Análisis Paisajes
Análisis Paisajes
Geograficando
CITA SUGERIDA:
Barrera Lobatón, S. (2013). El análisis del paisaje como herramienta y puente
teórico-metodológico para la gestión socio-ambiental del territorio. Geograficando, 9 (9).
En Memoria Académica. Disponible en:
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ARTÍCULOS/ARTICLES
Cita sugerida: Barrera Lobatón, S. (2013). El análisis del paisaje como herramienta y puente
teórico-metodológico para la gestión socio-ambiental del territorio. Geograficando, 9(9).
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Resumen
El presente artículo busca comprender cómo el concepto de paisaje se transforma desde su producción y
discusión académica hasta su adaptación por parte del Estado; y seguidamente, cómo este concepto termina
siendo aplicado en el territorio, a través de la práctica de diversos profesionales interesados en el mismo. Para
ello, se parte de algunas definiciones desarrolladas por diversas disciplinas: geografía, antropología, arqueología,
ecología, agronomía y arquitectura, especificando sus puntos de interés; y se hace una comparación entre sus
propuestas y la forma en la que estos conceptos son adoptados por el Estado, específicamente por medio de los
denominados “términos de referencia1”. Posteriormente, se analiza cómo estos conceptos y metodologías son
llevados a la práctica por profesionales que se desempeñan en diferentes empresas de consultoría, muchas
veces sin considerar la forma en la que los habitantes locales entienden y viven el paisaje desde sus territorios.
Concluyo que existe una evidente necesidad de construir puentes entre la academia, el Estado, la población y la
empresa, a través de la práctica profesional y sobre la necesidad de reconocer la forma como los habitantes
locales viven el concepto desde sus territorios. Solo así se logrará generar verdaderos impactos que se reflejen
en una mejor calidad de vida de los habitantes.
Abstract
This paper attempts to understand how the concept of landscape is transformed from its academic production and
discussion to its adaptation by the State; and also how this concept ends up being applied on the territory by
various professionals interested in it. In order to do this we look at some definitions developed by various
disciplines: Geography, Anthropology, Archeology, Ecology, Agronomy and Architecture, highlighting key points;
and we make a comparison between their proposals and the way these concepts have been adopted by the
State, specifically through the so-called “terms of reference”. Then we analyze how these concepts and
methodologies are put into practice by professionals working in different consulting companies, many times
disregarding how local inhabitants understand and live the landscape from their territory.
We conclude that there is a clear need to build bridges between the Academia, the State, the people and the
business sector, through professional practice and based on the need to acknowledge the way local inhabitants
live the concept from their territory. Only in this way will we manage to make a real impact and better people’s life
quality.
Esta obra está bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 2.5 Argentina
Geograficando, 2013 9(9). ISSN 2346-898X
Introducción
Durante los primeros años del siglo XXI, diversas disciplinas como la geografía, antropología,
arqueología, ecología, agronomía y arquitectura han mostrado un creciente interés en el desarrollo
del concepto de paisaje, asociado a un incremento en la preocupación por los asuntos ambientales y
a la necesidad de analizar los espacios de manera más integral. Algunas de estas disciplinas, con
fundamentos teórico-metodológicos diversos, han aplicado herramientas cada vez más sofisticadas
para el análisis del paisaje, como los módulos destinados al análisis espacial en los SIG 2, técnicas de
interpretación y análisis de imágenes de satélite, herramientas diseñadas específicamente para
analizar la fragmentación del paisaje como FRAGSTATS (University of Massachusetts Amherst 2000)
o algunos software de diseño, utilizados por los arquitectos del paisaje, como Terragen (Planetside
software 2013). De otra parte, en otras disciplinas que se han apoyado en referentes teóricos propios
de su desarrollo, por ejemplo, en el caso de la arquitectura, las sendas e hitos formulados por Kevin
Lynch(Lynch 1976; Lynch 1960) parecen estar presentes en las propuestas actuales. Otros ejemplos
incluyen la relación cultura-naturaleza en la antropología, la importancia del territorio para la
geografía, la morfogénesis para la geomorfología y la agronomía, la importancia de ‘lo invisible en la
arqueología’ y la calidad de vida para la arquitectura.
