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Inventores del Transistor: Bardeen y Shockley

El documento proporciona resúmenes biográficos de los inventores del transistor: William Shockley, John Bardeen y Walter Brattain. Detalla que Shockley, Bardeen y Brattain inventaron el transistor en los Laboratorios Bell en 1947, revolucionando la electrónica y permitiendo el desarrollo de dispositivos digitales modernos. También describe las carreras académicas y científicas de Shockley y Bardeen, incluidos sus logros y contribuciones a la física de semiconductores.

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Inventores del Transistor: Bardeen y Shockley

El documento proporciona resúmenes biográficos de los inventores del transistor: William Shockley, John Bardeen y Walter Brattain. Detalla que Shockley, Bardeen y Brattain inventaron el transistor en los Laboratorios Bell en 1947, revolucionando la electrónica y permitiendo el desarrollo de dispositivos digitales modernos. También describe las carreras académicas y científicas de Shockley y Bardeen, incluidos sus logros y contribuciones a la física de semiconductores.

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“AÑO DEL DIÁLOGO Y RECONCILIACIÓN NACIONAL”

UNIVERSIDAD NACIONAL DE INGENIERÍA

FACULTAD DE INGENIERÍA MECÁNICA

RESEÑA BIOGRÁFICA DE LOS INVENTORES DEL TRANSISTOR

ELECTRÓNICA INDUSTRIAL I (ML 837)

 SECCIÓN: A

 PROFESOR: Ing. EDILBERTO HUAMANÍ HUAMANÍ

 ALUMNO: CASTRO MORA EDUARDO ALONSO

 CÓDIGO: 20160328I

 FECHA DE PRESENTACIÓN: 11 de octubre del 2018


William Bradford Shockley (1910-1989) junto con John Bardeen (1908-1991) y Walter
Brattain (1902-1987) inventaron el transistor, la invención que constituye,
probablemente, la mayor revolución silenciosa del siglo XX. El funcionamiento de la
gran mayoría de los equipos que utilizamos a diario (televisores, teléfonos móviles,
ordenadores…) está basado en las propiedades de los transistores con los que están
construidos. Con frecuencia se dice que el transistor representa para el siglo XX lo que la
máquina de vapor significó para el XIX.

I. WILLIAM BRADFORF SHOCKLEY

Shockley nació en 1910 en Londres y era de padres originarios de los EEUU. Tuvo
una infancia no demasiado feliz, en buena medida motivada por la mala relación
existente entre sus progenitores, personas inestables e incapaces de relacionarse
socialmente con su entorno, aspecto que transmitieron a su hijo, lo que conformó en
este un temperamento malhumorado y poco sociable. Tras regresar sus padres a los
Estados Unidos, ingresó en 1928 en el California Institute of Technology
(Caltech), donde cursó estudios de física, graduándose en 1932. Posteriormente,
realizó estudios de doctorado en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y
en 1936 obtuvo el título de doctor. Ese mismo año comenzó a trabajar en los Bell
Telephone Laboratories de Nueva York, el gigante de las telecomunicaciones de los
Estados Unidos.

En 1945, el director del laboratorio, Mervin J. Kelly, puso a Shockley al cargo de un


grupo de investigación para el estudio de los semiconductores, con la idea de
desarrollar un dispositivo amplificador basado en esos materiales. A. T. & T estaba
muy interesada en fabricar un amplificador con semiconductores, ya que tenían un
grave problema con las comunicaciones a larga distancia: en una conversación
telefónica, la voz se convierte en una señal eléctrica, señal que posteriormente viaja
por hilos conductores de cobre. Si la distancia que recorre la señal es de pocos
kilómetros, ésta llega al aparato receptor de forma nítida; pero en las comunicaciones
de costa a costa de los Estados Unidos, la conversación debe viajar entre 6.000 y
8.000 km; en este caso, la señal eléctrica pierde intensidad y cada cierta distancia hay
que volver a aumentarla, operación que se denomina amplificación y el dispositivo
que lo hace, amplificador. Basta con tener un número suficiente de amplificadores a
lo largo de toda la línea para hacer ésta tan larga como se desee. En aquellos años, la
amplificación se realizaba mediante válvulas de vacío, dispositivos frágiles, que
consumen mucha potencia y desprenden mucho calor. Kelly llegó a la conclusión de
que necesitaban disponer de un dispositivo amplificador más fiable para realizar
eficientemente las comunicaciones a tan gran distancia y supuso que la respuesta
debía buscarse en los semiconductores, de los que por aquellos tiempos empezaban
a conocerse sus propiedades. Al principio no se tuvo mayores resultados pero se llegó
con la invención del transistor que se redactará más adelante.

