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Causas de la Caída del Imperio Romano

El documento resume las causas de la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V d.C. Menciona que el Imperio entró en crisis en el siglo III d.C. debido a problemas económicos, políticos y sociales como la inflación, las guerras civiles entre generales y la llegada de pueblos bárbaros. Aunque el emperador Diocleciano logró estabilizar el Imperio con reformas, las invasiones bárbaras y la división del Imperio debilitaron definitivamente a Roma y l
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Causas de la Caída del Imperio Romano

El documento resume las causas de la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V d.C. Menciona que el Imperio entró en crisis en el siglo III d.C. debido a problemas económicos, políticos y sociales como la inflación, las guerras civiles entre generales y la llegada de pueblos bárbaros. Aunque el emperador Diocleciano logró estabilizar el Imperio con reformas, las invasiones bárbaras y la división del Imperio debilitaron definitivamente a Roma y l
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LA CAÍDA DE ROMA

Marco teórico
El Imperio Romano dominó el Mundo Occidental durante siglos, llevando progreso, cultura
y bienestar económico y social a los pueblos bárbaros de Europa, y sirviendo de puente
entre las culturas de Oriente y Occidente. El Imperio Romano ha creado nuestra civilización
occidental y cientos de años después de su desaparición seguimos siendo sus hijos,
culturalmente hablando. Este poderoso imperio cayó tras sufrir la invasión de hordas de
pueblos germánicos del norte de Europa, los cuales conquistaron las provincias del Imperio
y finalmente la propia Roma. Pero esta invasión solo era el punto final de un largo periodo
de decadencia, las verdaderas causas de la caída del Imperio Romano fueron más
complejas que las invasiones bárbaras. En este artículo expondré las verdaderas causas
de la desaparición del Imperio Romano de Occidente y por qué hasta nuestros días se han
ocultado.
El Imperio Romano llevó la luz al mundo occidental, nunca antes el ser humano había vivido
épocas tan prósperas económica, social y culturalmente y, tras su caída, se tardaría siglos
en volver a tener un progreso semejante. Las causas de su caída no son solo de carácter
militar, sino de carácter económico, social y, sobre todo, religioso. Los invasores bárbaros
se encontraron con un Imperio roto por dentro, con una población hastiada, que en muchas
ocasiones se ponía del lado de los invasores, facilitándoles la conquista.
Pero antes de detallar las causas de la caída del Imperio Romano hay que aclarar varios
errores históricos sobre el tema: La históricamente denominada “Caída del Imperio
Romano” se refiere únicamente a la pérdida de su parte occidental en el año 476 dC, pero
ese no fue el fin del Imperio Romano, pues el Imperio Romano Oriental (denominado
Imperio Bizantino) perduró hasta la caída de Constantinopla(Bizancio) a manos del Imperio
Turco en 1453. Los historiadores occidentales, desde un punto de vista eurocentrista, han
considerado erróneamente que la caída de Roma era la caída del Imperio Romano, pero
eso es mentira, ya que su parte oriental perduró hasta el fin de la Edad Media.
Además de eso, los historiadores eurocentristas inventaron el nombre de “Imperio
Bizantino” para referirse al Imperio Romano de Oriente, quitándole su legitimidad por
motivos políticos y dando el título de Sacro Imperio Romano al reino de Carlomagno y sus
herederos. Resumiendo, podemos decir que el Imperio Romano como tal, finaliza en 1543
tras la toma de Constantinopla por parte de los turcos. En el año 476 sólo finalizó el Imperio
Romano de Occidente y es esta la caída que a continuación desarrollaré.
El Imperio Romano fue fundado por el “imperator” Octavio “Augusto”, sobrino y sucesor del
dictador romano Julio Cesar, que tras derrotar a su rival Marco Antonio en la batalla de
Actio, en el 30 a.C, se alzó finalmente con el poder absoluto en el 27 a.C. Octavio se
convertiría en dictador de Roma y su imperio, haciendo realidad el sueño de Julio Cesar, el
imperator tendría un poder absoluto, pero siempre bajo la ficción de servir a Roma y sus
instituciones.
Octavio creó un próspero imperio a partir de la corrupta república romana, reformando la
administración de las provincias, impulsando la economía y el comercio. Finalmente, tras
derrotar a los guerreros cántabros, Octavio cerrará las puertas del templo de Jano e
instaurará la “Pax Romana”, una época de paz y prosperidad económica que durará 200
años. Todo el mundo occidental estaría unido por una moneda, un idioma y una cultura,
siendo una de las épocas más benignas de la historia mundial (jamás volvió a existir un
periodo de paz y prosperidad tan largo).
Pero este imperio culto, pacífico y tolerante con todos los cultos religiosos entraría en crisis
y se desmoronaría finalmente por varios motivos de orden político, religioso, social y
económico. La primera herida mortal para el imperio fue la denominada “crisis del siglo III
d.C”, una crisis económica, social y política, generada por la fuerte inflación, las constantes
guerras civiles entre generales por coronarse emperadores y la llegada de los primeros
bárbaros.
La “Pax Romana” había generado una reducción de ingresos en el Imperio, ya que no se
emprendieron guerras de conquistas y los soldados enemigos no podían pasar a enriquecer
el próspero negocio de esclavos. En el siglo III se notó esta falta de ingresos de conquista
y la disminución de los esclavos, piezas claves para una economía esclavista como era la
economía romana. A todo esto, se unió un descenso en la producción minera de metales
preciosos, ya que muchas minas se agotaron.
Esta reducción de ingresos no fue advertida a tiempo por los emperadores de la dinastía
de los Severos, los cuales despilfarraban enormes cantidades de dinero. Cuando se dieron
cuenta de que sus ingresos se reducían, se les ocurrió la idea de emitir moneda con menor
cantidad de metal precioso, lo que les permitiría emitir más moneda con la misma cantidad
de metal. Pero esta estupidez generó una terrible crisis monetaria, la moneda se devaluó
enormemente y con ella se devaluaron los ingresos del imperio por concepto de impuestos.
El estado, para poder resistir la tremenda inflación que creó, tuvo que empezar a cobrar los
impuestos en grano. La crisis económica afectó a todo el Imperio, ya que estaba ocasionada
por un problema monetario, y todas las provincias del Imperio tenían la misma moneda.
Esta crisis generó que numerosos campesinos se arruinaran y emigraran a las ciudades en
busca de trabajo, generando superpoblación en muchas de ellas, lo que a su vez generó
epidemias por la falta de higiene y un considerable aumento de los asesinatos y robos. Por
otro lado los caminos se fueron volviendo peligrosos por la conversión de numerosos
campesinos pobres en bandoleros que asaltaban las caravanas comerciales.
A la crisis económica se unió la crisis política, ya que el eficiente emperador Alejandro
Severo fue asesinado en Maguncia en el 235 d.C. Sus propias tropas se amotinaron y le
dieron muerte, al ver que el emperador daba valiosos tesoros a los germanos en busca de
paz, mientras ellos se morían de hambre defendiendo a su patria. Este asesinato generó
una terrible anarquía militar, los generales del Imperio se mataban entre ellos como perros
rabiosos en busca de ser coronados emperadores.
Entre los años 238 y 285 d.C pasaron por el trono imperial 19 generales. Estos ambiciosos
