Leyendas del
Noroeste
La Ciudad Perdida
Es una leyenda histórica que tiene como lugar de origen la ciudad de Salta.
La ciudad perdida
Según la leyenda más difundida, la ciudad de Esteco, levantada en Salta
por los colonizadores españoles, era una ciudad muy opulenta,
aparentemente dividida en dos facciones: una clase muy rica, cuyas
riquezas eran incontables, y la otra muy pobre, que vivía esclavizada por
las familias pudientes.
También se cuenta que fue un terremoto lo que hizo desaparecer la ciudad,
que quedó sepultada en un lago insondable según algunos narradores y,
según otros, destruida por los temblores y luego devorada por la selva.
Tampoco faltan los que han unificado ambas teorías, afirmando que, en
realidad, la ciudad se ha perdido dos veces: la primera cuando un río, que
algunos identifican con el Juramento, la sumergió en un lago insondable
situado en el medio de las montañas más altas y que, si se mira con
atención desde alguna de las cumbres vecinas, a ciertas horas de un día
soleado y sin viento, todavía pueden divisarse los contornos de los edificios
debajo del agua.
La segunda versión, en cambio, ubica a Esteco en medio de los picos de la
sierra de Metán, en el departamento homónimo, donde fue destruida por
un terrible cataclismo cuyo testigo inmutable es un viejo molino de piedra
que funcionaba en las afueras de la ciudad. En esta última versión
aseguran que el monte que recubre la ciudad enterrada no puede ser
explotado, porque los obreros tienen terror a entrar en él pues todavía
pueden oírse los gritos de los heridos y los moribundos. También afirman
que es imposible rescatar las riquezas que, sin duda, han quedado
enterradas junto con los edificios, ya que la tierra se desmorona, y que los
que logran encontrar algo, se pierden en la selva y no pueden encontrar el
camino de regreso hasta que abandonan los objetos que pertenecieron a
Esteco. Se sabe que no han sido pocos los hombres valientes y ambiciosos
que han querido llegar a Esteco, pero hasta ahora nadie lo ha logrado
porque, con sólo intentar cruzar los altos picachos que la rodean, se
levantan inmediatamente vientos huracanados que voltean a los jinetes de
sus mulas y los arrastran ladera abajo.
Sin embargo, en la que todos los narradores parecen coincidir es en que
había tanto lujo en las familias pudientes de Esteco que se hacían fabricar
todo en oro, desde las riendas, frenos, monturas, estribos y herraduras de
sus caballos, hasta la vajilla, los platos y las copas de sus mesas. También
coinciden en que dichas familias eran muy orgullosas y despreciativas;
habían olvidado la humildad y las buenas costumbres, preconizando la
gula, la maldad y entregándose a brutales orgías de sexo y lujuria, donde
las cortesanas, ebrias de sexo, se entregaban a los placeres más
aberrantes de sus amos de turno. Hasta que un frío día de Julio apareció
en la ciudad un viejito muy pobremente vestido, que comenzó a recorrer las
calles pidiendo un plato de comida, que todos le negaron. Finalmente,
llegó a un rancho sumamente humilde, habitado por un matrimonio con un
hijo de brazos, tan pobres que solamente tenían una gallina en el corral, a
la que cuidaban celosamente para poder comer sus huevos, muchas veces
el único alimento de que disponían para la criatura. No obstante, a pesar
de su miseria, atendiendo el pedido del anciano, el hombre ordenó a su
mujer que matara la gallina para darle de comer, hecho al que la mujer
accedió de mala gana.
Luego de alimentarse, el pordiosero volvió a recorrer las calles de Esteco,
previniendo a todos que si no abandonaban aquella vida licenciosa “Dios
los castigaría con el fuego y el agua de las entrañas de la tierra,
destruyendo la ciudad entera y haciéndola desaparecer de la faz de la
tierra. Pero nadie quería escucharlo, sino que se burlaban de él y lo
llamaban loco. Y como una mofa adicional pronto las mujeres comenzaron
a recorrer las tiendas pidiendo cintas y géneros “color temblor”.
