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Clasificación y Concepto de Bienes

El documento define los bienes y explica la diferencia entre cosas y bienes. Un bien es una cosa útil para el hombre que puede ser apropiada privadamente. Los bienes se clasifican en corporales e incorporales. Los bienes incorporales incluyen los derechos reales y personales, aunque algunos critican la "cosificación de los derechos". El documento también explica los diferentes tipos de derechos reales como el dominio, usufructo y prenda, y cómo estos confieren diferentes facultades sobre los bienes.

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Clasificación y Concepto de Bienes

El documento define los bienes y explica la diferencia entre cosas y bienes. Un bien es una cosa útil para el hombre que puede ser apropiada privadamente. Los bienes se clasifican en corporales e incorporales. Los bienes incorporales incluyen los derechos reales y personales, aunque algunos critican la "cosificación de los derechos". El documento también explica los diferentes tipos de derechos reales como el dominio, usufructo y prenda, y cómo estos confieren diferentes facultades sobre los bienes.

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LOS BIENES.

Para entender el concepto de bienes se debe partir del concepto de cosa; entre ambas
hay una relación de genero a especie (cosa es género y bien es especie). Cosa es todo
aquello que existe sin ser persona y además que pueda percibirse por los sentidos, o
bien, concebirse mediante la imaginación. Doctrinariamente, se entiende por cosa a todo
aquello que, teniendo existencia corporal o incorporal, tiene utilidad para el hombre. Así,
hay una clasificación de cosas que las divide en corporales e incorporales. Entre éstas
últimas están los derechos. Si hablamos de un derecho, real o personal, hablaremos de
una cosa incorporal. Dentro de estas cosas hay algunas que tienen la calidad de
bienes. Criterio para determinar si una cosa reviste el carácter de bien. Podría pensarse
que el criterio es la utilidad de la cosa, pero la sola utilidad no es suficiente para
caracterizar los bienes, porque lo que en sí le da la característica a un bien es el ser
susceptible de apropiación por el hombre. Por eso, cuando las cosas son aptas para
satisfacer necesidades, son útiles al hombre y son susceptibles de apropiación, reciben
el nombre de bienes. No todas las cosas son bienes, tampoco lo son las cosas útiles al
hombre, sino que son bienes aquellas cosas susceptibles apropiación. Por ello, las cosas
comunes a todos los hombres (aire, alta mar), si bien son útiles al hombre, no son bienes,
pues no son susceptibles de apropiación (art.585 CC). Los bienes son importantes
porque ellos constituyen el objeto de los derechos reales (art.577). La posesión también
se ejerce sobre bienes; también los bienes constituyen el objeto de las obligaciones,
debiendo tener presente que en virtud del concepto de cosa, los derechos reales
y personales son también bienes (en virtud de la cosificación de los derechos). El art.565
CC dice que son cosas incorporales los derechos y, como estos son susceptibles de
apropiación privada, son bienes. Clasificación de los Bienes. 1.- Corporales e
incorporales. 2.- Muebles e inmuebles. 3.- Medios de producción y bienes de
consumo. 4.- Consumibles y no consumibles. 5.- Fungibles y no fungibles. 6.- Principales
y accesorios. 7.- Divisibles e indivisibles. 8.- Singulares y universales. 9.- Presentes y
futuros. 10.- Comerciables e incomerciables. 11.- Apropiables e inapropiables. 12.-
Nacionales y privados. I.- Bienes Corporales y Bienes Incorporales Art. 565 CC Los
bienes consisten en cosas corporales o incorporales. Corporales son las que tienen un
ser real y pueden ser percibidas por los sentidos, como una casa, un libro. Incorporales
las que consisten en meros derechos, como los créditos, y las servidumbres activas. Esta
clasificación está en relación con las cosas. Tiene importancia porque dentro de los
modos de adquirir que la ley señalan hay dos que sólo son aplicables a los bienes
corporales: la ocupación y la accesión. Esta clasificación del art.565 es objeto de criticas
doctrinarias porque el legislador ha considerado conjuntamente dos cosas que son
esencialmente distintas, como lo son las cosas y los derechos. Realmente no hay
similitud entre ellos para asociarlos como el Código lo hace. Otros señalan que
la denominación de bienes incorporales no debería limitarse a los derechos, sino que
debe aplicarse a ciertos bienes que carecen de materialidad (obras literarias, creaciones
científicas, etc.). El estudio de la situación jurídica de las obras literarias y
creaciones científicas es objeto de una rama distinta; pero, actualmente, estos
bienes inmateriales tienen cada día mayor importancia. Los arts.565 y 576 CC
consagran una figura que se conoce como la cosificación de los derechos. Hay autores
que rechazan esta concepción de la cosificación de los derechos porque, por un lado,
asocia a los derechos con las cosas materiales y, por otro lado, la concepción de
cosificación de los derechos trata que abstracciones jurídicas como los derechos
participen de las propiedades y características de las cosas materiales, lo que presenta
diversas dificultades por la diversa naturaleza que tiene un objeto inmaterial en relación
con uno material. Aplicar a ambas los mismos principios y las mismas reglas crea unas
serie de problemas generados por su distinta naturaleza material. Esta clasificación de
los derechos no es una creación nueva, sino que viene del derecho romano, sistema
jurídico en el cual se concebía que se podía tener derecho sobre los derechos; pero, se
tiene entendido que en Roma se excluya de los bienes incorporales al derecho de
dominio. Esa exclusión se debe a que en el derecho romano el derecho se confundía
con la cosa u objeto sobre el cual se ejercía, lo que lleva a identificar al objeto con el
derecho en si mismo, confusión de la cual deriva el considerar a la propiedad como una
cosa corporal (así, no se habla de mi derecho de propiedad sobre esta casa, sino que
de mi casa). Pero, en cuanto a los otros derechos reales, los romanos si convenían en
una separación entre el derecho y la cosa corporal sobre la que recaía (por ejemplo, se
habla de derecho de usufructo sobre la cosa). En nuestro sistema jurídico, se mantiene
la idea de considerar que los derechos son cosas, pero con una característica especial,
cual es que no se excluye expresamente al derecho de dominio. Así, el art.576 indica
que las cosas incorporales son derechos reales o personales y el art.582 dice que el
dominio es un derecho real..., con lo cual podría entenderse que la cosificación de los
derechos también se extiende al dominio. Sin embargo, a la luz del art.583 CC, bien
puede entenderse que el dominio está excluido de esta concepción, porque este articulo,
al permitir que sobre las cosas incorporales hay también una especie de propiedad, de
no excluirse el dominio se produciría la incongruencia de concebir un derecho de
dominio sobre el derecho de dominio. Derechos Reales Art. 577 Derecho real es el que
tenemos sobre una cosa sin respecto a determinada persona. El derecho real se concibe
como una relación entre una persona y una cosa, relación de carácter absoluto e
inmediato. Algunos dicen que el derecho real es el poder que una persona tiene
sobre una cosa; cuando este poder o señorío otorga la suma de facultades posibles a su
titular, o sea, cuando el poder es completo o total, se está en presencia del derecho real
de mayor importancia: el derecho de dominio. Este derecho confiere a su titular un poder
completo y total sobre la cosa; así, el art.582 dice que confiere el dominio la facultad de
uso, goce y disposición. Por tanto, su titular tiene todas las facultades. Pero, hay
derechos reales que no son completos ni absolutos, sino que son parciales e
incompletos, porque no confieren la suma de facultades, sino que sólo algunas de
ellas: aquí están todos los derechos reales con exclusión del derecho de dominio. En el
derecho real la cosa ha de ser siempre determinada y el titular es generalmente una
persona, pero pueden ser también varios titulares del mismo derecho
(copropiedad). Considerando la facultad que confieren los distintos derechos reales,
ellos se pueden clasificar en: derechos reales de goce y derechos reales de garantía. Los
derechos reales de goce permiten a su titular usar la cosa directamente en su beneficio.
El primero de ellos y el más completo es el derecho de dominio. Junto a él están otros
derechos reales de goce con facultades limitadas como el usufructo, el uso y la
servidumbre. Los derechos reales de garantía permiten el uso de la cosa
indirectamente en consideración al valor de cambio de la cosa y su finalidad es
asegurar el cumplimiento de una obligación principal, propia o ajena, en forma tal que,
en caso de no darse cumplimiento a esta obligación, la cosa constituida en garantía, con
el auxilio de la justicia, pueda enajenarse para obtener con el producto el cumplimiento
de las prestaciones incumplidas. Estos derechos reales de garantía son la prenda y la
hipoteca. Considerando el particular contenido del dominio, puede hacerse
una separación entre éste, que confiere un poder total y absoluto, y los otros derechos
reales, ya que estos confieren derechos sobre una cosa ajena, denominándose por ello
"derechos reales en cosa ajena". En los arts.577 y 578 CC el legislador define los
derechos reales y personales respectivamente. Derecho real es el que tenemos sobre
una cosa sin respecto a determinada persona. Derechos personales o créditos son los
que sólo pueden reclamarse de ciertas personas que, por un hecho suyo o la sola
disposición de la ley, han contraído las obligaciones correlativas. En estas dos clases de
derechos se presentan numerosas diferencias debido a la naturaleza misma que ellos
presentan; entre estas diferencias hay una que dice relación con la cantidad o número
de estos derechos, porque los derechos reales, por la circunstancia de que recaen sobre
bienes en forma directa y por el carácter absoluto de ellos mismos, se
encuentran establecidos por la ley. En cuanto a los derechos personales no se da esta
característica de estar establecidos por la ley y el número de ellos no puede
determinarse, porque principalmente van a depender en su origen de la voluntad de las
partes. Así, el mismo CC en el art.577 hace una enumeración de los derechos
reales: Son derechos reales el de dominio, el de herencia, los de usufructo, uso
o habitación, los de servidumbres activas, el de prenda y el de hipoteca. Estos derechos
reales enumerados en el art.577 no son los únicos que se contemplan por el legislador,
es así como en el propio CC el legislador nos señalan otro derecho real en el art.579: el
derecho de censo, que tiene una doble característica, por un lado es un derecho personal
y, por otro lado, es un derecho real cuando se persigue el inmueble (finca) gravado con
el censo. El art.2022 CC define el censo: Se constituye un censo cuando una persona
contrae la obligación de pagar a otra un crédito anual, reconociendo el capital
correspondiente, y gravando una finca suya con la responsabilidad del crédito y del
capital. Pero, además hay otros derechos reales llamados derechos
reales administrativos, contemplados en leyes de carácter especial. Así, en el Código de
Minería vigente (art.54) se dice que el pedimento y la manifestación inscritas constituyen
derechos reales inmuebles y se le aplican en cuanto a su transferencia y transmisión las
mismas reglas que a los demás bienes raíces. El pedimento es la concesión de
exploración (autorización para buscar minerales en terreno ajeno), y la manifestación es
la concesión de explotación, o sea, la concesión para poder extraer la sustancia
minera. Por otro lado, el Código de Aguas en su art.6 dice que el derecho
de aprovechamiento es un derecho real que recae sobre las aguas y consiste en el uso
y goce de las aguas conforme a las reglas del mismo Código. El problema que se suscita
en esta materia es si los particulares podrían entrar a crear otros derechos reales que
los establecidos por la ley o si sólo es la ley la que dice cuales son estos derechos: en
nuestro país, las normas referentes a la constitución y organización de la propiedad
tienen el carácter de normas de orden público y entre estas normas se encuentran las
relativas a los derechos reales, razón por la cual se estima que los particulares no
pueden crear derechos reales. Pero, esto no significa que los particulares están
totalmente ajenos a ellos, porque, si bien el derecho real es creado por la ley,
generalmente es la voluntad de los particulares la que las origina. Así, el derecho de
hipoteca es un derecho establecido por la ley, pero, para que se dé una hipoteca es
necesario que una persona constituya este derecho en favor de otra; para que exista
usufructo es necesario que el propietario se lo confiera a otra persona. Es decir, en
cuanto al origen de un derecho real en particular, interviene la voluntad de los
particulares. Derecho Personal. (art.578) Derechos personales o créditos son los que
sólo pueden reclamarse de ciertas personas que, por un hecho suyo o la sola disposición
de la ley, han contraído las obligaciones correlativas. El derecho personal es un vínculo
obligatorio entre personas, vínculo que se refiere a una prestación determinada,
prestación frente a la cual una parte resulta obligada a dar, hacer o no hacer algo. En el
derecho personal hay un vinculo entre una parte que es el acreedor (que es quien puede
exigir la prestación) y otra que es el deudor (que es el obligado al cumplimiento de esa
obligación). Estos derechos personales pueden surgir de un hecho del deudor, de un
acuerdo de voluntades, de la ley, etc. Su creación no está entregada al legislador, sino
que ello depende de la voluntad de las personas en la generalidad de los casos De los
derechos reales nacen las acciones reales (art.577 parte final) y de los derechos
personales nacen las acciones personales (art.578 parte final). Tanto los derechos
reales como los personales tienen una importancia relevante en el derecho. Por otro
lado, el legislador le aplica a estos derechos algunas normas propias de las cosas
corporales, como por ejemplo: la clasificación en muebles e inmuebles (art.580) y nos
dice el CC que: Los derechos y las acciones se reputan bienes muebles o inmuebles,
según lo sea la cosa en que han de ejercerse o que se debe. Así el derecho de
usufructo sobre un inmueble es inmueble. Así, la acción del comprador para que se
le entregue la finca comprada, es inmueble; y la acción del que ha prestado dinero para
que se le pague, es mueble. Otro aspecto que debe considerarse es lo que dispone el
art.581 CC: Los hechos que se deben se reputan muebles. II.- Bienes muebles y bienes
inmuebles Arts.566, 567, 580 y 581 del CC. Importancia de esta clasificación: 1. - En lo
relativo a la forma en que se perfecciona el contrato de compraventa (art.1801 CC): la
regla general es que el contrato de compraventa se perfecciona cuando hay acuerdo en
la cosa y en el precio (contrato consensual). Pero, tratándose del contrato de
compraventa sobre bienes raíces (inmuebles) el contrato de compraventa no es
consensual, sino que es solemne y la solemnidad es la escritura pública. Si el art.1801
nos da una regla general (la compraventa es consensual), tenemos que entender que
se refiere a la compraventa de bienes muebles. 2. - En cuanto a la forma en que se hace
la tradición de los derechos sobre muebles o inmuebles: la tradición es un modo de
adquirir definido en el art.670 del CC. El legislador da normas distintas en cuanto a
la forma de hacer la tradición respecto de los bienes muebles e inmuebles. La tradición
de los bienes muebles se hace en la forma que señalan el art.684 del CC, y la tradición
de los derechos sobre inmuebles se encuentra reglamentada en el art.686 CC, que rige
respecto de todos los inmuebles, menos respecto de la servidumbre: inscripción del título
en el Registro del Conservador. 3. - Hay otro modo de adquirir en el cual se presentan
diferencias fundamentales respecto de los bienes muebles e inmuebles: esta es
la prescripción, tratándose de la prescripción ordinaria, el plazo para adquirir el dominio
de la cosa poseída es distinto tratándose de bienes muebles o inmuebles: El tiempo
necesario para la prescripción ordinaria es de 2 años para los muebles y de 5 años para
los bienes raíces (art.2508 CC). 4. - Influye también esta clasificación en materia de
sucesión por causa de muerte: los herederos pueden disponer sin mayores problemas
de los bienes muebles, pero para disponer de los bienes inmuebles necesitan cumplir
ciertos requisitos que nos señalan el art.688 del CC: en el momento de deferirse la
herencia, la posesión de ella se confiere por el ministerio de la ley al heredero; pero esta
posesión legal no habilita al heredero para disponer en manera alguna de un
inmueble, mientras no proceda. 5.a En materia de familia también importa esta
clasificación: así, en la sociedad conyugal los inmuebles aportados por uno de los
cónyuges o adquirido por éste a título gratuito ingresan al haber propio del respectivo
cónyuge, en tanto que los bienes muebles aportados por cualquiera de los cónyuges o
adquiridos a cualquier título durante el matrimonio, ingresan al haber de la sociedad
conyugal (art.1725 CC). 5.b También en materia de familia esta clasificación tiene
importancia en otro sentido: en la sociedad conyugal se distinguen los bienes sociales
y los bienes propios; tratándose de los bienes sociales la administración le corresponde
al marido. Sin embargo, estas facultades del marido se encuentran limitadas tratándose
de la enajenación o gravamen de los bienes inmuebles pertenecientes a la sociedad
conyugal, ya que el marido no va a poder enajenar voluntariamente o gravar los bienes
raíces sin la autorización de la mujer (art.1749 inc.2 CC). Tampoco podrá sin
dicha autorización arrendar los bienes raíces sociales urbanos por más de 5 años, ni lo
bienes raíces rústicos por más de 8 años (art.1749 inc.3). También hay diferencias en lo
que se refiere a los bienes propios de la mujer, porque aquí hay que distinguir entre los
bienes muebles y los bienes inmuebles. El marido también tiene la administración de los
bienes propios de la mujer cuando hay sociedad conyugal, pero para gravar o enajenar
los bienes inmuebles propios de la mujer necesita autorización judicial con conocimiento
de causa y las causas que justifiquen la enajenación o el gravamen sólo pueden
ser: facultad concedida para ello en las capitulaciones matrimoniales. necesidad o
utilidad manifiesta de la mujer. Además de esta autorización judicial el marido necesita
el consentimiento de la mujer (art.1754), en tanto que para la enajenación o gravamen
de los bienes muebles el marido necesita sólo el consentimiento de la mujer, que podrá
ser suplido por el juez cuando la mujer estuviere imposibilitada de manifestar su voluntad
(art.1755). Si se omite cualquiera de estas formalidades la sanción aplicable es la nulidad
relativa (art.1757). 5.c También dentro del derecho de familia y tratándose de los bienes
raíces del pupilo, el guardador va a necesitar autorización judicial para gravar o enajenar
dichos bienes, lo que se debe fundar en utilidad o necesidad manifiesta (art. 393 CC).
Para enajenar o gravar los bienes raíces de cualquier naturaleza del hijo de familia, se
necesita autorización judicial (art.255 CC). 6.- En la rescisión del contrato de
compraventa por lesión enorme: ella sólo es procedente cuando se trata de inmuebles
(art.1891 CC). La misma norma se aplica a la permuta de los bienes inmuebles. 7.-
Dentro de los mismos derechos reales que enumera el art.577 tiene importancia esta
clasificación: hay algunos derechos reales que sólo pueden proceder respecto de bienes
inmuebles y otros proceden sólo respecto de bienes muebles. Así, los derechos reales
de servidumbre, habitación e hipoteca, sólo pueden recaer sobre los bienes
inmuebles. Por su parte, el derecho de prenda sólo puede recaer sobre bienes
muebles (art. 2384: Por el contrato de empeño o prenda se entrega una cosa mueble
a un acreedor para la seguridad de su crédito.). 8.- También tiene importancia con
respecto a las acciones posesorias, puesto que ellas sólo proceden respecto de bienes
inmuebles y jamás sobre muebles (art.916). 9.- También tiene importancia esta
clasificación en el derecho procesal, ya que la competencia de los tribunales se
determina en forma distinta según si la acción que se ejerce es mueble o inmueble. 10.-
En materia penal también es importante, porque hay ciertos delitos específicos para cada
una de estas categorías de bienes: el hurto y el robo recaen sólo sobre bienes muebles
y, respecto de los inmuebles, el delito especifico existente a su respecto es la
usurpación. Esta situación, que se de una mayor importancia a los bienes inmuebles,
es propia de la concepción dominante a la 'poca de la dictación del Código. La economía
era esencialmente agrícola y la base del dominio agrícola es la tierra, de ahí la
importancia que se da a la propiedad raíz, concepción que no corresponde a la realidad
de hoy día. Bienes Muebles Son los que pueden trasladarse de un lugar a otro sin perder
su individualidad (art.567 inc.1 y 574 CC). Estos bienes se subclasifican en dos
grupos: a.- Muebles por naturaleza corresponden al concepto dado, esto es, los
que pueden trasladarse de un lugar a otro sin perder su individualidad, sea que se
muevan por sí mismos (semovientes) o sea que se muevan por una fuerza externa (cosa
inanimada). b.- Muebles por anticipación son aquellos que son productos o accesorios
de un inmueble, pero que se consideran muebles antes de separarse del inmueble para
el solo efecto de constituir un derecho sobre ellos a favor de otra persona distinta del
dueño (art.571 CC). Al considerarse muebles antes de su separación y para el solo
efecto de constituir un derecho sobre ellos, se le aplican las normas propias de los bienes
muebles (art.580 inc. final en relación con el art.571 CC). Estos bienes que son productos
o accesorios de un inmueble se denominan "inmovilizados", pero en el evento de ser
separados del inmueble tendrían la calidad de muebles por anticipación cuando sobre
ellos se va a constituir un derecho a favor de un tercero. Lo que sucede es que el mueble
por anticipación, una vez separado del inmueble, recupera plenamente su calidad de
bien mueble siempre que la separación sea permanente y no transitoria (art.573 CC). El
legislador también se refiere a los bienes muebles de una casa (art.574 inc.2 CC), estos
muebles son los que componen el ajuar de la casa y está constituido por los bienes
muebles de uso doméstico, común y continuo en un hogar. Este art.574 inc.2 está en
concordancia con el art.1121. Bienes Inmuebles (fincas o bienes raíces ) Son los que no
pueden trasladarse de un lugar a otro. Su característica esencial es la inmovilidad, es
decir, el hecho de estar fijos, de carecer de traslación, y en esto es en lo que contrastan
con los bienes muebles, que son esencialmente movibles. El art.568 se refiere a los
bienes inmuebles y señala que son las cosas que no pueden transportarse de un lugar
a otro; como las tierras y las minas, y las que adhieren permanentemente a ellas, como
los edificio, los árboles. El inc.2 nos señala que las casas o heredades se llaman predios
o fundos. En este aspecto adquiere importancia una clasificación que distingue
entre predios rústicos y urbanos. Esto nos lleva a ver el problema de los predios urbanos
y rurales y los predios rústicos y no rústicos; esta distinción se hace atendiendo a
dos criterios diferentes: a. a un criterio de situación o ubicación (criterio geográfico). b. a
un criterio de destinación (criterio funcional). a.- En este caso se habla de predios
urbanos y rurales atendiendo a si el inmueble está ubicado dentro o fuera del radio
urbano de la ciudad, respectivamente. b.- En este caso, la distinción entre predios
rústicos y no rústicos atiende a cual es la destinación que se le da al inmueble. Así,
predio rústico es aquel susceptible de uso agrícola, ganadero o forestal; y predio no
rústico es aquel que no tiene la posibilidad de tal uso. Luego, estas dos ideas de predio
urbano y rural y de predios rústicos y no rústicos pueden superponerse. El legislador
establece en distintas leyes esta clasificación y hace referencia a ella. Así por ejemplo:
en la Ley de Reforma Agraria (N.16.640 art.1 letra a), se ha definido al predio
rústico como todo inmueble susceptible de uso agrícola, ganadero o forestal,
está situado en sectores urbanos o rurales; la ley N.11.622 (1954) sobre arrendamiento
de inmuebles dice que, para sus efectos se entiende como predio urbano el que está
situado en poblado y el edificio que fuera de población se destine normalmente a vivienda
y no a menesteres campestres (art.1). Otra clasificación de bienes inmuebles es la que
distingue entre: 1.- Inmuebles por naturaleza. 2.- Inmuebles por adherencia. 3.-
Inmuebles por destinación. 1. - Inmuebles por naturaleza. Son específicamente la cosas
que no pueden transportarse de un lugar a otro (art.568 inc.1). Este artículo hace también
referencia a los predios y fundos, en los cuales hay tanto bienes inmuebles por
naturaleza como por adherencia y destinación. 2. - Inmuebles por adherencia. Son
ciertos bienes que, siendo muebles por naturaleza, se reputan inmuebles por estar
adheridos permanentemente a un inmueble. Hay aquí una ficción, porque a ciertos
bienes que son muebles, por la circunstancia de estar adherido a un inmueble, la ley les
atribuye esta calidad (art.568 inc.1 seg. parte:... y las que adhieren permanentemente a
ellas, como los edificios, los árboles.). Para que un bien mueble tenga la calidad de
inmueble por adherencia es necesario que cumpla con 2 requisitos: -Que el bien mueble
esté adherido al inmueble formando un solo todo con él (árboles a un bosque). -Que esta
adherencia sea permanente; si la adherencia es ocasional o transitoria el bien no
adquiere la calidad de inmueble por adherencia, sino que mantiene el carácter de bien
mueble. Estos inmuebles por adherencia son los que se consideran muebles
por anticipación aún antes de estar separados del inmueble al que se adhieren, pero
para el solo efecto de constituir un derecho sobre ellos a favor de otra persona distinta
del dueño. Estos muebles por anticipación, una vez separados del inmueble a que se
adhieren, recuperan su calidad de muebles (art.573 parte final: ...Pero desde que se
separan con el objeto de darles diferente destino, dejan de ser inmuebles). La
jurisprudencia ha agregado otros casos de inmuebles por adherencia, así por ejemplo:
servicio de calefacción, túneles, puentes, líneas férreas. En los actos jurídicos que se
realizan sobre un inmueble se comprenden tanto los por naturaleza como los por
destinación. 3.- Inmuebles por destinación. En sí son muebles por naturaleza, pero por el
hecho de estar permanentemente destinados al uso, cultivo y beneficio de un inmueble.
La ley los considera inmuebles, aunque puedan existir separadamente de este último. Se
distinguen de los inmuebles por adherencia ya que en los inmuebles por destinación no
hay unión entre mueble e inmueble, la inmovilización es meramente jurídica, no
corresponde a la naturaleza misma de las cosas. Para que un mueble pueda
considerarse inmueble por destinación es necesario que concurran dos requisitos
(art.570 inc.1): -Que el mueble esté destinado al uso, cultivo y beneficio de un
inmueble, es decir, que sea accesorio al inmueble. -Que la destinación sea permanente,
si fuera transitoria el bien conservaría el carácter de mueble. El art.570 plantea dos
interrogantes: Ser necesario que concurran copulativamente estos requisitos o
finalidades (uso, cultivo y beneficio). Duda que se plantea por el uso de la conjunción "y".
La doctrina y jurisprudencia en general estima que debe entenderse que para que un
mueble tenga la calidad de inmueble por destinación, basta que tenga cualquiera
de estas destinaciones, no siendo necesaria la concurrencia copulativa de ellas. La
Corte Suprema (2 de noviembre de 1945) señaló que al decir la ley que se reputan
inmuebles por destinación las cosas muebles que están destinadas al uso, cultivo y
beneficio de un inmueble, no obstante el empleo de la conjunción copulativa y,
lógicamente, debe entenderse que, para darles esa calidad, basta que están destinadas
a una cualquiera de esas finalidades y no es necesario que concurran las tres
copulativamente (Revista de Derecho y Jurisprudencia, t.43, secc. primera,
p.227). Ahora, quién debe hacer la destinación? El dueño o un tercero? En general se
estima que la destinación del mueble al uso, cultivo y beneficio de un inmueble puede
hacerla el dueño o un tercero, salvo casos en los cuales la destinación deba hacerla el
dueño y no otro. Tales son los casos de los inc.4, 5 y 6 del art.570. En estos casos, la
destinación del mueble debe hacerla el dueño del inmueble, de modo que si la hace el
tercero el mueble no tendrá la calidad de inmueble por destinación. Algunos autores
critican la enumeración del art.570 y sostienen que principalmente no todos estos bienes
son inmuebles por destinación, sino que otros tienen distinta calidad: la lozas de un
pavimento y los tubos de la cañerías no serían inmuebles por destinación, sino que
serían inmuebles por adherencia, teniendo sólo los restantes tal carácter (inmuebles
por destinación). Los inmuebles por destinación pueden tener la calidad de muebles
por anticipación (art. 571) y también recuperan sin problemas la calidad de muebles al
separarse del inmueble (art.572). III.- Bienes de producción y bienes de consumo Los
bienes de consumo están destinados a satisfacer directa e inmediatamente las
necesidades de los seres humanos. Los medios de producción son bienes cuya finalidad
es la producción de otros bienes. Por la destinación misma que ellos tienen, los medios
de producción son de naturaleza compleja y normalmente tienen un valor considerable;
en los medios de producción hay varios bienes organizados según ciertos principios
científicos o tecnológicos que en conjunto permiten la elaboración de otros bienes. Cada
uno de los componentes del medio de producción es a la vez un bien en sí mismo que
tiene su valor propio y es susceptible de clasificación dentro de las
categorías tradicionales de los bienes. Por la naturaleza misma y considerando
el concepto de inmuebles del legislado, dentro del cual están los inmuebles por
adherencia y destinación, los medios de producción -en general- pueden considerarse
inmueble como un solo todo. Esta clasificación tiene importancia por el gran valor de los
bienes de producción, que es muy superior a los de consumo. IV.- Bienes consumibles
y bienes no consumibles Esta clasificación sólo es aplicable a los bienes muebles y el
legislador la contempla imperfectamente en el art.575 CC. La noción de
consumibilidad tiene su origen fundamentalmente en la naturaleza de la cosa o en
la función o fin que ésta desempeño. En doctrina se distingue entre la consumibilidad
objetiva y la consumibilidad subjetiva: Son objetivamente consumibles aquellas cosas
que al primer uso se destruyen natural o civilmente. La destrucción es natural cuando las
cosas desaparecen físicamente o sufren una alteración en su naturaleza misma,
alteración que debe ser de importancia. Son civilmente consumibles aquellas cosas en
las cuales su primer uso implica su enajenación. De lo anterior se desprende que son
objetivamente no consumibles aquellas cosas que no se destruyen ni natural ni
civilmente con el primer uso. Son subjetivamente consumibles los bienes que según el
destino que tengan para su titular, su primer uso importa enajenarlos o destruirlos. Por
lo anterior, son subjetivamente no consumibles aquellos bienes en que el primer uso no
importa enajenación o destrucción. Esta clasificación tiene importancia porque hay
ciertos actos jurídicos que no pueden recaer sobre cosas consumibles. Así sucede, por
ejemplo, con el contrato de arrendamiento de cosas corporales: en este contrato
el arrendatario obtiene el derecho de goce sobre la cosa, pero sobre él pesa la obligación
de conservar la misma y restituirla al final del contrato (art.1915, 1939 y 1947 CC). Lo
mismo sucede con el contrato de comodato, el que tampoco puede recaer en bienes
consumibles (art.2174); el mutuo recae sobre cosas consumibles (art.2196 CC). V.-
Bienes fungibles y bienes no fungibles Si bien el CC incurre en un error, la doctrina es
clara en cuanto a los bienes fungibles y no fungibles. Bienes fungibles son los que
pueden reemplazarse recíprocamente en el cumplimiento de la obligación entre las
partes. Es decir, la idea de la cosa fungible descansa sobre la noción de equivalencia,
de reciprocidad entre una y otra cosa, y no en la destrucción de la cosa, sea natural o
civilmente. Los bienes fungibles tienen un mismo poder liberatorio, o sea, con cualquiera
de éstos bienes el deudor puede dar cumplimiento a su obligación, no importando al
acreedor cuál de estos bienes reciba en pago de lo que se le debe. El bien fungible puede
sustituirse por otro de igual género o calidad. Hay equivalencia entre todos estos bienes,
siempre que sean del mismo género y de la misma calidad (el bien que es esencialmente
fungible es el dinero). Bienes no fungibles son los que por su individualidad no pueden
ser reemplazados por uno equivalente. No hay equivalencia en las cosas no fungibles y,
por lo tanto, no puede haber reemplazo por otro del mismo género o calidad. Cuando se
trata de cosas no fungibles (por ejemplo: una obligación) el deudor, para cumplir la
obligación, deber entregar específicamente aquella cosa debida, no pudiendo entregar
otra. Relación entre la consumibilidad y la fungibilidad Aún cuando el CC incurre en una
confusión en el art.575, son distintas las cosas fungibles de las consumibles, porque en
la clasificación de cosa en consumible y no consumible se atiende a la destrucción de la
cosa en el primer uso; mientras que en la clasificación de cosas fungibles y no fungibles
se mira al poder liberatorio o a la equivalencia de estos bienes. VI.- Bienes principales y
bienes accesorios Principales son los que existen por sí mismos, en forma independiente
de la existencia de otros bienes. Accesorios son aquellos que para existir necesitan de
otros bienes. Así, el suelo es un bien principal, en tanto que los árboles son
accesorios. En nuestro sistema jurídico debe tenerse presente que los inmuebles
por adherencia y por destinación son accesorios del inmueble por naturaleza. Con
respecto a los derechos reales encontramos algunos que son accesorios como la prenda
y la hipoteca (art.46 CC). VII.- Bienes divisibles y bienes indivisibles Desde un punto de
vista físico todos los bienes corporales son divisibles; jurídicamente hay otro concepto
de divisibilidad: uno físico y otro intelectual. a. - Son físicamente divisibles los bienes que
pueden separarse en partes sin perder su individualidad, por ejemplo: un líquido como
el agua es divisible, en cambio, un animal es físicamente indivisible. b. - Son
intelectualmente divisibles las cosas o derechos que pueden separarse en partes
sociales, aunque no puedan serlo físicamente. Desde este punto de vista todos los
bienes, corporales o incorporales, son divisibles. Lo interesante aquí es destacar que los
bienes incorporales (derechos), por su naturaleza y al no tener consistencia física, sólo
son intelectualmente divisibles y, por disposiciones legales, hay ciertos derechos que no
pueden dividirse no siquiera intelectualmente: tal es el caso del derecho de servidumbre
(art.826 y 827 CC), porque este derecho no puede pertenecer en partes o cuotas a varios
titulares, porque el titular de la servidumbre va a poder ejercer su derecho en su totalidad
o integridad; sin embargo, esto no obsta a que existan varios titulares de un derecho de
servidumbre sobre un mismo predio, pudiendo cada uno de ellos ejercerlo en su
integridad (aquí hay varios derechos de servidumbre con distintos titulares). VIII.- Bienes
singulares y bienes universales El CC no se refiere a ella, pero la alude en numerosas
disposiciones, así por ejemplo, en los arts.1317, 951, 788 y 2504. Bienes singulares son
los que en sí mismos constituyen una sola unidad natural o artificial y pueden ser simples
o complejos: a) Simples son aquellos que en sí mismos son de una indivisión de carácter
unitario, por ejemplo: un caballo. b) Complejos o compuestos son aquellos que si bien
constituyen una sola unidad, esta se forma por la unión física de diversas cosas de
carácter singular, por ejemplo: un edificio. Bienes universales son agrupaciones de
cosas singulares que no obstante conservar su individualidad propia (sin conexión
física), forman un todo al estar unidas por un vinculo de igual destino, recibiendo una
denominación común. Por ejemplo: una biblioteca. Las universalidades se clasifican en
dos grupos: de hecho y de derecho o jurídicas. a) universalidades de hecho. Pueden
definirse como el conjunto de bienes muebles de igual o distinta naturaleza que, a pesar
de estar separados entre ellos y de conservar la individualidad que le es propia, forman
un solo todo y ello por estar vinculados por una común destinación, generalmente de
carácter económico. Es importante resaltar que los bienes que conforman la
universalidad de hecho pueden ser de igual o distinta naturaleza; de igual naturaleza
sería una colección filatélica, una biblioteca o un rebaño (art.788), cada uno de los bienes
que conforman estas colecciones permanece separado de los demás, conservando su
individualidad, pero tienen una común destinación. También puede haber universalidad
de hecho formada por bienes de naturaleza distinta; ello sucede, por ejemplo, en el
establecimiento mercantil o comercial, en el cual se integran un conjunto de bienes de
carácter corporal e incorporal (productos para la venta, instalaciones, derecho de llaves,
patente comercial, etc.). Las universalidades de hecho presentan las siguientes
características comunes: 1.- Están conformadas por un conjunto de bienes muebles
autónomos y distintos entre ellos: el hecho de ser autónomos o
independientes diferencia la universalidad de hecho de las cosas singulares
compuestas, en las cuales también hay un conjunto de bienes, pero que no conservan
su autonomía, sino que existe entre ellos una unión física o material de modo que el
conjunto de cosas pasa a formar una cosa distinta. Los bienes que componen la
universalidad de hecho tienen individualidad propia, cada uno de los elementos
componentes es en sí, conservando aisladamente el valor económico que le
corresponde. No tienen el carácter de universalidad de hecho las cosas que solamente
en conjunto pueden cumplir la función a que están destinadas, ello porque al tener que
cumplir una función en forma conjunta existe una vinculación entre ellas que impide a
cada una cumplir una función distinta de la función para la cual se destinó. Ejemplo: un
par de zapatos. En cambio, en la universalidad de hecho cada uno de los bienes que
la conforman, considerados en forma independiente, cumplen su función y tienen su
valor, pero si se les considera en su conjunto acrecientan la función que cumplen y
generalmente aumentan el valor de los bienes. 2.- Lo que caracteriza a la universalidad
de hecho es la común destinación de los bienes que la conforman, destinación que
muchas veces tiene un carácter económico. Es esta común destinación la que hace
aparecer a todos los bienes que conforman la universalidad de hecho como un solo
todo. 3.- Dentro de las universalidades de hecho puede hacerse una distinción en dos
categorías: colecciones: son universalidades de hecho que se caracterizan por tener
una composición homogénea, por lo que los elementos que la componen son de igual
naturaleza. ( explotaciones (entre ellas está el establecimiento comercial):
se caracterizan por estar formadas por bienes diversos, en ellas se comprenden bienes
de distinta naturaleza y, aún más, algunos de ellos corporales y otros incorporales. Lo
que constituye los lazos de unión entre todos estos bienes son las relaciones existentes
entre ellos, que hace que configuren un medio en su conjunto para obtener un fin
determinado. En las universalidades de hecho no hay elemento pasivo, sólo existe
el elemento activo. b) universalidades de derecho o jurídicas. Pueden definirse como el
conjunto de relaciones (derechos y obligaciones) constituidos sobre una masa de bienes,
reguladas de un modo especial por la ley y que forman desde el punto de vista jurídico
un solo todo (constituye una abstracción jurídica). Los elementos de la universalidad
jurídica son: 1.- Que sobre una masa patrimonial se hayan constituido
relaciones jurídicas. 2.- Que dichas relaciones se regulen de un modo distinto al
común. 3.- Que de esta regulación se deduzca que la ley considera el conjunto como si
fuera un ente distinto de cada uno de los bienes que individualmente lo componen. Se
caracteriza la universalidad de derecho por encontrarse en ella tanto un activo como un
pasivo. Los elementos que conforman el activo están ligados entre sí por la necesidad
de responder ante el eventual pasivo que exista; se presenta claramente esta relación
de activo a pasivo en la más característica universalidad de derecho, esto es, la
herencia. En esta universalidad tiene plena aplicación la figura de la subrogación, esto
consiste en que de ella pueden salir bienes que son reemplazados por otros, ejemplo:
sale un libro y entra dinero, esta es una subrogación real, es decir, de cosa a cosa. Las
universalidades de derecho se nos presentan bajo variadas denominaciones en el
campo jurídico y no generalmente con el nombre de universalidades de derecho; estas
universalidades de derecho tienen su propia regulación, no necesariamente igual en
cada caso. Está fuera de discusión que la herencia es una universalidad de derecho. Hay
un sector de la doctrina que también considera universalidades de derecho al patrimonio
de la sociedad conyugal, al patrimonio del fallido y al del ausente, al patrimonio reservado
de la mujer casada, el peculio profesional de los hijos de familia. IX.- Bienes presentes y
bienes futuros Esta clasificación se hace atendiendo a si los bienes existen o no
al momento de establecer la relación jurídica. Si ellos existen realmente cuando se
constituye la relación jurídica, son bienes presentes; aquellos que no existen al momento
de constituirse la relación jurídica, pero que se espera que existan, son bienes futuros.
En la compraventa se establecen normas sobre este contrato cuando recaen sobre
bienes presentes o futuros (art.1813). Según ello, los bienes futuros pueden clasificarse
en: de existencia esperada y de existencia no esperada, atendiendo a la posibilidades
de existencia que a su respecto se presentan. X.- Bienes comerciables y bienes
incomerciables Se hace esta distinción atendiendo a si los bienes pueden o no ser
objeto de relaciones jurídicas por los particulares. a. - Son comerciables aquellos que
pueden ser objeto de relaciones jurídicas privadas, o sea, aquellos sobre los cuales los
particulares pueden tener o ser titulares de un derecho determinado. A estos bienes
se refiere el art.1461, cuando señalan que las cosas deben ser comerciables para ser
objeto de un acuerdo o manifestación de voluntad. b. - Son incomerciables aquellos
bienes que no pueden ser objeto de relaciones jurídicas privadas. La regla general es
que las cosas sean comerciables, pero hay ciertas cosas que están sustraídas de las
relaciones jurídicas privadas, que no pueden ser objeto de actos jurídicos por parte de
los particulares. Algunas no forman parte de los bienes comerciables en razón de
su naturaleza, por ejemplo: alta mar; hay otras que no son susceptibles de dominio por
los particulares por el uso que se les da, por ejemplo: los bienes nacionales de uso
público (art.589 CC). Lo que caracteriza a las cosas incomerciables es que no pueden
ser objeto de ningún derecho privado. No sucede lo mismo con las cosas que están
afectas a una prohibición de enajenar, porque no obstante existir esa prohibición, ellas
no dejan de ser objeto de derecho privado. Es distinto el concepto de inalienable con el
de incomerciables. Una cosa es inalienable cuando no puede ser enajenada y es
incomerciable cuando no puede formar parte de un patrimonio privado. Lo que sucede
es que las cosas incomerciables son inalienables como consecuencia de la imposibilidad
de ingresar a un patrimonio privado. Pero, hay bienes que están en el comercio porque
forman parte del patrimonio privado, pero que no pueden enajenarse. Estos son los
bienes de tráfico prohibido: son de este tipo, en general, las cosas sobre las cuales existe
una prohibición de enajenación, la que puede ser de carácter absoluto o relativo. Si la
prohibición es absoluta, la enajenación no puede efectuarse en forma alguna; si es
relativa, puede realizarse la enajenación si concurren ciertos y determinados
requisitos. Las cosas inalienables o de tráfico prohibido están contempladas en los Ns.1
y 2 del art.1464, que son de prohibiciones de carácter absoluto, y en los Ns.3 y 4 se
refiere a cosas afectas a prohibiciones relativas. XI.- Bienes Apropiables y bienes
inapropiables. Esta clasificación esta íntegramente ligada a la anterior y atiende a si los
bienes son o no susceptibles de propiedad. Entre los bienes Apropiables se puede
distinguir entre: Bienes apropiados y Bienes inapropiados. También se distingue entre
los susceptibles de apropiación por los particulares y los no susceptibles de apropiación
por los particulares. Bienes inapropiados son aquellos que, aún siendo susceptibles de
dominio, carecen de dueño. Puede ser que estos bienes no hayan tenido
nunca propietario (res nullíus), o bien, puede que hayan tenido propietario y que este los
haya abandonado con la intención o ánimo de desprenderse de ellos (res
derelictae). Esta clasificación cobra importancia en el modo de adquirir
llamado ocupación y hay que tener presente que la existencia de bienes inapropiados se
limita exclusivamente a la existencia de bienes muebles (mostrencos) y no inmuebles
(vacantes), en virtud de lo dispuesto en el art.590 CC: Son bienes del Estado todas las
tierras que, estando situadas dentro de los límites territoriales, carecen de otro dueño.
La segunda clasificación dentro de este mismo grupo está en: a.- bienes susceptibles de
apropiación por los particulares. b.- bienes no susceptibles de apropiación por los
particulares. La regla general es que los bienes sean susceptibles de apropiación por
los particulares. Pero, hay ciertos bienes que aún cuando por su naturaleza
son susceptibles de tal apropiación, quedan sustraídos de ella en razón de intereses
generales. Es lo que sucede con las calles, caminos, etc. Entre nosotros se denomina a
los bienes de dominio de los particulares como bienes privados o particulares; y a los
bienes de la nación, bienes nacionales, como denominación de carácter general. XII.-
Bienes privados y bienes nacionales. Los bienes nacionales (art.589) se dividen en dos
grupos: 1.- Bienes fiscales o del Estado. 2.- Bienes nacionales de uso público. Art. 589
CC Se llaman bienes nacionales aquellos cuyo dominio pertenece a la nación toda. Si
además su uso pertenece a todos los habitantes de la nación, como las calles, plazas,
puentes y caminos, el mar adyacente y sus playas, se llaman bienes nacionales de uso
público o bienes públicos. Los bienes nacionales cuyo uso no pertenece generalmente a
los habitantes, se llaman bienes del Estado o bienes fiscales. 1.- Bienes fiscales o del
Estado. Son aquellos cuyo dominio pertenece a la nación toda, pero cuyo uso
no pertenece generalmente a todos los habitantes (art.589 inc.3). Estos bienes se
encuentran sustraídos al uso general. No obstante, pertenecen a la nación toda por
diversas razones: Porque ellos se usan en forma exclusiva en el cumplimiento de una
función o servicio del Estado (una oficina de correos, oficina de impuestos internos, un
cuartel de policía), los cuales pueden ser usados por los particulares cuando hagan uso
del servicio al cual están destinados, debiendo ajustarse este uso a la reglamentación
del servicio respectivo. Hay otros bienes que están sustraídos al uso general por su
naturaleza, como sucede con los yacimientos que pertenecen al Estado. Pero éste
puede conceder su uso, goce y aprovechamiento a los particulares con las condiciones
y requisitos que se establezcan en las leyes respectivas. Hay otros bienes que también
pertenecen al Estado como las tierras que, estando situadas dentro de los límites
territoriales, carecen de otro dueño (art.590 CC); las nuevas islas que se formen en el
mar territorial o en ríos y lagos que puedan navegarse por buques de más de 100
toneladas (art.597 CC); los impuestos y contribuciones que recibe el Estado, los bienes
que conforme a la ley caen en comiso y las multas que se aplican a beneficio fiscal, entre
otros. La característica que permite distinguir un bien fiscal de un bien nacional de uso
público es justamente si el uso de ellos pertenece o no a todos los habitantes. En general,
puede decirse que los bienes del Estado o fiscales están sujetos a las reglas del derecho
privado, sin perjuicio de las excepciones que establezcan las leyes particulares al
respecto (ver art.60 N.10 CPE). Es decir, estos bienes fiscales están en la misma
situación que los bienes de los particulares, por consiguiente, pueden
enajenarse, gravarse o ganarse por prescripción (art.2497 CC). 2.- Bienes nacionales de
uso público. De acuerdo con el art.589 CC estos bienes son aquellos cuyo
dominio pertenece a la nación toda y cuyo uso pertenece a todos los habitantes de la
nación, como el de calles, plazas, puentes y caminos, el mar adyacente y sus playas. Por
esta razón de que el uso pertenece a la nación toda, estos bienes tienen que
administrarse en forma de asegurar el uso y goce público de ellos, correspondiendo su
administración a los servicios públicos respectivos. Estos bienes nacionales de uso
público no pueden ser objeto de apropiación por los particulares, ni tampoco pueden ser
gravados con derechos que importen un limitación o desmembramiento del derecho que
sobre ellos corresponde a la totalidad de la nación. Sin embargo, la autoridad puede
otorgar autorización a ciertos particulares para el uso privativo de estos bienes (arts.598
y 602 CC); la forma en que se concede este uso privativo es materia reglamentada por
las normas de derecho administrativo. Los bienes nacionales de uso público admiten
diversas clasificaciones, y aquí hay que distinguir entre dominio público marítimo,
dominio público fluvial y lacustre, dominio público terrestre y dominio público aéreo. a. -
dominio público marítimo: aquí hay que distinguir entre el mar adyacente, el mar
territorial, la zona contigua y la alta mar. Dentro del mar adyacente se encuentra la
clasificación del mar territorial y la zona contigua. La alta mar se extiende desde las 24
millas marinas medidas desde las respectivas línea de base hacia adentro. La alta mar
es cosa común a todos los hombres, su uso es universal y es reglamentado por el
derecho internacional. La regla general es que la línea de base coincide con la línea de
más baja marea, salvo en costas desmembradas, en que se toma de la parte que más
sobresale del territorio. El mar adyacente es el que se encuentra más próximo a la costa
y queda comprendido dentro de las 24 millas marinas medidas desde la respectiva línea
de base. Dentro de éste es posible distinguir al mar territorial que se extiende hasta las
12 millas marinas medidas desde las respectivas línea de base, este mar territorial se
establece para los efectos de la sanción de infracción de leyes y reglamentos aduaneros,
fiscales, de inmigración y sanitarios, como asimismo por razones económicas (reserva
del cabotaje y la pesca en los límites del mar territorial a los nacionales y
extranjeros domiciliados, art.611 inc.1 CC). En general, se puede decir que este mar
territorial forma parte del territorio nacional, de manera que ejerce plena jurisdicción el
Estado sobre el mar territorial, constituyendo un bien nacional de uso público. Pero el
derecho de policía, para objetos concernientes a la seguridad del país y a la observancia
de las leyes fiscales, se extiende hasta la distancia de 24 millas medidas desde la
respectiva línea de base: aquí estamos en presencia de la zona contigua o
complementaria de que habla la doctrina y a la cual nuestro CC se refiere en su art.593
segunda parte, pero sin darle un nombre especifico. Entonces, esta disposición del
art.593 CC alude al mar adyacente, o sea, el mar inmediato a la costas y lo divide en 2
zonas: a la más próxima la llama mar territorial; a la otra zona, limitada para el derecho
de policía, no le da un nombre, pero es la zona complementaria de que habla la
doctrina. Pero en esta materia hay que tener presente que el mar adyacente se extiende
hasta 200 millas marinas contadas en igual forma. Este espacio toma el nombre de zona
económica exclusiva. En esta zona, el Estado ejerce derecho de soberanía para la
exploración, explotación y conservación de recursos naturales, tanto de las aguas como
del lecho del mar, vivos o no vivos, pudiendo el Estado desarrollar cualquier actividad
económica en esta zona y teniendo además la soberanía exclusiva sobre la
plataforma continental para su explotación, conservación y exploración (art.596 CC). Hay
que tener presente que el art.593 fue sustituido por la ley 18565 (23 de octubre de 1986)
y que el art.596 fue incorporado al CC por dicha ley. Antes, para el mar territorial se
hablaba de una legua marina y para la zona contigua de 4 leguas marinas y el CC no
hablaba de las 200 millas marinas, sino que éstas eran un producto de un tratado
internacional entre Chile, Perú y Ecuador, sobre conservación y explotación de las
riquezas marítimas del Pacifico Sur, que ampliaba a zona contigua hasta 200 millas para
la exploración, explotación y conservación de riquezas marinas. Este tratado fue
aprobado por el D.S. 432 del 23 de septiembre de 1954, publicado en el Diario Oficial el
22 de noviembre de 1954, no obstante que este acuerdo se suscribió el 18 de agosto de
1952 en Santiago. Este acuerdo ha tenido trascendencia internacional, porque estos
fueron los primeros países en extender a 200 millas, principio que fue fuertemente
resistido, especialmente por las dos grandes potencias. También son bienes nacionales
de uso público las playas de mar (art.589 CC) que se definen en el art.594 en una
definición que ha recibido elogiosos comentarios: Se entiende por playa de mar la
extensión de tierra que las olas bañan y desocupan alternativamente hasta donde llegan
en las más altas mareas. Los art.612, 613 y 614 CC facultan a los pescadores para hacer
uso de las playas y tierras contiguas hasta la distancia de 8 metros y medio para pescar,
todo esto medido desde la línea de más baja marea. b.- Dominio público fluvial y lacustre:
comprende todas las aguas territoriales y a él se refiere el art.595: Todas las aguas son
bienes nacionales de uso público. c.- Dominio público terrestre: comprende todos los
bienes nacionales de uso público que se encuentren en la superficie de la tierra (arts.589
y 592). El uso y goce de estos queda sujeto a la utilidad pública y se
encuentra reglamentado en diversas leyes como la ley orgánica de
municipalidades. Ahora, en relación con los caminos y puentes, hay que tener presente
que no todos son bienes nacionales de uso público, sino que algunos son de
dominio particular y también pueden tener esta calidad otros bienes, aun cuando su uso
sea público. Art.592 CC Los puentes y caminos construidos a expensas de
personas particulares en tierras que les pertenecen, no son bienes nacionales, aunque
los dueños permitan su uso y goce a todos. Lo mismo se extiende a cualesquiera otras
construcciones hechas a expensas de particulares y en sus tierras, aun cuando su uso
sea público, por permiso del dueño. d.- Dominio público aéreo: está formado por todo el
espacio a'reo sobre el territorio nacional, el cual está sujeto a la soberanía chilena. Uno
de los problemas que se está actualmente planteando es determinar hasta dónde llega,
sobre todo por la proliferación de los satélites'. El derecho real de dominio Los
derechos que recaen sobre bienes se denominan derechos patrimoniales porque
representan un valor en dinero; y se llaman reales porque se tienen sobre una cosa sin
respecto a determinada persona. Entre los derechos reales tenemos al dominio, también
denominado por algunos autores como la suma de todos los derechos reales, porque en
el dominio se conjugan todas las facultades que confieren los demás s derechos reales.
Los derechos reales distintos del derecho de dominio se caracterizan, en general, por ser
desmembramientos o fraccionamientos del derecho de dominio. Por ello, el titular de uno
de estos derechos reales sólo tendrá alguna o algunas de las facultades que el derecho
de dominio confiere, las que le han sido conferidas por el dueño para ser ejercidas en
una cosa ajena: ello sucede en el usufructo, uso o habitación, prenda, hipoteca y
servidumbres activas. En lo que se refiere al derecho real de herencia, merece una
mención aparte, pues él no recae sobre una cosa singular, sino que su objeto es
una universalidad jurídica, cual es el patrimonio de una persona difunta. El derecho de
dominio es el que confiere al titular las más amplias facultades sobre la cosa, no hay otro
derecho real que confiera a su titular facultades de tal extensión. Art. 582 CC El dominio
(que se llama también propiedad) es un derecho real en una cosa corporal para gozar y
disponer de ella arbitrariamente, no siendo contra ley o derecho ajeno. La propiedad
separada del goce de la cosa, se llama mera o nuda propiedad._ Debe entenderse no
sólo el dominio circunscrito a las cosas corporales, sino también sobre las incorporales
(art.583). No es que haya una propiedad especial distinta del dominio, sino que como es
ejercido sobre una cosa incorporal, tendrá sus particularidades. Debemos establecer una
relación entre el art.583 y el art.19 n.24 de la Constitución que confiere el derecho de
propiedad sobre bienes corporales e incorporales. Otra protección constitucional que
garantiza el derecho de propiedad es el art.19 n.23 que confiere la libertad para adquirir
toda clase de bienes, salvo que una ley de quórum calificado limite esta facultad. Se usan
los términos dominio y propiedad como sinónimos, este es en general el sentir
mayoritario de la doctrina moderna que se inclina por hacer sinónimas ambas
expresiones. Sin embargo, hay quienes les dan significados diversos, reservando
la expresión dominio para el derecho que recae sobre las cosas materiales, y la voz
propiedad se considera de carácter más amplio para denominar todo género de derecho
susceptible de apreciación pecuniaria. Pero, la opinión mayoritaria (que también sigue el
CC), es la de darles el mismo sentido a ambas expresiones. Caracteres del Dominio 1.-
Es absoluto, lo que puede tomarse en dos sentidos: a) como que el dueño o titular de
este derecho puede ejercer sobre la cosa todas las facultades posibles; esto significa
que el titular posee la suma de facultades que le son conferidas por la ley. b) como que
el titular del derecho de dominio tiene un poder soberano para usar, gozar y disponer de
la cosa a su arbitrio sin que nadie pueda limitarle su ejercicio. Esta concepción de que el
derecho de dominio confiere a su titular un poder ilimitado, es decir, una facultad que le
permita hacer lo que a el le plazca, es considerada como una concepción exagerada,
porque debe tomarse en cuenta que el titular del derecho de dominio, según la ley,
tiene efectivamente facultades libres y exclusivas; pero sólo dentro de los límites que el
mismo dominio fija con anterioridad. Estos límites dentro de los cuales puede ejercerse
el derecho de dominio son impuestos para determinar el real contenido del derecho de
dominio, o sea, no son limitaciones externas que vienen a restringir en alguna forma el
derecho de dominio, como sucede en aquel caso en que se establezcan
algunos derechos reales que limiten las facultades del titular, como sucedería si se
constituyera un usufructo sobre un inmueble, pues en tal caso, el titular del dominio vería
limitado el ejercicio de su dominio, porque un tercero es titular del derecho de usufructo
sobre el mismo inmueble. No es a esta clase de limitación a la que nos referimos, sino a
las limitaciones establecidas por la ley para determinar el sentido y alcance de las
facultades que confiere el derecho de dominio. Del tenor del art.582 puede concluirse
que es esta la concepción que consagra el legislador, porque, si bien es cierto que entre
nosotros el derecho de dominio confiere facultades a su titular que pueden ser ejercidas
en forma absoluta, también establece limitaciones dentro de las cuales van a poder
ejercerse esas facultades. Estas limitaciones son: la ley y el derecho ajeno. 2.- Es
exclusivo. Significa que el derecho de dominio supone un solo titular que va a ejercer las
facultades que confiere este derecho y dotado de la potestad suficiente como para
impedir que terceros se inmiscuyan, limiten o coarten el ejercicio de sus facultades. Esta
exclusividad no obsta a que conjuntamente con el derecho de propiedad puedan existir
sobre la misma cosa otros derechos reales con titulares distintos. Nada obsta a que una
persona sea titular del dominio de una casa y que otra tenga un derecho de usufructo
sobre ella. Es perfectamente posible que dos o más personas sean titulares de
un derecho de dominio sobre una misma cosa, correspondiendo a cada uno una parte o
cuota de ese derecho. Lo que no puede haber son dos o más personas como titulares
de un derecho de dominio total sobre la cosa. Se dice que cuando dos o más personas
son titulares de un derecho de dominio sobre una misma cosa, estarían siempre dentro
del derecho de propiedad contemplado en el CC. Existe una sola diferencia: que en un
caso pertenece a una sola persona y, en el otro, a varias personas. Cuando el derecho
de dominio tiene varios titulares hablaremos de copropiedad o condominio y, al respecto
es necesario establecer si este condominio o copropiedad es el mismo derecho de
dominio al cual se refiere el art.582: Algunos estiman que son derechos distintos, porque
en el condominio desaparecería la característica de exclusividad propia del dominio.
Sin embargo, el sentir mayoritario es que no son cosas distintas, sino que el dominio y
el condominio son una clase de derecho, existiendo una distinción solamente en que en
un caso hay un solo titular de un derecho y en el otro hay varios titulares, y que esto, en
manera alguna se opone al carácter exclusivo del dominio, porque cuando hay
copropiedad existe un solo derecho con varios titulares cuotativos del mismo, los cuales
podrá n ejercer las facultades inherentes al dominio. Porque a lo que se opone el
carácter exclusivo del dominio es a que sobre una misma cosa existan dos o
más derechos de dominio totales, absolutos y además independientes uno del otro. La
exclusividad se opone a que dos o más personas sean titulares de la totalidad del
derecho de dominio, situación que no se presenta en la copropiedad, pues en ella cada
dueño o copropietario, individualmente considerado, no es titular de la totalidad del
derecho de dominio, sino que sólo de una parte o cuota de un mismo derecho de
dominio. 3.- Es perpetuo. El nombre de esta característica nos indica en que consiste,
esto es, en que no hay a su respecto limitación en cuanto al tiempo. En principio, el
dominio dura tanto como dura la cosa. No se extingue este derecho por su no uso o por
su no ejercicio, pues el dominio se pierde cuando, entre otras causales, la persona deja
de tener la posesión de la cosa y ella es adquirida por un tercero, quien la posee durante
el tiempo necesario para que opere la prescripción adquisitiva, teniendo lugar lo
dispuesto en el art.2517: Toda acción por la cual se reclama un derecho se extingue por
la prescripción adquisitiva del mismo derecho. Facultades que confiere el Dominio Son
los atributos que otorga el derecho de dominio y tienen su fundamento en los caracteres
que este derecho tiene. Estas facultades son tres: uso, goce y disposición. Todo
propietario tiene estas tres facultades, salvo que haya constituido un derecho real
limitativo del dominio en favor de un tercero, en cuyo caso se está disponiendo de
algunas de estas facultades. 1.- Facultad de Uso. consiste en aplicar la cosa a los
servicios que ella proporciona, sin entrar a aprovecharse de los frutos de la cosa ni
tampoco a la destrucción de la misma, porque si entra a la apropiación de los frutos de
la cosa estaríamos ante la facultad de goce y si se produjera la destrucción de la misma
estaríamos frente al consumo de la cosa, que es una posibilidad conferida por la facultad
de disposición. Ahora, que el propietario se aproveche de los frutos o destruya la cosa
no tiene mayor trascendencia porque tiene todas las facultades sobre la cosa, pero
si tiene importancia cuando el uso excede de los límites de dicha facultad cuando ella
corresponde a un tercero, porque existe un derecho que da a su titular sólo la facultad
de uso, sin que tenga participación de ninguna especie en los frutos de la cosa. Por otro
lado, el usufructo confiere la facultad de uso y goce de la cosa, pero no atribuciones para
el consumo de la misma. El propietario puede ejercer su facultad de uso en la forma que
a él más le plazca, y así incluso podrá destinar la cosa para fines a los cuales no está
naturalmente destinada y ello porque la única limitación que el propietario tiene es la ley
y el derecho ajeno (art.582). La regla general es que la facultad de uso no se manifieste
en forma aislada, sino que unida a la facultad de goce, con la cual, por regla general,
entra a confundirse y por eso no es extraño que el art.582, al definir al derecho de
dominio, no mencione al uso dentro de las facultades que este derecho confiere a
su titular (no lo señalan como algo distinto del goce). Al parecer, el legislador estimó en
esta disposición que la facultad de uso quedaba comprendida dentro de la facultad de
goce. Esta idea del legislador no siempre es efectiva, porque hay ciertos derechos que
recaen sobre una cosa que no produce frutos y, en tal caso, dichos derechos se limitan
al mero uso de la cosa, como sucedería con una biblioteca. 2.- Facultad de Goce. Es
aquella que habilita para apropiarse de los frutos y productos de la cosa. Es en virtud de
esta facultad que el dueño de una cosa pasa a serlo de lo que ella produce; pero
debemos tener presente que en el CC no se justifica la adquisición de los frutos de una
cosa por el dueño por el ejercicio de la facultad de goce, sino que a través de un modo de
adquirir que es la accesión, que según el art.643: Es un modo de adquirir por el cual el
dueño de una cosa pasa a serlo de lo que ella produce, o de lo que se junta a ella. Los
productos de la cosa pueden ser naturales o civiles. Esta concepción del CC de justificar
la adquisición de los frutos por el propietario a través de la accesión no presenta mayor
utilidad, porque en verdad el propietario de la cosa pasa a serlo de lo que ella produce
no en virtud de la accesión, sino por el ejercicio de la facultad de goce. 3.- Facultad de
Disposición. En virtud del ejercicio de esta facultad el propietario puede destruir,
transformar, degradar, enajenar o transferir la cosa que le pertenece, es decir, en el
ejercicio de esta facultad el propietario puede realizar sobre la cosa cualquier acto que
signifique la transformación de la misma, siempre que dicho acto no sea contra ley
o derecho ajeno. También en ejercicio de esta facultad el propietario puede transferir
este derecho, transmitirlo por causa de muerte o bien limitarlo constituyendo un derecho
a favor de terceros (prenda, hipoteca, por ejemplo). Este atributo faculta al propietario
para realizar prácticamente, sin otros límites que el derecho ajeno y la ley, toda clase de
actos que alteren la forma o sustancia de la cosa o que impliquen su detrimento, que
lleven a su transformación o consumo, que conduzcan a su transferencia o
transmisión, etc.; es decir, la expresión "disponer" se toma en un significado
sumamente amplio. Se sostiene por algunos que esta facultad de disposición es esencial
del derecho de dominio en tal forma que, sin esta facultad, este derecho no podría
concebirse. Es perfectamente concebible un derecho de propiedad separado del uso y
goce (usufructo), en tal caso tenemos un titular de un derecho de dominio que se ha
desprendido de las facultades de uso y goce en favor de un tercero, conservando para
si solamente la facultad de disposición (art.764 y 582 inc.2). Luis Claro Solar nos dice
que la facultad de disposición comprende tanto la disposición de la cosa por actos físicos,
como también por medios jurídicos. Esta facultad de disposición nos lleva a ver un
principio que consagra el CC, cual es el principio de la libertad de disposición. La facultad
de enajenar es por principio irrenunciables, es una facultad de orden público. Se dice
que la facultad de disposición es tan inherente al derecho de dominio que sin esta
facultad no tendría existencia. En el CC encontramos diversas disposiciones que
contemplan y cautelan la libertad de disposición, así por ejemplo: la norma del art.747
que establece la supresión de los fideicomisos perpetuos y de los
mayorazgos, instituciones que atentaban contra la libertad de disposición desde
el momento en que los bienes sobre los cuales éstos se constituían quedaban en manos
de ciertas personas, no pudiendo ser transferidos a terceros. Otras normas que
persiguen el mismo fin son los arts. 1126, 1964, 2031, 2415, etc. Pero, no obstante
consagrarse el principio de la libertad de disposición, hay ciertos casos en que el
legislador autoriza en forma expresa las prohibiciones de enajenar, así por ejemplo: el
art.751 faculta a quien constituye una propiedad fiduciaria para prohibir la enajenación
entre vivos; igual situación contempla el art.1432 en relación con las donaciones entre
vivos y el art.793 inc.3 en virtud del cual el constituyente del usufructo puede prohibir al
usufructuario ceder o enajenar su usufructo. Cláusulas de no enajenar El principio de
la libertad de disposición nos plantea un problema en aquellos casos en que el legislador
no ha permitido el establecimiento de la prohibición de enajenar. ¿Podrán las partes, por
su sola voluntad disponer prohibiciones de enajenar? Esto nos enfrenta al problema de
la validez de las cláusulas convencionales de no enajenar, es decir, la limitación
convencional de la facultad de disposición. Un sector de la doctrina se inclina por la
validez de estas cláusulas y se basan en que se está en materia de derecho privado,
en el cual puede hacerse todo aquello que no esta' prohibido por la ley, luego, nada obsta
a que pueda convenirse una cláusula de no enajenar, a menos que exista
una disposición expresa que lo prohíba, añadiendo que no hay una disposición
de carácter general que prohíba las cláusulas convencionales de no enajenar, sino que
al contrario, hay algunos casos particulares en que el legislador prohíbe las cláusulas de
no enajenar (arts.1964, 2031, 2415 CC); concluyen diciendo que si el legislador prohíbe
estas cláusulas en determinados casos, ello es porque la regla general es la de la libertad
para convenir estas cláusulas. Indican que el dueño puede desprenderse de todas las
facultades que le confiere el derecho de dominio y es justamente eso lo que hace
cuando enajena la cosa, cuando transfiere el derecho real de dominio; y si
puede desprenderse de todas las facultades que el dominio confiere -que es lo mismo-,
también puede renunciar al ejercicio de una de esas facultades como es la disposición -
que es lo menos-. Finalmente, argumentan con el art.53 N.3 del Reglamento del
Registro Conservatorio de Bienes Raíces, que señalan: Pueden inscribirse: 3.- Todo
impedimento o prohibición referente a inmuebles, sea convencional, legal o judicial, que
embarace o limite de cualquier modo el libre ejercicio del derecho de enajenar...; dicen
que aquí el legislador esta reconociendo implícitamente la validez de las cláusulas de no
enajenar. Ahora, si se acepta la validez de estas cláusulas, cuál sería la consecuencia
de su infracción? Para algunos se trataría aquí de una institución similar al
embargo ordenado por el juez y, por consiguiente, el acto en que se procede a
la enajenación de la cosa contraviniéndose la prohibición convencional adolecería de
nulidad absoluta, conforme al art.1464 n.3. Otros estiman que en este caso no puede
haber nulidad, porque la nulidad es una sanción establecida por la ley para la infracción
de sus propias disposiciones y no para la violación de los pactos entre las partes, estiman
que las cláusulas de no enajenar constituyen una obligación de no hacer y que su
incumplimiento daría derecho a la indemnización de perjuicios conforme al art.1555 CC:
Toda obligación de no hacer una cosa se resuelve en la de indemnizar los perjuicios, si
el deudor contraviene y no puede deshacerse lo hecho. ( Otro sector de la doctrina
sostiene que dichas cláusulas no tienen validez. Se fundan, entre otras cosas, en el
principio de la libre circulación y disposición de los bienes, el cual está consagrado en
el propio texto del CC y en su mensaje, con la característica muy especial de que las
normas que cautelan la libre circulación de los bienes son de orden público y es
justamente este carácter el que impide que la voluntad de las partes pueda establecer
limitaciones a dicha facultad. Señalan que sólo el legislador podría establecer
excepciones a estas normas de orden público que consagran la libre circulación de los
bienes. En segundo lugar, indican que si pudiera pactarse libremente las cláusulas de no
enajenar, no habría razón alguna para que el legislador las hubiera autorizado
expresamente para ciertos y determinados casos. En tercer lugar, hay diversas
disposiciones del CC de carácter general que se oponen a esta cláusula, como sucede
con los arts.582 y 1810: Pueden venderse todas las cosas corporales o incorporales cuya
enajenación no está' prohibida por ley. Indican que el art.582 tiene una parte de la
cual cabe desprender que no pueden establecerse cláusulas de no enajenar: "...disponer
de ella arbitrariamente...". El cuarto argumento que se da tiene por objeto destruir uno
de los fundamentos principales de la tesis anterior, que es la disposición del art.53 n.3
del Reglamento del Registro Conservatorio de Bienes Raíces. Tomando como base el
mismo artículo, dice que no puede concluirse que el legislador está aceptando la validez
de las cláusulas de no enajenar; al contrario, este artículo está permitiendo hacer una
inscripción, pero no significa que la está exigiendo. Por lo tanto, la infracción a
este precepto no tiene sanción; además señalan que el art.53 n.3 está contenido en un
reglamento -aunque es discutible, pues la dictación de este reglamento se realizó en
virtud del propio CC (art.695) y tendría fuerza de ley- y las disposiciones contrarias a la
cláusula están contenidas en la ley (CC) y el reglamento no puede sobrepasar las
disposiciones de la ley. Ahora, de acuerdo con esta tesis, ¿qué sucede si se pacta una
cláusula convencional de no enajenar? Se estima que esa cláusula sería
nula absolutamente por adolecer de objeto ilícito, porque contraviene normas de orden
público al impedir la libre circulación de los bienes. La jurisprudencia ha resuelto en el
caso de estas cláusulas que si se contraviene el pacto no habría nulidad absoluta por
objeto ilícito fundado en una contravención del art.1464 n.3, como sustentan algunos
partidarios de la validez de estas cláusulas. Sostiene que el art.1464 n.3 señalan que hay
objeto ilícito cuando se contraviene una prohibición judicial de enajenar y en estas
cláusulas se estaría solamente ante prohibiciones de carácter convencional, la cual no
se incluye en el art.1464 n.3. Sostienen los tribunales que estas cláusulas comprenden
una obligación de no hacer y que si se infringe una obligación de no hacer, es decir, si
se hace aquello que no debía hacerse, la otra parte tiene el derecho de
demandar indemnización de perjuicios (art.1555). Hay otro sector que estima
que cuando se conviene una cláusula se habría establecido una condición resolutoria,
que consistiría en el incumplimiento de una obligación contractual: la de no disponer de
la cosa; de tal manera que si se contraviene la prohibición de no enajenar se estaría
incumpliendo la obligación y operaría la condición resolutoria y se estaría concluyendo
el contrato, pudiendo también alegarse su cumplimiento. Es importante tener presente
que nos referimos a las cláusulas convencionales de no disponer, esto es, a aquellas
cláusulas convenidas e incorporadas en el acto jurídico por la sola voluntad de las partes;
porque hay prohibiciones de no disponer establecidas por la ley, las cuales tienen plena
e indiscutida eficacia y su infracción adolece de nulidad absoluta por objeto ilícito
(art.1464 parte final). Estas prohibiciones legales se encuentran en diversas leyes y
normalmente persiguen fines específicos, por ejemplo: la ley que prohíbe enajenar la
vivienda adquirida por subsidio habitacional. Esto para que la persona tuviera casa
donde habitar y no hiciera uso lucrativo de ella. Hay que tener cuidado, ya que a veces
en el contrato en que se celebran estas compraventas de viviendas, se
repite normalmente la norma que establece la prohibición legal y si esta cláusula tiene
su origen en la ley, es indudable que la sanción a su infracción es la nulidad absoluta,
aunque ésta figure en el contrato. Por último, hay que tener presente que las cláusulas
convencionales de no enajenar pueden concebirse en términos relativos o absolutos. En
términos relativos, cuando la persona queda obligada a no disponer de la cosa durante
cierto período de tiempo, por ejemplo: mientras dure el contrato de arrendamiento.
Sería en términos absolutos cuando la persona se compromete a no disponer jamás
de la cosa. Los tribunales de justicia, sin excepción, rechazan la validez de las cláusulas
convencionales de no disponer concebidas en términos absolutos, porque afirman que
respecto de ellas no cabe la menor duda que ésta. entraban o limitan la libre circulación
o disposición de los bienes. Las concebidas en términos relativos también constituyen
una limitación a esa facultad, pero, concebidas durante un cierto lapso de manera que,
transcurrido el período, habrá plena posibilidad de disponer.
Limitaciones al dominio El CC al definir el derecho de dominio en el art.582 pareciera
a primera vista indicar que ese derecho no tiene prácticamente limitaciones, pero
a continuación el legislador señalan dos grandes limitaciones al derecho y al ejercicio de
las facultades que confiere el dominio, que son la ley y el derecho ajeno.