En 1955 Shockley abandonó los Bell Labs y fundó Shockley Semiconductors, la


primera fábrica de semiconductores del Silicon Valley, pero fue un fracaso debido a
lo imposible que resultaba para sus empleados relacionarse con él. En 1956, recibió
la noticia de la concesión del Premio Nobel de Física, junto a sus antiguos
subordinados en los Bell Labs, Bardeen y Brattain.
Shockley (primero por la derecha, sentado) celebrando la concesión del premio Nobel
junto con algunos empleados de su empresa.

Tras el fracaso de su empresa, Shockley se dedicó al mundo académico y en 1963


la Universidad de Stanford le contrató como profesor de ingeniería, permaneciendo
en dicha institución hasta su jubilación en 1975. Murió en 1989 a la edad de 79
años; sus hijos y sus escasos amigos se enteraron de la noticia por la prensa.

II. JOHN BARDEEN

John Bardeen nació el 23 de mayo de 1908 en Madison (Wisconsin), en el seno de


una familia intelectual que fomentaba el valor del trabajo duro, la educación y el
servicio a la sociedad y la nación. Su abuelo Charles William Bardeen, que a los
catorce años se había alistado como un abolicionista en la Guerra Civil, creó y
consolidó la School Bulletin Publications en la que, durante cincuenta años, expresó
sus puntos de vista progresistas respecto a la educación. Su padre Charles Russell
Bardeen, licenciado en la primera promoción de la Facultad de Medicina de la
Universidad Johns Hopkins, fundó y fue decano de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Wisconsin. La madre, Althea, había estudiado arte en Nueva York
y Chicago y enseñó economía doméstica en el instituto progresista de la
Universidad de Chicago, establecido por John Dewey. En el momento en el que
conoció y se casó con Charles Russell, llevaba adelante un pequeño negocio de
decoración de interiores en Chicago.

John pudo saltarse varios cursos en la escuela terminando octavo grado antes de los
nueve años. A esa edad ingresó en el instituto de secundaria de la Universidad de
Wisconsin, cuya filosofía progresista era similar a la de la Escuela Dewey, donde
había enseñado su madre. Charles Russell, por su parte, alentaba la educación
científica de su hijo planteándole problemas de matemáticas y comprando
productos químicos con los que padre e hijo experimentaban en el laboratorio del
sótano.

En abril de 1920, cuando John aún no había cumplido los doce, su madre murió de
cáncer de mama. Por el bien de los niños el matrimonio decidió que Althea pasase
sus últimos días en casa de unos amigos y John no fue consciente de la gravedad
del estado de su madre. Su muerte le cogió por sorpresa y fue muy duro afrontar la
adolescencia sin ella. Su padre no se veía capaz de cuidar a sus hijos pero meses
después contrajo matrimonio con su secretaria Ruth Hames, a quien los niños ya
conocían. Al año tuvieron otra hermana y Ruth puso orden al caos en el que se había
convertido el hogar.

John terminó el instituto a los trece pero pospuso su entrada en la Universidad de


Wisconsin para hacer cursos adicionales de matemáticas, ciencias y literatura en el
Madison Central High School que no ofrecían en su instituto. En la Universidad se
especializó en ingeniería eléctrica porque había oído que se usaban muchas
matemáticas pero pronto se dio cuenta de que las matemáticas que daban le aburrían
y empezó a estudiar cálculo por su cuenta. En ese periodo le entusiasmó el curso de
mecánica cuántica que dio el matemático John Van Vleck durante dos semestres.
Fue su primer contacto con dicha materia y le resultó tan fascinante que también se
apuntó al curso de investigación que Van Vleck impartía sobre el libro “Quantum
Principle and Line Spectra”. Van Vleck le animó a que considerase estudiar la
carrera de física pero Bardeen no estaba todavía preparado para hacerlo. Creía que
la única salida que había si estudiaba física o matemáticas era enseñar en la
universidad y esto era lo último que deseaba. Sin embargo, al acabar la tesis del
master sobre prospección eléctrica para el petróleo en 1929, pensó en cambiar de
campo de estudio a la física y presentó una solicitud para una beca de investigación
en el Trinity College de Cambridge. Pero a pesar de contar con muy buenas
referencias se quedó sin ella y aceptó una plaza de profesor agregado con Edward
Bennett, el jefe del departamento de ingeniería de Wisconsin. Poco después recibió
una oferta para trabajar como geofísico en la compañía Gulf.

