producto de
relaciones intersubjetivas simplificadas, donde el ejercicio del poder o la dominación en la
producción y reproducción de la realidad material desaparece. Se reduce, así, la construcción
de sentido de la acción social a un subjetivismo etéreo o a un intersubjetivismo ideal, debido a
que la materialidad socio-geo-histórica se limita a unas relaciones sociales empobrecidas y
reificadas.
El intento de trascender la dicotomía subjetivo-objetivo es sólo parcialmente exitoso, porque
aunque la fenomenología nos puede encantar con recuentos de experiencias individuales y
culturales, también nos frustrará debido a su incapacidad para transmitir coherentemente la
objetividad brutal de mucha experiencia cotidiana. Dice muy poco sobre la creación social y la
[33]
manipulación de la realidad” (Smith 1979, p. 367) .
En una actitud subjetivista exacerbada, los humanistas, al responder al objetivismo
positivista, paradójicamente tratan la subjetividad precariamente, debido a que su interés
central está focalizado en la comprensión e interpretación del sentido oculto de la acción social
localizada, esto es, en el sentido del sentido. De esta manera, la subjetividad se encara en la
naturaleza e interpretación de las relaciones entre el hombre y su mundo vivido, en la

75
comunión de sentido, en lo que sucede entre el individualismo trascendente y la
intersubjetividad simbólica, donde el (los) sujeto(s) se convierten en un(os) sujeto(s)
[34]
constituido(s), ideal(es), neutral(es), ahistórico(s) . El proceso de subjetivación ubicado en
una relación trascendente del hombre con el mundo, se centra en un interaccionismo simbólico
(una especie de estructura cultural y/o lingüística a interpretar), donde el sentido no se
encuentra en el sujeto o actor, pero tampoco se puede encontrar en la experiencia directa,
pues no se revela por la simple reflexión o interpretación, sino que es un producto intersubjetivo
reducido a ser un producto lingüístico o simbólico. Implícitamente se constituye la dicotomía
percepción/contexto, enfatizando la interpretación perceptual sobre las condiciones
contextuales del sentido, reforzando la dicotomía. La tarea del geógrafo se torna, pues, difícil
ya que debe transmitir, o comunicar, ese sentido porque, si cada conocedor se despoja
sucesivamente de los juicios a priori, esto significará la suspensión progresiva del lenguaje a
priori; el conocimiento fenomenológico es incomunicable porque tiene que negar la convención
social de la comunicación. El problema se deriva de la dicotomía entre mente interior y
comportamiento exterior; el ser interno verdadero está oculto por un mundo social exterior y
falso. El fenomenólogo actúan como el arqueólogo, excavando cada vez más hondo en las
profundidades internas; pero el arqueo-fenomenólogo nunca puede estar seguro de si
encontró el ser verdadero, especialmente porque de por sí es el ser ya enterrado (falso) el que
hace la excavación, utilizando herramientas provistas por el mundo vivido (Pile, 1993, p. 124).
Por esta vía, la geografía humanista ayuda a perpetuar la dualidad y separación entre el
sujeto y el mundo exterior en las estructuras mentales o simbólicas, dejando de lado los
contextos socio-históricos específicos.
La propuesta humanista invierte el orden de prioridades de la relación objeto/sujeto en el
análisis espacial, pero perpetúa la dualidad. Es, entonces, la subjetivación del objeto, del lugar,
lo que se impone, aspecto que hace que el interés de síntesis objeto/sujeto se haga no del lado
del objeto sino del sujeto, pasando de un objeto-problema a un sujeto-problema, a la búsqueda
o el rescate de las intenciones y valores que están detrás de las acciones de los sujetos
[35]
respecto del lugar, tanto de sus ocupantes como del sujeto cognocente . De la misma
manera que la propuesta sistémica se encuentra limitada por la ontología fisicalista del espacio,
los humanistas también ven limitado su enfoque por el antropocentrismo ontológico, el cual se
reduce a un intersubjetivismo simbólico ideal en el análisis y a la interpretación espacial del ser-
[36]
en -el-mundo .
De hecho, las salidas al impasse humanista vistas desde su interior son variadas: el retorno
a los fundamentos de la fenomenología clásica para pasar de la fenomenología geográfica a la
geografía fenomenológica (Pickles, 1985); una reconstrucción materialista, dejando de lado los
principios del idealismo transcendental fenomenológico, que condujo a centrarse en los
problemas de la percepción y el sentido, dejando de lado la cuestión de los contextos (Ley,
1981); finalmente, la propuesta de Entrinkin (1977) de reconocer el trabajo humanista como un
criticismo científico y pasar a una reconstrucción filosófica a través de la propuesta neo-
kantiana de Ernst Cassirer.
La propuesta humanista abre terrenos bastante fértiles para la compresión de lo espacial,
más aún de las relaciones entre prácticas sociales/espacio social. La ruptura con la ontología
fisicalista sistémica es de una importancia capital en el estudio del espacio social, en la relación
de las formas espaciales y los procesos sociales. Más allá de las áridas discusiones sobre la
naturaleza absoluta o relativa del espacio social, éste adquiere un estatus propio cuyo
fundamento y naturaleza son producto de la dinámica socio-histórica, en donde la relación
espacio/tiempo adquiere una connotación completamente distinta. El tema de las
representaciones sociales del espacio abre, para la interpretación espacial de la acción social,
un horizonte que ha venido siendo trabajado en profundidad como elemento material
constitutivo y constituyente en la permanente producción del espacio y del sentido de las
prácticas espaciales. La influencia de la representación simbólica del espacio social en los
individuos o grupos sociales, su sentido, deben hacer parte integrante de las relaciones entre la
acción social y la espacialidad. Evidentemente, hay que darle un contenido mucho más
materialista a las relaciones intersubjetivas productoras de sentido, en contextos definidos
históricamente, y enfatizar la importancia de los contextos socio-históricos. Así mismo, los
humanistas van a resaltar en la discusión contemporánea de la geografía el tema del lugar
como objeto de análisis, lo que propone al mismo tiempo nuevas bases para el debate sobre la
diferenciación del espacio.

2. Lo social y lo espacial: más allá de una síntesis ideal

76
El reconocimiento de la categoría de espacio social en el ámbito de la geografía no ha sido
una tarea fácil. En la propuesta sistémica espacial, el concepto no va mas allá de ser una
alusión metafórica que se disuelve en el espesor geométrico de los modelos (matemáticos,
gráficos y estadísticos), del espacio absoluto (o relativo), del continente preestablecido, vacío,
fijo, autónomo, eterno. El “fisicalismo” establece un estrecho marco para el análisis del espacio
social, llevándolo a un determinismo geométrico, a una colección de “objetos”, que reduce la
acción social a un agregado de conductas individuales, despolitizando completamente la
conflictiva y antagónica producción del espacio social. Paradójicamente es una visión espacial
del mundo, pero de un espacio ahistórico en sí mismo, eterno, inmóvil, delimitado por escalas o
niveles fijos reducidos a un problema de medida [37] .
En su crítica a la tradición positivista espacial desarrollada en el análisis sistémico, la
geografía humanista apenas entreabre ciertas posibilidades de conceptualización al centrar las
relaciones entre formas espaciales/procesos sociales, en el aspecto subjetivo. Como vimos, se
presenta como una fractura respecto de la visión fisicalista espacial, pues abre el debate
contemporáneo sobre la necesidad de conceptualizar y entender el espacio social enfatizando
su naturaleza y fundamento social. Sin embargo, el análisis humanista del espacio
representado viene en últimas a complementar en cierta medida el análisis sistémico. Al
espacio objetivo geométrico sistémico se suma un espacio subjetivo, inconsistente, etéreo,
susceptible de todas las interpretaciones, espacio polisémico que considera el espacio objetivo
como una más de las posibilidades de representación. Por otro lado, allí también se diluye el
espesor social, la antagónica materialidad socio-histórica, se reduce a un intersubjetivismo
simbólico o lingüístico de un mundo vivido ideal [38] ..
La crítica de la economía espacial neoclásica y sus diferentes vertientes, así como del cada
vez más importante proceso de modelización urbana y regional, abre otro frente importantísimo
para la construcción de la categoría de espacio social. La llamada “geografía radical” desarrolló
desde finales de los años mil novecientos sesenta todo un bagaje conceptual, teórico y
metodológico para la compresión y estudio del espacio social. Por esta vía se consolidó el
análisis crítico de la economía política de la espacialidad capitalista, sentando las bases de lo
que se ha denominado desde entonces el materialismo histórico-geográfico.
La confrontación entre geografía y materialismo histórico, cuando finalmente se produjo,
abrió caminos completamente nuevos para entender la geografía histórica de la ocupación
humana de la superficie de la Tierra. También puso de relieve lo que Marx llamó ‘los puntos
débiles del materialismo abstracto de la ciencia natural, un materialismo que excluye la historia
y sus procesos’, y que inevitablemente llevó a quienes percibían la unidad de la geografía
como una unidad de método a ‘concepciones abstractas e ideológicas’ del mundo (Harvey,
1989, p. 214).
Sin embargo, el frente más sobresaliente que posiciona el espacio social en el debate
académico y la propuesta política, es la misma materialidad socio-geo-histórica. Las luchas y
conflictos urbanos que desde finales de los años sesenta y durante la década de los setenta
emergen tanto en el Sur como en el Norte, y que ponen en evidencia y motivan la necesidad de
desarrollar herramientas adecuadas para el análisis de la relación acción
social/espacialidad/transformaciones socio-históricas.
Las diferencias conceptuales que enfrentaban a Henri Lefebvre y Manuel Castell a propósito
de la cuestión urbana durante los años setenta, abrieron la discusión sobre el lugar que debía
ocupar el espacio social en el pensamiento crítico materialista, así como su naturaleza y
características [39] . Se iniciaba así el lento y largo camino por el reconocimiento de la
importancia, el valor y la necesidad creciente de lo espacial en la dinámica socio-histórica. De
este modo, durante la década de los setenta la geografía radical va a girar alrededor de lo que
se denominó el fetichismo espacial en sus múltiples manifestaciones (véase nota 18), la crítica
de la economía espacial clásica y neoclásica, así como la introducción de la revolución
cuantitativa y la aplicación del análisis de sistemas en el estudio de la dinámica urbana y
[40]
regional; además del intersubjetivismo simbólico del enfoque humanista fenomenológico .
El argumento central de la geografía radical durante los años setenta criticaba duramente el
análisis y la existencia de procesos espaciales puros y, por lo tanto, la posibilidad de hablar de
principios o leyes espaciales cuyo contenido y sustancia fueran exclusiva y esencialmente
espaciales. En ese sentido, se reconocía que lo espacial era una construcción social. No hay
procesos espaciales puros, existen procesos sociales particulares en el espacio; por lo tanto,
se niega la importancia dada a la organización espacial de las “cosas” en sí mismas, a la
distancia como elemento central del análisis espacial y sobre todo al análisis aislado de las
características geográficas específicas de los lugares. El argumento crítico sostenía que las

