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Radio Lecturas en Tumupasa: Antologia 11

Este poema de Fernando Pessoa expresa la idea de que aunque a veces parece sentimental debido a la gran cantidad de sentimientos que tiene, en realidad son más bien pensamientos que no llegan a convertirse en sentimientos reales. Reconoce que las personas viven una vida real y otra imaginada en sus pensamientos, y que sólo existe realmente en la vida dividida entre lo cierto y lo equivocado.

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Radio Lecturas en Tumupasa: Antologia 11

Este poema de Fernando Pessoa expresa la idea de que aunque a veces parece sentimental debido a la gran cantidad de sentimientos que tiene, en realidad son más bien pensamientos que no llegan a convertirse en sentimientos reales. Reconoce que las personas viven una vida real y otra imaginada en sus pensamientos, y que sólo existe realmente en la vida dividida entre lo cierto y lo equivocado.

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1

A una mujer cosmopolita

Luis Zalamea Borda


Escritor colombiano

Nueva, impoluta, pura,


compañera de mañaneras risas,
lejana madre-niña, fuente de la ternura,
ancla de nuestras lágrimas y mutuo desvarío.
Así quisiera verte.
Mitad ardilla en medio de los sueños,
hembra fundamental, valerosa argonauta,
¿cuántas veces llevaste la tristeza a calles
cenicientas
fundiéndote en la noche con la ciudad de llanto?
Volver, volver a ti, quisiera.
Encendida matriz de rebeldes destellos,
cuajada soledad que ni los gritos rompen,
pirámide aislada, taciturna y urbana.
Ante tu recia rosa se estrella la nostalgia.
Mas así no te quiero.
Quisiera verte nueva, lavada por el alba.
Limpia tu alma de hollín cosmopolita,
como en la mañana verde que se pierde en
el trópico,
donde el amor ya juega y la ternura nace.
Así, así quisiera verte.
Oh antigua capitana de mi bajel vagante
déjame que te conduzca a la escondida rada.
Oh niña ardilla que una vez fuiste mía:
déjame que cure tus heridas noctámbulas.
Y entonces, quizás, una vez más te vea
-tus antiguas formas vuelvan poco a poco a mis
manos-
nueva, impoluta, pura... colmada de esperanza.

2
Fatiga

Vicente Huidobro
Poeta chileno

Marcho día y noche


como un parque desolado.
Marcho día y noche entre esfinges caídas de mis ojos;
miro el cielo y su hierba que aprende a cantar;
miro el campo herido a grandes gritos,
y el sol en medio del viento.
Acaricio mi sombrero lleno de luz especial;
paso la mano sobre el lomo del viento;
los vientos, que pasan como las semanas;
los vientos y las luces con gestos de fruta y sed de sangre;
las luces, que pasan como los meses;
cuando la noche se apoya sobre las casas,
y el perfume de los claveles gira en torno de su eje.
Tomo asiento, como el canto de los pájaros;
es la fatiga lejana y la neblina;
caigo como el viento sobre la luz.
Caigo sobre mi alma.
He ahí el pájaro de los milagros;
he ahí los tatuajes de mi castillo;
he ahí mis plumas sobre el mar, que grita adiós.
Caigo de mi alma.
Y me rompo en pedazos de alma sobre el invierno;
caigo del viento sobre la luz;
caigo de la paloma sobre el viento.

3
Celos y muerte de Booz

Gilberto Owen
Poeta mexicano

Y sólo sé que no soy yo


el durmiente que sueña un cedro Huguiano, lo que sueñas,
y pues que he nacido de muerte natural, desesperado,
paso ya, frenesí tardío, tardía voz sin ton ni son.

Me miro con tus ojos y me veo alejarme,


y separar las aguas del Mar Rojo de nuestros cuerpos mal fundidos
para la huida infame,
y sufro que me tiñe de azules la distancia,
y quisiera gritarme desde tu boca; "No te vayas".

Destrencemos los dedos y sus promesas no cumplidas.


