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Formación Juvenil en Huajuapan

PRESENTO UNA PRIMERA PARTE DE ACOMPAÑAMIENTO JUVENIL SIGUIENDO EL PROCESO DE FORMACIÓN DEL DOCUMENTO DE APARECIDA
Derechos de autor
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Formación Juvenil en Huajuapan

PRESENTO UNA PRIMERA PARTE DE ACOMPAÑAMIENTO JUVENIL SIGUIENDO EL PROCESO DE FORMACIÓN DEL DOCUMENTO DE APARECIDA
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DIÓCESIS DE HUAJUPAN DE LEÓN, OAX.

Discípulos Misioneros de Jesucristo Vivo

TEMARIO DE
ACOMPAÑAMIENTO Y
FORMACIÓN DE JÓVENES
Diócesis de Huajuapan de León, Oax.

DIÁCONO LIC. JOSÉ GUADALUPE ENRÍQUEZ


LÓPEZ

Cel. 953 175 01 99


E-Mail: fidesetractio@gmail. com
Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

RESENTACIÓN
Milagrosamente el Papa Francisco ha decretado que de octubre del 2017 a octubre
del 2018 sea un año consagrado a la juventud. Es por eso, que este año que estamos cursando
se denomina como el famoso «AÑO DE LA JUVENTUD».
El año de la juventud es un año de gracia, en donde la Iglesia se da a sí misma la
oportunidad de escuchar a los jóvenes. La opción preferencial por los jóvenes implica
escuchar la novedad y la renovación del Espíritu Santo sobre aquellos que, según sus
experiencias y ancianidad, lo saben y pueden todo: «Envejecido en la maldad, ahora
reaparecen tus delitos del pasado» (Dn 13, 52).
Con el motivo de estar en comunión con la Iglesia, y con el impulso que se está
realizando en la Diócesis en favor de los jóvenes, ofrezco de manera propositiva el siguiente
temario, que, humildemente pretende seguir el itinerario formativo y la intención del
Documento de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, de Aparecida, Brasil.
Los jóvenes son la prioridad de la Iglesia. Sería un necio quien, a estas alturas del
siglo XXI, considere a los jóvenes como una etapa sin experiencias y madurez, ya que el
avance de la ciencia y tecnología, ha llevado a que nuestros jóvenes alcancen la madurez por
caminos descomidos por nosotros.
Estoy plenamente convencido de que hoy en día, nuestra Diócesis debe de estar a la
altura de poder ofrecer a la realidad propia del joven y a la realidad natural de cada Decanato,
una serie de temas que permitan a nuestros jóvenes un encuentro verdadero y auténtico con
Jesucristo.
Para hacer propositivo el temario, asumo el Proyecto de Revitalización de la Pastoral
Juvenil Latinoamericana, que consta de cuatro pasos íntimamente unidos: FASCINAR,
ESCUCHAR, DISCERNIR Y CONVERTIR. No quiero hacer de este proyecto una idea
fugaz y simplemente teórica, sino una realidad que nos puede ayudar a la realización de un
temario juvenil en nuestra Diócesis.

Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

CHARLA I
«EL JOVEN LLAMADO AL ENCUENTRO CON CRISTO»
OBJETVO: Que el joven, fascinado por la maravillosa vida de Jesús de Nazaret,
experimente un encuentro transformador y renovador con nuestro salvador, expresando
verdaderos actos de conversión en su entorno familiar, social, grupal y eclesial.
ORACIÓN INICIAL:
Canto: Hoy en oración
Buscar en la Sagrada Escritura: Salmo 23(22) El Buen Pastor (Leerlo todos juntos)

 Padre Nuestro…Ave María…Gloria…

I. NOS DEJAMOS «FASCINAR» POR LA REALIDAD


 Para este momento, se sugiere formar equipos y a cada equipo entregar una copia
de la siguiente reseña.
UN HOMBRE EXTRAORDINARIO
Tiene entre 30 y 35 años. Es un obrero robusto capaz de sufrir noches de vigilia, largas
jornadas de camino bajo el sol. Su presencia y su mirada seducen. Sabe ser tanto de piedad
como de indignación. Su palabra es unas veces ruda, otras afectuosa. Pero siempre directa,
muestra que penetra los pensamientos y los corazones de los que le rodean, Conoce el trabajo
de los hombres porque lo ha practicado largo tiempo. Es un hombre lleno de buen sentido
que no se paga con palabras, sino que quiere actos.
No es un intelectual, porque no ha frecuentado las escuelas, pero sus conocimientos
son profundos y amplios, animados de una viva imaginación: sabe presentar las escenas de
la vida cotidiana, los oficios, las fiestas, las estaciones del año.
Comprende a las gentes por instinto, porque su sensibilidad, que es viva, abre los
corazones a las necesidades de los otros. Y todo esto lo realiza sin demagogia.
Guarda en todo un equilibrio magnífico. No vive como todo el mundo, es un separado.
Ha dejado su trabajo profesional para cumplir una misión itinerante.
¿De qué vive entonces? De la hospitalidad de los amigos, de los regalos. Además, de todo
eso no se preocupa.
Un régimen frugal, en un ambiente que le encanta, le es suficiente, sin desdeñar la
ocasión de hacer honor al que le invita. Y esa vida ruda día a día es la que propone a sus
compañeros.
No está casado, pero no tiene repulsa hacia las mujeres. Les habla directamente y con
cortesía. Libre de todo lazo se pone a disposición de todos, para servirles, para amarles y
hacerles amar. Los que sufren en su alma o en su cuerpo son los que atraen su benevolencia.
Con todo es sencillo, a su altura, acogedor, hombre de pueblo y gran señor a la vez.
No se une a una clase social, a pesar de su preferencia hacia los pobres. Guarda una
soberana independencia respecto a los que le solicitan: familia, amigos, autoridades
religiosas y civiles, opinión pública.
No hace política. No se mezcla en negocios. Su empresa va más lejos o más alta.
Cumple su misión con una impresionante autoridad. Que nadie busque el influenciarle o

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

hacerle torcer la línea de su destino, entonces reacciona vivamente. A demás jamás consulta
a nadie sobre lo que tiene qué decir o hacer.
Nunca se vuelve atrás. Jamás duda. Tranquilo, seguro de sí, domina y construye su
destino, su drama. Sabe actuar con paciencia, progresar, adaptarse, pero siempre marchando
en línea recta.
Afronta lúcida y valientemente la incomprensión, la envidia, el odio, a lo largo de una
lucha sin tregua. Nadie le asusta. Dice la verdad, guste o no guste. Le causan horror los
hipócritas y los orgullosos. Permanece insensible ante el entusiasmo irreflexivo de sus
admiradores. Sabe descubrir hábilmente las trampas de sus enemigos. Con toda paciencia
corrige los errores de sus amigos. Admira la fe y la generosidad de los humildes, anima la
confianza que le dan sus compañeros, pero sin adularlos nunca. Les confía sus designios, los
asocia a su misión. Este retrato es rigurosamente histórico. Este hombre es auténtico.
SE LLAMA JESUS. SU GRANDEZA intriga, pero no aplasta. SU AMOR libera y estimula.

