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Radio Lecturas en Tumupasa: Antología 7

Este documento contiene 10 poemas de diferentes autores en español. Los poemas tratan temas como el amor, la naturaleza, y la poesía misma. Cada poema es breve, generalmente con menos de 10 líneas.

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Radio Lecturas en Tumupasa: Antología 7

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1

Tu nombre

Jaime Sabines
Poeta mexicano

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.


Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.

2
Sortilegios

Alejandra Pizarnik
Poetisa argfentina

Y las damas vestidas de rojo para mi dolor y con mi


dolor insumidas en mi soplo, agazapadas como el feto de
escorpiones en el lado más interno de mi nuca, las madres
de rojo que me aspiran el único calor que doy
con mi corazón que apenas pudo nunca latir, a mí que siempre
tuve que aprender sola cómo se hace para deber y comer
y respirar y a mí que nadie que nadie me enseño a llorar
y nadie me enseñara ni siquiera las más grandes damas
adheridas a la entretela d mi respiración con babas rojizas y
velos flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola, la que
yo me procuré y ahora vienen a beber de mí luego de
haber matado al rey que flota en el río y que mueve los ojos y
sonríe pero está muerto y cuando alguien está muerto,
muerto está por más que sonría y las grandes, las trágicas
damas de rojo han matado al que va río abajo y yo me
quedo como rehén que perpetua posesión.

3
Qué más da

Luis Cernuda
Poeta español

Qué más da el sol que se pone


o el sol que se levanta,
la luna que nace o la luna que muere.

Mucho tiempo, toda mi vida, esperé verte


surgir entre las nieblas monótonas,
luz inextinguible, prodigio
rubio como la llama;
ahora que te he visto sufro, porque
igual que aquellos
no has sido para mí menos brillante,
menos efímero o menos inaccesible que
el sol y la luna alternados.

Más yo sé lo que digo si a ellos comparo,


porque aun siendo brillante, efímero,
inaccesible,
tu recuerdo, como el de ambos astros,
basta para iluminar, tu ausente,
toda esta niebla que me envuelve.

4
La poesía

Luis García Montero


Completamente viernes

La poesía es inútil, sólo sirve


para cortarle la cabeza a un rey
o para seducir a una muchacha.

Quizás sirve también,


si es que el agua es la muerte,
para rayar el agua con una sueño.
Y si el tiempo le otorga su única materia,

posiblemente sirve de navaja,


porque es mejor un corte limpio
cuando abrimos la piel de la memoria.
Con un cristal partido
el deseo
hace heridas más sucias.

La poesía eres tú,


un corte limpio,
una raya en el agua
-si es que el agua es razón de la existencia-,

la mujer que se deja seducir


para cortarle la cabeza a un rey.

5
Aniversarios

Erza Pound
Poeta estadounidense

No todos los otoños son los mismos


ni el viento que cada año fustiga
los colores hasta convertirlos polvo y suelo.
El amarillo sonríe y palidece
se fragua el rojo en ardores y llantos.
son colores, el tronco queda.
La mantilla de bruma matutina es poética o trágica
según los caprichos del sol que la acaricia.
Soy un árbol esclavo de estaciones
con raíces y semillas que caminan el tiempo.
De ciertos ritos o pasajes solo tengo cicatrices.
Pero estoy de fiesta incluso cuando el blanco
Me transforma el alma y la espiga de mi desnudez
se cubre de gotas y esperanzas,
Recibiendo voces, alas de miel y sangre.
Ocupo un lugar rígido y austero
en los festivales del Olimpo,
rey, reina, peón, alfil y torre,
Y celebro Navidades, Pascuas,
carnavales oscuros y de máscaras,
celebro los días del Ocio y del trabajo,
además del aniversario remoto
de mis bodas con el viento.
Así avanzo en el tiempo y el espacio
con fragmentos de sombras, tormentas y templos.
No me pregunten cómo
pues la embriaguez del verde oculta muchos misterios,
y también soy cielo y mar con mi cuerpo
que se ensancha una vez más.

6
Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío

Miguel Hernández
Poeta español

Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:


claridad absoluta, transparencia redonda,
limpidez cuya entraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda.

¿Qué lucientes materiales duraderas te han hecho,


corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.

No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar: suma esencia


Del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
Acercando los astros más lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.