Y así siguieron las cosas, hasta que, en los primeros días del mes de
Setiembre, el anciano pordiosero se llegó a la casa de la humilde familia
que le había dado de comer y avisó que el Señor había decidido la
destrucción de la ciudad, porque la gente ya no podía aspirar su perdón.
También les dijo que ellos eran los únicos que se salvarían, pero con una
condición: cuando empezaran los temblores tenían que salir con él de la
ciudad y que, oyeran lo que oyeran, no debían darse vuelta ni mirar atrás
por ninguna razón.
Y, efectivamente, poco después de esta advertencia, el 13 de Setiembre,
más precisamente, comenzaran los temblores, que fueron progresivamente
en aumento, mientras ellos abandonaban el pueblo, la mujer con el niño en
brazos y el hombre cargando los pocos y humildes enseres de que
disponían. Al principio todo anduvo bien, pero luego la mujer, pero luego la
mujer, al oír el fragoroso retumbar de la tierra que se abría por doquier,
acompañado por los gritos de los moribundos y los alaridos de terror, giró
su cabeza para poder mirar por sobre su hombro, e instantáneamente
quedó convertida en piedra.
Dicen los que han ido en busca de la ciudad que a la salida de ella, junto
al molino destruido, se encuentra una piedra que tiene la forma de una
mujer con su niño en brazos. Y dicen también que la piedra da un paso
cada año; así que, como han pasado tres siglos, ya ha llegado casi al
monte que cubre las montañas del Chaco salteño. Ciertas versiones, más
fantasiosas, narradas por algunos leñadores que se han internado en el
Impenetrable más de lo que se recomienda, agregan que la han visto
llorando y manchada de sangre, y sostienen que ha sido Dios el que le ha
ordenado marchar hacia la ciudad de Salta y que, cuando llegue allí, ése
será el día del Juicio Final.
Según una interpretación de Félix Luna, la perdida de la ciudad de Esteco
tiene raíces sólidamente arraigadas en otros mitos universales e incluso
bíblicos, entre los que se pueden mencionar a la mujer de Lot en las
ciudades de Sodoma y Gomorra (Génesis, 12 a 19), el mito romano de
Baucis y Filemón, quienes atendieron a Júpiter y su mensajero Mercurio,
cuando éstos recorrían Frigia en busca de alimento y hospedaje, y la
mirada atrás de Orfeo, que hizo que hizo que Eurídice se precipitara a los
infiernos. Según el autor mencionad, “de esto surge que las catástrofes
míticas se vinculan casi siempre a la violación de un tabú religioso”.
CUENTOS Y LEYENDAS DEL ALTIPLANO
SELECCIÓN Y PRÓLOGO DE ANTONIO SARAVIA
Leyendas Históricas
De la interpretación de determinados sucesos históricos, o de testimonios
exagerados, se han derivado interesantes leyendas.
A veces la interpretación de un hecho histórico que ha impresionado
vivamente, supone la intervención de fuerzas sobrenaturales. Por ejemplo,
la destrucción de Esteco, en 1692, por un terremoto, suele atribuirse,
como el relato bíblico, al castigo de su población impía.
Otras veces las leyendas históricas dan relieve a personajes admirados o
temidos, atribuyéndoles hazañas, astucias y otros rasgos singulares.
Antonio Saravia en su libro nos presenta innumerables leyendas que
contribuyen a los estudios folklóricos o antropológicos del noroeste
argentino, intenta recuperar el carácter original de las leyendas.