(cfr. PAGOLA José Antonio, Jesús. Aproximación histórica, Editorial PPC, 2014)

COMPARTIR POR EQUIPOS


Para ti joven ¿Quién es Jesús de Nazaret?
A este hombre, ¿Lo has experimentado como tu Dios?
 Realizar un pequeño plenario para recoger conclusiones.

II. QUEREMOS «ESCUCHAR» A DIOS EN SU PALABRA

Lectura del Santo Evangelio según san Juan 1, 35-42


Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos.
Fijándose en Jesús que pasaba, dijo: «He ahí el Cordero de Dios». Al oírle hablar así, los
dos discípulos siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les preguntó: «¿Qué
buscáis?». Ellos le respondieron: «Rabbí – que quiere decir ‘Maestro’ - ¿dónde vives?». Les
respondió: «Venid y lo veréis». Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel
día. Era más o menos la hora décima.
Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y
habían seguido a Jesús. Andrés encuentra primero a su propio hermano, Simón, y le dijo:
«Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo –. Y le llevó donde Jesús. Fijando
Jesús su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que
quiere decir ‘Piedra’. Palabra del Señor.
Para profundizar
Los Evangelios relatan numerosos encuentros de Jesús con hombres y mujeres de su
tiempo. Lo novedoso de estos encuentros es la fuerza transformadora que manifiestan, ya que
el encuentro con Jesús abre un auténtico proceso de conversión, comunión y solidaridad. Así
podemos recordar el encuentro de Jesús con la Samaritana (cfr. Jn 4, 5-42) o con Zaqueo (cfr.
Lc 19, 1-10).
El pasaje del evangelio de san Juan que se ha proclamado, nos narra la experiencia de
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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

un encuentro personal e íntimo: «Rabbí – que quiere decir ‘Maestro’ - ¿dónde vives?». Les
respondió: «Venid y lo veréis». Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel
día.
Todo encuentro suscita admiración. En la reseña que compartimos por equipos se nos
permitió conocer, en síntesis, la fascinante vida de Jesús. Esa fascinante vida sigue
impactando a todos los jóvenes que verdaderamente se aventuran a conocer su fe, que buscan
un encuentro real con Jesús, que buscan sentido y plenitud a su vida juvenil.
Ir al encuentro de Jesús implica ir, quedarnos con él, conocerle y amarle. Ya
expresaba sabiamente san Agustín: “Solamente se ama lo que se conoce”. Sin embargo, la
invitación de Jesús respeta siempre la libertad de los que son llamados a estar con Él. Hay
casos en que el hombre, al encontrarse con Jesús, se cierra al cambio de vida al que Él lo
invita.

III. QUEREMOS «DISCERNIR» NUESTRA REALIDAD DESDE EL


MAGISTERIO DE LA IGLESIA.
El Año de la Juventud es la oportunidad para que muchos jóvenes experimenten
verdaderamente un encuentro con Cristo. Aunque a veces vemos en los templos la presencia
del joven y por esta realidad podemos medir cuantitativamente nuestro quehacer pastoral, no
quiere decir por ello que el joven haya entrado en un proceso de conversión permanente si
primero no ha experimentado un encuentro real con Jesucristo.
El encuentro con Jesucristo es el inicio de un joven nuevo en la historia y al que se le
puede llamar con toda certeza discípulo; es por ello que el Papa Benedicto XVI señalaba:
«No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro
con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello,
una orientación decisiva» (DCE 1).
Cuando en la vida del joven falta esta experiencia con Cristo, su vida, su servicio y
vocación se desorientan. Hay jóvenes que le pierden sentido a la vida, a la fe, a la religiosidad
popular, etc., dándole prioridad a las peligrosas novedades que les ofrece la cultura
posmoderna. El servicio, vocación de todo bautizado, se reduce a puro altruismo o se ve
condicionada por una amistad personal lejos de todo sentido eclesial. La vocación, opción
personal y libre, se pierde y se confunde con una profesión.
Sin embargo, la naturaleza del auténtico cristiano tiene su raíz fundante en el
acontecimiento Cristo, es decir, en reconocer la presencia de Cristo en la vida y seguirlo. Es
por ello, que, el Documento de Aparecida, nos ofrece los espacios o lugares en los que el
joven experimente un verdadero encuentro con Cristo.
Un primer espacio de encuentro del joven con Cristo es la Sagrada Escritura. Estudiar
y orar con la Palabra de Dios fascina al joven, ya que guiados por el método de la Lectio
Divina, el joven se sumerge en la aventura de todo discípulo seguidor de Cristo (cfr. DA 247-
249).
Un segundo espacio de encuentro del joven con Cristo es la Eucaristía celebrada en
la liturgia de la Iglesia. La participación consciente, activa y fructuosa del joven en el
Sacramento de la Eucaristía lo hace entrar en un dinamismo vertical y horizontal hacia Dios
y el prójimo (cfr. DA 250-253).

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

Un tercer espacio de encuentro del joven con Cristo es el sacramento de la


Reconciliación y la oración personal y comunitaria. En el sacramento de la Reconciliación el
joven que ha caído en el pecado, experimenta de manera singular el encuentro misericordioso
con Jesucristo (cfr. DA 254). La oración personal y comunitaria, es el espacio en donde el
joven, alimentado por la Palabra y la Eucaristía, cultiva su relación con el otro, lo otro y el
Totalmente Otro (cfr. DA 255-256).
Finalmente, el joven encuentra a Cristo en el pobre y necesitado. El amor traducido
en caridad concreta lleva a que el joven encuentre en el pobre a Cristo y en Cristo a Dios.
En este Año de la Juventud, lo prioritario es el encuentro con Cristo vivo, que
FASCINA, ESCUCHA, DISCIERNE Y CONMOVIENDO CONVIERTE.

IV. NOS QUEREMOS «CONVERTIR» EN MISIONEROS DE JESÚS


 En este momento, se invita a los jóvenes a escenificar las distintas formas de
encuentro y conversión con Jesús. Los jóvenes que participen en la pequeña obra, se
aprenderán el siguiente diálogo.
 En su lugar, el equipo de jóvenes de la pastoral, escenificará para los jóvenes
asistentes cada uno de los personajes.
 Se sugiere que este momento de escenificación se realice frente al Santísimo
Sacramento o en su lugar, ante una imagen de Jesús.

PEDRO
“Fue Andrés el que me buscó, me invitó, insistió no sé cuántas veces para que te
siguiéramos…Yo creí que con todos los años y con todas las cosas que pasamos juntos, te
conocía y te seguía. Pero no… cuando me preguntaron si era de los tuyos, les dije que
no…tres veces les dije que no.
¿Sabes cuándo fue? ¿Sabes me di cuenta lo que eras para mí?... Cuando me preguntaste si te
amaba…si te amaba más que ellos…”
PABLO
“Pensar que yo te perseguía. Era de aquellos que desde la vereda de enfrente levantaba el
dedito acusador.... Creía que las sabía todas... por los maestros, la experiencia y tantas cosas.
¡Me tuviste que dejar CIEGO para que entendiera! ¿Te das cuenta? Estaba ciego, pero me
dejaste ciego para que entienda.
¡¿Cómo no entender entonces?! ¿Cómo no explicarle a todo el mundo que yo soy el primer
pecador, y que por más males que te quise hacer, me salvaste por tu gracia, por tu amor?
Desde que me devolviste el ver, no dejo de decir que... nada, ni lo alto, ni lo profundo, ni
tribulaciones, ni la propia muerte, nada... nada nos puede apartar de tu amor.”