Hierba negra de origen; hierba negra de sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara.
Sombra clara que vienes.

Yo no quiero más luz que tu sombra dorada


donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada
Para siempre es de noche: para siempre es de día.
Hemos llegado y partido.
Ningún camino podrá hacernos diferentes

7
Arte poética

Jorge Luis Borges


Escritor argentino

Mirar el río hecho de tiempo y agua


y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo.
Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. la poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos devuelve nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte de esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable…

8
Siempre

Ricardo Jaime Freire


Poeta boliviano

Peregrina paloma imaginaria


que enardeces los últimos amores;
alma de la luz, de música y de flores,
peregrina paloma imaginaria.

Vuelva sobre la roca solitaria


que baña el mar glacial de los dolores ;
haya a tu paso, un haz de resplandores
sobre la adusta roca solitaria,

Vuela sobre la roca solitaria,


peregrina paloma, ala de nieve
como divina ostia, ala tan leve.

Como un copo de nieve; ala divina,


copo de nieve, lirio, ostia, neblina
peregrina paloma imaginaria.

9
Regreso

Octavio Paz
Poeta mexicano

Bajo mis ojos te extendías,


país de dunas –ocres, claras.
El viento en busca de agua se detuvo,
país de fuentes y latidos.
Vasta como la noche,
cabías en la cuenca de mi mano.

Después, el despeñarse inmóvil


adentro afuera de nosotros mismos.
Comí tinieblas con tus ojos,
bebí el agua del tiempo, bebí noche.
Palpé entonces el cuerpo de una música
oída con las yemas de mis dedos.

Juntos, barcas oscuras


a la sombra amarradas,
nuestros cuerpos tendidos.
Las almas, desatadas,
lámparas navegantes
sobre el agua nocturna.

Abriste al fin los ojos.


te mirabas mirada por mis ojos
y desde mi mirada te miraba:
como el fruto en la yerba,
como la piedra en el estanque,
caías en ti misma.

Dentro de mí subía una marea


y con puño impalpable golpeaba
la puerta de tus párpados:
mi muerte, que quería conocerte,
mi muerte, que quería conocerse.
me enterré en tu mirada.

Fluyen por las llanuras de la noche


nuestros cuerpos: son tiempo que se acaba,
presencia disipada en un abrazo;
pero son infinitos y al tocarlos
nos bañamos en ríos de latidos,
volvemos al perpetuo recomienzo.

10
Las enamoradas

Lidia Bravo
Poetisa española

Viniste acompañado de hermosas mujeres que lloraban tiradas en el suelo,


de hermosas mujeres que aún te esperaban
para enseñarte la carta de un intento de suicidio,
de hermosas mujeres que llamaban de madrugada
suplicando tu regreso.

Yo tenía poco más de veinte años


y era la traidora de todas las mujeres
que también me hubieran traicionado,
más niña y más fuerte y menos temerosa,
veía pasar sus figuras sobre tus párpados dormidos
como sombras de presagios.
Y te veía temblar por el dolor de los amores perdidos
que te ansiaban como el primer día
después del encuentro
sabiéndose olvidados.

El miedo es contagioso,
tiene manos que te rozan la cara mientras duermes,
y tú sólo en sueños lo sabes.
Sus dientes te arrancan una a una las pestañas.
Y luego nadie te conoce.
En sueños, yo sé
que aquella niña que yo era
viene a buscarte
y yo, como todas aquellas mujeres
que pasaron días enteros
inventándome un rostro,
me quedo sola.

Y entonces llegan las enamoradas.


Y me abrazan.
Y saben, sólo en sueños,
que también en su nombre yo te amé.

11
A la salida

Giuseppe Ungareti
Poeta italiano, nacido en Egipto

Quién viniera conmigo a través de los campos

El sol se esparce en diamantinas


gotas de agua
sobre la frágil hierba

Me recuesto con
el placer
del apacible corazón del universo

Las montañas crecen


en corrientes de sombra lila
y se perfilan contra el cielo

En la luminosa cúpula arriba


el hechizo se ha roto

Y yo retorno hacia mí
y anidado me escondo dentro de mí mismo

12
Al espejo

Gilberto Owen
Poeta mexicano

Me quedo en tus pupilas, sin convite a tu fiesta de fantasmas.