Te cambio por tu sombra y te dejo como sin pies sin ella
y no podrás correr al amor de tu edad que he suplantado.
Te cambio por tu sueño para irme a dormir con el cadáver leal de tu alegría.
Te cedo mi lámpara vieja por la tuya de luz de plata virgen
para desear frustradas canciones inaudibles.

Ya me hundo a buscarme en un te amé que quiso ser te amo,


donde se desenrolla un caracol atónito al descubrir el fondo salobre de sus ecos,
y los confesionarios desenredan mis arrepentimientos mentirosos.
Ya me voy con mi muerte de música a otra parte.
Ya no me vivo en ti. Mi noche es alta y mía.

4
Niña de las historias melancólicas, niña...

Pablo de Rokha
Poeta chileno

Niña de las historias melancólicas, niña,


niña de las novelas, niña de las tonadas
tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia
en el agua de otoño de la cara perdida
y en los serios cabellos goteados de dramas.
Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente
como la eternidad encima de los muertos,
recuerdo que viniste y has existido siempre,
mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres,
toda la especie humana se lamenta en tus huesos.
Llenas la tierra entera, como un viento rodante,
y tus cabellos huelen a tonada oceánica,
naranjo de los pueblos terrosos y joviales,
tienes la soledad llena de soledades,
y tu corazón tiene la forma de una lágrima.
Semejante a un rebaño de nubes, arrastrando
la cola inmensa y turbia de lo desconocido,
tu alma enorme rebasa tus huesos y tus cantos,
y es lo mismo que un viento terrible y milenario
encadenado a una matita de suspiros.
Te pareces a esas cántaras populares,
tan graciosas y tan modestas de costumbres;
tu aristocracia inmóvil huele a yuyos rurales,
muchacha del país, florecida de velámenes,
y la greda morena, triste de aves azules.
Derivas de mineros y de conquistadores,
ancha y violenta gente llevó tu sangre extraña,
y tu abuelo, Domingo de Sánderson, fue un hombre;
yo los miro y los veo cruzando el horizonte
con tu actitud futura encima de la espalda.
Eres la permanencia de las cosas profundas
y la amada geográfica, llenando el Occidente;
tus labios y tus pechos son un panal de angustia,
y tu vientre maduro es un racimo de uvas
colgado del parrón colosal de la muerte.
Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,
cariñosa lo mismo que el pan del hombre pobre;
naciste tú llorando y sollozó la vida;
yo te comparo a una cadena de fatigas
hecha para amarrar estrellas en desorden.

5
Boca de llanto

Jaime Sabines
Poeta mexicano

Boca de llanto, me llaman


tus pupilas negras,
me reclaman. Tus labios
sin ti me besan.
¡Cómo has podido tener
la misma mirada negra
con esos ojos
que ahora llevas!

Sonreíste. ¡Qué silencio,


qué falta de fiesta!
¡Cómo me puse a buscarte
en tu sonrisa, cabeza
de tierra,
labios de tristeza!

No lloras, no llorarías
aunque quisieras;
tienes el rostro apagado
de las ciegas.

Puedes reír. Yo te dejo


reír, aunque no puedas.

6
La madre

Giuseppe Ungaretti
Poeta italiano

Y cuando el corazón de un último latido


haya hecho caer el muro de sombra,
para conducirme, madre, hasta el Señor,
como una vez me darás la mano.

De rodillas, decidida,
serás una estatua delante del Eterno,
como ya te veía
cuando estabas todavía en la vida.

Alzarás temblorosa los viejos brazos,


como cuando expiraste
diciendo: Dios mío, heme aquí.

Y sólo cuando me haya perdonado


te entrarán deseos de mirarme.

Recordarás haberme esperado tanto


y tendrás en los ojos un rápido suspiro.