77
distintas configuraciones espaciales eran causa no de los procesos sociales específicos de
cada una de ellas, sino de procesos sociales comunes y generalizables a todos los lugares. Sin
embargo, por esta vía el análisis espacial se reducía al estudio de los resultados, a la
constatación de las diferentes variaciones y especificidades espaciales producto de esas
tendencias homogéneas de los procesos sociales; la espacialidad se veía como un mero
producto, como reflejo de las tendencias generales del proceso de acumulación (Massey, 1985,
p. 10).
Por otra parte, este argumento también se convirtió en un problema en el campo mismo de
la geografía radical y en el desarrollo de una mirada crítica sobre el espacio social, generando
interminables debates acerca del fantasma del fetichismo espacial, que se traslucía en todo
[41]
intento por introducir la variable espacial en el análisis socio-histórico .
En un primer momento se intentó instaurar una dialéctica espacial para integrar el espacio al
análisis crítico socio-histórico. Se miraban los procesos sociales y las formas espaciales como
dos componentes de una misma unidad dialéctica. Obviamente la naturaleza y la dirección del
cambio en las relaciones espaciales están determinadas sobre todo por los momentos de su
proceso social ‘originador’ y ‘receptor’. Sin embargo, perderíamos una dimensión completa del
entendimiento si no les concediéramos a las relaciones espaciales una posición relativamente
autónoma, una historia en parte propia con una dialéctica en parte propia” (Peet, 1981, p. 108).
Sin embargo, a la hora de mostrar cómo funcionaba esa “dialéctica”, de explicar cómo se
establecían las relaciones espacio/sociedad, la respuesta permanecía en la ambigüedad del
lenguaje: por reflejo, como expresión, como manifestación, como input... Se terminaba por
sostener la existencia de una dialéctica específica para cada uno de los elementos (el social y
el espacial), para poder legitimar su separación. Se partía de la base de una dualidad
espacio/sociedad que le otorgaba al espacio una autonomía relativa, una existencia separada
que en realidad no posee y que se busca sintetizar idealmente en la conceptualización [42] .
Otra vía utilizada para integrar la variable espacial al pensamiento crítico fue la
consideración del espacio como espacio relativo. Por esta vía el espacio sólo puede existir
como relación entre objetos que poseen sustancia. El espacio en sí mismo no tiene, no posee
sustancia, por lo tanto, es a través de los objetos que se establecen las relaciones espaciales:
sin objetos no hay relación espacial. No hay un espacio absoluto que posea sus propias leyes y
produzca sus propios efectos, existe un espacio relativo, existen relaciones espaciales entre los
objetos; más específicamente entre los poderes causales que poseen y que entran en juego
gracias a la relación establecida. Por esta vía se establece una relación entre lo social y lo
espacial, se introduce un estatus causal de los fenómenos sociales en la interpretación
espacial,
siguiendo la visión relativista del espacio, las relaciones espaciales sólo pueden ser un
efecto contingente. La manera o circunstancia en que funciona un poder causal dependerá
contingentemente de cómo interactúa con otros poderes y otros objetos. Las relaciones
espaciales entre objetos –entre otras cosas– determinarán qué poderes y objetos interactúan.
Por consiguiente, las relaciones espaciales tienen un efecto contingente. No causan el cambio
pero pueden ser cruciales en cuanto a la ocurrencia del cambio y en la manera en que ocurra.
Éste es el tipo de diferencia que plantea el espacio (Duncan, 1989, p. 133).
Así, al espacio social se le otorgaba una capacidad causal contingente (el tiempo es el
mundo de la necesidad de lo teórico y el espacio el de la contingencia de lo empírico) en la
estructuración material socio-histórica, a pesar de reafirmar la necesidad de introducir el
espacio en el análisis socio-histórico.
La teoría social abstracta sólo tiene que considerar el espacio en la medida en que estén
implicadas propiedades necesarias de los objetos, y esto no significa una gran cantidad. Debe
reconocer que toda la materia tiene una extensión espacial y que, por consiguiente, los
procesos no tienen lugar en la cabeza de un alfiler y que dos objetos no pueden ocupar el
mismo lugar (relativo) al mismo tiempo... en una discusión abstracta sobre renta podemos
observar que incluso si la gente no necesita la tierra por la tierra en sí o sus minerales, sí la
necesita como lugar para desarrollar sus actividades espacialmente extendidas, y que quizás
también necesiten que sea accesible a ciertos otros objetos si van a hacer ciertas cosas
(Sayer, 1985, p. 54).
La causalidad pertenece esencialmente a los objetos del proceso social específico y su
poderes que, en cierta medida, son aespaciales (tanto los objetos como el proceso) en sí
mismos. El espacio entra como marco contingente dependiendo de las propiedades de los
poderes causales de los objetos en donde se desarrolle la acción; se impone una temporo-
causalidad teórica y una espacio-causalidad empírica. Es sólo a través de una investigación

78
empírica profunda y, en cada caso, específica, como se van a encontrar las relaciones entre lo
espacial y lo social, el espacio y la sociedad; lo que reduce la aseveración de sus relaciones
[43]
íntimas a ser una mera observación de principios . Por otra lado, si bien es cierto que se
reafirmaba la producción social del espacio, la discusión sobre el carácter absoluto o relativo
del espacio contribuyó a exacerbar la calificación de fetichismo espacial de todo intento de
interpretación y análisis socio-espacial.
Un debate que valorizó en gran medida la categoría de espacio social fue la consideración
[44]
del problema del desarrollo desigual . Después de los intensos debates sobre el
subdesarrollo, la dependencia, el intercambio desigual, de los años sesenta y setenta, se inició
una tarea de interpretación y análisis de las diferentes realidades nacionales de los países
desarrollados, en torno al reacomodamiento de lo urbano y lo regional frente a la crisis. Sobre
todo el trabajo empírico contribuyó al reconocimiento de las dinámicas internas, específicas de
cada lugar, respecto de la tendencia general de homogeneización, rescatando de esta suerte la
variable espacial.
Las discusiones sobre el nuevo despliegue espacial de las actividades productivas, respecto
de las diferentes configuraciones intra-nacionales, arrojaba conclusiones interesantes sobre las
profundas relaciones espacio/sociedad. Las relaciones no eran unívocas de lo social a lo
espacial, sino que lo espacial estaba íntimamente ligado a la lógica social.
Esta nueva distribución de la actividad económica, producida por la evolución de una nueva
división del trabajo, se traslapará y combinará con el patrón producido en períodos anteriores
por diferentes formas de división espacial. La combinación de capas sucesivas producirá
efectos que en sí varían en el espacio, contribuyendo a una nueva forma y distribución
geográfica de la desigualdad en las condiciones de producción, como base para la siguiente
ronda de inversión. Por lo tanto, una división espacial del trabajo no es equivalente a una
‘regionalización’. Por el contrario, se sugiere que la estructura social y económica de una área
local dada es un resultado complejo de la combinación de la sucesión de roles de esa área
dentro de la división del trabajo espacial, nacional e internacional más amplia... existe
probablemente un grado creciente de acuerdo en que el análisis debe partir de la acumulación
y no de las regiones (Massey, 1978, pp. 115, 116).
De esta manera, las formas espaciales –en este caso la región– no son explicadas en sí
mismas, a través de sus factores estrictamente espaciales, o de su historia interna particular y
exclusiva, sino de manera relacional dinámica, gracias a la comprensión de las constantes
transformaciones socio-económicas, por medio del continuo proceso de cambio
interior/determinaciones exteriores, visto como una superposición de “capas” en permanente
cambio e interrelación, y en donde lo espacial posee su parte de determinación. En este
sentido material, el espacio es considerado no sólo como una construcción social, sino que
además se le otorga una capacidad material estructurante sobre la dinámica socio-histórica:
transformaciones espaciales y transformaciones sociales son integrales y determinantes en los
dos sentidos.
Poco a poco se va perfilando una respuesta cada vez más clara para posicionar al espacio
social respecto de la tradición fisicalista espacial y el subjetivismo humanista, así como también
en el ámbito del análisis crítico. En efecto, de un lado se trata de reafirmar la producción social
del espacio y, de otro, salir del laberinto del fetichismo espacial.
El espacio contextual reviste un gran interés filosófico en cuanto genera debate en torno a
sus propiedades absolutas y relativas, su carácter como ‘contenedor’ de vida humana, su
geometría objetificable y su esencia fenomenológica. Sin embargo, es una base inapropiada y
engañosa para analizar el significado concreto y subjetivo de la espacialidad humana. Tal vez
el espacio en sí se dé primordialmente, pero la organización, el uso y el significado del espacio
son un producto de la traducción, transformación y experiencia sociales. El espacio
socialmente producido es una estructura creada comparable a otras construcciones sociales
que resultan de la transformación de las condiciones determinadas inherentes a la vida en la
Tierra, a semejanza de la manera en que la historia humana representa una transformación
social del tiempo y la temporalidad (Soja, 1980, p. 210).
La consideración de las relaciones socio-espaciales como constitutivas y constituyentes de
la realidad, como elementos co-constitutivos de la materialidad socio-histórica, medios y
producto de la acción social, reafirma la necesidad de conceptualizar la espacialidad social
dentro del marco estrictamente socio-histórico, como producto social. Por otro lado, la
espacialidad social no se debe considerar como un elemento separado autónomo, con sus
propias leyes de transformación, o como un simple reflejo de la estructura de clases, las

79
relaciones sociales o el modo de producción: las relaciones sociales son simultáneamente
sociales y espaciales.
La evidencia empírica y las discusiones teórico-metodológicas de la crisis y reestructuración
económica, iniciadas a finales de los años sesenta, y sus claras evidencias espaciales durante
la década de los ochenta, en parte discutidas alrededor del desarrollo desigual, vienen a
completar la afirmación simplista de los años setenta, que consideraba el espacio como
producción social, que lo social también es espacialmente construido, y eso representa una
diferencia. En otras palabras, y en su formulación más amplia, la sociedad necesariamente se
construye espacialmente, y ese hecho –la organización espacial de la sociedad– representa
una diferencia en cuanto a la manera en que funciona (Massey, 1992, p. 70).
La dinámica del proceso de reestructuración económica y de reforma política abrió nuevos
horizontes, se hizo evidente, entonces, que no se debía subvalorar el rol que jugaban ciertas
características espaciales tales como las geography matters [45] .
El espacio social es un presupuesto, un medio y un producto para el proceso de producción
y reproducción social, por lo tanto no puede ser entendido como un simple continente PRE-
existente neutral, eterno e inmóvil. El espacio social es un elemento co-constitutivo,
continuamente construido, deconstruido y reconstruido a través de sus diferentes escalas o
niveles, en los distintos lugares en constante transformación. A través de la producción de una
configuración espacial (medio ambiente urbano construido, aglomeraciones industriales,
infraestructura vial y de transporte, redes de comunicación, instituciones estatales reguladoras),
el capital puede acelerar su proceso y expander su lógica, aniquilar el espacio con el tiempo.
Pero, al mismo tiempo, esa misma base físico-material necesaria para la aceleración y
expansión capitalista tiene que ser continuamente reconfigurada, diferenciada, transformada y,
en algunos casos, destruida generando una incesante tensión.
El capitalismo busca permanentemente crear un paisaje social y físico a su propia imagen y
de acuerdo con sus propias necesidades en un momento particular del tiempo, e igualmente
menoscaba, perturba e incluso destruye ese mismo paisaje en un momento posterior. Las
contradicciones internas del capitalismo se expresan mediante la configuración y
desconfiguración incesantes del paisaje geográfico. Ésta es la melodía con la que la geografía
histórica del capitalismo debe bailar sin parar (Harvey, 1985, p. 150)..
No obstante las evidencias alcanzadas en el análisis espacial crítico, los logros no son un
proceso lineal progresivo, de la misma manera que en la dinámica socio-geo-histórica:
avances, retrocesos, rupturas y mutaciones comparten la escena. El despliegue de la lógica
homogeneizante del proceso de reestructuración económica y los esfuerzos de
reterritorialización de la reforma política van a presentar una expresión socio-espacial
multivaria: aumento de la exclusión social, disolución o reafirmaron de la identidad cultural y
política; ruptura o creación de nuevos lazos de ayuda, comunicación y solidaridad social;
desaparición o despliegue de nuevas estrategias económicas de producción; quiebre o
aparición de novedosas formas de expresión social y organización política. A la lógica
desterritorialización/reterritorialización que el capital y el Estado agencian, se superpone una
lógica de desterritorialización/re-territorialización de la acción social organizada en todas las
escalas geográficas.
Las profundas transformaciones que se manifiestan en el debate sobre la crisis, la
reestructuración económica, la reforma política y las resistencias sociales, van a consolidar y a
fortalecer el análisis y el debate acerca del espacio social en los acercamientos socio-geo-
históricos críticos, en cuyo centro se encuentra el actual proceso de globalización. Se
incrementa, así, el estudio empírico, se supera el debate sobre el fetichismo espacial,
conduciendo paulatinamente el debate hacia el problema de las relaciones entre las formas
espaciales y la acción social de la dinámica socio-histórica, espacio social y subjetividad. En el
horizonte se delinean nuevos esfuerzos para enriquecer el análisis socio-histórico –gracias a la
consideración del espacio social–, que deben ser tenidos en cuenta no solamente en la
discusión académica, prolífica por cierto, sino, además, para la transformación política y social
de nuestra realidad.