1.- La Ley. A través de la ley son numerosas las limitaciones que se han impuesto
al derecho de dominio, las que persiguen diversas finalidades: seguridad, estática, bien
público, etc.; algunas se encuentran en la ley Orgánica de Municipalidades, en la ley de
servicios eléctricos, en la ordenanza general de construcción y urbanización. Entre las
limitaciones establecidas por la ley, una muy importante es la posibilidad de expropiación
de los bienes por causa de utilidad pública. La limitación es tan grande que se llega
a privar al titular del derecho de dominio por causa de utilidad pública, de acuerdo con la
ley.

2.- El Derecho Ajeno. Es una limitación que hay que considerar con detención y
cuidado, porque puede ser fuente de diversos problemas. Al decir el legislador que puede
el dueño disponer y gozar de sus bienes arbitrariamente, no siendo contra derecho
ajeno, en el fondo está señalando que el titular del derecho de dominio puede ejercer su
derecho; pero siempre que ese ejercicio o derecho no coarte los derechos de los
demás.. Este es uno de los aspectos de la llamada teoría del abuso del derecho,
de acuerdo con la cual, si una persona que es titular de un derecho lo ejerce en forma
abusiva causando daño o perjuicio a otra persona, esto constituiría un delito o cuasidelito
civil y, por lo tanto, originaría la obligación de indemnizar perjuicios. En materia de
derecho de dominio es donde esta teoría ha tenido mayor aplicación, especialmente por
lo dicho en el art.582 CC.
Clases de Propiedad 1.- Se pueden hacer varias distinciones en relación con la clase
de dominio, distinciones que se hacen en consideración a la facultad que otorga a la
persona titular del derecho y también al objeto del derecho. En relación a la facultad hay
una distinción que se contempla en el art.582 CC: a) propiedad plena se produce
cuando el titular del derecho de dominio tiene la suma de facultades que éste le
confiere. b) nuda propiedad se produce cuando el titular se ha desprendido de
las facultades de uso y goce, conservando para si sólo la facultad de disposición. Esta
situación la encontramos cuando el propietario ha constituido un derecho de usufructo a
favor de un tercero. También en relación con las facultades del dominio, éste puede ser
absoluto o fiduciario: a) absoluto se presenta cuando no está sujeto a condición
cuyo cumplimiento implique la extinción del derecho de dominio. b) fiduciario si el
dominio está sujeto a una condición en virtud de cuyo cumplimiento se extingue el
derecho del titular pasando la propiedad a manos de una tercera persona, estamos ante
la propiedad fiduciaria, cuya constitución se llama fideicomiso. (Dominio exclusivo se
produce cuando pertenece a una sola persona, que puede ser natural o
jurídica. (Dominio proindiviso es aquel en que un mismo derecho de propiedad pertenece
cuantitativamente a diversas personas y sobre una misma cosa, siendo cada uno de ellos
titulares de una cuota. 2.-También se puede clasificar el derecho de dominio en
consideración al titular y, en forma más precisa, atendiendo al número de titulares. A este
respecto no debe olvidarse que cuando enfrentamos este dominio proindiviso hay un
solo derecho de propiedad que tiene varios titulares y que recae sobre una sola cosa,
situación que no debe confundirse cuando respecto de una misma cosa hay dos o mas
derechos, como sucede cuando una persona tiene el derecho de dominio sobre una cosa
y otra el usufructo sobre la misma, pues estamos aquí frente a derechos distintos y
con titulares distintos, situación ajena a la propiedad proindiviso. Tampoco debe
confundirse con la propiedad fiduciaria, en la cual hay un solo derecho de dominio, pero
esta radicado primero en una persona y después en otra, cambio que se produce por el
cumplimiento de una condición. Cuando hay varios titulares de un mismo derecho de
dominio, están sometidos a un régimen jurídico que es la comunidad, salvo que entre
ellos exista algún contrato diferente (art.2304 CC). 3.- Por último, se clasifica al dominio
atendiendo al objetos sobre el cual recae. Así se habla de propiedad civil, propiedad
minera, propiedad intelectual y propiedad industrial. a) Propiedad civil. Es justamente
el objeto del derecho civil y se encuentra definida en el art.582 del CC. Esta propiedad
civil adquiere ribetes particulares cuando asume la forma de la llamada
propiedad horizontal, que es una forma especial de propiedad aplicable a
aquellas situaciones en que los distintos pisos de un edificio o los departamentos en que
se encuentra dividido cada piso, pertenecen a distintos propietarios. Pero no sólo a estos
se aplica el régimen de propiedad horizontal, sino que también a los conjuntos
habitacionales y edificios aislados o adosados de uno o mas pisos, aunque tengan
salidas individuales. Propiedad horizontal. Esta propiedad horizontal esta regulada en
normas especiales que aparecen en el apéndice del CC (ley 6071). En la llamada
propiedad horizontal encontramos que la persona es dueña exclusiva de su piso o
departamento o de la casa habitacional que le corresponde, pero es comunero de los
bienes que la ley indica como de uso común. Ahora, es muy importante en materia
de propiedad horizontal determinar cuáles son las cosas de uso común: en general son
todas aquellas indispensables para la existencia, seguridad y conservación del edificio y
las que permitan al propietario el uso y goce exclusivo de su departamento. Son cosas
comunes (las señalan la ley): el terreno sobre el cual está construido el edificio, los
cimientos, los muros exteriores y soportantes, la obra gruesa de los suelos, la techumbre,
las instalaciones generales de calefacción, energía eléctrica, alcantarillado, gas y agua
potable, las escaleras, ascensores, pasillos de circulación, terrazas, etc. Todos estos son
bienes comunes y no pueden dejar de tener esa calidad, no pudiendo tampoco
efectuárseles modificaciones si no están permitidas en la ley o reglamento de
copropiedad. En qué proporción los comuneros son dueños de las cosas comunes? La
ley nos dice que el derecho de cada uno de ellos en las cosas comunes es proporcional
al valor del piso o departamento del que es dueño (art.47 ley 6071). En relación a las
cosas comunes, este es un caso de indivisión forzosa, pudiendo cada propietario usar a
su arbitrio las cosas comunes, pero, de acuerdo con el destino que les corresponda en y
sin que puedan obstaculizar el legítimo uso que a los otros propietarios
corresponde. Otro aspecto a considerar es que el dominio exclusivo del
departamento, piso o casa, es inseparable del dominio de los bienes comunes. De
tal manera que si se enajena el piso o departamento, se enajenan también los derechos
sobre las cosas comunes. La ley establece que el propietario tiene que usar el piso o
departamento en forma adecuada y tranquila, en consecuencia, no puede hacerlo servir
para otros objetos distintos de aquel para el cual está destinado o del que se señale en
el respectivo reglamento de copropiedad (art.51 ley 6051). La ley dice que cada
propietario no puede ejecutar acto alguno que perturbe la tranquilidad de los demás
s propietarios o que comprometa la seguridad, solidez o salubridad del edificio. Ahora, el
edificio tiene que tener administración y ésta debe establecerse en el reglamento de
copropiedad que al efecto acuerden los copropietarios, reglamento en el cual se
establecen los derechos y obligaciones de los distintos propietarios, las limitaciones a
que ellos están sujetos y, en general, todo aquello que se considere necesario para el
buen funcionamiento del edificio. Las normas de este reglamento tienen que ser
acordadas por la unanimidad de los interesados y el reglamento tiene que reducirse a
escritura pública e inscribirse en el registro de hipotecas y gravámenes del
respectivo departamento. Cumplido esto, el reglamento tiene fuerza respecto de terceros
adquirentes, cualquiera que sea el título de adquisición. Puede ocurrir que los
interesados no acuerden este reglamento. A falta de reglamento o en los casos no
reglamentados en 'l, rigen las disposiciones de la ley de propiedad horizontal y su
reglamento (art.55 y 56 ley 6051).
b.- Propiedad minera es una forma especial de dominio que se refiere a los yacimientos
mineros y cuya constitución y organización está reglamentada en el Código de Minería.

c.- Propiedad intelectual es la que recae sobre productos del ingenio o del talento
humano (obras literarias, musicales, cinematográficas, etc.). Es discutido en doctrina si
ésta es en realidad o no una especie de propiedad o si tiene un carácter distinto. Pero,
en nuestra legislación nos encontramos con la norma del art.584 CC que regula esta
situación y la ley n.17336.
d.- Propiedad industrial dentro de ella se comprenden los modelos industriales, las
marcas comerciales y patentes de invención. Esto es de bastante importancia porque le
otorga la protección correspondiente a aquel que ha inventado algo, de manera que
pueda obtener provecho de sus beneficios.

La Copropiedad o Condominio. Al respecto, debe tenerse presente que también puede


denominarse como comunidad, pero no puede que la comunidad y la copropiedad sean
totalmente sinónimos; en general se habla de copropiedad cuando el derecho de
dominio pertenece a varias personas sobre cosas singulares, reservándose la expresión
comunidad para hacer referencia al estado de indivisión que recae sobre las
universalidades jurídicas, como sería el caso de la herencia. La comunidad existe cuando
dos o más personas tienen derechos de igual naturaleza sobre un conjunto de bienes
que configuran o conforman una universalidad jurídica; en tanto que, existe copropiedad
cuando dos o más individuos tienen en común el derecho de dominio sobre una especie
o bien determinado. La llamada propiedad horizontal nos plantea aquí un problema: en
ella se da la situación de que una persona es dueña con exclusividad del
departamento que le corresponde, pero a la vez, tiene un derecho en común con
los demás s copropietarios sobre las cosas o especies comunes del
departamento. Situación está que no sólo puede plantearse en la ley de
propiedad horizontal, sino que también en otras situaciones jurídicas. Aquí estaríamos
ante la situación de que en un bien determinado varias personas tendrían, por un lado,
el derecho de dominio, y por otro lado, el derecho común con los demás s propietarios
respecto de las cosas comunes del edificio o construcción. En este caso, se dice que se
trata de una comunidad pro diviso, es decir, aquella en que el derecho de los
comuneros no abarca la totalidad de la cosa, sino que sólo parte de ella, y en la otra
parte se ejercen derechos individuales. La otra forma de comunidad o copropiedad, esto
es, aquella que recae sobre la totalidad de la especie se llama comunidad pro indiviso. El
CC reglamenta a la comunidad en materia de partición de bienes (art.1317) y en el
cuasicontrato de comunidad (art.2304 y siguientes). El principio de la legislación chilena
es de ser contraria al sistema de propiedad común, e incluso más, el legislador tiende a
obtener que se produzcan las divisiones de esta propiedad común y es así como
cualquiera de los copropietarios puede pedir en cualquier momento la división de la cosa
común y al pedirse la división de la cosa común se está instando por el término del
régimen de comunidad. Solamente no se podría pedir la división cuando se hubiese
convenido expresamente que ello no pudiere hacerse, esto es, cuando se ha pactado la
indivisión entre los distintos comuneros; pero aún más, incluso en este pacto de indivisión
el legislador señalan limitaciones, porque no puede este pacto durar más de 5
años (art.1317 CC). Respecto de la comunidad hay dos concepciones distintas, las
cuales tienen importancia por las consecuencias que ellas generan, especialmente
las relativas al accionar de los distintos comuneros, son la doctrina romana y la doctrina
germana. 1.- Doctrina Romana. La copropiedad es una especie de derecho de
propiedad que se caracteriza porque cada uno de los que concurren en la
comunidad tienen derecho a la totalidad de la cosa y, además, tiene una cuota o parte en
la cosa común. Pero, esta cuota o parte no se singulariza o recae sobre la especie en si
misma, porque ésta es indivisible, sino que es de carácter abstracto. Así, según esta
doctrina, si tres personas son comuneros por igual de un automóvil, cada una de ellas
va a ser dueño exclusivo de una cuota abstracta e ideal (un tercio), pero ese tercio no
está radicado en parte alguna del automóvil; por eso es que, considerada la cosa en su
totalidad, todos los comuneros tienen un derecho sobre ella, pero limitado por
los derechos de los demás comuneros, de tal manera que en el ejercicio de
sus facultades, uno de los comuneros va a tener siempre que considerar la situación o
el derecho de los comuneros restantes y para ejecutar actos de disposición que afecten
a la totalidad de la cosa, va a necesitar el concurso de los demás s comuneros. De
acuerdo con esta concepción, si bien es necesario del concurso de todos para disponer
de la totalidad de la cosa, cada uno de ellos puede disponer libremente de la parte o
cuota que le corresponde. Ahora, esta concepción de carácter individualista presenta un
problema al requerir para la disposición de la cosa el consentimiento de todos los
comuneros, al igual que lo requiere para la realización de actos administrativos, ya que
basta la oposición de uno solo para que el acto no pueda realizarse. En la doctrina
moderna se pretende solucionar este problema estableciendo el juego de mayoría o
minoría para actos de administración o disposición, de tal manera que el acuerdo de la
mayoría sobre la disposición o administración de la cosa pasa a ser obligatorio para la
minoría. 2.- Doctrina Germana. Esta no tiene un carácter individualista como la Romana,
sino más bien un carácter de derecho colectivo que le da un enfoque bastante particular
a la comunidad. Esta doctrina se llama "gesamte hand" o "de las manos juntas". En la
Doctrina Germana se considera a todos los comuneros como si fueran un solo titular, es
decir, la cosa pertenece a todos ellos como si éstas fueran una sola persona y, al
considerar a todos los comuneros como un solo titular, desaparece necesariamente la
noción de cuota. Incluso, se ha extremado esta disposición diciéndose que los
comuneros no podrían pedir la división o partición de la cosa común. Para la doctrina
germana, todos los comuneros en conjunto tendrían un derecho igualitario para el goce
de la cosa. Para el derecho alemán la idea de cosa común corresponde al patrimonio
de afectación, es decir, al patrimonio destinado a cumplir un fin determinado. En CC
chileno está claro que se acepta la idea de cuota, e incluso más, no sólo se acepta esta
idea, sino que cada comunero puede disponer de la cuota que le corresponde; así se
desprende ,por ejemplo, del art.2417 del CC que dice que el comunero puede, antes de
la división de la cosa común, hipotecar su cuota... Clases de Comunidad 1.- Atendiendo
al objeto sobre el cual recae la indivisión de la comunidad, puede haber: comunidad
sobre una universalidad. comunidad sobre una cosa singular. Esta es la única
clasificación de la comunidad contemplada en el CC (arts.1317 y 2304). El problema que
se plantea en esta materia es sobre cuál clase de universalidad puede recaer la
comunidad, y al respecto no hay acuerdo entre los distintos autores. Se estima por
algunos que puede haber comunidad sobre una universalidad jurídica, como por ejemplo
la herencia, a la cual se refiere expresamente el art.2306: "Si la cosa es universal, como
una herencia, cada uno de los comuneros es obligado a las deudas de la cosa común,
como los herederos en las deudas hereditarias". También la comunidad que queda al
disolverse la sociedad conyugal o la que se produce a la disolución de las
sociedades civiles; sosteniéndose que habría comunidad sobre universalidad cada
vez que la comunidad recae sobre un patrimonio indiviso, el cual tiene su pasivo y activo,
y es en este aspecto en el que se fundan algunos para negar la posibilidad de la
comunidad sobre universalidades de hecho, porque la comunidad supone
necesariamente la existencia de 2 elementos: el activo y el pasivo; y sucede que en estas
universalidades de hecho sólo hay activo, no existiendo la posibilidad de que haya
comunidad respecto del pasivo, porque las universalidades jurídicas ya que el pasivo se
dividen entre los distintos comuneros por el solo ministerio de la ley (arts.1354
y 2306). Se señalan en estos casos que la comunidad existe sólo sobre el activo de la
herencia, ya que el pasivo se ha dividido entre los distintos herederos y por el solo
ministerio de la ley, división que se hace entre ellos en proporción a la cuota que a cada
heredero corresponde de la herencia, ejemplo: art.1354 inc.2. La comunidad sobre
universalidades jurídicas presenta además otro tipo de problemas, el que deriva
principalmente de la aceptación entre nosotros de la teoría romana de la comunidad, la
cual incorporando el concepto de cuota, lleva necesariamente a que si en
una comunidad hay bienes, cada uno de los comuneros ser titular de la cuota del derecho
sobre cada uno de los bienes. En Chile, la doctrina si bien acepta que el legislador siguió
la teoría romana, afirma que no lo hizo ajustándose estrictamente a ella en todos
sus puntos, afirmándose que en el caso de la comunidad sobre universalidades no se
produce la comunicabilidad de la cuota a los distintos bienes, y así, el derecho de cada
comunero recae sobre el todo de los bienes considerados en forma abstracta y no sobre
las especies materiales o partes de las mismas. Se fundan para ello en lo que dispone
el art.1909 que nos dice que el heredero que cede su derecho de herencia se hace única
y exclusivamente responsable de su calidad de heredero, es decir, que lo único que
interesa en este aspecto es que quien ceda el derecho de herencia sea
efectivamente heredero y responde el cedente de tener esa calidad y, por consiguiente,
su responsabilidad no se extiende a que la herencia comprenda ciertos y determinados
bienes, porque lo que está cediendo es el derecho que tiene sobre la universalidad y no
sobre bienes determinados. Por otro lado, esta posición se fundamenta también en lo
que dispone el art.686 CC, norma que establece que la tradición del derecho de dominio
y de otros derechos reales sobre inmuebles, se hace mediante la inscripción, no
mencionando entre ellos a la herencia. Luego, según esta opinión, cuando se hace la
tradición del derecho real de herencia no es necesario practicar la inscripción, aún
cuando en la herencia haya bienes inmuebles y ello no obstante que de acuerdo con
el art.686 la forma de hacer la tradición de los derechos sobre inmuebles es la
competente inscripción. Al no exigirse la inscripción para la tradición del derecho de
herencia, aun cuando comprenda bienes inmuebles, se está significando que ella no
comprende bienes determinados, sino esta universalidad de carácter abstracto, que no
tiene el carácter de mueble ni inmueble. Pero, hay otros autores (Enrique Silva) que
dicen que el CC acepta en todos sus aspectos la teoría romana y que la comunicabilidad
de la cuota a cada uno de los bienes forma parte del sistema del CC, afirmando que lo
que tienen los comuneros en la comunidad son derechos sobre bienes determinados y
no sobre una abstracción jurídica. Señalan como fundamento los arts.951 inc.2 y 580 del
CC; además, en una comunidad hereditaria hay que distinguir dos situaciones
distintas: Una es el derecho de herencia en si mismo que recae sobre la
universalidad jurídica (la herencia). La otra es una comunidad de dominio entre todos los
herederos y respecto de la totalidad de bienes dejados por el causante. El aceptar una u
otra teoría no deja de tener importancia. Si se acepta la primera posición, aquella en la
cual no se produce la comunicabilidad de la cuota de los distintos bienes, ello se traduce
necesariamente en que la cuota no participa de los caracteres de los bienes que forman
la comunidad, por consiguiente, no va a participar del carácter de mueble o inmueble
de esos bienes, y eso tiene sus consecuencias, ya que aún cuando en la herencia haya
bienes inmuebles, la tradición de la cuota de un heredero no va a requerir de inscripción,
porque la inscripción se exige para la tradición de los bienes inmuebles y la cuota no
tiene ese carácter desde el momento en que no participa de las calidades de los bienes
muebles o inmuebles que conforman la comunidad. De acuerdo con esta posición,
la tradición de una cuota hereditaria deber hacerse en la forma general indicada en el
art.684 inc.1. Por otro lado, el no participar de la calidad de muebles o inmuebles
tiene otra consecuencia: por ejemplo, para la enajenación de bienes raíces de
un incapaz debe necesariamente cumplirse con ciertas formalidades (formalidades
habilitantes) prescritas para dicha enajenación, si la cuota no participa del carácter
mueble o inmueble de los bienes que conforman la comunidad, aun cuando en la
comunidad hereditaria haya inmuebles, no ser necesario cumplir con estas
formalidades. A la inversa, si se acepta la comunicabilidad, esto es, que la cuota participa
de los bienes que conforman la universalidad, las concepciones son totalmente inversas.
Habría que atenerse a lo dispuesto en el art.686 CC para hacer la tradición de la cuota
cuando en el dominio están comprendidos los inmuebles, y en la misma situación para
la enajenación de la cuota de un incapaz, habrá que cumplir con las formalidades
exigidas por la ley. El problema se nos plantea cuando la comunidad recae sobre
una universalidad, porque si recae sobre una cuota singular, la cuota de cada comunero
se va a radicar en esa cosa singular y va a participar, por consiguiente, de los caracteres
de esa cosa. Así, si tres personas son dueños en común de un automóvil, cada uno
tendrá una cuota de derecho sobre el vehículo, cuota que se radica en el vehículo en si
mismo y que tendrá el carácter propio de éste. Como en este caso se trata de un
bien mueble la cuota va a ser mueble y va a estar sujeta a las reglas de estos. Por el
contrario, si 3 personas son dueñas en común de un inmueble, la cuota de cada uno se
va a radicar en el inmueble participando de los caracteres del mismo y se va a sujetar a
las reglas que la ley establece para los inmuebles (art.580 CC). 2.- Desde otro punto de
vista, la comunidad se puede clasificar en atención al origen de la misma, y así puede
nacer de un hecho, de la voluntad o de la ley: a) Nace de un hecho la comunidad
hereditaria, la cual surge por la muerte del titular de la herencia. b) Nace por la voluntad
de los titulares de la comunidad cuando 2 o más personas adquieren en común el mismo
bien. c) Nace de la ley en el caso de la propiedad horizontal, en que por disposición de
la ley hay ciertos casos en que se mantiene en comunidad indivisa y en las cuales tienen
derecho todos los copropietarios de la propiedad horizontal. 3.- Desde otro punto de vista
pueden ser también temporales o perpetuas. La regla general es la de la temporalidad
de la comunidad , no teniendo una duración determinada en el tiempo, ya que las partes
interesadas pueden pedir la división de la comunidad sin limitaciones. Pero pudieran
llegar a tener una duración determinada si los interesados en la comunidad
han celebrado el llamado pacto de indivisión, en virtud del cual convienen en no pedir la
división de la cosa en común por un plazo determinado; dicho plazo no puede exceder
de 5 años, pudiendo renovarse dicho pacto (art.1317 CC). Si no existe pacto de
indivisión, conforme al art.1317 los interesados pueden pedir la partición en cualquier
tiempo. La única limitación al ejercicio de este derecho es el pacto de indivisión. Esta
disposición es una manifestación de la forma en que el legislador considera entre
nosotros la comunidad; en general, el CC no es partidaria de ella, lo cual queda de
manifiesto en la facultad de pedir siempre la división. Las comunidades perpetuas se
encuentran establecidas por la ley, pero en general derivan de la naturaleza misma de
la cosa, por ejemplo: los bienes comunes de una propiedad horizontal, mientras subsista
el inmueble afecto a propiedad horizontal se mantienen en indivisión las cosas que la ley
declara comunes. La Cuota Se entiende por cuota una porción ideal determinada o
determinable que cada uno de los comuneros tiene sobre la cosa común, es decir, sobre
la cosa objeto de la comunidad. Las cuotas pueden ser iguales o distintas entre si, pero
la suma de todas ellas debe representar la unidad de la cosa. Normalmente, estas cuotas
se expresan en fracción (arts.1908 y 2307 CC). En el sistema chileno, cada uno de los
herederos puede disponer de la cuota que le pertenece con la más absoluta libertad,
puede hacerlo por acto entre vivos, lo que en algunos casos nos va a enfrentar al
problema de la tradición del derecho sobre la cuota, o puede hipotecarla. (En
general, todo lo relativo a la comunidad se regula por las normas del cuasicontrato de
comunidad arts.2304 y siguientes).
Modos de adquirir el dominio.

En el CC (art.588) se señalan los modos de adquirir el dominio, pero dentro del sistema
acordado por el legislador no basta que opere el modo de adquirir para que se produzca
la adquisición del dominio u otro derecho real, porque en el sistema chileno la adquisición
del dominio y otros derechos reales es un fenómeno complejo que no opera por un sólo
elemento, sino que para que se produzca la adquisición del dominio y demás s
derechos reales deben concurrir 2 elementos: 1.- Título; 2.- Modo de adquirir. En otros
sistemas jurídicos como el francés, la adquisición del dominio se produce solamente por
medio del título, no requiriéndose que opere el modo. Esta distinción entre el título y
modo de adquirir es muy clara respecto de algunos modos, por ejemplo: la tradición, en
que está perfectamente separado el título del modo de adquirir tradición; en los otros
modos de adquirir el título se confunde con el modo, e incluso, hay autores que niegan
esta dualidad para los modos de adquirir que no sean tradición. En el sistema francés,
por la sola celebración del contrato de compraventa el comprador adquiere el dominio de
la cosa que le fue vendida. En cambio, en el sistema chileno por el contrato de
compraventa el comprador no adquiere el dominio de la cosa vendida, sino que pasa a
ser titular de ciertos derechos y contrae ciertas obligaciones: tiene derecho a que se
le entregue la cosa y tiene la obligación de pagar el precio. Para que se adquiera el
derecho de dominio es necesario que además del título opere el modo de adquirir, en
este caso, la tradición. La forma de hacer la tradición va a depender de si la cosa es
mueble o inmueble. El Título es el hecho o acto jurídico que habilita para la adquisición
del dominio o derecho real respectivo (e incluso derechos personales), porque justifica
jurídicamente dicha adquisición. Así, son títulos el contrato de compraventa, la donación,
la permuta, etc. Viene a ser la causa remota de la adquisición del dominio. El modo de
adquirir es el hecho o acto jurídico eficaz para hacer operar la adquisición del dominio o
derecho real correspondiente, o sea, es el mecanismo por el cual opera esta adquisición.
Los modos de adquirir están señalados en el art.588, pero esta enumeración es
incompleta. Art. 588 CC Los modos de adquirir el dominio son la ocupación, la
accesión, la tradición, la sucesión por causa de muerte y la prescripción. Es
incompleta porque falta el modo de adquirir que es la ley, que se da en la expropiación
por causa de utilidad pública. A través de estos modos de adquirir puede adquirirse en
general a todos los derechos reales, pero hay ciertas excepciones: la ocupación y la
accesión sólo sirven para la adquisición del derecho de dominio, las
servidumbres discontinuas de todas clases y las servidumbres continuas inaparentes
no pueden ganarse por prescripción adquisitiva (art.882 CC). Las servidumbres se
clasifican en continuas y discontinuas (art.822) y en aparentes e inaparentes
(art.824). Es importante dejar constancia que para adquirir un bien sólo se puede utilizar
un modo de adquirir. Además, sólo la ley puede establecer modos de adquirir, las partes
no.
Campo de aplicación de los modos de adquirir.
Ocupación: bienes corporales muebles.
Accesión: bienes corporales muebles o inmuebles.