generales no duraban mucho en él poder, debido a las constantes rivalidades y a que no
contaban con el apoyo del Senado Romano, el senado era quien controlaba el dinero, y por
ende el poder político, y solo con su apoyo se podía gobernar Roma.
El caos militar generó que las fronteras del imperio quedaran abiertas, ya que las tropas
abandonaban sus guarniciones para participar en las constantes guerras civiles. La
ausencia de tropas provocó que los primeros pueblos bárbaros invadieran pacíficamente
varias provincias, asentándose en ellas a vivir.La situación se agravó más con la escisión
de varias provincias, que se declararon independientes, como la Galia y el reino de Palmira.
La crisis del Imperio fue aprovechada por sus enemigos del Imperio Sasánida en Oriente y
de los Sármatas en la frontera del río Danubio, que atacaron el Imperio Romano.
El Imperio Romano estaba herido de muerte, pero milagrosamente no murió en el siglo III,
gracias a la llegada al poder del emperador Diocleciano en el año 284 d.C. Diocleciano se
dio cuenta de que por sí solo no podría resolver los graves problemas del Imperio, por ello
repartió el poder con el general Maximiano, a quien nombró “augusto”, encargándole la
administración de las provincias occidentales de Italia, Hispania y África. A su vez los dos
“augustos”, Diocleciano y Maximiano, nombraron “cesares” a los generales Galerio y
Constancio Cloro, formando así una tetrarquía (gobierno de cuatro) con la que regir
eficazmente el vasto Imperio. Cada uno de los tetrarcas se encargó de gobernar una zona
del Imperio, resolviendo los problemas de ella. Galerio, encargado de la zona oriental,
expulsó del Danubio a los invasores godos y sármatas y en el 298 arrasó a los persas
sasánidas.
Diocleciano por su parte pacificó Egipto, una zona vital para el Imperio, ya que de ahí venía
casi todo el grano que usaba (Egipto era apodado “el granero de Roma”). Constancio se
encargó de recuperar Britania y de contener las invasiones en la frontera del río Rhin. Por
último, Maximiano pacificó el norte de África, asegurando la frontera sur del Imperio. Estos
éxitos militares fueron complementados con una reforma total del ejército; Diocleciano creó
a los “limitanei”, ejércitos de frontera que se asentarían permanentemente en ellas para
tenerlas siempre defendidas, y a los “comitatenses”, un ejército móvil, formado con tropas
de élite, bien armadas y equipadas, que acudirían rápidamente a enfrentarse con cualquier
invasor que rebasara a los limitanei.
Para paliar la crisis económica, Diocleciano se dedicó al titánico esfuerzo de resolver la
crisis monetaria, estableciendo el oro como patrón monetario en vez de la devaluada plata.
Además de esto, Diocleciano prohibió a los campesinos abandonar sus tierras, con lo cual
ellos y sus descendientes quedarían fijados al terreno permanentemente. Por último, el
emperador creó un edicto mediante el cual el estado fijaría los precios de todas las
mercancías, ya fueran en su estado de materias primas o manufacturadas. En definitiva,
Diocleciano creó un estado absoluto y totalitario como remedio para la terrible anarquía que
asolaba el Imperio.
Tras su muerte se desatarían nuevas guerras civiles por controlar el trono romano.
Finalmente, el general Constantino se alzó con el poder en el 312. Constantino fortaleció la
parte oriental del imperio, sobre todo la ciudad que lleva su nombre, Constantinopla. Este
impulso de Constantino a la zona oriental permitirá que, tras la caída de Roma, la parte
oriental pueda sobrevivir, convirtiéndose Constantinopla en la nueva capital del Imperio
Romano. La crisis política generada por las continuas guerras civiles había desgastado al
Imperio para siempre, los emperadores carecían del carisma de sus antepasados y en vez
de ganarse el cariño del pueblo como hacían sus antepasados lo sometían cruelmente. El
emperador había pasado de ser el primer ciudadano a convertirse en un ser divinizado, un
tirano con poder absoluto, al que sus súbditos ya no podían mirar a la cara.
El 9 de agosto del año 378 d.C el emperador Valente murió masacrado junto a 40.000 de
sus 60.000 legionarios a manos de los invasores visigodos en la batalla de Adrianópolis.
Esta batalla fue decisiva pues en ella se puso de manifiesto que la infantería romana era
claramente inferior a la caballería goda. Esto supuso el fin del predominio del ejército
romano.
A partir de entonces Roma debería contratar tribus bárbaras para defenderse. Pero los
bárbaros, a cambio de defender el Imperio, exigirían ser instalados en las mejores tierras
de las provincias romanas. El emperador Teodosio no vio otra forma de supervivencia y
otorgó a estos bárbaros el estatus de “federados del Imperio” y, tras “cristianizarlos”, los
instaló en varias zonas de Italia y Galia. Estos enormes continentes humanos que se
asentaron en el Imperio no chocaron culturalmente con la población autóctona de las zonas
donde se asentaron sino todo lo contrario. La población campesina, empobrecida, atada a
la tierra y sometida a continuos abusos por parte de los cobradores de impuestos, vio en
estos nuevos pobladores bárbaros una esperanza de liberación, pues los bárbaros no
aceptaban la disciplina romana y vivían en sociedades de hombres libres.
Ante el acoso de los problemas internos y externos y viendo el principio del fin, Teodosio
separó el Imperio en dos partes en 395, el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente,
con la secreta esperanza que por lo menos una de las dos mitades sobreviviera el caos que
se acercaba. Además de eso, Teodosio nombró a su amigo el general visigodo Estilicón
“protector” de su hijo Honorio, emperador de Occidente, con la esperanza de que Estilicón
detuviera las invasiones bárbaras. Pero otro caudillo godo, Alarico, no aceptó el servilismo
de Estilicón y se rebeló contra el gobierno romano, estallando una guerra civil entre godos
en la que los impotentes romanos fueron simples espectadores. La guerra civil permitió que
el 31 de diciembre del año 406 d.C, los vándalos, suevos y alanos cruzaran sin oposición
las abandonadas fronteras del Imperio. Al año siguiente la situación se hizo tan
desesperada que las tropas romanas evacuaron Britania para evitar quedar aisladas del
resto del Imperio. En el año 410 Alarico saqueó salvajemente Roma durante tres días,
siendo la primera vez en 800 años que una tropa extranjera tomaba la ciudad eterna.
Ese saqueo fue el último golpe para el moribundo Imperio. Los visigodos, que
aprovechando el caos habían tomado Galia e Hispania, formando un reino independiente
de Roma, tomaron África en el año 431. Para agravar la caótica situación, las hordas de
hunos de Atila salieron de las estepas rusas e invadieron Europa Occidental. Solo la
intervención de Aecio, el último gran general romano, les detuvo. Aecio se alió con
Teodorico, el rey de sus antiguos enemigos visigodos y derrotó a Atila en la batalla de
Chalons en el 451 d.C. La prematura muerte de Atila impidió que éste realizara una segunda
campaña contra Roma.
Finalmente, el Imperio había quedado desgajado a manos de quien debían defenderlo, los
propios romanos habían metido al enemigo en casa, ante su propia incapacidad para
defenderse. Los visigodos se apropiaron de Galia e Hispania, los vándalos arrebataron
África a los visigodos y se asentaron en ella, los burgundios se asentaron en Alemania junto
a tribus de sajones. Italia se encontraba “protegida” por el caudillo ostrogodo Odoacro, el
cual depuso a Rómulo Augústulo, el último emperador romano, en el año 476 d.C. Odoacro