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

LA MUJER SAMARITANA
“Cuando te conocí en el pozo de agua, creí que eras uno más... Uno más de esos maestros
(con sorna), y encima me parecías soberbio.... Todavía no entiendo muy bien, cómo era que
no sólo conocías toda mi historia, sino además sabías que estaba cansada de toda mi historia.
¿Cómo sabías que tenía sed de vivir?
Yo sabía que iba a venir el Mesías, pero nunca pensé que te iba a encontrar cara a cara,
pidiéndome agua. Desde ese día, con esa agua que fue bálsamo de vida para mí, no hago otra
cosa que tratar de llevar a mi gente a tu fuente de agua viva”.
ZAQUEO
“Era la guita lo que me interesaba, Señor” Realmente, quería más guita. No, la gente no me
importaba... yo no sabía si estaba bien o estaba mal. Yo quería guita. Es más, había calculado
que con unos años más de ganancia, les hacía pito catalán a los romanos y vivía como un rey.
Era la guita, nomás, era la guita....
Ese día pasabas. Todos decían que eras alguien importante, un tipo especial. Y a mí justo se
me ocurre subir a la higuera... ¡y me miraste a los ojos! ¿Te das cuenta...? A LOS OJOS...
Creo que desde que nací que no me miraban a los ojos (quien va a pensar que detrás del que
cobra hay una persona).
Tu mirada lo hizo todo... sí, yo cambié, pero tu mirado lo hizo todo...”
LA MUJER ADÚLTERA
“Yo quería decirles: ¡Ustedes hacen lo mismo! Ustedes hacen lo mismo pero la ley los
defiende. A nosotras no nos defiende nadie. Esa mañana se vinieron enfurecidos, tenían
cientos de piedras... y pasó eso... pasó que estabas allí... precisamente cuando me iban a
matar, cuando buscaban un sí, mátenla... Estabas allí, tranquilo y yo temblando como una
hoja.
Creo que no escuché lo que dijiste mientras escribías en la tierra. Pero después, como una
brisa fresca, escuché que me decías: Mujer ¿dónde están los que te condenan?
Y me perdonaste... me defendiste y me perdonaste... (se va yendo) me defendiste y me
perdonaste (bssss).
CENTURIÓN
“Sigo pensando que no soy digno de que entres en mi casa. Sigo pensando que con una
palabra tuya es suficiente. Soy un centurión, y fui educado en la disciplina, por lo tanto, creo,
creo firmemente.
Pero necesito, Señor, que digas tu palabra, necesito que me digas cuál es la misión, qué tengo
que hacer. No busco sutilezas, ni cuestiones raras. Necesito tener las cosas claras y entonces:
¡creo!

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

No soy de los que quieren molestarte con mis pedidos. Sé que necesito muchas cosas, como
aquel día cuando sanaste a mi siervo. Pero más que eso necesito tu palabra, tu voluntad, tu
dirección, tu luz.”

 Se invita a pasar ante la cruz, arrodillarse, recordar la propia conversión o


experiencia personal con Cristo, agradecerle por la obra que hizo en uno y
prometerle al Señor ser testigo de esa experiencia.
 A continuación, invitar a que, si alguno todavía no ha tenido este encuentro con
Jesucristo, puede acercarse a la cruz para que se produzca en ese momento.
 Mientras tanto se puede cantar: El encuentro o en su lugar Oh deja que el Señor te
envuelva.

Este momento se termina con la siguiente oración: Dulce Madre…

CHARLA II
«EL JOVEN LLAMADO A LA CONVERSIÓN»
OBJETVO: Que el joven experimente el amor misericordioso de Jesús como la única fuerza
capaz de transformar la vida de todo aquel que se ha encontrado con Él.
ORACIÓN INICIAL:
Canto: ¿Dónde está la juventud?
Buscar en la Sagrada Escritura: Salmo 51 (50) Miserere (Leerlo a dos coros)

 Padre Nuestro…Ave María…Gloria…

I. NOS DEJAMOS «FASCINAR» POR LA REALIDAD


 Para contemplar la realidad en la que se encuentra inmerso el cristiano de hoy, se
sugiere formar pequeños grupos de jóvenes.
 A cada grupo se le ofrecerá una copia de la siguiente parábola.
 Se les pide a los jóvenes ser analíticos y críticos de la realidad a partir de la lectura
de la parábola.
EL PAYASO
Un circo de Dinamarca fue presa de las llamas. El director del circo envió a un payaso,
que ya estaba preparado para actuar, a la aldea vecina para pedir auxilio, ya que existía el
peligro de que las llamas se extendiesen incluso hasta la aldea, arrastrando a su paso los
campos secos y toda la cosecha.

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

El payaso corrió a la aldea y pidió a sus habitantes que fuesen con la mayor urgencia
al circo para extinguir el fuego. Pero los aldeanos creyeron que se trataba solamente de un
excelente truco ideado para que en gran número asistiesen a la función; aplaudieron y hasta
lloraron de risa. Pero al payaso le daban más ganas de llorar que de reír. En vano trataba de
persuadirlos y de explicarles que no se trataba ni de un truco ni de una broma, que la cosa
había que tomarla en serio y que el circo estaba ardiendo realmente. Sus súplicas no hicieron
sino aumentar las carcajadas; creían los aldeanos que había desempeñado su papel de
maravilla, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea. La ayuda llegó demasiado tarde, y
tanto el circo como la aldea fueron consumidos por las llamas.
Parábola del filósofo existencialista Kierkegaard
(cfr. RATZINGER Joseph, Introducción al cristianismo, Editorial Sígueme, Salamanca)
COMPARTIR POR EQUIPOS
A la luz de esta historia, podemos analizar cómo está la vida del cristiano hoy

Para ti joven ¿Con quién puedes comparar al payaso?


Un cristiano que dice una cosa y vive otra ¿A quién se parece?
¿Qué payasos encontramos en la sociedad o en la Iglesia que sólo sirven para dar rizas?
¿Cómo jóvenes qué podemos hacer para que el mundo de hoy nos crea?
 Realizar un pequeño plenario para recoger conclusiones.