Tradición: bienes corporales muebles e inmuebles, derechos reales y personales, cosas


singulares y universales.

Sucesión por causa de muerte: bienes corporales muebles e inmuebles,


cosas singulares y universales, otros derechos personales y reales.

Prescripción: bienes corporales muebles e inmuebles, bienes singulares y universales,


derechos reales con limitaciones (usufructo). Los derechos personales no, porque no
admiten posesión.

El CC en el Libro II se ocupa de tres de estos modos de adquirir (ocupación, accesión


y tradición), en el Libro III se ocupa de la sucesión por causa de muerte y en el Libro
IV se ocupa de la prescripción.

Doctrinas que aceptan y que rechazan la dualidad título-modo Esta distinción entre título
y modo es muy patente cuando se adquiere por tradición, allí está claramente separado
el título o contrato de la tradición respectiva. En los otros modos de adquirir esta
separación no es patente porque el modo de adquirir es al mismo tiempo título, es
decir, opera la adquisición y la justifica (arts.675, 703 inc.2 y 704 CC). Esta situación de
que no aparezca clara la separación entre título y modo de adquirir ha llevado a algunos
autores a sostener que la dualidad título modo sólo se presenta cuando la tradición es
modo de adquirir, es decir, el CC sólo exige el título cuando el modo de adquirir es la
tradición (art.675 CC). Señalan que en los otros modos de adquirir el CC no exige título
(Hugo Rosende). Quienes mantienen esta posición se fundan en las
siguientes razones: a) Si se ve el art.588 se comprueba que éste habla de modo de
adquirir y no hace mención al título, con lo cual ha de concluirse que para que opere la
adquisición del dominio y los demás s derechos reales, basta con el modo de adquirir,
salvo en el caso de la tradición, respecto de la cual la ley exige expresamente la
concurrencia de un título traslaticio de dominio. Pero, quienes participan de esta opinión,
creen que esta es una situación especial para la tradición, sostienen que, si se analizan
las normas de la ocupación, accesión, prescripción y sucesión por causa de muerte,
podrá comprobarse que en ninguna parte se requiere la concurrencia del título. Indican
que en materia de sucesión por causa de muerte se puede suceder a una persona difunta
por lo dispuesto en el testamento; a falta de él, habrá que atenerse a la ley. Pero, puede
darse una tercera alternativa, ya que puede ser que la sucesión sea en parte testada y
en parte intestada. Añaden que, si se aceptara la teoría que exige título respecto de todos
los modos de adquirir y la sucesión fuera en parte testada y en parte intestada,
estaríamos ante una situación ilógica de que se estaría sucediendo por 2 títulos:
testamento y la ley; lo cual es errado según ellos porque no puede haber dos títulos en
una misma adquisición. b) Señalan también que la doctrina que exige título respecto de
todos los modos de adquirir adolece de un vacío, porque cuando el modo de adquirir es
la ley no puede indicar cuál es el título en este caso. c) Finalmente, desvirtúan una
argumentación en contra de su posición que se funda en el art.703, el cual sostiene que
los justos títulos son constitutivos y traslaticios de dominio, y dentro de los primeros están
la ocupación, la accesión y la prescripción. Luego, estos modos de adquirir también
serían títulos justos para adquirir, además de la calidad de modo de adquirir. Sin
embargo, se sostiene que el art.703 no se refiere a la adquisición del dominio u otro
derecho real, sino que se refiere a los títulos en relación con la posesión y,
específicamente, con un requisito de la posesión regular, que es el justo título (aparte de
la buena fe y tradición si el título es traslaticio de dominio). La opinión contraria sostiene
que el título concurre respecto de todos los modos de adquirir, lo que sucede es que en
la ocupación, accesión y prescripción, el título se confunde con el modo de adquirir, juega
dos roles; y en la sucesión por causa de muerte el título va a ser el testamento o la ley
en el caso de la sucesión intestada. no explica cuál es el título en el caso del modo
adquirir ley. Sostienen además que es efectivo que no existe en el CC una
disposición general que requiera expresamente título respecto de todos los modos
de adquirir, pero que necesariamente se llega a esa conclusión combinando varias
disposiciones. Así, el art.588 enumera los modos de adquirir, el art.675 exige para
la validez de la tradición un título traslaticio de dominio, los art.702, 703 y 704 (relativos
a la posesión) se refieren al justo título (art.702), el art.703 dice cuáles son los justos
título y el art.704 enumera los títulos injustos, especialmente argumentan con el n.4 de
este artículo, para concluir la exigencia del título, específicamente en la sucesión por
causa de muerte. Si el heredero aparenta título injusto, hay que concluir que el verdadero
heredero tiene un título justo y así, en la sucesión por causa de muerte se presenta la
dualidad título-modo. Se hace cargo esta posición de la observación que hace la
doctrina contraria en orden a que estas materias relativas al título están reglamentadas
en lo referente a la posesión. Esta circunstancia no tiene mayor importancia ya que la
posesión es la apariencia del dominio y tan apariencia es, que el legislador presume
dueño al poseedor en el art. 700 inc.2 del CC. Señalan también que el art.703, al hablar
de justo título, especialmente en el inc.1, al decir que pueden ser traslaticios
o constitutivos de dominio, no está refiriéndose a títulos que confieren posesión, sino a
título que la legitiman, y si estos legitiman la posesión significa que a través de ellos
puede llegarse a la adquisición del dominio. Sostiene Alessandri que sustentar la
existencia de la dualidad título-modo respecto a todos los modos de adquirir es un
aspecto importante por lo siguiente: la posesión de una cosa puede ser con derecho o
sin derecho; será con derecho cuando el modo de adquirir coloca en posesión y produce
la adquisición del dominio; ser sin derecho cuando el modo de adquirir no produzca la
adquisición del dominio, sino que solamente coloca en posesión de la cosa y, en este
caso, tiene importancia que el modo de adquirir (que no es tradición) sea al mismo tiempo
título, ya que al serlo va a legitimar la posesión, teniendo ésta el carácter de regular,
pudiendo conducir a la adquisición del dominio por prescripción. En relación con lo
mismo, señalan que denegarse la calidad de título a los modos de adquirir distintos a la
tradición implica que quien adquiere la cosa por alguno de dichos modos no tendrá título
y, por consiguiente, no va a ser poseedor regular porque el art.702 nos señalan como un
requisito de la posesión regular el del justo título y el art.703 sostiene que son justos
títulos los traslaticios y los constitutivos, indicando que son constitutivos de dominio la
ocupación, la accesión y la prescripción.
Clasificación de los Modos de Adquirir
1.- Modos de adquirir originarios y derivativos.
2.- Modos de adquirir a título universal y a título singular.
3.- Modos de adquirir a título gratuito y a título oneroso.
4.- Modos de adquirir por acto entre vivos y por causa de muerte.

1.- Modos de adquirir originarios y derivativos. Se dice que el modo es originario en


los casos que produce la adquisición del dominio independientemente del derecho
anterior de otra persona; no hay en este caso una derivación de un derecho de un titular
a otro. En estos casos, el derecho es creado por el modo de adquirir en el titular. Son
de esta categoría: la ocupación, la accesión y la prescripción, que opera respecto a
cosas que antes pertenecían a otro dueño, pero sucede que quien adquiere la cosa por
prescripción no deriva su derecho del dueño anterior, sino que al contrario, lo adquiere
en contra del titular anterior; luego, no hay una derivación del anterior titular al nuevo
titular, sino que hay una creación del derecho en el nuevo titular. A la inversa, el modo
es derivativo cuando la adquisición del derecho de dominio se produce fundada en un
derecho anterior que tendría otra persona, por ejemplo: la tradición y la sucesión por
causa de muerte. En el modo de adquirir derivativo hay una relación entre el antiguo
titular del derecho y el nuevo titular del mismo. La distinción tiene importancia para
determinar el alcance y las características del derecho del adquirente: cuando éste se
adquiere por un modo derivativo no sólo se debe examinar al actual titular, sino
que también habrá que analizar los derechos de los anteriores titulares, por una razón
sencilla que es una aplicación del principio de que "nadie puede transferir más derechos
de los que realmente tiene". Así, el que tiene un derecho afecto a condición resolutoria y
lo transfiere, el nuevo titular lo adquiere afecto a la condición resolutoria, si el bien está
afecto a gravamen sucede lo mismo. En cambio, si el modo de adquirir es originario, para
ver el alcance y extensión de ese derecho sólo habrá que estarse a la situación del actual
titular y bastar examinar el acto o hecho que configura el modo y la cosa sobre la que
recae.

2.- Modos de adquirir a título singular y a título universal . Modos a título singular
cuando a través de él se adquieren bienes determinados o cuotas en los bienes
determinados. Es a título universal cuando se adquieren universalidades jurídicas o una
cuota de ellas. El modo de adquirir a título universal produce adquisición de la
totalidad del patrimonio de la persona o de una cuota de ese patrimonio; en tanto que el
modo de adquirir a título singular produce la adquisición de determinados bienes o
derechos. Los dos modos de adquirir que son siempre a título singular y nunca a título
universal son la ocupación y la accesión. Hay un modo que puede darse en ambos títulos
indistintamente, que es la sucesión por causa de muerte: ser a título universal cuando
opera la adquisición de una herencia y a título singular cuando produce la adquisición de
un bien determinado. Hay dos modos de adquirir que generalmente son a título singular,
son la tradición y la prescripción, pero que toman el carácter de modo de adquirir a título
universal cuando se trata de la prescripción del derecho de herencia (cuando un
heredero aparente llega a adquirir por prescripción la herencia del que está en posesión)
y de la cesión del derecho de herencia.

3.- Modos de adquirir a título gratuito y a título oneroso. Esta clasificación se hace
según el sacrificio pecuniario que importa el modo. Así, si quien adquiere el derecho no
ha hecho ningún sacrificio pecuniario, el modo de adquirir es a título gratuito, ejemplo:
la ocupación. En cambio, si para la adquisición del derecho la persona ha tenido que
hacer un sacrificio pecuniario, el modo de adquirir ser a título oneroso. La sucesión por
causa de muerte y la prescripción son modos de adquirir a título gratuito siempre. La
tradición podrá ser a ambos títulos (si el antecedente es la donación, ser a título gratuito;
en cambio, si el antecedente es la compraventa ser a título oneroso).

4.- Modos de adquirir por acto entre vivos y por causa de muerte. Esta clasificación
se hace atendiendo a si es o no necesario para que opere el modo de adquirir el
fallecimiento del titular del cual se deriva el derecho. Si el modo de adquirir requiere para
operar la muerte de la persona de quien éste se deriva, se trata de un modo de adquirir
por causa de muerte o por acto de última voluntad, por ejemplo: la sucesión por causa de
muerte. El modo de adquirir es por acto entre vivos cuando para que opere el modo no
es necesaria la muerte del titular, por ejemplo: la ocupación, la accesión, prescripción y
tradición.

OCUPACIÓN.
DEFINICIÓN DE OCUPACIÓN.

Siguiendo al artículo 606 del Código Civil el profesor Orrego define a la ocupación como
un modo de adquirir el dominio de las cosas corporales muebles que no pertenecen a
nadie, mediante la aprehensión material de ellas, acompañada de la intención de
adquirirlas, supuesto que la adquisición de esas cosas no está prohibida por las leyes
patrias ni por el Derecho Internacional.
REQUISITOS DE LA OCUPACIÓN.

Que se trate de cosas que no pertenecen a nadie, sea porque nunca han tenido dueño,
sea porque lo tuvieron y dejaron de tenerlo, por haber permanecido largo tiempo ocultas
o porque el dueño las ha abandonado voluntariamente para que las haga suyas el primer
ocupante;

Que la adquisición de las cosas no esté prohibida por las leyes chilenas o por el Derecho
Internacional; y
La aprehensión material de la cosa con intención de adquirirla.
CARACTERÍSTICAS DE LA OCUPACIÓN.
Modo de adquirir originario.
Se trata de un acto jurídico unilateral.
Sólo opera respecto de cosas corporales.
Es un modo de adquirir que opera a título singular; a título gratuito y por acto entre vivos.
CLASES DE OCUPACIÓN.
Ocupación de cosas animadas. Opera a través de las caza y pesca de los animales
bravíos y los domesticados cuando, saliendo de la dependencia o amparo del hombre,
vuelven a su condición de animales bravíos o salvajes.

Ocupación de cosas inanimadas. Opera a través de tres vías: la invención o el hallazgo;


el descubrimiento del tesoro y la captura bélica.

Especies muebles al parecer perdidas y especies náufragas. Estas cosas, en principio,


no pueden ser objeto de ocupación, sin embargo, como el dueño de estas especies no
se conoce y puede suceder que no se presente a reclamarlas, el legislador autoriza su
adquisición mediante el cumplimiento de ciertas formalidades legales.
ACCESIÓN.
DEFINICIÓN DE ACCESIÓN.

El artículo 643 del Código Civil define a la accesión como un modo de adquirir por el cual
el dueño de una cosa pasa a serlo de lo que ella produce, o de lo que se junta a ella. Los
productos de las cosas son frutos naturales o civiles.

Téngase presente que, la doctrina mayoritaria considera que no sería un modo de


adquirir, pues faltaría la voluntad de hacer suyo el dominio por parte del adquirente,
situación que sí ocurre en los demás modos de adquirir, donde la voluntad aparece como
un elemento fundamental.

CARACTERÍSTICAS DE LA ACCESIÓN.
Modo de adquirir originario.
Se trata de un hecho jurídico.
Sólo opera respecto de cosas corporales.

Es un modo de adquirir que opera a título singular; generalmente a título gratuito y


mediante acto entre vivos.
CLASES DE ACCESIÓN.

Conforme al artículo 643 del Código Civil, se desprende que existen dos especies de
accesión. Por una parte la accesión de frutos o discreta, y por otra parte la accesión
continua o propiamente tal.

ACCESIÓN DE FRUTOS.

Esta especie de accesión se manifiesta en la adquisición de lo que la cosa produce. La


mayoría de la doctrina discute acerca de su naturaleza, pues en este caso no estaríamos
en presencia de un modo de adquirir.

FRUTOS Y PRODUCTOS.

El artículo 643 confunde los conceptos de productos y frutos. Por tanto, es la doctrina
que distingue acerca de ellos, a saber:

Frutos serían aquellas cosas que periódicamente y sin alteración sensible de su


sustancia, produce otra cosa.

Productos serían aquellas cosas que derivan de otras, pero sin periodicidad o con
disminución de su sustancia.
CLASES DE FRUTOS.
Los frutos pueden ser naturales o civiles.
Frutos naturales, de acuerdo al artículo 644, son los que la naturaleza da, ayudada o no
de la industria humana.

Frutos civiles constituyen la utilidad equivalente que el dueño de una cosa obtiene al
conceder a un tercero el uso y goce de ella.
ESTADOS EN QUE SE ENCUENTRAN LOS FRUTOS.

Conforme al artículo 645 del Código Civil, los frutos naturales pueden encontrarse en
tres estados: pendientes, percibidos o consumidos. Se llaman pendientes, mientras
adhieren todavía a la cosa que los produce; percibidos son los que han sido separados
de la cosa productiva; y consumidos, cuando se han consumido materialmente o se han
enajenado. Esta clasificación cobra importancia respecto de terceros, quienes se hacen
dueños de los frutos mediante prescripción adquisitiva.

ACCESIÓN PROPIAMENTE TAL.

Esta especie de accesión se manifiesta cuando se unen dos o más cosas de diferentes
dueños, de manera que una vez unidas, constituyen un todo indivisible. Mediante la
aplicación del principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal, el propietario
de la cosa principal llega a ser dueño de la accesoria a través de la accesión.

CLASES DE ACCESIÓN PROPIAMENTE TAL.

Accesión de inmueble a inmueble o natural del suelo. A su vez, puede revestir cuatro
formas: aluvión; avulsión; mutación del álveo o cambio de cauce de un río y formación
de nueva isla.

Accesión de mueble a inmueble o industrial. Consiste en la edificación y plantación o


siembra ejecutados en un inmueble, cuando los materiales, plantas o semillas
pertenecen a personas distintas que el dueño del suelo.

