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Las Maravillas Del Santo Nombre - Paul O Sullivan

Este documento describe las maravillas del Santo Nombre de Jesús. Explica que el nombre de Jesús es una oración poderosa, significa los méritos de la pasión y muerte de Jesucristo, y nos salva de muchos males. Alaba a Jesús y anima a los lectores a repetir su nombre con frecuencia para recibir bendiciones. Relata cómo el Papa Gregorio X promovió la repetición del nombre de Jesús para salvar al mundo de peligros en 1274, y cómo Lisboa fue salvada de una plaga en 1432 al invocar este nombre.
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Las Maravillas Del Santo Nombre - Paul O Sullivan

Este documento describe las maravillas del Santo Nombre de Jesús. Explica que el nombre de Jesús es una oración poderosa, significa los méritos de la pasión y muerte de Jesucristo, y nos salva de muchos males. Alaba a Jesús y anima a los lectores a repetir su nombre con frecuencia para recibir bendiciones. Relata cómo el Papa Gregorio X promovió la repetición del nombre de Jesús para salvar al mundo de peligros en 1274, y cómo Lisboa fue salvada de una plaga en 1432 al invocar este nombre.
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Las Maravillas del Santo Nombre

Rev. Paul O'Sullivan, OP

“Por )o cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre


sobre todo nombre, para que a) nombre de Jesús
doblen la rodilla todas las criaturas del cielo, tierra e
infierno . .- Filipenses 2:9-10 -

Por el Rvdo. Paul O'Sullivan, O.P. (E. D. M.)

"Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo


nombre, para que al nombre de Jesús doblen la rodilla todas las
criaturas del cielo, tierra e infierno . . ." -Filipenses 2:9-10

Se dedica este librito afectuosamente a la Dulce Madre de Jesús.


Nadie quiere el Nombre de Jesús tanto como Ella.

AL LECTOR
Querido Amigo,

Lee este librito despacio y con atención, no una sino muchas veces y
podrás dar gracias a Dios por el resto de tu vida.

Este libro te dará mucha felicidad y te obtendrá de Dios maravillosas


gracias y bendiciones.

Te enseñará las Maravillas del Santo Nombre de Jesús, que entienden


pocos Cristianos.

La frecuente repetición de este Nombre te salvará de muchos


sufrimientos y grandes peligros.

El mundo ahora está amenazado con las más graves calamidades.


Cada uno de nosotros puede hacer mucho para salvarse de los males
que van a venir, y ayudar mucho al mundo, a la Iglesia, y a nuestro
Santo Padre, el Papa, simplemente repitiendo con frecuencia "Jesús,
Jesús, Jesús."

-El Autor

Capitulo 1

LAS MARAVILLAS DEL SANTO NOMBRE

He oído y repetido desde la infancia el Santo Nombre de Jesús, pero


muchos, demasiados, no tienen una idea adecuada de las grandes
maravillas de este Santo Nombre.

¿Qué sabes, querido lector, del nombre de Jesús? Sabrás que es un


nombre santo y que habría que inclinar la cabeza cada vez que se
dice. Es muy poca cosa. Es como si uno viera un libro cerrado y se
fijara solamente en el titulo de la portada. No sabes nada de los
preciosos pensamientos que el libro contiene.

Así es, cuando pronuncias el nombre de Jesús, sabes muy poco de los
tesoros que en Ello se oculta.

Este divino nombre, en verdad, es una mina de riquezas, es un


manantial de la más alta santidad y el secreto de la felicidad más
grande que un hombre puede esperar y gozar en esta tierra. Lee, y lo
verás.

Es tan poderoso, tan seguro, que nunca deja de producir en nuestras


almas los más maravillosas resultados. Consuela al más triste corazón
y hace fuerte al más débil pecador.
Nos obtiene todo tipo de favores y gracias, tanto espirituales como
temporales.

Debemos hacer dos cosas. Primero, entender claramente el significado


y el valor del Nombre de Jesús.

Segundo, debemos habituarnos a decirlo devota y frecuentemente


cientos y cientos de veces todos los días. Lejos de ser algo aburrido,
será algo de inmenso gozo y consolación.

Capitulo 2

¿QUÉ SIGNIFICA EL NOMBRE DE JESÚS?

El santo Nombre de Jesús es, primero que todo, una oración


todopoderosa. El mismo Nuestro Señor solemnemente promete que
todo aquello que pidiéramos al Padre en Su Nombre lo recibiríamos.
Dios nunca falla en Su palabra.

Cuando decimos "Jesús", pedimos a Dios todo lo que necesitamos con


la absoluta confianza de ser oídos.

Por esta razón, la Iglesia termina sus oraciones con estas palabras:
"Por Jesucristo", que da a la oración una nueva eficacia divina.

Pero, el Santo Nombre es algo aun más grande.

Cada vez que decimos "Jesús", glorificamos a Dios con un gozo y


gloria infinito porque le ofrecemos todos los infinitos méritos de la
Pasión y Muerte de Jesucristo.

San Pablo nos dice que Jesús mereció el nombre de "Jesús" por su
Pasión y Muerte.

Cada vez que decimos:"Jesús", claramente deseamos ofrecer a Dios


todas las Misas dichas en todo el mundo por nuestras intenciones.
Nosotros verdaderamente participamos en aquellas cientos de misas.

Cada vez que decimos: "Jesús" ganamos trecientos días de


indulgencia (1) que podríamos aplicar por las ánimas del Purgatorio,
con lo que se verán muchas de estas ánimas aliviadas y liberadas de
sus horribles penas. Ellas serán verdaderamente nuestras mejores
amigas y rezarán por nosotros con increíble fervor.

1.- Aunque las reglas de la Iglesia sobre las Indulgencias, incluso


sobre las jaculatorias, han cambiado, podemos esperar obtener las
mismas Indulgencias de Dios si las pedimos de Él con gran confianza.
-Editor, 1993.

Cada vez que decimos: "Jesús", es un acto de perfecto amor, por el


cual ofrecemos a Dios el infinito amor de Jesús.

El Santo Nombre de Jesús nos salva de innumerables males, y nos


rescata especialmente del poder del demonio que está
constantemente buscando la ocasión de hacernos daño.

El Nombre de Jesús gradualmente irá llenando nuestras almas con


una paz y un gozo que nunca tuvimos antes.

El Nombre de Jesús nos refuerza de una manera tal, que nuestro


sufrimientos parecen ligeros y fáciles de soportar.

¿QUÉ DEBEMOS DE HACER?

San Pablo nos dice que debemos de hacer todo lo que hacemos tanto
sea en palabras o en trabajo en Nombre de Jesús. "Todo cuanto
hacéis, sea de palabra o de obra, todo en nombre de nuestro Señor
Jesucristo . . .* (Col. 3:17).

De esta manera todos los actos se hacen en un acto de amor y


merito. Y más aun, recibimos la gracia y la ayuda para hacer todas
nuestras acciones perfectamente bien.

Debemos, sin embargo, hacer lo que mejor podamos en


acostumbrarnos en decir "Jesús, Jesús, Jesús" muy a menudo, todos
los días. Podemos hacerlo cuando nos vestimos, en el trabajo -no
importa lo que estamos haciendo- paseando, en momentos de
tristeza, en casa y en la calle, en todas partes.

No hay nada más fácil si nos esforzamos en hacerlo con regularidad.


Lo podemos hacer muchísimas veces al día.

Piensa en cada vez que decimos "Jesús" devotamente, 1) damos gran


gloria a Dios, 2) recibimos grandes gracias, 3) y ayudamos a las
almas del purgatorio.

Pongamos ahora algunos ejemplos que demuestran el poder del Santo


Nombre.