7
Las calles

Jorge Luis Borges


Escritor argentino

Las calles de Buenos Aires


ya son mi entraña.
No las ávidas calles,
incómodas de turba y de ajetreo,
sino las calles desganadas del barrio,
casi invisibles de habituales,
enternecidas de penumbra y de ocaso
y aquellas más afuera
ajenas de árboles piadosos
donde austeras casitas apenas se aventuran,
abrumadas por inmortales distancias,
a perderse en la honda visión
de cielo y de llanura.
Son para el solitario una promesa
porque millares de almas singulares las pueblan,
únicas ante Dios y en el tiempo
y sin duda preciosas.
Hacia el Oeste, el Norte y el Sur
se han desplegado -y son también la patria- las calles;
ojalá en los versos que trazo
estén esas banderas.

8
Como en sueños

Ru Meng Ling
Poeta chino

a menudo recuerdo
en medio del crepúsculo
aquel pabellón cerca del río

cuando tú y yo
embriagados
no sabíamos por dónde era
el camino de vuelta

y agotados de placer
en plena noche
cogíamos una barca
que se enredaba sin querer
en una maraña de flores de loto

de la que intentábamos
una y otra vez
zafarnos
una y otra vez
zafarnos

hasta que se espantaban


volando
todas las ocas y grullas
de la orilla

9
Fugaz retorno

Jorge Enrique Adoum


Poeta ecuatoriano

La cocina estaba todavía salpicada


de harina y oraciones; la nodriza
arropaba al fantasma de la noche,
buscaba el itinerario de las naves
que trajeran de regreso a un vagabundo.

Habían enmohecido las imágenes, envejecido


el ruido. En las grandes tinajas
el eco de voces conocidas repetía
la cuenta del dinero. Se hablaba
de adulterios cercanos, de inversiones.

"Hay afuera un día de luz, de humana


paz y de manzanas. Hay canciones y avanza
una multitud que vive y crece. De ella
es el reino del futuro. El que sea digno
ahora merecerá ese día y será amado.
Yo sé qué hora es, cómo me llamo, a dónde
voy lleno de orgullo y de noticias.
Y no estaré mucho tiempo entre vosotros".

No hubo sacrificio de vino o de cordero.


La madre, entre dos lágrimas severas,
me habló por mi bien, me indicó bondadosa
el buen camino, preguntó si tenía otro sombrero.
Mas mi hermano, el que solía fabricar delgadas
flautas para acompañar el canto de los sembradores
y que aún temía la dureza de la herencia
y la mirada del búho como un sacerdote,
no pudo dormir.

"Yo quiero merecer


el amor que tú has visto. ¿Cuándo
es la felicidad?"
"Mañana".

Y corrimos, como dos fugitivos, hasta


la dura orilla donde se deshacían
las estrellas. Los pescadores nos hablaron
de victorias sucesivas en provincias cercanas.
Y nos mojó los pies una espuma del alba,
llena de raíces nuestras y de mundo.

10
Tengo tanto sentimiento

Fernando Pessoa
Poeta portugués

Tengo tanto sentimiento


que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.

Tenemos quienes vivimos,


una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.

Mas a cual de verdadera


o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que el se ha de pensar.

11
Sucesiva

Gerardo Diego
Escritor español

Déjame acariciarte lentamente


déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.

Onda tras onda irradian de tu frente


y mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.

Así te quiero, fluida y sucesiva,


manantial tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.

Así te quiero, en límites pequeños,


aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.

12
En memoria de Paul Eluard

Erik Lindegren
Poeta sueco

¿Puede el cántaro ser más bello que el agua?


¿Puede la muerte de un poeta alumbrar el mundo?
El día era de nácar, fue el día más hermoso
de aquel invierno. Un caballo de luz onduló el cielo.
Llegó una carta del vacío
y la campana de la nieve estalló con nítido sonido.
¡Escucha el susurro de las palabras rubias entre los labios del poema!
Escucha sus latidos, la fuerza elemental de la fuente.
Un farol de paja se mueve por nuestro jardín encantado:
es alguien que estudia minuciosamente la heráldica de los frutos.
¡Agua celeste, estación de metro, suburbio oprimido como un pecho!
Alguien ha muerto en París, la ciudad de sus múltiples nacimientos,
bajo el sol de la esperanza, bajo un amor desintegrado.
Un perro enfermo merodea por el umbral de la puerta.
Te veo anciano de ideas luminosas, nervioso
y transparente, te veo deshacerte en polvo,
te veo desvanecerte como tenue humo o nieve,
una nube de nieve negra en noches blancas.