II. QUEREMOS «ESCUCHAR» A DIOS EN SU PALABRA

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10


Entró en Jericó e iba cruzando la ciudad. Había allí un hombre llamado Zaqueo, que
era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero, como era bajo de
estatura, no podía, pues la gente se lo impedía. Se adelantó corriendo y se subió a un
sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzó la vista
y le dijo: «Zaqueo, baja pronto; conviene que hoy me quede en tu casa». Se apresuró a bajar
y lo recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse a casa de un
pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a
los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más». Jesús le dijo:
«Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el
Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». Palabra del Señor
Para profundizar
Jesús llega al final de una larga caminata. Como todo peregrino, su objetivo es llegar
a Jerusalén. Ahora llega a su última parada, Jericó, la ciudad de las palmeras, que se ubica en
el valle del Jordán. Es la última parada de los peregrinos antes de subir a Jerusalén.
Al atravesar Jericó, casi a las salidas de la ciudad, Jesús se encuentra con Zaqueo, un
hombre rico, un publicano, un pecador, traidor e impuro. Zaqueo quería ver a Jesús; siendo
pequeño de estatura, busca la manera de ver a Jesús, de encontrarse con el Amigo.
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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

El encuentro entre Jesús y Zaqueo es inaudito y escandaloso para aquellos religiosos


que preferían cumplir la ley y no la misericordia. Sin embargo, Jesús, pese a las críticas y
escándalos, se auto invita a hospedarse en casa de Zaqueo. Fue grande la sorpresa para
Zaqueo. Jesús no lo excluye, sino que lo acoge con misericordia, entrando en su casa,
comiendo en su mesa, compartiendo su amistad.
Este encuentro despertó algo nuevo en Zaqueo, el deseo interior de ser diferente. La
conversión llegó a casa de Zaqueo: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si
en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más». Esta es la conversión en Zaqueo
por la acogida de parte de Jesús.
Jesús nos enseña cómo es Dios con el pecador. En la persona de Jesús Dios sale al
encuentro del pecador que se arrepiente y convierte. Dios no rechaza al pecador, al contrario,
lo busca y lo acoge.
Esta actitud de Jesús nos debe de cuestionar a todos. Muchas veces rechazamos al
pecador, al débil, al frágil. A veces las personas que dicen llevar más tiempo en la Iglesia son
las que rechazan con dureza y crudeza al pecador que busca el perdón de Dios. ¡No hemos
aprendido nada de Dios!

 Al terminar la reflexión, se hace a los jóvenes las siguientes preguntas:


¿Qué entendemos ahora por conversión?
¿Qué podemos hacer para llevar a los demás a la conversión?
¿Cómo se puede vivir la conversión?

III. QUEREMOS «DISCERNIR» NUESTRA REALIDAD DESDE EL


MAGISTERIO DE LA IGLESIA.
Quien ha tenido un encuentro con Jesucristo ya no puede ser igual, entra
consecuentemente en un proceso de conversión. La conversión es la segunda dimensión
dentro del proceso de formación del discípulo misionero. El joven que se ha encontrado con
Jesucristo vivo, entra necesariamente en un proceso de conversión. La conversión ‹‹es la
respuesta inicial de quien ha encontrado a Jesucristo. Lo ve con admiración, cree en Él por
la acción del Espíritu, se decide a ser su amigo y a seguirlo, cambiando su forma de pensar
y de vivir, aceptando la cruz, sabiendo que morir al pecado es alcanzar la Vida. En los
Sacramentos de iniciación y en la Reconciliación se actualiza la redención de Cristo y,
mediante ellos, el discípulo llega a la culminación de su proceso formativo›› (DA 278).
En el Año de la Juventud, el don por excelencia que se tiene que hacer presente en la
vida del joven es la conversión. Nadie se convierte así mismo, la conversión es un don, nos
viene de fuera. Sólo Dios puede cambiar el corazón y la vida del joven. La conversión no es
fácil, es un camino difícil, en donde el arrepentimiento, la fuerza de voluntad y el testimonio
de los santos juegan un papel importante.

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

Un joven convertido le hace bien a la Iglesia. La hace crecer, participa en ella; hace
de su misterio algo interesante. Un joven convertido vive y propicia la comunión; hace de su
grupo una verdadera familia cristiana y no una secta; busca el crecimiento de todos sin
explotar a los más jóvenes; un joven convertido hace de su grupo un verdadero grupo juvenil,
en donde Cristo es el centro, la fuerza y el fin del joven.
Pero un joven que no está convertido le hace mal a la Iglesia; la utiliza para sí mismo
y explota a los demás. Generalmente es alérgico a la comunión y en vez de formar un
verdadero grupo juvenil forma una secta; utiliza el nombre de la Iglesia para realizar
proyectos altruistas, pero no tienen nada que ver con lo cristiano; en pocas palabras, en donde
no está Dios no hay conversión.
El Documento de Aparecida, dice al respecto: «Sin embargo, en el ejercicio de
nuestra libertad, a veces rechazamos esa vida nueva (cf. Jn 5, 40) o no perseveramos en el
camino (cf. Hb 3, 12-14). Con el pecado, optamos por un camino de muerte. Por eso, el
anuncio de Jesucristo siempre llama a la conversión, que nos hace participar del triunfo del
Resucitado e inicia un camino de transformación» (DA 351).
Cuando el joven entra verdaderamente en un proceso de conversión, realiza su
servicio sin presunción y arrogancia; comprende que a pesar de la grandeza de su servicio
dentro de la Iglesia o fuera de ella, su humildad y sencillez son indispensables para
transfigurar a Cristo. Ama trabajar en equipo y es promotor de la comunión.
El Año de la Juventud es un año de gracia, ya que puede llevar a muchos jóvenes al
encuentro con Cristo y a una verdadera conversión. Hoy más que nunca la Iglesia necesita
de jóvenes convertidos a Jesús, que griten porras y vivas con sentido; que formen grupos
verdaderamente eclesiales, en donde Cristo joven sea el centro de sus reuniones, alegrías y
opciones.

IV. NOS QUEREMOS «CONVERTIR» EN MISIONEROS DE JESÚS


 En este momento se sugiere formar varios equipos. A cada equipo se le ofrecerá un
texto bíblico en donde se presente el encuentro con Jesús y la conversión.
 Cada equipo dramatizará el texto bíblico (personajes) con lenguaje juvenil y
actualizándolo a la realidad de hoy.
Equipo I.- Lucas 19, 10-14
Equipo II.- Mateo 21, 28-31
Equipo III.- Lucas 7, 36-50
 Al terminar la dramatización, el dirigente invitará a los jóvenes participantes a
compartir la experiencia de conversión adquirida en la dramatización.
 De tarea, se les pedirá a los jóvenes traer a otro joven para la próxima reunión, como
un signo de que quieren conducir a otros al encuentro con Jesús y a la conversión de
la cual ellos participan ya.
 Este momento se termina con la siguiente oración: Dulce Madre…

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

CHARLA III
«EL JOVEN LLAMADO A SER DISCÍPULO DE JESUCRISTO»
OBJETVO: Motivar a los jóvenes a dar una respuesta sincera en su caminar diario, a través
de la experiencia del llamado que Cristo hace en nuestras vidas, para ser verdaderos
discípulos de Él.
ORACIÓN INICIAL:
Canto: Un día caminaba
Buscar en la Sagrada Escritura: 1 de Reyes 3, 5-14: El sueño de Salomón
 Invitar a los jóvenes a compartir su impresión del texto leído
 Padre Nuestro…Ave María…Gloria…