Capitulo 3

EL MUNDO EN PELIGRO SALVADO POR EL SANTO NOMBRE

En el año 1274 grandes males amenazaron al mundo. La iglesia fue


asaltada por furiosos enemigos desde adentro y fuera. Fue tan grande
el peligro que el Papa Gregorio X, que reinaba por entonces, convocó
un concilio de obispos en Lyons para determinar la mejor manera de
salvar a la sociedad de la ruina en la que estaba cayendo. Entre las
muchas formas propuestas, el Papa y los obispos eligieron la que ellos
consideraron más fácil y eficaz de todas, es decir, la frecuente
repetición del Santo Nombre de Jesús.

El Santo Padre entonces pidió a los obispos del mundo y a sus


sacerdotes que invocaran el Nombre de Jesús y urgieran a sus fieles el
poner su confianza en éste poderoso Nombre, repitiéndolo
constantemente con ilimitada confianza. El Papa encargó
especialmente a la Orden de Santo Domingo la gloriosa tarea de
predicar las Maravillas del Santo Nombre, trabajo que ellos cumplieron
con ilimitado celo.

Sus hermanos Franciscanos les secundaron. San Bernardino de Siena


y San Lorenzo de Puerto-Mauricio fueron ardientes apóstoles del Santo
Nombre de Jesús.

Sus esfuerzos fueron coronados con el éxito. Fueron barridos los


enemigos de la Iglesia y desaparecieron los peligros que amenazaban
a la sociedad y la paz reinó una vez más.

Esta es la lección más importante para nosotros porque, en nuestros


días, terribles sufrimientos están aplastando muchas naciones. Y aun
mayores tribulaciones están amenazando a todas las demás.

Ningún gobierno o gobiernos parecen lo bastante fuertes y hábiles


como para detener este tremendo torrente de males. No hay más que
un remedio y es la oración.

Todo cristiano debe volver a Dios y pedirle misericordia. La oración


más fácil de todas las oraciones, como hemos visto, es el Nombre de
Jesús.

Todos, sin excepción, pueden invocar este Santo Nombre cientos de


veces al día, no solamente por sus propias intenciones, sino también
para pedir a Dios que libere al mundo de una inminente ruina.

Es asombroso lo que una persona que reza puede hacer para salvar a
su país y a la sociedad. Leemos en la Sagrada Escritura cómo Moisés
salvó por sus oraciones al pueblo de Israel de la destrucción y cómo
una piadosa mujer, Judit de Betulia, salvó su ciudad y su gente cuando
los gobernadores estaban desesperados y a punto de rendirse a sus
enemigos.

De nuevo notamos, que las dos ciudades Sodoma y Gomorra, que


Dios destruyó con fuego, por causa de sus pecados y crímenes, ¡les
hubiera perdonado si hubieran habido solamente diez personas que
rezaran por ellos!

Una y otra vez leemos de reyes, emperadores, hombres de estado y


famosos comandantes militares que pusieron toda su confianza en la
oración, y así obraron maravillas. Si las oraciones de un hombre
pueden hacer tanto, ¿cuánto más harán las oraciones de muchos?

El Nombre de Jesús es la más corta, más fácil, y más poderosa de las


oraciones. Todos pueden decirlo incluso en medio de su trabajo diario.
Dios no puede rehusar de oírlo.

Invoquemos el nombre de Jesús pidiéndole que nos salve de las


calamidades que nos amenazan.

Capitulo 4

LA PLAGA DE LISBOA: LA CIUDAD SALVADA POR EL SANTO NOMBRE

Una devastadora plaga aparece en Lisboa en 1432. Todos los que


pudieron hacerlo, huyeron aterrorizados de la ciudad y de este modo se
extendió por todos los rincones del país de Portugal.

Miles de hombres, mujeres y niños de todas clases fueron barridos por


la cruel enfermedad. Fue tan virulenta la epidemia que los hombres
caían muertos en todas partes, en la mesa, en las calles, en sus casa,
en las tiendas, en los mercados, en las iglesias. Usando las palabras de
los historiadores, estalló como rayo de hombre a hombre, por un abrigo,
un sombrero, o cualquier prenda que hubiera sido tocada por la
sacudida plaga. Sacerdotes, médicos y enfermeras fueron arrastrados
en tal numero que muchos cuerpos yacían en las calles, sin enterrar.
Los perros lamían la sangre de los muertos, como resultado fueron estos
contagiados con la terrible enfermedad que se extendió aun más entre
la infortunada gente.

Entre aquellos que asistieron a los moribundos con inquebrantable


tenacidad, fue un venerable obispo, Monseñor André Días, que vivió en
el Convento o Monasterio de Santo Domingo. Este santo varón, viendo
que la epidemia, lejos de disminuir, crecía a diario en intensidad y
perdiendo la esperanza en la ayuda humana, urgió a la infeliz gente a
que invocaran el Santo Nombre de Jesús. Donde quiera que la
enfermedad fuera más furiosa, se le había visto, urgiendo, implorando a
los enfermos y moribundos y a aquellos a los cuales no les había tocado
la enfermedad, el repetir: "Jesús, Jesús". "Escribidlo en estampas" decía
"y guardadlas dentro de vosotros. Ponedlas por la noche debajo de las
almohadas. Ponedlas en las puertas, pero por encima de todo, invocad
constantemente con vuestros labios y en vuestros corazones este
Nombre que es de lo más poderoso".

Él fue como ángel de paz, llenando a los enfermos y moribundos con


coraje y confianza. Los pobres dolientes sentían dentro de ellos una
nueva vida, y nombrando a Jesús, ponían las estampas en sus pechos o
en sus bolsillos.

Entonces citándoles en la gran iglesia de Santo Domingo, les habló una


vez más del poder del Nombre de Jesús y bendijo agua en el mismo
Santo Nombre. Ordenando que toda la gente se salpicara con ella y que
salpicaran las cara de los enfermos y moribundos. ¡Maravilla de
maravilla!. Los enfermos sanaron, los moribundos resucitaron de sus
agonías, la plaga cesó y la ciudad fue librada en pocos días del más
espantoso azote que jamás la había visitado.

Las noticias se extendieron por todo el país y todos empezaron al


unísono a invocar el Nombre de Jesús. En un increíble y corto período de
tiempo, todo Portugal se vio libre de la horrorosa enfermedad.

La gente agradecida, teniendo presente las maravillas que había


presenciado, continuaron su amor y confianza en el Nombre de nuestro
Salvador. Así que en sus problemas, en todos los peligros, cuando males
de cualquier clase les amenazaban, ellos invocaban el Nombre de Jesús.
Fueron fundadas confraternidades en las iglesias, fueron hechas
procesiones del Santo Nombre mensualmente, fueron levantados altares
en honor de este bendito nombre. Así que la mayor maldición que jamás
había caído en el país fue transformada en una de las más grandes
bendiciones.

Por siglos, esta confianza en el Nombre de Jesús continuó en Portugal


y así mismo se extendió a España, Francia y al resto del mundo.

Capitulo 5

GENSERIC EL GODO

En el reino de Genseric, el Rey arriano de los Godos, uno de los


favoritos cortesanos del Rey, el Conde de Armogasto, fue convertido
del arrianismo a la Iglesia Católica.

El Rey, oyendo el hecho, se enfureció de tal manera que llamó al


joven noble a su presencia y trató por todos los medios en su poder,
inducirle a rechazar su Fe y volver a la secta arriana.

Ni las amenazas, ni las promesas le importaron. El Conde rehusó toda


insinuación y conservó su nueva Fe. Genseric dio rienda suelta a su
furia y ordenó que ataran al joven con fuertes cuerdas y que los
fornidos verdugos las apretaran con todas sus fuerzas. El tormento era
inmenso pero la víctima no mostraba señales de dolor. Repitió por dos
o tres veces "Jesús, Jesús, Jesús", y las cuerdas se ablandaron como
telas de araña y cayeron a sus pies.