Accesión de mueble a mueble. Ocurre al unirse dos cosas muebles que pertenecen a
distintos dueños. A su vez, esta especie se agrupa en adjunción, especificación y mezcla.
La tradición (Art. 670 CC) La tradición es un modo de adquirir el dominio de las cosas
y consiste en la entrega que el dueño hace de ellas a otro, habiendo por una parte la
facultad e intención de transferir el dominio, y por la otra la capacidad e intención de
adquirirlo. Lo que se dice del dominio se extiende a todos los otros derechos reales. Este
modo de adquirir es importante tanto en los derechos reales como en los personales, ya
que en ambos opera y puede operar la tradición como modo de adquirir. En doctrina se
da un concepto distinto del que da el CC en el art.670 y se dice que la tradición es un
modo de adquirir y una convención, por el cual una persona llamada tradente transfiere
el dominio, o bien, constituye un derecho real o sólo confiere posesión a otra persona
llamada adquirente, y que consiste en la entrega de la cosa con la intención compartida
de que el adquirente adquiera el derecho. Este requisito de la intención
compartida queda también manifestado en la definición que da el art.670, el cual exige en
el tradente la intención de transferir el dominio y en el adquirente la intención de
adquirirlo. Ello es así porque este modo descansa en la voluntad de las partes que en él
intervienen. Algunos autores señalan que la tradición es traslaticia en cuanto a
la tradición del derecho de dominio y constitutiva en cuanto a los otros derechos reales
distintos del dominio. Características de la tradición 1.- Es una convención porque para
que haya tradición es indispensable el acuerdo de voluntades que debe tener por objeto
la transferencia del dominio o la constitución de un derecho real. Esta convención
presenta también la característica de que ella extingue obligaciones, no las crea como el
contrato y las obligaciones que la tradición extingue son las que emanan del contrato o
título; obligaciones que son de dar, porque se trata de transferir el dominio o constituir un
derecho real y que emana directamente de ese contrato o título. Justamente por esta
característica de extinguir obligaciones mediante su efectivo cumplimiento, es que la
tradición es un pago, ya que calza perfectamente en la definición que el art.1568 da de
el pago: El pago efectivo es la prestación de lo que se debe. 2.- Es un modo de adquirir
el dominio y demás s derechos reales tratándose del dominio y del derecho real de
herencia la tradición es traslaticia, en tanto que respecto de otros derechos reales es
constitutiva. Es traslaticia porque hace derivar el derecho de un titular a otro, en tanto
que en los demás s derechos reales la tradición es constitutiva porque crea el derecho
en el adquirente. 3.- La tradición puede ser a título universal o singular es a título singular
cuando su objeto es cualquier derecho real, salvo el derecho de herencia. Es a título a
universal cuando su objeto es el derecho real de herencia, porque en este caso la
tradición no recae sobre especies o bienes determinados, sino sobre una universalidad
jurídica. 4.- Puede ser a título gratuito u oneroso calificación que depende de
la naturaleza que la anteceda. Así, ser a título gratuito cuando haya sido precedida por
la donación y ser a título oneroso cuando la preceda la permuta o la compraventa. 5.- La
tradición se refiere tanto a bienes corporales como a los incorporales si lo que se
transfiere es el derecho de dominio y éste recae sobre cosas corporales muebles o
inmuebles, la cosa tradida puede ser un bien corporal mueble o inmueble; pero la
situación es diferente en el caso de que por medio de la tradición se constituye un
derecho real diferente del dominio, porque la cosa tradida puede ser un derecho, esto
es, una cosa incorporal. Lo mismo puede suceder cuando la tradición recaiga sobre un
crédito que también tiene el carácter de incorporal (arts.699 y 670 inc.2). Entrega y
tradición Normalmente se dice que la tradición se efectúa mediante la entrega de la cosa,
aun cuando esta no es la única forma de efectuar la tradición, ya que hay otras maneras
de realizarla como lo indican los arts.684 y 686 del CC. Existe si una estrecha vinculación
entre la tradición y entrega, no obstante haber entre ellas substanciales diferencias. La
entrega no es otra cosa que el traspaso material de una cosa de una persona a otra y
este traspaso material puede constituir una entrega propiamente tal o una tradición; son
estas diferencias las que imprimen el carácter de cada una, dándole una diferente
calificación jurídica: 1.-En la tradición se realiza la entrega de la cosa debiendo tener
el tradente la intención de transferir el dominio y el adquirente la intención de adquirirlo,
es decir, debe haber voluntad de las partes que intervienen en la tradición para operar
una transferencia del derecho de dominio del tradente al adquirente. Si se trata de otro
derecho real debe existir la intención de constituirse ese derecho real en favor de aquí'l.
En la entrega, en cambio, no existe esta intención no obstante que el acto material que
se realiza es el mismo, es decir, tanto en la entrega como en la tradición hay un acto que
es el traspaso material de una cosa de una persona a otra, pero en la tradición debe
haber además la intención a que se ha hecho referencia. 2.- Esta intención se manifiesta
en la tradición por la existencia de un título traslaticio de dominio, de tal modo de que si
ha habido una compraventa se deduce que hay tradición. En cambio, en la entrega hay
un título de mera tenencia que la precede. 3.- En la tradición, en virtud de la entrega, el
adquirente pasa a ser dueño o poseedor y si llega a ser poseedor podrá adquirir el
dominio por prescripción. En tanto, cuando hay simple entrega, quien recibe la
cosa tendrá la calidad de mero tenedor y como tal va a reconocer dominio ajeno y,
además, esa persona no va a poder adquirir el dominio por prescripción. La simple
entrega no opera la adquisición del dominio ni coloca en posesión. No obstante las
diferencias entre entrega y tradición es frecuente que el propio legislador se confunda
con los términos. Así, en el art.1443 se dice que los contratos reales son los que se
perfeccionan por la tradición de la cosa, debiendo decir que se perfeccionan con la
entrega; lo mismo sucede en el art.2174 inc.2 al dar una definición de comodato, diciendo
que el contrato de comodato no se perfecciona sino por la tradición de la cosa, debiendo
decir que se perfecciona por la entrega (otros casos: arts.1824, 2212, 2196,
etc.). Requisitos de la tradición 1.- Un tradente y un adquirente capaces. (Elemento
Personal) 2.- Consentimiento de ambos. (Elemento Consensual) 3.- Existencia de un
título traslaticio. (Elemento Juridico) 4.- Entrega de la cosa. (Elemento Formal) 1.- Un
tradente y un adquirente capaces. Al hablar de las características de la tradición dijimos
que ella era una convención, o sea, un acto jurídico bilateral el cual por su
propia naturaleza requiere de la concurrencia de a lo menos dos partes en la tradición:
el tradente (aquella parte que transfiere el derecho) y el adquirente (aquella parte que lo
adquiere). El art.671 CC dice que el tradente es el que por tradición transfiere el dominio
de la cosa entregada por él o a su nombre. Pero, para que el tradente pueda transferir el
dominio es necesario que sea titular del derecho, ya que se pueden dar dos
situaciones: Que el tradente sea titular del derecho del derecho de dominio. Que el
tradente no tenga tal calidad. Si el tradente es dueño de la cosa que entrega por la
tradición transfiere el derecho. Si no lo es, la tradición como acto jurídico es
perfectamente valida, no adolece de vicio que afecte su validez, pero esa tradición
por quien no es dueño, no surte el efecto de transferir el dominio, no produce el efecto
que señalan el art.670 CC, porque el tradente carece de ese derecho de dominio y nadie
puede transferir más derechos de los que realmente tiene. Los arts.682 y 683 CC dejan
en claro que la tradición hecha por quien no es dueño de la cosa no produce el efecto de
transferir el dominio, no obstante ser valida, produciendo otras consecuencias de
relevancia jurídica: el adquirente por la tradición adquiere la posesión de la cosa, porque
la recibe con ánimo de señor y dueño y, teniendo la calidad de poseedor de la cosa,
puede llegar a adquirirla por prescripción. Por otro lado, si quien hizo la tradición no era
dueño de la cosa y con posterioridad este tradente adquiere el dominio de la misma, se
reputa que el adquirente es dueño desde que se hizo la tradición (art.672 en relación con
el 1819), así por ejemplo: si A vende a B una casa de que no es dueño y se la entrega,
B adquiere sólo la posesión, pero no el dominio; pero si en seguida A adquiere el dominio
de la casa, se reputa que B es dueño, no desde el día en que A adquirió el dominio, sino
desde el día en que se efectuó la tradición; si después de haber adquirido el dominio A
hubiese vendido la casa a W, subsistir no obstante el dominio de B sobre la casa. Ahora,
el art.670 señalan que el tradente tiene que tener la facultad de transferir el dominio. Esta
expresión se refiere al poder de disposición que el tradente debe tener, poder que entre
otros supuestos implica el tener capacidad de ejercicio, es decir, lo que aquí requiere el
legislador es que el tradente tenga aptitud legal para disponer del dominio de la cosa por
si sólo. Por su parte, el adquirente debe tener capacidad para adquirir la cosa. El art.670
exige capacidad tanto en el tradente como en el adquirente. Hay autores que fundados
en el art.670 sostienen que el legislador no exige la misma capacidad para ambos; están
de acuerdo en que se les exige capacidad al tradente y al adquirente, pero esta
capacidad exigida no es la misma. Según Alessandri, el tradente debe tener capacidad
de ejercicio, es decir, aptitud para disponer de la cosa, y el adquirente debe
tener capacidad de goce, esto es, debe estar investido de ese atributo de la personalidad
que lo habilita para adquirir derechos. Pero lo anterior no es válido, puesto que para
ambos se trata de un acto jurídico, y si no se tiene la capacidad plena de ejercicio, la
tradición va a ser nula. Pero, según Somarriva, la capacidad que la ley requiere en el
adquirente es la capacidad de administración y en el tradente la de disposición, la
plena capacidad de ejercicio, lo que se vería corroborado por dos disposiciones: art.1575
inc.2 tampoco es válido el pago en que se debe transferir la propiedad, sino en cuanto el
que paga tiene facultad de enajenar y este pago no es otra cosa que la tradición y la
facultad de enajenar de que habla supone la capacidad de disposición; la otra disposición
es el art.157 n.1, según el cual el pago hecho al acreedor es nulo si el acreedor no tiene
la libre administración de sus bienes (esta disposición está en relación al adquirente). 2.-
Consentimiento de ambos (tradente y adquirente) Siendo la tradición un acto jurídico
bilateral, el consentimiento de las partes es un requisito esencial, de tal manera que si
no hay consentimiento la sanción en nuestro derecho positivo ser la nulidad absoluta,
conforme al art.1682. En doctrina este acto sería inexistente por falta de un requisito de
existencia. El consentimiento en la tradición consiste en la intención compartida
entre tradente y adquirente de transferir el uno y adquirir el otro el derecho de que se
trata, o sea, la intención compartida en orden a que se produzca una traslación del
derecho del adquirente al tradente; esto queda claro por los arts.670, 672 y 673
CC. Puede suceder que haya consentimiento pero que el tradente no sea el verdadero
dueño de la cosa, o incluso, puede darse un caso que el adquirente no sea el verdadero
adquirente. En este caso, la tradición es valida, pero imponible al verdadero dueño y al
verdadero adquirente, y siendo inoponible, ellos pueden ratificar esa tradición haciéndola
valida retroactivamente por la ratificación (art.672 y 673), y por ende, haciédola producir
todos sus efectos a su respecto. En esta materia del consentimiento se deben ver 3
situaciones: a.- tradición por medio de representante. b.- representación del tradente en
la venta forzosa. c.- vicios del consentimiento en la tradición. a.- Tradición por medio de
un representante. Hay que considerar que por medio de un representante puede en
general realizarse todo aquello que pueda hacerse personalmente, salvo casos en
que existe prohibición legal a este respecto, situación que no es la que se da en materia
de tradición, porque aquí no sólo no hay prohibiciones, sino que la ley autoriza
expresamente la representación a su respecto (art.671 incs.2 y 4). Además, el art.674
dice relación con la tradición hecha por mandatario o representante legal, y sostiene que
para que esa tradición sea valida es necesario que el mandatario o representante actúe
dentro de los límites de su mandato. En el art.674 el legislador repite principios legales
en materia de representación, porque es un principio general, que para que el acto
del representante obligue al representado, este debe actuar dentro de la esfera de sus
atribuciones. Si se extralimita ese acto es inoponible al representado. b.- Representación
del tradente en las ventas forzosas. Son ventas forzosas aquellas que se producen como
consecuencia de un litigio (decreto judicial) que se hacen en pública subasta; estas
ventas se efectúan a requerimiento del acreedor para obtener el pago o la indemnización
con el producto que se obtenga del remate. En la venta forzosa también nos
encontramos con un tradente y un adquirente: el adquirente es el tercero que en la
subasta se adjudicó la cosa subastada, y el tradente es el deudor, o sea, el dueño de la
cosa que se remata. Pero, se plantea el problema de que a esta enajenación forzosa no
concurra el deudor, dueño de la cosa subastada, por ello la ley establece que concurra
a esta tradición el juez como representante legal del deudor (art.671 inc.3). La
representación del juez se justifica con la teoría de la voluntad de la representación, en
la cual, la voluntad que concurre es la del representante y, en este caso, el juez. Un
segundo argumento se encuentra en que el deudor dio su consentimiento en forma tácita
a esta venta forzosa en virtud de su contratación de la deuda, quedando con ello el
acreedor con el derecho de prenda general sobre todos los bienes del deudor (arts,2465
y 2469). Hay ventas que no son forzosas pero que se hacen por medio de la
justicia, ejemplo: venta de derechos del pupilo (art.399). c.- Vicios del consentimiento. En
la tradición la tradición es un acto jurídico bilateral y, por lo tanto, a su respecto deben
concurrir los elementos o condiciones de todo acto jurídico, pudiendo también ser
afectada por los vicios de que un acto jurídico puede adolecer. Así, también pueden
presentarse en la tradición los vicios del consentimiento, en cuyo caso, la tradición
adolecer de nulidad. El legislador reglamentó especialmente el error en materia de
tradición y así, se contienen normas sobre el error en la tradición, el que puede recaer
en la cosa tradida (art.676), el error en cuanto a la identidad de la especie produce
nulidad absoluta, ejemplo: esto acontece si A compra un caballo determinado, y B en vez
de entregarle dicho caballo le hace entrega de otro; también puede recaer en la persona,
si recae sólo sobre el nombre la tradición es válida (art.676 inc.2), esto es lógico porque
la tradición es un pago y no es necesario que para que el pago sea válido este se efectúe
por el deudor (arts.1572 y 1576), pero para que el pago sea válido si que debe hacerse
al acreedor, ya que hecho a otra persona significa que el deudor no ha cumplido la
obligación; también puede recaer en el título (art.677): el error en el título invalida la
tradición, cuando una sola de las partes supone un título traslaticio de dominio, como
cuando por una parte se tiene el ánimo de entregar a título de comodato y por otra
se tiene el ánimo de recibir a título de donación, o sea, cuando por las dos partes se
suponen títulos traslaticios de dominio, pero distintos. 3.- Existencia de un título traslaticio
de dominio Lo exige expresamente el art.675 inc.1: Para que valga la tradición
se requiere un título traslaticio de dominio, como el de venta, permuta, donación. La
exigencia de un título traslaticio de dominio queda fuera de toda discusión y es en la
tradición romana en la que se presenta con mayor claridad la dualidad título-modo. En
los casos en que el título es traslaticio de dominio, o sea, en que genera una obligación
de dar (la obligación de dar son las de transferir el dominio o constituir un derecho real);
cuando el título justifica la transferencia del dominio se denomina título traslaticio de
dominio (art.703 inc.3): Son traslaticios de dominio los que por su naturaleza sirven para
transferirlo. El título traslaticio, no obstante su denominación, no opera la adquisición del
dominio del actual al nuevo titular, sino que la transferencia se va a producir por
la tradición, es decir, por ese acto jurídico distinto del título y que opera con posterioridad
a éste. El título o contrato genera derechos y obligaciones. Así, si entre dos personas se
genera una compraventa y recae sobre cosa mueble, el contrato quedar perfecto desde
que haya acuerdo en la cosa y en el precio, y si se trata de un inmueble, desde el
otorgamiento de escritura pública. En ambos casos, de la compraventa surgen
obligaciones y también derechos, para uno la obligación de dar la cosa vendida
(vendedor) y para el otro la de pagar el precio (comprador); para el vendedor surge una
obligación de dar, o sea, de transferir el dominio, y esa obligación de dar la cumple
el vendedor mediante la tradición del bien respectivo. El título traslaticio es un contrato;
en cambio, la tradición es una convención distinta al contrato y que opera con
posterioridad a éste. Los títulos traslaticios más frecuentes son: la compraventa, la
permuta, la donación, el aporte en propiedad a una sociedad, dación en pago, etc. El
art.675 inc.2 exige que este título traslaticio además debe ser válido, esto es, que no
debe adolecer de un vicio de nulidad, porque, si el título es nulo, su nulidad impide que
pueda operar la tradición, porque los defectos del título repercuten en la tradición. La
nulidad de la tradición procede generalmente cuando se ha declarado la nulidad del título
que la precede; si el título traslaticio es nulo, la tradición no opera la transferencia del
dominio. Así, de acuerdo con el art.1796 está prohibido el contrato de compraventa entre
padre e hijo de familia; ahora bien, si un padre le vende al hijo una casa y después
se inscribe esta transferencia en el Registro del Conservador del Bienes Raíces, este
título no es válido y, por lo tanto, tampoco ha existido tradición (al hablar de título nulo
nos referimos tanto a la nulidad relativa como a la absoluta). 4.- Entrega de la cosa Este
hecho material que consiste en poner la cosa a disposición del adquirente confieriéndole
posesión, es el hecho externo que pone en clara evidencia la circunstancia de haber
tradición. El adquirente tendrá un apoderamiento material de la cosa y tendrá ánimo de
señor y dueño sobre ella, lo que se desprende que el título es traslaticio y de haber
recibido la cosa por tradición. Por estas dos circunstancias, el adquirente va a tener la
posesión de la cosa porque va a reunir los requisitos para ella (art.700 CC). Pero, no
toda entrega constituye tradición, sólo tiene la calidad de tal la entrega cuando existe la
situación a que se refiere el art.670 de transferir el dominio, por una parte, y de adquirir
el dominio, por otra. Si el título es traslaticio de dominio la entrega constituye tradición
y confiere posesión; pero si no lo es de dominio, sino de mera tenencia, entonces la
entrega no constituye tradición y no confiere posesión, y quien recibió la cosa tendrá la
mera tenencia de ella, porque estar reconociendo dominio ajeno y la entrega constituir
sólo una simple entrega y no tradición (tiene un carácter de título de mera tenencia:
el arrendamiento, el depósito, el comodato. Ver art.714). La entrega en la tradición sirve
para figurar la transferencia del dominio, pero hay ciertos casos en que esta entrega no
concurre, no obstante lo cual hay tradición, situación que ocurre con ciertas cosas
incorporales que no pueden entregarse materialmente, ejemplo: el derecho de
servidumbre, derecho real de herencia (ya que en ellos la tradición se hace en
forma especial). Efectos de la Tradición Los efectos van a ser distintos según si la
persona que efectúa la tradición es o no dueña de la cosa que entrega, debemos
distinguir entonces: 1.- Caso en que el tradente es dueño de la cosa que entrega. En
este caso, la tradición opera como modo de adquirir el dominio o derecho real, es decir,
el adquirente va a adquirir el derecho de dominio o el correspondiente derecho real y
además va a entrar en posesión de la cosa y esta va a ser una posesión con derecho a
ella. Es decir, tratándose del dominio, el adquirente va a ser poseedor y dueño;
tratándose de otro derecho real ser poseedor y titular del derecho real. El derecho de
dominio se traspasa del primitivo al nuevo titular por medio de la tradición, pero no
sucede lo mismo con la posesión pues ella se adquiere personalmente por cada individuo
(art.717 CC): Sea que se suceda a título universal o singular, la posesión del sucesor,
principia en él... Ahora, si el tradente tenía un derecho afecto a condición resolutoria, o
un derecho afecto a un gravamen (como la hipoteca), el adquirente lo recibe en idénticas
condiciones, sin que su situación mejore en algo; es decir, si el derecho del tradente era
resoluble, el adquirente lo adquiere con la misma calidad; y si el derecho del tradente
estaba afecto a un gravamen, el adquirente lo recibir en las mismas condiciones (todo
ello es consecuencia de ser la tradición un modo de adquirir derivativo). 2.- Caso en que
el tradente no es dueño de la cosa que entrega. En tal caso, la tradición es valida, pero
no opera como modo de adquirir, porque el tradente no puede transferir un derecho que
no tiene (art.682 inc.1). Pero la tradición así efectuada es importante en los
siguientes aspectos: a) coloca al adquirente en posesión de la cosa tradida, porque
habiendo tradición se van a cumplir los requisitos del art.700 para estar en posesión de
la cosa. Este efecto no sólo se produce cuando el tradente no es dueño, sino que también
en el caso anterior queda en posesión de la cosa. b) no importa si el tradente tiene o no
la posesión, incluso. adquiere posesión aún cuando el tradente haya sido mero tenedor,
lo que es una consecuencia importante de que la posesión es personal. c) es importante
que el adquirente entre en posesión de la cosa, porque teniendo posesión puede llegar
a adquirir el dominio por prescripción, aun cuando el tradente hubiese carecido de
dominio (art.683). Si el tradente no es dueño, el adquirente va a ser un poseedor sin
derecho, pero puede ocurrir que el tradente no haya sido dueño de la cosa al tiempo de
la tradición y que la adquiere con posterioridad. En tal caso, el efecto propio de la
tradición se produce desde que ésta se hace y no desde que el tradente adquirió el
dominio (es decir, su efecto se retrotrae, art.682 inc.2). Época para pedir la tradición Lo
normal es que la tradición se realiza tan pronto como se celebra el contrato, o sea,
inmediatamente después. Esto se desprende del art.681 CC: Se puede pedir la tradición
de todo aquello que se deba, desde que no haya plazo pendiente para su pago; salvo
que intervenga decreto judicial en contrario. Pero, esta regla general de que se puede
pedir la tradición en forma inmediata tiene 3 excepciones: 1.- Cuando existe pendiente
una condición en el título es decir, cuando el título es condicional (condición suspensiva);
ejemplo: ofrezco al José regalarle una casa si se recibe de abogado, naturalmente que
José no puede pedir la entrega mientras no se reciba. 2.- Cuando hay un plazo pendiente
para el pago en este caso, no puede pedirse la tradición sino hasta después del
cumplimiento del plazo respectivo. 3.- Cuando existe un decreto judicial en contrario que
ordena no efectuar el pago o retener el pago hay dos posiciones que justifican
esta disposición: art.1578 n.2, de acuerdo con el cual es nulo el pago que se hace al
acreedor si por el juez se ha mandado retener el pago; el art.1464 n.3 señalan que hay
objeto ilícito en la enajenación de la cosa embargada por decreto judicial. Como la
tradición constituye enajenación, habría objeto ilícito y, por lo tanto, nulidad absoluta. De
tal manera que cuando hay un decreto judicial que ordenó retener el pago o cuando se
ha embargado la cosa con la que debe pagarse, el deudor no podrá hacer la tradición y
el acreedor estar impedido de demandarlo. Hemos visto que algunos de los casos en
que no puede hacerse la tradición tan pronto se celebra el contrato, son aquellos en que
el título es condicional. También la tradición puede ser condicional, según se
desprende del art.680 CC, que dice que _la tradición puede transferir el dominio
bajo condición suspensiva o resolutoria, con tal que se exprese. No es la tradición la que
esta sujeta a modalidades, son los efectos de ella los que están afectados a determinada
modalidad. Tradición bajo condición resolutoria En realidad, donde puede concurrir la
tradición es en el título y no en la tradición, como se desprendería del art.680; como tal,
no puede estar bajo condición resolutoria. La condición resolutoria existe en el
título traslaticio de dominio que ha precedido a la tradición, por ejemplo: le doy a
Tomascic una casa hasta que se reciba de abogado, en este caso yo hago la tradición
de la casa y Tomascic adquiere el dominio bajo condición resolutoria, porque si se recibe
de abogado va a dejar de ser dueño de la casa. La condición resolutoria en este caso,
existe en el título, y como toda alteración o modificación en el título se extiende a la
tradición, resulta que ésta también quedar sujeta a la misma condición; pero la condición
en si misma estar contenida en el título. El art.680 dice: con tal que se exprese. Las
condiciones, en la generalidad de los casos, se expresan porque son una modalidad y
estas son elementos accidentales del acto jurídico (art.1444). El problema se plantea con
el art.1489 que establece la condición resolutoria tácita: En los contratos bilaterales va
envuelta la condición resolutoria de no cumplirse por los contratantes lo pactado. La duda
es si a la luz de lo dispuesto en el art.680 inc.1 se aplica también cuando opera la
condición resolutoria tácita. La doctrina está dividida: Un sector sostiene que el art.1489
no es aplicable a la tradición, porque el art.680 inc.1 dice: ...con tal que se exprese;
señalando que el art.1489 establece una condición resolutoria tácita, y siendo tácita, no
habría expresión de ella y, por lo tanto, no podría afectar a la tradición al tenor del
art.680. Otro sector, estima que el dominio se puede transferir tanto bajo
condición expresa -tal como lo exige el art.680inc.1-, como también bajo
condición resolutoria tácita y argumentan en la siguiente forma: la tradición,
dicen, requiere de un título traslaticio de dominio, y este título puede estar afecto a
condición resolutoria expresa o tácita. En el caso que ese título se resuelva, significar
que ese título dejar de existir y ese efecto es el propio de la condición resolutoria tácita.
Si el título deja de existir, mal podría subsistir la tradición que una consecuencia de ese
título; si así no fuere se estaría aceptando la existencia de un efecto sin la
causa previa. Tradición bajo condición suspensiva Esta tradición es una situación mas
bien de carácter teórico, de escasa aplicación práctica, y ello porque la condición
suspensiva es el acontecimiento futuro e incierto del cual depende el nacimiento de
un derecho, de modo que mientras la condición no se cumpla, el derecho no nace y, por
lo tanto, la tradición generalmente se hará después de cumplida la condición
suspensiva. Pero, el art.680 pareciera decir otra cosa, en realidad se ha entendido
que este artículo se refiere a la situación en que con anterioridad al cumplimiento de la
condición se entregue la cosa a quien no es su adquirente y, en tal caso, cuando se
cumpla la condición, el adquirente va a pasar a ser dueño de la cosa sin necesidad de
una nueva entrega, pues ésta se hizo previamente. Se dice que la tradición bajo
condición suspensiva no transfiere naturalmente el dominio, porque el propietario no se
ha desprendido de ella en favor del adquirente, sino que la transferencia se va a producir
sólo una vez que haya acaecido el hecho futuro e incierto en que consiste la condición,
teniendo lugar de pleno derecho y sin necesidad de ningún acto o manifestación de
voluntad ulterior (esta es la opinión de Luis Claro Solar). Clasificación de la tradición La
tradición se clasifica atendiendo a la forma como ella se efectúa y para ello debe
atenderse al derecho que se transfiere o constituye mediante la tradición y a la naturaleza
mueble o inmueble de la cosa sobre la cual dicho derecho recae, y así distinguiremos
entre: 1.- tradición del dominio sobre muebles. 2.- tradición del dominio sobre
inmuebles 3.- tradición de otros derechos reales (menos el de herencia). 4.- tradición de
los créditos o derechos personales. 1.- Tradición del dominio sobre muebles (art.684
CC) Se hace esta tradición del dominio sobre muebles en forma que la cosa tradida
quede a disposición del adquirente, o sea, se le confiere posesión al adquirente. Lo que
se desea figurar es la transferencia del dominio y es para este objeto que se hace la
entrega de la cosa (art.684 inc.1). La entrega puede revestir 2 formas: real y ficta o
simbólica. a.- Es real cuando se hace física o naturalmente, bien sea porque se permite
su aprehensión material (art.684 n.1: permitiéndole la aprehensión material de la cosa
presente), o porque se le muestra al adquirente (art.684 n.2: mostrándosela). b.- Es ficta
o simbólica cuando la entrega de la cosa se hace figurar mediante un símbolo que
representa la cosa sobre la cual va a recaer la tradición y que la pone bajo el poder o
acción del adquirente. Las situaciones contempladas en el art.684 ns.3, 4 y 5 se
refieren justamente a la entrega ficta o simbólica, de estos 3 números el legislador
contempla 4 casos de tradición ficta o simbólica, en una enumeración que se sostiene
que no tendría carácter taxativo. Estos casos son: 1. - Art.684 n.3: Entregándole las
llaves del granero, almacén, cofre o lugar cualquiera en que este guardada la cosa. 2. -
Art.684 n.4: Encargándose el uno (tradente) de poner la cosa a disposición del otro
(adquirente) en el lugar convenido. 3. - Art.684 n.5: Por la venta, donación u otro título
de enajenación (título traslaticio) conferido al que tiene la cosa mueble
como usufructuario, arrendatario, comodatario, depositario o a cualquier título no
traslaticio de dominio (es decir, al adquirente, si éste ya era mero tenedor de la cosa
mueble: traditio brevi manum); y recíprocamente por el mero contrato en que el dueño
se constituye usufructuario, comodatario, arrendatario, etc. Es decir, consiste en el título
de mera tenencia otorgado al tradente, primitivo dueño, y además en un título traslaticio
otorgado en favor del adquirente: constitutio provisoria. 2.- Tradición del dominio sobre
inmuebles Se hace por la inscripción del título en el Registro del Conservador de Bienes
Raíces (arts.686 inc.1, 696 y 724 CC). Es decir, la tradición del derecho de dominio sobre
bienes inmuebles es solemne y la solemnidad es la inscripción del título. Si se omite esta
inscripción el adquirente no adquiere el dominio, ni tampoco la posesión del inmueble.
Lo que sucede es que la inscripción del título simboliza la entrega y confiere
posesión, cual es la posesión inscrita. Esta inscripción representa a 2 de los elementos
de la tradición que son el consentimiento y la entrega, debiendo concurrir también los
otros requisitos de ésta como lo son la capacidad de las partes y el título
traslaticio. Cuando el dominio se adquiere por un modo de adquirir distinto de la tradición
también se practica la inscripción, pero ello no tiene por objeto operar la adquisición del
dominio, sino que juega un rol distinto, por ejemplo: en la sucesión por causa de muerte
cuando entre los bienes hereditarios hay inmuebles, debe practicarse la inscripción de
esos inmuebles a nombre de los herederos, pero, esa inscripción, no tiene por objeto
operar la adquisición del dominio, sino que su finalidad es la de conservar la historia de
la propiedad raíz (art.688 CC), ya que si no se hiciese no habría una adecuada
continuidad entre todas las inscripciones. Cuando la tradición se efectúa mediante
inscripción, lo que se inscribe es el título, o sea, el contrato que consta en la respectiva
escritura. 3.- Tradición de otros derechos reales (menos el de herencia) Los otros
derechos reales distintos del dominio recaen algunos sobre bienes muebles, otros sobre
inmuebles y otros, indistintamente sobre muebles e inmuebles. a.- Tratándose de
derechos reales que recaen sobre bienes muebles (la prenda) la tradición se efectúa
mediante la entrega real de la cosa constituida en prenda por el deudor al acreedor. El
art.2384 define al contrato de prenda o empeño como aquel en que se entrega una cosa
mueble a un acreedor para la seguridad de su crédito (la cosa entregada se
llama prenda). Los arts.2386 y 2389 nos indican la forma en que se perfecciona este
contrato: Art.2386: Este contrato no se perfecciona sino por la entrega de la prenda al
acreedor. Art.2389: Se puede dar en prenda un crédito entregando el título; pero
ser necesario que el acreedor lo notifique al deudor del crédito consignado en el título,
prohibiéndole que lo pague en otras manos. b.- Hay otros derechos reales que recaen
sobre bienes inmuebles (hipoteca, servidumbre, censo y el derecho de habitación) b.1
La tradición de los derechos reales de hipoteca, censo y habitación se efectúa por la
inscripción del título en el Registro Conservador de Bienes Raíces (art.686 inc.2). El título
ser en este caso el contrato de hipoteca, censo o el acto constitutivo del derecho de
habitación. b.2 Tratándose del derecho real de servidumbre la tradición no se hace por la
inscripción del título en el Registro, sino que se hace mediante escritura pública en que
el tradente expresa constituirla y el adquirente aceptarla: esta escritura podrá ser la
misma del acto o contrato en que se constituye la servidumbre (art.698 CC). Pero,
tratándose de la servidumbre de alcantarillado en predios urbanos, la tradición se hace
por la inscripción del título en el Registro del Conservador de Bienes Raíces, y el título
es el contrato en que consta la constitución de la servidumbre que debe otorgarse por
escritura pública (Ley 6977 publicada en el Diario Oficial del 16 de julio de 1941),
es decir, se vuelve en este caso a la regla del art.686 CC. c.- Derechos reales que recaen
sobre muebles o inmuebles indistintamente (derechos de usufructo y uso). Cuando recae
sobre muebles, se le aplica lo dispuesto en el art.684, referente a la tradición del dominio
sobre muebles. Cuando recaen sobre bienes inmuebles su tradición se efectúa mediante
la inscripción del título en el Registro del Conservador de Bienes Raíces (art.686
inc.2). La tradición del derecho real de herencia El problema que nos plantea este
derecho es que a diferencia de los otros derechos reales este no se ejerce sobre un bien
determinado, sino que recae sobre una universalidad jurídica, que es el patrimonio del
causante o una parte alicuota del mismo. El derecho de herencia es el que tiene el
heredero sobre un patrimonio dejado por un difunto o sobre una parte alicuota de ese
patrimonio. El heredero no adquiere el derecho de herencia por tradición, sino que
por sucesión por causa de muerte, pero este heredero, una vez que tiene la calidad de
titular del derecho real de herencia, puede transferir a un tercero ese derecho, y en este
caso, tendrá que hacer la tradición de este derecho. El heredero que le transfiere el
derecho de herencia a un tercero se denomina cedente y el tercero que lo adquiere se
denomina cesionario, y la tradición se denomina cesión. La tradición, tratándose del
derecho de herencia, supone necesariamente un título traslaticio de dominio (art.675
CC), si el título traslaticio es la compraventa, ese contrato va a ser solemne, debiendo
constar por escritura pública según el art.1801 del CC, que señalan: La venta de los
bienes raíces, servidumbres, censo y los de una sucesión hereditaria, no se reputan
perfectas ante la ley, mientras no se haya otorgado escritura pública. Tratándose de la
cesión del derecho de herencia, esta norma no recae sobre bienes determinados que
estén comprendidos en la herencia, sino que sobre la universalidad del patrimonio o una
parte alícuota del mismo. El art.1909 deja en claro que la cesión del derecho de herencia
se refiere a la universalidad de ésta y no a bienes determinados comprendidos en
ella, por lo tanto, si en una compraventa y en la posterior tradición se especifican los
bienes hereditarios y se cede un derecho sobre ellos, no hay cesión del derecho real de
herencia, sino de un derecho denominado fraccionario y eventual sobre bienes
determinados, y la tradición se hará conforme a la naturaleza de esos bienes. El
problema que se nos plantea con el derecho de herencia es que no recae sobre bienes
determinados, sino que sobre una universalidad jurídica y comprendidos en esa
universalidad jurídica pueden haber muebles e inmuebles y, siendo así, en qué forma
habrá de hacerse la tradición de este derecho de herencia como
universalidad jurídica? El art.686 del CC no comprende el derecho de herencia al señalar
aquellos derechos cuya tradición se efectúa mediante la inscripción del título en el
Registro del Conservador de Bienes Raíces. Por lo tanto, la tradición del derecho de
herencia no sería de esta forma. El problema consiste en determinar en qué forma se
hace la tradición del derecho de herencia y, para ello, se han elaborado dos doctrinas
que tratan de resolver el problema: 1.- Sustentada por José Ramón Gutiérrez, quien
estimaba que el derecho de herencia sigue la aplicación que el CC da a los derechos
reales en el art.580: Los derechos y acciones se reputan bienes muebles o
inmuebles, según lo sea la cosa en que han de ejercerse o que se debe...; o sea,
el derecho de herencia ser mueble o inmueble según la cosa en que se ejerza o recaiga.
Por consiguiente, la tradición del derecho de herencia tendría que hacerse conforme al
art.684 para los muebles, y según el art.686 para los inmuebles. Esta posición ha sido
ratificada por ciertos fallos de los tribunales, que han expresado que si la herencia
comprende bienes raíces, la cesión de ella no puede hacerse sin la correspondiente
inscripción en el Registro del Conservador (Corte de Valdivia, 10 de enero de 1913:
Gaceta de los Tribunales, 1913, t.1, n.114, p.309; Corte de Talca, 18 de diciembre
de 1926: Gaceta 1926, seg. semestre, n.129, p.574). 2.- Doctrina sustentada por
Leopoldo Urrutia, que sostiene que el derecho de herencia no tiene por objeto bienes
muebles o inmuebles determinados, sino que su objeto es la universalidad jurídica de la
herencia o una parte alícuota de la misma, de ello concluye que a la tradición del derecho
de herencia no se le aplican las normas dadas para los muebles o inmuebles que son
normas especiales, sino que se aplica la regla general del inc.1 del art.684, es decir, la
tradición del derecho de herencia bastar para efectuarla cualquier manifestación en que
conste la intención de transferir el dominio. Una de las formas que señalan Urrutia sería
que el cesionario (adquirente) reclamara la posesión efectiva de la herencia o pidiera
la partición de la comunidad hereditaria en virtud del art.1320. Esta posición ha sido
seguida mayoritariamente por los tribunales que han señalado que la entrega de un
derecho de herencia cedido entre vivos, aun cuando en la herencia haya inmuebles, no
requiere la inscripción del título es el Registro del Conservador. Para determinar si las
disposiciones generales relativas a la tradición inscrita deben también aplicarse a la
transferencia de una cuota hereditaria hecha por un asignatario a favor de otra persona,
es necesario establecer si por este acto se enajenan o no determinadamente los
bienes muebles o inmuebles de la sucesión. No enajenándose en la cesión de
un derecho hereditario bienes raíces determinados, no se requiere para la tradición que
se inscriba el título. La herencia es una asignación a título universal y, por tanto,
los coasignatarios de una herencia proindiviso no son dueños singulares de cada uno de
los bienes hereditarios sino de la universalidad o de una cuota de ese patrimonio. De tal
modo que si se venden o ceden su derecho hereditario no transfieren propiedad alguna
particular, sino la cuota que les corresponda en dicha universalidad. No existe
disposición legal alguna que exija para la entrega de un derecho hereditario cedido entre
vivos, la inscripción referida, aunque en la herencia existan bienes raíces. Del texto del
art.686 del CC como del siguiente y de los arts.54 y 78 del Reglamento del Conservador,
que determinan los bienes cuya tradición debe efectuarse por la inscripción y reglan la
forma y solemnidades de ella, aparece con claridad que esas disposiciones se refieren
a inmuebles singulares, individualmente especificados, requisitos que no se
encuentran reunidos en la tradición del derecho hereditario, puesto que estos
derechos por su naturaleza jurídica no comprenden bienes determinados sino
una universalidad, un conjunto de bienes indeterminados, o una cuota de ellos, entre los
cuales aun en el supuesto de existir bienes raíces, no se transmiten por la cesión otros
derechos que los que pueden corresponder al cedente para que el cesionario los haga
valer por si solo en el juicio de partición, o fuera de éste, conjuntamente con los demás
coherederos. Se critica esta teoría en este último aspecto, porque deja
muy indeterminada la fecha de la tradición y porque separa mucho en el tiempo la
manifestación de voluntad del adquirente respecto de la del tradente, siendo que se trata
de una convención. Por ello, hoy en día, aceptándose que esta doctrina tiene razón en
cuanto que la tradición del derecho de herencia se efectúe de cualquier forma
que exprese la intención de transferirlo y de adquirirlo (no siendo necesaria la inscripción
del título en el Registro), se agrega que dicha manifestación puede estar en el mismo
título o acto en que se cede el derecho de herencia, por lo cual, se da certidumbre a la
fecha de la tradición. Por lo demás s, ello no constituye una innovación, porque la misma
situación está establecida para las servidumbres en el art.698 CC. 4.- Tradición de los
créditos o los derechos personales. El crédito que tiene una persona puede cederse y su
cesión es también una forma de tradición, y al igual que toda tradición requiere la
existencia de un título. Esta tradición de los derechos personales que un individuo cede
a otro se verifica por la entrega del título hecha por el cedente al cesionario (art.699);
queda ahí perfecta la relación entre el cedente o acreedor y el cesionario. Pero la relación
en el crédito es entre el acreedor y el deudor, y este último deber tener conocimiento que
el crédito que debe ha sido cedido a otra persona para cumplir con ella. Por ello es que
el legislador dispone en el art.1902 que la cesión no produce efecto contra el deudor ni
contra terceros, mientras no ha sido notificada por el cesionario al deudor o aceptada por
éste. Si no se cumple este requisito la cesión ser valida entre el acreedor (cedente) y el
cesionario, pero ser inoponible al deudor y a terceros. Tradición de cuotas Cuando la
tradición recae sobre la totalidad de una cosa no hay ningún problema, pero si lo hay
cuando recae sobre una cuota de ella. Así, hay que distinguir: 1.- Si la tradición recae
sobre una cuota en una cosa singular la doctrina y la jurisprudencia han estimado que la
cuota participa del carácter de mueble o inmueble de la cosa respectiva; entonces, se
concluye que si se trata de la tradición de una cuota de un inmueble, ella se efectuar
según el art.684, en tanto que si se trata de la tradición de una cuota en un inmueble la
tradición se hará según el art.686. Esta es la ocasión de hacer una referencia al problema
de la enajenación de una cuota dentro de una universalidad jurídica, pero referida a un
bien determinado de la comunidad hereditaria, planteándose el problema al momento en
que se pone término al estado de indivisión, porque habrá' que diferenciar si el bien al
cual se refiere la cuota enajenada se le adjudica o no al comunero que hizo la
enajenación. Si se le adjudica a él mismo no habrá mayores problemas, pero en el
evento que ese bien le sea adjudicado a un tercero estaríamos ante la venta de cosa
ajena, la cual es valida en nuestro derecho (art.1815). En otro sentido, puede observarse
que -en teoría- esta disposición de cuota en cosa determinada de una universalidad,
armoniza mejor con la doctrina que sostiene la comunicabilidad de la cuota con los
bienes específicos, que con la teoría que la rechaza. En fin, hay que dejar establecido
que en este caso, la forma de efectuar la tradición de esta cuota es la misma que para la
tradición de una cosa singular, recién mencionada, distinguiéndose según la cosa sea
mueble o inmueble. 2.- Si la tradición recae sobre una cuota en una cosa universal el
sector de la doctrina que acepta la comunidad en la universalidad jurídica y que niega la
comunicabilidad, estima que la tradición se efectúa significando la intención de transferir
y el ánimo de adquirir por cualquiera forma de las indicadas en el art.684 inc.1, y que no
es necesaria la inscripción aun cuando haya inmuebles dentro de la universalidad. Se
sostiene que estaríamos frente a una abstracción que no puede incorporarse en
la clasificación de muebles o inmuebles y, por lo tanto, al no poder catalogarle de mueble
o inmueble, su tradición tendrá que hacerse conforme a la regla general del art.684, ya
que la inscripción es una forma especial de tradición (Corte de Concepción, 20 de
noviembre de 1934: Gaceta 1934, seg. semestre, n.116, p.469). Sin embargo, hay
quienes no aceptan la existencia de la comunidad en la universalidad jurídica y sostienen
que ella se presenta solamente en la universalidad de hecho, y afirman que existe
comunicabilidad entre la cuota y los bienes de que se compone la universalidad,
concluyendo que la tradición de la cuota en este caso debe efectuarse de acuerdo con
la naturaleza de los bienes respectivos, y habrá que aplicar la norma del art.684 para los
bienes muebles y la del art.686 para los inmuebles, si es que los hay en la comunidad
(Corte Suprema: R., t. VII, secc. primera, p.240). Funciones de la inscripción en relación
con los modos de adquirir. Según lo dispuesto en el art.686 la tradición del dominio sobre
inmuebles como también de otros derechos reales, salvo las servidumbres, se
realizan mediante la inscripción del título en el Registro del Conservador de
Bienes Raíces. Pero, sucede que no sólo opera como modo de adquirir (en la tradición),
sino que además puede jugar los siguientes papeles: 1.- Opera como tradición, es decir,
como un modo de adquirir. 2.- Puede operar como formalidad de publicidad. 3.- Puede
tener por objeto mantener la historia de la propiedad raíz. 4.- Puede operar como
requisito, garantía y prueba de la posesión de los bienes inmuebles. 1.- Opera como
tradición Por medio de la inscripción del título en el Registro se efectúa la tradición del
dominio y otros derechos reales sobre inmuebles, salvo el de servidumbre (art.686). Al
practicarse esta inscripción, lo que se inscribe es el título traslaticio respectivo que debe
constar por escritura pública, o bien, del acto constitutivo del respectivo derecho real que
también debe constar por escritura pública. Hemos dicho que la tradición es una
convención, y por ello requiere el acuerdo de voluntades de ambas partes y la tradición
se hace mediante la inscripción. Ahora, este acuerdo de voluntades debe manifestarse
al momento de la inscripción y, para ello, deberán concurrir las dos partes a requerir la
inscripción y deberán firmarlo. Por ello, se acostumbra a conferir un mandato que se da,
bien a una de las partes o a un tercero para efectuar esta inscripción. Este mandato (u
oferta de mandato a persona indeterminada, según otros) se incluye en el título
respectivo y su redacción frecuentemente dice que se faculta al portador de copia
autorizada de este instrumento para requerir y firmar todas las inscripciones, sub
inscripciones y anotaciones que sean procedentes. Se sostiene que esta cláusula
importa una oferta de mandato a persona indeterminada, mandato que se cumple
cuando el portador del instrumento requiere y firma la inscripción en el Registro del
Conservador de Bienes Raíces respectivo. Aquí hay dos oferentes (las dos partes que
celebran el contrato), de modo que si una de las partes fallece antes de efectuarse la
inscripción caducaría su oferta de mandato y, por lo tanto, el portador del título no podría
hacer la inscripción y sólo podría hacerlo acudiendo por los herederos o por medio de
mandato otorgado por estos. El único modo de adquirir en el cual el propio modo es la
inscripción es la tradición del dominio sobre inmuebles y la constitución de derecho
real sobre inmuebles, salvo el caso de las servidumbres (con su contraexcepción). En
los restantes modos de adquirir la inscripción no opera como tal, sino que desempeña
otros roles, operando el modo de adquirir en forma totalmente independiente de la
inscripción: en la ocupación no interviene la inscripción, porque la ocupación
nunca puede recaer sobre inmuebles. en la accesión de inmueble a inmueble la
inscripción de lo principal se extiende a lo accesorio. en la prescripción la inscripción de
la sentencia que la declara es una formalidad de publicidad, puesto que dicha sentencia,
hace las veces de escritura pública y no valdrá contra terceros sin la
competente inscripción. en la sucesión por causa de muerte también hay que practicar
inscripciones, pero ellas no configuran el modo de adquirir, sino que su finalidad
es mantener la historia de la propiedad raíz. El modo de adquirir sucesión por causa de
muerte opera en forma totalmente independiente de la inscripción y si no se practican las
inscripciones se producen consecuencias especiales. Hay autores que sostienen que la
inscripción, en algunos casos, además de su tradición jugaría un rol de solemnidad, que
es lo que sucede en el contrato de hipoteca (art.2409: La hipoteca deber otorgarse por
escritura pública...; art.2410: La hipoteca deber además ser inscrita en el
Registro Conservatorio; sin este requisito no tendrá valor alguno; ni se contar su fecha,
sino desde la fecha de su inscripción). También, en el contrato de donación de inmuebles
(art.1400 inc.1), se señala que no valdrá la donación entre vivos de cualquiera especie
de bienes raíces, si no es otorgada por escritura pública e inscrita en el competente
Registro. En el censo (art.2027), se establece que la constitución de un censo
deber siempre constar por escritura pública inscrita en el competente Registro y sin este
requisito no valdrá como constitución de censo.... En la constitución de usufructo sobre
inmuebles por acto entre vivos (art.767), se señala que el usufructo que haya de recaer
sobre inmuebles por acto entre vivos, no valdrá si no se otorgare por instrumento
público inscrito. En la constitución de fideicomiso sobre inmuebles (art.735 inc.2),
se establece que la constitución de todo fideicomiso que comprenda o afecte
un inmueble, deber inscribirse en el competente registro. Según esta opinión, si no se
procede a esta inscripción, el acto o contrato adolecería de la falta de una solemnidad
legal y, por lo tanto, estaría afectado de un vicio de nulidad absoluta. Pero, esta opinión
no es aceptada por la mayor parte de la doctrina, la cual da los siguientes argumentos: a)
El sistema adquisitivo de derechos reales es complejo y requiere la concurrencia de un
título y de un modo de adquirir, teniendo cada uno de ellos una existencia autónoma. De
tal modo, puede existir con plena validez el título traslaticio de dominio en forma total y
absolutamente independiente de la inscripción en la tradición. Lo que sucede es que
la tesis que afirma que la inscripción juega un rol de solemnidad incurre en un error de
interpretación de las disposiciones legales en que se funda, porque los arts.2409, 2410,
1400, 2027, etc.; no exigen la tradición como solemnidad del contrato, sino como
requisito del derecho real que se va a constituir por la inscripción. b) Además, de
aceptarse esta teoría de dar a la inscripción el carácter de solemnidad, sería dejar al
adquirente entregado totalmente a la voluntad de el tradente, porque si el tradente no
quiere hacer la tradición (inscripción) el adquirente no va a poder exigírselo, porque para
ello tendría que fundarse en el contrato, y a éste le faltaría una solemnidad, por lo cual
sería nulo y no habría nacido el derecho personal o crédito del adquirente que le permita
exigirle al tradente que cumpla la obligación que sobre él recae (una obligación de dar),
que es la de transferir el dominio o constituir el derecho real. Por todo ello es que la
mayor parte de la doctrina no acepta que la inscripción en estos casos juegue el doble
papel de solemnidad y de tradición afirmando que sólo es la forma de hacer la tradición
del derecho real respectivo. 2.- Puede operar como formalidad de publicidad Los
registros del Conservador de Bienes Raíces son públicos, lo cual significa que pueden
ser examinados o consultados por cualquier persona, lo que hace que cualquiera pueda
tener acceso y conocimiento de los cambios que haya experimentado el dominio de los
bienes inmuebles o que pueda imponerse de los gravámenes o limitaciones que los
afecten. Por ello es que a veces se exige la inscripción, no para que sea la tradición
del respectivo derecho real, sino como formalidad de publicidad o de oponibilidad, ya que
ello permitir a los interesados tomar conocimiento de limitaciones, gravámenes, etc., que
afecten a los inmuebles. Estas inscripciones por vía de publicidad son en ciertos casos
de carácter obligatorio y, en otros, quedan entregadas a la libre voluntad de las partes.
Los casos mas frecuentes de inscripción como formalidad de publicidad son: a) la
inscripción de la sentencia firme o ejecutoriada que declara la prescripción adquisitiva
del derecho real de dominio o de otro derecho real sobre inmueble (art.689 y 2513). b)
la inscripción que debe hacerse de la renuncia de un derecho real sobre inmuebles
(art.52 n.3 del Reglamento del Registro Conservatorio de Bienes Raíces). c) inscripción
de las resoluciones judiciales que declaran la interdicción provisoria o definitiva del
disipador o el demente. d) inscripción de la resolución judicial que confiere la
posesión definitiva de los bienes del desaparecido (art.52 n.4 del Reglamento
del Registro Conservatorio). e) inscripción de la resolución judicial que confiere el
beneficio de separación (art.52 n.4 del Reglamento del Registro). f) la inscripción de todo
gravamen que recaiga sobre inmuebles, por ejemplo: la servidumbre (art.53 n.3 del
Reglamento del Registro). g) la inscripción que se haga de toda prohibición, embargo o
retención convencional, legal o judicial, que limite de cualquier modo el libre ejercicio del
derecho de enajenar (art.53 n.3 del Reglamento del Registro). En estos casos, la
inscripción es formalidad de publicidad; si se omite la inscripción el acto ser perfecto y
plenamente válido, pero no podrá hacerse valer respecto de terceros mientras no se
practique la inscripción, pues les ser inoponible. 3.- Puede tener por objeto mantener la
historia de la propiedad raíz. Conservando la relación armónica de las mutaciones o
cambios que experimente la propiedad raíz. Cuando una persona va a adquirir el
dominio de un inmueble o aceptar un gravamen o derecho real constituido sobre
ese inmueble, se practica normalmente el examen o revisión de títulos de dominio. Los
títulos de dominio son el conjunto de escrituras públicas, inscripciones y demás s
instrumentos públicos que testimonian la historia del dominio del inmueble y de los
derechos reales que lo gravan. Se dice que los títulos están perfectos o ajustados a
derecho cuando hay regularidad en esas escrituras o instrumentos, si no es así, los
títulos presentan reparos, los cuales deben ser subsanados. En el examen de títulos
normalmente se analizan aquellos comprendidos en una etapa de 10 años de
inscripciones posesorias, contados hacia atrás desde la fecha del examen. La razón de
esto es que éste es el plazo máximo de prescripción adquisitiva de los inmuebles, como
también de la absoluta, acción reivindicatoria, etc. En cuanto al derecho de herencia, el
modo de adquirir no es la tradición. El derecho de herencia se adquiere por sucesión por
causa de muerte al deferirse la herencia del causante, aun cuando el heredero lo ignore.
La regla general, es que la herencia se defiere al momento de morir el causante y,
excepcionalmente, cuando la asignación respectiva es condicional, al momento del
cumplimiento de la condición. La inscripción no es requisito para la adquisición del
derecho de herencia, ni tampoco lo es para la adquisición del dominio por sucesión por
causa de muerte, pero es necesario mantener en el Registro Conservatorio una cierta
ilación entre las distintas mutaciones que sufre el dominio del inmueble, es decir, hay que
mantener la historia de la propiedad raíz. Este es el rol que juegan las inscripciones del
art.688, ya que mediante ellas se puede saber cómo adquirió el inmueble el heredero, o
de quién adquirió el tercero a quien el heredero enajenó o transfirió el inmueble. Sin estas
inscripciones habría una variación en la historia de la propiedad raíz. Estas inscripciones
presentan las siguientes características: a) No son tradición, lo que se inscribe no es el
título traslaticio de dominio. b) Tiene que practicarla el heredero, no el legatario. Si a una
persona se le lega un inmueble se otorga la escritura de entrega del legado, la cual le es
otorgada por los herederos, y con el merito de esa escritura se procede a la inscripción
del inmueble, debiendo practicarse sólo la inscripción del n.1 del art.688 del CC; no
se exige la del n.2 porque la entrega del legado no es enajenación que haga el heredero,
sino que el cumplimiento del testamento. c) estas inscripciones deben practicarse sólo
cuando hay inmuebles en la masa hereditaria, y exclusivamente respecto de inmuebles.
No se exigen estas inscripciones para los muebles ni para su disposición. Estas
inscripciones deben practicarlas él o los herederos antes de disponer de los inmuebles
hereditarios. Esta norma del art.688 mira a la organización del Reglamento del
Registro Conservatorio y su finalidad es la de mantener la continuidad de la inscripción,
la que desaparecería si al fallecer una persona dueña del inmueble no se anotare las
transmisiones de dominio de éste. Inscripciones del art.688 CC A.- Art.688 n.1. Debe
inscribirse el auto de posesión efectiva de la herencia. Este auto es la resolución judicial
que reconoce a él o los herederos su calidad de tal, y les confiere la posesión efectiva
de la herencia. Pero, este auto no confiere la calidad de heredero, ya que ésta se
adquiere de pleno derecho al momento de la delación de la herencia; este auto sólo
reconoce la calidad de heredero. Esta resolución judicial, decreto judicial o auto de
posesión efectiva debe inscribirse en el Registro de Propiedad del Conservador de
Bienes Raíces correspondiente al departamento del otorgamiento de dicho decreto,
es decir, el departamento en que ejerce jurisdicción el tribunal que dictó dicho decreto y