13
XXVII

Paul Eluard
Poeta francés

Los cuervos aletean por los campos


La noche se apaga
Para una cabeza que se despierta
Los blancos cabellos el último sueño
Las manos se hacen luz de su sangre
De sus caricias

Una estrella llamada azul


Y cuya forma es terrestre

Enloquecida por los aullidos


Enloquecida por los sueños
Enloquecida por los capelos . del. ciclón fraterno
Infancia enloquecida por los fuertes vientos
Cómo harías la hermosa la coqueta

No se reirá más
La ignorancia la indiferencia
No revelarán su secreto
Tú no sabes saludar a tiempo
Ni compararte con las maravillas
Pero me oyes
Tu boca comparte mi amor
Y es por tu boca
Detrás del vaho de nuestros besos
Por donde estamos unidos.

14
Somos huéspedes desconocidos

Amina Saïd,
Poetisa de Túnez, 1953

Somos huéspedes desconocidos


en la casa del mundo
el mar la ola el escollo
el navegante descubriendo
la ausencia de boyas

somos el ojo que ve el ojo


y la visión que nos borra
somos aquello que miramos
en el fondo de los ojos
y que sabe que somos

somos lo único y el número


la cosa y su contrario
la multiplicación de lo visible
el ojo abierto sobre lo invisible

somos la sombra de la sombra


que entre la oscura claridad del sueño dormita

somos la huella sobre la arena


somos cada letra del alfabeto

somos el oráculo y el homenaje


la máscara suspendida en el árbol
el templo y el objeto ofrecido
a la luz muerta del templo

somos la pregunta
que no exige respuesta
somos la pregunta y la respuesta
ya que ellas no suman más que uno

somos el círculo
que se crea él mismo ad infinito
caminamos a grandes pasos
en los dos sentidos
el calendario de los hombres
como una escala del horizonte
antes de ser invitados a franquear
de un salto el vacío que nos separa
de nuestro nacimiento

15
oscilando entre ebriedad y terror
somos eso que sabemos
y aquello que ignoramos
lloramos lágrimas de ámbar

somos la primera y la última palabra


la estrofa y el canto
y la boca que deseamos
aferrar a la cara del silencio

somos la mano insumisa


que traza el signo
el vértigo delante del abismo
abierto por el poema

cuando una palabra en nosotros duda ser dicha


alcanzamos la soledad más íntima
somos el paso y la marcha
el camino y la vía
y el último umbral que franquearemos
somos el lugar donde termina el mundo
aquel donde comienza.

16
Poema 6

Pablo Neruda
Poeta chileno

Te recuerdo como eras en el último otoño.


Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera.
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distane el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

17
Capricho

Alfonsina Storni
Poetisa argentina

Escrútame los ojos sorpréndeme la boca,


sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber veneno, el malvado veneno
que moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada


de por qué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí.
Es esto de los llantos pasaje baladí.

Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,


un mar un poco torpe, ligeramente oculto,
que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.

No preguntes amado, lo debes sospechar:


en la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.

Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,


nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.

Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:


deseamos y gustamos la miel en cada copa
y en el cerebro habemos un poquito de estopa.

Bien. No, no me preguntes. Torpeza de mujer,


capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría. ¿No ves que tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame una rosa.

18
Poética

Oscar Cerruto
Escritor paceño, Bolivia

No eres sólo el
fulgor que sin mesura
estalla, ni su estrépito previsto.
Ni las apelaciones de la esfinge,
o la avidez, o la otra idolatría.
Lúcida sí, flagrante certidumbre,
región de transparencia en la que inmerso
está el tiempo, zumbando, lo que somos,
la boca memorable del augurio.
En un trono de hierro y santidades,
abiertas las heridas, y la flecha
de las perpetuas causas en las sienes,
eres esa palabra no gastada:
amor; una mitad, como la aurora,
en sombra. Otra mitad deslumbramientos.