De otra parte, el concepto de paisaje parece ser fundamental en los estudios ambientales exigidos
por el gobierno colombiano, a través de los términos de referencia para la obtención de licencias, las
cuales son requisito para la realización de obras de infraestructura o cualquier tipo de explotación de
los recursos naturales. No obstante, los términos de referencia no involucran la diversidad de
enfoques, en relación con el paisaje, desarrollados desde las diversas disciplinas, lo cual dificulta la
aplicación del concepto. Esta situación se complica aún más al pensar en las múltiples relaciones
existentes entre los habitantes y los espacios a ser intervenidos, los cuales muchas veces tienen
intereses particulares que no se consideran en los términos de referencia genéricos, aplicados a
realidades locales distintas.
A partir de lo anterior, el presente artículo tiene como objetivo principal mostrar la necesidad de
construir puentes entre la academia (quien hace los discursos), el Estado (quien los reglamenta), la
empresa (quien los ejecuta) y los habitantes (quienes lo viven) a través del concepto de paisaje. Con
este fin, inicialmente se toman algunas definiciones sobre el concepto y sus principales métodos de
análisis en la ecología, la geomorfología, la geografía, la antropología, la arqueología y la
arquitectura. Seguidamente se hace un análisis del concepto de paisaje en cinco documentos de
términos de referencia desarrollados por el Estado colombiano para la realización de estudios previos
a la obtención de licencias ambientales: dos corresponden a Diagnósticos Ambientales de
Alternativas (DDA) para proyectos lineales y puntuales; dos, a Estudios de Impacto ambiental (EIA)
para la construcción de aeropuertos y la perforación de pozos petroleros; y por último, estudios de
sustracción de áreas de reserva forestal (RCH).Todos ellos expedidos por el Ministerio de Ambiente y
Desarrollo Sosteniblede Colombia (MADS).
Empiezo definiendo el paisaje como la materialización en el espacio físico y cultural de las relaciones
que los habitantes tejen con el espacio que habitan y/o transitan, las cuales adicionalmente se ven
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influidas por las prácticas económicas, políticas, culturales y sociales que se derivan de múltiples
escalas de interacción de los habitantes locales con otros territorios. El paisaje puede estudiarse en
su realidad ecológica y en su realidad contextual. Mientras que la realidad ecológica identifica, de
forma sistémica, las relaciones físico-bióticas de los espacios, la realidad contextual busca entender
el contexto en el que los seres humanos se relacionan con la realidad local (Barrera-Lobatón 2010).
Esta definición coincide en cierta medida con lo que Sauer (1925) define como paisaje: un área hecha
por distintas asociaciones de formas, tanto físicas como culturales. Las primeras son significantes
para el ser humano, mientras que las segundas representan el uso del área, su sustento y los hechos
de la cultura humana; “el área física es la suma de todos los recursos naturales que el hombre tiene a
su disposición en esa área. Está más allá de su poder agregar otros; puede ‘desarrollarlos’, ignorarlos
en parte, o sustraer una parte de ellos mediante su explotación” (p 13). “En la expresión cultural existe
una manera estrictamente geográfica de pensar la cultura; específicamente, como la impresión de los
trabajos del hombre sobre el área. Podemos pensar en la gente en tanto que asociada en y con un
área, como grupos asociados en su descendencia o su tradición” (Ibíd).
Entender la realidad contextual en la cual se esculpen los paisajes implica además comprender el
valor que se le da al paisaje desde nuestros sentidos. De hecho, Santos (1996, 2000) menciona que
el paisaje es todo aquello que podemos percibir, ver, oír, oler, sentir, tocar, lo cual nos lleva a
entender la importancia que le damos hoy al paisaje visual. La valoración visual del paisaje obedece a
ciertos parámetros de belleza, que se modifican según nuestra cultura y el estado de nuestro
conocimiento (Berque, 1998). Lo visualmente frágil o deteriorado tiene que ver con nuestra forma de
valorar el paisaje, no explícitamente desde lo visual, sino desde lo que pensamos; por ejemplo, si hoy
es ecosistémicamente aceptable o no. La distribución en el espacio de los paisajes, más ´valorados’
obedece a jerarquías de poder, que la mayoría de veces representan el poder económico y jerárquico
de las sociedades, cuyas relaciones se tejen en y con el espacio (Santos 1996b; Sack 1986; Cohen
2005; Barrera-Lobatón 2010).
A continuación se introducen algunas definiciones sobre el paisaje, las cuales no pretenden ser
exhaustivas sino mostrar las ideas que las hacen propias de cada una de las disciplinas de las cuales
surgen. Para esto, la historia de cada disciplina resulta fundamental.