envió las insignias imperiales a Constantinopla, acto protocolario mediante el cual se ponía
fin oficialmente al Imperio de Occidente, un cadáver muerto en el siglo III, pero que gracias
a la energía de sus gobernantes se mantuvo en pie dos siglos más.
El Imperio que sobrevivió a la crisis del siglo III era un imperio feudal, la crisis económica
generó que se volviera a la economía de “Trueque”, o intercambio de bienes. Los impuestos
se cobraban en grano, la industria se hundió, las ciudades se despoblaron y el campo se
organizó en “villas”, lugares donde un señor mantenía un ejército privado para defenderse
y defender a los campesinos de la zona. A cambio de la defensa los campesinos trabajarían
gratis las tierras del señor. Esta nueva cultura rural y feudal generó que Roma se
despoblara, llegando a tener solo 300.000 habitantes del millón que tenía en sus tiempos
de gloria. La crisis política generaba crisis económica y viceversa. El enorme e ineficaz
ejército romano gastaba casi todo el presupuesto del estado, desapareciendo la inversión
en obras públicas, con lo cual ni siquiera los caminos podían ser reparados. El continuo
estado de guerra destruyó a su vez el comercio y las comunicaciones, quedando muchas
provincias aisladas del poder central.
El estado romano se volvió un monstruo burocrático y tirano que gastaba en el protocolo
imperial montones de oro que eran necesarios para afrontar los graves problemas del
Imperio. Los campesinos eran los que más sufrían la tiranía del estado y en la mayoría de
las ocasiones acogieron con agrado la llegada de los invasores bárbaros, viéndoles más
como libertadores que como invasores. A veces los mismos campesinos se rebelaban
contra las injusticias del emperador.
Los invasores bárbaros no fueron los causantes de la caída de Roma, ya que nunca podrían
haber acabado con un Imperio estable, organizado y dinámico. El Imperio Romano se
suicidó con sus crisis internas, los bárbaros solo aprovecharon la ocasión para apoderarse
de unas tierras llenas de riqueza.
Para finalizar, hay que recordar que, además de las causas citadas, la rica cultura y
sociedad romana fue destruida por un enemigo inesperado que actuó desde dentro, un lobo
con piel de cordero: el cristianismo. El Imperio de Occidente no solo cayó por la crisis
política, militar y económica, sino que el cristianismo, con su intolerancia, generó una terrible
crisis social, cultural y espiritual que agravó los demás problemas.
La Crisis del siglo III generó un gran auge del cristianismo, que hasta entonces era una
secta minoritaria. Los cristianos ofrecían esperanza en unos tiempos donde la peste, la
guerra y los crímenes se cebaban con la sociedad civil. Los emperadores no aceptaban
que la secta cristiana pusiera en duda su poder político y acusaron a los cristianos de
provocar la ira de los Dioses (la peste era considerada castigo divino) y propagar la peste
con sus ritos funerarios (en parte era verdad, ya que no incineraban a sus muertos
apestados).
La persecución a los cristianos fue iniciada por el emperador Decio en el siglo III e
incrementada por el gran emperador Diocleciano, que vio en los cristianos a sus peores
enemigos, ya que destruían la autoridad imperial y generaban revueltas en el seno del
ejército, ya que el cristianismo tenía gran número de seguidores en las filas del ejército. El
emperador Constantino se convertirá al cristianismo debido a la ayuda que le prestaron los
cristianos en su lucha por el trono. Constantino acabara con la persecución y permitirá que
el cristianismo sea igual al resto de religiones imperiales. El gran emperador Juliano, intentó
salvar el Imperio, reduciendo la burocracia y llevando al ejército a la victoria, además renegó
del cristianismo e intentó devolver a Roma sus costumbres y tradiciones, pero sus generales
cristianos no toleraron su conducta y le asesinaron.
Finalmente, el emperador Teodosio promulgará el Edicto de Tesalónica en el año 380, un
edicto mediante el cual el cristianismo se convertirá en la religión oficial del estado. Esta
acción será en gran medida artífice de la destrucción del Imperio Romano, ya que solo los
habitantes de las grandes ciudades eran cristianos, los habitantes de las zonas rurales eran
partidarios de sus antiguos cultos y rechazaron la implantación forzosa del cristianismo. Los
cristianos no se conformaron con ser religión oficial y los obispos obligaron al emperador a
promulgar el Edicto de Milán en el año 392, edicto mediante el cual se prohibían los antiguos
cultos y se ordena la destrucción de los templos. Al convertirse en religión obligatoria el
cristianismo desgajó a la sociedad, fracturando la cultura y tradición romana. Los obispos
socavaron el poder del emperador, convirtiéndose en poderosas piezas de la política
imperial. Los obispos provenían de la nobleza romana, tenían enormes propiedades,
cientos de sirvientes e incluso ejércitos privados y disfrutaban reprimiendo cruelmente a los
seguidores de los antiguos cultos que habitaban en las áreas rurales, a quienes llamaban
paganos (pagano significa “habitante del campo”).
El cristianismo comenzó en esta época sangrientas persecuciones religiosas que
culminaron con el asesinato de cientos de seguidores de las antiguas culturas. A su vez los
científicos y filósofos fueron perseguidos a muerte por todo el Imperio. Ya antes de los
edictos de Teodosio, las hordas de fanáticos cristianos destruyeron la biblioteca de
Antioquía, quemando los preciados libros en enormes hogueras, y matando salvajemente
a todos los filósofos de la ciudad. En Alejandría fueron quemados la “Biblioteca de
Alejandría” y el gran templo de Serapis. Por todas partes los templos fueron arrasados,
convertidos en establos e incluso en burdeles. Incluso los juegos Olímpicos fueron
prohibidos.
Finalmente, casi todos los templos y estatuas fueron destruidos, pocos escaparon a la furia
cristiana. Millones de libros científicos y filosóficos fueron quemados. Miles de filósofos,
científicos, astrólogos y campesinos murieron salvajemente. Así pues, cientos de miles de
ciudadanos del Imperio preferían la llegada de las tribus germanas para escapar de la
barbarie desatada por los locos y fanáticos obispos cristianos. Pocos querían defender un
Imperio en el que el emperador se había convertido en un tirano, en el que la lenta y costosa
burocracia mataba de hambre a los campesinos, en el que los obispos tenían poder
absoluto sobre la vida y la muerte, llevando la oscuridad a la luz cultural del Imperio.
El Imperio Romano que sucumbió a las invasiones de germanos era un imperio feudal,
preso de sus propios errores y debilidades, con una población que odiaba a sus
gobernantes y con emperadores imbuidos en sus falsos sueños de poder absoluto, riquezas
inmensas, despilfarro e inmoralidad. Un Imperio que habría hecho revolverse en sus tumbas
al gran Julio Cesar y al primer emperador, Octavio Augusto.
Felizmente, el Imperio de Oriente conservó en gran medida la cultura y disciplina romana,
y por ello sobrevivió. El Imperio Romano de Occidente se convirtió en un monstruo a raíz
de la crisis del siglo III, la verdadera causa de su caída fue que acabó devorándose a sí
mismo, acabando con lo más importante del Imperio: la esperanza y los sueños de la gente
que lo habita.
Análisis
Como bien un autor menciona, “la caída del imperio era inevitable, y que debíamos estudiar
es porque no cayó antes”, lo que marco su caída fueron la corrupción existente en el
gobierno, y la forma en la que controlaban sus tropas, que poco a poco se fueron llenando,
no de soldados romanos, sino de bárbaros y otros soldados ajenos a Roma

