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Cuento Infantil: El Rey Midas

El rey Midas, que tenía una obsesión por el oro, le pidió a un dios que todo lo que tocara se convirtiera en oro, pero pronto se arrepintió cuando incluso la comida que intentó comer se volvió de oro. Midas acudió al dios suplicando ayuda, y el dios le dijo que se bañara en un río, lo que lo liberó de su don maldito. Midas aprendió que la avaricia no trae felicidad y pasó el resto de sus días viviendo humildemente en el bosque.

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Cuento Infantil: El Rey Midas

El rey Midas, que tenía una obsesión por el oro, le pidió a un dios que todo lo que tocara se convirtiera en oro, pero pronto se arrepintió cuando incluso la comida que intentó comer se volvió de oro. Midas acudió al dios suplicando ayuda, y el dios le dijo que se bañara en un río, lo que lo liberó de su don maldito. Midas aprendió que la avaricia no trae felicidad y pasó el resto de sus días viviendo humildemente en el bosque.

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El rey Midas, cuento infantil para educar en valores

Cuentos tradicionales sobre la avaricia para los niños


Había una vez un rey muy bueno que se llamaba Midas.

Sólo que tenía un defecto: que quería tener para él todo el oro del mundo.
Un día el rey midas le hizo un favor a un dios. El dios le dijo:

-Lo que me pidas te concederé.

-Quiero que se convierta en oro todo lo que toque - dijo Midas.

-¡Qué deseo más tonto, Midas! Eso puede traerte problemas, Piénsalo, Midas, piénsalo.
-Eso es lo único que quiero.

-Así sea, pues - dijo el dios.

Y fueron convirtiéndose en oro los vestidos que llevaba Midas, una rama que tocó, las puertas
de su casa. Hasta el perro que salió a saludarlo se convirtió en una estatua de oro.

Y Midas comenzó a preocuparse. Lo más grave fue que cuando quiso comer, todos los
alimentos se volvieron de oro. Entonces Midas no aguantó más. Salió corriendo espantado en
busca del dios.
-Te lo dije, Midas - dijo el dios-, te lo dije, Pero ahora no puedo librarte del don que te di. Ve al
río y métete al agua. Si al salir del río no eres libre, ya no tendrás remedio.

Midas corrió hasta el río y se hundió en sus aguas. Así estuvo un buen rato. Luego salió con
bastante miedo. Las ramas del árbol que tocó adrede, siguieron verdes y frescas.

¡Midas era libre! Desde entonces el rey vivió en una choza que él mismo construyó en el
bosque. Y ahí murió tranquilo como el campesino más humilde.
FIN

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