19
En la distancia

Blanca Wiethüchter
Poetisa boliviana

Qué decir de la distancia:


humo fosforescente,
llama adentro, encendido tiempo,
si contornos de soles fijos
y un océano atravesado
giran
anudando mi boca.

Esta distancia
conmovida memoria
obstinada oquedad
último confín de la luz.
Me pierdo y te busco
en el precipitado sabor
que te imagina.

En cada piedra
apareces recóndita
y vuelvo a convocar
las voces idénticas
inmóviles frente
al vasto vacío.

Detrás del día y de la noche


el tiempo nos guarda
en un lamento.

20
Poema del desencanto

José Ángel Buesa


Poeta dominicano

Y comenzamos juntos un viaje hacia la aurora


como dos fugitivos de la misma condena.
Lo que ignoraba entonces no he de callarlo ahora:
No valías la pena.

Ya llegaba el otoño, y ardía el mediodía.


Sentí sed. Vi tu copa. Pensé que estaba llena,
pero acerqué mis labios y la encontré vacía.
No valías la pena.

Te di a guardar un sueño, pero tú lo perdiste,


o acaso abrí mis surcos en la llanura ajena.
Es triste, pero es cierto. Por ser tan cierto, es triste:
No valías la pena.

Fuiste el amor furtivo que va de lecho en lecho,


y el eslabón amable que es más que una cadena.
Pero hoy puedo decirte, sin rencor ni despecho:
No valías la pena.

Me alegré con tu risa; me apené con tu llanto,


sin pensar que eras mala ni creer que eras buena.
Te canté en mis canciones, y, a pesar de mi canto,
no valías la pena.

Me queda el desencanto del que enturbió una fuente,


o acaso el desaliento del que sembró en la arena.
Pero yo no te culpo. Te digo, simplemente:
No valías la pena.

21
El séptimo día de mi nacimiento

Amina Saïd
Poetisa de Túnez

yo hablé el lenguaje
del mundo de donde venía
atestigué la sombra
que era sombra
de otra luz
que nadie veía

el séptimo mes de mi nacimiento


mi boca tomó la forma del vacío
grité para decir lo verdadero
y aquello que el presente me había enseñado
del pasado del futuro
pero nadie me entendía

el séptimo año de mi nacimiento


soñé aquello que había sido
sobre la página cuadriculada del mundo
tracé letra tras letra
para hacerme recordar
aquello que me haría falta olvidar
y aquello que ya moría en mí.

22
Elemental

D.H. Lawrence
Poeta inglés

¿Por qué la gente no deja de ser atractiva


y de pensar que es atractiva, y de querer ser atractiva,
y comienza en cambio a ser más elemental?

Puesto que el hombre está hecho de los elementos


fuego, y lluvia, y aire, y tierra viva
y ninguno de éstos es atractivo
sino elemental,
está desequilibrado al lado de los ángeles.

Quisiera que los hombres recobraran su equilibrio


entre los elementos
y fueran un poco más ardientes, tan incapaces de mentir
como el fuego.
Quisiera que fueran fieles a su propio
movimiento, como el agua,
que pasa todas las etapas de vapor, y río, y hielo
sin perder su naturaleza.

Estoy enfermo de las gentes atractivas;


de algún modo, son falsas.

23
En el comienzo

Luis Zalamea Borda


Escritor colombiano

Eres el comienzo, la luz y la esperanza.


Antes de ti era la nada y no habían nacido las palomas.
Qué angustioso vacío el vivir sin saberte,
aunque mis ojos adivinaran tu mirada lánguida
y fueran construyendo mis manos tu presencia,
inventando mis sueños piel, risa y esencia de tus besos.

Sin ti andaba yo al garete, en un mar de borrasca,


cuán alejado de todo puerto conocido.
Y el mar también era la nada.
Tendrías que llegar a darle un día
el verdor de tus ojos, la sal de tus pupilas,
un hontanar de lágrimas,
y la suave madrépora que crece entre tus labios.