Enfurecido sin medida el tirano, ordenó ahora que fueran traídos


tendones de bueyes, tan fuertes como el alambre. El Conde fue atado
de nuevo y el rey pidió a los verdugos que usaran todas sus fuerzas.
Una vez más, su víctima invocó el nombre de Jesús. Y las nuevas
ligaduras como las viejas se aflojaron como hilos. Echando espuma
por la boca de odio, ordenó que el mártir fuera atado por los pies y
colgado de la rama de un árbol, cabeza abajo.

Sonriendo a esta nueva moda de tortura, el Conde Armogasto cruzó


los brazos en su regazo y repitiendo el Santo Nombre, se durmió
tranquilamente como si estuviera echado en el más suave y cómodo
sofá.

Capitulo 6

D. MELCHIOR SONRÍE A SUS VERDUGOS

Tenemos otro incidente parecido de la misma clase narrado por el


mártir chino, el Venerable Dominico y obispo, Don Melchior.

En una de las muchas persecuciones que atacaron a China, y que


dio tantos santos a la Iglesia, este santo obispo fue perseguido y
después de haber resistido los más brutales tormentos, era
condenado a una muerte cruel.

Fue arrastrado al mercado en medio del populacho, los cuales vinieron a


satisfacerse con sus sufrimientos.

Le desnudaron y cinco verdugos armados con afiladas espadas


empezaron a cortar sus dedos, uno por uno, coyuntura por coyuntura,
después sus brazos, luego sus piernas, causándole una agonía
extremadamente dolorosa. Finalmente rajaron su encarnadura y le
rompieron los huesos.

Durante ese prolongado martirio, sin visibles signos de dolor por parte
del obispo, sonreía y decía despacio y en alta voz, "Jesús, Jesús, Jesús".
Esto le daba una maravillosa fuerza ante el asombro de sus verdugos.

No hubo una lagrima o queja que se escapara de sus labios, hasta que
finalmente, después de horas de tortura, calladamente, expiró con la
misma dulce y pacifica sonrisa en su cara.
Que maravillosa consolación no sentiríamos cuando, confinados en cama
por una enfermedad o desgarrados por el dolor, repitiéramos el Nombre
de Jesús.

Muchas gentes que no pueden dormir encontrarán ayuda y consolación


si invocan en estos momentos de insomnio el Santo Nombre y muy
probablemente caerían en un tranquilo sueño.

SAN ALEJANDRO Y LOS FILOSOFOS PAGANOS

Durante el reinado del Emperador Constantino, la religión cristiana


estaba progresando constante y rápidamente.

En Constantinopla, los filósofos paganos se sintieron agraviados al ver


que mucho de sus adeptos desertaban de su vieja religión y se unían a
la nueva. Ellos rogaron al mismo Emperador pidiendo, en justicia,
deberían de ser escuchados y permitirles convocar una conferencia
publica con el obispo de los cristianos, San Alejandro, que por aquel
entonces gobernaba la sede de Constantinopla. Era un hombre santo
pero no un agudo lógico.

No tuvo miedo, por esta razón, de conocer al representante de los


filosofo pagano que era un astuto dialéctico y un elocuente orador. En el
día señalado, delante de una vasta asamblea de hombres doctos, el
filosofo empezó muy cuidadosamente preparado a atacar las
enseñanzas cristianas. El santo obispo escuchó por algún tiempo y
entonces pronunció el Santo Nombre de

Jesús, el cual confundió al filosofo de tal manera, que no


solamente perdió el hilo de su discurso, sino que le fue inútil, aun
con la ayuda de sus colegas, volver al ataque.

Santa Cristiana era una joven esclava en el Kurdistan, una región


casi enteramente pagana. Era costumbre en ese país que, cuando un
niño estaba gravemente enfermo, su madre le llevaba en brazos a la
casa de sus amigos y preguntaba si ellos sabían de algún remedio que
pudiera beneficiar al pequeño. En una de esas ocasiones, una madre
trajo a su hijo enfermo a la casa donde Cristiana vivía.

Preguntándole si sabía de algún remedio de esa enfermedad, miró al


niño y dijo: "Jesús, Jesús".

En un instante, el niño moribundo sonrió y se levantó con gozo.


Estaba completamente curado.

Este extraordinario hecho pronto fue conocido y llegó a los oídos de la


reina que estaba inválida. Dio órdenes para que trajeran a Cristiana a
su presencia.

Llegando a palacio, la reina paciente preguntó a Cristiana si podía, con


el mismo remedio, curar su enfermedad en la que habían fallado los
médicos. Una vez más Cristiana pronunció con gran confianza: "Jesús,
Jesús". Y de nuevo, ese divino Nombre fue glorificado. La reina
recobró instantáneamente la salud.

Una tercera maravilla más estaba por suceder. Algunos días después
de la cura de la reina, el rey se encontró cara a cara con una muerte
certera. La escapatoria parecía imposible. Sabiendo el poder del Divino
Nombre, el cual él había sido testigo con la cura de su esposa, su
Majestad invocó: "Jesús, Jesús", y sucedió que fue arrebatado de tan
horrible riesgo.

Llamando de la misma manera a la pequeña esclava, aprendió de ella


las verdades del cristianismo. Él, así como una gran multitud de su
gente, abrazó la Fe.

Cristiana es santa y su fiesta se celebra el 15 de Diciembre.

San Gregorio de Tours relata que cuando él era un muchacho su


padre cayó gravemente enfermo y se estaba muriendo. Gregorio,
rezó fervientemente por su recuperación. Cuando Gregorio estaba
durmiendo por la noche, su Ángel de la Guarda se le apareció y le
dijo:

Escribe el Nombre de Jesús en una tarjeta y colócalo debajo de la


almohada del enfermo.

A la mañana siguiente, Gregorio contó a su madre el mensaje del


Ángel, la cual le aconsejó que obedeciera. Así lo hizo, poniendo la
tarjeta debajo de la cabeza de su padre. Para regocijo de la familia, el
paciente se mejoró rápidamente.

Podríamos llenar páginas y páginas con los milagros y maravillas que


ha obrado el Santo Nombre en todos tiempos y lugares, no solamente
por los Santos, sino por todo el que invoque este Divino Nombre con
reverencia y Fe.

Marchese decía: "Intervengo aquí para relatar las maravillas obradas y


las gracias concedidas por Nuestro Señor a aquellos que son devotos a
su Santo Nombre porque San Juan Crisóstomo me recuerda que Jesús
es siempre nombrado cuando los milagros están hechos por los
hombres santos; enumerarlos desde aquí sería tratar de dar una lista
de los incontables milagros que Dios ha hecho a través de todos los
siglos, para incrementar la gloria de Sus Santos o para crear y reforzar
la Fe en los corazones de los hombres".

ESTAMPAS DEL SANTO NOMBRE

Estampas con el Santo Nombre en ellas inscritas han sido usadas y


recomendadas por los grandes amantes del Santo Nombre como
Monseñor André Días, San Leonardo de Puerto- Mauricio y San
Gregorio de Tours arriba mencionados.

Nuestros lectores harían bien en usar estas estampas, llevándolas


consigo durante el día y poniéndolas debajo de la almohada por la
noche, colocándolas en las puertas de las habitaciones.

Capitulo 7

LOS SANTOS Y EL SANTO NOMBRE

Todos los Santos tienen un inmenso amor y confianza en el Nombre de


Jesús. Ellos vieron en este Nombre con una clara visión, todo el amor de
Nuestro Señor, todo su poder, todas las cosas bellas que dijo e hizo en
la tierra.

Hicieron todas sus obras maravillosas en el Nombre de Jesús. Obraron


milagros, echaron demonios, curaron enfermos y confortaron a todos
usando y recomendándoles que se acostumbraran a invocar al Santo
Nombre. San Pedro y los Apóstoles convirtieron al mundo con este
Nombre Todopoderoso.