En su tercer año en Gulf, mientras reflexionaba sobre su futuro profesional, asistió,


fuera de sus horas de trabajo, a un seminario de investigación en física moderna que
se impartía en la Universidad de Pittsburgh. En él se plantearon los problemas que
existían en la física por aquel entonces y Bardeen encontró las discusiones mucho
más estimulantes que su trabajo como ingeniero. Se dio cuenta que debía cambiar
la orientación de su vida.
Así que en 1933, durante la Gran Depresión, solicitó una plaza en la Universidad
de Princeton que le fue concedida sin apoyo económico. Esto complicaba su
voluntad de renunciar a su posición segura en Gulf. Tenía veinticinco años y la
decisión era muy arriesgada. Había poco trabajo y nada le aseguraba que fuese a
encontrar otro más adelante. Sin embargo, no podía seguir resistiéndose a cumplir
el deseo de seguir los pasos académicos de su padre. Su madre a su edad también
había asumido un gran riesgo dejando a su familia para estudiar arte en Nueva York.
La noche antes de abandonar Pittsburgh acudió a una pequeña fiesta que organizaba
un colega y conoció a Jane Maxwell quien, tras cinco años de noviazgo, se
convertiría en su esposa. Ambos disfrutaron de cincuenta y tres años de feliz
matrimonio.
Cuando empezaba a escribir su tesis doctoral se enteró de que la Universidad de
Harvard estaba valorando incluirle en su junta. Para conseguir su prestigiosa beca
de investigación tuvo que superar una entrevista con los socios de la universidad.
Desde Princenton, entretanto, temerosos de perder a Bardeen, le ofrecieron una
beca en matemáticas. Pero Bardeen tenía las ideas claras, la beca de Harvard era de
Física y le garantizaba ingresos económicos durante tres años. Sólo faltaba un
último requisito para alcanzar su objetivo: acabar el doctorado. Debía entrar como
investigador en la prestigiosa universidad con el título en mano. Pero, por el
momento, la tesis tuvo que esperar. En mayo de 1935 se desplazó a Madison para
acompañar a su padre que estaba muriéndose de cáncer y no fue hasta la muerte de
éste que volvió a trabajar en ella. Le dedicó a la tesis días y noches pero aún así, no
le fue posible terminar los cálculos durante el verano. Con todo, Harvard hizo una
excepción y permitió que la completase durante el primer semestre. Recibió el
doctorado en enero de 1936.

Bardeen se casó con Jane Maxwell en junio de 1938, poco después de que el
Departamento de Física de la Universidad de Minnesota le ofreciese su primer
puesto docente. Un año más tarde nació su hijo James Maxwell Bardeen. En el
nacimiento de su segundo hijo William Allan Bardeen en 1941, la familia se había
trasladado a Washington DC para servir al país en el laboratorio de investigación
de la Marina. Allí, Bardeen, pronto se sintió a disgusto. El trabajo de ingeniería
militar le desviaba de su investigación en física y la burocracia resultaba inflexible
y caótica. Tan pronto como terminó la guerra, regresó a la física fundamental y tuvo
lugar un hecho decisivo.

Bardeen fue contratado para trabajar en la división de investigación de física de


Estado Sólido de los Laboratorios Bell que había creado su vicepresidente ejecutivo
Mervin Kelly. El grupo, encabezado por Shockley, contaba también con dos físicos
experimentales, Walter Brattain y Gerald Pearson, un químico, Robert Gibney, y
un experto en circuitos, Hilbert Moore. El objetivo, estipulado por Kelly, consistía
en “obtener nuevos conocimientos que pudiesen ser usados en el desarrollo de
componentes totalmente nuevos y mejores para sistemas de comunicaciones.”