Sin ti mi voz no tenía forma y su eco faltaba,


era el lloro de un niño que se pierde.
Tú le entregaste acento y le fijaste rumbo.
Y entonces pude cantarte toda, con la voz que me diste.

Antes de ti, la nada, la pegajosa angustia, la voz muda.


Mas hoy comienza a respirar mi mundo,
nutrido con tu luz, fincado en la esperanza.

24
Septenario

Lina Zerón
Escritora mexicana

Cómo no amarlo esta noche de álgida tormenta.


No verlo es tortura eterna para el cuerpo y alma.
Hoy lo quiero conmigo como aquel cuadro de Matisse,
como aquellos maduros racimos de días lejanos.

Cómo no amarlo si sus besos son impecable poema,


cálida su risa de cálido verano en madrugada,
caricias, rumor de fuego latiendo en mi piel,
una copa de vino blanco sostenida por mis piernas.

Cómo no amarlo si hoy es sábado y está conmigo,


con ternura mis lágrimas seca con su lengua,
si traigo tres o cuatro nubes flotando en la cabeza
y me obsequia cientos de arco iris para iluminar la vida.

Cómo no amarlo este domingo de citas familiares


cuando se aventura en cuerda floja sobre el abismo
utilizando mi amor como alas para guardar el equilibrio
tomar el teléfono y en secreto escucho que me ama.

Cómo no amarlo este lunes cuando despierta el alba


con descomunales ecos de recuerdos compartidos,
ansiosa sangre hace girar corazones como aspas de molino
y la noche vestida de aromas palidece ante sus besos.

Cómo no amarlo este martes de malas noticias:


ataque terrorista contra incautos niños palestinos,
inexpertos defensores acribillados en Irak
una vieja amante abandonada en una casa en ruinas.

Cómo no amarlo este aburrido miércoles


cuando todo es posible si recibo una carta
con enormes palabras que serenen la angustia
y el silencio se derrite al escuchar su nombre.

Cómo no amarlo este jueves o aquel viernes


raíces del fin de semana que tanto espero
para darle sentido al calor de los cuerpo
y encontrar una fecha inexistente en el calendario
para decirle cuánto, cuánto lo amo.

25
Antes del reino

Homero Aridjis
Escritor mexicano
I
Es tu nombre y es también octubre
es el diván y tus ungüentos
es ella tú la joven de las turbaciones
y son las palomas en vuelos secretos
y el último escalón de la torre
y es la amada acechando el amor en antemuros
y es lo dable en cada movimiento y los objetos
y son los pabellones
y el no estar del todo en una acción
y es el Cantar de los Cantares
y es el amor que te ama
y es un resumen de vigilia
de vigilancia sola al borde de la noche
al borde del soñador y los insomnios
y también es abril y noviembre
y los disturbios interiores de agosto
y es tu desnudez
que absorbe la luz de los espejos
y es tu capacidad
de hacerte mirar en las cosas
y eres tú y soy yo
y es un caminarte en círculo
dar a tus hechos dimensiones de arco
y a solas con tu impulso decirte la palabra

26
La certidumbre de existir

Aldo Pellegrini
Escritor argentino

Si
lo he visto todo
todo lo que no existe destruir lo que existe
la espera arrasa la tierra como un nuevo diluvio
el día sangra
unos ojos azules recogen el viento para mirar
y olas enloquecidas llegan hasta la orilla del país silencioso
donde los hombres sin memoria
se afanan por perderlo todo

En una calle de apretado silencio transcurre el asombro


todo retrocede hasta un límite inalcanzable para el deseo
pero tú y yo existimos

tu cuerpo y el mío se adelantan y aproximan


y aunque nunca se toquen aunque un inmenso vacío los
separe
tu y yo existimos

27
Sólo un vagabundo

Bob Dylan
Artista estadounidense

Al ir caminando un día, en un rincón


Vi a un viejo vagabundo tumbado en un portal
Su cara se apretaba contra el frío suelo de la acera
Y calculé que debía llevar allí toda la noche o más.

Era sólo un vagabundo, pero ya falta uno más

No deja atrás a nadie que cante su triste canción


No deja atrás a nadie que le lleve a casa

Sólo un vagabundo, pero ya falta uno más.