80
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[1]
Profesor asistente, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional de Colombia,
Bogotá.
[2]
“Sistemas análogos, no sistemas idénticos. Existe toda la libertad contingente y creadora del hombre entre los dos
dominos. Pero lo que en los sistemas sociales es proyecto –proyectos y posibilidades múltiples– tiene su contraparte
en los sistemas físicos: el retorno al equilibrio. Aquí, ‘todo sucede como si...’ los fenómenos observados tendieran a un
steady state, y allá, se trata ya sea de sistemas verdaderamente finalizados e intencionales de tipo ‘teleológico’, ya sea

82
de sistemas inconscientes y no intencionales de tipo ‘teleconómico’. Yo colocaría la unidad de la geografía en esta
serie de convergencias sistémicas. Evidentemente, no confunden a nadie’ (Piveteau, 1989, p. 102).
[3]
“La geografía aprende las reglas de esos trabajos y esos juegos de territorio. Como en todo juego, los jugadores
tienen costumbres, jugadas, esquemas, regularidades y recurrencias. Tienen sus propias racionalidades, que se
confunden y se contradicen. Los geógrafos se han esforzado por poner de manifiesto las prácticas fundadoras de la
diferenciación y la organización del espacio, e incluso las leyes. Conocen la importancia de un istmo o de un estrecho,
los que significan una marca o un límite: hoy en día, en la historia, o en la prospectiva de los territorios. Constatan que
la producción del espacio, más allá de la extrema complejidad y de la apariencia aleatoria de sus formas, tiene reglas
sencillas que responden a necesidades elementales: habitar, explotar, intercambiar, protegerse, etc. Las implicaciones
de las distancias, de la gravitación y de los relevos, los fenómenos de agregación y de segregación, los efectos de
interfaz, los lugares de sinapsis, de convergencia y de bifurcación han sido mejor analizados desde que los geógrafos
se han familiarizado con el comercio de los lugares. Además, son ámbitos que tienen la ventaja de ofrecer por un lado
la riqueza tornasolada de lo real singular, y por el otro las perspectivas de la comparación razonada. Autorizan y exigen
la medición, el estudio comparativo, la modelización, alguna teoría, hipótesis de trabajo y verificaciones. La geografía
comienza a salir del marasmo de lo irrefutable, quiero pensar que está en camino de ‘popperización’” (Brunet, 1995, p.
479).
[4]
“La separación entre el espacio relativo y el espacio absoluto suministró así el medio por el cual se podía separar
un espacio social de un espacio físico, definiéndose este espacio social en relación, no con una primera naturaleza
independiente y externa, sino más bien con una segunda naturaleza humanamente producida. Así como el espacio
relativo de Newton es una subserie del espacio absoluto, el espacio social surgió como una subserie diferenciada del
espacio físico” (Smith, 1991, p. 71).
[5]
Es importante delimitar esta noción de estructura en el análisis espacial sistémico: “Una ‘estructura geográfica’
sería una porción de espacio, con su propia individualidad, que sostiene un sistema, y cuya evolución está regida por
un sistema interno o por sistemas vecinos o circundantes... son porciones homogéneas de espacio. Pero esa
homogeneidad no siempre es fisionómica, es decir, no siempre aparece debido a una repetición regular de varios
elementos que se relacionan unos con otros, sino que está regida por un sistema... tenía su propio escenario territorial,
y por ende una localización, tiene un ‘sitio’ y una ‘posición’ definidos por las relaciones que mantiene con otras
estructuras. Son ‘unidades taxonómicas’, es decir unidades sistemáticas que se pueden clasificar con respecto a otras”
(Dollfus, Durand-Dastes, 1977, p. 85). De esta manera, “la palabra Gestalt significa a la vez forma, estructura y
organización... espacial. En general, sería mejor reservar, como la mayor parte de los diccionarios, la idea de forma
para la apariencia, para la manifestación exterior de los fenómenos, y la idea de estructura para sus relaciones
internas” (Brunet, 1980, p. 254). En esta visión fisicalista la estructura se define por los principios de organización /
relación, donde prevalece la idea de objetos o cosas naturalmente separadas e individualmente consideradas, que
sumados componen un todo relacionado. Por otro lado, sistema y estructura son inseparables, solamente que
corresponden a escalas temporales diferentes..
[6] “Un modelo es siempre una simplificación de la realidad, o más exactamente de la visión que uno tiene de esa
realidad. Esta simplificación se hace con un fin operativo: la acción, la predicción o la explicación. Un modelo es, pues,
un constructo y una representación. Se aplica a ámbitos muy variados” (Brunet, 1980, p. 254)... Respecto de la
geografía: “puedo distinguir dos acepciones del concepto de modelo espacial. En un sentido amplio, se referiría a toda
representación simplificada –depurada, si se prefiere– de un comportamiento espacial. Es, por ejemplo, el caso del
modelo de gravedad,... F = aD-b.
En un sentido más restringuido, incluso más concreto, un modelo espacial es una representación directa del espacio
en sí, o más exactamente de los ordenamientos espaciales: formas, organizaciones o estructuras. Todo mapa
topográfico o temático es ya un modelo de ese tipo... éste no aparece –en el mejor de los casos– sino mediante una
construcción intelectual, de un trabajo a partir del mapa, y, en general, de muchos otros datos” (Brunet, 1980, p. 255).
[7]
Es posible y necesario establecer dichas formas simplificadas; en este sentido, Roger Brunet ha desarrollado toda
una propuesta: “uno observa que existen situaciones y mecanismos elementales –de base, fundamentales– que
organizan los ordenamientos espaciales elementales. No se trata, por lo demás, de elementos concretos, sino de
abstracciones, de ‘situaciones’: una organización aureolar, un gradiente, una radial, son constructos, no objetos reales.
Cuando hablamos aquí de elementos, no se trata de los objetos materiales que componen, por ejemplo, una ciudad o
el límite de un municipio.
Es por esto que hay que dar un nombre a esas estructuras elementales, que son ‘formas fuertes’ en el sentido
gestaltiano; propongo llamarlas coremas” (Brunet, 1980, p. 258).
[8] “El lugar es asimilable a un punto en el mapa, sea cual fuere la escala. Está circunscrito y es localizable,
diferente de los demás. Puede estar habitado o no. Se le ‘dice’ o no... Por consiguiente, cada lugar tiene una posición y
unos atributos: sociales, demográficos, económicos, culturales, jurídicos, físicos. De hecho, también tiene posiciones...
marca varios subconjuntos del conjunto mundial, varios lugares de lugares.
Los lugares están asociados o separados por líneas, que trazan redes. Los caminos enlazan los lugares. Están
materializados o no, pero siempre balizados. Pueden ser o no ser directos. Incluyen relevos, para reactivar la energía
consumida... Tienen equipos que forman sinapsis, para asegurar los intercambios al final de la ruta... A veces son
estaciones de mando que aseguran la regulación de los flujos... p. 302... Las fronteras separan y a la vez unen los
lugares. Pueden ser barreras o riberas e ‘interfaces’ ” (Brunet, 1986, p. 303).
[9]
“El sistema Mundo es un sistema geográfico. Allí se encuentran los elementos de los sistemas geográficos:
campos (estados, áreas de mercado, culturas) que se entrelazan y se traslapan, lo que lleva a privilegiar el concepto de
‘jerarquía imbricada’ que rige las relaciones entre el sistema Mundo y los subsistemas que lo consituyen. Esta
‘jerarquía imbricada’ es la base de los fenómenos de auto-organización que marcan su dinámica, de la irreversibilidad
de su historia como de su complejificación creciente.
El sistema Mundo ofrece una singularidad mayor: a diferencia de otros sistemas espaciales, puede considerarse
como un sistema cerrado” (Dollfus, 1992, p. 690).
[10]
“De allí se desprende una cierta cantidad de niveles de organización espacial de los cuales dan cuenta las
escalas. La escala no es otra cosa que una relación entre la realidad y su interpretación. Puede ser
–según ese doble aspecto que la caracteriza en lo esencial– la transcripción de un espacio en un mapa, o el grado
consideración de un fenómeno, no importa cuál sea pero especialmente geográfico, para presentarlo, representarlo o
estudiarlo” (Ferras, 1992, p. 403).