EL FEUDALISMO
Marco teórico
Es un sistema político, social y económico que se formó en Europa Occidental luego del
imperio Carolingio, entre los siglos IX y XIII. Este sistema se basa en las relaciones
personales entre el señor feudal y su vasallo.
¿Por qué se inicia el Feudalismo?
El debilitamiento del poder real, después de la muerte de Carlomagno, había hecho resurgir
el poder de los nobles. A esto se sumó las invasiones bárbaras por el siglo IX, que crearon
inseguridad, ya que los reyes no pudieron defender a sus súbditos eficazmente. Es así
como nace un señor poderoso que protegía a los más débiles a cambio de tierras. A su vez,
el noble exigía la obediencia de los campesinos, a cambio de la protección que les daba
frente a los ataques de los invasores. Con esto la autoridad de estos nobles terminó
reemplazando a la de los reyes.
Las ciudades desaparecieron y toda la actividad económica y social se desarrolló en el
feudo, por lo que se produjo un estancamiento del comercio y poca circulación de moneda.
Se practicó una economía de tipo agrícola y de autosubsistencia o autarquía, es decir,
debían satisfacer sus necesidades con lo que se producía el feudo.
¿Cómo se organizaba la sociedad feudal?
Gracias a la inseguridad, la pérdida del poder central y las protecciones, se crea una
sociedad dividida en estamentos. Entre estos estamentos se distinguían grupos
privilegiados (nobleza, caballeros y clero) y no privilegiados (campesinos o villanos y
siervos). Constituían lo que se ha llamado la pirámide feudal.
Estamentos: Grupos sociales establecidos por la sangre, no se podía pasar de uno a otro.
Grupos sociales:

 Rey: Gobierna con plenos poderes políticos ante sus súbditos


 Nobleza o señores feudales: Defiende de las invasiones, protege a los vasallos,
hacer la guerra, imparte justicia. Tienen grandes títulos: duques, condes,
marqueses, etc.quienes eran propietario de los castillos.
 Clero: eran los monjes y los sacerdotes, quienes desarrollaban su vida en los
monasterios, practicando determinadas reglas, que les permitían consagrar su vida
a Dios. Cada monasterio tenía y administraba sus propios bienes, por lo que
actuaban como feudos. El clero se administraba desde Roma a través de los
Obispos y Arzobispos, quienes actuaban como señores feudales.
 Caballeros: Grupo especial que se desarrolló entre los nobles, que eran los hombres
encargados de defender al feudo y su población en caso de ataque. Luchaban a
caballo y usaban armas como lanzas, mazos y escudos.
 Campesinos o villanos: eran familias que se ponían bajo el amparo de los señores
feudales, trabajando sus tierras. Por esto ellos pagaban con parte de sus cosechas
y algunos días prestaban servicios exclusivos.
 Siervos: Era la mayor parte de la población. Estaban obligados a trabajar como
esclavos, privados de sus derechos más elementales.
Relación de vasallaje
El Rey entregaba al noble el feudo y lo convertía en su vasallo, quien a cambio le juraba
fidelidad y se comprometía a ayudarlo militarmente. Por su parte, el señor feudal (vasallos
del rey) tenía sus propios vasallos, pues otros nobles de menor rango, se ponían bajo su
protección al igual que todos los habitantes de su feudo, a cambio de ayuda militar, además
de contribuir a la administración y aplicación de la justicia.
Para convertirse en vasallo había que cumplir una ceremonia, el homenaje de la investidura,
donde se juraba fidelidad al señor (rey o noble de mayor rango) y este le daba protección.

Esta ceremonia consistía en que, el vasallo, sin armas, se arrodillaba y colocaba sus manos
entre las de su señor. Luego se continuaba con el juramento de fidelidad sobre una Biblia
o una reliquia. Finalmente, el señor hacía entrega de un símbolo de la investidura (un
puñado de tierra, una bandera, un anillo, espada, etc.) que representaba el dominio
concedido.
El Feudo
El feudo eran los bienes que el rey otorgaba a un noble (Los señores feudales). El feudo
incluía tierras de cultivo y de pastoreo, los derechos de explotación sobre ellas y la
población que las habitaba. Cada feudo se componía de varias partes:

 El Castillo: Vivienda del Señor Feudal.


 Tierras Comunales: Tierras pertenecientes a todo el Feudo (bosques y pastos para
el ganado).
 Aldea: Vivienda de los campesinos.
 Mansos: Tierras cedidas por el señor a los campesinos.
 Reserva Señorial: Tierra reservada para el señor. La cultivan los siervos.

Los campesinos para tener derecho a los mansos debían jurar fidelidad y ayuda al señor
mientras este les daba protección. El campesino debía trabajar las tierras de la reserva
señorial unos días por semana y pagar impuestos por la explotación de los mansos y el uso
de los recursos del feudo (molinos, madera, etc.).
¿Cuáles eran los deberes de señores y vasallos?
Deberes del Vasallo

 Trabajo en la reserva señorial.


 Pago de impuesto por el uso de la tierra.
 Ayuda militar.
 Consejo
Deberes del Señor:

 Cesión del manso.


 Protección militar.
 Protección económica.
 Cesión de tierras comunales.
Análisis
Feudalismo:
Fue un régimen social basado en una red de relaciones de dependencia personal, que
permitió la tenencia de tierras (los feudos), y la explotación y confiscación de rentas a los
campesinos (la servidumbre)
Dichas dependencias daban al rey la facilidad de aprovecharse de los campesinos y
ciervos, en algunos casos llegaban a los abusos, imponían medidas a su conveniencia,
como las pernadas o pernoctas, con la que podían abusar sexualmente de las mujeres
campesinas