El Príncipe de los Apóstoles empezó su gloriosa carrera predicando el


Amor de Jesús a los judíos en las calles, en el Templo, en sus sinagogas.
Su primer gran milagro ocurrió el primer domingo de Pentecostés
cuando iba a entrar en el Templo con San Juan. Un hombre cojo, bien
conocido por los judíos que frecuentaba el Templo, estrechaba su mano
esperando recibir limosna. San Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro;
pero te doy lo que tengo: En el Nombre de Jesucristo Nazareno,
levántate y anda". (Hechos 3-6).

Instantáneamente, el cojo se levantó y brincó de júbilo.

Los judíos estaban atónitos, pero el gran apóstol les dijo: "¿Por qué os
maravilláis de esto. . . como si por nuestro propio poder o piedad le
hubiésemos hecho andar? El Nombre de Jesús por la Fe en él, ha
devuelto la fuerza a este hombre".

Innumerables veces desde esos días de los Apóstoles el Nombre de


Jesús ha sido glorificado.
Citaremos algunos de los incontables ejemplos que nos muestran cómo
los Santos derivan toda su fuerza y consolación en el Nombre de Jesús.

SAN PABLO

San Pablo era de una manera muy especial, el predicador y el doctor del
Santo Nombre. Al principio, fue un furioso perseguidor de la Iglesia,
movido por un falso celo y odio hacia Cristo. Nuestro Señor se le
apareció en el camino de Damasco y le convirtió, haciendo de él el
apóstol de los gentiles y dándole su gloriosa misión, que era predicar y
dar a conocer su Santo Nombre a príncipes y reyes, a judíos y gentiles,
a todas las gentes y naciones.

San Pablo, lleno con ardiente amor por Nuestro Señor, empezó su
gran misión -desarraigando el paganismo, derribando falsos ídolos,
confundiendo a filósofos de Grecia y Roma, temiendo a enemigos y
conquistando todas las dificultades- todo en el Nombre de Jesús.

Santo Tomas de Aquino dice de él: "San Pablo llevó el Nombre de


Jesús en su frente porque se gloriaba en proclamarlo a todos los
hombres. Él lo llevaba en sus labios porque adoraba invocarlo, en sus
manos ya que le encantaba escribirlo en sus Epístolas; en su corazón,
porque su corazón ardía por su amor. Él mismo nos dice: "Yo no vivo,
es Cristo quien vive en mí".

San Pablo nos dice en su propia y bella manera las dos grandes
verdades acerca del Nombre de Jesús.

Primero que todo, nos dice el infinito poder de Su Nombre. "Al


Nombre de Jesús doblan las rodillas todas las criaturas del cielo, la
tierra e infierno".

Todas las veces que decimos "Jesús", damos una infinita alegría a
Dios, a todo el Cielo, a la Bendita Madre de Dios y los Ángeles y a
los Santos.

En segundo lugar, nos dice cómo usarlo. "Lo que sea que hagas,
cuando hablas o trabajas, hazlo todo en el Nombre de Nuestro Señor
Jesucristo", y añade: si comes o bebes o cualquier cosa que hagas,
hazlo todo en el Nombre de Jesús.

Este consejo lo siguieron todos los Santos, así que todos sus actos
fueron hechos por amor a Jesús y por esto todos sus actos y
pensamientos ganaban o les hacían ganar gracia y méritos. Era por
este Nombre que ellos se hacían santos. Si seguimos este mismo
consejo del Apóstol, nosotros también podemos alcanzar un grado
muy alto de santidad.
¿Cómo lo haremos todo en Nombre de Jesús? Acostumbrándonos,
como ya hemos dicho, a repetir el Nombre de Jesús frecuentemente
durante el día. Esto no presenta dificultad - solamente se necesita
buena voluntad.

San Agustín, el gran Doctor de la Iglesia, encontró sus delicias en


repetir el Santo Nombre. Él mismo nos dice que encontraba mucho
placer en los libros que hacían mención frecuente de este Nombre
todo-consolador.

San Bernardo sentía un maravilloso gozo y consolación en repetir el


Nombre de Jesús. Lo sentía, dice, como miel en su boca y una
deliciosa paz en su corazón. Nosotros también sentiremos paz aun, en
nuestra alma si imitamos a San Bernardo y repetimos frecuentemente
el Santo Nombre.

Santo Domingo pasó sus días predicando y discutiendo con herejes. Él


siempre fue a pie de sitio en sitio, tanto en los opresivos calores del
verano como en el frío y la lluvia del invierno. Los herejes Albigenses,
a quienes él trataba de convertir, eran más como demonios salidos del
infierno que hombres mortales. Sus doctrinas eran infames y sus
crímenes innumerables. Aun así, como otro San Pablo, convirtió cien
mil de estos hombres malvados, así que muchos de ellos, se hicieron
destacados por su santidad. Cansado por las noches por sus trabajos,
él pidió solamente un premio que era pasar la noche delante del
Santísimo Sacramento derramando su alma en amor de Jesús. Cuando
su pobre cuerpo no pudo resistir más, apoyó la cabeza en el altar y
descansó un poco, después, empezó una vez más su íntima
conversación con Jesús.

A la mañana siguiente, celebró Misa con el ardor de un serafín, así que


a veces su cuerpo se levantaba del suelo en un éxtasis de amor. El
Nombre de Jesús llenaba su alma de gozo y deleite.

Beato Jordan de Sajonia, que sucedió a Santo Domingo como Padre


General de la Orden, era un predicador de gran renombre. Sus
palabras iban directas al corazón de sus oyentes pero sobre todo
cuando les hablaba de Jesús.

Sabios profesores de ciudades universitarias venían con deleite a oírle


y muchos de ellos se hacían Dominicos.

Otros frailes temían venir porque serían inducidos también a unirse a


su Orden. Tantos fueron arrastrados por la irresistible elocuencia del
Beato Jordan que cuando su visita era anunciada en una ciudad el prior
del Convento traía enseguida gran cantidad de tela blanca para hábitos
para aquellos que solicitarían, por seguro, entrar en la Orden. El
mismo Beato Jordan recibió mil postulantes al hábito, además de los
más destacados profesores de las universidades europeas.

San Francisco de Asís. Este ferviente serafín de amor encontró su


deleite repitiendo el amado Nombre de Jesús. San Buenaventura dice
que la alegría que iluminaba su cara y el tierno acento de su voz
mostraba cuanto le gustaba invocar al Santísimo Nombre.

No es extraño, entonces, que él recibiera en sus manos, pies y costado


las señales de las cinco heridas de Nuestro Señor, como premio a su
ardiente amor. (2)

A San Ignacio de Loyola no le ganaba nadie en su amor al Santo


Nombre. No dio a su gran orden su propio nombre. Lo llamó la
"Sociedad de Jesús". Este divino Nombre ha sido una protección y
defensa de la Orden en contra de sus enemigos y una garantía de la
santidad de sus miembros.

Gloriosa, por cierto, es la gran Sociedad de Jesús.

San Francisco de Sales no tiene temor en decir que quien tuviera la


costumbre de repetir el Santo Nombre frecuentemente puede estar
cierto de una muerte santa y feliz.

Y desde luego no puede haber duda en esto porque siempre que


decimos "Jesús" aplicamos la Sangre Salvadora de Jesús

2. Aquí debemos mencionar San Bernardino de Siena (1380-1444), un


sacerdote Franciscano, que fue posiblemente el mejor propagador de
la devoción del Santo Nombre de Jesús.

Los fervorosos sermones de San Bernardino atraían a un gran gentío


de toda Italia cuando predicaba la devoción del Santo Nombre. -Editor,
1993.

A nuestras almas mientras que al mismo tiempo imploramos a Dios


cumplir lo prometido, dándonos todo aquello que pidiéramos en Su
Nombre. Todo aquel que deseara una muerte santa, puede asegurarla
repitiendo el Nombre de Jesús.

