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Métodos de autoinforme
Se puede definir un autoinforme como información que proporciona un sujeto sobre sí mismo o distintos
aspectos de su funcionamiento, basándose en su auto-observación.
La calidad de la información que proporciona el autoinforme depende de una serie de factores:
a) Que el sujeto haya tenido la oportunidad de realizar (y haya realizado o pueda realizar, de hecho) la
autoobservación en la que basará su informe;
b) Del tiempo transcurrido entre el hecho por el que se pregunta y el momento del informe;
c) De la claridad de los referentes de la información que se le pide. En otras palabras, la información será
más exacta cuando se pregunte por conductas concretas en una situación y un momento temporal bien
definidos.
En relación con el tiempo transcurrido entre observación e información, la diferencia más clara radica en si
el autoinforme es simultáneo o inmediato al suceso sobre el que se informa o bien existe un lapso de
tiempo entre ambos o, en otros términos, si se trata de tareas de recuerdo inmediato o a largo plazo. Está
claro que, en el segundo caso, la probabilidad de distorsión será mayor y que ésta se incrementará con el
tiempo transcurrido. A la inversa, cabe esperar que sean más exactos los informes que se piden
simultánea o inmediatamente después de la realización de una tarea, que los informes retrospectivos o
referidos a sucesos no anclados en el tiempo, como es el caso de los autoinformes generales.
Se ha mencionado también que el sujeto tiene que haber realizado, o estar en condiciones de realizar, la
autoobservación en la que basará su informe. Ahora bien, esto no será posible si:
a) El informe que se pide se refiere a aspectos de sí mismo o de su conducta que no son accesibles a su
observación o de los que no tienen ninguna conciencia, como es el caso de procesos automáticos;
b) La información que se le pide se refiere a un hecho pasado que el sujeto, por cualquier razón, no
observó en el momento de producirse. En este caso, el informe retrospectivo que podamos obtener será
probablemente una reconstrucción muy marcada por características subjetivas;
c) La información que se pide se refiere a hechos no experimentados por el sujeto, es decir, hipotéticos. En
este caso, el informe que el sujeto puede dar será también hipotético.
En el caso de la evaluación de las estrategias a través de autoinformes, se trata, en principio, de
información sobre proceso de aprendizaje, por lo que podemos esperar que los sujetos, aun con algunas
dificultades, dispongan al menos de cierta información. Sin embargo, esta afirmación deberá matizarse con
consideraciones evolutivas. En otras palabras, podemos esperar, en términos generales, que los
autoinformes de estudiantes de bachillerato o universidad sean más exactos y completos que los de niños
más pequeños, especialmente en los primeros años. El desarrollo, sin embargo, no depende
exclusivamente de la edad, por lo que cabrá también esperar que algunos estudiantes, generalmente los
más brillantes, tengan una mayor capacidad de autoobservación, y se beneficiarán más de la intención de
sensibilizarlos en este sentido.
Autoinformes generales
Los autoinformes generales consisten en un listado de actividades o características del trabajo sobre los
que el estudiante debe informar si los utiliza o no en sus tareas habituales de aprendizaje. Informa, pues,
sobre las características de su trabajo en general, y no sobre su actividad en un momento y un contexto
determinados. De estas mismas características se desprenden las limitaciones de este método de
recolección de información. Sin embargo, es sin lugar a dudas el método más utilizado en la práctica en la
evaluación de las estrategias. Esto se debe, fundamentalmente, a consideraciones de tipo práctico, ya que
éste es el método más rápido y menos costoso para obtener una estimación de las estrategias que utiliza
un sujeto, aunque somera y algo burda.
Son muchos los cuestionarios que se han desarrollado para la evaluación de las estrategias. En los
cuestionarios se pueden clasificar los diversos ítems en dos categorías básicas:Estrategias cognitivas y de
apoyo y una residual para los ítems no clasificables en ninguna de ellas.
La categoría "de apoyo", por ejemplo, puede estar formada por ítems relacionados con motivación,
organización de tiempo y materiales o una combinación de éstas y otras estrategias. En una valoración de
estos instrumentos, podemos afirmar que los autoinformes generales son muy populares, debido a la
aparente facilidad con que proporcionan datos. Contrario a esta apariencia resultan, paradójicamente, más
difíciles de interpretar debido a las ambigüedades que implican y proceden de los sesgos a los que estos
datos pueden verse sometidos, propios de cualquier autoinforme.