LAS CIUDADES ESTADO MEDIOEVALES


Marco teórico
Durante la Baja Edad Media, algunas ciudades alcanzaron la categoría de verdaderas
ciudades-Estado, las cuales, gracias al desarrollo del comercio y de la burguesía favorecido
por la debilidad del feudalismo y del poder imperial alemán, alcanzaron dicho estatus en el
Norte de Italia y en torno a vías fluviales importantes (los ríos Rin, Elba, etc.) y en torno al
Mar del Norte y el Mar Báltico. Si bien Venecia se demostró como ciudad-Estado desde la
Alta Edad Media, fue entre los siglos XII al XVII que este sistema organizativo alcanzó su
mayor auge: se destacaron en Italia Milán, Florencia, Génova, Pisa, Bolonia, Amalfi. En el
resto de Europa destacaban Brujas, Gante, Lübeck, Rostock, Wismar, Stralsund,
Greifswald, Stettin, Gdańsk, Elbing. En estas ciudades la burguesía se instaló rápidamente
en el poder y organizó a sus ciudades en ligas llamadas "hansas", encargadas de promover
y proteger el comercio y las rutas por los que fluía. La "Liga Hanseática" fue su expresión
más importante. Por lo general formaban pequeñas repúblicas oligárquicas y plutocráticas,
y en Italia, a finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna, estaban gobernadas por
poderosas familias nobles que ejercieron la tiranía (Sforza, Visconti, Médici, etc.). Su
decadencia política comenzó al ser paulatinamente absorbidas por los Estados absolutistas
de la Edad Moderna y al ser dejadas de lado por el gran comercio transatlántico.
En el este la influencia bizantina sobre las goroda o ciudades - mercado de los comerciantes
suecos comenzó ya en el siglo X. Esta influencia resultó importante para el desarrollo de la
cultura rusa y la consolidación de sus entidades políticas, en especial después de la difusión
del cristianismo ortodoxo.
Muchas de estas ciudades llegaron a controlar territorios extensos, formando verdaderos
reinos o Estados alrededor del centro urbano original (por ejemplo, el Gran Ducado de
Moscú).
Análisis
La debilidad del feudalismo fue, al ser un sistema político cerrado, no existía intercambios
comerciales entre distintos feudos, por ende, en las épocas de desabastecimiento de
alimentos debido a sequias u otros problemas, los campesinos sufrían hambruna, o en
épocas de sobreproducción los alimentos se malograban. Esta necesidad de poder
comercializar con los productos que generaban, ocasionó la aparición de ciudades estado,
y así poder comercializar con otros feudos.

EL RENACIMIENTO DEL COMERCIO Y LA REVOLUCIÓN BURGUESA


Marco teórico
ORDEN EN EL PODER DEL SIGLO XII
La burguesía es una clase social que surgió en Europa en la Edad Media (siglos XI y XII),
con el renacimiento urbano y comercial. Se dedicó al comercio de bienes (ropa, joyas,
especias) y servicios (actividades financieras).
CUANDO INICIA LA BURGUESIA
La burguesía es el nuevo agente social formado por los artesanos y mercaderes que surgen
en el entorno de las ciudades, bien en las antiguas ciudades romanas que habían decaído
siglo XII, bien en nuevos núcleos creados en torno a castillos o cruces de caminos -los
propiamente llamados burgos-. Muchas de estas ciudades incorporaron ese nombre -
Hamburgo, Magdeburgo, Friburgo, Estrasburgo; en España Burgo de Osma o Burgos-
DESARROLLO
La burguesía creció a lo largo de los siglos y en el siglo XVIII expresaron ideológicamente
sus valores e intereses, como el individuo, el trabajo, la innovación, el progreso, la felicidad,
la libertad, la igualdad de condiciones (resumidos en el lema revolucionario francés:
"Liberté, égalité, fraternité"), participaron activamente en la Revolución Francesa e
Industrial, y fueron despreciados por la nobleza.
SEGUN KARL MARX
Es una clase social del régimen capitalista, en la que sus miembros son responsables de la
producción, son dueños de su propio negocio, y son el opuesto de la clase obrera.
COMERCIO
COMERCIO EN EL MEDIEVO
A la hora de hablar del comercio en la Edad Media hay que tener en cuenta un "antes" y un
"después" que podría datarse en el renacer cultural, económico y social acaecido en el siglo
XI.
La burguesía se divide en tres categorías: la alta burguesía, que es responsable de los
medios de producción; la burguesía media, que son las personas que ejercen una profesión
liberal; y la baja burguesía, que son las personas de la industria y del comercio.
COMERCIO LOCAL
Una parte de estas actividades comerciales medievales tenían carácter local. En este
sentido, las ciudades desempeñaban el papel de mercados para las zonas agrícolas
vecinas.
EL TRUEQUE
El trueque es especialmente común en las zonas más aisladas de Europa, en mercados y
ferias de villas y pueblos, en el mercado comunal de la ciudad, entre particulares de la plebe
y en muchos casos entre artesanos