Adentro todos trenzan sus efímeros lazos,
yo solo afuera, y sin amor, mas prisionero,
yo, mozo de cordel, con mi lamento, a tu ventana,
yo, nuevo triste, yo, nuevo romántico.

Dentro de ti, las nupcias de hielo al sol del árbol y la nube,


pareadas risas que se pierden por perdidos senderos,
la inevitable luna casi líquida,
el agua rota en trinos y en su música un lirio y una abeja en su estigma
y en su aguijón tu anhelo de olvidarme.

Yo, en alta mar de cielo


estrenando mi cárcel de jamases y siempres.

Dentro de ti, la casa, sus palmeras, su playa,


el mal agüero de los pavos reales,
jaibas bibliopiratas que amueblan sus guaridas con mis versos,
y al fondo el amarillo amargo mar de Mazatlán
por el que soplan ráfagas de nombres.
Mas si gritan el mío responden muchos rostros que yo no conocía
o que borró una esponja calada de minutos,
como el de ese párvulo que esta noche se siente solo e íntimo
y que suele llorar ante el retrato
de un gambusino rubio que se quemó en rosales de sangre al mediodía.

13
EL ESTUDIANTE PUEDE LEER LOS DOS POEMAS POR SER CORTOS

De aquí a poco acaba el día.

Fernando Pessoa
Poeta portugués

De aquí a poco acaba el día.


Yo no hice nada.
¿Y qué cosa es la que haría?
Fuese cual fuese, equivocada.

Muy pronto la noche viene,


mas sin razón
para aquel que solo tiene
que contar su corazón.

Yo tras la noche y dormir


renace el día.
Nada haré sino sentir.
Pero ¿qué otra cosa haría?

Lo real

Paul Celan
Poeta alemán

Desde la cruz, de ella quedó, como aire,


sólo ese, el madero
transversal: se tiende,
invisible se tiende delante
de la profunda cavidad del corazón: tú
te acuerdas de ti mismo, tú
te alzas fuera de la mentira ─:
libre
de pura angustia
respiras ahora
y
hablas.

14
El viajero de sí mismo

Pablo de Rokha
Poeta chileno

Voy pisando cadáveres de amantes


y viejas tumbas llenas de pasado,
cubierto con cabello horripilante
del gran sepulcro universal tragado.

Acumulo mi yo exorbitante
y mi ilusión de Dios ensangrentado,
pues soy un espectáculo clamante
y un macho-santo ya desorbitado.

Mi amor te muerde como un perro de oro,


pero te exhibe en sus ancas de oro.
Wínétt, como una flor de extranjería.

Porque sin ti no hubiera descubierto


como una jarra de agua en el desierto
la mina antigua de mi poesía.

15
Te atribuyo el torrente de mi proceso de mi sangre

Paura Rodríguez Leytón


Poetisa boliviana

Son las palabras


con su urgencia de viento
las que arremeten contra este cuerpo
cubierto de recuerdos vegetales.

El alma trata de quedar ilesa,


pero hay un huracán que sacude
hasta el rincón más oscuro de los zapatos.

Las cuencas del tiempo nos miran absortas,


preñadas de lluvia lista para deshojarnos con caricias maternales.
Será un sempiterno venir y caer de horas.
Mas no tiene remedio este reloj que canta los desvelos.

¡Qué urgida está la mañana con sus flores tenues y su pan fresco!

¿Cuál es la profundidad?:
nuestra piel envejecida,
nuestros papeles perdidos y desordenados,
nuestro accidentado recorrido por el día.

Las puertas que cruzas son como bocas ajenas a tu propio cuerpo.

En el viejo tejado no hay más que murmullos:


murmurios de palomas lánguidas
acontecidas por una campana de toques
geométricos.

No hay más que los labios mordidos por una erosión del lenguaje.

Lo profundo es esta voz cicatrizada y el ombligo extraño de mirada cíclope.