Esta práctica no solamente obtendrá para nosotros una muerte santa,


sino que disminuirá notablemente el tiempo en Purgatorio y muy
posiblemente nos librará de ese horrible fuego.

Muchos santos pasaron sus últimos días repitiendo constantemente


"Jesús, Jesús".

Todos los doctores de la Iglesia están de acuerdo al decirnos que el


demonio reserva sus más furiosas tentaciones para nuestros últimos
momentos, y llena entonces la mente del moribundo con dudas,
miedos y tentaciones espantosas -con la última esperanza de llevar la
infortunada alma al infierno-. Felices aquellos que en vida estuvieron
seguros de acostumbrarse a nombrar al Nombre de Jesús.

Hechos como estos, que acabamos de mencionar, están fundados en


la vida de los más grandes siervos de Dios que hicieron Santos y
alcanzaron los más altos grado de santidad por este simple y fácil
hecho.

San Vicente Ferrer, uno de los más famosos predicadores que el


mundo jamás ha oído, convirtió a los más pervertidos criminales y los
transformó en los más fervientes cristianos. Convirtió a 80.000 judíos
y a 70.000 moros, un prodigio que no hemos leído en la vida de otro
santo. Tres milagros requiere la Iglesia para la canonización de un
santo; pero en la bula de la canonización de San Vicente se cuentan
873.

Este gran santo quemado por el Amor del Nombre de Jesús, obró
extraordinarios hechos con este Divino Nombre.

Nosotros, sin embargo, pecadores como somos, podemos con este


Omnipotente Nombre obtener todos los favores y gracias. El más débil
de los mortales se puede convertir en fuerte, el más afligido encuentra
en Él consolación y alegría.

¿Quién puede ser tan tonto o negligente como para no tener por
costumbre de repetir "Jesús, Jesús, Jesús" constantemente?. No nos
cuesta nada. No presenta dificultad alguna y es un infalible remedio
para todos los males.

Beato Gonzalo de Amarante alcanzó un altísimo grado de santidad


repitiendo con frecuencia el Santo Nombre.

Beato Gil de Santarem sintió tal amor y deleite al decir el Santo


Nombre que se levitó en éxtasis. Aquellos que repiten frecuentemente
el nombre de Jesús sienten una gran paz en su alma. "Esa paz que el
mundo no puede dar", la cual sólo Dios da, "una paz que sobrepasa
todo entendimiento".

San Leonardo de Puerto Mauricio apreciaba una tierna devoción al


Nombre de Jesús y en sus continuas misiones enseñaba a le gente que
le rodeaba para escuchar las maravillas del Santo Nombre. Esto lo
hacía con tal amor que las lagrimas caían de sus ojos y de los ojos de
todos aquellos que lo escuchaban.
Les rogó que pusieran una estampa con este Divino Nombre en sus
puertas. Esto fue asistido con los resultados más felices, para
muchos, fueron salvados de enfermedades y desastres de varias
clases.

Uno, desafortunadamente, no lo pudo hacer porque el dueño de la


casa en que vivía, siendo judío, se negó rotundamente a que
apareciera el Nombre de Jesús en la puerta. Él y otro huésped,
decidieron, entonces, ponerlo en las ventanas, y así lo hicieron.
Algunos días más tarde, un furioso fuego irrumpió en el edificio que
destruyó todos los apartamentos que pertenecían al judío; pero las
habitaciones de los vecinos cristianos no sufrieron ningún daño.

Este hecho fue hecho público e incrementó la fe y confianza en el


Santo Nombre de nuestro Salvador. De hecho, toda la ciudad de
Ferrajo fue testigo de esta extraordinaria protección.

San Edmundo tenía una devoción especial al Nombre de Jesús, que el


mismo Nuestro señor le enseñó. Un día, cuando él estaba en el campo
separado de sus compañeros, un hermosos niño se puso a su lado y le
preguntó: "¿Edmundo, me conoces?". Edmundo contestó que no.
Entonces el niño replicó: "Mírame y verás quien soy yo". Edmundo lo
miró como le mandó y vio escrito en la frente del Niño: "Jesús de
Nazaret, Rey de los Judíos". "sabes quién soy" le dijo el Niño. "Todas
las noche haz la señal de la cruz y di estas palabras: "Jesús de
Nazaret, Rey de los Judíos". Si así lo haces, esta oración te liberará y a
todo el que la diga, de una repentina y súbita muerte".

Edmundo hizo fielmente lo que Nuestro Señor le dijo. El demonio, una


vez trató de impedirle, agarrándole las manos para que no pudiera
hacer la señal de la cruz. Edmundo invocó el Nombre de Jesús y el
demonio huyó de terror, sin molestarle más en el futuro.

Mucha gente practica esta fácil devoción y así se salva de muertes


infelices. Otras, con su dedo índice, imprimen con agua bendita en sus
frentes las cuatro letras "I.N.R.I.", que significa Jesús Nazarenus Rex
Judeorum, las palabras escritas por Pilato en la Cruz de Nuestro Señor.

San Alfonso recomienda con fervor ambas devociones.

Santa Francisca de Roma disfrutaba del extraordinario privilegio de ver


y hablar constantemente con su Ángel de la Guarda. Cuando ella
pronunciaba el Nombre de Jesús, el Ángel estaba radiante de felicidad
y se agachaba en ferviente adoración.

Algunas veces el demonio se atrevió a aparecérsele buscando el


amedrentarla y hacerle daño. Pero cuando ella pronunciaba el Santo
Nombre, se llenaba de rabia y odio y huía con terror de su presencia.

Santa Juana Francisca de Chantal, la más querida amiga de San


Francisco de Sales, tenía muchas devociones hermosas enseñadas por
este Santo Doctor, que por muchos años actuó como su director
espiritual. Ella amó tanto el santo Nombre que lo escribió con una
plancha caliente en su pecho. Beato Enrique Suso hizo lo mismo con
un palo de acero puntiagudo.

No podemos aspirar a estos santos atrevimientos; con razón nos


faltaría la fortaleza de grabar el Santo Nombre en nuestro pecho. Esto
necesita una inspiración especial de Dios, pero podemos seguir el
ejemplo de otra querida Santa como Beata Catalina de Racconigi, una
hija de Santo Domingo, que repetía frecuente y fervorosamente el
Nombre de Jesús, así que después de su muerte el Nombre de Jesús
fue grabado con letras de oro en su corazón. Todos podemos hacer
como ella hizo y entonces el nombre de Jesús será blasonado en
nuestras almas por toda la eternidad al lado de los Ángeles y los
Santos en el Cielo.

Santa Gema Galgani. Casi en nuestros días, esta querida muchacha


Santa también tenía el privilegio de conversar frecuente e íntimamente
con su Ángel de la Guarda. Algunas veces el Ángel y Gema se retaban
en santa batalla a ver cuál de ellos decía con más fervor el Nombre de
Jesús.

Sus entrevistas con el Ángel eran de naturaleza simple y familiar,


hablaba con él, observaba su cara, le hacía muchas preguntas a las
cuales él respondía con inefable amor y afecto.

Él llevó mensajes de ella a Nuestro Señor, a la Santísima Virgen y a los


Santos y le trajo sus respuestas.

Además, este glorioso Ángel llevó a cabo el más tierno de los cuidados
a su protegida. Él la enseñó a rezar y meditar especialmente en la
Pasión y sufrimiento de Nuestro Señor. Le dio admirables consuelos y
amables reprimendas cuando cometía alguna pequeña falta. Bajo su
tutela, Gema alcanzó rápidamente un alto grado de perfección.