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Por otra parte, estos instrumentos proporcionan una versión unilateral, que puede favorecer atribuciones
poco deseables, dificultando una visión más interactiva. En efecto, los resultados de estos cuestionarios
pueden ser interpretados como que el estudiante "tiene" o "no tiene" una determinada estrategia que no es
considerada como producto de una interacción con una tarea y un contexto determinados. En otras
palabras, el profesor puede hacer atribuciones centradas en el alumno que le permiten salvaguardar su
propia contribución al proceso. A pesar de estas limitaciones, estos instrumentos pueden cumplir una
función importante en ocasiones, como cuando se trata de evaluar a grandes cantidades de alumnos, por
ejemplo para la evaluación o planificación de programas, especialmente si las razones de la evaluación
son motivantes y se asegura la colaboración de los participantes. Igualmente son una herramienta útil para
iniciar la reflexión del alumno sobre su propio trabajo, incluso del profesor sobre los procesos que implica
el aprendizaje. Estos métodos tienen, pues, su utilidad, aunque limitada en las actividades cotidianas de
aprendizaje. Por ello, es necesario recordar que los cuestionarios de este tipo deben ser complementados,
en la medida de lo posible, por métodos que permitan una observación más directa de las actividades de
aprendizaje, así como por un autoinforme referido a un momento temporal inmediato y a una tarea
específica.
Autoinformes de tareas específicas
Estos métodos se han concretado, fundamentalmente, en entrevistas y protocolos de pensamiento en voz
alta obtenidos simultánea o inmediatamente después de realizar una determinada tarea (lectura, solución
de problemas, composición escrita, etc.). Las entrevistas consisten, por lo general, en un conjunto de
preguntas que se formulan inmediatamente después de realizar la tarea (por ejemplo, ¿cómo lee un buen
lector? o ¿has vuelto atrás en algún momento en el curso de la lectura?). Un posible sesgo de este método
podría ser que el entrevistador, a través de sus preguntas, sugiera la información al entrevistado. Los
protocolos de pensamiento en voz alta pueden adoptar dos formas:
- En uno se dan al sujeto instrucciones para que vaya informando sobre lo que piensa o hace mientras
realiza una tarea.
- En el otro se pide al sujeto esta información sólo en momentos específicos durante la realización de la
tarea (por ejemplo, en tareas de lectura, al llegar a determinadas señales previamente situadas en el texto,
después de cada párrafo, etc.).
Una crítica que se ha formulado a los protocolos de pensamiento en voz alta es la posibilidad de que el
propio procedimiento interrumpa o interfiera con los procesos cognitivos que se pretenden evaluar y que el
sujeto está llevando a cabo simultáneamente. Por otra parte, parece que, al estar el sujeto trabajando en
condiciones de demanda excesiva (atender a la tarea y dar su informe simultáneamente), puede tender a
interrumpir sus verbalizaciones o, al menos, empobrecer su información (ERICSSON y SIMON, 1980). Así,
pues, el sesgo característico de esta técnica podría ser el proporcionar menos información de la que el
sujeto posee en realidad. En cambio, está claro que estos dos procedimientos estarán poco sujetos a la
distorsión procedente de la distancia temporal entre actividades e informe, al tiempo que la realización de
una tarea facilita la obtención de información muy específica.
Autoinformes estimulados con procedimientos auxiliares
Con objeto de facilitar la recuperación de la información, así como el informe correspondiente, se ha
recurrido a procedimientos como el recuerdo estimulado con grabaciones, por ejemplo, de video. De este
modo, se realizan grabaciones en video mientras el sujeto realiza una actividad y se utilizan posteriormente
para facilitar el recuerdo del sujeto mientras se le interroga sobre distintos aspectos de su proceso de
trabajo. En este sentido, se supone que la grabación actúa como un estímulo de recuperación no sesgado,
a diferencia de lo que anteriormente hemos comentado que pude suceder en la entrevista.