I. NOS DEJAMOS «FASCINAR» POR LA REALIDAD


 Para presentar la realidad en la que vive inmerso el joven, se puede realizar un
periódico mural en donde se presenten imágenes que el joven pueda identificar.
A diferencia de otros tiempos, los jóvenes de hoy se encuentran inmersos en una
época a la cual podemos llamar tecnolíquida. Esto quiere decir, que la realidad de nuestros
jóvenes en pleno siglo XXI es una realidad compleja, en donde la ciencia, la tecnología y los
cambios vertiginosos imponen una personalidad juvenil casi confusa.
Todos estos cambios han creado una sociedad, y sobre todo una juventud sin juicio
crítico, al grado que, los jóvenes de hoy, se dejan mover por cualquier ideología, moda,
música y creencia. Los nuevos dioses de los jóvenes de hoy son los artistas (Maluma, Dadi
Yanqui, Shakira, etc.), los deportistas (Messi, Cristiano Ronaldo, etc.), al grado que, muchos
jóvenes buscan seguir e imitar a sus nuevos ídolos siguiéndolos o vistiéndose como ellos.
La influencia de los Medios de Comunicación (TV, Radio, Facebook, Watt, etc.) ha
llevado a que los jóvenes caigan en un consumismo tecnolíquido. Los jóvenes buscan o se
empeñan (Coppel, Elektra, etc.) por adquirir el mejor celular; lo curioso es que a los pocos
días de haberlo adquirido ya desean adquirir otro, porque el que tienen ya quedó obsoleto.
Esto genera en nuestros jóvenes una insatisfacción humana, al grado que su YO se ve siempre
vacío.
Aunado a esto, por la facilidad que ofrece la internet, se ha generado una “pereza
intelectual” en los jóvenes. Ya no piensan, ya no buscan, no cuestionan, son borregos en
medio de una sociedad consumista.
Y para colmo, se dejan cautivar por cualquier ideología o por los patrones de belleza
que impone la cultura actual. Los jóvenes ya no buscan y siguen la verdad, sólo siguen a
aquel o aquello que les agrada. Son alérgicos al sacrificio y aún en su pobreza, buscan vivir
una vida cómoda, soñando con riquezas que alcanzan involucrándose al crimen organizado.

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

Todo esto es generado por las nuevas “Teleseries” (Rosario Tijeras, el señor de los cielos,
etc.).
Esta realidad nos demuestra que los jóvenes de hoy siguen cualquier cosa o persona.
Se dejan cautivar fácilmente. Optan por caminos falsos o por seguir a personas (deportistas,
artistas, políticos o pastores) que terminan por defraudarlos. Siguen a todo mundo, menos a
Jesús de Nazaret.
 Al finalizar la presentación de la realidad en la que actualmente se encuentra
inmerso el joven de hoy, se sugiere hacer a los jóvenes las siguientes preguntas:

1.- ¿Creen que falta algo a la realidad antes descrita?


2.- Como jóvenes ¿A quién seguimos actualmente? ¿Quiénes son nuestros dioses?

II. QUEREMOS «ESCUCHAR» A DIOS EN SU PALABRA

Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 1, 16-20


Iba Jesús bordeando el mar de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés
largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os
haré llegar a ser pescadores de hombres». Ellos dejaron las redes al instante y le siguieron.
Continuó caminando un poco y vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que
estaban también en la barca arreglando las redes. Al instante los llamó, y ellos, dejando a
su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él. Palabra del Señor
Para profundizar
Seguir a Jesús debe ser una respuesta totalmente libre, debe estar llena de voluntad,
pero también deber ser engendrara a partir de la experiencia que vamos teniendo de Él. Sin
embargo, la vida diaria que vivimos como jóvenes en el mundo, hace de nuestra respuesta
una respuesta insegura, débil y superficial. Los cristianos debemos reconocer nuestra
necesidad de responder a Dios con sinceridad, guiados por el espíritu, para poderle seguir y
llegar a ser verdaderos discípulos.
Hay que recordar que el seguimiento implica dejarse guiar, enseñar y conducir con
obediencia, con humildad y con respeto. El seguir, es dejar atrás todo lo que tenemos y
emprender una nueva aventura con el Maestro, con aquel que nos llamó a seguirle para poder
estar, permanecer y quedarnos con él.
El relato del evangelio que hemos escuchado nos presenta el llamado y el discipulado
de cuatro hombres, que inmersos en sus quehaceres ordinarios, reciben por parte de Jesús la
invitación de seguirle. Sin embargo, no es fácil ser discípulo de Jesús. Implica dejar muchas
cosas; dejar nuestras seguridades y comodidades para seguirlo totalmente.
Hoy en día vemos a muchos jóvenes que no se acercan a Dios y a su Iglesia. No lo
hacen porque no quieren dejar todo aquello que los ata a este mundo lleno de diversiones,

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

fantasías y perversiones. Por ejemplo, es común ver a muchos jóvenes que en la fiesta
patronal del Santo Patrono del pueblo se hacen presente en la comunidad. Sin embargo,
muchos de ellos solamente llegan al atrio del templo, otros solamente llegan al baile, otros
solamente a tomar o a pelear. Eso no es ser discípulo de Jesús. El buen discípulo no se deja
llevar por las corrientes del mundo, los placeres o los vicios, para un joven discípulo lo
primero será siempre Jesús.

III. QUEREMOS «DISCERNIR» NUESTRA REALIDAD DESDE EL


MAGISTERIO DE LA IGLESIA.
Dentro del proceso de formación del discípulo misionero que nos ofrece el
Documento de Aparecida, como aspecto fundamental se encuentra el ‹discipulado› (cfr. DA
278). Esto quiere decir que, quien se ha encontrado con Cristo ha entrado en un proceso serio
de conversión, y está preparado para seguirlo, ya que ‹‹no se comienza a ser cristiano por
una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una
Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva›› (DCE
1).
El joven que se ha encontrado con Cristo transforma su vida. Entra en un proceso
serio de conversión que se ve reflejado en su manera de contemplar la realidad en la que se
encuentra inmerso; y no conformándose con ello, ilumina la misma realidad de la que es hijo
siendo discípulo de Jesucristo.
Ser discípulo de Jesucristo implica seguirlo sólo a Él. Jesucristo pasa a ocupar el
centro y corazón de la vida del joven, ya que quien reina en el corazón del joven conduce su
vida. ‹‹La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús
maestro, profundiza en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina. Para este
paso, es de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramental, que
fortalecen la conversión inicial y permiten que los discípulos misioneros puedan perseverar
en la vida cristiana y en la misión en medio del mundo que los desafía›› (DA 278).
Para que el joven sea un auténtico discípulo de Jesucristo, es necesarios que crezca
en él la conciencia de pertenencia a Cristo. Para alcanzar esta conciencia, es necesario que el
joven se acerque a la Palabra de Dios, no como a un libro que tiene que leer y memorizar,
sino como a una persona a la cual tiene que escuchar, contemplar y admirar, al grado que,
fascinado por la persona de Jesús, se enamore perdidamente de Él.
Esto es lo que precisamente señalaba en su momento el Papa Benedicto XVI,
refiriéndose al discípulo verdadero de Jesucristo: ‹‹El discípulo, fundamentado así en la roca
de la Palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la Buena Nueva de la salvación a sus
hermanos. Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el
discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos
salva (cf. Hch 4, 12). En efecto, el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza,
no hay amor, no hay futuro›› (DI 3).