Capitulo 8

LA DOCTRINA DEL SANTO NOMBRE

Explicaremos ahora la doctrina del Santo Nombre -el capítulo más


importante de este libro- para mostrar a nuestros lectores de donde
viene el poder y el divino valor de este Nombre y cómo los santos
obraron maravillas por Él y cómo nosotros podemos obtener por su
eficacia todas las bendiciones y gracias.

Puedes preguntar, querido lector, ¿cómo puede ser que una sola
palabra pueda obrar tales prodigios?

Contesto que con una palabra Dios hizo el mundo. Con su palabra, Él
hizo de la nada el sol, la luna, las estrellas, las altas montañas, y los
vastos océanos. Por su palabra sostiene la existencia del universo.

¿No hace el sacerdote también, en la Santa Misa, el prodigio de


prodigios? ¿No transforma la pequeña hostia blanca en el Dios del
Cielo y de la tierra con las palabras de la Consagración? Y aunque Dios
solamente puede perdonar los pecados, ¿no lo hace el sacerdote
también en el confesionario perdonando los más negros pecados y los
más espantosos crímenes?

¿Cómo? Porque Dios da a sus palabras infinito poder.

Así, también Dios, en su inmensa bondad da a cada uno de nosotros


una palabra todopoderosa con la cual podemos hacer maravillas por Él,
para nosotros mismos y para el mundo. Esa palabra es "Jesús".

Recuerda lo que San Pablo nos dice: "Este es el nombre por encima de
todo nombre", y que ".. al Nombre de Jesús doblan las rodillas todas las
criaturas del cielo, tierra e infierno".

Pero, ¿por qué?

Porque "Jesús" significa Dios hecho hombre. Por ejemplo, en la


Encarnación cuando el Hijo de Dios se hace hombre, es llamado Jesús
así que cuando decimos "Jesús" ofrecemos al Eterno

Padre el infinito amor y los méritos de Jesucristo. En una palabra, Le


ofrecemos Su Santísimo Hijo Divino, Le ofrecemos el gran Misterio de
la Encarnación. Jesús es la Encarnación.

¡Que pocos son los cristianos que tienen una idea adecuada de este
misterio sublime y sin embargo es la mayor prueba que Dios nos ha
dado, o pudiera darnos, de Su amor personal para nosotros! Esto lo es
todo para nosotros.

LA ENCARNACIÓN

Dios se hizo hombre por amor a nosotros, pero ¿de qué nos sirve si no
entendemos este amor?

Dios, el Infinito, el Inmenso, Eterno, el Dios Todopoderoso, el Creador


Omnipotente, el Dios que llena el Cielo con su Majestad, su Grandeza y
se hace niñito para ser como nosotros y así ganar nuestro amor.

Él entró en el vientre puro de la Virgen María y allí se echó escondido


por nueve meses enteros. Entonces nació en un establo entre dos
animales. Era pobre y humilde. Pasó 33 años trabajando, sufriendo,
rezando, enseñando su hermosa Religión, obrando milagros, haciendo
bien a todos. Él hizo todo esto para probar su amor por cada uno de
nosotros y así nos obliga a amarle.

Este estupendo acto de amor ha sido tan grande que incluso ni los más
altos ángeles de cielo pudieron concebir que esto fuera posible si Dios
no se los hubiera revelado.

Fue tan grande que los judíos, el pueblo escogido por Dios, que
estaban esperando a un Salvador se escandalizaron al pensar que Dios
pudiera hacerse tan humilde.

Los filósofos gentiles, a pesar de su supuesta sabiduría, dijeron que


era una locura el pensar que Dios Omnipotente pudiera hacer tanto por
amor a los hombres.

San Pablo dice que Dios gastó todo su poder, sabiduría y bondad
haciéndose hombre por nosotros: "Él se desgastó".

Nuestro Señor confirma las palabras del Apóstol cuando dice: ¿Qué más
puedo hacer?

Todo esto lo hizo Dios no por todos los hombres en general, sino por
cada uno de nosotros en particular. Piensa, piensa en esto.

Lo crees, lo entiendes, querido lector, que Dios te quiere tanto, tan


íntimamente, tan personalmente. ¡Que alegría, que consolación! Si
realmente supieras y sintieras que este Gran Dios te quiere -a ti- tan
sinceramente!

Nuestro Señor ha hecho aún más, nos ha dado todos sus méritos
infinitos para que así podamos ofrecerlos al Eterno Padre tan a
menudo como queramos, cientos o miles de veces al día.

Y eso es lo que podemos hacer cada vez que decimos "Jesús" si


solamente recordamos lo que estamos diciendo.

Estarás, quizás, sorprendido de esta maravillosa doctrina. ¿Nunca lo has


oído antes?

Pero ahora por lo menos ya sabes las infinitas maravillas del Nombre
de "Jesús". Di este Santo Nombre constantemente. Dilo devotamente.
Y en el futuro, cuando digas "Jesús", recuerda que estás ofreciendo a
Dios todo el infinito amor y los méritos de Su Hijo. Tú estás
ofreciéndole Su Divino Hijo. No puedes ofrecer nada más santo, nada
mejor, nada que más le agrade, nada más meritorio para ti.

Que desagradecidos son aquellos que nunca dan gracias a Dios por
todo lo que Él ha hecho por ellos. Hombres y mujeres que viven 30,
50, 70 años y nunca piensan en agradecer a Dios por Su maravilloso
amor.

Cuando dices el Nombre de Jesús, recuerda también agradecer a


nuestro Dulce Salvador por Su Encarnación.

Cuando estaba en la tierra, curó diez leprosos de su odiosa


enfermedad. Estaban tan contentos que se marcharon llenos de alegría
y felicidad, pero ¡solamente uno volvió para darle las gracias! Jesús
estaba dolido y dijo: "¿Dónde están los otros nueve?

No tendría que sentir tristeza y dolor con mucha más razón, que le
agradecemos tan poco por lo que Él ha hecho por nosotros en la
Encarnación y en Su Pasión.

Santa Gertrudis solía agradecer a Dios a menudo con una pequeña


jaculatoria, por su bondad, en haberse hecho hombre por ella. Nuestro
Señor se le apareció un día y le dijo: "Mi querida niña, cada vez que tú
honras mi encarnación con esa pequeña plegaria, vuelvo a mi Eterno
Padre y le ofrezco todos los méritos de la Encarnación por ti y por
todos los que hacen como tú".

¿No tendríamos que tratar de decir: "Jesús, Jesús, Jesús" a menudo?


Seguramente recibiríamos esta maravillosa gracia.

LA PASION

El segundo significado de la palabra "Jesús" es "Jesús muriendo en la


Cruz". San Pablo nos dice que Nuestro Señor mereció este Santísimo
Nombre por sus sufrimientos y muerte.

Entonces, cuando decimos "Jesús" deberíamos de ofrecer también la


Pasión y Muerte de Nuestro Señor al Eterno Padre por su excelsa gloria
y por nuestras propias intenciones.

Nuestro Señor se hace hombre por cada uno de nosotros, como si


fuéramos el único hombre sobre la tierra. Así que Él murió no por
todos los hombres en general, sino por cada uno en particular. Cuando
Él estaba colgado de la cruz me vio a mí y te vio a ti, querido lector y
ofreció todas las angustias de su horrible agonía, cada gota de su
Preciosa Sangre, todas sus humillaciones, todos los insultos y
atrocidades. Él las ofreció por ti, por mí, ¡por cada uno de nosotros! Él
nos dio todos estos méritos infinitos como si fueran nuestros. Podemos
ofrecer cientos y cientos de veces al día al Eterno Padre -por nosotros
mismos y por el mundo.

Hacemos esto, cada vez que decimos "Jesús". Al mismo tiempo damos
gracias a Dios por todo lo que ha sufrido por nosotros.

Llama la atención que muchos cristianos sepan tan poco del Santo
Nombre y de todos sus significados. Como resultado, están
perdiendo sus preciosas gracias todos los días y están perdiendo
los más grandes premios en el Cielo. ¡Triste, deplorable ignorancia!