LAS FERIAS COMERCIALES


Fueron De Suma Importancia para el desarrollo del Comercio Medieval. donde multitudes
de gente se dedicaban a la compra y venta de muy variados productos. estas ferias causan
de que exista una Circulación enorme de Monedas de Oro y plata.
RESULTADOS DEL COMERCIO BURGUES
La actividad comercial definió los perfiles de un nuevo grupo llamado a ejercer un
indiscutible protagonismo en la activación de la economía europea y en su evolución hacia
formas capitalistas. Las principales ciudades portuarias y mercantiles del Continente
constituyeron el ámbito natural de desarrollo de esta burguesía negociante
Surge la burguesía mercantil, formaba un grupo experto en el manejo de las complicadas
técnicas comerciales y que controlaba las redes del tráfico internacional de mercancías.
Análisis
Debido a la comercialización entre feudos, es que aparecen los comerciantes, y poco a
poco estos queriendo abrir más mercado para poder comercializar, ocasionan la caída del
sistema feudal a una sociedad reinada por comerciantes que poco a poco van ganando
poder, es por ello que el desarrollo del comercio va íntimamente ligado con la evolución de
la burguesía
LA REVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA
Marco teórico
La revolución demográfica es uno de los aspectos fundamentales de la revolución
económica que el mundo entero conoció en el siglo XIX. Y eso fue especialmente notable
en el continente europeo. Durante todos los siglos anteriores la población de Europa había
ido aumentando lentamente hasta alcanzar los 180.000.000 de habitantes. Desde entonces
comenzó a crecer de una forma vertiginosa, de tal manera que a mediados de la centuria
decimonónica había ya 266.000.000 de europeos. Aunque en África y Oceanía, las cifras
de las que disponemos nos indican una estabilidad de sus poblaciones respectivas entre
1800 y 1850 -100.000.000 para África y 2.000.000 para Oceanía- en el continente asiático
se experimentó un crecimiento demográfico considerable, al pasar de una población de
602.000.000 de habitantes a una de 749.000.000. Pero, sin duda, el continente que
experimentó una mayor tasa de crecimiento entre estas dos fechas fue el continente
americano, donde se pasó de los 24.600.000 a los 59.000.000.En total, y resumiendo las
cifras que nos proporcionan especialistas en demografía histórica, como Carr Saunders,
Ploetz, o los historiadores de la escuela de Berkeley, podemos decir que el mundo pasó de
908 millones de habitantes a 1.176.000.000.Para explicar este crecimiento demográfico se
han sugerido varias razones, aunque resulta difícil determinar qué proporción le
corresponde a cada una de ellas en el fenómeno. Lo primero que parece claro es que dicho
crecimiento se debió más a la disminución de la tasa de mortandad que al incremento de la
tasa de natalidad. Las poblaciones aumentaron, no tanto por el hecho de que naciesen más
niños, sino porque sobrevivían en mayor número y porque permanecían vivos un mayor
número de años. Entre las causas probables de una disminución de la mortandad,
especialmente en Europa, hay que contar la del aumento de las condiciones de seguridad
y de orden público establecidas en muchos países desde comienzos del siglo XVIII, con la
consiguiente disminución del bandidaje, de la violencia e incluso los enfrentamientos
religiosos. Pero una razón de peso que explica este descenso es la del avance de las
ciencias médicas y de la higiene que se produjo en el Setecientos. El desarrollo de la
medicina contribuyó a liberar a los países occidentales de las terribles epidemias, como la
peste, que habían azotado sistemáticamente a su población durante siglos. De esa forma,
enfermedades y males que habían afectado no solamente a los seres humanos, sino a los
ganados y a las cosechas, comenzaron a ser dominados y con ello se remediaron
problemas de abastecimiento a las poblaciones y se solucionaron en buena parte las crisis
de subsistencias y la carencia de alimentos de primera necesidad. Por otra parte, la mejora
de los transportes, primero a través de los caminos y los canales, y más tarde con la
aparición del ferrocarril con todas sus ventajas de rapidez y de capacidad de carga, hizo
posible la disminución de las hambrunas y de las carestías en lugares localizados. A partir
de 1800 tuvo lugar una auténtica revolución agrícola en Europa que produjo un notable
incremento de la producción. Eso hizo posible alimentar el creciente número de personas
que poblaba el continente. En los Estados Unidos, aunque el crecimiento fue aún mayor,
no existían problemas de alimentación, pues siempre había tierras abundantes en el Oeste
capaces de producir más de lo necesario. Sin embargo, en Europa, donde las mejores
tierras estaban ya siendo cultivadas, sólo existían dos medios para adaptar la producción a
la creciente demanda de alimentos: o bien mediante la intensificación de los cultivos, o
mediante la importación de productos desde el exterior. Ambos métodos se utilizaron.
Mediante el cultivo de raíces en invierno, como el nabo y la remolacha, y de alfalfa y otros
pastos, el viejo método de tres hojas mediante el que un tercio de la tierra se dejaba sin
cultivar cada año, dio paso al sistema de rotación de cuatro hojas. Así se utilizaba la tierra
todo el año y se obtenía alimentación para el ganado durante todo el invierno. A su vez, el
aumento de la ganadería facilitaba mayor cantidad de carne y de leche para la alimentación
humana y al mismo tiempo ofrecía mayores facilidades para el trabajo de la tierra. Por otra
parte, la utilización de medios de transporte más baratos y más rápidos, hizo posible que
los grandes productores de granos, como los Estados Unidos, Canadá y más tarde
Australia, pudiesen actuar como depósitos de reserva para el siempre deficitario continente
europeo. Naturalmente, el crecimiento de la población variaba mucho de un país a otro y
de uno a otro continente. Gran Bretaña tenía una población de 18.500.000 habitantes en
1811, y dobló esta cifra a lo largo del siglo. Francia, al contrario que la mayor parte de los
países del continente europeo, experimentó en el primer tercio del siglo XIX un crecimiento
muy lento. En efecto, en 1800, Francia tenía cerca de 28.000.000 de habitantes, es decir,
casi 7.000.000 más que Alemania en su conjunto. A mediados del siglo, la superioridad de
su población sobre la de Alemania era solamente de 700.000 habitantes. Se podrían dar
muchas explicaciones al fenómeno, pero además de las guerras y de las campañas de
principios de siglo, hay que tener en cuenta el descenso de la tasa de natalidad, que, si en
1816 era del 33 por 1.000, en 1831 cayó al 30 por 1.000. También Italia y España crecieron
menos rápidamente desde el punto de vista demográfico en los treinta primeros años del
siglo, habiéndose señalado para el caso español como causas fundamentales las de las
guerras con la Francia napoleónica y la crisis provocada por la independencia de sus
colonias en América. Rusia dobló su población en la primera mitad del siglo, gracias a una
tasa de natalidad importante, aunque también hay que señalar que conoció una mortalidad
bastante fuerte durante esta época. Pero su crecimiento se debió sobre todo a la expansión
que experimentó hacia el Este. Se ha señalado que la lentitud de Rusia en adoptar un
sistema de agricultura más intensiva fue debido en gran parte a las posibilidades de
colonización que ofrecían las tierras asiáticas de los bosques y de las estepas. Esta
expansión sirvió para reforzar el poder de los zares y aumentar sus dominios, aunque se
vieran obligados a defender unas difíciles y lejanas fronteras. Esta evolución demográfica
de Europa tuvo unas importantes consecuencias. El considerable aumento de su población
contribuyó a desestabilizar el orden político y social. Se buscaron continuamente nuevas
formas y sistemas capaces de satisfacer las necesidades de unos nuevos tiempos para los
que las viejas instituciones políticas y la antigua organización social ya no servían. En el
orden económico, la necesidad de crear y distribuir nuevas riquezas dio lugar a la aparición
de un constante espíritu de innovación y de inversiones en la explotación de nuevas formas
de producción que desembocaron en la llamada "revolución industrial". Con todo, el
crecimiento económico no fue paralelo al crecimiento demográfico y ello dio lugar también
a la aparición del fenómeno de la emigración de la población excedente. En Iberoamérica,
a pesar del aumento demográfico durante este periodo, la inmensidad del territorio hacía
que la densidad de población fuese muy escasa. En la Argentina, la población llegaba
escasamente a los 700.000 habitantes en 1830, mientras que, en Brasil, un país en el que
la emigración era ya en esta época considerable, existía una población de 5.000.000 de
habitantes a mediados de la centuria. Aunque en Argentina apenas existía problema racial,
en el resto de los países de la América hispana la población estaba compuesta por indios,
mestizos, negros y descendientes de los españoles que habían colonizado aquellos
territorios y que recibían el nombre de criollos. En África y en Asia, las cifras de población
son mal conocidas en esta época. En el norte de África, Egipto, Libia, Argelia, Túnez y
Marruecos no tenían a comienzos de siglo en su conjunto más allá de 10.000.000 de
habitantes. En el África central se calcula una escasa población que no pasaba de los
100.000 habitantes, aunque sí se sabe que en esta época su población negra se hallaba
en vías de recuperación después de las extraordinarias sangrías que había supuesto la
trata de esclavos durante los siglos XVII y XVIII. Por otra parte, en África el régimen
demográfico se hallaba perturbado por una escasa natalidad, por una extraordinaria
incidencia de las endemias como la malaria o la enfermedad del sueño, y por una
mortandad infantil muy elevada. En el sur del continente, la colonia del Cabo, Natal, el
Transvaal y Rodesia comenzaban a conocer un cierto crecimiento a causa de la emigración
de europeos, esencialmente de británicos y, a partir de mediados del siglo, de indios. De
todas formas, todos ellos seguían formando una minoría de 500.000 personas, frente a los
2.000.000 de negros, fundamentalmente bantús. En lo que respecta al continente asiático,
salvo en el caso del Japón, las estimaciones de cifras poblacionales son poco seguras. La
China parece que dobló su población entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX. La
prosperidad que alcanzó el país durante la dinastía Manchú favoreció la expansión
demográfica y aunque se dictaron medidas prohibiendo la expatriación, la presión
demográfica se hizo tan fuerte alrededor de 1800, que esas medidas dejaron de cumplirse.
Los chinos se extendieron por todos los territorios del sudeste de Asia, donde crearon
verdaderas colonias, pasando a partir de mediados de siglo a otros territorios de Oceanía
y América.Frente al rápido crecimiento de la población china, el Japón conoció un
estancamiento demográfico entre 1750 y 1850, pasando sólo de 26 a 27.000.000 de
habitantes. Habría que esperar a la entrada del Japón en la era moderna con la dinastía
Meiji para presenciar un crecimiento rápido de su población. En la India, la situación
demográfica evolucionó de una manera parecida a como lo hizo en China durante el mismo
periodo de tiempo. La tasa de natalidad en aquel país era extraordinariamente elevada,
sobrepasando el 50 por 1.000 hasta más allá de los años centrales del siglo XIX. Sin
embargo, la mortandad también era muy elevada y podía alcanzar una tasa del 60 por 1.000
en épocas de crisis económica. El régimen de lluvias era lo que establecía la posibilidad de
una buena o una mala cosecha, pero incluso en el caso de buena cosecha, una parte
importante de la población pasaba hambre. De otra parte, las epidemias resultaban
catastróficas también en el plano demográfico y las víctimas alcanzaban a veces el número
de los 10.000.000. Se calcula que a comienzos del siglo XIX había en la India alrededor de
150.000.000 de habitantes y que a mediados de la centuria esta cifra se había elevado
hasta los 175.000. 000.En las Indias neerlandesas, y especialmente en la isla de Java, se
experimentó un crecimiento poblacional considerable, de tal manera que su población pasó
de 4.500.000 en 1816 a 12.000.000 a mediados de siglo. En cuanto a Siam y a Indochina
las estimaciones que poseemos para esta época son poco fiables y hasta la introducción
de una administración de tipo europeo hacia 1870, no habrá cifras seguras. En Australia,
hasta 1821 sólo podían contarse los 150.000 prisioneros que fueron allí deportados, pero a
partir de esa fecha en que se autorizó la emigración libre, se asentaron en aquellas tierras
muchos ingleses y alemanes. En 1841 en Australia había sólo 220.000 habitantes y desde
entonces la emigración aumentó de forma considerable. En Nueva Zelanda, donde la
población autóctona maori se calculaba a principios de siglo en 250.000, los europeos no
pasaban de 2.000. Pero mientras éstos fueron creciendo en número a partir de entonces,
los maoris disminuyeron sensiblemente a causa de las epidemias y de las guerras que
mantuvieron con los blancos.
Análisis
La revolución demográfica se debió principalmente a la revolución industrial por busca de
trabajo, los campesinos migran a las ciudades para trabajar en las fábricas, o sea el antiguo
agricultor ahora está trabajando en una fábrica, etc.
Esto en fue “beneficioso” para los comerciantes, ya que, de estos campesinos pueden
obtener mano de obra barata y encima explotarlos.