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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

La etapa discipular en la vida del joven, lo alejará de toda ideología egoísta y lo


preservará de todo líder manipulador, ya que cuando realmente se sigue a Cristo, no se sigue
a falsos profetas que muchas veces utilizan a los jóvenes o grupos juveniles para otros fines,
haciendo del grupo una secta, un grupo selecto, una trampa para noviazgos inmaduros, etc.,
ya que no se puede ser realmente discípulos de Jesucristo si no es el mismo Cristo el centro
de la vida del joven o del grupo juvenil.
En este sentido, subraya el Documento de Aparecida: «Al llamar a los suyos para que
lo sigan, les da un encargo muy preciso: anunciar el evangelio del Reino a todas las naciones
(cf. Mt 28, 19; Lc 24, 46-48). Por esto, todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace
partícipe de su misión, al mismo tiempo que lo vincula a Él como amigo y hermano. De esta
manera, como Él es testigo del misterio del Padre, así los discípulos son testigos de la muerte
y resurrección del Señor hasta que Él vuelva. Cumplir este encargo no es una tarea opcional,
sino parte integrante de la identidad cristiana, porque es la extensión testimonial de la
vocación misma» (DA 144).

Ante esta realidad presentada:

¿Qué nos pide el seguimiento a Cristo?


¿Cómo debe ser mi seguimiento?
¿Qué garantiza el seguir a Cristo desde mi respuesta en mi vida cotidiana?

IV. NOS QUEREMOS «CONVERTIR» EN MISIONEROS DE JESÚS

El hacer discípulos es un proceso que empieza por compartir a Cristo y continua al


ayudar a los que han recibido a Cristo a crecer hacia la madurez. Cuando ellos dirigen a otros
a Cristo y los discipulan, ellos se transforman en discipuladores.
Cuando nos encontramos con Cristo como nuestro Salvador, comenzamos un proceso
que dura toda la vida de convertirse en un discípulo. Ahora es tiempo para que empecemos
a discipular a otros. La Iglesia es una familia, no un orfanato, y en una familia donde hay
muchos hijos, los mayores ayudan a los menores conforme van creciendo juntos.
¿QUE UN DISCÍPULO?
¿Cuáles son las características de un discípulo?
Marcos 1, 17 _______________________________________________________________
Juan 1, 41 _________________________________________________________________
2 Timoteo 2, 15 ____________________________________________________________
Juan 14, 21 ________________________________________________________________
Juan 16, 13,14 _____________________________________________________________

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Efesios 5, 18 _______________________________________________________________
Hechos 1, 8 ________________________________________________________________

 Este momento se termina con la siguiente oración: Dulce Madre…

CHARLA IV
«EL JOVEN LLAMADO A LA COMUNIÓN CON JESUCRISTO
Y SUS HERMANOS»
OBJETVO: Que el joven descubra la riqueza de la diversidad en su grupo juvenil, para que
de la experiencia del amor de Cristo se viva la comunión entre sus hermanos y el grupo pase
de una realidad sectaria a un verdadero grupo eclesial.
ORACIÓN INICIAL:
Canto: Todos unidos formando un solo cuerpo
Buscar en la Sagrada Escritura: Salmo 133 (132) La unión fraterna

 Padre Nuestro…Ave María…Gloria…

I. NOS DEJAMOS «FASCINAR» POR LA REALIDAD


 Si el grupo es pequeño, el coordinador lee con voz fuerte y clara la siguiente historia.
Si el grupo es grande, se forman equipos para su lectura y comprensión.
ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA.
Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión
de herramientas para arreglar sus diferencias. El MARTILLO ejerció la presidencia, pero la
asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y, además,
se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera
expulsado el TORNILLO; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.
Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la LIJA.
Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y la lija
estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el METRO que siempre se la
pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto. En eso entró
el CARPINTERO, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó EL MARTILLO, LA LIJA,
EL METRO y el TORNILLO. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo
mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación.
Fue entonces cuando tomó la palabra el SERRUCHO, y dijo: "Señores, ha quedado
demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es

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lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y
concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos".

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba
fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso
y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron
orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.
Ocurre lo mismo con los seres humanos. Observen y lo comprobarán. Cuando en un
grupo se busca a menudo defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En
cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es cuando
florecen los mejores logros humanos. ES FÁCIL ENCONTRAR DEFECTOS,
CUALQUIER TONTO PUEDE HACERLO, PERO ENCONTRAR CUALIDADES, ESO
ES PARA LOS ESPÍRITUS SUPERIORES QUE SON CAPACES DE INSPIRAR TODOS
LOS ÉXITOS HUMANOS.
 Al finalizar la lectura, se sugiere hacer a los jóvenes las siguientes preguntas:
¿Qué personajes identificamos en la historia?
¿Qué enseñanzas nos deja ésta historia?
A pesar de nuestras diferencias, ¿Qué podemos hacer para propiciar la comunión en nuestro
grupo juvenil?

II. QUEREMOS «ESCUCHAR» A DIOS EN SU PALABRA

De la Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 1 Cor 12, 12- 26
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros,
a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque
todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y
griegos, esclavos y hombres libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. Si el pie dijera: "Como
no soy mano, no formo parte del cuerpo", ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? Y
si el oído dijera: "Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo", ¿acaso dejaría de ser parte
de él? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde
estaría el olfato?
Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan
establecido. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? De hecho,
hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: "No te
necesito", ni la cabeza, a los pies: "No tengo necesidad de ustedes". Más aún, los miembros
del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, y los que consideramos
menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos
dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa

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manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo
necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean
mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro
es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría. Palabra de Dios

Para profundizar
La Iglesia empieza con Doce. Jesús no anuncia el Evangelio sólo, los hace en
compañía de sus discípulos, a quienes luego de haber llamado, los hace testigos (apóstoles)
de sus palabras y obras. En este sentido, Jesús nos enseña que la comunión es misionera y
que la misión es comunión.
La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia. Si
hay algo que atenta con el Espíritu es romper la comunión. No hay discipulado sin comunión.
Ante la tentación, muy presente en la cultura actual, de ser jóvenes sin Iglesia y las nuevas
búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en Jesucristo nos llegó a través
de la comunidad eclesial y ella “nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia
Católica.
La Iglesia, como “comunidad de amor”, está llamada a reflejar la gloria del amor de Dios
que, es comunión, y así atraer a las personas y a los pueblos hacia Cristo. En el ejercicio de
la unidad querida por Jesús, los hombres y mujeres de nuestro tiempo se sienten convocados
y recorren la hermosa aventura de la fe que nos lleva hasta donde el Señor quiere a decir que
Él está vivo. “Que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea” (Jn 17,
21). La Iglesia crece no por proselitismo sino “por ‘atracción’: como Cristo ‘atrae todo a sí’
con la fuerza de su amor”. La Iglesia “atrae” cuando vive en comunión, pues los discípulos
de Jesús serán reconocidos si se aman los unos a los otros como Él nos amó (cf. Rm 12, 4-
13; Jn 13, 34).

III. QUEREMOS «DISCERNIR» NUESTRA REALIDAD DESDE EL


MAGISTERIO DE LA IGLESIA.
No hay misión sin comunión. Etimológicamente la palabra «comunión» deriva de la
palabra griega sim-bolom, que significa aquel que une, que unifica, que no obstaculiza. Lo
contrario a ella es la palabra diabolón¸ que significa aquel que divide, que separa. Por lo
tanto, un buen cristiano católico siempre será signo de unidad y comunión pese a la
diversidad de dones y carismas que se encuentren en la vida de la Iglesia. En donde quiera
que lo llamen a servir, ya sea Grupo, Movimiento, Parroquia, Decanato, etc., siempre será
promotor y signo de comunión con sus hermanos y hermanas.
Sin embargo, un mal cristiano católico siempre será signo de división en donde quiera
que lo pongan, ya sea en Grupo, Movimiento, Parroquia, Decanato, etc. (A este tipo de
personas ya no se sabe dónde ponerlas). En pocas palabras, una persona que no está en
comunión con su Obispo, con su pueblo, con su Grupo, con su Movimiento, en su parroquia,
o con los criterios Decanales, es un Diablo.