COMO COMPARTIR EN 500.000 MISAS

La tercera intención que debemos tener al decir "Jesús" es ofrecer


todas las Misas que se han dicho en todo el mundo por la Gloria de
Dios, por nuestras propias necesidades y por el mundo en sí. Alrededor
de 500.000 Misas son celebradas diariamente, y nosotros podemos y
deberíamos compartir con todas.

La Misa nos trajo Jesús. Él, de nuevo, se hace hombre. Se renueva la


Encarnación en cada Misa tan realmente como cuando se hizo
hombre en el vientre de su Madre. También se sacrifica en el altar
tan real y verdaderamente como lo hizo en el Calvario aun que de
una manera mística, sin sangrar. La Misa se dice no solamente para
los que asisten a ella en la iglesia, sino para todos que desean oírlo
y ofrecerlo con el sacerdote.

Todo lo que tenemos que hacer es decir con reverencia "Jesús, Jesús"
con la intención de ofrecer estas Misas y participar en ellas.

Es una gracia maravillosa asistir y ofrecer una Misa, pero ¡no sería
mejor ofrecer y compartir en 500.000 Misas todos los días?

Entonces cada vez que decimos "Jesús" sea esta nuestra intención.

1. Ofrecer a Dios todo el infinito amor y méritos de la


Encarnación.
2. Ofrecer a Dios la Pasión y Muerte de Jesucristo.
3. Ofrecer a Diostodas las 500.000 Misas celebradas en el
mundo por su gloria y nuestras propias intenciones.

Todo lo que tenemos que hacer es decir la palabra "Jesús", pero


sabiendo lo que hacemos.
Santa Matilde estaba acostumbrada a ofrecer la Pasión de Jesús en
unión con todas las Misas del mundo por las ánimas del Purgatorio.

Nuestro Señor le mostró una vez el Purgatorio abierto y miles de


almas subían al cielo como resultado de su pequeña oración.

Cuando decimos "Jesús" podemos ofrecer la Pasión y las Misas del


mundo no solamente por nosotros sino por las ánimas del Purgatorio
y por la intención que queramos.

Siempre habrá que ofrecerlas por el mundo entero y por nuestro propio
país en particular.

Capitulo 9

PODEMOS PEDIRLO TODO EN EL NOMBRE DE JESUS

Los ángeles son nuestros más queridos y mejores amigos y son los
que están más preparados y pueden ayudarnos en toda dificultad y
peligro.

Es una pena que muchos Católicos no conocen, ni aman, ni piden la


ayuda de los ángeles. La manera más fácil de hacerlo es decir el
Nombre de Jesús en su honor. Esto les da gran alegría y ellos, como
respuesta, nos ayudará en todos nuestros problemas y nos salvarán de
muchos peligros.

Digamos el Nombre de Jesús en honor de todos los ángeles pero


especialmente en honor de nuestro querido ángel de la guarda, que
tanto nos quiere.

Nuestro Dulce Salvador está presente en millones de Hostias


consagradas en innumerables iglesias católicas del mundo. Durante
muchas horas al día y durante las largas horas de la noche, Él es
olvidado y dejado solo.

Podemos hacer mucho para consolarle y confortarle diciendo: "Jesús te


quiero, te adoro en todas las Hostias consagradas del mundo, y te doy
gracias con todo mi corazón por haberte quedado en todos los altares
del mundo por amor nuestro". Entonces di veinte, cincuenta veces o
aun más el Nombre de Jesús con esta intención.

Podemos hacer la más perfecta penitencia por nuestros pecados


ofreciendo la Pasión y Sangre de Jesús muchas veces al día con esta
intención.

La Preciosa Sangre purifica nuestras almas y nos eleva a un alto grado


de santidad. ¡Es todo tan fácil! Tenemos solamente que repetir
amorosamente, alegremente y con reverencia "Jesús, Jesús, Jesús".

Si estamos tristes o deprimidos, si estamos preocupados con miedo y


dudas, este Divino Nombre nos dará una deliciosa paz. Si somos
débiles e indecisos nos dará nueva fuerza y energía.

Cuando Jesús estaba en la tierra, ¿no fue a consolar y confortar a


todos aquellos que eran infelices? Aun lo hace todos los días por
aquellos que lo piden.

Si estamos sufriendo por problemas de salud y tenemos dolores, si


alguna enfermedad está afectando nuestro pobre cuerpo, Él puede
curarnos. ¿Acaso Él no curó a los enfermos, los cojos, los ciegos, los
leprosos? No nos dijo: "Venid a mí vosotros los que estáis cansados, y
abrumados que yo os aliviaré". Muchos podrán tener buena salud si
solamente pidieran a Jesús por ella. No obstante, consulta a los
médicos, usa los remedios que te den pero por encima de todo ¡pídele
a Jesús!

El Nombre de Jesús es la más corta, la más fácil, la más poderosa de


todas las plegarias. Nuestro Señor nos dice que podemos pedir al
Padre en Su Nombre, por ejemplo, en el Nombre de Jesús, y
recibiremos. Todas las veces que decimos "Jesús", estamos diciendo
una fervorosa oración por todo, todo lo que necesitamos.

Las ánimas del Purgatorio. Es muy lamentable que muchos Cristianos


olviden y abandonen a las ánimas del Purgatorio. Es posible que
algunos de nuestros más queridos amigos estén sufriendo en este
terrible fuego, esperando nuestras oraciones y ayuda -que pudiéramos
dársela tan fácil y no se la damos.

Tenemos pena de los pobres que vemos en las calles, por los
hambrientos y por aquellos que sufren. Nadie sufre más terriblemente
como las ánimas de Purgatorio por el fuego, como Santo Tomas nos
dice, ¡es lo mismo que el fuego del infierno!.

¿Con qué frecuencia, querido lector, rezas tú por las ánimas? ¡Días,
semanas, quizás meses pasan y haces poco por ellas o quizás nada!

Puedes ayudarlas fácilmente si dices con frecuencia el Nombre de


Jesús, porque a) tú así ofreces por ellas la Preciosa Sangre y
sufrimientos de Jesucristo, como hemos explicado, b) ganas 300 días
de indulgencia cada vez que dices "Jesús".

Ten la costumbre de repetir el Santo Nombre a menudo y podrás


como Santa Matilde aliviar miles de almas que desde entonces no
cesarán de rezas por ti con increíble fervor.

EL ESPANTOSO CRIMEN DE LA INGRATITUD

Damos las gracias a nuestros amigos efusivamente por cualquier


pequeño favor que nos hacen. Pero olvidamos o abandonamos el dar
gracias a Dios por Su inmenso amor hacia nosotros, por haberse
hecho hombre por nosotros, por morir por nosotros, por todas las
Misas que podemos oír, y las Sagradas Comuniones que podemos
recibir -y no recibimos. ¡Que negra ingratitud!

Repitiendo a menudo el Nombre de Jesús, corregimos esta grave falta


y agradecemos a Dios y le damos gran gozo y gloria.

¿No desearías dar alegría a Dios? ¿Quieres? Entonces, querido amigo,


agradece, agradece a Dios. Él está esperando tus gracias.

DIOS AMA A CADA UNO

Hemos dicho que Nuestro Señor en los espantosos sufrimientos de Su


Pasión, en la agonía en el huerto, cuando estaba colgando de la cruz,
nos vio a todos y ofreció -por cada uno de nosotros- todos los dolores
y cada gota de Su Preciosa Sangre.

¿Puede ser posible que Dios es tan bueno que piensa en cada uno de
nosotros, que nos ame tanto?

Nuestros pobres corazones y mentes son pequeñas y corrompidas y


encuentran difícil el creer que Dios pueda ser tan bueno, que se
molesta por nosotros.