83
[11]
En un reciente intento de re-interpretación del espacio en la época clásica, como relativización y representación,
éste se explica como un espacio de trabajo (espacio del método), un espacio del pensamiento físico y matemático que
busca imponer el orden en la variedad, establecer lo invariable en el cambio y la identidad en la diferencia; por esto el
espacio se re-interpreta como espacio de la puesta en marcha del método: “La noción de dimensión lleva así a la
noción de método. El espacio moderno como espacio de la relatividad es el espacio del método... el método es
sinónimo de orden. Porque ese orden debe ser comprendido en dos niveles: el orden es ante todo el orden de las
cosas; también es el orden de las operaciones del espíritu. Orden objetivo, orden subjetivo. Sin embargo, habría que
agregar que el orden de las cosas y el orden de las operaciones del espíritu son simultáneos, o más bien coinciden. Es
el mismo orden que debe comprenderse en un doble movimiento. El orden de las cosas, o mejor de los objetos, es el
orden de las operaciones del espíritu. Y simétricamente el orden del espíritu se realiza, se efectúa en el ordenamiento
de las cosas. No existe un método distinto del ejercicio concreto del pensamiento de las cosas. La racionalidad es
simultáneamente una experiencia espiritual que se constituye en una realidad objetiva que se instituye...
Descartes efectúa una especie de ‘desrealización’ del mundo que es, de hecho, una liberación o un reconocimiento
científico del poder que posee el penamiento teórico para simular lo real, reconfigurarlo, incluso recrearlo...
La ciencia puede dar forma al mundo. Desde el punto de vista de su exigencia metódica, se puede establecer la
identidad del Ser y del Pensamiento. Lo que permite esa identidad es el orden. Y el orden es el espacio” (Besse, 1995,
p. 301). Permaneciendo en lo relativo del espacio fisico, este aparece al mismo tiempo como dimensión-método del
orden y representación.
[12]
“Si la organización y la interacción espaciales, geométricamente concebidas, son fundamentales, y si la ontología
de la naturaleza material y el espacio newtoniano en la que se predican no se cuestiona, entonces el modelado de
dichos espacios es un ejercicio de física social... Por otra parte, si estas implicaciones se rechazan, es necesario
incorporar elementos del comportamiento y el entendimiento humanos –percepción, cognición, preferencia– en el
proceso de modelar el comportamiento espacial. Pero cuando esto también tiene lugar sin repensar las afirmaciones
iniciales sobre espacio e interacción, inevitablemente surgen problemas epistemológicos” (Pickles, 1985, pp. 30-31).
[13]
Como en todo problema planteado al análisis sistémico espacial, éste siempre se intenta resolver por el carácter y
propiedades relativas del espacio físico: “los modelos dinámicos que formalizan las ciudades como sistemas auto-
organizados han utilizado hasta ahora la representación de un espacio absoluto, en el cual los objetos ciudades se
localizan y son unidos entre sí por flujos (inmateriales, de personas y de información) para formar un sistema. Para
pasar de una teoría dinámica a una teoría evolutiva, es necesario concebir un espacio relativo, que sea definido por
estas relaciones y estos flujos. Es entonces cuando hay que distinguir los dos niveles de observación del fenómeno
que son la ciudad y los sistemas de ciudades. Por una parte, los dos niveles de observación del hecho urbano
corresponden a dos tipos de territorios, cuyas escalas son diferentes, y por otra parte la formación y la historia de los
sistemas de ciudades se esclarecen por las transformaciones de este espacio relativo” (Pumain, 1997, p. 28).
[14]
La consideración de un espacio relativo no implica la espacialidad de las relaciones y los procesos sociales
envueltos en las transformaciones socio-geo-históricas y sigue diferenciando una dimensión histórica de una espacial:
“la organización espacial de las relaciones sociales, y la interpretación de esa organización espacial, tienen más
efectos que el impacto de los procesos relacionados con la localidad. Los datos de distancia, betweenness,
desigualdad, nucleación, copresencia, distanciamiento tiempo-espacio, escenarios, movilidad y movilidad diferencial,
todos afectan la manera en que funcionan las relaciones sociales especificadas. ‘La geografía importa’ no significa
únicamente ‘la localidad importa’; sino que tiene implicaciones mucho más amplias” (Massey, 1994, p. 132).
[15]
Los sistémicos miran la naturaleza como universal y externa a la sociedad. La naturaleza es una cosa, un mundo
de objetos extra humanos externo y autónomo a la sociedad, por fuera de ella. Además, es universal, pues en cierta
medida los hombres y su comportamiento poseen algo de natural, pues la especie humana se ubica dentro de otras
especies en la naturaleza. “Estas dos concepciones de la naturaleza están interrelacionadas y al mismo tiempo son
mutuamente contradictorias. De hecho, incluso podríamos sugerir que cada una depende de la otra en el sentido de
que sin una naturaleza externa no hay necesidad de enfatizar la universalidad de la naturaleza... este dualismo
conceptual de la naturaleza es problemático. ¿Existen efectivamente dos naturalezas en la realidad? De no ser así, ¿el
dualismo es simplemente una realidad única? ...El concepto de naturaleza es un producto social... este concepto tiene
una función social y política clara” (Smith, 1991, pp. 14, 15).
[16] Es lo que se denomina “fetichismo espacial”, donde las relaciones sociales entre grupos o clases se miran
como relaciones entre objetos o estructuras geográficas, no importa la escala o el nivel (local, regional, nacional,
mundial). Se presenta una autonomización y substancialización del espacio frente a la dinámica y la materialidad socio-
histórica, otorgándole una autonomía y características propias que se expresan en principios o leyes que se pueden
modelizar geométrica o gráficamente.
[17]
Más aún, “No podemos esperar que el tipo de geometría apropiado para discutir un tipo de proceso sea adecuado
para tratar otro proceso. La elección de una geometría apropiada es esencialmente un problema empírico, y tenemos
que demostrar (ya sea mediante una aplicación exitosa o por el estudio de isomorfismos estructurales) cómo tipos
particulares de experiencia perceptual pueden ser incluidos válidamente en una geometría particular. En general, los
filósofos del espacios dicen que no podemos elegir una geometría apropiada independientemente de ningún proceso,
porque es el proceso el que define la naturaleza del sistema coordinado que debemos utilizar para su análisis”
(Reichenbach, 1958, p. 6, en Harvey, 1973, p. 30).
[18] Consecuente con sus principios básicos, el análisis sistémico espacial se convierte en una morfología social, en
una física social: “La física social trata a las personas y sus acciones como análogas al flujo de partículas físicas; como
entidades independientes regidas por leyes con el mismo estatus epistemológico que las leyes físicas. La ingeniería
social está orientada a metas, en donde las metas proveen la estructura para las acciones, los comportamientos y su
evaluación, y en donde el propósito es identificar estrategias instrumentales efectivas” (Pickles, 1985, p. 32).
[19] Evidentemente, resulta más importante la categorización de los “coremas” que la comprensión o interpretación
de la acción social: “Siete figuras bastan para describir los modelos que representan los coremas y sus conjuntos: el
área, el punto, la línea (que une, que pone en contacto o que separa), el flujo, el pasaje, el más y el menos (variación,
polarización, etc.), el gradiente. Una tabla de cuatro veces siete entradas permite cubrir básicamente todos los coremas
de base; las cuatro columnas representan los tres signos elementales (punto, línea, superficie) y su composición (red),
y las filas representan los siete campos fundamentales de la organización del espacio (mallaje, cuadrícula, gravitación,
contacto, tropismo, dinámica, jerarquía)” (Brunet, 1997, p. 202).
[20]
Se imponen el equilibrio y el consenso como elementos centrales de lo político en el análisis sistémico. “Lo
político se desprende entonces como función de regulación global que realiza a escala de la sociedad arbitrajes entre

84
las otras funciones, económicas y sociológicas. Lo político comienza desde que existe legitimidad social, real o virtual,
desde que existe la pretensión de organizar las divisiones de la sociedad de tal manera que, en un sistema de
finalidades dado, su unidad se encuentre adecuada” (Levy, 1986, p. 225).
[21] “El predominio de un principio, en el conjunto de estos coremas, es tal que creo que puede fundamentar la
organización de ese inventario: es precisamente el del principio... de dominación... Tengo únicamente la intuición de
que las estrategias de dominación y de apropiación del espacio (en los dos sentidos de la palabra) son esenciales. No
cuento con los medios para decidir si son determinantes o... dominantes” (Brunet, 1980, p. 258).
[22]
Como lo resume David Ley, la propuesta humanística buscaba una refundación de la geografía afianzando un
tipo de geografía “social”, “cultural”, o “humanística”, en donde: “El primer paso en una reformulación es una
descripción radical de las cosas mismas que reconozca la presencia omnipresente de lo subjetivo, así como de lo
objetivo, en todas las áreas del comportamiento: lo informal, lo científico, lo institucional. El segundo es adoptar un
soporte filosófico que abarque tanto objeto como sujeto, hecho y valor. La fenomenología les devuelve a estos
dualismos perturbadores la unidad que tienen en el mundo cotidiano; de hecho, es exactamente este campo de
experiencia que se da por sentado lo que constituye su punto de referencia constante. El tercer paso es el
reconocimiento de que el mundo vivido no es un lugar solitario sino un lugar de co-creyentes; la intersubjetividad es la
base de un modelo social del hombre. Como cuarto paso, el lugar se debe percibir en cuanto relación, como una
amalgama de hecho y valor, que comprende tanto la objetividad del mapa como la subjetividad de la experiencia” (Ley,
1976, p. 509).
[23] Como enfoque filosófico, la fenomenología es una forma radical de examinar los fenómenos de nuestra
conciencia o experiencia considerándolos como la fuente de conocimiento más importante; es una forma de pensar que
se revela en sí misma como una forma de ser. Es una crítica de las apariencias, a lo que se da por sentado (taken-for-
granted) como válido. Se trata de una búsqueda para retornar las cosas mismas sin presupuestos de ninguna índole,
suspendiendo el conjunto de afirmaciones implicadas en los datos de la vida cotidiana, para lograr captar sus esencias
más profundas, por encima o más allá del mundo contingente de la existencia, y para cambiar nuestra propia vida
clarificando su sentido y nuestras actitudes. En este sentido, respecto de la fenomenología, el proyecto humanista va a
retomar su preocupación por los fundamentos del conocimiento que conducen a la intuición directa del hombre sobre
su experiencia vivida, sus acciones que son intencionales y propositivas, que poseen sentido, cuya interpretación
requiere el conocimiento de las motivaciones y percepciones del actor y su definición situacional, tanto como del sujeto
cognocente o investigador. Así, en tanto cuerpo formal de conocimiento, la geografía posee un fundamento
fenomenológico, conceptos como espacio, paisaje, región, ciudad, poseen sentido para nosotros porque los podemos
referir a nuestra experiencia directa en el mundo, ese mundo PRE-intelectual o mundo vivido lo experimentamos no
como un conjunto de objetos aparte de nuestras vidas, sino, por el contrario, como un conjunto de sentido con el cual
establecemos interrelaciones dinámicas y que nos preocupa, como parte esencial de nuestro estar en el mundo (Relph,
1981).
[24]
El existencialismo es una filosofía materialista que busca restaurar la experiencia inmediata sobre el mundo del
conocimiento y, por lo tanto, cerrar la brecha que separa lo subjetivo y lo objetivo, el idealismo y el materialismo, la
esencia y la existencia, proclamando que la existencia está primero que la esencia. En términos geográficos, el
existencialismo propone una ontología espacial del hombre al considerar el lazo fundamental entre el hombre y su
situación como una experiencia eminentemente geográfica; ser humano, en términos existencialistas, es crear espacio.
Así, todo análisis geográfico debe comenzar por lo subjetivo, es decir, por los autores de las formas geográficas para
tratar de establecer las relaciones que éstos, individualmente o en grupos, establecen con sus entornos como objetos
de su interés y cuidado; la biografía de los autores es la historia de las formas (Samuels, 1981).
[25]
“A Husserl le interesa el fundamento a priori del conocimiento, mientras que a los existencialistas les interesa la
cuestión sobre la naturaleza del ‘ser’ y el entendimiento de la existencia humana. Rechazan la búsqueda de Husserl de
esencias a priori, argumentando que dichas esencias van más allá del mundo de la existencia humana, al campo de lo
trascendental. Por abstraer las contingencias de la existencia, a Husserl se le percibe como idealista, una posición que
el existencialismo rechaza...
[Los existencialistas] rechazan las filosofías que ignoran hechos básicos de la existencia o la participación humanas,
y que ignoran muchas de las formas en que el hombre conoce el mundo, como a través de su presencia física, sus
sentimientos o sus emociones” (Entrinkin, 1976, p. 621). Esta tensión siempre se expresará en las propuestas de los
humanistas.
[26]
“El mundo vivido, en una perspectiva geográfica, se podría considerar como el substrato latente de la experiencia.
El comportamiento en el espacio y el tiempo podría equipararse a los movimientos de superficie de un témpano de
hielo, cuya profundidad sólo podemos intuir vagamente. Ya sea que se hable de una experiencia individual o colectiva,
se pueden dilucidar patrones evidentes de movimiento y actividad consciente al explorar el dinamismo y las tensiones
de sus soportes dados” (Buttimer, 1976, p. 287).
[27]
“Las acciones son intencionales, tienen un significado, pero el acceso a éste requiere conocimiento de los
motivos y la percepción del actor, de la definición de su situación.
Los significados casi nunca son del todo privados, sino invariablemente se comparten y refuerzan en la acción de
grupos de pares... el hombre fenomenológico es declaradamente social. Su mundo vivido es un mundo intersubjetivo
de significados compartidos, de congéneres con quienes establece relaciones plurales cara a cara... El grupo social no
es, desde luego, autónomo en su toma de decisiones, pues incide en él en diversos grados la sociedad en general. A
algunos hombres, la estructura macrosocial no les permite un amplio rango de acción” (Ley, 1976, p. 505).
[28]
Los existencialistas van a proponer una ontología espacial de la existencia humana: “Lo que la distancia necesita
(desprendimiento) la relación lo cumple (pertenencia), de modo que ‘la distancia provee la situación humana, (mientras
que) la relación hace que el hombre sea en esa situación’ (Buber, 1957). Como consecuencia, (1) por definición no
existe la subjetividad pura (relación sin distancia) en una conciencia humana, pero (2) la objetividad pura (distancia sin
relación) o carece de significado o es contraria a la historia humana. El hombre es ontológicamente el ser espacial por
excelencia, porque está existencialmente ligado al encuentro con distancia. De modo similar, en la medida en que el
fenómeno ‘espacio’ es humano en sus orígienes o propagación, así también la espacialidad siempre es un reflejo de la
dialéctica de distancia y relación. Por esta razón el significado de espacio es ‘existencial’, es decir una función del
encuentro humano con la distancia y su realización en la relación” (Samuels, 1981, p. 119). Las características de dicho
espacio son dos: “La primera de éstas es subjetiva en la medida en que pone énfasis en la asignación de lugar. La
segunda es objetiva en la medida en que pone énfasis en la situación de asignación... ‘Espacio parcial’ frente a
‘situación de referencia’” (Samuels, 1978, p. 31).