ese tribunal va a ser normalmente el del último domicilio del causante (art.688 n.1 CC y
883 inc.1 CPC). En el caso en que no haya inmuebles o si sólo los hay en el
departamento en que se otorgó la posesión efectiva, se practica la inscripción del auto
de posesión efectiva sólo en dicho departamento; pero, si hay inmuebles en otros
departamentos distintos, el auto de posesión efectiva, tendrá que inscribirse en todos
ellos. B.- Art.688 n.1. Asimismo, debe inscribirse el testamento si lo hubiere. En caso de
que la sucesión sea testamentaria, debe inscribirse el testamento. La ley nos señala que
esa inscripción debe practicarse al mismo tiempo que la del auto de posesión efectiva. La
inscripción de este testamento la exige la ley sólo en el Registro del departamento en
que se dictó el auto, no siendo necesaria su inscripción en otros departamentos aun
cuando en estos se encuentren situados otros bienes inmuebles. C.- Debe practicarse la
inscripción especial de herencia. Esta consiste en inscribir, fundado en el auto o
testamento, si lo hubiere, los inmuebles a nombre de la totalidad de los herederos. Esta
inscripción se practica en el Registro del Conservador correspondiente al lugar de
ubicación del inmueble. Si el inmueble, por su ubicación, quedase situado en
varios departamentos, la inscripción tendrá que hacerse en todos ellos y si hay varios
inmuebles ubicados en departamentos distintos, tendrá que practicarse la inscripción
respecto de cada inmueble en el departamento que corresponda. Practicada esta
inscripción, los herederos pueden de consuno (de común acuerdo) disponer del
inmueble (art.688 n.2). D.- Hay que inscribir la adjudicación: esto es, inscribir la
adjudicación de un inmueble determinado efectuada en favor de uno de los herederos.
El estado de indivisión en que en un comienzo se encuentran los herederos termina por
la partición, si en esta partición se adjudica un inmueble a uno o varios de los herederos,
tendrá que inscribirse este acto de adjudicación a nombre de él o los herederos
beneficiados en el Registro de Propiedad de él o los departamentos en que se
encuentren situados los inmuebles (art.687 inc.3 y 688 n.3 CC). Con esta inscripción se
mantiene una relación de continuidad en la historia de la propiedad raíz, porque el
inmueble que estaba inscrito a nombre del difunto, en merito de la inscripción del auto
de posesión efectiva, del testamento (si lo hubiere) o del derecho especial de herencia,
va quedar inscrito a nombre de la totalidad de los herederos. Luego, si el inmueble se
adjudica a uno de ellos vamos a tener la inscripción de la adjudicación a nombre de él. Es
para mantener esta historia que la ley establece que los herederos no pueden disponer
en manera alguna de estos bienes hereditarios mientras no se efectúen estas
inscripciones. Si el legislador no los exigiera se produciría un vacío notorio en la cadena
de inscripciones respecto de un inmueble, que impediría establecer en forma adecuada
la relación entre la inscripción de dominio de una persona y la de sus antecesores,
porque pudiere suceder que el inmueble inscrito a nombre del difunto pudiera aparecer
a nombre de un tercero, sin poder determinar la relación del traspaso del inmueble a ese
tercero. También sería difícil analizar la situación jurídica de los herederos que
enajenaron el inmueble al tercero. El art.688 nos plantea también otro problema y es que
nos dice que mientras no se practiquen las inscripciones en el señaladas los
herederos no pueden disponer en manera alguna de los inmuebles hereditarios. Por un
lado, hay que tener presente que el legislador no señala plazo alguno para practicar
estas inscripciones y al no señalarse plazo alguno, significa que su práctica queda
entregada a la voluntad de los herederos, quienes podrá n realizarla cuando lo estimen
conveniente, pudiendo permanecer todo el tiempo que quieran sin practicar esas
inscripciones, lo cual no presentar ningún problema en caso que ellas no dispongan
de ninguno de los inmuebles comprendidos en la herencia. Sin embargo, podrá
n disponer de los bienes muebles sin practicar las inscripciones, pero no de los
inmuebles. Ahora, el problema que se plantea es qué sucede si él o los
herederos disponen de un inmueble hereditario sin haber practicado las inscripciones del
art.688 (al hablar de disposiciones se hace en sentido amplio: gravamen y
disposición): Como la ley no es clara al respecto, la jurisprudencia se ha encargado de
dar una interpretación de cuál es la sanción y, esta interpretación, ha sido en realidad
bastante variable porque la Corte Suprema ha dado 5 soluciones distintas al problema
de la sanción: primera solución la pronuncia en relación con una hipoteca y fundándose
en que la disposición del art.688 tendría el carácter de norma de orden público, porque
se encuentra establecida en el interés general, desde el momento en que establece
normas relativas a la organización de r'gimen de propiedad inmueble en Chile, el cual se
encuentra reglamentado en el CC y en el Reglamento del Registro Conservatorio de
Bienes Raíces. Todas estas normas cautelan el interés colectivo y, por ello, son de orden
público. Por consiguiente, la sanción a la infracción de una norma de orden público, como
la del art.688, ser la nulidad absoluta. De esta forma se pronunció la Corte Suprema el
12 de mayo de 1905 (Gaceta, t.1, n.292, p.449), que expresó que la prohibición
establecida por el art.688 tiene por objeto manifiesto organizar el Registro de Bienes
Raíces y mantener regularmente su continuidad, lo cual quedaría frustrado si al
fallecimiento del dueño de los predios no se anotaran las transmisiones de dominio. Las
que rigen este Registro son, pues, de orden público y su infracción vicia de nulidad
absoluta los actos o contratos celebrados sin sujeción a las solemnidades
prescritas. Segunda solución fue a propósito de una venta. La Corte Suprema,
analizando el art.688 inc.1, concluye que es una norma prohibitiva, cuando la ley dice en
manera alguna en el inc.1 debe entenderse que está prohibiendo la disposición del
inmueble en esta situación; luego, si se infringe una norma prohibitiva, la sanción es la
nulidad absoluta. Esta posición fue seguida por la Corte Suprema el 26 de noviembre de
1908, que señaló lo siguiente: El heredero no puede disponer, en manera alguna, de un
inmueble mientras no tenga posesión efectiva debidamente inscrita. Esta prohibición del
art.688 es general y absoluta y comprende toda enajenación voluntaria o forzada. Las
ventas efectuadas en juicio ejecutivo, aunque realizadas contra la voluntad del deudor,
constituyen verdaderos contratos de compraventa. La condición de forzados es una
peculiaridad procesal que no modifica ni altera el fondo del contrato y que mira
únicamente a la manera de otorgarse el consentimiento por parte del vendedor
ejecutado. Este consentimiento, por lo demás s, se presta virtualmente desde el instante
mismo en que el deudor ejecutado contrae la obligación. Una interpretación distinta
del art.688 burlaría el propósito de interés público que tuvo en vista el legislador al crear
el Registro Conservatorio de Bienes Raíces (R., t.6, secc. primera, p.266). Tercera
solución manteniendo el mismo razonamiento, pero con una variante, la Corte Suprema
sostiene que lo nulo es la enajenación o el gravamen, porque lo que prohíbe el art.688
inc.1 es la disposición del inmueble, y al hacer esto está prohibiendo o imponiendo que
esta sea enajenada o gravada, y la enajenación o gravamen se produce al momento en
que opera el modo de adquirir y no el solo contrato. Por consiguiente, lo que la ley
prohibir sería la tradición y no la celebración del respectivo contrato, porque el contrato
no importa enajenación, sólo genera derechos y obligaciones. Luego, de acuerdo con
esta interpretación, lo nulo sería la tradición y, como se trata de bienes inmuebles, la
inscripción del mismo. De esta forma se pronunciaron la Corte Suprema (16 de
noviembre de 1910) y la Corte de Valdivia (26 de junio de 1912), expresando lo siguiente:
"La palabra disponer empleada en el art.688 está tomada en el sentido de enajenar, esto
es, transferir el dominio de una persona a otra", "La venta no importa acto de
transferencia de dominio, sino un simple contrato, que tiene existencia propia sin
necesidad de que haya entrega, la que debe verificarse por acto posterior e
independiente", "En consecuencia, el contrato de venta celebrado con prescindencia del
art.688 no es nulo" (R., t.11, secc. primera, p.319). Cuarta solución la norma del art.688,
en cuanto a prohibir la disposición en manera alguna de los inmuebles hereditarios sin
practicar las inscripciones respectivas, sería aplicable única y exclusivamente a
las ventas voluntarias, pero no a las realizadas en un litigio en virtud de una disposición
judicial y con el objeto de pagar una deuda al acreedor. No tendría aplicación el art.688
en las ventas forzosas (a esta posición adhiere don Tomás Ramírez). De esta manera
se pronunció la Corte Suprema el 24 de agosto de 1909: No es nula la venta forzada de
un bien raíz hecha por el ministerio de la justicia en juicio seguido contra un heredero sin
haberse obtenido la posesión efectiva de la herencia de la persona de quien hubo ese
inmueble el deudor ejecutado. La prohibición del art.688 se refiere, manifiestamente, a
los actos voluntarios de disposición entre vivos por parte de los herederos o de sus
causahabientes y no a las enajenaciones forzadas que efectúa la justicia en ejercicio de
su ministerio. Dicho artículo expresa con claridad que los herederos son los que no
pueden disponer en manera alguna de los inmuebles aunque llegaran a
ser adjudicatarios por acto de partición (R., t.7, secc. primera, p.117). Quinta solución es
una interpretación bastante extraña, dice que el no practicar la inscripción del art.688 no
afecta la validez del contrato o título y tampoco afecta la validez de la tradición, ambos
son plena y perfectamente válidos; pero, con una característica peculiar, cual es que la
tradición no produce el efecto que le es propio, cual e el de transferir el dominio o el
derecho real correspondiente y el de colocar al adquirente en posesión del inmueble.
Como no coloca al adquirente en posesión de la cosa, pero ha habido entrega de ella y
el adquirente va a tener su tenencia material, entonces este adquirente va a ser un mero
tenedor de la cosa. Esta interpretación de la Corte Suprema es bastante particular
porque no considera en sí mismos los elementos propios de la posesión. La Corte
Suprema se funda para concluir que la sanción es la que ella señala (la de no poseer,
sino sólo tener la mera tenencia) en el art.696 CC. Si bien, el art.696 nos señala como
sanción a la falta de inscripción de los títulos que en él se señalen, que no se dar la
posesión del respectivo derecho, no es menos cierto que no puede obligarse lo
dispuesto en los arts.700 y 714 CC. Ejemplo: si mañana A me compra un inmueble que
yo adquirí por herencia sin haber realizado la correspondiente inscripción, queda como
mero tenedor, pero cuando A lo adquirió lo hizo con el ánimo de señor y dueño. Esta ha
sido la posición mas seguida por los tribunales; así, la Corte de Concepción la ha seguido
en seis oportunidades y la Corte Suprema la ha seguido en siete oportunidades,
señalando lo siguiente: "El art.688 del CC se refiere a la tradición del dominio de los
bienes raíces por estar comprendido en el párrafo que de ella trata, y no
puede atribuírsele un sentido diverso, extraño al de dicho párrafo; de manera que la
prohibición de disponer impuesta a los herederos por el artículo citado, no puede
aplicarse al titulo, como la escritura de compraventa, sino al modo de adquirir, esto es, a
la inscripción del título en el Conservador de Bienes Raíces." "El sentido legal de la
expresión no podrá disponer en manera alguna no es otro que significar que el heredero
no puede transferir el dominio de lo vendido sin que previamente se practiquen las
inscripciones ordenadas por dicho art.688 del CC." "Esta interpretación mantiene la
debida armonía que debe existir entre la disposición legal en estudio y las demás s que
forman el párrafo aludido y está de acuerdo con el art.696 del CC, el cual, refiriéndose a
los arts. anteriores, entre los que se encuentra el art.688, dispone que los títulos cuya
inscripción en ellos se prescribe no van a transferir la posesión efectiva del respectivo
derecho, mientras la inscripción no se efectúe de la manera que en dichos artículos se
ordena." "Confirma esta doctrina el Mensaje con que el Presidente de la
República sometió el Código Civil a la aprobación del Congreso, que en la
parte pertinente dice: La transferencia o transmisión del dominio, la constitución de todo
derecho real, exceptuadas, como se ha dicho, las servidumbres, exige una tradición; y la
única forma de tradición que para esos actos corresponde es la inscripción en el Registro
Conservatorio. Mientras ésta no se verifica, un contrato puede ser perfecto,
puede producir obligaciones y derechos entre las partes, pero no transfiere el dominio."
"Interpretado de otro modo el art.688, se llegaría a la conclusión de que un contrato de
compraventa perfecto podría quedar sujeto, en cuanto a su validez, a diligencias
posteriores que no miran a su esencia ni a su naturaleza, porque son bien diferentes el
contrato de compraventa y la tradición de la cosa vendida; y el primero puede existir sin
que llegue a realizarse la segunda." "En la hipótesis de que fuera absolutamente nulo el
contrato por no haberse practicado previamente las inscripciones a que se refiere dicho
art.688, el vendedor conforme al art.1683 del CC no podría alegar semejante nulidad,
pues no podía ignorar a la fecha del contrato, el hecho de no haber solicitado la posesión
efectiva de la herencia." "Si se prescinde de alguno o algunos de los requisitos legales
para que pueda efectuarse la inscripción en el Conservador de Bienes Raíces, la sanción
no es la nulidad absoluta del título innecesario a la tradición, sino la señalada en el
art.696" (Gaceta, 1876, n.2484, p.1281, C.2; Gaceta, 1922, primer semestre, n.210,
p.803; R., t.27, secc. primera, p.78; R., t.28, secc. primera, p.205 y 350). Hay otras
interpretaciones, una es la que analiza la naturaleza misma del art.688, cuál es el rol que
juegan las inscripciones del art.688: algunos estiman que ellas son formalidades que la
ley exige a los herederos en atención a su calidad de tales. Luego, si se omiten, la
sanción que se impone es la nulidad relativa de la respectiva enajenación. Esto
nos enfrenta a varios problemas: a) la nulidad relativa se sanea por el transcurso del
tiempo (4 años) y este saneamiento viene a ser contradictorio con lo dispuesto en el
art.688, ya que esta norma no admite que la enajenación adquiere efecto
alguno mientras no se practiquen las inscripciones que dispone el art.688. b) por otro
lado, es un poco forzado sostener que estas inscripciones del art.688 son formalidades
exigidas en consideración a la calidad del heredero; mas bien son solemnidades que el
legislador ha establecido para la regulación del régimen de propiedad inmuebles
de nuestro país. Su finalidad sería la de cautelar la administración de la propiedad
raíz, no pudiendo pretenderse que su fin sea amparar o proteger a los herederos. Una
última opinión doctrinaria es que éstas son solemnidades que están dirigidas para la
enajenación de los inmuebles hereditarios, se funda en esto porque el art.688 CC no
impide que el heredero no realice ningún acto sobre el inmueble, salvo la enajenación. Es
decir, lo que no puede hacer el heredero sin cumplir previamente las solemnidades del
art.688 es disponer del inmueble. Luego, debe concluirse que las inscripciones del
art.688 son solemnidades que el legislador exige para la enajenación de inmuebles
hereditarios y, por consiguiente, la sanción que se aplique por su omisión tiene que ser
aquella que el legislador haya señalado para la omisión de tales solemnidades, porque
el legislador ha señalado una sanción especial en este caso (art.679): Si la ley exige
solemnidades especiales para la enajenación, no se transfiere el dominio sin ellas.
Concluyen estos autores que la enajenación que hagan los herederos de un inmueble
hereditario, esto es, su tradición, no va a adolecer de nulidad, sino que ser perfectamente
valida; pero, por no haberse cumplido las inscripciones del art.688 no produce su efecto
propio que es el de transferir el dominio o, en su caso, constituir un derecho real. Pero,
el efecto que no se produce por la tradición es la no transferencia del dominio solamente,
porque si va a producir su otro efecto, que es poner al adquirente en posesión. Lo que
dispone el art.679 CC debe entenderse en relación con lo estatuido en el art.696. Los
autores entienden que el art.696, cuando establece que los títulos cuya inscripción se
prescribe en los artículos anteriores, no dar n o transferir n la posesión efectiva del
respectivo derecho, mientras la inscripción no se efectúe de la manera que en dichos
artículos se ordena...; no se está refiriendo a la posesión en si misma, sino a
la adquisición del dominio o de otro derecho real. Lo que si es cierto, es que si no se
cumplen las inscripciones del art.688 y se efectúa la respectiva enajenación a un tercero,
de acuerdo con esta última posición, el tercero va a tener la posesión del inmueble,
teniendo la posibilidad de adquirir el derecho respectivo (dominio o derecho real en su
caso) una vez que se practiquen las inscripciones contempladas en el art.688. 4.- Otro
papel de la inscripción es el de requisito, garantía y prueba de la posesión de los
inmuebles Que la inscripción en el Registro Conservatorio es un requisito para
la posesión de los inmuebles, se desprende del art.724 CC el que se entiende en relación
con el art.686. Esto esta ratificado por una parte del Mensaje del CC: la inscripción es la
que da la posesión real efectiva; y mientras ella no se ha cancelado, el que no ha inscrito
su título, no posee: es un mero tenedor. En segundo lugar, la inscripción es garantía de
la posesión de los inmuebles, y ello lo dice el art.728 inc.1: Para que cese la
posesión inscrita, es necesario que la inscripción se cancele, sea por voluntad de las
partes, o por una nueva inscripción en que el poseedor inscrito transfiera su derecho a
otro, o por decreto judicial. El inc.2 de el art.728 reafirma el carácter de garantía: Mientras
subsista la inscripción, el que se apodera de la cosa a que se refiere el título inscrito, no
adquiere posesión de ella, ni pone fin a la posesión existente. Por último, la inscripción
es prueba de la posesión del inmueble (art.924 CC): La posesión de los derechos
inscritos se prueba por la inscripción...; o sea, si una persona desea probar su calidad de
poseedor tendrá que acreditar su posesión mediante la inscripción, y aún más, si la
posesión tiene más de un año de antigüedad y mientras ésta subsista, no es admisible
ninguna prueba de posesión material mediante la cual se pretenda impugnar de alguna
forma la posesión inscrita. El art.924 CC dice que la posesión se prueba mediante la
inscripción, porque la inscripción no prueba el dominio del inmueble. El dominio (en
Chile) se acredita mediante la prescripción, es decir, quien pretenda ser dueño de un
inmueble tendrá que probar que a su respecto concurren los requisitos exigidos por la
ley para que opere el modo de adquirir prescripción que, tratándose de inmuebles, es
posesión inscrita, continua e ininterrumpida durante el plazo de la prescripción. La razón
de que la inscripción acredite posesión y no dominio, es que no hay ninguna certeza en
orden a que él o los antecesores en la posesión del inmueble hayan sido dueños de la
cosa (recordar que si el tradente no era dueño de la cosa no podía transferir el dominio,
sino sólo la posesión). Estas circunstancias que la inscripción acredite sólo posesión y
no dominio tiene importancia en varios aspectos: 1.- En relación con ella debe tenerse el
art.700 inc.2: El poseedor es reputado dueño mientras otra persona no justifica serlo. 2.-
Por el hecho de tener que acreditarse el dominio por la prescripción es que al examinar
el título de dominio hay que analizar una serie continua de inscripciones de títulos de
dominio y escrituras públicas que abarcan el plazo máximo de prescripción (10 años a lo
menos). Lo que sucede en cuanto a la inscripción prueba de posesión y no de dominio,
es que en el sistema ideado por Bello se pensaba que con el transcurso del tiempo todos
los inmuebles del país iban, en una forma u otra, acceder al sistema de la
inscripción. Bello pensaba que al efectuarse enajenación de los inmuebles había
que proceder a hacer la inscripción del respectivo inmueble para que
hubiera enajenación, pero aún más, pensaba que aun cuando no se hiciera
enajenación del inmueble, ésta, de todas maneras, iba a tener que acceder a
la inscripción (nadie es eterno y en algún momento los herederos debían efectuar la
inscripción del decreto de posesión efectiva o del testamento, si lo hubiere). Esto iba a
permitir que inscripción, posesión y dominio (tratándose de los inmuebles) significar n
una misma cosa y que, por consiguiente, la inscripción en algún momento llegaría a ser
prueba del dominio de los inmuebles. Pero, esta idea de Bello no se concretó, porque se
produjo una dualidad de inmuebles y así nos encontramos con inmuebles inscritos e
inmuebles no inscritos, materia que ha creado serios problemas. Sistema del
Registro Conservatorio de Bienes Raíces Todo el sistema de propiedad inmueble chileno
tiene como base de su organización el Registro Conservatorio de Bienes Raíces. El
Registro Conservatorio lo crea Bello en el CC, en numerosas disposiciones
hace referencia al Registro Conservatorio: así, en el art.686 inc.1 dice se efectuar la
tradición del dominio de los bienes raíces por la inscripción del título en el Registro del
Conservador; también en otras disposiciones como los arts.689, 690, etc. Bello dejó que
la organización misma del Registro Conservatorio fuese regulada por un reglamento
especial, en que sería un reglamento el que determinaría las funciones de los
conservadores, sus atribuciones y la forma y solemnidades de las inscripciones, así lo
establece en el art.695. En cumplimiento de esto, en 1857 se dicta el respectivo
reglamento (apéndice del CC), que empezó a regir el 1 de enero de 1859. Aquí surge el
problema de determinar cuál es la naturaleza jurídica de este reglamento: el reglamento
lleva el nombre de tal y fue dictado por el Presidente de la República, luego, en
apariencia, formalmente sería un decreto supremo de carácter reglamentario, pero se
sostiene que este reglamento fue dictado por el Presidente en virtud de lo establecido en
el art.695, luego fue dictado en virtud de una ley como lo es el CC, que habría delegado
en el Presidente de la República la facultad de dictar las normas relativas a la
organización del Registro Conservatorio y, en consecuencia, al haber una delegación de
facultades por medio de una ley del Parlamento en el Presidente de la República, estaría
éste dictando un decreto con fuerza de ley, por consiguiente, éste tendría la misma
fuerza obligatoria que una ley. Esto es muy importante por algunos aspectos
de aclaración en relación con el CC: entre el momento en que se dictó y entró en vigencia
el CC hubo un lapso de 2 años estableciéndose un período de transición en cuanto a las
inscripciones y se estableció un sistema especial para proceder a las inscripciones en el
plazo en que mediaría entre la vigencia del CC y aquel en que se dictó el reglamento, y
el sistema es el establecido en el art.697: En el tiempo intermedio entre la fecha en que
principie a regir este Código y aquella en que la inscripción empiece a ser obligatoria, se
hará la inscripción de los derechos reales mencionados en los artículos anteriores, del
modo siguiente... Libros que lleva el Conservador de Bienes Raíces En lo referente a la
organización de la propiedad inmueble y de sus gravámenes, el Conservador de Bienes
Raíces lleva 3 libros o registros (Reglamento del Registro Conservatorio, art.31): 1.- El
Registro de propiedad. 2.- El Registro de hipotecas y gravámenes. 3.- El Registro de
interdicciones y prohibiciones de enajenar. Además de esto y siempre en relación con
estos bienes inmuebles, llevan: a) los índices de cada uno de estos registros. b) el índice
general. c) el repertorio. Son éstos los que dicen relación con la función propia del
Conservador de Bienes Raíces, porque por leyes especiales se les ha encomendado
llevar otros registros, pero que no dicen relación con la propiedad raíz, sino que con otros
aspectos. Así, el Conservador lleva también el Registro de Comercio, de Prenda Agraria,
de Prenda Industrial, de vehículos motorizados (hasta hace poco tiempo ley 18290).
Pero, todos estos registros no dicen relación con la función propia del Conservador. 1.-
El Repertorio Es un libro que lleva el Conservador en el cual debe anotar todos los títulos
que se le presenten, así como resoluciones judiciales que se le presenten, cualquiera
sea su naturaleza. Esta anotación, debe hacerla en estricto orden cronológico y de
acuerdo al orden de su presentación. Este libro presenta algunas características, que
son: a) Debe estar encuadernado y cubierto con tapas firmes, foliado y rubricado por el
juez de letras quien, en la primera foja, va a dejar constancia bajo su firma y la del
Conservador del número de fojas que este libro contiene. b) Tiene que cerrarse
diariamente, lo que consiste en expresar la suma de anotaciones hechas en el día en el
repertorio, especificando el número que haya correspondido a la primera y a la última
anotación de ese día, número que corresponde a la serie general del repertorio, debiendo
indicarse la fecha y estar firmado por el Conservador. c) Si no se hubieren hecho
anotaciones en el día, se pondrá el debido certificado haciendo constar la falta de
ellas. d) En el comienzo de cada año debe abrirse el repertorio con un certificado en que
se haga mención a la primera anotación que se efectuar en 'l, y se cerrar a fin de año
con otro certificado del Conservador, en el cual se exprese el número de fojas y
anotaciones que contiene el repertorio, como también las que hayan quedado sin efecto,
las enmendaduras de la foliación y cuanta particularidad pueda influir en lo sustancial de
las anotaciones y conduzca a precaver suplantaciones y otros fraudes. El art.24 del
Reglamento del Registro Conservatorio sostiene un aspecto formal del repertorio que se
refiere a la materialidad del mismo y, especialmente, a la forma en que el conservador
debe llevar este libro. Art. 24 R. del R. C. de B. R. Cada página del repertorio se dividir
en cinco columnas destinadas a recibir las enunciaciones siguientes: 1.- El nombre y
apellido de la persona que presenta el título. 2.- La naturaleza del acto o contrato que
contenga la inscripción que trata de hacerse. 3.- La clase de inscripción que se pide, por
ejemplo, si es de dominio, hipoteca, etc. 4.- La hora, día y mes de la presentación. 5.- El
registro parcial en que, según el art.32, debe hacerse la inscripción, y el número que en
él le corresponda. Cada columna se encabezar con el rótulo de la enunciación que debe
figurar en ella; las anotaciones se harán en este libro bajo una serie general de números,
siguiendo el orden de presentación de los títulos (art.26 y 27 del Reglamento). El
Conservador, no inscribe todos los títulos que se le presentan, sino que puede rechazar
la inscripción de algunos por las causales de los arts.13 y 14 del Reglamento. Si la
inscripción es en algún sentido inadmisible -por ejemplo, por falta de autenticidad-, si no
está situada en el departamento o no es inmueble la cosa a que se refiere, si es visible
en el título algún vicio o defecto que lo anule absolutamente (causales señaladas en el
art.13); si el dueño de un fundo lo vendiere sucesivamente a dos personas distintas y
después de inscrito por alguno de los compradores apareciere el otro solicitando igual
inscripción (art.14), etc. Pues bien, si el Conservador rechaza la inscripción de un título,
de todas maneras debe anotarlo en el repertorio. Esto es importante, porque si el
Conservador rechaza la inscripción, la persona afectada por el rechazo puede recurrir al
Juez de Letras respectivo, reclamando de la actitud tomada por el Conservador. De
la resolución del Juez puede apelarse ante la Corte de Apelaciones respectiva. Si el juez
acoge el reclamo y ordena ratificar la inscripción, una vez que se efectúa la inscripción
pertinente y siempre que ella se haga dentro de los 2 meses siguientes a la fecha en que
se hizo la anotación en el repertorio, valdrá o surtir sus efectos desde esa fecha. Si pasan
dos meses y la anotación no se transforma en inscripción, se va a producir la caducidad
de la anotación (art.15 del Reglamento). Este nuevo plazo no se puede renovar, se debe
practicar una nueva anotación, aun cuando en algunos casos aislados la jurisprudencia,
para casos de prohibición de enajenar, impediría la inscripción. Por lo anterior, esta
anotación presuntiva, al transformarse en inscripción, vale desde la fecha de anotación
en el repertorio. Por ello, al hacer el examen de títulos, se pide el certificado de repertorio
que es extendido por el Conservador, que comprende un plazo de dos meses
contado hacia atrás desde la fecha de su requerimiento y que debe incluir
las anotaciones que en el repertorio se haga de cualquier título que pueda convertirse en
inscripción respecto de un inmueble determinado y que, por estar anotado con
anterioridad en el repertorio, pudiera tener preferencia frente a otra anotación cuya
inscripción se requiera. De lo dicho, se desprende que una inscripción sin anotación en
el repertorio es nula. 2.- El Registro de Propiedad En éste se inscriben las translaciones
de dominio (art.32 del Reglamento), o sea, los títulos traslaticios de dominio, autos de
posesión efectiva, testamentos, inscripciones especiales de herencia, autos de
adjudicación y todo lo que significa un traspaso de dominio de una persona a otra. 3.-
Registro de hipotecas y gravámenes En éste, se inscriben las hipotecas, los censos, los
derechos de usufructo, uso y habitación, los fideicomisos, las servidumbres y otros
gravámenes semejantes. Estas inscripciones deben practicarse en el Registro
Conservatorio del departamento en que este ubicado el inmueble y, si éste, por su
situación, pertenece a varios departamentos, deber hacerse la inscripción en cada
uno de ellos (art.54 del Reglamento). Las inscripciones de las hipotecas deben cumplir
con los requisitos del art.81 del Reglamento y la inscripción de los otros derechos reales
las menciones del art.78 del mismo. 4.- Registro de interdicciones y prohibiciones de
enajenar En este libro se inscriben los decretos de interdicción definitiva,
de rehabilitación del interdicto, las prohibiciones legales, convencionales y judiciales que
afecten al inmueble, como el embargo y medidas preventivas (art.32 inc.3). Estas
inscripciones deben efectuarse en el Registro Conservatorio del departamento en que
tenga su domicilio la persona afectada, o bien, del departamento en que este ubicado el
inmueble afectado de la respectiva prohibición (art.56 del Reglamento). Forma en que
se llevan estos registros, (arts.84 y 35 del Reglamento) Se establece que estos registros
se deben llevar del mismo modo que los protocolos de los notarios públicos y que se
foliar n a medida que se vaya avanzando en las inscripciones que se practican. Por lo
tanto, para ver cómo se llevan estos registros se debe atender a lo establecido en el
COT. Según el art.37 las inscripciones se harán en cada registro bajo una serie particular
de números, independiente de la serie general del repertorio. Conforme al art.38, cada
uno de los registros parciales se abren a comienzo de año y esta apertura se hace
mediante un certificado en el cual se hace mención de la primera inscripción que va a
hacerse en él y se cerrar a fin de año con otro certificado en el que se exprese el número
de fojas y de inscripciones que contiene, el de las que han quedado sin efecto,
las enmendadoras de la foliación y cuanta particularidad pueda influir en lo sustancial de
las inscripciones y conduzca a precaver suplantaciones y otros fraudes. Por su parte, el
art.85 indica que los documentos que el Conservador debe retener en su poder después
de verificar la correspondiente inscripción (documentos o minutas que no se guardan en
el Registro o protocolo de una oficina pública), observando a este respecto lo dispuesto
en el art.39 del Reglamento: los documentos que el Conservador debe retener según el
art.85, se agregar n numerados al final de los respectivos Registros, por el mismo orden
de las inscripciones. Según el art.41: cada Registro tendrá un índice por orden
alfabético, destinado a colocar separadamente el nombre de los otorgantes, el
apellido de los mismos y el nombre del fundo, materia de la inscripción. Los arts. 43, 44
y 45 se refieren al índice general que también debe llevar el Conservador, el cual también
se lleva en orden alfabético y que se va formando a medida que se vayan haciendo las
inscripciones en los 3 Registros. Estos índices generales se cerrarán anualmente con un
certificado que pondrá el Conservador al final de cada serie alfabética de partidas. El
Conservador, El llevar estos tres Registros mas los índices y el repertorio constituyen la
función principal del Conservador y son estos Registros los que configuran el sistema de
la propiedad inmueble en Chile. Pero, distintas leyes han encomendado a los
conservadores el llevar otros registros, como el Registro de Comercio, el de Aguas, de
Prenda Agraria, de Prenda Industrial, los cuales no obstante que no dicen relación con
la configuración de la propiedad raíz. Existe un Conservador por departamento (art.7),
pero en Santiago la situación es distinta, porque conforme al DFL 247 (de 1931) los 3
libros que forman el Registro Conservatorio de Bienes Raíces, estar n a
cargo separadamente de 3 funcionarios con el nombre de Conservador de
Bienes Raíces. El Conservador del Registro de Propiedad tendrá además a su cargo
el Repertorio, los Registros de Comercio, de Prenda Industrial, de Prenda Agraria y de
Asociaciones de Canalistas. Los registros que lleva el Conservador son públicos, por
ello, pueden ser consultados por cualquier persona sin que pueda ponérsele
obstáculos. Pero, esa consulta tendrá que hacerla en la oficina del
Conservador, pudiendo tomar los apuntes que crea convenientes (art.49). Además, el
Conservador esta obligado a dar cuantas copias y certificados se le pidan judicial o
extrajudicialmente acerca de lo que consta o no consta en sus registros (art.50). Uno de
los certificados que con mayor frecuencia otorga el Conservador, es aquel que atestigua
que se han practicado las inscripciones de un título, o sea, el Conservador después de
practicar la inscripción deber devolver el título con nota de haberse efectuado
la inscripción, indicando el Registro, número y fecha de la inscripción, la fecha de la nota
y la firma del Conservador (art.86). También el Conservador entrega los certificados de
hipoteca y gravámenes, de dominio vigente y certificado de prohibiciones: El certificado
de dominio vigente: es aquel en que el Conservador indicar que una inscripción de
dominio está vigente al momento del otorgamiento del certificado y que ella no ha sido
cancelada total o parcialmente. Si se hace la cancelación así deber certificarlo el
Conservador. El certificado de hipotecas y gravámenes: permite al Conservador
consignar las hipotecas o gravámenes que se hubieran inscrito respecto de un
inmueble durante cierto período de tiempo El certificado de prohibiciones: consignará las
prohibiciones que se hayan inscrito en el Registro respectivo y que limiten la posibilidad
de disponer libremente de un inmueble. Este certificado consigna el nombre del
poseedor, número de los gravámenes inscritos, orden en que se ha practicado la
inscripción, monto de la deuda, nombre de él o los acreedores. En caso de que
no existan estos gravámenes se deja constancia de no estar vigentes. Los
Conservadores en su función tienen un papel meramente pasivo, no les corresponde
velar por la legalidad de los títulos que se presentan para su inscripción, siendo su
función solamente la de proceder a la inscripción, subinscripción y anotación, en su caso,
de los títulos que se le presentan y que digan relación con la propiedad inmueble o con
los gravámenes o prohibiciones que les afectan. Por lo anterior es que el sistema del
Registro Conservatorio de Bienes Raíces no asegura que quien está transfiriendo su
derecho a otra persona sea en realidad el titular del derecho de dominio y tampoco
garantiza la validez o eficacia del derecho que se inscribe. Pero, no obstante este rol
pasivo, el Conservador tiene responsabilidades de carácter pecuniario por los actos
negligentes que realiza y sobre él pesa la obligación de indemnizar los perjuicios de
inscripciones mal hechas, de certificados incompletos y, en general, los provenientes
de cualquiera otra falta u omisión en que incurra contraviniendo las leyes y lo dispuesto
en el Reglamento. Esto es sin perjuicio de que el Conservador subsane la falta u omisión
y de lo que para el caso de delito ordenase el Código Penal (art.96, 97 y 98 del
Reglamento). Distinción entre los títulos que deben y pueden inscribirse (arts.52 y 53 del
Reglamento) Esta distinción es importante porque: Tratándose de los títulos que deben
inscribirse, si la inscripción no se practica no se produce el efecto que la ley señala para
la inscripción. Tratándose de los títulos que pueden inscribirse, el practicar su inscripción
también es importante porque la inscripción hace las veces de una medida de publicidad,
desde que permite que terceros puedan tomar conocimiento de los actos a que se refiere
la inscripción consultando los respectivos registros. El Conservador puede negarse a
efectuar la inscripción de un título, no obstante que la regla general contenida en el art.13
establece que requerida la inscripción el Conservador debe proceder a practicarla.
Pero, si considera que se da alguna de las situaciones que señalan los arts.13 y 14 del
Reglamento o que afecten la legalidad de la misma inscripción, podrá negarse a
practicarla. Esta negativa deber tener un fundamento, de lo cual deber dejar constancia
en el mismo título (el que deber ser devuelto al requirente) al igual que de su negativa,
al margen de la respectiva anotación en el Repertorio. La persona afectada por la
negativa de inscripción podrá recurrir al Juez de Letras para que éste, en vista de esa
solicitud y de los motivos expuestos por el Conservador, resuelva por escrito y sin
más trámites lo que corresponda. Si acoge la solicitud y manda a hacer la inscripción el
Conservador deber hacerla y hará mención en ella del decreto en que la hubiera
ordenado. En cambio, si el Juez se niega a ordenar que se practique la
inscripción, puede apelarse de esta resolución en forma ordinaria (arts.18, 19 y 20
del Reglamento). Las inscripciones se llevar n a efecto sólo cuando el peticionario le
exhiba al Conservador copia auténtica del título respectivo y el decreto judicial en su caso
(art.690 CC y 57 del Reglamento). En los arts.70 a 87 del Reglamento se establece en
forma minuciosa todas las solemnidades y requisitos que deben cumplir las
distintas inscripciones. Cabe señalar que en el caso de transferencia de un
derecho antes inscrito, se mencionar en la nueva inscripción al tiempo de designar el
inmueble la precedente inscripción, citándose el registro, folio y número de ella (art.80
del Reglamento y 692 del CC). Esto tiene importancia porque, en virtud de la nueva
inscripción de transferencia del derecho antes inscrito, se produce la cancelación de la
inscripción anterior, no siendo necesario hacer anotaciones o subinscripciones al margen
de la inscripción que se cancela (art.728 CC). Las Subinscripciones Fuera de las
inscripciones el Conservador también expide las subinscripciones que se practican en el
margen derecho de las inscripciones y cuya finalidad es ratificar errores, completar,
modificar o cancelar la inscripción. Estas subinscripciones pueden practicarse de oficio,
a petición de parte o en cumplimiento de una resolución judicial: 1.- Practica el
Conservador las subinscripciones de oficio para salvar errores u omisiones en la
inscripción con el solo mérito del título inscrito, sin otro antecedente (art.88 del
Reglamento). 2.- Las practica a petición de parte. Ello puede ser en el sólo merito
del título cuando se trate de salvar un error que está aclarado en el título (art.88 del
Reglamento). También puede ser en mérito de minutas subscritas por las partes en caso
de producirse un error en el título (art.82 inc.2 del Reglamento). También puede ser en
base a una minuta firmada por las partes cuando se trate de enmendar un defecto de
individualización de las partes o de su representante. También, cuando se trata de salvar
inscripciones defectuosas que se hubiesen practicado; en caso de que se trate de
rectificar la inscripción en virtud de un nuevo título debe procederse a una nueva
inscripción (art.89 inc.1 del Reglamento). 3.- Si se practica la subinscripción en virtud de
una sentencia judicial, las que modifiquen o completen una inscripción deben
subinscribirse al margen derecho de ésta (art.89 inc.2). Las Cancelaciones Las
cancelaciones de una inscripción implican la extinción o dejar sin efecto un asiento
practicado en el Registro. Estas cancelaciones pueden originarse en virtud de una nueva
inscripción (tradición); si se efectúa una nueva inscripción (tradición) en virtud de la cual
quien hasta ese momento tenía inscripción a su nombre transfiere su derecho a otro,
la inscripción primitiva queda cancelada por el solo merito de la
nueva inscripción. También puede haber cancelación por convención de las partes, la
que supone una subinscripción de la escritura pública en que consta la
cancelación convencional al margen de la inscripción cancelada (art.728 CC). También
puede cancelarse por resolución judicial, la que también debe subinscribirse al margen
de la inscripción cancelada (art.728 CC). La omisión de los requisitos que se exigen para
la inscripción tiene sanciones y, para estos efectos, hay que distinguir: a) Si se omite un
requisito de fondo exigido en razón a la naturaleza misma del acto o clase de la
inscripción. b) Si se omite un requisito o solemnidad externa. a) Si se omite algún
requisito esencial -por ejemplo, que el título con que se practica la inscripción no sea
auténtico, o bien, que la inscripción se haya practicado ante un Conservador
incompetente- la sanción ser la nulidad absoluta de la inscripción, porque se ha omitido
un requisito exigido en consideración a la naturaleza misma del acto de que se trata. b)
Si la omisión dice relación con las solemnidades externas, o sea, con aquellas
designaciones exigidas por el CC o por el Reglamento y que constituyen los requisitos
formales que debe contener la inscripción, al omitirse o ser defectuosas ellas, se aplica
la sanción del art.696 CC, según el cual, si bien la inscripción es valida, no opera
la transferencia del derecho, o sea, el adquirente va a ser un poseedor sin derecho
mientras no se practiquen las inscripciones en la forma que la ley señala. En estos casos,
para que pueda ser eficaz la inscripción, habrá que completarla mediante una
subinscripción, o bien, mediante una nueva inscripción mediante un nuevo título (arts.82,
88 y 89 del Reglamento). Los conservadores de los distintos departamentos conservan
en su poder los Registros en que constan todas estas transferencias,
translaciones, gravámenes o prohibiciones sobre la propiedad inmueble. Esto representa
un riesgo en el caso de la destrucción de estos Registros, por ello, hay normas
especiales contenidas en la Ley 16625, sobre la reconstrucción de estos Registros y que
tiene una disposición especial en el inc.2 del art.1, porque dice que para aplicar esta ley
el Presidente de la República, previo informe de la Corte Suprema, debe dar por
establecido el hecho de la destrucción del Registro cuyas inscripciones se trata de
reconstruir, mediante un decreto supremo, cuya copia se agrega al final del
Registro respectivo. La posesión Normalmente, por posesión se entiende la ocupación
de una cosa, el tener una cosa en nuestro poder sin que influya mayormente en este
aspecto la tenencia o carencia de un título o del derecho a tener esa cosa. En el sentido
técnico-jurídico la expresión posesión varía en las distintas legislaciones, en algunas se
le da el mismo sentido que se le da en el lenguaje corriente, considerando la expresión
posesión como la dominación o potestad sobre una cosa. Otras legislaciones siguen una
orientación diversa y destacan no sólo la relación de hecho entre la persona y la cosa,
sino que también un elemento intencional o sicológico: el animus; esta es justamente la
tendencia que sigue el CC, ya que entiende por posesión. Art.700 CC La posesión es la
tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor o dueño, sea que el dueño o el
que se da por tal tenga la cosa por si mismo, o por otra persona que la tenga en lugar y
a nombre de él. El poseedor es reputado dueño, mientras otra persona no justifica
serlo. Esta es la concepción subjetiva de la posesión de Federico Carlos von Savigny,
bastando el concepto del art.700 para comprender que el CC, para configurar la posesión
no sólo atiende al aspecto material, sino que también al aspecto subjetivo de un ánimo
especial que debe tenerse para que haya posesión, que es el ánimo de señor o
dueño. Ahora, la teoría objetiva de Rodolfo von Ihering considera la posesión como el
poder o señorío que el hombre ejerce en forma independiente sobre las cosas con el fin
de utilizarlas en su provecho económico, poder que se protege jurídicamente con
prescindencia de saber si dicho poder corresponde o no a un derecho. Según el art.700
la posesión es en realidad una apariencia del dominio, que se manifiesta en el ser una
persona el titular sobre un derecho de dominio sobre una cosa determinada, aunque en
realidad no se tenga ese derecho de dominio. Podría pensarse que sólo las cosas
corporales son susceptibles de posesión partiendo de la misma definición del art.700.
Sin embargo, las cosas incorporales (derechos) también son susceptibles de posesión
(art.715 CC). Por ello, es interesante la definición que da el autor español José Clemente
de Diego que permite completar la definición del art.700: La posesión es el ejercicio
intencional en nombre propio de un derecho real aunque no se tenga realmente. Así, una
persona puede ser poseedora del derecho real de servidumbre en caso de que realice
los actos a los cuales faculta la servidumbre, sin que importe para estos efectos si es o
no titular. Esto es así porque hay posesión con o sin derecho; la posesión con derecho
es la situación normal, porque todo el que tiene un derecho real posee las facultades
que éste confiere (poseedor y dueño); también puede haber posesión sin derecho, la que
supone que hay una persona que posee y tiene la cosa bajo su poder con ánimo de
señor y dueño, pero que hay otra persona que es titular del derecho, o sea, hay dos
personas: una, que es el poseedor, y la otra, que es el titular del respectivo
derecho. Elementos constitutivos de la posesión art.700 1.- La tenencia de una cosa
(corpus), 2.- Animo o intención de tenerla como señor o dueño o, en su caso, como
el titular del respectivo derecho (animus). 3.- Una cosa determinada. 1.- Tenencia de la
cosa o corpus Este es el aspecto material de la posesión y lo constituye el poder físico o
la potestad que sobre la cosa se tiene. Savigny sostiene que el corpus no supone
necesariamente un contacto directo e inmediato entre la persona y la cosa poseída, sino
que él consiste en la manifestación de un poder de dominación, es la posibilidad física
de poder disponer de la cosa en forma directa e inmediata, con la exclusión de
la intervención de otras personas. Por su parte, Von Ihering sostiene que el corpus no es
más que la exteriorización del derecho de dominio, el hecho de conducirse respecto de la
cosa como lo haría el propietario. Para 'l, el corpus son todos aquellos actos mediante
los cuales manifiesta su derecho de propiedad en relación a la cosa que es objeto de la
posesión. Según esta idea, la posesión exterioriza una relación de apropiación. El CC
señala como elemento de la posesión la tenencia de una cosa, es decir, la ocupación
actual y material de ella, entendiendo por ocupación el apoderamiento, o sea, que la
persona tenga la cosa bajo su poder, debiendo tener en claro que tiene una cosa bajo
su poder no sólo cuando hay aprehensión, sino cuando existe la posibilidad de disponer
de ella en forma directa e inmediata (el CC sigue la concepción de Savigny). Es decir, el
corpus no es apoderamiento material, constante y permanente de la cosa, no es tenerla
permanentemente asida, sino que consiste en obtener de la cosa la utilidad que ella
permite según el destino que naturalmente le corresponde, pudiendo el poseedor actuar
sobre la cosa en cualquier momento y pudiendo excluir la injerencia de extraños con
respecto a la cosa. 2.- Animus o intención de tener la cosa como señor o dueño o como
titular del respectivo derecho real Esto es así porque la posesión no sólo implica un poder
de hecho sobre la cosa como lo es el corpus, sino que también una voluntad de
carácter especial en la persona que pretende ser poseedor. Este segundo elemento es
de carácter sicológico, y consiste en la intención del poseedor de actuar respecto de la
cosa como si fuera su propietario, como señor o dueño, es decir, es la intención de tener
la cosa para si mismo. Este elemento esta claramente establecido en el art.700 al decir
con ánimo de señor o dueño y refuerza esta idea al decir sea que el dueño o el que se da
por tal. El art.925 CC también exige la presencia de este animus cuando después de
señalar ejemplos de actos que significan el corpus, indica que dichos actos deben
realizarse sin el consentimiento del que discute la posesión y así se expresa porque
quien ejecutó esos actos estaba actuando como dueño de la cosa y, por lo tanto, no
necesita autorización de nadie para realizar esos actos del art.925. No siempre la
tenencia material esta unida con el animus, pues hay casos en que una persona tiene el
corpus pero reconoce dominio ajeno sobre la cosa, tal sucede, por ejemplo, en la mera
tenencia en que el mero tenedor tiene materialmente la cosa pero reconoce dominio
ajeno sobre ella, es decir, tiene el corpus pero carece del animus (art.714 CC), ejemplo:
es el caso del arrendatario, depositario o comodatario. Se llama mera tenencia la que se
ejerce sobre una cosa, no como dueño, sino en lugar o a nombre del dueño. El acreedor
prendario, el secuestre, el usufructuario, el usuario, el que tiene el derecho de habitación,
son meros tenedores de la cosa empeñada, secuestrada, o cuyo usufructo, uso
o habitación les pertenece. Lo dicho se aplica generalmente a todo el que tiene una cosa
reconociendo dominio ajeno. El animus se manifiesta principalmente a través's del título,
porque si el título es traslaticio de dominio quiere decir que a él le siguió la tradición, y
ésta por definición en si misma involucra que el adquirente debe tener el ánimo o
intención de adquirir el dominio de la cosa. Ahora, si el título es de mera tenencia, ha
habido una simple entrega, por lo tanto, quien recibió la cosa no ha tenido intención de
adquirir el dominio. Por consiguiente, el no tendrá animus y de ahí que carece de
la calidad de poseedor, teniendo sólo la calidad de mero tenedor. Es tan importante este
elemento subjetivo (animus) que el legislador ha establecido presunciones de posesión
de carácter legal en el art.719 CC. 3.- Cosa determinada Exige claramente este requisito
el art.700. Esto significa que la cosa objeto de la posesión debe estar singularizada o
individualizada como especie o cuerpo cierto, por lo tanto, no hay posesión respecto de
géneros. Teorías sobre la naturaleza jurídica de la posesión Son principalmente dos: la
teoría subjetiva y la teoría objetiva. 1.-Teoría Subjetiva para esta teoría, el elemento
fundamental y característico de la posesión es la intención personal que debe concurrir
y que se denomina animus. Es este animus el que le da a la detentación el carácter de
posesión. Se señala que para que haya tenencia basta la detentación material de la cosa,
pero para que haya posesión además debe concurrir este elemento subjetivo que es el
ánimo de tener la cosa para si. Luego, la existencia de la posesión va a depender de la
voluntad de la persona que tiene la cosa. Si dicha persona tiene la cosa sin
reconocer dominio ajeno, sino que la tiene para si, hay posesión. En cambio, si tiene la
cosa para otra persona, reconociendo que el derecho de dominio le pertenece a otro, no
hay posesión, sino que solamente mera tenencia. Pero, este animus no debe existir
solamente en el fuero interno del individuo, porque si se mantiene allí no existe mas
evidencia de este ánimo que la que manifiesta o declara quien se da o tiene la calidad
de poseedor. El animus debe desprenderse del título mismo en virtud del cual el
poseedor tiene la cosa en su poder. Es justamente en atención al título que a los meros
tenedores no se les reconoce la calidad de señor o dueño, porque en el título mismo, en
virtud del cual ellos tienen la tenencia de la cosa, están reconociendo el dominio de
otro. Para esta teoría, la idea misma de posesión exige el ánimo de señor o dueño, o
sea, requiere que la persona que tiene la cosa en su poder se conduzca como si fuera
propietario de ella, pero no exige la convicción de tener derecho de dominio. Por ello, se
dice que el ladrón de una cosa puede ser poseedor de ella porque, si bien él tiene la
convicción de no ser dueño, tiene la intención de comportarse como tal y no reconoce
dominio ajeno. Esta teoría de Savigny atribuye a la voluntad un carácter
preponderante como característica de la posesión. 2.- La Teoría Objetiva (Rudolf von
Ihering) no pretende menoscabar de la posesión el elemento intelectual, sino que
sostiene que no existe un animus especial o calificado, es decir, un ánimo de señor y
dueño, y que éste no es un requisito de la posesión. Dice que toda relación de tenencia
de una cosa implica necesariamente la existencia de un ánimo en el detentador, porque
incluso la mera tenencia supone la intención de tener la cosa. Luego, este elemento
intencional se presenta tanto en la posesión como en la mera tenencia y no consiste
este elemento en un ánimo de ser dueño, sino que sólo en el propósito de servirse de la
cosa para obtener la satisfacción de sus necesidades. Para este autor, el corpus y el
animus forman una sola unidad, porque en el hecho ambas cosas no son sino dos
aspectos de una relación, porque el animus es la intención de servirse de la cosa y el
corpus es la manifestación externa de esa intención. Por lo tanto, el corpus no
es simplemente una relación material, sino que es la exteriorización de la voluntad del
tenedor y no puede presentarse este corpus sin el animus respectivo. Es decir, no puede
pretenderse una independencia entre corpus y animus, porque ésta se encuentra
contenida en el corpus y, por ello, toda detentación material, cualquiera que sea su
calidad, comprende dos elementos y tendría siempre el carácter de posesión a menos
que exista una ley expresa que le da solamente el carácter de detentación; en tanto
no exista una ley que le imprima este carácter, todo aquel que tenga una cosa en su
poder ser poseedor de ella. Como consecuencia de esto, dice que la persona que tiene
una cosa en su poder en el litigio, le bastar probar el corpus y a su contendor le va
a corresponder acreditar que hay una ley expresa que a esa detentación le da el carácter
de mera tenencia. Queda entonces claro el nombre de teoría objetiva porque ella se
funda en su integridad en el aspecto exterior, material de la relación
posesoria, reconociendo como poseedor a todo aquel que ejerce un poder físico sobre
la cosa. El CC acepta la teoría de Savigny, ya que le da un carácter preponderante al
elemento sicológico (animus). Está claro que para adquirir la posesión de una cosa el
CC exige el corpus y el animus, pero para conservarla sólo exige el animus. El CC
distingue entre posesión y mera tenencia atendiendo al ánimo de comportarse o no como
señor y dueño de la cosa (arts.700 y 714). Importancia de la posesión 1. - Al poseedor
se le presume dueño: quien tiene la posesión de la cosa va a ser considerado como
dueño, y el peso de la prueba le va a corresponder al que impugne la calidad de
propietario. Mediante la posesión se puede llegar a la prueba del dominio (art.700 inc.2
CC). 2. - La acción reivindicatoria es la que se confiere al propietario de una cosa para
proteger su derecho, pues bien, al poseedor se le confiere la acción publiciana (igual que
la acción reivindicatoria, pero concedida al poseedor regular, arts.889 y 894). 3. -El
poseedor de un inmueble o un derecho real constituido sobre un inmueble tiene la acción
posesoria para su protección (art.916): _Las acciones posesorias tienen por objeto
conservar o recuperar la posesión de los bienes raíces o derechos reales constituidos en
ellos. 4. -La posesión puede conducir a la adquisición del dominio o de los derechos
reales por prescripción adquisitiva (art.2492 CC). 5. - El poseedor de buena fe hace
suyos los frutos de la cosa fructuaria, aún cuando deba devolver ésta a su verdadero
dueño (art.907 inc.3 CC). Clases de posesión I.- Posesión regular e irregular: esta
clasificación se hace atendiendo a la apariencia de dominio que en ellas se presenta. II.-
Posesión útil y posesión viciosa: se hace atendiendo a la forma en que se adquiere la
posesión. III.- Posesión continua y posesión ininterrumpida: según la forma
de conservación de la posesión. I.- Posesión regular e irregular (art.702 inc.1) La
posesión regular es la que procede de justo título, que se adquiere de buena fe y previa
tradición, si el título es traslaticio de dominio. La posesión irregular es aquella en que
faltan uno o mas de estos requisitos (arts.702 y 708). Cuando concurren los 3 requisitos
estamos ante la posesión regular, que es como decir que hay una mayor apariencia de
dominio en el poseedor. Cuando concurren todos los requisitos, el poseedor se presenta
al exterior con mayor apariencia de ser dueño de la cosa que en aquellos casos en
que faltan uno o más de estos requisitos. Por ello, el legislador reconoce más ventajas
al poseedor regular que al irregular, pero, ambas son posesiones y como tales concurren
a la adquisición del derecho por prescripción, con distintos plazos en una y otra. Así, la
posesión regular conduce a la prescripción ordinaria, cuyos plazos son de 2 años para
muebles y 5 años para inmuebles. En tanto, la posesión irregular lleva a prescripción
extraordinaria en un plazo de 10 años. Por otro lado, tanto la posesión regular como la
irregular, dan origen a la presunción de dominio del art.700 inc.2, disposición que no
hace distinción al respecto. En cuanto a los requisitos de la posesión, es importante tener
en cuenta el art.702 inc.1, en orden a que para calificar la buena fe, se atiende
al momento en que se inicia la posesión; si ésta se adquiere de buena fe, la posesión va
a ser regular (con los demás requisitos), aún cuando el poseedor pierda después la
buena fe. Requisitos de la posesión regular 1.- Justo Título. 2.- Buena fe. 3.- Tradición
cuando el título es traslaticio de dominio. I.- Justo título Art.703 CC. El justo título es
constitutivo o traslaticio de dominio. Son constitutivos de dominio la ocupación, la
accesión y la prescripción. Son traslaticios de dominio los que por su naturaleza sirven
para transferirlo, como la venta, la permuta, la donación entre vivos. Pertenecen a esta
clase las sentencias de adjudicación en juicios divisorios, y los actos legales de