16
Vuelo sin orillas

Oliverio Girondo
Poeta argentino

Abandoné las sombras,


las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos, para seguir volando,
las muertas chimeneas desesperadamente.
los rumores cansados,
desesperadamente. Todavía el destino
de mundos fenecidos,
Ya todo era silencio, desorientó mi vuelo
simuladas catástrofes, -de sideral constancia-
grandes charcos de sombra, con sus vanas parábolas
aguaceros, relámpagos, y sus aureolas falsas;
vagabundos islotes pero seguí volando,
de inestable riberas; desesperadamente.
pero seguí volando,
desesperadamente. Me oprimía lo fluido,
la limpidez maciza,
Un resplandor desnudo, el vacío escarchado,
una luz calcinante la inaudible distancia,
se interpuso en mi ruta, la oquedad insonora,
me fascinó de muerte, el reposo asfixiante;
pero logré evadirme pero seguía volando,
de su letal influjo, desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.

17
La casa

Lina Zerón
Escritora mexicana

Llegó el momento de partir


el hogar en dos.
Bien:
comencemos por los rincones donde las arañas
tejieron también su historia.
Hablemos de los muros y sus cuadros.
¿Cuál eliges?
¿El del día de la boda,
el retrato de la niña
o el de vacaciones en verano?
Quiero el antiguo bodegón
para recordar las comidas familiares.

Mira la casa:
permanece ahí de pié
pero sin alma.

¿Con cuál alcoba deseas quedarte?


¿Aquella donde los gemidos
algunas vez fueron música perfecta?
¿O el cuarto azul
donde echó raíces la cuna para siempre?
¿O el jardín
donde todavía se columpian las sonrisas?

Deseo la terraza,
esa roja plataforma de minúsculos ladrillos
donde lluvias y palomas encontraron su refugio,
donde todavía transpiran las estrellas
y no hay sombra que oculte los engaños.

Te regalo los espejos


saturados de susurros, ecos familiares,
desfigurados rostros
que hoy se desangran en reproches.

Pero tienes razón:


tal vez aquí ya nada nos retenga.
A la frontera tal vez llegamos
entre el amor que vacila y las cenizas.

Viéndolo bien,
no puedo partir en dos la casa:
18
te la regalo toda
con todo y promesas de futuros sublimes.

Como cortinas viejas


te regalo lo que queda:
este cielo sombrío
y este desvencijado viento
que dejaste al cerrar la puerta principal.

19
Últimas palabras a Miriam

[Link]
Poeta inglés

Nuestra es la vergüenza y el dolor


Pero la desgracia es sólo mía;
Tu amor fue oscuro y profundo,
El mío fue como el amor del sol por las flores
Que crea con su brillo.

Yo era diligente para explorarte,


Floreciendo tallo por tallo,
Hasta que el fuego de mi creación te arrojó
Quemando hacia la última frontera de la Angustia,
Entonces fui rechazado.

Conocí tu dolor, y quebró


Mi delicado nervio de artesano;
Tu cuerpo se encogió en mi pulso,
Y mi coraje fracasó al intentar darte
La última y bella tortura que merecías.

Eres esbelta, adornada,


Pero opaca y abatida en la carne,
La cuál, habiéndola penetrado con implacable
Y ardiente angustia, fue consumida
En una adorable y brillante mortaja.

Como una ventana pintada: el refinado


Sufrimiento arde a través de tu carne,
Desnúdala y bendícela con la temblorosa
Dulzura de la sabiduría: porque ahora
¿Quién se llenará de nuevo en tí?

¿A quién consumirás en libertad,


Con la escoria y el terror de tu cuerpo,
Desde que tu fuego ha fracasado en mí?
¿Qué hombre se inclinará sobre tu carne
Para penetrarla con la gimiente cruz?

Una silenciosa, casi una cosa bella es tu rostro,


Que me llena de vergüenza
Al verlo endurecer,
Torciendo la imagen perfecta de Dios,
Y oscureciendo mi eterna fama.

20
Que Tú Escapes

José Lezama Lima


Escritor cubano

Ah, que tú escapes en el instante


en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no querías creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

21
Elegía

Héctor Dante Cincotta


Escritor argentino

Estoy viendo caer del cielo la sombra de mi país


en esta tarde donde la ternura tiene un deseo
fugitivo. El tiempo camina extendido sobre todo,
Cierro los ojos para ver a Dios en este espacio cerrado.
Quisiera resumirlo todo, apretarlo con mis manos
pero, inútil. Mientras espero, el aire cruza
y roza mi piel y no sabe nada de mí, ni de su nombre.
Entra el rocío y mi rostro se va perdiendo por la tarde.
¡Cuánta muerte abierta!
Veo como extraño los días, el majestuoso correr del
tiempo.
Aquí estoy y espero, pero no sé de nadie, ni de mí
siquiera,
sólo el abandono llega siempre y se sostiene
sobre todos los cuerpos de los hombres.
¡Cuánta muerte he tocado con mis manos!
Aquí el polvo de los antepasados está sobre la tierra
y el viento agita algunas ramas.