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La comunión tiene su origen en la Santísima Trinidad, y puesto que somos bautizados


en nombre de las tres Personas de la Trinidad, la comunión se constituye en una dimensión
de la vida espiritual del cristiano. Un buen cristiano católico es signo de comunión en la vida
de la Iglesia. Es más, el cristiano católico se define como comunión.
El Documento de Aparecida, dice al respecto: «No puede haber vida cristiana sino
en comunidad: en las familias, las parroquias, las comunidades de vida consagrada, las
comunidades de base, otras pequeñas comunidades y movimientos. Como los primeros
cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo participa en la vida de la Iglesia y en
el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria.
También es acompañado y estimulado por la comunidad y sus pastores para madurar en la
vida del Espíritu» (DA 278d).
Dentro del proceso de formación del discípulo misionero, la vida en comunión con
Dios y con los hermanos es fundamental, ya que no puede haber auténtica vida cristiana sin
comunión.
En esta época posmoderna, marcada por el relativismo y el subjetivismo exagerado,
la vida en comunión se hace más que necesaria, ya que ésta no debe existir solamente en la
cabeza, sino en el corazón de aquel que ha decidido seguir a Jesús como su Maestro.
El hoy y la esperanza de la Iglesia se coloca en el joven. La alegría, el entusiasmo, el
interés por conquistar y alcanzar lo imposible del joven, pueden hacer de nuestra Iglesia un
verdadero signo de comunión en medio de un mundo dividido por creencias, intereses,
ideologías y guerras.
No son los años en la Iglesia, en los Grupos o Movimientos los que definen la
“benerabilidad” de un buen cristiano católico, es su «vida en comunión» con sus hermanos y
hermanas lo que lo definen como tal, ya que el mismo Jesús lo proclamó: «que todos sean
uno. Como tú Padre, en mí y yo en ti, que también sean uno en nosotros, para que el mundo
crea» (Jn 17, 21).
Según el texto bíblico 1 Cor 12, 12- 26 ¿Cómo plantea la unidad?
¿Cómo se debe vivir la comunión, según la reflexión?
¿Cuáles son las barreras que impiden vivir la comunión en nuestro grupo juvenil?

IV. NOS QUEREMOS «CONVERTIR» EN MISIONEROS DE JESÚS


Para este momento, se sugiere realizar la siguiente dinámica de compromiso:
 Se coloca una mesa de madera en el centro del grupo.
 Se le pide a un joven o a dos, que se sienten sobre la mesa.
 Se invita a un joven que pase al centro, y que con un solo dedo intente levantar la
mesa.
 Se invita a otro joven que, junto con el joven que ya participó, intenten levantar la
mesa con un solo dedo.

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 Posterior mente, se invita a pasar a cada uno de los integrantes del grupo a pasar e
intentar levantar, entre todos, la mesa con un solo dedo.
 Se comprobará, que, si todos juntos se organizan y colocan sus dedos en los lugares
indicados de la mesa, la podrán levantar y caminar con ella.
 Terminada la dinámica, se les pide a los jóvenes compartir su experiencia. Su
participación se puede enriquecer con estas preguntas:
Como jóvenes, ¿Qué podemos hacer para fomentar más la comunión, con las personas
excluidas en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia?
¿En qué debemos poner más empeño para buscar a Jesús y vivir la comunión?
Como jóvenes, ¿Qué haremos para fomentar la comunión en nuestro grupo, Iglesia, familia
y en la sociedad?

 Este momento se termina con la siguiente oración: Dulce Madre…

CHARLA V
«EL JOVEN LLAMADO A LA MISIÓN»
OBJETVO: Que el joven comparta la alegría de haberse encontrado con Jesucristo vivo,
mediante el entusiasmo y la visita domiciliaria, para que contagie a otros jóvenes su
experiencia de fe.
ORACIÓN INICIAL:
Canto: Alma misionera
Buscar en la Sagrada Escritura: Salmo 89 (88) Himno y oración al Dios fiel

 Padre Nuestro…Ave María…Gloria…

I. NOS DEJAMOS «FASCINAR» POR LA REALIDAD


 Se invita a un joven que lea fuertemente el siguiente hecho de vida
EL CUENCO DE LECHE (Antony de Mello)
Había una vez un hombre que tenía la fama de ser el más santo de su pueblo, puesto
que se pasaba el día leyendo la Biblia y rezando. Un día se atrevió a preguntarle a Dios si,
efectivamente, era él el más santo de ese pueblo, como la gente decía. Y Dios le respondió
que no; que había un hombre que era más santo que él, y le indicó quién era y dónde vivía.
Nuestro buen hombre, movido por la curiosidad, se dirigió hasta el lugar que Dios le
había indicado, una cabaña en las afueras del pueblo, y decidió observar de lejos a este gran
hombre que según Dios, era más santo que él. El hombre en cuestión era un pobre leñador,
con esposa y cuatro hijos que mantener. La observación no resultó muy entretenida, puesto
que el hombre se pasó todo el día cortando leña sin parar, excepto para comer algo a media

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mañana, a la hora del almuerzo y a media tarde, previamente dando gracias a Dios por el
trabajo y la comida que le daba. La otra pausa que hizo, fue para ayudar a otro campesino
que, pasando por ahí, rompió una rueda de su carreta. Eso fue todo lo que pudo observar.
De regreso a su casa le reclamó a Dios: "¿Cómo puede ser, Señor, que digas que ese
hombre es más santo que yo? Si es un pobre ignorante, que apuesto que jamás leyó la Biblia
porque hasta analfabeto es. ¡Y lo único que hizo es pasarse el día cortando leña!". Dios lo
hizo callar, y le ordenó que, para probar su fidelidad, llenase un plato con leche, y recorriese
las calles del pueblo sin derramar nada. Nuestro hombre, deseoso de demostrar su fidelidad,
obedeció al instante. Los habitantes del pueblo lo miraban con curiosidad y más de uno dejó
escapar una carcajada al ver a nuestro amigo en tan extraña labor, pero él iba tan absorto en
su tarea que podría haberle pasado un camión por encima y no se iba a dar cuenta. Al terminar
su recorrido, orgulloso de no haber derramado ni una sola gota, esperó con satisfacción un
reconocimiento divino, pero Dios sin decir más nada le preguntó: "Dime, ¿cuántas veces te
acordaste de mí mientras caminabas?”. Y el hombre respondió: "¿Cómo iba a tener tiempo
de pensar en algo? Estuve todo el tiempo tan concentrado cuidando de no derramar ni una
gota de leche que no podía distraerme en otra cosa".
"¿Y así quieres ser el más santo del mundo? Ese pobre campesino tuvo que trabajar
todo el día para alimentar a su familia, pero sin embargo tuvo tiempo de acordarse tres veces
de mí, y de ayudar a otro a reparar su carreta. En cambio, tú, en todo el tiempo que llevaste
ese plato de leche, no te acordaste ni una vez de mí, y ni siquiera viste a ese niño que te pidió
una moneda ni a la anciana que tropezó en la calle y te necesitaba para que la ayudases a
levantarse. Si de veras quieres ser santo, debes aprender a cumplir con tus obligaciones
diarias, sin dejarte absorber por ellas, dándote tiempo para acordarte de mí y prestar atención
a los que te rodean y necesitan de ti."
Para el cristiano, y en especial para el misionero, no basta con "hacer cosas". Es
necesario que todo lo que hagamos lo hagamos conscientes de por qué lo hacemos, mejor
dicho, por Quién lo hacemos, y cómo lo hacemos. No tiene sentido deslomarse en una misión
visitando casas, jugando con chicos y preparando celebraciones, si no somos plenamente
conscientes que lo hacemos por Cristo, para que su Reino llegue hasta los confines de la tierra
"más allá de las fronteras".
 Para lograr una mejor compresión de la historia, sugiero la siguiente pregunta:
¿Qué parecido encontramos con la realidad de nuestros pueblos, en donde a veces se
considera santo o santa a aquel o aquella que se la pasa en el templo pero que en la calle es
otra cosa?