85
Los fenomenólogos también van a plantear una ontología antropocéntrica espacial. “Lo esencial en la existencia
humana es habitar (Whnen), es decir vivir en estado de diálogo con todo su entorno” (Buttimer, 1979, p. 247). Más aún,
“tanto el espacio como el tiempo son orientados y estructurados por el ser con propósito. Ni la idea de espacio ni la de
tiempo necesitan llegar al nivel de la conciencia cuando lo que yo quiero está a la mano, como tomar un lápiz de mi
escritorio, es una parte indisoluble de la experiencia del movimiento del brazo” (Tuan, 1974, p. 216).
[29]
En la ontología existencial espacial, el lugar posee una centralidad determinante, como quedó anotado: “según lo
replanteó Sartre en la ontología existencial, ‘la realidad humana es el ser que hace que el lugar se vuelva objetos’..
Esto significa que ‘llegar a existir... es extender mi distancia de las cosas y con esto hacer que las cosas ‘estén allí’”.
Por esta razón el emplazamiento o la asignación de espacio siempre es una referencia a algo que hace alguien. La
realidad (existencia) de cosas en su lugar está confirmada por, y depende de, la realidad (existencia) de la proyección
de alguien. Esta referencia hacia y desde es el vínculo entre el objeto y el sujeto, entre la distancia y la relación. El
‘lugar’ siempre es un acto de referenciación, y los ‘lugares’ no son ni más ni menos que los puntos de referencia en la
proyección de alguien (Samuels, 1978, p. 30).
[30]
“Es usual suponer que el espacio geométrico es la realidad objetiva, y que los espacios personales y culturales
son distorsiones. De hecho, sabemos únicamente que el espacio geométrico es un espacio cultural, un complejo
constructo humano cuya adopción nos ha permitido controlar la naturaleza hasta un grado antes imposible” (Tuan,
1976, p. 215).
[31]
Por esta misma vía se introduce la idea kantiana de espacio –otra variante de la concepción absoluta del
espacio–, quien consideraba el espacio y el tiempo como tipos de intuición que dan forma a todas las sensaciones. Es
través de la intuición espacial del sujeto que la experiencia externa alcanza su forma. El espacio es impuesto por el
sujeto que percibe en el acto de percepción, no derivado de la percepción. Kant consideraba los postulados de la
geometría euclidiana como a priori, es decir, derivados de nuestra experiencia del mundo, así el espacio kantiano es
euclidiano y absoluto, aunque no en el sentido de una cosa: “El espacio es sólo la forma de la intuición externa, y no un
objeto real que se pueda percibir externamente, ni es una correlación de fenómenos, sino la forma de los fenómenos
mismos. El espacio, por lo tanto, no puede existir absolutamente (por sí mismo) como algo que determina la existencia
de las cosas, porque no es un objeto sino sólo la forma de los objetos posibles. Por consiguiente, las cosas, como
fenomenales, pueden de hecho determinar espacio, es decir, impartir realidad a uno u otro de sus predicados (cantidad
y relación); pero el espacio, por otro lado, como algo que existe por sí mismo, no puede determinar la realidad de las
cosas en lo que respecta a cantidad o forma, porque no es algo real en sí mismo” (Kant, en Entrinkin, 1977, p. 215).
[32]
“No tenemos que escoger entre un enfoque en el espacio o el lugar. El resultado es que no existe un paradigma
humano contemporáneo al cual ajustarse, es decir, nadie ha podido definir un nuevo núcleo para la disciplina. Aunque
a algunos les inquieta la fragmentación resultante, a mí me gusta ver este asunto desde el ángulo contrario: si no hay
núcleo, significa que no hay periferia” (Taylor, 1999, p. 8).
[33]
Por ejemplo, para Tuan lo político se reduce a la demarcación, o delimitación, en cualquier escala del lugar. “La
política crea lugar haciéndolo visible. El hogar tiene límites que tienen que ser defendidos contra la intrusión de
extraños. El hogar es un lugar porque comprende espacio y por consiguiente crea un ‘interior’ y un ‘exterior’ (Tuan,
1975, p. 163). Exactamente lo mismo sucede en cualquier escala del lugar. Se supone que al interior del lugar no existe
el antagonismo o el conflicto, sino que se crea en la delimitación, en la confrontación con las amenazas externas, lo
que es una visión bastante reducida de lo político y la política, en general, y de una política del lugar.
[34]
Es a través de las relaciones simbólicas intersubjetivas que se intenta responder el problema de los actores o
sujetos sociales. “La intersubjetividad, el compartir contextos de significado, insinúa nuestra naturaleza social: que
somos individuos entre otros que piensan de manera similar a quienes atendemos selectivamente y con quienes nos
relacionamos selectivamente. La vida social es una consecuencia de distanciarse de ciertas relaciones y establecer
relaciones con otros con quienes compartimos aspectos de biografía y de intereses particulares” (Ley, 1978, p. 50).
[35]
Como lo recalca la mejor crítica interna del análisis fenomenológico hecha a los humanistas: “En primer lugar, se
desconfía o se rechaza la ciencia empírica porque las afirmaciones del positivismo y las propiedades de la ciencia
positiva se confunden. En segundo lugar, la relación íntima entre la fenomenología y la ciencia no se ha entendido.
Como resultado, el proyecto entero de Husserl se ha tratado sólo de manera caricaturesca y, por consiguiente, para el
empírico parece no tener sentido: el método fenomenológico parece no fundamentarse en un propósito; la filosofía, la
ciencia fenomenológica y la ciencia empírica no se pueden entender claramente en sus interconexiones necesarias ni
distinguirse en sus diferencias esenciales, el mundo vivido no guarda relación con el proyecto para el cual fue la
culminación y el fundamento último, aunque problemático. En consecuencia, el desarrollo teórico de esta perspectiva
se ha limitado desde el comienzo a una crítica del cientismo, el positivismo o el empirismo naturalista; tampoco se ha
buscado una alternativa científica a la ciencia reduccionista. Sólo poniendo énfasis en las humanidades y entendiendo
el mundo vivido de una manera cándida puede continuar cualquier investigación formal como tal” (Pickles, 1985, p. 8).
[36]
“Así, aunque muchos rechazan y han rechazado el marco de categorías particular que el mismo Kant expuso, su
idea general, según la cual sólo podemos darle sentido al mundo si le imponemos alguna estructura originada en la
mente, ha sido ampliamente aceptada. Este énfasis en la estructuración epistémica del mundo por el actor humano, la
esencia del legado de Kant, constituye el tema común que, en la práctica, ha sido extraído de la diversidad de filosofías
humanísticas a las cuales se han remitido los geógrafos de orientación subjetivista en su intento por trascender la
dicotomía inherente a las relaciones sujeto-objeto. Esto simplemente se debe a que, al intentar combinar el realismo
empírico y el idealismo trascendental, la filosofía kantiana se basa en la tensión dialéctica entre lo interno y lo externo.
Sin embargo, esta oposición o contraste es a su vez sólo posible cuando un objeto empírico independiente del yo
también se postula, porque el yo encuentra posible volverse consciente de sus propios estados cambiantes sólo en la
medida en que los refiera a un objeto perdurable en el espacio. Dicho de otra manera, la forma misma de la intuición
espacial lleva en sí la referencia necesaria, y la existencia objetiva, a una realidad en el espacio” (Livingstone, 1981, p.
370).
[37]
Soja describe esa mirada sobre la espacialidad social, como una miopía crónica: “una cierta miopía ha
distorsionado persistentemente la teorización espacial desde hace siglos, al crear una ilusión de opacidad, una
interpretación miope de la espacialidad que se ha concentrado en las apariencias de superficie inmediatas, sin poder
ver más allá de éstas. Por consiguiente, la espacialidad se interpreta como una colección de cosas, como apariciones
sustantivas que en último término pueden estar ligadas a la causación social pero que se pueden explicar
primordialmente como cosas en sí mismas” (Soja, 1985, p. 100).
[38]
De la misma manera, Soja encuentra en esa mirada del espacio social otra enfermedad “visual” bastante
corriente, la hipermetropía: “Mientras la miopía empirista no puede ver la producción social de espacialidad detrás de la