El tiempo llega y se va sin espanto y sólo mis venas


sienten la penetrante y desnuda mano que me acaricia
como una memoria vacía.
Cuando la soledad cae perdida entre la noche
pienso que alguna vez el amor estuvo entre mi cuerpo
libre y desnudo. El tiempo siempre será una ausencia
Prometida,
mirar una flor, un adiós, un río.
Y así, entre tanta claridad, entre tantas constelaciones
veo un extraño y parecido hábito.
Quizá mi padre esté por un lugar que no conozco,
por una tierra donde mi voz no entra;
todo lo escucho en el tiempo y de nada sé,
no quiero saber que estaré en la memoria de nadie
consumido, por la propia muerte.
¿Qué será de lo que veo hoy y del olvido entrañado?

¡Solo Dios sabe de esta apretada tierra!

22
Es tu nombre y es también octubre

Homero Aridjis
Escritor mexicano

Es tu nombre y es también octubre


es el diván y tus ungüentos
es ella tú la joven de las turbaciones
y son las palomas en vuelos secretos
y el último escalón de la torre
y es la amada acechando el amor en antemuros
y es lo dable en cada movimiento y los objetos
y son los pabellones
y el no estar del todo en una acción
y es el Cantar de los cantares
y es el amor que te ama
y es un resumen de vigilia
de vigilancia sola al borde de la noche
al borde del soñador y los insomnios
y también es abril y noviembre
y los disturbios interiores de agosto
y es tu desnudez
que absorbe la luz de los espejos
y es tu capacidad de trigo
de hacerte mirar en las cosas
y eres tú y soy yo
y es un caminarte en círculo
dar a tus hechos dimensión de arco
y a solas con tu impulso decirte la palabra

23
Pasado

Vicenzo Cardarelli
Poeta italiano

Los recuerdos, esas sombras tan largas


de nuestro cuerpo,
ese residuo de muerte
que dejamos viviendo,
los lúgubres y durables recuerdos,
están aquí surgiendo:
melancólicos y mudos
fantasmas agitados por un fúnebre viento.
Y no eres más que un recuerdo.
has transcurrido en mi memoria.
Ahora sí puedo decir
que me perteneces
y que algo entre nosotros ha ocurrido
irrevocablemente.
¡Todo acabó tan rápido!
Precipitado y leve
el tiempo nos dio alcance.
De fugaces instantes hilvanó un cuento
cerrado y triste.
Debíamos saber ya que el amor
quema la vida y hace huir al tiempo.

24
Despedida y no

Jorge Enrique Adoum


Escritor ecuatoriano

Como un muerto,
amor,
yo me incorporo
echo puñados de olvido y grava,
tablas que mordí,
piedras,
lo que queda de mí
y de las flores que un día me pusieron,
y todo lo que echaron sobre ti para enterrarme:
las embriagueces de la equivocación, toda
la complicidad del amor, todo el amor
que confundí con el silencio, los clavos
que no me dejaban ir hasta tu frente.

Le devuelvo a tu ayer la herencia injusta


que me dejó en los ojos, mi desesperación
hecha de tierra, el llanto que sacaba
su alcohol a las primeras cuerdas del pasillo,
mi angustia que presentía tu preñez, mis raíces
atadas a tu verdad enorme, tu alarido
en la espalda. Ahí quedan mi camastro
con sus sábanas de soledad y de melancolía,
mi empleo, mi patrón, mi desempleo,
mis deudas de aguardiente y aspirina, mis zapatos
llenos de no hay vacante y costuras,
los almuerzos en que me ponían un libro
abierto sobre el plato, mi espera de la gran
ocasión, de la gran cosa, del gran día.

