Acto de consagración de las promesas legionarias – Fiesta de Acies
Terminada la homilía, el celebrante, habla brevemente sobre el Acies y su importancia en la Legión de María, si
lo cree oportuno, puede decir lo siguiente:
Dada la importancia que tiene para la Legión la devoción a María, cada año se
consagrarán a Ella los legionarios, individual y colectivamente, el día 25 de marzo -o en una
fecha lo más cercana a ésta- en un acto solemne llamado Acies.
Esta voz latina -que significa un ejército en orden de batalla- designa con propiedad la
ceremonia en que se reúnen los legionarios de María para renovar su homenaje a la Reina de
la Legión, y para recibir de Ella fuerza y bendición para otro año más de lucha contra las
fuerzas del mal. ¿Por qué se ha elegido la fiesta de la Anunciación? Es porque en ese día
comenzó la gran obra de la redención del mundo: el Hijo de Dios tomó carne humana en el
seno de la Virgen María. ¿Cómo se realizó esto? Por obra del Espíritu Santo; pero también
gracias al consentimiento de una mujer, María, que aceptó totalmente la voluntad de Dios. La
misión salvadora de María, su colaboración consentida a la obra de la redención, comenzó el
día de la anunciación. Para el legionario es su Promesa la que marca el día en que se entregó,
también él, a la obra de la salvación de sus hermanos, en unión con María y en las filas de la
Legión.
Renovemos, ahora nuestra consagración al Señor, por manos de María, Madre de Dios
y Madre nuestra. Queremos así expresar nuestra disponibilidad total a los planes de Dios,
siguiendo el ejemplo y guía de María. Como soldados formémonos para saludar a nuestra
Capitana y Señora. El orden de procesión será el siguiente:
Luego, el celebrante o el maestro, indica a los presentes el orden de procesión:
Sacerdote celebrante y Directores Espirituales:
Oficiales de Curia
Religiosos que son socios auxiliares
Socios activos y auxiliares.
Se inicia la procesión hacia la imagen de la Virgen. Van primero los directores espirituales, de uno en uno.
Luego los legionarios, también de uno en uno, o de dos en dos si son muchos. Al llegar al vexillum, cada uno -o
cada par- se detiene, coloca su mano en el asta del mismo y pronuncia en voz alta, como acto de consagración
individual, estas palabras:
Soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y cuanto tengo tuyo es.
Dicho esto, el legionario deja el vexillum, hace una pequeña inclinación de cabeza y se retira. Si por el crecido
número de legionarios resultase el desfile largo y monótono, se podrá amenizar el acto con alguna música
adecuada.
Vueltos a sus puestos todos los legionarios, el sacerdote incoa el acto de consagración a nuestra Señora junto con
todos los presentes.
El maestro hace la indicación para que los presentes se pongan de rodillas.
Acto de consagración colectiva
Santísima Virgen María, Reina de la Legión y Madre nuestra, henos aquí, a tus hijos
y soldados, -reunidos en torno tuyo, -en esta reunión plenaria de vuestro Ejército
Legionario. Miembros Activos y Auxiliares -nos reunimos hoy -para consagrarte
más profundamente -todo lo que somos y tenemos.
Te consagramos nuestros OJOS, -para que aprendamos a ver a los hombres -con
tu mirada, -y para que no veamos en ellos más que a tu divino Hijo. Te
consagramos nuestros LABIOS, -para que digan, en el momento oportuno, -la
palabra, llena de gracia, -que pueda tocar los corazones y conducirlos más cerca de
Dios.
Te consagramos nuestros PASOS, -para que nuestro caminar y nuestras fatigas
sean sostenidas por la fuerza de tu amor maternal-, en favor de las almas
rescatadas por tu divino Hijo.
Te consagramos nuestras MANOS, -para que podamos alargar una mano
caritativa al prójimo -que encontramos herido y maltratado a lo largo del
camino. Pero, por encima de todo, -Oh María Inmaculada, -te consagramos
nuestros CORAZONES, -para que sean puros y transparentes como una fuente, -
y no sean más que uno con el de NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. Amén.