partición. Las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos no forman nuevo título para
legitimar la posesión. Las transacciones en cuanto se limitan a reconocer o declarar
derechos preexistentes, no forman nuevo título; pero en cuanto transfieren la propiedad
de un objeto no disputado, constituyen un título nuevo. El título es el hecho o acto jurídico
que habilita para la adquisición de un derecho, porque es la justificación de esa
adquisición. El título por sí, no produce la adquisición del derecho, sino que para que
éste opere se necesita la concurrencia del modo de adquirir, el cual en caso de no
ser eficaz como tal, produce si una consecuencia, cual es la de colocar al adquirente en
posesión de la cosa. Para que ello suceda es necesario que el título sea apto para
legitimar posesión y que el modo sea válido. Los títulos que legitiman posesión son
aquellos que habilitan para adquirir el dominio u otro derecho real. Ellos son: a) Los
títulos constitutivos de dominio ocupación, accesión y prescripción (art.703 inc.2). El
relacionado con la prescripción merece un comentario, porque la verdad de las cosas es
que ella no es título que legitime la posesión, porque toda prescripción
supone necesariamente la posesión de la cosa, sin posesión no hay prescripción. Es
decir, es un elemento básico de ella la posesión y, por lo tanto, no puede decirse que la
posesión sea un título que legitime posesión. a) Los títulos traslaticios de dominio son
los actos o contratos que generan para una de las partes la obligación de transferir el
dominio o constituir un derecho real. Esta obligación se cumple o se extingue a través's
del pago o tradición de la cosa. Pertenecen a esta clase de títulos los contratos de
compraventa, donación entre vivos, el aporte en la sociedad, la transacción sobre cosa
no disputada (art.703 incs.3 y 6). El art.703 inc.3 dice que el título traslaticio es aquel que
por su naturaleza sirve para transferir el dominio, o sea, señala claramente que el título
no transfiere el derecho, sino que él sirve para transferirlo desde que habilita a una de
las partes para hacer la tradición, desde que le impone la obligación de transferir el
dominio de la cosa. La adquisición del derecho se produce sólo mediante la tradición de
la cosa, no mediante el título, aun cuando sea traslaticio. c) Los títulos de transmisión
tráfico tase aquí de la sucesión por causa de muerte, este título legitima posesión, porque
según los arts.688 inc.1 y 722 inc.1, por el solo hecho de deferirse la herencia el heredero
adquiere la posesión legal de ella. Además, el art.704 n.4 señala que el
heredero aparente tiene un justo título, de donde cabe deducir que el heredero tiene un
título que legitima su posesión del derecho de herencia. Este aspecto tiene importancia
para la adquisición por prescripción del derecho de herencia. Estos títulos constitutivos,
traslaticios y de transmisión son títulos que legitiman posesión, esto es, que el adquirente
de la cosa (o del derecho), aunque no adquiera el derecho que le corresponde por el
respectivo modo de adquirir, adquiera posesión legítima, porque el título es suficiente
para adquirir dicha posesión y, porque si el modo de adquirir no operó como tal, le otorgó
la posesión al adquirente. En este evento, el adquirente va a ser poseedor sin derecho,
pero podrá llevarlo a adquirir el derecho correspondiente por medio de la prescripción;
así, en la venta de cosa ajena, la tradición que se haga no va a producir adquisición del
dominio, porque el vendedor tradente carecía de ese derecho, pero si va a poner al
adquirente en posesión de la cosa, posesión que va a ser legitimada por el título
traslaticio de la compraventa en este caso y, además, posesión que le va a permitir
adquirir el derecho por prescripción. Así como hay títulos que legitiman posesión, existen
también títulos que no la legitiman y son aquellos que no son aptos para poseer, tienen
tal calidad: (- Los títulos declarativos de dominio u otro derecho real son los
actos jurídicos y sentencias judiciales que se limitan a declarar un derecho ya adquirido
por otro título distinto del que ahora se indica; tienen este carácter: La sentencia de
adjudicación en juicio divisorio (art.703 inc.4). Los actos legales de partición (art.703
inc.4). Las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos (art.703 inc.5). Los contratos
de transacción sobre cosas disputadas (art.703 inc.6). Estos son títulos declarativos del
derecho porque reconocen o declaran en favor de una de las partes un derecho ya
adquirido por otro título distinto, el cual legitima posesión. Por ejemplo: si en una
transacción se reconoce a una de las partes el dominio sobre un bien litigioso; la
transacción es un contrato, luego, es un título, pero un título que se limita a reconocer el
dominio que ya había adquirido por un título anterior, el cual es el que legitima
la posesión. Esta regla tiene una excepción tratándose de sentencias de adjudicación
en partición entre herederos u otros comuneros o de actos legales de partición entre
comuneros, en que estos títulos que son declarativos, por excepción legitiman la
posesión exclusiva que en virtud de la adjudicación adquiere el adjudicatario sobre la
cosa que le ha sido adjudicada; esto dice el art.703 inc.4: Pertenecen a esta clase las
sentencias de adjudicación en juicios divisorios, y los actos legales de partición. No dice
cómo podría entenderse por la ubicación de este inciso que se trata de títulos traslaticios
de dominio, pues estos títulos no sirven para transferir ningún derecho, sino que son
títulos declarativos que reconocen la existencia de un derecho anterior, pero producen
un efecto propio de los títulos traslaticios de dominio, cual es el de legitimar en el
adquirente una posesión exclusiva, posesión a la cual van a servir de título y que además
es distinta de la posesión proindiviso o común que existe entre los comuneros sobre la
cosa antes de la sentencia o acto de partición. La situación sería la siguiente: Candonga,
Dioni y el Koke son herederos de un inmueble que adquieren por sucesión por causa de
muerte, manteniéndose durante cierto tiempo en la indivisión, llegando un momento en
que hacen la partición y se le adjudica a Candonga el inmueble; aquí tenemos dos títulos:
uno, es la sucesión por causa de muerte que es el que legitima la posesión de los tres,
porque es el título de la posesión proindiviso de los tres herederos y que fue el modo de
adquirir; y otro, que es el acto de partición, que es un título declarativo que va a producir
el efecto del título traslaticio que es el de legitimar la posesión de Candonga sobre
el inmueble que le fue adjudicado y del cual pasó a ser dueño exclusivo. Pero, se
presenta un problema en relación con el art.718 inc.1, pues éste dice que la posesión
exclusiva del adjudicatario se retrotrae a la fecha en que comenzó la posesión
proindiviso. Por lo tanto, hay un efecto retroactivo, una verdadera ficción, en virtud de la
cual se considera que el adquirente era poseedor exclusivo de la cosa adjudicada desde
la muerte del causante. Por su parte, el art.1344 inc.1 dispone que el acto de partición
en adjudicación es declarativo del derecho del adjudicatario, porque éste es reputado
dueño desde que comienza la indivisión. Podría sostenerse en este caso que siendo la
posesión única, el título que legitima la posesión es aquel que originó la posesión
proindiviso, o sea, la sucesión por causa de muerte. Pero, realmente no es así, porque
estas disposiciones deben entenderse en el sentido de que, la regla de la retroactividad
de la posesión exclusiva y del efecto declarativo de la partición del art.718 inc.1, no pasan
de ser una ficción que tiene una finalidad muy precisa, cual es la de dejar sin efecto, por
ser inoponible a los comuneros que no concurrieron o no consintieron, todas las
enajenaciones y gravámenes que uno de los comuneros hubiere ejecutado respecto de
una o todas las cosas comunes que en la partición se le adjudican a un comunero distinto
(art.718 inc.2 y 1344 inc.2 CC). Pero, esta ficción no lleva en manera alguna en materia
posesoria, a desconocer que en realidad hay dos posesiones distintas: la
posesión proindiviso, que va desde que comienza la indivisión hasta el acto de partición;
y la posesión exclusiva que va desde el acto de partición en adelante. Esta afirmación
se funda en las siguientes razones: a) el art.703 inc.4 asimila el acto de partición al título
traslaticio, y ello sólo puede tener por objeto que legitime la nueva posesión exclusiva,
no puede tener por objeto identificar el acto de partición plenamente con el título
traslaticio, porque por la partición no se transfiere ningún derecho, característica propia
de los títulos traslaticios, sino que por la partición sólo se declara un derecho que ya
existía. Cuando el art.703 inc.4 asimila los títulos declarativos que allí enumera a los
títulos traslaticios, lo hace con un fin específico: el de legitimar la nueva posesión
exclusiva que en virtud del acto de partición se ha generado, no pudiendo en caso alguno
identificarse de manera total con el título traslaticio, pues no hay traslación de derecho. b)
Por otro lado, el art.701 dice que es posible que una cosa sea poseída a varios títulos.
El art.718 faculta al poseedor exclusivo para agregar a su posesión el tiempo de posesión
proindiviso; luego, si puede el poseedor hacerlo, entonces queda en claro que se trata
de dos posesiones distintas. De todas estas posiciones se concluye necesariamente que
los actos o sentencias de partición son títulos que legitiman la posesión exclusiva, la cual
es distinta a la anterior posesión proindiviso. Esto no deja de tener cierta importancia que
radica en que a la persona a quien se le adjudicó la cosa puede invocar frente a terceros
cualquiera de los dos títulos, los que legitimar n su posesión, lo cual le permite llegar a
la adquisición del dominio por prescripción. Pero, ello sólo frente a terceros, porque
respecto de los demás s comuneros sólo va a poder hacer valer su posesión exclusiva,
no pudiendo invocar frente a ellas el tiempo de posesión proindiviso, porque durante
dicho lapso su posesión no sería exclusiva ni determinada, justamente porque poseía en
común con los demás indiviso; en cambio, el acto de partición o la sentencia de
adjudicación le van a conferir un título de posesión exclusiva y determinada, el cual
puede perfectamente invocarse frente a los otros comuneros, porque se trata de una
posesión diferente de aquella que con ellos tenía. Dentro de los títulos que no legitiman
posesión están los de mera tenencia (arts.714 y 716 CC) Cuando hay mera tenencia,
también nos encontramos ante una persona que tiene una cosa en su poder, pero, a
diferencia de lo que sucede en la posesión, no lo tiene con ánimo de señor o dueño, sino
que por el contrario, reconoce dominio ajeno. Es decir, el tenedor de la cosa, la tiene en
lugar y a nombre del titular del derecho de dominio; por esto, el título de mera tenencia
no legitima posesión, desde el momento en que el mero tenedor reconoce que la cosa
que tiene en su poder pertenece a otro individuo. Por otro lado, la mera tenencia no se
transforma en posesión por el solo transcurso del tiempo (art.716), pero es posible que
si el mero tenedor deja de reconocer el dominio ajeno y se comporta como
dueño, pudiera transformarse en poseedor. Pero, cuando hay mera tenencia en
sí misma, hay reconocimiento que la cosa es ajena y, por ello, si bien está la tenencia de
la cosa (aspecto material), falta el animus (aspecto subjetivo) y, por consiguiente, no hay
posesión. Por lo tanto, el mero tenedor tampoco podrá adquirir el derecho por
prescripción. El título tiene que ser justo. El justo título es el requisito de la posesión
regular (art.702). Por justo título se entiende aquel que formalmente cumple con los
requisitos necesarios para poder atribuir el dominio, de tal forma que si el título
no conduce a la adquisición del dominio posteriormente, es por una circunstancia ajena
o extraña al título en si mismo, pero no por estar viciado el título. Así sucede en la venta
de cosa ajena, cuando el título (contrato de compraventa) reúne todas las condiciones
para operar la adquisición del dominio estamos frente a un justo título, y la no adquisición
del dominio no se debe a una circunstancia propia del título, sino que a hechos ajenos a
los que a él normalmente corresponde. Por ello, se dice que justo título es todo hecho o
acto jurídico que por su naturaleza y por su carácter de verdadero y válido es apto para
atribuir en abstracto el dominio. Este análisis de la aptitud legal del título para adquirir el
dominio se hace en abstracto, esto es, considerando sólo el título en si mismo, sin
atender a otras circunstancias ajenas al título, circunstancias que en el caso concreto
pueden determinar que no opere la adquisición del dominio no obstante que el título
reúne todas las condiciones necesarias para que la adquisición del dominio se
produzca. Así como hay justos títulos, existen también los títulos injustos. En materia de
títulos injustos el legislador chileno siguió el siguiente sistema: no da una definición de
título injusto, sino que se limita a hacer una enumeración taxativa de ellos, pero esta
enumeración, si bien es de carácter taxativo, no es específica en el sentido de que no
contempla casos especiales de títulos injustos, sino que casos de carácter general. Así,
se señala como título injusto en el n.3 del art.704 a aquel que adolece de un vicio de
nulidad, como la enajenación que debiendo ser autorizada por un representante legal o
por decreto judicial, no lo ha sido. En este n.3, quedan comprendidos todos los títulos
nulos, aun cuando el ejemplo se refiere a algunos de ellos, sea la causa de nulidad, la
falta de objeto, un error, falta de causa, etc. Los títulos injustos presentan la característica
de adolecer de vicios o defectos que impiden la transferencia del dominio, vicios o
defectos que dicen relación con la regularidad del acto en sí y no con la calidad de dueño
que pueda o no tener quien otorga el título. El título es injusto entonces, cuando adolece
de algún vicio o defecto o no tiene validez respecto de las personas a que se refiere.
Esta enumeración taxativa y gen'rica que el legislador hace de los títulos injustos está en
el art.704. Art.704 CC No es justo título: 1.- El falsificado, esto es, no otorgado realmente
por la persona que se pretende; 2.- El conferido por una persona en calidad de
mandatario o representante legal de otra sin serlo; 3.- El que adolece de un vicio de
nulidad, como la enajenación que debiendo ser autorizada por un representante legal o
por decreto judicial, no lo ha sido; y 4.- El meramente putativo, como el del heredero
aparente que no es en realidad heredero; el del legatario cuyo legado ha sido revocado
por un acto testamentario posterior, etc. Sin embargo, al heredero putativo que por
decreto judicial se haya dado la posesión efectiva, servir de justo título el decreto; como
al legatario putativo el correspondiente acto testamentario que haya sido
judicialmente reconocido. Análisis de los títulos injustos 1.- Título falsificado. Indica el
art.704 que tal es el no otorgado realmente por la persona que se pretende. Esto es lo
mismo que decir que el título no es auténtico en los términos del art.17 CC; ejemplo de
título falsificado seria un contrato de compraventa en que una persona ha suplantado al
comprador o al vendedor, o bien, si se trata de una compraventa celebrada por escritura
pública, dicha escritura no ha sido autorizada por el notario que se dice autorizarla. 2.-El
título conferido por una persona en calidad de mandatario o representante legal de otra
sin serlo. En este caso el título es injusto porque ha sido otorgado por una persona que
no tiene la representación de quien dice representar y, por esta razón, este acto no
empecé a este último y, por consiguiente, a su respecto es como si no se hubiere
realizado. También es injusto el título otorgado por un representante legal que diga
relación con los bienes de su representado pero que no se relacione con el poder de
representación legal que tiene el representante; la falta de representación legal o
convencional se produce no sólo cuando jamás ha existido mandato o representación
legal, sino también cuando éstas han existido y también cuando aún
habiendo representación legal o mandato, el representante se extralimita en
sus atribuciones, o sea, cuando va más allá de las atribuciones que le
fueron conferidas. 3.- Los títulos que adolecen de un vicio de nulidad El título que
adolece de un vicio de nulidad es un título injusto y ello porque el título nulo no es apto
para operar transferencia y, por esta razón, la posesión que se adquiere no responde a
un derecho ni aun aparente, que la justifique. El título es injusto sea que la nulidad que
lo afecte tenga el carácter de absoluta o relativa. El legislador en el art.704 n.3 no hace
diferencia respecto a la clase de nulidad, es cierto sí que el ejemplo que pone es un caso
de nulidad relativa, pero este ejemplo no debe tomarse como limitativo de la regla, en el
sentido de que el legislador la está' restringiendo sólo a los casos de nulidad relativa,
muy por el contrario, es lógico concluir que si el título que adolece de nulidad relativa es
un título injusto, con mayor razón lo ser el que adolece de nulidad absoluta. En esto, el
CC chileno tiene un enfoque distinto que el que se da en la legislación francesa, porque
en ella sólo es título injusto aquel que adolece de nulidad absoluta, en tanto que el que
está afectado por nulidad relativa tiene el carácter de justo título. Ahora, un título que fue
relativamente nulo, puede sanearse por medio de la ratificación o por otro medio legal y,
en ese caso, la validación se retrotrae a la fecha en que se confirió el título nulo (art.705).
Entre nosotros, los autores estiman que esta disposición del art.705 es aplicable
exclusivamente a los casos de nulidad relativa, porque habla de ratificación y sólo es
posible sanear por ratificación los casos de nulidad relativa, y en caso alguno, los
de nulidad absoluta. 4.-Los títulos putativos. Son aquellos en que solamente existe en la
imaginación de la persona que lo invoca, se apoya en antecedentes que no son reales
ni verdaderos, es decir, tiene como base un error. No es este el caso de un título que
adolece de algún defecto en su origen o en su forma, sino, lisa y llanamente, de un título
que no existe. El n.4 del art.704 nos indica como ejemplo de título putativo el del heredero
aparente que en realidad no es tal, o el del legatario cuyo legado ha sido revocado por
un acto testamentario posterior. La persona a la cual en un testamento se le instituyó
legatario, tiene por ese acto un título; si con posterioridad por otro acto se revoca el
testamento y no se le instituye nuevamente como legatario y el presunto o aparente
legatario entra en posesión de la cosa legada, en realidad, va a carecer de título, pero
en apariencia va a tener uno que es el primitivo testamento; pero este título aparente que
tiene este legatario es injusto. El heredero que en una sucesión intestada cree tener la
calidad de tal, porque ignora que existe otro heredero de mejor derecho, también va a
tener un título aparente (título injusto); y por el hecho de carecer de justo título, estas
personas no van a tener la calidad de poseedor regular, sino que ser n poseedores
irregulares. Pero, en este art.704 n.4 hay un aspecto de especial interés que es
el contemplado en el inc. final de este artículo, el cual se refiere al caso del heredero
aparente a quien por resolución judicial se le hubiere dado la posesión efectiva de la
herencia, y dice que a este heredero le va a servir de justo título el decreto judicial que
decreta la posesión efectiva; lo mismo que al legatario le va a servir de justo título el
testamento que le sirve de título y que haya sido judicialmente reconocido. Por
consiguiente, la regla general es que el heredero y el legatario putativo no tengan justo
título, pero si al heredero putativo se le concedió la posesión efectiva de la herencia va
a tener un justo título que va a ser el auto o decreto de posesión efectiva, y el legatario
también va a tener un justo título que va a ser el correspondiente acto testamentario que
haya sido reconocido judicialmente. Qué importancia tiene que a estos herederos o
legatarios putativos se les reconozca un justo título de la manera descrita
anteriormente? Tiene importancia para los efectos de la prescripción, porque este
heredero aparente o putativo ha obtenido la posesión efectiva de la herencia, en tanto
que el heredero putativo que no ha obtenido la posesión efectiva requiere de una
posesión de 10 años para adquirir el derecho real de herencia por prescripción
(art.1269). Al legatario putativo le sirve de justo título el acto testamentario que haya sido
judicialmente reconocido. Produce este efecto cualquier reconocimiento judicial que se
haya realizado al testamento en cualquier procedimiento o gestión judicial, incluso
puede ser practicado este reconocimiento en la tramitación de la posesión efectiva de la
herencia del causante. II.- Buena fe. El art.706 inc.1 CC nos indica qué debemos
entender por buena fe en materia posesoria: _La buena fe es la conciencia de haberse
adquirido el dominio de la cosa por medios legítimos, exentos de fraude y de todo otro
vicio. Entonces, la buena fe es un elemento o requisito de carácter
eminentemente subjetivo y también esencialmente personal, porque es la convicción
íntima y personal del individuo de haberse adquirido el dominio por los medios legales
correspondientes y sin que exista vicio alguno. Justamente por este carácter subjetivo y
personal de la buena fe es que ella es propia de cada individuo, no pudiendo transmitirse
o transferirse a otras personas. El mismo art.706 inc.2 nos señala como es la buena fe
cuando el título es traslaticio de dominio: si una persona, cuando hay un título traslaticio
de dominio -por ejemplo, la compraventa-, tiene la íntima convicción de que la cosa ha
sido vendida y entregada por la persona que estaba facultada o que tenía atribuciones
para transferir el dominio, el adquirente va a estar de buena fe porque va a estar
convencido de que adquirió la cosa por medios legítimos sin intervención de vicio
alguno. Esta convicción íntima que tiene la persona que adquirió la posesión puede o no
coincidir con la realidad de las cosas; si no coincide, por haber circunstancias impeditivas
de la adquisición del dominio, significa que el poseedor ha incurrido en un error; si se
trata de un error de hecho y es un justo error (error excusable), la buena fe si existe
(art.706 inc.3); ejemplo: el de la venta de cosa ajena por una persona que
habitualmente vende esas cosas, como por ejemplo una casa automotriz. Ahora, el caso
de la mala fe se da en aquel que compra, por ejemplo, una cosa a sabiendas que
enajena, porque en ese caso su error no existe; o bien, adquiere un inmueble embargado
y, en tal caso, el error no es excusable porque existen los medios legales para que éste
hubiera tomado conocimiento de la existencia del embargo (debería haber revisado
los registros del Conservador de Bienes Raíces). Por último, en materia de buena fe, el
error en materia de derecho hace presumir la mala fe del poseedor (art.706
inc.final). Prueba de la buena fe El art.707 establece una presunción respecto de la
buena fe que dice que la buena fe se presume, excepto en los casos en que la ley
establece la presunción contraria. Esta es una presunción simplemente legal,
por consiguiente, admite prueba en contrario. Como es una presunción simplemente
legal, quien alega la existencia de mala fe tendrá sobre sí el peso de la prueba. Este
art.707 establece una presunción que coincide con la normalidad de las cosas que
suceden; lo normal es que las personas obran de buena fe y, la excepción, es la
actuación de mala fe, por eso justamente la existencia de esta presunción. Pero, hay
ciertos casos en que el propio legislador establece la presunción en contrario, esto es,
entra a presumir la mala fe, y ello sucede: Cuando se invoca un error de derecho (art.706
inc.final); La existencia de un título de mera tenencia hace presumir la mala fe, no dando
lugar a la prescripción, salvo que concurran determinadas circunstancias: que el que se
pretende dueño no pueda probar que en los últimos 10 años se haya reconocido expresa
o tácitamente su dominio por el que alega la prescripción; que el que alega la
prescripción pruebe haber poseído sin violencia, clandestinidad ni interrupción por el
mismo espacio de tiempo (art.2510 n.3); También se presume la mala fe después que el
poseedor ha contestado la demanda (art.907 inc.1 y 707 inc.1). Uno de los problemas
que se plantea es el de determinar el momento en que debe existir la buena fe para
calificar la posesión de regular. Esto ha sido discutido largamente en la doctrina y no
hay pleno acuerdo en la legislación comparada porque la duda es si es necesaria la
buena fe sólo al momento de adquirirse la posesión o si es necesaria en ese momento
debiendo mantenerse durante todo el tiempo de posesión. Una y otra solución han sido
aceptadas por las diversas legislaciones y también en 'pocas distintas. El CC chileno
establece en forma muy clara que para la existencia de la posesión regular es suficiente
que haya buena fe al momento de iniciarse la posesión, no siendo necesario que
posteriormente subsista. Por consiguiente, podría darse perfectamente el caso de una
persona que adquirió la posesión de buena fe y posteriormente la haya perdido
(art.702 CC). La buena fe es un elemento total y absolutamente personal,
por consiguiente, para calificar si esa persona se encuentra en buena o mala fe,
solamente habrá que atender a las circunstancias en que el se encuentra, si el análisis
de las circunstancias de sus antecesores, porque la buena fe no se traspasa de un
poseedor a otro. III.- Tradición cuando el título es traslaticio de dominio En caso de que
se trate de un título constitutivo no se requiere de tradición porque el título, como sucede
con la ocupación y la accesión, es a la vez modo de adquirir. Luego, en estos casos de
títulos constitutivos va a ser necesario sólo el justo título y la buena fe. La misma
situación sucede en la sucesión por causa de muerte, esto es, en el título de transmisión,
el cual va a ser a la vez título modo de adquirir; pero, en el caso del título traslaticio de
dominio, sucede que éste por sí mismo no produce la adquisición del derecho, porque
en el título traslaticio hay una clara separación entre el título y el modo de adquirir. No es
lo mismo que en la ocupación, accesión, etc., en que el título es a la vez modo. Por eso,
cuando el título es traslaticio de dominio, para que exista posesión regular se requiere
de la tradición; si no hay tradición, y el título es traslaticio de dominio, no va haber
posesión regular (art.702 inc.3). La ley establece algunos casos en que se presume la
tradición: En el art.702 inc.final: La posesión de una cosa a ciencia y paciencia del que
se obligó a entregarla, hará presumir la tradición, a menos que ésta haya debido
efectuarse por la inscripción del título, porque en este caso, la única forma de efectuar la
tradición es mediante la competente inscripción; si no hay inscripción, no hay tradición,
aún cuando el adquirente detente la cosa en su poder. Luego, esta presunción del
art.702 inc.final es aplicable sólo respecto de los bienes muebles y de las servidumbres
(con su contracepción), porque en estos 2 casos la tradición no se efectúa mediante la
inscripción; no se aplica esta presunción a los inmuebles, es decir, el dominio y derechos
reales constituidos sobre inmuebles (salvo el de servidumbre), porque respecto de éstos
se aplica el art.686 CC, porque exige que la tradición se realice mediante la
competente inscripción. Posesión Irregular El art.708 CC nos dice cuando la posesión es
irregular: posesión irregular es la que carece de uno o más de los requisitos señalados
en el art.702. En cuanto a sus efectos, podemos señalar los siguientes: a) Tanto la
posesión regular como la irregular pueden conducir a la adquisición del derecho por
prescripción, existiendo si, una diferencia entre ambos casos, porque el poseedor regular
adquiere por prescripción ordinaria; mientras que si es irregular, va a operar la
prescripción extraordinaria. La acción reivindicatoria -que está definida en el art.889 CC:
es la que tiene el dueño de una cosa singular de que no está en posesión, para que el
poseedor de ella sea condenado a restituírsela.- se confiere al dueño de la cosa,
confiriéndose por excepción al poseedor regular que estaba en vías de ganar la posesión
por prescripción (art.894 CC). b) La presunción del art.700 inc.2 opera tanto respecto del
poseedor regular como del irregular. El legislador no ha establecido ninguna diferencia o
limitación al respecto. c) Los interdictos posesorios pueden ser hechos valer tanto por
el poseedor regular como por el irregular. El legislador tampoco establece limitaciones a
este respecto (arts.916 y 918 CC). II.- Posesión útil y viciosa El legislador nos dice que
son posesiones viciosas la violenta y la clandestina (art.709). Por oposición, posesión útil
es la que no adolece de los vicios de violencia y clandestinidad. La posesión violenta es
la que se adquiere por medio de la fuerza. En este aspecto el legislador atiende al
momento de la adquisición de la posesión y si se adquiere por fuerza se cataloga de
violenta. Este fuerza tiene que tener requisitos: Debe ser grave (art.1456), No necesita
ser una fuerza actual, Tampoco tiene importancia la persona que ejerce la fuerza y contra
de quien se ejerce, puede ser dueño o poseedor (art.710 y 711). Posesión clandestina
es aquella que se ejerce ocultándola de quien tiene derecho a oponerse a ese ejercicio
(art.713). Para calificar de clandestina la posesión se tiende a los actos de ejercicio de
la posesión, de tal manera que si esos actos son ocultos la posesión es clandestina.
Tanto la posesión violenta como la clandestina pueden referirse exclusivamente a los
bienes muebles o a los inmuebles no inscritos, porque el poseedor inscrito del un
inmueble está garantizado por la inscripción y todo acto de violencia y clandestinidad en
cuanto estos no pueden privarle de su posesión. De tal manera que si el inmueble
está inscrito y alguno se apodera con violencia o clandestinidad de este inmueble, este
no va a adquirir la posesión, sino que tendrá la calidad de tenedor precario, y el dueño
va a tener en su contra la llamada acción de precario para obtener la restitución de lo
que le pertenece. La posesión violenta y la clandestina no permiten ganar el derecho
por prescripción ordinaria, ello por faltar la posesión regular, porque en la violenta y en
la clandestina no concurren los requisitos del art.702. Tampoco procede la prescripción
extraordinaria, ya que a pesar de ser esta posesión irregular, el art.2510 exige que no
haya violencia ni clandestinidad para que opere la prescripción extraordinaria. Por
otro lado, estas posesiones viciosas no cuentan con la protección de las acciones
posesorias (art.918). Por excepción, el art.928 concede al poseedor violento o
clandestino la querella de restablecimiento o despojo violento en el caso de que otra
persona lo despoje a él violentamente de su posesión, la finalidad de ello es evitar los
actos de violencia. Si una persona adquiere una cosa de un poseedor violento o
clandestino, dicha persona podría tener la calidad de poseedor regular, y ser regular en
el caso de que concurran los requisitos del art.702, ello porque la posesión es personal
y exclusiva. III.- Posesión continua y posesión interrumpida. La posesión continua es
aquella que no ha sido perdida, impedida ni desconocida por demanda judicial. La
posesión interrumpida es aquella que se ha perdido, ha sido impedida o ha sido
desconocida por demanda judicial. Cuando hay pérdida o impedimento de la posesión
se produce la interrupción natural de la misma; si hay desconocimiento por demanda
judicial, se produce la interrupción civil de la posesión (art.2502). La interrupción natural
o civil de la posesión es a la vez interrupción natural o civil de la prescripción adquisitiva
del respectivo derecho. La posesión tiene como característica el hecho de ser personal,
es decir, cada individuo la adquiere por sí mismo, no pudiendo haber ni transferencia ni
transmisión de la posesión (art.717 inc.1). Además, es exclusiva, ya que en general no
puede compartirse, salvo posesión proindiviso. Si una persona adquiere la posesión es
porque otra la ha perdido. Sucede que la posesión tiene importancia para la prescripción
y, ésta requiere generalmente de plazos largos. Esto conduce a que muchas veces se
produzca la situación de que el poseedor por sí mismo no pueda completar el plazo
de prescripción, por ello el art.717 le da al poseedor una facultad, cual es la de agregar
a su posesión la de sus antecesores jurídicos; esto es lo que se denomina accesión de
posesiones. Para que se produzca la accesión de posesiones es necesaria la
concurrencia de ciertos requisitos: 1.- La existencia de un vínculo jurídico entre el actual
poseedor y su antecesor: para la procedencia de la accesión de posesiones esto es
un requisito fundamental, esto es, que entre el actual poseedor y el antecesor de éste en
la posesión existan relaciones jurídicas de las cuales el actual poseedor derive su
derecho, sea éste aparente o verdadero sobre la cosa. Este requisito fluye del art.717,
que se pone en la situación de existir esta derivación de derecho de una persona a otra,
por su parte, los arts.919 y 2505 también se refieren al antecesor y al sucesor en
el sentido de haber relaciones jurídicas entre ellos. Para que pueda efectuarse la
accesión de posesiones, la ley se coloca en la situación de que haya habido una
sucesión real o aparente de derechos entre el actual poseedor y el antecesor. La
posesiones de hecho (usurpador que usa violencia) cuando no hay relación jurídica entre
sucesor y antecesor que justifique la posesión real o aparente del poseedor, no se
benefician con la accesión de posesiones. 2.- El poseedor debe alegar una serie continua
e ininterrumpida de sucesiones de antecesores: esto es, no puede escogerse las
posesiones, entre ellos debe haber continuidad (art.717 inc.2 y 2500). 3.- Las posesiones
que se agregan deben serlo con todas sus calidades y vicios (art.717 inc.1), es decir, por
la accesión de posesiones no mejoran ni desmejoran las posesiones anteriores. Si ellas
eran irregulares, como irregulares se agregan, no pudiendo cambiar la calidad de ésta
en manera alguna. 4.- Si se trata de la posesión inscrita de un inmueble la agregación
de las posesiones sólo puede efectuarse hasta el título inscrito anterior a aquel contra el
cual se prescribe (art.2505). Adquisición, conservación y pérdida de la posesión Reglas
comunes a la posesión de bienes muebles e inmuebles. Reglas aplicables sólo a la
posesión de bienes muebles. Reglas aplicables sólo a la posesión de bienes
inmuebles. 1.- Reglas comunes a la posesión de muebles e inmuebles. Ellas dicen
relación con la adquisición de la posesión por medio de representantes y con la
adquisición de la posesión por medio del derecho de herencia. A.- Adquisición de la
posesión por medio de representantes Tanto la posesión de los muebles como los
inmuebles puede ser adquirida por representación legal o voluntaria, aplicándose en todo
la reglas de la representación (art.720). También se aplican las reglas de
inoponibilidad para el caso de que no haya poder o, habiéndolo, hay una
extralimitación del mismo. También rigen las reglas de la ratificación como medio de
hacer eficaz la posesión que era inoponible al representado (art.721). Si una persona
toma la posesión de una cosa en lugar o a nombre de otra de quien es mandatario o
representante legal, la posesión del mandante o representado principia en el mismo acto,
aun sin su conocimiento. Si el que toma la posesión a nombre de otra persona, no es su
mandatario ni representante, no poseer ésta sino en virtud de su conocimiento
y aceptación; pero se retrotraer su posesión al momento en que fue tomada a su
nombre. El art.721 nos dice que la posesión se inicia al momento de adquirir
el representante, aún cuando el representado no tenga conocimiento de ello, con lo cual
se deja muy en claro que la voluntad que opera la adquisición de la posesión es la del
representante y no la del representado. B.- Adquisición de la posesión del derecho de
herencia. La posesión legal del derecho de herencia la adquiere el heredero de
pleno derecho al momento de deferirse la herencia, aun cuando el heredero lo ignore y
sea incapaz (art.722). Cuándo es deferida la herencia? Se defiere cuando la ley llama al
heredero a aceptar o repudiar un legado (art.956). El momento en que se hace el llamado
ser distinto si la asignación es pura y simple o condicional; si la asignación es pura y
simple, el llamado se produce al momento de morir el causante; si la asignación está
sujeta a condición suspensiva, se produce al momento de cumplirse la condición (art.956
inc.2). A este respecto hay que llamar la atención, cual es que en la adquisición del
derecho de herencia (cosa incorporal) no entra a jugar ni el corpus ni el animus, porque
para que el heredero adquiera la posesión de la herencia no es necesario que haya actos
de heredero o poseedor, incluso puede ignorar el fallecimiento del causante cuya
herencia comienza a poseer. Esta posesión legal de la herencia tiene importancia
porque: 1. - Faculta al heredero para hacer acto de tal, para tomar posesión material de
los bienes hereditarios. 2. - Confiere derecho al heredero a las acciones posesorias, lo
cual le permite la protección de las cosas que posee. Pero, también somete al heredero
a las acciones que terceros pudieran intentar en su contra (art.719). 3. - Esta posesión
legal importa porque permite al poseedor llegar a adquirir el derecho por prescripción.
Como nadie puede adquirir derechos en contra de su voluntad es que se defiere la
herencia; ahora, si el heredero acepta, no hay problemas y adquiere la posesión;
en cambio, si se repudia la asignación, el legislador considera que su posesión no ha
existido jamás, es decir, por el repudio de la asignación desaparece en forma efectiva la
posesión legal que el heredero tenía sobre la herencia (art.722 inc.2). 2.- Reglas
aplicables sólo a la posesión de bienes muebles. Dicen relación con la adquisición,
conservación y pérdida de la posesión. A.- Adquisición de la posesión de bienes
muebles. Se adquiere desde el momento en que concurre la voluntad de poseer y
la aprehensión material o física de la cosa (corpus y animus). En cuanto a la adquisición
de la posesión hay una situación especial respecto de los incapaces, ya que incluso los
absolutamente incapaces -excepto dementes e infantes- pueden adquirir por sí mismos
la posesión de bienes muebles, siempre que concurra apoderamiento e intención, pero
no pueden ejecutar actos jurídicos en virtud de esa posesión sino por intermedio de
sus representantes legales. Lo mismo se aplica para los relativamente
incapaces (art.723). Esta regla de carácter excepcional contrasta con la capacidad que
se requiere para la adquisición de la posesión de bienes inmuebles, la cual, cuando se
adquiere por tradición, exige plena capacidad de ejercicio, y si es adquirida por un
incapaz por sí mismo habrá nulidad absoluta o relativa, dependiendo ello de la clase de
incapacidad de que se trate. B.- Reglas sobre la conservación de la posesión de los
bienes muebles. La posesión se conserva mientras subsista el animus. A este respecto
hay que considerar que para la adquisición de la posesión la persona debe reunir dos
elementos: animus y corpus. Pero, para su conservación, basta con tener el animus, aun
cuando momentáneamente la persona careciera o no tuviera el corpus. Esto es, lo que
se requiere es la conservación de la voluntad de mantener la posesión y esa voluntad
subsiste o se mantiene mientras no se manifieste o aparezca una voluntad contraria a
ella; es justamente esto lo que nos dice el art.727 CC. El mantener o conservar el animus
(voluntad de poseer), no implica un continuidad en el tiempo, es decir, no implica que el
animus se tenga o mantenga momento a momento, el legislador supone que la voluntad
del poseedor se mantiene mientras no aparezca una voluntad contraria a ella. Por eso
es que mientras duerme la persona, caso en el cual no estaría manifestando su voluntad,
la posesión se mantiene. El legislador supone esta voluntad de conservación mientras
no aparezca voluntad en contrario y, esta voluntad en contrario, puede ser: a) la propia
voluntad del poseedor, cuando abandona o enajena la cosa. b) la voluntad de un tercero,
que se nos presenta cuando este tercero se apodera de la cosa con el ánimo de hacerla
suya; en este caso, quien tenía la posesión la pierde y se adquiere ésta por el tercero
(art.726 CC). La posesión se puede conservar al igual que se puede adquirir por medio
de terceros. En concordancia con este principio, el legislador estatuye que el poseedor
conserva su posesión aún cuando le entregue la tenencia de la cosa a otra persona, por
ejemplo: cuando la da en arrendamiento, comodato, depósito o, en general, a cualquier
otro título no traslaticio de dominio (art.725). En estos casos, si bien es cierto que el
poseedor se desprende de la tenencia de la cosa (corpus), mantiene el animus y, por lo
tanto, conserva la posesión. C.- Reglas sobre pérdida de la posesión de los bienes
muebles. Se produce la pérdida cuando el poseedor pierde el corpus y el animus,
como por ejemplo: c) Cuando el poseedor enajena la cosa haciéndose la
correspondiente tradición (art.648 y 726 CC). d) Cuando el poseedor ha perdido el
corpus, conservando el animus, siempre que el tercero que tiene el corpus tenga a su
vez ánimo de señor y dueño (art.726 CC). e) En el caso que el poseedor conserva el
corpus pero pierde el animus; es la situación que sucede en el llamado "constituto
posesorio" (art.684 n.5), que es aquella situación en que el poseedor del mueble, en
merito del título traslaticio y de mera tenencia, transfiere la cosa, quedando como mero
tenedor de la misma. El corpus aquí no sufre alteraciones, pues la cosa sigue en manos
de quien la tenía, pero hay un cambio en el animus, esta figura se llama intervención de
la posesión. 3.- Reglas aplicables a la posesión de los bienes inmuebles Esta es la
llamada teoría de la posesión inscrita. Teoría de la posesión inscrita. También estas
normas dicen relación con la adquisición, conservación y pérdida de la posesión de los
inmuebles: I.- Normas referentes a la adquisición de la posesión de los inmuebles Para
poder establecer en qué forma se adquiere la posesión de los inmuebles hay que hacer
algunas distinciones: 1.- En primer término, hay que atender a la naturaleza del
título, distinguiendo si: a.- El título es constitutivo de dominio, b.- El título es traslaticio de
dominio. a.- El título es constitutivo de dominio (accesión, ocupación) o si se trata de la
sucesión por causa de muerte, no se requiere la inscripción para adquirir la posesión. La
razón de esto está en que: 1. - Cuando el título constitutivo es la accesión, la inscripción
del suelo principal cubre el terreno accedido. 2. - Tratándose de la prescripción, ella
opera cuando se reúnen los requisitos establecidos por la ley, y la inscripción que se
requiere es solamente un requisito para hacer oponible la prescripción respecto
de terceros (art.689 y 2503 CC). 3. - En la sucesión por causa de muerte, la inscripción
se exige no para adquirir la posesión, sino para la conservación de la historia de
la propiedad raíz. Ello es así porque la posesión se la herencia de adquiere al momento
de deferirse, sin necesidad de cumplirse ningún requisito nexo. 4. - Tratándose de la
ocupación, no se presenta problema, porque por medio de ella sólo se adquieren bienes
muebles. b.- El título es traslaticio de dominio Se plantea el problema con la inscripción
en el Registro Conservatorio de Bienes Raíces, y para estos efectos y ver si es o no
necesaria la inscripción en el Registro Conservatorio para la adquisición de la
posesión hay que distinguir: 1.- Si se trata de adquisición de posesión regular o
irregular. 2.- Si se trata de un inmueble inscrito o no inscrito. A.- Adquisición de la
posesión regular de un inmueble. La doctrina está totalmente de acuerdo en que para
adquirir la posesión regular de un inmueble se requiere de la inscripción, sin distinguir si
el inmueble está inscrito o no. Es decir, para adquirir la posesión regular de un inmueble
inscrito es necesaria la inscripción, como lo es también para la adquisición de
un inmueble no inscrito. Razón: se encuentra en que la posesión regular exige la
tradición cuando el título es traslaticio de dominio (art.702 CC) y si se requiere tradición,
la única forma de hacerla, tratándose de un inmueble, es mediante la inscripción; si no
hay inscripción no hay tradición y, en consecuencia, no hay posesión regular (arts.686,
724, 702 y 708 CC): El art.702 señala que la posesión regular es la que procede de justo
título y ha sido adquirida de buena fe, siendo también necesaria la tradición si el título es
traslaticio de dominio. El art.708 señala que la posesión irregular es la que carece de uno
o más de los requisitos señalados en el art.702. El art.686 señala que se efectuar la
tradición del dominio de los bienes raíces por la inscripción del título en el Registro
Conservatorio. El art.724 expresa que si la cosa es de aquellas cuya tradición
debe hacerse por inscripción en el Registro del Conservador, nadie podrá adquirir la
posesión de ella sino por este medio, es decir, por la inscripción. O sea, la inscripción es
requisito de la posesión regular de los inmuebles. En el caso de un inmueble no inscrito
también es necesaria su inscripción para la adquisición de su posesión regular cuando
el título es traslaticio de dominio y, esta inscripción, deber practicarse conforme a las
reglas de la primera inscripción (art.693). B.- Adquisición de la posesión irregular de un
inmueble Aquí, hay que hacer una distinción entre: a) Inmuebles inscritos. b) Inmuebles
no inscritos. Esta distinción se hace para efectos de analizar si se requiere o no
de inscripción para la adquisición de la posesión. a) Adquisición de la posesión irregular
de un inmueble inscrito sólo puede adquirirse por la respectiva inscripción, por las
siguientes razones: el art.724 exige inscripción para adquirir la posesión de un
inmueble inscrito, no distinguiendo si la posesión es regular o irregular. el art.728 dispone
que mientras subsista la inscripción, el que se apodera de la cosa a que se refiere el
título inscrito, no adquiere la posesión de ella, ni pone fin a la posesión existente. Esta
disposición nos dice que el poseedor inscrito no pierde la calidad de tal, aun cuando un
tercero se apodere materialmente del inmueble inscrito. Incluso mas, si el tercero que se
apoderó del inmueble inscrito, tiene un título traslaticio, no va a adquirir la posesión, si
no media una nueva inscripción. el art.730 engloba dos situaciones distintas, una
contemplada en el inc.1 en la cual no exige la inscripción para adquirir la posesión de
inmuebles inscritos; y otra, en el inc.2 en la cual se refiere a los inmuebles no inscritos,
exigiendo siempre competente inscripción para extinguir la posesión del antiguo
poseedor y la adquisición de ella por el nuevo poseedor. b) Adquisición de la posesión
irregular de un inmueble no inscrito. En este caso, hay una larga discusión sobre si es o
no necesaria la inscripción para la adquisición de la posesión. Algunos sostienen que
para la adquisición de la posesión irregular de un predio no inscrito es necesaria la
inscripción también; en cambio, otros dicen que para la adquisición de la posesión
irregular de un inmueble no inscrito basta el apoderamiento material, no siendo necesaria
una nueva inscripción. Don Humberto Trucco y Tomás Ramírez Frías afirman que la
posesión irregular de un inmueble no inscrito sólo puede adquirirse por medio de
la inscripción, dan los siguientes argumentos: 1.- El art.724, que exige la inscripción para
la adquisición de toda posesión de inmuebles, sin distinguir entre inmuebles inscritos y
no inscritos. 2.- Los arts.726 y 729 que, aparentemente habilitan o autorizan para
la adquisición de toda posesión de inmuebles por simple apoderamiento, se están
refiriendo al caso en que no hay título traslaticio de dominio y lo que se está viendo es la
adquisición de la posesión irregular cuando hay título traslaticio de dominio. 3.- En caso
de estimarse que no es necesaria la inscripción para adquirir la posesión irregular de un
predio no inscrito, se estaría frustrando lo deseado por Bello en orden a que todos los
inmuebles se incorporan al r'gimen de inscripción, ya la idea de Bello al establecer el
Registro Conservatorio era precisamente ésta. Otro sector de la doctrina, principalmente
don José Clemente Fabrés, Leopoldo Urrutia y Manuel Somarriva, sostienen la posición
contraria, esto es, que puede adquirirse la posesión irregular de un predio no inscrito
por simple apoderamiento, no siendo indispensable la inscripción. Dan la siguientes
razones: La posesión irregular, por definición del art.708, es aquella a la cual le falta
alguno de los requisitos que el art.702 señala para la posesión regular y entre esos
requisitos está la tradición si el título es traslaticio de dominio; luego, si falta uno de los
requisitos del art.702, la posesión ser irregular y tal es la situación en que nos
encontramos. Indican que en el art.729 los inmuebles no inscritos están asimilados
en cuanto a la adquisición y pérdida de la posesión a los bienes muebles, esto es, el
r'gimen establecido en el art.726. Es decir, el art.729 reconoce que alguna especie de
posesión puede adquirirse por simple apoderamiento respecto de inmuebles no inscritos
y, esa posesión, necesariamente tiene que ser la posesión irregular, ya que el art.724
exige en forma perentoria de la inscripción para la adquisición de la posesión regular de
un inmueble inscrito o no inscrito. Indican que si el art.729 dice que hay posesión en los
casos de apoderamiento violento o clandestino, es lógico concluir que también la hay si
existe título traslaticio de dominio y un apoderamiento sin violencia o clandestinidad. El
art.730 inc.1 no exige inscripción para adquirir la posesión en un predio no inscrito
cuando hay usurpación, en cambio, el inc.2 se refiere a predios inscritos y exige esa
inscripción. Por último, dicen que la objeción que hacen los señores Trucco y Ramírez
en orden a que no se cumpliría lo deseado por Bello, no tiene un fundamento
ni consistencia, porque el inmueble siempre va a acceder en alguna forma al r'gimen de
inscripción y si no lo es en los casos en que hay título traslaticio de dominio, lo va a ser
en los casos del art.688 cuando opera la sucesión por causa de muerte. II.- Normas
referentes a la conservación de la posesión de los inmuebles La inscripción es en
realidad también una garantía de la conservación de la posesión para el poseedor; ello
es así porque el poseedor va a conservar su posesión mientras la inscripción no se
cancele (art.728 inc.1). En segundo lugar, es así porque mientras subsista la inscripción
con plena vigencia, se conservar la posesión aún cuando un tercero ocupe
materialmente el inmueble (art.728 inc.2). Si alguien se apodera materialmente del
inmueble, subsistiendo la posesión a nombre del poseedor, quien ocupa seria
un poseedor precario frente al cual puede intentarse la acción de precario (art.2195),
teniendo asimismo las acciones posesorias. Lo que si no hay que olvidar es que la
inscripción juega un rol dentro de la posesión, pero no es el único requisito que debe
cumplir esta posesión, ya que a la inscripción deben unirse necesariamente el corpus y
el animus, requisitos que por definición misma constituyen la posesión. En el hecho,
la inscripción deber tener eficacia sólo en cuanto constituye la solemnidad de un hecho
real, cual es la posesión material del predio, no debiendo tener ninguna si no
corresponde a una determinada realidad, ya que esto constituiría lo que se llama una
inscripción meramente de papel. En el hecho, la posesión debe estar configurada por el
corpus, más el animus y la inscripción, cuando se trata del inmueble (art.724 y 728); pero
estos artículos, tiene que ser necesariamente complementados con lo dispuesto en el
art.700 que da una muy clara definición de la posesión y de sus elementos; por eso se
rechaza por muchos autores aquella posición en que sólo existe la mera inscripción, la
cual estaría configurando la totalidad de la posesión en sí misma. No basta según estos
autores con la sola existencia de la inscripción para que haya posesión; si se exigiera la
sola inscripción se estaría prescindiendo total y absolutamente del concepto mismo de
posesión que nos da el art.700. El rechazo de esta inscripción meramente de papel, ha
motivado que los tribunales, ante un conflicto entre dos poseedores que tienen la
inscripción a su nombre, se incline por aquel que tiene la inscripción y la tenencia
material, por sobre aquel que sólo tiene la inscripción a su nombre. Ello es así porque en
el primero la inscripción corresponde a la realidad y aquí concurren, fuera de
esta inscripción, los elementos que según el art.700 configuran la posesión. III.- Normas
referentes a la pérdida de la posesión de los inmuebles De acuerdo con el art.728 inc.1
la posesión inscrita cesa, termina o se pierde cuando la inscripción se cancela. La
inscripción se cancela por: a) voluntad de las partes. b) decreto judicial. c) por una nueva
inscripción. a) Cancelación por la voluntad de las partes. Se produce cuando aquellas
que han otorgado el título que se inscribió en el respectivo Registro Conservatorio, de
común acuerdo, dejan sin efecto el contrato o título que originó la inscripción. Este
acuerdo de voluntades por el cual se deja sin efecto el contrato, se denomina resciliación
y es uno de los modos de extinguir la obligaciones consagrado en el art.1517 inc.1. Pero,
no basta con la resciliación para que se produzca la cancelación de la inscripción, sino
que también se requiere que la resciliación se subinscriba al margen de la inscripción
que se cancela (esto, con el fin de dejar constancia de la resciliación art.91
del Reglamento del Registro Conservatorio). Algunos han estimado que en este caso de
la resciliación habría que proceder a practicar una nueva inscripción a nombre del
primitivo poseedor inscrito, para que el inmueble quede inscrito a su nombre. Pero, la
mayor parte estima que basta la subinscripción que cancela la inscripción reviviendo la
inscripción anterior; este es un caso de cancelación material, porque hay una
subinscripción que cancela la inscripción respectiva. b) Cancelación por decreto
judicial. En este caso, la cancelación se produce en virtud de una sentencia judicial firme
o ejecutoriada que dispone la cancelación de la inscripción. La sentencia puede haber
recaído en un juicio en que se haya discutido la validez o nulidad de la inscripción y que
ha acogido la nulidad de la misma, o bien, puede ser una sentencia pronunciada en un
juicio en que se haya intentado la acción reivindicatoria en el cual se haya acogido
dicha acción. Esta sentencia que ordena la cancelación de la inscripción tiene también
que subinscribirse al margen la inscripción que se cancela (art.91 del reglamento). Es
también un caso de cancelación material. c) Cancelación por una nueva
inscripción. Debe tratarse de una nueva inscripción en que el poseedor inscrito transfiere
su derecho a otro. Lo que sucede es que una inscripción puede cancelarse y la posesión
por ella representada puede extinguirse en virtud de una nueva inscripción y, en tal caso,
estamos ante la cancelación virtual, la que se produce en virtud de una nueva inscripción
en que el poseedor inscrito transfiere un derecho a otra (art. 728 inc.1). En este caso, el
de la cancelación virtual, no tiene mayor trascendencia si el título es justo o injusto,
porque en caso que fuere injusto lo único que va a suceder es que el nuevo poseedor va
a ser irregular por faltarle uno de los requisitos del art.702. Tampoco importa el que la
cosa no sea de la propiedad del vendedor, porque en tal caso estaremos ante la venta
de cosa ajena, la que es valida. Luego, en este caso, el adquirente podrá ser incluso
poseedor regular. Lo que si tiene trascendencia es que hay una cancelación de la
inscripción anterior y un cambio de posesión en virtud de ella. El art.728 n.1 señala que
para que se cancele la inscripción por medio de otra inscripción ella tiene que emanar
del poseedor inscrito que transfiere su derecho a otro; sin embargo, en relación a esto
hay una situación especial en el art.730 inc.2, aquí estamos ante un caso en que
se produce la cancelación por una nueva inscripción emanada, no del poseedor inscrito,
sino de un mero tenedor, el cual usurpa un inmueble y dándose por dueño de él lo
enajena a un tercero. Pero, para hacer esto, es indispensable que el tercero lo inscriba
a su nombre y tenga la tenencia material a su nombre. El art.730, al establecer esta
situación, nos presenta una interesante modificación a la regla general del
art.728,porque hay una cancelación de la inscripción, pero en este caso la nueva
inscripción no emana del poseedor inscrito, sino del usurpador; y en segundo lugar,
porque el apoderamiento que tiene el tercero, unido a la nueva inscripción que
ha practicado a su nombre produce un cambio en la posesión de acuerdo al art.730 inc.2;
ello, no obstante que el art.728 inc.2 nos señalaba que los actos de apoderamiento
material no son suficientes para hacer cesar la posesión inscrita. Para que se produzca
la situación contemplada en el art.730 inc.2 es necesaria la concurrencia de los
siguientes requisitos: 1. - Que se trate de un inmueble inscrito. 2. - Que tenga el inmueble
un mero tenedor, esto es, un arrendatario, comodatario, etc. En este caso, para que se
produzca la situación contemplada en el art.730 inc.2, la usurpación no puede provenir
de un tercero cualquiera, sino que el usurpador necesariamente tiene que ser el mero
tenedor, y la ley lo exige así para que exista un nexo entre éste y el poseedor inscrito. 3.
- Que este mero tenedor enajene el inmueble dándose por dueño. En consecuencia no
se produce la situación contemplada en el art.730 inc.2 si el mero tenedor se da por
dueño se inscribe a su nombre, porque lo que la ley requiere es que éste enajene el
inmueble dándose por dueño; si el mero tenedor se da por dueño e inscribe a su
nombre, no se cancela la inscripción anterior. 4. - Competente inscripción a nombre del
tercero adquirente 5. - Que el tercero adquirente tenga posesión material En relación con
el n.4, se plantea un grave problema con respecto al art.730 inc.2, en la frase competente
inscripción, es decir, qué se entiende por competente inscripción? Esta es una materia
bastante discutida hasta el punto que en doctrina hay 3 corrientes sobre qué debe
entenderse por competente inscripción: Primera posición. Para Humberto Trucco y
Pedro Lira es competente inscripción única y exclusivamente la que emana del poseedor
inscrito, ello porque el art.728 no tiene excepción, de tal manera que cuando el art.730
inc.2 nos habla de competente inscripción, se está refiriendo a la inscripción que se
practica en favor del tercero adquirente en virtud de la usurpación del mero tenedor y su
posterior enajenación del inmueble a dicho tercero, pero que posteriormente fue
ratificada por el poseedor inscrito. En realidad, estos autores están rechazando la
situación de excepción señalada en el inc.2 del art.730, porque no habría dicha
excepción según ellos. Segunda posición. Para Arturo Alessandri y Alejandro Lira,
competente inscripción es aquella que nos presenta un vínculo a lo menos