Aquí comienzo,
salgo del rencor como de madre,
me pongo todos los huesos.
Yo me voy de este hotel de pesadumbre a hoy día,
yo me voy a aprender la esperanza
como una lengua antigua que olvidé
entre los escombros
de tanto ser caído en el fracaso,
pero tengo con quién hablar,
con los que han muerto por carta y no lo creo
y llegan a enseñarme su boleto,
tu recibo hecho pedazos por la crueldad del siglo
y por las ráfagas del año.
Henos aquí, botín de tus edades,
25
hasta la altura a que has crecido, hasta la línea
del posterior rescate, prisionera
de ti. Almas amontonadas, junto al muro,
caras contra la pared para verte por dentro
ese rostro de hermosa que estaba en las medallas,
y agarradas las manos a lápices,
fusiles, herramientas, cucharas:
la batalla
es contigo
y el regreso es contigo,
porque has de ser feliz
aunque no quieras.

26
En voz baja

Aldo Pellegrini
Escritor argentino

En voz muy baja


para poder atravesar la fragilidad de tu sueño
te haré la revelación de las formas
te contaré la belleza
de lo que nunca se vive
las maravillas que nacen imprevistas de la intensidad
del ardor
te enseñaré a caminar con firmeza en la oscuridad
a iluminar la noche con los deseos
a investigar el secreto inmortal
las aventuras galantes alineadas por orden
cronológico
de la vigilia
las borrará el sueño que busca la mujer que todos
rechazan
la mujer que enciende su espíritu caída en las
maravillas del amor
Yo
despierto
predico la absurda técnica de la irresolución
inmóvil
en voz muy baja
te revelo
que el mundo es una graciosa mentira inventada por el
buen humor de los mártires.

27
La garra

Gary Daher
Poeta boliviano

En la oscuridad de mis adentros


en lo más profundo
más profundo que el tiempo
hay alguien que me habita
algo así como una garra
fugaz, que lo revela.

Sospecho que de sus ojos


nace una casta de luz que no me alcanza
una luz como ventana
como guardería de estrellas
como puerta iluminada
que sólo se advierte
cuando se echa de ver.

Dado que no sé si me mira


sigo en esta oscuridad
desorientado.

Aunque intuyo que el mandato


impone que lo busque
cierro los ojos y siento
que de alguna manera
en un lenguaje que no comprendo
él también me llama
pero los adentros siguen en tinieblas
y todavía soy incapaz de procurar el fuego
suficiente para encender la hoguera.

Cuando yo lo llamo
apenas responde el silencio.

28
El silencio

Vicente Ernesto López Vinader


Poeta español

Caminaré sobre su vientre, y el silencio arañará el


olvido.
Dejaré los papeles enlutados
del negro hilo que une
el tiempo infinito.

Escribiré tu nombre como humo efímero


y escucharé cómo rebota entre los valles y los ríos,
entre mundos raros, en el vacío.

Colocaré tu alma en un albor junto al mío,


junto a los ayes de las almas que en sigilo
hibernan en el eterno frío.

Caminaré sobre su vientre y me impregnaré con su


hastío,
traspasando todo mi ser un grito
que hiela mis sentidos.
Y el silencio arañará el olvido.

29
Nuestra Sombra

Eduardo Basualdo
Escritor argentino

La sombra me persigue
desnuda, sin palabras
semejante a los miedos
los rostros... la nostalgia
Un ángel que ha caído
herido y sin espada
adherido a la tierra
semejante a la escarcha
envuelve en su figura
la tierra desolada.

A veces me pregunto
si estoy encadenado
a los viejos deseos
que nunca he renunciado
al gesto irreprochable
de sueños exiliados
a la muda palabra
al fonema extraviado
La sombra es un fantasma
de aquello que no hicimos
un árbol sin raíces
una vid sin racimos
El rostro indigente
que no reconocimos
nos llega de la sombra
impasible, dormido
reposando en la tierra
rehén de nuestro olvido.

30
Calle Varela

Erico Elías Iturra Vega


Poeta chileno

Es la vía de mis recuerdos de niño


¡Madre de tierra!, comprensiva.
Cuyos ojos siempre contemplativos
se embrujaban de madera azul.
Con su nariz de polvo recibía aromas frutales
de ciruelas amarillas “tempraneras”
nobles perales y manzanos alegres.

Y no muy lejos de la pena de un castaño


que aun apacienta el alma
de mi viejo perro “Toki”...
La calle Varela siente el eco
de un sollozo de hojas verdes
con su sombra de Abril.