Pero Dios, como es omnipotente, infinitamente sabio, es también


infinitamente bueno, generoso y amable. Para entender cómo Dios
pensó en cada uno de nosotros durante su Pasión cuando estaba
colgado en la cruz, solamente tenemos que recordar lo que pasa en
las millones de Sagradas Comuniones recibidas todos los días.

Dios viene a cada uno de nosotros con toda la plenitud de la Divinidad.


Él entra dentro de cada uno de nosotros tan entero y completamente
como está en el Cielo. Él viene a cada uno de nosotros como si esa
persona fuera la única que le recibiera ese día. Él viene con un infinito
amor por nosotros mismos. Así lo creemos todos.

¿Cómo entra dentro de nosotros? Él no solamente entra en nuestra


boca, nuestros corazones -Él viene dentro de nuestras almas. Se une a
nuestras almas tan íntimamente que se hace en una manera
maravillosa uno con nosotros.
Pensemos por un momento en cómo el Gran, Omnipotente, Eterno
Dios está en nuestras almas en la forma más intima posible y que está
allí con todo Su infinito amor, que se queda allí, por un momento sino
por cinco, diez o más minutos -y esto no solamente una vez sino todos
los días si así lo deseamos.

Si pensamos y entendemos esto será fácil ver cómo Él ofreció todos


sus méritos y todos sus sufrimientos por cada uno de nosotros.

EL DEMONIO Y EL NOMBRE DE JESÚS

El peor mal, el más grave peligro que nos amenaza a cada uno de
nosotros todos los días y todas las noches de nuestras vidas, es el
diablo.

San Pedro y San Pablo nos avisan en el más fuerte lenguaje tener
cuidado con el diablo, está usando todo su tremendo poder, su gran
inteligencia, para arruinarnos y hacernos daño en todas las formas. No
hay peligro o enemigo en el mundo que temer como deberíamos temer
al diablo.

Él no puede atacar a Dios, así que vuelve todo su implacable odio y


malicia contra nosotros.

Nosotros estamos destinados a ocupar los tronos que él y los otros


malos ángeles perdieron y eso le anima su furor. Muchos tontos e
ignorantes católicos nunca piensan en esto. Nunca se cuidan en
defenderse y dejan que el diablo les provoque infinito daño y les cause
indecibles sufrimientos.

Nuestro mejor y más fácil remedio es el Nombre de Jesús. Echa al


demonio volando de nuestro lado y nos salva de innumerables males.

Oh, queridos lectores, decid constantemente este poderoso Nombre y


el demonio no podrá haceros daño. Decidlo en todos los peligros, en
todas las tentaciones. Despertad, si habéis estado durmiendo. Abrid
los ojos al terrible enemigo que está siempre asechando vuestra ruina.

Sacerdotes debieran predicar en este importante asunto.

Tendrían que avisar a sus penitentes en el confesionario en contra del


diablo. Aconsejen a la gente cómo evitar malas compañías, que
puedan encaminarles a llevar malas vidas. La influencia del demonio
es incomparablemente más peligrosa aun.

Maestros, catequistas y madres debieran constantemente avisar a sus


niños en contra del diablo. ¡Aun así, todos sus esfuerzos serán pocos!.

Common questions

Con tecnología de IA

The document attributes profound theological significance to the Word "Jesus," emphasizing it as a representation of Jesus' incarnation, passion, and the infinite merits associated with his sacrifice. Invoking the Name of Jesus is presented as a way to offer all the merits of his incarnation, passion, and death to God the Father, acting as a spiritual remedy and providing profound peace . Additionally, it is posited as a means to partake in the celebration of masses worldwide, reinforcing communal and personal devotion . This invocation is also seen as a defense against evil, offering consolation amidst trials .

The symbolic significance attributed to the Name of Jesus involves its embodiment of Jesus' incarnation, passion, and divine merits. Each utterance of the Name is framed as an offering of Jesus' infinite merits to God, encompassing His entire life work from incarnation to passion . This invocation symbolizes the confluence of all redemptive acts, akin to participating in the Eucharistic sacrifice in its entirety, representing not only Jesus' human and divine nature but also the salvation and grace He bestows upon believers . The Name acts as a spiritual conduit that bridges the earthly and the divine, encouraging deep reflection on the mystery of faith and devotion .

The repeated invocation of "Jesus, Jesus, Jesus" is suggested to significantly enhance one's spiritual life by deepening one's connection with the divine and reinforcing faith. It is portrayed as an accessible, cost-free practice with the power to transform personal spirituality by constantly reminding believers of Jesus' sacrifice and love . This practice is associated with miraculous protections, inner peace, and the ability to combat spiritual adversities. It is recommended as a daily routine to enrich faith, cultivate gratitude, and offer all the meritorious acts of Jesus to the Divine Presence, thereby solidifying one's devotion .

Gratitude plays a pivotal role in the invocation of the Name of Jesus, as it transforms the recitation into an act of thanksgiving for Jesus' incarnation and sacrifice . This practice is seen as a way to correct ingratitude towards God's immense love and the continuous miracles received through Jesus' merits. The document suggests that by invoking the Name with gratitude, believers not only offer spiritual worship but also express acknowledgment for the divine favors granted to them, emphasizing the need for such acknowledgment distinct from reciprocity shown towards human benefactors .

Regular invocation of the Name of Jesus is described as bringing psychological peace and emotional joy. The document highlights that such a practice calms the soul, providing a peace beyond worldly comprehension . Additionally, it fosters a deep sense of comfort and security against adversities and even evil forces, as demonstrated by the experiences of figures like Beato Gonzalo de Amarante, who reached a high level of holiness, and San Edmund, who overcame demonic challenges through this devotion .

The personal devotion to the Name of Jesus manifested in the lives of various saints through miraculous actions and profound spiritual experiences. For example, San Leonard of Porto-Maurice demonstrated immense love that brought tears both to him and to his listeners, encouraging them to place stamps of the Divine Name on their doors as protection, which resulted in salvation from various disasters . Additionally, Beato Gil de Santarem experienced levitation in ecstasy due to his deep love while repeating the Name, indicating a high level of spiritual enlightenment . Furthermore, San Pedro utilized the Name of Jesus to perform miracles, such as healing a lame man, thereby showcasing its divine power and his unwavering faith .

The Name of Jesus is perceived as a formidable defense mechanism against evil, with its repeated invocation offering protection from demonic influences. The document outlines the case of San Edmund, who overcame demonic interference through this Name . It also mentions the general warning by early Church figures, including San Pedro and San Pablo, about the dangers posed by evil forces and how invoking Jesus serves as a countermeasure, providing a spiritual shield and fostering resilience against satanic threats . The Name's invocation is depicted as a practice that wards off evil while strengthening the individual's spiritual defenses .

The document explains that the Name of Jesus empowered saints to perform miracles due to its divine essence encapsulating Jesus' love, power, and teachings. Saints like San Pedro and the Apostles are cited as converting entire communities and performing healings, such as the curing of the lame man, through the proclamation and faith in the Name of Jesus . The Name's omnipotence is emphasized as key to the saints' miraculous deeds, reflecting a divine authority that enables transformative acts and reinforces faith and devotion across different communities .

The invocation of the Name of Jesus had a significant impact in Portugal during the plague, as it led to the healing of the sick and the cessation of the plague. This miraculous event was so profound that it resulted in widespread devotion and trust in the Name of Jesus, leading to the establishment of confraternities, processions, and altars honoring this holy name. This transformation turned a curse into one of the greatest blessings for the country, as the trust in the Name of Jesus continued and spread to other regions .

The document provides the historical example of the cessation of the plague in Portugal as a miraculous power of the Name of Jesus in curing ailments. The invocation of the Name performed by André Dias, along with rituals such as blessing water and sprinkling it on the sick, led to the healing of the infirm and the end of the deadly plague, transforming a dire situation into a profound blessing .

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