Turner (2005) señala que la ecología del paisaje ofrece una perspectiva explícitamente espacial sobre
las relaciones entre los patrones ecológicos y los procesos que pueden ser aplicados en un rango de
escalas. Establece que la investigación en el nivel de paisaje se enfoca desde los años 1980 en los
procesos formativos que producen patrones espaciales; efectos de heterogeneidad espacial en la
dispersión y perturbación de flujos y organismos, materia y energía; y en las aplicaciones potenciales
en el manejo de los recursos naturales. Para Kent (2007), la ecología del paisaje se ha definido como
una subdisciplina de la ecología, que busca entender la forma en la que la estructura del paisaje
afecta la abundancia y distribución de los organismos y se preocupa por los efectos de los patrones
espaciales sobre los procesos ecológicos.
Por su parte, Field et al. (2003) señalan que “los patrones espaciales de los elementos del paisaje
afectan el flujo de materiales, especies y energía en el sistema; influencian la idoneidad de ese
paisaje como hábitat y por lo tanto la presencia o ausencia de especies; e impiden o facilitan el
acceso a los recursos y al movimiento de estas. Un paisaje es un mosaico de parches (áreas
homogéneas), corredores (franjas lineales) en una matriz de fondo o paisaje dominante” (p 351).
La ecología del paisaje utiliza métodos cuantitativos para su análisis, como el análisis fractal o índices
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Los antropólogos: Entre el paisaje de frente –lugar– y el paisaje de fondo – espacio– (Hirsch
1995)
Hirsh menciona que los antropólogos han utilizado la palabra paisaje con dos perspectivas: de una
parte, como punto de partida o marco convencional desde el cual posicionan sus estudios; es decir, el
paisaje que nosotros inicialmente vemos o un paisaje de ‘fondo’; y de otra, para referirse al significado
que los habitantes locales dan a sus alrededores físicos y culturales, o sea el paisaje producido a
través de las prácticas locales o el paisaje de ‘frente’, que sólo es posible reconocer y comprender
con trabajo de campo y técnicas etnográficas. A partir de ello, Hirsch (1995: 3) define el paisaje como
“la relación entre el paisaje de fondo y el paisaje de frente de la vida social”, relaciones que, según él,
son difíciles de aislar de conceptos como frente actualidad-fondo potencialidad; lugar-espacio; dentro-
fuera e imagen-representación. Hirsch concluye que, a pesar de haber diferencias entre estos
aspectos, ellos dependen del contexto histórico y cultural en el cual se han desarrollado, por lo que no
hay un paisaje absoluto sino una serie de momentos relacionados y contradictorios que conllevan a
pensar en el paisaje como un proceso cultural. Los antropólogos se apoyan en métodos etnográficos
para el análisis del paisaje.
Los arquitectos: El paisaje como calidad sensible y calidad de vida (Lynch, 1976)
El paisaje para los arquitectos se fundamenta en la percepción que tienen los seres vivos sobre el
espacio que habitan, por lo que a través de estos se genera sentido de lugar, el cual transciende lo
local para transformar lo regional y ser transformado por este. Adicionalmente, el paisaje se
constituye en un medio de comunicación que puede estar cargado de mecanismos de poder hacia
sus habitantes. La calidad sensible se constituye en un concepto fundamental para los arquitectos.
Para Kevin Lynch, esta se refiere “a lo que se ve, a lo que se siente bajo los pies, al aire que se
respira, a los sonidos de campanas y motocicletas, a cómo las pautas de estas sensaciones
construyen la calidad sensible de los lugares y, en fin, a cómo esa calidad afecta nuestro bienestar
inmediato, nuestras acciones, nuestros sentimientos y nuestra comprensión” (p. 20); por lo anterior, el
paisaje y la calidad sensible deben evaluarse para “un medio ambiente particular, sentido por un
grupo de personas también particular”.
Campos-Reyes (2000) señala que “la carencia de unos pensadores para las calidades de nuestros
espacios –en las épocas de mayor y más rápida transformación de nuestros hábitats-, ha dejado a
nuestro paisaje y a sus imágenes inherentes, al vaivén de otras fuerzas que no conciben el espacio
del territorio como agente cualificador de la calidad de vida para los individuos, y que por tanto,
trastocan la deseable relación entre ellos y el territorio que ocupan” (p. 39).