86
opacidad de las apariencias objetivas, una ilusión de transparencia hipermétrope ve a través de la espacialidad
concreta de la vida social al proyectar su producción al idealismo con propósito y al pensamiento reflexivo
inmaterializado. La visión se distorsiona no porque el punto focal esté demasiado al frente de la retina, sino porque está
demasiado detrás. La producción de espacialidad se representa como cognición y diseño mental, y una subjetividad
ideacional ilusoria sustituida por un objetivismo sensorial igualmente ilusorio. La espacialidad se reduce a un constructo
mental, una manera de pensar, un proceso ideacional en el que la imagen toma prioridad epistemológica sobre la
sustancia tangible o el proceso generativo. El espacio social se funde en el espacio mental, en representaciones de la
espacialidad en vez de en su realidad social material” (Soja, 1985, p. 102).
[39]
La cuestión planteada en la discusión sobre el urbanismo, según Harvey, era “si la organización del espacio (en la
discusión sobre el urbanismo) era (1) una estructura separada con sus propias leyes de transformación y construcción
internas o (2) la expresión de una serie de relaciones incrustadas en una estructura más amplia (como las relaciones
de producción)” (Harvey, 1973, p. 304). Esta interpretación del problema se generalizó durante la década de los
setenta, llegando a ser una de las causales de la implantación de cierta ortodoxia que veía en todo análisis espacial de
la literatura radical sobre los problemas urbanos y regionales, el fantasma del fetichismo.
[40]
“Un rasgo particularmente llamativo de la geografía, que no obstante es la disciplina que dispone de instrumentos
más prosaicos para el estudio del hombre social, ha sido, a nivel explicativo, una incesante fuga hacia una u otra forma
de idealismo. La geografía ha descrito masivamente el paisaje. Cuando ha buscado explicar, es a éste, el paisaje, que
se aferra. Hecho esto, ha desempeñado su papel: colocar a los hombres y a las relaciones que se establecen entre
ellos detrás de ese paisaje” (De Koninck, 1978, p. 127).
[41]
Como lo plantea Soja, el anti-espacialismo que encuentra el fantasma del fetichismo espacial en todas partes, no
es exclusivo del pensamiento radical, es parte de la profunda historia occidental: “Siguen existiendo barreras poderosas
y persistentes que impiden la aceptación de una interpretación materialista de la espacialidad y un materialismo
histórico-geográfico asertivo específicamente dirigido a entender y cambiar la espacialización capitalista. La tradición
marxista, si no más generalmente postiluminista del historicismo, que reduce la espacialidad ya sea al sitio estable y no
problemático de la acción histórica o a la fuente de la falsa conciencia, es una mistificación de las relaciones sociales
fundamentales. El historicismo bloquea la visión tanto de la objetividad material del espacio como una fuerza
estructuradora en la sociedad como la subjetividad ideacional del espacio como una parte progresivamente activa de la
conciencia colectiva... La espacialidad, como la praxis de crear geografía humana, aún tiende a ser relegada a una
sombra epifenomenal, como el contenedor que refleja la historia” (Soja, 1989, p. 130).
[42]
“Lo que nos lleva a esta fragmentación de lo dialéctico, tipificada en la noción de la dialéctica espacial, es la
aceptación acrítica del positivismo tradicional y otras categorías filosóficas de la división del mundo: espacio y tiempo,
mente y materia, economía y cultura, historia y geografía, etc. De una manera nada dialéctica, estas abstracciones se
definen filosóficamente y la realidad se ordena para acomodarlas... El propósito de la dialéctica no es aceptar las
diferentes casillas y forzar una dialéctica separada en cada una, sino derruir las paredes artificiales en favor de un
entendimiento más sintético e integrado de la realidad” (Smith, 1981, p. 113).
[43]
“El modelo de pensamiento es, entonces, que los poderes causales o los procesos sociales tendrán diferentes
resultados dependiendo de los lugares en donde actúen, y de los otros poderes y objetos que encuentren en esos
lugares. El espacio es diferencia... Se reduce a las diferentes condiciones en las que están funcionando los procesos
sociales, influyendo en el resultado de los procesos pero por fuera de la dinámica en sí misma” (Simonsen, 1996, pp.
500, 501).
[44] “El desarrollo desigual no es un proceso ajeno que se manifieste en bloques geográficos estáticos, sino que
más bien es la lucha continua de fuerzas contrarias en busca de diferenciación e igualación. El equilibrio de estas
fuerzas cambia según el ritmo cambiante de la acumulación, lo cual no sólo hace posible sino probable que ciertas
áreas subdesarrolladas experimenten desarrollo. El verdadero interrogante es si este desarrollo será permanente o tan
sólo temporal, y si la respuesta a esta pregunta será diferente para diferentes escalas espaciales” (Smith, 1986, p. 99).
[45]
Puesto en términos más explícitos: “La secuencia ‘cambio de producción-cambio espacial’ ignora el impacto
crucial de oportunidades locacionales espacialmente organizadas (o la falta de ellas), y el uso de la distancia y la
separación espacial mismas. Cada uno de ellos puede tener un impacto en lo que le sucede a la producción. El uso de
los cambios locativos por el capital como parte de una estrategia más amplia para debilitar la resistencia de los
trabajadores es bien conocido. También puede (quizás de modo más interesante aunque es más difícil de ‘demostrar’)
funcionar en sentido opuesto, de manera que la inmovilización espacial de ciertos elementos del capital sea parte de lo
que condiciona la introducción de cambios en la organización de la producción... No es posible pasar simplemente de
la producción a la locación. La organización espacial también ejerce impacto en la producción” (Massey, 1985, p. 14).

INSTITUTO SUPERIOR DEL PROFESORADO. N-3


INTRODUCCIÓN AL CONOCIMIENTO GEOGRAFICO.
PROFESORA: LAURA ROSALIA VARELA
PERIODO LECTIVO 2005

PROFESORA DE GEOGRAFIA.
POSTITULO EN CONDUCCION EDUCATIVA.
POSTITULO EN POLITICA Y GESTION INSTIUCIONAL EN EDUCACION.
2004

EVOLUCION DEL CAPITALISMO:

87
Capitalismo Capitalismo Capitalismo Capitalismo global
mercantil competitivo monopólico

Debilidad de los Revolución Modelo productivo Tercera revolución


recursos industrial: fordista: industrial. Sociedad
productivos y informacional.
división del trabajo: Mutación laboral, Segunda revolución
• Carácter social y cultural. industrial. Reestructuración
incipiente productiva,
de la revolución
tecnología Cambios tecnológicos y tecnológica y
disponible. Un nuevo contexto: producción en serie: desregulación:
• Tierra y Aumento de la • Modificación de Generación y difusión
trabajo capacidad la base de nuevas
humano productiva. energética: tecnologías de la
factores de Revolución en el • Racionalización información.
producción transporte. del trabajo: Funcionamiento
esenciales, Concentración Taylorismo. Fordismo. interdependiente.
por su empresarial. • Inversión de Reorganización de
posesión y Fragmentación de capital en los mapas
control tareas asociadas a grandes centros económicos.
resultaban la mecanización. productivos, Cuestionamiento de
claves del Especialización concentración la intervención del
poder funcional de los empresarial. estado.
económico territorios.
social.
• Escaso Estrategias
desarrollo empresariales y
de la reorganización
Industrialización y Nuevos división del
infraestructu espacial.
crecimiento urbano: trabajo e intervención del
ra. Esfuerzo de
• Agricultura estado:
innovación.
de mercado.
Economías de auto Creciente división y
• Focos de Tareas integradas
especialización de
- subsistencia. verticalmente, con
atracción: tareas.
Agricultura de trabajadores
Industrias de Relocalización de los
subsistencia.
cabeceras. especializados.
Régimen centros de trabajo.
Puntos de ruptura de Expansión de la clase
demográfico media. • Impacto
carga.
primitivo. Regulación institucional: territorial.
Industria ligera
Actividades de políticas keynesianas y • Desarrollo
transformación: social demócratas. desigual.
Talleres artesanos y Tendencias de
familiares. localización
Sistema de trabajo a
domicilio.

Ciudades
comerciales y Reorganización espacial
enclaves de las actividades
financieros: productivas:
• Comercio Economías de
ambulante,

88
mercados aglomeración. Formación
periódicos. de las áreas
• Tiendas metropolitanas. Ejes de
especializad crecimiento.
as.
• Ferias.
• Bolsas
(ciudades
portuarias)

.
LAS NUEVAS FUNCIONES DEL ESTADO
FREDERICK C. TURNER Y ALEJANDRO L. CORBACHO
NOTA BIOGRÁFICA
Frederick Turner es catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de San Andrés,
Argentina, y ex presidente de la Asociación Mundial de Investigaciones sobre la Opinión
Pública. Dirección electrónica: [email protected]. Su obra más reciente es Opinión pública
y elecciones en América (que ha codirigido junto a Friedrich Welsch 2000).
Alejandro Corbacho es candidato al doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad de
Connecticut, Storrs Connecticut 06268, EE.UU. Ha colaborado en Desarrollo Económico y en
varios volúmenes publicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina
A finales del siglo XX, era creencia común que el Estado nación estaba siendo despojado
gradualmente de sus funciones y responsabilidades. En los años ochenta y noventa, en
muchos países de Europa y América, la privatización traspasó empresas que eran propiedad
del Estado al sector privado. Países como Nueva Zelandia redujeron radicalmente las
prestaciones del Estado de bienestar, e incluso China, dirigida todavía por el Partido
Comunista, estableció zonas industriales expansivas y prometió el mantenimiento del régimen
de libre empresa a Hong Kong. El colapso de determinados Estados como la Unión Soviética o
Yugoslavia puso de manifiesto que, por lo menos algunos gobiernos, eran incapaces de seguir
coordinando las tareas que hasta entonces les incumbían. Ante esos acontecimientos, se
recrudeció el discurso exacerbadamente partidista de los partidos de derechas, según el cual el
sector privado es intrínsecamente más eficaz que las autoridades estatales en lo que hace a la
prestación de servicios de todo tipo, desde las pensiones de vejez a la administración de las
cárceles.
Ahora bien, desde una perspectiva más pragmática, tales afirmaciones son manifiestamente
exageradas. Según un amplio análisis de The Economist, si se calcula atendiendo al
porcentaje del producto interno bruto que corresponde a los sectores público y privado, en
realidad la intervención del Estado aumentó en relación con la del sector privado en varios
países durante el periodo a que nos referimos. Entre 1980 y 1996, por ejemplo, el gasto
público, en porcentaje del PIB, aumentó en Alemania, Austria, Canadá, España, Estados
Unidos, Francia, Italia, Japón, Noruega, Suecia y Suiza (“The future of the State”, 1997, 8).
Aunque, desde luego, la privatización prosiguió en esos países, estuvo compensada con
creces por la nueva actividad del Estado.
Lo anterior nos lleva naturalmente a preguntarnos qué funciones pueden asumir mejor las
autoridades estatales al iniciarse el nuevo siglo y un nuevo milenio. ¿Cómo pueden
desempeñar los gobiernos nacionales sus funciones tradicionales con más eficacia? ¿Qué
nuevas tareas les aguardan y cómo compaginarlas con las actividades, cada vez más
numerosas y además cambiantes del sector privado? ¿Cuál sería la mejor manera de
relacionarse el Estado nación con otros niveles de gobierno, desde las administraciones
municipales a la labor que llevan a cabo las Naciones Unidas en el plano internacional,
pasando, por ejemplo, por las zonas francas? Hoy en día, es imposible prever con precisión
cómo cambiará la actividad del Estado en los años próximos, lo mismo que hubiese sido vano
tratar de hacerlo a principios de siglo, a pesar de lo cual sigue siendo utilísimo analizar de
manera sistemática estas cuestiones, pues sólo así las posibles innovaciones e iniciativas
aparecen con más claridad.
Las nuevas maneras de desempeñar funciones tradicionales
En los próximos decenios, el Estado desempeñará distintas funciones tradicionales, y podrá
hacerlo con mayor o menor eficacia según las políticas que sus dirigentes políticos y los