aparente entre el mero tenedor y la anterior inscripción, de manera que se presenta una
continuidad en el Registro; y sostiene que este vínculo aparente va a existir cuando el
mero tenedor que usurpa el inmueble otorga en favor del tercero adquirente, y se
subinscribe alguno de los títulos injustos de los ns.1 y 2 del art.704, esto es, el título
falsificado y el inoponible. En estos casos, había por lo menos una aparente relación
entre el poseedor inscrito y el nuevo adquirente. Estamos en este caso ante una
competente inscripción que produciría como efecto cancelar la inscripción anterior. Esta
posición ha sido seguida en ocasiones por los tribunales, que han señalado que aunque
se reconozca que la persona que invoca la prescripción tiene título inscrito, éste no le da
la posesión legal que se requiere para inscribir si no deriva del poseedor inscrito. De
consiguiente, no queda cancelada la primitiva inscripción (Corte Suprema, 9 de enero de
1933: R., t.XXX, sec. primera, p.206). Tercera Posición. Para Leopoldo Urrutia, Manuel
Somarriva y Luis Claro Solar, competente inscripción es la que se practica en la forma
que corresponde, esto es, en el departamento respectivo y con arreglo a las normas del
Registro Conservatorio de Bienes Raíces. No puede ser competente inscripción aquella
que emane del poseedor inscrito en sí mismo, porque esta situación ya está contemplada
expresamente en el art.728 CC, caso en el cual la inscripción emanada del poseedor
inscrito produce como consecuencia la cancelación de la respectiva inscripción. Señalan
que en el caso del art.730 inc.2 la inscripción no puede ser tradición de derecho, ya que
el mero tenedor usurpador carece de este derecho, de tal manera que el único efecto
que va a producir la inscripción es el de atribuir posesión, pudiendo el poseedor llegar a
adquirir el respectivo derecho a través de la prescripción. Por otro lado, sostienen que
interpretar de otra forma el art.730 es dejarlo sin aplicación, porque las otras 2
interpretaciones carecen de asidero suficiente y, por lo tanto, de no aceptarse esto, no
podría aplicarse el art.730 inc.2 como tampoco el art.2505 inc.2. Esta última posición ha
sido la que los tribunales han seguido mayoritariamente, señalando que el inc.2 del
art.730 se pone en el caso en que el mero tenedor del inmueble inscrito lo enajena a su
nombre, y en este evento el adquirente mediante la competente inscripción adquiere para
sí la posesión poniendo fin a la posesión anterior. Esta competente inscripción no puede
ser únicamente la que emane del poseedor inscrito, por cuanto ese caso lo contempla el
art.728 y no es dable suponer semejante redundancia. Por esto es forzoso concluir que
la ley al hablar de competente inscripción se está refiriendo a aquella que se efectúa con
las solemnidades legales por el funcionario competente, en el Conservador del
departamento de la ubicación del inmueble que se transfiere. La nueva inscripción así
practicada tiene la virtud de cancelar la inscripción anterior que existe sobre la misma
propiedad (Corte de Talca, 19 de junio de 1933: Gaceta 1933, primer semestre, n.84,
p.348. Corte Suprema, 5 de enero de 1949: R., t.46, secc. primera, p.311). Esto de la
competente inscripción nos plantea algunos problemas: 1. - Teniendo en claro que la
inscripción puede no emanar del poseedor inscrito sino del mero tenedor usurpador, se
plantean algunas interrogantes, Cómo va a adquirir el tercero adquirente. Surge esta
duda porque en el Registro Conservatorio de Bienes Raíces el inmueble se encuentra
inscrito a nombre del poseedor inscrito y no a nombre del mero tenedor usurpador, Habrá
que recurrir a la inscripción por aviso de los arts.683 CC y 78 del Reglamento del
Conservador?. Esta es una materia que ha sido discutida en los tribunales, pero sus
sentencias no han sido uniformes: En algunos casos que la inscripción por aviso es
competente inscripción. En otros casos, han considerado que no lo es. 2.- El problema
tiene sus complicaciones, porque por un lado, aparentemente el adquirente no tendría
otro medio de inscribir que por medio de avisos la inscripción de un predio ya inscrito es
realizar una inscripción nula, y es nula por faltarle un requisito de fondo, cual es que el
predio que se va a adquirir por aviso no se encuentra inscrito. Nos encontramos con que
una inscripción nula no podemos calificarla de competente inscripción, porque lo nulo
ningún efecto puede producir. Luego, esta inscripción nula, ni siquiera atribuye posesión;
a la luz de esto, pareciera tener razón Arturo Alessandri en orden a que tiene que existir
una relación, aunque sea meramente aparente, entre la inscripción del adquirente y la
del anterior poseedor inscrito, ya que sólo en esta forma estaríamos ante una
competente inscripción y habría la debida continuidad en el Registro Conservatorio. Esta
interpretación considera que la expresión dándose por dueño del art.730 inc.1 está
dando a entender que el usurpador suplanta al dueño, al poseedor inscrito o que bien
hace valer en la operación que realiza un poder aparente que en realidad no tiene, ya que
de no ser así no habría competente inscripción. 3.- Esta solución tiene un grave
problema, cual es el de favorecer la actitud ilícita y de partir de la base de que en el
art.730 el título es siempre injusto. Luego, el poseedor siempre tendría la calidad de
irregular y operaría, por consiguiente sólo la prescripción extraordinaria.
Pero, justamente por esta razón, debemos reconocer que esta interpretación es mucho
más favorable al poseedor inscrito, ya que al hacer procedente la prescripción
extraordinaria, da al poseedor un plazo mucho más largo para tomar conocimiento de la
situación existente y hacer valer los derechos correspondientes. Prueba de la
Posesión Hay que distinguir entre: 1.- La prueba de la posesión de los bienes
muebles. 2.- La prueba de la posesión de los bienes inmuebles. 1.- Prueba de la
posesión de los bienes muebles Se acredita probando corpus y animus, lo cual se hará
probando los hechos que configuran o componen el corpus y el animus. El legislador
establece en el art.719 CC tres presunciones legales, las cuales, por este
mismo carácter, admiten prueba en contrario: c) si se ha empezado a poseer a nombre
propio, se presume que esta posesión ha continuado hasta el momento en que se
alega. d) si se ha empezado a poseer a nombre ajeno, se presume igualmente
la continuación del mismo orden de cosas. e) si alguien prueba haber poseído
anteriormente, y posee actualmente, se presume la posesión en el tiempo intermedio. 2.-
Prueba de la posesión en los bienes inmuebles En lo que dice relación con la prueba de
la posesión de los bienes inmuebles hay que distinguir: a) Si se trata de inmuebles
inscritos. b) Si se trata de inmuebles no inscritos. a) Prueba de la posesión de inmuebles
inscritos se prueba por la respectiva inscripción y no por hechos materiales de
apoderamiento (art.924 CC). Conforme a esta misma disposición, para que proceda esta
prueba a través de la inscripción de la posesión, la inscripción debe reunir dos
requisitos: debe subsistir, es decir, no debe haber sido cancelada ni real, ni material, ni
virtualmente. la inscripción debe haber durado un año completo. Concurriendo estos dos
requisitos la inscripción prueba la posesión en forma tal que es inadmisible toda prueba
de posesión material con que se pretenda desvirtuar la posesión inscrita; así, si alguien
pretende desvirtuarla acreditando que él tiene la tenencia material de la cosa, ello no ser
procedente ni producir mayores efectos. El art.924 sólo se refiere a la posesión de
derecho cuya tradición se hace mediante la correspondiente inscripción, es decir, se
refiere a los derechos inscritos de que habla el art.686 y no a otros derechos que si bien
pueden encontrarse inscritos, respecto de ellos, la inscripción no es necesaria como
medio de hacer la tradición. En el caso que se oponga a una inscripción otra inscripción,
el juez tendrá que resolver a cuál de las dos inscripciones atribuye la posesión, es decir,
va a tener que resolver en conformidad a los arts.728 y 730 cuál inscripción se canceló
material o virtualmente y cuál inscripción subsiste de éstas. b) Prueba de la posesión de
inmuebles no inscritos. La posesión de inmuebles no inscritos o de aquellos cuya
inscripción es ineficaz o en que la inscripción ha durado menos de un año completo,
se prueba conforme a lo establecido en el art.925, es decir, en este caso se prueba la
posesión acreditando el corpus y el animus respecto del inmueble de que se trata. En
materia de prescripción existen presunciones y ficciones relativas a la prueba de la
posesión. El legislador concede las acciones posesorias para conservar o recuperar la
posesión de bienes raíces o derechos reales constituidos sobre ellos, y al que recupera
legalmente la posesión que hubiere perdido respecto de un mueble o de un inmueble, se
entiende haber tenido la posesión en el tiempo intermedio: hay aquí una ficción de
la posesión, considerándose que el poseedor tuvo la posesión durante el lapso que
estuvo privado de ella, siempre que la recupere legalmente (art.731 CC). Entonces, aquí
hay una ficción, la cual cobra importancia para la prescripción adquisitiva, ya que ésta se
funda en un estado posesorio continuado sin interrupción y durante todo el tiempo fijado
por la ley. La interrupción de la prescripción puede ser natural o civil, y una de las formas
de interrupción natural es por haber entrado otra persona en posesión de la cosa. El
efecto de esta interrupción es hacer perder todo el tiempo de posesión anterior, a menos
que se haya recuperado legalmente la posesión conforme a las normas referentes a las
acciones posesorias, porque en tal caso, no se entender que ha habido interrupción para
el que fue despojado de la posesión (art.2502 en relación con el art.731). El legislador
también recurre al establecimiento de presunciones para facilitar en alguna forma la
prueba de la posesión y establece estas presunciones en el art.719: 1. - La primera es
aquella que nos dice que si se ha empezado a poseer a nombre propio se presume que
esta posesión ha continuado hasta el momento en que se alega (art.719 inc.1). Es decir,
basta que la persona que invoca la posesión a nombre propio pruebe que él comenzó a
poseer a nombre propio, ya que en tal caso el legislador va a presumir que dicha
posesión continuó con ese mismo carácter hasta el momento en que el interesado invoca
esta posesión. Esta es una presunción legal. 2. - Si se ha empezado a poseer a nombre
ajeno, se presume la continuidad de esta misma situación (art.719 inc.2). De tal manera
que si una persona alega que en la actualidad posee a nombre propio, cuando comenzó
a detentar la cosa a nombre de otro, deber probar la existencia de un título diferente al
anterior, que le atribuye la calidad de poseedor a nombre propio. Esta disposición del
art.719 inc.2 guarda relación con lo que dice el art.716. Esta es también una presunción
legal. 3. - Si alguien prueba haber poseído anteriormente y posee actualmente,
se presume la posesión en el tiempo intermedio (art.719 inc.final). En esta situación, para
que entre a jugar la presunción es necesario acreditar lo que ha sucedido en los dos
extremos, o sea, habrá que probar el hecho de la posesión actual y la circunstancia de
que el actual poseedor también lo fue con anterioridad y, probando estas
dos circunstancias, el legislador entra a presumir la posesión durante el tiempo
intermedio. Con esta presunción, la ley está favoreciendo al poseedor, porque a éste en
realidad le seria mínimamente difícil probar la posesión durante todo el tiempo y cada
uno de los momentos en que él tuvo la posesión. Esta también es una presunción
legal. Todo el sistema de la inscripción de la posesión del CC fue elaborado por Bello
bajo una tónica muy clara, que es la de que tarde o temprano todos los bienes raíces se
incorporar n al sistema de inscripción, de tal manera que en un momento dado la
inscripción, la posesión y el dominio corresponderían a una misma cosa, porque los
inmuebles que a la 'poca de la dictación del CC no estaban sujetos al r'gimen de
inscripción se irían incorporando al r'gimen conservatorio, por un lado, por las
transferencias de dominio (art.686) y, si no hubiere transferencia de dominio, sino que
el inmueble se mantuviera durante un tiempo largo y determinado en poder de la misma
familia y persona, también accedería al sistema de inscripción tarde o temprano, al
querer los herederos disponer del inmueble, porque en tal caso, los herederos van a
tener que practicar la inscripción del art.688. Pero, esta idea no se convirtió en realidad,
por diversas razones: 1.- Por un lado, muchas personas por desconocimiento u otro
motivo no incorporaron los bienes raíces al sistema de inscripción, haciéndose
los cambios de dominio sin ella y no cumpliéndose con el art.688 en caso de fallecimiento
del causante. 2.- La gran cantidad de inmuebles del país se encuentran en la
situación contemplada en el art.590, esto es, que se trata de inmuebles que por carecer
de dueño pertenecen al Estado, y fue y sigue siendo bastante frecuente que los
funcionarios encargados de estas materias no se preocuparan de que estos inmuebles
accedieran al sistema de inscripción. Esto creó una situación irregular que alteraba
totalmente las normas ideadas por Bello sobre el particular y es así que actualmente
nos enfrentamos a dos clases de inmuebles: inscritos y no inscritos. Para poner término
a esta dualidad y normalizar la situación de la propiedad raíz es que el legislador se ha
visto en la necesidad de dictar normas especiales para regularizar la posesión de la
propiedad inmueble y para constituir derechos reales sobre ellos. Tan solo en 1977 se
dictó el DL 1939 que establece la obligación de los funcionarios de gobierno de inscribir
todos los inmuebles que deben ingresar al patrimonio del Estado por el art.590. Durante
todo este lapso no hubo iniciativa para arreglar la situación, lo que determinó que
muchos inmuebles pasaron a particulares los que aprovechando franquicias
los inscribieron a su nombre. Otro factor de la deficiente constitución del dominio de
predios urbanos era aquel constituido por los predios brujos. La migración de gente del
campo a áreas urbanas determinó un gran crecimiento de la población urbana con el
agravamiento que en muchas ciudades las tierras de expansión son escasas y de gran
valor, por lo que generalmente las obras de urbanización exigidas por la ley son
costosas, como el costo de la tierra es alto, no puede procederse a la subdivisión por
partes o lotes de un terreno sin que previamente se haya hecho la obra de urbanización
o, a lo menos, garantizando dichas obras. Se hizo atractivo vender sitios sin cumplir
normas sobre urbanización y, por ello se infringieron normas expresas sobre la materia,
por lo que la Ley General de Construcción y Urbanización prohibía los contratos de venta
y de promesa de venta de sitios no urbanizados y se establecieron prohibiciones a
los notarios y conservadores, por ello, en las ventas de estos lotes irregulares se
otorgaron por instrumentos carentes de toda eficacia legal, ya sea adoptando la forma
de compraventa, cesión de derechos, pero sin cumplir con las obligaciones legales, y se
hizo por instrumentos privados y sin cumplir con las inscripciones. Estos arbitrios se
aplicaron a pesar de existir leyes que sancionaron como delitos los actos que tendían a
estos loteos irregulares. Estos loteos crearon problemas en los servicios del Estado,
porque se encontraron con amplios sectores de personas que habían pagado, pero
que legalmente no eran dueños de los sitios y que además carecían de las exigencias
mínimas establecidas por la ley, lo que generó varios problemas: Dotar a los terrenos de
la urbanización necesaria, lo que se hizo a costas del erario nacional. Además, como los
ocupantes carecían de títulos legales o, teniéndolos, estos eran imperfectos, debió
enfrentarse a la necesidad de regularizar la situación jurídica de estas personas. Pero,
también hay otros arbitrios que contribuyen a esta situación, uno de ellos es la situación
que crea el arrendamiento de 99 o más años, con rentas pagadas al contado, situación
que era claramente de simulación en que el contrato de arrendamiento era aparente y
se ocultaba un contrato de venta. Esta situación se usó para burlar normas que impedían
la subdivisión de tierras. Se empleó generalmente en las playas, balnearios y lugares de
veraneo, y sucedió que como los seudo arrendatarios hicieron inversiones de valor,
lo que despertó la ambición y la codicia de los seudo arrendadores, los que pensaron
que era conveniente ir a la destrucción de los seudo contratos de arrendamiento, los
cuales habían dejado a los arrendatarios aparentes en una situación inferior frente a los
arrendadores. Todo esto nos crea dos situaciones: los inmuebles sujetos al régimen de
posesión inscrita, que es todo lo ya visto en que la inscripción es requisito, garantía y
prueba de la posesión inmueble. los inmuebles no sujetos a régimen de posesión
inscrita. La gran cantidad de personas que teniendo la posesión material del inmueble y
careciendo de título, o teniéndolo, pero que adolece de un vicio, lo que haría que todas
estas personas estuvieran marginadas del r'gimen establecido en el CC, motivó que el
legislador se viera en la necesidad de establecer normas legales tendientes a regularizar
esta situación, lo que se ha denominado saneamiento de dominio. Saneamiento de
dominio. En 1939 se dictó la ley 6382 sobre Cooperativas de Pequeños Agricultores, la
cual establecía un procedimiento para sanear el dominio de pequeños predios agrícolas,
exigiendo posesión material, útil e ininterrumpida de 10 años, la cual debió ejercerse
personalmente por el peticionario o sus antecesores. También requería que el predio
tuviera deslindes determinados y que no formara parte de otro predio inscrito a nombre
de un tercero. Quienes reunían los requisitos debían concurrir a la justicia ordinaria para
que ésta ordenara inscribir el predio a su nombre. Es decir, el legislador estableció un
procedimiento judicial para efectuar la inscripción a nombre de un poseedor. Una
característica muy importante de esta norma es que ella no permitía que se pudieran
afectar con este procedimiento inmuebles ya inscritos. El paso siguiente, fue la dictación
del DFL 7 del 1963, que se hizo en virtud de las facultades que la ley 15020 concedió al
Presidente de la República, DFL que admitió el saneamiento de las pequeñas
propiedades agrícolas. Conforme a este DFL, la persona que estuviera en
posesión material y exclusiva por más de 5 años de un inmueble, que acreditare
no existir juicio pendiente y estar al día en el pago de contribuciones de bienes raíces,
podía requerir el saneamiento de su título de dominio a la Dirección de Tierras y Bienes
Raíces, la cual podía solicitar al juez competente la inscripción del inmueble a nombre
del poseedor solicitante. Hay aquí mezcla de procedimientos administrativos y
judicial. Con posterioridad, se dictó el DFL 6 de 1968, que establece normas para
el saneamiento de pequeñas propiedades rústicas y urbanas. Subsiste aquí
el procedimiento administrativo y judicial. Actualmente las normas vigentes sobre
saneamiento de títulos de dominio está en el DL 2695, publicado en el Diario Oficial el
21 de julio de 1979, modificado por la ley 18148 de 1982 y por la ley 19.455 de 1996.
Este DL establece para el saneamiento de títulos un procedimiento
exclusivamente administrativo, con los riesgos inherentes de excluir a la
administración de justicia de un aspecto netamente jurídico, como lo es la
regularización del dominio sobre inmuebles. Las principales características del DL
2695 son: 1.- Es un procedimiento administrativo que se sigue ante la Dirección
de Tierras y Bienes Raíces. Consiste en solicitar a dicha Dirección que se le reconozca
a los interesados la calidad de poseedores regulares del inmueble, a fin de poder ganar
el dominio por prescripción. Para ejercer este derecho deben cumplirse ciertos
requisitos: Establece el legislador que si en esta fase de carácter administrativo
se deduce oposición al saneamiento pedido, el conocimiento del asunto se radica en los
tribunales de justicia. Si no hay oposición, por un simple procedimiento administrativo el
poseedor material va a quedar en la situación de requerir la inscripción en el Registro
Conservatorio. Bienes raíces a los que se aplica: estas normas no se aplican a todos
los bienes raíces, si no que lo que determina la aplicación de esta norma es el avalúo
para los contribuyentes. Se aplica tanto a los bienes raíces rurales como urbanos, cuyo
avalúo fiscal, para efectos de impuesto territorial sea inferior a 1200 o 480 UT
respectivamente (art.1 DL). Requisitos para solicitar la inscripción 1. - Estar en posesión
del inmueble en forma continua e ininterrumpida, sin violencia ni clandestinidad y
exclusivo durante 5 años a lo menos. 2. - Acreditar que no existe juicio pendiente en su
contra en el que se discuta el dominio o la posesión del inmueble, iniciado con
anterioridad a la presentación de la solicitud de saneamiento, mediante una declaración
jurada del interesado. 3. - La posesión material debe probarse en la forma del art.925. El
pago del impuesto territorial puede ser considerado como plena prueba de la posesión
cuando por su regularidad, continuidad y duración reúne las características establecidas
en el inc.2 del art.426 CPC. Esto tiene importancia para los predios forestales, ya que
respecto de ellos es difícil probar posesión material, porque normalmente están
deshabitados y a su respecto no se ejercen actos reveladores de dominio, de tal manera
que queda entregado al criterio de autoridad si el pago de contribuciones hecho en la
forma señalada por el solicitante constituye plena prueba de la posesión material. El
pago del mismo tributo durante los cinco años anteriores a la presentación de la solicitud
hará plena prueba de dicha posesión respecto del peticionario. Art. 4º, modificado por la
ley 19.455. Oposición a la inscripción Puede suceder que haya personas que estimen o
que tengan interés en oponerse a la solicitud de saneamiento y pueden hacerlo en los
siguientes casos: 1. - Durante el procedimiento administrativo: este procedimiento exige
al interesado que desee inscribir a su nombre, publicar su solicitud por dos veces en el
periódico que señale la Dirección de Bienes Nacionales, elegido de entre los de mayor
circulación, y además, en carteles que se fijan durante 15 días en lugares públicos que
el Servicio determina. Las publicaciones se hacen en los días 1 o 15 indistintamente de
cada mes, o el día siguiente si el periódico no se publica ese día. Si el bien raíz se ubica
en una zona geográfica de difícil acceso, la resolución además de publicarse se
comunicará mediante mensaje radial en el medio que el servicio señale. 2. - La otra
oportunidad, es que con posterioridad y una vez ordenada por el Servicio la inscripción
y practicada ésta los interesados también podrían oponerse a las inscripciones. En el
primer caso, cuando se publica la solicitud en los días 1 o 15, la persona tiene un plazo
de 30 días para oponerse a la solicitud de inscripción, los que se cuentan desde la última
publicación y pueden fundarse en algunas de las causales del art.19 del DL 2695. (4
causales) En el segundo caso, los interesados disponen del plazo de un año
contado desde la inscripción, para deducir ante tribunales competentes las acciones que
crean convenientes (art.26 DL 2695). Transcurrido el plazo de 30 días o de 1 año no
existe posibilidad de oponerse a la inscripción y en un primer tiempo podría alegarse
su modificación o que se deje sin efecto. Los derechos posteriores que la ley contempla
tiene un carácter meramente patrimonial y no afectan el dominio. Efectos de la
inscripción ordenada por la Dirección de Tierras y Bienes Nacionales una vez practicada
la inscripción, ella será considerada como justo título y el tercero ser poseedor regular.
Transcurrido un año completo de posesión inscrita del inmueble no interrumpida,
contado desde la fecha de la inscripción de la resolución, el interesado ser dueño
del inmueble por prescripción, la que no se suspender en caso alguno. Lo que tiene
importancia, es que transcurrido un año prescriben las acciones que hubieran emanado
del derecho real de dominio, usufructo, uso o habitación, servidumbre e hipoteca.
Durante el mismo plazo de un año contado desde la inscripción de la resolución, las
personas a cuyo nombre se inscribió el inmueble, no lo pueden enajenar ni gravar; en el
caso contrario, tal acto ser nulo absolutamente por adolecer de objeto ilícito. Es evidente
que este sistema y plazo tan corto pueden causar problemas a personas que hayan
tenido derechos legalmente constituidos sobre el inmueble, porque el DL 2695 no sólo
se aplica a los inmuebles no inscritos, sino que también a los inscritos (arts.4 y 2º). La
persona que se sienta afectada puede oponerse tanto en ámbito administrativo como
judicial (art.19), para lo cual tendrá los plazos de 30 días y un año respectivamente. Pero,
puede darse el caso de que algunas personas tengan el dominio y que no hayan ejercido
las acciones en forma oportuna; en tal situación, la ley no los priva de todo derecho, pero
no admite que obtengan la restitución del inmueble, sino que les permite obtener una
indemnización pecuniaria por haberles sido privado de éste. Pero esta acción tampoco
tiene un plazo muy largo de ejercicio, pues debe ejercerse dentro de los dos años
siguientes a la inscripción, es decir, los terceros que tengan derecho sobre el inmueble,
transcurrido un año desde la inscripción, sólo podrá n exigir indemnización, sin entrar a
poder recuperar el derecho de dominio sobre el inmueble. (procedimiento sumario) El
DL.2695 establece excepcionalmente que para exigir que se reconozca la calidad de
poseedor regular a través de sus normas, no es obstáculo la existencia de inscripción de
dominio anterior sobre el inmueble (arts.2 y 4). Este, realmente es un aspecto novedoso
y problemático; hasta la dictación del DL.2695 el legislador había evitado inmiscuirse en
la normas de la posesión del los arts.724 a 730 del CC, no obstante todo el problema que
derivaba de ellos. En realidad, no es criticable que se pretenda una modificación del
sistema de la posesión inscrita para mejorarlo, porque si la solución crea más problemas
como el entrar a discutir si el rol que habría de jugar la inscripción, especialmente como
garantía de la posesión inscrita, no pareciera aconsejable ni menos aun procedente,
porque en la aplicación práctica del DL.2695 se han visto numerosos casos en
que derechos legalmente constituidos han sido vulnerados por un simple procedimiento
administrativo y, aún más, se han vulnerado derechos consolidados por la prescripción.
Lo que sucede es que el campo de aplicación del DL.2695 es confuso, no está
delimitado, porque si su objeto es regularizar la posesión del inmueble con deficiente
constitución de su dominio, debiera entenderse que el DL no es aplicable a los
inmuebles amparados por la inscripción en el Registro Conservatorio, legislando
sólo para propiedades con títulos no inscritos o con vicios en la constitución del
dominio. De distintas disposiciones de este DL se desprende una tendencia a desvirtuar
el amparo que la posesión de los inmuebles tiene en la inscripción del Registro
Conservatorio, dando preferencia a la simple posesión material por sobre la inscrita, con
lo cual se entra a desvirtuar totalmente el CC. Al respecto, hay que hacer presente que
cuando estuvo vigente el DL.6 los tribunales de justicia habían resuelto en forma
unánime que el saneamiento de títulos contemplados por el DL.2695 procedía sólo
respecto de los inmuebles que carecían de título, que tenían título viciado o sólo título por
acciones y derechos, pero no era aplicable respecto de inmuebles en que la propiedad
había mantenido una historia continuada en ininterrumpida de títulos. El problema
consisten en saber si, no obstante los arts.2 y 4, es posible aplicar el DL.2695 a
inmuebles debidamente inscritos, porque a través de ello se estaría privando a alguien
de una cosa, de su dominio, sin pago ni compensación de ninguna especie. Se entiende
que esto no es posible y que, en tal caso, seria posible pedir la inaplicabilidad
por inconstitucionalidad, pues en ningún caso se admite que una persona pueda ser
privada del inmueble que le pertenece y sin pago de indemnización (art.19 n.24 CPE 80).
Pero, aún más, hay una sentencia de la Corte Suprema que ha estimado que éste no es
un problema de inaplicabilidad por inconstitucionalidad, sino que se trata de un problema
de supervivencia de la ley, que le corresponde resolver a los jueces de fondo, pues
la contradicción que puede existir entre el DL.2695 y la CPE del 1980 debe dilucidarse
teniendo en consideración que el DL es anterior al 11 de marzo de 1981. Pero, hay otras
soluciones y una es simplemente aplicando el art.9 del DL.2695, porque contempla el
caso de la persona que maliciosamente obtenga una inscripción a su nombre y
especialmente si ha transcurrido más de un año contado desde la inscripción. La Corte
de Apelaciones de Santiago, conociendo un recurso de protección, resolvió que cuando
la resolución que ordena la inscripción está' fundada en antecedentes falsos, dicha
resolución constituye un acto ilegal, contrario al ordenamiento jurídico, y en esta
oportunidad la Corte dispuso que se dejara sin efecto la resolución que ordenaba la
inscripción, pero además dispuso que se oficiara al juzgado del crimen para que
instruyera proceso criminal contra quien obtuvo maliciosamente la inscripción. La
prescripción Art. 2492 CC La prescripción es un modo de adquirir las cosas ajenas, o
de extinguir las acciones y derechos ajenos, por haberse poseído las cosas o no haberse
ejercido dichas acciones y derechos durante cierto lapso de tiempo, y concurriendo los
demás requisitos legales. Una acción o derecho se dice prescribir cuando se extingue
por la prescripción. Está tratada en el título XLII del libro IV del CC (arts.2492
y siguientes). Aquí el legislador reglamenta la prescripción adquisitiva (como modo de
adquirir las cosas ajenas) y la prescripción extintiva (como modo de extinguir las
acciones y derechos ajenos). La definición misma permite apreciar el distinto rol que se
asigna a cada una de las formas de prescripción. La prescripción adquisitiva hará adquirir
el dominio de una cosa por el hecho de haberse poseído dicha cosa durante un cierto
lapso de tiempo, existiendo inactividad del titular del derecho que prescribe por el mismo
lapso. La prescripción extintiva produce la extinción de la acción de una persona por
haberse mantenido el titular en la inactividad por un cierto lapso. Por ello es que el
legislador, al referirse a los modos de adquirir, señala a la prescripción, como también lo
hace al referirse a los modos de extinguir obligaciones. El hecho que el legislador trate
en conjunto a ambos formas de prescripción no se debe a que estime que ambas son
una misma cosa, sino que lo hace reconociendo las distinciones que existen entre
ambas. El legislador las reglamenta conjuntamente por varias razones: 1. - Por los
precedentes legislativos que tuvo en vista al dictar estas normas: entre estos
precedentes está el CC francés, que también trata ambas formas de prescripción en un
solo título; igual situación se presenta en el CC español (1851) comentado por Florencio
García Goyena. 2. - Porque numerosas reglas se aplican a ambas prescripciones, como
son las contempladas en el párrafo 1 del título XLII. Otro aspecto que ha preocupado a
la doctrina es el determinar porqué se trata a la prescripción al final del CC y para ello se
han dado las siguientes razones: El carácter consolidador de derecho que exhibe la
prescripción como para concluir la obra codificadora, es decir, se quiso poner término al
CC con una institución que da garantía y estabilidad a la totalidad de los derechos del
CC. a) Por el precedente legislativo del CC francés, que también lo trata al final. Se
señalan como razones para justificar su implantación: Principalmente, el carácter
práctico y de certidumbre de los derechos. Para beneficio del orden social se procede a
consolidar situaciones luego de cierto lapso, que no podrían quedar indefinidamente
inciertas. La difícil prueba del dominio en nuestro derecho se ve también
facilitada mediante la prescripción adquisitiva. Además, hay un fondo de justicia en
reconocer el derecho a aquella persona que ha sabido cuidar y conservar la cosa, que
se ha servido de ella y la ha hecho producir; como también es justo sancionar a aquel
propietario que se ha descuidado totalmente de la cosa que le pertenecía. Uno de los
fundamentos de la prescripción es la presunción de que quien no ejercita un derecho
durante cierto lapso está haciendo abandono de él, porque no ha habido voluntad de
conservarlo. Además, hay aquí una sanción a la negligencia del titular del derecho que
no se preocupó de su ejercicio y conservación. En Chile la inscripción en el Registro
Conservatorio de Bienes Raíces no constituye prueba de dominio, sino que el dominio
se prueba por la prescripción, la que juega un rol eminentemente práctico. Si no fuera
así, el actual poseedor para probar su derecho tendría que demostrar el derecho de
dominio de sus antecesores en una cadena ininterrumpida, ello porque se le aplicaría el
principio de que nadie puede transferir más derechos de los que realmente tiene; de
modo que bastaría que uno de los antecesores no hubiera tenido el derecho para que
hubieren carecido de él los sucesores, lo cual crearía un grave problema de
incertidumbre respecto del derecho de dominio, además de serias e insalvables
dificultades en cuanto a su prueba. Además, seria injusto desconocer el derecho de
dominio del actual poseedor porque uno de los antecesores remotos carecía de ese
derecho. Todo esto, queda obviado por la prescripción, porque para acreditar el derecho
de dominio bastar con acompañar los títulos respectivos que abarquen un determinado
plazo para acreditar el derecho que se alega -lo normal es exigir títulos que abarquen el
plazo de 10 años (plazo máximo de prescripción)-. Elementos esenciales de la
prescripción 1.- Titular de un derecho que permanece inactivo. 2.- Transcurso de cierto
lapso durante el cual subsiste la inactividad. La prescripción normalmente es una sanción
al titular negligente, a aquel que no ejerce su derecho y por ello se dice que el derecho
prescribe contra el titular. El derecho real (respecto de una cosa) o personal (respecto
de una persona), en su caso, ha debido ejercerse y aquí aparece un tercer elemento de
la prescripción que es distinto según la clase de la misma. Tratándose de la prescripción
adquisitiva es la posesión de la cosa por el prescribiente el cual no va a adquirir el
derecho de ella sino mediante la prescripción, porque sólo tiene una posesión sin
derecho, pero al operar la prescripción justamente se va a producir la adquisición del
derecho por el prescribiente. Tratándose de la prescripción extintiva, el otro elemento es
la obligación del deudor que se extingue por la prescripción como consecuencia de la
cual el deudor queda liberado de ella; lo que sucede es que no se extingue la obligación,
sino lo que se extingue es la acción para exigir su cumplimiento (art.2492 inc.2). De esta
forma, la obligación civil (que es aquella que da acción para exigir su cumplimiento y
excepción para retener lo dado o pagado en razón de ella) se transforma en
obligación natural (que es aquella que no da acción para exigir su cumplimiento, pero si
excepción para retener lo dado o pagado en razón de ella art.1470 CC). Luego, los
elementos de la prescripción adquisitiva son: a) Inactividad del titular, b) Transcurso del
tiempo y c) Posesión de la cosa por una persona distinta del dueño. El efecto de esta
prescripción es extinguir en el titular el derecho y hacerlo adquisitivo por el
prescribiente. Por su parte, la prescripción extintiva tiene como elementos: a) Inactividad
del titular, b) Transcurso del tiempo y c) Obligaciones del deudor. El efecto de esta
prescripción es liberar al deudor de su obligación y la obligación se transforma en natural
(esta prescripción también se denomina liberatoria). Reglas comunes a ambas clases de
prescripción 1.- La prescripción debe ser alegada de acuerdo al art.2493 quien
quiera aprovecharse de la prescripción debe alegarla; esto significa que el juez no puede
declararla de oficio. Esta disposición se funda en que el tiempo por sí solo no produce la
prescripción, sino que es necesario que además concurran la posesión y la inactividad
del titular, o la inactividad del titular y la existencia de la obligación. Estas son
circunstancias que no pueden ser conocidas ni comprobadas por el juez si no son
alegadas por quien quiere aprovecharse de ellas. Luego, una de las razones en que se
funda este principio es que al tribunal no le constan todos los elementos de la
prescripción, los que deben ser alegados y probados por quien quiere aprovecharse de
ella. Además, no cabe duda que otra razón que ha llevado al legislador a establecer esta
regla es que aún con todas las ventajas que la prescripción presenta, no puede
desconocerse que tiene algo de expropiatorio, desde que se priva a alguien de lo que
le pertenece sin ninguna especie de compensación. Por ello, el legislador ha estimado
útil el dejar a la conciencia del prescribiente el aprovecharse o no de esta institución y,
por ello, impone la obligación de alegarla a quien pretende aprovecharse de ella.
Además, si el juez pudiera declararla de oficio estaría dejando sin aplicación lo dispuesto
en el art.2494 que establece el principio de que la prescripción puede ser renunciada;
además, la declaración de oficio de los jueces iría contra el principio establecido en el
art.10 del COT, según el cual los tribunales de justicia, por regla general, no actúan de
oficio sino que a petición de parte. Por excepción, el juez puede declarar la prescripción
de oficio tratándose de: a) Prescripción de la acción penal. b) Prescripción de la pena. c)
Prescripción de la acción ejecutiva cuando la obligación conste en un título ejecutivo que
tenga más de 3 años de antigüedad desde que se hizo exigible (art.442 CPC). En lo que
dice relación con la forma de alegar la prescripción adquisitiva, ella siempre se alega
como acción, no pudiendo oponerse como excepción. Por lo tanto, si el demandado
quiere alegarla tendrá que recurrir a la reconvención. 2.- La prescripción puede
renunciarse se renuncia a la prescripción cuando cumplido el plazo respectivo el
prescribiente manifiesta su voluntad de no ejercerla (art.2494 inc.1). La renuncia supone
dos elementos: a) Que la prescripción está cumplida, pues, si no lo esta,
el reconocimiento que el prescribiente hace del derecho del titular constituye una
interrupción natural de la prescripción y no una renuncia de la misma (art.2518). b)
Capacidad de enajenar en el prescribiente (art.2495), porque la renuncia de la
prescripción priva de la adquisición de un derecho y ello se asemeja a la enajenación. La
renuncia de la prescripción puede ser: Expresa es la que se hace en términos formales
y explícitos. Tácita consiste en el reconocimiento que el prescribiente hace del
derecho del titular (art.2494 inc.2). El efecto de la renuncia es que el prescribiente no
adquiere el derecho, el cual permanece íntegramente en el patrimonio del titular, no
operando el modo de adquirir o extinguir en su caso. Pero este efecto de la renuncia
es relativo, porque afecta sólo al prescribiente (renunciante); y si los prescribientes son
varios y renuncia uno de ellos no haciéndolo los demás, aquellos que no renunciaron
pueden perfectamente invocar la prescripción sin que pueda oponérseles la renuncia que
hizo uno de ellos (art.2496). 3.- La prescripción corre por igual y con los mismos plazos
a favor y contra toda clase de personas no importa el que sea persona natural o jurídica
(y si son de derecho público o privado). Actualmente no existe entre nosotros la
prescripción de cortísimo tiempo con que antes se favorecía a las personas jurídicas de
derecho público (art.2497). Prescripción Adquisitiva Es un modo de adquirir el dominio
de las cosas ajenas por haberse poseído las cosas durante cierto lapso de tiempo y
concurriendo los demás requisitos legales (art.2492). Pero, mediante esta prescripción
no sólo se adquiere el dominio sino que también se pueden adquirir otros
derechos reales, salvo los que la ley expresamente exceptúa (servidumbres discontinuas
o continuas inaparentes arts.882, 2498 y 2513). Como modo de adquirir la prescripción
tiene un carácter originario porque el derecho se crea en el adquirente. Desde otro punto
de vista, es un modo a título gratuito y por acto entre vivos. Requisitos de la prescripción
adquisitiva 1.- Cosa susceptible de adquisición por prescripción. 2.- Posesión útil y
continua. 3.- Tiempo de posesión. 1.- Cosa susceptible de adquisición por
prescripción. Pueden adquirirse por prescripción todas las cosas comerciables y
que puedan ser objeto de dominio y demás derechos reales (art.2498 CC). Por lo tanto,
quedan excluidos los derechos personales que jamás se adquieren por prescripción, sólo
pueden extinguirse por la prescripción extintiva. Tampoco se pueden adquirir por
prescripción las servidumbres discontinuas y las continuas inaparentes; también se
excluyen las cosas incomerciables. 2.- Posesión útil y continua. La posesión de la cosa
corporal mueble o inmueble cuyo dominio se va a adquirir por prescripción (o en su caso,
tratándose de la prescripción del respectivo derecho real) es un elemento fundamental
de la prescripción adquisitiva (arts.2492 y 2498). Debe tenerse presente lo siguiente: a)
Si se trata de un inmueble inscrito la posesión sólo puede adquirirse mediante la
inscripción (arts.724 y 2505). Respecto de los inmuebles no inscritos la doctrina está
dividida, exigiendo algunos la inscripción y otros no la requieren, bastándoles sólo
la aprehensión material. b) La posesión puede ser regular o irregular: ambas formas de
posesión sirven para que opere la prescripción adquisitiva; la única diferencia es que
cuando la posesión es irregular el tiempo de prescripción es más largo. c) La persona
que está prescribiendo para completar el plazo de prescripción puede agregar a su
posesión la de una serie continua e ininterrumpida de antecesores, pero debe hacerlo
con todas sus calidades y vicios (arts.717 y 2500 CC). d) El art.2499 da una regla relativa
a la omisión de actos de mera facultad y la mera tolerancia, y señala que la omisión de
actos de mera facultad, y la mera tolerancia de actos de que no resulta gravamen,
no confieren posesión, ni dan fundamento a prescripción alguna. Actos de mera facultad:
son los que cada cual puede en lo suyo sin necesidad del consentimiento de otro. El
hecho de que una persona no ejecute un acto para el cual está' facultada nada puede
significar en favor de terceros extraños; de la omisión de esos actos no puede concluirse
que hay una inactividad del titular que permita la prescripción de la cosa por un tercero
extraño. Los actos de mera tolerancia no han sido definidos por el legislador; por ello se
dice que tienen tal carácter los que un propietario benévolo puede permitir o tolerar en lo
suyo a un extraño, siempre que ello no signifique un gravamen para el propietario (el
art.2499 da un ejemplo). Es obvio que la regla del art.2499 tiene un objeto muy claro,
cual es el de facilitar una amigable convivencia, porque de no existir esta regla
todo propietario estaría obligado permanentemente a velar porque nadie realice ni aun
el acto más insignificante que con el tiempo pudiera menoscabar o disminuir sus
derechos y, de esta manera, los hombres vivirían en un constante estado de
desconfianza y recelo. Para que opere la prescripción la posesión tiene que reunir
las características de útil y continua; así, las posesiones violentas y clandestinas no
sirven para prescribir (arts.2507 y 2510 n.2). Interrupción de la prescripción. La
interrupción de la prescripción es una situación impeditiva de ella, obsta a que haya
prescripción porque la posesión debe ser continua. Por ello, se señala que la interrupción
de la prescripción perjudica al prescribiente y beneficia al titular: lo que realmente sucede
es que la interrupción de la posesión es a la vez interrupción de la prescripción. La
interrupción de la prescripción puede ser de dos clases: 1.- Interrupción natural de la
prescripción. Es todo hecho material, sea de la naturaleza o del hombre, que hace
perder la posesión de la cosa. De acuerdo al art.2502 la interrupción es natural en los
siguientes casos: a) Cuando sin haber pasado la posesión a otras manos se ha hecho
imposible el ejercicio de actos posesorios, como cuando una heredad ha
sido permanentemente inundada. Pero, en relación a este ejemplo hay que
tener presente que si la heredad ha sido permanentemente inundada por un plazo que
no pase de 5 años, ella vuelve a su primitivo dueño; si esta inundación dura más de 5
años, cuando termina esa inundación el poseedor anterior a la inundación pierde la
posesión de la cosa, pero aún más, no sólo pierde la posesión sino también el dominio
de ésta, el cual no vuelve al antiguo propietario sino que pasa a los propietarios riberanos
quienes adquieren este derecho por accesión. Aquí surge un problema, y es que si esta
forma de interrupción es o no aplicable a los inmuebles inscritos. Algunas opiniones
señalan que ello no seria posible porque la inscripción representa el corpus y el animus,
los que no se perderían sino que subsistirían no obstante cualquier impedimento material
mientras subsista la inscripción. Otros sostienen que esta forma de interrupción natural
de la prescripción también es aplicable a los inmuebles inscritos, para ello se fundan en
que esta disposición no distingue entre inmuebles inscritos y no inscritos y, además,
consideran el tenor literal del art.2502 inc.2 del que aparece que hay interrupción natural
de la prescripción cuando por hecho de la naturaleza es imposible el ejercicio de actos
posesorios materiales y esto no depende de si el inmueble está' o no inscrito, sino de la
naturaleza misma de los actos que se producen. Esta forma de interrupción natural de la
prescripción tiene también importancia por otros aspectos; así, ella no produce el efecto
propio de toda interrupción de la prescripción, el efecto general es que se hace inútil,
haciendo perder todo el tiempo transcurrido con anterioridad a la interrupción; en cambio,
esta forma de interrupción del n.1 del art.2502 sólo tiene como efecto el descontar el
plazo de prescripción durante el tiempo que dura la interrupción. b) Cuando se ha perdido
la posesión por haber entrado en ella otra persona (n.2 art.2502): es claro que se deja
de poseer una cosa cuando otro se apodera de ella con ánimo de hacerla suya, salvo
los casos expresamente exceptuados por la ley (art.726). A este respecto, y mientras
subsista la inscripción, los actos de apoderamiento material del inmueble no confieren
posesión ni ponen fin a la existente (art.728); luego, tratándose de inmuebles inscritos,
los actos de apoderamiento material no constituyen interrupción de la prescripción. El
efecto que produce esta forma de interrupción de la prescripción es el propio de todas
ellas, o sea, se pierde el tiempo anterior a la interrupción a menos que el poseedor
recupere legalmente la posesión, pues en tal caso se entiende que no hay interrupción y
la prescripción continúa durante el lapso de duración de la interrupción (arts.731 y 2502
inc. final). 2.- Interrupción civil de la prescripción (art.2503) Art.2503 CC Interrupción civil
es todo recurso judicial intentado por el que se pretende verdadero dueño de la cosa,
contra el poseedor. Sólo el que ha intentado este recurso podrá alegar la interrupción; y
ni aun él en los casos siguientes: Si la notificación de la demanda no ha sido hecha en
forma legal; Si el recurrente desistió expresamente de la demanda o de
declaró abandonada la instancia; Si el demandado obtuvo sentencia de absolución. En
estos tres casos se entender no haber sido interrumpida la prescripción por la
demanda. Se produce por todo recurso judicial intentado por el que se
pretende verdadero dueño de la cosa contra el poseedor. Lo que sucede es que el dueño
abandona su inactividad y demanda al poseedor, notificándosele antes de que transcurra
el plazo de prescripción. El problema se origina en la redacción del art.2503, porque en
él se habla de recurso judicial. Se ha entendido que al emplear este término se
está refiriendo a una acción que el dueño interpone contra el poseedor, debiendo esta
acción estar necesariamente fundada en el derecho de dominio; no puede, por lo tanto,
tener una causa distinta del derecho de dominio. Aun cuando la ley no lo dice
expresamente, la jurisprudencia uniformemente sostiene que la interrupción se produce
al notificarse legalmente la demanda. La jurisprudencia ha resuelto que hay interrupción
aunque quien demanda sea relativamente incapaz y por este hecho se anule
posteriormente lo demandado por éste, ello porque el incapaz al demandar ha salido de
su inactividad y ha quedado claramente demostrada su intención de reclamar para sí la
cosa poseída por otro. La jurisprudencia ha dicho también que hay interrupción aun
cuando la demanda se entable ante un tribunal incompetente, puesto que el titular ha
salido de su inactividad. El efecto de la interrupción civil de la prescripción es el de hacer
perder todo tiempo de prescripción corrido con anterioridad a la interrupción, de tal
manera que si la posesión empezara nuevamente, se iniciaría también un nuevo plazo
distinto e independiente del que corría con anterioridad y todo el tiempo de posesión
anterior no tendría eficacia. El legislador contempla 3 casos en que no obstante existir
una demanda judicial del titular, el ejercicio de esta acción fundada en el derecho
de dominio no produce la interrupción civil de la prescripción: Cuando la notificación de
la demanda es nula por no haberse hecho en la forma indicada por la ley (art.2503
n.1). Cuando el actor se ha desistido expresamente de su acción, o cuando por sentencia
judicial se declara abandonada la instancia (art.2503 n.2). Cuando el demandado o
poseedor es absuelto en la sentencia definitiva. Quienes pueden alegar la interrupción
de la prescripción La interrupción natural puede ser alegada por todo aquel que tenga
interés en ello, porque se funda en hechos materiales de carácter objetivo y plenamente
susceptibles de prueba. La interrupción civil sólo puede alegarse por el titular o dueño
que ha intentado la demanda judicial, ello porque esta forma de interrupción se basa en
la relación procesal de carácter relativo y, por lo tanto, sólo concierne a las partes
litigantes (art.2503 n.2). Lo que sucede con la interrupción de la prescripción cuando se
trata de la posesión de una sola persona es muy claro, pero es distinto cuando
dice relación con el condominio o coposesión. En el condominio existen varios dueños y
la interrupción natural de la prescripción va a beneficiar a la totalidad de los propietarios,
porque es objetiva e importa un impedimento o pérdida de la posesión. En la interrupción
civil, la demanda intentada por un copropietario produce la interrupción de la prescripción
en beneficio de la totalidad de los copropietarios, porque esta demanda es un acto de
conservación dentro de la comunidad y como tal beneficia directamente a todos los
comuneros (art.2504). Si hay coposesión, la interrupción, o sea, el caso en que
la demanda ha sido deducida solo contra uno de los co-posesores, dicha interrupción no
perjudica a los demás co-posesores porque la interrupción civil, por ser una relación
procesal, es de efectos relativos y sólo afectar a quienes se notifique la demanda. La
interrupción natural, por ser natural y objetiva afecta a todos los co-posesores, porque la
posesión se pierde o impide para todos ellos. 3.- Tiempo de posesión para que opere la
prescripción Es necesario que el poseedor haya poseído la cosa por un cierto lapso
de tiempo que indica la ley y que el dueño este inactivo por el mismo plazo. Este plazo
es breve para la posesión regular y más largo para la posesión irregular. En el caso de
la posesión regular hay que distinguir si el bien es mueble (2 años) o si el bien es
inmueble .(5 años )art.2508. En tanto que en la posesión irregular el plazo de
prescripción es de 10 años tanto para los muebles como para los inmuebles (posesión
adquisitiva extraordinaria, arts.2506 y 2510). Prescripción adquisitiva ordinaria. Ella
requiere de posesión continua y regular de 2 años para los muebles y de 5 años para los
inmuebles. Este plazo comienza a correr en el momento en que se inicia la posesión
y corre hasta cumplirse su curso legal; por ello, siempre que por alguien se alegue la
prescripción, es necesario que se indique cuándo empezó a correr dicha prescripción,
porque sin ello no se sabría desde cuándo debe computarse el plazo y hasta cuándo
debe hacerse. Suspensión de la prescripción ordinaria Que es un beneficio por el cual
ciertas personas que son dueños o titulares del derecho que va a extinguirse por
prescripción se ven favorecidos en el sentido de que no corre en su contra la
prescripción, sino que detiene su curso mientras dichas personas estuvieran en algunas
de las situaciones del art.2509. El efecto de la suspensión de la prescripción es impedir
que ella continúe o comience a correr; de modo que, si había corrido algún plazo antes
de la suspensión, dicho plazo se va a computar después, una vez que la causal
de suspensión termine. Hay una distinción notoria entre la interrupción y la suspensión
de la prescripción, porque en la interrupción el efecto es hacer perder todo el tiempo que
había transcurrido antes de la interrupción, salvo el caso del art.2502 n.1. En cambio,
cuando hay suspensión de la prescripción el curso del plazo de prescripción se detiene
mientras subsista la causal que originó la suspensión, o bien no empieza a correr y
terminado el motivo que dio lugar a la suspensión el plazo continua corriendo o comienza
a correr. Esta suspensión de la prescripción opera en favor de ciertas personas a que se
refiere el art.2509: menores, dementes, sordomudos y todos los que están bajo potestad
paterna o bajo tutela o curatela; también opera en favor de la herencia yacente y de los
cónyuges, en relación con la mujer casada la prescripción no se suspende en favor de
la mujer divorciada perpetuamente y de aquellas separadas totalmente de bienes (las
separadas parcialmente no se suspende respecto de los bienes que ella administra). La
ley dice que la prescripción se suspende siempre entre cónyuges, o sea, que los
cónyuges no pueden adquirir por prescripción el uno los bienes del otro,
entendiéndose que toda prescripción esta suspendida entre cónyuges, sea que el
régimen sea de sociedad conyugal, de separación de bienes o de participación en
los gananciales (?), porque el fundamento de esta suspensión radica en la necesidad de
mantener la paz conyugal, ya que de lo contrario se correría el peligro de permanentes
juicios entre cónyuges a objeto de interrumpir la prescripción; porque en el régimen de
sociedad conyugal el marido tiene el usufructo de los bienes de la mujer, es mero tenedor
de ellos, por lo tanto no es poseedor y no podría ganarlos por prescripción. Esta fuera de
discusión el que la prescripción ordinaria se suspende siempre entre cónyuges, pero se
plantea una controversia en relación con la prescripción extraordinaria, ya que esta -por
regla general- no se suspende en favor de nadie. Alessandri y José Clemente Fabrés
sostienen que toda prescripción, incluso la extraordinaria, se suspende entre cónyuges
y dan como argumento el tenor del art.2509 que señala: "la prescripción... siempre entre
cónyuges". Es obvio que se produce respecto de la extraordinaria, porque el art.2509 al
emplear la expresión siempre se esta refiriendo al régimen de bienes existente entre los
cónyuges y, además, la ubicación del art.2509 es de excepción. Por lo tanto, debe
interpretarse estrictamente, o sea, sólo respecto de la prescripción ordinaria, única a la
que se refiere el art.2509. Con respecto a esta discusión nuestra jurisprudencia no se ha
pronunciado; sin embargo, la Corte Suprema de Colombia, en sentencia de 6 de marzo
de 1969, declaró: Lo dispuesto en el último inciso del art.2530 del CC (correspondiente
al 2509 del CC chileno), sobre suspensión de la prescripción entre cónyuges, es
aplicable tanto a la ordinaria como a la extraordinaria. Cuando opera la suspensión en la
prescripción ordinaria ella no puede durar más de 10 años, porque cumplido dicho lapso
de tiempo el poseedor puede alegar la prescripción extraordinaria respecto de la cual no
hay suspensión conforme al art.2511. Prescripción adquisitiva extraordinaria Ella
requiere de posesión irregular durante 10 años, trátese de bienes muebles o inmuebles
(arts.2510 y 2511). En relación con la posesión, ella debe ser irregular (art.708),
no requiriéndose título de dominio u otro requisito. En relación con el mero tenedor, este
no se transforma en poseedor por el mero transcurso del tiempo (art.716), por lo tanto
respecto de él no opera la prescripción. Si el mero tenedor por un acto suyo desconoce
el dominio ajeno y se transforma en poseedor podrá prescribir, siempre que su posesión
no sea violenta ni clandestina (art.2510 n.3). En relación con la tradición, tampoco es
necesaria la inscripción para la adquisición de la posesión irregular de bienes inmuebles
no inscritos, según un sector de la doctrina. Pero hay quienes estiman que la
posesión irregular de un inmueble no inscrito se puede adquirir por actos de
simple apoderamiento y sin inscripción; si se trata de inmuebles inscritos, sea la posesión
regular o irregular, ser necesaria la respectiva inscripción (arts.724, 728 y 730 inc.2). Por
lo tanto, esta fuera de discusión que para adquirir por esta prescripción un inmueble
inscrito siempre es necesaria la inscripción del poseedor presuntivo, porque sin ella no
habría posesión y, por lo tanto, no podría operar la prescripción adquisitiva. Es por ello
que el art.2505 exige la inscripción en el poseedor cuando se trata de un predio inscrito
y se sostiene que el art.2505 es aplicable tanto a la prescripción ordinaria como a la
extraordinaria. En relación con la prescripción adquisitiva extraordinaria ella se
puede interrumpir natural o civilmente y no se suspende en favor de nadie, salvo en el
caso de los cónyuges (discutible). Prescripción contra título inscrito Art. 2505 CC . Contra
un título inscrito no tendrá lugar la prescripción adquisitiva de bienes raíces, o de
derechos reales constituidos en éstos, sino en virtud de otro título inscrito; ni empezar a
correr sino desde la inscripción del segundo. La interpretación del art.2505 ha originado
problemas: la primera duda es si este artículo se aplica a ambas clases de prescripción
o sólo a la prescripción adquisitiva ordinaria. la segunda duda es si se puede adquirir por
prescripción un predio inscrito sin título de posesión y sólo con la posesión material. Hay
autores que estiman que el art.2505 sólo es aplicable a la prescripción adquisitiva
ordinaria, de tal manera que por prescripción adquisitiva extraordinaria podría adquirirse
un predio inscrito sin necesidad de inscripción y teniendo sólo la posesión material; en
apoyo de su posición dan los siguientes argumentos: a) Del mensaje del CC se concluye
con mediana claridad que la idea es que los derechos se consoliden una vez extinguido
el plazo de prescripción extraordinaria. b) El art.2510 no exige título alguno para la
prescripción extraordinaria y como ella sólo requiere de posesión irregular no seria
necesaria la inscripción siempre que haya posesión material. Este artículo
tampoco exige tradición y como ésta, tratándose de un inmueble