Varela, despierta en mi
todas esas remembranzas.

Es la calle principal del pueblo.


Arteria inolvidable.
¡Bella como los girasoles de la plaza de
Talcamávida!
donde árboles de tilos con su oído de
elementales silenciosos
tenían una palabra de hoja.
Comprendiendo mis tardes enmarañadas de
nostalgia.

¡Esa era mi calle!


con su cuerpo de polvo amarillo.
Donde muchas veces me dirigí a la esquina de
“Don Molo”
a comprar una Coca Cola.
Una malta helada para usurpar la sed
que me producían aquellos veranos de
Talcamávida.

Calle Varela.
¡Toda sembrada de poemas verdes!
que lucen orgullosos sus copas erguidas.

La que amó mis pies descalzos


con su nombre de reyes.
31
El mundo se derrama

Juan Cruz Bordoy


Escritor argentino

No sé por qué los males se acercan, si el bien también.


A veces me presiona un porqué
para preguntar:
¿Por qué me siento mal
si a veces me siento bien?
¿Por qué vivo si tengo que morir?
El viento preguntón
le pregunta a las hojas:
¿Por qué pregunto? ¿Por qué existo? El porqué.
Y se distrae
yendo sobre las hojas que caen.
El mundo se derrama.
Las nubes vuelan sobre la fábrica,
alabándola porque ella las creó.
Entonces le devuelven el favor
e intoxican a los tiernos animales,
que derraman su roja sangre como una bella rosa,
que nace en la negra tierra.

32
El lado oscuro…

Gabriela Peraza de Córdoba


Escritora de Costa Rica

Me gusta el lado oscuro


de la luna;
perezosas tinieblas
debajo de una cama.
Su soledad
que besa mis parpados,
lamiendo el iris
de mis sueños opacos.
Insinuándose
sin perturbarme,
sulfurando
los jardines lunares,
cincelando
con un clavel de hielo
el jubón negro
de la apacible carne.
Me gusta…
Ser yo misma ante ella.
Despojarme
de la dulce expiación
de mis pecados,
cercenar los grilletes
de recuerdos
y derrocharme
en el nimbo
de sus prados.

33
Elegía a los Dioses

Eliana Patricia Arteaga


Poetisa peruana

¡Ay de este cuerpo endiosado!


de mi deseo inmanifiesto
suspendido en las sombras,
de este corazón desgajando
húmedos cristales,
hurgando tu benevolencia.
¿No te conmueve el clamor de tu hija?
Si el hermoso Ulises halló gracia a tu gloria,
atiende ¡oh padre! mi ruego
por cuanto soy hecha a tu imagen;
tu voz trence los brazos del crepúsculo
y a mi rostro despierte la aurora.
¡Ay de mi piel perpetua
ebria del hálito!
mi hembra exánime copula con el hades
su orgullo satinado,
germina al tercer día
y mi esencia se disipa
en los ojos claros del ocaso.
Exculpa, Padre, mi alma
y dale fin a la perenne muerte
que al alba renueva mi pálida existencia.
¡Ay de la tierra sin viento,
del mar sin la brisa!
Déjame abrazar sus libertades,
aparta el color tangible
que mustia, agoniza,
y opalesce susurrante
sobre el arco iris del piélago.
¡Ay de esta piel perpetua
ajada, decolorada!
y el ciclo retorna al inicio....

34
De mayor quiero ser divorciada

Begoña Montes
Poetisa brasileña

Y todavía virgen
conocerás al hombre
que vestirá de azul
montado en un caballo.
Le cubrirás de besos
y fuegos vehementes
que dejarán su herida.
Aunque eso fue más tarde.
Proyectos de un destino
de casas y de boda,
de muebles y familia.
Aunque esta nunca hubo.
Detonarán las fallas
y romperán las piedras
que un tiempo sujetaron.
Y volarán los sueños.
Volverás al hechizo
de vida en blanco y grises,
entre cieno, y mugre,
entre agua, y barro.
Hasta que el sol se vuelva
y olvides las ausencias
y rías con palabras
que bailan en la boca.
Con mujeres y bailes,
con sendas y altozanos,
con música y caminos,
llegará esa jornada
que te verás cual reina
de tu mundo perfecto
y a ratos con la tinta
¿o esto era al revés?

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