Una manta de papeles de periódico cubría su cabeza.


El escalón era su almohada, la calle era su cama
Una mirada a su cara permitía ver el largo camino que había recorrido

Y un puñado de dinero dejaba ver las monedas que había mendigado.

Era sólo un vagabundo, pero ya falta uno más


No deja atrás a nadie que cante su triste canción

No deja atrás a nadie que le lleve a casa


Sólo un vagabundo, pero ya falta uno más.

¿Hace falta acaso ser muy hombre para ver toda la vida derrumbarse?
¿Para mirar al mundo desde un agujero en el suelo?
¿Para esperar el futuro como un caballo que se ha quedado cojo?

¿Para yacer en el arroyo y morir sin un nombre?

28
Resumen de la infancia

Jorge Enrique Adoum


Escritor Ecuatoriano

Ante todo, es preciso ordenar la infancia


como un país disperso, hallar las fechas
de su límite: la dulce iniciación
en la desobediencia, la cerradura
que por necesidad puse a mi alcoba
o la primera mujer que se guardó la noche
entre sus telas estériles, sus párpados.

Y descubrí de pronto que nadie compartía


mis costumbres: la muerte había entrado
antiguamente al patio, a la bodega,
y yo crecía sobre un osario familiar.
No sé por qué, porque sí, por pura
gana, cambié las órdenes para la cena,
el sitio de los adornos, el precio
de las plumas; odié el muro
que cercaba la viña y el camino de orina
a los establos. Y ya no pude vivir más,
no podía establecer mi edad, mi oficio,
destruir la seguridad de cada día
o levantar los párpados hacia la luz
de afuera: un hombre pasaba sin llorar
bajo la lluvia, las aldeanas
completaban su cuerpo entre la hierba,
pero debía conservar la herencia intacta,
conocer los secretos del ganado,
calcular la distancia entre mi seca
seguridad y la aventura.

Así empecé
a soñar solamente con la llave,
con la bahía donde nadie hubiera
a despedirme, con migraciones de pájaros
azules. No era la pegajosa soledad
lo que buscaba sino una familia
diseminada en la distancia, una
hora de paz bajo los árboles, una hoja
sin odio entre mis manos.

29
Lavando la arena del arroyo

Huan Xi Sha
Poeta chino

su rostro
como una flor de loto
se abre en una sonrisa

el humo del pato de jade del pebetero


vuela hasta su mejilla también perfumada

mirada de olas que apenas se turban


y traslucen sus pensamientos

de perfil
con un gesto sentido
lleno de gracia y de encanto

ella escribe sobre un papel


el secreto de su corazón:

«cuando la luz de la luna


desvíe la sombra de todas las flores
¡amor mío!
regresa »

30
XXXVIII

Erik Lindegren
Poeta sueco

Sueño con el recuerdo de la pezuña de la cierva en el laberinto


como las palabras del impasible a aquel que le salvó la vida

sueño con espejos y agua corriente como humo de eternidad


como fe amontonada sobre fe en el capitoné de la miseria

sueño con todo lo que se repitió y creció hasta la irrealidad


como la canción de los labios rojos sobre amado y ausencia

oh recuerdo: oh furia y dios que funden todo


convirtiéndolo en nada y persiguen lo asible hasta la muerte

dile a alguien si tal vez los pies de los días caminan


sobre el tambor de la verdad con una mejoría para nosotros

di al viento que se arremolina entre las puertas de los horizontes


buscando su posición entre lo ingrávido y lo pesado

di al caminante que camina hundiéndose más en el mundo


buscando su talismán de tinieblas y luz

31
Conciliación

Blanca Wiethüchter
Poetisa boliviana

Contemplo el origen de los días


finalmente
sin acechar el tiempo.
Dentro de un silbido
florecido
al furtivo encuentro
con el milagro.

Encendida espuma
el mundo que nombramos
para ser arena
en una subterránea carrera
de voces y llamas.

Miro los hombres


forjando hierros
mueren,
abriendo
el centro de la tierra
y su hambre.