La leyenda de la Cuidad del Esteco es una leyenda geográfica situada en
la ciudad de Salta, la versión de Antonio Saravia la sitúa en los picos de
la sierra de Metan una localidad perteneciente a la Ciudad; esta leyenda
tiene innumerables versiones y una de ellas nos cuenta Pedro un militar
que escuchó esta leyenda de boca de sus compañeros de la Escuela de
Suboficiales de la Armada en su narración no precisa un lugar específico
donde suceden los hechos sólo que está ubicada en la ciudad. Cuenta que
en esa ciudad había mucha riqueza, los ricos tenían esclavos y los
explotaban, se daban placeres, vicios y depravaciones ofendiendo a Dios.
Un anciano que deambulaba día y noche buscando comida y predicando;
algunos dicen que no se trataba de cualquier anciano sino de San
Francisco. Esteco era una ciudad ostentosa donde la gente era muy
soberbia, una noche salió este hombre a pedir comida y nadie le ofreció
siquiera un pedazo de pan mientras que una familia muy humilde fue
capaz de servirle la última gallina que tenían para alimentarse. El
anciano al ver que la familia fue muy generosa
La versión de Antonio Saravia no ubica le leyenda en un tiempo.
Anexo
La ciudad de Esteco
La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las
ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso
paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían
revestidos de oro y plata.
Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza
que habían acumulado. Usaban un lujo desmedido y en todo revelaban
ostentación y derroche. Eran soberbios y petulantes. Si se les caía un
objeto cualquiera, aunque fuese un pañuelo o un sombrero, y aun dinero,
no se inclinaban siquiera para mirarlos, mucho menos para levantarlos.
Sólo vivían para la vanidad, la holganza y el placer. Eran, además,
mezquinos e insolentes con los pobres, y despiadados con los esclavos.
Un día un viejo misionero entró en la ciudad para redimirla. Pidió limosna
de puerta en puerta y nadie lo socorrió. Sólo una mujer muy pobre que
vivía en las afueras de la ciudad con un hijo pequeño, mató la única
gallinita que tenía para dar de comer al peregrino.
El misionero predicó desde el púlpito la necesidad de volver a las
costumbres sencillas y puras, de practicar la caridad, de ser humildes y
generosos, y todo el mundo hizo burlas de tales pretensiones. Predijo,
entonces, que si la población no daba pruebas de enmienda, la ciudad
sería destruida por un terremoto. La mofa fue general y la palabra
terremoto se mezcló a los chistes más atrevidos. Pedían, por ej., en las
tiendas, cintas de color terremoto.
El misionero se presentó en la casa de la mujer pobre y le ordenó que en la
madrugada de ese día saliera de la ciudad con su hijito en brazos. Le
anunció que la ciudad se perdería, que ella sería salvada por su caridad,
pero que debía acatar una condición: no volver la cabeza para mirar hacia
atrás aunque le pareciera que se perdía el mundo; si no lograba
dominarse, también le alcanzaría un castigo.
La mujer obedeció al misionero. A la madrugada salió con su hijito en
brazos. Un trueno ensordecedor anunció la catástrofe. La tierra se
estremeció en un pavoroso terremoto, se abrieron grietas inmensas y
lenguas de fuego brotaban por todas partes. La ciudad y sus gentes se
hundieron en esos abismos ardientes. La mujer caritativa marchó un rato
oyendo a sus espaldas el fragor del terremoto y los lamentos de las gentes,
pero no pudo más y volvió la cabeza, aterrada y curiosa. En el acto se
transformó en una mole de piedra que conserva la forma de una mujer que
lleva un niño en brazos. Los campesinos la ven a distancia, y la reconocen;
dicen que cada año da un paso hacia la ciudad de Salta.
De: Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Selección e Berta E.
Vidal de Battini. Bs.As., Consejo Nacional de Educación, 1960.
Vagos indicios recuerdan, en el campo asolado, el asiento de la opulenta
ciudad de Esteco tragada por la tierra en castigo de sus soberbios
habitantes.