En 1956, en pleno estudio de la superconductividad, Bardeen se vio sorprendido


por la concesión del Premio Nobel de Física, junto a Brattain y Shockley “por sus
investigaciones sobre los semiconductores y el descubrimiento del efecto
transistor”. Tuvo dudas acerca de la conveniencia de viajar a Estocolmo a recoger
el Premio. Por un lado, no quería dejar colgado el trabajo que estaba haciendo con
Cooper y Schrieffer y, por el otro, no estaba muy seguro de que el transistor fuese
un invento merecedor de un Nobel. Le avergonzaba ser premiado antes de que lo
fuesen científicos tan brillantes como sus profesores Wigner y Van Vleck.
Finalmente asistió a la ceremonia y, durante la misma, el rey Gustavo VI Adolfo de
Suecia le preguntó a por su familia. Bardeen le respondió que dos de sus hijos no
habían podido asistir porque no quería que interrumpiesen sus estudios en la
Universidad de Harvard por algo así y el rey, asombrado, le hizo prometer que si
volvían a coincidir traería a toda su familia. No imaginaba el científico que tendría
que cumplir dicha promesa.

Poco después de su regreso de Estocolmo, Schrieffer dio un paso definitivo.


Mientras iba en el metro de Nueva Jersey, de camino a una reunión anual de la APS,
pensó que el conjunto de pares de Cooper del semiconductor en su estado
fundamental, podían describirse con una única función de onda que garabateó allí
mismo. Más tarde, al mostrársela a Bardeen, iniciaron un periodo de trabajo febril
en el que emplearon la función de onda para calcular todas las cantidades
experimentales pertinentes. Todo cuadraba, Bardeen, Cooper y Scrieffer se dieron
cuenta de que habían resuelto el problema que llevaba cuatro décadas dejando
perplejos a los mejores físicos del mundo.

En abril de ese año, Bardeen, Cooper y Schieffer publicaron un pequeño artículo


en Physical Review titulado “Teoría microscópica de la Superconductividad” y, en
julio de 1957, presentaron el informe completo de los resultados bajo el título
“Teoría de la Superconductividad” a la misma revista que lo publicó en diciembre.

A finales de la década de 1980 su salud ya estaba muy deteriorada. Padecía gota en


las piernas y degeneración macular. Sin embargo, eso no impidió que en 1987, tras
el descubrimiento de la superconductividad a alta temperatura, se lanzase a la
búsqueda de una teoría que dilucidase el fenómeno. En diciembre de 1990 publicó
su último artículo, sobre las ondas de densidad de carga, en el Physics Today. El
cáncer se había extendido y la cirugía estaba descartada. Ni siquiera hubo tiempo
de administrarle radiación. Murió de un ataque al corazón el 30 de enero de 1991.
Sus restos, junto a los de Jane, descansan en el Forest Hill Cementery de Madison,
Wisconsin. Su hijo William diseñó una sola lápida de piedra en la que los nombres
de sus padres se acompañan de símbolos que reflejan sus intereses, el mundo
natural, los dos Premios Nobel.

III. WALTER BRATTAIN

Walter Houser BRATTAIN nació el 10 de febrero de 1902 en Amoy (China). Su


padre fue profesor de Ciencias en Amoy. En 1903 la familia decidió trasladarse al
Estado de Washington. En 1924 se graduó en física en el Whitman College de Walla
Walla (Washington) y en 1926 consiguió un Master en Ciencias en la Universidad
de Oregón.

En 1928 ingresó en el National Bureau of Standards (NBS), donde colaboró con


Vicent E. Heaton en el desarrollo de un oscilador portátil de frecuencia patrón.
En 1929 se doctoró en la Universidad de Minnesota, siendo contratado poco
después por los Laboratorios Bell de Nueva York, gracias a la intervención de
Joseph A. Becker. Sus investigaciones se centraron en las propiedades superficiales
de los sólidos. Partió de la emisión termoiónica y la absorción por capas de
tungsteno. Pasó al campo de la rectificación en las superficies de un semiconductor,
comenzando con un estudio en la superficie del óxido cuproso. Repitió los mismos
ensayos sobre el silicio. Y durante la II Guerra Mundial participó en diversos
programas militares investigando tanto con el silicio como con el germanio, así
como en un programa de detección submarina.

Las contribuciones más destacadas de Walter Brattain a la física del estado sólido
fueron el descubrimiento del efecto fotovoltaico en la superficie libre de un
semiconductor; la invención del transistor de punta de contacto, conjuntamente con
John Bardeen, que patentaron en 1950; y las investigaciones desarrolladas en los
Laboratorios Bell para conocer las propiedades en la superficie de los
semiconductores, con Bardeen primero, con C.G.B. Garrett más tarde y finalmente
con P.J. Boddy. Tras esta etapa, Brattain trabajó en el grupo de investigación que
lideraba William Shockley, donde surgió la invención del transistor de germanio.