Por ello, el paisaje sensible no solo es el paisaje que se percibe, sino que esta percepción debe
contribuir a la mejor calidad de vida de los habitantes. En este sentido, Kevin Lynch nos recuerda que
“el sentido de lugar es también un hecho político”.
El término arqueología del paisaje combina las estrategias de la arqueología espacial o ecológica,
que durante los años ´70 y ´80 pretendió desarrollar un estudio arqueológico de la relación entre el
ser humano y el medio a lo largo de la historia, con base en objetos reales: cerámicas, huesos, etc.,
con la dimensión no visible o ‘el lado oscuro del mundo’ y las dimensiones sociales y culturales de los
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fenómenos, que se han dejado a un lado al introducir mayores márgenes de error en el paradigma
positivista. A partir de lo anterior, el grupo de investigación en arqueología del paisaje de la
Universidad de Santiago de Compostela define el paisaje “como el producto socio-cultural creado por
la objetivación, sobre el medio y en términos espaciales, de la acción social tanto de carácter material
como imaginario. Esta acción social está constituida tanto por las prácticas sociales (i.e., la acción
social de carácter intencional: procesos de trabajo, utilización de técnicas, ritos, enunciación de
discursos...) como por la vida social misma(i.e., la acción social no intencional, instintiva, determinada
por los imperativos biológicos de la naturaleza humana y por la satisfacción de estos sin dotar a la
acción correspondiente de sentido adicional alguno)” (Criado-Boado 1999: 11).
Los métodos utilizados en la arqueología del paisaje son muchos y combinan desde la categorización
de objetos encontrados en el terreno, hasta el enfoque constructivista del espacio.
María de Bolós et al. (1992) definen el paisaje con base en el concepto de geosistema, que se
identifica “por sus rasgos generales comunes a todos los paisajes, del tiempo y del tamaño que sean,
a unos sistemas definidos por unos elementos, unas energías y un funcionamiento muy concretos” (p
47). Este incluye los elementos abióticos; los bióticos y los antrópicos (p 47). El paisaje, para de Bolós
et al, consta de tres elementos fundamentales: el geosistema y las escalas espacial y temporal.
Berque (1998) es tal vez uno de los principales referentes sobre el análisis del paisaje desde la
percepción. Empieza su libro preguntándose cómo explicar que nuestra civilización haya permitido la
generación de aquellos paisajes que nos producen incomodidad, “porque los encontramos feos o
incomprensibles” y que, aunque nos parecen absurdos, son producto de nuestras actividades
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corrientes.
Para él, lo que está en juego es “el sentido de la relación de nuestras sociedades con el espacio y la
naturaleza” (p. 2). A partir de lo anterior, Berque introduce el concepto de medianza: un ‘medio’ que a
su vez es sensible, factual, subjetivo, objetivo, fenomenal y físico. Esto, dado que “la interrelación del
medio físico y del medio social (...) es irreductible a lo solo físico (...). Esta relación, es decir un medio,
no existe más que en la medida en que es resentido, interpretado y ordenado por una sociedad; pero
donde también inversamente esta parte de lo social es constantemente traducida en efectos
materiales que se combinan con hechos naturales” (p 15).
Para Berque, el paisaje “es la manifestación sensible de una medianza; él traduce el sentido de un
medio en términos inmediatamente accesibles a la vista, al oído, al olfato, etc.” (p, 60). “Lo que el
paisaje nos da, en fin de cuentas, no son ni verdaderamente las apariencias, ni verdaderamente la
naturaleza de las cosas; sino un término medio: unas formas llenas de significados implícitos, que
están en nosotros tanto como están en el mundo. Son ellas las que hacen que nosotros estemos en
el mundo como el mundo está en nosotros” (p. 63).
Bertrand, en un intento por realizar una propuesta que integre las múltiples aproximaciones al
concepto de paisaje, desarrolla el sistema metodológico ‘Geosistema, Territorio y Paisaje’ GTP
(Frolova y Bertrand 2006; Bertrand Claude y Bertrand Georges 2006). Mientras el geosistema permite
analizar la estructura y el funcionamiento de un proceso biofísico de un espacio geográfico con su
grado de antropización, el concepto de territorio “permite analizar las repercusiones de la
organización y del funcionamiento social y económico sobre el espacio considerado” (Frolova y
Bertrand, 2006: 266). Por su parte, el paisaje proviene de la “conversión del medio ambiente en un
recurso en el acto de la percepción o del uso directo y se basa en el proceso de “artialización” (ibid).
