LA EVANGELIZACIÓN/ INTRODUCCIÓN PARTE 1
SOBERANÍA DE DIOS VS RESPONSABILIDAD HUMANA
Texto: Mateo 28:19-20
Introducción
Uno de los propósitos más importante de una iglesia local es la evangelización (Es un deber
que surge de la gran comisión). Por lo tanto, cada persona que es llamada por Dios debe
involucrarse en la labor de ganar almas para Dios (Explicar la evangelización bajo la
supervisión de una iglesia local).
Llamada por Dios
Añadido a la iglesia (universal y local)
Crecimiento espiritual (doctrinal y en la praxis)
Evangelizar ¿Qué viene después para el alma convertida?
Desde punto de vista de la evangelización como propósito de la iglesia local, cada
congregación debe proveer de al menos dos cosas para llevar a cabo este objetivo:
1. Equipamiento (capacitar a todos los creyentes en el conocimiento del evangelio)
2. Generar las oportunidades para llevar a cabo el ministerio de la evangelización (Culto
evangelístico, escuela dominical, evangelismo en la calle, la predicación a través del
testimonio personal, etc).
Debemos promover estos puntos para estimular el trabajo evangelístico en la hermandad:
• Es un deber bíblico
• Compasión por las almas
• Deseo de ser un instrumento de Dios en el trabajo evangelístico (entrar en la labor
del evangelio que es ganar almas para el Señor)
• El Señor ha prometido una bendición especial para todos aquellos que se disponen a
obedecer el mandamiento del Señor: Gozarse, regocijarse del fruto del trabajo, Almas
siendo redimidos del pecado y de la muerte a Vida Eterna (Privilegio).
No debemos ver que esto cuenta para nuestra salvación (no debemos ser arrogantes). Más
bien debemos participar con humildad en las labores del Señor. Debemos ser capaces de
sentirnos privilegiados en que Dios en su Misericordia nos permita ser parte de esta noble
labor que es ganar almas para el Señor.
“El plan redentor de Dios es salvar a un pueblo propio para su Gloria, y Él nos ha hecho
participes como parte instrumental de sus propósitos salvíficos”.
Todos aquellos que pertenecen a la asamblea de elegidos por Dios han sido llamados para
anunciar las virtudes de aquel que los llamó a su luz admirable por medio del evangelio. Es
una necesidad imperiosa entender este punto para que logremos entrar en sus labores (en
el trabajo evangelístico) y esto no es opcional. Si hemos sido llamados por Dios, debemos
hacer su voluntad (y esta es anunciar su salvación a los perdidos).
También es importante considerar que, como hijos de Dios, debemos tener un fuerte deseo
que el Reino de Dios se haga visible en todo el mundo (explicar, no como un gobierno político,
sino como el Reino Espiritual de Cristo, es decir, rescatando a los incrédulos del reino de las
tinieblas).
Calvino enseñó la evangelización centrándose en la universalidad del reino de Cristo y en la
responsabilidad de los cristianos de ayudar a extender este reino.” […] “las tres personas de
la trinidad están involucradas en la extensión del reino. El Padre manifestará “cuál es la
verdadera religión no solo en un rincón […], sino que enviará su voz hasta los confines de la
tierra”. Jesús vino a “extender su gracia por todo el mundo”. Y el Espíritu Santo descendió
para “alcanzar todos los confines y términos del mundo”. En resumen, una descendencia
innumerable nacerá a Cristo, “la cual se esparcirá por toda la tierra”. Y el triunfo del reino de
Cristo se hará manifiesto en todo lugar entre las naciones.
Otro aspecto importante a considerar en este punto es la instrumentalidad del predicador.
Para entender correctamente la función evangelizadora de los creyentes es necesario
entender primero, la expansión del reino de Dios se lleva a cabo bajo la Soberanía de Dios y
la Responsabilidad del hombre. La evangelización es una obra de Dios, pero ocupa los
esfuerzos de sus hijos para llamar a sus escogidos.