En 1956 Walter Brattain recibió el Premio Nobel de Física con John Bardeen y
William Shockley por el diseño del transistor de germanio. Este descubrimiento se
considera la base del posterior desarrollo de los microprocesadores.

Brattain no sólo fue reconocido con el Premio Nobel, también recibió la Stuart
Ballantine Medal del Franklin Institute en 1952; y la John Scott Medal de la ciudad
de Filadelfia en 1955. Asimismo obtuvo diversos Doctorados Honoris Causa, entre
ellos, de la Universidad de Portland en 1952; Whitman College de Walla Walla en
1955; Union College Schenectady en 1955; y de la Universidad de Minnesota en
1957.

En 1957 abandonó su trabajo en los Laboratorios Bell, para dedicarse a la docencia


y a la investigación en biofísica en el Whitman College.

Walter Brattain contrajo matrimonio en 1935 con la Dra. Keren Gilmore. La pareja
tuvo un hijo, William Gilmore Brattain. Tras fallecer su primera mujer, en 1958 se
casó en segundas nupcias con Emma Jane Kirsch Miller. Walter Houser Brattain
falleció el 13 de octubre de 1987 en Seattle, a los 85 años, tras padecer Alzheimer
durante cuatro años.

IV. CARRERA POR EL TRANSISTOR

Durante 1946 y los comienzos de 1947, los resultados obtenidos por el equipo
dirigido por Shockley no fueron nada esperanzadores, pero desde la primavera de
1947, dos de los miembros más brillantes del grupo, John Bardeen y Walter
Brattain, trabajaron en la búsqueda de soluciones al problema de las
telecomunicaciones sin contar con Shockley, ya que aunque éste era el líder del
grupo, pasaba la mayor parte del tiempo en su casa desarrollando sus propias ideas.
Bardeen y Brattain desarrollaron una actividad febril durante el verano y el otoño
de ese año, sin el concurso de Shockley. El 16 de diciembre de 1947 lograron por
fin hacer funcionar un amplificador empleando un transistor fabricado con
germanio y el día 23, la víspera de Nochebuena, mostraron sus resultados a los
directivos del laboratorio. En los primeros días de enero de 1948, presentaron una
patente (US 2,524,035) para la fabricación del primer transistor de puntas de
contacto de la historia, en la que no figuraba Shockley como autor.

Al enterarse Shockley del éxito logrado por Bardeen y Brattain en su ausencia, se


puso furioso, ya que le molestaba no haber estado involucrado en el descubrimiento.
Al analizar el dispositivo ideado por estos, Shockley intuyó que sería difícil de
fabricar en grandes cantidades con suficiente fiabilidad, dado que era físicamente
endeble. Shockley se encerró nuevamente en su casa, concibió un transistor
diferente al de puntas de contacto, denominado transistor de unión y presentó otra
patente (US 2,569,347) el 23 de enero del año siguiente 1948, nueve días más tarde
de la fecha en la que Bardeen y Brattain presentaron la suya.

Una de las fotografías oficiales con las que los Laboratorios Bell anunciaron la
invención del transistor: Bardeen (izquierda), Shockley (centro) y Brattain (derecha).

Esta situación tan embarazosa puso a los directores de los Bell Labs ante un dilema.
Por una parte, Bardeen y Brattain habían fabricado el primer transistor por su
cuenta, sin la contribución de Shockley. Por otra, Shockley era el jefe de su equipo
y parecía poco adecuado silenciar su nombre, sobre todo porque pocos días después
había sido capaz de imaginar un dispositivo aún mejor que el original. Por lo tanto,
los responsables del laboratorio decidieron que cualquier fotografía tomada de los
inventores del transistor debería incluir a Shockley, que además actuaría de
portavoz oficial; Bardeen y Brattain, que ya habían desarrollado una fuerte aversión
hacia Shockley, aceptaron a regañadientes la imposición, mientras que Shockley se
mostró conforme con la decisión. La pugna científica y sobre todo personal entre
Shockley por un lado y Bardeen y Brattain por otro, motivó a la postre la disolución
del grupo.
V. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
 Mártil de la Plaza, Ignacio (2017), "William Shockley y la invención del
transistor”. Recuperado de: [Link]
shockley-y-la-invencion-del-transistor/
 Cabrera, Blas (2015), “John Bardeen, un genio olvidado”. Recuperado de:
[Link]
olvidado-version-extendida-del-platito-de-buhardilla/

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