II. QUEREMOS «ESCUCHAR» A DIOS EN SU PALABRA

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20


Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había
indicado. Al verlo, lo adoraron, si bien algunos dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló
así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a
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todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y estad seguros que yo estaré con
ustedes todos los días hasta el fin del mundo». Palabra del Señor.
Para profundizar
Se tiene un domingo dedicado a las misiones porque todas las personas necesitamos
de Dios para poder llegar al cielo. Este domingo es conocido como el DOMUM. Los
misioneros tienen como tarea enseñarnos el Evangelio para poder alcanzar la vida eterna. Su
labor es de capital importancia.
Los misioneros son personas que van a otros lugares para hablar a los hombres de
Jesús, para enseñarles a rezar, para decirles que todos debemos amarnos y ayudarnos los unos
a los otros, para anunciarles la buena nueva: que Dios nos ama y quiere que todos los hombres
se salven.
Atienden a todos los hombres en sus circunstancias: leprosarios, hospitales, hogares
para huérfanos y ancianos, dispensarios, colegios, universidades. Su labor no es fácil, se les
presentan muchas dificultades que tienen que vencer para lograr transmitir la palabra de Dios
a los demás.
Los misioneros son personas que van a otros lugares para hablar a los hombres de
Jesús llevándoles el Evangelio. Existen misioneros por todo el mundo que necesitan de
nuestra ayuda espiritual, humana y material.
La labor de un misionero es muy valiosa. El primer campo de misiones es nuestro
propio hogar, nuestra familia; con nuestros hijos, hermanos y familiares. Ahí el cristiano ha
de ser testigo de Jesús, ha de dejar ese buen aroma a Cristo.
Jesucristo nos deja su último mandato el día de la Ascensión al Cielo. Este mandato
fue: "Vayan y prediquen el Evangelio a toda creatura". Todo cristiano tiene por vocación
llevar la buena nueva a los demás.

III. QUEREMOS «DISCERNIR» NUESTRA REALIDAD DESDE EL


MAGISTERIO DE LA IGLESIA.
Evangelizar es el gozo, vocación e identidad de la Iglesia. La Iglesia es
evangelizadora por naturaleza. Participa de la misión del Hijo, quien fue enviado por el Padre
por un designio misterioso. Su tarea prioritaria es acompañar al hombre de todos los tiempos
y ofrecerle la Buena Nueva del Evangelio, suscitando la fe en Dios. La evangelización es la
vocación por excelencia que posee la Iglesia, y el Espíritu Santo confirma esta dicha.
La Iglesia inició con la misión de los Doce. No inició con grandes multitudes, ni con
muchos recursos. Inició con la certeza de saber que quien la envió estará presente en ella
hasta el final de los tiempos (cfr. Mt 28,16-20). Su misión es hacer presente entre los hombres
a su fundador. Él es quien la envía y la sostiene en su peregrinar por el tiempo. Su existencia
invisible se descubre en el momento en que es traspasado el constado herido de Cristo en la
Cruz (cfr. Jn 19, 33-34); y se manifiesta visible a los ojos humanos el día en que los Doce
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Diácono Lic. José Guadalupe Enríquez López

reciben al que se les prometió: el Espíritu Santo (cfr. Hch 2, 1-13). Proclamar el Evangelio
al hombre de todos los tiempos es la vocación de la Iglesia, vocación que tiene que realizar
con fe, esperanza y caridad. Su identidad está en la Trinidad, misterio de comunión y amor.
Entre más fiel es a su vocación, más auténtica es a su origen trinitario.
En estos nuevos tiempos, la Iglesia, al igual que en tiempos pasados, se está
encontrando a un hombre totalmente diferente. El hombre del siglo XXI está poniendo
resistencia a la tarea evangelizadora de la Iglesia. No sólo se resiste a creer, sino que rechaza
el Evangelio.
La última dimensión que señala el Documento de la V Conferencia de Aparecida para
la formación del discípulo-misionero de Jesucristo, es la Misión: Quien se ha encontrado con
Jesucristo no puede guardarlo para sí. La inmensidad del amor de Dios necesariamente se
tiene que compartir con los demás. El discipulado desemboca en la misión. Un buen discípulo
es un buen misionero, ambas dimensiones se fusionan plenamente. Lo que el discípulo
transmite en la misión es la vivencia de lo que ha experimentado. Comparte lo que ha visto
y oído de Jesús de Nazaret. Al compartir su fe despierta la fe en los demás. El primer
encuentro que lo enamoró es el núcleo de su tarea misionera. Se siente seguro de ser testigo
fiel de su Maestro y es capaz de firmarlo con la entrega generosa de su propia vida. “La
misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa
posterior a la formación, aunque se la realice de diversas maneras de acuerdo a la propia
vocación y al momento de la maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona”
(DA 278).
En este sentido, la Iglesia coloca sus esperanzas en el joven. Con su alegría, con su
entusiasmo y con la facilidad de adaptarse al nuevo lenguaje que impone la cultura actual, el
joven puede ejercer su vocación misionera con eficacia y prontitud. Todo el proceso
formativo del discípulo misionero termina con la misión. El encuentro con Cristo conlleva la
conversión, la conversión suscita el discipulado, el discipulado se vive en comunión, y la
comunión es misionera y la misión es comunión.
 Para nutrir más la reflexión, sugiero las siguientes preguntas:
¿Sabemos qué es la misión?
¿Conoces a alguien de tu comunidad que sea misionero?
¿Te gustaría ser misionero?

IV. NOS QUEREMOS «CONVERTIR» EN MISIONEROS DE JESÚS


 Esta última charla termina con una actividad grupal.
 Se recomienda realizar en la comunidad un «APOSTOLADO», es decir, una acción
misionera.
 Ser misionero implica salir, y salir es arriesgar.

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 Como grupo juvenil, organizar una visita domiciliaria a todos los jóvenes de la
comunidad. Invitándolos asistir a la próxima reunión y organizar para ellos una
pequeña convivencia.

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