EL SURGIMIENTO DE LOS ESTADOS NACIONALES


Marco teórico
Un Estado nación es una forma de organización política que se caracteriza por tener un
territorio claramente delimitado, una población relativamente constante, y un gobierno.
El Estado nación nace, históricamente, mediante el tratado de Westfalia, al final de la guerra
de los Treinta Años (1648). Mediante este tratado se acaba con el antiguo orden feudal y
se da paso a organizaciones territoriales definidas entorno a un gobierno que reconoce sus
límites espaciales y de poder.
Desarrollo del concepto del Estado nacional
El proceso de construcción histórica del Estado moderno no consistió solamente en un
desplazamiento de otras instituciones, sino su completa renovación, su predominio con las
nuevas autoridades de la nación, creando un orden social nuevo (liberal, burgués y
capitalista), al eliminarse las otras formas estamentales de origen feudal del Antiguo
Régimen mediante un triple proceso revolucionario: Revolución liberal, Revolución
burguesa y Revolución industrial.
Sin embargo, el proceso distó de ser una revolución instantánea, pues a pesar de que se
produjeron periódicamente estallidos revolucionarios (Revuelta de Flandes, Revolución
inglesa, Revolución estadounidense, Revolución francesa, Revolución de 1820, Revolución
de 1830, Revolución de 1848), como proceso de larga duración, lo que tuvo lugar fue una
evolución y transformación lenta de las monarquías feudales. Primero se transformaron en
monarquías autoritarias y luego en monarquías absolutas, que durante el Antiguo Régimen
fueron conformando la personalidad de naciones y Estados con base en alianzas
territoriales y sociales cambiantes de la monarquía; tanto de unas monarquías con otras
como de cada monarquía en su interior: en lo social con la ascendente burguesía y con los
estamentos privilegiados, y en lo espacial con el mantenimiento o vulneración de los
privilegios territoriales y locales (fueros).
El racionalismo creó la idea del "ciudadano", el individuo que reconoce al Estado como su
ámbito legal. Creó un sistema de derecho uniforme en todo el territorio y la idea de "igualdad
legal".
Las distintas escuelas de ciencia política definen de diversas maneras el concepto del
Estado nación. Sin embargo, en la mayoría de los casos se reconoce que las naciones,
grupos humanos identificados por características culturales, tienden a formar Estados con
base en esas similitudes. Cabe anotar que bajo esta misma óptica la nación es un
agrupamiento humano, delimitado por las similitudes culturales (lengua, religión) y físicas
(tipología). Un Estado puede albergar a varias naciones en su espacio territorial y una
nación puede estar dispersa a través de varios Estados.
Si bien el Estado nación se comenzó a formar cerca del año 1648 (Tratado de Westfalia),
las instituciones políticas de esta entidad tienen un desarrollo que se puede rastrear hasta
una maduración en 1789 (Revolución francesa). Los modelos de agrupación en torno a una
autoridad central siguen dos visiones contrapuestas, pesimista y optimista, acerca del
hombre en estado de naturaleza, marcadas por los trabajos filosófico-políticos de Hobbes
y Rousseau, sin excluir otras tradiciones del pensamiento político: el concepto platónico de
República o la Política de Aristóteles, y el funcionamiento y las políticas de la democracia
ateniense y la República romana en la Edad Antigua; los debates de la Edad Media entre
los poderes universales y el intento fallido del conciliarismo (concilio de Constanza de 1413,
concilio de Florencia o concilio de Basilea de 1431); o en la Edad Moderna el
establecimiento del ius gentium, los justos títulos y el tiranicidio por los españoles de la
Escuela de Salamanca -Bartolomé de las Casas, padre Mariana- o el holandés Grotius, el
humanismo de Nicolás de Cusa, el racionalismo de Leibniz o el empirismo de Locke; todos
ellos refundidos y retomados por la Ilustración europea (primero Montesquieu y luego los
enciclopedistas), así como la percepción de ejemplos de algunas experiencias políticas
indígenas americanas -las comunidades precolombinas en las Antillas, el mito de El
Dorado, el imperio incaico del Tahuantinsuyo o la confederación iroquesa- que vistas desde
la perspectiva eurocéntrica conformaron la idea del buen salvaje y el utopismo. La primera
plasmación política textual de este proceso intelectual fueron los textos de la Revolución
estadounidense: la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (4 de julio de
1776) y la Constitución de 1787.
Nosotros, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta,
establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el
bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los
beneficios de la Libertad, estatuimos y sancionamos esta CONSTITUCIÓN para los
Estados Unidos de América.
Esta idea del Estado implicaba su surgimiento ante la necesidad armonizar los intereses
del individuo y la comunidad de obtener al tiempo seguridad y libertad; y para garantizar el
derecho de propiedad, como un desarrollo natural de la cooperación entre los individuos en
su egoísta búsqueda de la felicidad a través del propio interés (teoría de la mano invisible
de Adam Smith).
El desarrollo del concepto había generado, a partir del siglo XVII, los primeros mapas
europeos de naciones-Estado, donde las fronteras se pretendían establecer firmemente
para garantizar la paz, al menos en principio, puesto que la estabilidad de las fronteras
nunca se consiguió. A la par de este desarrollo de concepto se busca justificar la existencia
de un Estado nación natural, delimitado por fronteras naturales en contraposición con la
idea de la nación como producto de las similitudes culturales. Este tipo de concepción
territorial del Estado llevará a la conformación de Estados imperiales, más que nacionales,
donde se agrupan varias comunidades nacionales bajo una misma autoridad estatal
centralizada, que entran en conflictos debido a sus profundas diferencias culturales,
acendradas en tiempos de depresión económica.
Las naciones divididas o dispersas en distintos Estados también generaban conflictos de
muy difícil solución (caso del pueblo judío, el kurdo o el gitano). En otros casos las
comunidades de una misma nación eliminan las fronteras, de manera que hay libre tránsito
a través de fronteras, como es el caso de los indígenas del norte de México y el sur de
EUA.[cita requerida]
Debido a factores como fronteras cerradas, grupos nacionales muy pequeños y procesos
históricos complejos, resulta poco práctico (según la perspectiva política, económica y
social de los Estados modernos) reintegrar la soberanía o permitir el surgimiento de
naciones alternativas de tamaño menor que las que conforman a los Estados modernos. La
identificación del Estado nacional con el mercado nacional, de un tamaño suficiente para
permitir a la burguesía el desarrollo del mercado capitalista, se potencia en el periodo de
desarrollo de la Revolución industrial (siglo XIX), simultáneo al periodo conocido como
nacionalismo, en el que se inician los movimientos nacionalistas contemporáneos.
Esta tendencia a la adecuación entre el tamaño del mercado y el tamaño del Estado se
complementó con los imperios coloniales en la denominada época del imperialismo (1870-
1914), proceso que fue identificado y analizado en aquel momento por Hobson y Lenin. La
Primera Guerra Mundial, que disolvió los grandes imperios (II Imperio Alemán, Imperio
austrohúngaro, Imperio otomano e Imperio ruso), terminó, por un lado con el intento de
construcción de un Estado socialista (la Unión Soviética) y, por otro, con el intento de
aplicación al resto de Europa de los catorce puntos de Wilson, que matizados por las
potencias vencedoras en los tratados de paz (Tratado de Versalles), condujeron a una
política de plebiscitos en que las poblaciones deberían elegir el Estado en que querían vivir
(por ejemplo, el Sarre), lo que en la Europa Oriental no garantizó unas fronteras seguras ni
una estabilidad que pudiera evitar la explotación de un extendido sentimiento de victimismo
nacionalista por los fascismos y el estallido de una nueva guerra (la Segunda Guerra
Mundial), tras la cual se optó por traslados forzosos y masivos de las poblaciones y una
política de bloques.
El término Estado nacional, que suele utilizarse indistintamente junto al término Estado, se
refiere más propiamente a un Estado identificado con una sola nación. Tras el proceso de
descolonización de mediados del siglo XX, esta forma de Estado ha llegado a ser la más
común, de modo que la inmensa mayoría de los Estados se consideran Estados nacionales.
Sin embargo, nunca a lo largo de la historia ha habido una identidad indiscutida entre ambos
términos (Estado y nación) y siempre ha habido objeciones sobre la identificación con una
sola nación de cualquiera de los Estados existentes, tanto de los que se consideran
ejemplos de Estado nacional desde finales de la Edad Media (Francia, ejemplo de
centralismo y de nación construida con los mecanismos unificadores de la sociedad por el
Estado) como de los surgidos de movimientos unificadores románticos (Unificación de
Alemania y Unificación de Italia). Esto hace aún más difícil la pregunta sobre qué es una
nación. Hay muchos Estados, como Bélgica y Suiza, con múltiples idiomas, religiones o
grupos étnicos dentro de ellos, sin que ninguno sea claramente dominante. A menudo (y
especialmente en el caso de Suiza y los Estados Unidos) una identidad nacional ha sido
construida desafiando esas diferencias. Un mejor ejemplo de Estado plurinacional sería el
Reino Unido, constituido por cuatro naciones: Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y Gales,
lo que no implica que predomine la conciencia nacional sobre el concepto de lo british (para
algunos lo más próximo a una nación británica).
El concepto de Estado de las autonomías surgido de la vigente Constitución Española de
1978 (que se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e
indivisible de todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las
nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas -artículo 2-) es
interpretado de forma distinta por cada fuerza política española, desde posturas centralistas
hasta otras que entienden a España como una Nación de naciones, desde un denominado
patriotismo constitucional a un nacionalismo español más tradicional, y desde las
reivindicaciones independentistas entre los nacionalismos periféricos, a las de los que a
veces se denominan regionalistas y a veces nacionalistas moderados.
Estado nación y globalización
La descolonización y la creación de entidades supranacionales caracterizaron la segunda
mitad del siglo XX y significaron un cuestionamiento de la utilidad de la escala nacional o
imperial-colonial que había marcado al siglo XIX y la primera mitad del XX.10 Tal
cuestionamiento se ejemplificó especialmente en el Mercado Común Europeo (luego
redenominado Unión Europea), tomado como modelo de integración por otras
organizaciones internacionales de ámbito económico (Pacto Andino, ASEAN, MERCOSUR,
NAFTA), y en menor medida por las instituciones militares (OTAN y Pacto de Varsovia)
durante la guerra fría, o por la cúspide de las relaciones internacionales que es la ONU y
sus agencias.
Un cambio de tendencia supuso la caída del muro de Berlín y la desaparición del bloque
comunista y de la Unión Soviética (1989-1991), que representó la transición al capitalismo
de los países de su entorno, así como la que por su propia cuenta venía realizando China,
que los había precedido (políticas denominadas un país, dos sistemas y cuatro
modernizaciones). Se habló de una renacionalización de las relaciones internacionales, en
un contexto mucho más violento de las relaciones internacionales, lejos del pronosticado
Fin de la Historia (Francis Fukuyama) y más cercano al llamado choque de civilizaciones
(Samuel Phillips Huntington), evidenciado por el islamismo radical. Aparecieron varios
Estados nuevos en Europa, el Cáucaso y Asia Central por descomposición de la Unión
Soviética, Yugoslavia y Checoslovaquia; en África por la independencia de Eritrea frente a
Etiopía y de Sudán del Sur frente a Sudán; y en la zona insular entre el océano Índico y el
Pacífico por la de Timor Oriental (ex-colonia portuguesa previamente anexionada por
Indonesia).
La globalización, además de permitir nuevas redes sociales ajenas a los poderes estatales
(lo que se ha denominado el quinto poder), da mayor poder a las instituciones económicas
(Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) y a los agentes económicos
(especialmente a las grandes multinacionales) que a las instituciones políticas tradicionales,
incluidos los Estados,11 sobre todo con la tendencia de estos a un menor tamaño (por los
procesos de independencia) y poder (por los procesos de cesión de soberanía a las
instituciones supranacionales y a las entidades regionales dentro de sus propias fronteras,
lo que se ha denominado el sexto poder.
Análisis
El factor que estimuló a la formación de estados nacionales fue el nacionalismo, esa idea
de sentimiento de unidad comunitaria que fomenta el deseo de los pueblos a que sus
fronteras políticas también sean los territoriales, y estos a su vez fueron influenciados por
el romanticismo

BIBLIOGRAFÍA
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