Una vez terminado el Acto de consagración el Sacerdote, de pie, reza la siguiente oración:
OREMOS
Recibe, Señor, la consagración de tus hijos y haz que vivan de acuerdo con su dignidad
de estirpe elegida, sacerdocio regio, nación consagrada y pueblo redimido por Ti y así
expresen con sus vidas sus compromisos bautismales al servicio de la Santísima Virgen
María, Madre de tu Hijo y Madre nuestra. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
La Santa Misa continua, como de costumbre.
Después de la bendición final, de rodillas, se rezan las siguientes oraciones:
CATENA LEGIONIS
Antífona. ¿Quién es Ésta que va subiendo cual aurora naciente, bella como la
luna, brillante como el sol, terrible como un ejército formado en batalla?
Proclama mi alma la grandeza enaltece a los humildes, a los
del Señor, se alegra mi espíritu en Dios hambrientos los colma de bienes, y a los
mi Salvador; porque ha mirado la ricos los despide vacíos.
humildad de su esclava.
Auxilia a Israel, su siervo,
Desde ahora me felicitarán acordándose de su misericordia -
todas las generaciones, porque el como lo había prometido a nuestros
Poderoso ha hecho obras grandes por padres- en favor de Abraham y su
mí; su nombre es santo, y su descendencia por siempre.
misericordia llega a sus fieles de
generación en generación. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo. Como era en el
Él hace proezas con su brazo; principio, ahora y siempre por los
dispersa a los soberbios de corazón, siglos de los siglos. Amén.
derriba del trono a los poderosos,
Antífona. ¿Quién es Ésta que va subiendo cual aurora naciente, bella como la
luna, brillante como el sol, terrible como un ejército formado en batalla?
V. Oh María, sin pecado concebida,
R. Ruega por nosotros que recurrimos a Ti.
OREMOS
Oh Señor Jesucristo, medianero nuestro delante del Padre, que constituiste a la
Santísima Virgen, tu Madre, madre nuestra y medianera ante de Ti, haz que cuantos a Ti
acudieren para pedirte beneficios se gocen de haberlo conseguido todo por Ella. Amén.
ORACIONES FINALES
Bajo tu protección nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.
V. María Inmaculada, medianera de todas las gracias.
R. Ruega por nosotros.
V. Inmaculado Corazón de María
R. Ruega por nosotros
V. María, Reina de la familia
R. Ruega por nosotros
V. Santos Miguel, Gabriel y Rafael.
R. Rogad por nosotros.
V. Todas las Potestades del Cielo, Legión angélica de María.
R. Rogad por nosotros.
V. San Juan Bautista.
R. Ruega por nosotros.
V. Santos Pedro y Pablo.
R. Rogad por nosotros.
Todos dirán al unísono la siguiente oración hasta el primer Amén, y luego continuará el sacerdote solo.
OREMOS
Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de
fe en ti y confianza en Ella, a las que se ha concedido la conquista del mundo.
Concédenos una fe viva, que, animada por la caridad, nos habilite para realizar
todas nuestras acciones por puro amor a Ti, y a verte y servirte en nuestro
prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estemos
tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida; una fe valerosa,
que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilación, grandes empresas por tu
gloria y por la salvación de las almas; una fe que sea la Columna de Fuego de
nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos, que encienda en todas partes el
fuego de tu amor, que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de
muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que
guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz, para que, terminada la lucha de la
vida, nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna en el reino de tu amor y gloria.
Amén.
Las almas de nuestros legionarios, y las almas de todos los fieles difuntos
descansen en paz por la misericordia de Dios. - Amén.
V. Sagrado Corazón de Jesús.
R. En Vos confío.
V. Reina Concebida sin mancha de pecado original.
R. Ruega por nosotros.