Frolova y Bertrand mencionan que mientras los conceptos de geosistema y de territorio se han
afianzado en la geografía latinoamericana, el paisaje es rara vez empleado en los estudios del medio
ambiente (Ibíd).
Los eventos infraestructurales se constituyen en los medios de comunicación o transporte con que
cuenta el espacio que debe estudiarse. Por ellos fluyen información, conocimiento e insumos; los
eventos económicos comprenden aquellos medios y métodos empleados por los habitantes del área
de estudio para sostenerse económicamente y su análisis busca entender las dinámicas de los
habitantes respecto del uso de los recursos naturales y de su concepción sobre la naturaleza. Los
eventos estructurales consisten en la identificación de las causas y consecuencias del ejercicio del
poder, a través de la acción de «delimitar», y sus repercusiones en la dinámica y estructura de la
población; finalmente, los eventos regulatorios buscan identificar el grupo de agencias e instituciones
que, a través de políticas específicas de uso, manejo y planificación, regulan un área; representan la
materialización de la regulación de los espacios y el conocimiento que direcciona esta regulación.
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El paisaje es el resultado de la interacción de los seres humanos con el espacio que habitan y con
otros espacios; interacción que se esculpe continuamente sobre un espacio con unas características
biofísicas particulares. Aunque el paisaje siempre está en proceso de transformación, ciertos eventos
aceleran sus cambios y le imprimen huellas más profundas. El análisis biofísico del paisaje se apoya
en métodos sistémicos, mientras que el contexto en el que se producen estos cambios requiere de
análisis constructivistas.
Antes de analizar los términos de referencia, establecidos por el Estado colombiano para la obtención
de licencias ambientales, es necesario indicar que en Colombia la normatividad ambiental se rige por
la Ley 99 de 1993 (Ministerio del Medio Ambiente), por la que se crea “el Ministerio del Medio
Ambiente, se reordena el Sector Público encargado de la gestión y conservación del medio ambiente
y los recursos naturales renovables, se organiza el Sistema Nacional Ambiental, SINA, y se dictan
otras disposiciones. Adicionalmente, el Decreto 1753 de 1994 (Presidencia de la República de
Colombia 1994) define en su artículo 6 como autoridades ambientales competentes para el
otorgamiento de licencia ambiental, conforme a la ley, al Ministerio del Medio Ambiente, las
corporaciones autónomas regionales, los municipios, distritos y áreas metropolitanas cuya población
urbana sea superior a un millón de habitantes, y a las entidades territoriales delegatarias de las
corporaciones autónomas regionales.
El Decreto 3573 (27 de septiembre de 2011) crea la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales,
ANLA, la cual tiene desde entonces la tarea de aprobar y expedir licencias, permisos y trámites
ambientales con el fin de contribuir “a mejorar la eficiencia, eficacia y efectividad de la gestión
ambiental y al desarrollo sostenible”. Adicionalmente, estipula que “El Ministerio del Medio Ambiente,
en consulta con el consejo técnico asesor de política y normatividad ambiental, establecerá los
términos de referencia para cada sector, con su respectivo instructivo [y] la autoridad ambiental
competente podrá adaptar estos términos de referencia a las particularidades del área de su
jurisdicción” (art. 26, p. 16).
Se entiende por términos de referencia al documento que contiene los lineamientos generales que la
autoridad ambiental señala para la elaboración y ejecución de los estudios ambientales. Según la
Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), los términos de referencia son “los lineamientos
generales que la autoridad ambiental señala y publica para la elaboración y ejecución de los Estudios
de Impacto Ambiental (EIA) y Diagnóstico Ambiental de Alternativas DAA, presentados ante la
autoridad ambiental competente al momento de solicitar el otorgamiento de una licencia ambiental”
(ANLA 2013).
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Los estudios de impacto ambiental (EIA) se definen en la Ley 1.450 de 2011, art. 223, como el
conjunto de la información que deberá presentar, ante la autoridad ambiental competente, el
peticionario de una licencia ambiental. Este estudio contendrá información sobre la localización del
proyecto y los elementos abióticos, bióticos y socioeconómicos del medio que puedan sufrir deterioro
por el respectivo proyecto de obra o actividad, para cuya ejecución se pide la licencia y la evaluación
de los impactos que puedan producirse. Además, incluirá el diseño de los planes de prevención,
mitigación, corrección y compensación de impactos y el plan de manejo ambiental de la obra o
actividad.