La primitiva ciudad de Esteco estuvo situada en la margen izquierda del
río Pasaje, ocho leguas al sur de El Quebrachal, en el departamento de
Anta, Salta. Cuando Alonso de Rivera en 1609 fundó la ciudad de Talavera
de Madrid, los antiguos pobladores de Esteco - que en parte vivían en la
población próxima que la reemplazó, Nueva Madrid de las Juntas - vinieron
a ella y comenzaron a llamarla la Esteco Nueva, nombre que se impuso
sobre el oficial. Pronto se enriqueció por ser un centro de intenso comercio.
Según el famoso padre Bárzana. El P. Techo dice que fue destruida por un
gran terremoto en 1692. Sobrevive su nombre en un topónimo, la Estación
de Esteco, en la comarca en que existió la ciudad antigua.
La leyenda popular mantiene vivo, al cabo de siglos, el recuerdo de la
ciudad de Esteco, una, entre otras, de las ciudades fundadas por los
españoles que por causas diversas desaparecieron en la época de la
colonización.
Probablemente fue destruida por los indios y sus habitantes buscaron un
nuevo emplazamiento: Esteco la Nueva, a la que según Juan Alfonso
Carrizo, en su "Cancionero de Salta", se refiere la leyenda, ya que tuvo un
rápido enriquecimiento, y algunas crónicas y tradiciones mencionan la
posibilidad de fuertes movimientos sísmicos en el lugar, Ricardo Molinari y
Manuel Castilla han dedicado sendas elegías a la ciudad de Esteco. La
copla admonitoria recuerda a los que perseveran en el mal: "No sigas ese
camino / no seas orgulloso y terco / no te vayas a perder / como la ciudad
de Esteco."
NO SIGAS ESE CAMINO
No sigas ese camino
no seas orgulloso y terco
no te vayas a perder
como la ciudad de Esteco
¿Dónde están, ciudad maldita,
tu orgullo y tu vanidad,
tu soberbia y ceguedad,
tu lujo que a Dios irrita?
¿Dónde está, que no hallo escrita
la historia de tu destino?
Sólo sé de un peregrino
que te decía a tus puertas:
- ¡Despierta, ciudad, despierta,
no sigas ese camino!
Y orgullosa, envanecida,
en los placeres pensando,
en las riquezas nadando
y en el pecado sumida,
a Dios no diste cabida
dentro de tu duro pecho
pero en tus puertas un eco
noche y día resonaba,
que suplicándote estaba:
-no seas orgulloso y terco.
Y nada quisiste oir,
nada quisiste escuchar,
y el plazo te iba a llegar,
la hora se iba a cumplir
en que debías morir
en el lecho del placer,
sin que puedas merecer
el santo perdón de Dios,
pues nadie escuchó la voz:
-¡No te vayas a perder!
La tierra se conmovió
y aquel pueblo libertino,
que no creyó en el divino
y santo poder de Dios,
en polvo se convirtió.
Cumplióse el alto decreto,
y se reveló el secreto
que Dios tuvo en sus arcano.
¡No viváis, pueblos cristianos,
Como la ciudad de Esteco!
Horacio Jorge Becco, Cancionero tradicional argentino. Buenos Aires,
Hachette, 1960.
En su Romancero Criollo, León Benarós nos describe también muy fiel y
amenamente esta antigua leyenda:
ESTECO SE ESTÁ PERDIENDO
Salta, saltará, San Miguel florecerá
y Esteco se hundirá.
Profecía popular de la época
Lo que suceder debía,
cabalmente sucedió:
Esteco se está perdiendo,
Esteco ya se perdió.
"Ciudad orgullosa y terca
-te decía un peregrino-,
no te vayas a perder,
no sigas ese camino".
Ay, ese día entre todos,
ese trece de septiembre.
Quién quedará por memoria,
quién que sobre ruinas siembre.
Ay, año de mil seiscientos
noventa y dos, enlutado.
Quién quedará que entre escombros
no esté muerto y sepultado.
Torres, cúpulas doradas
y techos de pedrería.
Altares de la soberbia:
todo a los suelos venía.
Cien chorros de aguas hirvientes
de la tierra brotan luego.