89
administradores públicos decidan aplicar. Algo de suma importancia es que las autoridades
nacionales seguirán asumiendo las amplias y diversas misiones que sus ciudadanos deseen
que desempeñen. Así, por ejemplo, deben regular el sector privado, garantizar por lo menos
un nivel de vida mínimo a sus ciudadanos más necesitados y fijar lo más claramente posible
metas que permitan medir y evaluar la eficiencia de los organismos públicos. Los legisladores
y gobernantes deberán afrontar además aspectos controvertidos de la política pública, como el
fomento conjugado del crecimiento económico y la justa distribución de la riqueza; la cuestión,
en potencia explosiva, de la migración, y cómo propiciar ocupaciones idóneas del tiempo libre.
Además, se verán arrastrados inevitablemente al espinoso terreno del fomento de los valores
sociales y del empleo de la coerción contra algunos ciudadanos por mor de la seguridad de
otros. La intervención en estos campos sigue siendo tan esencial para satisfacer las
necesidades básicas de los seres humanos que, en el siglo XXI, es probable que los viejos
sueños anarquistas de unas sociedades sin Estado permanezcan tan alejados de las
realidades políticas cotidianas como lo estaban en el siglo inmediatamente anterior.
En primer lugar, quienes desean desmantelar el Estado de bienestar deben apechar con el
hecho de que los electorados de las democracias occidentales quieren que prosigan los
programas de protección social, tanto si hablamos de las clases medias como de las
trabajadoras, lo cual es desde luego lógico, pues las prestaciones del Estado de bienestar -
desde los transportes subvencionados a las pensiones estatales- benefician generosamente a
las clases medias. El apoyo de éstas se ha puesto claramente de manifiesto en un estudio
reciente de Bean y Papadakis de las actitudes reinantes en Alemania, Australia, Estados
Unidos, Italia, Noruega y el Reino Unido en 1985 y 1990. Estos autores llegan a la conclusión
(1998, pág. 231) de que “las clases medias siguen adheridas moralmente al Estado de
bienestar”, y añaden que “aunque las elites políticas de muchos países llevan tiempo
insistiendo en los problemas con que se tropieza para satisfacer expectativas cada vez
mayores, y por consiguiente para financiar el Estado de bienestar, y a pesar de los argumentos
acerca de los esfuerzos necesarios para reducir el ámbito de actuación del Estado y sustituirlo
por una organización cuyo motor sea la lógica de los mercados..., en la mayoría de la gente no
ha influido excesivamente la ´experiencia del mercado´”. Si los Estados son democracias
electorales, y ya que la mayoría de sus ciudadanos desean los beneficios del Estado de
bienestar, sería insensato creer que se puede acabar de un plumazo con esos programas. En
lugar de propugnar el desmantelamiento de los programas oficiales, más les valdría a quienes
critican el Estado de bienestar proponer otras políticas consistentes en reformular los
programas o en alcanzar sus objetivos más eficientemente.
Una de esas políticas es la privatización selectiva de las industrias estatales, que es posible
llevar a cabo justamente porque el Estado es fuerte, es decir, porque la reglamentación oficial
implantada a principios del siglo XX ha puesto freno a los excesos del capitalismo sin trabas,
gracias a lo cual puede haber un control privado de un amplio segmento de la actividad
industrial. Como ha escrito Inglehart (1997, pág. 216), “un motivo esencial de la actual
prosperidad del capitalismo es que ya había efectuado una serie de reformas, graduales pero
masivas por su acumulación, que instauraron cierto grado de necesitadísima regulación oficial
de la economía y la sociedad y amplias instituciones de protección social a cargo del Estado”.
En un futuro próximo, no se desmantelará esta regulación, ni tampoco la mayoría de estas
instituciones, algunas de las cuales, de hecho, puede que ganen en importancia, mas, en
aquellos terrenos en que el sector privado puede actuar con más eficacia y la reglamentación
oficial puede proteger los intereses de los consumidores, sigue siendo una alternativa atractiva
el traspasar determinadas industrias del control estatal al privado.
Mediante la privatización selectiva, los dirigentes políticos pueden optar por fomentar el
bienestar de sus ciudadanos más necesitados por conducto de administraciones más o menos
amplias. Como señala Margalit (1996, págs. 236 y 237), las autoridades pueden contratar
directamente personal de enfermería y asistentes sociales que presten asistencia a los
inválidos y desempleados, o bien pueden efectuar pagos a estas personas para que obtengan
directamente los servicios que precisen en el sector privado. En este segundo caso, la
administración del Estado será mucho menor.
Sea cual fuere la magnitud del sector y de la administración públicos que queden, las
autoridades estatales deberán mostrarse cada vez más abiertas a colaborar con un amplio
abanico de grupos organizados, de dentro y fuera de sus fronteras. Según observa Clough
(1999, págs. 16 y 18), las autoridades deben colaborar cada vez más intensamente con los
grupos que representan los distintos intereses de la sociedad civil y pueden obtener los
mejores resultados si son “incluyentes y capaces de colaborar y de adaptarse”; y, como añade

90
Wang (1999, págs. 231 y 245), el Estado “necesita a la sociedad para alcanzar sus objetivos”, y
para ello los dirigentes del Estado deben colaborar con los de la sociedad civil, renunciando a
su propia tendencia a controlar las asociaciones cívicas. Entre las tareas que se prestan a un
esfuerzo común está toda la gama de los proyectos de desarrollo económico y consolidación
de la democracia política, y el contexto de cada proyecto debe conformar los tipos de
cooperación más apropiados. Como las asociaciones cívicas han aumentado
considerablemente en tamaño e influencia en Africa, Asia, Europa y América en los dos
decenios últimos, será colaborando con ellas en lugar de enfrentárseles como los dirigentes de
las Estados nación estarán en mejores condiciones de alcanzar las metas que se propongan.
Esas metas deben ser lo más claras posibles. Sean cuales fueren las políticas seguidas por
las autoridades, las metas deben fijarse pormenorizadamente y habrá que calcular con toda
precisión las medidas necesarias para alcanzarlas. Luego, los organismos oficiales deberán
aplicar las políticas que consideren más apropiadas para alcanzar esas metas, modificándolas
conforme sea preciso, atendiendo a las mejores evaluaciones sistemáticas de los resultados.
Así, por ejemplo, si los dirigentes del país deciden procurar a los ciudadanos más empleos y
mejor remunerados, los organismos estatales tendrán que colaborar entre sí y con el sector
privado para implantar y atraer a industrias que abonen salarios más elevados y cuidar de que
los ciudadanos estén mejor instruidos y capacitados para trabajar productivamente en esas
industrias (Carr, Littman y Condon, 1995, pág. 313). Cuando las metas están claras, cuando
se supervisan y miden periódicamente los resultados y cuando los funcionarios de los
organismos públicos tienen la seguridad de que se toma en cuenta su opinión a la hora de
aplicar las políticas, es más probable que se alcancen las metas y que los ciudadanos aprecien
las funciones de las autoridades.
Más concretamente, un objetivo general de los Estados nación en los decenios venideros
deberá ser el promover, en lo posible, el crecimiento económico con una distribución más
equitativa de los beneficios que reporte. Lo será, porque, sencillamente, tienen que mejorar el
crecimiento y la distribución para satisfacer las necesidades materiales de quienes viven en
una pobreza abyecta en todo el mundo y porque las instituciones del sector privado serán
mucho más eficaces en lo que hace a aliviar esa pobreza si reciben el apoyo de unas políticas
estatales inteligentes. Como escriben Tanzi y Chu (1998, págs. xiv a xvi), “es esencial
aumentar la productividad del Estado en todas sus dimensiones”, asegurando la estabilidad
macroeconómica y las inversiones en infraestructuras y capital humano, más una red de
seguridad para las personas más vulnerables. Cuando no se hace esto con eficacia, como en
Chiapas en los años noventa, los ciudadanos pueden poner directamente en entredicho la
autoridad del Estado, provocando desvíos de los recursos del país mucho mayores que los que
hubiesen sido precisos antes para abordar sin enfrentamientos violentos la solución de los
factores que causan la pobreza.
Otra cuestión que puede ser explosiva es la de la migración y la concesión de la nacionalidad.
Unicamente los Estados la conceden, y la nacionalidad seguirá teniendo gran valor en el siglo
próximo. ¿En qué circunstancias la otorgarán los Estados, a quién y a cambio de que?
Decimos esto, porque los migrantes adinerados no tienen ningún problema, ya que, aportando
entre 300.000 y un millón de dólares en capital para inversiones, ciudadanos de otros países
pueden obtener la residencia permanente en Brasil, Suiza o los Estados Unidos. De igual
modo, el personal de enfermería o los médicos con experiencia tienen comparativamente
pocas dificultades para cambiar de país de residencia o nacionalidad.
Los problemas los tienen quienes desean obtener la nacionalidad de Estados que no los
aceptan, las personas que tienen un bajo nivel de formación profesional y que carecen de
capitales, quienes a veces pagan cantidades exorbitantes para atravesar ilegalmente fronteras
internacionales y las personas expulsadas de sus hogares por conflictos civiles. Cada Estado
determinará a quién y en qué condiciones concederá la nacionalidad según sus necesidades
de capital humano y las presiones políticas que se ejerzan en su seno, claro está, lo cual
influirá en la distribución internacional del capital humano, al llevar a los pudientes y dotados de
talento a los países en que su dinero y su talento se puedan invertir con más provecho y
privando de esos bienes a los países cuyos habitantes decidan marcharse. Esta situación
aumenta la importancia de las políticas que alienten la retención de los ciudadanos mejores y
más brillantes en sus países de origen, si bien la movilidad mundial cada vez mayor del capital
humano hace que cada día sea más difícil aplicarlas. En el contexto de la autonomía del
Estado nación para otorgar la nacionalidad, las cuestiones relativas a la migración acaso
lleguen también a ser reguladas más mediante acuerdos internacionales, sobre todo para evitar
que surjan conflictos internacionales como los provocados en 1999 por la expulsión por Serbia