Para este análisis se tomaron cinco documentos correspondientes a términos de referencia: dos
referentes al DDA (proyectos puntuales y lineales); dos a EIA (terminales aéreas y sector
hidrocarburos) y uno a la sustracción de áreas de reserva forestal. Todos ellos fueron expedidos por
el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS).
Los términos de referencia aquí revisados tienen un carácter genérico y por tanto advierten sobre la
necesidad de ser adaptados “a la magnitud y otras particularidades del proyecto, así como a las
características ambientales regionales y locales en donde se pretende desarrollar” (MAVDT, Dirección
de Licencias, Permisos y Trámites Ambientales. 2006a: 5; MAVDT, Dirección de Licencias, Permisos
y Trámites Ambientales 2006b:1; MAVDT 2006: 5).
Adicionalmente, en todos los casos los proyectos requieren de la definición de un área de influencia
directa e indirecta, siendo necesario, para cada una, realizar actividades específicas. El área de
influencia, de una parte, se delimita y define “con base en una identificación de los impactos que
puedan generarse durante la construcción y operación del proyecto” (MAVDT 2006: 10). Para los
medios abióticos y bióticos se tienen en cuenta unidades fisiográficas naturales y ecosistémicas;
mientras que para los aspectos sociales, deben considerarse las entidades territoriales y las áreas
étnicas de uso social, económico y cultural entre otros, asociadas a las comunidades asentadas en
dichos territorios (MAVDT 2006: 10). Además de lo anterior, para el caso del DDA para proyectos
lineales y puntuales “los términos deben involucrar el área de influencia indirecta para la evaluación
comparativa de las alternativas” (MAVDT, Dirección de Licencias, Permisos y Trámites Ambientales.
2006a: 11; MAVDT, Dirección de Licencias, Permisos y Trámites Ambientales. 2006b:8).
De otra parte, el área de influencia directa del proyecto es definida como “aquella en donde se
manifiestan los impactos generados por las actividades de construcción y operación; esta área se
relaciona con el sitio del proyecto y su infraestructura asociada, y puede variar “según el tipo de
impacto y el elemento del ambiente que se esté afectando; por tal razón, se deben delimitar las áreas
de influencia de tipo abiótico, biótico y socioeconómico”. El área de influencia indirecta (AII) se refiere
al “área donde los impactos trascienden el espacio físico del proyecto y su infraestructura asociada,
es decir, la zona externa al área de influencia directa y se extiende hasta donde se manifiestan tales
impactos” (Ibíd).
En los términos de referencia, definidos por el actual Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible
de Colombia, y en el caso particular de Diagnósticos Ambientales de Alternativas (DAA) de proyectos
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Aunque en los documentos mencionados se hace referencia al concepto de paisaje en los aspectos
geomorfológicos, específicamente en el campo de la morfogénesis, que se define como “el análisis
del origen de las diferentes unidades de paisaje” (p. 11), el paisaje como componente específico se
trata en otro aparte, el cual estipula que este puede analizarse, para el área de influencia indirecta
(AII), con el uso de “sensores remotos como imágenes de satélite, radar o fotografías aéreas para
establecer las unidades de paisaje regional y su interacción con el proyecto” (p. 17). Para el área de
influencia directa, el paisaje debe contemplar un análisis de la visibilidad y calidad paisajística, la
descripción del proyecto dentro del componente paisajístico de la zona y la identificación de sitios de
interés paisajístico (p. 17).
En los Términos de referencia para sustracción de áreas de reserva forestal (MAVDT, Dirección de
Ecosistemas- Grupo de Planeación y Gestión Interinstitucional 2011), no se hace alusión al paisaje.
No obstante, se introducen los conceptos de estructura y funcionalidad (p. 9) que, como se vio
anteriormente, hacen parte de la ecología del paisaje. Estos conceptos integran el capítulo sobre
conectividad ecológica, que menciona que “con base en los datos obtenidos sobre ecosistemas y
coberturas vegetales, se debe presentar para cada ecosistema un análisis de la conectividad de los
mismos integrado a las AID y AII” (p. 9).