Con respecto a este punto, Calvino explica que Cristo siembra la simiente de vida en todo
lugar (tomando como referencia la parábola del sembrador cf. Mt. 13:24-30), reuniendo a
su Iglesia no por medios humanos, sino con poder celestial. Sin embargo, el evangelio “no
cae de las nubes como la lluvia”, sino que es “llevado por manos de hombres adonde Dios lo
ha enviado”. Jesús nos enseña que Dios “se vale de nuestra obra y nos llama a ser
instrumentos para cultivar su campo”. El poder para salvar descansa en Dios, pero Él revela
su salvación por medio de la predicación de su evangelio. La evangelización de Dios causa
nuestra evangelización. Nosotros somos sus colaboradores y Él nos permite participar del
“honor de constituir a su Hijo gobernador de todo el mundo”.
Calvino enseñó que el método común de “formar una iglesia” es mediante la voz externa de
los hombres: “Porque, aunque Dios podría atraer a sí a toda persona mediante una influencia
secreta, emplea, sin embargo, la acción de los hombres, despertando en ellos una inquietud
por la salvación de los demás. Llega a decir: “Nada retarda tanto el avance del reino de Cristo
como la escasez de ministros”. Sin embargo, ningún esfuerzo humano tiene la última palabra.
Es el Señor, dice Calvino, quien “hace resonar la voz del evangelio no solo en un lugar, sino a
lo largo y ancho del mundo”. El evangelio no es predicado a todas las naciones al azar, sino
por el decreto de Dios.
Ver Luc.8:11 Ver la explicación de la parábola…
Figuras de la parábola:
Semilla: La palabra de Dios
Sembrador: El predicador
Terrenos: distintos tipos de corazones
Entender lo anterior (Soberanía vs responsabilidad en el trabajo evangelístico) nos entrega
las siguientes lecciones:
1. Orar continuamente por la expansión del reino de Dios. “Debemos desear cada día
que Dios reúna iglesias de todas las partes de la tierra”. Puesto que agrada a Dios
usar nuestras oraciones para cumplir sus propósitos, debemos orar por la
conversión de los paganos.
“El mayor objeto de nuestros deseos diarios debería ser que Dios junte iglesias de
todos los países de la tierra, que las aumente en número, las enriquezca con sus
dones y establezca en ellas buen orden”. Al orar cada día que venga el reino de
Dios, “nos confesamos siervos e hijos de Dios profundamente comprometidos
con su reputación”.
2. Evitar el desaliento. “Nuestro Señor ejercita la fe de sus hijos cuando no cumple
enseguida las cosas que les ha prometido. Y esto debería aplicarse especialmente
al reino de nuestro Señor Jesucristo”. “Si Dios deja pasar un día o un año [sin dar
fruto], no es para que nos rindamos, sino que, entretanto, debemos orar y no
dudar que oye nuestra voz”. Debemos seguir orando, creyendo que “Cristo
ejercerá manifiestamente el poder que le es dado para nuestra salvación y para
la de todo el mundo”.
3. Trabajar con diligencia en la evangelización (Nuestros esfuerzos no son en vano).
“Somos llamados por el Señor con esta condición: que, después, todos nos
esforcemos por conducir a los demás a la verdad, restaurar a los errantes al
camino recto, tender una mano ayudadora a los caídos y ganar a los que están
fuera”. Además, no basta con que todos los hombres estén ocupados con otras
formas de servir a Dios. “Nuestro celo debe ir más allá, para guiar a otros
hombres”. Debemos hacer todo aquello de que seamos capaces para guiar hasta
Dios a todos los hombres sobre la tierra.
4. Tener un sentido del deber. Es un mandato de Cristo (a través de la predicación
de hombres Dios llama a sus escogidos). Llamados con el propósito de anunciar
el evangelio a los perdidos.