91
de las personas de etnia albanesa de Kosovo y el consiguiente ataque de la OTAN contra
Yugoslavia.
En cuanto a la amplia gama de políticas oficiales menos incendiarias, al emplear los fondos
estatales habrá que cuidar de que el gasto público aumente menos que el producto interno
bruto (PIB) y conceder los beneficios del nuevo gasto público a los segmentos de la población
que más los precisen. Si se mantiene el gasto público lo más bajo posible, se reduce el peso
de los impuestos y la carga que imponen a la iniciativa individual. Conforme aumenta el PIB,
los ingresos en concepto de impuestos también lo hacen y los aumentos consiguientes se
pueden emplear en beneficio de diversos grupos de la sociedad. Por tomar sólo un ejemplo,
en los quince años últimos se han creado varios hermosos parques nuevos en el Barrio Norte
de Buenos Aires, la zona hermosa y cosmopolita de la capital federal en que viven muchos des
argentinos más ricos y poderosos. Para ganarse el favor de las personas pudientes,
comprendidas las que ocupan altos cargos públicos, conviene, efectivamente, que haya nuevos
parques en el Barrio Norte, pero son menos impresionantes desde el punto de vista de la
equidad nacional, habida cuenta de los asentamientos ilegales que existen en sus
proximidades y de las necesidades más apremiantes de tantísimos ciudadanos del interior del
país. En lugar de hacer que las vidas de los privilegiados sean todavía más agradables, las
inversiones que aumentasen la capacidad de obtener ingresos de los miembros menos
afortunados de la sociedad harían que los beneficios que reportase el Estado se distribuyesen
más justamente y a mayor número de personas.
Lo mismo que sucede con la ubicación de los parques o los hospitales, la financiación de las
universidades públicas o las decisiones acerca de en qué sectores sociales habrán de recaer
los principales beneficios de las políticas oficiales, esas políticas ponen en juego la ética y los
valores. En los regímenes políticos representativos, los valores de los dirigentes del Estado
corresponden, al menos en cierta medida, a los de los electores. Mas, a su vez, los valores en
que se basan las políticas oficiales contribuyen asimismo a conformar los patentes en la
sociedad en sentido más general. Soros (1999, págs. 230-235) observa que, además de los
valores comerciales del capitalismo mundial, las sociedades exigen de los ciudadanos
internalizar y regular su comportamiento conforme a normas de virtud cívica y valores sociales,
normas que son beneficiosas para el conjunto de la sociedad, frente al beneficio que
únicamente obtienen los distintos ciudadanos y las diferentes empresas. Como así es, va en
interés de los Estados y de sus ciudadanos inculcar esos valores, directamente a través de la
instrucción e indirectamente mediante la tolerancia o el impulso de los grupos cívicos del sector
privado que también promuevan los valores cívicos.
Esa actividad no eliminará nunca la necesidad de que el Estado recurra a la coerción, aunque
los teorizadores de la política hayan soñado durante largo tiempo con ello. Como dice Bobbio
(1989, pág. 130) de quienes tratan de reducir al mínimo el Estado, "la emancipación definitiva
del Estado por parte del no Estado", en el sentido de crear una sociedad "liberada de la
necesidad del poder coercitivo". Ahora bien, al iniciarse el milenio, el final de la compulsión
estatal sigue siendo un sueño remoto. En el seno de las naciones, sucede sencillamente que
las fuerzas de la moral, la religión y la ideología no son más poderosas que el afán de lucro ni
la criminalidad de los seres humanos.
Existen, claro está, maneras de amortiguar las consecuencias negativas de la coerción. En
ciudades como Nueva York o Buenos Aires, la respuesta a la delincuencia a finales de los años
noventa consistió en enviar más policías a las calles. Esas políticas aplacan a los
amenazados, los votantes, y a los poderosos, pero, yendo más al fondo de la cuestión, lo que
se precisan son políticas que disminuyan la pobreza, aumenten la calidad de la educación e
impartan una formación profesional gracias a la cual se encuentre trabajo, a fin de disminuir las
presiones en favor de más coerción y más policía. En el futuro inmediato, esas diversas
políticas habrán de aplicarse primordialmente por conducto del instrumentos de los Estados
nación, por lo que, al respecto, el poder estatal sigue siendo absolutamente necesario.
Las nuevas funciones del estado
Al igual que las autoridades centrales pueden desempeñar funciones tradicionales con más
eficacia, están apareciendo nuevas funciones del Estado. La actual mundialización ha
suscitado demandas nuevas dirigidas al Estado, ya que los Estados y las empresas que siguen
siendo no competitivas económicamente pueden perfectamente hallar que los niveles de vida
de las personas que dependen de ellos no están a la altura de los de Estados y empresas más
eficientes. Por motivos que atañen a la mayor competitividad mundial, hoy día los Estados se
encuentran ante la necesidad, antes nunca experimentada, de maximizar la libertad personal,
reducir sus niveles de endeudamiento interno e internacional y limitar la corrupción para

92
acrecer la legitimidad política. La proliferación de innovaciones institucionales en varios países
permite a otros copiarlas, adaptándolas a sus necesidades y circunstancias. esas
innovaciones son posibles, por ejemplo, en el terreno de los programas de asistencia a los
pobres y los ancianos, financiación de la enseñanza y modificación de las políticas fiscales.
Aunque esas reformas no agotan, ni mucho menos, las posibilidades de adaptación del Estado,
apuntan en la dirección de las mejoras políticas que es probable que conciban los dirigentes
con capacidad de imaginación.
El contexto de la innovación política se ha convertido cada vez más en el de la mundialización,
que aumenta las demandas que se plantean al Estado. Así, por ejemplo, en el Mercosur, los
Estados han disminuido las barreras arancelarias, gracias a lo cual la producción se concentra
donde es más eficiente y aportando a los consumidores el beneficio de importaciones del
extranjero más baratas. Es ésta una asignación racional de recursos, pero a breve plazo
aumenta el desempleo, y a la larga aventaja a los trabajadores cuya capacidad profesional es
más competitiva. Además, cuando un Estado miembro devalúa su moneda, como lo hizo el
Brasil en 1999, en otros Estados, como la Argentina, que mantienen la estabilidad de su
moneda, se agravan los problemas de producción y desempleo. En este caso, las empresas y
los trabajadores argentinos, como los de la industria del automóvil, ejercieron una gran presión
sobre el Gobierno del Presidente Carlos Menem para limitar la oleada de importaciones
brasileñas más baratas que amenazaban con arrasar el mercado argentino, más reducido. El
seguro de desempleo, la conversión profesional y el apoyo a la producción interna y a los
sectores exportadores pasaron a ser una estrategia conveniente políticamente para un
gobierno como el Menem, pues únicamente a costa de cierto desgaste político resisten los
gobiernos a las demandas de expansión de la intervención pública en esos terrenos.
En términos más generales, la mundialización de la producción y de los mercados también
plantea la necesidad de que los Estados adopten políticas y actitudes normativas que
aumenten su competitividad en los años y decenios venideros. Una de las necesidades más
esenciales es la de maximizar la libertad y la creatividad de los seres humanos. La gente
valora grandemente la libertad, por lo que ésta es un importante fin en sí mismo para los
regímenes políticos. Ahora bien, la libertad también suscita las condiciones necesarias para
que la gente -personalmente y como miembros de una sociedad y de un país- aprovechen lo
más posible sus cualidades. Como escribe Mayor (1995, pág. 48), la libertad es el contexto
idóneo para los nuevos conocimientos, y la obtención de un nuevo saber y su amplia difusión
son axiomáticas para la mejora de la condición humana. La represión estatal de las prácticas
comerciales desleales sigue siendo necesaria, claro está, pero aún más necesarias son unas
políticas que recompensen los descubrimientos científicos, fomenten la innovación empresarial
y garanticen a quienes ideen tecnologías inventivas y empresas productivas nuevas que serán
premiados generosamente por hacerlo.
Otra medida innovadora para las autoridades es disminuir el nivel de endeudamiento interno e
internacional. En muchos países, los empréstitos estatales han disparado la deuda a niveles
altos -a veces, extremadamente elevados- con respecto al PIB anual. Los Estados
fuertemente endeudados deben emplear recursos considerables tan sólo para no estar en
mora en el pago de los intereses, aunque pueden ejercer presión para ampliar el periodo de
reembolso, como hizo el Presidente venezolano Hugo Chavez en 1999. El pago de los
intereses de la deuda no reporta ningún beneficio real al país, pero su cancelación aligera los
pagos por concepto de intereses en el futuro, permitiendo a las autoridades disminuir los
impuestos o aumentar los programas públicos, o ambas cosas a la vez. Cuando existen
excedentes presupuestarios y voluntad política de disminuir ese endeudamiento, es muy útil
que las autoridades adopten esa medida. Por ejemplo, al haberse previsto que los ingresos
fiscales de los Estados Unidos serían muy superiores al costo de los programas públicos
durante muchos años en el futuro, en 1999 el Presidente Bill Clinton exhortó a reducciones
considerables y sistemáticas de la deuda nacional. El Partido Republicano, en cambio, instó a
que se redujesen de inmediato los impuestos y el Partido Demócrata, ejerció presión en favor
de un aumento de los programas federales, mas, contando con un notable apoyo de la opinión
pública, el Presidente puso el acento en la reducción de la deuda y su cancelación a largo
plazo. A los gobiernos les es facilísimo contraer deudas y mucho más difícil disminuir el
endeudamiento, pero si los dirigentes políticos pueden contribuir a que los ciudadanos
comprendan los beneficios que a largo plazo reporta el hacerlo, se pueden cosechar esos
beneficios, al tiempo que aumenta el nivel de comprensión general de las alternativas políticas.
Los dirigentes estatales deben además estar deseosos de copiar innovaciones ya ensayadas
en otros lugares, examinar qué da buenos resultados en otros países y tratar de adaptar esas

93
medidas a sus propias culturas y necesidades nacionales. Como subrayan Acuña y Tommasi
(1999, págs. 17 y 22), los Estados tienen que "invertir en crear instituciones más eficientes", a
fin de fomentar "procesos que vayan en la buena dirección". Las reformas de las instituciones
políticas y los procedimientos administrativos ofrecen grandes oportunidades de mejorar la
eficiencia de la actuación del Estado, y a sus dirigentes corresponde apreciar cuáles convienen
y llegar a un consenso político para aplicarlas y respaldarlas.
Australia y Chile son ejemplos de adaptación institucional en los que conviene meditar.
Cuando los Estados Unidos empezaron a aplicar una técnica presupuestaria basada en los
resultados, un estudio de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos puso de
manifiesto que Australia se encontraba de cinco a diez años por delante de los Estados Unidos
en el empleo de patrones de medición de resultados. Aunque la diferencia entre el régimen
parlamentario australiano y el presidencial estadounidense hacía que la experiencia australiana
sólo se pudiese reproducir directamente en los Estados Unidos, buena parte de las lecciones
aprendidas en Australia fueron útiles para los Estados Unidos, lo mismo que para otros países
que se orientaron hacia ese método (véase Bruel, 1996, págs. 74 a 79). En términos aún más
generales, desde luego, hay países que han copiado, en parte al menos, la privatización del
régimen de pensiones del que Chile fue adelantado en los años setenta (véase Madrid, en
prensa). Observando lo que funciona y lo que no funciona en otros países, los dirigentes
pueden disminuir los costos que lleva aparejados la innovación y maximizar su probabilidad de
éxito, aplicando en el ámbito de la política pública un pragmatismo que en general redunda en
beneficio del interés público.
En ningún terreno apremian más esas innovaciones que en el de las políticas enderezadas a
beneficiar a los sectores más necesitados de la población de un país.. Una innovación política
que gozó de gran predicamento en los años ochenta y noventa fue la dl crédito sobre el
impuesto del rendimiento del trabajo personal, en virtud de la cual los trabajadores que ganan
salarios muy bajos no sólo no pagan impuestos, sino que además perciben una subvención
estatal que aumenta el nivel de sus ingresos anuales. En otro plan, se propugna la subvención
de los puestos de trabajo poco remunerados, a cargo tal vez de un impuesto sobre la nómina
de los empleados más prósperos, y quienes lo defienden, como Phelps (1997, págs. 103 a
143) afirman que con ello aumentará el incentivo para trabajar, al aumentar las posibilidades de
ahorro de la clase trabajadora y evitar que los trabajadores con bajos