Desde lo profundo suben
unos hálitos de fuego.
¿Qué quieren los algarrobos,
que buscan las verdes breas,
librando sobre las ruinas
sus combates y peleas?
Si ya nada queda en pie,
si el duelo todo lo ha envuelto.
Si apenas cantando, triste,
se mira un pájaro suelto.
Allí fueron los tapices.
Allí la gran platería.
Allí las almas en pena
se lamentan todavía.
Allí Esteco a su castigo
rindió duro vasallaje,
donde el río de Las Piedras
se junta con el Pasaje.
Nada queda de esos muros
en que el vicio alzó su templo.
Hagan memoria, señores,
para que sirva de ejemplo.
La mujer de piedra
Esteco era un pueblo tan rico que su gente no se conformaba con las
comodidades y hacía uso del vicio y el derroche.
Cierto día llegó hasta allí un raro personaje que comenzó a predicar
la necesidad de volver al camino de Dios y a las buenas costumbres. Era un
anciano de vestimenta humilde, larga barba, poco cabello y mirar severo.
Predicaba a cuanto grupo humano encontraba a su paso, terminando
con su profecía.
Salta...saltará
San Miguel florecerá
¡Esteco perecerá !
Algunos lo escuchaban por curiosidad, otros con cierto temor, pero
la mayoría se burlaba y hasta inventaban bromas para mofarse del castigo
que anunciaba el anciano.
Una familia del lugar le había brindado alojamiento y afecto. El era
español, ella india y tenían una hija llamada Milagro. Al atardecer del 13
de setiembre de 1692, cansado ya de predicar sin ningún fruto, el anciano
habló a esta familia previniéndoles la proximidad de un fuerte temblor.
Les pidió que se alejaran de Esteco y cuando lo hicieran no se dieran
vuelta por más ruidos y clamores que escucharan.
En una de las majestuosas residencias del pueblo se celebraba una
gran fiesta a la que habían concurrido las más importantes y acaudaladas
familias.
Era ya medianoche. De pronto se oyeron los bramidos de la tierra...
¡Temblor !. ¡Temblor !.
Milagro y sus padres caminaban a las puertas del pueblo
recordando la profecía. ¿Quién era aquel misterioso personaje ? De repente
Milagro escuchó una voz conocida que la llamaba y olvidando la
prevención del ermitaño se dio vuelta. En este instante se quedó inmóvil,
transformada en piedra.
La orgullosa ciudad de Esteco se perdió. Actualmente en el lugar
hay un monte cautivante en cantares y leyendas.
SALTA
Las leyendas del Milagro: La mujer de
piedra de Esteco está más cerca de Salta
El terremoto que destruyó el pueblo de Esteco en septiembre de 1692, dio origen a un
sinnúmero de leyendas y cuentos
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martes, 08 de septiembre de 2015
Mujer de piedra, leyenda de Esteco
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Alta expectativa hotelera por la festividad de El Milagro en Salta (9/9/2015)
SALTA.- Según consta en "Cuentos y leyendas populares de la Argentina”, una selección de
relatos populares de la investigadora Berta E. Vidal de Battini, Esteco era una ciudad y "la
más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y
hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de
oro y plata”.
Dejando de lado la leyenda, Esteco era un puesto de avanzada en el camino desde el
poderoso Alto Perú con el pobre y aún inexplorado virreinato del Río de La Plata. Era una
importante posta y centro comercial en la región, pero no era más que un poblado de barro,
caña y corrales; pocas chacras y gente de toda laya. Era un pueblo de frontera y muchísimo
más pobre y triste de lo que asegura la leyenda.
La primitiva ciudad de Esteco estuvo situada en la margen izquierda del río Juramento, a unos
35 kilómetros al sur de la localidad de El Quebrachal, en el departamento de Anta y en
realidad se trata de la unión de dos ciudades. Cuando Alonso de Rivera en 1609 fundó la
ciudad de Talavera de Madrid, los antiguos pobladores de Esteco que en parte vivían en la
población cercana de Nueva Madrid de las Juntas, se mudaron y comenzaron a llamarla la
Esteco Nueva, nombre que se impuso sobre el oficial.
"Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza que habían
acumulado. Usaban un lujo desmedido y en todo revelaban ostentación y derroche. Eran
soberbios y petulantes. Si se les caía un objeto cualquiera, aunque fuese un pañuelo o un
sombrero, y aun dinero, no se inclinaban siquiera para mirarlos, mucho menos para
levantarlos.
Sólo vivían para la vanidad, la holganza y el placer. Eran, además, mezquinos e insolentes
con los pobres, y despiadados con los esclavos”, rezaba la historia mítica del pueblo, cuyos
habitantes, en realidad, vivían al borde la hambruna durante meses, a la espera de la
expediciones que venían del Perú y con el miedo al flor de piel por las incursiones indígenas y
el ataque de bandoleros.
"Un día un viejo misionero entró en la ciudad para redimirla. Pidió limosna de puerta en puerta
y nadie lo socorrió. Sólo una mujer muy pobre que vivía en las afueras de la ciudad con un hijo
pequeño, mató la única gallinita que tenía para dar de comer al peregrino”.
"El misionero predicó desde el púlpito la necesidad de volver a las costumbres sencillas y
puras, de practicar la caridad, de ser humildes y generosos, y todo el mundo hizo burlas de
tales pretensiones. Predijo, entonces, que si la población no daba pruebas de enmienda, la
ciudad sería destruida por un terremoto.La mofa fue general y la palabra terremoto se mezcló
a los chistes más atrevidos. Pedían, por ejemplo, en las tiendas, cintas de color terremoto”,
contaban viejos memoriosos.
La historia llega a su clímax cuando" el misionero se presentó en la casa de la mujer pobre y
le ordenó que en la madrugada de ese día saliera de la ciudad con su hijito en brazos. Le
anunció que la ciudad se perdería, que ella sería salvada por su caridad, pero que debía
acatar una condición: no volver la cabeza para mirar hacia atrás aunque le pareciera que se
perdía el mundo; si no lograba dominarse, también le alcanzaría un castigo”.
"La mujer obedeció al misionero. A la madrugada salió con su hijito en brazos. Un trueno
ensordecedor anunció la catástrofe. La tierra se estremeció en un pavoroso terremoto, se
abrieron grietas inmensas y lenguas de fuego brotaban por todas partes. La ciudad y sus
gentes se hundieron en esos abismos ardientes.
La mujer caritativa marchó un rato oyendo a sus espaldas el fragor del terremoto y los
lamentos de las gentes, pero no pudo más y volvió la cabeza, aterrada y curiosa. En el acto se
transformó en una mole de piedra que conserva la forma de una mujer que lleva un niño en
brazos. Los campesinos la ven a distancia, y la reconocen; dicen que cada año da un paso
hacia la ciudad de Salta y cuando llegue a su destino, la misma perecerá.
La leyenda de la Mujer de Esteco, es en realidad una recreación de la vida de Edith, mujer
de Lot, que no pudo evitar darse vuelta y ver la suerte que corría Sodoma y se convirtió en
una estatua de sal. La leyenda de Esteco se usó como campaña de proselitismo de la Iglesia
Católica en América para difundir la creencia en "los lugares más alejados” del continente y
perduró hasta nuestros días transformándose en parte de la narrativa popular de Salta.
Por Eduardo Huaity González para El Intransigente
BIBLIOGRAFÍA:
Antonio Saravia. Cuentos y leyendas del Altiplano.
http://www.folkloredelnorte.com.ar/leyendas/esteco.htm
Horacio Jorge Becco, Cancionero tradicional argentino. Buenos Aires,
Hachette, 1960.
http://www.portaldesalta.gov.ar/mujerpiedra.htm
http://www.elintransigente.com/salta/2015/9/8/leyendas-milagro-mujer-
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