Digo transparencia
es el día
recogiendo historias
en los espejos.

Luz y surtidores nocturnos


me entregan una canción

32
Consideración en frío, imparcialmente

César Vallejo
Poeta peruano

Considerando en frío, imparcialmente,


que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…
Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado… Emocionado…

33
Oda al viento solo del sur

Héctor Dante Cincotta


Escritor argentino

I
En este Sur estoy viendo crecer el viento desparramado
entre árboles, y cortezas, entre todo el cielo que se
extiende
por esta tierra hermosa.
La muerte llega como todos los días, recostada y sola,
como el ángel perdido de la tarde. Y así, sin más gesto
que una palabra durable, comienza marzo
a tirar sus impacientes horas.
Todos los pájaros andan peregrinos, se oye el trinar
con el grito de un benteveo. Aquí han estado otros
seres inacabables, y solamente tú, Patria conoces
el calor
del sol y del fuego que envuelven estas llamas.
Los pastos se inclinan con una sombra cansada
y poco sé de las cosas que mueren,
de la apretada tarde y de las llanuras extendidas
y cubiertas por el abandono. El tiempo
me está cercando sobre este cielo grande
y sólo memoro a mi Padre del olvido que mueve el
tiempo,
y de tanta soledad presente.

Llegan las nubes en este espacio oscuro,


donde el horizonte está morado
por la primavera y donde el frío cada vez
es más pesado y abierto. Miro cómo el tiempo llega
cerrado hasta mis manos, y un hombre

entra hasta mí como un recuerdo sostenido


en la distracción de la tierra.
Sólo estas plantas están presentes a las glorias del día
y sólo la angustia me colma
Como el azotar de un fuego rojo.

34
La muerte meditada

Giuseppe Ungaretti
Poeta italiano

Canto quinto

Has cerrado los ojos,


nace una noche
nena de falsos huecos,
de ruidos muertos
como de corchos
de redes caladas en el agua.

Tus manos se hacen como un soplo


de inviolables lontananzas,
inaferrables como las ideas,

y el equívoco de la luna
y el balancearse, dulcísimos,
si quieres posármelas sobre los ojos,
tocan el alma.

Eres la mujer que pasa


como una hoja
y dejas en los árboles un fuego de otoño.

35
Te llevarán

Julia de Burgos
Poetisa puertorriqueña

Para ese día de sombra que llegará, amor mío,


no risco volcado dentro de un manantial,
ese día de espanto y pañuelos al viento
catemos desde ahora, que la vida se va.

Cantemos, sí, cantemos, que al cantarle al silencio,


a la sorda derrota y a la impar soledad,
venceremos la muerte, venceremos la nada,
y a la cumbre del tiempo nuestras almas irán.

Cantemos, si, cantemos, que hay un solo minuto


uno sólo aguardando nuestro mundo cruzar:
ese minuto trágico que hace tiempo nos ronda
su oferta de lágrimas y mañanas sin paz.

¡Te llevarán! Los ecos del viento me lo dicen,


los labios del mar lloran que sí. ¡Te llevarán!
Partirás, y mis ojos que tanto te nutrieron,
bajarán quedamente a nutrir a la mar.

Podrás amarme en sueños, pero mi voz, mi risa,


ojos con riachuelos, de ti se ocultarán.
Puede estrecharte el eco que ha estrechado mi nombre
desde mis labios, ¡nunca mis labios besarás!

Y cuando se alce el ruido marino, entre las noches


apagadas y crueles de tu pena inmortal,
mi fiel camino de olas llevará hasta tu sueño
la ternura que mi alma te ha salvado del mar.

Amado, mis verdugos ya me han medido el paso,


el color de mis huellas conocen, y mi ajuar:
el pudor duerme nupcias eternas con la forma;
hacia el alma es muy largo el camino que andar.

¡Te llevarán! Para esa eternidad de llanto


cantemos desde ahora que la vida se va.
Para ese día de espanto y pañuelos al viento
la canción de la muerte nos llegara del mar.

36

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