(especialmente inscrito), es la inscripción puede omitirse cuando se trata de la posesión
irregular, operando así el art.2510. c) En caso contrario, jamás tendría aplicación la
prescripción extraordinaria contra título inscrito sin nueva inscripción, protegiéndose de
esta manera al poseedor ficto que tiene sólo una inscripción a su favor en contra de aquel
que realmente tiene la posesión material del inmueble, que lo explota y lo hace
producir. Sin embargo, otros sostienen que el art.2505 se refiere a ambas clases
de prescripción, de modo que por la prescripción adquisitiva extraordinaria no puede
adquirirse el dominio de un predio inscrito, sino mediante la competente inscripción de
un nuevo título, no siendo suficiente por lo tanto que el prescribiente tenga posesión
material de la cosa durante 10 años. Los argumentos de quienes sostienen esta posición
son los siguientes: El art.2505 no distingue entre ambas formas de prescripción y, por
lo tanto, debe aplicarse a las dos, siempre que se este prescribiendo contra un poseedor
que tenga título inscrito. El art.2505 está ubicado antes de la norma que distingue entre
prescripción ordinaria y extraordinaria, con lo cual se estaría indicando que es una regla
común a ambos tipos de prescripción. En el Proyecto de CC (1853) el art.2505 estaba
situado entre las reglas aplicables a la prescripción adquisitiva ordinaria solamente, pero
en la redacción definitiva se le dio su actual ubicación quedando como regla común a
ambos tipos de prescripción. Al existir oposición entre el art.2505, que exige título inscrito
al prescribiente, y el art.2510, que no exige título alguno y por lo tanto tampoco exige
inscripción, debe recurrirse a la norma del art.13 CC, debiendo prevalecer el art.2505 por
ser una norma especial para los predios inscritos, en tanto que el art.2510 es una norma
de general aplicación, ya que abarca todos los bienes sin especificación. Dentro del
elemento lógico de interpretación deben concordar, para que exista la debida
correspondencia y armonía, el art.2505 con los arts.724, 728 y 730, porque para
prescribir hay que poseer y si se trata de un inmueble inscrito nadie puede adquirir su
posesión, ni aun irregular, sino por este medio (inscripción), inscripción que cancela la
del poseedor anterior (arts.728 y 730). No es efectivo que jamás operaría la prescripción
adquisitiva extraordinaria contra título inscrito, de aceptarse la opinión anterior, porque
tendría aplicación cuando existe posesión irregular por falta de justo título o buena fe,
pero no podría tener lugar tratándose de la falta de inscripción que motivase la posesión
irregular. En cuanto a la crítica de la posición contraria en orden a que se dejaría sin
protección al poseedor material frente al ficto o simbólico, ella no es efectiva porque
conforme al art.730 inc.2 si el poseedor material ha practicado la competente inscripción
va a tener la posesión regular o irregular según el caso y va a poder ganar el dominio por
prescripción. Efectos de la prescripción adquisitiva Su efecto fundamental es producir la
adquisición del derecho de dominio. Declarada ella judicialmente se entiende adquirido
el derecho en la misma 'poca en que se iniciara la posesión. Por consiguiente, la misma
sentencia es declarativa y retrotrae sus efectos al comienzo de la prescripción; por ello,
los frutos percibidos durante el plazo de prescripción pertenecen al prescribiente aún
cuando este de mala fe; se consolidan los gravámenes constituidos por el prescribiente
y caducan los del anterior propietario. La sentencia que declara la prescripción
adquisitiva debe inscribirse en el registro de propiedad del Conservador de Bienes
Raíces respectivo, como un requisito de oponibilidad frente a terceros (art.2513
CC). Prescripción adquisitiva de otros derechos reales Los derechos reales distintos del
dominio se adquieren por prescripción de acuerdo a las mismas reglas del derecho de
dominio (art.2512), salvo las excepciones siguientes: 1. - El derecho real de herencia se
adquiere por la prescripción extraordinaria de 10 años (art.2512 n.1), adquiriéndose por
prescripción ordinaria de 5 años cuando el heredero aparente tiene auto de
posesión efectiva en su favor (arts.1269 y 704 inc. final). 2. - El derecho de censo se
adquiere por prescripción extraordinaria de 10 años. 3. - El derecho de servidumbre
cuando la servidumbre es continua y aparente, se adquiere por prescripción única de 5
años, sin entrar a distinguir si es regular o irregular (arts.2512 y 882). 4. Acciones
protectoras: 1-.La acción reivindicatoria Art.889 CC La reivindicación o acción de
dominio es la que tiene el dueño de una cosa singular, de que no está en posesión, para
que el poseedor de ella sea condenado a restituírsela. Por lo tanto, la acción
reivindicatoria es la que tiene el dueño no poseedor contra el poseedor no dueño.
Igualmente, tiene acción reivindicatoria el titular de cualquier otro derecho real (excepto
el derecho real de herencia) cuando ha perdido la posesión de su derecho, porque no
puede ejercerlo debido a que otro lo está ejercitando sin que ese derecho le pertenezca
(art.891 inc.1). El derecho real de herencia está protegido por la acción de petición de
herencia (arts. 891 inc.2 y 1264). Por medio de la acción reivindicatoria se obtiene que
se declare el dominio de dueño y se ordene restituirle la cosa a éste. Para que proceda
esta acción deben concurrir los siguientes requisitos: 1.- Dueño que no esta en posesión
(reivindicante privado de su posesión). 2.- Un poseedor de la cosa. 3.- Cosa
reivindicable. 1.- Dueño que no esta en posesión. El dueño es la persona que debe
ejercitar la acción reivindicatoria, pero este dueño no debe estar en posesión. Puede
ejercerla sea que tenga la plena o nuda propiedad, absoluta o fiduciaria de la cosa
(art.893). Le corresponde al dueño probar su dominio, porque debe destruir
la presunción del art.700 que ampara al poseedor. La forma en que va a probar el
dominio va a ser distinta según el modo de adquirir que operó: a) Si el modo es originario:
bastar con acreditar que han concurrido sus elementos (los que configuran el modo de
adquirir) para acreditar el dominio. b) Si el modo es derivativo: no basta con probar que
operó el modo, ya que con esta sola prueba no tendrá acreditado el dominio, porque
puede suceder que el antecesor no haya sido dueño y, en tal caso, nada pudo transferir
al sucesor. Como consecuencia de ello el dueño va a tener que recurrir a la prescripción
como prueba del dominio y causa de pedir de su acción reivindicatoria y, en caso de que
él no haya completado el tiempo de posesión que se requiere para que opere la
prescripción, podría recurrir a la sucesión de posesiones del art.717. En este caso, quien
ejerce la acción reivindicatoria, con la prescripción va a justificar su dominio frente a la
sola posesión del demandado, siempre que éste no oponga la prescripción adquisitiva
del dominio. Un conflicto que puede presentarse es aquel en que el reivindicador
no puede invocar la prescripción en su favor y en tal caso el juez deber enfrentar los
títulos de posesión del demandante y del demandado, porque la presunción del art.700,
que favorece al poseedor, puede ser destruida con una presunción judicial que favorezca
al reivindicador si éste prueba asistirle una posesión de mayor calidad que la del
demandado hasta el momento en que perdió esa posesión. En este caso, nos
enfrentamos ante la valoración comparativa de los títulos de posesión. En el caso de
los inmuebles, todo este sistema juega sobre la base de las inscripciones posesorias o
de la posesión material en su caso (arts.924 y 925). Tratándose de la prueba de posesión
de muebles y, según algunos también de inmuebles no inscritos, pueden emplearse
todos los medios probatorios sin limitación, ya que se trata de probar hechos
posesorios. Hay que tener presente que si el poseedor demandado invoca una
prescripción adquisitiva en su favor y logra acreditarla dictándose sentencia que
le favorezca, ello significa que se extinguió el dominio del reivindicador y también la
acción reivindicatoria (art.2517), esto es, que la acción reivindicatoria prescribe dentro
del plazo en que el poseedor adquirió el dominio por prescripción adquisitiva. El dueño,
para poder intentar la acción reivindicatoria, debe haber perdido la posesión, o sea, debe
estar desposeído. Tratándose de muebles, esta pérdida de posesión se produce por
el apoderamiento material de la cosa por parte de un tercero. Cuando se trata de
inmuebles inscritos la pérdida de la posesión puede producirse por la pérdida de la
posesión inscrita solamente, conservándose la posesión material; por pérdida de la
posesión material, conservándose la posesión inscrita; y por pérdida tanto de la posesión
inscrita como de la posesión material. El hecho de poder ejercerse la acción
reivindicatoria no significa que el dueño esté privado de las acciones posesorias, las
cuales también pudieran ejercerse; pero acontece que estas acciones posesorias tienen
un breve plazo de prescripción (un año contado desde la perturbación); por ello, el titular
podría estar imposibilitado de ejercitarlas, debiendo recurrir a las acciones
reivindicatorias. Hemos visto que la acción reivindicatoria la ley se la concede al
dueño, pero existe la acción publiciana, que es la misma acción reivindicatoria pero
concedida al poseedor regular que ha perdido la posesión cuando se hallaba en el caso
de poder ganar el dominio de la cosa por prescripción (art.894). Esta acción publiciana
no puede ejercerse contra el dueño ni contra el poseedor de igual o mejor derecho
(art.894 inc.2). Este artículo 894 plantea la duda con respecto a la expresión que
se hallaba en caso de ganarla por prescripción. Algunos estiman que estaría en esta
situación el poseedor que enteró el lazo de prescripción y que no tiene aún sentencia
declarativa de la prescripción en su favor, señalándose que no puede tratarse del
poseedor que tiene plazo de prescripción pendiente, porque estaríamos ante una
interpretación que implicaría un interrupción de la prescripción que impediría ganar la
cosa por prescripción, o sea, no estaría el poseedor regular en el caso de poder ganarla
por prescripción (se trataría de una interrupción natural de la prescripción). Otros estiman
que se trata del poseedor regular a quien le ha corrido todo o parte del plazo de
prescripción, porque tanto en uno u otro caso estaría en posibilidad de adquirir la cosa
por prescripción y, si bien la pérdida de la posesión es una interrupción natural, si se
recupera la posesión por medio de esta acción debe entenderse que no ha habido
interrupción, quedando habilitado el poseedor para ganar la cosa por prescripción. 2.- Un
poseedor de la cosa. Es el sujeto pasivo en contra de quien se ejerce la acción
reivindicatoria, es el actual, poseedor de la cosa y, en algunos casos, aquel que dejó
de poseer. Por regla general la acción reivindicatoria se ejerce contra el actual poseedor,
entendiendo por tal a aquel que posee la cosa al momento de la demanda (art.895).
Luego, la acción reivindicatoria por regla general no se dirige contra el mero tenedor.
Hace excepción a esta regla el art.915 que permite ejercer esta acción contra el mero
tenedor que tiene indebidamente la cosa. En las otras situaciones el mero tenedor está
obligado a declarar bajo juramento el nombre y residencia de la persona a cuyo nombre
tiene la cosa, bajo sanción de multa y arresto que decretar el juez en su caso
(arts.896 CC y 282 CPC). Si el mero tenedor, actuando de mala fe, suplante al poseedor,
deber indemnizar al prescribiente todos los perjuicios que con su acción le hubiere
causado (art.897). Si el poseedor hubiere fallecido, la acción reivindicatoria se ejerce
en contra de los herederos co-poseedores, o bien, contra alguno de ellos; pero, en este
último caso, podrá intentarse la acción solamente por la parte o cuota de la cosa común
que éste posea, o sobre la parte material que le haya sido adjudicada. En cambio, las
acciones personales por las prestaciones mutuas que corresponden al poseedor difunto
en favor del reivindicador se transmiten al heredero a prorrata de sus cuotas hereditarias
(arts. 889 y 1354). Esta situación se plantea así porque la posesión es personal e
intransferible (se trata de un hecho), en cambio, las obligaciones hereditarias (como las
prestaciones mutuas) son perfectamente transmisibles y divisibles entre los
herederos. La segunda situación es aquella de quien dejó de poseer: la
acción reivindicatoria se puede dirigir excepcionalmente contra el ex poseedor. En esta
materia deben verse dos situaciones: la del ex poseedor de buena fe y la del ex poseedor
de mala fe: 1- Situación del ex poseedor de buena fe: se trata del que adquirió
la posesión de la cosa con esta calidad, o sea, creyendo que adquirió la cosa por medios
legítimos. Para determinar si procede acción reivindicatoria en su contra hay
que distinguir: Si perdió posesión fortuitamente: no hay acción reivindicatoria en
su contra. Si perdió la posesión por su culpa: no procede la acción reivindicatoria y sólo
hay lugar a la indemnización de perjuicios por el hecho ilícito (arts.2314 y 2319). Si perdió
la cosa por haberla enajenado y en razón de dicha enajenación se ha hecho difícil o
imposible su persecución para el reivindicador, habrá que determinar si el ex poseedor
enajenó de buena o mala fe, o sea, sabiendo o no que la cosa le pertenecía al momento
de la enajenación: Si enajenó de buena fe: se produce una subrogación real y el
reivindicador puede pedir la restitución del precio recibido del ex poseedor, es decir, lo
que percibió de la persona a quien le enajenó (art.898 inc.1). Cuando el reivindicador
recibe el precio del ex poseedor, está ratificando tácitamente la enajenación hecha por
éste, que hasta ese momento le es inoponible (art.898 inc.2). Si enajenó de mala fe: el
reivindicador puede intentar la acción reivindicatoria para la indemnización de todo
perjuicio (art.898 inc.1). 2- Situación del ex poseedor de mala fe: para determinar si hay
o no acción reivindicatoria en su contra, también hay que distinguir si perdió la cosa
fortuitamente o por hecho o culpa suya: Si la perdió fortuitamente no hay acción
reivindicatoria en su contra, quedando sólo sujeto a responder de los frutos y deterioros,
teniendo si derecho a las expensas invertidas en la cosa durante el tiempo de
posesión (art.900 inc.2). Si perdió la cosa por hecho o culpa suya hay acción
reivindicatoria en su contra como si actualmente poseyese (art. 900 inc.1). Es decir, la
acción reivindicatoria se intentar por la cosa si es posible y por el precio de la enajenación
en subsidio, más las indemnizaciones por prestaciones mutuas. Si el reivindicador recibe
el precio hay ratificación tácita de la enajenación hecha por el ex poseedor de mala fe
(art.900 inc.3). La misma regla se aplica al poseedor de buena fe que durante el juicio y
por culpa suya se ha colocado en situación de no poder restituir la cosa
(art.900 inc.4). 3.- Cosa reivindicable. Son las cosas corporales muebles e inmuebles y
todos los derechos reales, salvo el derecho real de herencia. El único requisito para que
proceda la acción reivindicatoria es que se trate de una cosa singular o
determinada, porque en caso contrario no seria posible poseer (arts.889 y 700). Por
ello es que no se puede reivindicar la herencia que es una universalidad jurídica, la cual
no esta carente de protección, porque se ampara en la acción de petición de
herencia. Tampoco es reivindicable una cuota determinada proindiviso de una
cosa singular (art.892). El art.890 inc.2 establece lo que se nos presenta como una
excepción de cosa reivindicable, pero realmente no hay tal excepción ya que las
cosas allí mencionadas son reivindicables previo reembolso al poseedor de lo que pagó
por dichas cosas y lo que haya gastado en repararla. Prestaciones Mutuas Una vez
resuelto el litigio que origina la acción reivindicatoria surgen determinadas obligaciones
entre el reivindicador y el poseedor vencido, en caso de haberse acogido la acción
reivindicatoria. Estas obligaciones reciben el nombre de prestaciones mutuas, las que
tienen importancia porque también se aplican cuando se declara la nulidad del contrato
(art.1687) y también cuando se ejerce la acción de petición de herencia (art.1260). Aquí
hay que distinguir entre las prestaciones del reivindicador en favor del poseedor y las
prestaciones de poseedor en favor del reivindicador: 1.- Prestaciones del poseedor en
favor del reivindicador a) Restitución de la cosa: debe restituirla en el plazo señalado por
el juez (art.904). Se comprenden aquí también los bienes inmuebles por adherencia y
por destinación, las llaves del edificio y títulos que conciernen al bien inmueble si se
hayan en manos del poseedor (art.905 incs.2 y 3). b) Debe indemnizar por los deterioros
de la cosa: el poseedor de mala fe responde por los deterioros que por su hecho o culpa
ha sufrido la cosa (art.906); no responde del caso fortuito, a menos que el poseedor se
haya constituido en mora (arts.1547 y 1672). El poseedor de buena fe, mientras ésta
subsista, no es responsable de los deterioros que por su hecho o culpa haya sufrido la
cosa, salvo que se hubiera responsabilizado de dichos deterioros, como por ejemplo: si
hubiere aprovechado dichos deterioros destruyendo un bosque y vendiendo la madera
(art.906 inc.2). A este respecto hay que tener presente que el poseedor de buena e
inicial, mantiene este carácter hasta la contestación de la demanda, porque desde
el momento en que reconoce los títulos invocados en la demanda, aún cuando pueda
seguir confiando plenamente en que le son propios, ya no puede tener una convicción
absoluta de un derecho; por ello es que el poseedor de buena fe inicial responde de los
deterioros que por un hecho o culpa suya sufra la cosa a partir de la contestación de la
demanda. La ley lo libera de indemnizar los deterioros anteriores, por cuanto él ha
actuado creyendo ser el dueño de la cosa. c) También debe proceder a la restitución de
los frutos: la extensión de esta prestación también es variable según si el poseedor este
de buena o mala fe. En materia de frutos la buena o mala fe del poseedor se refiere al
tiempo de percepción de ellos (art.913). Lo importante es la percepción, por ello se ha
resuelto que si una persona siembra de buena fe, pero al momento de cosechar está de
mala fe, para los efectos de la restitución de los frutos se la considera de mala fe. El
poseedor de mala fe es obligado a restituir los frutos naturales y civiles de la cosa, y no
sólo los que él ha perdido, sino que también aquellos que el dueño de la cosa hubiera
podido percibir con mediana inteligencia y actividad teniendo la cosa en su poder (art.907
inc.1). Si no existen frutos deber pagar el valor que tenían o hubieran tenido al tiempo de
percepción de esos frutos, considerándose como no existentes los que se hubieran
deteriorado en su poder (art.907 inc.2). El poseedor de buena fe no es obligado a la
restitución de los frutos percibidos antes de la contestación de la demanda; en cuanto a
los percibidos con posterioridad, se sujeta a las mismas reglas que el poseedor de mala
fe. Esta restitución se refiere a los frutos líquidos, porque la ley dispone que debe
abonarse al que hace la restitución de frutos los gastos ordinarios que ha invertido en
producirlos (art.907 inc.final), estos gastos tienen que abonarse necesariamente a
cualquier poseedor que restituye frutos, porque cualquier persona que produce frutos
incurre en gastos (incluso el dueño). Cuáles gastos se abonan? los gastos
ordinarios, que son los que corresponden a una explotación normal de la cosa y
cuyo valor no excede del valor de los frutos. d) Debe restituir los gastos del pleito,
conservación y custodia: en primer término, en cuanto a los gastos de conservación y
custodia, dicho pago, si hubiera sido necesario, lo hará el reivindicador al secuestre, pero
el poseedor vencido es obligado a rembolsar dichos gastos, siempre que este de mala
fe (art.904), porque si se encuentra de buena fe no pesa sobre él la obligación de
reembolsar. En lo que se refiere a las costas del juicio habrá que estarse a lo que
disponga la respectiva sentencia, de acuerdo a las normas contempladas en el CPC. 2.-
Prestaciones del reivindicador en favor del poseedor a) El abono de los gastos ordinarios
que ha invertido el poseedor en la producción de los frutos. b) El abono de las expensas
y mejoras que el poseedor ha hecho de la cosa (art.907 inc. final). Mencionamos lo
relativo a los gastos ordinarios necesarios para la producción de frutos, pero qué sucede
con las expensas y mejoras de la cosa durante el tiempo de su posesión? El demandado
que ha sido vencido en el juicio hizo gastos en la cosa a fin de procurar el cuidado y
conservación de la misma. El problema que se nos plantea es el del reembolso de estos
gastos y el de la medida en que deben ser reembolsados. En general, se denominan
expensas o mejoras los gastos hechos en una cosa y ellos pueden ser de 3
clases: Necesarias, Útiles, Voluntarias. Expensas necesarias: son aquellas que
aseguran la conservación de la cosa, de tal manera que si ellas no se realizan se produce
el deterioro o menoscabo de la misma. Estas expensas pueden ser: ( ordinarias: son los
gastos más o menos periódicos que exige el uso natural de la cosa y que son
indispensables para su conservación y cultivo. ( extraordinarias: son los gastos que
deben realizarse por una sola vez o transcurridos largos intervalos de tiempo y que dicen
relación con la conservación o la manutención de la cosa. El principio general es que
todo poseedor de buena fe tiene derecho a que se le abonen las expensas necesarias
invertidas en la conservación de la cosa, porque también el reivindicador hubiera tenido
que incurrir en ellas. Si estas expensas se invirtieran en obras permanentes se abonar n
al poseedor dichas expensas en cuanto hubieran sido realmente necesarias,
pero reducidas a lo que valgan las obras al tiempo de la restitución (art.908 inc.2). Dichas
expensas en obras permanentes constituyen expensas extraordinarias; no es por lo tanto
el caso de expensas ordinarias que se imputan a los gastos ordinarios realizados para
la producción de frutos. Puede suceder que estas expensas necesarias no se hayan
invertido en algo que deje resultados materiales permanentes, como por ejemplo: la
defensa de la finca; caso en el cual también deben ser abonadas al poseedor en
cuanto aprovecharen al reivindicador y se hubieren ejecutado con mediana inteligencia
y economía (art.908 inc. final). Expensas útiles: son las que aumentan el valor real de la
cosa. Para establecer las normas de la restitución de estas expensas hay que distinguir
entre el poseedor de buena fe y el de mala fe (la fe se califica al momento en que se
hicieron las mejoras): ( El poseedor de buena fe tiene derecho a que se le paguen las
expensas útiles que hubiere realizado en la cosa antes de la contestación de
la demanda; pero como la ley exige que la buena fe exista al realizarse las mejoras,
podría probarse por el reivindicador el hecho de que el poseedor habría perdido la buena
fe antes de contestar la demanda y, en este caso, éste no tendría derecho a las mejoras.
Lo que se persigue es evitar enriquecimientos injustos (sin causa) por parte del
propietario reivindicador que obtuvo en el juicio. Si bien el poseedor vencido
tiene derecho a las mejoras útiles, con el objeto de hacer efectivo este cumplimiento y
que el reivindicador no esta obligado a reembolsar el total de las expensas, es que el
reivindicador puede elegir entre el pago de lo que valgan al tiempo de la restitución las
obras en que consten las mejoras, o el pago de lo que en virtud de dichas mejoras valiere
más la cosa en dicho tiempo (art.909 inc.3). ( En cuanto a las obras hechas después de
contestada la demanda, el poseedor tendrá solamente los derechos que en virtud del
art.910 se conceden al poseedor de mala fe (art.909 inc.final), es decir, no
tendrá derecho a que se le abonen las expensas útiles a que hicimos referencia, pero
podrá llevarse los materiales de dichas mejoras, siempre que pueda separarlos sin
detrimento de la cosa reivindicada y que el propietario rehuse pagarle el precio que
tendrían dichos materiales después de separado (art.910). Expensas voluntarias se
hacen para la comodidad u ornato de la cosa. En este caso no se hace distinción entre
el poseedor de buena fe y el de mala fe para efecto de su reembolso, ya que el propietario
reivindicador no ser obligado a pagarlas al poseedor de mala ni de buena fe, los que
sólo tendrá n respecto a ellas el derecho que por el art.910 se concede al poseedor de
mala fe respecto de las expensas útiles (art.911). El poseedor que ha sido vencido en el
juicio debe restituir la cosa reivindicada, pero también tiene derecho a que se le paguen
las mejoras necesarias y útiles, y para asegurar el reembolso de las expensas la ley
le confiere al poseedor un derecho legal de retención, es decir, puede retener la cosa en
su poder mientras el reivindicador no le pague o asegure el pago de las mejoras a cuyo
reembolso tiene derecho (art.914). La declaración de este derecho puede solicitarse
como medida precautoria en el juicio de cobro que el poseedor vencido haya intentado
contra el reivindicador o como incidente en el juicio de reivindicación. 2-.Acciones
posesorias art. 916. Las acciones posesorias tienen por objeto conservar o recuperar
la posesión de bienes raíces o de derechos reales constituidos en ellos. Por regla
general, estas acciones protegen la posesión de los bienes raíces y, excepcionalmente,
la mera tenencia de ellos, cuando se ha sido violentamente despojado de ésta (art.928);
pero, en este último caso, en doctrina se discute si se trata o no de una acción
reivindicatoria. Las acciones posesorias se denominan interdictos; ellas tienen
por fundamento la conservación de la paz social, pues su finalidad es la de evitar que los
particulares con prescindencia de la autoridad pública se hagan justicia por sí mismos o
alteren con sus acciones la situación existente, todo ello referido a los inmuebles.
Además, si bien es efectivo que la posesión por ser tal tiene la protección de la ley sin
que se considere el derecho que puede o no corresponder al poseedor, es claro que la
mayor parte de la veces la posesión representa el legítimo ejercicio de un derecho; por
ello, darle amparo a la posesión significa que indirectamente se le está dando al
propietario o titular del derecho real que corresponda. Las acciones que protegen al
poseedor le permiten la conservación o recuperación de la cosa, pero también le
permiten mantener el curso de la prescripción adquisitiva, que puede ser interrumpida
por un despojo del cual el poseedor fue víctima. Para que procedan las acciones
posesorias es necesario: 1.- Posesión útil y continua de un año a lo menos. 2.- Una cosa
susceptible de la acción posesoria o un derecho real susceptible de tal acción. 3.-
Perturbación o despojo de la posesión. 4.- Que la acción posesoria no este prescrita. 1.-
Posesión útil y continua de un año a lo menos (art.918). No se distingue si la posesión
debe ser regular o irregular, por lo tanto ambas sirven; pero debe ser útil, de manera que
no se confiere la acción posesoria al poseedor clandestino ni al violento. Por excepción
y con el objeto de evitar justicia por mano propia, la ley concede al poseedor violento o
clandestino la querella de restablecimiento en el caso en que sea despojado
violentamente de su posesión (art.928). La posesión debe ser continua, o sea, no
interrumpida durante un año a lo menos (art.918). Para completar el año el poseedor
puede recurrir a la accesión de posesiones (arts.920 inc.final y 717). Luego, no es
necesario que quien acciona tenga por sí el año completo de posesión. El dominio no
interesa ni es cuestión que se debate (art.923); las inscripciones de dominio que puedan
hacerse valer en el juicio sólo se consideran en cuanto ellas acrediten posesión y servir
n para probar si la posesión subsiste o se ha extinguido. La prueba de la posesión le
competer a quien intente la acción reivindicatoria, por lo tanto, hay que distinguir para
estos efectos entre inmuebles inscritos (art.924) y no inscritos (art.925). 2.- Cosa
susceptible de acción posesoria. Sólo lo son los inmuebles y los derechos reales
constituidos en ellos (art.916). Luego, los muebles y los derechos reales sobre ellos no
están amparados por las acciones posesorias. El titular de un derecho real
sobre inmueble tiene la acción posesoria incluso contra el dueño si éste
pretende perturbarle o privarle de la posesión de su derecho; aún más, si la posesión de
alguno de estos derechos es perturbada por un tercero, el dueño tiene la obligación de
auxiliarle en el caso de requerirlo el poseedor (art.922). La sentencia que recaiga en el
juicio posesorio va a afectar al dueño sólo en cuanto se controvirtió su derecho, pero no
lo afecta cuando no intervino en el juicio y lo controvertido fue la posesión del inmueble
y no el derecho. La ley señala expresamente que desde la apertura de la sucesión
los herederos pueden ser sujetos activos o pasivos de la acción posesoria, o sea, desde
que tienen la posesión legal de la herencia (art.919). 3.- Perturbación o despojo de la
posesión. Para que proceda una acción posesoria es necesario que el poseedor
haya perdido la posesión, o bien, que ella haya sido perturbada. Si se pierde la posesión
se dispone de la querella de restitución; si se ha sido privado violentamente de ella, se
tiene la querella de restablecimiento o despojo violento; y si sólo ha sido perturbada la
posesión se tiene la querella de amparo. Cualquiera que sea la acción posesoria, recae
sobre el poseedor el peso de la prueba en 2 aspectos: la posesión. los hechos que
configuran el despojo o perturbación de ella. 4.- Que la acción posesoria no esté
prescrita La querella de amparo prescribe en un año, contado desde la
perturbación (art.920 inc.1). La querella de restitución prescribe en un año, contado
desde el despojo (art.920 inc.2). La querella de restablecimiento prescribe en 6 meses
desde el despojo violento. Esta norma del art.920 inc.3 es importante porque el plazo
comienza a correr desde el último acto de violencia o desde que cesa la clandestinidad.
Estos plazos corren contra toda persona y no se suspenden en favor de nadie por ser
una acción especial (art.2524). El problema de estos plazos es que son demasiado
cortos y prescrita la acción el poseedor que ha perdido su posesión sólo podrá recurrir a
la acción reivindicatoria, para lo cual podrá probar el dominio; tampoco podrá recurrir a
la acción publiciana, siempre que sea poseedor regular y este en vías de ganar la cosa
por prescripción. A las acciones de amparo, restitución y restablecimiento (de acuerdo
al art.549 CPC), hay que agregar la denuncia de obra nueva y ruinosa y también el
interdicto especial del art.941. 1.- Querella de amparo. Tiene por objeto la conservación
de la posesión del inmueble o del derecho real constituido en 'l, liberando al poseedor de
los actos que perturban su posesión. Esta acción otorga tres derechos al poseedor
(art.921): Obtener que se ponga fin a los actos perturbatorios. Que se le indemnicen los
perjuicios que la perturbación le hubiere causado. Que se le de seguridad que aquella
persona a quien fundadamente teme no alterar su posesión (lo que se puede hacer bajo
apercibimiento de multa). 2.- Querella de restitución Su objeto es recuperar la posesión
perdida. El poseedor despojado de su posesión puede pedir que se declare en su favor
la restitución de su posesión, puede pedir que se declare en su favor la restitución de
la posesión y la indemnización de perjuicios que el despojo le hubiere causado (art.926).
Esta querella debe dirigirse contra quien actualmente posee la cosa, aún cuando él no
haya sido el autor del despojo de la posesión; pero, la acción de indemnización de
perjuicios debe dirigirse contra aquel que despojó de su posesión al poseedor y, si son
varios, la responsabilidad es solidaria, o sea, cada uno de ellos responde por el total de
los perjuicios (art.927). 3.- La querella de restablecimiento o despojo violento Tiene por
objeto recuperar la posesión o la mera tenencia de un inmueble o de derechos reales
constituidos sobre inmuebles cuando se ha perdido en virtud de un despojo violento.
Para que proceda esta querella, el despojo de que es víctima el poseedor tiene que haber
sido mediante la violencia, si no hay violencia no procede la querella de restablecimiento,
sino la de restitución. Esta querella de restablecimiento presenta otra particularidad, cual
es que no solamente es titular de ella el poseedor, sino que también el mero tenedor y,
aún más, el poseedor violento y clandestino. Esto es así, porque el fundamento de esta
querella es evitar la acciones violentas al margen de la ley. Por eso es que esta acción
se concede incluso al poseedor cuyos derechos no son susceptibles de ser amparados
por acciones posesorias, como lo seria el poseedor de servidumbres discontinuas y
aparentes (art.928 CC). Para intentar esta querella o acción de restablecimiento no se
requiere tiempo de posesión ni de mera tenencia, lo único que es necesario acreditar es
el despojo violento. Esta acción prescribe en el plazo de 6 meses, contados desde el
acto de despojo violento, y la sentencia que en la causa respectiva se dicte no produce
cosa juzgada respecto de otras acciones posesorias, por lo tanto ellas podrá n intentarse
si el poseedor pierde la querella de restablecimiento (art.928 inc.3). Querellas especiales
(o acciones posesorias especiales) a) La denuncia de obra nueva. b) La denuncia de
obra ruinosa. c) Interdicto especial del art. 941 CC. Las acciones posesorias especiales
están sujetas a las siguientes normas que les son comunes: 1. - No es requisito la
posesión útil y continua durante un año: basta el hecho de probar posesión, ello es así
porque estas acciones tienen por objeto la conservación provisional de una posesión ya
existente. 2. - Estas acciones posesorias son indivisibles activa y pasivamente para el
caso de que haya pluralidad de sujetos activos y pasivos: esto es, que cualquiera de los
sujetos activos pueden intentarla y cualquiera de los sujetos pasivos pueden ser
afectados por ella en el caso contrario. En cambio, la acción de perjuicios que de ella
pudiera emanar es divisible activa y pasivamente, pudiendo cobrarse a cada uno la
porción a que es obligado (art.946 CC). 3. - Estas acciones posesorias no pueden
ejercerse para perturbar el ejercicio de derecho de servidumbre legalmente constituido,
aún cuando el titular de ella la haya adquirido por prescripción (arts.947 y
950 inc.final). a) La denuncia de obra nueva Tiene por objeto impedir toda construcción
u obra nueva denunciable que se trate de levantar en el terreno que otro posee. Son
obras nuevas denunciables las que indica el art.931, estando la regla general en el
art.930 inc.1: el poseedor tiene derecho para pedir que se prohíba toda obra nueva que
se trate de construir sobre el suelo de que está en posesión. b) Denuncia de obra
ruinosa Tiene por objeto obtener al demolición, reparación o afianzamiento de una obra,
árbol o edificio que amenaza ruina (arts. 932 inc.1 y 935 CC, art.571 CPC). Esta
denuncia supone un daño eventual que puede sufrir un vecino de un edificio, árbol u obra
que amenaza ruina. Si los perjuicios eventuales no fueren graves, el demandado podrá
perfectamente afianzar (caucionar) los eventuales daños que se pudieran causar al
vecino (art.932). El juez puede acoger la denuncia y disponer la demolición o reparación
de la obra; pero, pudiera ser que ante la sentencia el demandado se resistiere a demoler
o reparar la obra, en tal caso, el querellante puede efectuar él la reparación o a costas
del querellado (art.932 inc.1). Ahora, si sucede que se destruye el edificio y ya se hubiere
notificado la querella al dueño de éste, dicho propietario tendrá que indemnizar de los
perjuicios a los vecinos afectados (art.934). La acción de denuncia de obra ruinosa no
prescribe mientras haya justo motivo para precaver el daño (art.950 inc.2). c) Interdicto
especial del art.941 En virtud de él, el dueño puede impedir que cerca de sus paredes
haya depósitos de aguas o de materias húmedas que pudieran causarle algún daño, así
como puede impedir que se planten árboles a menos distancia que la de 15 decímetros,
ni hortalizas o flores a menos distancia de 5 decímetros. Los arts.948 y 949 conceden la
llamada acción popular, en especial a las municipalidades en relación con estos
interdictos, sin perjuicio de la acción que le corresponde a los directamente
afectados. Derechos reales limitados: 1.-Las servidumbres Art. 820 CC Servidumbre
predial, o simplemente servidumbre, es un gravamen impuesto sobre un predio en
utilidad de otro predio de distinto dueño. No hay servidumbres sobre las personas, sino
que está afecta a un inmueble en beneficio de otro inmueble. Este es un derecho real
que beneficia a un predio que se llama predio dominante y a cuyo respecto la
servidumbre es activa; el predio que soporta el ejercicio de la servidumbre se
denomina predio sirviente y a su respecto la servidumbre no es un derecho sino
un gravamen, porque importa una limitación del derecho de dominio del dueño de ese
predio (arts.732 n.3 y 821 CC), respecto del predio sirviente la servidumbre es
pasiva. Tienen especial importancia las servidumbre en materia agrícola, ya
que mediante ellas ciertos predios pueden obtener facilidades que de otro modo no
tendrían. La servidumbre es un gravamen estrictamente predial, no hay por lo tanto
servidumbres sobre las personas ni tampoco sobre los bienes muebles. Características
de las servidumbre 1. - Recaen sobre bienes inmuebles. 2. - El predio dominante y el
predio sirviente deben pertenecer a distintos dueños (art.820 CC). En caso de que los
predios pertenezcan a un mismo dueño no se habla de servidumbre, sino que de
servicio. - Es un derecho real accesorio, en el sentido de que va unido al
predio dominante en su calidad de derecho, como también al predio sirviente en su
calidad de gravamen que recae sobre 'l, no teniendo importancia a este respecto los
cambios que pueda experimentar el dominio de los predios, no siendo necesario un
traspaso especial o alguna inscripción (art.825 CC). - Es un derecho real indivisible, en
el sentido de que no puede pertenecer en cuotas a varias personas para lo ejerzan
parcialmente. El derecho de servidumbre se ejerce o no se ejerce, pero no se puede
ejercer por parcialidades. Consecuencia de esta características son los arts.826 y 827
del CC aplicables en el caso de división de los predios respectivos. Pero, esta
indivisibilidad no impide que sobre un mismo predio varios titulares tengan una
servidumbre individualmente cada uno para ejercerla en su totalidad y de presentarse
dificultad el juez va a arreglar la forma en que se debe ejercer la servidumbre. Ejercicio
de las servidumbres (arts.828, 829 y 830) en caso de tratarse de servidumbres
voluntarias es aplicable el art.884 que dispone que el título o la posesión de las
servidumbres o el tiempo señalado en el art.882, determina los derechos del predio
dominante y las obligaciones del predio sirviente. Clasificación de las servidumbres 1.-
Según el carácter del gravamen, se clasifican en positivas y negativas. Positivas: es la
que impone al dueño del predio sirviente la obligación de dejar al dueño del predio
dominante hacer algo; por ejemplo: servidumbre de acueducto, en que el dueño del
predio sirviente debe dejar al dueño del predio dominante construir el acueducto(art.823
CC). Negativa: es la que impone al propietario del predio sirviente la prohibición de hacer
algo, que sin la servidumbre le seria lícito, como la de no poder elevar sus paredes sino
hasta cierta altura. 2.-Las servidumbres según sus señales de existencia y ejercicio,
se clasifican en aparentes e inaparentes y en continuas y
discontinuas respectivamente. Aparentes: es la que continuamente está a la vista, como
la de tránsito, cuando se hace una senda o por una puerta especialmente destinada
a él(art.824). Inaparentes: son las que no se conocen por una señal exterior, como
la misma de tránsito cuando carece de estas dos circunstancias o la del acueducto por
un tubo subterráneo. Continuas: es la que se ejerce o puede ejercerse continuamente,
sin necesidad de un hecho actual del hombre, como la del acueducto por un
canal artificial que pertenece al predio dominante (art.822). Discontinua: es la que se
ejerce a intervalos más o menos largos de tiempo y supone un hecho actual del hombre
como la servidumbre de tránsito. La continuidad o discontinuidad de la servidumbre
depende de su naturaleza y no de su forma actual de ejercicio; se señala como ejemplo
típico el de la servidumbre de acueducto en la cual hubiere una compuerta que
debiera ser accionada por un hombre que la abriría y la cerraría no pasando por esto a
ser discontinua. En cambio, la servidumbre de tránsito es siempre discontinua, aún
cuando el dueño del predio dominante transite permanentemente por la vía destinada
a ese efecto y siempre discontinua por su naturaleza. Esta clasificación importa
especialmente en los siguientes aspectos: a) Las servidumbres discontinuas de toda
clase y las continuas inaparentes no pueden adquirirse por prescripción, ello porque falta
la continuidad y publicidad en la posesión del derecho (art.882). b) No hay acciones
posesorias en protección de las servidumbres discontinuas e inaparentes, excepto la
querella de restablecimiento y las acciones posesorias especiales. c) La forma de
constitución de las servidumbres voluntarias llamadas destinación del padre de familia,
sólo tiene lugar respecto de la servidumbre aparentes (art.881). d) En la extinción por el
no ejercicio de la servidumbre durante 3 años, el plazo corre en las servidumbres
continuas desde que se efectuó un acto contrario a la servidumbre y, en las discontinuas,
desde que se han dejado de gozarse (art.885 incs.5 y final). 3.-Según su origen, se
clasifican en legales, naturales y voluntarias. Naturales son las que provienen de la
natural situación de los lugares, legales son las impuestas por la ley, y voluntarias son
las constituidas por un hecho del hombre. Entre las servidumbres naturales el CC
contempla, por ejemplo, la de libre escurrimiento de las aguas (art.833), no habiendo
mas que a este respecto servidumbre de carácter natural. Las servidumbres legales las
impone la ley, que a la vez es título y modo de adquirir. Cuando hay una servidumbre
legal el dueño del predio dominante nada debe indemnizar al dueño del predio sirviente;
por excepción, las servidumbres de acueducto y de tránsito obligan al dueño del
predio dominante a indemnizar perjuicios al dueño del predio sirviente. Las servidumbres
legales se clasifican en: a) servidumbres legales relativas al uso público. Son el uso de
las riberas para la navegación o flote (art.839 inc.3) y las demás determinadas por los
reglamentos u órdenes respectivas. b) servidumbres legales relativas al uso de los
particulares. Se legisla con respecto a ellas en el Código de Minería, ley de
navegación aérea, entre otras. El CC reglamenta solamente algunas
servidumbres establecidas en beneficio de los particulares, que son las del art.841, vale
decir, las de demarcación, cerramiento, tránsito, medianería, acueducto, luz y
vista: Servidumbre de demarcación (arts.842 y 843). Supone que el dominio de
dos predios no esta controvertido, pues si lo estuviere se deber establecerse primero el
dominio y luego la demarcación. Su finalidad es la fijación de los límites que separan
predios colindantes. Para constituir esta servidumbre se aplica el procedimiento
sumario. Servidumbre de cerramiento. Es aquella que permite al dueño de un
predio obligar a los dueños de los predios colindantes a que concurran a la separación o
división en su caso, de ser coindivisiarios comunes. En caso de que trate de cerrar un
terreno propio se aplican los arts. 844 y 845. Servidumbre de medianería. Consiste en
que dos predios que tienen paredes o cercos comunes quedan sujetos a derechos o
gravámenes de carácter recíproco relativos al uso y goce (art.851 CC). Operan estas
servidumbres de medianería en dos formas: a) Cuando el cerramiento se hizo de común
acuerdo (art.852), sin que importe el terreno en que está construido el cerramiento. b)
Cuando el cerramiento lo construyó uno solo de los dueños y el otro ejerce el derecho
de hacerlo medianero mediante el pago de la mitad del valor del terreno y de la porción
de cerramiento cuya medianería el pretenda. La medianería se prueba cuando consta
que el cerramiento se hizo a expensas comunes y, en segundo lugar, mediante las
presunciones legales del art.853 CC. Derechos de los medianeros: 1.- El medianero de
pared puede construir sobre ella. 2.- El medianero de pared puede elevarla. 3.- El
medianero de árboles puede pedir que sean derribados si le causan daños. Los árboles
que están en la cerca medianera son también medianeros, como igualmente los que se
encuentran en la línea divisoria, aun cuando no haya cerramiento. Sobre los medianeros
pesa la obligación de concurrir a las expensas de construcción, conservación y
reparación a prorrata del cerramiento común. Hay aquí una verdadera comunidad
indiviso (art.857 inc.1). Servidumbre de tránsito. Es un gravamen impuesto sobre un
predio en favor de otro predio que carece totalmente de comunicación o salida a
camino público, para que el dueño de este último transite por el primero, debiendo pagar
una indemnización al dueño del predio sirviente. Requisitos: 1. - Un predio dominante sin
salida a camino público (esto es lo que se llama enclavado); si tiene salida, aun cuando
ella sea difícil, no tiene lugar la servidumbre de tránsito (art.849). 2. - Es necesario que
la salida a camino público sea necesaria para la explotación del predio dominante
(art.847). 3. - Que se pague al dueño del predio sirviente el valor de los terrenos y de
otros perjuicios que se le causen. Los valores a pagar como indemnización se deben
determinar de común acuerdo y, a falta de éste, en juicio sumario oyéndose a las partes
(arts.847 y 848 CC). El art.850 establece ciertos casos de servidumbres de tránsito
sin indemnización alguna. Servidumbre de luz y vista. La servidumbre de luz es el
gravamen que soporta un predio en orden a que el predio vecino abra ventana o
tronera para tener luz (art.873, 874 y 877). La servidumbre de vista es el gravamen por
el cual el dueño de un predio no puede tener ventanas, balcones, miradores o azoteas
que den vista sobre un predio vecino, a menos que medie entre ambos una distancia de
3 metros medidos en la forma que indica el art.878. Servidumbres voluntarias. Son
aquellas que se constituyen por un acuerdo o convenio entre las partes (art.880 inc.1), o
bien, por una sentencia judicial (art.880 inc.2), o bien, se adquieren por prescripción
(art.882). Se puede decir en general que estas servidumbres voluntarias son las
mismas servidumbres legales, pero a las cuales les falta un requisito para tener el
carácter de tal, como seria por ejemplo la situación de un predio que tiene una salida a
camino público muy difícil y legalmente a su respecto no hay servidumbre de tránsito,
pero en forma voluntaria y por vía convencional el dueño del predio dominante y el dueño
del predio sirviente podrían acordar una servidumbre de tránsito, para darle al primero la
más fácil salida a camino público. Constitución de las servidumbres. a) Por medio de un
título esto es, por medio de una convención celebrada entre el dueño del predio
dominante y el dueño del predio sirviente (art.882). Las servidumbres discontinuas y las
continuas inaparentes sólo pueden constituirse de esta forma (art.883). El título
constitutivo de la servidumbre puede suplirse por el reconocimiento del dueño del
predio sirviente (art.883 inc.1). b) Por prescripción la cual también presenta una
característica especial, porque a su respecto hay un plazo único de 5 años (art.882
inc.2). Por sentencia judicial (art.880 inc.2). c) También pueden constituirse por una
forma muy especial que se llama destinación del padre de familia, que consiste en que
el dueño de dos predios, que ha impuesto entre ellos un servicio continuo y
aparente, enajena uno de sus predios o éste, por partición, pasa a un dueño diferente o
distinto; en este caso, subsiste ese servicio como servidumbre, salvo que en el título de
enajenación o partición se diga cosa distinta (art.881 CC). Extinción del derecho de
servidumbre (causales) a) - Por resolución del derecho del constituyente, es decir,
extinción del dominio del predio sirviente (art.885 n.1). b) - En su caso, por vencimiento
del plazo o cumplimiento de la condición resolutoria (art.885 n.2, aplicable sólo a las
servidumbres voluntarias). c) - Por confusión, esto es, por pasar a ser una misma
persona dueña del predio dominante y dueña del predio sirviente (art.885 n.3). - Por
renuncia del titular (art.885 n.4), el cual es el dueño del predio dominante. d) - Por
prescripción al no haberse ejercitado la servidumbre por un plazo de 3 años. Esta
prescripción extintiva presenta las siguientes características: 1- El plazo se computa en
forma distinta para las servidumbres continuas y discontinuas, porque en las
discontinuas el plazo se cuenta desde que han dejado de gozarse, y, en las continuas,
desde que se haya ejecutado un acto contrario a la servidumbre (art.885 inc.final). 2- Si
son varios los dueños del predio dominante, como la servidumbre tiene carácter
indivisible, el goce de uno de ellos interrumpe la prescripción extintiva respecto de todos
y si contra uno de ellos no puede correr la prescripción, no puede correr contra ninguno
(art.886). f) - Por imposibilidad de ejercer la servidumbre durante el plazo de 3
años (art.887); esta imposibilidad tiene que ser de carácter objetivo y, si cesa el
impedimento, revive la servidumbre con tal que esto suceda antes de haber transcurrido
dicho plazo. 2.-El usufructo. Art. 764 CC El derecho de usufructo es un derecho real que
consiste en la facultad de gozar de una cosa con cargo de conservar su forma y
substancia, y de restituirla a su dueño, si la cosa no es fungible; o con cargo de
volver igual cantidad y calidad del mismo género, o de pagar su valor, si la cosa es
fungible. El derecho de usufructo es un derecho real en cosa ajena que otorga a su titular
la facultad de gozar de la cosa. La facultad de disposición la conserva el propietario. El
dueño que constituye un derecho real de usufructo en favor de una persona se llama
constituyente; el nudo propietario es quien tiene la propiedad de la cosa fructuaria
separada del uso y del goce, pudiendo ser el mismo constituyente, en cuyo caso
conserva la nuda propiedad, o un tercero a quien se le atribuye; y el titular del derecho
de usufructo es el usufructuario. Se llama restitución la consolidación del usufructo con
la nuda propiedad. El usufructo es un título de mera tenencia (art.714); el usufructuario
es mero tenedor de la cosa, pero es poseedor del derecho de usufructo (arts.715 y 922).
El usufructo es un derecho personalísimo. Son susceptibles de usufructo todas las cosas
muebles e inmuebles y los derechos reales. Constitución del derecho de usufructo 1. -
Por ley como el que tiene el padre de familia sobre los bienes del hijo, usufructo que se
rige por reglas especiales (arts.766 n.1 y 810). 2. - Por testamento en tal caso es
solemne, debiendo estar revestido de las solemnidades propias del testamento y, aún
cuando recaiga sobre inmuebles, no requiere inscripción. 3. - Por acto entre vivos
(art.766 n.3) en este caso puede constituirse por una convención consensual (si recae
sobre muebles) o solemne (si recae sobre inmuebles), siendo en este último caso la
solemnidad la escritura pública inscrita (art.767). - Por prescripción (art.766 n.4). 4. - Por
sentencia judicial es un caso excepcional y que opera en la partición de bienes (art.1337
n.6). Limitaciones en la constitución del usufructo a) Se prohíbe constituir dos o más
usufructos alternativos o sucesivos (art.764 inc.1): lo que sucede es que el usufructo
sucesivo supone la existencia de varios usufructuarios, de tal manera que cuando el
usufructo de uno cesa la cosa pasa en usufructo al otro usufructuario. Lo que se prohíbe
son los usufructos sucesivos y no los usufructos conjuntos (arts.772 y 780). Por su parte,
el usufructo alternativo es aquel en que existen varios usufructuarios de modo que
después de gozar la cosa el último de ellos vuelve a gozarla el primero de los
usufructuarios. La sanción para el caso de que se constituyan estos tipos de usufructos
es la del art.769 inc.2, que expresa: Si de hecho se constituyeren, los usufructuarios
posteriores se considerar n como substitutos, para el caso de faltar los anteriores antes
de deferirse en primer usufructo. La razón por la que se prohíben estos usufructos
sucesivos y alternativos es porque atentan contra el principio de la libre circulación de
los bienes. b) Se prohíbe sujetar el usufructo a condición o plazo suspensivo
bajo sanción de nulidad (art.768 inc.1); por excepción, vale el usufructo constituido por
testamento sujeto a condición o plazo, si ésta se hubiere cumplido o el plazo expirado
antes del fallecimiento del testador. En el usufructo el plazo es siempre extintivo porque
en el hecho dura un tiempo determinado o toda la vida del usufructuario, si no se fija
plazo se entiende que es por toda la vida del usufructuario. El usufructo jamás
se transmite a los sucesores del usufructuario. El usufructo y el cuasi usufructo. El CC al
definir al usufructo permite al usufructuario restituir según la naturaleza de la cosa
fructuaria, ya sea la misma cosa o igual cantidad y calidad del mismo género o su valor.
Contempla aquí el CC, sin decirlo expresamente, las figuras del usufructo y del cuasi
usufructo. Hay que tener presente que las denominaciones del CC para designar a una
y otra clase de bienes han dado discrepancias. Del tenor del art.764 se ha entendido que
hay usufructo cuando la cosa es no fungible y cuasi usufructo cuando la cosa es
fungible. Sin embargo, hay quienes han entendido que cuando el CC habla de
cosa fungible y no fungible se refiere a las cosas consumibles y no consumibles. Las
principales distinciones entre el usufructo y el cuasi usufructo son: a) El usufructo es título
de mera tenencia, porque el usufructuario reconoce dominio ajeno. El cuasi usufructo es
un título traslaticio de dominio, porque el cuasi usufructuario se hace dueño del bien que
recibe (art.789). b) Por consiguiente, llegada la 'poca de restitución, el nudo propietario
puede ejercer la acción reivindicatoria en el usufructo; en tanto que en el cuasi usufructo
tiene derecho solamente a la restitución de un crédito, por lo tanto, tiene una acción
personal para exigir la entrega de la cantidad debida o del valor. c) La pérdida fortuita de
la cosa debida en el usufructo libera al usufructuario de su obligación de restituir la cosa;
no sucede lo mismo en el cuasi usufructo, ya que en él se debe una especie
indeterminada de cierto género, el género no perece y siempre habrá al alcance una
especia para restituir. Efectos del usufructo El usufructo produce derechos y
obligaciones tanto respecto del usufructuario como del nudo propietario. 1.- Derechos
del propietario A. Usar y gozar la cosa, esto es, emplear la cosa según su natural
destino pudiendo además hacer suyos los frutos naturales y civiles que de
ella provengan. Por excepción se apropia también de ciertos productos de la cosa, los
cuales para estos efectos se asimilan a los frutos (arts.783, 784 y 788), reglas estas que
son supletorias de la voluntad de las partes. B. Administrar la cosa fructuaria (art.777 inc.
final), esto es, puede entregarla en arrendamiento y, aún más, efectuar ciertos actos
de disposición contemplados en los incs.3 y 4 del art.777, pero para esto requiere del
acuerdo del nudo propietario, tales actos son el arrendar la cosa fructuaria y comprar o
vender las cosas fungibles y tomar o dar prestados a interés los dineros que de ellos
provengan. C. Tiene derecho a arrendar y ceder el usufructo (art.793). Esta disposición
ha originado una discusión en cuanto al objeto preciso del arriendo o cesión, porque
pudiera entenderse que puede cederse el usufructo en sí mismo o solamente su
ejercicio. La solución que se d' es importante especialmente si se trata de inmuebles,
porque si lo que se cede es el usufructo en sí mismo, el usufructuario estaría facultado
para hipotecarlo (art.2148), lo que no podría hacer si sólo lo cedido es el emolumento o
ejercicio del derecho de usufructo. Ahora, en el caso del cuasi usufructo se tiene también
facultad para disponer de la cosa fructuaria. 2.- Obligaciones del usufructuario 2.1
Obligaciones previas a entrar en el goce del usufructo: Hacer inventarios y rendir
caución: la ley autoriza expresamente al constituyente para liberar al usufructuario de la
obligación de rendir caución, no haciendo lo mismo respecto de la otra obligación
(hacer inventarios). Por eso, se discute si puede liberarlo de esta
obligación, estimándose en general que sí, por aplicación del principio de la
autonomía de la voluntad. 2.2 Obligaciones durante el usufructo: a) Respetar los
arriendos y demás cargas de la cosa fructuaria; debe respetarlos aun cuando no se
hayan contraído por escritura pública (art.792 en relación con el art.1962). b) Debe
mantener la cosa y su substancia (art.764). c) Debe pagar expensas y mejoras (arts.795,
796, 797 y 798). d) Si ha sido constituido por testamento, puede quedar obligado
de deudas hereditarias y testamentarias (art.1368). En el cumplimiento de estas
obligaciones responde hasta de la culpa leve (arts.787, 802 y 44). 2.3 Obligaciones una
vez extinguido el derecho de usufructo: Normalmente es una: restituir la cosa fructuaria
(arts.767 y 787). Debe tenerse presente que el nudo propietario puede reivindicar la cosa
si no se le entrega buenamente (art.915). Si se trata de un cuasicontrato, lo que se debe
restituir es otro tanto de igual cantidad y calidad a su valor (arts.764 y 789),
correspondiendo al cuasi usufructuario la elección. 3.- Derechos del nudo propietario. El
nudo propietario tiene el dominio de la cosa fructuaria; no tiene las facultades de uso y
goce, pero en conserva en plenitud la de disposición. Sus derechos son los siguientes: a)
tiene derecho a los frutos que se encontraren pendientes al momento de la restitución de
la cosa fructuaria. b) tiene derecho a la indemnización de perjuicios y deterioros que
haya experimentado la cosa fructuaria. c) Puede solicitar la terminación anticipada del
usufructo en determinados casos (art.809). d) Como propietario, está premunido de la
respectiva acción real protectora de su derecho (art.893) y, si se trata de inmuebles,
dispondrá también de las acciones posesorias (art.916). 4.- Obligaciones del nudo
propietario Debe pagar las expensas extraordinarias mayores que se hubieren
ejecutado (arts.797 y 798). Extinción del usufructo 1.- Por la llegada del plazo o
cumplimiento de la condición. 2.- Por muerte del usufructuario (art.806). 3.- Por
resolución del derecho del constituyente (art.806). 4.- Por prescripción (art.806). 5.- Por
consolidación del usufructo con la nuda propiedad. 6.- Por renuncia del usufructuario. 7.-
Por destrucción completa de la cosa fructuaria (art.807). 8.- Por sentencia judicial en los
casos y con los requisitos del art.809. Jurisprudencia y bibliografía relacionada. Corte de
Temuco, 2 de abril de 1958: R., t.52, secc. primera, p.120; Corte de Concepción, 4 de
julio de 1958: R.,t.56, secc. primera, p.305; Corte Suprema, 13 de mayo de 1961: R.,
t.58, secc. primera, p.108. Corte Suprema, 28 de julio de 1955. R., t.52, secc. primera,
p.185 y R., t.1, p.283. Revista de Derecho y Jurisprudencia, Tomo LXXXI n.3, primera
parte, p.69: Se faculta al portador de copia autorizada..., de Daniel Peñailillo.

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