Los términos de referencia en general evidencian un sesgo hacia una evaluación de un paisaje
medible, calculable, demostrable, apoyado en métodos cuantitativos y por tanto en el desarrollo del
concepto desde la geografía física y la teoría general de sistemas. Adicionalmente, hace referencia a
“unidades regionales de paisaje”, cuya definición tiene raíces en la biogeografía y por tanto en la
ecología, esta última también con un fuerte sesgo cuantitativo. No obstante, tanto la “calidad
paisajística” como “la descripción del proyecto dentro del componente paisajístico de la zona” y “la
identificación de sitios de interés paisajístico” lo posicionan dentro del componente socio-cultural, en
cuyo caso se requiere de métodos etnográficos y análisis constructivistas. Lo anterior nos lleva a
preguntarnos sobre la pertinencia de definir el paisaje como parte de un componente abiótico dado
que la multiplicidad de enfoques lo hacen definitivamente un concepto interesante para el análisis
integral de los territorios; por ejemplo, como fundamento en la realización de zonificaciones socio-
ambientales, con las cuales se definen acciones de uso y manejo que finalmente terminan afectando
a los habitantes locales.
Los orígenes mismos del concepto de paisaje permiten proponerlo como un elemento integrador, no
sólo de las disciplinas que lo estudian sino también de la práctica académica y profesional, lo cual se
materializa en los espacios a través de la normativa; en este caso, de los términos de referencia y de
las prácticas sociales, políticas, económicas y culturales de los habitantes locales.
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Lo anterior nos hace además cuestionarnos sobre la pertinencia de tener en el mismo componente
abiótico el “análisis de la visibilidad y calidad paisajística”; aspectos relacionados con disciplinas con
fundamentos teórico-metodológicos constructivistas, como la arqueología, la antropología, la
geografía humana y la propia arquitectura, en donde lo simbólico y lo estético son parte de una
construcción social, muchas veces producto del sistema económico actual, que da más valor a ciertos
elementos del paisaje, por ejemplo a aquellos con potencial interés turístico.
Este análisis del paisaje requiere indudablemente del entendimiento de los componentes sociales,
culturales, económicos y políticos de los espacios estudiados, por lo que sus métodos y fundamentos
teórico-metodológicos los hacen parte de un componente social y cultural. Lo mismo ocurre con la
descripción del proyecto dentro del componente paisajístico de la zona y la identificación de sitios de
interés paisajístico.
Conclusiones
El concepto de paisaje se convierte en un elemento integrador entre las diferentes disciplinas que se
interesan en los asuntos ambientales y además puede servir de puente para que los discursos
académicos sean considerados por el Estado, a través de los términos de referencia desarrollados
para la elaboración de proyectos, los trabajos desarrollados por profesionales desde consultorías a
diversas empresas y los habitantes que transitan los espacios, que son los directos afectados por las
decisiones que se toman sobre la disposición de sus recursos.
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Las Instituciones del Estado, por su parte, requieren del desarrollo de metodologías más adaptativas
que permitan generar los cambios necesarios en sus términos de referencia, con cada una de las
experiencias, reconociendo el valor de los espacios locales y la evolución de los conceptos en los
discursos disciplinares.
La academia, por su parte, debe acercarse más a los territorios, al sistema de toma de decisiones del
Estado y a la práctica profesional de sus egresados. Para esto debe formar profesionales con
conciencia política, independientemente del origen y los fundamentos teórico-metodológicos propios
de sus disciplinas. Todos los seres que habitamos, estudiamos, reglamentamos y tomamos
decisiones sobre los espacios, en este caso particular sobre el medio ambiente, somos seres
políticos.
Notas
1 Son los lineamientos generales que la autoridad ambiental señala y publica para la elaboración y
ejecución de los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) y Diagnóstico Ambiental de Alternativas (DAA)
presentados ante la autoridad ambiental competente al momento de solicitar el otorgamiento de una
licencia ambiental (ANLA 2013).
2 Por ejemplo, los módulos de análisis de visibilidad de todos los software SIG en formato raster; los
módulos ´Land Change Modeler’ o ‘Earth Trends Modeler’ de IDRISI (Clark Labs 2012); los módulos
‘Spatial Analyst’ o ´Geostatistical Analyst’ de ARCGIS (ESRI 2013).
3 Los términos de referencia incluyen un aparte sobre la forma en la que deben llenarse las bases de
datos cartográficas. En términos de unidades de paisaje se incluyen atributos como conectividad y
funcionalidad, entre otros.
Bibliografía
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